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GA315 Dornach, 16 de abril de 1921 -Doce ejercicios de euritmia para trabajar, partiendo de lo anímico, toda la constitución del organismo a través del cuerpo etérico

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Euritmia curativa
RUDOLF STEINER

Doce ejercicios de euritmia para trabajar, partiendo de lo anímico, toda la constitución del organismo, a través del cuerpo etérico

Dornach, 16 de abril de 1921


5ª conferencia, 

Queridos amigos, hoy vamos a pasar a algunos ejercicios de euritmia que se centran más en la acción del alma. Sin embargo, hay que señalar de antemano algo que, por lo general, se da por sentado que cuando el ser humano desarrolla una manifestación de voluntad o formula un juicio, estas manifestaciones solo guardan relación con el sistema nervioso humano. Pero esto no es así en absoluto; hay que tener claro que, por ejemplo, los juicios que emite el ser humano están íntimamente relacionados con su constitución global, es decir, que el ser humano emite un juicio a partir de su ser en su totalidad. Por lo tanto, cuando se realiza el movimiento eurítmico correspondiente a un juicio, ocurre que de este modo, a su vez, se influye de cierta manera en el ser humano en su totalidad, de modo que no es solo la cabeza la que se ve influida por lo que surge en una valoración eurítmica. Si, por ejemplo, aprenden el movimiento correspondiente a una afirmación y, ahora, el de una negación: (la señora Baumann lo demuestra). Pero, naturalmente, esto también se puede [aplicar con fines terapéuticos]. Por supuesto, esto suele hacerse varias veces seguidas cuando se trata de un ejercicio terapéutico. Ahora bien, tal afirmación y negación es, en un sentido más amplio, lo que se puede llamar un juicio; cuando se afirma o se niega algo, se está captando la esencia misma del juicio. Cuando se expresa tal afirmación o negación, si se repite con frecuencia,, —por ejemplo, se puede hacer que se repita la afirmación diez veces seguidas y luego la negación—, A continuación, puede seguir con afirmación, negación, afirmación, negación, diez veces cada una tras otra; de este modo, dicho movimiento, al pasar indirectamente por el cuerpo etérico, ejerce un efecto extraordinariamente fuerte sobre el sistema respiratorio, y se puede decir: De esta manera se puede contrarrestar una disnea existente, de modo que, si a su vez esta disnea es el síntoma de alguna manifestación patológica más profunda, se puede, —dado que el proceso se produce de forma indirecta a través del cuerpo etérico—, actuar realmente sobre la constitución completa del organismo. Solo tienen que tener muy presente ahora qué es lo que se está haciendo allí. Lo que acaba de hacer la señora Baumann se podría interpretar más o menos de la siguiente manera, —y eso nos daría la esencia del asunto—: se podría decir que lo que ella ha puesto en el mundo con ello es un pensamiento que se ha vuelto fugaz, por así decirlo, un pensamiento que ha cobrado alas y se ha transformado en movimiento. Cuando un juicio se fija eurítmicamente, ya sea una afirmación o una negación, se trata de un pensamiento que cabalga sobre el movimiento. Y al cabalgar el pensamiento sobre el movimiento, se destaca de hecho una parte de esa esencia; al cabalgar el pensamiento sobre el movimiento, se asimila de hecho una parte más profundamente de lo que sería habitual. Es decir, se realiza un movimiento mediante el cual, en realidad, uno se vuelve más despierto de lo que suele estarlo. Tales movimientos son, de hecho, movimientos que despiertan. Pero como el «yo» no se despierta al mismo tiempo ni de la misma manera, la actividad del «yo» queda, en cierto modo, atenuada. Sin embargo, esta atenuación de la actividad del «yo» no es absoluta, sino relativa al organismo; eso es precisamente lo que, de forma indirecta a través del cuerpo etérico, se alcanza como primer síntoma en la lucha contra la disnea, y lo que luego, de hecho, se extiende a toda la constitución humana a través del cuerpo etérico.

Ahora, expresemos un acto de voluntad, es decir, digamos simpatía y antipatía: (la señorita Wolfram lo demuestra) simpatía, —¡y ahora hacia atrás!—, y antipatía. Ahora imagínese que realiza este movimiento, de hecho, muchas veces seguidas: simpatía, antipatía, simpatía, antipatía, o incluso solo uno de los dos. Cuando hace esto, —por supuesto, solo se puede constatar observándolo—, cuando hace esto, entonces es, en cierto sentido, una forma de manifestar algo que uno lleva dentro. Se trata, en efecto, de una especie de adormecimiento. Es, además, un movimiento en el que quien lo observa, —el otro movimiento debe realizarse rápidamente, este lentamente—, es algo que hace que quien lo observa también tenga la sensación de estar dormido; es decir, en cierto modo, uno se adormece imaginativamente con un movimiento así, —¡al menos no debería hacerlo [en realidad]! Pero como, al realizar este movimiento, uno no se duerme realmente, el yo actúa con mayor intensidad en relación con el cuerpo de lo que lo hace habitualmente. Así pues, está más activo de lo habitual, y ese movimiento estimula esencialmente la circulación y la digestión en su conjunto, estimulando esta última de tal manera que, por ejemplo, mediante ese movimiento se puede combatir la tendencia a tener eructos.

Ahora intentemos expresar lo que podríamos llamar, digamos, el sentimiento de amor hacia algo (Sra. Baumann). Fíjese bien en ello, es decir, en el sentimiento de amor hacia algo. Imagínese realizarlo diez veces seguidas y acompáñelo de tal manera que, al hacerlo diez veces seguidas, realice siempre entre cada movimiento un movimiento «E» enérgico. Es decir: amor, — E, amor — E, y así sucesivamente, realizándolo una y otra vez. Es decir: un sentimiento de este tipo, —también podría ser otro sentimiento—, es decir, aquello que se aprende en la euritmia como movimiento emocional, háganlo ir siempre acompañado de movimientos «E». Así se produce siempre un fuerte efecto que emana de lo etérico del ser humano hacia su aspecto astral y que, en esencia, tiene, —me gustaría decir—, un efecto que calienta la circulación. Se trata, pues, de algo que influye de manera beneficiosa en el sistema circulatorio. No se puede decir que lo acelere o lo ralentice, pero actúa de una forma beneficiosa y calentadora.

Ahora bien, también hay algo a lo que se puede llamar un deseo: la esperanza (señorita Wolfram). Observe esto y piénselo así: volviendo una y otra vez a la posición de equilibrio, y luego realizando de nuevo ese movimiento de deseo; piénselo alternándolo siempre con un movimiento en forma de U, es decir, acompañándolo y alternándolo con él. Esto supone una influencia muy fuerte de lo astral sobre lo etérico, y se puede decir que, a su vez, ejerce un efecto beneficioso y reconfortante sobre el sistema respiratorio. Por supuesto, se trata de que todas estas cosas de las que hablamos hoy tienen lugar de forma indirecta a través del cuerpo etérico y que, por lo tanto, nunca pueden manifestar su efecto ya al día siguiente, sino que solo pueden mostrar algún efecto al cabo de unos dos o tres días; pero entonces esos efectos son aún más seguros.

Ahora imagínense que hacemos un movimiento de flexión y extensión con las piernas y, al mismo tiempo, realizamos un movimiento B muy marcado (Sra. Baumann): lo que les acabo de mostrar, con un movimiento «B» pronunciado al mismo tiempo, ahora completamente hacia atrás [a la posición inicial], «B» con la flexión, esto diez veces seguidas, luego una pausa, y después otras diez veces seguidas. Esto es algo que deberían hacer las personas que sufren con mucha frecuencia migrañas u otros tipos de dolores de cabeza. Deben hacerlo cuando no tengan dolor de cabeza, no cuando lo tengan, sino precisamente cuando no lo tengan.

Ahora bien, un movimiento especialmente eficaz es este (señorita Wolfram): hacia delante, hacia atrás, pero acompañado al mismo tiempo de un movimiento en forma de «R», inclinarse hacia delante, inclinarse hacia atrás con la «R», y repetir esto muchas veces seguidas. Esto tiene un efecto muy positivo en todo el sistema rítmico, en el ritmo respiratorio y circulatorio. Por lo tanto, si se detectan irregularidades, este ejercicio resulta extraordinariamente eficaz en cualquier circunstancia.

Ahora les pido que observen un movimiento que vuelve a ser bastante eficaz y que consiste en lo siguiente: girar la cabeza hacia la derecha y hacia la izquierda sacudiéndola, y sacudir la cabeza hacia la derecha y hacia la izquierda con el movimiento «M». En la medida de lo posible, la cabeza no debe girarse, sino solo inclinarse hacia la izquierda y hacia la derecha, acompañándolo del movimiento en forma de «M». Esto es, a su vez, algo que, cuando se lleva a cabo, tiene un efecto muy calmante —a través del cuerpo etérico— sobre todo tipo de irregularidades que puedan surgir en la zona abdominal. Las irregularidades en la zona abdominal que se manifiestan mediante dolores pueden aliviarse con esto. Lo importante es que se haga con el propósito de combatir la propensión a sufrir esos dolores cuando estos aún no están presentes. Eso es lo que importa. Por lo tanto, mientras los dolores estén presentes, no es recomendable realizarlo, pero hacerlo mientras los dolores no están presentes es lo que resulta especialmente importante.

Tenga en cuenta lo siguiente: apoye el otro pie contra la rodilla; imagínese que este movimiento va acompañado de un movimiento de brazo en forma de «E». Esta flexión de una pierna, seguida de un golpe contra la otra pierna, y acompañada de un movimiento de brazo en forma de «E», es un movimiento muy bonito. Y es un ejercicio que se puede realizar muy bien con los niños en el colegio, y debería realizarse allí también, pues si este movimiento se practica con frecuencia, resulta ser un verdadero remedio contra las más diversas torpezas. Los niños se curan muy bien de sus torpezas, al menos, cuando realizan precisamente este movimiento. Y cuando los niños vengan y digan que les duelen especialmente los hombros y que les duele de todo, entonces dígales: «Eso es precisamente lo que quería; cuando te recuperes, te alegrarás mucho de ello». Porque cada dolor que se produce de esta manera combate la torpeza. Así que no hay que dudar en exigirles un poco a los niños.

Ahora vamos a considerar otro tipo de movimiento. Imagínese cualquier tipo de movimiento «E» que se pueda realizar con los brazos, proyectado sobre el suelo; así se forma precisamente esta línea, que se cruza en diagonal con esta línea. Ahora imaginémonos lo siguiente: imaginemos que la señora Baumann se coloca aquí, la señorita Wolfram aquí, y ahora corran, acompañando todo ello con un movimiento en forma de «E» con los brazos; usted corra así y usted así, cruzándose la una con la otra y teniendo mucho cuidado de no chocar. Adelante, adelante, tengan mucho cuidado de no chocar. Así pues, forman una «E» en el suelo y hacen una «E» con los brazos, y deben tener cuidado de no chocar. Y ese cuidado, ese prestar atención la una a la otra y también al movimiento, es lo que aquí interactúa con el movimiento [E]. Por lo tanto, este ejercicio solo puede realizarse siempre entre dos personas. Cuando lo realizan dos personas, es, en esencia, lo que se podría llamar un fortalecimiento del corazón, es decir, todo aquello que está relacionado con los fenómenos que habitualmente se denominan «fortalecimiento del corazón».

[Pregunta intermedia] ¿Se podría hacer que lo realizaran una persona sana y otra enferma? Sí, se puede, pero quizá haya que indicarle a la persona sana que no realice el movimiento «E» con los brazos. ¿No es así? Este movimiento está especialmente pensado, diría yo, para el funcionamiento de un sanatorio, donde, naturalmente, se cuenta con las dos personas cuyo fortalecimiento cardíaco se desea; es mejor si se puede contar con ambas.

Ahora imaginemos el movimiento de tal forma que una de las señoras esté aquí y la otra aquí, una detrás de la otra. Cuando usted llegue [Sra. Baumann], la señorita Wolfram ejecutará este paso, pero de tal manera que siempre mire hacia delante; luego, mientras sigue moviéndose, usted ejecutará este paso de aquí, y usted este otro, encadenando un movimiento tras otro, todo ello acompañado de la postura en «O» de los brazos.

 Ahora bien, por supuesto, hay que hacer que las personas que lo realizan empiecen a un cierto ritmo; primero más despacio, pero luego hacer que lo hagan cada vez más rápido, y después volver a reducirlo, pasando de lo rápido a lo lento cada vez más. Se trata, pues, de un movimiento que puede contribuir de manera significativa al fortalecimiento del diafragma y, con ello, de todo el sistema respiratorio. A su vez, si se omite el movimiento en forma de «O» con los brazos, se puede recurrir a una persona sana para que participe. Pero lo mejor es, por supuesto, recurrir a dos personas que necesiten esta terapia.

Ahora le pido (señora Baumann) que nos vuelva a mostrar primero un movimiento en forma de H. Esto es un movimiento en forma de H. Y ahora le pido que haga este movimiento manteniendo los brazos completamente quietos y imitando este movimiento solo con los hombros, lo mejor que pueda. Y ahora hay que acostumbrarse a hacer este movimiento con los hombros y, al mismo tiempo, trazar una «A» con los brazos, cualquier «A» con los brazos; repetirlo con bastante frecuencia. Vean, eso es lo que se podría llamar: reír eurítmicamente. Así es como se ríe eurítmicamente. Y cuando uno se ríe así, de forma eurítmica, se potencia en gran medida el efecto curativo que, en general, tiene la risa. Este efecto curativo de la risa es bien conocido. Pero cuando la risa se practica de forma eurítmica, ese efecto curativo se manifiesta de manera especial. Aunque también puede hacerlo de otra manera.

Haga usted (señorita Wolfram) primero cualquier movimiento A; y ahora intente, pero muy despacio, como si realmente quisiera hacerlo con mucha calma, dejando los brazos así, el mismo movimiento que he mencionado antes, ese movimiento de hombros de la H, y de vuelta, es decir, realizar ese movimiento de hombros de la H en el movimiento A de los brazos. Eso es lo que se podría llamar: todo el organismo se orienta hacia el sentimiento de veneración, y en ello se encuentra todo lo que, en esencia, el sentimiento de veneración provoca en el organismo. El sentimiento de veneración, cuando se convierte en un hábito en el ser humano, ejerce sobre el organismo un efecto que lo hace, de hecho, más duradero, es decir, más resistente; el organismo se vuelve más resistente. Se vuelve más resistente. Las personas que están realmente dotadas para saber venerar bien se vuelven más resistentes en su organismo. Por eso: todo aquello que se enseña a los niños en materia de veneración, de talento o de capacidad de veneración, hace que los niños sean más resistentes. Y se puede contribuir a esta resistencia precisamente mediante el ejercicio de euritmia mencionado anteriormente.

En cualquier caso, hay que dejar bien claro que aquello que hoy consideramos juicio, manifestación de la voluntad, esperanza o amor; lo que hemos mencionado en relación con ciertos dolores orgánicos; lo que hemos mencionado para combatir la torpeza, etcétera; todo ello se presenta, de hecho, ante el ser humano de tal manera que este se ve conmovido en lo más profundo de su ser orgánico y, de forma indirecta a través del cuerpo etérico, obtiene realmente la posibilidad de convertir ese cuerpo etérico en un vehículo útil.

El cuerpo etérico es, en efecto, algo que hay en el ser humano y que, en la mayoría de las personas que se pasan la vida sentadas, que viven sin interés por el mundo que les rodea, se vuelve rígido. Y eso no es bueno; tampoco es bueno para las funciones orgánicas que el cuerpo etérico del ser humano se vuelva rígido. Si se hace que los niños realicen con moderación los movimientos que hemos descrito hoy, si se hace que los pacientes correspondientes los realicen con la energía adecuada —pues, a partir de lo que se ha explicado, se ve claramente a qué pacientes se les debe prescribir esto—, entonces el cuerpo etérico se vuelve flexible, ágil en sí mismo, y con ello se hace un bien tanto a los niños como a los adultos.

Estos movimientos son tal y como son, de modo que se les puede dar sin duda preferencia frente a los movimientos habituales de gimnasia, porque estos últimos, en realidad, solo se derivan de la fisiología, es decir, de la naturaleza física del cuerpo, y, en el fondo, arrancan continuamente el cuerpo físico del etérico, de modo que el cuerpo físico siempre realiza sus propios movimientos, que no provocan a su vez los movimientos correspondientes del cuerpo etérico. Y por ello, la gimnasia habitual, meramente fisiológica, es, en el fondo, una escuela de materialismo, en la que el pensamiento materialista se traslada al sentimiento; mientras que la euritmia hace que el ser humano adquiera realmente una mayor capacidad para reconocerse a sí mismo y para dominarse a sí mismo. Por eso, estos ejercicios tienen tanto un valor pedagógico y didáctico como un valor terapéutico e higiénico. En el fondo, lo ideal sería que se intentara realmente que los adultos también realizaran estos ejercicios de forma moderada —me refiero precisamente a los descritos hoy— y que, en el caso de los enfermos, se les enseñara como en un sanatorio.

Me han planteado otra pregunta que quizá pueda dar lugar a algunas reflexiones, además de otras cuestiones. Esta es la pregunta:

Los chinos no pueden pronunciar la letra «R»; en su lugar, utilizan la «L». Por ejemplo, «Erdbeere» (fresa) se pronunciaría «Eldbeele». ¿Tiene esto que ver con la raza?

Por supuesto, tiene que ver con la organización del organismo, en la medida en que esta viene determinada por la raza, y precisamente en esta aptitud especial de un grupo de personas para pronunciar un sonido u otro se puede ver cómo están predispuestas las personas en función de su origen racial. De hecho, nosotros mismos hemos mencionado este tipo de cosas hace unas horas.

Ahora bien, se han planteado aquí algunas preguntas en relación con los ejercicios que podrían realizarse, por ejemplo, teniendo en cuenta los estados de indolencia, falta de reacción, impulso motor deficiente, etc., es decir, estados que muy a menudo tienen su origen en un funcionamiento insuficiente de la glándula tiroides. Cabe señalar aquí que Fließ, en su conocido libro sobre el «Curso de la vida», clasifica estos complejos de síntomas dentro de la etapa sexual intermedia. ¡Cómo no iba a hacerlo un escritor actual! Todo aquello de lo que no sabe mucho, lo incluye, naturalmente, en la etapa sexual intermedia. O, dicho de otro modo, en esa misma categoría incluye, por ejemplo, a los zurdos. Quizás se pueda [...] a los zurdos[...]. Pero subrayo expresamente que aún no he recomendado a nadie ejercicios de euritmia con un énfasis especial en la derecha o en la izquierda.

[...(Se hace referencia a los ejercicios de la primera conferencia, que deben iniciarse alternativamente por la derecha y por la izquierda: yambo, troqueo.)....]

En realidad, no se trata de resaltar especialmente el acento de la sílaba fuerte o la débil, sino de evocar, precisamente en el movimiento hacia adelante, la sensación del yambo o del troqueo. Por supuesto, esto está totalmente justificado. La cuestión es la siguiente: no importa tanto la longitud de las sílabas, sino ese movimiento concreto. Es cierto, se trata simplemente de que, cuando se traslada lo que vive en el sistema respiratorio al sistema de movimiento, se invierte. La parte superior del ser humano y la parte inferior están, de hecho, invertidas. Así pues, cada yambo que se pudiera concebir, por ejemplo, en el sistema respiratorio —es decir, producido a través del habla—, debe convertirse en un troqueo en el movimiento de las piernas, y viceversa. De hecho, toda la euritmia se basa en esto. Pueden comprobarlo en toda la euritmia: cuando se ejecuta, el movimiento nunca se corresponde según el criterio de la similitud, sino según el modelo de la polaridad. Todo se corresponde según el modelo de la polaridad. Por supuesto, esto hay que tenerlo muy presente.

Pero nunca he recomendado a nadie que realice algo en concreto con la mano izquierda o con la derecha; eso debe dejarse totalmente a la intuición. Así pues, el hecho de que algo se realice con la mano derecha o con la izquierda debe depender únicamente de los factores que, por lo demás, deben tenerse en cuenta. No quisiera dar a entender que haya recomendado a personas torpes que hagan hincapié en la mano derecha mediante ejercicios específicos de euritmia; no es así.

Ahora bien, me gustaría destacar lo siguiente al respecto: se trata de que, si existe una falta de reacción o un impulso motor deficiente, esta denominación más general siempre se enmarca en algo de lo que ya he indicado. «Impulso motor deficiente» es una expresión general, y se enmarca en algo de lo que he indicado; en ese caso, hay que realizar los movimientos correspondientes.

(Pregunta) ... [no transcrito]

Estos estados de indolencia, falta de impulso para moverse, falta de atención y demás, hasta llegar a la pereza, son, en cierto modo, una etapa previa a lo que en homeopatía se denomina estado mental difuso [...] Bueno, en cuanto a lo que tiene de, diría yo, puramente médico, eso lo responderé mañana. Pero, dado que la pregunta está estrechamente relacionada con la conferencia sobre euritmia, me gustaría añadir lo siguiente: En general, un ejercicio como el que he indicado aquí, en relación con el juicio y la expresión de la voluntad, debe considerarse de tal manera que precisamente estas manifestaciones de indolencia, falta de impulso de movimiento y demás se combatan de manera muy especial mediante lo que he indicado para las expresiones de la voluntad. Y si se observa que estas no son especialmente eficaces, hay que alternarlas con lo que he indicado para el juicio, pero de tal manera que se intente probar —aquí se trata de probar—, que se intente comprobar si las manifestaciones de la voluntad frente a las de juicio funcionan mejor en una proporción de tres a dos o de dos a tres, es decir, una más prolongada y la otra más breve. Y, sin duda, dado que estas cosas actúan de forma indirecta a través del cuerpo etérico, resultará que, en un primer momento, hay que empezar por continuar con los ejercicios durante dos o tres días y que, en determinadas circunstancias, si se observa que no dan los resultados esperados, habrá que modificarlos el tercer día. Pero, en general, se puede decir que tanto un ejercicio como el otro tendrán un efecto estimulante en el ser humano en ambos sentidos. Así pues, precisamente este ejercicio de la voluntad y este ejercicio del juicio son los que pueden tenerse especialmente en cuenta.

Quiero subrayar, para que no haya malentendidos, que, por supuesto, no debe pensarse que este tipo de ejercicios, realizados durante dos o tres días, puedan tener ya un efecto muy significativo. Eso sería un error. Para que surtan efecto, estos ejercicios deben realizarse durante al menos siete semanas. Siete semanas, pues, es un periodo de tiempo que, sin que por ello quien lo afirme tenga que estar afectado por alguna manía mística, muestra aproximadamente los efectos beneficiosos que acabo de caracterizar.

Esto es lo que quería decirles hoy sobre estos temas, y quizá les pida que mañana podamos encadenar esta clase con la siguiente, tras una breve pausa. Mañana sería entonces la última clase de euritmia, porque el lunes necesitaremos dedicar dos horas consecutivas exclusivamente a consultas médicas.

Traducido por J.Luelmo