CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA323 Stuttgart, 5 de enero de 1921 Astronomía

 

Rudolf Steiner

Conferencia V

Stuttgart, 5 de enero de 1921

¡Mis queridos amigos!

Para el progreso de nuestros estudios, hoy debo insertar una especie de preámbulo, porque entonces entenderemos más fácilmente la naturaleza real de nuestra tarea. Desde un punto de vista particular, reflexionaremos por entero sobre la teoría cognitiva de las ciencias naturales. Volvamos a la conferencia de ayer para recordar una vez más las conclusiones provisionales a las que llegamos. Sin embargo, la verificación de estos resultados solo será posible en el curso de las conferencias.

Hemos visto que en el estudio de los fenómenos celestes, dado que nuestra astronomía los expresa en formas geométricas y figuras aritméticas, nos lleva a cualidades inconmensurables. Hay un momento en nuestro proceso de cognición, al intentar comprender los fenómenos celestes, en que debemos detenernos, por así decirlo, y admitir que el método matemático pierde su validez. A partir de cierto punto, simplemente no podemos continuar limitándonos a dibujar líneas geométricas, a trazar los movimientos de los cuerpos celestes. Ya no podemos emplear el análisis matemático; solo podemos admitir que el análisis y la geometría nos llevan hasta cierto punto, a partir del cual no podemos traspasarlo. Al menos provisionalmente, llegamos a la conclusión muy significativa de que al reflexionar sobre lo que vemos, ya sea a simple vista o con la ayuda de instrumentos, nunca podemos comprender plenamente si se trata de figuras geométricas o fórmulas matemáticas. Por lo tanto, ni con el álgebra, el análisis ni la geometría abarcamos la totalidad de los fenómenos.

Piensen lo que significa eso. Si pretendemos incluir la totalidad de los fenómenos celestes, debemos dejar de imaginar que podemos hacerlo pensando que el Sol se mueve de tal manera que su movimiento pueda ser representado por una línea de geometría definida, o que el movimiento de la Luna puede ser representado de igual modo. Precisamente debemos renunciar a nuestro deseo más ardiente cuando nos enfrentamos a los fenómenos en su totalidad. Esto es lo más significativo, ya que hoy en día, en el momento en que alguien dice "El Sistema Copernicano no funciona de manera más satisfactoria que el Ptolemaico", alguien más responderá: "Diseñemos otro sistema". En el curso posterior de estas conferencias veremos, lo que debe ponerse en sustitución de los simples diseños geométricos para comprender los fenómenos en su totalidad.

Antes que nada, debo presentar este aspecto negativo ante ustedes, antes de que podamos entrar en lo positivo, ya que es muy importante que despejemos nuestro pensamiento a este respecto.

Por otro lado, vimos ayer que a lo que nos enfrentamos en Embriología, surge como si viniera de regiones indefinidas y caóticas, y a partir de cierto punto en adelante pudiera captarse en forma de imagen, o incluso geométricamente. Como dije ayer, al estudiar los fenómenos celestes, a través del propio proceso de cognición llegamos a un punto en el que debemos reconocer que el mundo es diferente de lo que este proceso de cognición nos habría hecho creer al principio. Y en los fenómenos embrionarios se nos lleva a ver que debe haber algo que precede a los hechos a los que todavía tenemos acceso.

Ahora bien, además de otras cosas, recientemente apareció entre los embriólogos una cierta divergencia de perspectivas. (Solo daré una descripción aproximada). Por un lado, estaban los seguidores estrictos de la ley bio-genética, que establece, como ustedes saben, que el desarrollo del embrión individual es una especie de recapitulación resumida del desarrollo de la raza. Dichas personas rastreaban la causa del desarrollo del embrión hasta el desarrollo de la raza. Por otro lado, se presentaban otros que no querían oír hablar de que el individuo se deriva del desarrollo racial, sino que se aferraban a una concepción más o menos mecánica del desarrollo embrionario diciendo que solo era necesario tener en cuenta las fuerzas directamente presentes en lo que ocurre en el embrión mismo. Por ejemplo, Oscar Hertwig dejó la estricta escuela bio genética de Haeckel y se mudó a la escuela más mecánica. Ahora la mecánica necesita ser comprendida de una manera que sea al menos similar a las matemáticas, aunque no sea pura matemática. Por lo tanto, vemos, desde la propia historia de la ciencia, cómo se debe asumir que el desarrollo embriológico se lleva a cabo mediante un método de investigación mecánico y matemático. Es la historia de estas cosas a la que ahora deseo señalar.

Todo esto aparece en el campo que podríamos llamar la teoría del conocimiento. Por un lado, somos conducidos a un límite en el proceso cognitivo, donde no podemos avanzar con nuestro método de enfoque moderno favorito. Por otro lado, al estudiar la vida embrionaria, nuestra única posibilidad de comprenderla con métodos ordinarios, es cuando cumplimos los requisitos previos que inicialmente dejamos de lado. Debemos admitir que encontramos algo en el reino de la realidad, cuyos comienzos debemos dejar vagos e inexplorados; luego, desde cierto punto en adelante, podemos ponernos a trabajar, describiendo lo que observamos en términos de diagramas, fórmulas y relaciones que son al menos similares a las de las matemáticas y la mecánica.

Teniendo en cuenta estas cosas, considero que en la conferencia de hoy es necesario insertar una especie de reflexión general. Como he señalado a menudo, el ideal de la investigación científica moderna es observar la naturaleza exterior de la manera más independiente posible del hombre: establecer los fenómenos en pura objetividad, por así decirlo, excluyendo al hombre por completo de la imagen. Veremos que precisamente a través de este método de exclusión, es imposible trascender tales barreras como hemos observado desde dos lados distintos.

Esto está relacionado con el hecho de que el principio de la metamorfosis, que, como saben, fue concebido y presentado por primera vez de manera elemental por Goethe, hasta ahora apenas ha sido seguido. Sin duda, se ha utilizado hasta cierto punto en la morfología, pero incluso aquí, como vimos ayer, falta un principio esencial. La morfología actual todavía no puede reconocer la forma y construcción de un hueso tubular o largo, por ejemplo, en relación con la de un hueso del cráneo. Para hacer esto, deberíamos tener que llegar a una forma de pensar mediante la cual primero deberíamos estudiar lo que está dentro, por ejemplo, la superficie interna de un hueso tubular y luego relacionar esto con la superficie externa de un hueso del cráneo. Esto significa un tipo de inversión, como cuando un guante se da vuelta al revés; pero al mismo tiempo hay una alteración de la forma, una alteración de las tensiones superficiales a través de la inversión o giro del interior hacia afuera. Solo si seguimos la metamorfosis de las formas de esta manera, aunque parezca complicado, llegaremos a conclusiones verdaderas.

Pero cuando dejamos lo morfológico y entramos más en el ámbito funcional, en este ámbito no hay más que indicios, en las formas de pensamiento existentes, hacia una verdadera búsqueda de la idea de metamorfosis. Sin embargo, esto es lo que se necesita. En mi libro, "Los enigmas del Alma", daba algunos principios donde se indicaba, al menos de manera esquemática, la triple existencia del ser humano, reconocida como la suma de funciones inter-relacionadas. A modo de resumen, explicaba cómo primero debemos distinguir aquellas funciones y procesos en el hombre que pueden considerarse pertenecientes a los nervios y los sentidos; cómo debemos reconocer, como procesos relativamente independientes, todo lo que es rítmico en el organismo humano; y cómo a su vez debemos reconocer los procesos metabólicos como distintos. Señalaba que en estas tres formas de procesos se incluye todo lo que es funcional en el hombre. Cualquier otra cosa que parezca funcional en el organismo humano es derivable de estos tres.

Es esencial ver que todos los fenómenos en el ámbito orgánico, aunque externamente aparezcan uno al lado del otro, se relacionan entre sí a través del principio de la metamorfosis. La gente de hoy no está dispuesta a mirar las cosas macroscópicamente. Debemos encontrar nuestro camino de regreso al aspecto macroscópico. De lo contrario, a través de la falta de comprensión sintética de lo que está viviendo, surgirán problemas que no son de por si insolubles, sin que se dan por nuestros prejuicios y limitaciones metódicas.

Aprendiendo a comprender al hombre en este triple aspecto, observaremos que está conectado con el mundo exterior de tres maneras. Los procesos neuro-sensoriales son una de las formas en que el hombre se relaciona con el mundo exterior; en cuanto a los procesos rítmicos, a través de ellos se relaciona de otra manera. En la propia naturaleza de los procesos rítmicos radica que no puedan considerarse como aislados dentro del hombre, apartados del resto del mundo, puesto que dependen de la respiración, un proceso de intercambio perpetuo entre el cuerpo humano y el mundo exterior. A su vez, en el metabolismo hay un proceso muy obvio de intercambio entre el hombre y el mundo exterior. También los procesos neuro-sensoriales puede considerarse como una continuación del mundo exterior hacia el hombre interior. Esto se vuelve más comprensible si sabemos diferenciar entre las percepciones reales, que penetran a través de los sentidos, y el proceso de cognición que ello implica, es decir, la formación de ideas y representaciones mentales. Es innecesario aquí ahora profundizar en estas cosas, porque es bastante evidente. En la relación entre el hombre y el mundo exterior, durante la percepción sensorial, el acento está más en el mundo exterior, mientras que la formación de ideas y representaciones mentales nos lleva más al hombre interior. (No me refiero a la vida anímica, sino a los procesos corporales).

Una vez más, dejando de lado por el momento el sistema rítmico, (la respiración y la circulación sanguínea), el sistema metabólico nos brinda algo más, que está en claro contraste con este proceso interno que va desde la percepción sensorial hasta la formación del concepto. Un estudio exhaustivo del sistema metabólico establece una conexión entre los procesos metabólicos internos y las funciones de las extremidades humanas. Las funciones de las extremidades están conectadas con el metabolismo.

Si las personas procedieran de manera más racional de lo normal, descubrirían la conexión esencial entre el metabolismo, situado más profundamente dentro del cuerpo, y los procesos que activan el movimiento de las extremidades. Tales procesos son también metabólicos. Las funciones orgánicas reales que subyacen a los movimientos de las extremidades son procesos metabólicos. Si examinamos las funciones orgánicas, allí encontramos el consumo de sustancias materiales para producir la energía requerida.

Pero no debemos detenernos en el proceso metabólico como tal. Hay una via en la que este proceso conduce tanto desde el hombre hacia el mundo exterior, como la percepción sensorial va desde el mundo exterior hacia el interior del cuerpo humano. (Es necesario llevar a cabo dichos métodos de investigación, que son realmente fundamentales, de lo contrario no se logrará ningún progreso en ciertas direcciones esenciales).

¿Qué es lo que va hacia afuera desde el metabolismo a semejanza de lo que va hacia adentro desde la percepción sensorial a la creación de ideas y representaciones mentales? Es el proceso de fecundación. La fecundación va en la dirección opuesta, desde el organismo corporal hacia afuera. Representarlo esquemáticamente (Fig. 1): en la percepción sensorial, la dirección va desde afuera hacia adentro; este proceso entrante de percepción sensorial es luego "fecundado" por el organismo y obtenemos la formación de ideas. (Por favor, no se ofendan por la expresión 'fecundado'; pronto reemplazaremos, lo que puede parecer una forma simbólica de hablar, por la realidad que indica.) En el proceso metabólico, para producir la fecundación la dirección es de adentro hacia afuera. Por lo tanto, en lo que se manifiesta en los dos polos de la triple naturaleza humana, somos guiados en dos direcciones opuestas.

En el medio está todo lo que pertenece al sistema rítmico. Ahora podemos preguntar, y dentro del sistema rítmico ¿qué es lo que se dirige hacia afuera y qué hacia adentro? Aquí no es posible encontrar diferencias tan precisas como entre el metabolismo interno y la fecundación, o entre la percepción y la formación de conceptos. Los procesos en el sistema rítmico se funden entre sí. En la inhalación y la exhalación, el proceso está más unificado. No se puede diferenciar tan claramente, sin embargo, aún es posible decir (Fig. 1): Así como la percepción sensorial proviene del exterior y la fecundación se proyecta hacia afuera, también en la inspiración y la espiración hay una oscilación hacia adentro y hacia afuera. El proceso de la respiración es el intermedio.


Aquí hay un verdadero ejemplo de metamorfosis: en una sola entidad, subyace una triple naturaleza humana, organizada ahora de una manera, después de otra.

En la dirección ascendente, esto puede seguirse hasta cierto punto fisiológicamente. (Algunos de ustedes ya saben a qué me referiré ahora). Observen el proceso de respiración. La entrada de aire influye en el organismo en cierta manera; a saber, al respirar, el líquido cefalorraquídeo, que sustenta la médula espinal y el cerebro, se proyecta hacia arriba. Deben recordar que el cerebro, en efecto, está rodeado por el líquido cerebral y, por lo tanto, está flotando en él. No podríamos vivir sin este elemento de flotabilidad. Sin embargo, no entraremos en eso ahora, sino que solo llamaremos la atención sobre el hecho de que aquí hay un movimiento ascendente del fluido cerebral al inhalar y un movimiento hacia abajo al exhalar. De modo que el proceso de respiración realmente incide en el cráneo, en la cabeza. En este proceso tenemos una interacción real y una cooperación del sistema de nervios y sentidos con el sistema rítmico.

Vean ustedes cómo funcionan los órganos, para lograr lo que podríamos llamar metamorfosis de las funciones. Así pues podemos decir, aunque sea hipotéticamente o a modo de postulado: quizás pueda encontrarse algo similar en cuanto al metabolismo y la fecundación. Pero en este ámbito del cuerpo es menos fácil llegar a una conclusión. Esto es de hecho característico del organismo humano; Es relativamente fácil entender la relación interpenetrante entre el sistema rítmico y el sistema neuro-sensorial en un proceso accesible al pensamiento, pero no podemos encontrar fácilmente una relación evidente entre el sistema rítmico y los procesos del metabolismo y la fecundación.

Echen mano del conocimiento fisiológico a su disposición, y cuanto más profundicen en el asunto, mejor lo percibirán. Además, el por qué esto es así es bastante obvio. Consideren la alternancia regular de dormir y despertarse. Mediante la percepción sensorial están abiertos al mundo exterior, continuamente expuestos al mundo exterior. Luego, elaborando con su pensar le dan un cierto orden y orientación a lo que ven a su alrededor durante la vigilia. Lo van ordenando mediante una actividad que va de adentro hacia afuera; La reorientación viene de adentro. En realidad, podemos decir: nos encontramos ante un mundo externo que ya está ordenado de acuerdo con sus propias leyes, y al que nosotros mismos, desde nuestro propio ser interior, damos otro orden. Con nuestro pensar, reunimos hechos y fenómenos del mundo exterior de acuerdo con nuestro propio criterio y tendencia, ¡desgraciadamente a menudo con mal criterio! Desde nuestro ser interior, se introduce algo en el mundo exterior que en absoluto se corresponde necesariamente con este mundo exterior. Eso explica porque caemos víctimas del error. Una remodelación arbitraria del mundo que nos rodea emerge de nuestro propio ser interior.

Pero ahora, mirando el otro polo de la naturaleza humana, estarán de acuerdo en que el trastorno proviene de afuera, tanto en el metabolismo como en la fecundación. Porque en gran medida se deja a nuestra propia elección arbitraria y al libre albedrío, la manera de sustentarnos metabólicamente al tomar alimentos, e incluso cómo nos comportamos con respecto a la fecundación. Pero aquí el elemento arbitrario está mas relacionado con el mundo exterior, que en primer lugar nos es extraño. Al menos, en el proceso de percepción nos sentimos como en casa, en el elemento arbitrario que introducimos desde nuestro propio ser interior. Pero con todo lo que traemos del mundo exterior no nos sentimos familiarizados. Tenemos, por ejemplo, una idea muy vaga, (al menos, la mayoría de las personas tienen muy poca idea de lo que realmente sucede en nuestra relación con el mundo cuando comemos o bebemos). Y en cuanto a lo que sucede en los intervalos de tiempo entre nuestras comidas, a eso le prestamos muy poca atención, e incluso aunque lo hiciéramos, no serviría de mucho. Aquí se diría, que entramos en una región indefinida e intangible. De modo que en uno de los polos del ser humano tenemos el Cosmos ordenado que extiende sus abismos insondables, por así decirlo, en nuestros órganos sensoriales (Fig. 2). (lo de "cosmos ordenado" no debe malinterpretarse , solo se usa para describir los hechos; no nos perderemos en argumentos filosóficos sobre si el Cosmos está realmente ordenado o no, solo queremos describir los hechos). Un polo está en contraste con el otro, el cual, estamos obligados a admitir, es un Cosmos desordenado, si tenemos en cuenta todo lo que nos llega desprovisto de aquello que nosotros mismos insertamos, o de cómo el proceso de fecundación se inicia en intervalos de tiempo bastante irregulares, etc. Al contemplar esta invasión del metabolismo por el mundo exterior, debemos admitir que aquí nos enfrentamos con un Cosmos desordenado, al menos, en lo que a nosotros respecta no ordenado.

fig. 2

Y ahora podemos hacer la pregunta - desde los aspectos más generales de la teoría del conocimiento humano: ¿Cómo y hasta qué punto estamos realmente conectados con los cielos estrellados? En primer lugar, los vemos. Pero en este momento se tendrá una sensación vívida de las incertidumbres que nos asaltan cuando pensamos en los cielos estrellados. No sólo los hombres de diferentes épocas se han sentido convencidos de la verdad de los más diversos sistemas astronómicos. Como vimos ayer, tenemos que enfrentarnos al hecho de que no podemos contener la totalidad de los cielos estrellados en las formas matemáticas y mecánicas de pensamiento en las que nos sentimos más seguros.

No sólo debemos admitir que no podemos confiar en las meras apariencias sensoriales en lo que respecta a los Cielos, sino que debemos reconocer que cuando partimos de lo que vemos y luego trabajamos en ello con la vida del pensar, que, como hemos visto, pertenece más al hombre interior, no podemos llegar nunca realmente a este mundo de estrellas. Es la verdad, no es una simple comparación decir:..: Los cielos estrellados sólo se nos presentan en su totalidad - una totalidad relativa, por supuesto - a través de la percepción de los sentidos. Partiendo de la percepción sensorial, cuando nosotros, como hombres, tratamos de ir más lejos hacia el interior para comprender los cielos estrellados, nos sentimos un tanto ajenos a ellos. Tenemos una fuerte sensación de nuestra insuficiencia. Y sin embargo sentimos que algo inteligible debe estar ahí en el fenómeno que contemplamos.

Por lo tanto, fuera de nosotros, está el Cosmos ordenado; este sólo se presenta a nuestros sentidos. Ciertamente no se revela de inmediato a nuestra comprensión intelectual. Tenemos este Cosmos ordenado por un lado; con él, no podemos entrar en el hombre. Tratamos de conducir desde la percepción exterior del Cosmos hacia el hombre interior - la vida de pensamiento e ideación - y descubrimos que no podemos entrar. Debemos admitir que la astronomía no entrará en nuestra cabeza. Esto no se dice en lo más mínimo metafóricamente. Es un hecho demostrable en la teoría del conocimiento. La astronomía no entrará en la cabeza humana; simplemente no encajará allí.

¿Qué vemos ahora en el otro polo, el del Cosmos desordenado? Miremos los hechos; no queremos establecer teorías o hipótesis, sino sólo ver los hechos con claridad.

Busquen lo que está en contraste, en el Universo exterior con el dominio astronómico, y en el hombre con los procesos de percepción e ideación (la continuación del "Cosmos ordenado" en el hombre). En el hombre entran en el reino del metabolismo y la fecundación - y la Astronomía,Por lo tanto, si consideramos al hombre no como un ser aislado, sino en conexión con la totalidad de la Naturaleza, podemos colocarlo en el cuadro de la siguiente manera. A través de su cabeza, participa en lo astronómico, a través de su metabolismo en el dominio meteorológico. El hombre está así entrelazado con el Cosmos en ambas manos.

y miran hacia abajo de una manera análoga, ¿a qué reino son conducidos? Son llevados a la Meteorología - todos los fenómenos del mundo exterior una vez más, relacionados con la Meteorología. Porque si tratan de entender los fenómenos meteorológicos en términos de "ley natural", la cantidad de leyes que pueden aportar al ordenado Cosmos de la Astronomía, está en la misma proporción que la temperamental región del metabolismo y la fecundación en el hombre en el reino de la percepción sensorial, en el que todo el cielo estrellado vierte su luz, - que sólo comienza a desordenarse en nuestra propia vida interior, a saber, en nuestra formación de ideas.

Añadamos aquí otro pensamiento. Ayer hablamos de los procesos que pueden ser vistos como una imaginación orgánica interna de los eventos lunares, a saber, los procesos en el organismo femenino. En el organismo femenino hay algo así como una alternancia de fases, una sucesión de eventos, que siguen su curso en 28 días. Aunque, tal y como están las cosas ahora, estos eventos no dependen en absoluto de ningún evento lunar real, sin embargo, son de alguna manera un reflejo interno de la Luna. También llamé su atención sobre el siguiente hecho psico-fisiológico. Si realmente analizamos la memoria humana y tenemos en cuenta el proceso orgánico interno subyacente, no podemos sino compararlo con este funcionamiento del cuerpo femenino. Sólo que en este último la naturaleza del cuerpo es tomada más intensamente que cuando se mantiene en la memoria alguna experiencia externa que se haya experimentado. Lo que se expresa en estos 28 días como resultado de nuestras impresiones anteriores ya no está contenido en la vida individual entre el nacimiento y la muerte, mientras que la experiencia de los acontecimientos exteriores y el recuerdo de los mismos se produce en un período más corto y sigue su curso entre el nacimiento y la muerte, dentro de la vida individual del individuo. Considerados en su aspecto psico-fisiológico, los dos procesos son sin embargo esencialmente iguales - una reexperiencia funcional de un proceso o evento externo. (En mi "Ciencia Oculta" insinué claramente este tipo de experiencia en relación con el mundo exterior).

Ahora, estudien las funciones del óvulo antes de la fecundación y encontrarán que están completamente involucrados en este ritmo interno de 28 días; corresponden a este proceso. Pero tan pronto como la fecundación tiene lugar, los procesos en el óvulo inmediatamente salen de esta vida rítmica interna del ser humano. Se establece de inmediato una relación mutua con el mundo exterior. Observando el proceso de la fecundación, nos lleva a ver que lo que sucede en el óvulo a partir de entonces ya no tiene que ver con meros procesos internos del cuerpo humano. La fecundación arranca al óvulo del proceso orgánico puramente interno y lo lleva al ámbito de los procesos que pertenecen en común al ser interno del hombre y al Cosmos, - un ámbito en el que no hay barreras entre lo que ocurre en el interior del hombre y en el Cosmos. Por lo tanto, lo que ocurre después de la fecundación -todo lo que ocurre en la formación del embrión- debe estudiarse en relación con los acontecimientos cósmicos externos, y no sólo en términos de los mecanismos de desarrollo dentro del propio óvulo en sus etapas sucesivas.

¡Piensen en lo que esto significa! Todo lo que ocurre en el óvulo antes de la fertilización está, por así decirlo, dentro del ámbito de los procesos orgánicos internos del ser humano. Pero en lo que sucede después de la fecundación y se produce por ello - el ser humano se abre al Cosmos. Aquí prevalecen las influencias cósmicas.

Es decir, por un lado tenemos al Cosmos trabajando en nosotros hasta el punto en el que comienza la vida de las ideas. Tenemos, en el sentido / percepción, una relación mutua, entre el hombre y el Cosmos. Investigamos esta relación, por ejemplo, por medio de las leyes de la percepción. La fisiología de los sentidos y así sucesivamente. La forma en que vemos un objeto debe ser investigada a través de tales leyes. Supongamos que vemos un tren de ferrocarril que pasa por delante de nosotros. Vemos todo el movimiento a lo largo. Sin embargo, si estamos en un punto directamente delante del tren lo suficientemente lejos - por muy rápido que vaya el tren, lo vemos como si estuviera parado. Pictóricamente, por lo tanto, lo que ocurre en nosotros depende de la relación del cosmos con nosotros. Estamos en medio de las imágenes y nosotros mismos pertenecemos a la imagen. Sin embargo, nos enredamos en algo caótico, - porque en última instancia, nuestros sistemas mundiales son caóticos, - si tratamos de sacar conclusiones en cuanto a los eventos reales de lo que vemos externamente.

Por otra parte, en lo que se refiere a la fecundación, el hombre no está involucrado en procesos cósmicos pictóricos sino reales.

Así pues, en una función el hombre está inmerso en el Cosmos de forma pictórica, y en la otra de forma real. La misma cosa que se le escapa cuando mira hacia el Cosmos, actúa sobre él cuando se somete al proceso de fecundación. Aquí, por lo tanto, algo, (un todo en sí mismo), se separa en dos miembros. En el primer caso, una mera imagen está ante nosotros y no podemos llegar a la realidad. En el otro, se nos presenta la realidad; a través de ella, nace un hombre nuevo. Pero no se convierte en una imagen clara; permanece para nosotros tan desprovista de leyes como las manifestaciones del tiempo, o las condiciones meteorológicas en general. Aquí estamos cara a cara con una dualidad - aquí hay dos polos. De cada lado recibimos medio emocionados. Es como si recibiéramos la imagen de un lado y la realidad que la sustenta del otro.

Habrán visto que la forma en que el hombre se enfrenta al mundo no es tan simple como se podría suponer al decir: La imagen sensorial del mundo está dada; ahora vamos a concebir la realidad por métodos filosóficos. Este problema de encontrar la realidad subyacente en la percepción sensorial es, por supuesto, fundamental en la teoría filosófica de la cognición. Pero el hombre se equilibra curiosamente entre la imagen y la realidad de formas muy distintas a la mera especulación filosófica.

Pues bien, en el curso de la evolución del mundo, los hombres ya han tratado de acercarse a este secreto a través de una experiencia del reino intermedio: la inhalación y la exhalación. La antigua sabiduría india que, como suelo decir, sería errónea para nosotros imitar hoy en día, procedía más o menos instintivamente de las siguientes hipótesis. Las percepciones de los sentidos no sirven de nada en la búsqueda de la realidad, ni tampoco los procesos sexuales o de fecundación, ya que no dan una imagen clara. Por lo tanto, mantengamos la región media, que se metamorfosea en un momento hacia la formación de imágenes y en otro hacia la realidad. Debemos mantenernos en la región media, porque a través de ella el acercamiento a la realidad y al mismo tiempo a la imagen debe ser posible de alguna manera. Por eso los ejercicios especiales de respiración del sistema de Yoga fueron perfeccionados por la sabiduría de la antigua India. Los hombres buscaban llegar a la realidad experimentando el proceso de respiración conscientemente, y así captar al mismo tiempo tanto la imagen como la realidad. Y si uno se pregunta por qué esto debería ser así, se da la respuesta: La respiración une la imagen y la realidad. (La respuesta puede ser más o menos instintiva, aunque no del todo, como se puede ver si se estudia, en la propia filosofía india, cómo surgió este extraño sistema de ejercicios respiratorios). La respiración une la imagen y la realidad. La imagen se experimenta en su relación con la realidad, si una vez que el proceso de respiración se eleva del inconsciente a la conciencia. Nunca entenderemos lo que apareció así en la evolución histórica de la humanidad, a menos que lo consideremos desde el punto de vista de la fisiología interna del hombre. Mirándolo bajo esta luz, se puede decir: Hubo un tiempo en que los hombres buscaban comprender la realidad volviéndose hacia el hombre mismo. Para las imágenes del mundo, tenemos los sentidos; para la realidad, algo bastante diferente. Por lo tanto, los hombres se dirigieron a esa parte del mundo que no se cierra en las imágenes terminadas, ni en la mera experiencia de la realidad; se dirigieron a lo que todavía no se ha diferenciado o dividido - al proceso de la respiración. Y al hacerlo, trajeron al hombre al Cosmos. No contemplaban un mundo separado del hombre como el mundo de nuestra Ciencia Natural; contemplaban un mundo para el cual el hombre, como hombre rítmico, se convertía en un verdadero órgano de percepción. Este mundo, decían, no puede ser captado ni por los nervios y los sentidos del hombre, ni por el hombre metabólico. En su vida de nervios y sentidos, el hombre se hace consciente de tal manera que lo que se presentaba a los nervios y sentidos se diluye en una mera imagen; en el metabolismo, la realidad se encuentra con él de tal manera que no se eleva en absoluto a la conciencia. El entrelazamiento de la experiencia real pero inconsciente con lo que se enrarece en una imagen fue buscado por los sabios de la antigua India en el proceso de respiración regulada. Tampoco comprenderemos nunca los antiguos sistemas cósmicos, anteriores al Ptolemaico, hasta que seamos capaces de adivinar cómo se presenta el Universo al hombre cuando en éste se logra una síntesis, aunque indiferenciada, entre el proceso de la cognición por un lado, y por otro la intensa realidad del proceso de reproducción.

Consideremos ahora desde este punto de vista las enseñanzas sobre la creación del mundo que se encuentran particularmente en la Biblia: enseñanzas que, tal como están las cosas hoy en día, no son tan fáciles de ver. Consideren la historia de la Creación en la Biblia, particularmente como la interpretan aquellos que aún tenían las antiguas tradiciones. Fundamentalmente, la historia bíblica de la Creación puede entenderse únicamente cuando somos capaces de combinar la génesis del mundo que obtenemos mirando el Universo exterior, con la que obtenemos por medio de la Embriología. Lo que se establece en el Libro del Génesis está de hecho compuesto de la Embriología y de lo que se ve en la gloria exterior del mundo de los sentidos. De ahí los repetidos intentos de interpretar la historia bíblica de la Creación, incluso palabra por palabra, por hechos embriológicos. Verdaderamente, requiere tal interpretación.

Presenté esto hoy, mis queridos amigos, por una razón bien definida.

Como ven, si nuestros estudios actuales, que pretenden ser un puente entre la ciencia externa de hoy y la ciencia espiritual, han de tener algún significado, debemos adquirir primero un sentimiento muy definido e impregnarnos de este sentimiento, de lo contrario no podremos llegar más lejos. Debemos ser capaces de sentir que ciertas formas modernas de pensamiento son superficiales y externas. Debemos aprender a ver la superficialidad, por un lado, de la creación de imágenes del Universo que sólo tratan de hacer algunas ligeras correcciones en el Sistema de Copérnico, y por otro lado, de la investigación de la vida embrionaria en las formas que son habituales hoy en día. Se podría decir que el dictado de Nietzsche: "El mundo está profundamente pensado y trabajado; más profundamente que el día que pasa", procedía de tal sentimiento. Hay que adquirir los impulsos para no buscar explicaciones en la mera aceptación superficial de lo que se presenta directamente, aunque sea a la vista mejorada de un telescopio o un microscopio o un aparato de rayos X. Hay que aprender a respetar las explicaciones de otra naturaleza, aspirando a otras facultades de conocimiento, como las que buscaban los antiguos sabios indios en el Sistema de Yoga, para penetrar en la realidad y encontrar los medios de formarse una imagen adecuada de la misma.

Como ya hemos superado el sistema del Yoga, debemos sentirnos impulsados hacia una nueva forma de penetrar en el Universo por procesos que aún están por desarrollarse - que no deben derivarse tan simplemente de los métodos habituales de hoy en día. Porque el hombre se encuentra en medio de la imagen del mundo, una imagen que se le presenta de manera abrumadora en los cielos estrellados, cuyos secretos nunca serán revelados a través de las meras facultades intelectuales, y lo que se le presenta siempre, cambiando el humor y el temperamento en los procesos de reproducción, en virtud de los cuales existe la raza humana. En medio de este gran todo que para él está así separado en dos mitades, el hombre se sitúa. Para encontrar una conexión entre las dos, debe buscar un camino de desarrollo espiritual, incluso como lo hacía en una forma más antigua en el sistema del Yoga, - una forma que ya no es posible hoy en día.

La astronomía, practicada como hasta ahora, nunca llevará a una comprensión de la realidad; sólo nos dará imágenes. Y la Embriología, aunque en este reino nos apoderamos de la realidad, no nos permitirá penetrar en la realidad con ideas e imágenes mentales. Las imágenes astronómicas del mundo son pobres en realidades; las imágenes embriológicas son pobres en ideas - no podemos penetrar en los hechos con ideas claras. Por lo tanto, también en la teoría del conocimiento debemos acercarnos al ser humano en su conjunto, en lugar de limitarnos a especulaciones filosóficas y psicológicas sobre la percepción de los sentidos. Debemos partir de la totalidad del hombre. Debemos aprender a colocar al hombre como un todo en el Universo. Esa es nuestra tarea hoy en día.

Es muy evidente hoy en día, cómo por un lado en la Astronomía se está perdiendo el terreno del conocimiento. Y es evidente que por otro lado en la Embriología, donde el conocimiento no llega a las fuentes de la realidad, todo lo que resulta es una mera discusión de los hechos dados, ya sea en términos de la ley biogenética o de los mecanismos de desarrollo. La ampliación de nuestros métodos fundamentales es evidentemente necesaria en ambas direcciones.

Tuve que poner todo esto ante ustedes, para que podamos entendernos mejor en lo que sigue. Porque les ayudará a ver que no serviría de nada si simplemente añadiera otra imagen formal del Universo a las ya existentes, aunque hay que reconocer que es el tipo de cosas que la gente de hoy en día desea.

Traducción de J.Luelmo abril/2014

GA323 Stuttgart, 4 de enero de 1921 Astronomía

 

Rudolf Steiner

Conferencia IV

Stuttgart, 4 de enero de 1921

¡Mis queridos amigos!

Si tuviera la tarea de presentar mi tema exclusivamente conforme a los métodos de la Ciencia Espiritual, naturalmente comenzaría desde diferentes premisas y alcanzaríamos nuestra meta más rápidamente. Sin embargo, tal presentación no cumpliría el propósito especial de estas conferencias. El objetivo de estas conferencias es abrir un puente hacia los métodos habituales del pensamiento científico. Es cierto que he elegido justo el material que hace que el puente sea más difícil de construir, porque el modo de pensamiento habitual en este ámbito está muy lejos de ser realista. Pero al luchar contra un punto de vista irreal, se evidenciará cómo podemos salir de lo insatisfactorio de las teorías modernas y llegar a una verdadera comprensión de los hechos en cuestión. Hoy por tanto, me gustaría considerar la forma en que se han formado las ideas sobre los fenómenos celestes, en los tiempos modernos.

Sin embargo, debemos distinguir dos cosas en la formación de estas ideas. Primero, las ideas se derivan de la observación de los fenómenos celestes, y las explicaciones teóricas se vinculan a las observaciones. A veces, las teorías mas ampliamente extendidas son debidas a relativamente pocas observaciones. Esa es una de las cosas, digamos, que se comienza partiendo de observaciones a partir de las cuales se han desarrollado ciertas ideas. La otra es que, una vez alcanzadas tales ideas, se elaboran hipótesis. En esta creación de hipótesis, un proceso que culmina en el establecimiento de una cosmología definida, predomina mucha arbitrariedad, puesto que al establecer las teorías, cualquier idea preconcebida que exista en las mentes de quienes promueven la teoría, les hace sentirse reforzados.

Por lo tanto, primero llamaré su atención sobre algo que tal vez les parezca paradójico, pero que, si se examina detenidamente, resultará fecundo en el transcurso de nuestros estudios.

En todo el modo de pensar de la ciencia moderna predomina lo que podríamos llamar, y de hecho así es llamado, "Reglas filosóficas". Consiste en decir: lo que se ha atribuido a causas definidas en un ámbito de la realidad, se debe atribuir a esas mismas causas en otros ámbitos. Al establecer tal "regula philosophandi", el punto de partida es, por regla general, aparentemente evidente. Se dirá, (sin duda lo harán los científicos de la escuela newtoniana), que la respiración debe tener el mismo origen en el hombre que en el animal, o incluso, que el hecho de que una madera arda, debe tener la misma causa, ya sea en Europa o en América . Hasta aquí, la cosa es bastante obvia. Pero entonces se da un salto que pasa desapercibido, que se da por sentado tácitamente. Aquellos que suelen pensar de esta manera dirán, por ejemplo, que si una vela y el Sol desprenden luz, seguramente deben ser por las mismas causas la base de la luz de la vela y la luz del Sol. O, incluso, que el movimiento de una piedra al caer al suelo y el movimiento giratorio de la Luna alrededor de la Tierra, deben ser debidos a las mismas causas subyacentes, a lo cual añaden el pensamiento adicional de que si esto no fuera así, no tendríamos ninguna explicación en Astronomía. Las explicaciones se basan en cosas terrenales. Si no se obtuviera la misma causalidad en los Cielos que en la Tierra, no llegaríamos a ninguna teoría en absoluto.

Sin embargo, si lo piensan, esta "regla filosófica" no es mas que una idea preconcebida. ¿Quién en el mundo es capaz de afirmar que las causas del resplandor de una vela y del resplandor del sol sean las mismas? ¿O que en el movimiento de la caída de una piedra, o en la caída del árbol de la famosa manzana por la que Newton llegó a su teoría, subyace la misma causa que en los movimientos de los cuerpos celestes? Eso hubo de ser inventado previamente. No es mas que una mera idea preconcebida. Los prejuicios de este tipo entran en juego cuando, después de haber derivado previamente explicaciones teóricas y pensamientos, representaciones deducidas de los fenómenos observados, las personas se lanzan precipitadamente hacia el razonamiento deductivo y construyen sistemas mundiales mediante métodos deductivos.

Sin embargo, lo que ahora describo de manera abstracta se ha convertido en un hecho histórico. Hay una línea de desarrollo continuado que parte de las conclusiones de los grandes pensadores -Copérnico, Kepler, Galileo- al comienzo de la era moderna, fundadas en relativamente pocas observaciones. De Kepler, en particular de su tercera Ley, citada ayer, hay que decir que su análisis de los hechos de que disponía, son la obra de un genio.

Kepler ejerció una gran intensidad de fuerza espiritual, cuando descubrió, con lo poco de que disponía, esa "ley", tal como se la denomina, o mejor dicho esa "síntesis conceptual" de los fenómenos del universo. Sin embargo después, a través de Newton, da comienzo a un desarrollo que ya no se derivaba de la observación sino de construcciones teóricas, incluidos conceptos tales cómo fuerza o masa y similares, que simplemente hemos de omitir si solo queremos aferrarnos a lo que es prioritario. El desarrollo en esta dirección alcanza un punto culminante, concebido ciertamente con ingenio y originalidad, en Laplace, que nos dirige hacia una explicación genética de todo el sistema cósmico (como se auto convencerán si leen su famoso libro "Exposition du Systeme du Monde "), o bien en Kant, en su" Historia natural y teoría de los cielos ". En todo lo que ha seguido en esta tendencia, vemos constantemente el esfuerzo realizado para llegar a conclusiones basadas en representaciones mentales que, por lo tanto, se han concebido de las conexiones de los movimientos celestes, y que dan como resultado explicaciones del origen del universo como el de la teoría nebulosa y demás.

Cabe señalar que en el desarrollo histórico de estas teorías contienen algo que se combina a partir de inducciones hechas, una vez más, con mucho ingenio en este campo, y de las posteriores deducciones que incluyen las preferencias especiales de sus autores. En la medida en que un pensador estaba imbuido de materialismo, era bastante natural para él mezclar sus deducciones conceptuales con las ideas materialistas. Por lo que ya no eran los hechos los que hablaban, porque se procedía basándose en teorías que habían surgido de deducciones. Así, por ejemplo, inductivamente los hombres llegaban primero a las representaciones mentales que resumían en la noción de un cuerpo central, el Sol, con los planetas girando a su alrededor en elipses conforme a una determinada ley, a saber: los vectores de radio describen iguales áreas en períodos iguales de tiempo. Al observar los diferentes planetas de un sistema solar, también fue posible resumir sus relaciones mutuas en la tercera ley de Kepler: "Para diferentes planetas, los cuadrados de los períodos de revolución son proporcionales a los cubos de los vectores de radio". Aquí había una cierta representación. La cuestión, sin embargo, no resolvía si esta imagen se ajustaba plenamente a la realidad. En verdad era una abstracción de la realidad; no quedaba establecido hasta qué punto, coincidía con la plena realidad. A partir de esa idea, no de la realidad, sino de esa representación, la gente deducía lo que luego se convertiría en un sistema genético completo de Astronomía. Todo esto hay que tenerlo en cuenta. El hombre moderno es enseñado desde la infancia como si las teorías que se han alcanzado en los últimos siglos mediante el razonamiento deductivo fueran realidades incontestables. Por lo tanto, mientras partamos con lo que es verdaderamente científico, ignoraremos en la medida de lo posible todo lo que es meramente teórico y nos ceñiremos con aquellas ideas que solo parten de la realidad en la medida en que aún podamos descubrir en ellas un conexión con lo que es real. Mi tarea hoy consistirá, en que todo lo que les explique, seguirá la dirección del pensamiento científico moderno, justo hasta aquellas ideas y conceptos que aún permiten encontrar el camino de regreso a la realidad. No sobrepasaré la realidad hasta tal punto, que los conceptos se vuelvan lo suficientemente crudos como para permitir la deducción de hipótesis nebulares.

Procediendo de esta manera, (siguiendo el método moderno de formación de conceptos en este campo en particular), primero debemos formar un concepto que se le presentaba inductivamente a Kepler y que después fue desarrollándose aún más. Recalco expresamente, que en estos conceptos solo llegaré hasta el punto, de que aunque la idea en la forma en que fue concebida debe estar equivocada, está tan apartada de la realidad que será posible detectar el error y volver a lo verdadero. Necesitamos desarrollar cierto talento para con la realidad en los conceptos que manejamos. No podemos proceder de ninguna otra manera si deseamos abrir un puente desde la realidad a las teorías desarrolladas por la ciencia y los estudios modernos.

Aquí, para empezar, hay un concepto que debemos examinar. Los planetas tienen órbitas excéntricas; describen elipses. Esto es algo con lo que podemos comenzar. Los planetas tienen órbitas excéntricas y describen elipses, en uno de cuyos focos está el Sol. Describen elipses de acuerdo con la ley de que el radio - los vectores describen áreas iguales en períodos iguales de tiempo.

Un segundo elemento esencial para nosotros es la idea de que cada planeta tiene su propio plano orbital. Aunque los planetas llevan a cabo sus evoluciones cercanos unos a otros, por así decirlo, para cada planeta existe un plano distinto de su órbita, más o menos inclinado respecto al plano del ecuador del Sol: si esto representa el plano de El ecuador del Sol (fig.1), un plano orbital de un planeta sería así; no coincidiría en absoluto con el plano del ecuador solar. k1

Estas son dos representaciones mentales muy significativas, formadas a partir de los hechos observados. Y, sin embargo, en su formación debemos tomar nota de algo en la representación del mundo real, que, por así decirlo, se rebela contra ellos. Por ejemplo, si estamos tratando de entender nuestro sistema solar en su totalidad, basándonos solo en la imagen de los planetas moviéndose en órbitas excéntricas, estando los planos orbitales en diversos grados de inclinación respecto al plano del ecuador solar, estaremos en dificultades si también tenemos en cuenta los movimientos de los cometas. En el momento en que dirigimos nuestra atención a los movimientos de los cometas, la imagen ya no es suficiente. El resultado se entenderá mejor si se parte de los hechos históricos que de cualquier explicación teórica.

Sobre estas dos representaciones mentales, (la de los planos orbitales de los planetas cercanos al plano del ecuador del Sol, y la de que las órbitas son elipses excéntricas,) Kant, Laplace y sus sucesores construyeron la hipótesis nebular, de ahí surge lo que constituye la forma de representar, aunque mínimamente, un tipo de historia del origen del sistema solar. Pero el sistema astronómico así construido no contiene una explicación satisfactoria del papel que desempeñan los llamados cometas. Siempre quedan fuera de la teoría. Esta discordancia de los cometas con las teorías que se formaron, tal como he descrito, en el curso de la historia científica, prueba que la vida cometaria de alguna manera se rebela contra un concepto formado, sin considerar la totalidad, sino solo una parte de ella. También debemos tener claro que las órbitas de los cometas con frecuencia coinciden con las de otros cuerpos que también intervienen en nuestro sistema y representan un enigma precisamente a través de su asociación con los cometas. Estos cuerpos son los enjambres de meteoritos, cuyas órbitas con mucha frecuencia, incluso tal vez siempre, coinciden con las órbitas de los cometas. Aquí, mis queridos amigos, teniendo en cuenta el conjunto de nuestro sistema, nos vemos obligados a decir: que gradualmente se han formado un mar de ideas a partir del estudio de nuestro sistema planetario en su conjunto, ideas con las que no podemos hallar justificación a las órbitas aparentemente irregulares y casi arbitrarias de los cometas y de los enjambres de meteoritos. Dichos cuerpos simplemente se niegan a "encajar" en las tan abstractas representaciones que se han alcanzado. Debería tener que darle descripciones históricas largas para mostrar en detalle cuántas dificultades han surgido en relación con los hechos concretos, cuando los investigadores, o más bien, los pensadores, se han acercado a los cometas y enjambres de meteoritos con sus teorías astronómicas.

Únicamente pretendo señalar las direcciones en las que se puede buscar una comprensión sólida. Llegaremos a tal entendimiento si prestamos atención a otro aspecto más.

Comenzando de esta manera a partir de conceptos que todavía contienen un atisbo de realidad, intentaremos ahora retroceder un poco hacia lo que es real. De hecho, siempre es necesario hacer esto en relación con el mundo exterior, para que nuestros conceptos no se alejen demasiado de la realidad, ya que esta es una fuerte propensión del hombre. Debemos volver una y otra vez a la realidad.

Es algo extremadamente peligroso haber formado el concepto de que los planetas se mueven en elipses, para luego comenzar de inmediato a construir una teoría alrededor de este concepto. Es mucho mejor, después de formar dicho concepto, volverse hacia la realidad para ver si el concepto no necesita corregirse, o al menos modificarse. Esto es importante. Esto se ve muy claramente en el pensamiento astronómico. También en el pensamiento biológico y especialmente en el médico, el mismo fracaso ha llevado a la gente a extraviarse. No tienen en cuenta, cuán necesario es que una vez hayan formado un concepto, se vuelvan hacia la realidad para asegurarse de que no hay razón para modificarlo.

Los planetas, entonces, se mueven en elipses. Pero estas elipses varían; a veces son más circulares, a veces más elípticas. Podemos comprobarlo si volvemos a la realidad con la idea de la elipse. En el transcurso del tiempo, la elipse se vuelve más abultada, más como un círculo, y después a su vez más como una elipse. Por lo tanto cuando únicamente digo "los planetas se mueven en elipses", de ninguna manera estoy incluyendo toda la realidad. Debo modificar el concepto y decir: los planetas se mueven en órbitas que continuamente pugnan o por convertirse en un círculo o seguir permaneciendo como elipse. Si tuviera que dibujar la línea elíptica, para ser fiel a la realidad, tendría que hacerla de goma india, o formarla de manera flexible, alterándola continuamente dentro de sí misma. Porque cuando haya formado la elipse que está allí en una revolución del planeta, no serviría para la próxima revolución, y mucho menos para la siguiente. No es cierto que cuando paso de la realidad al concepto rígido todavía sigo estando dentro de lo real. Eso por un lado.

Por el otro: Hemos dicho que los planos de las órbitas planetarias están inclinados respecto al plano ecuatorial del Sol. Cuando los planetas cruzan el punto de intersección de sus órbitas (con la eclíptica) en dirección ascendente o descendente, se dice que forman nodos. Las líneas, uniendo los dos nodos (K-K 1 en la Fig. 1), son variables. También lo son las inclinaciones de los planos entre sí, de modo que incluso estas inclinaciones, si tratamos de expresarlas en un solo concepto, nos llevan a un concepto rígido que debemos modificar inmediatamente frente a la realidad. Porque si una órbita está inclinada en un momento de una manera, y en otro momento de otra manera, el concepto que deducimos en primera instancia debe modificarse después. Para estar seguros, una vez que se llega a tal punto, podemos tomar un camino fácil y decir que hay "perturbaciones" y que con nuestros conceptos solo se comprende "aproximadamente" la realidad. Y seguimos nadando cómodamente en otras teorías. Pero al final nos alejamos tanto que las imágenes fantasiosas y teóricas que estamos construyendo ya no se corresponden con la realidad, aunque están destinadas a hacerlo.

Es fácil estar de acuerdo en que esta mutabilidad de las órbitas excéntricas, y la inclinación mutua de los planos orbitales, de alguna u otra manera debe estar relacionada con la vida de todo el sistema planetario, o digamos, con su actividad continua. Debe estar conectado de alguna manera con la actividad viva de todo el sistema planetario. Eso es bastante evidente. A partir de ahí, se podría intentar nuevamente formar el concepto, diciendo: Bueno pues, le añadiré tal movilidad a mis pensamientos representando las elipses continuamente abombadas y contraídas, y los planos de las órbitas ascendiendo, descendiendo y girando, entonces desde ese punto de partida construiré un sistema mundial de acuerdo con la realidad. Bien, pero si llevan esa idea hasta sus últimas consecuencias, entonces precisamente como resultado de tal pensamiento lógico, el resultado es un sistema planetario que no puede seguir existiendo. A través de la suma de las perturbaciones que surgen especialmente a través de la variabilidad de los Nodos, el sistema planetario se movería hacia su propia muerte y rigidez. Aquí entra lo que los filósofos han señalado una y otra vez. Si bien dicho sistema puede ser pensado, en realidad hace mucho tiempo que debería haber llegado a su final definitivo. No hay razón por la cual no debería ser así. La posibilidad infinita se habría cumplido; la rigidez se habría establecido hace mucho tiempo. Entramos aquí en un reino donde el pensamiento aparentemente se detiene. Precisamente siguiendo mi pensamiento hasta el final, llego a un sistema mundial que es inmóvil y rígido. Pero que no es la realidad.

Ahora, sin embargo, llegamos a algo más, a algo que debemos prestarle especial atención. Al proyectar estas cosas más allá, (pueden ustedes encontrar la teoría de ello en el trabajo de Laplace; Solo relataré los fenómenos): hallaremos que la razón por la cual el sistema no ha alcanzado la rigidez bajo la influencia de las perturbaciones, la variabilidad de los Nodos, etc., es que las proporciones de los períodos de revolución de los planetas no son mensurables. Son cantidades inconmensurables, cifras con un número infinito de decimales. Por lo tanto, debemos decir: si comparamos los períodos de revolución de los planetas en el sentido de la Tercera Ley de Kepler, las proporciones de estos períodos no se pueden dar en enteros, ni en fracciones finitas, sino solo en números inconmensurables. La astronomía moderna es clara en esto. El sistema planetario debe su movilidad continua a la inconmensurabilidad de las relaciones entre los períodos de revolución de los varios planetas (en la tercera Ley de Kepler). De lo contrario, ya debería haberse estancado hace mucho tiempo.

Observen ahora lo que ha sucedido. En última instancia, estamos obligados a basar nuestros pensamientos sobre el sistema planetario en números que al final escapan de nuestro entendimiento. Esto tiene mucha importancia.

Por lo tanto, la necesidad del propio desarrollo científico nos llevan a pensar matemáticamente en el sistema planetario de tal manera que los resultados matemáticos ya no sean mensurables. Estamos en una situación, en que con el propio proceso matemático llegamos a números inconmensurables. Tenemos que renunciar a las cifras, nos detenemos. Podemos escribirlo en decimales sin duda, pero solo hasta cierto punto. En algún u otro punto debemos dejar las cifras de lado cuando llegamos a lo inconmensurable. Entre ustedes los matemáticos lo tendrán claro al respecto. Verán que al tratar con un número inconmensurable se llega a un punto en que hay que decir: calculo hasta aquí y luego no puedo ir más allá. Solo puedo decir que, el proceso continúa en una determinada dirección, pero no se da nada por lo que pueda hacerse una idea de qué números pueden venir aún. Es importante que precisamente en el campo astronómico seamos conducidos a inconmensurabilidades. La astronomía nos obliga a los límites de la matematización; Aquí la realidad se nos escapa. La realidad se nos escapa, no podemos decir nada más; la realidad escapa a nuestra comprensión.

¿Qué significa eso? Significa que aplicamos la más segura de nuestras ciencias, las Matemáticas, a los fenómenos celestes, y en última instancia, los fenómenos celestes no se someten, llegado el momento nos eluden. Precisamente cuando estamos a punto de alcanzar su propia vida, se escapan al reino de lo inconmensurable. Ahí pues, en cierto punto nuestra comprensión de la realidad llega a su fin y se adentra en el caos.

Sin más preámbulos, no podemos decir qué hace esta realidad, que estamos tratando de seguir matemáticamente, cuando se desliza hacia lo inconmensurable. Indudablemente, esto está relacionado con su dinamismo vital. Para entrar en la realidad astronómica completa, debemos salirnos de lo que podemos dominar matemáticamente. El cálculo lo muestra claramente; La historia misma de la ciencia lo demuestra.

Esos son los puntos en los que debemos trabajar, si procedemos con un espíritu realista. Ahora me gustaría presentarles el otro polo del asunto. Si lo siguen fisiológicamente, pueden comenzar desde cualquier punto que deseen del desarrollo embrionario, ya sea desde el tercer o segundo mes. Pueden seguir retrospectivamente ese desarrollo hasta donde puedan con los métodos de la ciencia moderna. De hecho, como lo sabrán aquellos de ustedes que lo han estudiado, solo es posible hasta cierto punto. Pueden rastrearlo hasta cierto punto, a partir del cual no pueden ir mucho más allá, es decir, al desprendimiento del óvulo: El óvulo fecundado. Háganse una idea de hasta dónde pueden retroceder. Si quisieran retroceder aún más, estarían entrando en el reino indeterminado de todo el organismo materno. Eso significa que al retroceder se encuentran con una especie de caos. No se puede evitar esto, y el hecho de que no se puede evitar se demuestra en el curso del desarrollo científico. Piensen en hipótesis científicas como la teoría de la "Panspermia", por ejemplo, donde especulaban sobre si la célula germinal única estaba preparada a partir de las fuerzas de todo el organismo, que era más el punto de vista de Darwin, o si se desarrollaba de una manera más segregada en los órganos puramente sexuales. Cuando estudien el curso del desarrollo científico en este campo, verán que no se trataba de una pequeña fantasía en el intento de explicar la génesis subyacente, al rastrear hacia atrás el surgimiento de la célula germinal del organismo materno. Entran en un ámbito completamente indeterminado. Hay poca especulación en la ciencia externa de hoy sobre la conexión entre la célula germinal y el organismo materno.

Después, en un cierto punto de su desarrollo, este germen aparece de una forma muy definida, forma que puede ser captada al menos aproximadamente por medios matemáticos o geométricos. Desde cierto punto en adelante se pueden hacer los diagramas. Muchos de estos diagramas existen en embriología. El desarrollo de la célula germinal y otras células se puede delinear más o menos exactamente. Entonces se comienza a imaginar el desarrollo de una manera geométrica, representándolo en formas similares a figuras puramente geométricas. Aquí estamos siguiendo una realidad que en cierto modo es lo contrario de lo que teníamos en Astronomía. Allí buscamos una realidad con nuestro proceso cognitivo y llegamos a números inconmensurables; todo se desemboca en el caos a través del proceso del conocimiento mismo. En embriología nos escapamos del caos. A partir de cierto momento, podemos captar lo que emerge del caos a través de formas que son como formas puramente geométricas. Así, en efecto, al emplear las Matemáticas en Astronomía llegamos a un punto en el caos. Y por pura observación en Embriología, en cierto punto no tenemos nada más que caos; todo parece caótico al principio, la observación es imposible. Luego salimos del caos al reino de la geometría. Por lo tanto, es un ideal de ciertos biólogos, un ideal muy justificable, comprender de forma geométrica lo que se presenta en Embriología; no solo para hacer ilustraciones del embrión en crecimiento de forma natural, sino para construir las formas de acuerdo con alguna ley inherente, similar a las leyes que subyacen a las figuras geométricas. Es un ideal justificable.



Ahora, por lo tanto, podemos decir: cuando en Embriología tratamos de seguir el proceso real por observación, salimos de una esfera que nos resulta tan incomprensible como lo que está más allá de los números inconmensurables. En Astronomía, por un lado, procedemos con nuestra comprensión hasta el punto en que ya no podemos seguir matemáticamente. En Embriología, por otro lado, nuestra comprensión comienza en un cierto punto, donde primero podemos ponernos a trabajar con algo parecido a la Geometría.

Lleven ese pensamiento hasta su última conclusión. El pensamiento puede hacerlo, ya que es un pensamiento puramente "metodológico", es decir, su realidad está en nuestra propia vida interior.

Cuando en aritmética alcanzamos los números inconmensurables, es decir, si llegamos a un punto en el que la realidad ya no está representada por un número que se pueda mostrar por entero, entonces también deberíamos comenzar a preguntarnos si puede ocurrir lo mismo tanto con la forma geométrica como con el análisis aritmético. (Hablaremos más de ello en la siguiente conferencia). El proceso analítico conduce a un número inconmensurable. Ahora preguntémonos: ¿cómo representan los movimientos celestes las formas geométricas? ¿Acaso estas representaciones no nos llevan hasta cierto punto parecido a lo que conduce el análisis aritmético cuando alcanzamos un número inconmensurable? En nuestro estudio de los cuerpos celestes, es decir, los planetas, ¿no llegamos a un límite, en el que debemos admitir que ya no podemos usar formas geométricas como medio de ilustración? Por tal razón, los hechos ya no se pueden entender con formas geométricas. Del mismo modo que debemos abandonar la región de los números mensurables, bien puede ser que debamos abandonar la región donde la realidad todavía puede vestirse en formas geométricas (o en su caso aritméticas, algebraicas, analíticas), como en dibujos de espirales y otras figuras derivadas de la geometría. Por consiguiente, también en Geometría, deberíamos estar entrando en el reino inconmensurable. En ese sentido, es realmente notable que en Embriología, aunque el análisis aritmético aún no es de mucha utilidad, la Geometría hace sentir su presencia con bastante fuerza en el momento en que comenzamos a apoderarnos de los fenómenos embriológicos a medida que emergen del caos. Aquí estamos tratando, no de hecho con un número inconmensurable, sino con algo que tiende a pasar de una forma inconmensurable a una mensurable.

Por lo tanto, hemos tratado de comprender la realidad en dos polos: por un lado, donde el proceso de cognición conduce a través del análisis hacia lo inconmensurable, y por el otro, donde la observación conduce desde el caos a una comprensión de la realidad en formas cada vez más mensurables. Es esencial que tengamos estas cosas a absolutamente claras, si queremos agregar realidad a lo que presenta la ciencia externa de hoy. De ninguna otra manera podemos alcanzar este fin. Ahora me gustaría agregar una reflexión metódica, a partir de la cual mañana podemos llegar a problemas más realistas.

En todo lo que hemos hablado hasta ahora, hemos dado por sentado que los fenómenos cósmicos se han abordado desde el punto de vista de las matemáticas. Parecía que el matemático alcanzaba un punto que ponía un límite a su razonamiento, (límite que también encuentra en las Matemáticas puramente convencionales). Ahora bien, en este ámbito hay algo que subyace a toda nuestra forma de pensar, que tal vez nos pase desapercibido porque siempre lleva la máscara de lo "obvio" y, por lo tanto, nunca afrentamos el problema. Me refiero a toda la cuestión de la aplicación de las matemáticas a la realidad. ¿Como procedemos? Desarrollamos las matemáticas como una ciencia convencional y nos parece absolutamente convincente en sus conclusiones; luego lo aplicamos a la realidad, sin pensar en el hecho de que realmente lo estamos haciendo basándonos en ciertas hipótesis. Hoy, sin embargo, ya se ha creado un terreno suficiente para que veamos que las Matemáticas solo son aplicables a la realidad externa sobre la base de ciertas premisas. Eso queda claro cuando intentamos continuar con las Matemáticas más allá de ciertos límites. Primero, se desarrollan ciertas leyes, leyes que no se obtienen de hechos externos, como por ejemplo las Leyes de Kepler, sino del proceso matemático mismo. De hecho, son leyes inductivas, desarrolladas dentro de las matemáticas. Luego se emplean deductivamente; Sobre ellas se construyen teorías matemáticas muy elaboradas.

Tales leyes son las que cualquiera que estudie Matemáticas se encuentra. En conferencias impartidas recientemente en Dornach por nuestro amigo el Dr. Blumel, se dieron indicaciones significativas de esta línea de investigación matemática.



  • Una de las leyes en cuestión se denomina Ley Conmutativa, puede expresarse diciendo: Es obvio que a + b es igual a b + a, o a x b es igual a b x a. Este es un hecho evidente por sí mismo mientras uno permanezca dentro del ámbito de los números reales: pero es simplemente una ley inductiva derivada del uso de los postulados implícitos en la aritmética de los números reales.

  • La segunda ley es la Ley Asociativa. Se expresa como (a + b) + c = a + (b + c). Nuevamente, esta es una ley, simplemente derivada al trabajar con los postulados implícitos en la aritmética de los números reales.



  • La tercera es la llamada Ley Distributiva, expresable en la formula: a (b + c) = ab + ac. Continúa siendo una ley obtenida inductivamente al trabajar con los postulados implícitos en la aritmética de los números reales.

  • La cuarta ley puede expresarse de la siguiente manera: "Un producto solo puede ser igual a cero si al menos uno de los factores es igual a cero". Esta ley nuevamente es solo inductiva, derivada al trabajar con los postulados implícitos en la aritmética de números reales.

Tenemos pues, estas cuatro leyes; la ley conmutativa, la ley asociativa, la ley distributiva y esta ley sobre el producto igual a cero. Estas leyes subyacen a las Matemáticas convencionales de hoy y se utilizan como base para futuros trabajos. Los resultados son muy interesantes, no hay duda de ello. Pero la cuestión es que: estas leyes son válidas mientras nos mantengamos en la esfera de los números reales y sus postulados. Pero nunca se plantea la pregunta, ¿En qué medida los hechos reales coinciden con ellos?. Dentro de nuestros modos formales de experiencia ordinarios, sin duda es cierto que a + b = b + a, pero ¿Eso vale también en la realidad externa? No hay una razón comprobable que lo corrobore. Tal vez un día nos asombremos al descubrir que si aplicamos a algún proceso real, la idea de que a + b es igual a b + a, no funcione. Pero hay otro lado. Tenemos dentro de nosotros una fuerte inclinación a aferrarnos a esas leyes, con ellas por lo tanto, nos acercamos a la realidad y todo lo que no cabe escapa a nuestra observación. Ese es el otro lado.

En otras palabras: primero establecemos postulados que luego aplicamos a la realidad y los tomamos como axiomas de la realidad misma. Solo debemos decir: consideraré una cierta esfera de la realidad y veré cuán lejos llego con el enunciado a + b = b + a. Más allá de eso, no tengo derecho a decir. Al acercarnos a la realidad con esta afirmación, encontramos lo que responde a ella, y descartamos todo lo que no. Tenemos este hábito también en otros campos. Decimos, por ejemplo, en física elemental: los cuerpos están sujetos a la ley de la inercia. Definimos "inercia" como el hecho de que los cuerpos no abandonan su posición ni alteran su estado de movimiento sin una fuerza impulsora definida. Pero eso no es un axioma; Es un postulado. Solo debería decir: llamaré "inerte" a un cuerpo que no altera su propio estado de movimiento, y ahora buscaré en el mundo real las respuestas a este postulado.

Al formar ciertos conceptos, por lo tanto, solo estoy formando líneas de guía con las cuales penetrar la realidad, y debo mantener el camino abierto en mi mente para penetrar otros hechos con otros conceptos. Por lo tanto, solo considero las cuatro leyes básicas del número de la manera correcta si las veo como algo que me da una cierta dirección, algo que me ayuda a regular mi enfoque de la realidad. Me equivocaré si considero que las matemáticas constituyen la realidad, porque en ciertos campos, la realidad simplemente me va a contradecir. Tal contradicción es de la que hablé, donde entra la inconmensurabilidad, en el estudio de los fenómenos celestes.


Traducido por J.Luelmo abr.2014

GA323 Stuttgart, 3 de enero de 1921 Astronomía

 

Rudolf Steiner


Conferencia III
 
Stuttgart, 3 de enero de 1921


¡Mis queridos amigos!
He llamado su atención sobre lo problemático que es, por una parte, concebir los fenómenos celestes solo en su aspecto matemático y geométrico. Esto está siendo reconocido ahora por muchas personas y desde diversos ángulos. Solo los pensadores poco avanzados aún mantienen que la imagen del mundo de Copérnico y de Galileo representa una realidad categórica. Cada vez es más corriente oír la voz de quienes encuentran esta forma de pensar sobre los fenómenos celestes útil y práctica, lo es sin duda, para fines de cálculo, pero insistimos en que eso solo representa una cierta manera de entenderlos y que se pueden concebir otras síntesis. 
Incluso hay quienes dicen, algo como lo que solía decir Ernst Mach: en última instancia, uno puede defender el sistema Ptolemaico tan bien como el sistema de Copernico, e igualmente podría idearse un tercer sistema. No son mas que formas prácticas de correlacionar los hechos observados. Todo este ámbito debería enfrentarse ahora a un tipo de perspectiva mucho más libre.
Como pueden ustedes ver, la naturaleza problemática de las cartas celestes, que hasta hace poco se describían como réplicas de los hechos reales, son ahora admitidas en círculos cada vez más amplios. Por otra parte, solo se puede encontrar una salida a los problemas e incertidumbres manifiestos de este dominio a través de los puntos de vista que se presentaron ayer, puntos de vista que ya no eliminan al Hombre de todo el trasfondo cósmico, sino que, por el contrario, lo incluyen en el desde el principio. Tenemos que reconocer los procesos dentro del propio Hombre con sus correspondientes fenómenos solares, lunares y telúrico-terrestres, tomando así como punto de partida todo lo que sucede en el Hombre, con el fin de encontrar el camino hacia lo que está sucediendo allá en el Cosmos, siendo este último en cierto sentido la causa de los procesos en el hombre.
Por supuesto, un camino como este solo puede ser recorrido desde el punto de vista de la Ciencia Espiritual. Precisamente cuando tratamos de conectar la Astronomía con los más variados ámbitos de la vida, descubriremos que a través de la Astronomía llegamos a las mismas conclusiones que la Ciencia Espiritual. Tengan en cuenta que los fenómenos celestes visibles, perceptibles para nuestros sentidos y también para nuestros sentidos reforzados, aparecen al principio como una manifestación de algo ajeno al hombre. El hombre hace frente y retiene con sus sentidos, por así decirlo, todo cuanto se le aproxima, elaborándolo para obtener una imagen consciente del mundo. Pero los impulsos que fluyen hacia nosotros desde todos los lados, ciertamente no se detienen ante nuestros sentidos. Todo lo que sucede y que pasa desapercibido a los sentidos del hombre, y por consiguiente no es llevado a la conciencia, todo lo que vive en las influencias celestes que fluyen hacia nosotros desde todos los lados, debe buscarse dentro de nuestro organismo corporal. El organismo debe de cierta manera hacerse eco de todo ello, y lo hace mediante procesos inconscientes y subconscientes que solo pueden elevarse a la conciencia de formas más complicadas.
Ahora continuaremos en una cierta dirección lo que comenzamos ayer. En la Geología o la Mineralogía, nuestro mundo terrenal es tratado solo de manera abstracta; La Tierra, tal como la describe la Geología, consiste en minerales que han evolucionado en la esfera mineral. Si bien es cierto que existen fuerzas en la Tierra en virtud de las cuales produce los minerales; Sin embargo, es igualmente cierto que todo lo que vive en forma de plantas, animales y seres humanos físicos también pertenecen a la Tierra. Solo vemos la Tierra en su totalidad cuando incorporamos eso en nuestra conciencia, no cuando nos quedamos en la mera abstracción "tierra mineral", simplemente descartando lo que vive en forma de plantas, animales y hombres. Los seres vivos y las entidades que se extienden por la superficie de la Tierra también son parte integrante del todo.

De todo cuanto pertenece al conjunto de la Tierra, tomemos el reino vegetal en primer lugar. Lo abordaremos para así encontrar la transición a lo que se encuentra en el hombre. Mientras que el reino mineral hasta cierto punto, lleva una existencia independiente en la Tierra y solo está relacionado con el Cosmos cuando aparecen, por ejemplo, fenómenos atmosféricos en que el agua se vuelve hielo en invierno, el reino vegetal, en cambio mantiene una conexión interna mucho mayor con el entorno cósmico de la Tierra, con todo lo que entra en la Tierra proveniente del Cosmos. A través del mundo vegetal, la vida de la Tierra, por así decirlo, se abre al Universo. En regiones geográficas donde en una estación dada se está produciendo una interacción intensa entre la Tierra y el Cosmos. Debemos prestar atención a un fenómeno como este, ya que nos llevará al reino de la astronomía no solo cuantitativamente, sino cualitativamente. Debemos poder derivar nuestras ideas de algo como esto, incluso como los astrónomos de nuestro tiempo derivan sus ideas de ángulos, paralaje, etc.

Por ejemplo, tenemos que decirnos a nosotros mismos: en cierto sentido, la vegetación de un área de la tierra es una especie de órgano sensorial ante lo que se revela desde el cosmos. Cuando hay una interacción especial entre una parte de la superficie de la tierra y el cosmos, es como el ser humano cuando abre los ojos al exterior porque tiene una impresión sensorial. Y en el otro caso, cuando la interacción entre la tierra y el cosmos es menos intensa, el retroceso de la vegetación, el cierre de la vegetación es algo así como cerrar los ojos al cosmos. Es más que una simple comparación cuando se habla del hecho de que un territorio a través de la vegetación abre sus ojos al cosmos en primavera y verano, y que cierra los ojos en otoño e invierno. Bajo la influencia de la vida solar, la vida vegetal de la Tierra se dispara brota para tomar forma. Las hojas se despliegan y se vuelven más complejas; se desarrollan las flores. Pero cuando esto es seguido por el cierre de los ojos al Universo, si podemos llamarlo así, la vida vegetal vuelve a sí misma, a la semilla. Y dado que uno se comunica con el mundo exterior de cierta manera abriendo y cerrando los ojos, se debe buscar algo así, como información sobre el cosmos en el ojo terrestre abriendo y cerrando los ojos a través de la vegetación.
Podemos describir este contraste verdaderamente como una ley de la naturaleza. La interacción entre la vida terrenal y la solar se revela en la vegetación de la Tierra. Bajo la influencia solar, la vida vegetal brota hacia afuera y toma forma; bajo la influencia de la vida terrenal, se cierra en una planta, se convierte en semilla o germen. En todo esto hay una cualidad de expansión y contracción o reunión en un centro. Aquí comenzamos a comprender las relaciones del espacio mismo en un aspecto directamente cualitativo. Esto es lo que debemos practicar en el desarrollo de nuestras ideas, si queremos alcanzar nociones y percepciones realmente fructíferas en esta esfera.
Y ahora pasamos de la vida vegetal a la vida del hombre. Naturalmente, lo que se expresa en la vida de las plantas también encontrará expresión en el hombre. ¿De qué manera lo hará? Lo que de alguna manera percibimos, mis queridos amigos, tan externa y evidentemente en la vida de las plantas, es lo que tenemos visiblemente ante nuestros ojos con solo que prestemos atención al aspecto cualitativo, esto lo podemos reconocer en el hombre, propiamente hablando, solo en el primer años de la infancia.
Tracemos pues la interacción de la vida solar y terrestre para el hombre en su edad infantil, igual que acabamos de hacer para el reino vegetal. El niño pequeño a través de los sentidos se abre para recibir las impresiones del mundo exterior. Al hacerlo, el ser humano realmente se está abriendo para recibir la vida solar. Solo necesita ver las cosas con la luz adecuada para reconocer que lo que fluye sobre nuestros sentidos está inherentemente conectado con lo que el Cosmos produce en la esfera terrestre. Pueden ustedes reflexionar sobre el caso especial de la luz. Cuando la luz y la oscuridad se suceden en la alternancia del día y la noche, causando impresiones en nuestros ojos durante el día, y no causándolas por la noche. Esto también es aplicable a otras percepciones, aunque es más difícil dejarlo claro. Entonces se dirán que en la vida anímica del hombre se expresa cierto efecto de las alternancias diarias, solares y terrenales. El hombre tiene una actividad anímica a través de la cual surge en el ritmo del día. Lo que el Sol trae aquí a la Tierra se expresa en la vida anímica del hombre. Pero si seguimos el crecimiento del niño, particularmente hasta el séptimo año, el cambio de dientes, y entramos en todos los detalles, descubrimos cómo, especialmente en los primeros años del desarrollo del niño (cada vez menos, cuanto más mayor se vuelve el niño), es claramente perceptible que las estaciones cambiantes, año tras año, tienen tanta importancia para el crecimiento humano como para el crecimiento y el recogimiento de la vegetación.
fig. 1
Lo representaremos esquemáticamente. Si, por ejemplo, estudiamos cuidadosa e inteligentemente el desarrollo del cerebro humano en las primeras etapas de un año a otro, encontraremos lo siguiente. Tenemos el cráneo humano con su contenido cerebral. (Figura 1)

Moldeándose a sí mismo, y a lo largo del cambiante año se puede seguir, cómo algo que actúa formativa y creativamente sobre la cabeza humana, va moldeándola desde el exterior en un sentido físico y corporal, tal acción se encuentra íntimamente conectada con las fuerzas que interactúan entre la Tierra y el Sol en el transcurso del año. En el ritmo diario encontramos lo que entra a través de los sentidos, independientemente del crecimiento, para actuar sobre el alma y el espíritu del hombre. Vemos que lo que ocurre en el hombre debido a la actividad del Sol en el ritmo diario, tiene un efecto interno que se libera del mundo exterior y se convierte en una naturaleza anímico-espiritual; osea, lo que el niño aprende, lo que asimila a través de la observación, lo que tiene lugar en el alma y el espíritu. Luego vemos cómo, en un ritmo totalmente diferente, desde un aspecto diferente, el cerebro se remodela, se organiza y crece. Esa es la otra actividad, la actividad anual de las fuerzas solares. Todavía no diremos nada de los cambios que tienen lugar en el Universo entre el Sol y la Tierra; consideraremos las manifestaciones en el hombre mismo que se unen con ciertos cambios en la vida solar y terrestre.

Cuando observamos el día encontramos la vida anímico-espiritual del hombre relacionada con el curso del sol. Cuando observamos el cambio de estaciones a lo largo del año encontramos la vida del hombre en crecimiento, la vida física, corpórea, conectada con el curso del Sol. Podemos decir: Los cambios que tienen lugar entre la Tierra y el Sol en 24 horas tienen ciertos efectos en el espíritu y el alma del hombre. Lo que sucede entre la Tierra y el Sol en el transcurso del año tiene ciertos efectos en la parte física y corporal del hombre. Tendremos que poner estos efectos en conexión con otros y de allí llegar a una idea del mundo que ya no puede ser engañosa, ya que nos habla de procesos reales dentro de nosotros mismos, que ya no dependen de impresiones sensoriales ilusorias o similares.

Por lo tanto, debemos acercarnos gradualmente a lo que pueda darnos una base segura para la concepción astronómica del mundo. Únicamente podemos comenzar partiendo de lo que aparece en el propio hombre. En consecuencia podemos decir: en la conexión del hombre con el Cosmos, el día es algo que se expresa en el alma y el espíritu; el año a su vez es algo que se expresa en la vida físico-corporal, como por ejemplo en el crecimiento, etc.
Ahora veamos otro conjunto de hechos, a los que me referí ayer. Debemos relacionar ciertas ideas referentes a la vida del Cosmos con la reproducción humana. Ayer indicamos que el organismo femenino muestra de manera sorprendente cómo las funciones mensuales relacionadas con la sexualidad, (aunque sin duda, no coinciden con las fases de la Luna), son un reflejo de ellas en su ritmo cronológico. El proceso arranca a partir del Cosmos, por así decirlo, pero aún refleja el proceso de la Luna Cósmica en su curso periódico. Ahí tenemos, mis queridos amigos, una indicación de procesos internos en el organismo humano que podemos estudiar mejor si enfocamos nuestra atención en fenómenos más familiares, que pueden hacer que estos fenómenos más remotos sean más fáciles de entender.
Hay algo en la vida anímica que en realidad reproduce a pequeña escala los procesos orgánicos a los que acabamos de aludir. Digamos que experimentamos algo que nos afecta a través de los sentidos y la mente, quizás también a través de nuestros sentimientos. De tal experiencia conservamos un recuerdo. Ese recuerdo, la experiencia retenida, hace que nuevamente pueda emerger la imagen en un momento posterior. Cualquiera que considere estos hechos, sin basarse en fantásticas teorías, sino con una sana observación cualitativa, tendrá que admitir que en todo lo que surge dentro de nosotros en forma de memoria, juega un papel importante nuestra organización físico-corporal. El recuerdo en sí mismo es sin duda un evento en la vida anímica, pero necesita la base interna del cuerpo físico para poder existir. La actividad de recordar está directamente relacionada con los procesos corporales; aunque esto aún no ha sido investigado suficientemente por la ciencia externa. Comparando lo que ocurre en el organismo femenino en los períodos mensuales (también ocurre en el organismo masculino, solo que es menos evidente, se puede observar más en el organismo etérico y esto generalmente no se hace), comparando esto con lo que sucede en la experiencia ordinaria cuando recordamos algo, ciertamente se encontrará una diferencia. A pesar de todo, si con una sana percepción interna uno recrea el proceso en la conciencia, no puede dejar de decir que la actividad de recordar, este evento del alma que surge del organismo físico, es similar al que tiene lugar en las funciones mensuales del organismo femenino, solo que en miniatura y está más circunscrito al ámbito del alma, menos imprimido en el cuerpo. Desde este punto de vista podrán decir: A medida que el hombre se individualiza del Cosmos, desarrolla la facultad de la memoria; a medida que se mantiene dentro del Cosmos, desarrollando más sus funciones subconscientes, surge en la naturaleza algo de una experiencia común con el Cosmos, relacionado con los procesos de la Luna en el Cosmos. Esta experiencia permanece, así como una experiencia pasada permanece en nuestra memoria, y después emerge en un proceso formativo interno, como un recuerdo que se ha introducido en el cuerpo y se ha vuelto orgánico.

No hay otra forma, mis queridos amigos, de entender estos asuntos que ir pasando desde lo más simple a lo más complejo. Así como no es necesario que un recuerdo coincida con una experiencia externa reciente, tampoco es necesario que lo que aparece en el organismo femenino, como recuerdo de una conexión cósmica anterior de todo el organismo humano con las fases Lunares, haya de coincidir cronológicamente con estas fases. Sin embargo, está igual de relacionado con las fases Lunares, tanto como el recuerdo de una experiencia anterior lo está con lo experimentado. Aquí tenemos pues, una actividad en el organismo humano, más en el lado psicológico y, sin embargo, no muy diferente de los efectos, (que se insertan, por así decirlo, en el tiempo), de las influencias debidas a la Luna originalmente. La periodicidad orgánica de la que hemos estado hablando abarca unos 28 días, como saben.

Ahora tomen nota de lo siguiente. Si consideramos la influencia diaria del Sol, encontramos una actividad interna del alma y el espíritu; Si consideramos la influencia anual del Sol, entonces encontramos leyes de crecimiento que pertenecen al cuerpo físico externo. En consecuencia podemos decir, para la vida del Sol:

1. Alma y espíritu: día




2. Naturaleza corporal física: año

Y ahora pasemos a la actividad lunar. Vamos a considerar la vida lunar, la vida de la Luna. Lo que acabo de describir como sucediendo al ritmo de 28 días pertenece efectivamente al alma y al espíritu; solo que se ha imprimido profundamente en el cuerpo. En realidad, fisiológicamente no hay diferencia, en un sentido más sutil, entre lo que ocurre en el cuerpo cuando surge un recuerdo, respecto al evento al que se refiere el recuerdo, y lo que ocurre en los períodos mensuales del cuerpo femenino con respecto a lo que el organismo femenino experimentaba hace mucho tiempo en conjunción con las fases de la Luna. Si bien, esta última es una experiencia más fuerte, más intensa, una experiencia espiritual del alma plasmada más intensamente en el cuerpo. Por consiguiente, para la vida lunar:
Alma y espíritu: 28 días de actividad.
Busquemos ahora los fenómenos correspondientes para el cuerpo físico. ¿Cuales serán? Los pueden encontrar por deducción. Tendremos efectos físicos corporales con un período de 28 años. Como un día aquí corresponde a un año, tendremos 28 años.
Naturaleza físico-corporal: 28 años de actividad.
Hemos de recordar que 28 años es el período que necesitamos para alcanzar la plena madurez de crecimiento. Es entonces cuando dejamos de estar en la etapa ascendente de crecimiento. Del mismo modo que el Sol actúa sobre nosotros desde el exterior en su actividad anual, para completar en nosotros un proceso externo, que equivale al proceso diario interior en la vida anímico-espiritual, así también algo en el Cosmos, actúa durante un período de 28 años, organizándonos desde afuera tal y como el ser humano femenino está organizado internamente. (En ellas es más obvio que en ellos, ya que en el hombre el ritmo diario correspondiente está más retraído hacia lo etérico.) Aquí pues, un período de 28 días se imprime internamente en el ámbito anímico-espiritual, y podemos decir: Tal como la vida diaria del Sol está relacionada con la vida anual del Sol con respecto al hombre, (en relación más con la cabeza humana), así la vida lunar de 28 días se relaciona con la vida lunar de 28 años con respecto al hombre completo.
Vean ustedes cómo ubicamos al hombre, integrándolo correctamente en el conjunto del Cosmos. Dejamos de hablar del Sol y la Luna como si simplemente estuviéramos aislados aquí en la Tierra, y solo viésemos en el Sol y la Luna unos cuerpos que percibimos con nuestros ojos o a través de telescopios. Hablamos del Sol y la Luna como de algo unido internamente con nuestra propia vida, y percibimos la relación en las configuraciones especiales de nuestra cronología. Hasta que no ubiquemos al hombre, mis queridos amigos, desde la perspectiva del obrar del Sol y la Luna, no habremos desarrollado una base firme para la verdadera Astronomía.
Por lo tanto, debemos construir una nueva ciencia de la astronomía sobre una base científico-espiritual. Desarrollándose a partir de un conocimiento más íntimo del propio hombre. Las enseñanzas de la astronomía externa de hoy, solo tendrán un significado cuando estemos en condiciones de basar nuestras hipótesis en el propio hombre. Entonces podremos estudiar de manera provechosa las afirmaciones tan esquemáticas de la Astronomía de hoy y también podremos corregir cosas esenciales en esta Astronomía externa.
¿De todo esto qué se deduce? Se deduce que en estos procesos, (por el momento no importa lo que haya tras ellos), se revela una vida universal. Tanto si son las rotaciones diarias y anuales de la Tierra, subyacentes, (y hablaremos de ello más adelante) a lo que he descrito aquí como vida solar con respecto a lo anímico-espiritual del día, y a la naturaleza física del cuerpo durante el año; como si son los movimientos de la Luna descritos por la astronomía moderna o algo muy diferente; (nunca llegaremos a comprenderlo simplemente recreando la conocida idea que se enseña en las Escuelas). Sino que hemos de entender que todo lo que se expresa en esa idea es en realidad una vida universal continua y duradera, una vida que no puede abordarse en su plenitud con una mera serie de ideas esquemáticas.
Ahora pasaremos a trabajar de otra manera. Comenzaremos a trabajar desde el punto de vista de un hombre cuyas ideas astronómicas todavía tenían mucho del pasado. No pretendemos volver a las ideas más antiguas; debemos elaborar nuevas ideas. Sin embargo, este hombre todavía tenía en sus ideas muchas de las antiguas virtudes cualitativas. Me refiero a Kepler. La astronomía en los tiempos modernos, se ha vuelto cada vez más cuantitativa y sería un espejismo considerar la Astrofísica como la intromisión de un elemento cualitativo en la Astronomía. En la obra de Kepler subyace una vida universal, en él todavía persistía la sensación de que detrás de todo lo manifiesto, observable por la acción astronómica ordinaria, se esconde algo como la huella de una vasta vida cósmica: una vida cósmica que aquí revela su presencia.
Si tenemos frente a nosotros un hombre y le vemos mover una mano o un brazo, no nos limitamos (al analizar su gesto), a calcular la mecánica del movimiento; Lo reconocemos como la revelación externa de una vida anímico-espiritual interior. Lo entendemos como un gesto expresivo algo que, después de todo, también puede considerarse desde un punto de vista matemático puramente espacial. Cuanto más se retrocede en la historia del acercamiento del hombre a la astronomía, más hombres se encuentran, que eran conscientes de que las imágenes del recorrido del Sol o de las estrellas no las concebían como meras imágenes pasivas de eventos indiferentes, sino que estas imágenes eran gestos de la vida y del ser. En tiempos antiguos es bastante fácil discernir este sentimiento de la naturaleza gestual de los movimientos de los cuerpos celestes. Cuando mi mano se mueve por el aire, no solo calcularé su camino, sino que en este camino veo una expresión del alma. En aquél entonces, el observador veía el recorrido de la Luna como la expresión de una vida anímica. En todos los movimientos de los cuerpos celestes, veía expresiones de una naturaleza anímica, como imágenes un tanto de esta manera: si sostuviera un paraguas así, de manera que solo se vea mi mano, mi mano haría un movimiento inexplicable, porque yo estoy detrás del paraguas; solo se ve mi mano. De alguna manera, los hombres de la antigüedad se imaginaban que el movimiento de la Luna allá arriba en el cielo no era más que la expresión externa, como el final de una "extremidad", y que el ser realmente activo estaba detrás de ella. Por eso también en aquellos tiempos los hombres no hablaban aisladamente de los cuerpos celestes de los planetas; hablaban de esferas planetarias. Hablaban de las diversas esferas, correspondientes a los cuerpos celestes. En consecuencia distinguían la esfera lunar, la esfera de Mercurio, la esfera de Venus, la esfera del sol, la esfera de Marte, la esfera de Júpiter, la esfera de Saturno y luego la octava esfera: el cielo de las estrellas fijas. Distinguían estas ocho esferas y veían en ellas algo que se expresaba en gestos externos, de modo que cierta esfera se expresaba encendiéndose ahora aquí, ahora allá, y así sucesivamente. La realidad, por ejemplo, era la esfera de la Luna. La Luna en sí misma no era una entidad separada, sino solo el gesto. Donde aparecía la Luna, era señal de que la esfera de la Luna estaba haciendo un gesto definido. Estoy relatando esto para mostrarles la naturaleza viva de los conceptos antiguos.
Kepler aún conservaba en su plena conciencia un sentimiento por esta vida universal en el espacio. Y solo por eso sería capaz de elaborar sus tres famosas Leyes. Para la astronomía moderna, las tres famosas Leyes de Kepler han de ser consideradas puramente de naturaleza cuantitativa, simplemente desde el aspecto del concepto espacio-temporal. Para un hombre que todavía trabajaba con una serie de ideas como las de Kepler, este no era el caso. Recordemos ahora estas Leyes de Kepler. Son:


La primera ley:
Los planetas se mueven en elipses alrededor del cuerpo central, que está situado en uno de los focos de la elipse.


La segunda ley:
El radio vector de un planeta describe sectores iguales, áreas iguales, en períodos iguales de tiempo.


La tercera ley:
Los cuadrados de los períodos de revolución de los diferentes planetas son proporcionales a los cubos de los semiejes principales.
Ahora bien como ya hemos dicho, para la visión moderna puramente cuantitativa, estas leyes también son puramente cuantitativas. Para alguien como Kepler, si un cuerpo se mueve 'elípticamente' ello implica una mayor vitalidad, que cuando solo se mueve en un círculo, ya que debe usar un impulso interno para alterar continuamente el radio. Cuando un cuerpo se mueve en un círculo simplemente, no necesita hacer nada para alterar el radio. Se debe aplicar una vida interior más intensa cuando el vector radio tiene que alterarse continuamente. La simple afirmación: "Los planetas se mueven en elipses alrededor del cuerpo central y el cuerpo central no está en el punto medio sino en uno de los focos de la elipse", implicaba, de por sí, un elemento de mayor vitalidad que cuando algo se mueve en un círculo perfecto.
Además: "El vector radio describe sectores iguales en períodos de tiempo iguales". Tenemos aquí la transición desde la línea hacia la superficie, hacia el plano. "Tengan esto presente". Dado que al principio solo se describe la elipse, permanecemos en la línea (la curva). Cuando se nos dirige a la ruta que describe el vector radio, somos conducidos a la superficie, (el área). Se revela una condición más intensa en el movimiento planetario, cuando el planeta "rueda", (si puedo expresarlo así), no solo está expresando algo dentro de sí mismo, sino que arrastra su cola detrás de él, por así decirlo. Toda el área que describe el vector radio le pertenece espiritualmente. 

Además, se describen áreas iguales en períodos iguales de tiempo, por lo que se presta especial atención a la calidad, al carácter inherente del movimiento de los planetas.
La tercera Ley, se relaciona sobre todo, con la vida que interpreta su papel entre los diversos planetas. Esta ley adopta una forma más complicada. "Los cuadrados de los períodos de revolución de los planetas son proporcionales a los cubos de los ejes semi-principales" (o de la distancia media desde el cuerpo central). Podrán ver, que esta Ley contiene mucho mientras se la interprete en la forma viva como lo hacía Kepler. luego Newton mató esa ley. Lo hizo de una manera muy simple. Tomen ustedes la tercera ley de Kepler. Pueden escribirla así:


o escrito de manera diferente:




Ahora escríbanlo en una forma algo diferente. Escríbanlo así:
(Por supuesto, también podrían haberlo escrito en orden inverso).
¿Qué tenemos en el lado izquierdo de la ecuación, aquí en la relación de la izquierda? Ni mas ni menos que lo que expresa la mitad de la Ley de Newton y, por otro lado, la otra mitad, las fuerzas de gravedad de la Ley de Newton. Solo necesitan ustedes escribir la Ley de Kepler de manera diferente y podrán decir: "Las fuerzas o la atracción son inversamente proporcionales a los cuadrados de las distancias". He ahí la Ley de Gravedad Newtoniana deducida de la Ley de Kepler. La fuerza de la gravedad entre los planetas, los cuerpos celestes, está en proporción inversa a los cuadrados de sus distancias de separación. Eso significó el asesinato de la Tercera Ley de Kepler. En principio eso es lo que es.
Pero ahora tómense el asunto activa y vividamente. Despejen de sus mentes el séptico concepto "fuerza de gravedad" ("las fuerzas de atracción disminuyen con los cuadrados de las distancias"), y tomen lo que aún sigue vivo en la formula de Kepler, los cuadrados de los períodos de tiempo. Rellenen el caput mortum (idea muerta) de la fuerza de atracción newtoniana, que es un mero concepto externo, con lo que está implícito en el cuadrado del período de tiempo, y llenarán de vida interior el concepto newtoniano, que es realmente ¡el cadáver de una idea! Porque la vida interior tiene que ver con el tiempo. Y así tendrán ante si no solo el tiempo en su curso simple, sino que tendrán tiempo al cuadrado: ¡tiempo elevado a la segunda potencia! Todavía tendremos que volver a lo que significa hablar de "tiempo al cuadrado". Pero pueden darse cuenta de que hablar de tiempo elevado a la segunda potencia es hablar de algo de naturaleza interna. Es, en efecto, el tiempo que en la vida del hombre representa el curso de su vida anímica interior. Es cuestión de mirar a través de este concepto muerto de la fuerza de atracción newtoniana a aquél que repentinamente se lanza al centro, atrayendo el tiempo y con ello trayendo un elemento de vida interior.
Ahora vean el asunto desde otro punto de vista. Tengan en cuenta que la primera Ley de Kepler también hace referencia a la Tierra. La Tierra no solo describe una elipse, sino que ustedes, puesto que están en la Tierra, describen una elipse conjuntamente con ella. Aquello que allí tiene lugar externamente, en ustedes es un proceso interno. Así pues, el surgimiento de la elipse a partir del círculo, en la forma viva que aún tenía cuando Kepler lo concibió, se corresponde con un proceso dentro de ustedes mismos. Y a medida que ustedes se van moviendo en la línea que está formada por el vector de radio que describe sectores iguales en tiempos iguales, son ustedes quienes se relacionan continuamente con el cuerpo central, colocándose en relación con su propio Sol. Ustedes, junto con la curva, están describiendo un camino en el tiempo, a lo largo del cual están en relación continua con el Sol. Si puedo decirlo de manera informal, deben tener cuidado todo el tiempo de no "patinar" o deslizarse lateralmente, ni de ir demasiado rápidos, para que su vector de radio no describa un área demasiado grande. Este punto externo que se mueve en la elipse debe estar continuamente en la relación correcta con el Sol. He ahí el movimiento que ustedes mismos hacen, caracterizado como una línea pura en el espacio. La relación con el Sol se caracteriza en la Segunda Ley.
Y si pasamos a la Tercera Ley, tienen ustedes una experiencia interna de la relación con los otros planetas: su propia conexión viva con los otros planetas.
Por lo tanto, no solo tenemos que encontrar, en el propio hombre, procesos que nos guíen nuevamente al Cosmos. Si interpretamos correctamente las imágenes matemáticas que nos presenta el proceso cósmico, también nos convertimos en una experiencia interna que es externa y cuantitativa solo en apariencia. Porque la matemática cósmica habita en el hombre. El hombre está en medio de las matemáticas vivientes. De esto hablaremos más mañana.
Traducción de J. Luelmo 04/2014