GA108 Karlsruhe, 18 de enero de 1909 - ¿Cómo adquirir la actitud correcta para pensar?

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¿CÓMO ADQUIRIR LA ACTITUD CORRECTA PARA PENSAR?

Rudolf Steiner

Karlsruhe, 18 de enero de 1909



Pensar de forma realmente práctica y meros hábitos de pensar.  ¿Cómo adquirir la actitud correcta para pensar? El entrenamiento del pensar mediante ejercicios. Profundizar en las facultades del pensar. Ejercicios para Fortalecer la memoria.  Ejemplos de errores del pensar. Sobre la importancia de pensar correctamente.

Podría parecer extraño que precisamente la antroposofía se sienta llamada a hablar sobre la formación práctica del pensar, dado que quienes están fuera a menudo opinan que la antroposofía es algo sumamente poco práctico y que no tiene nada que ver con la vida. Esta visión solo puede existir cuando se ven las cosas desde fuera, de manera superficial. Pero en realidad, lo que se propone debe ser una guía para la vida más cotidiana; debe poder transformarse en cada momento en sensación y sentimiento, y permitirnos enfrentarnos a la vida con seguridad y mantenernos firmes en ella.

La gente que se auto considera práctica, se imagina que actúa según los principios más prácticos. Pero cuando se examinan las cosas más de cerca, se verá que el llamado «pensamiento práctico» a menudo no es pensar en absoluto, sino un improvisar con juicios y hábitos de pensamiento adquiridos. Si se observa de manera absolutamente objetiva el pensar de los prácticos y se analiza lo que normalmente se llama práctica del pensar, se descubrirá que en realidad tiene muy poco de práctico real detrás; lo que se llama práctica consiste en haber aprendido: ¿cómo pensaba el maestro, cómo pensaba quien fabricó esto o aquello antes, y cómo se sigue eso? - Y quien piensa diferente se le considera una persona poco práctica; porque el pensamiento no coincide con lo que uno ha aprendido a lo largo del tiempo.


Pero cuando realmente se inventó algo práctico, este no fue hecho inicialmente por un profesional. Tomemos como ejemplo nuestro sello de correos actual. Lo más lógico sería pensar que fue inventado por un especialista en correos. Pero no es así. A principios del siglo pasado, enviar una carta aún era algo muy complicado. Si alguien quería enviar una carta, tenía que ir al lugar correspondiente, donde se podían enviar cartas, y allí consultar diversos libros y lidiar con todo tipo de complicaciones. Tener una tarifa uniforme como la que conocemos hoy es algo de hace apenas unos sesenta años (1880). Y nuestro sello postal actual, que lo hace posible, no fue inventado por un trabajador postal práctico, sino por alguien alejado del correo, el inglés Hill.

Y cuando se inventó el sello postal, el ministro correspondiente en el Parlamento inglés, que en aquel entonces estaba a cargo del servicio postal, dijo: Sí, primero no se puede asumir que realmente, por esta simplificación, el tráfico se incrementaría tanto como este poco práctico Hill se imagina, y segundo, incluso suponiendo que fuera así, entonces el edificio de correos en Londres no sería suficiente para ese tráfico. - A este gran práctico ni se le ocurrió remotamente que el edificio de correos debería ajustarse al tráfico y no al revés. Ahora, en un tiempo relativamente breve, se ha impuesto lo que en ese entonces un “poco práctico” tuvo que luchar contra un “práctico”: hoy en día es completamente normal que la carta se envíe con un sello.

Algo similar ocurre con el ferrocarril. Cuando en el año 1835 se iba a construir el primer ferrocarril en Alemania, de Núremberg a Fürth, el colegio médico bávaro, que fue consultado al respecto, emitió un informe de expertos diciendo que no era recomendable construir ferrocarriles; pero si aún así se tenía la intención de hacerlo, al menos se debía levantar a ambos lados del ferrocarril una alta pared de tablones, para que las personas que cruzaran no sufrieran sacudidas nerviosas o cerebrales.

Cuando se iba a construir la línea ferroviaria Potsdam-Berlín, el director general de correos Nagler dijo: Yo dejo que dos carruajes de correos vayan diariamente a Potsdam, y no van llenos; si la gente quiere tirar su dinero absolutamente por la ventana, entonces que lo hagan directamente. - Las realidades de la vida simplemente superan a los “practicos”, a aquellos que creen ser practicos. Hay que distinguir entre lo que es pensamiento verdadero y el llamado pensar práctico, que no es más que juzgar según hábitos mentales adquiridos.

Quisiera contarles una pequeña experiencia que yo mismo viví una vez y ponerla ante nuestra reflexión de hoy: Durante mis años de estudio, un joven colega vino a mí lleno de alegría, de esa alegría que se nota en las personas que han tenido una idea bastante ingeniosa, y dijo: Tengo que ir ahora mismo al profesor Radinger, -que en aquel entonces representaba la ingeniería mecánica en la universidad-, porque he hecho un gran invento: he descubierto cómo, usando muy poca energía de vapor una sola vez, se puede lograr una cantidad enorme de trabajo mediante una máquina. - No pudo decirme más, tenía mucha prisa por ir al profesor. Pero no encontró al profesor en cuestión, y regresó y me explicó todo el asunto. La historia me olió enseguida un poco a perpetuum mobile - pero, ¿verdad?, ¿por qué algo así no podría ser posible algún día? - Pero después de que me explicó todo, tuve que decirle: Mira, la idea es bastante ingeniosa, pero en la práctica es algo que se puede comparar exactamente con que alguien se meta en un vagón de tren, empuje con todas sus fuerzas y piense que el vagón va a moverse solo. Así es el principio de pensamiento en tu invento. - Entonces él también lo entendió y no volvió a ir al profesor.

De cierta manera, uno puede encerrarse con su pensar. En casos muy especiales y raros, ese encerrarse se muestra claramente; pero en la vida, muchas personas se encierran así, y no siempre se nota tan evidentemente como en nuestro ejemplo. Sin embargo, quien pueda observar la cosa un poco más de cerca, sabe que así transcurre una gran parte de los procesos de pensamiento humano: a menudo ve, por así decirlo, a las personas 'plantadas' en el carro empujando hacia adentro y pensando ahora que son ellos quienes hacen avanzar el carro. Muchas de las cosas que ocurren en la vida serían muy distintas si la gente no fuera de esos que empujan el carro 'así plantadas'.

La verdadera práctica del pensar supone que uno adopte la actitud correcta, el sentimiento adecuado hacia el pensamiento. ¿Cómo se puede adquirir una postura correcta ante el pensamiento? Nadie puede tener el sentimiento correcto hacia el pensamiento si cree que el pensar es algo que solo ocurre dentro de la persona, en su cabeza o en su alma. Quien tenga esta idea se distraerá continuamente con un sentimiento falso y no buscará una práctica correcta del pensar ni exigirá lo necesario a su pensar. Quien quiera adquirir el sentimiento correcto hacia el pensar debe decirse: Si mediante el pensar, puedo reflexionar sobre las cosas, si puedo profundizar en las cosas, entonces los pensamientos deben estar primero en las cosas. Las cosas deben estar construidas según los pensamientos, solo así puedo extraer los pensamientos de las cosas.

El ser humano debe imaginar que lo que ocurre afuera en el mundo con las cosas, es comparable a como con un reloj. El hecho de comparar el organismo humano con un reloj se usa con mucha frecuencia; pero la gente muchas veces olvida lo más importante: que también existe un relojero. Hay que tener claro que los engranajes no se han combinado por si solos, ni que la máquina funciona por sí sola, sino que en algún momento tubo que haber un relojero que ensambló ese reloj. No se debe olvidar al relojero. Cuando el reloj se hizo realidad se hizo mediante el pensar, los pensamientos fluían casi directamente en el reloj, en la cosa. También todo lo que son obras de la naturaleza, sucesos de la naturaleza, hay que imaginarlos así. Con lo que es fruto del obrar humano, eso se puede ilustrar fácilmente; pero con las obras de la naturaleza, la gente no puede notarlo tan fácilmente, y obstante también son actividades espirituales, y detrás de ellas hay entidades espirituales. Y cuando un ser humano piensa sobre las cosas, solo reflexiona sobre lo que previamente fue depositado en ellas. La fe de que el mundo ha sido creado mediante el pensamiento y que continúa manifestándose de este modo, es lo que realmente hace provechosa la práctica interna del pensar.

Siempre es la incredulidad hacia lo espiritual, lo que provoca en el mundo, incluso sobre una base científica, la peor práctica incorrecta del pensar. Por ejemplo, cuando alguien dice: Nuestro sistema planetario se formó así, que primero hubo una nebulosa original que empezó a girar, se compactó en un cuerpo central, de él se separaron anillos y esferas, y así se formó mecánicamente todo el sistema planetario -, quien lo dice comete un gran error de pensamiento. Hoy en día se enseña esto de forma muy bonita a la gente. En un experimento bonito se muestra esto hoy en cualquier escuela: se pone una gota de grasa en un vaso de agua, se pasa una aguja por la gota de grasa y se pone todo a girar. Entonces, del gran gota se separan pequeñas gotitas, y se tiene un sistema planetario en miniatura, y al estudiante, -según se cree-, se le muestra visualmente cómo se puede formar de manera puramente mecánica. Sólo un pensamiento poco práctico puede sacar tales conclusiones de este experimento bonito, porque la persona que lo transfiere al gran sistema del mundo usualmente olvida algo, que tal vez sería bueno olvidar, se olvida a sí mismo, se olvida que ha sido él mismo quien puso la cosa en rotación. Si él no hubiera estado ahí ni hubiera hecho todo, nunca se habría producido la división de la gota de grasa en pequeñas gotas. Si la persona también observa esto y lo traslada al sistema planetario, entonces sí que se estaría aplicando un pensamiento completo. Estos errores de pensamiento hoy en día, especialmente en lo que hoy se llama ciencia, juegan un papel enorme. Estas cosas son mucho más importantes de lo que uno suele pensar.

Si uno quiere hablar de una verdadera práctica del pensar, debe saber que los pensamientos solo pueden sacarse de un mundo en el que ya existen tales pensamientos. Así como solo se puede sacar agua de un vaso que realmente contiene agua, también solo se pueden extraer pensamientos de cosas que realmente los contienen. El mundo está construido según pensamientos; únicamente por eso se pueden extraer pensamientos de él. Si esto no fuera así, no podría surgir ninguna práctica del pensar. Pero cuando la persona siente hasta el final lo que aquí se ha expresado, entonces será fácil superar todo pensamiento abstracto. Cuando la persona tiene plena confianza en que detrás de las cosas hay pensamientos, que los hechos reales de la vida transcurren conforme a pensamientos, entonces, cuando tiene esta sensación, le será fácil volverse hacia una práctica del pensar que esté construida sobre la realidad.

Ahora queremos mostrar algo de esa práctica del pensar que es especialmente importante para quienes se encuentran en el terreno antroposófico. Quien esté impregnado de la idea de que el mundo de los hechos se desenvuelve en pensamientos, verá la importancia de desarrollar un pensar correcto. Supongamos ahora que alguien dice: Quiero enriquecer mi pensar de manera que éste realmente siempre sepa orientarse en la vida; entonces tiene que seguir lo que se va a decir ahora. Y lo que se indica a continuación debe entenderse de manera que sean realmente principios prácticos, y que, si uno se esfuerza una y otra vez por organizar su pensar según ellos, tienen ciertos efectos, haciendo que el pensar se vuelva práctico, aunque al principio no lo parezca. En efecto, si se aplican tales principios, se presentan experiencias totalmente diferentes para el pensar.

Supongamos que alguien intenta lo siguiente: Hoy observa cuidadosamente un proceso en el mundo que está a su alcance, que puede observar lo más precisamente posible, digamos por ejemplo el clima. Observa la configuración de las nubes por la tarde, la manera en que se ha puesto el sol y así sucesivamente, y ahora se forma exactamente la imagen de lo que ha observado. Intenta mantener la idea, esta imagen, durante un tiempo en todos sus detalles; conserva tanto como pueda de esta idea y busca mantenerla hasta mañana. Mañana observa aproximadamente a la misma hora, o quizás en otro momento, nuevamente las condiciones climáticas, e intenta hacerse otra vez una imagen exacta de las condiciones.

Si de esta manera se hace imágenes precisas de estados consecutivos, se le volverá extraordinariamente claro cómo se enriquece e intensifica gradualmente por dentro su pensar, porque lo que hace que el pensamiento sea poco práctico es que la gente suele estar demasiado inclinada a omitir los detalles de los procesos consecutivos en el mundo y quedarse solo con ideas generales y vagas. Lo valioso, lo esencial que fecunda el pensamiento, es precisamente formarse imágenes exactas de los procesos consecutivos y luego decirse a sí mismo: ayer la cosa era así, hoy es así; y al mismo tiempo acercar lo más posible estas dos imágenes que están separadas en el mundo real también frente al alma.

Esto no es nada más que una expresión especial de la confianza en los pensamientos sobre la realidad. No se espera que la persona saque de inmediato alguna conclusión y a partir de lo que observó hoy determine cómo será el clima mañana. Eso corrompería su pensamiento. Más bien, debe tener confianza en que las cosas en la realidad exterior están conectadas, que lo de mañana tiene de alguna manera relación con lo de hoy. No debe especular sobre ello, sino simplemente reflexionar primero sobre lo que ocurre sucesivamente en imágenes mentales lo más precisas posible, y luego dejar que esas imágenes estén juntas y se mezclen entre sí. Este es un principio de pensamiento muy específico que hay que seguir si se quiere desarrollar un pensamiento realmente adecuado. Es bueno aplicar este principio especialmente a cosas que aún no se entienden, en las que aún no se ha penetrado en la conexión interna. Por eso, incluso en procesos que aún no comprendemos, como el clima, debemos confiar en que, al estar conectados en el exterior, también producen conexiones en nosotros; y eso debe ocurrir con abstención del pensamiento, solo en imágenes. Hay que decirse: Aún no conozco la conexión, pero dejaré que estas cosas vivan dentro de mí, y si me abstengo de toda especulación, producirán algo en mí. Será fácil creer que, si la persona, de esta manera, con abstención del pensamiento, se hace imágenes mentales lo más precisas posible de los procesos sucesivos, algo puede ocurrir en los miembros invisibles del ser humano.

El ser humano tiene el cuerpo astral como portador de la vida de las ideas. Este cuerpo astral es, mientras el ser humano especula, el esclavo del yo. Pero no se limita a tener esta actividad consciente; también mantiene cierta relación con todo el cosmos.

En la medida en que nos abstenemos de dejar que nuestra voluntad de pensar actúe, en que nos limitamos simplemente a formar imágenes de ideas de eventos consecutivos, en esa misma medida los pensamientos internos del mundo actúan en nosotros y se imprimen en nuestro cuerpo astral sin que lo sepamos. Así como nos adaptamos al curso del mundo observando los sucesos del mundo y captando las imágenes lo más puramente posible en nuestros pensamientos y dejándolas actuar en nosotros, en esa misma medida vamos haciéndonos más sabios en los miembros que están fuera de nuestra conciencia. Si luego logramos, en tales sucesos que tienen una conexión interna, dejar que una nueva imagen pase a la otra, tal como se desarrolla esa transición en la naturaleza, veremos después de un tiempo que nuestro pensar ha adquirido algo así como cierta suavidad.

Así debemos proceder con cosas que aún no entendemos; pero ante cosas que sí comprendemos, debemos comportarnos un poco de la misma manera, por ejemplo, frente a los sucesos de nuestra vida cotidiana que tienen lugar a nuestro alrededor. Por ejemplo, alguien, tal vez el vecino, hizo esto o aquello. Reflexionamos: ¿Por qué lo hizo? - Pensamos que lo hizo hoy más fácilmente como preparación para algo que quiere hacer mañana. Ahora no decimos nada más, sino que nos imaginamos exactamente lo que hizo e intentamos ahora hacernos una idea de lo que hará mañana. Nos imaginamos: Esto es lo que hará mañana - y esperamos a ver qué hace realmente. Puede ser que mañana notemos que realmente hace lo que nos imaginamos. También puede ser que haga algo diferente. Veremos qué ocurre y trataremos de mejorar nuestros pensamientos en base a eso.

Así que buscamos en el presente eventos que seguimos en nuestra mente hacia el futuro y esperamos a ver qué sucede. Podemos hacer esto con lo que hacen las personas y con otras cosas. Donde entendemos algo, tratamos de hacernos una idea de lo que creemos que sucederá. Si lo esperado ocurre, entonces nuestro pensamiento fue correcto; y eso está bien. Si sucede algo distinto a lo que esperábamos, entonces intentamos pensar en qué nos equivocamos y así tratar de corregir nuestros pensamientos incorrectos observando y revisando calmadamente cuál fue el error, de dónde surge que haya pasado así. Si acertamos, sin embargo, queremos cuidarnos especialmente de presumir nuestra profecía: ¡Sí, ya lo sabía ayer, que esto iba a pasar!

Eso era, a su vez, un principio que surgía de la confianza de que hay una necesidad interna en las cosas y los acontecimientos, que en los hechos mismos hay algo que impulsa las cosas hacia adelante. Y lo que trabaja ahí de un día para otro son fuerzas del pensar. Si nos sumergimos en las cosas, tomamos conciencia de estas fuerzas del pensar. Hacemos presentes estas fuerzas del pensar en nuestra conciencia a través de ejercicios de este tipo, y entonces estamos en sintonía con ellas cuando se cumple lo que habíamos previsto; entonces, a través de nuestra actividad mental, estamos en una conexión interna con la realidad. Así nos acostumbramos a pensar no de forma arbitraria, sino por la necesidad interna, por la naturaleza de las cosas.

Pero también podemos entrenar nuestra práctica de pensar en otra dirección. Algún evento que ocurre hoy también está relacionado con lo que sucedió ayer, por ejemplo, algún niño se ha portado mal; ¿cuáles podrían ser las causas? Seguimos los acontecimientos hoy hacia atrás hasta ayer, construimos las causas que no conocemos. Nos decimos: Creo que porque esto pasa hoy, entonces eso o aquello se preparó ayer o antes de ayer mediante esto o aquello.

Luego uno se informa sobre lo que realmente ocurrió y así reconoce si pensó correctamente. Si ha encontrado la causa correcta, está bien; si se hizo una idea equivocada, entonces intente aclarar los errores para sí mismo y encontrar cómo se desarrolló el proceso de pensamiento y cómo ocurrieron las cosas en la realidad.

Lo importante es llevar a cabo estos principios: que realmente encontremos tiempo para mirar las cosas como si estuviéramos dentro de ellas con nuestro pensar, que nos sumerjamos en las cosas, en la actividad interna del pensamiento de las cosas. Si hacemos eso, nos daremos cuenta poco a poco de cómo prácticamente nos fusionamos con las cosas, cómo ya no sentimos que las cosas estén afuera y nosotros adentro pensando sobre ellas, sino que sentimos como si nuestro pensamiento se moviera dentro de las cosas. Cuando una persona alcanza esto en un alto grado, muchas cosas pueden volverse claras para ella.

Una persona que había alcanzado en gran medida lo que se podía alcanzar, un pensador así, que siempre estaba dentro de las cosas con sus pensamientos, ese era Goethe. El psicólogo Heinroth dijo en 1822 en su «Manual de Antropología» que el pensamiento de Goethe era un pensamiento objetivo. Goethe mismo se alegró de este comentario. Esto debía significar que tal pensamiento no se separa de las cosas; permanece dentro de las cosas, se mueve dentro de la necesidad de las cosas. El pensamiento de Goethe era al mismo tiempo una contemplación, y su contemplación al mismo tiempo un pensamiento.

Goethe llegó muy lejos con un pensamiento tan desarrollado. Así que ocurrió más de una vez: Goethe planeaba algo, se acercaba a la ventana y le decía a quien estaba ahí presente: En tres horas lloverá, - y así sucedía. Podía, desde el pequeño fragmento del cielo que veía por la ventana, predecir lo que iba a ocurrir en las siguientes horas en las condiciones del clima. Su pensamiento fiel, que permanecía en las cosas, le había permitido sentir lo que se estaba preparando a partir de lo que había venido antes como el evento posterior.

Realmente se puede lograr mucho más a través del pensar práctico de lo que uno suele imaginar. - Cuando uno tiene lo que se ha descrito como principios para el pensamiento, entonces se da cuenta de que el pensamiento se vuelve realmente práctico, que la perspectiva se amplía y que uno aborda las cosas del mundo de manera completamente diferente a como lo haría sin esto. Poco a poco, la persona empieza a relacionarse de manera muy distinta con las cosas y también con los demás. Es un proceso real que ocurre en él, que cambia completamente su comportamiento. Puede ser de enorme importancia que la persona realmente intente crecer junto con las cosas a través de su pensamiento; porque es un principio para el pensamiento eminentemente práctico, hacer este tipo de ejercicios.

Otra cosa es un ejercicio que deberían hacer especialmente aquellas personas a las que normalmente no se les ocurre lo correcto en el momento adecuado. Lo que estas personas deberían hacer consiste, ante todo, en intentar no solo pensar de manera que se entreguen en cada instante a lo que el curso del mundo trae consigo, a lo que las cosas traen consigo. Lo más común es que, cuando una persona puede acostarse por media hora para descansar, deje que sus pensamientos jueguen. Entonces se enredan hasta el ciento y el mil. O tal vez le preocupa este o aquel asunto en la vida; de repente se apodera de su conciencia y queda completamente ocupado por ello. Si una persona hace esto, nunca logrará tener la idea correcta en el momento adecuado. Si quiere lograrlo, debe comportarse de la siguiente manera. Si tiene media hora para descansar, debe decirse a sí mismo: Quiero pensar, siempre que tenga tiempo, en algo que yo mismo elija, algo que solo lleve a mi conciencia por mi propia voluntad. Por ejemplo, ahora quiero pensar en algo que quizá haya experimentado antes, tal vez durante un paseo hace dos años; quiero traer deliberadamente esas experiencias a mi pensamiento y reflexionar sobre ellas, aunque solo sea cinco minutos. ¡Todo lo demás, fuera durante esos cinco minutos! Yo mismo elijo sobre qué quiero pensar. La elección ni siquiera tiene que ser tan difícil como acabo de decir. En principio, no se trata de influir en tu proceso de pensamiento a través de ejercicios difíciles, sino de arrancarte de aquello en lo que te arrastra la vida. Solo tiene que ser algo que sobresalga de lo que te envuelve el curso normal del día. Y si sufres de falta de imaginación, si simplemente no se te ocurre otra cosa, puedes ayudarte a ti mismo abriendo un libro y reflexionando sobre lo que lees a primera vista. O también, puedes decirte: Hoy voy a pensar en lo que vi cuando fui a la tienda a determinada hora de la mañana y que normalmente hubiera pasado por alto. Tiene que ser algo que se salga del curso habitual de la vida, sobre lo que normalmente no hubieras reflexionado.

Si uno hace estos ejercicios sistemáticamente una y otra vez como él, entonces ocurre que se tienen ideas en el momento adecuado, que se nos ocurren en el momento correcto cosas que deben ocurrírsenos. El pensamiento se volverá entonces más ágil, y eso es enormemente importante para la persona en la vida práctica.

Otro ejercicio es especialmente adecuado para influir en la memoria. Primero se intenta recordar, de manera general, como uno normalmente recuerda las cosas, algún acontecimiento, digamos de ayer. Por lo general, los recuerdos de las personas son grises; normalmente uno se conforma con recordar solo el nombre de la persona que encontró ayer. Pero no debemos conformarnos con eso si queremos desarrollar nuestra memoria. Debemos tener eso claro. Debemos hacer sistemáticamente lo siguiente, debemos decirnos a nosotros mismos: Quiero recordar con mucha precisión a la persona que vi ayer, también a qué esquina de la calle la vi; qué había alrededor de ella. Quiero visualizar la imagen con detalle, también su chaqueta, su chaleco quiero imaginarlo con exactitud. Allí la mayoría de las personas notarán que no pueden hacerlo, que les resulta imposible. Se darán cuenta de cuánto les falta para tener una verdadera imagen visual de lo que encontraron ayer y de lo que vivieron ayer.

Ahora debemos partir principalmente de la gran mayoría de los casos en los que la persona no es capaz de recordar lo que vivió ayer. La observación de las personas es realmente extremadamente inexacta. - Un experimento de un profesor universitario con sus alumnos mostró que de treinta presentes, solo dos observaron el hecho correctamente, mientras que los otros veintiocho lo hicieron de manera incorrecta. - Sin embargo, una buena memoria es el fruto de una observación fiel. Para desarrollar la memoria, precisamente importa observar con atención. Se logra una buena memoria mediante la observación cuidadosa; a través de cierto camino psicológico, la memoria fiel nace como hijo de una buena observación.

Pero si ahora no se puede hacer eso, primero hay que recordar con precisión lo que se vivió ayer, ¿qué se hace entonces? Primero, trate de recordar lo más exactamente posible, y donde no recuerde, entonces intente imaginarse algo falso, solo que debe ser completo. Supongamos que ha olvidado por completo si alguien que encontró llevaba una falda marrón o negra, pues imagínese más fácilmente que llevaba una falda marrón y pantalones marrones; que tenía tales y cuales botones en el chaleco, la corbata era amarilla, y allí estaba esa situación, la pared era amarilla, a la izquierda pasó una persona grande, a la derecha una pequeña, y así sucesivamente.

Aquello a lo que uno recuerda, eso se coloca dentro de la imagen; solo aquello a lo que no se puede recordar, eso se completa, para obtener en la mente una imagen completa. La imagen inicialmente está equivocada, pero al esforzarse por obtener una imagen completa, eso lo guía a observar con más precisión a partir de ahora. Y continúa haciendo tales ejercicios. Y cuando lo hayas hecho cincuenta veces, la cincuenta y una vez sabrás exactamente cómo lucía la persona que encontraste, qué llevaba puesto; recordarás todo con exactitud, salvo los botones del chaleco. Ya no pasarás nada por alto, y cada detalle se grabará en tu memoria. Primero has agudizado tu sentido de la observación con los ejercicios y luego has mejorado la fidelidad de tu memoria como consecuencia del sentido de la observación.

Es especialmente bueno enfocarse en observar, no solo en recordar nombres y algunos rasgos principales de aquello que uno quiere recordar, sino en intentar obtener representaciones lo más vívidas posible, que se extiendan a todos los detalles; y si uno no puede recordar algo, primero se busca completar la imagen, construirla como un todo. - Entonces pronto veremos cómo, por caminos indirectos, parece -, que nuestra memoria se vuelve fiel poco a poco.

Así vemos cómo, de hecho, se puede indicar, –como movimientos manuales–, aquello a través de lo cual el ser humano puede hacer su pensamiento cada vez más práctico. Especialmente importante es lo siguiente: el ser humano tiene cierta tendencia, cuando reflexiona sobre algo, a llegar a un resultado. Piensa cómo hacer esto o aquello y llega a este o aquel resultado. Ese es un impulso muy comprensible. Pero eso no es lo que conduce al pensamiento práctico. Cualquier apresuramiento en el pensamiento no avanza, sino que retrocede. Uno debe tener paciencia en estas cosas.

Por ejemplo, deberías llevar a cabo esto o aquello: puedes hacerlo de una manera o de otra, hay diferentes posibilidades. Ahora, ten paciencia e intenta imaginar lo que pasaría si lo hicieras de esta manera, y también intenta imaginar cómo se vería si lo hicieras de otra forma. Siempre habrá razones para preferir una opción sobre la otra, pero por ahora abstente de tomar una decisión inmediata, y en su lugar trata de imaginar las dos posibilidades y luego decirte a ti mismo: Bueno, ya está, ahora dejo de pensar en esto.

Habrá personas que se pondrán inquietas por esto; y luego es difícil superar esa inquietud, pero es enormemente útil superarla y decirse a uno mismo: Así va, así va, y ahora no pienso en ello por un rato. Si se puede, uno debería posponer el asunto, la acción, hasta el día siguiente y mantener frente a sí las dos posibilidades de nuevo, y se descubrirá que las cosas han cambiado mientras tanto, que al día siguiente decidiremos de manera diferente, al menos más a fondo, de lo que habríamos decidido el día anterior. Las cosas tienen una necesidad interna, y si no actuamos impacientemente de manera arbitraria, sino que dejamos que esa necesidad interna funcione en nosotros, —y funcionará en nosotros—, aparecerá enriqueciendo nuestro pensamiento al día siguiente y nos permitirá tomar una decisión más correcta. ¡Esto es enormemente útil!

Por ejemplo, alguien puede pedirte consejo sobre esto o aquello, o tienes algo que decidir. Ahí hay que tener paciencia, no lanzarse de inmediato con decisiones, sino primero considerar varias posibilidades y no tomar una decisión dentro de uno mismo, sino dejar que las opciones actúen tranquilamente. También se dice popularmente que uno debe 'dormir sobre algo' antes de decidir. Pero solo dormir sobre ello no es suficiente. Es necesario considerar dos o, mejor, más opciones, que luego sigan trabajando dentro de ti, como si tu yo consciente no estuviera presente, y luego volver a la cuestión más tarde. Verás que de esta manera se estimula la capacidad de pensar interna y el pensamiento se vuelve cada vez más adecuado y práctico.

Y sea lo que sea que el ser humano haga en el mundo, ya sea que esté en el tornillo de banco o detrás del arado, o que pertenezca a una de las llamadas clases profesionales privilegiadas, en las cosas más cotidianas se convertirá en un pensador práctico si practica estas cosas. Así, al practicar, toma y observa las cosas del mundo de una manera completamente diferente. Y aunque estas prácticas parezcan internas al principio, son justamente para el mundo exterior, llevan en sí la mayor importancia posible para el mundo exterior; tienen consecuencias importantes.

Quiero mostrarles con un ejemplo lo necesario que es pensar realmente de manera práctica sobre las cosas: alguien ha subido a un árbol con una escalera y ha hecho algo allí; se cae, se golpea y muere. Bueno, ¿verdad?, es un pensamiento obvio que
al caer se golpeó hasta morir. Se dirá que la caída fue la causa y la muerte el efecto. Parece que causa y efecto están relacionadas. Pero aquí pueden ocurrir confusiones terribles. - Puede ser que haya sufrido un infarto mientras estaba arriba, de modo que cayó a causa del ataque al corazón. Exactamente lo mismo habría pasado si hubiera caído estando vivo, habría pasado por las mismas cosas que realmente podrían haber sido la causa de su muerte. - Así se puede confundir completamente causa y efecto. En este ejemplo es evidente; pero muchas veces no es tan evidente lo que se ha pasado por alto. Estos errores de pensamiento ocurren muchísimo, de hecho, hay que decir que hoy en día, en la ciencia, a diario se emiten juicios en los que se confunden causa y efecto de esta manera. Los humanos simplemente no lo comprenden porque no se mantienen conscientes de las posibilidades de pensamiento.

Se dará todavía un ejemplo que puede mostrarles claramente cómo surgen tales errores de pensamiento, y que les demuestra que a una persona que ha hecho ejercicios como los que se indicaron hoy, ya no le ocurrirán. Supongamos lo siguiente: un erudito se dice a sí mismo que el ser humano, tal como es hoy, desciende del mono; es decir, lo que aprendo del mono, las capacidades en el mono, se perfeccionan, y de eso surge después el ser humano. - Ahora, para mostrar el sentido de la idea, hagamos la siguiente suposición: imaginemos que el hombre que debe sacar esta conclusión fuera, por alguna circunstancia, colocado completamente solo en la Tierra. Además de él, solo estarían esos monos de los que su teoría dice que de ellos pueden surgir los humanos. Ahora estudia esos monos muy de cerca, se hace una idea de los detalles de lo que hay en los monos. Entonces debe intentar, a partir del concepto del mono, generar el concepto del ser humano, sin que jamás haya visto uno. Se dará cuenta de que nunca lo logrará: su concepto de “mono” nunca se transforma en el concepto de ser humano.

Si tuviera hábitos de pensamiento correctos, debería decirse: Entonces, mi concepto no se transforma en mí de tal manera que del concepto del mono pase al concepto del ser humano, por lo tanto, lo que veo en el mono no puede convertirse en humano, porque de lo contrario mi concepto también tendría que cambiar. Entonces debe añadirse algo más, que no puedo ver. - Este ser humano, por lo tanto, tendría que ver algo extra sensorial detrás del mono sensorial, algo que no puede percibir, que luego podría convertirse en humano.

No vamos a entrar en la imposibilidad del asunto, sino solo mostrar el error de pensamiento que se encuentra detrás de esa teoría. Si el ser humano pensara correctamente, se vería llevado a que no puede pensar de esa manera, si no quiere suponer algo sobrenatural. Si reflexiona sobre el asunto, verá que aquí hay un error de pensamiento abrumador cometido por toda una serie de personas. Tales errores ya no serán cometidos por quien entrene su pensamiento de la manera indicada.

Una gran parte de toda nuestra literatura actual, especialmente la científica, se convierte para quien realmente sabe pensar bien, en una fuente de efectos hasta dolor físicos, debido a esos pensamientos torcidos y contradictorios, cuando tiene que leer a través de ellos. - No se quiere decir con esto nada en absoluto contra la enorme cantidad de observaciones que se han obtenido gracias a esta ciencia natural y sus métodos objetivos.

Ahora llegamos a un capítulo que está relacionado con la miopía del pensar. Es realmente así: generalmente la persona no sabe que su pensar no es muy razonable, sino que en gran medida es solo el resultado de hábitos de pensamiento. Así, los juicios, para quien comprende el mundo y la vida, se formarán de manera completamente diferente que para quien no los comprende o los comprende poco, por ejemplo, un pensador materialista. Convencer a alguien así mediante razones, por más sólidas y buenas que sean, no es fácil. Intentar convencer con razones a quien conoce poco la vida suele ser un esfuerzo inútil, porque ni siquiera comprende las razones por las que algo se puede afirmar. Si se ha acostumbrado a ver en todo, por ejemplo, solo materia, entonces se aferra precisamente a este hábito de pensamiento.

Hoy en día, por lo general no son las razones lo que lleva a alguien a hacer afirmaciones, sino que detrás de las razones están los hábitos de pensamiento que ha adquirido y que influyen en todo su sentir y percibir. Cuando presenta razones, solo se le pone frente a su sentir y percibir la máscara del pensamiento habitual. Así que a menudo el padre del pensamiento no es solo el deseo, sino que todos los sentimientos y hábitos de pensamiento son los padres de los pensamientos. Quien conoce la vida sabe lo poco que alguien se deja convencer por razones lógicas en la vida. En el alma decide algo mucho más profundo que las razones lógicas.

Por ejemplo, si tenemos nuestro movimiento antroposófico, ciertamente tiene buenas razones para que lo tengamos y para que trabaje en sus ramas. Cada uno nota, al colaborar un tiempo en el movimiento, que ha adquirido una forma diferente de pensar, sentir y percibir. Porque, al trabajar en las ramas, no solo uno se ocupa de encontrar las razones lógicas para algo, sino que adquiere un sentir y percibir más completo.

Como solía burlarse hace unos años una persona que escuchaba por primera vez una conferencia de ciencia espiritual y hoy, ¡cuántas cosas le son completamente claras y transparentes que tal vez tiempo atrás habría considerado algo sumamente absurdo! Al participar en el movimiento antroposófico, no solo transformamos nuestros pensamientos, sino que aprendemos a introducir toda nuestra alma en una perspectiva más amplia. Debemos tener claro que la coloración de nuestros pensamientos proviene de niveles mucho más profundos de lo que normalmente se piensa. Hay ciertas sensaciones, ciertos sentimientos que imponen una opinión al ser humano. Las razones lógicas a menudo son solo un disfraz, solo máscaras para los sentimientos, sensaciones y hábitos de pensamiento.

Lograr que los motivos lógicos nos den algún sentido de algo requiere aprender a amar la lógica en sí misma. Solo cuando aprendemos a amar la objetividad y lo adecuado, los motivos lógicos se volverán decisivos. Poco a poco se aprende a pensar objetivamente, por así decirlo, independientemente de la predilección por este o aquel pensamiento, y entonces la perspectiva se amplía y uno se vuelve práctico; no tan práctico como para solo poder juzgar siguiendo caminos ya establecidos, sino tan práctico como para aprender a pensar a partir de las cosas mismas.

La verdadera práctica es un hijo del pensar adecuado, del pensamiento que fluye de las cosas. Solo empezamos a dejarnos inspirar por las cosas cuando hacemos tales ejercicios; y estos ejercicios deben hacerse con cosas sanas. Son aquellas cosas en las que la cultura humana tiene la menor influencia posible, que son las menos distorsionadas
es decir: los objetos de la naturaleza. Practicar con objetos naturales de la manera que hemos descrito hoy nos convierte en pensadores prácticos. Eso es realmente práctico. La actividad más cotidiana se abordará de manera práctica si entrenamos el elemento fundamental, o sea: el pensar. Al ejercitar el alma humana de la manera que se ha expuesto, se forma una orientación práctica del pensar

Debe ser el fruto del movimiento de las ciencias espirituales que realmente genere practicantes en la vida. No es tan importante que la persona pueda considerar esto o aquello como verdadero, sino que llegue a ver las cosas correctamente. Mucho más importante es la manera en que la antroposofía penetra en nuestra alma y nos guía hacia la actividad de nuestra alma y amplía nuestra mirada, que simplemente teorizar más allá de las cosas sensoriales y hacia lo espiritual. En esto, la antroposofía es algo verdaderamente práctico.

Esa es una misión importante del movimiento antroposófico: que a través de él se ponga en movimiento el pensamiento del ser humano, se entrene de tal manera que piense que el espíritu está detrás de las cosas. Si el movimiento antroposófico enciende esta actitud, entonces establecerá una cultura de la que nunca surgirá un pensamiento como el de personas que quieran empujar el carro desde dentro. Eso fluye por sí mismo hacia el alma. Cuando el alma ha aprendido a pensar sobre los grandes hechos de la vida, entonces también piensa correctamente sobre la cuchara de sopa. Y no solo con respecto a la cuchara de sopa las personas se volverán más prácticas, sino que también aprenderán a clavar un clavo más prácticamente, a colgar un cuadro más prácticamente, de lo que lo habrían hecho de otra manera. Es de gran importancia que aprendamos a considerar la vida espiritual-alma como un todo y que, a través de esta visión, aprendamos a hacer todo cada vez más práctico.

Traducido por J.Luelmo -ago 2026-

Emil Bock - El arcángel Miguel y las bestias del Abismo: Doble Máscara del Mal.

                                Emil Bock 

(del libro comentarios sobre el Apocalipsis)

                                             Parte VII

El arcángel Miguel y las bestias del Abismo:

Doble Máscara del Mal.

A los capítulos 12 y 13 del Apocalipsis

No hace mucho, la principal afirmación del cristianismo sobre su superioridad sobre las religiones precristianas era la afirmación de que el cristianismo estaba, de hecho, libre de mitología. Esta postura se ha visto muy afectada recientemente. Basándose en los hechos, hay que decir que esta afirmación es errónea. La religión cristiana no está en absoluto exenta de mitología. En cierto sentido, el cristianismo es la culminación y consumación de toda mitología.

Es cierto que el ámbito de la visión pictórica, es decir, imaginativa (pictorial), de la que surgió la mitología, permanece sin desarrollar y sin comprender desde que el pensamiento cristiano no traspasaba sus estrechos límites y no era consciente de que el Apocalipsis de San Juan es una parte orgánica que constituye la Esencia del cristianismo. En este último libro del Nuevo Testamento, la «mitología» cristiana revela su grandeza y plenitud. Este documento conclusivo, que se encuentra en el Nuevo Testamento, contiene la clave para comprender el universo y el destino de una época como la nuestra, que adquiere dimensiones mitológicas. El Apocalipsis de San Juan, una vez comprendido y asimilado, nos convencerá de que no es necesario recurrir a las mitologías de épocas antiguas como si fueran algo que, supuestamente, formara parte del cristianismo.

No obstante, es necesario ver una diferencia fundamental entre la mitología precristiana y la mitología cristiana. El Antiguo Testamento, el principal ejemplo de documentos religiosos de la era precristiana, comienza con un mito. Las imágenes descritas en el Génesis, el Mito de la Creación al principio de la Biblia, seguido por los libros del Antiguo Testamento, continúan más allá, guiándonos cada vez más desde los Salones de Dios hasta los hombres. En el Nuevo Testamento, todo es diferente. El mito ha terminado. La mitología es el punto más alto, la culminación de todo lo que la precedió. Toda la mitología precristiana, ya sea el Antiguo Testamento o las mitologías del antiguo Egipto, Babilonia, Grecia o los teutones (alemanes), existe en la realidad, pero en retrospectiva, es decir, en el pasado. Atrás quedaron los tiempos que ahora se recuerdan como si fueran un sueño, los tiempos de épocas antiguas, cuando los destinos de los hombres y los destinos de los dioses aún estaban entrelazados. Superando con creces la capacidad de la memoria de una sola persona, los Iniciados en diferentes naciones han revivido eventos mitológicos, comenzando por los primeros pasos del desarrollo de toda evolución. Estos Iniciados, contemplativos, miraban atrás a los tiempos en que los Dioses no solo "esculpían" las formas del Universo, sino que también estaban activos entre las personas y se sentaban en las mesas de las personas como Invitados. Y en contraste con todo el pasado, el Mito cristiano, tal como se presenta en el Apocalipsis de San Juan Evangelista, es totalmente profético, lleno de previsión que lleva en sí el Futuro. Y en lugar de un estado somnoliento y confuso en la cognición retrospectiva, hay golpes activos y persistentes en la puerta del Futuro, esperando el levantamiento del Velo ante los Misterios, que solo pueden revelarse y entenderse plenamente en eones futuros.

Pero hay otra gran diferencia entre la mitología precristiana y la mitología cristiana. Los mitos del pasado no son mas que los últimos frutos de la antigua, antigua clarividencia que poseía la humanidad cuando aún estaba en su infancia. Los mitos de épocas precristianas son en sí mismos una prueba convincente de que hace miles de años la humanidad era clarividente y poseía una conciencia completamente diferente, mucho más pictórica e imaginativa que la conciencia conceptual abstracta de la era moderna. En las épocas primitivas, los seres humanos poseían la capacidad de percibir y contemplar a los seres suprasensoriales en el reino de la naturaleza. Toda la mitología antigua se nutría de sueños y visiones —que se desvanecían y desaparecían gradualmente, y que se entremezclaban— de seres divinos, tanto en el cielo estrellado como en la naturaleza terrenal. Con la última extinción de la clarividencia antigua, con la extinción de esta capacidad, necesaria para la aparición y desarrollo de una comprensión clara y diurna del mundo visible y, además, para la sensación de libertad, estaba destinado a llegar un periodo de intelectualismo, considerado superior al mitológico – la gente llegó a convencerse de que la mitología equivalía a la superstición. El apocalipsis, en cambio, surge de las nuevas cualidades del alma. El poder clarividente de San Juan Evangelista representa un comienzo completamente nuevo. Este fue el primer fruto de la Nueva Visión a un nivel superior y más consciente. La estrecha conexión con la Revelación de Juan Evangelista, cuando la Nueva Clarividencia se manifestó por primera vez con toda su fuerza, puede ser un estímulo maravilloso para los descendientes humanos que están dotados de la Nueva Conciencia que hoy se está reviviendo en almas modernas que avanzan caóticamente hacia la Luz. El Sol Espiritual Brillando desde el Apocalipsis puede facilitar la maduración de las Nuevas Fuerzas de la percepción clarividente de una manera cristiana sana y segura.

En la intensidad culminante del Libro, es decir, en el momento de la Séptima Trompeta, la mitología cristiana se revela de manera majestuosa. Como espectadores, estamos presentes en el desarrollo del Drama en los capítulos 12 y 13; aquí es donde se encuentra el foco principal del Mito Cristiano. Y, en particular, en las tres Figuras, aquí se recopilan y reviven los conceptos más antiguos de Dios. Y el Primer Milagro, como un presagio visible en los cielos, es una mujer vestida con el sol y de pie con los pies sobre la luna, con una cabeza coronada con 12 estrellas. Va a dar a luz a un hijo. La Segunda Figura es el Dragón, tumbado junto a la Mujer y esperando el nacimiento del Niño*; La tercera figura es el Arcángel Miguel, que con su ejército logra una victoria sobre la Bestia y su cortejo.

La imaginación de la Reina del Cielo, la Gran Madre Divina, que da a luz a su hijo (o que ya lo lleva en sus brazos) no es solo cristiana. Esta Imaginación representa la Propiedad Universal de todas las razas en la Tierra. En el antiguo Egipto, la gente miraba a Isis sosteniendo a Horus en sus brazos, su Hijo; los antiguos griegos adoraban a Deméter, la Gran Madre de Eleusis, y cuando representaron a esta Deidad con una mazorca de maíz en la mano, querían mostrar que todo lo creado en el globo es Su Hijo—aquí Deméter-Ceres apareció solo como una variante, una variación de la Madre Celestial llevando al Niño en sus Manos. Y en la gruta de Chartres, que más tarde se convirtió en la capilla subterránea de la catedral, la gente ya rendía culto al cuadro de «La Virgen Madre» dando a luz a su Hijo en tiempos precristianos. Incluso en el Lejano Oriente, la imagen de la Virgen Madre era conocida por doquier como un rostro de una ternura misteriosa y sobrenatural que conmovía nuestras almas.**

* Traducción: El dragón espera a que nazca un niño para devorarlo 

** Nota de E. Bock: Tesoros, riquezas de gran interés, se encuentran en María en el Lejano Oriente de R. Cartutz.

En resumen, las pinturas de la Madonna cristiana de Rafael y otros artistas no pueden entenderse plenamente si solo se aceptan como imágenes históricas de María, y no como el prototipo cósmico que es el contenido fundamental del mito de la humanidad. La segunda figura es la quintessencia de innumerables motivos mitológicos — es el Dragón, informe y amorfo, algo repugnante, rojo fuego, situado a los pies de la Madre Celestial. Está obsesionado con la pasión de atrapar y llevarse al Niño tan pronto como nace y devorarle. Y de nuevo, todas las ciencias conocen esta imagen. Los babilonios, en su mito de la Creación del Mundo, mencionaron la Serpiente del Mundo Tiamat, que salió del Abismo, de debajo de todas las cosas creadas, amenazando a la humanidad, que acababa de nacer del vientre de la Madre Cósmica. Los antiguos egipcios llamaban a la figura del dragón Tifón, mientras que los antiguos griegos la llamaban Pitón. El dragón Pitón, amenazante, se acerca a Leto, que tenía un Hijo del Padre de los Dioses en su vientre y estaba a punto de darle a luz: Apolo. El Libro del Apocalipsis de San Juan nos dice que el Niño que nace es "llevado a Dios y a su Trono", salvándole así del Dragón. De manera similar, el mito griego antiguo narra cómo Leto fue liberada del Dragón al encontrarse en la rocosa isla de Delos, donde pudo dar a luz de forma segura y a salvo a su hijo divino. Los antiguos egipcios también cuentan cómo Isis dio a luz a Horus en una zona apartada, donde fue colocada para evitar los ataques de Tifón.

En La imagen del arcángel Miguel, el Apocalipsis muestra al Héroe Radiante, el Conquistador del Dragón, un Evento que la mitología de todas las razas conocía, aunque bajo nombres diferentes. Los babilonios llamaban a este Conquistador Marduk; hindúes – Indra; los persas, Mitras; los griegos Apolo, y finalmente la mitología teutónica, dieron al Cazadragones el nombre de Sigfrido, quien llegó a ser conocido como la Figura de Miguel (esto fue descubierto por los iniciados posteriores del Norte). La tradición cristiana veneraba a la primera figura cristiana de San Jorge como un reflejo humano, un reflejo como el Conquistador Celestial del Dragón, y por tanto como santo patrón de todos los caballeros cristianos.

Sin embargo, el paralelo más llamativo con el mito dramático descrito en el capítulo 12 del Apocalipsis es que no se encuentra en ninguna otra mitología, sino solo entre los tranquilos acontecimientos históricos del cristianismo. Cuando María dio a luz a su Hijo en Belén y lo llevó en sus brazos, la Imagen Celestial, destinada a vivir eternamente como Verdad Cósmica, se reflejó en el ámbito humano. Incluso el Dragón, el Adversario que espera el nacimiento del Niño, está presente en el relato navideño y se nos opone bajo forma humana, como Herodes. Debe estar aquí, pues el drama místico que comenzó en el cosmos desciende ahora a la Tierra. Y al igual que en el drama mitológico el Dragón desea devorar al Niño cuando nazca, también en el drama histórico Herodes planea matar al Niño. Y la huida a Egipto es el paralelo terrenal y humano de los acontecimientos del Drama Celestial, cuando la Mujer se refugia en un lugar apartado y seguro para proteger al Niño del Dragón que ansía devorarlo.

Este es el mito del alma humana, del que se habla en el "Corazón" del Apocalipsis. La mujer en el Cielo que se le apareció al compilador de la Revelación era vista por las almas clarividentes de los antiguos y era descrita como la Madre Celestial, pues en esta Imaginación aparecía la Propia Alma Universal. Todo nuestro Cosmos, al que pertenecen no solo la Tierra, sino también el Sol, la Luna y las Estrellas, puede compararse con el Hombre. Al igual que el hombre, el Cosmos también tiene un Alma. Vemos el Cuerpo del Cosmos con nuestros ojos físicos, aunque no somos capaces de comprenderlo en su totalidad. Nosotros, los humanos, somos una parte demasiado pequeña del Cosmos para formar toda su Imagen universal y reconocer todos los detalles del Cosmos como formaciones orgánicas de Su Cuerpo. El Alma que Vive en este Cuerpo Cósmico, el Alma Universal, es invisible para nuestros ojos externos. La intuición de los pueblos clarividentes precristianos una vez contempló a Esta Alma como la Mujer Celestial, y después apareció ante el Iniciado Juan, la primera en adquirir la Nueva Facultad de Contemplación Clarividente. En la Revelación de San Juan Evangelista, prevemos el momento en que la humanidad, bajo la Sombra de la Divina Madre, podrá abrir de nuevo el Ojo Espiritual.

El majestuoso Don y Misterio de la existencia humana radica en el hecho de que cada persona, por pequeña partícula del Cosmos que sea, lleva en su alma humana una copia, una repetición del Alma del Mundo. Cada alma humana es un microcosmos, análogo a la Madre Divina Macrocósmica, el Alma del Mundo. Al mirar en esta Imaginación como en el Espejo Celestial de nuestro propio ser, leemos de ella lo que Dios pensó, Llamando a la vida a las almas tanto en el Cosmos como en el Hombre. Una mujer que aparece en el Cielo aparece como un Organismo de tres partes. Todo su ser brilla bajo los rayos del sol, con los que parece estar envuelta y brillando como en una prenda solar. Bajo sus pies está la Luna, y Su Cabeza está adornada con Estrellas como una corona. El pensamiento, el sentimiento y la voluntad son inherentes al Alma Universal, así como nosotros los humanos poseemos esta tríada: pensar en la cabeza, sentir en el corazón y voluntad en las extremidades. La Mujer Celestial aparece en las Túnicas del Sol; esto indica que donde hay un Corazón, el Sol siempre Brilla. La observación materialista de la Naturaleza intenta convencernos de que el sol que vemos en el cielo no es más que una bola de materia incandescente y llameante moviéndose en el universo. Pero, en realidad, el Sol es el Símbolo del Corazón en el Cosmos, visible a simple vista. Y si el Sol en el Gran Cosmos se corresponde con el corazón en el pequeño cosmos humano, de ello se deduce que el corazón humano está destinado a convertirse en el Sol. Y por muy trivial o sentimental que nos pueda parecer el sonido de las Palabras de la invocación: «¡Que arda la Luz del Sol en tu corazón!», algún día comprenderemos, al captarlas en toda su plenitud y profundidad, que apuntan a la Verdad, pues expresan los Misterios del Cosmos.

El cuarto plateado de la luna (media luna) es la copa en la que habita el Sol. Es un símbolo de la Voluntad que sirve al Corazón. El Sol es la Esencia, la Luna es el Portador, el Recipiente.

El Alma del Mundo también tiene Pensamientos: la Mujer Celestial lleva una Corona de 12 Estrellas en la cabeza. Al dirigir nuestra mirada hacia las estrellas del cielo nocturno, los Pensamientos del Alma Universal aparecen ante nuestra mirada contemplativa. Las estrellas no son solo formaciones de gas que están a muchos años luz de nosotros. Son la Corona en la Cabeza del Alma del Mundo.

Al leer el Apocalipsis, dejamos de hablar superficialmente del Sol, la Luna y las Estrellas, y empezamos a reconocer en ellos las Imaginaciones Cósmicas de Pensamiento, Sentimiento y Voluntad. Y nuestras almas se elevan hacia la realización de nuestra propia misión después de que se entiende la Conexión entre el Alma del Mundo y el alma humana con el Sol, la Luna y las Estrellas.

La tensión dramática, que se disipa, está entrando ahora en la etapa pastoralmente equilibrada de la Experiencia del Alma del Mundo. Pero el Dragón rojo de fuego se levanta, las Fuerzas del Abismo esperan el momento decisivo del cambio: el nacimiento de un niño. Del "Principio Eternamente Femenino" del Cosmos debe nacer el Principio Masculino, el Ego Cósmico, el Yo. El propio Cosmos crece hasta convertirse en aquello que es solo un Elemento del Alma, concentrando en el Alma todo lo Espiritual en lo que puede llamarse el Núcleo, el Centro, el Foco. Y en ese momento, el Dragón se mueve emocionado.

La imaginación del Apocalipsis se distribuye en ciclos grandes y pequeños, así como en proporciones y proporciones macrocósmicas y microcósmicas. La imaginación de la Mujer Vestida de Sol, que da a luz a su Hijo, también pertenece a las Fases de la evolución. Cada vez que el Universo entra en un Nuevo Gran Ciclo de Evolución, comienza un Nuevo Eón, y la Madre Celestial se convierte en la Guardiana de Su Alma de Genio y, experimentando gran sufrimiento, genera de Su Alma el Genio de la Nueva Creación. En un Momento Solemne tan largo como la evolución humana, nació un Niño en el Mundo Espiritual, lo que significa que el Ego de la humanidad ha despertado por primera vez. En ese momento, tuvo lugar una transformación radical en la humanidad, tanto en el alma como en el espíritu.* 

* Nota de E. Bock: Según las enseñanzas de la Ciencia Espiritual Antroposófica, este Evento tuvo lugar en mitad de la Época "Atlante"; véase la nota al pie en la página 73 del original

En ese instante, el elemento anímico —el Principio femenino original de la humanidad— fue dotado del elemento masculino primigenio, la Forma del Ego, la Forma del Yo: la posibilidad potencial y real del surgimiento de la individualidad espiritual. El Ego masculino de la humanidad nació del seno materno cósmico del Alma. Pero entonces ocurrió algo que es mejor entendido por la imaginación del mito cristiano que por definiciones "estrictas" y otras definiciones. Cuando el alma humana dio a luz a su Hijo, se lo arrebataron a la Madre. Y para protegerse de los peligros cósmicos, el ego humano fue removido de las almas humanas. Hubo una "huida" cósmica hacia Egipto. Los Guías Divinos de la Vida del Universo han asegurado el sutil y tierno Ser Espiritual nacido en el reino del alma de la humanidad. El Apocalipsis dice que el Niño "fue llevado a Dios, a Su Trono." Y al mismo tiempo, la Mujer en el Cielo que se ha convertido en Madre es enviada a un lugar apartado. El niño fue elevado a las Alturas del Espíritu; La Madre tuvo que abandonar los Reinos Espirituales en los que había residido anteriormente y retirarse a una zona desolada en la Tierra física.

El Apocalipsis nos ofrece un profundo misterio sobre el hombre cuando habla del Vuelo Cósmico hacia Egipto y la transferencia del Niño al Trono de Dios. Cuando el Ego, el Ser, se formó, no se quedó allí, en el lugar donde estaba destinado a estar solo más tarde. Como protección contra las Fuerzas del Reino Inferior, tuvo que ser trasladado a los Reinos Espirituales durante un tiempo. Así que la Evolución del Yo realmente comenzó; nuestros verdaderos Yos, nuestros Egos, flotan sobre nosotros — aún no están en nosotros. Lo que la humanidad ha logrado hasta ahora es la forma del ego, ya no somos simplemente almas "alegres"; Hemos recibido el estatus de estabilidad. Cada uno de nosotros ha empezado a tallar el sello de nuestra propia personalidad, nuestro propio Ser. Empezamos a sufrir de una sensación de nuestros límites estrechos, por estar presos, por así decirlo, dentro de los límites estrictos y rígidos de la armadura de nuestro pequeño yo; sufrimos de auto-concentración, de egocentrismo, y por tanto podemos apreciar por qué lucha la Tercera Figura, es decir, el Arcángel Miguel, en el drama apocalíptico central.

Y así como la Mujer en el Cielo es una Imaginación del Principio Eternamente Femenino, la Figura del Arcángel Miguel es una Imaginación del Principio Eternamente Masculino en la Evolución Cósmica. El niño, como principio masculino que genera una mujer, es el Yo Humano, el Ego Humano. Pero aún no ha madurado completamente; Aún no puede actuar por sí mismo. El Espíritu Divino actúa en su lugar. El Arcángel Miguel es el Representante y Ayudante del yo humano futuro. Seguirle significa tener una Conexión con las Esferas en las que habita nuestro Verdadero Ego.

Las pruebas del alma aún no han terminado tras la victoria de Miguel sobre el Dragón. Al contrario, es a partir de ese momento cuando realmente comienzan. Las imágenes que se despliegan ante nuestros ojos son los prototipos de la tragedia: se nos muestra el propio principio de la tragedia. ¿Cómo puede Michael competir con el Dragón en los Cielos? ¿Cómo aparece el Enemigo, en general, en el Mundo Espiritual, en el Cielo? El concepto antiguo, superficial y dualista, afirma que Dios vive en el Mundo del Espíritu, y el Diablo en el Infierno; Sin embargo, esto es un error muy grave. Al comienzo del libro de Job, que tenemos derecho a llamar el Fausto bíblico, somos testigos de una conversación entre Dios y Satanás sobre Job: "Llegó el día en que los Hijos de Dios se presentaron ante Dios, pero Satanás apareció entre ellos." El Señor le pregunta a Satanás: "¿De dónde has venido?" El enemigo responde: "En mis viajes, he visitado todos los países de la Tierra." Dios pregunta más: "Entonces, ¿has conocido a Mi siervo Job?" Satanás, avanzando con energía, comenzó a acusar a Job, escupiendo blasfemias, acusando a Job de muchas cosas. Y finalmente, Satanás pidió permiso a Dios para burlarse de él tanto como pudo, "golpeándole", derrotándolo y persiguiéndole. Nos sorprende inmensa e inimaginablemente la inesperada Respuesta positiva de Dios. ¿Cómo es eso? En lugar de proteger y prohibir que Job, el fiel siervo de Dios, sea acosado, Dios responde a Satanás: "¡Pues inténtalo! ¡Perderás!" Este "Perderás" lo explica todo: ¡La Confianza Ilimitada en el Hombre fue el verdadero motivo por el que Dios lo dijo!*

Goethe tomó prestada esta idea y la aplica en su Fausto, en el Prólogo en el Cielo. Los hijos de Dios aparecen en escena: los arcángeles Rafael, Gabriel y Miguel. Y allí, entre ellos, está Mefistófeles; vemos también al Enemigo como habitante del Cielo. Tendrá lugar una conversación similar. Dios permite que Mefistófeles persiga a Fausto con todas sus fuerzas. Dios confía en el valiente poder del corazón del hombre:

"¡Está bajo tu cuidado!
Y, si puedes, derriba
En tal abismo de hombres,
Para que arrastre detrás,
Seguro que has perdido.
Por instinto, por tu propia voluntad
Saldrá del estancamiento"

(Goethe, Fausto, Introducción teatral, traducción de B. Pasternak)

* Nota del traductor al ruso: Y a pesar de nuestra extraña y sorprendente perplejidad, deberíamos entender: ¿Cómo es posible? ¿Por qué Dios no protege a Su propio siervo, prohibiéndole a Satanás hacer lo que Satanás quiera con él? Hay una respuesta sencilla a esto, pero solo puede ser aceptada por una persona que haya desarrollado suficiente valor interior y fortaleza en la confianza firme e inquebrantable del propio Hombre en Dios y, por otro lado, tal persona no tiene ni una gota de duda en la Confianza Inquebrantable y la Absoluta Confianza de Dios Mismo en el Poder del Hombre Mismo nacido por Él, en el Poder para resistir victoriosamente cualquier prueba de cualquier fuerza enemiga. Por eso Dios responde a Satanás: "¡Pues inténtalo! ¡Vas a perder!" (Véase el Libro de Job en el Antiguo Testamento)

Dios confía más en el Hombre, Dios confía más en el Hombre que el Diablo; esta es la esencia de toda la tragedia. Los dioses creen que cuanto mayor es un Hombre, más severas deben ser las pruebas, sufrimientos y pérdidas; Los dioses están seguros de que, después de pasar por todo, el hombre solo hará más maduro y rico. Por la Voluntad de Dios y con Su Consentimiento, el Hombre tendrá que enfrentarse a las Fuerzas del Mal.

Cuando el Dragón aparece por primera vez, está allí junto con los demás Espíritus. El dragón y su ejército de espíritus son derrotados y luego arrojados a la Tierra por Miguel y sus ángeles. Los poderes del Enemigo han sido retirados del Mundo Espiritual. Los cielos se regocijan: el dragón es expulsado. Pero en la Tierra hay lamento y lamentación: "Ay de los habitantes de la tierra y del mar, porque Satanás se ha manifestado entre vosotros. Está en un estado terrible de ira." La tierra es un desierto, un lugar salvaje donde la Mujer Celestial tuvo que retirarse. El niño fue salvado. ¿Pero qué pasó con Su Madre cuando se encontró en la Tierra? La misma Voluntad Divina, que al principio protegía a la Madre y al Hijo, ahora permite que las fuerzas demoníacas amenace y se oponga al Alma. Aquí están presentes la fe y la confianza en lo Divino en el alma humana, y el prototipo de la tragedia comienza a desarrollarse. La séptima trompeta, del que se origina este drama, es al mismo tiempo la tercera pena y la desgracia. Pero gracias a la Victoria del Arcángel Miguel, el alma humana ahora puede luchar con confianza contra las Fuerzas del Abismo. La era tranquila de la vida humana ha terminado: los enemigos se alinean en la víspera de la batalla contra el Hombre, con el permiso de los Dioses. Pero en todas las dificultades y luchas que esperan al Hombre en la Tierra, está la Consolación: el Enemigo ya ha sido derrotado en el Mundo Espiritual y su espalda ha sido rota. Pero, sin embargo, esta consolación solo ayuda si con Él aumenta el valor y la disposición de la Persona a resistir. En la Tierra, la victoria debe seguir siendo ganada por el Hombre.

Durante unos 70 años, hemos vivido bajo la guía del Arcángel Miguel. Hacia 1500, el erudito abad Trithemius Sponheim y su discípulo Agripa Nettesheim publicaron el Calendario de los Arcángeles, que fue aprobado en principio por Rudolf Steiner como resultado de la investigación espiritual. En ciclos regulares, 7 arcángeles se suceden y cada uno de ellos se convierte en el Líder Espiritual de un determinado periodo histórico: Gabriel, Miguel, Orifiel, Anael, Zacairel, Rafael, Samuel. Cada periodo dura aproximadamente tantos años como los días de un año, y cada Arcángel deja su influencia en la humanidad. En 1879, el Arcángel Gabriel, el Arcángel de la Luna, fue reemplazado por el Arcángel Miguel, el Arcángel del Sol. Aproximadamente desde mediados del siglo XIX, tuvo lugar una verdadera batalla en el Mundo Espiritual. Esta batalla proyectó su sombra sobre la vida de la Tierra, mientras las hordas derrotadas del Dragón eran arrojadas a la Tierra, continuando sus batallas, pero en el ámbito de la vida humana. (Este es precisamente el Fundamento Suprasensible responsable de la caída catastrófica; por ejemplo, la vida cultural de Europa Central se vio afectada, al caer desde las alturas solares de la época de Goethe y acabar en las llanuras sombrías y lúgubres del materialismo burdo.)

Es extremadamente importante que, en la estructura general del Apocalipsis, la parte superior de este Libro esté en el centro exacto, por así decirlo, en una especie de núcleo, justo cuando se menciona el Nombre del Arcángel Miguel durante el Sonido de la Séptima Trompeta. En este centro, el Apocalipsis revela su Secreto Central: declararse el Libro de Miguel. Y aunque el Nombre de Miguel no se menciona en ningún sitio, Miguel "pasa" por todo el Libro del Apocalipsis. Es el director en el Drama Cósmico, el Espíritu que lo pone en marcha.

La alternancia de las estaciones de un año terrenal ordinario, especialmente la otoñal, indica una introducción milagrosa que habla de la calidad y el ánimo del Arcángel Miguel. Al comienzo del otoño, celebramos la Fiesta de San Miguel y de Todos los Ángeles. Este es el tiempo de la Revelación. Septiembre sigue lleno de agradables recuerdos del verano. Estamos esperando el momento de madurez durante el periodo de cosecha. En este mes, el Sol, visible desde la Tierra, pasa por el llamado signo de la Virgen. En esos días, el Símbolo Apocalíptico de la Mujer Vestida con el Sol se revela en el Cielo. Más tarde, en noviembre, el Sol pasa por el signo de Escorpio. El mundo se vuelve desnudo, sin hogar, frío. Los colores se desvanecen. La Señal del Dragón reina en los Cielos. El tiempo de San Miguel cae justo a la mitad. Entonces el Sol está en Libra. El Arcángel Miguel, sosteniendo Libra, aparece entre Virgo y Escorpio, entre la Mujer Celestial y el Dragón. El poder de Michael domina entre ángeles y demonios. Cuando se cruza el umbral del otoño, cada año participamos conscientemente en el Drama descrito por el Apocalipsis en el capítulo 12.

Cuando el Mal aparece por primera vez en el Libro, se percibe como concentrado en la figura del Dragón. Más tarde, el Mal surge en forma de las Dos Bestias (Capítulo 13). El dragón, derrotado y desterrado por Miguel, regresa del Inframundo como si estuviera duplicado. El Iniciado Juan se encuentra en la frontera de dos mundos: en la orilla entre la tierra y el agua. Y desde aquí, ve surgir otro Monstruo con Siete Cabezas y Diez Cuernos. De pie sobre tierra firme, Juan ve a otra Bestia. Tiene significado y puede confundirse con el cordero. Las imaginaciones apocalípticas se sienten en dinámicas constantes, en constante cambio; Uno sigue al otro, ya que en un caleidoscopio, se forma una nueva imagen como resultado del movimiento y la transformación de la anterior. La transición de la Imaginación del Dragón en el Capítulo 12 a la Imaginación de la Bestia de Dos Cuernos en el Capítulo 13 es similar, recordando el cambio de la Imaginación de las Bestias Celestiales de cuatro cuernos en el Capítulo 4 a la Imaginación del Cordero en el Capítulo 5. Cuando contemplamos a las Cuatro Criaturas Divinas Vivientes, fuimos testigos de cierta síntesis: los Cuatro se convierten en Uno. El Cordero apareció como el Foco y Agregado de Estos Cuatro Seres Celestiales. Y ahora, viendo cómo surge la Bestia demoníaca del Abismo, volvemos a ser espectadores de una transformación análoga, una transformación: la transición se realiza de uno a dos, de unidad a dualidad. El mal manifiesta su esencia dicotómica y dual. Si estamos listos para continuar la lucha contra el Mal en la Tierra, la lucha, el primer acto que fue en el Cielo, donde participó el Ejército de Miguel, entonces ya aquí, abajo, debemos entrar en la batalla en dos frentes.

La dualidad de las figuras animales es significativamente importante para la comprensión de la imaginación en el capítulo 10, donde en medio de las tormentas cósmicas aparece un ángel excelso y poderoso con un rostro brillante como el sol, cuyas grandiosas piernas se extienden como pilares en tierra y mar. Ya lo hemos mencionado antes, cuando hablamos de la humanidad acercándose al Mundo del Espíritu. Debes pasar por el Pasaje formado de esta manera. Y ahora, en el mismo lugar donde está el Ángel, dos Bestias emergen del Inframundo. Donde está el Pie del Ángel Poderoso en el océano, aparece un monstruo serpentino con siete cabezas y diez cuernos; y donde el Pie está en tierra, aparece una Bestia sombría y siniestra de dos cuernos.  La humanidad es incapaz de cruzar el Umbral del Mundo del Espíritu sin encontrarse con estos dos enemigos demoníacos en las Puertas del Umbral; es aquí donde se manifiesta de forma inmediata y directa, «cara a cara», la naturaleza dual del Mal. Las fuerzas que, desde ambos lados, impiden a la humanidad cruzar el Umbral, son visibles y permanecen en guardia. A partir de la Nueva Experiencia Supersensible, resulta absolutamente necesario tener una idea clara y comprensible de la naturaleza dual del Mal. El Apocalipsis narra esto a través de imágenes.

La Bestia de dos cuernos es, además, un fragmento renacido de la mitología antigua. La mitología griega clásica ya conocía la dualidad del mal. En las andanzas de Odiseo se narra el vagar del alma humana, a la que le espera, al final, el paso entre Escila y Caribdis. El héroe mitológico debe enfrentarse a un peligro inminente: o bien perecer bajo los escombros de las rocas que se hacen añicos, o bien ahogarse en los remolinos. Pero hay que recordar que Escila y Caribdis no son simples acantilados y remolinos; representan Fuerzas hostiles suprasensibles, capaces de constituir peligros externos que amenazan con acabar con el viajero.

El Antiguo Testamento llama a esta doble figura de Leviatán Maligno y Behemot. En los escritos apócrifos del Antiguo Testamento encontramos paralelismos con el capítulo 13 del Apocalipsis. En el sexto capítulo de los Apócrifos, el Libro de Enoc, escrito en griego y siríaco, leemos: «Y aquel día, los dos Monstruos se separaron; el Monstruo femenino, Leviatán, se retiró a las profundidades del océano en busca de las fuentes de agua. Y el Monstruo masculino, Behemot, ocupó con su pecho el lugar desértico de Duidain… y le rogué a otro Ángel que mostrara el poder de estos Monstruos, cómo se separaron de repente: uno se precipitó a las profundidades marinas, y el otro quedó en tierra firme, en un lugar desértico». La bestia de dos cabezas aparece también al final del Libro de Job. Job, tras superar todas las pruebas gracias a los sufrimientos soportados, alcanzó gracias a ellos las Puertas tras las cuales se encuentra el Mundo del Espíritu. Y allí se le dice a Job: «Mira a Behemot… sus huesos son fuertes como trozos de cobre; su cuerpo está formado por placas de hierro». Así pues, la Bestia de dos cabezas se describe aquí como una fría máquina demoníaca, una forma sin alma, que destruye y despedaza todo con sus garras y sus dientes. A continuación, Job oye estas palabras: «¿Conoces al Leviatán? De su boca brotan antorchas ardientes y se lanzan llamaradas de fuego. De sus fosas nasales sale humo, como de un caldero hirviente. Su aliento enciende las brasas… su corazón es duro como una piedra, oh sí, duro como la muela inferior del molino». Así como Behemot es frío, Leviatán es, en igual medida, ardiente y se calienta hasta ponerse al rojo vivo. Lo más misterioso es lo que se le dijo a Job sobre el Behemot: «Él es el principio de los caminos de Dios». Esto significa, sin lugar a dudas, que allí donde se encuentran estas dos bestias, allí está el Umbral. Aquí terminan los senderos humanos y comienzan los caminos de Dios; las bestias se esfuerzan por impedir que el hombre cruce el Umbral del Mundo Espiritual.

La mitología teutónica y germánica refleja la misma dualidad de poder en el Enemigo. Habla de la Serpiente Midgard y Fenris el lobo, bestias calientes y frías. El Nuevo Testamento también menciona una imagen similar. Los poderes del mal reciben dos nombres diferentes. El poder mencionado en el Apocalipsis como proveniente del mar se llama el Diablo en el Nuevo Testamento, mientras que la Bestia que surge de la tierra se llama Satanás. De esto se puede ver que en nuestro tiempo se repite correspondientemente un conocimiento del pasado, y esto es a lo que se refiere Rudolf Steiner en Ciencia Espiritual, usando los antiguos nombres Lucifer (Diablo), Ahriman (Satanás). Este hecho concuerda con la imagen imaginativa del Apocalipsis: la Bestia de siete cabezas y diez cuernos es el Poder de Lucifer; la bestia de dos cuernos es el poder de Ahriman. La imaginación nos enseña que el peligro luciférico nos amenaza en un mar de emociones, sentimientos de naturaleza espiritual: la primera Bestia surge del océano; y el peligro de Ahriman nos espera desde el lado de la vida externa: esta segunda Bestia surge de la tierra. La correlación es la siguiente: las tentaciones, las tentaciones de pasiones ardientes son un ataque de demonios luciféricos a nuestra vida personal, mientras que todo tipo de distorsiones, perversiones de una naturaleza fría y sin alma actúan más como el Mal social en los lazos impersonales de la civilización. La fuerza luciférica que surge del mar otorga al hombre una sensación de superioridad sobre los demás. Esta fuerza tiene 7 cabezas y 10 cuernos, y vive en sentimientos de vanidad, ambición, orgullo y el deseo de dominar. Allí donde el alma orienta su vida sin partir del «yo», del ego, o sin guiarse por lo que emana del Espíritu, allí reina Lucifer: ahí surge el peligro de que el alma se quede sin Espíritu. Todos los errores morales tienen su origen precisamente en este hecho. El Apocalipsis describe cómo todo el mundo "se maravilla" ante esta Bestia y cree plenamente en sus palabras grandilocuentes y pomposas. Las personas bajo la influencia de Lucifer dejan huella en el mundo que les rodea con mucha facilidad. Muchos están listos para arrodillarse inmediatamente ante un "extraño alto e incomprensible" que promete generar exaltación en sus almas, un estado de entusiasmo eufórico y emoción cuando la vida se vuelve monótona e insulsa para estas personas. Bajo el efecto de la brillante grandeza, magnificencia, grandeza y belleza luciféricas, imaginan que por fin han encontrado la Vida real, real entre todo lo que está muerto. Lucifer suele ser muy "exitoso".

Este Bestia Lucifer, según nos dicen, tiene blasfemia asomando alrededor de su cabeza. El ridículo ingenioso, la burla y la mofa, junto con el cinismo, son cualidades características de la personalidad luciférica. Lucifer hace que el Hombre se sienta como una deidad; la humildad y la piedad religiosa se ciernan en algún lugar detrás; La religión, en particular, parece demasiado sencilla para esas personas, no es precisamente una ocupación brillante. La fama del "genio" superficial interfiere con la reflexión calmada y la contemplación de las capas más profundas de la vida, y la vida misma se percibe como envuelta en los vapores de la ilusión y la fantasía.

Y ahora se añade un detalle enigmático: una de las siete cabezas de la Bestia sufre una herida mortal; pero, de repente, se recupera. ¿Qué sutil secreto se esconde tras esta imagen? Reflexionemos, pues, de la siguiente manera: si alguien tiene una «considerable vanidad», cabe preguntarse si eso indica que esa alma es, por lo general, débil. Detrás de la fanfarronería de Lucifer se esconde la miseria de la vida interior. Una persona de carácter fuerte recorre la vida con modestia y sin pretensiones; en cambio, un carácter débil necesita darse a conocer constantemente. Lucifer triunfa aquí, ganándose publicidad a costa del complejo de inferioridad: esa es precisamente la herida que se encuentra en una de las siete cabezas.

¿Cómo se cura esta herida? El complejo de inferioridad, para usar una expresión de moda, está suprimido. Y parece que ha desaparecido; ¿Pero es realmente así? Complejos reprimidos transformados, sin trabajar, así como algunos detalles de la experiencia rechazados por la persona por alguna razón, por ejemplo, tareas previamente asignadas y no cumplidas; todo esto sigue generando conflictos, interferencias, ansiedades y preocupaciones en las profundidades ocultas de la naturaleza humana. Estas partes de la experiencia que han sido abandonadas se incluyen, por así decirlo, en el ámbito físico. Esta circunstancia crea y da forma a ciertas formaciones, denominadas en el Apocalipsis «cuernos»; se trata de unas formas llenas de tensión que conducen, en última instancia, a la aparición de enfermedades escleróticas y cancerígenas. Es cierto que la herida puede parecer, por así decirlo, curada en el alma; sin embargo, los efectos de los impulsos luciféricos ya se manifestarán en el sistema corporal. Leviatán-Lucifer tiene más cuernos en la cabeza que el Dragón. Todo lo inmoral, por el hecho de basarse en debilidades del alma inconscientes y no reconocidas, debe envenenar la naturaleza humana, formando al mismo tiempo endurecimientos que obstaculizan el verdadero desarrollo espiritual.

Frente a la imposición del éxito externo por parte de los seguidores de la Bestia, existe un principio que utilizan quienes superan la tentación luciferina: «Aquí está la paciencia y la fe de los santos. El que tenga oídos, que oiga». Aquellos que siguen con humildad su camino, sostenidos por una fe activa en el Espíritu, pueden desarrollar la paciencia necesaria. Serán capaces de cultivar en sí mismos la confianza y la seguridad cuando se vean en apuros o se enfrenten directamente a la muerte: «El que lleva a otros al cautiverio, será llevado él mismo al cautiverio; el que mata a espada, debe ser muerto a espada». Todo aquel que ejerza poder sufrirá inevitablemente, por efecto rebote, lo mismo que aquel sobre quien o sobre lo que ejerce ese poder: esta es la Ley Cósmica, que siempre se cumple, tarde o temprano. Los métodos luciféricos tienen el carácter de un bumerán. Cualquier persona que viva con la paciencia y la confianza que nacen de la fuerza interior no debe temer los obstáculos ni los reveses. Esa persona avanza, y aunque sus pasos sean pequeños, cada uno de ellos la conduce, no obstante, hacia su Meta Espiritual.

El Enemigo Ahrimánico que surge de la tierra es mucho más peligroso que la Bestia que surge del mar agitado. Ariman parece inusualmente modesto, sin pretensiones e inocente, bueno, ¡como una oveja! Pero en sus dos cuernos guarda un arma mortal. La Primera Bestia es el prototipo del alma sin el Espíritu; la segunda bestia es el prototipo del Espíritu sin alma. Todo esto es el peligro más terrible de nuestro tiempo. Incluso se puede decir que esto es una característica distintiva de nuestra época.

Hoy en día, las fuerzas "ahrimánicas" dominan, reemplazando a las "luciféricas" de tiempos pasados. Las fuerzas "ahrimánícas" están activas en la mentalidad fría asociada en nuestra época con la mecanización y con máquinas de varios tipos. Sería una tontería ignorar los logros de la ciencia técnica, pero el Ojo Incorruptible y Apocalíptico debe ser vigilado cuidadosamente para que las fuerzas ahrimánicas sigan teniendo una influencia beneficiosa y no perjudiquen el progreso humano. Aprendemos de la vida como experiencias amargas, y eso nos muestra que no podemos seguir siendo seres humanos verdaderos si, a medida que triunfamos externamente, no nos desarrollamos internamente.

En la concepción materialista del mundo, que se supone está fundamentada científicamente, y que incluso las iglesias aceptan como base de la vida, aunque es en esta cosmovisión donde el Mal está activo, esta es la característica más generalizada de nuestro tiempo. Pero solo podremos conocer las fuerzas ahrimánicas si nos esforzamos por abrirnos paso hasta una percepción físico-sensorial liberada de todo lastre y llegar al Pensamiento Verdadero, es decir, al Pensamiento Espiritual, que tiene en cuenta las Realidades suprasensibles. El tiempo demostrará que la obra de Rudolf Steiner fue una contribución única en este sentido; El éxito de "Michael" es una hazaña de la más alta categoría, es una victoria espiritual, gracias a la cual los errores del concepto materialista del mundo fueron erradicados y superados. Una imagen del mundo que no incluye la Realidad Suprasensorial es una mentira. El poder ahrimánico ha logrado hipnotizarnos, haciéndonos creer que el mundo exterior es todo lo que existe. Bajo esta hipnosis, las almas se volvieron moralmente débiles. Y Lucifer, siguiendo los pasos de Ahriman, encuentra muchas víctimas. El concepto materialista del mundo destruye la conciencia humana. Dentro de los límites de una escala enorme, en "sistemas" colectivos y bien establecidos impuestos a la sociedad humana según los principios de la mecanización —"estado total", "guerra total", etc.— la vida humana ha perdido su Valor y Dignidad; Al final, incluso dejaron de notar cómo la vida ya se había destruido brutalmente.

El Apocalipsis nos describe que la Segunda Bestia no se muestra en su totalidad, sino inteligentemente, en algún lugar detrás, para exponer mejor a la humanidad a la Primera Bestia, el Mal moral luciférico. La Bestia de Dos Cuernos lanza polvo a los ojos de la gente. Con brillantez y esplendor intelectual, pero dirigido únicamente a la estructura material del mundo, erige una gran ilusión luciférica. El propio concepto mundial del materialismo es un reflejo, una imagen de la Bestia, pues considera al Hombre como un animal. De este modo, el Hombre se distancia astutamente, hábil e insidiosamente y se aliena de su Verdadera Esencia y de su Destino. El dogma del origen animal del hombre, y por tanto su predeterminación, transmitido por herencia, debe conducir en última instancia a la pérdida, que debe reflejarse en los rostros de los hombres, de su Dignidad, Nobleza y Grandeza como Hombre; y más tarde la aparición de la Marca de la Bestia en la frente, sobre las cejas. Queda dar un paso más y la Marca de la Bestia quedará grabada en la mano derecha del hombre. Y no solo una teoría, ni solo fundamentos y principios teóricos, sino cualquier práctica, cualquier experiencia, se convertirá en víctima de Ahriman. Leyendo en el Apocalipsis de la llegada del tiempo en que cualquiera que no tenga la Marca de la Bestia ya no podrá comprar ni vender, nos enfrentamos a la terrible perspectiva de que todo el sistema económico será firmemente atrapado por Ahriman. Y todo lo que quede de la Verdadera Humanidad y de la Verdadera Hermandad será eliminado, reprimido y aniquilado mediante la violencia y la coacción generalizadas por parte de supra organismos dotados de tecnología avanzada, con la crueldad bestial del utilitarismo —es decir, el principio de la utilidad— y con un egoísmo sin límites.

Justo antes del final del Libro del Apocalipsis, la Bestia de dos cuernos es reconocida por un Número secreto con la ayuda de un Misterio Especial: "La sabiduría está en acción aquí. El que tiene entendimiento, que cuente y entienda el Número de la Bestia, porque este Número de hombres es 666" (Capítulo 13, versículo 18). Los comentaristas a menudo pensaban que se trataba del emperador romano Nerón. La realidad es que el nombre Nerón, escrito en hebreo, podría leerse como 666. Pero el Número buscado también tiene un significado espiritual cualitativo. Suena la séptima trompeta: El ciclo septenario está llegando a su fin. Esto sugiere el significado del Número 666: debe leerse no en decimal, sino en septenario. En el Sistema de Números Apocalíptico, una nueva serie de números no comienza con cada décima, sino con cada séptimo número. El número 6 es seguido por el 10, y el número 66 por el número 100. Por tanto, en lugar de "666", se deberían contar 6-6-6. El dígito delante, es decir, el número 666, está en el sistema decimal, pero en realidad se escribe en el septenario, es decir, en el ritmo del siete dentro del Gran Ciclo: el dígito del medio indica la posición en el ciclo medio, y el último dígito indica la posición en el ciclo menor. Así, el número 6-6-6 significa que en todas partes, en los grandes Ciclos, así como en los Ciclos intermedios y en los menores, la última de las siete etapas alcanza la etapa de completación. Solo es necesario avanzar un último paso más en el ciclo pequeño para completar tanto el ciclo medio como el mayor. Como resultado de esta numeración, este número 6-6-6 está justo antes del Gran Logro, que significa 1000 en el sistema decimal. De ello se deduce que el número 666 ocupa la misma posición en el sistema septenario que el número 999 en el sistema decimal. Esta posición parece proclamar: Escuchad: queda un minuto para la medianoche, un momento más, y entonces todo será demasiado tarde. Tal comprensión revela, exponiendo la astucia ahrimanía-satánica: la Bestia de dos cuernos, al dar a luz, implanta en la humanidad la ilusión de la necesidad desesperada de prisa y acción precipitada. El latigazo del látigo ya suena — la caza ha comenzado: ¡Rápido! ¡No hay tiempo! ¡Ni un solo momento perdido! Hoy estamos llenos de orgullo, y estamos seguros de que aún existe el "Tiempo", y seguimos mirando con desprecio a quienes no han podido, ni han logrado, dejarse arrastrar por el frenético torbellino, el paso y el ritmo de la vida moderna. Pero... De hecho, silbar es una mentira monstruosa, y esto puede refutarse fácilmente, porque en los tiempos tranquilos, en la época de vida tranquila y medida, se ha logrado mucho más, incluso en términos cuantitativos, de lo habitual hoy en día. La sugerencia inspiradora al hombre sobre la necesidad de una prisa desenfrenada, imparable y desconcertada es un truco particularmente insidioso de Ahriman. No hay táctica más precisa y para lograr objetivos que esta: primero mantener a las personas y luego alejarlas de los Intereses Espirituales. Y si las personas caen en esta trampa, ya no quedará tiempo para la paz y la tranquilidad interiores, ni para la serenidad necesaria para relacionarnos unos con otros. El problema de «tener tiempo» no es una cuestión relacionada con una falta real de tiempo, sino que tiene que ver únicamente con la paz y la tranquilidad interiores. Si una persona pierde su paz espiritual, se verá privada no solo de tiempo, sino también de su verdadera conexión con la vida y, en última instancia, consigo misma. Porque solo gracias a su estrecha conexión con el reino sereno del espíritu es posible evitar la tentación y el engaño ahrimánicos, así como el auto-despojo, expresado en el número 666.

Si tomamos en serio el conocimiento del aspecto bifacial del Mal, como nos enseña el Apocalipsis en el capítulo 13, y la continuación de la imaginación de la Guerra en el Cielo, entonces podemos tomar conciencia del dualismo tradicional engañoso de simplemente enfrentar el Bien y el Mal. El mal no está en oposición al Bien, sino en oposición a otro tipo de Mal. ¿Dónde podemos entonces encontrar el Bien? Encontramos el Bien en la Medida Áurea, es decir, en el punto de equilibrio, equilibrio entre los extremos opuestos de dos oponentes, dos Enemigos. Por eso el Arcángel Miguel suele aparecer con Libra en la mano. El principio de la Medida Áurea, nacido de la Enseñanza ética de la Antigua Grecia, que supera con creces el principio de rentabilidad y conveniencia, es la Clave para el Conocimiento de los Misterios de la Vida Moral. Lucifer debe ayudarnos: sin el poder luciférico, los talentos artísticos y no pueden nacer artes; y no podemos prescindir de los servicios de Ahriman, porque necesitamos ciencia y tecnología de materiales. Conviene al hombre estar en el centro, sosteniendo a la Bestia, por así decirlo, bajo control y manteniéndole alejado de los dos Abismos opuestos. El problema del mal debe abordarse "en tres aspectos". El Misterio Divino, una vez entendido como tres en uno, resolverá todos los acertijos de la Existencia, incluido el problema del Mal. ¿Qué es ese Poder en el centro, el Poder que nos muestra el camino entre el Diablo y Satanás, entre Lucifer y Ahriman? La misma expresión "Medio Áureo" ya vale la pena como oro puro: en el centro está el Sol del Espíritu, el Corazón Dorado del Universo, el propio Cristo. Y Miguel es el Ángel del Sol y el Arcángel de Cristo: por tanto, como Siervo del Equilibrio Dorado, ayuda a derrotar y vencer a las Bestias.

Cabe preguntarse: ¿qué puede enseñarnos el drama que se desarrolla en los capítulos XII y XIII del Apocalipsis a nosotros, que vivimos en medio del conflicto espiritual de la época actual? Debemos imitar el ejemplo de la Mujer que se retiró a un lugar apartado, «desértico». Una vez «allí», en soledad y reflexión, se nos garantiza la ayuda de Miguel: se nos regalarán las alas del águila. Y no en vano el águila es el símbolo de Juan el Teólogo, el evangelista y el iniciado. Las alas de águila de la visión apocalíptica nos elevarán a esas moradas supremas, desde donde se nos revelará la imagen universal de la esencia de nuestro siglo, así como el conocimiento del aspecto espiritual de los acontecimientos mundiales. Esto repercutirá favorablemente en nuestra capacidad para alcanzar la victoria sobre el mundo anímico luciferino, carente de Espíritu, y sobre la espiritualidad arimánica, carente de alma. Solo entonces podremos esperar la iluminación de nuestra alma por el Espíritu y la penetración de la espiritualidad en el alma; solo entonces alcanzaremos el dominio y el poder internos en ambas esferas extremas. Esta es la religión de la serenidad, la paz y el silencio en el justo medio: la esfera de Cristo. Y, al mismo tiempo, es la esfera del arcángel Miguel. Y aunque suene paradójico cultivar la tranquilidad, en realidad es la forma más eficaz de combatir el Mal. No siempre tenemos que ser agresivos cuando libramos una Batalla Espiritual. Del alma, llena de Paz y Tranquilidad, nace una Nueva Moralidad. Y luego, finalmente, podremos hacer lo que decidimos hacer, y hacerlo en un plazo razonable. Nuestras almas se han debilitado por culpa de Ahriman, pero al vivir en un estado de calma en la Medida Áurea, podemos volver a ser fuertes, firmes y decididos. Esta es la batalla que debemos librar hoy. Antes de la descripción en el Apocalipsis de San Juan Evangelista de la batalla del Arcángel Miguel contra el Dragón, leemos en el último versículo del capítulo XI: "El templo del Señor se manifestó en el Cielo y se vio el Arca de la Alianza de Dios." Frente al Altar del Templo Abierto se libraron batallas y se ganó la victoria sobre el mal. En el Aura de la Esfera del Altar, sin duda podremos resistir el Mal en el Espíritu de Cristo.