CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA069a Munchen, 25 de noviembre de 1912 - Verdades de la investigación espiritual

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VERDADES Y  ERRORES DE LA CIENCIA DEL ESPÍRITU

Rudolf Steiner

Verdades de la investigación espiritual


Munchen, 25 de noviembre de 1912

¡Muy estimados presentes! Durante varios años he tenido el privilegio de hablar desde este lugar sobre cuestiones de la investigación espiritual. Que esta investigación espiritual, tal como se entiende aquí, es muy consciente de que existen diversas objeciones a lo que se ha dicho, —no solo objeciones menores, sino también serias—, intenté demostrarlo el invierno pasado en dos conferencias que di aquí sobre «¿Cómo se refuta la ciencia espiritual?» y «¿Cómo se fundamenta la ciencia espiritual?». En aquel entonces, la intención era discutir a favor y en contra desde el punto de vista de la ciencia general; hoy y pasado mañana, en las conferencias que forman un conjunto, se tratará más de resaltar a favor y en contra desde el punto de vista del investigador espiritual, casi desde la experiencia. Así que en estas dos conferencias se hablará menos de cuestiones particulares y más del modo en que se llega a las verdades de la ciencia espiritual y de cuáles fuentes de error se colocan como barreras ante estas verdades, tanto para el investigador como para quienes desean acercarse a estas verdades o conocimientos y hacerlos una parte de su vida espiritual.

Podría parecer extraño desde el principio que se pueda hablar de numerosas fuentes de error en una investigación que se refiere exactamente a las cuestiones más significativas de la vida humana, tanto de la vida individual como de toda la vida cultural humana. Se trata de preguntas sobre la naturaleza del alma humana, sobre la esencia y el destino del ser humano completo, preguntas sobre las experiencias del alma después de la muerte, sobre la muerte y la inmortalidad, sobre vidas terrestres repetidas y demás, que son objeto de la investigación espiritual, es decir, preguntas que están relacionadas con lo más íntimo y máximo de la vida humana y frente a las cuales el ser humano tiene la esperanza y la necesidad de que en la respuesta a estas preguntas, se infiltren el mínimo posible de errores. Por eso es aún más necesario hablar sobre los caminos de la verdad y los caminos del error, para realmente iluminar estas preguntas.

Cuando se habla de investigación espiritual, de sus verdades y sus errores, les pido que consideren, muy estimados presentes, que se tratará inicialmente solo de los caminos de esta investigación espiritual, es decir, de la obtención de verdades sobre la vida espiritual. Y aquí debe considerarse de inmediato como una de las verdades más amplias que en el investigador espiritual se presupone una vida del alma plenamente saludable. Esto no quiere decir que los resultados de la investigación espiritual o los consejos que pueda ofrecer a partir de sus fuentes sean útiles solo para el alma sana. En absoluto se afirma eso. Al contrario, estos resultados tienen precisamente algo de sanador, algo que no solo puede poner en el camino correcto al alma perdida, sino también a una vida del alma enferma, y que entonces se extiende a la recuperación de toda la vida humana. Así que eso debe quedar claro desde el principio. Si hoy se habla preferentemente de una vida del alma saludable como la fuente correcta de la investigación espiritual, significa que solo se puede llegar a las verdades, a los conocimientos reales en el ámbito espiritual, a través de una vida del alma saludable. Lo que luego la ciencia del espíritu pueda ofrecer, en el sentido más amplio, puede llamarse directamente un remedio para el alma humana.

Una vida del alma saludable, esa es la condición previa. ¿Por qué? Ya por esta razón es necesario tener una vida del alma saludable, porque las fuentes de la investigación espiritual residen en el interior de la propia alma humana, porque solo se pueden mirar hacia las razones espirituales ocultas de la existencia si uno hace de su propia alma un instrumento, una herramienta de la investigación espiritual. Y es fácil darse cuenta de que solo puede surgir algo saludable si el alma, que quiere seguir los caminos hacia los mundos espirituales, está ella misma sana.

Para no andar hablando en términos generales, se tomará de inmediato como punto de partida algo que aquí ya se ha mencionado varias veces. Si el alma humana debe convertirse en un instrumento para mirar dentro del mundo espiritual, es necesario que las fuerzas del alma, que son suficientes para la vida cotidiana del ser humano, se aumenten en su fuerza, se densifiquen, se refuercen esencialmente. En la vida cotidiana normal y también en la vida a la que se dedica la ciencia externa, el ser humano solo trata con lo que le enseñan sus sentidos y lo que reconoce la mente, que está ligada al instrumento del cerebro físico. Ya sabemos, incluso por una observación trivial de la vida, que cuando la persona entra en el estado dormido, tanto las percepciones de los sentidos externos como la mente común del ser humano enmudecen. Nuestra vida cotidiana se desarrolla, después de todo, entre el despertar y el dormir. Entonces, cuando entramos en el estado dormido, percibimos que nuestros sentidos fallan gradualmente, que todo el instrumento de nuestro cuerpo pasa a un estado inmóvil y tranquilo y que entramos en un estado de inconsciencia, de oscuridad a nuestro alrededor. Ahora bien, seguramente iría en contra de las reglas lógicas habituales creer que lo que una persona vive en su alma desde la mañana hasta la noche, por así decirlo, se destruye cada noche y que todo debe resurgir de nuevo a la mañana siguiente, con todo lo que fluye dentro y fuera de la vida del alma. Todo esto, desde dormirse hasta despertar, sin duda también está presente. Que las experiencias del día no estén presentes en nuestro mundo interior durante la noche, no es culpa de que estemos dormidos, sino que las fuerzas del alma de la persona no son lo suficientemente fuertes para experimentarse a sí mismas mientras duerme. Y es fácil de entender que todo depende de si la persona es capaz de darnos conciencia de aquello que está inconsciente mientras duerme.

Si podemos percibir lo que normalmente se vuelve inconsciente mientras dormimos, si podemos percibir cuando nuestros sentidos están en silencio, cuando nuestro cerebro no es llamado a su servicio, entonces es posible que tengamos una experiencia con aquello que en nosotros, es independiente del cuerpo. Y esta experiencia ya puede mostrarnos de qué tipo es, si es algo espiritual-sobrenatural o no. Es decir, para que el alma pueda convertirse en un instrumento para percibir de manera diferente que a través del instrumento del cuerpo, es necesario provocar un estado que sea similar al de estar dormido y al mismo tiempo completamente opuesto a él. Por lo tanto, incluso cuando el alma deba convertirse en un instrumento para otras percepciones, la percepción sensorial habitual debe ser desactivada. Pero no debe, -y esto es lo opuesto-, producirse la inconsciencia, es decir, debemos generar un estado que sea similar al estado dormido y, al mismo tiempo, diferente, porque debe haber plena conciencia.

Un estado así se puede inducir de diferentes maneras. La forma más saludable de lograrlo es mediante métodos como los que se describen en mi libro «¿Cómo se obtienen conocimientos de los mundos superiores?» y que aquí deberían ser al menos insinuados según el principio.

Este estado se logra mediante el trabajo interno del alma humana, a través de esfuerzos mentales que no hacemos en la vida cotidiana. Se les llama concentración del pensamiento, de la vida interior de la imaginación, de los sentimientos o también meditación. Vamos a dar de inmediato un ejemplo que ya se ha mencionado antes, un ejemplo que a primera vista parece extraño, pero del que también veremos enseguida por qué parece tan paradójico. Se trata de que, para alcanzar el estado deseado, debemos evocar en nuestra alma, representaciones muy específicas y relacionarnos con ellas de una manera muy concreta. Tomemos por ejemplo la representación, —como dijimos, es paradójica—, de que tenemos frente a nosotros dos vasos, uno medio lleno de agua y el otro completamente vacío. Ahora nos imaginamos que vertemos un "poco de agua del vaso medio lleno en el vaso vacío, y que al verter el vaso más lleno, este no se vaciara, sino que se llenaría más y más. Eso, es una representación totalmente paradójica, ¿No les parece?. Pero no basta con tener esta representación y darle vueltas en la conciencia, sino que hay que conectar, con esta representación, un sentido muy específico, solo entonces se convertirá en una concentración del pensar, en una meditación, en un sentido correcto y artístico.

Todos conocemos un hecho que atraviesa nuestra vida por todas partes, pero que es extraordinariamente difícil de profundizar. Ese hecho es el amor en sus diferentes formas. El amor tiene la particularidad de que quien ama vierte prácticamente todo su corazón sobre la otra persona, pero no por ello se empobrece, sino que se vuelve cada vez más rico, cada vez más pleno. Ese es el secreto del amor: que cuanto más se da el alma humana, más abundante y rica se vuelve. El amor es algo tan complejo, algo tan profundo, que siempre solo podemos captar algunas de sus facetas, pero su esencia es insondable. Pero este aspecto del amor, que al darlo el alma se vuelve cada vez más rica, se puede simbolizar mediante la idea de los dos vasos de los que acabamos de hablar. En relación con una experiencia moral de la vida, hacemos lo mismo que hacemos, por ejemplo, en geometría.

Tomemos la forma de una medalla, que es circular, hecha de alguna sustancia cuya esencia no podemos comprender al principio. Si luego dibujamos un círculo siguiendo la curvatura de la forma de la medalla, podemos estudiar todo lo que se relaciona con un círculo, y eso también se aplica a lo que tenemos frente a nosotros como realidad. El geómetra crea con sus figuras símbolos de lo real. De la misma manera, el alma puede crear símbolos de lo eterno, siempre y cuando tenga claro que no son más que símbolos.

Entonces, si tenemos una idea como la de los dos vasos: verter el agua del vaso medio lleno al vaso vacío, ver cómo se llena el vaso del que se echó el líquido, y detrás, en nuestra alma, sentir que esta imagen se relaciona con un fenómeno tan significativo de la vida como el amor, entonces procesamos esta imagen de la manera correcta cuando intentamos, con un gran esfuerzo de voluntad, eliminar todas las impresiones que vienen de los sentidos. Así como al quedarse dormido se ven desaparecer todas las ideas, se apaga deliberadamente todo lo que viene del exterior, todo lo que puede pensar la mente, y todas las fuerzas del alma se concentran en esta única imagen.

Por supuesto, no basta con hacerlo solo una vez, sino que hay que someter el alma una y otra vez, con paciencia y perseverancia, a tales ejercicios con la máxima energía; entonces, poco a poco, se produce un fortalecimiento, una concentración, una condensación de las fuerzas del alma. Y entonces ocurre que, a través de la vivencia interior de tales experiencias del alma, nos damos cuenta de que llega un momento en que ya no necesitamos proyectar tales imágenes, tales representaciones simbólicas, ante nuestra alma, sino que poco a poco, desde profundos y ocultos niveles de nuestra vida anímica, surgen por sí mismas tales imágenes frente a nosotros.

Es mejor que la persona, si quiere realizar estos ejercicios, utilice representaciones que sean realmente solo símbolos, es decir, que no se refieran a ninguna realidad externa. También se podrían usar representaciones comunes, pero no actúan con tanta fuerza. Si alguien quisiera objetar que eso es un poco tonto, imaginar algo que ni siquiera está ahí, habría que decir: este trabajo de concentración no está para reflejar la realidad externa de la vida cotidiana normal, sino para educar el alma, para sacar de ella fuerzas que de otra manera no estarían activas. Este ejercicio no es para reconocer verdades, mis estimados presentes. Sería un error intentar reconocer verdades directamente mediante estos ejercicios. Se trata de la educación del alma, de extraer fuerzas ocultas de ella.

Cuando llega el momento en que surgen en el alma las imágenes, entonces, mediante un entrenamiento adecuado del espíritu, el alma del investigador espiritual debe ser llevada a un estado de ánimo muy específico, a una disposición muy particular. Cuando hablamos de este estado de ánimo del alma en el que debe encontrarse cuando estas imágenes aparecen por sí solas, hay que señalar que este mundo de imágenes, para un profano que no sabe nada de todo esto, se parece mucho a lo que uno llama visiones, alucinaciones y otras manifestaciones patológicas de la vida mental. Quien conozca algo de lo que las ciencias fronterizas modernas, situadas entre la fisiología y la psicología, presentan, puede muy fácilmente llegar a la idea, —y de hecho esto se señala constantemente—, de que el investigador espiritual se educa artificialmente hacia lo que un alma enferma experimenta cuando tiene visiones, alucinaciones, delirios y demás.

Bueno, precisamente a través de la educación del alma, que hoy solo podemos tocar, se logra que este alma distinga con precisión entre todo lo que puede ser visiones y cosas por el estilo y las representaciones simbólicas caracterizadas, que según la costumbre de la ciencia espiritual se llama el mundo imaginativo. El investigador espiritual aprende a diferenciar con exactitud entre estos dos mundos. Porque para tener éxito, lo que es realmente necesario es, que uno haga que el alma, al mismo tiempo, sea lo más reacia posible y lo más protegida posible frente a todas las ilusiones, alucinaciones y cosas semejantes. Reconocerla en su propia naturaleza es, esencialmente, parte del entrenamiento espiritual.

Y ahí queremos mostrar de inmediato una diferencia significativa. Las visiones, las ideas delirantes, y cosas así tienen algo en común: abruman el alma; tienen algo que exige la fe más fuerte. Sabemos por la vida cotidiana que es más fácil convencer a una persona que tiene visiones o delirios de un hecho de la vida exterior que de sus propias fantasías. Cuando se habla de sus imaginaciones, puede encontrar, en algunos casos, las justificaciones más ingeniosas para sus ilusiones. Por lo tanto, lo que se conecta directamente con la vida del alma enfermiza es una fe inquebrantable en estas experiencias del alma. Pero lo que el investigador del espíritu debe lograr es una falta total de fe respecto al mundo imaginativo. Aunque haya traído las imágenes a su alma y tenga que considerarlas deseables, al principio no las toma como algo que pueda darle verdad en el sentido objetivo. Y su mayor error sería pensar que lo que ha logrado se refiere a una realidad externa. Debe, precisamente mediante fuertes fuerzas del alma y de voluntad, entrenarse para no tener fe en este mundo imaginativo de ninguna manera, de modo que el alma primero se adentre en un mundo de imágenes que no son expresión de ninguna realidad objetiva.

¿De qué son entonces la expresión? Son solo la expresión de la vida del alma. A través de este mundo de imágenes al principio no se aprende nada más que la propia vida del alma. Y no se debe intentar ver otra cosa en ellas que no sea que se trata de un exponente de la propia vida del alma. Esto es lo esencial a lo que el alma debe llegar.

Así que, si en el camino de la investigación del espíritu se quiere comparar lo que es una imaginación con una visión, una alucinación, etc., se debe decir: una visión, una alucinación abruma al ser humano, exige una fe casi insuperable en la objetividad de esa visión; en cambio, en la imaginación, el investigador del espíritu es consciente de que él mismo es el creador de lo que se presenta ante su alma como imagen.

Tiene que pasar por este estado. Debe sacar de su interior un mundo imaginativo rico para, al mismo tiempo, alcanzar la conciencia de que no es otra cosa que un espejo de su propia alma. Esta conciencia a veces resulta bastante incómoda, porque el mundo en el que uno se sumerge es como un segundo mundo, un mundo lleno de belleza y grandeza, un mundo rebosante de bendiciones. Pero las personas que se sumergen en un mundo así se enojan fácilmente si se les quiere inculcar dudas sobre la objetividad de este mundo, porque se vive bien dentro de él. Pero precisamente esta buena vida debe ser superada. ¿Qué sucede realmente en este mundo? Si se quiere describir, podemos compararlo con un fenómeno de la vida cotidiana.

Imagínense, queridos presentes, si en este momento tuvieran que tener en su alma todas las imágenes que alguna vez han tenido, si todo eso estuviera ahora en el alma: no se podría vivir con ello. El alma necesita el olvido, el conservar las imágenes, el reprimir las experiencias en una profundidad indefinida del alma. Ahí podemos volver a traerlas a la memoria. Así como en la vida cotidiana estas imágenes se hunden en el olvido, el investigador espiritual debe, mediante el entrenamiento de la voluntad, ser capaz de reprimir todo su mundo imaginativo, toda esta suma, este nuevo mundo en el que le gusta permanecer y que tanto le llena de felicidad, hacia el olvido con una fuerte decisión de la voluntad, de modo que, como un ser que se sumerge en el agua, toda esta mundo imaginativo se sumerja en la vida del alma, como si no existiera. Y más a menudo y cada vez más, el investigador del espíritu debe sumergir este mundo imaginativo en los subterráneos del subconsciente, en las profundidades de la vida del alma, de los cuales inicialmente no sabe nada. Luego debe de nuevo provocar momentos en los que excluya todas las percepciones externas, incluso el pensamiento, debe provocar momentos en los que el alma esté completamente vacía, no piense nada, no sienta nada, no recuerde nada, no se preocupe por nada, tampoco tenga afectos y cosas así. Entonces, gradualmente, las imaginaciones que habían sido enviadas al inconsciente comienzan a surgir de nuevo. Las imágenes vuelven, pero no como eran, sino completamente diferentes. Surgen de tal manera que, al igual que con las percepciones sensoriales externas, se sabe: no son fantasías, sino expresiones de realidades. Frente a estas imágenes que ahora emergen, uno tiene la conciencia inmediata: son expresión de una realidad.

¿Qué se ha hecho realmente al llevar a cabo este proceso? Se ha fortalecido el interior de la vida del alma de tal manera que esta vida del alma ha hecho florecer su capacidad de formar imágenes. Y lo que se ha creado, se ha ofrecido, entregado, separado de uno mismo, arrebatado a uno mismo. Es como si uno se arrancara la sangre del alma, la entregara al mundo y la recibiera de nuevo. Así como en el mundo físico uno extiende la mano, toca algo y así obtiene conocimiento de lo que ha tocado, uno extiende sus fuerzas del alma, las envía hacia fuera, se conectan con el mundo espiritual, y de allí regresa algo al mundo espiritual.

Ya se ha mencionado varias veces la objeción de que uno también podría autoengañarse, porque se sabe que el alma de las personas sensibles es capaz de sentir esto o aquello, incluso cuando en realidad no hay nada objetivamente. Por ejemplo, hay personas que sienten el sabor de una limonada solo al pensar en ella sin siquiera beberla. Bueno, eso es completamente cierto. Pero aun así, un alma sana podrá distinguir entre una limonada pensada y una real; se puede tener el sabor, pero no se puede calmar la sed con una limonada imaginaria. Esa misma objeción se aplica también al pensamiento de la filosofía de Schopenhauer de que el mundo es solo nuestra representación. No quiero menospreciar la filosofía de Schopenhauer, que reconozco en su importancia, como ya pueden ver en que yo mismo he hecho una edición de Schopenhauer. Pero la objeción trivial es correcta: uno puede imaginarse todo lo que quiera un acero a 1000 grados, pero no se quemará las manos con ese acero imaginario; en cambio, si toca un acero real a mil grados Celsius, sí se quemará. Uno puede distinguir en la vida entre fantasía, imaginación y realidad. No hay otra prueba en el mundo de los sentidos. Y lo mismo sucede en el mundo del espíritu. Cuando uno entra en el mundo espiritual, lo que se envió al ámbito del olvido regresa de una manera completamente diferente y ahora se convierte en expresión de esos seres y hechos espirituales que están detrás del mundo físico de los sentidos. Uno adquiere ideas que no se ha dado a sí mismo. Porque las ideas que uno se dio a sí mismo solo estaban allí para practicar.

Así se nos dan verdades provenientes del mundo espiritual, después de que el alma primero haya pasado a través de un mundo de ideas meramente imaginadas, se podría decir un mundo fantasioso, no para reconocer algo, sino para educar el alma, para que se fortalezca y pueda percibir lo que solo puede percibir mediante otras fuerzas que no sean las de la vida psíquica común. De esta manera se alcanza una capacidad de percepción elevada, la vida del alma se vuelve más concentrada y densa. Se vive, por así decirlo, solo en un mundo de conocimiento. Todas las ideas sobre seres espirituales que se obtienen de esta manera se caracterizan por una enorme impregnación de realidad. Son mucho más activas que las impresiones del mundo sensorial exterior y, sin embargo, no pretenden ser creídas de inmediato. Veremos de inmediato cómo es esto.

Antes que nada, hay que repetir algo importante: cuando las imágenes de este mundo imaginativo, que uno mismo se ha creado, aparecen por primera vez antes de que todo este mundo simbólico haya sido enviado al olvido, son ambiguas, casi como oráculos, y quien cree tan fácilmente en estas cosas ambiguas, quien se deja llevar por ellas sin más, está en un mal camino. Incluso cuando, con todos los medios de la formación espiritual, se logran alcanzar estas imágenes, es imposible asignarles un valor de verdad de inmediato. Solo cuando regresan y muestran plena claridad, entonces son expresión del mundo espiritual.

A menudo se tiene la creencia de que la investigación espiritual se puede obtener tan fácilmente, y entonces surgen muchas objeciones. Por ejemplo, se dice: ¡Cómo debe luchar la ciencia externa, cuánto tiene que hacer para llegar a sus resultados! Y luego vienen estos investigadores del espíritu y quieren saberlo todo simplemente sumergiéndose con su alma en el mundo espiritual. - Bien, primero, ningún verdadero investigador del espíritu jamás afirmará algo distinto de lo que realmente ha investigado, y segundo, el trabajo interno del alma, que se ha esbozado brevemente aquí, no se observa de la misma manera que el trabajo en laboratorios o en observatorios, pero es mucho más intenso que el trabajo realizado allí. Frente a tales objeciones, el investigador del espíritu concienzudo siempre dirá: eso es palabrería; los conocimientos de la ciencia espiritual realmente no se obtienen más fácilmente que los de la ciencia externa, sino de manera laboriosa y gradual.

Lo que se ha descrito, eso se puede realizar dentro de ciertos límites por cualquier alma actual sin causar daño. Hoy en día ya existen métodos mediante los cuales uno puede entrar lenta y gradualmente en el mundo espiritual - están descritos en mi libro «¿Cómo se obtienen conocimientos de los mundos superiores?» -, de modo que lo que podría resultar aterrador al entrar de manera rápida no ocurre, sino que se puede entrar en el mundo espiritual de forma tranquila y serena. Este camino hacia el conocimiento de las verdades de la vida espiritual también es seguro y sin peligro precisamente porque la conciencia no se apaga. No nos adormecemos, sino que nos volvemos cada vez más despiertos y vigilantes en nuestra vida del alma. Cada paso que damos lo realizamos con plena conciencia, con una conciencia mucho más fuerte que en la vida cotidiana. Por lo tanto, si se hablara de peligros en esta verdadera investigación espiritual, sería solamente porque no se sabe que todos los pasos se realizan con mucha más conciencia que incluso en la vida diaria.

Es diferente cuando las fuerzas del alma no se usan para el conocimiento, sino para otra cosa. Y eso puede suceder. Hemos visto que el camino del conocimiento en la investigación espiritual se basa en la concentración, en la condensación y en el fortalecimiento de las fuerzas del alma. Pero esas mismas fuerzas, si no se trabajan para el conocimiento, sino más bien se invoca la voluntad y el ánimo, conducen a la imagen contraria del conocimiento imaginativo. Y esa imagen contraria del conocimiento imaginativo está presente en el llamado espiritismo, en el médium. En realidad, no hay un contraste más grande que con el que tiene el buscador espiritual que entra en el mundo espiritual con conciencia elevada, que con el médium.

En el médium, las fuerzas que en el investigador espiritual deben estar conscientes, se empujan hacia la esfera de la voluntad y la esfera del ánimo. La conciencia se embota, se adormece, y la consecuencia de esto es un cierto grado de inconsciencia, al menos de aturdimiento; la persona que vierte estas fuerzas en sus fuerzas anímicas sin ser plenamente consciente de las fuerzas con las que el investigador espiritual mira al mundo espiritual, actuará ahora como médium con la conciencia adormecida para poder dar testimonio del influjo directo del mundo espiritual en lo que dice o expresa de otra manera. Esto no significa que mediante el médium no puedan surgir cosas espirituales y explorarse asuntos espirituales; por supuesto, aquí solo se consideran esos casos donde se excluye cualquier fraude o charlatanería. Aparecen ahí fuerzas que nos llevan hacia la esencia del alma, en la medida en que esa alma está sin cuerpo, por ejemplo después de la muerte. Pero debe subrayarse que el ser humano, como investigador del espíritu, se tiene completamente bajo control, mientras que el médium se vuelve dependiente del entorno, o mejor dicho, se deja volver dependiente. Y aunque a veces pueden surgir resultados correctos que no se pueden poner en duda, hay que decir que investigaciones correspondientes en este campo solo son posibles si se llevan a cabo con un dominio absoluto de todas las leyes relevantes. Porque ahí uno se adentra ciertamente en cosas peligrosas a las que una ciencia externa no puede acercarse y por eso las observa de manera amateur. El mediumnismo es precisamente la contraparte del conocimiento imaginativo. Pero dentro de ciertos límites, como se dijo, es posible convencer a más personas de algo que es difícil de comunicar. Pueden aparecer cosas importantes y ya debe reconocerse como significativo que alguien se aventure en este campo. Quien quiera informarse más, puede consultar el libro «El misterio del hombre» de Ludwig Deinhard, así como el escrito «La cuestión cardinal de la humanidad» del consejero Hofrat Seiling. Como dije, estas cosas son absolutamente significativas. Pero al mismo tiempo, no se debe olvidar que el camino hacia la verdad debe estar pavimentado, en esta dirección, con todas las precauciones necesarias.

Así vemos que el ser humano, en su camino hacia una mayor capacidad de conocimiento, primero adquiere una conciencia más intensa y activa que en la vida cotidiana. Pero también vemos que en el espiritismo aparece la imagen opuesta, donde las fuerzas actúan directamente sobre el ser humano, de modo que la persona habla o escribe con conciencia atenuada, bajo la guía de un mundo espiritual, si es que es un médium. No por definiciones, sino describiendo las cosas tal como son y como se experimentan, se obtiene una idea de la verdad y el error con respecto a la investigación espiritual.

Ahora tenemos que ir más allá del simple conocimiento imaginativo. El siguiente nivel, —por favor, no se moleste con la palabra, que solo es un término—, se llama conocimiento inspirado. Esto ocurre cuando una persona ha enviado repetidamente sus imaginaciones hacia los fundamentos más profundos, ya ha obtenido conocimientos en este primer camino y, de este modo, sus fuerzas espirituales internas se han vuelto cada vez más fuertes. Entonces la persona entra en un estado en el que percibe lo informe, que no recuerda en nada a algo que se pueda percibir con la mente en el mundo físico. El mundo imaginativo todavía tiene mucha similitud con nuestra propia vida interior, por ejemplo, cuando las representaciones que uno ha enviado hacia abajo regresan, aparecen en colores e imágenes, incluso con formas similares a las que se ven en el mundo exterior. Entonces es difícil distinguir la ilusión de la realidad. Pero el mundo inspirado, al que uno ahora se desarrolla hacia arriba, ya no tiene nada que pueda ser una característica del mundo de los sentidos. En cambio, en esta etapa del conocimiento espiritual aparece algo que se puede comparar con cuando la persona se escucha a sí misma al hablar. Esta conciencia se tiene de manera inmediata. Uno es consciente en mayor medida que antes de que está presente en todo, que solo se reconoce a los seres y hechos del mundo espiritual si uno se sumerge en ellos y los experimenta, así como solo se pueden decir las propias palabras usando los propios órganos. Sobre este hecho, si debe expresar la verdad, no se debe engañar a uno mismo: eres tú mismo quien ha dejado que su conciencia penetre en todo y cuya vida propia aparece en otras cosas y hechos. Debido a esto, una de las preparaciones para una verdadera investigación espiritual es la posibilidad de ver, en lo que uno mismo produce en el alma y de lo que uno sabe con exactitud que es su propio creador, nada más que aquello que surge de la propia voluntad.

El ser humano sabe, cuando habla, que puede formar palabras y oraciones, que puede expresarse según sus propios afectos y pasiones arbitrarias, dependiendo de lo que le gusta o le desagrada. Pero también sabe que ya en la vida cotidiana existe la posibilidad de no solo decir lo que es agradable, sino de hablar de lo que surge con necesidad, hablar obedeciendo a la necesidad de la verdad. Aquí es donde hay que empezar. Este desarrollo del sentimiento por la verdad es lo más esencial para el conocimiento inspirado. Solo se puede lograr algo en este ámbito si uno trabaja una y otra vez por arrancar de su alma con toda la fuerza lo que es opinión propia, preferencia propia, arrancar todo lo que uno quisiera que se comportara de cierta manera. Estos sentimientos se pueden desarrollar. Solo llevan a un conocimiento verdadero en este ámbito. Se dará de inmediato un ejemplo.

Entre las preguntas más importantes para la vida humana está el conocimiento sobre la inmortalidad del alma, sobre la naturaleza permanente del alma humana más allá del nacimiento y la muerte. ¿Qué podría interesarle más al alma humana que esta cuestión? Por interés, el ser humano se dirige a esta cuestión. Ahora bien, un antiguo dicho de sabiduría de la ciencia espiritual dice: sólo quien ha llegado al punto de que le es igual de soportable, igual de simpático, ser inmortal o no, puede obtener un conocimiento real sobre la inmortalidad. Antes, el interés empaña el verdadero conocimiento. Solo cuando uno se ha entrenado así, ha regulado sus sentimientos de manera que pueda soportar el pensamiento «irás al nada con la muerte» igual que el pensamiento «seguirás viviendo después de la muerte», entonces es posible llegar a un conocimiento objetivo por inspiración sobre la inmortalidad del alma. Regular así los sentimientos, es un trabajo interior difícil.

Así que se trata, en el caso del conocimiento inspirado, de poner el alma en cierto estado de ánimo, especialmente respecto a lo que puede soportar o lo que no le gusta soportar. A menudo, la persona se imagina que puede soportar una cosa igual que otra. Por eso, debe pasar una y otra vez por pruebas del alma, para desarrollar poco a poco un estado de paz interior que luego permita la posibilidad de un conocimiento objetivo.

Cuando el investigador espiritual alcanza la imaginación, entonces obtiene una intuición sobre las entidades del mundo espiritual, que son de tal naturaleza que son iguales a nuestra propia alma. Pero nuestra alma aquí en el mundo físico está vinculada a un cuerpo físico. Debemos dejar eso de lado si queremos reconocer entidades que no alcanzan la corporeidad física. Los seres y hechos espirituales ya pueden alcanzarse por medio del camino de la imaginación. Por el camino de la inspiración se debe alcanzar todo lo que se refiere a los seres que participan en los fenómenos externos de la naturaleza. La ciencia natural externa, cuando es consciente de sus límites, conoce leyes y asume fuerzas que actúan ahí. Pero el conocimiento espiritual reconoce detrás de todo lo que actúa en la naturaleza, entidades que, por así decirlo, dirigen los elementos y causan los fenómenos naturales. Lo que es la verdadera creatividad en el mundo, lo que produce los fenómenos y las cosas materiales externas, solo es accesible a ese tipo de conocimiento al que el alma, fortaleciéndose poco a poco, llega mediante el pleno desprendimiento de su propio ser y aprende a vivir completamente dentro de los propios seres.

Luego llega el nivel de la intuición, donde el investigador del espíritu alcanza la verdadera experiencia de las acciones de las fuerzas creativas que subyacen a la existencia material, que son de naturaleza espiritual, pero que pueden encarnarse en espacio y tiempo, ya sea en la gran naturaleza o como seres individuales limitados. Con el conocimiento ordinario solo tratamos con nuestra propia alma. El alma, que es nuestra parte espiritual, pasa de vida en vida en la Tierra. Vivimos una vida desde el nacimiento o la concepción hasta la muerte, luego entre la muerte y un nuevo nacimiento en lo puramente anímico-espiritual, luego otra vida entre el nacimiento y la muerte y así sucesivamente. Ahí estamos tratando con lo psíquico.

Si se desarrolla lo suficiente el conocimiento imaginativo, si uno se toma el tiempo necesario hasta que realmente alcanza la capacidad de distinguir entre lo que viene de la propia alma y lo que surge de los fundamentos subyacentes, entonces se puede llegar a distinguir entre lo que pertenece a esta vida y lo que proviene de vidas terrenales pasadas. A través de un conocimiento imaginativo progresivo se llega a tener una visión de vidas pasadas en la Tierra. Esto es relativamente fácil de lograr. Pero este conocimiento se limita a la propia alma, que pasa de una vida a otra. Mucho más difícil es 'saber' algo sobre las vidas anteriores de otra persona. Porque cuando uno se enfrenta a alguien, está tratando con un cuerpo físico, con un cuerpo material externo en el que esa persona vive, y el alma, que es lo creativo en él, como hemos visto, solo puede ser reconocido en la intuición. Por lo tanto, si se quiere poder vislumbrar las vidas terrenales repetidas de otra persona, se debe antes alcanzar hasta ese nivel más alto de conocimiento. Este conocimiento de las vidas terrenales repetidas de otras personas es de lo más difícil que se puede alcanzar. El mismo hecho puede derivarse de algo más también.

En lugar de elegir el camino a través de la imaginación, que, como se describió, conduce mediante la meditación y la concentración, se puede, sin embargo, llegar al mundo espiritual mediante otro camino de autoconocimiento, aunque de manera limitada. Si la persona conoce lo que se llama la ley del karma, y si no solo lo sabe, sino que lo experimenta en sí misma, comprendiendo que lo que nos sucede lo hemos provocado nosotros mismos a través de vidas pasadas en la Tierra, es decir, cuando este autoconocimiento se entrelaza con la idea del karma y uno se ejercita en reflexionar continuamente sobre sus propias desgracias y capacidades, entonces también puede surgir una especie de imaginación, pero de forma subjetiva, personal, que no conduce a verdades objetivas y que no puede aplicarse a todas las personas. Sin embargo, este camino solo nos lleva a conocimientos sobre nosotros mismos. Nos cerramos en nuestra propia alma. Quizás también podemos avanzar hasta cierto conocimiento de vidas pasadas en la Tierra, pero queda bastante incertidumbre. Pero nunca podemos alcanzar conocimientos objetivos que se refieran a otra persona.

Si uno quiere tener una verdadera comprensión de las verdades del mundo espiritual, entonces debe considerar: ¿Cómo se aprende a reconocer lo verdadero? Ahí hay que aprender a distinguir entre realidad y verdad. Se conoce un mundo nuevo, pero conocer y juzgar no es lo mismo, es completamente diferente. Se puede experimentar mucho en el mundo espiritual, se puede estar en condiciones de contar mucho sobre él; las cosas que uno cuenta pueden ser imágenes reales, la imagen puede haber sido percibida correctamente, pero eso no significa que sea verdad. Y por paradójico que suene, hay que decir que es algo indispensable, algo extraordinariamente importante, que quien quiera entrar en este mundo espiritual, lleve consigo el juicio de la vida cotidiana. Quien haya aprendido a desarrollar sentido común en el mundo ordinario, quien no se engañe a sí mismo ni permita que lo engañen en la vida cotidiana, llevará ese sentido común al mundo espiritual y juzgará adecuadamente las cosas que allí vea. Solo a través del juicio que uno lleva consigo, la realidad se convierte en verdad. Las facultades de juicio no se pueden formar en el mundo espiritual; uno debe traerlas consigo. Y se puede decir: quien piensa lógicamente en el mundo común también encontrará cosas correctas y verdaderas en el mundo espiritual. Quien es tonto en el mundo común y piensa de manera ilógica, pensará aún más tontamente e ilógicamente si dirige su pensamiento tonto hacia las cosas del mundo espiritual. Lo más necesario, cuando una persona quiere tomar una decisión sobre la verdad o el error en el mundo espiritual, es haber desarrollado un sano sentido de la verdad y una buena capacidad de observación en el mundo físico. Quien no observa con atención y con buena capacidad de observación cómo se desarrollan las cosas en el mundo físico, quien actúa de manera imprecisa en el mundo físico, a esa persona no se le debe creer nada cuando hable del mundo espiritual. Porque las cosas del mundo espiritual solo se vuelven verdaderas cuando se tocan con nuestro sentido de la verdad.

Y luego es necesario un cierto sentido moral, un cierto estado del alma moral. Quien entra al mundo espiritual con un estado del alma moral, entrará en relación con las fuerzas saludables del mundo espiritual y conocerá verdades. Por otro lado, quien entra con fuerzas inmorales, especialmente sin un sentido de la verdad cuidadosamente desarrollado, verá todo distorsionado, caricaturizado, en el mundo espiritual y, por lo tanto, también lo comunicará así. Esto no solo aplica al investigador espiritual cuando estudia las cosas del mundo espiritual, sino especialmente cuando el investigador espiritual se presenta ante un público, ante oyentes, ante confesores.

Lo que se quiere lograr hoy es provocar una sensación sobre los caminos de la verdad hacia el mundo espiritual. Todo investigar en el mundo espiritual se basa en el desarrollo de ciertas fuerzas que yacen dormidas en el alma; y las fuerzas que están vinculadas con el yo del ser humano, que tiene simpatías y antipatías, pueden oscurecerle la verdad. En la vida exterior, la vida misma actúa controlando y corrigiendo. Por ejemplo, si pensamos de manera equivocada sobre la dirección del camino que debemos tomar para llegar a casa, la realidad exterior nos corrige; no llegamos a casa si hemos tomado la dirección equivocada. Para el investigador espiritual, la dirección de la verdad solo está dada por la dirección del alma misma. Por lo tanto, primero debe formarse en el alma la verdad independiente de este yo humano subjetivo, es decir, el alma debe trascenderse a sí misma si quiere convertirse en investigadora espiritual.

Otra cosa es que los resultados de la investigación espiritual deben ser comunicados. Así como lo que la ciencia exterior investiga no puede ser investigado por cada uno en su propio laboratorio o en el observatorio, tampoco cualquiera puede obtener todos los resultados de la investigación espiritual por sí mismo, aunque en nuestra época cada persona podría seguir un camino hasta cierto objetivo limitado. Pero aquel que no quiera o no pueda hacerlo, no puede decir que solo debe dejar a los investigadores espirituales el saber algo sobre el mundo espiritual. De ahí puede surgir el prejuicio del que hablaremos pasado mañana, de que el investigador espiritual es un animal completamente especial, que simplemente se muestra como un ser humano más valioso porque puede mirar en el mundo espiritual. Veremos que eso no aumenta en absoluto el valor del ser humano, que el valor del ser humano depende de algo completamente diferente. E incluso sería muy útil si esta verdad se difundiera ampliamente, que aquel que se convierte en portador del conocimiento de la ciencia espiritual no tiene que ser considerado algo especial, como una autoridad o algo así. Por el contrario, para el verdadero investigador espiritual surge la obligación de hundir lo que puede ser investigado en los conceptos e ideas del sentido común sano de la cultura de su época.

Y eso es incluso una tarea difícil, encontrar una expresión para lo que se observa en el mundo espiritual, de manera que cualquier persona imparcial pueda entender los resultados. Porque tampoco se debe creer - y esto, a su vez, es una verdad importante - que el investigador espiritual obtiene algo para la seguridad o la fuerza de su propia alma de lo que contempla en el mundo espiritual. Eso es, si puedo expresarlo de manera trivial, simplemente algo para mirar. Se convierte en un bien para el alma, en un alimento para el alma, solo cuando lo observado se expresa y se hace comprensible en términos e ideas comunes. Por ejemplo, la idea de la inmortalidad del alma solo tiene valor cuando no solo se contempla el hecho, sino cuando lo que se ha contemplado se traduce en términos comunes. Y solo de estos términos e ideas depende el destino de nuestra alma, depende de que tengamos fuerza. Si al investigador espiritual le resulta posible formular las verdades observadas en las leyes del sentido común y de la lógica, entonces tienen para él el mismo valor que para los demás. Mientras solo pueda mirar dentro del mundo espiritual, no obtiene nada para su vida del alma. Solo cuando puede decir las cosas de tal manera que otro las comprenda y entienda con su lógica, entonces también él obtiene algo de ello. Entonces, incluso para sí mismo, el investigador espiritual solo adquiere un bien del alma en la medida en que otro, que no puede investigar por sí mismo, lo entiende. Por eso, la tarea esencial de integrar la investigación espiritual en la cultura no es formar al investigador espiritual, sino hacer posible que los resultados de la investigación espiritual se transmitan al sentido común y a toda la cultura de la época de manera que cualquier persona sin prejuicios pueda comprenderlos.

Se comprende de una manera muy particular, que queremos aclarar mediante una comparación. Supongamos que tenemos una pintura frente a nosotros. Podemos situarnos ante ella de tal manera que solo la miramos, es decir, sin entenderla. Pero también podemos estar frente a ella de modo que nos deje sentir su efecto, y después de un tiempo, cuando nuestra alma se ha unido verdaderamente con la imagen, entendemos lo que contiene. Por supuesto, para eso no necesitamos tener la habilidad de pintar la imagen nosotros mismos. De igual manera sería inapropiado que alguien dijera: Tienes que mirar la imagen de tal manera, entonces podré demostrarte que la imagen expresa esto o aquello. Quien intente llevarnos a comprender la imagen mediante pruebas, nos desesperaría si es que entendemos algo de arte, pero no podría hacernos comprender la imagen. La comprensión de la imagen depende de que algo de esta salte a nuestra alma, y eso es independiente de lo que el pintor necesita saber para crearla. Lo mismo ocurre con lo que el investigador espiritual explora en el mundo espiritual y lo que presenta a otras personas en ideas o conceptos.

Encuentran, mis muy estimados presentes, [en la mesa de libros] dos libros míos. En uno de ellos, «¿Cómo se obtienen conocimientos de los mundos superiores?», se describen los caminos mediante los cuales se puede ejercitar el alma para que ascienda a mundos espirituales. En el otro libro, «La ciencia secreta en resumen», encontrarán en la primera parte los resultados de la ciencia espiritual. Lo mejor que pude, traté allí de formular lo investigado de manera que ahora cualquier contemporáneo -por supuesto, no todos lo hacen, pero cualquiera podría hacerlo- que mire las cosas sin prejuicios y con sentido común, pueda entender y comprenderlas, por ejemplo, el proceso de formación de la Tierra y el desarrollo de la humanidad, y así sucesivamente. Por lo tanto, tenemos en estos libros dos cosas: por un lado, el camino hacia el mundo espiritual, y por otro, ya completamente descrita, la elaboración de los resultados obtenidos en términos e ideas que cualquier persona puede comprender.

Por supuesto, entiendo muy bien que la gente venga y diga: Sí, nadie puede entender esto, porque es fantasía. - Ciertamente, eso es posible entre las personas que no lo analizan detenidamente. Pero si alguien lo analiza en detalle, entonces puede suceder lo que realmente me pasó. Un hombre muy inteligente y sensato dijo que lo que está en mis libros se puede entender muy bien, tanto que alguien podría llegar a ello solo con la lógica. - Bueno, las cosas no se pueden investigar con la lógica cotidiana, pero una vez investigadas, se pueden comprender con la lógica cotidiana. Ahora bien, ese hombre continuó diciendo: Me cuesta tanto creer que estas cosas provienen del mundo espiritual, porque me parecen tan creíbles que podrían alcanzarse sólo con lógica, sin tener acceso al mundo espiritual. - Entonces yo le dije que considero eso una ventaja del libro y que me alegra si la presentación ha sido tan buena.

Esto nos lleva nuevamente a lo que el pintor debe poder hacer. El investigador espiritual debe reconocer en el mundo espiritual; cuando luego trabaja con lo que ha reconocido, lo desciende, lo viste con palabras, entonces se presenta ante nosotros como la pintura del pintor. Entonces llega el momento en que aquel que permite que estos resultados del mundo espiritual le impacten, comprende la cosa directamente, la entiende, sin que él mismo tenga que investigar en el mundo espiritual; y entonces se puede distinguir bien si uno se entrega a la fe o al poder de convicción de lo que se ha expresado con palabras.

Los caminos de la verdad podrán caracterizarse aún más cuando pasado mañana lleguemos a considerar la parte casi más importante de esta reflexión, las fuentes de los errores de la investigación espiritual. Pero eso que siempre se tiene en cuenta en la investigación espiritual, que ya hoy, al final de esta conferencia, se nos presente ante el alma.

Se ha dicho que, cuando el investigador espiritual finalmente llega a la verdad formulada sobre los mundos suprasensoriales, cualquiera que se acerque a ella sin prejuicios puede dejar que actúe sobre él en todo su poder de convicción. Pero cuando esto sucede, la suma de las verdades espirituales se convierte en alimento para el alma, y obtenemos algo de ello sin que nuestra alma pueda vivir sin ello a largo plazo. Se le puede privar al alma del alimento espiritual, pero no del hambre de alimento espiritual. Y aunque la persona viva de manera despreocupada y no quiera saber nada del alimento espiritual, el hambre por él sigue ahí, aunque la persona no tenga claro dónde se encuentra la fuente, que es en no querer acercarse al mundo espiritual. Si ese hambre no se sacia, destruye toda la vida del alma; esto se manifiesta en toda clase de fenómenos patológicos de nuestro tiempo.

A través de la ciencia externa aprendemos a reconocer que tenemos en nuestro cuerpo ciertas sustancias que son las mismas que las del espacio exterior. A través de la ciencia del espíritu, nos sentimos descansando en la totalidad del mundo. Reconocemos que lo que vive en nuestra alma y está íntimamente conectado con nuestro bienestar y desgracia, es lo mismo que lo espiritual-alma de todo el mundo, que se extiende por todo el espacio y todos los tiempos. Y en nuestra parte espiritual reconocemos lo que está actuando en todo el mundo. Entonces sentimos lo que un conocimiento así puede significar para nuestra alma, lo que puede darle a nuestra alma en cuanto a fuerza, seguridad y salud.

En dos dichos, dos dichos centrales sobre la vida, podemos resumirlo así. Goethe quería mostrar, en un momento, que el ojo humano debe estar hecho para la luz, una idea que también había sido expresada por filósofos, y que el alma debe tener interiormente algo espiritual. Esto quería mostrar con el hermoso dicho:

Si el ojo no fuera como el sol, ¿cómo podríamos ver la luz? Si no viviera en nosotros la propia fuerza de Dios, ¿cómo podría lo divino deleitarnos?

Pero Goethe también agregó que en un tiempo el ser humano fue un ser sin ojos y que el sol debía existir para que el ser humano pudiera tener ojos, que es decir, que la luz creó el ojo. Es cierto que todo sería oscuro sin el ojo; la luz debía haber existido para formar el ojo. Y así como el ojo se forma a través de la luz, así el espíritu del ser humano se forma a través del espíritu que atraviesa todo el mundo. Y podemos decir: justo en algo así se reconoce la unilateralidad de las verdades profundas y significativas. Es cierto que en nosotros deben estar predispuestos la luz y el espíritu si queremos percibir la luz y el espíritu. Es cierto que todo el mundo debe ser luminoso si un órgano de la luz en un ser va a ser construido a través de esa luz, y es cierto que todo el mundo debe deber su origen al espíritu si en el ser humano ha de surgir el espíritu.

Pero también es cierto que, si a esta profunda aunque unilateral verdad se añade la otra verdad que surge de nuestra reflexión y que la resume completamente en el sentido goethiano:

Si el mundo no estuviera dotado de sol, ¿cómo podrían florecer los ojos en los seres? Si la existencia no fuera una revelación de Dios, ¿cómo llegarían los humanos a la plenitud de Dios?

Respuestas a preguntas

Pregunta: ¿Se ha trabajado algo sobre la cuarta dimensión y dimensiones superiores por medios de las ciencias del espíritu?

Rudolf Steiner: No es fácil de entender. La gente parte de lo que conoce del mundo físico-sensorial, y allí el espacio tiene tres dimensiones. El matemático, al menos teóricamente, se forma ideas sobre una cuarta dimensión y dimensiones superiores, ampliando analíticamente las ideas del espacio tridimensional mediante cantidades variables. Así, al principio se puede hablar de variedades superiores en el pensamiento matemático. Si alguien está familiarizado con estas cosas, es decir, quien participa con el corazón y al mismo tiempo conoce la matemática, para esa persona muchas cosas se hacen claras. Cabe mencionar los trabajos de Oskar Simony en Viena.

Primero que nada, esto es solo una idea. La percepción llega cuando uno entra en el mundo espiritual. Ahí existe la necesidad real de encontrarse de inmediato en más de tres dimensiones. Porque todo lo que se representa de manera figurativa, es decir, todavía con el carácter de las tres dimensiones, no es más que un reflejo de los propios procesos internos del alma. En los mundos superiores existen relaciones espaciales completamente diferentes, si es que todavía se les puede llamar relaciones espaciales, y lo mismo ocurre con el tiempo. Esto debería ser considerado sobre todo por aquellos que siempre dicen —y uno se encuentra con muchas de estas «excelentes» objeciones— que lo que se afirma sobre el mundo espiritual no es más que alucinaciones. No se toma en cuenta que en el campo de la investigación espiritual se trabaja con cosas que son algo completamente diferente a las alucinaciones.

Esta pregunta da la oportunidad de complementar lo que se dijo en la conferencia, es decir, de señalar el cambio que experimentan las cosas en cuanto a tiempo y espacio cuando entran en el mundo espiritual. No se puede decir todo en una conferencia, y la de hoy ya ha durado bastante. Cuando las imágenes [de la imaginación], que se han enviado al inframundo, regresan, lo que vuelve solo tiene sentido si se aborda de manera multidimensional. Para uno, esto es tan natural y evidente como lo tridimensional en el mundo sensible. Por eso, la geometría habitual no encaja para las cosas del mundo espiritual.

Para los matemáticos hay que decir que las especulaciones sobre la cuarta dimensión comienzan entonces a tener un valor real. Normalmente [las dimensiones superiores] se piensan solo como una generalización [del espacio tridimensional], no a partir de la realidad, a la que estos [espacios] no corresponden del todo. En realidad, uno tendría que tener una matemática aún mejor si quisiera calcular, por ejemplo, con las cosas con las que trata el investigador espiritual.

Pero la pregunta planteada aquí sí se puede responder con sí. Las correlaciones con un mundo suprasensible, incluso las ideas de infinitud que prevalecen en las matemáticas, se vuelven realidad, sobre todo cosas del área límite de las matemáticas. Por ejemplo, una vez tuve la experiencia de que, como un súbito destello, comprendí una propiedad extraordinariamente importante del espacio astral, cuando, hace ya muchos años, estaba en la universidad ocupándome de geometría moderna, como se llamaba entonces, y de mecánica analítica.

Que en una línea infinita el punto infinito a la izquierda sea idéntico al punto infinito a la derecha, que una línea en realidad sea un círculo y que, si uno no se queda sin aliento y camina lo suficiente a lo largo de la línea, vuelva a aparecer del otro lado en 133, eso se puede entender, pero no se deberían sacar conclusiones. Sacar conclusiones no lleva a nada en la investigación espiritual. Hay que dejar que las cosas actúen sobre uno, eso conduce al conocimiento del mundo suprasensible. Así como en general no se debe sobrevalorar lo matemático cuando se trata del mundo suprasensible. Lo matemático solo sirve de manera formal; no es una manera de llegar a la realidad. Pero lo matemático se puede comprender solo a través de las fuerzas dentro del propio alma, y esto también se aplica a cualquier otra persona. Esto es lo que la matemática tiene en común con la ciencia espiritual.

Pregunta: ¿Cómo se relacionan el cuerpo físico, el cuerpo astral y el yo?

Rudolf Steiner: Bueno, estas cosas solo se vuelven completamente claras después de muchos años de practicar la ciencia espiritual. Las cosas no son tan simples, y lo que uno plantea de manera sencilla puede sonar, bueno, digamos, como un oráculo. Las cosas de la ciencia espiritual no se pueden tomar de manera dogmática si uno quiere entenderlas alguna vez. El sueño, por ejemplo, lo he descrito diciendo: el cuerpo físico y el cuerpo etérico permanecen en la cama, y el cuerpo astral y el yo salen. - ¿Cómo debemos tomar algo así? Primero como una imagen. Como imagen es correcto. Si algunas veces puede sonar que hay un hecho detrás de esta imagen, eso es sólo parcialmente cierto. Es posible describir la cosa de manera completamente opuesta, diciendo: mientras estamos despiertos, el yo y el cuerpo astral están, en cierto sentido, fuera del cuerpo físico.

Traducido por J.Luelmo - ago 2026-

GA069a Praga, 19 de marzo de 1911 - Cómo refutar la Teosofía

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VERDADES Y  ERRORES DE LA CIENCIA DEL ESPÍRITU

Rudolf Steiner

Como refutar la Teosofía


Praga, 19 de marzo de 1911

¡Muy estimados presentes! Tal vez el título de la conferencia de hoy haya sorprendido a algunos, ya que podría parecer extraño que para la invitación de esta vez de nuestros amigos de Praga se haya elegido como primer tema de mi ponencia la cuestión: «¿Cómo refutar la teosofía?» - Sin embargo, me parece que puede ser una buena introducción para comprender y adentrarse en la cosmovisión teosófica o espiritual, también dejando que nuestros pensamientos divaguen precisamente sobre este tema. Si la Teosofía o la Ciencia Espiritual quieren conquistar el corazón de un gran número de nuestros contemporáneos, para ellas es de especial importancia no solo convertirse en una cosmovisión o una concepción de la vida, sino que a partir de esta cosmovisión y concepción de la vida surjan impulsos vitales, impulsos que nos den fuerza, seguridad y esperanza para la vida, pero también impulsos que fomenten la armonía interna de nuestra alma.

Ahora bien, no hay nada más peligroso para una cosmovisión, ni nada que pueda dar impulsos menos adecuados para la vida, que todo aquello que se llama fanatismo. Y es un hecho, cómo se manifiesta el fanatismo, no solo en otras áreas de la vida, sino precisamente en los ámbitos de las diferentes cosmovisiones, eso lo sabe cualquiera.

Si la Teosofía o la Ciencia del Espíritu quieren dar un impulso justamente en esta dirección, para ellas es de una necesidad especial aprender a ser completamente anti fanáticos como cosmovisión, es decir, poder integrar en su manera de vivir todo lo que se pueda llamar: plena comprensión de sus oponentes y total disposición hacia las posibles objeciones de los mismos. ¡Qué fácil nos resulta en los demás ámbitos de la vida y de las cosmovisiones simplemente desestimar al oponente como alguien ilógico, o incluso como una persona más o menos mala! La Teosofía o la Ciencia del Espíritu debería comprometerse a comprender plenamente al oponente y, en particular, sus razones. Ella misma tiene, se puede decir, todas las razones para hacerlo. La Teosofía o la Ciencia del Espíritu debería comprometerse a comprender completamente al oponente y, sobre todo, sus razones. Ella misma, se puede decir, tiene todas las razones para ello. Porque aunque al principio hable al corazón de algunos y pueda satisfacer ciertos anhelos de la vida, por otro lado hay que decir: el camino hacia las profundidades, para reconocer la fuerza de las pruebas de sus afirmaciones y enseñanzas, es bastante largo. Las dificultades que se presentan a quien, desde la vida contemporánea de hoy, quiere encontrar el camino hacia la teosofía de manera honesta y concienzuda, son justamente las mayores que se puedan imaginar.

Por eso, la conferencia que daré aquí el 25 de marzo, y que debe introducir de manera positiva en el nervio central de la teosofía, puede ser introducida y preparada mediante una reflexión sobre las posibles, y se puede decir, hasta cierto punto justificadas objeciones de nuestra época. Pero para poder hablar de tales objeciones, primero tenemos que ponernos de acuerdo sobre lo que pretende ser la teosofía, especialmente sobre lo que aquí se entiende por «teosofía». Porque es seguro que no se puede sacar provecho de todo lo que en el mundo se presenta como literatura teosófica. Aquí se quiere hablar sobre todo de la teosofía en la medida en que pretende ser tomada en serio científicamente. Ahora bien, ¿qué es la teosofía si dejamos de lado todo lo que se aferra a ella de manera amateur?

La teosofía quiere ser una cosmovisión que conduzca al mundo espiritual, quiere dar una justificación científica de aquella visión que dice: Detrás de todo lo que nuestros sentidos nos dicen sobre el mundo exterior, de lo que nuestra mente ligada al cerebro puede reconocer sobre el mundo exterior, detrás de todo eso hay un mundo superior, un mundo espiritual, y en este mundo espiritual se encuentran las razones de todo lo que sucede en el mundo sensible, en el mundo de la razón.

Sin embargo, con esto no nos diferenciaríamos mucho, como teósofos, de algunos adeptos de esta o aquella otra cosmovisión de la actualidad. Pues hoy en día, incluso en círculos cada vez más amplios de la ciencia externa, se llega a la convicción de que detrás de todo lo que esa ciencia externa puede investigar, de lo que es el mundo del entendimiento, se oculta algo más, que al principio es desconocido. Lo esencial para la teosofía o la ciencia del espíritu no es solo el reconocimiento de que detrás de lo sensible hay algo suprasensible, detrás de todo lo físico hay algo espiritual, sino que lo esencial es que para la persona es reconocible hasta cierto grado y cada vez más reconocible, —si hace que su propia alma sea apta para ello—, lo que existe detrás del mundo físico. Y la teosofía o la ciencia del espíritu no puede estar de acuerdo con quienes dicen: Hay límites en el conocimiento humano. — Sin embargo, como seres humanos debemos limitarnos a lo que los sentidos pueden percibir, a lo que la ciencia metódica puede investigar. Pero podemos suponer que estos límites del conocimiento humano deben expandirse cada vez más, de manera que el ser humano, mediante el desarrollo de sus capacidades de conocimiento, pueda elevarse hacia el conocimiento de mundos que son diferentes del mundo en el que inicialmente se encuentra con su conciencia normal. Desde este punto de vista, la teosofía está inseparablemente ligada a la suposición de que el ser humano es, en cierto modo, capaz de desarrollar lo que, - usando la palabra de Goethe-, son sentidos espirituales, ojos espirituales, oídos espirituales. Así, para el ser humano es posible que desarrolle órganos superiores, aunque no órganos físicos superiores, sino órganos superiores anímico-espirituales, de manera que en cierto momento se produzca para él un gran, poderoso instante, comparable en un nivel más alto con el instante ordinario que puede experimentar alguien que ha nacido ciego y luego tiene la suerte de poder ver mediante una operación de los ojos. Mientras antes tenía oscuridad y ausencia de color a su alrededor, ahora, con la apertura de la capacidad visual, el mundo de los colores vibrantes se mezcla con la oscuridad. Así como para el ciego de nacimiento ocurre un despertar en un mundo más alto o al menos diferente para él, también es posible para cada alma experimentar el momento de despertar en otro mundo, es decir, ver de manera diferente a como se ve en el mundo donde inicialmente vive la conciencia normal. En ningún otro sentido se debe considerar el mundo, según la teosofía, como otro, como un mundo superior o sobrenatural, sino en el sentido que acabamos de describir.

Pero la teosofía, por supuesto, también muestra cuáles son los medios para provocar un momento así de despertar en el ser humano. En la próxima charla se hablará especialmente de estos medios. Hoy solo se trata de esbozar una visión general de la cosmovisión teosófica.

Para ponernos de acuerdo sobre cómo es en realidad ese momento del despertar, centrémonos en un momento que cada persona experimenta todos los días: el momento de quedarse dormido, en el que el ser humano ve que todo lo que impresiona a sus sentidos prácticamente desaparece, y donde la mente, que se extiende como una red sobre las percepciones de los sentidos, deja de funcionar. Podemos decir que, en tal caso, la persona se encuentra en un estado de existencia completamente diferente; entonces se encuentra en la imposibilidad de percibir algo a su alrededor, cuando cesan las impresiones del mundo sensorial y el trabajo de la mente. Ahora bien, naturalmente solo la experiencia real puede decidir si es absolutamente necesario que la persona, cada vez que no recibe impresiones del mundo sensorial, caiga en un estado que se asemeje a quedarse dormido, o si puede existir otro estado. Esto solo puede decidirlo la experiencia de aquellos que han pasado por el trabajo íntimo del alma, que los ha llevado a desarrollar impulsos mentales tan fuertes, que puede ocurrirles algo similar al momento de quedarse dormidos y, al mismo tiempo, radicalmente diferente. Es similar al quedarse dormido en que todos los estímulos sensoriales externos y todo trabajo del entendimiento se detienen. La diferencia es que quien quiere convertirse en investigador espiritual, mediante ejercicios, lleva su alma a una actividad interna tal y saca de su profundidad fuerzas de manera que cuando él mismo provoca la detención de todos los estímulos sensoriales externos y de toda actividad del entendimiento, no tiene la inconsciencia como horizonte a su alrededor, sino que aún mantiene una vida interior consciente.

Esta vida interior consciente es una orientación del alma, un sacar habilidades y fuerzas desde lo profundo del alma, de las cuales la conciencia normal no tiene idea. Se puede comparar con el desarrollo de la visión en un ciego de nacimiento tras ser operado. Desde lo profundo del alma podemos sacar fuerzas que actúan incluso cuando normalmente debería darse la inconsciencia, y que actúan de tal manera que conectan el alma con un mundo espiritual que es tan realmente existente para el ser humano como nuestro mundo sensorial lo está exteriormente. Entonces, lo que lleva al investigador espiritual a su ciencia es, al principio, algo subjetivo, algo que, por así decirlo, surge de su propia alma; sin embargo, las observaciones de aquellos que han llevado su alma a tal despertar dan resultados coincidentes. Primero solo queremos describir lo que se refiere al ser humano, tal como se presenta ante nosotros. El ser humano, tal como se nos presenta, aparece a la conciencia inmediata primero como un cuerpo físico, con todo lo que se puede tocar con las manos o ver con los ojos. Pero la teosofía nos muestra que la esencia del ser humano no se limita a lo que percibimos a través de los sentidos, sino que lo que llamamos «cuerpo físico» está integrado en partes superiores y suprasensibles de la naturaleza humana, que solo se pueden explorar por el camino que acabamos de describir.

Entonces hablamos de que todo lo que en el ser humano provoca los fenómenos vitales proviene de un determinado aspecto suprasensible del ser humano, del llamado «cuerpo etérico» o cuerpo vital. Hablamos de este cuerpo etérico de manera que pueda aparecer ante el ojo espiritual, así como el color aparece ante el ojo físico, siendo una realidad exterior, aunque solo perceptible de forma suprasensible y espiritual. Seguimos hablando de que, además de este cuerpo etérico, existe otro miembro supra-sensible de la naturaleza humana; no se escandalicen por el nombre, solo debe ser un término técnico: el cuerpo astral. Llamamos «cuerpo astral» al portador reconocible supra-sensiblemente de lo que de otra manera solo experimentamos en nuestro interior como nuestras pasiones, como placer y dolor, como penas y alegrías, pero también como toda la vida imaginativa que sube y baja. Luego, además del cuerpo etérico y del cuerpo astral, distinguimos otro miembro supra-sensible de la naturaleza humana; porque así como el ser humano tiene un cuerpo físico en común con todo el mundo mineral, tiene el cuerpo etérico en común con todo ser vivo, y el cuerpo astral con todo el mundo animal. Pero el ser humano tiene aún un cuarto miembro, por el cual es la corona de la creación terrestre, que llamamos el cuerpo del Yo o la esencia del Yo, que no encontramos en los otros seres terrestres.

La teosofía dice que solo comprendemos completamente al ser humano cuando lo pensamos como compuesto por estos cuatro miembros de la esencia humana. Además, muestra que en el ser humano, cuando cae en el sueño, se produce una separación de sus miembros: el cuerpo físico y el cuerpo etérico permanecen en la cama, mientras que el cuerpo astral y el yo se separan de ellos y ascienden a un mundo superior. Mientras el cuerpo astral y el yo estén separados del cuerpo físico y etérico, el ser humano está organizado de tal manera que su horizonte de conciencia permanece oscuro. De ahí la inconsciencia durante el sueño. En la ciencia espiritual hablamos de que solo está sujeto al deterioro temporal la parte de la esencia humana que tiende hacia los miembros más sensibles, es decir, el cuerpo físico y la parte más densa del cuerpo etérico; mientras que existe un núcleo de la esencia humana, que consiste en el yo, el cuerpo astral y una parte del cuerpo etérico; este núcleo de la esencia, con la muerte, deja la envoltura externa del cuerpo físico y una parte del cuerpo etérico y experimenta la vida en el mundo espiritual bajo otras condiciones.

Además, en la teosofía hablamos de que la vida del ser humano no solo transcurre entre el nacimiento y la muerte, sino que el núcleo espiritual del ser humano pasa por vidas terrenales repetidas en un cuerpo físico, ya que las fuerzas que pertenecen a la esencia humana se extienden de una vida a otra. Todo lo que absorbemos en nuestra vida entre el nacimiento y la muerte a través de nuestras experiencias, todo lo que logramos, todo lo que conseguimos cargando nuestra alma de culpa o méritos, todo eso forma fuerzas en nuestra vida interior; no se borra cuando la persona pasa por la puerta de la muerte, sino que queda unido al núcleo del ser humano. Y después de que el núcleo del ser humano haya procesado estas fuerzas en una vida espiritual entre la muerte y un nuevo nacimiento, se construye una nueva existencia para la persona corporalmente y según el destino, de manera que en la vida que vivimos ahora podemos ver los resultados y efectos de nuestras vidas anteriores dentro de la existencia terrenal. Hemos moldeado nuestro cuerpo físico a través de nuestro núcleo esencial de tal manera que ahora tiene esta o aquella capacidad, que puede hacer esto o aquello.

Esta ley, que nos coloca en tal o cual lugar, en tales o cuales circunstancias, que moldea nuestro destino según las vidas anteriores, esta ley de causa y efecto, que se extiende de una vida a la siguiente, la llamamos en la ciencia espiritual con un nombre tomado de la literatura oriental, porque no tenemos una buena expresión para ello en la literatura occidental: la ley del karma. Con un núcleo esencial que, sin embargo, al conocimiento normal no es inicialmente conocido, nosotros mismos hemos preparado nuestro destino. Así que hablamos de que el ser humano, en las vidas sucesivas en la Tierra, atraviesa lo que podría llamarse la cadena de una vida que se extiende a través del tiempo y demuestra la eternidad del ser humano.

Hoy, sin embargo, he prescindido por completo de cualquier prueba de estas cosas y solo he esbozado las ideas que forman el nivel más básico de la cosmovisión teosófica. Lo que respecta a evidencias o pruebas sobre la reencarnación y el karma se tratará en la próxima conferencia. Hoy solo quiero señalar que la persona actual, especialmente si tiene una buena educación científica, le resulta bastante difícil acceder incluso a las verdades de la Teosofía que acabo de describir.

Ahora queremos discutir algunas de las posibles objeciones serias que pueden existir para todas aquellas personas que solo han formado su cosmovisión y su forma de vida a partir de los conceptos e ideas del presente. Para estas personas, al principio es extraordinariamente difícil siquiera imaginar que el alma humana, mediante ejercicios, pueda ser llevada a la posibilidad de adquirir «sentidos espirituales», si es que se puede usar esa palabra contradictoria.

Supongamos que el alma de una persona ha pasado por ejercicios internos, ha intentado entrenar las fuerzas de la voluntad de manera que pueda imaginar algo incluso cuando no hay impresiones externas; que ha llegado tan lejos en la interiorización que vive en la creencia de que, aunque no percibe nada con los ojos y oídos, aún así puede ver y oír algo. ¿Qué razón habría entonces - podría decir alguien - para considerar esto algo legítimo en absoluto? - No hay nada de malo en que una persona, a través de ciertos ejercicios internos, pueda llegar a experiencias internas del alma que tengan cierta vivacidad, quizá incluso una vivacidad superior a las impresiones sensoriales externas y a todo lo que la mente puede alcanzar. Pero —podría decir un oponente—, ¿no se conoce también todo eso que se llama ilusiones o alucinaciones? ¿No se conocen también los autoengaños del alma? ¿No juran aquellos que están sujetos a tales autoengaños del alma, y de quienes sólo se puede hablar de enfermedades del alma, que escuchan todo lo que oyen como voces reales y ven lo que ven como realidad? ¿Qué razón habría para que las visiones de aquel que, mediante ejercicios del alma, guía artificialmente su alma hacia otra experiencia, tengan un valor objetivo diferente? —Eso es lo que primero debemos responder.

Lo que aquí se entiende por ciencia espiritual no son estados patológicos, sino algo que se logra mediante ejercicios del alma «artificiales». Lo que acabo de decir es en realidad trivial. Pero no se trata de si una afirmación es más o menos trivial o inteligente, sino de lo que provoca en nuestra alma, de cómo nos relacionamos con nuestra fe y nuestras convicciones al respecto. Y hay que decirlo: el investigador concienzudo de la verdad de hoy tiene muchas razones para hablar sobre experiencias del alma, y comprendemos que la investigación seria lo rechaza. Solo necesitamos recordar lo evidente que es para la persona de hoy que la investigación científica seria solo pudo ejercer su efecto beneficioso cuando, por así decirlo, se habían rechazado todas las tendencias similares a las que parecen existir también en la ciencia espiritual. Solo tenemos que mirar hacia atrás a tiempos más antiguos del desarrollo de la humanidad, sí, podemos ir hasta la Edad Media, y podríamos demostrar cómo en todo lo que el ser humano veía con sus sentidos y podía investigar con los métodos de su entendimiento, se mezclaba algo que la persona creía experimentar internamente a través de un conocimiento místico; y cómo las impresiones sensoriales estaban impregnadas, entrelazadas, con lo que el alma experimentaba internamente. Al final, basta con mirar con la mirada entrenada que uno ha adquirido en la ciencia natural actual, en algún libro de historia natural de la Edad Media, y verá criaturas fantásticas muy extrañas para el hombre de hoy, y uno, como persona del presente, pronto se dará cuenta de que todo el conocimiento y las percepciones de aquel entonces se basaban en que la gente veía de manera inexacta lo que observaba y luego lo imaginaba a partir de lo que sentía en su alma. Entonces, - podría preguntarse un hombre moderno - ¿cómo se superaron los antiguos puntos de vista equivocados? - A través de la ciencia exacta, que ha obrado tan beneficiosamente únicamente por el hecho de apoyarse cada vez más en las experiencias de los sentidos externos y en lo que estos nos enseñan al entendimiento mediante la observación y el experimento. Solo tenemos resultados seguros de la ciencia desde que contamos con esa investigación, mediante la cual los resultados pueden ser verificados en cualquier momento por cualquier persona de nuestra época. Por eso, la persona de hoy tiene razón si quiere comprobarlo todo.

Solo alguien que esté fundamentado en las ciencias del espíritu o la teosofía puede objetar algo contra esto. Si miramos hacia atrás a los tiempos del amanecer de nuestra hoy justamente tan elogiada ciencia natural, a una persona como Kepler, nos queda claro que en la mente de Kepler no solo vivían esas leyes externas de la mecánica celestial que hoy estudiamos como las leyes de Kepler del orden mecánico del cielo, sino que en la mente de Kepler existía una verdadera mirada del investigador del espíritu hacia la armonía del mundo; a partir de esa experiencia profunda y vivida del mundo surgieron en él sus leyes del orden mecánico del cielo. Alguien que esté en el terreno de las ciencias del espíritu puede decir: Mirad, qué fructífero es dirigir la mirada del investigador del espíritu hacia Kepler. Las leyes de Kepler demuestran casi de manera directa un mundo espiritual, dan testimonio de él. ¡Así que Kepler realmente puede convencernos de un mundo espiritual!

Ahora el oponente podría decir que justamente en un espíritu como el de Kepler se puede ver que él también tenía algunas debilidades; con él se puede comprobar precisamente lo malo que es para la seguridad científica cuando en su alma vive algo como cierta inmersión mística en las relaciones del mundo; porque ahí uno vuelve a la mística medieval y con ello se acerca a operaciones mentales bastante cuestionables, como es por ejemplo la astrología con todos sus excesos.

Eso surgió precisamente porque se desarrollaba de manera abstracta la idea de la armonía universal del mundo y se decía que debía existir una conexión entre el gran mundo del macrocosmos y lo que le ocurre a cada persona. De ahí surgió lo que hoy se conoce como la astrología medieval. Sin embargo, la astrología tiene un lado bastante cuestionable. Nada estimula tanto el egoísmo humano como la astrología, cuando a una persona se le predice a partir del curso de las estrellas lo que puede suceder en términos de coincidencias afortunadas o desafortunadas. Si alguien quiere conocer estas coincidencias con antelación, siempre hay una razón egoísta detrás de ello, y ocurre especialmente entre aquellos que quieren que se les haga un horóscopo un verdadero fomento del egoísmo. Kepler lo sabía y le causaba gran dolor tener que hacer a algunos altos señores un horóscopo por orden de su príncipe. En una carta a un amigo, Kepler le expresó una vez su dolor al tener que prever ciertas cosas a una personalidad importante. En ese caso, decía él, sería terrible comunicarle eso a la persona en cuestión, y sería mejor si no lo supiera, porque de otra manera no desarrollaría ningún cuidado ni energía para actuar. - En otro caso decía que debía hacerse notar a una persona que se avecinaba un desastre.

Un oponente podría decir, que incluso en este único gran espíritu también existe un poco la tendencia hacia una moral cuestionable, cuando dice que, si uno puede determinar el destino de los humanos desde el mundo espiritual, debe ayudar de cierta manera, no se debe decir la verdad en todas partes, hay que tener en cuenta si la verdad es buena o dañina. En resumen, se puede ver en el mismo Kepler cómo un área colindante de la ciencia espiritual, la astrología, conduce justamente hacia un camino resbaladizo. Trágicamente, en Kepler se puede experimentar cómo un camino que por un lado conduce a los territorios más puros y elevados de la vida espiritual, por otro lado puede llevar al más loco de los supersticiones. El propio Kepler tuvo que luchar contra la superstición más extrema de la Edad Media para salvar a su madre de ser quemada, porque fue acusada de bruja por la superstición de la época. Aquí estamos en un punto donde podemos cerrar completamente la cadena entre lo que es la contemplación del mundo espiritual y la superstición más extrema a la que la gente de la Edad Media era fácilmente susceptible. ¿Quién no sabe lo fácil que es para las personas que tienen la necesidad de acercarse al mundo espiritual querer hacerlo hoy de una manera cómoda y preferir invocar a los espíritus de una forma espiritista cuestionable y hacerlos manifestarse, en lugar de elevarse al mundo espiritual a través del desarrollo del alma? Así podría decir un oponente: Vemos en Kepler una prueba de cómo el pensamiento teosófico, al igual que el astrológico, puede llevar a áreas cuestionables. Podríamos dar muchos ejemplos de este tipo. Pero incluso si entramos en un campo no tan lejano como la astrología, se puede mostrar cómo toda la manera de entrar en el mundo espiritual, independientemente de cualquier experiencia externa, puede parecer grotesca para los opositores de la teosofía. Solo queremos señalar un ejemplo que puede ser típico de otros.

Quien, como yo, ha estudiado a Hegel de manera tan profunda, también puede decir lo siguiente: Hegel siempre buscó una cosmovisión que fuera independiente de toda percepción sensorial. Mientras se permanezca en términos generales, en una especie de panteísmo difuso, se puede discutir la legitimidad de lo individual. Pero si uno pretende saber algo sobre la configuración particular de lo que surge del mundo suprasensible, entonces depende de uno dejarse controlar por los hechos. Ahora bien, uno de los campos que primero aborda la investigación del espíritu es el de los números y sus leyes de armonía. Algunos filósofos han asumido la existencia de tales leyes, y Hegel también lo hizo. Hegel intentó demostrar que cierta ley numérica subyace a nuestro sistema planetario, y que, según esta ley numérica, podemos saber cuántos planetas debe tener nuestro sistema solar y que estos se mueven a ciertas distancias. Es decir, Hegel pensaba que, mediante la reflexión interna, uno debería poder controlar el sistema planetario. Por ello, demostró que, según las leyes numéricas, solo es posible que haya un cierto número de planetas y que no podrían existir otros más. De esta manera, Hegel demostró, a partir de la necesidad absoluta de las leyes numéricas, que no había más planetas —en ese entonces el planeta Neptuno aún no había sido descubierto—, y aun así después se encontró el planeta Neptuno.

Podríamos poner ejemplos de todas las épocas, porque siguen el mismo patrón que acabo de describir. Justamente por eso se ve que no solo las experiencias son una fuente de prueba para la ciencia actual, sino que también debe existir un control saludable [a través de los hechos]. Incluso cuando la ciencia adopta hipótesis, solo las acepta cuando la experiencia confirma las teorías. Ahora bien, los detractores de la teosofía podrían decir: entonces la ciencia se ha basado en un terreno saludable; y ahora llega la ciencia espiritual teosófica y quiere mezclar en esta ciencia basada en la experiencia algo que viene de fuentes completamente distintas, de una visión más elevada, de las leyes del karma y similares.

El investigador del espíritu quizás diría al respecto: Sí, pero podrías al menos concederme que lo que afirmo, por ejemplo, la doctrina del karma y de las vidas terrenales repetidas, se considere algo que en la vida científica se llama una hipótesis de trabajo útil. - Nadie, en aquel entonces, cuando surgió la llamada teoría de la vibración de la luz, veía en ella algo más que lo que se llamaba 'vibraciones del éter'. Sin embargo, hay mucho que objetar; toda la teoría era un sistema inventado. Al fundamentar este sistema, se decía uno mismo: Supongamos que todos los procesos materiales son atravesados por un éter universal, que todo está en movimiento, entonces estas vibraciones deben ocurrir según leyes matemáticamente calculables, de modo que se produzca esto o aquello. - Y ahora resultó que los cálculos realmente se confirmaron en la experiencia como correctos, por ejemplo con la luz, el calor, y así sucesivamente. Eso se llama una hipótesis de trabajo útil, cuando se dice: Esta hipótesis incluso nos sirve para descubrir nuevos hechos; aunque la hipótesis en sí sea incorrecta, nos ha llevado precisamente a lo verdadero.

Dejad que sea, podría decir el investigador del espíritu a los opositores de la teosofía, ¡la idea del karma y la reencarnación puede valer como una hipótesis de trabajo!

Ahora bien, podría objetarse: cuando se trata de cosas tan esenciales e importantes, que afectan tan profundamente la vida, no se puede simplemente aceptar la posibilidad de que la vida externa pueda explicarse si se hacen ciertas suposiciones hipotéticas. Quien haya profundizado un poco en la lógica sabe que se pueden sacar conclusiones correctas incluso de premisas falsas. Así que la teosofía podría estar completamente equivocada, incluso si se acepta que la idea del karma y de las vidas sucesivas en la Tierra es correcta. Las conclusiones sobre la vida externa podrían ser correctas, ¡incluso si las premisas fueran falsas! - Sin embargo, podría decir una lógica estricta y concisa; pero con eso se rechazaría reconocer las ideas teosóficas siquiera como hipótesis de trabajo útiles.

Y epistemológicamente es aún peor. Ahí podría decir un oponente de la teosofía: En el conocimiento, lo más importante es investigar la validez objetiva. Pero con las ilusiones, alucinaciones y con toda la vida interior del alma, en realidad no hay otra manera de distinguir lo verdadero de lo falso que mediante la verificación con la experiencia. Si se excluye la experiencia y la vida del alma debe transcurrir sin la [verificación por la] experiencia, se entra en el terreno de la arbitrariedad absoluta, de lo incontrolable. Eso significa que una ciencia que busca el principio de la controlabilidad debe considerar todo el método de la visión superior como no válido, y debe estar de acuerdo con la ciencia actual, que dice: Lo que debe considerarse científico tiene que ser entendido sin depender de todas las experiencias internas y subjetivas; debe suceder de tal manera que, al describirlo, podamos excluir todo lo que pertenezca a nuestra vida del alma.

Pero tú dices – así podría decirlo el epistemólogo moderno al estudioso de las ciencias humanas – que quieres permanecer justamente dentro de tu vida interior y aislarla; eso significa que te adentras en un área que la ciencia acaba de excluir. La ciencia más reciente, de hecho, ha mostrado que ha encontrado sus resultados seguros precisamente porque ha procedido excluyendo todas las experiencias subjetivas. Así que hay que decirles a los teósofos: Solo no traigan a la ciencia lo que son métodos antiguos recalentados, que desde el inicio de las investigaciones modernas de los siglos XV, XVI y XVII ya han sido superados.

Así podría hablar el ánimo, la sensación de una persona que, desde la mentalidad de nuestros días, se acerca a la ciencia del espíritu. Pero se puede profundizar aún más y preguntar: ¿Existe alguna manera de afirmar que lo que una persona ve, que ha llegado a una visión más elevada, tenga un significado también para otras personas? - Sin embargo, la ciencia del espíritu dice: Para explorar el mundo suprasensible y estudiar sus verdades, es necesario esta visión más elevada; pero una vez que se han encontrado las verdades del mundo suprasensible y se cuentan y transmiten, pueden ser comprendidas por cualquier lógica imparcial y por cualquier sentido natural de la verdad. Así como no todas las personas son capaces de ir al laboratorio para aprender sobre los métodos de biología y zoología, y aun así pueden recibir los resultados de esas investigaciones, de la misma manera se puede recibir y entender -dice la ciencia del espíritu- lo que se investiga en el ámbito del mundo suprasensible.

Ahora uno podría preguntarse: ¿Está justificada tal afirmación de la investigación espiritual? Solo estaría justificada si lo que el investigador espiritual tiene que decir pudiera ser comprendido por nosotros siguiendo el modelo que hemos formado para entender en el mundo sensorial, en el mundo científico común. Así, por ejemplo, el investigador espiritual dice: Nuestra vida actual entre el nacimiento y la muerte se construye como un efecto que resulta de las causas de vidas anteriores; las vidas anteriores se extienden hasta nuestra vida actual. Lo que ahora experimento como felicidad o infelicidad, como mis habilidades, como mis fuerzas, mis esperanzas y mi seguridad en la vida, lo experimento así porque he puesto las causas para ello en vidas pasadas. Debo aprender a ver la vida presente como efecto de aquellas causas que fueron puestas en vidas anteriores.

En cambio, el oponente podría decir: Estas cosas también las tenemos en el mundo exterior, que atribuimos efectos a causas y que reconocemos cómo algo anterior perdura como efecto en algo posterior. Tomemos un ejemplo que juega un gran papel en la ciencia moderna. Allí tenemos la ley de que el ser humano, en su desarrollo embrionario antes del nacimiento, atraviesa brevemente todas esas formas que ciertos animales pasaron durante su desarrollo, desde etapas imperfectas hasta formas más completas. Sabemos que el ser humano, durante su desarrollo embrionario —aproximadamente desde el día dieciocho después de la concepción— pasa por una etapa que en su forma externa imita literalmente la forma de un pez; más tarde pasa por otras formas, de manera que gradualmente crece hacia las formas en las que nace. A partir de esto, la ciencia considera que lo que el ser humano es externamente, como persona física, proviene de seres vivos menos perfectos, y que la forma de esos seres vivos menos perfectos sigue operando y afectando lo que es el ser humano antes de nacer. Ahí vemos, por lo tanto, cómo actúan las formas que observamos en la línea de descendencia. Tú, investigador del espíritu, debes mostrarnos que, de hecho, en la vida del ser humano, tal como se desarrolla entre el nacimiento y la muerte, en lo psíquico-espiritual y en el destino humano, vive algo en lo que se puede reconocer el origen de las causas anteriores, así como uno reconoce la línea de descendencia en el desarrollo prenatal del ser humano, en la que adopta formas animales.

Ahora bien, sin embargo, la investigación espiritual puede llegar y mostrar cómo ciertos procesos internos del alma, que se desarrollan de manera individual para cada persona, no se pueden explicar en absoluto como producto de la herencia del padre y la madre, del abuelo y la abuela, cómo, por lo tanto, el núcleo más íntimo del ser de una persona le da algo diferente a lo que es la línea de herencia. Y si luego se sigue cómo se desarrolla la vida humana desde el momento del nacimiento, hora tras hora, día tras día, semana tras semana, año tras año, cómo la persona va creciendo gradualmente, entonces se ve cómo surge fuerza tras fuerza, habilidad tras habilidad se cristaliza; y si uno tiene un ojo atento, ya puede reconocer mediante medios externos: esto al principio no solo lo ha dado la herencia, ni solo la educación de la persona, sino que se ha desarrollado a partir de lo individual interior que está presente en cada ser humano; eso se suma a lo heredado, y eso debe, si no quiere disolverse en simples milagros, provenir de otras causas, que solo se pueden remontar a una vida espiritual-alma que la persona ya ha experimentado anteriormente. Las causas de esto no se pueden encontrar ni en la herencia ni en la educación.

Una conclusión así es posible. Y el investigador espiritual puede decir: Lo que sé a partir de la visión espiritual, eso puedo explicarlo mediante una lógica como la que acabo de caracterizar.

Ahora el oponente podría decir: Muchas cosas se imponen en la vida entre el nacimiento y la muerte, "lo cual no sería sorprendente si uno solo tomara en cuenta las circunstancias ordinarias. Quien, con la ayuda de métodos científicos, mira más profundamente en la vida, sabe la enorme influencia que tienen precisamente las primeras experiencias de la infancia en un alma, cómo algo que vivimos en nuestro primer año con sólo medio consciente, dejó una cierta impresión en nuestra alma y se incrustó en ella." Ahí está entonces oculto, pero cuando surge la ocasión necesaria, sale a la luz, y podríamos fácilmente creer, si más tarde lo vemos manifestarse y no podemos atribuir nada de ello a la educación, ni nada a la herencia, que tendría que explicarse a partir de una vida anterior. Pero esto lo hacemos simplemente porque no prestamos atención a cómo se fijan las primeras experiencias de la juventud en el alma y cómo estas tienen una importancia mucho mayor que todo lo posterior. Por eso la ciencia externa podría decir: aún no estamos en el punto de investigar lo suficiente la vida infantil como para poder decir cómo se forman para el alma del niño las experiencias de los primeros años; debemos esperar hasta profundizar cada vez más en este campo, entonces muchas cosas, de las que vuestros investigadores espirituales quieren decir que se explican por vidas anteriores, se podrán explicar a partir de cosas que ocurren de manera totalmente natural en la vida entre el nacimiento y la muerte.

Sí, el oponente aún puede ir mucho más lejos. Podría decir, por ejemplo: Incluso aquellas personas que, a través de ejercicios internos del alma, llegan a una visión espiritual, a una comprensión superior, deben expresar lo que perciben en un mundo más elevado —ya para ser entendido— en las formas, en los símbolos de la realidad externa y física. Y lo que es muy curioso: aquellas personas que se han vuelto, por así decirlo, clarividentes, se expresan —así podría decir el oponente— cada vez de manera completamente distinta! A finales del siglo XVIII y XIX nadie en el mundo espiritual veía nada que, por ejemplo, tuviera relación con la electricidad o los ferrocarriles; ahora las personas en los mundos espirituales ven cosas que se relacionan con la electricidad o los ferrocarriles. Entonces, ¿quién dudaría de que se trata de una introducción inconsciente de cosas en el alma, que se transforman de manera que surjan estas experiencias espirituales ilusorias? Y no hay nada ahí que pueda justificar ante una conciencia científica las pretensiones de quienes hablan de un ascenso hacia mundos espirituales, hacia mundos suprasensoriales. Cuanto más se examina, más se desmoronan las ideas de vidas anteriores, del karma, y demás. Justamente de algo como las primeras experiencias de la infancia siempre se debería hacer mención, si se presenta algo como la idea del karma.

Ahora podría decirse de las ciencias del espíritu: Miren, una pareja tiene tres o cuatro hijos, y cada niño tiene sus propias peculiaridades. Si todo se debiera a la herencia, no se entendería por qué no todos los hijos de la misma pareja tienen las mismas características, ya que provienen del mismo padre y la misma madre. Justamente eso nos muestra, según dicen algunos defensores de las ciencias del espíritu, que en lo que el ser humano ha heredado, ha sido inyectada una individualidad, y de ahí se explica la diversidad.

En cambio, el oponente solo tiene que decir: Lo que se hereda, ¿no se hereda de ambos padres o incluso de épocas más lejanas? Entonces no se trata de que se herede directamente, sino que se mezclan las diferentes características [de los antepasados]. ¿Por qué, por lo tanto, no podría ocurrir una mezcla diferente para cada niño, de manera que cada vez que se mezclen los distintos tipos de rasgos hereditarios puedan aparecer las más variadas individualidades? Y si alguien pudiera mirar dentro de la complicada estructura de la herencia, el oponente podría decir, entonces tendrían que quedarse en silencio todas las pretensiones de los investigadores del espíritu que sostienen la idea de las vidas múltiples en la Tierra. Y si, para apoyar la idea de la reencarnación, la literatura teosófica señala especialmente que incluso los gemelos muestran diferentes características, el oponente podría volver a decir: Todo lo que se puede mostrar en los niños en diferentes etapas de la vida, ¡eso vale especialmente también para los gemelos!

Otros dicen que, para probar la enseñanza de las vidas terrenales repetidas, el ser humano muestra en su núcleo esencial interno una conciencia, una responsabilidad moral interna. Si uno se siente responsable por un acto que realiza, entonces debería poder tener otra opinión sobre sus acciones además de simplemente haberlas hecho; por lo tanto, habría que atribuir al ser humano un origen diferente al de solo la línea de herencia. La conciencia, la responsabilidad y cosas similares son interpretadas por ciertos escritores teosóficos de manera que se convierten para ellos en pruebas del núcleo humano individual que atraviesa las distintas vidas terrenales. - Aquí solo hay que señalar que la conciencia, la responsabilidad, etc., ya fueron explicadas por investigadores perspicaces como resultado de que el ser humano se ha desarrollado lenta y gradualmente dentro de la sociedad humana. Por ejemplo, se puede mostrar fácilmente que la conciencia surge porque el ser humano ve cómo ciertas acciones le traen desventajas. De este modo, se unen en su alma los conceptos de la acción con la desventaja que la sigue; esto se incorpora en el alma, de manera que finalmente se convierte en el juicio en el alma: ¡esto no debes hacerlo! - Si imaginamos que esto se traduce en un impulso y este impulso se hereda, entonces tenemos en los descendientes, mediante una simple sucesión, una conciencia. Y otra vez - podría objetar el oponente - es una superficialidad suponer, a partir del hecho de la conciencia, la existencia de un núcleo esencial interno del ser humano que atraviesa varias vidas terrestres.

Desde afuera, algunas cosas podrían parecer a quien no observa con cuidado como si no pudieran demostrarse. Y conviene especialmente para un investigador del espíritu escuchar las dificultades que justamente se presentan a las personas conscientes cuando quieren acercarse a la ciencia espiritual. Porque lo que se ha dicho hoy resulta precisamente un obstáculo y un freno para las personas conscientes; no pueden pasarlo por alto.

Sigamos adelante y veamos cómo un oponente podría plantear la pregunta: ¿Cómo se encuentra la situación en las ciencias del espíritu en el ámbito de la moral, de la ética? Normalmente se dice en la teosofía:

¿Qué impulso moral debe darle esto al ser humano, cuando escucha que su vida presente está determinada por causas que fueron puestas por el núcleo esencial del ser humano, es decir, por él mismo, en una vida anterior, y que con lo que hace ahora está creando las causas para la vida futura? ¿Cómo serían entonces las concepciones morales de tal persona? Así podría preguntar un oponente. Y dirá: Una persona así podrá ser fácilmente inducida a decir sobre un acto no bueno: si lo haces, lo arrastras a la próxima vida y te traes a ti mismo el castigo en la próxima vida. - Bajo un impulso así, se omitirán ciertas acciones. Pero, ¿qué tipo de impulso es éste? Es el impulso más egoísta que pueda existir, cuando la persona hace el bien porque le traerá efectos deseables en la próxima vida, y cuando evita el mal porque le traerá efectos desagradables y fatales. Por lo tanto, se está apelando al egoísmo del ser humano cuando se le refiere al karma y se le dice: ¡Con esta o aquella acción estás creando malas causas para futuros efectos! - ¿Dónde queda entonces la gran frase de que moralmente solo es bueno aquello que vive el principio de hacer el bien por el bien mismo? Cuando alguien que cree en el karma se dice: Algo que quizás me perjudique en esta vida, lo hago de todos modos, pero porque me dará ventaja en una vida futura, entonces en tal caso no se hace el bien por el bien mismo, sino que se está despertando el egoísmo humano de la forma más refinada.

O supongamos que una persona vive realmente bajo la impresión de la fe: lo que experimento de felicidad o desgracia, eso me lo he causado yo mismo antes; debo aceptarlo y no quejarme. - Una actitud así - podría decir el oponente - se habituará como fatalismo, haciendo que la persona asigne todo lo que le sucede a acciones que ella misma realizó antes; y en lugar de animarse y actuar en la vida, simplemente se apoyará en el principio: ¡eso te lo causaste tú mismo! - lo que luego llevará a que un teósofo, si es débil, se diga: ¿Por qué debería animarme? Mi karma me ha hecho débil; eso tiene buenas razones en una vida anterior. - De esta manera surge el fatalismo más terrible. De esto podemos ver cómo el egoísmo y el fatalismo pueden ser usados por el oponente como algo que se puede presentar de manera muy contundente en contra del principio moral de la teosofía.

Si ahora queremos considerar cómo la teosofía debe influir en la vida religiosa, si debe guiar hacia una concepción religiosa del mundo, entonces vemos cómo los líderes de la vida teosófica definen la teosofía como una especie de religión de la sabiduría, como algo que, a partir del conocimiento y la comprensión, debe conducir al ámbito religioso. La religión no puede existir sin lo que se podría llamar un espíritu vivo, que atraviese y viva en el mundo, sin importar si se concibe como una mayoría de espíritus o como un único espíritu. Sin el espíritu vivo, que realmente vive en las apariencias y los hechos, ese impulso emocional y de sensación no puede arraigarse en el alma, algo necesario para una verdadera vida religiosa. Este elevar la mirada hacia lo espiritual -podría objetar el oponente-, esta entrega a algo exteriormente espiritual, en el que se ve la fuente de los acontecimientos terrenales y en el que se encuentra entrelazado el propio destino, se ve empañada porque el ser humano depende de la fe en una individualidad humana que se traslada de una vida a otra, y además depende de ubicar todo lo que concierne a la vida religiosa dentro de su propia individualidad, es decir, referirse a sí mismo. Así se socavan esa amplitud del corazón y esa apertura de la mente que existen cuando el ser humano no solo se mira a sí mismo, sino que puede elevar la mirada hacia algo divino, del que forma parte, en el que participa y con el que mantiene una relación viva.

Si queremos resumir todo lo que se puede objetar a la teosofía, un opositor podría decir que, tanto en lo moral como en lo religioso, la ciencia espiritual deja mucho que desear. Esto se manifiesta especialmente en que las personas que están interiormente desordenadas en sus emociones o que tienen una conciencia científica desde el principio más bien laxa, desarrollan poco a poco impulsos muy extraños frente a la vida. Se puede ver —y esto podría aplicarse a todos los seguidores de la teosofía, según las observaciones— que las personas, al involucrarse con verdades de la ciencia espiritual, perderían interés por la vida fresca y completa y, con ello, precisamente por lo que nosotros, como seres humanos, debemos atender en la vida; se observa que se retiran de los asuntos inmediatos del mundo exterior. Entonces, reflexionan sobre lo que han traído a la vida e incluso empiezan poco a poco a despreciar la realidad externa y solo podrían sentirse cómodos si no desean nada de la vida exterior.

Solo quiero hablar de aquello a lo que los opositores de la teosofía podrían señalar con razón. Podrían señalar con razón que numerosos teósofos, con un concepto científico de la verdad más laxo, se vuelven inútiles para todas las tareas que requiere una vida fuerte y saludable, porque viven en una vida que no es jugosa, no tiene contenido, que no ofrece puntos de ataque inmediatos para la vida, y que se vuelven personas peculiares, individuos que no logran manejar la vida y que resultan ser desarmoniosos en su interior. ¡De tales personas surge la teosofía! —Podría decir el opositor. Y podría señalar ejemplos, que en verdad existen en no poca cantidad. Además, se podría señalar cómo la falta de control por las experiencias externas puede volverse bastante grave, si la persona, que quiere crear en sí mismo ojos espirituales y oídos espirituales y que solo ha desarrollado el anhelo de la visión interior, no se ha educado en un sentido estricto de la verdad. Si la persona no ha cultivado en sí un sentido de la verdad y un impulso hacia la verdad, como sucede cuando la experiencia externa nos controla, entonces el observador espiritual, la llamada persona clarividente, puede desviarse mucho del control interno, que debe ser aún más importante cuando falta el control externo.

Ahí se ve lo cerca que está el hecho de que una persona primero caiga en una falsedad inconsciente, en errores, y luego también en una falsedad consciente, en la mentira, cuya magnitud no comprende porque no puede distinguir la ilusión de la verdad.

Y de esto se deduce por qué la necesidad de mirar hacia el mundo espiritual presupone la base interna del ser humano en la verdad y la moral. Se muestra por qué se ha podido convertir en un problema tan profundo, como Goethe lo expresó, por ejemplo, en su «Fausto». Allí tenemos al hombre Fausto ante nosotros, el hombre típico que quiere adentrarse en el mundo espiritual y expandir su vida individual, pero que también, a pesar de su esfuerzo más consciente, tiene innumerables oportunidades de desviarse, y que, casi al final de su camino de vida, hace la pesada declaración: ¡Ojalá pudiera eliminar la magia de mi camino! - Así de trágico puede llegar a ser el compromiso con la investigación espiritual.

Pero no debemos considerar el alma humana solo de manera teórica, debemos considerarla en la vida plena. Y ahí solo la experiencia misma puede darnos las enseñanzas correspondientes. Por más que se quiera argumentar que nuestra alma debe ser de tal o cual manera si quiere seguir la investigación del espíritu, se puede saber con exactitud: los enunciados teóricos son algo distinto a los impulsos del alma. En teoría todo puede ser muy lógico, y el alma, si no ha establecido la seguridad en sí misma, aun así puede caer en los caminos erróneos señalados. Contra algo así, que existe en las formas más diversas, los opositores pueden señalar con razón. Eso puede Eso nos puede mostrar que no debemos tomar las objeciones a la ligera, porque cualquiera puede encontrar tales objeciones en la calle.

En las ciencias humanas o en la teosofía se puede encontrar la indicación de que un núcleo esencial individual vive en el ser humano. Se muestra que solo para el ser humano es posible una biografía, porque solo el hombre tiene ese curso de vida peculiar e individual que hace posible una biografía. Para la persona más grande como para la más pequeña, es posible una biografía. Mostramos al individuo el mismo interés que mostramos hacia toda una especie animal. Mostramos al ser humano el mismo interés que al padre león, al hijo león, al nieto león, y así sucesivamente. Es un argumento flojo decir: pero el león individual también tiene una biografía, y también se podría escribir una biografía de un perro o un gato. - Claro que se podría. Cuando era escolar, una vez el maestro nos atormentó escribiendo la biografía de nuestra pluma. Se puede trasladar todo a todo, pero uno debe fijarse en en qué se basa la esencia de algo. Ningún investigador de la mente dice que un perro o un gato no puedan tener un conjunto de propiedades individuales. Solo se dice que el mismo interés que, en esencia, sentimos como humanos hacia un individuo, lo sentimos hacia toda la especie del animal; incluso puede que el interés por un animal sea mayor que por un humano, pero no es el mismo interés que sentimos por una persona. El tipo de interés que tenemos hacia un individuo humano se encuentra hacia la especie animal. Por lo tanto, debemos decir: cada ser humano es su propia especie.

Es diferente si tenemos ante nosotros verdaderos opositores de la Teosofía o aquellos que no pueden superar las dificultades tal como nos las da todo nuestro pensamiento contemporáneo, nuestra sensibilidad y toda nuestra ciencia actual. Hoy deberían enumerarse algunas de estas objeciones. Por supuesto, podríamos seguir hablando hasta mañana por la mañana y podríamos multiplicar las objeciones hasta el detalle. Y soy consciente de que ni siquiera he enumerado las objeciones más importantes. Solo he mostrado cómo se puede recurrir al ámbito de la teoría del conocimiento, la moral, la ética, la religión y la seguridad de la vida cuando se quieren presentar contraargumentos a la Teosofía.

puede surgir que uno aprenda a practicar la verdadera tolerancia. Solo se puede practicar la verdadera tolerancia si se tiene comprensión por individualidades diferentes, por formas de pensar diferentes, por formas de sentir diferentes. Mientras escuchemos las objeciones que nuestros oponentes plantean, pueden inspirarnos, si no nos enfrentamos a ellas de manera superficial, sino que somos capaces de encontrar dentro de nosotros mismos lo que el oponente plantea. Si, por así decirlo, hacemos de una parte de nosotros mismos nuestro oponente para poder lidiar con las objeciones válidas, entonces practicamos la tolerancia teosófica.

De esta manera así descrita, el investigador del espíritu siempre debería también atender todos los demás objeciones que podrían ser planteadas por la parte contraria. Tanto los creyentes como los oponentes deberían tener esto en cuenta: Con ese absoluto contrario del fanatismo, que debe ser un impulso para la actitud teosófica, enfrentarse al oponente de tal manera que uno siempre se pregunte: ¿Qué importancia tienen sus objeciones? - Por eso, el teósofo no se sorprende de ninguna objeción. La corriente del espíritu teosófico solo puede continuar correctamente si puede tener lugar una confrontación interna con cada oponente.

Que esto sea una demanda con la que incluso nuestros días actuales luchan, se puede ver cuando uno cree una y otra vez que los opositores no podrían evaluar el peso y la importancia de sus objeciones. No hace falta estar en el punto de vista de Eduard von Hartmann y, aun así, se puede ver en su «Filosofía de lo Inconsciente» algo muy significativo, que presentó objeciones importantes contra un cierto tratamiento de los hechos científicos con tintes materialistas. Cuando Eduard von Hartmann publicó su «Filosofía de lo Inconsciente» en 1869, en el incipiente darwinismo de la época se escucharon en todas partes voces contrarias a él. Lo que se presentaba siempre estaba impregnado de la idea de que la gente decía: Habla un filósofo, una persona que en realidad no sabe nada de los hechos científicos, un aficionado; por eso se puede pasar al siguiente asunto. Y surgieron libro tras libro en contra de este trabajo «aficionado» de Eduard von Hartmann. Entre estas diversas escrituras contrarias a la «Filosofía del Inconsciente» se encontraba también una de un anónimo titulada «El inconsciente desde el punto de vista de la teoría de la descendencia y del darwinismo», que fue considerada especialmente ingeniosa. Realmente era una refutación contundente de todo lo que se había expuesto en la «Filosofía del Inconsciente»; era tan contundente que un biógrafo importante de Darwin dijo: ¡Es una lástima que este hombre no se haya dado a conocer, quien escribió este tratado completamente en el espíritu de una investigación científica de la naturaleza contra el dilettantismo de Hartmann! - Y otro naturalista escribió que el desconocido debería nombrarse, porque era uno de los suyos. Este escrito se difundió rápidamente, pronto se vendió y tuvo una segunda edición. Ahora el autor se reveló: era el propio Eduard von Hartmann, quien de esta manera había demostrado, a su manera, cómo se debe ser cauteloso con lo que uno cree como una verdad absoluta, y que no se debe considerar al oponente tonto o aficionado cuando tiene una opinión diferente, porque podría muy bien ser que el autor conociera muy bien las objeciones.

Pero los teósofos no deberían limitarse a conocer las objeciones [contra la teosofía], sino que de alguna manera les corresponde como deber teosófico enfrentarlas. Después de haber dejado que algo de estas objeciones impacte nuestra alma hoy, en la próxima charla veremos cómo se ve este campo desde el otro lado, de lo que hoy hemos mostrado más o menos la cara opuesta. Y veremos si hay razones de peso para los opositores cuando dicen: Déjanos contentarnos con esta teosofía, porque no solo es poco científica, sino que va en contra de cualquier moral más elevada, establece una ética insuficiente, no ofrece seguridad en la vida, y es absolutamente insuficiente desde el punto de vista religioso.

¿O tal vez podría haber algo que muestre lo equivocados que son, en el fondo, todos estos objeciones? Pero no queremos tomar estas objeciones como si simplemente quisiéramos descartarlas como errores, sino de manera que podamos aprender de ellas. Para algunos contemporáneos es difícil encontrar el camino hacia la Teosofía. Pero tal vez también podría ser ejemplar, para algunos que se convierten en creyentes de la Teosofía con ligereza, enfrentarse a tales dificultades. Porque incluso el camino hacia las estrellas podría ser áspero, y podría ser bueno si lo dejamos que sea realmente difícil, si no lo hacemos demasiado cómodo.

Queremos hablar en la próxima conferencia sobre cómo puede el hombre encontrar su camino en este mundo de estrellas espirituales, y de que no necesita sucumbir a las objeciones que hoy se caracterizan, sino que puede convertirse en vencedor sobre ellas.

Traducido por J.Luelmo -jun 2026-