CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA157a Berlín, 7 de diciembre de 1915 -La formación del destino -La relación entre el mundo espiritual y el mundo físico, y como se experimentan después de la muerte

 cuarta conferencia



La relación entre el mundo espiritual y el mundo físico, y como se experimentan después de la muerte


Berlín, 7 de diciembre de 1915

La Ciencia Espiritual tiene que mostrarnos en cada ámbito, la relación entre los mundos espirituales y el mundo que percibimos a través de nuestros sentidos, mientras estamos en nuestros cuerpos terrenales, y que tratamos de captar a través de pensamientos intelectuales. En varias conferencias, hemos estado especialmente ocupados considerando la conexión existente entre la vida del alma del hombre, a medida que prosigue entre la muerte y el nuevo nacimiento, y la vida que transcurre aquí, mientras está encarnado en un cuerpo físico. Debemos tener siempre presente que el hombre, mientras viva dentro de su cuerpo físico, dirige sus pensamientos hacia esa esfera que ha de experimentar después de la muerte y hasta el nuevo nacimiento. Los pensamientos que dirigimos a esa esfera, no pretenden satisfacer la mera curiosidad, sino porque a través de nuestra Ciencia Espiritual, siempre hemos tenido la convicción, de que al dirigir nuestro pensamiento hacia ese otro mundo, podemos contribuir a ennoblecer y vigorizar en el mundo, los conceptos necesarios para nuestro actuar, pensar, sentir, etc. Debemos aferrarnos firmemente a la idea, de que muchos de los secretos de la vida solo pueden resolverse, si tenemos el valor de abordar lo que podríamos llamar el enigma de la muerte. Hoy, para poder considerar la relación entre el mundo espiritual y el mundo sensorial, desde un punto de vista especial, podemos comenzar con una observación trivial, pero que contiene profundos sentimientos. Partiremos del hecho del que hemos hablado a menudo, del paso del hombre a través del portal de la muerte. Repito, partimos de algo que ocurre todos los días, pero que está relacionado con experiencias muy profundas, que atenazan al hombre en las profundidades de su alma. Como saben, cuando nos encontramos cara a cara con una persona aquí en el mundo físico, nos formamos pensamientos que nos acercan a él. Rodeándolo con sentimientos de simpatía o antipatía, etc. Quizás sintamos amistad u hostilidad por él. Nos formamos brevemente una cierta relación con otro hombre, aquí en el mundo físico. Esta relación puede surgir a través de vínculos de sangre, o puede ser producida por las preferencias que concurren en la vida cotidiana. Todo esto se puede incluir en la expresión 'La relación de hombre con hombre'. Ahora bien, cuando un hombre, con quien nos sentimos unidos mediante varios lazos, abandona el mundo físico y pasa por el portal de la muerte, al principio conservamos algo de la memoria de este hombre, es decir, una serie de sentimientos y pensamientos surgidos como resultado de nuestra relación con él, y que nosotros mismos hemos experimentado. Pero a partir de su paso por el portal de la muerte, estos pensamientos y sentimientos que nos unían con él, ahora se viven de una manera muy diferente. Mientras él vivía con nosotros aquí en el plano físico, sabíamos que en cualquier momento, además de la relación que nuestra alma se había formado con él, también podía aparecer su presencia física externa; sabíamos que podíamos llevar nuestra experiencia interior a esta realidad exterior suya. Y si en algún momento el hombre cambiaba, de alguna manera teníamos que esperar, que los sentimientos que antes teníamos hacia él también cambiarían. No solemos pensar en la radical diferencia que hay cuando de repente, o quizás no tan de repente, llega el momento, a partir del cual solo podemos llevar el recuerdo de ese ser querido en nuestra alma, porque sabemos: "Nunca más lo verán nuestros ojos, ni lo tocaran nuestras manos. 'La imagen que formamos de él sigue siendo fundamentalmente la que ya teníamos fijada. Pero aparece un cambio radical en la relación de ambas personas. Como ya se ha dicho, puede sonar trivial, pero marca profundamente la vida interior en cada caso individual, cuando un alma humana que antes nos impresionaba desde el exterior a través de su corporeidad física, se convierte ahora en nada más que un recuerdo.
Comparemos ahora ese recuerdo con otros que construimos a partir de nuestra experiencia. Una gran parte de nuestra vida física está viva en el recuerdo. Conocemos aquello que nosotros mismos hemos experimentado; conocemos, por ejemplo, los eventos que nos han ocurrido y de los cuales hemos guardado ideas. Sabemos que podemos volver a tiempos pasados gracias a estos pensamientos, tiempos en los que tuvieron lugar los eventos en cuestión. Pero, si ahora examinamos el contenido de la mayor parte de estos recuerdos, encontramos que en nuestros pensamientos llevamos algo dentro de nosotros que ya no está aquí, eventos pasados, eventos que, como realidad, ya no podemos encontrar en el mundo externo, pues pertenecen al pasado. Si hemos retenido algunos de los pensamientos de la Ciencia Espiritual, entonces el recuerdo de nuestros muertos, o de quienquiera que haya pasado por el portal de la muerte, es muy diferente a nuestra mirada. Entonces albergamos pensamientos en nosotros, pero estos pensamientos están fijados en la realidad, (una realidad, que por cierto, no es accesible para nosotros en el mundo físico externo, sino que existe en el mundo espiritual). Eso hacia lo cual se dirigen esos pensamientos está presente, aunque no puede entrar en nuestro campo visual; sino que hay un concepto en nuestra memoria muy diferente del mero recuerdo de lo que ocurrió aquí, en el mundo físico. Ahora bien, si observamos lo que esto implica, en relación con todo el Cosmos, podemos decir que llevamos en nuestras almas los pensamientos de un ser que está en el mundo espiritual. Ahora sabemos, y esto, a partir de las consideraciones perseguidas aquí en las últimas tres conferencias, debe quedar especialmente claro para nosotros, sabemos que no solo el anhelo de las almas aquí encarnadas asciende hasta el mundo espiritual, sino que la conciencia de aquellos que han pasado a través de las puertas de la muerte, y que ahora viven en el mundo intermedio entre la muerte y el nuevo nacimiento, también se extiende a lo que sucede aquí en el mundo físico. Podemos decir: aquellas almas desencarnadas que viven en el mundo espiritual, reciben en su conciencia, desde el mundo físico, lo que su mirada espiritual y su visión espiritual dirigida a la tierra, les permite percibir. Señalé en una de las últimas conferencias cómo las almas aún encarnadas aquí en cuerpos físicos pueden ser percibidas por los llamados muertos, y distinguidas de las almas que ya están desencarnadas y viven en la etapa intermedia, entre la muerte y el nuevo nacimiento. Expliqué que las almas que viven en el mundo espiritual deben estar continuamente activas para obtener cualquier percepción. Por ejemplo, pueden ser conscientes de que otra alma está bastante cerca de ellos, pero para percibirla, deben ejercer una actividad interior. Tienen, por así decirlo, que construir una representación. La imagen por sí misma no aparecerá, como lo hace aquí, en el mundo físico. En el mundo espiritual viene primero el pensamiento de una "presencia existente", y luego se tiene, por así decirlo, que experimentar internamente esta entidad existente, para que pueda surgir la imagen. El proceso se invierte; porque hay una diferencia significativa en la construcción de la representación, en lo que respecta a aquellas almas que ya están en el mundo espiritual, y la de aquellos que todavía están encarnados en la tierra; el alma desencarnada debe producir la representación de un alma que ya está en el mundo espiritual enteramente por sí misma, y al hacerlo, debe estar completamente activa: pero en referencia a un alma que aún vive en la tierra, puede permanecer más pasiva y luego más bien la imagen viene a ella. El esfuerzo realizado es mucho más ligero respecto a un alma que vive en la tierra, que con un alma ya desencarnada; se necesita menos actividad interna, y para aquellas almas que viven entre la muerte y el nuevo nacimiento esto representa la distinción entre ambos. Si captan esto, se darán cuenta de que después de que el alma haya pasado por el portal de la muerte y haya vivido la vida del mundo espiritual, no solo contempla a los Seres de las Jerarquías Superiores, y las otras almas humanas que viven con él en el mundo espiritual, sino que también aparece el mundo de las almas con el que estaba relacionado antes de pasar por el portal de la muerte.
Es muy importante tener en cuenta esta diferencia, que si bien el hombre aquí en la tierra tiene lo que constituye la existencia de la tierra realmente a su alrededor, y solo puede, hablando comparativamente, comprender el otro mundo en espíritu, esto se invierte al entrar en el mundo espiritual. Lo que el alma puede ver allí por sí misma, sin esfuerzo, es nuestro mundo; y a partir de allí está el "otro mundo", pero el alma debe esforzarse para hacer que su propio mundo, el mundo en el que se encuentra, sea siempre perceptible, para ello siempre debe construirlo por sí misma. Por lo tanto, cuando el hombre está en el mundo espiritual, es ese mundo en el que debe trabajar continuamente; y entonces lo que para él es, "el otro mundo", siempre surge como de sí mismo. Pero ahora, dentro de ese "otro mundo", que para nosotros en la tierra es este mundo, aparecen las almas humanas, con lo que vive dentro de ellas; especialmente aquellas almas humanas con las que se establecieron relaciones durante la vida en la tierra. Estas almas humanas aparecen. Pero dentro de este mar de percepciones espirituales que hacemos aquí, en nuestras almas, del "otro mundo", ocasionalmente aparecen los recuerdos de aquellos que han pasado por las puertas de la muerte. Imagínense esto muy claramente. Supongamos que viviésemos en una época en la que nadie pudiese recordar a ninguna persona muerta; en cambio los muertos siguiesen percibiendo dichas almas humanas, en las cuales no quedase ningún recuerdo de los muertos. En este océano de percepciones espirituales que las almas desencarnadas pueden ver, se conservan los recuerdos de los muertos. Viven dentro de ese océano. Eso es algo que a través del libre albedrío y el amor del hombre se agrega a lo que los muertos siempre pueden ver desde el otro lado. Así que eso es algo que se añade.
Ahora, nuevamente, llegamos a un punto en el que surgen cuestiones importantes para el investigador espiritual. Aquí hay una pregunta que el investigador espiritual debe investigar. ¿Qué importancia tiene para alguien que ha atravesado el portal de la muerte, el hecho de ver insertado en las almas fluyendo y menguando en nuestro mundo, los recuerdos de los muertos que estas almas irradian? Cuando percibe estos recuerdos, ¿qué significado tienen para él? Pues bien, en la investigación espiritual, cuando surge una pregunta así, en primer lugar debe experimentarse a fondo. Se debe vivenciar en plenitud. Si se comienza a especular sobre una posible solución a tal pregunta, o a una posible respuesta, ciertamente llegará a una conclusión falsa. Porque el esfuerzo de la comprensión ordinaria, sujeta al cerebro, no aporta en general, ninguna solución. Eso solo puede determinarse a través de la actividad interna. Las respuestas a las preguntas relacionadas con enigmas del mundo espiritual, descienden del mundo espiritual como un acto de gracia. Se debe esperar. Realmente no hay nada más que hacer, salvo vivir con la pregunta y meditar sobre ella una y otra vez. Dejen que viva en el alma junto a los sentimientos que despierta, y luego esperen tranquilamente; esperen hasta ser dignos, esa es la palabra correcta, dignos de recibir una respuesta del mundo espiritual. Y, por norma, esto viene de un lado muy diferente del que cabría esperar. Por lo tanto, la respuesta proviene del mundo espiritual en el momento adecuado, es decir, en el momento en que uno ha preparado lo suficiente su alma para recibir la respuesta. En cuanto a si entonces es la respuesta correcta, eso no se puede determinar teóricamente, como si se tratara de una afirmación relativa a la realidad física; solo la experiencia puede proporcionar el criterio. A aquellos que siempre están negando la realidad espiritual diciendo: "Eso no se puede probar; y todo debe ser probado, 'Me gustaría hacerles una pregunta: ¿Hubiera sido posible probar la existencia de una ballena en el mundo físico si no se hubiera descubierto ninguna? Nada puede probarse, a menos que se pueda mostrar de la misma manera que una realidad; incluso en el mundo espiritual se debe experimentar lo que es realidad.
Por supuesto, lo que entra en la propia conciencia como solución, puede aparecer de muchas maneras diferentes, según la preparación que uno haya practicado en el alma. La verdad puede presentarse de muchas maneras, pero sin embargo, debe experimentarse como verdad. Por ejemplo, si uno deja que la pregunta antes mencionada viva correctamente en el alma, entonces aparece una imagen, aparentemente desde un lado diferente, una imagen interior que, digamos, le causa a uno la impresión interna de que ofrece algo relacionado con la solución del enigma en cuestión. La imagen puede surgir de un hombre que permite que le fotografíen o que pinten su retrato. El punto principal en el cuadro será una cosa física, una imagen de esta cosa física, y allí finalmente surge todo lo que pertenece al ámbito del arte, a la presentación artística. Pues bien, si ahora observan cómo prosigue el curso de la vida física, verán que en la vida física, el hombre se enfrenta con los acontecimientos externos de la naturaleza, los seres externos y los eventos de la naturaleza. Ellos siguen su curso y expiran. Pasa lo mismo con respecto al hombre y todas las preocupaciones humanas, con lo que pretende y planifica para sus necesidades, y demás: con lo que él realiza para la historia. Pero más allá de todo eso, este hombre busca algo que realmente no tiene nada que ver con las necesidades inmediatas del mundo. El alma humana es consciente de que si la naturaleza y la historia simplemente sirvieran solo en relación con la satisfacción de las necesidades humanas, la vida se volvería estéril y desoladora. Aquí en la existencia física, el hombre crea algo que va más allá del curso de la naturaleza y de la necesidad. Él siente la necesidad, no solo de ver un determinado paisaje, sino también de copiarlo. Él acondiciona su vida de manera que cualquier persona relacionada con él pueda obtener una o más copias de él. Partiendo de eso, podemos pensar que el ámbito del arte es algo que el hombre crea aquí, que es una realidad más elevada que la realidad ordinaria relacionada con la naturaleza y la historia. Piensen únicamente, lo que el mundo perdería si no hubiera Arte, si el Arte no agregara a lo que ya auto-existe, lo que el puede aportar de sus propias fuentes. El arte crea algo que, se podría decir, no necesita necesariamente existir. Si el arte no existiera, todas las necesidades de la naturaleza podrían proseguir. Se puede suponer que aunque no se haya hecho una sencilla copia de la naturaleza ni se hagan de ella representaciones artísticas, la vida seguiría su curso, desde el principio hasta el final de la tierra. Podemos representarnos la imagen de todo lo que los hombres no tendrían. Pero teóricamente, podría ser posible que nuestra tierra fuese castigada por la incapacidad de desarrollar ningún Arte. Tenemos en el arte algo que va más allá de la vida. Piensen en todo lo que el arte ha creado en el mundo, y también en el progreso del hombre a través del mundo; Ahí tienen, en cierto sentido, dos procesos progresivos paralelos: las necesidades de la naturaleza y la historia, y la corriente de Arte que se inserta en ellas.
Pero, al igual que el Arte evoca, en cierto sentido, como un encantamiento del mundo espiritual en el mundo de la realidad física, asimismo esos recuerdos que llenan nuestras almas aquí, son evocados en el otro mundo, el mundo de quienes han pasado por el portal de la muerte. En lo que respecta a los muertos, el mundo aquí podría seguir su curso sin conservar ningún recuerdo en nuestras almas, recuerdos nacidos del amor y de todas nuestras relaciones humanas. Pero entonces el mundo de los muertos sería para ellos, como para nosotros sería un mundo, en el que no se pudiese encontrar nada que trascendiese la realidad ordinaria. Esa relación tiene un significado extraordinario; Porque, a través de los pensamientos de amor, a través de los recuerdos, y por tanto de todo lo que se transpira en nuestras almas, en relación con aquellos que ya no están en el mundo físico, se crea allí para los muertos, algo análogo a la creación artística aquí. Y mientras que aquí en el mundo físico un hombre debe producir una creación artística desde su propia alma, debiendo aportar algo de su propio ser; para los que ahora están en el mundo espiritual, debe suceder lo contrario. Se les debe hacer llegar procedente de su otro mundo, procedente de las almas que todavía están encarnadas aquí, de las almas que pueden contemplar más pasivamente que las que ya están con ellos en el mundo espiritual. Lo que el curso de la naturaleza y la historia sería para nosotros, si transcurriera simplemente de modo natural, sin el Arte, sin todo lo que el hombre crea elevándose más allá de la realidad inmediata, igual sería nuestro mundo para los muertos, si las almas que todavía están en el plano físico no conservasen el recuerdo de ellos.
Tal parece, que cosas como éstas, no se conociesen realmente en la vida física del hombre. ¡Podemos decirlo así! Quizás no sean conocidas por la conciencia ordinaria, pero en lo profundo del subconsciente sabemos de ellas. Y en función de esto la vida siempre a actuado en consecuencia. ¿Por qué las comunidades humanas siempre han valorado celebrar el Día de los Difuntos y el día de todas las almas? ¿Y Por qué, aquellos que no pueden compartir los recuerdos habituales de los muertos, sin embargo, dedican sus propios días a esto? Porque en lo más profundo del subconsciente del hombre, vive lo que puede llamarse un débil conocimiento de lo que ocurre en el mundo, gracias a haber mantenido viva la memoria de los muertos. Cuando el alma receptiva del clarividente celebra el Día de los Difuntos, o un domingo dedicado a los muertos, o algún día similar en el que muchas personas se reúnen llenas de recuerdos hacia sus difuntos, él ve a los difuntos participar en la ceremonia; para ellos es, salvando las distancias, como cuando aquí en nuestro mundo la gente visita una catedral y contempla aquellas formas que nunca habrían podido ver si la imaginación del artista no las hubiera creado, si antes no se ha agregado ese 'algo' a la existencia física ; Y lo mismo vale, para cuando escuchan una sinfonía, o ese tipo de música. En todos estos recuerdos se reproduce algo que, en cierto sentido, trasciende el nivel ordinario de la existencia. Y así como el Arte se inserta en el curso físico de la historia humana, estos recuerdos se insertan en la panorámica, que las almas entre la muerte y el nuevo nacimiento, reciben de su mundo. En tales costumbres encuentra su expresión, ese conocimiento secreto contenido en las profundidades del alma. Y muchas de las costumbres más importantes están conectadas con esta subconsciencia más profunda. Sentimos mayor reverencia por las relaciones de la vida cuando podemos impregnarlos con lo que la Ciencia Espiritual nos ofrece, que si no pudiéramos hacerlo. Cada vez que una persona muerta entra en contacto con un recuerdo que sobre él esté guardado en el alma de una persona viva, que de alguna manera, estaba relacionado con ella aquí, ese recuerdo siempre es, como si algo se derramara sobre ella, embelleciendo su vida y revalorizándola. Y así como aquí a nosotros nos llega la belleza proveniente del arte, así para los muertos, la belleza que fluye hacia ellos proviene de la irradiación que brota de los corazones y las almas de quienes guardan su memoria aquí en la tierra.
Esa es una relación entre el mundo de aquí y el mundo espiritual de allí. Y este pensamiento está estrechamente relacionado con ese otro pensamiento, que debe surgir de mucho de lo que puede cultivarse en la Ciencia Espiritual, el pensamiento sobre el valor y la importancia de la vida terrenal. La ciencia espiritual no persigue menospreciar la tierra, con todo lo que ésta puede brindarnos; sino más bien pretende que consideremos la vida como parte de la vida del Cosmos, como una parte necesaria, que se ha dispuesto de conformidad con lo que está vigente en el mundo espiritual, sin la cual el mundo espiritual no aparecería en su perfección. Y de aquí en adelante, cuando pongamos nuestra atención en el hecho de que a partir de nuestro mundo físico debe brotar belleza para los muertos, nos veamos sorprendidos por el pensamiento de que el mundo espiritual carecería de esta belleza, si no hubiera mundo físico, con las almas humanas que, mientras permanecían en el cuerpo físico, pudieron desarrollar pensamientos llenos de sensaciones y sentimientos hacia aquellos que ya no están en este mundo. Tenía un gran significado, cuando en tiempos antiguos, todos los pueblos dedicaban sus festividades una y otra vez con reverencia a pensar en sus grandes antepasados, y se unían en el sentimiento por la memoria de sus grandes antepasados. Era de suma importancia, cuando establecían tales días de conmemoración. Porque siempre significaba el alumbramiento de algo hermoso para los mundos espirituales, es decir, para las almas que viven allí entre la muerte y el nuevo nacimiento. Y aunque aquí en la tierra no es muy racional, por decirlo suavemente, sentir un placer especial ante el propio retrato; sin embargo, para los muertos es importante encontrar su imagen, en las almas que aún permanecen aquí. Porque debemos tener en cuenta que el hombre terrenal nos parecerá muy diferente, cuando lo consideramos desde el punto de vista de lo espiritual, desde el punto de vista de los muertos. Muchas veces hemos insistido en esto. Aquí estamos encerrados dentro de nuestra piel. Lo que designamos como "nosotros" como "yo", lo que es más precioso para nosotros, está encerrado dentro de nuestra piel. Esto es válido incluso para las personas más abnegadas; tal vez sea bueno para ellos en mayor grado que para aquellos que se consideran menos abnegados. En primer lugar, valoramos lo que está encerrado dentro de esta piel; Después viene el resto del mundo. Consideramos eso como nuestro mundo exterior. Pero lo más importante es que cuando estamos fuera de nuestros cuerpos somos uno con el mundo exterior y vivimos en él. A menudo he descrito este proyectarse hacia adelante, esta expansión de uno mismo sobre el mundo exterior. Y eso que entonces aparece ante nosotros como el mundo exterior ahora, es justo lo que hemos experimentado interiormente aquí en el mundo físico, entre el nacimiento y la muerte. En cierto sentido, podemos decir que el mundo exterior se convierte en nuestro mundo interior, y lo que ahora es nuestro mundo interior se convierte en nuestro mundo exterior. De ahí la experiencia significativa al entrar en la tierra del espíritu, "Tú eres eso", que se describe en mi libro Teosofía. Así que nuestro mundo interno aquí, que es cuanto abarcamos con nuestro Yo, lo vemos como nuestro mundo externo. Pero allí el alma incapaz de ser tan egoísta como lo fue aquí, ve los pensamientos que aparecen, como sus propios pensamientos. Ese es, como si dijéramos, el mundo externo al que se enfrenta, que realmente se incorpora al ámbito de lo que podemos designar como la "belleza", lo que le enaltece a uno. Ahí entra algo que no vive ni pertenece a nuestra vida, sino que vive en otras almas pero guarda relación con nosotros, esto, que ahora se ha vuelto el mundo externo, consiste en el recuerdo de todo lo que hemos sufrido entre el nacimiento y la muerte. Ese es realmente el escenario de algo que nos trasciende, que trasciende nuestro mundo exterior, al igual que aquí una obra de arte se eleva por encima de la realidad ordinaria que le es propia. Y así como es impropio que un hombre aquí se enamore de sí mismo, o de su propio retrato, allí es bastante natural que un hombre tenga ese tipo de relación con lo que surge como imagen en las almas que quedaron abajo - la otra presentación de sí mismo - detenerse ante esa imagen, tal como aquí nos paramos ante un paisaje. Así, cuando se plantea esta pregunta ante el alma, a uno se le muestra la presentación del hombre y su imagen, y a partir de ahí se halla una forma de responder a la pregunta. La especulación como regla no ayuda en absoluto, hay que aprender a esperar, a esperar pacientemente. En realidad, uno solo debería preocuparse por la cuestión relacionada con el mundo espiritual, puesto que solo se pueden dar las respuestas al alma humana mediante un acto de gracia revelador.
En esta conferencia, he señalado que ciertos arreglos, como las festividades conmemorativas y la celebración de días de señalados organizados por los hombres, están relacionados con un conocimiento profundo, que se escapa a la conciencia ordinaria. Eso radica en el hecho de que el hombre tiene en lo más profundo de su alma, un conocimiento tenue pero global, (me he referido repetidamente a esto), y que en realidad extrae el conocimiento que su conciencia abarca a partir de esta sabiduría global. He señalado lo inteligentes que deberíamos ser si pudiéramos con nuestra conciencia ordinaria abarcar todo lo que está incluido en el cuerpo astral. Este cuerpo astral dispone de una sabiduría, en cierto sentido, mucho más alta de lo que normalmente podemos creer. No valoramos la sabiduría de nuestro cuerpo astral porque no somos conscientes de ello, pero al menos podemos formarnos una idea de su sabiduría integral, si ponemos ante nuestras almas lo siguiente.
Nuestras vidas se viven, podríamos decir, durante el día. Pero, juzgamos los eventos muy poco de acuerdo con sus conexiones. Si los considerásemos dentro de su contexto, muchas cosas nos parecerían muy, muy diferentes. Consideren esto: supongan que hemos hecho un plan, nos proponemos hacer algo y planeamos por la mañana lo que trataremos de hacer por la noche. Al mediodía ocurre algo que nos impide cumplir el plan de la noche. Estamos realmente contrariados de no poder llevarlo a cabo. Pensamos cuanto mejor habría sido si hubiéramos podido cumplir ese plan en particular. El cuerpo astral, sin embargo, con su conocimiento más global aunque subconsciente, es de una opinión diferente. En tal caso, el cuerpo astral a menudo dice: 'Vale, si cumples con lo que tenías previsto hacer por la noche, eso te pondrá en una posición en la que tal vez puedas caerte y romperte una pierna'. Por supuesto, puede ser bastante probable, que no podamos evitar esto en absoluto; y si cumplimos esa noche lo que teníamos planeado, puede darse una combinación de circunstancias que provoque la rotura de nuestra pierna. Con nuestra conciencia ordinaria no lo sabemos, pero el cuerpo astral lo percibe. Y, por lo tanto, nos sitúa en una posición en la que nosotros mismos evitamos el cumplimiento del programa de la noche. La intervención que tanto nos contraría, a veces es causada por este extraordinario conocimiento sabio de todo el entorno de nuestra vida. No nace del azar, sino que surge enteramente de la sabiduría de nuestro cuerpo astral, del cual somos inconscientes, en lo que respecta a nuestra conciencia ordinaria. Solo con que pudiéramos ver, por qué hacemos algunas cosas y omitimos otras, tal vez porque no podemos hacerlas, o porque nos vemos 'empujados' a otra cosa, si pudiéramos percibir todo eso, veríamos que siempre hay una relación en nuestra vida que procede de algo de dentro de nosotros, más sabio de lo que somos con nuestra conciencia ordinaria. Forma parte de la organización de nuestra vida, aunque el propósito global no es perceptible. Pero tan pronto como dispongamos correctamente en nuestras mentes el pensamiento de nuestra relación con el mundo espiritual, el asunto quedará claro para nosotros. Sobre nosotros hay un Ser que, en un sentido limitado, nos pertenece, un Ser de la Jerarquía de los Ángeles, nuestro Ángel Guardián. De hecho, en el tiempo presente, siempre nos dirigimos al comienzo de nuestras conferencias a los espíritus guardianes de aquellos que tienen que cumplir con las severas demandas de nuestra época. Ahora bien, este Espíritu Guardián nuestro ve todas las relaciones de manera global. Durante mucho tiempo ha habido un sentimiento en la conciencia humana de que nuestro Ángel Guardián percibe ciertas conexiones, imperceptibles para nosotros. Ocasionalmente, ocurre lo siguiente: el límite entre lo que podemos ver y lo que no podemos ver con la conciencia ordinaria varía. De hecho, hay personas aquí, que pasan por la vida con una cierta satisfacción interior, porque no importa lo que les venga, lo asumen, porque creen que la sabiduría prevaldrá. Están impregnados de la sensación de que incluso las cosas que pueden causar molestias también están determinadas por una sabiduría predominante. A menudo es muy difícil creer en una sabiduría así, cuando sucede algo que interfiere absolutamente con nuestros planes. Pero uno de los muchos impulsos que fácilmente pueden relacionarnos bien con el actuar del mundo espiritual, consiste en que nos sintamos arropados por esa sabiduría dominante, sin llegar a ser indolentes o perezosos, ni creer que esta sabiduría trabaja independientemente para nosotros individualmente. Por tanto, el límite es movible; y varía enormemente en función de nuestras acciones, y a la formación de intenciones. En la conciencia ordinaria ciertamente hay impulsos de naturaleza íntima y delicada. Cuán a menudo sucede, que planeamos algo para un momento posterior, pero entonces ocurre algo, y sentimos que debemos hacer esto otro, lo que realmente dificultará la acción posterior. Tenemos la sensación de actuar por cuestiones de inmediata necesidad y de tratar el asunto con cierta delicadeza, ya que sabemos que si lo establecemos aproximadamente, se dispersará y desaparecerá ante nosotros. Todos tenemos, en mayor o menor medida, dentro de nosotros, además del yo del que depende nuestra libertad, un segundo yo que quiere abrirse camino a través de la vida y que cree que alcanza mucho más a través de lo que busca a tientas, que a través de lo que puede medirse estrictamente por el intelecto. El límite es movible. Pero en ciertos momentos el límite es aún más ajustable. Y ahora llega un punto que debe ser captado correctamente en cuanto a la vida práctica. Hay personas, (y en cierto sentido todos estamos atrapados por lo que rige en tales personas), que tienen una especie de anhelo, una especie de pasión por ordenar su vida correctamente, para así atravesar los caminos de la vida. Tomemos un caso excepcional. Supongamos que un hombre que conocen hace amistad con otro. Pueden decir: "Realmente no puedo entender por qué ha entablado esa amistad. No puedo entenderlo. No existe una afinidad real entre estos dos, sin embargo, él hace todo lo posible para acercarse a este hombre. "Parece incomprensible; Pero después de mucho tiempo vemos la razón. El hombre en cuestión puede que necesite más adelante al otro, para algo. Ha entablado amistad con él, no porque haya encontrado algo en él que le causa satisfacción; ni la ha entablado por motivos propios, sino como medio para algo que sucederá más adelante. Ha ajustado su vida correctamente. Al formar esa amistad consigue algo, a través del cual su amigo podría luego ayudarlo en alguna situación. Y la consecuencia es que con la ayuda de dicho amigo ocurre realmente algo que de otra manera no podría haber ocurrido. Si aplican ustedes este pensamiento a la vida, verán con qué frecuencia ocurre, que la gente ajusta algo que no desea de inmediato, sino que desea acondicionarlo, porque necesitarán sus efectos posteriores. Por lo tanto, debemos decir que hay personas que, al ajustar sus vidas, muestran una enorme sutileza: no podemos llamar a esto sabiduría; Debemos ser reticentes internamente a llamar a eso sabiduría. Pero estas personas muestran una gran astucia al hacer algo en una etapa previa de su vida, que en ese momento no les beneficia de ninguna manera, sino que solo podrá hacerlo posteriormente. Y podemos expresar el siguiente sentimiento: "Realmente no creía que fuese tan inteligente, porque cuando me acerqué a él e intercambié pensamientos con él, cuando estaba en su ambiente, realmente parecía demasiado estúpido como para acondicionar su vida de forma tan inteligente". Ahora bien, eso sucede porque lo que un hombre lleva en su cuerpo astral, puede ser mucho más inteligente que su conciencia ordinaria. Y si comprueba con fuerza su egoísmo y lo baja a la esfera de la inconsciencia, si no vive de acuerdo con un cierto instinto primitivo, por así decirlo, sino que permite que su egoísmo domine, entonces sostiene su subconsciencia: y ese otro hombre que habita en todos nosotros, pero que, por regla general, nos entrena para tomar la vida de una manera más natural y directa, luego lo guía para organizar su vida y crear de antemano las condiciones para algo más adelante. Entonces vemos que el cuerpo astral gobierna con su inteligencia; pero impregnado, no por lo que generalmente domina en la vida, sino por el egoísmo expulsado de la conciencia ordinaria hacia la conciencia astral. Y vemos a un hombre semejante aparentemente pasando la vida con mucho más sentido calculador, podríamos decir, de lo que debería ser según su conciencia ordinaria. Hay muchos lados peligrosos en la evolución del alma humana. Y es muy importante tomar conciencia de esto: que en el momento en que nos encontremos con lo que normalmente es inconsciente en nosotros, debemos tratar de no abordarlo con demasiado egoísmo. Por lo tanto, hay que poner énfasis una y otra vez, en evitar el egoísmo durante nuestro desarrollo hacia los mundos espirituales. Porque debajo de nuestra conciencia ordinaria, realmente hay algo que puede estar permeado por la conciencia de nuestro Espíritu Guardián de la Jerarquía de los Ángeles. Ahí es cuando surge lo que hace que un hombre parezca actuar sin reflexión, según la conciencia ordinaria, pero que sin embargo está sujeto a cierta ley. Expresé esta ley muy simplemente en uno de los Dramas Misterios, al hacer que uno de los personajes dijese: 'El corazón a menudo debe dirigir nuestro Karma'. Y si se salta lo que el corazón indica como Karma, y permite que la razón prevalezca, a veces entonces la razón, administra una fuerte dosis de egoísmo. O puede ser que el egoísmo prevalezca tanto, que encontramos al hombre más sutil de lo que en apariencia es, a juzgar por su conciencia ordinaria. Eso es debido a que ha presionado el egoísmo hacia abajo en su cuerpo astral. Entonces en el actuar de su alma, entra algo que ahora ya no es obra de los Seres de la Jerarquía de los Ángeles, sino algo Luciférico, que le permite al hombre abarcar una esfera más amplia de lo que conscientemente podría hacer en la actual etapa de su evolución. Por lo tanto, vemos que en lo que hay que poner énfasis necesariamente, cuando uno se acerca a la evolución espiritual, es realmente algo delicado e íntimo; Por supuesto, debemos esforzarnos por expandir nuestra conciencia, pero al hacerlo, siempre debemos cuidarnos de eliminar el obstáculo que se crea cuando nuestro egoísmo se elimina en una esfera más profunda o más alta de la conciencia.
Puede que se pregunten: "¿Cómo podemos hacer esto?" Es muy fácil decir que no debemos eliminar el egoísmo de nuestra conciencia ordinaria. Pero, ¿cómo vamos a evitar hacerlo? Bueno, esto no puede hacerse mediante reglas, sino únicamente mediante la extensión de los propios intereses. Cuando un hombre amplia sus intereses, siempre está de alguna manera luchando contra su egoísmo. Porque con cada nuevo interés que adquirimos vamos un poco más allá de nosotros mismos. Por lo tanto, nos esforzamos por la Ciencia Espiritual de esta manera; es decir, se nos enseña no solo a prestar atención a lo que el hombre oye de buen grado debido a su egoísmo, sino a extender realmente nuestros intereses. ¿Con cuanta frecuencia, una y otra vez surge la pregunta: "¿Por qué los libros están escritos de una manera tan difícil de entender? ¿No podrían escribirse de una manera más simple? 'Y algún otro hace sugerencias sobre cómo se podrían escribir estos libros para la gente y hacerlos populares. Realmente hay que tener cuidado de ir tras tal popularidad, puesto que solo mejora el egoísmo. Si fuera tan fácil entrar en la Ciencia Espiritual, entonces cada uno podría entrar sin superar su egoísmo. Pero en el trabajo realizado espiritualmente por medio de los esfuerzos que tenemos que hacer, nos deshacemos de una parte de nuestro egoísmo; cuando deseamos adquirir a través de la Ciencia Espiritual entramos en en un estado mental más sagrado si hemos tenido que preocuparnos por ello, que si nos lo hubieran presentado en una forma bastante fácil y popular. Por ejemplo, una persona ha vuelto a casa y ha dicho: "Hay tantas personas que tienen que trabajar todo el día. Si estas personas tienen que sentarse por la noche para leer estos difíciles libros, no les saldrá bien. Para tales personas, debería haber libros bastante mas fáciles de leer ". A esto tuve que responder, y muy correctamente:" ¿Por qué debería evitarse que estas personas utilicen el poco tiempo que tienen a su disposición para leer los libros que han sido escritos a propósito con plena consideración hacia las condiciones espirituales? ¿Por qué deberían ocupar el poco tiempo que tienen en leer libros que pueden ser más convenientes, pero que trivializan el asunto incluso textualmente? " Justamente es, porque estos libros no sitúan al alma en la actitud correcta, sino que la arrastran hacia abajo a la vida trivial, cuando se supone que deberían alejarla, incluso en lo que respecta a la naturaleza de la experiencia relacionada con otra esfera.
Será de especial importancia que en la Ciencia Espiritual, tengamos en cuenta no solo el "Qué" (la materia) sino el "Cómo" (la manera): que gradualmente debería orientarnos realmente a adquirir ideas de un mundo muy diferente del mundo físico ordinario, para así, ir gradualmente, acostumbrándonos a formar conceptos diferentes, de aquellos que tan cómodamente podemos construir en el mundo físico. Y ahora, para concluir, me gustaría mencionar un concepto que necesitaremos en nuestra próxima conferencia. Pero lo mencionaré ahora, para que vean que es bueno asimilar nuevas palabras para lo que sucede en el mundo espiritual.
Tenemos una palabra que expresa la forma de vida de un hombre entre el nacimiento y la muerte, que expresa cómo nos va repercutiendo en la vida según va transcurriendo. Vemos al niño pequeño fresco y redondeado, su vida interior fluye a través de su forma externa; Lleno, como se suele decir, con la vida interior, hasta un cierto año en que la vida se vierte en la forma externa. Luego llega un tiempo en que la vida interior deja de fluir, cuando empezamos a arrugamos y las cosas cambian con nosotros. En resumen, podemos seguir esta vida externa desde el nacimiento hasta la muerte en los cambios que presenta el cuerpo físico a medida que la vida sigue su curso. Esa palabra es "envejecer" por la simple razón de que cuando nacemos, el cuerpo físico es joven, y cuando morimos es viejo. Ahora bien, con el cuerpo etérico el caso es realmente muy diferente. Nuestro cuerpo etérico es viejo, si podemos usar esa palabra para referirnos a el, es viejo en cuanto a las fuerzas mediante las cuales se forma durante la concepción o el nacimiento. Ya es viejo cuando comenzamos nuestra vida física. Entonces ya está formado y cincelado, tiene una gran cantidad de formaciones internas (son movimientos, pero formaciones internas); Estas son tomadas de él a medida que la vida avanza. Pero, por otro lado, su fuerza vital aumenta; Es joven cuando envejecemos. Si bien decimos del cuerpo físico, estamos envejeciendo, del cuerpo etérico debemos decir que nos estamos rejuveneciendo. Y está bien usada la expresión. Realmente rejuvenecemos en cuanto a nuestro cuerpo etérico, ya que en nuestro nacimiento todas sus fuerzas están dirigidas a todo lo que está encerrado dentro de la piel. Cuando a cierta edad pasamos por la muerte, el cuerpo etérico entra en cierta relación con todo el Cosmos. Recupera las fuerzas que se le han quitado. En el momento en que nos convertimos en niños, su conexión con el cosmos se rompe. Entonces todas sus fuerzas las envía al pequeño espacio encerrado dentro de la piel humana. Queda comprimido, por así decirlo, a un punto del Cosmos. Luego el cuerpo etérico revive, y gradualmente va ocupando su lugar en el Cosmos proporcionalmente a la edad del cuerpo físico. Aunque algo exagerado, podemos decir que cuando nos vamos arrugando, el cuerpo etérico se va vigorizando y, de nuevo, se convierte en una imagen de la fuerza externa, la fuerza creativa y abundante, de la misma manera que el cuerpo físico es una expresión de esta fuerza al comienzo de la infancia. Rejuvenecemos con respecto a nuestro cuerpo etérico. Por lo tanto, gradualmente será necesario acuñar palabras con las que realmente poder captar las relaciones absolutamente diferentes del mundo espiritual. Es importante que nos familiaricemos con esta diferencia radical en la percepción global del mundo espiritual, en oposición al mundo físico. Comenzaremos nuestras consideraciones la próxima vez desde este punto.

Del coraje de los luchadores.
De la sangre de las batallas,
Del sufrimiento de los dolientes.
Del sacrificio del pueblo,
De allí madurarán los frutos del espíritu.
Si conscientemente el alma
Vuelve su pensamiento a los Reinos Espirituales

Traducida por Julio Luelmo enero 2017

GA157a Berlín, 20 de noviembre de 1915 -La formación del destino -El trasfondo subconsciente de la vida del alma y de la vida espiritual, después de una muerte prematura

 tercera conferencia


El trasfondo subconsciente de la vida del alma y de la vida espiritual, después de una muerte prematura


Berlín, 20 de noviembre de 1915


Durante estos días en los que hemos podido reunirnos, hemos estado dedicándonos a arrojar luz desde diferentes puntos de vista, sobre la relación entre la vida del hombre aquí en el plano físico y la vida que él lleva entre la muerte y el nuevo nacimiento, así como en la conexión entre las sucesivas vidas terrestres individuales, por las que pasa el hombre. Hemos visto que cuando se intenta profundizar en estas relaciones, la investigación se vuelve muy complicada; pero, en realidad, solo así llega a ser provechoso para nosotros, porque puede proporcionarnos muchas conclusiones con respecto a los detalles de los enigmas y las cuestiones de la Vida. Deseamos profundizar más en estas consideraciones; para hacerlo, hoy debemos comenzar por penetrar un poco en la estructura del hombre, que ya conocemos, pero que debemos revisar una vez más con referencia a ciertas cualidades necesarias para las siguientes consideraciones.
Bien, como habrán visto por los diversos ciclos, conferencias y libros, vivimos como seres humanos aquí en la tierra, en una época muy específica de la evolución de la tierra; y siguiendo el espíritu de nuestras consideraciones, hemos podido deducir que hay un propósito interno, un cierto significado interno, en el hecho de que nuestras almas pasen a través de todas estas diferentes épocas evolutivas de la tierra. Partiendo de las descripciones que se han dado, habrán podido ver que no solo la vida externa, sino toda la vida del hombre aquí en la tierra, es obviamente diferente según transcurren las diversas épocas. Vamos a considerar, por el momento, solo la vida del alma. La vida del alma era diferente, (teniendo solamente en consideración las épocas post-atlantes), en la antigua india, la antigua persia, la egipcio-caldea o la greco-romana, así como también es diferente en nuestro tiempo. Nuestras almas pasaron a través de todas estas épocas. En todas ellas, nuestras almas buscaron cuerpos (la mayoría de nosotros más de una vez en la misma época) que les diesen la posibilidad de recibir el mundo de la manera mas apta para las fuerzas de esa época en particular. Si recuerdan lo que se ha dicho sobre las peculiaridades de la vida del alma en las diversas épocas, tendrán una visión aún más precisa. Por ejemplo: cuando consideramos la vida de la primera época post-atlante, encontramos que el alma humana durante su vida en la tierra estaba ocupada principalmente en desarrollar la interacción de su propio esencia con el cuerpo etérico; experimentando así, digamos de manera correcta, lo que puede experimentar un alma aquí en la vida de la tierra interactuando principalmente con el cuerpo etérico. Luego, en la segunda época post atlante, el alma pasó por todo lo que puede experimentarse a través de la interacción con el cuerpo astral. En la tercera época de la civilización post-atlante, el alma vivió todo lo que puede experimentarse a través de la interacción con el alma sensible; en la cuarta época de la civilización experimentó la interacción con el alma racional o intelectual, y en nuestro tiempo pasamos por todo lo que puede experimentarse mediante la interacción con el alma consciente o espiritual., Según sea su experiencia en las diferentes épocas, mientras trabaja sobre los diversos principios de la naturaleza humana, así, el alma individualmente, hace un progreso mayor o menor en el desarrollo general del mundo. Durante estas diferentes épocas, el hombre tiene experiencias completamente diferentes; En cuanto a la relación de su alma con todo el Cosmos, cambia absolutamente. Ya debemos tener una idea de esto, de lo que se ha dicho anteriormente. Así pues, en nuestra época, vivimos en el alma consciente o espiritual, y toda la civilización de nuestra quinta época está consagrada a que el alma humana, el Yo humano completo, aprenda a formar tales conexiones con el mundo como una alma auto-consciente. En nuestra época adquirimos nuestra experiencia adaptando nuestras fuerzas al alma consciente o espiritual.
Ahora bien, es posible ver todo el asunto desde otro punto de vista. ¿Cómo se produce, (dentro del contexto cósmico general) el hecho de que vivamos en el alma consciente ? Obviamente, como hombres, no solo vivimos en el alma consciente, sino también en los otros principios de la naturaleza humana. En un sentido más estricto, en nuestra época formamos principalmente aquellas facultades que la humanidad está adquiriendo actualmente, (mediante nuestra vida del alma consciente), ya que a través de ese principio vivenciamos nuestro Yo, en la vida física entre el nacimiento y la muerte. El griego en el cuarto período post-atlante no dependía tan completamente de su cuerpo físico como nosotros. Los griegos vivían aún una vida más interiorizada en su cuerpo. Esto les hizo que trabajaran en el alma racional o intelectual y por lo tanto, llenaban de contenido su cuerpo físico, de una manera bastante diferente a la nuestra. Cada movimiento de sus manos, por ejemplo, producía un sentimiento interno mucho más fuerte en el griego que en nuestros cuerpos actuales. La ciencia externa no puede entrar en estas cosas, pero sin embargo existen. Cuando tensaban el brazo, el griego sentían hincharse cada músculo, y sentían que se formaba el ángulo. Por esa razón, el griego como escultor estaba en condiciones de crear de manera muy diferente. El escultor actual trabaja a partir de un modelo. Contempla el modelo y actúa en consecuencia. No así el griego. Él sentía internamente la forma del brazo, de la fisonomía, etc., y esto para él era una experiencia interna. Pero cuando el hombre vive en el alma consciente, se ve separado de lo que puede experimentarse en el cuerpo físico. Ha penetrado, como si dijéramos, más profundamente en su cuerpo físico, se ha unido más estrechamente con él de lo que lo estaba el griego, pero, a través de esto, se ha vuelto insensible a todo lo que el cuerpo físico ofrece. Hace uso de los órganos del cuerpo físico en un sentido mas elevado al de los griegos. El griego no podía ver ciertos tonos de color, como los vemos hoy, porque no estaba tan dentro del cuerpo físico como lo estamos hoy. Si leen de nuevo a Homero, podrán notar que menciona pocos colores. De manera parecida todo lo demás cambia. El hombre se identifica tan estrechamente con su cuerpo físico, que ya no experimenta tanto su propio cuerpo físico interno. Más bien, hay que decir que en lugar de percibirlo, se ha volcado más hacia el mundo externo. En resumen, hay un empeño por las capacidades del cuerpo físico, mientras que en Grecia había un empeño por la forma. Por lo tanto, podemos decir: fuimos elaborando el alma consciente para que con nuestro yo se estableciera una cierta relación interna con nuestro cuerpo físico, para abrirnos camino profundamente en el cuerpo físico. De esta manera, se ha llegado al tiempo del materialismo, hasta el punto en que ya no sabemos nada de los procesos y las cosas espirituales; debido a que el hombre se ha sumergido tan profundamente en su cuerpo físico.
Es obvio que dentro del cuerpo físico, se encuentra el cuerpo etérico. El griego conocía mucho más aún de su cuerpo etérico. Él percibía vagamente, aunque solo como una reminiscencia, que el cuerpo etérico siempre repercute los movimientos del cuerpo físico. Todavía sentía no solo que la mano física se mueve, sino que la mano etérica se mueve con ella, y que en ella radica la base del movimiento físico. Todo esto ahora se ha olvidado, pero, mientras el hombre vivía en la época griega, lo experimentaba todo de tal manera que se sentía mucho más intensamente en este cuerpo etérico de lo que se siente ahora, y ese conocimiento no está completamente perdido. Como seres con alma, todos hemos pasado por esto, y permanece en nuestro cuerpo etérico. Todo permanece allí como pensamientos preservados, y cuando dejamos el mundo en el que vivimos entre la muerte y el nuevo nacimiento, dejamos atrás, como si nos olvidáramos, todo lo que antes éramos perfectamente capaces de dominar en nuestro cuerpo etérico. Penetramos tan profundamente en nuestro cuerpo físico, que dejamos atrás todo lo que adquirimos en la época griega. Lo que indica, que el cuerpo etérico del hombre realmente contiene mucho más de lo que él no es consciente. En el presente, desarrolla su conciencia dentro de su cuerpo físico principalmente, y al hacerlo, encubre lo que está en su cuerpo etérico. Tan solo con que poseyera todo el conocimiento de la organización humana interna que está oculta en su cuerpo etérico, sabría infinitamente más de lo que sabe ahora. Porque este cuerpo etérico ha adquirido una cierta perfección, más grande de lo que el hombre es consciente actualmente. En especial, con respecto a esto se rechazan muchas cosas, porque no pueden llevarse a la conciencia de manera adecuada. El hombre sabe muy poco de su cuerpo etérico.
En el cuerpo etérico, entre otras cosas, también está trabajando el cuerpo astral, como saben. Naturalmente de todo lo que se ocupa el cuerpo etérico, hay que considerarlo como permeado por el cuerpo astral. Si de repente pudiéramos sacar a la superficie todo lo que contiene el cuerpo etérico, seríamos infinitamente más inteligentes de lo que somos en la época actual, en la que nada más tenemos que esforzarnos con el cuerpo físico. Porque este cuerpo etérico contiene mucho, (naturalmente, el cuerpo astral también tiene parte en eso), contiene infinitos tesoros de sabiduría. Estos reposan en las profundidades de nuestra alma, dentro del cuerpo etérico. Allí encontramos una gran cantidad de destrezas, una masa de información. Por ejemplo, en referencia a la geometría. Una vez mencioné acerca de lo mucho que todos sabemos de geometría inconscientemente. Esto es realmente un hecho. Porque cuando aprendemos Geometría no lo aprendemos de las cosas externas, se consigue haciéndonos conscientes de lo que está en el cuerpo etérico. Cuando dibujamos figuras externas, simplemente sirven como estimulo. Si dibujo un triángulo, del cual sé que los ángulos = 180º, tengo el conocimiento de esto a través del cuerpo etérico. Sólo dibujamos figuras como consecuencia de la pereza humana. En realidad, sabemos todo lo que se puede aprender de la geometría. Lo sabemos inconscientemente, descansa bajo las profundidades de la vida del alma inconsciente. No tenemos idea de lo inteligentes que somos en las profundidades subconscientes del alma. ¡Pero podríamos, saberlo! Lo peor en la evolución humana no consiste en que el hombre tenga poca sabiduría dentro de sí, sino en su incapacidad para extraer esa sabiduría de su propia alma. Todo desarrollo educativo consiste en sacar a la luz la sabiduría oculta que se encuentra en las profundidades del alma. Ahora bien, si no nos resultara tan difícil sacar a la luz estas cosas, no podríamos avanzar adecuadamente en nuestra evolución. ¡Solo hay que pensar! Si no tuviéramos que conseguir una relación con nuestro cuerpo físico como la que ahora tenemos, naceríamos realmente como niños terriblemente inteligentes, y no se tardaría mucho en sacar a la luz, a una edad relativamente temprana, lo que se encuentra dentro del cuerpo etérico. Pero entonces al hombre no le supondría ningún esfuerzo obtener sabiduría, y por lo tanto no podría tomarla como suya, sería una mera imitación de sabiduría. Una asimilación personal surge solo, cuando tenemos una relación con el cuerpo físico, según está establecida para esta quinta época cultural. Esta asimilación personal hace que el conocimiento se convierta en nuestra propia posesión. Cuando profundizamos en esto de esta manera, nuestro conocimiento es nuestro: lo tenemos para nosotros mismos. Esto se aplica en referencia al cuerpo etérico.¡Pero podríamos, saberlo! Lo peor en la evolución humana no consiste en que el hombre tenga poca sabiduría dentro de sí, sino en su incapacidad para extraer esa sabiduría de su propia alma. Todo desarrollo educativo consiste en sacar a la luz la sabiduría oculta que se encuentra en las profundidades del alma. Ahora bien, si no nos resultara tan difícil sacar a la luz estas cosas, no podríamos avanzar adecuadamente en nuestra evolución. ¡Solo hay que pensar! Si no tuviéramos que conseguir una relación con nuestro cuerpo físico como la que ahora tenemos, naceríamos realmente como niños terriblemente inteligentes, y no se tardaría mucho en sacar a la luz, a una edad relativamente temprana, lo que se encuentra dentro del cuerpo etérico. Pero entonces al hombre no le supondría ningún esfuerzo obtener sabiduría, y por lo tanto no podría tomarla como suya, sería una mera imitación de sabiduría. Una asimilación personal surge solo, cuando tenemos una relación con el cuerpo físico, según está establecida para esta quinta época cultural. Esta asimilación personal hace que el conocimiento se convierta en nuestra propia posesión. Cuando profundizamos en esto de esta manera, nuestro conocimiento es nuestro: lo tenemos para nosotros mismos. Esto se aplica en referencia al cuerpo etérico.
Con referencia al cuerpo astral, hay que aplicar algo muy diferente, y es lo siguiente: si pudiéramos extraer todo lo que yace en el cuerpo astral, todo lo que el cuerpo astral sabe, en todos sus detalles, no sería ventajoso para nuestra vida presente. Porque entonces viviríamos realmente entre nuestros semejantes como autómatas. De hecho, nuestro cuerpo astral sabe, si bien, nuestra conciencia no, la relación que, como cuerpo astral, ha de mantener con todas las personas individuales con las que se ha de relacionar en la vida. Nuestro cuerpo astral tiene tal conciencia. Por lo tanto, si pudiéramos hacer uso de todo lo que el cuerpo astral sabe, seríamos absolutamente conscientes, por ejemplo, de que con esta o aquella persona tendremos problemas; y que tal o cual persona será un tipo amable. Tal conocimiento naturalmente cambiaría la vida por completo, pero para nuestras relaciones terrenales actuales, no en el buen sentido. Incluso, podría relatarles aún más cosas respecto a lo que sabe el cuerpo astral (e inconscientemente ya usa dicho conocimiento), pero es un conocimiento que realmente se nota muy poco en las conexiones de la vida humana. Supongamos que un hombre perece por un accidente. En la vida humana común, nos parece que el accidente le haya sido impuesto al hombre, ya que, según nuestra conciencia actual, el hombre no busca tener un accidente. Pero si investigamos el cuerpo astral, no encontraremos un solo accidente que el hombre no se haya buscado, en la medida en que está en el cuerpo astral. Aquello que según la conciencia ordinaria se precisa, lo busca el cuerpo astral a partir de una libre elección interna. Es por lo tanto intencional, es en realidad querido por el cuerpo astral. Incluso que un hombre sea atropellado por un tren, es provocado por el cuerpo astral, en el contexto de toda su vida. No es algo que simplemente suceda por accidente. Debido a esta sabiduría en nuestro cuerpo astral, no solo tenemos vínculos con nuestros semejantes sino que también, en realidad, nos conectamos con toda la vida exterior, con el correr de los acontecimientos naturales y sociales en los que estamos implicados. Es bueno que todo esto se nos oculte a propósito, de lo contrario no aprenderíamos nada para nuestra evolución posterior: pero en el cuerpo astral existe un verdadero pensamiento, me refiero a una especie de conocimiento de todo, que muestra nuestro vínculo con los eventos y elementos humanos en los que estamos involucrados. El hombre presta poca atención a esto en la vida ordinaria. Cuando algo nos sucede, decimos: 'Esto acaba de ocurrir' y, como norma, eso es lo único que se observa. No consideramos realmente lo que habría sucedido si ese evento en particular no hubiera ocurrido. Voy a presentar un ejemplo sorprendente. En un momento concreto de su vida, un hombre es herido. En la vida cotidiana, uno simplemente piensa: Sí, ha sido herido, y ahí se acaba el asunto. ¿Qué hubiera pasado si no hubiera sido herido? A esto, no se le presta atención, pero a causa de una herida, toda la vida puede alterarse, todo lo que sigue puede ser diferente. No obstante, el cuerpo astral contempla toda la conexión, antes de la herida del hombre. Se puede decir que el cuerpo astral es clarividente.
Y el verdadero Yo, que permanece aún más profundamente en la subconsciencia y que mora en las profundidades internas de nuestro ser, es mucho más clarividente aún. Como ya saben, fue en el Antiguo Saturno, cuando construimos nuestro cuerpo físico, nuestro cuerpo etérico en el Sol y nuestro cuerpo astral en la antigua Luna. Nuestro Yo es el bebe entre los principios humanos, es el más joven. El Yo no se formará, tal como el cuerpo físico está formado ahora, hasta que no se hayan completado el período de Vulcano, tras haberse completado las otras evoluciones de Júpiter y Venus, mientras tanto este Yo permanece todo el tiempo en el seno del mundo espiritual. Luego, durante la época de Vulcano, un conocimiento inconcebible de las conexiones de la vida brotará del Yo. Pero este conocimiento ya está dentro de nosotros y la evolución en Júpiter y Venus consistirá en extraer la capacidad de usarlo.
Así pues, mientras consideramos estas profundidades de la vida del alma, vemos de una manera maravillosa nuestra conexión con el mundo espiritual. A los hombres en la vida humana común solo se nos da lo que estamos en condiciones de recibir, porque el Yo se refleja en el cuerpo físico; pero detrás de esto descansa un conocimiento terrenal ampliamente extendido, que está en el cuerpo etérico. Detrás de este, a su vez, descansa un conocimiento clarividente que ya está en el cuerpo astral, y un conocimiento aún más clarividente que está en el verdadero Yo. Es bueno que recordemos estas cosas, antes de continuar con lo que ahora tengo que decir. Consideremos el caso, que en el tiempo actual está hablando tan profundamente y de tantas maneras al alma, el caso de un hombre que en plena juventud es conducido a través del portal de la muerte desde el campo de batalla. Entonces de repente, los principios más profundos de la naturaleza humana (cuerpo etérico, cuerpo astral y yo) se desprenden de su conexión con el cuerpo físico, de una manera bastante diferente de lo que lo hace cuando se envejece y muere lentamente en la cama. A menudo se produce una separación más rápida del cuerpo físico; ya he hablado de la naturaleza profética del cuerpo etérico. Hemos dicho que incluso en los sueños, si pudiéramos dar algún sentido a las imágenes que vemos en nuestro cuerpo etérico, a través del sueño que surge porque el cuerpo astral las imprime sobre el cuerpo etérico, que luego recibe como un reflejo lo que está experimentando el cuerpo astral: conoceremos que en estas imágenes hay algo que indica nuestra vida futura, algo de naturaleza profética.
Ahora, para el investigador espiritual que tiene que investigar esas cosas, de tales consideraciones surge una pregunta importante. Primero ha de plantearse esta pregunta a sí mismo. Y el planteamiento de la pregunta es entonces una especie de introducción a la respuesta que debe surgir desde la observación clarividente. Por ejemplo; hay que decir: aquí en la tierra, de acuerdo con el curso normal de la vida, el hombre está destinado a llegar a la vejez y a agotar lentamente su vida. Sus cuerpos etérico, astral y ego se ajustan para tal fin. Esto es lo que ocurriría, si el curso de la vida fuera normal: pero entonces, de repente el hombre recibe un disparo, toda la conexión se ve perturbada. A través de eso, una cierta facultad del cuerpo etérico (por el momento limitaré nuestra consideración al hombre individual), esa fuerza que habría podido trabajar casi proféticamente a lo largo de toda la vida, que hubiera podido guiarlo a través de muchas otras relaciones en la vida, esa fuerza es arrancada de la vida; y se ve separado del plano físico. Solo supongamos que al hombre no le hubieran disparado. (Podemos poner esta hipótesis y no considerar el hecho de que todo esto es, por supuesto, kármico). Bueno, entonces él habría agotado gradualmente esa fuerza en su cuerpo etérico, tal vez a lo largo de muchos años. Sin embargo, esa fuerza está en la parte interior de su alma. No deja de existir, y puede percibirse cuando el hombre, que ha sido asesinado por un disparo, mira el panorama de su vida, mira hacia atrás en el cuerpo etérico. Ya he indicado que esta panorámica de la vida tiene una característica muy especial. Tiene la característica de parecer provenir del mundo exterior, en lugar de tener que ser evocada desde dentro.
En resumen, esa energía, esa fuerza, que entonces se ve interrumpida, permanece en el hombre. La observación revela el hecho de que esa fuerza está allí y transforma toda la vida postmorten. Y lo mismo pasa con la fuerza en el cuerpo astral. Esta, también, habría sido utilizada a lo largo de toda la vida. Y también permanece allí. En resumen, cuando un hombre es violentamente arrancado de la vida física, recorre a través del portal de la muerte, un camino muy diferente. Haber sido alcanzado por un disparo y haber perdido su vida de esa manera, no es lo mismo que morir lentamente en su cama. De ahí, surge una gran pregunta para el investigador espiritual: ¿Cuál es el significado real de esto? ¿Qué significado tiene para su época cuando, como en el caso citado, un hombre realmente lleva algo muy diferente al mundo espiritual de lo que habría llevado si hubiera vivido su vida? Para una época como la que vivimos, esta pregunta tiene una importancia infinita, ya que gran parte de lo que se acaba de describir está siendo llevado al mundo espiritual. ¿Qué significado tiene para el mundo espiritual esto? ¡Esta es una pregunta tremendamente significativa! Cuando se estudia un poco la relación del mundo espiritual con el mundo físico, algo que durante mucho tiempo no se creía, pero que se revela claramente a la investigación espiritual, se vuelve importante. Es lo siguiente. En realidad, todos nuestros conceptos e ideas cambian al entrar en el mundo espiritual; no solo cuando entramos por medio de la iniciación, sino también al entrar a través del portal de la muerte. Verán, aquí en la tierra, el hombre realmente evoluciona progresivamente en una dirección definida. Podríamos decir que se trata del llamado "concepto de ser". Y la gente de hoy en día tiene ya muy asumida esta idea de "concepto de ser". ¿Qué quiero decir realmente con esto? Hoy en día, casi nada se valora a menos que se conciba como realmente existente. Cuando viene alguien que habla de cosas no palpables, es considerado un soñador. Los hombres hablan de "realidades" y, en comparación con esto, el simple pensamiento no es nada. Innumerables personas infravaloran el pensamiento hoy, porque no pueden retenerlo. "La Existencia" significa la constatación forzosa de lo percibido; Uno no interviene en la existencia de una cosa, su existencia es obvia. Y todo lo que no se puede demostrar que existe de esta manera, cada vez es tenido en menor consideración por el hombre.
En la evolución del mundo espiritual ocurre todo lo contrario. Allí, lo que existe y como tal objeto físico causa alguna impresión, es algo hostil para el hombre, en el mundo espiritual, algo perturbador, algo que él sabe que pertenece a la "nada" y que está destinado a desaparecer en la nada. Y si se entra sin más preámbulos dentro de una región espiritual en la que quizás hay almas poco desarrolladas (almas que para el mundo espiritual son tan simples como parecen serlo muchas almas en el mundo terrenal), entonces se encuentra que allí prevalece la opinión opuesta. Cualquier cosa a la que estas almas muertas le atribuyan valor no debería existir, tal como se habla aquí en la tierra del ser. La existencia aquí, como tal, no tiene valor para estas almas. En la vida espiritual la realidad es, que uno se enfrenta a seres espirituales puros. Que nos afectan. Pero primero hay que poder percibirlos. Por lo tanto: Cuando se está en el mundo espiritual; detrás de uno están las almas que pertenecen a las jerarquías espirituales, los ángeles, los arcángeles, etc. Uno sabe que están ahí. Pero si un hombre quiere percibirlos, primero debe suscitarlos en lo que aquí llamamos "ser/existencia". Lo que en el mundo espiritual actúa sobre uno, debe ser llevado a la "Imaginación". Lo que es "inanimado" lo que no le aporta nada al hombre, que simplemente existe en sí mismo, no tiene valor en el mundo espiritual. Estando aquí en la tierra, el hombre está rodeado de naturaleza. Pero el mundo espiritual exige que el hombre, sin más dilación, se 'despegue' de ella, porque ya no está. Estar rodeado de la naturaleza no causa ningún problema especial. Existe, por así decirlo, por sí misma. Por eso el amor materialista se rodea de naturaleza. Pero en el mundo espiritual la naturaleza ya no está. Para el hombre, en el mundo espiritual, solo existe aquello en lo que él mismo trabaja continuadamente. Tiene que estar continuamente activo. Lo que está allá, es el otro mundo, el mundo que el hombre ha abandonado, al que continuamente mira hacia atrás, como si fuera un mundo de existencia. El mundo, que lleva lo transitorio dentro de sí, lucha continuamente contra lo no existente. Si por un momento el mundo tan querido por los materialistas desapareciera, si los hombres no supieran nada de sus cuerpos, sino que antes tuvieran que "imaginarselos", si no supieran nada de la mesa hasta que la hubieran creado en el pensamiento, en cambio pudieran ver el mundo espiritual, entonces tendrían en esta vida aquí abajo lo que tienen allí en el mundo espiritual. En el mundo espiritual solo pueden percibir a través de la propia actividad. El "otro mundo", nuestro propio mundo aquí abajo, está siempre presente. Mientras que aquí el cielo está oculto y solo el mundo que nos rodea está siempre presente, allí el mundo circundante está oculto a menos que nosotros mismos lo percibamos por nuestros propios esfuerzos. Para alguien que pueda tener un conocimiento inmediato de el, es fácil creer en el "más allá". Pero desde el punto de vista espiritual, lo que hace que este mundo nuestro sea tan, casi diría, desagradable, es estar tan impregnado de 'ser'. Es un hecho inquietante que esté impregnado de 'ser', es realmente inquietante. Muchos dicen: "¡Un mundo espiritual! ¡Quisiera creer en uno si pudiera verlo! ¡Si pudiera verlo mientras estoy en este! ". Podemos comparar ese comentario con lo que dicen las almas en el mundo espiritual:" Podríamos soportar ese mundo físico de allí abajo, de existencia continua solo si no estuviera permanentemente presente. Si no estuviera tan impregnado de ser. No podemos mirar hacia abajo a la tierra sin ver en cada parte de ella esta terrible existencia ".
Y aquí si alguien es un materialista práctico y no cree en el idealismo, únicamente, por tanto, ama la existencia. Pero para que esta convicción de la existencia meramente obvia no se extienda, surgen de vez en cuando personas idealistas, que llevan a la humanidad a creer en los ideales y en su eficacia, en el poder del idealismo en el progreso de la historia. Estos ideales de lo ético, lo bello, lo religioso, son aportados al mundo. Ciertamente los materialistas absolutos no tendrán nada que ver con ellos; a lo sumo se deshacen de ellos en pocas palabras. Pero justo aquello que en el sentido material no parece existir, se lleva al plano físico como la cosa más preciosa de la vida. Y si la evolución de la humanidad en la tierra se considera desde un punto de vista humano superior, entonces uno puede decir: Ciertamente, la naturaleza está ahí, grande e importante. Pero, ¿Qué sería la vida humana entera, si solo estuviera la naturaleza existente, tan hermosa: si el hombre no fuera capaz de tener ideales, si no pudiera ser impulsado hacia adelante, no por lo que no existe, sino por lo que debería existir, la vida ética, religiosa, artística, y educativa? Podríamos decir, que es lo que no existe, lo que nos empuja desde el mundo espiritual, como ideales de la humanidad, que no existe pero que debería existir, lo único que hace que la vida sea valiosa. Todos los que no están completamente sumergidos en el pantano del materialismo sienten esto muy fuertemente. Y por lo tanto, aquellos que en el curso de la historia son, en un sentido especial, los portadores de los ideales, aparecen como aquellos que solo dan valor a la vida de la existencia, a partir de lo que debería existir. Y ahora para el investigador espiritual aparece lo siguiente. Desde el mundo espiritual, se vuelve la mirada, de la misma manera, a la vida terrenal, pero en tal manera que, como un alma superior, se anhela que todo en la tierra no deba simplemente 'ser'; sino que entre las cosas de la tierra debería haber algo que no sea terrenal, en el sentido más estricto de la palabra. Con la existencia de la tierra debe mezclarse otra cosa, que no tiene existencia en el sentido terrenal. Esto aparece como algo infinitamente significativo, cuando el investigador espiritual lo percibe en relación con aquellas personas que estaban destinadas a una larga vida y se vieron cortadas por la fuerza. De modo que hay una parte de su vida que, desde el punto de vista espiritual, estaba realmente destinada a la existencia y que no la han vivido. Tomemos el caso de un hombre que ha vivido en el mundo solo hasta su vigésimo quinto o vigésimo sexto año, en lugar de su setenta u ochenta, para lo cual disponía de las fuerzas vitales necesarias. De repente, digamos, recibe un disparo y muere. Los principios de su naturaleza humana se separan repentinamente unos de otros. El cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo podrían haber desarrollado en el transcurso del tiempo la facultad de sostener el cuerpo físico. Aquello que hubiera podido tener una continuidad si no fuera por el disparo, estaba destinado a una existencia en la tierra. Pero no ha pasado a la existencia. Desde el mundo espiritual esto aparece de manera que se puede decir: 'Abajo hay algo que no existe simplemente'. Algo más se ha mezclado con la existencia de la tierra, algo que estaba destinado a la existencia, pero que se ha interrumpido. Es existencia, pero meramente en germen. Sin embargo, en cierto sentido es algo que debería existir. Por lo tanto, aquellos cuya vida termina así en una etapa temprana por causa de un acontecimiento externo, son para el mundo espiritual, cuando pasan por las puertas de la muerte, en un sentido similar pero no igual, mensajeros espirituales, como lo son los Idealistas que vienen aquí a la tierra, para mezclar lo que debería existir, con lo existente. Los que pasan prematuramente por las puertas de la muerte, ascienden para anunciar a los cielos que en la tierra no solo existe la mera existencia, sino también lo que debe existir.
Se puede hacer un descubrimiento infinitamente profundo y significativo al llegar a este capítulo de la investigación espiritual, cuando se aprende a conocer a estos idealistas impelidos hacia los cielos, que se convierten en lo que son, atravesando las puertas de la muerte según hemos descrito aquí. Y en el momento presente es muy apropiado que realmente unamos tal pensamiento con nuestras almas.
Al entrar en el dominio de la vida espiritual, es necesario que además de aquellos que, por así decirlo, cumplan su tarea en la vida espiritual, también existan aquellos que realmente han entretejido algo en la evolución de la tierra, pero han sido sacados antes de lo que debería haberse hecho de acuerdo con el plan. Por lo tanto, podemos decir que para las almas humanas en el mundo espiritual, aquellos que pasan prematuramente por las puertas de la muerte se convierten en muchos aspectos, justamente en quienes hacen posible creer en lo elevado de la vida terrenal. Haciendo posible que ellos crean que la vida terrenal realmente contiene algo espiritual que es valioso; porque estas almas adoptan una posición similar allí a los idealistas aquí en la tierra.
Siempre debemos tener en mente que no debemos imaginarnos los hombres viviendo en el mundo espiritual como lo hacían cuando estaban aquí. Las ideas triviales que sostiene la gente, tales como, por ejemplo, que quienes mueren de niños continúan viviendo como niños, son naturalmente incorrectas. Tendemos a imaginar a los muertos tal como los veíamos cuando estaban aquí, pero esa no es su verdadera forma; es más bien su expresión. Un niño puede morir, pero la entidad humana encarnada en el niño puede ser un alma altamente evolucionada, y continuar su vida después de la muerte como un alma altamente evolucionada. Muchas veces he mencionado esto. De este modo, vemos que al mundo espiritual se traslada algo que, al estar vinculado con la existencia de la tierra y, sin embargo, no servirse de ella, debería, en un sentido, no "ser" allí. Eso actúa en la evolución por la que pasa el alma humana entre la muerte y el nuevo nacimiento. Aquellos hombres que han pasado así por la muerte, atraviesan la etapa intermedia, entre la muerte y el nuevo nacimiento, que ellos allí representan a la humanidad de la tierra, en un sentido mucho más rico y completo de lo que lo pueda hacer quien haya pasado por una vida normal en la Tierra. Eso no tiene nada que ver con lo que se haya establecido para el hombre a través del Karma. Si se vive hasta la vejez, eso es karma. Si se muere joven, eso es Karma. Pero al igual que en la tierra, un hombre no puede convertirse arbitrariamente en esta o aquella individualidad que su conciencia en este lado del velo podría seleccionar, tampoco puede determinar con la conciencia terrestre, cómo debe configurarse la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento. Si alguien es sacado de la existencia física por la fuerza y llevado al mundo espiritual, posee entonces, una visión imaginativa mucho más intensa del conjunto de la humanidad, que si se entrase al mundo espiritual de manera diferente. Solemos decir, que aquellos que pasan así por las puertas de la muerte, durante su vida entre la muerte y el nuevo nacimiento, permanecen especialmente cerca, de lo que sucede en la tierra, en lo concerniente a la humanidad. Esto se puede ver investigando las vidas de personas que han logrado algo de una importancia muy especial en un momento particular de su vida, algo que tal vez solo pudieran hacer ellas. Supongamos que un hombre logra algo de gran importancia en cierta dirección, en una época definida de su vida, por ejemplo, a los cuarenta y nueve años. (Naturalmente esto solo puede ser investigado de manera oculta). Si se hace un seguimiento retrospectivo de esto, se encuentra que en una encarnación anterior, y tal vez a los cuarenta y nueve años, este hombre murió de forma más o menos violenta. Adquiere esta fuerte tendencia hacia la evolución ideal de la tierra al haber llevado "lo que debería existir" al mundo espiritual. De este modo, incorporó a todo su ser físico la vigorosa fuerza con la que lograr algo concreto en un año concreto. En esto, podemos ver nuevamente, como señalé en la última conferencia, que los hombres que tienen que realizar muchas cosas, especialmente a través de su voluntad, y que, por lo tanto, viven más para la humanidad universal, de alguna forma han traído, desde una encarnación anterior, tal empeño de vida 'que debe existir'.
Cuando solo se concibe la vida en lo espiritual como una vida terrenal algo más refinada, es, de hecho, especialmente difícil reconciliarse teniendo la siguiente idea de lo espiritual: "Aquí en la tierra, la vida física siempre se puede identificar por sí misma; mientras que allá es la vida la que es desconocida"; y que las cosas se invierten en lo espiritual. La gente no se toma la molestia de comprender que, a menos que se haga algo por uno mismo, en la vida espiritual todo es oscuro y sombrío; que primero hay que sacar todo a la luz, para que todo lo que es visible en este lado (el físico), sea visible también desde el otro lado. Además, lo más importante que se entremezcla allí consiste en "algo que debería existir". Este es el concepto que se tiene que adquirir si se quiere percibir correctamente la conexión de la vida física con la vida espiritual.
En nuestro tiempo, realmente es un buen plan que nos familiaricemos con tales conceptos, ya que, como he dicho, las almas que sufren se preguntan muy frecuentemente hoy en día: ¿por qué tantos hombres deben ser llamados al mundo espiritual en la flor de la vida? ¿Por qué no pueden completar su vida aquí? Y por maravilloso que parezca (aunque, como he dicho, las verdades espirituales a veces pueden parecer crueles), es cierto, sin embargo, que debe llevarse al mundo espiritual, la posibilidad de mirar la tierra de manera que esta tierra pueda ser penetrada de espíritu. Si todos los hombres alcanzaran la vejez con normalidad, si no hubiera mártires, ni ningún hombre capaz de sacrificarse en la juventud, la Tierra, considerada desde arriba, se convertiría en una existencia sin valor. Lo que se entremezcla con la tierra en forma de Ideales, es al mismo tiempo lo que continuamente trae algo mejor del pasado para el futuro. Eso también depende de lo que aquí se esté sacrificando. Supongamos que un hombre a la edad de veintiséis años sacrifica toda su vida futura, que de otro modo habría empleado en su trabajo externo, y la consagra al progreso de la humanidad. Esto va más allá. En las fuerzas del progreso viven las vidas que los hombres han sacrificado, las vidas que habrían podido vivir aquí. La evolución de la tierra necesita este sacrificio de vidas. Por lo tanto, podemos ver cómo lo que, visto de otro modo, es meramente una idea abstracta en nuestra era materialista, se vuelve extremadamente concreto. En otro sentido más que el que desarrollé aquí en julio, podemos decir: "No solo estos cuerpos etéricos intervienen en la conexión completa del progreso humano, sino que el trabajo de aquellos que han pasado por la muerte también sigue vivo".
El trabajo de estas individualidades es tal que podemos preguntarnos: ¿Quiénes son esos que trabajan principalmente por el bien de la humanidad en general, y que se proponen a sí mismos tareas universales en encarnaciones posteriores? Son aquellos que en encarnaciones anteriores, de alguna manera han sufrido una muerte de sacrificio. Naturalezas devotas, aquellas que se entregan a lo espiritual aquí en la tierra, deben esto a su vida de martirio en una encarnación anterior. La tierra no podría progresar a menos que la gente se sacrificara.
Cuando pensamos en esto, podemos apartar la vista del presente, dirigiéndola hacia el futuro. Un número tan inmenso ahora (entre 20 y 30 millones de muertos entre 1914 - 1918) está siendo sacrificado y se está sacrificando a sí mismos. Es doloroso si esto se considera desde muchos puntos de vista personales, sin embargo, si lo vemos desde el punto de vista de la sabiduría del Cosmos, podemos consolarnos. Porque en proporción al sacrificio de ahora, se darán en el futuro las fuerzas del progreso. La humanidad requiere tales fuerzas de progreso. Esto no se considera con la suficiente profundidad hoy, pero lo será, cuando haya transcurrido un número suficiente, no de siglos sino de décadas, en la presente evolución materialista. La consecuencia del materialismo seguirá con increíble rapidez. El cenit del materialismo se alcanzó realmente en el siglo XIX, y el hombre se vería sobrepasado por él a menos que algo pudiera detenerlo. Esta conversión debe ser producida por la Ciencia Espiritual. Y esto solo puede hacerse por medio de vigorosas fuerzas, trabajando para que el ideal sea realmente implantado en la vida terrenal. Muchos de los que ahora han dado su vida ayudarán a evitar que la tierra sea presa del materialismo y sea dominada por él.
En el curso de conferencias sobre el Apocalipsis, pueden leer también esto indicado en líneas generales. Así podrán formarse una idea de cuán grande es el fruto de vidas sacrificadas, que requerirá la Tierra en el futuro, para redimirla lo máximo posible del hundimiento en el materialismo, y la lucha, el odio y la enemistad, que conlleva ese materialismo; y mediante ese sacrificio pueda seguir su curso posterior en el cosmos. Un tiempo como el nuestro exige, más que otras épocas que podamos creer, no solo en lo que está ocurriendo, sino en los frutos de estos acontecimientos. Y solo podemos reconocer estos frutos si tenemos en cuenta los dos lados de la existencia cósmica, que nos muestra que realmente experimentamos dos polos de vida completamente diferentes: uno aquí entre el nacimiento y la muerte y el otro entre la muerte y el nuevo nacimiento. Aquí, en cierto sentido, somos pasivos en nuestro ser más íntimo, y si deseamos elevarnos a la percepción del mundo espiritual, tenemos que trabajar tan duro que muchos lo encuentran imposible. Allí, es necesario estar activo para que se haga presente ante nuestra visión, el mundo espiritual inmediato en el que nos encontramos; por otro lado, siempre tenemos, como recordatorio, el mundo existente debajo. Aquí en este mundo terrenal, los idealistas traen "lo que debería existir", lo que da valor a la existencia. A ese mundo al que los hombres atraviesan por las puertas de la muerte, en el que entran aquellos cuya vida ha seguido su curso normal en la tierra, llegan también aquellos que mueren más o menos temprano como mártires. Y allí son el testimonio de que allá abajo en la tierra, no solo existe lo material, no solo lo que acaba siendo nada, lo transitorio y lo decadente, sino que en esta tierra también se entremezcla con lo que han retenido aquellos hombres que no completaron su vida, cuya vida les fue arrebatada por la fuerza.
Debemos tomar tales cosas no solo intelectualmente, sino unirlas profundamente con nuestros sentimientos, para que todo se vuelva comprensible. Ciertamente, nuestra época presente contiene muchos enigmas, pero algunos de ellos pueden resolverse si relacionamos el sufrimiento presente con la gran sabiduría del Cosmos. Y este es nuevamente un capítulo que, si aplicamos lo que ahora se ha dicho a nuestros propios tiempos, puede encarnarse la gran verdad:
Del coraje de los luchadores.
De la sangre de las batallas,
Del sufrimiento de los dolientes.
Del sacrificio del pueblo,
De allí madurarán los frutos del espíritu.
Si conscientemente el alma
Vuelve su pensamiento a los Reinos Espirituales


Traducida por Julio Luelmo enero 2017

GA157a Berlín, 18 de noviembre de 1915 -La formación del destino-La vida espiritual en el mundo físico y la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento

 


segunda conferencia

La vida espiritual en el mundo físico y la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento


Berlín, 18 de noviembre de 1915

Quisiera ahora continuar con las consideraciones que comenzamos a desarrollar en nuestra última conferencia. Tiempos como el nuestro, en los que el enigma de la muerte se acerca al alma humana de muchas formas diferentes, y sobre esto pusimos énfasis en nuestra última conferencia, nos impulsa especialmente a investigar qué es lo que el hombre puede adquirir con respecto al mundo espiritual. Tiempos estos, en los que la humanidad está expuesta a pruebas tan severas, tienen el propósito mismo de guiar al alma humana a investigar sobre los seres del mundo espiritual. Porque, ¿Cómo no ver en cada paso lo que está sucediendo hoy, en la mayor parte del mundo cultural, y cómo no ver en casi todas las etapas el gran enigma de la vida al que nos enfrentamos? ¿Cómo no sentir que se ocultan grandes conexiones detrás de eventos como los que ocurren hoy día alrededor de nosotros? Y que, cuando ocurren, convulsionan las almas y los corazones de los hombres con dolor y tristeza, aunque también los llenan de esperanza y confianza. Ciertamente, el que contempla los acontecimientos del mundo con una visión miope, juzgará los sucesos de gran alcance, basándose en los hechos precedentes y en los inmediatamente posteriores. Pero el que externamente, sin entrar en consideraciones esotéricas, considere el curso de los eventos cósmicos y compare los tiempos anteriores con el presente, se hará consciente de lo mucho que previamente puede estar relacionado con lo que, digamos, sigue su curso más adelante en el Cosmos, de una manera muy diferente, como efecto.
Consideren que ahora hay muchas personas que dicen: “Los eventos actuales de la guerra son simplemente el resultado de una oposición política externa entre las distintas naciones y pueblos”. Ciertamente, en un sentido limitado eso es cierto, y no se trata de poner objeciones a la verdad de tal concepto; pero, si consideramos, por ejemplo, las guerras que se libraron al comienzo de la Edad Media entre los pueblos de Europa central y los del sur de Europa y, sobre todo, los pueblos pertenecientes al Imperio Romano, debemos decir que las guerras que tuvieron lugar entonces en la lucha política, también procedían de la oposición política que entonces existía; Tenían sus causas inmediatas en aquellas oposiciones. Aquellas batallas luego, siguieron su curso. Provocando ciertas configuraciones en toda la vida de Europa. Si investigamos un poco en la historia y consideramos lo que sucedió en ese tiempo a través de las luchas de los pueblos de Europa Central con, digamos, los pueblos del Imperio Romano, llegaremos a la conclusión de que a partir de la anterior configuración del mundo europeo surgió otro posterior. Pero si deseamos evaluar correctamente el punto real en cuestión, debemos considerar todos los resultados históricos. Porque estos resultados históricos que han tenido lugar en Europa, no podrían haber surgido como lo han hecho, si esas batallas hubieran terminado de otra manera. ¿Y cuál fue la consecuencia de esta historia europea? ¡El resultado de ello es, la manera en que el cristianismo se extendió y creció en Europa! Y si consideramos estas profundas conexiones, podemos decir: En todo lo que sucedió en los siglos siguientes, los hechos son los siguientes: los eventos de estos siglos están relacionados kármicamente con sus causas, osea, las batallas de aquellos tiempos. Eso significa que los eventos a los que hemos aludido están relacionados con toda la configuración posterior del mundo europeo, aunque en sus relaciones espirituales. Considérenlo en todo su alcance y admitirán, que el cristianismo se difundió en Europa y se forjó, a través de los jóvenes pueblos germánicos que se enfrentaron a los ahora envejecidos pueblos romanos y que mediante la unión de sus fuerzas juveniles con lo que Fluyó en la humanidad como mensaje del cristianismo, se creó así una cierta atmósfera europea, en la que nacieron las almas que habrían de descender más tarde. De ese modo, en los siglos siguientes, las almas vivieron y se desarrollaron de acuerdo con estos eventos. Por lo tanto, podemos decir: si un hombre en ese momento hubiera afirmado: "Todos los acontecimientos que se derivaron, fueron simplemente la consecuencia de un enfrentamiento político entre las naciones del sur y centro Europa ", y tendría razón. Pero si otro hubiera dicho: "La configuración de la cultura espiritual de todos los siglos venideros, será el resultado de lo que ahora está sucediendo", y también tendría razón, y en un sentido mucho más profundo. Si buscamos las causas inmediatas de cualquier cosa apuntando a las fuerzas opuestas más cercanas, no abarcaremos todo el alcance de los hechos. Los asuntos de este mundo están todos muy íntimamente conectados. Y si necesitamos, por así decirlo, un fortalecimiento interno para encontrar las fuerzas adecuadas para apoyar nuestro trabajo, solo debemos recordarnos que en un círculo aún más pequeño que el actual, una vez estuvieron reunidos juntos aquellos que, cuando el cristianismo se anunció por primera vez, representaban sus grandes verdades cósmicas. Ya he usado esta comparación a menudo. Pero lo aplicaremos una vez más hoy. Hubo un tiempo que podemos describir de la siguiente manera: Vemos el antiguo Imperio Romano. Lo vemos con su antigua filosofía. Lo vemos viviendo enteramente en el ambiente de la antigua filosofía pagana. Vemos este Imperio con las personas que en cierto sentido formaban las clases altas. Y allá abajo, verdaderamente más abajo lo que significa hoy nuestro 'debajo' - literalmente debajo, en las catacumbas debajo de la tierra, vemos al primer pequeño puñado de cristianos, en posesión de algo bastante extraño para la cultura mundial de arriba, pero que lo llevaban tan profundamente en sus corazones, que su fuerza verdaderamente se hizo cósmicamente creadora. Imaginémonos aquellas catacumbas. Allí, debajo de las catacumbas, con sus pensamientos dirigidos hacia el impulso de Cristo, estaban los primeros cristianos, y encima, sobre sus cabezas, los romanos, que se comportaban de manera muy diferente a los primeros cristianos. Ya conocen todo eso, no necesito continuar el relato. Pero si se imaginan dos siglos después, ¡qué diferente se ve todo! ¡Lo que estaba arriba es barrido, y lo que era venerado en secreto bajo tierra, halló su camino hacia la superficie! Ciertamente, los tiempos y las formas en que ocurren tales hechos cambian; Pero lo esencial permanece. Con respecto a quienes defienden hoy la cultura científica y espiritual externa, puede decirse, (aunque esto no debe tomarse literalmente), que se sienten arriba y a lo que se fomenta en nuestros círculos, lo llaman la filosofía de algunos sectarios, el resultado de unas mentes anormales. Pero aquél que realmente penetra en la naturaleza de nuestros conceptos y que, sobre todo, se impregna de ellos, puede tener la seguridad de que aquí también algún día, lo que se mantenía debajo, estará en la cima. Aquí, por tanto, nuestros pensamientos pueden detenerse en el mundo transformado que surgirá de estos difíciles tiempos nuestros, en que la humanidad debe aprender a comprender lo espiritual. Porque casi no existe una mayor similitud en la evolución histórica, que la que existe entre nuestros tiempos y la que tuvo su papel en la época en que la antigua cultura romana todavía estaba arriba, y el cristianismo, sostenido por unas pocas almas fieles, todavía estaba abajo.
Me gustaría señalar, (si puedo hacerlo sin parecer de mente estrecha al hacer una referencia demasiado ceñida y pedante de estas cosas, ya que de hecho, en estos días deberíamos ser mas abiertos), que es especialmente bueno sostener ante el alma como representaciones imaginativas, la imagen de nuestra época y la de Roma durante la primera aparición del cristianismo.
Muchos de los que hoy se oponen a lo que llamamos Ciencia Espiritual, no pueden evitar sentir la naturaleza completamente diferente de lo que la Ciencia Espiritual representa en contraste con lo que de otro modo se sostiene entre las llamadas personas "normales" de hoy. Así pues, si deseamos entender esto correctamente, solo debemos observar, cómo, la primera anunciación del cristianismo era completamente opuesta, a lo que se sostenía entre los romanos, (los hombres normales de aquellos tiempos), con tal pensamiento debemos familiarizarnos, porque una y otra vez se argumenta en contra nuestra, que con los medios de conocimiento corrientes, el hombre no puede alcanzar los mundos a los que hacemos referencia. Realmente debemos comprender el trabajo más íntimo en nuestros grupos para que podamos decir: Esta vida en nuestros grupos no es inútil ni insignificante para nuestra causa, que nos reunamos en tales grupos, y que una y otra vez renovemos, no solo el conocimiento de los resultados teóricos de nuestra doctrina, que no es importante, sino que también renueven nuestros cálidos sentimientos y Sensaciones por las cosas y seres reales del mundo espiritual. De este modo, nos acostumbramos a esa forma de sensibilizarnos psíquicamente y, sobre todo, nos permite asumir las verdades espirituales de manera diferente frente a los que no están preparados. En las reuniones de nuestro grupo, de vez en cuando habría que impartir algo de las partes superiores y mas avanzadas del conocimiento espiritual. No empezar siempre desde el principio. Pero esta intimidad dentro de la vida de los grupos debe hacer posible que algunos de nuestros amigos, acojan en sus almas, ciertas cosas que señalé en la última conferencia, a saber, la manera especial de verificar nuestro conocimiento espiritual y de hacerlo nuestro. No podemos verificar estas cosas de la misma manera que lo hace el hombre en el mundo externo, entrando en contacto con las cosas con sus ojos: pero quien tiene un sentimiento por los hechos que señalé la última vez, lo hará, aunque él mismo no vea en el mundo espiritual, sintiendo que a través del apoyo mutuo de las verdades espirituales se intensifica el valor de estas verdades. Por lo tanto, volveré a llamar la atención sobre el significativo hecho de que, por una parte, tras muchos años de estudio, se alcanza el punto de vista definitivo de que una tercera parte de nuestra vida entre el nacimiento y la muerte, se revive de nuevo después de la muerte; mientras que de la otra parte, se descubre un punto de vista muy diferente, a saber, que en realidad experimentamos nuestra vida de dormidos en una forma especial durante el tiempo que llamamos Kamaloka, y que esta también ocupa un tercio de la vida en el plano físico. Estos dos puntos de vista son bastante independientes entre sí y se han descubierto desde diferentes puntos de partida. También hemos demostrado en otras ocasiones cómo, desde tres o cuatro puntos de vista diferentes, uno siempre llega a la misma conclusión. Así las verdades se apoyan mutuamente. Pero para esto, nosotros mismos debemos adquirir el sentimiento correcto. Esto producirá algo como un sentimiento elemental natural de la verdad de este conocimiento espiritual. A menudo debo apelar a esto, de lo contrario no podría revelar las verdades posteriores y superiores en las diversas reuniones de grupo.
La última vez, pusimos la atención sobre el hecho de que la conexión correcta de nuestra conciencia del Yo entre la muerte y el nuevo nacimiento, se prende por así decirlo, a través de esa revisión panorámica de nuestra última vida en la tierra que tiene lugar después de la muerte. Hacemos repaso a nuestra vida de nuevo en una especie de cuadro. Deben entender claramente lo que contempla un hombre realmente allí. Aquí en el plano físico, estamos acostumbrados a posicionarnos formando, en cierto sentido, una especie de punto central de nuestro horizonte cósmico, y vemos cómo, el mundo que nos rodea, produce impresiones en nuestros sentidos. En la vida normal en el plano físico, no nos miramos a nosotros mismos, a nuestro interior, sino que desviamos nuestra mirada hacia el exterior. Ahora bien, si queremos formarnos una idea de la vida inmediatamente después de la muerte, es importante tener en cuenta que esta manera de mirar el panorama de la vida, es absolutamente diferente de la percepción que estamos acostumbrados a usar en el plano físico. En el plano físico miramos fuera de nosotros mismos y consideramos el mundo como nuestro entorno. "Estamos aquí, miramos hacia el exterior y no a nuestro interior, a nosotros mismos". Inmediatamente después de la muerte, disponemos de unos pocos días en los que nuestro campo de visión está lleno de aquello que hemos experimentado entre el nacimiento y la muerte. Luego miramos hacia adentro, desde la periferia hacia el centro. Consideramos nuestra propia vida en su curso cronológico. Mientras que generalmente decimos: "Aquí estamos y todo lo demás está fuera de nosotros", inmediatamente después de la muerte tenemos la conciencia de que esta distinción entre nosotros y el mundo no existe. Porque miramos desde la periferia a nuestra propia vida, que durante estos pocos días es nuestro mundo. Con la percepción ordinaria en el plano físico contemplamos colinas, casas, ríos, árboles, etc., pues, de la misma manera vemos, lo que hemos vivido en la vida desde un cierto punto de vista personal, como nuestro propio mundo inmediato. Y el hecho de verla, nos da el punto de partida para mantener el Ego a través de toda la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento. Eso fortalece y vigoriza el alma, de modo que entre la muerte y el nuevo nacimiento siempre sepa: "¡Soy un Ego!" Aquí en la vida física nos damos cuenta de nuestro Ego, a través del hecho, que a menudo he señalado, de que estamos en una cierta relación con nuestro cuerpo. Consideren lo siguiente: si reflexionan detenidamente sobre un sueño, dirán: En el sueño no se tiene una clara sensación del Ego, sino mas bien a menudo una sensación de separación. Eso es porque el hombre aquí en el plano físico solo siente realmente su Ego a través del contacto con su cuerpo. Pueden representarlo de manera muy cruda: si mueven su dedo por el aire, ¡no hay nada allí! Muévanlo más lejos, sigue sin haber nada. Sin embargo, cuando tocan algo, al enfrentarse a algo, saben de sí mismos, se dan cuenta de sí mismos. De ese modo, somos conscientes de nuestro Ego. No se despierta el Ego mismo, el Ego es un Ser, sino la conciencia del Ego, la conciencia del Yo. La contraposición nos hace conscientes de nuestro Yo. Por lo tanto, somos conscientes del Ego en el cuerpo físico debido a que vivimos en él. Para este motivo hemos recibido el cuerpo físico. En la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento tenemos una conciencia del Yo, porque hemos recibido las fuerzas que proceden de la visión de la vida anterior. Llegamos en cierta medida a contactar con lo que el mundo del espacio nos da y, por lo tanto, alcanzamos nuestra conciencia del Yo para la vida entre el nacimiento y la muerte. Entramos en contacto con lo que nosotros mismos hemos experimentado entre el nacimiento y la muerte en la última vida, y de ese modo tenemos nuestra conciencia del Yo para la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento.
Allí prosigue la vida de modo bastante diferente, esta vida ocupa un tercio del tiempo de la vida entre el nacimiento y la muerte, y que generalmente se la llama la vida del Kamaloka. Esta vida que sigue es de tal naturaleza, que podemos decir que aparece una ampliación de nuestra visión. Mientras que durante los primeros días nuestra visión se dirige realmente solo a nosotros mismos, a nuestra vida pasada, no a la personalidad, esto, a medida que pasa el tiempo, se vuelve muy diferente. Ciertamente, el poder de reconocerse como un Yo permanece. Pero ahora aparece, (y esto que voy a decir lo pueden reunir por ustedes mismos, de las conferencias y libros): ahora aparece algo bastante peculiar, a lo primero que debe acostumbrarse el hombre, porque todo el método de percibir en ese mundo es muy diferente de como es aquí en el plano físico. Una gran parte de lo que el hombre tiene que someterse después de la muerte, consiste en adaptarse interiormente a un modo diferente de percepción. Aquí tenemos la naturaleza a nuestro alrededor. Lo que aquí consideramos en el mundo físico como naturaleza, no existe en absoluto en ese ahora nuestro mundo entre la muerte y el nuevo nacimiento. Para ver la naturaleza aquí tenemos nuestros ojos físicos, oídos, y todo el aparato físico de percepción. Y esta naturaleza, tal como existe con su plenitud de colores y demás características, no podría ser percibida si tuviéramos otros órganos de percepción diferentes. Es por eso que estamos dotados de un cuerpo físico, para que podamos percibir la naturaleza. Después de la muerte, en lugar de tener a nuestro alrededor la naturaleza, tenemos a nuestro alrededor el mundo espiritual que describimos como el mundo de las jerarquías y el mundo del puro ser, de puras almas. Ni materia ni sustancia ni objetos que tengan color, sino puro ser. Ese es el punto esencial. Por lo tanto, para aquellas almas que niegan el espíritu mientras están aquí en la vida física, naturalmente, el asombro es mayor. Porque aquellos que niegan el espíritu y nunca han creído nada de lo espiritual, ahora se encuentran en un mundo que han negado y que es completamente desconocido para ellos. Tienen que vivir forzosamente en un mundo cuya existencia se negaron a admitir.
De modo que, estamos rodeados por un ambiente espiritual de puro ser, de pura alma. Y entonces, gradualmente, van surgiendo almas, formándose a partir de este mundo del alma universal, porque al principio hay almas en todas partes, almas que no reconocemos. Sabemos que todas son almas, pero no las reconocemos individualmente; y gradualmente van apareciendo más claramente y más concretamente las almas individuales. Y especialmente en este momento aparecen las almas con las que hemos vivido aquí en el plano físico, las almas de las personas con las que hemos vivido aquí. Mientras hacemos frente esta multitud de almas, aprendemos a saber entre quiénes nos encontramos: esta alma es fulano, esa alma es otra persona, y así sucesivamente. Vamos conociéndolas. Antes que nada, debemos reconocer el hecho de que toda la relación en que nos vemos envueltos en ese mundo, entre la muerte y el nuevo nacimiento, es esencialmente diferente, en otros aspectos, a la relación en la que estamos aquí en el plano físico. Aquí decimos que el mundo está fuera de nosotros; Después de la muerte tenemos realmente la conciencia de que el mundo está dentro de nosotros. Imaginen por un momento, que aquí en la tierra, debieran disolverse completamente, que tuvieran que evaporarse. La nube de vapor en la que se han convertido, se extiende cada vez más y solo se detiene cuando llega al firmamento. Se expande, pero no puede ir más allá. Consideremos por un momento el firmamento como un ser. Entonces ustedes se sienten como este firmamento y ahora ven todo lo que contiene; de modo que quedándose afuera con su conciencia ven el mundo interior. Se sienten de tal manera que todo cuanto aparece está dentro de ustedes. Así como aquí cuando sentimos un dolor, lo sentimos dentro de nosotros, de la misma manera después de la muerte, los seres aparecen dentro de nosotros como experiencias internas. Eso conlleva la infinita intimidad de las experiencias entre la muerte y el nuevo nacimiento, el hecho de estar tan ligados a ellos que realmente los sentimos como nuestras propias experiencias internas. Y aquí hay que hacer una cierta distinción. Consideren un alma tal como la que he citado como ejemplo, que uno comienza a reconocerla y de la que todo lo que uno puede saber al principio es: "Sí, está ahí, pero no tiene forma. Todavía no es perceptible, pero está ahí '. Para que sea perceptible, se tiene que realizar una actividad interna, una actividad similar a la siguiente: para ello, situémonos en el ámbito espiritual. Cuando siento detrás de mí algo que no veo, surge en mí la siguiente idea: está ahí, pero debo realizar una actividad para hacerme una idea de ella. Puedo decir que es comparable a tocar una cosa para tener una idea de ella. Esta actividad interior es necesaria para que aparezca la imaginación. Sé que el ser está ahí, pero primero tengo que crear la imaginación uniéndome interiormente con el ser. Esa es una manera en que el hombre puede percibir las almas. La otra forma es la siguiente: que no se realice esta actividad interna con tanta intensidad, sino que surge por su propia cuenta. Aparece sin que uno intervenga mucho en ello. Es parecido al modo que tenemos de percibir algo aquí, solo que, por supuesto, trasladado al ámbito espiritual. Y esta distinción puede existir entre dos almas. De una, el hombre recibe una percepción al aplicar una actividad; de la otra, a través de una imaginación que surge por sí misma. Solo necesitan estar atentos para reconocer esta distinción. Porque si se familiarizan con un alma que requiere más actividad para ser percibida; Es porque esa es el alma de alguien que ha muerto. Pero si un alma aparece más por sí misma, es un alma que está encarnada en un cuerpo físico aquí en la tierra. Estas distinciones están realmente allí. El hombre se mantiene, (con algunas excepciones, que mencionaremos en el momento adecuado), el hombre después de la muerte, permanece en unión tanto con las almas de los que han muerto, como con las que todavía están aquí en la tierra. Y la distinción radica en que el hombre sepa con qué clase de alma tiene que lidiar; saber si debe ser activo o pasivo, de acuerdo con la forma en que surge la imaginación del alma en cuestión.
Ahora bien, hay una idea, una característica, que de hecho ya se ha expresado muchas veces, pero que una vez más presentaremos en relación con la vida que acaba de pasar, y que ocupa un tercio de la vida terrestre, a la que solemos llamar la vida en el Kamaloka. Si estando viviendo aquí en la tierra alguien les golpease, serían conscientes de ello. Lo percibirían y dirían: alguien me ha golpeado. Y en general, hay una diferencia entre que alguien les golpee o que ustedes golpeen a alguien, y escuchar decir algo a alguien, no es lo mismo que si ustedes dicen algo. En la vida del Kamaloka, todo esto se invierte por completo. Para utilizar una ilustración aproximada sería de la manera siguiente. Si le han dado a alguien un golpe en la vida, allí sienten lo que la otra persona sintió al recibir el golpe. Si han ofendido a otro mediante algún insulto, experimentarán la misma sensación que le causaron a él. De ese modo, sienten la experiencia de la otra alma. En otras palabras, experimentan los resultados producidos por sus propias acciones. En este viaje retrospectivo, experimentaran todo lo que las otras personas experimentaron a través de nosotros durante nuestra vida aquí, entre el nacimiento y la muerte. Si entre el nacimiento y la muerte, han convivido entre cientos de personas, estas personas habrán experimentado algo a través de ustedes. Pero aquí en la vida física no pueden sentir lo que los otros sintieron y experimentaron a través de ustedes, solo experimentan lo que otros les hacen pasar a ustedes. Después de la muerte, esto se invierte, y es esencial que gracias a esta revisión experimentemos todo lo que los otros han sufrido. Sufrimos por lo tanto, los efectos de la última existencia terrenal, y la tarea de estos años realmente consiste en que los experimentemos. Ahora bien, mientras estamos experimentando estos efectos, dicha experiencia se transforma en nosotros en fuerzas, y lo hace de la siguiente manera: Supongamos que he ofendido a un hombre y que, por tal motivo, le he hecho sufrir amargamente. Durante el Kamaloka soy yo mismo quién experimenta esta amargura. La vivo como mi propia experiencia. Y mientras la estoy experimentando,se genera en mí la fuerza que debe actuar como contraposición; es decir, mientras sufro esta amargura, creo en mí mismo la fuerza para borrar del mundo esta amargura. De este modo, me soy consciente de todos los efectos de mis acciones y, por lo tanto, absorbo las fuerzas para poder eliminarlos. Y durante este tiempo en el Kamaloka, (que dura un tercio de la vida en la tierra), absorbo todas las fuerzas que pueden definirse como un intenso anhelo en el alma ahora sin cuerpo, por eliminar todo lo que impide la perfección retardando la evolución del alma. Si reflexionan sobre ello, verán que el propio hombre elabora su propio Karma, es decir, que lleva dentro de sí, la disposición de volverse de tal modo que todo lo indeseable pueda desaparecer. Así se prepara el karma, durante este tiempo particular. Incorporamos a nuestra alma la fuerza que debemos tomar entre la muerte y el nuevo nacimiento, para que en la próxima encarnación llevemos a cabo la configuración de nuestra vida, que consideremos como la correcta. Así es como se crea el karma. Para entender estas cosas correctamente, (no solo teóricamente sino captándolas para que pueden penetrar profundamente en nuestras fuerzas del sentir y de la voluntad), debemos tener claro que el modo común de sentir a los muertos es absolutamente diferente del de los vivos. Los vivos pueden decir con mucha facilidad: 'Me compadezco de este o aquel hombre muerto porque tiene que sufrir algo de lo que no puede escapar'. Pero supongan que haya ofendido terriblemente a otro y no pudiera hacer nada para corregirlo, podrían sentir compasión por el hombre muerto, pero eso está completamente fuera de lugar; porque lo que él mas desea, es poder evolucionar las fuerzas mediante las cuales pueda equilibrar el mal. Eso es lo que él considera precioso. Por lo tanto, estarían deseando que él no alcanzara lo que más desea. Para lograrlo, debe someterse a todo el sufrimiento mencionado, para que a partir de lo negativo se desarrolle lo positivo. A través de la introspección de nuestras acciones, desarrollamos el poder de hallar una compensación.
Por lo que, al final de este período del Kamaloka, podemos decir que de acuerdo con su última vida y su recapitulación, un hombre ya ha determinado, cómo afrontará la próxima encarnación de su existencia; y qué posición adoptará ante esta o aquella persona para compensar esto o aquello. Ahí realmente determinamos nuestro Karma para la vida en la que hemos de entrar.
La primera parte del tiempo se dedica a asimilar las fuerzas del mundo espiritual, mediante las cuales podemos construir al ser humano en general y mediante las cuales podemos formar un cuerpo adecuado para nuestra propia individualidad. Primero trazamos el plan de nuestro karma. Después debemos moldear el cuerpo humano para este fin. Eso requiere un tiempo mucho más largo, y tiene lugar más tarde. Con ello, pueden ver que lo esencial del tiempo en el Kamaloka radica en el hecho, de que nos da la posibilidad de preparar éticamente nuestra próxima encarnación de manera correcta. Debemos tener bastante claro que cada sucesiva encarnación, depende de las anteriores. Vemos cómo se preparan nuestras siguientes encarnaciones. Y vemos que el modo de vida total de un hombre, depende de la forma en que atravesó su vida anterior. Se puede plantear la objeción de que esto entra en contradicción con la libertad del hombre, por parte de quienes aún no han considerado plenamente el asunto, eso no contradice la libertad. Volveré sobre esto más adelante.
Cuando observamos en la vida a personas individuales, encontramos que son muy, muy diferentes; No importa cuántos hombres haya en la tierra, todos ellos son diferentes. Sin embargo, se pueden distinguir categorías. Hay, por ejemplo, hombres que se comportan de tal manera que desde su primera juventud podemos ver que, como individuos, están especialmente preparados para esto o aquello. Como ustedes saben, existen personas así. Incluso en la infancia podemos predecir que lograrán algún propósito definido. Se abalanzan sobre ella, por así decirlo, son activos. Tienen una tarea especial, porque desarrollan la fuerza para tal fin. Otros sin embargo, están interesados en muchas cosas, pero no tienen una inclinación definida a una sola cosa. Toman muchas cosas. Tal vez más tarde en la vida puedan llegar a una tarea definida que no es especialmente adecuada para ellos; Tal vez habrían podido hacer alguna otra cosa mejor. En resumen, las personas son muy diferentes entre sí en relación con la forma en que actúan en la vida. Y esto realmente hace posible la vida. Hay hombres, por ejemplo, que entran en la vida, y que no parecen tener mucho que hacer, externamente. Pero solo necesitan decir una o dos palabras para influir en las personas. Tales hombres trabajan más a través de su ser interior. Otros trabajan más externamente. Eso está íntimamente relacionado con la manera en que han vivido su encarnación anterior. Hay personas que mueren a una edad temprana, antes de cumplir los treinta y cinco años, para tener estas limitaciones. Tales hombres con respecto a su muerte en esta encarnación se encuentran en una posición bastante diferente de los que mueren después de los treinta y cinco años. Quien muere antes de cumplir los treinta y cinco años, todavía está muy cerca del mundo del que descendió al nacer. Este trigésimo quinto año es un límite importante. Como si cruzase un puente, por así decirlo. El mundo del que el hombre ha descendido, se retira y produce un nuevo mundo espiritual a partir de su ser interior. Es importante que distingamos esto. Y ahora supongamos que un hombre muere antes de los treinta y cinco años. Al reencarnar, se desarrollan en él esas fuerzas, que no usó en los años que hubieran seguido a su trigésimo quinto año. Tales hombres, que pasan por la muerte de esa manera antes de los treinta y cinco años en una encarnación, reservan ciertas fuerzas para la próxima encarnación, que se habrían agotado si hubieran vivido hasta los cincuenta, sesenta o setenta años de edad. Las fuerzas que reservaron, se suman a las que encarnan en la próxima vida. De este modo, tales almas nacen en cuerpos mediante los cuales están en una posición, especialmente en su juventud, de enfrentarse en la vida con grandes impresiones. En otras palabras: cuando esas almas, que en su última encarnación murieron antes de los treinta y cinco años, se reencarnan nuevamente, todo les causa una fuerte impresión. Se conmueven profundamente por las cosas, las disfrutan profundamente, tienen vivos sentimientos que convierten fácilmente en impulsos de la voluntad. Son aquellos que adoptan una posición fuerte en la vida, quienes reciben una misión. Un hombre que muere antes de los treinta y cinco años no queda sin causa; De modo que recibirá una misión bastante definida en su próxima vida. Estas cosas son complejas, y la muerte antes de los treinta y cinco años también puede traer otras cosas, no es una ley absoluta, ya que estos son solo ejemplos. Pero cuando un hombre muere después de los treinta y cinco, sucede que en su próxima vida no recibe impresiones tan fuertes de las cosas que le rodean. Él no puede conmoverse o despertarse fácilmente. Se familiariza más lenta pero más íntimamente con las cosas, y así se preparará para una vida en su próxima encarnación en la que trabajará más a través de su naturaleza interna, sin verse tan determinado a una tarea especial en la vida. Se asentará en la vida de tal manera que tal vez hubiera preferido alguna otra tarea, y se desvía de ella para lograr algo tal vez absolutamente en contra de su voluntad. Puesto que a causa de la anterior encarnación en la Tierra se había acostumbrado a trabajar más delicadamente, ahora puede ser utilizado en una esfera más amplia. Y si un hombre (ya he mencionado este caso anteriormente), si un hombre es conducido en una edad muy temprana a través del portal de la muerte, digamos en su undécimo, duodécimo o decimotercer año de vida, entonces permanece poco tiempo en el Kamaloka. Sino que permanece muy, muy cerca del mundo que abandonó justo al nacer. Todo tiene una apariencia diferente. Después de una vida que termina a los doce años, durante los primeros días después de su muerte, surge la retrospectiva habitual pero se lleva a cabo de tal manera que no requiere su intervención. Mientras que si un hombre muere a la edad de cincuenta, sesenta o setenta años, él mismo debe poner mucho de su parte para lograr esta retrospectiva. Esta debe realizarse por su propia actividad. Y debido a que tienen que experimentar esta vida después de la muerte de muchas maneras diferentes, los hombres se van así preparando de manera diferente para su próxima vida. Puede ser que en una vida un hombre sea especialmente activo. Ahora bien, si un hombre especialmente activo es llevado a la muerte a una edad temprana, entonces en su próxima vida, su Karma lo designaría para una tarea bastante definida en la vida, lo que sin duda cumpliría. Sería como si estuviera predestinado. Sin embargo, si un hombre es especialmente activo en una vida y vive hasta avanzada edad, estas fuerzas se intensifican internamente. En su próxima vida entonces, tendrá una tarea más complicada. La actividad externa se retira, y en el alma aparece la necesidad de desarrollar la actividad interna.
Así, es de compleja la vida del hombre, a medida que va desarrollándose de encarnación a encarnación. Continuaremos estas consideraciones en la próxima conferencia. Ahora, me gustaría concluir diciendo una cosa: cuando se enfrentan a una época como la nuestra, en la cual un número tan excepcional de hombres son llevados de manera anormal a través del portal de la muerte, (recordemos que esta conferencia se celebró, en plena contienda de la primera guerra mundial), en un tiempo relativamente corto, en ese momento se está preparando algo bastante excepcional a través de todo ello. Y era necesario que esto estuviera preparado. Cada año ven cómo llega al mundo periódicamente el tiempo de florecer. Si miran hacia atrás en la historia, también pueden ver que incluso entonces, se produce ese florecimiento tras un intervalo. Un gran tiempo de florecimiento fue la época de Lessing, Herder, Schiller, Fichte, Goethe. Es como si hubiera habido una concentración de genios por un tiempo, y después cesase. Y por eso el mundo avanza como a saltos. Se registran dichos intervalos de genialidad, y luego ese estado de cosas cambia de nuevo. También en los mundos espirituales, tenemos intervalos de un florecimiento, de un brote especial. Ahora, aquí en el reino físico en nuestros días, estamos en un intervalo de desmoronamiento. He aquí nuevamente, dos cosas que pueden colocar una al lado de la otra, y que como imágenes son tremendamente significativas. Gran decadencia física, que es la semilla para un posterior florecimiento espiritual significativo. Las cosas siempre tienen dos caras. Desde este punto de vista, siempre buscando una y otra vez fuerza y consuelo, pero también ganando confianza en nuestras esperanzas, repitamos una vez más en referencia a nuestros tiempos, y desde la conciencia de nuestra ciencia espiritual:
Del coraje de los luchadores.
De la sangre de las batallas,
Del sufrimiento de los dolientes.
Del sacrificio del pueblo,
De allí madurarán los frutos del espíritu.
Si conscientemente el alma
Vuelve su pensamiento a los Reinos Espirituales.
Traducida por Julio Luelmo enero 2017