CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA105 Stuttgart 14 de agosto de 1908 -el universo, la tierra y el ser humano 10-El reflejo en la cuarta época de las experiencias del hombre con los dioses

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RUDOLF STEINER

El reflejo en la cuarta época de las experiencias del hombre con los dioses antiguos y su camino de la cruz. El Misterio de Cristo.




Stuttgart 14 de agosto de 1908

conferencia 10
En la última conferencia aprendimos que durante la época post-Atlante el hombre había conquistado gradualmente el plano físico; había llegado a comprender gradualmente que el mundo físico en el que había entrado es la expresión de poderes espirituales que se encuentran detrás de ese mundo físico. También aprendimos que cuando los griegos y los romanos eran los pueblos líderes en la evolución humana, el hombre había establecido una especie de equilibrio entre su comprensión de los mundos físico y espiritual. Había llegado a un acuerdo con el mundo material; había aprendido gradualmente a entenderlo y a amarlo.

No debemos pensar que tales procesos no tenían paralelos correspondientes en el mundo espiritual. Incluso si nos remontamos más atrás en la evolución humana encontramos que, en la misma medida en que las condiciones externas se alteran en lo que respecta a la observación y percepción del mundo físico por parte del hombre, también se alteran esencialmente las condiciones en lo que respecta a otros estados de conciencia. Hasta ahora se ha hecho especial hincapié en el estado de conciencia cuando el hombre se retira de su cuerpo físico durante el sueño. Vimos que en la época atlante sólo percibía contornos borrosos cuando estaba despierto, pero que los seres espirituales divinos aparecían ante él cuando ejercía la tenue clase de clarividencia que entonces poseía. Para poder comprender al ser humano en su totalidad debemos tener en cuenta estas condiciones alternas de conciencia que están conectadas con lo que llamamos muerte y lo que está más allá de la muerte; entonces veremos que la vida ordinaria que observamos entre el nacimiento y la muerte también tiene un lado esencialmente diferente.

Hasta ahora hemos considerado el destino del hombre durante su vida entre el nacimiento y la muerte desde la época atlante hasta la etapa Greco- Romana; ahora debemos preguntarnos con la mayor precisión posible sobre su destino entre la muerte y el renacimiento; porque la vida del hombre continúa después de la muerte. Desde aquel tiempo en la época lemuriana en que entró por primera vez en la encarnación terrena, y alternó por primera vez la vida dentro de un cuerpo físico con la vida fuera de él, el hombre ha llevado, hasta cierto punto, una doble vida, una sobre la tierra y otra en el mundo espiritual entre la muerte y el renacimiento. Aunque algunas personas creen que los cambios sólo ocurren en el mundo físico, y que entre la muerte y el renacimiento todo puede ser descrito en unas pocas palabras típicas, esta creencia es absolutamente incorrecta.

En el periodo que transcurre durante el camino espiritual, (despues de la muerte), del desarrollo humano, también cambian los destinos. Entenderemos mejor cómo se producen estos cambios si miramos la vida que el hombre lleva aquí en el mundo físico, y su relación con los otros reinos que le rodean. El hombre, tal y como se ha desarrollado en la actualidad, no es en absoluto un ser que existe absolutamente por sí mismo; está relacionado de diversas maneras con todo lo que le rodea.

Piensen sólo en cómo la conciencia del hombre, su autoconciencia, depende de lo que le rodea. Si no existiera ningún otro reino que nos rodeara, ni mineral, ni vegetal, ni animal, si no hubiera atmósfera, ni nubes que nos reflejaran la luz, nuestro ego, tal como está ahora, no se habría encendido en el mundo exterior. El hombre, en lo que respecta a su autoconciencia, está inmerso durante el día en el mundo que le rodea.

Entre el nacimiento y la muerte se sumerge en un cierto ambiente a través de tener un cuerpo etérico y físico. Él obtiene su alimento de los reinos inferiores de la naturaleza, éstos le dan las sustancias y fuerzas que pasan a través de él. Podríamos decir que hasta el momento del nacimiento evoluciona, y luego, al entrar en la existencia terrenal, entra en contacto con los reinos inferiores de la naturaleza. Es cierto que sólo entra en ellos cuando toma un cuerpo físico, y luego tiene que asimilarlos como su medio de apoyo; en el mundo físico el hombre no es un ser definitivo, autónomo por si solo. Pensad solamente en cómo debe inhalar continuamente una cierta cantidad de aire; de modo que no está en absoluto encerrado dentro de su piel, su ser se extiende en el aire. Al entrar en la existencia física entra en una cierta relación con los reinos que están debajo de él; se sumerge en ellos; al salir de su cuerpo se eleva a reinos más altos, al de los Ángeles, Arcángeles y Archais, y de hecho a reinos aún más elevados. Así como a través de las necesidades de su cuerpo físico entra en relación con los reinos inferiores, así después de la muerte entra en relación con los reinos superiores.

Pasemos ahora a la época en que el hombre comenzó a entrar en sus encarnaciones terrenales. Esto fue en la época lemúrica, cuando, aunque entraba en un cuerpo físico, tenía muy poca conexión con el mundo circundante. Hasta entonces no tenía el más mínimo rastro de órganos sensoriales, y por lo tanto apenas tenía percepción del mundo exterior. El hombre, al principio de sus encarnaciones, pasó por una condición en la que su conexión con el mundo físico era muy débil; por eso se sentía más a gusto en los mundos del espíritu. Este fue también el período en el que, habiendo salido de su cuerpo físico -no sólo durante el sueño sino también después de la muerte- el hombre entraba en un mundo lleno de luz espiritual donde percibía seres espirituales; donde, hasta cierto punto, sacaba fuerza de estos seres como la saca ahora del mundo físico; fue un período en el que se acercaba a los reinos superiores tal como lo hace ahora en el mundo físico. Su ser se extendía hasta el reino de los Ángeles, Arcángeles, e incluso a reinos superiores que se interpenetran en el suyo. Su conciencia era tenue, y sólo en la muerte obtenía la verdadera conciencia. Sólo se introducía en el mundo físico gradualmente, alimentándose espiritualmente con la visión de seres espirituales divinos.

El hombre sólo adquirió su ego en el curso del tiempo a medida que pasaba por sus diversas encarnaciones; en las primeras etapas no lo tenía. Otros seres de los que dijimos que habían pasado por su etapa humana en un período anterior ya poseían egos, y el hombre aprendió a conocer el ego a través de contemplarlos a ellos, pero sólo llegaba a conocerlo verdaderamente en el período entre la muerte y el renacimiento.

En aquel tiempo, cuando un hombre moría, tenía la sensación de que sólo empezaba a vivir de verdad cuando podía ver a los seres espirituales divinos; en realidad, cuanto más dejaba atrás la muerte, más alta era la etapa a la que llegaba. Se hizo cada vez más consciente hasta que llegó el tiempo ( entre la muerte y el renacimiento) en el que apareció el poderoso Ser que había dado por primera vez un verdadero contenido a su vida, con respecto al cual se sentía: "De Él he venido; le pertenezco". Este era el mismo Ser, visto en un período primitivo, que más tarde encarnó en la tierra como el Cristo. En el período lemúrico no era posible para el hombre contemplar a Cristo en un cuerpo físico, pero sí lo contemplaba durante el transcurso entre la muerte y el renacimiento; así se convirtió en parte de Él y lo conoció en el mundo espiritual.

Con el paso del tiempo el hombre se hizo cada vez más consciente en el mundo físico. La plena conciencia le llegó por primera vez a mediados de la época atlante, pero fue de forma gradual. Cuanto más consciente se hizo el hombre en el mundo físico y cuanto más los rudimentos del ego iban penetrando en él, su conciencia, después de la muerte, era menos capaz de llegar a los mundos superiores. Al principio no podía expandirse a la visión del Cristo; sólo veía Ángeles y Arcángeles, y más tarde, en la época atlante, incluso esto le fue negado; sólo se concedía a los más avanzados. Normalmente, el hombre sólo percibía los Ángeles a través de su antigua y tenue clarividencia; éstos eran Ángeles también en el sentido cristiano, y son aquellos a los que los griegos llamaban Zeus, y los germanos Wotan, y eran considerados como deidades.

Ya hemos dicho que en la época atlante, durante el sueño, el hombre era el compañero de los Dioses; esto era especialmente cierto en el período entre la muerte y el renacimiento. Estos Dioses eran Ángeles o, todo lo mas, Arcángeles, y sólo cuando el hombre se había preparado en esta vida con lo que consideraba como buenas obras, la visión de Cristo, en ciertas circunstancias, le fue garantizada por estos seres subsidiarios. El hombre todavía conocía a Cristo, sin embargo, a través de las obras y la naturaleza de los Ángeles y Arcángeles. Así como la luz sigue siendo luz aunque teñida al pasar a través de cristales de colores, así la forma de Cristo fue vista, pero con una fuerza menguada. La causa de que el Espíritu del Sol apareciera con fuerza menguada, no fue otra que la atracción que el hombre sentía cada vez con más fuerza por el lado físico de la existencia y había aprendido a amarla.

Así que la humanidad se desarrolló a través de las diferentes épocas de la civilización post-Atlante, y en cada una de ellas aparecía el recuerdo de épocas anteriores; éstas eran realmente experimentadas. En la época egipcia encontramos un recuerdo de la época lemúrica.

¿Cómo representaban los Iniciados en aquel tiempo la vida después de la muerte? Su empeño era que los hombres experimentaran después de la muerte - aunque sólo fuera como un tenue eco - lo que los hombres experimentaban en la antigüedad cuando se elevaban a aquello en lo que se sentían como ocultos, a ese Ser supremo - el gran Espíritu-Sol. Este es el significado de lo que los antiguos egipcios llamaban el juicio de los muertos; cuando el muerto se presentaba ante su juez, que sopesaba sus actos. Si éstos se consideraban dignos, podía, por el mérito adquirido en el mundo físico, convertirse en una parte del Ser al que se miraba como Dios de la Luz, el Dios-Sol, Este era el mismo ser que se llamaba Osiris. Fue el viaje a Osiris - la unión con él lo que fue impartido a los muertos como un recuerdo de una condición evolutiva previa real. Así es como debemos entender lo que contiene el Libro de los Muertos, el registro más notable del pueblo egipcio.

Por la naturaleza de las condiciones establecidas en mi libro "Cristianismo como Hecho Místico", el completo esoterismo de tales cosas obviamente no puede ser dado, pero el hecho es que estas cosas pueden ser llevadas a un nivel mucho más profundo. De acuerdo con la antigua idea egipcia, si un alma, según sus acciones, se consideraba digna de esta visión, podía unirse a Osiris; de hecho, se le llamaba Osiris, porque estaba unida a él. Las palabras son: "Osiris fue limpiado en el estanque al sur del campo de Hotop y al norte del campo de langostas, donde los dioses de crecimiento se lavan en la cuarta hora de la noche y en la octava del día, con la imagen del corazón del dios pasando de la noche al día". Es imposible expresar la profundidad total de esta fórmula pero es importante entender la expresión "de la noche al día". Antes era de noche; el alma es llevada a un día, a un día espiritual, cuando se unirá a Osiris, cuando ella misma pueda convertirse en un Osiris. De esta manera, el alma experimenta su destino en otro mundo, el que se encuentra entre la muerte y el nacimiento.

La conciencia entre la muerte y el renacimiento se oscureció más y más, aunque nunca se perdió por completo; nunca se extinguió, aunque se oscureció. Cuanto más afecto desarrollaba el hombre por el mundo físico sensible, más tenía que contentarse con la visión de los seres inferiores, y menos comunión podían tener con él los seres superiores. Todos los seres que fueron sus buenos compañeros durante la época atlante, cuando todavía era clarividente, desaparecieron, especialmente en el período entre la muerte y el renacimiento, y poco a poco se perdió el vínculo de conexión entre el hombre y aquellos antiguos dioses.

Sabemos que los restos de la antigua clarividencia perduraron hasta las últimas épocas de la cultura europea; que había algunas personas que en ciertos estados de conciencia aún podían elevarse a la visión de los Dioses. Tales personas también disfrutaban de una comunión más vívida con los Dioses después de la muerte; tenían una vida más íntima con ellos. Tal comunión era buena no sólo para los hombres sino también para los Dioses, porque el hombre lleva consigo el amor que ha ganado en el mundo físico; los Dioses recibían de él como ofrenda de sacrificio lo que como amor había adquirido en el mundo físico. Los hombres, sin embargo, cada vez son menos aptos para esta comunión con los Dioses, porque su amor por el mundo físico aumenta continuamente. Las almas de los habitantes de las zonas de donde han surgido los pueblos germánicos participaban cada vez menos en la visión de los Dioses, de modo que tenían poca comunión con ellos entre la muerte y el renacimiento. A través de esto se desarrolló la idea de que los Dioses estaban perdiendo su conexión con la tierra que ellos mismos habían creado, y perdiendo también su dominio sobre ella. Este sentimiento dio lugar al concepto del "Crepúsculo de los Dioses".
Este es el fundamento real del drama. Se sentía que los Dioses tenían que retirarse del mundo que ellos mismos habían creado. Los Dioses que, incluso en una época tan tardía como la atlante, habían descendido a los cuerpos de los seres humanos más avanzados y les habían enseñado importantes secretos en los Misterios, se vieron obligados a retirarse gradualmente, y sólo podían entrar en contacto con el mundo físico utilizando a los seres humanos más avanzados como sus instrumentos o vehículos. Esto sucedió realmente en la época atlante; y aquellos que fueron iniciados en los antiguos Misterios Druídicos sabían, por ejemplo, que una antigua individualidad atlante conocida como Sig apareció durante mucho tiempo después de la catástrofe atlante de muchas maneras diferentes en los cuerpos europeos.

Todos estos nombres como Sigfrido y Sigurd conservan exotéricamente el recuerdo de las repetidas apariciones de esta individualidad que finalmente sólo fue perceptible para los iniciados en los Misterios. Se unió con los altos Iniciados, y se hizo cada vez más necesario, a medida que nos acercamos a nuestra edad, que buscara a aquellos que ya habían pasado por muchas encarnaciones en las que se habían purificado. Ahora, para que podamos comprender nuestra época, es necesario tocar los flecos de un gran misterio que arroja luz sobre mucho de lo que ha sucedido en nuestro tiempo.

Volvamos una vez más a la mitad de la época atlante, cuando el mundo físico fue revelado por primera vez al hombre. Una especie de separación de los caminos tuvo lugar para los Dioses - aquellos que habían sido los antiguos compañeros de los hombres en los reinos superiores. Viniendo de las alturas espirituales el hombre se había sumergido más y más profundamente en el mundo físico. Ya había pasado por tres grandes épocas; la tercera fue la de la Lemuria, la cuarta la de la Atlántida y a ésta le seguirán otras tres. Actualmente estamos viviendo en la quinta época. La época lemúrica terminó con grandes catástrofes de fuego; la atlante con poderosas catástrofes de hielo y agua; nuestra época terminará con otras fuerzas, con un poderoso aumento del egoísmo en la naturaleza humana y, por ello, con la guerra de todos contra todos.

Sólo aquellos que se vuelvan a la vida espiritual sobrevivirán a la catástrofe, que en este caso significa la guerra de todos contra todos, así como sólo un pequeño grupo de personas escapó de las catástrofes de Lemuria y Atlántida. La guerra de todos contra todos será aún más terrible para los involucrados en ella que la del fuego y el agua, por muy terrible que nos imaginemos que haya sido. Aquellos que ahora se dirigen hacia una vida espiritual deberían sentir que es su deber hacer todo lo posible para rescatar la buena semilla de nuestra época y llevarla a la sexta época, que seguirá a la actual. Esta época se compone de grandes subdivisiones: la antigua India, la persa, la egipcia, la grecolatina y la actual, a la que seguirán la sexta y la séptima justo en el tiempo de la guerra de todos contra todos.

La posición actual de la evolución es que hemos pasado la mitad de la época de la Tierra. Si los seres humanos se hubieran orientado hacia la espiritualización de sí mismos antes de haber entrado completamente en el mundo físico, la conquista del plano físico, de la que hablamos en la última conferencia, nunca habría tenido lugar. El hombre, sin embargo, ha tomado un camino que lo lleva cada vez más profundo en la evolución física; ha ido más allá del punto que hubiera representado la etapa más profunda si en ese momento hubiera recurrido a la auto-espiritualización.

Este punto (que se encuentra en medio de la época atlante) fue una importante separación de los caminos para ciertos seres espirituales. Tenían que decidir entonces si se hundirían en una especie de abismo del que se levantarían más tarde con más fuerza (ya que a través de su caída habrían desarrollado mayores poderes) o si tomarían el camino directo. Ciertos seres espirituales, los que antes habían sido compañeros del hombre, tomaron el camino directo; decidieron no volver a entrar nunca más en los cuerpos humanos, sino permanecer en los reinos del espíritu. El desarrollo posterior de la humanidad lo pasaron sin apenas dejar rastro.

Había, en cambio, otros seres divinos, algunos de los cuales se han conservado en la memoria de los pueblos de Europa y de otros lugares con nombres tales como Zeus, Wotan, etc.; decidieron, para la salvación de la humanidad, descender una y otra vez a los cuerpos humanos, para trabajar por la humanidad. No fue posible que todos ellos descendieran en la misma medida, ya que a través de la entrada tan profunda del hombre en el mundo físico los cuerpos humanos se convirtieron en instrumentos cada vez menos adecuados para los seres divinos.

Sólo aquellos hombres que habían purificado sus cuerpos de cierta manera, que a lo largo de muchas encarnaciones habían desarrollado cuerpos etéricos y físicos tan nobles que habían desterrado completamente de sus almas ciertas conexiones con el mundo físico, que por su entera disposición habían vivido menos en lo que era de la tierra que en lo que no era de la tierra, sólo tales hombres eran todavía capaces de recibir en sí mismos las almas de los altos Seres Espirituales como recibirían su propia alma. Así, pues, los que habían entrado en los Seres Espirituales no podían, por así decirlo, descender lo suficiente a la existencia física; por lo tanto, ocupaban una posición muy singular en el mundo.

Imaginemos a un ser así, que durante muchas encarnaciones había desarrollado las fuerzas de su cuerpo, había obtenido una victoria interna sobre él, de modo que vivía más en el mundo espiritual que en el físico, y estaba, por este motivo, preparado para ser el vehículo de un ser superior. ¿Era posible que tal ser fuera comprendido plenamente por aquellos que habían descendido completamente a la existencia física, que habían desarrollado un amor por el mundo físico y se esforzaban por trabajar en este plano físico? ¿No sería mejor comprendido por aquellos que habían preservado el carácter de una época anterior, que eran rezagados de una época anterior? Podría, en verdad, ser mucho mejor comprendido por estos rezagados de la época atlante.

Los pueblos mongoles no han descendido tan profundamente, ni se han enredado tanto en el plano físico ni han hecho tanto por su conquista como los pueblos de Europa. Vemos que la civilización física externa es lograda por las naciones occidentales más que por los rezagados de la civilización Atlante que habían permanecido estacionarios, y por lo tanto no se sentían cómodos en un mundo de desarrollo post-Atlante, porque habían retenido ciertas cualidades y luego habían degenerado.

A menudo se señala que los japoneses están atravesando un desarrollo significativo hoy en día a través de las cualidades de su propio carácter. Esto es una ilusión. No se están desarrollando a través de la fuerza de sus propias cualidades. En la última guerra contra Rusia conquistaron con la ayuda de acorazados y cañones inventados por los europeos; se sirvieron de una civilización extranjera. Sólo es desarrollo progresivo cuando un pueblo se desarrolla a partir de su propio ser. De esto depende el desarrollo.

Las individualidades espirituales que todavía eran compañeras de los hombres en la época atlante podían ser mejor comprendidas por las naciones que en cierto modo habían permanecido estacionarias, y que representaban, en una época posterior, las condiciones más allá de las cuales los pueblos de Europa se habían desarrollado debido a su autoconciencia individual y su sentimiento de libertad. Por lo tanto, la enseñanza de estas individualidades espirituales tenía que ser dirigida a tales personas, y vemos aquí la consumación de un gran misterio.

Vemos seres que, cuando los pueblos de Europa se encontraban en una etapa temprana de la evolución, fueron plenamente comprendidos, encarnando y apareciendo más tarde como maestros en las escuelas de iniciación, y por ello siendo honrados como Dioses. Vemos a Wotan, que anteriormente había vivido como un Iniciado en un cuerpo humano y enseñado en los Misterios, siendo capaz, porque no había descendido tan profundamente, de encarnarse en una nación que, en cierto modo, estaba atrasada, y por este motivo había conservado un sentimiento de la nada del plano físico, de su indignidad como expresión de la Deidad, que lo miraba como un lugar de pena y dolor, y que sostenía que la única verdadera felicidad estaba en abandonarlo. Esta individualidad, conocida como Wotan y que había enseñado en los templos de Misterios de los pueblos germánicos, es la misma que apareció más tarde como el Buda, y con la misma misión. (Es posible tocar los secretos de los que hablamos en la privacidad de una Logia Antroposófica). Buda, que medió entre nuestro mundo y los mundos superiores, es la misma individualidad que pasó por Europa y es recordado allí bajo el nombre de Wotan.

De esta manera vemos cómo se cuidaba, por así decirlo, de aquellas personas que habían conservado ciertas inclinaciones y conexiones con condiciones previas, que llevaban una vida religiosa y no querían aficionarse al plano físico. Y el fenómeno histórico externo de la buena acogida del budismo entre los pueblos mongoles les parecerá ahora comprensible.

Debido a que la humanidad tenía que conquistar el plano físico cada vez más, ya no era posible, en una época posterior, que tales seres espirituales encarnaran directamente en un cuerpo físico. Se requería un Ser Espiritual más poderoso para hacer esto, Uno que había sido predicho por todos los maestros anteriores. Incluso los antiguos egipcios cuando hablaban de Osiris recordaban su conexión con el antiguo Espíritu del Sol, y decían: "El reino de Osiris se establecerá de nuevo en la tierra".

Antes de que esto pudiera suceder, se necesitaba un Ser como el Cristo. Al retirarse cada vez más del reino de los muertos (y realmente lo vemos desaparecer del otro lado de la vida), se había acercado cada vez más a este lado, hasta que en la cuarta época de civilización encarnó en un cuerpo humano visible para todos, pero en un cuerpo que había sido preparado muy especialmente.

El principio de Cristo no podía asumir un cuerpo humano de la misma manera que aquellos que descendieron por completo al plano físico. Incluso un ser como Jesús de Nazaret, que había pasado por muchas encarnaciones y alcanzado un alto grado de iniciación, no era capaz al nacer de ser el vehículo de la personalidad de Cristo. Sólo después de prepararse a través de una vida de treinta años había logrado limpiar y purificar las envolturas físicas externas - los cuerpos físico, etérico y astral - para que la individualidad de Cristo pudiera hacer uso de ellas. En el trigésimo año de su vida, la individualidad de Jesús de Nazaret dejó los vehículos externos que había purificado.

Esto tuvo lugar en el bautismo de Juan en el Jordán. Un cambio de individualidad tuvo lugar en aquel momento, cuando el Cristo tomó posesión, no de un cuerpo humano ordinario, sino de un cuerpo purificado. Luego siguieron tres años, durante los cuales Cristo caminó por la tierra en el cuerpo de Jesús, los años descritos en los Evangelios entre el bautismo y el Misterio del Gólgota. Tenemos aquí una Individualidad que no había aparecido como en el curso ordinario de los acontecimientos, donde se da una forma al nacer de acuerdo con la experiencia de muchas encarnaciones; pero debido a que esta Individualidad había entrado en un cuerpo que durante treinta años había estado enredado en el mundo físico, y había recibido un poderoso impulso a través del Cristo, tuvo lugar algo de profunda importancia que los esoteristas pueden leer en los Evangelios cuando realmente saben cómo leerlos. Ahí está; pero tales cosas están veladas.

En el bautismo en el Jordán, cuando el símbolo significativo de la paloma apareció sobre la cabeza de Jesús, no sólo fue inspirado sino directamente intuido por el Cristo. En esa ocasión algo atravesó todo el cuerpo de Jesús de Nazaret, incluso en aquellas partes que, en la actual etapa de desarrollo humano, están más alejadas de la influencia del hombre - los propios huesos. Estoy a punto de decir algo que a la conciencia materialista de hoy en día le parece un sinsentido; pero eso no importa. En el momento en que el cuerpo de Jesús de Nazaret fue penetrado y fulgurizado por la Individualidad de Cristo - el gran Espíritu-Sol - el efecto llegó incluso a los huesos.

Si se quema un hueso, la parte cartilaginosa se consume y la ceniza del hueso queda. La sustancia mineral del hueso y el cartílago se mantienen unidos por un poder que se opone al fuego, pero también, por lo tanto, se asocia a él. Este poder está en la actualidad totalmente fuera del control de la voluntad del hombre, pero estaba bajo el control de Aquel que más tarde pasaría por el Acontecimiento del Gólgota. El hombre puede actualmente mover su mano, pero no tiene el poder de afectar las fuerzas químicas de sus huesos; se ha vuelto sólido a través de ellos. El cuerpo de Jesús de Nazaret, por haber sido intuido por el Cristo, es el único cuerpo en la tierra que ha adquirido el control sobre la fuerza que mantiene unidos el cartílago y la ceniza del hueso.

A través de este control sobre los huesos entró una fuerza en el mundo que es positivamente capaz de conquistar la muerte; porque los huesos son culpables de la muerte del hombre. El hombre se ha enredado en la parte mineral de la tierra al ser construido de tal manera que ha incorporado en sí mismo la sustancia ósea sólida. La muerte le llegó por esto, y no es por casualidad que la muerte está representada por un esqueleto - el símbolo está plenamente justificado. El impulso Crístico es la fuerza viva capaz de transformar de nuevo los huesos, es decir, de conducir a los hombres gradualmente hacia lo espiritual; y esto sucederá en la evolución futura. Por eso no se permitió que ninguna fuerza externa interfiriera en la estructura ósea de Jesucristo: ningún hueso suyo debía romperse. A los otros que fueron crucificados con Él se les rompieron los huesos, pero en Él las palabras del profeta tenían que cumplirse: "¡Ningún hueso suyo será roto!" Esto fue para que lo que había sido impartido como un poderoso impulso central a la tierra no fuera estropeado por ninguna influencia externa.

De esta manera actuó en aquel tiempo el poderoso Espíritu Solar en el misterio que tuvo lugar en el bautismo en el Jordán. Fue el mismo Espíritu Solar que con su retiro de la tierra hizo posible que el hombre entrara en la materia física, por la cual se produjo la osificación, y que continúa actuando sobre él para que pueda percibir el impulso por el cual puede volver a elevar o espiritualizar esta tendencia a la osificación.

Por muy arriesgado que sea hablar de tales asuntos, la misión del movimiento antroposófico es declarar aquellas cosas que siempre se han conocido, enseñado y visto dentro de los Misterios. Sólo porque este misterio se ha cumplido, y sólo por eso, otro misterio se ha hecho posible.

Sabemos que las diversas partes del cuerpo humano corresponden a los principios del hombre. El cuerpo físico se corresponde a sí mismo; el sistema glandular, al cuerpo etérico; el sistema nervioso, al cuerpo astral; y el sistema circulatorio (el de la sangre), al ego. El ego entró físicamente en el hombre y por causa de estar dotado cada vez más de sangre, fue por lo que quedó cada vez más arraigado al mundo material.

Llegó un momento en que la sangre sobrante tuvo que ser sacrificada. Por horrible que le parezca al químico, es sin embargo cierto que el exceso de ego, el que habría llevado a la humanidad a la guerra de todos contra todos a través del egoísmo excesivo, brotó de las heridas del Redentor en el Gólgota. En el momento en que las heridas del Redentor sangraron, se implantó en la humanidad la semilla del poder por el cual podría levantarse de nuevo del estado en el que se había hundido tan profundamente.

Si el hombre hubiera dado el giro ascendente en medio de la época atlante, nunca habría alcanzado la independencia completa. Tuvo que conquistar el plano físico, pero entonces en este plano el impulso por el cual podía levantarse de nuevo tenía que ser más fuerte; y este impulso fue dado por el Cristo. Debido a que el Cristo era más fuerte, no sólo podía sacar a la humanidad de las profundidades, sino que también podía hacer algo más, ¡algo de gran importancia! Una parte del mundo será conquistada por el hombre, una parte que se unirá al mundo espiritual que será llevada de vuelta al mundo espiritual.

En la última conferencia se demostró que durante la época greco-latina el hombre había progresado tanto en la conquista del mundo físico, se había enredado tan profundamente en él, que tenía que tener un Dios en forma humana antes de poder reconocerlo, porque ya no podía penetrar en el mundo espiritual y percibirlo allí. Mientras tanto, las condiciones al otro lado de la vida, entre la muerte y el renacimiento, también habían cambiado. A través del descenso del hombre al plano físico, del desarrollo de un amor tan grande por él y del placer que le proporcionaba, lo que estaba al otro lado de la vida se hizo cada vez menos perceptible para él. Conservó un considerable recuerdo de este mundo cuando vivió al otro lado entre la muerte y el renacimiento, y mucho de esto se ha conservado en la leyenda. Cuando leemos en un libro de origen griego que el héroe dice: "Es mejor ser un mendigo en el mundo físico que un rey en el país de las sombras", expresa exactamente el sentimiento de ese período. Debido a que el hombre había conquistado tanto del plano físico que anhelaba volver a él, ya que en ese momento no podía hacerse cargo de mucho con él. Sólo a través de la venida de Cristo a la tierra y de la experiencia del hombre en el tiempo del Antiguo Testamento, sólo porque el hombre había recibido a Cristo en sus pensamientos durante la vida, podía tomar con él lo que le traía la luz de nuevo al otro lado. Lo que se llevó consigo hizo que el otro lado fuera claro y brillante y le devolvió el Cristo con un esplendor aún mayor que en este mundo. Así vemos cómo la conciencia del otro lado se oscureció más y más a medida que se acercaba el tiempo que describimos ayer; y cómo luego se aclaró más a través del hombre aprendiendo a conocer al Cristo aquí. Porque lo que el hombre aprende de Él en este mundo no se pierde en el período entre la muerte y el renacimiento; se lleva su conocimiento con él; y esto es lo que significa la expresión "Morir en Cristo".

De lo dicho se desprende que a lo largo de la evolución la vida no sólo de los vivos cambia, sino también la de los muertos. Porque los muertos se nutren de lo que han aprendido aquí sobre el Cristo, porque se llevan los frutos de esto con ellos a la vida entre la muerte y el renacimiento, volviendo aquí de nuevo en encarnaciones siempre recurrentes, aparecerán también en cuerpos cada vez más poderosos y llenos de Cristo, y harán de la tierra cada vez más una expresión de lo que Cristo puede ser para un mundo transformado cuando en el futuro Él lleve la tierra a condiciones cada vez más altas.

Así vemos cómo la vida, tanto de este lado como del otro, coopera en la maduración de la tierra para lo que está por venir; cuando la tierra, al estar llena del Espíritu de Cristo, se unirá de nuevo con el sol, y por lo tanto se elevará una etapa más alta en el cosmos.

GA105 Stuttgart 13 de agosto de 1908 -El universo, la tierra y el ser humano 9-El progreso del hombre. Su conquista del plano físico en las civilizaciones post-Atlantes

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RUDOLF STEINER

El progreso del hombre. Su conquista del plano físico en las civilizaciones post-Atlantes. El comienzo y la construcción del "Yo soy". El pueblo elegido.




Stuttgart 13 de agosto de 1908

conferencia 9
Nuestra tarea hoy es comprender el horizonte espiritual dentro del cual se sitúa el hombre, investigando sus orígenes. Hemos visto que en el curso de su desarrollo a lo largo de las épocas lemúrica y atlante fue adquiriendo gradualmente su forma actual; ahora extenderemos nuestro estudio desde esta segunda época, la atlante, hasta nuestra propia época en la medida en que sea necesario para la comprensión de nuestro tema.

GA105 Stuttgart 12 de agosto de 1908 -El universo, la tierra y el ser humano 8- La conexión del hombre con los diversos cuerpos planetarios. La misión de la Tierra.

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RUDOLF STEINER

La conexión del hombre con los diversos cuerpos planetarios. La misión de la Tierra.




Stuttgart 12 de agosto de 1908

conferencia 8
Para una comprensión más exacta de nuestro tema particular, consideraremos primero el gran mundo y luego miraremos hacia abajo al círculo limitado de nuestra existencia terrenal inmediata. Así podremos formarnos una idea clara de lo que se entiende en la Ciencia Espiritual u Oculta en relación con los tres conceptos que hemos reunido: el Universo, la Tierra y el ser Humano.

Ya habrán deducido ustedes a partir de lo que se ha dicho, que en la Ciencia Espiritual no se puede de ninguna manera hablar del mundo como una cosa meramente material. Hemos visto cómo los múltiples seres del mundo (no podemos decir cuerpos del mundo) que han sido presentados ante ustedes como las diferentes encarnaciones de nuestra tierra - Saturno, Sol y Luna - son muy diferentes de los meros objetos materiales, cada uno de los cuales, como hemos visto, es la morada de una multitud de seres espirituales, y creados sólo de acuerdo a las necesidades de los seres espirituales que viven en ellos.

Hemos visto cómo el sol se separó de la tierra porque tenía que ser el hogar de ciertos Seres muy excelsos que para su evolución sólo podían utilizar las sustancias más sutiles, mientras que el hombre tenía que retener las otras sustancias en la tierra. Si investigáramos el mundo entero, no encontraríamos nada que sea únicamente material, todo está conectado con una parte espiritual. Hemos visto que los diversos seres de la Tierra están conectados con seres espirituales. Las piedras y los minerales de la tierra tienen su ego en lo que nos rodea en el universo. Las plantas tienen su ego localizado en el centro del planeta Tierra, mientras que su principio astral, que provoca el desarrollo de la flor, las rodea por encima de la Tierra. Todo está impregnado de espíritu, y así nuestra concepción de un mundo-cuerpo se amplía. Miramos hacia algún cuerpo celeste y sabemos que no es más que la expresión de ciertos seres espirituales conectados con un planeta material.

Ahora bien, el hombre, al desarrollar ciertas capacidades que se encuentran dormidas en su interior, está en condiciones de adquirir por sí mismo conocimientos sobre estos cuerpos existentes en el espacio, y hoy consideraremos al hombre en relación con los diversos planetas.

Estamos rodeados en la tierra por minerales, plantas, animales y seres humanos, además sabemos que los asuntos terrenales están regulados por seres superiores que en el esoterismo cristiano se describen como Ángeles, Arcángeles y Archai; también sabemos que hay otros seres que se ocupan de la tierra, aunque envían sus fuerzas desde el sol y la luna. Hoy tenemos algo que añadir a esto. En la mente de cualquiera podría surgir la pregunta: ¿Hasta qué punto puede compararse uno de los planetas de nuestro sistema solar con otro en cuanto a su naturaleza interna?

Para ayudarnos, consideremos a los seres con los que nos enfrentamos visiblemente en el actual ciclo de la humanidad, y preguntémonos: ¿Cómo se relacionan los seres que nos rodean aquí como minerales, plantas, animales y hombres con otros seres del universo? Por supuesto que estamos tratando esta pregunta desde el punto de vista de la Ciencia Espiritual, desde el conocimiento obtenido a través del desarrollo de la conciencia clarividente; y de este desarrollo hablaremos más adelante. En primer lugar preguntemos: ¿Hay humanos en los otros planetas como los que se desarrollan en nuestra tierra? ¿Puede la conciencia clarividente descubrir a tales humanos? La conciencia clarividente responde: No hallamos hombres en otros planetas exactamente en la misma forma que en la tierra, pero sí descubrimos que cada planeta, cada cuerpo celeste, tiene su misión particular. Nada en el universo se repite, otros planetas tienen otras misiones.

Nuestra tierra se ha originado a partir de tres encarnaciones precedentes; la etapa de la existencia por la que estamos pasando ahora (la etapa humana) ya ha sido atravesada por otros seres; por los Ángeles, por ejemplo, en la antigua Luna, por los Arcángeles en el antiguo Sol, y por los Archai en el antiguo Saturno. Es fácil cometer el error de creer que estos eran hombres como nosotros, pero debemos tener en cuenta que en la antigua Luna no había ninguna piedra sólida o mineral y por lo tanto los seres que pasaron a través de su etapa humana lo hicieron bajo condiciones completamente diferentes.

Lo sabemos, pero tenemos que hablar de ello como de etapa humana. Los Arcángeles, o Espíritus de Fuego, pasaron por su etapa humana en condiciones completamente diferentes, ya que el antiguo Sol consistía sólo en calor y gas, y los seres que pasaban por su desarrollo humano no podían tener cuerpos como los nuestros, con músculos sólidos, huesos, etc. En la evolución terrestre nada se repite, cada etapa tiene su misión particular en el gran hogar de la existencia cósmica.

Consideremos ahora por un tiempo la evolución de nuestra tierra. Si la observamos de manera oculta, la vemos como un cuerpo habitado por el hombre en el que lleva a cabo su desarrollo. Este desarrollo sólo ha sido posible gracias a que el sol y la luna se han separado de la tierra, de modo que sus fuerzas se han mantenido en equilibrio entre ambos. En la época en que la tierra era en sí misma todavía sol (si podemos llamarlo así), pasó por una evolución en la que se incorporó con el sol. El sol estaba entonces en sí mismo en la etapa planetaria de la existencia, y estaba habitado por Arcángeles, pero debido al desarrollo avanzado fue posible que parte de lo que estaba incorporado en él se elevara a una existencia superior a costa de esa otra parte que quedó como la tierra-luna. En el gran universo la evolución procede de tal manera que las cosas que por un tiempo han progresado paralelamente se separan; una expandiéndose en regiones más altas, la otra descendiendo a un estado más bajo. Para que ciertos seres pudieran desarrollarse lo suficientemente alto, el sol tenía que convertirse en un cuerpo adecuado para ser habitado; avanzó de la existencia planetaria a la existencia de estrellas fijas. Tenemos que darnos cuenta de que un mundo-ser como nuestro sol se ha desarrollado ocultamente de un planeta a un sol. Un sol es un planeta que ha progresado.

Como se señaló en la última conferencia, después de que todo se hubo unido de nuevo, y el sol se hubo separado durante un cierto período nuevamente de la luna+tierra, el hombre continuó habitando durante un largo período sobre la tierra, en el actual período de encarnación de la tierra, sin las fuerzas espirituales del sol. Entonces, con el advenimiento de Cristo, las fuerzas espirituales del sol encontraron de nuevo un lugar en la tierra. Ahora, si el Cristo está encarnado en la tierra, el hombre debe madurar cada vez más al recibir en él el Principio Crístico; la forma material de un planeta depende de la forma en que evolucionen los seres que lo habitan.

Exactamente de la misma manera que el sol evolucionó hasta su actual y excelsa posición, llevando consigo las sustancias más sutiles porque el ser solar las necesitaba, así también lo hará la tierra. Las substancias de la tierra habrán cambiado de tal manera que se adaptarán al hombre, o mejor dicho, a lo que en un futuro lejano se habrá desarrollado a partir del hombre y de los seres terrestres que lleva consigo; porque cuando el hombre se haya hecho poderoso atraerá a otros seres terrestres junto con él. ¿Qué ocurrirá entonces? Si el hombre se llena cada vez más del Principio Crístico, si absorbe cada vez más de las Fuerzas Solares que descendieron a la tierra con el Cristo, él mismo se hará cada vez más semejante a Cristo e irradiará todo el corazón con el Principio Crístico.

¿Qué es este Principio Crístico? Antes de que podamos saber lo que es, debemos saber cuál es la misión de la tierra, para poder describirla con una palabra especial. ¿Cuál es la misión de la existencia terrenal? Preguntémonos primero, ¿Cuál fue la misión de la existencia de la Luna?

Si volvemos retrospectivamente nuestra visión clarividente hacia la antigua Luna, al principio hallamos en los antepasados de todos los seres de la Tierra una cualidad muy notable. Estos seres poseían mucho, pero al principio del período lunar les faltaba una cosa, y esta cosa la encontramos ahora en todas partes de la Tierra. Las fuerzas de la Luna, el predecesor de nuestra tierra, trabajaron al principio imprudentemente; las condiciones en la Luna para empezar eran tales que en ningún lugar se podía percibir un trabajo conjunto armonioso en sabiduría. Si se sigue la evolución de la antigua Luna de manera clarividente, se ve cómo la sabiduría del cosmos se encarnó poco a poco en los seres que habitaban en la Luna, por otros seres que la rodeaban y que trabajaban en ella desde el exterior. Por eso la antigua Luna se llama el Planeta de la Sabiduría.

Cuando el período lunar llegó a su fin, la sabiduría estaba en todas las cosas. La vida en la Luna pasó entonces por una condición intermedia parecida a un sueño mundial llamado "pralaya", y cuando los seres volvieron a salir del pralaya, y apareció la tierra, trajeron consigo la sabiduría con la que habían sido imbuidos en la antigua Luna. La consecuencia de esto es que la sabiduría está implantada en todo lo que observamos a nuestro alrededor. En todas las creaciones que son el resultado de la evolución de la Luna, y que tienen una misión aún mayor, encontramos sabiduría. Mirad donde queráis: tomad, por ejemplo, la hoja de cualquier planta; cuanto más la observéis de cerca más maravillosa parece, porque las diversas partes están dispuestas de acuerdo con la sabiduría más elevada. Tomad una parte del fémur humano; también allí las partes constitutivas están dispuestas según la más alta sabiduría para formar un soporte capaz de llevar la parte superior del cuerpo.

Ninguna habilidad de ingeniería de hoy en día puede igualar la construcción de un puente de esta poderosa sabiduría. En todos los demás órganos humanos, y de hecho en todo el mundo circundante, vemos la sabiduría en la raíz de todo. El hombre sólo puede absorber esta sabiduría de una manera chapucera en su interior en la tierra. La sabiduría microcósmica es algo que sólo se puede aprender de los objetos que rodean al hombre aquí. La sabiduría está en todas las cosas, incluyendo aquellas partes del hombre en las que no participa conscientemente.

Siguiendo el curso de la historia, a menudo ensalzamos la sabiduría humana. Qué maravilloso nos parece cuando aprendemos que en un momento determinado el hombre hizo tal o cual descubrimiento. El arte de la fabricación de papel, por ejemplo, fue descubierto en tiempos recientes; fue un logro de la inteligencia humana - pero las avispas sabían cómo hacerlo mucho antes que el hombre. El nido de avispas, sin embargo, no está construido por avispas individuales, sino por el alma grupal de las avispas; está construido exactamente con el mismo material que nuestro papel. Estas almas grupales poseían hace mucho tiempo algo que la sabiduría humana sólo ganará gradualmente. Esta sabiduría, que se encuentra profundamente arraigada en todo lo que existe en la Tierra, tuvo que tomar forma gradualmente, y veremos cómo se produjo esto durante todo el período de la Luna; cómo en aquel tiempo la sabiduría combatió la falta de sabiduría, y cómo la antigua Luna legó entonces a la Tierra las semillas de los seres en los que se había implantado la sabiduría.

¿Qué debe ser implantado de manera similar en los seres de nuestra Tierra? Así como la sabiduría fue implantada en nuestros predecesores en la antigua Luna, así también el amor tiene que ser implantado en nuestro planeta. Nuestro planeta (la Tierra) es el planeta del amor. El desarrollo de éste, la primera inculcación de amor, tuvo que ser en su forma más baja. Esto ocurrió durante la época lemúrica, cuando el ego del hombre tomó forma; en aquel entonces comenzó el desarrollo del amor en su forma más baja a través de la separación de los sexos. Todo el desarrollo posterior consiste en el continuo refinamiento, la espiritualización, de este principio de amor. Así como en el período lunar se inculcó la sabiduría a los seres lunares, así un día, cuando nuestra tierra haya alcanzado su meta, todos los seres terrenales estarán llenos de amor.

Volvamos ahora por un momento a la siguiente existencia planetaria, la que sucederá a nuestra Tierra - el planeta Júpiter. Cuando reaparezcan los seres que habitarán Júpiter, considerarán a todos los de su entorno con sus propios poderes espirituales de percepción; y al igual que con nuestro intelecto admiramos la sabiduría contenida en las piedras, las plantas y los animales, y de hecho en todo lo que nos rodea -así como extraemos sabiduría de ellos para que nosotros también la tengamos- los seres de Júpiter dirigirán sus fuerzas a todo lo que les rodea, y el amor que se les había implantado durante la evolución de la Tierra se transmitirá a los que ahora les rodean. De la misma manera que analizamos los objetos y aprendemos de la sabiduría contenida en ellos, así los seres de Júpiter se edificarán a sí mismos con las efusiones de amor que proceden de los seres que los rodean. Este amor que se va a desarrollar en la Tierra sólo puede desarrollarse a través de los egos terrenales que se relacionan entre sí de la manera descrita. El desarrollo en esta dirección sólo puede tener lugar a través de que los hombres se separen de las cualidades de las almas grupales; a través de que un hombre se acerque a otro; sólo así puede desarrollarse el verdadero amor. Allí donde los egos permanecen unidos dentro del alma grupal, no hay amor verdadero. Los seres deben estar separados unos de otros para que el amor pueda ofrecerse como un regalo gratuito. Sólo mediante una separación como la que se ha producido en el reino humano, donde el ego se encuentra con el ego como individuo independiente, el amor como regalo gratuito se ha hecho posible. Por eso es por lo que tuvo que producirse en la tierra un creciente individualismo y la consiguiente unión de individuos separados.

Piensen en los diversos seres que están unidos dentro de un alma grupal; el alma grupal los dirige con respecto a cómo deben actuar. ¿Se puede decir que el corazón y el estómago están unidos por lazos de afecto? No, el corazón está unido al estómago por el ser interior que los mantiene unidos. De la misma manera, los diversos animales de un grupo están unidos entre sí dentro de la naturaleza del alma grupal, y lo que tienen que hacer está regulado por la sabiduría del alma grupal.

Sólo cuando la naturaleza grupal es superada, y el individuo se enfrenta al ego individual, la simpatía del amor puede ser ofrecida como un regalo gratuito de un ser a otro.

El hombre sólo puede prepararse para esta misión gradualmente, y vemos cómo pasa por una especie de escuela preparatoria para el amor antes de estar totalmente individualizado. Vemos cómo, antes de poseer un ego completo propio, los seres guía los reunía formando grupos que se relacionaban por la sangre y los miembros de estos grupos se amaban por el vínculo de la sangre. Este fue un gran momento de preparación para la humanidad. Ya hemos señalado que en esta etapa el amor no era un regalo gratuito, sino que estaba dirigido por un remanente de la sabiduría cósmica; hemos visto cómo los seres luciféricos trabajaban aquí y se oponían con su fuerte fuerza liberadora a todo lo que reunía a la humanidad en familias y pueblos a través del poder de la sangre; estos seres luciféricos se esforzaban por hacer al hombre independiente.

Así, el hombre continuó madurando gradualmente para poder recibir finalmente la más alta potencia de amor - el Principio Crístico, que expresó su naturaleza en las palabras, "El que no abandona al padre, la madre, el hijo y la hija, el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí". Estas palabras no deben entenderse de forma trivial, sino en el sentido de que, mediante la recepción del Principio Crístico, la antigua hermandad de sangre tenía que asumir una nueva forma, un sentimiento de "pertenencia a los demás" que, independientemente de los fundamentos materiales, debía pasar de alma a alma, de hombre a hombre. El Principio Crístico ha dado el impulso por el cual el hombre puede amar al hombre, y que a través de ser cristianizado el amor humano puede llegar a ser cada vez más espiritual. El amor se hará más psíquico y más espiritual, y a través de él el hombre también atraerá con él a las creaciones inferiores, y así transformará la tierra. En un futuro muy lejano transformará toda la sustancia de la tierra, y madurará de tal manera el cuerpo de la tierra que será capaz de unirse de nuevo con el sol. Cristo como Sol Espiritual ha dado el impulso por el cual la tierra y el sol pueden volver a unirse en un cuerpo en un día futuro.

Hemos observado el curso de la evolución del mundo; hemos visto cómo el cuerpo del sol se separó por primera vez de la tierra, y cómo el poderoso Impulso Crístico descendió, y cómo el impulso fue dado de esta manera hacia una reunión de la tierra y el sol para que pudieran elevarse a etapas más altas de la existencia. También nos hemos dado cuenta de que la tierra debe producir seres humanos que tienen esta misión. Por lo tanto, cuando miramos alrededor del reino humano, y deseamos aprender sobre el hombre, sólo podemos encontrarlo en la tierra, ya que sólo aquí se producen las condiciones para los hombres que existen hoy en día. Ahora pueden preguntarse: ¿Cómo es con los otros reinos de la tierra? Consideremos el reino vegetal. Cuando la visión clarividente se extiende por el universo e investigamos los otros planetas que pertenecen a nuestro sistema, encontramos en todos los que pertenecen a nuestro sol un reino vegetal que corresponde enteramente al nuestro, de modo que en nuestro reino vegetal tenemos algo que en su vida sistemática es una parte de todo nuestro universo.

Nuestro sistema solar está poblado por una creación vegetal, y si se considerara todo el asunto de manera oculta, deberíamos ver que cada planeta está poblado también por su propia clase de seres humanos. Es fácil percibir una relación interna entre las plantas y el sol, y cómo la vida de la planta está íntimamente conectada con la vida del sol. Si este es el caso, también debe estar conectada con todos los planetas que pertenecen al sistema solar. Cuando permitimos que nuestros pensamientos se remonten a la condición de la Tierra cuando todavía estaba unida con el Sol, sabemos que el hombre consistía en un cuerpo físico y etérico, es decir, que estaba en la etapa de una planta. El hombre en esa época tenía el valor de una planta; estaba en la posición en la que está el reino vegetal ahora. Este reino está compuesto por seres compuestos de cuerpo físico y cuerpo etérico. Estos nos presentan de tal manera que nos mueve a decir que han permanecido fieles al sol; incluso ahora revelan claramente su relación con el sol.

Consideremos la naturaleza de una planta según la sabiduría Rosacruz. Vemos la planta fijada en el suelo por sus raíces, es decir, el órgano que la conduce hacia el centro de la tierra - a su ego - y vemos cómo vuelve sus órganos de reproducción al sol y absorbe sus rayos castos.

Volvamos ahora al hombre. No es difícil imaginar al hombre como una planta invertida. Si pensamos en una planta exactamente invertida en su posición tenemos un hombre; sus órganos de reproducción están vueltos al centro de la tierra, y su raíz hacia el espacio. El animal se encuentra a mitad de camino entre ellos. Por lo tanto, se puede decir en un sentido espiritual, que cuando el alma-naturaleza del mundo pasó por los diversos reinos, pasó por una existencia vegetal, animal y humana. Platón expresa esto de una manera hermosa. Dice: "El alma-mundo es crucificada en la cruz del cuerpo-mundo". El hombre ha pasado por la etapa vegetal que lo dirigió al centro de la tierra. La posición de los animales se expresa en la posición horizontal de la columna vertebral. La posición del hombre es la de la planta, sólo que al revés. Así surgió la cruz.
En ella se crucifica el alma del mundo; este es el profundo significado esotérico de la cruz. En la planta de hoy tenemos un ser que se esfuerza hacia el sol, el cual, en cierto sentido, ha permanecido unido al sol, por lo tanto tiene la dirección opuesta al hombre. Las formas animales en las diversas existencias planetarias son en parte iguales y en parte diferentes; incluso aquí el animal se encuentra a medio camino entre el hombre y la planta.

Si ahora pasamos al reino mineral encontramos en las formas de los cristales algo que nos dirige al espacio mucho más allá de nuestro sistema solar. En las fuerzas formativas del reino mineral encontramos fuerzas que llegan mucho más allá del sistema solar. Somos llevados, especialmente cuando consideramos aquellas formas del reino mineral a través de las cuales pasa la luz, a una percepción de lo que ocurre mucho más allá de nuestro sistema solar. Lo más abstracto, y lo que tiene menos existencia individual, y sin embargo forma en la actualidad la base de nuestra vida, es el mineral. Tiene una existencia universal; cuanto más elevado es el ser, más se adapta al sistema de nuestra tierra y nuestro sol.

Ahora consideraremos este punto con respecto al hombre. Si el hombre se adaptara a las fuerzas que rigen únicamente en la tierra, estaría condenado a existir sólo en la tierra; nunca podría convertirse en un ciudadano del universo; no podría hablar de nada que ocurriera más allá de la tierra. Aunque está adaptado, por su forma exterior, a las condiciones de la tierra, tiene también, por sus poderes superiores, una parte en todos los seres superiores que están conectados con la tierra. Lo que limita al hombre a la tierra se refiere únicamente a su cuerpo; los poderes espirituales de los que está dotado le conducen mucho más allá de la tierra. Aquí también tenemos que distinguir entre las diferentes fuerzas. Para poder comprenderlas, detengámonos primero en las fuerzas que pueden ser fácilmente clasificadas.

Tenemos en primer lugar el poder que suscitaba imágenes ante nuestros ojos espirituales durante la época atlante. La conciencia del hombre, para empezar, era una conciencia de imágenes; sólo a medida que la evolución progresaba era capaz de comprender gradualmente los objetos externos por medio de su conciencia objetiva. La conciencia que en la actualidad nos presenta el mundo de los sentidos para que veamos los colores con los ojos, oigamos los sonidos con los oídos, olamos y saboreemos, en aquel entonces sólo se diferenciaba de la percepción general del calor, por el órgano que era entonces como una especie de linterna - la glándula pineal. La conciencia objetiva es puramente de la tierra. Aunque parezca maravilloso, todas las sensaciones que el hombre conoce, como el color de los objetos, los tonos sonoros, no tienen más que existencia en la tierra, y si considerásemos los seres de otro planeta nos encontraríamos con que al principio no podríamos comprenderlos. Por ejemplo, si dijéramos algo a estos seres sobre el color rojo no sabrían lo que significa; en su planeta tienen una forma diferente de percibir los seres y las cosas. Lo que llamamos percepción sensorial se aplica sólo a nuestro planeta en particular.

Ya he explicado que antes de que la percepción sensorial se diferenciara, estaba interiormente conectada con la reproducción. Precisamente del mismo modo que la percepción sensorial es de la tierra, también lo es la forma de reproducción (tal como existe actualmente) de la tierra, y sólo se adapta a esta existencia planetaria: existe con el propósito de proporcionar el primer fundamento de lo que es la misión de la tierra, a saber, el amor-por-el-amor debe desarrollarse en la tierra.

Ahora llegamos a otra capacidad humana. Supongamos que observan algún objeto; mientras sus ojos se vuelcan hacia él, saben que están en correspondencia con el objeto; éste actúa sobre ustedes; ahora aparten sus ojos y mantengan la idea-imagen de él en su memoria; el objeto se ha ido pero la imagen permanece. Si el hombre no tuviera la capacidad de retener tales imágenes sería un ser completamente diferente, pues tan pronto como su mirada dejara el objeto la imagen de éste también habría desaparecido, y en consecuencia no tendría el poder de conectar las cualidades de las cosas observadas con sus propias cualidades. Esa capacidad de conciencia que hace al hombre de hoy capaz de retener la imagen de un objeto incluso cuando el objeto mismo se ha ido, ya la poseía incluso en la antigua Luna; es la misma capacidad que le permitía entonces ver lo que era externo a él en imágenes. Entonces no podía ver los objetos externos como lo hace hoy, pero cuando algo se le acercaba, se presentaba ante él una visión astral como una imagen vívida de un sueño, pero relacionada de una manera particular con el objeto que percibía.

La conciencia del hombre era entonces una conciencia de imágenes, no una conciencia objetiva. Ahora está en contacto con los objetos mismos, la imagen que ve es el objeto. Un último remanente de la conciencia de imágenes ha permanecido en nuestro poder para formar imágenes de memoria. Éstas son de mayor valor que la mera observación de objetos externos. Al observar varios objetos similares entre sí, los ponemos bajo una idea general. Por ejemplo, tenemos aquí tantos trozos de tiza que los agrupamos bajo la concepción general de "tiza". De esta manera el hombre se eleva a conceptos generales para los que no existe ningún objeto externo. El hombre puede trabajar interiormente con sus ideas, y si con esta actividad interior - con este poder de ideación - se pusiera en contacto con seres fuera de nuestra existencia planetaria sería capaz, sin tener que referirse a ningún objeto, de hacerse comprender más fácilmente por ellos. Tanto la conciencia de imágenes (que el hombre poseía antes de poder percibir los objetos externos, y que era una tenue clarividencia) como la conciencia imaginativa que desarrollará más tarde, son de mayor alcance que la mera observación de los sentidos.

Cuando la conciencia de las imágenes se adquiere a través del desarrollo del ocultismo y el hombre es capaz de percibir no sólo los objetos externos, sino también, por ejemplo, el aura humana; cuando en las imágenes ve a su alrededor cosas de naturaleza anímica y espiritual; cuando lo que existe en el mundo se eleva ante él en símbolos pictóricos, ha ganado con su conciencia imaginativa el poder de conectarse con otras cosas que habitan otros planetas.

Hay un grado aún más elevado de conciencia. Esta la poseía el hombre débilmente durante el período solar, y en cierta medida la tiene todavía - es la conciencia del sueño sin sueños. El hombre no carece de conciencia cuando está dormido; tampoco una planta carece de conciencia; su conciencia es la misma que la del hombre en el sueño ordinario. El sueño es sólo un grado inferior de conciencia, donde las cosas escapan a la atención del hombre y él no las observa.

Mediante el desarrollo de ciertas fuerzas el hombre puede obtener el poder de percibir lo que está a su alrededor durante el estado de sueño sin sueños. Este es un estado de conciencia más elevado que el de la imagen; es la conciencia que tienen las plantas, pero en forma de sueño. Si uno se eleva a esta conciencia pero la impregna con su ego en una clara conciencia diurna, ha alcanzado el grado de inspiración o, en el desarrollo oculto, la conciencia inspirada. Esta conciencia no actúa simplemente por medio de imágenes. Cuando algo fluye del objeto y pasa al observador es una conciencia de tono, y no puede ser comparada con la conciencia de las imágenes. El hombre que la experimenta entra en un mundo espiritual de tono; esta es la conciencia descrita por Pitágoras como "la Armonía de las Esferas". El mundo entero entonces pronuncia su naturaleza, y cuando el hombre duerme por la noche y el cuerpo astral y el ego se retiran de sus cuerpos físico y etérico, las armonías y melodías de la música cósmica impregnan su cuerpo astral. El cuerpo astral se sumerge entonces en la verdadera existencia espiritual, y de la música de las esferas extrae el poder para restaurar sus fuerzas agotadas. El hombre se sumerge por la noche en la música de las esferas, y a través de los tonos que suenan dentro de él se siente fortalecido y restaurado de nuevo cuando llega la mañana. Cuando es consciente de esto se siente inspirado, y es capaz de percibir todo lo que está contenido en el sistema solar.

A través de sus sentidos ordinarios y el intelecto asociado a ellos el hombre percibe sólo las cosas de la tierra; a través de la Imaginación se pone en contacto con los diversos planetas; cuando ha alcanzado la Inspiración se pone en contacto con el sistema solar. Este hecho siempre ha sido conocido en ciertos círculos. Goethe, que era un Iniciado, lo sabía; por lo tanto, en el prólogo de Fausto, cuya escena está ambientada en el mundo espiritual del cielo, representa al Ángel como diciendo: "El sol entona su antiguo canto, 'Medio canto rival de las esferas hermanas'."

A resultas de esto vemos que él sabía que los secretos del sistema solar se expresan en tonos, y que quien puede elevarse a la inspiración puede aprender estos secretos. Goethe no escribió esto por casualidad, como podemos ver, ya que mantiene el carácter. En la segunda parte de Fausto, cuando nos lleva al mundo espiritual dice de nuevo lo mismo:

"Sonando fuerte a los oídos del espíritu,
Lo! el día recien nacido aparece."

Los oídos del espíritu son los oídos del clarividente, que es capaz de percibir las armonías del sistema solar. Si pudieran ustedes percibir las Fuerzas Solares que descienden sobre los cuerpos de las plantas mientras crecen (estos cuerpos cuyas raíces y hojas terminan en flores bañadas por el cuerpo astral, en las que fluyen las fuerzas del sol); si pudieran ustedes percibir estas fuerzas entrando secretamente en la tierra a través de la flor, las percibirían como música espiritual - la música de las esferas. Sin embargo, esto sólo puede ser escuchado por oídos espirituales.

El sonido espiritual entra en las flores, ese es el secreto del desarrollo de las plantas, cada flor separada es la expresión de los tonos que le dan forma, y le dan al fruto su carácter. Los tonos solares son captados por la planta, y estos gobiernan dentro de ella como espíritu.

Tal vez sepan ustedes cómo puede impartirse la forma mediante el sonido en el mundo material; recordarán el experimento de las formas sonoras clánicas. De qué manera el polvo esparcido sobre un disco asume ciertas figuras como resultado del sonido; en estas figuras tenemos la expresión del sonido que las produce. Así como el sonido físico es atrapado, por así decirlo, en este polvo, así el sonido espiritual del sol es atrapado y absorbido por la flor y la fruta. Se oculta misteriosamente en la semilla, y cuando una nueva planta crece a partir de la semilla es el tono del sol que ha absorbido el que conjura su forma.

La conciencia clarividente mira a su alrededor el reino vegetal, y en las flores que forman la abigarrada alfombra de la superficie terrestre ve por todas partes el reflejo de los tonos solares. Lo que dice Goethe es cierto, "El sol entona su antiguo canto", pero también es cierto que estos tonos solares fluyen a la tierra, son absorbidos por las plantas, y reaparecen cuando nuevas plantas brotan de la semilla. Porque en las formas de las plantas se escuchan los tonos solares que vuelven a resonar en el espacio la música de las esferas.

Aquí vemos cómo el universo y la tierra, cómo la estrella fija y el planeta, están espiritualmente en contacto entre sí, y aprendemos no sólo a mirar lo que está en nuestro entorno en el mundo físico, sino que también obtenemos una idea de cómo los que participan de la Inspiración ascienden al sol.

Hay un estado de conciencia aún más elevado, que, en el verdadero sentido de la palabra, llamamos Intuición; a través de ella el hombre puede deslizarse dentro de la naturaleza misma de las cosas. Esto es algo más que una conciencia inspiradora; aquí el hombre se funde con los seres, se identifica con ellos. Esto lo lleva aún más lejos. ¿A dónde lo lleva la conciencia inspiradora? Lo lleva a donde se siente uno con el planeta Tierra, porque los egos de las plantas están en el centro de la Tierra. Cuando percibe el tono del sol se hace uno con el ser planetario que habita en el centro de la tierra; se hace uno con su planeta; también puede hacerse uno con todos los demás seres. Entonces pasa por experiencias que van mucho más allá de nuestro sistema solar; su visión se extiende desde la conciencia del sistema a la conciencia cósmica; la intuición lo lleva más allá de los diversos sistemas solares.

Así vemos que en el reino mineral tenemos algo que en una forma homogénea nos proporciona una base que se extiende mucho más allá de nuestra existencia ordinaria. Vemos que la forma humana actual es una forma física terrestre, pero que el hombre se elevará una vez más de la conciencia terrestre ordinaria a la conciencia planetaria a través de la imaginación; a la conciencia del sistema solar a través de la inspiración; a la conciencia cósmica a través de la intuición.

Este es el camino que la humanidad tiene que recorrer en la medida en que está conectado con toda la evolución del mundo. En la próxima conferencia descenderemos de este estudio, que nos ha llevado a lo que ha tenido lugar en las épocas más recientes de la existencia terrestre, en las épocas egipcia y griega, y en nuestra propia época. Veremos cómo el macrocosmos, el poderoso universo del que hemos formado alguna idea hoy en día, se refleja en la vida y la concepción del hombre individual - el microcosmos.