CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA110 Düsseldorf, 13 de abril (a.m.) de 1909 Tierra, Luna, Sol, Saturno. Ángeles, Arcángeles, Arcáis. Saturno - un reino de calor invisible.

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 RUDOLF STEINER

LAS JERARQUÍAS ESPIRITUALES Y SU REFLEJO EN EL MUNDO FÍSICO


Tierra, Luna, Sol, Saturno. Ángeles, Arcángeles, Arcáis. Saturno - un reino de calor invisible.

 

TERCERA CONFERENCIA

Düsseldorf, 13 de abril (a.m.) de 1909

Es posible que al final de la conferencia de ayer surgieran algunos interrogantes en muchas almas sobre el llamado reino más bajo de las jerarquías. Y esto es natural, porque según las ideas modernas, mucho de lo que se ha dicho debe parecer dudoso e inexplicable, pero las siguientes conferencias arrojarán luz sobre muchos puntos. Una cosa debe quedar clara hoy para permitirles obtener la orientación mental adecuada para tratar apropiadamente el tema. Alguien podría preguntar, por ejemplo: "Incluso si a través del pensar y la concentración sobre una piedra, realmente sacáis un espíritu embrujado fuera de ella, después de haber liberado a ese espíritu, ¿Qué queda en la piedra? ¿Sigue el ser en ella, y qué pasa con la piedra? Otro detrás de mi puede venir y pasar por el mismo proceso, ¿Qué resulta de ello? Esta pregunta puede surgir en muchas mentes. Como he dicho antes, algunas de estas preguntas serán contestadas en estas conferencias; pero si la comprensión de las mismas tiene que depender sólo de las calificaciones para el pensar que la Tierra da al hombre, estas preguntas no pueden ser realmente comprendidas en absoluto. Porque todo está velado en la tierra, todo está cubierto por Maya, y el pensamiento humano ve las cosas de manera muy diferente a como son en realidad, pero no es culpa de los hechos, que estas preguntas queden sin respuesta. Las preguntas se plantean de forma equivocada, pero con el tiempo encontraremos la norma por la cual podremos plantear nuestras preguntas correctamente. Las cosas cambian esencialmente para nosotros cuando todo el asunto no permanece tan velado en la ilusión. En la tierra todas las cosas están, por así decirlo, revueltas, y por ello los pensamientos del hombre se extravían continuamente. 

Nos hacemos una idea más clara de las cosas cuando nos remontamos a tiempos más antiguos. Así como el hombre pasa de una encarnación a otra, de una metamorfosis a otra, todos los seres del universo pasan por reencarnaciones, desde el más pequeño hasta el más grande, incluso un ser como nuestra tierra -un ser planetario- pasa por reencarnaciones. Nuestra tierra no apareció al principio como tierra; pasó por una condición diferente. Siempre se ha hablado mucho de esto en los círculos antroposóficos. Así como el hombre en esta vida es la reencarnación de una vida anterior, la tierra es también la reencarnación de otro planeta que fue su precursor. A ese planeta anterior lo llamamos Luna, pero no nos referimos a nuestra luna actual, que es sólo una parte, un residuo de la antigua luna, sino a una condición anterior de la tierra, que existió una vez y que luego pasó por un estado espiritual llamado Pralaya, de la misma manera que el hombre pasa por una condición espiritual después de la muerte. Así como el hombre se reencarna, este planeta lunar es una reencarnación. Lo que hemos caracterizado como la condición planetaria lunar, fue la reencarnación de una condición planetaria aún anterior, que llamamos Sol. Este no es el sol de hoy, sino un ser muy diferente; fue la reencarnación del primer planeta al que nos remontamos al hablar de las encarnaciones de nuestra Tierra, el antiquísimo Saturno. Así pues, tenemos cuatro encarnaciones sucesivas: Saturno, Sol, Luna y Tierra.

También hemos dicho a menudo que cada condición planetaria tiene una tarea especial. ¿Cuál es la tarea de nuestra tierra? Es hacer posible la existencia del hombre como hombre. Todas las actividades de la tierra son de tal índole que, a través de ellas, el hombre puede convertirse en un ser portador de un yo. Este no era el caso en las condiciones anteriores por las que ha pasado. Solo en la tierra el hombre ha llegado a ser humano, en el sentido actual de la palabra. Las anteriores condiciones planetarias por las que ha pasado la tierra tenían una tarea similar. A través de la cual otros seres se convirtieron en humanos en esos otros planetas, y ahora se encuentran en un estadio superior al del hombre. Tal vez recordéis en mi libro El cristianismo como hecho místico que un sabio egipcio le dio a Solón el griego una notable pista sobre la verdad de los misterios; le dijo que era una verdad de gran importancia, que los dioses fueron una vez hombres. Esta era una de esas verdades que el alumno de los Misterios tenía que aceptar en la antigüedad, que los dioses que hoy en día están por encima en la altura espiritual, no fueron siempre dioses, sino que se habían elevado a esas alturas, y también que una vez fueron hombres y habían pasado por la etapa humana. Una verdad peligrosa, porque como consecuencia natural el alumno de los Misterios sacaba la conclusión de que él también se convertiría en un dios algún día. También era posible que el hombre se dijera a sí mismo: "Un hombre sólo puede convertirse en un dios cuando está maduro para ello y si imagina por un momento que es un dios antes de estar preparado para ello, no será un dios, sino un tonto". Así pues, al hombre se le abren dos caminos: vivir con paciencia, como dice Dionisio, hasta el momento de su deificación, o bien imaginar que ya es un dios antes de ese momento. Un camino lleva en verdad a la deificación, el otro lleva a la locura. A menudo surgen malentendidos sobre los dichos de los antiguos, pues en la actualidad ya no se distingue entre los distintos grados de seres divinos. 

El sabio egipcio que hablaba de los dioses no se refería a un solo grado de los dioses, sino que se refería a toda la secuencia de seres divinos espirituales. Dionisio el Areopagita y los sabios occidentales siempre han diferenciado entre esos diferentes grados de seres espirituales divinos. Es lo mismo hablar de ángeles que de Dhyan-Chohans, pues los que se dan cuenta de la unidad de la sabiduría cósmica sabían que no eran más que nombres diferentes para una misma cosa, pero en este ámbito también hay que saber diferenciar. Los seres que son los primeros en ser invisibles y que están inmediatamente por encima del hombre, se llaman en el esoterismo cristiano Ángeles, Angeloi, mensajeros del mundo espiritual divino. Los que están un grado más arriba, es decir, dos niveles más altos que el hombre, se llaman Arcángeles, Archangeloi, también espíritus de fuego. Los que están aún más arriba que los Arcángeles, cuando pasan por su desarrollo normal, se llaman Espíritus de la Personalidad, Archai, o Principios Primigenios. Así pues, tenemos tres grados de seres que están por encima del hombre. Estos tres grados de seres espirituales han pasado todos por la etapa humana; antes eran todos hombres. Los seres que hoy son Ángeles, si se considera desde el punto de vista del tiempo universal, fueron humanos no hace mucho tiempo, pues fueron hombres en la antigua Luna; y así como vosotros, por las condiciones terrestres, habitáis la tierra como hombres, así los Ángeles habitaron la Luna durante su etapa humana. 

Los Arcángeles pasaron por su etapa humana en el Sol, y los Archai, o espíritus de la personalidad hicieron lo mismo en el antiguo Saturno. Estos seres se han elevado gradualmente desde su etapa humana, son hoy seres superiores, en grados de jerarquías más elevados que el hombre. Si calculamos la secuencia de grados en los reinos del mundo en un sentido espiritual, llegamos a lo siguiente: En la Tierra tenemos el reino mineral visible, el reino vegetal y animal, el reino humano, y luego pasamos a lo invisible, al reino de los Ángeles, los Arcángeles o Espíritus del Fuego, los Archai o Espíritus de la Personalidad. Mientras estos seres, de acuerdo con su propia naturaleza interna, progresaban y se desarrollaban, elevándose desde el hombre hasta la divinidad, o hasta los mensajeros de lo divino (la descripción correcta de esos seres), mientras se elevaban así en su evolución, las condiciones del planeta, en el cual y para el cual vivían, cambiaban gradualmente. Si observamos el antiguo Saturno en el que los Archai o Espíritus de la Personalidad pasaron por su etapa humana, lo encontramos muy diferente de nuestra tierra.

Ayer hablamos de los cuatro elementos que distinguimos en la tierra, como tierra, agua, aire y fuego. Los tres primeros elementos no existían todavía en el antiguo Saturno. De los cuatro sólo existía el fuego, o el calor, en Saturno. El filósofo materialista de hoy dirá: "Pero el calor sólo puede producirse, sólo puede percibirse por medio de objetos externos; hay cuerpos calientes, agua caliente, etc., pero el calor no puede existir por sí mismo". Esa es la creencia del filósofo materialista, pero no es cierta. Si hubierais podido observar el antiguo Saturno con vuestros sentidos actuales, ¿qué habríais encontrado?

Tomemos como hipótesis que hubierais podido volar a través del espacio universal hasta el antiguo Saturno. No habrías visto nada donde estaba el antiguo Saturno; solo habríais sentido una cosa y es el calor.

Si hubierais volado a través del cuerpo del antiguo Saturno, habríais sentido como si hubierais atravesado un horno caliente. No habrías podido respirar, no habrías podido nadar, porque no había ni aire ni agua, no habrías podido estar de pie, porque no había tierra. No habríais podido tocar nada con la mano, pues sólo había una bola de calor. Todo el antiguo Saturno consistía únicamente en calor. En su primera metamorfosis, la existencia de nuestra tierra comenzó como un planeta de calor, y por ello podéis ver cuánta razón tenía el antiguo Herakleitos de Éfeso cuando decía: "Todo ha venido del fuego". Sí, en efecto. Como la tierra no es más que el antiguo Saturno transmutado, así todo lo que hay en la tierra ha sido creado a partir del fuego. Herakleitos conocía esta verdad desde los antiguos Misterios, y lo insinúa cuando dice que el libro en el que escribió esto fue dedicado a la Diosa de Éfeso y que lo colocó en el altar de allí, lo que significa que era consciente de deber el conocimiento de esta verdad a los Misterios de Éfeso, donde la enseñanza del fuego saturniano primigenio fue proclamada en toda su pureza. Ahora podéis ver que esos seres que llamamos Archai, Seres Primordiales o Espíritus de la Personalidad, pasaron por su etapa humana en condiciones muy diferentes a las del hombre de hoy. El hombre actual puede recibir en la constitución corporal de su sistema óseo y sanguíneo, sólidos, líquidos y gases. El hombre de Saturno, el Espíritu de la Personalidad, tuvo que construir su cuerpo con calor.
Ayer os dije que el calor tiene, por así decirlo, dos caras. Un lado es el que podemos sentir interiormente, como calor interno; sentimos que tenemos frío o calor sin tener que tocar nuestro entorno, como en el caso de que contactemos con el elemento sólido; pero también podemos sentir calor exteriormente, cuando agarramos un objeto caliente. La peculiaridad de la evolución de Saturno es que pasó gradualmente de este calor interior, que sólo podía sentirse en el interior, al calor exterior, a un calor que, hacia el final de su evolución, se hizo cada vez más externo, más perceptible desde el exterior. Si hubierais emprendido vuestro viaje por el espacio durante la primera etapa de la evolución de Saturno, no habríais sentido ningún calor en vuestra piel, pero os habríais sentido calientes por dentro; habríais dicho: "Me siento cómodamente caliente". Algo parecido a lo que hoy llamarías calor del alma, podrías haberlo sentido si hubieras hecho este viaje durante las primeras etapas del antiguo Saturno. Puedes imaginar la experiencia que habrías tenido, si consideras lo siguiente: Sabes que hay una diferencia para ti cuando miras algo rojo o algo azul. El rojo te da una sensación de calor; y el azul te da una sensación de frío. Imagina que el sentimiento que se libera en el alma humana por la impresión de algo rojo, no existiera todavía, pero podrías haber sentido algo cálido y confortable. Hacia el final de la evolución de Saturno habrías sentido no sólo calor interior, sino también como si el calor viniera hacia ti desde fuera. 

El calor interior habría cambiado gradualmente a un calor que se manifestaba en el exterior. Así es como se desarrolló Saturno; del calor interior del alma se pasó a un calor que se manifestaba en el exterior, a lo que llamamos calor externo o fuego. Se podría decir: "Al igual que un niño crece hasta la edad adulta y tiene muchas experiencias diferentes, así crecieron los Espíritus de la Personalidad en el antiguo Saturno; primero se sintieron interiormente cálidos, cómodamente cálidos, luego sintieron gradualmente que este calor se exteriorizaba, se hacía real, sí, incluso podríamos decir que se encarnaba". ¿Qué ocurrió entonces? Si queréis imaginarlo debéis representároslo así: Al principio tenemos el proceso de calentamiento interior del globo de Saturno. Entonces, primero es posible que los Espíritus de la Personalidad se encarnen. Mientras encarnan se produce lo que llamamos calor externo. Si hubierais emprendido vuestro viaje durante las últimas etapas de Saturno podríais haber diferenciado las impresiones externas de calor y también de frío. Y si hicieras un dibujo de los cuerpos autocontenidos de calor, no encontrarías más que huevos de calor agrupados en la superficie de Saturno, formando su corteza exterior. Si lo hubieras visto desde fuera, habría parecido una mora o una frambuesa. ¿Qué eran estos huevos? Eran los cuerpos de los Espíritus de la Personalidad, y fue precisamente a través de su calor interno que los Espíritus de la Personalidad construyeron el calor externo de estos huevos de Saturno. Podría decirse con verdad de esta condición: Los Espíritus empollaron el calor, hicieron nacer los primeros cuerpos de fuego. Si podemos expresarlo así: dentro de esa región de calor, los huevos externos de calor se coagularon a partir de su calor interno. Del espacio universal nacieron los primeros cuerpos de fuego. En estos cuerpos de fuego se encarnaron los Espíritus de la Personalidad o Archai (también llamados Asuras). Saturno sólo estaba formado por el elemento fuego. Durante la evolución de Saturno fue posible para los Espíritus de la Personalidad transmutar el calor externo en calor interno. El proceso no era rígido ni duro, sino que era un movimiento interior. De hecho, los Espíritus de la Personalidad producían continuamente estos huevos de calor y los dejaban disolver de nuevo. Y ahora podremos imaginar el proceso con más exactitud. Supongamos que hubierais hecho ese viaje una y otra vez; os habríais dado cuenta de que había momentos en los que no se sentía el calor exterior, sino sólo esa sensación interior de confort; luego, otros momentos en los que aparecían esos huevos de calor. Os habríais dado cuenta de algo así como una respiración de todo el ser del antiguo Saturno, pero era una respiración de fuego. Habríais pensado: "A veces estoy dentro de este antiguo Saturno de tal manera que siento que todo el calor externo se ha vuelto hacia dentro, se ha retirado y experimento sólo esa sensación de confort interior". Y habríais dicho: 'Ahora Saturno ha inhalado todo el calor'. Y volviendo en otro momento y encontrando todos esos huevos de calor habríais dicho: 'Ahora Saturno ha exhalado su calor interior, todo es fuego exterior'. Debéis comprender que los antiguos Santos Rishis dieron esta idea a sus alumnos; se transportaron en espíritu a los tiempos del antiguo Saturno, e hicieron que sus alumnos se dieran cuenta de cómo todo un planeta era capaz de producir algo que se asemejaba a una expansión y contracción en la respiración. Evocaron en sus alumnos la concepción de que el fuego, cuando fluye hacia fuera, forma innumerables cuerpos de calor, y cuando el fuego es aspirado, se convierte en el Yo interior de los Espíritus de la Personalidad. Por lo tanto, compararon la vida de este planeta con una inhalación y exhalación, pero en el antiguo Saturno era sólo una respiración de fuego. El aire todavía no existía.
Ahora supongamos que todos esos Espíritus de la Personalidad en el antiguo Saturno hubieran permanecido en la etapa de su evolución normal y hubieran inhalado y exhalado continuamente calor. Habrían realizado su evolución regular de Saturno y la consecuencia habría sido que en el transcurso del tiempo todos se habrían retirado de nuevo al calor interno, y Saturno como planeta externo de fuego habría sido recibido de nuevo en los reinos espirituales del Mundo. Esto podría haber ocurrido. Entonces nunca habríamos tenido las condiciones del Sol, la Luna y la Tierra, porque entonces todo lo que se había exhalado habría vuelto al calor interior, habría sido recibido de nuevo en el mundo espiritual. Me serviré ahora de una expresión trivial que hará esto más comprensible. A algunos de esos Espíritus de la Personalidad les agradaba más volver a tomar sólo una parte de ese calor exhalado; les agradaba dejar algo de él, de modo que al inhalar, algunos de esos huevos de Saturno no desaparecían completamente, sino que permanecían. Así se desarrollaron gradualmente dos estados o condiciones en Saturno: el calor interior y, junto a él, el calor exterior encarnado en los huevos de Saturno. No todo era atraído. Los Espíritus de la Personalidad dejaron una parte de ese calor exterior para cuidarse a sí mismos, por así decirlo; lo dejaron fuera. ¿Por qué lo hicieron? Tenían que hacerlo; si no lo hubieran hecho, nunca se habrían convertido en hombres en Saturno. ¿Qué significa convertirse en hombres? Significa alcanzar la conciencia de sí mismo. 
No puedes hacer esto a menos que puedas diferenciarte como "yo" de lo que está fuera de ti. Sólo a través de esto eres un "yo", un ego: allí, dices, está la rama florecida, aquí estoy yo. Me diferencio como "yo" de los objetos que me rodean. Los Espíritus de la Personalidad habrían permitido que su "yo" se limitara a soñar eternamente si no hubieran dejado algo fuera que pudiera ofrecerles resistencia. 'Hay otro fuera de mí, me diferencio del elemento de calor que se ha hecho objetivo'. El Espíritu de la Personalidad, se convirtió en Egos, alcanzó la conciencia de sí mismo, por haber empujado una parte de la esencia de Saturno hacia el exterior en una existencia de calor meramente exterior. Se dijeron a sí mismos: Debo permitir que algo salga de mí, y dejarlo fuera, para que sea capaz de diferenciarme, para que mi autoconciencia sea iluminada por ese elemento externo. Así crearon otro reino cerca de ellos, crearon una imagen reflejada de su vida interior en esa vida exterior. Así sucedió que cuando la vida de Saturno había seguido su curso, los Espíritus de la Personalidad no estaban en condiciones de permitir que Saturno desapareciera. Esto habría sucedido si hubieran inhalado todo el fuego; pero no podían volver a respirar lo que habían exhalado fuera de sí mismos. El campo que les había ofrecido la posibilidad de adquirir conciencia de sí mismos tenía que ser abandonado. Ninguna condición de Pralaya podría haber surgido para Saturno sólo a través de los Espíritus de la Personalidad. Los espíritus superiores tuvieron que entrar en acción para disolver a Saturno, a fin de que se produjera un Pralaya, o estado de transición, de desaparición y de sueño.
Los Espíritus superiores, los Tronos, de los cuales sólo daremos el nombre por el momento, tuvieron que disolver todo esto, de modo que, al llegar la vida de Saturno a su fin, se llevó a cabo el siguiente proceso. Los Espíritus de la Personalidad habían alcanzado la conciencia de sí mismos, habían vuelto a respirar una parte del calor, habían experimentado el Yo como centro de su ser y habían dejado atrás un reino inferior. Entonces entró el reino de los Tronos y disolvió lo que había dejado atrás, y Saturno entró en una especie de noche planetaria. Luego surgió la mañana planetaria. Todo tuvo que despertar de nuevo mediante leyes que aprenderemos más adelante. Si todo Saturno hubiera desaparecido por la inhalación de todo el calor, no habría podido haber un despertar, porque todo Saturno habría sido llevado al mundo espiritual. Los Tronos podían ahora, durante una temporada, disolver lo que los Espíritus de la Personalidad habían dejado atrás, esos huevos de calor, pero sólo podían hacerlo durante un tiempo. Estos debían ser entregados, por así decirlo, a una existencia inferior para su posterior desarrollo. A través de esto amaneció una mañana planetaria; la segunda metamorfosis de Saturno - ¡la condición del Sol!
¿Qué fue lo que realmente cobró vida en esta nueva condición solar? Los Espíritus de la Personalidad, teniendo ahora conciencia de sí mismos, pasaron a ella desde el antiguo Saturno, después de la condición planetaria del sueño; ya no necesitaban pasar por ninguna condición similar a la que ya habían pasado: habían exhalado ciertos huevos de calor que volvieron a surgir gradualmente, y se diferenciaron de la masa general; la consecuencia fue que los Espíritus de la Personalidad estaban atados a esa parte de sí mismos que antes habían dejado atrás. 
Si se hubieran llevado todo consigo al mundo espiritual, no habrían estado atados al Sol, no habrían necesitado bajar de nuevo, pero tuvieron que hacerlo, porque habían dejado atrás una parte de su propia esencia, de su propio ser. Tuvieron que ocuparse de ello; les atrajo hacia abajo, hacia una nueva existencia planetaria. Este era el Destino de Saturno, el karma mundial, el karma cósmico. Como los Espíritus de la Personalidad en el antiguo Saturno no habían tomado todo en sí mismos, se habían preparado ese Karma que les obligaba a regresar. Encontraron abajo, como herencia del antiguo Saturno, lo que ellos mismos habían llevado a cabo. ¿Qué sucedió cuando los Espíritus de la Personalidad tomaron ahora el Karma que habían creado? Sucedió lo que expliqué ayer. 
El calor se dividió, en luz por un lado, y en humo por el otro. En el renacido Saturno (el Sol) los huevos de calor reaparecieron como aire gaseoso, o humo, como lo hemos llamado en un lado; y en el otro lado apareció la luz, porque el calor volvió, por así decirlo, en una condición superior. En el interior del Saturno transformado había humo, gas, aire, ¡y en el otro lado luz! Si viajando por el espacio hubierais llegado ahora al lugar donde estaba este antiguo Sol, habríais percibido desde lejos lo que se había formado en luz, porque detrás había humo. Si no fuera la luz misma, habrías percibido una bola brillante, tal como percibiste una bola de calor en Saturno. Habríais encontrado una bola brillante y si hubierais entrado en contacto con su superficie, si hubierais penetrado en esa bola, habríais sentido no sólo calor, sino viento, aire, gas, fluyendo desde todos los lados.
De este modo, aquella bola de calor se transformó en un orbe brillante; un sol ha nacido. 
Está plenamente justificado llamarlo sol; los orbes que son soles hoy en día están pasando por este mismo proceso, en su interior son masas de gas que fluye, y en el otro lado hacen que ese gas se convierta en luz; derraman luz al exterior a través del espacio. Así, la luz se formó realmente por primera vez en las transmutaciones de nuestra tierra, la luz apareció entonces por primera vez. En el calor del antiguo Saturno, los Espíritus de la Personalidad tuvieron primero la posibilidad de convertirse en humanos; en la luz que ahora brotaba del Sol esos seres de las jerarquías espirituales, a los que llamamos Arcángeles, o Archangeloi pudieron convertirse en humanos. De hecho, si hubierais podido acercaros al Sol entonces, no sólo como un hombre de hoy, sino como un hombre clarividente, no sólo habríais percibido la luz que brotaba de él -no sólo la luz- sino que también las acciones de los Arcángeles habrían fluido hacia vosotros con la luz. Pero los Arcángeles habían traído consigo algo a cambio, por así decirlo. Los antiguos Espíritus de la Personalidad habían encontrado en Saturno, calor puro. Los Arcángeles, que fueron los primeros en convertirse en humanos en el Sol, encontraron allí también gas o humo. ¿Qué tuvieron que hacer para asegurar un pie en el Sol, para establecer una morada allí? Formaron sus propias almas, tejieron su ser interior, sus cuerpos anímicos del calor a la luz, y unieron a estos cuerpos anímicos el gas que había allí, un cuerpo externo. 
Así como ustedes tienen hoy un cuerpo y un alma, los Arcángeles, como hombres, tenían una vida interior de calor que irradiaba luz, y un cuerpo físico exterior que consistía en gas y aire. Así como el hombre de hoy tiene un cuerpo compuesto por tierra, agua, aire y fuego, aquellos Arcángeles estaban compuestos por aire, y en su interior estaban compuestos por luz. El elemento fuego, por supuesto, lo trajeron con ellos, ya que éste era el elemento que se convertía en humo y luz. Todo su ser consistía en luz, calor o fuego y humo o aire. Por medio de la luz dejaban salir su fuerza brillante al espacio universal; por medio del fuego vivían su vida interior, experimentaban el confort del calor.
Mediante la vida que llevaban en sus cuerpos de gas vivían en el propio planeta Sol. Ahora podían diferenciar su propio cuerpo de gas de la sustancia general del planeta Sol. Se empujaban unos a otros, y a través de este contacto desarrollaban una especie de conciencia de sí mismos. Esta conciencia de sí mismos los Arcángeles podían desarrollarse cada vez más, sólo porque les agradaba más, si se puede expresar así, habitar en sus cuerpos de gas y humo, o en todo caso dejarlos en la sustancia general del Sol. Porque estos Arcángeles, durante las condiciones de alternancia del antiguo Sol, habían inhalado todo el gas, todo el humo que había a su alrededor, lo habían tomado en su interior. Ahora tenemos un proceso de respiración real. Habrían sentido esas corrientes de gas en el antiguo Sol como un proceso de respiración.
Allí habríais encontrado ciertas condiciones, cuando había una quietud absoluta y habríais pensado que los Arcángeles habían respirado ahora todo el gas. Entonces los Arcángeles comenzaron a exhalarlo de nuevo, las corrientes internas comenzaron a fluir y al mismo tiempo surgió la luz. El intercambio de condiciones en el Sol fue el siguiente: los Arcángeles inhalaron gas y le siguió la quietud, la oscuridad también - era la noche del Sol... Exhalaban y el Sol se llenaba de corrientes de humo, al mismo tiempo que enviaba su luz hacia el exterior - era el día del Sol. Así se produjo un proceso de respiración real de todo el cuerpo del Sol. Exhalación: - el día del Sol, la iluminación del mundo circundante. Inhalación: - la noche del Sol, la oscuridad que se avecina en el mundo. Aquí tenéis también la descripción de la diferencia entre el Sol antiguo y el sol de hoy. Nuestro sol actual brilla siempre, y la oscuridad se produce sólo cuando algún objeto se coloca delante de su luz. Esto era diferente con el Sol antiguo. Tenía en sí mismo el poder de producir los intercambios de luz y oscuridad, la iluminación y la oscuridad, pues ese era su proceso de exhalación e inhalación. 
Imaginemos ahora vívidamente cómo se verían esos sucesos externamente. Tomemos la condición de exhalación. La luz se derrama entonces alrededor, pero al mismo tiempo el Sol se llena de humo. Estas formas y corrientes de humo son como imágenes que se repiten regularmente, se imprimen en la sustancia del Sol con cada exhalación. Lo que antes sólo tenía forma de huevo, los huevos del calor, se transforman en toda clase de imágenes regulares. Se produjeron imágenes de humo bien definidas con una vida interior y una regularidad interior. 
Si se me permite la expresión: los huevos han salido del cascarón. Eso era realmente a lo que podía compararse este proceso de solidificación. Al igual que la gallina sale de los huevos, esos huevos de calor se partieron en dos, y salieron de ellos formas regulares, figuras de humo que eran los cuerpos más densos de los Arcángeles. Habitaban el Sol en cuerpos de gas, humo y aire. Así se movían como hombres en el Sol. Tenemos ahora la idea espiritual de una estrella fija, de un mundo solar, que es un sol por su propio poder, que puede producir el intercambio del día y la noche por su propio poder. Como una exhalación e inhalación produce el intercambio de luz y oscuridad. Pues en aquel tiempo el Sol era una especie de estrella fija. 
Todo lo que en nuestro espacio universal brilla por sí mismo envía a ese espacio junto con la luz la vida de los mensajeros espirituales, los Arcángeles. ¿Qué es, pues, lo que los Archai primigenios, los Espíritus de la Personalidad, han realizado a través de su propia evolución, qué han establecido? Es principalmente a través de ellos que el Sol apareció. Mientras que de otro modo sólo habría aparecido una existencia de Saturno en la evolución", mientras que de otro modo sólo habrían existido los Archai, que habían llenado a Saturno de calor, ahora, debido a que los Archai habían entregado los huevos externos de calor, Saturno se transformó en Sol, sobre el cual los Arcángeles encontraron posible pasar por su etapa humana. Ellos fueron los heraldos que anunciaron al mundo: "Los Primeros Principios o los Espíritus de la Personalidad, fueron nuestros precursores. Como mensajeros, proclamamos al universo en rayos de luz, la antigua existencia de Saturno, del Saturno lleno de calor. Somos los mensajeros, los heraldos de los Archai". Ángel significa Mensajero, Archai significa los Comienzos. Los Arcángeles no eran otra cosa que los heraldos de los hechos de los Primeros Comienzos o Archai de los tiempos pasados. Por lo tanto, se les llama Ángeles de los Comienzos, 'Archai-Angels' que, en español, se ha convertido en Arcángeles. Estos Arcángeles eran los hombres del Sol.

Traducido por J.Luelmo julio2021


3.- Berlín Schlachtensee verano de 1903 -Lecciones particulares - El primero, el segundo y el tercer logos - GA088

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RUDOLF STEINER
para Marie von Sivers, Olga von Sivers y Maria von Strauch-Spettini

El primero, el segundo y el tercer logos


Berlín Schlachtensee verano de 1903

[Falta el comienzo de las observaciones].
Ahora bien, cuando la corriente altruista vuelve a su punto de partida en dos salidas cíclicas y la materia se disuelve de nuevo, . Sólo asumiendo y superando la corriente egoísta, la corriente altruista desplegará un desarrollo de fuerza tan fuerte que debe oscilar más allá de sí misma, es decir, más allá del círculo cósmico que forma el primer encuentro de ambas corrientes. Aparte del fluir del altruismo nacerá una cosa nueva, surgida de él, una nueva región: el Paranirvana, la materia negativa, porque se extiende hacia el exterior en contraste con la materia que se mantiene dentro del círculo cósmico por atracción. El proceso resulta más claro si se imagina que el péndulo oscila. El péndulo que oscila hacia delante lo hará inmediatamente hacia atrás y, si no es detenido en su camino por obstáculos, deberá empezar a oscilar con tanta fuerza que irá más allá de su punto de partida, del mismo modo que un carruaje que rueda hacia delante no puede detenerse de repente, sino que debe seguir rodando durante cierta distancia.
Con esta preparación y desarrollo gradual de la materia, se crearían ahora los componentes materiales para una formación planetaria, pero la vida planetaria propiamente dicha aún no puede nacer. Así pues, el Logos no pudo permanecer en el Paranirvana, tuvo que regresar, y en este camino de regreso formó la región del Maha-Paranirvana. A partir de aquí el Logos tuvo que hacer el sacrificio y comenzar de nuevo el ciclo a través de la materia, para que otra vida, aparte de la suya, pero proveniente de él, pudiera surgir. 
Toda la vida en sus múltiples formas ha surgido de la unidad, del Logos único. En él descansa toda la diversidad aún indivisa, indiferenciadamente oculta. Al hacerse reconocible, al percibirse a sí mismo como yo, emerge de lo absoluto, de lo indiscriminado y crea el no-yo, su imagen especular, el segundo Logos. Esta imagen especular inspira y y lo anima, es su tercer aspecto, el tercer Logos.
Así, el primer Logos, el indiferenciado, en el que la vida y la forma reposan indivisas, sería considerado como el Padre. El tiempo comienza con su existencia; separa de sí mismo su reflejo, la forma, lo femenino, que llena con su vida, el segundo Logos; y de esta animación surge el tercer Logos como el hijo, como la forma animada. Así, todas las religiones han concebido a su Dios en triple forma, como Padre, Madre e Hijo. Así Uranos y Gea, la tierra materna; y Cronos, el tiempo, surgió como hijo de su vientre; Osiris, Isis y Horus, y así sucesivamente.
El sacrificio del Logos es: el descenso del espíritu a la materia, la animación de su imagen especular, y con ello se da también la existencia al mundo de las formas animadas, todas las cuales llevan su existencia especial y atraviesan el ciclo de la evolución para volver a ser una con el Logos como las individualidades más desarrolladas, que recibe a través de ellas la riqueza de la experiencia. Si no se hubiera derramado para animar todas estas formas, no habría crecimiento ni desarrollo independientes. Todo movimiento, todo no tendría vida propia, sólo se agitaría y movería según la dirección de Dios.
Del mismo modo que al hombre sólo le interesa lo desconocido, lo individual en el hombre, y le es indiferente todo lo que puede calcular y comprender, así también el Logos sólo puede complacerse en la vida en desarrollo independiente que surge de él, por la que se sacrifica y se entrega.
Comienza el proceso de desarrollo de la materia, en el que las cualidades del ser se reflejan y son efectivas, <hasta que estas imágenes especulares comienzan ellas mismas su actividad como formas separadas y así espiritualizan y animan la materia cada vez más, hasta que vuelve a ser una con el ser Atma, Budhi, Manas.... vuelve a ser uno con el ser Atma, Budhi, Manas ... [espacio vacío]
En primer lugar, el fundamento cósmico fue creado por el encuentro de las dos cualidades de egoísmo y desinterés del primer Logos. A través de la segunda corriente de la misma, guiada por la armonía, se formó la esencia atomística. Ésta se envolvió en la sustancia madre ya existente y se produjo la formación de los átomos. Estos átomos, con sus envolturas de diversos grados de densidad, formaban ahora gradualmente la materia, que podía servir de medio para que el segundo Logos, que es la imagen especular del primero, emitiera su imagen especular de él. El segundo Logos fluye ahora en esta materia, que en su primera etapa, la del Nirvana, es de una composición tan fina que puede fluir a través de ella sin obstáculos y sin cambios. Ahora entra en la región de Budhi; aquí se detiene, y aunque el altruismo en esta región es tan fuerte que no quiere retener al Logos para su reino, sin embargo lo reclama para todo su cosmos. Aquí comienza ahora el sacrificio del Logos, la voz, el sonido surge de él: quiere animar la materia con su espíritu, que sus pensamientos tengan existencia como formas independientes. Aquí, donde el pensamiento divino se convierte en sonido y voz, en la esfera de Budhi, se encuentra el reino divino para la Edad Media. Envuelto en Budhi, el Logos fluye ahora hacia la región mental, que se divide en las etapas Arupa y Rupa; en ésta se vierte ahora el mundo divino del pensamiento, surgiendo las ideas ejemplares unas a través de otras. Lo que más tarde se convierte en un ser especial y en la esfera de Budhi aún descansa encerrado en el Logos, es llamado aquí a la existencia como una idea ejemplar. Este estadio arupa de la esfera mental es el mundo de las ideas de Platón, el mundo de la razón de la Edad Media. En el estadio arupa, estas ideas adoptan sus primeras formas. Como genios divinos comienzan su existencia especial y flotan en la confusión, interpenetrándose aún como seres espirituales semejantes. Es el reino celestial de la Edad Media. 
Estos seres espirituales entran ahora en la esfera astral; aquí, envueltos en una materia más densa, se despierta la sensación a través del tacto; ahora se sienten por primera vez seres especiales, sienten la separación. Es el reino elemental, el mundo de lo elemental. Descendiendo a la esfera etérica, esta sensación es forzada desde dentro hacia fuera, se hincha, se expande y crece a través de la fuerza vegetal etérica, sólo para ser encerrada y cristalizada por la materia física, porque aquí el egoísmo todavía lucha con toda su fuerza por la limitación. Así la sensación se encierra en el reino mineral y las ideas divinas duermen en sublime paz en la piedra casta. La piedra - una idea congelada de Dios: "Las piedras son mudas. He puesto y escondido en ellas la palabra eterna de la creación; casta y vergonzosamente la guardan resuelta dentro de sí." Este es un viejo dicho druida, una fórmula de oración. Los reinos etérico y físico o reino mineral se denominan microcosmos o pequeño reino en la Edad Media.
A medida que fluía hacia el interior, el logos se rodeaba de envolturas cada vez más densas hasta que aprendió a limitarse firmemente en la roca. Las piedras, sin embargo, son mudas, no pueden revelar la palabra eterna del Creador. La rígida envoltura física debe desprenderse de nuevo; ésta permanece en su reino, mientras que ahora las formas cristalinas en su suave envoltura etérica se expanden, crecen desde dentro, es decir, pueden vivir, pues la vida es crecimiento; la piedra se convierte en planta. 
Y ascendiendo aún más, el Logos también se despoja de esta envoltura etérica y llega a la esfera astral de la sensación. Aquí, a través de la interacción del tacto y la percepción, se desarrolla la actividad; la existencia del animal sensible se forma vívidamente a partir de la sensación y la volición. Así, a medida que el impulso del exterior actúa como una sensación en su interior, construye gradualmente sus órganos de percepción. Se forman los tipos. Al pasar al reino mental, esta sensación se percibe a sí misma, y con la conciencia del yo se alcanza el estadio de la humanidad.
Desde el punto de vista cósmico, con la irrupción del Logos en el reino mineral, se habría realizado su descenso más profundo en la materia y, con la expulsión de la primera envoltura, habría comenzado el ascenso del Logos.  Sin embargo, desde el punto de vista humano, en el sentido antropocéntrico, como también asumían los antiguos sacerdotes druidas, el reposo del espíritu en la roca casta sería un estadio sublime de la existencia.  Ajena a la voluntad egoísta, la piedra sólo obedece a la ley de la causalidad. Para el ser humano en el nivel mental inferior en el que nos encontramos ahora, la piedra sería un símbolo de desarrollo superior. A través de las bajas pasiones y aberraciones kámicas nos desarrollamos en la existencia de la planta etérica, viviendo y creciendo desde dentro en la auto-evidencia altruista, para más tarde vivir en nuestro cuerpo causal, sin ser tocados por nada exterior, descansando como espíritu puro en nosotros mismos, como el espíritu cristalizado encerrado en la roca. 
El segundo Logos, como motor y vivificador de la materia en la que está encerrado, sólo ha alcanzado la esfera mental inferior. El animal sensible ha alcanzado el nivel humano de existencia a través de la conciencia del yo. Es capaz de relacionar el mundo exterior con su personalidad, se percibe a sí misma. La naturaleza la ha conducido y guiado hasta aquí; aquí la deja sola y en libertad. El desarrollo ulterior del hombre depende ahora únicamente de su voluntad. Debe hacer de sí mismo el vaso, despojarse de la cubierta exterior de la esfera mental inferior, para poder recibir ahora el influjo del primer Logos, tal como la semilla se abre y espera la fecundación, sin la cual no puede crecer y dar fruto.
El primer Logos es lo eterno en el universo, la ley inmutable según la cual los cuerpos celestes se mueven en sus órbitas, lo que subyace a todas las cosas. Las formas individuales están sujetas a la aniquilación y al cambio. Percibimos colores con nuestra vista sensorial que pueden parecer diferentes a otra vista. El objeto externo, sólido, que se mantiene unido por sus partes en la forma determinada, puede desaparecer a una cierta temperatura de calor, sus partes pueden disolverse, pero la ley según la cual llegó a ser permanece y es eterna. 
Así pues, todo el universo se mueve según leyes eternas, el primer Logos fluye desplegado en él. El hombre debe elevarse con su voluntad. Debe desarrollar en sí mismo el conocimiento inferior altruista del alma (Antahkarana). A través de la contemplación pura debe percibir esta ley eterna e inmutable en lo transitorio, debe aprender a distinguir entre lo que es sólo una apariencia temporal en una forma determinada y lo que es el núcleo de su ser, debe absorber lo que ve como un pensamiento y retenerlo. Así aprende gradualmente a conocer lo irreal del mundo de la apariencia, el pensamiento se convierte en lo real para él, asciende gradualmente al nivel de arupa, vive en el mundo puro del pensamiento. La multiplicidad se disuelve para él y se hunde en la unidad, se siente uno con el universo. Así se ha elevado tanto que puede recibir el influjo del primer Logos directamente como intuición. Pero no es una sola alma la que fluye en cada individuo, no, es el Todo-alma, es el alma de Platón y de los demás en la que participa, con la que se hace uno en el pensamiento. Paso a paso, el ser humano superior se desarrolla el ser humano superior.
En este punto de inflexión, en el que ha de elevarse en libertad por su voluntad, necesita al maestro, y por eso en la tercera raza de la cuarta ronda, el período lemúrico, los hijos de Manas habían descendido y se habían dejado encarnar para servir de guías. Con el recuento simple, con la comprensión del número comenzó el desarrollo mental y distinguió al ser humano pensante del animal sensorial .
Traducido por J.Luelmo dic.2022

2.-Berlín Schlachtensee verano de 1903 Lecciones particulares El Bhagavad Gita - GA088

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RUDOLF STEINER
para Marie von Sivers, Olga von Sivers y Maria von Strauch-Spettini

El Bhagavad Gita



Berlín Schlachtensee verano de 1903

El Bhagavad Gita, que contiene en ropaje poético la doctrina más sublime de la virtud en la cosmovisión india, forma un episodio autocontenido de una de las más famosas y antiguas de las dos grandes epopeyas heroicas de los indios, el Mahabharata, es decir, la Gran Guerra.

Lo que fueron para los griegos los cantos homéricos y para los germanos la saga de los Nibelungos, el Mahabharata es para los pueblos sánscritos. Su núcleo son las antiguas canciones de guerra y sagas heroicas de la época de la gran migración y las batallas de conquista en el Ganges. Los inicios de esta poesía se remontan a los siglos X y XI antes de nuestra era y dan una imagen moral fiel de este periodo heroico indio más antiguo. Hechos históricos y personalidades en lenguaje poético subyacen sin duda en estas descripciones al igual que en las demás cantos populares.
Se centra en las batallas entre las dos dinastías emparentadas de los Kurus y los Pandus, que terminan con la caída de la heroica dinastía de los Kurus. El Bhagavad Gita contiene una maravillosa conversación religioso-filosófica entre el héroe Arjuna y Krishna, el Dios encarnado. Las luminosas y sublimes enseñanzas de sabiduría y la sensibilidad y el discernimiento extremadamente finamente diferenciados en las cuestiones éticas más sutiles no sólo sugieren una cultura aún no alcanzada de nuestros padres tribales en este campo, no, también parecen revelaciones directas del espíritu divino. Wilhelm von Humboldt quedó tan impresionado por la incomparable belleza y profundidad de esta poesía que exclamó entusiasmado: "Merece la pena vivir tanto para llegar a conocer un poema así". -
Al principio, ambos ejércitos hostiles se enfrentan listos para la batalla.  El héroe Arjuna hace que su carro dorado tirado por corceles blancos se dirija al centro del campo de batalla para ver de cerca a los enemigos ansiosos por luchar. Pero cuando descubre en sus filas a parientes consanguíneos, padres, hijos, nietos, primos y hermanos, que, enfurecidos, quieren asesinarse unos a otros, su noble corazón tiembla de salvaje dolor, y vencido por la piedad, se le cae el arco que ya había tensado. Le repugna la idea de una deuda de sangre; preferiría renunciar a la fama y al gobierno antes que incurrir en este pecado; preferiría morir a manos de ellos antes que incurrir en la muerte de uno de sus parientes. Pero Krishna se acerca al pusilánime y resuelve la batalla en su interior iluminándole sobre sus deberes como guerrero, sobre su dharma. Arjuna, el héroe, es el hombre, y su ser interior es el campo de batalla en el que se libran las feroces batallas del alma. Vacilando entre la parte terrenal y la celestial de nuestra vida anímica, en conflicto de sentimientos, acosados por ansiosas dudas, a menudo no sabemos a dónde dirigirnos, cuál es nuestro deber. Porque cada ser especial tiene su deber especial, su deber, su Dharma, que debe reconocer. 

¿Qué entiende el indio por "Dharma"? Dharma tiene muchos significados, pero se complementan entre sí y están todos interrelacionados. El dharma está estrechamente relacionado con el karma; son como el fruto y la semilla. El dharma es lo que ha llegado a ser, el resultado del karma pasado, de la actividad pasada, y el dharma es el principio creador presente dentro de nosotros, creando de nuevo el karma del futuro. El Dharma es la fuerza que dirige nuestro propio pensar y actuar, nuestra propia verdad personal. Denota nuestra naturaleza interior, caracterizada por el grado de desarrollo alcanzado; es la ley que determina el crecimiento para el futuro periodo de desarrollo, el hilo continuo de la vida. Como eslabón a eslabón, la encarnación sigue a la encarnación, una cadena continua.

El Dharma es nuestro pasado, presente y futuro al mismo tiempo y actúa en nosotros como padre, madre e hijo. El padre como superego, como yo superior, como su verdad y su ley; la madre como el ser en evolución y el hijo como el futuro. Una encarnación carece de valor y está perdida si no se convierte en una etapa de transición hacia un desarrollo superior a través de la actividad; igualmente inútil es el esfuerzo, el deseo de una perfección que no se adquiere a través de la actividad previa. En el desarrollo no hay saltos; tejemos pacientemente vestido tras vestido en el telar del tiempo. Lo que se practicaba en una etapa pasada se convierte un talento en una etapa futura, y la actividad en un periodo anterior se convierte en habilidad en uno posterior.

Siempre nos resulta difícil encontrar nuestro propio dharma, la ley de nuestra existencia personal, cumplir el mandamiento "Conócete a ti mismo". Lleva mucho tiempo acostumbrarse a poder sumergirse tranquilamente en uno mismo, sin dejarse influir por las cosas del mundo sensorial, por nuestros propios deseos y modelos admirados, y escuchar la voz interior que nos muestra el camino de nuestro deber, que nos imponen nuestra posición, nuestras relaciones, el círculo en el que hemos nacido. Cuando reconocemos correctamente el nivel de nuestro ser, nuestro grado de imperfección, cuando tenemos muy claro lo que es la verdad y el deber en nuestro nivel de desarrollo, entonces el autoconocimiento no sirve al egoísmo, sino que es dharma, porque el dharma es la observancia de la ley en términos de verdadero autoconocimiento. Entonces encontramos nuestra nota personal y podemos hacerla resonar poderosamente en la armonía eterna del mundo. Debemos aprender a comprender nuestra íntima conexión con el cosmos, como parte de él; nuestras vibraciones deben estar en armonía con el movimiento rítmico del cosmos. La injusticia y el pecado no son otra cosa que desarmonía cuando nuestras vibraciones irregulares provocan estancamientos y perturbaciones en el curso legítimo de los acontecimientos cósmicos. Cuanto más unidos nos sintamos con el cosmos, más nos revelará. Sólo nos habla el espíritu que hemos aprendido a comprender. Según la medida de nuestro conocimiento, se nos concede la inspiración divina, el yo superior, que es de naturaleza divina, se nos revela. 
Sólo podemos reconocer una parte de esa gran verdad eterna, en la medida y magnitud que hemos traído a la manifestación en nosotros mismos a través de nuestra propia actividad, a través de nuestro karma. Vida tras vida esta extensión aumenta a lo largo de nuestro desarrollo, progresamos en conocimiento y comprensión, pues nuestro destino es asimilar gradualmente todo el contenido de ideas de nuestro mundo, de nuestro cosmos. Nunca podremos hacerlo sin experimentar gradualmente en nosotros mismos toda la riqueza del mundo de las apariencias. La naturaleza vive en nosotros cuando la captamos por completo. La paz, la tranquilidad y la satisfacción con su falta de vida deben invadir a todo aquel que reconozca claramente que ha nacido en el círculo para el que se había preparado mediante su Karma pasado y que ahora debe llenar con toda fidelidad y agotar toda su extensión mediante su actividad. De este modo, ha adquirido un campo de conocimientos a través de su propia experiencia y ahora trabaja en su propia línea para ampliarlo, con el fin de crear condiciones de existencia más elevadas y mejores para sí mismo en el futuro. De este modo, el hermano que trata de ascender por la escala de los seres que están por debajo de él también le tenderá la mano con amorosa comprensión para ayudarle, pues hace poco tiempo él mismo estaba todavía en ese mismo peldaño y luchaba por llegar arriba, tendiendo la mano a los hermanos que habían subido por delante de él. 

Así vemos cómo cada uno tiene sus propios deberes, diferentes del otro, con qué claridad debemos aprender a distinguir para no desviarnos del camino, para mantener nuestro equilibrio, para obedecer nuestra ley. Con sabia previsión, los elevados guías y los reyes iluminados habían dividido al pueblo indio en castas. Por cruel que nos pueda parecer a los occidentales, acostumbrados a la libertad y a elegir sin restricciones, hay un significado profundo detrás de esta estricta obligación. La división en castas de los antiguos indios corresponde totalmente a la división natural de la raza humana. Cada persona, a través de su karma, nace en su propia casta; primero debe cumplir todo el cúmulo de deberes dentro de ella antes de estar preparado para una nueva encarnación en la casta inmediatamente superior. Mientras el propio juicio permanezca en un nivel inferior sin desarrollar, el hombre debe aprender la obediencia, debe adquirir las virtudes de la lealtad y la devoción en el servicio, y así la casta Sudra forma la escuela para la obediencia incondicional y la sumisión - estas virtudes practicadas que sólo hacen a uno capaz de auto-conquista, auto-determinación y un dominio amoroso y suave.
En la segunda casta, la Vaisya, el hombre entrará en la más íntima conexión con la naturaleza circundante, practicando la agricultura y la ganadería. Aprenderá a trabajar la tierra con el sudor de su frente, sembrará y cosechará y así producirá alimentos para sus hermanos; practicará todas las virtudes de un labrador. Luego, como comerciante, se dedicará al comercio, acumulará riquezas y tendrá que soportar muchos de los vicios de su profesión. Por egoísmo y avaricia a menudo aprenderá primero la sabia economía y el uso correcto de su riqueza en beneficio y piedad de sus conciudadanos. Cuando ha aprendido la lección a la perfección en esta etapa, se convierte en Kshatriya en la siguiente encarnación y nace en la casta guerrera. Aquí debe usar sus poderes para proteger y defender su patria; ganar fuerza mediante el coraje y la valentía y la abnegación para enfrentarse a cualquier peligro. Sólo podrá hacerlo si está dispuesto en todo momento a sacrificar su vida por el deber. El guerrero debe renunciar a la vida física, entonces su alma adquiere el espíritu de abnegación y es el creador de un ideal. El cuerpo está destinado únicamente a ayudar al desarrollo de la vida interior; debe desaparecer cuando el alma necesite un nuevo cuerpo, es decir, un vestido más adecuado para su desarrollo avanzado. La guerra es la escuela por la que hay que pasar para llegar a esa casta superior de brahmanes para quienes, -en su nivel de desarrollo y comprensión-, luchar y matar es un pecado mortal. "Mata a tu enemigo" se le ordena al Kshatriya, pero él sabe que en verdad nunca podrá matar a uno de sus hermanos, ni ser matado por él, como Krishna reconfortantemente le dice a Arjuna. 
Sólo el logro de la más alta perfección en todos los deberes de las otras castas da la cualificación para entrar en el estado brahmánico o sacerdotal. El brahmán debe mantenerse alejado de peleas y disputas, recoge y custodia los bienes más elevados de la humanidad, es su líder espiritual y maestro. Comunica paz, sabiduría y conocimiento a sus débiles hermanos; todas las experiencias de los siglos pasados reposan en él como una capacidad para guiar a la humanidad hacia su destino eterno.

Así vemos cómo cada etapa de desarrollo debe cumplir su propio dharma. Lo que se considera bueno en un nivel, el otro tiene que evitarlo como malo. El bien y el mal tienen su lugar en el orden eterno del mundo; en él pierden el significado que les atribuimos. Son necesarios, porque son los polos del desarrollo, han surgido de un mismo origen. El bien y el mal, el efecto y el contraefecto, son interdependientes y se complementan como el sueño y la vigilia, como el reposo y la actividad, como la luz y la sombra, como la luz y la oscuridad, y se corresponden mutuamente como el espíritu y la materia. Es Atma como la luz más pura, la fuente original de todo ser, y Atma como el reflejo, el punto más oscuro y la fuerza germinal en la materia más densa, lo que da el impulso para el desarrollo y refinamiento de la materia en el eterno cambio de formas, hasta que los opuestos se han elevado a la fuente de luz del espíritu y en el Nirvana se reúnen con su punto de partida. A partir de la unidad original de la armonía del mundo, el fundamento eterno de todas las cosas, del ser, se desprende la dicotomía - el eterno devenir de la materia, que en innumerables formas cambiantes se desarrolla a partir de sí misma y hasta la plenitud, para fundirse a partir de la multiplicidad de apariencias, lo múltiple, en una unidad de nuevo, enriquecida con las innumerables experiencias de las unidades separadas. Con el Nirvana se cierra el círculo: salida y retorno a lo eterno Espíritu Primordial.

Para la visión occidental del mundo, que ve su meta más elevada en el desarrollo del ser presente, el Nirvana significa la nada. Sin embargo, en el Nirvana no hay nada de lo que considera el ser perfecto. El nirvana es la nada del karma; no puede surgir más karma porque el dharma se ha manifestado.

Las cosmovisiones del pasado contemplaban lo que aún no es, y el ser presente era para ellos una transición imperfecta hacia algo superior. Consideraban cada estado de actividad como un intermedio entre la imperfección y la perfección absoluta en el Nirvana. La meta y el ideal para ellos era el estado de un ser que hubiera revelado todo su dharma, quemando así su karma y entrando en el Nirvana.

Traducido por J.Luelmo dic.2022