CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA109 Colonia, 11 de abril de 1909- El principio de economía espiritual en relación con las cuestiones de la reencarnación.-El evento del Gólgota. La Hermandad del santo Grial. El fuego espiritualizado.

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El principio de economía espiritual
en relación con las cuestiones de la reencarnación.


RUDOLF STEINER

EL ACONTECIMIENTO DE GÓLGOTA. LA HERMANDAD DEL SANTO GRIAL. EL FUEGO ESPIRITUALIZADO

Colonia, 11 de abril de 1909

Un beneficio directo de conmemoraciones tan significativos como la Pascua es que hace nuestros corazones y almas más aptos para mirar más y más profundamente en el enigma del hombre y del ser humano. Y así, pongamos de nuevo ante nuestro ojo espiritual la leyenda oriental que brilló ayer ante nuestras almas, la leyenda de la que ya ayer pudimos adivinar lo que encierra de este enigma humano y de la naturaleza humana: la leyenda de Kashyapa, el gran sabio, el discípulo iluminado de Shakyamuni, que había resumido toda la sabiduría de Oriente con una gran visión de conjunto y un enorme impulso de actividad, y de quien se dijo con razón que todos sus sucesores fueron incapaces de conservar ni remotamente lo que él había sacado del profundo pozo de sabiduría de Shakyamuni y fue el último en dar a la humanidad de la sabiduría primigenia del mundo.

Y la leyenda continúa: Cuando la muerte de Kashyapa se acercaba y él sintió que su nirvana se aproximaba, fue a la cueva de una montaña. Allí murió conscientemente y su cuerpo permaneció imperecedero, irrastreable para la humanidad exterior, rastreable sólo para aquellos que habían madurado a través de la iniciación para penetrar en tales misterios. En la cueva de la montaña, el cuerpo imperecedero de Kashyapa descansaba misteriosamente oculto. Y se predijo que el Buda Maitreya aparecería como el nuevo gran heraldo de la sabiduría primordial en una nueva forma, quien, cuando hubiera ascendido a la cumbre de su existencia terrenal, iría a la cueva donde reposaba el cuerpo de Kashyapa. Lo tocará con su mano derecha, y un fuego maravilloso descenderá del universo, y el cuerpo incorruptible de Kashyapa será apresado por él y raptado hacia los mundos superiores y espirituales.

Por eso, el oriental que comprende tal sabiduría espera la reaparición del Buda Maitreya y su gesta sobre el cuerpo incorruptible de Kashyapa. ¿Se materializarán estos dos acontecimientos? ¿Aparecerá el Buda Maitreya? ¿Será arrebatado el remanente incorruptible de Kashyapa por el maravilloso fuego celestial? - Podremos sentir la profunda sabiduría que encierra con nuestros verdaderos sentimientos pascuales cuando busquemos el fuego maravilloso que ha de recibir los restos del Kashyapa.

Ayer vimos cómo la Divinidad se revela en nuestro tiempo a través de dos polos: por un lado a través del fuego macrocósmico del relámpago, por otro lado a través del fuego microcósmico de la sangre. Vimos que el Cristo se anunció a Moisés en la zarza ardiente y en el monte Sinaí en el fuego del relámpago y el trueno. Porque ningún otro poder sino el de Cristo fue el que pronunció el "Yo soy el Yo-soy". Él dio los Diez Mandamientos del fuego del relámpago en Sinaí. Con esto se preparó a sí mismo. Después él apareció en el polo microcósmico en Palestina. En el fuego que vive en nuestra sangre, está el mismo Dios que se anunció en el fuego celestial y que luego se encarnó en el misterio de Palestina en un cuerpo humano para penetrar con su poder la sangre humana en la que tiene su asiento el fuego humano. Y a través de este acontecimiento, si lo seguimos en sus consecuencias, en lo que significa para la existencia terrestre, podremos encontrar ese fuego abrasador que absorberá los restos de Kashyapa.
Todo el curso del mundo consiste en que lo material se espiritualiza gradualmente. A Moisés se le apareció un signo externo del poder de Dios en el fuego material de la zarza ardiente y en el monte Sinaí. Sin embargo, a través del acontecimiento de Cristo, este fuego se espiritualizó. Y ahora que el poder de Cristo ha intervenido en esta tierra, ¿Quién puede ver el ardiente fuego espiritual? ¿Quién puede percibirlo? - El ojo espiritual, que está abierto por el propio impulso Crístico y que el impulso crístico había despertado. Ve este fuego sensorial de la zarza espinosa espiritualizado.

Y después de que el impulso crístico hubiera despertado el ojo espiritual, este fuego también tuvo un efecto espiritual en nuestro mundo.

¿Cuándo fue percibido de nuevo este fuego? Fue percibido de nuevo cuando el ojo iluminado y clarividente de Saulo, en el camino de Damasco, vio brillar el fuego celestial y reconoció al que había realizado el Misterio del Gólgota. Así vieron ambos al Cristo: Moisés en el fuego material, -en la zarza ardiente y en el fuego relampagueante del monte Sinaí- y sólo puede anunciársele interiormente que es el Cristo quien le habla; pero para el ojo iluminado de Pablo el Cristo se le muestra desde el fuego espiritual, espiritualizado. Al igual que la materia y el espíritu se relacionan entre sí en el devenir del mundo, el fuego maravilloso y material del zarzal, del Sinaí, y la maravillosa aparición se relacionan entre sí en el devenir del mundo: el fuego de las nubes que resplandece ante Saulo, que se ha convertido en Pablo. ¿Y qué significó este acontecimiento para todo el curso del mundo?

Hagamos una retrospectiva de la gran serie de salvadores de la humanidad, de redentores de la humanidad, de las grandes figuras de la humanidad que fueron la expresión externa de los avatares, de los poderes divino-espirituales que descendieron de las alturas espirituales de época en época y que adoptaron forma humana, como Vishnu, Krishna, etc., que deben aparecer para que la humanidad pueda encontrar su camino de regreso a los mundos espirituales. Para encontrar el camino de regreso, la humanidad necesitó que el poder de Dios descendiera en tiempos prehistóricos. Pero gracias a que tuvo lugar el Misterio del Gólgota, al hombre se le ha dado la capacidad de encontrar en su interior los poderes que pueden elevarle, que pueden conducirle a los mundos espirituales. El Cristo descendió más profundo, mucho más profundo que aquellos líderes del mundo y de la humanidad, pues no sólo introdujo poderes celestiales en el cuerpo terrenal, sino que Él mismo espiritualizó este cuerpo terrenal de tal manera que ahora las personas pudieran encontrar su camino de regreso a los mundos espirituales a partir de estos poderes. Los redentores precristianos redimían a la humanidad con poderes divinos. El Cristo redimió a la humanidad con poderes humanos. Y con este acto las fuerzas humanas se han puesto ante nuestras almas en su potencial primordial. ¿Qué habría sucedido en nuestra tierra si no hubiera aparecido Cristo? Esta pregunta seria y profundamente incisiva es la que queremos perseguir hoy.

Podrían haber descendido de los mundos espirituales un Redentor del Mundo tras otro: al final sólo habrían encontrado seres humanos en el fondo, tan enterrados en la materia, tan inmersos en la materia, que las fuerzas divino-espirituales puras no habrían podido volver a levantar al hombre de esta materia profana e impura. Y profundamente entristecidos y afligidos, los sabios orientales miraron hacia el futuro, del que sabían: el Buda Maitreya aparecerá para renovar la sabiduría primordial del mundo, pero ningún discípulo podrá recibir la sabiduría primordial del mundo. Y si el curso del mundo continuaba así, el Buda Maitreya habría predicado a oídos sordos, y ya no sería comprendido por la gente que estaba completamente inmersa en la materia. Lo que se habría vuelto tan material en la tierra habría marchitado el cuerpo del Kashyapa, de modo que el Buda Maitreya ya no habría podido llevar los restos del Kashyapa hasta las alturas divino-espirituales. Profundamente afligidos, aquellos que poseían la comprensión más profunda de la sabiduría oriental miraron hacia el futuro y se preguntaron si la tierra aún sería capaz de ofrecer alguna comprensión y sentimiento al Buda Maitreya que estaba apareciendo.

Por todo ello tuvo que irradiarse en la sustancia física un fuerte poder celestial, un poder que se sacrificase en la sustancia física. No podía ser simplemente un Dios en la máscara de la forma humana, sino que tenía que ser un verdadero hombre con poderes humanos que llevara al Dios dentro de sí. Tuvo que producirse el acontecimiento del Gólgota para que la materia en la que fue colocado el hombre fuera preparada, purificada y depurada, para que la materia así purificada y santificada fuera apta para que las futuras encarnaciones pudieran comprender de nuevo la sabiduría primordial del mundo. Y ahora hay que hacer comprender a la humanidad cómo funcionó realmente el acontecimiento del Gólgota en este sentido. Porque, ¿Qué significó el acontecimiento del Gólgota para la humanidad? ¿Qué fue lo que afectó a la naturaleza humana y a la existencia humana tan incisiva y profundamente?

¡Echemos una mirada retrospectiva de doce siglos! Fijémonos en seis siglos antes del acontecimiento del Gólgota y seis siglos después. Examinemos ciertos acontecimientos que tuvieron lugar en las almas humanas durante este tiempo. En verdad, difícilmente se puede poner ante el alma humana sensible algo más grande y significativo que esos tremendos momentos preservados en la leyenda búdica de la iluminación gradual del Buda. Él surge de un entorno de la realeza. No nació en un establo, entre pobres pastores. Pero no es eso lo que hay que destacar, sino que él sale de este entorno regio y que entonces se encuentra con lo que no se había encontrado hasta entonces: la vida en sus diversas formas.

Él encuentra a un niño, débil y mísero. y dice: En la existencia en la que ha entrado a través del nacimiento, le ha sido dado el sufrimiento. Él Buda sintió:

El nacimiento es sufrimiento. Y después el Buda, con su alma sensible, ve a un enfermo, a una persona enferma. Así es como puede llegar a ser el hombre cuando desciende al mundo terrenal por la sed de existencia: La enfermedad es sufrimiento. Después encuentra a un anciano debilitado por la edad. ¿Qué es lo que se le da al hombre a lo largo de su vida, para que poco a poco ya no pueda ser dueño de sus miembros? La vejez es sufrimiento. Y ve un cadáver. La muerte está ante él con toda su destrucción y extinción de la vida: la muerte es sufrimiento. Y el Buda continúa su indagación sobre la vida y se dice a sí mismo: Estar separado de lo que uno ama es sufrimiento; estar unido a lo que uno no ama es sufrimiento; no recibir lo que uno desea es sufrimiento.

La enseñanza del sufrimiento resonó grandiosa, poderosa e insistentemente a través de los corazones y pechos humanos. Innumerables personas aprendieron la gran verdad de la liberación del sufrimiento a través del apaciguamiento de la sed de existencia, aprendieron que debían anhelar salir de la existencia terrenal-física, que debían esforzarse por salir de las encarnaciones terrenales, y que sólo el apaciguamiento de la sed de existencia puede conducir a la redención y a la liberación del sufrimiento. Verdaderamente, ante nuestras almas se encuentra el pináculo supremo del desarrollo humano.

Dejando vagar pues la mirada por un período que abarca doce siglos, seiscientos años antes de nuestra era y seiscientos años después de nuestra era, hay que destacar una cosa: en medio de este período tuvo lugar el Misterio del Gólgota. De la época del Buda sólo hay que destacar ahora una cosa: el cadáver y lo que el Buda sintió y enseñó al verlo. Y seiscientos años después del acontecimiento del Gólgota: innumerables almas, innumerables ojos vueltos hacia el madero de la cruz en la que cuelga un cadáver; pero de este cadáver emanan para la humanidad los impulsos que espiritualizan la vida, los impulsos de que a través de la vida se vence a la muerte. Es la antítesis de lo que sintió Buda a la vista de un cadáver.

Buda vio un cadáver y reconoció en él la futilidad de la vida. Las personas que vivieron seiscientos años después del acontecimiento del Gólgota contemplaban el cadáver en la cruz con fervor devoto. Para ellos era el signo de la vida, y en sus almas surgía la certeza de que la existencia no es sufrimiento, sino que supera la muerte y conduce a la bienaventuranza. Seis siglos después del acontecimiento del Gólgota, el cuerpo de Cristo Jesús en la cruz se convirtió en el signo memorial de la vida, de la resurrección de la vida, de la superación de la muerte y de todo sufrimiento, del mismo modo que el cuerpo seiscientos años antes del Misterio del Gólgota era el signo de la toma de conciencia de que al ser humano que entra en el mundo físico por la sed de existencia, debe sobrevenirle el sufrimiento. Nunca ha habido un cambio mayor en todo el desarrollo de la humanidad.

Si hace seiscientos años la entrada en el mundo físico suponía un sufrimiento para el hombre, ¿Cómo se presenta ahora ante el alma, tras el acontecimiento del Gólgota, la gran verdad del sufrimiento de la vida? ¿Cómo se presenta a las personas que miran con comprensión la cruz del Gólgota? ¿Es el nacimiento sufrimiento, como dijo Buda? Aquellos que miran con comprensión la cruz del Gólgota, que se sienten unidos a ella, se dicen a sí mismos: Este nacimiento conduce al hombre a una tierra que tuvo la posibilidad de revestir al Cristo de sus elementos. Les gustaría entrar en esta tierra por la que caminó el Cristo. Y a través de la conexión con el Cristo surge en el alma la fuerza por la que puede encontrar el camino hacia los mundos espirituales, surge la comprensión de que el nacimiento no es sufrimiento, sino la puerta para encontrar al Redentor, el cual también se revistió de las mismas sustancias terrenales que forman la envoltura del cuerpo humano.

¿Es la enfermedad sufrimiento? - No, quienes comprendieron el impulso del Gólgota en su verdadero sentido dijeron que no, que la enfermedad no es sufrimiento. Aunque la humanidad de hoy todavía no puede comprender lo que es realmente la vida espiritual que fluye con Cristo, la gente aprenderá a comprenderlo en el futuro, y sabrá que quienquiera que permita que el impulso de Cristo fluya a través de él, en cuyo ser más íntimo se asiente el poder de Cristo, puede superar toda enfermedad a través de los fuertes poderes curativos que desarrolla desde dentro de sí mismo. Porque Cristo es el gran sanador de la humanidad. En su poder está encerrado todo lo que realmente puede desarrollar el fuerte poder curativo de lo espiritual y que puede vencer la enfermedad. La enfermedad no es sufrimiento. La enfermedad es una oportunidad para superar un obstáculo desarrollando el poder de Cristo dentro del ser humano.

Con respecto a los achaques de la vejez, la gente debe darse cuenta de lo mismo. Cuanto más crece en nosotros la debilidad de nuestros miembros, tanto más podemos crecer en espíritu, tanto más podemos llegar a ser maestros por el poder de Cristo que mora en nosotros. La vejez no es sufrimiento, porque cada día crecemos en el mundo espiritual. Y la muerte tampoco es sufrimiento, porque se vence en la resurrección. La muerte ha sido vencida por el acontecimiento del Gólgota.

¿Estar separados de lo que amamos puede seguir siendo sufrimiento? Las almas que están infundidas con el poder de Cristo saben que el amor puede forjar lazos de alma a alma a través de todos los obstáculos materiales, lazos en lo espiritual que son irrompibles. Y no hay nada en la vida entre el nacimiento y la muerte y entre la muerte y un nuevo nacimiento hacia lo que no podamos encontrar el camino espiritual a través del impulso de Cristo. Es impensable que a la larga, cuando nos penetramos con el impulso Crístico, podamos separarnos de lo que amamos. El Cristo nos conduce junto con lo que amamos.

Y del mismo modo, "estar unidos a lo que no amamos" no puede ser sufrimiento, porque el impulso Crístico nos enseña, si lo aceptamos en nuestra alma, a amarlo todo según su justa medida. El impulso Crístico nos muestra el camino, y si encontramos este camino, el hecho de "estar unidos a lo que no amamos" no puede volver a ser sufrimiento, porque no queda nada que no abracemos con amor. - Y "no alcanzar lo que se desea" ya no puede ser sufrimiento con Cristo, porque los sentimientos y emociones del hombre, sus deseos, están tan purificados y ennoblecidos por el impulso Crístico que las personas sólo desean lo que deberían llegar a ser. Ya no sufren por lo que les falta; porque si les falta, es para purificarse, y el poder de Cristo les da la fuerza para experimentarlo como purificación, y por lo tanto ya no es sufrimiento.

Entonces, ¿Qué es el acontecimiento del Gólgota? Es la abolición gradual de los hechos de sufrimiento expuestos por el gran Buda. No hay mayor impacto en el devenir y el ser del mundo que el acontecimiento del Gólgota. Por lo tanto, también podemos comprender que sigue teniendo consecuencias positivas, tremendas, para la humanidad venidera. El Cristo es el mayor Avatar que descendió a la Tierra, y cuando un ser así desciende a la existencia, como el Cristo en Jesús de Nazaret, ocurre algo misterioso y altamente significativo: Así como en pequeña escala, cuando introducimos un grano de trigo a la tierra, germina y crecen tallos y espigas de trigo, que llevan muchos, muchos granos, imágenes del único grano de trigo que hemos colocado en la tierra, lo mismo ocurre en el mundo espiritual. Porque "todo lo pasajero no es más que una parábola" - y en esta multiplicación del grano de trigo podemos ver una imagen, una parábola para los mundos espirituales.

Cuando se produjo el acontecimiento del Gólgota, sucedió algo con el cuerpo etérico y el cuerpo astral de Jesús de Nazaret. Gracias al poder del Cristo que lo habitó, se multiplicaron y, desde entonces, muchas, muchas imágenes del cuerpo astral y del cuerpo etérico de Jesús de Nazaret han estado presentes en el mundo espiritual. Y estas imágenes continuaron trabajando.

Cuando una individualidad humana desciende de las alturas espirituales para reencarnarse a la existencia física, se reviste de un cuerpo etérico y de un cuerpo astral. Pero cuando algo como las imágenes del cuerpo etérico y del cuerpo astral de Jesús de Nazaret están presentes en los mundos espirituales, entonces sucede algo muy especial para aquellas personas destinadas por su karma. Si el karma de una individualidad lo permitía, -después de que el Misterio del Gólgota se había cumplido-, entonces una imagen del cuerpo etérico o del cuerpo astral de Jesús de Nazaret se entretejía en él. Así ocurrió en los primeros siglos de nuestra era, por ejemplo con San Agustín. Cuando esta individualidad descendió de las alturas espirituales y se revistió de un cuerpo etérico, una imagen del cuerpo etérico de Jesús de Nazaret se entretejió en su cuerpo etérico. Él tenía su cuerpo astral y su yo para sí mismo, pero tenía una imagen del cuerpo etérico de Jesús de Nazaret entretejida en su cuerpo etérico.

De este modo, aquello que había servido de envoltura al Dios-hombre de Palestina se transmitió a otras personas que ahora iban a llevar el impacto de este gran impulso al resto de la humanidad. Debido a que Agustín dependía de su propio yo y de su propio cuerpo astral, estaba expuesto a todas las dudas, a todas las fluctuaciones, a todos los errores que le resultaba difícil superar, procedentes de aquellas partes aún imperfectas de su ser. Todo por lo que pasó, lo hizo a través de su criterio erróneo y de los errores de su yo. Pero cuando se hubo decidido, cuando su cuerpo etérico empezó a trabajar, se encontró con las fuerzas que se habían entretejido en él a partir de la imagen del cuerpo etérico de Jesús de Nazaret en su cuerpo etérico. Y desde entonces se convirtió en aquel que podía proclamar una parte de las grandes verdades misteriosas a Occidente. Así hubo muchos de los que conocemos como los grandes portadores del cristianismo en Occidente, que fueron llamados a perpetuar el cristianismo en los siglos IV, V, VI al X, que fueron capaces de realizar las grandes ideas, que fueron ejemplares, que tenían una imagen del cuerpo etérico de Jesús de Nazaret entretejida en su cuerpo etérico. Por eso pudieron amanecer las grandes visiones, las grandes ideas ejemplares, que luego encontraron su realización en los grandes pintores y escultores.

¿Cómo surgieron, estos modelos ejemplares para las pinturas que aún hoy nos deleitan? Surgieron cuando, a través de la imagen entretejida del cuerpo etérico santificado de Jesús de Nazaret, las grandes iluminaciones llegaron a los pueblos de los siglos V, VI, VII y VIII de nuestra era, con un contenido de cristianismo que no requería ninguna superestructura histórica. Recibieron una imagen del cuerpo etérico de Jesús de Nazaret entretejida con el contenido de la doctrina del Cristo, y no necesitaron una tradición histórica de los hechos del cristianismo; supieron por iluminación interior que el Cristo estaba vivo porque llevaban una parte de Jesús de Nazaret dentro de ellos. Sabían, al igual que Pablo, que el Cristo estaba vivo cuando vio la aparición de Cristo en el fuego espiritualizado y ardiente del cielo. ¿Se convirtió Pablo por lo que le habían contado sobre los acontecimientos de Palestina? No, ninguno de los acontecimientos que le contaron pudo convertir a Saulo en Pablo y, sin embargo, el impulso más importante para la difusión exterior del cristianismo vino de Pablo, a través de él, que se mantuvo incrédulo de las historias en el plano físico, pero que se convirtió en creyente a través de un acontecimiento oculto que tuvo lugar en el mundo espiritual. ¡Quienes quieren un cristianismo sin iluminación espiritual son extraños! Pues el cristianismo nunca se habría extendido por el mundo sin la iluminación espiritual de San Pablo. La difusión exterior del cristianismo debe su existencia a un acontecimiento sobrenatural.

Y a su vez, el cristianismo fue propagado en épocas posteriores por aquellos que fueron capaces de experimentar al Cristo en la iluminación interior descrita anteriormente, también capaces de experimentar al Cristo histórico, porque llevaban dentro de sí lo que quedaba como remanente del Cristo histórico y sus envolturas. En los siglos XI, XII, XIII y XIV, otras personas recibieron imágenes del cuerpo astral de Jesús de Nazaret cuando fueron convocados y maduraron a través del karma. Tales personas que llevaron dentro de sí imágenes del cuerpo astral de Jesús de Nazaret fueron, por ejemplo, Francisco de Asís, Isabel de Turingia y otros. Sin este conocimiento, las vidas de Francisco de Asís e Isabel de Turingia, por ejemplo, nos resultan incomprensibles. Todo lo que hoy nos parece tan extraño en la vida de Francisco de Asís proviene del hecho de que el yo de Francisco de Asís era el yo humano de esta individualidad humana; pero toda la humildad, devoción, fervor que tanto admiramos en Francisco de Asís proviene del hecho de que él tenía una imagen del cuerpo astral de Jesús de Nazaret entretejida en su cuerpo astral. Tales imágenes se entretejieron en los cuerpos de muchas otras personalidades de la época. Se convierten en modelos a emular cuando sabemos esto. ¿Cómo podría comprender la vida de Isabel de Turingia quien llegue al fondo de la cuestión, si no supiera que en ella se entretejió una imagen del cuerpo astral de Jesús de Nazaret? Muchos, muchos fueron llamados por este poder Crístico continuado para llevar este poderoso impulso a la posteridad.

Pero para épocas posteriores se había conservado algo más: se habían conservado innumerables imágenes del yo de Jesús de Nazaret. En efecto, su yo había desaparecido de las tres envolturas cuando Cristo entró en ellas, pero quedó una imagen, una imagen que había sido realzada por el acontecimiento Crístico, y esta imagen del yo se multiplica infinitamente. En esta imagen del yo de Jesús de Nazaret tenemos algo que todavía hoy está presente en el mundo espiritual. Sí, esta imagen del yo de Jesús de Nazaret la pueden encontrar las personas que se han hecho maduras para ella, esta imagen y, por tanto, al mismo tiempo el esplendor del poder Crístico y el impulso Crístico que lleva dentro de sí.

La expresión física externa del Yo es la sangre. Este es un gran misterio. Pero siempre ha habido personas que lo sabían y que eran conscientes del hecho de que las imágenes del Yo de Jesús de Nazaret están presentes en el mundo espiritual. Y siempre ha habido personas que a través de los siglos, desde el acontecimiento del Gólgota, han tenido que asegurarse secretamente de que la humanidad madura lentamente para que haya personas que puedan recibir las imágenes del yo de Jesús de Nazaret-Cristo, así como también ha habido personas que han recibido imágenes de su cuerpo etérico y de su cuerpo astral. <Por lo tanto, había que encontrar el secreto de cómo este Yo podía ser preservado completamente en silencio, en profundo misterio, hasta el momento apropiado del desarrollo humano y terrenal. Se formó una hermandad de iniciados para guardar este secreto: la Hermandad del Santo Grial. Ellos guardaron este secreto. Esta sociedad siempre ha existido. Y se dice que su antepasado tomó el cuenco que Cristo Jesús había utilizado en la Santa Cena, y en este cuenco recogió la sangre del Salvador que manaba de sus heridas en la cruz. Recogió la sangre, la expresión del ser, en este cuenco, en el Santo Grial. Guardó el cuenco con la sangre del Salvador, con el secreto de la imagen del Yo de Cristo Jesús, en el lugar santo, en la Hermandad, que son los hermanos del Santo Grial por sus instituciones y su consagración.

Hoy ha llegado el tiempo en que estos misterios pueden ser proclamados, en que los corazones de los hombres pueden hacerse maduros a través de una vida espiritual, para que puedan elevarse a la comprensión de este gran misterio. Si las almas se dejan encender a la comprensión de tales misterios a través de la ciencia espiritual, si nuestras almas se dejan llevar a tal comprensión, entonces las almas estarán maduras para aprender el misterio del Cristo, del yo eterno, en el que todo yo humano puede convertirse, a la vista de ese santo cuenco. Ahí está, este misterio, -la gente sólo debe permitirse ser llamada a él a través de la ciencia espiritual, para comprender este misterio como un hecho, con el fin de recibir al Yo Crístico a la vista del Santo Grial. Para ello es necesario comprender lo que ha sucedido como un hecho, aceptarlo como un hecho.

Pero entonces, cuando la gente esté más y más preparada para recibir al Yo Crístico, entonces el Yo Crístico se irradiará más y más en las almas de la gente. Entonces se desarrollarán hacia arriba hasta donde estaba su gran modelo a seguir, Cristo Jesús. Las personas aprenderán primero a comprender cómo Cristo Jesús es el gran modelo a seguir para la humanidad. Y cuando la humanidad haya comprendido esto, empezará a sentir en lo más íntimo de su ser que la certeza, la verdad de la eternidad de la vida emana del cadáver en la cruz del Gólgota. Los que están inspirados e impregnados por el Yo Crístico, los cristianos del futuro, comprenderán algo más. Comprenderán lo que hasta ahora sólo han comprendido los iluminados. No sólo comprenderán al Cristo que ha atravesado la muerte, sino que comprenderán al Cristo triunfante del Apocalipsis que ha sido proclamado de antemano, resucitando en el fuego espiritual. Y la Pascua puede ser siempre para nosotros un símbolo de Cristo resucitado, un lazo que va del Cristo en la cruz al Cristo triunfante, al Cristo resucitado y excelso, al que eleva con él a todos los hombres a la derecha del Padre.

Así que el símbolo de la Pascua nos señala la perspectiva de todo el futuro de la tierra, del futuro del desarrollo humano, y por eso es para nosotros una promesa de que las personas inspiradas por Cristo un día pasarán cada vez más de ser como Saulo a ser como Pablo y verán cada vez más un fuego espiritual. Verdaderamente, así como el Cristo se apareció a Moisés y a los que le eran fieles, en el fuego sensorial de la zarza de espinas y del relámpago en el Sinaí, así el Cristo se nos aparecerá en un fuego espiritualizado del futuro. "Él está con nosotros siempre, hasta el fin del mundo", y se aparecerá en fuego espiritual a quienes hayan dejado que sus ojos se iluminen por el acontecimiento del Gólgota. La gente lo verá en el fuego espiritual. Primero lo vieron en otra forma; sólo entonces verán la verdadera forma de Cristo en el fuego espiritual.

Pero debido al hecho de que el Cristo obró tan profundamente en la existencia terrena, hasta el esqueleto físico, formando su envoltura a partir de los elementos de la tierra, purificando y santificando esta sustancia física para que nunca más pueda llegar a serlo, como los sabios de Oriente suponían en su tristeza, creyendo que el Iluminado del futuro, el Buda Maitreya, no encontraría en la tierra personas que pudieran elevarse hasta comprenderle, porque se habían hundido demasiado en lo material. Por eso el Cristo fue conducido al Gólgota, para que pudiera llevar de nuevo lo material a las alturas espirituales, para que el fuego no se convirtiera en escoria en la tierra, sino que se espiritualizara. Así los hombres comprenderán de nuevo la sabiduría del mundo primitivo cuando ellos mismos se espiritualicen: la sabiduría del mundo primitivo de la que ellos mismos brotaron una vez como del mundo espiritual. Así, el Buda Maitreya encontrará comprensión en la tierra, -que no podría haber encontrado de otro modo-, después de que la gente haya pasado por una comprensión aún más profunda. Porque todo lo que hemos aprendido en la juventud lo comprendemos mejor después de haber madurado a través de las pruebas y podemos volver la vista atrás más tarde. Y así la humanidad comprenderá la sabiduría original del mundo mirando hacia atrás a esta sabiduría original del mundo a la luz de Cristo a través del acontecimiento del Gólgota.

¿Y ahora cómo pueden salvarse los restos incorruptibles de Kashyapa, y dónde se salvarán? Se dice que el Buda Maitreya aparecerá y lo tocará con su mano derecha, y el cadáver será raptado en un fuego.

En aquel mismo fuego que vio Pablo camino de Damasco, hemos de ver el fuego maravilloso y espiritualizado en el que se salvará el cuerpo de Kashyapa. En este fuego se salvarán en el futuro todas las cosas grandes y nobles del pasado. En el fuego espiritualizado, en el que el Cristo se apareció a Pablo, el cuerpo incorruptible del Kashyapa será cobijado por el Buda Maitreya. Así veremos lo grande, lo maravilloso, la sabiduría de todo el pasado fluyendo en lo que se ha convertido en humanidad a través del acontecimiento del Gólgota.

En el símbolo de las campanas de Pascua se nos presenta una resurrección del propio espíritu de la tierra, una redención de la humanidad. Este símbolo todavía permitía a todo aquel que supiera entenderlo comprender cómo el hombre se eleva a las alturas espirituales a través del misterio pascual. -No deja de ser significativo que Fausto, que está al borde de la muerte, sea llamado a una nueva vida por las campanas de Pascua, lo que le conduce al gran momento en que se dice a sí mismo mientras se queda ciego antes de su muerte: "Sólo dentro brilla una luz resplandeciente". Así puede ascender a los mundos espirituales, donde se salvan los nobles miembros de la humanidad.

Todo lo que ha vivido en el pasado será salvado, purificado y cobijado en la espiritualidad purificada que se derramó sobre la tierra y en la humanidad a través del Misterio del Gólgota, del mismo modo que un día será purificado cuando aparezca el Buda Maitreya, el cuerpo incorruptible de Kashyapa, el gran sabio oriental, en el fuego maravilloso, en la luz del Cristo que se apareció a Pablo en el camino de Damasco.

Traducido por J.Luelmo nov.2023

GA109 Colonia, 10 de abril de 1909 - El principio de economía espiritual en relación con las cuestiones de la reencarnación. El fuego Macrocósmico y Microcósmico. La espiritualización del aliento y de la sangre

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El principio de economía espiritual
en relación con las cuestiones de la reencarnación.


RUDOLF STEINER

EL FUEGO MACROCOSMICO Y MICROCOSMICO. LA ESPIRITUALIZACIÓN DEL ALIENTO Y DE LA SANGRE

Colonia, 10 de abril de 1909

Uno de los espíritus más inspirados de los tiempos modernos, Goethe, supo retratar de forma conmovedora el poder y la fuerza de los tonos pascuales, de las campanas de Pascua. Goethe pone ante nosotros al representante de la humanidad en lucha, Fausto, cuando ha llegado al límite de la existencia terrenal, y nos muestra cómo son los tonos de Pascua, cómo es el resplandor de la Pascua, lo que es capaz de superar el pensamiento de la muerte, el impulso de la muerte, incluso en el corazón de este buscador de la muerte.

Del mismo modo que Goethe pone ante nosotros este impulso interior de los sonidos de Pascua, este impulso ha recorrido todo el desarrollo de la humanidad. Y cuando en un futuro no muy lejano, a través de una renovada profundización espiritual, el hombre comprenda cómo las festividades deben poner nuestra alma en conexión con todo lo que vive y se teje en el gran espacio universal, entonces en estos días del comienzo de la primavera el alma también se expandirá de forma renovada para captar cómo las fuentes de la vida espiritual pueden redimirnos de la vida material, de la estrechez de la existencia, que está ligada a la materia.

Precisamente en el tiempo de Pascua es cuando el alma humana aprenderá a sentir con más fuerza lo que es capaz de llenarla de la confianza inquebrantable de que en lo más íntimo del hombre habita una fuente de existencia eterna, divina, una fuente que nos expulsa de toda estrechez y nos permite ser uno, sin perdernos, con la fuente de la existencia universal, en la que resucitamos en cualquier momento si somos capaces de elevarnos a su comprensión mediante la iluminación. La esencia misma de la Pascua es nada más y nada menos que un signo exterior de lo más profundo que la humanidad ha podido experimentar, un signo exterior del misterio cristiano más profundo. Y así es para nosotros en la Pascua de hoy, como si en la celebración exterior y en los signos exteriores de la festividad hubiera un símbolo de lo que los hombres sólo pudieron encontrar al comienzo de la evolución humana sobre la tierra y de lo que sólo habían conocido en las profundidades de los misterios sagrados. Dondequiera que los pueblos de la tierra hayan celebrado lo que llamamos Pascua, -y entre los pueblos antiguos se celebraba en los círculos más amplios de la humanidad-, la vemos florecer en todas partes a partir de los misterios sagrados. Y en todas partes evoca el presentimiento y la convicción de que la vida en el espíritu es capaz de vencer a la muerte en la materia. Todo lo que infundía esta convicción en el alma humana debía ser proclamado en la antigüedad desde las profundidades de los misterios sagrados.

Pero éste es precisamente el desarrollo ulterior de la humanidad, que ahora los Santos Centros de los Misterios están saliendo cada vez más al exterior, y que la sabiduría que contienen está penetrando en toda la humanidad, convirtiéndose en propiedad común de la humanidad. Por tanto, dediquemos la festividad de hoy y de mañana al intento de mostrar cómo este presentimiento, este sentimiento, esta convicción se abre paso cada vez más en el curso del desarrollo humano y penetra a partir del conocimiento antiguo en círculos cada vez más amplios. Hoy queremos mirar al pasado para poder describir mañana lo que el presente nos depara en esta festividad.

Debemos, sin embargo, por ser la Pascua la fiesta de la resurrección espíritual de la humanidad, reunirnos hoy para una seria contemplación en nuestro interior a fin de poder penetrar hasta tal sabiduría, que en cierto modo puede conducir hasta las más altas cumbres de la contemplación espiritual-científica.

Nuestra Pascua cristiana es sólo una de las formas de la Pascua de la humanidad en general, y lo que los sabios de la humanidad tenían que decir desde las convicciones más fuertes y profundas, desde las razones más hondas de la sabiduría, sobre la superación de la muerte por la vida, fue incorporado secretamente a los símbolos de la Pascua. En todas partes encontraremos en ellos los elementos para proporcionarnos una comprensión de la Pascua, de la resurrección del Espíritu. Una hermosa y profunda leyenda oriental cuenta la siguiente historia:

El gran maestro de Oriente, Shakyamuni, el Buda, hizo felices a las regiones de Oriente con su profunda sabiduría, que fue extraída de las fuentes primigenias de la existencia espiritual y, por lo tanto, llenó los corazones de la humanidad con la más profunda dicha. Lo que era profundamente dichoso para los corazones de la humanidad cuando el hombre aún era capaz de ver en el mundo divino -la antigua sabiduría de los mundos divino-espirituales- Shakyamuni lo guardó para la humanidad hasta tiempos posteriores. Tuvo un gran discípulo, y mientras los demás discípulos fracasaban más o menos en captar la sabiduría integral enseñada por Buda, Kashyapa -así se llamaba este discípulo- la captó. Él fue uno de los iniciados más profundos en esta enseñanza, uno de los seguidores más importantes de Buda. Cuenta la leyenda Cuando Kashyapa estaba a punto de morir y debía entrar en el Nirvana debido a su madurez, fue a una montaña escarpada y se escondió en una cueva. Y en esta cueva su cuerpo permaneció imperecedero después de su muerte y siguió existiendo. Sólo los iniciados conocían este secreto y dónde reposaba el cuerpo. Pues este cuerpo imperecedero del gran iniciado, el Kashyapa, descansa en un lugar oculto y secreto. Pero el Buda había predicho que un día llegaría su gran sucesor, el Buda Maitreya, el renovado gran maestro y líder de la humanidad, y cuando hubiera alcanzado la cumbre de esa existencia que debía lograr durante su vida en la tierra, entraría en esa cueva del Kashyapa, visitaría esa cueva del Kashyapa, tocaría el cuerpo incorruptible del Iluminado con su mano derecha, y un fuego maravilloso bajaría del cielo, y en este fuego el cuerpo incorruptible del gran Iluminado, Kashyapa, se elevaría de la existencia terrenal a una espiritual.

Así lo cuenta la gran leyenda de Oriente, quizá algo incomprensible para Occidente. También ella habla de una resurrección, de ser arrebatado de la existencia terrenal, de la superación de la muerte, que se produce de tal manera que las fuerzas en descomposición de la tierra son incapaces de hacer nada contra el purificado, limpiado cuerpo de Kashyapa, y que cuando el gran iniciado viene y lo toca con su mano, el fuego maravilloso lo eleva a las esferas celestiales. Y es precisamente en el hecho de que esta leyenda de Oriente se desvíe de lo que conocemos como el contenido del relato de la Pascua cristiana occidental donde existe la oportunidad de obtener una comprensión más profunda de la Pascua. Hay una sabiduría primigenia oculta en dicha leyenda a la que sólo podemos acercarnos gradualmente. Y así podríamos preguntarnos:

¿Por qué Kashyapa, al igual que el Salvador -como se nos dice en el relato de la Pascua cristiana-, no se convierte en vencedor de la muerte al cabo de tres días? ¿Por qué el cuerpo incorruptible del iniciado oriental espera largos períodos de tiempo hasta que es arrebatado a las alturas celestiales por un fuego milagroso?

Hoy sólo podemos insinuar la profundidad que encierran estas cosas. Sólo gradualmente nos haremos una idea de la sabiduría que se expresa en tan profundas leyendas. Es precisamente en esos momentos conmemorativos cuando primero debemos permanecer tímidos y reverentes en la distancia con nuestros sentimientos y sólo gradualmente aprender a mirar hacia las alturas de la sabiduría a través de esas celebraciones festivas. No debemos querer captar inmediatamente lo que encierran esas leyendas con nuestra mente sobria. La comprensión correcta sólo se logra cuando nos acercamos a estas verdades de tal manera que primero hacemos que nuestros sentimientos y emociones sean adecuados y maduros antes de acercarnos a las grandes verdades, para que luego podamos captar las grandes verdades con nuestros sentimientos en pleno fuego y calor.

Para la humanidad actual, dos verdades se erigen como poderosas luces en el horizonte del espíritu, hitos que están íntimamente relacionados entre sí. Hay dos puntos de referencia importantes para la humanidad en desarrollo, que se esfuerza espiritualmente en la etapa actual de desarrollo.

El primer hito es la zarza ardiente de Moisés y el segundo es el fuego que aparece con truenos y relámpagos en el monte Sinaí, a través del cual Moisés recibe la proclamación: "Yo soy el Yo-soy".

Esa entidad espiritual que se anunció a Moisés en aquel momento, que habla en ambas apariciones, ¿Quién es?

Quien sabe entender el mensaje del cristianismo en sentido espiritual, entiende también las palabras que anuncian quién es la entidad que se apareció a Moisés en la zarza espinosa y luego en el monte Sinaí entre truenos y relámpagos y puso ante su alma los Diez Mandamientos. El propio escritor del Evangelio de Juan nos dice que Moisés proclamó de antemano al Cristo Jesús, y el evangelista le hace referirse precisamente a esos pasajes en los que se anuncia en la zarza ardiente y más tarde en el fuego del Sinaí el poder que más tarde se llamó el Cristo. No se presenta otra deidad que el Cristo en aquel que habla a Moisés de sí mismo: "Yo soy el Yo-soy".

Ese Dios que más tarde apareció en cuerpo humano y que puso ante la humanidad el Misterio del Gólgota, reina invisiblemente, proclamándose en el elemento fuego de la naturaleza, en el fuego de la zarza ardiente y en el relámpago de fuego en el Sinaí. Y sólo entiende la proclamación del Antiguo Testamento, sólo entiende el Nuevo Testamento, quien sabe que el Dios que proclama Moisés es el Cristo que ha de caminar entre los hombres. Así, el Dios que ha de traer la redención a la humanidad se anuncia de un modo que no puede verse en forma humana. Se anuncia en el elemento ardiente de la naturaleza; porque en él, en este elemento, vive el Cristo. Lo que es su esencia divina se anuncia en las formas más diversas. En toda la antigüedad prevalece la misma esencia, que entonces emergió visiblemente a través del acontecimiento de Palestina.

Así que volvemos la vista al Antiguo Testamento y nos preguntamos: ¿A quién adoraba realmente el antiguo pueblo hebreo? ¿Quién es el Dios del antiguo pueblo hebreo? - Los miembros de los misterios hebreos lo sabían: adoraban al Cristo; veían al Cristo en aquel que pronunció la palabra: "Di a mi pueblo: Yo soy el Yo-soy". - Pero aunque todo esto no se supiera, el hecho de que dentro de nuestro ciclo humano el Dios se anuncie en el fuego sería lo suficientemente decisivo para que quienes miran en los profundos misterios de la naturaleza reconocieran que la Divinidad de la zarza ardiente y la Divinidad que se anunció en el Sinaí es la misma Divinidad que desciende de las alturas espirituales para realizar el Misterio del Gólgota mediante el descenso al cuerpo humano. Pues existe una misteriosa conexión entre el fuego que se enciende en el exterior por los elementos de la naturaleza y el que late en nuestra sangre como calor. En nuestra ciencia espiritual se ha subrayado a menudo que el ser humano es un microcosmos que se enfrenta al gran mundo, el macrocosmos. Por lo tanto, si lo vemos de la manera correcta, los procesos internos del ser humano deben corresponder a los procesos externos del universo. Para cada proceso interior debemos ser capaces de encontrar el proceso exterior correspondiente. Si queremos comprender el significado de esto, debemos adentrarnos en los pozos profundos de la ciencia espiritual. Aquí tocamos el borde de un profundo misterio, una gran verdad, la verdad que responde a la pregunta: ¿Qué hay en el gran mundo exterior que corresponda al misterio del origen del pensar humano en nuestro interior?

El hombre es el único ser verdaderamente pensante de nuestra Tierra. A través de sus pensamientos, el hombre experimenta un mundo que le lleva más allá de esta tierra. Ningún otro ser terrenal experimenta los pensamientos en la forma en que se encienden en el hombre. ¿Qué enciende el pensamiento en nosotros, qué tiene lugar en nosotros cuando el pensamiento más simple o más maravilloso se asoma a nosotros? Dos cosas trabajan juntas en nosotros cuando dejamos que los pensamientos pasen a través de nuestra alma, ellos son nuestro cuerpo astral y nuestro yo. La expresión física de nuestro yo es la sangre; la expresión física de nuestro cuerpo astral es nuestro sistema nervioso, eso que llamamos vida en nuestro sistema nervioso. Y nuestros pensamientos nunca podrían penetrar en nuestra alma si no existiera una cooperación entre el yo y el cuerpo astral, que encuentra su expresión en la cooperación entre la sangre y el sistema nervioso. A un científico humano del futuro le parecerá extraño que la ciencia actual busque el origen del pensamiento únicamente en el sistema nervioso. El origen del pensamiento no está sólo en los nervios. Sólo podemos ver el proceso que da origen al pensamiento en la interacción viva entre la sangre y el sistema nervioso.

Cuando nuestra sangre, nuestro fuego interior, y nuestro sistema nervioso, nuestro aire interior, trabajan juntos de esta manera, entonces el pensamiento resplandece a través del alma. Y ese surgir del pensamiento dentro del alma se corresponde con el trueno que retumba en el cosmos. Cuando el fuego del relámpago se enciende en las masas de aire, cuando el fuego y el aire interactúan y producen el trueno, entonces éste es el mismo acontecimiento macrocósmico en el gran universo, que corresponde al proceso cuando el fuego de la sangre y el juego del sistema nervioso se descargan en el trueno interior, que, sin embargo, suena suave y silenciosa e imperceptiblemente para el mundo exterior en el pensamiento. Lo que el relámpago en las nubes es para nosotros es el calor de nuestra sangre, y el aire exterior con todos los elementos que contiene en el universo corresponde a lo que corre por nuestro sistema nervioso. Y al igual que la interacción del relámpago con los elementos produce el trueno, la interacción de la sangre y los nervios produce el pensamiento que emociona el alma. Miramos hacia el mundo que nos rodea: Vemos el relámpago que destella en las formas del aire y oímos el trueno ondulante al descargarse. Y entonces miramos dentro de nuestra alma y sentimos el calor interior que palpita en nuestra sangre y percibimos la vida que recorre nuestro sistema nervioso - entonces sentimos el pensamiento que nos sacude y decimos: Ambos son una y la misma cosa.

Así es, realmente. Porque pensamos dentro de nosotros mismos, y cuando el trueno retumba en el cielo, no es sólo un fenómeno físico-material. Eso sólo es así para la mitología materialista. Pero para aquellos que ven a los seres espirituales tejiendo y fluyendo a través de la existencia material, es verdad y realidad cuando el hombre mira hacia arriba y ve el relámpago y oye el trueno y se dice a sí mismo: "Ahora el Dios en el fuego está pensando cómo debe proclamarse a nosotros. Este es el Dios invisible que teje y revolotea por el universo, que tiene su calor en el relámpago y sus nervios en el aire y sus pensamientos en el trueno que retumba. Él habló a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí en el fuego del relámpago.

Los mismos elementos de fuego y aire que están en el macrocosmos están en el hombre, en el microcosmos, sangre y nervios; y al igual que el trueno y el relámpago están en el macrocosmos, así están los pensamientos en el hombre. Y el Dios que Moisés vio y oyó en la zarza ardiente, que le habló en el fuego del relámpago en el Sinaí, aparece como Cristo en la sangre de Jesús de Nazaret. En el cuerpo humano de Jesús de Nazaret aparece el Cristo que desciende a la forma humana. Porque piensa como un ser humano en el cuerpo humano, obra en el futuro como el gran modelo del desarrollo humano.

Así se encuentran los dos polos de la evolución humana: el Dios macrocósmico del monte Sinaí, que se proclama en fuego de truenos y relámpagos, y el mismo Dios microcósmico, encarnado en el pueblo de Palestina.

Los sublimes misterios de la humanidad están extraídos de la más profunda sabiduría. No son leyendas ficticias, sino verdades profundas. Pero son una verdad tan profunda que necesitamos todos los medios de la ciencia espiritual para desvelar los misterios que rodean esta verdad. - ¿Y qué clase de impulso ha recibido la humanidad a través de éste, su mayor modelo, a través del Ser que descendió y se unió con las imágenes microcósmicas de los elementos en un cuerpo humano, a través del Ser de Cristo?

Volvamos una vez más la mirada a las proclamaciones de los pueblos antiguos. Todos los pueblos antiguos, hasta el remoto pasado del período post-atlante, eran muy conscientes del curso del desarrollo humano. En todas partes, en todas las escuelas de misterios, se proclamaba lo que hoy vuelve a proclamar la ciencia espiritual: que el hombre consta de cuatro miembros, -el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el ego-, pero que si él transforma el cuerpo astral a través de su yo en el yo espiritual -Manas-, el cuerpo etérico en el espíritu vital -Buddhi-, y si espiritualiza el cuerpo físico en Atman u hombre espiritual, puede ascender a estadios superiores de su existencia. Este cuerpo físico, debe espiritualizarse gradualmente en todos sus miembros, debe espiritualizarse tan profundamente en nuestra vida terrenal que lo que ha hecho humano al hombre, la afluencia del aliento divino, se espiritualice. Y como la espiritualización del cuerpo físico comienza con la espiritualización del aliento, por eso el cuerpo físico transformado, espiritualizado, se llama: Atma o Atman - aliento: Atman. La proclamación del Antiguo Testamento dice que el hombre recibió el aliento de vida al comienzo de su existencia terrenal, y toda la sabiduría antigua ve en el aliento de vida aquello que el hombre debe espiritualizar gradualmente. Todas las cosmovisiones antiguas veían el gran ideal por el que luchar en Atman, en aquello que diviniza el aliento de tal manera que el hombre está impregnado por un aliento espiritual.

Pero aún más debe espiritualizarse en el hombre. Si todo su cuerpo físico ha de espiritualizarse, no sólo el aliento, sino también aquello que se renueva continuamente por el aliento, la sangre, la expresión del yo, debe espiritualizarse. La sangre debe ser tomada por un impulso que conduzca hacia lo espiritual. El cristianismo ha añadido los misterios de la sangre, -el fuego que está encerrado en el ser humano-, a los antiguos misterios. Los antiguos misterios dicen: El hombre en la tierra, mientras vive en forma terrenal, ha descendido de las alturas espirituales a la corporeidad físico-terrenal. El hombre ha perdido lo que constituye su esencia espiritual. Se ha envuelto en la corporeidad física. Pero debe volver a la espiritualidad, debe despojarse de nuevo de la envoltura física, debe ascender a una existencia espiritual.

Las religiones no podían enseñar lo que se denomina el poder de auto-redención del yo humano, mientras éste, que tiene su expresión física en la sangre, no fuera embargado por un impulso en la tierra. Así se nos cuenta cómo los grandes seres espirituales, los grandes avatares, descienden y de vez en cuando se encarnan en cuerpos humanos cuando la gente necesita ayuda. Son seres que no necesitan descender a un cuerpo humano para su propio desarrollo, porque habían completado su desarrollo humano en un ciclo mundial anterior. Descienden porque quieren ayudar a la gente. Así, de vez en cuando, cuando la humanidad necesita ayuda, el gran dios Vishnu desciende a la existencia terrenal. Una de las encarnaciones de Vishnu, Krishna, habla de sí mismo, afirmando claramente cuál es la esencia de un avatar. Él mismo expresa lo que es en la canción divina, en el Bhagavad Gita. En él tenemos las gloriosas palabras que Krishna, en quien Vjshnu vive como avatar, pronuncia sobre sí mismo: "Yo soy el espíritu de la creación, su principio, su centro, su fin; yo soy entre las estrellas el sol, entre los elementos el fuego, entre las aguas el océano del mundo, entre las serpientes la serpiente eterna. Yo soy el fundamento del mundo".

Es imposible proclamar la divinidad omnipotente de forma más bella, más maravillosa que con estas palabras. La divinidad que Moisés ve en el elemento fuego, que no sólo teje y surge a través del mundo como una divinidad macrocósmica, también se encuentra dentro del hombre. Por eso la entidad Krishna vive en todo lo que lleva el semblante humano, como el gran ideal hacia el cual el germen humano se desarrolla desde dentro. Y si, como aspiraba la sabiduría de la antigüedad, el aliento del hombre puede espiritualizarse mediante el impulso que recibimos en nuestro interior del Misterio del Gólgota, tenemos el principio de la redención a través de lo que vive en nuestro interior. Todos los Avatares han redimido a la humanidad mediante el poder de lo alto, mediante lo que han irradiado a la tierra desde las alturas espirituales. El Avatar Cristo, sin embargo, redimió a la humanidad por medio de aquello que tomó de los poderes de la propia humanidad, y nos mostró cómo los poderes de redención, los poderes para conquistar la materia por medio del espíritu, pueden encontrarse dentro de nosotros mismos.

Así que incluso un iluminado como el Kashyapa, aunque había hecho incorruptible su cuerpo espiritualizando su aliento, no podía encontrar aún la plena redención. El cuerpo incorruptible debe esperar en la cueva misteriosa hasta que el Buda Maitreya venga por él. Porque sólo entonces, cuando el cuerpo físico esté tan espiritualizado desde el yo que el impulso crístico fluya hacia el cuerpo físico, sólo entonces ya no será necesario que el milagroso fuego cósmico produzca la redención, sino que el fuego que fluye en el propio interior del hombre, en nuestra sangre, produzca la redención. <Por eso también podemos iluminar una leyenda tan maravillosamente profunda desde la luz que irradia el Misterio del Gólgota, como la que se cuenta sobre el Kashyapa.

Al principio, el mundo es oscuro y está lleno de misterios para nosotros; pero podemos compararlo con una habitación oscura en la que hay muchos objetos espléndidos que al principio no podemos ver. Pero cuando encendemos una luz, aparece todo el esplendor de los objetos de la habitación y todo lo que estos objetos son. Así puede ser para la persona que se esfuerza por alcanzar la sabiduría. Al principio, el hombre se esfuerza en la oscuridad. Busca en el mundo el pasado y el futuro y al principio sólo puede ver oscuridad. Pero cuando se enciende la luz que viene del Gólgota, entonces todo se ilumina, hasta el pasado lejano, hasta el futuro lejano. Porque todo lo material nace del espíritu, y de la materia resucitará el espíritu. Y expresar esta certeza en una festividad como la Pascua, vinculada a los acontecimientos del mundo, es el sentido de esta fiesta que celebramos estos días. Y cuando la humanidad se dé cuenta de hasta dónde puede penetrar por medio de la ciencia espiritual, -que el alma, al reconocer los secretos de la existencia, puede vivir en los secretos del universo en momentos festivos simbólicos tan importantes como el tiempo de Pascua-, entonces el alma sentirá algo de lo que significa vivir ya no sólo con su estrecha existencia personal, sino con todo lo que brilla en las estrellas, todo lo que brilla en el sol, todo lo que vive en el universo. Se sentirá extendida al universo. Se volverá más y más espiritual en este vivir en el universo.

Pasar de la vida humana a través de la resurrección a la vida universal, estos son los sonidos que dejamos resonar en nuestros corazones a través de las campanas espirituales de Pascua. Y cuando las oigamos, estas campanas de Pascua espirituales, entonces desaparecerá toda duda hacia el mundo espiritual. Entonces amanecerá en nosotros la certeza de que ninguna muerte en la materia puede dañarnos. Entonces la vida en el espíritu nos tendrá de nuevo, si las comprendemos, estas campanas de Pascua espirituales.

Traducido por J.Luelmo nov.2023

GA109 Malsch-Karlsruhe, 6 de abril de 1909 - El principio de economía espiritual en relación con las cuestiones de la reencarnación. Con motivo de la inauguración de la rama s. Francisco de Asís

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El principio de economía espiritual
en relación con las cuestiones de la reencarnación.


RUDOLF STEINER

CON OCASIÓN DE LA INAUGURACIÓN DE LA RAMA S. FRANCISCO DE ASIS

Malsch-Karlsruhe, 6 de abril de 1909

Nos hemos reunido hoy aquí para consagrar nuestra rama antroposófica en Malsch. Aunque esta rama ha estado en pleno funcionamiento durante algún tiempo, sólo hoy es posible dar la consagración inaugural a esta rama.

Los queridos amigos antropósofos de las más diversas regiones de nuestro quehacer antroposófico se han reunido para esta celebración y han mostrado así que quieren unir sus sentimientos y pensamientos antroposóficos a ese grupo de personas serias y trabajadoras que desplegarán aquí la vida antroposófica, se podría decir, arropados en las montañas, pero al mismo tiempo rodeados de todas las bellas y grandes y nobles fuerzas de la naturaleza. Quienes hayan dejado vagar sus ojos por los alrededores de esta acogedora casa de Malsch, habrán podido comprobar que también en el exterior se ha trabajado mucho para que la vida espiritual que nos anima a todos encuentre una expresión particular aquí, en este lugar de la tierra.

Y cuando nos remontamos al comienzo de nuestra vida antroposófica en la fundación de nuestra Sección Alemana, a la que Malsch contribuye, cuando nos remontamos a los humildes comienzos de nuestra vida en la Sección Alemana, donde empezamos con un pequeño grupo de personas entusiastas de la ciencia espiritual, y luego dejamos vagar nuestra mirada hasta acontecimientos como los de hoy y vemos cuán numerosas son las almas que se unen a nosotros en sentimientos y emociones científico-espirituales, entonces bien podemos contemplar con satisfacción los últimos años de nuestros esfuerzos.

Y la familia Stockmeyer, que se ha tomado las mayores molestias aquí en este lugar de la tierra para desarrollar esta vida espiritual dentro de los espíritus de la naturaleza, que, por cierto, la favorecen grandemente, esta familia puede ver de nuevo con satisfacción cómo tantos amigos genuinos y verdaderos han acudido a su hospitalario lugar de la tierra; porque todos los amigos antropósofos pueden ser llamados amigos genuinos y verdaderos. Pues la Antroposofía debe ser ante todo verdad en nuestros corazones. Y la verdad es sinceridad. Por lo tanto, la antroposofía debe ser sinceridad y amistad antroposófica, que se expresa en la co-celebración de tal fiesta, tal fiesta de consagración. Todo esto debe estar inmerso en la sinceridad. La amistad en la sinceridad nos une a los que aquí han trabajado con tanta diligencia, para que también aquí haya un campo de trabajo antroposófico. Y todos esos corazones que han venido aquí se llenarán de gratitud por lo que la familia Stockmeyer ha hecho aquí, y pueden estar seguros de estos sentimientos agradecidos de verdadera sinceridad, de gratitud antroposófica.

Por otra parte, el éxito de tal celebración de consagración con las numerosas almas demuestra que la ciencia espiritual es un poderoso imán para el esfuerzo humano en nuestro tiempo. Y tal vez pueda mencionarse en tal celebración de consagración que también podemos mirar más allá de los espacios que, tan bellamente cercados por los espíritus de una naturaleza maravillosa, nos rodean hoy, que podemos mirar hacia el resto del mundo. Se puede decir: La vida y el quehacer científico-espiritual es hoy verdaderamente algo que se muestra afligido por una necesidad interior. Es realmente como si algunas de las antiguas culturas que han sostenido a la humanidad europea y occidental durante miles de años, que han dado a esta humanidad seguridad y fuerza para la vida, hubieran comenzado hoy a marchitarse, a parecer frías y sobrias a los corazones humanos. Por eso vemos cómo el anhelo espiritual-científico está vivo hoy en muchos ámbitos de la vida. Y, en verdad, es algo así como el poder del futuro que se ha permitido que tenga lugar a mi alrededor en los últimos días mientras les hablo aquí.

Ahora puedo transmitir la palabra de nuestros grandes proclamadores de la nueva sabiduría, la palabra de nuestros maestros de la sabiduría y de la armonía de las sensaciones aquí en este lugar, en este lugar rodeado de verdes árboles y de la vida brotante de la naturaleza, por la gloriosa luz del sol que todo lo energiza y penetra espiritualmente y que hoy mira tan favorablemente nuestra querida celebración. Hoy puede suceder esto.

Y hace apenas unos días, pude hablar desde el mismo espíritu en un ciclo de conferencias lejos de aquí. Se me permitió hablar en un ciclo que pude celebrar en Roma. Y es precisamente este hecho el que simboliza para mí el imán que es el esfuerzo científico espiritual. El lugar en el que iba a hablar a quienes también llevan en el corazón el anhelo de la ciencia espiritual tenía otro aspecto, aunque a veces se trate de un anhelo todavía bastante inexplicable. En un terreno en el que sólo los cardenales han entrado realmente con asuntos espirituales, ahora los que trabajan desde el catolicismo más positivo y ortodoxo. Sobre este terreno se dejó proclamar en los últimos días el aliento libre de una cosmovisión espiritual-científica. Se permitió que la misma palabra resonara en el aire de aquellas salas en las que, en realidad, el mensaje sólo se proclamaba desde el centro ortodoxo de Roma.

Así vemos que los espíritus libres de hoy, que se sienten atraídos por la Antroposofía aquí en el Norte, también pueden mirar con cierta satisfacción a aquellas almas que anhelan escapar de una antigua tradición, de una antigua ortodoxia que se sostiene como con férreas cadenas. Y es, después de todo, un signo de los tiempos que haya sido posible hablar con la misma libertad e imparcialidad sobre las verdades antroposóficas en un terreno en el que hasta ahora sólo habían hablado cardenales, como aquí, en el libre suelo nórdico.

Pues lo que se acaba de decir es cierto:

La Antroposofía es sinceridad. Y allí donde se la llama, allí donde las almas la necesitan, allí va. Pero en ningún momento, por consideración al suelo en el que se proclama, abandonará ni la más mínima parte de lo que es el gran principio rector que nos inspira en nuestra predicación.

Dondequiera que se proclame la verdad antroposófica, dondequiera que se cultive lo espiritual que late a través de nosotros: Este mensaje debe ser proclamado a la luz de la sinceridad, incluso donde todavía está rodeado por los pensamientos de aquellos que odian la antroposofía. Pero en medio de los que odian la Antroposofía viven almas que más o menos conscientemente anhelan la luz de la Antroposofía. Y así, un contraste como el que me ha pasado durante quince días puede mostrarnos cuán fuerte es el imán de la vida antroposófica.

Si la contemplación del presente inmediato nos enseña que esta fuerza antroposófica es fuerte en el presente, la contemplación de los tiempos nos enseña aún más que podemos esperar con alegre y satisfactoria confianza que lo que hoy estamos plantando con pequeñas semillas se convertirá en un poderoso árbol en el futuro. Como teósofos estamos hoy en una situación que sólo podemos comparar con la situación en que se encontraba la humanidad en los viejos tiempos atlantes. Y así como la vida ha cambiado desde entonces, así la vida cambiará de nuevo en un cierto futuro hasta después de una catástrofe. Pero debe anteponerse a nuestras almas esta gran perspectiva.

Recordemos un movimiento similar, que comenzó siendo pequeño como el nuestro, en el último tercio del período atlante. En aquella época, la vida anímica atlante había alcanzado su punto culminante. En muchos aspectos esta vida anímica era todavía clarividente. Lo que la humanidad ha adquirido es autoconciencia, un fuerte sentido de sí misma. La humanidad atlante aún no tenía este sentido del yo, esta autoconciencia. En cambio, la humanidad atlante tenía cierta clarividencia y ciertos poderes mágicos. Los atlantes podían ver el mundo espiritual. Y éstos eran los que estaban en la vanguardia de la civilización, los que mejor podían ver en el mundo espiritual a la antigua usanza, los que podían sacar más adeptos del reino de lo astral. Poco a poco, esta clarividencia fue desapareciendo. La humanidad tuvo que perderla en su conjunto para conquistar la autoconciencia en el mundo físico exterior. Pero el conocimiento clarividente había alcanzado una altura especial en el último tercio del período atlante.

Recuerden cómo era la tecnología real de los atlantes. Los atlantes viajaban en pequeños dirigibles sobre la tierra, cerca de la tierra, porque el aire estaba entremezclado con densas masas de niebla. Y para este mar de aire y agua tenían sus pequeños vehículos, que ponían en movimiento con el poder de las semillas de las plantas. Aquellos que lograron lo máximo en tal tecnología fueron personas que pueden compararse con nuestros grandes industriales de hoy, con aquellos que construyen elaboradas máquinas a partir de fuerzas muertas. Y los que más podían proclamar del mundo espiritual eran los que pueden compararse con nuestros eruditos, científicos naturales, que marchan en la cúspide de la educación.

Pero dentro de esta humanidad, se estaba preparando otra humanidad, una humanidad que sólo tenía poderes menores de clarividencia, pero una habilidad para observar amorosamente el mundo exterior. Los primeros elementos de la aritmética y el cálculo se preparaban a sí mismos. Pero sólo podían participar en pequeña medida en los grandes avances de la industria atlante, en la construcción de los vehículos más poderosos y cada vez más potentes que impregnaban el mar-aire-mar. Así surgió, en el último tercio del período atlante, una pequeña y discreta multitud de personas, despreciada en ciertos aspectos, pues era poco clarividente, poco capaz de participar en esa gran industria. Pero preparó la cognición que es nuestra cognición hoy, de la que el mundo exterior está tan orgulloso en nuestro tiempo, porque la ha desarrollado unilateralmente.

Hacia el final del periodo atlante, surgió por primera vez una idea técnica entre aquellas personas que estaban a la cabeza de la civilización atlante, que habían dominado todo lo que se podía aprender del conocimiento atlante, que habían hecho los mayores progresos en el dominio de la tecnología de la Atlántida. que luego se hizo fecunda para nuestro tiempo. Podemos compararlo con otro progreso de nuestro tiempo, un progreso que durará más que la próxima catástrofe. Durante su apogeo, los atlantes disponían de vehículos que viajaban por el aire acuoso. Pero más tarde, cuando la civilización atlante ya estaba en decadencia, surgió la necesidad de viajar por agua. Y en las últimas razas culturales del periodo atlante surgió la idea de la navegación, la conquista del agua. Esta fue una idea poderosa que tocó una fibra sensible en el antiguo período atlante. Y causó una tremenda sensación en la vida atlante cuando, por primera vez, la gente no sólo surcó los cielos y viajó por el aire, sino que también navegó por la superficie del mar. Fue una idea que tuvo un efecto tremendamente sensacional y que se hizo realidad en las últimas razas atlantes. Se hicieron largos intentos de navegar sobre la superficie del agua. Luego se consiguió. Lo consiguió en un momento en que la civilización atlante estaba en decadencia.

De entre los que estaban implicados en este poderoso progreso, no se pudo reclutar a la gente sencilla que fue la primera dotada de las capacidades para el mundo físico, y que debía llevar la vida espiritual actual desde la época atlante hasta nuestra época, la vida espiritual: Gente llana y sencilla que había conservado los mínimos restos de clarividencia, pero insuficiente como era necesario para quien era mensajero del mundo espiritual. Las personas con esta capacidad espiritual fueron reunidas a su alrededor por un gran iniciado, el que llamamos el gran iniciado del oráculo solar. Eran las personas que habían conservado menos habilidades técnicas las que eran miradas con desprecio por los que estaban en la cima. Todos aquellos que fueron los grandes exploradores y descubridores miraban con desprecio a este pequeño grupo. Pero estos fueron los que el gran iniciado del oráculo solar condujo de oeste a este, a través de Europa hasta Asia. Y fue este pequeño grupo el que proporcionó entonces la posibilidad de que se fundaran las civilizaciones post-atlantes.

Porque lo mejor que desarrollaron entonces las diversas culturas, el poderoso árbol de la educación post atlante, surgió de los descendientes de la gente despreciada y sencilla del período atlante. Sobre todo, algo más surgió de entre los descendientes de este grupo sencillo. Pongamos los acontecimientos externos junto a los acontecimientos internos de nuestra educación.

Fijémonos en la gran sensación de la época atlante, cuando se produjo la invención por parte de la sub raza cuyos descendientes eran los fenicios: fijémonos en la navegación. ¿Qué es lo que creó esta navegación?

Basta recordar los grandes acontecimientos del comienzo de la nueva era, lo que hicieron Colón y los demás navegantes, los grandes viajes de descubrimiento que no habrían podido realizarse sin la navegación, y veremos que esta sensación llevó a la conquista progresiva del plano físico de la tierra. La tierra se había concluido, por así decirlo. Los post-atlantes estaban confinados en pequeños círculos. Pero la invención de los barcos hizo que la Tierra se completase en una estructura cerrada del plano físico. Así, la sensacional invención del mundo atlante llega hasta nuestros días y contribuye a realizar grandes progresos en el plano físico.

Ya en el período post-atlante, sin embargo, la mayor conquista surgió de aquellos que fueron los sucesores de aquella simple banda en torno al gran iniciado del oráculo solar. Y después de haber preparado lo que había que hacer, estas gentes sencillas, a través de su propio desarrollo de las culturas india, persa, egipcia, griega y latina, fue posible que la tierra proporcionase el material en el que pudo nacer el Cristo. Y así, el mayor acontecimiento espiritual, la mayor hazaña espiritual de la era post-atlante surgió de las personas que se encontraban entre las clases más despreciadas de seres humanos entre los que marchaban a la cabeza de la civilización en la Atlántida. De ahí surgió el gran progreso espiritual que lleva y sostiene y fertiliza y teje toda la vida espiritual de nuestro tiempo.

Vemos que algo similar está ocurriendo en nuestro tiempo. Vemos cómo aquellas habilidades que estaban contenidas en los primeros gérmenes de la Atlántida, la aritmética, el contar, vemos cómo todas estas habilidades se están desarrollando hoy en día en una maravillosa conquista del plano físico a través de todo tipo de progreso técnico. Hoy vemos a los grandes inventores y descubridores aplicar, en cierto sentido, los mismos poderes que brotaron por primera vez en los despreciados grupos humanos de la época atlante. Y lo que entonces era conocimiento clarividente en la era atlante, hoy es conocimiento de la naturaleza, hoy es conocimiento del mundo físico. Y nuestros científicos naturales y eruditos actuales pueden compararse con aquellos pináculos de la civilización atlante. Pero también hoy existe de nuevo una clase simple de hombres, sin distinción de otras posiciones en el mundo, esparcidos por todas partes, y que tienen en sus corazones ese poderoso imán que atrae a la vida espiritual como atraía entonces a la vida en las facultades exteriores para el plano físico.

Pero hay una cierta diferencia. Mientras quedaban los últimos restos de clarividencia en aquel entonces, eran capaces de reconocer al gran iniciado. Hoy la gente lo tiene aún más difícil en ciertos aspectos. Hoy suena una llamada del mundo espiritual a un grupo pequeño similar, que llamamos la llamada de los maestros de la sabiduría y de la armonía de las sensaciones. Pero debido a que las personas de hoy están situadas en el plano físico, los maestros de la sabiduría y la armonía de las sensaciones permanecen inicialmente como algo desconocido para el pequeño núcleo humano de hoy, que cristaliza a partir de la gran masa. Pero en sus corazones estas personas sienten, como podemos ver por los hechos del presente, que hay algo así como un nuevo mensaje espiritual que ha de trabajar en el futuro de la misma manera que el mensaje de aquel tiempo ha trabajado en nuestro presente. Estas personas, que hoy provienen de todos los estratos de nuestra población, con el anhelo en sus corazones por la vida espiritual, que es establecer las culturas del futuro, estas personas que encontramos en todas partes, estos son los verdaderos teósofos.

Y los verdaderos teósofos, surgen en nuestro tiempo, así como una sensación similar surge en nuestro tiempo como en el tiempo atlante.

Los mares fueron conquistados entonces a través de los más altos avances de la tecnología. El aire está siendo conquistado en nuestro tiempo. Por supuesto, esta conquista se extenderá a una época posterior. Pero así como en nuestro tiempo las naves sólo han planteado la conquista del plano físico, así la aeronave llevará a los hombres al aire, pero en el aire los aviadores sólo encontrarán lo material, sólo cosas materiales. Y aunque se conquisten nuevas áreas del plano físico, y aunque lo que ocurra en la técnica exterior tenga un efecto beneficioso sobre el mundo exterior, la vida interior, espiritual, se lleva en el seno de aquellos que sienten espiritualmente, se sienten espiritualmente, se sienten llenos de aquello que en el futuro ha de conducir a una visión del mundo espiritual con conciencia de sí mismo.

Y los que hoy marchan a la cabeza de la civilización, que pueden compararse con los sabios y técnicos atlantes, miran hacia fuera, trabajan como inventores y descubridores y eruditos y científicos naturales. Estos grandes investigadores y eruditos, portadores de la cultura exterior, vuelven a mirar con desprecio y desdén a este pequeño grupo, que se forma hoy como nuevo portador de la cultura, tal como los que se sientan aquí, tal como los que se unen en nuestras asociaciones de humanidades. Los fenómenos del antiguo periodo atlante se repiten.

Pero si la vida espiritual se apodera de sus corazones tan fuertemente que podáis compararos dignamente a los que se reunían en torno al gran iniciado del sol, si vive en ustedes el mismo poder de confianza, entonces en tiempos posteriores serán los portadores de la vida espiritual, esa vida que da a la humanidad el reingreso en el mundo espiritual además de las cualidades físicas externas, materiales. En aquella época era el gran iniciado quien reunía a la gente a su alrededor de forma similar, hoy son los maestros de la sabiduría y la armonía de las sensaciones. Su llamada se dirige a ustedes. Y si lo sienten así, si sienten su misión desde la historia, entonces sus corazones se volverán se harán fuertes para soportar lo que desde fuera se vierte sobre la ciencia espiritual como burla y escarnio por parte de los que se llaman a sí mismos portadores de cultura. Y si ustedes comprenden su misión de esta manera, entonces sus pensamientos serán fuertes, y ninguna duda que venga de fuera podrá sacudir su convicción. Porque sus propios pensamientos estarán espiritualizados por el poder que puede fluir de tal comprensión de nuestra misión. Y aunque tengamos que lanzar nuestra mirada a lo largo de milenios y establecer ideales que lleguen lejos y a lo ancho: Donde no se establecen tales ideales, la vida está muerta; donde se establecen, la vida se transforma. Los ideales que se toman de las grandes épocas y que podrían hacer que algunas personas se sintieran mezquinas se transforman en el poder del momento. Serán fuertes para el más pequeño acto si son capaces de tomar su ideal de las más altas alturas. Así se mantendrán firmes cuando los que dominan el mundo con su educación hablen con desdén y desprecio de las pequeñas asociaciones científico-espirituales en las que se sientan los que "no quieren seguir la corriente de la cultura actual". Por supuesto que ellos quieren seguir la corriente, también aprecian lo que se obtiene del mundo exterior, físico, pero también saben que así como no hay cuerpo sin alma, tampoco puede haber cultura exterior sin vida espiritual.

Así como la humanidad que se ha caracterizado por haberse reunido en torno al gran iniciado como un pequeño grupo despreciado en aquel tiempo, proporcionando el material que tras generaciones hiciera posible el Cristo en la tierra, así también la humanidad antroposófica de hoy debe hacer posible de nuevo la comprensión completa del Cristo. Cristo descendió en el cuarto período. Comprender al Cristo completamente será dado a aquellos que quieran comprenderlo desde la antroposofía. 

¿Cómo es que aquellos que hasta ahora se nutrían de las religiones positivas, de las religiones ortodoxas, se acercan a la ciencia espiritual a partir de una vaga conciencia? ¿Cómo es que escuchan la palabra antroposófica cuando hasta ahora sólo habían escuchado la vaticana? ¿Por qué? ¿Se puede decir acaso hoy, que la antroposofía es algo que sólo está ahí para aquellos que son indiferentes al mayor hecho espiritual de nuestra época, el hecho del impulso Crístico? ¿Qué exigen esas personas de nosotros? Que les digamos quién fue Cristo, qué hizo Cristo. Vienen porque los que hoy se llaman a sí mismos portadores privilegiados del nombre de Cristo no pueden decirles quién fue Cristo. Por eso acuden a la antroposofía, porque ésta puede decirles qué es el Cristo. No son los actuales portadores de cultura, que oponen la negación del Cristo a la tradición externa que sigue tal o cual religión, los que pueden hacer algo a las corrientes espirituales positivas y moribundas. Aquellos que no saben lo que es el gran Cristo, que niegan al Cristo en su espiritualidad, resultarán aún más fuertes frente a las viejas corrientes religiosas. Sólo las corrientes espirituales que se sitúan en medio de los que se dan el privilegio del nombre de Cristo, que saben decir lo que es la verdadera esencia de Cristo, a los que lo exigen en un sentido diferente, reunirán a su alrededor a una humanidad que lleva el futuro en su seno. Frente a todo nihilismo religioso, las corrientes religiosas tradicionales se mostrarán más fuertes.

No abrazamos la vida antroposófica en un sentido pequeño y dogmático. No queremos abrazar esta vida antroposófica con dogmas individuales, ni con proposiciones individuales de conocimiento, sino de tal manera que reconozcamos la misión y la tarea de nuestro tiempo. Queremos abrazarla de tal manera que el verdadero espíritu de nuestro tiempo hable desde nosotros, que el hecho más grande de nuestro tiempo post-atlante pueda expresarse a través de las palabras de la antroposofía. Entonces estas palabras serán vida y fuerza vivas en nuestras almas. Entonces comprenderemos lo que es la vida antroposófica. Esto no puede declamarse, sino sólo vivirse desde el espíritu de nuestro tiempo.

Si nos sentimos así, nuestros poderes son cada vez mayores. Si nos sentimos así, adquirimos la fuerza necesaria para aferrarnos firmemente a nuestro ideal. Y entonces sabemos cómo podemos representar este ideal, ya sea en este o en aquel suelo, donde una antigua cultura anhela un nuevo contenido, o en este suelo de aquí, donde lo realizado por el trabajo diario de la antroposofía está rodeado de naturaleza y de los maravillosos rayos de sol espiritualmente vivificados que ahora brillan aquí a nuestro alrededor. Porque, una vez más, independientemente de lo que nos digan las investigaciones externas, reconoceremos el espíritu de estos rayos en los rayos de sol que brillan aquí a nuestro alrededor. Y sabremos que cuando el sol se haya puesto, el espíritu que vive en el sol brillará en nuestros corazones. Aprenderemos lo que significa ver el sol a medianoche, ver el espíritu del sol. Y cuando comprendamos el espíritu del sol, entonces veremos cómo él descendió, cómo se unió como vida espiritual con lo que vive como lo mejor de nuestro tiempo. Es necesario que se comprenda el impulso Crístico, que sepamos decir quién fue el Cristo. En este sentido la humanidad está sólo al principio. En la misma medida en que crezca la comprensión espiritual, en la misma medida la humanidad reconocerá cómo el impulso Crístico se ha situado en esta construcción del mundo.

Esto es lo que uno siente con razón cuando surge una rama a la que hay que dar la consagración, como hacemos hoy aquí, y que, por una profunda necesidad de los que están unidos en esta rama, se ha dado a sí misma un nombre que está tan íntimamente relacionado con todo el desarrollo del cristianismo. Por una profunda necesidad de los que están unidos en esta rama, esta rama se llama la rama de Francisco de Asís. Hay un profundo misterio espiritual en torno a Francisco de Asís.

Cuando el Cristo descendió a la Tierra, se revistió con el triple cuerpo de Jesús de Nazaret, con los cuerpos físico, etérico y astral de Jesús de Nazaret. Durante tres años el Cristo, el Espíritu Solar, vivió en la envoltura de Jesús de Nazaret. Y cuando se produjo el Misterio del Gólgota, sucedieron muchas cosas. El Cristo descendió de las alturas a la tierra. Pero, aparte de lo que ya conocen, también ocurrió otra cosa. A través de que El Cristo tomase posesión del cuerpo de Jesús de Nazaret, algo muy especial sucedió en aquellos tres cuerpos, a saber, el cuerpo astral y el cuerpo etérico. Cuando el Cristo se deshizo de los cuerpos de Jesús de Nazaret, ellos estuvieron espiritualmente presentes en el mundo espiritual, pero se manifestaron en muchas, muchas imágenes. No perecieron en el éter del mundo o en el mundo astral, sino que vivieron en el mundo espiritual en imágenes. Así como la semilla de la planta, que hundimos en la tierra, aparece en muchos granos según el misterio del número, así el cuerpo etérico y el cuerpo astral de Jesús de Nazaret estaban presentes en el mundo espiritual en imágenes. ¿Y con qué fin transitan en el gran contexto de la economía espiritual? Para ser preservados y prestar su servicio en el gran progreso de la raza humana.

Uno de los primeros en darse cuenta del gran beneficio que suponía para la humanidad el hecho de que el cuerpo etérico de Jesús estuviera presente en muchísimas imágenes en el mundo espiritual fue el llamado Agustín. Cuando San Agustín descendió de nuevo a la Tierra después de su encarnación anterior, no se entretejió en él un cuerpo etérico cualquiera, sino que se entretejió en su cuerpo etérico una imagen del cuerpo etérico de Jesús de Nazaret. Tenía por sí mismo el cuerpo astral y el yo. En su cuerpo etérico tenía una imagen de Jesús de Nazaret. Tuvo que abrirse camino a través de la cultura de su yo y de su cuerpo astral. Cuando penetró en el cuerpo etérico, las grandes verdades que nos confrontan en su misticismo vinieron a él. Y muchas personas de los siglos VI, VII, VIII y IX recibieron imágenes del cuerpo etérico de Jesús de Nazaret entretejidas en sus propios cuerpos etéricos. Algunos de los que en aquel tiempo concibieron la gran concepción cristiana de las imágenes que el arte entonces glorificaba - la Madonna, Cristo en la cruz - todos los que trabajaban de tal manera que creaban las imágenes, llevaban una imagen del cuerpo etérico de Jesús de Nazaret entretejida en su cuerpo etérico. Por lo tanto, experimentaban de nuevo dentro de sí mismos lo que la gente había experimentado en el momento del acontecimiento del Gólgota.

Y en los siglos XI, XII, XIII, XIV y XV llegó el momento en que, durante la encarnación de ciertas almas, se entretejió en el cuerpo astral una imagen del cuerpo astral de Jesús de Nazaret. Muchas personas de los siglos XI, XII, XIII y XIV no sólo recibieron el cuerpo astral cuando descendieron, sino que, mientras se formaba su cuerpo astral durante la reincorporación, se entretejió en este cuerpo astral una imagen del cuerpo astral de Jesús de Nazaret. Por eso estas personas pudieron proclamar las grandes verdades cristianas. Debido a que habían entretejido en su cuerpo astral, del que surgía su conocimiento, lo que era la imagen del cuerpo astral del propio Jesús de Nazaret. Pero entre los que habían entretejido en sí mismos tal imagen del cuerpo astral de Jesús de Nazaret estaba Francisco de Asís. Había muchos en aquel tiempo, entre ellos Isabel de Turingia, que habían tejido en sí mismos una imagen del cuerpo astral de Jesús de Nazaret. Por eso eran capaces de proclamar las grandes verdades del cristianismo como discernimiento, como conocimiento lógico, como sabiduría científica. Pero también fueron capaces de hacer algo más:

Pudieron experimentar en sí mismos lo que se puede sentir cuando se lleva dentro el cuerpo astral de Jesús de Nazaret.

Ahora dejen que cale en ustedes toda la humildad, la devoción, el amor cristiano en Francisco de Asís, y se les caerán las vendas de los ojos. Y comprenderán cómo pueden entender a Francisco de Asís, -con todos sus errores, porque su yo le pertenecía a él mismo-, con toda su grandeza, porque llevaba dentro de sí la imagen del cuerpo astral de Jesús de Nazaret.

Todos los sentimientos humildes, el misticismo profundo, toda la vida psíquica espiritual que vive en Francisco de Asís se hace comprensible cuando conocemos este secreto de su vida. Y entonces podemos ver buenas perspectivas para el futuro de esta rama en el espíritu, si se modela tan verdaderamente sobre esta gran figura de Francisco de Asís. Porque aquellos que han sido llamados por una gracia como la de Francisco de Asís para guiar a la humanidad occidental cristiana, también dejan brillar su luz espiritual allí donde se realiza el trabajo espiritual en todos los tiempos. Y cuando la rama de Francisco de Asís en particular trabaje en un verdadero sentido espiritual, entonces la luz armoniosa y unificadora de Francisco de Asís, que él recibió a través de una gracia como la que se ha descrito, en la interpenetración de su propio cuerpo astral con el cuerpo astral de Jesús de Nazaret, brillará en la unificación de los pensamientos y sentimientos que prevalecen en esta rama. Algo de su luz brillará en esta rama.

Dejando que tales perspectivas fluyan por nuestra mirada interior, nosotros, que estamos reunidos hoy en esta modesta sede con el propósito de dedicar la nueva sede, dejaremos tras nosotros los sentimientos apropiados cuando nos marchemos. Levantemos la mirada hacia la luz de Francisco de Asís; llevémonos con nosotros lo que puede encenderse en nosotros en este momento, y recordemos esta rama en el futuro. Al hacerlo, nuestros sentimientos y pensamientos se cernirán invisiblemente sobre esta rama de Francisco de Asís, para que los impulsos que luchan hacia arriba desde abajo puedan demostrar que son dignos de la luz que brilla en nuestras almas desde el exterior. En ese momento tomamos conciencia del hecho de que estamos aquí para trabajar por las verdaderas y reales medidas del progreso en nuestra era post-atlante. Seguramente, cuando los fundadores de esta rama sintieron la necesidad de ponerle el nombre de Francisco de Asís, sus almas debieron sentir algo del gran progreso.

¿Cuál fue el punto de inflexión más decisivo de toda nuestra evolución? Fue el momento en que Cristo descendió a la Tierra. Echemos la vista atrás seiscientos años desde ese acontecimiento y comparemos la Tierra con lo que era seiscientos años después de Cristo, un periodo que abarca unos mil doscientos años. En primer lugar, observemos a Buda, que vivió seiscientos años antes de Cristo. En él vemos una individualidad de tal grandeza que sobran las palabras de admiración. Concretamente, fijémonos en el momento en que es conducido a la vida, pero no a la vida que quería vivir. Consideremos cómo se encuentra por primera vez con un niño indefenso y cómo a partir de esta experiencia se forma la percepción de que hay sufrimiento en el camino que los seres humanos inician con su nacimiento. Y al ver a una persona enferma, se dice a sí mismo: "No sólo hay sufrimiento en este mundo, sino que los seres humanos de este plano también están sujetos a la enfermedad". Ve a un anciano que ya no es capaz de mover sus miembros y se dice: "Envejecer implica sufrimiento". Y cuando ve un cadáver, su visión evoca en él la percepción de que la muerte es sufrimiento. Otra percepción es que separarse de un ser querido crea sufrimiento, como ocurre cuando uno se une a alguien a quien no ama. Por último, no obtener lo que uno desea también es sufrimiento.

Esta es, pues, la enseñanza que se difundió como enseñanza de Buda, unos seiscientos años antes de Cristo. Fijemos en nuestra mente el momento en que Buda sale al mundo, ve un cadáver y se encuentra cara a cara con la muerte. Fue seiscientos años después del acontecimiento del Gólgota cuando surgió por primera vez una imagen particular: la imagen de la cruz con el cadáver del Salvador colgando de ella. Miles de personas acudieron a contemplarla. Cuando Buda contemplaba un cadáver, para él era la personificación de todo el sufrimiento de la Tierra. Los creyentes de la comunidad cristiana seiscientos años después de Cristo mirarían el cadáver y lo verían como la victoria de toda vida espiritual sobre la muerte, la reivindicación de la bienaventuranza. Y aquí vemos cómo una comunidad fiel miraba a un cadáver seiscientos años antes de Cristo, y luego seiscientos años después del acontecimiento del Gólgota.

¿Y qué nos dice el acontecimiento de Cristo sobre las otras frases del sufrimiento? ¿Es sufrimiento el nacimiento? Buda lo dijo. A la vista del Cristo, la humanidad que lo comprende se dice a sí misma: Por el nacimiento entramos en esta existencia que ha sido considerada digna de llevar al Cristo. Nacemos en un feudo en el que podemos conectar con Cristo. La enfermedad no es sufrimiento si se comprende a Cristo. A raíz del impulso Crístico se aprenderá a comprender lo que crea la salud desde el espíritu. De forma espiritual, la enfermedad se curará desde lo más íntimo, cristianizado. Muriendo a lo externo, llegamos a estar seguros de que lo que tenemos en relación con el impulso de Cristo se traslada a cada vida.

La muerte se nos presenta como aquello que nos conduce a un mundo espiritual porque Cristo ha vencido. Aprendemos a comprender la muerte en su significado para el mundo espiritual a través del impulso de Cristo.

Y ya no podemos decir que es un sufrimiento estar separados de lo que amamos. Porque el poder de Cristo nos unirá de alma a alma con todo lo que queremos amar. El poder de Cristo nos unirá a lo que amamos. El sufrimiento que podría venir de separar lo que se ama: con Cristo esta separación será superada.

Y si aprendemos a amar a todos, dejaremos de mirar al mundo como si estar unidos a lo que no amamos fuera un sufrimiento. Aprendamos a amar a cada criatura según su medida. Y nuestros deseos estarán tan purificados que podremos recibir lo que el alma debe recibir cuando ya no existan los obstáculos del mundo físico, cuando fluyan las fuentes espirituales. Pueden fluir a través del impulso crístico. En el espíritu, en el espíritu crístico, alcanzarán lo que desean. Porque tendrán un deseo purificado.

Así, a través del impulso crístico, la nueva vida espiritual se ha unido a la antigua. Tal fue la profundidad del progreso en la vida espiritual antes y después del impulso crístico.

Algo así sienten quienes se dirigen a uno de los más felices y ardientes admiradores y embajadores del impulso crístico para tener un nombre para la asociación en la que se ha de cultivar la vida espiritual. Que este nombre sea una buena premonición, para que en esta rama se trabaje aquí de la manera que es necesaria desde el espíritu de nuestro tiempo, desde el espíritu verdaderamente comprendido de nuestro tiempo, para el progreso que hemos visualizado ante nuestras almas.

En el espíritu que habló de las palabras, en el espíritu que esta rama sea inaugurada hoy a través de la invocación de una bendición que ya invocamos ayer cuando pusimos la primera piedra del templo exterior. Que este espíritu sea invocado una vez más para regir y tejer esta rama de San Francisco de Asís.

Que todos los sentimientos de todos los que hemos venido hoy aquí se unan con este espíritu para consagrar esta rama, para unirse fraternalmente con los que trabajan aquí en el sentido antroposófico serio, para que la vida espiritual pueda brotar en medio de los árboles y del bosque, entre las plantas brotadas y en ciernes, en medio de una naturaleza soleada. Y ya sea que los brillantes rayos del sol de afuera proclamen lo que es bello y maravilloso en la naturaleza, ya sea que la nieve yazca en lo alto afuera y que densas nubes oscurezcan la luz solar exterior, física: en todo momento, en los momentos en que la naturaleza exterior se renueva o cuando se pone su vestido sombrío, siempre debe prevalecer aquí el espíritu de la vida espiritual, al que quisiéramos llamar hoy con nuestra consagración de esta rama de todos los espíritus que guían esta espiritualidad.

Que esta rama de San Francisco de Asís sea consagrada por el corazón de todos nosotros. Que siga obrando del mismo modo que empezó, mediante el poder espiritual de los maestros de sabiduría y la armonía de sentimientos que fluyen en cada rama. Que continúe trabajando a través del buen espíritu que se ha dado invocando en su nombre al resplandeciente portador de Cristo. Ella continúa trabajando como empezó.

Los buenos espíritus reinarán sobre ella. Será uno de los lugares nutricios de esa vida que, según tantos signos, necesita de nuestro tiempo para plantar las semillas de lo que necesitará un futuro lejano.

Que los que ahora tienen que volver a trabajar solos aquí salgan fortalecidos de las celebraciones de hoy, en las que tantos amigos afines y sinceros unen sus sentimientos a ellos. Entonces la vida espiritual que se cultiva aquí, en este suelo, fluirá de nuevo hacia todos. Y que una de las fuentes fluya también aquí en este lugar, fluya unida en la gran armonía de la vida antroposófica. Los pensamientos que surgen aquí, se encontrarán con los nuestros. Nuestros pensamientos fluirán aquí. Pero esta armonía significa algo así como un ropaje exterior de espiritualidad, que debe pasar como una brisa espiritual a través de la evolución de la humanidad si los poderes de bendición han de prevalecer sobre la humanidad espiritual.

Así pues, dejemos que esta rama se abra en el sentido más pleno de la palabra, que se consagre, que se convierta en un campo de trabajo sobre el que siempre esperemos poder mirar con el mismo amor, con la misma satisfacción interior, como lo hacemos hoy en este momento de consagración, en el que estamos tan hermosamente juntos.

Traducido por J.Luelmo nov.2023