CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA104a Cristianía, 16 de mayo de 1909 Los santos Rishis, Zarathustra, Moisés y Hermes

  Índice

Los santos Rishis, Zarathustra, Moisés y Hermes

RUDOLF STEINER


Cristianía, 16 de mayo de 1909

séptima conferencia

Hoy hay que destacar el lado más oculto de la observación de ayer. Las cuatro culturas postatlantes tenían, por así decirlo, que reflejar en el alma de los hombres los grandes procesos cósmicos tal como se desarrollaban secuencialmente en el tiempo, mientras que en nuestro período cultural a partir de los siglos XIII, XIV ya no tenemos tal reflejo, pues lo que ocurre externamente en el desarrollo de la humanidad se debe a razones más profundas.

Sabemos cómo los cuerpos etéricos de los grandes iniciados atlantes fueron preservados para los siete santos Rishis, y también sabemos que el cuerpo etérico y el cuerpo astral de Zaratustra se entretejieron con Moisés y Hermes. En todo momento existió la posibilidad de que tales cuerpos etéricos, que habían sido trabajados y preparados por los iniciados, fueran utilizados ulteriormente en la economía espiritual del mundo. También ocurrieron otras cosas. Tales cuerpos etéricos se formaban en los mundos superiores para personalidades particularmente importantes. Si alguien era particularmente importante para la misión humana, tal cuerpo etérico o astral era tejido en los mundos superiores e imprimido en estas personalidades especiales.

Esto es lo que le ocurrió a Sem, que de hecho tiene algo que ver con toda la tribu de los semitas. Un cuerpo etérico especial fue moldeado para tal progenitor. Sem era, pues, una especie de doble personalidad. Por fabuloso que pueda parecer a la mente humana moderna, tal personalidad como Sem aparecía al clarividente como un ser humano ordinario con su aura, pero como si un ser superior que descendía de mundos superiores llenara su cuerpo etérico y el aura de este ser humano formara así el mediador entre esta personalidad y los mundos superiores. Pero tal ser divino, como morando en un ser humano, tiene un poder muy especial. Puede entonces multiplicar tal cuerpo etérico, y estos cuerpos etéricos multiplicados forman entonces un entramado que se teje en los descendientes una y otra vez. Así que los descendientes de Sem fueron implantados con las imágenes de su cuerpo etérico. Pero también el cuerpo etérico de Sem mismo, no sólo las imágenes multiplicadas, fue preservado en los Misterios. Y una personalidad que iba a recibir una misión especial tenía que utilizar este cuerpo etérico para poder comunicarse plenamente con los pueblos semitas, del mismo modo que un europeo altamente instruido tendría que aprender la lengua de los hotentotes para poder comunicarse con ellos. La personalidad que tenía una misión especial, para hacerse comprender por el pueblo semita, tenía que llevar en sí el verdadero cuerpo etérico de Sem. Tal personalidad, por ejemplo, era Melquisedec, que sólo podía mostrarse a Abraham en el cuerpo etérico de Sem.

Y ahora tenemos que hacernos la pregunta: Si sólo ahora, en el quinto periodo cultural postatlante, podemos desarrollar una comprensión del cristianismo, ¿Cómo fue en el resto del periodo grecolatino, que duró hasta los siglos XIII y XIV?

Aquí tiene lugar un misterioso proceso oculto. El Cristo sólo vivió tres años en la envoltura de Jesús de Nazaret, que es una individualidad tan elevada que pudo abandonar el mundo físico en el trigésimo año de su vida para entrar en el mundo espiritual en el momento en que la paloma apareció sobre su cabeza. Los tres cuerpos altamente desarrollados son ahora llenados por la individualidad-Cristo a través del hecho de que esta individualidad-Cristo vive en el cuerpo humano físico. Estos cuerpos de Jesús de Nazaret, invisibles al ojo físico, se multiplican ahora de manera similar al cuerpo etérico de Sem, de modo que desde la muerte en la cruz hay ahora imágenes del cuerpo etérico y del cuerpo astral de Jesús de Nazaret. Esto no tiene nada que ver con su yo; fue al mundo espiritual y más tarde se encarnó una y otra vez.

En los primeros siglos después del acontecimiento de Cristo, vemos que los escritores cristianos seguían trabajando sobre la base de la tradición oral de los discípulos de los apóstoles. Ellos daban importancia a la tradición física. Sin embargo, los siglos posteriores no pudieron basarse sólo en esto. A partir de los siglos VI y VII, predicadores cristianos especialmente destacados recibieron una imagen del cuerpo etérico de Jesús de Nazaret. Uno de ellos fue Agustín. Él tuvo que pasar por tremendas luchas en su juventud. Pero entonces el impulso del cuerpo etérico de Jesús de Nazaret se hizo efectivo en él de manera significativa, y sólo entonces comenzó a practicar el misticismo cristiano fuera de sí. Sólo podemos entender sus escritos bajo esta luz.

Muchas personalidades han recorrido el mundo llevando tal copia en su interior. Columbano, Galo, Patricio, todos ellos llevaban en su interior tal imagen del cuerpo etérico y fue precisamente gracias a ello que pudieron difundir el cristianismo. De este modo, se pudo tender un puente desde el acontecimiento crístico hasta la época posterior.

Y ya, en los siglos XI y XII, vemos a tales personas que reciben el cuerpo de Jesús de Nazaret entretejido en su propio cuerpo astral. Una de esas personalidades fue Francisco de Asís. Si seguimos su vida, encontraremos muchas cosas incomprensibles; pero son precisamente sus impulsos de humildad y devoción cristiana los que podemos comprender si nos damos cuenta de que tal misterio vivía en él. A través de tal entrelazamiento del cuerpo astral, tales personas se convirtieron en predicadores del cristianismo alrededor de los siglos XI, XII y XIII. Recibieron el cristianismo por gracia.

El yo de Jesús de Nazaret abandonó las tres envolturas en el bautismo de Juan, pero una imagen de este yo permanece en las tres envolturas como la impresión de un sello. La entidad Crística toma posesión de estos tres cuerpos, pero también de algo más que permanece como una huella del yo de Jesús. A partir de los siglos XII, XIII y XIV, algo así como una copia del yo de Jesús se entretejió en las personas que ahora empezaron a hablar de un "Cristo interior". Maestro Eckhart, Tauler, hablan entonces desde su propia experiencia como una copia del yo de Jesús de Nazaret.

Todavía hay muchas personas que llevan en sí copias de los diversos cuerpos de Jesús de Nazaret, pero ya no serán las personalidades dirigentes. Vemos cada vez más cómo en nuestro quinto período hay personas que tienen que confiar en sí mismas, en su propio yo. Tales personas inspiradas son cada vez más raras. Por lo tanto, era necesario asegurar que en nuestro quinto periodo surgiera una corriente espiritual que garantizara que el conocimiento espiritual pudiera seguir llegando a la humanidad. Las individualidades que podían ver el futuro tuvieron que hacer provisiones para las personas que dependen de su mero yo humano. En una de esas leyendas se nos dice que se guardó el recipiente en el que el Cristo Jesús comulgó con sus discípulos. Esta es la leyenda del Santo Grial, y en la historia de Parzival vemos la expresión típica del desarrollo de un estudiante en nuestra quinta era postatlante. A Parzival le faltó una cosa: le habían dicho que no hiciera muchas preguntas. Esta es la importante transición de la vieja era a la nueva: la devoción más pasiva posible era lo que necesitaba el discípulo en la antigua India; más tarde también con San Agustín y San Francisco de Asís. Todas estas personas humildes se inspiraban en lo que vivía en ellas, en lo que estaba entretejido en ellas. Pero ahora el yo debe llevar la cuestión dentro de sí. Cualquier alma que se limite a aceptar pasivamente lo que hoy se le da, no se trascenderá a sí misma. Entonces sólo podrá observar lo que ocurre en el mundo físico que la rodea. Hoy el alma debe hacer preguntas, debe elevarse por encima de sí misma, crecer fuera de sí misma. El alma debe preguntar hoy, como Parzival tuvo que preguntar una vez sobre los secretos del Castillo del Grial.

Así que hoy la investigación espiritual sólo comienza donde está el cuestionamiento. Las almas que hoy son estimuladas por la ciencia externa a cuestionar, que preguntan y buscan, éstas son las almas Parzival. Así se inició la corriente de los Misterios, la tan combatida escuela Rosacruz, que no cuenta con ninguna sabiduría tradicional, aunque acepte con gratitud las tradiciones. Pero lo que hoy constituye la escuela de pensamiento rosacruz ha sido investigado directamente en los mundos superiores con el ojo espiritual y con los medios que el propio discípulo está instruido a utilizar. No porque esto o aquello esté escrito en libros antiguos, porque estos o aquellos creyeran esto o aquello, sino que la sabiduría que hoy se ha investigado se proclama a través de la escuela rosacruz de pensamiento. Y esto fue gradualmente preparado en las escuelas Rosacruces, que fueron fundadas en los siglos XIII y XIV por la individualidad llamada Christian Rosenkreutz.

Hoy en día, esta sabiduría puede proclamarse como teosofía. Hoy en día, ya no hay personas que reciban lo que les inspira interiormente sin tener culpa de ello. Hoy, las personas que sienten que la Teosofía habla al corazón deben acercarse a ella. No debe haber agitación por la Teosofía; cada uno debe llegar a la Teosofía por su propio y libre impulso, al ser aprehendido de manera viva por el conocimiento espiritual.

Así, a través de esta corriente espiritual teósofa-rosacruz, atraemos hacia nosotros lo que está presente de las copias del yo de Jesús de Nazaret. Así, aquellos que se preparen, atraerán a sus almas la imagen del yo de Jesús de Nazaret. Por el hecho de que su ser interior es como una impresión de sello del yo de Jesús, tal persona absorberá el principio Crístico en su alma. Así el Rosacrucismo prepara algo positivo. La Teosofía se convertirá en vida y el alma que verdaderamente la absorbe se transforma gradualmente. Absorber la Teosofía significa transformar el alma de tal manera que pueda llegar a la comprensión de Cristo.

El teósofo se hace recipiente vivo de lo que se da a Moisés y a Pablo en la revelación de Yahvé Cristo. Así dice en la quinta carta del Apocalipsis, cómo las gentes de la quinta época cultural son las que realmente toman en sí lo que entonces será algo evidente para el período cultural de la iglesia de Filadelfia. La sabiduría de la quinta época cultural florecerá como una flor de amor en la sexta época cultural.

La humanidad está llamada hoy a absorber algo nuevo y divino dentro de sí misma y, de este modo, ascender de nuevo al mundo espiritual. La enseñanza teosófica del desarrollo es comunicada; no debe ser creída, sino que la humanidad debe llegar a comprenderla a través de su propio poder de juicio. Se proclama a aquellos que llevan el germen de la naturaleza Parzival en su interior. Y no se proclamará localmente, ni en un lugar especial, sino que de toda la humanidad se reunirán personas que escuchen la llamada de la sabiduría espiritual.

Traducido por J.Luelmo jul,2024


GA104a Cristianía, 15 de mayo de 1909 La evolución se ve reflejada en las grandes edades de la tierra y en los períodos culturales post atlantes

 Índice

La evolución se ve reflejada en las grandes edades de la tierra y en los períodos culturales post atlantes

RUDOLF STEINER


Cristianía, 15 de mayo de 1909

sexta conferencia

Para que podamos visualizar la tarea de nuestro tiempo y nuestra evolución futura, debemos echar un vistazo a los hechos que ya conocemos. Cuando hablamos de la Tierra, nos referimos a todos los seres espirituales que le pertenecen. Al principio de su desarrollo aún no estaba separada de los demás cuerpos de nuestro sistema solar. Incluimos en nuestro sistema solar todo hasta Saturno, y así como la ciencia física habla de un antiguo y gran globo del que se han separado los demás cuerpos celestes, así también la investigación espiritual habla del antiguo y gran Saturno, que, extendiéndose mucho más allá de la tierra actual, abarcaba todo el sistema solar y estaba formado por calores entrelazados. No había aire; el espacio en el que se encontraba esta antigua esfera estaba entreverado de corrientes regulares de calor. Éstos eran los antepasados de nosotros, los humanos; en aquella época nuestros cuerpos estaban formados por corrientes de calor.

Podemos formarnos una idea de esto si pensáramos en alejar del hombre lo que son los huesos, los nervios y los músculos y retener entonces sólo el calor de la sangre. Así pues, en aquella época la sustancia calorífica estaba presente en el hombre; no existía el reino mineral, pero el hombre mismo estaba dentro de la ley mineral. Eso era lo que hoy debemos percibir claramente como la singular época de nuestro desarrollo terrenal.

Hubo entonces una época en que la tierra se había desprendido del antiguo Saturno, pero el sol, la luna y la tierra permanecían unidos y seguían siendo un solo cuerpo. En aquella época el hombre existía en un cuerpo aéreo. Todo el poder que ahora viene del sol, venía de dentro de la tierra en aquel tiempo. Todo provenía del interior, la tierra irradiaba hacia el universo. Sólo cuando el sol se hubo separado de la tierra comenzó a irradiarla desde el exterior. Así que tenemos una segunda época en el desarrollo de la humanidad, en la que el hombre, aunque tuviera una existencia aérea, tenía sin embargo una existencia vegetal. ... [Gran espacio en blanco en la anotación; se describen el estado lunar y los períodos polar e hiperbóreo].

A continuación llega el tercer tiempo, el tiempo de Lemuria, cuando la luna emerge de la tierra y los seres de la luna actúan sobre ella desde el exterior. Sería imposible imaginar una cubierta vegetal de la tierra sin las fuerzas del sol y de la luna trabajando recíprocamente desde el exterior. Si la luna hubiera permanecido dentro del cuerpo de la tierra, ésta se habría vuelto tan rígida que el hombre se habría endurecido. Sólo porque la luna se había separado, la tierra se situó en el centro entre el sol y la luna; de lo contrario, la tierra se habría desarrollado demasiado deprisa bajo la mera influencia de las fuerzas solares. Así pues, debemos el tempo adecuado a nuestra posición entre el sol y la luna. Ahora tenemos una tercera etapa en la que la luna ya está fuera.

Estas tres etapas se reflejan en el desarrollo post-atlante de la humanidad. Lo que tuvo lugar en el exterior a gran escala durante el estado terrestre, se refleja a pequeña escala en el período post-atlante. Así vemos cómo los procesos cósmicos exteriores del llamado tiempo polar se reflejan en la primera cultura post-atlante, en el tiempo de la antigua India. En aquella época, en la era polar, todo estaba hacia dentro, dentro del cuerpo caliente de la tierra; y vemos cómo los antiguos indios sentían todo esto dentro de sí mismos. Por lo tanto, sus mentes no miraban hacia los reinos del mundo, sino que se sentían uno con Brahman.

A la era polar siguió la era hiperbórea, con una raza humana que pasó a formar parte de un cuerpo aéreo. El sol se había separado de la tierra y ahora actuaba desde fuera. La separación se refleja en la época cultural proto-Persa, cuando Zaratustra proclamó a Ahura Mazdao, el Espíritu del Sol. El espíritu solar es el principio rector y director en la época cultural proto-Persa.

Y la tercera, la era Lemúrica se refleja en toda la visión religiosa en el período egipcio. La doctrina de Osiris e Isis puede ser caracterizada desde muchos lados y puntos de vista diferentes. <El aspecto más característico de esta enseñanza fue el siguiente: En la antigua era Lemúrica, el nacimiento y la muerte aún no existían. El hombre repitió por primera vez el estado en que se encontraba cuando el sol aún no se había separado de la tierra. En aquella época se encontraba en un cuerpo espiritual. Luego, cuando el sol ya no estaba unido a la tierra, lo llevó a un cuerpo aéreo; pero entonces el cuerpo humano estaba lleno de vapores acuosos. Antes de los tiempos de Lemuria, el ser humano sólo estaba presente como vapor y vaho, apenas distinguible de lo que flotaba alrededor como bruma o niebla, cambiante como las nubes, en constante cambio como las nubes actuales. En estos tiempos antiguos el hombre aún no estaba en absoluto sobre la tierra, sino revoloteando sobre ella. Pedazos de esta fina materia se alejaban constantemente del ser humano, derramándose fuera de él. La condensación del cuerpo humano no se produjo hasta el período lemúrico. Cuando el ser humano se condensó, ocurrió eso que se llama las encarnaciones sucesivas. Fue entonces cuando lo espiritual y lo físico se separaron de tal manera que se puede decir que el hombre comenzó a considerar lo exterior como un contraste con su interior. Hoy el hombre distingue su interior y su exterior como el contraste entre la vida del alma y la vida exterior. En el período solar de la Tierra, el hombre había percibido como mundo exterior lo que existía como entidad espiritual en su entorno. Ahora llegó el tiempo de la separación de la luna, cuando lo exterior comenzó a separarse de lo interior. Así surgió la diferencia entre la vigilia y el dormir: el hombre alternaba entre los estados de estar expuesto al sol y estar apartado de él. Y así llegó el tiempo en que el hombre empezó a percibir los objetos iluminados por el sol. Durante la noche, el poder de la luna estimulaba la vida del alma de tal manera que el hombre distinguía entre un tiempo en el que percibía el mundo exterior y un estado en el que sentía las fuerzas que actuaban a través de la luna de tal manera que se volvía clarividente. Entonces el hombre se dijo a sí mismo que a través de la espiritualidad que habita en la luna podía percibir el mundo espiritual, que fluía hacia su interior a través de los poderes de la luna. Así que las fuerzas lunares como reflejo del poder solar eran las que le transmitían el mundo espiritual, mientras que día a día el mundo exterior se le hacía cada vez más perceptible.

Esto se reflejaba en la vida emocional de los antiguos egipcios. El espíritu solar se llamaba Osiris y el alma que buscaba al espíritu solar se llamaba Isis. De este modo, todo esto se reflejaba en el servicio de Isis del antiguo Egipto. Así, la vida religiosa era un servicio lunar. Osiris es un ser solar que mora en la luna. Podía ser visto clarividentemente por las almas que lo buscaban. Pero a medida que el hombre descendía más y más en la corporalidad física, esta corporalidad se convirtió en una caja para Osiris. Cuando las personas se convirtieron en terrícolas en el verdadero sentido de la palabra, Osiris se retiró cada vez más.

Al periodo lemúrico siguió el antiguo periodo atlante y esto se refleja en el cuarto periodo de civilización, el grecolatino. Esta cultura tenía, pues, una visión que ya se había realizado cósmicamente en la época atlante. El hombre se fue condensando cada vez más. Al principio de su desarrollo los huesos sólo se indican como líneas de fuerza en el hombre; entonces el hombre es un ser aéreo, más tarde gelatinoso. Ahora las formas del sistema óseo se desarrollan cada vez más. Por otra parte, el poder espiritual era más fuerte en el mismo grado. Los sere lemúricos, que en la antigüedad estaban en cuerpos viscosos, tenían fuerzas anímicas mucho mayores que las razas siguientes. Algo similar ocurría con los atlantes. Si entonces hubiera habido balas de cañón, un atlante, por ejemplo, podría haber reflejado simplemente una bala lanzada contra él mediante la fuerza del alma, aunque su cuerpo físico no fuera tan denso como hoy. Los atlantes eran, por tanto, mucho más delgados como cuerpo físico.

Ahora bien, entre los atlantes había seres que no necesitaban pasar por el desarrollo hacia nuestra densa corporeidad. Eran similares a los humanos, sólo que más desarrollados. Estos seres ya podían pasar por su etapa humana completa en estos delgados cuerpos atlantes. Ellos están un grado por encima de nosotros los humanos, mientras que los humanos tienen que descender al cuerpo físico denso para desarrollar su conciencia del yo.

El recuerdo de todos estos seres se refleja en el antiguo mundo griego de los dioses y en todo el pensamiento y sentimiento de aquella época.

Las figuras divinas del norte europeo son, por así decirlo, antiguos camaradas de la humanidad, pero no entidades tan altamente condensadas. Los skalds aún sabían de ellos cuando dejaban hablar a su propio interior. En la antigüedad no se necesitaba el Edda, no un cuerpo de literatura, para probar que tal cosa había existido. Pero si el dios no hubiera descendido en nuestro cuarto período, el hombre habría olvidado a sus antiguos camaradas, que aún eran recordados vívidamente por muchas personas hasta los siglos XIII y XIV.

Ahora estamos entrando en nuestro propio periodo de tiempo. Pero ahora ya no tenemos nada que repetir. La gente ya no tiene memoria del pasado. Hemos visto cómo la antigua cultura se refleja siempre en la repetición. Pero ahora, en el quinto periodo, no había nada más que la humanidad pudiera repetir; el mundo habría estado vacío si la deidad Yahvé-Cristo no hubiera venido en el cuarto periodo y habitado en el cuerpo de Jesús de Nazaret. El quinto período se habría convertido en el período sin Dios si el Cristo no hubiera descendido al cuerpo carnal de Jesús de Nazaret.

Así vemos reflejado en el antiguo período indio el tiempo polar, en el proto-Persa el tiempo hiperbóreo, en el egipcio-caldeo el tiempo lemuúrico y en el greco-latino el tiempo atlante. <Y ahora veremos lo que sucede como cosa importante en el cuerpo etérico y astral de las personas que absorben el conocimiento del evento Crístico en nuestro período de tiempo.


GA104a Cristianía, 14 de mayo de 1909 El cuarto período post atlante se caracteriza por la carta a la comunidad de Tiatira

  Índice

El cuarto período post atlante se caracteriza por la carta a la comunidad de Tiatira.

RUDOLF STEINER


Cristianía, 14 de mayo de 1909

quinta conferencia

El período de desarrollo humano, que debe considerarse el cuarto y que se caracteriza por la carta a la iglesia de Tiatira, comienza en el siglo VII u VIII antes de nuestra era y dura hasta el siglo XIII o XIV después del nacimiento de Cristo. Sólo a partir de este momento contamos nuestro quinto periodo o periodo cultural germánico. El cuarto periodo se sitúa en el centro de los siete periodos y expresa de las formas más diversas la vida entre el nacimiento y la muerte y desarrolla el amor por lo material; alcanza su máximo florecimiento en la belleza del arte griego.

Pero si no hubiera tenido lugar el acontecimiento del Gólgota, si la luz que emanó de este acontecimiento no hubiera ejercido su efecto, el alma habría tenido que sufrir un oscurecimiento. Después de que el ser humano ha llegado a la plena conciencia de su ser terrenal en este cuarto período, cuando ha salido al mundo físico, aparece el concepto de la voluntad, entre otros, como señal de que la voluntad del ser humano se ha vuelto tan importante que sobrevive a la muerte. Pero esto apareció por primera vez en la antigua Roma, todavía no en Grecia. Del mismo modo, Grecia aún no reconoce el concepto de ser humano individual firmemente arraigado en la tierra; sólo gradualmente se desarrolla el sentimiento de que el ser humano individual no es sólo un ser de la comunidad, sino un individuo. El concepto de personalidad, el concepto de lo divino-espiritual anclado en el hombre, no se habría comprendido antes. En la antigua Grecia sólo se podía entender que lo divino-espiritual residía en el mundo espiritual. Sin embargo, ahora el griego siente en el sentido más eminente lo que significa saber con conciencia humana que el yo está vivo, pero aún no reconocer que el yo es un ser divino. En Oriente lo había proclamado Moisés. Para los griegos no estaba allí entre el nacimiento y la muerte como algo divino. Y era un sentimiento profundamente trágico que atravesaba todas las almas [laguna en el apunte]. Así, el griego se decía a sí mismo que el hombre había descendido del mundo divino-espiritual; pero no sabía que podía volver a subir y que podía regresar al mundo espiritual en el futuro.

Y esto quedó reflejado en el mito de Prometeo; se expresó tan trágicamente en el drama de Esquilo, donde Io, que se había vuelto loca, se aparece a Prometeo. Io, esa era la antigua conciencia clarividente, que en este cuarto período ya no podía aparecer en estados normales de conciencia, sino sólo en estado de locura.

En los primeros períodos de nuestra civilización no existía una ciencia en el sentido en que existe actualmente. Solo gradualmente el hombre se ha ido convirtiendo en un buscador en los campos de esa ciencia que busca independientemente en el mundo exterior. Por lo tanto, sólo hay algo parecido a una ciencia a partir de Tales. Hablar de una filosofía oriental es una abstracción. Los que consideraban que la ciencia comenzaba con Tales tenían razón; antes de eso siempre fue inspirada, nacida de los Misterios. Así fue con Heráclito, que aún se inspiraba en la antigua sabiduría de los Misterios. Se nos dice que sacrificó su libro en el altar de la diosa en Éfeso.

En la misma medida en que la ciencia externa crece en el hombre, lo que es realmente sabiduría se paraliza. En el Apocalipsis se nos dice cómo la gente debe encontrar el contexto en la cuarta carta. Supongamos que el principio de Cristo, la revelación del Gólgota, no hubiera llegado, entonces habría habido hombres tan excelentes como Marco Aurelio, Séneca, etc., en lo que respecta a la ciencia externa, pero la ciencia se habría vuelto cada vez más intelectual y todo esto no habría provocado el resurgimiento del espíritu. Celso, el contemporáneo de Marco Aurelio, sólo cuenta chismes históricos externos sobre el acontecimiento del Gólgota. Pero científicamente todas estas personas están en un alto nivel.

En esta corriente, sin embargo, había entrado lo que se llama escepticismo, y en la romanidad encontramos, junto a una ciencia refinada en relación con lo espiritual, un escepticismo completo. Por otra parte, fijémonos en una personalidad como Agustín; es incapaz de llegar a otra cosa que no sea dudar de lo que ha llegado a conocer como ciencia grecorromana. Ahora se encuentra con el maniqueísmo, que conoce de forma falsa. Conoce una doctrina que contradice todo lo enseñado por Zaratustra. Su alma, sin embargo, aún no era capaz de absorber todo esto, porque el alma de un ser humano en ese momento no estaba diseñada para emprender un vuelo espiritual tan alto y ver el espíritu en todas partes detrás del mundo físico. La ciencia que había llegado a las estrellas estaba decayendo, e incluso si esta ciencia hubiera llegado a los europeos, ningún alma habría sido capaz de comprenderla. El alma tenía que permanecer apegada a lo que se ve en el mundo exterior de los sentidos.

No fue hasta el Renacimiento cuando la ciencia despertó de nuevo. Lo que se había inspirado en Grecia y Roma se convirtió en sabiduría árabe, el espíritu del mahometismo. El arabismo se extendió entonces desde España por toda Europa. Esta ciencia es grande en todo lo que se refiere a lo sensorial inmediato. La ciencia que en el sentido más eminente se convirtió en el estímulo de la ciencia europea, que influyó en Bacon y Spinoza, surge del arabismo español, viene de España. Pero no puede elevarse por encima de un panteísmo que no puede llegar a los seres espirituales concretos. El arabismo no llegó a lo concreto, ascendió hasta el hombre sensorial, pero lo que se veía por encima era sólo una unidad divina abstracta de la que no se sabe lo que es. ¡Una visión pobre y cómoda del mundo! No se tiene conocimiento del espíritu cuando se lo resume en una unidad. He ahí la pobreza del panteísmo.

Así que el hombre entró en el quinto período con una ciencia externa que apenas comenzaba a despegar en los siglos XIII y XIV. Vemos esto con los escolásticos, por ejemplo. Aquí vemos el amanecer de la nueva ciencia, pero está completamente ligada al mundo de los sentidos y no puede dar un solo paso más allá del mundo de los sentidos. Y así vemos cómo se produce la escisión entre fe y conocimiento. Agustín no podía entender una alusión a un ser espiritual detrás del sol; no entendía el maniqueísmo porque habla del velo de los sentidos que se extiende sobre lo espiritual. Podía creer en el Cristo que descendió al ser humano físico. Pero la fe y el conocimiento ya se habían escindido completamente en esa época. Todos los creyentes que se basaban en la ciencia medieval querían que la fe y la ciencia estuvieran completamente separadas.

Esquemáticamente podemos darnos cuenta de cómo lo que continúa del período grecolatino sólo llega a lo físico exterior. El desarrollo de la humanidad es tal que ahora volvemos a experimentar los conocimientos que se cultivaron en el período caldeo-egipcio, sólo que iluminados y espiritualizados por el impulso Crístico. Allí vemos surgir por doquier en Europa la antigua sabiduría egipcia, pero iluminada por el principio Crístico. En nuestro tiempo el hombre sólo podrá absorber esto más y más conscientemente a través de la enseñanza rosacruz.

Cuando los antiguos egipcios hablaban de las estrellas, se referían al aspecto espiritual de las estrellas, del que todavía tenían conocimiento. A medida que una maravillosa conciencia del conocimiento antiguo penetra en la ciencia de Copérnico y Kepler, vemos cómo lo que los antiguos egipcios conocían emerge de una forma completamente física. Mientras que entonces veían seres que se movían por los espacios del mundo, ahora sólo ven esferas que se mueven en líneas elípticas.

Pero el quinto período estaba llamado a redescubrir el mundo espiritual que se esconde tras la existencia de los sentidos, y la Teosofía tenía que llegar al punto de conducir de nuevo al hombre a impregnar cada vez más todos los conocimientos con el principio Crístico.

Si un ser clarividente hubiera podido observar la tierra durante miles de años, habría visto cómo, cuando el Redentor murió en el Gólgota, toda el aura de la tierra se tiñó de repente de una luz diferente, brilló con colores distintos. El Ahura Mazdao proclamado por Zaratustra se convirtió entonces en el espíritu elemental de la tierra. Cristo lo expresa diciendo en la Última Cena: "Esto es mi cuerpo" (Mt 26, 26), y para el zumo de uva encuentra la expresión: "Esto es mi sangre". (cf. Mt 26,28)

Si ahora estudiamos la tierra en un sentido real, debemos ver de nuevo los miembros del Espíritu de Cristo en todo lo que crece y vive en ella, incluso en las cosas más pequeñas que vemos. El hombre del futuro no hablará de átomos; comprenderá científicamente la tierra como expresión del Cristo.

Sólo estamos al principio de este desarrollo; primero hay que comprender al Cristo de la manera más simple. Toda ciencia encontrará al Cristo en el futuro, aunque hoy sólo vea un muerto, un cadáver en lo sensorial. Pero que esto vendrá sólo puede ser percibido por el quinto período al principio como una perspectiva en la que comprenderá de una manera nueva lo que Zaratustra quiso decir cuando habló de Ahura Mazdao.

En el sexto período, la antigua sabiduría de Zaratustra reaparecerá bajo una nueva forma. Y finalmente, el tiempo de los santos Rishis retornará en una nueva forma. Puede ser sólo un pequeño grupo el que comprenda la Teosofía en este período, puede ser un pequeño grupo el que escuche la resucitada sabiduría de Zaratustra en el sexto período, y finalmente sólo una fracción permanecerá para el séptimo período: el curso ulterior del desarrollo humano será tal que cada vez más personas comprenderán la Teosofía. se reunirán personas que comprenderán de nuevo lo que Zaratustra ha proclamado.

Pero después vendrá un tiempo sobre la tierra en el que los vencedores serán los que dirijan la guerra de todos contra todos. Pero las almas del sexto período que se hayan preservado tendrán que fundar una nueva cultura después de la guerra de todos contra todos. En el séptimo período no habrá ni personas que brillen por lo espiritual ni personas que brillen por lo sensorial; estas personas serán demasiado displicentes incluso para eso. En el séptimo período se percibirá muy poco en la tierra de la cultura de la antigua india, la primera cultura; pero las almas del sexto período llevadas al mundo espiritual, purificadas y cristianizadas, caminarán como etéreas, sin tocar ya la tierra, mientras que ahora los hombres ya pueden conquistar por sí mismos lo que toda la cultura terrestre tiene que dar. El séptimo período será tal que los que realicen los inventos y descubrimientos más elevados vivirán aquí abajo en cuerpos físicos cada vez más densos. En el séptimo período, las personas que están completamente enredadas en la materia ya no tendrán mucho que temer de la Teosofía, porque ya no se encontrarán en la Tierra muchas de esas personas espiritualizadas que ahora han tomado la Teosofía y que se habrán espiritualizado cada vez más en el sexto período.

Las personas que hoy habrán comprendido la llamada de los maestros se trasladarán a un futuro lejano. La llave se girará en la sexta época cultural. Aquellos que hayan escuchado la llamada serán cofundadores de una nueva humanidad. Si sólo unos pocos se enredan con la materia, la comunidad de Laodicea no durará mucho. Depende del libre albedrío del hombre pertenecer a la iglesia de Filadelfia o a la de Laodicea.

Traducido por J.Luelmo jul,2024