CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA111 Roma, 28 de marzo de 1909 - Introducción a la Teosofía - 4 -

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RUDOLF STEINER

INTRODUCCIÓN A LOS FUNDAMENTOS DE LA TEOSOFÍA

INTRODUCCIÓN A LA TEOSOFÍA (4)

Roma, 28 de marzo de 1909

conferencia 29


Esta noche hablaremos del pecado, del pecado original, de la enfermedad, etc. Miremos primero hacia atrás, al pasado, y luego dejemos que el futuro pase ante los ojos de nuestra mente. Antes de nuestra época tenemos los tiempos de Roma y Atenas, precedidos por el período egipcio-caldeo; más atrás no hay documentos históricos reales. Para las épocas aún más antiguas, tenemos dos fuentes de las que podemos extraer información: Las antiguas enseñanzas religiosas, si uno sabe descifrarlas, y las imágenes retrospectivas que puede ver la conciencia clarividente. Queremos hablar de estas últimas. Todo en la Tierra está sujeto a las leyes de la evolución, y esto se aplica de manera muy especial a la vida del alma humana. En la antigüedad, la vida del alma era diferente de la vida del alma actual. En la prehistoria, los pueblos de Europa, Asia y África tenían una vida anímica muy diferente de la del alma humana actual. Si miramos miles de años atrás, descubriremos que aquellos precursores de la humanidad actual tenían una esfera de visión anímico-mental mucho más amplia que la que tenemos ahora. No tenían el intelecto que nos permite leer y calcular, pero poseían una clarividencia primordial y también una tremenda memoria de la que la nuestra apenas puede darnos una ligera idea. Veremos cómo fue posible. Para darles una idea de cómo se les aparecía el mundo, les diré, por ejemplo, que cuando despertaban en su conciencia diurna, lo veían todo como rodeado de un aura. Una flor, por ejemplo, se les aparecía rodeada de un halo de luz similar al que vemos alrededor de los faroles en la niebla del atardecer. Durante el tiempo que dormían, sin embargo, estas personas eran capaces de percibir entidades anímico-espirituales en la realidad. Poco a poco, las personas aprendieron a ver los contornos de las cosas con mayor claridad. Al mismo tiempo, sin embargo, el contacto consciente con el mundo espiritual y con los seres que lo habitan se fue reduciendo, y cuando finalmente el yo se individualizó en cada ser humano, tal precepción cesó por completo. Antes de esta individualización, las personas no estaban separadas unas de otras.

En aquellos tiempos también La Tierra tenía una configuración muy diferente a la actual. La humanidad vivía en otras zonas, -continentales-, y nuestros antepasados, en particular, vivían en una parte de la Tierra que hoy ocupa el océano Atlántico. La tradición llama a este continente Atlántida. Los mitos de todos los pueblos nos hablan de la desaparición de esta parte del mundo, y la leyenda del Diluvio universal hace referencia a ella. La civilización atlante fue grande, y con su desaparición la humanidad perdió muchos conocimientos importantes que ahora debe recuperar con esfuerzo. Del mismo modo que nosotros sabemos utilizar las fuerzas ocultas en las plantas fosilizadas, -como el carbón-, para el comercio y la industria, los atlantes sabían utilizar las fuerzas motrices de las semillas para mover, por ejemplo, sus dirigibles, que viajaban ligeramente por encima del suelo en un aire mucho más denso que el nuestro.

Veamos ahora el organismo físico de los atlantes. Mostraba una peculiaridad significativa, a saber, que el cuerpo etérico no era completamente similar al cuerpo físico y que la cabeza etérica sobresalía por encima de la cabeza física. Esta peculiaridad está relacionada con la capacidad de clarividencia de los atlantes, su extraordinaria memoria y sus poderes mágicos. La cabeza etérica tenía un punto de percepción especial [...]. En el curso de la evolución, esta cabeza etérica se replegó cada vez más en la cabeza física, cambiando su perfil. En este punto ahora se encuentra el órgano cuyo desarrollo devolverá la clarividencia a la humanidad: la glándula pineal. Así, el poder clarividente de los atlantes desapareció gradualmente, junto con su inmensa memoria y sus poderes mágicos, a la vez que se desarrollaba nuestra capacidad de pensar y matemática.

Si retrocedemos aún más atrás, encontramos otras catástrofes. Partes enteras de la Tierra fueron destruidas por el fuego. Los volcanes actuales son los últimos vestigios de aquella época. El continente que pereció entonces se llama «Lemuria» y era la zona que hoy ocupan en gran parte los Océanos Pacífico e Índico. Los habitantes de aquel continente tenían una forma muy diferente de la nuestra, que parecería grotesca incluso para nuestras concepciones. Sus cuerpos físico y astral se comportaban de manera diferente entre sí. La coronilla de la cabeza estaba abierta y los rayos de luz penetraban en esta abertura, de modo que la cabeza estaba rodeada de un aura radiante y las personas parecían tener un farol encima.

El cuerpo era enorme y estaba formado por una sustancia fina, casi gelatinosa. El último indicio de la estructura del vértice lemúrico puede verse en la cabeza de un niño recién nacido, a saber, la pequeña abertura en la parte superior, que permanece abierta hasta alrededor de un año o un poco más.

En aquella época el hombre no era en absoluto independiente; sólo podía hacer lo que le daban las fuerzas espirituales, en cuyo centro estaba, por así decirlo, incrustado. Todo lo recibía de ellas, y actuaba como impulsado por un instinto espiritual. Entonces se reveló el efecto de poder de los seres espirituales que no habían descendido a la encarnación física. Eran seres que no estaban bien dispuestos hacia la humanidad y que actuaban sobre ella de tal manera que ésta adquiría la independencia que le faltaba.

Según el plan divino, la humanidad debía alcanzar esta independencia algún día, pero estas entidades la hicieron realidad antes. Junto con las demás fuerzas, se introdujeron en el cuerpo astral del hombre, que aún no había entrado en estrecha conexión con su ser, y le dieron una especie de fuerza de voluntad que, por ser sólo astral y no estar guiada por la razón, le capacitaba para hacer el mal. Estos poderes se denominan poderes luciféricos. Como podemos ver, la influencia de estas fuerzas tiene un lado bueno y otro malo, porque por un lado sedujeron a la humanidad, pero por otro le dieron libertad.

Nuestra conciencia actual proviene de la conciencia clarividente, y encontramos que esta última se desarrolla cada vez más cuanto más retrocedemos en la evolución humana. Los lemúricos sólo podían percibir anímicamente. Por ejemplo, no percibían ni la forma ni el color de una flor, ni sus características externas. Se les mostraba una estructura astral luminosa, que percibían con una especie de órgano interior. De acuerdo con el plan divino, no fue hasta mediados del período atlante que la humanidad comenzó a percibir con sus órganos sensoriales externos. Pero las fuerzas luciféricas hicieron que esto sucediera antes, cuando aún los instintos humanos eran puros. Esta es la «caída del hombre». Los documentos religiosos dicen que la serpiente abrió los ojos del hombre. Sin la interferencia de la influencia de Lucifer, el cuerpo humano no habría llegado a ser tan sólido como lo es ahora, y la humanidad atlante habría visto el lado espiritual de todas las cosas. En cambio, el hombre cayó en el pecado, la ilusión y el error. Para empeorar las cosas, hacia la mitad del período atlante, se añadió la influencia de las fuerzas ahrimánicas. Las fuerzas luciféricas actuaban sobre el cuerpo astral, mientras que las fuerzas ahrimánicas actuaban sobre el cuerpo etérico, especialmente sobre la cabeza etérica. Como resultado, la gente cayó en el error de confundir el mundo físico exterior con el mundo verdadero. «Ahrimánico» viene de Ahriman, el nombre dado a este principio por los persas. Zoroastro hablaba de él a su pueblo y les decía que tuvieran cuidado con él y que lucharan por la unión con Ahura Mazdao - Ormuzd. Ahriman es lo mismo que Mefistófeles y no tiene nada que ver con Lucifer. Mefistófeles viene de la palabra hebrea: Me-phis-to-phel, que significa «el mentiroso», «el engañador». Satanás en la Biblia es también Ahriman y no Lucifer. 

La antigua Atlántida pereció gradualmente en el transcurso de los siglos debido a las inundaciones, y los habitantes que quedaron se retiraron a zonas que se salvaron de la catástrofe, en Asia, África y América. La primera zona en la que mas tarde se desarrolló la civilización post-atlante fue lo que más tarde se llamó «India». Allí la gente conservaba un claro recuerdo de la clarividencia anterior y de la visión del mundo espiritual. Por lo tanto, no era difícil para sus maestros, los rishis, dirigir su atención hacia el lado espiritual del mundo, y la iniciación era un asunto fácil. La clarividencia nunca se perdió del todo, y hasta la llegada de Cristo siempre hubo clarividentes. Encontramos un vestigio de esta clarividencia primitiva en la mitología, cuyo núcleo se refiere a seres que vivieron realmente, como Apolo, Zeus, etcétera. Aunque la influencia ahrimánica, como hemos dicho, comenzó en la época atlante, no se afirmó plenamente en la humanidad hasta más tarde. Los antiguos indios estaban suficientemente protegidos contra ella, y para ellos el mundo físico no era más que Maya, ilusión. Sólo en la época de Zaratustra, el persa primitivo, el mundo físico comenzó a tener valor para los hombres, que cayeron así bajo el poder de Ahrimán. De este modo se nos aclara la admonición de Zaratustra, de la que ya hemos hablado.

La evolución de la humanidad continuó de este modo hasta el período griego. Entonces otra fuerza se acercó al hombre, que comenzó a conducirlo de nuevo al mundo espiritual, del que había sido expulsado, por así decirlo, desde los tiempos de Lemuria. La nueva fuerza era el principio crístico, que penetró en Jesús de Nazaret, penetrando en sus tres cuerpos: físico, etérico y astral. Cuando el alma humana está completamente llena del principio crístico, las fuerzas ahrimánicas y luciféricas son derrotadas, y a través de este principio se produce una inversión en la evolución. Pero el Cristo no podría haber tenido efecto sobre las personas si su aparición no les hubiera sido anunciada con mucha antelación. Sin embargo, siempre los condujo hacia el interior; podemos verlo en las magníficas imágenes en las que se profetizó que vendría. ¿Quién si no les habría dado la fuerza para formarse imaginaciones tan poderosas?

Mediante la encarnación del Cristo se produjo un gran cambio en los cuerpos físico, etérico y astral de la humanidad, inmediatamente después de consumarse el Misterio del Gólgota, cuando la sangre manó de las cinco llagas y el Cristo penetró hasta los reinos más bajos. Sus cuerpos etérico y astral se manifestaron como una semilla, y el mundo espiritual se llenó de estas imágenes. De modo que, por ejemplo, en los siglos V y VI hasta el siglo X, aquellas personas que habían alcanzado un grado suficiente de desarrollo recibieron tal imagen de la encarnación crística de Jesús de Nazaret al nacer. La persona en la que tal participación en el cuerpo etérico de Cristo es más claramente evidente es San Agustín. La gran importancia de su vida puede atribuirse a este hecho. Desde el siglo X hasta aproximadamente el siglo XVI, se incorporó el cuerpo astral de Cristo. A ello se debe la aparición de hombres como San Francisco de Asís y los grandes dominicos, llenos de humildad y virtud, que reflejan las grandes cualidades astrales de Cristo. Por eso tenían una imagen tan clara de las grandes verdades que practicaban en su vida, a diferencia de San Agustín, que nunca estuvo libre de dudas y siempre estuvo en conflicto entre la teoría y la práctica. Entre los grandes dominicos, cabe citar especialmente a Santo Tomás, en quien se manifestó en gran medida la influencia del cuerpo astral de Cristo, como veremos más adelante. El siglo XVI marcó el comienzo del período en que las individualidades se aprestaban a entretejer en el Yo, las imágenes del Yo Crístico. Uno de ellos fue Christian Rosenkreutz, el primer rosacruz.

Precisamente gracias a este hecho, es como se hizo posible una conexión más íntima con el Cristo, tal y como nos revelan las enseñanzas esotéricas. El poder de Cristo hará al hombre cada vez más perfecto, lo espiritualizará y lo conducirá de nuevo al mundo espiritual. La humanidad había desarrollado su intelecto a expensas de la clarividencia; el poder-Cristo permitirá al hombre aprender aquí en la tierra y ascender de nuevo con lo que habrá adquirido. El hombre viene del Padre y el poder de Cristo le conduce de nuevo al Padre.

Traducido por J.Luelmo. jul,2025


GA111 Roma, 26 de marzo de 1909 - Introducción a la Teosofía - 2 -

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RUDOLF STEINER

INTRODUCCIÓN A LOS FUNDAMENTOS DE LA TEOSOFÍA

INTRODUCCIÓN A LA TEOSOFÍA (2)

Roma, 26 de marzo de 1909

conferencia 27


Hoy seguiremos hablando de lo que sucede con la muerte, cuando el ser humano entra en una nueva existencia. Ya hemos visto que el ser humano retiene un extracto del cuerpo vital, y veremos cuán importante es este extracto y su absorción en los miembros superiores. Ahora queremos considerar el cuerpo astral. El cual sigue siendo lo que era antes de la muerte, y conserva todas sus cualidades buenas y malas, sus instintos, pasiones, etc. ¿Cuáles son las primeras sensaciones del difunto en su cuerpo astral?

Cuando el cuerpo vital, que todavía representaba una conexión con el mundo físico, se haya disuelto, la persona muerta, si no es clarividente y nunca se ha elevado por encima del círculo de sus propios intereses egoístas en la vida terrena, despertará después de un primer período de completa inconsciencia en un estado doloroso, en el que es consciente de que está viva. pero con la engañosa sensación de seguir teniendo su cuerpo físico, del mismo modo que una persona todavía siente un miembro amputado de su cuerpo físico y, sin embargo, es consciente de que no puede usarlo. Por otra parte, sin embargo, el cuerpo astral, liberado de las ataduras físicas, vibra con toda su potencia y fuerza, de modo que la persona siente sus impulsos, pasiones, etc., en mayor medida, y sufre tremendamente por no poder satisfacerlos debido a la falta de las herramientas adecuadas. Porque los instintos son en realidad inherentes al cuerpo astral y no al cuerpo físico, y el cuerpo astral sólo puede satisfacerlos mediante el disfrute. Si, por ejemplo, una persona es un gourmet, conserva el deseo de buena comida aunque le falte el paladar. Lo mismo se aplica a los otros órganos de los sentidos.

Luego está el sentimiento de soledad, que es causado por el hecho de que la persona no puede percibir nada del nuevo mundo que le rodea. Pero poco a poco empieza a percibir. En primer lugar, es la percepción auditiva, porque el mundo astral es eminentemente un mundo de sonidos. Luego se añaden las percepciones de la luz. Es importante notar que mientras en la vida física vemos las cosas que nos rodean iluminadas por la luz, en la vida astral, en cambio, el hombre mismo comienza a brillar como un pequeño sol. Cuando lo observamos allí, lo vemos al principio como si estuviera envuelto en una nube oscura. Esta nube se forma a partir de la parte del cuerpo astral que contiene los elementos pasionales y que debe desprenderse al final de la vida en el plano astral.

La vida en el mundo astral suele durar un tercio de la vida terrenal anterior, aunque hay excepciones, por ejemplo para personas muy intelectuales que están completamente enredadas en creencias materialistas, cuya vida en el plano astral puede durar siglos. Cabe señalar, sin embargo, que la percepción del tiempo allí es diferente a la nuestra. Cuando la vida astral es completa, la persona deja atrás su tercer cadáver. Nosotros mismos estamos rodeados de tales cadáveres, que revolotean a nuestro alrededor e incluso penetran en nosotros. Son los que se pueden hacer visibles a través de poderes mediúmnicos o sonámbulos en las sesiones espiritistas. La religión cristiana llama "purgatorio" a la vida en el mundo astral, y en la India se le llama "Kamaloka".

Cuando hablamos de mundos suprasensoriales, no tenemos por qué caer en el error de imaginarlos como planos espaciales, como se les suele llamar, uno encima del otro. En realidad, son estados de conciencia y diferentes modos de percepción en un mismo espacio. La cantidad de tiempo que se pasa en el Purgatorio o Kamaloka depende de la intensidad de los deseos y pasiones del individuo. Es un tiempo de purificación. Desafortunadamente, no siempre tratamos de acortarlo. Sin embargo, aquellos que ya son capaces de placeres espirituales en la tierra tendrán un Kamoka más corto. Los placeres artísticos, tales como la contemplación de las obras de arte de Rafael o Miguel Ángel, nos hacen accesible la vida en el mundo espiritual. Pero no se puede decir lo mismo del arte que sólo busca glorificar la forma física y no tiene ningún efecto edificante. Además, la vida de Kamaloka también se acorta por acciones nobles y por una vida dedicada a la búsqueda de la verdad y el conocimiento.

Una peculiaridad de la vida astral, que rara vez se menciona en el ocultismo, es que transcurre hacia atrás. Al principio, el iniciado está completamente confundido porque todo en ese mundo está invertido y parece como si se reflejara en un espejo. Por lo tanto, un número, por ejemplo 345, se lee como 543. Es particularmente desconcertante y confuso que esto se aplique también al tiempo, de modo que el pasado se nos aparece después del presente como si fuera el futuro. Por ejemplo, verán que la gallina se arrastra de vuelta al huevo del que provino. En cuanto a nuestras vidas, también las atravesamos hacia atrás, comenzando con el día de nuestra muerte y terminando con el día de nuestro nacimiento. Sin embargo, en contraste con el panorama que nos presentaba el cuerpo vital, las percepciones del cuerpo astral no nos dejan indiferentes, y siempre van acompañadas de los sentimientos que las acompañan.

Por ejemplo: si una persona ha muerto a la edad de ochenta años y ha causado dolor a otra persona cuando tenía cincuenta, y si ahora en su retroceder de la vida de Kamaloka ha llegado a su quincuagésimo año, siente el dolor porque se identifica con su víctima.

Pero lo mismo se aplica a las experiencias de alegría. Si una persona no experimentaba la alegría, más tarde encontraría muchos obstáculos en su camino. Pero tal como están las cosas, aprendemos que todo mal debe ser hecho bueno. Si esto no fuera así, el mal nunca nos abandonaría, y la unión con Dios sería imposible.

Por consiguiente, de esta manera nos purificamos. Y cuando llegamos a nuestra infancia, hemos llegado al umbral del mundo celestial. Esto es lo que quiere decir la Sagrada Escritura cuando dice: Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. A través de la purificación, la niebla que oscurecía el cuerpo astral se levanta, y entonces brilla en todo su esplendor. El yo con el cuerpo astral purificado entra en el Devacán.

¿Siempre ha sido así? Sabemos que la humanidad vivió en la tierra de una cierta manera durante el período egipcio, de una manera diferente durante el período indio, y así sucesivamente, y que nuestro tiempo también es muy diferente del período griego. Entonces, ¿hay también una historia para el otro mundo? Sí, con toda seguridad: la vida del alma de un indio de hace dos mil años era muy diferente de la nuestra. No tenía ningún interés en el mundo físico. Para él, las personas, los animales, las plantas, etc. eran todos mayas, un sueño. Quería negar rotundamente este mundo, que para él era una ilusión. Durante esta vida, ya estaba en el mundo espiritual, y después de la muerte no se sentía desorientado en absoluto. Pero la humanidad no ha conservado esta tendencia a huir del mundo físico.

Los antiguos persas, enseñados por Zoroastro, -no el de la historia, sino uno mucho más grande-, aprendieron a amar la vida y a interesarse por el mundo físico, mientras que los indios sólo pensaban en Brahma detrás de las estrellas. Zoroastro enseñaba que el hombre debe vivir y trabajar aquí en la tierra, pero al mismo tiempo dirigir su alma hacia arriba. Predicaba que la humanidad debe trabajar en el mundo material y físico para unirse con la gran aura espiritual del sol. A esto lo llamó Ahura Mazdao, más tarde se llamó Ormuzd.

Mientras tanto, sin embargo, la humanidad perdió su conexión directa y consciente con la Luz Primordial, y su vida en la tierra, y también después de la muerte, se oscureció. Este oscurecimiento ya era muy grande durante el período egipcio-caldeo y alcanzó su apogeo en la época griega. Los griegos colocaban el centro de la vida enteramente en el mundo físico. Si miramos un templo griego, vemos que está construido armoniosamente de acuerdo con las dimensiones espirituales. Puede estar allí, abandonado y solitario, y sin embargo sentimos que no le falta nada, incluso sin gente dentro, porque la deidad a la que estaba dedicado podía morar en él y realmente lo hacía así, llenándolo por completo. Si, por el contrario, nos fijamos en una iglesia gótica, realmente sentimos un vacío. Las almas de los fieles son necesarias para darle vida. Visto clarividentemente en su forma astral, el templo griego aparece sólo como una mancha negra. Es por eso que la gente en aquellos días no podía llevar nada consigo cuando pasaban por la puerta de la muerte; No estaban preparados en absoluto para la vida después de la muerte. La vida después de la muerte era para ellos el reino de las sombras, al que temían tanto que decían: Mejor un mendigo en la tierra que un rey en el reino de las sombras. El hombre se encontraba solo en el mundo espiritual en ese momento. En contraste, la forma astral de la iglesia gótica parece muy diferente; Es completamente luminoso y ofrece al ojo el punto de conexión entre los dos mundos. Sigamos ahora la historia del mundo espiritual.

Después del período clásico, tiene lugar en él un hecho inmensamente importante, que todos los grandes maestros de la humanidad habían proclamado anteriormente. Los siete grandes Rishis de la India habían dicho: Nuestra sabiduría llega hasta cierto punto, pero no más allá. Después de este punto viene una entidad que redimirá a la humanidad. Zaratustra también tenía una idea de esta entidad, y Hermes [Trismegisto] mostró a los egipcios un ser que estaba listo para venir, Osiris, y que vendría con una misión divina.

Antes de que ocurriera este hecho importante, del que hablaremos más adelante, ocurrió otro igualmente importante, a saber, la aparición del Buda seiscientos años antes. Sabemos que procedía de una familia real y que su atención se centró en el sufrimiento de la humanidad al ver a una persona enferma, a un anciano y a un cadáver. En el mal, en la vejez y en la muerte, él sólo vio sufrimiento; Lo mismo ocurre con el deseo insatisfecho. La vida entera le parecía sufrimiento, por lo que quiso educar a la humanidad para que huyera de la vida. Dejó a su familia, a sus parientes, sus posesiones y se dedicó por completo a la búsqueda del camino hacia esta liberación. Así surgieron en su alma las llamadas verdades de la vida. [Pero seiscientos años después, con el gran acontecimiento del Gólgota, vemos que todo ha cambiado significativamente.

¿Qué significaba un cadáver en una cruz para la nueva comunidad? ¡Este cadáver se había convertido en el verdadero signo de la salvación y la dicha! Nada como esto ha ocurrido nunca en la historia de la humanidad, y sucedió solo a través del Misterio del Gólgota. Cuando se consumó el Misterio del Gólgota y la sangre de Cristo brotó de las cinco llagas, si hubiera estado presente un clarividente, habría visto cómo el Cristo penetró como una flecha de luz en el reino de los muertos y lo transformó de un reino de tinieblas en un reino de luz.

En ese momento, la sustancia del cuerpo astral de la tierra recibió el principio crístico y comenzó a brillar; que es también lo que nos sucede cuanto más nos acercamos al Cristo. En el pasado, el hombre no traía nada consigo de la tierra; ahora puede amar la vida [porque los elementos humanos han sido formados por los elementos de Cristo]. El clarividente no ve nada del templo griego en el plano astral, pero sí ve la iglesia gótica y las obras de arte de Rafael y Miguel Ángel, y así sucesivamente. Lo que ve allí es infinitamente más bello y sublime que lo que está físicamente presente aquí en la tierra. Lo mismo puede decirse de los Evangelios y del Libro del Apocalipsis. Cuando los experimentamos, nos apropiamos de una gran parte del mundo espiritual.

Más tarde veremos cómo los muertos en el cielo viven a la luz de Cristo.

Traducido por J.Luelmo jul,2025

GA111 Roma, 27 de marzo de 1909 - Introducción a la Teosofía - 3 -

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RUDOLF STEINER

INTRODUCCIÓN A LOS FUNDAMENTOS DE LA TEOSOFÍA

INTRODUCCIÓN A LA TEOSOFÍA (3)

Roma, 27 de marzo de 1909

conferencia 28


Hemos seguido al ser humano hasta el punto en que entra en el mundo espiritual. Echemos un vistazo a este mundo. Esto no es tan simple y fácil porque las condiciones en el mundo espiritual son esencialmente diferentes de las del mundo físico y no tenemos palabras para describir tales cosas. Todo lenguaje está concebido para el mundo físico, y como tenemos que hablar de mundos suprasensibles, no podemos utilizar el lenguaje habitual, sino que tenemos que utilizar imágenes. Sin embargo, el mundo espiritual puede compararse con el mundo físico. Todo lo que éste contiene, ya sean tierras, mares o aire, tiene su análogo en el mundo espiritual. Lo que es "tierra en el mundo espiritual contiene lo que también tiene el mundo físico, es decir, personas, animales, plantas, minerales, pero como en una imagen negativa. Por ejemplo, un cristal [en la tierra] ha llenado una determinada forma de materia física. En el mundo espiritual, sin embargo, esta materia no existe. En su lugar hay un agujero, y lo que el clarividente ve como un aura alrededor del cristal [terrestre] es todo lo que hay del cristal en el mundo espiritual. Es la luz astral cuyos rayos penetran en el espacio que corresponde a la parte física del cristal.

Cuando observamos una planta en el mundo espiritual, no vemos su raíz, sino sólo la parte de la planta que se eleva por encima de la tierra, especialmente las hojas y las flores. Una rosa, por ejemplo, tiene hojas rojizas y brillantes; la flor es transparente y tiene un color amarillo verdoso. De los animales sólo se ve el sistema nervioso, que parece un árbol. Estas figuras de animales en el Devacán son bastante fantásticas cuando se las retrotrae al arquetipo [...] de una etapa futura del reino animal actual. Un caballo, por ejemplo, muestra al ojo clarividente una masa colosal sobre su cabeza. El elefante tiene una cabeza aún mayor, tan grande como una casa, y el cuerpo físico desaparece por completo ante la mirada del clarividente. Lo mismo ocurre, relativamente, con el hombre. Todas estas formas juntas constituyen lo que podría llamarse la tierra sólida de Devacán, sobre la que caminan sus habitantes humanos.

En el Devacán también hay algo que puede compararse a nuestros mares y ríos, que también corren regularmente. Allí también hay un elemento unificado que puede compararse al agua que está aquí con nosotros: la vida unificada que anima a todas las personas, animales y plantas, igual que en la Tierra. Pero allí, en la tierra espiritual, funciona como un elemento espiritualizado. Los ríos pueden compararse a las corrientes regulares de sangre, los mares a los depósitos de sangre [...].

También hay un aire espiritual que está compuesto de la misma sustancia siempre cambiante que forma nuestras sensaciones, sentimientos y pasiones aquí en la tierra. Al igual que nuestro aire tiene tormentas y tempestades, así es también allí. Las tormentas allí son las pasiones materializadas aquí en la tierra. Así, por ejemplo: Cuando las pasiones violentas aquí en la tierra hacen que las personas luchen entre sí, el clarividente de arriba ve la batalla de las pasiones en el mundo espiritual, mientras que la batalla física tiene lugar en el plano físico. De ahí viene la leyenda de las batallas en el aire, como se vio después de la derrota de Atila. Así como en el mundo físico tenemos los cuatro elementos, en el ocultismo tenemos la tierra, el agua, el aire y el fuego, y en el devachan tenemos otros tantos reinos. La zona que correspondería al fuego está formada por aquello que creamos que es primordial y original. Además, también vemos los arquetipos de lo que existe en la tierra. En realidad, el hombre trae de sí mismo algo original que no recibe del mundo exterior.

Consideremos el momento de la historia del desarrollo humano en que se creó el primer fuego frotando dos palos de madera y veamos después todas las pasiones que surgieron a raíz de este descubrimiento. El progreso se debe precisamente a esta actividad inventiva del hombre. Los arquetipos de estos pensamientos humanos son el cuarto elemento que se extiende por todo el Devachán como «calor». Luego hay otros ámbitos, pero no tienen sus homólogos aquí en la Tierra, por lo que es innecesario mencionarlos. Así pues, el ser humano entra en el devachán con su yo, su ser astral purificado y el extracto del cuerpo vital. ¿En qué se convierte entonces? Es como un germen vegetal irradiado por la luz. Todo lo que le rodea le afecta de la misma manera que afectan los jugos de la tierra y la luz sobre una semilla vegetal. Y así como la planta se desarrolla aquí en la tierra, así el ser humano se desarrolla en el devachan, transformándose gradualmente en un ser diferente.

¿Cuáles son las primeras percepciones en el devachán? [El difunto] ve varias formaciones. En primer lugar, la de su propio cuerpo, que es muy diferente de nuestro cuerpo físico. Además, mientras que en el plano físico nos identificamos con nuestro portador físico, en el devachán percibimos claramente la diferencia entre nuestro yo y su portador. Vemos la forma de este último como un dibujo y nos damos cuenta de que lo hemos abandonado, nos hemos elevado por encima de él y lo hemos dejado atrás para formar parte del elemento terrenal del devachán. Entonces el sentimiento básico es éste: «Yo soy yo» y «Tú eres tú», mientras que antes también decíamos «yo» de nuestro cuerpo.

A nuestro alrededor percibimos corrientes de color rosado de fluido espiritual y nos damos cuenta de que hay una vida unificada en todos nosotros. Esta vida nos da una convicción de la unidad de toda la vida más poderosa que la que pueda darnos la mayor religiosidad, y nos llena de alegría.

A continuación, tomamos conciencia del aire: todo lo que es amor, odio, alegría y dolor es visible allí en su verdadera forma. Todo lo que aquí en la tierra vive oculto en las almas, puede verse. Lo que hay aquí abajo está todo oculto [aquí abajo] tras una máscara; visto desde allí, todo es visible, y cada alma se desvela. Una sensación parecida al calor o al frío se produce en el devachán por la percepción de la forma real del mundo del pensamiento. Aquí en la tierra, el pensamiento no es una realidad, especialmente para el materialista. Sólo el espiritualista tiene una idea de su realidad. Así pues, lo que aquí entendemos por pensamiento es sólo una sombra en relación con la naturaleza real de los pensamientos, que son entidades verdaderas. Allí nos movemos entre figuras reales que se entretejen con nuestro material de pensamiento. Ya hemos dicho que el ser humano allí es como un germen; se desarrolla como una planta en la tierra y adquiere miembros y órganos. - ¿Qué clase de órganos? Órganos espirituales, es decir, ojos y oídos espirituales. El primer sentido que se abre es el sentido de la vista. Luego viene el sentido del oído. Una vez desarrollado éste, la persona que antes estaba en absoluto silencio empezará a oír las armonías de las esferas de las que habla Pitágoras. La música, la palabra espiritual, o como los llama la Iglesia: los coros de los ángeles.

Así como una planta da fruto cuando su ciclo ha seguido su curso, así también una persona en el Devachán alcanza un punto de madurez. En general, la estancia en el Devachán dura mucho tiempo. Una vez que esa persona ha alcanzado el punto de madurez, regresa a la tierra junto con lo que él había traído consigo en sus cuerpos astral y etérico como resultado de sus propias experiencias.

La enseñanza de la reencarnación se puede encontrar en todas las religiones; sin embargo durante dos mil años ha sido poco enfatizado en el cristianismo. Pero el Cristo habló de ello con sus apóstoles. A tres de ellos se llevó consigo a la montaña y los hizo clarividentes por el momento. El pasado se les apareció como el presente, y vieron a Jesús entre Moisés y Elías. Y dijeron: «¿Cómo es posible que Elías esté aquí, cuando aún no ha venido?» Pero Cristo respondió: Elías ya ha venido, pero no lo habéis reconocido; Juan el Bautista era Elías, pero no lo digas a nadie hasta que el Cristo sea levantado por los hombres. - Veremos más adelante por qué deberían mantenerlo en secreto.

Si seguimos el desarrollo del hombre desde su nacimiento, vemos que su cuerpo físico se forma a partir del mundo físico y cambia con cada encarnación, mientras que la esencia real del hombre siempre permanece igual para todas las encarnaciones, incluida la vida en el cielo entre dos encarnaciones. ¿Qué sucede con las conexiones que hacemos durante esta vida, que es tan corta en comparación con la que pasamos en el mundo espiritual? ¿Encontramos a nuestros seres queridos en el Devachán? La respuesta de la ciencia espiritual es un rotundo "¡Sí!"

Sí, los volvemos a encontrar, y de una manera mucho más íntima porque se eliminan los obstáculos físicos. Tomemos, por ejemplo, a una madre con su hijo: al principio, la relación era simplemente física, corporal; Más tarde se vuelve más y más espiritual, y es este vínculo espiritual y del alma el que perdura. Nada de lo que ha estado ligado espiritualmente se pierde, y podemos encontrar al ser amado de nuevo, incluso en las últimas encarnaciones. El afecto incomprensible que las personas sienten entre sí, los encuentros más extraños apuntan a lazos anteriores.

Volvamos ahora a lo que hemos llamado la historia de los estados del alma después de la muerte. Ya mencionamos el Misterio del Gólgota y su verdadero y gran significado en el reino de los muertos también. Antes de la aparición de Cristo en la tierra, el alma pasaba por el fuego de la purificación en Kamaloka después de la muerte, y cuando llegaba al umbral del mundo espiritual, un guía la encontraba. En la antigüedad este guía era uno de sus antepasados, seguido de otro aún más antiguo, y así sucesivamente hasta llegar al más antiguo, el progenitor de la raza o pueblo. Este hecho explica la expresión en el Antiguo Testamento: unirse en Abraham.

En la mitología egipcia, estos guías eran llamados los "Cuarenta y dos jueces de los muertos" y su misión era guiar a los muertos a las puertas del paraíso. A partir de ahí, el alma se consideraba lo suficientemente madura como para continuar por sí sola. En cada época y entre cada pueblo, encontramos un tipo particular de tales guías. Además de los antepasados, aparecen como guías los grandes maestros de la humanidad, como los Rishis, Krishna entre los indios, Zaratustra entre los persas, Hermes en el Egipto de Moisés, Buda, Lao-Tse entre los pueblos interesados. Son los grandes iniciados que acortaron el camino a las personas para que no tuvieran que subir paso a paso toda la sucesión de antepasados.

A través de la aparición de Cristo, su luz se ha convertido en la guía del alma. Viene a su encuentro y los acompaña. En la sabiduría oriental precristiana hay dos caminos. Aquellos que no estaban preparados para las enseñanzas de Buda, Lao-Tse y así sucesivamente, tenían que subir por todo el camino de los antepasados, el llamado "Pitriyana". Los demás, que habían entrado en una relación viva con un "maestro" en sus vidas, fueron guiados por él en el camino de los dioses, el llamado "Devayana". Pero Cristo dio un camino divino único y común para todos aquellos que entran en una relación viva con él, y este camino un día los unirá en una gran hermandad. Todos los demás caminos se fundirán en este único camino cristiano a través de una comprensión cada vez mayor.

Comparemos ahora el camino de Buda con el cristiano. Buda vio por encima de todo el sufrimiento, la miseria, el dolor, etc., en la vida y predicaba que uno debe saciar la sed de existencia. Seiscientos años después, Cristo Jesús vino, y a través del impulso de Cristo, la humanidad reconoció su tarea en la tierra. Cuanto más penetra en nosotros el principio de Cristo, más reconocemos que envejecer significa "crecer" y que las enfermedades son "pruebas". El principio crístico supera incluso las enfermedades porque gobierna sobre la materia. Esta propiedad será cada vez más reconocida por las personas, y podrán utilizarla para erradicar las enfermedades. La muerte nos acerca más al Cristo, y a través de su atracción, el principio Crístico en nosotros crecerá más y más en las encarnaciones siguientes hasta que podamos ver al Cristo poderoso de la Revelación, que lo redime todo.

El poder de Cristo une las almas y destruye la expresión que dice que la separación es sufrimiento, porque a través de ella no es posible más separación. Incluso lo que antes no amábamos, nos sentiremos como uno con nosotros, sin el menor matiz de oposición o antipatía. Además, no será motivo de "anhelo", no sólo porque el principio crístico enseña la renuncia, sino también porque al final existe el sentimiento de completa satisfacción, que excluye todo anhelo. Cristo dijo: "Yo soy el Camino".

Traducido por J.Luelmo jul,2025