CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA069a Tübingen, 16 de febrero de 1913 Resultados de la investigación espiritual en relación con las cuestiones de la vida y el enigma de la muerte

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VERDADES Y  ERRORES DE LA CIENCIA DEL ESPÍRITU

Rudolf Steiner

Resultados de la investigación espiritual en relación con las cuestiones de la vida y el enigma de la muerte

Tübingen, 16 de febrero de 1913

¡Muy estimados presentes! Mi tarea esta noche será hablar sobre cuestiones importantes de la vida y la existencia desde el punto de vista de las llamadas ciencias del espíritu, es decir, desde un punto de vista que hoy en día no es nada popular y que tiene muchísimos prejuicios en contra. Aun así, se puede decir que muchas veces aquello que más tarde se convirtió en patrimonio común de la humanidad en tal o cual ámbito, en algún momento fue algo nuevo, impopular y objeto de prejuicios. Así que sin más preámbulos, quiero pasar directamente al tema.

Las ciencias del espíritu tratan con un ámbito amplio de la visión del mundo. Pero si uno observa todo lo que conforma el contenido de estas ciencias, al final todo se reduce a la respuesta de dos preguntas o enigmas de la existencia, que no surgen de un área separada de la ciencia, sino que, en esencia, aparecen en todas partes de la vida. Son esos enigmas de la existencia que no solo captan nuestro interés intelectual, sino el más profundo interés humano; son preguntas cuya solución no solo nos despierta curiosidad, sino que anhelamos resolver, porque con ello se relacionan la paz interior, la capacidad de vivir, pero también el dolor, la duda y la preocupación. Podemos resumir de dos palabras de qué se trata: destino humano e inmortalidad humana, o podríamos decir: la muerte.

El destino humano plantea preguntas especialmente grandes y serias a cada paso. Vemos cómo entra una persona en la existencia y desde su nacimiento está rodeada de preocupaciones y esfuerzos de aquellos que deben cuidarla, de modo que una existencia más o menos dolorosa será su destino; o vemos cómo muestra pocas habilidades y capacidades, de modo que no puede convertirse en un miembro valioso de la humanidad. Sin culpa ni mérito, en cambio, otra persona entra en la existencia, rodeada desde temprano de manos cuidadosas, de manera que una existencia ciertamente feliz será su destino; vemos cómo también muestra prontamente habilidades que la hacen un miembro útil de la sociedad. Tal vez uno pueda rechazar estas preguntas con la razón y no acercarlas demasiado. Pero entonces, cuando nuestros sentimientos hablan frente a la vida, cuando nuestros deseos deben confrontarse con las condiciones de vida, surgen en profundidades subconscientes de la vida todos los deseos y sentimientos que despiertan la ansiedad por una respuesta a tales preguntas. Y tal vez no en la curiosidad intelectual, pero sí en la alegría o el descontento vital, se puede sentir cómo el alma urge por saber algo que esté en la dirección señalada.

De una manera muy especial, el enigma de la muerte también se acerca a los seres humanos. Lo que la gente sabe sobre la inmortalidad a menudo no parece científico. Cuánta pasión, cuántos prejuicios hay en esta cuestión. El miedo a la muerte o el deseo de prolongar la existencia influyen tanto en la evaluación de la cuestión como en la respuesta que la mayoría de la gente quiere darse a sí misma. Cuando la ciencia natural comenzó a surgir como una cosmovisión, hubo personas que negaron por completo la posibilidad de la continuidad del alma, y se puede decir que entre estos negadores había muchos que moral y éticamente estaban a menudo mucho más altos que aquellos que aceptaban la inmortalidad. Eran personas que se decían a sí mismas: lo que hemos logrado, lo que hemos traído a nuestra vida desde el nacimiento hasta la muerte, queremos sacrificarlo por el bien de la comunidad. – Estas personas vieron en ello algo moralmente superior al deseo egoísta de continuar con lo logrado. No se puede negar que tales personas 'realmente pertenecían a las naturalezas morales.

Y, sin embargo, hay un aspecto desde el cual la cuestión de la inmortalidad debe plantearse de manera completamente científica, aunque hoy en día todavía no se perciba completamente esa cientificidad. Preguntémonos con un poco de autoconocimiento: ¿Qué carácter tiene lo que el ser humano crea y, en particular, lo que llega a ser como ser humano? - En su naturaleza más íntima, eso tiene un carácter personal, un carácter individual. Con algo de autoobservación se puede decir: Lo mejor es tan particular en cada alma que no podemos atribuir ese mejoría a un conjunto general; es imposible atribuirlo a un conjunto general. Y si, después de la muerte, nuestra conciencia de ser alma fuera destruida, entonces lo más valioso no se perdería solo para nosotros, sino para la economía del universo. Si fuera verdad que el ser humano elabora algo muy valioso y luego, en un momento, se destruye lo que para él es lo más valioso en la Tierra, algo así no sucede en ningún otro lugar en el vasto universo. Lo que sucede es que fuerzas, que están tensadas al máximo, se incorporan a la economía universal. Ahí es donde la pregunta se vuelve verdaderamente científica.

Así hemos caracterizado las dos preguntas, -la cuestión del destino humano y la de la inmortalidad humana-, que hoy queremos poner en el centro. La ciencia espiritual se inserta en la vida espiritual del presente como impopular, porque es bastante ajena a los hábitos de pensamiento. Se está acostumbrado a confiar en las observaciones sensoriales externas y en la mente, que está ligada al cerebro. Pero con ninguno de los dos se puede llegar a la verdadera esencia de la naturaleza humana. Entonces surge la pregunta: ¿Existen otras posibilidades de conocimiento? Eso es precisamente lo que la ciencia espiritual quiere transmitir a la cultura general del espíritu, que existen métodos especiales para alcanzar ese tipo de conocimiento. Para conocer esos métodos, debemos partir de un fenómeno relacionado con la realidad de la muerte, pero al cual no se presta suficiente atención, porque aquello a lo que estamos acostumbrados no se toma como motivo de preguntas enigma. Lo que ocurre con menor frecuencia o de tal manera que perturba a la persona, la muerte, el destino, eso se convierte en cuestión enigma. Pero un enigma, que es igualmente significativo, pasa desapercibido para la conciencia cotidiana: ese es el enigma del dormir. Tenemos que atravesar este enigma si queremos acercarnos a la cuestión de la muerte.

Cada día cuando dormimos, vemos cómo la conciencia se hunde en la nada. Tomemos por ejemplo el hecho de quedarse dormido, dejando de lado las hipótesis científicas. Los miembros dejan de cumplir su función, el alma se siente extraña a los sentidos, a la vida interior que está ligada a la corporeidad; luego comienza la oscuridad de la inconsciencia. Ahora bien, existen muchas concepciones científicas al respecto; hoy no las tocaremos, aunque sería muy interesante ver todos los intentos que se han hecho en nuestro tiempo. Pero queremos hacer reflexiones desde la perspectiva de la ciencia espiritual.

Primero como suposición o hipótesis, lo que las ciencias del espíritu tienen que decir sobre el dormirse. A partir de esta hipótesis, los hechos surgirán de algún modo. Las ciencias del espíritu dicen que es ilógico suponer que toda la vida diaria, con todas sus experiencias, desaparezca en la nada por la noche para volverse a crear por la mañana. Estas experiencias deben permanecer en algún lugar. Por otro lado, las ciencias del espíritu deben aceptar la opinión que también expresó Du Bois-Reymond, de que, al observar al ser humano dormido en la cama, no se puede descubrir en él ninguna causa por la cual deberían llenarlo las imágenes como lo hace toda la vida diurna consciente. Todo esto: las imágenes, recuerdos y demás de la vida diurna consciente, es considerado por las ciencias del espíritu como una realidad anímico-espiritual, que al estar dormido se retira de los cuerpos físico y etérico y pasa al mundo espiritual, de modo que el ser humano con su existencia interna se encuentra, efectivamente, fuera del cuerpo físico. Entonces, el ser humano está en el mundo espiritual y, por la mañana, este aspecto anímico-espiritual del ser humano vuelve a sumergirse en la corporalidad, en el ámbito de los sentidos, del cerebro y demás. Así, mientras dormimos tenemos al ser humano como dividido en un ser corporal y un ser anímico-espiritual, y que cuando se está despierto, ambos se vuelven a unir.

El monista materialista objetará: ¿Cómo se puede pecar así contra el mandamiento del monismo; ¡ahí están dividiendo al ser humano en dos partes! – A lo cual se puede replicar que el químico comete el mismo pecado cuando divide la molécula del agua en hidrógeno y oxígeno; pero no se le puede prohibir. De ninguna otra manera hablamos en la ciencia espiritual de una dualidad en el ser humano. Quien no conoce los métodos de la química para reconocer la presencia de hidrógeno en el agua, también podría afirmar que el hidrógeno no existe. De la misma manera, alguien podría decir que no existe lo que sale del cuerpo durante el estado dormido. Se trata de que durante ese estado, lo anímico-espiritual del ser humano no es consciente de sí mismo. Para la conciencia común todo eso no está allí cuando ha salido del cuerpo. Y todo depende de que el ser humano llegue a la capacidad de reconocer como realidad lo que ha salido.

Esto se logra mediante reglas que los investigadores del espíritu deben aplicarse a sí mismos. Se logra porque el alma del investigador del espíritu se coloca en un estado que es similar al de dormir, pero al mismo tiempo opuesto a él. La característica del estado dormido es que desaparece la posibilidad de mover los miembros, que los sentidos, la mente y finalmente la conciencia permanezcan inactivos. ¿Podría entonces aparecer otro estado? Sí. Para eso, tomamos como suposición lo que luego se comprobará: Supongamos que el ser humano realmente se libera de su cuerpo, de manera que en ese estado esta entidad suprasensorial no puede experimentarse en el estado normal. Si ahora pudiéramos provocar algo mediante lo cual esta alma humana sí se experimentara, entonces aunque el movimiento de los miembros y demás quedara excluido, aún habría conciencia presente. Este estado se provoca mediante medios internos, a través de la meditación, la concentración y la contemplación.

En el alma hay fuerzas que casi solo necesitan ser reforzadas si se quiere que, en lugar de la inconsciencia del estado dormido, aparezca plena conciencia. Esto se logra haciendo que voluntariamente la persona excluya el movimiento de sus miembros, dejándolos tan quietos como el cuerpo lo está mientras duerme, luego excluye todas las impresiones de luz, colores y sonidos que distraen sus pensamientos. Debe provocar artificialmente un estado de desapego frente al mundo exterior, luego debe excluir los pensamientos de la vida cotidiana. En la vida diaria, cuando aparece esta conciencia vacía, la persona se duerme. Pero ejercicios largos y pacientes llevan a la persona a [mantener la conciencia despierta], y entonces se trata de que, por voluntad propia, coloque cualquier representación en el centro de su conciencia y la llene con ella. Las cosas del mundo exterior no son buenas para esto; son mucho mejor representaciones simbólicas que nos hacemos nosotros mismos. Cualquiera podría decir que tener estas representaciones es una locura. Pero lo importante es qué efecto tienen en el alma.

Imaginemos, por ejemplo, dos vasos, uno vacío y otro con un poco de agua. Ahora imaginemos que seguimos vertiendo agua del segundo vaso al primero, y que al hacerlo, el segundo vaso no se vacía, sino que se llena cada vez más. Es, en realidad, una idea bastante absurda. Pero aquí no se trata de eso, sino de que esta imagen funciona como símbolo de un profundo secreto: el amor. El amor es algo que no podemos comprender con nuestra idea humana, ni siquiera con una ligera intuición. Es un misterio. Pero podemos señalar una de sus propiedades: lo que el alma da la hace cada vez más plena, cada vez más rica. El amor tiene esta característica, que podemos expresar simbólicamente, y ahí encontramos lo peculiar que uno normalmente experimenta en otro ámbito.

O imagínese una medalla en forma de círculo. En ella se pueden determinar todas las relaciones de radio, diámetro, circunferencia, área y demás, pero igual en un círculo dibujado; porque sus regularidades también se aplican a la medalla. La matemática muestra continuamente tales símbolos de regularidades. El investigador del espíritu, no hace nada más, salvo aplicar este método matemático en un nivel superior, pero no solo al pensamiento, sino a la vida. No especulamos sobre estos símbolos, sino que se trata de dirigir todos nuestros impulsos hacia ellos, y la fuerza que desarrollamos allí, eso es de lo que se trata. Mientras que normalmente el alma se dispersa, nosotros, aunque solo por unos minutos, concentramos completamente la vida del alma. Hay que continuar estas cosas durante años, entonces ocurrirá una secuencia muy específica: ahora la persona siente que aquello que normalmente se hundía en la inconsciencia se activa interiormente en él, que es algo que antes no estaba lleno de nada.

Hay que dejar que muchas de estas representaciones actúen. Entonces surgen experiencias y vivencias muy concretas como imágenes, como «imaginaciones»; aparecen ante nosotros, se presentan ante nosotros. Con eso ya se ha logrado algo, pero algo que debe ser tratado con precaución. Quien esté en un punto de vista externo, materialista, dirá con razón: Ahora lo habéis llevado justo al nivel de aquellos que tienen alucinaciones y visiones y sacan del alma algo que no vale nada. - En efecto, ahí hay un riesgo. Las personas que experimentan tales visiones creen en ellas como algo real, mucho más real que las cosas que ven con los ojos. Hay personas que para sus ideas delirantes inventan el sistema más lógico para mantenerlas. Hay un término que lo explica todo, y está en la palabra «amor propio». ¿Por qué cree el ser humano en estas representaciones? Por amor propio; porque él mismo las ha engendrado; porque al principio el ser humano no puede hacer otra cosa que identificarse con lo que es interiormente. Esto debe ser tenido en cuenta por un investigador espiritual. Debe tener una voluntad tan fuerte que se diga a sí mismo: Lo que veo es solo un reflejo de mi propio ser.

El investigador espiritual debe ser tan fuerte como para ser capaz, mediante su voluntad, de eliminar por completo todo este mundo de imágenes, de borrarlo. Cuando uno ha desarrollado su alma hasta el punto en que el contenido del alma aparece como objetos, entonces debe ser arrojado al vacío, y entonces se puede decir que uno está preparado para llegar a percepciones espirituales. No se trata tanto de desarrollar una visión u otra, sino de desarrollar las fuerzas del alma que normalmente están dormidas, de fortalecer fuerzas que normalmente son débiles. Especialmente, para esto se necesita una fuerte voluntad interna. Así, la persona primero se familiariza con toda la fuerza del amor propio. Esto debe ser vencido. Y aquí se trata de una victoria difícil. Debe ser eliminado lo que uno ha conquistado.

El camino hacia el autoconocimiento del ser humano conduce a que fuerzas, que normalmente solo se conocen internamente, actúen con la fuerza de un fenómeno natural. Las fuerzas internas del alma actúan como elementos de la naturaleza. Uno se enfrenta a sí mismo como si fuera una especie de naturaleza. Entonces se produce una experiencia particular, que se llama «el encuentro con el guardián del umbral». Puede ocurrir de maneras muy diversas. Solo se mencionará un tipo aquí: uno siente algo nuevo, como si un rayo atravesara el cuerpo o se desintegrara físicamente y, sin embargo, permaneciera. Uno se siente impotente para usar el cuerpo. Este es un momento muy importante. Se tiene la sensación de que las manos estuvieran forjadas y el cerebro es algo sobre lo que no se tiene control, que actúa en el alma como un obstáculo. Para soportar este momento, hay que prepararse. Esta preparación consiste en endurecer el valor. Hay que vivir este momento sin miedo.

A esto se unen muchas otras experiencias, que todas llevan a saber lo que significa enfrentarse a lo que siempre se ha llamado propio, a su cuerpo, a sus fuerzas habituales del alma, como si fueran algo externo. Solo ahora se reconoce el amor propio en su significado y vulnerabilidad, y como para la experiencia común este momento no puede soportarse sin la preparación adecuada, se llama a esta experiencia el encuentro con el guardián del umbral, porque buenos espíritus como que se ponen delante y nos protegen frente a esta experiencia.

Que uno pase por experiencias de este tipo depende de la formación de ciertos impulsos moralmente estrictos. A través de ello uno se vuelve lo suficientemente maduro para basar el conocimiento científico espiritual solo en la salud del alma. En comparación con lo que el investigador espiritual debe experimentar antes de acercarse al mundo espiritual, la objeción de que se entregaría a una ilusión es infantil. Él conoce completamente las experiencias delirantes, las visiones. Sabe cómo las ha extraído del alma. Si puede borrar los resultados del amor propio, si lo ha entregado todo al tejido del universo, entonces se le revela un mundo nuevo, completamente objetivo; y está tan lleno de existencia individual como lo está el mundo físico externo de existencia individual.

Hoy nuestro tiempo ya tiene una fuerte inclinación hacia la aceptación de lo sobrenatural, y se puede notar cómo se manifiesta esta inclinación. Solo quiero señalar un hecho destacado. Charles Eliot, presidente de la Universidad de Harvard en Estados Unidos, dio una conferencia en 1909, en la que habló sobre una especie de religión futura basada en el reconocimiento de lo sobrenatural con fundamentos científicos, y dijo: Siempre los seres humanos han reconocido una esencia absoluta del alma, que no está sujeta a las leyes físicas externas. - Una y otra vez encontramos en numerosos eruditos este tipo de indicios. Pero a estas personas les gusta quedarse simplemente en señalarlo. Dicen: ¡Hay alma, alma, alma! Sí, es exactamente como cuando se dice de diversas plantas y animales: ¡Esto es naturaleza, naturaleza, naturaleza! Pero cuando el investigador espiritual aparece y relata detalles del mundo espiritual, entonces las personas se sienten incómodas. No basta con señalar que existe el espíritu, que existe el alma. Pero cuando se habla de los mundos espirituales, o de que allí existen entidades y acontecimientos, entonces las personas se sienten incómodas y dicen que deben ser fantasías. Que todo esto aparezca frente al investigador espiritual, no se puede decir que sea un engaño. Porque el investigador espiritual ha experimentado estas vivencias, lo que le permite distinguir.

En la ciencia natural pasa lo mismo; hay que experimentar estas cosas. Si nunca nadie ha visto una ballena, no se puede probar a partir de la zoología que exista una ballena. Con esto se refutan algunos argumentos en contra. Schopenhauer caracterizó parte de su sistema diciendo: El mundo es mi representación. - Con esto se afirma que las percepciones y las representaciones no se pueden separar. Sin embargo, hay una contra-prueba simple, aunque trivial. Si nos imaginamos que acercamos un trozo de hierro a 900 grados Celsius al rostro, podemos imaginar el dolor que causaría, pero un hierro calentado solo en nuestra imaginación no quema, aunque sí lo hace uno real. Así que existe una prueba que la vida misma aporta. Y lo mismo pasa con la vida espiritual; solo hay que vivirla hasta el final.

Alguien ha argumentado que cuando se tiene mucha sed uno puede imaginar bastante bien el sabor y el efecto refrescante de una limonada. Sí, pero con esa imaginación no se puede apagar la sed. No se puede llegar solo con juegos lógicos. El investigador del espíritu debe haber avanzado lo suficiente como para distinguir entre la realidad y la fantasía, así como en el mundo físico hay que distinguir entre la realidad y la imaginación.

Así, el ser humano entra en aquel mundo en el que está cada noche cuando ha salido del cuerpo físico, donde también está en lo
anímico-espiritual, solo que entonces no posee actividad interna. A través de lo que se ha mencionado [en los ejercicios], lo anímico-espiritual se fortalece tanto que se experimenta a sí mismo y, por tanto, su entorno.

Ahora uno empieza a comprender que hay algo completamente real que subyace al ser humano como algo espiritual. Una vez que se ha visto cómo puede uno estar separado del cuerpo, cómo carece de poder sobre este cuerpo y aun así mantiene la conciencia, se llega a comprender algo más. Se comprende que esto, aunque en su estado germinal, es algo que contribuye a la construcción del cuerpo. Entonces se observa la vida humana de manera completamente correcta y científica, al igual que se observa crecer una planta. Si un ser [vivo] naciera con las raíces de una planta y al llegar a su floración muriera, no tendría idea de que la semilla que se forma en la flor, pone nuevamente en marcha un proceso y que en la semilla se debe imaginar toda la planta condensada. Una vez que se ha reconocido el interior humano, entonces se entiende la frase de Goethe: en la vejez uno se vuelve místico. - La vida interior y rica del alma es como la semilla de la planta.

Ahora vemos a una persona que entra en la existencia a través del nacimiento, vemos cómo se desarrollan sus habilidades, y vemos, si observamos a una persona acercándose a la muerte, cómo ha acumulado fuerzas internas que ya no puede expresar a través del cuerpo. Así es cómo, a través de la puerta de la muerte, lo interno entra en el mundo espiritual; y cuando vemos a una persona nacer, la vemos salir de nuevo del mundo espiritual y entrar en lo que ha heredado de padre y madre. Cuando decimos que todas las cualidades se heredan de padre y madre, es como la antigua investigación de la naturaleza que creía que incluso de lodo podrían formarse peces. Solo Francesco Redi dijo que lo vivo solo puede provenir de lo vivo. El investigador espiritual conoce el núcleo espiritual del ser humano. Si se quisiera decir que todo proviene de padre y madre, se debe responder: eso es una observación inexacta. Debemos decir: lo que proviene de encarnaciones anteriores entra y atrae hacia sí lo que proviene de padre y madre. Todo lo anímico-espiritual se remonta a algo anímico-espiritual anterior.

Eso significa que llegamos a las vidas terrestres repetidas. Ya hemos pasado por muchas vidas. Todo esto tiene un principio y un final. Llevamos con nosotros lo que hemos adquirido en este vida en cuanto a fuerzas internas, de modo que también trabajamos en la construcción de nuestro cuerpo. Esto ya se puede ver externamente. Se observa el cerebro al nacer y cómo luego se desarrolla de manera plástica. Ahí surge la individualidad. Eso, en lo que nos encontramos a nosotros mismos cuando nos convertimos en investigadores del espíritu, es lo que hemos adquirido en esta vida. De ahí la impresión conmovedora para un investigador del espíritu, porque no puede cambiar nada de lo que proviene de vidas anteriores. Ahí se nos presenta el enigma de la muerte y del destino de manera particular. Cuando "sufrimos en una vida presente, nos lo hemos preparado nosotros mismos en una vida anterior. Esto podría parecer cruel. Pero imaginemos que alguien a los dieciocho años tiene que experimentar que su padre pierde toda su fortuna; ahora tiene que aprender algo muy desagradable y puede sentirlo de manera muy negativa. Pero a los cincuenta años lo juzgará de manera completamente distinta. Así, el ser humano no siempre es apto para juzgar una desgracia mientras está dentro de ella. Debemos decirnos, cuando nos ponemos en situación de necesidad y misería: al mismo tiempo esto es una condición para el desarrollo. Es solo aparente, si uno cree que este conocimiento es cruel.

¿Cómo se nos presenta ahora, eso que llamamos inmortalidad? Ésta no se presenta, a diferencia de como lo hace en muchas filosofías, donde se considera una línea de tiempo infinita y se especula sobre cómo lo humano puede durar. No, adquirimos algo que se concentra internamente en la vida humana; la vida del alma se repliega, llevamos nuestro núcleo espiritual a través de la puerta de la muerte hacia el mundo espiritual, unido al cuerpo nuestro destino lo guía hacia una próxima vida, y usamos la próxima vida nuevamente para enriquecer nuestro interior. En general, la vida humana es algo ascendente. Toda la vida humana se compone de la vida entre nacimiento y muerte y de lo que trasciende entre la muerte y un nuevo nacimiento. Toda la inmortalidad se compone de lo que la vida misma produce. Conocemos la vida como constructora de una nueva vida, como con la planta, que en la semilla contiene la garantía de que surgirá una nueva planta. Esta es una consideración completamente científica de la naturaleza.

Por supuesto, es comprensible que existan muchos prejuicios contra esto, pero a Francesco Redi le pasó lo mismo. Llegaron a querer quemarlo. Ese es el destino de la verdad. Hoy en día ya no se quema a las personas, sino que se las declara locas. La moda cambia, lo esencial permanece. Más adelante, estas «fantasías» serán algo natural. Así será con la verdad: lo espiritual y lo anímico solo pueden venir de lo espiritual y anímico. Quien sabe cómo está la investigación del mundo espiritual, comprenderá que estos prejuicios son inevitables. Al principio, la gente cree que la ciencia natural está en peligro. Para explicarlo, sirve el siguiente ejemplo. Vemos a una persona, y otras dos están frente a él preguntando: ¿Por qué vive este ser humano? - Uno dice: Por dentro tiene un pulmón, por fuera aire, por eso vive; eso es un hecho de la ciencia natural. - En cambio no se puede objetar nada. El otro dice: Ese no es el único motivo. Hace catorce días se cayó al agua, y yo lo saqué - esa es la razón por la que está vivo.

Así, la ciencia espiritual no niega los hechos observados por la ciencia natural, no dice nada en contra de las teorías de la herencia, en la medida en que no se contradicen a sí mismas. Pero además de la herencia, existe la ley del destino.

La ciencia natural es completamente reconocida por la ciencia espiritual. El malentendido surge únicamente porque la ciencia natural frecuentemente sobrepasa sus límites y quiere establecer por sí misma una especie de ciencia espiritual. Muchos dicen que uno debe apegarse a lo que los ojos perciben, solo en eso puede confiar la ciencia natural. A eso se puede responder preguntando si Copérnico hizo nuevas observaciones astronómicas.

No, él reconsideró lo que antes se pensaba en función de las percepciones sensoriales. Copérnico tuvo el valor y la fuerza del alma para reinterpretar lo que era perceptible sensorialmente. De ahí surgió la nueva astronomía, que ya no le bastó basarse en las percepciones sensoriales. También Giordano Bruno rompió con la percepción sensorial al no considerar el cielo como un límite. Así como la bóveda celeste azul surge de la limitación de la capacidad de percepción humana, así surge el firmamento de la vida del alma entre el nacimiento y la muerte. Por lo que respecta a la ciencia espiritual, nos encontramos, en el lugar de Giordano Bruno. El nacimiento y la muerte, estos límites, son atravesados por la ciencia espiritual. Así como Giordano Bruno atravesó espacios, la Ciencia del Espíritu atraviesa los tiempos.

Galileo Galilei llevó a un amigo, que era seguidor de Aristóteles y había interpretado erróneamente que según Aristóteles los nervios salían del corazón, este amigo fue llevado ante un cadáver para mostrarle que los nervios salen del cerebro y no del corazón. Entonces el amigo dijo: Sí, parece así, pero en Aristóteles dice otra cosa, y a eso le creo más. - Hoy en día, la gente viene y dice: Puede sonar aceptable, pero en Haeckel dice otra cosa. - Aquí aplica la frase de Schopenhauer: La verdad siempre ha tenido que sufrir porque, cuando aparece, parece paradójica, ya que no puede sentarse en el trono del error generalizado. Así que mira a su ángel guardián, el Tiempo, cuyos aleteos son tan lentos que, quien ha reconocido la verdad, a menudo muere por ello antes que el aleteo del tiempo cese.

Debemos darnos cuenta de que la objeción de que solo el investigador espiritual puede saber algo sobre el mundo espiritual no tiene fundamento. Para encontrar las verdades, uno tiene que pasar por todo eso, pero la investigación espiritual se relaciona con la ciencia espiritual como lo que el pintor tiene que aprender con su cuadro. A partir del cuadro podemos reconocer algo. Lo que el investigador espiritual ha investigado se puede entender si uno solo se acerca con sentido común a lo que tiene que decir. Entonces son verdades que nos dan alegría de vivir, que nos elevan por encima de la impotencia y nos brindan seguridad.

No es al mirar dentro de los mundos espirituales, el único medio de que uno pueda obtener algo de ellos, sino al trasladar lo visto en ideas y conceptos que cualquier otra persona pueda comprender. Los resultados del investigador espiritual no son diferentes de los del lector o el oyente. Así obtenemos respuestas no solo a preguntas científicas, sino a misterios de la vida.

Si pudiéramos organizar la educación humana de tal manera que desde jóvenes las personas crecieran con estas preguntas, entonces se formaría en nuestra alma algo como un potencial, un germen o núcleo, que garantiza una vida futura. Las fuerzas de vida se vuelven cada vez más fuertes, y cuando las fuerzas externas decaen, sentimos que las internas se concentran. F
rente a las hojas marchitas de la propia planta, la semilla no podría sentirse de otra manera que como lo espiritual, que con su fuerza atraviesa la puerta de la muerte. Eso le da respuestas a la vida, no solo a la ciencia. Nos traen consuelo en los momentos más difíciles de la vida. Para esto no es necesario ser un investigador espiritual. Así como uno puede saborear los alimentos sin ser químico, tampoco todos necesitan ser investigadores espirituales. Solo debe haber algunos. Eso se convierte en una convicción tan firme en el alma que uno aprende a tratar la hostilidad hacia ello, como Goethe lo expresó frente a una consideración filosófica, frente a los negadores del movimiento. Goethe respondió desde el sentido común sano. Filosóficamente, esta opinión no es fácil de refutar.

Puede que se perciba algo hostil
Tú mantente tranquilo, mantente en silencio;
Y si te niegan el movimiento,
camina frente a sus narices.

Se puede usar el humor frente a la enemistad y la oposición; pero no solo se debe creer, sino saber cómo están las cosas con la verdad. Así, la ciencia del espíritu se encontrará a sí misma en la vida, así, aquellos que sienten la fuerza interior del alma, cómo ésta se integra en la vida, sentirán algo similar a lo que Goethe sentía frente a los negadores del movimiento. Así, podemos resumir todo lo que ha surgido de nuestra reflexión de hoy en un sentimiento frente a quienes aún actúan como oponentes de la ciencia del espíritu:

Puede que sucedan cosas hostiles,
mantén la calma, mantén la alegría;
y si te niegan el espíritu,
no te lo tomes a pecho.
Sí, al final, dales la razón;
¡es su espíritu el que
está mal!

Traducido por J.Luelmo - ago 2026-


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