CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA321 Stuttgart 1 de marzo de 1920 - Impulso de la ciencia espiritual para el desarrollo de la física - Sensación de calor y termómetro.

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Impulso de la ciencia espiritual para el desarrollo de la física
El calor en la frontera de la materialidad positiva y negativa 

RUDOLF STEINER


I conferencia 


Sensación de calor y termómetro. La conclusión de Aquiles con la tortuga. La tragedia de un pensar abandonado por la observación. El atomismo. Teorías cósmicas. Constitución del Sol: Materia con índice negativo. Contraste de la visión de los colores y Sensación de calor. Teoría mecánica del calor. No reversibilidad de los procesos orgánicos y de los grandes procesos inorgánicos; de la diferenciación y de la integración frente a la realidad

Stuttgart 1 de marzo de 1920

Queridos amigos,

El presente curso de conferencias constituirá una especie de continuación del que di la última vez que estuve aquí. Comenzaré con aquellos capítulos de la física que son de especial importancia para sentar una base satisfactoria para una cosmovisión científica, a saber, las observaciones de las relaciones térmicas en el mundo. Hoy intentaré presentarles una especie de introducción para mostrar hasta qué punto podemos crear un cuerpo de puntos de vista significativos de tipo físico dentro de una cosmovisión general. Esto mostrará además cómo puede asegurarse una base para un impulso pedagógico aplicable a la enseñanza de las ciencias. Por lo tanto, hoy iremos todo lo lejos que podamos para esbozar una introducción general.

La teoría del calor, así llamada, ha tomado una forma durante el siglo XIX que ha dado mucho apoyo a una visión materialista del mundo. Lo ha hecho porque en las relaciones del calor es muy fácil desviar la mirada de la naturaleza real del calor, de su ser, y dirigirla a los fenómenos mecánicos que surgen del calor.

El calor se conoce primero a través de las sensaciones de frío, calor, tibieza, etc. Pero el hombre aprende pronto que estas sensaciones parecen tener algo de vago, de subjetivo. Un sencillo experimento que puede realizar cualquiera demuestra este hecho.

fig. 1
Imaginen que tienen un recipiente lleno de agua a una cierta temperatura t, a la derecha del cual tienen un recipiente también lleno de agua a una cierta temperatura t - t', es decir, a una temperatura muy inferior a la del primer recipiente, (ver fig.1). Si ahora introducen dos dedos uno de cada mano en cada uno de los dos recipientes exteriores primero, percibirán el estado de calor de los dos recipientes.

Después, pueden sumergir los dedos que han estado en los recipientes exteriores en el recipiente central y verán que el dedo que ha estado en el agua fría sentirá caliente el agua del recipiente central, mientras que el dedo que ha estado en el agua caliente sentirá fría el agua del recipiente central. Por lo tanto, la misma temperatura se experimenta de forma diferente según la temperatura a la que se haya estado expuesto previamente. Todo el mundo sabe que cuando uno entra en un sótano, éste puede sentirse diferente en invierno que en verano. Aunque el termómetro esté en el mismo punto, las circunstancias pueden hacer que el sótano parezca cálido en invierno y fresco en verano. De hecho, la experiencia subjetiva del calor no es uniforme y es necesario establecer una norma objetiva para medir la condición térmica de cualquier objeto o lugar. Ahora bien, no necesito entrar aquí en los fenómenos elementales ni abordar los instrumentos elementales para medir el calor. Es de suponer que ustedes los conocen. Simplemente diré que cuando se mide la condición de temperatura con un termómetro, existe la sensación de que, puesto que medimos el grado por encima o por debajo de cero, estamos obteniendo una medición objetiva de la temperatura. En nuestro pensar consideramos que hay una diferencia fundamental entre esta determinación objetiva en la que no tenemos parte y la determinación subjetiva, en la que nuestra propia organización interviene en la experiencia.

Por todo lo que el siglo XIX se ha esforzado en conseguir, puede decirse que esta visión de la cuestión fue, desde cierto punto de vista, provechosa y justificada por sus resultados. Ahora, sin embargo, estamos en una época en la que la gente debe prestar atención a ciertas otras cosas si quiere avanzar en su forma de pensar y en su forma de vida. De la propia ciencia deben surgir ciertas cuestiones que simplemente se pasan por alto en conclusiones como las que he expuesto. Una pregunta es ésta: ¿Existe una diferencia, una diferencia objetiva real, entre la determinación de la temperatura por mi organismo y por un termómetro, o me engaño a mí mismo para obtener resultados prácticos útiles cuando introduzco tal diferencia en mis ideas y conceptos? Todo este curso estará diseñado para mostrar por qué hoy en día deben plantearse tales preguntas. A partir de las preguntas principales, mi objetivo será proceder a aquellas consideraciones importantes que han sido pasadas por alto debido a la atención exclusiva a la vida práctica. Verán cómo se han perdido para nosotros a causa de la atención a la tecnología. 

Quisiera impresionarles con el hecho de que hemos perdido completamente nuestro sentimiento por el ser real del calor bajo la influencia de ciertas ideas que se describirán más adelante. Y, junto con esta pérdida, se ha ido la posibilidad de poner a este ser de calor en relación con el propio organismo humano, una relación que debe establecerse por todos los medios en ciertos aspectos de nuestra vida. Para indicarles de una manera meramente preliminar la relación de estas cosas con el organismo humano, puedo llamar su atención sobre el hecho de que en muchos casos nos vemos obligados hoy en día a medir la temperatura de este organismo, como por ejemplo, cuando se encuentra en un estado febril. Esto les mostrará que la relación del ser desconocido del calor con el organismo humano tiene una importancia considerable. Las condiciones extremas que se dan en los procesos químicos y técnicos serán tratadas más adelante. 

Una actitud adecuada hacia la relación del ser desconocido del calor con el organismo humano tiene una importancia considerable. Las condiciones extremas que se dan en los procesos químicos y técnicos se tratarán más adelante. Sin embargo, no se puede lograr una actitud adecuada hacia la relación del ser del calor con el organismo humano sobre la base de una visión mecánica del calor. La razón es que, al hacerlo, se descuida el hecho de que los diversos órganos son muy diferentes en su sensibilidad a este ser de calor, que el corazón, el hígado, los pulmones difieren mucho en su capacidad de reaccionar al ser de calor. Con la visión puramente física del calor no se sientan las bases para el estudio real de ciertos síntomas de enfermedad, ya que la capacidad variable de reaccionar al calor de los diversos órganos del cuerpo escapa a la atención. Hoy en día no estamos en condiciones de aplicar al mundo orgánico los puntos de vista físicos construidos a lo largo del siglo XIX sobre la naturaleza del calor. 

 Esto es evidente para cualquiera que tenga un ojo para ver el daño hecho por la investigación física moderna, así llamada, al tratar de lo que podría designarse como las ramas superiores del conocimiento del ser viviente. Deben plantearse ciertas cuestiones, cuestiones que exigen, por encima de todo, ideas claras y lúcidas. En la llamada "ciencia exacta", nada ha hecho más daño que la introducción de ideas confusas.

Entonces, ¿Qué significa realmente cuando digo que si meto los dedos en los recipientes de la mano derecha y de la izquierda y luego en un recipiente con un líquido de temperatura intermedia, obtengo sensaciones diferentes? ¿Hay realmente algo en el ámbito conceptual que sea diferente de la supuesta determinación objetiva con el termómetro? Consideremos ahora, supongamos que usted coloca termómetros en estos dos recipientes en lugar de sus dedos. Entonces obtendrá lecturas diferentes dependiendo de si observa el termómetro en un recipiente o en el otro. Si luego colocas los dos termómetros en lugar de sus dedos en el recipiente del medio, el mercurio actuará de manera diferente en los dos. En uno subirá; en el otro bajará. Ya ven que el termómetro no se comporta de forma diferente a sus sensaciones. Para establecer una visión del fenómeno, no hay diferencia entre los dos termómetros y la sensación de sus dedos. En ambos casos ocurre exactamente lo mismo, es decir, se muestra una diferencia respecto a las condiciones inmediatamente anteriores. Y de lo que depende nuestra sensación es de que no tenemos en nuestro interior ningún punto cero o de referencia. Si tuviéramos tal punto de referencia, entonces estableceríamos no sólo la sensación inmediata, sino que tendríamos un aparato para relacionar la temperatura percibida subjetivamente con dicho punto de referencia. Entonces atribuiríamos al fenómeno, al igual que hacemos con los termómetros, algo que en realidad no es inherente a él, a saber, la variación con respecto al punto de referencia. Como ven, para la construcción de nuestro concepto del proceso no hay ninguna diferencia.

Cuestiones como éstas son las que deben plantearse hoy si queremos aclarar nuestras ideas, o de lo contrario todas las ideas actuales sobre estas cosas son realmente confusas. No se imaginen ni por un momento que esto no tiene importancia. Todo nuestro proceso vital está ligado a este hecho de que no tenemos en nosotros ningún punto de referencia de la temperatura. Si pudiéramos establecer tal punto de referencia dentro de nosotros, esto requeriría un estado de conciencia completamente diferente, una vida anímica diferente. Precisamente porque el punto de referencia está oculto para nosotros, llevamos el tipo de vida que llevamos.

Verán, muchas cosas en la vida, en la vida humana y también en el organismo animal, dependen del hecho de que no percibimos ciertos procesos. Piensen en lo que tendrían que hacer si estuvieran obligados a experimentar subjetivamente todo lo que ocurre en su organismo. Supongan que tuvieran que ser conscientes de todos los detalles del proceso digestivo. Una gran parte de nuestra condición de vida se basa en el hecho de que sustraemos nuestra conciencia de ciertas cosas que ocurren en nuestro organismo. Entre estas cosas está que no llevamos dentro un punto de referencia de temperatura, - no somos termómetros. Por lo tanto, una diferenciación subjetiva-objetiva como la que se suele hacer no es adecuada para una comprensión global de lo físico.

Desde la época de los antiguos griegos, éste ha sido el punto incierto del pensar humano. Tenía que ser así, pero no puede seguir siéndolo en el futuro. Pues los antiguos filósofos griegos, Zenón en particular, ya habían orientado el pensar humano sobre ciertos procesos de una manera sorprendentemente opuesta a la realidad exterior. Debo llamar su atención sobre estas cosas aun a riesgo de parecer pedante. Permítanme recordarles el problema de Aquiles y la tortuga, del que he hablado a menudo.

Supongamos que tenemos aquí el camino s que recorre el Aquiles (A), digamos en un tiempo determinado. Esa es la velocidad a la que puede correr. Y aquí tenemos la tortuga (S). Lleva la delantera (AS). Aquiles corre detrás de la tortuga. Tomemos el momento en que Aquiles llega aquí en S. La tortuga sigue corriendo. Aquiles tiene que correr tras ella. En el tiempo en que corre a través de esta distancia (A S), la tortuga ha llegado aquí (en 1), y en el tiempo en que corre a través de este espacio siguiente (S 1), ha llegado aquí (en 2). Y así la tortuga siempre corre un poco hacia adelante. El Aquiles debe correr primero tras ella, que ella ya ha recorrido. Y Aquiles nunca puede seguir a la tortuga. Pero, la forma en que la gente lo consideraría es la siguiente. Dirían, sí, entiendo perfectamente el problema, pero Aquiles pronto alcanzaría a la tortuga. Todo el asunto es absurdo. Pero si razonamos que Aquiles debe recorrer el mismo camino que la tortuga y la tortuga va por delante, nunca alcanzará a la tortuga. Aunque la gente diría que esto es absurdo, sin embargo la conclusión es absolutamente necesaria y no se puede argumentar nada en contra. Llegar a esta conclusión no es una tontería, pero, por otra parte, es muy inteligente si se tiene en cuenta únicamente la lógica del asunto. Es una conclusión necesaria e ineludible. Ahora bien, ¿de qué depende todo esto? Depende de esto: de que, mientras pienses, no puedas pensar de otro modo que el que exige la premisa.

De hecho, no dependes estrictamente del pensar, sino que ven la realidad y se dan cuenta de que es obvio que Aquiles pronto atrapará a la tortuga. Y al hacer esto desarraigas el pensar por medio de la realidad y abandonas el puro pensar. No tiene sentido admitir las premisas y luego decir: "Quien piensa así es estúpido". Mediante el puro pensar no podemos sacar nada de la proposición salvo que Aquiles nunca atrapará a la tortuga. ¿Y por qué no? Porque cuando aplicamos nuestro pensar absolutamente a la realidad, entonces nuestras conclusiones no concuerdan con los hechos. No pueden estarlo. Cuando volcamos nuestro pensar racionalista sobre la realidad no nos sirve de nada que establezcamos supuestas verdades que resultan no ser ciertas. Pues debemos concluir que si Aquiles sigue a la tortuga, él pasa por cada punto por el que pasa la tortuga. Idealmente es así; en realidad no hace nada de eso. Su paso es mayor que el de la tortuga. No pasa por cada punto del camino de la tortuga. Debemos, por tanto, considerar lo que Aquiles hace realmente, y no limitarnos simplemente a pensar. Entonces llegamos a un resultado diferente. La gente no se preocupa de estas cosas, pero en realidad son extraordinariamente importantes. Especialmente hoy, en nuestro actual desarrollo científico, son extremadamente importantes. Porque sólo cuando comprendamos que gran parte de nuestro pensar pasa por alto los fenómenos de la naturaleza cuando pasamos de la observación a la llamada explicación, sólo en este caso obtendremos la actitud adecuada hacia estas cosas.

Lo observable, sin embargo, es algo que sólo necesita ser descrito. Que yo pueda hacer lo siguiente, por ejemplo, exige simplemente una descripción: aquí tengo una pelota que va a pasar por esta abertura. Ahora vamos a calentar un poco la pelota. Ahora verás que no pasa. Sólo pasará cuando se haya enfriado lo suficiente. En cuanto la enfrío echándole agua fría, la pelota vuelve a pasar. Esta es la observación, y es esta observación la que sólo necesito describir. Supongamos, sin embargo, que empiezo a teorizar. 

Lo haré de forma esquemática con el único objeto de introducir el asunto. He aquí la bola; está formada por un cierto número de pequeñas partes, moléculas, átomos, si se quiere. Esto no constituye una observación, sino algo añadido a la observación en teoría. En este momento, he dejado lo observado y al hacerlo asumo un papel extremadamente trágico. Sólo aquellos que están en condiciones de tener una visión de estas cosas pueden darse cuenta de esta tragedia. Pues verán, si investigan si Aquiles puede atrapar a la tortuga, es posible que empiecen pensando: "Aquiles debe pasar por todos los puntos que cubre la tortuga y nunca podrá atraparla". Esto puede demostrarse estrictamente. Entonces se puede hacer un experimento. Se coloca la tortuga delante y Aquiles u otro que no corra ni siquiera tan rápido como Aquiles, detrás. Y en cualquier momento se puede demostrar que la observación proporciona lo contrario de lo que se concluye del razonamiento. La tortuga no tarda en ser atrapada.

Sin embargo, cuando se teoriza sobre la esfera, sobre cómo están dispuestos sus átomos y moléculas, y cuando se abandona la posibilidad de la observación, en tal caso no se puede mirar el asunto e investigarlo, sólo se puede teorizar. Y en este terreno no lo harán mejor que cuando aplicaron su pensamiento al recorrido de Aquiles. Es decir, llevan todo el carácter incompleto de su lógica al pensar sobre algo que no puede ser objeto de observación. Esta es la tragedia. Construimos explicaciones sobre explicaciones al mismo tiempo que abandonamos la observación, y pensamos que hemos explicado las cosas simplemente porque hemos erigido hipótesis y teorías. Y la consecuencia de este proceder de confianza forzada en nuestro mero pensar es que este mismo pensar nos falla en el momento en que somos capaces de observar. Ya no concuerda con la observación.

Recordarán que ya señalé esta diferencia en el curso anterior, cuando indiqué la frontera entre cinemática y mecánica. La cinemática describe meros fenómenos de movimiento o fenómenos expresados mediante ecuaciones, pero se limita a verificar los datos de la observación.

En el momento en que pasamos de la cinemática a la mecánica, en la que se introducen los conceptos de fuerza y masa, no podemos confiar únicamente en el pensar, sino que empezamos simplemente a leer lo que se desprende de la observación de los fenómenos. Solo con el pensar sin mas ayuda, no somos capaces de tratar adecuadamente ni siquiera el proceso físico mas simple en el que la masa juega un papel. Todas las teorías del siglo XIX, ahora relegadas en mayor o menor medida, son de tal naturaleza que para verificarlas sería necesario hacer experimentos con átomos y moléculas. El hecho de que se haya demostrado que tienen una aplicación práctica en campos limitados no cambia nada. El principio se aplica tanto a lo pequeño como a lo grande. Recordarán que a menudo he llamado la atención en mis conferencias sobre algo que entra ahora en nuestras consideraciones con un aspecto científico. A menudo he dicho: De lo que los físicos han teorizado acerca de las relaciones de calor y de cosas relacionadas, obtienen ciertas nociones acerca del sol. Describen lo que llaman las "condiciones físicas" del sol y afirman que los hechos apoyan su descripción. Ya les he dicho muchas veces que los físicos se sorprenderían muchísimo si pudieran hacer un viaje al Sol y vieran que ninguna de sus teorías basadas en las condiciones terrestres concuerda con las realidades que se encuentran en el Sol. Estas cosas tienen un valor muy práctico en la actualidad, un valor para el desarrollo de la ciencia en nuestro tiempo. Recientemente ha llegado al mundo la noticia de que, tras infinitos esfuerzos, los descubrimientos de algunos investigadores ingleses sobre la curvatura de la luz de las estrellas en el espacio cósmico han sido confirmados y podrían ser presentados ante una sociedad científica en Berlín.

Allí se afirmaba con razón que "las investigaciones de Einstein y otros sobre la teoría de la relatividad han recibido una cierta confirmación. Pero la confirmación definitiva sólo podría asegurarse cuando se hubiera avanzado lo suficiente como para realizar análisis espectrales que mostraran el comportamiento de la luz en el momento de un eclipse de sol. Entonces sería posible ver lo que los instrumentos disponibles en la actualidad no lograron determinar". Esta fue la información dada en la última reunión de la Sociedad de Física de Berlín. Es muy interesante. Naturalmente, el siguiente paso es buscar una forma de investigar realmente la luz del sol mediante el análisis del espectro. El método será por medio de instrumentos no disponibles hoy en día. Entonces, ciertas cosas ya deducidas de las ideas científicas modernas podrán simplemente confirmarse. Como ustedes saben, es así con muchas cosas que han surgido de vez en cuando y que luego han sido aclaradas por experimentos físicos. Pero, la gente aprenderá a reconocer el hecho de que es simplemente imposible para los hombres trasladar a las condiciones en el sol o a los espacios cósmicos lo que puede ser calculado a partir de aquellos fenómenos de calor disponibles para la observación en la esfera terrestre. Se comprenderá que la corona solar y fenómenos similares tienen antecedentes no incluidos en las observaciones realizadas en condiciones terrestres. Del mismo modo que nuestras especulaciones nos llevan por mal camino cuando abandonamos la observación y teorizamos nuestro camino a través de un mundo de átomos y moléculas, también caemos en el error cuando salimos al macrocosmos y trasladamos al sol lo que hemos determinado a partir de observaciones en condiciones terrestres. Este método ha llevado a creer que el Sol es una especie de bola de gas incandescente, pero el Sol no es en absoluto una bola de gas incandescente. Consideremos un momento, tenemos materia aquí en la tierra. Toda la materia en la tierra tiene un cierto grado de intensidad en su acción. Esto puede ser medido de una manera u otra, sea densidad o similar, de cualquier manera que desees, tiene una intensidad definida de acción. Puede llegar a ser cero. En otras palabras, podemos tener el espacio vacío. Pero el final aún no ha llegado. 

Que el espacio vacío no es la condición última os lo puedo ilustrar con lo siguiente: Supongan que tienen un hijo y que le dicen: "Es un cerebrito. Le he dado una pequeña propiedad, pero ha empezado a despilfarrarla. No puede tener menos de cero. Puede que al final no tenga nada, pero me consuela pensar que no puede ir más allá una vez que llega a cero". Pero ahora puede tener una desilusión. El tipo empieza a endeudarse. Entonces no se detiene en cero; la cosa se pone peor que cero. Tiene un significado muy real. Como su padre, realmente tienes menos si él se endeuda que si se detiene cuando él no tenía nada.

Lo mismo ocurre ahora con el estado del Sol. No se suele considerar como espacio vacío, sino que se piensa en la mayor rarefacción posible y se postula un gas incandescente enrarecido. Pero lo que debemos hacer es ir a una condición de vacío y luego ir más allá de esto. Es en una condición de intensidad material negativa. En el lugar donde está el Sol se encontrará un agujero en el espacio. Allí hay menos que espacio vacío. Por lo tanto, todos los efectos que se observan en el sol deben ser considerados como fuerzas de atracción y no como presiones similares. La corona solar, por ejemplo, no debe ser considerada como la considera el físico moderno. Hay que considerarla de tal manera que tengamos conciencia no de fuerzas que irradian hacia el exterior, como indicarían las apariencias, sino de fuerza de atracción procedente del agujero en el espacio, de la negación de la materia. Aquí nuestra lógica nos falla. Nuestro pensar no es válido aquí, pues el órgano receptivo o el órgano sensorial a través del cual lo percibimos es todo nuestro cuerpo. Todo nuestro cuerpo corresponde en esta sensación al ojo en el caso de la luz. No hay ningún órgano aislado, respondemos con todo nuestro cuerpo a las condiciones de calor. El hecho de que podamos utilizar el dedo para percibir un estado de calor, por ejemplo, no va en contra de este hecho. El dedo corresponde a una parte del ojo. Por tanto, mientras que el ojo es un órgano aislado y funciona como tal para objetivar el mundo de la luz como color, no ocurre lo mismo con el calor. Somos órganos de calor en su totalidad. Sin embargo, la condición externa que da lugar al calor no nos llega de forma tan aislada como la condición que da lugar a la luz. Nuestro ojo está objetivado dentro de nuestro organismo. 

No podemos percibir el calor de forma análoga a la luz porque somos uno con el calor. Imaginen que no pudieran ver colores con el ojo, sino sólo diferentes grados de luminosidad, y que los colores como tales siguieran siendo totalmente subjetivos, fueran sólo sensaciones. Nunca verían colores; hablarían de luz y oscuridad, pero los colores no evocarían en ustedes ninguna respuesta, y lo mismo ocurre con la percepción del calor. Esas diferencias que perciben en el caso de la luz por el hecho de que su ojo es un órgano aislado, no las perciben en absoluto en el caso del calor. Ellas viven en ustedes. Así, cuando se habla de azul y rojo, estos colores se consideran objetivos. Cuando se da el fenómeno análogo en el caso del calor, lo que corresponde al azul y al rojo está dentro de ustedes. Son ustedes mismos. Por lo tanto, no lo definen. Esto nos obliga a adoptar para la observación del ser objetivo del calor un método completamente diferente del que utilizamos para el ser objetivo de la luz. Nada ha engañado tanto a los observadores del siglo XIX como esta tendencia general a unificar las cosas esquemáticamente. Se encuentra por todas partes en las fisiologías una "fisiología de los sentidos". ¡Como si tal cosa existiera! Como si hubiera algo de lo que se pudiera decir, en general, "vale para el oído como para el ojo, o incluso para el sentido de la sensibilidad o para el sentido del calor". Es un absurdo hablar de una fisiología de los sentidos y decir que una percepción sensorial es esto o aquello. Sólo es posible hablar de la percepción del ojo por sí misma, o de la percepción del oído por sí misma y, asimismo, de todo nuestro organismo como órgano sensorial del calor, etc. Son cosas muy diferentes. De una consideración general de los sentidos sólo resultan abstracciones sin sentido. Pero en todas partes se tiende a tal generalización de estas cosas. Resultan conclusiones que serían graciosas si no fueran tan perjudiciales para toda nuestra vida.

Si alguien dice - Aquí hay un chico, otro chico le ha dado una paliza. También entonces se afirma - Ayer fue azotado por su maestro; su maestro le dio una paliza. En ambos casos hay una paliza; no hay diferencia. ¿Se puede deducir de ello que el chico malo que le pegó al otro y el maestro que azotó al de ayer están movidos por los mismos motivos internos? Eso sería absurdo, imposible. Pero ahora, se lleva a cabo el siguiente experimento: se sabe que cuando se deja caer los rayos de luz sobre un espejo cóncavo, en condiciones adecuadas se vuelven paralelos. Cuando éstos son recogidos por otro espejo cóncavo distante del primero, se concentran y enfocan, de modo que en el foco aparece una luz intensificada. El mismo experimento se realiza con los llamados rayos de calor. De nuevo se puede demostrar que éstos también pueden ser enfocados, -un termómetro lo demostrará-, y se produce un punto de gran intensidad de calor. Aquí tenemos el mismo proceso que en el caso de la luz; por lo tanto, el calor y la luz son fundamentalmente el mismo tipo de cosa. La paliza de ayer y la de hoy son el mismo tipo de cosa. Si una persona llegara a semejante conclusión en la vida práctica, se le consideraría un necio. Sin embargo, en la ciencia, tal y como se practica hoy en día, no es un tonto, sino una persona muy respetada.

Por eso debemos esforzarnos por tener conceptos claros y lúcidos, sin los cuales no avanzaremos. Sin ellos, la física no puede contribuir a una visión general del mundo. Especialmente en el ámbito de la física es necesario alcanzar estas ideas evidentes.

Ustedes saben muy bien, por lo que se les aclaró, al menos hasta cierto punto, en mi último curso, que en el caso de los fenómenos de la luz, Goethe puso cierto grado de orden en la física de esa clase particular de hechos, pero no se le ha dado ningún reconocimiento.

En el campo del calor, las dificultades a las que nos enfrentamos son especialmente grandes. Ello se debe a que, desde Goethe, toda la consideración física del calor se ha sumido en un caos de consideraciones teóricas. En el siglo XIX, la teoría mecánica del calor, tal como se la denomina, ha dado lugar a error sobre error. Ha aplicado conceptos verificables sólo por observación a un ámbito no accesible a la observación. Cualquiera que se crea capaz de pensar, pero que en realidad no pueda hacerlo, puede proponer teorías. Una de ellas es la siguiente: un gas encerrado en un recipiente está formado por partículas. 

Estas partículas no están en reposo, sino en un estado de movimiento continuo. Como estas partículas están en movimiento continuo y son pequeñas y se conciben separadas por una distancia relativamente grande, no chocan entre sí a menudo sino sólo ocasionalmente. Cuando lo hacen, rebotan. Su movimiento cambia por este bombardeo mutuo. Cuando se suman todos los pequeños impactos, se produce una presión en la pared del recipiente y, a través de esta presión, se puede medir la temperatura. Se afirma entonces que "las partículas de gas en el recipiente están en un cierto estado de movimiento, bombardeándose unas a otras. Toda la masa está en rápido movimiento, las partículas se bombardean unas a otras y golpean la pared. Esto da lugar al calor". Pueden moverse cada vez más deprisa, golpear la pared con más fuerza. Entonces cabe preguntarse qué es el calor. Es el movimiento de esas pequeñas partículas. Es muy cierto que, bajo la influencia de los hechos, tales ideas han sido fructíferas, pero sólo superficialmente. 

Todo el método de pensamiento descansa sobre una base. La llamada "teoría mecánica del calor" es motivo de gran orgullo, ya que parece explicar muchas cosas. Por ejemplo, explica cómo cuando froto con el dedo una superficie, el esfuerzo que hago, la presión o el trabajo, se transforma en calor. Puedo volver a transformar el calor en trabajo, en la máquina de vapor por ejemplo, donde aseguro el movimiento por medio del calor. Se ha construido un concepto de trabajo muy conveniente en este sentido. Se dice que cuando observamos objetivamente que estas cosas suceden en el espacio, son procesos mecánicos. La locomotora y los vagones avanzan, etc. Cuando ahora, mediante algún tipo de trabajo, produzco calor, lo que realmente ha ocurrido es que el movimiento observable exterior se ha transformado en movimiento de las partículas últimas. Esta es una teoría conveniente. Se puede decir que todo en el mundo depende del movimiento y que sólo tenemos la transformación del movimiento observable en movimiento no observable. Esto último lo percibimos como calor. Pero el calor no es en realidad más que el impacto y la colisión de las pequeñas partículas de gas que chocan entre sí y con las paredes del recipiente. El cambio en calor es como si las personas de todo este auditorio de repente se pusieran en movimiento y chocaran entre sí y con las paredes, etc. Esta es la teoría de Clausius sobre lo que ocurre en un espacio lleno de gas. Esta es la teoría que ha resultado de aplicar el método de la proposición de Aquiles a algo no accesible a la observación. No se aprecia que se tomen los mismos fundamentos imposibles que en el razonamiento sobre Aquiles y la tortuga. Sencillamente, no es como se supone que es.

En un espacio lleno de gas, las cosas son muy distintas de lo que imaginamos cuando trasladamos lo observable al reino de lo inobservable. Mi propósito hoy es presentarles esta idea de forma introductoria. A partir de esta consideración podrán ver que el método fundamental de pensamiento originado durante el siglo XIX, comienza a fallar. Pues gran parte del método se basa en el principio de calcular a partir de los hechos observados mediante el concepto diferencial. Cuando las condiciones observadas en un espacio lleno de gas se establecen como diferenciales de acuerdo con la idea de que estamos tratando con los movimientos de partículas últimas, entonces se infiere la creencia de que mediante la integración se desarrolla algo real. Lo que hay que entender es lo siguiente: cuando pasamos de los métodos de cálculo ordinarios a las ecuaciones diferenciales, no es posible integrar inmediatamente a menos que se pierda todo contacto con la realidad. Esta falsa noción de la relación de la integral con la diferencial ha llevado a la física del siglo XIX a ideas erróneas de la realidad. Debe quedar claro que en ciertos casos se pueden establecer diferenciales, pero lo que se obtiene como diferencial no puede considerarse integrable sin llevarnos al terreno de lo ideal en contraposición a lo real. Comprender esto es de gran importancia en nuestra relación con la naturaleza.

Pues verán, cuando llevo a cabo un cierto período de transformación, digo que se realiza trabajo, se produce calor y a partir de este calor, se puede asegurar de nuevo el trabajo mediante la inversión de este proceso. Pero los procesos de lo orgánico no pueden invertirse inmediatamente. Más adelante mostraré hasta qué punto esta inversión se aplica a lo inorgánico en el ámbito del calor en particular. También hay grandes procesos inorgánicos que no son reversibles, como los procesos vegetales. No podemos imaginar una inversión del proceso que tiene lugar en la planta desde la formación de las raíces, pasando por la formación de las flores y los frutos. El proceso sigue su curso desde la semilla hasta el cuajado del fruto. No puede invertirse como un proceso inorgánico. Este hecho no entra en nuestros cálculos. Incluso cuando permanecemos en lo inorgánico, hay ciertos procesos macrocósmicos para los que nuestro cálculo no es válido. Supongamos que pudiéramos establecer una fórmula para el crecimiento de una planta. Sería muy complicado, pero supongamos que se dispone de tal fórmula. Ciertos términos de la misma nunca podrían hacerse negativos porque hacerlo sería estar en desacuerdo con la realidad. Ante los grandes fenómenos del mundo no puedo invertir la realidad. Esto no se aplica, sin embargo, al cálculo. Si hoy tengo un eclipse de luna puedo simplemente calcular cómo en tiempos pasados en la época de Tales, por ejemplo, hubo un eclipse de luna. Es decir, sólo en el cálculo puedo invertir el proceso, pero en realidad el proceso no es reversible. No podemos pasar del estado actual de la Tierra a estados anteriores, -a un eclipse de luna en la época de Tales, por ejemplo-, simplemente invirtiendo el proceso en el cálculo. Un cálculo puede hacerse hacia adelante o hacia atrás, pero normalmente la realidad no concuerda con el cálculo. Este último pasa por encima de la realidad. Hay que definir hasta qué punto nuestros conceptos y cálculos son sólo conceptuales en su contenido. A pesar de que son reversibles, no existen procesos reversibles en la realidad. Esto es importante, ya que veremos que toda la teoría del calor se construye sobre cuestiones del siguiente tipo: ¿En qué medida dentro de la naturaleza son reversibles los procesos de calor y en qué medida son irreversibles?

Traducido por J.Luelmo sept,2023

GA202 Dornach 17 de diciembre de 1920 - Alma y Espíritu en la Constitución Física Humana




El puente entre la espiritualidad universal y la Constitución
física del hombre

Alma y Espíritu en la Constitución Física Humana


G.A.202



Conferencia a cargo del Dr. Rudolf Steiner, Dornach 17 de diciembre de 1920

Hoy quiero interpolar un tema que posiblemente pueda parecerles un tanto remoto, pero será de importancia para el desarrollo ulterior de los temas que estamos estudiando en la actualidad. Hemos sido capaces de reunir juntos muchos detalles esenciales que son esenciales para el conocimiento del ser humano. Por un lado, poco a poco estamos descubriendo el lugar del hombre en la vida del cosmos, y por el otro, su lugar en la vida social. Pero será necesario hoy considerar ciertos asuntos que contribuyan a una mejor comprensión del ser y la naturaleza del hombre.
Cuando el hombre es estudiado mediante el pensamiento científico moderno, sólo se toma en consideración una parte del ser. No se toma en cuenta el hecho de que, además de su cuerpo físico, el hombre también tiene otros miembros más elevados. Pero dejaremos esto de lado hoy y pensaremos en algo que es más o menos reconocido por la ciencia y también ha abierto un camino en la conciencia general.
Al estudiar al ser humano, sólo se consideran pertenecientes a su organismo aquellos elementos que se pueden representar como sólidos o sólidos-fluidos. Se reconoce, por supuesto, que el fluido y los elementos aeríformes entran y salen del ser humano, pero éstos no son considerados en sí mismos como miembros integrales del organismo humano. El calor interno del hombre que es mayor que el de su entorno es considerado como un estado o condición de su organismo, pero no como un miembro real de su constitución. Enseguida veremos lo que quiero decir con esto. Ya he llamado la atención sobre el hecho de que cuando estudiamos el ascenso y descenso del líquido cerebral a través del canal espinal, podemos observar un movimiento oscilatorio regular hacia arriba y hacia abajo causado por la inhalación y la exhalación; cuando respiramos, el fluido cerebral es impulsado hacia arriba y golpea, por así decirlo, contra la estructura del cerebro; cuando exhalamos, el líquido desciende de nuevo. Estos procesos de los componentes puramente líquidos del organismo humano no se consideran parte integrante del propio organismo. La idea general es que el hombre, como estructura física, consiste en las sustancias más o menos sólidas, o al menos sólido/ líquidas que se encuentran en él.
El hombre es representado como una estructura construida a partir de estas sustancias más o menos sólidas (véase el Diagrama I).

Los otros elementos, el elemento fluido, como lo he mostrado por el ejemplo del fluido cerebral y el elemento aeriforme, no son considerados por la anatomía y la fisiología como pertenecientes al organismo humano como tal. Se dice: Sí, el ser humano atrae el aire que sigue ciertos caminos por su cuerpo y también tiene ciertas funciones definidas. Este aire se exhala de nuevo. - Entonces se habla de esa condición de calor del cuerpo, pero en realidad se considera el elemento sólido como el único factor organizador y no se dan cuenta de que además de esta estructura sólida también deben ver al hombre entero como una columna de fluido (Diagrama II,
azul), como permeado por el aire (rojo) y como un ser en el que hay un grado definido de calor (amarillo). Un estudio más exacto muestra que así como los constituyentes sólidos o fluido/sólidos deben ser considerados como una parte integral o miembro del organismo, por lo que la fluidez real no debe considerarse como un fluido muy uniforme, sino como diferenciado y organizado - Aunque el proceso aquí es más fluctuante - y tiene su propio significado particular.
Por lo tanto, además del hombre sólido, debemos tener en cuenta al «hombre fluido» y también al «hombre aeriforme», pues el aire que está dentro de nosotros, en cuanto a su organización y diferenciación, es un organismo en el mismo sentido que lo es el organismo sólido, sólo que es gaseoso, aeriforme, y en movimiento. Y por último, el calor en nosotros no es un calor uniforme que se extiende sobre todo el ser humano, sino que también está delicadamente organizado. Sin embargo, tan pronto como empezamos a hablar del organismo fluido que ocupa el mismo espacio que ocupa el organismo sólido, comprendemos inmediatamente que no podemos hablar de este organismo fluido en el hombre terrenal sin hablar del cuerpo etérico que lo impregna y lo llena de fuerzas. El organismo físico existe por sí mismo, por así decirlo; Es el cuerpo físico; En la medida en que lo contemplemos en su totalidad, lo consideramos, en primer lugar, como un organismo sólido. Este es el cuerpo físico.
Vamos entonces en segundo lugar a considerar el organismo fluido, que, por supuesto, no puede ser investigado de la misma manera que el organismo sólido, por disección, sino que debe ser concebido como un organismo fluido interiormente móvil. No puede estudiarse a menos que pensemos en él como permeado por el cuerpo etérico.
En tercer lugar, existe el organismo aeríforme que de nuevo no puede estudiarse a menos que tambien lo consideremos como permeado de fuerzas provenientes del cuerpo astral.
En cuarto lugar, está el organismo calorico con toda su diferenciación interior. Está permeado por las fuerzas del Ego. - Así es como se constituye el ser humano como ser terrenal hoy.
                                        Organismo sòlido       Organismo fluido      Organismo Aeriforme          organismo calorico
Pensemos, por ejemplo, en la sangre. En la medida en que es principalmente fluida, y por consiguiente esta sangre pertenece al organismo fluido, encontramos en la sangre el cuerpo etérico que la permea con sus fuerzas. Pero en la sangre también está presente lo que generalmente es llamada propiedad calórica. Pero ese «organismo» no es de ninguna manera idéntico al organismo de la sangre como tal fluido. Si fuéramos a investigar esto -y también puede hacerse con métodos físicos de investigación- encontraríamos al registrar la calidez en las diferentes partes del organismo humano que la calidez no puede ser identificada con el organismo fluido ni con cualquier otro.
Reflexionando directamente sobre el hombre de esta manera, encontramos que es imposible que nuestro pensamiento se detenga dentro de los límites del propio organismo humano. Podemos permanecer dentro de estos límites sólo si pensamos meramente en el organismo sólido que está aislado de lo que está fuera de él, por la piel. Incluso esto, sin embargo, sólo es aparentemente así. La estructura sólida se considera generalmente como si fuera un bloque firme y cerrado; Mas también está interiormente diferenciado y está relacionado de múltiples maneras con la tierra sólida como un todo. Esto es obvio por el hecho de que las diferentes sustancias sólidas tienen, por ejemplo, pesos diferentes; lo cual solo demuestra que los sólidos dentro del organismo humano se diferencian, tienen diferentes pesos específicos en el hombre. En cuanto a su organismo físico, por consiguiente, el ser humano está relacionado con la tierra como un todo. Sin embargo, es posible, al menos según la evidencia externa, colocar límites espaciales alrededor del organismo físico.
Es diferente cuando llegamos a la segunda, en la que el organismo fluido es permeado por el cuerpo etérico. Este organismo fluido no puede ser estrictamente demarcado del medio ambiente. Todo lo que es fluido en cualquier área del espacio es colindante al elemento fluídico en el ambiente. Aunque el elemento fluido como tal está presente en el mundo fuera de nosotros en un estado enrarecido, no podemos establecer una demarcación tan definida entre el elemento fluido dentro del hombre y el elemento fluido fuera del hombre, como en el caso del organismo sólido. Por lo tanto, la frontera entre el organismo fluido interior del hombre y el elemento fluido en el mundo externo debe dejarse indefinida.
Hay que hacer aún mayor hincapié cuando llegamos a considerar el organismo aerífero que está permeado por las fuerzas del cuerpo astral. El aire que hay dentro de nosotros en un momento dado, estaba fuera un momento antes, y pronto volverá a salir. Estamos entrando y sacando el elemento aeriforme todo el tiempo. Podemos realmente pensar en el aire como algo que rodea nuestra tierra y decir: penetra en nuestro organismo y se retira de nuevo; Pero al penetrar en nuestro organismo se convierte en una parte integral de nosotros. En nuestro organismo aeriforme en realidad tenemos algo que se construye constantemente fuera de toda la atmósfera y luego se retira de nuevo a la atmósfera. Cada vez que respiramos, algo se construye dentro de nosotros, o, por lo menos, cada respiración causa un cambio, una modificación, en un proceso constructivo dentro de nosotros. Del mismo modo, un proceso destructivo, parcialmente destructivo, tiene lugar cada vez que exhalamos. Nuestro organismo aeríforme sufre un cierto cambio con cada respiración; tanto cuando inhalamos como cuando exhalamos. Cuando exhalamos, el organismo aeríforme, por supuesto, no muere, simplemente experimenta un cambio; sino que hay una interacción constante entre el organismo aeriforme dentro de nosotros y el aire exterior. Las concepciones triviales usuales acerca del organismo humano sólo pueden deberse al error de no darse cuenta de que existe un ligero grado de diferencia entre el organismo aeríforme y el organismo sólido.
Y ahora llegamos al organismo calorico. Por supuesto, forma parte de acuerdo con la forma de pensar materialista-mecanicista, el estudiar sólo el organismo sólido e ignorar el organismo fluido, el organismo aeríforme y el organismo calorico. Pero no se puede adquirir ningún conocimiento real del ser del hombre a menos que estemos dispuestos a reconocer que tambien forman parte de él como miembros el organismo cálorico, el organismo aeríforme, el organismo fluido y el organismo terrestre (sólido).
El organismo calorico es primordialmente el campo del Ego. El Ego mismo es la organización espíritual que imbuye con sus propias fuerzas el calor que está dentro de nosotros, y que gobierna y le da configuración, no sólo externamente sino también internamente. No podemos entender la vida y la actividad del alma a menos que recordemos que el Ego trabaja directamente sobre el calor. Es principalmente el Ego en el hombre el que activa la voluntad, el que genera impulsos de voluntad. - ¿Cómo genera el ego los impulsos de la voluntad? Desde un punto de vista diferente hemos hablado de cómo los impulsos de la voluntad están conectados con la esfera terrestre, en contraste con los impulsos de pensamiento e ideación que están conectados con las fuerzas exteriores de más allá de la esfera terrestre. Pero ¿Cómo el Ego, que sostiene unidos los impulsos de la voluntad, envía estos impulsos al organismo, a todo el ser del hombre? Esto se logra a través del hecho de que la voluntad trabaja principalmente en el organismo calorico. Un impulso de voluntad que procede del Ego trabaja sobre el organismo de calor. Bajo las condiciones terrestres actuales, no es posible que lo que ahora voy a describirles les aparezca como una realidad concreta. Sin embargo, puede concebirse como algo esencialmente presente en el hombre. Se puede concebir si pasamos por alto la organización física dentro del espacio delimitado por la piel humana. Pasando por alto esto, también el organismo fluido, y el organismo aeriforme. Entonces el espacio permanece lleno de nada más que calor el cual está, por supuesto, en comunicación con el calor de afuera. Pero lo que está activo en este calor, lo que lo hace fluir, lo que lo pone en movimiento y lo convierte en un organismo - es el Ego.
El cuerpo astral del hombre contiene dentro de si, las fuerzas del sentimiento. Este, lleva esas fuerzas del sentimiento a obrar físicamente en el organismo aeriforme del hombre.
Como ser terrenal, la constitución del hombre es tal que, por via del organismo calorico, su Ego da lugar a que se plasmen en el mundo fisico cuando actúa como un ser de voluntad. Los sentimientos experimentados en el cuerpo astral y que llegan a su expresión en la organización terrenal, se manifiestan en el organismo aeríforme. Y cuando llegamos al organismo etérico, al cuerpo etérico, encontramos en él el proceso conceptual, en la medida en que éste tiene un carácter pictórico - más fuertemente pictórico de lo que conscientemente somos conscientes, para empezar, porque el cuerpo físico todavía estorba y reduce las imágenes a conceptos mentales. Este proceso trabaja sobre el organismo fluido.
Esto nos muestra que tomando en consideración estos diferentes organismos en el hombre, nos acercamos a la vida del alma. La observación materialista, que se detiene en la estructura sólida e insiste en que según la naturaleza misma de las cosas, el agua no puede convertirse en un organismo, está obligada a enfrentarse a la vida del alma con una completa falta de entendimiento; Porque es precisamente en estos otros organismos, donde la vida del alma llega a su inmediata expresión. El organismo sólido en sí es, en realidad, sólo el que proporciona soporte a los otros organismos. El organismo sólido está ahí como una estructura de soporte compuesta de huesos, músculos, y demas. Dentro de esta estructura de soporte está como miembro el organismo fluido, con su propia diferenciación y configuración interior; En este organismo fluido vibra el cuerpo etérico, y dentro de este organismo fluido se producen los pensamientos. ¿Cómo se producen los pensamientos? A través del hecho de que dentro del organismo fluido algo se afirma en una metamorfosis particular - osea, lo que conocemos en el mundo externo como tono.
El tono es, en realidad, algo que con el modo ordinario de observación llevamos muy confundidos. Como seres humanos terrenales, percibimos que el tono nos es transmitido por el aire. Pero, de hecho, el aire es sólo el transmisor del tono, que en realidad teje en el aire. Y cualquier persona que asuma que el tono en su esencia es meramente una cuestión de vibraciones del aire es como aquél que dice: El hombre sólo tiene su organismo físico, y no hay alma en él. Si se piensa que las vibraciones del aire constituyen la esencia del tono, cuando en realidad son sólo su expresión externa, es lo mismo que ver sólo el organismo físico sin alma. El tono que vive en el aire es esencialmente una realidad etérica. Y el tono que oímos a través del aire surge por el hecho de que el aire está permeado por el Éter Tónico (véase el Diagrama III) que es el mismo que el Éter Químico. Al permear el aire, este Éter Químico transmite lo que vive dentro de él al aire, y entonces se nos hace presente aquello que llamamos el tono.



Este éter tónico o éter químico está esencialmente activo en nuestro organismo fluido. Por lo tanto, podemos hacer la siguiente distinción: En nuestro organismo fluido vive nuestro propio cuerpo etérico; Pero además penetra en él desde todas las direcciones el Éter Tónico que subyace al tono. Por favor distingan cuidadosamente aquí. Tenemos en nosotros nuestro cuerpo etérico; Funciona y está activo dando lugar a pensamientos en nuestro organismo fluido. Pero lo que puede llamarse el Éter Químico fluye continuamente dentro y fuera de nuestro organismo fluido. De este modo tenemos un organismo etérico completo en sí mismo, que consiste en Éter Químico, Éter Calorico, Éter Luminico, Éter de Vida, y además encontramos en él, en un sentido muy especial, el Éter Químico que entra y sale por medio del organismo fluido.
El cuerpo astral que tiene como expresión el sentimiento, opera a través del organismo aeriforme. Pero hay aún otro tipo de éter que está conectado especialmente con el organismo del aire, permeandolo. Es el Éter Luminico. Las concepciones anteriores del mundo siempre hacian enfasis sobre esta afinidad del aire físico exhalado con el Éter Luminico que lo impregna. Este Éter Luminico que, por así decirlo, es acarreado por el aire y está conectado con el aire de manera aún más íntima que el tono, también penetra en nuestro organismo aéreo y es el causante de lo que pasa dentro y fuera de él. Así pues, tenemos nuestro cuerpo astral que es el portador del sentimiento, y que es especialmente activo en el organismo aereo, y allí está en contacto constante con el Éter Luminico.
Y ahora llegamos al Ego. Este Ego humano, que está activo en el organismo calorico por medio de la voluntad, está de nuevo conectado con el calor exterior, con el flujo entrante y saliente del Ether calorico.
Ahora consideren lo siguiente. El cuerpo etérico permanece en nosotros también durante el sueño, desde el momento de dormirnos hasta el momento de despertarnos; Por lo tanto, la interacción entre el Éter Químico y el cuerpo etérico continúa dentro de nuestro ser, a través del organismo fluido, también mientras estamos dormidos. Es diferente en el caso del cuerpo astral y de sentimientos. Desde el momento de dormirnos hasta el momento de despertarnos, el cuerpo astral está fuera del organismo humano; El cuerpo astral y de sentimientos entonces no trabaja sobre el organismo aereo, sino que el organismo aereo que está conectado con todo el mundo circundante – es sostenido desde fuera durante el sueño. Y el ser humano mismo, con su cuerpo astral y de sentimientos, sale del cuerpo y pasa a un mundo con el cual se relaciona principalmente a través del Éter luminico. Mientras está dormido, el hombre vive directamente en un elemento que es transmitido a su cuerpo astral por el organismo aereo durante la vigilia. Lo mismo podemos decir de manera similar del Ego y del organismo-calorico.
Es obvio por tanto, que la comprensión de la conexión del hombre con el universo circundante es posible sólo como resultado de un estudio profundo de estos miembros del ser, de los cuales el pensamiento mecanicista ordinario no tiene en cuenta en absoluto. Pero todo en nosotros se interpenetra, y como el Ego está en el organismo calorico, también permea el organismo aeriforme, el organismo fluido y el organismo sólido,permeándolos del calor que todo lo impregna. Así, el organismo calorico vive dentro del organismo aériforme; El organismo calorico, como es impregnado con las fuerzas del Ego, también trabaja en el organismo fluido.
Esto indica cómo, por ejemplo, debemos buscar la forma en que el Ego trabaja en la circulación sanguinea. Actua en la circulación sanguinea por medio del organismo calorico Actua como la entidad espiritual que, por así decirlo, envía la fuerza de voluntad fuera del calor, a través del aire, al organismo fluido. Así, todo en el organismo humano actua sobre todo lo demás. Pero no llegaremos a ninguna parte si sólo tenemos ideas generales y abstractas de esta interacción; sólo conseguiremos algun resultado si podemos desarrollar una idea concreta de la constitución del hombre y de cómo todo lo que está a nuestro alrededor participa en nuestra estructura.
La condición del sueño, también, puede entenderse pero sólo si nos acercamos mucho más a estas cuestiones. Durante el sueño, sólo el cuerpo físico y el cuerpo etérico permanecen como son durante el estado de vigilia; El Ego y el cuerpo astral están fuera. Pero en el ser humano durmiente las fuerzas que están dentro de los cuerpos físico y etérico también pueden estar activas – tanto en el organismo aeriforme como también en el organismo calorico.
Cuando volvamos a considerar la vida de vigilia, desde lo que hemos dicho comprenderemos la conexión del Ego con el cuerpo astral y con todo el organismo. Durante el sueño, cuando el Ego y el cuerpo astral están afuera, los cuatro elementos están, sin embargo, dentro del organismo humano: la estructura de soporte sólida, el organismo fluido, pero también el organismo aereo en el cual por lo demas actua el cuerpo astral y el organismo calorico en el cual el Ego actua. Estos elementos se encuentran dentro del organismo humano y funcionan con la misma regularidad y de manera organizada, tanto durante el sueño como durante el estado de vigilia, osea cuando el Ego y el cuerpo astral si están activos dentro de ellos.
Durante el estado de sueño tenemos dentro de nosotros, en lugar del Ego, que ahora está fuera, el espíritu que todo lo permea en el cosmos y que en la vida de vigilia hemos dejado afuera a través de nuestro Ego que es parte de ese espíritu. Durante el sueño nuestro cuerpo calorico está permeado por la espiritualidad cósmica, nuestro organismo aeriforme por lo que podemos llamar astralidad cósmica (o mundo del alma), que también hemos dejado afuera mientras estamos despiertos.

La vida cuando estamos despiertos y la vida cuando dormimos, también pueden ser estudiadas desde este punto de vista. Cuando estamos dormidos, nuestro organismo calorico está permeado de la espiritualidad cósmica que al despertar dejamos afuera a través de nuestro Ego, porque en la vida despierta es el Ego quien produce en el organismo-calorico lo que de otra manera es causado por la espiritualidad cósmica. Lo mismo ocurre con la astralidad cósmica; La dejamos afuera cuando nos despertamos y la readmitimos en nuestro organismo cuando nos dormimos. Así podemos decir: en cuanto dejamos nuestro cuerpo durante el sueño, permitimos que el espíritu cósmico sea acogido en nuestro organismo calorico, y al mundo del alma, o astralidad cósmica, en nuestro organismo aeríforme.
Si estudiamos al hombre sin ideas preconcebidas, alcanzamos a comprender no sólo en cuanto a su relación con el mundo físico circundante, sino también de su relación con la espiritualidad y la astralidad cósmicas.
Este es un aspecto del tema. Podemos ahora considerarlo también desde el aspecto del conocimiento, de la cognición, y verán cómo los dos aspectos coinciden entre sí. Es costumbre llamar al «conocimiento» sólo lo que el hombre experimenta a través de la percepción y la elaboración intelectual de las percepciones desde el momento de despertar hasta el de dormirse. Pero así sólo llegamos a conocer el ambiente físico del hombre. Si nos atenemos a los principios del pensamiento científico-espiritual y no nos entregamos a la fantasía, no consideraremos, por supuesto, las imágenes de la vida onírica como realidades inmediatas en sí mismas, ni buscaremos en los sueños el conocimiento tal como lo buscamos despiertos con la actividad mental y la percepción. Sin embargo, en un cierto nivel inferior, soñar es una forma de conocimiento. Es una forma particular de autoconocimiento físico. A grandes rasgos, puede ser obvio que un hombre ha estado "soñando" con las condiciones interiores cuando, digamos, se despierta con el sueño de haber soportado el calor de una estufa intensamente caliente y luego, al despertar, encuentra que tiene fiebre o está sufriendo de algún tipo de dolencia inflamatoria. En otras ocasiones también, los sueños asumen una configuración definida. Un hombre puede soñar con enroscar serpientes cuando algo está en desorden en sus intestinos; O puede soñar con cuevas en las que se ve obligado a deslizarse, y luego se despierta con un dolor de cabeza, y así sucesivamente. Tenue y oscuramente, los sueños apuntan a nuestra vida orgánica interior, y ciertamente podemos hablar de una especie de conocimiento inferior hacindo acto de presencia en los sueños. Sólo hay un realzamiento de esto cuando los sueños de personas particularmente sensibles reflejan de forma muy exacta funciones del organismo.
Generalmente se cree que el dormir profundamente y sin sueños no contribuye en absoluto a una forma de conocimiento, que el dormir sin sueños no tiene ningún valor en cuanto al conocimiento. Pero este no es el caso. El sueño sin sueños tiene definida su tarea a llevar a cabo para el conocimiento - el conocimiento que tiene una conducta individual y personal. Si no durmiéramos, si nuestra vida no estuviera continuamente interrumpida por períodos de sueño, seríamos incapaces de alcanzar un concepto claro del Yo, el Ego; No podríamos tener una comprensión clara de nuestra identidad. No experimentariamos nada excepto el mundo exterior y nos perderiamos enteramente en él. Se presta poca atención a esto, porque las personas no tienen el hábito de pensar de una manera realmente desprejuiciada sobre lo que se experimenta en la vida del alma y en la vida corporal.


fig. IV

Miramos hacia atrás sobre nuestra vida, a la serie de imágenes de nuestras experiencias hasta donde nos permite la memoria. Pero toda esta corriente de recuerdos se interrumpe cada noche por el sueño. En esta retrospección sobre las imagenes de nuestra vida, los intervalos de sueño no son tenidos en cuenta. No se nos ocurre que la corriente de recuerdos es interrumpida cada vez por los períodos de sueño. El hecho de haber tantas interrupciones significa que, sin ser conscientes de ello, miramos un vacío, una nada, algo así como una esfera llena de contenido. Si aquí (figura IV) tenemos una esfera blanca con un área negra en el medio, vemos el blanco y en el medio el negro, que, comparado con el blanco, es un vacío, una nada. (Esto no es absolutamente preciso, pero no tenemos que pensar en eso en este momento.) Vemos el área negra, y vemos que en la esfera blanca algo ha quedado libre, pero esto es igualmente una impresión positiva aunque no idéntica a las impresiones de la esfera blanca. El área negra también da una impresión positiva. De la misma manera la experiencia es positiva cuando miramos hacia atrás sobre nuestra vida y nada fluye en esta inspección retrospectiva de los períodos de sueño. Lo que dormimos está en realidad incluido en la inspección retrospectiva, aunque no somos conscientes de ello directamente porque la conciencia se centra enteramente en las imágenes dejadas por la vida despierta. Pero esta conciencia se fortalece interiormente por el hecho de que en el campo de la visión retrospectiva también hay lugares vacíos; Esto constituye la fuente de nuestra conciencia en tanto que es la conciencia interior. Nos perderíamos por completo en el mundo exterior si estuviéramos siempre despiertos, si este estado de vigilia no fuese interrumpido continuamente por el sueño. Pero mientras que el dormir lleno de sueños nos refleja en cuadros caóticos ciertos fragmentos de nuestras condiciones orgánicas internas, el sueño sin sueños nos imparte la conciencia de nuestra organización como hombre de nuevo, por lo tanto, el conocimiento. A través de la conciencia despierta percibimos el mundo externo. A través de los sueños, percibimos -aunque débilmente y sin definición firme- fragmentos únicos de nuestras condiciones orgánicas internas. A través del dormir sin sueños llegamos a conocer nuestra organización en su totalidad, aunque tenue y oscuramente. Así pues, ya hemos considerado tres etapas del conocimiento: el dormir sin sueños, el dormir lleno de sueños y el estado de vigilia.
Luego llegamos a las tres formas superiores de conocimiento: Imaginación, Inspiración e Intuición. Estas son las etapas que se encuentran por encima de la conciencia ordinaria despierta y como estados de conciencia cada vez más claros, nos proveen de más y más datos de conocimiento, Mientras que por debajo de la conciencia ordinaria llegamos a esos fragmentos caóticos de conocimiento que son sin embargo, necesarios para las formas ordinarias de la experiencia.
Así es como debemos pensar en el campo de la conciencia. No debemos hablar de tener sólo la conciencia de vigilia ordinaria como tampoco debemos hablar de tener sólo el conocido organismo sólido. Debemos hablar del hecho que el organismo sólido es algo que existe dentro de un espacio claramente demarcado, de modo que si pensamos de una manera totalmente materialista, lo tomaremos como el organismo humano propiamente dicho. Debemos recordar que la conciencia ordinaria está realmente presente y que sus ideas e imágenes mentales nos llegan en contornos definidos. Pero no por ello debemos pensar que tenemos solamente el cuerpo sólido, ni que tengamos la conciencia de vigilia solamente. Puesto que el cuerpo sólido está permeado por el cuerpo fluido que tiene una organización que fluctúa interiormente, y a su vez la conciencia clara del día está permeada por la conciencia del sueño, produciendo cuadros que no tienen contornos agudos sino contornos fluctuantes, aquí la conciencia se vuelve "fluida"' en cierto sentido. Y así como tenemos el organismo fluido, tenemos el organismo aereo, que durante el estado de sueño está siendo sostenido por algo que no somos nosotros, y por lo tanto no está enteramente, sino sólo parcial y transitoriamente, conectado con nuestra propia vida del alma – es decir solamente en la vida de vigilia; sin embargo lo tenemos dentro de nosotros como un organismo real.
También tenemos un tercer estado de conciencia, la oscura conciencia del dormir sin sueños, en la que las ideas y las imágenes de los pensamientos se vuelven no sólo nebulosas, sino atenuadas hasta el grado de oscuridad interior; En el dormir sin sueños dejamos de experimentar por completo la propia conciencia, así como bajo ciertas circunstancias, mientras estamos dormidos, dejamos de experimentar el cuerpo aeriforme. (Diagrama V)



Así que ya ven, no importa si estudiamos al hombre desde el aspecto interior o exterior, alcanzamos una concepción cada vez más llena y más amplia de su ser y de su constitución. Pasando del cuerpo sólido al cuerpo fluido, al cuerpo aereo y al cuerpo calorico, llegamos a la vida del alma. Pasando de la clara conciencia del día a la conciencia del sueño, llegamos al cuerpo. Y llegamos al cuerpo en un sentido aún más profundo a través del conocimiento de estar dentro de él a través del dormir sin sueños. Cuando llevamos la conciencia despierta hacia abajo hasta la conciencia del dormir sin sueños y observamos al ser humano en los miembros de su conciencia, llegamos a la constitución corporal. Cuando consideramos la propia constitución corporal, desde su estado sólido hacia arriba hasta su estado calorico, salimos de la constitución corporal.
Esto les muestra lo necesario que es, no simplemente aceptar lo que se nos presenta a la sesgada observación externa. Ahí, por un lado, está el cuerpo sólido, al que está anclado el pensamiento materialista-mecanicista; Y en el otro lado está la vida del alma que para la conciencia moderna aparece dotada de contenido sólo en forma de experiencias pertenecientes a la clara conciencia del día. El pensamiento basado únicamente en la observación externa no baja de este estado de conciencia. (Véase el Diagrama V: Ego), pues si lo hiciera llegaría al cuerpo. No baja del cuerpo espiritual (cuerpo-calorico), porque si lo hiciera sería llevado al cuerpo sólido. Este tipo de pensamiento estudia el cuerpo sólido sin el cuerpo fluido, el cuerpo aereo o el cuerpo calorico y la conciencia de día, sin aquello que en realidad refleja la naturaleza corporal interna, sin la conciencia del sueño ni la conciencia del dormir sin sueños .
Sobre la base de la psicología académica, surge la pregunta: ¿Cómo vive el alma y el espíritu en el hombre físico? - En realidad tenemos el cuerpo sólido, el cuerpo fluido, el cuerpo aereo y el cuerpo calorico. (Diagrama V). A través del cuerpo, el Ego despliega la clara conciencia del día. Pero bajando tenemos la conciencia del sueño, y aún más abajo la conciencia del dormir sin sueños. Descendiendo incluso más lejos (Diagrama V, sombreado horizontal), llegamos - como ustedes saben por el libro La Ciencia Oculta - a otro estado de conciencia que no necesitamos considerar ahora. Si nos preguntamos cómo se relaciona lo que está aquí a la derecha (Diagrama V) con lo que está a la izquierda, encontraremos que armonizan, porque aquí (flecha al lado izquierdo), ascendiendo desde abajo hacia arriba, llegamos al reino del alma-; Y aquí (flecha en el lado derecho) llegamos a la constitución corporal: la derecha y la izquierda armonizan.
Pero, hablando llanamente, el pensamiento externalizado de hoy sólo tiene en cuenta el cuerpo sólido, y una vez mas, solo un estado de conciencia (Ego). El Ego flota en las nubes y el cuerpo sólido está en el suelo - y no se halla ninguna relación entre los dos. Si usted leen la literatura de la psicología moderna, encontrarán las hipótesis más increíbles de cómo el alma trabaja sobre el cuerpo. Pero todo esto se debe al hecho de que sólo una parte del cuerpo es tenida en cuenta, y luego algo que está totalmente separado de el - una parte del alma. (Diagrama VI, sombreado verde).



Lo que la Ciencia Espiritual apunta por todas partes para la totalidad de la visión, que en verdad se debe construir el puente entre la constitución corporal por un lado y la vida del alma por el otro, que ponga de relieve, los estados del ser donde el elemento del alma se convierte en elemento corporal y el elemento corporal en elemento del alma, todo esto arruina a nuestros contemporáneos, que insisten en no ir más allá de lo que se presenta ante ellos en una contemplación externa, cargada de prejuicios.






miembro
fuerzas
Area de actuación
Ether
Ego
Voluntad
Organismo  Calórico
 Calórico
Cuerpo Astral
Sentimiento
Organismo aereo
 Lumínico
Cuerpo Eterico
Pensamiento
Organismo Fluido
 Químico





















***** fuente *****

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