CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA107 Berlín, 27 de abril de1909- la risa y el llanto

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  GA107      LA RISA Y EL LLANTO

Berlín, 27 de abril de1909  

17 ª Conferencia

Este invierno hemos dado toda una serie de charlas sobre la ciencia espiritual con el propósito específico de estar más en contacto con toda la naturaleza del ser del hombre. Hemos visto el gran enigma del hombre desde tantos aspectos como ha sido posible. Hoy nuestra tarea va a ser hablar de algo que absolutamente forma parte de la vida cotidiana.

GA107 Berlín, 26 de enero de1909- Enfermedad y Karma

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  GA107      ENFERMEDAD Y KARMA

  



Berlín, 26 de enero de1909
14 ª Conferencia

Continuemos pues, con nuestros estudios que nos van acercando más y más a una comprensión más profunda del ser del hombre y de su tarea en el mundo. Recordarán que en una de las conferencias de grupo celebradas aquí este invierno (10 de noviembre), se habló sobre las cuatro formas diferentes en que el ser humano puede enfermar y también se señaló que las enfermedades que surgen como consecuencia real del karma, serían discutidas posteriormente. Hoy queremos hablar algo sobre una cierta parte de esta causa kármica de la enfermedad.

Antes hemos explicado que la división del ser del hombre en cuatro miembros, el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo, nos permite tener una especie de reconocimiento del fenómeno de la enfermedad según la manera en que cada uno de estos miembros se expresa en ciertos órganos y complejos de órganos del cuerpo físico mismo. Es decir, el yo tiene su principal equivalente físico en la sangre, el cuerpo astral en el sistema nervioso, el cuerpo etérico en todo lo que corresponde al sistema glandular, y el cuerpo físico se representa a sí mismo. Luego expusimos las enfermedades que surgen del yo como tal y que, por lo tanto, se manifiestan físicamente como irregularidades en el funcionamiento sanguíneo. Indicamos que las alteraciones que se originan en en el cuerpo astral se manifiestan como irregularidades en el sistema nervioso, también, que lo que se origina en el cuerpo etérico se manifiesta en afecciones del sistema glandular y que es en el cuerpo físico donde tenemos que buscar aquellas enfermedades que tienen causas externas
 principalmente. Todo esto, sin embargo, solo apunta a ese aspecto de la enfermedad que está conectado con el lapso de una vida humana. Ahora bien, cualquiera que sea capaz de mirar toda la existencia, de una manera científico-espiritual, tiene la sospecha de que la enfermedad también debe depender en cierta medida del karma de una persona, de esa gran ley de causas, que muestran las conexiones espirituales entre las diversas encarnaciones del hombre. Pero los caminos del karma son muy intrincados y múltiples y debemos estudiar la composición más detallada de las conexiones kármicas, antes de que podamos entender algo sobre ellas. Hablemos hoy sobre algunos aspectos de algo que es muy interesante para la gente, a saber, conocer cómo están conectadas las enfermedades con las causas que el mismo hombre hizo en vidas pasadas. Para hacer esto, debemos decir algunas palabras introductorias sobre el tema de cómo actúa la ley del karma en la vida humana. Nos referiremos a algunas cosas que la mayoría de ustedes conoce de otras conferencias, pero es esencial tener una imagen exacta de cómo las causas kármicas de una vida, se convierten en los efectos en la siguiente. Por lo tanto, tendremos que decir algunas palabras sobre lo que le sucede al hombre espiritualmente en el período posterior a la muerte.

Sabemos que al atravesar el hombre el umbral de la muerte, primero que nada, tiene el tipo de experiencias que le sobrevienen porque ahora se encuentra en una situación completamente diferente de cualquier cosa que se haya encontrado en su reciente vida pasada. Su yo y su cuerpo astral están conectados con el cuerpo etérico, pero sin que el cuerpo físico esté allí. Él, por así decirlo, lo ha dejado de lado. Esto, en la vida en la tierra, solo ocurre en circunstancias excepcionales como a menudo hemos mencionado. Durante su vida, cuando el hombre duerme, deja su cuerpo etérico a un lado así como su cuerpo físico, por lo tanto, esta combinación de yo, cuerpo astral y cuerpo etérico solo se da después de la muerte y ademas solo por un corto tiempo, solo cuestión de días . Las experiencias que siguen inmediatamente después de la muerte también han sido mencionadas; el hombre tiene la sensación de crecer mucho más allá del espacio que anteriormente ocupaba, hasta abarcar todas las cosas. Hemos mencionado cómo las imágenes de su vida pasada se muestran ante él como un gran panorama. Luego, después de un número de días que varía individualmente, un segundo cadáver, el del cuerpo etérico, es abandonado siendo absorbido por el éter universal general, excepto en aquellos casos que mencionamos al discutir cuestiones íntimas de la reencarnación, en los que el cuerpo etérico es preservado en cierto modo para un uso en el futuro. Sin embargo, lo que se preserva es sólo un extracto del cuerpo etérico, el fruto de la experiencia de la vida. Luego sigue la vida, ahora ya solo determinada por la combinación del yo y el cuerpo astral sin que el hombre esté sujeto a un cuerpo físico. Este es el período que en la literatura antroposófica llamamos Kamaloca, que con frecuencia lo describimos también como el período de aprender cómo desenvolverse sin cuerpo ni existencia física.

Sabemos que cuando el hombre atraviesa por el umbral de la muerte, todavía permanecen en su cuerpo astral todas esas fuerzas que tenía en el momento de la muerte. Porque él ha dejado de lado solo el cuerpo físico, el instrumento de disfrute y acción. Este ya no lo tiene, pero el cuerpo astral si lo tiene aún. Aún conserva consigo el portador de las pasiones, instintos y deseos. Todavía anhela las mismas cosas,( por costumbre podríamos decir), que anhelaba en la vida. Solo que, mientras estaba vivo, el hombre satisfacía sus deseos mediante el instrumento del cuerpo físico. Después de la muerte carece ya de ese instrumento, por lo que se ve privado de la posibilidad de satisfacción. Esto se siente, como una especie de sed por la vida física, hasta que el hombre se haya acostumbrado a vivir únicamente en el mundo del espíritu, teniendo únicamente lo que se puede adquirir a partir del espíritu. En tanto el hombre no haya aprendido a hacer esto, continúa viviendo en lo que llamamos el período de romper con sus hábitos, o Kamaloca.

Ya hemos descrito la notable manera en que este período de la vida sigue su curso y sabemos que en esta etapa de su existencia la vida del hombre fluye hacia atrás. Esto es algo que al principio, es difícil de entender para los recién llegados a la antroposofía. El hombre atraviesa el período de Kamaloca, (que dura aproximadamente un tercio de la duración de su vida terrenal), en secuencia inversa. Asumiendo que un hombre muere en su cuadragésimo año, pasará por todas las experiencias que ha vivido en la vida en orden inverso, comenzando con su trigésimo noveno año, luego el trigésimo octavo, el trigésimo séptimo, el trigésimo ... sexto, y así sucesivamente. Él realmente atraviesa toda su vida al revés, hasta el momento del nacimiento. Esto es lo que encierran las hermosas palabras de Cristo, cuando hablaba de la entrada del hombre en el mundo espiritual o en el reino de los cielos: ¡No entraréis en el reino de los Cielos, salvo que os convirtáis en niños pequeños! En otras palabras, el hombre vive hacia atrás hasta sus primeros momentos y una vez absuelto de todo, entonces puede entrar al Devachán o reino de los Cielos y estar en el mundo espiritual a partir de entonces. Esto es difícil de imaginar, ya que estamos muy acostumbrados a que el tiempo sea absoluto, como lo es en el plano físico. Requiere un esfuerzo considerable para acostumbrarse a esto, pero llegará.

Ahora debemos representarnos a nosotros mismos lo que hace realmente el hombre en el Kamaloca. Podríamos decir mucho sobre eso, por supuesto. Hoy, sin embargo, nos concentraremos únicamente en lo que concierne a la cuestión de la causa kármica de las enfermedades. Por tanto, lo que voy a decir no debe tomarse como el único tipo de experiencia en el Kamaloca, sino como uno entre muchos.

Podemos en primer lugar, visualizar que uso de este tiempo en el Kamaloca, hace el hombre para su futuro, al imaginar que el hombre que murió a los cuarenta años había hecho algo en su vigésimo año lastimando a otra persona. Cuando alguien ha hecho algo como lastimar a otra persona, tiene un cierto efecto en toda su vida. Cualquier acción del hombre que hiere a otro ser o criatura o al mundo en general, obstaculiza a quien hace tal acción en su desarrollo. Esto es lo que la peregrinación de la vida significa para mí, que la fuerza primaria del alma, a medida que avanza de encarnación a encarnación, se va capacitando para un mayor desarrollo. Y este desarrollo progresa de tal manera que el hombre, por así decirlo, siempre está poniendo obstáculos en su propio camino. Si esta fuerza primaria fuera la única que estuviera activa, (es esta misma fuerza la que lleva el alma de vuelta a lo espiritual), el hombre solo necesitaría un breve tiempo en la tierra. Pero en tal caso, toda la evolución de la Tierra habría tomado un curso completamente diferente; además habría fallado en alcanzar su propósito. No deben pensar que el hombre estaría mejor si no pusiera obstáculos en su camino. Solo superando estas desventajas se hace fuerte y adquiere experiencia, ya que es la propia erradicación y superación de estos obstáculos lo que lo convertirá en el ser fuerte en que debe convertirse al final de la evolución de la tierra. Está completamente en concordancia con la evolución de la tierra que ponga obstáculos en su propio camino. Si no tuviera que reunir la fuerza para eliminar estos obstáculos, no adquiriría esta fuerza en absoluto. Por tanto el mundo sería más pobre. Debemos ignorar por completo la vinculación del bien y el mal con estos obstáculos y mirar únicamente la sabia intención del mundo, dirigida desde el principio, a que el hombre tuviera la posibilidad de ponerse obstáculos en la evolución terrenal para que al eliminarlos pudiera adquirir más tarde la fuerza. Incluso podríamos decir que la sabia guía del mundo ha permitido al hombre volverse malvado y dado la posibilidad de hacer daño, de modo que al reparar el daño y vencer al mal pueda fortalecerse en el curso del desarrollo kármico, mas de lo que se hubiera convertido si hubiera alcanzado su meta sin esfuerzo. Así es como debemos entender la importancia y la justificación de los obstáculos e impedimentos.

Cuando, (mientras está viviendo su vida retrospectivamente en el Kamaloca después de la muerte), un hombre encuentra algún daño que le hizo a un prójimo en su vigésimo año, experimenta este daño tanto como la alegría y el bien que produjo en otros. Sólo que ahora es en su propio cuerpo astral donde experimenta el daño que le hizo a otra persona. Supongamos que golpeó a alguien cuando tenía veinte años, de modo que realmente le hirió. En su viaje retrospectivo a través de su vida, lo siente en su propio cuerpo astral exactamente de la misma manera que lo sintió la otra persona cuando sucedió. Experimenta objetivamente en el mundo espiritual todo lo que hizo en el mundo externo y en el proceso adquiere la fuerza y la determinación por compensar el dolor en una de sus futuras encarnaciones. Su propio cuerpo astral le dice cómo se tuvo que sentir el otro y se da cuenta de que ha puesto un obstáculo en el camino de su desarrollo posterior. Esto tiene que ser eliminado, de lo contrario no se puede pasar de ahí. Este es el momento en que se forma la determinación de deshacerse del obstáculo. De este modo, cuando han vivido el período de Kamaloca, regresando a su infancia llenos de la intención de deshacerse de todos los obstáculos que crearon en la vida. Están llenos de intenciones y es la fuerza de estas intenciones la que provoca el carácter especial de sus futuras vidas en la tierra.

Supongamos que en su vigésimo año, B, hirió, a, A. Ahora él mismo tiene que sentir el dolor y decide recompensar a, A, en una vida futura, es decir, en el mundo físico, donde se realizó la lesión. La fuerza de esta buena resolución forma un lazo de atracción entre B, y A, y los une en la próxima vida. Esa misteriosa fuerza de atracción que une a las personas en la vida, surge del compromiso que han adquirido en el Kamaloca. Nuestras experiencias allí nos guían en la vida hacia aquellas personas a quienes tenemos que recompensar o con quienes tenemos algún tipo de conexión. Ahora se darán cuenta de que las fuerzas que hemos tomado del Kamaloca para corregir los males en la vida, no pueden resolverse de ninguna manera en una sola vida. Puede suceder que formemos conexiones con un gran número de personas en una vida y que la siguiente vez que estemos en el Kamaloca tengamos la posibilidad de encontrarnos con ellas nuevamente. Ahora bien, esto también depende de las otras personas y de que las volvamos a encontrar en la siguiente vida. Esto puede prolongarse a lo largo de muchas vidas. En una vida corregimos esto, en otra vida aquello y así sucesivamente. Ciertamente no deben imaginarse que podemos poner todo en orden de inmediato en una sola vida. Depende enteramente de si la otra persona también desarrolla en su alma el correspondiente vínculo de atracción.

Ahora echemos un vistazo más de cerca al funcionamiento del karma, examinando un ejemplo particular. En el Kamaloca, nos formamos la intención de llevar a cabo una determinada cosa en la próxima o en una de nuestras vidas futuras. Esta fuerza plantada en nuestra alma permanece en ella y no la abandona. Nacemos de nuevo con todas las fuerzas que hemos reunido. Esto es inevitable Ahora bien, la vida no solo consiste en esas cosas que debemos corregir en nuestras conexiones kármicas, aunque lo que vamos a decir también puede estar relacionado con eso. Puede que hayamos puesto obstáculos en nuestro camino, vivido de una manera unilateral, no habiendo hecho un uso adecuado de nuestra vida, viviendo solo por puro placer dedicándonos a tareas particulares y permitiendo que pasen de largo otras posibilidades que la vida nos ofreció, de modo que parte de nuestras facultades permanezcan inactivas. Esto también provoca causas kármicas en el Kamaloca y traemos esto con nosotros a la vida. Seguidamente nacemos de nuevo como bebés. Supongamos que vivimos para cumplir diez o veinte años. Nuestras almas contienen todas las fuerzas que hemos reunido y cuando éstas han madurado, hacen su aparición. Durante un cierto período de nuestras vidas, sin duda surgirá una necesidad interna que nos insta a llevarlas a cabo. Entonces, supongamos que en nuestro vigésimo año sentimos un impulso interior por llevar a cabo una acción en particular, porque tomamos esa determinación en el Kamaloca. En aras de la simplicidad, mantengamos el ejemplo de sentir la necesidad de recompensar a alguien. El vínculo de atracción nos ha unido y ahí está él. En tanto se dé tal situación externa, podemos hacer la acción. Sin embargo, todavía puede haber un obstáculo. La acción compensatoria podría ser una para la cual nuestro propio organismo no está equipado. Nuestro organismo también depende de las fuerzas de la herencia. Esta genera desarmonía en cualquier vida. El hombre nace, por un lado, dentro de estas fuerzas de la herencia. Sus cuerpos físico y etérico heredan las cualidades que pueden transmitirse a través de las generaciones. Esta corriente hereditaria está, por supuesto, condicionada a tener en alguna medida, conexión externa con el karma que nuestra alma se ha fijado a sí misma. Porque a medida que desciende del mundo espiritual, nuestra alma se siente atraída por el tipo de padres a través de los cuales puede heredar esas cualidades que se acercan más a nuestros requisitos. Sin embargo, nunca se corresponden completamente, porque en el cuerpo esto no puede ser así. Siempre hay una cierta discrepancia entre las fuerzas de la herencia y lo que el alma trae del pasado. Ahora todo depende de si el alma es lo suficientemente fuerte como para superar todos los obstáculos en la línea de la herencia y es capaz de reformar el organismo durante el curso de una vida, de modo que supere lo que no se ajusta. Las personas varían mucho en este sentido. Algunas almas han adquirido una gran fortaleza en el curso de encarnaciones anteriores. Un alma de esta naturaleza debe encarnar en el cuerpo más adecuado posible, aunque no se adecúe absolutamente. Sin embargo, esta alma podría ser lo suficientemente fuerte como para superar todo lo que no se adecúe, aunque este no siempre es el caso. Sigamos esto en detalle mirando el cerebro.

Este instrumento de nuestra vida conceptual y de las ideas se hereda externamente a través de nuestra línea hereditaria. Sus delicadas circunvoluciones se forman de una u otra manera según esta línea hereditaria. El alma siempre tendrá, en cierta medida, la fuerza interior para superar lo que no se ajusta poniendo ese instrumento en armonía con sus propias fuerzas, pero solo hasta cierto punto. Cuanto más fuerte es el alma, mejor puede hacerlo. Y si las circunstancias son tales que se vuelve imposible que las fuerzas del alma superen la resistencia en la composición del cerebro, entonces, el cerebro no puede usarse adecuadamente. Y por eso se dan lo que llamamos defectos mentales, enfermedades mentales. Por otra parte, un temperamento melancólico surge, porque las fuerzas del alma no son lo suficientemente fuertes como para superar ciertas cosas en el organismo. Sobre la mitad de la vida,( es diferente tanto al principio como al final), las fuerzas de nuestra alma siempre encuentran una cierta inadecuación en su instrumento. Este es el secreto que siempre subyace escondido detrás del conflicto interno y de la falta de armonía en la naturaleza humana. Lo que los hombres a menudo imaginan que es la razón de su descontento suele ser solo una máscara. En realidad, los motivos son los que hemos descrito. Así vemos la relación entre lo que el alma lleva consigo de encarnación a encarnación y lo que recibe a través de la herencia.

Ahora supongamos que renacemos y que al alcanzar los veinte años, nuestra alma siente el impulso de compensar una acción en particular. Ademas nos hemos encontrado con la persona en cuestión, pero nuestra alma no es capaz de superar la resistencia interna necesaria para realizar la acción. Siempre tenemos que poner nuestras fuerzas en movimiento cuando tenemos que realizar una acción. Por lo general, una persona no se da cuenta de lo que sucede dentro de él y para empezar, no necesita darse cuenta. Fácilmente puede suceder lo siguiente: Existe una persona que, a la edad de veinte años, siente el impulso en su alma de compensar algo. Las circunstancias externas son favorables, pero su fuerza interior no puede apoderarse de sus órganos con el fin de llevar a cabo lo que debe hacer.

Una persona no necesita saber todo esto, sin embargo, será consciente de su efecto. Este efecto aparece en forma de alguna enfermedad y aquí radica la conexión kármica entre lo que sucedió en una vida anterior y la enfermedad. La causa espiritual de la enfermedad, guiará todo el proceso de tal manera, que la persona sea capaz de llevar a cabo la acción de compensación la próxima vez que tenga la oportunidad. Para decirlo de otra manera, en nuestro vigésimo año no somos capaces de hacer una acción particular. El impulso está ahí y el alma quiere hacerlo, sin embargo. ¿Qué hace el alma en su lugar? Lucha, por así decirlo, con su órgano inservible, lo ataca y lo destruye. Cuando el órgano que debería haber sido el instrumento para llevar a cabo la acción externamente, ha sido destruido por estas fuerzas del alma, entonces viene la reacción inevitable, que llamamos el proceso de curación y las fuerzas del organismo deben ser convocadas para restaurar al órgano. Este órgano, que fue destruido porque no era apto para realizar la tarea, se reconstruye por medio de la enfermedad para que se pueda realizar, aunque para el tiempo en que se termina la enfermedad podría ser demasiado tarde. Pero en ese caso el alma ahora ha ganado la fuerza para moldear el crecimiento y desarrollo de este órgano en el curso de la vida de tal manera, que en la próxima encarnación la acción se pueda llevar a cabo. Así pues, la enfermedad puede ser lo que nos capacita para llevar a cabo nuestras obligaciones kármicas en otra vida.

Aquí tenemos una conexión kármica secreta entre enfermedad y desarrollo posterior, porque en realidad la enfermedad es un proceso de desarrollo posterior. Para que el alma desarrolle el poder de formar un órgano de la forma que lo necesita, el órgano inadecuado debe ser destruido y reconstruido de nuevo por las fuerzas del alma. Aquí encontramos una ley en la vida humana que debe describirse de la siguiente manera: El hombre debe adquirir su fuerza superando obstáculos en el mundo, uno tras otro. Estrictamente hablando, toda nuestra fuerza fue adquirida por la superación de obstáculos en encarnaciones previas. Nuestras capacidades actuales son el resultado de nuestras enfermedades en vidas anteriores.

Para dejar esto especialmente claro, imaginemos que un alma aún no es capaz de hacer uso del cerebro medio. ¿Cómo puede adquirir la capacidad de usarlo correctamente? Solo puede hacerlo haciéndose consciente de tal incapacidad, destruyendo el cerebro medio y reconstruyéndolo y en este proceso de reconstrucción se adquiere la capacidad. Nos volvemos capaces de todo lo que nosotros mismos hemos tomado a través del proceso de destrucción y reconstrucción. Esto se ha sentido como verdadero por todas aquellas personas que, en las diversas religiones, se han conectado a un ser muy excelso con este proceso de destrucción y reconstrucción. En las creencias religiosas de los hindúes, "Shiva" representa los poderes gobernantes que destruyen y luego restauran las cosas a la vida nuevamente.

Esa es una de las formas en las que el karma instiga un proceso de enfermedad. En el caso de enfermedades que conciernen a la humanidad en general y no tanto al hombre como individuo, encontramos otra cosa que les da un carácter más general. Por ejemplo, vemos casos típicos de enfermedades infantiles que aparecen en ciertos momentos. Estas no muestran nada más que el hecho de que el niño está aprendiendo el control interno de una cierta parte de su organismo, después de lo cual puede controlarlo en todas sus encarnaciones futuras. Deberíamos considerar la enfermedad como un proceso que hace que una persona se capacite. Por tanto vamos a pensar en la enfermedad de una manera bastante diferente. Por supuesto, con esto no debemos sacar la conclusión de que si alguien es arrollado por un tren, deba ser explicado de la misma manera. Ese tipo de cosas no se someten a los mismos parámetros que la enfermedad ni con lo que acabamos de discutir. Pero hay otro tipo de causa kármica de la enfermedad que es igual de interesante y que solo entenderemos si lo miramos con mayor detalle.

Supongamos que aprenden una cosa, del tipo de cosas que se aprenden en la vida. En primer lugar, deben aprenderla, porque los logros más importantes de la vida primero hay que aprenderlos. El proceso de aprendizaje es absolutamente necesario. Pero eso no es todo, porque el aprendizaje es solo la parte más externa. El aprendizaje de una cosa todavía está muy lejos del largo tramo de todo lo que llegaremos a experimentar. Nacemos en la vida con capacidades definidas adquiridas en parte a través de la herencia y en parte a través de nuestras encarnaciones anteriores. El rango de nuestras capacidades es limitado, después de todo. En el transcurso de cada encarnación aumentamos nuestra provisión de experiencias. Este conocimiento adquirido no está tan estrechamente relacionado con nosotros, como el temperamento, la disposición y demás rasgos que hemos traído a la vida. Para empezar, lo que aprendemos en la vida en forma de memoria y hábitos está menos relacionado con nosotros y por lo tanto también hace su aparición en la vida de una manera más fragmentaria. No es hasta después de la muerte, que aparece en el cuerpo etérico en el gran cuadro de la memoria. Entonces tenemos que incorporar esto en nosotros para que forme parte de nosotros mismos.

Supongamos entonces que hemos aprendido algo en la vida y luego nacemos de nuevo. En nuestra nueva vida bien podría ser que por causas hereditarias o de otro tipo, o tal vez porque nuestro aprendizaje no ha sido armonioso y aunque hemos aprendido algo, no fue suficiente con tener todo en las puntas de los dedos, luego al reencarnarnos, desarrollamos lo que hemos aprendido en una dirección, pero no en otra. Supongamos pues, que aprendimos algo en la vida que requiere tener una cierta parte de nuestro cerebro organizada de una manera particular o que tienen en una vida posterior, una cierta característica en la circulación de la sangre y ademas supongamos que no hemos aprendido las otras cosas que son una parte necesaria de esto. Esto, sin embargo, no es necesariamente un inconveniente inmediato. El hombre tiene que avanzar a saltos en la vida y tiene que aprender por experiencia, que ha hecho algo de una manera unilateral. Ahora ha nacido de nuevo con los frutos de lo que ha aprendido, pero carece de la posibilidad de desarrollarse de tal manera que todo pueda expresarse y lo que ha aprendido de la vida realmente no puede llevarse a efecto. Por ejemplo, un hombre puede haber recibido un cierto grado de iniciación en los grandes misterios de la existencia en una de sus encarnaciones precedentes y cuando nace de nuevo, estas fuerzas que fueron plantadas en él quieren manifestarse. Pero supongamos que le ha sido imposible desarrollar ciertas fuerzas que podrían producir la armonía necesaria en el organismo. En un cierto momento de su vida, inevitablemente sucederá que lo que aprendió previamente quiere expresarse. Pero falta un órgano esencial. ¿Así pues, que le ocurre? Deberá padecer una enfermedad que pueda tener una causa kármica muy, muy profunda. Y una vez más, parte del organismo debe ser destruido y reconstruido de nuevo. Y por medio de esta reconstrucción del órgano, el alma percibe cuáles son las fuerzas correctas en la otra dirección llevando consigo este sentimiento. Cuando esto se adquiere de esta manera, o incluso a través de la iniciación, generalmente sucede que los frutos se muestran en esa misma encarnación. Es decir, se produce una enfermedad en el curso de la cual el alma experimenta lo que le falta. Y luego, por ejemplo, algo puede tener lugar inmediatamente después de la enfermedad que de otro modo no se hubiera logrado. Podría ser que una persona hubiera podido alcanzar cierta etapa de iluminación en su vida anterior, pero no pudo acceder a una parte de su cerebro y no desarrolló la fuerza para romper la resistencia. Entonces este órgano ofensivo debe ser destruido inevitablemente y dar como resultado una severa enfermedad. Luego viene la reconstrucción, mediante la cual el alma toma conciencia de las fuerzas necesarias para superar el bloqueo y se produce la iluminación esperada. El proceso de sufrir una enfermedad definitivamente puede considerarse como una señal de que algo importante debe seguir.

Estamos tocando temas de los que nuestro mundo profano ciertamente se burlaría. Sin embargo, muchas personas habrán notado una especie de descontento perpetuo, como si una parte del alma no pudiera expresarse y la vida se hiciera imposible. Se desata una enfermedad grave y la superación de esta enfermedad trae un impulso completamente nuevo, como una sensación de liberación que el bloqueo realmente se ha ido y el órgano puede ser utilizado. Todo esto se debió a que el órgano no podía usarse. En los ciclos de vida del presente, la gente todavía tienen muchos de estos bloqueos, por supuesto y no todos pueden superarse a la vez. No debemos necesariamente pensar en la iluminación espiritual todo el tiempo; este tipo de cosas también ocurre en conexión con muchos procesos de vida menos significativos.

Por lo tanto, vemos que, por un lado, nos enfrentamos a la necesidad de desarrollar una cualidad particular y por otro lado, el curso del karma desencadena la enfermedad. Por lo tanto, nunca deberíamos estar satisfechos con comentar en un sentido trivial: "Si me enfermo, lo he traído yo mismo a través de mi karma". No solo deberíamos pensar en el karma del pasado y de la enfermedad como la liquidación, sino que en realidad, deberíamos pensar en la enfermedad justamente como la segunda etapa, que surge con el fin de producir en el futuro la fuerza creativa y la capacidad. Entendemos rematadamente mal la enfermedad y el karma si solo miramos el pasado; esto convierte el karma en una ley meramente accidental del destino. Pero cuando podemos mirar a través del karma presente, hacia el futuro, entonces el karma se convierte en una ley de acción y de fecundidad en la vida.

Todo esto señala una ley importante que gobierna la existencia humana. Y para tener hoy al menos alguna idea al respecto,(volveremos a él con mayor detalle más adelante), echemos la vista atrás hacia el tiempo antiguo en que nació el hombre en su forma actual, la época lemúrica. El hombre descendió gradualmente de la existencia divino-espiritual a la existencia externa de hoy, colocándose primero de todo, en sus envolturas y emprendiendo el camino de las encarnaciones en el mundo exterior, pasando de encarnación a encarnación hasta el tiempo presente. Antes de que el hombre comenzara a encarnar, no había posibilidad allí de generar la enfermedad dentro de él de la forma en que puede enfermarse hoy. Hasta que el hombre no adquirió la capacidad de controlar su relación con el mundo exterior, no era capaz de hacer el mal ni por lo tanto, tampoco de producir formaciones erróneas de sus órganos ni de engendrar la posibilidad de enfermarse. Antes era imposible para el hombre dar origen al proceso de la enfermedad en sí mismo. Mientras la influencia divina era aún suprema y aún no estaba en las manos del hombre llevar a cabo su propia vida, no había posibilidad de enfermedad. Esta posibilidad de enfermedad surgió luego. Si así es como fue, ¿Dónde podemos aprender mejor la manera de sanar? La mejor manera de hacerlo es mirando hacia atrás a aquellos tiempos en los que los poderes divino-espirituales enviaban su influencia al hombre y lo dotaban de una salud perfecta, sin posibilidad de enfermedad, es decir, antes de su primera encarnación. Las personas que han tenido algún conocimiento de esto siempre se han sentido así. Teniendo esto presente, ahora me gustaría que trataran de buscar debajo de la superficie el tipo de cosas expresadas en las mitologías. En realidad, no llamaré su atención sobre la fuente de la ciencia médica propiamente dicha en el culto egipcio de Hermes, sino solo sobre el culto griego y romano de Escolapio.

Escolapio, el hijo de Apolo, es, por así decirlo, el padre de los médicos griegos. ¿Y qué nos dice la mitología griega sobre él? Cuando todavía era un niño, su padre lo llevó a las montañas, donde puede convertirse en el discípulo del centauro Quirón. Es Quirón el centauro el padre de la farmacia, quien enseña a Escolapio, acerca de las fuerzas curativas en las plantas y en otras partes de la tierra. ¿Qué clase de ser es Quirón el centauro? Él es un ser del tipo que existía antes de que el hombre descendiera en la época lemúrica: un ser mitad hombre y mitad animal. Este mito nos dice que Escolapio es llevado al Misterio concreto donde se le muestran las fuerzas de la salud que eran la fuente de la salud del hombre antes de que el hombre descendiera a su primera encarnación.

Por lo tanto, encontramos esta importante ley expresada también en un mito griego; este gran hecho espiritual, que debe ser de particular interés para nosotros, viene al comienzo de la peregrinación terrenal del hombre. Los mitos, en particular, solo serán reconocidos como imágenes de los acontecimientos más profundos de la vida cuando los seres humanos vayan más allá del ABC de la ciencia espiritual. Los mitos, especialmente, son imágenes de los secretos más profundos de la existencia humana.

Cuando toda la vida se mira de esta manera, se la juzgará en consecuencia, y esto debe enfatizarse cada vez más, la ciencia espiritual se volverá algo que se convertirá en parte de la vida cotidiana. Los hombres vivirán la ciencia espiritual, y hasta que
 no llegue ese momento la intención original de la ciencia espiritual no llegará a la realización. La ciencia espiritual se convertirá en el gran impulso para el ascenso de la humanidad, para el bienestar real de la humanidad y el progreso real.

GA107 Berlín,12 de enero de1909 los ritmos en la naturaleza humana

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   GA107      LOS RITMOS-2  

(EN LA NATURALEZA HUMANA)

  



RUDOLF STEINER
Berlín,12 de enero de1909
13 ª Conferencia

Ya se ha mencionado aquí que en las reuniones de grupo de este invierno queremos reunir todos los hilos que eventualmente se enlazarán para formar una comprensión más profunda del ser del hombre y de otras cosas relacionadas con la vida y la evolución del hombre que profundizará más y más en los secretos del mundo. Hoy me gustaría recordarles la conferencia grupal antes de la última (21 de diciembre de 1908) y comenzar a partir de ahí. Recordarán que hablábamos de un cierto ritmo existente en los cuatro miembros del ser del hombre. Queremos comenzar hoy y encontrar una respuesta a la pregunta: ¿Cómo puede el conocimiento de estas cosas ayudarnos a comprender de una manera más profunda tanto la necesidad como el objeto del movimiento antroposófico?

Hoy tendremos que enlazar dos cosas aparentemente muy distantes entre sí. Recordarán que existen ciertas relaciones entre el yo del hombre, el cuerpo astral, el cuerpo etérico y el cuerpo físico. Lo que hay que decir sobre el cuarto miembro, el yo, se ve mejor si tenemos en cuenta los dos estados alternos de conciencia que experimenta el yo en el curso de las veinticuatro horas del día. Un día con sus veinticuatro horas, durante el cual el yo experimenta el día y la noche, dormir y despertarse, será visto como una especie de unidad. Por eso, cuando decimos que lo que el yo atraviesa en un día se basa en el número uno, tendremos que decir que el número que corresponde de manera similar a nuestro cuerpo astral es el número siete. Mientras que el yo tal como es hoy vuelve a su punto de partida en veinticuatro horas o un día, nuestro cuerpo astral hace lo mismo en siete días. Vamos a entrar en esto en mayor detalle.

Piensen que están levantándose por la mañana; es decir, se levantan de la oscuridad de la inconsciencia, (como la gente dice incorrectamente en la vida ordinaria) y los objetos del mundo de los sentidos físicos aparecen de nuevo a su alrededor. Experimentan esto por la mañana y nuevamente veinticuatro horas después, salvo alguna excepción ocasional. Este es el curso regular de los acontecimientos y podemos decir que nuestro yo vuelve a su punto de partida después de un día de veinticuatro horas. Si observamos de la misma manera el ritmo correspondiente al cuerpo astral, tenemos que decir que si la ordenada regularidad del cuerpo astral está presente, entonces el cuerpo astral regresa al mismo punto un vez transcurridos siete días. Osea, mientras el yo atraviesa su ciclo en un día, el cuerpo astral va considerablemente más lento y lleva a cabo su ciclo en siete días. El ciclo del cuerpo etérico, por otro lado, emplea cuatro veces siete días; transcurridos los cuales regresa al mismo punto. Y ahora, por favor, tengan en cuenta lo que se dijo hace un tiempo. En cuanto al cuerpo físico no es tan regular como los cuerpos astral y etérico. Sin embargo, podemos establecer una cifra aproximada y decir que atraviesa su ciclo en aproximadamente diez veces veintiocho días, y luego vuelve a su punto de partida. Por supuesto, ustedes saben que existe una gran diferencia y que el cuerpo etérico femenino es masculino y el cuerpo etérico masculino es femenino. De esto se desprende que, hasta cierto punto, tiene que haber una irregularidad en el ritmo de los cuerpos etéricos. Pero, en general, los números 1: 7: (4 x 7) :( 10 x 7 x 4) son las cifras proporcionales que, por así decirlo, especifican las "velocidades de rotación" para los cuatro miembros del ser humano. Esto, por supuesto, hablando en sentido figurado, ya que no son realmente rotaciones sino repeticiones de las mismas condiciones; relaciones de ritmo. Hace quince días tuve que señalar que los fenómenos de la vida diaria son comprensibles solo cuando conocemos cosas como esta que se encuentran detrás del mundo que percibimos con los sentidos. Y en una conferencia pública también indiqué un hecho notable que no puede ser negado ni por el científico más materialista ni por el médico o ser clasificado entre los 'espectros de la superstición', porque es un hecho indiscutible. Es algo que realmente debería hacer pensar a la gente, a saber, que en la neumonía se da un fenómeno especial en el séptimo día. Surge una crisis y el paciente debe ser sacado del apuro de este séptimo día. La temperatura baja repentinamente, y si el paciente no puede superar esta crisis, en determinadas circunstancias no hay recuperación. Este hecho es conocido por la mayoría de las personas, pero por lo general el punto de partida de la enfermedad no siempre se determina correctamente y si no sabes cuál es el primer día, entonces, por regla general, no sabes cuál será el séptimo día. Pero el hecho permanece así que tenemos que preguntar por qué la temperatura baja con la neumonía en el séptimo día. ¿Por qué ocurre un fenómeno especial en el séptimo día?

Sólo una persona que mira, más allá del escenario de la existencia, más allá de los fenómenos de los sentidos físicos, en el mundo espiritual, conoce estos ritmos, y las razones de que surjan fenómenos tales como la fiebre. ¿Qué es realmente la fiebre? ¿Por qué ocurre? La temperatura no es la enfermedad. Por el contrario, la temperatura es algo que el organismo pone en marcha para luchar contra el proceso real de la enfermedad. La temperatura es la defensa del organismo contra la enfermedad. Significa que hay algo dañado en el organismo, en los pulmones, pongamos. Cuando el ser humano está sano todas sus actividades internas están funcionando armoniosamente, pero si un órgano particular del cuerpo humano está alterado, estas actividades internas se ven empujadas a caer en el desorden. Entonces todo el organismo intenta recomponerse y desarrollar las fuerzas dentro de sí mismo para contrarrestar el desorden local. Realmente está sucediendo una revolución en todo el organismo, de lo contrario el organismo no necesitaría reunir sus fuerzas porque no habría enemigo contra el que luchar. La expresión de esta concentración de fuerzas en el organismo es la temperatura.

Ahora bien, la persona que mira mas allá del escenario de la existencia sabe, que los diversos órganos del cuerpo humano surgieron y se desarrollaron en períodos muy diferentes de la evolución humana. Lo que desde el punto de vista científico espiritual se llama "el estudio del cuerpo humano" es la materia más complicada imaginable, ya que el organismo humano es extremadamente complejo y sus órganos individuales surgieron en tiempos bastante diferentes. Los rudimentos de estos órganos iniciaron su desarrollo muchisimo antes que las últimas etapas de la evolución. Todo en el organismo físico es una expresión o resultado de los miembros superiores del hombre, de modo que cada órgano físico expresa la organización superior de los miembros superiores. Lo que hoy llamamos los pulmones tienen su origen en el cuerpo astral y en cierta medida, están relacionados con él. Eventualmente vamos a hablar sobre lo que los pulmones tienen que ver con el cuerpo astral, de cómo la primera base arquetípica de los pulmones entró en el hombre en el estadio evolutivo que precedió a nuestra Tierra, osea en la antigua Luna y cómo en aquél tiempo el cuerpo astral digamos, fue plantado en el hombre por seres espirituales superiores. Pero hoy quiero que reparen en el hecho de que los pulmones son una expresión del cuerpo astral. La verdadera expresión del cuerpo astral es, por supuesto, el sistema nervioso. Pero el hombre es complicado y el desarrollo de las diversas partes siempre se desarrolla paralelamente. La construcción de los pulmones comenzó al mismo tiempo que el desarrollo del cuerpo astral y que la incorporación del sistema nervioso actual. Esto de alguna manera incluye los pulmones en el ritmo del cuerpo astral, ritmo que se rige por el número siete. El fenómeno del aumento de temperatura está conectado con ciertas funciones del cuerpo etérico. Algo debe estar sucediendo en el cuerpo etérico si la temperatura sigue un curso determinado. La temperatura, por consiguiente, está de alguna manera dentro del ritmo del cuerpo etérico. Cuando se tiene temperatura, es el cuerpo etérico quien impone este ritmo, pero ¿De qué manera? Tendremos que tener claro lo siguiente:

El cuerpo etérico, que completa su ciclo en un período de cuatro veces siete días, se mueve considerablemente más lento que el cuerpo astral con su ritmo de siete días. Entonces, si relacionamos el curso rítmico del cuerpo etérico con el del cuerpo astral, podemos compararlos con las manecillas de un reloj. La manecilla de la hora del reloj gira una vez, mientras que la manecilla de los minutos, en el mismo lapso de tiempo, gira doce veces. Así obtenemos la relación de 1:12. Ahora supongan que miran el reloj al mediodía, cuando el minutero se encuentra sobre la manecilla de la hora. Las dos manecillas coinciden. Luego, la manecilla de los minutos gira alrededor del uno, y sucesivamente va pasando numero tras numero hasta que vuelve al doce donde ya no puede coincidir con la manecilla de las horas, puesto que mientras tanto ésta ha pasado al uno. Pasarán aproximadamente otros cinco minutos antes de que las dos manos puedan coincidir, por lo que el minutero no apunta al mismo lugar que la manecilla de la hora una hora más tarde, sino después de una hora y poco más de cinco minutos después. Ahí tienen una relación similar entre el movimiento del cuerpo astral y el movimiento del cuerpo etérico. Imaginen que su cuerpo astral, que está conectado con el cuerpo etérico todo el tiempo, estuviera en cierta posición en relación con el cuerpo etérico. Acto seguido el cuerpo astral comienza a rotar. Cuando después de siete días vuelve a su posición original, no coincide de nuevo con el cuerpo etérico, ya que, después de siete días, el cuerpo etérico se ha movido alrededor de un cuarto de su ciclo. Así pues, siete días después, la posición del cuerpo astral no coincide con la misma posición del cuerpo etérico, sino con una posición que está un cuarto de ciclo detrás de la posición original. Ahora imagine que tienen un caso de enfermedad en cuestión. Una posición definida del cuerpo astral está conectada con una posición definida del cuerpo etérico. Y en este momento, con la cooperación de estas dos posiciones trabajando juntas, aparece la temperatura, como una convocatoria para luchar contra el enemigo. Siete días después, el cuerpo astral cubre una parte completamente diferente del cuerpo etérico. Ahora bien, el cuerpo etérico no solo debe tener la capacidad de producir una temperatura alta, ya que en ese caso, una vez que realmente haya comenzado, nunca volverá a bajar; pues bien, siete días después, este punto del cuerpo etérico que ahora está cubierto por la parte del cuerpo astral que produjo la temperatura siete días antes, ahora tiene la tendencia a contrarrestar la temperatura y reducirla. Si el trastorno del paciente se ha superado en siete días, entonces todo va bien. Pero si el desorden no se ha superado y el cuerpo astral ahora no tiende a expulsar la enfermedad, el paciente entra en la inoportuna posición en la que el cuerpo etérico tiende a bajar la temperatura. Es importante prestar buena atención a estos dos puntos de coincidencia. Podríamos descubrir puntos como este para todo tipo de fenómenos en la vida humana. Y solo a través de estos ritmos, de estos misteriosos trabajos internos, podría ser entendido en su totalidad el ser del hombre. El cuerpo etérico realmente tiene una tendencia que se expresa en cuatro veces siete. En el caso de otras enfermedades, notarán ustedes que el decimocuarto día es de especial importancia; es decir, dos veces siete. Y definitivamente podemos decir que, con ciertos fenómenos, el paroxismo tiene que ser especialmente fuerte después de cuatro veces siete; La cosa es, que si el problema disminuye entonces, definitivamente se puede esperar la recuperación. Todas estas cosas están conectadas con ritmos del tipo que tocamos hace tres semanas y que hoy hemos abordado con mayor detalle. Con cosas como estas, que parecen difíciles pero que sin embargo pueden entenderse, podemos comenzar a penetrar un poco más allá de la superficie del mundo de los sentidos físicos. Y debemos penetrar aun más. Ahora vamos s investigar el origen de tales ritmos.

Tenemos que mirar una vez más hacia las grandes relaciones cósmicas para encontrar el origen de tales ritmos. A menudo hemos llamado su atención sobre el hecho de que lo que llamamos los cuatro miembros del hombre, cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral y yo han evolucionado a través de la existencia de Saturno, Sol, Luna y Tierra. Si volvemos la mirada a nuestra antigua Luna, descubrimos que también se separó del sol por un cierto período de tiempo, aunque una gran parte de lo que hoy en día es la luna entonces era parte de aquél planeta. Pero afuera había un sol y cuando tales cuerpos celestes se juntan, sus fuerzas, que son la expresión de los seres que allí habitan, siempre influyen en la regulación de la vida de sus criaturas. La órbita de un planeta alrededor de su sol o de un satélite alrededor de su planeta no es una mera casualidad, ni está desconectada de la vida; por el contrario, está regulada por aquellos seres sobre los que hemos de aprender en las jerarquías espirituales. Hemos visto que es absolutamente falso que los cuerpos celestes giren solos por medio de meras fuerzas sin vida. Hemos señalado cuán grotescamente la física moderna explica la teoría de Kant-Laplace por medio de su experimento con la masa de grasa. Se inserta un disco de cartón a través de la mancha flotante de grasa en la dirección del ecuador atravesado con una aguja desde arriba y luego todo se la hace girar, con lo cual se desprenden pequeñas gotas de la gota grande que a su vez también giran. Así, el experimentador muestra cómo surge un sistema planetario en miniatura y los físicos en general sacan la conclusión de que así es como debe haber surgido el gran sistema planetario. Aunque generalmente es bueno olvidarse de uno mismo, en este caso particular no lo es. Porque por lo general la buena gente olvida que el sistema planetario en miniatura no podría surgir si "alguien" no hace girar el disco. Es perfectamente permisible hacer tales experimentos y son muy útiles, pero no deben olvidar la parte más importante. ¡Cuan infinita cantidad de personas son víctimas de tales sugerencias! Pasan por alto el hecho de que es el profesor quien lo estaba haciendo girar. Allá afuera, por supuesto, no hay un profesor gigantesco, son las jerarquías de seres espirituales las que regulan los ritmos de los cuerpos celestes y en realidad promueven todo el orden de la materia en el cosmos, de modo que los cuerpos planetarios individuales giran uno alrededor del otro. Y si pudiéramos entrar en los movimientos de las esferas planetarias que forman un sistema correlacionado, - y llegará un momento para esto - deberíamos reconocer los ritmos de nuestros propios miembros humanos. Por el momento, sin embargo, solo necesitamos señalar una cosa.

El hombre moderno, con su modo materialista de pensamiento, se ríe de la idea de que en tiempos anteriores se organizaban ciertas condiciones en la vida del hombre en relación con las cuatro fases de la luna. Ahora bien, solo con la luna en particular, hay de manera maravillosa un reflejo cósmico de la relación existente entre el cuerpo astral y el etérico. La luna se mueve alrededor de su ciclo en cuatro veces siete días. Esas son las posiciones del cuerpo etérico, y estas cuatro veces siete posiciones del cuerpo etérico se reflejan exactamente en las cuatro fases de la luna. De ninguna manera es una tontería buscar una conexión entre el fenómeno de la temperatura ascendente que describimos y solo estas fases de la luna. Solo piensen, realmente hay una fase diferente de la luna al final de los siete días, así como hay otra cuarta parte del cuerpo etérico y el cuerpo astral cubre una cuarta parte diferente del cuerpo etérico. Originalmente la relación del cuerpo astral humano con el cuerpo etérico estaba de hecho regulada por seres espirituales stuando a la luna a la correspondiente órbita de la tierra. Y se puede ver cómo las cosas están en cierta medida conectadas, por cómo incluso la medicina moderna reconoce como de una herencia antigua el conocimiento rítmico. Así como el ritmo del cuerpo es diez veces veintiocho y el cuerpo físico vuelve al mismo punto diez veces veintiocho días más tarde, hay aproximadamente diez veces veintiocho días entre la concepción de un ser humano y su nacimiento, diez meses lunares. Todas estas cosas están conectadas con la regulación de las grandes relaciones cósmicas. El hombre como microcosmos es una verdadera imagen de las grandes relaciones cósmicas, porque a partir de ellas fue creado.

Hoy queremos dirigir nuestros pensamientos a la evolución de mediados los tiempos de la Atlántida. Ese fue un punto muy importante para la evolución de la tierra. Antes de ese tiempo podemos distinguir tres razas en la evolución humana; la raza Polar, Hyperborica y Lemurica. Luego viene la raza atlante. Ahora estamos en la quinta raza y nos seguirán dos razas mas, por lo que la época de la Atlántida se encuentra justo en el medio. A mediados de la época Atlánte es el punto más importante en la evolución de la tierra. Si tuviéramos que retroceder antes de este tiempo, incluso entonces encontraríamos un reflejo exacto de las relaciones cósmicas en las relaciones externas de la vida humana. Habria tenido un efecto muy perjudicial en el hombre si hubiera hecho el tipo de cosas que ahora hace. Hoy en día el hombre no se ajusta mucho a la situación cósmica. En la vida de ciudad, las cosas a menudo tienen que organizarse de tal manera que hay personas que están despiertas cuando deberían estar dormidas y dormidas cuando deberían estar despiertas. Si algo como estar despierto por la noche o dormir durante el día hubiera ocurrido en la época Lemurica y el hombre no hubiera prestado atención a los fenómenos externos que pertenecen a ciertos procesos internos, no habría sobrevivido. Por supuesto, tal cosa era completamente imposible entonces, porque era una cuestión de rutina que el hombre en su ritmo interior se adecuara con el ritmo externo. El hombre vivía en consonancia, por decirlo así, con los ciclos del sol y la luna y modulaba el ritmo de sus cuerpos astral y etérico acorde a tales ciclos solar y lunar.

Ahora volvamonos al reloj. En cierto sentido, este también se ajusta al gran ciclo cósmico, cuando las manecillas de las horas y los minutos coinciden a las doce en punto, es porque existe una cierta constelación del sol y las estrellas. Configuramos nuestros relojes de acuerdo con esto y un reloj no es fiable si las dos manecillas no coinciden la siguiente vez que esta constelación de estrellas se vuelva a producir. En Berlín, los relojes se sincronizan a diario mediante electricidad desde el observatorio Enckeplatz. Por lo tanto, podemos decir que los movimientos o ritmos de las agujas del reloj se establecen todos los días de acuerdo con el ritmo del cosmos. Nuestro reloj es correcto si se sincroniza con el reloj central que, a su vez, se sincroniza con el cosmos. En la antigüedad, el hombre no tenía necesidad de un reloj, porque él mismo era un reloj. El curso de su vida, que él claramente podía sentir, se ajustaba absolutamente a las relaciones cósmicas. El hombre realmente era un reloj. Y si no se hubiera ajustado con la situación cósmica, le habría sucedido exactamente lo mismo que a un reloj si su movimiento no corresponde con la situación exterior: que va mal, y por consiguiente el hombre también iría mal. El ritmo interno tenía que corresponderse con el exterior. Y la parte esencial de la evolución del hombre en la tierra es que, desde mediados los tiempos de la Atlántida, la situación externa no coincide en absoluto con la interna. Algo más ha sucedido. Imagínense a alguien encaprichado en que no puede soportar las dos manecillas de su reloj coincidiendo al mediodía. Supongamos que las altera a las tres en punto, por consiguiente cuando es la una en punto para otras personas su reloj marca las cuatro p.m., a las dos en punto, (hora oficial) a él le marcará las cinco p.m., y así sucesivamente. El funcionamiento interno de su reloj no habrá cambiado, solo se habrá desplazado en comparación con la situación exterior. Veinticuatro horas más tarde volverá a marcar las tres en punto; puede que el movimiento de su reloj no coincida con la situación cósmica, pero su ritmo interior aún estará de acuerdo con él, ya que solo ha sido desplazado. El ritmo del hombre también ha sido desplazado. El hombre nunca se hubiera convertido en un ser independiente si toda su actividad hubiera permanecido dentro de los parámetros cósmicos principales. La base de su libertad radica en que ha preservado su ritmo interior mientras se ha separado del ritmo externo. Externamente se ha convertido en un reloj cuyas manecillas ya no coincide con las acontecimientos cósmicos, pero internamente está en armonía con ellos. Por lo tanto, en un pasado lejano, un ser humano podría ser concebido en una concreta constelación estelar y nacer diez meses lunares después. Esta coincidencia de la concepción con una situación cósmica ha cesado pero el ritmo ha permanecido, así como un reloj mantiene su ritmo aunque a mediodía hayamos establecido que sean las tres en punto. Las circunstancias del hombre no son lo único que se ha desplazado, por supuesto, también se han desplazado los tiempos. Incluso si ignoramos el último desplazamiento cósmico mencionado, algo muy especial ha ocurrido en la vida interior del hombre, en el sentido de que se ha elevado como si dijeramos, por encima de la situación cósmica y ya no es un "reloj" en el verdadero sentido de la palabra. Es más o menos como un hombre que ha adelantado tres horas el (su) reloj y luego, olvidándose de lo mucho que lo ha adelantado, ya no puede resolverlo. Esto es lo que le ha sucedido al hombre en la evolución terrenal una vez que se liberó de la situación en la que él era como un reloj en el cosmos. En ciertos aspectos, provocó el desorden en su cuerpo astral. Cuantas más condiciones de la vida humana estaban reguladas por lo físico, más se conservaba el viejo ritmo; pero cuanto más influenciadas por el pensamiento se volvían las condiciones de su vida, mayor era el desorden que entrañaba. Me gustaría aclarar esto desde otro ángulo.

Los hombres no son los únicos seres que conocemos, también sabemos de seres que son superiores al hombre de hoy en día. Conocemos a los hijos de la vida o los ángeles y sabemos que atravesaron su etapa humana en la antigua Luna. Sabemos de los espíritus del fuego o los arcángeles, que pasaron por su etapa humana en la condición del antiguo sol de la tierra y también sabemos de las fuerzas primordiales, que pasaron por su etapa humana en el antiguo Saturno. Estos seres van por delante del hombre en su evolución cósmica. Si los estudiáramos hoy, descubriríamos que son seres de naturaleza mucho más espiritual que el hombre. Por lo tanto, viven en mundos superiores. Pero con respecto a las cosas concretas que hemos mencionado hoy, su situación es totalmente diferente a la del hombre. En asuntos espirituales se ajustan absolutamente al ritmo cósmico. Un ángel no pensaría de una manera tan desordenada como el hombre, por la simple razón de que su proceso de pensamiento está regulado por los poderes cósmicos que lo guían. Está fuera de toda duda que un ser como un ángel no pensase en armonía con los grandes procesos espirituales del cosmos. Las leyes de la lógica para los ángeles están escritas en la armonía universal. No necesitan libros de texto. El hombre necesita libros de texto porque ha provocado el desorden en sus procesos de pensamiento interno. Él ya no sabe cómo seguir la guía de la gran escritura de las estrellas. Los ángeles conocen el curso del cosmos, y el curso de su pensamiento se corresponde con el ritmo ordenado. Cuando el hombre llegó a la tierra en su forma presente, quedó fuera de este ritmo, de ahí la falta de orden en su vida de pensamiento y sentimiento. La regularidad todavía influye en aquello en lo que el hombre tiene menos influencia en sus cuerpos astral y etérico, pero en las partes que han sido dejadas en manos del hombre, es decir, su alma sensible, su alma intelectual y su alma consciente, han ingresado el desorden y la falta de ritmo. No es un asunto de gran importancia que el hombre convierta la noche en día en nuestras ciudades. Lo que es de mucha mayor importancia es, que en su vida interior del pensamiento, el hombre se haya despegado del gran ritmo universal. La forma en que el hombre piensa todo el día está, en cierto sentido, en contradicción con la vida del gran universo.

Pero no vayan a imaginarse que todo esto se dice para fomentar el concepto mundial de hacer que el hombre vuelva a este tipo de ritmo. El hombre tuvo que alejarse del antiguo ritmo; su progreso dependía de ello: cuando ciertos profetas van hoy predicando 'Back to Nature', quieren llevar la vida en dirección inversa en lugar de ayudarla a avanzar. Toda esta charla sobre volver a la naturaleza no comprende la evolución real. Cuando un movimiento de hoy recomienda a las personas comer ciertos alimentos solo en ciertas épocas del año porque la naturaleza misma así lo indica haciendo que los alimentos crezcan solo en ciertos momentos, esta es la conversación abstracta del aficionado. Lo esencial de la evolución es que el hombre avanza cada vez más independientemente del ritmo exterior. Pero debemos saber el terreno que pisamos. Para el progreso y la salvación del hombre, lo mejor no es volver al antiguo ritmo y preguntarse cómo hacer para vivir en armonía con las cuatro fases de la luna. Porque eso en los tiempos antiguos era esencial para el hombre, ser como una impresión del cosmos. Pero también es importante que el hombre no crea que puede vivir sin ritmo. Así como su vida interior se formó desde afuera hacia adentro, ahora debe crear ritmo desde adentro hacia afuera. Eso es lo esencial. Su vida interior debe volverse rítmica. Así como el ritmo creó el cosmos, el hombre debe impregnarse con un nuevo ritmo si quiere cooperar en la creación de un nuevo cosmos. Es característico de nuestra época el haber perdido el antiguo ritmo exterior y aún no haber alcanzado un nuevo ritmo interior. El hombre ha superado a la naturaleza, si llamamos "naturaleza", a la expresión externa del espíritu, pero aún no ha crecido en el espíritu. Él todavía está luchando hoy entre la naturaleza y el espíritu. Esto es justo lo que es característico de nuestro tiempo. Este forcejeo entre la naturaleza y el espíritu alcanzó su clímax en el segundo tercio del siglo XIX. En consecuencia, los seres que conocen e interpretan los signos de los tiempos tenían que preguntarse en ese momento: ¿Qué se puede hacer para que el hombre no pierda todo rastro de ritmo sino que adquiera un ritmo interior?

Lo que se puede ver hoy como característico de la vida mental es su naturaleza caótica. Hoy, cuando se ve algo que ha sido pensado, lo primero que llama la atención es su naturaleza caótica, su falta de orden interno. Esto es así en casi todas los campos. Solo en aquellos ámbitos que aún poseen buenas tradiciones antiguas queda algo del antiguo orden. En los nuevos ámbitos, el hombre primero tiene que crear un nuevo orden. Es por eso que los hombres pueden ver hechos tales como la caída de la temperatura en el séptimo día de la neumonía, pero su explicación de ellos es un caos absoluto de pensamientos. Cuando el ser humano piensa en ello,- puesto que no piensa de una manera ordenada - entonces acumula una mezcla de pensamientos alrededor del hecho. Todas nuestras ciencias toman un hecho externo del mundo y le entremezclan una gran cantidad de pensamientos sin orden interno, porque el hombre se ha extraviado en una especie de abismo mental. No tiene principios rectores de pensamiento hoy, ni ritmo de pensamiento interno, y la humanidad se volvería completamente decadente si no adquiriera un ritmo interno. Miren la ciencia espiritual desde este punto de vista.

Verán el elemento en el que se encuentran cuando comiencen a estudiar la ciencia espiritual. Para empezar, escuchan (y entienden gradualmente) que el hombre tiene cuatro miembros de su ser: cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral y yo. Y luego escuchan que mediante el trabajo del yo, el cuerpo astral se va transformando en manas o yo espiritual, el cuerpo etérico en buddhi o espíritu de vida y el principio del hombre físico en hombre espíritu o atma. Ahora piensen solo, en cuánto terreno hemos cubierto con esta fórmula básica de la ciencia espiritual. Piensen en los muchos temas que en realidad eran temas fundamentales y cómo tuvimos que reconstruir nuestra estructura de pensamiento una y otra vez partiendo de este esquema básico: cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral y yo. Se sabe, que algunas personas realmente se cansan de escuchar estos hechos básicos una y otra vez en ciertas conferencias públicas. Pero esto es y sigue siendo un hilo eficaz sobre el cual enhebrar nuestros pensamientos: estos cuatro miembros del ser del hombre y su interacción; y luego en un nivel superior, la transformación de los tres miembros inferiores: el tercero en el quinto, el segundo en el sexto y el primero en el séptimo miembro de nuestro ser. Si cuentan todos los miembros del ser humano que conocemos desde el cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral, yo, yo espíritual, espíritu de vida y hombre espíritu, tienen siete. Y si cuentan los que forman el fundamento de estos, es decir, el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo, tienen cuatro. Y están reproduciendo en el pensamiento el ritmo macrocósmico de 7: 4 y 4: 7 cuando se sigue esta linea de pensamiento. Se está produciendo el ritmo externo, macrocósmico, nuevamente a partir de nosotros mismos. Están repitiendo y trayéndo a la vida de nuevo, el ritmo que una vez estuvo allí macrocósmicamente en el universo. Están estableciendo el plan o la base para su sistema de pensamiento, como una vez los dioses establecieron el plan para la sabiduría del mundo. Cuando traemos a la vida de nuevo, el ritmo interno del número en nosotros de esta manera, entonces, a partir del caos de la vida del pensamiento, se desarrolla un cosmos de pensamiento que parte del ser más interno del alma. Los hombres se han liberado del ritmo externo. Por medio de lo que es verdaderamente una ciencia del espíritu, volvemos otra vez al ritmo, creando una estructura cósmica desde adentro hacia afuera que es interiormente rítmica. Y si nos volvemos hacia el cosmos y miramos el pasado de la tierra, en Saturno, Sol, Luna y Tierra, encontramos cuatro, despues en la quinta etapa, en un futuro, la Luna en forma espiritualizada como Júpiter, en la sexta etapa el Sol como Venus, y en la séptima etapa el antiguo Saturno como Vulcano. Así pues, nuestras fases evolutivas suman siete: Saturno, Sol, Luna, Tierra, Júpiter, Venus, Vulcano. Nuestro cuerpo físico tal como es hoy, se ha desarrollado a través del número cuatro, a través de Saturno, Sol, Luna y Tierra. En el futuro, gradualmente se transformará por completo y se espiritualizará. De modo que aquí también, cuando miramos el pasado, tenemos el número cuatro, y cuando miramos hacia el futuro el número tres: de nuevo hay 4: 3, o si incluimos el pasado en toda la evolución, 4: 7 .

Todavía estamos solo al comienzo de nuestra actividad científico-espiritual, aunque ya llevemos trabajando en ella desde hace muchos años. Hoy solo podemos señalar lo que significa para los hombres el 'número interno' en la raíz de todos los fenómenos. Vimos que para ganar la libertad el hombre tuvo que alejarse del ritmo original. Pero tiene que redescubrir en sí mismo las leyes con las que regular el "reloj", su cuerpo astral. Y el gran regulador es la ciencia espiritual, porque está en armonía con las grandes leyes del cosmos contempladas por el vidente. El futuro creado por el hombre tendrá las mismas relaciones numéricas que el cosmos en el pasado, pero a un nivel superior. Por lo tanto, los hombres tienen que alumbrar el futuro, como los dioses crearon el cosmos fuera de su número.

Hemos podido ver cómo la ciencia espiritual está conectada con el curso del macrocosmos. Cuando comprendamos lo que hay en el mundo espiritual detrás del hombre, el número cuatro y el número siete, comprenderemos por qué debemos mirar al mundo espiritual para encontrar el impulso de llevar adelante lo que sabemos que es el curso evolutivo de la humanidad. Y comprenderemos por qué en una época en que los hombres han alcanzado el mayor caos en su vida interior de pensamiento, sentimiento y voluntad, aquellas individualidades que tienen que interpretar los signos de los tiempos tuvieron que llamar la atención sobre el tipo de sabiduría que permite al hombre crear su vida anímica de una manera regulada desde adentro hacia afuera. Aprenderemos a pensar con ritmo interior de una manera que sea necesaria para el futuro, cuando pensemos de acuerdo con estas relaciones básicas. Y el hombre tomará en sí mismo cada vez más del mundo de sus orígenes. Actualmente está adquiriendo lo que podemos ver como el plan del cosmos. Irá más allá y se sentirá lleno de ciertas fuerzas fundamentales y en última instancia, de seres fundamentales.

Todo esto está justo en sus comienzos hoy. Y apreciamos la importancia y el significado mundial de la misión antroposófica cuando la consideramos no como un acto arbitrario de este o aquel individuo, sino que tratamos de comprenderla con toda la fuerza interna de nuestra propia existencia. Entonces podemos llegar al punto de poder decir que no es una cuestión de elección si asumimos la misión antroposófica o no, porque si queremos comprender nuestros tiempos debemos reconocer y llenarnos con los pensamientos de lo divino. mundos espirituales que son la base de la antroposofía. Y luego debemos dejar que fluyan otra vez desde nosotros al mundo, para que nuestras acciones y nuestro ser adquieran, en lugar del caos, la estatura de un cosmos, como el cosmos del cual nacimos.