CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA123 3 de septiembre de 1910 -Evangelio de S. Mateo 3ª conferencia

                                                                                           Índice

LA MISIÓN DEL PUEBLO HEBREO 

LA LEY DE LA TABLA GENEALOGICA

3 de septiembre de 1910

Antes de abordar nuestro tema principal, quiero hacer una breve reseña de algo que se dijo en la conferencia de ayer. En ella hablaba del hecho de que los acontecimientos realmente significativos en la evolución de la humanidad, pueden describirse utilizando simbólicamente expresiones derivadas de procesos Cósmicos. También puse énfasis en lo imposible que resulta hablar sobre los grandes misterios de la existencia, de una manera inteligible y adecuada utilizando solo las palabras del lenguaje ordinario.

Para imaginar este proceso cósmico, volvamos a mirar retrospectivamente hacia el momento en que nuestra Tierra se había separado del Sol, cuando cada uno por separado prosiguió su propia vida en el Cosmos con su centro independiente. Podemos imaginar que en un pasado muy, muy lejano, la sustancialidad de la Tierra

+ Sol formaban un todo único, un gran cuerpo cósmico que luego se dividió en dos. Además hay que recordar que esta separación tuvo lugar en una época en la que el globo ahora llamado "Tierra" todavía contenía la sustancialidad de la Luna actual. Tierra + Luna por un lado frente al Sol por el otro. Todas las fuerzas, tanto espirituales como físicas, que habían estado trabajando antes de esa separación, se dividieron: los elementos más toscos, las actividades más groseras, más vulgares, permanecieron con la Tierra, mientras que las actividades superiores, espirituales y etéreas marcharon con el Sol. Debemos imaginarnos que durante mucho tiempo la Tierra y el Sol continuaron su evolución por separado. Para empezar, todo lo que salía del Sol hacia la Tierra tenía un carácter completamente diferente de las fuerzas que fluyen desde el Sol hoy día. La existencia de la Tierra, la vida de la Tierra, era interna, cerrada, recibía poca vida del Sol, poco de lo que irradiaba espiritualmente del Sol, tomando expresión física.

En este primer período de separación del Sol, la Tierra corría el riesgo de volverse estéril, árida, momificada. Y si la Luna hubiera continuado en la Tierra, la vida que está hoy presente en nuestro planeta nunca habría sido posible. Mientras la Luna estuvo contenida en la Tierra, la vida que brotaba del Sol no podía ser plenamente eficaz; Esto solo fue posible en un momento posterior, cuando la Tierra hubo separado de su propia sustancialidad lo que ahora es la Luna, y con ella los Seres espirituales conectados con la Luna.

Pero en relación con la separación de la Luna de la Tierra, hay mucho más. Debe tenerse en cuenta que todo lo que hoy llamamos vida en nuestra Tierra, evolucionó gradual y lentamente, y la Ciencia Espiritual indica las sucesivas condiciones o estados de existencia que hicieron posible la vida. Anteriormente existió el estado antiguo de Saturno, luego el estado de antiguo Sol, luego el estado de la antigua Luna y finalmente nuestra existencia en la Tierra. Por lo tanto, la separación del Sol y también la unión anterior de la Tierra con el Sol estuvieron precedidas por otros procesos evolutivos bastante diferentes. Y cuando la Tierra comenzó su existencia en la forma actual, todavía estaba unida con la sustancia de todos los planetas que pertenecen a nuestro sistema solar y no se separaron hasta más tarde, dicho proceso de separación y diferenciación es el resultado de las mismas fuerzas que anteriormente obraban durante los tres períodos evolutivos anteriores del Antiguo Saturno, Antiguo Sol y Antigua Luna.

Sabemos que durante el estado de antiguo Saturno no había materia ni sustancia tal como está presente hoy en día; no había cuerpos sólidos, ni fluidos, ni masas gaseosas, vaporosas o aeriformes. El antiguo Saturno estaba compuesto únicamente de calor, calor diferenciado. Por lo tanto, podemos decir: el cuerpo del antiguo Saturno consistía solo en calor; todo evolucionó dentro del elemento calorico. La evolución avanzó de aquél cuerpo cálido de Saturno a la siguiente etapa: la etapa del Antiguo Sol. Allí, tal como se describe en el libro Ciencia Oculta, el cuerpo cálido de Saturno se densificó. Algo de aquél calor permaneció, pero, en parte, el cuerpo cálido se densificó al estado gaseoso y aeriforme del Antiguo Sol. El proceso no fue solo de densificación sino también de rarificación, un desarrollo ascendente, a la luz. Por lo tanto, podemos decir: pasando de la condición de calor del Antiguo Saturno a la etapa del Antiguo Sol, tenemos un cuerpo cósmico que consiste de aire, calor y luz. Cuando el estado del Antiguo Sol avanzó a la etapa del estado de la Antigua Luna, (predecesora de nuestra Tierra), nuevamente hubo una densificación y rarificación. A aquél elemento gaseoso se le agrega ahora, la condición de lo fluido o acuoso, pero también se produjo un cambio en el otro lado, en la dirección de la espiritualización o etérización. Durante la etapa de la Antigua Luna, no solo había luz sino también éter sonoro o éter químico. Este último no es mas que un reflejo de lo que experimenta la conciencia clarividente como 'Armonía de las esferas', como un sonido etérico o tejido de tonos como un poder vivo a través del Universo. Al hablar de este éter y de este sonido, estamos hablando de algo mucho más espiritual, mucho más etéreo que el sonido ordinario.

La densificación del estado sólido tuvo lugar cuando La Antigua Luna evolucionó a la etapa de la Tierra. En La Antigua Luna no había cuerpos sólidos como los que existen en la Tierra, donde por primera vez hizo su aparición la condición sólida. En la Tierra, por lo tanto, ahora tenemos, por un lado, calor, estados gaseosos y acuosos, y cuerpos sólidos; y por el otro lado, éter lumínico, éter sonoro y éter de vida. La evolución en la Tierra ha alcanzado esta etapa. Por lo tanto, en la Tierra hay siete estados o condiciones elementales, mientras que en el Antiguo Saturno solo había un estado: el del calor.

Cuando nuestra Tierra emergió de la noche cósmica al comienzo de su existencia, cuando todavía estaba unida al Sol y a los otros planetas, debemos imaginarla viviendo y tejiendo en estas siete condiciones elementales. Pero con la separación del Sol sucedió algo muy notable.

Hoy día, el calor y la luz están presentes en la vida externa, ya que se ve afectada por las influencias que fluyen del Sol a la Tierra y pertenecen al ámbito del conjunto de percepciones sensoriales; pero el éter-sonoro y el éter de vida no pertenecen a este ámbito. El efecto del éter-sonoro solo se manifiesta en combinaciones químicas y disoluciones, es decir, en procesos que operan en la existencia material. Lo que llamamos el efecto del éter vital, como elemento que fluye desde el Sol, no puede ser percibido directamente por el hombre en el mismo sentido que percibe la luz cuando a través de los sentidos distingue la luz de la oscuridad. En los seres vivos se perciben los efectos de la vida o la actividad, pero no el éter de vida mismo. Por lo tanto, la ciencia también se ve obligada a admitir que la vida “per se” es un enigma.

Los dos tipos más elevados de emanaciones extremadamente delicadas, el éter vital y el éter sonoro, como manifestaciones etéricas, aunque proceden del Sol, no se manifiestan directamente en la existencia de la Tierra. Si bien estas emanaciones se irradian desde el Sol, están ocultas de la percepción ordinaria. Sin embargo, también en la existencia moderna, algo que corresponde a lo que vive en el éter- sonoro y en el éter de vida, es perceptible en la Tierra en la naturaleza interna del hombre. Las influencias y efectos directos del éter vital y del éter sonoro (la armonía de las esferas) no son perceptibles externamente en la Tierra, pero sí el efecto que produce en la constitución del hombre.

Para describir esto más fácilmente me referiré una vez más al desarrollo que el hombre ha experimentado en la tierra. En tiempos muy antiguos dentro de la época atlante, el hombre estaba dotado de una facultad clarividente que le permitía contemplar no solo un mundo material como hace hoy, sino también los trasfondos espirituales de la existencia material. Esto era posible para el hombre porque en aquellos tiempos antiguos había un estado intermedio entre nuestra conciencia de vigilia de hoy y lo que llamamos el estado de sueño. En el estado de vigilia, aquellos hombres percibían las cosas del mundo físico-sensorial, en el estado de sueño hoy el hombre no percibe ni es consciente de nada en absoluto, simplemente sigue viviendo, (al menos para la gran mayoría de las personas). Si investigaran ustedes clarividentemente la vida del hombre durante el sueño, harían descubrimientos sorprendentes, aunque solo se sorprenderían aquellas personas que no ven más que la superficie de las cosas.

Mientras el hombre está dormido, su cuerpo astral y su Ego están fuera de sus cuerpos físico y etérico. Pero no deben ustedes imaginarse que el cuerpo astral y el ego durante el sueño son como una nube brumosa suspendida en las proximidades del cuerpo físico. Lo que se ve en forma de nube y que llamamos cuerpo astral, no es sino el comienzo más tosco de lo que se le revela al hombre durante el sueño, mediante un tipo inferior de clarividencia astral. Si alguien considerara esta formación en forma de nube suspendida cerca de los cuerpos físico y etérico, como el único fenómeno de importancia, simplemente se estaría basando en las formas más bajas de clarividencia astral. La verdad es que durante el sueño el hombre es un ser de vastas dimensiones. En el momento de irse a dormir, las fuerzas internas en el cuerpo astral y en el Ego realmente comienzan a expandirse por todo el sistema solar, convirtiéndose en parte de él. Desde todas las direcciones, el hombre atrae fuerzas hacia su cuerpo astral y su Ego, que fortalecen esta vida durante el sueño, y al despertar se contrae dentro de los estrechos confines de su piel y derrama en ellos lo que ha absorbido durante la noche desde todo el sistema solar. Es por eso que los ocultistas medievales también llamaban a este cuerpo espiritual del hombre el cuerpo "astral", porque está unido con los mundos de las estrellas y extrae sus fuerzas de ellos. Durante el sueño nocturno, pues, el hombre en realidad se expande por todo el sistema solar.

¿Qué es lo que impregna el cuerpo astral durante el sueño cuando está fuera de los cuerpos físico y etérico? Las armonías de las esferas, entretejen y vivifican el cuerpo astral, mediante fuerzas que de otro modo solo pueden operar en el éter-sonoro. Por ejemplo, como en una placa de metal que ha sido espolvoreada con una cierta cantidad de arena, deslizando un arco de violín por el filo de la placa haciendo vibrar la arena y produciendo las famosas figuras de sonido Chladni, así también vibran las armonías de las esferas a través del ser humano durante el sueño volviendo a poner orden en lo que se ha desordenado durante el día a través de sus percepciones sensoriales Las fuerzas reparadoras del éter vital también lo impregnan durante el sueño, pero cuando él se separa de los cuerpos físico y etérico, no es consciente de esa vida interior de sus cuerpos. En el estado normal, el hombre tiene el poder de la percepción solo cuando vuelve a sumergirse en los cuerpos físico y etérico, utilizando los órganos externos del cuerpo etérico para pensar y los del cuerpo físico para la percepción sensorial.

Pero en la antigüedad había estados intermedios entre la vida de vigilia y el sueño, estados que hoy pueden ser inducidos solo por medios anormales y debido a los peligros asociados de tales condiciones, nunca deberían ser inducidos. Sin embargo, en la época atlante, estas facultades de percepción que funcionaban normalmente en los estados intermedios entre la vigilia y el sueño, permitían que el hombre fuera trasladado al dominio de las fuerzas que viven y tejen en el éter sonoro y el éter vital. En otras palabras: en ese pasado distante, a través de la clarividencia en su antigua forma, el hombre podía ser consciente de lo que el Sol le irradiaba como armonía de las esferas, y del latir de la vida a través del espacio cósmico, aunque los efectos terrenales del éter sonoro y el éter vital solo eran perceptibles en los seres vivos del mundo externo.

Con la pérdida de la antigua clarividencia, tales experiencias dejaron de ser posibles; gradualmente se cerró la puerta para esas percepciones y surgió algo diferente, a saber, el poder interno de la cognición. Solo entonces el hombre aprendió a reflexionar, a ponderar, a meditar. Lo que hoy llamamos reflexión sobre las cosas del mundo físico, en otras palabras, la actividad interna, solo comenzó a desarrollarse cuando la antigua clarividencia se desvaneció. En las primeras épocas de la Atlántida, el hombre no tenía una vida interior como la que tiene hoy en día, una vida interior de sentimientos, experiencias sensibles, pensamientos y conceptos mentales, que en realidad constituyen el impulso creativo en la cultura y la civilización. En los estados intermedios entre la vigilia y el sueño, todo su ser estaba entregado a un mundo espiritual y el mundo material de los sentidos le parecía cubierto de niebla.

Con la desaparición gradual de la antigua clarividencia, la vida exterior fue ganando en importancia. En la naturaleza interna del hombre apenas estaba presente un tenue reflejo de la armonía de las esferas y del funcionamiento del éter vital. Pero ese reflejo de la armonía de las esferas fue desvaneciéndose, a medida que el hombre iba haciéndose consciente de los sentimientos y percepciones que reflejaban internamente el mundo externo para él y que hoy en día constituyen su vida interior. A medida que iba sintiéndose un "yo", un ser dotado de la conciencia del yo, su percepción del divino y omnipresente éter de vida desapareció. Esa condición tuvo que ser adquirida a costa de verse privado de ciertos aspectos de la vida externa. Como ser terrenal, el hombre sentía que aquella vida que había dejado de experimentar fluyendo directamente del Sol, estaba ahora dentro de él, solo que hoy es un leve reflejo de la sublime vida cósmica, de la armonía de las esferas y del éter vital.

El desarrollo de la facultad cognoscitiva del hombre, fue también como una especie de recapitulación de la propia evolución de la Tierra. La Tierra al separarse del Sol y confinarse en sí misma, habría acabado por endurecerse totalmente si después de la separación, hubiera seguido reteniendo todas las sustancias que aún contenía dentro. Para empezar, la influencia del Sol no podía intervenir en el proceso evolutivo de la Tierra y este estado de cosas duró hasta que la Luna se separó de la Tierra, junto con todas aquellas sustancias y características que hacían imposible que la Tierra pudiera recibir influencias y fuerzas directas del sol. Por lo tanto, tras de haberse desprendido de la Luna, se hizo posible para la Tierra recibir las influencias y fuerzas del Sol ahora separado. La Tierra envió una parte de sí misma, la Luna, hacia el Sol, en la dirección opuesta a la que se había separado del Sol, y así la Luna reflejó las influencias del Sol de vuelta a la Tierra, lo mismo que hace cuando refleja externamente su luz. La separación de la Luna de la Tierra fue un evento de importancia incalculable, pues gracias a ello, la Tierra se abrió a las influencias y fuerzas del Sol.

Esta evolución cósmica debió, en cierto sentido, recapitularse para la vida humana. Un evento cósmico de este tipo necesariamente tuvo que ser reformulado también en la vida del hombre. Solo mucho tiempo después de que la Tierra se hubiese abierto a los efectos del Sol, pudieron darse las condiciones adecuadas para que el hombre viera menguadas las influencias directas del Sol. En el hombre atlante, en su clarividencia, aún permanecían activas las influencias y fuerzas directas del Sol. Y así como había llegado un momento para la Tierra en que habría comenzado a endurecerse, también llegó un momento en que el hombre se retiró a su propia naturaleza interior, desarrollando una vida interior y dejando de recibir el efecto directo del Sol. Cuando el hombre dejo de recibir directamente las influencias del Sol, se desarrolló el proceso de una vida interior, del cual podía recibir dentro de sí mismo solo débiles reflejos del efecto del éter vital, el éter sonoro, las armonías de las esferas: este proceso perduró largo tiempo, hasta la época post-atlante.

En las primeras épocas de la evolución atlante, los hombres habían sido directamente conscientes de las influencias del Sol. Después se auto-confinaron, y cuando estas influencias dejaron de penetrarlos y su propia vida interior se imponía con fuerza, solo en los sagrados Misterios, mediante la práctica de lo que podría llamarse 'Yoga', los poderes espirituales de los alumnos podían ser entrenados, digamos, para desafiar las condiciones normales de la existencia de la Tierra y tomar conciencia directa de la actividad del Sol. Por lo tanto, en la segunda mitad de la época atlante, entre una humanidad incapaz de manera normal, de ser consciente de la actividad directa del éter sonoro y del éter vital, hubo a la vez santuarios llamados 'Oráculos', donde se entrenaban los alumnos y discípulos dedicados a la sabiduría sagrada, que mediante la supresión de toda percepción sensorial, se hacían conscientes de las manifestaciones de estos éteres superiores.

En la época post-atlante, en los lugares donde se cultivaba la ciencia espiritual genuina, esta posibilidad permaneció de manera tan persistente que incluso la ciencia externa, sin comprender el significado de la misma, ha conservado una tradición originada en la Escuela de Pitágoras con la intención de que Las armonía de las esferas pudiera hacerse audible. Pero la ciencia externa convierte

inmediatamente cualquier cosa de la naturaleza de la armonía de las esferas en una abstracción, cosa que por supuesto no es, ni tiene idea de lo real que es. En las Escuelas Pitagóricas, el poder de tomar conciencia de la armonía de las esferas se entendía como la reapertura del ser del hombre al éter sonoro y al éter de vida. Zarathustra fue quien había proclamado con magnificencia y esplendor, que detrás del Sol irradiando su luz y calor a la Tierra, hay algo que efectivamente se refleja, solo débilmente en la vida interior del hombre, como la actividad del éter-sonoro y del éter de vida. Si nos esforzamos por traducir su enseñanza al lenguaje moderno, podemos decir que enseñaba a sus alumnos de la siguiente manera. - Él les decía: “cuando miráis hacia arriba al Sol, sois conscientes del beneficioso calor y de la luz que fluye de él hacia la Tierra; pero si desarrolláis órganos superiores, si desarrolláis facultades de percepción espiritual, podréis tomar conciencia del Ser Solar y de su vida que está detrás del Sol físico; ¡entonces seréis conscientes de la labor del étersonoro y de la esencia de la vida en sus efectos”!

Zarathustra habló a sus alumnos de Ormuzd, o Ahura Mazdao, el gran Aura Solar, como la realidad espiritual que subyace detrás de la actividad física del Sol. Por lo tanto, "Ahura Mazdao" también se puede traducir como la "Gran Sabiduría" en contraste con la escasa sabiduría desarrollada por los hombres hoy en día. El hombre toma conciencia de la Gran Sabiduría cuando contempla la esencia espiritual del Sol, el gran Aura Solar.

Mirando hacia el pasado remoto en la evolución de la humanidad, Un poeta, pudo señalar en las siguientes palabras lo que el investigador espiritual conoce con certeza:

Desde tiempos remotos, el Sol en esferas fraternas resuena y traza su órbita eterna

en su andar tronador.

Los discípulos del esteticismo consideran esto simplemente como una eufonía y lo citan como un excelente ejemplo de licencia poética. No tienen la menor idea de que un poeta del calibre de Goethe está describiendo auténticas realidades cuando escribe: "El orbe del sol canta su antigua ronda", es decir, de la manera conocida por la humanidad antigua, y conocida incluso hoy en día para quien es un iniciado. Zarathustra había impartido esta poderosa verdad a sus discípulos, concretamente a aquellos dos, de quienes se puede decir que fueron sus discípulos más íntimos y que más tarde se encarnaron como Hermes y Moisés. Zarathustra dio las instrucciones sobre lo que subyace detrás del cuerpo radiante del Sol, en dos formas muy diferentes. Las que transmitió a Hermes le permitieron recibir la influencia que fluía directamente del Sol. A Moisés, por otro lado, se las inspiró de tal manera que conservó el secreto de la sabiduría del Sol como en un recuerdo.

Las condiciones en la evolución de la humanidad son un reflejo de las condiciones en el Cosmos. La sabiduría solar contenida en las revelaciones de Zarathustra, fue transmitida, por por una parte a Hermes y por otra a Moisés. En Hermes vivía la sabiduría Solar que irradiaba de su cuerpo astral, cuerpo que le había sido ofrendado por Zarathustra; La sabiduría que vivía en Moisés se asemejaba a un planeta separado que aún tenía que desarrollarse hacia lo que irradiaba directamente del Sol. Así como la Tierra, al renunciar a la Luna, se abrió a la influencia del Sol, también la sabiduría de Moisés se abrió para recibir la sabiduría del Sol que irradia directamente de Zarathustra. Y estas dos formas de sabiduría de Zarathustra, la sabiduría de la Tierra de Moisés y la sabiduría del Sol impartida a Hermes, entraron en contacto en

Egipto, donde las enseñanzas de Moisés se encontraron con las de Hermes. Lo que Moisés había recibido de Zarathustra en el pasado lejano, despertó a la vida dentro de su propio ser y se lo transmitió a su pueblo. Tenemos que concebir esto como un proceso análogo a la separación de la sustancialidad lunar de la Tierra.

La sabiduría transmitida por Moisés a su pueblo también se puede llamar sabiduría de Jahvé, nombre que la ejemplifica, si se entiende correctamente. También podemos entender por qué las antiguas tradiciones hablaban de Jahvé como un Dios de la Luna. Esto se afirma con frecuencia, pero es comprensible solo cuando se conocen estas profundas conexiones. Así como la Tierra se desprendió de la Luna, enviándola hacia el Sol, también la senda de Moisés de la sabiduría de la Tierra, conducía inevitablemente hacia Hermes, que poseía la sabiduría directa en el cuerpo astral que Zarathustra le había ofrendado. La sabiduría de Moisés, habiendo entrado en contacto con Hermes, tuvo que evolucionar, y como ya hemos dicho continuó su desarrollo hasta la era de David, aquél mismo David, guerrero real y salmista del pueblo hebreo, en el cual surgió en una nueva forma, la sabiduría hermética o mercurial. También hemos escuchado cómo la sabiduría de Moisés estableció un contacto aún más estrecho con la sabiduría Solar, durante el tiempo del cautiverio babilónico, tiempo en el que el propio Zarathustra, que entonces llevaba el nombre de Zarathas o Nazarathos, fue el maestro de los Iniciados hebraicos durante el cautiverio. En la sabiduría de Moisés, por lo tanto, vemos una recreación del proceso cósmico de la separación de la Tierra del Sol y de los sucesos posteriores en la Tierra. Los sabios entre los antiguos hebreos y todos los que conocían estas relaciones estaban llenos de profunda reverencia. Sentían como si se les estuvieran dando revelaciones directas desde los espacios de la existencia cósmica. Y una personalidad como Moisés les parecía ser un mensajero de esos Poderes cósmicos. Así lo sentían, y nosotros también debemos sentir algo por el estilo si realmente deseamos comprender los tiempos antiguos. De lo contrario, todo nuestro aprendizaje no será más que vana abstracción.

Lo que había fluido desde Zarathustra y se había transmitido a la posteridad por medio de Hermes y Moisés, era esencial que también evolucionase hacia una etapa superior y apareciese nuevamente en una forma diferente y más avanzada. Para este fin, fue necesario que el propio Zarathustra, la Individualidad que previamente solo había legado sus cuerpos astral y etérico, pudiera aparecer en la Tierra en un cuerpo físico, para que este también pudiera ser ofrecido. He ahí una hermosa ilustración del progreso. Durante su vida en un remoto pasado, Zarathustra había impulsado la evolución post-atlante en la antigua cultura iraní. Después legó su cuerpo astral para inaugurar una nueva forma de cultura a través de Hermes, y legó su cuerpo etérico a Moisés. Había pues ofrendado dos de sus envolturas. Ahora se daba la oportunidad de ofrecer también su cuerpo físico, porque el gran misterio de la evolución de la humanidad exigía de un solo individuo la ofrenda de los tres cuerpos. La tercera acción de Zarathustra aún por cumplir, era la ofrenda del cuerpo físico, y esto requirió medidas muy especiales de preparación. Ya he indicado cómo el tipo particular de vida que vivía el pueblo hebreo durante generaciones, hizo posible la preparación del cuerpo físico que Zarathustra habría de ofrecer como su tercera gran acción. Esta preparación exigía que lo que en otros lugares había sido la percepción espiritual directa, orientada hacia el exterior, la visión astral que en los turanios se había vuelto decadente, debería transformarse en una actividad interna.

Este es el secreto del pueblo hebreo. Mientras que en los turanios las fuerzas heredadas de la antigüedad producían órganos de clarividencia externa, en el pueblo hebreo estas fuerzas se volvieron hacia adentro, organizando la constitución interna del cuerpo. Por lo tanto, los hebreos fueron el pueblo destinado a sentir y experimentar internamente lo que durante la época atlante los hombres habían visto extendido detrás de los simples objetos físicos. Jahve o Jehová, el nombre conscientemente pronunciado y proclamado por el pueblo hebreo, era el mismo "Gran Espíritu" que se revelaba detrás de todas las cosas y seres a la antigua clarividencia, mas ahora resumido en una unidad. Esto también sugiere que, de una manera muy especial, el progenitor de los antiguos hebreos había sido dotado de esta constitución orgánica interna.

Quiero precisar aquí algo que también he resaltado muchas veces antes: que los relatos pictóricos de los acontecimientos antiguos contenidos en sagas y leyendas, están más cerca de la verdad que la imagen de la evolución construida por la investigación antropológica moderna a partir de la evidencia proporcionada por las excavaciones y fragmentos de monumentos. En la mayoría de los casos, las antiguas leyendas son corroboradas por la investigación científico-espiritual. Digo "en la mayoría de los casos" y no "en todos" porque no he investigado todos y cada uno de ellos; pero es muy probable que lo anterior sea válido para todas las leyendas genuinamente antiguas. Por lo tanto, cuando indagamos sobre el origen del pueblo hebreo, nos reconduce, no a lo que los antropólogos modernos suponen, sino a un progenitor real nombrado en la Biblia. Abraham es una figura viva y lo que dice la leyenda del Talmud sobre este antepasado original es cierta.

Según la historia, el padre de Abraham era un capitán al servicio de esa personalidad legendaria pero sin embargo real llamada "Nimrod" en la Biblia (Génesis X, 8-9).

Aquellos que entienden los signos de los tiempos, tal como se revelan en los sueños, le anuncian a Nimrod que muchos reyes y gobernantes serán derrocados por el hijo de su capitán. Nimrod es invadido por el miedo y ordena que el niño sea asesinado.

Tal es la leyenda, y su verdad es confirmada por la investigación oculta. El padre de Abraham recurre al subterfugio y le presenta a Nimrod el hijo de otro hombre, mientras que su propio hijo, osea Abraham, es criado en una cueva. Abraham es pues, el primero en quien las fuerzas que anteriormente obraban como facultades de clarividencia externa, se volvieron hacia adentro para convertirse en los poderes que habrían de conducir a la conciencia interna de lo Divino. Esta inversión completa de fuerzas se indica en la leyenda al decir que, por la gracia de Dios, el niño pudo succionar leche de los dedos de su propia mano derecha durante los tres años que vivió en la cueva. Este proceso de auto alimentación, en otras palabras, la penetración de las fuerzas anteriormente utilizadas para la antigua clarividencia en la constitución interna del hombre, se ilustra de manera maravillosa en Abraham, el progenitor del pueblo hebreo. Las leyendas de este tipo son tan convincentes, cuando se entienden sus fundamentos reales, que nos damos cuenta de por qué las antiguas narraciones solo podían transmitir en imágenes lo que hay detrás de sus contenidos. Tales imágenes eran capaces de evocar sentimientos, aunque no conciencia real, de las grandes verdades. Y eso en aquellos tiempos antiguos era suficiente. Abraham fue pues, el primer hombre en quien las facultades de la sabiduría divina, la visión divina, se reflejaban internamente en una forma completamente humana, desarrollada como pensamiento sobre lo Divino. La investigación oculta siempre insistirá, en que la constitución física de Abraham, como fue llamado más tarde, era en efecto, completamente diferente de la de todos los que vivían a su alrededor. La constitución orgánica de otros seres humanos no les habría permitido desarrollar la actividad interna del pensar a través de un instrumento especial. Para ellos, pensar solo era posible si estaban libres del cuerpo físico, cuando en el cuerpo etérico se activaban las fuerzas; pero aún no habían desarrollado el instrumento para pensar en el propio cuerpo físico. En realidad, Abraham fue el primero en quien el instrumento físico para pensar había sido elaborado en el sentido real. Por lo tanto, aunque esto no debe tomarse demasiado literalmente, se le atribuye la invención de la aritmética, la ciencia depende principalmente del instrumento del cuerpo físico. La aritmética es algo que, en su forma, y debido a su certeza intrínseca, se acerca al conocimiento clarividente, pero depende esencialmente de un órgano corporal.

Por lo tanto, existe una conexión profunda e íntima entre una facultad en la que las fuerzas externas se habían utilizado hasta entonces para la clarividencia y otra que ahora utilizaba un órgano interno para la actividad del pensar. Esto se indica cuando se habla de Abraham como el inventor de la aritmética. Por lo tanto, debe ser considerado como la primera personalidad en la que se implantó el órgano físico del pensar, el órgano a través del cual el hombre, por medio del pensar físico, podría elevarse al pensamiento real de lo Divino, mientras que antes solo era posible tener algún conocimiento de Dios y de lo Divino a través de la visión clarividente. Todo aquél conocimiento de la antigüedad era resultado de la clarividencia. Ascender a lo Divino a través del pensamiento requería un instrumento físico y Abraham fue el primero en quien fue implantado. Y como aquí se trataba de un órgano físico, toda la relación de este pensamiento o concepto de lo Divino con el mundo objetivo y con el ser subjetivo del hombre era diferente de lo que había sido anteriormente, cuando no implicaba el uso de un instrumento físico.

El pensamiento de lo Divino anteriormente era captado mediante la sabiduría preservada en las Escuelas de Misterios y podía transmitirse a alguien que se hubiese desarrollado hasta la etapa de poder tener percepciones en el cuerpo etérico, libres de los órganos del cuerpo físico. Pero para transmitir algo desde un órgano físico a otro ser humano, el único medio es la herencia física. Por lo tanto, si debía preservarse en la Tierra, lo que para Abraham era de importancia primordial, es decir, el órgano físico, tenía que transmitirse a través de las generaciones mediante la herencia. Por lo tanto, es comprensible que el elemento racial de la herencia, la transmisión de este atributo físico a través de la sangre que fluye de generación en generación, fuera de gran importancia para el pueblo hebreo.

Pero aquél atributo físico que apareció por primera vez en Abraham, como resultado de la cristalización y configuración de un órgano físico para la comprensión de lo Divino, ese atributo tuvo que afianzarse. Transmitido por la herencia de generación en generación, fue arraigando cada vez más profundamente en la naturaleza y la constitución del hombre y afianzándose más y más a medida que el efecto de la herencia se hacía progresivamente más fuerte. Por lo tanto, podemos decir: fue necesario que lo que se le había impartido a Abraham para que diera cumplimiento a la misión del pueblo hebreo, debía alcanzar un mayor grado de perfección en el curso de la transmisión de generación en generación a través de la herencia. Y en el caso de un órgano físico, este era el único medio posible.

Si la Individualidad que hemos llegado a conocer como Zarathustra debía disponer de un cuerpo físico lo más perfecto posible, es decir, un cuerpo dotado de un órgano capaz de captar, el pensamiento o concepto de lo Divino en un cuerpo físico humano, dicho órgano físico una vez que estuvo implantado en Abraham, tuvo que ser llevado al más alto grado posible de perfección; tenía que irse consolidando internamente a través de la herencia y desarrollándose de manera que pudiera producir un cuerpo adecuado para Zarathustra, con todas las cualidades que necesitaba en su cuerpo físico. Pero para que fuese de utilidad para Zarathustra no podría haber alcanzado un mayor grado de perfección, por sí mismo separado del resto de la constitución del hombre; Las tres envolturas, física, etérica y astral, tuvieron que ser gradualmente perfeccionadas a través de la herencia física que fluía por las sucesivas generaciones. En relación con el desarrollo del ser humano individual, habremos oído decir a menudo que en la evolución hay una cierta ley. Un período particular de este proceso va desde el nacimiento hasta el sexto o séptimo año de vida, durante el cual el desarrollo principal concierne al cuerpo físico. El período del desarrollo del cuerpo etérico va desde el sexto o séptimo año hasta el decimocuarto o decimoquinto. El período de desarrollo del cuerpo astral va desde los catorce o quince años hasta los veintiuno o veintidós años. Dicha ley está basada en el número siete, que rige el desarrollo del ser humano individual. Respecto a la humanidad en general, el desarrollo de las envolturas externas a través de las generaciones se rige por una ley equivalente y los aspectos más profundos de este proceso aún deben considerarse. Mientras que el individuo completa una etapa de desarrollo en el transcurso de siete años, (hasta su séptimo año en el caso del cuerpo físico), perfeccionándolo más y más durante este período, así también se desarrolla tal como lo hace a través de las generaciones, toda la estructura del cuerpo físico de la humanidad en general, que alcanza una cierta consumación al cabo de siete generaciones. Pero la herencia actúa de tal manera que las cualidades transmitidas no pasan de un ser humano a su descendiente sucesivo en la generación inmediata; las cualidades y atributos sobresalientes no pueden transmitirse directamente de padre a hijo, de madre a hija, sino solo de padre a nieto, es decir, a la segunda generación, después a la cuarta, y así sucesivamente. En el proceso de herencia a través de las generaciones el número siete es fundamental; pero como todas las generaciones se saltan una, en realidad resultan catorce generaciones.

La constitución física especial establecida en Abraham podría haber alcanzado la cima de su desarrollo después de catorce generaciones. Pero para que este proceso surtiese efecto en el cuerpo etérico y también en el cuerpo astral, el desarrollo que, en el caso del individuo, se desarrolla durante el período comprendido entre los siete y los catorce años,( etérico) y los catorce y los veintiún años (astral), en el caso del conjunto de la humanidad en realidad catorce generaciones), mas otro período de siete generaciones mas, (catorce en realidad). En otras palabras: la constitución física establecida en Abraham, el progenitor racial, tuvo que desarrollarse tres veces siete o más bien tres veces catorce generaciones; para que tuviese lugar el desarrollo en las tres envolturas: cuerpo físico, cuerpo etérico y cuerpo astral. Así pues, el proceso de herencia a través de tres veces catorce generaciones, es decir, a través de cuarenta y dos generaciones, hizo posible que un hombre recibiera en sus cuerpos físico, etérico y astral, en un estado de desarrollo perfecto, lo que se le había impartido a Abraham en fase rudimentaria.

Fue por lo tanto, a partir de Abraham y transcurridas tres veces catorce generaciones, cuando hallamos un cuerpo humano dotado con lo que se había implantado en Abraham en sus primeros rudimentos. Solo un cuerpo de estas características era apto para que Zarathustra se encarnase. Esto también lo deja claro el escritor del Evangelio de San Mateo. En la lista de las generaciones, se enumeran expresamente catorce generaciones desde Abraham hasta David, catorce desde David hasta el cautiverio de Babilonia, y catorce desde el cautiverio hasta Jesucristo. A través de estas tres veces catorce generaciones, en las que secuencialmente siempre se salta una, se completó el desarrollo de aquello que se le había impartido a Abraham para el cumplimiento de la misión del pueblo hebreo. Esto ahora estaba plenamente inculcado en los principios de la naturaleza humana y de allí pudo surgir el cuerpo que Zarathustra necesitaba para su encarnación en la época en que debía traerse a la humanidad un impulso completamente nuevo a través de él.

La sabiduría que subyace al comienzo del Evangelio de San Mateo es realmente profunda. Sin embargo, es esencial comprender lo que indican estas tres veces catorce generaciones. En el cuerpo que hizo posible que José engendrase a Jesús de Nazaret, estaba contenida la esencia de lo que había estado presente, en sus rudimentos, en Abraham; esto se había irradiado a todo el pueblo hebreo y luego pudo reunirse en el único instrumento, en la envoltura utilizada por Zarathustra, gracias al cual pudo hacerse posible la encarnación de Cristo.


traducción de Julio Luelmo abril 2020

GA123 2 de septiembre de 1910 -Evangelio de S. Mateo 2ª conferencia

                                                                                        Índice

2ª Conferencia

LA SABIDURIA DE HERMES Y MOISÉS LOS PUEBLOS TURANIO Y HEBREO 

2 de septiembre de 1910

En las primeras conferencias de este Ciclo será necesario repetir ciertas cosas que se dijeron en la explicación del Evangelio de San Lucas. Hay hechos y acontecimientos en la vida de Cristo Jesús que no se pueden entender a menos que se comparen estos dos Evangelios.

Para una comprensión más profunda del Evangelio de San Mateo, es de primordial importancia saber que, con respecto a su cuerpo físico, la Individualidad a la que se refiere principalmente este evangelio, había descendido de Abraham a través de tres veces catorce generaciones; Por lo tanto, representaba una especie de quintaesencia de toda la raza hebrea. La Ciencia Espiritual sabe que esta Individualidad y el Zoroastro original o Zaratustra eran la misma.

En la conferencia de ayer se dio una idea del entorno externo de las actividades de Zarathustra, en los tiempos antiguos en los que vivía, y ahora también deben considerarse las concepciones de la vida y del mundo predominantes en su entorno. La visión del mundo de los hombres en aquellas regiones contenía principios de profundo significado, y hablar solo de algunas de las enseñanzas que con razón son atribuidas al primer Zarathustra, es señalar los fundamentos profundos de todos los pensamientos post-atlantes.

La historia externa en sí misma nos habla de los dos principios fundamentales que subyacen a las enseñanzas de Zarathustra: el principio de Ormuzd, el Ser del Bien y la Luz, y el principio de Ahriman, el Ser de la Oscuridad y el Mal. Pero incluso en las presentaciones exotéricas de este sistema religioso se pone énfasis en que estos dos principios, Ormuzd o Ahura Mazdao y Ahriman, derivan de un principio universal:

Zeruane Akarene.

¿Cuál es este origen único e indiviso del que derivan los otros dos principios, en guerra entre sí en el mundo? Zeruane Akarene se traduce generalmente como "Tiempo no creado". Por lo tanto, el principio primordial que dice la enseñanza de Zarathustra puede considerarse como el fluir calmado, aún no perturbado, del Tiempo cósmico. Además, el sentido mismo de las palabras implica que carece de sentido continuar con la pregunta: preguntar cuál fue el origen de este fluir calmado del Tiempo. Es importante darse cuenta de una vez y para siempre de que se puede hablar de algo en la existencia cósmica sin estar justificado para formular más preguntas, digamos, sobre las causas de un Primer Principio como este. Cada vez que se menciona una causa, el pensamiento abstracto rara vez se abstendrá de hacer más preguntas sobre la causa de esa causa, y así sucesivamente, obligando a los conceptos a volver al infinito. Pero cuando hay un deseo de mantenerse firmemente en el terreno de la Ciencia espiritual, la meditación genuina dejará en claro que el cuestionamiento sobre las causas debe terminar en algún lugar y que continuarlo más allá de cierto punto es simplemente caer en la fantasía.

En el libro "Ciencia Oculta, un bosquejo", me referí a esta forma de procedimiento mental. Como ejemplo, decía que la visión de las huellas de las ruedas en una carretera puede evocar la pregunta: ¿Qué las ha causado? La respuesta es: las ruedas de un carro. Otras preguntas podrían ser: ¿Dónde, exactamente, están las ruedas unidas al carro? ¿Por qué hacen huellas y por qué conducían el carro por el camino? Tales preguntas pueden ser respondidas. El carro hizo las huellas porque estaba siendo conducido a lo largo del camino y fue conducido porque alguien quería ser transportado en él, pero este tipo de preguntas finalmente conduce a la intención que causó que la persona en cuestión usara el carro. Y si no se hace un alto aquí, otras preguntas sobre la causa de la intención pierden punto y se convierten en un juego sin más.

Lo mismo ocurre en relación con las grandes preguntas de la Cosmovisión. En algún lugar nuestro cuestionamiento debe terminar. Para las enseñanzas más profundas del zoroastrismo no tiene sentido retroceder más allá del fluir calmado del "Tiempo no creado".

Vemos así, que el zoroastrismo divide el Tiempo a su vez en dos principios, o, mejor dicho, habla de dos principios que proceden del Tiempo "el bien o principio de la Luz caracterizado como el de Ormuzd, y un principio malvado de la Oscuridad, el de Ahriman". Esta doble concepción se basa en una verdad profundamente significativa, a saber, que todo el mal del mundo, todo lo que en su imagen física debe llamarse oscuro y pecaminoso, no era así originalmente. Como ya he dicho, en el pensamiento de la antigua Persia, se consideraba que el lobo, por ejemplo, que en cierta manera representaba algo salvaje y malvado, era visto como una degeneración, como un resultado de la acción del principio de Ahriman, que se activa en él cuando es abandonado a su suerte. Así pues, el lobo ha descendido a partir de un ser en el que era innegable la presencia del Bien. Según las concepciones de los antiguos persas y de los primeros pueblos arios, el principio fundamental en la evolución es que el mal surge porque algo que era bueno en la forma en que existía originalmente, al retener esa forma en una época posterior; al no transformarse, se vuelve regresivo, puesto que retiene la forma que era apta para un tiempo anterior. Por lo tanto, para los primeros pueblos arios la causa de todo el Mal, de toda la Oscuridad, se debe simplemente a eso, la forma de un ser que había sido buena en una época anterior, se mantiene sin cambios en tiempos posteriores y como consecuencia del choque de tal forma con otra que si ha progresado, se origina la batalla entre ambas: la batalla entre el bien y el mal. Es decir, en el pensamiento de la antigua Persia, el Mal no es el Mal absoluto sino la manifestación de algo Bueno pero fuera de su tiempo apropiado, algo que una vez, en un período anterior, había sido bueno pero ya no lo es. Por consiguiente, el mal en el presente, se manifiesta en la forma de eventos a través de los cuales las condiciones que eran aptas para el pasado, son traídas al presente. Hasta que no hay conflicto entre lo anterior y lo posterior, el tiempo todavía no se diferencia, no se divide en "momentos" individuales.

Esta visión del mundo profundamente significativa sostenida por los primeros pueblos post-atlantes, puede considerarse como la base del zoroastrismo; incluye el concepto que se caracterizó en la conferencia de ayer y que era predominante en aquellos que se adhirieron a las enseñanzas de Zarathustra. Hay evidencia por todos lados de que estos pueblos reconocieron dos fases que proceden del fluir del Tiempo hasta entonces indiviso: dos fases que entran en conflicto cuando se encuentran y resuelven su conflicto solo en la corriente del fluir del Tiempo. Se dio cuenta de que lo nuevo debe nacer y que lo viejo debe ser preservado; La meta del Universo, sobre todo, la meta de la Tierra, se logrará mediante la creación del equilibrio, de la armonía, entre lo viejo y lo nuevo. Esta concepción, tal como se ha caracterizado ahora, se encuentra en la base de todas las formas de desarrollo superior originadas en el zoroastrismo.

Una vez que el centro original del zoroastrismo se hubo establecido en la región y la época que indicábamos ayer, su influencia fue efectiva dondequiera que se abrió paso. Y veremos qué tremendo efecto tuvo en las épocas posteriores, expresando en todas partes la enseñanza sobre la polaridad entre lo viejo y lo nuevo.

La razón por la que Zarathustra pudo ejercer una influencia de tan largo alcance sobre la posteridad, fue que en el momento en que había alcanzado la Iniciación más alta posible en aquellos días, tenía dos alumnos íntimos de los que he hablado anteriormente. A uno de estos alumnos Zarathustra le enseñó todo lo relacionado con los secretos del espacio físico circundante, los secretos de la existencia simultánea. Al otro alumno le enseñó los secretos del fluir del Tiempo, los secretos de la evolución, del desarrollo. En una ocasión anterior ya dije que, en un cierto punto del camino de la Iniciación como este, puede tener lugar algo de gran importancia, a saber, que el maestro puede ofrecer parte de su propio ser a sus alumnos. Y Zarathustra ofreció a sus dos alumnos su propio cuerpo astral y su propio cuerpo etérico. La individualidad de Zarathustra, el núcleo más íntimo de su ser, permaneció intacto para encarnaciones sucesivas. Pero su "vestimenta'' astral, es decir, el cuerpo astral en el que había vivido como Zaratustra en una época post-atlante tan lejana, esta vestimenta astral era tan perfecta, tan cargada de la esencia de todo su ser que no se disperso como les ocurre a las envolturas astrales de otros seres humanos, sino que permaneció intacto. En el gran proceso de evolución, el poder de una Individualidad en posesión de envolturas humanas de esta calidad, permite que permanezcan intactas y se preserven, y esto fue lo que ocurrió en el caso del cuerpo astral de Zarathustra.

El alumno que había recibido de Zarathustra la enseñanza sobre el espacio y todo lo que existe simultáneamente en el espacio físico, luego renació en la personalidad conocida en la historia como el egipcio Thoth o Hermes. La investigación oculta revela que Hermes estaba destinado no solo a consolidar en su propio ser todas las enseñanzas que le había impartido Zarathustra en una encarnación anterior, sino a hacer aún más. Esto fue posible por el hecho de que llevaba consigo incorporado, a través de un proceso promulgado en los sagrados Misterios, el cuerpo astral preservado del propio Zaratustra. Así, la Individualidad de este alumno de Zarathustra renació como el precursor de la cultura egipcia. El Hermes egipcio, por lo tanto, llevaba dentro de sí parte del ser de Zarathustra, y este poder, junto con los frutos de su propio antiguo discipulado, le permitió a Hermes dar el impulso de todo lo que era grande y significativo en la cultura y la civilización del antiguo Egipto. Para que la misión de este mensajero de Zarathustra pudiera cumplirse, naturalmente tenía que haber una población apta para recibir el impulso. Únicamente entre aquellos pueblos que habían tomado el camino más meridional desde los territorios atlantes, estableciéndose en el este de África, (en los que aún perduraba un alto grado de clarividencia en su forma atlante), solo entre esos pueblos se podía encontrar un suelo fértil para lo que Hermes , el alumno renacido de Zarathustra, había de impartir. La vida anímica que predominaba en la población egipcia entró en contacto con la enseñanza de Hermes y de esta fuente se desarrolló la cultura del antiguo Egipto.

Aquella fue una cultura de un carácter muy especial. Piensen en los tesoros de sabiduría que Hermes había recibido cuando Zarathustra le transmitió los secretos de las cosas que existen simultáneamente en el espacio. Hermes llevaba dentro de su propio ser esta sumamente importante enseñanza de Zarathustra. Como hemos escuchado a menudo, el rasgo más característico de las enseñanzas de Zarathustra era que dirigía la atención de su pueblo hacia el Sol, hacia la luz externa del Sol, explicándoles que este cuerpo solar es solo la envoltura externa de un elevado Ser Espiritual. Así, Zarathustra confió a Hermes los secretos de la realidad que subyace en toda la naturaleza en el mundo del espacio, la realidad del ser que subyace a todo en la existencia simultánea pero avanza a través del Tiempo de época en época, manifestándose nuevamente en cada época particular. La sabiduría que poseía Hermes hacía referencia a todo lo que procede del Sol y evoluciona a etapas posteriores. Y la razón por la que pudo inculcar esta enseñanza en las almas de los descendientes de los pueblos Atlantes, fue porque esas almas habían contemplado en algún momento los misterios del Sol y habían conservado en la memoria algo de su visión. Todo, por supuesto, había avanzado en la evolución, tanto las almas que estaban destinadas a recibir la sabiduría de Hermes, así como el propio Hermes. En el caso del segundo discípulo de Zarathustra, las circunstancias fueron diferentes. A él se le habían confiado los secretos relacionados con el fluir del Tiempo, y tenía que experimentar necesariamente el conflicto entre lo viejo y lo nuevo, el principio activo del antagonismo, de la oposición y de la polaridad, implícita en la evolución. Zarathustra también le había ofrecido a este segundo alumno, parte de su ser, y cuando este último renació, también pudo recibir lo que le había sido legado. Mientras que el núcleo esencial de la Individualidad de Zarathustra permanecía intacto, las envolturas astral y etérica se separaron de él, pero debido a que procedían de una Individualidad tan poderosa, ellas también permanecieron intactas y no se dispersaron. Este segundo alumno, a quien se le había comunicado la sabiduría relacionada con el Tiempo, (en contraste con lo relacionado con el Espacio), en cierto punto de su nueva encarnación recibió en sí mismo el cuerpo etérico de Zarathustra, quien se lo había ofrecido lo mismo que había hecho con su cuerpo astral. Este segundo alumno de Zarathustra renació como Moisés, en quien, en la primera infancia, se incorporó el cuerpo etérico preservado de Zarathustra.

Los documentos religiosos que realmente se basan en el ocultismo, contienen todo lo relativo a estos misterios. Efectivamente, antes de recibir las impresiones del mundo circundante, como esto realmente ocurre, debió infiltrarse en su ser la herencia maravillosa de Zoroastro.

Las crónicas religiosas que se basan genuinamente en el ocultismo contienen evidencias misteriosas que apuntan a los secretos revelados por la investigación oculta. Para hacer posible que Moisés, (el alumno reencarnado de Zarathustra), recibiera dentro de sí el cuerpo etérico de su antiguo maestro, había de sucederle necesariamente algo bastante inusual. Era esencial que el milagroso legado que habría de recibir de Zarathustra se le incorporase, antes de que el entorno pudiera causar impresiones sobre su individualidad, como en el caso de otros seres humanos. Esto se narra simbólicamente, en la historia que explica que fue depositado en una cuna de juncos y dejado en un río, (signo inequívoco de una Iniciación). En el proceso de Iniciación, un ser humano se desconecta del mundo exterior por un cierto período de tiempo, durante el cual lo que está destinado a recibir se le infiltra. Así fue como el cuerpo etérico de Zarathustra, que había sido preservado intacto, se incorporó en Moisés en un momento determinado mientras estaba desconectado del mundo exterior, para que después pudiera florecer dentro de él la maravillosa sabiduría concerniente al Tiempo que una vez le fue impartida por Zarathustra. Para que él a su vez, pudiese expresarlo en imágenes adecuadas para su gente.

Por lo tanto, con Moisés podemos contraponer las grandes imágenes del Génesis como las imaginaciones externas de la sabiduría de la época que vino de Zarathustra.

Eran el conocimiento renacido, la sabiduría renacida que había recibido de Zarathustra. Eso ahora estaba arraigado en su mente por el hecho de que había recibido la envoltura etérica del propio Zarathustra.

Pero en un proceso de tal importancia para la evolución de la humanidad, son esenciales dos factores. No solo debe haber un Iniciado que inaugure un impulso en la cultura, sino que para esta gran Individualidad debe ser posible plantar la semilla de la cultura futura en el territorio adecuado para ella. Y para comprender la naturaleza del territorio en el que Moisés podía plantar lo que le había sido transmitido por Zarathustra, sería bueno que nos ocupemos de una cierta característica de la sabiduría mosaica.

Moisés había sido alumno de Zarathustra en una encarnación anterior. En aquél tiempo le fue impartida la sabiduría relacionada con el tiempo además del secreto de que en todas las épocas lo anterior colisiona con lo posterior, produciéndose un antagonismo. Si Moisés como portador de esa sabiduría, iba a convertirse en un factor en la evolución de la humanidad, tenía que presentarse como un contraste con la otra corriente de sabiduría: la sabiduría de Hermes. Y esto fue lo que realmente sucedió.

Podemos decir que Hermes recibió la sabiduría directa de Zarathustra, por así decirlo, la sabiduría del sol, es decir, el conocimiento de lo que misteriosamente vive esencialmente en la capa física externa de la luz y el cuerpo del sol, es decir, lo que es un camino directo. Con Moisés era diferente. El tipo de sabiduría de la que fue receptor se alberga más en el cuerpo etérico más denso, no en el cuerpo astral. La suya era la sabiduría que no se limitaba a mirar hacia arriba al Sol, a ver todas las cosas que fluyen del Sol, sino que también abarca lo que se opone a la luz y la calidad esencial del Sol; esta sabiduría asimila, sin ser corrompida por la luz solar, lo que se ha vuelto terrenal, denso, solidificado, viejo. Esta era la sabiduría de la Tierra, si bien es verdad, comprendida dentro de la sabiduría del Sol, pero aún así es esencialmente la sabiduría de la Tierra, los secretos de la evolución de la Tierra, de cómo el hombre se desarrolla en la Tierra y de cómo evoluciona la Tierra cuando el Sol se ha separado de ella - estos fueron los secretos impartidos a Moisés. Y esto, si estudiamos los aspectos internos, no externos del asunto, explica por qué encontramos en las enseñanzas de Hermes algo que es un contraste total con la sabiduría de Moisés. Al estudiar todos estos asuntos, ciertos modos de pensamiento corrientes en la actualidad aplican el principio de que por la noche ¡todas los gatos son pardos! Aquellos que piensan de esa manera solo tienen ojos para las semejanzas y se alegran cuando, por ejemplo, encuentran lo mismo en las enseñanzas de Hermes y de Moisés. Pero eso no tiene mucho sentido. Sería más bien como una persona dispuesta a enseñar a otra para ser un botánico sin enseñarle en que se diferencia, digamos, una rosa de un clavel, sino hablando solo de las características que ambas comparten. Eso no ayuda. Debemos saber en qué aspectos difieren los propios seres, y también las formas de sabiduría, debemos darnos cuenta de que la sabiduría de Moisés tenía un carácter bastante diferente de la sabiduría de Hermes. Ambas formas de sabiduría proceden, originalmente, de Zarathustra; pero al igual que la unidad, se divide y se manifiesta de maneras muy diversas, Zarathustra dio revelaciones esencialmente diferentes a cada uno de sus dos alumnos.

Si nos sumergimos en la sabiduría de Hermes, encontramos iluminación sobre la cosmogonía: nos explica el origen de los mundos y los efectos que produce, la luz que se proyecta en él. Pero en la sabiduría de Hermes no encontramos los conceptos que revelan el hecho de que en el proceso evolutivo lo anterior actúa en lo posterior, y debido a esto, el pasado y el presente entran en conflicto, causando la oposición entre la Oscuridad y la Luz. La sabiduría de la Tierra que hace inteligibles para nosotros cómo fue el proceso evolutivo de la Tierra, junto con el Hombre, después de que el Sol se separase; esto no está contenido en ninguna parte de la sabiduría de Hermes. Esa debía ser la misión especial de la sabiduría de Moisés, hacer

comprensible para los hombres la evolución de la Tierra después de la separación del Sol. La sabiduría de la tierra debía ser el regalo de Moisés; La sabiduría del sol, el regalo de Hermes. En Moisés, con sus recuerdos de todo lo que le había sido impartido por Zarathustra, se revela el proceso de la evolución de la Tierra y la evolución del hombre en la Tierra. Su punto de partida, por así decirlo, es lo terrenal; pero lo terrenal está separado del Sol y únicamente contiene la naturaleza del Sol en una forma debilitada. Lo terrenal se acerca y se encuentra con la naturaleza del Sol. Por lo tanto, la sabiduría de la Tierra de Moisés tuvo que encontrarse con la sabiduría del Sol de Hermes en la existencia concreta; Estas dos corrientes de sabiduría tuvieron que contactarse entre sí. Las circunstancias externas también indican esto de la manera más maravillosa. Moisés nació en Egipto, su pueblo es llevado allí y hace contacto con el pueblo Egipcio, el pueblo de Hermes. Estos acontecimientos son el reflejo externo del contacto de la sabiduría del Sol con la sabiduría de la Tierra. Ambas formas de sabiduría provienen de Zarathustra, pero se vierten sobre la Tierra en corrientes evolutivas muy diferentes, eventualmente reuniéndose y trabajando en conjunto.

Ahora bien, cierta sabiduría relacionada con los procedimientos en los Misterios, se expresa siempre de una manera muy especial en lo referente a los secretos más profundos de los acontecimientos humanos y de otro tipo. En las conferencias sobre el Génesis impartidas en Munich, indiqué lo extraordinariamente difícil que es hablar en términos del lenguaje actual de estas grandes verdades que abarcan no solo los secretos más profundos del ser del hombre sino también los hechos cósmicos. Nuestras palabras a menudo son grilletes, ya que llevan las connotaciones que se les han atribuido por el uso prolongado, y cuando las grandes verdades de sabiduría se desarrollan en el alma, recurrimos al lenguaje, tratando de vestir estas revelaciones internas en palabras, nos encontramos luchando con un instrumento terriblemente débil.

La mayor trivialidad pronunciada a lo largo del siglo XIX y repetida innumerables veces, es que debería ser posible expresar toda verdad real en palabras simples y que el lenguaje, con los medios de expresión que ofrece, debería servir realmente de criterio para afirmar si una persona está en posesión de alguna verdad particular o no. Sin embargo, esta afirmación solo muestra que quienes la elaboraron no poseían la verdad esencial, sino solo las verdades que se les han transmitido a través del lenguaje a lo largo de los siglos, cuyas formas pueden cambiar. Para esas personas, el lenguaje es adecuado y no sienten nada de la lucha que a menudo hay que librar con él. Pero esta lucha se vuelve demasiado real cuando se tiene que expresar algo de gran importancia.

En los sagrados Misterios se expresaban los secretos más profundos, pero en todo momento se hacía sentir la insuficiencia del lenguaje para este propósito. De ahí los esfuerzos seculares en los Misterios por encontrar medios de expresión para las experiencias del alma. Los términos y frases que se habían utilizado durante siglos en los intercambios ordinarios, demostraron ser completamente inadecuados, mientras que al contrario, era apto para las imágenes que surgían cuando la mirada se dirigía a la extensión del espacio universal, a las constelaciones, a la aparición de cierta estrella o el eclipse de un cuerpo celestial por otro en momentos definidos. Estas fueron imágenes bien adaptadas para retratar acontecimientos y experiencias particulares en la vida del alma del hombre. Pondré un breve ejemplo.

Supongamos que se trata de anunciar que va a tener lugar algo de gran alcance e importancia en un momento particular en el tiempo, porque alguna alma humana estará lo suficientemente madura como para verse sometida a una experiencia sublime y comunicarla a su pueblo; o tal vez haya habido un deseo de indicar que un pueblo, o una sección particular de la humanidad, haya alcanzado un cierto estado de madurez en la evolución y que una Individualidad haya llegado a habitar entre ellos, posiblemente de una región bastante diferente. En el último caso, el punto más alto alcanzado en el desarrollo de este individuo coincidiría con el punto más alto alcanzado en el desarrollo del alma nacional de las personas involucradas y se quisiera expresar la naturaleza única de este evento. Se descubrió que nada que pudiera transmitirse a través del lenguaje ordinario era lo suficientemente elevado como para impresionar los sentimientos de los hombres con la importancia de tal evento. Por lo tanto, era expresado gráficamente diciendo "cuando el poder más elevado desarrollado por un individuo coincide con el poder más elevado desarrollado por un alma nacional particular, es como cuando el Sol está en la constelación de Leo e irradia su luz desde allí". En este ejemplo, la imagen del León era elegida para denotar algo que se manifiesta en su mayor fuerza en la evolución de la humanidad. Se utilizaba así un fenómeno en el espacio cósmico para indicar un acontecimiento en la vida de la humanidad. Tal es el origen de ciertas expresiones usadas en la historia; se derivaban de las estrellas y constelaciones, y eran los medios utilizados para expresar hechos espirituales en la vida de la humanidad.

Cuando se dice, por ejemplo, que un evento en la evolución de la humanidad se expresa simbólicamente por un fenómeno en los cielos como el Sol en Leo o en alguna constelación particular, los pensadores triviales son muy aptos para revertir el significado real y afirmar que todos los acontecimientos relacionados con la historia temprana de la humanidad eran descripciones míticas de movimientos de cuerpos celestes; mientras que la verdad es que los eventos terrenales se expresaban en imágenes tomadas de las constelaciones. La verdad es invariablemente lo contrario de las teorías amadas por los pensadores superficiales.

Esta conexión con el Cosmos es algo que debería llenarnos de reverencia por lo que se nos cuenta acerca de los grandes eventos en la evolución de la humanidad y su expresión en imágenes derivadas de fenómenos cósmicos. En realidad, existe una conexión misteriosa entre toda la existencia cósmica y lo que sucede en la existencia del hombre; Los sucesos en la Tierra son reflejos de sucesos en el Cosmos. En cierto sentido, que convergieran en Egipto la sabiduría del Sol de Hermes y la sabiduría de la Tierra de Moisés, es también un reflejo, una imagen especular de los acontecimientos en el Cosmos. Imagínense ciertas fuerzas que salen del Sol y otras fuerzas que irradian desde la Tierra al espacio cósmico; el punto en el espacio en el que se encuentran tendrá ciertamente importancia; Según si el contacto se realiza en un punto más cercano o más alejado de las fuentes en cuestión, el efecto de las radiaciones emitidas y luego enviadas de regreso será diferente. El contacto entre la sabiduría de Hermes y la sabiduría de Moisés en el antiguo Egipto se presentaba en los Misterios de tal manera que era posible compararlos con algo que según la cosmología científico-espiritual ya había tenido lugar en el Cosmos. Sabemos que el Sol y la Tierra se habían separado, que durante un tiempo la Tierra aún seguía unida a la Luna, que luego una parte de la Tierra se movió al espacio para convertirse en nuestra Luna actual. Por lo tanto, la Tierra había enviado una parte de sí misma hacia el Sol en el espacio cósmico. Y cuando, en la civilización egipcia, la sabiduría de la Tierra de Moisés entró en contacto con la sabiduría del Sol de Hermes, este acontecimiento notable también fue como una "radiación", esta vez desde la Tierra hacia el Sol.

Después de su posterior separación de la sabiduría solar de Hermes, se puede decir que la sabiduría de Moisés, la sabiduría de la Tierra, se desarrolló aún más como la ciencia de la Tierra y del hombre; En su curso hacia el Sol, absorbió y se sumergió en la sabiduría directa que irradia del Sol. Había, sin embargo, un límite para esta absorción; La sabiduría de Moisés estaba destinada a progresar por sí misma y desarrollar la independencia. Por lo tanto, permaneció en Egipto solo hasta que se absorbió lo suficiente para sus necesidades; luego vino el "Éxodo de los hijos de Moisés de Egipto", para que la sabiduría del Sol recibida, pudiera asimilarse y también desarrollarse por la sabiduría de la Tierra.

Por lo tanto, se deben distinguir dos fases en la sabiduría de Moisés: una mientras se desarrolla en la esfera de la sabiduría de Hermes, rodeada por todos lados y absorbiéndola perpetuamente. Luego viene la separación, y después del éxodo de Egipto, la sabiduría de Moisés, aunque ahora se desarrolla de manera independiente, elabora la sabiduría de Hermes que ha absorbido y en su propio curso adicional alcanza tres etapas. ¿Cuál era su objetivo y su tarea destinada?

La tarea de la sabiduría de Moisés era encontrar el camino de regreso al Sol. Se había convertido en la sabiduría de la Tierra. Moisés nació con todo lo que le había impartido Zarathustra como un hombre sabio de la Tierra y buscó el camino de regreso al Sol en diferentes etapas. En la primera etapa se había sumergido en la sabiduría de Hermes; El curso de su desarrollo posterior puede describirse mejor en imágenes extraídas de la existencia cósmica. Cuando los efectos de lo que sucede en la Tierra se trasladan al espacio cósmico, el primer encuentro en el camino hacia el Sol es con Mercurio. (Sabemos que el Venus astronomico, es Mercurio en la terminología del ocultismo y el Mercurio astronomico es Venus según el ocultismo). En el camino desde la Tierra hacia el Sol, por lo tanto, primero se encuentra la naturaleza de Mercurio, en un etapa posterior la naturaleza de Venus y luego la naturaleza del Sol. Por lo tanto, a través de procesos internos en la vida anímica, Moisés debía desarrollar la herencia recibida de Zarathustra de manera que en el camino de regreso pudiera encontrar nuevamente la naturaleza del Sol; Por lo tanto, tenía que llegar a una etapa definida. La sabiduría inculcada por Moisés en la cultura y la civilización tuvo que desarrollarse necesariamente en la forma en que él la había impartido a su pueblo. Por lo tanto, en el camino de regreso, habiendo absorbido primero algo de la sabiduría impartida por Hermes como irradiando directamente del Sol, Moisés lo desarrolló con una nueva orientación, es decir, en la dirección opuesta. Se dice que Hermes, (más tarde llamado Mercurio Thoth), trajo a su pueblo el arte y la ciencia, el conocimiento del mundo externo, el arte externo, en la forma adecuada para ellos. Pero la forma en que Moisés mismo debía alcanzar esta sabiduría de Hermes-Mercurio sería diferente, de hecho opuesta, y la desarrollaría en etapas posteriores en el camino de regreso. Este proceso en la historia de los hebreos, es ilustrado hasta el tiempo y el reinado de David, al que se describe como el salmista real, como un profeta divino, como un hombre de Dios, un portador de armadura y también un tocador de arpa. David es el Hermes, el Mercurio, del pueblo hebreo que ahora se había desarrollado hasta la etapa de poder producir, en una forma independiente, la sabiduría de Hermes o Mercurio. En el tiempo de David, por lo tanto, la sabiduría de Hermes, una vez asimilada por la sabiduría de Moisés, había alcanzado la región o etapa de Mercurio.

La sabiduría de Moisés debería continuar en el camino descendente hasta el punto donde está la región de Venus, si se puede decir. La región de Venus vino para el hebreo en un momento en que la sabiduría de Moisés, es decir, lo que se había transmitido a través de los siglos como esta sabiduría de Moisés, tenía que combinarse con un elemento completamente diferente, con una dirección de sabiduría, por así decirlo, que venía desde el otro lado.

Así como los rayos que regresan de la Tierra al espacio se encuentran con Venus en el camino hacia el Sol, Así también, durante el cautiverio babilónico, la sabiduría de Moisés se encontró con la sabiduría que había llegado desde Asia y se representaba de forma modificada en los misterios babilónico y caldeo. Este contacto se hizo durante el tiempo del cautiverio babilónico. Como un vagabundo que, habiendo partido desde la Tierra con el conocimiento de lo que es la Tierra, había pasado por la región de Mercurio y alcanzado la región de Venus para recibir la luz del Sol que caía sobre Venus, de igual modo actuó La sabiduría de Moisés absorbiendo lo que procedía directamente de los santuarios del zoroastrismo y que continuaba en forma modificada en los Misterios caldeo-babilónicos. Fue esto lo que la sabiduría de Moisés recibió durante el cautiverio de Babilonia, asimilando así la sabiduría que se había abierto camino a la región del Éufrates y el Tigris.

Pero también sucedió algo más. Durante el cautiverio el legado de la sabiduría legada por Moisés a su pueblo se mezcló con la naturaleza del Sol, con aquella sabiduría atesorada en los centros de misterio de las regiones cercanas, en aquellos santuarios que eran conocidos y frecuentados por los sabios entre los hebreos. Allí, entre el Eufrates y el Tigris, el mismo lugar donde ahora enseñaba el reencarnado Zarathustra, encontró Moisés la sabiduría que había salido del Sol en otros tiempos. Aproximadamente hacia la época del cautiverio babilónico, el propio Zarathustra estaba encarnado, así que, mientras enseñaba en esa región, el que ya había entregado una parte de su sabiduría, la recibe de nuevo. Él mismo Zarathustra encarnó una y otra vez, y precisamente en su encarnación como Zarathas o Nazarathos se convirtió en el maestro de los judíos cautivos que conocían la existencia de los santuarios en esas regiones.

Así, en su curso posterior, la sabiduría de Moisés entró en contacto con la que el propio Zarathustra había sido capaz de lograr, después de mudarse desde los distantes centros de misterio, desde la lejana Persia a los de Asia Menor. Allí se convirtió en el maestro de los alumnos iniciados de Caldea, así como de los maestros iniciados individualmente; También estaban aquellos en quienes la sabiduría de Moisés había fructificado debido a la corriente con la que ahora estaban en contacto, pudiendo recibir del propio Zarathustra, en su encarnación como Zarathas o Nazarathos, lo que él mismo había impartido anteriormente a su antepasado -Moisés-. Tal fue el destino de la sabiduría de Moisés. En realidad se había originado con Zarathustra y había sido trasladada a tierras extranjeras. Era como si un ser solar con los ojos vendados hubiera sido llevado a la Tierra y en el viaje de regreso tuviese que buscar de nuevo lo que había perdido.

Moisés, por lo tanto, era la reencarnación de aquél discípulo de Zarathustra. Durante su encarnación en la civilización egipcia como Moisés, todo lo que una vez le había impartido Zarathustra, se iluminó nuevamente dentro de él; pero limitado al ámbito de la Tierra, era como si no supiera la procedencia de su iluminación. Por lo tanto, tomó el camino hacia lo que una vez había sido de la naturaleza del Sol. En Egipto recurrió a la sabiduría de Hermes que presentaba la sabiduría de Zarathustra en su forma directa, no en la reflexión como en su propio caso. Después de haber absorbido lo suficiente de la sabiduría de Hermes, se desarrolló la corriente de su propia sabiduría en un curso directo. Habiendo establecido en la era davídica una forma de Sabiduría Hermetica, con su propia ciencia y arte, la corriente de la sabiduría de Moisés se movió hacia el Sol de donde originalmente había salido, pero en una forma que al principio ocultaba su verdadera naturaleza.

En los antiguos centros de aprendizaje de Babilonia, donde Zarathustra, (Zarathas o Nazarathos), también era maestro de Pitágoras, solo se podía enseñar si se disponía de un cuerpo especialmente constituido, ya que estaba obligado a utilizar dicho cuerpo como instrumento. Si iba a dar expresión a la naturaleza del Sol en su plenitud como lo había hecho una vez, tal como la había impartido a Hermes y Moisés, si iba a dar expresión a esta sabiduría en una nueva forma, adecuada para la época posterior, él necesitaba una envoltura corporal que fuese un instrumento digno. Solo en una forma que estaba condicionada por un cuerpo, tal como se produjo en la antigua Babilonia, Zarathustra pudo traer de nuevo toda la sabiduría que luego le transmitió a Pitágoras, a los sabios hebreos y a los sabios caldeobabilónicos que en aquél tiempo, en el siglo VI a.C., estaban en condiciones de escucharlo.

En cuanto a lo que Zarathustra pudo enseñar, en realidad fue como si la luz del Sol hubiera sido interceptada por Venus y no pudiera encontrar su camino directo hacia la Tierra; era como si la sabiduría de Zarathustra no pudiera manifestarse en su forma primaria sino solo en forma modificada. Para permitir que esta sabiduría actuase en su forma original, Zarathustra tendría que haber estado provisto de un cuerpo adecuado y dicho cuerpo solo podría producirse de una manera completamente única, que puede caracterizarse de la siguiente manera.

En la conferencia de ayer se dijo que había tres almas nacionales en Asia, cada una con un carácter diferente: la india en el sur, también la iraní y mas hacia el norte la turania. Señalábamos que estos tres tipos de almas surgieron, en primer lugar, porque la corriente septentrional de los pueblos Atlantes había pasado a Asia a través de esas regiones y se habían establecido en ellas. Pero otra corriente había pasado por África y sus ramales finales habían penetrado hasta las regiones de los pueblos turanios. Donde la corriente septentrional que había pasado desde la Atlántida hacia Asia se encontró con la otra corriente que había pasado desde la Atlántida a través de África, produciéndose una notable amalgama de pueblos formándose una población racial de la que surgieron los hebreos.

Algo muy notable sucedió en estos pueblos. Las facultades de clarividencia etéricoastral que habían permanecido en un estado de decadencia entre ciertas poblaciones y que se habían corrompido como resultado de una facultad de clarividencia dirigida hacia afuera, todo ello se interiorizó en aquellas poblaciones que habrían de convertirse en el pueblo hebreo. Cambió completamente la dirección. En lugar de manifestarse externamente en forma de clarividencia astral inferior, como la antigua clarividencia residual atlante, actuó como una fuerza organizadora de la constitución corporal interna. Lo que se había convertido en una clarividencia externa decadente y que había permanecido estancada e impregnada del elemento ahrimánico, esto luego se había desarrollado de forma correcta al convertirse en una fuerza activa en la constitución orgánica interna del cuerpo humano. En el pueblo hebreo, esta facultad no se expresaba sobre la naturaleza corporal, como una forma obsoleta de clarividencia, sino que actuaba como una fuerza transformadora llevándola así a una etapa de mayor perfección. La facultad que en el pueblo turaniano se había vuelto decadente, actuaba creativamente y con poder transformador en la constitución interna de los hebreos.

Por lo tanto, se puede decir lo siguiente. En la naturaleza corporal del pueblo hebreo dado que se propagaba de generación en generación a través de relaciones consanguíneas, estaban actuando las fuerzas que, como visión clarividente externa, habían llegado a su fin y ya no debían continuar de esa forma, sino que ahora debían actuar en un ámbito diferente donde estarían en el elemento correcto. Aquella facultad que había permitido a los atlantes mirar con visión espiritual al espacio y a las regiones espirituales y que en los turanios ya se había convertido en una clarividencia residual degenerada. Esta facultad, en el pueblo hebreo se volvió hacia el interior. Lo que había sido de naturaleza divino-espiritual en la cultura atlante, en los hebreos actuó como una fuerza formativa orgánica interna y dentro de su sangre pudo iluminarse como una conciencia interna de lo Divino. Era como si todo lo que el Atlante había visto cuando dirigía su mirada clarividente hacia afuera a la extensión del espacio, se hubiese vuelto completamente interior, surgiendo en lo más íntimo del organismo de los hebreos como conciencia de, Jahve o Jehová, como conciencia interna de lo divino. Así, los hebreos sintieron que la Deidad estaba unida con su sangre, se sintieron permeados, impregnados, por la Deidad que se extendía en el espacio, y sabían que esta misma Deidad vivía dentro de ellos, latiendo a través de su propia sangre.

Ayer considerábamos el contraste entre las civilizaciones iraní y turaniana. Ahora, después de comparar las facultades de los turanios con las de la raza hebrea, vemos que lo que se había vuelto decadente en el primero progresó en el segundo, trabajando posteriormente en la sangre. Lo que había sido visible para los atlantes ahora se manifestaba en los hebreos en forma de sentimiento interior. Esta experiencia se resume en una sola palabra: el nombre JEHOVÁ. Comprimido como si dijéramos, en un solo punto, en un núcleo interno de conciencia de lo Divino vivía el Dios, ese mismo Dios que le había sido revelado a los atlantes por la clarividencia que veía a detrás de todos los fenómenos externos. Invisible y experimentado internamente, el Dios vivió en la sangre de las generaciones de Abraham, Isaac y Jacob, guiándolos a ellos y a todas las generaciones sucesivas de un evento a otro en su camino hacia el destino. De esta manera, lo externo se había vuelto interno; lo externo ahora se experimentaba dentro, ya no se veía, ya no se llamaba con diferentes nombres, sino que se conocía con una sola designación: "¡YO SOY EL YO SOY!". Mientras que con las facultades que el hombre poseía en la época atlante había encontrado al Dios allá en el Universo, ahora había encontrado al Dios en el centro de su propio ser, en su 'Yo', sentía al Dios en la sangre fluyendo a través de las generaciones. El gran Dios del universo se había convertido en el Dios de los hebreos, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios que fluyó en la sangre a través de las generaciones.

Así se fundó la etnia cuya misión interior para la evolución de la humanidad estudiaremos mañana. Hoy solo ha sido posible dar una indicación de la etapa más temprana en la composición de la sangre de este pueblo, la etapa en que todo lo que en la época Atlante le había permitido actuar desde afuera, ahora se encontraba comprimido dentro de su propio ser. Veremos qué misterios se cumplen en los acontecimientos que solo se han tocado hoy, y aprenderemos a comprender la naturaleza única de los pueblos de los cuales procedía el cuerpo de Zarathustra, encarnado como el Ser que llamamos Jesús de Nazaret.


traducción de Julio Luelmo abril 2020