CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA123 11 de septiembre de 1910 -Evangelio de S. Mateo 11ª conferencia

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LOS DISCÍPULOS DEL CRISTO

Y

LA EVOLUCIÓN DE LA HUMANIDAD

11 de septiembre de 1910

En el Evangelio de San Mateo la Tentación es presentada como un relato de una tipo especial de Iniciación. El relato va seguido de una serie de indicaciones de lo que Cristo Jesús significaba, en primer lugar para sus discípulos. Él no solo iba a ser el exponente de las antiguas enseñanzas en una forma completamente nueva, sino una fuerza viviente, si se puede usar esta palabra, una fuerza que da salud a los hombres.

Esto es lo que se demuestra con las curaciones.

En la conferencia de ayer procedimos a considerar un tema que, para que sea entendido, requiere una cierto grado de buena voluntad como resultado del conocimiento científico-espiritual adquirido a través de los años. Hablamos de la calidad única y viva de la enseñanza impartida por Cristo Jesús, mediante la transmisión de fuerzas en las almas de sus discípulos. Se intentó expresar un gran misterio en palabras del lenguaje humano e indicar la naturaleza de la enseñanza dada por Cristo Jesús a sus discípulos. Podemos pensar en Cristo Jesús mismo como un punto focal, un centro focal, por así decirlo, para las fuerzas que debían fluir desde el Macrocosmos hacia las condiciones de vida en la Tierra y hacia las almas de los discípulos. Dichas fuerzas solo pudieron reunirse gracias a los poderes concentrados en el propio Cristo. A través suyo, las fuerzas que normalmente fluyen sobre el hombre inconsciente durante el sueño, ahora les eran transmitidas a los discípulos como fuerzas iluminadoras y vivificantes del propio Cosmos. Por supuesto, describir estas fuerzas con detalle solo es posible estudiando detalladamente las constelaciones cósmicas, y a este misterio, según se presenta en el Evangelio de San Mateo, es al que prestaremos atención hoy. En primer lugar, sin embargo, hay que tener en cuenta que los discípulos inevitablemente se habían vuelto más sabios con respecto a las condiciones en aquél momento de la Tierra, porque los poderes y las fuerzas de Cristo Jesús se habían derramado sobre ellos. En diverso grado y de distinta manera se habían vuelto más maduros, habían adquirido más sabiduría viva. En el desarrollo de uno de los discípulos, aparece un fenómeno muy significativo que para ser entendido debe contemplarse en un contesto mas amplio. Y en ello, debe tenerse en cuenta el hecho de que el hombre individual evoluciona a la par que lo hace la humanidad. En la era post-atlante, fuimos pasando de encarnación en encarnación a través de las antiguas épocas de la civilización india, persa, egipciacaldea y grecolatina, para recibir algo del entorno así como de las condiciones imperantes de aquellos tiempos. Así es como se progresa.

¿Qué significado tiene realmente el desarrollo de la evolución humana a través de las épocas? Conforme a los conocimientos mas elementales de la antroposofía, sabemos de los diferentes miembros que constituyen el ser del hombre: cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral, alma sensible, alma intelectual, alma consciente. Los miembros superiores aún por desarrollar son Yo Espiritual, Espíritu de Vida, Hombre Espíritu. Cada uno de estos miembros ha logrado algo bastante definido según las diferentes épocas de civilización post-atlante. Por ejemplo, en la primera época se inculcaron en el hombre las fuerzas que aumentan las capacidades del cuerpo etérico. Tales fuerzas habían sido implantadas en su cuerpo físico durante los últimos períodos de la era atlante y los primeros dones que se otorgaron en la era postatlante fueron aquellos impartidos al cuerpo etérico durante la época de la antigua cultura india. Durante la época de la antigua Persia, se implantaron fuerzas en el cuerpo astral del hombre, o cuerpo de sensaciones; durante las épocas egipcio-caldea y grecolatina el alma sensible y el alma racional, respectivamente; y ahora estamos viviendo en la época en que deben inculcarse gradualmente en el alma consciente las fuerzas relacionadas con esta línea de progreso. Todavía no se ha avanzado mucho en este sentido. En la futura sexta época post-atlante, las fuerzas del Yo Espiritual se implantarán en la naturaleza humana, y en la séptima época las del Espíritu de Vida. Y luego vislumbramos un futuro muy, muy lejano, cuando, será inculcado en la naturaleza humana normal, el Hombre Espíritu o Atma.

Veamos ahora este proceso de desarrollo en relación con el ser humano individual. Aquellos que conocían la verdad de estas cosas de los Misterios, siempre se imaginaban al hombre tal como nosotros debemos imaginarlo ahora, así como también tuvieron que aprender a imaginarlo los discípulos a través de la iluminación que les infundió Cristo Jesús. En un ser humano, (tanto hoy como en la época de Cristo Jesús), están los rudimentos o semillas, que al igual que en una planta, ya están presentes cuando la planta ha desarrollado solo hojas, pero ni flores ni frutos aún. Observando una planta de este tipo, sabemos que aunque ahora solo tenga hojas, ya existen en ella los comienzos germinales de las flores y los frutos, y que si el crecimiento continúa estos se desarrollarán de manera normal y regular. Tan seguro como que la flor y la fruta crecerán de la planta, aunque al principio solo tenga hojas verdes, con igual seguridad surgirá el alma consciente en el ser humano. Así pues, el alma consciente se prepara para recibir al Yo espiritual, para que la tríada más elevada pueda infundirse en el hombre como un nuevo regalo divino-espiritual. Podemos decir pues que: A través de los contenidos y sus cualidades anímicas, el desarrollo del hombre es como el de una planta que inicialmente tiene solamente hojas verdes, pero posteriormente da flores y frutos. A partir del alma sensible, del alma mental y del alma consciente, el hombre despliega de su ser, a semejanza de una flor, la predisposición para recibir un poder divino que le llega desde lo alto: este poder es el Yo Espiritual que le permite alcanzar etapas más avanzadas en el camino que conduce a las alturas de la evolución.

En la humanidad que vivía en la época de Cristo Jesús, se había desarrollado de manera perfectamente normal, el alma racional como principio superior del alma; pero aunque el alma racional no estaba capacitada para acoger en sí misma el Yo Espiritual, había que desarrollar, como hija del alma racional, el alma consciente en la cual el Yo Espiritual si pudiese descender.

¿Cuál era la expresión utilizada en los Misterios para referirse a esta flor que había de desplegarse a partir de la propia naturaleza del hombre? ¿Cómo era definido este crecimiento en el entorno de Cristo Jesús cuando se trataba de indicar que los discípulos debían hacer un verdadero avance en su desarrollo? Traducido a nuestro idioma, la expresión utilizada era "Hijo del hombre". La frase en griego "γιος του ανθρώπου" no tiene el significado restringido de nuestro "hijo-γιος" como 'hijo de un padre', sino que significa el sucesor de un ser vivo, una entidad que evoluciona a partir de un ser vivo como la flor de una planta en la que hasta ahora solo había hojas. Por lo tanto, si en la época anterior los hombres normalmente desarrollados hubiesen desplegado el alma consciente como la flor de su naturaleza, no tenían nada del "Hijo del Hombre" en ella. Pero siempre debe haber alguien que esté adelantado a su generación, que ya lleve dentro de si, en una época anterior el conocimiento y las potencialidades de una época posterior. En la cuarta época, cuando normalmente solo se había desarrollado el alma racional, siempre habría habido algunos entre los guías de los hombres que, aunque su apariencia externa era similar a la de los demás, ya habían desplegado la semilla del alma consciente en la cual el Yo Espiritual envía su resplandor. Por lo tanto, les correspondía a los discípulos de Cristo Jesús reconocer y aprender a comprender la naturaleza de estos líderes.

Para probar hasta qué punto Sus discípulos íntimos entendían esto, Cristo Jesús les preguntaba: Decidme, ¿Qué seres humanos pueden ser llamados "Hijos de Hombres" en esta generación? -Así es como la pregunta debería formularse de acuerdo con el texto arameo original del Evangelio de San Mateo. Ya he dicho que, si bien la versión griega, si se entiende plenamente, es ciertamente mejor que la de cualquier erudito moderno, una gran parte se volvió inevitablemente confusa en el proceso de traducción del original arameo. Debemos imaginar a Cristo Jesús delante de Sus discípulos preguntándoles: ¿Qué individuos de las generaciones anteriores en la época greco-latina se pueden considerar como 'Hijos de los hombres'? Los discípulos entonces nombraban a Elías, Juan el Bautista, Jeremías y otros profetas. A través del poder que les transmitió Cristo, los discípulos sabían que esos guías de hombres habían sido receptáculos de fuerzas que les permitían convertirse en portadores del "Hijo del Hombre". En esa misma ocasión, el discípulo conocido generalmente como Pedro, daba otra respuesta.

Para entender esa otra respuesta, debemos tener muy presente lo que se ha dicho en estas conferencias sobre la misión de Cristo Jesús tal como se indican en el Evangelio de San Mateo, es decir, que a través del Impulso de Cristo fue posible que los hombres desarrollaran la conciencia del Ego en el más amplio sentido, hacer florecer lo que está implícito en el "Yo soy". En otras palabras: incluso en el proceso real de Iniciación, los hombres en el futuro deberían retener la plena Conciencia del Ego, para recorrer los caminos que llevan hacia los mundos superiores, conciencia que normalmente poseen únicamente en el plano físico. Eso fue posible gracias a la existencia de Cristo en la Tierra. Por lo tanto, podemos decir: Cristo Jesús es el representante, la encarnación del poder que imparte a la humanidad la plena conciencia del "yo soy".

Ya he llamado la atención sobre el hecho de que las interpretaciones de los Evangelios que hacen los racionalistas, y mucho menos aún los que se declaran escépticos, no suelen resaltar los puntos de importancia real. Se insiste en que ciertas frases en los Evangelios y otros libros de la Biblia ya existían anteriormente, por ejemplo, las Bienaventuranzas. Pero la sombra del significado que antes no figuraba allí, y eso es lo esencial¡, es que lo que el ser humano no podía alcanzar en plena conciencia del Ego, ahora puede conseguirlo mediante el Impulso de Cristo! Esto es de máxima importancia. He hablado de cada bienaventuranza y he demostrado que las palabras de la primera deberían ser: "Bienaventurados los que son pobres de espíritu", porque un hombre es pobre en espíritu, cuando debido a la evolución de la conciencia humana, ya no puede mirar al mundo espiritual con la antigua clarividencia. Pero a tales hombres Cristo les da el consuelo de la iluminación: aunque ya no pueden ver el mundo espiritual con los órganos de la antigua clarividencia, ahora la visión del mundo para ellos será posible a través de su propio Ego, ya que ¡encontrarán los Reinos del cielo por sí mismos! De igual manera la segunda bienaventuranza: "Bienaventurados los afligidos". Ellos ya no dependerán de la facultad de la antigua clarividencia para alcanzar el mundo espiritual, porque ahora lo lograrán desarrollando su propio Ego. Pero para que esto suceda, el Ego debe acoger en sí mismo más y más, aquél poder que una vez estuvo arraigado en la Tierra en un Ser único: en Cristo.

Los hombres de la era moderna realmente deberían pensar un poco en lo siguiente. -No es por nada que las palabras griegas de vital importancia aparecen en cada bienaventuranza: από μόνα τους θα έχουν τα βασίλεια του ουρανού . Por lo tanto, la primera oración, "Bienaventurados los que son pobres de espíritu", debe ir seguida de las palabras: "En sí mismos" o "a través de ellos mismos encontrarán los Reinos del Cielo". Las palabras, "En sí mismos" siempre se acentúan, en la segunda.

Perdónenme por señalar algo tan grande sobre nuestro tiempo de una manera tan trivial. La gente tendrá que decidir aplicar la palabra "autón" αυτών, como en nuestro automóvil, no únicamente a máquinas o tomarlo en un sentido completamente externo. Tendrán que entender también en un sentido espiritual la cualidad o actividad implicada por la "actividad auto-engendrada". Nuestros contemporáneos harían bien en tomar en serio esta advertencia. Dan la bienvenida a la "actividad auto-generada" en las máquinas, pero también deben aprender lo qué implica esta actividad con respecto a la experiencia interna que en todos los Misterios estuvo fuera del alcance de la conciencia del Ego hasta el advenimiento de Cristo. A través de la actividad auto-generada, el hombre mismo puede gradualmente convertirse en creador. Y esto es lo que los hombres de hoy aprenderán a entender si se llenan del impulso de Cristo.

Teniendo esto en cuenta, nos daremos cuenta de que fue de especial importancia otra pregunta que Cristo Jesús hizo a los discípulos. Primero les había preguntado: ¿Quién de los líderes de una generación anterior podría llamarse "Hijo del Hombre"? Y los discípulos habían nombrado a ciertos individuos. Luego formuló una pregunta adicional, deseando llevarlos gradualmente al punto de comprender Su propia naturaleza, de comprender lo que representaba él con respecto a la Egoidad. Esto está implícito en la otra pregunta: "¿Y quién creéis que soy yo?". La respuesta dada por Pedro mostró que ahora reconocía a Cristo no solo como un 'Hijo del Hombre' sino como el 'Hijo del Dios viviente ', y esta traducción bien puede conservarse.

¿Cuál es la diferencia entre "Hijo del Dios viviente" e "Hijo del hombre"?

Para entender esto, ciertos hechos ya conocidos por nosotros deben ser elaborados. A medida que el hombre evoluciona, el alma consciente se desarrolla en él; en el alma consciente, ya puede manifestarse el Yo espiritual. Pero cuando el alma consciente se haya desarrollado en un hombre, el Yo espiritual, el Espíritu de Vida y el Hombre Espíritu deben venir hacia él para que este abrirse de la flor de su ser, pueda recibir la tríada superior. Este ascenso del hombre también se puede comparar con el desarrollo y el crecimiento de una planta.

El ser del hombre llega a florecer en el alma consciente y el Yo Espiritual o Manas, el Espíritu de Vida o Budhi, y el Hombre Espíritu o Atma, fluyen hacia él. Esto puede compararse con un proceso de fecundación espiritual desde arriba. Mientras que el hombre crece hacia arriba desde abajo con los otros miembros de su ser, desplegando la flor que es el 'Hijo del Hombre', si quiere progresar aún más y adquirir plena conciencia del Ego, deben venir hacia él desde arriba los dones del Yo Espiritual, el Espíritu de Vida, y el Hombre Espíritu. ¿Y quién es el representante de este don desde arriba, marcando cuál será la naturaleza del hombre en un futuro muy, muy lejano? El primer don recibido es el Yo Espiritual. El que recibe el Yo Espiritual proveniente de arriba, ¿A quién representa? ¡Él es la representación del Hijo del Dios que vive, el Hijo del Espíritu de Vida, el Hijo del Dios viviente!.

Y Cristo Jesús entonces pregunta: ¿Qué debe llegar a los hombres a través de mi impulso? ¡Es el principio espiritual que da vida desde arriba! Por lo tanto, debe hacerse una distinción entre el Hijo del Hombre que ha crecido hacia arriba desde abajo, del Hijo de Dios, el Hijo del Dios viviente, que desciende desde arriba. Pero la dificultad de esta pregunta para los discípulos será evidente para ustedes cuando se den cuenta de que fueron los primeros en recibir lo que los hombres más simples desde el tiempo de Cristo Jesús han recibido a través de los Evangelios. Solo las fuerzas vivientes de Cristo Jesús fueron las que permitieron a los discípulos asimilar toda esta enseñanza. Las facultades que ya habían desarrollado no los había capacitado para responder a la pregunta: ¿De quién soy yo el representante? El Evangelio luego recoge que uno de los discípulos, de nombre Pedro, dio la respuesta: "¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!" En el momento de pronunciar esa declaración, esa fue una respuesta que no procedía de las facultades espirituales normales de Pedro.

Tratemos de imaginar la escena vívidamente. -Mientras miraba a Pedro, Cristo Jesús se dio cuenta de la gran importancia del hecho de que hubiera salido de esa boca una respuesta que señalaba un futuro inmensamente distante. Y por ello, al percibir el alcance real de la conciencia de Pedro y de los poderes suficientemente desarrollados para permitirle dar tal respuesta a través de su intelecto o de las facultades adquiridas en las etapas que conducen a la Iniciación, Cristo Jesús estaba obligado a afirmar: Esa respuesta no surge del conocimiento consciente de Pedro; son esos poderes más profundos, solo gradualmente transformados por el hombre en poderes conscientes, los que están hablando aquí.

Mediante la transformación de las fuerzas de nuestros cuerpos astral, etérico y físico, nos elevamos al Yo Espiritual, Espíritu de Vida y Hombre Espíritu. Esta es una enseñanza elemental de la ciencia espiritual. Las fuerzas que eventualmente habremos de desplegar en el cuerpo astral como Yo Espiritual ya están dentro del cuerpo astral, pero están allí por la gracia de los Poderes divinos-espirituales; su desarrollo no se debe a nuestros propios esfuerzos y actividades. De igual manera hay un Espíritu de Vida divino dentro de nuestro cuerpo etérico. Por eso, Cristo le dice a Pedro: no es lo que está en su conciencia en este momento lo que han pronunciado sus labios, sino algo que solo en el futuro desarrollarán, algo que realmente está dentro de ustedes, pero de lo cual aún no saben nada. Lo que forma parte de vuestra carne y sangre aún no es capaz de pronunciar las palabras: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente". Los poderes divino-espirituales se encuentran profundamente por debajo del umbral de la conciencia, eran esos poderes de los cuales Pedro había nacido, pero de los cuales aún no era consciente, quienes hablaban por él. De ahí el dicho: "Esto te ha sido revelado por el Padre Celestial, no por lo que eres actualmente como hombre de carne y hueso".

En estas circunstancias, Cristo debía decirse a sí mismo: En Pedro tengo un discípulo cuya entera constitución es tal que el poder del Padre dentro de él aún no ha sido tocado por fuerzas ya engendradas por la conciencia, por las operaciones de la actividad espiritual; Este poder subconsciente es tan fuerte en Pedro que puede ser su base segura cuando se entrega a él. Esta es la cualidad importante en él. También está presente en todo ser humano, pero solo en el futuro se elevará al estado consciente. Para que esto que se debe a mi impulso pueda desarrollarse y manifestarse en el hombre, deberá basarse en la fuerza que en Pedro pronunció esas palabras. Sobre esta piedra en el hombre aun no destruida por las olas de la conciencia ya desarrollada; sobre esta fuerza del Padre edificaré todo lo que, mas y mas, surgirá de mi impulso". Y si los hombres desarrollan en si mismos este fundamento, resultará la humanidad que se debe al impulso del Cristo.

Cuando se hayan establecido estos fundamentos, surgirá la humanidad que encarna el Impulso de Cristo. - Esto está implícito en las palabras: "¡Tú eres Pedro, y sobre esta roca construiré lo que puede crear una comunidad de hombres fieles al Impulso de Cristo!"

Hoy en día tienen lugar discusiones y debates simplistas sobre estas palabras en el Evangelio de San Mateo, ya que en casi todo el mundo son objeto de controversia. De hecho, no deben tomarse a la ligera. Pueden entenderse solo cuando su significado se extrae de las profundidades de la sabiduría que es la sabiduría de los Misterios. Y ahora se muestra algo más, a saber, que el poder subconsciente más profundo en Pedro, es realmente construido por Cristo Jesús. Seguidamente comienza a hablar de lo que está por suceder y del Misterio del Gólgota. El tiempo en que la naturaleza más profunda de Pedro hablaba por su boca, ya ha pasado; ahora puede expresarse lo que ya se ha vuelto consciente en él. Él ahora no puede entender lo que Cristo quiere decir, no puede creer que el sufrimiento y la muerte se produzcan. Y cuando el Pedro que ha desarrollado sus propias facultades conscientes está hablando, Cristo debe reprenderlo, diciendo: Esto no lo pronuncia lo Divino que hay en ti sino las facultades que has desarrollado en ti mismo como ser humano; lo que estas facultades han producido aquí no tiene validez, porque proviene del engaño; ¡viene de Ahriman, de Satanás! - Esto está implícito en las palabras: ‘Apártate de mí, Satanás. Eres una ofensa para mí; porque no sabes las cosas que son de Dios sino las que son de los hombres "(Mateo XVI, 23). Cristo usa la palabra "Satanás" para definir a Ahriman, mientras que en otras partes de la Biblia la palabra "Diablo" se aplica a todo lo que es de naturaleza luciférica. Cristo usa la palabra correcta para definir el engaño al que sucumbe Pedro.

Así es la verdad de esas cosas. Pero, ¿Qué hace la exégesis bíblica moderna de estos episodios? Se han dado cuenta de que Cristo Jesús no puede haberle dicho a Pedro en un minuto: "¡Unicamente tú has reconocido que tienes un Dios delante de ti!" Y al minuto siguiente lo ha llamado "Satanás". Por eso, algunos críticos concluyen que la palabra "Satanás" debe haber sido insertada en un tiempo posterior y, por lo tanto, es una falsificación. - El hecho es que el significado atribuido a esto por la investigación filológica moderna, hace que la opinión actual sobre el tema sea bastante inútil. Únicamente sobre la base de la comprensión fáctica de la Biblia, es posible que el hombre realmente pueda decir algo sobre el origen histórico de los documentos correspondientes.

Pero entre los dos frases que he citado hay otra, que es solo inteligible a la luz de una antigua, pero siempre nueva, enseñanza de los misterios: que el hombre tal como es en la Tierra, no solo el individuo sino toda la comunidad humana, es la imagen releja de procesos en el macrocosmos. Esto fue mencionado cuando estábamos hablando de la genealogía de Jesús de Nazaret. Se explicaba que el significado de la promesa hecha a Abraham sobre que: "Tus descendientes reflejaran el orden de las estrellas en el cielo". El orden de las doce constelaciones y del movimiento de los planetas a través del Zodiaco debía ser repetido en las doce tribus y en la historia del pueblo hebreo a través de tres veces catorce generaciones. Así pues, en la secuencia de las generaciones y la herencia especial resultante de los lazos de sangre en las doce tribus, debía haber una imagen de las condiciones macrocósmicas. Esa fue la promesa hecha a Abraham.

En el momento en que Pedro, cuya naturaleza más profunda había sido capaz de comprender que el Impulso de Cristo significaba el poder espiritual que fluye a través del Hijo del Dios viviente, en ese momento Cristo sabe que puede anunciar a cuantos le rodean, el comienzo de algo nuevo surgiendo en la Tierra. Mientras que a Abraham se le había declarado que la reproducción de las condiciones cósmicas debían establecerse por parentesco sanguíneo, ahora esta reproducción debía ser reemplazada por el establecimiento de relaciones de carácter ético, moral y espiritual, dando expresión a lo que el hombre puede lograr a través de su ego. Cuando los hombres entienden, tal como lo entendió la naturaleza más profunda en Pedro, lo que realmente es Cristo, no establecerán comunidades e instituciones basadas solamente en los lazos sanguíneos, sino comunidades donde el vínculo del amor se entrelace de alma a alma. Al igual que en la sangre del pueblo hebreo y en las estirpes que se sucedieron a través de las generaciones, lo que fue ordenado reunirse en la raza humana se unió y lo que fue ordenado que se desatara se desató conforme el patrón del Macrocosmos, así ahora a través del Ego consciente, surgiría en forma de relaciones éticas, morales y espirituales, la fuerza que disuelve los lazos entre los seres humanos o los une en el amor. Las instituciones humanas debían ser creadas o armonizadas por el Ego consciente. Este es el significado de las palabras

pronunciadas por Cristo Jesús en la continuación de la respuesta que le había dado a Pedro: "todo lo que ligares en la Tierra -lo que tu naturaleza mas profunda ligara- será ligado en los cielos; y lo que esa misma naturaleza, aquí abajo desatara, será desatado en los cielos".

En la antigüedad, el factor más importante en los lazos entre los seres humanos, eran las relaciones de consanguinidad. Pero ahora los hombres deben avanzar hacia la etapa en que los lazos de importancia real sean de carácter espiritual, moral y ético. De ello se deduce que para un individuo que ha contribuido en su fundación, una comunidad debe significar algo. Desde el punto de vista de la Antroposofía, podemos decir: el karma del individuo debe fusionarse con el karma de las comunidades. Esto debería ser sabido por ustedes conforme a lo dicho en los últimos años. La idea del karma no se contradice cuando le doy algo a alguien que está necesitado, ni cuando el karma de un individuo es aliviado por la comunidad. La comunidad puede ayudar a aliviar el destino del individuo. En otras palabras, en la esfera moral puede suceder lo siguiente. Un solo miembro de una comunidad comete un error. Esto seguramente se inscribirá en su karma personal y se resolverá en el gran escenario de la existencia mundial. Pero alguien más puede presentarse y decir: "¡Te ayudaré a resolver este karma!" El karma debe cumplirse, pero las otras personas pueden ayudar; toda la comunidad puede ayudar a quien haya cometido un error. El karma de un individuo puede estar tan entretejido con la comunidad que ésta, considerándolo como miembro, cargue deliberadamente con la carga de su destino, empatizando con él y resolviendo que su suerte será mejorada. La actitud de la comunidad puede ser:

usted, como individuo, ha cometido un error, pero lo defenderemos ¡asumiendo sobre nosotros el desajuste producido en su karma! - Si se sustituye el término ‘comunidad’ por el de ‘iglesia’ , eso significa que la iglesia asume la obligación de asumir los pecados del individuo y compartir la carga de su karma. No se trata de lo que hoy se llama "perdón de los pecados", sino de un vínculo real, una aceptación de la carga de los pecados. Y el punto esencial es que la comunidad acepta conscientemente dicha carga.

Si "atar" y "desatar" son entendidos en este sentido, entonces cada caso de perdón de los pecados implicaría una obligación por parte de la comunidad. Entonces, con los hilos del karma individual se teje una red que se entrelaza con el karma de toda la comunidad. Y esta red, gracias a lo que Cristo bajó de las alturas Espirituales, debe ser un reflejo del orden que prevalece en el Cielo; es decir, el karma del individuo no debe vincularse con el karma colectivo de manera fortuita, sino para que la comunidad como organismo se convierta en una imagen del orden que prevalece en el Cielo.

Esta escena de la declaración de Pedro comienza a revelar ahora un significado infinitamente profundo para aquellos que la comprenden. Denota el fundamento de la humanidad del futuro, una humanidad basada en la naturaleza del Ego en el hombre. Lo que se produce en esta conversación íntima entre Cristo y aquellos más próximos a Él, es la transmisión del poder que el propio Cristo trajo del Macrocosmos, poder que pasa a lo que los discípulos se supone que deben establecer. Y a partir de ese momento, el Evangelio de San Mateo relata cómo los discípulos son guiados hacia arriba, paso a paso, hacia la etapa donde los poderes del Sol y del Cosmos reunidos en el Ser Crístico fluyen hacia ellos. Sabemos que una de las formas de Iniciación consiste en una expansión hacia el Macrocosmos. Y debido a que el propio Cristo es el impulso en esta Iniciación, Él lleva a Sus discípulos al Cosmos. Mientras el aspirante individual cuando está experimentando el proceso de esta Iniciación, pasa conscientemente al Macrocosmos, reuniendo gradualmente su conocimiento. Cristo desciende, por así decirlo, del Macrocosmos, manifestando sus fuerzas instintivas y transmitiéndoselas a los discípulos.

En una parte de la conferencia de ayer indiqué cómo tenía lugar esto. Imaginemos la escena de la manera más gráfica posible. Cuando el hombre duerme, sus cuerpos físico y etérico permanecen en la cama mientras su cuerpo astral y su Ego pasan al Cosmos y recogen del Cosmos las fuerzas para estos miembros de su ser. Si Cristo se acercase ahora, Él sería el que conscientemente atraería estas fuerzas hacia el hombre dormido y lo iluminaría. Esto es exactamente lo que sucede en una escena descrita en el Evangelio. Los discípulos están en un barco a la cuarta vigilia de la noche. Luego ven que la figura que al principio habían tomado por un espíritu, es Cristo, que permite que las fuerzas y el poder del Macrocosmos fluyan hacia ellos. Se describe claramente cómo conduce a los discípulos al escenario donde pueden recibir las fuerzas del Macrocosmos. Las siguientes escenas en el Evangelio de San Mateo muestran cómo Cristo guía a los discípulos paso a paso a lo largo del camino tomado por cada posible Iniciado. Es como si Cristo mismo estuviera pisando este camino, llevando a sus discípulos de la mano a la iniciación. - Ahora diré algo que les hará darse cuenta de cómo los discípulos son conducidos etapa por etapa hacia el Macrocosmos.

Muchas cosas que antes estaban más allá del conocimiento del hombre se le hacían saber a través de visiones del mundo espiritual, mediante las facultades clarividentes. De manera que, por ejemplo, es capaz de reconocer los procesos reales que operan en el crecimiento de las plantas. Un materialista dirá refiriéndose una planta: Aquí tengo una flor, digamos que es una planta frutal, y que en ella se formará una semilla. La semilla se puede extraer y depositar en el suelo; esta finalmente se disuelve y aparece una nueva planta, de nuevo otra vez con semillas. Y así el proceso continúa. Algo pasa desde el grano de semilla en disolución a la nueva planta. - Un materialista no puede pensar de otra manera sino que ese algo material, sin importar cuán pequeño sea, pasa a ser la siguiente planta. Pero no es así. La verdad es que con respecto a su material, su sustancia, la antigua planta (su semilla) queda completamente destruida (podrida). Se produce pues un salto (Sprung) y la nueva planta es una formación completamente nueva, con respecto a la sustancia material, una formación absolutamente nueva.

Los hechos de mayor importancia son reconocidos y entendidos cuando se comprende esta notable ley. En las condiciones de la materia realmente se producen saltos. Esto era expresado en los Misterios de una manera muy definida. Se decía: Al pasar al Cosmos, el aspirante a la Iniciación debe en cierto momento adquirir conocimiento de las fuerzas que provocan estos "saltos". Ahora se pueden entender ciertos procesos en el Cosmos si se usan las constelaciones como indicadores. Las constelaciones son entonces como letras de un guión. Cuando pasamos al Cosmos en una dirección particular, llegamos a conocer los saltos que se producen de un antepasado a su sucesor, ya sea en los reinos vegetal, animal o humano, o incluso en el ámbito de la existencia planetaria. En las transiciones de la evolución de Saturno a la evolución del Sol, de la evolución del Sol a la evolución de la Luna, de la evolución de la Luna a la evolución de la Tierra, todo lo material desaparecía. Lo espiritual permanecía y era lo espiritual lo que provocaba los saltos. Tanto en las cosas pequeñas como en las grandes es lo mismo.

Para este principio, se han utilizado dos símbolos uno antiguo y de un carácter más pictórico e imaginativo, y otro más nuevo. Pueden ustedes encontrar el símbolo más nuevo en los calendarios. A medida que avanza la evolución, el pasado se curva hacia adentro como un vórtice y la nueva fase emerge como un segundo vórtice, desarrollándose desde adentro hacia afuera y conduciendo hacia adelante. Pero la nueva fase no está realmente unida a la anterior; entre el final de la fase anterior y el comienzo de la nueva hay un pequeño "salto" o "brecha" y solo entonces el proceso de evolución continúa.



En la figura anterior tenemos dos vórtices entrelazados y entre ellos un pequeño espacio. Este es el signo zodiacal de Cáncer, que simboliza el proceso de crecimiento hacia el Macrocosmos y el nacimiento de un nuevo brote en alguna fase de la evolución.

Aparte, existió otro signo para simbolizar estas condiciones. Por extraño que parezca, este signo se formaba por un asno y su pollino, o sea el antepasado y el descendiente. Este principio también era representado por otro símbolo. Por extraño que parezca, el símbolo era un asno y su potro, el antepasado y su descendencia. Esto estaba destinado a representar la transición real de una condición a la otra. Las antiguas delineaciones de la constelación de Cáncer a menudo consisten en la figura de un asno y su potro. Saber esto tiene su importancia. Nos ayuda a comprender que cuando un hombre se eleva a la etapa que conduce al mundo espiritual, tiene lugar otra transición significativa y una vez allí debe estar preparado para revelaciones completamente nuevas. Esto se indica correctamente en el símbolo estelar, representando cuando el sol físico atraviesa la constelación de Cáncer y alcanza el cenit, y luego desciende nuevamente. Y también cuando el aspirante a la Iniciación primero asciende al mundo espiritual y una vez ha adquirido el conocimiento de sus fuerzas, las derrama nuevamente para ponerlas al servicio de la humanidad. El Evangelio de San Mateo y en los otros también, cuentan cómo Cristo Jesús presenta esta verdad a los discípulos. La forma de contar la historia indica que Él no utiliza únicamente palabras, sino que les está mostrando la representación, la imagen viva, de lo que Él mismo está llevando a cabo a medida que se acerca al grado al que la humanidad en evolución deberá con el tiempo elevarse. Él usa la imagen del asno y su cría; es decir, guía a los discípulos hacia una comprensión de lo que corresponde en la vida espiritual a la constelación de Cáncer. Esta es una imagen de algo que ha sucedido en la relación viva y espiritual entre Cristo y sus discípulos. Tan grande es su majestad y su esplendor que no puede expresarse en palabras de ningún lenguaje humano, sino solo a través de Cristo mismo iniciando a los discípulos en las condiciones que predominan en el mundo espiritual y creando imágenes del Macrocosmos en las condiciones físicas. Los guía hasta el punto donde los poderes de quien se inicia se convierten, a su vez, en servicio a la humanidad. ¡Él se sitúa a tal altura que solo puede indicarse por la imagen del Sol en el cenit del signo de Cáncer! No es de extrañar que este capítulo (XXI) del Evangelio de San Mateo señale la altura suprema alcanzada ahora en la vida terrenal de Cristo, proclamada triunfalmente por las palabras: "¡Hosanna en las alturas!" Todo está ordenado hasta el final para que a través de lo que ha sucedido aquí, los discípulos puedan avanzar a la etapa en que, a través de los poderes que trabajan en ellos, se pueda desplegar en los hombres lo que Cristo Jesús ha traído a la evolución de la humanidad.

La historia de la celebración de la Pascua no es más que un relato de la afluencia en la vida real del poder que iba a fluir primero a los discípulos, como enseñanza y luego magicamente a la humanidad, como resultado del Misterio del Gólgota. A la luz de esto es cómo debe entenderse la continuación de la historia, en el Evangelio de San Mateo. Así también nos daremos cuenta de que el escritor del Evangelio era permanentemente consciente de la necesidad de señalar el contraste entre la enseñanza viva traída de las alturas cósmicas e impartida a los discípulos, y la enseñanza adecuada para aquellos que aún no estaban listos para recibir las fuerzas del propio Cristo Jesús. De ahí las declaraciones en las conversaciones con los escribas y fariseos que estudiaremos mañana. Hoy, sin embargo, recordaremos que después de que Cristo Jesús guiase a sus discípulos lo más lejos posible por el camino que conduce a la meta de todos los aspirantes a la Iniciación, Él tiene la perspectiva de que si ellos siguen este camino, ellos mismos accederán al mundo espiritual, al macrocosmos. Les dice que tienen dentro de su ser las cualidades necesarias para la Iniciación posterior, que la Iniciación les está reservada y que encontrarán el camino hacia ese mundo donde reconocerán cada vez más claramente a Cristo como el Ser que llena todo el espacio espiritual y estaba representado en Jesús de Nazaret. Cristo les dice a sus discípulos que se están acercando a esta Iniciación, que se convertirán en Iniciados de la humanidad. También les recuerda que la Iniciación individual solo se puede lograr si a fuerza de paciencia y resistencia se permite que la naturaleza interior madure.

¿Qué es lo que debe crecer en la naturaleza interna del hombre a medida que sus fuerzas aumentan en fuerza y él desarrolla una forma superior de clarividencia? Sus cualidades deben madurar hasta el punto en que pueda recibir en sí mismo las fuerzas del Yo Espiritual, del Espíritu de Vida y del Hombre Espíritu. Pero el poder que lo ha de convertir en un Iniciado, en un participante en los Reinos del Cielo, depende del tiempo que tarde en madurar completamente; depende del karma del individuo, para que ese poder fluya hacia él desde arriba. ¿Cómo saber cuándo ha llegado el momento? Eso solo es conocido por los iniciados más elevados, no por aquellos en etapas más bajas de Iniciación. Para cualquier individualidad que esté lista para alcanzar el mundo espiritual, llega la hora aunque no lo sabe. Seguramente llega la hora, pero de tal manera que él no se da cuenta, ¡llega como un ladrón en la noche! ¿Cómo llega un hombre al mundo espiritual? En los antiguos Misterios, y en cierto sentido también en los nuevos, había tres etapas de Iniciación al Macrocosmos. Cuando el aspirante alcanzaba la primera etapa, los poderes del Yo espiritual se activaban en él y ahora no solo era un hombre nuevo, sino que se había convertido en alguien cuya naturaleza se decía que era la de un 'Ángel', osea digamos, un Ser de la Jerarquía inmediatamente superior al hombre. En los Misterios de la antigua Persia, un hombre que poseía los poderes del Yo espiritual se llamaba "persa" porque ya no era un individuo separado, sino que pertenecía al ángel del pueblo persa. En la siguiente etapa de Iniciación, despierta el Espíritu de Vida. Un hombre que hubiese alcanzado esa etapa era llamado "Héroe del Sol" en los Misterios persas, porque se había desarrollado hasta la etapa en la que podía recibir las fuerzas espirituales que fluyen hacia la Tierra desde el Sol. Pero a ese hombre también se le llamaba "Hijo del Padre". Y aquél que había hecho contacto con el Hombre Espíritu o Atma, era llamado "Padre" en los antiguos Misterios. Las tres etapas de iniciación fueron: Ángel, Hijo o Héroe del Sol, Padre.

Únicamente los iniciados supremos pueden formarse un juicio con respecto a cuando se despierta la iniciación. Por eso, el Cristo les dijo: "La iniciación os llegará, si vosotros seguís el camino que os he conducido; ascenderéis a los reinos de los cielos; pero la hora no la conocen ni los Ángeles, iniciados con el Yo espiritual, ni el Hijo, iniciado con el Espíritu vital, sino únicamente los mas altamente iniciados, o sea, con el Padre".

Aquí nuevamente las palabras del Evangelio de San Mateo (XXIV, 36) están en absoluta conformidad con la tradición que se origina en los Misterios. Y encontraremos que la proclamación del Reino de los Cielos no es más que el vaticinio a los discípulos de que experimentarán la iniciación. Cristo Jesús lo indica muy claramente en el texto del Evangelio de San Mateo. Si se interpreta correctamente ese relevante pasaje, es bastante evidente que Cristo se está refiriendo a ciertas enseñanzas que circulaban en aquél tiempo sobre el tema de alcanzar los Reinos del Cielo. Los hombres habían tomado esto en el sentido material, creyendo que se aplicaba a toda la Tierra, mientras que deberían haber sabido que solo unos pocos individuos alcanzarían los Reinos del Cielo a través de su Iniciación. En otras palabras, algunos sostenían la creencia de que la Tierra se transformaría en sentido material en el Cielo. Y Cristo llama especialmente la atención sobre esto cuando habla de la venida de aquellos que lo proclamarían. ¡Los llama falsos profetas y falsos Mesías! ¡Qué extraño es que incluso hoy en día algunos de los llamados críticos del Evangelio difunden la fábula de que la perspectiva de un inminente Reino material de Dios fue una enseñanza dada por el mismo Cristo Jesús! Cualquiera que sea capaz de leer el Evangelio de San Mateo correctamente sabe que Cristo Jesús se estaba refiriendo a un suceso espiritual dentro del alcance eventual de alguien que se acerca a la Iniciación, pero que en el curso de la evolución de la Tierra se vuelve accesible para todos los miembros de la humanidad que se unan a Él y la espiritualización de la Tierra se produce al alcanzar etapas superiores de desarrollo.

Este aspecto también debe darnos una visión más profunda de la estructura del Evangelio de San Mateo. Así sentiremos una profunda reverencia por un Evangelio del cual, como ningún otro, podemos aprender inequívocamente cómo los discípulos de Cristo Jesús fueron los primeros en recibir la enseñanza dirigida al Ego mismo. Nos imaginamos a los discípulos de Cristo parados a su alrededor y percibimos cómo las fuerzas del Cosmos están trabajando a través del cuerpo humano que lo sostuvo. Lo imaginamos guiando a sus discípulos de una manera que les permita adquirir el conocimiento accesible para todos los que se acercan a la Iniciación. Oímos de situaciones humanas formadas a su alrededor. Esto es lo que hace que el Evangelio de San Mateo nos parezca tan cercano en un sentido humano. A través de este Evangelio aprendemos a conocer al Jesús de Nazaret hombre, al portador del Cristo; aprendemos a saber lo que Cristo logró a través de su descenso a la naturaleza del hombre. Incluso los acontecimientos en los mundos celestiales se presentan en términos de situaciones y relaciones humanas en el Evangelio de San Mateo. En la conferencia final de mañana, estas cosas serán consideradas no solo desde el aspecto de la Iniciación sino también desde otros aspectos.


traducción de Julio Luelmo abril 2020




traducción de Julio Luelmo abril 2020

GA123 10 de septiembre de 1910 -Evangelio de S. Mateo 10ª conferencia

                                                                                        Índice

LAS BIENAVENTURANZAS Y LAS CURACIONES

EL NUEVO ESENIANISMO

10 de septiembre de 1910

En estas conferencias hemos escuchado que a través de la venida de Cristo Jesús, las fuerzas del Ego humano iban a ser gradualmente dotadas de aquellas facultades que en los antiguos Misterios solo podían ser adquiridas por el hombre mediante la supresión, el adormecimiento, de su Ego. En todas las Iniciaciones antiguas existía la posibilidad de ascender al mundo espiritual, a los Reinos del Cielo. Pero debido a la peculiaridad de la evolución humana en los tiempos pre-cristianos, el Ego del hombre no podía ascender a los Reinos del Cielo con la misma lucidez o consciencia con la que se enfrenta al mundo físico-material. Por lo tanto, deben distinguirse dos condiciones del alma humana. La primera es la condición normal del hombre de hoy en día que predomina desde que se despierta hasta que se va a dormir, y que es cuando su Ego percibe y es consciente de los objetos del mundo material. En la segunda condición no hay una conciencia definida de Yoidad. Era en esta última condición, en la que el hombre era transportado a los Reinos del Cielo en los antiguos Misterios. Según la predicación de Juan el Bautista y después por el mismo Jesucristo, estos reinos del cielo debían ser traídos a la Tierra para que la humanidad pudiera recibir un impulso para el desarrollo que permitiera a los hombres experimentar los mundos superiores manteniendo el ego plenamente consciente. Por lo tanto, era natural que aquellos que registraron el Evento de Cristo Jesús, describiesen los diferentes procesos experimentados por un aspirante a la Iniciación en los Antiguos Misterios, pero que al mismo tiempo se diese una indicación de un nuevo elemento, que mostrase que ahora no se trataba de la segunda condición del alma sino de una nueva condición en la que el Ego es plenamente consciente.

En la conferencia de ayer estudiamos, desde dicho punto de vista, las nueve bienaventuranzas al comienzo del Sermón de la Montaña. Sobre el contenido del presente texto del Evangelio de San Mateo, se podría añadir que fue traducido, (no exento de ambigüedad), desde el arameo al idioma griego. Pero incluso en el texto griego del Evangelio uno puede detectar, en la continuación del Sermón de la Montaña también, indicaciones definidas de lo que un hombre experimentaba anteriormente, cuando su Ego era suprimido y permanecía en una condición opaca. Llevándole en aquél entonces a decir: "Cuando suprima mi Ego y pase al mundo espiritual, comprenderé ciertas verdades fundamentales", en el futuro esto será posible manteniendo la plena conciencia del Ego. Para entender lo que esto implica es esencial saber algo más sobre el uso de nombres o designaciones en tiempos antiguos. No eran elegidos como se hace hoy, sino siempre conscientes de la realidad que implicaba. Y las expresiones utilizadas en el Sermón de la Montaña muestran claramente que Cristo Jesús se sentía como el portador de la conciencia del Ego en una etapa superior a la alcanzada hasta ahora, y capaz de experimentar los Reinos del Cielo como una realidad interna. Por lo tanto, él pone de relieve este contraste ante las almas de sus discípulos: "En tiempos anteriores también se decía que las revelaciones venían de los Reinos del Cielo. Pero a partir de ahora experimentarán estas cosas cuando dejen que su propio Ego hable, en lo que su Ego les diga". De ahí que repitiera constantemente las palabras:" ¡Yo os digo! "- porque Cristo Jesús se sentía a sí mismo como" el Representante del alma humana que se expresa en la pronunciación de las palabras: "Yo lo digo", "lo digo con toda mi conciencia del Ego".

Este enunciado, que muchas veces se produce en un sentido trivial. Llama la atención repetidamente sobre el nuevo impulso inculcado a través de Cristo Jesús en la evolución de la humanidad. Teniendo esto en mente, continúen la lectura del Sermón de la Montaña y sentirán lo que Cristo Jesús deseaba decir: Hasta ese momento ustedes no habían podido invocar sus propios Egos; pero ahora, a través de lo que les he traído, podrán atesorar gradualmente los frutos de los Reinos del Cielo a través de vuestro propio poder interior, a través del poder de vuestro propio "yo". - Todo el espíritu del Sermón de la Montaña está impregnado del nuevo impulso del Ego humano; e igualmente cuando el relato narra las llamadas "curaciones".

Como todos saben, estos actos de curación han sido objeto de debates generalizados. El asunto que más a menudo se recalca es que los Evangelios están hablando aquí de milagros. Pero acerquémonos un poco mas a esto. En la conferencia de ayer, les decía que la gente hoy en día ignora por completo los cambios y las metamorfosis sufridas por la naturaleza humana en el curso de la evolución. Si compararan un cuerpo físico de la época de Cristo, (y si es anterior mucho menos aún), con uno de la actualidad, se revelaría una diferencia muy significativa, una diferencia que ciertamente, no puede afirmarse en términos anatómicos, pero si por medio de la investigación oculta. Encontrarían que el cuerpo físico se ha solidificado, se ha vuelto más denso. En la época de Cristo Jesús era mucho más flexible. Sobre todo, la visión del hombre era tal que percibía cosas que ya no percibe hoy en día y, además, poseía cierto conocimiento de ciertas fuerzas que trabajan y moldean el cuerpo. Los músculos, por ejemplo, causaban una impresión muy distinta y mucho más fuerte sobre una facultad de percepción más delicada. Este tipo de visión se fue perdiendo gradualmente. Las teorías infantiles relacionadas con la historia del arte apuntan a antiguos dibujos donde las líneas que indican los músculos son muy visibles y consideran esto como una exageración y un signo de la falta de habilidad del artista. La razón es que los creadores de esas teorías no saben que tales dibujos se basaban en la observación real, una facultad que era correcta y adecuada en la antigüedad, aunque estaría fuera de lugar en la era moderna. Pero sea como fuere, nos ocuparemos ahora de las características de los cuerpos humanos que una vez estuvieron constituidos de manera muy diferente.

En aquellos primeros tiempos, el poder del alma y del espíritu tenían una influencia mucho más inmediata sobre el cuerpo humano que en tiempos posteriores, en los que ya el alma había perdido poder sobre el cuerpo debido a su mayor densidad. Por lo tanto, en aquellos primeros tiempos era mucho más posible que se produjera la curación por medio de las fuerzas del alma. Gracias al mayor poder, el alma podía restablecer un cuerpo desordenado con las fuerzas de curación extraídas del mundo espiritual, para que pudiera restablecerse nuevamente la armonía. En el trascurso de la evolución, este poder del alma sobre el cuerpo había ido disminuyendo gradualmente. Los procesos de curación en tiempos antiguos eran, por lo tanto, procesos espirituales en un grado mucho mayor que posteriormente. Los que eran considerados como médicos no eran médicos en el sentido físico moderno, sino que la mayoría de ellos eran sanadores que trabajaban sobre el cuerpo por medio del alma. Purificaban el alma, infundiendo en ella sentimientos saludables, impulsos y fuerzas de voluntad a través de las influencias espirituales que podían ejercer. Esto podría tener lugar tanto en la condición de vida normal de vigilia, como durante el llamado "sueño del templo", o algo similar, que en aquél tiempo simplemente significaba inducir un estado en el que un hombre se volviera clarividente. Al estudiar las condiciones de la civilización en aquél tiempo, hay que tener en cuenta que aquellos que eran lo suficientemente fuertes anímicamente como para recurrir a las fuerzas que ellos mismos habían adquirido, podían tener un efecto muy real sobre las almas de otros hombres y con ello en su cuerpos. Además, aquellos que de alguna manera estaban impregnados de espíritu y de quienes se sabía que las fuerzas de curación irradiaban a su entorno, también eran llamados "curanderos". En efecto, no solo los Terapeutas sino también los Esenios, en cierto sentido, habría que llamarles sanadores. Además, en cierto dialecto actual en Asia Menor entre los asociados con el nacimiento del cristianismo, la palabra "Jesús" era la traducción de la expresión "sanador espiritual". "Jesús" expresa "médico espiritual" y es una interpretación bastante correcta. Esto es una indicación de lo que estaba asociado con los nombres y designaciones en una época en la que los hombres todavía sentían que señalaban ciertas realidades.

Pero ahora pongámonos en las situación de la civilización de aquellos tiempos. Una persona que hablara de las condiciones de vida de entonces, habría dicho: Hay hombres que han sido admitidos en los Templos de Misterios, en los que sacrificando hasta cierto grado su conciencia del Ego, podían establecer conexión con ciertas fuerzas del alma y del espíritu que luego eran irradiadas a través de ellos al entorno inmediato; tales hombres devienen sanadores. Suponiendo que uno de esos hombre se hubiera convertido en un seguidor de Cristo Jesús, habría dicho: ¡Han sucedido cosas maravillosas! Antes, solo aquellos que habían recibido fuerzas espirituales en los Templos de Misterios, podían devenir sanadores del alma; pero ahora tenemos entre nosotros, Uno que podía hacerlo manteniendo a la vez plena conciencia del Ego, sin haberse sometido a los procedimientos de los Misterios. -El hecho de que tuviesen lugar curaciones espirituales no habría sorprendido a tal hombre, ni tampoco que en el Evangelio de San Mateo se narrase la historia de un sanador espiritual, le habría parecido indicar algo particularmente milagroso. Su actitud habría sido: ¿Qué tiene de maravilloso que tales hombres sean sanadores espirituales? Es bastante natural que lo sean. La enumeración de tales curaciones no habrían parecido milagrosas en aquellos días. Sino que lo verdaderamente importante se indica cuando el escritor del Evangelio de San Mateo habla de Aquel que había impartido un nuevo poder a la humanidad, recurriendo a las fuerzas de su Ego, (con el que antes no era posible la curación), había sanado los enfermos Como pueden ver, los Evangelios están hablando de algo completamente diferente de lo que generalmente se piensa. Podrían presentarse muchas pruebas, también pruebas históricas, para verificar lo que la Ciencia Espiritual establece a partir de fuentes ocultas.

Si lo que se acaba de afirmar es cierto, cabe imaginarse que en la antigüedad, bajo ciertas condiciones, la visión de los ciegos podría ser restaurada por influencia espiritual. Dignas de mención son las primeras representaciones pictóricas de estas cosas. El autor al que nos referimos ayer, John M. Robertson, menciona que existe en Roma una figura de Esclepio frente a dos ciegos, y Robertson naturalmente concluyó que expresaba un acto de curación y que por eso los escritores de los Evangelios lo incorporaron a sus narraciones. En este ejemplo lo que importa no es que las curaciones espirituales eran milagros, sino que el objetivo del artista había sido indicar que Esclepio era un Iniciado que había adquirido en los Misterios, los poderes de la curación mediante la supresión de su conciencia del Ego. Sin embargo, el escritor del Evangelio de San Mateo deseaba dejar en claro que, aunque en el caso de Cristo Jesús las curaciones no se lograban de esa manera, el impulso que una vez estuvo activo en Él con el tiempo deberá ser adquirido por toda la humanidad, y podrá ser adquirido a través del poder del Ego mismo. Esto está fuera del alcance de los hombres hoy porque el poder no debe ser inculcado en la humanidad hasta un futuro algo distante. Pero lo que Cristo logró al comienzo de nuestra era se arraigará, y los hombres gradualmente serán capaces de expresarlo. Esto sucederá y eso era lo que el escritor del Evangelio de San Mateo deseaba transmitir en sus narraciones de las curaciones. Y así, hablando desde la conciencia oculta, puedo decir: El escritor del Evangelio de San Mateo no deseaba representar ningún "milagro" sino algo completamente natural, entendible. También quería mostrar que tal curación se producía de una nueva manera. Esa es la estricta verdad de estos asuntos. ¡Los evangelios han sido mal entendidos!

¿Como ha de seguir el relato, para que concuerde con la realidad? Hemos visto: lo sucedido en la vida del Cristo al producirse la tentación, fue un sumergirse en todos los procesos que se experimentan al descender en los cuerpos físico y etérico. También hemos visto que la fuerza que irradia de dichos cuerpos pudo actuar tal como se manifiesta en el sermón del monte, como asimismo en las curaciones. Además, la fuerza del Cristo Jesús obro de la misma manera como en los Misterios obraba la fuerza del iniciado, y esa misma fuerza pudo formar las facultades de los discípulos. Naturalmente, el Cristo debía formarlos de una manera singular. Para comprender los capítulos del Evangelio de San Mateo que siguen al Sermón de la Montaña así como los relatos de las curaciones, es necesaria la preparación en forma de cierto conocimiento de los hechos ocultos que hemos adquirido a través de los años. Sabemos que cuando un hombre es conducido a los mundos superiores a través de la Iniciación, desarrolla una especie de visión imaginativa, una visión que consiste en imaginaciones verdaderas. Aquellos que estaban cerca de Cristo Jesús necesariamente tenían que adquirir no solo la facultad de escuchar con una cierto grado de comprensión expresiones tan majestuosas como las del Sermón de la Montaña, sino de participar inteligentemente en los actos de curación realizados por Cristo Jesús; además era necesario que la fuerza poderosa que actuaba en Él pasara gradualmente a aquellos que eran sus amigos y discípulos más cercanos. Esto también se indica en el Evangelio. En primer lugar, se muestra cómo, después de la Tentación, Cristo Jesús inicia una nueva forma de impartir las antiguas enseñanzas y de realizar curaciones a través de un nuevo impulso. Para después mostrar cómo actuaba sobre Sus discípulos de una manera nueva, cómo aquella plenitud de poder que él encarnaba afectaba a los discípulos y seguidores que lo rodeaban. ¿Cómo se muestra esto? A través del hecho de que para los hombres poco receptivos e insensibles, lo que Él representaba también debía expresarse con palabras. Pero el efecto que dejaba su influencia sobre aquellos que eran receptivos, a quienes Él mismo había elegido y guiado, era diferente. En ellos surgían imaginaciones y alcanzaban la siguiente etapa de conocimiento superior. El poder que emanaba de Cristo Jesús, por lo tanto, actuaba de dos maneras: el efecto que provocaba en aquellos que no eran sus discípulos elegidos era que escuchaban sus palabras y las aceptaban como teoría; mientras que sobre aquellos a quienes había elegido porque habían presenciado las manifestaciones de su poder y a quienes, debido a su karma especial, podía transmitir ese poder, el efecto era que las imaginaciones se despertasen en sus almas y que sus percepciones señalasen hacia una etapa superior en el camino hacia los mundos espirituales. Esto se indica en el dicho de que aquellos que carecen de ella, solo oyen parábolas, es decir, se les presentan imágenes, imágenes simbólicas de acontecimientos en el mundo espiritual. Pero a los demás les decía: Entienden el significado de las parábolas y las palabras que les guían hacia los mundos superiores. - Estos versículos no deben ser interpretados en un sentido superficial sino reconocidos como una guía por la cual los discípulos eran guiados hacia los mundos espirituales.

Y ahora profundizaremos en la cuestión de cómo los discípulos podrían ser guiados a los mundos superiores. Para comprender lo que voy a decir ahora no solo se necesita una escucha atenta, sino también una buena voluntad, fortalecida por el conocimiento científico-espiritual que ustedes ya tienen. Quiero transmitir lo más claramente posible el significado real de los acontecimientos descritos en los próximos capítulos del Evangelio de San Mateo.

Recordemos una vez más que hay dos modos de Iniciación. En uno el proceso consiste en descender a sus cuerpos físico y etérico, aprendiendo a conocer su propia naturaleza interna y entrando en contacto con las fuerzas que trabajan creativamente en él. Y en el otro modo de Iniciación, un hombre es llevado al mundo espiritual, al Macrocosmos. Esto ya sucede realmente, si bien, no con respecto a la plena conciencia, pues como bien sabemos, cada vez que un ser humano se duerme; su cuerpo astral y el Ego, se retiran de sus cuerpos físico y etérico, expandiéndose por el mundo de las estrellas y de él extraen sus fuerzas, de ahí la designación de cuerpo astral. A través de esta forma de Iniciación, un hombre no solo puede percibir los acontecimientos en la Tierra, sino también expandirse hacia el Cosmos, obtener conocimiento del mundo de las estrellas y absorber sus fuerzas. Pero esta condición que el hombre solo puede alcanzar gradualmente (mediante la iniciación). A partir del bautismo de Juan, estaba presente en el Cristo en una forma en consonancia con su naturaleza especial. Pero en Él, no era comparable con el estado del sueño; en Él estaba presente no cuando dormía, sino que estaba despierta en sus cuerpos físico y etérico. Él podía unirse con las fuerzas del mundo de las estrellas y llevar esas fuerzas al mundo físico.

La aportación de Cristo Jesús, por lo tanto, puede describirse como sigue. A través de la fuerza ejercida por los cuerpos físico y etérico que habían sido preparados específicamente para Él, a través de toda Su naturaleza atrajo el poder del Sol, de la Luna, de las Estrellas, de todo el Cosmos al que pertenece nuestra Tierra. Haciendo que los actos que realizaba devinieran en canales para la vida que otorga salud y fuerza, esa misma fuerza que comúnmente fluiría del Cosmos a través del hombre cuando está fuera de sus cuerpos físico y etérico durante el sueño. Las fuerzas con las que Cristo Jesús actuaba, eran las fuerzas que fluían del Cosmos a través del poder de atracción ejercido por Su cuerpo y desde este cuerpo fluían nuevamente hacia Sus discípulos. Quienes a través de su receptividad, ahora oportunamente comenzaban a sentir: En verdad, Cristo Jesús es un Ser a través del cual las fuerzas del Cosmos nos brindan el alimento espiritual derramándose sobre nosotros.

Pero los propios discípulos vivían en dos estados de conciencia, porque todavía no eran hombres que habían alcanzado la más alta etapa de desarrollo; fue a través de Cristo cuando pudieron alcanzar una etapa superior. Los dos estados de su conciencia pueden compararse con los de la vida despierta y la del sueño. El poder mágico de Cristo fue capaz de obrar sobre los discípulos en ambos estados de conciencia, no solo durante el día, cuando estaba realmente cerca de ellos, sino también durante el sueño, cuando habían dejado sus cuerpos físico y etérico. Mientras que, ordinariamente, el ser humano se expande en los mundos de las estrellas sin saberlo, el poder de Cristo ahora estaba con los discípulos y ellos realmente contemplaban estos mundos; ellos también supieron: "El poder de Cristo nos alimenta desde el mundo de las estrellas".

Pero estos dos estados de conciencia en los que vivían los discípulos tuvieron aún otro efecto. Debemos prestar atención, en cada ser humano, (también en un discípulo de Cristo Jesús), tanto a lo que él es como hombre en el presente inmediato como a las potencialidades dentro de él para futuras encarnaciones. En todos y cada uno de ustedes late en modo germinal, lo que se presentará al mundo en una forma bastante diferente cuando aparezcan otra vez en una nueva encarnación en una época futura de la civilización. Y si a través de estas facultades potenciales que ya están dentro de ustedes, se volvieran clarividentes, la primera manifestación de una visión súprasensible sería el surgir de la visión del futuro inmediato. Entre las primeras experiencias clarividentes, siempre que sean genuinas y puras, estarían las relacionadas con los acontecimientos del futuro inmediato. Este era el caso en los discípulos. En su conciencia normal de vigilia, el poder de Cristo fluía hacia ellos y pudieron decir: En nuestras horas de vigilia, el poder de Cristo tiene efecto en nosotros de una manera acorde con nuestra conciencia normal despierta. Pero, ¿Qué les pasaba mientras dormían? Como eran discípulos de Jesús y el poder de Cristo había actuado sobre ellos, en ciertos momentos durante el sueño, siempre se volvían clarividentes. Sin embargo, no veían lo que estaba sucediendo en el presente sino lo que sucedería en el futuro. Se sumergían por así decirlo en el océano de la visión astral y preveían lo que le sucedería al hombre en tiempos futuros.

Así pues, los discípulos vivían en ambos estados de conciencia. Del que podrían decir: En nuestro estado de vigilia, Cristo nos trae desde el gran Universo las fuerzas de los mundos cósmicos, que nos sirven como alimento espiritual. Debido a que Él es una encarnación del poder del Sol, nos hace llegar todo lo revelado por el zoroastrismo tal como se entiende a la luz del cristianismo. Él es el intermediario de los poderes que el Sol puede enviar desde las siete constelaciones diurnas del zodíaco. Desde ellas fluye el alimento para la conciencia diurna. De la conciencia nocturna, los discípulos podrían decir: En esta condición, nos damos cuenta de cómo, a través del poder de Cristo, el Sol que es invisible durante la noche mientras pasa a través de las otras cinco constelaciones, haciendo llegar a nuestras almas el alimento celestial. Con su clarividencia imaginativa, los discípulos se sentían así: "Durante el estado de vigilia, nos sentimos unidos con el poder de Cristo, con el poder del Sol. Este poder nos transmite lo que es pertinente y adecuado para los hombres de la actual época de civilización" (es decir, la cuarta época). Y durante el estado de sueño, el poder de Cristo transmite las fuerzas reparadoras del Sol nocturno provenientes de las cinco constelaciones nocturnas. Pero esto se aplicará a la época que seguirá a la nuestra, a la quinta época de la civilización (la actual). Eso es lo que experimentaban los discípulos. ¿De qué modo podría expresarse? Vamos a profundizar en esto en la próxima conferencia. Ahora quiero hablar brevemente sobre lo siguiente. En la terminología antigua, para referirse a numerosos seres humanos se les denominaba con el término "mil" y si se quería concretar, se agregaba un número específico. Por ejemplo, los hombres de la cuarta época de civilización eran los "cuartos mil" y aquellos cuyo modo de vida ya era el de la quinta época eran los "quintos mil". Estos eran simplemente términos técnicos. Así pues, los discípulos decían: Durante el estado de vigilia, somos conscientes de lo que el poder de Cristo nos transmite desde las fuerzas Solares que nos irradian desde las siete constelaciones diurnas; recibimos el alimento destinado a los hombres de la cuarta época, los "cuartos mil". Y durante el sueño, con nuestro estado clarividente nos damos cuenta, a través de las fuerzas que irradian desde las cinco constelaciones nocturnas, de lo que se ha de aplicar al futuro inmediato, a los "quintos mil". El alimento destinado a los hombres de la cuarta época, es decir, para los 'cuartos mil', desciende del cielo a través de las siete constelaciones diurnas, los siete "panes celestiales"; y los hombres de la quinta época, los "quintos mil", son alimentados a través de las cinco constelaciones nocturnas, los cinco "panes celestiales". El punto divisorio entre las constelaciones diurnas y las nocturnas se indica mediante la mención específica de la constelación de Piscis, los peces.

Aquí se alude a un misterio, que da signos de algo profundamente significativo, a saber, la mágica relación de Cristo con sus discípulos. Cristo les advierte claramente que no está hablando de la antigua levadura de los fariseos, sino que les trae comida celestial proveniente de las fuerzas Solares del Cosmos. En una ocasión tiene a su disposición solo los siete panes de las siete constelaciones diurnas, y en otra los cinco panes de las cinco constelaciones nocturnas. Y entre las constelaciones diurnas y las constelaciones nocturnas se encuentra la constelación de Piscis, los Peces, que indica la separación. De hecho, en un lugar (Mateo 14, 13-21 y 15.32-38), en aras de una mayor aclaración se hace mención de dos peces.

Estas profundidades en el Evangelio de San Mateo, nos remontan a la proclamación hecha por Zarathustra, quien por primera vez señaló hacia el Espíritu Solar y que fue también uno de los primeros misioneros en explicar a aquellos que eran receptivos, el misterio del descenso a la tierra del poder mágico del sol.

Pero, ¿Qué dicen los elocuentes comentaristas de la Biblia, acerca de estas cosas? Ellos se fijan que en un pasaje del Evangelio de San Mateo se hace referencia a la alimentación de cuatro mil personas con siete panes, y en otro pasaje otra referencia a la alimentación de cinco mil personas con cinco panes, y consideran el segundo relato como una mera repetición. Diciendo que el traductor del texto original copió descuidadamente, como sucede a menudo. En consecuencia, en una ocasión se dice que cuatro mil personas fueron alimentadas con siete panes y en otra que cinco mil fueron alimentadas con cinco panes. ¡Después de todo, ese tipo de cosas pueden suceder cuando un copista es negligente! No tengo ninguna duda de que pueden ocurrir cosas similares cuando se escriben libros en la era moderna, ¡pero los Evangelios de ninguna manera salieron a la luz de esa manera! Cuando una narración tiene lugar por segunda vez, tiene un significado profundo. Pero debido a que los relatos en el Evangelio de San Mateo armonizan con las indicaciones dadas un siglo antes de la aparición del Cristo por Jeschu ben Pandira, el gran maestro esenio, para que cuando Él viniera, pudiera ser entendido, y puesto que es así debemos profundizar en las indicaciones dadas en este Evangelio si queremos comprender las verdades que contiene. Pero sigamos.

El poder de la imaginativa visión astral fluyó de Cristo hacia sus discípulos. Esto también está claramente indicado. Bien podría decirse: el que tenga ojos para leer, ¡que lea! - como antiguamente se decía cuando no era costumbre escribir: ¡el que tenga oídos para oír, que oiga!

El que tenga ojos para leer, que lea los Evangelios con cuidado. ¿Hay alguna indicación de que este poder del Cristo-Sol se revelase a los discípulos de diferente manera durante el día que durante la noche? En efecto así es. En un lugar importante del Evangelio de San Mateo se dice lo siguiente: “En la cuarta vigilia de la noche, algo así como entre las tres y las seis de la mañana, mientras los discípulos estaban durmiendo, vieron, caminando sobre el mar, una figura que al principio tomaron por un espíritu”, es decir, el poder solar nocturno reflejado a través de Cristo. Se indica la hora real porque era solo en un momento particular, cuando los discípulos podían ser conscientes de que este poder del Cosmos fluiría hacia ellos por mediación de Cristo. Las referencias constantes a la posición del Sol y su relación con las constelaciones, con los panes celestiales, indican que a través de la presencia de Cristo Jesús en Palestina, a través de esta personalidad y la individualidad, existía un medio por el cual los poderes y fuerzas del sol podían penetrar en nuestra Tierra. Esta naturaleza cósmica de Cristo, esta penetración de fuerzas cósmicas en la Tierra a través de Cristo, es sobre la que se pone énfasis en todas partes.

Cristo Jesús debía iniciar de una manera particular a aquellos de sus discípulos que eran especialmente aptos para ello, de modo que pudieran no solo ver los mundos espirituales con una visión imaginativa, como si dijéramos, en imágenes astrales, sino que realmente escucharan lo que estaba teniendo lugar en esos reinos; esto indica, como sabemos, el ascenso a Devachan.

Por lo tanto, habiendo ascendido a los mundos superiores, estos discípulos ahora podrían encontrar en esos mundos la personalidad que conocen en el plano físico como Cristo Jesús. Debían convertirse en clarividentes en regiones más altas que el plano astral. Esto no lo consiguieron todos los discípulos; solo fue posible para aquellos que eran más receptivos al poder que fluía del Cristo: aquellos discípulos eran Pedro, Santiago y Juan. El Evangelio de San Mateo, por lo tanto, relata cómo Cristo llevó a los tres discípulos a un entorno donde podía guiarlos más allá del plano astral hasta el plano del Devachán, donde podían contemplar los Arquetipos espirituales, primero el de Cristo Jesús mismo y, para que tomasen conciencia de las condiciones bajo las cuales él estaba actuando, también el de dos Seres que estaban relacionados con Él: Elías y Moisés. Elías fue el antiguo profeta que, reencarnado como Juan el Bautista, también fue el precursor de Cristo Jesús. La escena tiene lugar después de la decapitación de Juan el Bautista, cuando ya estaba en los mundos espirituales. Los discípulos también vieron a Moisés, otro precursor espiritual de Cristo.

Tal experiencia solo fue posible cuando los tres discípulos elegidos fueron elevados en espíritu, a un nivel superior de visión que el de la visión astral. Y el hecho de que ascendieran al Devachan se refleja claramente en el Evangelio de San Mateo, cuando dice que no solo vieron a Cristo lleno del poder del Sol, sino que se agrega la frase siguiente: "Y su rostro brillaba como el Sol". También se dice que las tres figuras (Cristo, Elías, Moisés) estaban conversando. Por lo tanto, ha tenido lugar una ascensión hasta el reino del Devachan, donde los discípulos escuchan a los tres conversando. Todo, por lo tanto, se describe fielmente y es reflejado con las características del mundo espiritual reveladas a la investigación científico-espiritual. No hay ninguna contradicción entre los hallazgos de esta investigación y los relatos verdaderos de los hechos de Cristo. Fue Él mismo quien condujo a los discípulos hasta el mundo astral y luego al Devachan, el reino del espíritu.

En el Evangelio de San Mateo, Cristo Jesús es representado gráficamente como, el portador, del espíritu del Sol, proclamado antaño por Zarathustra. En este Evangelio se relata fielmente que el Espíritu del Sol, Ahura Mazdao u Ormuzd, de quien Zarathustra solo pudo declarar que vivía en el Sol, ahora por medio del cuerpo de Jesús de Nazaret había vivido en la Tierra y fusionado con ella de una manera tan real, que por medio de una única vida dentro de un cuerpo físico, un cuerpo etérico y un cuerpo astral, devino un impulso en la evolución de la Tierra y, a medida que transcurra el tiempo, más profundamente se unirá aún. Expresado en otras palabras, esto significa: que la yoidad estuvo alguna vez presente sobre la Tierra en una Personalidad en tal medida, que si los hombres reciben a Cristo en sí mismos tal como indica San Pablo, ellos mismos adquirirán a lo largo de las sucesivas encarnaciones, la fuerza y poder de este yoidad. A medida que vayan pasando de encarnación a encarnación durante el resto de la evolución terrenal, los hombres que imbuyan sus almas con el poder de esa Personalidad que una vez vivió en la Tierra, se elevarán a alturas cada vez mayores. En aquél tiempo, los elegidos pudieron contemplar a Cristo en el cuerpo de Jesús de Nazaret con sus ojos físicos. Una vez en el curso de la evolución de la Tierra, y por el bien de la humanidad, Cristo, que anteriormente solo podía ser revelado a la visión de los hombres como el Espíritu del Sol, descendió y se unió con las fuerzas de la Tierra.

El hombre es el ser dentro del cuál debía estar plenamente presente el poder del Sol, poder que una vez descendió y actuó dentro de un cuerpo físico humano. Esta fue la inauguración de la época durante la cual las fuerzas derramadas desde el Sol fluirán cada vez en mayor medida hacia los hombres a medida que vivan de encarnación a encarnación y, hasta donde el cuerpo terrenal lo permita, gradualmente se impregnarán con el poder de Cristo. Obviamente, esto no es posible en el caso de cualquier cuerpo físico, ya que fue únicamente en ese cuerpo preparado muy especialmente, a través de las dos figuras de Jesús, de la compleja forma descrita y luego llevado por Zarathustra hacia una etapa mas elevada de desarrollo: fue ¡únicamente en ese cuerpo donde el Cristo pudo vivir plenamente una vez! Penetrarse con el poder de Cristo primero internamente, para luego cada vez más externamente, convertirse en las personas que se dejan llevar por él. Así, la humanidad en el futuro no solo comprenderá la naturaleza de Cristo, sino que se llenará de Su Poder. En el drama Misterio Rosacruz, a muchos de ustedes se les mostró la forma que tomará en la evolución de la humanidad en la Tierra, esta experiencia creciente de Cristo. La vidente Theodora debe ser considerada como una personalidad que había desarrollado el poder de ver el futuro, de percibir el enfoque cercano de un período en el que en realidad podrán ver la figura de Cristo, período en el que al principio solo serán unos pocos seres humanos, y luego un número cada vez mayor, solo que ahora lo verán en el mundo etérico, no en el mundo físico, pero no tan solo a través del entrenamiento espiritual, sino por la propia etapa de evolución terrenal que habrá alcanzado la humanidad en general. En un futuro aún más lejano, Cristo podrá ser visto en una forma nuevamente diferente. En el pasado solo debía ser visto en forma física por hombres que viviesen en el plano físico. Pero el Impulso de Cristo no habría tenido efecto si no hubiera actuado de una manera que asegurara su propio desarrollo posterior.

Nos estamos acercando a un tiempo, esto debe tomarse como una comunicación, en el cuál Cristo se hará visible para las facultades superiores de los hombres. Antes de finales del siglo XX, algunos seres humanos desarrollarán las facultades de Teodora; y aquellos cuyos ojos espirituales se abran, tendrán la misma experiencia que le llegó a Pablo camino de Damasco, una experiencia posible para él porque se "anticipó a su tiempo". Antes de que haya finalizado el siglo XX, varias personas experimentarán a Cristo tal como Pablo lo experimentó e igual como Pablo, no necesitarán Evangelios ni registros antiguos para convencerse de la realidad de Cristo, ya que a través de su Cristo ahora se revela en forma etérica tal como se le reveló a Pablo, presagiando lo que más tarde sucedería. En nosotros recae la tarea de insistir en un aspecto del Evento de Cristo, a saber, que aquél que una vez vivió como Cristo Jesús en un cuerpo físico, aparecerá antes del final de nuestra época en forma etérica, tal como se le apareció a Pablo. Si los hombres desarrollan sus facultades a etapas cada vez más altas, aprenderán a conocer la naturaleza de Cristo en su plenitud. Por tanto, que apareciera por segunda vez en un cuerpo físico, significaría que no se habría progresado, porque entonces habría sido en vano su primera aparición, no habría asegurado el desarrollo de fuerzas superiores en la naturaleza humana. La consecuencia del Evento de Cristo reside en que estas facultades superiores se desarrollen en los hombres y que gracias a ellas pueda verse a Cristo en la esfera en la que está actuando. Nuestra tarea es, si entendemos la lucha histórica del presente, señalar este evento en nuestra época, tal como hizo el gran maestro esenio, Jeshu ben Pandira, señalando proféticamente al Cristo que habría de venir como el León nacido de la estirpe de David. Y si Jeshu ben Pandira tuviera que encarnarse nuevamente en nuestra época, para mayor felicidad del destino de la humanidad, consideraría que la tarea de suprema importancia sería señalar al Cristo etérico en el mundo etérico; y enfatizaría que el Cristo vino una, y solo una vez en un cuerpo físico. Supongamos que Jeshu ben Pandira, tuviera que reencarnarse en nuestro tiempo y anunciase la inminencia de una revelación de Cristo, señalaría que el Cristo no puede aparecer en un cuerpo físico sino que debe manifestarse en una forma etérica, tal como se le reveló a Pablo en Damasco. Con esta misma enseñanza, Jeshu ben Pandira podría ser reconocido, suponiendo que se reencarnase. También es esencial reconocer el Essenismo en su nueva forma, darnos cuenta de que tenemos que aprender, de aquél que en el futuro será el Buda Maitreya, cómo se revelará el Cristo en nuestra época, y que nos corresponde protegernos de albergar falsas concepciones del esenismo debido a su posible recrudecimiento en la era actual.

Hay una señal segura por la cual Jeshu ben Pandira podría ser reconocido si reencarnara en nuestra época. La señal es que ciertamente no se declararía a sí mismo como el Cristo. Si alguien se presentara en nuestro tiempo afirmando tener el mismo poder que tenía Jesús de Nazaret, podría, por este mismo motivo, ser reconocido como falso identificándose con el precursor de Cristo que vivió cien años antes de Cristo. Tal afirmación sería la señal más segura posible de que él no es una encarnación de ese precursor; un falso profeta se enmascararía en él si reclamara cualquier relación con Cristo.

El peligro en este terreno es muy grande, porque en nuestro tiempo la humanidad fluctúa entre dos extremos. Por un lado, se insiste en que el hombre moderno no está dispuesto a reconocer las fuerzas espirituales que actúan en el mundo. Ya se ha convertido en una obviedad, mencionada constantemente en los medios, que nuestra raza no tiene ni la percepción ni la fuerza de mental, para reconocer ningún poder espiritual original cuando hay evidencia de ello en alguna personalidad. Este es un defecto de nuestros tiempos. Es bastante cierto que podría tener lugar en nuestra época una reencarnación del mayor significado posible y no ser reconocida o sería tratada con indiferencia. Y el otro defecto no es menos evidente, es un defecto que nuestra época tiene en común con muchas otras. Al igual que, por un lado, las individualidades espirituales están infravaloradas y no se reconocen, por otro lado, existe entre los hombres la tendencia más viva de deificar a los individuos, de colocarlos en pináculos especialmente elevados. Piensen en todas las comunidades hoy en día, cada una con su Mesías especial. En todas partes hay una tendencia a deificar, a idolatrar. Es, por supuesto, un síntoma que ha sido evidente repetidamente en el transcurso de los siglos.

Maimónides, por ejemplo, habla de un falso Cristo que apareció en Francia en 1137; que atrajo a muchos seguidores pero luego fue condenado a muerte por la autoridad pública. Maimónides también relata que cuarenta años antes había aparecido un hombre en Córdoba, en España, proclamándose como el Cristo. Nuevamente relata que a principios del siglo XII un falso Mesías que señaló a uno aún mayor, apareció en Fez, en Marruecos. Finalmente, se informa que en el año 1147 apareció en Persia un individuo que, en verdad, no se proclamaba a sí mismo como Cristo, sino que sugería algo por el estilo. Y el fenómeno más descarado de todos es el que ya he hablado: la aparición de Shabbethai Zebi en Esmirna, en el año 1666. Al observar a ese individuo que se auto-proclamó la reencarnación de Cristo, podemos estudiar con todo detalle la naturaleza de un falso Mesías y su efecto sobre el entorno inmediato. En aquél tiempo desde Esmirna se anunció la aparición de que había surgido un nuevo Cristo en Shabbethai Zebi. No deben creer que el movimiento originado con él fue insignificante. La gente viajó a Esmirna procedentes de toda Europa, desde Francia, España, Italia, Polonia, Hungría, el sur de Rusia, África del Norte y Asia Central, para ponerse en contacto con el presunto Cristo recién nacido. Fue un gran movimiento mundial. Y si alguien les hubiera dicho, a quienes consideraban a Shabbethai Zebi como un nuevo Cristo, que él no era el verdadero Cristo, les habría ido mal, porque habrían ofendido gravemente un dogma arraigado en una gran cantidad de seres humanos, hasta que finalmente se traicionó a sí mismo, y se descubrió el engaño.

Tales cosas son signos del otro defecto que constantemente se pone en evidencia, tal vez no en regiones definidamente cristianas, sino ciertamente en otras. Se siente una fuerte necesidad de anunciar la aparición de los Mesías en la encarnación terrenal. En los países cristianos, tales ocurrencias generalmente se limitan a círculos pequeños; aunque también se encuentran "Cristos".

Lo que importa es que a través del conocimiento científico-espiritual y la iluminación, a través de la comprensión infalible de los hechos que el ocultismo es capaz de impartir, se evitarán ambas trampas. Si una persona entiende las enseñanzas relevantes, esto será posible, y entonces adquirirá una visión del hecho histórico más profundo de los tiempos modernos. Cuando penetramos más profundamente en la vida espiritual, es cuando podemos participar en una renovación de la enseñanza de los esenios que, por boca de Jeschu ben Pandira, profetizó entonces, que el Evento de Cristo era un acontecimiento físico. Y si la enseñanza esenia se va a renovar en nuestros días, si estamos decididos a dar forma a nuestras vidas en concordancia con el espíritu vivo de un nuevo Bodhisattva, no con el espíritu de una tradición sobre un Bodhisattva del pasado, entonces debemos hacernos receptivos nosotros mismos a la inspiración del Bodhisattva que posteriormente se convertirá en el Buda Maitreya. Y este Bodhisattva nos inspirará a estar atentos sobre la cercana aproximación de la época en que con un nuevo ropaje, en un cuerpo etérico, Cristo traerá vida y bendición a quienes desarrollen las nuevas facultades a través de una nueva sabiduría esenia. Hablaremos enteramente en el sentido del inspirador Bodhisattva que se convertirá en el Buda Maitreya y por tanto no hablaremos de cómo el Cristo se volverá perceptible en el plano físico, como algunas confesiones religiosas. No tenemos miedo de hablar en un sentido diferente porque reconocemos que es la verdad. No tenemos prejuicios a favor de ninguna enseñanza religiosa oriental, sino que vivimos solo para la verdad. Con el conocimiento obtenido de la inspiración del propio Bodhisattva, declaramos la forma qué tomará la futura manifestación de Cristo.



traducción de Julio Luelmo abril 2020