CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA190 Dornach, 30 de marzo de 1919 - La cuestión social como exigencia histórico-mundial de nuestro tiempo.

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RUDOLF STEINER

Impulsos pasados y futuros en la historia humana


Dornach, 30 de marzo de 1919

SEXTA CONFERENCIA : 

La cuestión social como exigencia histórico-mundial de nuestro tiempo. Nuestro destino futuro: alejarnos de nosotros mismos. A través de la formación de la personalidad, las personas se volvieron cada vez menos capaces de entenderse. El alejamiento de la gente de la vida espiritual conduce al naturalismo en el arte. Lo espiritual en arte. La comprensión social a través del interés por lo que va más allá de nuestro propio círculo de vida. 

Lo que se denomina la cuestión social se manifiesta en nuestro tiempo de la manera más intensa como una exigencia histórico-mundial. Pero, al mismo tiempo, se puede decir que esta época, nuestra época actual, está lo menos preparada posible para enfrentarse a la verdadera forma de esta cuestión social con una comprensión real y profunda. No nos hagamos ilusiones sobre este hecho. A menudo hemos tenido que señalar el profundo abismo que existe entre las clases y los estamentos dirigentes hasta nuestra época y las masas proletarias. En el curso del reciente desarrollo histórico, las clases y los estamentos dirigentes se han cerrado, en el más amplio círculo, a ciertos círculos de interés y han descuidado una comprensión humana general.  Las masas proletarias han tenido que considerarse cada vez más, a través de todas sus condiciones de vida, como excluidas de aquello en lo que las clases dirigentes de los hombres se han parapetado más o menos. 
Ahora bien, se podría decir que en lo que respecta a la división en clases la relación era aún más desfavorable en la antigua Grecia, por ejemplo. Allí se encontraban los grandes círculos de esclavos que no sólo eran considerados parcialmente como mercancías en relación con su fuerza de trabajo, sino que eran considerados en toda su humanidad como mercancías, compradas y vendidas en el mercado. Pero se estaría enfocando mal el asunto si sólo se mirara lo que se acaba de mencionar. Ciertamente, hasta bien entrada la época moderna, existía una marcada distinción y separación de clases; pero era más bien por las condiciones exteriores de la vida, por aquellas condiciones que se expresan en el rango social exterior. Mientras que el período más reciente -y esto es precisamente lo significativo- ha vertido una especie de comunidad espiritual sobre las clases dirigentes, una comunidad espiritual que está estrechamente relacionada con los intereses egoístas de estas clases dirigentes, y en la que las grandes masas proletarias no pueden participar.
Basta pensar en lo poco que funcionaba la vida espiritual de los primeros tiempos en este sentido. Ciertamente, en la antigüedad, los individuos se impregnaban de los miembros superiores de la vida espiritual como líderes de los misterios, como estudiantes de los misterios; pero esta vida espiritual no estaba estructurada, como lo está hoy, de tal manera que el hombre, por así decirlo, se reviste de una educación burguesa, como se reviste del mejor vestido burgués en contraposición al abrigo del obrero, y que también deja al proletario sólo una educación proletaria, como le deja el abrigo del obrero. Consideren cómo el cristianismo se ha esforzado a lo largo de los siglos por derramar sobre la humanidad una vida espiritual común que debería poner a todos los hombres en pie de igualdad ante Dios. E incluso, si se retrocede por mi parte a la vida espiritual del antiguo hebreísmo, ciertamente había los escribas y los fariseos, comunidades individuales que destacaban, que estaban en posesión de una cierta vida espiritual; pero lo que daban de esta vida espiritual, lo daban a todas las clases de la misma manera.  La distinción de clases se relacionaba mucho más con otras cosas que con la propia vida espiritual. Y no hay que olvidar, por ejemplo, que a lo largo de la Edad Media el contenido de la vida espiritual consistía en algo muy diferente a lo que consiste hoy. El contenido de la vida espiritual en la Edad Media radicaba en la imagen desde donde todo el mundo pudiera verla, donde la más alta nobleza pudiera verla, donde el último pobre pueda verlo. Esta vida espiritual conectaba a la gente desde la base hasta la cima. 
Sin embargo, luego llegó la nueva era, que sustituyó esencialmente lo pictórico por lo literario. Cada vez se entendía menos lo pictórico, lo imaginativo, y cada vez se buscaba más la educación en lo literario, en la escritura, en la palabra escrita e impresa. Y esta palabra escrita e impresa tomó cada vez más la forma que hizo posible que surgiera, por así decirlo, una clase superior de educación junto al sentimiento humano general proletario. Esta dualidad del alma en la vida social, que surgió cada vez más en los tiempos modernos, fue el fundamento, mucho más que cualquier otra cosa, del profundo, profundo abismo social que ahora tiene tan terribles consecuencias.
Además, en este quinto período post-atlante, en este período de desarrollo preponderante del alma consciente, las personas se volvieron cada vez más egoístas, porque tenían que colocarse en el pináculo de la personalidad humana, por así decirlo, porque debían desarrollar la personalidad humana. A través de esta formación de la personalidad humana, resultó que las personas eran cada vez menos capaces de entenderse realmente, de relacionarse entre sí. En la época actual hemos llegado a un punto en el que es casi imposible convencer a unos de otros, en el que la difusión de las ideas se busca tan fácilmente por la fuerza.  Cuántas veces he subrayado, aquí y en otros lugares de nuestra comunidad, que hoy en día cada uno tiene siempre su propio punto de vista sobre todo, sin presuposiciones de ningún tipo. Por muy joven que sea alguien hoy en día, tiene su propio punto de vista en relación con las opiniones más maduras. El sentimiento de que los puntos de vista para el juicio de la vida se adquieren madurando, difundiendo la experiencia, este sentimiento ha disminuido cada vez más. La capacidad de entrar en el otro, para convencerse de lo que vive en el alma del otro, ha retrocedido cada vez más, la gente se entiende muy poco. 
Además, en el transcurso de los últimos siglos la gente se ha alejado cada vez más de lo espiritual. El otro día volví a insistir en que no hay que dejarse cambiar por el hecho de que aún hoy la gente vaya a la iglesia y diga que tiene religión. Esta religión significa extraordinariamente poco en comparación con la conexión que el hombre necesita y debe buscar entre el mundo sensorial en el que vive entre el nacimiento y la muerte y el mundo suprasensible. La mayor parte de lo que la gente hoy reclama para sí como contenido religioso no es más que una vida en palabras, una vida en lenguaje.  Y puesto que ayer y anteayer subrayamos lo abstracta que se ha vuelto la vida en el lenguaje, no debe sorprendernos que la vida religiosa, que en su mayor parte se expresa a las personas en el lenguaje, también se haya vuelto abstracta y, por tanto, materialista. Porque todo lo abstracto en realidad siempre lleva al hombre a lo materialista. Y la pregunta que en realidad debería impregnar y resonar en toda nuestra vida es: ¿Qué es el ser humano? - esta pregunta apunta a algo que apenas es accesible para el hombre de hoy, para el hombre medio. Sin embargo, hay que tener en cuenta que para responder a la pregunta de qué es el ser humano, es necesario adentrarse en el mundo entero de forma devota; pues el ser humano es un microcosmos, un mundo pequeño, y sólo se hace comprensible si uno es capaz de imaginarlo tal y como nace del mundo entero. La comprensión del mundo es necesaria para la comprensión del ser humano. Pero qué poco se busca hoy en día en la era de la ciencia natural puramente externa para una verdadera comprensión del mundo y, por lo tanto, una comprensión del hombre. Aunque en la actualidad se suele pensar que esto no tiene ninguna relación con la comprensión de la cuestión social, es muy cierto que todo lo que acabo de mencionar está íntimamente relacionado con la comprensión de la cuestión social.  Pero uno sólo se dará cuenta gradualmente de esta conexión cuando quiera tratar amorosamente con lo espiritual. Hoy en día, la gente sólo quiere resolver la cuestión social a partir de cosas externas. Sólo podrá resolverse realmente cuando todo el esfuerzo, el sentimiento y la voluntad humanos puedan basarse en la experiencia espiritual, cuando podamos volver a plantear fructíferamente la pregunta: ¿Cómo se puede establecer una verdadera conexión entre el mundo en el que el hombre vive entre el nacimiento y la muerte y el mundo en el que vive entre la muerte y un nuevo nacimiento? 
Todos ustedes ya conocen más o menos el "grupo" que va a representar a la Trinidad para la cosmovisión del futuro: el representante de la humanidad entre Lucifer y Ahriman. Habrás notado que se ha intentado representar a este representante de la humanidad de tal manera que realmente funcione como un todo, ya que de otro modo sólo funciona el rostro humano en sus rasgos.  El rostro humano en sus rasgos funciona de tal manera que estos rasgos son una expresión de la vida del alma. Hablamos de fisonomía, hablamos de gestos en relación con ciertas cosas externas del ser humano, y sabemos que esta movilidad, que se expresa en la fisonomía y en los gestos, está relacionada con la vida del alma. No sólo se ha intentado representar fisionómicamente el rostro en el representante humano de nuestro grupo, en la medida en que tiene una expresión fisionómica en el hombre entre el nacimiento y la muerte, sino que, por así decirlo, según el principio, como sólo el rostro humano está construido en la naturaleza, se ha intentado formar al hombre entero, hacer de cada formación, de cada miembro, por así decirlo, una extensión del rostro. ¿Por qué?  Porque en nuestra época hay que volver a esforzarse por crear un entendimiento común entre los seres que sólo viven como seres anímico-espirituales y los seres que viven aquí en la tierra en el cuerpo físico, como los seres humanos, por ejemplo. Visualicemos -como hemos visualizado lo que los muertos oyen de nuestra lengua- lo que oyen de nuestra tierra en su conjunto. 
En nuestra tierra tenemos en primer lugar el vasto reino de las piedras, el reino mineral; hasta cierto punto tenemos este reino mineral en formas cristalinas, pero luego también disgregado, amorfo, como se dice. En el fondo, los muertos sólo ven las formas cristalinas de la tierra y lo que por otra parte resulta de lo morfológico, de las condiciones formativas de la tierra como una forma regular; y ven esto como un cuerpo hueco. Sobre estas cosas se puede leer en mi libro "Teosofía". De las plantas, los muertos no ven al principio la forma que nosotros vemos con nuestros ojos. Incluso es muy difícil señalar lo que los muertos ven del mundo vegetal. En primer lugar, todo el mundo vegetal de la tierra es como un gran cuerpo para ellos; pero no ven la forma de planta verde que nosotros vemos, sino que ven un cierto movimiento, el crecimiento de las plantas, ven el surgimiento de una hoja tras otra hasta el florecimiento; ven lo que se le escapa a los hombres. Así que ven la tierra como un gran organismo unificado y, por así decirlo, espiritualmente los pelos salen de la tierra - ya que estas plantas están espiritualizadas. Asimismo, del mundo animal -ahora hablo siempre de las formas sensoriales exteriores- los muertos sólo ven el caminar de los animales sobre la tierra; no la forma individual del animal, sino el cambio de lugar. 
Y de los seres humanos, en la medida en que los seres humanos tienen forma física, ¿Qué ven los muertos? Sí, la forma humana como tal es casi totalmente tal, con la excepción de sólo unas pocas partes, que los muertos no ven nada en absoluto de los seres humanos. Perciben el alma, lo espiritual, pero no la forma exterior.  Por lo tanto, si hubiéramos formado al representante de la humanidad de manera puramente naturalista como una forma humana tal como el hombre está aquí en la tierra, esta forma sería absolutamente imperceptible para los muertos; también para los ángeles, arcángeles. Para todos los seres espirituales que ya no llevan un cuerpo en el que están los ojos sensoriales, la forma humana, puramente reproducida según su forma, es algo invisible, algo imperceptible. Y sólo cuando comienzas a expresar el alma en la forma, de modo que la forma exterior ya no corresponde naturalmente a la forma humana aquí, entonces los muertos también comienzan a ver esta forma. Si se esculpe un rostro simétrico ordinario -como generalmente no lo son los rostros, sino como los ve la gente- los muertos no ven nada de esa supuesta obra de arte. Nuestra forma sólo podría hacerse visible para los seres suprasensibles por el hecho de que es asimétrica, de que la asimetría está especialmente acentuada, de que hay algo en el interior que es espiritual y que, por lo demás, no se expresa de forma naturalista en la forma exterior.
Pero ahora consideren cómo el arte en los tiempos más recientes se ha vuelto cada vez más naturalista y naturalizado. Quizás ya se lo he dicho: Cuando era un joven, conocí a un amigo escultor que incluso se había hecho un cierto nombre en su país de origen, y me dijo -hablábamos de monumentos artísticos- para mi horror: Pues bien, la mejor réplica de un ser humano sería reproducir cada una de sus partes en piedra o bronce o algún otro material.  - Respondí: "¡Lo que se crea con esto es lo contrario de lo que debería crearse! ¡Eso es lo más alejado posible de una obra de arte! Porque, en realidad, una obra de arte no debería tener nada de mera réplica, todo debería ser diferente del original. - No lo entendía en absoluto; el "molde" era en realidad la obra de arte plástica más perfecta para él. Pero uno quisiera decir que esta es la actitud desde la que se forma gran parte del arte más reciente, y el juicio del arte también se forma en consecuencia. Después de todo, ¿de dónde debería salir un juicio diferente sobre el arte? Nada de eso, ¡la gente debe sentir algo cuando ve algo con forma de mármol o bronce o similar! Si la gente no tiene ninguna relación con un mundo espiritual, no puede juzgar el arte de otra manera que no sea preguntándose: ¿Es esto natural, existe algo así en la naturaleza? - Y si alguien encuentra: No existe tal cosa - entonces no considera justificado lo que representa el arte. 
Pero, queridos amigos, digámonos una y otra vez: ¡es realmente algo ridículo en esta recreación puramente naturalista de la vida! Escribir los dramas de Hauptmann es algo ridículo, porque la naturaleza puede hacerlo mejor, por supuesto. Después de todo, no nos acercamos a la naturaleza. Mientras que lo que -aunque sea imperfectamente- se saca del mundo espiritual, es un enriquecimiento de la naturaleza, introduce algo nuevo en este mundo. Pero cada vez más recientemente se ha recurrido a este naturalismo, que es precisamente el materialismo en el ámbito histórico.
Todo esto se debe a que la gente se aleja de la vida espiritual. Un retorno, un sano retorno a la vida espiritual, sólo es posible si nos imaginamos las relaciones de lo sensible con lo suprasensible en términos tan concretos, como hemos intentado hacer ahora de nuevo en los más diversos campos, aclarándonos lo que el hombre muerto oye del lenguaje, ve de las formas que están presentes aquí en la tierra para el hombre sensorial.  Si, al igual que para cualquier cosa de la tierra física, nos aclaramos en detalle cuáles son las relaciones de lo sensible y lo suprasensible, entonces tendremos una idea real de la conexión entre lo sensible y lo suprasensible. En tiempos más recientes, sólo el creciente naturalismo materialista, que desde los siglos XV y XVI se ha apoderado de la gente cada vez con más energía, mató el sentido de esta conexión entre lo sensible y lo suprasensible. Al final, la ciencia ya no acepta más que lo que es sensorial y fáctico. De este modo, la gente se ha alejado de un sentimiento real y vivo de unidad con el mundo espiritual.
En el siglo XVIII, las cosas todavía eran diferentes en los distintos ámbitos culturales. Dentro de la cultura francesa, entre los enciclopedistas, el materialismo dio su fruto más espiritual, luego se extendió más y más, y finalmente llegó lo que más aleja del mundo espiritual: ¡la vida en abstracciones teosóficas! Esta vida en abstracciones teosóficas, que se limita a decir que el hombre consiste en un cuerpo físico, un cuerpo etérico y un cuerpo astral y así sucesivamente, que el hombre tiene un karma, que el hombre vive en repetidas vidas terrestres - que uno quiere enseñar estas abstracciones como si fueran algo grandioso, y al hacerlo se atasca en las palabras, conduce al final incluso a la extrema arrogancia que es tan frecuente en muchas sociedades teosóficas; porque allí uno se atasca completamente en las palabras externas. Sólo cuando se pasa a una característica como: ¿Qué oyen los muertos de lo que hablamos? ¿Qué ven los muertos de lo que tenemos aquí en nuestro entorno? - Sólo cuando se avanza a tales concepciones concretas se abren los verdaderos pensamientos sobre el mundo espiritual. Los extremos rozan el uno al otro: la sulfuración y la divagación en palabras, como cuerpo astral, cuerpo etérico, etc., detrás de las cuales a menudo no hay nada más que la palabra, y el materialismo puramente naturalista.
Para estas cosas hay que adquirir ciertamente un sentimiento, un sentimiento tal que exige oír en términos concretos las relaciones del mundo físico y del mundo superfísico. Y sólo cuando nos llenemos de ideas tan concretas sobre la conexión entre el mundo físico y el superfísico podremos volver a lo que los pueblos de épocas terrestres más antiguas tenían de otra manera, podremos volver a los intereses mundiales de largo alcance. Podemos preguntar: ¿Por qué, entonces, ha caído toda la desgracia que ha caído sobre la tierra? Sí, la razón última es que los intereses del hombre se han vuelto tan estrechos que apenas van más allá de lo más mundano. Por supuesto, cuando el hombre deja de interesarse por las estrellas, comienza a interesarse por los chismes de la mesa de café; cuando el hombre deja de examinar las relaciones de las jerarquías superiores en unos pocos pensamientos, comienza a anhelar perder su tiempo en el juego cotidiano. Basta con ver los intereses que desde hace unos siglos llenan los círculos dirigentes de la humanidad, basta con ver lo que hacen estas personas desde la mañana hasta la noche.  Y si uno mira esto con comprensión, no se sorprenderá de que tal debacle de la humanidad haya ocurrido como lo ha hecho. ¡La gente hoy en día es feliz si sólo puede hacerse una idea de algo esbozada en pocas palabras! Son felices si pueden abrazar cómodamente a uno u otro. 
La historia del desarrollo humano habla alto y claro sobre las diferentes formas de ver las cosas. Hay innumerables ejemplos en este sentido. En los últimos años, por ejemplo, se le ha reprochado una y otra vez a la cultura alemana que tenga un Hegel con su teoría del Estado, que haya dicho que el Estado es algo así como una especie de Dios en la tierra. Sí, pero hay que tener en cuenta que dentro de la vida intelectual alemana no sólo estaba Hegel, sino también Stirner, y no con muchos años de diferencia con Hegel. Mientras que para Hegel, el estado era algo así como el dios-tierra andante, para Stirner que el Estado era una porquería en general, algo que había que negar.
Los dos vivían muy cerca el uno del otro. No se pueden imaginar mayores extremos, ambos de la misma vida espiritual. Si se quiere retratar una vida espiritual de este tipo, hay que hacerlo como lo he hecho, por ejemplo, en mis "Enigmas de la Filosofía", donde se retrata con la misma proporción al que piensa de forma contraria. Primero pueden ustedes leer sobre Hegel de tal manera que puedan creer que me sitúo en el punto de vista de Hegel; luego pueden leer sobre Stirner de tal manera que puedan creer que me sitúo en el punto de vista de Stirner. Pero esto no quiere decir otra cosa que debemos educarnos en la comprensión de la diversidad de los seres humanos, a una tolerancia interior. 
Deberíamos interesarnos por lo que se piensa en el alma del otro de forma muy diferente a nuestro propio pensamiento; pues deberíamos tener la sensación de que ese otro complementa el nuestro. Digamos que hay personas individuales, diez personas individuales (se sortea), yo soy una de ellas, las otras nueve están alrededor. Ahora me digo: yo pienso en ciertas cosas así, el segundo piensa así, el tercero así, el cuarto y el quinto así, todo entre nosotros más o menos variado y diferente; todos tenemos razón, nadie tiene razón. 
Cuando sintamos aproximadamente la media aritmética de todo esto, cuando nos sintamos en el contexto de tal manera que tomemos todo con el mismo amor, no importa si lo decimos nosotros o lo dicen los demás, que aprendamos a sentirnos dentro de la totalidad, entonces nos apresuraremos juntos hacia el destino que hay para los pueblos del futuro. Debemos esforzarnos por esta aceleración hacia ella. Debemos esforzarnos por conseguirlo simplemente para tener una sensación de vida social real. Debemos aprender a sentirnos dentro de lo que abarca el genio del lenguaje, dentro de lo que abarca la vida común del derecho, del genio de la ley; debemos aprender a sentirnos dentro de lo que abarca el genio común de la economía: sólo este sentimiento vivo de estar dentro de un todo, del que el hombre debe apropiarse conscientemente en la era de la conciencia, sólo esto lo impulsará hacia el destino futuro de la humanidad. Sin embargo, no podemos adquirir esta determinación de ir en contra del futuro de otra manera que no sea hablando de nuestros intereses; pero eso significa, en otras palabras: Si aprendemos a deshacernos de nosotros mismos cada vez más. 
Sí, mis queridos amigos, si uno se consulta a sí mismo con toda honestidad, encontrará al final que lo más desinteresado del mundo entero es lo que uno puede pensar y sentir sobre sí mismo en el círculo del yo más íntimo. Sin embargo, muchas personas en el presente sienten y piensan mucho en ese yo más íntimo. Por eso sus vidas son tan aburridas, por eso están tan insatisfechos con la vida. Nunca nos volvemos interesantes si sólo damos vueltas a este punto. Por otro lado, si miramos hacia afuera y siempre miramos cómo brilla el mundo exterior hacia nosotros, si ampliamos nuestros intereses cada vez más, entonces nuestro yo se vuelve interesante en la medida en que cede su punto de vista para la observación del mundo exterior, entonces nuestro yo se vuelve significativo sólo en la medida en que precisamente en este punto del yo sólo nosotros podemos ver el mundo, nadie más. Cualquier otra persona lo ve desde un punto de vista diferente. 
Pero si nos quedamos en nuestro interior y siempre giramos en torno a nosotros mismos, en realidad sólo miramos lo que tenemos en común con todas las demás personas; entonces todas las demás personas pierden interés y el mundo entero pierde interés para nosotros. Lo que persigue la ciencia espiritual es, sobre todo, la ampliación del interés. Pero para experimentar esta ampliación del interés, es necesario que eduquemos nuestra alma de tal manera que sea capaz de ser receptiva a lo que le llega del exterior, que pueda realmente absorber cosas nuevas.  La gente no rechaza la ciencia espiritual porque sea difícil -pues no lo es-, sino que la rechaza porque no se inscribe en los caminos de pensamiento establecidos, porque exige nuevos caminos de pensamiento. La gente rechaza todo lo que exige nuevas líneas de pensamiento. Uno puede tener experiencias muy extrañas. El contenido del "Llamamiento", que conocéis, así como varias cosas del documento que se publicará dentro de unos días sobre la cuestión social, se lo he comunicado a estas y aquellas personalidades durante los últimos años de terror, porque en realidad se trataba de que la gente aprendiera de las amargas experiencias de los últimos años para actuar por su cuenta actuar por iniciativa propia en la forma en que deberían haber actuado.  
Cuando, por ejemplo, he hablado con uno u otro sobre la necesidad de que la vida espiritual se sitúe por sí misma, de que no se entremezcle más con la vida estatal y económica, entonces la gente ha escuchado eso; pero en muchas de esas ocasiones, al principio ha parecido que la gente se esforzaba por desarrollar un pensamiento. Si estás en el proceso de hablar, la gente es educada y no lo hace como lo haría si sólo tuviera que leer la cosa. Entonces han desarrollado un pensamiento, pero luego, una vez terminado el gesto de cortesía, que no tiene verdad de pensamiento, la máquina del pensamiento vuelve a ronronear, y en tales ocasiones siempre se vuelve a escuchar: ¡Oh sí, comprensible es la separación de la iglesia de la escuela! - Eso fue lo único que la gente escuchó, lo único que se ha dicho una y otra vez desde la antigüedad como un pensamiento familiar por una persona de una manera y por otra de otra manera - ¡una línea de pensamiento muy gastada! El resto pasa como si fuera humo y polvo.
Ahí tocamos las cosas que deben ser diferentes en nuestro tiempo. Esa devoción que debemos desarrollar también se volverá receptiva a las revelaciones que, como he explicado recientemente aquí, quieren revelarse a las personas desde el mundo espiritual, especialmente en nuestra época. Cuántas veces hemos escuchado en los últimos tiempos la frase: "¡Sencillo, sencillo debe ser todo! - Y una y otra vez se oía a los más inteligentes citar, por ejemplo, a Goethe: "El que todo lo abraza, el que todo lo sostiene, ¿no te abraza a ti, a mí, a él mismo?" "El nombre es humo y polvo, el sentimiento lo es todo" y así sucesivamente. Debe ser muy profundo. Pero Goethe lo escribió como una lección de Fausto a una chica de dieciséis años; ¡eso se pasó por alto! Se convirtió en una profunda sabiduría filosófica que, justo a la medida de la ingenua mente de Gretchen, ¡se escribió! La gente no se dio cuenta. Pero, por supuesto, es más fácil entender lo que es para una Gretchen de dieciséis años que lo que no es para una Gretchen de dieciséis años, sino para personas maduras.  El hombre de hoy debería tomar nota de las aberraciones en este sentido y apartarse de muchos, muchos conceptos tradicionales. Una y otra vez, la cultura de los tiempos más recientes también ha sido infundida con aquello que contiene ciertas semillas para el futuro. Hace tiempo cité una palabra de Fichte: "El hombre puede hacer lo que debe; y si dice no puedo, no lo hará". Esta es una palabra muy importante, sobre todo una palabra que el hombre moderno necesita absolutamente como guía para sí mismo. Porque el hombre moderno no debe acostarse en su lecho de pereza y decir a ciertas condiciones: no puedo hacer eso. - Está en la naturaleza del hombre moderno que puede hacer mucho más de lo que a menudo se dice, y que el "genio" para él debe ser cada vez más un resultado de la diligencia. Pero uno debe ser capaz de adquirir la creencia en esta diligencia. Uno debe, en la medida de lo posible, eliminar cualquier pensamiento de que no puede hacer lo que se supone que debe hacer. Siempre hay que tener en cuenta lo infinitamente obvio que es declarar que no se puede hacer algo porque es demasiado inconveniente intentar hacerlo. Y cuanto más el hombre moderno haga de esto la regla en la vida cotidiana, más trabajará para llegar a este estado de ánimo para el alma-espiritual, para la receptividad del alma-espiritual. En muchas más personas de las que crees hoy, este estado de ánimo evocará la experiencia interior de lo que la ciencia espiritual de orientación antroposófica quiere decir. Lo que la ciencia espiritual de orientación antroposófica quiere decir, al menos para ciertas cosas elementales, está disponible, mis queridos amigos, está disponible para la mente humana.  Sólo hay que tener el valor de tenerlo. Pero entonces, cuando uno desarrolla este estado de ánimo, la comprensión social y el interés social también se desarrollarán. ¿Para cuándo no tenemos comprensión social? Sólo dejamos de tener comprensión social cuando nuestros intereses no van más allá de nuestro propio círculo de vida.  
La comprensión social se despierta de inmediato cuando nos interesamos también por lo que hay más allá de nuestro círculo vital, ¡pero interesarnos de verdad y realmente! Es especialmente necesario tener en cuenta estas cosas en la época del desarrollo del alma consciente. Es necesario por la razón de que en la era del desarrollo del alma consciente las fuerzas del mundo apuntan al hombre al yo, al alma consciente. Así que debe estar aún más en guardia para superar este ego. Como hoy en día surge tanta actividad antisocial desde las profundidades del alma humana, la conciencia debe desarrollar toda la actividad social, que a su vez enviamos a las profundidades subconscientes. Porque es tan obvio para la mayoría de la gente hoy en día que no pueden hacer nada bien con ellos mismos. Pero esto es sólo porque sólo quieren hacer algo con ellos mismos. En el momento en que uno quiere hacer algo no sólo con uno mismo, sino con todo el mundo, sintiendo y percibiendo, entonces también comienza lo correcto con uno mismo. 
Al fin y al cabo, estas cosas están al lado de lo que hoy se puede llamar una comprensión de la cuestión social. La cuestión social es en muchos sentidos una cuestión del alma. Pero sólo aquellos que están empapados en la ciencia espiritual de orientación antroposófica podrán sentirlo de la manera correcta como una cuestión del alma. Eso es lo que quería quería decirles hoy.
Traducido por J.Luelmo jun.2022

 

GA190 Dornach, 22 de marzo de 1919 - Organismo humano y organismo social.

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RUDOLF STEINER

Impulsos pasados y futuros en la historia humana


Dornach, 22 de marzo de 1919

SEGUNDA CONFERENCIA : 

Organismo humano y organismo social. Los tres sistemas. El nacionalismo como impulso antisocial. El declive de la vida espiritual, que debe liberarse de la vida económica y estatal. El crecimiento excesivo de la vida económica. Tecnología y capitalismo. La futura regulación de las relaciones internacionales.

Hoy queremos volver a examinar el organismo social, y de tal manera que lo situemos en paralelo con el organismo natural humano.  Cuando se hace este paralelismo, hay que tomarlo como un medio para comprender mejor algunas cosas en relación con el organismo social. Por otro lado, no hay que ser demasiado cargante con esos paralelismos, porque hoy en día el mundo exterior desconfía mucho de esos paralelismos y cree que se quiere jugar a un juego ocioso con las analogías. Por ello, la gente querrá rechazarla. Eso será especialmente necesario que lo tengan en cuenta. Desde el punto de vista científico-espiritual, el paralelismo que ya hemos trazado varias veces, y que hoy perseguiremos desde cierto punto de vista, lleva ciertamente a la meta, es bastante esclarecedor. Aclara muchos fenómenos sociales en el presente. Pero les pediría que lo mantuvieran más en segundo plano hasta que los prejuicios comunes contra una equiparación del organismo natural humano con el organismo social hayan seguido su curso. Yo mismo utilizo este paralelismo con el mundo exterior. Pero me niego a jugar a una analogía ociosa. Eso es lo que hice en mis conferencias de Zurich sobre la cuestión social, y eso es lo que estoy haciendo en el documento que aparecerá ahora sobre la cuestión social.  Pero esta precaución no siempre es utilizada por quienes conocen la cosmovisión antroposófica. Por eso pido expresamente precaución. Ahora, con esta reserva, volvamos a mirar hoy el organismo social desde un cierto punto de vista. 
Nosotros diferenciamos el organismo natural ordinario en tres partes, el sistema de la cabeza, también podemos decir el sistema nervioso-sensorial, el sistema pulmón-corazón, también podemos decir el sistema rítmico, y el sistema metabólico. Toda la actividad del organismo humano se reduce a estos tres sistemas. Lo que ocurre en el cuerpo humano puede incluirse en cualquiera de estas tres categorías. Lo notable es que cada uno de estos sistemas tiene su propia conexión con el mundo exterior. De ello se desprende que no es en absoluto arbitrario dividir el organismo humano natural en estos tres sistemas. El sistema nervioso-sensorial está conectado con el mundo exterior a través de los sentidos, el sistema respiratorio a través de los órganos respiratorios, el sistema metabólico a través de los órganos nutricionales. Cada uno de estos sistemas tiene una relación distinta con el mundo exterior.
Ahora bien, del mismo modo, podemos dividir el organismo social en tres miembros -en un primer, un segundo y un tercer miembro-, de manera que sean independientes. En el organismo social hay que distinguir entre el sistema económico, el sistema estatal o jurídico y el sistema de organización espiritual.
I. Sistema cefálico / Sistema neurosensorial -Sistema económico.
II. Sistema pulmonar-cardíaco /sistema rítmico - sistema de estado.
III. sistema metabólico - organización espiritual.
Les pido que tengan en cuenta lo que he escrito en la pizarra, porque es muy importante. La cabeza del organismo social es el sistema económico. El sistema rítmico, el sistema circulatorio, el sistema pulmón-corazón, ese es el sistema de estado. Y el sistema metabólico, queda establecido en la organización espiritual. Por eso siempre he dicho: si se quiere imaginar bien el asunto, hay que imaginar, en relación con el organismo natural humano, que el organismo social está al revés. Si se realiza un juego de analogía, se creerá que la organización espiritual en el hombre se corresponde con el sistema de la cabeza. Este no es el caso. La organización espiritual se corresponde con el sistema metabólico. Podemos decir que el organismo social se nutre de lo que las personas del organismo social logran espiritualmente. El organismo social tiene su dotación principal en la base de la naturaleza. Si un determinado pueblo vive en una región rica con muchas minas, con ricos recursos minerales, con suelo fértil, entonces el organismo social está dotado, puede estar dotado hasta el punto de ser genial. Si el suelo es estéril, si hay pocos recursos minerales, entonces el organismo social carece de talento.
Así que no hay que limitarse a hacer una analogía, sino que al establecer el paralelismo hay que ir a por lo correcto. Como ustedes saben, incluso contra el mero juego de conceptos, se debe buscar lo correcto en otras áreas a partir de la experiencia espiritual-científica. Si la gente se limitara a jugar a las analogías, diría, por ejemplo, que el estado de vigilia del hombre puede compararse con el verano, y su estado de sueño con el invierno. Ustedes saben que esto sería un gran error. Les he explicado repetidamente que si establecen este paralelismo, las estaciones y la vida humana, deben considerar al verano como el estado de sueño y al invierno como el estado de vigilia de la tierra. 
Por tanto, debe considerarse la vida económica como la cabeza del organismo social.  Y lo que los hombres logran espiritualmente -ojo, en su efecto sobre el organismo social- debe ser considerado como el alimento del organismo social.
Este asunto es extremadamente importante para entender nuestro tiempo. Como subrayé ayer, nuestra época tiene básicamente dificultades para encontrar una solución a la cuestión social, y ello se debe a que los instintos antisociales están predominantemente presentes en la humanidad contemporánea. Los instintos antisociales están presentes en la relación entre los seres humanos individuales. A veces, sin embargo, los instintos antisociales se ocultan, se esconden. Hoy en día, por ejemplo, se ocultan tras las aspiraciones nacionales que se afirman de forma intensa en toda la tierra. Con estas aspiraciones nacionales se asocia hoy algo que todavía se da por supuesto, mientras que lo que es evidente para el verdadero desarrollo del hombre en nuestro tiempo es que debe comenzar un elemento internacional en el sentido más decisivo. Pero sigue siendo difícil hablar con la gente hoy en día sobre esto. Para las demás naciones, toda la gente suele ver que la internacionalización debe comenzar; sólo para la suya, normalmente no. Cuando uno quiere hablar de estas cosas con la gente de hoy, se encuentra con lo que una vez me encontré en otro campo, hace muchos años, en el ámbito de la Sociedad Antroposófica, entonces Teosófica.
Tuve la ocasión de explicar que los animales tienen almas de grupo, y que cuando los animales mueren entran en las almas de grupo, y que por tanto, no tienen una reencarnación individual. Una señora que tenía un perro al que quería mucho respondió que eso podía ocurrir con todos los demás animales, pero que no era el caso de este perro, el suyo, porque ya había adquirido un alma individual tan decidida que experimentaría una reencarnación personal. Fue muy difícil llegar a un acuerdo con la señora. Pero después, cuando la señora se había ido y seguían juntos un rato, otra señora dijo: No podía entender cómo una mujer tan inteligente no podía ver que su perro no tenía alma individual; ¡ella lo había entendido enseguida! Pero su loro tenía un alma individual. Eso es algo muy diferente. - Esto es muy instructivo ejemplo de cómo la gente juzga cuando se tocan cosas que están directamente relacionadas con su personalidad.
Pero existen las más diversas razones por las que en la actualidad surgen ciertos obstáculos a lo que razonablemente puede llamarse socialización. Si ustedes revisan varias cosas que conocen de nuestra ciencia espiritual antroposófica, les quedará claro que la vida espiritual ha procedido inicialmente en una línea descendente dentro del desarrollo humano. Ciertamente, la gente de hoy está orgullosa de su avanzado desarrollo espiritual. Sin embargo, en lo que piensan, en lo que sienten, en realidad no hay espíritu.
Sólo hay que remontarse al tercer periodo cultural postatlante para no ir más allá. La fuente de la que se nutría la gente en aquella época puede haber sido ciertamente la clarividencia atávica, pero de esta clarividencia atávica la gente obtuvo una amplia sabiduría, una sabiduría que era espiritualmente sustancial. La gente de hoy mira con cierta arrogancia lo que generaron los caldeos y los egipcios. Esta arrogancia es muy, muy injustificada. Sin embargo, lo que se saca a la luz filológica y escolásticamente sobre la sabiduría de los egipcios y caldeos no es muy productivo. Pero eso es, después de todo, "el propio espíritu de los maestros". No se acerca a las profundas percepciones que los antiguos sacerdotes egipcios, los antiguos líderes de los misterios egipcios, los sacerdotes caldeos, los líderes de los misterios caldeos tenían a través de su sabiduría clarividente, que todavía tiene matices atávicos. Incluso dentro de la cultura grecolatina había más sabiduría que en lo que la gente piensa y siente hoy, lo que fluye en sus ideas, en sus conceptos de lo espiritual. Básicamente, la gente de hoy se ha vuelto pobre en la vida espiritual. Y un empobrecimiento particular de la vida espiritual se ha producido precisamente desde el advenimiento del quinto período cultural post-atlante, desde mediados del siglo XV. Una tremenda cantidad de vida espiritual real se ha visto sumergida. 
Y cada vez más la mente humana se volvió, por así decirlo, reseca.  Por ello, se limitó cada vez más a crear imágenes de la vida sensorial exterior. El hombre ya no quiere creer en verdaderas revelaciones del mundo espiritual, ni quiere aferrarse a ellas. Pero el contenido espiritual que el hombre desarrolla en su interior no sólo tiene un significado subjetivo para él. En la medida en que lo que el hombre desarrolla espiritualmente en su interior tiene un significado en la vida del hombre para el hombre, en la medida en que lo que el hombre tiene en su cabeza, tiene en sí mismo, es al mismo tiempo alimento para el organismo social; el organismo social se nutre de él. Por lo tanto, comprenderán que quien habla del organismo social con entendimiento debe decir que este organismo social se ha estado muriendo de hambre desde mediados del siglo XV. El declive de la vida espiritual real significa una inanición gradual del organismo social, del organismo social en todos los territorios.  Y ya se puede decir: el organismo social ya se ha convertido en una personalidad más bien delgada y esbelta hoy en día y amenaza con volverse aún más delgada y esbelta. Si alguien tuviera que dibujar un símbolo del organismo social actual, expresado por la personalidad humana, tendría que dibujar una personalidad delgada, no gorda. Un pequeño monje bien alimentado, por ejemplo, no debería ser pintado hoy como símbolo del organismo social. organismo.
 Si se tiene en cuenta esto, también se podrá comprender que, por el contrario, mientras el estómago de nuestro organismo social, que en realidad llenamos con nuestros logros intelectuales, está bastante vacío, hoy es precisamente la cabeza, es decir, la vida económica del organismo social, la que está especialmente activa. El organismo social de hoy piensa mucho, el organismo social desarrolla mucha intelectualidad. Quizá sea una comparación un tanto peligrosa, pero hay que hacerla. Ustedes saben que un exceso de desnutrición, cuando hay una fuerte intelectualidad, al mismo tiempo desordena un poco esta intelectualidad. Ahora bien, no hay que creer que nuestro organismo social tiene tendencia a volverse loco de inmediato. Pero muchas cosas que suceden hoy en día, y de las que no sólo son responsables los seres humanos, sino también lo que late en el mundo como pensamiento social, se muestran patológicamente en este organismo social. Y precisamente por eso hablamos de la necesidad de sanear el organismo social, porque sentimos lo enfermo que está. Pero, como he dicho, queremos abstenernos de ello por el momento, aunque la comparación deba utilizarse. Había que utilizar la comparación para que se pueda ver que el desarrollo humano procede realmente de una manera lícita, que no es simplemente porque los hombres quieran subjetivamente que ocurra esto o aquello, sino que lo que ocurre corresponde a una legalidad continua.  Hemos entrado en el periodo en el que el organismo social sufre de hambre, y en el que piensa demasiado, en el que desarrolla demasiado su sistema mental. 
Esto no significa que haya demasiada actividad económica en la actualidad. Hay muy poca actividad económica. La humanidad necesita producir mucho más. Pero eso sólo ocurrirá cuando el organismo social esté debidamente dividido en sus tres miembros. Pero la vida económica se considera en realidad como si estuviera sola en el mundo. Cuando miro el organismo social desde este punto de vista, cómo quiere negociar unilateralmente todo, todo en función de la cabeza del organismo social, en función de la vida económica, entonces debo pensar siempre cómo, a partir de una cierta confusión del organismo social con el organismo humano individual, el poeta austriaco Hermann Rollet -hace ya mucho tiempo- me expresó una vez una gran preocupación por el futuro de la humanidad. Hermann Rollet era un hombre muy querido. Compiló ese hermoso libro sobre los retratos de Goethe. Él solo era, tal y como estaba de moda en los años setenta y ochenta del siglo pasado, un hombre muy ilustrado y, por tanto, orgulloso de lo mucho que ha avanzado la gente con su cultura mental hoy en día. Y una vez me expresó su profunda preocupación por lo que será de la gente si se vuelve más y más inteligente, si piensa más y más.  La cabeza se desarrollará cada vez más a expensas del otro organismo. Y pensó que si la tierra seguía desarrollándose, la gente tendría que rodar realmente sobre la tierra como meras cabezas, como esferas.  De este modo, expresó una verdadera preocupación. Y esta preocupación no se aplica al ser humano individual. Pero sí se aplica en cierto modo, al menos para la época actual, al organismo social, que tiene su cabeza en el sistema económico, y que amenaza con convertirse en más y más cabeza.
Lo que les estoy diciendo es algo muy, muy práctico para la vida de hoy. Ya he hablado varias veces en círculos proletarios. El propio mundo proletario lo entiende bien, pero está frenado por el momento por sus dirigentes. No están profundamente implicados en el pensamiento individual, sino en lo que les llega del pensamiento social, del pensamiento del organismo social. Si en estos círculos se plantea lo que hoy es oportuno y absolutamente necesario, es decir, que el organismo social debe dividirse en una organización económica, en una organización político-jurídica o estatal y en una organización espiritual, se puede estar seguro de que la respuesta será programática: "Vale, conforme, pero todo debe derivarse del sistema económico", entonces, ¿para qué sirven los demás elementos? Si la vida económica se sitúa sobre la base correcta, los derechos y la vida espiritual surgirán por sí mismos. - La gente no es consciente de que no se trata de un pensamiento individual, sino que es un pensamiento que recorre sus cabezas desde el organismo social. Sobre todo, piensa demasiado, es decir, piensa sólo en términos de economía. Todavía no puede decidirse a desarrollar su corazón y sus pulmones, es decir, un verdadero estado separado. De hecho, ni siquiera puede tomar clara conciencia de su estómago, a saber, la necesidad de la intervención de las capacidades humanas individuales en el organismo social.
Me gustaría que entendieran que ese discurso de hoy, que sólo quiere aceptar el sistema económico, está profundamente arraigado en la evolución humana, que por lo tanto necesitará de poderosas fuerzas para lograr un cambio en este sentido.  Piensen por un momento que será necesario que la vida espiritual se emancipe, que se vuelva autosuficiente, que la gente tendrá que entender: Desde la escuela más baja hacia arriba, todo debe separarse del Estado y poder desarrollarse independientemente de la vida económica. Ni los círculos burgueses ni los socialdemócratas quieren esto. Desde su punto de vista, los socialdemócratas siempre señalarán con razón que la vida económica sana en el pasado se apoyaba en dos pilares, la vida intelectual y la vida estatal.
La expresión popular es que la vida económica humana debe ser apoyada, como siempre lo ha sido, por el trono, para la vida estatal y el altar, para la vida espiritual. Algunos lo dicen con disgusto, mientras que los que todavía están empapados de las viejas ideas lo dicen con entusiasmo: el trono y el altar son necesarios. En tiempos más recientes, el trono se ha convertido a veces en un sillón presidencial, pero eso normalmente sólo supone una diferencia en términos de estética exterior; y el altar se ha convertido a veces en una caja registradora, pero eso también sólo supone una diferencia exterior. En realidad, no es una diferencia profunda en términos de sentimiento. A la gente nueva le suele gustar la caja registradora tanto como a la gente mayor el altar
Pero esto sigue apuntando a una época que en cierto modo tenía sentido y receptividad para la vida intelectual libre. Piensen que no hace mucho tiempo que los colegios libres, las universidades, fueron absorbidos por el Estado. Las universidades solían tener su propio prestigio, su propio honor. Eran organismos autónomos, autónomos. Han perdido completamente esta autonomía. Forman a funcionarios, buenos, buenos funcionarios en todos los ámbitos. Por otro lado, hay una hipertrofia del sistema de la vida económica. ¡Todo está pensado por el sistema económico, y la perspectiva de oficina y máquina en lugar de trono y altar no es una perspectiva que apunte a cosas que puedan hacer viable el organismo social! A menudo les he dicho que el mundo se convertiría en un gran sistema de contabilidad, dirigido por una especie de taller de vida.  Son precisamente las capacidades humanas individuales las cuales forman el alimento del organismo social, se marchitarían y se atrofiaría y paralizaría si, en lugar de trono y el altar fueron sustituidos por la oficina y la fábrica, la oficina y la máquina. 
Pero todo esto está relacionado con el hecho de que la vida humana contemporánea en conjunto, es decir, la vida individual, desencadena en las personas sobre todo una forma de pensar orientada a la vida económica, que sólo tiene sentido e interés en la vida económica. Esto ha surgido en tiempos más recientes porque la tecnología moderna se ha impuesto, y con la tecnología moderna el tipo de capitalismo moderno. Al principio, los círculos dirigentes dependían de lo que podría llamarse la mente social orientada únicamente al sistema económico. Una y otra vez he señalado cómo el hombre ha sido absorbido, por así decirlo, por la mente social objetiva, por la inundación del mero sistema mental con el que piensa el organismo social que nos rodea. Hoy estamos atrapados en esta forma de pensar.
Ustedes saben, cuan a menudo les he señalado cómo la personalidad humana con su propio pensamiento en la vida, se ha ido eliminando paulatinamente. Hoy es el capital objetivo el que trabaja sobre la tierra. En realidad, la personalidad humana ha sido eliminada cuando el capital funciona correctamente. Tan pronto se está en el fondo, tan pronto en la cima, tan pronto se pierde todo, tan pronto se vuelve a ganar todo, y las acciones trabajan para sí mismas, trabajan más y más para sí mismas. Suelo utilizar un síntoma como ejemplo. En la primera mitad del siglo XIX y hasta el último tercio, los banqueros individuales fueron los decisivos. Sin embargo, luego fueron más bien las sociedades las que se encargaron de las grandes empresas.  América, que está algo retrasada en su desarrollo, acaba de hacer la transición, hará ahora la transición de la individualidad de gran alcance al efecto objetivo del capital, y probablemente mostrará este fenómeno en un grado bastante sobresaliente. Pero el banquero individual era tan poderoso que su posición en la vida social queda bien ilustrada por el hecho -creo que fue en los años cuarenta, ya lo he contado aquí- de que el Ministro de Hacienda del Rey de Francia acudió a Rothschild para -bueno, ¿Qué hace un Ministro de Hacienda? -pues para que le diera un empujón al estado de Francia. Rothschild se ocupaba de un zapatero o de un carpintero, y este negocio era tan importante para él como el de ministro de finanzas del rey de Francia, quizá incluso más. El propio Ministro de Finanzas le fue anunciado. El criado entra, vuelve y dice: El señor Rothschild le pide que espere un poco, hay un carpintero dentro. - ¿Qué, un carpintero? ¡Soy el Ministro de Finanzas del Rey de Francia! - El criado se niega: El Sr. Rothschild dijo que podía esperar. - Pero el ministro abre la puerta de golpe y se precipita: "¡Soy el ministro de finanzas del rey de Francia! - Por favor, tome una silla, tengo que tratar con este caballero primero. - Pero, ¡yo soy el Ministro de Finanzas del Rey de Francia! - Entonces, por favor, tome dos sillas.
A través de algo así se ve, aunque sólo sea un síntoma, el poder personal que brilla. La iniciativa personal ha cesado más o menos en esta forma y estaba en proceso de cesar antes de que estallara la catástrofe de la guerra en el ámbito de la vida económica. Lo que piensa en la vida económica misma, la inteligencia social, se impuso a la inteligencia individual del ser humano. Al principio, esta inteligencia social, esta mente social nacida de la vida económica, de la hipertrofia de la vida económica, es muy sobria. Y eso es precisamente lo que debería llamar la atención del conocedor de la vida social desde un punto de vista más elevado, lo sobrio que se ha vuelto hoy el pensamiento nacido de la vida económica. En primer lugar, aparece una especie de nuevo pensamiento de grupo entre la gente. Pero este pensamiento de grupo es extremadamente sobrio. Nació de la burguesía durante el período capitalista, se ha desarrollado en el filisteísmo, se ha difundido ampliamente como filisteísmo y ahora se ha impuesto como el producto más sobrio del pensamiento socialista. 
Sobre este punto, mis queridos amigos, hay que decir algo muy, muy notable. Las circunstancias que han tenido lugar han provocado que la mayoría de las masas proletarias sean de espíritu libre, descreídas. El número de personas que abandonan la iglesia en estos círculos es muy, muy alto. Los que no se van a menudo lo hacen sólo porque no consideran el asunto muy importante. Pero a menudo se escucha algo más. A menudo se oye subrayar que el sustituto del proletario para las viejas religiones es precisamente la doctrina socialista. Esto sólo es posible por un cierto entusiasmo, no por un verdadero entusiasmo; porque, por supuesto, la doctrina socialista, que sólo piensa en la vida económica, es algo fantasioso. La vida económica es algo terriblemente sobrio y no puede adoptar ningún carácter religioso. 
Pero a partir de esto verán que la seriedad de la que les he hablado a menudo en estas conferencias es también realmente, se podría decir, un mandamiento sagrado de la historia del mundo. Si, por un lado, seguimos el desarrollo humano desde la edad del alma consciente mediante la observación científico-espiritual, y si, por otro lado, tomamos en consideración lo que, confirmando la visión antroposófica, nos enfrenta precisamente dentro del pensamiento socialista, <si observamos todo esto, entonces nos decimos: Un fenómeno inmensamente importante del organismo social es su gradual inanición. Se muere de hambre si la vida espiritual real no entra en la gente, si la vida espiritual no se apodera de la gente. Al igual que el hombre individual debe morir de hambre si no tiene comida que disfrutar, así debe morir de hambre un organismo social si los hombres no llegan a la vida espiritual. El organismo social está realmente al revés. El ser humano individual necesita alimento para vivir; el organismo social necesita talentos humanos, dones humanos, revelaciones interiores humanas, para que de esos dones, de esas revelaciones interiores, surja lo único que puede hacer sano al organismo social. ¡puede hacer que sea saludable!
Recuerden, como he subrayado a menudo: Hoy en día no se puede construir algo como el túnel de San Gotardo si no se conoce el cálculo diferencial e integral como director de dicha construcción. Pero eso viene de Leibniz, dicen los ingleses: de Newton; bueno, que lo digan ellos. Pero si es uno u otro: El túnel de San Gotardo no sólo lo construyó quien puso las piedras una encima de otra, sino que Leibniz o Newton ayudaron a construirlo. Este es sólo un ejemplo de cómo incluso las cosas más materiales surgen realmente de la vida espiritual. Si se eliminan las facultades individuales espirituales, también se destruye la vida económica. No se trata nunca de establecer una burocracia mundial mediante la cual se elimine con toda seguridad la libre iniciativa de las facultades espirituales. Esta burocracia mundial, que es el ideal de Trotsky y Lenin, destruiría naturalmente el organismo social. 
Aquellos que son sinceros sobre la cuestión social en el presente deben enfatizar una y otra vez: Lo que es necesario sobre todo es un desarrollo libre de la ciencia espiritual. No se trata de introducir algo poco práctico en la vida contemporánea, sino que es lo más práctico de todo, porque es directa y verdaderamente necesario. Precisamente porque las capacidades individuales de las personas fueron suprimidas durante tanto tiempo, precisamente por eso los acontecimientos objetivos de 1914 (I guerra mundial), golpearon a la gente mentalmente. No había nada en sus cabezas, ni siquiera a veces grandes ideas. Los hechos objetivos golpean a la gente en sus cabezas. Las capacidades individuales han disminuido. La gente no podía dominar la vida exterior. Sus conceptos, sus ideas, su imaginación eran demasiado estrechos. No podían extenderse más allá de los acontecimientos objetivos. Y no quedaba la menor comprensión mutua. Así que estos últimos cuatro años y medio tuvieron que ser el gran maestro de la humanidad, que les enseña que es necesario que la vida espiritual fluya realmente en el organismo social como alimento para el organismo social.
Estas interrelaciones se entienden cuando uno es capaz de ver realmente el organismo social en este sentido como un sistema trimembrado.  Hay que aprender a comprender que en el organismo social la vida económica debe cultivar independientemente sus relaciones externas, que el cuerpo del Estado debe entrar en contacto con el cuerpo del Estado y la vida espiritual con la vida espiritual. Un sistema estatal unificado no debe negociar con otro sistema estatal unificado. Debe ser como en el organismo humano, donde cada uno de los tres sistemas desarrolla sus propias relaciones especiales con el mundo exterior. Regulando las relaciones internacionales de la humanidad de tal manera que, por así decirlo, un miembro sólo entre en correspondencia con el otro, podemos contrarrestar mejor conflictos como los que estallaron en 1914. Pensemos en lo complicado que será que dos territorios entren en conflicto, ya que al principio el conflicto sólo puede surgir entre sistema estatal y sistema estatal. No se puede combatir porque la organización espiritual y el sistema económico, si se centralizan libremente en sí mismos, siguen teniendo voz y voto.
Sólo hay que tener claro de qué manera tan diferente se configurará el conjunto de la vida cuando surja esta trimembración. Pero, por otro lado, también debemos ser conscientes de los profundos prejuicios que existen hoy en día en contra de este replanteamiento y reaprendizaje. Si uno quiere plantear la cuestión una y otra vez: ¿Por qué hay tanta resistencia a la ciencia espiritual? - A menudo hemos insistido en que no se trata de la dificultad de comprensión, sino simplemente de la incapacidad de las personas para decidirse a cambiar sus hábitos de pensamiento de los que se han desarrollado gradualmente durante las últimas décadas, o incluso siglos. Es mucho más cómodo para la gente seguir por el atajo. Por ello, no es de extrañar que se vuelva a pensar en la expresión acuñada en Berna para fundar un "estado supremo", la Sociedad de Naciones con un parlamento supremo. No es cierto, los antiguos estados han funcionado muy favorablemente, ¡han demostrado lo que pueden conseguir en los últimos cuatro años y medio! Ahora bien, establecer "supraestados", "supraparlamentos", es toda una señal de que la gente no quiere salirse de las viejas redes de pensamiento, de que quiere quedarse dentro de esas viejas redes de pensamiento.  Mientras que el Estado individual debe descomponerse en sus tres miembros, la gente quiere lo contrario. Quieren soldar toda la tierra -con la excepción de los que ahora están excluidos- en un único gran estado. Quieren lo contrario de lo que se fundamenta en las fuerzas del desarrollo de la época. Por esta misma razón, los que están empapados en la ciencia espiritual deberían darse cuenta realmente, y también deberían traducirlo en su voluntad, de que es necesario un fuerte ataque contra lo que todavía hoy va en la dirección totalmente opuesta. Esta embestida es necesaria.  Hay que repetirlo una y otra vez. Y ya que debemos acostumbrarnos a mirar las cosas hacia adentro, será bueno intentar con bastante frecuencia experimentar lo social desde este punto de vista, que hoy he vuelto a caracterizar, meditando hacia adentro, porque esto puede estimular nuestra voluntad. 
Mañana hablaremos más de ello. Mañana a las cinco habrá aquí la representación pública de euritmia, y creo que a las siete y media o a las ocho menos cuarto continuaré esta conferencia. 
Traducido por J.Luelmo jun.2022

GA216 Dornach 1 de octubre de 1922 La necesidad de una nueva reapertura del mundo espiritual

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RUDOLF STEINER

Impulsos básicos de la historial mundial de la humanidad

Conferencia nº 8 de una serie de ocho conferencias, celebradas del 16 de septiembre al 1 de octubre 1922, en Dornach.


GA216 OCTAVA CONFERENCIA

La necesidad de una nueva reapertura del mundo espiritual


Dornach 1 de octubre de 1922

En las últimas conferencias hemos estudiado impulsos de gran influencia en la evolución histórica de la humanidad, grandes impulsos que son como las huellas de las estrellas a través de la historia, que iluminan nuestra comprensión de los acontecimientos particulares. El conocimiento de una época de la historia sólo puede ser externo y superficial si no se perciben y comprenden los impulsos subyacentes. Pues estos impulsos son poderes reales; actúan en su mayor parte, y de forma más poderosa, a través de las fuerzas inconscientes del alma; lo que se transmite hacia el exterior y en plena conciencia sólo se percibe bajo la luz adecuada cuando se puede rastrear su origen.
Vamos a pensar en un acontecimiento o, más exactamente, en una serie de acontecimientos bien conocidos por la historia y de profunda importancia en toda la vida de Occidente durante la Edad Media, una serie de acontecimientos que, en el mundo exterior, terminaron en un tiempo comparativamente corto, después de un siglo o siglo y medio, pero cuyos efectos continuaron y (para aquellos capaces de entender las corrientes más profundas en el flujo de la historia del mundo) han continuado hasta el día de hoy. Me refiero a las Cruzadas, que comenzaron en el siglo XI -1096 es el año que se suele asignar- y que, como una serie de acontecimientos externos, continuaron hasta el año que se suele dar como 1170. Pero encontramos que incluso la historia externa menciona todo tipo de empresas e instituciones que se desarrollaron a partir de las Cruzadas.

Oímos hablar, por ejemplo, de los Caballeros Templarios, que asumieron por primera vez su verdadera importancia en la vida exterior durante la época de las Cruzadas. También oímos hablar de Órdenes como la de los Caballeros de San Juan, más tarde los Caballeros de Malta, y otras. Cosas que fueron introducidas por estas comunidades de vida secular y espiritual, y que por lo tanto surgieron del espíritu que impregnaba las Cruzadas, se desarrollaron posteriormente de tal manera que, aunque su origen en el espíritu de las Cruzadas era cada vez menos notable, sus efectos e influencias estaban claramente presentes en la vida de Occidente.

Pensando, para empezar, en el curso externo de la historia, sabemos cómo se originaron las Cruzadas. Las necesidades del alma hicieron creer a los adeptos del cristianismo en Occidente que las peregrinaciones a Palestina imprimirían un nuevo vigor a sus impulsos cristianos; pero se encontraron con obstáculos, porque Palestina y Jerusalén habían caído en manos de un pueblo de carácter muy ajeno, a saber, los turcos. Los malos tratos infligidos por los turcos a estos peregrinos a Jerusalén habían provocado una protesta en toda Europa y de ahí nacieron el ánimo y el espíritu que dieron lugar a las Cruzadas, un ánimo que ya estaba presente desde hacía mucho tiempo, aunque de forma diferente. Vemos cómo los hombres dieron rienda suelta a este estado de ánimo exigiendo la liberación de los Santos Lugares de Occidente, los Santos Lugares de la Cristiandad, de la opresión turca.

Oímos cómo Pedro de Amiens, él mismo víctima de esta opresión, viajó por Europa Occidental como peregrino y con su ferviente predicación ganó muchos corazones para el proyecto de liberar Jerusalén de los turcos.
También sabemos que, al principio, esto no condujo a ningún resultado. Pero pronto todo un número de Caballeros de Occidente, reunidos bajo el liderazgo de Godofredo de Bouillon en la primera cruzada real, lograron liberar Jerusalén, al menos por un tiempo, de los turcos.

El desarrollo de estos acontecimientos sólo requiere una breve mención, ya que la historia es suficientemente conocida. Lo realmente importante es estudiar con agudeza y comprensión lo que estaba actuando más o menos inconscientemente a través de las almas humanas, de tal manera que una y otra vez, y durante un largo período de tiempo, un número de hombres, en la mayoría de los casos con extraordinaria devoción y valor, emprendieron estos viajes a Oriente, estas siete Cruzadas, bajo el liderazgo de los más distinguidos príncipes de Occidente. La verdadera cuestión es ésta: ¿De dónde vino ese primer entusiasmo ardiente que se extendió por Europa, especialmente al comienzo de las Cruzadas? Una vez que la pelota se puso a rodar -si se me permite expresarlo así-, a partir de la cuarta Cruzada se introdujeron intereses de otro tipo. Hubo príncipes europeos que fueron a Oriente con otros motivos, para aumentar su poder, su prestigio y cosas por el estilo. Sin embargo, el inicio de las Cruzadas es un acontecimiento histórico de primera importancia. No puede dejar de impresionarnos el espectáculo de esta poderosa fuerza que impulsa a una gran parte de la humanidad europea a una empresa vinculada, como ellos sentían, a las preocupaciones más sagradas del corazón. Los hombres sentían que estas preocupaciones sagradas estaban vitalmente conectadas con la liberación de Jerusalén de los turcos, para que los cristianos de Europa deseosos de visitar la tumba del Redentor pudieran encontrar sus caminos despejados.

Los áridos y prosaicos relatos de los hechos históricos que se leen en los libros no transmiten, por lo general, ninguna impresión real del fuego del entusiasmo que se encendió en Europa cuando aquella noble compañía de caballeros partió en la primera Cruzada, ni del reavivamiento de este entusiasmo por el ardor de hombres como Bernardo de Claraval y otros. El nacimiento de las Cruzadas es de una grandeza sobrecogedora, y no podemos evitar preguntarnos: ¿Qué impulsos actuaban en el corazón y en el alma de los europeos en aquella época, de qué impulsos surgió el espíritu de las Cruzadas?
Estos impulsos sólo pueden entenderse correctamente si rastreamos su desarrollo a través de los siglos. Un momento crucial de la historia, que arroja un torrente de luz sobre acontecimientos posteriores de incisiva importancia en Europa, es el reinado del Papa Nicolás I, aproximadamente a mediados del siglo IX, entre los años 858 y 867. Ante su mirada interior, Nicolás I percibió tres corrientes de vida espiritual, tres corrientes que se enfrentaban a él como grandes signos de interrogación (si se me permite el término) de la civilización.

Veía una corriente que se movía, por así decirlo, en las alturas espirituales, a través de Asia hacia Europa. En esta corriente, ciertas concepciones innatas de la religión oriental se abren paso, en una forma muy modificada y cambiada, a través del sur de Europa y el norte de África, hacia España, Francia, las Islas Británicas y especialmente hacia Irlanda. En vista de lo que se dirá en adelante, llamaré a esto la primera corriente. Procedente de las regiones árabes de Asia, fluye a través de Grecia e Italia, pero también a través de África hacia España y luego hacia arriba a través de Occidente. Pero su influencia también se extiende, en diferentes formas, hacia otras partes de Europa.
De esta corriente se habla poco en el relato que se nos cuenta como historia. Hoy sólo hablaremos de dos rasgos característicos de esta corriente, cuyo contenido era inconmensurablemente profundo. Uno de ellos es lo que puede llamarse la concepción esotérica del Misterio del Gólgota. A menudo os he hablado de la concepción del Misterio del Gólgota que tenían aquellos en los que sobrevivían vestigios del antiguo conocimiento iniciático precristiano. Hay una indicación de ello en la propia Biblia, en la venida de los tres Reyes Magos de Oriente. Con su conocimiento de los secretos de las estrellas, prevén el acontecimiento de Cristo que se aproxima y parten en su búsqueda. Por lo tanto, los tres Reyes Magos son ejemplos de hombres preocupados menos por la personalidad terrenal de Jesús de Nazaret que por el hecho importantísimo de que un Ser Espiritual había descendido de los mundos anímico-espirituales, que Cristo había venido a morar en el cuerpo de Jesús de Nazaret y que impartiría un poderoso impulso a la evolución ulterior de la tierra. Estos hombres veían el acontecimiento del Gólgota desde un punto de vista totalmente suprasensible. La visión de la verdad suprasensible era posible para los hombres en los que se habían mantenido vivos los antiguos principios de la Iniciación, pues la comprensión de este acontecimiento suprasensible, ininteligible en la vida natural e histórica de la tierra, podía lograrse con la ayuda de este antiguo conocimiento iniciático.
Pero cada vez era más difícil mantener vivos estos antiguos principios de la Iniciación y, por lo tanto, cada vez era más imposible encontrar un lenguaje apropiado para transmitir de qué manera Cristo había bajado de los mundos suprasensibles, había pasado por el Misterio del Gólgota y cómo Su Poder sigue actuando a través de toda la evolución posterior de la tierra. Los hombres simplemente no tenían medios para dar forma a sus conceptos e ideas de manera que pudieran encontrar palabras para transmitir lo que realmente había sucedido a través de Cristo y a través del Misterio del Gólgota.

Y así, para revestir este Misterio con palabras, los hombres se vieron obligados a recurrir cada vez más a formas pictóricas de presentación. Una de ellas es la historia del Santo Grial, de la Copa preciosa, de la que se dice, por un lado, que es la Copa en la que Cristo Jesús había participado en la Última Cena con sus Apóstoles, y, por otro, la Copa en la que el soldado romano al pie de la Cruz recogió la sangre que fluía del Redentor. Esta Copa fue llevada por los Ángeles... y aquí está el toque de lo suprasensible, ofrecido en palabras vacilantes, pues lo que los antiguos Iniciados podían transmitir en conceptos claros, ahora sólo podía ser transmitido por imágenes... esta Copa fue llevada por los Ángeles a Mont Salvat en España y recibida allí por el noble Rey Titurel; él construyó un Templo para el Cáliz y allí habitaron los Caballeros del Santo Grial, vigilando y protegiendo el tesoro que protege el impulso que fluye hacia adelante desde el Misterio del Gólgota.

Y así tenemos allí una corriente profundamente esotérica, que pasa a un misterio. Por un lado, percibimos la influencia de esta corriente profundamente esotérica en la fundación de academias en Asia, donde los hombres estudiaron al antiguo filósofo griego Aristóteles, tratando de comprender el Acontecimiento del Gólgota con la ayuda de los conceptos aristotélicos. Más tarde, en la civilización europea, vemos los intentos realizados en un poema como Parsifal para transmitir el contenido vivo de esta corriente esotérica en imágenes. Vemos este mismo contenido vivo brillando a través de las enseñanzas que surgieron especialmente en las Escuelas de Irlanda. Vemos también cómo los mejores elementos de la sabiduría árabe fluyeron en esta corriente, pero cómo, al mismo tiempo, el pensamiento árabe introdujo un elemento ajeno, tosco y corrompido en Asia por la influencia turca.

Del carácter impartido a esta primera corriente por la influencia árabe y por su avance desde Oriente hacia Occidente, hablaremos más adelante, cuando se hayan considerado las otras corrientes. Para indicar el carácter fundamental de esta corriente, habría que decir: Aquellos que estaban conectados de alguna manera real con esta corriente de vida espiritual, sostenían que el único camino de salvación -y un eco de esto se escucha en el Parsifal de Wolfram von Eschenbach- consistía en elevarse por encima de lo sensible y material hacia lo suprasensible, en tener al menos alguna visión de los mundos suprasensibles, en dejar que el hombre participe en la vida de los mundos suprasensibles, en hacerle comprender que su alma pertenece a una corriente que no puede ser percibida inmediatamente por los sentidos dirigidos a los acontecimientos terrestres.
El sentimiento que caracterizaba esta mirada hacia las regiones suprasensibles y supraterrenales era que, para ser un ser humano pleno, el hombre debía pertenecer a mundos que trascendían la existencia material, mundos cuyos acontecimientos estaban ocultos, como lo estaban los hechos de los Caballeros del Grial, a la mirada exterior. El Misterio implícito en esta corriente se sentía como algo imperceptible a los ojos de los sentidos.

Esta fue la primera corriente, apenas sentida y, sin embargo, mirada con recelo en Roma en la época del Papa Nicolás I, en el siglo IX. Toda la tendencia en Roma era considerarla como una influencia hostil y a la que sería insalubre para la humanidad occidental ceder. En la vida religiosa e intelectual de Europa no debe haber nada de lo esotérico, ni nada que se derive levemente de lo esotérico - tal era la actitud.

Esta fue la primera cuestión, y sin duda la más sobrecogedora, que se le planteó a Nicolás I, pues él también discernió la grandeza de esta corriente de vida espiritual. Aunque muy atenuada desde el siglo III o IV (cuando se había fundado en Italia una sociedad para el exterminio de todos los caminos del conocimiento espiritual) su resplandor seguía brillando, a través de muchas cavidades ocultas, en los corazones de los hombres, revelándose ahora aquí, ahora allí. Lo que irrumpía de este modo en la experiencia de los hombres, a menudo desde estratos misteriosos que subyacen al progreso de la historia, era denunciado como herejía. También prevaleció el sentimiento de que el esoterismo que aún se vislumbraba débilmente en esta corriente ya no podía encontrar su camino en aquellos conceptos que, en la cultura de la Roma latina, se habían alejado cada vez más de la interioridad del pensamiento griego con su colorido oriental y habían adoptado las formas de la retórica romana, en otras palabras, se habían vuelto formales y exotéricos.

Sin embargo, por otro lado, entre los individuos y las comunidades denunciadas como sectas heréticas, esta corriente cobró vida con un poder tremendo.

La segunda cuestión de la historia del mundo ante el alma de Nicolás I era ésta. Todos los conocimientos reunidos hasta entonces por la Iglesia católica le obligaron a concluir que los europeos de Occidente eran incapaces de soportar la gran tensión espiritual que se evoca en el alma de los hombres si quieren escalar las alturas de la comprensión espiritual, esotérica.
Una gran incertidumbre pesaba sobre el alma de Nicolás I. ¿Qué sucederá si una cantidad excesiva de esta corriente esotérica-espiritual se abre paso en las almas de los pueblos de Europa?

En el propio Oriente, se había introducido una confusión cada vez mayor en lo que había sido el contenido esotérico de esta corriente. Fue en la lejana Irlanda donde mantuvo su forma más pura y durante algún tiempo hubo Escuelas en Irlanda donde los sagrados secretos se conservaron con gran pureza.

Pero -así reflexionaba Nicolás I- esto es inútil para los pueblos de Europa. En realidad, Nicolás I no hacía más que repetir la opinión sostenida anteriormente por Bonifacio en una forma algo diferente, a saber, que debido a su carácter intrínseco los pueblos de Europa no estaban adaptados a la afluencia de vida espiritual en sus almas. Y así surgió la extraña posición de que en Oriente la sustancia real, esotérica, se extinguió. Los seres humanos que vivían en Oriente y también en el Este de Europa, en las regiones de la actual Rusia, no podían hacer contacto en sus almas con esta sustancia esotérica. Pero en Oriente, puramente en forma de sentimientos, y en la medida en que estos sentimientos no habían sido totalmente exterminados por el avance gradual de los pueblos turanos, los turcos, en Oriente los hombres tenían un tenue sentimiento de que lo sublimemente esotérico, que no puede ser comprendido por el intelecto naciente, fluye en el culto y el ritual; pero sólo cuando el culto tiene al mismo tiempo un centro real en el mundo exterior, un centro geográfico.

Y así, en el Este de Europa, mientras se olvidaba la realidad esotérica y espiritual, los hombres se volcaron en el culto y el ritual, aferrándose con la mayor intensidad de sentimiento a lo que consideraban el corazón y el núcleo del culto: la Tumba del Redentor.

Junto a la Tumba del Redentor, en Jerusalén, estaba el lugar donde Él había celebrado la Última Cena con sus Apóstoles, aquella comida eucarística que, en metamorfosis, se convirtió en la Muerte en el Gólgota, fue consumada por esta Muerte y luego vivió -en el rito central, pero también en todo el ritual- en la Misa.

En su extrañeza, por no haber alcanzado una comprensión esotérica de la realidad espiritual, los hombres entregaron su corazón al culto y al ritual, y a aquello con lo que el culto estaba exteriormente relacionado: la Tumba del Redentor y los Santos Lugares de Jerusalén. La peregrinación a Jerusalén llegó a considerarse como la coronación de todas las ceremonias solemnes, dondequiera que se celebraran. Para el hombre individual, las ceremonias y el ritual debían recibir su triunfo supremo cuando, habiendo vertido su propio corazón en lo que había experimentado en imagen en las ceremonias, él mismo salía en peregrinación a la Tumba del Redentor.

Ciertas escuelas, aquí y allá, en Asia, todavía eran capaces de captar los conceptos que, bajo una tremenda tensión, habían desplegado los antiguos egipcios a partir de la contemplación de la momia, del cadáver humano momificado, pero este conocimiento había pasado del conocimiento de la población en general. El entendimiento humano era incapaz de captar lo que es a la vez el Misterio del Hombre y del Mundo Divino.
Y así, en los días del Papa Nicolás I, cuanto más se miraba a Oriente, más claramente se veía esta veneración interior y sentida del culto; los hombres se aferraban apasionadamente al culto y a todas las experiencias evocadas por los actos sagrados, considerando como el triunfo supremo de estas experiencias, incluso como el acto supremo de culto, la peregrinación al Santo Sepulcro.

Mirando hacia Oriente desde la Roma del siglo IX, en los días de Nicolás I, surgió la imagen de la influencia única, de la que Nicolás I y sus consejeros dijeron: Esto no es para los pueblos de Europa, para los pueblos de Europa Media y Occidental - porque tienen demasiado del intelecto que ahora irrumpe en la evolución humana para poder aferrarse, con cualquier fervor del corazón, a la mera contemplación de los actos ceremoniales y a la peregrinación real al Santo Sepulcro. En los pueblos de Europa hay demasiado intelecto en ciernes para permitirles de este modo ser plenamente Hombre. Se percibía que, aunque esto era posible en Oriente, no se podía esperar de los pueblos de Europa Central y Occidental.

Mientras tanto, la primera gran cuestión seguía pendiente. Un terrible peligro parecía inminente si Europa era arrastrada por la corriente cargada de un esoterismo tan profundo, de tanto que sólo puede ser captado plenamente por un pensamiento espiritualizado.

Permítanme decirlo así. Mirando desde la Roma del Papa Nicolás I hacia Occidente, el peligro se cernía. Mirando hacia el Este, de nuevo el peligro. La corriente que se extendía en Oriente y se abría paso hasta Europa se veía, en realidad, como una serie de corrientes, como la corriente del culto esotérico en contraste con la otra corriente (occidental) de la vida esotérica. La Europa central no debe, no se atreve a ser tomada por ninguna de las dos corrientes... esto, o algo parecido, era lo que se decía en la corte papal de Nicolás I. ¿Qué hay que hacer entonces? El gran tesoro perceptible para los que pertenecen verdaderamente a esta primera corriente esotérica debe ser revestido de dogma. Hay que encontrar las palabras, acuñar las fórmulas y proclamarlas; pero hay que ocultar a los hombres la posibilidad de comprender mediante la visión real lo que así se proclama.

Nació la idea de la Fe - la concepción de que sin proporcionarles los medios de visión, los hombres deben recibir en las formas del dogma abstracto, aquellas cosas en las que pueden creer.

Así surgió una tercera corriente que se apoderó de la vida religiosa y también de la científica de la Europa Central y Occidental. A la irrupción del intelecto se opusieron los dogmas, dogmas que no podían ser descritos como visión replanteada en ideas, sino que el elemento de la visión se había apartado de ellos; simplemente se creía en ellos.
Si esa corriente esotérica que penetró en Irlanda y se extinguió en tiempos posteriores hubiera sido seguida en los hechos y en la verdad, las almas de los que pertenecían a ella habrían experimentado inevitablemente la unión con el mundo espiritual. Pues la gran pregunta que vivía en esta corriente esotérica era en realidad ésta: ¿Cómo puede el ser humano encontrar su orientación en el mundo etérico, en el cosmos etérico? Las visiones, que también incluían la concepción del Misterio del Gólgota tal como lo acabo de describir, estaban relacionadas con el cosmos etérico. Aquí, pues, la gran cuestión era la relativa a la naturaleza del cosmos etérico.

Pero en la corriente media, que hasta bien entrada la Edad Media estaba revestida en su mayor parte de formas de pensamiento latinizadas, los conocimientos relativos al cosmos etérico se convirtieron en el contenido del dogma.

Así como en Occidente la cuestión del misterio del cosmos etérico era inconsciente, en Oriente había surgido la gran cuestión inconsciente de la naturaleza del organismo etérico, del cuerpo etérico del hombre.

Inconscientemente, en todas esas tendencias de sentimiento y conocimiento en Oriente, que se volcaron en el culto, la ceremonia y el ritual, estaba la pregunta: ¿Cómo puede el hombre adaptarse al funcionamiento de su cuerpo etérico? ¿Cómo puede el hombre adaptarse al cosmos etérico?

En épocas anteriores, la verdad del mundo suprasensible había estado al alcance del hombre como resultado de su clarividencia natural y onírica. No era necesario que tomara conciencia de lo etérico en el cosmos y en su propio ser. Un rasgo significativo de la era moderna fue la gran cuestión que se planteó ahora sobre la naturaleza y el contenido del mundo etérico: en Occidente, la cuestión del cosmos etérico, en Oriente, la del propio cuerpo etérico del hombre.

La cuestión relativa al cosmos etérico exige el ejercicio de un esfuerzo espiritual supremo. El hombre debe desplegar el pensar hasta su más alta potencia si quiere penetrar en los misterios del cosmos. En la conferencia de ayer les dije que el camino se abre con el estudio de la concepción de Goethe sobre la metamorfosis vegetal, pero que ésta debe pasar a la poderosa metamorfosis que lleva de una vida terrenal a la siguiente.

Pero en Roma, especialmente en la época del Papa Nicolás I, esto se consideraba lleno de peligro... el contenido vivo de esta corriente debe ser sofocado y ocultado.
También la corriente oriental se implicó en la lucha por el mundo etérico, pero sobre todo por la naturaleza etérica del hombre, el cuerpo etérico del hombre. Con su cuerpo físico, el hombre vive en contacto con el mundo exterior de la naturaleza, con los animales, las plantas y los minerales, las máquinas y similares. Pero para el hombre vivir en y a través del cuerpo etérico durante su existencia aquí en la tierra, sólo es posible por los medios externos que presentan las ceremonias y los rituales, por la participación en sucesos y acciones que no son, en el sentido terrenal y material, reales. En Oriente, los hombres anhelaban participar en estos actos para poder experimentar así la naturaleza interna y el funcionamiento de su propio organismo etérico.

En la Roma del Papa Nicolás I, esto también se consideraba inadecuado para Europa. Se decidió retener en Occidente sólo lo que el intelecto había formulado en un conjunto de dogmas, en los que las verdades suprasensibles son sólo cuestión de fe, ya no de visión real. Los dogmas fueron entonces promulgados en zonas más amplias de Occidente y la corriente esotérica quedó totalmente oscurecida. La atracción interior por el culto y el ritual que había caracterizado a Europa Oriental también fue considerada ajena a la naturaleza de los pueblos de Europa Central y Occidental, y de ahí nació la forma modificada del culto que ahora existe en la Iglesia Católica Romana.

Si se compara el culto y el ritual de la Iglesia de Oriente, la Iglesia Ortodoxa Rusa, con la forma de culto que se practica en la Iglesia Católica Romana, se percibirá esta diferencia: en la Iglesia Católica Romana tiene más bien la naturaleza de un símbolo para que los ojos lo contemplen; en Oriente es algo en lo que el alma penetra con ardiente devoción. En Occidente, los hombres fueron tomando conciencia de la necesidad de apartarse del culto, ligado a la interpretación dogmática, para pasar a los dogmas, y de los dogmas para explicar el culto. En Oriente, el culto y el ritual funcionaban como un poder en sí mismos, y lo que llegó a Occidente se confinó gradualmente dentro de las formas externalizadas conservadas en diversas comunidades ocultas. Estas comunidades existen hasta el día de hoy y, aunque vaciadas de todo el esoterismo de antaño, siguen desempeñando un papel nada desdeñable en los asuntos.

Cómo inaugurar en Europa una forma de culto que no se apodere, como en Oriente, de la naturaleza etérica del ser humano, y establecer un sistema de dogma que haga innecesario que los hombres dirijan su mirada al mundo espiritual... cómo inaugurar una doble corriente de este carácter - tal fue la tercera gran cuestión a la que se enfrentó Nicolás I. Y en esto trabajó. El resultado de todo esto fue la completa separación de la Iglesia Griega Oriental de la Iglesia Católica Romana. Aquí, en lo que he indicado, están las razones internas.

Todo lo que acabo de describirles era todavía claramente perceptible a mediados del siglo IX, en la época del Papa Nicolás I. En Occidente, todavía sobrevivían vestigios de esoterismo. En España particularmente, pero también en Francia e Irlanda, existían Escuelas esotéricas. Había hombres que todavía podían mirar en los mundos espirituales, cuya comprensión del cristianismo derivaba de una visión real. Más tarde, no quedó nada de este poder de visión anterior, salvo un indicio, salvo esos misteriosos y repetidos atisbos del Santo Grial o su reflejo y contraparte secular, la Mesa Redonda del Rey Arturo. Allí los hombres sintieron la presencia de algo realmente conectado con la visión de mundos más allá de la tierra, con la experiencia viva de estos mundos.
La Europa media, que se extendía a las regiones de Occidente donde aún sobrevivía el esoterismo, era el hogar de una creencia devota sostenida por dogmas, combinada con un mundo de ceremonias y ritos no del todo relacionados con el cuerpo etérico humano. De lo que se vivía en Oriente ya he hablado. Cualquier descripción verdadera de la vida del alma tal como era en Europa durante el siglo IX, tendría que incluir la descripción de estos tres diferentes estados de ánimo del alma en sus muchas variaciones.

El relato de la historia no es más que una expresión superficial y somera de lo que realmente reinaba en las profundidades. Pero con el paso del tiempo, la corriente esotérica fue seguida por una corriente que, en las formas del pensamiento árabe, se volvía cada vez más exotérica y formal. Lo que los hombres de Asia habían hecho de las enseñanzas aristotélicas - eso también fluyó en la estela de lo que había sido una comprensión muy espiritual, y bajo esta influencia el contenido de esta corriente esotérica se volvió más y más materialista. Ya en los siglos XI y XII vemos cómo el esoterismo comienza a desvanecerse, a fundirse por así decirlo; esta corriente esotérica adopta a su vez un modo de pensar materialista, ese modo de pensar que en una metamorfosis posterior se convierte en el materialismo de la ciencia natural - que tiene su verdadero origen en el pensamiento árabe.

La corriente intermedia, creada por Nicolás I, pero fomentada anteriormente por Bonifacio y apoyada por los merovingios y carolingios, aunque durante largos siglos dejó débiles rastros de la influencia ejercida por el Grial y otras leyendas sagradas para dirigir los ojos del alma hacia el mundo suprasensible, tendió cada vez más a introducir el elemento del materialismo en el culto y el dogma. A las concepciones más antiguas y más puras de la Transubstanciación, de la celebración de la Misa, por ejemplo, siguieron esas concepciones burdas y materialistas, que eran las únicas que podían dar lugar a controversias sobre la Eucaristía. Cuando estas disputas surgieron, fueron la prueba de que los hombres ya no entendían la Eucaristía tal como fue concebida originalmente. En efecto, es un misterio que sólo puede ser comprendido a la luz del conocimiento espiritual.
Y así, el materialismo se abrió paso en la corriente que había fluido hacia el Oeste desde el Sur y el Este; se abrió paso en la corriente del centro y, fundamentalmente, también en la corriente del Este. Las olas del materialismo avanzaban, y en todas partes los hombres se esforzaban por frenarlas como podían.

Pasamos ahora del siglo IX, de la época del Papa Nicolás I, al siglo XI. Debemos imaginarnos los tres grandes signos de interrogación como tres poderes terribles, poderes que torturan el alma, ante un hombre como el Papa Nicolás I. Porque él no podía decir -como en los Congresos posteriores, cuando las fronteras se trazaban en los mapas según opiniones basadas en consideraciones externas- no podía decir: Yo decreto que haya una frontera aquí, y otra frontera aquí... porque las almas no pueden ser divididas de esta manera. Lo que sí podía hacer era indicar líneas de dirección e impartir a la corriente central una cierta fuerza, y en esto su genio fue particularmente eficaz. Sin embargo, el estado de ánimo que prevalecía en el Este se extendió lejos, muy lejos, hacia el Oeste. ¿Qué estado de ánimo? El estado de ánimo en el que el organismo etérico del hombre se enciende desde dentro por los actos sagrados del culto y el ritual y en el que, de una manera más característica de Europa Occidental, estos actos estaban ahora vinculados con su centro en Jerusalén.

Con todo el ardor de la peregrinación y el intenso anhelo hacia el centro real en Jerusalén, Pedro de Amiens, con menos efecto al principio, y luego, más tarde, Bernardo de Claraval con un fervor verdaderamente cegador, predicaron la Cruz. Con este ambiente de ardor en Europa se mezclaron los restos de la corriente que se había mantenido viva en Occidente por el culto del Grial, por el culto artúrico, los restos del esoterismo que había encontrado aquí su salida... y surgió la imagen del Hombre en su forma física como un ser para el que la tierra no es realmente tierra, sino un lugar particular en el cosmos.

Una concepción semejante estaba viva en el mundo de la caballería o al menos en la parte que tomó forma en Europa Occidental y Central y que se alió con el espíritu de las cruzadas. Y sólo como un tenue matiz, pero a medida que las Cruzadas avanzaban con fuerza creciente, se mezclaba con este estado de ánimo el temperamento que había sido engendrado por Nicolás I como apropiado para la civilización europea.

Por eso hay algo en las Cruzadas que no se explica del todo por las circunstancias posteriores. Porque la corriente central se extiende; junto a ella permanece la corriente perteneciente al Este de Europa, considerada en la propia Europa como una tendencia retrógrada en materia de religión; y la corriente occidental se convierte en ramas de la vida oculta, esotérica, en todo tipo de sociedades ocultas, órdenes masónicas y similares. En el mundo de la Escolástica, la corriente central finalmente se apodera también de la ciencia, y luego del hijo de la Escolástica: la ciencia natural en su forma posterior.
El espíritu que inspira a las Cruzadas no puede ser comprendido por aquellos que sólo miran lo que sucedió en tiempos posteriores; sólo puede ser comprendido por aquellos que perciben los efectos de estos impulsos desde los siglos IV y V de la era cristiana hasta los siglos XII y XIII, y que captan todo el significado de la cuestión con la que Nicolás I, en el siglo IX, estaba tan profundamente preocupado: ¿Cómo pueden los acontecimientos del mundo exterior en los que participa el propio ser humano, entre los que destacan los actos sagrados del culto, ponerse en relación con el flujo vivo de la vida espiritual, con la vida de los Seres Espirituales? En los siglos IX, X y XI, el problema ya estaba planteado para los pueblos de Europa. Así como, por un lado, habían perdido las realidades contenidas en el culto y el ritual, también, por otro lado, habían perdido las realidades producidas por la visión espiritual. Así como en Oriente las realidades del culto y del ritual se desvanecieron en las brumas de Asia y las conquistas de los turcos sellaron el lugar sagrado en torno al cual debían centrarse los actos del culto cristiano, así, si se me permite hablar en metáfora, los secretos esotéricos contenidos en la corriente occidental desaparecieron en el océano Atlántico. Y surgió como reacción el estado de ánimo, que se preguntaba: ¿Cómo han de infundirse de vida espiritual los actos sagrados del culto, con su centro en Jerusalén?

Cualquiera que lea los sermones de Bernardo de Claraval puede sentir hasta el día de hoy cómo, por un lado, la ferviente devoción al culto, al símbolo exterior en el que se encierra lo esotérico, habla de sus labios, y cómo, por otro lado, su corazón está encendido de principio a fin por todo lo que una vez se agitó en el esoterismo de Occidente.

En el tono y el tenor de los sermones de Bernardo de Claraval resuenan, no en lo que dice, sino en la grandeza y la majestuosidad artísticas de sus expresiones, los misterios que el cosmos etérico querría revelar al hombre y que ya no puede revelar, y, por otra parte, todo lo que se esfuerza, desde fuera de la tierra, por trabajar en el propio cuerpo etérico del hombre. Eso es lo que lleva a los hombres a Asia, buscando lo que habían perdido en Occidente.

El esoterismo, sin embargo, fue realmente la fuerza motriz. Al establecer un nuevo vínculo con la Tumba del Redentor, los hombres deseaban volver a vislumbrar lo que Occidente había perdido. La tragedia de la época posterior fue que esto no se comprendió, que no hubo oídos dispuestos a escuchar, digamos, al rosacrucismo -me refiero al rosacrucismo en su forma genuina- que buscaba a Cristo en las alturas de los Espíritus, no en la tumba física.

Ahora, sin embargo, ha llegado el momento de que la humanidad se dé cuenta de que, al igual que a los que después de la muerte del Redentor acudieron a la tumba, se les dijo Aquel a quien buscáis ya no está aquí, buscadlo en otra parte, así también se les dijo a los cruzados: Aquel a quien buscáis ya no está aquí, buscadlo en otra parte.

Ha llegado la época en la que hay que buscar a Aquel que ya no está aquí en otra parte, en la que hay que buscarlo a través de una nueva revelación de los mundos espirituales. Esa es la tarea de los que viven en este momento y de la que quería hablaros, en relación con nuestros recientes estudios.
traducido por J.Luelmo jun.2022