CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA191 Dornach, 4 de octubre de 1919 - La intuición, la inspiración y la imaginación en los tres períodos del desarrollo juvenil.

 


 RUDOLF STEINER

Índice

El Movimiento por la triple estructuración del organismo social

Conferencia 2
Dornach, 4 de octubre de 1919

En la mitad de estas tres conferencias hay una serie de verdades antroposóficas en particular que me gustaría desarrollar para ustedes. Entonces comprobaremos el gran impacto que tienen estas verdades particulares en la vida cotidiana de una persona, y de eso hablaremos mañana. Hoy sólo quiero llamar su atención sobre un aspecto más profundo del ser humano.

Muy a menudo las personas no se preguntan cuáles son las fuerzas del ser humano necesarias para adquirir el conocimiento de los mundos suprasensibles. Intentan responder a esta pregunta diciendo simplemente que existe la posibilidad de adquirir el conocimiento suprasensible por medio de ciertas fuerzas en el ser humano. Pero no suelen preguntarse cuáles son las conexiones reales entre estas fuerzas y el ser del hombre. Por eso se da tan poca importancia a que el conocimiento de los mundos suprasensibles sea realmente provechoso en la vida ordinaria. Se puede decir que, justo en nuestra época, el conocimiento suprasensible es cada vez más esencial para el hombre. En cuyo caso es vital comprender cuál es su conexión con la vida cotidiana ordinaria.

Como ustedes saben, la primera de las capacidades que lleva al ser humano a los reinos suprasensibles, es la capacidad de la Imaginación, la segunda capacidad es la fuerza de la Inspiración y la tercera capacidad la fuerza de la Intuición. La cuestión que se plantea ahora es la de saber si estas capacidades deben preocuparnos en absoluto, salvo en lo que se refiere al conocimiento de los mundos suprasensibles, o si estas capacidades tienen algún papel que desempeñar en el resto de la vida del hombre. Verán que es esto último. Como dice mi pequeño libro La educación del niño a la luz de la Antroposofía, podemos ver que la vida humana transcurre en tres etapas: desde el nacimiento hasta el cambio de dientes, desde el cambio de dientes hasta la pubertad, y desde la pubertad hasta aproximadamente los veintiún años. Si no se considera al hombre de forma puramente superficial, se verá que la naturaleza del desarrollo del hombre es totalmente diferente en las tres etapas de siete años. El empuje de nuestros dientes permanentes, como he mencionado a menudo, está relacionado con el desarrollo de fuerzas que no se limitan, digamos, a nuestras mandíbulas o a sus órganos vecinos, sino que llenan todo nuestro cuerpo físico. Entre el nacimiento y el séptimo año hay un trabajo en curso dentro de nuestro cuerpo físico, y este trabajo llega a su fin con el empuje de nuestros dientes permanentes.
Es obvio que las fuerzas que llevan a cabo este trabajo de desarrollo del cuerpo físico son suprasensibles, en efecto. El cuerpo perceptible es sólo el material sobre el que actúan. Estas fuerzas suprasensibles, activas en todo el organismo humano durante los primeros siete años de su vida, quedan, por así decirlo, suspendidas cuando se ha cumplido su propósito y han aparecido los dientes permanentes. A los siete años estas fuerzas se adormecen. Están ocultas en el ser del hombre; están latentes en su interior. Y pueden ser extraídas de su ser cuando realiza el tipo de ejercicios como los que describo en el Conocimiento de los Mundos Superiores, que conducen a la Intuición. Porque las fuerzas que se aplican en la adquisición del conocimiento intuitivo, son aquellas mismas con las cuales se crece en la etapa de la vida cuyo crecimiento culmina en el cambio de dientes. Estas fuerzas latentes que están activas dentro del cuerpo humano hasta el séptimo año son las fuerzas que ustedes emplean en el conocimiento suprasensible para alcanzar la Intuición.

Ahora bien, las fuerzas que están activas desde el séptimo hasta el decimocuarto año y que se quedan adormecidas en la pubertad en las profundidades del cuerpo, son extraídas y forman el poder de la Inspiración. Y las fuerzas que en tiempos pasados solían ser la fuente de los ideales juveniles entre el decimocuarto y el vigésimo primer año, -sería una afirmación excesiva decir que esto todavía sucede hoy,- las fuerzas que crean órganos en el cuerpo físico para estos ideales de la juventud, son las mismas fuerzas que pueden hacer salir de su estado de letargo y utilizar para la adquisición de la Imaginación.

De esto se desprende que las fuerzas de la Imaginación, la Inspiración y la Intuición no son cualquier fuerza obtenida de no sabemos dónde, sino que son aquellas mismas fuerzas con las que crecemos desde nuestro nacimiento hasta los veintiún años. Así que las fuerzas que viven en la Imaginación, la Inspiración y la Intuición son fuerzas muy saludables. Son las fuerzas que el ser humano utiliza para su crecimiento sano y que se adormecen dentro de su cuerpo cuando se completan las correspondientes fases de crecimiento.
Les acabo de mostrar la relación entre las fuerzas del conocimiento suprasensible y la existencia cotidiana del ser humano. Sin embargo, algo similar puede decirse de las fuerzas de la naturaleza normal del ser humano, la naturaleza del ser humano tal como aparece en la vida ordinaria. Sólo que allí no es tan evidente. Una fuerza muy importante en la vida ordinaria, -y hemos hablado de ella muchas veces,- es la facultad de la memoria. La capacidad de recordar se activa en nosotros cuando, como suele decirse, recordamos algo que hemos vivido. Pero, como todos ustedes saben, La capacidad de recordar tiene algo peculiar. Lo tenemos y, sin embargo, no lo tenemos. Muchas personas se esfuerzan en algún momento de su vida por intentar recordar algo que no pueden recordar. Esta voluntad de recordar pero no poder recordar del todo, surge debido a que la fuerza en nuestras almas con la cual recordamos es aquella misma que transforma los alimentos que comemos, en el tipo de sustancias de las cuales nuestro cuerpo puede hacer uso. Si comemos un trozo de pan y este pan se transforma dentro de nuestro cuerpo en el tipo de sustancia que sirve para la vida, esto es aparentemente un proceso físico. Este proceso físico, sin embargo, está gobernado por fuerzas suprasensibles. Estas fuerzas suprasensibles son las mismas que luego se utilizan para recordar. Así que se utilizan los mismos tipos de fuerzas, por un lado, para la memoria y, por otro, para la asimilación de los alimentos en el cuerpo humano. Y, en realidad, siempre hay que oscilar un poco entre el alma y el cuerpo si se quiere perdurar en la memoria. Si su cuerpo está llevando a cabo el proceso de digestión demasiado bien, es posible que no sea capaz de sacar suficientes fuerzas de él para recordar ciertas cosas. Cada vez que uno quiere recordar algo, hay una lucha interna en el inconsciente entre el proceso del alma y el proceso del cuerpo. Observar la memoria es la mejor manera de comprender lo absurdo que es en el fondo, desde un punto de vista superior, que algunas personas sean idealistas y otras materialistas. La asimilación de los alimentos en el cuerpo humano es sin duda un proceso material. Las fuerzas que lo controlan son las mismas que actúan en un proceso de las ideas, es decir, la fuerza de la memoria. Sólo se ve bien el mundo cuando se ve que no es materialista ni idealista, sino que es capaz de seguir el aspecto ideal de lo que se presenta de forma material y de seguir el aspecto material de lo que se presenta como idea. La cualidad espiritual de una concepción del mundo no consiste en poder decir "Allí está el materialismo de base, que es para la "escoria" de la humanidad, y aquí está el idealismo, que es para las elites" -y el orador suele incluirse a sí mismo entre éstas-, sino que la cualidad esencial de una concepción del mundo realmente espiritual reside en su capacidad de tomar lo que ha captado en el espíritu y bajarlo a la existencia material para que ésta pueda ser comprendida y no despreciada. Esa es la falacia de muchas confesiones religiosas, que desprecian la existencia material en lugar de comprenderla y buscar el espíritu en ella.
El quid de la cuestión es realmente entrar en estas cosas, y no, como sigue siendo en gran medida el caso, tratar con frases vacías en lo que respecta al misticismo. Después de haberles mostrado, por así decirlo, cómo se puede entrar realmente en estas cosas, quisiera ahora aportar algo de gran importancia. Cuando la gente habla de la existencia material y de la existencia suprasensible, suele hablar de ellas como si la existencia material estuviera extendida en el mundo y como si la existencia suprasensible, no perceptible, estuviera en algún lugar detrás o por encima de ésta. Si se imaginan que simplemente tienen la existencia física-perceptible por un lado y la existencia suprasensible por el otro, nunca entenderán al hombre. No hay manera de comprender realmente al hombre si se miran las cosas desde el punto de vista del mundo perceptible frente al mundo suprasensible. En realidad es así: El mundo de los sentidos y el mundo en el que trabajamos y vivimos socialmente se extienden a nuestro alrededor. Representemos en forma de diagrama por medio de esta línea este mundo que se extiende a nuestro alrededor (ver línea horizontal del dibujo). Sólo tendremos una imagen completa de lo que hay realmente en el mundo si imaginamos que hay fuerzas por encima de esta línea, fuerzas suprasensibles (lado rojo). No percibimos estas fuerzas suprasensibles por medio de nuestros sentidos ordinarios ni por medio de nuestro intelecto ligado a nuestros sentidos ordinarios. Sólo percibimos lo que está en el ámbito de esta línea.
Pero también hay fuerzas por debajo de esta línea. Si realmente queremos incluir todo el reino imperceptible o espiritual, debemos hablar de fuerzas subsensibles y suprasensibles. Así que debemos imaginar que también hay fuerzas subsensibles aquí (lado naranja).

Así pues, tenemos el mundo de los sentidos, las fuerzas suprasensibles y las fuerzas subsensibles. ¿A dónde pertenece el hombre mismo, como persona común y corriente? La parte de él que ustedes ven erguida frente a ustedes pertenece enteramente a esta línea. Pero las fuerzas suprasensibles de un lado y las fuerzas subsensibles del otro lado influyen en la parte del hombre que pertenece a la línea. El hombre es el resultado de las fuerzas suprasensibles y subsensibles. Ahora bien, ¿qué fuerzas del hombre son suprasensibles y cuáles son subsensibles? Todas las fuerzas relacionadas con el entendimiento son suprasensibles, es decir, todo aquello de lo que nos servimos para entender. Y estas son las mismas fuerzas que también forman nuestra cabeza. Así que podemos decir que las fuerzas suprasensibles son las fuerzas del entendimiento.

Ahora bien, las fuerzas subsensibles también actúan en el hombre. ¿Qué clase de fuerzas son éstas? Son las fuerzas de la voluntad. Todas las fuerzas de la voluntad, todo lo que en el hombre es de la naturaleza de la voluntad, es subsensible.

Una pregunta obvia es ¿de dónde vienen estas fuerzas subsensibles, estas fuerzas de la voluntad? Son las mismas fuerzas que las fuerzas de los planetas, es decir, desde nuestro punto de vista, las fuerzas de la tierra. Sí, efectivamente, las fuerzas de la tierra están trabajando perpetuamente en el hombre. Y son nuestras fuerzas de la voluntad las que están conectadas con estas fuerzas de los planetas, estas fuerzas de la tierra. Las fuerzas de la comprensión vienen a nosotros desde la periferia del mundo, y se vierten en nosotros como desde fuera, desde el exterior del planeta. Las fuerzas de la voluntad entran en nosotros desde el propio planeta. Así es como las fuerzas de nuestro propio planeta tierra viven dentro de nosotros. En el momento en que nacemos, las fuerzas del planeta tierra están activas en nosotros.

Ahora se plantea la cuestión de cómo se distribuye esta actividad. Hay una diferencia considerable a este respecto en la primera, segunda y tercera etapa de la vida, es decir, hasta el séptimo año, el decimocuarto y el vigésimo primero. La voluntad que trabaja en nosotros hasta el séptimo año, lo hace totalmente desde el interior del planeta. Es muy interesante ver espiritualmente que en todo lo que funciona en el niño hasta los siete años, es la fuerza de las profundidades de la tierra la que está activa. Si desean ver una manifestación real de las fuerzas del interior de la tierra, entonces estudien todo lo que ocurre en el niño hasta la edad de siete años, pues son las fuerzas del interior de la tierra. Profundizar en la tierra para encontrar las fuerzas del interior de la tierra sería absolutamente erróneo. Sólo encontrarías sustancias terrestres. Las fuerzas que están activas en la tierra se manifiestan en el trabajo que llevan a cabo en el ser humano hasta su séptimo año. Y del séptimo al decimocuarto año, son las fuerzas del aire circundante las que actúan en el ser humano, fuerzas que siguen perteneciendo a la tierra, a la atmósfera terrestre. Éstas actúan predominantemente en todo lo que se desarrolla en el ser humano entre los siete y los catorce años. Luego viene la etapa más importante de todas, de los catorce a los veintiuno. En esta etapa, lo subsensible pasa a lo suprasensible. Aquí se crea una especie de equilibrio entre lo subsensible y lo suprasensible. Ahora las fuerzas de todo el sistema solar de la tierra trabajan en la organización del ser humano.
Así pues, en el primer período de la vida tenemos el interior de la tierra; en el segundo período de la vida, el aire circundante, es decir, aquello en lo que está inmersa la propia tierra. Las fuerzas que descienden desde los espacios cósmicos, en la medida en que estos espacios cósmicos están llenos de nuestro propio sistema planetario actual, hasta el vigésimo primer año. Hasta los veintiún años el hombre no se desprende, por así decirlo, de las influencias provocadas en él desde el exterior por los planetas y el sistema planetario correspondiente.

Obsérvese que en todo lo que he referido como influencia sobre el hombre, se incluyen, naturalmente, las influencias corporales. Son procesos corporales que las fuerzas del interior del planeta provocan hasta el séptimo año. Son procesos corporales que se forman por el aire circulante en conexión con la respiración y así sucesivamente entre el séptimo y el decimocuarto año. No hay duda de que se trata de procesos corporales, de hecho se producen transformaciones reales de los órganos corporales; todo está relacionado con el crecimiento y el aumento del ser humano. Así, el ser humano crece más allá de todo este trabajo que realiza la tierra sobre él; todo esto cesa a los veintiún años.

Sin embargo, ¿qué ocurre entonces? ¿Qué sucede después de los veintiún años? Hasta los veintiún años nos nutrimos de lo que viene de la tierra y de su sistema planetario de la manera que hemos descrito. Construimos nuestra constitución con la ayuda de la tierra. Luego, después de los veintiún años, tenemos que recurrir a nosotros mismos. Poco a poco tenemos que liberar lo que hemos puesto en nuestro organismo desde fuera de las fuerzas del planeta y del sistema planetario.

Las actividades que se desarrollan en las fuerzas de la sangre siempre solían asegurar que esto sucediera en el pasado. Como probablemente sabrán, el hombre no aprendió por sí mismo a liberar las fuerzas planetarias, después de los veintiún años. Y, sin embargo, lo ha estado haciendo. Lo hizo como un proceso inconsciente. La capacidad estaba en su sangre. Estaba incorporada en él para hacerlo. El cambio importante en nuestro tiempo actual, -y el presente se extiende por un largo período de varios siglos, por supuesto, -es que la sangre humana está perdiendo la capacidad de liberar lo que hemos puesto en el organismo de esta manera, antes de los veintiún años.

Los importantes cambios que tienen lugar en la humanidad en la actualidad se basan en la disminución de las fuerzas en la sangre. Estas cosas no pueden ser atestiguadas por la anatomía ni la fisiología externas; para ello tendrían que investigar los cuerpos de los siglos X o IX para descubrir que la sangre era diferente entonces. Y ni siquiera habrían tenido las pruebas químicas para hacerlo. Pero a través de la ciencia espiritual podemos saber con certeza que la sangre del hombre se ha debilitado. Y el gran punto de inflexión cuando la sangre humana comenzó a debilitarse fue a mediados del siglo XV.

¿Cuáles son las consecuencias? Las consecuencias son que lo que ya no podemos realizar inconscientemente por medio de nuestra sangre, tenemos que realizarlo conscientemente. Tenemos que educarnos para hacer conscientemente lo que en el pasado simplemente se hacía inconscientemente por medio de la sangre humana. Porque la fuerza de nuestra sangre está en proceso de desaparecer. ¿Qué pasaría si llegara un momento en el que los seres humanos perdieran por completo el control de su juventud, y no pudieran recurrir a sus fuerzas juveniles, si no hubiera medios para recurrir a hacer conscientemente lo que antes hacía inconscientemente la sangre?

No hay que tomar estas cosas de forma puramente teórica, por supuesto. Como teorías, pueden ser interesantes, pero tomarlas como teorías no es suficiente. Hoy en día hay que ponerlas en práctica, porque están relacionadas con la cuestión práctica de la evolución de la humanidad. Hay que ponerlas en práctica hasta el punto de hacernos conscientes de que todo el sistema educativo del hombre tiene que cambiar. Tenemos que ayudar al ser humano a desarrollar una capacidad fuerte y consciente de reexperimentar más tarde en la vida, como con la fuerza de la memoria elemental, lo que ha recibido en su juventud.
En todas partes se sigue trabajando en contra de esta exigencia. Por ejemplo, se enorgullecen de los medios visuales utilizados en la enseñanza primaria, y conceden gran importancia a bajar al nivel mental del niño en la medida de lo posible, y a no enseñarle nada que vaya más allá de su capacidad mental. De hecho, instalan máquinas de calcular para poder enseñar a los niños a hacer todo tipo de sumas contando bolas. Nada debe ir más allá de la capacidad mental del niño. Estas lecciones de ayuda visual se vuelven terriblemente triviales y trilladas. Si evitan dar al niño algo que vaya más allá de su propia capacidad mental, no conducirán a nada más que a conceptos banales. Las personas que hacen esto pasan por alto una importante pero sutil observación de la vida humana.
Supongamos que a un niño se le enseña de tal manera que asimila una cosa determinada, no porque esté absolutamente en su propio nivel mental, sino porque el calor del entusiasmo de su maestro se le transmite, y el niño asimila la cosa porque el maestro, en su entusiasmo, le habla de ella. El niño lo asimila sólo porque vive en el calor que emana del maestro. Si el niño absorbe algo que va más allá de su comprensión, sólo por la cualidad contagiosa del entusiasmo de su maestro, aún no entenderá lo que ha tomado, como se dice en la vida superficial. Sin embargo, lo que ha asimilado vive en su alma. A los treinta años, el adulto recordará lo que el niño aprendió, quizás, a los diez años. Lo vuelve a experimentar. Ahora se ha vuelto maduro, y puede comprender lo que es capaz de liberar desde las profundidades de su alma; puede comprender lo que se le enseñó puramente por la fuerza del entusiasmo, y que ahora es capaz de liberar desde su mente madura. Estos son los momentos más valiosos de la vida, cuando su vida mental no tiene que limitarse a lo que viene a su encuentro desde el exterior, sino que vuelve a experimentar lo que tomó en sus días de juventud con una comprensión inadecuada, y que ahora puede liberar y absorber con su mente más madura. Cuanto más se cuide de que el niño no reciba sólo el tipo de lecciones en las que asimila con naturalidad lo que entiende, -pues eso desaparecerá con el paso de los años, y ni la alegría ni el entusiasmo surgirán de ello más tarde-, más se estará haciendo por el desarrollo posterior de la persona; pues las lecciones asimiladas puramente por el calor del maestro son vivificantes cuando se vuelven a experimentar.

Hoy en día, esto es especialmente importante en la enseñanza. En épocas anteriores no era tan importante, porque en aquellos tiempos la liberación se llevaba a cabo mediante la sangre, mientras que ahora hay que llevarla a la conciencia. Ciertamente, hay una gran diferencia si se entiende el tipo de cosas que se están poniendo en práctica por la ciencia espiritual. Porque si se comprenden de forma correcta, se encontrará una oportunidad en algún momento de la vida de hacer un uso práctico de ellas para el bien de la humanidad. En este caso, si se comprende correctamente, se encontrará una oportunidad de aprovechar el hecho de que nuestra sangre se está debilitando, dando aún más importancia a la capacidad de entusiasmo del maestro.

Pero la gente es muy poco consciente hoy en día de lo que está en juego. Porque la educación estandarizada sigue desempeñando un gran papel, es decir, el tipo de educación que funciona con todo un conjunto de reglas estándar. Se aprende la educación, se aprende cómo enseñar a un niño, cómo organizar la lección. Comparando esto con nuestra conciencia actual, sería como aprender que el hombre está formado por carbohidratos, proteínas y demás, -estos son nuestros constituyentes y sufren tales y tales cambios dentro de nuestro cuerpo, y que no pudiéramos comer antes de haber comprendido esto; porque no comemos en un sentido fisiológico hasta que lo comprendemos. Una vez les dije, y puede que ustedes mismos lo hayan experimentado, que ya pueden encontrarse con una cosa así: Visitan a alguien que tiene una balanza al lado de su plato, y pone cuidadosamente un trozo de carne en la balanza para saber cuánto pesa, porque sólo puede comer un trozo de carne de un peso bastante específico. La fisiología ya determina su apetito. Pero todavía no todo el mundo lo hace así, ¡menos mal! Es importante comprender que la fisiología no forma parte del proceso de alimentación, sino que abarca otros aspectos, y que una persona puede comer sin haber estudiado la fisiología, la fisiología del proceso de alimentación. Pero no damos por sentado que también debemos enseñar, es decir, enseñar de forma viva, sin haber absorbido la educación estandarizada. Esta educación estandarizada es exactamente lo mismo para un buen profesor que la estética del color para un artista. Puede haber estudiado muy bien la estética del color, pero no por ello será capaz de pintar. La capacidad de pintar procede de un ámbito totalmente distinto al del estudio de la estética del color. La capacidad de enseñar procede de un ámbito totalmente distinto al del estudio de la educación. Lo importante, hoy en día, no es dar a los aspirantes a profesores un seminario de algún tipo de educación estandarizada que prescriba dogmas, sino darles el tipo de cosa que les haga convertirse en profesores y educadores de la misma manera que la gente se convierte en artistas o botánicos. Se trata de que el educador tenga que nacer en una persona y no que la educación tenga que ser aprendida.
Lo que hay que entender precisamente por este cambio en la configuración del hombre es que la educación tiene que ser un verdadero arte. En la época de la transición, la gente no sabía qué hacer con la educación. Por eso inventaron tantos sistemas educativos abstractos. Lo esencial hoy, sin embargo, es dar a la gente un conocimiento real del hombre, especialmente si son maestros. Verán, si se posee este conocimiento real del hombre y se trabaja a partir de él con los niños, ocurrirá una cosa notable: Supongamos que usted es un maestro y tiene a sus alumnos frente a usted. Si usted es un estudiante de educación estandarizada, del tipo que sigue las reglas, entonces sabrá exactamente cómo tiene que enseñar, porque habrá aprendido las reglas. Enseñarán según esas reglas, hoy, igual que enseñaron según esas reglas ayer y enseñarán según ellas mañana y pasado mañana. Pero si son el tipo de profesor artista no están tan bien. Porque ahora no pueden ustedes enseñar ayer, hoy, mañana y pasado mañana según las mismas reglas, sino que tienen que aprender del niño de nuevo cada vez, cómo hay que enseñarle; debe ser la propia naturaleza del individuo cada vez la que determine lo que ustedes hacen. Y lo ideal es que el maestro pueda enseñar como el niño le dice que enseñe, y que siga olvidando la educación real y no tenga ni idea de las reglas. Porque en el momento en que el niño se ponga de nuevo delante de él, volverá a estar electrizado por el niño que crece y sabrá lo que tiene que hacer con él.
Hay que prestar atención a la forma en que hay que decir las cosas, a la forma en que hay que hablar de las cosas hoy. No se puede hablar de estas cosas hoy de manera que se puedan poner en tantos y tantos principios satisfactorios, sino que sólo se puede hablar de ellas señalando algo vivo, algo que no se puede reducir a principios abstractos sino que está vivo y produce cada vez más vida. Ese es el quid de la cuestión. Por eso la ciencia espiritual es necesaria en la vida actual, porque la ciencia espiritual no es sólo para la cabeza, sino que es para todo el hombre y libera los impulsos de la voluntad. De hecho, debe entrar en muchos ámbitos de la vida, de modo que los impulsos de la voluntad sean llevados finalmente a todas las esferas de la actividad humana.

He demostrado esto en un ámbito particular de la vida, a saber, la educación, y he mostrado cómo se puede hacer que la educación de los niños menores de veintiún años dé frutos para la vida posterior. Sin embargo, las personas no reciben una educación sólo hasta los veintiún años, ya que la educación continúa durante toda la vida. Pero esto sólo ocurre de forma saludable si las personas aprenden unas de otras.

Esto también lo hacía la sangre en épocas anteriores de la historia. Cuando las personas se reunían en la vida social, solían aprender cosas unas de otras de forma inconsciente, algunas personas aprendían más y otras menos, según la forma en que funcionaba su sangre. Pero nuestra sangre se ha debilitado y ha perdido su poder. También esta actividad tiene que ser sustituida por una mayor conciencia. La gente debe lograr el arte de adquirir relativamente más para sí misma de otras personas en comparación con lo que produce de sí misma. En épocas anteriores bastaba con la vida. La sangre lo hacía todo. Ahora es esencial que la gente desarrolle realmente un sentido para el ser de la otra persona. Esto se producirá de forma natural si las personas dirigen sus pensamientos en la dirección de la ciencia espiritual. Se estimulan diferentes tipos de pensamientos con la ciencia espiritual que sin ella.

Ustedes no dudarán de este hecho, ya que la forma en que la ciencia espiritual es recibida por las personas que no quieren saber nada de sus pensamientos muestra que los pensamientos científicos espirituales son diferentes de los pensamientos sin ciencia espiritual. Es necesario desarrollar una forma de pensar totalmente nueva. El tipo de pensamiento que desarrollamos cuando nos acostumbramos a trabajar con pensamientos suprasensibles es el tipo de pensamiento que tiene efecto en nuestro organismo. Y cuando hoy les decía que la memoria es la misma fuerza que transforma los alimentos en sustancias que el hombre necesita para su organismo, ya no se asombrarán de que otras fuerzas puedan transformarse en el ser humano, como por ejemplo que la fuerza con la que comprendemos las cosas suprasensibles sea la misma que nos ayuda a conocer al ser humano mejor de lo que lo conoceríamos si no tuviéramos un sano anhelo de conocimiento suprasensible.
Las personas estudian lo que está en mi Ciencia Oculta, y para hacerlo tienen que desarrollar ciertos conceptos que la mayoría de la gente todavía llamaría "locura total". Hace unos días, recibí otra carta de alguien que estudiaba la Ciencia Oculta, y decía que casi todos los capítulos eran puras tonterías. Se puede entender que la gente diga que son puras tonterías. Es evidente que hoy en día lo dicen a menudo. Sin embargo, estas personas que no se esfuerzan por aceptar el tipo de conceptos que conducen a Saturno, Sol, Luna, Júpiter, Venus y Vulcano, y no se ponen a desarrollar ideas sobre un mundo que no se limita a los sentidos, tampoco adquirirán ningún conocimiento del hombre. No ven al ser humano en la otra persona, sino que notan a lo sumo que una persona tiene la nariz más puntiaguda que la otra, y que una tiene los ojos azules mientras que la otra los tiene marrones. Pero no notan nada del ser interior del hombre que se manifiesta como su alma y organiza su cuerpo. La misma fuerza que nos permite interesarnos, y no digo ahora que nos permita tener poderes ocultos suprasensibles, pero la misma fuerza que nos permite interesarnos por el conocimiento suprasensible también nos da el tipo de conocimiento del hombre que necesitamos hoy.

Se pueden establecer los programas sociales más grandiosos y desarrollar las ideas sociales más finas, pero si las personas rehúyen adquirir cualquier conocimiento del hombre y no ven ninguna humanidad real en los demás, nunca podrán producir condiciones sociales. No pueden producir condiciones sociales a menos que establezcan la posibilidad de que la gente pueda ser social. Pero las personas no pueden ser sociales si no ven la cualidad humana en los demás, sino que viven totalmente dentro de sí mismas. Los seres humanos sólo pueden llegar a ser sociales si se encuentran realmente en la vida, y algo pasa entre ellos. Esta es la raíz del problema social. La mayoría de la gente dice de la cuestión social hoy en día, que si ciertas cosas se arreglaran de tal o cual manera la gente podría llevar una existencia social. Pero no es así. Si las cosas se arreglan así, las personas sociales serán buenas personas en un sentido social, y las personas antisociales serán antisociales con cualquier tipo de arreglo.

Lo esencial es hacer el tipo de arreglos que permitan a los seres humanos desarrollar impulsos realmente sociales. Y uno de estos impulsos sociales es el conocimiento. Pero mientras se siga educando a las personas, por ejemplo, con la intención de que se conviertan en oficinistas u oficiales del ejército o en algún otro tipo de funcionario, no se les educará para que reconozcan la calidad humana de los demás. Porque el tipo de educación que es bueno para convertirse en un empleado o en un oficial sólo ayuda a ver a los empleados y a los oficiales en otras personas. El tipo de educación que convierte a las personas en seres humanos también les permite reconocer a las personas como seres humanos. Pero es imposible reconocer a las personas como seres humanos si no se desarrolla el sentido del conocimiento suprasensible. Y el ámbito en el que el conocimiento suprasensible es más indispensable es en el arte de la educación. Por lo tanto, el modo de pensar científico natural y materialista ha hecho más daño en el campo de la educación que en cualquier otro. Y aquí se pueden experimentar las cosas más sorprendentes.
Hoy en día, en todos los departamentos se encuentran personas bienintencionadas que quieren reformar todo, incluso revolucionarlo. Pero si se habla con estas personas sobre estas cosas, ocurre algo muy extraño. Admiten con toda honestidad que están convencidos de reformar las cosas. Sin embargo, uno de ellos, que resulta ser un sastre, te preguntará cómo se va a ver afectada su existencia como sastre cuando las cosas cambien. Y otra persona, que es, digamos, un empleado ferroviario, te preguntará cómo va a sufrir su vida como empleado ferroviario cuando las cosas cambien. Estos son sólo ejemplos para ilustrar que la gente está perfectamente de acuerdo en que todo debe cambiarse mientras nada cambie y todo siga exactamente igual. La inmensa mayoría de la gente hoy en día está convencida de que todo debe seguir exactamente igual cuando se cambia. No hay que confundir el hecho de que el tipo de mejora social que la gente anhela hoy en día es de dimensiones extremadamente abstractas. La gente anhela muchas cosas, pero nada debe cambiar en lo que respecta a su comodidad.

Y esto es especialmente cierto cuando se trata de que la gente dé un paso interior hacia una situación totalmente nueva. Sin embargo, lo esencial es que las personas se abran a la posibilidad de hacer la transición para pensar de una manera totalmente nueva en el cambio del ser humano en su interior.

De estas consideraciones surgen todo tipo de preguntas, que son absolutamente pertinentes para la vida. Lo que debemos comprender es que hemos construido un fundamento más profundo para estas cuestiones, al decir que aunque ciertas fuerzas parecen ser de naturaleza anímica-espiritual, también se expresan en nuestra naturaleza corporal. Porque hoy en día falta terriblemente la capacidad de bajar a un nivel material lo que pensamos en un nivel espiritual. Hasta que no seamos capaces de bajar a un nivel material lo que pensamos que es espiritual, no podremos captar el nervio real de la cuestión social.

Por lo tanto, se trata prácticamente de apuntar hacia un modo de pensar que realmente desarrolle un conocimiento del hombre que sea al mismo tiempo un impulso social. Una forma de pensar basada en cualquier otra cosa no es adecuada. Una mentalidad basada en la vida del Estado o en la vida de la economía crea oficinistas y funcionarios. Pero el tipo de mentalidad que necesitamos crea seres humanos. Sólo puede ser el tipo de vida de pensamiento que rompe con la esfera de la economía y la vida del Estado. Por eso tenía que producirse nuestro "triple organismo social". Teníamos que mostrar de forma radical que había que poner fin a cualquier tipo de dependencia de la vida de pensamiento con respecto a la economía o a la vida del Estado, y que la vida de pensamiento debía establecerse sobre su propia base. Entonces la vida del pensamiento podrá dar a la economía y a la vida del Estado lo que la economía y el Estado no pueden dar a la vida del pensamiento.

¡Eso es lo importante, eso es lo vital! Los seres humanos enteros sólo volverán a surgir cuando trabajemos a partir de una vida de pensamiento independiente.
Traducido por J.Luelmo nov.2022









GA191 Dornach, 3 de octubre de 1919 - El Movimiento de la triple estructuración y la Antroposofía. Alemania, Suiza y el Movimiento de la triple estructuración.

 

 RUDOLF STEINER

Índice

El Movimiento por la triple estructuración del organismo social

Conferencia 1
Dornach, 3 de octubre de 1919

Desde varios lados, también incluso desde aquí en Suiza, se ha prestado atención recientemente a la relación con lo que se ha cultivado durante años en nuestros círculos como ciencia espiritual de orientación antroposófica, de modo que ha llevado a la construcción de este edificio aquí, el Goetheanum, y finalmente por otra parte, a lo que va a ser puesto en el mundo por nosotros, enlazando con los movimientos y aspiraciones sociales del presente. El hecho de tener que añadir este esfuerzo social a nuestro esfuerzo antroposófico ha sido calificado de muchas maneras, tanto negativas como positivas. Por supuesto, esto no puede ser decisivo para el camino que hemos de proseguir; Pero a este respecto, es necesario mirar algunos hechos que han salido a la luz.
Los antropósofos suelen decir que este movimiento antroposófico no debería haber cargado con lo que hay en el movimiento de la triple estructuración del organismo social. Y a algunas de las personas que se han interesado por el movimiento social que ha de llevar a la triple estructuración, les resulta inquietante que la idea de la triple estructuración haya tomado su punto de partida precisamente del conocimiento antroposófico, que a menudo se percibe como místico, oscuro y poco claro. Por ello, los antropósofos suelen reprender a los partidarios de la triple estructuración y a su vez éstos a los antropósofos. Y en ambos lados la comunidad a veces no se ve con buenos ojos.
Como he dicho, esto no puede perturbarnos; pero es importante tomar plena conciencia de tal hecho y recordar la conexión interna que a menudo hemos tenido que poner ante nuestra alma entre ambos en las reflexiones que se han cultivado aquí.
Pero también se ha hecho cada vez más evidente otra cosa, y esta otra cosa es, me gustaría decir, algo que tal vez haya que considerar más intensamente para nuestra tarea; pues al fin y al cabo, si se critica la comunión con la antroposofía desde el lado del pensamiento social, no podemos hacer nada al respecto, como tampoco cuando los antropósofos subrayan que sería mejor que no nos hubiéramos cargado con el pensamiento social. Tampoco podemos hacer nada en particular al respecto, sino que debemos continuar imperturbablemente nuestro camino tal y como lo hemos reconocido como correcto. Pero lo que quizá sea más urgente de tener en cuenta es que cada vez se hacen oír más las personas que dicen que es necesario crear una base antroposófica para la comprensión personal de la idea de la triple estructuración. La idea de la triple estructuración se entendería mucho mejor si se creara una base antroposófica. Y en los círculos proletarios, por ejemplo, se exige cada vez más esa base antroposófica. Esto es algo que puede sorprender a algunos, aunque en realidad no es tan sorprendente. 
En el pasado, el esfuerzo antroposófico era a menudo sostenido de tal manera por nuestros amigos, -y esto también se debió a las diferencias de clase,- que la antroposofía apenas pudo ser llevada a los círculos proletarios. Y ahora es inevitable que toda persona que entre en contacto con el Movimiento para la triple estructuración, escuche de alguna manera también algo de la Antroposofía, se familiarice inicialmente con la Antroposofía. Y es muy extraño que surja una necesidad viva de Antroposofía.
En Stuttgart, por ejemplo, hemos tenido que celebrar ciclos de conferencias sobre temas puramente antroposóficos después de que la idea de la triple estructuración haya estado cultivándose durante algún tiempo sin que se discutieran cuestiones antroposóficas en absoluto. Por buenas razones se había hecho necesario esos ciclos, y se seguirán celebrando. 
Esto es algo que debe tenerse especialmente en cuenta aquí, y es este pensamiento el que me gustaría exponerles hoy a modo de introducción. Aquí en Suiza nos encontramos en una situación muy especial con respecto a estas dos direcciones, la corriente social y la corriente antroposófica que está,- al menos para nosotros,- relacionada con ella. La cuestión de la lucha social nacida del pensamiento antroposófico es, en efecto, muy diferente para Europa Central que para Suiza. Para Europa Central, las cosas están de tal manera que es una cuestión de vida o muerte, de vida o muerte del pueblo. Puede que haya mucha gente que no se dé cuenta de la gravedad de la situación, pero es una cuestión de vida o muerte para el pueblo. La gente piensa demasiado superficialmente en estas cosas. Cuando se dice "muerte del pueblo", se piensa: seguramente no se puede matar a ochenta millones de personas en poco tiempo, así que no puede ser una muerte del pueblo.
Quienes piensan así no entienden en absoluto lo que realmente está en juego. Es muy natural que no se pueda matar físicamente a ochenta o noventa millones de personas en poco tiempo. Pero la muerte de la nación, (en términos de su población), significa algo muy diferente. Sólo hay que recordar que cuando Jerusalén fue destruida, no se trataba de la muerte de los judíos individuales que vivían en Jerusalén en aquel tiempo. Sin embargo, fue en cierto modo la muerte de la nación, y esta muerte puede seguir ocurriendo de una manera completamente diferente a la de entonces. Es una cuestión de vida o muerte. Y la vida no puede salvarse realmente de otra manera que no sea mediante la inauguración de la triple estructuración del organismo social. En primer lugar, y realmente en primer lugar para un futuro muy cercano, se trata de una cuestión de uno u otro: la comprensión de la triple estructuración o la muerte de la nación. Esto puede parecer inmodesto y quizás hasta tonto para la gente de hoy. Pero es así. Para que uno pueda decir: Hay muchas razones, a causa de un cierto apremio, por alcanzar gradualmente la triple estructuración. Puede durar más o menos, pero hay motivos para un cierto apremio. Este apremio sigue existiendo hacia el Este de Europa, hacia esa parte de Oriente que ha sido pisoteada indescriptiblemente por su karma.
Aquí en Suiza las cosas son diferentes. Aquí existe -seguiría existiendo- la posibilidad de alcanzar el libre albedrío para algo así como la triple estructuración; pues aquí, al igual que en Occidente, ya no se trata de la vida y la muerte, sino de la continuidad de los acontecimientos en un sentido más o menos espiritual o no espiritual. Uno puede, por supuesto, durante mucho tiempo en Suiza y en Occidente continuar la vida en el sentido materialista, -careciendo de un impulso espiritual-; o uno puede por su propia voluntad llegar a ver en un movimiento eminentemente espiritual, como es el caso del movimiento de la triple articulación, aquello que debe dar un nuevo impulso. No hay que pensar que es una cuestión de vida o muerte. 
Ahora bien, es algo muy diferente realizar una cosa por libre voluntad que por obligación, o por falta de libertad. Y también se puede decir: Para el desarrollo global del mundo, significaría algo muy diferente llegar a la corriente de la triple estructuración del conocimiento libre, especialmente en un lugar como Suiza. Hoy en día es extremadamente difícil, incluso para mí, formular y expresar estas cosas de forma objetiva. Creo que sería una gran bendición que alguien perteneciente a Occidente, o especialmente a un país neutral, se armara de valor para decir esto sin más; porque exteriormente significaría algo muy diferente. En particular, habría que tener en cuenta lo siguiente Lo que vendría de los pocos países que han permanecido neutrales * sería también lo más importante, visto desde dentro. Por lo tanto, si de un país o de una región neutral en relación con las antiguas condiciones bélicas pudiera surgir algo parecido al impulso para la triple estructuración del organismo social, entonces se haría realmente algo muy importante para el movimiento histórico-mundial.
Reconocerlo es también una cuestión antroposófica. Porque sólo antroposóficamente se puede responder a la pregunta: ¿Qué significa la inserción de dicho impulso en el desarrollo global del ser humano? - Y aquí no es indiferente que este impulso se formule simplemente en abstracto, sino que es significativo desde qué hechos surge: si surge del hecho del libre conocimiento o si surge del hecho de la necesidad, como sólo puede surgir en Europa Central, porque allí ya no puede surgir otra cosa que lo que surge de la más amarga necesidad.
En mi opinión, es precisamente aquí, en Suiza, donde debe verse el entusiasmo por la idea de la triple estructura del organismo social. Y la pregunta se impone entonces en el alma: ¿Cómo se puede superar un determinado dilema? -Hay muchos de ustedes que llevan mucho tiempo participando en nuestro movimiento antroposófico y que se han dado cuenta de lo lento o lo rápido -sobre todo lo lento- que penetra en el alma de las personas lo que se quiere decir en este movimiento antroposófico. Va despacio. Y si
 para poder pensar socialmente de forma correcta, fuera imprescindible que la gente se convirtiera primero en antropósofa entonces podría ser demasiado tarde. Por eso había que considerar que la idea de la triple estructuración, aunque parezca menos fundamentada, debe situarse en el mundo por sí misma, porque no podemos esperar a que surja del pensamiento antroposófico como algo natural. Sin embargo, será necesario que esta idea de la triple estructuración reciba un cierto apoyo. Dado que no podrá recibir este apoyo con la suficiente rapidez a través de la difusión real de la antroposofía, que es lenta, debería poder recibir este apoyo gracias a la presencia de los miembros del movimiento antroposófico, es decir, los miembros del movimiento antroposófico deberían, al aparecer socialmente, intentar ganarse la confianza mediante su presencia. 
En cualquier caso, se trata de una pregunta que no puede responderse teóricamente, sino que sólo puede responderse prácticamente, según la vida, porque es una cuestión de presencia. Debemos intentar representar lo social de tal manera que la gente vea algo en la forma en que se representan, aunque los fundamentos de la antroposofía no pueda establecerse con la suficiente rapidez. 
Ahora ustedes me preguntarán: Y bien, ¿Cómo es posible encontrar el ritmo adecuado, por así decirlo, para la aparición del movimiento social? - Por supuesto, tampoco se pueden dar instrucciones tipo catecismo sobre esto. Pero se puede decir algo que, si se tiene suficientemente en cuenta, es una gran ayuda: cada uno de nosotros debería esforzarse cada vez más por conocer realmente lo que se llama el movimiento social de una manera vivencial. Esto se pudo comprobar que no era así cuando se inició un movimiento de orientación social en nuestros círculos. Entre los colaboradores más bienintencionados y benévolos de nuestro movimiento científico-espiritual de orientación antroposófica había bastantes que, en realidad, ignoraban completamente el hecho de que en la segunda mitad del siglo XIX y hasta nuestros días existía y sigue existiendo lo que se llama el movimiento social moderno. Es decir, no quiero decir que todos los miembros no supieran que había un movimiento social. Pero esto no significa que sepamos que hay un movimiento social; tampoco significa que sigamos lo que los periódicos informan sobre los movimientos sociales. Se trata de conocer realmente las expresiones y aspiraciones concretas de este movimiento. He conocido a personas en nuestro entorno -no hace mucho tiempo- que no sabían que había sindicatos ni lo que eran los sindicatos cuando empezó el movimiento de la triple estructuración. Nos hemos acostumbrado demasiado a pasar por delante de la gente en la vida y a no preocuparnos por lo que realmente hace la gente. 
Debemos aprender a preocuparnos realmente por las almas de las personas, a interesarnos realmente por ellas. Hay un gran obstáculo para esto, que me gustaría llamar, sin querer ofender a nadie, la "benevolencia burguesa" para con el pueblo trabajador. Esta benevolencia burguesa hacia la población trabajadora, que a menudo rebosa de ímpetu social, es en el fondo un terrible obstáculo para la concreción social en el presente. Lo que quiero decir con esto lo hemos experimentado en los más diversos ámbitos.  Sólo hay que pensar en cómo hemos experimentado un cierto conocimiento del llamado "pueblo". Hemos asistido a novelas históricas, novelas populares, novelas en las que personas que no entendían nada del pueblo -por ejemplo Berthold Auerbach o similares- describían la forma de ser o de estar del pueblo, y lo que provenía de este lado se aceptaba entonces como una preocupación, una preocupación cognitiva por el pueblo. Incluso se sentía que pertenecía a la cuestión social cuando se miraba el "Weber=tejedores" de Gerhart Hauptmann. Ciertamente, en "Tejedores" de Gerhart Hauptmann se ve la miseria de las masas proletarias de tal manera que se muestra en escena cómo una familia pobre tiene que alimentarse de un perro muerto. Pero es una extraña concepción del conocimiento de la vida social cuando, en alguna gran ciudad, la gente se sienta en el patio de butacas o en la galería y observa cómo la pobre familia tiene que alimentarse de un perro muerto, y luego vuelve a casa para, digamos, tomar una de las sopas habituales. No quiero decir que en nuestra época quizá sea posible salvar la división de clases de la noche a la mañana.  
Pero de lo que se trata es de que nos demos cuenta de lo que ocurre; de que dejemos de lado la costumbre de pasar de largo y de no saber en qué contextos de la vida están las personas. Hoy se trata realmente de que cada individuo sea capaz de poner ante su mirada espiritual un gran contexto histórico-mundial, un contexto que sólo se abre cuando miramos hacia atrás, hacia épocas anteriores que han dejado mucho de lo que aún vive en nuestro presente, y cuando miramos las cosas nuevas que en este tiempo presente traspasan a la superficie de la vida como desde profundidades primordiales.
Una cuestión que surge una y otra vez cuando hablamos de la vida pública moderna es la cuestión de la estructura organizativa. Nuestras condiciones de vida se han complicado. El trabajo se ha dividido (especializado) cada vez más. El individuo se encuentra dentro de un área de actividad y trabajo estrechamente definidas. Sólo podemos trabajar, sólo podemos funcionar como seres humanos modernos a través de estructuras organizadas. Siempre ha habido estructuras. Pero no se tiene en cuenta que las estructuras de carácter más antiguo eran algo muy diferente a las estructuras organizativas que deben nacer. Hoy vivimos casi exclusivamente en este tipo de estructuras organizativas, que en parte perpetúan lo antiguo, pero en parte ya tienen lo nuevo dentro de ellas, experimentando constantemente choques internos. Sin embargo, la conciencia no ha penetrado en que algo completamente nuevo debe realmente salir a la superficie desde las profundidades primordiales del desarrollo de la humanidad.
Cuando nos preguntamos por las estructuras organizativas más antiguas, podemos señalar una causa como la impulsadora de tales organizaciones: la sangre humana, la unión de la sangre. Cuando miramos a los tiempos antiguos, vemos tribus que se unen, familias extensas que se unen. Lo que pertenece a todos se organiza en realidad a partir de las profundidades humanas a través de la sangre. Esto significa que el principio organizador es a menudo subconsciente, que no emerge completamente en la conciencia. La gente está organizándose, pero no penetra en la conciencia. En esta organización intervienen espíritus más elevados que el ser humano.
Hoy nos enfrentamos a la necesidad de hacer nosotros mismos, desde la propia conciencia humana, lo que antes se hacía inconscientemente, es decir, a menudo por espíritus superiores al hombre. Queremos unirnos conscientemente en asociaciones, en organizaciones para la promoción del trabajo social. Lo que unía a los pueblos a partir de la sangre está perdiendo gradualmente su importancia. 
Lo observado, lo reconocido, el objetivo debe proporcionar las razones de la unión. La unión subconsciente o inconsciente debe dar paso a la unión consciente. Vivimos en medio de este entrelazamiento de estas dos corrientes: la organización consciente y la organización inconsciente, y las convulsiones del presente están a menudo relacionadas con la confluencia de estas dos corrientes. Tomemos, por ejemplo, lo que hoy vemos en público como los esfuerzos de los partidos socialistas de diversos matices. En estos partidos socialistas hay un cierto impulso, aunque todavía sea instintivo, de organizarse conscientemente. Quieren organizarse. Pero por otra parte todavía no ha avanzado hasta encontrar el objeto para la organización consciente. 
Para que esto quede claro, basta con observar, diría yo, el fenómeno primigenio de la lucha social actual. Supongamos que alguien apareciera aquí -queremos hablar con toda imparcialidad- y dijera: ¡Hay que hacer un esfuerzo social! - ¿Qué querrá decir con eso? Querría decir: Suiza debe esforzarse por ser socialmente responsable. Si se le pidiera que pensara de otra manera, naturalmente le parecería una imposición. O acaso creen que alguien en Francia actuaría de esta manera: naturalmente pensaría que la lucha social debe tener lugar dentro de las fronteras francesas. También se ha dicho teóricamente que los programas socialistas deberían utilizar las antiguas fronteras estatales como marco para las grandes cooperativas socialistas. El Estado debe transformarse en una gran cooperativa socialista. Pero el Estado al fin y al cabo, no es más que el remanente de las antiguas asociaciones, de las antiguas asociaciones de sangre, que habían surgido de la consanguinidad. Así que
 a lo proveniente de las antiguas relaciones de sangre simplemente hay que superponer algo. 
Hoy en día, se espera mucho de las personas cuando se les pide que piensen con claridad sobre este asunto. Y la gente no será capaz de pensar claramente en estas cosas a menos que se convierta en antropósofo. Por extraño que parezca, lo que voy a decir es cierto: La gente no podrá pensar con claridad. Porque, ¿Qué llamamiento recorre este mundo? El llamamiento que recorre nuestro mundo es: la liberación de los pueblos, es decir, las antiguas asociaciones de sangre, que tuvieron su origen en la antigüedad, deben reorganizarse de alguna manera. ¡Liberación de los pueblos! - Mientras este llamamiento recorre el mundo, ignora por completo lo que se supone que es organizarse desde la conciencia. Así de duras son las cosas que chocan en nuestro tiempo. Por lo tanto, sólo una comprensión verdaderamente antroposófica, una comprensión general del ser humano puede llevar a lo que debe ser llevado.
Pero con respecto a esto guarda sus buenas maneras. Pues la comprensión antroposófica, sobre todo la llamada comprensión teosófica anterior, siempre se detuvo en esta misma cuestión. Es cierto que decían: comprensión fraternal de los seres humanos sin distinción de raza, color y demás. - Pero, ¿Se ha convertido esto en algo real en algún lugar ¿Se ha hecho realidad en nuestros tiempos más recientes? No¡ se ha convertido en mera teoría abstracta; no se ha hecho realidad en nuestro tiempo. Y ahora es menos real que nunca.
De este modo, este esfuerzo antroposófico-teosófico ha participado en el amor general por lo abstracto del que tanto se ha hablado aquí, ese amor general por lo abstracto que vive en las vivencias mentales, emocionales, que se alejan de la vida. Como gente moderna, como gente del presente, vivimos la vida que no se nos permite vivir, la doble vida: por un lado, la vida del trabajo externo, donde tenemos nuestra profesión, donde hay otras cosas que son como la profesión, y la vida donde pensamos, donde sentimos. Una vida cotidiana, una vida de domingo. No queremos oír, cuando se habla del Espíritu, algo que interfiera con la vida del lunes y del martes y del miércoles y del jueves y del viernes y del sábado; queremos tener, cuando se habla del Espíritu, una vida en la que nos sintamos bien cuando se anuncie desde el púlpito el domingo, por la mañana o por la tarde, en la que no tengamos que pensar en lo que pasa el lunes, el martes, el miércoles, el jueves, sino que sólo sintamos cierta voluptuosidad ante las palabras: fraternidad, caridad, etc. Esto se extiende a la vida de la ciencia. Y ahí se hace especialmente evidente cómo se ha producido; hay que tener en cuenta este efecto histórico.
Como verán, nuestras ciencias profanas ya no se permiten saber nada sobre el espíritu, ni siquiera sobre el alma. Es muy natural que las ciencias profanas no se permitan saber nada sobre el espíritu y el alma. Los eruditos de hoy proclaman que la ciencia debe quedar libre de lo que es la fe, y con ello creen servir a la ciencia sin prejuicios. Piensan que se es parcial si todavía se tiene algo que decir sobre el alma y el espíritu en el campo de la ciencia, porque sólo la fe subjetiva decide sobre eso, - así piensa la gente. Pero, ¿De dónde proviene esto en la realidad? En realidad, se debe a que la época se ha desarrollado de tal manera que las confesiones religiosas han acaparado para sí la inclinación hacia lo anímico y lo espiritual. Las confesiones religiosas han formado un monopolio para lo anímico y lo espiritual. Y es muy natural que hoy en día, cuando algo como la antroposofía es juzgada desde este lado, la gente diga simplemente: esto no debe cultivarse; la ciencia debe permanecer libre de estas cosas, la ciencia no debe interferir con el alma y el espíritu, porque se supone que la relación con el alma y el espíritu es un monopolio para los credos, para las confesiones. - Por eso es tan humorístico -perdónenme que utilice esta expresión en relación con un hecho muy grave, pero como hay tragicómico, también puede haber humor serio, y lo tragicómico es a veces más significativo para el desarrollo del mundo que lo meramente trágico o lo cómico- es humorístico cuando se oye declamar desde los púlpitos doctrinales de hoy que la ciencia debe ser tan y tan objetiva sin involucrarse en las cosas del alma o del espíritu, porque eso rompería la exactitud de la ciencia. Por lo tanto, es gracioso escuchar tales cosas, porque proviene del hecho de que a las personas que no tienen que representar la fe se les ha prohibido durante tanto tiempo hablar sobre el espíritu y el alma. Y los que hoy creen, como eruditos científicos, que deben mantener la ciencia pura en aras de su exactitud, quieren mantenerla pura en la verdad, porque la dogmática les ha prohibido pensar en el alma y el espíritu. Es la escoria, el residuo de las antiguas prohibiciones eclesiásticas que hoy se nos proclama como exactas exigencias científicas desde los púlpitos doctrinales. La gente no sabe en absoluto cómo se han desarrollado históricamente esas cosas que hoy proclaman como una verdad evidente y a veces, en su opinión, elevada. Y la gente no debe dormir el sueño de sus almas frente a estas cosas, sino que debe despertar a ellas. Pues sin despertar a estas cosas, no llegaremos más allá. Por muchas cosas bonitas que podamos transmitir sobre la cuestión social, no llegaremos a ninguna parte si nos hacemos ilusiones sobre la mayor mentira que existe en realidad, sobre la mentira científica del presente. Todavía no sentimos esta mentira científica, pero debemos aprender a sentirla. 
Lo que acabo de decir no tiene una intención emotiva, sino bastante teórica, y sólo puede entenderse correctamente si se recibe de esta manera teórica. Verán, sólo me siento llamado a pronunciar la palabra mentira científica porque, así como pronuncio esta palabra y critico sin reservas a la ciencia actual desde este punto de vista, también la defiendo a su vez; pues se ha hecho grande por todo lo que ha podido lograr que durante un tiempo los hombres se limitaron a investigar lo físico-corporal a través de la ciencia, y no se volvieron particularmente hacia lo anímico-espiritual. Pero esto debe considerarse sólo como un principio de utilidad y como un principio pedagógico del desarrollo de la humanidad, no como algo cognitivo o teórico.
También hoy debemos reconocer la necesidad de volver a penetrar en la ciencia profana con el conocimiento real del alma y del espíritu. Porque sólo de ahí surgirá la fuerza para abordar los problemas sociales con la suficiente profundidad. En nuestra época, el hombre se enfrenta ya a la necesidad de reconocer de forma diferente a como se reconoce hoy en nuestras escuelas. Hoy en día, me gustaría decir que se están reconociendo cosas que no tenían que ser reconocidas durante mucho tiempo. Durante mucho tiempo, la visión copernicana del mundo fue suficiente. 
Fue útil para que la gente se imaginara tan bonito: Aquí el sol - la tierra se mueve en una elipse, alrededor de la tierra se mueve a su vez la luna, entre el sol y la tierra Mercurio y Venus, más lejos Marte y así sucesivamente. - Fue bonito presentar este cuadro completo del movimiento de los planetas alrededor del sol en elipses para la humanidad. Esta imagen se ha utilizado hasta la actualidad. 
Pero, ¿Cómo se produjo históricamente esta imagen? Ya lo he mencionado varias veces. Históricamente, esta imagen surgió porque el gran Copérnico escribió una vez su libro sobre la revolución de los cuerpos celestes. En él hay tres afirmaciones justo al principio. Si se presta atención a las tres, entonces es bueno. Pero no se han tenido en cuenta las tres, sino sólo las dos primeras. La tercera se quedó fuera. Si sólo se tienen en cuenta las dos primeras proposiciones copernicanas, entonces surge el sistema copernicano, continuado en el sentido kepleriano y newtoniano. Sólo que este sistema no es correcto. Si, según los cálculos de este sistema, un planeta debería estar en un lugar determinado y apuntan el telescopio hacia él, ¡no está allí! Pero según este sistema debería estar allí. Por ello, desde hace mucho tiempo se utilizan las llamadas "reducciones de Bessel", que siempre corrigen el punto. Antes de montar el telescopio, no se alinea con el punto para el que debería estar alineado según este sistema, sino con el punto para el que se utilizaron por primera vez las correcciones de Bessel. ¿Qué significan realmente estas correcciones de Bessel? Quieren decir que hay que aplicar siempre de nuevo lo que se aplicaría una única vez si se hubieran observado las tres leyes copernicanas, es decir, si no se hubiera dejado de lado la tercera. Pero si tenemos en cuenta esta tercera ley copernicana, entonces la historia vuelve a no estar bien con las hermosas revoluciones de los planetas alrededor del sol. Por tanto habrá que pensar en otro sistema mundial. Pero la gente no pensará en este otro sistema mundial hasta que esté debidamente preparada para ese cambio de pensamiento a través de la ciencia espiritual de orientación antroposófica. Porque, ¿Cómo se ve el mundo hoy en día? -La gente de hoy lo ve como si estuviera sentada dentro de un tren ferroviario, sin mirar nunca por la ventanilla y sin salir, sino siempre sentada dentro y conviviendo sólo con los ocupantes del tren ferroviario. Pero una persona también podría viajar por el mundo en un tren ferroviario de tal manera que recorra una determinada distancia, luego deje el tren, se baje, experimente lo que hay en una ciudad; luego puede ser otro tren, no importa a cuál se suba de nuevo. Prosigue su viaje y experimentan algo en otra ciudad. Son etapas que se experimentan. Por tanto, ustedes llevan eso consigo.
La ciencia astronómica actual experimenta el paso con la Tierra por el espacio mundial de la misma manera que cuando uno se sienta en un tren ferroviario y no experimenta nada más que las vivencias con los compañeros de viaje, sin bajarse nunca. Y ahora dirán: ¿Cómo se puede salir de la tierra? ¿Es posible salir de la tierra? - Es posible, pero salir de la tierra es diferente a bajarse de un tren. Bajarse de un tren significa: salir por la puerta del vagón e ir a algún sitio. Salir de la tierra significa: penetrar en el interior humano, en el alma. Si realmente penetras en el alma, si llegas a lo que hay dentro del alma, entonces has salido de la tierra; entonces has pasado por el mismo procedimiento en relación con la tierra que cuando te bajas de un tren y te subes de nuevo. Pero ahora lo peculiar es que cuando salen, es decir, cuando realmente profundizan interiormente, profundizan concretamente, no a través de ilusiones, sino que profundizan concretamente, que entonces experimentan algo más cada vez que salen, realmente experimentan algo más cada vez que salen. Declamar la mística, profundizar en el interior humano, experimentar a Dios en el alma, eso es sólo mera declamación. Experimentar realmente algo interiormente resulta ser diferente en las distintas épocas, que siempre es una experiencia renovada. Si alguien realmente experimentó algo interiormente en 1870, y de nuevo lo experimentó interiormente en 1919, las dos cosas se experimentan interiormente de manera diferente. ¿Por qué son diferentes? Porque el hombre experimenta lo que es el mundo-espacio, siempre en un lugar diferente. 
Fue a través de esa experiencia interior como los antiguos encontraron su sistema celeste, no a través de la experiencia puramente exterior. Fue a través de una experiencia como esa en el tren ferroviario como surgió el sistema copernicano. El sistema del futuro tendrá que volver a experimentarse interiormente, en el sentido de que el hombre realizará el viaje por el mundo en experiencias interiores. Entonces surgirá algo más. Sobre todo, surgirá que aprenderemos a experimentar el mundo de forma concreta, y no, como nos gusta hacer hoy, a experimentarlo de forma abstracta.
El otro día me ocurrió algo extraño en Berlín, que en el fondo me dio bastante satisfacción. Hace algún tiempo, apareció un vergonzoso artículo en la revista alemana "Die Hilfe", titulado "Falscher Prophet". Pues bien, esos artículos se leen. Pero cuando estuve en Berlín hace unas semanas, me visitó un americano y me dijo que me visitaba porque había leído el artículo de "Die Hilfe", que era tan terriblemente invectivo y de tal manera que uno tenía que estar interesado. Sólo quiero decir esto a modo de introducción. Lo que en realidad me satisfizo fue una pregunta que hizo este hombre, que era objetiva en extremo. Dijo que había captado muy rápidamente en qué consistía la triple estructura del organismo social, pero ahora le gustaría preguntar: ¿Cree usted que esta triple estructura del organismo social es una verdad eterna que, una vez encontrada, crea unas condiciones sociales que ahora deben permanecer siempre, o es una verdad para un tiempo determinado que sólo sustituye a las cosas antiguas; es una verdad que a su vez es sustituida por otra cosa? - Me asombró positivamente que en la actualidad todavía haya personas tan inteligentes que no crean en el chiliasmo *, en el reino milenario, donde una vez que se encuentra lo absoluto y permanece, simplemente una cosa verdadera sobre toda la tierra y por toda la eternidad. Si un hombre piensa hoy de forma socialista, piensa así: mañana debe realizarse el estado social; cuando esté ahí, ya nunca tendrá que ser de otra manera. 
Entonces formulé mi respuesta de tal manera que dije: Por supuesto, los últimos siglos se han esforzado por el estado unificado; ahora hemos llegado al punto en la existencia concreta que debemos dividirlo en tres partes. Al cabo de un tiempo vendrá de nuevo lo otro, la síntesis; ahí también tendrá que aparecer lo contrario. - Verán, no es tan conveniente tener que seguir siempre las relaciones concretas, no es tan conveniente como para pensar en un sistema absoluto. Pero hoy es necesario seguir las condiciones concretas, ser conscientes de que lo que tenemos que crear, lo tenemos que crear para la situación mundial actual. Pero esto ya se puede entender "astronómicamente" hoy en día, en el sentido de que vemos, en primer lugar, que las experiencias místicas son diferentes, según se obtengan en esta década o en aquella, en este siglo o en aquel, y que se pueden seguir los movimientos de la propia tierra, experimentarlos interiormente de forma mística. Pero lo "gran astronómico" debe verse y sentirse hoy junto a lo social. Debemos conseguir la posibilidad de progresar de tal manera que hoy superemos una etapa que sólo puede ser paralela a etapas de épocas anteriores, que también fueron no sólo transiciones sino saltos de desarrollo. 
Tomemos los antiguos griegos. Ellos tenían su área de tierra. Hasta las Columnas de Hércules, la tierra seguía siendo algo concreto para ellos. Luego vino lo indeterminado, lo completamente indeterminado. Tenían conciencia de la tierra. Llegaron los nuevos tiempos, el descubrimiento de América, la navegación a las Indias Orientales, cosas similares. Apareció la conciencia de la Tierra. La conciencia de la tierra de los griegos se convirtió en la conciencia de la tierra de los tiempos modernos. Así como para los griegos lo que estaba fuera de las columnas de Hércules era indeterminado, hoy lo que está fuera de la conciencia terrestre es indeterminado para el hombre, mera fantasía matemática, galileana, newtoniana, etc. Esta fantasía debe ser sustituida por hechos reales. Debemos transformar la conciencia de la tierra en conciencia del mundo, al igual que la conciencia de la tierra de los griegos se transformó en conciencia de la tierra. Hoy estamos en este punto, y no progresaremos socialmente si no encontramos la manera de desarrollar la conciencia del mundo del futuro a partir de la conciencia de la tierra de los tiempos más recientes, al igual que la conciencia de la tierra de los griegos se transformó en la conciencia de la tierra de los tiempos modernos. 
Si no nos educamos a través de las enseñanzas de la ciencia espiritual de orientación antroposófica en la gran cosmovisión astronómica de lo que está fuera como espacio mundial, entonces no captamos la verdad del espacio mundial. Pero si no captamos la verdad del espacio mundial, no podremos ser ciudadanos del mundo. 
Pero no nos convertiremos en ciudadanos sociales hasta que no nos hayamos convertido en ciudadanos del mundo en nuestra conciencia.
Traducido por J.Luelmo nov.2022




* Chialismo =milenarismo Doctrina de la expectativa del milenio después del regreso de Cristo (Apocalipsis 20:4 )
* El Dr. Steiner alude a la reciente finalización de la II guerra mundial.

GA178 Dornach, 10 de nov. de 1917-Los inicios del psicoanálisis. Breuer. Freud.

 Ínicio

Rudolf Steiner

La antroposofía y el psicoanálisis (2 conferencias)


Conferencia 1ª


Dornach 10 / nov. / 1917

Con motivo de las conferencias que tengo que dar ahora en Zúrich, me encontré nuevamente con el hecho de que difícilmente se puede entrar en contacto con la vida espiritual de esta ciudad en una escala más amplia, sin dirigir la mirada a lo que ahora se llama psicología analítica o psicoanálisis. Y varias consideraciones relacionadas con esta constatación me han decidido a introducir lo que tengo que decir hoy con una breve enumeración de ciertos puntos de la psicología analítica, del psicoanálisis. A continuación lo enlazaremos con otras observaciones.

A menudo hemos señalado lo importante que es para el investigador en el campo de la ciencia espiritual antroposófica, conectar sus consideraciones con lo que ofrecen las fuerzas en movimiento de nuestra propia época. Puede decirse que toda clase de personas que se sienten atraídas por el psicoanálisis hoy en día están buscando fervientemente los fundamentos espirituales de la existencia, las realidades internas del alma del hombre. Y puede decirse que es una curiosa característica de nuestro tiempo que tantos de nuestros contemporáneos estén tomando conciencia de fuerzas muy definidas y peculiares en el alma humana. Los psicoanalistas pertenecen a aquellos que, simplemente por los impulsos de la época, se ven obligados a toparse con ciertos fenómenos de la vida anímica.

Es especialmente importante también no permanecer totalmente ajeno a este movimiento, porque los fenómenos de los que tienen conocimiento están realmente presentes, y porque en nuestra propia época se entrometen por diversas razones en la atención de los seres humanos. Hoy deben tomar conciencia de tales fenómenos.

Por otra parte, es un hecho que las personas que se ocupan hoy de estas cosas carecen de los elementos de conocimiento necesarios para la discusión y, sobre todo, para la comprensión de las mismas. De modo que podemos decir: el psicoanálisis es un fenómeno de nuestro tiempo, que obliga a los hombres a tener en cuenta ciertos procesos anímicos y, sin embargo, les hace emprender su consideración por métodos inadecuados de conocimiento. Esto es particularmente importante porque esta investigación, mediante métodos inadecuados de conocimiento, de un asunto que existe de manera bastante evidente y que desafía nuestro conocimiento humano actual, conduce a una variedad de errores graves, contrarios a la vida social, al desarrollo ulterior del conocimiento y a la influencia de este desarrollo del conocimiento sobre la vida social.

Se puede decir que las medias verdades pueden ser, en determinadas circunstancias, más dañinas que los errores completos. Y las cosas que están surgiendo entre los teóricos del psicoanálisis hoy en día deben ser consideradas como una especie de media verdad.

Veamos algunos extractos de la revista de investigación de los psicoanalistas. Lo que hoy se llama psicoanálisis tuvo su origen en un caso médico observado por un interno de Viena, un tal Dr. Breuer, en los años 1880. El Dr. Breuer, al que conocí, era un hombre de una espiritualidad extraordinariamente delicada además de lo que era como médico. Se interesaba en alto grado por toda clase de problemas estéticos y humanos en general. Con su manera íntima de tratar las enfermedades, era natural que un caso, que estuvo bajo su observación en los años ochenta, le resultara particularmente interesante.

Tuvo que tratar a una mujer que parecía sufrir una forma grave de histeria. Sus síntomas histéricos consistían en una parálisis ocasional de un brazo, ensoñaciones de diversa índole, reducción de la conciencia, un profundo grado de somnolencia y, además de todo esto, el olvido del lenguaje habitual de su vida cotidiana. Siempre había podido hablar alemán; era su lengua materna, pero bajo la influencia de su histeria ya no podía hacerlo; sólo podía hablar y entender el inglés.

Breuer observó que cuando esta mujer se encontraba en su estado de ensoñación podía ser persuadida, mediante un tratamiento médico más íntimo, a hablar de una determinada escena, de una experiencia pasada muy penosa. Ahora les aclararé, a partir de la descripción del caso dada por la escuela de Breuer, cómo la mujer en su estado semiconsciente, a veces inducido artificialmente, daba la impresión de que su histeria estaba relacionada con una grave enfermedad de su padre, por la que había pasado mucho tiempo antes. Breuer podía hipnotizar fácilmente a una paciente, y cuando la puso bajo hipnosis y la animó a hablar de ello, ella contó una experiencia que había tenido durante la enfermedad de su padre. Ella había ayudado con la enfermería, y siempre volvía a esta experiencia concreta. Citaré el informe: [Las siguientes citas son traducciones de pasajes de Die Psychologie der unbewussten Prozesse de C. G. Jung. Ein Ueberblick über die moderne Theorie und Methode der analytischen Psychologie, Zürich, 1917].

"En una ocasión estuvo velando por la noche con gran ansiedad y tensión, pues el enfermo tenía mucha fiebre y se esperaba a un cirujano de Viena para que le hiciera una operación. Su madre la había dejado por un tiempo, y Anna (la paciente) estaba sentada junto al lecho del enfermo, con el brazo derecho sobre el respaldo de la silla. Cayó en una especie de sueño despierto, y vio, como si saliera de la pared, una serpiente negra que se acercaba para morder a su padre. ..."

Los hombres de hoy en día siempre se ven afectados por el materialismo, por lo que encontramos en el informe en este punto la siguiente sugerencia, que no tiene ningún valor:

("Es muy probable que en el prado detrás de la casa hubiera unas cuantas serpientes que habían asustado a la chica anteriormente, y que ahora proporcionaron material para la alucinación").

 Eso es sólo una observación intercalada, a la que se le puede dar importancia, o no, no importa. La cuestión es que la serpiente le pareció que salía de la pared para morder a su padre.

"Quiso luchar contra la criatura, pero estaba como paralizada; el brazo derecho que colgaba sobre el respaldo de la silla se había dormido y se anestesió y paralizó y, al mirarlo, los dedos se transformaron en pequeñas serpientes con punta de cráneo".

Todo esto sucedía junto al lecho de su padre enfermo.

" Ella probablemente trató de ahuyentar a la serpiente con la mano derecha paralizada, y debido a ello asoció la anestesia y la parálisis con la alucinación de la serpiente. Cuando ésta desapareció, quiso rezar, pero todos los idiomas le fallaron. Por fin se acordó de una canción infantil inglesa, y pudo seguir pensando y rezando en este idioma".

Toda la enfermedad se había originado a partir de esta experiencia. De ella había quedado la parálisis de una mano, la reducción de la conciencia en diversos grados y la incapacidad de expresarse en otro idioma que no fuera el inglés. El Dr. Breuer se dio cuenta de que la enfermedad mejoraba cada vez que le hacía contar esta historia, y basó su tratamiento en este hecho. Por medio de la hipnosis le sonsacó poco a poco todos los detalles, y realmente consiguió que su estado mejorara notablemente. El paciente se deshacía del asunto, por así decirlo, pronunciándolo y comunicándolo a otro.

Breuer y su colaborador Freud, en Viena, ambos influidos, como era natural en esta época, por la escuela de Charcot [Jean Martin Charcot, médico francés (1825-1893).] en París, diagnosticaron este caso como un trauma psíquico, una herida psíquica, lo que en Inglaterra se llama un "shock nervioso". Se suponía que el shock psíquico consistía en esta experiencia junto a la cama de su padre, y que había tenido un efecto en el alma similar al de una herida física en el cuerpo.

Hay que señalar que desde el principio Breuer concibió todo el asunto como una enfermedad del alma, como un asunto de la vida interior. Estaba convencido desde el principio de que no se podían demostrar cambios anatómicos o fisiológicos, ninguna causa, por ejemplo, como cambios en los nervios que van del brazo al cerebro. Estaba convencido desde el principio de que se trataba de un hecho dentro del alma.

En estos primeros tiempos se inclinaba a considerar estos casos como inducidos por heridas del alma, choques, etc. Sin embargo, muy pronto, debido al activo interés del Dr. Freud, las teorías adquirieron un carácter diferente. Con el desarrollo posterior del tema por parte de Freud, el Dr. Breuer nunca estuvo totalmente de acuerdo. Freud consideraba que la teoría de las heridas del alma no servía, no abarcaba estos casos, y hasta aquí Breuer estaba de acuerdo con él. Deseo remarcar que el Dr. Breuer era un médico en ejercicio muy ocupado, profundamente fundamentado en la ciencia, un excelente alumno de Nothnagel [Hermann Nothnagel, M.D. (1841-1905).] y que, sólo por circunstancias externas, nunca llegó a ser profesor. Podemos creer que si Breuer, en lugar de seguir siendo uno de los médicos más ocupados de Viena, con poco tiempo para la investigación científica, hubiera obtenido una cátedra y así hubiera podido seguir este problema, ¡podría haber asumido una forma muy diferente!

Pero a partir de entonces el Dr. Freud se interesó especialmente por el asunto. Se dijo: la teoría del trauma no explica estos casos. Hay que determinar en qué condiciones se desarrolla tal herida anímica. Pues podría decirse con justicia que muchas muchachas se habían sentado junto al lecho de enfermo de un padre con sentimientos igualmente profundos, pero sin producir los mismos resultados. El profano no científico aborda tales problemas con prontitud mediante la explicación extraordinariamente profunda de que uno está predispuesto a tales síntomas mientras que otro no lo está. Aunque muy "profunda", ésta es la solución más absurda a la que se puede llegar, ¿no es así? Porque si se explican las cosas que ocurren sobre la base de la predisposición, se puede explicar fácilmente todo en el mundo. Basta con decir: la predisposición para una determinada cosa existe.

Por supuesto, los pensadores serios no se preocuparon de tales ideas, sino que buscaron las condiciones reales. Y Freud creía haberlas descubierto en casos como el siguiente. En la literatura de los psicoanalistas de hoy encontrarán innumerables casos similares, y puede admitirse que se ha reunido una inmensa cantidad de material para decidir tal o cual punto dentro de este campo. Describiré este caso, haciéndolo lo más comprensible posible. Su absoluta exactitud histórica no nos importa.

Había una mujer con otros invitados en una fiesta nocturna, una reunión de amigos para despedir a la dueña de la casa, que se había puesto nerviosa y estaba a punto de marcharse a un balneario en el extranjero. Esa noche tenía que marcharse, y después de que la fiesta terminara y la anfitriona se marchara, la mujer cuyo caso estamos describiendo iba con otros invitados a la cena por la calle cuando un taxi llegó a la esquina detrás de ellos (no un automóvil, un taxi con caballos), conducido a gran velocidad. En las ciudades más pequeñas, la gente que vuelve a casa por la noche suele caminar por el medio de la calle en vez de por la acera (no sé si se han dado cuenta de esto). Cuando el taxi se precipitó hacia ellos, los comensales se dispersaron a derecha e izquierda por las aceras, con la excepción de esta mujer a la que nos referimos. Corrió por la calle delante de los caballos, y ni todas las maldiciones e insultos del conductor ni el chasquido de su látigo pudieron desviarla. Corrió hasta llegar a un puente, donde intentó arrojarse al agua para evitar ser atropellada. Fue rescatada por los transeúntes y regresó a su grupo, salvándose así de un grave accidente.

Esta actuación estuvo relacionada, por supuesto, con el estado general de la mujer. Se debe, sin duda, a la histeria el que una persona corra por el medio de la calle delante de los caballos, y había que descubrir la causa de tal acción. Freud, en éste y otros casos similares, examinó la vida anterior hasta la infancia. Si, incluso a una edad temprana, ocurría algo que no era asimilado por el alma, podía crear una tendencia que podría ser liberada más tarde por cualquier tipo de shock.

Y, de hecho, se encontró una experiencia de este tipo en la infancia de la mujer en cuestión. De niña la llevaron a conducir, y los caballos se asustaron y se escaparon. El cochero no pudo controlarlos, y cuando llegaron a la orilla del río saltó, ordenando a la niña que saltara también, cosa que hizo, justo antes de que los caballos se precipitaran al río. Así se produjo el impactante incidente, y una cierta asociación de caballo con caballo. En el momento en que se dio cuenta del peligro que suponían los caballos, perdió el control de sí misma y corrió frenéticamente delante de ellos en lugar de apartarse, todo ello como secuela de la experiencia infantil. Ya ven ustedes que los psicoanalistas tienen un método científico, según las ideas científicas actuales. Pero, ¿no hay muchos que tienen alguna experiencia de este tipo en la infancia sin una reacción de este tipo, incluso con la asociación de caballo con caballo? A esta única circunstancia debe añadirse algo que produzca una "predisposición" a correr delante de los caballos, en lugar de evitarlos.

Freud continuó su búsqueda, y realmente encontró una conexión interesante en este caso. La mujer estaba comprometida para casarse, pero estaba enamorada de dos hombres a la vez. Uno era el hombre con el que estaba comprometida, y estaba segura de que lo amaba más; pero no lo tenía del todo claro, sino sólo a medias; también amaba al otro, que era el marido de su mejor amiga, cuya cena de despedida había tenido lugar aquella noche. La anfitriona, que estaba algo nerviosa, se marchó, y esta mujer salió con los demás invitados, corrió delante de los caballos, fue rescatada y devuelta con toda naturalidad a la casa que acababa de abandonar. Al indagar un poco más se descubrió que en el pasado había existido una relación importante entre la señora y este otro hombre, el marido de su mejor amiga. La relación amorosa había adquirido ya "ciertas dimensiones", digamos, lo que explicaba el nerviosismo de su amiga, como es fácil imaginar. El médico la llevó a este punto de la historia, pero tuvo dificultades para persuadirla de que continuara. Al final, admitió que cuando volvió en sí en la casa de su amiga, y volvió a ser normal, el marido le declaró su amor. Todo un "caso notable", como ven.

El Dr. Freud buscó casos similares, y sus investigaciones le convencieron de que los síntomas histéricos, que se habían atribuido a un "trauma" o herida psíquica, se debían en cambio al amor, consciente o inconsciente. Su examen de las experiencias vitales demostró que las circunstancias podían ser muy diferentes, es más, en los casos más característicos, estas historias de amor podían no haber surgido en la conciencia del paciente en ningún momento.

Así, Freud completó lo que llamó su teoría de la neurosis o teoría sexual. Él consideró que la sexualidad entraba en todos esos casos. Pero tales cosas son extraordinariamente engañosas. Para empezar, en la actualidad hay en todas partes una inclinación a llamar al sexo en su ayuda, para la solución de cualquier problema humano. Por lo tanto, no hay que extrañarse de que un médico que lo encontró como factor en un cierto número de casos de histeria estableciera tal teoría.

Pero, por otra parte, dado que la psicología analítica está llevando a cabo una investigación con instrumentos inadecuados, este es el punto en el que comienza el mayor peligro. El asunto es peligroso, en primer lugar, porque este anhelo de conocimiento es extremadamente tentador, tentador por las circunstancias actuales, y porque siempre se puede demostrar que la conexión sexual está más o menos presente. Sin embargo, el psicoanalista Jung, que escribió Die Psychologie der unbewussten Prozesse (véanse las citas anteriores que son traducciones de pasajes de la obra de C. G. Jung Die Psychologie der unbewussten Prozesse. Ein Ueberblick über die moderne Theorie und Methode der analytischen Psychologie, Zürich, 1917), el profesor Jung de Zürich no comparte la opinión de que la "teoría de la neurosis" sexual de Freud cubra estos casos. Él tiene en cambio otra teoría.

Jung señaló que Freud tiene sus oponentes. Entre ellos se encuentra un tal Adler. Este Adler tiene un punto de vista bastante diferente. Así como Freud probó un gran número de casos, y se decidió por el sexo como causa original (se puede leer todo en el libro de Jung), Adler abordó el problema desde otro lado, y decidió que este lado es más importante que el que Freud ha puesto en primer plano.

Adler -sólo voy a generalizar- descubrió que había otro impulso que desempeñaba un papel tan importante en el ser humano como el impulso sexual destacado por Freud. Se trata del deseo de poder, el poder sobre el entorno, el deseo de poder en general. La "voluntad de poder" es considerada incluso por Nietzsche como un principio filosófico, y se pueden encontrar tantos casos para apoyar la teoría del impulso de poder como los que Freud encontró para su teoría sexual.

Basta con empezar a "analizar" a las mujeres histéricas para descubrir que tales casos no son en absoluto raros. Supongamos, por ejemplo, que una mujer está histérica y tiene espasmos -los espasmos cardíacos son los favoritos en estos casos-, así como todo tipo de afecciones. Se remueve la casa, todo el entorno, se hace todo lo posible, se llama a los médicos, se compadece mucho a la paciente. En resumen, ejerce un poder tiránico sobre su entorno. Una persona razonable sabe que en tal caso no hay realmente nada que hacer, aunque tales pacientes sean conscientes de su condición y la sufran. En realidad están perfectamente sanos, pero enfermos cuando lo desean. Se les puede diagnosticar que están bien y enfermos al mismo tiempo. Por supuesto que se caen cuando se desmayan por un espasmo cardíaco, pero por regla general se caen sobre la alfombra y no sobre el suelo desnudo. Estas cosas se pueden observar.

Ahora bien, este deseo subconsciente de poder conduce muy fácilmente a los estados histéricos. Adler investigó los casos que tenía a su disposición desde este punto de vista particular, y encontró en todas partes, cuando aparecían los síntomas histéricos, que de alguna manera la lujuria de poder había sido despertada y llevada a extremos malsanos. Jung se dijo a sí mismo: "Oh, bueno, no puede decirse que Freud esté equivocado; lo que él observó también está ahí. Así que es probable que a veces sea de una manera, y a veces de la otra".

Eso es bastante razonable; a veces es de una manera y a veces de otra. Pero sobre esto Jung construyó una teoría especial. Esta teoría no carece de interés si no se la toma en abstracto, simplemente como una teoría, sino que se ve en ella la acción de nuestros impulsos actuales, especialmente la debilidad de nuestro conocimiento actual y su insuficiencia. Jung dice: hay dos tipos de personas. En un tipo el sentir está más desarrollado, en el otro el pensar.

De este modo, un gran erudito hizo un descubrimiento "que hizo época". Era algo que cualquier hombre razonable podía hacer por sí mismo dentro de su propio entorno inmediato, pues el hecho de que los hombres se dividen en hombres pensantes y hombres con sentimientos es suficientemente obvio. Pero la erudición tiene una tarea diferente: no debe considerar nada como lo haría un lego, y decir simplemente: en nuestro entorno hay dos tipos de personas, los hombres de sentimiento y los intelectuales; debe añadir algo a eso. La erudición dice en tal caso: el que siente su camino en las cosas envía su propia fuerza a la objetividad; el otro se aleja de un objeto, o se detiene ante él y considera. El primero se llama el tipo extrovertido, el otro el introvertido. El primero sería el hombre de los sentimientos, el segundo el intelectual. Se trata de una división erudita, ¿No es así? ingeniosa, brillante, realmente descriptiva hasta cierto punto - ¡no se puede negar!

Luego Jung continúa diciendo: En el caso del tipo extravertido (el del hombre que vive preferentemente en sus sentimientos), existen muy frecuentemente en la mente subconsciente conceptos intelectuales, y se encuentra en una colisión entre lo que está en su conciencia y los conceptos intelectuales que flotan subconscientemente dentro de él. Y de esta colisión pueden surgir toda clase de condiciones, condiciones principalmente características del tipo de sentimiento.

En el caso de los que se ocupan más de la mente, los hombres de la razón, los sentimientos permanecen abajo, pululan en el subconsciente y entran en colisión con la vida consciente. La vida consciente no puede comprender lo que surge. Es la fuerza de los sentimientos subconscientes, y como el hombre no es nunca completo, sino que pertenece a uno de estos dos tipos, pueden surgir circunstancias que hagan que la mente subconsciente se rebele contra la consciente, y puede llevar frecuentemente a estados histéricos.

Ahora debemos decir que la teoría de Jung es simplemente una paráfrasis de la idea trivial del hombre que siente y razona, y no añade nada a los hechos. Pero de todo esto hay que darse cuenta de que los hombres del presente están al menos empezando a notar toda clase de peculiaridades psíquicas, y se preocupan tanto que se preguntan qué pasa dentro de un hombre que muestra tales síntomas. Y están al menos tan avanzados que se dicen a sí mismos: Esto no se debe a cambios fisiológicos o anatómicos. Ya han superado el materialismo desnudo, pues hablan de fenómenos psíquicos. Así que ésta es ciertamente una forma en la que la gente trata de salir del materialismo, y de alcanzar algún conocimiento del alma.

Sin embargo, es muy peculiar, cuando se examina el tema más de cerca, ver a qué extraños caminos es llevada la gente por causa de la insuficiencia general de sus medios de cognición. Pero debo señalar enfáticamente que los hombres no se dan cuenta de a qué están siendo llevados, y tampoco sus partidarios, lectores y contemporáneos. Por lo tanto, considerado correctamente, el asunto tiene en realidad un lado muy peligroso, porque no se tienen en cuenta muchas cosas. En la propia mente subconsciente hay una conmoción, son las teorías las que se agitan en el subconsciente. Es realmente extraño. La gente establece una teoría con respecto al subconsciente, pero su propio subconsciente se agita con ella. Jung se ocupa del asunto como médico, y es importante que las cuestiones psicológicas se traten desde ese punto de vista, terapéuticamente, y que muchos se esfuercen por llevar el asunto a la pedagogía. Ya no nos enfrentamos a una teoría limitada, sino al esfuerzo por convertirla en un hecho cultural.

Es interesante ver cómo alguien como Jung, que maneja este asunto como médico, y que ha observado, tratado y aparentemente incluso curado todo tipo de casos, se deja llevar cada vez más lejos. Se dice a sí mismo: cuando se encuentran tales síntomas psicológicos anormales, debe hacerse una búsqueda para descubrir cualquier incidente de la infancia que pueda haber hecho tal impresión en la vida anímica humana como para producir secuelas. Eso es algo que se busca especialmente en este campo: secuelas de algo que ocurrió en la infancia. He citado un ejemplo que desempeña un papel importante en la literatura del psicoanálisis: la asociación del caballo con el caballo.

Más tarde, sin embargo, Jung se encontró con el hecho de que en muchos de los casos de auténticas enfermedades no se puede demostrar, ni siquiera remontándose a su más tierna infancia, que el paciente como individuo sufra alguna de esas secuelas. Si se tiene en cuenta todo aquello con lo que ha estado en contacto, se encuentra el conflicto dentro del individuo, pero no se explica. Así que Jung se vio llevado a distinguir dos subconsciencias: primero la subconsciencia individual, oculta dentro del ser humano. Si en su infancia la joven saltó de un carruaje y recibió una conmoción, el incidente hace tiempo que se ha desvanecido de su conciencia, pero actúa subconscientemente. Si se considera este elemento subconsciente (formado por innumerables detalles), se obtiene la subconsciencia personal o individual. Esta es la primera de las diferenciaciones de Jung.

Pero la segunda es la subconsciencia suprapersonal. Él dice: Hay cosas que afectan a la vida anímica que no están ni en la personalidad ni en la materia del mundo exterior, y que deben ser asumidas por tanto como presentes en un mundo anímico.

El objetivo del psicoanálisis es traer tales contenidos anímicos a la conciencia. Se supone que ese es el método de curación: traer todo a la conciencia. Así, el médico debe emprender la tarea de extraer del paciente, no sólo lo que ha vivido individualmente desde su nacimiento, sino también algo que no estaba en el mundo exterior y que es de naturaleza anímica. Esto ha llevado a los psicoanalistas a decir que un hombre experimenta, no sólo lo que vive después de su nacimiento físico, sino también todo tipo de cosas que precedieron a su nacimiento - y que todo esto crea un desorden dentro de él. Un hombre que nace hoy en día experimenta, pues, inconscientemente la Saga de Edipo. No sólo la aprende en la escuela, sino que la experimenta. Experimenta los dioses griegos, todo el pasado de la humanidad. El mal de esto consiste en que lo experimenta subconscientemente. El psicoanalista debe decir, por tanto, -y va mas allá- que el niño griego también lo experimentó, pero, como se lo contaron, lo experimentó conscientemente. El hombre lo experimenta hoy, pero sólo se agita dentro de él - en los pensamientos del hombre extravertido, en los sentimientos subconscientes del tipo introvertido. Gruñe como los demonios.

Ahora consideren la necesidad a la que se enfrenta el psicoanalista si es fiel a su teoría. Tendría que tomar estas cosas en serio y decir simplemente que cuando un hombre crece y puede enfermar por su relación con lo que se agita en su interior, -una relación de la que no sabe nada-, esta conexión debe hacerse consciente, y hay que explicarle que existe un mundo espiritual habitado por diferentes dioses. Pues el psicoanalista llega a decir que el alma humana tiene una conexión con los dioses, pero es causa de enfermedad en tanto que el alma no sabe nada de ella.

El psicoanalista busca todo tipo de expedientes, a veces bastante grotescos. Supongamos que un paciente viene y muestra tal o cual síntoma histérico, porque tiene miedo de un demonio - digamos - un demonio de fuego. Los hombres de épocas anteriores creían en los demonios de fuego, tenían visiones de ellos, los conocían. La gente de hoy en día todavía tiene conexiones con ellos (el psicoanalista lo admite), pero estas conexiones no son conscientes; nadie explica que hay demonios de fuego, por lo que se convierten en una causa de enfermedad.

Sin embargo, Jung llega a afirmar que los dioses, con los que el hombre está relacionado inconscientemente, se enfadan y se vengan, mostrándose esta venganza como histeria. Muy bien, esto equivale entonces a lo siguiente: tal hombre actual que es maltratado por un demonio en su mente subconsciente, no sabe que hay demonios, y no puede lograr ninguna relación consciente con ellos porque - ¡eso es superstición! ¿Qué hace entonces el pobre hombre moderno, si se enferma por esta causa? Lo proyecta hacia el exterior, es decir, busca a algún amigo que le caía bastante bien, y dice: ¡Éste es el que me persigue y me maltrata! Siente que esto es cierto, lo que significa que tiene un demonio que le atormenta, y lo proyecta en otro hombre.

A menudo, los psicoanalistas, al tratar un caso así, desvían esta proyección hacia ellos mismos. Así sucede a menudo que los pacientes, en un sentido bueno o malo, convierten al médico en un dios o en un demonio.

Así, el médico de hoy se ve obligado a decirse a sí mismo: Los hombres están atormentados por los espíritus, y como no se les enseña nada sobre ellos, no pueden tomar posesión de ellos en conciencia, se convierten por lo tanto en espíritus atormentadores entre ellos, proyectan sus demonios hacia el exterior, se persuaden unos a otros de toda clase de tonterías demoníacas, etc. Y lo desastroso que esto es asumido por los psicoanalistas se muestra en el siguiente caso que describe Jung. Dice: "Algunos de mis colegas afirman que las energías anímicas que surgen de tal tormento, deben ser desviadas hacia otro canal." Volvamos entonces a uno de los casos elementales del psicoanálisis. Viene una paciente, cuya enfermedad fue causada, según su confesión psicoanalítica, por haber estado enamorada, muchos años antes, de un hombre al que no consiguió. Esto había permanecido con ella. Por supuesto que puede ser molestada por un demonio, pero en la mayoría de los casos observados por los médicos resulta que algo ha sucedido en el subconsciente individual, que ellos clasifican por separado del subconsciente suprapersonal. Los médicos intentan desviar esta fantasía inmadura o transformarla. Si se puede persuadir a un alma sedienta de amor para que haga uso de sus afectos acumulados en servicios humanitarios, tal vez como jefe de una institución de caridad, puede salir bien. Pero el propio Jung dice: "No siempre es posible desviar así esta energía. Las energías así implantadas en el alma tienen a menudo un cierto potencial definido que no puede ser dirigido." Muy bien, no tengo nada que objetar a esta expresión, sino que sólo quiero señalar que es una traducción de lo que el lego discute a menudo, y la forma en que se expresa a menudo. Pero Jung describe un caso que es interesante, y un buen ejemplo de que estos potenciales no siempre pueden ser dirigidos.

Un americano, un hombre típico de hoy, un hombre hecho a sí mismo, el eficiente jefe de un negocio que había construido, habiéndose dedicado a su trabajo y alcanzado un gran éxito, pensó entonces Pronto cumpliré cuarenta y cinco años y habré hecho mi parte. Ahora me daré un descanso. Así que decidió retirarse, se compró una finca con autos y canchas de tenis, y todo lo que pertenecía a ella, con la intención de vivir en el campo, y simplemente cobrar sus dividendos del negocio. Pero cuando estuvo un tiempo en su finca dejó de jugar al tenis o de conducir su coche, o de ir al teatro. No disfrutaba de los jardines que se habían dispuesto, sino que se sentaba en su habitación a solas, y meditaba. Le dolía allí, y allí, todo le dolía. En realidad le dolía la cabeza, luego el pecho y después las piernas. No podía soportarse a sí mismo, dejaba de reírse, estaba cansado, colgado, tenía un continuo dolor de cabeza... era horrible. No había ninguna enfermedad que un médico pudiera diagnosticar. A menudo es así con los hombres del presente, ¿no es así? Están perfectamente sanos, y sin embargo están enfermos. El médico dijo: "Este problema es psíquico. Usted se ha adaptado a las condiciones de los negocios, y sus energías no tomarán fácilmente otro curso. Vuelva a los negocios. Esa es la única sugerencia que puedo hacer". El hombre en cuestión comprendió esto, pero descubrió que ya no era bueno en los negocios. Estaba tan mal allí como en casa.

De esto Jung concluye, con razón, que no se puede desviar fácilmente la energía de un potencial a otro, ni siquiera devolverla cuando se ha fallado. Este hombre acudió a él para recibir tratamiento. (¡Usted sabe que muchas personas vienen a Suiza trayendo tales enfermedades y no enfermedades!) Pero no pudo ayudar a este americano. El problema había tomado un control demasiado fuerte; debería haber sido tratado antes.

De esto se desprende que la terapia de desviación también tiene sus dificultades, y el propio Jung ofrece este ejemplo. En todas partes se encuentran hechos importantes que -puedo decir ahora- sólo serán tratados con éxito por la ciencia espiritual o la Antroposofía, de acuerdo con el conocimiento exacto. Pero ahí están, y la gente los nota. Las preguntas están ahí. Se descubrirá que el ser humano es complicado, y no la simple criatura que nos presenta la ciencia del siglo XIX. El psicoanalista se ve confrontado con un hecho notable que es bastante inexplicable para la ciencia de hoy. En la Antroposofía, junto con la información dada en mis conferencias, encontrará fácilmente una explicación, pero puedo volver al punto en caso de que no la encuentre. Puede suceder, por ejemplo, que alguien se vuelva histéricamente ciego, es decir, que su ceguera sea un síntoma histérico. Esto es posible. Hay personas histéricamente ciegas, que podrían ver, pero no lo hacen, que son psíquicamente ciegas. Ahora bien, tales personas a veces se curan parcialmente - parcialmente; empiezan a ver de nuevo, pero no lo ven todo. A veces, un ciego histérico de este tipo recupera la vista lo suficiente como para ver a la gente, ¡todo menos la cabeza! Tal persona medio curada va por las calles, y ve a todo el mundo sin cabeza. Eso ocurre realmente, y hay síntomas aún más extraños.

Todo esto puede ser tratado por la ciencia espiritual -la ciencia espiritual de orientación antroposófica- y en una conferencia que di aquí el año pasado pueden encontrar una explicación de la incapacidad de ver las cabezas de las personas. [Pero el psicoanalista actual se enfrenta a todos estos fenómenos. Y tanto se enfrenta a ellos que se dice a sí mismo: Puede ser bastante desastroso para un hombre estar conectado con el inconsciente superpersonal; pero por Dios (el psicoanalista no dice "por Dios", sino quizás "por la ciencia") ¡no tomemos en serio el mundo espiritual! No les entra en la cabeza considerar el mundo espiritual con seriedad. Así sucede algo muy peculiar. Muy pocos se dan cuenta de los extraños fenómenos que aparecen bajo la influencia de estas cosas. Llamaré la atención sobre algo que aparece en el libro de Jung Die Psychologie der unbewussten Prozesse, [véanse las citas anteriores que son traducciones de pasajes de Die Psychologie der unbewussten Prozesse de C. G. Jung. Ein Ueberblick über die moderne Theorie und Methode der analytischen Psychologie, Zürich, 1917.] recientemente publicado, que les mostrará dónde se sitúa el psicoanalista hoy en día. Tendré que leerles un pasaje.

"Según este ejemplo" (se trata de ejemplos que muestran que el hombre tiene en su interior, no sólo los contenidos de su vida personal actual, sino conexiones lejanas con toda clase de fuerzas demoníacas, divinas o espirituales, etc.) - "Según este ejemplo de la génesis de nuevas ideas a partir del almacén de las imágenes primigenias" - (aquí no las llama "dioses" sino "imágenes primigenias") - "retomaremos la descripción ulterior de los procesos de transferencia. Vimos que la libido, en esas fantasías aparentemente absurdas y curiosas, se había apoderado de su nuevo objeto, a saber, los contenidos del inconsciente absoluto". (El inconsciente absoluto es el inconsciente suprapersonal, no el personal). "Como ya he dicho, la proyección no comprendida de las imágenes primigenias sobre el médico implica un peligro para el tratamiento posterior que no debe subestimarse". (El paciente transfiere sus demonios al médico. Ése es un peligro). "Las imágenes contienen no sólo lo mejor y lo más grande de todo lo que la humanidad ha pensado y sentido, sino también todo acto infame y diabólico del que los hombres han sido capaces".

Sólo hay que pensar. Jung ha llegado a percibir que un hombre tiene subconscientemente dentro de sí todos los crímenes más diabólicos, así como lo más bello de todo lo que la humanidad ha sido capaz de pensar y sentir. Estas personas no pueden ser persuadidas de hablar de Lucifer y Ahriman, [compárese Rudolf Steiner, Las influencias luciféricas y ahrimánicas en su relación con el hombre, 1918, pero están de acuerdo en la afirmación precedente, que les leeré una vez más:

"Las imágenes contienen no sólo lo mejor y lo más grande de todo lo que la humanidad ha pensado y sentido, sino también todos los actos infames y diabólicos de los que los hombres han sido capaces. Si el paciente no puede distinguir la personalidad del médico de estas proyecciones, entonces se pierde toda posibilidad de entendimiento mutuo, y la relación humana se vuelve desesperada. Sin embargo, si el paciente evita esta Caribdis, cae en la Escila de la introyección de estas imágenes, es decir, que atribuye sus cualidades no al médico sino a sí mismo". (Entonces él mismo es el diablo). "Este peligro es igualmente grave. En la proyección se tambalea entre una adulación extravagante y mórbida y un desprecio odioso hacia su médico. En la introyección cae en una ridícula autodeificación, o en una autolaceración moral. El error que comete cada vez es atribuirse a sí mismo el contenido del inconsciente absoluto. Así, se convierte en un dios o en un demonio. Aquí radica la razón psicológica por la que los hombres siempre han necesitado a los demonios, y nunca han podido vivir sin dioses -excepto algunos especímenes occidentales particularmente inteligentes de ayer y anteayer, superhombres cuyo dios está muerto, han hecho dioses de sí mismos, dioses racionalistas de tamaño de bolsillo con cráneos gruesos y corazones fríos".

Como ven, el psicoanalista se ve impulsado a decir: El alma humana está hecha de tal manera que necesita a los dioses, que los dioses le son necesarios, porque se enferma sin ellos. Por lo tanto, siempre los ha tenido. Los hombres necesitan dioses. El psicoanalista ridiculiza a los hombres, diciendo que cuando carecen de otros dioses se hacen dioses a sí mismos, pero "dioses racionalistas de bolsillo con cráneos gruesos y corazones fríos". La idea de Dios" (dice además), "es simplemente una función psicológica necesaria de una naturaleza irracional. ..."

Describir la necesidad del concepto de Dios en estos términos es lo más lejos que se puede llegar con los métodos de la ciencia natural. El hombre debe tener un Dios; lo necesita. El psicoanalista lo sabe. Pero leamos hasta el final de la frase:

"La idea de Dios es simplemente una función psicológica necesaria de naturaleza irracional, que no tiene nada que ver con la cuestión de la existencia real de Dios".

Al leer la frase completa se tropieza con el gran dilema de la actualidad. El psicoanalista les demuestra que el hombre se vuelve enfermo e inútil sin su Dios, pero dice que esta necesidad no tiene nada que ver con la existencia o inexistencia de Dios. Y continúa:

"Pues esta última cuestión" (es decir, la de la existencia de Dios), "pertenece a las preguntas más estúpidas que pueden plantearse. El hombre sabe muy bien que no puede concebir un Dios, y mucho menos imaginar que exista realmente, o que pueda haber algún suceso no condicionado por causas naturales."

Ahora les pregunto, ustedes se encuentran ante el punto donde pueden interceptar las cosas. Las cosas están ahí, llamando a la puerta del conocimiento. Las personas que buscan también están ahí; reconocen la necesidad absoluta, pero, eso que consideran una necesidad absoluta, cuando se plantea como una cuestión seria, lo consideran una de las cuestiones más estúpidas que se han planteado.

Como ven, ahí tienen uno de los puntos de la vida cultural de hoy en día desde el que se puede constatar exactamente lo que siempre se evita. Puedo asegurarles que, en su examen y conocimiento del alma, estos psicoanalistas están muy por delante de lo que ofrecen las universidades en la psiquiatría actual. No sólo están muy por encima de la psiquiatría y la psicología universitarias ordinarias, sino que, en cierto sentido, tienen razón al despreciar esta espantosa supuesta ciencia. Pero se les puede pillar en cualquier pasaje de este tipo, mostrando a lo que la humanidad se enfrenta realmente, en la actitud de la ciencia contemporánea.

Muchos no lo reconocen. No se dan cuenta de la fuerza de la creencia en la autoridad. Nunca ha habido tal fe en la autoridad, ni ha reinado tan absolutamente como en la mente subconsciente de hoy. Uno se pregunta una y otra vez: ¿Qué hacen los médicos cuando tratan casos de histeria? Buscan algo en la mente subconsciente que no se resuelve en la conciencia. Sí, pero en el caso de los teóricos se encuentra repetidamente ese contenido subconsciente. Si lo llevan a la plena conciencia, resulta ser exactamente lo que ha estado murmurando en el subconsciente de los médicos modernos y sus pacientes. Y toda nuestra literatura está tan saturada de ello, que uno corre el peligro diario y horario de imbuirse de ello. Y puesto que sólo a través de la ciencia espiritual los hombres pueden tomar conciencia de estas cosas, muchos las asumen sin saberlo, las atraen a su subconsciente, donde permanecen.
Este psicoanálisis ha señalado al menos que la realidad del alma debe ser aceptada como tal. Eso es lo que hacen. Pero el diablo les pisa los talones en todas partes; quiero decir que no son capaces ni quieren acercarse a la realidad espiritual. Por eso se encuentran en todo tipo de lugares las afirmaciones más increíbles. Pero la humanidad actual no tiene el grado de atención necesario para percibirlas. Naturalmente, deberíamos esperar que cualquier lector del libro de Jung se cayera de la silla por debajo de la mesa ante ciertas frases, pero los hombres del presente no hacen eso; así que sólo hay que pensar en la cantidad de cosas que deben estar en el subconsciente de la humanidad moderna. Sin embargo, por esta misma razón, porque estos psicoanalistas ven lo mucho que hay en el subconsciente -y lo ven- miran muchas cosas de manera diferente a las demás personas. En su Prefacio Jung dice algo, por ejemplo, parte de lo cual no está mal.

"Los procesos psicológicos que acompañan a la guerra actual, sobre todo la increíble depravación de la opinión pública, las calumnias mutuas, la furia inimaginable de la destrucción, el torrente de mentiras y la incapacidad de los hombres para detener el sangriento demonio, se adaptan a poner ante los ojos de la humanidad pensante el problema del reino del subconsciente, inquieto y caótico. Esta guerra ha mostrado despiadadamente al hombre culto que sigue siendo un bárbaro, y al mismo tiempo qué vara de hierro de corrección le espera si se le ocurre de nuevo responsabilizar al prójimo de su propio mal carácter. La psicología del individuo individual corresponde a la psicología de las naciones".

Y ahora viene una frase que hace que uno se pregunte qué hacer con ella.

"Lo que hacen las naciones lo hace cada individuo, y mientras el individuo lo haga la nación también lo hará. Sólo un cambio en la actitud del individuo puede provocar un cambio en la psicología de la nación".

Estas frases, colocadas una al lado de la otra, muestran lo destructivo que es este pensamiento. Les pregunto si es sensato decir: "Lo que hacen las naciones lo hace cada individuo"? Sería igualmente razonable preguntar: ¿Puede un individuo hacerlo sin que las naciones lo hagan también? Es una tontería, ¿no?, decir cosas así. Lo lamentable es que incluso pensadores destacados se dejen impresionar por ello. Y este tipo de pensamiento no sólo se convierte en terapia, sino que toma la delantera en la pedagogía. Esto también se basa en el justificado anhelo de introducir en la pedagogía un nuevo elemento anímico y espiritual. ¿Hay que aceptar conclusiones a las que se ha llegado con métodos de conocimiento totalmente inadecuados? Estas son las preguntas importantes hoy en día.

Volveremos a la cuestión desde el punto de vista de la orientación antroposófica, y la iluminaremos desde un horizonte más amplio. Entonces veremos que hay que abordar la cuestión de una manera mucho más amplia, para poder tener éxito con estas cosas. Pero hay que tratarlas concretamente. Los problemas que hasta ahora sólo han sido investigados por los viejos e inadecuados métodos, deben ser puestos a la luz del conocimiento antroposófico.
Tomemos, por ejemplo, el problema de Nietzsche. Hoy sólo lo sugeriré; mañana consideraremos tales problemas más a fondo. Ya sabemos por las conferencias anteriores: [Conferencias pronunciadas en Dörnach, 14, 20, 21, 26, 27, 28 de octubre; 2, 3, 4, 1917.] desde 1841 hasta 1879 la batalla de los espíritus de lo alto; a partir de 1879, los espíritus caídos en el ámbito humano. En el futuro, tales cosas y otras similares deberán desempeñar necesariamente un papel siempre que se estudie una vida humana. Pues Nietzsche nació en 1844. Durante los tres años anteriores a su descenso a la tierra, su alma estuvo en el reino espiritual en medio de la batalla de los espíritus. Durante su infancia Schopenhauer aún vivía, pero murió en 1860, y sólo después de su muerte Nietzsche se dedicó al estudio de los escritos de Schopenhauer. El alma de Schopenhauer cooperaba desde arriba en el mundo espiritual. Esa era la verdadera relación. Nietzsche leía a Schopenhauer, y mientras él absorbía sus escritos, Schopenhauer trabajaba en sus pensamientos.

Pero, ¿cómo se situaba Schopenhauer en el mundo espiritual? Desde 1860 hasta los años en que Nietzsche leía sus libros, Schopenhauer estaba en medio de la batalla espiritual que aún se libraba en ese plano. Por lo tanto, la inspiración de Schopenhauer en Nietzsche estaba coloreada por lo que él mismo recogía de la batalla de espíritus en la que estaba involucrado. En 1879 estos espíritus fueron arrojados del cielo a la tierra. Hasta 1879 el desarrollo espiritual de Nietzsche había seguido caminos muy curiosos. En el futuro se explicarán como debidos a la influencia de Schopenhauer y de Wagner. En mi libro Friedrich Nietzsche, un luchador contra su tiempo, se pueden encontrar muchos detalles de apoyo. Wagner no tuvo hasta ese momento ninguna influencia particular, salvo que estaba activo en la tierra. Porque Wagner nació en 1813; la batalla de los espíritus no comenzó hasta 1841. Pero Wagner murió en 1883, y el desarrollo espiritual de Nietzsche tomó su peculiar dirección cuando comenzó la influencia de Wagner. Wagner entró en el mundo espiritual en 1883, cuando la batalla de los espíritus había terminado, y los espíritus derrotados habían sido arrojados a la tierra. Nietzsche estaba en medio de las cosas cuando los espíritus comenzaron a vagar por la tierra. La influencia post mortem de Wagner sobre Nietzsche tuvo un objeto totalmente distinto al de Schopenhauer.

Aquí comienzan las influencias suprapersonales pero definitivas, no esas abstractas demoníacas, de las que habla el psicoanalista. La humanidad debe decidirse a entrar en este mundo espiritual concreto, para comprender cosas que son evidentes si sólo se comprueban los hechos. En el futuro la biografía de Nietzsche dirá que fue estimulado por ese Richard Wagner que nació en 1813, y que participó hasta 1879 en todo lo que condujo al ser genial que describí en mi libro; que tuvo la influencia de Schopenhauer a partir de sus dieciséis años, pero que Schopenhauer participó en la batalla espiritual que se libró en el plano superfísico antes de 1879; que estuvo expuesto a la influencia de Wagner después de que éste muriera y entrara en el mundo espiritual, mientras Nietzsche seguía aquí abajo, donde gobernaban los espíritus de la oscuridad.

Jung considera esto un hecho: que Nietzsche encontró un demonio, y lo proyectó sobre Wagner. Oh, bueno - proyecciones, potenciales, tipos humanos introvertidos o extravertidos - ¡todas palabras para abstracciones, pero nada sobre realidades! Estas cosas son verdaderamente importantes. No se trata de una agitación por una concepción antroposófica del mundo por la que tenemos prejuicios. Por el contrario, todo lo que está fuera de la antroposofía muestra lo necesaria que es esta concepción para la humanidad actual.

Traducido por J.Luelmo nov.2022