CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA191 Dornach, 14 de noviembre de 1919 - La sabiduría primordial se ha diferenciado en función de si es del Oriente, del Occidente (América) o de Europa Central.

 

 RUDOLF STEINER

Índice

El Movimiento por la triple estructuración del organismo social

Conferencia 14
Dornach, 14 de noviembre de 1919

Según las últimas conferencias, habrán observado cómo el hombre llega a una especie de concepción ilusoria del mundo exterior, cómo, de hecho, lo que suele concebirse como una conexión con la naturaleza depende interiormente de la propia humanidad, y cómo sólo podemos obtener una verdadera visión del mundo considerando la tierra, el mundo en general, en su totalidad, es decir, considerando al hombre como perteneciente a él y considerando su interrelación, la interrelación del hombre con el mundo. De lo contrario, siempre llegaremos a un concepto abstracto del mundo mineral o, a lo sumo, del mundo vegetal y animal, ninguno de los cuales desempeña un papel importante en la visión actual de la naturaleza. Cuando se habla del contexto natural, por regla general, se contempla el mero contexto natural mineral, al que luego se une este breve episodio, que se llama histórico, como una verdad de otro tipo. Desde este concepto, que no llega al hombre, la humanidad debe partir del presente. Hemos dado razones desde varios puntos de vista por las cuales la humanidad debe abandonar estos puntos de vista que, como ustedes saben, se han desarrollado con cierta necesidad durante los últimos tres o cuatro siglos. Sólo mencionaré esto hoy, que los hombres se están volviendo más y más dependientes de su cuerpo físico y sus necesidades para su conocimiento exterior, para su cognición exterior, si no quieren hacer algo para su propio desarrollo, para la producción de una cognición superior, que debe ser abordada por la voluntad. Se tratará de esto en el futuro: O bien la humanidad debe convertirse en esclava de lo que puede obtener como visión del mundo permaneciendo, yo diría, tal como es, tal como ha nacido, no queriendo obtener otros conceptos e ideas que los que tiene al situarse en el mundo a través del nacimiento y de la educación ordinaria tal como se acostumbra todavía hoy; esa es una posibilidad. La otra posibilidad es que la gente abandone la creencia de que por el simple hecho de nacer como ser humano se puede conocer todo lo deseable y juzgar todo lo real, y que constituya un desarrollo real del ser humano tal y como indica la ciencia espiritual. Esa sería la otra forma. La humanidad tendrá que seguir este último camino, de lo contrario la tierra sólo iría hacia la decadencia. Lo que acabo de decir también puede considerarse geográficamente, por así decirlo, y entonces adquiere un significado muy especial para el presente. 
Si nos remontamos lo suficiente al desarrollo terrenal, encontraremos que el hombre no está arraigado en la propia existencia terrenal. Ustedes saben, por supuesto, que antes del desarrollo terrenal el hombre pasó por un largo desarrollo previo. Encontrarán este desarrollo descrito en mi "Ciencia Secreta en Esquema". Saben que el hombre fue entonces llevado de nuevo, por así decirlo, a una existencia puramente espiritual y de esta existencia puramente espiritual descendió a la existencia terrenal. Ahora bien, es cierto que con este descenso del ser humano a la existencia terrenal, la humanidad llevó consigo un amplio, podríamos llamarlo, conocimiento heredado, una sabiduría primordial, una sabiduría heredada; una sabiduría que era tal que realmente era uniforme para toda la humanidad. Encontrarán estas cosas descritas en detalle en mi ciclo de conferencias "La misión de las almas individuales de los pueblos" en Kristiania. Este conocimiento hereditario era, por tanto, un conocimiento unificado. Cuando hablo de conocimiento, no sólo me refiero a lo que se suele llamar conocimiento dentro de la ciencia, sino a todo lo que el hombre puede llevar a su mundo anímico como visión de su entorno mundial y de su vida. 
Ahora este conocimiento primario se ha convertido en específico. Se ha convertido en algo tan específico que ha pasado a ser diferente según los distintos territorios de la tierra. Si se observa externamente lo que se llama la cultura de los diferentes pueblos de la tierra, -y se puede ver aún mejor si se consultan los diversos capítulos de nuestra ciencia espiritual donde se trata el asunto-, se puede decir: Lo que han conocido las personas de los diferentes pueblos siempre ha sido diferente. Se puede distinguir una cultura india, una cultura china, una cultura japonesa, una cultura europea, y en la cultura europea de nuevo especificada para los territorios europeos individuales, luego una cultura americana y así sucesivamente.
Si se preguntan: ¿Cómo ha llegado la sabiduría hereditaria y primordial a esta especificación, cómo se ha diferenciado cada vez más? - podrán darse a ustedes mismos la respuesta: La culpa la tienen las condiciones internas, las disposiciones internas de los pueblos. - Pero esencialmente siempre hay adaptaciones de estas condiciones internas de los pueblos a las condiciones externas de la tierra. Y uno al menos se hace una idea de la diferenciación cuando intenta encontrar la conexión entre lo que, digamos, es la cultura india y la condición geográfica climática de la tierra india. Asimismo, uno se hace una idea de la especificidad de la cultura rusa cuando observa la conexión del hombre ruso con su tierra. Ahora podemos decir que en relación con estas relaciones, la humanidad contemporánea, como lo es en tantos aspectos, está en una especie de crisis. -Esta dependencia del hombre con respecto a sus territorios se ha convertido gradualmente en la mayor imaginable en el siglo XIX. Es cierto que los pueblos se han emancipado, han emancipado su conciencia de sus territorios, pero se han vuelto más dependientes de esos territorios. Esto se puede ver cuando se compara cómo, digamos, un griego se mantenía en la antigua Grecia, y cómo, digamos, un inglés moderno o un alemán se mantenía en sus territorios. El inglés o el alemán siguen defendiendo sus países. 
Los griegos todavía tenían en su cultura, en su educación, mucho de la sabiduría primordial. Tal vez dependían físicamente de su territorio griego más de lo que la gente de hoy depende del suyo. Pero esta dependencia más fuerte era anulada, era suavizada por el ser interior lleno de la sabiduría primordial, del conocimiento primordial. Dicho conocimiento primordial se ha ido desvaneciendo para la humanidad. Podemos demostrar claramente cómo, hacia mediados del siglo XV, cesó la comprensión directa de cierta sabiduría primordial, y cómo incluso las tradiciones de esta sabiduría primordial se fueron agotando en el siglo XIX. Esa sabiduría original se conserva como las plantas en los invernaderos, artificiosamente diría yo, en todo tipo de sociedades secretas, que a veces hacen cosas muy malas con ella. Pero en el siglo XIX estas sociedades secretas preservaron la sabiduría original de tal manera -en el siglo XVIII era otra cosa- que se puede decir que son, por así decirlo, como plantas en invernaderos. Al fin y al cabo, ¿Qué tienen que ver los símbolos masónicos actuales con la sabiduría original de la que proceden, como tampoco tienen que ver las plantas plantadas en los invernaderos con las que crecen en la naturaleza? Los símbolos de los masones ni siquiera tienen tanto que ver con la sabiduría original como las plantas naturales con las de los invernaderos.
Pero precisamente debido a que las personas pierden su penetración interior con la sabiduría primordial, se vuelven aún más dependientes de sus territorios. Y sin un tesoro de verdades espirituales que desarrollar libremente, los pueblos de la tierra se diferenciarían completamente según sus territorios.
En efecto, podemos distinguir, yo diría, tres tipos, que ya hemos distinguido desde otros puntos de vista. Hoy podemos decir que si los impulsos científico-espirituales no se extendieran por todo el mundo, desde Occidente sólo se afirmarían las verdades económicas, que también podrían dar lugar a muchas otras cosas. Pero el pensamiento económico, las ideas económicas serían lo esencial. De Oriente vendría lo que sería esencialmente verdades espirituales. Asia se limitará cada vez más a las verdades espirituales, aunque tal vez muy decadente. Europa Central cultivaría más el campo intelectual. Y esto sería particularmente efectivo, conectado con alguna tradición de los tiempos antiguos, conectado con lo que fluye desde el Oeste de las verdades económicas, y lo que fluye desde el Este de las verdades espirituales. Pero las personas que vivieran sobre estos tres tipos principales de división de la tierra se especificarían cada vez más en esta dirección. La tendencia dominante de nuestro tiempo actual está ciertamente dirigida a lograr realmente esta especificación de la humanidad. Se puede decir, y les pido que se tomen esto muy, muy en serio: Si no se impusiera un impacto espiritual-científico en el mundo, Oriente se volvería gradualmente incapaz de conducir su propia economía, de desarrollar el pensamiento económico. Oriente sólo sería capaz de producir, es decir, de cultivar directamente la tierra, de procesar directamente los productos naturales con las herramientas suministradas por Occidente. Pero todo lo que opera desde la razón humana se desarrollaría en Occidente. Y desde este punto de vista, la catástrofe de la guerra mundial que acaba de terminar no es otra cosa que el inicio de la tendencia -utilizaré una expresión popular- a penetrar económicamente en Oriente desde Occidente; es decir, a hacer de Oriente una zona en la que se trabaja, y a hacer de Occidente una zona en la que se hace negocio con lo que Oriente obtiene de la naturaleza. - No es necesario fijar dónde está la frontera entre Oriente y Occidente, pues eso es algo variable.
Si la tendencia actual se mantuviera, si no se impusiera espiritualmente, se produciría sin duda -basta con decirlo hipotéticamente- que todo Oriente se convertiría en un objeto de explotación económica para Occidente. Y este curso de desarrollo sería considerado como el que se proporciona para la humanidad terrestre. Se lo consideraría lo más justo y evidente. No hay otro medio de introducir en esta tendencia algo que no convierta a la mitad de la humanidad en despojos, y a la otra humanidad en usuarios de estos despojos, salvo impregnar la tierra con la espiritualidad común que se quiere alcanzar de nuevo.
Cuando se habla de estas cosas, al hombre de hoy todavía le gusta apartarlas. La gente de hoy está demasiado inclinada a apartar estas cosas con un movimiento de la mano, por la simple razón de que les resulta incómodo afrontar la verdadera realidad de hoy. La gente se dice a sí misma: "Bueno, aunque se produzca la penetración económica del Este, no ocurrirá tan rápido como para que yo viva para verlo". - Los que tienen hijos pueden pensar un poco más en serio por sus hijos, pero prefieren nublar un poco su mente con la idea de que pueden volver a venir tiempos mejores y cosas por el estilo. Pero para profundizar en ello: que no hay otro medio de forjar el futuro de la humanidad de forma humana que penetrar en la tierra no sólo económicamente sino también espiritualmente, es un pensamiento que muy pocas personas contemplan por cierta comodidad. Se puede decir que la humanidad ha recibido la configuración actual de su vida cultural por tres lados.  Y es extraordinariamente interesante considerar estas tres vertientes de la vida cultural terrenal, especialmente para la tarea que ahora queremos plantear en estas conferencias. 
Verán, si miran el territorio de la tierra de este a oeste, debeb decir lo siguiente: todo lo que la humanidad tiene como cierto fundamento de verdades éticas, de verdades morales, lo ha recibido de Oriente. La forma en la que Oriente desarrolló una vez sus principios éticos junto con una visión general del mundo, la forma de la cosmología general, etc., se ha perdido. Pero lo que ha quedado, como un remanente del pensamiento y el sentimiento orientales, es una cierta ética. Desde este punto de vista, lean los discursos que pronunció Rabindranath Tagore, que se recogen bajo el título "Nacionalismo". Verán que apenas queda nada de las grandes enseñanzas de sabiduría cósmica que antaño vivían en las mentes de los hombres de Oriente. Pero: es extraordinariamente interesante. Quien lea con comprensión estos discursos de Tagore recogidos bajo el título "Nacionalismo" se dirá a sí mismo: El patetismo moral que vive en ellos -y que es incluso lo principal en estos discursos-, la voluntad ética que vive en ellos, esta crítica sentida que se ejerce sobre todo el mecanismo individual de Occidente, que se ejerce sobre el mecanismo político aún peor de Occidente, todo eso vive en la ética de estos discursos de Tagore, todo eso no podría decirse sin que la antigua sabiduría primigenia de Asia estuviera detrás, aunque ya no viva exteriormente en la conciencia de hoy. Las verdades morales que resuenan desde Oriente, cuando hablan personas como Rabindranath Tagore, estaban impregnadas de la sabiduría que se extraía de las estrellas. Y si se examina sin prejuicios, y con toda imparcialidad, todo lo que se ha desarrollado en materia de educación en Europa Central y en Occidente, entonces hay que decir que lo que vivió allí, ya sea entre los filósofos o los no filósofos, ya sea entre las personas más sencillas, ya sea entre las más instruidas, lo que impregna ética y moralmente a los pueblos de las regiones centrales y occidentales de la tierra, es básicamente todo lo que destiló de Asia, de Oriente. Oriente es el verdadero hogar de la ética.
Si miramos a Occidente, cuya cultura, diría yo, ha tenido lugar ante nuestros ojos históricos, vemos cómo lo que entra en consideración es el tratamiento intelectual de los fenómenos del mundo, lo que se relaciona con el principio de utilidad. Hay un gran contraste, del que la humanidad debería realmente tomar conciencia, entre lo que vive como patetismo en los discursos de Tagore y lo que vive en todo lo que se desarrolla en Occidente como punto de vista utilitario.
Si se quisiera hablar de forma radical, habría que decir que algo como lo de, por ejemplo, filósofos como John Stuart Mill o economistas nacionales como Adam Smith o filósofos intelectuales como Bergson, algo así sigue siendo para el asiático, aunque intente comprenderlo, algo que está completamente fuera de su ser. Puede considerar como un hecho interesante que tales cosas sean también dichas por los hombres, pero nunca estará tentado a sacar de su propio ser tales cosas que se relacionan con la utilidad humana externa. El asiático desprecia por completo al ser europeo y americano, porque en todas partes le presenta el punto de vista utilitario que sólo se puede dominar con el intelecto, con la mente. Y así se ha llegado a que las formas de pensar e imaginar asociadas a la idea de "utilidad" sean sobre todo producto de Occidente.
Como ya he señalado que la sabiduría primigenia se ha especificado según los pueblos de la tierra, ahora podemos distinguir los grandes tipos: El tipo ético en el Este, en el Oriente, el tipo utilitario intelectualista en el Occidente, en el Oeste. En medio, lo que me gustaría llamar el tercer tipo, el tipo estético, siempre está tratando de abrirse paso. El tipo estético es en realidad tan peculiar de Europa Central como el tipo ético es peculiar de Oriente, así como el tipo militar e intelectualista es peculiar de Occidente.
Basta con recordar un fenómeno para poder demostrar, a partir de hechos externos, cómo es precisamente desde Centroeuropa donde quiere afirmarse el tipo estético del ser humano. Mientras la Revolución Francesa hacía estragos en Occidente y daba sus frutos en Oriente, y éste se veía envuelto en sueños espirituales, vemos, por ejemplo, a Schiller escribir sus "Cartas sobre la educación estética del hombre". Están vinculados directamente con la Revolución Francesa; pero quieren resolver el problema que la Revolución Francesa planteó políticamente de una manera puramente humanista, humana. Quieren hacer del hombre un hombre libre puramente interior. Y es interesante que toda la forma de ver las cosas de Schiller en las "Cartas Estéticas" se basa en el hecho de que rechaza el punto de vista intelectualista, puramente utilitario, por un lado, y el punto de vista puramente ético, por otro. Como ven, el punto de vista ético también fue alguna vez racionalizado, intelectualizado por alguien. Todo en el mundo está guiado por diversas metamorfosis, y luego aparece en una forma completamente diferente. De esta manera, el punto de vista ético de Oriente no es ciertamente intelectualista, pero también se puede concebir como el intelecto, se puede intelectualizar, "realzar", entonces es kantiano. Eso ha estado ahí, y de Kant viene ese hermoso dicho: "¡Deber! tú, sublime gran nombre, que no captas en ti nada popular que te lleve a congraciarte, sino que exiges sumisión...", es decir, sumisión a la moral. Schiller, por su parte, dijo: "Me gusta servir a mis amigos, pero desgraciadamente lo hago con inclinación, / y por eso a menudo me duele no ser virtuoso. Schiller, como verdadero hombre centroeuropeo, no pudo absorber esta intelectualización kantiana y königsbergiana de la ética. Para él, el hombre no era un ser humano de pleno derecho que debía someterse primero al deber para poder cumplirlo. Para él, el hombre era un ser humano pleno que sentía en sí mismo la inclinación a hacer lo que es moralmente valioso. Por eso Schiller rechazó el rigorismo ético de Kant. Pero también rechazó el principio puramente intelectual de la autoridad, y vio la máxima expresión libre de la naturaleza humana en los logros y el disfrute de la belleza, es decir, en el comportamiento estético del hombre. Podría decirse que escribió sus "Cartas estéticas" como una descripción personal de Goethe. Había luchado por conseguir el reconocimiento de Goethe. Schiller partió de una envidia y una aversión interior hacia Goethe. Se podría decir que para Schiller hubo una época de su juventud en la que siempre se le amargaba la boca cuando se mencionaba a Goethe. Luego se conocieron. Entonces, no sólo aprendieron a respetarse mutuamente, sino también a absorberse mutuamente. Y después, Schiller escribió sus "Cartas sobre la educación estética del hombre" como una biografía intelectual, como una descripción intelectual de Goethe. Todo lo que está escrito en estas "Cartas Estéticas" nunca podría haber sido escrito si Goethe no hubiera sido el ejemplo para Schiller de lo que está escrito en ellas.
Al principio de su amistad, Schiller escribió a Goethe aquella carta del 23 de agosto de 1794, que he citado a menudo: "Desde hace mucho tiempo, aunque desde bastante lejos, he observado el curso de su espíritu. Y ahora describe a Goethe como el espíritu que es en realidad un griego resucitado, para que veamos cómo hay un vínculo entre el primer amanecer del espíritu estético de Europa Central, y Grecia.
Y en Goethe vemos cómo se abre camino desde el elemento más intelectual hasta un reconocimiento de la verdad que se capta tanto a través del arte como de la ciencia. Si se sigue cómo Goethe estudió la ética de Spinoza con Herder, cómo Goethe viaja luego a Italia y escribe a su casa diciendo que en las obras de arte que ve surgir del espíritu griego ve "necesidad" y "Dios", entonces se puede decir que el intelectualismo de Spinoza se convierte en estética en la visión que Goethe tiene de las obras de arte en su viaje a Italia. Y Goethe da testimonio de que los griegos, al crear sus obras de arte, procedían según las mismas leyes que sigue la propia naturaleza, y que él cree seguir. Es decir, Goethe no cree que cuando alguien crea una obra de arte, crea algo fantástico, y que sólo la ciencia es estrictamente verdadera. No, Goethe era de la opinión de que lo que hay en el verdadero arte es sobre todo el contenido de verdad más profundo de la existencia de la naturaleza, es decir, una visión estética del mundo. Y así se puede decir: Occidente - intelectual, militar; las regiones centrales de la tierra - estética; Oriente - ética, moral. Y es muy correcto decir: dondequiera que fuese en Oriente o en el Centro o en Occidente, que apareciesen las verdades éticas, originalmente vinieron de Oriente. Es bastante indiferente que las verdades utilitarias aparezcan en el centro o en Oriente, originalmente vienen de Occidente. Las cosas bellas provienen de las regiones centrales.
Así se puede seguir el curso de estos tres elementos de la vida humana en todas partes. A veces se puede seguir hasta los detalles. Si uno está destinado por su karma a fundar la Antroposofía en Europa Central, entonces algo de esa creencia goetheana debe vivir en esta Antroposofía, que después de todo el mismo elemento que vive en el arte es también el elemento de la verdad, que a la vez es el mismo elemento que se expresa en la pintura, en la escultura, incluso en la arquitectura, y que también debe vivir en la construcción del pensamiento de la verdad. Sí, hay que llegar, como intenté hacer en el primer capítulo de mi "Filosofía de la libertad" -ahora en la nueva edición es el último-, a decir que el filósofo, el hombre que funda una visión del mundo, debe ser un "artista" conceptual. Por lo demás, se rechaza el concepto de artista conceptual. Ahí tuve que aceptarlo. Todo es de un mismo espíritu.
Todas las ideas que se expresan de esta manera reciben ciertos caracteres que llevan los matices de lo que acabo de decir. Pero luego se escriben libros, como el de Aimee Blech, que ha aparecido recientemente como un panfleto, con todo tipo de calumnias malintencionadas, deliberadamente maliciosas, en las que, por ejemplo, también se escribe: En lo que se presenta como antroposofía desde este lado (el de Steiner), hay ciertamente mucho que es hermoso; ¡pero es contrario a la claridad del espíritu francés! - Ciertamente, es contrario a la intelectualidad, a la sobria captación retórica de los conceptos. Esas personas prefieren que se reproduzca una cosa tangible, material, porque eso se puede captar con contornos conceptuales más nítidos. Así que puedes seguir estas cosas hasta el último detalle. Podría mostrarle una serie de cosas muy detalladas que explicarían lo que acabo de describir a grandes rasgos. Pero lo dejaré en lo que acabo de mencionar, porque en realidad es un detalle extraordinariamente interesante. 
Ahora se trata de darse cuenta de que, por ejemplo, la moral y el arte y el intelectualismo no se producen simplemente en Occidente. Oh no, el arte se toma de las regiones centrales, la ética de Oriente, y se añade el elemento intelectual, el elemento utilitario. En el centro se cultiva una especie de elemento estético, y todo lo que se ha incorporado a este elemento estético, especialmente en el siglo XIX, ha sido tomado de Occidente. 
Sería interesante escribir el curso de biología desde este punto de vista. Si se lee hoy la Teoría de la Metamorfosis de Goethe, se puede encontrar en ella una gran teoría de la evolución. Pero Occidente siempre lo encontrará estéticamente contaminado. Pues fue desde Occidente desde donde penetró el elemento darwiniano en la teoría de la evolución en el siglo XIX, que ha pasado a depender de Occidente en todo el mundo. Eso trajo el punto de vista utilitario, la doctrina de la conveniencia. Encontrarás la doctrina de la conveniencia en Goethe, porque Goethe está impregnado en todas partes de esteticismo.
No debería ocurrir que en el futuro los pueblos, al igual que se diferencian económicamente -ya lo he caracterizado antes-, no quieran aceptar nada de los demás; porque de esta manera se extendería gradualmente por Asia una cierta ética, tal y como uno la encuentra representada con tonos tan ardientes en Rabindranath Tagore. Se extendería en Europa Central de una forma algo diferente, lo que ya han defendido ciertos petimetres de Nietzsche, un cierto "más allá del bien y del mal", una cierta estetización incluso de los conceptos morales. Vemos el triunfo de esta estetización en el siglo XIX, sobre todo hacia finales del mismo. Y el mero punto de vista utilitario se derramaría sobre Occidente: Ingenio en el punto de vista utilitario, imitación del elemento espiritual en el punto de vista utilitario, etc. Sólo la penetración de la humanidad con un elemento espiritual real puede remediarlo. El requisito previo para ello es, por supuesto, que este elemento espiritual se tome totalmente en serio, que se desarrolle la voluntad de mirar las cosas tal y como se presentan hoy en día a los que realmente quieren ser imparciales. Esta catástrofe bélica ha hecho aflorar muchas cosas muy extrañas. También ha hecho aflorar fenómenos que en parte son muy incómodas, pero que en parte son instructivas. Me gustaría mencionar uno de estos fenómenos.
En la literatura alemana del día aparecen - uno simplemente no puede seguir el ritmo de lo que sale de esta manera - pero casi todas las semanas aparecen excreciones viscosas, como debo llamarlas - las explicaciones de diferentes hombres sobre su parte en el curso de la Guerra y de los acontecimientos políticos - y podemos leer lo que tales cabezas - digo expresamente tales cabezas - como Iagow Bethmann (Michaelis, creo, todavía nos ha librado), Tirpitz, Ludendorf, y toda una hilera de otros que uno puede nombrar. Es desagradable, en cierto modo, leer estas cosas, pero desde otro punto de vista, es interesante en grado sumo.
Verán, uno puede leer libros como los escritos por Bethmann o Tirpitz, desde puntos de vista totalmente opuestos. Pero sus puntos de vista dependen muy a menudo de si el autor ha sido tratado con la punta o el tacón de la bota durante un tiempo determinado. Bethmann fue favorecido durante un tiempo por el "Todopoderoso", mientras que Tirpitz fue tratado con el tacón de la bota. De ahí sus diferentes puntos de vista.
Y así entraremos más en el punto de vista; no se trata tanto de eso, sino de ver qué espíritu vive en los escritos.
Ahora se puede experimentar lo siguiente: Una vez hice el siguiente experimento. Después de dejarme saturar por los escritos oníricos de Bethmann y Tirpitz, volví a ciertas expresiones (muy queridas por mí;, de Herman Grimm, que en efecto han sido consideradas machistas por los no alemanes. Pero, de nuevo, eso es sólo un punto de vista. Para mí es simplemente una cuestión del espíritu que vive en ellos.
En el primer punto de vista uno puede poner esta pregunta: ¿Cómo se compara el espíritu, la forma de pensar, la constitución del alma interior de los escritos de Bethmann y Tirpitz con lo que vive en las observaciones políticas de Herman Grimm? Aquí debemos decir que: Herman Grimm sentía que Goethe había vivido y no había vivido en vano; para él era una presencia viva. Para, Bethmann y Tirpitz Goethe no estaba. No diré que no lo hayan leído, tal vez hubiera sido mejor que lo hubieran dejado sin leer; pero en lo que a ellos respecta no estaba allí. Y al principio tuve que decirme a mí mismo: lo que aparece en estos libros suena como si lo hubiera escrito un siervo medieval, con la lógica de un siervo medieval.
Especialmente interesante es, por ejemplo, la lógica de Ludendorf. Él es quien fue tan alabado por la idea de hacer transportar a Lenin en un vagón sellado, ¡a través de Alemania hasta Rusia! ¡Ludendorf es el verdadero importador del bolehevismo a Rusia! Ahora bien, simplemente no tuvo la desfachatez de negar eso en su libro, aunque tenía suficiente desfachatez para muchas cosas. Así que dice que enviar a Lenin a Rusia era una necesidad militar, y que el gobierno político debería haber evitado las malas consecuencias, pero no lo hizo. Tal es la lógica de estos señores. Pero no quiero afirmar que Clemenceau tenga una lógica mejor; y les ruego que no piensen que tomo partido por ningún partido. Ni Lloyd George ni Wilson tienen mejor lógica. Sin embargo, esto no es tan fácil de corroborar.
Se puede decir eso a primera vista, pero el asunto va más allá. Al comparar las cosas se descubre que hay que ir más atrás todavía. Existe una extraordinaria similitud entre la forma de pensar de Tirpitz y Ludendorf, y aquellos seres humanos que guiaron la llamada civilización de Roma en los siglos I y II precristianos. Y si queremos establecer una íntima comunidad de alma entre éstos, podemos decir que es como si volviera a aparecer el viejo método de pensamiento de la antigua Roma precristiana, y como si todo lo que ha sucedido desde entonces, incluido el propio cristianismo, (aunque estos señores hablen externamente de Cristo, etc.), nunca hubiera tenido lugar.
Como ven, a menudo se supone, cuando se habla de lo luciférico que se ha quedado atrás en la humanidad, que se refiere a algo sólo externo al mundo. Pero este principio de permanecer atrás, se expresa muy fuertemente dentro del mundo. Se puede decir que la grandeza anterior al César de la vieja Roma ha vuelto a resurgir en tales personas, y todo lo que ha sucedido en Europa desde esa época es realmente inexistente para ellos.
Mis queridos amigos, este fenómeno debe ser observado hoy de manera desprejuiciada. Hay que tenerlo presente, porque sólo así se puede lograr un punto de vista sólido para juzgar el presente. Esta época actual plantea grandes exigencias a la capacidad de juicio del hombre. Todo esto hay que decirlo, cuando se habla de lo necesario que es que la época actual esté impregnada de impulsos espirituales. Considerado superficialmente, es fácil decir que la época actual debe ser impregnada espiritualmente; pero, mis queridos amigos, el asunto no es tan simple como esto. Basta con investigar dónde los Impulsos Espirituales se abrieron paso hasta cierto punto en la humanidad para ver si siempre han dado el fruto adecuado. En conclusión, hay que decir también lo siguiente. Consideremos ciertos folletos, ciertos panfletos que han sido escritos, algunos de ellos por miembros de larga trayectoria. Hay tales escritos, en los que lo que figura aquí como Ciencia Espiritual, se coloca realmente ante el mundo, pero invertido, vuelto del revés, por así decirlo. Son plantas que han crecido en el suelo en el que intentamos dar el tesoro espiritual a la humanidad de hoy. Y cualquiera que piense que este proceso, ha seguido su curso - de nuestros llamados seguidores en su opuesto lo que se transmite como Ciencia Espiritual hoy en día, debe ser un simplón. Porque ciertamente aún no ha terminado. No es tan fácil contar con este hecho, que las verdades espirituales deben ser llevadas a la humanidad, porque como la humanidad es hoy en día tiende sobre todo a diferenciarse en los tres tipos que he caracterizado: el ético, el estético, el intelectual; y otras diferenciaciones más dentro de estos.
Ahora bien, las verdades espirituales no están adaptadas para ser tomadas en su pureza por los seres humanos que se acercan a ellas con tales diferenciaciones. Piensen que hoy en día los seres humanos tienden a encerrarse en su chovinismo nacional, y si tratan de abordar las verdades humanas y espirituales en general con el chovinismo nacional, las transforman en lo contrario. Es imposible simplemente impartir lo que ahora es deseable desde cierto punto de vista, pues los seres humanos tienden a tales diferenciaciones como las que he descrito. Por lo tanto, es necesario sobre todo que se despierte el interés del hombre desde el lado que ya existe. Es necesario que, en cierto sentido, se vincule a lo que ya existe, teniendo continuamente en cuenta la tendencia que tienen los hombres a apartarse de ese antiguo tesoro de sabiduría y a no poner nada más en su lugar que la diferenciación territorial en esta tierra. No sirve difundir las verdades espirituales entre la humanidad, sin difundir también una cierta ética.
Muchas personas han leído Cómo alcanzar el conocimiento de los mundos superiores. Estos libros se han leído considerablemente durante algún tiempo. Han objetado que los primeros consejos que allí se dan son éticos, y que deben estar de acuerdo éticamente con ellos. Tienen razón. Los primeros consejos dados deben ser éticos y formar un extracto del mejor Ethos de la civilización terrestre. Pero, por otra parte, también es necesario cultivar un cierto elemento artístico, y eso ha planteado dificultades muy especiales en el Movimiento Antroposófico; pues sin el Movimiento Antroposófico existía al principio una cierta desgana hacia las cosas artísticas. Se buscaba un simbolismo abstracto, estéticamente indiferente. Todavía hoy existen movimientos que se llaman teosóficos que rechazan todo lo artístico. Por lo tanto, fue un buen destino, un buen Karma, de nuestro Movimiento que pudiéramos hacer experimentos artísticos aquí en Dornach, y que pudiéramos trabajarlos lejos del elemento simbólico abstracto. Quizás si las cosas hubieran ido según los deseos de muchos, deberíamos ver muchas cruces negras con rosas rojas o algo parecido a las rosas, como símbolo profundo de nuestro edificio. Por supuesto, tenemos que tener cuidado con este simbolismo, y esforzarnos por crear a partir del elemento artístico. Esto tiene que estar ligado a las mejores tradiciones de la civilización humana, si puedo llamar a los impulsos tradiciones. Sobre todo hay que tener en cuenta que se trata de verdades profundas y serias, y que deben discurrir un poco como sigue: ¡quien quiera alcanzar el verdadero conocimiento debe cultivar en sí mismo el sentido de la verdad! Cuando se habla radicalmente de esta cuestión, mis queridos amigos, se entra en contacto con algo que a muchos les suena repelente hoy en día, porque este riguroso esfuerzo por la verdad en todas partes es algo que a muchos les resulta extraordinariamente desagradable hoy en día, siendo la verdad algo que quieren al menos retocar en la vida. Pero la falsedad, aunque sea por sentimentalismo, no va con ese fuerte sentido de la verdad, exigido, por ejemplo, por una verdadera devoción a estas verdades que la Antroposofía quiere poner en el mundo.
poner en el mundo.
Mis queridos amigos, en este sentido las confesiones religiosas han pecado especialmente, porque han insertado algo que ya no puede estar unido a un sentido puro por la verdad. Se llevan al mundo ciertos tipos de piedad que satisfacen mucho más el egoísmo humano que el sentimiento humano por la verdad. Por eso es especialmente necesario que se preste verdadera atención al cultivo de la verdad interior, como se indica tan a menudo en nuestros escritos antroposóficos. Como ustedes saben, la propia vida exige hoy a los seres humanos muchas cosas falsas, y podemos decir que existen hoy dos tendencias distintas, que provocan en el hombre una cierta desgana para mirar los hechos en su verdadera luz. Hoy en día existe la tendencia a caracterizar las cosas según las preferencias personales y no según los hechos. Hoy en día se llama práctico al hombre que es en cierto sentido un hombre de rutina; el que con cierta fuerza bruta trabaja dentro de su propia esfera sin tener en cuenta ninguna consideración, y deja de lado todo lo que no sirve para promover sus propios objetos particulares. Desde este punto de vista se distinguen los hombres "prácticos" y los "visionarios"; y con cierta falsedad histórico-mundial, las consecuencias de estas cosas se han manifestado de manera terrible, en el curso del siglo XIX, y hasta nuestros días. En efecto, era difícil, antes de que esta gran prueba se abatiera sobre la humanidad a través de la catástrofe de la guerra mundial, decir algo de lo que caracteriza despiadadamente a estas cosas. En breve publicaré una colección de algunos de mis primeros escritos más importantes, artículos redactados en los años ochenta y noventa, con el fin de mostrar cómo, por decirlo así, a través de pequeñas rendijas, incluso entonces intenté decir muchas verdades. Entre estos artículos hay uno sobre Bismarck, el hombre de los éxitos políticos, en el que intenté demostrar que el éxito de esta personalidad dependía del hecho de que nunca podía ver más allá de su nariz. Pero, como ustedes saben, no sirve de nada lanzar estas cosas a la cara del mundo si no hay nadie que las pueda asumir. Ahora, sin embargo, debemos partir de esta base, que la catástrofe de la guerra mundial puede enseñarnos muchas cosas. Por supuesto, para la mayoría de los hombres no hay nada que aprender de estos hechos. Tienen un cierto fondo de opiniones, y no las modifican. No son capaces de comprender lo que subyace a la afirmación de que debemos aprender de los hechos.
Siempre digo a todas las personas a las que guío por el Goetheanum que, si tuviera que diseñar un edificio así por segunda vez, lo haría de forma muy diferente. Ciertamente, nunca lo haría de la misma manera. Por supuesto, no hay nada en contra del edificio actual, pero yo mismo no lo volvería a hacer de la misma manera, porque obviamente, uno ha aprendido algo de lo que ha hecho, y que está ahí como un hecho consumado.

Hoy leo con asombro que el Mariscal de Campo Hindenburg dijo que si tuviera que volver a dirigir la Guerra Mundial lo haría exactamente de la misma manera.

En efecto, estas cosas se leen, pero se leen descuidadamente; y la gente no se da cuenta de que hay que obtener una comprensión de la época a partir de las enseñanzas que se dan de manera tan amarga a través de esta catástrofe mundial. Todo lo que se lee y lo que constantemente resuena en los oídos del mundo de hoy, debe tomarse con el fondo correspondiente, y siempre se debe poder decir: En las cosas importantes es esencial y constantemente necesaria una revisión del juicio. Hasta que llegó la catástrofe mundial, era correcto llamar a Bismarck un hombre práctico. Hermann Grimm consideraba a Bismarck como una torre de excelencia práctica. Pero la catástrofe de la Guerra Mundial nos ha enseñado que Bismarck era un visionario, y las opiniones de su juicio han tenido que ser modificadas; pues su idea de la creación de un Imperio era naturalmente sólo una fantasía.

Sólo quiero hacerles ver claramente que es la vida misma, y debe ser la vida, la que nos enseña a descubrir las ilusiones, incluso en la esfera de la historia moral. Les he mostrado cómo hay que fundamentar estas ilusiones en la esfera de las conexiones naturales, observando cómo en la naturaleza las cosas están una al lado de la otra, y así es como las describen los investigadores naturales. Por lo tanto, debemos decir que la humanidad participa de los sucesos de la naturaleza, y que lo que la ciencia natural dice sobre esto es simplemente una red de ilusiones.

Hoy he querido hacerles comprender cómo debemos aprender los hechos mismos de la historia y de la vida para corregir las cosas; porque, a menudo, durante largos períodos, sólo se muestran exteriormente como una ilusión. Los hombres que naturalmente fueron considerados por muchos como prácticos, deben ser considerados ahora necesariamente como visionarios. Uno debe acostumbrarse hoy a revisar su juicio de esta manera. En cada paso de la vida, no sólo hay oportunidad suficiente, sino también la necesidad de revisar el propio juicio. Y sólo se está en el estado de ánimo correcto, el que el Movimiento Antroposófico pretende adquirir, cuando uno se dice a sí mismo: "Debo revisar mis opiniones, quizás incluso sobre las cosas más importantes de la vida". Las opiniones sobre las conexiones naturales, por regla general, pueden ser revisadas mediante el estudio de la Ciencia Espiritual. Los juicios sobre la vida sólo se pueden revisar cuando se desarrolla realmente en uno mismo el talante necesario para el Movimiento Antroposófico.
Traducido por J.Luelmo nov.2022






GA178 Dornach 11 de nov. de 1917 -Los hechos anímicos de que dispone el psicoanálisis apuntan a lo espiritual.

  Ínicio

Rudolf Steiner

La antroposofía y el psicoanálisis (2 conferencias)


Conferencia 2ª


Dornach 11 / nov. / 1917

He designado lo que se conoce como psicología analítica o psicoanálisis, como un esfuerzo por obtener conocimientos en el ámbito anímico por medios inadecuados de cognición. Tal vez nada sea tan adecuado, en la actualidad, para mostrar cómo todo urge a la consecución de la ciencia espiritual de orientación antroposófica, y cómo, por otro lado, los prejuicios subconscientes llevan a los hombres a oponerse a una consideración científico-espiritual de los hechos. Ayer les mostré con ejemplos concretos los grotescos saltos que la erudición moderna se ve obligada a dar cuando se aventura en los problemas del alma, y cómo detectar estos saltos en los procesos mentales de los eruditos modernos. Quedó señalado que uno de los mejores psicoanalistas -Jung- dividió a los pacientes en dos clases: los del tipo de pensamiento y los del tipo de sentimiento. Desde este punto de partida él suponía que en los casos del tipo pensante, los sentimientos subconscientes se abren paso hacia la conciencia y producen conflictos anímicos - o en el tipo opuesto, que los pensamientos en la mente subconsciente surgen y entran en conflicto con la vida del sentimiento.
Ahora bien, se podría sugerir que estas cosas se rebatirán en la discusión científica, y que podríamos esperar hasta que la gente se decida a superar el prejuicio subconsciente contra la ciencia espiritual antroposófica. Pero la espera pasiva se hace imposible en la medida en que tales cosas no se limitan al campo teórico, sino que invaden la práctica de la vida y el desarrollo cultural. Y el psicoanálisis no se contenta con ocuparse sólo de la terapia, lo que podría ser menos dudoso ya que parece haber poca diferencia, -he dicho parece,- entre él y otros métodos terapéuticos; sino que intenta extenderse a la pedagogía, y convertirse en el fundamento de un sistema de enseñanza. Esto nos obliga a señalar los peligros que residen en las medias verdades de una manera más seria de lo que exigiría la mera discusión teórica.
Mucho de lo que se refiere a este asunto sólo podrá decidirse con el paso del tiempo, pero hoy tendremos que ampliar el alcance de nuestro examen para arrojar luz sobre uno u otro aspecto. En primer lugar, quiero llamar la atención sobre el hecho de que los hechos que se presentan ante el psicoanalista apuntan realmente a una importante esfera espiritual en la que el hombre actual no desea entrar de manera precisa y correcta, sino que prefiere dejarla como una especie de región nebulosa y subconsciente. Pues nuestro enfoque actual, enfermizo e infectado de materialismo, incluso en este ámbito, no gusta más que una deriva vaga y mística entre toda clase de conceptos incompletos o no ejecutados. Encontramos el misticismo más grotesco y repulsivo justo en medio del materialismo, si se entiende por misticismo el deseo de nadar en toda clase de pensamientos nebulosos, sin elaborar su concepción del mundo en conceptos claros y nítidamente esbozados. El ámbito al que los hechos reconocidos empujan a los psicoanalistas es el de la inteligencia extraconsciente y la actividad razonadora. Cuántas veces me he ocupado de estas cuestiones, sin entrar en detalles, sino simplemente mencionándolas, ya que los estudiantes de la ciencia espiritual las dan por supuestas. Cuántas veces les he recordado que el razonamiento, la actividad intelectual, la inteligencia, no se limitan a la conciencia humana, sino que están en todas partes, que estamos rodeados de actividad mental efectiva como estamos rodeados de aire, entretejidos con él, y los demás seres también.

Los hechos que tiene ante sí el psicoanalista pueden referirse fácilmente a esto. Ayer les cité el caso descrito por Jung en su libro Die Psychologie der unbewussten Prosesse. Tenía que ver con una mujer que, habiendo salido de una fiesta nocturna con otros invitados, fue asustada por los caballos, corrió delante de ellos por la calle hasta el río donde fue rescatada por los transeúntes, llevada de vuelta a la casa que había dejado, donde tuvo una escena de amor con su anfitrión. Desde el punto de vista de Freud o de Adler el caso se explica fácilmente sobre la base de la pulsión de amor o de la pulsión de poder, pero este diagnóstico no llega al punto vital. Su fundamento sólo se alcanza comprendiendo que la conciencia no agota la astucia, el cálculo, el arte de lo que penetra en el hombre como inteligencia, y comprendiendo que las leyes de la vida no están limitadas por las leyes de la conciencia.
Consideremos este caso. Al menos podemos plantear la pregunta: ¿Qué quería realmente la mujer, después de haber sido una más de la fiesta, y haber visto partir a su amiga hacia el balneario? Ella quería la oportunidad de lo que realmente ocurrió, quería una excusa legítima para estar a solas con el señor de la casa. Por supuesto, esto no tenía nada que ver con lo que estaba en su conciencia, con lo que se dio cuenta y admitió. No hubiera sido "apropiado", como suele decirse. Tuvo que ocurrir algo que no era necesario confesar, y llegaremos a la verdadera explicación si tenemos en cuenta su inteligencia subconsciente y diseñadora, de la que ella misma no era consciente. A lo largo de toda la velada había querido entablar una conversación con su anfitrión. Si uno es menos inteligente, elige mal los medios, si es más inteligente, elige mejor. En este caso puede decirse que en la conciencia ordinaria de la mujer, que admitía escrúpulos en cuanto a lo que era apropiado o impropio, permitido o no permitido, no se podría haber elegido el medio correcto para el fin que se perseguía. Pero en lo que se almacenaba bajo la capa de la conciencia ordinaria el pensamiento estaba incesantemente activo: Debo gestionar un encuentro con el hombre. Debo aprovechar la próxima oportunidad que se me presente para volver a la casa.

Podemos estar seguros de que si no se hubiera presentado la oportunidad con los caballos, apoyada por la asociación con el accidente anterior, habría encontrado alguna otra excusa. Sólo necesitaba desmayarse en la calle, y habría sido llevada de vuelta a la casa de inmediato, o habría encontrado algún otro recurso. El subconsciente miraba más allá de todos los escrúpulos de la conciencia ordinaria, adoptando la actitud de que "el fin justifica los medios", independientemente de que armonizaran o no con las ideas de lo correcto e incorrecto.

En tal caso, recordamos lo que Nietzsche, que conjeturó muchas de estas cosas, llamó la gran razón en contraste con la pequeña razón, la razón omnímoda que no entra en la conciencia, que actúa por debajo del umbral de la conciencia, llevando a los hombres a hacer muchas cosas que no se confiesan a sí mismos conscientemente. A través de su conciencia exterior ordinaria el ser humano está en conexión primero con el mundo de los sentidos, pero también con todo el mundo físico, y con todo lo que vive en él. Al mundo físico pertenecen todos los conceptos de propiedad, de moral burguesa, etc., con los que el hombre está equipado.

En su subconsciencia el hombre está conectado con un mundo completamente diferente, del cual Jung dice: el alma tiene necesidad de él porque está relacionada con él, pero también dice que es una tontería indagar sobre su existencia real. Pues bien, es así: en cuanto se cruza el umbral de la conciencia, el hombre y su alma ya no se encuentran en un entorno o en unas relaciones meramente materiales, sino en un reino en el que rigen los pensamientos, pensamientos que pueden ser muy astutos.

Ahora bien, el punto de vista de Jung es bastante correcto cuando dice que el hombre moderno, el llamado hombre culto, necesita particularmente tener en cuenta estas cosas. Porque la cultura actual tiene la particularidad de que hace descender a la subconsciencia numerosos impulsos que se afirman de tal manera que resultan actos irracionales, -como se les conoce-, y una conducta general irracional. Cuando se menciona el "impulso de poder" o el "impulso de amor", es porque en el momento en que el hombre y su alma entran en las regiones subconscientes se acercan al reino donde rigen estos instintos; no es que sean en sí mismos causas, sino que el hombre con su inteligencia subconsciente se sumerge en regiones donde estos impulsos son efectivos.

Aquella mujer no se habría esforzado tanto por nada que le interesara menos que su asunto amoroso. Se necesitaba una preocupación especial para despertar su astucia subconsciente. Y el hecho de que el impulso amoroso desempeñe tan a menudo un papel importante se debe simplemente a que el interés amoroso es muy común. Si los psicoanalistas dirigieran más su atención en otras direcciones, dejaran de concentrarse en los sanatorios psicoanalíticos, donde la mayoría de los internos me parece que son mujeres -(el mismo reproche se hace a las instituciones antroposóficas, pero, creo, con menos justicia)-, si tuvieran más experiencia en otros campos, lo que por supuesto ocurre a veces, si hubiera una mayor variedad de casos en los sanatorios, se podría obtener un conocimiento más amplio.

Supongamos que un sanatorio estuviera equipado para dar tratamiento psiquiátrico especialmente a personas que se han puesto nerviosas o histéricas por jugar a la bolsa. Entonces se podría establecer la existencia de otras cosas en el subconsciente con tanta razón como el impulso amoroso, introducido por Freud. Entonces se vería con qué detallada astucia, y hábiles procesos subconscientes, actúa el hombre que juega a la bolsa. Entonces, a través de los métodos habituales de eliminación, se vería que el amor sexual desempeña un papel muy pequeño, pero se podrían estudiar las sutilezas de la agudeza subconsciente, de la astucia subconsciente, en su máxima expresión. Incluso el deseo de poder no podría ser designado siempre como el impulso primario, sino que se encontrarían instintos totalmente diferentes gobernando esas regiones, en las que el hombre se sumerge con su alma. Y si además se pudiera equipar un sanatorio para hombres cultos que se han vuelto histéricos, -¡perdón! -, se encontraría que sus acciones subconscientes rara vez conducen de nuevo al motivo amoroso. Porque los que tienen un conocimiento profundo de los hechos en este campo se dan cuenta de que, en las condiciones actuales, los eruditos rara vez son impulsados a su ciencia elegida por el "amor", sino por fuerzas muy diferentes que se mostrarían si fueran sacadas a la superficie por el psicoanálisis. El hecho global es que el alma es conducida desde el consciente hasta las regiones subconscientes donde rigen los instintos no conquistados del hombre. Sólo puede dominarlos tomando conciencia de ellos, y sólo la investigación espiritual puede elevarlos a la conciencia.

Otra verdad incómoda. Porque, por supuesto, obliga a admitir, hasta un punto mucho más allá de lo que el psicoanalista está dispuesto a admitir, que el hombre en su mente subconsciente puede ser una criatura muy astuta, mucho más astuta que en su plena conciencia. Incluso en este campo, y con la ciencia ordinaria, podemos tener experiencias extrañas. Hay un capítulo sobre este tema en mi libro Enigmas del Alma En él trato de las críticas a la Antroposofía, que se encuentran en un libro titulado Vom Jenseits der Seele,  y escrito por ese individuo académico Dessoir. Este segundo capítulo de mi libro Enigmas del Alma será una buena contribución para las personas pensantes que quieran formarse una opinión sobre la ética académica actual. Cuando lean este capítulo verán qué tipo de oposición hay que encontrar. Mencionaré, de todos los puntos allí indicados, sólo uno o dos que no son ajenos a nuestro tema actual.

Este hombre hace toda clase de objeciones a esto y aquello, fundadas en pasajes tomados de mis libros. En una relación muy prolija dice que yo distingo períodos consecutivos de cultura: el indio, el antiguo persa, el caldeo-egipcio, el grecolatino, y ahora vivimos en el sexto, dice, "según Steiner".

Esto nos obliga a refutar estas afirmaciones erróneas de manera escolar, pues nos muestra la única manera de llegar a tal individuo. ¿Cómo llega Max Dessoir a afirmar, en medio de todos sus otros disparates, que yo dije que estamos viviendo en el sexto período de la cultura postatlante? Puede explicarse fácilmente si tiene alguna práctica en la técnica de los métodos filológicos. Estuve relacionado durante seis años y medio con los Archivos Goethe de Weimar, allí aprendí un poco sobre el procedimiento habitual, y pude demostrar fácilmente, según los métodos filológicos, cómo Dessoir llegó a atribuirme esta afirmación sobre el sexto período cultural. Él había estado leyendo mi libro Ciencia Oculta, un Esquema, en el que hay una frase que conduce a una descripción de nuestro actual quinto período de cultura postatlante. En ella digo que hay largas preparaciones y, en una sección, que los acontecimientos que tienen lugar en los siglos XIV y XV fueron preparados en los siglos IV, V y VI. Unas cinco líneas más adelante digo que el siglo VI fue una preparación para el periodo cultural quinto. Dessoir, leyendo superficialmente, se volvió apresuradamente, como hacen los eruditos, al lugar que había anotado en el margen, y confundió lo que se decía sobre el período de cultura con lo que se había dicho más atrás sobre los siglos IV, V y VI. Así, dice "sexto período cultural" en lugar de quinto porque su ojo se había desplazado hacia atrás unas cuantas líneas.

Ya ves con qué gran superficialidad trabaja una persona así. Aquí tenemos un ejemplo de cómo tal "erudición" puede ser filológicamente demostrada. En esta creación literaria tales errores recorren todo el capítulo. Y mientras Dessoir afirma que ha estudiado toda una fila de mis libros, yo podría demostrar, de nuevo filológicamente, cuáles de los míos componen esta "fila entera". Había leído -y apenas entendido- La Filosofía de la Actividad Espiritual, pues le dedica una frase que es un completo disparate. Y leyó la Ciencia Oculta, pero de tal manera que sacó a relucir el tipo de cosas que he descrito. Además, leyó la pequeña obra La guía espiritual del hombre, y los pequeños folletos sobre Reencarnación y Karma, y La sangre es un fluido bastante especial. Esto es todo lo que leyó, como puede verse en sus comentarios. No leyó nada más. Esta es nuestra ética actual de la erudición. Es importante exponer, de alguna manera, la erudición de hoy en día. De la larga lista de mis libros, elige un número muy pequeño, y funda en ellos, con un pensamiento bastante pervertido, toda su declaración. Muchos de nuestros científicos actuales hacen exactamente lo mismo. Cuando escriben sobre animales, por ejemplo, suelen tener como base tanto material como el que el profesor Dessoir extrajo de mis libros.

Se podría escribir un bonito capítulo con las observaciones del subconsciente de Dessoir. Sin embargo, él mismo, en un pasaje especial de su libro, nos permite tener en cuenta su subconsciente. Relata de forma bastante grotesca que, cuando da una conferencia, a menudo sucede que sus pensamientos se desarrollan sin su plena dirección consciente, y que sólo por la reacción de su público reconoce que sus pensamientos han tomado una línea independiente de su atención. Lo cuenta con bastante ingenuidad. Pero ¡sólo piensa! A partir de este hecho se embarca en una extensa consideración de las muchas peculiaridades de la conciencia humana. He señalado con cierta "delicadeza" que Dessoir se revela así de forma extraña. Al principio dije: no es posible que se refiera a sí mismo. En este caso debe identificarse simplemente con ciertos conferenciantes torpes, y hablar en primera persona. Sería imputarle mucho suponer que se está describiendo a sí mismo. Pero en realidad hace exactamente eso. Pues bien, en la discusión de tales asuntos hay que señalar muchas cosas extrañas.

Se deshizo de La Filosofía de la Actividad Espiritual con un comentario, añadiendo una frase que es de Dessoir, pero que no se originó en mí. Todo el asunto es una locura. Dice al mismo tiempo "el primer libro de Steiner, la Filosofía de la Actividad Espiritual". Esto me obliga a señalar que este libro constituye el cierre de un período de diez años de autoría, y a ofrecer este incidente como ejemplo de ignorancia académica, y de ética. Sé, por supuesto, que aunque he demostrado lo incorrecto de sus afirmaciones, la gente dirá una y otra vez: "Bueno, Dessoir ha refutado a Steiner". - Lo sé muy bien. Sé que es hablar contra las paredes tratar de abrirse paso a través de lo que los hombres se imaginan que se han librado hace tiempo: ¡la creencia en la autoridad!

Pero este capítulo demostrará por sí solo las dificultades contra las que debe luchar la ciencia espiritual porque insiste en conceptos claros y nítidamente esbozados, y en experiencias espirituales concretas. Con un individuo como Dessoir no hay cuestión de lógica, y la falta de lógica caracteriza en el sentido más amplio nuestra actual literatura llamada científica.

Estas son las razones por las que el aprendizaje oficial, y las tendencias espirituales oficiales, incluso si se esfuerzan por salir de una inferioridad tal como la psiquiatría o la psicología universitaria, no están en condiciones de hacer el bien porque carecen del más mínimo equipo para una observación genuina de la vida. Mientras no se comprenda lo lejos que está de la investigación genuina y del sentido de la realidad lo que se presenta como literatura científica, -no digo como ciencia, sino como literatura científica,- y que a menudo constituye el contenido de las conferencias universitarias y sobre todo de las populares, mientras no se rompa esta creencia autoritaria, no puede haber cura. Estas cosas hay que decirlas, y son compatibles con el más profundo respeto por el verdadero pensamiento científico, y por los grandes logros de la ciencia natural. Sin embargo, hay que reconocer que estas cosas se aplican a la vida de manera tan contradictoria.

Después de esta digresión, volvamos a nuestro tema. Dessoir aprovecha la ocasión para combinar la falsedad objetiva con la calumnia en su observación sobre el pequeño folleto La orientación espiritual del hombre. Considera especialmente irritante el hecho de que yo haya indicado la importante acción subconsciente de los impulsos espirituales, mostrando que un niño, mientras construye su cerebro, manifiesta una mayor sabiduría de la que es consciente después. Una ciencia sana debería tomar su punto de partida de tales efectos normales del subconsciente, pero necesita algo más. Si se toma el libro El Conocimiento de los Mundos Superiores, se encontrará la mención del Secreto del Umbral. En la explicación de este "secreto" se afirma que al cruzar el umbral hacia el mundo espiritual se produce una especie de separación, una especie de diferenciación de los tres poderes fundamentales del alma: pensar, sentir y querer. Recordemos en la parte que trata del Guardián del Umbral, la explicación de que estas tres fuerzas, que actúan juntas en la conciencia ordinaria de tal manera que difícilmente pueden separarse, se independizan unas de otras. Si las esbozo, esta estrecha sección central (ver dibujo) es el límite entre la conciencia ordinaria y aquella región en la que el alma vive en el mundo espiritual. El pensar, el sentir y la voluntad deben ser dibujados de tal manera que muestren esta zona como el ámbito de la voluntad (rojo), pero limitando con el ámbito del sentir (verde), y éste a su vez limita con el ámbito del pensar (amarillo). Pero si tuviera que indicar su dirección después de cruzar el umbral hacia el mundo espiritual, tendría que mostrar cómo el pensamiento (amarillo) se independiza por un lado; el sentimiento (verde, derecha) se separa del pensamiento, la voluntad también se independiza (rojo, derecha), tal como lo esbozo aquí en forma de diagrama, de modo que el pensar, el sentir y la voluntad se extienden el uno del otro como un abanico.

Encontrarán esto descrito en mi libro Conocimiento de los Mundos Superiores. El hecho de que estas tres actividades, que antes de pasar el umbral lindan entre sí, pero trabajan por separado, interactúen de manera correcta y no entren en confusión, se debe a que el umbral tiene, por así decirlo, una cierta amplitud en la que vive nuestro propio yo. Si nuestro yo actúa con normalidad, tiene una salud anímica perfecta, entonces la interacción del pensar, el sentir y la voluntad está regulada de tal manera que no chocan entre sí, sino que se influyen mutuamente. El secreto esencial de nuestro yo es que mantiene el pensar, el sentir y la voluntad uno al lado del otro, de modo que puedan afectarse mutuamente de manera correcta, pero no se mezclen de manera accidental. Una vez que se cruza el umbral hacia el mundo espiritual, no hay peligro de que esto ocurra, ya que las tres facultades se separan.

Algunos filósofos (como Wundt, por ejemplo), insisten en que el alma no debe describirse como triple porque es una unidad. También Wundt lo confunde todo. El hecho es que en el mundo espiritual el pensar, el sentir y la voluntad se originan de manera triple, pero en el alma terrestre actúan como una unidad. Esto debe tenerse en cuenta, y cuando se afirma, como se ha informado recientemente, que la Antroposofía reconoce tres almas aunque sólo existe una, y que por lo tanto la Antroposofía no tiene ningún argumento razonable, la respuesta debe ser que la unidad del hombre no se ve afectada por el hecho de que tenga dos manos.

Pero ahora estamos considerando la relación del yo con las fuerzas anímicas que actúan en él, y su acción más allá del umbral de la conciencia en el mundo espiritual. (parte central y derecha del dibujo). Una condición opuesta puede producirse si el ego se ha debilitado de alguna manera. Entonces el umbral se cruza, por así decirlo, en la dirección opuesta (Ver dibujo, izquierda). Entonces el pensamiento se desvía (amarillo, izquierda), se mezcla con el sentimiento (verde, izquierda) y la voluntad (rojo, izquierda), y se produce una confusión. Esto sucede si el pensamiento se expone de alguna manera al peligro de no estar debidamente confinado, de modo que se impone injustificadamente en la conciencia. Entonces, debido a que el ego no está trabajando como debería, el pensamiento se desliza hacia la esfera del sentimiento o de la voluntad. En lugar de trabajar codo con codo, el pensamiento se mezcla con el sentimiento o la voluntad, ya que el ego, por alguna razón, no puede ejercer su poder normal.

Esto es lo que ha ocurrido en los casos descritos por los psicoanalistas como histéricos o nerviosos. El pensamiento, el sentimiento y la voluntad se han desviado hacia el lado opuesto, alejándose de la dirección saludable que los llevaría al mundo espiritual. Si tienen ustedes algún don para probar y comprobar, pueden ver fácilmente cómo se produce esto. Tomemos el caso de la muchacha sentada junto al lecho del enfermo. Su fuerte conciencia del yo estaba reducida por la pérdida de sueño y la ansiedad. La más mínima cosa podía hacer que el pensar abandonara su camino junto al sentir y que se precipitara sobre él. Entonces el pensar se sumergiría de inmediato en las olas del sentir, que son mucho más fuertes que las olas del pensar, y el resultado en tal caso es que todo el organismo es tomado por el tumulto del sentir. Esto sucede en el instante en que el pensar deja de ser lo suficientemente fuerte como para mantenerse al margen del sentir.

Se exige seriamente al ser humano que aprenda cada vez más a mantener su pensar separado de las olas del sentir y de la voluntad. Cuando el pensar se apodera inconscientemente de las ondas del sentir, se produce algo anormal. (Véase el dibujo: a la derecha está el superconsciente, en el medio el consciente, a la izquierda el subconsciente). Esto es extremadamente importante.

Ahora bien, es fácil imaginar que en esta vida moderna, en la que las personas están en contacto con tantas cosas que no comprenden bien y no pueden valorar, los pensamientos se desbordan continuamente hacia los sentimientos. Pero hay que recordar que el pensar sólo está orientado al plano físico; el sentir ya no sólo está confinado al plano físico, sino que por su propia naturaleza está también en conexión con el plano espiritual. El sentir tiene realmente una conexión con todos los seres espirituales de los que se debe hablar como reales. De modo que cuando un hombre con conceptos inadecuados se sumerge en su vida del sentir, entra en colisión con los dioses, -si se quiere expresar así,- pero también con los dioses malos. Y todas estas colisiones se producen porque el hombre se sumerge sin medios fiables de conocimiento. Debe sumergirse así cuando pasa más tiempo en la esfera del sentir que en la esfera ordinaria de la razón. En la esfera del sentir el hombre no puede emanciparse de su conexión con el mundo espiritual. Aunque, en esta época materialista, se libere en la esfera del intelecto, siempre entra en la región del sentir con conceptos inadecuados, por lo cual debe enfermarse.

¿Cuál es entonces el verdadero remedio y cómo se puede devolver la salud a los hombres? Hay que guiarlos hacia conceptos que abarquen el mundo de los sentimientos; es decir, hay que volver a hablar al hombre moderno del mundo espiritual, y en los términos más amplios. No se trata de las instrucciones terapéuticas adaptadas individualmente de los psicoanalistas, sino de la ciencia espiritual que es aplicable a toda la humanidad. Si los conceptos de la ciencia espiritual son realmente aceptados, -pues no todos los que se limitan a escuchar conferencias o a leer sobre ellas los asimilan-, pero si son realmente absorbidos, ya no habrá posibilidad de que se produzca la caótica mezcla, en el subconsciente, de las tres esferas del alma: el pensar, el sentir y la voluntad, que es la base de toda la histeria y el nerviosismo señalados por los psicoanalistas.

Para ello, sin embargo, el hombre necesita el valor de acercarse a una experiencia directa del funcionamiento de los mundos espirituales, el valor de reconocer que estamos viviendo ahora una crisis que está conectada con otra (la fecha establecida es 1879), otra crisis con consecuencias dolorosas de la que todavía estamos sufriendo. Ayer les dije que muchas cosas deben ser consideradas desde puntos de vista distintos a los materialistas de nuestro tiempo, y elegí a Nietzsche como ilustración.

Nietzsche nació en 1844. En 1841 comenzó la batalla en el mundo espiritual, de la que ya he hablado, y Nietzsche estuvo durante tres años en medio de ella, absorbiendo de ella todos los impulsos posibles, y trayéndolos consigo a la tierra. Richard Wagner, nacido en 1813, no participó al principio en él. Lean los primeros escritos de Nietzsche y observen el tono combativo, casi cada frase muestra las secuelas de lo que experimentó espiritualmente de 1841 a 1844. Esto dio un colorido definitivo a todos los escritos del primer período de Nietzsche.

Además, es importante -como ya he explicado- que era un muchacho de dieciséis años cuando murió Schopenhauer, y que en aquel momento empezó a leer sus obras. Se produjo una verdadera relación entre el alma de Schopenhauer en el mundo espiritual y la de Nietzsche en la tierra. Nietzsche leyó cada frase de Schopenhauer de forma tan receptiva que fue penetrado por cada impulso correspondiente de su autor. ¿Cuál era el objeto de Schopenhauer? Había ascendido al mundo espiritual en 1860, cuando la batalla aún estaba en marcha, y no quería nada más que el poder de sus pensamientos continuara a través de sus obras. Nietzsche continuó los pensamientos de Schopenhauer, pero de una manera peculiar. Schopenhauer vio, cuando atravesó la puerta de la muerte, que había escrito sus libros en una época amenazada por los espíritus de las tinieblas que se acercaban, y con la lucha de estos espíritus frente a los espíritus de la luz, anhelaba que los efectos de su obra continuaran, y formó en el alma de Nietzsche el impulso de continuar sus pensamientos. Lo que Nietzsche recibió del mundo espiritual en este período contrastó notablemente con lo que sucedía en el plano físico en sus relaciones personales con Richard Wagner. La vida anímica de Nietzsche se compuso así, y su carrera como escritor.

Llegó el año 1879. La batalla que se había librado en los reinos espirituales comenzó a trasladarse a la tierra tras la caída de los espíritus de las tinieblas. Nietzsche estaba expuesto por todo su Karma (en el que incluyo sus relaciones con el mundo espiritual), al peligro de ser conducido por los espíritus de las tinieblas hacia caminos malignos. Se había inspirado en el egoísmo trascendente de Schopenhauer para intentar llevar a cabo su obra. No quiero decir que el egoísmo sea siempre malo. Pero cuando Wagner subió al mundo espiritual en 1883, los espíritus de la oscuridad estaban abajo, por lo que entró en una atmósfera totalmente diferente, y se convirtió en el guía espiritual desinteresado de Nietzsche. Le dejó entrar en lo que para él era el canal adecuado, y le permitió trastornarse mentalmente en el momento exacto, de modo que nunca llegó a entrar conscientemente en regiones peligrosas. Esto suena paradójico, pero en realidad fue la forma desinteresada en que el alma de Wagner afectó a Nietzsche desde los reinos más puros de arriba, en lugar de la forma en que actuó el alma de Schopenhauer, que todavía estaba en medio de la batalla, arriba en el mundo espiritual, entre los espíritus de la oscuridad y los espíritus de la luz. Lo que Wagner quiso hacer por Nietzsche fue protegerlo, en la medida en que su Karma lo permitiera, de los espíritus de las tinieblas, ya descendidos en la tierra.

Y Nietzsche fue protegido en gran medida. Si se leen sus últimos escritos con el espíritu adecuado, eliminando lo que ha surgido de fuertes oposiciones, se descubrirán grandes pensamientos. Intenté en mi libro Nietzsche, un luchador contra su tiempo, mostrar los poderosos impulsos del pensamiento, desligados de todos sus impulsos de resistencia.

Sí, "el mundo es profundo". Realmente hay algo de verdad en la frase del propio Nietzsche: "El mundo es profundo, y más profundo que el día divino". Así que nunca debemos intentar criticar las amplias regiones de la vida espiritual por medio de nuestra conciencia ordinaria. La sabia guía de los mundos sólo puede ser comprendida si podemos entrar en esa guía, libres de pensamientos egoístas, aunque podamos encajar el desarrollo de los sucesos trágicos en el esquema de la sabiduría. Si desean mirar en el corazón de las cosas se encontrarán con muchos lugares incómodos.

En el futuro, quien quiera evaluar una vida como la de Nietzsche no avanzará si sólo describe lo que ocurrió en el entorno de Nietzsche en la tierra. Nuestra visión de la vida tendrá que extenderse al mundo espiritual, y nos veremos empujados a esta necesidad por el tipo de fenómenos que el psicoanalista actual intenta dominar con medios de conocimiento tan inadecuados, pero que nunca podrá controlar. Por lo tanto, la sociedad humana podría verse abocada a regiones de gran dificultad si cede al psicoanálisis, particularmente en el campo de la pedagogía.

¿Por qué habría de ser así? Consideremos el hecho de que el pensamiento se desliza hacia la esfera del sentir. Ahora bien, en cuanto un hombre vive con su alma en la esfera del sentir, ya no está en la vida limitada por el nacimiento y la muerte o por la concepción y la muerte, sino que vive en el mundo entero, el mundo extendido. Esto representa el período de vida habitual (Ver dibujo, a); dentro de la esfera del sentir vive también en el período que va desde su última muerte hasta su nacimiento en esta vida presente (Ver dibujo, b); y con su voluntad vive incluso en su encarnación anterior (Dibujo, c).

Piensen ustedes en la relación con el alumno o el paciente de un instructor que desea proceder por el método del psicoanálisis. Cuando intenta tratar los contenidos anímicos que se han deslizado hacia el ámbito del sentir, echa mano, no sólo de la vida individual del hombre, sino de la vida integral que se extiende mucho más allá del individuo. Sin embargo, para esta vida integral no hay vínculos entre los hombres que puedan manejarse por medio de meras ideas. Tales vínculos conducen, en cambio, a auténticas relaciones de vida. Esto es muy importante. Imagínese la existencia de tal vínculo entre un instructor psicoanalítico y un alumno. Lo que ocurre no podría limitarse al ámbito de las ideas que se transmiten al alumno, sino que tendrían que establecerse verdaderas conexiones kármicas porque se está invadiendo realmente la vida misma. Sería arrancar al individuo en cuestión de su karma, cambiar el curso de su karma. No se puede tratar lo que se extiende más allá del individuo de una manera puramente individual. En su lugar, debe tratarse de una manera universalmente humana. Todos estamos reunidos en una época definida, por lo que debe haber un elemento mutuo que actúe en cuanto vayamos más allá del individuo. Es decir: un paciente no puede ser tratado por el psicoanálisis, ni terapéutica ni educativamente, como entre individuos. Tiene que entrar algo universal, tiene que entrar incluso en la cultura general de la época, algo que dirija el alma hacia lo que de otro modo permanecería subconsciente; y lo que atrae la subconsciencia hacia arriba tiene que convertirse en el medio, no en una transacción entre individuos.
Ahí, como ven, radica el gran error que se está cometiendo. Tiene un alcance tremendo y es de inmensa importancia. En lugar de tratar de conducirlos al conocimiento alcanzable del mundo espiritual que exigen los tiempos, los psicoanalistas encierran en sanatorios a todas las almas que muestran algún síntoma mórbido, y tratan a cada una de manera individual. Esto sólo puede conducir a la formación de conexiones kármicas confusas, -lo que tiene lugar no saca a la luz el contenido subconsciente del alma, sino que simplemente forma un vínculo kármico entre el médico y el paciente porque invade al individuo.

Entiéndase: se trata de la vida real y concreta, con la que no se puede jugar, que sólo puede ser dominada si no se busca en este campo nada más que lo humanamente universal. Estas cosas deben ser aprendidas por las relaciones directas de los seres humanos con el mundo espiritual. Por lo tanto, sería útil que la gente dejara de hablar en abstracto como lo hace Jung, diciendo que el hombre experimenta subconscientemente todo lo que la humanidad ha vivido, incluso toda clase de demonios. Los convierte en demonios abstractos, no en realidades, al decir que es estúpido discutir su posible existencia. Los convierte en demonios abstractos, meros demonios de pensamiento que nunca podrían enfermar a un hombre. Sólo pueden existir en la conciencia, y nunca pueden ser subconscientes. Ese es el punto: que las personas que se entregan a tales teorías están trabajando con tantas ideas inconscientes que nunca pueden dar con lo correcto. En cambio, llegan a considerar ciertos conceptos como absolutos, infalibles; y debo repetir siempre que cuando las ideas empiezan a ser absolutas, los hombres se meten en un callejón sin salida, o llegan a un pozo en el que caen con su pensamiento.

Un hombre como el Dr. Freud se ve obligado a extender el dominio sexual sobre todo el ser humano para que dé cuenta de todo fenómeno anímico. He dicho a varias personas con tendencias psicoanalíticas, a las que he conocido: Una teoría, una concepción del mundo, debe poder sostenerse cuando se la hace girar sobre sí misma, de lo contrario se desmorona. La falacia simple, si se extiende lo suficiente, es un ejemplo. Un cretense dice: Todos los cretenses son mentirosos. Si lo dice un cretense, y es cierto, entonces sería una mentira, lo que hace que el dicho se anule a sí mismo. No vale que un cretense diga: "Todos los cretenses son unos mentirosos", esperando que la frase pase sin ser cuestionada. Eso es sólo una muestra de absolutización. Pero una teoría no debe desmoronarse cuando se vuelve sobre sí misma. Al igual que la afirmación de que todos los cretenses son mentirosos sería una mentira si la hiciera un cretense, la teoría de la sexualidad universal se desmorona si se pone a prueba aplicándola al propio sujeto. Y lo mismo ocurre con otras cosas. Se puede entender tal principio durante mucho tiempo sin aplicarlo enérgicamente, de acuerdo con la realidad. Pero será uno de los logros particulares de la ciencia espiritual de orientación antroposófica, que no se puede volver de esta manera contra sí misma.
Traducido por J.Luelmo nov.2022

GA191 Dornach, 4 de octubre de 1919 - La intuición, la inspiración y la imaginación en los tres períodos del desarrollo juvenil.

 


 RUDOLF STEINER

Índice

El Movimiento por la triple estructuración del organismo social

Conferencia 2
Dornach, 4 de octubre de 1919

En la mitad de estas tres conferencias hay una serie de verdades antroposóficas en particular que me gustaría desarrollar para ustedes. Entonces comprobaremos el gran impacto que tienen estas verdades particulares en la vida cotidiana de una persona, y de eso hablaremos mañana. Hoy sólo quiero llamar su atención sobre un aspecto más profundo del ser humano.

Muy a menudo las personas no se preguntan cuáles son las fuerzas del ser humano necesarias para adquirir el conocimiento de los mundos suprasensibles. Intentan responder a esta pregunta diciendo simplemente que existe la posibilidad de adquirir el conocimiento suprasensible por medio de ciertas fuerzas en el ser humano. Pero no suelen preguntarse cuáles son las conexiones reales entre estas fuerzas y el ser del hombre. Por eso se da tan poca importancia a que el conocimiento de los mundos suprasensibles sea realmente provechoso en la vida ordinaria. Se puede decir que, justo en nuestra época, el conocimiento suprasensible es cada vez más esencial para el hombre. En cuyo caso es vital comprender cuál es su conexión con la vida cotidiana ordinaria.

Como ustedes saben, la primera de las capacidades que lleva al ser humano a los reinos suprasensibles, es la capacidad de la Imaginación, la segunda capacidad es la fuerza de la Inspiración y la tercera capacidad la fuerza de la Intuición. La cuestión que se plantea ahora es la de saber si estas capacidades deben preocuparnos en absoluto, salvo en lo que se refiere al conocimiento de los mundos suprasensibles, o si estas capacidades tienen algún papel que desempeñar en el resto de la vida del hombre. Verán que es esto último. Como dice mi pequeño libro La educación del niño a la luz de la Antroposofía, podemos ver que la vida humana transcurre en tres etapas: desde el nacimiento hasta el cambio de dientes, desde el cambio de dientes hasta la pubertad, y desde la pubertad hasta aproximadamente los veintiún años. Si no se considera al hombre de forma puramente superficial, se verá que la naturaleza del desarrollo del hombre es totalmente diferente en las tres etapas de siete años. El empuje de nuestros dientes permanentes, como he mencionado a menudo, está relacionado con el desarrollo de fuerzas que no se limitan, digamos, a nuestras mandíbulas o a sus órganos vecinos, sino que llenan todo nuestro cuerpo físico. Entre el nacimiento y el séptimo año hay un trabajo en curso dentro de nuestro cuerpo físico, y este trabajo llega a su fin con el empuje de nuestros dientes permanentes.
Es obvio que las fuerzas que llevan a cabo este trabajo de desarrollo del cuerpo físico son suprasensibles, en efecto. El cuerpo perceptible es sólo el material sobre el que actúan. Estas fuerzas suprasensibles, activas en todo el organismo humano durante los primeros siete años de su vida, quedan, por así decirlo, suspendidas cuando se ha cumplido su propósito y han aparecido los dientes permanentes. A los siete años estas fuerzas se adormecen. Están ocultas en el ser del hombre; están latentes en su interior. Y pueden ser extraídas de su ser cuando realiza el tipo de ejercicios como los que describo en el Conocimiento de los Mundos Superiores, que conducen a la Intuición. Porque las fuerzas que se aplican en la adquisición del conocimiento intuitivo, son aquellas mismas con las cuales se crece en la etapa de la vida cuyo crecimiento culmina en el cambio de dientes. Estas fuerzas latentes que están activas dentro del cuerpo humano hasta el séptimo año son las fuerzas que ustedes emplean en el conocimiento suprasensible para alcanzar la Intuición.

Ahora bien, las fuerzas que están activas desde el séptimo hasta el decimocuarto año y que se quedan adormecidas en la pubertad en las profundidades del cuerpo, son extraídas y forman el poder de la Inspiración. Y las fuerzas que en tiempos pasados solían ser la fuente de los ideales juveniles entre el decimocuarto y el vigésimo primer año, -sería una afirmación excesiva decir que esto todavía sucede hoy,- las fuerzas que crean órganos en el cuerpo físico para estos ideales de la juventud, son las mismas fuerzas que pueden hacer salir de su estado de letargo y utilizar para la adquisición de la Imaginación.

De esto se desprende que las fuerzas de la Imaginación, la Inspiración y la Intuición no son cualquier fuerza obtenida de no sabemos dónde, sino que son aquellas mismas fuerzas con las que crecemos desde nuestro nacimiento hasta los veintiún años. Así que las fuerzas que viven en la Imaginación, la Inspiración y la Intuición son fuerzas muy saludables. Son las fuerzas que el ser humano utiliza para su crecimiento sano y que se adormecen dentro de su cuerpo cuando se completan las correspondientes fases de crecimiento.
Les acabo de mostrar la relación entre las fuerzas del conocimiento suprasensible y la existencia cotidiana del ser humano. Sin embargo, algo similar puede decirse de las fuerzas de la naturaleza normal del ser humano, la naturaleza del ser humano tal como aparece en la vida ordinaria. Sólo que allí no es tan evidente. Una fuerza muy importante en la vida ordinaria, -y hemos hablado de ella muchas veces,- es la facultad de la memoria. La capacidad de recordar se activa en nosotros cuando, como suele decirse, recordamos algo que hemos vivido. Pero, como todos ustedes saben, La capacidad de recordar tiene algo peculiar. Lo tenemos y, sin embargo, no lo tenemos. Muchas personas se esfuerzan en algún momento de su vida por intentar recordar algo que no pueden recordar. Esta voluntad de recordar pero no poder recordar del todo, surge debido a que la fuerza en nuestras almas con la cual recordamos es aquella misma que transforma los alimentos que comemos, en el tipo de sustancias de las cuales nuestro cuerpo puede hacer uso. Si comemos un trozo de pan y este pan se transforma dentro de nuestro cuerpo en el tipo de sustancia que sirve para la vida, esto es aparentemente un proceso físico. Este proceso físico, sin embargo, está gobernado por fuerzas suprasensibles. Estas fuerzas suprasensibles son las mismas que luego se utilizan para recordar. Así que se utilizan los mismos tipos de fuerzas, por un lado, para la memoria y, por otro, para la asimilación de los alimentos en el cuerpo humano. Y, en realidad, siempre hay que oscilar un poco entre el alma y el cuerpo si se quiere perdurar en la memoria. Si su cuerpo está llevando a cabo el proceso de digestión demasiado bien, es posible que no sea capaz de sacar suficientes fuerzas de él para recordar ciertas cosas. Cada vez que uno quiere recordar algo, hay una lucha interna en el inconsciente entre el proceso del alma y el proceso del cuerpo. Observar la memoria es la mejor manera de comprender lo absurdo que es en el fondo, desde un punto de vista superior, que algunas personas sean idealistas y otras materialistas. La asimilación de los alimentos en el cuerpo humano es sin duda un proceso material. Las fuerzas que lo controlan son las mismas que actúan en un proceso de las ideas, es decir, la fuerza de la memoria. Sólo se ve bien el mundo cuando se ve que no es materialista ni idealista, sino que es capaz de seguir el aspecto ideal de lo que se presenta de forma material y de seguir el aspecto material de lo que se presenta como idea. La cualidad espiritual de una concepción del mundo no consiste en poder decir "Allí está el materialismo de base, que es para la "escoria" de la humanidad, y aquí está el idealismo, que es para las elites" -y el orador suele incluirse a sí mismo entre éstas-, sino que la cualidad esencial de una concepción del mundo realmente espiritual reside en su capacidad de tomar lo que ha captado en el espíritu y bajarlo a la existencia material para que ésta pueda ser comprendida y no despreciada. Esa es la falacia de muchas confesiones religiosas, que desprecian la existencia material en lugar de comprenderla y buscar el espíritu en ella.
El quid de la cuestión es realmente entrar en estas cosas, y no, como sigue siendo en gran medida el caso, tratar con frases vacías en lo que respecta al misticismo. Después de haberles mostrado, por así decirlo, cómo se puede entrar realmente en estas cosas, quisiera ahora aportar algo de gran importancia. Cuando la gente habla de la existencia material y de la existencia suprasensible, suele hablar de ellas como si la existencia material estuviera extendida en el mundo y como si la existencia suprasensible, no perceptible, estuviera en algún lugar detrás o por encima de ésta. Si se imaginan que simplemente tienen la existencia física-perceptible por un lado y la existencia suprasensible por el otro, nunca entenderán al hombre. No hay manera de comprender realmente al hombre si se miran las cosas desde el punto de vista del mundo perceptible frente al mundo suprasensible. En realidad es así: El mundo de los sentidos y el mundo en el que trabajamos y vivimos socialmente se extienden a nuestro alrededor. Representemos en forma de diagrama por medio de esta línea este mundo que se extiende a nuestro alrededor (ver línea horizontal del dibujo). Sólo tendremos una imagen completa de lo que hay realmente en el mundo si imaginamos que hay fuerzas por encima de esta línea, fuerzas suprasensibles (lado rojo). No percibimos estas fuerzas suprasensibles por medio de nuestros sentidos ordinarios ni por medio de nuestro intelecto ligado a nuestros sentidos ordinarios. Sólo percibimos lo que está en el ámbito de esta línea.
Pero también hay fuerzas por debajo de esta línea. Si realmente queremos incluir todo el reino imperceptible o espiritual, debemos hablar de fuerzas subsensibles y suprasensibles. Así que debemos imaginar que también hay fuerzas subsensibles aquí (lado naranja).

Así pues, tenemos el mundo de los sentidos, las fuerzas suprasensibles y las fuerzas subsensibles. ¿A dónde pertenece el hombre mismo, como persona común y corriente? La parte de él que ustedes ven erguida frente a ustedes pertenece enteramente a esta línea. Pero las fuerzas suprasensibles de un lado y las fuerzas subsensibles del otro lado influyen en la parte del hombre que pertenece a la línea. El hombre es el resultado de las fuerzas suprasensibles y subsensibles. Ahora bien, ¿qué fuerzas del hombre son suprasensibles y cuáles son subsensibles? Todas las fuerzas relacionadas con el entendimiento son suprasensibles, es decir, todo aquello de lo que nos servimos para entender. Y estas son las mismas fuerzas que también forman nuestra cabeza. Así que podemos decir que las fuerzas suprasensibles son las fuerzas del entendimiento.

Ahora bien, las fuerzas subsensibles también actúan en el hombre. ¿Qué clase de fuerzas son éstas? Son las fuerzas de la voluntad. Todas las fuerzas de la voluntad, todo lo que en el hombre es de la naturaleza de la voluntad, es subsensible.

Una pregunta obvia es ¿de dónde vienen estas fuerzas subsensibles, estas fuerzas de la voluntad? Son las mismas fuerzas que las fuerzas de los planetas, es decir, desde nuestro punto de vista, las fuerzas de la tierra. Sí, efectivamente, las fuerzas de la tierra están trabajando perpetuamente en el hombre. Y son nuestras fuerzas de la voluntad las que están conectadas con estas fuerzas de los planetas, estas fuerzas de la tierra. Las fuerzas de la comprensión vienen a nosotros desde la periferia del mundo, y se vierten en nosotros como desde fuera, desde el exterior del planeta. Las fuerzas de la voluntad entran en nosotros desde el propio planeta. Así es como las fuerzas de nuestro propio planeta tierra viven dentro de nosotros. En el momento en que nacemos, las fuerzas del planeta tierra están activas en nosotros.

Ahora se plantea la cuestión de cómo se distribuye esta actividad. Hay una diferencia considerable a este respecto en la primera, segunda y tercera etapa de la vida, es decir, hasta el séptimo año, el decimocuarto y el vigésimo primero. La voluntad que trabaja en nosotros hasta el séptimo año, lo hace totalmente desde el interior del planeta. Es muy interesante ver espiritualmente que en todo lo que funciona en el niño hasta los siete años, es la fuerza de las profundidades de la tierra la que está activa. Si desean ver una manifestación real de las fuerzas del interior de la tierra, entonces estudien todo lo que ocurre en el niño hasta la edad de siete años, pues son las fuerzas del interior de la tierra. Profundizar en la tierra para encontrar las fuerzas del interior de la tierra sería absolutamente erróneo. Sólo encontrarías sustancias terrestres. Las fuerzas que están activas en la tierra se manifiestan en el trabajo que llevan a cabo en el ser humano hasta su séptimo año. Y del séptimo al decimocuarto año, son las fuerzas del aire circundante las que actúan en el ser humano, fuerzas que siguen perteneciendo a la tierra, a la atmósfera terrestre. Éstas actúan predominantemente en todo lo que se desarrolla en el ser humano entre los siete y los catorce años. Luego viene la etapa más importante de todas, de los catorce a los veintiuno. En esta etapa, lo subsensible pasa a lo suprasensible. Aquí se crea una especie de equilibrio entre lo subsensible y lo suprasensible. Ahora las fuerzas de todo el sistema solar de la tierra trabajan en la organización del ser humano.
Así pues, en el primer período de la vida tenemos el interior de la tierra; en el segundo período de la vida, el aire circundante, es decir, aquello en lo que está inmersa la propia tierra. Las fuerzas que descienden desde los espacios cósmicos, en la medida en que estos espacios cósmicos están llenos de nuestro propio sistema planetario actual, hasta el vigésimo primer año. Hasta los veintiún años el hombre no se desprende, por así decirlo, de las influencias provocadas en él desde el exterior por los planetas y el sistema planetario correspondiente.

Obsérvese que en todo lo que he referido como influencia sobre el hombre, se incluyen, naturalmente, las influencias corporales. Son procesos corporales que las fuerzas del interior del planeta provocan hasta el séptimo año. Son procesos corporales que se forman por el aire circulante en conexión con la respiración y así sucesivamente entre el séptimo y el decimocuarto año. No hay duda de que se trata de procesos corporales, de hecho se producen transformaciones reales de los órganos corporales; todo está relacionado con el crecimiento y el aumento del ser humano. Así, el ser humano crece más allá de todo este trabajo que realiza la tierra sobre él; todo esto cesa a los veintiún años.

Sin embargo, ¿qué ocurre entonces? ¿Qué sucede después de los veintiún años? Hasta los veintiún años nos nutrimos de lo que viene de la tierra y de su sistema planetario de la manera que hemos descrito. Construimos nuestra constitución con la ayuda de la tierra. Luego, después de los veintiún años, tenemos que recurrir a nosotros mismos. Poco a poco tenemos que liberar lo que hemos puesto en nuestro organismo desde fuera de las fuerzas del planeta y del sistema planetario.

Las actividades que se desarrollan en las fuerzas de la sangre siempre solían asegurar que esto sucediera en el pasado. Como probablemente sabrán, el hombre no aprendió por sí mismo a liberar las fuerzas planetarias, después de los veintiún años. Y, sin embargo, lo ha estado haciendo. Lo hizo como un proceso inconsciente. La capacidad estaba en su sangre. Estaba incorporada en él para hacerlo. El cambio importante en nuestro tiempo actual, -y el presente se extiende por un largo período de varios siglos, por supuesto, -es que la sangre humana está perdiendo la capacidad de liberar lo que hemos puesto en el organismo de esta manera, antes de los veintiún años.

Los importantes cambios que tienen lugar en la humanidad en la actualidad se basan en la disminución de las fuerzas en la sangre. Estas cosas no pueden ser atestiguadas por la anatomía ni la fisiología externas; para ello tendrían que investigar los cuerpos de los siglos X o IX para descubrir que la sangre era diferente entonces. Y ni siquiera habrían tenido las pruebas químicas para hacerlo. Pero a través de la ciencia espiritual podemos saber con certeza que la sangre del hombre se ha debilitado. Y el gran punto de inflexión cuando la sangre humana comenzó a debilitarse fue a mediados del siglo XV.

¿Cuáles son las consecuencias? Las consecuencias son que lo que ya no podemos realizar inconscientemente por medio de nuestra sangre, tenemos que realizarlo conscientemente. Tenemos que educarnos para hacer conscientemente lo que en el pasado simplemente se hacía inconscientemente por medio de la sangre humana. Porque la fuerza de nuestra sangre está en proceso de desaparecer. ¿Qué pasaría si llegara un momento en el que los seres humanos perdieran por completo el control de su juventud, y no pudieran recurrir a sus fuerzas juveniles, si no hubiera medios para recurrir a hacer conscientemente lo que antes hacía inconscientemente la sangre?

No hay que tomar estas cosas de forma puramente teórica, por supuesto. Como teorías, pueden ser interesantes, pero tomarlas como teorías no es suficiente. Hoy en día hay que ponerlas en práctica, porque están relacionadas con la cuestión práctica de la evolución de la humanidad. Hay que ponerlas en práctica hasta el punto de hacernos conscientes de que todo el sistema educativo del hombre tiene que cambiar. Tenemos que ayudar al ser humano a desarrollar una capacidad fuerte y consciente de reexperimentar más tarde en la vida, como con la fuerza de la memoria elemental, lo que ha recibido en su juventud.
En todas partes se sigue trabajando en contra de esta exigencia. Por ejemplo, se enorgullecen de los medios visuales utilizados en la enseñanza primaria, y conceden gran importancia a bajar al nivel mental del niño en la medida de lo posible, y a no enseñarle nada que vaya más allá de su capacidad mental. De hecho, instalan máquinas de calcular para poder enseñar a los niños a hacer todo tipo de sumas contando bolas. Nada debe ir más allá de la capacidad mental del niño. Estas lecciones de ayuda visual se vuelven terriblemente triviales y trilladas. Si evitan dar al niño algo que vaya más allá de su propia capacidad mental, no conducirán a nada más que a conceptos banales. Las personas que hacen esto pasan por alto una importante pero sutil observación de la vida humana.
Supongamos que a un niño se le enseña de tal manera que asimila una cosa determinada, no porque esté absolutamente en su propio nivel mental, sino porque el calor del entusiasmo de su maestro se le transmite, y el niño asimila la cosa porque el maestro, en su entusiasmo, le habla de ella. El niño lo asimila sólo porque vive en el calor que emana del maestro. Si el niño absorbe algo que va más allá de su comprensión, sólo por la cualidad contagiosa del entusiasmo de su maestro, aún no entenderá lo que ha tomado, como se dice en la vida superficial. Sin embargo, lo que ha asimilado vive en su alma. A los treinta años, el adulto recordará lo que el niño aprendió, quizás, a los diez años. Lo vuelve a experimentar. Ahora se ha vuelto maduro, y puede comprender lo que es capaz de liberar desde las profundidades de su alma; puede comprender lo que se le enseñó puramente por la fuerza del entusiasmo, y que ahora es capaz de liberar desde su mente madura. Estos son los momentos más valiosos de la vida, cuando su vida mental no tiene que limitarse a lo que viene a su encuentro desde el exterior, sino que vuelve a experimentar lo que tomó en sus días de juventud con una comprensión inadecuada, y que ahora puede liberar y absorber con su mente más madura. Cuanto más se cuide de que el niño no reciba sólo el tipo de lecciones en las que asimila con naturalidad lo que entiende, -pues eso desaparecerá con el paso de los años, y ni la alegría ni el entusiasmo surgirán de ello más tarde-, más se estará haciendo por el desarrollo posterior de la persona; pues las lecciones asimiladas puramente por el calor del maestro son vivificantes cuando se vuelven a experimentar.

Hoy en día, esto es especialmente importante en la enseñanza. En épocas anteriores no era tan importante, porque en aquellos tiempos la liberación se llevaba a cabo mediante la sangre, mientras que ahora hay que llevarla a la conciencia. Ciertamente, hay una gran diferencia si se entiende el tipo de cosas que se están poniendo en práctica por la ciencia espiritual. Porque si se comprenden de forma correcta, se encontrará una oportunidad en algún momento de la vida de hacer un uso práctico de ellas para el bien de la humanidad. En este caso, si se comprende correctamente, se encontrará una oportunidad de aprovechar el hecho de que nuestra sangre se está debilitando, dando aún más importancia a la capacidad de entusiasmo del maestro.

Pero la gente es muy poco consciente hoy en día de lo que está en juego. Porque la educación estandarizada sigue desempeñando un gran papel, es decir, el tipo de educación que funciona con todo un conjunto de reglas estándar. Se aprende la educación, se aprende cómo enseñar a un niño, cómo organizar la lección. Comparando esto con nuestra conciencia actual, sería como aprender que el hombre está formado por carbohidratos, proteínas y demás, -estos son nuestros constituyentes y sufren tales y tales cambios dentro de nuestro cuerpo, y que no pudiéramos comer antes de haber comprendido esto; porque no comemos en un sentido fisiológico hasta que lo comprendemos. Una vez les dije, y puede que ustedes mismos lo hayan experimentado, que ya pueden encontrarse con una cosa así: Visitan a alguien que tiene una balanza al lado de su plato, y pone cuidadosamente un trozo de carne en la balanza para saber cuánto pesa, porque sólo puede comer un trozo de carne de un peso bastante específico. La fisiología ya determina su apetito. Pero todavía no todo el mundo lo hace así, ¡menos mal! Es importante comprender que la fisiología no forma parte del proceso de alimentación, sino que abarca otros aspectos, y que una persona puede comer sin haber estudiado la fisiología, la fisiología del proceso de alimentación. Pero no damos por sentado que también debemos enseñar, es decir, enseñar de forma viva, sin haber absorbido la educación estandarizada. Esta educación estandarizada es exactamente lo mismo para un buen profesor que la estética del color para un artista. Puede haber estudiado muy bien la estética del color, pero no por ello será capaz de pintar. La capacidad de pintar procede de un ámbito totalmente distinto al del estudio de la estética del color. La capacidad de enseñar procede de un ámbito totalmente distinto al del estudio de la educación. Lo importante, hoy en día, no es dar a los aspirantes a profesores un seminario de algún tipo de educación estandarizada que prescriba dogmas, sino darles el tipo de cosa que les haga convertirse en profesores y educadores de la misma manera que la gente se convierte en artistas o botánicos. Se trata de que el educador tenga que nacer en una persona y no que la educación tenga que ser aprendida.
Lo que hay que entender precisamente por este cambio en la configuración del hombre es que la educación tiene que ser un verdadero arte. En la época de la transición, la gente no sabía qué hacer con la educación. Por eso inventaron tantos sistemas educativos abstractos. Lo esencial hoy, sin embargo, es dar a la gente un conocimiento real del hombre, especialmente si son maestros. Verán, si se posee este conocimiento real del hombre y se trabaja a partir de él con los niños, ocurrirá una cosa notable: Supongamos que usted es un maestro y tiene a sus alumnos frente a usted. Si usted es un estudiante de educación estandarizada, del tipo que sigue las reglas, entonces sabrá exactamente cómo tiene que enseñar, porque habrá aprendido las reglas. Enseñarán según esas reglas, hoy, igual que enseñaron según esas reglas ayer y enseñarán según ellas mañana y pasado mañana. Pero si son el tipo de profesor artista no están tan bien. Porque ahora no pueden ustedes enseñar ayer, hoy, mañana y pasado mañana según las mismas reglas, sino que tienen que aprender del niño de nuevo cada vez, cómo hay que enseñarle; debe ser la propia naturaleza del individuo cada vez la que determine lo que ustedes hacen. Y lo ideal es que el maestro pueda enseñar como el niño le dice que enseñe, y que siga olvidando la educación real y no tenga ni idea de las reglas. Porque en el momento en que el niño se ponga de nuevo delante de él, volverá a estar electrizado por el niño que crece y sabrá lo que tiene que hacer con él.
Hay que prestar atención a la forma en que hay que decir las cosas, a la forma en que hay que hablar de las cosas hoy. No se puede hablar de estas cosas hoy de manera que se puedan poner en tantos y tantos principios satisfactorios, sino que sólo se puede hablar de ellas señalando algo vivo, algo que no se puede reducir a principios abstractos sino que está vivo y produce cada vez más vida. Ese es el quid de la cuestión. Por eso la ciencia espiritual es necesaria en la vida actual, porque la ciencia espiritual no es sólo para la cabeza, sino que es para todo el hombre y libera los impulsos de la voluntad. De hecho, debe entrar en muchos ámbitos de la vida, de modo que los impulsos de la voluntad sean llevados finalmente a todas las esferas de la actividad humana.

He demostrado esto en un ámbito particular de la vida, a saber, la educación, y he mostrado cómo se puede hacer que la educación de los niños menores de veintiún años dé frutos para la vida posterior. Sin embargo, las personas no reciben una educación sólo hasta los veintiún años, ya que la educación continúa durante toda la vida. Pero esto sólo ocurre de forma saludable si las personas aprenden unas de otras.

Esto también lo hacía la sangre en épocas anteriores de la historia. Cuando las personas se reunían en la vida social, solían aprender cosas unas de otras de forma inconsciente, algunas personas aprendían más y otras menos, según la forma en que funcionaba su sangre. Pero nuestra sangre se ha debilitado y ha perdido su poder. También esta actividad tiene que ser sustituida por una mayor conciencia. La gente debe lograr el arte de adquirir relativamente más para sí misma de otras personas en comparación con lo que produce de sí misma. En épocas anteriores bastaba con la vida. La sangre lo hacía todo. Ahora es esencial que la gente desarrolle realmente un sentido para el ser de la otra persona. Esto se producirá de forma natural si las personas dirigen sus pensamientos en la dirección de la ciencia espiritual. Se estimulan diferentes tipos de pensamientos con la ciencia espiritual que sin ella.

Ustedes no dudarán de este hecho, ya que la forma en que la ciencia espiritual es recibida por las personas que no quieren saber nada de sus pensamientos muestra que los pensamientos científicos espirituales son diferentes de los pensamientos sin ciencia espiritual. Es necesario desarrollar una forma de pensar totalmente nueva. El tipo de pensamiento que desarrollamos cuando nos acostumbramos a trabajar con pensamientos suprasensibles es el tipo de pensamiento que tiene efecto en nuestro organismo. Y cuando hoy les decía que la memoria es la misma fuerza que transforma los alimentos en sustancias que el hombre necesita para su organismo, ya no se asombrarán de que otras fuerzas puedan transformarse en el ser humano, como por ejemplo que la fuerza con la que comprendemos las cosas suprasensibles sea la misma que nos ayuda a conocer al ser humano mejor de lo que lo conoceríamos si no tuviéramos un sano anhelo de conocimiento suprasensible.
Las personas estudian lo que está en mi Ciencia Oculta, y para hacerlo tienen que desarrollar ciertos conceptos que la mayoría de la gente todavía llamaría "locura total". Hace unos días, recibí otra carta de alguien que estudiaba la Ciencia Oculta, y decía que casi todos los capítulos eran puras tonterías. Se puede entender que la gente diga que son puras tonterías. Es evidente que hoy en día lo dicen a menudo. Sin embargo, estas personas que no se esfuerzan por aceptar el tipo de conceptos que conducen a Saturno, Sol, Luna, Júpiter, Venus y Vulcano, y no se ponen a desarrollar ideas sobre un mundo que no se limita a los sentidos, tampoco adquirirán ningún conocimiento del hombre. No ven al ser humano en la otra persona, sino que notan a lo sumo que una persona tiene la nariz más puntiaguda que la otra, y que una tiene los ojos azules mientras que la otra los tiene marrones. Pero no notan nada del ser interior del hombre que se manifiesta como su alma y organiza su cuerpo. La misma fuerza que nos permite interesarnos, y no digo ahora que nos permita tener poderes ocultos suprasensibles, pero la misma fuerza que nos permite interesarnos por el conocimiento suprasensible también nos da el tipo de conocimiento del hombre que necesitamos hoy.

Se pueden establecer los programas sociales más grandiosos y desarrollar las ideas sociales más finas, pero si las personas rehúyen adquirir cualquier conocimiento del hombre y no ven ninguna humanidad real en los demás, nunca podrán producir condiciones sociales. No pueden producir condiciones sociales a menos que establezcan la posibilidad de que la gente pueda ser social. Pero las personas no pueden ser sociales si no ven la cualidad humana en los demás, sino que viven totalmente dentro de sí mismas. Los seres humanos sólo pueden llegar a ser sociales si se encuentran realmente en la vida, y algo pasa entre ellos. Esta es la raíz del problema social. La mayoría de la gente dice de la cuestión social hoy en día, que si ciertas cosas se arreglaran de tal o cual manera la gente podría llevar una existencia social. Pero no es así. Si las cosas se arreglan así, las personas sociales serán buenas personas en un sentido social, y las personas antisociales serán antisociales con cualquier tipo de arreglo.

Lo esencial es hacer el tipo de arreglos que permitan a los seres humanos desarrollar impulsos realmente sociales. Y uno de estos impulsos sociales es el conocimiento. Pero mientras se siga educando a las personas, por ejemplo, con la intención de que se conviertan en oficinistas u oficiales del ejército o en algún otro tipo de funcionario, no se les educará para que reconozcan la calidad humana de los demás. Porque el tipo de educación que es bueno para convertirse en un empleado o en un oficial sólo ayuda a ver a los empleados y a los oficiales en otras personas. El tipo de educación que convierte a las personas en seres humanos también les permite reconocer a las personas como seres humanos. Pero es imposible reconocer a las personas como seres humanos si no se desarrolla el sentido del conocimiento suprasensible. Y el ámbito en el que el conocimiento suprasensible es más indispensable es en el arte de la educación. Por lo tanto, el modo de pensar científico natural y materialista ha hecho más daño en el campo de la educación que en cualquier otro. Y aquí se pueden experimentar las cosas más sorprendentes.
Hoy en día, en todos los departamentos se encuentran personas bienintencionadas que quieren reformar todo, incluso revolucionarlo. Pero si se habla con estas personas sobre estas cosas, ocurre algo muy extraño. Admiten con toda honestidad que están convencidos de reformar las cosas. Sin embargo, uno de ellos, que resulta ser un sastre, te preguntará cómo se va a ver afectada su existencia como sastre cuando las cosas cambien. Y otra persona, que es, digamos, un empleado ferroviario, te preguntará cómo va a sufrir su vida como empleado ferroviario cuando las cosas cambien. Estos son sólo ejemplos para ilustrar que la gente está perfectamente de acuerdo en que todo debe cambiarse mientras nada cambie y todo siga exactamente igual. La inmensa mayoría de la gente hoy en día está convencida de que todo debe seguir exactamente igual cuando se cambia. No hay que confundir el hecho de que el tipo de mejora social que la gente anhela hoy en día es de dimensiones extremadamente abstractas. La gente anhela muchas cosas, pero nada debe cambiar en lo que respecta a su comodidad.

Y esto es especialmente cierto cuando se trata de que la gente dé un paso interior hacia una situación totalmente nueva. Sin embargo, lo esencial es que las personas se abran a la posibilidad de hacer la transición para pensar de una manera totalmente nueva en el cambio del ser humano en su interior.

De estas consideraciones surgen todo tipo de preguntas, que son absolutamente pertinentes para la vida. Lo que debemos comprender es que hemos construido un fundamento más profundo para estas cuestiones, al decir que aunque ciertas fuerzas parecen ser de naturaleza anímica-espiritual, también se expresan en nuestra naturaleza corporal. Porque hoy en día falta terriblemente la capacidad de bajar a un nivel material lo que pensamos en un nivel espiritual. Hasta que no seamos capaces de bajar a un nivel material lo que pensamos que es espiritual, no podremos captar el nervio real de la cuestión social.

Por lo tanto, se trata prácticamente de apuntar hacia un modo de pensar que realmente desarrolle un conocimiento del hombre que sea al mismo tiempo un impulso social. Una forma de pensar basada en cualquier otra cosa no es adecuada. Una mentalidad basada en la vida del Estado o en la vida de la economía crea oficinistas y funcionarios. Pero el tipo de mentalidad que necesitamos crea seres humanos. Sólo puede ser el tipo de vida de pensamiento que rompe con la esfera de la economía y la vida del Estado. Por eso tenía que producirse nuestro "triple organismo social". Teníamos que mostrar de forma radical que había que poner fin a cualquier tipo de dependencia de la vida de pensamiento con respecto a la economía o a la vida del Estado, y que la vida de pensamiento debía establecerse sobre su propia base. Entonces la vida del pensamiento podrá dar a la economía y a la vida del Estado lo que la economía y el Estado no pueden dar a la vida del pensamiento.

¡Eso es lo importante, eso es lo vital! Los seres humanos enteros sólo volverán a surgir cuando trabajemos a partir de una vida de pensamiento independiente.
Traducido por J.Luelmo nov.2022