CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA061 Berlín 28 de marzo de 1912 - la historia de la humanidad Darwin y la investigación suprasensible

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HISTORIA DE LA HUMANIDAD

 A LA LUZ DE LA INVESTIGACIÓN ESPIRITUAL

Rudolf Steiner

 Berlín 28 de marzo de 1912



16ª conferencia: Darwin y la investigación suprasensible.

Fue el trece de octubre de 1882 cuando un hombre con el germen de la muerte en su interior se dirigió desde un hotel de Turín a la estación de tren. Y de camino a la estación resultó que no podía emprender el viaje que tenía previsto hacer a Pisa. Murió estando todavía en Turín, solo, sin estar rodeado de amigos, algunos de los cuales, según lo que habían dispuesto, no volverían a encontrarse con él hasta llegar a Pisa. Un hombre extraño cuya muerte es, podría decirse, un reflejo de la forma en que vivió. Murió solo en Turín, en el trayecto del hotel a la estación de tren, en ese momento sólo atendido por el gerente del hotel, que había presentido la dificultad de su situación corporal. El hombre murió solo, tal como había vivido solo durante mucho tiempo con lo mejor que poseía, solo en su alma en una vida que en realidad fue muy agitada e intercalada con ricas diversiones sociales. Un hombre extraño. 

Conde Gobineau

Él había hecho averiguaciones sobre su árbol genealógico. Ahora podemos reconocer más o menos sus indagaciones como verdades históricas, su resultado se hizo efectivo, como veremos dentro de un momento, en la conciencia de este hombre, y podemos en cierto modo reconocer su actividad mundana como entremezclada con los impulsos que le llegaron de estas indagaciones sobre su árbol genealógico. Rastreó su árbol genealógico hasta el siglo IX y, en el siglo IX, consideró al vikingo Otar Jarl como su antepasado y siguió rastreándolo a través de los descendientes del dios germánico Odín hasta este mismo Odín. Podría decirse que como consecuencia de esa investigación del árbol genealógico le pudo haber surgido una conciencia orgullosa. En el caso de la personalidad a la que me refiero aquí, Arthur Conde Gobineau, esta conciencia se transformó en ideas trascendentales y significativas que, como pocas, marcaron la pauta y trazaron la dirección de todo el desarrollo del espíritu en el siglo XIX, es más, podría decirse que de todo el desarrollo del espíritu en los tiempos modernos. Y cuando en 1853 apareció la obra más importante de Gobineau, que contenía los resultados de sus investigaciones sobre las ideas, algunos -sólo fueron unos pocos los que entendieron algo de lo que contenía esta obra- pudieron obtener de ella la conciencia de que en este hombre no había hablado un individuo, ni una personalidad especial, sino la conciencia de la humanidad occidental en un período bastante específico de su desarrollo. Porque esta obra contiene muchas ideas quizás extrañas. Pero para quienes tratan de verla en el sentido de la ciencia espiritual, tal como se nos ha podido presentar en las conferencias de este invierno, la obra está llena de ideas que, más que nada, nos señalan el modo en que debió pensar una persona avanzada, particularmente distinguida, hacia mediados del siglo XIX.

"Von der Ungleichheit der Menschenrassen" (Sobre la desigualdad de las razas humanas) sería, traducido al alemán, el título de la obra francesa que, como he dicho, apareció en 1853: "Essai sur l'inegalite des races humaines".  Esta obra estaba animada por las opiniones que el conde Gobineau había adquirido en sus numerosos puestos de legación, que había desempeñado no sólo en las cortes europeas, sino sobre todo en Oriente. Había visto gran parte de las fuerzas intelectuales, psicológicas y morales que interactúan en el tejido que llamamos vida humana. Y de aquella abundancia extraordinariamente rica de observaciones, hechas, además, con la más aguda penetración, le había llegado la idea de que la humanidad había tomado su origen de una serie de tipos originales de hombre, que él veía en el punto de partida del desarrollo de la humanidad, por lo que le resultaba claro, en retrospectiva, afirmarse en diversos lugares de la tierra, tipos de hombre de diferente forma y diferente valor. A cada uno de estos tipos de hombre le atribuyó, por así decirlo, una cierta plenitud interior de contenido de desarrollo que poseía o tenía que sacar de su ser interior en el desarrollo posterior en la historia de la tierra, para llevar a cabo de las predisposiciones en la vida integral de la tierra. Y el Conde Gobineau veía el desarrollo ascendente en el hecho de que estos tipos originales de humanidad, sobre todo mientras no se mezclaban, sacaban de su ser interior sus disposiciones originales y las llevaban a desplegarse cada vez más sobre la tierra, de modo que los resultados de este despliegue de los diversos tipos de humanidad en su interacción constituían lo que llamamos la historia de la tierra. Pero en la misma medida decía para sí, a medida que los miembros de estos tipos originales de la humanidad se entremezclan -y el hecho de que se entremezclen es la necesidad del posterior y ulterior desarrollo de la humanidad- comienza a extenderse lo que podemos llamar una cierta igualdad de los individuos en toda la tierra; pero en lo que surge de los diferentes y desiguales tipos de seres humanos, él veía todo lo grande, lo poderoso, todo lo elemental y progresivo de la cultura humana que él consideraba como diferentes razas de seres humanos. Según su punto de vista, esto se debe a que con el paso del tiempo surgió lo que podríamos llamar la inundación de la humanidad con la idea de igualdad, la superación de la desigualdad de las razas. Pero el Conde Gobineau veía en ella al mismo tiempo los impulsos de las culturas en declive. Por lo tanto, imaginaba el progreso de la humanidad de tal manera que ciertamente sucedería lo que iba a suceder, que los seres humanos se entremezclarían cada vez más, pero que con este entrecruzamiento, con esta asimilación de ser humano a ser humano, se produciría lo que haría a los seres humanos iguales, pero también, como piensa el Conde Gobineau, carentes de valor -así de radical era él-. 

En particular, el conde Gobineau ve en lo que puede llamarse cultura cristiana, con sus ideas de igualdad, con sus ideas de humanidad general, algo que tiene un valor infinito para el desarrollo ulterior de la humanidad, pero que contiene precisamente lo que debe conducir gradualmente a la equiparación del hombre con el hombre. Por eso describe al cristianismo como la religión que, según su opinión, nunca podrá transformarse en una civilización cristiana. Se expresa tajantemente en el sentido de que el cristianismo dejará al chino, también al esquimal, su propia impronta exterior, que aunque el chino, acepte el cristianismo, no le cambiará lo que es la estructura básica de su esencia religiosa, e igualmente al esquimal. Pues el Conde Gobineau ve en el cristianismo una religión que "no es de este mundo",  es decir, que da al hombre algo que puede ser eficaz en el interior del alma, pero que no puede transformarse de manera que surja hacia el exterior, se convierta en impulsos que remodelen la humanidad y la desarrollen más en relación con lo que hay en el hombre hacia el exterior, en la cultura externa, en la moral externa. Todo lo que puede salir a la luz en dicha cultura y moral exterior lo ve en lo que originalmente estaba ya predispuesto en los caracteres raciales típicos que eran desiguales en el punto de partida del desarrollo de la humanidad en la tierra. Y con respecto a nuestra existencia en la tierra, la concepción de la humanidad del Conde Gobineau está llena de un extraño pesimismo. Al echar una mirada a lo que puede llegar a ser de los tipos humanos originales mediante la reconciliación de sus opuestos, al trazar el desarrollo de la humanidad hacia el futuro a medida que adopta cada vez más el cristianismo, encuentra que, en relación con lo que es más sagrado e importante para ellos, se desarrollará gradualmente en los seres humanos bajo la perspectiva cristiana algo que no puede convertirse en un impulso para una civilización externa. 

Sin embargo, la perspectiva cristiana, al igualar a los hombres, conducirá al mismo tiempo a la degeneración, de modo que cada vez habrá menos impulsos germinativos para el progreso ulterior de la humanidad y los hombres se volverán cada vez más degenerados en relación con la civilización, de modo que ésta será sustituida por la degeneración. Y un día, como él lo expresa, la tierra sobrevivirá a la raza humana, que se extinguirá en ella, porque básicamente ha sacado de sí misma todo lo que contenía germinalmente en su interior y ya no posee más impulsos de vida hacia el futuro. La mirada del Conde Gobineau se dirige así a la tierra, que un día quedará como la supervivencia del planeta. La humanidad en ella se extinguirá, y los presagios de esta extinción son todos aquellos impulsos en el transcurso del desarrollo humano que apuntan a la armonización del hombre con el hombre, a la equiparación de los opuestos.

Si examinamos esta línea de pensamiento -que al fin y al cabo podemos calificar de tremenda- debemos describirla, según todo lo que se desprende de las conferencias de este período invernal, como una línea que corresponde enteramente a todas las condiciones previas de la vida intelectual del siglo XIX, que sólo se da en la medida en que estas condiciones previas de la vida intelectual del siglo XIX debían reflejarse en un gran hombre de genio que tenía la necesidad no sólo de pensar una cuarta parte o la mitad de las ideas de su tiempo, sino de perseguirlas realmente en sus últimas consecuencias. Por muy significativas que fueran las ideas del Conde Gobineau en el sentido que acabamos de describir, apenas pudieron instalarse en la conciencia de la época. Se puede decir que el nombre del Conde Gobineau era conocido por pocos, incluso después de la publicación de su gigantesca obra "Sobre la desigualdad de las razas humanas".

En 1853 aparecieron los dos primeros volúmenes de la obra del Conde Gobineau que acabamos de mencionar, y en 1855 los dos últimos. En 1859 se publicó la obra de Charles Darwin: "Sobre el origen de las especies en el reino animal y vegetal mediante la selección natural, o la conservación de las especies perfeccionadas en la lucha por la existencia". 

Charles Darwin

En primer lugar, podemos ver, por la forma en que actuó la obra, que en esta obra de Darwin se arroja algo significativo sobre el desarrollo espiritual de la humanidad. ¿Cómo influyó en nuestro país alemán, por ejemplo? Así como las cosas significativas, por regla general, han tenido un efecto al principio, esto también tuvo un efecto, en el sentido de que los principales eruditos, que creían que con su lógica abarcaban toda la ciencia, al principio se comportaron con la obra de Darwin de tal manera que se rieron de ella, se rieron de aquel que, a partir de la observación de los fenómenos, había arrojado algo significativo en el desarrollo intelectual de la humanidad, que, observando los fenómenos del mundo animal, creyó poder hablar de una transformación de las formas animales, que hasta entonces se habían colocado una al lado de la otra sin pensar en cómo se comportaban entre sí, y sin pensar en introducir la idea de devenir en el pensamiento del ser, del ser constante. Pero la obra de Darwin no tardó más que unos años en mostrar su efecto, sobre todo en el seno de la investigación alemana, donde el valiente y audaz Ernst Haeckel, en 1863, en la reunión de científicos naturales de Stettin, sacó inmediatamente la máxima consecuencia de las teorías darwinianas, de que ahora era necesario pensar en poner al hombre en relación con su devenir en conjunto con el de las formas animales, que no sólo coexisten en el mundo, sino que se han desarrollado separadamente desde lo imperfecto hasta lo cada vez más perfecto. Pero no sólo esto tuvo lugar, sino algo totalmente distinto. Las ideas principales de la obra, las ideas principales del punto de vista darwiniano en general, penetraron en el conjunto de la investigación científica, se afianzaron de tal manera que en pocas décadas toda la literatura científica estaba impregnada de lo que Darwin sugirió por primera vez como idea. Y hoy vemos que los que aún no han comprendido que el darwinismo ha ido más allá de sí mismo, especialmente en la investigación seria, están incluso fundando una visión completa del mundo, se puede decir una "religión", sobre las escuelas de pensamiento darwinista. Extraña diferencia en el destino de estas dos personas:  El conde Gobineau es poco conocido, el nombre de Darwin se hace ampliamente conocido, sus ideas se instalan en las mentes. Para que quien realmente mire el desarrollo de la cultura en términos de desarrollo espiritual pueda decir: El pensamiento de un gran número de personas se ha transformado completamente en unas pocas décadas gracias a Darwin. - Esta última frase sólo puede ser puesta en duda por quienes no se han familiarizado con lo que hoy son ideas viables, que no se han familiarizado con lo que impregna todo el pensamiento público y al mismo tiempo con lo que eran las ideas que dominaban el pensamiento público antes de la difusión de la visión darwiniana de la naturaleza. Al responder a la pregunta de por qué los destinos de estas dos personas son tan diferentes, se revela al mismo tiempo algo de lo que puede mostrarnos la tarea y el significado de la ciencia espiritual en el presente.

Si primero echamos un vistazo a lo que el darwinismo ha introducido en una parte de la conciencia de la humanidad, debemos decir: Este darwinismo se basa totalmente en el pensamiento de que la contemplación científica del devenir sólo puede fluir de los hechos sensoriales externos y del procesamiento de estos hechos sensoriales externos mediante el pensamiento, que está ligado al instrumento del cerebro. Todo lo que va más allá de esa dirección científica pertenece, en el sentido del pensamiento darwiniano tal y como se ha convertido, tal y como ni el propio Darwin lo había apreciado todavía, al reino de lo no científico, al reino de aquello con lo que una mera fe puede quizás llegar a un acuerdo, pero que nunca debería desempeñar un papel en la ciencia. Los que ven así el curso de los acontecimientos y lo que se ha producido desde fuera dirán con ligereza: Bueno, lo que se pensaba antes sobre el desarrollo del hombre y sobre el desarrollo de los demás organismos corresponde a una investigación humana imperfecta; sólo en el siglo XIX la ciencia pudo construir una visión del mundo estrictamente sobre la base de una investigación real, buena y bien fundada. - Por lo tanto, estos pensadores de habla ligera dirán: La propia ciencia hace que el ser humano se abstenga de todo lo suprasensible y se circunscriba al curso de los acontecimientos que surgen si se limita la ciencia sólo a los hechos sensoriales y a lo que el intelecto puede hacer de ellos. - Y por eso, algunas personas en la actualidad probablemente creen que la ciencia y su pensamiento les obligan a rechazar sin más toda investigación suprasensible.

¿Es eso así? Mucho depende hoy de la respuesta a esta pregunta. Si realmente se diera el caso de que la ciencia nos obligara a dejar todo lo suprasensible fuera de nuestras observaciones, entonces quien se toma la ciencia en serio tendría que someterse inevitablemente a esta consecuencia.  Pero preguntémonos: ¿Cuál es el fundamento de lo que pretende ser una necesidad científica que sólo surgió para la humanidad madura en el siglo XIX?  Para Darwin y para los siguientes darwinianos, la razón por la que asociaron directamente al hombre con la serie animal de tal manera que debía representar no sólo con su ser físico sino también con su ser anímico-espiritual sólo un ser más perfeccionado que se había desarrollado gradualmente a partir de la serie animal, para estas personas la razón de esta suposición era que se decían a sí mismos: Si uno mira al hombre y también al resto de la serie animal, entonces es evidente en todas partes, sobre todo en primer lugar, por ejemplo, en la estructura ósea, pero también en las otras formas de órganos y en las actividades de los seres individuales. - En particular, los darwinianos, como Huxley, hicieron hincapié en la similitud de la estructura ósea del hombre con la de los animales superiores. Esto, se ha dicho, nos obliga a suponer que lo que el hombre tiene en sí mismo es, de hecho, todo en el mismo origen que el mundo animal, de hecho, que se ha desarrollado gradualmente a partir del mundo animal por una mera perfección de las cualidades y órganos animales. Nos preguntamos: ¿Es realmente así para el espíritu humano que se ve obligado a sacar de tales resultados la consecuencia que acaba de describirse?

Nada es más instructivo para responder a esta pregunta que el hecho de que antes de Darwin, Goethe se convirtió en un precursor de Darwin de una manera peculiar.  Toda la visión del mundo de Goethe la encontrará no sólo en mi libro, que se titula directamente "Goethes Weltanschauung" (Visión del mundo de Goethe), sino también en el prefacio que escribí en los años 80 para las ediciones de Goethe de "Deutsche Nationalliteratur" (Literatura nacional alemana). Cuando vemos cómo Goethe estudió a fondo las formas animales y humanas para llegar a un resultado muy concreto, y cuando consideramos el hecho significativo de que se inspiró en las ideas básicas de sus puntos de vista por Herder, entonces tenemos que decir que una persona con una forma de pensar completamente diferente, con una actitud científica y un estado de ánimo completamente diferentes a los de Darwin, podría tener los mismos resultados, es más, podría  incluso sentir la necesidad de estos resultados. - En su relativa juventud, Goethe se esforzó por demostrar, en contra de los pronunciamientos de todos los principales naturalistas de su época, que no existe ninguna diferencia externa en la estructura del hombre con respecto a la de los animales superiores. 

En la juventud de Goethe se había asumido tal diferencia, curiosamente, en cuanto a los detalles. Se afirmaba, por ejemplo, que los animales superiores se diferenciaban del hombre en que tenían un llamado hueso intermaxilar en la mandíbula superior, en el que se encontraban los incisivos superiores, pero que el hombre no tenía este hueso, sino que su mandíbula superior estaba formada por una sola pieza. Esta era la opinión que los científicos naturales más importantes de la juventud de Goethe creían tener, porque se decían a sí mismos: debe haber una diferencia entre los animales superiores y el ser humano pensante que está sobre la tierra, una diferencia que también se manifiesta en la estructura exterior. - Goethe se puso verdaderamente a trabajar con toda la conciencia científica cuando demostró, en contra de la oposición del mundo científico de la época, que el hombre en su disposición germinal, antes de nacer, tiene el hueso intermaxilar en el maxilar superior igual que los demás animales, sólo que este hueso luego crece en el hombre de manera que ya no se muestra en el estado completamente desarrollado. Este descubrimiento le pareció significativo a Goethe. Por la forma en que le escribió a Herder sobre el tema, podemos ver que también consideraba importante su significado, ya que el 27 de marzo de 1784 le escribió a Herder: "¡También deberías alegrarte por ello, ya que es como la piedra angular del ser humano, no falta, también está ahí! ¡Pero cómo! También he pensado en ello en relación con su conjunto, que hermoso será allí". Y que esto no debe atribuirse verdaderamente a una actitud materialista, sino a lo contrario, nos lo demuestra el hecho de que Goethe, en plena concordancia con Herder, vio en este descubrimiento suyo, precisamente la consolidación de una visión del mundo fundada en hechos espirituales en esta consecuencia suya, de que el espíritu gobierna en todas partes, desde las criaturas más bajas hasta las más altas, y persigue en todas partes el mismo plan básico.

Esta era la intención de Goethe de probar, y el resultado al que llegó fue precisamente la prueba de la eficacia del espíritu. Por lo tanto, también fue una prueba para él de la eficacia del espíritu cuando hizo el descubrimiento, que en realidad sólo en la segunda mitad del siglo XIX fue hecho de nuevo por la ciencia natural, de que se pueden ver huesos vertebrales transformados en los huesos del cráneo. Para Goethe esto significaba el trabajo de lo espiritual de tal manera que este espíritu tiene una forma básica en la vértebra dorsal que transforma, cuya forma cambia de manera que esta forma se vuelve útil para encerrar el órgano del cerebro, en el sentido de que a partir de formas simples el espíritu creador y trabajador se muestra precisamente en la transformación de las formas. Y fue, si se me permite hablar de algo personal, en cierto sentido un hecho bastante milagroso para mí cuando, durante mis seis años y medio de estudio e investigación en los Archivos de Goethe y Schiller en Weimar, un día cayó en mis manos un cuaderno de Goethe en el que había una anotación a lápiz en la que Goethe se decía a sí mismo: 

Todo el cerebro del hombre no es, en realidad, más que un nódulo nervioso transformado; en cada nódulo nervioso está ya contenido, por así decirlo, germinalmente, lo que el espíritu transforma y remodela, para que se convierta en el complicado órgano del cerebro. 

Así vemos cómo lo que en una época posterior fue considerado por los darwinianos como una prueba de que cuando se quiere explicar el desarrollo del hombre sólo hay que fijarse en los hechos sensoriales, con Goethe se convirtió en una prueba del espíritu que todo lo trabaja y teje, que conjura a partir de las formas más simples las más complicadas, por así decirlo, y de esta manera lleva gradualmente la obra de la naturaleza al desarrollo.

¿Podemos, ante tal hecho -no queremos entrar en deducciones lógicas ni en un juego dialéctico, sino en los hechos existentes- mantener la afirmación de que las observaciones científicas han persuadido a la gente a basar una especie de visión materialista-monista del mundo en el darwinismo? Nunca debemos hacerlo, pues vemos cómo en Goethe el mismo curso de investigación le llevó a un resultado idealista-espiritual.  ¿De qué puede depender entonces que en la segunda mitad del siglo XIX se desarrolle, sobre la base del darwinismo, que podemos llamar con bastante audacia un goetheanismo elaborado sólo en relación con los hechos sensoriales, una cosmovisión o incluso una religión darwinista? El motivo por el cual los investigadores se ven obligados a hacerlo, no es por los hechos sino simplemente por los hábitos de pensar, por aquello que la gente prefiere creer sobre los hechos, ya que para un espíritu que es de un tipo diferente a los que hoy desarrollan una visión del mundo darwiniana-monista a partir de los resultados del darwinismo, para ese espíritu de un tipo diferente la misma forma de pensar científica sirve como base de una visión del mundo muy diferente. Esto es lo importante y esencial que debemos considerar. Entonces entenderemos también cómo básicamente el modo de pensar materialista-monista es algo que se apodera de la gente en la segunda mitad del siglo XIX, que interviene profundamente en todo el pensamiento humano entre los que se llaman a sí mismos pensadores avanzados, y entenderemos cómo este modo de pensar también interviene donde no se pretende ser darwiniano.

Un ejemplo significativo -es bueno para la consideración de las ciencias espirituales que se trabaje a fondo en todas partes y, por tanto, se acuda a las fuentes en todas partes- se nos ofrece en el caso de un investigador ciertamente demasiado poco apreciado en el presente, que puede haber tenido algunos aspectos tal vez poco atractivos por la forma en que apareció, pero que es de gran importancia para el presente en cuanto a sus resultados científicos.  Me refiero a Moriz Benedikt, que ya ha sido mencionado aquí a lo largo de los años. Moriz Benedikt no es un darwinista, sino un teórico de la evolución. Admite la evolución, aunque no en el sentido darwiniano. De la riqueza de los hallazgos de Benedikt cabe destacar un único resultado. Benedikt centró su atención en el examen de las personas moralmente defectuosas, las llamadas naturalezas criminales. Antes de que Lombroso señalara tales hechos de una manera más mordaz, como el público tiene más derecho a hacerlo, Benedikt ya había hecho tales investigaciones mucho antes, incluso si este "mucho antes" sólo se extendía a unos pocos años. Allí vemos cómo Moriz Benedikt examina el cerebro de los criminales, el cerebro de los asesinos. Descubre que todos estos cerebros criminales tienen una característica. Le pareció bastante extraño que ciertos surcos, que suelen estar en la superficie del cerebro, en el casi del cerebro del criminal estuvieran más bien en el interior, es decir, que estuvieran cubiertos por la masa cerebral y no salieran hacia el exterior. También examinó los cerebros de asesinos que, por lo demás, parecían personas de buen carácter. Veía por todas partes cómo aparecían ciertas irregularidades en la parte posterior de la cabeza, cómo el lóbulo occipital del cerebro no cubría bien lo que había debajo, y cómo en el caso de esas personas que se veían empujadas a cometer esos crímenes, la forma del cerebro se asemejaba a la de un mono. Por lo tanto, Benedikt llegó a la conclusión de que, básicamente, la razón de sus acciones anormales residía en esta organización física del hombre, en su falta de desarrollo, de modo que, por así decirlo, aquello de lo que el hombre había tomado su origen, el animal inferior, se expresaba de nuevo en las formas internas hasta el cerebro. Y puesto que el hombre sigue llevando dentro de sí lo que debería superar, se convierte en un criminal. Así, Moriz Benedikt basa toda su visión del derecho, la moral y el castigo en el hecho de que en el criminal, en la individualidad del criminal, se encuentra en realidad algo así como una herencia de aquellos tiempos en los que el hombre estaba todavía por debajo de su ser original con los animales superiores. Como he dicho, Moriz Benedikt no es darwinista, pero con su pensamiento no va más allá de creer que hay que detenerse en atribuir al criminal en su individualidad una organización tal que le obligue a pasar de lo físico a sus actos.  En antropología, este investigador del siglo XIX busca lo que cree que debe tener para comprender los hechos humanos anormales.

Así vemos -y podríamos citar cientos y cientos de ejemplos similares para probar lo que se va a decir- cómo en todas partes, ya sea que las personas que están activas en el pensamiento sean darwinistas o no, se afirma la mera creencia en la naturaleza autoritaria de los hechos de los sentidos externos y de esa ciencia que se basa en estos hechos de los sentidos externos. Tampoco debe sorprendernos que los resultados de Darwin se hayan interpretado de forma materialista-monista. No son los resultados de Darwin en sí los que obligan a esta interpretación, sino los hábitos de pensamiento de la segunda mitad del siglo XIX. Y se puede decir: si hubiera sido posible que Darwin hubiera caído en una época diferente con sus investigaciones, también sería concebible que los mismos resultados de Darwin hubieran sido interpretados en un sentido ideal-espiritual, como encontramos en Goethe, que el espíritu creador, rector, se sirve de la transformación de las formas para hacer surgir la multiplicidad de los fenómenos a partir de unas pocas formas básicas. - Este es el hecho peculiar que debe surgir de todas estas consideraciones con una necesidad interna, que la era que acaba de expirar tuvo que traer a la humanidad la profundización en los hechos sensoriales externos, en la ciencia sensorial externa, que por un tiempo la humanidad tuvo que abstenerse de ella, Era necesario desviar su atención, por así decirlo, de todo lo que nos hace mirar hacia arriba, hacia lo espiritual, hacia los mundos suprasensibles, para que todo el tejido de los hechos sensoriales, el tejido de lo que ocurre en el mundo físico exterior, pueda tener algún día un efecto sobre el alma humana. Así, en el curso general del desarrollo humano, vemos, por así decirlo, la necesidad del modo de pensar materialista-monista, vemos cómo el siglo XIX fue llamado a desviar nuestra mirada por un tiempo de lo suprasensible y a mirar sólo exactamente lo que sucede en lo sensorial. Y si queremos considerar el significado más profundo de este hecho, debemos preguntarnos: ¿Ha ganado realmente la humanidad algo significativo para su vida espiritual con tal inmersión en el mundo de los sentidos? 

Si queremos responder a esta pregunta, debemos tener en cuenta muchas cosas que ya se han mencionado en estas conferencias, pero que también se pueden encontrar en la literatura correspondiente, a saber, que un gran número de hechos significativos sólo podrían investigarse realmente dirigiendo la mirada sin prejuicios a este mundo de los hechos en sí, no permitiendo que la mirada se nuble por todo tipo de suposiciones del mundo suprasensible, sino dirigiéndola sólo a lo que se ve externamente. Y esto es lo que es mucho más esencial que lo que se suele considerar como el nervio básico del darwinismo en la segunda mitad del siglo XIX, que se han dilucidado conexiones significativas y magníficas entre los órganos de las formas individuales de animales y plantas, conexiones entre las entidades individuales. Hemos visto en estas conferencias cómo el propio darwinismo se ha superado a sí mismo, hemos visto cómo los hechos actuales nos obligan a dejar de hablar de una conexión entre el mundo animal y el hombre de una manera tan simple como lo hizo en su día Ernst Haeckel. Pero a pesar de todo esto, si se repasa el inmenso mar de resultados de la investigación que se produjo precisamente bajo la influencia del darwinismo en la segunda mitad del siglo XIX, se encuentran en él aclaraciones de lo que podríamos llamar un gran y enorme plan básico del mundo animal y vegetal, del mundo de todos los organismos. Hoy, gracias a esta investigación, podemos ver en contextos que no habrían surgido de esta manera si uno se hubiera acercado a ellos con ideas preconcebidas de una antigua investigación suprasensible. Gracias a la unilateralidad materialista, ahora tenemos resultados que un día sabremos interpretar de forma correcta, pero que, dada la debilidad de la naturaleza humana, sólo podían encontrarse a través de la unilateralidad. Así pues, no debemos juzgar mal el gran mérito del darwinismo, no debemos pasar por alto la importancia de la recopilación de Haeckel de la similitud de las formas animales y vegetales, empezando por su "Morfología general de los organismos" (1866) y terminando por su extenso "Filogema sistemático" (1896), para construir, por así decirlo, un árbol genealógico de la vida. Aunque sea cierto que todos los árboles genealógicos que construye Haeckel son erróneos -que no lo son-, aunque se tiren por la borda, aunque la idea de la descendencia de Haeckel sea completamente errónea, podemos prescindir de lo que surge de él como teorías y fijarnos en lo que nos muestra similitudes y conexiones entre las formas de una manera inimaginable en épocas anteriores. Eso es lo significativo. Si permitimos que este significado tenga un efecto en nuestra alma, entonces podemos decir que sólo en esto la ciencia espiritual, tal como la vemos hoy, tiene un terreno sólido bajo sus pies, pues ahora la investigación espiritual, suprasensible, está al lado de todo lo que la cultura espiritual del siglo XIX ha aportado.

¿Cómo se sitúa esta investigación espiritual, suprasensible, al lado de esa cultura? De tal manera que muestra cómo el hombre puede efectivamente, a través de un cierto desarrollo, que puede experimentar en su ser interior, dirigir su mirada a los mundos suprasensibles, que entonces, cuando dirige su mirada a los mundos suprasensibles por medio de aquellos métodos que han sido suficientemente descritos aquí, encuentra un mundo suprasensible de hechos, y que en éste se encuentran las verdaderas razones, las verdaderas causas de los hechos sensoriales. Así hemos visto cómo el hombre encuentra en el autoconocimiento suprasensible, -éste fue un hilo conductor de todas las conferencias- ya en sí mismo algo anímico-espiritual incluido, que no sólo vive en él al captarlo con su conciencia normal, sino que está presente como algo real detrás de la conciencia normal, que hay que buscarlo en su forma espiritual mucho antes de que el hombre entre en la existencia terrenal. Tenemos que buscarlo de tal manera que lo que viene del padre y de la madre se conecte con lo que viene de un mundo espiritual, en el que ahora vive a través de los acontecimientos en el tiempo entre el nacimiento y la muerte. Y cuando el hombre entra en el mundo espiritual a través de su conocimiento imaginativo, inspirativo e intuitivo, entonces llega a conocer al maestro artesano, al ser creador y constructor que trabaja en nosotros incluso antes de la aparición de la conciencia, que construye el cuerpo humano precisamente allí donde el hombre aún no podía trabajar en sí mismo con su conciencia, porque este trabajo se adentra en la organización más sutil y en la conformación más delicada del cuerpo. Es precisamente ahí donde el yo, que viene del mundo espiritual, trabaja en la formación más fina no sólo del cerebro, sino de todo el cuerpo.

Así, cuando el ser humano, a través de los métodos de investigación espiritual, vive el conocimiento de su propio núcleo de esencia anímico-espiritual, que en el cuerpo sólo crea la expresión exterior, puede reconocer, sin pasar por la puerta de la muerte, cómo a través del mundo de los sentidos se puede ver un mundo espiritual, que para un conocimiento suprasensible es tan real como el mundo de los sentidos lo es para el conocimiento de los sentidos. Si sabe así que su núcleo anímico-espiritual está activo, y si sabe que extrae sus fuerzas e impulsos del mundo espiritual para construir una nueva vida y una nueva encarnación terrenal, entonces puede elevarse fácilmente a esa realización en la que se basan las opiniones de los seres humanos, que conecta los puntos de vista de la naturaleza humana, de la verdadera esencia humana, por así decirlo, con las ideas morales, que reúne los puntos de vista de la esencia anímico-espiritual del hombre con lo que el hombre necesita como fuerza para la vida, como fuerza para el trabajo, como comodidad en la vida, como seguridad en la vida, etc. 

Y todas las preguntas sobre si el ser humano celebrará un reencuentro con aquellos que le han llegado a ser queridos en la tierra, se responden de manera muy apropiada con un "sí" - esto se explica más detalladamente en mi "Ciencia Secreta en Esquema" - en el sentido de que se muestra que el ser humano no sólo vive con su verdadero ser en el cuerpo físico, reconociendo y actuando, sino que también puede vivir desencarnado, donde entonces todo lo que ha establecido en la vida física vive en lo espiritual y forma los fundamentos para una nueva encarnación. Esas relaciones de ser humano a ser humano, tal y como las experimentamos aquí, continúan en el mundo espiritual y forman el punto de partida para nuestra siguiente encarnación, de modo que nos reunimos con las mismas personas cuya conexión surge para nosotros cuando nos liberamos del cuerpo, en el sentido de que nos sentimos atraídos por ellas, y adquirimos las fuerzas para poder reunirnos con ellas de nuevo en una nueva encarnación.

De este modo, a través de la investigación espiritual, el hombre es conducido a la esfera de un mundo espiritual, y es conducido más allá de tal manera que ya no encuentra su origen en una forma animal del mundo anterior, sino que encuentra el origen de sí mismo y el de los animales en el mundo espiritual. Esto se nos mostró en la conferencia sobre el "Origen del Hombre". Retrocediendo cada vez más, podemos llegar a comprender que el hombre tiene su origen en el mundo espiritual, y que el espíritu creador que vive y teje en el hombre también puede ser comprendido y reconocido como tal por el hombre. La ciencia espiritual lo mostrará cada vez más claramente a la cultura actual. De este modo, se situará al lado de lo que la cultura más materialista-monista ha conseguido en el transcurso del siglo XIX. Cuando vemos cómo esta cultura darwiniana nos ha mostrado que un plan común subyace a todo el desarrollo de los seres vivos, que podemos ver realmente ideas básicas y fuerzas básicas que van desde las etapas más imperfectas hasta las más perfectas de la vida, entonces tal resultado adquiere su verdadero significado precisamente a la luz de la ciencia espiritual. En esta conferencia resumida de hoy sólo podemos llamar la atención mediante una parábola sobre el modo en que adquiere sentido lo que hemos mostrado.

Cuando vemos al ser humano en una edad posterior y lo comparamos con lo que era, por ejemplo, en su infancia, entonces nos decimos: Nuestro núcleo anímico espiritual ha trabajado en nuestra organización exterior. La misma cosa de la que me doy cuenta cuando alcanzo la conciencia, que hace surgir en mi pensamientos, sentimientos e impulsos de la voluntad a partir de razones oscuras del alma, esa misma cosa obró en mi cuerpo cuando todavía no era capaz de hacer surgir esto, cuando me soñaba a mí mismo en la vida, que era todavía un instrumento imperfecto para el espíritu y sólo más tarde se convirtió en uno más perfecto. Lo que es puramente suprasensible, lo que vive sólo en mis pensamientos, sentimientos e ideas, primero obró como base real de mi ser en mi sensorialidad física exterior, pero sólo después pude tomar conciencia de ello. - Si se entiende esto en su significado fundamental, entonces se ha comprendido también cómo el espíritu ha trabajado a través de millones y millones de años para hacer surgir primero toda la serie de seres vivos en sus formas ascendentes, para luego, sobre la base de éstos, hacer surgir lo que es el hombre en su cultura actual. Así como lo que somos a los treinta años debe resultar en su espiritualidad interior del hecho de que primero trabajamos en nuestro organismo imperfecto de la infancia - con lo mismo que luego somos espiritualmente-, así la vida histórica humana, la vida cultural tal como la estudiamos, sólo podría resultar del hecho de lo mismo, La vida histórica humana, la vida cultural tal como la vemos, sólo pudo resultar del hecho de que lo mismo que actúa suprasensiblemente en toda la historia y en toda la cultura humana -este núcleo anímico-espiritual, que es el punto de partida de todo desarrollo espiritual- sólo preparó lenta y gradualmente su propio organismo humano en toda la serie de organismos, tal como el ser humano individual prepara su propio organismo en la infancia, que luego será el instrumento del espíritu desarrollado. Así como es el mismo yo el que piensa, siente y quiere a los treinta años, y el que en los primeros años de vida trabaja sobre la organización exterior del cuerpo, la supera y la transforma en una herramienta para el espíritu, también es posible formarse la idea -y después de las conferencias de invierno aparecerá también como una idea plenamente válida a la que se puede llegar- de que el hombre mismo con toda su vida espiritual tuvo que formar de antemano, tuvo que superar, lo que ahora nos encontramos formado en el mundo animal.

Cuando se observa la conexión de las formas exteriores, nos enfrentamos a los hechos del espíritu humano, que sólo se ha preparado para llegar a ser lo que iba a ser en la forma exterior animal o incluso orgánica. 

¿Qué ha hecho la cultura darwiniana del siglo XIX sin saberlo? Al desarrollar las formas exteriores de forma tan eminente, tan admirablemente grande, ha mostrado las hazañas del espíritu humano mientras trabajaba en el mundo exterior antes de poder penetrar en su interior y desplegar como historia su propio ser y devenir. Este será el progreso en el desarrollo de la humanidad con respecto a la cultura espiritual, que se reconocerá la obra total del espíritu humano como contenida en lo que, sin sospecharlo, ha dado la cultura darwiniana.  En ella ha actuado lo mismo que nuestro yo hace en el organismo del niño. En la segunda mitad del siglo XIX y hasta nuestros días, el darwinismo estudió, sin saberlo, los hechos divinos del espíritu humano. Y se apreciará realmente lo que se ha creado sobre la base del darwinismo cuando se vea el espíritu humano creador en todos estos detalles que se han sacado a la luz, cuando se admire lo que el espíritu humano se ha presentado a sí mismo antes de llegar a su creación consciente e histórica. Así se prepara una cosa grande, poderosa, sólo que se entiende mal, pues se toma como si fuera eficaz por sí misma, mientras que no es mas que el plan que el espíritu divino creador ha seguido en su camino hacia la humanidad. Con ello, el hombre podrá avanzar una determinada etapa en relación con su autopercepción y, avanzando en relación con esta etapa, sólo se dará cuenta realmente de lo que se ha hecho en la segunda mitad del siglo XIX.

Y ahora volvemos a mirar al Conde Gobineau. Allí encontramos cómo trabaja ciertamente el ingenioso espíritu de este hombre -pero desde la conciencia del siglo XIX-, cómo ve, por así decirlo, lo que se presenta en el mundo exterior, pero lo ve con la orgullosa conciencia de un hombre que aún conoce algo de él, sabe personalmente que el hombre desciende de lo espiritual. Por muy fantástico que esto pueda parecer hoy en día, tiene especial importancia en este contexto el hecho de que existiera una persona en el siglo XIX para la que era un hecho personal e individual lo que para otras personas es sólo teoría, quizá convicción religiosa, de que cuando nos remontamos a nuestro origen no llegamos a lo físico sino a lo espiritual. Sólo se apreciará la personalidad única del conde Gobineau cuando se sea capaz de situar su conciencia en la luz correcta, diciéndose a sí misma: Si rastreo lo que soy, lo que vive en mis capacidades y cualidades tal y como se heredan de mis antepasados, encuentro que la línea de herencia se remonta al vikingo Otar jarl, que se remonta más atrás, a los descendientes del dios Odín, y que culmina no con un ser físico sino con un ser suprafísico como el propio Odín.- Pero sea lo que sea que haya en esta línea de pensamiento del Conde Gobineau, faltaba una cosa en ella. Le faltaba la referencia a ese núcleo anímico-espiritual del ser que actúa en el hombre, no a través de la línea de la herencia, no meramente dentro de la raza, sino que actúa en el hombre de encarnación en encarnación, que es independiente de la configuración física exterior, es más, que únicamente ella misma contribuye a la configuración exterior que se da dentro de la configuración física. Así, el conde Gobineau, a mediados del siglo XIX, sólo mira lo externo, pero solamente aquello que no incluye el núcleo anímico-espiritual del ser humano. ¿Dónde se sitúa, pues, con su contemplación? Se sitúa allí donde se sitúa un hombre valiente, que no se detiene en una medida a medias, sino que saca las últimas consecuencias de sus teorías diciéndose a sí mismo: Cuando inspecciono el mundo, encuentro lo que sólo puedo describir de esta manera: ese devenir representa para mí una decadencia, se seca, se marchita en su exterioridad; la humanidad se extingue en la tierra, y la tierra sobrevivirá a la humanidad.- Así, este pensamiento está ahí como si, por ejemplo, lo pronunciara una planta, una planta que se ha desarrollado desde la hoja hasta el germen de la flor y el fruto, y no puede tomar conciencia de que puede recibir algo exterior que se proyecta hacia ella, y que puede recibir el germen fecundante de otra planta y formarlo en una nueva forma. Lo que la planta no puede imaginar por sí misma, tampoco pudo hacerlo el Conde Gobineau. No puede imaginar que en el ser humano vive un núcleo espiritual en la existencia racial, que en el momento oportuno puede absorber un nuevo elemento espiritual, que no reside en las razas originales emergentes y entremezcladas, sino que reside en el núcleo anímico-espiritual, en la individualidad, que las individualidades reciben de la misma manera que las plantas reciben el germen que vuela hacia ellas desde otras plantas, y que tiene un efecto fecundante que parte del mundo espiritual hacia el núcleo del alma espiritual del ser humano y que ese ser humano continúa cuando su envoltura exterior se desprende, como las hojas y las flores se desprenden de la planta cuando la misión del exterior está cumplida.

El Conde Gobineau pudo por tanto pensar correctamente sobre el exterior, pensar correctamente que se dirigía hacia la degeneración. Pero aún le faltaba la visión de ese núcleo anímico-espiritual del ser humano como resultado de la investigación suprasensible. Todavía pudo sustituirlo por la conciencia de su conexión personal con el mundo divino. Pudo hacerlo personalmente, pero se quedó solo en eso. Pero la humanidad había llegado a un estado en el que, retrocediendo en el tiempo, sólo encontraba los hechos sensoriales como punto de partida de su propio origen; encontraba los antepasados en la especie animal, mientras que, de hecho, la especie animal debe ser imaginada tal y como acaba de ser descrita. Pero cuando el hombre es capaz de comprender lo que hay obrando en él, independientemente de todas las formas externas que la ciencia natural del siglo XIX nos ha explicado de manera tan grandiosa, cuando sostiene su mirada hacia el mundo espiritual, y lo que brota de éste para él, en su similitud con su núcleo anímico-espiritual, entonces también podrá admitir que siempre se producen nuevas impregnaciones para el núcleo anímico-espiritual, de modo que el pensamiento, que de otro modo es pesimista, se transforma en el maravilloso pensamiento de un desarrollo de la humanidad hacia el futuro. Si miramos, pues, con el conde Gobineau, lo que originalmente fue dado a las razas, aquello que se ve exteriormente muere, pero interiormente vive lo que puede recibir nuevos impulsos, aquello que se vuelve cada vez más substancial, y al partir de la tierra que deja -como el espíritu deja el cadáver cuando pasamos por la puerta de la muerte- avanza hacia nuevas formas, para crear del espíritu una nueva existencia en el curso de esa eternidad de la que hablamos en la última conferencia. 

Ahora vemos cómo, en el Conde Gobineau, por así decirlo, se alza un pensador audaz, enérgico e ingenioso de una época pasada, que piensa hasta el final en lo que debe ser de la humanidad si la mirada se dirige sólo al mundo exterior. Así vemos cómo la humanidad, habiendo llegado a estas consecuencias, necesita en otro pensamiento aquello que potencie de tal manera lo que es el devenir que se reconozca lo eterno en él, que transmita lo esencial a otras formas de existencia, aunque lo externo envolvente se aleje de lo esencial y tome realmente el curso que el Conde Gobineau ha esbozado. Toda fuerza se desarrolla conquistando las fuerzas opuestas. La creencia personal del conde Gobineau en sus propios orígenes seguía conduciendo a la realización de su pensamiento con lo divino-espiritual. 

De todas las visiones del origen humano y del origen espiritual de los organismos, el darwinismo ha expulsado finalmente lo que son hechos no sensibles, ha dirigido la mirada del hombre sólo a los hechos sensibles y a lo que puede obtenerse de los hechos sensibles con el instrumento del cerebro. El anhelo de los corazones humanos por el mundo suprasensible se encenderá por la fuerza contraria que se desarrolla a partir de la mera mirada del darwinismo común al mundo meramente externo de los hechos, y como nuestra época ya ve el amanecer de este anhelo, que surge como fuerza contraria al darwinismo común, sale a su encuentro y actúa en la mente de la gente.  Crecerá y crecerá el número de personas que sientan este anhelo, que sientan que el viejo pensamiento debe llevar a tales consecuencias incluso en los pensadores más brillantes como las consecuencias del Conde Gobineau o del darwinismo común. Pero cuando los hombres se den cuenta de que no pueden detenerse en lo que aparentemente está tan firmemente fundado en la ciencia externa, entonces exigirán la investigación suprasensible, y entonces se verá cada vez más cómo la lógica y todo el pensamiento de esta investigación suprasensible pueden proceder exactamente de la misma manera concienzuda en que procede la ciencia externa, que en el curso del siglo XIX la ha llevado hasta aquí, y que verdaderamente no podría ser más admirada desde ningún punto que precisamente por parte de la ciencia espiritual.

Cuando se examinan así las conexiones, se reconoce la necesidad de la investigación suprasensible en nuestro tiempo, y entonces se sabrá fácilmente lo que esta investigación suprasensible pretende realmente. En estas conferencias de invierno, como en los numerosos ciclos de los últimos años, también debería despertarse una idea de lo que pretende. Todo el ciclo de conferencias fue básicamente una referencia a lo que se ha resumido hoy, y pretendía mostrar en detalle cómo esta ciencia espiritual se sitúa conscientemente en la vida cultural de nuestro presente para servirla de forma adecuada. Por ello, no es de extrañar que esta ciencia espiritual sea tan a menudo malinterpretada hoy en día. Todo el tono de las conferencias demostraba, sin duda, a los que querían ver a través de ellas, que los que se sitúan en el terreno de la ciencia espiritual conocen muy bien las objeciones que pueden hacerse contra ella. Y muchas de las objeciones se han hecho desde este mismo lugar, para mostrar cómo pueden surgir objeciones a lo que aquí se dice. Una y otra vez nos encontramos con que estas o aquellas objeciones que se hacen aquí son planteadas más tarde por aquellos que han estado escuchando como sus propias objeciones, de modo que no se presta atención a cómo lo que podría objetarse ya ha sido eliminado por la propia ciencia espiritual. Pero quien comprenda el curso de la cultura humana y tenga en cuenta todo lo que ha sucedido con respecto al progreso de la humanidad, no se acobardará ante los juicios que la ciencia espiritual está recibiendo ahora en el mundo exterior, sino que podrá señalar los numerosos ejemplos de cómo lo que más tarde se consideró evidente, por ejemplo el propio darwinismo, despertó primero la más fuerte oposición. 

Los ejemplos de este tipo son numerosos. Lo único que siempre estará en el fondo del verdadero científico espiritual es que se dirá a sí mismo: Aunque las cosas individuales se desmoronen, no es diferente de cualquier otra ciencia, pero el nervio básico y las verdades básicas deben permanecer y se asentarán, porque cada mirada verdadera a nuestras vidas nos muestra la necesidad de esta ciencia espiritual. - Precisamente cuando vamos a lo más grande, como hemos visto hoy con el conde Gobineau y los que profesan el darwinismo, nos damos cuenta de lo fuertemente necesario que es integrar la investigación suprasensible en la vida espiritual de nuestro tiempo, y nos damos cuenta de cómo la investigación suprasensible corresponde precisamente al anhelo de las personas que quieren el verdadero progreso de la vida espiritual en nuestro tiempo.

Sin embargo, en un futuro próximo ocurrirá que ahí fuera en el mundo, (si uno se preocupa por completo de la ciencia espiritual o de la antroposofía), se dará mucha más importancia a todo tipo de cosas sensacionales que han ocurrido aquí o allá, o que todavía están ocurriendo, como los brotes de la ciencia espiritual. Será fácil presentar esta ciencia espiritual como algo fantástico, grotesco, tal vez incluso como una locura, si uno se limita a mirar sus excesos, sin embargo, será más conveniente para cierto público ridiculizar los excesos que tratar seria y dignamente lo que puede prevalecer como investigación científica dentro de esta ciencia espiritual. Y quienquiera que considere el espíritu de las conferencias dadas aquí debe admitir al menos que en ellas se ha intentado introducir en esta ciencia espiritual la misma lógica, el mismo esfuerzo, el mismo pensamiento científico que prevalece en la ciencia externa.

Y aunque algunos no quieran admitirlo, tal vez pueda hablar aquí con el biógrafo alemán del Conde Gobineau, que dijo: "Algunos han objetado las ideas del Conde Gobineau y han dicho: lo que el Conde Gobineau quiere decir puede ser fácilmente refutado, porque cualquier estudiante de secundaria puede saber esto, y cualquier estudiante de secundaria puede captar estos pensamientos."  - Pero hay que hacer la condición previa de que los pensamientos de los estudiantes de secundaria no son suficientes para entender al Conde Gobineau, y que hay que ir más allá de lo que uno cree poseer como lógica fija y no detenerse en la lógica de secundaria si se quiere captar el nervio de la ciencia espiritual. Al juzgar la ciencia espiritual y sus resultados, se puede seguir durante mucho tiempo el camino que se acaba de indicar, pero siempre habrá personas que verán que al menos se debe intentar proceder en la investigación espiritual con la misma conciencia y la misma lógica estricta que se acostumbra después de la escolarización del pensamiento por la que ha pasado la humanidad en el curso de los últimos siglos. La ciencia espiritual debe ser reconocida por esta voluntad, - no por algunos de los errores que se cometen en ella, ni por algunos de los excesos que puede llegar a ser evidente dentro de ella. Y los pocos que se den cuenta de esto formarán al principio el núcleo del pensamiento y la voluntad humanos, cuya necesidad se reconoce precisamente cuando se enlaza con los pensadores más consecuentes que están surgiendo en nuestra actualidad. Por eso la conferencia de clausura de hoy no sólo se refiere a Darwin, sino también al Conde Gobineau.

Puede que los que forman el núcleo de ese pensamiento y voluntad humanos sigan estando solos hoy. Solitarios también estaban todos aquellos que se convirtieron en portadores de tales ideas, que en un tiempo posterior se dieron por sentadas. En la época en que la ciencia ha expulsado de sus fundamentos a una religión materialista-monista, no es de extrañar que una ciencia espiritual, la ciencia del espíritu, también conduzca al hombre en cierto modo a la soledad.

Al fin y al cabo, esta ciencia espiritual, con su objeto real, con lo que quiere captar, se encuentra al principio en una posición tal que su objeto es negado en los círculos más amplios hoy en día, o al menos que se le niega la posibilidad de un conocimiento de este objeto. Pero el hombre no podrá permanecer sin el conocimiento del espíritu. Y que no debe permanecer sin este conocimiento del espíritu, por eso entra en escena la ciencia espiritual.

En estas conferencias se iba a demostrar que las cosas se comportan de esta manera. Que en el mundo sensorial exterior, justo cuando se presenta ante nuestros ojos en sus formas y conexiones más maravillosas, como puede ocurrir a través de la ciencia más reciente, mediante la ciencia espiritual tenemos que considerar el mundo sensorial exterior como el caparazón de un crustáceo, en el cual lo espiritual aparece como aquello que ha superado el caparazón, que se crea a sí mismo por sí mismo.

La ciencia exterior enseña que debemos valernos de aquello que debía ser superado, y que, habiendo sido superado, sigue sirviendo como herramienta. Pero ese conocimiento no tiene por qué quedar confinado a la cáscara exterior, a la corteza externa del ser, esta ciencia espiritual lo traerá con fuerza a la mente del hombre.  En la forma exterior, en la envoltura exterior, hay que ver los hechos del espíritu, cómo vive en sus efectos, en sus resultados, y cómo es el mismo cuando se retira a su punto de origen real, a su ser interior, pero cómo en este punto de origen tiene algo que le da perspectiva para la eternidad.

La ciencia espiritual renovará y elevará -este era el programa de estas charlas de invierno- una cierta visión goetheana que ha dotado a todo el programa de estas charlas de una profunda convicción con la que Goethe se enfrentó a las ciencias naturales de su tiempo cuando de uno de sus representantes, Haller (Albrecht von H., 1708-1773), sonaron las palabras

En el interior de la naturaleza ningún espíritu creado penetra.

¡Bienaventurado! a quien sólo le muestra ¡La cáscara exterior!

Goethe replicó lo que la ciencia espiritual responderá siempre a un conocimiento externo y a una convicción externa que cree que todo conocimiento humano debe limitarse al mundo externo. La ciencia espiritual responderá: Sólo reconocerás este mundo exterior en su verdadera forma cuando contemples el espíritu real. Reconocerás la verdadera forma de lo que el darwinismo ha creado cuando lo veas como obras del espíritu laborioso, como cáscaras y obras que el espíritu laborioso ha segregado para poder hacer uso de ellas. - Y apuntando el alma humana hacia sí misma, la ciencia espiritual traerá a la plena conciencia del hombre que uno también reconoce la cáscara sólo cuando la ve como expresión del espíritu, y como uno sólo reconoce el espíritu cuando lo capta en su creación, como ya promete en la existencia presente para hacer surgir nuevas formas del seno del futuro, como debe convertirse en creación en su ser interior. Esto es lo que muestra la envoltura exterior; muestra lo que el espíritu ha creado. Por lo tanto ante las palabras:

En el interior de la naturaleza ningún espíritu creado penetra.

¡Bienaventurado! a quien sólo le muestra ¡La cáscara exterior!

la ciencia espiritual responde con Goethe:

Examínate a ti mismo por encima de todo,

si eres núcleo o cáscara.

Con ello, me gustaría cerrar estas charlas de invierno. Quisiera esperar que la ciencia espiritual encuentre realmente su meta y resuelva su tarea para que no se quede en una mera teoría, en una mera suma de pensamientos, sino en un elixir de vida que actúe en el ser humano. No funciona sólo en el conocimiento de la cáscara exterior, sino que sobre todo es eficaz en el interior para que el ser humano reconozca si es un núcleo o una cáscara, para que surja el impulso de una fuerte voluntad de no seguir siendo una cáscara, sino de ser siempre un núcleo y convertirse en un núcleo.

Traducido por J.Luelmo nov.2021

GA110 Düsseldorf, 13 de abril (a.m.) de 1909 Tierra, Luna, Sol, Saturno. Ángeles, Arcángeles, Arcáis. Saturno - un reino de calor invisible.

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 RUDOLF STEINER

LAS JERARQUÍAS ESPIRITUALES Y SU REFLEJO EN EL MUNDO FÍSICO


Tierra, Luna, Sol, Saturno. Ángeles, Arcángeles, Arcáis. Saturno - un reino de calor invisible.

 

TERCERA CONFERENCIA

Düsseldorf, 13 de abril (a.m.) de 1909

Es posible que al final de la conferencia de ayer surgieran algunos interrogantes en muchas almas sobre el llamado reino más bajo de las jerarquías. Y esto es natural, porque según las ideas modernas, mucho de lo que se ha dicho debe parecer dudoso e inexplicable, pero las siguientes conferencias arrojarán luz sobre muchos puntos. Una cosa debe quedar clara hoy para permitirles obtener la orientación mental adecuada para tratar apropiadamente el tema. Alguien podría preguntar, por ejemplo: "Incluso si a través del pensar y la concentración sobre una piedra, realmente sacáis un espíritu embrujado fuera de ella, después de haber liberado a ese espíritu, ¿Qué queda en la piedra? ¿Sigue el ser en ella, y qué pasa con la piedra? Otro detrás de mi puede venir y pasar por el mismo proceso, ¿Qué resulta de ello? Esta pregunta puede surgir en muchas mentes. Como he dicho antes, algunas de estas preguntas serán contestadas en estas conferencias; pero si la comprensión de las mismas tiene que depender sólo de las calificaciones para el pensar que la Tierra da al hombre, estas preguntas no pueden ser realmente comprendidas en absoluto. Porque todo está velado en la tierra, todo está cubierto por Maya, y el pensamiento humano ve las cosas de manera muy diferente a como son en realidad, pero no es culpa de los hechos, que estas preguntas queden sin respuesta. Las preguntas se plantean de forma equivocada, pero con el tiempo encontraremos la norma por la cual podremos plantear nuestras preguntas correctamente. Las cosas cambian esencialmente para nosotros cuando todo el asunto no permanece tan velado en la ilusión. En la tierra todas las cosas están, por así decirlo, revueltas, y por ello los pensamientos del hombre se extravían continuamente. 

Nos hacemos una idea más clara de las cosas cuando nos remontamos a tiempos más antiguos. Así como el hombre pasa de una encarnación a otra, de una metamorfosis a otra, todos los seres del universo pasan por reencarnaciones, desde el más pequeño hasta el más grande, incluso un ser como nuestra tierra -un ser planetario- pasa por reencarnaciones. Nuestra tierra no apareció al principio como tierra; pasó por una condición diferente. Siempre se ha hablado mucho de esto en los círculos antroposóficos. Así como el hombre en esta vida es la reencarnación de una vida anterior, la tierra es también la reencarnación de otro planeta que fue su precursor. A ese planeta anterior lo llamamos Luna, pero no nos referimos a nuestra luna actual, que es sólo una parte, un residuo de la antigua luna, sino a una condición anterior de la tierra, que existió una vez y que luego pasó por un estado espiritual llamado Pralaya, de la misma manera que el hombre pasa por una condición espiritual después de la muerte. Así como el hombre se reencarna, este planeta lunar es una reencarnación. Lo que hemos caracterizado como la condición planetaria lunar, fue la reencarnación de una condición planetaria aún anterior, que llamamos Sol. Este no es el sol de hoy, sino un ser muy diferente; fue la reencarnación del primer planeta al que nos remontamos al hablar de las encarnaciones de nuestra Tierra, el antiquísimo Saturno. Así pues, tenemos cuatro encarnaciones sucesivas: Saturno, Sol, Luna y Tierra.

También hemos dicho a menudo que cada condición planetaria tiene una tarea especial. ¿Cuál es la tarea de nuestra tierra? Es hacer posible la existencia del hombre como hombre. Todas las actividades de la tierra son de tal índole que, a través de ellas, el hombre puede convertirse en un ser portador de un yo. Este no era el caso en las condiciones anteriores por las que ha pasado. Solo en la tierra el hombre ha llegado a ser humano, en el sentido actual de la palabra. Las anteriores condiciones planetarias por las que ha pasado la tierra tenían una tarea similar. A través de la cual otros seres se convirtieron en humanos en esos otros planetas, y ahora se encuentran en un estadio superior al del hombre. Tal vez recordéis en mi libro El cristianismo como hecho místico que un sabio egipcio le dio a Solón el griego una notable pista sobre la verdad de los misterios; le dijo que era una verdad de gran importancia, que los dioses fueron una vez hombres. Esta era una de esas verdades que el alumno de los Misterios tenía que aceptar en la antigüedad, que los dioses que hoy en día están por encima en la altura espiritual, no fueron siempre dioses, sino que se habían elevado a esas alturas, y también que una vez fueron hombres y habían pasado por la etapa humana. Una verdad peligrosa, porque como consecuencia natural el alumno de los Misterios sacaba la conclusión de que él también se convertiría en un dios algún día. También era posible que el hombre se dijera a sí mismo: "Un hombre sólo puede convertirse en un dios cuando está maduro para ello y si imagina por un momento que es un dios antes de estar preparado para ello, no será un dios, sino un tonto". Así pues, al hombre se le abren dos caminos: vivir con paciencia, como dice Dionisio, hasta el momento de su deificación, o bien imaginar que ya es un dios antes de ese momento. Un camino lleva en verdad a la deificación, el otro lleva a la locura. A menudo surgen malentendidos sobre los dichos de los antiguos, pues en la actualidad ya no se distingue entre los distintos grados de seres divinos. 

El sabio egipcio que hablaba de los dioses no se refería a un solo grado de los dioses, sino que se refería a toda la secuencia de seres divinos espirituales. Dionisio el Areopagita y los sabios occidentales siempre han diferenciado entre esos diferentes grados de seres espirituales divinos. Es lo mismo hablar de ángeles que de Dhyan-Chohans, pues los que se dan cuenta de la unidad de la sabiduría cósmica sabían que no eran más que nombres diferentes para una misma cosa, pero en este ámbito también hay que saber diferenciar. Los seres que son los primeros en ser invisibles y que están inmediatamente por encima del hombre, se llaman en el esoterismo cristiano Ángeles, Angeloi, mensajeros del mundo espiritual divino. Los que están un grado más arriba, es decir, dos niveles más altos que el hombre, se llaman Arcángeles, Archangeloi, también espíritus de fuego. Los que están aún más arriba que los Arcángeles, cuando pasan por su desarrollo normal, se llaman Espíritus de la Personalidad, Archai, o Principios Primigenios. Así pues, tenemos tres grados de seres que están por encima del hombre. Estos tres grados de seres espirituales han pasado todos por la etapa humana; antes eran todos hombres. Los seres que hoy son Ángeles, si se considera desde el punto de vista del tiempo universal, fueron humanos no hace mucho tiempo, pues fueron hombres en la antigua Luna; y así como vosotros, por las condiciones terrestres, habitáis la tierra como hombres, así los Ángeles habitaron la Luna durante su etapa humana. 

Los Arcángeles pasaron por su etapa humana en el Sol, y los Archai, o espíritus de la personalidad hicieron lo mismo en el antiguo Saturno. Estos seres se han elevado gradualmente desde su etapa humana, son hoy seres superiores, en grados de jerarquías más elevados que el hombre. Si calculamos la secuencia de grados en los reinos del mundo en un sentido espiritual, llegamos a lo siguiente: En la Tierra tenemos el reino mineral visible, el reino vegetal y animal, el reino humano, y luego pasamos a lo invisible, al reino de los Ángeles, los Arcángeles o Espíritus del Fuego, los Archai o Espíritus de la Personalidad. Mientras estos seres, de acuerdo con su propia naturaleza interna, progresaban y se desarrollaban, elevándose desde el hombre hasta la divinidad, o hasta los mensajeros de lo divino (la descripción correcta de esos seres), mientras se elevaban así en su evolución, las condiciones del planeta, en el cual y para el cual vivían, cambiaban gradualmente. Si observamos el antiguo Saturno en el que los Archai o Espíritus de la Personalidad pasaron por su etapa humana, lo encontramos muy diferente de nuestra tierra.

Ayer hablamos de los cuatro elementos que distinguimos en la tierra, como tierra, agua, aire y fuego. Los tres primeros elementos no existían todavía en el antiguo Saturno. De los cuatro sólo existía el fuego, o el calor, en Saturno. El filósofo materialista de hoy dirá: "Pero el calor sólo puede producirse, sólo puede percibirse por medio de objetos externos; hay cuerpos calientes, agua caliente, etc., pero el calor no puede existir por sí mismo". Esa es la creencia del filósofo materialista, pero no es cierta. Si hubierais podido observar el antiguo Saturno con vuestros sentidos actuales, ¿qué habríais encontrado?

Tomemos como hipótesis que hubierais podido volar a través del espacio universal hasta el antiguo Saturno. No habrías visto nada donde estaba el antiguo Saturno; solo habríais sentido una cosa y es el calor.

Si hubierais volado a través del cuerpo del antiguo Saturno, habríais sentido como si hubierais atravesado un horno caliente. No habrías podido respirar, no habrías podido nadar, porque no había ni aire ni agua, no habrías podido estar de pie, porque no había tierra. No habríais podido tocar nada con la mano, pues sólo había una bola de calor. Todo el antiguo Saturno consistía únicamente en calor. En su primera metamorfosis, la existencia de nuestra tierra comenzó como un planeta de calor, y por ello podéis ver cuánta razón tenía el antiguo Herakleitos de Éfeso cuando decía: "Todo ha venido del fuego". Sí, en efecto. Como la tierra no es más que el antiguo Saturno transmutado, así todo lo que hay en la tierra ha sido creado a partir del fuego. Herakleitos conocía esta verdad desde los antiguos Misterios, y lo insinúa cuando dice que el libro en el que escribió esto fue dedicado a la Diosa de Éfeso y que lo colocó en el altar de allí, lo que significa que era consciente de deber el conocimiento de esta verdad a los Misterios de Éfeso, donde la enseñanza del fuego saturniano primigenio fue proclamada en toda su pureza. Ahora podéis ver que esos seres que llamamos Archai, Seres Primordiales o Espíritus de la Personalidad, pasaron por su etapa humana en condiciones muy diferentes a las del hombre de hoy. El hombre actual puede recibir en la constitución corporal de su sistema óseo y sanguíneo, sólidos, líquidos y gases. El hombre de Saturno, el Espíritu de la Personalidad, tuvo que construir su cuerpo con calor.
Ayer os dije que el calor tiene, por así decirlo, dos caras. Un lado es el que podemos sentir interiormente, como calor interno; sentimos que tenemos frío o calor sin tener que tocar nuestro entorno, como en el caso de que contactemos con el elemento sólido; pero también podemos sentir calor exteriormente, cuando agarramos un objeto caliente. La peculiaridad de la evolución de Saturno es que pasó gradualmente de este calor interior, que sólo podía sentirse en el interior, al calor exterior, a un calor que, hacia el final de su evolución, se hizo cada vez más externo, más perceptible desde el exterior. Si hubierais emprendido vuestro viaje por el espacio durante la primera etapa de la evolución de Saturno, no habríais sentido ningún calor en vuestra piel, pero os habríais sentido calientes por dentro; habríais dicho: "Me siento cómodamente caliente". Algo parecido a lo que hoy llamarías calor del alma, podrías haberlo sentido si hubieras hecho este viaje durante las primeras etapas del antiguo Saturno. Puedes imaginar la experiencia que habrías tenido, si consideras lo siguiente: Sabes que hay una diferencia para ti cuando miras algo rojo o algo azul. El rojo te da una sensación de calor; y el azul te da una sensación de frío. Imagina que el sentimiento que se libera en el alma humana por la impresión de algo rojo, no existiera todavía, pero podrías haber sentido algo cálido y confortable. Hacia el final de la evolución de Saturno habrías sentido no sólo calor interior, sino también como si el calor viniera hacia ti desde fuera. 

El calor interior habría cambiado gradualmente a un calor que se manifestaba en el exterior. Así es como se desarrolló Saturno; del calor interior del alma se pasó a un calor que se manifestaba en el exterior, a lo que llamamos calor externo o fuego. Se podría decir: "Al igual que un niño crece hasta la edad adulta y tiene muchas experiencias diferentes, así crecieron los Espíritus de la Personalidad en el antiguo Saturno; primero se sintieron interiormente cálidos, cómodamente cálidos, luego sintieron gradualmente que este calor se exteriorizaba, se hacía real, sí, incluso podríamos decir que se encarnaba". ¿Qué ocurrió entonces? Si queréis imaginarlo debéis representároslo así: Al principio tenemos el proceso de calentamiento interior del globo de Saturno. Entonces, primero es posible que los Espíritus de la Personalidad se encarnen. Mientras encarnan se produce lo que llamamos calor externo. Si hubierais emprendido vuestro viaje durante las últimas etapas de Saturno podríais haber diferenciado las impresiones externas de calor y también de frío. Y si hicieras un dibujo de los cuerpos autocontenidos de calor, no encontrarías más que huevos de calor agrupados en la superficie de Saturno, formando su corteza exterior. Si lo hubieras visto desde fuera, habría parecido una mora o una frambuesa. ¿Qué eran estos huevos? Eran los cuerpos de los Espíritus de la Personalidad, y fue precisamente a través de su calor interno que los Espíritus de la Personalidad construyeron el calor externo de estos huevos de Saturno. Podría decirse con verdad de esta condición: Los Espíritus empollaron el calor, hicieron nacer los primeros cuerpos de fuego. Si podemos expresarlo así: dentro de esa región de calor, los huevos externos de calor se coagularon a partir de su calor interno. Del espacio universal nacieron los primeros cuerpos de fuego. En estos cuerpos de fuego se encarnaron los Espíritus de la Personalidad o Archai (también llamados Asuras). Saturno sólo estaba formado por el elemento fuego. Durante la evolución de Saturno fue posible para los Espíritus de la Personalidad transmutar el calor externo en calor interno. El proceso no era rígido ni duro, sino que era un movimiento interior. De hecho, los Espíritus de la Personalidad producían continuamente estos huevos de calor y los dejaban disolver de nuevo. Y ahora podremos imaginar el proceso con más exactitud. Supongamos que hubierais hecho ese viaje una y otra vez; os habríais dado cuenta de que había momentos en los que no se sentía el calor exterior, sino sólo esa sensación interior de confort; luego, otros momentos en los que aparecían esos huevos de calor. Os habríais dado cuenta de algo así como una respiración de todo el ser del antiguo Saturno, pero era una respiración de fuego. Habríais pensado: "A veces estoy dentro de este antiguo Saturno de tal manera que siento que todo el calor externo se ha vuelto hacia dentro, se ha retirado y experimento sólo esa sensación de confort interior". Y habríais dicho: 'Ahora Saturno ha inhalado todo el calor'. Y volviendo en otro momento y encontrando todos esos huevos de calor habríais dicho: 'Ahora Saturno ha exhalado su calor interior, todo es fuego exterior'. Debéis comprender que los antiguos Santos Rishis dieron esta idea a sus alumnos; se transportaron en espíritu a los tiempos del antiguo Saturno, e hicieron que sus alumnos se dieran cuenta de cómo todo un planeta era capaz de producir algo que se asemejaba a una expansión y contracción en la respiración. Evocaron en sus alumnos la concepción de que el fuego, cuando fluye hacia fuera, forma innumerables cuerpos de calor, y cuando el fuego es aspirado, se convierte en el Yo interior de los Espíritus de la Personalidad. Por lo tanto, compararon la vida de este planeta con una inhalación y exhalación, pero en el antiguo Saturno era sólo una respiración de fuego. El aire todavía no existía.
Ahora supongamos que todos esos Espíritus de la Personalidad en el antiguo Saturno hubieran permanecido en la etapa de su evolución normal y hubieran inhalado y exhalado continuamente calor. Habrían realizado su evolución regular de Saturno y la consecuencia habría sido que en el transcurso del tiempo todos se habrían retirado de nuevo al calor interno, y Saturno como planeta externo de fuego habría sido recibido de nuevo en los reinos espirituales del Mundo. Esto podría haber ocurrido. Entonces nunca habríamos tenido las condiciones del Sol, la Luna y la Tierra, porque entonces todo lo que se había exhalado habría vuelto al calor interior, habría sido recibido de nuevo en el mundo espiritual. Me serviré ahora de una expresión trivial que hará esto más comprensible. A algunos de esos Espíritus de la Personalidad les agradaba más volver a tomar sólo una parte de ese calor exhalado; les agradaba dejar algo de él, de modo que al inhalar, algunos de esos huevos de Saturno no desaparecían completamente, sino que permanecían. Así se desarrollaron gradualmente dos estados o condiciones en Saturno: el calor interior y, junto a él, el calor exterior encarnado en los huevos de Saturno. No todo era atraído. Los Espíritus de la Personalidad dejaron una parte de ese calor exterior para cuidarse a sí mismos, por así decirlo; lo dejaron fuera. ¿Por qué lo hicieron? Tenían que hacerlo; si no lo hubieran hecho, nunca se habrían convertido en hombres en Saturno. ¿Qué significa convertirse en hombres? Significa alcanzar la conciencia de sí mismo. 
No puedes hacer esto a menos que puedas diferenciarte como "yo" de lo que está fuera de ti. Sólo a través de esto eres un "yo", un ego: allí, dices, está la rama florecida, aquí estoy yo. Me diferencio como "yo" de los objetos que me rodean. Los Espíritus de la Personalidad habrían permitido que su "yo" se limitara a soñar eternamente si no hubieran dejado algo fuera que pudiera ofrecerles resistencia. 'Hay otro fuera de mí, me diferencio del elemento de calor que se ha hecho objetivo'. El Espíritu de la Personalidad, se convirtió en Egos, alcanzó la conciencia de sí mismo, por haber empujado una parte de la esencia de Saturno hacia el exterior en una existencia de calor meramente exterior. Se dijeron a sí mismos: Debo permitir que algo salga de mí, y dejarlo fuera, para que sea capaz de diferenciarme, para que mi autoconciencia sea iluminada por ese elemento externo. Así crearon otro reino cerca de ellos, crearon una imagen reflejada de su vida interior en esa vida exterior. Así sucedió que cuando la vida de Saturno había seguido su curso, los Espíritus de la Personalidad no estaban en condiciones de permitir que Saturno desapareciera. Esto habría sucedido si hubieran inhalado todo el fuego; pero no podían volver a respirar lo que habían exhalado fuera de sí mismos. El campo que les había ofrecido la posibilidad de adquirir conciencia de sí mismos tenía que ser abandonado. Ninguna condición de Pralaya podría haber surgido para Saturno sólo a través de los Espíritus de la Personalidad. Los espíritus superiores tuvieron que entrar en acción para disolver a Saturno, a fin de que se produjera un Pralaya, o estado de transición, de desaparición y de sueño.
Los Espíritus superiores, los Tronos, de los cuales sólo daremos el nombre por el momento, tuvieron que disolver todo esto, de modo que, al llegar la vida de Saturno a su fin, se llevó a cabo el siguiente proceso. Los Espíritus de la Personalidad habían alcanzado la conciencia de sí mismos, habían vuelto a respirar una parte del calor, habían experimentado el Yo como centro de su ser y habían dejado atrás un reino inferior. Entonces entró el reino de los Tronos y disolvió lo que había dejado atrás, y Saturno entró en una especie de noche planetaria. Luego surgió la mañana planetaria. Todo tuvo que despertar de nuevo mediante leyes que aprenderemos más adelante. Si todo Saturno hubiera desaparecido por la inhalación de todo el calor, no habría podido haber un despertar, porque todo Saturno habría sido llevado al mundo espiritual. Los Tronos podían ahora, durante una temporada, disolver lo que los Espíritus de la Personalidad habían dejado atrás, esos huevos de calor, pero sólo podían hacerlo durante un tiempo. Estos debían ser entregados, por así decirlo, a una existencia inferior para su posterior desarrollo. A través de esto amaneció una mañana planetaria; la segunda metamorfosis de Saturno - ¡la condición del Sol!
¿Qué fue lo que realmente cobró vida en esta nueva condición solar? Los Espíritus de la Personalidad, teniendo ahora conciencia de sí mismos, pasaron a ella desde el antiguo Saturno, después de la condición planetaria del sueño; ya no necesitaban pasar por ninguna condición similar a la que ya habían pasado: habían exhalado ciertos huevos de calor que volvieron a surgir gradualmente, y se diferenciaron de la masa general; la consecuencia fue que los Espíritus de la Personalidad estaban atados a esa parte de sí mismos que antes habían dejado atrás. 
Si se hubieran llevado todo consigo al mundo espiritual, no habrían estado atados al Sol, no habrían necesitado bajar de nuevo, pero tuvieron que hacerlo, porque habían dejado atrás una parte de su propia esencia, de su propio ser. Tuvieron que ocuparse de ello; les atrajo hacia abajo, hacia una nueva existencia planetaria. Este era el Destino de Saturno, el karma mundial, el karma cósmico. Como los Espíritus de la Personalidad en el antiguo Saturno no habían tomado todo en sí mismos, se habían preparado ese Karma que les obligaba a regresar. Encontraron abajo, como herencia del antiguo Saturno, lo que ellos mismos habían llevado a cabo. ¿Qué sucedió cuando los Espíritus de la Personalidad tomaron ahora el Karma que habían creado? Sucedió lo que expliqué ayer. 
El calor se dividió, en luz por un lado, y en humo por el otro. En el renacido Saturno (el Sol) los huevos de calor reaparecieron como aire gaseoso, o humo, como lo hemos llamado en un lado; y en el otro lado apareció la luz, porque el calor volvió, por así decirlo, en una condición superior. En el interior del Saturno transformado había humo, gas, aire, ¡y en el otro lado luz! Si viajando por el espacio hubierais llegado ahora al lugar donde estaba este antiguo Sol, habríais percibido desde lejos lo que se había formado en luz, porque detrás había humo. Si no fuera la luz misma, habrías percibido una bola brillante, tal como percibiste una bola de calor en Saturno. Habríais encontrado una bola brillante y si hubierais entrado en contacto con su superficie, si hubierais penetrado en esa bola, habríais sentido no sólo calor, sino viento, aire, gas, fluyendo desde todos los lados.
De este modo, aquella bola de calor se transformó en un orbe brillante; un sol ha nacido. 
Está plenamente justificado llamarlo sol; los orbes que son soles hoy en día están pasando por este mismo proceso, en su interior son masas de gas que fluye, y en el otro lado hacen que ese gas se convierta en luz; derraman luz al exterior a través del espacio. Así, la luz se formó realmente por primera vez en las transmutaciones de nuestra tierra, la luz apareció entonces por primera vez. En el calor del antiguo Saturno, los Espíritus de la Personalidad tuvieron primero la posibilidad de convertirse en humanos; en la luz que ahora brotaba del Sol esos seres de las jerarquías espirituales, a los que llamamos Arcángeles, o Archangeloi pudieron convertirse en humanos. De hecho, si hubierais podido acercaros al Sol entonces, no sólo como un hombre de hoy, sino como un hombre clarividente, no sólo habríais percibido la luz que brotaba de él -no sólo la luz- sino que también las acciones de los Arcángeles habrían fluido hacia vosotros con la luz. Pero los Arcángeles habían traído consigo algo a cambio, por así decirlo. Los antiguos Espíritus de la Personalidad habían encontrado en Saturno, calor puro. Los Arcángeles, que fueron los primeros en convertirse en humanos en el Sol, encontraron allí también gas o humo. ¿Qué tuvieron que hacer para asegurar un pie en el Sol, para establecer una morada allí? Formaron sus propias almas, tejieron su ser interior, sus cuerpos anímicos del calor a la luz, y unieron a estos cuerpos anímicos el gas que había allí, un cuerpo externo. 
Así como ustedes tienen hoy un cuerpo y un alma, los Arcángeles, como hombres, tenían una vida interior de calor que irradiaba luz, y un cuerpo físico exterior que consistía en gas y aire. Así como el hombre de hoy tiene un cuerpo compuesto por tierra, agua, aire y fuego, aquellos Arcángeles estaban compuestos por aire, y en su interior estaban compuestos por luz. El elemento fuego, por supuesto, lo trajeron con ellos, ya que éste era el elemento que se convertía en humo y luz. Todo su ser consistía en luz, calor o fuego y humo o aire. Por medio de la luz dejaban salir su fuerza brillante al espacio universal; por medio del fuego vivían su vida interior, experimentaban el confort del calor.
Mediante la vida que llevaban en sus cuerpos de gas vivían en el propio planeta Sol. Ahora podían diferenciar su propio cuerpo de gas de la sustancia general del planeta Sol. Se empujaban unos a otros, y a través de este contacto desarrollaban una especie de conciencia de sí mismos. Esta conciencia de sí mismos los Arcángeles podían desarrollarse cada vez más, sólo porque les agradaba más, si se puede expresar así, habitar en sus cuerpos de gas y humo, o en todo caso dejarlos en la sustancia general del Sol. Porque estos Arcángeles, durante las condiciones de alternancia del antiguo Sol, habían inhalado todo el gas, todo el humo que había a su alrededor, lo habían tomado en su interior. Ahora tenemos un proceso de respiración real. Habrían sentido esas corrientes de gas en el antiguo Sol como un proceso de respiración.
Allí habríais encontrado ciertas condiciones, cuando había una quietud absoluta y habríais pensado que los Arcángeles habían respirado ahora todo el gas. Entonces los Arcángeles comenzaron a exhalarlo de nuevo, las corrientes internas comenzaron a fluir y al mismo tiempo surgió la luz. El intercambio de condiciones en el Sol fue el siguiente: los Arcángeles inhalaron gas y le siguió la quietud, la oscuridad también - era la noche del Sol... Exhalaban y el Sol se llenaba de corrientes de humo, al mismo tiempo que enviaba su luz hacia el exterior - era el día del Sol. Así se produjo un proceso de respiración real de todo el cuerpo del Sol. Exhalación: - el día del Sol, la iluminación del mundo circundante. Inhalación: - la noche del Sol, la oscuridad que se avecina en el mundo. Aquí tenéis también la descripción de la diferencia entre el Sol antiguo y el sol de hoy. Nuestro sol actual brilla siempre, y la oscuridad se produce sólo cuando algún objeto se coloca delante de su luz. Esto era diferente con el Sol antiguo. Tenía en sí mismo el poder de producir los intercambios de luz y oscuridad, la iluminación y la oscuridad, pues ese era su proceso de exhalación e inhalación. 
Imaginemos ahora vívidamente cómo se verían esos sucesos externamente. Tomemos la condición de exhalación. La luz se derrama entonces alrededor, pero al mismo tiempo el Sol se llena de humo. Estas formas y corrientes de humo son como imágenes que se repiten regularmente, se imprimen en la sustancia del Sol con cada exhalación. Lo que antes sólo tenía forma de huevo, los huevos del calor, se transforman en toda clase de imágenes regulares. Se produjeron imágenes de humo bien definidas con una vida interior y una regularidad interior. 
Si se me permite la expresión: los huevos han salido del cascarón. Eso era realmente a lo que podía compararse este proceso de solidificación. Al igual que la gallina sale de los huevos, esos huevos de calor se partieron en dos, y salieron de ellos formas regulares, figuras de humo que eran los cuerpos más densos de los Arcángeles. Habitaban el Sol en cuerpos de gas, humo y aire. Así se movían como hombres en el Sol. Tenemos ahora la idea espiritual de una estrella fija, de un mundo solar, que es un sol por su propio poder, que puede producir el intercambio del día y la noche por su propio poder. Como una exhalación e inhalación produce el intercambio de luz y oscuridad. Pues en aquel tiempo el Sol era una especie de estrella fija. 
Todo lo que en nuestro espacio universal brilla por sí mismo envía a ese espacio junto con la luz la vida de los mensajeros espirituales, los Arcángeles. ¿Qué es, pues, lo que los Archai primigenios, los Espíritus de la Personalidad, han realizado a través de su propia evolución, qué han establecido? Es principalmente a través de ellos que el Sol apareció. Mientras que de otro modo sólo habría aparecido una existencia de Saturno en la evolución", mientras que de otro modo sólo habrían existido los Archai, que habían llenado a Saturno de calor, ahora, debido a que los Archai habían entregado los huevos externos de calor, Saturno se transformó en Sol, sobre el cual los Arcángeles encontraron posible pasar por su etapa humana. Ellos fueron los heraldos que anunciaron al mundo: "Los Primeros Principios o los Espíritus de la Personalidad, fueron nuestros precursores. Como mensajeros, proclamamos al universo en rayos de luz, la antigua existencia de Saturno, del Saturno lleno de calor. Somos los mensajeros, los heraldos de los Archai". Ángel significa Mensajero, Archai significa los Comienzos. Los Arcángeles no eran otra cosa que los heraldos de los hechos de los Primeros Comienzos o Archai de los tiempos pasados. Por lo tanto, se les llama Ángeles de los Comienzos, 'Archai-Angels' que, en español, se ha convertido en Arcángeles. Estos Arcángeles eran los hombres del Sol.

Traducido por J.Luelmo julio2021


3.- Berlín Schlachtensee verano de 1903 -Lecciones particulares - El primero, el segundo y el tercer logos - GA088

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RUDOLF STEINER
para Marie von Sivers, Olga von Sivers y Maria von Strauch-Spettini

El primero, el segundo y el tercer logos


Berlín Schlachtensee verano de 1903

[Falta el comienzo de las observaciones].
Ahora bien, cuando la corriente altruista vuelve a su punto de partida en dos salidas cíclicas y la materia se disuelve de nuevo, . Sólo asumiendo y superando la corriente egoísta, la corriente altruista desplegará un desarrollo de fuerza tan fuerte que debe oscilar más allá de sí misma, es decir, más allá del círculo cósmico que forma el primer encuentro de ambas corrientes. Aparte del fluir del altruismo nacerá una cosa nueva, surgida de él, una nueva región: el Paranirvana, la materia negativa, porque se extiende hacia el exterior en contraste con la materia que se mantiene dentro del círculo cósmico por atracción. El proceso resulta más claro si se imagina que el péndulo oscila. El péndulo que oscila hacia delante lo hará inmediatamente hacia atrás y, si no es detenido en su camino por obstáculos, deberá empezar a oscilar con tanta fuerza que irá más allá de su punto de partida, del mismo modo que un carruaje que rueda hacia delante no puede detenerse de repente, sino que debe seguir rodando durante cierta distancia.
Con esta preparación y desarrollo gradual de la materia, se crearían ahora los componentes materiales para una formación planetaria, pero la vida planetaria propiamente dicha aún no puede nacer. Así pues, el Logos no pudo permanecer en el Paranirvana, tuvo que regresar, y en este camino de regreso formó la región del Maha-Paranirvana. A partir de aquí el Logos tuvo que hacer el sacrificio y comenzar de nuevo el ciclo a través de la materia, para que otra vida, aparte de la suya, pero proveniente de él, pudiera surgir. 
Toda la vida en sus múltiples formas ha surgido de la unidad, del Logos único. En él descansa toda la diversidad aún indivisa, indiferenciadamente oculta. Al hacerse reconocible, al percibirse a sí mismo como yo, emerge de lo absoluto, de lo indiscriminado y crea el no-yo, su imagen especular, el segundo Logos. Esta imagen especular inspira y y lo anima, es su tercer aspecto, el tercer Logos.
Así, el primer Logos, el indiferenciado, en el que la vida y la forma reposan indivisas, sería considerado como el Padre. El tiempo comienza con su existencia; separa de sí mismo su reflejo, la forma, lo femenino, que llena con su vida, el segundo Logos; y de esta animación surge el tercer Logos como el hijo, como la forma animada. Así, todas las religiones han concebido a su Dios en triple forma, como Padre, Madre e Hijo. Así Uranos y Gea, la tierra materna; y Cronos, el tiempo, surgió como hijo de su vientre; Osiris, Isis y Horus, y así sucesivamente.
El sacrificio del Logos es: el descenso del espíritu a la materia, la animación de su imagen especular, y con ello se da también la existencia al mundo de las formas animadas, todas las cuales llevan su existencia especial y atraviesan el ciclo de la evolución para volver a ser una con el Logos como las individualidades más desarrolladas, que recibe a través de ellas la riqueza de la experiencia. Si no se hubiera derramado para animar todas estas formas, no habría crecimiento ni desarrollo independientes. Todo movimiento, todo no tendría vida propia, sólo se agitaría y movería según la dirección de Dios.
Del mismo modo que al hombre sólo le interesa lo desconocido, lo individual en el hombre, y le es indiferente todo lo que puede calcular y comprender, así también el Logos sólo puede complacerse en la vida en desarrollo independiente que surge de él, por la que se sacrifica y se entrega.
Comienza el proceso de desarrollo de la materia, en el que las cualidades del ser se reflejan y son efectivas, <hasta que estas imágenes especulares comienzan ellas mismas su actividad como formas separadas y así espiritualizan y animan la materia cada vez más, hasta que vuelve a ser una con el ser Atma, Budhi, Manas.... vuelve a ser uno con el ser Atma, Budhi, Manas ... [espacio vacío]
En primer lugar, el fundamento cósmico fue creado por el encuentro de las dos cualidades de egoísmo y desinterés del primer Logos. A través de la segunda corriente de la misma, guiada por la armonía, se formó la esencia atomística. Ésta se envolvió en la sustancia madre ya existente y se produjo la formación de los átomos. Estos átomos, con sus envolturas de diversos grados de densidad, formaban ahora gradualmente la materia, que podía servir de medio para que el segundo Logos, que es la imagen especular del primero, emitiera su imagen especular de él. El segundo Logos fluye ahora en esta materia, que en su primera etapa, la del Nirvana, es de una composición tan fina que puede fluir a través de ella sin obstáculos y sin cambios. Ahora entra en la región de Budhi; aquí se detiene, y aunque el altruismo en esta región es tan fuerte que no quiere retener al Logos para su reino, sin embargo lo reclama para todo su cosmos. Aquí comienza ahora el sacrificio del Logos, la voz, el sonido surge de él: quiere animar la materia con su espíritu, que sus pensamientos tengan existencia como formas independientes. Aquí, donde el pensamiento divino se convierte en sonido y voz, en la esfera de Budhi, se encuentra el reino divino para la Edad Media. Envuelto en Budhi, el Logos fluye ahora hacia la región mental, que se divide en las etapas Arupa y Rupa; en ésta se vierte ahora el mundo divino del pensamiento, surgiendo las ideas ejemplares unas a través de otras. Lo que más tarde se convierte en un ser especial y en la esfera de Budhi aún descansa encerrado en el Logos, es llamado aquí a la existencia como una idea ejemplar. Este estadio arupa de la esfera mental es el mundo de las ideas de Platón, el mundo de la razón de la Edad Media. En el estadio arupa, estas ideas adoptan sus primeras formas. Como genios divinos comienzan su existencia especial y flotan en la confusión, interpenetrándose aún como seres espirituales semejantes. Es el reino celestial de la Edad Media. 
Estos seres espirituales entran ahora en la esfera astral; aquí, envueltos en una materia más densa, se despierta la sensación a través del tacto; ahora se sienten por primera vez seres especiales, sienten la separación. Es el reino elemental, el mundo de lo elemental. Descendiendo a la esfera etérica, esta sensación es forzada desde dentro hacia fuera, se hincha, se expande y crece a través de la fuerza vegetal etérica, sólo para ser encerrada y cristalizada por la materia física, porque aquí el egoísmo todavía lucha con toda su fuerza por la limitación. Así la sensación se encierra en el reino mineral y las ideas divinas duermen en sublime paz en la piedra casta. La piedra - una idea congelada de Dios: "Las piedras son mudas. He puesto y escondido en ellas la palabra eterna de la creación; casta y vergonzosamente la guardan resuelta dentro de sí." Este es un viejo dicho druida, una fórmula de oración. Los reinos etérico y físico o reino mineral se denominan microcosmos o pequeño reino en la Edad Media.
A medida que fluía hacia el interior, el logos se rodeaba de envolturas cada vez más densas hasta que aprendió a limitarse firmemente en la roca. Las piedras, sin embargo, son mudas, no pueden revelar la palabra eterna del Creador. La rígida envoltura física debe desprenderse de nuevo; ésta permanece en su reino, mientras que ahora las formas cristalinas en su suave envoltura etérica se expanden, crecen desde dentro, es decir, pueden vivir, pues la vida es crecimiento; la piedra se convierte en planta. 
Y ascendiendo aún más, el Logos también se despoja de esta envoltura etérica y llega a la esfera astral de la sensación. Aquí, a través de la interacción del tacto y la percepción, se desarrolla la actividad; la existencia del animal sensible se forma vívidamente a partir de la sensación y la volición. Así, a medida que el impulso del exterior actúa como una sensación en su interior, construye gradualmente sus órganos de percepción. Se forman los tipos. Al pasar al reino mental, esta sensación se percibe a sí misma, y con la conciencia del yo se alcanza el estadio de la humanidad.
Desde el punto de vista cósmico, con la irrupción del Logos en el reino mineral, se habría realizado su descenso más profundo en la materia y, con la expulsión de la primera envoltura, habría comenzado el ascenso del Logos.  Sin embargo, desde el punto de vista humano, en el sentido antropocéntrico, como también asumían los antiguos sacerdotes druidas, el reposo del espíritu en la roca casta sería un estadio sublime de la existencia.  Ajena a la voluntad egoísta, la piedra sólo obedece a la ley de la causalidad. Para el ser humano en el nivel mental inferior en el que nos encontramos ahora, la piedra sería un símbolo de desarrollo superior. A través de las bajas pasiones y aberraciones kámicas nos desarrollamos en la existencia de la planta etérica, viviendo y creciendo desde dentro en la auto-evidencia altruista, para más tarde vivir en nuestro cuerpo causal, sin ser tocados por nada exterior, descansando como espíritu puro en nosotros mismos, como el espíritu cristalizado encerrado en la roca. 
El segundo Logos, como motor y vivificador de la materia en la que está encerrado, sólo ha alcanzado la esfera mental inferior. El animal sensible ha alcanzado el nivel humano de existencia a través de la conciencia del yo. Es capaz de relacionar el mundo exterior con su personalidad, se percibe a sí misma. La naturaleza la ha conducido y guiado hasta aquí; aquí la deja sola y en libertad. El desarrollo ulterior del hombre depende ahora únicamente de su voluntad. Debe hacer de sí mismo el vaso, despojarse de la cubierta exterior de la esfera mental inferior, para poder recibir ahora el influjo del primer Logos, tal como la semilla se abre y espera la fecundación, sin la cual no puede crecer y dar fruto.
El primer Logos es lo eterno en el universo, la ley inmutable según la cual los cuerpos celestes se mueven en sus órbitas, lo que subyace a todas las cosas. Las formas individuales están sujetas a la aniquilación y al cambio. Percibimos colores con nuestra vista sensorial que pueden parecer diferentes a otra vista. El objeto externo, sólido, que se mantiene unido por sus partes en la forma determinada, puede desaparecer a una cierta temperatura de calor, sus partes pueden disolverse, pero la ley según la cual llegó a ser permanece y es eterna. 
Así pues, todo el universo se mueve según leyes eternas, el primer Logos fluye desplegado en él. El hombre debe elevarse con su voluntad. Debe desarrollar en sí mismo el conocimiento inferior altruista del alma (Antahkarana). A través de la contemplación pura debe percibir esta ley eterna e inmutable en lo transitorio, debe aprender a distinguir entre lo que es sólo una apariencia temporal en una forma determinada y lo que es el núcleo de su ser, debe absorber lo que ve como un pensamiento y retenerlo. Así aprende gradualmente a conocer lo irreal del mundo de la apariencia, el pensamiento se convierte en lo real para él, asciende gradualmente al nivel de arupa, vive en el mundo puro del pensamiento. La multiplicidad se disuelve para él y se hunde en la unidad, se siente uno con el universo. Así se ha elevado tanto que puede recibir el influjo del primer Logos directamente como intuición. Pero no es una sola alma la que fluye en cada individuo, no, es el Todo-alma, es el alma de Platón y de los demás en la que participa, con la que se hace uno en el pensamiento. Paso a paso, el ser humano superior se desarrolla el ser humano superior.
En este punto de inflexión, en el que ha de elevarse en libertad por su voluntad, necesita al maestro, y por eso en la tercera raza de la cuarta ronda, el período lemúrico, los hijos de Manas habían descendido y se habían dejado encarnar para servir de guías. Con el recuento simple, con la comprensión del número comenzó el desarrollo mental y distinguió al ser humano pensante del animal sensorial .
Traducido por J.Luelmo dic.2022