CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA108 Breslau, 2 de diciembre de 1908 - La vida entre dos encarnaciones

  Índice


LA VIDA ENTRE DOS ENCARNACIONES

Rudolf Steiner

 Breslau, 2 de diciembre de 1908


El ser humano cuádruple en estado de vigilia y de sueño. El sueño y la muerte. El cuadro de la memoria de tres días y medio después de la muerte; el desecho del cuerpo etérico. El tiempo Kamaloka y su duración; el descarte del cuerpo astral. Sobre el seudónimo astral. La entrada en el Devachán. La amistad, el amor filial y maternal y su significado. La actividad del ser humano en el tiempo de Devachán y la preparación para un nuevo nacimiento.

Ayer pudimos discutir algunas cosas en un círculo algo más amplio sobre los caminos que conducen a los mundos superiores. Hoy quizá sea lícito decir algo sobre los mundos superiores mismos, y queremos escoger uno de los capítulos más importantes del campo de los mundos suprasensibles y echar un vistazo a los procesos que tienen lugar con el hombre entre la muerte y un nuevo renacimiento.

Este es uno de los capítulos más importantes dentro del ámbito de la vida superior porque se refiere a los hechos y procesos más fundamentales del desarrollo humano, y puesto que la existencia física del ser humano está conectada y entretejida con importantes procesos en esos mundos, hay que penetrar en estos secretos si se quiere comprender al ser humano en general. 

Me gustaría comenzar inmediatamente describiendo la vida del ser humano entre la muerte y un nuevo nacimiento, pero para poder comprender lo que sucede en este período intermedio, primero debemos considerar la naturaleza del ser humano. Para aquellos que se han ocupado de asuntos y estudios antroposóficos durante algún tiempo, lo que se explicará en la introducción no debería representar ninguna novedad. Pero tenemos que examinar estas cosas muy detenidamente desde el principio, a fin de prepararnos para una plena comprensión de las descripciones que siguen.

Para la ciencia espiritual antroposófica, la esencia del ser humano no es meramente aquella esencia de tipo material que se nos aparece a los sentidos externos, que podemos palpar con nuestras manos y que está ligada al mundo físico por leyes físicas. La ciencia espiritual muestra que este cuerpo físico del hombre es sólo una parte de todo su ser, y de hecho el hombre tiene este cuerpo físico en común con el mundo mineral. Podemos mirar a nuestro alrededor en la naturaleza, -todo lo que es aparentemente muerto, mineral en la naturaleza, se compone de las mismas sustancias de las que está compuesto el cuerpo humano. Tanto en la piedra como en el cuerpo humano aparecen los mismos procesos físicos, pero hay una gran diferencia entre los procesos de los cuerpos físicos ordinarios, sin vida, y la naturaleza del hombre. Un cuerpo físico externo, como una piedra, tiene una forma, y conserva su forma hasta que un proceso externo, como la rotura u otro tipo de violencia, destruye la forma. El cuerpo físico humano, en cambio, o el de cualquier otro ser vivo, se destruye en la muerte debido a las leyes que rigen las propias sustancias físico-químicas que lo componen, y en este caso el cuerpo humano deviene un cadáver. 

La ciencia espiritual nos muestra ahora que en el estado entre el nacimiento y la muerte, es decir, durante nuestra vida física, está todavía presente como luchador perpetuo contra esta decadencia del cuerpo físico un segundo miembro del ser humano. Lo llamamos cuerpo etérico o cuerpo vital.

Este está presente en todos nosotros. Si este segundo miembro no estuviera en el hombre, el cuerpo seguiría en todo momento sólo las fuerzas físicas y sus leyes para terminar decayendo. El luchador contra esta decadencia es el cuerpo etérico o cuerpo vital. Sólo en el caso de la muerte este cuerpo vital se separa del cuerpo físico. El hombre tiene este cuerpo vital en común con todos los demás seres vivos; el animal lo tiene, y la planta también tiene este luchador perpetuo. También en ellos debe existir ese luchador perpetuo contra la descomposición.

Si el cuerpo físico ha sido descrito como el primero, el cuerpo vital como el segundo miembro de los seres vivos, el hombre tiene un tercer miembro además de este segundo miembro.

Utilizando nuestro intelecto, con la lógica, somos capaces de ver esto. Supongamos que un hombre está ante nosotros. En este espacio que ocupa, en esta mano que utiliza. ¿No hay acaso nada más que lo que se ha mencionado hasta ahora? O, ¿Existe algo más en ella que huesos y músculos, y que toda clase de componentes químicos que podemos ver con nuestros ojos, tocar con nuestras manos? Cada uno de nosotros sabe muy bien que hay algo más en su interior. Ese algo más es la suma de su sufrimiento y su placer; todo el mundo conoce ese algo, pues son todas las sensaciones y sentimientos que se suceden de la mañana a la noche, a lo largo de la vida. Hay un portador invisible de estas sensaciones, y lo llamamos cuerpo astral o cuerpo de sensaciones del hombre. Este cuerpo astral, que no puede ser percibido por el ojo físico, es considerablemente mayor que el cuerpo físico. Para la conciencia clarividente es reconocible como una nube luminosa en la que está inmerso el cuerpo físico. El hombre comparte este tercer miembro de su ser con el animal, pues éste también posee un cuerpo astral.

Pero además hay un cuarto miembro en el ser humano, la cúspide del reino de la tierra, la cúspide de la naturaleza humana. Podemos vislumbrar este cuarto miembro cuando indagamos acerca de un movimiento íntimo del alma humana.  Hay una cosa en el hombre que nunca puede acercarse a él desde el exterior. Se trata de este único nombre, el simple nombre "yo". Sólo desde lo más profundo del alma puede sonar este nombre, esta designación "yo". Otro ser humano nunca puede decir "yo" a otro ser humano. Sólo a sí mismo puede un ser humano decirse esto; sólo de sí mismo, de su propio ser interior más profundo puede salir, y aquí algo muy diferente, algo divino comienza a sonar a través del nombre "yo". Todas las grandes religiones sintieron también que hay algo sagrado en el "yo". Esto también se reconoce inequívocamente en el Antiguo Testamento. Allí el nombre "Yo" es sinónimo del nombre de Dios. Sólo al sacerdote se le permitía pronunciar el nombre de Dios en ocasiones especialmente solemnes, en servicios especialmente solemnes, y cuando pronunciaba reverentemente el nombre "Yahvé" en el templo, -el nombre "Yahvé" no significaba otra cosa que "Yo" o "Yo soy". Debería significar que Dios mismo se expresa en el hombre. Y sólo aquel ser puede pronunciar esta palabra en el alma a su alma en cuya naturaleza se revela el ser de Dios. La revelación de Dios en el hombre es un cuarto miembro del ser humano. Pero no debemos pensar que ahora somos Dios mismo. Es una chispa del mar de la divinidad la que brota en el hombre. Así como una gota del mar no es el mar mismo, sino sólo una gota de él, así el yo humano no es Dios, sino una gota de la sustancia divina: Dios comienza a hablar en el alma humana.

Sólo al sacerdote se le permitía pronunciar el nombre sagrado de Yahvé en ocasiones particularmente solemnes. Hacer sonar esta esencia de Dios en el alma del hombre por el hecho de que el hombre pueda decir: "Yo soy", ésa es la culminación de la creación. Este portador del Yo, o cuarto miembro de la naturaleza humana, hace del hombre el primero entre los seres visibles de la creación terrestre. Por eso en todos los antiguos Misterios se hablaba de la cuádruple forma sagrada, cuyo primer miembro es el cuerpo físico visible, su segundo miembro es el cuerpo etérico o cuerpo de vida, el tercero es el cuerpo astral o cuerpo de sentimiento, y su cuarto miembro es el yo. Estos son los cuatro miembros que queremos considerar en primer lugar. Y la vida humana, la conciencia humana, depende de la forma en que están conectados entre sí. 

Sólo en la conciencia diurna, en la vigilia, se interpenetran esos cuatro miembros de la naturaleza humana. Allí tenemos el cuerpo físico penetrado por el cuerpo etérico, sólo que más fino y algo más grande, proyectándose más allá del cuerpo físico. Luego tenemos el cuerpo astral, portador de nuestras sensaciones, penetrando el cuerpo etérico y rodeando el cuerpo físico, que está conectado con el cuerpo etérico, como un gran óvalo brillante. Y luego tenemos el cuerpo del yo. Los cuatro miembros de la naturaleza humana, sin embargo, se interpenetran entre sí sólo cuando están despiertos. Cuando el ser humano está dormido, el cuerpo astral junto con el cuerpo del yo sale, mientras que el cuerpo físico, conectado con el cuerpo etérico, permanece en la cama. Por la mañana, o cuando el ser humano despierta, los dos primeros de los cuatro miembros descienden de nuevo y se reúnen con los otros dos.

¿Qué hace el cuerpo astral por la noche en el ser humano ordinario? No permanece inactivo. Ante la mirada del clarividente aparece como una nube en espiral, y de él emanan corrientes que lo conectan con el cuerpo físico que yace allí. Cuando nos dormimos cansados por la noche, ¿Cuál es la causa de este cansancio? El hecho de que el cuerpo astral utilice el cuerpo físico durante las horas de vigilia del día, y así lo desgaste, aparece como fatiga. Pero toda la noche, mientras duerme, el cuerpo astral trabaja en la eliminación de la fatiga. De ahí viene el reparador descanso de una buena noche durmiendo, y de ahí se desprende la importancia que tiene para el ser humano un dormir realmente saludable. Restaura de manera correcta lo que se ha desgastado por la vida de vigilia. El cuerpo astral también repara otros daños mientras duerme, por ejemplo, las enfermedades del cuerpo físico y etérico. Esto no sólo lo habrán observado por experiencia propia en ustedes mismos y en otras personas, sino que también habrán experimentado que todo médico sensato dice que en ciertos casos el dormir es un remedio indispensable para la recuperación. Este es el significado del estado alternante entre el dormir y el despertar.

Pasemos ahora a considerar un estado alternante aún más importante, el que existe entre la vida y la muerte. Si antes se demostró que, tan pronto como se inicia el dormir, el cuerpo astral con el portador del yo abandona el cuerpo físico, que está conectado con el cuerpo etérico, en la vida ordinaria casi nunca se produce una separación del cuerpo etérico del cuerpo físico, a lo sumo en ciertos casos excepcionales, que se mencionarán más adelante. Sólo en la muerte se produce normalmente por primera vez la separación del cuerpo físico del cuerpo etérico. Ahora, pues, en la muerte, no sólo el cuerpo astral abandona al ser humano de cuatro miembros con el Yo, como en el sueño, sino que los tres miembros, cuerpo etérico, cuerpo astral y Yo, abandonan el cuerpo físico, y por un lado tenemos el cuerpo físico, que queda como cadáver, que es atacado inmediatamente por las fuerzas físico-químicas y queda expuesto a la destrucción, mientras que por otro lado tenemos una unión de cuerpo etérico, cuerpo astral y el portador del Yo.

La pregunta que surge ahora es cómo puede alguien saber en absoluto cómo se desarrollan estas condiciones después de la muerte. Pues bien, si han seguido la conferencia pública de ayer, comprenderán que aquellas personas que son capaces de ver en las esferas superiores también son capaces de informar sobre las condiciones después de la muerte. Y los medios están abiertos a todo ser humano y se ofrecen vías para adquirir tales capacidades, por lo que también es posible saber lo que experimenta el ser humano cuando atraviesa la puerta de la muerte. Si se relatan hechos que no son inmediatamente controlables por todos, sólo quien realmente sabe puede decidir sobre su exactitud. Sin embargo, si por parte del ignorante se hiciera el reproche al conocedor de que él tampoco puede saber nada, el reproche de arrogancia recaería totalmente del lado de los que no saben nada y, sin embargo, sostienen que no se puede saber nada. Así pues, sólo el conocedor puede decidir lo que se puede conocer. 

Cuando un ser humano ha pasado por la muerte, primero tiene la sensación de que está desplegándose en un mundo en el que se hace cada vez más grande, y que ya no está fuera de las demás entidades como en este mundo físico, que no está frente a todas las demás cosas, sino como dentro de ellas, como si se deslizara dentro de todas las cosas. En el momento inmediatamente posterior a la muerte no se siente un aquí y un allá, sino un por todas partes; es como si uno mismo se deslizara dentro de todas las cosas.

Entonces se produce un recuerdo total de toda la vida pasada, que se presenta ante uno con todos sus detalles como un gran cuadro. Este recuerdo no puede compararse con un recuerdo de la vida pasada, por bueno que sea, tal como lo conocen en la vida terrenal, sino que este cuadro del recuerdo se presenta allí de una vez en todo su tamaño. ¿En qué se basa esto? Se debe a que el cuerpo etérico es, en verdad, el portador de la memoria. Mientras el cuerpo etérico estaba todavía en el cuerpo físico, tenía que trabajar a través del cuerpo físico y estaba limitado por las leyes físicas. Allí no es libre; allí olvida, pues allí se aparta todo recuerdo que no pertenezca directamente a lo más inmediato que el ser humano está experimentando. En la muerte, sin embargo, como ya se ha explicado, el cuerpo etérico, portador de la memoria, se libera. Ya no necesita trabajar a través de lo físico y, por lo tanto, los recuerdos aparecen de repente de forma desatada.

En casos excepcionales esta separación del cuerpo físico y etérico también puede producirse durante la vida. Por ejemplo, en casos de peligro de muerte, ahogamiento, caída, es decir, en aquellos casos en que la conciencia recibe una gran conmoción por el susto. Las personas que han sufrido tal conmoción a veces dicen que durante unos momentos toda su vida se presentó ante ellos como un retablo, de modo que las experiencias ya desvanecidas de su vida más temprana reaparecieron de repente del olvido con total claridad. Tales narraciones no se basan en el engaño, sino en la verdad; son hechos. En ese momento del destello del retablo de la memoria, al ser humano le ocurre algo muy especial; sólo en tal conmoción no debe perderse la conciencia. En ese momento de conmoción u otro sobresalto que ha dado lugar a la conmoción, ocurre algo que el clarividente puede ver. No siempre, pero a veces, la parte del cuerpo etérico que llena la región de la cabeza emerge total o parcialmente de la cabeza, y aunque esto ocurra sólo por un momento, la memoria queda así liberada, porque en tal momento el cuerpo etérico se libera de la materia física, obstáculo para la memoria desinhibida.

También podemos observar una salida parcial del cuerpo etérico en otras ocasiones. Al presionar o empujar cualquier miembro del cuerpo, se produce a veces una sensación peculiar, de hormigueo, y estamos acostumbrados a describir esta sensación diciendo que el miembro se ha dormido. A menudo se ha oído decir a los niños que quieren describir la sensación que tienen: Siento como agua de Seltz en la mano. ¿A qué se debe? La causa real es que la parte correspondiente del cuerpo vital se sale de este miembro durante un tiempo. El clarividente puede entonces percibir la parte levantada del cuerpo etérico como una copia del cuerpo humano físico en su proximidad. Por ejemplo, durante una caída, la parte correspondiente del cuerpo etérico es empujada fuera de la cabeza por el movimiento de caída.

En la muerte, este retablo de recuerdos entra inmediatamente con toda su fuerza, porque queda todo el cuerpo físico. También sabemos la duración de este retablo de la memoria después de la muerte. Es de tres a cuatro días. No es fácil dar las razones de esto. Esta duración es diferente para cada persona y corresponde aproximadamente a la capacidad de la persona en cuestión de permanecer despierta sin dormirse durante el tiempo que hubiera podido aguantar en vida.

Después de eso, tiene lugar algo más. Lo que ocurre a continuación es que se libera una especie de segundo cadáver. El ser humano ahora también deja atrás el cuerpo etérico, pero retiene cierto extracto de él, una esencia, y el ser humano se la lleva consigo y la retiene por toda la eternidad. Ahora, después de dejar el cuerpo etérico, comienza para el hombre el tiempo de Kamaloka, el estado de Kamaloka.

Si desean esclarecer qué clase de estado es éste, deben tener en cuenta que el hombre, después de dejar atrás los cuerpos físico y etérico, conserva aún de sus cuatro miembros el cuerpo astral y el yo, y se nos plantea ahora la cuestión de cuál es la naturaleza del cuerpo astral con el que el yo vive ahora en el tiempo Kamaloka. El cuerpo astral es portador de placer y dolor, de anhelos y deseos, por lo tanto éstos no cesan cuando se desecha el cuerpo físico; sólo cesa la posibilidad de satisfacer los deseos, puesto que ya no se dispone del instrumento para satisfacerlos, es decir, el cuerpo físico. Todo lo que el ser humano era como ser sensible en el cuerpo físico no deja de serlo. El hombre conserva todo esto en su cuerpo astral. Pensemos en un deseo ordinario, y en aras de la simplicidad elijamos uno de tipo bastante banal, por ejemplo, el deseo de un plato sabroso. Este deseo no radica en el cuerpo físico, sino en el astral. Por lo tanto, este deseo no desaparece con el cuerpo físico sino que permanece. El cuerpo físico no era más que el instrumento con el que este deseo podía ser satisfecho. Si se tiene un cuchillo para cortar, éste es el instrumento, y la capacidad de cortar no se pierde aunque se pierda el cuchillo. De igual modo, en el momento de la muerte, sólo se desecha el instrumento para disfrutar, y por lo tanto el hombre se encuentra al principio en un estado en el que están representados todos sus diversos deseos, que ahora deben desecharse primero, o mejor dicho, deben aprender a desengancharse. El tiempo en que esto sucede es el tiempo Kamaloka. Es un tiempo de prueba, y es muy bueno e importante para el desarrollo ulterior del ser humano. Imaginen ustedes que sufren de sed y están en una zona donde no hay agua, por supuesto, ni cerveza ni vino, ni bebida de ningún tipo. Allí se sufre una sed ardiente que no puede saciarse. Del mismo modo, el hombre sufre cierta sensación de sed cuando deja de poseer el instrumento con el que sólo podía satisfacer sus deseos.

El Kamaloka es un periodo de "desenganche" para el ser humano, ya que tiene que renunciar a sus deseos para poder vivir en el mundo espiritual. Este período de Kamaloka dura más o menos tiempo, dependiendo de cómo la persona afronte la renuncia a sus deseos. Depende de cómo el hombre haya adquirido ya el hábito de regular sus deseos en la vida, y de cómo haya aprendido a disfrutar y a renunciar en la vida. Pero hay placeres y deseos de tipo inferior y superior. Tales placeres y deseos, para cuya satisfacción el cuerpo físico no es el instrumento real, los llamamos placeres y deseos superiores, y tales no pertenecen a aquellos a los que el hombre tiene que renunciar después de la muerte. Sólo mientras el hombre tenga todavía algo que le atraiga hacia la existencia física -placeres inferiores- permanece en la vida astral del tiempo Kamaloka. 

Después de ese período de "desenganche", cuando ya nada lo atrae hacia abajo, cuando se ha vuelto capaz de vivir en el mundo espiritual, entonces del ser humano se desprende un tercer cadáver. La estancia del hombre en este tiempo Kamaloka dura aproximadamente un tercio de su vida.

Por lo tanto, depende de la edad que tenía la persona cuando murió, es decir, de cuánto tiempo vivió en el cuerpo físico. Sin embargo, este tiempo de Kamaloka no siempre es horrible o desagradable. En cualquier caso, el hombre se vuelve más independiente de los deseos físicos, y cuanto más independiente se haya vuelto en la vida y más interesado esté en las cosas espirituales, más fácil le resultará este tiempo de Kamaloka. Se vuelve más libre a lo largo de este tiempo en él, de modo que el hombre se vuelve agradecido por este tiempo de Kamaloka. El sentimiento de privación en la vida física se convierte en dicha en el tiempo de Kamaloka. Entonces se producen los sentimientos opuestos, porque todo aquello de lo que uno ha aprendido en la vida a prescindir con gusto, durante el tiempo de Kamaloka se convierte en un placer. Cuando, como ya se ha dicho, el tercer cadáver se desprende del ser humano, entonces desaparece con él todo lo que el ser humano ya no puede utilizar en el mundo espiritual, el cuerpo astral. Para el clarividente estos cadáveres astrales son visibles, y pasan veinte, treinta o cuarenta años hasta que se han disuelto. Dado que tales cuerpos astrales están siempre ahí, pasan ocasionalmente a través de los cuerpos de las personas vivas, a través de nuestros propios cuerpos, especialmente durante la noche, que es cuando nuestros cuerpos astrales se separan de los cuerpos físicos en el sueño, y ésta es la fuente de ciertas influencias nocivas que el hombre puede recibir. Así como para el ser humano actual, después de la partida del cuerpo etérico, queda un extracto, una cierta esencia para toda la eternidad, así también para él, después de la partida del cuerpo astral, queda una cierta esencia para toda la eternidad como fruto de la última encarnación.

Y ahora comienza para el hombre el tiempo del Devachán, la entrada en el mundo espiritual, en el hogar de los dioses y de todos los seres espirituales. Cuando el hombre entra en este mundo, experimenta una sensación que puede compararse a la liberación de una planta que crecía en una estrecha grieta y de repente crece hacia la luz. En efecto, cuando el ser humano entra en este mundo celestial, experimenta una perfecta libertad espiritual en su interior y, a partir de ese momento, disfruta de una dicha absoluta. Pues, ¿Cuál es en realidad el tiempo del Devachán? Pueden hacerse una idea si tienen en cuenta que aquí el hombre se prepara para una nueva vida, para una nueva reencarnación. En el mundo físico, en este mundo inferior, el hombre ha experimentado y vivido mucho, y se ha llevado estas experiencias consigo. Las ha llevado dentro de sí como un fruto de la vida, que ahora puede procesar libremente dentro de sí. Ahora forma un arquetipo para una nueva vida en el tiempo del devachan. Esto sucede durante mucho, mucho tiempo. Se trata de una creación del propio ser, y toda creación, toda producción está ligada a la dicha. Que toda producción, toda creación está conectada con la dicha, puede uno hacerse una idea de ello si observa a una gallina incubando un huevo. ¿Por qué lo hace? Porque siente placer al hacerlo. Así que también es un placer para un ser humano crear en devachan y tejer el fruto de la vida pasada en el plan para una nueva vida.

En la cadena de reencarnaciones, el hombre ya ha pasado por muchas vidas, pero al final de una vida nunca vuelve a ser el mismo que era al principio de ésta. En esta vida, se ve sometido al cuerpo físico, debiendo comportarse de forma bastante pasiva. Pero ahora que está liberado, liberado del cuerpo físico, del cuerpo etérico y del cuerpo astral, teje un arquetipo en el núcleo eterno de su ser, y este entretejido lo percibe como dicha, como un sentimiento que no puede compararse con nada que pueda experimentar como dicha en el mundo físico. Su vida es dicha en el mundo espiritual. Pero no crean que la vida física carece de importancia en este mundo espiritual. Si en la vida se han formado lazos de amor y amistad entre almas, entonces sólo lo físico se desvanece con la muerte, pero el lazo espiritual permanece y forma puentes duraderos e indestructibles de alma a alma, que se condensan en efectos en los arquetipos. Estos lazos pueden después vivirse en lo físico en las siguientes reencarnaciones. Lo mismo ocurre en la relación que existe entre madre e hijo. El amor de una madre por su hijo es la respuesta al amor prenatal del niño por su madre, que se sintió atraído por esta misma madre como resultado de su parentesco anímico con ella a través del anhelo de reencarnación. Lo que luego tiene lugar en la vida, en la encarnación experimentada conjunta entre madre e hijo, forma nuevos lazos anímicos que permanecen. Y todo lo que unía alma con alma ya está entretejido en la vida espiritual que encuentran cuando entran en el mundo espiritual después de la muerte. La vida entre la muerte y un nuevo nacimiento es, por tanto, tal que lo que se hizo en la vida física anterior sigue teniendo efecto. Sí, incluso las ocupaciones favoritas a las que un hombre estaba apegado en vida tienen un efecto posterior. Pero el hombre se vuelve cada vez más libre después de la muerte, porque se prepara para el futuro, para su propio futuro.

Ahora bien, ¿Hace algo más el hombre en ese más allá? Sin duda, él es muy activo en este más allá. Alguien podría preguntar, si también puede ser activo en el más allá ¿Por qué el hombre renace y por qué vuelve a esta tierra?. Pues bien, esto sucede porque las reencarnaciones nunca se producen de tal manera que el ser humano renazca innecesariamente en el transcurso de las mismas. Siempre puede aprender algo nuevo, las condiciones terrestres siempre han cambiado de tal manera que entra en condiciones completamente diferentes con el fin de adquirir experiencia para su desarrollo posterior. La faz de la tierra, las regiones, el reino animal, la cubierta vegetal, todo esto cambia continuamente en un tiempo comparativamente corto. Piensen ustedes en en cómo era la Tierra hace cien años.

¡Qué diferencia con la actualidad! No hace tanto tiempo que todo el mundo sabe leer y escribir a los seis años, como hoy en día. En la antigüedad, había personas muy cultas a la cabeza del Estado que no sabían leer ni escribir. ¿Dónde están los bosques y las especies animales que hace quinientos años llenaban la tierra que ahora está surcada por vías férreas? ¿Cómo eran las localidades donde hoy están nuestras grandes ciudades, ¿Cómo eran hace mil años? Porque sólo para entonces volverá a nacer el hombre, sólo entonces volverá a entrar en una nueva encarnación, cuando las condiciones hayan cambiado de tal manera que el hombre pueda aprender algo nuevo. Vean con el paso de los siglos cómo la faz de la tierra es cambiada, derribada y edificada por las fuerzas intelectuales de los hombres. Pero también hay muchas cosas que siguen cambiando y sobre las que las fuerzas externas del intelecto humano no pueden actuar. La cubierta vegetal y el mundo animal, cambian ante nuestros ojos; desaparecen y otras especies ocupan su lugar. Tales cambios se efectúan desde el otro mundo. Un hombre que camina por un prado puede ver perfectamente cómo se construye un puente sobre el arroyo, pero no puede ver cómo se construye la cubierta vegetal. Eso es lo que hacen los muertos. Estos están activos en la remodelación y reelaboración de la faz de la tierra con el fin de crear para sí mismos la escena cambiada para una nueva reencarnación.

Después de que el ser humano haya estado tan ocupado durante mucho, mucho tiempo con los preparativos para la nueva reencarnación, se acerca el momento en que ésta ha de tener lugar. ¿Qué ocurre ahora? ¿Qué hace entonces el hombre cuando entra en su nuevo renacimiento? En este momento el hombre se encuentra en su Devachán, y allí siente que primero debe reunir para sí mismo un nuevo cuerpo astral. Entonces, por así decirlo, la sustancia astral se dispara hacia él desde todas partes, y según su peculiaridad se cristaliza a su alrededor. Hay que imaginarlo de la misma manera que las limaduras de hierro están sujetas a la atracción de un imán y se disponen y agrupan en torno a él, así la sustancia astral se dispone entorno al yo que ha de reencarnarse. Pero entonces todavía es necesario elegir una pareja adecuada de padres, y así el ser humano es guiado hacia tal o cual pareja de padres, pero no sólo obedeciendo a su propio poder de atracción. Pues aquí intervienen y actúan seres altamente elevados, que hoy, apropiados al estado actual del desarrollo humano, han asumido el trabajo de ordenar kármicamente estas relaciones en rectitud y justicia.

Si, por tanto, ocasionalmente los padres no parecen ser correctos con los hijos y hacia los hijos, no tiene por qué ser porque estén equivocados o sean injustos. Esto es quizás a veces lo bueno, que el hombre llega a las condiciones más complicadas y tiene que soportar las circunstancias más extrañas para aprender a través de ellas.

La secuencia de estas reencarnaciones siempre repetidas no es, sin embargo, interminable. Hay un principio y también un final. Hubo una vez, en el pasado distante, en que el hombre aún no descendía a las encarnaciones. Aún no conocía el nacimiento ni la muerte. Él llevaba entonces una especie de existencia angélica, no interrumpida por cambios tan drásticos en su condición como los que se dan hoy en día como el nacimiento y la muerte.

Pero con la misma seguridad llegará un tiempo para el hombre en el cual habrá reunido una suma suficiente de experiencia en los mundos inferiores para haber adquirido un estado de conciencia lo suficientemente maduro y clarificado como para poder trabajar en los sublimes mundos superiores sin verse obligado a sumergirse de nuevo en los mundos inferiores.

Después de escuchar estos testimonios de repetidas vidas terrenales, algunas personas creen que deben temer que el sentimiento de amor paternal pueda verse perjudicado por el hecho de que una madre oiga que el hijo no es realmente carne de su carne, pues hay algo en este hijo que no es de ella, es decir, algo ajeno. Pero estos lazos que abrazan a padres e hijos no están en modo alguno sujetos al azar y sin ley. No son lazos nuevos. Ya estaban presentes en vidas anteriores y existían en lazos de parentesco y amistad. Estos lazos de amor los unen permanentemente en los mundos superiores en la realidad eterna, y todos los seres humanos serán abrazados un día en el amor eterno, aunque ya no desciendan al ciclo de reencarnación.

Traducido por J.Luelmo ago.2023


GA108 Viena 23 de noviembre de 1908 LAS CUATRO ETAPAS DEL VERDADERO AUTO-CONOCIMIENTO

 Índice


LAS CUATRO ETAPAS DEL VERDADERO AUTO-CONOCIMIENTO

Rudolf Steiner

 Viena, 23 de noviembre de 1908


Las cuatro etapas del verdadero autoconocimiento. El tipo más bajo de autoconocimiento es el que el hombre obtiene a través de la conciencia diurna ordinaria haciendo uso de los órganos físicos: reconocimiento del entorno. La segunda etapa contempla el trabajo del yo en el cuerpo etérico: reconocimiento de la pertenencia a la familia, a la raza, al pueblo; lo que viene de antes, lo que llega hasta el futuro.  La individualidad se independiza de la línea de herencia educándose para la transformación de talentos y habilidades;

Anteayer examinamos uno de los temas ocultos más importantes, a saber, la posibilidad de vislumbrar los Mundos Superiores. Ayer tuvimos una conferencia abierta en la que nos ocupamos de qué método y qué tareas son necesarios para alcanzar la etapa en que las capacidades y poderes del alma adormecida puedan ser despertados a fin de hacer posible el conocimiento de los Mundos Superiores. El tema al que nos dedicaremos hoy se relaciona de un modo particular con ambos, y guarda cierta relación con todos los esfuerzos antroposóficos. Lo que tan a menudo se expresa teóricamente es que la ciencia oculta antroposófica no puede ser otra cosa que un autoconocimiento universal y omniabarcante de la humanidad, un autoconocimiento que conduce a los orígenes más profundos, a la existencia más profunda del yo individual y a cómo éste se engloba en el Conocimiento del Mundo. No sólo, puedo decir, se encuentra esto expresado a menudo en la literatura teosófica y en otros lugares, sino que se cumple; el autoconocimiento genuino es un fenómeno acompañante que necesita correr paralelo con toda investigación real en las áreas de los Mundos Superiores, corriendo paralelo con el desarrollo de todas nuestras fuerzas anímicas internas. El "Conócete a ti mismo", antigua expresión humana, significa mucho, mucho más aún para el Antropósofo. Hoy queremos explorar lo que en el sentido científico oculto llamamos autoconocimiento en relación con las más variadas etapas del desarrollo humano. Comenzaremos con el autoconocimiento más ordinario y cotidiano y ascenderemos hasta este autoconocimiento que puede llamarse Conocimiento del Mundo en el sentido antroposófico; y sobre todo, relacionaremos cada uno de los elementos que tratemos con lo que podría llamarse "científico oculto", teniendo siempre en cuenta el lado oculto.

Dentro de la cosmovisión antroposófica, el autoconocimiento se considera mucho más importante porque, cuando se entiende correctamente, puede incluir lo más Alto dentro del esfuerzo antroposófico, pero entendido de forma errónea, puede llegar a ser extremadamente peligroso. El autoconocimiento mal entendido tiende a aparecer sobre todo al principio del camino del esfuerzo científico espiritual que señala la Antroposofía, antes que conducir hacia él. Goethe, con muchas referencias a este campo familiar, dijo una vez que desconfiaba especialmente de la expresión "autoconocimiento", ya que significa algo que el ser humano se representa básicamente como una especie de falsa melancolía, autoanestesia, atrapada en un cauce incorrecto. Esto es correcto en todas partes. En el campo científico oculto siempre tenemos la oportunidad de contemplar la complejidad de la naturaleza humana cuando recordamos lo que todos sabemos: con perspicacia antroposófica tenemos miembros humanos en el cuerpo físico, que comprende el cuerpo etérico y astral, y lo que llamamos el Ego real o portador del "Yo" (Ich-Träger). Cuando observamos eso que básicamente llamamos el Yo, con todos estos miembros vinculados a la naturaleza humana, llegamos fácilmente a la conclusión de que el autoconocimiento es algo extraordinariamente complejo.

Para anticipar el tipo de auto conocimiento más simple y humilde, debemos recordar diferenciar entre estos cuatro miembros de la naturaleza humana, -de acuerdo con las relaciones actuales entre estos miembros-, el ser humano dormido despierto y sin sueños del cual podemos decir ahora: los cuerpos físico y etérico del ser humano dormido están desprendidos del astral y del portador del yo, y estos dos últimos están fuera del cuerpo. Sabemos al mismo tiempo que en el ciclo humano actual es normal que el yo humano sólo pueda tomar conciencia de sí mismo cuando utiliza órganos físicos y hace observaciones en el plano físico. Por lo tanto, hablamos, por así decirlo, en un sentido científico espiritual, de un portador del yo que existe a través de esas condiciones llamadas sueño inconsciente. Tenemos que decir que este portador del Yo sólo desarrolla la conciencia y la autoconciencia mientras entra directamente en el campo de la observación y utiliza los órganos físicos, tomado así en los cuerpos físico y etérico. Allí tenemos la autoconciencia humana normal de hoy ante nosotros y necesitamos preguntar: ¿Cuál es el ser de esta autoconciencia en el nivel más bajo? Mejor aún es describir la pregunta así: ¿Cómo llega el ser humano, cómo llegamos nosotros, a comprender aquello que vive en el cuerpo físico de la mañana a la noche, utilizando órganos físicos - cómo llegamos al conocimiento de este ser, o incluso del yo? Podemos creer fácilmente que tenemos que mirar en nuestro interior y así investigarnos a nosotros mismos. Aquí descubrimos todos los tipos posibles de autoconocimiento que podrían cultivarse y recomendarse. Por ejemplo, se aconseja a una persona que observe lo que hace, cuáles son sus características y defectos, que medite en su interior y busque su valía, lo eficiente que se muestra en una u otra actividad... ese tipo de cosas. Aquí ya surgen peligros en la falsa comprensión del autoconocimiento y por esta razón debemos hablar de estos peligros. Siempre tenemos presente que debemos esforzarnos por elevarnos hacia los Mundos Superiores. También sabemos que esta elevación es algo que hace a la persona muy diferente de lo que era antes, y por lo tanto es natural que se encuentren diversos obstáculos en el camino. A través del falso autoconocimiento, la ascensión se vuelve tan peligrosa como lo es, en primer lugar, a través del genuino autoconocimiento. Este tipo de autoconocimiento, que más bien podría llamarse la cavilación del "yo" cotidiano, una conciencia de las faltas, es falso y un peligro que funciona de hecho hacia atrás, porque falta una medida global para el juicio.

Cuando una persona, a través de la consideración ordinaria de sus méritos y defectos dice: "Esto lo has hecho bien, aquello no lo has hecho bien, debes mejorarlo", parece que ha desarrollado una medida con la que orientarse. Esta medida se convierte, por así decirlo, en la vara de medir para todo lo que la persona interpretará en el futuro. De este modo, una persona nunca se elevará por encima de sí misma y esto es exactamente lo que el Antropósofo siempre se recita a sí mismo: "No te quedes estancado, al contrario, una y otra vez, paso a paso, sal de este punto fijo" - un dicho que debe tomarse al pie de la letra: Todo lo que se emprende en referencia al desarrollo del alma como avance en tu camino vital, es bueno; todo lo que te retiene en este punto es, en el fondo, una pérdida para el alma. - Ningún autoconocimiento que te lleve a sentirte invadido por el remordimiento o que te conduzca a la autosatisfacción, te hace avanzar. Sólo si queremos alcanzar la posibilidad de tener una visión de lo que realmente importa, debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿De qué suele depender el ser humano? - Puede plantearse fácilmente lo siguiente: ¿Cómo habría sido mi imaginación, mis experiencias y sentimientos si esta individualidad que ha pasado de una encarnación a otra y que repetirá futuras encarnaciones, cómo habría sido si esta individualidad no hubiera nacido, por ejemplo, en tal o cual fecha en Viena, sino unos cincuenta años antes en Moscú? ¿Qué tipo de experiencias, sentimientos, imaginaciones, pensamientos e ideas desarrollaría esta individualidad para crear la tónica característica de su vida? ¡Algo muy diferente! Uno se da cuenta fácilmente, con imaginación precisa, cuando reflexiona sobre ello, de cómo uno, de la mañana a la noche, pasa por sus ideas y experiencias, cuánto de esto depende de cuándo y dónde está situado en el mundo. Intenta formular un cálculo preciso, sacando de tu alma interior todo lo que es causado por el cuándo y dónde de tu nacimiento.

Ahora desecha todas estas imágenes de tu vida anímica. Intenta reflexionar sobre lo que queda e intenta meditar principalmente sobre cuántas de estas imágenes, que de la mañana a la noche impregnan el alma, tienen validez y valor aparte de estar vinculadas al lugar y al tiempo de tu vida entre el nacimiento y la muerte. Como resultado verás lo importante que es para el "yo" considerar cuidadosamente el alcance de las influencias del dónde y cuándo. Esto no se realiza en lo que pulula en el interior, sino que se realiza a través de la consideración adecuada del dicho poético: Si quieres examinarte a ti mismo, aprende a conocerte a través de los demás, a través de tu entorno. Así, curiosamente, nos alejamos del alma meditabunda para decir: para conocer nuestro "yo", debemos fomentar una mirada atenta, un sentido abierto a lo inusual en el contenido del mundo del cuándo y dónde en el que hemos nacido. Cuanto más nos esforzamos por desarrollar este sentido perceptivo abierto hacia el mundo exterior que nos rodea, tanto más nos acercamos, en el sentido espiritualmente científico, a lo que en este nivel básico podría llamarse autoconocimiento.

A través de una visión clara y del conocimiento de todo el tono de nuestro propio tiempo, tratemos de aclarar lo que, de las más diversas maneras a nuestro alcance, es lo más inusual en nuestra época y en el lugar en que vivimos. Altamente individualista es este autoconocimiento, que nos dirige desde nosotros mismos hacia nuestro entorno. Aprendiendo a conocer este mundo exterior, intentamos entrar en el espíritu del mismo e investigando lo que ha cristalizado en nosotros como resultado, reconoceremos una imagen especular de nuestro Ego o "yo". Esta es una forma objetiva. Mirar dentro de uno mismo es un peligro. Hay que reconocer las causas por las que uno es así o asá. Esto se puede encontrar en el entorno, a través de esto nos desviamos de nosotros mismos. Como resultado, adquirimos la capacidad de reconocernos a nosotros mismos, en la medida en que somos un "yo", mediante el uso de los órganos físicos y viviendo entre contemporáneos.

El yo es asistido por los órganos del cuerpo etérico, el cuerpo vital, -la composición de este fino organismo con el que está familiarizado el ocultista antroposófico-, penetra en el cuerpo físico y lucha continuamente contra la desintegración del cuerpo físico. Del mismo modo, cuando por la mañana se sumerge en los cuerpos físico y etérico, trabaja en el ciclo humano actual en ambos cuerpos, incluido el cuerpo etérico. No se añade nada a nuestro examen según el lugar y el tiempo, según el cuándo y el dónde, sino que se añade algo más a la consideración. El cuerpo etérico enlaza con algo muy diferente, que en cierto sentido está ligado aún más profundamente a nuestro yo, algo que sobrepasa el nacimiento y la muerte. Aquí descubrimos una cierta relación que el yo trae consigo, algo que se había originado antes y llega hasta el futuro, algo que ya tenía, antes de haberse incorporado a un cuerpo físico. Visto desde fuera de manera superficial, el cuerpo etérico presenta algo extraordinario que llamamos talentos, aptitudes, habilidades particulares y aquí llegamos a cierta conexión que es un área aún más difícil del autoconocimiento. Aunque esto que en un nivel elevado de desarrollo superior se llama autoconocimiento, aunque todavía en un nivel relativamente bajo, el ser humano aquí tampoco llega muy lejos cuando cavila para alcanzar la claridad: ¿Cuáles son mis talentos y aptitudes?

Hoy iría demasiado lejos, tomar como base el ser de lo humano, respecto a lo que quisiera decir ahora. En el autoconocimiento acechan los peores enemigos cuando empezamos a buscar claridad respecto a talentos y capacidades a través de cavilaciones egocéntricas. Justo aquí debemos desplazar nuestro examen del entorno de lo personal a lo impersonal. A continuación, debemos vincular el examen, con referencia a la zona del cuerpo etérico, a nuestro vínculo común con tal o cual raza. Debemos preguntarnos a qué miembro de la humanidad pertenecemos realmente. Nos ocuparemos de investigar las particularidades de este grupo al que pertenecemos por familia, raza y pueblo, en comparación con las cualidades universales de todo el género humano. Llegamos a conocer lo que continúa a través de la corriente hereditaria, lo que se desarrolla de bisabuelo a abuelo y así sucesivamente, e incluso lo que el yo tiene como coloración en esta línea hereditaria, que no se vincula directamente con el cuándo y el dónde, sino que se vincula con leyes básicas más profundas de la existencia humana. Aprendemos a reconocer estas particularidades dentro de las leyes y a través de esto encontramos la base correcta a la que podemos ver cómo surgimos de este trasfondo. Sin embargo, todo lo que se medita al examinar este trasfondo es malo (Ubel). La Antroposofía nos exige un tipo de autoconocimiento incómodo en comparación con alternativas llenas de clichés, pero de cualquier otro modo no alcanzamos un autoconocimiento genuino, porque falta una medida comparativa, porque al cavilar sobre un solo aspecto no se consigue una medida con la que establecer una comparación.

Ahora quiero enlazar inmediatamente con los hechos ocultos. Todos sabemos que nuestro cuerpo humano está rodeado de un aura, incrustado en esta aura astral, que es visible para el clarividente como una nube ovalada. El hecho de haber nacido en una época y en un lugar determinados, hace que la masa de nuestra aura sea netamente particular. Si tenemos una visión muy limitada y en realidad sólo experimentamos y sólo juzgaremos y nos dejaremos llevar por los impulsos de nuestra propia voluntad no visibles desde nuestro entorno, siendo un producto del dónde y cuándo, entonces el clarividente verá nuestra aura aparecer como apretada, presionada. El aura en este caso no es grande ni amplia alrededor del cuerpo físico. En el momento en que ampliamos nuestra perspectiva, en el momento en que desarrollamos nuestro sentido receptivo, un "ojo abierto" para la observación de nuestro entorno, los demás pueden ver realmente cómo nuestra aura se agranda a nuestro alrededor, cómo se vuelve inclusiva en relación con el cuerpo físico. Nos hacemos espiritualmente más grandes por dentro, al ampliar nuestros horizontes en relación con nuestro mundo de comprensión y sentimientos. Para la conciencia clarividente se hace gradualmente más obvio cómo las personas, como eco de su entorno, tienen un aura pequeña. Cuando empezamos a refinar nuestro juicio, haciéndolo independiente, para alcanzar aquello que nos distingue del mero común, entonces la conciencia clarividente es capaz de ver el aura extendiéndose, agrandándose, a medida que nos volvemos refinados y más extensos.

Aunque suene grotesco, el conocimiento del entorno es el primer paso hacia el autoconocimiento. El conocimiento de la familia y la raza es el segundo paso. Con alguien que intenta liberarse en sus impulsos de sentimiento y voluntad de los aspectos inculcados por el folklore, la raza, la familia, etc., el clarividente verá no sólo un aura en expansión, sino que el aura se vuelve móvil, mostrando vibración en contraste con su inmovilidad anterior. Ya se mencionó -no directamente, pero en cierto sentido- que lo que llamamos estas coloraciones y talentos particulares se interrelacionan con la línea hereditaria.

¿Cómo podemos elevarnos más allá de todo aquello que proviene de la base definitoria, de las causas de las estructuras internas del yo? La humanidad no ha logrado mucho conociéndose a sí misma de esta manera. Con referencia a nuestros talentos y capacidades por regla general, no se puede hacer mucho cuando construimos una imaginación sobre la descendencia y la herencia, no llegaremos más lejos. Aquí sólo es válida la experiencia científica espiritual. Se trata de lo siguiente: a partir de la experiencia científica espiritual el ser humano puede independizarse de sus talentos y capacidades. Este remedio curativo apenas parece aplicable, no se parece en nada, pero aún así es un remedio curativo: cuando intentamos desarrollar un sentimiento cálido y sincero por algo que apenas nos interesa, por algo demasiado molesto para intentar involucrar nuestro interés y especialmente si hacemos que este interés tenga muchas caras, entonces elevaremos nuestra individualidad fuera de nuestras habilidades heredadas. El primer paso, el conocimiento del entorno, se cumplirá relativamente pronto; el segundo, -esta autoeducación-, sólo transforma los talentos lentamente. Sí, hay que llamar la atención sobre el hecho de que de vez en cuando hay que renunciar a esta encarnación para que la transformación de los talentos se lleve a cabo, pero el camino está introducido y es extraordinariamente importante que lo intentemos de verdad. La visión clarividente pronto percibirá cómo el aura se agiliza y vibra. Por lo menos veremos los comienzos de la transformación en nuestra propia naturaleza. En esta autoeducación gradual resultante surge por sí misma lo que puede llamarse autoconocimiento impersonal.

Ahora llegamos a la tercera área importante. Llegamos, mediante la autocontemplación, a lo que expresamos en nuestro cuerpo astral - el portador del deseo y del dolor, del sufrimiento y demás. El cuerpo astral se eleva durante el dormir sin sueños fuera de los cuerpos físico y etérico. Normalmente no somos conscientes de que el cuerpo astral está separado de los cuerpos físico y etérico. La conciencia clarividente puede, pero no la conciencia común. ¿Qué tipo de regla de la naturaleza humana expresará ahora sus características en el cuerpo astral? Algo se expresa desde el yo que llamamos karma, lo que es particular al yo o a la individualidad, no sólo desarrollado fuera de la corriente hereditaria sino que continúa de una encarnación a otra, conectado con los hechos individuales, con las experiencias personales del alma, a través de las encarnaciones. Nuestras experiencias a través de nuestros cuerpos, y por lo tanto los resultados de la ley de causa y efecto experimentados de una manera puramente espiritual, nos llevan al tercer paso en el examen del autoconocimiento.

Podemos plantearnos la pregunta: ¿Puede una persona hacer algo para alcanzar el autoconocimiento en esta esfera? Podría responder explicando lo difícil que es en el ciclo humano actual comprender realmente el funcionamiento del karma. Tomemos el ejemplo de cómo el karma predetermina a un individuo a emprender un viaje, digamos dentro de 14 días. Puede tomar la decisión de que tiene que hacer algo tres semanas después, ignorando el karma porque no sabe nada de su karma. Planificando para las tres semanas siguientes, lo organiza todo, hasta que recibe la noticia de que tiene que emprender el viaje. Ahora chocan las dos líneas direccionales. Su planificación entra en oposición directa con la dirección de su karma. Así vemos cómo el karma siempre añade algo nuevo. De esta manera el objetivo del karma se fortalece y se entrelaza. Hay que añadir que una persona en su desarrollo normal sólo puede medir con dificultad el camino hacia su Ser, su "Yo", teniendo en cuenta los vínculos kármicos; porque carece de conciencia clarividente a través del desarrollo superior y es incapaz de saber lo que hay dentro de su karma.

Ahora surge la pregunta: ¿podemos alcanzar este punto de autoconocimiento en una vida normal? Debo indicar enseguida los medios que nos proporciona la experiencia científica espiritual, que hace posible que no pasemos por alto lo que es kármicamente correcto y que en un momento preciso realicemos lo correcto. Es una concepción totalmente falsa que uno se encuentra de vez en cuando, a saber, que no somos libres debido al karma. El karma no nos hace no libres. Exactamente a fuerza de nuestra libertad podemos hacer lo que el karma suscita en nosotros, en un momento dado. El karma no excluye nada que permita a la línea kármica tejer y formar lazos de aquí para allá. ¿Podemos hacer algo para orientarnos hacia nuestro karma de tal manera que nuestro karma no sea contrarrestado y como resultado cree más causas kármicas, por lo que en lugar de llevarnos hacia delante, sólo nos empuja hacia atrás? Hay una cosa que nos ayuda a alinearnos cada vez más en la dirección de nuestra corriente kármica, y esto es algo que alimentamos a través de nuestra visión del mundo dentro de los círculos antroposóficos, algo que se practica y discute a menudo. En realidad es un estado de ánimo del alma bajo la influencia de la cosmovisión antroposófica. Es lo que traemos cada vez más a nuestro karma.  Hay que orientarse realmente en el camino antroposófico: los individuos complacientes que sólo hablan de ello, de que una persona debe volverse más profunda, buscar a Dios en su interior, difícilmente dirigirán a una persona más allá en su camino, más bien podrían llevarla más lejos alejándola de sí misma y ofreciéndole una visión del mundo que hace posible la visión del mundo suprasensible. Todo lo que se ofrece en la Antroposofía nos permite ver los acontecimientos suprasensibles. En primer lugar, si no somos clarividentes, tenemos que absorber lo que nos presenta la investigación clarividente. Lo que el investigador comparte en estos campos se comprende siempre a través de una lógica incuestionable. El ser humano, nosotros, debemos por así decirlo hacer de nosotros mismos un instrumento, si queremos investigar nosotros mismos las regiones suprasensibles; sin embargo, la comprensión puede llegar a serlo todo sin tener que hacer de nosotros mismos un instrumento.

Cuando un antropósofo se construye una imagen de cómo son los Mundos Superiores, de cómo se aproximan tras las realidades perceptibles por los sentidos, esto influye en todo su estado de ánimo y en su vida de sentimientos. De una vez por todas hay que hablar directamente al alma y no permitir un razonamiento cómodo: no depende de aprender mucho sino de que uno tenga tal o cual principio moral. En realidad es así, con la ciencia espiritual antroposófica no se puede escatimar el aprendizaje y quien va por mal camino, dice: ¿para qué molestarse con la teoría de los Mundos Superiores y demás? Decididamente depende de la forma de pensar antroposófica, un requisito evidente: igual que un horno calienta una habitación cuando se enciende la yesca, lo mismo ocurre con las personas. Si te pones a predicar a la estufa y le dices: "Estupenda estufa, tu deber es calentar la habitación" - la habitación no se calentará. El mero hecho de predicar a la gente sobre su deber de amarse los unos a los otros, etc., no servirá de mucho. Erigirnos en predicadores morales tiene poco valor, porque la predicación moral deja a los seres humanos tal como son. Cuando se calienta el horno, la habitación se calienta. Darle calefacción ofrece la posibilidad de calentar la habitación. Dando al ser humano una visión del mundo que le ofrezca la Antroposofía respecto a los hechos suprasensibles, lo que sigue es la primera regla básica de la Sociedad Teosófica - una declaración general de amistad y hermandad - que es absolutamente necesaria La actitud antroposófica fundamental debe estar ahí, pero limitarse a repetirla no ayuda. Tu paso es seguro cuando entras en esa expresión que te funciona en el mundo incluyendo el conocimiento de los mundos superiores y el conocimiento del mundo suprasensible. Al igual que las plantas aprovechan el sol, así todos se esfuerzan por el conocimiento del mundo, hacia un sol central, y todas las demás consecuencias capitulan por sí mismas. Así sucede con el modo de pensar antroposófico, revelado a partir del conocimiento científico espiritual.

Esto es lo que hace posible que, en relación con nuestro karma, vivamos fuera de nosotros mismos. Se trata más bien de que llegamos a un momento en el que la enseñanza antroposófica puede transformar los hechos. Es necesario, para que el karma no siga siendo un concepto abstracto, que intentemos introducir estas ideas kármicas al menos a modo de prueba, porque no podemos permanecer continuamente en un estado de autocontemplación en nuestra vida cotidiana de complejidad e inquietud. Es necesario plantearse la pregunta: ¿qué es el pensamiento kármico?

Tomemos un ejemplo radical: alguien ha dado a otro -a mí, por ejemplo- una bofetada en la cara. ¿Qué puede llamarse en este caso "pensamiento kármico"? Yo estuve aquí en una vida anterior, y él también. Tal vez en esa vida anterior le di una razón para justificar sus acciones actuales; le obligué a hacerlo, simultáneamente le dirigí hacia ello. No quiero teorizar, quiero hacer una hipótesis que debería convertirse en una hipótesis de vida. ¿Me dará una bofetada si lo pienso? No, no lo hará. Yo mismo le he dado esta bofetada porque le he puesto en este lugar, yo mismo he levantado la mano que se alzaba contra mí.

Además de esta experiencia se puede añadir lo siguiente: cuando te concentras seriamente en examinar esta idea kármica, plantea esta pregunta de vez en cuando, con toda seriedad y toda honestidad y verás realmente los resultados. Esto no te lo puede demostrar ninguna otra persona. Debes probarlo por ti mismo haciéndolo. Como resultado, notarás que tu vida interior se vuelve muy diferente. Experimentarás sentimientos muy diferentes, impulsos de voluntad con respecto a la vida y una vida totalmente diferente mostrará sus consecuencias: la vida se revelará de una manera muy transformada. Mientras que antes habías experimentado un gran dolor y decepción, ahora lo aceptas con calma, habiéndote equilibrado como resultado de cómo actuaste y pensaste al respecto. Ahora sucede lo siguiente, tu vida anímica se ve inundada por una paz notable, una especie de comprensión legítima de los acontecimientos que no es en absoluto fatalista.

Esta es también la dirección en la que hay que centrarse, explorando gradualmente la idea del karma y su verdad inherente, si se quiere llevarla a una cierta etapa de desarrollo. La idea del karma es discutible. Quien quiera presentar razones puede hacerlo. Teóricamente no se puede probar nada, excepto a través de una prueba y aquí hay que añadir la experiencia. La experiencia proporciona, cuando se aplica intensivamente, la herramienta con la que comprender el karma. Como resultado te das cuenta de una agrupación de cosas, -que de hecho es inherente a las cosas-, al igual que te das cuenta, cuando tienes una imagen de fantasía, si realmente tiene la realidad de un arco de acero cuando se agarra. La experiencia misma debe crear cada combinación de los hechos de la vida, a través de la cual gradualmente, según nuestras propias fuerzas de voluntad, incluimos estos impulsos de voluntad internos en nuestras vidas. Este complejo trabajo de nuestra vida es uno de los mejores remedios para alcanzar el tercer paso que pertenece al genuino autoconocimiento. A través de esto aprendes gradualmente a sentir cómo las contrariedades actuales tienen su origen en una vida anterior.

Esta experiencia no es tan fácil como reflexionar en el interior, porque tiene que originarse y aproximarse desde el entorno. Lo más importante es que tenemos que ir más allá de nosotros mismos, incluso en el autoconocimiento más elevado, que es el conocimiento del mundo. Fichte dijo: "La mayoría de la gente prefiere ser un trozo de lava en la luna que ser su "yo"". - Así aprendemos a conocer el "yo", en su existencia selectiva, como algo más que un punto. Este "yo" lo reconocemos como una copia selectiva del mundo entero. En este sentido, el autoconocimiento es, si se quiere, conocimiento de Dios, no en el sentido panteísta, sino como una gota de sustancia similar y sabiduría lo es a todo un mar. Cómo tú, en consecuencia, buscas el conocimiento respecto a la semejanza esencial entre el Ser y la naturaleza de todo el mar, eres igual en ser a la Divinidad, que es reconocida; sin embargo, a nadie se le ocurrirá explicar la gota como el mar. Podríamos reconocer la sustancia y el Ser divino del océano a partir de la gota, pero nadie será presuntuoso y dirá que el conocimiento de la gota es suficiente; seguramente todos dirán, para mí la relevancia está en el conocimiento del mar y de lo que sucede si navego en él. Particularmente aprendes a reconocer lo piadoso cuando permites que la gota de piedad entre dentro de ti, la comprendes dentro de ti, pero comprendes que dentro de ti es sólo una gota o chispa, nada más, entonces te profundizas desinteresadamente en los mundos suprasensibles mayores de la manera más elevada posible. Si queremos aprender a conocernos a nosotros mismos debemos salir totalmente de nosotros mismos y necesitamos investigar los mundos supersensibles de la manera más profunda.

Para el tercer paso, basta con lo que se ha dicho, respecto a la reencarnación y el karma. Para el autoconocimiento más elevado debemos llegar al conocimiento de las grandes relaciones cósmicas de nuestra tierra; porque somos parte de nuestra tierra como un dedo es parte de todo el organismo. El dedo no crea la ilusión de que tiene una existencia independiente; córtalo y ya no es un dedo. Si pudiera andar por nuestro organismo entonces podría dar, como nosotros, la ilusión de que es un organismo independiente. El ser humano no piensa que cuando se eleva un par de kilómetros por encima de la tierra ya no es un ser humano. El ser humano es un miembro del organismo terrestre, la tierra es a su vez un miembro del cosmos. Esto sólo podemos verlo cuando comprendemos la base de las relaciones cósmicas. Todo pensamiento sobre el yo sin un conocimiento del mundo que lo abarque todo, sin captar cómo el yo necesita todos los acontecimientos mencionados, es en vano, sin echar un vistazo sobre ello no podemos alcanzar el conocimiento, tampoco del yo-mismo. Alcanzamos el conocimiento sobre el "yo" cotidiano, cuando buscamos en el área del cuándo-y-dónde.

El conocimiento, tal como se expresa en el cuerpo etérico, lo encontramos cuando consideramos la línea de herencia. El conocimiento del "yo" que vive a través del cuerpo astral, lo encontramos cuando experimentamos el karma, y el último tipo de conocimiento, cuando adquirimos el conocimiento del mundo; porque allí se extiende pero se condensa en unos pocos puntos del "yo" humano. El conocimiento del mundo es autoconocimiento.

Cuando presentan a su alma exactamente lo que se describe en los ensayos "de los Registros Akáshicos", cómo se describe el desarrollo de la tierra, que puede parecer bastante extraño para el alma, cómo conduce finalmente a la configuración actual por necesidad, ¡entonces tienen autoconocimiento a través del conocimiento del mundo! Así, el autoconocimiento va cada vez más lejos de nosotros, siempre hacia lo impersonal. Al igual que la aplicación del karma en la vida hace que el aura se vuelva cada vez más ligera, a través del conocimiento real de las relaciones cósmicas el aura se vuelve más fuerte y capaz de configurarse a sí misma a partir de los impulsos libres originales. Aquí descubren la respuesta a la pregunta sobre la libertad y la esclavitud. Puesto que la libertad es el producto del desarrollo, las personas son capaces de obtenerla cada vez más, cuanto más alcanzan el autoconocimiento. Entonces llegan, a través de una práctica de autoconocimiento como la descrita, a diversas cosas en los campos científicos espirituales y a través de una comprensión genuina, pueden sentir que entran en la corriente espiritual antroposófica. En el Movimiento antroposófico rondan diversas cosas como enfermedades infantiles, que deben desaparecer una vez que se comprendan tales cosas, ya que fueron dadas como indicaciones para el autoconocimiento. El tipo impersonal de conocimiento antroposófico será cada vez más conocido. En efecto, se logra a través de lo que se ha obtenido de aquellos investigadores que no sólo han transformado sus almas en instrumentos de autoconocimiento, sino que también se han desarrollado, -como ya se había relatado-, y han llegado a revelar impersonalmente lo que ofrecen los Mundos Superiores. Uno de los primeros dichos básicos que hay que conquistar es el viejo y hermoso dicho de los sabios griegos: "Quien quiera alcanzar la sabiduría no se atreva a hacer caso de su propia opinión". Descubrirán que quien haya experimentado realmente la vía científica espiritual, dirá: Sí, mi opinión no aporta gran cosa; puedo dar descripciones de experiencias, pero no principios de regularización, ni pretensiones de acción, y estas descripciones deben tomarse como instrucciones que fluyen en la teoría de la ciencia oculta. El investigador espiritual debe renunciar a las opiniones y puntos de vista. No tiene ningún punto de vista porque todas las observaciones son como imágenes procedentes de diferentes puntos de vista, que son tan variados como las personas que observan el mundo desde los ángulos más diversos. Por un lado está la imagen del punto de vista materialista, por otro la de una observación espiritual o mecanicista o la de la vida fácil. Todos estos son ángulos de observación. No sólo reconocerlos teóricamente, sino vivir con cada visión del mundo para crear imágenes de cómo cada observación crea un lado diferente, ésa es la tolerancia interior que es importante aquí. Una opinión no debe luchar contra otra. Como resultado se desarrolla una tolerancia interior y exterior que necesitamos si nosotros, la humanidad, queremos encontrar nuestra curación en el futuro.

Hay que conceder un valor especial a la comprensión de que las ideas resultantes que fluyen por la corriente del mundo antroposófico proceden de lo impersonal. Como resultado llegaremos a eliminar del movimiento antroposófico lo que existía en épocas anteriores y sigue existiendo hoy en día: la autoridad en el peor sentido. ¿Llamamos autoridad al microscopio? Es una necesidad, una puerta. Así que nosotros también debemos convertirnos en puertas, pero debemos elevarnos a lo impersonal, porque sólo a través de la gente puede venir al mundo lo que debe venir. La creencia en la autoridad debe ser borrada del diccionario antroposófico y por esta misma razón la humanidad alcanza, mientras vive en este conocimiento, una actitud de imparcialidad, para que ellos, a través de lo personal puedan entrar en el camino impersonal del mundo.

Traducido por J.Luelmo ago.2023 

GA108 Viena 21 de noviembre de 1908- Mundo astral y devachánico. Experiencias que el alma puede tener en el mundo astral.

 Índice


ACERCA DE LOS MUNDOS SUPERIORES

Rudolf Steiner

 Viena, 21 de noviembre de 1908


Seres del plano astral. Sobre las migraciones de las aves. Almas grupos animales y su contraimagen. Miguel y el dragón. El mundo vegetal en el plano astral. El principio de repetición - cuerpo etérico. El principio de compleción - cuerpo astral. Interacción de lo etérico y lo astral, por ejemplo en la formación de la columna vertebral. yo animal y el yo vegetal. Experiencias del alma en el mundo del Devachán.

A petición de su presidenta, hoy hablaremos de un tema que plantea ciertos presupuestos a la audiencia y que, en cierto sentido, está dirigido a los antropósofos avanzados. En las siguientes conferencias abiertas tendremos la oportunidad de trabajar desde los fundamentos de la cosmovisión antroposófica con algo que hasta ahora no se ha tenido mucho en cuenta, algo que quizás en conferencias internas se había atrevido a dar una solución, y que al menos en parte se experimentará en una conferencia abierta como ésta. Cuando hablamos de Antropósofos avanzados, no supongan, mis queridos amigos, que significa haber avanzado en los campos científicos espirituales, que se han vuelto eruditos en teoría. En realidad no se trata de eso. Lo que implica no es tanto un mundo teórico creado en el alma, sino más bien un cierto desarrollo de nuestro mundo de impresiones, de nuestro mundo de sentimientos, una cierta inclinación, podríamos decir, que adquirimos gradualmente cuando trabajamos repetidamente dentro de los círculos antroposóficos.
Quien haya trabajado durante muchos años dentro de estos círculos, o sea interiormente activo en tales círculos, recordará una época en la que, por primera vez, escuchó algo sobre la ciencia oculta antroposófica del hombre, y recordará que algunas de las primeras comunicaciones no sólo parecían improbables, sino tal vez confusas y fantásticas - tal vez incluso podría decirse algo peor de ellas. Sin embargo, con el paso del tiempo se irán acostumbrando a ciertas impresiones a medida que la cosmovisión antroposófica se acerque cada vez más, y el mundo de los sentimientos haga posible compartir las cosas que se revelan desde los Mundos Superiores. Estas revelaciones se asimilan igual que los hechos en el lugar físico, que tienen lugar en el mundo físico, también se asimilan. Lo que se puede llamar prueba de las afirmaciones espirituales no debe buscarse en los mismos campos que las pruebas de las certezas científicas. Con tal línea de argumentación no se puede hacer mucho. La línea argumental disponible para las experiencias en la cosmovisión antroposófica reside en la completa transformación íntima tal como se experimenta dentro de la vida anímica. Mucho antes de que podamos penetrar felizmente en la percepción de los mundos espirituales mediante la aplicación de métodos espirituales científicos u ocultos, podemos construir en nosotros mismos un presentimiento, una premonición de lo correcto, de lo profundamente legítimo, de lo que se comparte respecto a los Mundos Superiores. Mucho de lo que podemos, desde una imaginación con respecto a la forma en que podemos penetrar en los Mundos Superiores, cómo podemos con nuestros propios órganos de los sentidos espirituales percibir los Mundos Superiores, será expuesto en nuestra próxima conferencia: "¿Qué es el autoconocimiento?" Hoy queremos revelar observaciones individuales sobre estos Mundos Superiores y cultivar la conexión entre estos mundos y nuestro mundo físico.
Todos ustedes saben ya, a través del trabajo antroposófico, que existen otros dos mundos además del nuestro; los llamados mundos astral y devachánico, llamados, en la medida en que son conocidos en la religión, como el mundo celestial, el mundo espiritual real. Ustedes están familiarizados con estos mundos como áreas a través de las cuales viajamos entre la muerte y un nuevo nacimiento. Ustedes saben que después de haber atravesado el mundo astral durante Kamaloka, ustedes entran en el mundo espiritual puro, Devachan, donde son llamados de nuevo a un nuevo nacimiento, para descender de nuevo después de cierto tiempo a una nueva vida terrenal, una vida en el mundo físico.

No basta con imaginarse sólo los mundos astral y devachánico como zonas distintas por las que nos movemos entre la muerte y un nuevo nacimiento, porque estos mundos nos envuelven constantemente. Vivimos constantemente no sólo en el mundo físico, sino también en el mundo astral o del alma, que nos rodea con sus seres y su verdad. Podemos describir este mundo astral o del alma como penetrando en nuestro mundo físico igual que una esponja es penetrada por el agua. La única diferencia entre estos dos mundos frente a nuestro mundo físico es la siguiente: nuestro mundo físico se percibe a través de las herramientas de nuestro cuerpo, y para nosotros esta percepción de los Mundos Superiores está retirada porque no hemos desarrollado los órganos necesarios para su percepción. Tan reales como son dentro de nuestro mundo, así de reales son sus actividades que se reproducen continuamente en nuestro mundo. Mucho de lo que ocurre en el mundo físico puede explicarse más fácilmente si se toma conciencia de los mundos espirituales astral y devachánico, que están detrás de todo, respecto a los seres y realidades que existen en nuestro entorno, seres que no pueden ser captados y comprendidos por nuestros sentidos. El mundo astral no sólo contiene realidades que juegan supersensiblemente en nuestro entorno; contiene seres que, si nos atrevemos a decirlo así, están incorporados a la sustancia de su mundo del mismo modo que nosotros, los humanos, seres conscientes de sí mismos, estamos aquí en el mundo físico ligados a la carne y la sangre. Lo que distingue a estos seres descritos es que no poseen cuerpos físicos sólidos que puedan ser vistos por nuestros ojos físicos. Su masa principal es el cuerpo astral.
No obstante, cuando hablamos de estos seres que tienen como miembro inferior de su organismo el cuerpo astral, debemos hacer notar inmediatamente que son perceptibles para quien haya abierto su conciencia clarividente y pueda ver también a estos seres. Se diferencian sustancialmente de los seres existentes en nuestro plano físico que pertenecen a los diversos reinos de la naturaleza. Estamos rodeados de minerales, plantas, animales y personas. Cuando determinamos una única característica de todos estos diferentes reinos llegamos a la conclusión de que su forma es firme, consolidada. Cuando vemos a una persona hoy, es muy posible que la reconozcamos mañana, o incluso después de un año, porque su forma exterior se mantiene constante. Lo mismo ocurre con el animal, la planta o el mineral. No ocurre lo mismo con los seres incorporados al plano astral. Estos poseen una forma continuamente cambiante, una forma que en muchos de ellos, de un momento a otro se convierte en otra, porque la forma que se puede observar en el plano astral es la expresión exacta de las experiencias anímicas interiores y de la actividad anímica de estos seres.

Piensen en ustedes mismos, cómo pueden observar su alma por la mañana justo después de haber recibido una carta alegre y cómo el mensaje alegre llenó su alma de deleite y placer y cómo este sentimiento vivió en el alma. Luego piensen cómo se expresará su alma en la situación directamente contraria, cuán diferente será la imagen cuando reciban la noticia de una muerte por la tarde, o estén sacudidos por la rabia y el miedo. Consideren cómo cambia cada vez su expresión exterior como resultado de lo que tuvo lugar en el alma, entonces tendrán una imagen de lo que sucede en el plano astral. De ahí el desconcertante correteo y las formas continuamente cambiantes de los seres astrales. Así pues, hay que imaginarse que la conciencia clarividente, cuando se aparta de la percepción del plano físico, está rodeada por el mundo astral de imágenes. Naturalmente, todo lo que allí se envuelve no puede ser representado; sólo pueden darse esbozos sueltos.

La vida en el plano astral es mucho más rica que en el plano físico. En el mundo astral se pueden concebir imágenes luminosas que no se aferran a los objetos exteriores, sino que parpadean con una forma definida, un momento luminosas o menos luminosas, menos radiantes o nebulosas, cambiando en cada parpadeo. No son otra cosa que expresiones de almas, podemos llamarlas, que viven allí en el plano astral. Sin embargo, estos cuerpos de luz no sólo muestran imágenes luminosas y de diferentes colores, sino también todas las demás impresiones sensoriales físicamente similares, sólo que éstas no se perciben con los órganos espirituales exteriores, sino con los interiores del alma.
Existe una diferenciación entre la observación de un cuerpo luminoso en el plano astral y un color o un cuerpo luminoso en el plano físico. Por el contrario, lo que allí se encuentra con la luz, tiene una conciencia -no una sensación, como si estuviera más allá-, pero tiene un sentido: "Tú vives en esto". - Esto es realmente muy difícil de imaginar, porque hay que pensar, que en el mismo momento en que esta conciencia clarividente se eleva en uno, se siente algo diferente, como si no sólo el espacio estuviera lleno de verdades y seres astrales, sino que se siente como si todo se hiciera cada vez más grande. La conciencia se expande con un "Este soy yo", justo sobre nuestra piel. Esa es la parte esencial de la conciencia clarividente. Percibe, como cuando se extiende en lo que se percibe, arrastrándose, de modo que vive dentro de estos cuerpos de luz y experimenta el calor y el frío, percibiendo también el sabor.

Todas estas experiencias que ustedes conocen en primer lugar del mundo de los sentidos y que están integradas en el cuerpo limitado exterior, fluyen y relampaguean a través del reino - y entonces aparece algo más. Aquí, en el mundo físico, tenemos naturalmente la sensación de que todo lo que pertenece a un ser físico está realmente ligado espacialmente a ese ser. Es una sorpresa extraordinaria cuando un ser físico entra en un espacio y detrás de él le sigue otro y alguien insiste en que los dos se corresponden aunque no exista ningún vínculo entre ellos. Insistiría en que son seres separados, porque nunca consideramos a seres espacialmente separados como un solo ser. Los tomaríamos como seres separados; porque nunca consideraremos cuerpos separados en el mundo físico como un solo ser. En el mundo astral es totalmente aplicable que las cosas que de ninguna manera se conectan espacialmente, comprenden un solo ser, y por lo tanto carecen de una herramienta que pueda ayudarles a precisar un solo ser cuando están dentro, y tienen la conciencia, de que dos miembros bastante sobresalientes pertenecen a un solo ser. También es confuso, que la conciencia clarividente no es siempre la misma y aquello que se corresponde, no siempre se puede volver a vislumbrar. Sí, puede ir más lejos: podrían ver un solo ser, que se les aparece como una hilera de esferas separadas, aquí una esfera brillante, y lejos de ésta una segunda, luego una tercera, cuarta y así sucesivamente. En conclusión, el lugar astral se ve básicamente diferente de aquí.

Sin embargo, hay algo que está vinculado a nosotros y esta conexión expresa simultáneamente todas las semejanzas del mundo astral que actúa en nosotros; se trata de nuestro propio cuerpo astral. Este es el tercer miembro de nuestro ser, que experimentamos como si tuviera una forma propia definida. Durante nuestra vida entre el nacimiento y la muerte podemos ver definitivamente el cuerpo astral esencial semejante a una especie de nube ovalada, dentro de la cual están incrustados los cuerpos físico y astral. Este cuerpo tiene la forma de un huevo, y el límite exterior está en constante movimiento, de modo que no se puede hablar de ninguna regularidad en la forma. El cuerpo astral sólo aparece en una especie de forma firme y estable mientras está contenido en el cuerpo físico. Mientras sea así, conserva esta forma. Ya por la noche, cuando el cuerpo astral se retira, comienza a adaptarse al cuerpo anímico. Entonces se puede ver cómo un ser humano, que vive con sentimientos malignos durante el día, aparece con una forma muy diferente en comparación con alguien que ha vivido con sentimientos nobles durante el día. En general, la forma del cuerpo astral es estable durante la noche, mientras que las fuerzas de los cuerpos físico y etérico trabajan muy fuertemente durante la noche, y el cuerpo astral conserva su forma esencialmente, pero sólo esencialmente.
Sin embargo, cuando morimos, tras el final de nuestra vida física, renunciamos a nuestro cuerpo físico, así como apartamos la parte de nuestro cuerpo etérico que debe ser abandonada, entonces el cuerpo astral adopta una forma variable durante todo el tiempo de Kamaloka. Este cuerpo ajusta completamente su forma e imagen a la vida del alma, de ahí que una persona que ha perdido un cuerpo que había estado lleno de sentimientos odiosos muestre una forma marchita, mientras que una persona que murió con sentimientos hermosos, muestre una forma simpática como cuerpo astral. Se puede llegar tan lejos que las personas que están totalmente presas de los deseos sensoriales y que no pueden elevarse en un intercambio hacia sentimientos e impulsos nobles, después de su muerte durante un tiempo adoptan realmente las formas de toda clase de animales grotescos - no de los que viven en el plano físico, sino de los que sólo nos recuerdan a los animales.

Quien ha tenido experiencias en el plano astral y es capaz de seguir qué formas se ofrecen a la conciencia clarividente, sabe qué imagen habla noblemente y cuál no contiene contenido noble; puede experimentar y observar todo a partir de estas imágenes. Ya he mencionado que estos cuerpos astrales humanos no pueden aparecer en forma interna y externa absolutamente definida, sólo dentro de ciertos límites es así. También ya en la vida física, en realidad en todas las partes del cuerpo que aparecen después de dormirse, el cuerpo astral coincide con lo que experimenta el alma. Desde aquí se pueden ver ciertas imágenes y formas que adopta el cuerpo astral según lo que le sucede a la persona y lo que está viviendo.

Con respecto a algunas cosas que puede experimentar el alma, quisiera indicarles algo, a saber, cómo puede observarse el cuerpo astral. Tomemos, por ejemplo, a una persona chismosa, inquisitiva o con tendencia a los arrebatos de mal genio o, digamos, malos hábitos similares. Estos malos hábitos se expresarán de manera distinta a través del cuerpo astral. Si alguien, por ejemplo, está plagado de furia, fastidio y especialmente si la persona es irascible, entonces vemos formaciones tuberosas, engrosamientos expresados en el cuerpo astral. La persona se contamina. De estos engrosamientos exudan protuberancias serpentiformes de aspecto maligno, distinguibles por su coloración y otras sustancias. Esto puede verse fácilmente sobre todo en personas irascibles. Cuando una persona es habladora, tiende a chismorrear, aparece en el cuerpo astral como toda clase de engrosamientos, que pueden caracterizarse diciendo que los engrosamientos ejercerán presión en todas direcciones en el cuerpo astral. Cuando una persona es inquisitiva, se manifiesta en el cuerpo astral de tal manera que se crean pliegues, las secciones se aflojan y cuelgan como unas contra otras en partes; muestra una flojedad general, parece como si estos cuerpos astrales participaran en cierto modo de las características generales del mundo astral, igualando en la forma sus experiencias anímicas interiores.
Al investigar el mundo astral en general, descubrimos ciertos seres de los que nosotros, que sólo conocemos lo físico, no podemos tener realmente ninguna idea. En el mundo físico, estos seres aparecen de una manera muy diferente de lo que antes habíamos percibido de ellos. Por ejemplo, encontramos seres bastante extraordinarios en las almas grupales de los animales. El ser humano, al acercarse a nosotros, tiene un alma individual que viene a nuestro encuentro - un alma para cada persona, un Ser Yoico. Los animales no tienen el mismo tipo de Yo o Ser-Yoico. Tienen formas parecidas, todos los leones, todos los tigres, todas las tortugas, lo que llamamos un alma grupal mutua. Imaginemos que en el plano astral hay un solo Yo que vive simultáneamente en el animal físico. Todos los animales están imbuidos en el Yo, que tiene una personalidad definida en el plano astral, y allí podemos encontrarnos con esta personalidad, con esta alma grupal, como nos encontramos con una persona.

Un ejemplo: tomemos una migración de aves cuando todas empiezan a desplazarse desde el hemisferio norte hacia el ecuador. Quien no considere superficialmente esta extraordinaria migración sabia, se asombrará de cuántos tienen lo que notamos como inteligencia en tal vuelo de pájaros. Varias aves vienen de diferentes regiones, una de aquí, otra de allá: existe el peligro de que aterricen donde tienen que aterrizar. La conciencia física ordinaria sólo ve los enjambres masivos. La conciencia clarividente, sin embargo, ve el alma grupal, la acción de las personalidades que dirigen y enlazan lo que está sucediendo. En realidad se trata de tales personalidades astrales que dirigen y lideran. Estas almas grupales son las que encontramos como habitantes del mundo astral. La diversidad que reina en las almas grupales del plano astral, este abigarramiento es infinitamente mayor. Sólo por mencionar algo, en el plano astral hay espacio para todo, porque allí los seres se interpenetran; porque la ley de lo impenetrable sólo es válida en el plano físico. Sin embargo, allí sentimos influencias, buenas o malas, cuando somos penetrados y lo experimentamos en nuestra vida interior. Así pues, pueden atravesarse recíprocamente; pueden existir en un mismo lugar. Ahí rige la ley de la interpenetración.

Sin embargo, esto es sólo una parte de los habitantes astrales, que seguramente sólo podremos comprender plenamente, en el sentido correcto, cuando lleguemos a comprenderla por completo. No creas que alguien ya tiene un concepto de un alma grupal con una u otra forma animal, cómo, digamos, es observable ya en la forma en que está incrustada en el mundo astral y cómo esta alma grupal es conducida a su conciencia. Esto no es suficiente. Aquí mismo se nos reprocha vivamente lo que está separado espacialmente pero que corresponde conjuntamente, de modo que, por cada alma animal de grupo llena de sabiduría y que conduce al todo, llegamos a una contraimagen, una terrible contraimagen. Dentro de ella existe la animalidad a la que nos referimos en el mundo astral, y encontramos, al descender a esa parte del mundo astral donde reinan la fealdad y la adversidad, donde cada grupo animal tiene una forma luminosa y una forma fea, aquello que en un tiempo había estado separado de la forma luminosa del mal y de la fealdad, que en un tiempo había estado dentro de ellos, formando parte de ellos. De esto se desprende que los antiguos cuadros y obras de arte surgieron de un conocimiento superior. Hoy sólo reconocemos lo que vive como individualidad. Por eso, si hoy queremos invocar algo superior, sólo podemos aferrarnos a la fantasía. No siempre fue así. En el pasado, la mayor parte de la humanidad que trabajaba artísticamente, tenía una conciencia clarividente o todavía un resto de clarividencia, y representaban lo que realmente encontraban en los Mundos Superiores. Así representaron lo que conocían en Miguel y el Dragón o San Jorge con el Dragón en una maravillosa representación de las relaciones que el clarividente encuentra como formas animales en el plano astral. Los sabios los elevaron a una forma superior, para elevarse muy por encima de la sabiduría de la gente. Sin embargo la sabiduría se adquiere a través de lo que ha sido arrojado de la astralidad del lado feo de tales seres. El lado feo se encuentra en el dragón adverso. Cuando el clarividente observa la forma viva lo ve todo como forma viva organizada por seres superiores que son sabios pero no conocen el amor. Sin embargo, estas expresiones de la forma de alma luminosa sólo pueden adquirirse hollando las cualidades malignas que se encuentran en la forma del ser. Los seres humanos han adquirido su naturaleza actual gracias a que el bien y el mal siguen mezclados en su karma, mientras que en el animal no se pueden aplicar las distinciones morales del bien y el mal. El concepto de ser lleno de luz es con un alcance hacia arriba mientras se conecta y levanta lo que había caído y había sido conquistado. El arte antiguo se producía principalmente con símbolos significativos y se creaba nada menos que con una consideración consciente clarividente. Sólo serán comprendidos una vez que hayamos entendido las imágenes arquetípicas astrales.
El mundo vegetal también presenta algo curioso en el plano astral. Cuando un clarividente considera una planta y cómo sus raíces se abren camino en la tierra y aparecen las hojas y la flor, percibe que la planta posee un cuerpo físico y otro etérico. El animal posee además el cuerpo astral. Ahora puede surgir la pregunta: ¿las plantas no tienen ninguna forma de cuerpo astral? Sería erróneo esperar esto; no hay nada dentro de la planta como lo hay dentro del animal. Cuando se mira la planta con conciencia clarividente, la parte superior, donde se desarrollan las flores, aparece como sumergida en una nube astral, una nube brillante que rodea y envuelve esta parte de la planta donde florece y fructifica. Así la astralidad se hunde gradualmente sobre la planta y envuelve parte de ella. El cuerpo astral de la planta está incrustado en esta astralidad. Lo peculiar es que cuando la propagación de las plantas cubre la tierra, se encuentra que los cuerpos astrales de las plantas fusionan sus límites y envuelven la tierra como por un aire físico de astralidad vegetal. Si las plantas sólo tuvieran un cuerpo de éter, sólo desarrollarían hojas y no flores, porque el principio del cuerpo de éter es la repetición. Cuando se completa una repetición y se necesita crear una conclusión, entonces debe unirse un cuerpo astral.

Del mismo modo, se puede considerar el cuerpo humano: cómo cooperan el etérico y el astral. Reflexionemos sobre cómo se suceden las vértebras de la columna vertebral. Vértebra tras vértebra se dividen. Mientras esto sucede, es principalmente el principio etérico el que trabaja. En la parte superior, donde aparece la cápsula ósea del cráneo, aquí el astral tiene la sartén por el mango. El principio de repetición es el principio etérico, y el principio de conclusión es el astral. La planta no llegaría a una conclusión en su flor si su etérico no está hundido en la naturaleza astral de la planta.

Al investigar la planta, cómo crece durante el verano y da frutos en otoño para finalmente empezar a marchitarse, o cuando la flor empieza a morir, el astral se retira hacia arriba de la planta. Esto es particularmente hermoso de observar. Mientras que nuestra conciencia física puede experimentar alegría en las flores durante la primavera, cubriendo prado tras prado, otra alegría puede ser experimentada por el clarividente. En comparación, cuando las plantas anuales mueren en otoño, resplandece y centellean sobre ella seres, los seres astrales que se retiran de las plantas, seres que habían cuidado de las plantas durante el verano. He aquí otro hecho que descubrimos en imágenes poéticas, incomprensibles cuando no podemos investigarlo con la conciencia clarividente. Aquí conectamos con los campos íntimos de la conciencia astral. En tiempos pasados, cuando había clarividentes con un conocimiento tan íntimo, estas percepciones existían en otoño. Encontramos en el arte popular indio clarividente representaciones de fenómenos maravillosos, de una mariposa o un pájaro que sale volando del cáliz de la flor. Frente a tal ejemplo vemos cómo algo de ello surge en su arte, a partir de una base de la conciencia clarividente desde muy atrás; ya sea la conciencia clarividente del artista trabaja en ello, o la inspiración de la tradición.
Así pues, en la planta también existe un cuerpo astral. Un animal tiene un cuerpo físico, etérico y astral. El Yo del animal lo encontramos en el alma grupal. El cuerpo astral de la planta lo notamos en los seres que se alejan de la planta marchita. ¿Tiene la planta un Yo? Sí, para las plantas existe lo mismo que llamamos Alma Grupal en el animal, sólo que aquí existe lo extraordinario, que el Yo Vegetal se dirige hacia un solo lugar de la tierra, a saber, el centro de la tierra. Es como si la tierra estuviera siendo irradiada desde todos los lados por el Yo Grupal de la planta, y por lo tanto las plantas crecen hacia la tierra. Este Yo, sin embargo, no podemos verlo en el plano astral - aquí encontramos el alma grupal animal. Aquí también encontramos todo ser doble, como vemos en el símbolo de Miguel y el Dragón. También encontramos lo que se ha representado, pero el Yo vegetal se buscará en vano en el plano astral. El alma vegetal real, el Yo vegetal, sólo se encuentra en el mundo espiritual superior, real, en los estratos superiores, inferiores del Devachán, en el Rupa-Devachán. Aquí el alma vegetal y el Yo vegetal se mezclan, sus centros reales están tan entremezclados que se unen en el centro de la tierra. Ahora puede surgir la pregunta: Seguramente el plano físico, el plano astral y el plano devachánico están uno dentro del otro, de modo que mientras el clarividente está situado donde se encuentra el hombre físico, ¿cómo puede distinguirse uno del otro? El plano físico está ahí mientras podamos verlo, oírlo y saborearlo, y cuando desarrollamos una capacidad interior, podemos distinguir entre el mundo físico y el astral. Entran en nuestra conciencia seres que pueden no ser observables a través de los órganos físicos, aquí comienza el plano astral. ¿Dónde comienza entonces el plano devachánico? Ahora existe la posibilidad de establecer límites entre el plano astral y el devachánico, aunque se confundan entre sí; por medio de esto se crea una posibilidad externa e interna de reconocer el plano astral del devachánico. La posibilidad externa es la siguiente: cuando desarrollan una conciencia clarividente, deben experimentar momentos en la vida en los que abandonan hasta cierto punto los mundos físicos. Este es ya un grado superior de desarrollo humano cuando se puede, por así decirlo, simultáneamente echar un vistazo a lo físico y luego penetrar en el mundo astral, como por ejemplo el físico del animal y el cuerpo astral del animal. Esto sólo puede lograrse a través de niveles específicos de desarrollo, después de haber pasado por algo más, a saber, que no se ve el mundo físico cuando se ve el mundo astral.
Esta participación del ser humano en el desarrollo del mundo astral desde el principio se manifiesta en lo siguiente. El ser humano existe en un lugar determinado. Oye todo tipo de cosas, mira los objetos, los toca y los saborea. Cuando el ser humano vive gradualmente en el mundo astral, estas percepciones sensoriales comienzan a alejarse cada vez más, de modo similar a un sonido que se aleja cada vez más hasta desaparecer. Lo mismo sucede con las percepciones sensoriales: el ser humano se convierte gradualmente en aquello que está siendo tocado, no a través de la experiencia directa, sino que tiene una sensación distintiva de que su cuerpo está siendo penetrado a medida que el objeto sensorial siente, se agita en el cuerpo humano. Lo mismo es válido para el mundo del color, el mundo de la luz: el ser humano se expande, vive en este mundo de luz. De este modo, el mundo sensorial se aleja del ser humano y es sustituido por las apariencias, como ya se ha dicho. A continuación, lo que hay que observar es lo que el ser humano realmente debe atravesar en el mundo astral, por así decirlo, toda la percepción del tono, de la audición, el mundo del sonido que disuelve el tono. Esto no está disponible en el mundo astral durante bastante tiempo. El ser humano debe, por así decirlo, atravesar este abismo y vivir en un mundo sin sonido. Sin embargo, es excelente que a través de éste se encuentre en sí mismo una abundancia de impresiones, a saber, un mundo diferenciado de imágenes. Cuando el ser humano ascienda en su desarrollo, se encontrará con algo que aparece como bastante nuevo, una contraimagen espiritual ligada al mundo del tono. Lo que primero se aprende dentro del mundo astral como algo nuevo y aparece como audición espiritual. Esto es, por supuesto, difícil de describir.

Tomemos por ejemplo lo siguiente: se ve una forma resplandeciente. Otra se aproxima, se acerca y se funde con ella. Viene una tercera, se cruza y así sucesivamente. Ahora bien, lo que aparece ante ustedes no sólo se ve clarividentemente, sino que evoca en su alma los sentimientos más diversos. Así puede suceder que estos sentimientos interiores tiendan hacia una inclinación, luego hacia una reticencia, los sentimientos más variados aparecen cuando se penetra en el ser, cuando se acerca o se aleja de él. Así el alma adquirente-clarividente vive en la cooperación del plano astral y por ello se hace resplandeciente y penetrada por sentimientos existentes o contradictorios de pura naturaleza espiritual. Aquí puede percibirse la música espiritual. En el momento en que esto sucede, ya se está en la región de Devachan. Así comienza la presencia de Devachán desde el exterior, donde comienza a cesar la insonoridad, en parte una horrible experiencia sin sonido en el plano astral. El ser humano no tiene idea de lo que significa vivir en un interminable lugar sin sonido, donde no existe sonido alguno, pero que también demuestra que no lo hay en su interior. El sentimiento de penuria en el mundo físico es trivial comparado con los sentimientos en el alma cuando se experimenta esta imposibilidad, que algo pueda sonar fuera de este reino extendido sin fin. Surge la posibilidad de que, mediante la cooperación con los Seres y la observación de su armonía y desarmonía, se inicie un mundo de tono. Eso es Devachán, visto externamente a través de sus formas.
La transición del mundo astral al Devachán, tal como se experimenta a través del alma, puede ilustrarse de otra manera. En el mundo físico nos acompaña en el alma nuestro tipo de carácter. Una persona puede pasar junto a una imagen y no experimentar nada, mientras que otra sentirá un mundo lleno de dicha al estar frente a la imagen. Las personas pasan una delante de la otra, la una dice de la otra que podría ser la correcta y ve peculiaridades del alma que pertenecen la una a la otra, y experimentan una alegría iluminadora. Muy pronto ya no existirá nada de esto en los Mundos Superiores. Aquí el ser humano exige con urgencia interior las experiencias del mundo del sentimiento, con lo cual no se permite al transeúnte tener una experiencia algo fría o sobria de los planos astral y devachánico, sino experiencias particulares que exigen dedicación, una penetración plena, mientras que otras experiencias son repelidas.
Por lo tanto, si ustedes no están bien preparados, puede llegar a ser peligroso porque experimentan cambios continuos en circunstancias interiormente perturbadoras, desgarrándose interiormente y, como resultado, minando su salud. Paso a paso se irá dando cuenta en qué mundo se encuentra. Mientras estén en el mundo astral, reconocerán principalmente dos matices de sentimiento expresados de manera variada. El que aparece con más fuerza cuando se entra en el mundo astral directamente después de la muerte, es el que llamamos Kamaloka. Aquí, por así decirlo, aún no se han liberado los sentimientos de la vida en lo físico y se desea y anhela. Tomemos por ejemplo a un gastrónomo, que anhela la comida deliciosa. Después de la muerte y su transición al mundo astral, todavía tiene deseos, pero ya no tiene los órganos físicos para satisfacerlos. Por lo tanto, anhela con avidez lo que sólo la lengua y el paladar pueden proporcionarle. Como resultado, experimenta en su alma la sensación más dolorosa, el sentimiento de privación. La privación es una de las principales sensaciones que tenemos cuando estamos en el mundo astral. Aquí se hace consciente, cuando ha desarrollado su conciencia, no sólo sentimientos dolorosos particulares de privación como en aquellos que han muerto, sino también el sentimiento de una búsqueda de algo. El sentimiento de privación también se apoderará del clarividente cuando no haya otro para equilibrar el peso. Si se entra sin estar preparado o no preparado de la manera adecuada para el plano astral, entonces esto se aplica. Ni descanso ni paz tendrá el alma; la ansiedad y la inquietud empujan al alma de un lado a otro. Para evitar esto sólo hay una posibilidad: la formación del matiz opuesto del sentimiento, y en todas las escuelas secretas este matiz es unánime: es la renuncia. Para prepararte para la existencia correcta en el mundo astral, necesitas saber que todo, de una manera u otra, se refiere a la renuncia. Cuando te abstienes de la más mínima insignificancia aquí, es totalmente válido que estás, por así decirlo, poniendo un peldaño en el mundo astral. La observación serena del mundo astral se logra a través de tu propia preparación con respecto al mundo del sentimiento de la abstinencia. Mientras que el sentimiento del deseo convierte el mundo astral en uno de dolor y renuencia, sucede lo contrario al trabajar con la renuncia, porque las imágenes y los seres del mundo astral se hacen cada vez más claros y nítidos a la observación y así ya no se oscila entre el deseo y la negación. Estos son los matices de los sentimientos en el plano astral mientras lo anterior esté activo en el alma, mientras se halle uno en el plano astral.
Ahora entran en el alma nuevas experiencias de sentimientos. En primer lugar, en el límite donde el alma cruza al mundo devachánico, sobrevienen sentimientos de dicha y felicidad. Incluso cuando uno entra en el Devachán de una manera indigna, a través de algún hechizo o por medio de la magia negra antes de que la muerte permita esta entrada, pronto nadará en un mar de felicidad en algún grado superior o inferior. Ahora ustedes pueden decir que es peculiar que incluso una entrada indigna en el Devachán los mime con la bendición. Ciertamente es así, pero tiene ciertas desventajas, es la respuesta. Este sentimiento de bienaventuranza exterior e interior es en los planos devachánicos inseparable de otra cosa, a saber, la pérdida del yo, el poder de la autoconciencia, la fuerza interior del Yo. Nos disolveremos en ella si no aflora otro matiz de sentimiento. Este sentimiento se llama, en la ciencia oculta, el sentimiento de la entrega sacrificial de sí mismo, llamado capacidad de sacrificio.

En el plano astral encontramos privación y renuncia; en el plano devachánico, bienaventuranza y abnegación. Es extraño, pero cierto, que cuando alguien en el plano devachánico no tiene el sentimiento: - 'debes dedicarte a lo que te rodea' - sino que sólo quiere gozar de la bienaventuranza con el Ego, entonces será disuelto por los seres devachánicos. Cuando él o ella, sin embargo, permite el sentimiento penetrante: 'Quiero ofrecerme a mí mismo, no me disolveré en lo que he adquirido,' - entonces él o ella estará protegido en Devachan de disolverse, desaparecer. El sentimiento más noble del amor, el amor creativo, debe ser el segundo matiz del sentimiento en el Devachán. Esto se puede comprender por la manera en que funciona en el Devachán entre la muerte y un nuevo nacimiento. Por el hecho de que una persona que sale de Kamaloka, que vivió con privaciones y acortó así la duración de su estancia mediante el aprendizaje de la renuncia, al llegar a Devachan, debe comenzar inmediatamente a trabajar para su siguiente encarnación. Lentamente construye los arquetipos de su próxima vida terrenal. Cuánto mejor crearía éstos mientras experimenta un sentimiento de bienaventuranza, entrando realmente en esta bienaventuranza, habiendo aprendido a añadir la abnegada dedicación de su propio ser a lo que le rodea. En la medida en que se ofrece a sí mismo a través de su alma, en esa medida se crea el arquetipo de su futura personalidad. Si no fuera capaz de hacerlo, entonces fallecería totalmente o necesitaría una enorme cantidad de tiempo hasta volver de nuevo a una existencia terrenal. Así vemos, por así decirlo, cómo se forma el alma externamente - a través de las transiciones desde el mudo y radiante mundo astral al sonoro mundo devachánico - encontrando el límite; sin embargo, lo más importante es cómo se vive en este otro mundo dentro de la propia alma. Así pues, tenemos algunas indicaciones de las relaciones en los Mundos Superiores, en los que se entra mediante la observación de las antiguas palabras griegas de sabiduría: "¡Conócete a ti mismo!" Todavía se puede añadir mucho, sin embargo sólo se puede dar una parte de lo que es característicamente válido de los Mundos Superiores. Así que gradualmente vivimos en ello y, a través de la experiencia, también empezamos a reconocer su funcionamiento en el mundo físico y, por lo tanto, este mundo se vuelve cada vez más transparente.
Traducido por J.Luelmo ago.2023