CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA108 Berlín, 22 de diciembre de 1908 - La experiencia de Damasco de Novalis. Reconoció en Cristo al "Dios del futuro", el "Hijo del Hombre".

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LA EXPERIENCIA DE DAMASCO EN NOVALIS

Rudolf Steiner

Berlín, 22 de diciembre de 1908


La experiencia de Damasco de Novalis. Reconoció en Cristo al "Dios del futuro", el "Hijo del Hombre". La fiesta de Navidad. La proclamación de Cristo por los iniciados en los misterios de la Atlántida y las culturas post-atlantes. El Misterio del Gólgota. Cristo con los muertos. El acontecimiento del Gólgota constituye el principio para poder trabajar desde lo físico hacia lo espiritual. El misterio de Navidad: la futura semilla del Cristo.

De vez en cuando surgen una y otra vez personas que ven, lo que durante muchos siglos ha sido sentido en el corazón y en el alma por miles y miles. Sólo aquel que vive con lo que hemos alcanzado en nuestros tiempos más recientes a través de las percepciones de las ciencias ocultas sabe que este sentimiento, experimentado por miles y miles, puede ser visto por los videntes en cualquier momento, que es posible ver lo que ha surgido como resultado del acontecimiento del Gólgota que ilumina todo nuestro desarrollo. 

Gracias a lo que sucedió en el Gólgota, toda la esfera espiritual de nuestro círculo terrestre cambió. Y desde entonces el vidente, con sólo que su ojo interior esté un poco abierto por esos sentimientos que pueden conectarnos con el acontecimiento del Gólgota, ve la consecuencia de este acontecimiento: la presencia sempiterna del poder Crístico, que desde entonces se ha incorporado al círculo espiritual de la tierra.  Los demás, cuando penetran las grandes verdades y los poderosos impulsos de la proclamación del acontecimiento del Gólgota, sienten y perciben la fuerza de este hecho. Sienten que desde entonces el corazón del hombre puede experimentar algo diferente de lo que experimentaba antes en la tierra; saben que hay algo que antes no se podía sentir de la misma manera. Y esto lo ve el vidente. 

Uno de esos videntes, como por gracia de los poderes divino-espirituales, casi se podría decir milagrosamente llamado a ser vidente, fue el joven poeta alemán Novalis. A través de un acontecimiento que le sacudió profundamente, que le enseñó como por arte de magia la relación entre la vida y la muerte, se le abrió la visión espiritual, y además de la gran retrospectiva hacia el pasado de la tierra y de los tiempos del mundo, también se le presentó ante esta visión espiritual el ser de Cristo. En relación con este Ser Crístico, a Novalis se le permitió decir de sí mismo que pertenecía a aquellos que habían visto por sí mismos con su visión espiritual aquello que se revela cuando "se levanta la piedra" haciendo visible ese Ser que ha dado pruebas a nuestra existencia terrenal de que la vida en lo espiritual siempre vence a la muerte. 

No debemos -como ya ha sucedido- referirnos a Novalis como una persona que tuvo una vida, sino como el recuerdo de una vida anterior. Con su iniciación, que obtuvo como por gracia, le vino al mismo tiempo todo lo que había adquirido en encarnaciones anteriores; en realidad sólo fue un gran don de síntesis de percepciones que había tenido en una vida anterior. Y puesto que tenía la retrospectiva de aquellos tiempos y podía mirar con visión espiritual, se le permitió decir que en la vida nada es comparable a él como  el gran acontecimiento, puesto que había descubierto en sí mismo lo que es el Cristo. Tal experiencia es como una repetición del acontecimiento de Damasco, donde Pablo, que hasta entonces había perseguido a los seguidores del Cristo Jesús y no había obedecido su anuncio, recibió a través de una visión superior la prueba directa de que Él está allí y vive, de que a través del acontecimiento del Gólgota sucedió algo, que destaca por sí solo en toda la evolución de la humanidad. Así, aquellos para quienes el ojo está abierto pueden ver este acontecimiento repetido. 

El Cristo no existía meramente en el cuerpo en el que habitaba. Permaneció unido a la tierra; el poder solar se unió a la tierra a través de él. 

Novalis habla de la revelación que le llegó como "única" y sostiene que sólo aquellos que con toda su alma están dispuestos a relacionarse con este Acontecimiento son hombres en el verdadero sentido. Dice con razón que el indio antiguo, con su sublime espiritualidad, se habría aliado con Cristo de haberlo conocido. Novalis dice que el Cristo que él ha visto con los ojos del espíritu es un Poder que impregna a todos los seres, no por un oscuro presentimiento o una fe ciega, sino por un conocimiento real. Este Poder puede ser reconocido por el ojo en el que actúa. El ojo que contempla al Cristo ha sido formado por el Poder Crístico. El Poder Crístico dentro del ojo contempla al Cristo fuera del ojo.

¡Son palabras verdaderamente maravillosas! Novalis también es consciente de la estupenda verdad de que, desde el Acontecimiento del Gólgota, el Ser que llamamos Cristo ha sido el Espíritu planetario de la Tierra, el Espíritu por el que el cuerpo de la Tierra se transformará gradualmente. Una maravillosa visión del futuro se abre ante Novalis. Él ve la Tierra transfigurada; ve la Tierra actual, en la que aún está contenido el residuo de los tiempos antiguos, transformada en el Cuerpo de Cristo; ve las aguas de la Tierra impregnadas de la Sangre de Cristo, y ve las rocas sólidas como la Carne de Cristo. Ve el cuerpo de la Tierra convirtiéndose gradualmente en el Cuerpo de Cristo; ve la Tierra y Cristo milagrosamente hechos uno; ve la Tierra en el tiempo futuro como un gran organismo que alberga al hombre, un organismo cuya alma es Cristo.

En este sentido, y a partir de su profundo conocimiento de las verdades ocultas, Novalis habla de Cristo como del Hijo del Hombre. Así como, en cierto sentido, los hombres son los "Hijos de los Dioses", es decir, de los antiguos Dioses que a lo largo de incontables millones de años han moldeado y dado forma a nuestro planeta, que han construido los cuerpos en los que vivimos y el suelo sobre el que nos movemos, así, superando las cosas terrenales, la tarea del hombre es construir, mediante sus propias fuerzas, una Tierra que será el cuerpo del nuevo Dios, el Dios del futuro. Y mientras los hombres de antaño miraban hacia atrás, hacia los Dioses primigenios, anhelando unirse a ellos en la muerte, Novalis reconoce al Dios que en el tiempo venidero tendrá como cuerpo todo lo mejor que hay en nosotros y que podemos ofrecerle. En Cristo ve al Ser al que la humanidad se ofrece para que este Ser tenga un cuerpo. Reconoce a Cristo como el "Hijo del Hombre" en este sentido superior y cosmológico. Habla de Cristo como del "Dios del futuro".

Todas estas experiencias y percepciones están tan cargadas de significado que son capaces de encender en nuestras almas el verdadero espíritu de la Navidad. Así pues, dejaremos que alguien que vivió una breve vida a finales del siglo XVIII, muriendo a la edad de 29 años, describa las experiencias asociadas con el mayor acontecimiento de su vida: la sublime visión del Ser de Cristo.

(Marie von Sivers (Marie Steiner) recitó aquí un poema de los Cantos Espirituales de Novalis).

Durante mucho tiempo, el árbol de Navidad no representaba el símbolo de las fiestas navideñas. No encontraremos ningún poema sobre el Árbol de Navidad entre, digamos, las obras de un poeta como Schiller, aunque si tal costumbre hubiera existido en su época, sin duda habría reconocido sus posibilidades poéticas y no le habría resultado difícil escribir un poema sobre el tema. Pero en la época de Schiller el árbol de Navidad en su forma actual era desconocido. Es una institución joven y bastante reciente. En épocas anteriores, los hombres celebraban esta fiesta de otra manera. Por mucho que nos remontemos a épocas pasadas, mientras se pueda hablar de seres humanos en su forma actual o que tengan los rudimentos de esa forma, encontraremos en todas partes una institución que se asemeja a nuestra Fiesta de Navidad; la encontraremos en formas constantemente nuevas entre las masas generalizadas de los pueblos y como una representación en los Misterios más elevados.

El hecho mismo de que la fiesta en sí sea tan antigua y nuestro símbolo actual tan reciente, es indicativo de un elemento de eternidad, de una realidad eterna de la que surgen siempre nuevas formas. Esta Fiesta de Cristo y todos los sentimientos y experiencias que simboliza son tan antiguos como la humanidad en la Tierra. Pero el hombre siempre podrá encontrar nuevos símbolos, símbolos acordes con los tiempos, como formas exteriores de expresión de esta fiesta. Del mismo modo que la propia Naturaleza se rejuvenece cada año y sus fuerzas eternas brotan en formas siempre nuevas, lo mismo sucede con los símbolos de la piedad navideña, que en su constante rejuvenecimiento manifiestan la realidad eterna de esta fiesta. Y así, en la solemnidad de esta hora de Navidad, traeremos ante nuestras almas una imagen de lo que los hombres de la Tierra han experimentado en el tiempo en que ahora celebramos la Navidad.

Como alumnos de la Ciencia Espiritual podemos enviar nuestros pensamientos a épocas del pasado muy, muy lejano, para empezar a los tiempos en que nuestras almas estaban encarnadas en cuerpos atlantes, cuerpos muy diferentes de los de hoy. En aquella época había grandes Maestros que eran también los Guías de la humanidad. Los hombres contemplaban un mundo diferente, en el que no existía la brillante luz del sol para revelarles con claridad las formas de los objetos en los reinos de la Naturaleza. Todo a su alrededor estaba como envuelto en niebla, no sólo porque gran parte de la Atlántida estaba cubierta de niebla a través de la cual la luz del sol no podía penetrar en la misma medida que lo haría más tarde, sino también porque la facultad de percepción del hombre aún no se había desarrollado hasta el punto de que los objetos externos aparecieran con contornos claros. Cuando los hombres se despertaban por la mañana veían todo lo que les rodeaba en la Naturaleza divina envuelto en niebla y rodeado de colores áuricos, y cuando se iban a dormir por la noche pasaban a un mundo espiritual sin caer en el olvido y la inconsciencia del dormir actual.

En los tiempos de la Atlántida, cuando los seres humanos se iban a dormir, contemplaban a los Seres divinos-espirituales que les acompañaban; contemplaban a esos Seres divinos que una vez fueron experimentados como realidades y que en épocas posteriores se conservaron como recuerdos en diferentes regiones de la Tierra, llevando diferentes nombres: Wotan, Thor, Baldur, en la Europa Media; nombres tales como Zeus, Palas Atenea, Ares, etc., fueron asignados a aquellas figuras divinas que una vez fueron visibles a los ojos del alma del hombre en la antigua Atlántida. Pero en los tiempos de la Atlántida los mundos divinos ya no eran los mundos más elevados y creativos de los que había surgido el hombre en la era de Lemuria. Nuestras almas nacieron una vez del vientre de Seres divinos de cuya sublimidad y majestad sólo podemos tener hoy un tenue indicio. Estos mismos Seres divinos enviaron los orbes cósmicos y todas las fuerzas que nos rodean. El hombre estaba en el seno de Seres divinos cuyas expresiones externas contemplamos en los cuerpos celestes; eran los Seres que atraviesan el aire en relámpagos y truenos, cuyas expresiones son las plantas y los animales y cuyos órganos sensoriales son los cristales. Todo el calor que fluye hacia nosotros, todas las fuerzas en juego a nuestro alrededor, todo esto constituye el cuerpo de los Seres divino-espirituales de los que ha surgido el hombre.

Cuanto más profundamente descendía el hombre a la Tierra, cuanto más estrechamente se unía a las sustancias materiales, cuanto más integraba en sí las sustancias de la Tierra, tanto menos capaz se volvía de contemplar a los grandes Dioses.

En los tiempos primordiales, el hombre no tenía todavía la facultad de conocer el mundo material; no podía ver con los ojos ni oír con los oídos; en su alma surgían imágenes que no eran imágenes de minerales, animales o plantas, sino de Seres divino-espirituales que estaban por encima de él. En épocas posteriores vivió cada vez más en el plano físico, aprendiendo a conocer el mundo físico a través de los órganos sensoriales externos. En los días de la Atlántida, la visión en el plano físico se alternaba con una forma de clarividencia que había permanecido como reliquia del antiguo estado de espiritualidad sublime en el que el hombre había vivido una vez. Pero los dioses que aún podía contemplar en el plano astral, cuando de noche disfrutaba de la dicha de vivir como un ser espiritual entre otros seres espirituales, eran de rango inferior a los dioses más elevados.

A medida que el plano físico se aclaraba, la visión del hombre en los planos espirituales se oscurecía. Pero en la antigua Atlántida había Iniciados que, además de impartir las enseñanzas más profundas relativas a los Dioses de antaño de donde habían surgido los hombres, proclamaban una verdad que presentaban más o menos de la siguiente manera.

Vean la semilla de una planta; vean cómo esta semilla se convierte en una planta. Crece, produce hojas, sépalos, flores y frutos. Quien observa la planta de este modo puede decirse a sí mismo: Miro hacia atrás, hacia la semilla; la semilla es la creadora de las hojas y la flor que veo ante mí, y esta flor contiene en su interior la semilla de una nueva planta; la flor se convierte en una nueva semilla. Y también se puede mirar al futuro". - Así hablaban los grandes Iniciados Atlantes a sus alumnos y, a través de sus alumnos, a todo el pueblo. Decían: 'Podéis mirar hacia atrás, hacia las semillas de los Dioses de donde han surgido los hombres. Las realidades espirituales y físicas que veis a vuestro alrededor son todas hojas que han brotado de las semillas de los Dioses Primigenios. Ved en ellas las fuerzas de esas semillas divinas, del mismo modo que las fuerzas de la semilla de la que ha brotado la planta pueden verse en sus hojas. Pero estamos en condiciones de señalar algo más: en los tiempos futuros se extenderá en torno al hombre algo que será semejante a la flor de una planta, algo que, es cierto, ha brotado de los Dioses antiguos pero que -lo mismo que la flor madura una semilla- ¡contiene una semilla en la que se despliega el nuevo Dios!".

El mundo nace de los Dioses, tal era la antigua enseñanza. Que el mundo dará a luz a un Dios, al gran Dios del futuro, tal fue la profecía hecha por los Iniciados de la Atlántida a sus alumnos y, a través de ellos, al pueblo. Pues, como todos los Iniciados, los de la Atlántida veían el futuro, preveían los grandes acontecimientos del porvenir. Su visión llegaba más allá de la época del gran diluvio atlante, más allá de aquel acontecimiento estupendo por el que cambió la faz de la Tierra. Preveían las civilizaciones que surgirían en el futuro, en la tierra de los santos Rishis, en la tierra de Zaratustra; preveían la antigua cultura egipcia fundada por Hermes, las condiciones anunciadas e inauguradas por Moisés, la felicidad reinante en Grecia, el poder y la fuerza de Roma. Todo esto lo vieron anticipadamente los Iniciados Atlantes, y su visión se extendió hasta nuestra época e incluso más allá de ella. Y a sus discípulos íntimos impartían esperanza, diciéndoles: Cierto, debéis abandonar las tierras espirituales donde ahora habitáis, debéis quedar atrapados en la materia, debéis revestiros de envolturas tejidas con sustancias físicas. Llegará un momento en que tendréis que trabajar en el plano físico, cuando os parecerá que los antiguos dioses han desaparecido de vuestra vista. Pero vuestros ojos podrán volverse hacia donde la nueva estrella pueda apareceros, hacia donde la nueva semilla cobre vida, donde brotará el nuevo Dios del futuro, el Dios que ha esperado a través de las edades para aparecer en la humanidad en el momento justo y apropiado".

Cuando los Iniciados Atlantes quisieron explicar a sus alumnos y a todo el pueblo por qué el hombre estaba destinado a descender al valle de la Tierra, les dijeron que todas las almas verían y experimentarían en algún momento futuro a Aquel que había de venir, que aún estaba oculto a su vista, morando en un reino invisible tanto para los ojos físicos como para los ojos del espíritu que, mientras el hombre aún descansaba en el vientre de los Dioses, Le habían contemplado.

Luego vino el diluvio atlante. En un tiempo comparativamente corto cambió la faz de la Tierra y, tras las migraciones de los pueblos de Occidente a Oriente, surgieron las grandes civilizaciones postatlantes, comenzando por la de la antigua India.

Los grandes Maestros de aquella época, los siete santos Rishis, enseñaron a sus alumnos, y de hecho a todo el pueblo indio, la realidad de un mundo espiritual, pues su vida transcurría ahora en el plano físico y necesitaban que se les enseñara. Sus ojos sólo podían ver ahora la forma exterior del mundo físico como expresión de lo Espiritual, pero no podían ver lo Espiritual en sí. Sin embargo, en el alma de cada indio vivía algo que puede llamarse un tenue recuerdo de lo que el alma había experimentado una vez entre los dioses en la era de la antigua Atlántida. Este recuerdo despertaba un anhelo por lo que se había perdido de tal intensidad, que el alma no podía establecer ninguna relación estrecha con el plano físico, sólo podía considerarlo como maya, ilusión, irrealidad. Las almas tampoco habrían podido soportar tales condiciones en el plano físico si los Rishis, llenos del fuego de la inspiración espiritual, no hubieran podido enseñarles las glorias del antiguo mundo que se les había ido. Las enseñanzas dadas por los Rishis concernientes al Cosmos son aún hoy muy poco comprendidas; eran enseñanzas basadas en una sabiduría primigenia, porque los Rishis fueron iniciados en lo que el hombre había experimentado cuando aún estaba dentro del vientre de los Dioses.

Pues el hombre estaba presente cuando los Dioses separaron el Sol de la Tierra y ordenaron los caminos de los orbes celestes - ¡pero durante su posterior peregrinaje terrestre lo había olvidado!

Esta sabiduría fue enseñada por los Rishis. Y algo más fue enseñado también a aquellos que eran los más avanzados y capaces de sentir su significado. A ellos se les dijo: 'Del mundo en el que el hombre se encuentra ahora, el mundo que ahora ve como maya, surgirá el Ser que aún no puede ser visible en este mundo porque el alma humana no ha alcanzado la etapa en la que puede desplegar el poder de conocer a este Ser. Pero aparecerá Aquel que aún está más allá de tu mundo". Vicva karman era el nombre del Ser proclamado por los antiguos Maestros de la India como el gran Espíritu del futuro. Al pueblo indio se le dijo: 'No podéis verle todavía, como no podéis ver en la flor la semilla de la nueva planta. Pero tan cierto como que la flor contiene la semilla, igualmente cierto es que maya despliega el poder germinativo que hará de la vida en el mundo físico una existencia digna. El Ser conocido en tiempos posteriores como el Cristo fue proclamado de antemano por los Maestros de la antigua India; ellos, con verdadera humildad, fueron sus profetas. Su mirada espiritual podía dirigirse en dos direcciones: hacia atrás, hacia la sabiduría primigenia según la cual se formó el mundo, y hacia adelante, hacia el futuro. Y a los hombres ocupados en las tareas cotidianas de la vida proclamaban la llegada de Aquél cuyo poder penetraría en las profundidades de los corazones humanos y movería las manos humanas a la actividad.

Siempre que se pueda hablar de cultura humana y de comprensión humana, no hubo época en que Él no fuera proclamado. Si en épocas posteriores los hombres han olvidado las proclamaciones, no es culpa de los grandes Maestros de una humanidad anterior.

Luego vino la antigua civilización persa de la que Zaratustra era el Guía. A sus discípulos íntimos, y también a todo el pueblo, Zaratustra proclamó que en todo lo que rodea al hombre, en las fuerzas que fluyen del Sol y de los otros cuerpos celestes a la Tierra, en todo lo que llena la extensión aérea, vive un Ser que ahora se revela al hombre sólo en forma velada. - Y a sus Iniciados, Zaratustra pudo hablar del gran Sol-Aura, de Ahura Mazdao, del Dios del Bien. Lo que dijo a sus discípulos puede traducirse más o menos de la siguiente manera. - Mirad la planta. Crece a partir de la semilla, desarrolla hojas y flores. Pero la planta está impregnada por una fuerza misteriosa que surge en el corazón de la flor como la nueva semilla. Lo que rodea a la semilla se caerá; pero la fuerza más íntima que puede percibirse en el corazón de la flor te permite sentir que una nueva planta surgirá de la antigua. Si reflexionáis sobre el poder y la fuerza de la luz del Sol, sintiendo que en ella no contempláis más que la expresión física de una realidad espiritual y dejándoos inspirar por el poder espiritual del Sol, entonces comenzaréis a comprender el anuncio profético del Fruto Divino que ha de nacer de la Tierra".

Cuando estos alumnos íntimos alcanzaron una fase muy avanzada, se les permitió, en determinados momentos, escuchar enseñanzas aún más secretas. Y en horas consagradas Zaratustra les hablaba de Uno que vendría cuando los hombres estuvieran preparados para recibirlo en su seno con comprensión. Poderosas imágenes de Aquel que vendría fueron presentadas por Zaratustra a sus alumnos. A un discípulo podía revelarle la imagen misma, a un segundo sólo una especie de reflejo; a los demás sólo era posible darles una imagen general de lo que sucedería en el futuro. - Así, Aquel que fue llamado Cristo también fue proclamado en la civilización de Zaratustra en la antigua Persia.

Lo mismo ocurrió en la civilización egipcia. Hermes también tenía sus Iniciados egipcios y a través de ellos había proclamado al Cristo de cierta manera a todo el pueblo del antiguo Egipto. En la leyenda de Osiris puede verse un reflejo del anuncio de Cristo.

¿Qué era lo que la leyenda de Osiris transmitía a los hombres? La leyenda cuenta que en los tiempos antiguos el pueblo fue bendecido porque Osiris gobernó en la Tierra de Egipto en verdadera unión con Isis, su esposa. Su malvado hermano, Set, o Tifón, resolvió destruir a Osiris. Para ello construyó un cofre en el que Osiris estaba prisionero y lo arrojó al mar. Isis encontró el cofre, pero no pudo devolver a Osiris a la vida en la Tierra. Había sido transportado a reinos superiores y desde entonces sólo podía ser visto por los hombres después de haber atravesado la puerta de la muerte. A cada egipcio se le decía: Después de la muerte puedes estar unido a Osiris tan verdaderamente como tu mano está unida a ti aquí en la Tierra. Después de la muerte puedes ser parte de Osiris y llamarle tu propio Yo superior, pero sólo a condición de que lo hayas merecido en el plano físico. Después de la muerte puedes estar unido con el Dios conocido por ti como el Altísimo.

A un Iniciado se le podía revelar algo más. Cuando había pasado por todas las pruebas y exámenes, cuando había recibido todas las enseñanzas que deben preceder a la visión de los mundos superiores, entonces, incluso durante la vida física entre el nacimiento y la muerte, se le revelaba la imagen de Osiris, la imagen que sólo se presentaba a los demás hombres después de la muerte. El Ser con el que el alumno de los Iniciados egipcios debía sentirse unido se presentaba ante él cuando estaba fuera de su cuerpo, cuando su cuerpo etérico, su cuerpo astral y su yo se habían elevado fuera del cuerpo físico; y entonces, aquel que incluso en vida había contemplado a Osiris podía proclamar a los demás: - ¡Osiris vive! Pero nunca se habría podido proclamar en el antiguo Egipto: ¡Osiris habita entre nosotros! Esto se expresaba en la leyenda diciendo: ¡Osiris es un rey que nunca ha sido visto sobre la Tierra! El " cofre " no es otra cosa que el cuerpo físico. En el momento en que Osiris es depositado en el cuerpo físico (cofre), las fuerzas enemigas del mundo físico, fuerzas que aún no están preparadas para recibir al Dios, se afirman con tal fuerza que llevan al Dios a la destrucción. El mundo físico aún no está preparado para recibir al Dios con el que el hombre debe unirse. Pero" - así hablaban aquellos que podían atestiguar personalmente que Osiris vive - "aunque os decimos que el Dios vive en verdad, sólo el Iniciado puede contemplarlo, cuando él (el Iniciado) está alejado del mundo físico. El Dios con el que el hombre debe llegar a ser uno en lo más íntimo de su ser, vive, pero vive en el mundo espiritual. Sólo quien abandona el mundo físico puede unirse con el Dios".

Al mismo tiempo, los hombres empezaban a amar cada vez más el mundo físico, pues su tarea y su misión consistían en trabajar en el mundo físico, en establecer una cultura tras otra en el mundo físico. En la misma medida en que los ojos miraban con visión más clara y la inteligencia cada vez era más capaz de comprender los acontecimientos del mundo físico, en la misma medida en que aumentaban los conocimientos del hombre, permitiéndole hacer descubrimientos e invenciones útiles para los fines de la vida física, en esa misma medida se le hacía cada vez más difícil, durante la vida entre el nacimiento y la muerte, contemplar el mundo espiritual. Podía oír de los Iniciados que el Dios con el que debe unirse, vive en verdad; pero del mundo físico poco podía extraer que le hiciera posible la comunión definitiva con Osiris en aquel mundo. Una oscuridad cada vez mayor se extendía sobre la vida en el mundo que el hombre suponía que era el hogar del Dios con el que debía unirse.

Luego vino la época griega en la que, con todo su deleite en el mundo físico, los hombres lograron ese matrimonio entre el espíritu y la materia que dio tan gloriosos frutos en el plano físico. En las maravillosas obras maestras de la antigua Grecia tenemos una imagen de cómo, en la época en que iba a tener lugar el Acontecimiento del Gólgota, los hombres se relacionaban con el mundo espiritual. 

Es difícil de concebir, pero es cierto, que el logro supremo de la arquitectura - el templo griego - corresponde con el punto más bajo en la relación del hombre con el mundo espiritual.

Imaginemos un templo griego que se eleva ante nosotros. En sus formas, en su perfección y plenitud, es la expresión más pura y noble de lo Espiritual, de modo que podría decirse una vez, y con verdad: Dios mismo habita en el templo griego. El Dios estaba presente en el templo, porque las líneas tejidas por la materia estaban en todas partes en armonía con el orden espiritual del Cosmos y con las líneas que impregnan el plano físico como las direcciones del espacio. No hay ejemplo más bello ni más noble de la compenetración del espíritu del hombre y la materia física que un templo griego. Es el ejemplo sin igual de unión entre los mundos superiores y la materia física.

A través de sus obras de arte y de los principios expresados en su creación, los griegos fueron capaces de hacer descender entre ellos a los antiguos dioses. Y aunque los griegos no contemplaran realmente a Zeus o a Palas Atenea cuando descendieron, los dioses estaban allí, atraídos y encantados por estas obras de arte, los dioses que una vez habían sido visibles para los hombres y entre los que habían vivido en los tiempos de la Atlántida. Los hombres fueron capaces de proporcionar una morada gloriosa a los antiguos dioses.

Y ahora veamos lo que el templo griego representa en otro aspecto. Supongamos que la conciencia clarividente tiene ante sí un templo griego. Pensemos en lo que sucede cuando la conciencia clarividente tiene ante sí una reliquia como uno de los templos de Paestum. La armonía de las líneas que presentan las columnas y las cubiertas de los tejados puede llenarnos literalmente de arrobamiento. La perfección es tal que uno puede imaginarse y sentir la presencia misma de la divinidad en la propia estructura física. La misma sensación puede surgir cuando la arquitectura griega se ve a través de los ojos del cuerpo físico.

Y ahora piensa en la conciencia clarividente transportada al mundo espiritual. Allí es como si una pantalla negra se dibujara a través de lo que hay que ver en el mundo físico; lo que hay que ver allí está como borrado. Nada de todo este esplendor del plano físico puede ser transportado al mundo espiritual. La belleza suprema -cuando realmente lo es- lograda en el plano físico, es borrada en el mundo espiritual. Y entonces nos damos cuenta de que no es un mito cuando, al conocer a un Iniciado, uno que era una figura destacada en Grecia pronunció las palabras: ¡Mejor es ser un mendigo en el mundo superior que un rey en el reino de las sombras! (Homero: Odisea, Canto XI, versos 488-491) - En Grecia, donde el hombre podía encontrar tanta dicha en el mundo físico, las almas entraban en una existencia sombría cuando pasaban al mundo de los muertos. Esplendor en el mundo físico - esterilidad equivalente en el mundo espiritual.

Hagamos ahora otras dos comparaciones con la experiencia que suscita un templo griego. - Pensemos en la Madonna Sixtina de Rafael o en la Última Cena de Leonardo da Vinci, obras creadas después del Gólgota e influidas por sus misterios. La visión de estos cuadros puede llenar el alma de éxtasis, y esto también es aplicable a la conciencia clarividente.

Cuando los ojos de la conciencia clarividente se posan sobre estas imágenes en el plano físico y esta conciencia se eleva después hacia el mundo espiritual, el hombre se da cuenta, aunque lo físico ya no se ve: Lo que llevo al mundo espiritual a partir de la experiencia suscitada por estas imágenes no es simplemente un eco de lo físico; aquí no sólo está el arrobamiento que experimenté al verlas, sino que ahora por primera vez me doy cuenta de toda su gloria; ¡en el mundo físico sólo puse la semilla de lo que ahora experimento en una majestad y esplendor infinitamente mayores! - Cuando un hombre contempla esas imágenes en las que se encierran los misterios relacionados con el Gólgota, está poniendo la semilla -pero sólo la semilla- de un conocimiento mayor en el mundo espiritual. ¿Qué lo ha hecho posible? Ha sido posible porque el Poder espiritual proclamado con tanta antelación, apareció realmente en la Tierra. La humanidad había logrado desplegar una flor en la que podía madurar la semilla del Dios del futuro. A través del Acontecimiento del Gólgota se comunicó a la existencia terrestre algo que el hombre no sólo puede llevar consigo al mundo espiritual, sino que en los mundos espirituales aparece en mayor gloria y sublimidad.

En el momento en que el cuerpo físico de Cristo Jesús murió en el Gólgota, Cristo apareció entre los que vivían entre la muerte y un nuevo nacimiento. Él pudo proclamarles lo que ninguno de los Iniciados anteriores, cuando pasaban al mundo espiritual, habría podido proclamar. Cuando los Iniciados anteriores -digamos de los Misterios de Eleusis- pasaban de este mundo físico al mundo de los que viven entre la muerte y un nuevo nacimiento, ¿qué habrían podido decir los Iniciados de Eleusis a esas almas? Podrían haberles hablado de lo que ocurría en el plano físico, pero eso sólo les habría causado nostalgia y dolor. Porque su vida había arraigado enteramente en el plano físico y en aquel mundo, donde nada físico podía encontrarse y reinaba la oscuridad, las almas no podían compartir el Sentimiento que hacía exclamar a un hombre importante en el plano físico: ¡Mejor es ser un mendigo en el plano físico que un rey en el reino de las Sombras! Los Iniciados que podían aportar tales tesoros a los que vivían en el plano físico, no podían haber aportado nada a las almas que entonces vivían en aquel mundo. Luego vino el Acontecimiento del Gólgota. Cristo apareció entre los muertos, y por primera vez pudo proclamarse en el mundo espiritual un acontecimiento del mundo físico que constituye el comienzo de un puente que conduce del mundo físico al espiritual. Cuando Cristo apareció en el mundo inferior, fue como si la luz brillara a través de los mundos espirituales. Pues en el propio mundo físico se había aportado la prueba incontrovertible de que lo espiritual puede vencer para siempre a la muerte. Y así sucedió que el hombre también puede llevar consigo al mundo espiritual las experiencias que le llegan en el mundo físico.

Esto es válido para el Evangelio de San Juan en un grado aún mayor y también para los otros Evangelios que relatan el Acontecimiento del Gólgota. Aquel que estudia el Evangelio de San Juan en el plano físico, experimenta un gozo intelectual por la lectura de este gran registro; pero cuando pasa al mundo espiritual, sabe que lo que pudo experimentar en el mundo físico no era más que un anticipo de lo que ahora puede percibir y contemplar. El hecho de suprema importancia es que el ser humano puede ahora llevarse consigo sus tesoros del plano físico al mundo espiritual.

Desde el acontecimiento del Gólgota, el mundo espiritual se ha iluminado con una luz cada vez más brillante y clara. Todo lo que existe en el mundo físico ha surgido del mundo espiritual. Cuando pasó del mundo físico al espiritual, el hombre precristiano podía decir: He aquí la fuente y el origen de todo lo que contiene el mundo físico. Lo que ha surgido del mundo espiritual no son más que los efectos. Pero desde el Acontecimiento del Gólgota, el hombre puede decir cuándo pasa del mundo físico al espiritual: En el mundo físico también hay causalidad y lo que se experimenta en el plano físico se traslada al mundo espiritual.

Y así continuará, cada vez en mayor medida. Todo lo que procede del trabajo de los antiguos Dioses morirá y lo que florecerá crecerá en el futuro, como el trabajo del Dios del futuro. Esto es lo que pasará al mundo espiritual. Es como cuando un hombre, mirando la semilla de una nueva planta, se dice a sí mismo: Es cierto que ha brotado de una planta vieja, de una semilla anterior, pero ahora la vieja ha caído, se ha desvanecido, y ahora está allí la nueva semilla, la semilla que se desarrollará en la nueva planta, en la nueva flor. - Nosotros también vivimos en un mundo en el que las hojas y las flores han brotado de las semillas nacidas de los antiguos dioses. Pero cada vez más el nuevo fruto, el fruto de Cristo, se está desplegando y todo lo demás caerá. Lo que se realiza aquí, en el mundo físico, tendrá valor para el futuro en la medida en que se traslade al mundo espiritual. Ante los ojos del Espíritu surge un mundo en el futuro, un mundo que tiene sus raíces en lo físico como nuestro mundo tuvo una vez sus raíces en lo espiritual. Así como los hombres son los hijos de los Dioses, así, de lo que los hombres del mundo físico experimentan al elevarse a una comprensión del Acontecimiento del Gólgota, se formará el cuerpo para esos nuevos Dioses del futuro, de los cuales Cristo es el Líder. Así, los mundos antiguos viven en el nuevo; el viejo muere completamente, y el nuevo brota de lo viejo. Pero esto sólo pudo ocurrir porque la humanidad fue capaz de desplegar una flor para ese Ser espiritual que se convertiría en el Dios del futuro.

Esta flor que podía desplegar dentro de sí la semilla del Dios del futuro sólo podía ser una triple envoltura humana consistente en cuerpo físico, cuerpo etérico y cuerpo astral, una envoltura limpia y purificada por todo lo que podía ser alcanzado por el hombre en la Tierra. Y esta envoltura de Jesús de Nazaret, que se sacrificó para que la Semilla Crística pudiera ser recibida, esta flor de la humanidad, representa la esencia más pura que los esfuerzos espirituales de la humanidad en evolución han sido capaces de producir. Hasta que la tierra no estuvo preparada para dar a luz su flor más hermosa, no pudo aparecer la semilla del nuevo Dios. Y el nacimiento de esta flor se conmemora en nuestra festividad de Navidad. En nuestra festividad de Navidad celebramos el nacimiento de la flor que iba a recibir la semilla de Cristo.

La Navidad es una festividad en la que los hombres pueden mirar al pasado y también al futuro. Porque del pasado ha brotado la flor a partir de la cual se despliega la semilla del futuro. La triple envoltura de Cristo fue un producto de la antigua Tierra, tejida y nacida de lo más alto que los hombres podían alcanzar. Y ninguna presentación externa de un misterio puede causarnos una impresión más poderosa que la presentación del misterio de cómo la flor más bella de la humanidad pudo brotar del cáliz más puro.

Que la humanidad salió una vez del vientre de la Divinidad, que el hombre fue una vez un ser espiritual y descendió a la existencia material, ¿cómo puede presentarse esto más bellamente que indicando cómo lo Espiritual se densifica gradualmente, cómo el hombre mismo se ha densificado a partir de la bruma informe de lo Espiritual? Como una profética prefiguración, el antiguo egipcio representó a la Diosa con cabeza de león, todavía totalmente espiritual, perteneciente a la época en que el hombre era todavía apenas material, todavía descansando como un ser etérico-espiritual en el vientre de la Divinidad. Luego, anticipando la posterior "Madonna Sixtina", tenemos la representación egipcia de otra forma femenina: Isis con el niño Horus. Allí vemos cómo lo que nace de las nubes, es decir, del Espíritu, se ha densificado en el cáliz, en lo que representa al ser humano desarrollándose hacia el futuro. Esta concepción, ya prefigurada por los hombres de la Antigüedad, la vemos en la Virgen cristiana con el Niño Jesús.

Con suprema pureza y delicadeza, Rafael ha plasmado este misterio en su representación de la Virgen. Un ser humano cristaliza de las cabezas de los ángeles y, a su vez, da a luz a Jesús de Nazaret, la flor en la que ha de recibirse la semilla de Cristo. Toda la historia de la evolución de la humanidad está contenida de la manera más maravillosa en esta imagen de la Virgen. No es de extrañar que, mientras estaba ante la Virgen, surgiera en aquel cuyas palabras hemos escuchado hoy, el glorioso recuerdo de la encarnación de la que su última encarnación fue a su vez un recuerdo, y que hizo revivir en sí mismo toda la sublime percepción que este misterio ilustrado de la humanidad podía despertar; no es de extrañar que estos sentimientos fluyeran hacia el ser del que nació Cristo, hacia la figura que produjo el cáliz del que brotó la flor que podía permitir que madurara la semilla del nuevo Dios.

Y así vemos cómo en el superdotado Novalis, los sentimientos libres de todo sesgo confesional se avivan ante la representación de este Misterio sagrado que se representó en la primera Navidad y se repite en cada Navidad. Es el Misterio de los antiguos Iniciados, representados por los Magos, que traen sus ofrendas al nuevo Misterio. Los Magos, portadores de la sabiduría de los tiempos pasados, hacen sus ofrendas a lo que ha de avanzar hacia el futuro, lo que, en un ser humano, albergará un día el poder por el que todos los mundos relacionados con la Tierra están impregnados.

Novalis experimentó el Misterio de Cristo, el Misterio de María, en relación con el Misterio Cósmico, cuya luz brilló ante los ojos de su alma como había brillado en la primera Navidad, cuando Seres que no habían descendido al plano físico proclamaron la unión entre un Poder cósmico y uno terrenal, que puede hacerse realidad en los corazones humanos y en el Cosmos mismo cuando el corazón humano se une con Cristo. La proclamación egipcia: "El Dios con el que debes unirte habita en el mundo al que sólo se puede llegar después de la muerte", ya no es válida. Porque ahora el Dios con el que el hombre debe unirse vive entre nosotros aquí, entre el nacimiento y la muerte; y los hombres pueden encontrarlo cuando unen sus corazones y sus almas con Él en este mundo. Así, en la primera Noche Santa de la Cristiandad resonó la melodía:


Offenbarung durch die Höhen dem Gotte,

Ruhe und Stille durch die Erdenräume,

Seligkeit in den Menschen.


Revelación en las Alturas a Dios,

Tranquilidad y paz por toda la Tierra,

Bendita alegría en los Hombres.1


Los poemas de Novalis ("Marienlieder") fueron recitados por Marie von Sivers (Marie Steiner) al final de esta conferencia.

Traducido por J.Luelmo ago.2023

GA108 St. Gallen, 21 de noviembre de 1909 Cuestiones sobre la ley del karma

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CUESTIONES SOBRE LA LEY DEL KARMA

Rudolf Steiner

St. Gallen, 21 de noviembre de 1909


Karma es la causación espiritual de un acontecimiento en la vida humana por un acontecimiento precedente. Ejemplos de efectos del karma entre el nacimiento y la muerte; beber vino, ira, devoción, cambio forzado de profesión. Efectos del karma de encarnaciones anteriores. Consecuencias de la falta de armonía entre la herencia y lo que se trae de encarnaciones anteriores. ¿Cómo afecta a lo físico lo que vive en el alma sensible, el alma racional y el alma consciente?  Formación del cráneo. Causas kármicas de las desgracias.  El significado de la muerte. Comprensión del acontecimiento Crístico y su significado para la consecución de la meta terrenal. 

El tema de la reencarnación y del karma será tratado esta tarde en la conferencia pública, y tal vez se considere justo que elijamos ahora como tema de nuestra conferencia de rama una consideración que profundice en algunas cuestiones de la ley del karma y que, en cierto sentido, constituya un complemento más íntimo de lo que sólo puede darse en una descripción general en la conferencia pública. 

El karma, la gran ley de la existencia, la ley del destino, puede tratarse, por así decirlo, en los comienzos mismos de la ciencia espiritual, pues es algo que pertenece a lo más elemental de la cosmovisión. Las cuestiones más íntimas, sin embargo, son de tal índole que, para comprenderlas, se requiere una familiaridad con la ciencia espiritual, tal como sólo se puede encontrar cuando se ha trabajado durante un tiempo en un grupo de trabajo y no se han adquirido vanas teorías, sino aquello que fluye de forma totalmente inadvertida de las enseñanzas espirituales al alma humana: un cierto tipo de sensaciones y sentimientos. Esto es algo que todo aspirante espiritual advierte pronto, que la ciencia espiritual es algo más que otra visión del mundo mas, ya que nos proporciona tales conceptos e ideas que se transforman en nuestros corazones en sentimientos y sensaciones, y que nos convertimos en personas diferentes gracias a ella, en personas con una forma completamente distinta de enfrentarnos a nuestros semejantes. 

A este tipo de preparación nos referimos cuando hablamos de una relativa madurez interior que uno adquiere de este modo a través de la ciencia espiritual. Sabemos que karma significa ante todo la motivación espiritual de un acontecimiento posterior, de una cualidad o capacidad posterior del hombre por una anterior.  No importa si esta causalidad espiritual se produce en una vida entre el nacimiento y la muerte, o si discurre a través de las diversas vidas terrenas como la gran ley del destino de la humanidad, de modo que las causas de algo que sucede en una vida se encuentran en una vida anterior o en una vida muy lejana en el pasado - esta "ley, esta ley integral del destino es lo que llamamos karma. Ahora se puede hablar verdaderamente del karma, si uno quiere considerarlo en sus detalles, durante muchos meses e incluso más tiempo, y sólo lenta y gradualmente se adquieren las cosas que están relacionadas con él.  Por lo tanto, en una conferencia uno sólo puede exponer los hechos de la ley del karma de una manera narrativa, y en esto se muestra la madurez del aspirante espiritual-científico, que ahora puede aceptar estas cosas como hechos, como resultados, y luego seguir pensando en ellos y buscarlos en la vida. La vida individual muestra los efectos del Karma de las formas más diversas; sólo que la visión humana de la vida no suele ir muy lejos. Las personas suelen mirarse a sí mismas o a sus semejantes con atención sólo durante un corto período de la vida, porque su mirada no está agudizada por el ojo espiritual. 

Primero quiero hablar de lo poco que esto es así, para que se hagan una idea de cómo debe adquirirse la mirada espiritual en la vida ordinaria. Lo haré a través de una especie de experiencia personal. Algunos de ustedes ya sabrán que he pasado quince años de mi vida como educador, en los que he tenido que ocuparme de los casos más variados de la actividad educativa, incluso difíciles tal vez, en los que había problemas que sólo podían resolverse mediante la observación y el estudio prolongados. Es obvio que tal actividad vital me dio la oportunidad de observar no sólo a los niños bajo mi supervisión directa, sino también a sus parientes, los primos, que siempre estaban allí. Entonces uno ve cómo crecen, y puede observar un gran círculo de personas que entran en el mundo. Ahora, quien entonces sigue un poco la vida, aguzado con el ojo espiritual, ya puede percibir muchas cosas en tales detalles. Por ejemplo, en la época en que yo me dedicaba a esta actividad, existía una mala costumbre médica muy extendida, pero entonces extremadamente respetada, que consistía en mantener "fuertes" a los niños dándoles todos los días un vasito de vino tinto. En aquella época estaba de moda que los médicos dieran a los pequeños un vaso de vino tinto con la comida. Los padres seguían esta regla a conciencia. Ahora tuve la oportunidad de observar a niños en los que esto había sucedido y a aquellos en los que no.

Luego, cuando estés en la vida, podrás volver a observar de las formas más diversas a personas que todavía eran niños cuando las conociste. Los niños que fueron tratados con este vino en aquel momento, son ahora personas de veintiséis a veintiocho años. 

Así que he tenido la oportunidad de muchas maneras diferentes de mirar no sólo a unos pocos años, sino también a períodos de tiempo más amplios. Las personas que tenían entre uno y tres años cuando las conocí y que ahora tienen veintiocho se pueden dividir en dos grupos: los que tomaron su copa de vino tinto para "fortalecer su vida" y los que no. Los primeros se han convertido en personas que hoy, hablando en el sentido físico, tienen que luchar terriblemente con su sistema nervioso - hablando en el sentido espiritual-científico con su cuerpo astral. Se han convertido en personas que carecen de lo que se llama: aferrarse vigorosamente a una meta en la vida, tener columna vertebral; mientras que los que se las arreglaron sin vino en su juventud se han convertido en personas que tienen columna vertebral, que están firmemente arraigadas, que saben lo que quieren, que no tienen necesidad de ir de aquí para allá para su recreación en el momento en que sus negocios menos se lo permiten, y que, por haberse convertido en personas inquietas, aún no reciben esta recreación. Los otros, en cambio, se han convertido en individualidades más firmes. No sólo quiero señalar cómo es cuando uno vuelve a acercarse a una persona así al cabo de los años, sino señalar que la vida tiene un aspecto algo diferente cuando uno la contempla desde el punto de vista de la conexión entre causa y efecto, no sólo hasta donde alcanza la nariz de un hombre, sino también las conexiones mayores y más profundas entre causas y efectos. 

Esto también es observación de la vida en el más alto grado, cuando tratamos de observar al hombre en relación con las cualidades que son de naturaleza interna, kármica. Es un hecho desafortunado que el hombre no suela asociar el comienzo de la vida humana con su final. Uno observa a los niños, pero ¿Quién tiene la paciencia, cuando tiene la oportunidad, de observar lo que surge de acuerdo con lo que la vida anímica del hombre ha sido de cierta manera en los primeros años de la infancia, y luego otra vez cómo es la vida cuando el curso de la vida está llegando a su fin? Y, sin embargo, hay una conexión kármica muy definida entre el comienzo y el final de la vida. Para ciertas cosas que ocurren al final de la vida o en la segunda mitad de la misma, hay ciertas causas subyacentes en los primeros años o en el período juvenil de la vida. 

Tomemos un caso concreto, por ejemplo, el de una persona iracunda, irascible en la primera juventud, que se inclina fácilmente a volverse irascible por algo que ocurre en su entorno.
Esta ira, y principalmente la irascibilidad que se da en los niños, puede adoptar una doble forma. Puede ser, por así decirlo, simplemente lo que se llama una picardía, que es, en cierto sentido, un mero arrebato, un arrebato iracundo de egoísmo desmedido. Pero también puede ser algo más. Uno debe aprender, especialmente como educador, a distinguir entre estos dos tipos. El arrebato de cólera en un niño también puede ser el que nos encontramos cuando un niño ve que ocurre una injusticia cerca de él. Un niño aún no tiene capacidad de juicio, aún no puede distinguir con su mente lo que está ocurriendo.
Si uno intentara explicarle que lo que está ocurriendo no es una injusticia, pronto se convencería de que el niño aún no puede entenderlo. 

Por eso está fundamentado en el orden del mundo, en la dirección espiritual del mundo, que lo que más tarde aparecerá como capacidad de discernimiento salga a la luz en la infancia en forma de afectos, emociones. El niño aún no puede comprender lo que ocurre, pero se enfada. Esta ira, este afecto, es una proclamación anímica antecedente de lo que más tarde es la capacidad de criterio. Estos dos tipos de ira e irascibilidad deben distinguirse con bastante exactitud entre sí. La cólera en el primer caso debe ser tratada de tal manera que el niño viva posiblemente esta cólera dejándole sentir realmente los efectos de esta cólera de una manera correcta y también lo erróneo de la cólera. Por ejemplo, si uno siempre le hace al niño, por así decirlo por amor, aquello por lo que obtiene el cumplimiento de su voluntad, entonces la ira pierde su efecto. La ira siempre tiene un efecto en el alma. Cuando la cólera surge en el alma y no se resuelve alcanzando aquello por lo que se esfuerza, vuelve a golpear en el interior. Y eso es bueno. Por eso la lengua vernácula, que a menudo tiene un fino sentimiento para estas cosas, llama a la ira "veneno" en varios lugares donde se habla la lengua alemana. Enfadarse se llama: envenenarse. Esta palabra está realmente tomada de los hechos de la vida del alma. La ira entra en el alma, y por la acción de la ira en su interior, cuando retrocede, el egoísmo sobrante es forzado a salir. Así que la ira también tiene su bien. Es un educador del ser humano, actúa como un veneno que frena el exceso de egoísmo. 

Algo muy diferente es la ira que surge cuando un niño ve una injusticia. Esta ira es un juicio anticipado. Está justificada. En este caso no hay que limitarse a tratar de castigar -castigando se estaría haciendo retroceder la cólera hacia el interior-, sino que hay que tratar de utilizar este afecto en el niño para enseñarle gradualmente la comprensión, para enseñarle la capacidad de juicio.  Esta cólera debe superarse desarrollando la capacidad de juicio. Si un niño se enfada por una injusticia que ve, entonces sucedería lo siguiente: Se introduciría al niño en una especie de comprensión de que la injusticia sucede por la naturaleza del hombre; se le daría, de acuerdo con su madurez, una explicación de lo que ha sucedido. Entonces esa ira también tendrá su efecto correcto. Hará que el niño madure para juzgar al mundo, pues es un presagio de la capacidad de juzgar. Esto se dice para llamar la atención sobre el hecho de que el hombre no siempre se enfada injustificadamente. La ira tiene su valor para el desarrollo del hombre.  El hombre debe purificarse, debe superar la ira. La ira es algo que tiene un efecto beneficioso al ser superada. 
El hombre nunca podría alcanzar la perfección sin superar la ira. 

Ahora uno podría preguntarse: ¿Por qué hay ira en el gobierno mundial? Hay ira porque uno se hace fuerte superándola; uno se hace más poderoso sobre sí mismo superándola. Si observan a alguien que tuvo esa noble ira en la juventud, en los años en que aparece el idealismo, cuando algo le llenó de ira porque aún no era capaz de ver las conexiones más profundas, entonces en su edad posterior ven: en la vejez aparece el buen efecto de ello. 
Por otra parte, quien en su juventud no fue capaz de vencer la ira, de purificarse, de hacerse dueño de sus afectos, no alcanzará fácilmente en años posteriores esa actividad suave que conmueve tan benéficamente. Pues la suavidad es precisamente el efecto de la ira superada. La suavidad en la vejez es el efecto de la ira superada en la juventud. 

Por otra parte, la característica del alma que también aparece en la juventud tiene un efecto completamente distinto: la devoción. Esto consiste en que el hombre adquiere un sentimiento por aquello que él todavía no puede entrever. La ira es un rechazo, la devoción una mirada hacia lo que aún no se puede ver, una mirada hacia aquello a lo que aún no se está a la altura. Nadie puede llegar al conocimiento si no reverencia con devoción lo que está por encima de él. La devoción es el mejor camino hacia el conocimiento. La gente nunca llegaría al conocimiento si primero no hubiera venerado, desde un fondo oscuro, aquellos poderes espirituales que están por encima de ellos. La devoción es un poder que conduce a lo que uno quiere alcanzar. Por eso es básicamente necesario que se desarrolle la devoción.  Una persona que puede recordar muchos momentos de devoción en su vida posterior, los recordará con dicha. Si a uno le ha sucedido en la niñez temprana que ha oído hablar a un miembro de la familia de quien se dice que es muy venerado, y si de niño uno también ha llevado este sentimiento en sí mismo, y se acerca el día en que puede ver a esta personalidad por primera vez, si entonces uno tiene una santa timidez para presionar el picaporte de la puerta detrás de la cual va a aparecer la persona venerada, esto también es un sentimiento muy devoto, y tendremos mucho en la vida posterior si hemos tenido varios estados de ánimo así en la juventud. 

La devoción es la razón, es el motivo kármico del poder de bendición en años posteriores, en la segunda mitad de la vida. Ese poder que fluye y nos hace capaces de ser un consuelo para los demás, se obtiene nada más que por el estado de ánimo devocional en la juventud. Mira a tu alrededor donde hay una persona que se acerca a otras personas que están tristes, que entonces sólo tiene que estar allí para consolar a los tristes con su mera presencia, para servirles de consuelo, para difundir el amor activo - encontrarán: la causa kármica de este poder activo radica en estos estados de ánimo devocionales de la juventud. El poder que se derrama en el alma del hombre en crecimiento como devoción es algo que permanece en él; pasa a través del alma como una corriente y sale como un poder de bendición en la edad posterior. Así podríamos considerar muchos casos en los que la ley kármica ya actúa de forma pronunciada entre el nacimiento y la muerte. 

Queremos ver más de cerca la ley del karma en un caso concreto en la vida individual.  Supongamos que un joven hubiera estudiado.  A los dieciocho años hubiera ocurrido que el padre se hubiera arruinado. Por lo tanto, el joven tendría que dejar de estudiar, se vería arrancado de la profesión para la que se había preparado; tendría que tomar otro camino profesional. Ahora bien, no todas las profesiones son iguales; sólo nos interesan los hechos del cambio de profesión. Así que el joven tuvo que hacerse comerciante. Ahora bien, si uno no es un observador de la vida, dirá: bueno, el hecho estaba ahí -, y observará lo que había antes y lo que había después. Pero una conexión entre lo que fue antes y lo que fue después sólo será descubierta por aquel que realmente observa la vida con un ojo espiritualmente aguzado. Si el joven está ahora en la otra profesión y todo va normalmente -no diré que siempre vaya así, pero puede ir así- podremos ver algo diferente en los últimos años de la vida. Al principio la profesión es nueva para él. Recoge lo que le viene en gana. Pero ya a los veintiún años se pondrá de manifiesto que algo es diferente en este hombre que en un hombre preparado desde el principio para la profesión de comerciante: a los veintiún años ya se pone de manifiesto que tiene menos interés por lo que le incumbe en su profesión. Aparecen en su alma ciertos sentimientos que le apartan de lo que debe hacer, de modo que no puede realizar con verdadera satisfacción lo que se le exige. Si ahora se investiga de dónde viene esto, se percibirá lo siguiente: Cuando se produce un punto especial en el que se tuerce el curso de la vida, un nudo en la vida, cuando, por ejemplo, se produce un cambio de profesión, entonces, según la ley kármica, es así que en los primeros años poco hay que notar. 

Pero luego sigue, de modo que a los veintiún años se afirman sentimientos, sensaciones, estados de ánimo, que pueden explicarse por lo que proviene de los preparativos para la otra profesión a los dieciocho años, sentimientos que ha asumido, pero que no ha dado cumplimiento. Al principio los reprimió, pero luego se afirmaron de tal manera que ya no se sentía satisfecho con su nueva profesión. Lo que se introdujo en él tres años antes del cambio de profesión se hará tan evidente tres años después de este cambio que la persona en cuestión ya no podrá tener la satisfacción adecuada. Y a partir de ahí las cosas pueden suceder de tal manera que a los veintidós años se repita el decimocuarto año de vida, a los veintitrés el decimotercero. Como en la vida todo es cruzado, las cosas también pueden resultar de otro modo. Puede establecer un hogar a los veintitrés años, por ejemplo; hay intereses que se cruzan con los pasados y los hacen discurrir de manera diferente. Pero la ley sigue siendo aplicable. Incluso en el caso de que surja un nuevo interés, siguen existiendo los intereses anteriores, que se han doblegado.

Con tal ejemplo se puede ver el curso del proceso vital tal como se presenta a la ciencia espiritual. Que a través de la ciencia espiritual se obtienen toda clase de conceptos es lo de menos; lo más importante es que a través de ella se penetra en el proceso de la vida. Supongamos -nunca relato casos distintos de los que han ocurrido; hay que adquirir el hábito de no inventarse nunca las cosas, sino elegir siempre los casos que han ocurrido realmente- que acude a mí una madre que tiene que conducir a su único hijo hacia otra ocupación en la vida porque le han arrebatado a su padre. En el mundo de hoy, difícilmente sucederá lo correcto, pues la verdadera observación de la vida es difícilmente compatible con la concepción actual de la vida. Si tal madre se familiariza con la ciencia espiritual, aprende a contar con la ley del karma y puede convertirse en una buena amiga del joven que ha de ser guiado a través de los años de tal cambio de profesión. Tal fue el caso hace algún tiempo. Una madre vino a verme y me dijo: ¿Cuál es mi mejor misión en la vida? - Le dije que aprovechara los pocos años para ganarse bastante la confianza de su hijo. Entonces la ciencia espiritual adiestraría su mente de tal manera que sería capaz de ayudarle a llevar lo que con toda seguridad ocurriría. Los sentimientos de piedad trasladados a su alma se afirmarían de manera contundente en todos los años posteriores de la vida, y también sería capaz de ver correctamente aquello que tan ciertamente ocurre. Si un día el hijo llega a casa y dice: "No sé qué hacer, mi profesión no me satisface en absoluto", ella podrá remontarlo a lo que sucedió antes. Reconocerá la causa y descubrirá con tacto interior cómo tiene que intervenir para ayudar al hijo a superar la dificultad. Sin duda podrá hacerlo mejor que si no tuviera ni idea de cómo funciona el karma y sólo creyera que el estado de ánimo, la depresión, surgió de algo indiferente. 
<Nada surge así sin una causa; pero a menudo las causas están mucho más cerca de lo que pensamos.  Sólo tenemos que observar tal nodo, desandar la vida desde allí y ver qué es diferente allí. Es así: Piensen que tienen las cuerdas de un violín. La han tensado y la tocan con un objeto adecuado.  La cuerda emite un sonido determinado. Si ahora la sostienes por el medio, algo sucede en ambos lados: la cuerda vibra en ambos lados. En la vida hay sucesos de este tipo a partir de los cuales se puede determinar cómo lo que ocurre antes se refleja después. 

La mitad de la vida también es una encrucijada de este tipo.  Lo que se prepara en la juventud sale a la luz en la vejez. Es necesario prestar atención a estas cosas para que poco a poco uno realmente llegue a sentir el hecho de que la ciencia espiritual no es nada impráctico, sino que toda la vida puede ser prácticamente moldeada desde el punto de vista científico-espiritual. Una mera vida de amor no sirve de nada si la sabiduría no está conectada con el amor. El amor debe combinarse con la sabiduría, con el conocimiento de lo que es correcto. El amor por sí solo no es suficiente para la vida. 
Podemos mencionar un caso más que sucedió en la primera mitad del siglo XVIII y que ha sido examinado detenidamente.  Una madre educaba a su hija pequeña. Ella había visto cómo esta hijita, muy pequeña, empezaba a robar cosas, a hurtar algo.  Pero en su amor, que es una cualidad excelente, no podía decidirse a castigar. La hijita robó una vez, dos veces, una tercera vez, e hizo otras cosas; y si se sigue el curso de su vida, se verá que la niña se convirtió en una famosa envenenadora. Aquí se puede ver un amor que no está unido a la sabiduría. El amor debe estar impregnado de la luz de la sabiduría. El amor sólo puede desarrollarse adecuadamente cuando está impregnado de sabiduría. De qué otra manera puede uno, como amigo, ayudar a un joven que ha de desarrollarse a través de momentos importantes de su vida, si uno sabe que existe una ley que a veces muestra las causas de un acontecimiento de manera bastante obvia, las causas que uno no comprendería sin el conocimiento de la ley. Por lo tanto, sería correcto no sólo saber en general que existe una ley del karma, sino, mediante la adquisición de una visión correcta del mundo, rastrear el karma en detalle. Debe ser un deber serio del científico espiritual familiarizarse con el efecto concreto de estas leyes y saber cómo funcionan en la vida. Eso es lo más importante: no hablar con tópicos sobre el karma, sino implicarse en el seguimiento de las leyes en la vida. Eso es necesario. 

Ahora me gustaría decirles algo más.  También puedes destacar algunos casos que se relacionan con el karma que pasa de una vida a otra. Por supuesto, uno también puede limitarse a casos individuales. Por lo tanto, podemos plantearnos una vez una pregunta relativa al karma interior de un ser humano, que se produce por el hecho de que el ser humano debe ser básicamente siempre una entidad de dos partes en la vida. Si observan la vida, tendrán que decirse a sí mismos: cuando un hombre llega a la existencia a través del nacimiento, hay que distinguir dos cosas.  Una es lo que ha heredado de sus antepasados. Schiller, por ejemplo, heredó la forma de su nariz de su abuelo; pero lo que es específicamente de Schiller no es heredado, sino que proviene de sus encarnaciones anteriores.  Por un lado, está la corriente de la herencia de lo que se reproduce a través de las generaciones; por otro, está lo que el hombre mismo se apropia de una vida a otra. El que ha adquirido un ojo para lo espiritual siempre se preguntará cuánto tiene un hombre de sus padres, y cuánto proviene de su encarnación anterior. 

En un sentido racional, no se puede enseñar de otra manera que no sea haciendo esta diferenciación. El arte de educar sólo recibirá la forma correcta cuando los hombres hayan aprendido a distinguir entre estas dos corrientes. Sólo al final del desarrollo terrenal estas dos corrientes confluirán, de modo que el hombre podrá encontrar el cuerpo en el que encaja. En la actualidad, esto todavía no es posible. Si el cuerpo exterior y el organismo individual interior encajaran completamente en nuestra época, sería imposible que un hombre muriera antes de su edad normal por causas internas; pues, dado que morir no es algo accidental, sino una desarmonía, la muerte prematura no sería entonces posible, ya que la armonía prevalecería en el hombre. Pero esta desarmonía entre lo heredado y lo traído de una encarnación anterior puede llegar a ser tan fuerte que la muerte se produzca antes. 

Si el ser humano quisiera adentrarse un poco en las enseñanzas espirituales, hoy ya podría coger la reencarnación con las manos, -esto no hay que tomarlo en sentido figurado, sino literal-, si tan sólo las teorías materialistas no interpretaran los hechos correspondientes de forma incorrecta, sino correcta. Esto se puede demostrar con ciertos casos. Hay personas que están tan poco avanzadas en su desarrollo que todavía están completamente atascadas en su alma sensible. 
Toda su conciencia está conectada con el alma sensible. 
Y esto ya se puede ver en los gestos externos de los seres humanos: ellos revelan ciertas causas que yacen en el cuerpo astral. 
Cuando un hombre está todavía completamente en el alma sensible, cuando se siente bastante bien interiormente, sucede, por ejemplo, cuando ha comido bien, que golpea su cuerpo con placer. Esto es señal de que todavía tiene un alma sensible demasiado fuerte. Cuando una persona está en lo profundo del alma sensible, esto también se expresa. Porque la sensación de la verdad está en la mente, una persona que está en el alma racional o intelectiva, para afirmar una verdad, se golpeará el pecho. Una persona que está en lo profundo del alma consciente se apretará la nariz cuando piense de forma predominantemente profunda sobre algo. En la parte inferior del cuerpo se expresa lo que se relaciona con el alma sensible; lo que se relaciona con el alma racional se expresa en el pecho, y lo que se relaciona con el alma consciente se expresa en la cabeza: también se hacen cosquillas detrás de las orejas.  Digo esto sólo para mostrar cómo lo que está en el cuerpo astral se expresa en el cuerpo físico. 

Si bien, puede ocurrir lo siguiente. El hombre puede llevar a su conciencia los sentimientos e ideas e ideales más elevados que pueda tener en absoluto en este ciclo de tiempo; por ejemplo, nuestros ideales éticos, que por sí solos deberían ser prueba para el hombre de la existencia de un mundo espiritual. 
Si nos entusiasmamos con estos ideales éticos a través de una voz interior, si nos dedicamos a estos altos ideales, el estímulo para ello no puede venir de fuera. Ahora bien, esto puede llegar tan lejos que el hombre eleve a ideales algo que siente sin ellos, de modo que no viva de acuerdo con una determinada idea por sentido del deber, sino simplemente porque ya no puede hacer otra cosa. Para aquel que se deja penetrar por una idea moral, sucederá que vive en esta idea de tal modo que se ordena a sí mismo lo que es justo en su sentido. De esta manera los ideales deben brillar en el alma consciente, luego fluyen hacia abajo y se convierten en instintos. 

Cuando esto sucede, que el hombre ha impregnado tanto sus sensaciones con sus ideales, entonces se afirma algo especial. Estos instintos tienen el empeño de expresarse hasta el cuerpo físico. Pero entre el nacimiento y la muerte el hombre ya no puede trabajar en su cuerpo físico. Así, ciertas corrientes pasan por el tórax hacia la cabeza. Si alguien está entusiasmado por un ideal, brilla por el mismo y está lleno de fuego, de modo que siente con amor: esto sucederá-, se dedicará a ello en esta vida, hará todo por ello. Pero esto no es todo. A través de esta actividad entran corrientes en la parte superior hasta la cabeza del ser humano. Estas son fuerzas que buscan trabajar hasta el cuerpo físico; pero ya no pueden cambiar la cabeza en esta vida, porque el cuerpo físico del hombre ya no es capaz de moldearse aunque uno se ennoblezca de tal manera. Pero estas fuerzas, no obstante, fluyen hacia arriba. Estas corrientes permanecen con el ser humano en su alma, y cuando el ser humano tras la muerte se dirige a un nuevo nacimiento, las lleva consigo a una nueva existencia. Aquí es donde se produce lo que da a la frenología una justificación individual: en las formaciones de protuberancias del cráneo afloran estos poderes así adquiridos. Uno no puede decir que esta formación de protuberancias expresa esto en general, pero lo que la individualidad ha conectado a menudo con su propia esencia de esta manera durante la vida anterior y que sin embargo ya no podía transformar el cuerpo, eso se expresa allí. 

Así que estas disposiciones pasan por la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento, y hacemos acopio realmente de lo que el hombre tantas veces ha dejado fluir en él en la vida anterior. Aquí se capta realmente la reencarnación y el karma cuando se palpan las diversas elevaciones y protuberancias de la cabeza. Pero debemos ser conscientes de que cada ser humano tiene sus propias leyes; no debemos juzgar estas protuberancias en general, sino muy individualmente. Así, por ejemplo, cogemos una protuberancia y sabemos: es el trabajo que la persona ha hecho sobre su alma en la vida anterior.  ¡También puedes asir el karma y la reencarnación con las manos! De la ciencia espiritual se puede aprender hasta la forma corporal. 
Así como la forma corporal vive de una vida anterior a una vida posterior, así otras cosas también pasan. Sólo que uno realmente no debe considerar todas estas cosas mezquinamente. No hay que creer que la ley del karma está hecha a medida como un código civil; sólo puede comprenderse mediante un estudio exhaustivo. 

Pensemos en una gran desgracia que causa un profundo dolor. A menudo lo miramos mal, porque siempre buscamos ver el efecto. Entonces vemos que ha ocurrido un acontecimiento que nos ha hecho infelices, nos ha desviado de nuestro rumbo. Sólo vemos el efecto. Pero deberíamos buscar la causa. Tal vez encontraríamos lo siguiente: Sí, en una vida anterior existió la posibilidad de adquirir tal o cual habilidad. Pero no lo hicimos, fracasamos en el intento. Así que hemos atravesado la puerta de la muerte sin haber adquirido esta habilidad. Ahora esas fuerzas, que ya son fuerzas kármicas, nos conducen hacia la desgracia en la vida siguiente. Si hubiéramos adquirido esta habilidad en la vida anterior, la fuerza no nos habría conducido a la desgracia.  Gracias a que nos ocurre esta desgracia, ahora adquirimos esta capacidad. Supongamos ahora que esta desgracia nos ha alcanzado a los veinte años, y a los treinta miramos hacia atrás y nos preguntamos: ¿Qué nos ha hecho tener tal o cual facultad? - entonces reconocemos la finalidad de esta desgracia. Ganamos infinidad cuando miramos las cosas no como efectos, sino como causas de lo que hacen de nosotros. Este es también un éxito de la doctrina del karma, considerar las cosas como causas. Todas estas cosas son detalles de la ley del karma. Así que ya ven que uno debe tomar parte en la vida antroposófica, porque uno puede aprender mucho que de otra manera se queda sólo en un concepto general. 

Hay que llamar la atención sobre algo muy importante que está relacionado con la ley del karma. Una persona que entra en la ciencia espiritual y oye que existe la posibilidad de adquirir habilidades espirituales, de crecer hasta el don de la clarividencia, bien podría preguntar: ¿Por qué siempre es tan difícil aprender lo que dice la ciencia espiritual? - Esta pregunta puede estar justificada, pero en realidad surge de un malentendido por parte de muchas personas que sólo conocen superficialmente la ciencia espiritual, un malentendido que tienen respecto a la conexión entre la vida física y la espiritual. Saben que la vida física no se inserta innecesariamente en la vida humana. Tiene su misión, al igual que la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento en el mundo espiritual. 

Hagámonos la siguiente pregunta:¿Cuál es la situación de dos personas, una de las cuales, debido a su karma del curso de vida anterior, no puede desarrollar el don de la clarividencia en esta encarnación, sino que debe contentarse con adquirir diligentemente conocimientos antroposóficos mediante el estudio, para poder ver cómo deben entenderse estas cosas, -es decir, sólo podría progresar mediante el estudio-, y otra a la que se le da la oportunidad de desarrollar sus dones clarividentes y penetrar en el mundo espiritual? Este último podría estar en el siguiente estado de ánimo. Se dice a sí mismo: Puedo ver en el mundo espiritual, puedo ver seres espirituales, ¿Por qué debería seguir estudiando libros? Sé que existe un mundo espiritual, ¿por qué debo seguir estudiando Antroposofía? Eso es infundado y aburrido. - Es algo que sucede una y otra vez, que las personas que tienen la suerte kármica de ser clarividentes se dicen a sí mismas: "Ya no queremos aprender nada; ¿por qué hemos de estudiar ahora lo que sólo se da a secas? - El uno puede estudiar tanto más diligentemente, pero no puede llegar al don de la clarividencia; el otro desprecia el estudio, pero su karma es tan favorable que puede llegar a ser clarividente. Ahora bien, ¿Qué pasa con estas personas después de la muerte, cuál es el panorama general? El hombre que ha adquirido el don de la clarividencia entre el nacimiento y la muerte, que ha podido mirar en el mundo espiritual y ver diversas cosas, pero que no ha querido aprender los conceptos teóricos, que no ha querido captar los datos científico-espirituales con el pensamiento lógico, que ha despreciado todo esto, no tiene nada de ello después de la muerte. No se conoce a sí mismo mejor que sin el don de la clarividencia que tuvo en vida. Una persona está aún mejor si todavía no era clarividente en su vida física, pero no se le impidió formarse un concepto lógico del mundo espiritual mediante la lectura. 

Pero esto no debe ser una instrucción para ser perezoso, para no hacer nada para desarrollar los sentidos espirituales. Ningún hombre puede saber si no alcanzará el don de la clarividencia antes de su muerte.  Los que han estudiado la cosmovisión científico-espiritual descubren ahora que estos conceptos se transforman en percepciones reales. Lo que uno adquiere aquí a través de conceptos ya no se pierde, permanece.  Existe una obligación: por muy iniciado que uno esté, por muy elevado que sea su nivel de visión, si no pudiera penetrar en lo que ve con conceptos, seguiría sin sacar nada de ello. El hombre no debe limitarse a mirar, sino que debe volcarlo todo en conceptos extraídos de la vida física. La gente está llamada a absorber lo que puede experimentar en la tierra. Lo que falta en el mundo espiritual debe adquirirse en el mundo físico y debe llevarse hasta allí.

Lo que se acaba de decir está relacionado con algo que es mucho más significativo. Hay una cosa que los hombres nunca podrían haber conocido en el mundo espiritual. Nunca podría haberse conocido un acontecimiento en el mundo espiritual si el hombre no hubiera sido conducido a la tierra física y llevado a través de las encarnaciones. Todos los seres espirituales que no encarnan no pueden llegar a conocer un acontecimiento: la muerte. La muerte no existe en el mundo astral y aún más arriba; no puede ser experimentada allí. Por eso existe el viejo principio en la filosofía esotérica: si los dioses quieren aprender a morir, tienen que ir a la tierra para aprenderlo. - Es una verdad muy profunda.  Y de nuevo, hay algo más relacionado con la muerte: El hombre nunca llegaría a ser consciente de sí mismo. Sólo atravesando la puerta de la muerte una y otra vez, cuando una encarnación llega a su fin, y despojándose de sus envolturas, sólo así llega a la conciencia real del yo. El hombre debe aprender a superar la muerte. Sin la entrada de la muerte en el mundo, el hombre no habría conocido la conciencia de sí mismo. Así que la muerte tuvo que convertirse en la gran maestra del mundo físico. Esto está relacionado con un gran acontecimiento. 
Si nunca hubiera descendido a la tierra física, si siempre hubiera permanecido arriba en las esferas espirituales, el hombre nunca habría podido experimentar lo que es el mayor acontecimiento de la evolución terrestre: el Misterio del Gólgota. 

El evento de Cristo sólo puede experimentarse entre el nacimiento y la muerte. Y precisamente en esto consiste la grandeza de este evento, en que un Dios descendió de las alturas del cielo y compartió el destino de los seres humanos. Sólo en la tierra pudo realizar este misterio. El Misterio del Gólgota nunca habría podido realizarse en ningún lugar del mundo espiritual.
Para enseñar a los hombres la victoria sobre la muerte, un dios tuvo que descender de las alturas espirituales para morir en la tierra.  Y este acontecimiento, comprendido por el hombre en la tierra, eso es lo más grande que puede desembocar en la encarnación terrena del hombre.  Es lo más grande que el hombre puede llevarse consigo cuando abandone la tierra física a través de la puerta de la muerte. El hombre nunca podría comprender la grandeza del Cristo si no aprendiera en la tierra lo que es el Cristo. Cuando ha aprendido esto en la tierra, puede conservarlo y llevarlo consigo al mundo espiritual. 

La humanidad nunca habría podido conocer al Cristo si no hubiera descendido, desplegado el cuerpo físico y tenido la oportunidad en la tierra de comprender a un Dios que muere. Tenía que suceder este acontecimiento, que tiene significado para todo el futuro. La humanidad volverá a evolucionar hacia el mundo espiritual. Antes no sabía nada del impulso Crístico; en la Tierra tuvo que aprenderlo, y ahora será llevado hacia arriba, llevado por todos aquellos que han adquirido una comprensión del mismo en la Tierra. Con esta comprensión, que se adquiere gradualmente en la tierra, con ese acontecimiento en el alma, el hombre vive en las encarnaciones siguientes y también en aquellas vidas que transcurren entre la muerte y el nacimiento. Cada vez más personas comprenderán lo que es el Gólgota. Cada vez más el Cristo vivirá. Y cuando un día la tierra esté físicamente destrozada, cuando sólo hayan quedado las almas, los espíritus de los hombres, mirarán hacia atrás a la evolución terrestre y dirán: Tuvimos que pasar por una evolución en un mundo en el que nos preparamos para el Cristo.

Luego vino este misterio, el desarrollo continuó, comprendimos cada vez mejor el acontecimiento de Palestina, lo procesamos en nuestras vidas entre el nacimiento y la muerte, y cuando se comprendió este gran misterio, entonces la tierra estuvo madura para desaparecer de nuevo, pues entonces asimilamos lo que era lo más importante de toda la evolución terrestre. Teníamos que estar en la tierra, teníamos que pasar por ella para experimentar lo que no se puede experimentar en ningún otro lugar. Ahora ha sido llevado al mundo espiritual, pero el origen de lo que ahora está en el mundo espiritual estaba ahí abajo. 

Así es como se sentirán vuestras almas cuando hayan pasado por muchas encarnaciones, cuando la tierra como planeta físico haya muerto y la gente haya ascendido a una nueva existencia. ¿Cuál es la herencia más importante de la evolución terrestre? ¿Qué es lo más importante que nos hemos llevado con nosotros y que sólo puede experimentarse y vivirse en la Tierra? El Misterio del Gólgota. Ahora tenemos al Cristo dentro de nosotros. Ese es el significado del sacrificio, que el Cristo descendió y tomó parte en ese acontecimiento que la gente experimenta como la muerte: ser cada vez más consciente de sí mismo, ganar cada vez más fuerza, para absorber el karma del poder Crístico en un grado cada vez mayor. 

Así vemos cómo funciona el karma en este caso significativo, y cómo la comprensión Crística está conectada con todo el karma terrestre de la humanidad. Y la humanidad debe recibir al Cristo en sí misma.  El hombre no puede cumplir el karma terrestre sin haber alcanzado esta comprensión Crística. Y el logro de la meta terrestre será un efecto kármico de la adquisición de la comprensión Crística. Así que podemos decir: Tanto el acontecimiento más pequeño como el más grande los comprenderemos cuando observemos la ley del karma. 

Traducido por J.Luelmo ago,2023

GA108 Pforzhein, 17 de enero de 1909 Sobre la vinculación del ser humano con la tierra

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EL SENDERO DEL CONOCIMIENTO

Rudolf Steiner

Pforzhein, 17 de enero de 1909


Alegría y dolor en los tres reinos de la naturaleza. Los cuerpos celestes como escenarios de entidades espirituales. El descenso del Cristo del sol a la tierra. La experiencia de Pablo en Damasco. Influencias de Lucifer y Ahriman en el curso del desarrollo humano. Terremotos, erupciones volcánicas y karma humano. El apaciguamiento de los elementos de la naturaleza mediante la obra del Espíritu de Cristo en el corazón de los hombres.

Después de la inauguración de la rama de Pforzheim estamos de nuevo juntos y llenaremos mejor nuestro tiempo entrando inmediatamente en un tema espiritual, un tema que, a través de la Antroposofía, muestra que no sólo absorbemos enseñanza y pensamientos, sino que nuestra vida de sentimiento y de experiencia se enriquece, se calma y se protege. No nos atrevemos a imaginar que la enseñanza, la imaginación y los pensamientos no tengan importancia en nuestra vida de sentimiento. Es así: en nuestro tiempo llegaremos gradualmente a decir: De pensamientos y ciencia hay suficiente en el mundo y sólo necesitamos tomar algún que otro libro de instrucciones sobre los mundos de las estrellas o cualquier otra cosa, para llenar nuestras mentes con suficiente ciencia. La teosofía, sin embargo, debería estar involucrada con el estado de ánimo o la experiencia. - Eso es definitivamente correcto porque la ciencia, tal como se encuentra a través de conferencias y publicaciones populares, puede ofrecer poco para el corazón y el alma. Sin embargo, no nos atrevemos a concluir que la enseñanza, la observación y el conocimiento carezcan de valor.


El conocimiento científico espiritual es muy diferente a las enseñanzas de la ciencia exterior. Cuando permitimos que el conocimiento espiritual trabaje realmente en nosotros, se transforma en nosotros como sentimientos, como impulsos del alma, como una forma de pensar y de ninguna otra manera podemos adquirir valor, certeza y poder salvo a través de la profundización de este conocimiento. Es muy distinto limitarse a reconocer y conocer las cosas perceptibles por los sentidos y los acontecimientos pioneros, cómo se producen las cosas, que penetrar detrás de las cosas sensuales en los acontecimientos espirituales precedentes. Cuando permitimos que los acontecimientos espirituales actúen a través del alma, nos volvemos cálidos, sanos y fuertes. Reconocemos las conexiones entre nosotros y aquello que teje el mundo entero como espíritu y alma, los originadores de todas las apariencias. En consecuencia, queremos comprender la relación entre el mundo sensorial exterior y nuestra alma. Al observar nuestra propia alma, encontramos por así decirlo las cosas más cercanas a nosotros -sufrimiento, alegría, dolor y placer- y ahora surge la pregunta: Cuando las ciencias espirituales dicen que todo en el mundo está penetrado por el espíritu, entonces podemos argumentar que el sufrimiento, la alegría, el dolor y el placer también pueden encontrarse en aquellas cosas que nos rodean, así como en aquellas cosas que también encontramos como insensibles, indoloras e insensibles. - Necesitamos adquirir la forma correcta de pensar sobre las cosas que nos rodean, a través de la Antroposofía.

Vemos, por ejemplo, las diversas plantas, animales y minerales que nos rodean. No sólo los animales nos proporcionan por igual alegría y sufrimiento, placer y dolor; eso nadie lo duda. Con las plantas y el mundo aparentemente sin vida de las piedras podemos llegar a dudar de que los sentimientos, el placer, la alegría y el dolor puedan serles inherentes. Precisamente esto, que adquirimos como experiencias relacionadas con todo el mundo circundante, es que todos los seres no sólo están físicamente vinculados a nosotros, sino que estos seres se vinculan a nosotros de tal manera que tienen contenido anímico, igual que nosotros tenemos contenido anímico. Ahora debemos profundizar en nuestro interior, de la manera correcta, lo que la investigación espiritual y el conocimiento espiritual tienen que decir al respecto. Incluso se entiende en nuestro tiempo, a partir de pensamientos más sensoriales, que las plantas podrían poseer algo espiritual, sí, uno puede estar tentado de admitir que una piedra aparentemente sin vida podría contener algo espiritual.

Si se tiene en cuenta que todavía se pueden cometer errores fácilmente si no se tiene en cuenta la investigación científica espiritual, se puede decir fácilmente: Si corto el cuerpo físico de una persona entonces le causo daño, lo mismo con los animales; pero cuando corto una planta, ¿también se sentirá herida? - De ahí puedo deducir que si aplasto una piedra, también la estoy hiriendo. En consecuencia, cuando la gente piensa en estas cosas, llega a creer que todo lo que sucede a otros seres se experimenta de la misma manera que a los seres humanos, y debido a esta creencia, les resulta tan difícil entrar con sus pensamientos en el conocimiento del saber espiritual. La ciencia oculta nos ofrece una manera muy diferente de reconocer la naturaleza anímica de las plantas y de las piedras, por ejemplo. Parece, cuando contemplamos la planta, que ciertamente, cuando la planta está parcialmente dañada donde crece de la tierra hacia las alturas, ningún sentimiento de dolor penetra en la planta, que no le duele, sino que sucede lo contrario. Aquello que comprende el alma real de la planta siente placer, casi alegría, cuando sobre la superficie de la tierra se destruyen partes sensibles de las plantas. El dolor sólo comienza para el alma de la planta cuando ésta es arrancada de la tierra, desarraigada; un dolor similar se experimenta cuando a nosotros o a los animales, por ejemplo, nos arrancan el pelo. Esto es algo que un alma puede experimentar gradualmente cuando se encuentra en el llamado camino o sendero del conocimiento.

Estas cosas sólo nos permiten experimentarlas en nuestras propias almas cuando transformamos nuestras almas de tal manera que despertamos los poderes dormidos y verdaderos del conocimiento. Entonces comienza para el alma la capacidad no sólo de sentir compasión hacia otras personas, sino de tener compasión por todo el resto de la naturaleza, y el resto de la naturaleza se vuelve comprensible de un modo maravilloso.

Ahora podríamos decir: ¿Qué obtenemos de la investigación científica espiritual si nosotros mismos no podemos sentir tales cosas? - Es una objeción incorrecta si creemos que la Antroposofía no tiene sentido. Ya cuenta con un relato de hechos anímico-espirituales de gran valor. Cuando tales conocimientos hablan, por ejemplo, de la relación entre el sufrimiento y la alegría de las plantas, entonces tenemos que reflexionar sobre ellos y dejar que actúen en nosotros. A través de nuestra mera reflexión con respecto a este conocimiento atraemos fuerzas contenidas y pronto sentiremos que efectivamente es así, lo que dice la ciencia espiritual. Aprendemos sin embargo a través de saber que cuando miramos en la sabiduría de la naturaleza, el alma de la planta experimenta placer cuando la cogemos. De esto podemos sacar la noción de que podemos pensar lo que va a pasar si la planta hubiera podido experimentar dolor. Piensen que gran parte de los seres de la tierra se nutren a través de las plantas, y que a través de la alimentación de personas y animales el dolor podría extenderse cada vez más por la tierra. No es así, pero el placer y la alegría se extienden sobre la tierra cuando un animal pasta en un prado. Quien tiene conocimiento de esto, siente que corrientes enteras de alegría se tejen sobre la tierra cuando en otoño la hoz corta las briznas de grano. Cuando el animal joven mama la leche de su madre no significa que haya dolor, sino un sentimiento definido de placer. Así nos adentramos en la sabiduría de la naturaleza cuando vamos por la vida de esta manera.

Contra estas cosas nunca se debe volver la espalda: sí, puede parecer más suave bajo las circunstancias cuando se arranca una planta con sus raíces y se vuelve a plantar, en lugar de coger flores. - Ciertamente, pero esto no cambia el hecho de que el desarraigo causa dolor real al alma de la planta. Arrancar deliberadamente las flores puede, naturalmente, desde cierto punto de vista, ser reprendido, pero incluso eso no cambia en nada el hecho de que el alma de la planta experimente placer. Desde distintos puntos de vista se ve diferente. Una persona puede considerar, por ejemplo, desde el punto de vista de la belleza, que arrancarse las primeras canas parece bastante justificado, aunque cause dolor. Algo más nos llama la atención cuando hacemos esta comparación entre arrancar las plantas y arrancar el cabello humano. Empezamos a comprender lo que significa que la ciencia espiritual no considere una sola planta, sino que, por así decirlo, considere el crecimiento de las plantas en toda la Tierra. Al igual que el cabello pertenece a todos los seres humanos, así las plantas y la tierra crean una unidad, y comprendemos y también podemos pensar que, lo que llamamos el "yo" (Ich) en la ciencia espiritual con respecto a una persona, no lo encontramos en una sola planta, sino en el punto central de la tierra. La planta no es en absoluto un ser único, sino que se convierte en parte del gran ser vivo, que existe a partir de muchos seres vivos únicos, pero que tiene su "yo" en el centro de la tierra.

Nadie se atreve a plantear la pregunta: ¿Hay lugar para este "yo" en todas partes? - Ciertamente, porque es espíritu y puede penetrarlo todo. Así, nuestra tierra se convierte en un ser vivo. Así que cada planta se convierte en algo que crece de un gran ser suprasensible y, en la superficie, se convierte en lo que las uñas o el pelo son para el ser humano. Cuando nos tomamos en serio este hecho, ya no discutimos sobre áridos conceptos cerebrales relativos a un planeta físico en el que vivimos, sino que sentimos que no sólo somos seres vivos, sino que estamos vinculados a un gran ser vivo que es nuestro planeta. Aprendemos a tomar conciencia de este ser espiritual y aprendemos que se trata de algo más que una simple comparación, cuando, en la savia que fluye por la planta sucede algo parecido a cuando la sangre recorre el cuerpo humano. Aprendemos a transformar estas cosas en nuestros sentimientos comprendiéndolas espiritualmente.

Cuando tocamos una planta experimentamos lo anímico-espiritual, nos sentimos seguros dentro de lo anímico-espiritual. Gradualmente se hace posible añadir el pensamiento dado en la ciencia espiritual: La tierra ha pasado por diversas metamorfosis. Cuando nos remontamos al pasado más lejano, descubrimos que la tierra tenía un aspecto muy diferente, que, por ejemplo, las masas rocosas tan sólidas que tenemos hoy no existían entonces. Hubo un tiempo en el que la Tierra sólo tenía aire y agua y un cierto grado de calor. Sólo gradualmente la solidez se desarrolló a partir de las condiciones fluidas y suaves. Al contemplar todo este desarrollo, la actividad dentro de todo el desarrollo nos parece de crecimiento y prosperidad. En un momento dado, la Tierra era joven y, con el tiempo, se volverá vieja y deteriorada.

Si aplicamos todas las imaginaciones que relacionamos con nosotros mismos, con la tierra, entonces comprenderemos que durante nuestro desarrollo terrestre se alcanzaron ciertas etapas extraordinariamente importantes. Traeremos tales etapas importantes de nuestro desarrollo terrestre ante nuestras almas cuando contemplemos lo siguiente: Ya desde el crecimiento vegetal de nuestra tierra nos damos cuenta, al considerar la tierra en su conjunto, de que es un ser vivo. Del mismo modo, otros cuerpos celestes son seres vivos que están en cierta relación con nosotros. Observemos nuestro sol y nuestra luna. Consideremos el sol. Todos ustedes saben lo que le debemos al sol. Todos saben que cuando han descansado durante la noche, cuando han estado en un estado de conciencia que ha hecho que el cuerpo astral y el yo (Ich) abandonen los cuerpos físico y etérico, saben que cuando el cuerpo astral y el yo regresan, por así decirlo, esperan todo lo que la tierra le debe al sol. ¿Qué sería de la tierra sin el sol? El sol rodea toda nuestra masa terrestre de calor y luz. Pero tenemos que considerar la actividad de tal cuerpo celeste sobre otro no sólo como meramente sustancial y materialista sino que tenemos que tener claro que este sol no sólo tiene un cuerpo físico flotando en el espacio sino que el sol está habitado por seres espirituales y que en cada rayo de sol no sólo nos llega luz física sino también actividad espiritual.

Siempre ha existido un intercambio espiritual entre el sol y la tierra, pero ha cambiado esencialmente en el curso de la evolución terrestre. Aunque durante muchísimos millones de años no se ha producido ninguna gran diferencia en el intercambio físico entre el sol y la tierra, sí se alcanzó un estadio espiritual y significativo. Se trata de seres elevados, que viven en la luz y el calor del sol y que desde allí trabajan en la tierra, inundándonos de luz y calor.

Un Ser solar, que tuvo hasta un momento determinado su etapa en el sol, que el hombre a través de largos, largos ciclos terrenales sólo pudo observar clarividentemente, este Ser descendió en un momento determinado del sol a la tierra. Esto es algo que nos permite ver en profundidad el desarrollo espiritual: a través del acontecimiento que llamamos el Misterio del Gólgota, o en otras palabras, a través del paso de Cristo por la tierra, el Ser espiritual que había estado hasta ese momento en el sol, se unió con la tierra. Se conectó con la tierra. La división del tiempo terrenal de la humanidad en precristiano y postcristiano tiene su origen en esto: en que este ser vivo, al que llamamos tierra, experimentó mediante este hecho un importante desarrollo a través de la aparición de Cristo en la tierra. Lo que antes sólo se encontraba en el sol, desde entonces se puede encontrar en el cuerpo astral de la tierra. El cuerpo astral de la tierra cambió a través del Misterio del Gólgota: en el mismo momento en que la sangre brotó de las heridas del Redentor, en ese momento el alma de Cristo se sintió unirse con el cuerpo de la tierra.

Para que podamos considerar correctamente la historia del cristianismo, es necesario comprender este hecho. Podemos preguntarnos: ¿cuál fue entonces uno de los acontecimientos más importantes con referencia a la propagación del cristianismo? Cuando uno mira la propagación del cristianismo uno puede decir: en primer lugar más había sido logrado por Pablo que aquellos que eran los compañeros físicos de Cristo Jesús en Palestina; Pablo que no era compañero físico de Cristo Jesús, que incluso había perseguido al Cristo. Pablo no se hizo creyente por compartir la vida y el sufrimiento del Cristo, sino que se hizo guerrero de Cristo por el Acontecimiento de Damasco.

En teología se levanta mucha polvareda sobre el suceso de Damasco. Sin embargo, nadie llega a comprender los sucesos de Damasco si no es a través de la ciencia espiritual. Intentemos armonizar todo esto en pocas palabras, que serán pronunciadas ahora. En el momento en que la conciencia razonadora de Pablo cambió a la conciencia superior, ¿qué vio? Vio en ese momento a este espíritu en el mundo astral, que se había convertido en el espíritu de la tierra; vio al Cristo viviente, que desde el Acontecimiento del Gólgota se había unido con la tierra. Uno bien puede preguntar: ¿qué era esta luz que él vio, que la gente no podía ver antes? - Pablo aprendió a conocer a Cristo desde el momento en que Cristo se unió a la tierra. Así podemos señalar este momento importante de la tierra diciendo: la tierra se preparó para esto, para convertirse en un cuerpo digno para el Espíritu de Cristo y mientras la tierra se preparaba para la unión de sí misma y el Espíritu de Cristo, durante este tiempo el Espíritu de Cristo trabajó en ella. Cristo dijo según el Evangelio de San Juan: "Quien come mi pan, me pisa con sus pies". Las personas que caminan sobre la tierra pisan la tierra con sus pies. "Quien come mi pan, me pisa con los pies" es una expresión del misterio que encierra esta importante etapa del desarrollo terrenal.

¡Cuán infinitamente profundo se vuelve esto con la inauguración de la Comunión con esto en mente, que la tierra se convirtió desde entonces en el cuerpo de Cristo! Cuán significativo se vuelve esto con referencia a las palabras: "Esto es mi cuerpo" y lo que fluye a través de las plantas: "Esta es mi sangre". Aprendemos a tomar al pie de la letra lo que sólo nos atrevíamos a pronunciar con palabras. Así llegamos, cuando consideramos la tierra como viva, como un ser vivo que madura gradualmente, al momento justo, listo para la aceptación del alma de Cristo.

Así que desde todos los lados parece que nos encontramos con el planeta físico como espiritual; parece penetrado por el espíritu. Entonces aprendemos a comprender las conexiones entre aquello con lo que nos encontramos a diario y lo suprasensible. Cuando dirigimos nuestra atención del reino vegetal al reino de la piedra, entonces no aparecerá a través de la conciencia clarividente que infligimos dolor cuando aplastamos una piedra hasta convertirla en polvo; por el contrario, cuando una piedra se convierte en polvo, lo que podríamos llamar el alma de la piedra, experimenta placer y alegría. Los que tienen la clarividencia saben que al aplastar el mundo de piedra, la alegría brota de la roca. Cuando, por ejemplo, se disuelve sal en un vaso de agua, el placer se extiende por el agua al separarse las partículas de sal. Ocurre lo contrario cuando, por enfriamiento, la solución de sal se cristaliza; por la aglomeración de las partículas de piedra se produce el dolor. Volvemos a profundizar en la forma en que nos hablan los Iniciados, cuando quieren decir a la humanidad algo así.

Estas cosas no se dicen simplemente. Debemos repasarlas espiritualmente para llegar a comprender los grandes documentos religiosos. Ya se ha dicho que originalmente no existía ningún reino de roca dura, que la tierra era fluida. Su solidez llegó a existir por la acumulación de elementos y por el endurecimiento. ¿Qué deben el hombre y el animal a la condensación de la tierra? ¿Seguramente para que el hombre y el animal puedan vivir en el estado actual? Sin suelo sólido y tierra la tierra no podría ofrecer una base para el hombre y el animal. Ahora trae esta imaginación a nuestras almas como historia espiritual real. Esto apenas se entiende cuando sólo se considera con la mente de un físico. Sólo cuando nosotros, con nuestros corazones y mentes, exploramos el nacimiento de la tierra, entonces podemos ser conscientes de lo que hay en el reino de piedra, que los procesos del alma están en juego, mientras que la tierra se solidifica. El dolor y el sufrimiento estaban implicados - a través de esto, el hombre y el animal deben la posibilidad de vivir en la tierra.

Estos son los hechos que están en la base de las palabras de Pablo después de su Iniciación y percepción en estas cosas: "Todas las criaturas sufren y suspiran bajo la solidificación gradual, todas las criaturas suspiran y esperan la espiritualización". Él apunta con estas profundas palabras a lo más íntimo, al alma de los seres terrenales. Ahora podemos poner alma a todo, mirando a través de los ojos de la ciencia espiritual, y sólo vislumbrando el alma y el espíritu en todo, encontraremos gradualmente que el mundo que nos rodea se hace cada vez más comprensible. Llegaremos a comprender que el mundo que nos rodea, como en la fisonomía, es la expresión exterior de una vida interior. Entonces aprenderemos a comprender que el mundo se ve exactamente como se le aparece a la gente. Además, aprenderemos a comprender que detrás de todo lo físico está lo espiritual anímico, que tiene que ser el origen de todo lo físico, y cuando los investigadores espirituales nos llevan atrás, nos muestran cómo, en un pasado muy, muy lejano, todo se desarrolló gradualmente a partir de lo espiritual. El ser humano descendió gradualmente del mundo espiritual al físico, y no debemos imaginar este descenso como algo tan materialista como se suele hacer hoy en día, sino preguntarnos: ¿de dónde procede este mundo material real que nos rodea, que se extiende cada vez más a nuestro alrededor?

Durante algún tiempo, la humanidad permaneció completamente espiritual, inmersa en lo espiritual anímico. La humanidad se desarrolló sólo gradualmente a partir de lo anímico-espiritual. Si echamos una mirada retrospectiva a un tiempo relativamente corto -cuando los reinos del tiempo eran largos, pero para el investigador espiritual son cortos de nombrar- encontramos que nuestra tierra no aparecía como lo hace hoy, que su semblante ha cambiado completamente, sobre todo a través del evento del Diluvio, que en la ciencia espiritual recibe el nombre de Diluvio Atlante. Bajo este diluvio atlante podemos considerar que a través de la actividad del aire y del agua la faz de la tierra fue completamente transformada. Anteriormente la gente vivía en un área de la tierra donde hoy se encuentra el Océano Atlántico. Existía tierra y allí nuestras almas vivieron realmente en encarnaciones anteriores en cuerpos atlantes. Si miramos espiritualmente científicamente a esta gente al principio de este tiempo Atlante, ellos aparecen bastante diferentes a nuestras almas de hoy. Aparecen en los primeros tiempos atlantes como si percibieran todo de una manera diferente a la posterior. Hoy, cuando uno de nosotros, durante las horas de vigilia mira a su alrededor, percibe los objetos en color y luz. Cuando por la noche, los cuerpos físico y etérico se liberan de los cuerpos del yo y del astral, este mundo desaparece. A esto lo llamamos inconsciencia.

En los primeros tiempos atlantes esto no era así, no había inconsciencia extendiéndose alrededor del hombre cuando éste pasaba a otro estado durante la noche. En ese momento surgía todo lo que es anímico-espiritual del mundo físico. El hombre había visto flores, por ejemplo, antes de dormirse. En el sueño percibía lo que era anímico-espiritual en la flor, en el mundo de lo anímico-espiritual. Por otra parte, lo que hoy llamamos físico, los objetos exteriores, no estaban tan nítidamente separados como hoy, sino que el hombre los veía como entre brumas y rodeados de bordes de color. Así pues, vemos cómo el alma también fue cambiando gradualmente su forma de ver las cosas. Y si retrocedemos aún más, veremos que el alma sólo veía cosas espirituales, porque lo físico aún no se había condensado a partir de lo espiritual.

Ahora bien, un punto importante en el desarrollo del hombre estaba, por así decirlo, reservado para él en nuestra tierra, y ese punto se encontraba precisamente en la mitad del desarrollo atlante. En medio del desarrollo atlante, si no hubiera ocurrido antes un determinado acontecimiento, los hombres no habrían dejado de ver el mundo espiritual con su conciencia nocturna. Si un cierto acontecimiento no hubiera ocurrido, los hombres en medio del período atlante, por ejemplo, no habrían visto cualquier objeto, una flor, amarilla, sino que se les habría aparecido el espíritu de la planta. El hecho de que esto ocurriera de manera diferente se debe a que el hombre ya se había dejado influenciar por Lucifer y sus huestes. Habría sido inconsciente, por así decirlo, del mundo físico exterior; le habría parecido transparente. Habría visto el mundo espiritual por todas partes detrás del mundo físico. 

¿Qué ocurrió cuando el mundo físico no se extendió sobre el mundo espiritual como una cubierta de cristal transparente, sino que se volvió opaco? Como el mundo espiritual estaba cubierto, existía la posibilidad de que se ejerciera otra influencia, la influencia de Ahrimán o, como lo llama Goethe, Mefistófeles. A través de ella pudo penetrar ese espíritu que se llama ahrimánico, de modo que en cierto momento se instalaron el error y la ilusión. Eso que llamamos Maya, ilusión, pudo mezclarse en la concepción del mundo. Así, detrás de todo lo que hay en el mundo físico está lo que la Biblia llama el príncipe de este mundo. Su influencia se mezcla en todas partes.  Sin esta influencia la materia parecería transparente y mostraría detrás de ella lo espiritual. 

Pero ahora, debido a todos estos procesos, se ha producido un tremendo cambio para el hombre, también interior, anímicamente. Si observamos al hombre tal como se ha desarrollado en la tierra, vemos cómo en un determinado momento se afirmó la influencia luciférica, en otro momento la influencia ahrimánica.

Si miramos atrás, a la época en que el hombre era aún espiritual, cuando la solidez aún no había cristalizado, veremos cómo las fuerzas de la naturaleza y la humanidad aún no estaban tan separadas como lo están hoy. En aquella época aún estaban mucho más cerca unas de otras, cuando la tierra aún estaba entremezclada con elementos acuosos.

Cuando la tierra aún era más blanda y el hombre aún más espiritual, el pensamiento y el sentimiento humanos aún influían en las fuerzas de la naturaleza. Si nos remontamos más allá del período atlante, encontramos: Desde que la voluntad humana se hizo maligna, tuvo una influencia muy definida sobre el fuego, y una gran parte de la tierra pereció una vez porque los hombres desarrollaron instintos malignos a través de la influencia luciférica, a la que el hombre en otros aspectos debe su libertad e independencia. Así, lo que llamamos las fuerzas de la naturaleza estaban conectadas con los sentimientos del hombre en el período atlante. 

Pero sucedió que después de que los hombres se independizaron, por así decirlo, a través de la influencia luciférica, se vieron privados de la posibilidad de influir en las fuerzas de la naturaleza por medio de su voluntad. La influencia del hombre sobre las fuerzas de la naturaleza se retiró gradualmente. Esto se produjo a la par que el mundo espiritual quedaba velado para el hombre por la influencia de Ahriman,. Si el hombre todavía pudiera ver el mundo espiritual, todavía tendría influencia sobre las fuerzas de la naturaleza. Esta influencia le fue arrebatada al individuo, pero no a la humanidad en su conjunto. El ser humano individual tiene muy poca influencia directa sobre las fuerzas de la naturaleza, pero toda la humanidad en su conjunto sí la tiene, y si miramos a toda la humanidad, veremos que además del karma del individuo, debe haber un karma de toda la tierra, de toda la humanidad de la tierra. 

Esto es consecuencia del hecho de que una vez hubo influencia luciférica y otra vez ahrimánica. Pues este ser, al que llamamos Ahrimán, está en una misteriosa conexión con los poderes ardientes de la tierra, que se han retirado de la influencia directa del ser humano individual. Estos poderes ardientes de la tierra son un elemento vital de los espíritus ahrimánicos, y a través de la influencia de Ahrimán el karma total de toda la raza humana está en cierto modo conectado con el karma de Ahrimán. Cuando se producen ciertas actitudes y acontecimientos espirituales en la evolución de la humanidad, entonces a su vez, se hace evidente la conexión entre el hombre y Ahrimán, y lo que el hombre mismo pudo hacer en tiempos pasados, para ejercer una influencia sobre los acontecimientos naturales, lo hacen ahora Ahrimán y sus compañeros espirituales. 

Siempre que Ahrimán se agita, no indica otra cosa que algo ha estado sucediendo en la historia de la humanidad que ha atraído a Ahrimán, que lo ha llevado a la agitación y a la furia. 

Algo está ocurriendo en el alma de los hombres, está ocurriendo, por ejemplo, que una gran parte de los hombres está cayendo en el materialismo. Esto hace que Ahrimán pueda agitarse en su elemento, tener un elemento de vida, pues prefiere el materialismo humano a que los hombres se espiritualicen. Ahriman provoca tormentas, erupciones volcánicas y terremotos.  Aquí de nuevo tenemos algo donde vemos como la naturaleza y el espíritu están conectados. No hay nada en la tierra que no esté conectado con el espíritu. Nuestra alma, con sus buenas y malas acciones, está conectada con lo que sucede en la tierra. Cuando la tierra se revuelve en terremotos, nunca debemos decir que depende del karma de los individuos, sino que es el karma de toda la humanidad. 

Cada uno puede golpear su propio corazón y decir: "También es mi karma individual, el individuo tenía que perecer aquí porque precisamente aquí tenía que abrirse la válvula de la tierra. En el futuro se le compensará por ello. - Una visión materialista del mundo dirá que esto es supersticioso, pero quien lo diga no sabe cuán infantilmente está hablando. Así como ninguna flor crece sin una causa espiritual, sin ser una expresión del espíritu y del alma, ningún terremoto, ninguna erupción volcánica carece de una causa espiritual. Si, como he dicho, consideramos el karma, entonces se aplica a toda la vida humana.

Sólo entonces, si no ponemos en movimiento la enseñanza científico-espiritual, aparece fría y calculada sólo para el intelecto. Pero si permitimos que penetre en nuestros sentimientos, nuestras actitudes y nuestras sensaciones, entonces veremos la tierra como un ser animado, saturado y espiritualizado, veremos que seres espirituales de las más variadas clases están conectados con este cuerpo terrenal, que tuvo lugar un acontecimiento importante, cuyo efecto no ha hecho más que comenzar: la aparición del Cristo en la tierra. Sólo a través de Cristo se disipan las consecuencias del poder de Ahrimán. A través de la penetración del espíritu de Cristo en los corazones humanos, lo que se extiende en la tierra como el espíritu de la humanidad en su conjunto, será capaz de conducir a la tierra, incluso en sus elementos naturales, a la paz y la armonía. 

Cuando todos los corazones humanos experimenten el Espíritu Crístico en un sentido verdadero, entonces el poder que fluirá de él será tan fuerte que calmará el fuego y el agua. Entonces el Espíritu Crístico creará paz y armonía en los elementos de la naturaleza, y la tierra misma será una expresión del Espíritu. El cuerpo terrestre, que es un ser vivo, se volverá apacible y suave para ascender con el espíritu humano y el alma humana a su espiritualización. La tierra ascenderá a una elevada existencia espiritual. Esto puede considerarse un ideal elevado y lejano, pero podemos penetrar en él en todo momento.  No se pierde ni un instante para el desarrollo de la humanidad que se aprovecha de tal manera que las personas penetran en sí mismas con el conocimiento y los impulsos volitivos de lo espiritual. 

Traducido por J.Luelmo ago,2023