CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA057 Berlín, 12 de noviembre de 1908 La biblia y la sabiduría, parte 1

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    RUDOLF STEINER. 


LA BIBLIA Y LA SABIDURÍA, PARTE 1

 Berlín, 12 de noviembre de 1908

cuarta conferencia

No hay en nuestra cultura, ciertamente, ningún documento que haya intervenido tan profunda e intensamente en toda la vida espiritual como la Biblia. Habría que escribir una historia, no de siglos, sino de milenios si se quisiera describir el efecto de la Biblia en la humanidad. Si uno quisiera abstenerse por completo de la influencia de este documento en la corriente dominante, aún encontraría algo inconmensurable en la Biblia respecto a la influencia y los profundos efectos en el alma humana. Ciertamente, se puede decir que sólo nuestro tiempo moderno presenta excepcionalmente muchas cosas, porque se podría demostrar que hoy en día no sólo aquellos que se mantienen en el terreno de la Biblia están profundamente influenciados por este documento humano, sino que también aquellos que se han alejado de la Biblia están sujetos a su influencia. En efecto, la Biblia no es un documento mas, -aunque lo sea en la medida más particular-, porque llena el alma con una suma de imágenes sobre el mundo y la vida proporcionándole al alma una visión del mundo, sino que la Biblia fue, durante milenios, un enorme medio de educación de las almas.

Ha significado algo no sólo para la imaginación, e incluso hoy en día significa algo para ella, pero es quizá más importante y más esencial lo que debemos considerar como un efecto sobre la vida emocional, sobre las formas de pensar. Allí debemos admitir a menudo hoy que la Biblia sólo desarrolló las emociones, las sensaciones de los que se oponen a la Biblia.

Pero quien mire sólo un poco la vida espiritual de la humanidad, en particular la de nuestra humanidad occidental y la que está relacionada con ella, notará cuán inmensa inversión se ha producido en cuanto a la posición de la humanidad, o al menos, de una gran parte de la humanidad ante la Biblia.

Aquellos que se mantienen firmes en el terreno de la Biblia hoy en día podrían tal vez no reflexionar demasiado sobre aquello hacia lo que se señala con ella. Podrían decir, aunque haya algunas personas que se distancian de la Biblia afirmando que la Biblia ya no puede ser para la humanidad lo que fue durante milenios, presumiblemente es sólo un fenómeno temporal. Creemos en la Biblia; digan lo que digan los señores que creen apoyarse en el terreno de la ciencia, les puede parecer fantástico, ¡nosotros nos apoyamos en la Biblia! Este juicio es muy común entre ciertas personalidades. Pues alguien que todavía puede tomar de la Biblia la felicidad, la certeza y la fuerza de su alma, no puede poner en la balanza lo suficiente según su carácter contra esos fenómenos que existen a su alrededor como crítica y rechazo de la Biblia.

Sin embargo, tal juicio sería bastante descuidado. Sería incluso egoísta en cierto modo, porque el ser humano, si emite tal juicio, se está diciendo a sí mismo: la Biblia me proporciona esto o aquello, me tiene sin cuidado, si les proporciona lo mismo a otros seres humanos. Un ser humano así no presta atención al hecho de que la humanidad es un todo. Lo que cada ser humano experimenta, piensa y siente fluye primero hacia toda la humanidad y se convierte en propiedad común.

Quien diga: no quiero oír lo que dicen hoy los críticos y los eruditos sobre la Biblia, no me importa, dicha persona juzga sólo para sí misma. Y no se plantea si también sus descendientes, si los seres humanos que le sigan pueden tener la oportunidad de obtener tal satisfacción de este documento, o si por el contrario la crítica y la ciencia están a punto de arrebatárselo a la humanidad. El poder de las autoridades que están involucradas en la vida de este documento es grande y fuerte. Cuando se quiere partir sólo desde el punto de vista justamente caracterizado de la fe ingenua, de la fe impertérrita, significa, en realidad, actuar ciegamente ante lo que le viene. Hoy hay que escuchar lo que puede representar un shock hacia el respeto y el sentido de este documento humano con nuestros semejantes. El shock, los cambios radicales que tuvieron lugar en el curso de los últimos siglos con referencia a este documento son enormes.

Hace sólo unos siglos, se consideraba que la Biblia era algo que gozaba de autoridad incondicional; se la consideraba una obra escrita de origen divino superior. Esta creencia, esta suposición, se ha tambaleado desde hace mucho tiempo y se tambalea cada vez más por razones cada vez nuevas. En primer lugar, no fue nuestra ciencia moderna, ni la ciencia natural contemporánea, la que se volvió contra la antigua visión de la Biblia. Fue hace más de cien años cuando el hábito de pensamiento más materialista se volvió, -podemos usar la expresión, pues la hemos explicado aquí a menudo-, a mirar la Biblia desde un punto de vista puramente externo. Hablemos primero de la parte de la Biblia que llamamos Antiguo Testamento. Al igual que el Nuevo Testamento, fue considerado a lo largo de los siglos como una inspiración de poderes superiores. Se consideraba que había sido escrito por una conciencia que podía elevarse a una esfera de verdad a la que la conciencia sensorial no podía llegar. Eso fue lo primero que hizo tambalear la creencia de que la Biblia había sido escrita por una conciencia humana superior, de que tenía una autoridad distinta a la de cualquier escritor humano. La otra es que uno se dice: si se lee la Biblia, resulta que no es un documento unificado. Suponemos, dijo un médico francés en el siglo XVIII, que los hombres han estado bajo la influencia de los mundos espirituales, y así es como se escribieron los capítulos que llamamos la historia de la creación de Moisés. Pero ahora leemos el relato de la creación. En dicho relato encontramos que algunas partes concretas no encajan entre sí. Encontramos que hay contradicciones de estilo pero también de hechos. Por lo tanto, debemos suponer que no fue un solo escritor, ya sea Moisés o cualquier otro, quien redactó este documento, pues quien hubiera podido describir las circunstancias una tras otra como una sola personalidad no habría introducido las contradicciones internas en el asunto.

Sólo puedo esbozar todas estas contradicciones en espíritu. Los documentos antiguos deben haber sido tomados de diferentes fuentes y combinados por varios escritores. Esta es la primera objeción, por así decirlo, que se dirige contra la Biblia.

Ahora, dejando de lado la forma en que sucedieron las cosas, caractericemos el espíritu de este tipo de oposición respecto al origen espiritual de la Biblia. Desde el comienzo se ve cómo la creación se desenvuelve en poderosas y sobrecogedoras imágenes. En ella se relata el llamado trabajo de seis a siete días. El documento prosigue contando cómo surgió el hombre dentro de esta creación, cómo entró en pecado, cómo fue formado de generación en generación. Aquí se advierte que en las primeras partes, en los primeros versículos, se elige una designación diferente para referirse a las potencias divinas, para Dios, que a partir del cuarto versículo del segundo capítulo. Allí se ve que estas dos designaciones, la designación de lo divino como los Elohim y la designación de lo divino como Yahvé o Jehová, en realidad se alternan. Entonces uno debe preguntarse: ¿Debería un único escritor haberse referido a lo divino con dos nombres diferentes? ¿De dónde puede provenir esto? Se suele aducir que la persona o personas que compilaron el documento final, encontraron tradiciones antiguas o documentos antiguos que juntaron y así formaron un todo.

Una parte puede haber provenido de una tribu, otra de otra tribu, y fueron acoplados juntos. Esto es, por así decirlo, lo único que se afirma. A partir de ahí, uno se da cuenta, yendo cada vez más lejos, de que surgen contradicciones internas similares y de otro tipo. Así que se llegó cada vez más a descomponer los documentos originales. Y si alguien hoy pretendiera compilar una Biblia, tal como se hizo, a partir de los diversos fragmentos y pedazos de los que finalmente se cree que debe estar compuesta, si alguien imprimiera en letras azules todo lo que se cuenta como un documento, en rojo lo que se cuenta como otro, en verde lo que se cuenta como un tercero y así sucesivamente, entonces se armaría un extraño documento. Pero ya ha surgido: ¡la Biblia Arco Iris!

El antiguo y venerable documento está ahí, se diría que, como en retazos individuales de los que se supone que está compuesto y a partir de los cuales se supone que ha sido ensamblado. Se trata, por supuesto, de un documento que uno cree poder probar que no procede de Moisés, sino incluso en épocas relativamente tardías de tal o cual colegio sacerdotal, mientras que los informes del antiguo desarrollo griego se compilan a partir de leyendas y mitos recogidos de aquí y de allá, de opiniones religiosas sacerdotales de tal o cual escuela. Resultando que lo que ha surgido de este modo, (las sagas y mitos griegos), en su conjunto no puede considerarse como algo que pueda asomarse a los mundos espirituales como una elevación de la conciencia espiritual, ni que haya sido traído a la historia a través de tal elevación del alma humana.

Ahora bien, que nadie crea que estas dos conferencias, que tengo que dar hoy y el sábado, pretenden de alguna manera menospreciar la diligencia y el esmero del trabajo que se acaba de esbozar. Aquellos que saben las cosas que han servido como ayudas espirituales para desmenuzar la Biblia y explicarla como pequeños trozos, pueden ver la diligencia y el vigor y la habilidad investigadora en todo el trabajo. Estas cosas se muestran a quien las comprende como la cosa más poderosa que tal vez se haya hecho en la ciencia. Nada parecido se puede encontrar con respecto a lo formal, ni con respecto al fervor investigador. Si ahora observamos más de cerca lo que se ha conseguido como resultado de este trabajo de investigación por parte de los teólogos modernos, es decir, precisamente por parte de aquellos que, en virtud de su profesión, creen firmemente que pisan el terreno del cristianismo, debemos decirnos: debe conducir a una relación con la Biblia completamente distinta de la que se ha mantenido durante siglos. Si esta investigación da sus frutos, la Biblia ya no podrá ser. Se necesitaría mucho para justificar la Biblia en detalle, pero la Biblia ya no podría ser el documento que consuela y eleva al hombre en los asuntos más tristes de la vida.

Hay algo más también, a saber, que para muchas personas que han mirado a su alrededor en el campo de la investigación científica, que han mirado a su alrededor en la geología, en la historia del desarrollo de la vida vegetal, animal y humana, que han mirado a su alrededor en la historia cultural, en la antropología y así sucesivamente, apenas queda ninguna posibilidad de que estas personas reflexionen sobre lo que leen en la Biblia. También debemos ser justos a este respecto y no quedarnos simplemente en el terreno de la fe ingenua y decir lo que no tiene sentido. Suelen ser los más concienzudos en su sentido de la verdad, en su sed de conocimiento, los que se dicen a sí mismos: Cuando veo, a través de investigaciones que pisan terreno seguro, cómo se ha desarrollado la tierra a través de los períodos geológicos, cómo tenemos ciertas hipótesis al respecto, cómo la astronomía muestra cómo la tierra se ha desarrollado a partir de una niebla de temperatura superior hasta la forma actual, cómo lo inanimado se ha desarrollado a partir de ella y de lo inanimado la entidad viviente, cómo gradualmente todo se ha desarrollado desde lo simple hasta lo más complejo, el ser humano, cuando vemos lo que muestra la geología, los enormes períodos de tiempo que fueron necesarios para preservar la tierra en una época en la que aún no había producido anfibios ni mamíferos, cuando contemplamos todo esto y dejamos que nos afecte, -como nos dicen numerosas personalidades-, ¿Qué hemos de hacer cuando la Biblia nos dice que el mundo fue creado en seis o siete días? Ni la creación en seis o siete días ni ninguna otra cosa puede hacer nada por nosotros. ¿Qué podemos pensar del Diluvio, de la milagrosa salvación de Noé, cuando leemos que Noé metió tantos animales en el arca, etc.? - Así es como algunas personas dotadas de dignidad y de un serio sentido de la verdad defienden con vigor esa aguda e incisiva oposición a la Biblia que surge del punto de vista científico actual, en la medida en que pretende expandirse hacia una cosmovisión. Todo esto está presente en nuestra cosmovisión. No podemos negar todo esto.

Pero ahora surge la pregunta: ¿Se han tenido realmente en cuenta todas las cosas que hay que considerar en relación con la Biblia cuando se afirma el primer punto de vista histórico o el segundo científico? Aquí hay que decir que en relación con la Biblia hoy ya existe un tercer punto de vista, un punto de vista que se desarrolla a partir de ese verdadero método de investigación y forma humana de ver las cosas que se caracteriza en estas conferencias como espiritual-científico o antroposófico. De este punto de vista en relación con la Biblia tenemos que ocuparnos hoy y pasado mañana. ¿Qué es este punto de vista? Se suele decir hoy que el hombre no debe confiar en una autoridad externa, que debe acercarse al mundo y a la vida sin presuposiciones e investigar la verdad. Creemos que estamos realmente ante la Biblia cuando adoptamos tal punto de vista. ¿Realmente se acierta con la Biblia? Lo que el punto de vista espiritual-científico o antroposófico tiene que ver con la Biblia se puede comparar ciertamente con algo que ocurrió hace unos siglos en relación con otra cosa, aunque de menor importancia para la humanidad. Nos resultará más fácil comprender el punto de vista espiritual-científico de la Biblia si hacemos una comparación con el trastorno en la visión de la tierra.

Aquí vemos toda la Edad Media, en todas las escuelas, inferiores y superiores, lo que se ha enseñado con respecto a la naturaleza externa, vemos esta lucha en los escritos antiguos, de hecho en los escritos de una gran y poderosa personalidad, el antiguo filósofo griego y científico natural Aristóteles. Por lo tanto, si ustedes pudieran retroceder conmigo a los lugares de la vida intelectual de los tiempos más antiguos, encontrarían que lo que se presentaba en las escuelas y centros de aprendizaje no era lo que se encontraba en los laboratorios, sino lo que se imprimía con la autoridad de los libros de Aristóteles. Aristóteles es la biblia de la ciencia natural. Y dondequiera que la gente hablaba de ello, sólo explicaban lo que Aristóteles ya había dicho sobre las cosas. Ahora llegaba el momento en que un nuevo amanecer se abría paso con respecto a lo nuevo y lo último desde Copérnico, Kepler y Galileo y todos los demás hasta nuestros días. ¿Cuál era el origen de este amanecer? Mientras que antes se había tomado a Aristóteles como punto de partida fijo y se había hablado de la naturaleza tal como él lo había hecho, Copérnico, Kepler y Galileo aplicaron ahora su propio sentido de la observación y la investigación. Ellos mismos se asomaron a la naturaleza e investigaron lo que la vida podía mostrarles. Querían describir y explicar la naturaleza según lo que habían visto por sí mismos. Esto les llevó a entrar en conflicto con las enseñanzas de los estrictos creyentes en Aristóteles.

Eso es algo más que una mera anécdota, eso describe la verdad profunda de un proceso que tuvo lugar en aquella época en la que se dice que a un partidario de Aristóteles se le pidió que echara un vistazo al propio cuerpo humano para ver que no es correcto que los nervios partan del corazón, sino que parten del cerebro. Entonces el partidario de Aristóteles fue persuadido a echar un vistazo. Pero entonces dijo: Cuando miro esto, parece que la naturaleza contradiría a Aristóteles. Pero si la naturaleza contradice a Aristóteles, entonces no creo a la naturaleza, sino a Aristóteles. Esta era la posición de la ciencia natural frente a la tradición. El punto de vista del investigador y vidente era rechazado frente a lo que se había propagado y repetido como tradición a lo largo de los siglos. Cuando leemos los escritos de Giordano Bruno, vemos la oposición a Aristóteles del nuevo espíritu, que dice y explica lo que el hombre mismo debe ver.

Hoy tenemos una actitud diferente ante todo esto. Tenemos una actitud diferente hacia la observación científica directa y también hacia Aristóteles. Sabemos que gran parte de lo que se leía de él en la Edad Media no era más que una interpretación mal entendida. En el espíritu de su época, un científico que miraba directamente a la naturaleza y reproducía lo que veía decía: "Si entendemos correctamente a Aristóteles, podremos responder a lo que dice. Entonces ya no nos parecerá que está en desacuerdo con la observación científica directa, como parecía en su momento. Entonces podremos volver a ser sus admiradores. Porque incluso el hecho de que los nervios se originen en el corazón en lugar de en el cerebro demuestra que él quería decir algo muy diferente, es decir, algo que sigue siendo correcto incluso para nuestro tiempo.

La investigación espiritual, o más bien la investigación científico-espiritual, tiene una actitud muy similar no sólo hacia estos documentos, sino también hacia el documento occidental original, la Biblia. Lo que tuvo lugar en el siglo XVI y desde entonces en relación con la observación e investigación de la naturaleza externa está teniendo lugar de nuevo hoy en relación con la investigación de los fundamentos espirituales del mundo. Desde el espíritu de esa investigación que se ha caracterizado en las tres últimas conferencias, la humanidad está de nuevo tratando de penetrar en esos mundos que no son perceptibles a los sentidos externos, pero que son perceptibles a los sentidos más desarrollados del hombre, a los sentidos espirituales del hombre, a través de los cuales podemos ver en el mundo espiritual del mismo modo que podemos ver en el mundo físico a través de los sentidos físicos.

No es necesario profundizar más aquí, porque ya se ha dicho varias veces que el hombre es capaz de desarrollar en sí mismo los poderes para percibir no sólo las cosas sensoriales, sino que puede percibir un mundo espiritual, tanto entre las cosas sensoriales como detrás de ellas, un mundo espiritual que es mucho más real que el mundo sensorial. Hubo una buena razón por la que la humanidad olvidara el método de investigación espiritual durante un tiempo. Los grandes avances, las grandes conquistas en el mundo físico se hicieron perfeccionando los instrumentos como fue el caso en el siglo pasado. Pero cuando una cosa en la naturaleza humana aumenta, otras facultades retroceden a un segundo plano. Así vemos como en el último siglo han florecido los métodos científicos para el mundo físico externo de los hechos. Nunca se han encontrado más instrumentos en la maravillosa forma de espiar los secretos de la naturaleza e investigar sus leyes. Las facultades relacionadas con esto se han ampliado y refinado enormemente, pero las facultades por las que el hombre puede ver en el mundo espiritual han retrocedido. Por eso no es de extrañar que el hombre haya llegado a creer que todo es material, y que lo material debe estar ahí materialmente, a partir de lo cual también se nos puede explicar lo espiritual.

Pero en la actualidad nos encontramos ante los albores de una época en la que la humanidad vuelve a darse cuenta de que existen otros instrumentos y herramientas distintos a los del laboratorio físico y fisiológico, donde tan excelentemente se utilizan. Sin embargo, estamos tratando con un instrumento que es muy diferente de los demás. Estamos tratando con el instrumento básico y primigenio que podemos ver en el hombre mismo. Es el ser humano al cual llegaremos a conocer en el transcurso del invierno a través de los métodos de concentración y meditación. Estos son otros métodos que el hombre puede aplicar a su alma y a través de los cuales llega a ver el entorno de una manera completamente diferente a como lo ha visto antes. Puede llegar al punto de decirse a sí mismo: Soy como un ciego que ha sido operado y que antes podía negar los colores y la luz del mundo. Pero ahora le ha llegado el momento en que puede ver por sí mismo. Ahora puede ver que hay algo más entre lo que perciben los sentidos y el intelecto. Ahora ve en las cosas espirituales; ahora sabe, no hipotéticamente, no a través de filosofías especulativas, sino como sensualmente, que lo material es sólo como una condensación de lo espiritual, que lo que vemos con los sentidos se relaciona con lo espiritual detrás de él de la misma manera que el hielo se relaciona con el agua. El agua es líquida, el hielo es sólido, y quien no pudiera ver el agua pero sí el hielo diría: No hay nada alrededor del hielo. Así que el que sólo puede ver con sus sentidos dice que no hay nada en un amplio radio salvo procesos sensoriales, nada salvo acontecimientos sensoriales.

Pero nosotros debemos penetrar en este reino suprasensible, en este acontecer suprasensible, para entonces poder reconocer y explicar también lo espiritual. Quien no haya desarrollado oídos ni ojos espirituales no ve en el mundo entero más que una condensación como el hielo en el agua, y la sustancia primordial, lo espiritual, en la que lo sensorial sólo está incrustado, no se le aparece. Cuando el geólogo nos muestra la posición de un ser humano que podría sentarse en una silla en el mundo y ver cómo se ha desarrollado el mundo: La visión sensorial externa sería tal como la ciencia natural la describe. La ciencia espiritual no tiene nada que objetar a lo que la ciencia natural tiene que decir en sentido positivo. Pero se hace evidente para aquellos que están correctamente informados sobre la ciencia natural que lo espiritual estaba allí antes de la primera aparición de lo físico. Esto muestra cómo el progreso sólo fue posible porque intervino lo espiritual, y que el espíritu es el más implicado en el desarrollo.

Por lo tanto, esta corriente de cosmovisión espiritual nos señala que es posible que el hombre se convierta en un instrumento para la investigación de los fundamentos importantes del mundo, y así nuestra visión llega finalmente a investigar las causas primigenias espirituales y los comienzos dentro de nosotros mismos. Así son, independientemente de cualquier documento. En primer lugar, la ciencia espiritual dice: No comenzamos nuestra investigación con un documento. Ni investigamos el mundo espiritual como lo hizo Aristóteles. Nos situamos así: Lo que ustedes aprenden como geometría escolar ordinaria, la geometría de Euclides, fue escrita en sus comienzos por Euclides, el gran matemático. Podemos tomar el documento hoy e interpretarlo históricamente. Pero, ¿Quién aprende hoy geometría en la escuela sigue aprendiendo según el libro elemental de Euclides? Se adivina, se aprende y se reconoce a partir de las cosas mismas. Por ejemplo, se construye un triángulo en la mente, y luego las leyes internas revelan las razones. Entonces pueden acercarse a Euclides con lo que así han obtenido de sí mismos y reconocer hasta qué punto lo que Euclides registró en su libro ya se ha logrado. Así el científico espiritual investiga a través de sus órganos, independientemente de los libros, cómo se desarrolla el mundo. Y así encuentra el desarrollo del mundo, de la tierra y del tiempo antes de que la tierra cristalizara. Investiga los procesos espirituales y encuentra cómo nuestro espíritu comienza en un determinado punto de la existencia; muestra cómo el hombre fue el primero en aparecer y no se desarrolló a partir de criaturas inferiores, sino como descendiente de seres espirituales que estuvieron allí primero.

Podemos remontarnos a épocas anteriores, cuando las causas espirituales primigenias aún estaban presentes. Allí encontramos al ser humano vinculado a estos procesos espirituales, y sólo más tarde se desarrollan las criaturas inferiores además del ser humano, del mismo modo que ciertas cosas permanecen atrás y otras se desarrollan en el curso de la evolución. Lo inferior se ha ramificado de lo superior, ha partido. El investigador espiritual sabe que los órganos pueden desarrollarse por métodos que el investigador espiritual es capaz de mostrar.

Así que la investigación espiritual enseña el desarrollo del mundo y el devenir según leyes que son independientes de todo documento, sólo a partir de sus propias leyes, igual que el aprendizaje actual de las matemáticas no está ligado a cómo se han desarrollado en el curso de la historia.

Y así como el investigador ha adquirido conocimientos a partir de esta sabiduría, así se acerca a la Biblia, así mira ahora la Biblia. Y ahora podemos ver por qué hay contradicciones en la Biblia, tanto desde el punto de vista de la investigación bíblica histórico-crítica como desde el punto de vista de la investigación científica. Ambos puntos de vista provienen de un único gran error, que surgió del hecho de que generalmente se creía que las verdades de la Biblia debían entenderse desde el punto de vista de la percepción y la observación físicas. Ellos pensaban que era posible acercarse a la Biblia con tales criterios. Los resultados de la investigación de la ciencia espiritual antroposófica aún no estaban disponibles.

Ahora se mostrará lo que se acaba de decir con ejemplos concretos. La ciencia espiritual nos muestra que con los métodos de la geología y demás, en la investigación de la creación de la Tierra sólo llegamos hasta cierto punto y que luego el desarrollo de la humanidad parece retroceder más hacia lo indefinido. ¿Y eso por qué? Por mucho que lo espere, la ciencia sensorial nunca podrá seguir el rastro al hombre hasta sus orígenes, debido a que la ciencia sensorial sólo puede encontrar lo sensorial. Pero el alma y el espíritu preceden a lo sensorial en el hombre. El hombre fue primeramente alma y aún antes de eso fue espíritu, y luego descendió a la existencia terrenal. Sólo en la medida en que la vida física está implicada en el descenso del hombre a la existencia terrenal puede la ciencia natural mostrarnos este proceso de desarrollo.

Con las facultades ordinarias de observación sensorial no podemos explorar la vida del alma. Por su parte, la geología tampoco puede ofrecernos una guía. Ella nos ofrece la exploración de aquello que queda atrás en términos de materia perceptible sensorialmente. Por lo tanto, sólo puede indicar lo que uno vería si hubiera podido poner una silla en el espacio y desde allí ver todo lo que se ha desarrollado en la tierra. La ciencia espiritual no va por ahí. Sino que para poder ver al hombre como un ser espiritual en un pasado lejano, hay que haber desarrollado ojos y oídos espirituales. Si no se tienen estos, entonces el alma y el espíritu del hombre desaparecen de la vista. Pero cuando se tienen ojos espirituales, entonces desaparece lo sensorial y surge la imagen espiritual. Solo que esto no se puede ver de la misma manera que lo sensorial. Uno debe adquirir conceptos cognoscitivos muy diferentes si quiere volver a tiempos tan lejanos. Lo que uno ve desarrollarse en el hombre cuando sólo era un alma no se muestra en percepciones sensoriales, objetivas, como las que ofrece el mundo sensorial externo. Se nos muestra en imágenes. Por medio del desarrollo de los poderes internos del alma, nuestra conciencia se convierte en lo que llamamos una conciencia de imágenes, una conciencia imaginativa. La conciencia se llena entonces de imágenes. En ese otro estado de conciencia vemos ahora en imágenes lo que entonces tuvo lugar. Lo que ocurre dentro del vidente es de carácter pictórico.

Los sueños son el rudimento que queda del don de la visión. Pero es caótico. La visión del vidente entrenado también está presente en esas imágenes, solo que esas imágenes corresponden a la realidad. Es similar a la manera en que la persona físico-sensorial puede distinguir si sus ideas corresponden a la realidad o son sólo una fantasía. Quienes quieran detenerse en la frase: "El mundo es mi imaginación" y "Las cosas exteriores sólo estimulan la imaginación", me gustaría que considerasen acercarse un trozo de hierro al rojo vivo y sentir cómo quema. Luego que se lo quite y sienta si la mera imaginación sigue ardiendo de la misma manera. Hay algo que distingue la mera imaginación de la percepción, que es estimulada por el objeto externo. Por lo tanto, no hay que decir que el vidente sólo viva de fantasías. Su desarrollo en este campo es tal que puede distinguir entre lo que es mera fantasía y lo que es una imagen de la realidad de un mundo espiritual y anímico. De ese modo, las imágenes se convierten en el medio de expresión de un mundo anímico-espiritual. Si el vidente retrocede a tiempos anteriores a los que se le presentan los objetos sensoriales, los verdaderos seres y acontecimientos espirituales se presentan ante los órganos de percepción suprasensibles. El investigador espiritual no habla de fuerzas que son abstracciones, sino de entidades reales. Para él los fenómenos espirituales se convierten en verdades y entidades, y para él el mundo espiritual vuelve a estar poblado de entidades espirituales.

Ahora imaginemos al hombre en su desarrollo prehistórico, en como unas fuerzas primordiales intervinieron en su evolución, en toda su forma, en cómo estas fuerzas primordiales se distinguen, se distinguen exactamente de otros seres que intervinieron aún antes. Podemos rastrear aún más atrás el alma espiritual del hombre, que ya es suprasensible; podemos rastrearla hasta esferas aún más elevadas. Pero entonces el investigador espiritual, -cuando llega a estas esferas aún más elevadas, en las que viven seres aún más elevados-, debe, cuando habla de estos seres, hablar también de otros seres.

Si el investigador espiritual se acerca ahora al comienzo de la Biblia, le resulta evidente que las imágenes se muestran con una fidelidad maravillosa, que nos representan lo anímico-espiritual en el desarrollo del hombre antes de que él saliera a la vida física. El investigador espiritual puede decirse a sí mismo, cuando las propias imaginaciones que alberga en su interior, también las encuentra en los documentos exteriores, que las reconoce como verdad. Si ahora se retrocede hasta los tiempos en que el hombre estaba conectado con las esferas aún más elevadas, debe elegir un nombre diferente para estos seres primordiales, y encuentra que los capítulos que preceden al cuarto versículo del segundo capítulo tienen en realidad un nombre diferente para Dios. Concuerda exactamente con los resultados de la investigación espiritual que a partir del cuarto versículo del segundo capítulo aparece un nuevo nombre de Dios para la representación del desarrollo del mundo primigenio. Así pues, con la investigación espiritual nos vemos en la misma posición en la que se encuentra hoy un conocedor de la geometría. Puede encontrar la geometría desde dentro de sí mismo, y entonces puede apreciar la obra de Euclides, que encontró lo mismo. Así vemos el desarrollo en las maravillosas imágenes del Antiguo Testamento, y ahora se nos presenta algo muy notable. El texto de la Biblia se vuelve claro y brillante, como no podía serlo con los críticos científicos.

Un investigador dijo: "La acción de los Elohim debe provenir de otro lado que las acciones provenientes de Yahvé". Si se quiere aplicar esto seriamente, entonces resulta extraño. Intentémoslo. Imaginemos este pasaje bíblico: "La serpiente era más astuta que todos los animales del campo que Yahvé Dios había creado, y le dijo a la mujer: ¿No te dijo Dios: No comerás de ningún árbol del jardín". Si en lugar de "Elohim" o "Yahvé" sólo dice "Dios", no se traduce correctamente. Es extraño. El texto original dice: "La serpiente era astuta . . que Yahvé Dios había hecho". Y donde dice "¿No te dijo Dios: No comerás de ningún árbol del jardín", el texto original no dice "Yahvé" sino "el Elohim". Ahora la mujer continúa y siempre de tal manera que habla de "Dios". Y luego en el octavo versículo dice: "Y oyeron la voz del Señor Dios". Pero el texto original dice: la voz de Yahvé-Dios. - Ahora hemos unido la historia de la serpiente de tal manera que queda claro que quienes utilizaban los nombres "Yahvé" o "Elohim" se referían a entidades diferentes. Según los críticos bíblicos, esto se debe a tradiciones diferentes. Y el pasaje "¿No te ha dicho Dios: No comerás de ningún árbol del jardín?" procede de la tradición Elohim. - Como ven, la Biblia está realmente hecha de retazos de tal manera que incluso en medio de las frases se juntan las diferentes tradiciones.

Si se acercan a la Biblia con investigación científico-espiritual, verán que también debe ser así. Desde el cuarto versículo del segundo capítulo se dice que la creación del mundo pasa de los Elohim a Yahvé-Dios. Él es por tanto el poder que lleva a término todo lo que sucede hasta la caída del hombre. La ciencia espiritual les muestra que Yahvé es el Dios que habla en el ser interior del hombre lo que tenemos como el Yo, el Yo-soy. Es esta entidad, la entidad yo-soy, la que produce todo lo que se dice en el cuarto versículo del segundo capítulo. Esta entidad que ahora interviene, Yahvé, es una entidad que pertenece a un desarrollo anterior pero que ha caído... [laguna en la transcripción]. De ahí que se hable de Yahvé-Dios. Pero la serpiente no sabe nada de Yahvé, por lo que debe recurrir a lo que es de su propia sustancia hasta el momento en que se produzca lo que debe producirse a través de Yahvé. Sólo en el octavo versículo del tercer capítulo vuelve a aparecer el nombre de Yahvé.

Por lo tanto, a través de la investigación espiritual, uno adquiere la conciencia de que la Biblia es un documento en el que nada, absolutamente nada, es mera coincidencia. Quizás un escritor moderno se diga a sí mismo: ¿Por qué este Dios no debería adoptar otro nombre? Entre los antiguos iniciados no existen estas formas estilísticas de los escritores modernos. Donde hay que decir palabras exactas y precisas, no se pueden decir de ninguna forma estilística. Tanto lo que se escribe como lo que se omite tienen su significado. Cuando aparece el nombre Yahvé, y cuando se omite, significa algo de lo más esencial. Pero hay que seguir el principio de que la Biblia debe leerse con sumo cuidado. Lean ustedes la Biblia si la tienen. Lean la obra de los seis días, y encontrarán, si continúan leyendo después del primer versículo del segundo capítulo hasta el sábado, que entonces viene el pasaje "En los días en que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos". Estos versículos suelen tomarse como una referencia al anterior, como si se hubiera narrado la obra de los siete días y ahora se dijera: Así se hizo, la obra de los siete días. - "Esta es la creación de los cielos y de la tierra cuando fueron creados", y luego continúa "en el momento en que el Señor Dios hizo la tierra y los cielos" (Génesis 2:4).

Cualquiera que estudie el texto original llegará a la siguiente conclusión: El cuarto versículo del segundo capítulo no se refiere a lo que ha precedido, sino a lo que sigue; del mismo modo que más adelante -en el capítulo posterior a la Caída- "Esta es la generación de Adán" (Gn 5,1) se refiere a lo que sigue, a lo que viene después, a la generación siguiente, a lo que ha surgido de Adán. Esto se dice de la misma manera que: Lo que sigue "son las generaciones del cielo y de la tierra" (Génesis 2:4). En hebreo se utiliza la misma palabra. Cualquiera que lea con atención sabe que desde las palabras "En el principio creó Dios los cielos y la tierra" hasta el tercer versículo del segundo capítulo, se describe el mundo espiritual tal como fue creado. Luego, a partir del cuarto versículo del segundo capítulo, se dice: "Lo que es la descendencia del cielo y de la tierra se describe a continuación". Es la transición más maravillosa, si se comprende el asunto, de la obra de los seis días a lo que sigue. Quienes se adentren en estas cosas descubrirán que tal vez no haya libro tan bien combinado como la Biblia, especialmente las partes más antiguas de ella. La creencia de que uno puede acercarse a la Biblia sin investigación espiritual, de que uno puede acercarse a ella con documentos externos, ha disuelto esta obra, tan perfecta y armoniosa en sí misma, de modo que parece estar compuesta nada más que de pedazos y fragmentos.

También debemos seguir el principio de leer cuidadosamente y de "tener la Biblia". No se tiene la Biblia si sólo se tiene la redacción, que sólo insinúa las cosas particulares que importan. Debemos tener el principio de profundizar en la Biblia. En el cuarto día de la obra de seis días se nos dice cómo el sol y la luna llegan a existir, cómo el sol y la luna determinan el día y la noche (Génesis 1:14-18). Pero incluso antes, la Biblia habla del día y la noche (Génesis 1:5). De esto se puede sacar una conclusión: El día y la noche, que dependen del sol y la luna (Génesis 1:14-18), no pueden significar el día y la noche, que no dependen del sol y la luna (Génesis 1:5). Aquí podemos ver una indicación tangible de dónde habla la Biblia del día solar sensorial y de la noche solar sensorial. Estos surgen de lo que llamamos la revolución de la tierra alrededor del sol. Pero podemos ver donde la Biblia señala a partir de este día sensorial hacia lo que está en lo suprasensible, en lo espiritual, donde lo eleva y lo expande hacia lo espiritual.

Los que eran capaces de explorar la Biblia espiritualmente siempre estaban en la posición de decirse a sí mismos: Si alguien tiene el don de la visión, el don de la visión superior, y puede encontrar el significado de la Biblia en la realidad, entonces es evidente que este significado de la Biblia también ha fluido del don de la visión. Si, colocando el alma en un estado de ánimo espiritual diferente, podemos ver lo que se nos ofrece en las poderosas imágenes de la Biblia, entonces sabemos que quien la escribió también debió de estar bajo la inspiración del mundo espiritual. Bien podemos decir: comienza el tiempo en que se comprenderá cada vez más que hoy existen cuatro formas diferentes de ver la Biblia.

La primera etapa es la de la fe ingenua. Estos toman la Biblia con una certeza inquebrantable y no tienen ni idea de las objeciones que se han planteado contra la Biblia en la actualidad.

La segunda etapa: son las personas inteligentes, los críticos de la Biblia, que descubren, ya sea investigando las contradicciones internas o desde un punto de vista científico, que la Biblia era la obra primitiva de mitos y leyendas de una humanidad que aún no había investigado. Tales personas están más allá de la Biblia, ya no la necesitan, la atacan desde las más diversas direcciones y dicen: Era buena para la humanidad infantil. Pero ahora la humanidad está superando la Biblia. - Estos son los inteligentes, los librepensadores.

Luego hay otra etapa: las personas que van más allá de esta inteligencia. Las personas en esta etapa también son librepensadoras, pero han ido más allá de este segundo punto de vista, el de las personas inteligentes; ellas ven en las historias de la Biblia, -el Antiguo y el Nuevo Testamento-, al menos revestimientos simbólicos y míticos de las experiencias internas del alma. Éstos ven en la Biblia, en imágenes simbólicas, lo que el alma humana imagina de forma abstracta. Algunos librepensadores se han visto obligados a hacer esto. Han tenido que transformar el punto de vista del librepensador en el punto de vista del simbolista mítico, del intérprete mítico.

Luego hay un cuarto punto de vista. Es el que se les ha presentado hoy como el de la ciencia espiritual. Pasado mañana profundizaremos en este punto de vista de la ciencia espiritual.

El muestra otra vez los hechos espirituales en descripciones simples, pero de modo similar a como uno puede ver estos hechos espirituales en las imaginaciones. Estos hechos son los que se describen en la Biblia. Quien haya tenido que abandonar el punto de vista ingenuo y como investigador se haya convertido en una persona inteligente, tal vez en un simbolista, puede entonces llegar al punto de vista en el que se encuentra el investigador espiritual, y puede entonces llegar a ser capaz de tomar la Biblia literalmente de nuevo, de tomarla literalmente en un nuevo sentido, es decir, de entender realmente las palabras.

Durante siglos la Biblia no ha sido realmente criticada. Los críticos bíblicos han luchado contra sus propias criaturas imaginarias, contra lo que ellos han hecho de la Biblia. Estos siguen siendo los luchadores contra la Biblia hoy en día; luchan contra su propia criatura imaginaria, contra lo que creen entender de ella; no atinan en absoluto contra la Biblia. Así que la Biblia puede ser tomada literalmente de nuevo, sólo la palabra debe ser entendida correctamente.

Hay cierta corriente hoy en día que afirma el dicho en contra de tal frase: No es la letra sino el espíritu el que debe decidir. "La letra mata, el espíritu da vida", y lo nombra a partir de ciertas relaciones de las letras.

Ojalá pudiéramos devolver al mundo la verdadera letra de la Biblia lo antes posible. El mundo se asombraría de lo que contiene el texto original. Parecería algo completamente nuevo para la humanidad. El dicho: "La letra mata, el espíritu vivifica" no debería venderse así. Por lo general, es el propio espíritu del maestro en el que se reflejan las letras. Esto es especialmente cierto en el caso del simbolista. Si es trivial, pone cosas triviales en los símbolos; si es espiritual, pone cosas espirituales en los símbolos. Ocurre con estas palabras como con el dicho de Goethe:

Y mientras carezcas de eso,
¡Morir para devenir!
No eres más que un huésped sombrío
En la tierra oscura.

Esta frase nos indica que el hombre debe elevarse por encima de la percepción sensorial, por encima de la naturaleza ordinaria en general. Quienquiera que tome esta frase como una instrucción para decirse a sí mismo que lo físico no tiene valor, ha pasado por alto el hecho de que el espíritu se desarrolla gradualmente a partir de lo físico. Lo mismo ocurre con la letra y el espíritu. Primero debes tener la letra, luego debes ser capaz de desentrañarla, y entonces encontrarás lo que es el espíritu. Ciertamente, la letra mata, pero en su muerte crea el espíritu, y esta afirmación corresponde a la otra: El que no tiene esto, este morir para devenir, no es más que un lúgubre huésped en la tierra oscura.

Sólo he podido llamar su atención sobre la crítica de la Biblia y sobre los puntos de vista que la ciencia espiritual adoptará hacia la Biblia en los principios de hoy. De los pocos indicios que se han dado hoy, al menos podrán suponer que algo así como una reconquista de la Biblia podrá tener lugar a través del trabajo de la ciencia espiritual. La ciencia espiritual debe encontrar la sabiduría independientemente de la Biblia. Pero reconoce lo que ha fluido en la Biblia y lo que muchos experimentan hoy en relación con la Biblia. Parte de ella ha edificado a la gente, pero la mayor parte ya no tiene sentido para ellos. Sólo a través de la ciencia espiritual las personas llegan a comprender lo que esto y aquello se dice en la Biblia. Pero luego hay otros pasajes que parecen ser bastante discutibles, y uno llega al punto de decir: Hay pasajes en la Biblia que contienen profundas verdades espirituales, pero algunas cosas han fluido en ella que han sido incorporadas como algo inorgánico. Cuando uno va más allá, hace otro descubrimiento, y descubre que ha sido culpa suya, es decir, que no había avanzado lo suficiente para comprender el asunto. Y llegas a decirte a ti mismo: Donde antes creías que el significado de la Biblia parecía insostenible frente a la ciencia, ahora te das cuenta: Entiendes lo uno, que debes mirar a la Biblia con confianza y reverencia; lo otro aún no lo entiendes. Pero llegará el momento en que lo entiendas, y encontrarás el punto de vista en el que podrás mirarlo por ti mismo.

La ciencia espiritual conducirá a una correcta apreciación de la Biblia. Desde el punto de vista de la ciencia espiritual, hoy se ha discutido el comienzo de la Biblia y la creación. La investigación bíblica tiene que atravesar una crisis. La investigación de la ciencia espiritual vendrá a su encuentro, y en el futuro la antigua luz de la Biblia brillará de nuevo en una nueva forma.

Traducido por J.Luelmo ene,2024

GA057 Berlín, 24 de octubre de 1908 - La Revelación Secreta de Goethe (Esotérica)

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    RUDOLF STEINER. 


LA REVELACIÓN SECRETA DE GOETHE (ESOTÉRICA)

 Berlín, 24 de octubre de 1908

tercera conferencia

A una conferencia como la de hoy se le podría objetar fácilmente que los significados simbólicos y alegóricos son forzados, que parten de algo que un poeta ha creado en el libre juego de su fantasía imaginativa. Anteayer nos propusimos explorar el significado más profundo del "Cuento de la serpiente verde y el hermoso lirio" de Goethe, tal como se nos presentó entonces. Siempre ocurrirá que tal análisis o explicación de una obra de fantasía será rechazado con la observación: Oh, en las figuras de la obra se buscan toda clase de símbolos y significados con profundas aplicaciones". Por lo tanto, quiero decir de inmediato que lo que voy a decir hoy no tiene nada que ver con las interpretaciones simbólicas y alegóricas que a menudo hacen los teósofos sobre las leyendas o las obras poéticas. Y porque sé que una y otra vez se ha hecho la objeción a explicaciones similares que he dado: "No vamos a ser atrapados por tales significados simbólicos de figuras poéticas", no puedo enfatizar suficientemente el hecho de que lo que se va a decir aquí no debe ser tomado en otro sentido que el siguiente. Tenemos ante nosotros una obra poética, una obra de amplia fuerza imaginativa o fantasía, que llega hasta el fondo de las cosas: "El cuento de la serpiente verde y el hermoso lirio". Se nos puede permitir la pregunta de si podemos abordar la obra desde algún punto de vista particular e intentar encontrar la idea básica, el verdadero contenido de este producto tan poético.

Vemos la planta ante nosotros. El hombre se acerca a ella y examina las leyes, la regularidad interior, por las que la planta crece y florece, por las que despliega su naturaleza poco a poco. ¿Tiene derecho a hacerlo el botánico, o incluso alguien que no es botánico, pero que organiza el crecimiento de la planta en su imaginación? Se puede objetar: ¡la planta no sabe nada de las leyes que está descubriendo, las leyes de su crecimiento y desarrollo! Esta objeción contra el botánico o el poeta lírico que expresa en su poesía las sensaciones derivadas de la planta, tendría el mismo peso que la objeción que se podría formular contra tal explicación de la historia de Goethe. No quiero que se tomen las cosas como si yo les dijera: Ahí tenemos una Serpiente, que significa esto o aquello, ahí tenemos un Rey de Oro, un Rey de Plata y un Rey de Bronce, que significan esto o aquello. No pretendo exponer la historia en este sentido simbólico, alegórico, sino más bien de tal manera que, al igual que la planta crece según leyes de las que ella misma es inconsciente, y al igual que el botánico tiene derecho a descubrir estas leyes de su crecimiento, uno también debe decirse a sí mismo que no se deduce que el poeta Goethe conociera conscientemente las explicaciones que les daré. Pues tan cierto es que debemos considerar la inevitabilidad y el verdadero contenido ideal de la historia como que descubrimos las leyes del crecimiento de la planta; que la planta crece de acuerdo con la misma inevitabilidad que la originó, aunque ella misma sea inconsciente de ello.

Por ello les pido que tomen lo que voy a decir como si presentara la razón de ser y el espíritu de los métodos de pensar y de concebir ideas de Goethe, y como si aquel que, por así decirlo, se siente llamado a exponer ante ustedes la filosofía ideal de Goethe, estuviera justificado en exponer el producto de la invención de Goethe, en subrayar las figuras y en señalar su correlación, para que ustedes encuentren un camino hacia ella, -del mismo modo que el botánico demuestra que la planta crece de acuerdo con leyes que él ha descubierto.

La psicología o filosofía del alma de Goethe, es decir, lo que él considera determinante para la naturaleza del alma, está ilustrada en su hermoso Cuento de hadas de la serpiente verde y el hermoso lirio; y para que nos entendamos en lo que tengo que decir será bueno que, en un estudio preliminar, aclaremos el espíritu de su mundo anímico. Ya se ha señalado en la conferencia anterior que la concepción del mundo aquí representada, parte del punto de vista de que el conocimiento humano no debe considerarse como algo inmóvil de una vez para siempre. Está muy extendida la opinión de que el hombre es como es hoy, y siendo lo que es puede emitir un juicio inequívoco sobre todas las cosas; observa el mundo con sus órganos sensoriales, capta sus fenómenos, los combina con su razón, que está ligada a sus sentidos, y el resultado es un conocimiento absoluto del mundo que debe ser válido para todos. En el otro lado, -pero sólo en cierto modo-, se sitúa la concepción científica espiritual del mundo que aquí se representa. Ésta parte de la premisa de que lo que ha de llegar a ser nuestro conocimiento depende continuamente de nuestros órganos y de nuestra capacidad de conocimiento, y de que nosotros mismos, como hombres, seamos capaces de desarrollarnos; que podemos trabajar sobre nosotros mismos, y elevar más las capacidades que tenemos en un nivel dado de existencia. La Ciencia espiritual sostiene que podemos educarlas y desarrollarlas aún más, del mismo modo que el hombre se ha desarrollado a sí mismo desde un estado imperfecto hasta su posición actual, y que debemos llegar a una penetración más profunda de las cosas y a una visión más correcta del mundo elevándonos a niveles más altos. Para decirlo más claramente, aunque también más trivialmente: si dejamos de lado por completo el desarrollo de la humanidad y miramos sólo a las personas tal como son a nuestro alrededor; y luego volvemos nuestros ojos hacia aquellos hombres que uno considera que pertenecen a razas primitivas en la historia de la civilización, y si nos preguntamos qué pueden saber ellos de las leyes del mundo que nos rodea y lo comparamos con lo que un europeo medio con algunas ideas de ciencia puede saber del mundo, veremos que hay una gran diferencia entre ambos. Tomemos, por ejemplo, la imagen del mundo que tiene un ser que pertenece a una tribu recóndita en un territorio inexplorado y la que tiene, digamos, un monista europeo, que tiene un sentido de la realidad por haber absorbido algunas de las ideas científicas de la época actual: las dos son completamente diferentes.

Pero, por otra parte, la Ciencia Espiritual está lejos de menospreciar la imagen del mundo que tiene el hombre que se apoya en el materialismo puro, ni de declararla no válida. Es más cierto decir que en estas cosas se considera que en cada caso la imagen del mundo del hombre corresponde a una etapa de la evolución humana, y que el hombre es capaz de aumentar las capacidades que hay en él y de descubrir por medio del aumento otras cosas nuevas.

Así pues, en el ámbito de la Ciencia Espiritual el hombre alcanza un conocimiento cada vez más elevado desarrollándose a sí mismo, y lo que experimenta en el proceso es el contenido objetivo del mundo, que antes no veía porque no era capaz de verlo. La Ciencia Espiritual es, por lo tanto, diferente de otras concepciones unilaterales del mundo, ya sean espiritualistas o materialistas, porque no reconoce una verdad absoluta e inmutable, sino sólo una sabiduría y una verdad que pertenecen a una etapa determinada de la evolución. Así, se adhiere a la frase de Goethe: "El hombre sólo tiene su propia verdad, y siempre es la misma". Es siempre la misma porque lo que nos inculcamos a nosotros mismos a través de nuestro poder de aprendizaje, es decir, el objetivo, es el mismo.

Ahora bien, ¿cómo consigue el hombre desarrollar las capacidades y poderes que hay en él? Se puede decir que la Ciencia Espiritual es tan antigua como el pensamiento humano. Siempre ha considerado que el hombre tiene ante sí el ideal de una determinada perfección de conocimiento, el objeto de su aspiración. El principio que esto encierra se llamó siempre "principio de iniciación". Esta iniciación no significa otra cosa que aumentar las facultades del hombre hasta estadios cada vez más elevados del conocimiento, y alcanzar así una comprensión más profunda de la naturaleza del mundo que le rodea. Se puede decir que Goethe se basó completamente y durante toda su vida en este principio de desarrollo hacia el conocimiento, en este principio de iniciación, que se nos muestra muy particularmente en su Cuento de hadas.

Nos entenderemos mejor si partimos del punto de vista más frecuente y extendido hoy en día, que en cierto modo se opone al principio de iniciación.

Hoy en día se puede oír en los círculos más amplios a aquellas personas que piensan en tales cosas y creen tener una opinión sobre ellas representando, más o menos conscientemente, el punto de vista de que en lo que concierne a la verdad y a la realidad objetiva sólo la observación física, o los objetos de observación física pueden ser decisivos en la formulación de ideas. Lo oirán constantemente: que sólo puede ser Ciencia la que se basa en el fundamento objetivo de la observación, y por esto se entiende tan frecuentemente sólo la observación de los sentidos y la aplicación de la razón humana y la capacidad de formular pensamientos a estas observaciones de los sentidos. Cada uno de ustedes sabe que la capacidad de formular ideas y conceptos es una capacidad del alma humana entre otras capacidades y cada uno de ustedes también sabe que estas otras capacidades del alma son nuestro sentimiento y nuestra voluntad. Por lo tanto, incluso con esta revisión superficial comparativa, podemos decir: el hombre no es meramente un ser ideador, sino también un ser que siente y que quiere. Ahora bien, los que creen que deben exponer el punto de vista puramente científico repetirán siempre: en la ciencia sólo puede entrar la fuerza del pensar, nunca el sentir humano, nunca lo que conocemos como impulsos de la voluntad, pues de lo contrario se enturbiaría lo que es objetivo, y lo que la fuerza del pensar podría conseguir manteniéndose impersonal, sólo se vería perjudicado.

Es bastante correcto que cuando un hombre introduce su sentimiento, su simpatía o antipatía, en el objeto de una investigación científica, lo encuentra repulsivo o atractivo, simpático o antipático. ¿Y dónde estaríamos si considerara su deseo como una fuente de conocimiento, de modo que pudiera decir de una cosa: la quiero o no la quiero? Que le desagrade o le agrade, que la desee o no, es enteramente lo mismo para la cosa. Tan cierto como que quien se cree capaz de pisar el suelo firme de la ciencia sólo puede limitarse a lo externo, igual de cierto es que la cosa misma te obliga a decir que es roja, y que la impresión que tienes acerca de la naturaleza de una piedra es la correcta. Pero no está en la naturaleza de la cosa que te parezca fea o hermosa, que la desees o no. Que te parezca roja tiene una razón objetiva; que no la desees no tiene ninguna razón objetiva.

En cierto sentido, la psicología moderna ha superado el punto de vista que acabamos de describir. No es mi tarea hablar aquí a favor o en contra de esa tendencia de la psicología moderna que dice: "Cuando consideramos los fenómenos psíquicos y la vida anímica, no debemos limitarnos sólo al intelectualismo, debemos considerar al hombre no sólo en lo que concierne al poder de la concepción, debemos considerar también las influencias del mundo del sentimiento y de la voluntad". Quizá algunos de ustedes sepan que esto pertenece al sistema filosófico de Wundt, que considera la voluntad como el origen de la actividad del alma. El psicólogo ruso Losski, en su último libro titulado "Intuitivismo", ha señalado el control de la voluntad en la vida anímica humana, lo que en cierto modo es fundamental, se esté o no de acuerdo con ello. Podría decirles mucho si quisiera mostrarles hasta qué punto la teoría del alma se preocupa por superar la unilateralidad del intelectualismo, y si, además, quisiera mostrarles que las otras potencias también desempeñan un papel en el poder anímico humano.

Si llevan el pensamiento un paso más allá, podrán decir que esto demuestra cuán imposible es la exigencia de que el poder de formular ideas, limitado como está a la observación, pueda conducir a resultados objetivos en la ciencia. Cuando la ciencia misma muestra su imposibilidad, muestra que en todas partes interviene la Voluntad, ¿en qué os basaríais entonces para establecer la observación puramente objetiva de cualquier cosa? Dado que preferís reconocer sólo la materia como objetiva, sujetos como estáis a los trucos jugados por la voluntad y vuestros hábitos de pensamiento, y dado que no tenéis el hábito de pensamiento y sentimiento para reconocer también el elemento espiritual en las cosas, por lo tanto omitís este último por completo en vuestras teorías. Si queremos comprender el mundo, no es cuestión de qué clase de ideales abstractos nos propongamos, sino de lo que podamos realizar en nuestras almas.

Goethe pertenece a las personas que rechazan más categóricamente el principio de que el conocimiento se produce sólo a través de la capacidad de pensar, de la capacidad unilateral de formar ideas. El principio prominente y significativo que se expresa más o menos claramente en la naturaleza de Goethe es que considera que todas las potencias del alma humana deben funcionar si el hombre ha de desentrañar los enigmas del mundo.

Ahora bien, no debemos ser unilaterales e injustos. Es muy correcto, cuando se objeta que el sentimiento y la voluntad son cualidades sujetas a las características personales de un hombre, y cuando se pregunta ¡a dónde deberíamos llegar si no sólo se considerara como atributos de las cosas lo que ven los ojos y muestra el microscopio, sino también lo que dictan el sentimiento y la voluntad! De todos modos, eso es justo lo que tenemos que decir para comprender a alguien que, como Goethe, defiende el principio de la iniciación y el desarrollo, a saber, que, dado el sentimiento y la voluntad medios en el hombre de hoy, no pueden aplicarse a la adquisición de conocimientos, que, de hecho, sólo conducirían a una absoluta desarmonía en su conocimiento. Un hombre quiere esto, el otro aquello, según las necesidades subjetivas del sentimiento y de la voluntad. Pero el hombre que se sitúa en el terreno de la iniciación tiene también muy claro que de las potencias del alma humana, -pensamiento, representación, sentimiento, voluntad-, la capacidad de construir pensamientos y de pensar es la que más ha avanzado, y la más inclinada y adaptada para excluir el elemento personal y alcanzar la objetividad. Pues esa fuerza del alma que se expresa en el intelectualismo está ahora tan avanzada que, cuando los hombres se apoyan en ella, discuten menos y están más de acuerdo en lo que dicen. El sentimiento y la voluntad no han tenido la oportunidad de desarrollarse hasta este punto. También podemos encontrar justificadamente diferencias cuando examinamos la región de las ideas y su representación. Hay regiones de la vida de las ideas que nos dan verdades completamente objetivas, que los hombres han reconocido como tales, completamente aparte de la experiencia externa, y estas verdades son las mismas aunque un millón de personas difieran en sus opiniones sobre ellas. Si uno ha experimentado en sí mismo las razones de ello, es capaz de afirmar la verdad aunque un millón de personas piensen lo contrario. Por ejemplo, todo el mundo puede encontrar confirmadas verdades como las que tienen que ver con los números y la dimensión espacial. Todo el mundo puede entender que 3 x 3 = 9, y es así, aunque un millón de personas lo contradigan. ¿Por qué es así? Porque con respecto a tales verdades como las matemáticas, la mayoría de la gente ha logrado suprimir su preferencia y su aversión, su simpatía y su antipatía, en resumen, el factor personal, y dejar que el asunto hable por sí mismo. Esta exclusión de lo personal en el caso del pensar y de la capacidad de formular ideas se ha llamado siempre la "purificación" del alma humana, y se considera la primera etapa en el camino hacia la iniciación, o, como también podría decirse, en el camino hacia el conocimiento superior.

El hombre versado en estas cosas se dice a sí mismo: No es sólo con respecto al sentir y a la voluntad que la gente no está todavía lo suficientemente lejos como para que nada personal entre en ello, y que puedan verificar la objetividad, sino también con respecto al pensar la mayoría no está todavía lo suficientemente lejos como para poder entregarse puramente a lo que las cosas, las ideas de las cosas mismas le dicen, como todo el mundo puede hacerlo en matemáticas. Pero hay métodos para purificar el pensar hasta tal punto que ya no pensamos personalmente, sino que dejamos que los pensamientos en nosotros piensen, como hacemos cuando dejamos que lo haga el pensamiento matemático. Así, cuando hemos limpiado el pensar de las influencias de la personalidad, hablamos de purificación o catarsis, como se llamaba en los antiguos misterios de Eleusis. De ahí que el hombre deba llegar al punto de purificar su pensar, lo cual después le permite comprender las cosas con el pensar objetivo.

Ahora bien, así como esto es posible, también es posible eliminar todo el factor personal del sentir, de modo que la apelación de las cosas a los sentimientos ya no tenga nada que decir, a lo Personal, o a la Simpatía y Antipatía; no se evoca nada más que la naturaleza de la cosa, en la medida en que no puede hablar a la mera capacidad de concepto. Las experiencias en nuestras almas que tienen sus raíces u origen en nuestros sentimientos, y que por lo tanto conducen al conocimiento interior, y llevan más profundamente a la naturaleza de una cosa, afectando sin embargo a otros lados del alma que al mero intelectualismo, pueden ser purificadas del elemento personal así como el pensar, de modo que el sentimiento pueda transmitir la misma objetividad que el pensar. Esta purificación o desarrollo de los sentimientos se llama en toda la doctrina esotérica "iluminación". Todo hombre capaz de desarrollo, y que se esfuerza por ello de manera no casual, (que reside en la intención de la personalidad) debe esforzarse por ser movido sólo por lo que reside en la naturaleza de la cosa. Cuando ha llegado al punto en que la cosa no despierta en él ni simpatía ni antipatía, cuando sólo permite que hable la naturaleza de las cosas, de modo que dice: cualesquiera simpatías o antipatías que yo tenga son inmateriales y no deben ser tomadas en consideración, entonces está en la naturaleza de la cosa que el pensar y la acción del hombre asuman tal o cual dirección, -entonces es una declaración de la naturaleza más íntima de la cosa. En la doctrina esotérica este desarrollo de la voluntad ha sido llamado "consumación".

Cuando alguien se posiciona en el terreno de la ciencia espiritual, se dice a sí mismo: 'Cuando tengo una cosa ante mí, existe en ella un elemento espiritual, y puedo estimular mi modo de conceptuar de tal manera, que la esencia de la cosa se representa objetivamente a través de mis conceptos e ideas. Por lo tanto, en mí está presente la misma cosa que actúa externamente, y a través de mi manera de conceptuar he reconocido la esencia de la cosa. Pero lo que he reconocido es sólo una parte de la esencia'. Existe en las cosas algo que no puede dirigirse al pensar en absoluto, sino sólo al sentir, y de hecho sólo al sentir purificado o al sentir que se ha convertido en objetivo. El hombre que todavía no ha desarrollado en sí mismo mediante este cultivo de los sentimientos tal parte de la esencia, no puede reconocer la esencia según estas líneas. Pero para el hombre que se dice a sí mismo que el sentir así como la capacidad de pensar pueden proporcionar una base de conocimiento (no el sentir como es, sino como puede llegar a ser por medio de métodos bien fundados de la enseñanza de la cognición) para tal hombre se vuelve gradualmente claro que hay cosas más profundas que las posibilidades del pensar, cosas que hablan al alma de uno y a los sentimientos. También hay cosas que llegan incluso hasta la voluntad.

Ahora bien, Goethe estaba particularmente convencido de que esto es realmente así, y de que el hombre tiene realmente en sí estas posibilidades de desarrollo. Se apoyó firmemente en el principio de la iniciación, y nos ha mostrado la iniciación del hombre mediante el desarrollo de su alma y el desarrollo de las tres potencias de voluntad, sentir y pensar representándolas en su Cuento de Hadas.

El Rey de Oro representa la iniciación mediante la facultad de pensamiento, el Rey de Plata representa la iniciación mediante la facultad de conocimiento del sentimiento objetivo, y el Rey de Bronce la iniciación mediante la facultad de conocimiento de la voluntad. Goethe ha subrayado que el hombre debe superar ciertas cosas si desea recibir estos tres dones. El Joven de la historia representa al hombre en su lucha por lo más elevado. Como Schiller en sus Cartas Estéticas describe la aspiración del hombre hacia la humanidad completa, así Goethe describe en el Joven la aspiración del hombre hacia lo más alto, queriendo alcanzar enseguida el Lirio Hermoso, y logrando entonces la perfección humana interior, que le dan los tres Reyes.

En el curso del relato se describe cómo sucede esto. Recordarán que en el Templo subterráneo, al que la Serpiente mira debido al poder de cristalización de la tierra, había un Rey en cada una de las cuatro esquinas. En la primera estaba el Rey de Oro, en la segunda el de Plata, en la tercera el de Bronce. En el cuarto estaba el Rey que era una mezcla de los otros tres metales, en quien, por lo tanto, las tres partes compuestas estaban tan soldadas que no se podían distinguir. En este cuarto Rey, Goethe nos describe al representante de esa etapa del desarrollo humano en la que se mezclan la voluntad, el pensar y el sentir. En otras palabras, representa el alma humana que se rige por la voluntad, el pensar y el sentir, porque ella misma no es dueña de estas tres capacidades. En cambio, en el Joven, después de recibir los tres dones de los Reyes Magos por separado, de modo que ya no están mezclados caóticamente, se representa esa etapa del conocimiento que no se deja gobernar por el pensar, el sentir y la voluntad, sino que, por el contrario, los domina. Mientras éstas tres facultades fluyan caóticamente y se entremezclen en él, mientras no sean puras e independientes en su alma, el hombre será gobernado por ellas. Hasta que el hombre no haya alcanzado esta separación, no será capaz de ser efectivo a través de sus tres capacidades de conocimiento. Sin embargo, cuando ha llegado a este punto, ya no está a merced del Caos, sino que, por el contrario, él mismo controla su pensar, su sentir y su voluntad, cuando cada uno de ellos es tan puro y sin mezcla como el metal de los Reyes respectivos: su modo de Concebir, puro como el Rey de Oro (pues nada está mezclado en él); su modo de Sentir, donde nada está añadido o mezclado, sino puro como el Rey de Plata; y así también la Voluntad, pura como el latón del Rey de Bronce; Conceptos y Sentimientos ya no le gobiernan, pues él permanece, en su naturaleza, libre; es capaz, en una palabra, de comprender por medio del pensar, del sentir y de la voluntad según sea necesario, haciendo uso de cada uno por separado. Puede comprender según la necesidad y la naturaleza de las cosas, ya sea por medio del pensar, del sentir o de la voluntad. Entonces ha avanzado tanto que toda la pura capacidad de conocimiento que vemos en el pensar, sentir y la voluntad, le lleva a una comprensión más profunda, y realmente se sumerge en la corriente de los acontecimientos, en la naturaleza interna de las cosas. Por supuesto, sólo la experiencia puede enseñar que esto es posible.

Ahora bien, después de lo que acabo de decir, no será difícil convenir en que si Goethe hace que la Juventud represente a la humanidad en lucha, podemos ver en el Lirio Hermoso otra condición anímica, a saber, aquella condición anímica que el hombre alcanza cuando los seres que yacen en las cosas brotan en el alma, y él eleva así su existencia mezclando las cosas en sí mismo con la naturaleza de las cosas en el mundo exterior. Lo que el hombre experimenta en su alma al salir de sí mismo, al hacerse dueño de las potencias del alma, vencedor del caos en su alma; lo que el hombre experimenta entonces, esa bienaventuranza interior, esa unidad con las cosas; su despertar en él, nos lo muestra Goethe en su representación de la unión con el Lirio Hermoso. La belleza no es aquí una belleza meramente estética, sino una cualidad del hombre llevada a un cierto grado de perfección. De modo que ahora también nos resultará fácil comprender por qué Goethe hace que el Joven proceda en su esfuerzo por alcanzar el Lirio Hermoso, de tal manera que todas sus facultades al principio desaparecen. ¿A qué se debe esto?

La presentación que hace Goethe de tal escena la comprendemos si nos atenemos a un pensamiento que expresó en una ocasión: Todo lo que nos da dominio sobre nosotros mismos sin liberarnos, nos conduce al error". El hombre debe primero ser libre, debe llegar al punto de ser dueño de sus fuerzas anímicas interiores, y entonces podrá alcanzar la unión con la condición anímica más elevada, con el Lirio Hermoso. Pero si se lanza a alcanzarla sin estar preparado, con las fuerzas aún inmaduras, éstas se pierden y su alma se marchita. De ahí que Goethe señale que el Joven busca esta liberación que le hará capitán de su alma. En el momento en que sus fuerzas anímicas ya no son caóticas, sino que están purificadas, limpias y ordenadas, está preparado para alcanzar esa condición del alma que simboliza su unión con el Lirio Hermoso.

Vemos, pues, que Goethe construye estas figuras en libre fantasía creadora, y si las consideramos como representación de las fuerzas del alma, vemos que impregnan y actúan en toda su alma. Si las consideramos así, si somos tan sensibles a estas figuras como en cierto modo lo fue Goethe, quien, a diferencia de un poeta didáctico de segunda fila, no se contentó con decir lo que significaba tal o cual cualidad del alma, sino que la utilizó para expresar lo que él mismo sentía, entonces nos daremos cuenta de lo que se expresa en estas figuras poéticas. Y, por consiguiente, las diversas figuras guardan entre sí la misma relación personal que guardan entre sí las potencias anímicas de un hombre.

Nunca se insistirá lo suficiente en que no se trata de que los personajes signifiquen esto o aquello. Ciertamente, no es así. Más bien se trata de que Goethe sintió esto o aquello en tal o cual actividad anímica y transformó sus sentimientos en relación con una u otra actividad anímica en una u otra figura.

Así fue como creó la secuencia de los acontecimientos de la historia, que sigue siendo más importante que las propias figuras. Vemos a los fuegos fatuos y a la serpiente verde, y que los primeros cruzan desde el otro lado del río y revelan cualidades bastante peculiares. Absorben el oro con avidez, incluso lo lamen de las paredes de la habitación del anciano, y luego lo arrojan prodigiosamente. El mismo oro que en el Testamento de la Bruja es un signo de falta de valor, como también nos muestra el hecho de que el barquero tiene que rechazarlo,  -de lo contrario el río se desbordaría y se levantarían olas como caballos desbocados- el barquero sólo puede tomar frutas como pago. ¿Qué efecto tiene en el cuerpo de la Serpiente Verde este oro? La serpiente, después de tomarlo, se vuelve internamente luminosa. Y las plantas y otras cosas a su alrededor también se iluminan porque ella toma en sí misma lo que en el caso de la Virgen es un símbolo de inutilidad.

Pero incluso a ellos se les atribuye cierta importancia. Ustedes saben que el anciano, en el momento crítico, pide a los fuegos fatuos que abran las puertas del Templo, para que entre todo el grupo. Precisamente lo mismo que ocurre aquí en el caso de la Serpiente Verde, hay que buscarla en el alma humana, cosa que vimos con particular claridad hace dos días en la conversación entre Goethe y Schiller. Vimos que Schiller, mientras hablaba con Goethe sobre el modo en que debía considerarse la naturaleza, seguía opinando que el dibujo hecho con unos pocos trazos por Goethe de la protoplanta era una idea, una abstracción, que se recibe cuando se omiten los rasgos diferenciadores y se juntan los comunes. Y vimos que Goethe dijo a continuación que si eso era una idea, entonces él veía sus ideas con los ojos. En este momento había dos realidades muy diferentes en oposición. Schiller se entrenó completamente para adoptar la manera de ver las cosas de Goethe; de modo que no muestra falta de honor a Schiller si se le toma como ejemplo de esa alma humana que se mueve en abstracciones, y preferentemente en aquellas ideas de las cosas que son comprendidas por la mera razón. Esa es una inclinación particular del alma, que, si un hombre desea alcanzar un desarrollo superior, puede, en ciertas circunstancias, desempeñar un papel muy peligroso.

Hay personas cuya inclinación va en la dirección de lo abstracto. Ahora bien, cuando combinan esta abstracción con algo que se les antoja fuerza del alma, se trata, por regla general, del concepto de improductividad. Estas personas son a veces muy agudas, pueden hacer distinciones finas, y conectar este o aquel concepto maravillosamente. Pero también se encuentra a menudo con tal condición del alma, que las influencias espirituales, las inspiraciones, están excluidas. Esta condición del alma, caracterizada por la improductividad y la abstracción, está representada para nosotros en los fuegos fatuos. Ellos toman el oro dondequiera que lo encuentran; carecen de toda facultad inventiva, son improductivos y no pueden captar "ideas". Las ideas les son ajenas. No tienen la voluntad altruista de entregarse a las cosas, ni de atenerse a los hechos, ni de utilizar los conceptos sólo en la medida en que son intérpretes de los hechos. Todo lo que les importa es llenar sus razones de conceptos, y luego esparcirlos pródigamente. Son como un hombre que va a las bibliotecas, recoge sabiduría allí, y la toma y luego la vuelve a repartir correspondientemente. Estos fuegos fatuos son típicos de esa capacidad del alma que nunca es capaz de captar un solo pensamiento o sentimiento literario, pero que, sin embargo, puede captar en bellas formas lo que los espíritus creadores han producido en la literatura. No pretendo decir nada en contra de este tipo de alma. Si un hombre no la tuviera ni la cultivara cuando está insuficientemente dotado de ella, le faltaría algo que debe estar presente cuando se trata de la verdadera facultad de conocer. En su imagen de los fuegos fatuos, en todas las circunstancias en que aparecen y actúan, Goethe muestra la manera en que actúa tal tipo de alma, en relación con otros tipos de alma, cómo perjudica y cómo beneficia. En verdad, si alguien quisiera subir a estadios superiores del conocimiento y no tuviera esta facultad del alma, no habría medios para abrirle el Templo. Goethe muestra tanto las ventajas como los inconvenientes de esta condición del alma. Lo que él nos da en losl fuegos fatuos representa un elemento del alma. En el momento en que quiere llevar una vida independiente en un sentido u otro, se vuelve perjudicial. Esta abstracción conduce a una facultad crítica que hace que los hombres lo aprendan todo, pero incapaces de seguir desarrollándose, porque les falta el elemento productivo. Pero Goethe también muestra claramente hasta qué punto tiene valor lo que representan los fuegos fatuos. Lo que contienen puede convertirse en algo valioso; en la Serpiente, el oro de la Virgen se convierte en algo valioso en la medida en que ilumina los objetos que la rodean.

Lo que vive en los fuegos fatuos, cuando se trabaja de otra manera, se volverá extremadamente fecundo en el alma humana. Cuando el hombre se esfuerza por considerar sus experiencias de conceptos e ideas y creaciones ideales no como algo abstracto en sí mismas, sino como capaces de conducir e interpretar las realidades que le rodean, de modo que piensa tan desinteresada y voluntariamente en sus observaciones como en la cualidad abstracta de los conceptos, entonces se encuentra, en lo que respecta a esta fuerza del alma, en la misma posición que la Serpiente Verde: entonces puede producir luz y sabiduría a partir de los conceptos puramente abstractos. Entonces no se encuentra en la línea vertical que pierde toda conexión y relación con el plano horizontal. Los fuegos fatuos son parientes de la Serpiente, pero de la línea vertical. Las piezas de oro caen a través de las rocas, son absorbidas por la Serpiente, que se vuelve así interiormente luminosa. Quien se acerca a las cosas mismas con estos conceptos absorbe la sabiduría.

Goethe nos proporciona también un ejemplo de cómo se debe trabajar sobre los conceptos (Begriffe). Él tiene el concepto de la protoplanta. En primer lugar, se trata de un concepto abstracto que, si se trabajara en abstracto, se convertiría en una imagen vacía que mataría toda la vida, como el oro, arrojado por los fuegos fatuos, mató al perro carlino. Pero pensemos en lo que hace Goethe con la concepción de la protoplanta. Si le seguimos en su viaje italiano, veremos que esta concepción no es más que el "leit-motiv" que va de planta en planta, de ser en ser. Toma la concepción, pasa de ella a la planta, y ve cómo ésta se hace de una u otra forma, adoptando formas muy diferentes, en lugares más bajos o más altos, etcétera. Ahora sigue paso a paso cómo la realidad o forma espiritual se arrastra dentro de cada forma física. Él mismo se arrastra como la Serpiente por las grietas de la tierra. Así pues, para Goethe el mundo de los conceptos no es otra cosa que aquello que puede convertirse en realidad objetiva. La Serpiente es para él la representación de aquella fuerza anímica que no lucha egoístamente hacia regiones superiores de la existencia en un intento de elevarse por encima de todo, sino que deja continua y pacientemente que el concepto sea verificado por la observación, va pacientemente de experiencia en experiencia. Cuando el hombre no se limita a teorizar, no se limita a vivir en los conceptos, sino que los aplica a la vida y a la experiencia, entonces se encuentra, en lo que a esta fuerza del alma se refiere, en la posición de la Serpiente. Esto es así en un sentido muy amplio. El que toma la filosofía no como una teoría, sino como lo que debe ser, el que considera los conceptos de la ciencia espiritual como ejercicios para la vida, sabe que precisamente tales conceptos, incluso los más elevados, deben ser aplicados de tal manera que se fundan en la vida y sean verificados por la experiencia cotidiana. El hombre que ha aprendido algunos conceptos, pero es incapaz de aplicarlos a la vida, es como un hombre que ha aprendido de memoria un libro de cocina, pero no sabe cocinar. Así como el oro es un medio para iluminar las cosas, Goethe ilumina las cosas que le rodean por medio de sus ideas.

Esto es lo instructivo y grandioso de la actitud de Goethe ante la Ciencia, y de todos sus esfuerzos, que sus ideas y conceptos tienen realidad y tienen el efecto de iluminar todos los objetos a su alrededor. Anteayer se dio especial importancia a la universalidad en Goethe que da la razón de que nunca tengamos la sensación: ése es el "sentido" de Goethe. Él está ahí, y cuando lo vemos, sólo descubrimos que entendemos mejor cosas que antes no estaban tan claras. Por eso era capaz de convertirse en el punto de acuerdo entre dos hermanos hostiles, como vimos anteayer.

Si quisiéramos discutir cada rasgo de este cuento de hadas y caracterizar cada una de sus figuras, tendría que hablar no durante tres horas, sino durante tres semanas sobre él. Así que sólo puedo exponerles los principios más profundos que contiene la historia. Pero cada rasgo nos muestra algo del método de pensamiento de Goethe y de su opinión del mundo.

Las fuerzas del alma, representadas en los fuegos fatuos, en la serpiente verde y en los reyes, están a un lado del río. Al otro lado vive el Lirio Hermoso, el ideal del conocimiento perfecto y de la vida y el trabajo perfectos. Oímos decir al barquero que puede traer a las personas (gestalten, formas) de la otra orilla a ésta, pero que no puede llevar a nadie de vuelta. Apliquemos esto a toda nuestra condición anímica o estado anímico y a nuestro perfeccionamiento.

Nos encontramos en la Tierra como seres con alma. Estas u otras capacidades anímicas actúan en nosotros como talentos, como fuerzas anímicas más o menos desarrolladas. Están en nosotros; pero también tenemos algo más en nosotros. En nosotros, los seres humanos, si nos consideramos correctamente, existe el sentimiento, el conocimiento de que las facultades de nuestra alma, que finalmente nos interpretan la naturaleza de las cosas, están estrechamente relacionadas con los espíritus elementales (grundgeister) del mundo, con las fuerzas Creativas, Espirituales. El anhelo de estas fuerzas creadoras es el anhelo del Lirio Hermoso. Así sabemos que todo lo que se deriva, por un lado, del Lirio Hermoso, se esfuerza, por otro, en volver a él. Fuerzas desconocidas, no comprendidas por nosotros, nos han traído desde el mundo de la otra orilla, a través de la frontera del río, hasta este lado. Pero estas fuerzas, caracterizadas por el Transbordador, y trabajando en las profundidades de la naturaleza inconsciente, no pueden llevarnos de vuelta otra vez, porque de otro modo el hombre volvería, sin su trabajo y cooperación, al reino de lo divino, precisamente como vino. Las fuerzas que nos han llevado, como fuerzas naturales inconscientes, al reino de la humanidad en lucha, no pueden llevarnos de vuelta. Para ello se necesitan otras fuerzas; y Goethe es consciente de ello. Pero también quiere mostrar cómo debe hacer el hombre para reencontrarse con el Lirio Hermoso. Hay dos caminos. Uno lleva sobre la Serpiente Verde; podemos cruzar por ella y encontrar poco a poco el reino del espíritu. El otro camino atraviesa la sombra del Gigante. Se nos muestra que el Gigante, por lo demás sin fuerza, extiende su mano al anochecer, y su sombra cae a través del Río. El segundo camino conduce sobre esta sombra. Por lo tanto, quien desee cruzar a plena luz del día al reino del espíritu debe utilizar el camino que proporciona la Serpiente; y quien desee cruzar al anochecer puede utilizar el camino que conduce a través de la sombra del Gigante. Ésas son las dos vías para alcanzar una imagen espiritual del mundo. El hombre que aspira al mundo espiritual -no con conceptos e ideas humanas, no con esas fuerzas simbolizadas por el oro sin valor (como espíritus de la sofistería desnuda) y los fuegos fatuos-, sino procediendo paciente y desinteresadamente de experiencia en experiencia, logra llegar a la otra orilla a plena luz del sol.

Goethe sabe que la verdadera investigación no se detiene en las cosas materiales, sino que debe conducir más allá de la frontera; más allá del río que nos separa de lo espiritual. Pero hay otro camino, un camino para las personas no desarrolladas, que no quieren tomar el camino del conocimiento, sino un camino representado por el Gigante. Él mismo es impotente, sólo su sombra tiene cierta fuerza. Ahora bien, ¿qué es la impotencia en sentido estricto? Tomemos todas las condiciones posibles para el hombre cuando su conciencia se reduce, como en el hipnotismo, el sonambulismo e incluso las condiciones de sueño; todo aquello por lo que la clara conciencia diurna es sometida, por lo que el hombre está sujeto a un poder anímico inferior al de la clara conciencia, pertenece a esta segunda vía. Aquí el alma, al renunciar a su potencia anímica funcional cotidiana ordinaria, es conducida al verdadero reino del espíritu. El alma, sin embargo, no se hace capaz por sí misma de cruzar al reino espiritual, sino que permanece inconsciente y es llevada como la Sombra al reino del espíritu. Goethe incluye en las fuerzas representadas por la sombra del Gigante todo lo que funciona inconscientemente y por hábito, sin que tomen parte las fuerzas del alma que están activas durante la conciencia clara. Schiller, que fue iniciado en el sentido de Goethe, escribió una vez a Goethe, en la época de las grandes convulsiones en Europa Occidental: Me alegro de que no te hayas dejado atrapar bruscamente por la sombra del gigante'. ¿Qué quería decir? Quería decir que si Goethe hubiera viajado más al Oeste, habría sido atrapado por las fuerzas revolucionarias de Occidente.

Entonces vemos que los objetos de la búsqueda del hombre, la cumbre del conocimiento, están representados en el "Templo". El Templo representa una etapa superior de la evolución del hombre. Goethe diría hoy en día que si el Templo es algo oculto, está bajo las estrechas grietas de la tierra. Una fuerza anímica aspirante como la representada en la Serpiente puede sentir la forma del Templo sólo tenuemente. Absorbiendo el ideal, el oro, puede iluminar esta forma, pero en el fondo el Templo sólo puede estar ahí hoy como un secreto subterráneo. Pero aunque Goethe deja el Templo como algo subterráneo para la cultura externa, señala que para un hombre más desarrollado este secreto debe ser desvelado. Con esto indica la corriente de la Ciencia Espiritual que hoy en día ya ha captado a amplias masas de personas, que en un sentido amplio trata de popularizar el contenido de la Ciencia Espiritual, del principio de la iniciación y del secreto del Templo. Por lo tanto, la Juventud debe ser considerada, en este sentido goetheano verdaderamente libre, como el representante de la humanidad aspirante. Por lo tanto, el Templo debe elevarse más allá del Río, para que no sólo unos pocos individuos que buscan la iluminación puedan cruzar y volver a cruzar, sino para que todas las personas puedan cruzar el Río por el puente. Goethe, en el Templo de la Iniciación sobre la tierra pone ante nosotros un estado futuro, que habrá llegado cuando el hombre pueda pasar del reino de los sentidos al reino de lo espiritual, y del reino de lo espiritual al reino de los sentidos.

¿Cómo se consigue esto en el cuento de hadas? Porque se cumple su verdadero secreto. La solución del cuento se encuentra en el cuento mismo, dice Schiller, pero también ha señalado que la palabra que lo resuelve se inserta de una manera muy notable. ¿Recuerdan al Viejo de la Lámpara, que ilumina sólo donde ya hay luz? Ahora bien, ¿Quién es ese anciano y qué es la lámpara? ¿Cuál es su curiosa luz? El anciano está por encima de la situación. Su lámpara tiene la peculiar cualidad de cambiar las cosas, la madera en plata, la piedra en oro. También tiene la cualidad de brillar sólo donde ya hay una receptividad, un tipo definido de luz. Cuando el anciano entra en el templo subterráneo, le preguntan cuántos secretos conoce. Tres", responde. A la pregunta del Rey de Plata: "¿Cuál es el más importante? Y cuando el Rey de Bronce le pregunta si también se lo contará a él, responde: "En cuanto sepa el cuarto". Entonces la Serpiente le susurra algo al oído y él dice de inmediato:

"El momento ha llegado".

La solución del enigma es lo que la Serpiente susurró al oído del anciano, y tenemos que averiguar qué es. Nos llevaría demasiado lejos decir lo que significan los tres secretos. Sólo lo insinuaré. Hay tres Reinos que en la evolución son, por así decirlo, estacionarios: el mineral, el vegetal y el animal, que están completados, en comparación con el hombre progresivo, que todavía se está desarrollando. El desarrollo interior del hombre es tan vehemente e importante que no puede confundirse con el desarrollo de los otros tres reinos de la naturaleza. Lo que encierra el secreto del Anciano es el hecho de que un reino de la naturaleza ha llegado al punto actual de un punto final, y esto es lo que explica las leyes de los reinos mineral, vegetal y animal. Pero ahora viene el cuarto reino, el del hombre, el secreto que ha de revelarse en el alma humana. El secreto que el anciano debe descubrir primero es de este tipo. ¿Y cómo debe descubrirlo? Sabe en qué consiste, pero la Serpiente debe decírselo primero. Esto nos indica que el hombre todavía tiene que pasar por algo especial, si quiere alcanzar la meta de la evolución como lo han hecho los otros tres reinos. De qué se trata, le susurra la Serpiente al Anciano. Ella dice cómo debe desarrollarse una determinada fuerza del alma, si se quiere alcanzar un estadio superior; dice que tiene la voluntad de sacrificarse por ello, y de hecho se sacrifica. Hasta ahora ha hecho de puente cuando aquí y allá alguien deseaba cruzar; pero ahora se convertirá en un puente permanente, al caer en pedazos, de modo que el hombre tendrá una conexión duradera entre este lado y aquel, entre lo espiritual y lo físico. Que la Serpiente tenga la voluntad de sacrificarse debe tomarse como la condición para revelar el cuarto secreto. En el momento en que el Anciano se entera de que la Serpiente se sacrificará, puede llegar a decir: "¡Llegó la hora!". Es esa fuerza del alma que se adhiere a lo externo. Y el camino que hay que recorrer no es hacer de esta fuerza del alma y de la ciencia interior el fin último, sino la autoentrega. Eso sí que es un secreto, aunque se le llame "secreto a voces", es decir, cuando cualquiera que lo desee puede conocerlo. Lo que en un amplio círculo se considera fin en sí mismo, -todo lo que podemos aprender en ciencias naturales, en ciencias políticas de la civilización, en historia, en matemáticas y en todas las demás ciencias-, nunca puede ser un fin absoluto. Nunca podremos llegar a un verdadero conocimiento de las profundidades del mundo, si las consideramos como fines en sí mismas. Sólo si estamos en todo momento dispuestos a absorberlos y a considerarlos como medios, que ofrecemos como puente para permitirnos cruzar, llegamos al verdadero conocimiento. Nos excluimos del conocimiento superior y verdadero a menos que también estemos dispuestos a sacrificarnos. El hombre sólo tendrá una idea de lo que es la iniciación cuando deje de forjarse una concepción del mundo a partir de conceptos físicos externos. Tiene que ser todo sentimiento, con un alma totalmente sintonizada, un alma como la que Goethe describe en su "Westöstlichen Divan" como la adquisición más elevada del hombre:

Y mientras no tengas esto, ¡morir para devenir!
No eres más que un triste huésped en esta oscura Tierra".

¡Morir para devenir! Aprende a conocer lo que la vida puede ofrecerte, sigue adelante con ella, pero supérate, trasciéndete. Deja que se convierta en un puente para ti, y despertarás en una vida superior y serás uno con la esencia de las cosas, cuando ya no vivas en la ilusión de que, aislado del yo superior, puedes agotar la esencia de las cosas. Cuando Goethe habla del sacrificio de la idea y del alma-materia, para adquirir nueva vida en esferas superiores, y del más profundo amor interior, le gusta pensar en las palabras del místico Jacob Böhme, que conoce por experiencia esta entrega de la Serpiente. Tal vez Jacob Böhme le haya señalado justamente esto y le haya dejado tan claro que un hombre puede vivir, incluso en el cuerpo físico, en un mundo que de otro modo sólo pisaría después de la muerte, en el mundo de lo eterno, de lo espiritual. Jacob Böhme sabía también que depende del hombre, si puede, en el sentido más elevado, deslizarse hacia el mundo espiritual. Lo muestra en el dicho: 'Quien no muere antes de morir, se arruina cuando muere'. ¡Un dicho significativo! El hombre que no muere antes de morir, es decir, que no desarrolla en sí mismo lo eterno, el núcleo interior del ser, no estará en condiciones, cuando muera, de encontrar de nuevo el núcleo espiritual en sí mismo. Lo eterno está en nosotros. Debemos desarrollarlo en el cuerpo para encontrarlo fuera de él. Quien no muere antes de morir, se arruina cuando muere". Lo mismo ocurre con la otra frase: "Y así la muerte es la raíz de toda vida". 

Así vemos que las cosas del alma sólo pueden iluminar un lugar donde ya hay luz: la Lámpara del Anciano sólo puede brillar donde ya hay luz. Una vez más nuestra atención se dirige a esas fuerzas especiales del alma, de devoción y entrega religiosa, que durante cientos y miles de años han llevado el mensaje de los mundos espirituales a aquellos que no podían buscar la luz por medio de la Ciencia o de otra manera. La luz de las diferentes revelaciones religiosas está representada en el Anciano, que posee esta luz. Pero a aquel que no trae una luz interior para encontrar el sentido de la religión, la Lámpara de la Religión no le da luz. Sólo puede brillar donde la luz ya está y se encuentra con ella. Es la Lámpara que ha transfigurado al hombre, que ha conducido a toda la mortalidad a través de la vida del alma.

Y luego vemos que los dos Reinos se unen mediante el sacrificio de la Serpiente. Después de pasar, por así decirlo, por incidentes simbólicos de lo que el hombre tiene que atravesar en su desarrollo superior en un sentido esotérico, vemos cómo el Templo del Conocimiento es llevado por medio de las tres potencias anímicas humanas a través del río, cómo se eleva y cada potencia anímica realiza su servicio. Esto pretende mostrar que las potencias del alma deben estar en armonía, ya que se nos dice: la personalidad individual no puede lograr nada; pero cuando todas trabajan juntas en un momento favorable, cuando las fuertes y las débiles cooperan en la relación correcta, entonces el alma puede adquirir la capacidad de alcanzar el estado más elevado, la unión con el Lirio Hermoso. Entonces el Templo sale de las grietas ocultas hacia la superficie para todos los que se esfuerzan en la verdad por alcanzar el conocimiento y la sabiduría. El Rey de Oro dota al Joven de los poderes de conocimiento del pensamiento: "Conoce y reconoce lo más elevado". El Rey de Plata le otorga el poder del conocimiento del sentir, que Goethe expresa maravillosamente con las palabras: "Cuida de las ovejas": "¡Atiende a las ovejas!

En el sentimiento están arraigados el arte y la religión, y para Goethe ambos eran una unidad, -ya en la época en que escribió en su viaje a Italia sobre las obras de arte de Italia: "¡Hay necesidad, hay Dios!".

Pero también existe el hacer, -cuando el hombre no lo aplica a la lucha por la existencia, sino cuando lo convierte en un arma para conseguir belleza y sabiduría. Esto está contenido en las palabras del Rey de Bronce a la Juventud: "¡La espada en la mano izquierda, la derecha libre! Hay todo un mundo en estas palabras. La mano derecha libre para trabajar el yo de la naturaleza humana.

¿Y qué ocurre con el Cuarto Rey, en el que se mezclan los tres elementos? Este Rey mezclado se funde en una figura grotesca. Los fuegos fatuos vienen y lamen el oro que hay en él: las fuerzas anímicas del hombre todavía quieren examinar qué tipo de etapas del desarrollo humano, ahora superadas, hubo una vez.

Tomemos aún otro rasgo: a saber, cuando el Gigante llega tambaleándose y luego se queda allí como una estatua, señalando las horas: cuando el hombre ha puesto su vida en armonía, entonces lo secundario tambien tiene un sentido para lo que pretende ser un orden metódico. Debe expresarse como un hábito. El propio inconsciente recibirá entonces un significado valioso. De ahí que el Gigante se represente como un reloj.

El anciano de la lámpara está casado con la anciana. Esta Anciana no representa para nosotros otra cosa que la sana y comprensiva fuerza del alma humana, que no penetra en las altas regiones de las abstracciones espirituales, sino que lo maneja todo sana y prácticamente, como, por ejemplo, en la religión, representada por el Anciano de la Lámpara. Ella es la que trae al Barquero su paga: tres cabezas de repollo, tres cebollas y tres alcachofas. Tal etapa de desarrollo no ha pasado de lo contemporáneo. El hecho de que sea tratada de este modo por los fuegos fatuos es, sin duda, una imagen reflejada de cómo las mentes abstractas miran con cierto desprecio a las personas que asimilan las cosas directamente por instinto o intuición.

Quisiera mostrarles en dos ejemplos hasta qué punto la cosmovisión espiritual de Goethe atraviesa toda su vida, hasta qué punto en cosas de conocimiento espiritual está de acuerdo en su extrema vejez con lo que había escrito antes. Cuando Goethe escribió "Fausto", había adoptado cierta idea que se basaba en el simbolismo de un camino de desarrollo más profundo de la naturaleza. Cuando Fausto habla de su padre, que era alquimista y había aceptado con fe las antiguas enseñanzas, pero ya entonces las había malinterpretado, dice que su padre también había hecho eso, que

... un león rojo, un pretendiente audaz,
casado en el suave baño del lirio.

Eso es lo que dice Fausto, sin conocer su significado. Pero tal dicho puede convertirse en una escalera que conduzca a elevados estadios de desarrollo. En el cuento de hadas, Goethe muestra en la juventud al ser humano aspirando a la novia más elevada, y a aquello con lo que ha de unirse lo llama el Hermoso Lirio. Este Lirio se encuentra ya en las primeras partes de "Fausto".

Y, de nuevo, el nervio mismo de la filosofía de Goethe que encontró expresión en su Cuento de Hadas, se encuentra también en "Fausto": en la Parte II, en el Coro Místico, donde Fausto se enfrenta a la entrada en el mundo espiritual, donde Goethe establece su declaración de una concepción espiritual del mundo en palabras monumentales. Allí muestra cómo el ascenso por el camino del conocimiento sigue tres etapas sucesivas, a saber, la purificación del pensar, la iluminación del sentir y la forja de la voluntad. Lo que el hombre alcanza a través de la purificación del pensar le lleva a reconocer lo espiritual detrás de todo. Lo físico se convierte en símbolo de lo espiritual. Profundiza aún más para captar lo que es inalcanzable para el pensar. Entonces llega a un estado en el que ya no considera las cosas por medio del pensar, sino que se dirige a la cosa misma, donde su esencia y lo que no se puede describir se convierten en un hecho consumado. Y aquello que no se puede describir, aquello que, como oiréis en el curso de los discursos de invierno, debe ser pensado de otra manera, aquello por lo que hay que avanzar hacia los secretos de la voluntad, él lo califica simplemente de "lo indescriptible". Cuando el hombre ha completado el triple camino a través del pensar, el sentir y la voluntad, se une a lo que en el Chorus Mysticus se denomina "la feminidad eterna", la meta del desarrollo del alma humana, el "Hermoso Lirio" del Cuento de Hadas.

Así vemos que Goethe pronuncia su convicción más profunda, su revelación secreta también allí, donde pone fin a su gran poema confesional, después de elevarse a través del pensar y el sentir y la voluntad hasta la unión con el Hermoso Lirio, hasta ese estado que encuentra su expresión en el pasaje del Chorus Mysticus, que expresa lo mismo que la filosofía y la ciencia espiritual de Goethe, así como el Cuento de Hadas:

Todo lo pasajero
es sólo una parábola
Lo inadecuado,
Aquí se convierte en logro;
Lo indescriptible,
aquí se realiza;
El eterno femenino
nos atrae.

Traducido por J.Luelmo ene.2024