CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA233 Dornach, 28 de diciembre de 1923 La particular importancia de los Misterios de Éfeso. Alejandro Magno

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RUDOLF STEINER

 HISTORIA DEL MUNDO A LA LUZ DE LA ANTROPOSOFÍA

Dornach, 28 de diciembre de 1923

V conferencia

Entre los misterios antiguos, el de Éfeso ocupa una posición muy especial. También he tenido que recordar este misterio de Éfeso en relación con ese elemento de desarrollo de la historia de Occidente que está ligado al nombre de Alejandro. Sólo se puede comprender el sentido de la historia más reciente y más antigua si se considera el cambio que el sistema de misterios, del que partieron todas las civilizaciones más antiguas, sufrió de Oriente a Occidente, es decir, a Grecia en primer lugar. Y este cambio consiste en lo siguiente.

Verán, si examinan ustedes todos los misterios más antiguos de Oriente, en todas partes tienen la impresión de que los sacerdotes de los misterios son capaces de revelar a sus discípulos grandes y significativas verdades a partir de sus visiones. En efecto, cuanto más se retrocede en el tiempo, más estas formas sacerdotales son capaces de evocar en los Misterios la presencia inmediata de los propios Dioses, de los seres espirituales que gobiernan los mundos planetarios y los fenómenos terrestres, de modo que los Dioses estaban realmente allí.

La conexión entre el hombre y el macrocosmos era revelada en varios misterios de una manera igualmente maravillosa, como ayer les describí para los misterios de Hibernia y también para lo que Aristóteles tenía que decir a Alejandro Magno. Pero, sobre todo, lo que estaba presente en todos los antiguos misterios orientales era que lo moral, los impulsos morales, no estaban estrictamente separados de los impulsos naturales. Al señalar a Alejandro el noroeste, donde predominaban los espíritus del elemento agua, Aristóteles no estaba enviando simplemente un impulso físico desde allí, como hoy en día el viento u otras cosas puramente físicas vienen del noroeste, sino que junto a los impulsos físicos venían también impulsos morales. Lo físico y lo moral eran uno. Esto era posible porque, a través de los conocimientos adquiridos en esos misterios, el hombre se sentía uno con toda la naturaleza, percibía el espíritu de la naturaleza. Por ejemplo, en cuanto a la relación del hombre con la naturaleza, existe un período que se sitúa aproximadamente en el tiempo transcurrido entre la vida de Gilgamesh y la vida de la individualidad en la que se convirtió en su siguiente encarnación, en las inmediaciones del Misterio de Éfeso. Precisamente en esta época encontramos todavía una visión muy viva de la conexión entre el hombre y la naturaleza espiritual. Esta conexión es la siguiente. A través de todo lo que el hombre aprendió sobre el efecto de los espíritus elementales en la naturaleza, sobre el efecto de los seres inteligentes en los procesos planetarios, el hombre llegó a la convicción de que allá fuera veo el mundo vegetal extendido por todas partes, el verdor, el brote, el retoño, el mundo vegetal fructífero. Allí veo las plantas anuales en el prado, en el campo, que crecen en primavera y vuelven a morir en otoño; allí veo árboles que crecen desde hace siglos, que tienen corteza y madera por fuera y se hunden mucho en la tierra con sus raíces. Todo lo que arraiga ahí fuera en las hierbas y flores anuales, lo que crece ahí con firmes impulsos hacia la tierra, lo llevé una vez dentro de mí como ser humano.

Como ven, hoy en día una persona, cuando hay ácido carbónico en alguna parte de una habitación que ha sido producido por la respiración de la gente, ésta siente: este ácido carbónico lo he exhalado yo. La persona siente que ha exhalado el ácido carbónico en la habitación. Hoy el hombre está, me gustaría decir, sólo en una pequeña conexión con el cosmos. En la parte aérea de su ser, en el aire que subyace a la respiración y a los demás procesos aéreos que tienen lugar en el organismo, el hombre está completamente en conexión viva con el universo, con el macrocosmos. Él puede mirar el aire exhalado, el ácido carbónico que estaba dentro de él y ahora está fuera. Pero así como el hombre de hoy, -no lo hace, pero podría hacerlo-, mira el ácido carbónico exhalado, así el hombre, que era iniciado en los Misterios Orientales o había absorbido la sabiduría que fluía hacia fuera desde los Misterios Orientales, miraba todo el mundo vegetal. Se decía a sí mismo: "Miro hacia atrás en el desarrollo del mundo hasta una antigua época solar. Entonces todavía llevaba las plantas dentro de mí. Y despues las dejé fluir hacia amplias zonas del ser de la tierra. Pero cuando todavía llevaba las plantas dentro de mí, cuando todavía era ese Adam Kadmon que abarcaba toda la tierra y el mundo vegetal con ella, todo este mundo vegetal era todavía algo acuoso y aéreo.

El hombre separó este mundo vegetal de sí mismo. Si ustedes se imaginaran que alcanzaran el tamaño de toda la tierra y luego separaran hacia adentro la vida vegetal, que acto seguido se metamorfosea en el elemento acuoso, se desarrolla, decae, crece, se vuelve diferente, adopta formas distintas, entonces evocarían mentalmente cómo era en aquel entonces. Y que una vez fuese así era lo que se decían los que se habían educado en Oriente en tiempos de Gilgamesh. Y cuando miraban el crecimiento de las plantas en los prados, se decían a sí mismos: " En una etapa anterior de nuestro desarrollo nos separamos de las plantas, pero la tierra ha absorbido a las plantas. La tierra les proporcionó primero las raíces, así como todo lo que es leñoso, que es la naturaleza arbórea de la vida vegetal. Pero lo que en general es vegetal fue separado del hombre y absorbido por la tierra. El hombre sentía un parentesco íntimo con toda la vida vegetal.

El hombre no sentía el mismo parentesco con el animal superior, pues sabía que sólo podía abrirse camino hacia la tierra superando la formación animal, dejando atrás, en su camino de desarrollo, a los animales. Él llevó consigo las plantas hasta la tierra, luego las entregó a la tierra para que ésta las acogiera en su seno, convirtiéndose en el mediador de los dioses para las plantas de la tierra, en el mediador entre los dioses y la tierra.

Por lo tanto tales personas, que ahora realmente tuvieron esa gran experiencia, que puede ser esbozada bastante simplemente (ver dibujo), sintieron: El hombre viene a la tierra desde el universo (amarillo). El número está fuera de cuestión porque, como dije ayer, el ser humano se entrelaza. Él separa todo lo vegetal, y la tierra recoge lo vegetal y le proporciona la raíz (líneas verde oscuro). Así que el hombre sintió como si hubiera envuelto la tierra con el crecimiento de las plantas (envoltura roja) y como si la tierra hubiera estado agradecida por esta envoltura y hubiera absorbido lo que el hombre podía insuflarle de elementos vegetales acuosos. Y los que sentían esto se sentían íntimamente relacionados con el dios, con el dios principal de Mercurio, con respecto a esta traída de las plantas a la tierra. A través de este sentimiento de que uno mismo había traído las plantas a la tierra, uno entraba en una relación especial con el dios Mercurio.

Por otra parte, hacia los animales se sentía que: no se les podía traer a la tierra, había que separarlos, había que liberarse de ellos, de lo contrario no se habría podido desarrollar la forma humana de la manera correcta. Por así decirlo, expulsamos a los animales de nosotros mismos, de modo que los animales fueron expulsados del ser humano (líneas rojas hacia el exterior) y entonces tuvieron que someterse a un desarrollo por sí mismos en un nivel inferior al del propio ser humano. Así que por un lado la antigua humanidad de la época de Gilgamesh y de la época siguiente se sentía situada entre el reino animal y el reino vegetal. Hacia el reino vegetal se sentía como el portador que inseminaba la tierra, por así decirlo, en nombre de los dioses. Hacia el reino animal se sentía como si él se hubiera desprendido del reino animal, para convertirse en un ser humano sin la carga de los animales, que quedaban así atrofiados. Todo el culto egipcio a los animales está relacionado con este punto de vista. Mucha de la profunda compasión que hay en Asia hacia los animales está relacionada con esto. Y era una magnífica visión de la naturaleza que sentía el parentesco del hombre con el mundo vegetal por un lado y con el mundo animal por otro. Hacia el mundo animal uno sentía liberación, hacia el mundo vegetal uno sentía un íntimo parentesco con él. Como ser humano se sentía el mundo vegetal como parte de uno mismo, y se sentía la tierra en íntimo amor, porque la tierra había absorbido en sí esta parte de humanidad, que son las plantas, lo había dejado arraigar en sí, incluso lo había cubierto con corteza de su material en los árboles. Los aspectos morales estaban presentes por doquier en el juicio del entorno físico. Uno se acercaba a las plantas de la pradera y percibía en ellas no sólo el crecimiento natural, sino también una relación moral del hombre con este crecimiento. Respecto a los animales sentíamos a su vez una relación moral: nos hemos elevado por encima de ellos.

Por lo tanto, de estos misterios emanó una gran visión de la naturaleza espiritual en Oriente. Los misterios también existían entonces en Grecia, pero con una visión de la naturaleza espiritual mucho menos real. Los Misterios Griegos son grandiosos, ciertamente, pero difieren bastante sustancialmente de los Misterios Orientales. Todo en los misterios orientales es tal que el hombre no se siente realmente en la tierra a través de ellos, sino que se siente unido al cosmos, al universo. También en Grecia la esencia de los misterios había llegado primero al estadio en que el hombre se sentía unido a la tierra. Por tanto, lo que aparecía o se sentía en los misterios en Oriente era el propio mundo esencialmente espiritual. Cuando decimos: En los antiguos misterios orientales, los propios dioses aparecían entre los sacerdotes que ofrecían sacrificios y realizaban oraciones, estamos describiendo la verdad absoluta. Al mismo tiempo, los templos de misterios eran el lugar terrenal donde se albergaban los dioses, donde los dioses daban al pueblo lo que tenían que darles en forma de bienes celestiales a través de los sacerdotes. En los misterios griegos sólo aparecían las imágenes de los dioses, las imágenes, algo así como las imágenes sombra; imágenes verdaderas, reales, pero como imágenes sombra, ya no las entidades divinas, ya no las realidades, sino las imágenes sombra. De modo que el griego tenía una percepción bastante diferente de la de aquellos que pertenecían a la antigua cultura oriental. El griego tenía la sensación: hay dioses, pero sólo es posible que la gente tenga imágenes de esos dioses, igual que uno tiene las imágenes de las experiencias en el recuerdo, ya no las propias vivencias.

Ese era el profundo sentimiento básico que surgió de los Misterios griegos, que la gente tenía la sensación de que tenían algo así como recuerdos del cosmos, no la apariencia del cosmos en sí, imágenes del cosmos, imágenes de los dioses, no los dioses mismos, imágenes de los procesos en Saturno, el sol, la luna, ya no la conexión viva con lo que era real en Saturno, el sol, la luna, como el hombre tiene la conexión real con su infancia. Y la gente de la civilización oriental tenía esta conexión real con el sol, la luna y Saturno de sus misterios. Así el misticismo de los griegos tenía algo figurativo.  De la realidad divino-espiritual aparecieron los espíritus sombra. Pero eso había traído algo significativamente diferente. Por que como verán, todavía había una diferencia entre los misterios orientales y los griegos.

Por lo que respecta a los misterios orientales, siempre ocurría que si uno quería saber algo de las grandes y gigantescas cosas que allí se podían experimentar, tenía que esperar el momento oportuno. Allí era de tal manera que sólo se podía experimentar algo si se hacía el servicio sacrificial que le correspondía, por así decir los experimentos sobrenaturales, en otoño, otros en primavera, otros en pleno verano, otros en invierno profundo. Y además, era posible que en algún momento, que se reconocía como el momento adecuado porque la constelación lunar era la adecuada, se hicieran sacrificios a algunos dioses. Entonces se aparecían en los Misterios. Se llegaba a sus revelaciones. Entonces había que esperar, digamos, otros treinta años hasta que surgiera la misma oportunidad para que algún ser divino se mostrara en los Misterios. Por ejemplo, todo lo relacionado con Saturno sólo podía entrar de alguna manera en el reino de los Misterios cada treinta años, todo lo relacionado con la Luna, aproximadamente cada dieciocho años, y así sucesivamente. De modo que los sacerdotes de los misterios orientales sólo recibían las grandiosas y gigantescas revelaciones y visiones que obtenían en función del tiempo y del espacio y de todo tipo de cosas. Por ejemplo, uno recibía revelaciones completamente diferentes en lo profundo de las cuevas de las montañas, otras revelaciones en las cumbres de las montañas. Uno recibía otras revelaciones cuando estaba de alguna manera más profundo en Asia o en la costa y cosas por el estilo. Así que una cierta dependencia del espacio y el tiempo en la tierra, tal era la característica de los misterios de Oriente.

En Grecia, las grandes realidades gigantescas habían desaparecido. Las imágenes seguían ahí. Pero ahora se podían tener las imágenes, no dependiendo de la estación o del siglo o del lugar, sino que se podían tener las imágenes si uno se preparaba como ser humano de la manera correcta, si uno hacía estos o aquellos ejercicios espirituales, hacía estos o aquellos sacrificios personales. Cuando uno había alcanzado un cierto nivel de sacrificio y madurez personal, entonces, al haber logrado esto como ser humano, podía tener las percepciones de las sombras de los grandes acontecimientos planetarios y de las entidades planetarias.

Este es el gran cambio en el sistema de misterios del antiguo Oriente a Grecia, que los antiguos misterios orientales estaban sujetos a las condiciones del lugar terrenal y del espacio terrenal, que los misterios griegos eran aquellos en los cuales el hombre entraba en consideración con lo que traía a los dioses. El dios venía, por así decirlo, en su imagen sombra, en su forma espectral, cuando el hombre, -por los preparativos que había hecho-, podía ser honrado para que el dios viniera a él en forma espectral. Así los Misterios griegos se convirtieron realmente en la preparación de la humanidad más reciente.

Pues bien, en medio de los antiguos misterios orientales y griegos se encontraba el de Éfeso. Este tenía su propia posición especial. En efecto, en Éfeso, los que se iniciaban en él todavía podían experimentar algo de las gigantescas y majestuosas verdades del antiguo Oriente. Todavía se sentían tocados por la sensación interna y el sentimiento de la relación del hombre con el macrocosmos y la esencia divino-espiritual del macrocosmos.  En Éfeso aún podía percibirse mucho de lo sobrenatural. Y la identificación con Artemisa, con la diosa de los misterios de Éfeso, seguía aportando esa conexión viva: el mundo vegetal os pertenece, la tierra sólo lo ha absorbido. Has superado el mundo animal, has tenido que dejarlo atrás. A ser posible, deberás mirar con compasión a los animales que tuvieron que quedarse atrás en el camino para que tú pudieras convertirte en humano. Este sentimiento de ser uno con el macrocosmos era transmitido al iniciado de Éfeso a partir de las realidades de sus experiencias inmediatas.

Pero en Éfeso, como primer misterio que se volvió hacia Occidente, fue donde se independizó de las estaciones o del transcurso del siglo, en definitiva, del lugar y del tiempo en la tierra. En Éfeso ya dependía de los ejercicios espirituales que hacía el hombre, de la forma en que se había hecho madurar a través del sacrificio y la devoción a los dioses. De modo que, de hecho, los misterios de Éfeso, por un lado, a través del contenido de las verdades mistéricas, siguen señalando al antiguo Oriente, y gracias al hecho de que ya se habían acercado al desarrollo humano, a la humanidad, los misterios de Éfeso, a su vez, ya se inclinaban hacia lo griego. Era, por así decirlo, el último misterio allá en Oriente, donde las antiguas verdades gigantescas todavía se acercaban a la gente, podían acercarse a ella. De lo contrario, los misterios de Oriente ya habían caído en la decadencia.

Donde más tiempo se preservaron las antiguas verdades fue en los misterios de Occidente. Siglos después de la aparición del cristianismo aún podemos hablar de Hybernia. Pero me gustaría decir: los misterios de Hybernia, son básicamente doblemente misteriosos. Porque verán, lo que les dije ayer sobre estas dos estatuas, una de las cuales es una estatua solar, la otra una estatua lunar, una estatua masculina y otra femenina, estos secretos de las estatuas son tales hoy en día que todavía son difíciles de investigar incluso desde la llamada Crónica Akáshica. Para los que están entrenados en estas cosas no es nada difícil acercarse a las imágenes de los misterios orientales y recuperar estas imágenes de la luz astral. Pero si uno se acerca o quiere acercarse a los misterios de Hybernia, si quiere acercarse a ellos en la luz astral, primero reciben algo así como un anestésico. Le hará retroceder. Incluso en las réplicas Akáshicas ya no quieren ser vistos hoy en día, a pesar de que han existido durante mucho tiempo en su autenticidad original, estos Misterios Irlandeses, estos Misterios de Hybernia.

Ahora consideremos lo siguiente: La individualidad que estaba en Alejandro Magno fue tocada por los misterios de Hybernia durante el período de Gilgamesh, durante la migración hacia el oeste hasta la zona del actual Burgenland. Esta individualidad humana, (Gilgamesh), lo experimentó y vivió de una manera muy antigua en una época en la que todavía había fuertes ecos del período atlante en este Occidente. A continuación  tales vivencias fueron llevadas a través del estado espiritual que pasa entre la muerte y un nuevo nacimiento. Después ambos amigos, Eabani y Gilgamesh, estuvieron de nuevo precisamente en Éfeso,  para experimentar allí con una gran conciencia lo que se había experimentado más o menos inconscientemente, subconscientemente en conexión con el mundo divino-espiritual antes durante la época de Gilgamesh. Pero durante el tiempo de Éfeso fue una vida relativamente tranquila, una digestión, un procesamiento de lo que había sido atraído a las almas en tiempos anteriores, más agitados.

Ahora hay que considerar: antes de que estas individualidades aparecieran de nuevo en la decadencia del período griego, en el florecimiento del período macedónico, ¡qué había acontecido con Grecia! Esta Grecia de los tiempos antiguos, que básicamente se extendía a través del mar y también abarcaba Éfeso, llegando hasta lo más profundo de Asia Menor, esta Grecia todavía tenía los ecos del antiguo tiempo de los dioses en las imágenes de sombra. En las sombras se experimentaba bien la conexión del hombre con el mundo espiritual. Pero la civilización griega poco a poco fue saliendo de las sombras, y podemos ver como la civilización griega poco a poco fue saliendo de una civilización por así decirlo divina a una civilización puramente terrenal.

¡Pero ay, las cosas más importantes del devenir histórico no se tocan en absoluto en lo que hoy es historia externa completamente materialista! Sin embargo, esto es importante para toda la concepción del helenismo, debido a que en la civilización griega sólo existía una imagen en la sombra de la antigua divinidad, en la que el hombre estaba conectado con los mundos suprasensibles, hizo posible que el hombre emergiera gradualmente del mundo de los dioses y llegase a utilizar sus propias capacidades espirituales, bastante individuales. Esto sucedió paso a paso. En los dramas de Esquilo todavía podemos ver cómo lo que aún se siente del antiguo tiempo de los dioses aparece ahora en imágenes artísticas. Pero tan pronto como llega Sófocles, el hombre se arranca, por así decirlo, de este sentimiento de estar junto a la existencia divino-espiritual. Y entonces ocurre algo que está ligado a un nombre que, desde cierto punto de vista, no debe valorarse lo suficiente; sino que en el mundo hay diferentes puntos de vista.

En la antigua Grecia no había necesidad de registrar la historia. ¿Qué sentido tenía? Había una sombra viva del pasado importante. La historia se leía en lo que se revelaba en los misterios. Existían las imágenes sombra, las imágenes sombra vivientes. ¿Qué había que escribir como historia? Después llegó el momento en que estas imágenes de sombra descendieron al mundo inferior, donde la conciencia humana ya no podía absorberlas. Fue entonces cuando surgió la necesidad de escribir la historia. Luego vino el primer prosista de la historia, Heródoto. Y se podrían citar muchos nombres a partir de entonces, siempre con el objetivo, por así decirlo, de arrancar a la humanidad de lo divino-espiritual, para situarla en lo puramente terrenal. Pero no obstante, hubo un esplendor por encima de toda esta terrenalidad durante el periodo griego, un esplendor del que oiremos hablar mañana, que no pasó a los romanos ni a la Edad Media. Había un esplendor. Las imágenes sombra, incluso las imágenes sombra que se desvanecían en el crepúsculo de la civilización griega, eran todavía perceptibles, se podía sentir que eran de origen divino.

Y en medio de todo esto, como el refugio donde uno encontraba iluminación sobre todo lo que había en Grecia, me gustaría decir, en fragmentos de cultura, en medio de todo esto estaba Éfeso. Heráclito, muchos de los más grandes filósofos, incluyendo a Platón y Pitágoras, todos ellos aprendieron de Éfeso. Efeso era realmente lo que había conservado las antiguas sabidurías orientales hasta cierto punto.  Y también esas individualidades que existían dentro de Aristóteles y Alejandro Magno pudieron experimentar en Éfeso, algo más tarde que Heráclito, lo que de antiguo había aún en los Misterios Orientales, que permanecían como herencia del Misterio de Éfeso. Intrínsecamente conectado en particular con el alma de Alejandro estaba el ser de los Misterios que vivía en Éfeso. Y ahora tuvo lugar uno de esos acontecimientos históricos que los triviales suponen una coincidencia externa, pero que están profundamente arraigados en las conexiones internas del desarrollo humano.

Para hacernos conscientes del significado de este acontecimiento histórico, recordemos lo siguiente. Recuerden ustedes que en las dos almas, en el alma del que entonces se convirtió en Aristóteles y en la del que se convirtió en Alejandro Magno, vivía primero lo que se había procesado interiormente desde la antigüedad, y luego lo que se había hecho inmensamente valioso para ellos en Éfeso. Quisiera decir que toda Asia, pero en la forma en que se había hecho griega en Éfeso, vivía en ambos, especialmente en el alma del que más tarde se convirtiría en Alejandro Magno. Ahora imaginen también al personaje, -lo he descrito desde el período de Gilgamesh-, e imaginen que ahora en el trato vivo entre Alejandro y Aristóteles se repetía el conocimiento que estaba ligado al antiguo Oriente y a Éfeso, pero repetido en la nueva forma del conocimiento. Sólo imagínenselo. ¡Imaginen lo que habría sucedido si el gigantesco documento, que en realidad vivía en estas almas con una intensidad tremenda, si este gigantesco documento, el Misterio de Éfeso, hubiera estado allí, si el Misterio de Éfeso hubiera estado todavía presente en la encarnación de Alejandro! Imaginen esto, y luego aprecien el hecho de que el día en que nació Alejandro, Eróstrato arrojó la antorcha incendiaria al santuario de Éfeso, de modo que el Templo de Diana, (Artemisa), en Éfeso fue incendiado por las manos de los malvados el día en que nació Alejandro. El lugar memorial que se adjuntaba a sus almas documentadas ya no se encontraba. Eso ya no estaba allí; ahora eso estaba depositado básicamente sólo como misión histórica en el alma de Alejandro y en su maestro Aristóteles.

Y ahora relacionen lo que vivía en ellos como alma con lo que mostré ayer, como consecuencia de la configuración de la tierra, en la misión de Alejandro Magno. Y ahora podrán comprender que con Éfeso aquello que era real, verdadera revelación de lo divino-espiritual en Oriente quedó como extinguido. Los otros misterios eran en el fondo sólo misterios decadentes en los que se conservaban tradiciones, aunque a veces tradiciones muy vivas, y tradiciones que evocaban poderes clarividentes en naturalezas particularmente predispuestas. Pero la grandeza, el gigantismo de antaño dejó de existir. Lo que había llegado de Asia se extinguió con Éfeso. Ahora rindan ustedes homenaje a la decisión en el alma de Alejandro Magno: A este Oriente, que ha perdido lo que un día tuvo, ¡hay que devolverle al menos la forma en que se ha conservado la imagen sombra de Grecia! - De ahí surgió la idea de Alejandro Magno de viajar tan lejos como pudiera hasta Asia para devolver a Oriente lo que había perdido con la imagen sombra de la cultura griega.

Y ahora vemos que, con este movimiento de Alejandro Magno, de una manera bastante maravillosa, no se hace realmente una conquista cultural, ni se intenta de alguna manera llevar el helenismo a Oriente de una manera externa, sino que Alejandro Magno no sólo adopta las costumbres del país en todas partes, sino que en todas partes es capaz de pensar desde el corazón, desde la mente de la gente. Cuando llega a Egipto, a Menfis, se le ve como un libertador de toda la esclavitud de espíritu que había imperado hasta entonces. Hace que el Imperio persa se impregne de una cultura, de una civilización de la que los persas nunca habían sido capaces. Penetra hasta la India.

Concibió el plan para lograr un equilibrio, una armonización entre la civilización helénica y la oriental. Fundó academias por todas partes. Las más significativas para la posteridad son las academias que fundó en Alejandría, en el norte de Egipto. Pero lo más importante es que fundó grandes y pequeñas academias por toda Asia, en las que se cultivaron las obras de Aristóteles y las tradiciones de Aristóteles en la época posterior. Y esto siguió surtiendo efecto en el Cercano Oriente durante siglos, un efecto tal que, me gustaría decir, lo que Alejandro inauguró se siguió repitiendo como en una débil imitación. Alejandro primero sembró el conocimiento de la naturaleza allá en Asia hasta la India en un poderoso empuje, -debido a su temprana muerte sólo fue incapaz de llegar a Arabia: Ese era su principal objetivo. Hasta la India, hasta Egipto, en todas partes trasplantó lo que había absorbido de Aristóteles como conocimiento del espíritu natural. Y lo colocó en todas partes de forma que pudiera fructificar, para que los pueblos que iban a recibirlo lo sintieran como propio, no como algo helénico ajeno que se les iba a imponer. De hecho, sólo una naturaleza tan ardiente como la de Alejandro Magno podría haber llevado a cabo lo que se consiguió. Porque siempre había nuevos impulsos. Muchos eruditos de épocas posteriores volvieron a venir de Grecia, y fue una de las academias en particular, -además de Edesa, fue la academia de Gondishapur-, la que recibió repetidas y reiteradas afluencias de Grecia a lo largo de los siglos.

Entonces se cumplió lo monstruoso, que lo que había llegado de Oriente (fue dibujado, por lo que los dos dibujos se superponían; véase la lámina 8 original. Rojo de derecha a izquierda, mancha de color claro), que había sido detenido en Éfeso por la antorcha incendiaria de Herostratus, fue retroiluminado por su imagen sombra, que estuvo en Grecia (verde claro de izquierda a derecha) hasta el último acto, cuando las escuelas griegas de filosofía fueron cerradas por la tiranía romana de Oriente en el siglo VI d.C. y el último de los filósofos griegos huyó a la Academia de Gondishapur.

En todo esto vemos dos elementos que se entrecruzan; uno que había ido, por así decirlo, por delante, y otro que se había quedado atrás. La misión de Alejandro se basó, más o menos inconscientemente, en este hecho: las oleadas de civilización habían avanzado en Grecia de forma Luciférica, mientras que en Asia se habían quedado rezagadas de forma Ahrimánica. En Éfeso estaba el equilibrio. Y Alejandro, en el día de cuyo nacimiento había caído la Éfeso física, resolvió fundar una Éfeso espiritual que enviara sus rayos solares lejos hacia Oriente y Occidente. Fue en verdad este propósito el que estaba en la raíz de todo lo que emprendió: fundar una Éfeso espiritual, que se extendiera a través de Asia Menor hacia el este, hasta la India, abarcando también el África egipcia y el este de Europa.

Verdaderamente no es posible comprender la evolución espiritual de la humanidad occidental a menos que podamos verla sobre este trasfondo. Pues poco después de que se intentara difundir por el mundo la antigua y venerada Éfeso, de modo que lo que antes había estado presente en Éfeso se conservara ahora en Alejandría, -aunque sólo fuera con letra vacilante en lugar de en grandes letras brillantes-, poco después de este segundo florecimiento de la flor de Éfeso, comenzó a imponerse un poder totalmente nuevo, el poder de Roma. Roma, y todo lo que la palabra implica, es un mundo nuevo, un mundo que no tiene nada que ver con las imágenes en sombras de Grecia, y que no permite que el hombre guarde más que recuerdos de aquellos viejos tiempos. No podemos estudiar ninguna incisión más grave o más importante en la historia que ésta. Después del incendio de Éfeso, a través de la instrumentalidad de Alejandro se traza el plan para la fundación de un Éfeso espiritual; y este Éfeso espiritual es entonces rechazado por el nuevo poder que se afirma en Occidente, primero como Roma, más tarde bajo el nombre de Cristianismo, y así sucesivamente. Y sólo entendemos correctamente la evolución de la humanidad cuando decimos: Nosotros, con nuestra forma de comprender las cosas a través del intelecto, con nuestra forma de llevar a cabo las cosas por medio de nuestra voluntad, nosotros con nuestros sentimientos y estados de ánimo podemos mirar hacia atrás hasta la antigua Roma. Hasta aquí podemos mirar atrás con plena comprensión. Pero no podemos mirar atrás a Grecia, ni tampoco a Oriente. Allí debemos mirar en Imaginaciones. Allí se necesita visión espiritual. Sí, podemos mirar al Sur, a medida que retrocedemos por la corriente de la evolución; podemos mirar al Sur con la comprensión prosaica ordinaria, pero no al Este. Cuando miramos al Este, tenemos que mirar en Imaginaciones. Tenemos que ver en el trasfondo los poderosos Templos de Misterios del Asia primitiva post-atlante, donde los Sabios, los Sacerdotes, mostraron claramente a cada uno de sus alumnos su conexión con lo Divino-Espiritual del Cosmos, y donde se encontraba una civilización que podía ser recibida de los Misterios en el tiempo de Gilgamesh, como les he descrito. Tenemos que ver estos maravillosos Templos esparcidos por Asia; y en primer plano Éfeso, conservando todavía dentro de su Misterio mucho de lo que se había desvanecido en los otros Templos de Oriente, mientras que al mismo tiempo ya había hecho él mismo la transición y se había vuelto de carácter griego. En efecto, en Éfeso el hombre ya no tenía que esperar a las constelaciones de las estrellas o a la época adecuada del año, ni esperar a alcanzar una cierta edad para recibir las revelaciones de los dioses. En Éfeso, si estaba maduro para ello, podía ofrecer sacrificios y realizar ciertos ejercicios que le permitían acercarse a los Dioses de tal modo que éstos se acercaban a él amablemente.

Fue en este mundo que se presenta ante ustedes en esta imagen donde las dos personalidades de las que hemos hablado fueron entrenadas y preparadas, en tiempos de Heráclito, (535-470 a.C.. Y ahora, en el año 356 a.C., el día del nacimiento de Alejandro Magno, contemplamos cómo estallan llamaradas de fuego en el Templo de Éfeso.

Nace Alejandro Magno y encuentra a su maestro Aristóteles. Y es como si de las llamas ascendentes de Éfeso saliera una poderosa voz para aquellos que fueran capaces de oírla: Fundad una Éfeso espiritual a lo largo y ancho de la Tierra, y dejad que la vieja Éfeso física permanezca en la memoria de los hombres como su centro, como su punto medio.

Así tenemos ante nosotros esta imagen de la antigua Asia con sus centros de Misterios, y en primer plano Éfeso y sus alumnos en los Misterios. Vemos a Éfeso en llamas, y un poco más tarde vemos las expediciones de Alejandro que llevaron a Oriente lo que Grecia tenía que dar para el progreso de la humanidad, de modo que ahora llegaba a Asia en forma de imagen lo que había perdido en su realidad.

Mirando hacia Oriente y dejando que se inflame nuestra imaginación por causa de los tremendos acontecimientos que vemos tener lugar, somos capaces de contemplar bajo una luz verdadera ese antiguo capítulo de la historia del hombre, ya que necesita ser captado con la imaginación. Y entonces vemos surgir gradualmente en primer plano el mundo romano, el mundo de la Edad Media, el mundo que continúa hasta nuestros días.

Todas las demás divisiones de la historia en períodos, -edad antigua, edad media y edad moderna, o como quiera que se les designe-, dan lugar a falsas concepciones. Pero si estudian con detenimiento y atención la descripción que aquí les presento, obtendrán una visión real de los mecanismos ocultos que atraviesan la historia europea hasta nuestros días.

Traducido por J.Luelmo ago,2024

GA233 Dornach, 27 de diciembre de 1923 Los misterios de hibernia y de Éfeso - Aristóteles y Alejandro

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RUDOLF STEINER

 HISTORIA DEL MUNDO A LA LUZ DE LA ANTROPOSOFÍA

Dornach, 27 de diciembre de 1923

IV conferencia

Mi tarea de ayer consistió en utilizar personalidades individuales para mostrar cómo se desarrolla la historia del mundo. Si uno quiere progresar en la dirección de la ciencia espiritual, no puede hacer otra cosa que mostrar la secuencia de los acontecimientos tal como se reflejan en el hombre. Porque recordemos que sólo nuestra época, por razones que discutiremos en el curso de estas conferencias, es tal que el hombre se siente aislado del resto del mundo como un ser único. Hay que subrayar que todas las épocas precedentes, y también todas las posteriores, son tales que el hombre se sentía y se sentirá miembro de todo el mundo, perteneciente a todo el mundo. Como he dicho a menudo: Así como un dedo en un ser humano no puede ser un ser en sí mismo, sino sólo en el ser humano, mientras que separado del ser humano ya no es el dedo, sino que perece, es algo muy diferente, está sujeto a leyes muy diferentes que en el organismo, así como el dedo sólo es un dedo en conexión con el organismo, así el ser humano sólo es un ser en alguna forma, ya sea en la forma de vida en la tierra, ya sea en la forma de vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, en conexión con el mundo entero. Pero en épocas anteriores estaba presente la conciencia de esto, volverá a estar presente más adelante, sólo que hoy está nublada, oscurecida, porque, como oiremos, el hombre necesitaba este oscurecimiento, para poder desarrollar la experiencia de la libertad en toda su extensión. Y cuanto más antiguos son los tiempos a los que volvemos, más nos damos cuenta de que los hombres tienen conciencia de su conexión con el cosmos.

Acabo de presentarles dos personalidades, una llamada Gilgamesh en la conocida epopeya, la otra Eabani en la misma epopeya, y les he mostrado la forma en que estas personalidades vivieron en el antiguo período caldeo-egipcio de la manera en que se podía vivir en aquella época, y de cómo experimentan después una profundización por medio de los Misterios Efesios. Y ya señalé ayer que estos mismos seres humanos ocuparon su lugar posteriormente en el desarrollo histórico-mundial en las personalidades de Aristóteles y de Alejandro. Pero para que podamos comprender plenamente cómo transcurría el curso de la evolución terrenal en general en aquellos tiempos en los que tuvo lugar lo que he descrito para estas personalidades, debemos examinar aún más de cerca lo que tales almas pudieron absorber en sí mismas en estas tres épocas sucesivas.

Ya he llamado su atención sobre cómo la personalidad tras el nombre de Gilgamesh emprende un viaje a Occidente y, al menos, se somete a una especie de iniciación occidental post-atlante. Ahora bien, para comprender lo posterior, formémonos una idea de cómo fue tal iniciación tardía. Sin embargo, debemos buscar esta iniciación en el lugar donde los ecos de la antigua iniciación atlante permanecieron durante mucho tiempo. Y ese fue el caso de los Misterios de Hybernia, de los que ya he hablado recientemente a los amigos que están aquí en Dornach. Debo, sin embargo, ponerme al día sobre algo de lo que hemos hablado para poder comprender plenamente lo que aquí se plantea.

Los Misterios de Hybernia, los Misterios Irlandeses, han existido desde hace mucho tiempo. Aún existían en la época de la fundación del cristianismo, y son los que, desde cierto punto de vista, han conservado más fielmente las antiguas enseñanzas de sabiduría de la población atlante. Ahora me gustaría darles una imagen de las experiencias de alguien que fue iniciado en los Misterios Irlandeses en el período post-atlante. La persona que iba a recibir esta consagración, esta iniciación, tenía que ser preparada de una manera estricta, al igual que los preparativos para los Misterios en la antigüedad eran extraordinariamente estrictos. En realidad, el ser humano debía transformarse interiormente en su constitución anímica, en toda su constitución humana. En los Misterios de Hibernia primero se preparaba al hombre de tal manera que tomaba conciencia, se daba cuenta en fuertes experiencias interiores de lo que es engañoso en el ser que rodea al hombre, en todas las cosas que rodean al hombre de tal manera que primero les atribuye el ser según la percepción de los sentidos. Y la atención del hombre también era atraída por todas las dificultades y obstáculos a los que se enfrenta cuando lucha por la verdad, por la verdad real. Se llamaba la atención del hombre sobre el hecho de que, en el fondo, todo lo que nos rodea en el mundo sensorial es una ilusión, que los sentidos dan una impresión ilusoria y que la verdad se oculta tras la ilusión, es decir, que el hombre no puede alcanzar la verdadera existencia a través de la percepción sensorial.

Tal vez dirán ustedes que esta es una convicción que siempre han tenido en su largo tiempo antroposófico. Ustedes lo saben muy bien, dirán. Pero el conocimiento que una persona puede tener en la conciencia actual del carácter ilusorio del mundo sensorial exterior no es nada en absoluto contra los choques interiores, contra la tragedia interior que experimentaban las personas que estaban preparadas para la iniciación hiberniana en aquella época. Porque cuando se dicen a sí mismos teóricamente: "Todo es maya, todo es ilusión", en realidad lo toman a la ligera. Pero la preparación de los discípulos hibernianos era llevada tan lejos que se decían a sí mismos: "No hay posibilidad humana de penetrar a través de la ilusión y llegar al ser real, verdadero.

Los alumnos estaban preparados por el hecho de que, hasta cierto punto inicialmente por desesperación, interiormente se satisfacían mentalmente con la ilusión. Ellos llegaban al estado de ánimo desesperado de que el carácter ilusorio es tan intrusivo, tan poderoso, que uno no puede traspasar más allá de la ilusión en absoluto. Y en la vida de estos estudiantes siempre existía el estado de ánimo: Bueno, entonces tienes que permanecer en la ilusión, pero eso significa que: Entonces hay que perder el suelo bajo los pies, porque no se puede permanecer sobre la ilusión. Sí, el rigor de la preparación en los antiguos Misterios era algo de lo que hoy apenas tenemos idea. La gente rehúye lo que realmente exige un desarrollo interior.

Todo esto estaba ahí para que el hombre, al experimentar lo contrario de lo que en última instancia se supone que debe alcanzar como meta, pueda experimentar el correcto sentimiento humano profundo hacia esta meta. Porque quien no ha aprendido lo que significa vivir con el error y la ilusión no sabe apreciar el ser y la verdad. Y los estudiantes de Hybernia deben aprender a apreciar la verdad y el ser.

Y entonces, cuando los discípulos habían pasado por esto, cuando habían, por así decirlo, completado el polo opuesto de aquello a lo que tenían que llegar al final, entonces eran conducidos, -y debo describir lo que sucedía a continuación con una imaginería tal como era realmente real en los Misterios de Hibernia de aquel tiempo-, a una especie de santuario en el que había dos estatuas a modo de pilares, estatuas de un poder sugestivo tremendamente fuerte. Y una de estas estatuas pilar, de tamaño gigantesco, era hueca por dentro; la superficie exterior que rodeaba el espacio hueco, es decir, la sustancia general de la que constaba el pilar estatua, era de un material completamente elástico, de modo que dondequiera que se presionara, podían presionar la estatua. Pero en el momento en que se liberaba la presión, la forma se restablecía. Toda la estatua estaba hecha de tal manera que la cabeza tenía una forma preferente y que, al acercarse a ella, uno tenía la sensación de que desde la cabeza se irradiaban las fuerzas hacia el resto del colosal cuerpo, pues, por supuesto, uno no veía el interior hueco, no lo percibía, sólo lo notaba cuando presionaba. Y a uno le urgía apretar. Uno tenía la sensación de que todo el resto del cuerpo, aparte de la cabeza, estaba siendo irradiado por las fuerzas de la cabeza, que la cabeza lo hacía todo en esta estatua.

Yo les confieso de buen grado que si un hombre de hoy fuese conducido ante la columna estatua en el presente prosaico de la vida, apenas sentiría otra cosa que lo abstracto. Es cierto, pero otra cosa es haber experimentado el poder de la ilusión y el poder del error con todo el ser interior, con el espíritu, con el alma, con la sangre, con los nervios, y luego experimentar el poder sugestivo de una figura tan gigantesca.

Esta estatua tenía carácter masculino. Había otra al lado que tenía carácter femenino. No era hueca. Estaba hecha de un material no elástico pero plástico. Si se la apretaba, -y se les animaba a hacerlo de nuevo-, el molde se destruía. Se hacía un agujero en el cuerpo.

Pero después de que el alumno hubiera aprendido de una estatua que todo se restablecía en su forma mediante la elasticidad, después de que hubiera aprendido de la otra estatua que la había deformado con su presión, salía de la habitación después de algunas otras cosas, de las que hablaré dentro de un momento, y sólo era llevado de nuevo a esta habitación cuando todos los errores, las deformaciones que había hecho en la estatua de plástico, no elástica, que tenía un carácter femenino, se habían equilibrado de nuevo. Sólo volvía a entrar cuando el pilar estaba intacto. Y a través de todos estos preparativos, -sólo puedo describir el asunto someramente-, por los que había pasado el alumno, éste experimentaba interiormente todo su ser humano en espíritu, alma y cuerpo con la estatua, que tenía carácter femenino. Esta experiencia interior ya le había sido preparada con anterioridad, pero se producía en toda su extensión debido al efecto sugestivo de la propia estatua. Sentía una sensación de adormecimiento interior, un adormecimiento helado interior. Y este entumecimiento helado actuaba en él de tal manera que veía su alma llena de imaginaciones, y estas imaginaciones eran imágenes del invierno terrestre, imágenes que representaban el invierno terrestre. Así que el alumno era llevado a ver el invierno en su espíritu desde dentro.

Con respecto a la otra estatua, la masculina, el discípulo sentía como si toda la vida que tenía en el cuerpo se le fuera a la sangre, como si la sangre estuviera impregnada de fuerzas y le presionara la piel. Así, mientras que frente a una estatua tenía que creer que se estaba convirtiendo en un esqueleto helado, frente a la otra tenía que creer que toda su vida interior perecía en el calor y que vivía en su piel estirada. Y esta experiencia del hombre entero, presionado hasta su superficie, llevaba al discípulo a adquirir la comprensión necesaria para decirse a sí mismo: "Te sientes a ti mismo, te percibes a ti mismo, te experimentas como serías si de todo lo que hay en el cosmos sólo el sol tuviera efecto sobre ti. De este modo, el alumno aprendía a reconocer el efecto cósmico del sol en su distribución. Aprendía a reconocer la relación del hombre con el sol. Y aprendía a reconocer que el hombre no está en realidad, -como ahora parecía estar-, bajo el sugestivo efecto de la estatua solar sólo porque otras fuerzas de otros rincones del mundo modifican este efecto. De este modo el alumno  aprendía a asentarse en el cosmos. Y cuando el alumno sentía el efecto sugestivo de la estatua lunar, cuando experimentaba interiormente la frialdad del letargo, el paisaje invernal, -con la estatua solar experimentaba un paisaje veraniego en el espíritu, como producido desde sí mismo-, entonces el ser humano sentía cómo sería si sólo existieran los efectos lunares.

Ya ven, en el presente, ¿ Qué sabemos realmente del mundo? Sabemos que la achicoria es azul, la rosa roja, el cielo azul, etcétera. Pero no son impresiones demoledoras. Sólo nos hablan de las cosas más cercanas del entorno humano. El hombre debe convertirse en un órgano sensorial con todo su ser en un grado más intenso si quiere aprender los secretos del universo. Y era precisamente a través del efecto sugestivo de la estatua solar que su ser se concentraba en toda su circulación sanguínea. El hombre aprendió a conocerse como ser solar experimentando este efecto sugestivo en su interior. Y el hombre aprendió a conocerse como ser lunar experimentando el efecto sugestivo de la estatua femenina. Y entonces, a partir de estas experiencias interiores, pudo decir cómo afectan el sol y la luna a las personas, del mismo modo que las personas de hoy pueden decir cómo les afecta la rosa después de experimentar sus ojos, cómo les afecta el tono C agudo después de experimentar sus oídos, y así sucesivamente. Y así, los estudiantes de estos misterios experimentaron la integración del hombre en el cosmos en los tiempos post-atlantes. Esto se convirtió en una experiencia directa para ellos.

Ahora bien, lo que les he contado es un breve esbozo de lo que experimentaron de manera muy grandiosa los discípulos en los misterios de Hibernia hasta los primeros siglos del desarrollo cristiano como experiencia cósmica, en el sentido de que se les introdujo en la experiencia del sol y de la luna.

Las experiencias que los discípulos tuvieron que vivir en los Misterios Efesios, los Misterios Efesios de Asia Menor, fueron muy diferentes. En estos Misterios Efesios se experimentaba de un modo particularmente intenso con toda la persona lo que más tarde encontró una expresión paradigmática en las palabras iniciales del Evangelio de Juan: "En el principio era el Verbo. Y el Verbo estaba con Dios. Y un Dios era el Verbo".

En Éfeso, el discípulo no era conducido ante dos estatuas, sino ante una, ante la única estatua conocida como Artemisa de Éfeso. Y al identificarse con esta estatua, que estaba llena de vida, rebosante de vida por todas partes, el discípulo se sumergía en el éter del mundo. Se elevaba con toda su experiencia interior y sentimiento de la mera vida terrenal, se elevaba a la experiencia del éter del mundo. Y lo siguiente se hacía claro para él. Se le enseñaba primero lo que es realmente el lenguaje humano. Y en el lenguaje humano, es decir, la imagen humana, el Logos semejante a la imagen humana en relación con el mundo, el Logos cósmico, se le esclareció cómo la palabra del mundo teje y fluye creativamente a través del cosmos.

De nuevo, sólo puedo hacer un resumen del asunto. Sucedió así. Se hacía que el alumno estuviera particularmente atento a experimentar realmente lo que sucede cuando una persona habla, cuando imprime la palabra en la respiración. El alumno era llevado a experimentar cómo lo que él transforma en vida a través de su propia acción interior tiene lugar en el elemento aéreo, pero que otros dos procesos están conectados con lo que tiene lugar en el elemento aéreo.

Imaginemos que se trata de la exhalación (ver dibujo, lado derecho, azul claro con línea roja), a la que se imprimen determinadas formaciones de palabras que pronuncia el ser humano. Mientras esta exhalación, formada en palabras, fluye hacia fuera de nuestro pecho, la vibración rítmica pasa hacia abajo a todo el elemento acuoso, líquido, que impregna el organismo humano (brillo; agua). De modo que el ser humano, al hablar, tiene los ritmos del aire a nivel de su laringe, sus órganos del habla; paralelamente a este hablar, sin embargo, hay un ondular y un pesar del cuerpo fluido en su interior. El líquido bajo los órganos del habla comienza a vibrar, resuena en el interior del ser humano. Y eso es esencialmente lo que hace que lo que hablamos vaya acompañado de sentimientos. Y si el elemento acuoso en el hombre no resonara, el lenguaje iría neutro hacia el exterior, indiferente al exterior; el hombre no simpatizaría con lo que se habla. Pero hacia arriba, hacia la cabeza, va el elemento calor (rojo), y las palabras que imprimimos en la espiración van acompañadas de las ondas de calor que fluyen hacia arriba, que penetran en nuestra cabeza y hacen que acompañemos las palabras con pensamientos. De modo que cuando hablamos, estamos tratando con tres cosas: aire, calor, agua o líquido.

Este proceso, que primero da una imagen global de lo que teje y vive en el habla humana, este proceso era tomado como punto de partida por el discípulo de Éfeso. Y entonces se le esclarecía cómo esto, lo que allí tiene lugar en el hombre, es un proceso universal humanizado, que en un cierto tiempo más antiguo la tierra misma funcionaba de tal manera que en ella ahora no lo aéreo, sino lo acuoso, el elemento líquido (parte izquierda del dibujo, azul), ese elemento líquido del que hablé ayer como proteína volátil-líquida, estaba en tal movimiento ondulatorio. Así como el aire está presente en pequeña escala en un ser humano cuando exhala cuando habla, así también estuvo allí la proteína líquida volátil que rodeaba la Tierra como atmósfera. Y esto luego se fundía, como aquí, en el elemento calor, en una especie de elemento aire (a la izquierda, azul claro), y abajo en una especie de elemento tierra (claro). Así como los sentimientos surgen en nuestro cuerpo a través del elemento líquido, así también las formaciones terrestres, las fuerzas terrestres, todas las fuerzas que trabajan y ondulan en la tierra, surgieron en la tierra. Y aquello que teje pensamientos cósmicos, que tienen un efecto creador en lo terrenal, surgió por encima de ello en el elemento aéreo.

Era una impresión majestuosa y poderosa la que recibía el hombre de Éfeso cuando se llamaba su atención sobre el hecho de que en su lenguaje vivía el eco microcósmico de lo que una vez fue macrocósmico. Y el discípulo de Éfeso, mientras hablaba, sentía en la experiencia de hablar una percepción del funcionamiento de la palabra del mundo, de cómo en otro tiempo movía sensiblemente el elemento líquido-volátil, de cómo limitaba arriba con los pensamientos creadores del mundo, abajo con las fuerzas emergentes de la tierra.

De este modo, el discípulo se sumergía en lo cósmico aprendiendo a entender su propia palabra del modo correcto: El Logos humano está en ti. El Logos humano obra en ti durante tu estancia en la tierra, y como ser humano eres el Logos humano. - Porque, en efecto, a través de lo que fluye hacia abajo en el elemento fluido es como nosotros, como seres humanos, nos formamos a partir del lenguaje; a través de lo que fluye hacia arriba es como tenemos nuestros pensamientos humanos durante nuestro tiempo en la tierra. Pero así como lo más humano que hay en ti es el Logos microcósmico, así también el Logos estuvo una vez en el principio primordial y estuvo con Dios y fue él mismo un dios.

Esto se comprendió a fondo en Éfeso, porque se hizo a través del hombre y en el propio hombre.

Ya lo ven, cuando se observa una personalidad como la que se esconde tras el nombre de Gilgamesh, entonces se debe tener la sensación de que vivió en todo el medio, en todo el entorno, que irradiaba de los Misterios. Porque toda cultura, toda civilización en épocas anteriores era una emanación de los Misterios. Y cuando menciono a Gilgamesh, cuando todavía estaba en su tierra natal Erek, no estaba iniciado en los misterios de Erek en sí, pero formaba parte de una civilización que estaba sustancialmente impregnada de lo que se podía sentir a través de esta relación con el cosmos. Y luego experimentó algo en su viaje a Occidente que le hizo conocer directamente, no los Misterios Hybernios, no llegó tan lejos, sino en cierto modo lo que se cultivaba en una colonia de los Misterios Hybernios, ya se lo he dicho, esta colonia estaba en lo que hoy es Burgenland. Eso vivía en el alma de este Gilgamesh, y con ello siguió desarrollándose en la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento, algo que se produjo posteriormente y para el cual la profundización del alma entonces tuvo lugar en la siguiente vida en la tierra en Éfeso mismo.

Ahora, para ambas personalidades de las que he hablado, tuvo lugar tal profundización del alma. Hubo, por así decirlo, algo de la civilización general de las almas humanas de estas personalidades, algo en realidad, en fuerte, intensa realidad, que desde la época homérica en Grecia había sido esencialmente sólo una bella apariencia.

Fue precisamente en Éfeso, en el lugar donde vivió Heráclito y donde tanto de la antigua realidad se sintió todavía hasta épocas griegas posteriores, hasta el siglo VI, V de los tiempos precristianos. Fue precisamente en Éfeso donde aún se podía sentir toda la realidad en la que vivía antaño la humanidad, cuando aún estaba en relación directa con lo divino-espiritual, cuando Asia aún era sólo el más bajo de los cielos, en el que aún se estaba en contacto con los cielos superiores, que lindaban con él, porque en Asia se experimentaban los espíritus de la naturaleza, por encima de ellos los Ángeles, Arcángeles y demás, por encima de ellos los Exusiai y demás. Y así se puede decir: Mientras que ya en la propia Grecia aquellos ecos sólo eran reminiscencias de lo que una vez fue realidad, mientras que lo que fue realidad se transformó en las imágenes de las sagas heroicas, en las que aún puede reconocerse claramente que apuntan a realidades originales, Mientras que en Grecia el elemento dramático de las realidades originales cobró vida en Esquilo, en Éfeso en realidad seguía dándose el caso de que, inmersos en la profunda oscuridad de los Misterios, se sentían ecos de aquellas antiguas realidades en las que el hombre vivía en conexión directa con el mundo divino-espiritual. Y ésa es la esencia del helenismo, que el griego se sumergía en los mitos que estaban más cerca del hombre y en la belleza y el arte que estaban más cerca del hombre, es decir, se sumergía en la imagen de aquello que una vez pudo ser experimentado por el hombre en conexión con el cosmos.

Y ahora debemos imaginar cómo, cuando por un lado esta civilización griega ya había alcanzado su cenit, cuando había rechazado orgullosamente incluso aquello que, como en las Guerras Persas, aún quería seguir de la antigua realidad asiática, cuando, por un lado, había alcanzado su cenit, pero por otro ya estaba cayendo, como lo experimentaron personalidades que claramente llevaban en sus almas los ecos de lo que una vez fue una realidad terrenal divino-espiritual en el espíritu, el alma y el cuerpo del hombre.

Así pues, debemos imaginar que Alejandro Magno y Aristóteles vivieron realmente en un mundo que no se ajustaba del todo a ellos, que en realidad les resultaba trágico. Lo peculiar es que en Alejandro y en Aristóteles vivían personas que tenían una relación con lo espiritual diferente a la de su entorno, que, aunque no se interesaban mucho por los misterios de Samotracia, sin embargo tenían una gran afinidad en su alma con lo que ocurría en los misterios de Samotracia con los Kabires. Esto se sintió durante mucho tiempo, todavía se sentía en la Edad Media. Y hay que decir, -y la gente hoy en día tiene una idea bastante equivocada sobre esto- que en la Edad Media, hasta los siglos XIII y XIV, existía una clara conciencia espiritual entre los individuos de todas las clases, al menos en la zona que antes se llamaba Asia en el antiguo Oriente. Y la "Canción de Alejandro" compuesta por un sacerdote en la Edad Media es, después de todo, un documento muy significativo de la Baja Edad Media. En contraste con lo que vive hoy en la historia, distorsionado por lo que ocurrió a través de Alejandro y Aristóteles, lo que el sacerdote Lamprecht compuso como la Canción de Alejandro hacia el siglo XII aparece todavía como una magnífica concepción de lo que ocurrió a través de Alejandro Magno, emparentada con la antigua.

Sólo tienes que visualizar lo siguiente. En la canción de Alejandro del sacerdote Lamprecht tenemos una descripción maravillosa, una descripción maravillosa del tipo siguiente: Cada año, cuando llega la primavera y uno sale a un bosque y llega al borde del bosque, donde crecen flores y donde al mismo tiempo el sol está tan alto que la sombra de los árboles cae sobre las flores, allí uno ve cómo a la sombra de los árboles del bosque en primavera surgen de las florecillas los seres espirituales de las flores, que bailan danzas y rondas en el borde del bosque. Y uno reconoce muy claramente que en esta descripción del sacerdote Lamprecht resplandece algo de una experiencia real, de una experiencia que la gente de aquella época aún podía tener; que no salían al bosque, por decirlo en términos prosaicos: Allí hay hierba, allá hay flores, allí empiezan los árboles, -pero cuando se acercaban al bosque, cuando el sol estaba detrás del bosque y la sombra caía sobre las flores, todo un mundo de criaturas florales, que estaban allí para ellos antes de que entraran en el bosque, donde entonces percibieron a los otros espíritus elementales del bosque, se les aparecía a la sombra de los árboles del bosque. Pero esta danza en coro floral le parecía al sacerdote Lamprecht que era lo que quería representar especialmente. Y es significativo que cuando el sacerdote Lamprecht quiso describir las expediciones de Alejandro, intercalaba e impregnaba esta descripción, -aún en el siglo XII, a principios del siglo XII-, con descripciones de la naturaleza, que en todas partes incluyen la revelación de los reinos elementales.  Todo se basa en la conciencia: Si uno quiere describir lo que una vez ocurrió en Macedonia, cuando comenzaron las expediciones de Alejandro a Asia y cuando Alejandro fue enseñado por Aristóteles, si uno quiere describirlo, no puede describirlo describiendo la prosaica tierra que lo rodea, sino que sólo puede describirlo si añade a la prosaica tierra los reinos de las entidades elementales.

Pero ya ven, si leen una obra de historia actual, -está bastante justificada para la época actual-, pues entonces leerán lo siguiente: Alejandro, en contra del consejo de su maestro Aristóteles, al que desobedeció, se imaginó la misión que tenía de reconciliar a los bárbaros con los civilizados y que tenía que crear una cultura media que debía estar formada por los griegos civilizados, los helenos, los macedonios y los bárbaros. Esto puede ser correcto para la actualidad, pero comparado con la verdad, la auténtica verdad, es sencillamente ridículo. Y uno tiene la impresión de lo maravilloso cuando ve cómo el sacerdote Lamprecht, al describir las campañas de Alejandro, fija para éstas un objetivo completamente distinto. Y a uno le parece como si lo que acabo de describir como la introducción de los reinos elementales de la naturaleza, lo espiritual de la naturaleza en lo físico de la naturaleza, como si esto fuera meramente la introducción. ¿Porque cuál es el objetivo de las campañas de Alejandro en la canción de Alejandro del sacerdote Lamprecht?

¡Alejandro llega a las puertas del paraíso! Aunque esto se ha transpuesto al lenguaje cristiano de la época, en realidad se corresponde en alto grado con la verdad, como explicaré más adelante. Pues las campañas de Alejandro no se hicieron meramente para llevar a cabo conquistas o, incluso en contra del consejo de Aristóteles, para reconciliar a los bárbaros con los helenos, sino que las campañas de Alejandro estaban entremezcladas con un verdadero objetivo espiritual elevado, y eran impulsadas desde el espíritu. Y entonces leemos del sacerdote Lamprecht, quien, se puede decir, quince siglos después de que Alejandro viviera, describe estas marchas de Alejandro con gran devoción, leemos que Alejandro llega a las puertas del paraíso, pero no entra en el paraíso mismo, porque, como dice el sacerdote Lamprecht, sólo aquellos que tienen la correcta humildad pueden entrar en el paraíso. Pero Alejandro aún no podía tener la correcta humildad en tiempos precristianos, porque sólo el cristianismo podía traer la correcta humildad a la humanidad. Después de todo, si tomamos esto no en un sentido estrecho sino amplio, podemos ver cómo el sacerdote cristiano Lamprecht presiente algo de la tragedia de las campañas de Alejandro.

Bueno, con esta descripción de la Canción de Alejandro, sólo quería llamar su atención sobre el hecho de que no tiene por qué sorprender si este ejemplo de las campañas de Alejandro se utiliza para describir la historia anterior y posterior de la humanidad en Occidente en su afiliación con Oriente. Porque, como pueden ver, el sentimiento subyacente no sólo estuvo presente como sentimiento general hasta un período relativamente tardío de la Edad Media, sino que estuvo presente de un modo tan concreto que pudo surgir esta Canción de Alejandro, que ahora describe en realidad de un modo magníficamente dramático lo que tuvo lugar a través de las dos almas que les he caracterizado. Este punto de la historia macedonia apunta lejos hacia el pasado, por un lado, y lejos hacia el futuro, por otro. Y, sobre todo, hay que tener en cuenta que la tragedia histórico-mundial se cierne sobre todo lo presente en Aristóteles y Alejandro. Esta tragedia histórico-mundial ya se delata exteriormente. La traiciona el hecho de que sólo la parte más pequeña de los escritos de Aristóteles llegó al Occidente europeo debido a las circunstancias especiales del destino histórico-mundial, y luego fue cultivada aún más por la Iglesia.

En realidad, se trata esencialmente sólo de los escritos lógicos y de los escritos revestidos de lógica. Pero si se profundiza en lo poco que ha sobrevivido de los escritos científicos de Aristóteles en la actualidad, se verá cuán poderosa era en Aristóteles su visión de la conexión entre el cosmos y el hombre. Sólo quisiera llamar su atención sobre una cosa.

También hablamos hoy del elemento tierra, del elemento agua, del elemento aire, del elemento fuego o calor y luego del otro, el éter. ¿Cómo presenta Aristóteles la materia? Él representa la tierra, la tierra sólida (ver dibujo, núcleo de color claro), la tierra líquida, el agua (rojo claro), el aire (azul), el conjunto impregnado de fuego y rodeado de fuego (rojo intenso). Pero para Aristóteles la tierra llega hasta la luna.  

Y desde el cosmos hacia adentro, desde las estrellas hacia adentro hasta la luna, -así ya no en el reino terrenal, sino hasta la luna, hasta aquí-, desde el zodíaco, desde las estrellas hacia adentro llega espacial-cósmicamente al éter restante (brillante exterior). El éter llega hasta la luna. Esto es lo que los eruditos leen todavía hoy en los libros escritos sobre Aristóteles. El propio Aristóteles, sin embargo, le dijo una y otra vez a su alumno Alejandro: Ese éter que está fuera del calor terrenal, es decir, el éter lumínico, el éter químico, el éter vital, también estuvo una vez conectado con la tierra. Todo esto se introducia hasta la tierra.  Pero cuando la luna se retiró en la antigua evolución, el éter se retiró de la tierra. Y, -como decía Aristóteles a su alumno Alejandro-, lo que exteriormente es un mundo espacialmente muerto, al principio no está impregnado por el éter de la tierra. Pero cuando, por ejemplo, se acerca la primavera, los espíritus elementales de la luna traen el éter del reino lunar a los seres que están naciendo, -plantas, animales, seres humanos-, de modo que la luna es el agente moldeador.

De pie frente a la figura femenina de Hybernia, uno sentía muy vívidamente cómo el éter no pertenece en realidad a la tierra, sino que los espíritus elementales lo traen a la tierra cada año, en la medida en que es necesario para la creación de los seres.

Aristóteles también tenía profundas ideas sobre la conexión entre el hombre y el cosmos. Su discípulo Teofrasto no permitió que los escritos que trataban de esto llegaran a Occidente. Algunos de estos escritos regresaron a Oriente, donde aún se comprendían estas cosas. Y luego, a través del norte de África y España, a través de judíos y árabes, llegó al oeste de Europa y, de la forma que describiré, entró en contacto con las emanaciones, con las emanaciones civilizadoras de los Misterios de Hibernia.

jPero lo que les he descrito hasta ahora sólo era el punto de partida de las enseñanzas que Aristóteles le dio a Alejandro. Ellas ciertamente se relacionaban con la experiencia interior. Y si yo, quisiera decir, presento el asunto en forma de dibujo al carboncillo, debo decir lo siguiente: Alejandro aprendió bien a través de Aristóteles que aquello que vive fuera en el mundo como el elemento terrestre, acuoso, aéreo, ígneo, también vive dentro del hombre, que el hombre en este sentido es un verdadero microcosmos, que en él, en sus huesos, vive el elemento terrestre, que en su circulación sanguínea y en todo lo que son jugos en él, jugos vitales, vive el elemento acuoso; que en él el elemento aéreo actúa en la respiración y en la excitación respiratoria, actúa en el habla, que el elemento ígneo vive en los pensamientos.  Alejandro sabía que seguía viviendo en los elementos del mundo. Pero al sentirse vivo en los elementos del mundo, sentía también su íntimo parentesco con la tierra. Hoy en día el hombre viaja al Este, al Oeste, al Norte, al Sur: no siente lo que en realidad todo se precipita sobre él, pues sólo ve lo que perciben sus sentidos externos, y sólo ve lo que perciben las sustancias terrestres que hay en él, no lo que perciben los elementos que hay en él. Pero Aristóteles pudo enseñar a Alejandro: Cuando te mueves hacia el este en la tierra, te mueves más y más hacia un elemento que te seca. Te mueves hacia lo árido (ver dibujo).

No es necesario que se imaginen que al pasar a Aisen se secan por completo. Por supuesto que se trata de efectos sutiles, pero efectos que Alejandro sentía en sí mismo según las instrucciones de Aristóteles. Él pudo decirse a sí mismo en Macedonia: tengo un cierto grado de humedad en mí; reduce su humedad al desplazarse hacia el este. Así que sentía la configuración de la tierra con el deambular por la tierra, como se siente, digamos, cuando se toca a una persona, acariciando cualquier parte de su cuerpo, cuál es la diferencia entre nariz y ojos y boca. Una personalidad como la descrita todavía percibía la diferencia entre experimentarse a sí misma entrando cada vez más en lo árido y experimentarse a sí misma entrando en lo húmedo por el otro lado, hacia el oeste.

La gente sigue experimentando las otras diferenciaciones hoy en día, aunque de forma aproximada. Hacia el norte experimentan el frío, hacia el sur el calor, el ardor. Pero la gente ya no siente esa interacción de humedad y frío cuando cruza hacia el noroeste. Aristóteles hizo realidad en Alejandro lo que Gilgamesh experimentó cuando viajó hacia el oeste. Y la consecuencia de ello fue que el alumno pudo percibir en su experiencia interior inmediata lo que ahora se experimenta en la zona intermedia entre la humedad y el frío hacia el noroeste: El agua. Y no era sólo una expresión posible, sino muy real para un hombre como Alejandro que no dijera: "Hacia allí va la expedición, hacia el noroeste - sino: "La expedición va hacia allá donde predomina el elemento agua. En la zona intermedia entre lo húmedo y lo cálido se encuentra el elemento donde predomina el aire. Este era el caso en la antigua Grecia-Crítica. así se enseñaba en los antiguos Misterios Samotrácicos, así lo enseñó Aristóteles a su discípulo inmediato. Y en la zona intermedia entre lo frío y lo árido, es decir, hacia Siberia desde Macedonia, se experimentaba la región de la tierra donde predominaba lo térreo, lo terroso, el elemento tierra, lo sólido. En la zona intermedia entre lo cálido y lo árido, es decir, hacia la India, se experimentaba aquella región de la tierra donde predominaba el elemento fuego. Y así fue como el discípulo de Aristóteles señalando al noroeste dijo: Allí percibo a los espíritus del agua actuando sobre la tierra. Cuando señalaba hacia el sudoeste, decía: "Allí veo a los espíritus del aire". Al señalar hacia el nordeste, percibió a los espíritus de la tierra flotando hacia él. Si señalaba al sudeste, hacia la India, veía a los espíritus del fuego revoloteando o en su elemento.

Y sentirán ustedes esa profunda afinidad con lo natural y lo moral cuando diga al final que en Alejandro surgió el dicho: ¡Debo arrojarme al fuego fuera del elemento frío y húmedo, emprender el viaje a la India! Ese era un dicho que estaba tan relacionado con lo natural como con lo moral, de lo que hablaremos mañana. Pero quería presentarles vívidamente lo que allí ocurría. Porque en lo que se debatía entre Alejandro y Aristóteles se puede ver reflejado al mismo tiempo todo el cambio en el desarrollo histórico-mundial. En aquella época todavía se podía hablar de los grandes misterios del pasado en lecciones íntimas. Entonces la humanidad sólo se ocupaba de lo lógico, de lo abstracto, de las categorías, mientras rechazaba lo otro. Así que estamos apuntando al mismo tiempo a un tremendo cambio en el desarrollo histórico-mundial de la humanidad, a un punto muy importante en todo el curso de la civilización europea en su conexión con Oriente. 

Traducido por J.Luelmo ago,2024

GA233 Dornach, 26 de diciembre de 1923 La época Egipcio-Caldea

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RUDOLF STEINER

 HISTORIA DEL MUNDO A LA LUZ DE LA ANTROPOSOFÍA

Dornach, 26 de diciembre de 1923

III conferencia

Hace trece años, casi exactamente el mismo día, pronuncié en Stuttgart un ciclo (GA126) de conferencias, que también di entre Navidad y Año Nuevo, sobre el mismo tema al que también pertenece este ciclo de conferencias. La única diferencia es que tendré que cambiar el punto de vista que prevalecía entonces.

En las dos conferencias introductorias anteriores procuramos que nuestras almas comprendieran cuán profundamente ha cambiado el estado mental y anímico de la humanidad en el transcurso del desarrollo histórico y, sobre todo, prehistórico. Tampoco esta vez necesitamos remontarnos más allá de algunos milenios, al menos inicialmente. Ustedes saben que desde el punto de vista espiritual-científico consideramos que el vínculo más importante entre lo histórico y lo prehistórico desde la llamada catástrofe atlante que azotó la tierra es lo que suele llamarse la época de la glaciación de la tierra, la edad de hielo más reciente. En aquella época, sin embargo, tuvo lugar el acto final del hundimiento del continente atlante, que hoy forma el fondo del océano Atlántico. Y después de cuya catástrofe atlante se sucedieron cinco grandes períodos de civilización hasta nuestros días, como se ha señalado a menudo, los primeros de los cuales se han perdido por completo para la tradición histórica. Pues lo que está contenido allá en Oriente como literatura, -también en los maravillosos Vedas, en la profunda filosofía Vedanta-, no son más que los ecos de lo que hay que describir si se quiere representar esa época cultural de la que siempre hablo en mi "Ciencia Oculta" como la india primigenia, la persa primigenia también.

Ahora bien, no queremos volver a ese punto hoy, sino que queremos considerar el período que a menudo he descrito como el período cultural caldeo-egipcio, que precedió al griego. Hemos tenido que llamar la atención sobre el hecho de que en este período comprendido entre la catástrofe atlante y la época griega se produjeron grandes cambios con respecto a la capacidad de recordar, al poder humano de la memoria, y con respecto a la convivencia humana. Una memoria como la que tenemos hoy en día, para poder visualizar algo retrospectivamente en el tiempo, tal memoria del tiempo aún no estaba presente en este tercer período cultural postatlante, pero sí estaba presente una memoria ligada a la experiencia rítmica, tal como se la he descrito. Y esto surgió a partir de lo que fue particularmente fuerte durante el período atlante: la memoria localizada, en la cual el hombre sólo tenía una conciencia presente en sí mismo, pero por medio de todo lo posible que encontraba en el mundo exterior o que él mismo colocaba allí, tenía marcadores a través de los cuales se relacionaba con el pasado no sólo de su propia personalidad, sino con el pasado de la humanidad en general.

Sin embargo, los marcadores no eran sólo los que se colocaban directamente sobre la tierra, sino que los marcadores en la antigüedad eran también las constelaciones del cielo, especialmente las constelaciones planetarias, a partir de las cuales uno reconocía en su repetición o repetición variada cómo habían sido las cosas en épocas anteriores. De este modo, el cielo y la tierra trabajaban conjuntamente para formar la memoria externa localizada de una humanidad más antigua.

Pero esta humanidad más antigua era también diferente en toda su constitución humana que la posterior o incluso que la humanidad de nuestro tiempo. La humanidad de nuestro tiempo lleva el yo y el cuerpo astral en el cuerpo físico en el estado de vigilia tan inadvertidamente que la mayoría de la gente no nota realmente cómo este cuerpo físico, como una organización mucho más significativa de lo que es en sí, lleva el cuerpo astral y la organización del yo dentro de él junto con el cuerpo etérico. 

Ustedes si que conocen estas relaciones. Pero una humanidad más antigua percibía los hechos de su propia existencia de forma bastante diferente. Y volvemos a tal humanidad cuando regresamos al anterior tercer período cultural postatlante, al período egipcio-caldeo. Allí el hombre se experimentaba a sí mismo como espíritu y alma en gran medida fuera de su cuerpo físico y etérico, incluso cuando estaba despierto. Él sabía diferenciar: Esto es lo que guardo en mí como mi espíritu y mi alma, -lo llamamos yo y cuerpo astral-, y esto está conectado con mi cuerpo físico y etérico. El hombre pasaba por el mundo como esta dualidad. Él no llamaba yo a su cuerpo físico y a su cuerpo etérico, sino que al principio sólo llamaba yo a su espíritu y a su alma, a aquello que era espiritual y que estaba conectado hacia abajo de cierta manera, pero en una conexión con lo físico y con el cuerpo etérico que le era perceptible. Y en esta alma-espíritu, en este cuerpo yoico y astral, el hombre sentía la penetración de las jerarquías divino-espirituales, del mismo modo que el hombre de hoy siente la penetración de las sustancias naturales en su cuerpo físico.

En este cuerpo físico el hombre siente de tal manera que sabe que toma las sustancias de los reinos exteriores de la naturaleza con su alimento y con su respiración. Tales sustancias están primero fuera y luego dentro de él. Actúan de tal manera que pasan a través de él, se convierten en componentes de él. En aquel tiempo el hombre, que sentía una cierta separación de su alma-espíritu de su físico-etérico, sabía que los Ángeles, los Arcángeles hasta las más altas jerarquías eran entidades espirituales-sustanciales, que ahora también pasan a través de su alma-espíritu, se convierten en constituyentes, si puedo expresarme así, de él. Así que el hombre podía decir en cada momento de su vida: Los dioses viven en mí. Y no concebía su yo como construido desde abajo por sustancias físicas y etéricas, sino que concebía su yo como dado a él por la gracia, venida de arriba, del lado de las Jerarquías. Y hasta cierto punto percibía su físico-etérico como una carga, como un vehículo, como algo que utilizaba como un carruaje vital para avanzar en el mundo físico. Si no se capta esto de manera correspondiente a los ojos del alma, entonces no se comprende realmente el curso histórico del desarrollo humano.

Ahora podríamos seguir este curso histórico del desarrollo humano utilizando diversos ejemplos característicos. Hoy queremos poner ante nosotros, por así decirlo, un hilo conductor que ya toqué hace trece años vinculándolo al documento histórico y legendario que representa la fase más antigua del desarrollo del que quiero hablar, a saber, la Epopeya de Gilgamesh. Pero la Epopeya de Gilgamesh es en parte legendaria, y hoy describiré el proceso que describí hace trece años tal como surge directamente de la observación espiritual. 

Allá, en una ciudad de Oriente Próximo, -Erek la llama la Epopeya de Gilgamesh-, nos encontramos con una de esas naturalezas conquistadoras de las que hablé ayer, que realmente había crecido a partir de esas constituciones humanas anímicas y sociales que se describieron ayer. Gilgamesh es como lo llama la epopeya>. Así que se trata de una personalidad que, en la época de la que estamos hablando ahora, era de la misma naturaleza que ahora he caracterizado, que había conservado muchas viejas características humanas de épocas anteriores. Pero tan claro como era para esta personalidad en aquella época, por así decirlo, la dualidad entre el alma-espiritual, en la que prevalecen los dioses, y lo físico-etérico, en la que prevalecen las sustancias de la tierra y del cosmos, las sustancias físicas y etéricas, tanto mas es también un hecho que en la época en que vivió esta personalidad, de la que habla la epopeya de Gilgamesh, precisamente el pueblo característico, el pueblo representativo ya se encontraba en una época de transición hacia el desarrollo posterior de la humanidad. Y esta transición consistió en el hecho de que la conciencia del yo, que relativamente poco antes estaba en la cima de lo anímico-espiritual, si puedo expresarme así, se había ido hundiendo en lo corporal-etérico, de modo que Gilgamesh estaba justo entre los que empezaron a decir yo no a su parte anímico-espiritual, en la que se sentían los dioses, sino a lo que era terrenal-etérico a su alrededor. Ese era este nuevo estado anímico.

Pero en esta constitución anímica, de la que podemos decir que el yo ha sido arrastrado desde lo anímico-espiritual, arrastrado como yo consciente a lo físico-etérico, en esta personalidad existían al mismo tiempo todavía esos viejos hábitos: ese viejo hábito de experimentar preferentemente sólo en la memoria lo que se experimentaba en el ritmo, y existía ese sentimiento interior que sentía que había que familiarizarse con las fuerzas de la muerte, porque en realidad sólo las fuerzas de la muerte producen lo que lleva al hombre a la prudencia. Ahora bien, precisamente porque en esta personalidad de Gilgamesh se trata de un alma que ya había pasado por muchas encarnaciones en la tierra, pero que había entrado en la nueva forma de existencia humana, que era tal como la he descrito ahora, esta personalidad se encontraba, diría yo, en una existencia física que llevaba en sí cierta inseguridad. La justificación, por así decirlo, de los hábitos y de la memoria rítmica del conquistador empezó a no valer ya para la tierra. Y así, las experiencias de esta personalidad fueron definitivamente las experiencias de una época de transición.

Por lo tanto, sucedió que cuando esta personalidad, por antigua costumbre, se apropió por conquista de la misma ciudad llamada Erek en la Epopeya de Gilgamesh, surgieron conflictos en esta ciudad. Al principio, esta personalidad no fue bienvenida en la ciudad, fue percibida como extraña, y probablemente no habría sido capaz de hacer frente por sí sola a todas las dificultades que habían surgido en la ciudad. Después, puesto que el destino la había conducido hasta allí, se encontró con otra personalidad, -la Epopeya de Gilgamesh la llama Eabani-, una personalidad que había descendido a la tierra relativamente tarde desde la existencia planetaria que la humanidad terrestre había llevado durante un tiempo en el sentido que describí en mi "Ciencia Oculta". Como ustedes saben, durante el período atlante las almas descendieron gradualmente, algunas antes, otras después, después de haberse retirado de la tierra al cosmos a diversos planetas en épocas muy tempranas de la evolución terrenal.

En Gilgamesh tenemos ante nosotros a una personalidad, a una individualidad que regresó a la tierra relativamente pronto, es decir, que había experimentado muchas encarnaciones terrenales durante el tiempo del que estoy hablando. En el caso de la otra personalidad, que ahora también ha sido atraída a esa ciudad, estamos tratando con una personalidad que había permanecido en la existencia planetaria durante un tiempo relativamente largo y que sólo regresó a la tierra en una etapa tardía. Esto puede leerse desde un punto de vista algo diferente en mi ciclo de conferencias, que tuvo lugar hace trece años en Stuttgart, sobre la historia desde el punto de vista de la ciencia espiritual.

Esta personalidad entabló entonces una íntima amistad con Gilgamesh, y juntos fueron capaces de establecer unas condiciones sociales verdaderamente sostenibles en la ciudad de Erek, en Oriente Próximo. Esto fue posible, en particular, porque esta segunda personalidad había conservado relativamente gran parte del conocimiento que se había preservado a través de unas pocas encarnaciones terrenales de su estancia cósmica fuera de la tierra. Había, como dije en Stuttgart, una especie de clarividencia, clariaudiencia, conocimiento clarividente en esta personalidad. Y de la confluencia de lo que estaba presente en una personalidad de los viejos hábitos conquistadores y de la memoria dirigida al ritmo, y de la perspicacia en los secretos del mundo de la otra personalidad creció, como solía ocurrir en tiempos más antiguos, la construcción del orden social en esa ciudad del Cercano Oriente. La paz llegó a esta ciudad, la felicidad llegó a sus habitantes, y todo habría estado en orden al principio si no hubiera ocurrido cierto acontecimiento que reorientó todo el curso de los acontecimientos de una manera diferente.

En esa ciudad existía una especie de misterio, el misterio de una diosa, y este misterio conservaba un número extraordinario de secretos del mundo. Pero en el sentido de la época era una especie de, yo diría, misterio sintético, es decir, las más diversas revelaciones mistéricas de Asia estaban recogidas en este misterio. Y en diferentes épocas los contenidos mistéricos se cultivaron y enseñaron allí de forma variada, metamorfoseada. Al principio el personaje que lleva el nombre de Gilgamesh en la epopeya no comprendió esto y se quejó a este centro de misterios de que enseñaba cosas contradictorias. Y el hecho de que el Misterio fuera acusado por una autoridad tan importante, -porque las dos personalidades de las que estoy hablando eran las que realmente daban orden y administración a toda la ciudad-, provocó dificultades, que finalmente llevaron a los sacerdotes del Misterio a recurrir a los poderes a los que podían recurrir en los antiguos Misterios. Ustedes no se sorprenderán hoy de que en los antiguos Misterios uno pudiera realmente dirigirse a los seres espirituales de las jerarquías superiores, pues ya les dije ayer que: en los antiguos tiempos orientales Asia era en realidad sólo el cielo más bajo, y en este cielo más bajo se sabía que los seres divino-espirituales estaban presentes y se comunicaban con ellos. Esta comunicación se cultivaba particularmente en los misterios. Así fue como los sacerdotes de los Misterios de Ishtar se dirigieron a esos poderes espirituales a los que, por lo demás, siempre habían acudido cuando querían iluminación, y así fue como se produjo que estos poderes espirituales impusieran un cierto castigo a la ciudad.

En aquella época se decía que algo que en realidad es un poder espiritual superior actuaba en Erek como una fuerza animal, una fuerza animal fantasmal. Todo tipo de cosas se apoderaron de los habitantes, enfermedades físicas, pero sobre todo colapsos mentales. Y la consecuencia de esto fue que la única personalidad que se había unido a Gilgamesh, que se llama Eabani en la epopeya, murió como resultado de estas dificultades, pero en realidad permaneció espiritualmente con esta personalidad incluso después de la muerte para continuar la misión de la otra personalidad en la tierra. De modo que tenemos que entender el tiempo posterior de la vida, el desarrollo posterior de esa personalidad que lleva el nombre de Gilgamesh en la epopeya, de tal manera que sigue habiendo una cooperación entre las dos personalidades caracterizadas, pero de tal manera que las inspiraciones, las iluminaciones de Gilgamesh desde el lado de Eabani tuvieron lugar en el tiempo siguiente, de modo que Gilgamesh solo siguió actuando no sólo por su propia voluntad, sino por la voluntad de los dos, por la confluencia de la voluntad de los dos.

Con esto, una vez más les he presentado algo que ciertamente era una posibilidad en aquellos tiempos antiguos. La mente humana no era tan inequívoca en aquellos tiempos antiguos como lo es hoy. Por lo tanto no podía existir la experiencia de la libertad en el sentido que existe hoy en día. O bien un ser espiritual que nunca había encarnado en la tierra podía obrar a través de la voluntad de una personalidad terrenal, o bien, como era el caso de Gilgamesh, una personalidad que ya había pasado por la muerte, que llevaba una vida post-mortem, podía hablar y actuar a través de la voluntad de una personalidad en la tierra. Y eso fue lo que ocurrió con Gilgamesh. Y a partir de lo que resultó de este modo de la confluencia de las dos voluntades, surgió en Gilgamesh, sobre todo, una toma de conciencia bastante clara de la situación histórica en la que realmente se encontraba. Él empezó a saber, precisamente por la influencia del espíritu que le inspiraba, que el yo se había hundido en el cuerpo mortal físico y etérico, y el problema de la inmortalidad empezó a desempeñar un papel intensamente fuerte para Gilgamesh. Todo su anhelo era llegar de algún modo tras este problema de la inmortalidad. Los misterios que preservaban lo que había que decir sobre la inmortalidad en la tierra en aquel tiempo no se abrieron a Gilgamesh al principio. Estos misterios todavía tenían la tradición y de las tradiciones también en gran medida el conocimiento vivo que estaba presente, mientras que en la tierra la sabiduría primordial prevaleció en el viejo tiempo atlante.

Pero los portadores de esta sabiduría primordial, que una vez caminaron por la tierra como seres espirituales, hacía tiempo que se habían retirado y fundado la colonia cósmica de la luna. Porque es pura ingenuidad pensar que la luna es el cuerpo rígido y helado que la física moderna describe. La luna es la residencia planetaria sobre todo de aquellos seres espirituales que fueron los primeros grandes maestros de la humanidad terrestre, que una vez trajeron la sabiduría primordial a la humanidad terrestre y que, poco después de que la luna abandonara la tierra como cuerpo físico planetario y ocupara su propio lugar en el sistema planetario, se retiraron a esta luna. Aquellos que hoy, a través de la comprensión imaginativa, tienen la oportunidad de conocer realmente la Luna, también llegan a conocer a aquellos seres espirituales de esta colonia cósmica que una vez fueron los maestros de la sabiduría primigenia de la humanidad en la Tierra. Lo que ellos habían enseñado una vez, pero también aquellos impulsos a través de los cuales uno puede entrar en una cierta relación con esta sabiduría primigenia, fueron preservados por los Misterios. No había ninguna conexión real entre estos misterios del Cercano Oriente, por ejemplo, y la personalidad mencionada en la epopeya de Gilgamesh. Pero a través de la influencia suprasensible del amigo que estaba unido a Gilgamesh en el estado postmortem, surgió en Gilgamesh el impulso interior de buscar caminos en el mundo a través de los cuales pudiera ser capaz de aprender algo sobre la inmortalidad del alma.

En la Edad Media se hizo costumbre, si uno quería aprender algo sobre el mundo espiritual, sumergirse en el ser interior del hombre. En tiempos más recientes, me gustaría decir, es común un proceso aún más hacia el interior. Pero en aquellos tiempos más antiguos, de los que estoy hablando ahora, la gente sabía muy bien que la tierra no es el bloque de roca que la geología actual describe, sino que la tierra es un ser vivo, espiritual. Y del mismo modo que un animal pequeño, cuando camina sobre un ser humano, puede llegar a conocerlo caminando sobre la nariz, caminando sobre la frente, caminando sobre el cabello y adquiriendo su conocimiento a través de este viaje, así fue en aquellos tiempos que el hombre, al emprender su viaje sobre la tierra, llegó a conocer la tierra en sus diversas configuraciones en diferentes lugares y que, de este modo, adquirió conocimientos sobre el mundo espiritual. Él obtuvo los conocimientos, tanto si se le permitió el acceso a los misterios como si no, los obtuvo. Y realmente no es ninguna extravagancia que se diga de Pitágoras y similares que hicieron grandes viajes para adquirir sus conocimientos. Se recorrieron la tierra para absorber en la diversidad de sus configuraciones lo que se podía observar de las diversas configuraciones de la tierra anímico-espiritual física en diferentes lugares de esta tierra. Hoy en día la gente puede viajar a África, a Australia, no experimentan mucho diferente de lo que experimentan en casa, con la excepción de las apariencias externas que miran fijamente. Porque la sensibilidad humana a las diferencias radicales que existen entre las distintas partes del mundo se ha amortiguado. En la época de la que ahora hablo, no estaba amortiguada. Y por eso el impulso de conseguir algo para la solución del problema de la inmortalidad viajando a través de la tierra significaba algo muy importante para Gilgamesh.

Y así emprendió esta marcha. Este viaje fue un éxito muy, muy significativo para él. En una región de la que se ha hablado mucho en los últimos tiempos, pero que por supuesto ha cambiado mucho en cuanto a sus condiciones sociales, se encontró con un antiguo misterio en la zona conocida como Burgenland, que ha sido objeto de disputa sobre si debía pertenecer a Cisleithania o a Hungría, en una zona de Burgenland. El sumo sacerdote de este misterio se llama Xisuthros en la Epopeya de Gilgamesh. Se encontró con un antiguo misterio que era una auténtica secuela de los antiguos misterios atlantes, naturalmente en metamorfosis, como no podía ser de otro modo en una fecha tan tardía.

Y efectivamente, en aquel centro de misterios supieron juzgar y apreciar las capacidades cognitivas de Gilgamesh. Quisieron complacerle. Se le impuso una prueba que en aquella época se imponía a muchos estudiantes de los Misterios. La prueba consistía en hacer ciertos ejercicios espirituales estando completamente despierto durante siete días y siete noches. Esto no le fue posible. Y por eso sólo se sometió al sucedáneo de tal prueba. Y este sucedáneo consistía en que se le preparaban ciertas sustancias, que él tomaba en sí mismo y a través de las cuales recibía efectivamente cierta iluminación, aunque, como siempre ocurre en este campo, si no se garantizan ciertas condiciones excepcionales, éstas eran en cierto sentido dudosas. Pero una cierta iluminación estaba presente en Gilgamesh, una cierta comprensión de las interconexiones del mundo, de la estructura espiritual del mundo. De modo que cuando Gilgamesh completó su viaje y regresó, había en él una gran penetración espiritual.

Caminó aproximadamente a lo largo del Danubio, hacia el sur del Danubio de regreso a su ciudad natal, a su ciudad natal elegida. Pero antes de llegar a esta ciudad natal, debido a que no había recibido la iniciación en el misterio postatlante de la otra forma que he descrito, sino de esa forma un tanto difícil, sucumbió a la primera tentación, una rabia terrible ante un suceso que le impactó, en realidad algo que oyó sobre lo que ocurría en la ciudad. Lo oyó antes de llegar a ella. Una terrible oleada de ira se apoderó de él, y a través de esa oleada de ira la iluminación se oscureció casi por completo, de modo que llegó sin ella.

Pero aún así, y esa es la peculiaridad de esta personalidad, seguía teniendo la posibilidad de ver el mundo espiritual en conexión con el amigo fallecido, con el espíritu del amigo fallecido, o al menos de recibir comunicaciones del mundo espiritual. Sin embargo, ahora es un asunto diferente mirar directamente al mundo espiritual a través de una iniciación que recibir comunicaciones de una personalidad que se encuentra en un estado post-mortem. Pero aún se puede decir que: algo de una visión de la naturaleza de la inmortalidad le quedó a Gilgamesh. -Y ahora no estoy considerando aquello por lo que se atraviesa después de la muerte; estos acontecimientos que se viven allí no desempeñan todavía un papel muy fuerte en la conciencia de las próximas encarnaciones, ni hoy ni entonces: ¡en la conciencia!  En la vida, en la constitución interior, ciertamente muy fuertemente, pero no en la conciencia.

Como verán, les he descrito dos personalidades que juntas expresan la constitución espiritual humana en el tercer período cultural post-atlante, -aproximadamente hacia su mitad-, que todavía vivían de tal manera que en su forma de vivir se notaba fuertemente que el hombre consiste en una dualidad. Debido a que uno de ellos, Gilgamesh, era consciente de esta dualidad, aunque fue uno de los primeros que la había atravesado, de que la conciencia del yo se había ido bajando, el yo se había ido introduciendo en lo físico-etérico. El otro, al haber experimentado algunas encarnaciones en la tierra, tuvo una comprensión clarividente, mediante la cual tuvo la intuición de que la materia, la sustancia, no existe en absoluto, que todo es espiritual, que lo llamado material no es más que otra forma de lo espiritual.

Pueden imaginarse ustedes que todo lo que el hombre piensa y siente hoy, naturalmente no podía pensarlo ni sentirlo con semejante constitución de su ser. Todo su modo de pensar y sentir era distinto. Y a tales personalidades no podía llegarles, por supuesto, nuestra escolarización actual, ni algo que se pareciera a la escolarización actual de la gente ni a la escolarización superior, sino que todo lo que llegaba a la gente espiritualmente, culturalmente, en términos de civilización, fluía de los Misterios, de alguna manera les era comunicado a través de todo tipo de canales a las más amplias masas de gente. Sino que los verdaderos autores eran los sabios sacerdotes en los Misterios.

Ahora bien, lo peculiar de las dos personalidades de las que estoy hablando era que en la encarnación que acabo de describir no podían vincularse a los misterios, precisamente a los misterios de su entorno, debido a su tipo especial de alma. El que se llama Eabani en la epopeya de Gilgamesh, estuvo en estrecha relación con los Misterios a través de sus estancias extraterrestres; el que se llama Gilgamesh experimentó una especie de iniciación en un Misterio post-atlante, pero sólo fructificó a medias en él. Pero todo esto obró de tal manera que algo sintieron estas personalidades, como en su propio ser, que las asemejaba a la prehistoria terrenal humana. Ambos podían decirse: ¿En qué nos hemos convertido? ¿A través de qué hemos pasado con el desarrollo en la tierra? Nos hemos convertido en lo que somos a través de la evolución en la tierra. ¿A través de qué hemos pasado?

La cuestión de la inmortalidad, que Gilgamesh padeció y con la que luchó, estaba conectada en aquella época con necesarias percepciones del desarrollo prehistórico terrenal, precisamente por la disposición de las almas humanas. Y no se podía pensar o sentir realmente sobre la inmortalidad del alma en el sentido de aquella época si no se tenía al mismo tiempo una cierta percepción de cómo las almas de los hombres, que ya estaban presentes durante las fases más antiguas del desarrollo de la Tierra, durante los estados de luna y sol, etc., veían lo que entonces se volvía terrenal acercándose a ellas. Uno sentía que pertenecía a la tierra; para reconocerse a sí mismo, debía ver a través de su conexión con la tierra.

Ahora bien, los misterios que se practicaban en todos los misterios asiáticos eran ante todo misterios cósmicos, que tenían como contenido de enseñanza y sabiduría el curso del desarrollo de la tierra en conexión con el cosmos. En estos misterios una idea general de cómo se había desarrollado la tierra y de cómo se había desarrollado el hombre con todas estas sustancias en las olas y olas de las sustancias y fuerzas de la tierra a través de la época del sol, la luna y la tierra, se presentaba ante el hombre de una manera muy viva, para que pudiera convertirse en ideas en el hombre. Esto se demostró en toda su viveza.

Uno de los misterios en los que se realizaban tales cosas se conservó hasta tiempos muy recientes. Este es el centro de los misterios de Éfeso, el centro de los misterios de Artemisa de Éfeso. Este centro de los misterios de Éfeso tenía la imagen de la diosa Artemisa en su centro. Cuando alguien hoy mira las réplicas de la diosa Artemisa de Éfeso, sólo tiene la grotesca sensación de una figura femenina sin nada más que pechos, porque no tiene ni idea de cómo se experimentaban estas cosas en la antigüedad. La experiencia de estas cosas era importante en la antigüedad. Los estudiantes de los Misterios tenían que pasar por preparaciones a través de las cuales luego eran conducidos al centro real de los Misterios. El centro de estos Misterios Efesios era esta imagen de Artemisa. Cuando eran conducidos a este centro, se convertían en uno con dicha imagen. El ser humano, de pie ante esta imagen, dejaba de tener la conciencia de que era algo dentro de su piel. Él tomaba conciencia de que es lo que es la imagen. Se identificaba con la imagen. Y esta autoidentificación en la conciencia con la imagen de los dioses en Éfeso tuvo el efecto de que uno ya no miraba los reinos de la tierra que le rodeaban, las piedras, los árboles, los ríos, las nubes, etc., sino que, al sentirse uno mismo en la imagen de Artemisa, adquiría una percepción interior de su conexión con los mundos etéricos. Uno se sentía uno con el mundo estrellado, con los procesos del mundo estrellado. Dejaba de sentir la sustancialidad terrenal dentro de la piel humana, sentía su existencia cósmica. Uno se sentía en lo etérico.

Y a través de esta sensación en lo etérico, uno se daba cuenta de lo que eran los estados anteriores de la experiencia terrenal del hombre y de la propia experiencia terrenal. Hoy miramos la tierra de tal manera que es, como he dicho, una especie de bloque de roca que lleva las aguas sobre una gran parte de su superficie, que está rodeada por un círculo de aire en el que hay oxígeno y nitrógeno y otras sustancias, en el que sobre todo está lo que el hombre necesita para respirar etc. Y cuando la gente de hoy comienza a especular, a observar, a interpretar la observación en lo que es conocimiento común de la naturaleza, -¡entonces sale algo correcto! Pues lo que precedió a estas condiciones actuales en los tiempos más antiguos sólo puede alcanzarse a través de la mirada espiritual. Pero tal mirada espiritual sobre los estados primitivos de la tierra y de la humanidad les era revelada a los discípulos de Éfeso cuando se identificaban con la imagen de los dioses, y aprendían a reconocer que lo que ahora es la atmósfera alrededor de la tierra no era antes como es ahora, sino que lo que estaba presente en este entorno terrestre en el lugar donde hoy se encuentra la atmósfera era extraordinariamente liviano, proteína líquido-volatil, sustancia proteica. De modo que todo lo que vivía en la tierra necesitaba las fuerzas de esta sustancia proteica, que era volátil sobre la tierra, para su formación y también vivía en ella. Y uno veía cómo lo que ya estaba allí en cierto sentido en esta sustancia proteínica, finamente distribuido, pero definitivamente con la tendencia de cristalizar por todas partes (ver dibujo, rojizo), que estaba allí en un estado finamente distribuido como ácido silícico, representaba una especie de órgano sensorial de la tierra, que absorbía las imaginaciones, las influencias por todas partes del cosmos. De modo que en el contenido de ácido silícico de la atmósfera proteínica terrestre había imaginaciones reales, externamente presentes en todas partes.

Estas imaginaciones tenían la forma de organismos vegetales gigantescos, y a partir de aquello que se imaginaba a sí mismo como imaginaciones de lo terrenal, se desarrolló más tarde la planta por medio de la absorción de sustancia atmosférica, primero en forma líquida volátil alrededor de la tierra. Sólo más tarde se hundió en la tierra y se convirtió en la sustancia vegetal posterior. Y además de la sustancia silícea, esta atmósfera albuminosa estaba incrustada de cal finamente distribuida. De la materia calcárea, bajo la influencia de la coagulación de esta proteína, surgió lo animal. Y el hombre se sentía a sí mismo en todo esto. El hombre sentía que era uno con toda la tierra en los tiempos primitivos. A través de la imaginación, él vivía en lo que se formaba en la tierra como plantas, él vivía en lo que se formaba en lo terrenal como el animal, tal como acabo de describir. Cada ser humano básicamente se percibía a sí mismo como extendido sobre toda la tierra, como uno con la tierra. De modo que los hombres, como aún he descrito en mi libro "El cristianismo como hecho místico" en relación con la facultad humana de las ideas, eran uno con la enseñanza platónica.

Como ven, aquellas dos personalidades de las que hablé entonces en Stuttgart, y de las que vuelvo a hablar ahora, el destino hizo que nuevamente se encarnaran como miembros del Misterio de Éfeso, y allí absorbieran íntimamente en su alma lo que ahora he expuesto. En cierto modo sus almas se consolidaron así interiormente. Ahora absorbían como sabiduría terrena a través del Misterio lo que antes sólo les había sido accesible en experiencia, pero en su mayor parte en experiencia inconsciente. Así, la experiencia de lo humano en estas personalidades se extendía a lo largo de dos encarnaciones distintas. Como resultado, sin embargo, llevaban dentro de sí una fuerte conciencia de la afiliación del hombre con el mundo superior, con el mundo espiritual, pero al mismo tiempo una fuerte e intensa sensibilidad por todo lo que es terrenal.

Porque veran, si estas dos cosas fluyen siempre la una en la otra, si no se pueden mantener separadas, entonces se confunden la una en la otra; pero si se diferencian claramente, entonces se puede juzgar a cada una por la otra. Y así, por un lado, estas dos personalidades pudieron juzgar lo espiritual del mundo superior que seguía después de la vida y vivía en ellas como un eco de las encarnaciones anteriores. Y ahora que el asunto les fue transmitido en el Misterio, en el Misterio de Éfeso bajo la influencia de la diosa Artemisa, fueron capaces de juzgar cómo las cosas de la tierra llegaron a existir aparte del hombre, cómo lo extrahumano de la tierra surgió gradualmente de una sustancialidad original que incluía al hombre. Así, la vida de estas personalidades, que en parte todavía cae en el último tiempo en el que Heráclito vivió en Éfeso, pero luego en el tiempo posterior, la vida de estas personalidades se convirtió en particularmente interiormente rica, interiormente fuertemente impregnada por los misterios del mundo. Y también surgió una fuerte conciencia de que el hombre en su vida anímica puede estar conectado no sólo con lo que se extiende horizontalmente en la tierra, sino con lo que se extiende hacia arriba cuando el hombre estira su ser hacia arriba. Y esta configuración anímica interior, que estas dos personalidades, que habían trabajado juntas en el antiguo período egipcio-caldeo, que luego vivieron juntas en la época de Heráclito, podría decirse, pero todavía algo más tarde, en relación con el Misterio de Éfeso, esta cooperación podía ahora continuar. La configuración del alma que se había desarrollado en ambos pasó entonces por la muerte, pasó por el mundo espiritual y se preparó para una vida terrenal, a partir de la cual básicamente muchas cosas tenían que convertirse en un problema, tenían que convertirse en un problema de diferentes maneras, por supuesto. Y precisamente en la forma en que estas dos personalidades tuvieron que situarse en el curso histórico del desarrollo terrenal se puede ver cómo, a través de las experiencias de las almas de épocas anteriores, que luego continúan kármicamente en vidas terrenales posteriores, se preparan cosas que luego aparecen en vidas posteriores en metamorfosis de encarnación muy diferentes en el desarrollo de la humanidad terrenal.

Y cito este ejemplo porque estas dos personalidades aparecen después en una época extraordinariamente importante del desarrollo histórico, que también señalé entonces en Stuttgart. Pues, de hecho, ya hablé de todas estas cosas desde cierto punto de vista hace trece años. Estas personalidades, que en la época egipcio-caldea habían pasado por una vida mundana ampliamente extendida, que luego profundizaron interiormente esta vida mundana, de modo que sus almas se habían consolidado en cierto modo, estas personalidades vivieron en encarnaciones posteriores como Aristóteles y Alejandro Magno. Y sólo entonces, como ya mostré en Stuttgart en ese capítulo histórico, cuando se consideran estos antecedentes en las almas de Aristóteles y Alejandro Magno, se puede comprender en qué consiste realmente lo que luego actuó de forma tan problemática en estas personalidades en la decadencia de lo helénico en el punto de partida de la dominación romana, lo que luego actuó a través de estas personalidades. Hablaremos más de esto mañana en la próxima conferencia.

Traducido por J.Luelmo ago,2024