CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA343 Dornach, 27 de septiembre de 1921 (tarde) Pensamiento teórico y vida en el espíritu

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 Pensamiento teórico y vida en el espíritu

RUDOLF STEINER

 
Dornach, 27 de septiembre de 1921

Emil Bock: Quisiera abrir nuestra hora de debate y dar mi encargo inmediatamente pidiendo al Dr. Steiner que responda a la carta del Dr. Rittelmeyer que tenemos ante nosotros. Esta carta ha surgido probablemente de los muchos deseos de recibir directrices para las respuestas a los que hacen estas objeciones.

Rudolf Steiner: Si vamos a comenzar, primero me gustaría tomarme la libertad de decir algunas cosas sobre los puntos individuales. Le ruego, sin embargo, que vincule sus propios comentarios a las observaciones que yo haga, porque, naturalmente, una u otra cosa de las que usted diga aquí también podría ir en una dirección distinta de la formulada por el Dr. Rittelmeyer.

Aquí encuentro en primer lugar el pensamiento de que hoy existe a menudo el sentimiento de que debe haber una especie de impacto en la vida religiosa, de que la vida religiosa necesita una especie de renovación en los puntos más diversos. El Dr. Rittelmeyer ha formulado este sentimiento, que él cree que está presente en muchas personas, tal como usted lo conoce, y debo confesar que a veces me he encontrado con algo parecido. Pero precisamente con referencia al primer punto que se ha planteado aquí, de que uno espera un pensamiento unificado, un sentimiento anímicamente poderoso, -que luego se resume en las palabras «Uno es necesario»-, y se encuentra en la antroposofía una suma, quizá incluso una suma muy grande de explicaciones sobre contenidos del mundo y cosas por el estilo, a las que uno inicialmente no tiene acceso, debo decir: Me parece que en tal sentimiento radica precisamente lo que en muchos aspectos ha existido durante mucho tiempo, y que ha contribuido en gran medida al hecho de que en los últimos tiempos nosotros, en la civilización occidental, hayamos llegado a una especie de callejón sin salida.

Pensemos por una vez lo vago, lo indefinido que sería un sentimiento que casi esperara que tal vez se formulara algo de forma breve que fuera redentor. Incluso se podrían señalar facilidades para ello en nuestro campo. En nuestro ámbito, en un ámbito que surge de manera diferente del quehacer antroposófico básico, incluso ha sucedido algo por el estilo, como, si he entendido bien, se quiere decir aquí en este punto. Esto es en el campo del pensamiento social. Aquí ha surgido algo así como, quisiera decir, una especie de pensamiento unificado: es el pensamiento de la triple articulación del organismo social. Ahora sólo la describiré comparativamente. Debo confesar que este ejemplo en particular no muestra que sea algo significativo cuando una formulación tan corta se presenta ante el público. Porque en la vida una formulación tan corta no produce algo que pueda tener un significado realmente drástico. Siempre siento que tal objeción es como si alguien dijera: Quieres decirme algo sobre el organismo humano, y en lugar de darme un pensamiento unificado, me entregas toda una fisiología. Hay que intentar comprender cómo precisamente del pensamiento cómodo indudablemente existente en los tiempos modernos proviene gran parte de nuestra infelicidad en las relaciones externas e internas, y cómo lo que padecemos está basado precisamente en que se tienen deseos indefinidos de cualquier cosa que se pueda resumir. Y uno tendrá que decirse a sí mismo: El hecho mismo de que aparezca tal pensamiento prueba que muchas cosas deben ser diferentes si se quieren materializar las cosas que muchos esperan de manera indefinida. Y en particular, cuando luego se dice que en lugar de tal «pensamiento unificado», en lugar de un «sentimiento poderoso del alma», se dan una serie de ejercicios, algunos de los cuales son de carácter moral -que son sabidos- y otros -que se llaman «ocultos» aquí en la carta, que causan una impresión extraña, cuestionable, en algunos-, sí, hay que decirlo: ¿Qué se puede esperar en realidad? Se puede esperar que haya simplemente una discusión sobre lo que le falta hoy a la humanidad. Hablo ahora tal como es absolutamente necesario en el ámbito antroposófico; llegaremos a lo específico de la cuestión religiosa a través de la propia carta.

Verán, los ejercicios morales que aquí se describen como conocidos son aquellos que ciertamente serían conocidos según su redacción si fueran instrucciones morales. Pero inicialmente, en el contexto antroposófico, no lo son. En el contexto antroposófico son instrucciones para alcanzar un conocimiento superior. Y se presentan de tal manera que debe quedar claro: son instrucciones para la consecución de un conocimiento superior, suprasensible. Hay que decir: si yo digo lo que es necesario si el hombre quiere alcanzar un conocimiento suprasensible, o si digo, por ejemplo, que una cierta serenidad frente a «alegrarse en el cielo y entristecerse hasta la muerte» es algo que da al hombre un asidero moral, eso es definitivamente una diferencia grande, radical. Al expresar algo así como la exigencia de serenidad, estoy expresando algo que puede ser bastante conocido y que al principio suena como una instrucción moral, por supuesto, pero todo esto ni siquiera se discute en el terreno en el que surge la exigencia de serenidad [en mi libro «Cómo se alcanza el conocimiento de los mundos superiores?»]. ¿Acaso se dice allí que es necesario que el hombre desarrolle la serenidad con el fin de la moralidad, con el fin de conseguir un punto de apoyo moral? No. Se dice algo muy distinto. Se dice que hay que hacer un ejercicio; se dice que ese ejercicio hay que hacerlo repetidamente, es decir, que hay que hacer un ejercicio muy concreto con un ritmo determinado, que luego se caracteriza de tal manera que puede calificarse de «serenidad». Hacer repetidamente un determinado ejercicio es diferente de un comportamiento moral. Así pues, esto es lo que hay que tener en cuenta sobre todo en lo tratado en mi libro «Cómo alcanzar el conocimiento de los mundos superiores».

En realidad, es lo más natural que se le puede decir a una persona: Deberías esforzarte por investigar la verdad. Es una auto concienciación. Pero no se trata de eso, se trata de dedicarse rítmicamente al pensamiento de la verdad, a la relación del hombre con la verdad. Y este ejercicio, este hacerse presente en la conciencia de tal contenido, este repetido hacerse presente rítmicamente en la conciencia, de eso se trata. Se trata de que hay que aplicar una actitud muy concreta al conocimiento del espíritu. Quiero precisar un poco más esta actitud. Me estoy desviando de la estricta formulación de la carta, pero quizás así algunas cosas queden mucho más claras.

Fíjense, por ejemplo, en un profesor o conferenciante de hoy en día que da conferencias. Muy a menudo esto sucede de tal manera que él elabora una conferencia, luego la tiene en su memoria, y luego la pronuncia. Eso no puede hacerse en la ciencia espiritual cuando se practica verdaderamente. Eso te convertiría en una persona falsa. La preparación sólo puede consistir en una cierta concentración interior sobre el tema. A través de esta compilación interior, uno, -aunque ya haya estado en contacto con el objeto miles de veces-, se acerca al objeto de nuevo cada vez, de modo que lo tiene tangiblemente ante sí en su mente, por así decirlo, y habla directamente desde su percepción inmediata cada vez. Verán, cuando uno aprende algo, digamos geografía, algún capítulo, -bien, uno lo aprende, lo tiene, y luego lo memoriza. Pero en la ciencia espiritual esto no existe para que cobre vida. La persona que quiere ser un científico espiritual en realidad tiene que dejar que las cosas más elementales pasen por su alma una y otra vez. El hecho de que yo escribiera mi libro «Teosofía», por ejemplo, no tiene para mí  mismo un significado completado. Tengo que dejar que lo que está escrito en él pase por mi alma una y otra vez si quiero que tenga sentido. No es posible decir: «La Teosofía» está ahí, ahora ya poseo su contenido. En el terreno de la ciencia espiritual, eso sería lo mismo que si alguien dijera, -pero no creo que haya nadie que diga eso:  Ya comí hace ocho días y no necesito repetir lo mismo todos los días. Nos sentamos todos los días y hacemos lo mismo todos los días. ¿Por qué? Porque es vida, porque no es algo que se pueda memorizar. La vida de la ciencia espiritual es vida, y se acaba si no se experimenta una y otra vez. Esto es lo que hay que tener en cuenta.

Cuando uno, a través de la ciencia espiritual, se acerca a la vida que se le da, probablemente habrá oído también que es realmente posible, por ejemplo, ayudar a las personas que han atravesado la puerta de la muerte dedicándose de una especie de manera meditativa a algún contenido que se relacione con el mundo espiritual, en el que se encuentran estas personas que han atravesado la puerta de la muerte. No se trata de leerles algo, digamos, una vez y luego considerarlo como si ya lo poseyeran. Por contra, es la repetición constante, esta convivencia con el contenido, siempre de nuevo; lo que se reconoce demasiado poco. Hoy en día, la gente está acostumbrada a verlo todo como teoría. La ciencia espiritual no es una teoría, es la vida; pero si uno la trata de tal manera que piensa que la aprende como aprende otras cosas, la convierte en una teoría. Por supuesto que puede convertirse en una teoría, pero sólo se convierte en una teoría a través de aquellos que la asumen de esta manera. Todo investigador espiritual serio sabe que hay que vivir en ella; los ejercicios no se terminan por el hecho de que uno conozca su contenido.

Éstas son cosas que han desaparecido de la conciencia occidental. Pero hay otras cosas que muestran cómo es la conciencia occidental. La gente ha venido a mí y me ha dicho: Es una cosa terrible con los discursos de Buda, hay tantas repeticiones en ellos, y uno debería hacer una edición donde sólo esté el contenido de los discursos y dejar fuera las repeticiones. Pero quien hace tal exigencia no entiende realmente los discursos de Buda, porque la esencia de los discursos de Buda se basa en repetir lo mismo en sucesión rítmica, con breves intervalos. Ahora bien, éste es un método oriental que no coincide con lo que se va a hacer aquí, pero para explicar algo así, tengo que llamar la atención sobre ello.

La carta continúa diciendo que algunos de los ejercicios son extraños y cuestionables. En efecto, hay que considerar qué tipo de juicio o base de evaluación se utiliza hoy en día para emitir tal juicio. Cuando se habla de que hoy en día se anhela algo nuevo, hay que familiarizarse también con las razones de tal anhelo; hay que describir realmente lo que hay. Para que me entiendan, quizá pueda recordarles el libro de Oswald Spengler «La decadencia de Occidente». Spengler lo amplió con un pequeño folleto: «¿Pesimismo?». Me gustaría destacar una frase de este «pesimismo» spengleriano; él dice que no le interesa reconocer verdades, sino afirmar hechos. A continuación siguen las discusiones sobre qué se entiende por «verdad» y qué por «hechos». En un momento dado dice: Las verdades son cantidades de pensamiento. Algo que se escriba en una tesina son verdades; el hecho de que un candidato suspenda su tesina es un hecho. Ahora imaginen que una frase así se supone que dice cualquier cosa que sea un completo sinsentido. Pero algo así la gente lo lee por encima, lo toma como algo que se supone que dice algo, y ustedes no notan nada extraño en ello y entonces creen que es otra cosa rara. No se puede discutir en absoluto una frase así, es un absoluto disparate. Pero hoy en día ni siquiera se discute cuando alguien dice semejante disparate; ni siquiera se nota. Así que es inevitable que una época en la que prevalece este tipo de juicio encuentre algunas cosas extrañas y cuestionables. Pero imagínense a dónde hemos llegado en realidad, -aunque en un sentido diferente al que piensa Spengler. Hoy en día, completamos nuestros estudios hasta los niveles más altos sin ninguna emoción, por así decirlo, por lo cual no hay realmente catástrofes o peripecias en el conocimiento mismo. Se podría decir que sólo hay catástrofes cuando un estudiante fracasa, pero no en el conocimiento en sí.  Esta utilización de toda la persona, de modo que uno sea capaz de experimentar un problema con la misma aceptación interior con la que podría experimentar cualquier acontecimiento externo, es algo que apenas existe. Uno se siente muy satisfecho cuando ha escrito un libro o cuando es conferenciante privado, pero no sufre catástrofes ni peripecias por el material en sí. Esto es algo que me gustaría decir que se ha extendido a lo largo de toda la vida académica.

Pero lo que es necesario es que volvamos a vivir en el espíritu, que el espíritu se convierta en una realidad en cuyos procesos participemos. Esto no es una contradicción con la serenidad. Precisamente cuando uno tiene serenidad podrá experimentar de manera adecuada lo que sucede objetivamente y que conduce a una participación más fuerte o más concreta; y finalmente, no es una contradicción con la serenidad cuando se percibe todo el horror de una erupción volcánica o acontecimientos similares.

Así que me gustaría decir que en el mundo de hoy, donde no hay receptividad en absoluto para el tipo especial de pensamiento que es necesario para la ciencia espiritual, toda la forma de pensar, la forma completamente diferente de experimentar la verdad, en realidad debe ser desechada primero. Cuando alguien dice: «Sí, no necesitamos pensar, no necesitamos intelectualismo, ¡necesitamos sentir!-, es porque no recibe el sentimiento que le mueve interiormente; lo que se le debe es lo que le falta de receptividad.

Ya ven, ¿Estamos realmente tan avanzados hoy en día como para atenernos a ciertas reglas religiosas antiguas? Si uno pronuncia hoy un solo discurso, -y hablo por experiencia-, si uno pronuncia hoy un solo discurso que trate, digamos, de ciertos detalles de la cuestión social, son numerosos los oyentes que luego dicen o escriben: Sí, puede que todo eso sea cierto, pero ni una sola vez ha aparecido el nombre de Cristo en este discurso. Sí, queridos amigos, hay un mandamiento divino: No pronunciarás el nombre de tu Señor en vano, -y hay un mandamiento: No dirás continuamente Señor, Señor. Algo puede ser muy cristiano sin que se pronuncie continuamente el nombre de Cristo; es más, tal vez sea cristiano precisamente porque no se abusa del nombre de Cristo. Nada se vuelve cristiano por usar el nombre de Cristo después de cada tres líneas.

Ante todas estas cosas, debe cesar la vieja comodidad de pensar. Porque quien no abandona esta comodidad de pensar, -aunque tenga la vaga sensación de que algo debe llegar a ser diferente- no puede participar en la exigencia del tiempo, porque no es capaz de sentir toda la profundidad de aquello que está ahí como exigencia del tiempo; no puede, porque se limita a imaginar que lo siente y en el fondo quiere que todo sea como ya es, y no se compromete realmente a pasar a las soluciones que hay que intentar para cumplir realmente las exigencias del tiempo. A menudo la gente no se da cuenta de la enorme diferencia que hay entre el pensamiento teórico y la vida del espíritu. Pero incluso el primer paso en la ciencia espiritual debe ser una vida en el espíritu. No estoy diciendo que deba ser clarividencia o algo parecido, sino una vida en el espíritu, la cual debe tener una forma de experimentar las verdades, los contenidos, diferente de la que uno está acostumbrado a tener hoy.

He de mencionar otra objeción, que en realidad me sorprendió extraordinariamente, pero ya que el Dr. Rittelmeyer la expresó, es inevitable que ocurra. Esta objeción es la de que la gente se siente ofendida por el hecho de que en lugar de que se les señale algo que está dentro de ellos mismos, se les señale lo que tal vez los individuos saben, lo que los individuos han visto. La gente se siente, se dice, «despojada de su realeza humana», se siente grande y debería sentirse pequeña. Efectivamente, debo confesar que esta objeción me sorprendió por la razón de que no veo realmente lo que significa. <Porque, ¿Acaso no es cierto?, -se dice inmediatamente después [en la carta]-, que sí, que la gente esperaba que algo viniera y se apoderara de ellos desde arriba, pero que ahora se sienten arrojados de nuevo sobre sí mismos, sobre los ejercicios que deben hacer, sobre los esfuerzos para comprender algo. En primer lugar, siento una extraordinaria contradicción entre estas dos afirmaciones. En segundo lugar, tengo que decir que toda mi vida, -y de eso hace ya bastante tiempo-, me he sentido extremadamente feliz cuando recibía una verdad de cualquier fuente, y de hecho siempre me ha parecido espantoso cuando alguien rechazaba una verdad porque no había crecido en su propio terreno. Ese es un juicio completamente egoísta y subjetivo, pero estamos atrapados en esos juicios egoístas y subjetivos, y por eso necesitamos una renovación [del pensamiento en] la época [actual], porque eso es lo que hay.

Así que aquí tenemos un conjunto de juicios que demuestran lo necesario que es que se produzca el cambio. Porque si siguen existiendo estos juicios, que han causado la angustia de nuestro tiempo, no avanzaremos. Por eso hay que decir, aunque suene crudo: Con respecto a estas objeciones, hay que decir sobre todo que los objetores deben pensar hasta qué punto no deben hacerlas, para no perturbar la llegada de lo nuevo precisamente a través de sus prejuicios más antiguos. Eso es lo que hay que decir por encima de todo.

Otra objeción, que naturalmente se hace a menudo, es que la Antroposofía toma la forma de una ciencia, y entonces se saca la conclusión de que el reino de la fe debe transformarse en un reino del conocimiento. La objeción, si se hace, se basa en realidad en una comprensión inexacta de lo que ocurre en la Antroposofía. En la antroposofía no se exige en absoluto que uno transforme lo que ha creído en conocimiento o algo parecido, sino que en la antroposofía hay ante todo algo positivo: <En ella se muestra que a través del conocimiento uno puede tener algo no sólo sobre el mundo sensorial exterior de las apariencias, sino también sobre el mundo espiritual. La pregunta puede ser como mucho: ¿Los métodos que se utilizan conducen a algo real, seguro y similar? Entonces puede haber examen tras examen. Si el asunto se planteara de tal manera que se dijera que se tiene esto que objetar a la imaginación, que se tiene aquello que objetar a la inspiración y así sucesivamente, bueno, eso se puede discutir de manera completamente objetiva. Pero no se juzga en absoluto cuando se dice: me siento incómodo que se puede saber algo al respecto. No depende de si es desagradable, depende de que por ciertos métodos se puede saber algo de lo suprasensible, igual que se puede saber algo de lo sensible. Y lo que se puede conocer no se puede juzgar de tal manera que se diga que los objetos de la fe se basan en un reconocimiento libre de las verdades interiores, mientras que la antroposofía quiere forzar el conocimiento a través de la «apariencia y la evidencia». - La antroposofía es precisamente una ciencia y se justifica a sí misma como ciencia; no puede tener nada que ver con tal objeción porque es una ciencia. Se podría decir lo mismo contra las matemáticas; se podría decir que a uno le repugna que las verdades matemáticas sean una verdad. En realidad, no se puede hacer tal objeción, porque en el fondo carece de sentido.

Una objeción que también he oído en diversos matices es que uno espera algo que tal vez le choca, que acepta, y que luego oye cosas como «Cristo es el regente del sol» o el asunto de los «dos niños Jesús», que en realidad le son indiferentes. <Mis queridos amigos, debo confesar que no puedo comprender del todo cómo se puede ser indiferente a estas cosas cuando se las comprende. <Porque esa es la gran, la tremenda cuestión del presente: ¿Cómo se arraiga el ámbito de la moral en el ámbito de las necesidades naturales? Vivimos hoy, por un lado, en el ámbito científicamente reconocido de las necesidades naturales, y dentro de este ámbito de las necesidades naturales nos permitimos hacer hipótesis sobre aquello que no está sujeto a observación directa. Por ejemplo, uno ve el desarrollo de la tierra sólo a través de un cierto lapso de historia, geología y demás, y luego se hace ideas sobre el origen de la tierra a partir de una nebulosa primordial, o como suponen las hipótesis modificadas en el sentido de la teoría de Kant-Laplace, que hoy ya no es válida; La idea del comienzo de la evolución de la Tierra se ha derivado de esto y la idea de cómo todo se dirige hacia la muerte por calor de la segunda ley de la teoría mecánica del calor, la ley de la entropía. Quienquiera que construya estas hipótesis sobre el principio y el fin de la evolución de la Tierra debe decirse a sí mismo, -pues esto simplemente no puede suponerse de otro modo según la actitud científica en la que se basa-, que la nebulosa primordial estaba allí como una entidad soberana con las leyes de la aerodinámica y las leyes de la aerostática, y a partir de éstas se formaron las leyes de la hidrodinámica y la hidrostática, y luego ocurrieron esas circunstancias afortunadas a través de las cuales se formó tal conexión como nos aparece en la célula más simple, la ameba, y luego todo se convirtió en lo que son los organismos más complejos, incluyendo al hombre, y luego surgieron ideales morales en el hombre a través de los cuales siente su dignidad humana real.

¿Qué seríamos como humanos ante nosotros mismos si no tuviéramos nuestros ideales morales y si no fuéramos ennoblecidos por estos ideales morales, al ser aceptados en un orden mundial divino, en todo un contexto cósmico?

No sirve de nada ignorar esto sin más y decir: Separamos el ámbito de la certeza de la fe, que tenemos con los ideales morales, de lo que tenemos como orden natural. Sólo pueden llegar a tal separación aquellos que no visualizan realmente con seriedad lo que se nos presenta en el orden natural.

Queridos amigos, una vez conocí a alguien que en aquel momento se ocupaba del gran problema de la muerte en el mundo, analizado desde el punto de vista de Haeckel. Con una actitud seria, con un entusiasmo interior por comprender tal punto de vista, se acercó a esta visión que se basa con toda honestidad en los fundamentos de la ciencia. ¿Qué tenía que decir sobre los ideales morales y religiosos? Él dijo: "Esas son burbujas de espuma religiosa que se levantan en la vida humana, es algo que la gente se pone delante de sí misma, es algo de lo que vive la raza humana, de lo que toma su dignidad; pero un día llegará el gran cementerio de la muerte térmica, y entonces todas las formas externas de los organismos, todo lo que apareció como burbujas de espuma moral-religiosas será enterrado, y en el espacio del mundo estará dando vueltas en alguna curva un balandro que se puede decir que es algo que la gente una vez creó de acuerdo con leyes mecanicistas o dinámicas, estas personas permitieron que las burbujas se elevaran y de esto las personas derivaron su valor; y todo eso ha resultado ser un cementerio cósmico".

Ya ven, por honestidad de esta persona, que no pudo desengancharse de ella, volvió al seno dichoso de la Iglesia Católica durante algunos años. Este es sólo un ejemplo entre muchos.

Este abismo se ha abierto entre el orden mundial moral-religioso y el orden mundial científico-mecánico. Sólo hay unas pocas personas capaces de la suficiente sensibilidad como para no tolerar la visión global del mundo sobre el origen o la desaparición de la Tierra según la ciencia. Por ejemplo, Herman Grimm dijo que un hueso de un cadáver podrido y en descomposición sería un trozo apetitoso comparado con lo que la teoría de Kant-Laplace hizo de la Tierra. —Lo que añadió Herman Grimm es cierto, las futuras generaciones de eruditos serán capaces de hacer tratados astutos para explicar el sinsentido que la teoría de Kant-Laplace introdujo en la cabeza de las personas, en detrimento suyo.

Queridos amigos, cualquiera que comprenda plenamente lo que tal visión puede hacer, desde los grados más bajos en adelante, en detrimento del alma humana, debe, por supuesto, mirar mucho más profundamente de lo que normalmente se busca en lo que se debe hacer hoy. No debe quedarse estancado en medias tintas y decir: debemos separar de la visión general del mundo lo que debe ser el contenido de la fe, debemos tener nuestra propia certeza de la fe, y las ciencias naturales pueden existir junto a ella. - Porque entonces lo único que ayuda a una persona a su cosmovisión moral-religiosa es que regrese al seno de la beatífica Iglesia Católica Romana para anestesiarse, si aún logra tal anestesia.

En el curso de la evolución hemos llegado a un punto en el que ya no sabemos que las cosas espirituales también viven en todos los órdenes naturales, que, por ejemplo, existe realmente un hogar dentro del hombre mismo donde se completa lo que sucede afuera en la naturaleza. Queridos amigos, los pueblos del siglo XIX se sintieron profundamente afectados por lo que, por ejemplo, expresó Julius Robert Mayer como la ley de conservación de la fuerza y ​​la materia. La ley de conservación de la fuerza y ​​la materia realmente cobró fuerza en el siglo XIX y domina nuestra física actual. Pero sólo se aplica a la naturaleza exterior e incluso allí sólo dentro de ciertos límites limitados por el tiempo; pero no se aplica a los humanos ni siquiera en relación con el tiempo.  Es simplemente cierto que dentro del hombre hay un hogar donde todo lo material que absorbe se transforma en nada, donde la materia se destruye, se disuelve. Al permitir que nuestros pensamientos puros sean asimilados por nuestro cuerpo etérico y que estos pensamientos actúen sobre nuestro cuerpo físico a través del etérico, se destruye la materia en nuestro cuerpo físico. (Durante la siguiente explicación se hicieron dibujos en la pizarra. Los originales ya no están disponibles.)

Estoy dibujando esquemáticamente, se extiende intensamente sobre todo el ser humano, lo dibujo de tal manera que es sólo una parte. Este lugar en una persona donde la materia se destruye es al mismo tiempo el lugar donde la materia se crea de nuevo, cuando la moralidad, cuando las percepciones religiosas brillan a través de nosotros. Lo que se crea aquí simplemente por nuestras percepciones a través de ideales morales y religiosos, es como una semilla para mundos futuros. Si el mundo material perece, cuando el mundo material ha sido destruido en la muerte térmica, entonces esta tierra se transformará en otro cuerpo del mundo, y este cuerpo de un mundo se hará de los ideales morales creados en formas materiales. Como nuestra ciencia no es capaz de penetrar lo suficientemente profundamente en la materia, no es capaz de captar la idea de que la materia en sí es una abstracción. Podemos hablar de la muerte térmica de la tierra, pero al mismo tiempo tenemos que hablar de lo que se desprende de las plantas, al marchitarse y secarse, y sobre la supervivencia de la semilla hasta el año siguiente; Así como podemos hablar de la muerte térmica, podemos hablar de la semilla que nos queda y sobrevive a la muerte terrenal.

Hay un ámbito donde las verdades científicas dejan de ser meramente verdades científicas en el sentido actual, donde los ideales morales dejan de ser burbujas de espuma, cuando la tierra sucumba a la muerte por calor. Hay un ámbito al que se puede llegar donde los ideales morales se conservarán cuando se destruya la materialidad física, donde la palabra se convierte en una verdad científica: ¡El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán! Hay un ámbito en el que la Biblia se convierte en ciencia natural; mejor dicho, -esto hay que reconocerlo en el fondo de la lucha actual por el tiempo-, no puede producirse ninguna curación hasta que tengamos la oportunidad de avanzar hacia una ciencia que no sea ni la ciencia natural actual unilateral ni la ciencia espiritual abstracta unilateral.

Hoy en día, el término "ciencia espiritual" se aplica únicamente a la ciencia de las ideas. Para la antroposofía, la ciencia espiritual no es sólo lo que se puede captar al otro lado de la materialidad, sino algo cuyos procesos penetran en la materia.

Sobre la base de los resultados de estas investigaciones, todo lo que hay que decir acerca de la conexión entre el sol y Cristo puede deducirse utilizando métodos estrictamente científico-espirituales. Estas cosas hay que verlas en su justa medida. En el curso de los últimos tres siglos hemos llegado, con cierta justificación, a ver en las estrellas, en el sol y la luna, algo medible, algo aritmético. Lo que nos ha llevado al desastre es que sólo nos limitamos a calcular, medidas, peso etc. Debemos volver a darnos cuenta de que calcular sobre la estructura del mundo es como limitarse a examinar el cadáver de un ser humano. Debemos aprender de nuevo a analizar el espíritu del universo. Todo depende de ello. Pues no podemos encontrar el espíritu si la materia está tan, podría decir, violentada por nosotros que se nos presenta en el universo de tal manera que sólo podemos calcularla o, a lo sumo, juzgarla según los principios de la mecánica. Por lo tanto hay que decir que depende enteramente del individuo cuando dice: No es importante para mí que el Cristo sea el regente del sol. La frase debe entenderse de la manera correcta: Me resulta indiferente. 

Ahora, mis queridos amigos, he oído a algunas personas decir que les es indiferente el hecho de que el Cristo esté relacionado con el sol, pero no les era indiferente si sus impuestos aumentaban un 50%. Y, sin embargo, para la salvación general de la humanidad es más necesario que el Cristo esté relacionado con el sol a que los impuestos aumenten en un 50%.

Se puede volver a discutir cómo pensamos en detalle sobre los dos niños Jesús. Pero, ante una objeción que dice que debemos practicar algo que, sí, no sé de qué se trata, y luego se nos presenta el asunto de los dos niños Jesús, que nos deja indiferentes, ¿Qué podemos decir? Abro el Evangelio y leo muchas cosas que son muy parecidas al asunto de los dos niños Jesús, que se discute en la antroposofía. Allí tampoco dicen: Queremos religión, no nos importa en absoluto si Jesús era hijo de José y María o algo parecido, no nos importa en absoluto cada una de las verdades evangélicas. Yo no sé qué más es indiferente. No hay por qué meterte en cosas que no interesen, pero desde luego eso no es una objeción.

Ahora, como el tiempo ya ha pasado, me gustaría abordar el octavo punto que he anotado. Allí se dice que se espera un cierto progreso en la interiorización del ser humano; por la forma en que se ha hecho la cultura, la cultura ya se ha convertido en algo odiado por la gente, ya no quieren oír nada sobre cultura; y ahora [con la antroposofía] vuelve a surgir algo que no sólo habla de interiorización, sino que incluso quiere tener efecto en la arquitectura y en el arte del movimiento.

 Sí, queridos amigos, quien se toma la vida en serio no puede querer otra cosa que lo que aparece como antroposofía, lo que considera como la base espiritual del mundo, que ésta penetre en toda la vida exterior. Sigo hablando de antroposofía, luego tendremos que tocar también lo que hay que decir con respecto a la religión. Este es precisamente el desastre, que ya no somos capaces de llevar realmente a la vida exterior lo que experimentamos en el espíritu, y esto finalmente sale a la luz en aquellos ámbitos en los que es especialmente perceptible.     Piensen ustedes si a un griego le hubieran dicho que lo que experimenta espiritualmente no debía expresarlo externamente. Así como el griego pensaba en Apolo, así como pensaba en Zeus, así erigía sus templos a Zeus, sus templos de Apolo. Sólo nosotros no creamos nada, imitamos a los antiguos, no tenemos posibilidad de crear realmente una fisonomía externa de la vida en las zonas que corresponden al espíritu. Lo único que podemos crear son unos grandes almacenes. Los grandes almacenes es una creación grandiosa para el espíritu materialista del presente. Pero si queremos algo, una casa del espíritu, y recurrimos a un maestro de obras, la construirá en románico, gótico o algún estilo antiguo, y entonces no tendremos la sensación de que estamos entre paredes que no expresan en absoluto lo que experimentamos espiritualmente en nuestro interior.

Cuando surgió la idea, -no a través mío, sino de otros-, de construir una casa para la Antroposofía, no se podía pensar ni por un momento que se acudiría a un maestro de obras y se mandaría construir un edificio renacentista o barroco para luego vivir en él, sino que sólo se podía pensar: En este edificio se dice esto y aquello, y las formas que se ven a su alrededor deben decir exactamente lo mismo que lo que se dice dentro de él. Si esto no es sólo teoría, sino vida, si las formas son creativas, entonces están vivas en el mundo. Es imposible medir lo que aquí surge como algo natural con la engañosa actividad cultural de nuestro tiempo, que nos ha metido en problemas.

 Esto es lo que me gustaría decir en primer lugar, queridos amigos. Las preguntas son demasiadas para tratarlas de una sola vez, así que mañana hablaré más de ellas. Hoy me he limitado a tratar las objeciones planteadas contra la Antroposofía en general. Sin embargo, tendré que profundizar en lo que se ha planteado específicamente contra el servicio que la antroposofía supuestamente presta a la renovación religiosa. Pues siempre quisiera subrayar: Si se llega a pensar que uno representa, por así decirlo, algún credo religioso ya existente, o un credo que uno cree fundado en la antroposofía, entonces se hace una completa injusticia a la antroposofía, porque nunca ha pretendido ser una religión o ser ella misma una religión o querer fundar una religión. Esto no es lo que hace la antroposofía. La antroposofía persigue fines de conocimiento, metas de conocimiento; y quien diga que la antroposofía no es una religión, porque no tiene todas las cualidades que tiene una religión, -está diciendo algo que la propia antroposofía debe decir de sí misma desde el principio. ¡Pero no hay que acusar a nadie de no ser algo que no pretende ser! Las objeciones que se hacen desde el lado religioso me parecen como, por ejemplo, cuando a alguien que está capacitado en una determinada área, se le reprochara por no hacer lo que podría hacer en otra.

Pero las objeciones que el Dr. Rittelmeyer ha registrado son, en la medida en que yo las he considerado, ciertamente las que se refieren en cierta medida a la relación del hombre con la Antroposofía misma. Por eso las he tratado primero desde este lado y mañana me ocuparé del lado religioso.

Traducido por J.Luelmo oct,2024

GA314 Dornach, 9 de octubre de 1920 Fisiología-Terapéutica, sobre la base de la Ciencia Espiritual. - Por un lado, la actividad yoica puramente espiritual, por otro, su soporte en el organismo: la sangre.

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 RUDOLF STEINER

 Fisiología-Terapéutica, sobre la base de la Ciencia Espiritual.

Por un lado, la actividad yoica puramente espiritual, por otro, su soporte en el organismo: la sangre. 

Conferencia IV

Dornach, 9 de octubre de 1920 (por la tarde)

Esta tarde me gustaría darles algunos complementos más a las conferencias que he tenido que dar aquí involuntariamente en los últimos días, en que me vi obligado a sustituir al conferenciante que estaba programado. Quisiera señalar, a modo de pautas por así decirlo, algunas cosas que todavía pueden tener un efecto esclarecedor, cosas que pueden servir de principios para la fecundación de los estudios médico-terapéuticos a través de la ciencia espiritual. Naturalmente, por las razones que ya he indicado esta mañana, no será posible entrar en grandes detalles, no tanto por la brevedad del tiempo, -también eso, por supuesto-, sino sobre todo porque las apreciaciones detalladas deben reservarse, no obstante, para un debate profesional propiamente dicho, también por las razones que ya expuse esta mañana. No obstante, me gustaría hacer una contribución en este sentido en particular, que pueda conducir a una comprensión general de la naturaleza de la medicina, de modo que de esta parte de la observación médica científico-espiritual pueda surgir una especie de efecto social, a saber, el establecimiento de una cierta confianza entre el público y la profesión médica. Cuanto mejor sea la comprensión que se pueda aportar a la figura del médico, mejor podrá trabajar esta figura.

Ahora bien, esta mañana he llamado su atención sobre el hecho de que la vida del organismo humano consiste en que el sistema nervioso-sensorial, en pocas palabras, el sistema de la cabeza y el sistema metabólico de las extremidades funcionan de forma completamente opuesta, que luego se equilibran gracias a la función del sistema rítmico. En cierta medida, todos los procesos de descomposición, los muy necesarios procesos de descomposición del sistema nervioso-sensorial, entran continuamente en armonía e intercambio con los procesos de acumulación del sistema metabólico de las extremidades. Se puede imaginar, -y esto se puede demostrar detalladamente-, que ambos sistemas del organismo humano trabajan, por tanto, en direcciones opuestas, que también trabajan el uno sobre el otro hasta cierto punto, de modo que lo que ocurre en el individuo, por ejemplo en el sistema metabólico de las extremidades, no debe verse demasiado fuertemente perjudicado por el hecho de que, hasta cierto punto, al dejar de lado el sistema rítmico, la actividad que en realidad sólo es adecuada para el sistema  de la cabeza, trabaja en el sistema metabólico de las extremidades. Y una vez que se haya comprendido suficientemente de qué se trata, se comprenderá también cómo pueden tener lugar tales invasiones de un sistema sobre el otro, cómo, en otras palabras, el sistema de la cabeza, el sistema nervioso-sensorial, -en el que también deben tener lugar procesos metabólicos, como ya les he explicado-, también puede ser invadido por tales procesos metabólicos, de modo que estos procesos metabólicos en cierto sentido se asemejan funcionalmente al sistema de la cabeza  internamente al sistema metabólico de las extremidades. Y también puede ocurrir lo contrario. Puesto que en el sistema metabólico de las extremidades actúa el mismo sistema funcional que en el de la cabeza, aunque de forma secundaria en la vida normal, en el sistema metabólico de las extremidades puede llegar a ser demasiado intensa, hasta cierto punto, esa actividad que allí sólo debería alcanzar un cierto nivel y que tiene su significado real en la cabeza.

En otras palabras, la actividad nerviosa-sensorial, que también está presente en el sistema metabólico de las extremidades, puede volverse predominante en el abdomen, por ejemplo, porque la actividad de la cabeza tiene un fuerte efecto impregnador sobre ella, o más bien puede volverse una cuya intensidad es demasiado grande. Entonces ocurrirá en los órganos del abdomen lo que normalmente sólo debería ocurrir en el sistema nervioso-sensorial como procesos de degradación. Por supuesto, tomará una forma diferente en el sistema abdominal, pero yo diría que allí hará su daño. Podemos, en efecto, si observamos la organización del ser humano de este modo, reconocer en lo que acabo de describir la aparición de una grave enfermedad humana, a saber, la tifoidea abdominal. Es cierto que la fiebre tifoidea puede observarse externa y empíricamente en cuanto a su aspecto, pero sólo puede comprenderse y encajarse dentro de toda la organización humana si uno ve a través del ser humano de esta manera, diría yo, desde el punto de vista de la medicina racional, -por utilizar el término de Goethe. También les he mostrado esta mañana cómo se puede pasar de lo fisiológico-patológico a lo terapéutico no sólo tratando de ver a través de lo que ocurre en el ser humano, sino también tratando de ver a través de lo que ocurre en la naturaleza externa. En la naturaleza externa tienen lugar procesos que, si vemos a través de ellos de la manera correcta, pueden ser introducidos en el organismo humano mediante la transferencia de las sustancias correspondientes, y que, debido a que en cierto modo la naturaleza externa, digamos la naturaleza vegetal, funciona en sentido opuesto al esfuerzo descendente del ser humano mediante su esfuerzo ascendente, detienen allí ciertos procesos que se desarrollan de manera errónea entre los tres sistemas del  organismo humano.

Es interesante observar cómo lo que les he descrito esta mañana para el mundo vegetal y su conexión con el ser humano, también puede verse a través del mundo mineral. Sin embargo, para comprender el mundo mineral, tenemos que recurrir a ciertas ideas antroposóficas sobre el ser humano.

En el hombre actúan tanto lo anímico-espiritual, como lo etérico y lo físico. Lo anímico-espiritual actúa de tal manera, -como habrán podido ustedes reconocer en el transcurso de estas conferencias-, que puede ser impregnado por la plena conciencia del yo. En consecuencia el ser humano está, por así decirlo, en su organización normal. O puede que la conciencia del yo también esté de algún modo paralizada, retraída. Así pues, cuando lo anímico-espiritual retumba de algún modo, sigue su propio camino sin estar debidamente impregnada por el yo, entonces surgen las diversas áreas de la llamada enfermedad espiritual. Pero todo lo que es anímico-espiritual en el hombre, tanto lo que, antroposóficamente hablando, se entiende por astral, -es decir, la vida anímica más subconsciente, onírica o bastante inconsciente-, como lo que se entiende por actividad yoica, -es decir, la vida anímica plenamente consciente-, todo ello tiene en cierto modo su portador físico, a través del cual actúa en la vida física. De modo que podemos decir: Cuando miramos al ser humano, no sólo debemos dirigir nuestra mirada a lo que, por ejemplo, constituye la actividad del yo, que es una actividad puramente espiritual, sino que también debemos dirigir nuestra mirada al soporte real de esta actividad del yo en el organismo. Y ahí encontramos que el soporte real de esta actividad del yo está esencialmente anclado en la sangre.

Sería ir muy lejos si tuviera que mostrarles en detalle, -lo que bien podría ser el caso-, cómo interactúa el yo con el resto del alma precisamente a través de la especial eficacia de la sangre, a través de la interacción de la actividad metabólica en la sangre con la actividad rítmica en la sangre. Sin embargo, lo que más nos debe interesar en este momento es el puente que va de lo fisiológico-patológico a lo terapéutico. Y ahí encontramos algo extraordinariamente importante. Podemos, por así decirlo, influir en el marco físico, en el portador físico de lo anímico-espiritual, digamos el yo plenamente consciente, a través de cualesquiera procesos que provoquemos en él, de modo que se retraiga hasta cierto punto de la actividad del yo, pero que realice una función similar a la que en caso contrario sólo realizaría bajo la influencia de la actividad del yo. En este sentido, quiero poner de manifiesto un caso especial. Por favor, imagínense, -dibujo fig 1-, a través del sistema sanguíneo humano, en cierto modo en forma de entramado, construido en un entramado de fuerzas, aquello que funciona como actividad del yo. 

fig. 1
Me gustaría describir la propia actividad del yo dibujando rayas de colores a lo largo de la línea de este marco de fuerzas, que entonces forman el aspecto anímico-espiritual de la actividad del yo (ver dibujo, rojo). Si ahora se puede influir en cierto modo en la organización de fuerzas que subyace a la actividad del yo, entonces es posible que esta organización de fuerzas se independice hasta cierto punto, se desgarre y se separe como actividad física, como marco de fuerzas físicas activas, de lo anímico-espiritual, pero sin embargo actúe en cierto modo como una imagen de aquello que es la actividad anímico-espiritual, pero sin embargo meramente física. En cierto modo, se incorpora entonces una especie de doble que trabaja en el subconsciente profundo de abajo, pero que trabaja de forma parecida, sólo que en el ámbito espacial, es decir, sólo físicamente, tal y como trabaja por lo demás cuando no es más que un instrumento entregado a la actividad del yo.

Esto se puede provocar, -no hace falta que uno lo haga, en casos elementales lo puede hacer uno mismo, siempre se puede encontrar el punto que Goethe describe como aquel tras el cual la naturaleza revela su secreto revelado, basta con seguir los caminos apropiados-, se puede provocar este estado dándole al ser humano demasiado fósforo o tratándolo con una fuerte dosis de fósforo. Hasta cierto punto, lo que es portador de la actividad del yo en el cuerpo puede separarse de esta actividad del yo, de modo que esta actividad del yo se llevaría a cabo en el cuerpo como si se tratase de una representación. ¿Y cuál sería la consecuencia? La consecuencia sería que, precisamente bajo la influencia de las fuerzas del fósforo, la actividad sanguínea superaría su nivel habitual, especialmente en el tracto óseo, y se produciría una especie de hiperhemia  en el tracto óseo, por así decirlo. De esta manera, a través de esta hiperemia, lo que es adyacente a tal actividad exagerada de los vasos sanguíneos del cartílago óseo proliferaría entonces, y el proceso de calcificación de los huesos sería contrarrestado.

Les he descrito lo que podría suceder si al ser humano se le diera demasiado fósforo, es decir, si la función que el fósforo puede desempeñar en el organismo humano se llevara a cabo con demasiada fuerza. Pero esas fuerzas que están fuera en el mundo, que están ancladas en los minerales aisladamente, hasta cierto punto también están presentes de una forma diferente, digamos, de una forma suprasensible en el ser humano, y pueden activarse en el ser humano. En cierto sentido, el ser humano es un microcosmos. Cuando estas fuerzas, que por lo demás están ancladas en el fósforo fuera en la naturaleza, actúan en el ser humano, lo que puede ocurrir a una edad temprana, entonces surge la enfermedad del raquitismo. Y viendo a través de la conexión del hombre con el medio ambiente mundial de esta manera, tenemos que llegar a la comprensión de que el desarrollo del raquitismo en el organismo humano es un proceso similar al que tiene lugar en el desarrollo del fósforo fuera en la naturaleza. Les estoy indicando aquí, de manera breve y concisa y, por supuesto, de tal manera que no todos los eslabones de una cadena de pruebas pueden unirse, en un caso particular, que es en realidad la dirección a través de la cual se busca esta conexión del ser humano con el resto del mundo en la ciencia espiritual.

Pero ahora podemos ir más allá. Esta mañana les mostré cómo estos dos sistemas trabajan juntos de una manera que indiqué teniendo el sistema metabólico de las extremidades en un lado, el sistema nervioso-sensorial en el otro lado y el sistema rítmico equilibrador encima de eso (ver fig. 2). 

fig. 2
Ya lo ven, efectivamente resulta que lo que tiene un efecto irregular y perjudicial en el sistema metabólico de las extremidades es precisamente lo que hace sano al sistema de la cabeza. Por lo tanto, siempre tenemos ciertas funciones en el sistema de la cabeza humana que derivan del fósforo, pero de una cantidad muy pequeña de fósforo que se encuentra en el cerebro humano. Esta actividad del fósforo es conocida en el otro lado de la manera que les he descrito ahora, en el organismo metabólico de las extremidades como inhibiendo la degradación correcta en los procesos de calcificación. Pero estos procesos de fósforo deben estar presentes en el cerebro, donde la degradación debe estar presente, y donde, sobre todo, esta degradación debe continuar trabajando. En otras palabras: Puesto que tenemos el proceso de fósforo presente en el cerebro, tenemos un continuo, yo diría, estado naciente en el cerebro, tenemos una especie de desarrollo de raquitismo. Nuestra actividad cerebral se basa precisamente en el hecho de que el hueso quiere formarse constantemente, pero esta formación ósea se impide constantemente una vez que el cráneo se ha formado adecuadamente alrededor de este cerebro humano. Tenemos en el cerebro humano, -esto se desprende de la percepción humana-, un esfuerzo continuo hacia la formación del hueso. Pero esta formación ósea se completa a cierta edad. Después esta actividad de formación ósea se detiene. De modo que realmente tenemos aquí un factor patógeno que se equilibra desde el otro lado, desde el otro polo del organismo, tenemos un esfuerzo continuo hacia el raquitismo.

Ahora bien, lo curioso es que tal ritmo como puede observarse aquí en el hombre también está presente en todo el resto de la naturaleza, sólo que de cierta manera en sentido contrario. Si nos fijamos en el extraño significado del fósforo para el cerebro humano, debemos decirnos: cuando el fósforo es absorbido, se procesa hasta la cabeza. Allí sufre cambios dentro del propio organismo humano. Sigue la dirección que es la dirección del crecimiento humano. Se integra en esta dirección del crecimiento humano. Y esta integración reduce su eficacia a un mínimo, por así decirlo, diluyéndose, y en esta dilución actúa de tal manera que el raquitismo detenido de la cabeza puede ser el portador precisamente de aquellos procesos anímico-espirituales que deben llevarse a cabo a través de la mediación de la cabeza humana.

Ahora bien, lo peculiar es que si se administran a las personas dosis muy pequeñas de fósforo, en lugar de dosis algo más grandes y normalmente perceptibles de fósforo, de la manera correcta, entonces ya se ha conseguido algo más en las funciones del fósforo, por así decirlo. Si se introducen estas pequeñas dosis en el organismo humano, entonces éstas tienen el mismo efecto en la persona que el fósforo tiene en el cerebro humano. Ahora actúan allí en el resto del organismo como pequeñas dosis para detener el proceso de raquitismo una vez que ha comenzado en los niños.

Así pues, en este caso, el fósforo en pequeñas cantidades, en las dosis más pequeñas, es un remedio para el raquitismo, y en un sentido más amplio, el fósforo es en general un remedio para todo lo que hace que el entramado del yo, el entramado físico del yo, que he dibujado ahí (véase fig. 1, blanco) bajo el rojo, que se emancipa en el organismo por la enfermedad de la actividad real del alma, vuelva a la actividad del alma, es decir, lo vuelva a la normalidad.

Tuve que presentarles un argumento muy complejo sobre la naturaleza humana para que pudieran ustedes ver lo que realmente subyace en la disputa entre alópatas y homeópatas. En ciertos ámbitos, se puede decir que lo que se revela en homeopatía es bastante sorprendente, como en este caso que les he indicado. Con ciertas pequeñas dosis de fósforo o también de azufre, en resumen, de algo combustible, -volveré sobre ello-, se puede curar ciertamente el raquitismo, así como otras afecciones inflamatorias en general, que provienen de una actividad sanguínea emancipada, dijéramos, de la entidad del yo.

Como ven, si consienten en ver al ser humano de la forma en que les guía la ciencia espiritual, entonces, como en este caso, la conexión entre el ser humano y la naturaleza inorgánica externa también se hace transparente. Y lo que he mencionado aquí puede extenderse ciertamente a otras sustancias inorgánicas. Sólo hay que entrar en detalles. Y es precisamente esta forma de lograr la confluencia de patología, fisiología y terapia lo que requiere un estudio dedicado del mundo interior-humano y extra-humano. Podemos llamar sustancias combustibles al fósforo y al azufre. Estas sustancias combustibles, si realmente ampliamos nuestras consideraciones, resultan ser aquellas que actúan de forma similar a la que acabamos de describir para el fósforo. Actúan de tal manera que colocan el entramado del yo emancipado en la actividad del yo.

Ciertas sales actúan de manera opuesta, las que no son combustibles, sino las que se disuelven en agua y se sedimentan de nuevo cuando el agua se enfría. Estas sales, ácido carbónico, otras sales, actúan de tal manera que causan inversamente una conexión demasiado fuerte de lo anímico-espiritual, a saber la actividad del yo, con el entramado, de modo que no desprenden el entramado, sino que presionan lo anímico-espiritual demasiado fuertemente en él, por así decirlo. Y pueden, a su vez, utilizarse como remedio si esta conexión es demasiado débil debido a algo. Así que podemos decir: Si entendemos lo que realmente está pasando a través de alguna sustancia que introducimos en el organismo, si entendemos cómo influye en toda la organización, entonces entendemos cómo podemos contrarrestar algún proceso que es anormal y que debe ser contrarrestado.

Especialmente eficaces para ciertos procesos, como el que subyace a la enfermedad antiguamente conocida como tisis pulmonar, son precisamente tales sustancias parecidas a la sal, es decir, sustancias solubles. Pues eso que es la tisis pulmonar requiere precisamente que se contrarreste un proceso que en el organismo humano es el proceso opuesto al que tiene lugar cuando la sal se disuelve en una solución. Y así es como la extensión del propio conocimiento sobre todo el ser humano le lleva a uno a la conexión del hombre con todo su entorno físico exterior.

Lo que acabo de explicarles, -sólo puedo hablar por ejemplo en estas observaciones aforísticas complementarias-, todavía puede ilustrarse con otros ejemplos. Tomemos ejemplos de alguna parte; podemos encontrar tales ejemplos, me gustaría decir, en todas partes, pero tomemos ejemplos de un área que al mismo tiempo puede conducirnos a toda la conexión de lo espiritual-anímico con lo físico. Lo que nos es transmitido por el sistema nervioso-sensorial se presenta en la vida humana de tal manera que significa la vida consciente del hombre desde que se despierta hasta que se duerme. De modo que casi podemos decir: El sistema de la cabeza es la expresión para la vida consciente del hombre. Pero el sistema metabólico de las extremidades no es la expresión de la vida consciente del hombre en la misma forma. Caminamos por el mundo con una cabeza consciente, por así decirlo, pero todavía con las extremidades inconscientes. Estas extremidades sólo se vuelven conscientes cuando son tocadas de alguna manera, cuando sufren una injuria y cosas por el estilo. De modo que podemos decir: El estado normal para el sistema de la cabeza, para el sistema nervioso-sensorial, en el estado de vigilia es la conciencia, para el sistema opuesto del hombre es la inconsciencia. 

Pero, por otra parte es posible crear artificialmente en las personas una especie de conciencia del sistema metabólico de las extremidades. Y esto ocurre, por ejemplo, a través del masaje. ¿En qué consiste el masaje? Consiste en hacer consciente, a través de medidas externas, aquello que de otro modo permanece inconsciente. Se trata entonces de poder hacer que una conexión insuficiente entre lo anímico-espiritual y lo físico mejore a través de este masaje. Supongamos que el ser humano está organizado patológicamente de tal manera que tiene muy poca tendencia por parte de su parte anímico-espiritual a conducirla plenamente hacia su sistema anímico-metabólico y de las extremidades. Entonces, al masajear el físico de este sistema metabólico de las extremidades, al elevarlo en cierto grado del estado espiritual al estado de conciencia, se apoya este sistema en su eficacia, y así se evoca un flujo más fuerte de este sistema con lo anímico-espiritual. Y si uno entiende cómo funciona este sistema metabólico de las extremidades, si uno sabe, por ejemplo, que lo que pulsa en los brazos y las manos, lo que pulsa allí como lo anímico espiritual, que esto continúa en el interior y domina el metabolismo interno del ser humano, entonces uno también sabrá lo que significa provocar la conciencia parcial a través del masaje en los brazos y las manos. Esto significa una promoción de lo anímico-espiritual en el sistema metabólico, pero en ese sistema metabólico que se acumula interiormente en el ser humano, provocando la digestión, absorbiendo la sustancia, provocando la digestión de tal manera que tenga un efecto de absorción de la sustancia.

Entonces se puede decir: Si uno encuentra que el ser humano sufre orgánicamente de perturbaciones metabólicas, pero de perturbaciones metabólicas que se relacionan con el hecho de que su alimento no encaja adecuadamente en el cuerpo, o que el procesamiento de este alimento en el proceso de construcción no se lleva a cabo adecuadamente, en resumen, que el metabolismo que va hacia adentro no está en orden, entonces en ciertos casos, -uno debe por supuesto ahora tener un conocimiento detallado  para ver esto de la manera correcta-, el masaje de brazos y manos puede ser una ayuda. Esto se basa en el hecho de que se apoya lo anímico-espiritual en su efectividad a través del grado de conciencia que uno provoca a través del masaje. Si se masajean las piernas y los pies, algo más ocurrirá. Lo que impregna las piernas y los pies como anímico-espiritual  está a su vez orgánicamente conectado con los procesos excretores, con los procesos de descomposición. Por lo tanto, si la digestión no está en orden en el sentido de que los procesos excretorios no están teniendo lugar de la manera correcta, puede ser posible ayudar a las piernas y a los pies con un masaje.

Pero ya lo ven, si ustedes analizan de esta manera la naturaleza de la medicina desde una perspectiva científico-espiritual, entonces no logran tales cosas empíricamente por casualidad, cuando se presentan al empirismo, sino que pueden trabajar conscientemente en la conexión entre fisiología, patología y terapia en las áreas más diversas. Como ya he dicho, me gustaría contarles estas cosas sólo para iluminar las direcciones en las que uno debe ir. Y sé muy bien lo mucho que llama la atención este tipo de cosas, porque, por supuesto, no se pueden sacar a la luz todos los detalles.

Por ejemplo, si tomamos una enfermedad que también puede causar una gran preocupación al médico, digamos, por ejemplo, la diabetes mellitus, entonces debemos observar de nuevo la conexión entre lo anímico-espiritual, es decir lo anímico-espiritual consciente, lo anímico-espiritual impregnado por el yo y el portador físico de esta actividad del yo. Sólo que ahora ocurre algo diferente que en el caso mencionado hoy por primera vez. Supongamos que esta actividad del yo se hace demasiado grande en el organismo humano. Se expande más allá de su medida. Entonces pueden tener lugar tales procesos excretores anormales como en el diabético. Aquí estamos, por así decirlo, ante una exagerada actividad del yo en el propio organismo. Aquí nos encontramos con un ahondamiento demasiado profundo del yo en lo orgánico, de modo que a través de este ahondamiento profundo se expulsa precisamente lo que aparece en el diabético.

Ahora podemos desviar de nuevo la mirada de lo que ocurre en el interior del ser humano y dirigirla a lo que ocurre en el mundo exterior humano. Aquí en el mundo exterior, tenemos las plantas, de las cuales ya hemos reconocido esta mañana cómo desarrollan en cierto modo de abajo hacia arriba un proceso que el hombre desarrolla de arriba hacia abajo. Realmente, aquello que, digamos, actúa en el organismo como actividad hipertrófica del yo en la diabetes, va en contra de la dirección del crecimiento de las plantas. Si encontramos entonces la función correcta en la planta en crecimiento, podremos establecer una relación entre lo que actúa hacia abajo en el diabético y lo que actúa hacia arriba en la planta. Sólo tenemos que entender la planta de tal manera que nos digamos a nosotros mismos: La planta es un ser, también es físico; crece, se reproduce, por lo que tiene un cuerpo etérico. Para la visión científico-espiritual también está dotada de cuerpo etérico. Pero ella no alcanza la movilidad espiritual interior; por lo tanto, no tiene cuerpo astral, ni actividad del yo. Sin embargo, la actividad astral crece hacia la actividad del yo. Lo que la planta se desarrolla hacia arriba, el ser humano lo hace desde arriba hacia abajo.

Por consiguiente, si ahora somos capaces de observar lo que realmente tiene lugar en la planta, en el sentido de que crece en la dirección opuesta a aquella en la que el ser humano desarrolla su yo, de arriba abajo, en la planta descubrimos, cómo entonces surge aquello que ahora puede tener una relación interna con esta actividad interior del yo, precisamente porque también tiene algo que ver con la combustibilidad. Ya antes llamé su atención sobre los cuerpos combustibles. Ahora vemos ese combustible, esa fisicalidad volátil, cercana al combustible, surgiendo de la planta en los aceites esenciales. Cuando vemos que en ciertas plantas surgen los aceites etéricos, entonces se deduce de tal observación, como acabo de indicar, que ésta es la actividad opuesta a la que, por ejemplo, ejerce la actividad del yo ejercida en el organismo humano, debido a la cual el ser humano se vuelve diabético. Y se puede entonces, si sólo se traslada al ser humano de la manera correcta aquello que se tiene en el mundo exterior como opuesto, se puede trabajar contra la disfunción diabético-urinaria.

Hay que hacerlo de tal manera que en este caso realmente se contrarreste, es decir, por ejemplo, se ponen los aceites esenciales o las plantas mismas, que desarrollan el aceite esencial, en baños y se deja que la persona se bañe en tales baños. De este modo, las fuerzas que la planta desarrolla en los aceites esenciales actúan de fuera hacia dentro contra las fuerzas que causan la disfunción diabética. De esta manera, podemos ayudar a las personas a través de tales baños.

Sólo estoy citando ejemplos individuales de la gran cantidad de ejemplos que se pueden presentar, un gran número de los cuales presenté a especialistas médicos esta primavera. Sólo los estoy dando aquí en relación con los principios, pero se puede ver a partir de ellos cómo la medicina se racionaliza gradualmente, de modo que se ejemplifica que uno ve realmente el proceso dentro del ser humano y el proceso en la naturaleza externa, y ve cómo estos dos procesos se apoyan, se llevan o se contrarrestan mutuamente, cómo se puede detener un proceso que está en el organismo humano y cómo se puede buscar la curación. Si ampliamos esta forma de ver las cosas, me gustaría decir que avanzamos cada vez más en el reconocimiento del ser humano físico y sus conexiones con el ser humano anímico-espiritual. Como ustedes saben, el problema de la herencia desempeña un papel fundamental en la ciencia médica moderna. Pero este problema de la herencia se trata siempre de una manera muy abstracta y externa. La ciencia externa sólo puede establecer una pequeña conexión con lo que realmente ocurre en el ser humano. Pues el ser humano está en verdad, -y ahora quiero poner ante ustedes algo que se debe obtener de una rica investigación antroposófica, pero que quiero presentar como resultado-, formado a partir de todo el resto del mundo que le pertenece como mundo terrenal y también como mundo extraterrenal. Y se forma de diferentes maneras.

Encontramos, por ejemplo, que el organismo femenino está configurado de tal manera, digamos, a partir de la naturaleza o del cosmos, que en el organismo femenino se encuentran más de aquellas fuerzas que están, por así decirlo, menos ligadas a las fuerzas de la tierra. En el organismo femenino hay algo fuertemente extraterreno. En el organismo masculino se desarrollan preferentemente aquellas fuerzas que ahora están ligadas a la vida terrenal. Esto,  en la vida ordinaria no entra en consideración tan fuertemente, como lo está lo que es procreación. Allí estamos tratando con aquellas fuerzas que actúan en el organismo femenino y que contribuyen a la procreación y que en realidad son la transmisión de aquello que se organiza en todo el ser humano como algo extraterrenal. Pero lo que hace descender al hombre al mundo terrenal se organiza preferentemente en el organismo masculino. Y ahora veamos lo que hay realmente en el hombre a través de su entorno terrenal. Lo más llamativo que hay en él a través de su entorno terrenal es su actividad del yo. Esta actividad del yo, en realidad da pleno sentido al desarrollo del hombre en la tierra. Debemos evolucionar desde otros mundos hacia el mundo terrenal para poder desarrollar plenamente la actividad del yo en nuestra alma espiritual. Les he mostrado cómo esta actividad del yo, está ligada al entramado de fuerzas que se ejercen a través de la sangre. Entonces tendríamos que decir:

Aquello que se organiza preferentemente en la sangre, aquello que trabaja preferentemente hacia la actividad del yo, es producido por la personalidad masculina a través de la procreación; aquello que organiza más lo extraterrenal en el hombre, aquello que primero debe ser impregnado por la actividad del yo, proviene más bien del lado femenino.

De este modo, el macho y la hembra interactúan en la reproducción, y sólo podremos tener un concepto correcto de la herencia cuando hayamos captado esto. Ahora bien, en primer lugar, la semilla femenina, el germen femenino, se ve afectado por la influencia masculina. Y este germen femenino tiene una cierta independencia en el organismo femenino. Debemos decir que cuando tenemos ante nosotros un organismo femenino adulto, lo extraterrenal actúa preferentemente en el resto del organismo femenino. Sin embargo en la parte del organismo femenino que da lugar a la formación de gérmenes, no tiene ningún efecto, sobre todo después de la concepción. De modo que precisamente el germen femenino, que ha pasado por la concepción, tiene cierta independencia, es decir, aquello que implica como mediador de la actividad yoica, se transmite en cierto modo independientemente en relación con la descendencia. Si uno sabe estas cosas, entonces puede aplicarlas de tal manera que los fenómenos del mundo exterior vengan a uno como ilustrativos de lo que uno ha obtenido primero en la observación espiritual. En la observación espiritual uno adquiere el conocimiento de que lo extraterrenal está, en efecto, arraigado en el organismo femenino, que lo terrenal, que por ello se aferra a la actividad sanguínea, está a cargo del organismo masculino, que a través de esta mediación el óvulo femenino alcanza cierta independencia, se desarrolla hasta cierto punto separado del resto del organismo femenino extraterrenal a través de la fecundación.

Tal proceso, que se reconoce anímico-espiritualmente, queda entonces en segundo plano si se quiere explicar un fenómeno tan extraño como el de los hemofílicos. <Hay el extraño hecho de que hay personas que padecen una falta de coagulación de la sangre de tal manera que segregan copiosas cantidades de sangre a la menor lesión corporal, a menudo sin que tal lesión sea detectable, y por ello tienden a desangrarse hasta morir. Esta hemofilia, tiene algo muy peculiar: a los varones que provienen de familias hemofílicas no les da la hemorragia cuando nacen de mujeres que provienen de familias no hemofílicas, no les da como a los varones, esta hemofilia. Pero cuando las mujeres tienen descendencia que proviene de familias hemofílicas, ellas mismas no contraen la hemofilia por herencia; en cambio, los varones descendientes de ellas contraen la hemofilia. En otras palabras, la hemofilia pasa a través de la mujer. Esto nos indica la independencia del germen del que acabo de hablar. Y la apariencia externa nos señala, en cierto sentido, de forma ilustrativa, lo que obtenemos a través de la percepción espiritual.

Ahora bien, hoy les he mostrado, por así decirlo, de forma narrativa, algunas cosas que van en la siguiente dirección. Les he mostrado cómo, por un lado, se puede mirar en la esencia del ser humano, en la esencia concreta del ser humano, en sus procesos de desarrollo y degradación, en sus procesos de salud y enfermedad, que en realidad están en constante interacción y entre los cuales hay que buscar un equilibrio. Les he mostrado cómo se puede encontrar la interrelación del ser humano con su entorno a través de la contemplación espiritual, cómo se puede tender así un puente desde la fisiología y la patología hasta la terapia. Y por último quería ilustrarles con un ejemplo especial que, -he elegido un caso extremo, el de la hemofilia y las relaciones hereditarias en la hemofilia-, si observan la naturaleza de la manera correcta, en aquellos casos en los que la naturaleza revela su secreto evidente, obtienen en todas partes la ilustración de aquello que han reconocido por primera vez a través de la ciencia espiritual. Para que no haya ninguna objeción en absoluto, que sería la objeción que pondría quien no puede ver en el mundo espiritual, y que por tanto no tiene ninguna manera de encontrar ninguna prueba de lo que afirma el científico espiritual. No, no es así, sino que se trata de que se pueden aceptar los resultados de la ciencia espiritual, me gustaría decir, por un lado sin dogmatismo ni creencia en la autoridad, y por otro lado también se pueden aceptar sin escepticismo preconcebido y prejuicioso. Simplemente lo aceptas. Al principio no te dices a ti mismo: me lo creo, pero tampoco lo rechazas temerariamente, lo aceptas y lo contrastas con la realidad exterior.

Verán que, si aplican lo que al principio les parece paradójico, a menudo incluso fantástico, haciéndolo descender del mundo espiritual a través de la visión suprasensible en la investigación espiritual, si lo aplican en la vida, si preguntan a la vida, se confirma en los puntos que importan. Encontrarán que en todas partes el empirismo proporciona confirmación para lo que la investigación espiritual encuentra. Aquellas personas que hoy rechazan el conocimiento de este mundo espiritual con el pretexto de que no pueden ver en el mundo espiritual, son como el hombre que ve un hierro con esta forma (está dibujado) y dice: herraré a mi caballo con él, eso es una herradura. El otro, sin embargo, le dice: Es una lástima herrar al caballo con ella, pues tiene poderes magnéticos, es un imán, y cuando se le responde: Yo no veo ninguna fuerza magnética, para mí es una herradura.

Sí, la situación es tal que lo espiritual está en todo lo material, que ahora vivimos en una época en la que hay que buscar lo espiritual. El que, investigando en la materia, quiere hacer preguntas sin buscar el espíritu, es como el que utiliza para herrar un caballo, un imán con la forma de herradura, que por lo tanto no sabe cómo se deben utilizar realmente las cosas en el mundo material. Por muy incompletamente aforístico que tuviera que ser lo que hoy sólo puedo decirles como complemento de la conferencia, sólo pretendía mostrar la dirección en la que deben avanzar en el futuro los estudios médicos en particular. Porque este sistema de estudios médicos está íntimamente relacionado con el ente social. Así como el mundo humano sólo puede ser socialmente sano si se introduce el conocimiento espiritual en el criterio social, nuestra medicina sólo puede ser sana si se introduce en ella el conocimiento espiritual.

No somos fantasiosos en ningún campo. Al menos no queremos serlo en ningún campo. Se trata de una investigación seria, pero una investigación que ha desarrollado el principio que hoy se aplica a menudo. Cuando hoy se plantea una hipótesis aquí o allá, se dice que es una forma conveniente de obtener una visión general de los fenómenos. En matemáticas, se llega incluso a concebir tales hipótesis o líneas de pensamiento. La ciencia espiritual parte de la base de que no hay que escatimar nada para lograr todo lo que es necesario para el progreso de la vida humana, que no hay que escatimar nada en el empleo de las fuerzas en la dirección de esta necesidad. Y hoy podemos oír claramente los signos de los tiempos en el curso del desarrollo humano, que nos dicen que ya no podemos progresar siguiendo las viejas líneas.

Bien, lo que tenemos aquí en Dornach, sólo ha surgido porque ya no es posible progresar con las antiguas directrices, y las nuevas directrices hay que buscarlas aquí. Nos hemos especializado lo suficiente. Ahora se trata de reunir de nuevo las especialidades individuales. Tal vez, en este curso en particular, vean cómo las fuerzas espirituales que reúnen estas especialidades individuales deben fluir desde un centro. Para ello, sin embargo, debemos abandonar los caminos cómodos que tan a menudo se buscan hoy en día. Pero los frutos estarán sobre todo en la dirección del progreso de la humanidad. Por esta misma razón, me hubiera gustado, sobre todo, que todo lo que se puede decir científico-espiritualmente aquí, lo hubieran dicho también los especialistas. Y por eso no me pareció nada bien que yo mismo tuviera que hablar aquí ante ustedes en nombre de uno de los campos más importantes, el médico. Pero como las cosas han salido así, no había otra cosa que hacer y hay que conformarse con ello. Pero lo que habría importado en cualquier circunstancia, tanto si un especialista como un observador general hubiera presentado aquí lo necesario, habría sido mostrar que incluso en este difícil campo de la medicina, el progreso sólo es posible mediante la fecundación de la investigación espiritual. Hubiera mostrado, quiero decir, muy vívidamente, si también hubiera aparecido en este campo alguien que, a partir de las tradiciones de la época, de todo lo que la época misma podía proporcionar a los médicos, hubiera podido mostrar por otro lado a través de una mente abierta para la ciencia espiritual: Uno puede estar al mismo tiempo a la altura de la ciencia médica actual, la ciencia médica oficial, y seguir siendo un científico espiritual tan bueno que uno sólo puede creer que sólo puede  soportar incluso esta medicina actual si puede analizarla desde un punto de vista científico espiritual. No sé si han podido darse cuenta de esto de forma suficientemente intensa por el hecho de que he tenido que sustituir al médico especialista. Pero espero que haya más oportunidades de demostrarlo de tal manera que las circunstancias externas lo pongan de manifiesto: También la medicina sólo puede ser conducida hacia el futuro si el espíritu penetra en ella como es debido, como al menos se aspira a ello aquí en este Goetheanum, si el espíritu de Goethe penetra en la medicina.

Traducido por J.Luelmo sep,2024

GA314 Dornach, 9 de octubre de 1920 - Fisiología-Terapéutica, sobre la base de la Ciencia Espiritual. - Procesos de degradación y segregación

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 RUDOLF STEINER

 Fisiología-Terapéutica, sobre la base de la Ciencia Espiritual.

 Procesos de degradación y segregación

Conferencia III

Dornach, 9 de octubre de 1920

Por supuesto, en el poco tiempo disponible para esta parte terapéutica de nuestro encuentro, sólo será posible dar una indicación general sobre métodos curativos concretos. Por otra parte, también es algo dudoso, me gustaría decir, tener que dar información detallada sobre las particularidades de la medicina Maxime cuando no se está ante un público puramente profesional, como fue el caso aquí en primavera, por ejemplo. Porque, por un lado, será necesario para el futuro del desarrollo humano que los círculos más amplios tengan que adquirir una comprensión de los factores generalmente rectores de la curación, de las consecuencias de la medicina, por así decirlo, para que pueda existir una relación de confianza entre el médico y el paciente, basada en el asunto que nos ocupa. Y así como será necesario que en los círculos más amplios se logre tal comprensión de la dirección de la medicina para la higiene social, es igualmente indeseable por otra parte que el juicio diletante y aficionado juegue un papel demasiado importante en la medicina, lo que desgraciadamente ha sucedido mucho en los últimos tiempos debido al estado de la profesión médica. Hay que subrayar que al menos no puede ser mi intención promover de alguna manera la mala praxis médica, sino que dentro de nuestra ciencia espiritual de orientación antroposófica debe haber un esfuerzo muy definido por promover la verdadera ciencia médica basada en un estudio metódico fiel como arte médico, por llevar el conocimiento científico espiritual a este arte médico real. Así que no debemos estar del lado de aquellos que, se podría decir, por una ignorancia ilimitada de lo que realmente están hablando, se levantan en armas contra todo lo que llaman medicina ortodoxa y similares. Verdaderamente, aquí no hay que ponerse del lado de estas personas. Además, cuando se habla de asuntos como los que hoy nos ocupan, hay que tener en cuenta otra cosa. En tiempos más recientes ha penetrado algo en la medicina, en verdad, en cierto sentido ha estado ahí durante mucho tiempo, pero en tiempos más recientes se ha hecho sentir con toda la vehemencia con la que ahora se hacen sentir las cosas en nuestro caótico orden social: se trata de la formación de partidos incluso dentro del ámbito médico. Y los partidos enfrentados apenas se diferencian entre sí en este terreno de los partidos políticos, diría yo. En general es fácil ver que esto no puede trasladarse al ámbito médico, y la disputa entre los alópatas y los homeópatas, entre los llamados médicos ortodoxos y los naturópatas y así sucesivamente, ha traído ahora una gran confusión en lo que necesitamos como comprensión del ámbito médico en círculos más amplios de nuestra humanidad. He tenido que decir todo esto de forma preliminar para que lo que tengo que decir hoy no se ponga sobre una base equivocada.

Ya he llamado su atención sobre el hecho de que dentro del proceso organizativo humano, existe por una parte lo anímico-espiritual, que en los procesos de enfermedad física hasta cierto punto se desborda, de modo que lo anímico-espiritual no actúa de la manera correcta separado del órgano físico y por lo tanto prolifera dentro de él. Entonces tenemos que ocuparnos de todas las enfermedades que impulsan nuevas formaciones en el organismo. Por otra parte, tenemos que ocuparnos de tales enfermedades en las que lo anímico-espiritual se desarrolla de tal manera, que interviene demasiado poco en el organismo físico, dejando así ciertas partes del organismo físico a merced de los procesos, que no están cubiertos por la organización humana, sino a los procesos subordinados del ser natural, es decir, de modo que los órganos, -si se me permite la palabra-, se fisicalizan hasta un grado abrumador en lugar de impregnarse anímico-espiritualmente. Por consiguiente, lo anímico-espiritual se desborda sin poder ser abarcado de manera correcta con la conciencia del yo, y surgen todas esas formas de enfermedad que en realidad no se llaman enfermedades mentales.

Pero en el momento en que se pasa de una fisiología sana a una patología y una terapia sanas este punto de vista debe cambiarse, es decir, debería desarrollarse de forma aún más precisa. Debe integrarse con esa visión de la naturaleza del hombre que ya se ha expuesto repetidamente aquí, aunque en un contexto  completamente distinto al que hoy la necesitamos. Se trata de la visión de la triple estructura del organismo humano. Por una parte, se trata de una triple organización del alma en los impulsos de la imaginación, del sentimiento y de la voluntad. Pero esta triple división del ser espiritual se corresponde exactamente con una triple división del ser físico-corporal en una especie de sistema cefálico o sistema nervioso-sensorial, en un sistema rítmico y en un sistema metabólico-motor o de las extremidades. Insisto expresamente en que esta división del organismo humano no debe ser intelectual, sino visual. Pues quien entendiera por sistema cefálico el que se extiende hasta el cuello, y luego por sistema circulatorio o rítmico el que comprende el tronco, y el que comprende el sistema digestivo mas el sistema de las extremidades, sistema sexual, no daría, si hiciera tal subdivisión externa, en absoluto con lo apropiado. La cuestión es que el sistema nervioso-sensorial se localiza principalmente en la cabeza, pero que se extiende como tal por todo el resto del organismo. De modo que en cierto sentido, si hemos de hablar aquí en términos antroposóficos del sistema nervioso-sensorial, debemos decir que es ese sistema de funciones en el organismo humano, -pues no se trata de la delimitación del espacio, sino de la delimitación de funciones-, que está esencialmente localizado en la cabeza, pero que extiende su actividad principal sobre todo el ser humano, de modo que en cierto sentido todo el ser humano es a  su vez cabeza. Lo mismo ocurre con los demás sistemas. Y por eso fue una mera tontería cuando un frívolo profesor de medicina, que no tenía intención de entrar en estas cosas, pero sí de calumniarlas ante el mundo, habló del «sistema abdominal» para desacreditar lo que en realidad se entiende por sistema metabólico. Acaba de demostrar que no entiende en absoluto el hecho de que esta división depende de lo funcional y no de lo delimitado espacialmente.

Si se comprende entonces esta estructura del ser humano, sobre la que se podrían dar muchas conferencias para describirla en todos sus detalles, se llega a ver claramente las diferencias que existen entre el sistema de la cabeza, es decir, el sistema nervioso-sensorial por un lado, el sistema metabólico y de las extremidades por otro, y el sistema medio, el sistema rítmico, que está llamado esencialmente a lograr el equilibrio entre los otros dos sistemas. Si queremos abarcar todo el ser humano, tenemos ante nosotros lo siguiente: la actividad imaginativa y perceptiva actual del ser humano tiene como base, ni siquiera se puede decir como herramienta, sino como base física todo lo que tiene lugar físicamente en el sistema nervioso-sensorial. No es cierto, como pretenden la psicología y la fisiología recientes, que los procesos relacionados principalmente con el sistema emocional y volitivo también tengan lugar en el sistema nervioso-sensorial. No, eso no resiste un estudio más detallado de la cuestión. Este estudio más preciso, por lo menos en sus directrices, lo encontrarán ustedes insinuado en mi libro«Von Seelenrätseln», (los enigmas del alma); pero todavía habrá que hacer un gran trabajo detallado en esta dirección. Por consiguiente lo que la ciencia espiritual hoy tiene que decir con certeza desde su lado, surgirá también desde el otro lado, desde el lado físico-empírico, entonces surgirá que el sentimiento del ser humano no está primariamente conectado con el sistema nervioso-sensorial, sino con el sistema rítmico, que así como el sistema nervioso-sensorial corresponde a la percepción imaginativa, el sistema rítmico corresponde al sentimiento. Y que sólo a través de la interacción del sistema rítmico con el sistema nervioso-sensorial, de un modo indirecto a través del ritmo del humor cerebral, que pulsiona el sistema nervioso-sensorial, se enciende el sistema nervioso-sensorial como portador de la vida imaginativa cuando elevamos nuestros sentimientos a imaginaciones, con lo cual la vida emocional embotada y soñadora es percibida e imaginada por nosotros mismos de un modo interior. 

Y al igual que la vida emocional está directamente conectada con el sistema rítmico e indirectamente mediada por él, la vida de la voluntad está directamente conectada con el sistema metabólico. Y esta conexión es entonces a su vez de tal índole que de una manera secundaria, porque el metabolismo por supuesto también tiene lugar en el cerebro, el sistema metabólico en sus funciones está conectado con el sistema nervioso-sensorial y de esta manera hacemos surgir interiormente las ideas de nuestros impulsos de voluntad, que de no ser así, intervendrían en una apagada vida dormida dentro de nuestro organismo.

Pueden ver que en el organismo humano tenemos tres sistemas diferentes, que llevan la vida del alma de diferentes maneras. Ahora bien, estos sistemas no sólo son diferentes entre sí, sino que también se oponen, -como ya he dicho, hoy sólo puedo esbozar estas cosas-, de modo que, por un lado, tenemos el sistema nervioso-sensorial, y por otro, todo lo que constituye las funciones del sistema metabólico, el sistema metabólico de las extremidades (véase el dibujo). Pueden visualizar la conexión entre el metabolismo y las extremidades si consideran simplemente los efectos de las extremidades en movimiento sobre el metabolismo. 

Este efecto es mucho mayor de lo que se suele pensar dentro de la conciencia exterior. Pero estos dos sistemas, yo diría el sistema nervioso-sensorial y el sistema metabólico-motor, son también polos opuestos en cierto modo. Y esta oposición polar debe ser considerada a fondo para una patología y una terapia sanas, especialmente para tal patología que conduce completamente orgánicamente a la terapia, y debe ser estudiada cuidadosamente para todos los detalles individuales, de los cuales hay, por supuesto, innumerables. Porque si se profundiza detalladamente en los efectos, entonces surge lo siguiente. Resulta que lo que ya indiqué ayer está presente en un alto grado. Dentro de todo lo que está relacionado con el sistema de la cabeza o sistema nervioso-sensorial se producen procesos de degradación, de modo que durante el funcionamiento de nuestra imaginación en el estado de vigilia, mientras percibimos e imaginamos, esta percepción e imaginación no está ligada a procesos de crecimiento y desarrollo, sino a procesos de degradación, a procesos de eliminación. Y si uno observa de manera muy sana, llegará realmente a esta conclusión lo que la ciencia empírico-fisiológica ofrece ya hoy en esta dirección. Hoy en día ya existe básicamente una prueba empírica de esto, o mejor podría decir una confirmación empírica de lo que la ciencia espiritual proporciona a través de la observación. Basta con seguir lo que ciertos fisiólogos espirituales son capaces de enseñar sobre los procesos físicos en el sistema nervioso que tienen lugar como fenómenos paralelos de la imaginación y la percepción. 

Entonces verán que esta afirmación de que se trata de procesos de eliminación y descomposición, y no de procesos de construcción, mientras pensamos y percibimos estando despiertos, ya está hoy muy bien sustentada. En cambio, allí donde los procesos de la voluntad intervienen en el sistema metabólico de las extremidades, se trata de procesos de acumulación. Aunque sin embargo, todas las funciones individuales del ser humano interactúan entre sí. Y si miramos bien el asunto, tenemos que decir: Los procesos constructivos de abajo trabajan hacia arriba en los procesos degradantes, los procesos degradantes de arriba trabajan hacia abajo en los procesos constructivos. Y si se sigue esto por analogía, entonces se tiene, como sistema equilibrador, como funciones que provocan el equilibrio, los procesos rítmicos entre los procesos degradantes y los procesos constructivos, que impulsan la degradación hacia la construcción, la construcción hacia la degradación. Y si estudiamos la sustancia, no puramente externa, sino aquella que tiene lugar en la llamada circulación sanguínea del corazón, en la respiración del cuerpo humano, tenemos por todas partes en ella, quisiera decir, procesos especiales, de alguna manera interrumpidos. No puedo entrar en esta interrupción, cumple su cometido; pero tenemos en todas partes especialización de esta curva rítmica, que he dibujado aquí (ver dibujo). El curso de la respiración es un caso especial de esta curva, el proceso que ustedes dibujan cuando trazan el curso de la sangre desde el corazón hacia arriba, a la cabeza o respectivamente a los pulmones y hacia abajo al cuerpo, tienen especializaciones de este proceso. En resumen, cuando es estimulado lo que aquí se indica, no se está penetrando en el tejido funcional del organismo humano de una manera muerta, como suele ser el caso, sino de una manera viva. Sin embargo, es necesario dar vida a las propias ideas. Debe ser posible, por así decirlo, imaginar una imagen plástica del organismo humano. 

El organismo humano no puede ser captado con las concepciones abstractas estáticamente, tales como la fisiología y la patología actuales pretenden captarlo, sino que debe ser captado con concepciones dinámicas, con concepciones tales que realmente intervengan a su vez en el efecto de lo que tiene movimiento interior, que no son en modo alguno meras interacciones mecánicas entre órganos estáticos. Así es como nos damos cuenta de que en el organismo humano existe básicamente una interacción constante entre los procesos de descomposición, los procesos de muerte y entre los procesos de construcción, crecimiento, proliferación, etcétera. Sin esta actividad no se puede entender el organismo humano.

¿Pero qué hay en realidad? Simplemente observen el asunto más de cerca. Cuando el proceso de descomposición de la organización nervioso sensorial actúa a través del ritmo en el sistema metabólico de las extremidades, entonces está presente algo que el propio sistema metabólico de las extremidades contrarresta, que es veneno para este sistema metabólico de las extremidades. Y viceversa, lo que está presente en el sistema constructor, si por medio del ritmo, actúa en el sistema de la cabeza, es veneno para el sistema de cabeza. Y puesto que los sistemas, como he indicado, se extienden por todo el resto del organismo, en todas partes del organismo humano nos encontramos con un continuo envenenamiento y desintoxicación, que es equilibrado por el proceso rítmico. Por lo tanto, no nos encontramos ante un proceso tan natural, como normalmente nos gustaría imaginarlo, que procede unilateralmente, -con perspicacia, me gustaría decir-, de modo que uno puede simplemente describir los procesos sanos como los normales, sino que nos encontramos ante dos procesos opuestos, uno de los cuales es definitivamente un proceso perjudicial para el otro. Y no podemos vivir en el organismo físico sin exponer continuamente nuestro sistema metabólico de los miembros a las causas de enfermedad del sistema de la cabeza, y el sistema de la cabeza a las causas de enfermedad del sistema metabólico. Y del mismo modo que la balanza, si no está equilibrada, oscila de tal manera, según las leyes de la naturaleza, que la barra de equilibrio no queda horizontal, así, como la vida es móvil en sí misma, simplemente no hay un estado de equilibrio en reposo, sino un estado de equilibrio que puede oscilar irregularmente hacia ambos lados. Y curar no significa otra cosa que, por ejemplo, cuando el sistema de la cabeza tiene un efecto envenenador demasiado fuerte sobre el sistema metabólico, aliviarlo de su efecto envenenador, quitarle su efecto envenenador. O a la inversa, si el sistema metabólico de los miembros tiene un efecto venenoso demasiado fuerte sobre el sistema de la cabeza, es decir, si tiene un efecto prolífico, hay que quitarle su efecto venenoso. Pero sólo se llega a una visión completa en este campo si ahora se extiende lo que se es capaz de observar en el hombre a la observación de la naturaleza en su conjunto, si ahora se es capaz de comprender esta naturaleza en el sentido espiritual-científico. Por ejemplo, si se considera el proceso de formación de las plantas, entonces se tiene con toda claridad, quiero decir de la manera más macroscópica, con toda claridad un esfuerzo ascendente del proceso de formación de las plantas, un esfuerzo que se aleja del centro de la tierra, y se pueden estudiar estos esfuerzos de formación metamorfoseantes de las plantas, al menos según las primeras líneas, las líneas básicas, de la «Metamorfosis de las plantas» de Goethe.

La «Metamorfosis de las plantas» de Goethe contiene inicialmente sólo el primer esbozo, los primeros elementos de lo que se va a estudiar sobre la planta en esta dirección. Pero la dirección de este estudio debe desarrollarse más. Hay que seguir las líneas básicas, entonces obtendremos una vívida visión de todo lo que ocurre en el crecimiento de la planta cuando, enraizada en la tierra, la planta comienza a crecer en dirección negativa, iniciándose el empuje hacia arriba en la raíz, luego crece hacia arriba, superando la atracción de la tierra, que sigue siendo predominantemente activa en la raíz, luego pugna para abrirse camino a través de otras fuerzas para llegar finalmente a la floración y fructificación y germinación.

Durante esta trayectoria suceden muchas cosas. En esta trayectoria, por ejemplo, interviene una fuerza opuesta. Pueden observar esta fuerza opuesta que interviene si por ejemplo, -pueden escoger cualquier ejemplo-, digamos el abedul común, el abedul blanco, Betula alba, y siguen más de cerca el proceso que tiene lugar desde la formación de la raíz a través de la formación del tallo, a saber, luego a través de la formación de la corteza, cómo, sobre la base de todo lo que trabaja conjuntamente en la formación del tallo y de la corteza, se forma lo que luego da lugar a la formación de la hoja. Pueden estudiar esto particularmente bien desde un punto de vista científico espiritual si estudian las hojas jóvenes del abedul que todavía aparecen parduscas en primavera. Si se estudia todo esto vívidamente, se tiene una idea de una metamorfosis de las fuerzas que actúan en el interior de la planta, y se tiene una idea de cómo, por un lado, en el proceso de formación de la planta actúa una dirección de fuerza desde abajo hacia arriba. Pero también se obtiene aquello que todavía tiene un efecto retardador, que al principio, diría yo, todavía actuaba fuertemente como gravedad en la raíz, pero que luego, a medida que la planta se desprende de la sustancia tierra, a medida que trabaja a partir del aire, coopera de otra manera con la fuerza ascendente. Y entonces tenemos una etapa interesante, pero también ahora una etapa apropiada, para ver en esta formación de la planta en, este proceso de fuerza ascendente en la corteza del abedul, cómo se depositan ciertas sales, sales de potasio, que son simplemente el resultado de las fuerzas que actúan hacia abajo, que interactúan con las fuerzas que actúan hacia arriba y, me gustaría decir, tienden hacia la formación de proteínas, hacia lo que me gustaría llamar formación de fuerza albuminizante. Así es como se penetra, por ejemplo, en el proceso de formación de las plantas. Aquí apenas puedo insinuarlo. Nos adentramos de este modo observando cómo se depositan las sales de potasio en la corteza del abedul, cómo de esta fuerza de atracción se escapa algo hacia abajo, -me gustaría decir el proceso que podría compararse a cuando una sal de este tipo se precipita a partir de una solución, Entonces llegamos al proceso que tiene lugar cuando la solución se precipita de la sal, llegamos, captando esto vívidamente, al proceso de formación de proteínas, a lo que me gustaría llamar el proceso  de albuminización. Ahí tenemos una forma de estudiar, de estudiar vívidamente, lo externo que rodea al ser humano.

Y entonces volvemos la vista al ser humano y vemos cómo el ser humano básicamente, digamos, si consideramos su proceso de descomposición trabajando de arriba abajo, tiene dentro de sí la misma forma de fuerzas que trabajan en la planta de abajo arriba. Vemos, por así decirlo, en las fuerzas que actúan desde el sistema de la cabeza hacia abajo, hacia el sistema metabólico de los miembros, cómo, por así decirlo, actúa en su interior un sistema vegetal invertido, cómo, de hecho, las fuerzas que vemos enviadas hacia arriba en el crecimiento vegetal actúan hacia abajo. Por ejemplo, si el ser humano detiene este proceso de formación vegetal, quiero decir, que actúa en su interior, de forma errónea, de modo que no es penetrado de forma correcta por lo que actúa en la cabeza, -el astral, el ser del yo. Pero esta penetración se expresa dentro del cuerpo, entonces nos encontramos con algo que se sostiene allí, algo que debe proceder en el organismo humano, descubrimos que se nos presenta un fenómeno patológico, por ejemplo, en los casos donde se produce reumatismo, donde se producen afecciones gotosas. Estudiamos lo que se produce en el organismo humano a causa de este proceso anabólico, en el cual se sustenta de cierta manera, estudiamos esto y lo encontramos de nuevo en el proceso del reumatismo, en el proceso de la formación de la gota y así sucesivamente. Y ahora a su vez dirigimos nuestra mirada desde el interior del organismo, digamos, a tal proceso de formación de plantas como el que encontramos en Betula alba; entonces obtenemos lo siguiente. A continuación miramos por un lado lo que tiene lugar allí en la formación de sales, por otro lado en la formación de proteínas. Y si entendemos este proceso de la formación de la proteína correctamente, encontramos en él el proceso opuesto de lo que es retenido. El proceso que debería tener lugar en el organismo se detiene de forma similar al proceso que tiene lugar como proceso correcto de albuminización en las hojas de abedul, y así obtenemos una conexión entre esos procesos que tienen lugar en las hojas de abedul, por ejemplo, y los procesos del organismo. En eso procesamos lo que hay en las hojas de abedul en remedios que enseñamos a la gente, y a través de los cuales, por ser opuestos de la manera correcta a este proceso de congestión que se da en el reumatismo, en la gota, logramos de esta manera un efecto curativo. En otras palabras, observamos de este modo lo que ocurre fuera en la naturaleza junto con lo que ocurre dentro del organismo y obtenemos una idea de cómo debemos dirigir las fuerzas curativas. Por otra parte vemos que, cuando los procesos de degradación proceden de tal manera que el organismo no puede detenerlos, por así decirlo, que se extienden hacia abajo, y que el sistema rítmico no los combate de la manera correcta, por consiguiente éstos salen entonces hacia la periferia del cuerpo, impulsando hacia la piel, por así decirlo. Se producen condiciones inflamatorias en el exterior de las personas, erupciones en la piel y cosas por el estilo. Y de nuevo volvemos la vista a nuestra planta, Betula alba, y encontramos el proceso opuesto en la deposición de sales de potasio en la corteza de abedul, ganando así la oportunidad de ver cómo podemos combatir este proceso de erupción cutánea en el ser humano, que conduce a la sobreexudación, preparando un remedio a partir de la corteza de abedul.

Y así podemos estudiar cómo funcionan los procesos vegetales y minerales, y obtenemos una conexión entre lo que hay en la naturaleza externa y lo que funciona dentro del ser humano. En otras palabras, obtenemos el ascenso del empirismo médico, del empirismo terapéutico, hacia lo que Goethe, en su sentido, -no ahora en el intelectual, sino en su sentido racional-, llama el estadio de la ciencia, obtenemos una ciencia como terapia que realmente ve a través de las conexiones. Las cosas no son tan fáciles, pues hay que estudiar realmente las cosas en detalle al menos según ciertos tipos, en primer lugar según tipos secretos de la personalidad humana y según secretos de la existencia natural. No hay que suponer que si se ha estudiado el proceso en un ejemplo como la betula alba, ya se ha alcanzado una visión de conjunto de lo que hay que considerar. En cada proceso diferente de formación de plantas, -por ejemplo, en el castaño de Indias o en cualquier otro-, estos procesos formativos se manifestarán de manera esencialmente distinta. Lo que aquí se ha indicado no debe conducir en modo alguno a una cháchara generalizada, sino a un estudio muy serio y extenso.

Pero, -y quiero dirigirme en particular al honorable alumnado-, este estudio, si se prosigue de manera racional, no tendrá por qué llevarles a temer su alcance. Porque puedo asegurarles que si se suprime todo lo que es lastre de examen, -por decirlo en este sentido paracelsiano-, y en su lugar se persigue todo lo que conduce de este modo a una visión racional de la patología terapéutica y de la terapia patológica, entonces los estudiantes de medicina no tendrán que estudiar más, sino menos. Y este estudio, porque lo vivirán, sólo despertará en ellos mayor entusiasmo que el que hoy les acerca al ser humano, y que esencialmente no les proporciona otra cosa que ver órganos que no están en absoluto dormidos, sino que sólo pueden ser comprendidos si se les capta en su función viva y en su interacción con otros órganos, si se estudia esta organización, si se tiene este completo impulso hacia lo funcional y, además, una ciencia natural externa que también impulsa a su vez hacia lo  funcional. Siempre será necesario estudiar paralelamente ese proceso interior en el ser humano, esa peculiaridad que allí tiene lugar como envenenamiento y efectos venenosos que se han desequilibrado, y aquellos otros procesos que no tienen lugar en el orden natural y que, debido a que lo exterior es polar a lo interior, también han de utilizarse en cierto modo polares, y que, por tanto, pueden conducir ciertamente a la patología, o más bien a una patología terapéutica y a una terapia patológica.

Por tanto, sólo he podido indicarles aquello que, podríamos decir, debe guiar los pasos que debe dar una recuperación del estudio médico, y sólo he podido indicarles cómo la ciencia espiritual quiere trabajar en este estudio médico. Voy a darles algunos otros ejemplos esta tarde, cuando vuelva a estar aquí media hora después del final de la representación de euritmia para todos ustedes, ejemplos que les mostrarán cómo puede, -esta combinación intuitiva de los efectos externos de la naturaleza con los efectos del organismo interior-, conducir a lo terapéutico y al reconocimiento de lo patológico. A continuación, me gustaría pasar a las sustancias particulares.

En el poco tiempo de que dispongo aquí, sólo he podido dar el principio, por así decirlo, utilizando el ejemplo de Betula alba, y daré algunos otros ejemplos esta tarde, pero me limitaré a sugerir lo que debería formar parte de la comprensión general de la gente. Porque partiendo de esto, el médico a su vez debe seguir construyendo específicamente. Debe ir a lo específico, porque tratar lo específico también requiere un juicio individual en todas partes. Y ahí es necesario que a partir de la comprensión de todos los profanos gracias a las indicaciones médicas, gracias a los principios médicos, crezca una comprensión, una forma de comprensión de lo que el médico tiene que hacer dentro del mundo exterior. 

Y si observan de forma correcta el curso que la ciencia espiritual de orientación antroposófica quiere realmente dar a la medicina, -tendré más que decir sobre esto esta tarde-, ya se dirán: Verdaderamente, esta ciencia espiritual de orientación antroposófica no quiere conducir a la curación, al amateurismo, al diletantismo, sino que sobre todo quiere trabajar por una recuperación de la ciencia, de la ciencia genuina y seria en sí, que a su vez ya tendrá su propio efecto social.

Traducido por J.Luelmo sep,2024