CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA124 Berlín, 9 de diciembre de 1910 - El Sendero de Buda hacia el Espíritu dentro de sí mismo, el Camino de Zaratustra hacia el Espíritu en el Universo.

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RUDOLF STEINER

El Sendero de Buda hacia el Espíritu dentro de sí mismo, el Camino de Zaratustra hacia el Espíritu en el Universo. 

Berlín, 9 de diciembre de 1910

quinta conferencia

La última vez comenzamos aquí a dar algunas indicaciones sobre la naturaleza y el carácter del Evangelio de Marcos. De ello ya se desprende, que en la consideración del Evangelio de Marcos puede, casi más que en referencia a los otros Evangelios, ser cuestión de dar algo sobre las grandes leyes tanto de la evolución de la humanidad como de la evolución cósmica en general. Hay que decir que, a raíz de lo que se insinúa en las profundidades de los misterios cristianos en este Evangelio, hay motivos para penetrar quizá más profundamente en algunos de los secretos y leyes del desarrollo cósmico y humano.

Ahora bien, originalmente yo creía que sería posible, en el curso de este invierno, dar indicaciones significativas e íntimas de cosas que aún no hemos oído dentro de nuestro desarrollo científico-espiritual, o quizás mejor dicho, de cosas que yacen en niveles espirituales que aún no hemos tocado. Sin embargo, será necesario abandonar este plan original para este invierno, por la sencilla razón de que esta rama berlinesa ha crecido de una manera tan sorprendente en las últimas semanas que no sería posible llevar a la comprensión todo lo que originalmente se pretendía decir en este momento. No sólo es necesario presuponer una formación previa de cierto nivel en matemáticas o en cualquier otra ciencia, por ejemplo, sino que éste debe ser el caso en un grado aún mayor si se quieren alcanzar ciertas alturas de la contemplación científico-espiritual. Más adelante consideraremos cómo se pueden hacer audibles las partes del Evangelio de Marcos que aún no se han discutido en un círculo tan amplio.

Pero, si queremos comprender un escrito como el Evangelio de Marcos, es necesario sobre todo que visualicemos exactamente los factores importantes a través de los cuales ha tenido lugar el desarrollo de la humanidad. Yo diría que esto siempre se enfatiza como una verdad abstracta, muy general: que en todos los tiempos ha habido ciertos líderes de la humanidad que, debido a que estaban en cierta relación con los Misterios, con los mundos espirituales, suprasensibles, fueron capaces de impartir impulsos en el desarrollo de la humanidad que podían contribuir al progreso y avance de este desarrollo de la humanidad. Ahora bien, hay dos maneras principales, las más esenciales, en que el hombre puede relacionarse con los mundos supersensibles, espirituales. El primer tipo es el que podemos estudiar con particular claridad si nos referimos en unas pocas líneas, -como lo haremos en un futuro próximo incluso públicamente, exotéricamente en una conferencia pública-, a la imagen del gran líder de la humanidad Zaratustra; y la otra forma en que tales líderes de la humanidad pueden entrar en relación con los mundos espirituales puede presentarse ante la mirada de nuestra alma si evocamos ante nuestra alma la peculiaridad del gran Buda. Sin embargo, estos dos líderes de la humanidad, Buda y Zaratustra, son muy diferentes entre sí en toda la forma de su labor. Es necesario saber diferenciar que, en lo que Buda y el budismo llaman esa inmersión que se produjo bajo el árbol Bodhi, -que es, pues, una expresión simbólica de una cierta profundización mística de Buda-, se ofrece un camino que el yo humano emprende hacia su propio ser, hacia su propia naturaleza más profunda. Este camino, que el Buda emprendió de forma tan extraordinaria, es un descenso del yo humano a las profundidades, a los abismos de su propia naturaleza humana.

Se harán ustedes una idea más clara de lo que esto significa si han reparado en que hemos seguido la evolución del hombre a través de cuatro etapas, tres de las cuales ya se han completado; ahora nos encontramos en la cuarta. Hemos seguido el desarrollo de la humanidad a través del desarrollo de Saturno, del Sol y de la Luna, y ahora estamos en el desarrollo terrestre. Sabemos que estas tres etapas del desarrollo humano corresponden a la formación del cuerpo físico, del cuerpo etérico y del cuerpo astral del ser humano, y que ahora nos encontramos dentro del desarrollo terrestre, cuya tarea es la de formar el yo humano, en la medida en que este yo ha de constituirse como miembro de la entidad humana. Desde los más variados puntos de vista hemos caracterizado a este ser humano como un yo encerrado en tres envolturas: la envoltura astral correspondiente a la evolución lunar, la envoltura etérica correspondiente a la evolución solar y la envoltura física correspondiente a la evolución de Saturno. Podemos visualizar a este ser humano de forma algo esquemática como sigue:

Tal como se encuentra hoy el hombre en su desarrollo normal y tal como ha desarrollado su conciencia, en el fondo no sabe nada, no tiene conciencia de su cuerpo astral, ni de su cuerpo etérico, ni de su cuerpo físico. Por supuesto, ustedes dirán ahora que el hombre sí que tiene conciencia de su cuerpo físico. No es así. Porque lo que normalmente se considera el cuerpo físico del hombre no es más que una maya, una ilusión. Lo que se le presenta al hombre como cuerpo físico es básicamente la interacción de los cuatro miembros del ser humano, el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo, y el resultado, todo el resultado de esta interacción es lo que se le presenta al hombre, por así decirlo, visiblemente a los ojos, tangiblemente a las manos. Si realmente quisieran ver el cuerpo físico, tendrían que ser capaces de eliminar el yo, el cuerpo astral y el cuerpo etérico del ser humano, -del mismo modo que de una composición química formada por cuatro sustancias, tendrían que eliminar tres y conservar uno-, y entonces conservarían el cuerpo físico. Pero esto no es posible en las condiciones actuales de la existencia terrestre. Es posible que crean que esto sucede cada vez que una persona muere. Pero eso no es correcto. Porque lo que queda cuando una persona muere no es su cuerpo físico, sino el cadáver. El cuerpo físico no podría vivir con las leyes que están activas en el cuerpo físico cuando se produce la muerte. No son sus propias leyes, sino leyes que pertenecen al mundo exterior. <Por consiguiente, si ustedes siguen estos pensamientos, tendrán que decirse a sí mismos que lo que habitualmente se llama el cuerpo físico del hombre es una maya, una ilusión, y lo que en la ciencia espiritual llamamos el cuerpo físico es esa ley, esa ley orgánica, que crea el cuerpo físico del hombre dentro de nuestro mundo mineral de la misma manera que la ley de cristalización del cuarzo o la de la esmeralda crea el cuarzo o la esmeralda. Esta organización humana que es efectiva en el mundo mineral-físico es en realidad el cuerpo físico del ser humano. Y siempre que la ciencia espiritual habla del cuerpo físico del hombre no se refiere a otra cosa.  Pues lo que el hombre conoce hoy del mundo no es otra cosa que el resultado de su percepción sensorial, de lo que perciben los sentidos. Pero la forma en que los sentidos humanos perciben sólo puede percibirse en un organismo en el que exista un yo. La forma superficial actual de ver las cosas supone naturalmente que un animal, por ejemplo, también percibe el mundo exterior del mismo modo que el ser humano lo percibe a través de sus sentidos. Se trata de una visión muy confusa, y la gente se sorprendería mucho si se le presentara la forma en que aparece la visión del mundo de un caballo, un perro u otro animal, lo que tendrá que ocurrir algún día. El entorno del perro o el entorno del caballo, dibujados, por así decirlo, parecerían muy diferentes de la visión del mundo del hombre. Pues para que los sentidos perciban el mundo tal como lo percibe el hombre, es necesario que el yo se despliegue sobre el mundo y colme los órganos de los sentidos, los ojos, los oídos, etcétera. De modo que sólo un organismo en el que habita un yo tiene una visión del mundo como la que tiene el ser humano, y el organismo exterior del ser humano se encuentra dentro de él, pertenece únicamente a esta visión del mundo. Por lo tanto debemos decir:

Lo que se suele llamar el cuerpo físico del hombre es sólo un resultado de nuestra observación sensorial y no la realidad.

Cuando hablamos del ser humano físico, de todo lo que el ser humano tiene a su alrededor como elemento físico, es el yo el que mira el mundo con la ayuda de los sentidos y de la mente, que está ligada al cerebro. Por lo tanto, el hombre sólo conoce aquello sobre lo que se extiende su yo, lo que pertenece a su yo. Tan pronto como de alguna manera el yo no puede estar presente en algo que es dado por la imagen del mundo, entonces la imagen del mundo deja de ser una percepción en absoluto, es decir, el ser humano entonces se duerme. Pero entonces a su alrededor no hay imagen del mundo; entonces se vuelve inconsciente. Dondequiera que se mire, en cada punto el yo está conectado con lo que se percibe, es decir, está volcado sobre la percepción, de modo que en realidad sólo se conoce el contenido del yo. Como ser humano normal, el hombre conoce el contenido de su yo, y cuál es su propia naturaleza y ser, en el que entra cada mañana cuando se despierta, -cuerpo astral, cuerpo etérico, cuerpo físico-, no sabe esto como ser humano moderno, porque en el momento en que se despierta como ser humano moderno, no ve su cuerpo astral. El hombre moderno incluso se horrorizaría si percibiera su cuerpo astral, es decir, la suma de todos los impulsos, deseos y pasiones acumulados a lo largo de repetidas vidas en la Tierra. El hombre tampoco ve su cuerpo etérico. No puede soportarlo. Cuando se sumerge en su propia naturaleza, en sus cuerpos físico, etérico y astral, inmediatamente se ve distraído en su percepción hacia el mundo exterior. Allí ve lo que los dioses buenos extienden sobre la superficie de su visión para que no se ponga en situación porque no podría soportar descender a su propio ser interior. 

Por lo tanto, es un acierto hablar de este proceso en la ciencia espiritual: En el momento en que una persona se despierta por la mañana, entra por la puerta de su propio ser. Pero en esta puerta hay un guardián; este guardián es el pequeño guardián del umbral. No permite que el hombre entre en su propio ser, sino que lo desvía inmediatamente hacia el mundo exterior. Cada mañana el ser humano se encuentra con este pequeño guardián del umbral. Quien entra conscientemente en su envoltura natural al despertarse, llega a conocer a este pequeño guardián del umbral. Y en el fondo, para la vida mística sólo se trata de si este pequeño guardián del umbral nos hace el favor de adormecernos a efectos de impedirnos ver nuestro propio ser interior, de modo que no podamos descender allí y así poder dirigir nuestro yo hacia lo que nos rodea, o si nos deja atravesar la puerta y nos permite entrar en nuestro propio ser.

Así pues, la vida mística es la entrada, en el interior del propio ser humano, a través de la puerta que acabamos de describir, más allá del pequeño guardián del umbral. Y lo que se describe simbólicamente para el gran Buda en la actitud de sentarse bajo el árbol Bodhi, no es otra cosa que el descenso al propio ser interior a través de la puerta que, de otro modo, nos cierra este propio guardián. Lo que Buda tuvo que experimentar para descender a su propio ser interior está representado en el budismo. No son meras leyendas, sino interpretaciones de verdades profundas, vividas interiormente, de realidades espirituales.

Lo que Buda experimentó al descender a su propio ser se describe en el budismo como la llamada tentación de Buda. En el sentido de esta historia de la tentación, Buda describe cómo, en el momento en que quiere descender místicamente a su propio ser interior, se le acercan incluso aquellos seres que ama. Describe que parecen acercarse a él, pedirle que haga esto o aquello, por ejemplo que haga falsos ejercicios para entrar en su propio ser interior de forma falsa. Incluso se nos presenta la figura de la madre de Buda, -él la ve en su visión espiritual-, que le pide que inicie una falsa ascesis. Por supuesto, ésta no es la verdadera madre del Buda. Pero ésta es precisamente la tentación de que su visión en desarrollo no se enfrente a la madre real, sino a una máscara, una maya, una ilusión. Pero él resiste. Entonces se enfrentan a él una serie de figuras demoníacas, que describe como codicia, como corresponde a la sensación de hambre y sed, o como pasiones, instintos, orgullo, arrogancia, vanidad, avaricia. Todos ellos se acercan a él. ¿Cómo? Pues, en la medida en que todavía están en su propia envoltura natural, en su ser astral, en la medida en que ya las ha vencido en sus momentos fuertes, en su sentarse bajo el árbol Bodhi. Y en esta tentación del Buda se nos muestra de un modo maravilloso cómo se afirman todas las fuerzas y poderes de nuestro cuerpo astral, que están ahí porque nos hemos hecho cada vez peores a lo largo del desarrollo descendente de la humanidad en el curso de las sucesivas encarnaciones. A pesar de que ya se ha elevado tan alto, todavía puede verlas, y ahora debe, mediante el ascenso final, vencer a las últimas cosas que están presentes como demonios tentadores para su cuerpo astral.

¿Qué encontrará entonces una personalidad humana cuando descienda a través de la región del cuerpo astral, a través de la tentación, hasta el cuerpo físico y el cuerpo etérico, es decir, cuando llegue ahora a conocer realmente estos dos miembros de la entidad humana? Si queremos conocer esto, debemos llamar la atención sobre una cosa que el hombre puede experimentar al descender a su propio ser. Debemos llamar la atención sobre el hecho de que en el transcurso de sus encarnaciones dentro de la evolución terrena, el hombre ha podido, en efecto, corromper fuertemente su cuerpo astral, pero ha sido menos capaz de corromper realmente lo que hay en él como cuerpo etérico y cuerpo físico.  El cuerpo astral se corrompe por causa de todo lo que puede llamarse egoísmo en la naturaleza humana, la envidia, el odio, el egoísmo en general, la arrogancia, el orgullo, etcétera. Mediante todas estas cosas se corrompe el cuerpo astral, también mediante todos los instintos inferiores etcétera. Como ser humano, sólo se puede corromper el cuerpo etérico, -porque como persona normal hoy en día no se tiene mucho más poder-, mediante la mentira y, a lo sumo, inconscientemente, mediante el error. Pero incluso entonces sólo puede ser corrompida una parte del cuerpo etérico. Cierta parte del cuerpo etérico es tan fuerte que por mucho que una persona intentara corromperla, no podría, pues el cuerpo etérico se resistiría. El hombre no puede descender tan lejos en su propia naturaleza con sus propios poderes individuales como para poder corromper el cuerpo etérico o el cuerpo físico. Sólo en el transcurso de las encarnaciones, pueden las faltas que el ser humano inflama directamente, seguir teniendo efecto sobre los cuerpos físico y etérico; y entonces aparecen como enfermedades, como daños y como predisposiciones a la enfermedad, también en el cuerpo físico. Pero sobre su cuerpo físico, el hombre no puede desde su individualidad actuar directamente, al menos de manera inmediata. Si se corta un dedo, esto no es un efecto del alma sobre el cuerpo físico; ni tampoco si el cuerpo físico está infectado. En el transcurso de sus encarnaciones el hombre sólo ha llegado a ser capaz de actuar sobre el cuerpo astral y sobre una parte del cuerpo etérico; pero sólo puede actuar sobre el cuerpo físico indirectamente, nunca directamente.

Por lo tanto, podemos decir: Cuando descendemos a la región del cuerpo etérico, sobre la cual todavía tenemos una influencia directa, entonces en esta región se muestra todo lo que ya pertenece al ser humano, de las sucesivas vidas terrestres, de las encarnaciones; de modo que en el momento en que el ser humano se sumerge en su propia entidad, también se sumerge en las encarnaciones anteriores, más lejanas. El ser humano encuentra así el camino hacia las encarnaciones anteriores sumergiéndose en su propio ser. Y si esta inmersión es tan intensa, tan poderosa y abarcadora, como fue el caso del gran Buda, entonces esta visión de las encarnaciones sigue y sigue.

Ahora bien, el hombre originariamente es una entidad espiritual en primer lugar, y en torno a su entidad espiritual se ha organizado posteriormente todo lo que es su envoltura. El hombre ha surgido del espíritu, y todo lo externo es como una condensación del espíritu. Por lo tanto, a través de esta inmersión en su propio ser, el hombre entra en el espíritu del mundo. Este descenso dentro de sí mismo, esta ruptura a través de la envoltura del cuerpo físico, es un camino hacia la estructura espiritual del mundo para ver cómo este cuerpo físico se ha construido a sí mismo una y otra vez en el curso de las encarnaciones. Y si el hombre retrocede lo suficiente, hasta los tiempos en que el hombre era miembro del mundo espiritual en la antigua clarividencia primordial, entonces mira dentro del mundo espiritual.

En lo que se ha transmitido de Buda, -y una vez más no se trata de una mera leyenda-, se encuentran las etapas que Buda alcanzó al atravesar su propio ser, de las que él mismo dice: Cuando estaba tan lejos que tenía la iluminación, -es decir, donde podía sentirse miembro del mundo espiritual-, estaba tan lejos que veía el mundo espiritual tendido como una nube que se extiende, pero aún no podía distinguir nada en él, porque todavía no me sentía completo. Luego di un paso más. Entonces ya no sólo veía el mundo espiritual como una nube que se extiende, sino que también podía distinguir formaciones individuales, pero aún no podía ver lo que eran, porque todavía no era perfecto. De nuevo ascendí un peldaño más y ahora no sólo encontraba entidades diferentes, sino que podía saber lo que eran.

Y esto continúa hasta que él mismo ve su arquetipo, que ha descendido de encarnación en encarnación, y puede verlo en la relación correcta con el mundo espiritual. Este es el único camino, el camino místico, el paso a través del propio ser hasta el punto en que se rompe ese límite, más allá del cual se puede alcanzar el mundo espiritual. De este modo, algunos de los líderes de la humanidad alcanzan lo que tales individualidades deben tener para que puedan dar impulsos para el desarrollo ulterior de la humanidad.

De un modo completamente diferente, personalidades como el Zaratustra originario, por ejemplo, alcanzan la posibilidad de convertirse en el guía de la humanidad. Si vuelven ustedes a repasar lo que he dicho sobre el Buda, se darán cuenta de que en sus encarnaciones anteriores, cuando había alcanzado el nivel de bodhisattva, ya debió de ascender de etapa en etapa. A través de la iluminación, -sentarse bajo el árbol Bodhi-, que debe representarse tal como la he descrito ahora, una personalidad que ha ascendido gradualmente a lo alto gracias a los méritos inherentes a su individualidad, llega a ver los mundos espirituales. Si la humanidad hubiera dependido siempre sólo de tales líderes, no habría sido posible que la humanidad avanzara como ha avanzado. Había otros líderes. Zaratustra era de esta otra clase. No hablo ahora de la individualidad de Zaratustra, sino de la personalidad del Zaratustra originario, el heraldo de Ahura Mazdao. Cuando estudiamos tal personalidad en el lugar donde se nos presenta en el mundo, al principio no hay en ella ninguna individualidad que se hubiera elevado particularmente por sus propios méritos, sino que tal personalidad es elegida para ser portadora, para ser la envoltura de una entidad espiritual, de una individualidad espiritual que no puede encarnarse en el mundo en la carne, que sólo puede brillar en una envoltura humana y trabajar dentro de ella.

En mi Misterio Rosacruz «La Puerta de la Iniciación», (GA14), llamé la atención sobre la forma en que un ser humano será trascendido por un ser superior en un determinado momento, cuando sea necesario para el desarrollo del mundo. No se trata de una mera imagen poética, sino de la representación poética de una realidad oculta.

La personalidad del Zaratustra originario no era, por tanto, una personalidad que se hubiera elevado por sí misma tan alto como Buda, sino que estaba destinada a que una individualidad superior ocupara su lugar en ella, por así decirlo, para espiritualizarla, para ceñirla. Tales personalidades se encontraban principalmente en todas aquellas culturas de la antigüedad, es decir, en todas las culturas precristianas que se habían desarrollado pasando por Europa, por el noroeste y el medio oeste de Asia, pero no en aquellas culturas de la época precristiana que se extendían por África, Arabia y también por los países del Cercano Oriente hasta Asia. Mientras que en estos últimos países predominaba el tipo de iniciación que acabo de describir en su más alto desarrollo con el gran Buda, el otro tipo de iniciación, que ahora describiré con Zaratustra utilizando un ejemplo especial, era particularmente autóctono de los pueblos del norte. Hace tres o cuatro milenios, también en nuestras regiones, sólo existía la posibilidad de dar el tipo de iniciación que voy a describir.

De la siguiente manera aproximadamente, la personalidad de Zaratustra estaba destinada a ser portadora de una entidad superior que no debía encarnarse. Fue, por así decirlo, destinado por los mundos espirituales: Una entidad divino-espiritual debía sumergirse en este niño, lo que permitiría trabajar en esta persona y utilizar su cerebro, sus herramientas y su voluntad cuando este niño hubiera crecido. Sin embargo, para que esto se produzca, al ser humano tiene que sucederle desde el principio algo muy distinto de lo que sucede en el desarrollo individual humano. Ahora, sin embargo, los procesos que ahora van a ser descritos escuetamente, tienen lugar no tanto físico-sensorialmente como en la vida entera de tal persona que crece, aunque por supuesto cualquier otra persona que siguiera a tal niño con los sentidos ordinarios no sería capaz de observarlo. Pero cualquiera que pueda observarlo verá que desde el principio hay conflictos entre las fuerzas anímicas de tal niño y el mundo exterior, que este niño tiene una voluntad, una impulsividad que está, por así decirlo, en contradicción con lo que sucede a su alrededor. Este es el destino de las personalidades divinas, imbuidas de espíritu, que crecen como extraños, que su entorno no tiene sentido ni sentimiento para comprenderlos adecuadamente. Por lo general, sólo hay muy pocos, tal vez incluso sólo una personalidad presente que puede tener una idea de lo que crece con una persona así. Los conflictos con el entorno, por otra parte, se desarrollan con facilidad, y cuando surge lo que ahora les he descrito en la historia de la tentación de Buda, no es sólo en años posteriores cuando el hombre desciende a su propio ser.

Tal y como es una persona en la vida normal, su individualidad nace en su envoltura natural, que le viene dada por sus padres y su pueblo. Esta individualidad no siempre está completamente en sintonía con las envolturas externas, y por eso las personas siempre se sienten más o menos insatisfechas con la forma en que el destino las ha tratado. Pero un conflicto tan duro, tan violento, como el que estaba presente en Zaratustra, por ejemplo, no es posible si una persona crece con su individualidad de un modo que corresponde a la vida humana ordinaria. Si uno observa ahora clarividentemente a un niño como lo fue Zaratustra, resulta que poseía dentro de sí mismo sensaciones, capacidades, poderes de pensamiento y voluntad que son muy diferentes de las sensaciones, impulsos de voluntad, ideas y demás que se desarrollan a su alrededor en la humanidad. Sobre todo, resulta, -y de hecho siempre resulta, sólo que no se tiene en cuenta porque hoy en día no se consideran los hechos psíquico-espirituales-, que el entorno no sabe nada de la verdadera naturaleza de tal niño, sino al contrario, siente instintivamente odio hacia tal persona, no le gusta lo que está creciendo en él. Este es el conflicto más agudo al que se enfrenta el ojo clarividente: que un niño así, que en realidad ha nacido para ser un salvador de la humanidad, desate tormentas de odio a su alrededor. Así debe ser. Porque al ser tan diferente, los grandes impulsos entran en la humanidad. Tales cosas se nos cuentan entonces para las personalidades correspondientes, como se nos cuentan en Zaratustra.

Se nos dice que Zaratustra es capaz de hacer algo que normalmente sólo ocurre en los humanos al cabo de semanas: que puede ver la armonía del mundo de tal manera que desarrolla su «sonrisa de Zaratustra». Esta sonrisa del recién nacido Zaratustra se nos describe como lo primero que le muestra como algo muy diferente de las demás personas que le rodean. La segunda es que en la región donde nació Zaratustra se encontró un enemigo, una especie de rey Herodes. Se llamaba Duransarun; y él mismo, -después de haber espiado el nacimiento de Zaratustra, que le había sido revelado por los magos, los caldeos-, intentó asesinar al niño. Cuenta la leyenda: En el momento en que levantó su espada para matar al niño, su mano se paralizó y tuvo que desistir. Todo esto no son más que imágenes que la conciencia espiritual podría haber visto, imágenes de realidades espirituales. La historia continúa contando cómo este enemigo del niño Zaratustra, al no poder matarlo de esta manera, hizo que un sirviente lo llevara a los animales salvajes del desierto para que lo mataran. Pero cuando lo buscaron, ningún animal salvaje lo había tocado, y encontraron al niño durmiendo plácidamente. Al fracasar también este intento, el enemigo abandona al niño Zaratustra de tal manera que toda una manada de vacas y bueyes tiene que correr sobre él para pisotearlo. Pero el primer animal, según la leyenda, cogió al niño entre sus patas, se lo llevó para que el resto de la manada tuviera que pasar corriendo, y luego lo dejó en el suelo. No le pasó nada. Lo mismo se repitió con una manada de caballos. Y lo último que intentó el enemigo fue poner al niño Zaratustra en lugar de una manada de animales salvajes, después de haberles arrancado todas sus crías. <Pero resultó, cuando los padres investigaron, que estos animales tampoco habían hecho daño al niño, sino que incluso, como dice la leyenda, el niño Zaratustra había sido alimentado por las «vacas celestiales» durante mucho tiempo.

En primer lugar, en tal cúmulo de informaciones no hay que ver otra cosa que el hecho de que debido a la presencia del ser espiritual, de la individualidad espiritual, que penetra en tal alma, se despiertan fuerzas muy especiales para que tal niño entre en desarmonía con su entorno, lo cual es necesario para que puedan darse impulsos ascendentes al desarrollo de la humanidad. Pues la desarmonía es siempre necesaria si se quiere progresar realmente hacia la perfección. Pero entonces debe señalarse cómo estas fuerzas son de tal naturaleza que, sin embargo, benefician a tal entidad, a tal niño, para conducirlo hacia arriba a las conexiones con el mundo espiritual al que ha de llegar. Pero, ¿cómo experimenta el niño todos estos conflictos?

Imaginen que esta introducción del alma en su propio ser fuese un momento de despertar. Si el alma puede experimentar el cuerpo físico y el cuerpo etérico dentro de sí misma, entonces experimenta el desarrollo que les describí de Buda. Ahora piensen conscientemente en quedarse dormidos. El hombre tal como es hoy, pierde la conciencia cuando se duerme, ésta cesa y como imagen del mundo le rodea la nada. Pero imaginen que el hombre conservara su conciencia cuando se duerme. Entonces estaría rodeado de un mundo espiritual en el que el hombre se sumerge durante el sueño. Pero a su vez hay ciertos obstáculos. Por la noche, cuando nos dormimos, un guardián del umbral se para ante la puerta que debemos atravesar. Este es el gran guardián del umbral, que no nos deja entrar en el mundo espiritual mientras seamos inmaduros; no nos deja entrar por la razón de que, si todavía no hemos hecho fuerte y firme nuestro ser interior, estamos expuestos a ciertos peligros si queremos volcar nuestro yo sobre el mundo espiritual en el que entramos cuando nos dormimos.

Estos peligros consisten en que, en lugar de ver lo que hay de objetivo en este mundo espiritual, sólo veríamos lo que nosotros mismos llevamos a él con nuestras fantasías, con nuestros pensamientos, sensaciones y sentimientos. Y precisamente llevamos a él lo peor que hay en nosotros, lo que no corresponde a la verdad. Por lo tanto, una entrada inmadura en este mundo espiritual significará que el hombre no ve una realidad, sino imágenes fantasiosas, imágenes fantásticas, imágenes que en realidad se caracterizan técnicamente en la ciencia espiritual por el hecho de que no son visión humana. Si el hombre viera lo objetivo en el mundo espiritual, se elevaría un peldaño más, vería lo humano. Siempre es señal de visión fantasiosa cuando el hombre al ascender al mundo espiritual ve formas animales. Pues estas formas animales representan sus propias fantasías, porque no está lo suficientemente afianzado en sí mismo. Lo que es inconsciente en la noche debe absorber una fuerza dentro de sí para que el mundo espiritual exterior se vuelva objetivo. De lo contrario, se convierte en subjetivo, y llevamos nuestras propias fantasías al mundo espiritual. De lo contrario, también las llevamos dentro, pero el guardián del umbral nos impide verlas. Pues se trata de un proceso puramente interior, el de ascender al mundo espiritual y verse rodeado de formas animales que nos atacan porque quieren desviarnos del camino. Sólo tenemos que rodearnos de una fuerza cada vez mayor y entonces podremos entrar en el mundo espiritual.

Cuando un niño como el Zaratustra de niño se llena de un ser superior, el pequeño cuerpo es naturalmente inmaduro y primero debe madurarse. Lo que es el organismo humano, los órganos del intelecto y de los sentidos, están, por así decirlo, esponjados. Un niño así se encuentra en un mundo que puede describirse muy bien como «estar con animales salvajes». A menudo hemos mostrado cómo, en tales descripciones, lo histórico y lo figurativo son sólo dos caras diferentes de la misma cosa. Los acontecimientos se desarrollan de tal manera que lo que son los poderes espirituales, cuando se afirman exteriormente como hostiles, como en el caso del niño Zaratustra, se muestra, por ejemplo, en la persona del rey Duransarun. Pero en el mundo espiritual todo está presente también en su forma arquetípica, de modo que las acciones exteriores corresponden a lo que sucede en el mundo espiritual. En el modo de pensar actual, el hombre no es capaz de captar fácilmente tal pensamiento. Si se dice que los acontecimientos que rodean a Zaratustra tienen un significado en el mundo espiritual, el hombre piensa: Entonces no son reales. Pero si se demuestra que son históricos, entonces el hombre de hoy se inclina de nuevo a considerar a cada personalidad sólo tan desarrollada como él mismo. Este es el empeño de los teólogos liberales de hoy, por ejemplo, imaginar la figura de Jesús de Nazaret como similar o no mucho más allá de lo que ellos mismos pueden considerar como su propio ideal. Se perturba la tranquilidad materialista de la gente de hoy cuando se supone que imaginan grandes individualidades. No debe existir en el mundo algo que esté demasiado por encima del respectivo profesor o teólogo que quiera elevarse a tal ideal. En el caso de los grandes acontecimientos, sin embargo, se trata de algo que es a la vez histórico y simbólico-espiritual, de modo que lo uno no excluye lo otro. Quien no se dé cuenta de que lo externo también significa otra cosa, no podrá captar lo que es real y esencial.

Así, esta alma infantil de Zaratustra se vio realmente abocada a grandes peligros en su primera juventud; pero al mismo tiempo las vacas celestiales estuvieron a su lado para ayudarla, como dice la leyenda; la fortalecieron.

Con todos los grandes fundadores de visiones del mundo, en toda la zona desde el Mar Caspio a través de nuestras regiones hasta el oeste de Europa, se puede encontrar este fenómeno, según el cual tales personalidades, sin haberse elevado a través de su propio desarrollo, se imbuyen de una entidad espiritual para convertirse en líderes de la humanidad. El pueblo celta tenía tales leyendas en un número bastante grande. De un fundador religioso celta, Habich, se describe que también él fue expuesto y amamantado por vacas celestiales, que se produjeron ataques hostiles, que los animales retrocedieron ante él, en fin, estas descripciones de los peligros para el líder celta Habich son tales que se podría decir: Se han seleccionado algunos de los siete milagros de Zaratustra, por así decirlo, porque hay que considerar a Zaratustra como la mayor personalidad de este tipo. Encontrarás algunos rasgos de los milagros de Zaratustra por toda Grecia hasta las regiones celtas. Basta pensar en Rómulo y Remo para encontrar un ejemplo bien conocido.

Esta es la otra vía por la que surgen los líderes de la humanidad. Hemos caracterizado así, en un sentido más profundo, lo que a menudo hemos considerado: las dos grandes corrientes culturales del periodo post-atlante. Tras la gran catástrofe atlántica, una corriente cultural se desarrolló a través de África, Arabia y el sur de Asia; la otra, más al norte, a través de Europa y el norte de Asia, hacia Asia central. Allí chocaron las dos corrientes. Y todo lo que surgió de esto es nuestra cultura post-atlante. La corriente del norte tuvo líderes como los que he descrito ahora en Zaratustra, mientras que la corriente del sur tuvo líderes como los que aparecieron en la más alta representación en el gran Buda.

Si ahora recuerdan lo que ya sabemos con respecto al acontecimiento de Cristo, se dirán: ¿Cómo se nos presenta ahora este bautismo de Juan en el Jordán?

El Cristo desciende, una entidad espiritual-divina, como han descendido en un ser humano con todos los líderes del norte y fundadores de cosmovisiones, más notablemente con Zaratustra. Es el mismo proceso, sólo que transferido a los más grandes:

El Cristo desciende a un ser humano, pero no en su infancia, sino en el trigésimo año de vida, y esta personalidad de Jesús de Nazaret está preparada para ello de un modo muy especial. Se nos van a presentar los dos misterios del liderazgo humano en síntesis, en unión, en armonía el uno con el otro. Y mientras los dos evangelistas Mateo y Lucas prefieren describir cómo se formó la personalidad humana en la que se sumergió el Cristo, el Evangelio de Marcos nos dice de qué clase y naturaleza era la propia entidad crística. El elemento sobresaliente de esta gran individualidad nos lo presenta en particular el Evangelio de Marcos. Por eso, los Evangelios de Mateo y Lucas presentan de forma tan maravillosamente clara una historia de la tentación distinta a la del Evangelio de Marcos, porque Marcos presenta al Cristo que ha entrado en Jesús de Nazaret. Aquí es donde debe ocurrir la historia de la tentación, que por lo demás ya ocurre en la edad infantil: estar junto a los animales y ayudar a los poderes espirituales. Por eso es visto como una repetición de los milagros de Zaratustra cuando se nos dice con impresionante sencillez en el Evangelio de Marcos:

«Y el Espíritu lo llevó a la soledad; . . y estaba con los animales, y los ángeles» -es decir, las entidades espirituales- “le servían”. Mientras que el Evangelio de Mateo describe algo muy diferente, algo que parece una repetición de la tentación de Buda, es decir, lo que sucede cuando descendemos a nuestro propio ser, donde todas las tentaciones y seducciones se acercan al alma humana en cuestión.

Así que podemos decir: Mateo y Lucas describen el camino que siguió el Cristo, en el que descendió a las envolturas que había recibido a través de Jesús de Nazaret; y el Evangelio de Marcos describe lo que el Cristo tuvo que experimentar como una especie de historia de tentación, en la que se topó con el entorno, igual que se han topado todos los fundadores de religiones que han sido inspirados o intuidos desde lo alto por un ser espiritual. Cristo Jesús pasa por ambos, mientras que los anteriores líderes de la humanidad sólo pasaron por uno. Él une los dos tipos de camino hacia el mundo espiritual. Eso es precisamente lo esencial, que lo que antes tenía lugar en dos grandes corrientes, en las que luego desembocaban varias más pequeñas, fluya conjuntamente en una sola corriente.

Sólo desde este punto de vista podemos comprender las contradicciones aparentes o reales entre los Evangelios. El escritor del Evangelio de Marcos estaba iniciado en tales misterios, lo que le permitió describir cuál es la tentación de Marcos: acudir a los animales y a la ayuda de seres espirituales. Lucas se inició en el otro lado. Cada uno de los escritores de los Evangelios describió lo que le era próximo y conocido. Así que hay diferentes lados del acontecimiento de Palestina o del misterio del Gólgota que se nos presentan en los Evangelios.

Con esto quería mostrarles una vez más, desde un punto de vista que aún no hemos podido discutir aquí, cómo se debe comprender el curso del desarrollo de la humanidad y la intervención de tales individualidades que así ascienden a través del desarrollo desde Bodhisattva hasta Buda; y cómo se debe comprender el desarrollo de aquellos en quienes no se trata realmente de lo que ellos son como seres humanos, sino de lo que desciende de lo alto. Sólo en la figura de Cristo se unen los dos tipos. Sólo cuando se sabe esto se puede comprender correctamente la figura de Cristo.

Esto también les hará darse cuenta de que en las personalidades míticas debe producirse cierta desigualdad. Cuando se describe que ciertos seres espirituales hicieron esto o aquello, -con respecto al bien o al mal y cosas por el estilo-, como Sigfrido, por ejemplo, es muy posible que se oiga: ¿Pero, se decía que era un iniciado?.  Pero con una personalidad así, a través de la cual actúa una entidad espiritual, la evolución individual, -de Sigfrido, por ejemplo-, está fuera de discusión. Siegfried puede tener defectos. Pero se trata de aportar algo al desarrollo de la humanidad. Para ello hay que elegir la personalidad más adecuada. No se puede meter todo en el mismo saco, no se puede juzgar a un Siegfried de la misma manera que a una personalidad líder del sur; porque toda la naturaleza y el tipo son diferentes de los de aquellos que descienden hasta las profundidades de su propia entidad.

Por tanto, se puede decir que en las formas septentrionales penetra una entidad espiritual que las expulsa de su propio ser y les permite ascender al macrocosmos. Mientras que en las culturas meridionales el hombre desciende al microcosmos, en la corriente cultural septentrional se vierte en el macrocosmos y llega así a reconocer todas las jerarquías espirituales, como por ejemplo Zaratustra reconoció la naturaleza espiritual del sol.

Así pues, podemos resumir lo que se ha dicho: El camino místico, el camino de Buda, conduce a través del propio ser interior hasta tal punto que se entra en el mundo espiritual abriéndose paso a través del propio ser interior. El camino de Zaratustra arrebata al hombre del microcosmos y lo vierte sobre el macrocosmos para que sus secretos se vuelvan transparentes. Los grandes espíritus, que han de revelar los secretos del gran mundo, son aún poco comprendidos por el mundo. Por eso hay realmente muy poca comprensión, por ejemplo, del ser Zaratustra. Veremos hasta qué punto lo que tenemos que decir sobre Zaratustra difiere de lo que se suele decir hoy sobre él.

Este es otro incisos de los que van a familiarizaros poco a poco con la esencia del Evangelio de Marcos.
Traducido por J.Luelmo mar, 2025

GA205 Dornach, 16 de julio de 1921 - La especie de las aves, los mamíferos y el ser humano tripartito.

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RUDOLF STEINER
DEVENIR HUMANO, ALMA DEL MUNDO Y ESPÍRITU DEL MUNDO (I)

 La especie de las aves, los mamíferos y el ser humano tripartito. 

Dornach, 16 de julio de 1921

décimo segunda conferencia

Ayer concluí aquí que en el curso de los tiempos más recientes ha surgido una confusión con respecto a la concepción de lo que es realmente la dualidad Ormuzd-Ahrimán que se vivía en Persia. También señalé cómo se puede volver a los antiguos puntos de vista europeo-germánicos, cómo, por ejemplo, en el poema que se conoce como el poema «Muspilli», como el poema del firmamento, la tierra, la oposición de un principio superior, luciférico, y un principio inferior, ahrimánico, se expresa en una forma completamente cristiana. Digo en una forma completamente cristiana, porque no se ha visto infectada por aquellos de cuya alma ha desaparecido la oposición entre lo superior y lo inferior en el sentido del poema «Muspilli». No se ha asumido que el principio crístico pertenezca, por así decirlo, a la espiritualidad superior, sino que el principio de Elías ha sido elevado a la espiritualidad superior, y es Elías quien lucha contra el Anticristo con su sangre chorreante, que no es otra cosa que expresar el principio ahrimánico en forma cristiana. Así pues, en estas antiguas ideas germánico-europeas sigue existiendo una clara conciencia de que hay que distinguir entre un principio superior y un principio inferior, fuerzas superiores y fuerzas inferiores, y que hasta cierto punto el equilibrio, la armonización de los dos principios hay que buscarla en el principio Crístico. También será fácil darse cuenta, una vez que se haya colocado el principio de Elías en la cima y el principio del Anticristo en la base, de que en el principio superior está, por así decirlo, lo que obedece al impulso moral del orden del mundo, y en el principio Ahrimánico lo que obedece al impulso intelectual del desarrollo del mundo.

En tal conciencia de lo superior y lo inferior, se reconoce que en el orden del mundo está presente una polaridad. Cuando se dice arriba y abajo, esto se proyecta, por supuesto, sobre el ser humano en cierto modo. Y sabemos que el hombre determina arriba y abajo orientando verticalmente la dirección más esencial de su columna vertebral. Esto crea el arriba y el abajo. Así que esto se entiende en términos relativos. Pero lo que se señala hoy, aparte del arriba y el abajo, es una cierta oposición polar. Esta oposición polar se nos presenta en los seres humanos de una manera extraordinariamente compleja. Pero esta oposición polar también puede estudiarse en el mundo, yo diría que de un modo más exteriorizado, y es extraordinariamente útil observar el orden del mundo de tal modo que nos revele, a través de fenómenos muy especiales en los que se desarrollan radicalmente determinadas fuerzas, qué secretos rigen realmente en él.

Ahora, un cierto contraste se expresa menos claramente en el hombre, pero puede presentarse muy claramente ante sus ojos con sólo que consideren la organización completamente. Al igual que el hombre, por supuesto, la familia de las aves también ha brotado de todo el orden del mundo. Pero esta familia de aves nos muestra los secretos que actúan en el mundo en una determinada dirección mucho más claramente de lo que podemos ver en el ser humano, donde sólo entonces tenemos que aplicarlos de forma más compleja.

¿Qué es entonces lo característico de la especie de las aves? La característica de la especie de las aves es que las aves aparecen primero ante nuestro orden del mundo, en la medida en que nos son dadas en la esfera física, en la forma de huevo ante el público del mundo exterior, si se me permite decirlo así. El pájaro se presenta ante el público mundial en forma de huevo. Después el huevo debe romperse. El pájaro se desarrolla fuera del huevo, y ustedes estarán familiarizados con ello, -pues habrán visto el aspecto de ese pollo cuando acaba de salir del huevo-, habrán observado cómo el crecimiento de lo que son las plumas y demás sólo cobra realmente vida cuando sale del huevo. Ahora bien, este contraste, si puedo decirlo así, entre la existencia en el huevo y la existencia exterior con las plumas, no lo encontramos expresado tan claramente en el hombre al principio. Después de todo, los humanos no nacen en el mundo en un huevo, y se salvan de la etapa posterior de entrar en este mundo con una preparación como el crecimiento de plumas. ¿Pero qué contraste tenemos en el reino de las aves con respecto a la forma del huevo y la forma de vida posterior?

Si observan ustedes el huevo desde fuera, lo primero que verán es la cáscara calcárea. Esta cáscara calcárea tiene una forma determinada. Pero, básicamente, no se puede considerar que esta cáscara calcárea sea algo esencial en el ave, porque de lo contrario no podría desprenderse de ella. No puede corresponder a algo esencial en el pájaro. Si se habla trivialmente, se puede decir que es un caparazón protector del embr ión. Pero en cualquier caso, la forma del pájaro no se ve afectada por algo que esté particularmente localizado en el caparazón calcáreo. Así que tenemos esta secreción de materia en el caparazón exterior. Tenemos esta separación de materia como algo que es expulsado del organismo del pájaro, como algo que es desechado, algo que el pájaro no puede utilizar para su desarrollo en épocas posteriores, por así decirlo; es, por tanto, algo que es desechable. Así pues, debe haber fuerzas en el ser que hay en su interior que separan lo que hay en el huevo, que lo arrojan fuera de sí mismo.

pizarra 1

Si se considera todo este asunto, no se puede realmente llegar a comprenderlo dentro de las leyes naturales del mundo terrenal. Hay que tomar como ayuda lo que se dice en el libro « la Ciencia Oculta». Allí se hace referencia a que en una determinada época de la evolución de nuestra Tierra, la Luna se separa de la Tierra, la materia de la Luna se separa de la Tierra. Este proceso es imitado en cierto modo por lo que está ocurriendo aquí. Del mismo modo que las fuerzas formativas de todo el cosmos terrestre separaron en su día las fuerzas lunares de sí mismas, la materia del ave separa este caparazón calcáreo como algo, podríamos decir, supermineral. ¿Y qué es lo que había inicialmente dentro de esta cáscara calcárea? (Véase el dibujo de la pizarra 1, en rojo).

pizarra 2

Lo que estaba inicialmente dentro de esta cáscara de cal estaba protegido por esta cáscara de cal de las fuerzas que actuaban alrededor de la tierra. Si el pollo fuera expuesto a estas fuerzas demasiado pronto, digamos al sol demasiado pronto, por supuesto moriría. No sería capaz de resistir las fuerzas alrededor de la tierra. Así que la cuestión es que protegido por el caparazón de cal el ser vive en un mundo que en realidad no es terrenal.

¿Qué clase de mundo es en el que vive este ser protegido por la cáscara de cal? Este mundo es el que nosotros recorrimos en la evolución de Saturno, del sol y de la luna y que como evolución terrestre ha cesado, que ya no existe. El pasado sigue presente en el presente. Y si nos decimos: Todo lo que está fuera de una cáscara de huevo pertenece a la tierra - entonces en lo que está dentro de una cáscara de huevo tenemos todo lo que no pertenece a la tierra, que no quiere tener nada que ver con la tierra misma, que en cierto sentido no quiere participar en el desarrollo de la tierra. Porque primero debe madurar, romper la cáscara y luego estar maduro para el desarrollo terrestre.

Aquí también se puede llamar la atención sobre otro punto. Podemos llamar la atención sobre lo siguiente: Es cierto que no todos los seres que se predisponen en el huevo nacen realmente. Muchos huevos de pájaros perecen, e incluso los huevos de peces y similares, por ejemplo, todos perecen. Y además, -no sé si siempre es oportuno explicar las cosas tan secamente, a la humanidad le encanta dejar mucho en el inconsciente, pero una cierta cantidad de conocimiento es necesaria para la humanidad para los tiempos venideros, y no hay que cerrarse a este conocimiento-, un gran número de huevos de pájaro también perecen porque se utilizan como alimento. No alcanzan su objetivo. Y ahora la pregunta es: ¿Qué ocurre con todo esto, es decir, incluido este último hecho, lo que se desarrolla a partir del contenido del huevo sin que llegue a ser un pollo maduro o un pájaro maduro o un pez maduro en la tierra, qué ocurre con todo esto? - El materialista ordinario dirá: Bueno, la naturaleza sólo crea sin sentido, a ciegas, y tanto y tanto de lo que la naturaleza crea simplemente perece. Pero eso no es correcto, sino que esas sustancias del ser que están dentro de la cáscara del huevo de un modo u otro no están maduras para la existencia terrenal, pero sí lo están en sus poderes para la existencia preterrenal, para la existencia por la que nosotros mismos, los seres terrenales, hemos pasado durante los períodos de saturno, sol y luna. Y esa es la existencia luciférica. Se convierten en sustancias de las que la existencia luciférica sigue nutriéndose. Todo lo que perece en los huevos da alimento a las entidades, da alimento a ciertas entidades espirituales. Pero veamos ahora lo que concierne a la tierra.

Así que cuando observamos la especie de las aves, tenemos en primer lugar lo luciférico en el contenido del huevo, aquello que como tal no quiere tener nada que ver con la tierra, que no quiere estar en la tierra, que, me gustaría decir, se rodea de un muro contra las leyes de la tierra, que sólo intervienen cuando aquello que de otro modo trabaja en la tierra, el calor, la luz, ha quebrado la cáscara.

¿Y qué fuerzas interviene? Intervienen las fuerzas contrarias. Si colocan un huevo de pájaro delante de ustedes, pueden decirse: Lucifer está sentado dentro en su esencia. Si se arrancan las plumas de un pájaro, entonces se puede decir: Aquí tengo la imagen más pura de las fuerzas direccionales ahrimánicas. Las fuerzas direccionales ahrimánicas actúan aquí, incluso en las plumas finas y vellosas que encuentras en el polluelo que se arrastra. Las fuerzas ahrimánicas ya han actuado atravesando la cáscara. Ya estaban en guerra con aquello que no quiere ser atravesado por las plumas. Así que si observan las plumas del pájaro, tienen la imagen más pura de lo ahrimánico.

Por eso pueden decir: Cuando miro un huevo, Lucifer se me oculta. Sólo se me revela a través de la forma exterior de la cual se desprende, a través de la materia que es expulsada de cierta manera. Así que lo que se desprende, ya sea la cáscara del huevo de un pájaro, ya sea la piel de una serpiente que se desprende y demás, eso se desprende del principio luciférico, de las fuerzas luciféricas. En lo que se desprende, todavía se puede ver algo de la forma real de las fuerzas luciféricas. Ellas trabajan realmente, cuando trabajan puramente, en espirales. Y en aquello que se nos presenta como plumaje, o se presenta de tal manera que se transfiere de lo exterior a lo físico, tenemos lo Ahrimánico. Esto funciona tangencialmente en sus fuerzas direccionales. Tomen la cola de un pavo real y mírenla muy de cerca y piensen:

Esta es la imagen más pura de las fuerzas direccionales ahrimánicas.

Ahora, por supuesto, deben darse cuenta de que Lucifer y Ahriman trabajan conjuntamente y a través el uno del otro en todas partes, de modo que sólo tenemos imágenes de ellos. Pero estas imágenes son en realidad más bellas en la familia de las aves; pues sólo tenemos que observar esta familia de aves tal como acabo de presentarla.

Ahora, por supuesto, las fuerzas que están dentro de la cáscara del huevo permanecen activas dentro del pájaro. Así que el pájaro tiene estas fuerzas que estaban dentro de la cáscara del huevo (rojo), rodeadas por las fuerzas ahrimánicas (azul, área superior derecha en pizarra 2) en las plumas. En el pájaro también existe la posibilidad de localizar lo etérico y lo físico. Si se toma todo lo que el pájaro retiene de lo luciférico que primero estaba dentro de la cáscara del huevo, lo que retiene allí en términos de fuerzas de crecimiento, entonces se tiene lo que está sujeto al cuerpo etérico. Así que lo que he coloreado de rojo son estas fuerzas, y están sujetas a la actividad de las fuerzas etéricas en particular. Así también se puede decir del pájaro: Lo que el pájaro hereda del huevo está bajo la influencia de las fuerzas vitales, las fuerzas etéricas, para el resto de su vida, para el resto de su vida de pájaro. Y lo que se adhiere a sí mismo como su plumaje está bajo la influencia de las fuerzas físicas (flechas) durante toda su vida. Y lo que está en medio, su carne, sus músculos, etc., está bajo la influencia de las fuerzas astrales (amarillo). En el caso del pájaro, tenemos así una forma de localizar, por así decirlo: lo astral en la carne y los músculos, lo físico en las plumas y lo etérico en lo que le queda como fuerzas de crecimiento a partir del contenido del huevo.

En los humanos, es mucho más complejo. El ser humano no vive externamente en un huevo. Él desarrolla su naturaleza luciférica en el vientre de la madre, que el pájaro todavía lleva al exterior. Por lo tanto, mientras está en el vientre de la madre Ahriman todavía no lo alcanza. En el caso del pájaro, se muestra hasta cierto punto cómo lleva lo luciférico al mundo sin que realmente se extravíe, y cómo a su vez también asume lo ahrimánico. En el caso del hombre, se puede ver la manifestación individual de esto con particular claridad. Podemos entonces intercalar entre la especie humana y la especie de las aves, a la especie de los mamíferos.

En los seres humanos, hay inicialmente una diferencia muy extraña en comparación con las aves. Por ejemplo, las patas de las aves. Si nos fijamos en las piernas humanas en comparación, las piernas de las aves son en realidad órganos bastante atrofiados. ¿A qué se debe que el pájaro tenga las patas que tiene? Por ejemplo, las patas de los gorriones: Qué miserables palitos son comparados con lo que el hombre tiene como orgullosas piernas, ¿no es cierto? Tomen pues, estas patas de pájaro atrofiadas; en efecto, si observan toda la forma atrofiada del pájaro, se dirán: el pájaro está diseñado inicialmente para volar, se levanta del suelo, de ahí la forma de sus patas. Son, por así decirlo, sólo indicios de su pertenencia a la tierra. El hombre no levanta las patas de la tierra. El hombre no puede volar. Él asienta sus dos piernas sobre la tierra como orgullosos pilares. Tal como están formadas, estas piernas, son esencialmente un regalo de la tierra. El pájaro no recibe este regalo de la tierra porque no está ligado a la tierra de la misma manera, porque está separado de la tierra. Y el ser humano, al recibir este don de la tierra, está más ligado a las fuerzas ahrimánicas que el pájaro. En cierto sentido, el pájaro no recibe sus poderes ahrimánicos de la tierra tan plenamente como el ser humano. En el hombre, Ahrimán brota, brota en las piernas y de ahí al resto del organismo. En el pájaro, Ahriman brota en las plumas.

Pues bien, si miran ustedes al ser humano, cómo está construido más para la tierra por sus piernas, entonces podrán decirse: ¿Por qué el hombre carece de plumas? El hombre carece de plumas porque a diferencia de un pájaro, no está construido para la tierra. Si el hombre volara por el aire, también tendría plumas, porque entonces las fuerzas ahrimánicas actuarían sobre él desde direcciones completamente diferentes. Así que él sólo tiene estos pocos rudimentos de lo ahrimánico, que están presentes en su cabello. Estos son los comienzos ahrimánicos que tiene. Son más fuertes en la cabeza, lo que ya es una prueba de que la cabeza humana tiene una gran cantidad de actividad ahrimánica, como ya hemos aprendido de otros descubrimientos.

Si observan a los mamíferos, se dirán: están aún más ligados a la tierra que el hombre. Estos mamíferos también están ligados a la tierra con lo que el hombre no está ligado a la tierra, por ejemplo con las extremidades anteriores; porque los simios también sólo caminan erguidos en raras ocasiones, e incluso los perros lo hacen cuando están erguidos, pero no es natural para ellos. Ni siquiera es natural para el gorila caminar erguido, él trepa; son verdaderos órganos de agarre, estas extremidades delanteras son para la locomoción. Así que el hombre está medio separado de la tierra, el pájaro está completamente separado de la tierra, el mamífero está atado a la tierra tanto con sus extremidades delanteras como con las traseras. Por lo tanto, es un ser totalmente terrestre en cierto sentido. El hombre vuelve a liberarse de la tierra gracias a la posición erguida de su columna vertebral; el mamífero está completamente ligado a la tierra. El resto del cuerpo del mamífero también está construido según este principio. De la región de la que el pájaro tiene sus plumas, el mamífero sólo tiene, por así decirlo, su pelo, que en realidad está construido en el organismo desde el exterior.

Si tienen ustedes en cuenta todo esto, se dirán: si observan las relaciones de un ser, -un mamífero, un ave, un ser humano, y ahora podrían pasar a los demás seres-, si observan la relación de estos seres con el entorno y tienen una visión completa, pueden encontrar la forma del ser a partir de la comprensión de la relación con el entorno. Pueden construir la forma. Pueden decirte a si mismos que el pájaro tiene en su interior el principio luciférico, al que no le gusta nada la tierra, por lo que el pájaro se separa de la tierra en su huevo el mayor tiempo posible; entonces consigue que la tierra le afecte lo menos posible. Sus patas permanecen atrofiadas, y las fuerzas que rodean la tierra, las fuerzas más próximas de la tierra, que rodean la tierra en el manto cálido, actúan entonces sobre el pájaro. Por lo tanto, tendrá que adoptar la forma que tiene ahora: piernas atrofiadas, etc. El hombre está atado a la tierra por los miembros inferiores; se libera. El mamífero se sitúa en el centro, se apoya en la tierra con cuatro pilares: está formado a partir de la tierra. Por tanto, son las fuerzas que actúan directamente desde la tierra las que afectan preferentemente al mamífero.

Estas cosas eran muy bien conocidas por una ciencia más antigua e instintiva. Es por eso que en aquello que en el hombre se forma más independientemente de la tierra, pues en realidad es sólo una metamorfosis de la vida terrenal anterior, una visión anterior veía en la cabeza del hombre un pájaro, un águila. En los miembros metabólicos del hombre, que están organizados enteramente hacia la tierra, una visión anterior veía un buey o un toro o una vaca, porque éste es un animal que ahora está organizado enteramente hacia la tierra. En la parte media del ser humano, que es hasta cierto punto el eslabón de unión entre el águila y la vaca o el ternero, en este ser humano medio se veía aquello que sin embargo se desprende de lo terrenal, en cierto modo, precisamente a través del metabolismo; esto se puede ver en el hecho de que el león tiene un intestino muy corto. Su sistema metabólico es extraordinariamente primitivo, mientras que su sistema torácico, su sistema cardíaco está desarrollado de una manera muy especial. Por lo tanto también su pasión, su ira y así sucesivamente. El león era visto por la visión más antigua e instintiva en la parte media del ser humano. Sin duda, se trataba de puntos de vista basados en algo.

Ahora tenemos que volver a estas cosas de una manera diferente, yo diría mucho más consciente. Tenemos que darnos cuenta, por ejemplo, de que nosotros, los humanos, con nuestro yo, somos diferentes de todos los animales. Para la gran mayoría de las personas de hoy en día, nuestro yo sigue siendo un órgano muy latente. Si creemos que el yo está muy despierto, en realidad estamos equivocados. Porque en la voluntad -ya os lo he explicado- el ser humano también está en realidad dormido, y al estar el yo voluntariamente activo, no se trata de algo que esté ante nosotros como un yo, sino de algo que está ante nosotros de la misma manera que la noche está realmente ante nosotros. Aunque la noche es oscura, también contamos con la noche en nuestras vidas. Si realmente echan la vista atrás, su vida no sólo se compone de lo que fue la brillante luz del día, sino también de las noches. Pero, por así decirlo, siempre quedan anuladas en el transcurrir del tiempo. Lo mismo ocurre con nuestro yo. Para la conciencia ordinaria, nuestro yo es realmente notable en que para la conciencia no está ahí; ya está ahí, pero no está ahí para la conciencia. Falta algo en su lugar, y por eso vemos el yo. Es realmente como cuando se tiene una pared blanca y no se ha pintado ni un punto de blanco; entonces se ve el negro. Y así vemos realmente nuestro yo en la conciencia ordinaria como lo que ha sido borrado. Y así es también durante la vigilia: el yo en realidad siempre está dormido al principio; pero brilla como algo dormido a través de los pensamientos, las ideas y a través de los sentimientos, y por lo tanto el yo también se percibe en la conciencia ordinaria, es decir, se supone que se percibe. Por lo tanto, podemos decir que nuestro yo en realidad no es percibido directamente al principio.

Ahora bien, una psicología prejuiciosa, una doctrina del alma, cree que este yo está realmente dentro del ser humano; allí donde están sus músculos, su carne, sus huesos y demás, allí está también el yo dentro. Si uno estudiara un poco la vida, pronto se daría cuenta de que no es así. Pero hoy en día es difícil plantear tal consideración a la gente. Ya lo intenté en 1911 en mi conferencia en el congreso de filósofos de Bolonia. Pero nadie entendió esta conferencia hasta el día de hoy. Intenté mostrar cómo es realmente el yo. Este yo está en todas las percepciones, en todo lo que nos impresiona. El yo no está dentro de mi carne y mis huesos, sino en lo que puedo percibir a través de mis ojos. Cuando ven una flor roja en alguna parte: en su yo, en toda su experiencia, que tienen al estar entregados al rojo, no pueden separar el rojo de la flor. Con todo esto también se ha entregado el yo, el yo está relacionado con el contenido de nuestra alma. ¡Pero el contenido del alma no está en los huesos! El contenido del alma lo esparcen por toda la habitación. Así que este yo es incluso menos que el aire que acaban de respirar, incluso menos que el aire que había antes en ustedes. Este yo está relacionado con todas las percepciones y con todo lo que está fuera de nosotros. Sólo está activo dentro de nosotros porque envía las fuerzas de la percepción hacia nosotros. Y el yo también está relacionado con otra cosa: No se requiere más que caminar, es decir, desarrollar la voluntad. Sin embargo, el yo va con uno, o mejor dicho, el yo toma parte en el movimiento, y ya sea que uno se arrastre lentamente, ya sea que uno corra, ya sea que uno se mueva lento a paso de tortuga o de alguna manera gire y cosas por el estilo, ya sea que uno baile o salte, el yo toma parte en todo esto. Todo lo que sale de nosotros en términos de actividad lo hace el yo. Pero tampoco está dentro de nosotros. Piensen que son ustedes los que lo llevan consigo. Cuando bailan una danza circular, ¿Creen que la danza circular está dentro de ustedes? No tendría sitio en ustedes. ¿Cómo podría tener sitio? Pero el yo está ahí, el yo se une a la danza circular. De modo que el yo está en vuestras percepciones y en vuestra actividad, ahí es donde está. Pero en realidad nunca está dentro de ustedes en el pleno sentido de la palabra, tal como lo está el estómago, sino que en realidad, este yo siempre es algo que básicamente está fuera de ustedes. Está tanto fuera de tu cabeza como de tus piernas, excepto que cuando caminas el yo participa muy fuertemente en los movimientos que hacen las piernas. El yo está muy implicado en el movimiento de las piernas. La cabeza, sin embargo, está menos implicada en el yo.

Pero, ¿en qué se diferencian las piernas, o mejor dicho, las extremidades con su metabolismo en general, de la cabeza? En la cabeza el cuerpo etérico y el cuerpo astral son también relativamente independientes, la cabeza es el cuerpo más físico. Esta cabeza, que por lo tanto ya es un tipo tan viejo que viene de la encarnación anterior, se ha convertido en lo más físico, es realmente el habitante más pobre de la tierra. Por el contrario, el cuerpo etérico y el cuerpo astral están íntimamente relacionados con el cuerpo físico en el caso de las piernas o extremidades y el metabolismo. De modo que podemos decir: Con las piernas es así que el cuerpo etérico y el cuerpo astral están conectados con el cuerpo físico; sólo el yo está relativamente libre de las piernas y sólo toma las piernas consigo cuando las piernas se mueven. Y lo mismo ocurre con el metabolismo: los órganos metabólicos están esencialmente conectados a los cuerpos etérico y astral.

Ahora podemos decir: ¿En qué se diferencia la cabeza humana del hombre de las extremidades y el metabolismo? - En que la cabeza tiene realmente un cuerpo etérico libre, un cuerpo astral libre y un yo libre; el hombre metabólico y de las extremidades sólo tiene un yo libre, mientras que el cuerpo etérico y el cuerpo astral en el hombre metabólico y de las extremidades están ligados al cuerpo físico; no están libres de él.

Tal vez el asunto les resulte aún más claro si les digo lo siguiente. Imagínense que a su cuerpo astral o a su cuerpo etérico, se le ocurriera comportarse en la parte que tiene que cuidar de su hombre metabólico y de las extremidades, de la misma manera que se comportan el cuerpo etérico y el cuerpo astral de la cabeza: también quería ser libre. ¿ Creen ustedes que tendría esta extraña idea de que también quería llegar a ser libre? Digamos, por ejemplo, que el cuerpo astral del hombre metabólico quisiera comportarse de la misma manera que está legitimado a comportarse su colega, el cuerpo astral de la cabeza, -es sólo otra parte, por eso digo: su colega. ¿Qué surge allí? Surge, -cosa que no debe ser en absoluto, porque contradice la forma del ser humano-, que nuestro cuerpo inferior quiere convertirse en cabeza, que quiere asemejarse a la cabeza. Y lo peculiar es que lo que es sano en la cabeza enferma al abdomen. Básicamente, es una característica general de todas las enfermedades del abdomen que éste adopte la configuración de la cabeza.

Esto es sólo un caso especial de lo que expliqué, por ejemplo, para el carcinoma en una conferencia en Stuttgart o Zurich, donde mostré que la formación del carcinoma se basa en el hecho de que en una parte del cuerpo humano donde no se supone que se formen órganos sensoriales hacia el interior, el cuerpo astral de repente empieza a querer formar órganos sensoriales. El carcinoma es sólo una oreja o un ojo que quiere estar en el lugar equivocado. Crece en él. Una oreja o un ojo quiere formarse allí. Así que si este cuerpo astral o etérico del abdomen quiere comportarse de la misma manera que se comporta el cuerpo astral o etérico de la cabeza, entonces surge la enfermedad del abdomen.

Y viceversa, cuando la cabeza también empieza a querer vivir como el abdomen, -empieza a hacerlo tranquilamente en los estados migrañosos-, que atrae su cuerpo astral o etérico a sus asuntos, entonces la cabeza enferma. Si atrae a su cuerpo etérico, surgen condiciones parecidas a la migraña. Si atrae su cuerpo astral, surgen cosas aún peores.

Estas son las cosas que muestran lo compleja que es la naturaleza humana. No se puede estudiar esta naturaleza humana de la manera en que lo hace la ciencia trivial de hoy, sino que hay que estudiarla de tal manera que se la mire en toda su complejidad, que uno se diga a sí mismo: La cabeza no puede ser como el abdomen, porque si la cabeza es como el abdomen, no puede sino enfermarse. Si, por ejemplo, el cerebro empieza a desarrollar su metabolismo con demasiada fuerza, si empieza a desarrollar procesos de secreción con demasiada fuerza, entonces surgen las enfermedades. Y estos fuertes procesos de secreción provienen del hecho de que la cabeza utiliza demasiado su cuerpo etérico. Pero tan pronto como nuestro abdomen se deja a sus propios recursos, cuando se convierte en cabeza, por así decirlo, y comienza a desarrollar órganos sensoriales, por ejemplo, entonces surgen sus enfermedades. Así que se puede decir: la cabeza humana tiene un cuerpo etérico libre, un cuerpo astral libre, un yo libre. El hombre metabólico de las extremidades tiene un cuerpo etérico ligado, es decir, un cuerpo etérico ligado a la materia física, un cuerpo astral ligado y sólo un yo libre. Y el hombre medio, el hombre rítmico, tiene un cuerpo etérico ligado, un cuerpo astral libre y un yo libre.

Sistema cefálico: cuerpo etérico libre, cuerpo astral libre, yo libre. Sistema rítmico: cuerpo etérico atado, cuerpo astral libre, yo libre. Sistema metabólico y de las extremidades: cuerpo etérico atado, cuerpo astral atado, yo libre.

He aquí una visión general de la constitución humana desde un punto de vista que es extraordinariamente importante, porque ofrece una impresión de cómo el yo realmente tiene algo libre en relación con todo el ser humano, cómo actúa el yo realmente en el ser humano desde que se despierta hasta que se duerme, pero que siempre permanece relativamente libre del ser humano, cómo está realmente conectado con la percepción externa así como con lo que el ser humano hace como movimiento externo, pero que en realidad no está completamente absorbido por el cuerpo humano. ¿Donde habita el yo humano? ¿Podemos ver de algún modo dónde está ubicado el yo humano?

Bien, en aquello que se desarrolla en las plumas de los pájaros, ya se puede ver algo aproximadamente. Los humanos no desarrollan plumas, pero su yo vive en las fuerzas que están en nuestro entorno y que son las fuerzas que dirigen las plumas de los pájaros. Aquí es donde vive el yo externamente. Y podemos ver estas fuerzas directoras aún más claramente. En las plumas del pájaro las vemos, por así decirlo, sujetas por el cuerpo del pájaro; pero al mismo tiempo estas fuerzas forman las directrices para los seres que se mueven libremente: son los insectos. Cuando ves a los insectos zumbando a tu alrededor y los captas imaginariamente, entonces tienes una imagen de aquello en lo que vive el yo. Imagínense insectos zumbando en su entorno: Escarabajos, moscas, hermosas mariposas, feos tábanos y abejorros y toda clase de cosas; reflexionen sobre todo lo que flota a su alrededor en las directrices más diversas: aquello que su yo vive realmente en su interior se hace visible en el exterior. Y cuando se dice: los pensamientos feos viven allí como abejorros, como tábanos, los pensamientos bellos como mariposas; los pensamientos de algunas personas te pican como moscas malignas etcétera. eso es algo mas que un simple dicho. Sólo que lo uno es espiritual, lo otro físico. El yo humano vive en el entorno.

Esto tiene un significado extraordinariamente fuerte, y gran parte del verdadero conocimiento del mundo se basa en el hecho de que uno valora correctamente lo que ve, de que uno no se limita en general a pulular y tambalearse por un espíritu, sino que también puede ver en la imagen exterior lo que experimenta en forma abstracta-espiritual dentro de su yo. Pues todo lo que está espiritualmente presente también está presente en la imagen en el mundo. En alguna parte, lo que sólo está presente espiritualmente también está presente en la imagen. Sólo hay que saber juzgar correctamente la imagen. Y cuando lo ahrimánico entra en nuestro yo, en el sentido de que el yo se encuentra en las mariposas y en las plumas de los pájaros de fuera, es decir, en las fuerzas direccionales de ahí fuera, nuestro yo, a su vez, tiene la capacidad de formar todo tipo de formas desde dentro. Construimos el círculo, construimos la forma del huevo, el triángulo; también construimos un mundo desde dentro. Y si investigamos esto, encontraremos: Estas son precisamente las fuerzas que se desprenden del principio luciférico.

Hace poco dije que los matemáticos, cuando estudian el espacio, deberían considerar la relación entre las dimensiones espaciales y el huevo de gallina; de ahí saldría algo muy interesante. Este es el contraste: vivimos con el yo tanto en las formas que podemos construir en el mundo de esta manera como en lo que se construye fuera del mundo. Vivimos en lo luciférico por un lado, en aquello que se cierra al mundo en el huevo de gallina a través de la cáscara; con nuestro yo experimentamos la percepción y la participación en nuestros movimientos, y lo hacemos en aquello que se instala en el cuerpo del pájaro en las plumas y en lo que revolotea en las mariposas y en los insectos en general.

En efecto, quien comprende los diversos matices maravillosos del mundo de los pájaros comprende también mucho sobre la naturaleza del alma humana en su relación con el mundo. Porque lo que el pájaro vuelve hacia fuera en su plumaje, lo que deja traslucir hacia nosotros, trasluce a través de nuestro yo en la percepción parpadeante, iridiscente, centelleante de fuera hacia dentro.

Así pues, debemos intentar captar el mundo con la ayuda de imágenes. Nuestra ciencia abstracta actual capta lo mínimo del mundo real.

Traducción no revisada

GA124 Berlín, 6 de diciembre de 1910 - Los evangelios como descripciones de los procesos iniciáticos

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RUDOLF STEINER

Los evangelios como descripciones de los procesos iniciáticos


Berlín, 6 de diciembre de 1910

cuarta conferencia

Todos ustedes habrán aprendido de mi libro «El cristianismo como hecho místico» que los Evangelios, para ser comprendidos correctamente, deben ser interpretados de una determinada manera. Al continuar este invierno mis reflexiones sobre los Evangelios, quisiera subrayar que no es posible que los miembros más recientes empiecen desde el principio, por así decirlo, y que, por tanto, algunas de las explicaciones que seguirán serán ciertamente difíciles de entender para los miembros más recientes. Ya se ha dicho alguna vez en la Asamblea General lo necesario que es que los miembros más recientes participen en los cursos que se han creado para que siempre puedan ponerse al día sobre lo que ha habido antes, de lo contrario no podríamos avanzar. Pero me gustaría subrayar una cosa en particular: no parece factible que los miembros más recientes trabajen realmente duro para ponerse al día en las primeras partes de la vida de las humanidades. Por eso una y otra vez se repetirá, -ahora hablaré hipotéticamente-, que los miembros más recientes encontrarán incomprensible esto o aquello, que hasta cierto punto pertenece a las áreas más elevadas de la ciencia espiritual y que formula ciertas suposiciones, y por tanto se formarán un juicio muy peculiar sobre la ciencia espiritual. Esto es atribuible únicamente a las peculiaridades de cada miembro y no a lo que se quiere decir.

En mi libro «El cristianismo como hecho místico» se ha demostrado que debemos entender los Evangelios esencialmente como libros de iniciación. Esto significa que estos Evangelios no son en el fondo más que antiguos rituales de iniciación reescritos de una determinada manera. ¿Qué se habrá escrito en esas antiguas reglas de iniciación? De preferencia contenían el modo en que el candidato para el entrenamiento a los mundos superiores debía ser conducido paso a paso por su camino, cómo debía someterse gradualmente a ciertas experiencias internas, a ciertas experiencias de su alma, cómo debía llevar a despertar las fuerzas adormecidas en su alma; el modo en que una etapa superior se unía a una inferior, hasta esa etapa de la iniciación en la que el mundo espiritual irrumpe en el alma del que va a ser iniciado, en la que los secretos del mundo espiritual llegan a él. Entonces puede ver en este mundo espiritual, puede ver, por ejemplo, las diversas entidades de las jerarquías individuales, tal como las hemos enumerado a lo largo del tiempo y también las hemos caracterizado en diversos contextos. Así que lo que el iniciado tiene que hacer es lo que contienen esos libros de iniciación.

Si examinamos ahora los tiempos precristianos, encontraremos que numerosas personas fueron iniciadas en los diversos Centros de Misterios, -no siempre de la misma manera, pero sí esencialmente de la misma manera-, y eran conducidas por los distintos grados hasta ese punto en el que podían ver el mundo espiritual, donde podían tener a las entidades de las Jerarquías individuales espiritualmente ,-en oposición a corporalmente-, ante ellos. Este era el caso en los tiempos precristianos. ¿Qué significa el cristianismo para estos iniciados en los antiguos misterios? ¿Qué significa para ellos el impulso Crístico? Significa que un ser que era conocido exteriormente por la percepción del plano físico como Jesús de Nazaret no revelaba los secretos del mundo espiritual en la forma habitual de los antiguos Misterios, no como siempre se acostumbraba en los tiempos precristianos, sino de una manera diferente. Una personalidad que había sido iniciada en el sentido de los antiguos rituales de iniciación podía, cuando el gran acontecimiento que acabo de caracterizar había pasado por su alma, salir a otros hombres y hablar de los secretos de los reinos espirituales. Pero ahora, con el acontecimiento de Cristo, había algo que permitía a la personalidad de Jesús de Nazaret hablar de los misterios de los reinos espirituales sin haber tenido que llegar a ellos de la manera habitual de antaño. Pues esta personalidad de Jesús de Nazaret fue conducida a ello al recibir el Espíritu de Cristo dentro de sí en el llamado bautismo en el Jordán. Desde el momento en que esta personalidad fue iniciada en el bautismo en el Jordán, es decir, en un acontecimiento histórico, por así decirlo, histórico-mundial, a partir de ese momento el Espíritu de Cristo hablaba, -pero de una manera mucho más elevada-, de los misterios de los reinos espirituales al entorno. <Con la venida del Cristo surgió algo en el plano físico, abierto a todo el mundo, que antes sólo era accesible hasta cierto punto a los que debían ser iniciados en las profundidades de los Misterios, para que luego pudieran salir a hablar de los misterios de los reinos espirituales a sus semejantes. Si quisiéramos visualizar el asunto, podríamos decir: miramos en los antiguos templos de misterios y vemos cómo el Hierofante iniciaba a las personalidades para que pudieran mirar en los reinos espirituales y luego salir a enseñar sobre el mundo espiritual. Todo esto siempre se desarrollaba en el mas profundo secreto de los Templos de Misterios. Y en el mundo exterior, aparte de los Misterios, no había existido tal cosa como un acceso a la posibilidad de hablar de los reinos espirituales. <Ahora bien, lo que había sucedido a menudo y con frecuencia en las profundidades de los Misterios fue, por así decirlo, llevado a Palestina, presentándose como un acontecimiento histórico-mundial, como el desarrollo de Jesús de Nazaret, presentándose como una iniciación histórico-mundial en el Misterio del Gólgota. Así pues, el Misterio llevado a la historia del mundo, presentado como un hecho histórico ante todo el mundo, así es como debemos entender la conexión entre el Misterio del Gólgota y los misterios de los antiguos templos de Misterios.

Ahora bien, estas reglas de iniciación, aunque contenían esencialmente las mismas etapas en todas partes, eran sin embargo diferentes en los detalles entre los diversos pueblos de los diferentes lugares de la tierra, adaptadas a las individualidades humanas según el tiempo y el espacio. Con lo que acabamos de decir, situémonos en el alma de una de esas personalidades que, como se les suele llamar, intervienen como evangelistas en la redacción de nuestros Evangelios.

Tales personalidades, a través de su propia formación ocultista, conocían en cierto modo las reglas iniciáticas de estos o aquellos pueblos, de estos o aquellos misterios. Sabían por lo que había que pasar para ascender a la posibilidad de proclamar los secretos de los reinos espirituales y de las jerarquías espirituales. Y, a través de los acontecimientos de Palestina y del Misterio del Gólgota, ahora se habían dado cuenta de que lo que de otro modo sólo se podía ver si se era un iniciado de los Templos de Misterios, había tenido lugar fuera, en el gran plano de la historia del mundo para todos los hombres, y ahora se iba a naturalizar cada vez más en los corazones y las mentes de todos los hombres.

Los evangelistas no eran biógrafos en nuestro sentido, en el que se escribe en las biografías lo que realmente no es asunto del mundo y lo que nadie necesita saber sobre ninguna personalidad activa. No eran biógrafos que rastreaban cada asunto privado, sino que eran narradores de la vida de Cristo en el sentido de que decían: «Algo sucedió con Jesús de Nazaret, en quien estaba el Cristo, que hemos visto una y otra vez en los misterios, pero allí no se resumía como un acontecimiento histórico en años individuales. Aquí, en cambio, se ha convertido en un acontecimiento histórico, pero es una repetición de los rituales del templo. Por tanto, podríamos describir la vida de Jesús indicando las etapas que, por lo demás, se atravesaban durante las iniciaciones.

Por eso los Evangelios parecen reglas iniciáticas que se han trasladado a la historia del mundo, por así decirlo. Volvemos a encontrar las reglas iniciáticas de los antiguos misterios en los Evangelios, pero de tal manera que en cierto modo se da la razón de por qué lo que antes sucedía en las profundidades de los templos ha surgido en el gran plano de la historia del mundo. Encontramos esto motivado en cierto modo. Y podemos decir que el evangelista que comienza con esta justificación, que dice desde el principio por qué él ha llegado a la posición de escribir sobre un acontecimiento histórico-mundial que cumple un gran precepto iniciático, es el escritor del Evangelio de Marcos. <Él explica desde el principio cómo se ha desarrollado la humanidad para que pudiera ocurrir este gran acontecimiento, para que la iniciación pudiera ser llevada desde las profundidades del templo al plano de la historia del mundo. Desde el principio llama la atención sobre el hecho de que está relacionado con un acontecimiento extremadamente importante en todo el desarrollo de la humanidad, que los profetas hebreos en particular predijeron a la humanidad. Pues lo que sucedió en Palestina como Misterio del Gólgota fue previsto y predicho por los verdaderos iniciados - y los profetas hebreos pertenecen a ellos en cierto sentido.

Si nos situamos en el alma de una persona como el profeta Isaías, del cual toma su punto de partida el Evangelio de Marcos, entonces nos encontramos con algo parecido a lo siguiente en sus palabras. Dice: «Llegará un tiempo en que las cosas serán distintas en las almas humanas de lo que son ahora; pero este tiempo ya se está preparando». Esto es lo que Isaías quiso decir en su tiempo. ¿Qué quería decir, pues, el profeta Isaías? Ustedes saben que el Evangelio de Marcos comienza con las poderosas palabras de este profeta. Conocen estas palabras tal como se utilizan comúnmente, y tal como se citan en el Evangelio de Marcos más o menos de la siguiente manera. Tomaré una traducción común de estas palabras tal como aparecen en la traducción de Carl Weizsäcker.

«He aquí que envío mi mensajero delante de ti para que prepare tu camino. Oíd cómo clama en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas».

Así están escritas en una traducción considerada excepcionalmente buena para la literatura evangélica.
Estas palabras de Isaías son, en efecto, aquellas con las que el profeta señala el gran acontecimiento de la historia mundial en Palestina, el Misterio del Gólgota. Ustedes saben cuántos problemas hemos tenido al examinar los otros Evangelios para traer los pasajes decisivos a nuestro idioma de una manera razonablemente comprensible. No se trata aquí de dar una traducción léxica, sino de transmitir las frases pertinentes de tal manera que el sentido profundo y significativo que se quiere decir pueda resonar para nosotros a partir de las palabras alemanas, no sólo para nuestra comprensión teórica, sino también para todo nuestro sentimiento, del mismo modo que resonaba para aquellos que conocían toda la peculiaridad de la forma de hablar en aquella época. Porque la forma de hablar de entonces era totalmente distinta de la de hoy. Ante todo, hay que señalar que aquella manera de hablar no era tan abstracta, tan sobria y filistea como nuestro uso actual del lenguaje; más bien, la manera de hablar y toda la forma de expresarse era tal que siempre se oía un sentido más rico, un significado más rico, una cierta plenitud de contenido además del sentido inmediato del término, y, sin embargo, también se sabía de manera clara cuál era esa plenitud de contenido. Es esencial darse cuenta de que se oía mucho más de un mundo a partir de las palabras de lo que la gente de hoy está acostumbrada a oír a partir de lo que se dice. Ahora bien, es una peculiaridad de la antigua lengua hebrea ser tremendamente rica en este sentido, ocultar tras las palabras mundos casi enteros, mientras que se necesitaba una imagen tomada entera y puramente del mundo sensorial. Expresiones como «preparar el camino» o «enderezar los senderos» son imágenes tomadas del mundo sensorial, - similar a preparar un camino con palas y picos. Cuando se pronunciaban tales cosas, era una peculiaridad de esta lengua, particularmente magnífica en comparación con todas las demás, que detrás de estas expresiones, que se aplicaban externamente a algo, había mundos espirituales enteros, -pero de una manera inequívoca, de modo que no se podían interpretar de forma arbitraria, como hacen nuestros eruditos modernos con los poetas, por ejemplo, leyendo todo lo posible en ellas. No se podía leer cualquier cosa en las cosas. Esto se debía en parte al hecho de que en la antigua lengua hebrea existía la posibilidad de revelar secretos del mundo entero mediante el uso personal de la vocalización, que no se expresa por escrito. Había un sentimiento por esos secretos del mundo.

En griego, la lengua en la que inicialmente tenemos el texto de los Evangelios, esto ya no es así en tan gran medida. Sin embargo, aún sería posible, incluso sin ocultismo, obtener del griego traducciones mucho mejores que las que hicieron quienes tradujeron los Evangelios. Básicamente, uno siempre ha copiado al otro sin ni siquiera examinar filológicamente la situación cuando uno tiene el texto griego delante. En aras de la exhaustividad, les mostraré más adelante, con ejemplos individuales, cómo se cometieron errores y demás. Hoy, sin embargo, no quiero detener aquí nuestras reflexiones, sino que intentaré, no filológicamente, sino con la ayuda de lo que podemos saber por la investigación espiritual, mostrarles algunos de los puntos esenciales del comienzo del Evangelio de Marcos. En primer lugar, me gustaría citar el pasaje decisivo de la profecía de Isaías que muestra lo que está por venir con el acontecimiento de Palestina, para que ustedes puedan sentir lo que se quiere decir con ello.
El texto griego dice así: 

Es sobre todo importante que nos demos cuenta de que la palabra Angelos, mensajero o ángel, se utilizaba en estos tiempos antiguos sólo en el sentido en que nosotros la necesitamos en el contexto de nuestra representación de las Jerarquías, es decir, como designación de tales seres que, si procedemos de arriba hacia abajo, preceden inmediatamente al hombre en la Jerarquía. Hay que sentirlo cuando aquí se dice que se refiere a un ser precisamente de este nivel de las jerarquías. Si no se siente esto, no se puede comprender en absoluto todo el pasaje. Por eso sólo la ciencia espiritual puede formar la base para entender tal cosa. Pero si lo entendemos correctamente, podemos crear así una base para lo que el ocultismo tiene que decir sobre el acontecimiento Crístico. ¿Pues cuál es la esencia del Impulso Crístico? Lo hemos dicho así: sólo por medio del Impulso Crístico ha llegado al alma humana la plena conciencia de que en el alma humana ha de tener lugar un yo, un yo autoconsciente, y que de este yo autoconsciente han de salir gradualmente, en el curso de la siguiente evolución terrena, todos los secretos que antes salían del cuerpo astral por medio de una especie de clarividencia natural.

Antes de la época en la cual vivimos hoy, hubo otra época en la cual la gente todavía tenía una visión sanadora natural hasta cierto grado en la cultura post-atlante, a través de la cual podían ver dentro del mundo espiritual. Allí, en ciertos estados anormales del alma, los secretos del mundo espiritual fluían hacia abajo; allí los hombres miraban hacia arriba, hacia las jerarquías. Naturalmente, miraban más y durante más tiempo a la jerarquía más cercana al hombre, a la jerarquía de los ángeles. Ellos veían a los ángeles como seres que estaban directamente por encima del hombre. En aquellos tiempos de antigua clarividencia el hombre aún no era consciente de que poseía algo en su interior que le conduciría al mundo espiritual. Tenía que considerarlo como un favor que le concedían poderes externos, como un envío de los poderes espirituales al alma. Por eso, los profetas podían señalar el futuro de la siguiente manera: Llegará el tiempo en que el hombre sentirá su yo; entonces sabrá que es el yo autoconsciente del que han de brotar los secretos de los mundos espirituales. Todo debe llegar a su tiempo. Pero llegará el momento en que el hombre podrá decir: Cuando tengo mi yo dentro de mí, entonces desde el poder del yo penetro hacia arriba en los secretos del mundo espiritual.

Pero esto había que prepararlo. Así que el nivel más inferior de las jerarquías, o sea, el hombre, tuvo que ser preparado, por así decirlo, enviándole al hombre lo que él aún no es, a fin de que pueda prepararse para lo que ha de llegar a ser. El mensajero, el ángel, debía anunciar al hombre que iba a convertirse en un yo en el pleno sentido de la palabra. Y mientras que los ángeles anteriores tenían la tarea de mostrar el mundo espiritual, ahora había que dar a un ángel especial la tarea especial de ir un poco más allá con las revelaciones a los seres humanos, tenía que decirles que debían penetrar en su yo, mientras que los ángeles anteriores habían hecho revelaciones que no estaban destinadas a un yo.

Por eso Isaías señala: «El tiempo del misterio de Yo vendrá, y de la multitud general de ángeles será enviado uno para que nos muestre que vendrá este misterio del Yo». - Sólo así podemos comprender lo que significa que sea enviado primero el ángel, el mensajero,. ¿Ante quién, pues, es enviado primero este mensajero? Es enviado ante el hombre, que ha de llegar a su yo auto consciente, y ha de llegar como un ser de la Jerarquía de los Angeles, que en general todavía no se había dirigido al hombre de tal manera que se supusiera que el hombre era un yo auto consciente. Este mensajero, por lo tanto, del que habla el profeta Isaías, ha de venir y hacer consciente a la humanidad de que ha de prepararse para crear un lugar dentro de sí misma, dentro de su alma, para el yo, para la plena afirmación del yo. Así pues, este pasaje pretende esencialmente señalar el gran cambio en el desarrollo del alma humana, consistente en que las personas, que antes siempre tenían que salir de sí mismas, por así decirlo, para entrar en el mundo espiritual, ahora pueden permanecer en su yo y pueden extraer los secretos del mundo espiritual desde el propio yo.

Comparemos un alma antigua con un alma de la época en la que se aproxima el impulso Crístico. Imaginemos a un hombre de la época precristiana, especialmente de siglos anteriores. Si quería ascender a los mundos superiores, no podía hacerlo manteniendo su autoconciencia en la medida en que ya estaba desarrollada. Tenía que exteriorizarla virtualmente, tenía que llegar a un estado de auto alienación, tenía que entrar en el mundo de las jerarquías, en el mundo de la espiritualidad propiamente dicha. Su conciencia debía estar en sintonía. Este era un antiguo sentimiento de los tiempos precristianos.

¿Cuál era la situación de un hombre que ya no vivía realmente en la época en que era correcto encontrar el camino hacia el mundo espiritual a través de la auto-alienación, sino que vivía en la época en que podía encontrarse en la etapa de desarrollo del yo? El yo ya estaba presente en el período atlante, pero la plena certeza de los más grandes misterios sólo pudo surgir del impulso Crístico. Por esta misma razón un hombre de la antigua iniciación sentía de tal manera que decía: «Si quiero entrar en el mundo espiritual, si he de adquirir las revelaciones del mundo espiritual, debo suprimir cierto lugar en mí, y debo hacer que otros lugares de mi alma estén especialmente vivos.

En particular ¿Qué tenía que suprimir? ¿Y qué tenía que reavivar? Tenía que suprimir aquello que debía crecer gradualmente en el yo, que debía volverse más oscuro y apagado en su alma, por así decirlo. No se le permitía tenerlo en cuenta en absoluto, tenía que convertirse en algo estéril, algo vacío en él. Por otra parte, el cuerpo astral, es decir, el cuerpo que podía dar clarividencia hasta cierto punto, tenía que inflamarse particularmente. Entonces las antiguas observaciones clarividentes penetraban en el cuerpo astral.

He dicho que el yo ya estaba ahí hasta cierto punto. Pero si se pretendía explorar los secretos del mundo espiritual no podía servirse de él. Había que suprimir el yo e inflamar el cuerpo astral. Pero ese inflamar de los impulsos en el cuerpo astral se fue volviendo cada vez más imposible. En la antigüedad, una de las cualidades más elementales del hombre era que podía suprimir su yo y poner en movimiento el cuerpo astral para que los secretos del mundo espiritual fluyeran hacia él. Pero éste era precisamente el desarrollo ulterior, que el cuerpo astral se volvía cada vez más incapaz de recibir en sí los secretos del mundo espiritual. El ser humano tenía que decirse a sí mismo: Mi cuerpo astral se está volviendo cada vez más incapaz de lograr lo que la gente solía lograr en la antigua clarividencia; pero lo que hay en mí, mi yo, todavía no quiere realmente salir, todavía no puede unirse para lograr algo a partir de sí mismo.

Y los mejores clarividentes, sobre todo, sentían en el alma algo de desolación, algo de yermo. Era el yo, que aún no había recibido impulso. Y además, sentían la imposibilidad de ser transportados al mundo espiritual a través del yo. De esto se puede ver, el estado de ánimo en el que se encontraba alguien que quisiese obtener una visión del mundo espiritual, en el tiempo en que se acercaba el impulso crístico. Tal persona tenía que decirse a sí misma: En mi cuerpo astral ya no puedo desarrollar lo que antes era posible; pero mi yo todavía no puede recibir un impulso; todavía permanece algo desolado en mi alma, no puede ascender al mundo espiritual.

Después cuando se aproximaba el impulso crístico, se aplicaban ciertos métodos, ciertos entrenamientos, que consistían en aprender a familiarizarse con aquello que aún no podía llenarse con el espíritu. A quien pretendese ascender a los mundos superiores se le decía: «Sé consciente de que con tu cuerpo astral no puedes ascender; primero debes penetrar en esa parte de tu ser interior donde te sientes como un ser humano, como si no tuvieses conexión alguna con el mundo exterior.

Este era el estado de ánimo en el momento del acercamiento del impulso crístico, para aquellos que buscaban la iniciación. Y todos los que la buscaban debían ser conscientes de lo siguiente: Con respecto a mi cuerpo astral, debo abstenerme de ascender al mundo espiritual, pues ya ha pasado el tiempo de entrar en el mundo espiritual a través del cuerpo astral. El yo todavía no está preparado para ello.
Pero puedo reconocer, -no puedo hacer otra cosa que reconocer- que en aquello que sólo quiere salir y penetrar en el mundo espiritual, en el que quiere recibir el impulso, hay algo que pugna con toda su fuerza y poder hacia el impulso espiritual.

Esta experiencia del alma de todos aquellos que buscaban el camino hacia la luz espiritual en aquella época, se llamaba el camino hacia la soledad del alma o el camino hacia la soledad. Entonces, ¿qué tenía que hacer el mensajero para prepararse para el acontecimiento Crístico? Tenía que decir a la gente que quería saber sobre el impulso que se aproximaba cuál era el camino de la soledad. Tenía que conocer a fondo la soledad. Tenía que ser un predicador de la soledad del alma.

Aprenderán ustedes cada vez más, especialmente del Evangelio de Marcos, que en ciertos casos los grandes seres espirituales, por medio de los cuales han de tener lugar los asuntos importantes de la evolución humana, eligen sus instrumentos en seres de carne y hueso, siempre y cuando éstos sean adecuados, y se encarnan para habitar en el alma que está encarnada en la carne. Aquel mensajero del que hablaba Isaías, que no debe entenderse como un ser humano en el sentido ordinario, tomó posesión del alma del Elías reencarnado, vivió en ella y fue el mensajero que debía llamar la atención de los hombres sobre el impulso Crístico que se aproximaba. Y fue desde el alma de Juan el Bautista desde donde hablaba el mensajero al que se había referido Isaías.

Entonces, ¿Dónde resuena la voz del mensajero? En lo que acabo de caracterizar para ustedes como la soledad del alma. Entonces podemos leer que el Evangelio de Marcos dice: Escucha el grito en la soledad del alma. εν τη ερημω (en të erëmö), no debemos traducirlo simplemente como si se tratara de algo meramente externo, con la imagen del desierto; más bien, se presenta una imagen a través de la cual hemos de percibir todo el mundo espiritual. esa frase significa en realidad: en soledad.

Ahora, para entender mejor la frase, debemos preocuparnos un poco por el significado real, ya que todavía están presentes algunos vestigios en el griego, pero como se puede establecer, si junto con el griego, se mantiene la tradición original, con el significado de lo que se sentía con la palabra Κύριος o Señor; que se suele traducir aquí como: prepara el camino del Señor. Tal frase no tenía en el antiguo vocabulario, en la antigua forma de expresión, el significado abstracto y filisteo que tiene hoy. En la era del materialismo las personas se han vuelto filisteas, especialmente en lo que se refiere al lenguaje, y ya no tienen en el lenguaje lo que se puede llamar el cuerpo de las entidades del alma, con el que se siente todo un mundo con las palabras, como en la antigüedad. Lo más que se puede hacer hoy es intentarlo de nuevo. En la «Puerta de la Iniciación» intenté mostrarles cómo será posible sentir mundos.

¿Qué se sentía con la palabra Kyrios cuando se pronunciaba en un contexto como el indicado? Se sentía que sólo significaba la imagen de lo que sucede en el hombre, de lo que surge para el hombre en la vida interior del alma. El surgimiento del yo, emergiendo de las profundidades del alma y empujando cada vez más hacia la superficie, se sentía como el emerger de un amo y gobernante, como aquel que da dirección entre las fuerzas del alma, -tal como decimos hoy: el hombre tiene pensar, sentir y voluntad; estas diversas fuerzas del alma son, por así decirlo, los sirvientes del alma. Pero en el alma hay un amo, un Kyrios: el yo. Esto se expresa por el hecho de que no decimos simplemente: eso piensa en nosotros. Antiguamente no se podía decir: yo pienso, sino que se decía: ello piensa. Y con respecto a sentir y querer, se dice lo mismo: ello siente y ello quiere.

Ahora bien, en el momento en que el Señor de las fuerzas anímicas, el yo, se afirmó, se hizo sentir este gran cambio en la evolución de la humanidad, de tal manera que la gente decía ahora: yo pienso, yo siento, yo quiero. Así, en épocas anteriores las almas estaban, por así decirlo, en cierto modo en estado subconsciente, aprisionadas, sumergidas en las fuerzas servidoras. Ahora se aproximaba el amo de las fuerzas anímicas, el yo. Este pasaje no se refiere inicialmente a ninguna personalidad o entidad, sino sólo a la aparición del yo como el Señor en la estructura total del alma:

¡El Señor dentro del alma se acerca!

Esto también se proclamaba en aquellos templos que debían prepararse para lo que pudiera sucederle a la humanidad. Se proclamaba con santa reverencia y sagrado temor: Hasta ahora las almas eran tales que sólo tenían en su interior poderes servidores:

Pensar, sentir y voluntad. Pero ahora, dentro del alma humana, se acerca el Señor, el Kyrios. Esta grandeza está llegando, es obvio que sólo se está desarrollando gradualmente, -hasta el final del tiempo terrenal, donde entonces se hará cada vez más y más poderoso. Pero está llegando. Y es Cristo quien trae primero el impulso. En el devenir del reloj universal, es la gran hora en la que vive Cristo. Allí el reloj universal se sitúa en la señal donde el Yo se elevará cada vez más poderosamente como el Señor de las fuerzas del alma. Y habrá alcanzado su meta cuando la tierra se disuelva en el cosmos y el hombre ascienda a niveles superiores.

Sólo cuando uno se siente tal como debió sentirse en aquella época, puede uno hacerse una idea de lo que Isaías quería decir y de lo que Juan el Bautista volvió a retomar. Hay que referirse al gran acontecimiento del alma humana, al desarrollo ulterior del alma humana.  Pero entonces tampoco debemos traducir la palabra ευθείας (eutheiäs) como: «recto», -como suele traducirse en abstracto-, sino como abierto -no sólo recto, sino «abierto», para que se vuelvan transitables, los caminos. Así que el Kyrios viene, toma su dirección hacia el alma humana. Pero el hombre debe hacer algo al respecto para que realmente pueda apoderarse del alma humana. Hay que despejar el camino, abrirlo. En resumen, si queremos traducir el pasaje en cuestión de forma que se pueda hacer algo con él, en realidad debería traducirse si nos atenemos un poco a lo tradicional: «Observen», -esto ya no es lo que hay que decir-, «envío a mi ángel ante el Yo que hay en ustedes; él ha de preparar el camino».

Escuchad la llamada», -no está escrito ahí, pero todo el mundo lo sabía-, “en la soledad del alma”, -esa llamada que exige el Señor del alma-,: “Preparad la dirección del señor del alma; trabajad para que se le abra el camino” -o la senda-.

En esta estructura de palabras tienen aproximadamente lo que les da una idea de lo que pueden sentir en las palabras de Isaías. Estas palabras, y lo que hay en esta estructura de palabras, fue retomado por el ángel, el Angelos en el alma de Juan el Bautista. ¿Por qué pudo hacer esto? - Tenemos que fijarnos un poco en la forma en que el propio Juan el Bautista fue iniciado, cómo obró en el alma de Juan el Bautista, la iniciación.

Debido a descripciones precedentes, ustedes saben que el hombre puede ser iniciado descendiendo al interior de su propia alma, o que puede ser despertado para un surgimiento del alma, para una liberación del cuerpo y para una efusión de las fuerzas del alma en el macrocosmos. Estos dos caminos han sido seguidos de diferentes maneras por diferentes pueblos. Cuando el hombre pretendía derramar su alma en el macrocosmos, las doce etapas que debía atravesar estaban, por así decirlo, marcadas por los doce signos del zodíaco, en el sentido de que su fuerza anímica fluía hacia ciertos lugares, hacia ciertas direcciones del macrocosmos. Ahora bien, en general ya se había logrado algo extraordinario, sobre todo para un determinado fin del desarrollo histórico-mundial, se lograba algo significativo cuando cualquier alma estaba desarrollada hasta tal punto que podía recibir dentro de sí todas las fuerzas del macrocosmos que provenían de tales secretos del mundo que eran en el sentido de una sola constelación. 

En los antiguos ritos iniciáticos sucedía por lo general, que una persona por ejemplo, era iniciada en los secretos del macrocosmos, de modo que su alma fluía hacia el macrocosmos en dirección a Capricornio, para otros en dirección a Cáncer, Libra, Virgo y así sucesivamente. He subrayado repetidamente que hay doce maneras diferentes de fluir hacia el macrocosmos, que están simbólicamente indicadas por los doce signos del zodíaco. Ahora bien, si alguien alcanzara la iniciación mediante la salida de su alma hacia el macrocosmos, y si no alcanzara inmediatamente la iniciación más elevada, la iniciación solar, sino una iniciación parcial, por así decirlo, la mirada de su alma, la luz de su alma se dirigiría hacia los secretos que se encuentran en relación con una constelación determinada. Para ello, sin embargo, su mirada debía independizarse de lo material, es decir, se aseguraba, -ya fuera en los ritos de misterio o, como en el caso de Juan el Bautista, mediante una gracia de lo alto-, que la mirada en cuestión se dirigiera hacia una constelación, -pero de tal manera que tuviera la tierra entre él y la constelación en cuestión-. Es decir: por la noche su mirada debía dirigirse a través de la tierra hacia la constelación. Cuando uno ve una constelación con los ojos físicos, ve la constelación física. Pero si uno puede ver a través de la materia terrestre, por la cual la constelación física está tapada con la materia terrestre, entonces uno no ve lo físico, sino lo espiritual, es decir, los secretos que expresa la constelación.

La visión de Juan el Bautista fue entrenada para que por la noche pudiera ver a través de la tierra material hasta la constelación de Acuario. Así había tenido esa iniciación cuando los Angelos tomaron posesión de su alma, que se llama la iniciación de Acuario. Así Juan el Bautista, -con todo lo que él mismo sabía, con todo lo que él mismo sentía-, pudo poner todas las capacidades a disposición del Angelos, para que a través del Angelos pudiera expresarse todo lo que era la Iniciación de Acuario, y lo que había como indicación de que el reinado del Yo, del Señor, vendría en el alma. Eso era lo que proporcionaba la Iniciación de Acuario.

Al mismo tiempo, sin embargo, Juan el Bautista señalaba que también había llegado el momento en que esta iniciación de Acuario se encontraba en una transición, por así decirlo, en la que debía ser sustituida por otra, a fin de que pudiera comprenderse plenamente el reinado del Yo que se aproximaba. Por eso les decía a sus discípulos íntimos Yo soy aquel que es capaz de poner a disposición de su ángel todos los poderes que provienen de la Iniciación de Acuario. Pero después de mí debe venir uno que pueda poner a disposición de su ángel los poderes subsiguientes.

Si se sigue la progresión de la dirección del sol durante el día desde la constelación de Aries, pasando por Tauro, Géminis y así sucesivamente hasta Virgo, durante la noche, debe seguirse la progresión desde la dirección de Libra, Acuario hasta la constelación de Piscis; ésa es la dirección hacia el sol espiritual». Juan había recibido la iniciación de Acuario, y él indicaba que el que había de venir tendría la iniciación de Piscis, es decir, la iniciación que debía seguir a la iniciación de Juan, y que se consideraba superior. Por eso Juan el Bautista dijo a sus discípulos íntimos: A través de la iniciación de Acuario sólo puedo proporcionar a mi ángel los poderes para anunciar que el Señor viene; pero vendrá uno que tenga los poderes simbolizados por la iniciación con la constelación de Piscis. Y él recibirá al Cristo.

De esta manera, Juan el Bautista señalaba a Jesús de Nazaret. Y por eso las antiguas tradiciones asignaban a Cristo Jesús el símbolo del pez. Y como todo lo que ocurre exteriormente es símbolo de procesos internos, aunque también ocurra exteriormente, se asigna a los pescadores como ayudantes del iniciado de piscis. Todos estos son acontecimientos externos, históricos y, al mismo tiempo, acciones profundamente simbólicas para los secretos espirituales.

¡Y de los cielos descenderá sobre la humanidad una consagración superior! decía Juan. Él sólo podía dar la consagración que viene de Acuario, el aguador. Y Juan se describía a sí mismo como el aguador. Eso está muy claro. Pero tendremos que ver cada vez más que los misterios astronómicos y cósmicos también están conectados con las imágenes utilizadas para los misterios humanos. Yo os he bautizado con agua, decía Juan. El bautismo con agua, sin embargo, era el que estaba en poder de aquellos que habían recibido la iniciación del aguador del cielo, (Aquario).  Pero como el sol espiritual progresa de manera opuesta al sol físico -pues mientras el sol físico progresa de la constelación de Virgo a la constelación de Libra, el sol espiritual avanza en el sentido de la progresión de Juan el Bautista a Jesús de Nazaret, de Acuario a Piscis-, puesto que en el mundo aparece alguien con la iniciación de Piscis y es capaz de recibir esas fuerzas espirituales, ese impulso espiritual, para el cual esta iniciación de Piscis debe ser el instrumento; es posible no sólo ser bautizado como Juan bautizó, sino ser bautizado en un sentido más elevado, como Juan lo describe como el bautismo con el Espíritu Santo. 

En la conferencia de hoy les he mostrado dos cosas en cierto sentido. En primer lugar, que las palabras utilizadas aquí en el Evangelio de Marcos se refieren a procesos en la evolución de la humanidad, también procesos históricos, en el sentido de que hablan de un poder superior que ni siquiera es un hombre, sino un Ángel, pero un Ángel que habla a través del cuerpo de Juan el Bautista. Por otra parte, he demostrado que las representaciones que se dan se refieren a acontecimientos en los cielos, a saber, el avance del sol espiritual desde la constelación de Acuario hasta la constelación de Piscis. En efecto, el Evangelio de Marcos contiene en cada línea algo que sólo puede leerse si, al seguir las palabras, tenemos siempre en mente al mismo tiempo un sentido humano y un sentido cósmico, astronómico, y si nos damos cuenta de que en el hombre vive algo que en su verdadero sentido sólo puede encontrarse en los cielos.

Sin embargo, la conexión entre los secretos macrocósmicos y los secretos de la naturaleza humana debe entenderse con un poco más de precisión. Hoy, al final, sólo puedo insinuar lo que hay detrás de esto. Hoy sólo he querido dar una pista en esta dirección. Porque tendremos que ahondar en las profundidades del Evangelio de Marcos, sobre el que habrá que reflexionar durante mucho tiempo si se quiere elevarlo a algo más que una corazonada. Pero me gustaría aclarar cómo debe leerse el Evangelio de Marcos diciendo lo siguiente.

Todos ustedes conocen el arco iris. El arco iris es para el niño, por ejemplo, una realidad en el firmamento. El niño creerá al principio, si no se le ha explicado, que puede coger el arco iris con las manos, que puede tocarlo. Más tarde, el niño aprenderá que este arco iris no depende de sí mismo, sino que sólo se produce cuando hay una determinada combinación de lluvia y sol; y cuando la lluvia y el sol entran en una combinación diferente, vuelve a desaparecer. Por lo tanto, no es una realidad, es sólo una ilusión; la realidad son la lluvia y el sol en relación con el arco iris.

Cuando el hombre avanza un poco por el sendero del desarrollo oculto, entonces hay algo que compara con toda naturalidad con el arco iris, diciendo: En realidad no es nada verdadero en absoluto, sino sólo una apariencia que se mantiene unida por cosas externas. ¿Saben ustedes a qué se debe esta apariencia? El propio hombre. El hombre es sólo una apariencia. Y cuando con los sentidos físicos, lo toman ustedes como realidad, se están entregando a una ilusión; entonces se están entregando a Maya, el gran no-ser. Porque Maya, compuesta de mahat aya - mahat = grande, ya = ser, a = no, negación, por lo tanto aya = no-ser - significa el gran no-ser.

En el sendero del desarrollo oculto el hombre llega a compararse con algo como el arco iris. El ser humano es sólo una apariencia. Y todo lo que se acerca a los sentidos físicos son formaciones ilusorias. Incluso el sol como cabeza física del mundo es una imagen ilusoria. Lo que la ciencia física describe como una bola de gas en el espacio exterior es bastante bueno a efectos prácticos. Pero quien lo toma como realidad se entrega a maya, a la ilusión, al gran no-ser. Lo cierto es que existe un lugar de reunión para las jerarquías espirituales, cuyas acciones se expresan en calor y luz, y que fluyen hacia nosotros en calor y luz procedentes del sol. Lo que percibimos como calor y luz es ilusión. Pero todo es apariencia. El hombre cree que tiene un corazón en el pecho. Pero el corazón es sólo una ilusión, nada más. Es parecido a cuando caminamos por las calles al atardecer, en la niebla otoñal, y vemos ciertos anillos alrededor de los faroles; pero estos anillos tampoco son nada real, están causados por fuerzas muy concretas. Del mismo modo, el corazón humano también está causado por determinadas fuerzas. Pueden imaginárselo de la siguiente manera. Supongamos que el círculo representa la bóveda celeste; entonces, un tipo de fuerzas fluye hacia nosotros desde un lado, y otras fuerzas llegan desde el otro lado: estas fuerzas se cruzan. En verdad, no hay nada en el hombre donde él cree que está su corazón, sino fuerzas que fluyen desde el cielo y se cruzan. Imagínense todo lo demás fuera, y sólo fuerzas que se juntan como ocurre con el arco iris: y el resultado es el corazón humano. Lo mismo ocurre con los demás órganos: son fuerzas que se cruzan y surgen por la intersección de las respectivas fuerzas del mundo.
Si ustedes van de un lugar a otro y dicen:

En mí están los impulsos por los que voy de aquí a allá, - entonces están diciendo algo que pertenece a Maya de esta manera. ¿Por qué? Porque vienen fuerzas del macrocosmos que se cruzan aquí abajo y a través de la intersección producen una estructura ilusoria en relación con la dirección y las fuerzas del caminar. Lo que se ha sucedido aquí abajo es sólo una intersección de fuerzas cósmicas. Y si queremos conocer la verdad, debemos preguntar: ¿Qué ocurre en el macrocosmos? ¿Qué hacen las fuerzas cósmicas, las superiores y las inferiores? - Ellas influyen en lo que en nosotros parece como si tuviéramos un corazón, una vida, etc., o en lo que parece como si dijéramos: voy de allí a allí. Si queremos describirlo de verdad, tenemos que describir las fuerzas cósmicas.

Si queremos describir lo que Juan el Bautista hizo bautizando a la gente, debemos describir lo que el macrocosmos le ordenó hacer, es decir, los poderes simbolizados por las potencias de Acuario. <Estas fueron a su vez decididas en la gran logia mundial y enviadas a los poderes de Juan. Así que tenemos que leer en el lenguaje del mundo lo que ocurrió en un lugar determinado. Así es como el escritor del Evangelio de Marcos leía los acontecimientos relevantes en el cielo para lo que ocurrió en Palestina. Describe acontecimientos astronómicos y dice: «Comprended las cosas así: si aquí hay un muro en el que se ve un juego de sombras, si queréis saber la verdadera razón de ello, debéis mirar lo que se refleja realmente en las sombras. Estoy describiendo lo que ocurrió en el Jordán, que, sin embargo, sólo fue el instrumento para otra cosa; ¡pues en verdad estoy describiendo lo que actúa a través de las fuerzas astronómicas desde el macrocosmos sobre la tierra!

El escritor del Evangelio de Marcos describe las fuerzas cósmicas. Son fenómenos celestes por doquier. Y lo que describe es la expresión, la proyección, la imagen ensombrecida que todos los acontecimientos del macrocosmos proyectan sobre la pequeña región terrestre de Palestina. Debemos darnos cuenta de ello si queremos penetrar un poco en toda la grandeza y significación de este documento del Evangelio de Marcos. Pero primero teníamos que hacernos una idea de lo que está ocurriendo en realidad. Teníamos que entender que al principio del Evangelio de Marcos se dice: El profeta Isaías predijo que el Señor de las potencias del alma vendrá a por el hombre, y que el mensajero vivirá en Juan el Bautista, que preparará a los hombres para la llegada de este soberano de las potencias del alma. Este mensajero tuvo que tomar su lugar en un cuerpo que pertenecía a un alma humana iniciada con los poderes de Acuario. De este modo podía dar comienzo a lo que debía hacerse en la tierra a través de una personalidad como Jesús de Nazaret, que se había preparado para recibir la iniciación de los peces (piscis), y recibir así al Cristo.

Lo que ocurre en la tierra son los reflejos de los procesos cósmicos, que se relacionan con las condiciones cósmicas al igual que el arco iris con la lluvia y el sol, de modo que tenemos que estudiar la lluvia y el sol si queremos describir el arco iris. Y si queremos saber qué había en el corazón de Juan el Bautista o de Jesús de Nazaret, que se convirtió en la morada del Cristo, debemos estudiar los procesos cósmicos. Porque el mundo entero se pronunció a favor de la humanidad en los acontecimientos de Palestina y del Gólgota. Y quien lea el Evangelio de Marcos de otro modo que no sea que sólo le da las letras para los grandes acontecimientos mundiales, no se sitúa en otro punto de vista que el que dice: aquí hay un grupo de tales trazos, allí hay un grupo de otros trazos, -pero que no señala lo que señala la palabra Señor, que sólo señala los trazos negros. Sin embargo, así es simplemente como se describe el Evangelio de Marcos en nuestro tiempo. Pues lo que se cuenta en el Evangelio de Marcos es sólo la más externa de las letras. Hay que ir hacia arriba para comprender lo que se supone que señalan los acontecimientos de Palestina, como en un juego de sombras.

Intenten comprender lo que significa: los procesos terrenales son una imagen en la sombra de los procesos macrocósmicos - y habrán dado el primer paso para comprender gradualmente uno de los documentos más grandes del universo, el Evangelio de Marcos.

Traducido por J.Luelmo mar,2025