RUDOLF STEINER
¡Queridos amigos!
Dedicaremos la primera parte de la clase de hoy a responder aquellas preguntas que no estén incluidas en la pregunta general que ya he tratado y que aún se va a tratar. A continuación, hoy pasaremos a
En realidad, la mayoría de las preguntas encajan en lo que, en general, tengo que decirles. Solo hay algunas preguntas aisladas que requieren una respuesta específica, y lo haremos de tal manera que las abordaremos más o menos sin seguir un orden concreto.
Pregunta: ¿Existen ejercicios concretos para reforzar en uno mismo las llamadas fuerzas magnéticas curativas? ¿Y en qué consisten esos ejercicios?
Bueno, eso requiere, por supuesto, que hablemos brevemente de las fuerzas magnéticas curativas en general. Las fuerzas magnéticas curativas son, en esencia, fuerzas que actúan entre el cuerpo etérico de una persona y el cuerpo etérico de otra. Deben pues imaginarse, que el efecto del llamado magnetismo
También se puede hacer lo siguiente: desde el propio cuerpo astral, sin que la persona en cuestión haga un esfuerzo de voluntad, se puede influir en el propio cuerpo etérico de tal manera que este actúe sobre el cuerpo etérico del paciente igual que antes lo había hecho el cuerpo astral. En eso consiste el magnetismo curativo; el magnetizador terapéutico lo hace de forma inconsciente: influye en su propio cuerpo etérico desde el cuerpo astral. Las fuerzas que desarrolla entonces las puede dirigir instintivamente para que refuercen las fuerzas del paciente, transmitiéndolas a este. Hay que tener claro que, cuando se trata de una curación, el magnetizador debe emplear todo lo que pueda conducir a la curación. Cuando se trata de un paciente que simplemente está débil, al que no se le puede exigir nada en lo que respecta a su voluntad, también se pueden aplicar en alguna ocasión las fuerzas del magnetismo curativo. Pero quiero señalar expresamente que las fuerzas del magnetismo curativo son algo realmente bastante problemático, que no se pueden aplicar exactamente de la misma manera en un caso y en otro. Esta capacidad instintiva que he descrito, en la que se pone en actividad el propio cuerpo astral para influir así en el cuerpo etérico y encontrar el paso hacia el cuerpo etérico del paciente, es una capacidad individual. Hay personas que la tienen muy desarrollada, otras que la tienen poco desarrollada y otras que no la tienen en absoluto, por lo que ya existen magnetizadores terapéuticos dotados de esta capacidad por su predisposición natural. Pero lo importante es que esta capacidad suele ser temporal. Los magnetizadores terapéuticos con esta predisposición poseen lo que se denomina «magnetismo». Al empezar a aplicarlo, funciona muy bien; al cabo de un tiempo, va disminuyendo y, posteriormente, a menudo se producen casos de charlatanería, precisamente entre los magnetizadores terapéuticos, debido a que, aunque la capacidad haya disminuido, siguen actuando como si aún la tuvieran. Esto es lo preocupante cada vez que el magnetismo terapéutico se convierte en una profesión. En realidad, este tipo de curación no puede, en el fondo, convertirse en una profesión. Esto es lo que hay que decir al respecto. A saber: el proceso magnético curativo, —si es que uno está capacitado para ello—, solo es absolutamente eficaz cuando se lleva a cabo con una compasión sincera hacia el paciente, que penetra hasta lo más profundo del propio organismo. Si se practica el magnetismo curativo con verdadero amor hacia el paciente, entonces no se puede ejercer como profesión. Si existe verdadero amor, esto conducirá en cualquier caso a algo bueno, siempre que no se produzca un daño por parte de terceros. Pero solo puede llevarse a cabo de forma ocasional, cuando el karma te lleva a encontrarte con una persona a la que puedes ayudar con amor. El signo externo puede ser la imposición de manos o una caricia; lo que actúa entonces es que el cuerpo astral transmite su fuerza al cuerpo etérico, que a su vez actúa sobre el cuerpo etérico de la otra persona.
Hay que explicar desde otro punto de vista lo que ocurre en un caso así. Lo cierto es que la curación siempre parte del cuerpo astral, ya sea del propio cuerpo astral o, en última instancia, del cuerpo astral del magnetizador. El proceso inverso es la base de la terapia farmacológica. En la terapia farmacológica tampoco se hace otra cosa que introducir en el cuerpo físico sustancias que, en parte de acuerdo con las fuerzas internas y en parte con el ritmo del cuerpo físico, actúan de tal manera que influyen en el cuerpo etérico del paciente. La curación siempre parte del cuerpo etérico. El hecho de que, en un caso, se influya en el cuerpo etérico desde el cuerpo astral, eso es la curación psíquica, a la que pertenece el magnetismo curativo, que, sin embargo, tiene algo problemático o, más bien, diría yo, algo humanitario, algo social, algo que abarca las relaciones entre las personas. O bien está la terapia racional, que debe partir de intervenciones farmacológicas; estas se transmiten en primer lugar desde el cuerpo físico hacia el cuerpo etérico. Pero la curación siempre debe partir del cuerpo etérico. Es pura fantasía pensar que el cuerpo físico, cuando ha enfermado, pueda provocar algún tipo de curación. El cuerpo físico contiene precisamente la causa de la enfermedad; la causa de la curación debe provenir siempre del cuerpo etérico.
Pregunta: ¿Qué relación existe entre el corazón y el útero femenino, su ubicación y las experiencias anímicas, el dolor y la alegría?
Existen experiencias que están íntimamente relacionadas. En primer lugar, aunque no estén en contacto físico directo, el corazón y el útero son dos órganos que van de la mano, tan unidos como el sol y la luna. El sol y la luna están tan unidos que ambos proyectan la misma luz sobre algo; en un caso, el sol ilumina directamente algún objeto; en el otro, de forma indirecta, al dirigirse primero hacia la luna y ser reflejada desde allí. El corazón es un órgano que ejerce impulsos inmediatos y directos sobre el organismo humano. Es el órgano sensor de la circulación sanguínea que tiene lugar en el organismo humano normal. El útero femenino está constituido de tal manera que es el órgano de percepción de la circulación que se produce tras la fecundación. Para eso está ahí; es exactamente igual que la Luna refleja la luz del Sol: así refleja el útero femenino la percepción del corazón en la circulación sanguínea.
Él las refleja. Siempre van unidas, como el sol y la luna, ya que sus percepciones se comportan como una influencia directa y otra reflejada. Cuando una persona está presente, necesita la fuerza del corazón; cuando nace, necesita la fuerza del corazón reflejada, que proviene del útero femenino.Ahora bien, estos órganos, junto con algunos otros, —el pulmón es el que más se aproxima al cuerpo etérico-físico—, estos órganos, el corazón y el útero femenino, no son otra cosa, desde el punto de vista físico, que lo que, desde la perspectiva espiritual, constituye el alma del ser humano. Quizá pueda expresarlo de la siguiente manera: imaginen que desarrollan el conocimiento imaginativo. Cuando desarrollan el conocimiento imaginativo, al mirar a una persona obtienen realmente la imagen del sol y la luna al fijarse en el corazón y el útero. Eso es, de hecho, lo espiritual correspondiente que el ser humano experimenta en su alma, de modo que realmente se corresponden entre sí aquellas cosas que tienen lugar en el corazón y en el útero, y que, por supuesto, tienen lugar en el ámbito semiconsciente de lo anímico, porque, de lo contrario, lo anímico se vería influido por los pensamientos. Y así queda oculto un proceso sutil: la íntima conexión entre el corazón y el útero. Pero quien sea capaz de observar aunque sea un poco, podrá constatar hasta qué punto depende de cómo, de forma semiconsciente debe desarrollarse la actividad cardíaca bajo la influencia del entorno físico. Verán, quien, lleva su vida de tal manera que sufre continuamente un impacto, —ya sea por su profesión o lo que sea—, tiene ya en su subconsciente una imagen psíquica muy precisa de la actividad cardíaca que se genera allí; y eso se refleja en el útero. Podemos ver cómo ocurre esto, cómo se transmite a la constitución del embrión.
Ahora bien, hay una pregunta que resulta difícil de responder, porque o bien hay que responderla de forma superficial, es decir, limitándose a dar una simple indicación, o bien hay que abordarla en profundidad:
¿Cómo influye el uso de perlas y piedras preciosas en los distintos órganos?
Sí que surte efecto, pero de tal manera que, en realidad, solo se puede evaluar su modo de actuar si se observa en los mundos espirituales, y que ese modo de actuar solo se puede evaluar de forma individual. Se puede decir, por ejemplo, que el zafiro actúa sobre un determinado temperamento, sobre una persona colérica, pero en realidad siempre solo en el caso concreto de cada individuo. Los efectos están ahí, pero si se quisiera responder a la pregunta de forma exhaustiva, habría que profundizar en aspectos más complejos de lo que es posible hoy aquí.
A la pregunta sobre cómo se puede llegar a comprender el karma en relación con determinadas enfermedades, solo puedo responder basándome en lo que dije en la clase. Seguramente ya se habrá desprendido algo de lo dicho, y otras cosas vendrán en lo que aún me queda por decir.
Ahora bien, aquí hay una serie de preguntas, entre las que se incluyen también las preguntas generales, que, de hecho, se responden con las observaciones esotéricas que he hecho. Pero veamos esto:
Pregunta: ¿Existen relaciones paralelas válidas entre el grado y la duración de los procesos de descomposición post mortem y el destino de la individualidad correspondiente en el mundo espiritual?
En realidad, no existen relaciones que tengan un significado que nos concierna a los seres humanos. Lo cierto es que el proceso de descomposición no es un proceso meramente físico, como se suele considerar en química. Está vinculado a algo profundamente espiritual. Esto ya se intuía en el antiguo conocimiento instintivo. Se dice que lo que constituye el núcleo más íntimo de una cosa es su esencia, y el prefijo «ver» siempre significa un movimiento hacia algo. Así, por ejemplo, si dice «conmover», se trata de un movimiento; si dice «extasiar», se trata de un movimiento hacia la conmoción. Si dice: «ver-esen», se trata de un movimiento hacia la esencia, de una fusión con la esencia. El ser humano no es una entidad cerrada en sí misma, sino que hay entidades espirituales que actúan en él. Tenemos ciertas entidades en el cuerpo físico, en el etérico y en el astral; solo en la organización del «yo» somos libres. Estas entidades, que están vinculadas al cuerpo físico, al etérico y al astral, están relacionadas con lo que ocurre con el cuerpo físico tras la muerte. La cuestión de la descomposición o la cremación está íntimamente relacionada con ello. Pero todas estas cosas están íntimamente ligadas al karma humano. Solo se puede decir que, para el ser humano como tal, —para el ser humano individual—, la cuestión no tiene, en realidad, una importancia tan grande.
Pregunta: ¿Influye la sección en el destino del difunto a partir de un momento determinado tras la muerte?
No tiene ninguna influencia en el destino del difunto.
La mayoría de las preguntas son precisamente aquellas que ya se han respondido en las conferencias generales. Sí, hay otra pregunta que reviste cierta importancia.
Pregunta: Me gustaría saber si las capacidades curativas del médico son de carácter puramente personal o si están condicionadas por vínculos comunitarios; es decir, no por vínculos entre el médico y los pacientes, sino por las comunidades de médicos. ¿Sería concebible que, a través de tales comunidades, los médicos individuales recibieran fuerzas que tal vez no pudieran tener por sí mismos, como ocurre también en la comunidad sacerdotal?
Eso es cierto, pero ocurre en cualquier comunidad humana. En toda comunidad humana, el individuo recibe fuerzas de la propia comunidad, pero para ello la comunidad debe ser una comunidad auténtica. Hay que sentirla, percibirla y vivirla. Y lo que les he descrito, —y que mañana describiré con mayor claridad—, en definitiva, es que entre ustedes y nosotros aquí presentes puede formarse una comunidad, aunque al principio solo pueda ser una comunidad por correspondencia. Sí, debe unirlos de tal manera que, cuando estén solos, sientan que, a través de esa comunidad, les llegan fuerzas no solo por vía intelectual, sino también por vía espiritual.
Un grupo más reducido plantea esta cuestión como tema central común:
El entrenamiento de la mirada del médico. ¿Tienen algún valor el diagnóstico del iris, la grafología y la quiromancia?
Bueno, en el caso ideal, quien sea capaz de observar lo que está interrelacionado, —por ejemplo, a partir de un pequeño trozo de uña que usted corte—, podría deducir muchísimas cosas sobre el estado general de la persona. Eso es perfectamente posible. Del mismo modo que a partir de un cabello de una persona se pueden deducir muchísimas cosas; solo hay que tener en cuenta lo individual, lo diferente que es, por ejemplo, un cabello en relación con una persona. Basta con pensar en cómo las personas se diferencian, diría que de forma bastante marcada, en lo que respecta a su cabello. Entre ustedes hay rubios y hay morenos. ¿A qué se debe esto? Los que son morenos deben el color de su pelo a un proceso relacionado con el hierro que tiene lugar en el cabello; los que son rubios deben su rubio a un proceso relacionado con el azufre que tiene lugar en el cabello, un proceso relacionado con el azufre que es especialmente intenso en aquellas personas que tienen el pelo pelirrojo. Y hay que señalar que estas cosas revisten un interés extraordinario. De verdad que he conocido a personas de las que se podía decir que su ardiente cabello rojo brillante significaba algo. En él tiene lugar un proceso de azufre extraordinariamente intenso y real, mientras que el cabello negro encierra en sí mismo un proceso de hierro relativamente intenso. Ahora bien, piensen que esto es la manifestación de todo el organismo humano. En un caso, el ser humano es alguien que genera continuamente algo que es un combustible intenso, el azufre, de modo que impregna su cabello con él; en otro caso, segrega algo que es hierro, que en realidad no arde en absoluto, sino que es otra cosa. De ahí se desprende una profunda diferencia entre ambos tipos de personas en lo que respecta a todo su organismo. Pues bien, lo que ocurre de manera muy general y aproximada es lo que ocurre individualmente en cada persona en lo que respecta a su cabello, de modo que se puede reconocer a la persona en su totalidad a partir de la naturaleza de su cabello. ¿Cómo no se iba a poder entonces reconocer a la persona a partir de la naturaleza de su iris? Pero ahora hay que tener en cuenta que entre estas cosas se incluye el conocimiento más elevado, no ese conocimiento absurdo que tienen los especialistas en diagnóstico con respecto al iris. Eso es, por supuesto, diletantismo. Precisamente en estas cuestiones, que se basan en fundamentos reales, el camino solo conduce al final al verdadero conocimiento, del mismo modo que, en el caso de la astrología, el camino solo conduce al final al conocimiento espiritual, mientras que antes es terriblemente diletante. Lo mismo ocurre con la quiromancia y la grafología.
La grafología requiere, entre otras cosas, tener una verdadera inspiración. La forma de escribir de cada persona es totalmente individual; como mucho, se pueden dar unas pautas al respecto. Pero estas pautas son, en ese caso, extremadamente generales. Así que también en este caso ocurre lo que he dicho. Se necesita inspiración para poder deducir algo sobre una persona a partir de su grafología. Ahora bien, lo peculiar de la grafología es que, a partir de la letra de una persona en el presente, se obtiene su estado tal y como era hace aproximadamente siete años. A esto se suma que quien quiera sacar conclusiones sobre el presente de esa persona tiene que dar, a su vez, un rodeo: debe recorrer de nuevo todo el desarrollo. Llega a los estados internos de hace siete años y, si es capaz de observar, puede, a partir de lo que percibe de entonces, trazar el camino y obtener así un conocimiento más profundo del que tendría de otro modo. Así pues, sí es posible lograr algo con ello.
Algo similar a lo que ocurre con el cabello y el iris se da también en lo que la quiromancia tiene en cuenta, pero incluso en ese caso hay que tener inspiración, y no limitarse a las reglas superficiales que suelen darse. Se requiere, una vez más, una predisposición especial, muy especial, que pueden tener unas personas u otras, para poder interpretar las líneas de la mano; estas están íntimamente relacionadas con el desarrollo humano. Solo tiene que comparar sus propias manos para ver cómo son las líneas de la mano izquierda y de la derecha. ¿No es cierto que, en la vida cotidiana, esto se manifiesta en que la persona escribe con la mano derecha, pero no con la izquierda? Existe una diferencia. En lo que respecta a las líneas de la mano, ocurre que en la mano izquierda se ve todo el karma de la persona, si se tiene la inspiración para ello. En la mano derecha se ve la capacidad personal que la persona ha adquirido en esta vida. Su destino ha creado esta vida terrenal, y su capacidad le conduce hacia el futuro. Todas estas cosas tienen su fundamento, pero es sumamente peligroso defenderlas en público, porque ahí entramos en ámbitos donde la seriedad y la charlatanería se confunden en grado sumo. Algunas cosas se irán revelando en su contexto natural a medida que avancemos en nuestras reflexiones.
Verán, queridos amigos, según lo que expuse ayer al final de la clase, la profesión médica, por la propia naturaleza de los procesos del mundo, tiene que ver con estados morales del alma realmente profundos. Porque les he mostrado que el conocimiento real de un remedio le quita al que lo conoce el poder de ese mismo remedio, que precisamente en el conocimiento del remedio hay algo que hace que la persona en cuestión se excluya a sí misma de la curación mediante ese remedio. Ahora bien, naturalmente, el mero conocimiento químico no lo excluye, porque, en realidad, no es conocimiento. Pero el conocimiento real sí lo excluye.
Entonces, tengan en cuenta lo siguiente. El sistema muscular del ser humano se aprehende mediante la imaginación; se comprende, como demostré ayer, a través de la imaginación. Se aprende a reconocer lo que actúa en el músculo al pasar a un conocimiento imaginativo y figurativo. Pero si se quiere saber qué puede tener un efecto curativo en un órgano de naturaleza muscular, también en ese caso el conocimiento terapéutico debe ser imaginativo. Los verdaderos conocimientos sobre un órgano interno son de carácter inspirador; estos son los únicos conocimientos reales, no los conocimientos químicos. Pero supongamos ahora que usted sabe que algún remedio actúa sobre el sistema muscular humano de alguna manera; en ese caso, usted posee ese conocimiento de forma imaginativa. Sí, pero el conocimiento imaginativo no es como el que habitualmente se concibe hoy en día. El conocimiento que hoy en día se suele imaginar no penetra muy profundamente en el ser humano; en realidad, solo está presente en la mente, mientras que todo conocimiento imaginativo afecta al mismo tiempo al sistema muscular del ser humano. También el conocimiento terapéutico imaginativo, queridos amigos, es tal que lo sentís en vuestros músculos. Solo tenéis que tomaros estas cosas realmente en serio.
Para que me entiendan perfectamente, me gustaría hablar incluso de algo paradójico en relación con este asunto. Pero lo paradójico aquí es la verdad. Mi «Filosofía de la libertad» ha sido poco comprendida porque la gente no ha sabido leerla. La han leído como se lee cualquier otro libro, pero mi «Filosofía de la libertad» no está concebida como los demás libros. Mi «Filosofía de la libertad» vive, en primer lugar, en los pensamientos, pero en pensamientos vividos de verdad. Los pensamientos no vividos, los pensamientos abstractos y lógicos, tal y como se entienden hoy en día de manera general en la ciencia, se experimentan en el cerebro. Los pensamientos como los que he expresado en mi «Filosofía de la libertad», —y aquí viene lo paradójico—, se experimentan como persona íntegra en su sistema óseo. Realmente como persona íntegra en su sistema óseo. Y me gustaría señalar algo aún más paradójico, —lo cual, por supuesto, ha ocurrido de forma evidente, solo que usted no se ha dado cuenta porque no lo ha relacionado con eso—: cuando las personas han comprendido mi «Filosofía de la libertad», han soñado con esqueletos en varias ocasiones a lo largo de la lectura y, sobre todo, al terminar de leerla. Esto guarda una relación moral con toda la postura de la «Filosofía de la libertad» frente a la libertad del mundo. La libertad consiste precisamente en que, partiendo de los huesos, se mueven los músculos del ser humano en el mundo exterior. El que no es libre se deja llevar por sus impulsos e instintos. El libre se rige por las exigencias y necesidades del mundo, al que primero debe amar. Debe establecer una relación con este mundo. Esto se expresa en la imaginación del sistema óseo. Interiormente, el sistema óseo es aquello que experimenta los pensamientos vividos. Así pues, los pensamientos vividos se experimentan con el sistema óseo, con todo su ser humano, es decir, con todo su ser humano, que en realidad está arraigado a la tierra. Ha habido gente que ha querido pintar cuadros basados en mis libros; me han mostrado todo tipo de cosas. Han querido representar las ideas de la «Filosofía de la libertad» en forma de imágenes. Si se quiere plasmar así su contenido, hay que representar escenas dramáticas interpretadas por esqueletos humanos. Del mismo modo que la libertad en sí misma es algo para lo que hay que despojarse de todo lo meramente instintivo, lo que el ser humano experimenta al tener los pensamientos de la libertad es algo para lo que debe despojarse de su carne y su sangre. Debe convertirse en esqueleto, debe volverse terrenal; los pensamientos deben volverse realmente terrenales. Eso significa, precisamente, que uno ha de forjarse a sí mismo.
Menciono esto para que vean que ya en el pensamiento común se produce algo que conmueve a todo el ser humano. Cuando se pasa del pensamiento a la imaginación, se experimenta la imaginación en el sistema muscular. La inspiración se experimenta al participar interiormente con los propios órganos. Pero, cuando se trata de inspiraciones, no hay que olvidar la frase: «naturalia non sunt turpia». Porque, en determinadas circunstancias, las inspiraciones más maravillosas se experimentan a través de los riñones o de otros órganos inferiores. Así pues, lo que constituye un conocimiento superior abarca realmente al ser humano en su totalidad; y quien no sabe que imaginar es un trabajo equiparable al trabajo físico, porque exige un esfuerzo muscular, de modo que imaginar de verdad es como trabajar físicamente de verdad, no percibe las impresiones de la imaginación y la inspiración. Por eso existe también una correlación entre el trabajo físico y la imaginación; por ejemplo, si se me permite mencionar algo personal, siempre he considerado que el hecho de haber cortado leña, pelado patatas, trabajado con la pala, sembrado y cosas por el estilo cuando era niño ha contribuido enormemente a mi capacidad de imaginar. Bueno, no es que quiera presumir de estas cosas, pero el hecho de haberlas hecho alguna vez facilita que los músculos las recuperen, un esfuerzo que hace que imaginar sea más fácil, igual que cuando uno está acostumbrado a algo. Así es: si ha ejercitado los músculos precisamente en la juventud, podrá imaginar más adelante. Pero fíjense, los movimientos que no son trabajo no sirven de nada. De hecho, jugar no sirve de nada para la imaginación. No quiero decir nada en contra del juego en sí; solo tienes que acercarte a mis ideas pedagógicas y verás que no tengo nada en contra del juego, pero la imaginación lleva al músculo en reposo —pues, naturalmente, debe realizarse en reposo— a una experiencia similar a la de un trabajo físico real.
Pero ahí lo verán: cuando, al emprender el camino del médico, conozcan aquí con nosotros, en este contexto, estas cosas ciertamente extrañas, verán cómo el conocimiento de estos aspectos terapéuticos incide en su sistema muscular, y eso será algo que tendrá importancia en su karma. Tomemos, por ejemplo, el caso de que conozcan, —quiero plantear ahora un caso totalmente ideal—, por ejemplo, la verdadera terapia de la viruela negra. La viruela negra real provoca una inspiración muy fuerte, incluso con intuición, y lo que de verdad saben de esta manera, queridos amigos míos, si son verdaderos terapeutas en estos ámbitos, les afecta más, —si se trata de un conocimiento auténtico—, que una vacuna. Surte un efecto mucho más intenso en otro sentido, y al estudiar la terapia de la viruela como médico, provocaréis en vosotros mismos una especie de curación anticipada, de carácter profiláctico, y, al comprender la relación, os haréis capaces de acercaros a los enfermos de viruela sin miedo y con amor absoluto. Pero todas estas cosas tienen, a su vez, su lado opuesto, su reverso, porque, verán, lo que se adquiere como conocimiento del remedio, incluso cuando se trata de un conocimiento verdaderamente imaginativo o inspirado, —ni siquiera tiene por qué ser fruto de la propia imaginación, sino simplemente de la de otra persona, y eso lo puede hacer cualquiera, como siempre he repetido—, eso es un remedio auténtico, que encierra en sí mismo poderes curativos. Tener la idea de un remedio que funciona, pero que solo funciona mientras no se tenga miedo. Y es que el miedo es el polo opuesto del amor. Si entran en una sala de enfermos con miedo, toda la terapia que haya puesto en marcha no servirá de nada. Si entran con amor, si es capaz de olvidarse de sí mismo, sí, si puede dedicar toda su alma a aquellos a quienes debe curar, si puede vivir en el amor, en su conocimiento imaginativo e inspirado, entonces, verá que no se situará en el proceso de curación simplemente como esa cualidad personal, ni como esa personalidad temerosa del que conoce, sino como la personalidad amorosa del que conoce, de modo que la medicina no solo se introduzca desde fuera en lo moral, sino también desde dentro.
Y así, precisamente en el ámbito de la medicina se da en gran medida lo que ocurre en todos los ámbitos en los que se trata del conocimiento espiritual: hay que desarrollar valor. Ya saben, el valor es lo que nos rodea por todas partes. El aire es una ilusión; es el valor lo que nos rodea por todas partes. Si queremos vivir en el mundo en el que respiramos, necesitamos valor. Si somos cobardes de alguna manera, no vivimos con el mundo, nos aislamos; solo respiramos en apariencia. Lo que necesitan ante todo para los estudios de medicina es valor, es valor para curar. De hecho, si ante una enfermedad tienen el valor de curar, eso ya es la orientación correcta, que en el noventa por ciento de los casos conduce a lo correcto. Y es que estas cualidades morales están íntimamente ligadas al proceso de curación. Por eso debería ser así: la primera asignatura para los estudiantes de Medicina: lo que he expuesto en las tres primeras lecturas, la creación de una base, en mayor o menor medida, a través del conocimiento de la naturaleza y del ser humano, del conocimiento cósmico y del ser humano. A continuación, el segundo curso: la profundización esotérica en el efecto de las fuerzas médicas, considerar la medicina tal y como lo hice en la cuarta clase y como hablaré mañana. Después debe venir un último curso, que, en esencia, debe centrarse en considerar el aspecto terapéutico en relación con el desarrollo de las capacidades morales adecuadas del médico, pues lo uno debe sustentar lo otro. Y si existe esa cualificación moral en el último curso de medicina, entonces las enfermedades se convertirán realmente para el médico en lo contrario de lo que son para el paciente. Se convertirán en algo que él ama, pero no para cuidarlas y atenderlas con el fin de que el enfermo permanezca enfermo el mayor tiempo posible, sino que las ama porque la enfermedad solo alcanza su sentido cuando se cura. ¿Qué significa esto?
Verán, queridos amigos, estar sano significa poseer en uno mismo las cualidades espirituales, las llamadas cualidades espirituales y anímicas normales. Estar enfermo, padecer cualquier enfermedad, significa, en realidad, estar bajo la influencia de una cualidad espiritual. Sé, por supuesto, que si alguna de las personas inteligentes de la actualidad oye lo que voy a decir ahora, dirá: «Ah, aquí viene la vieja doctrina de la posesión». —Bueno, aún queda por ver si es peor la vieja doctrina de la posesión o la nueva, si uno está poseído por espíritus o por gérmenes. Eso es algo que, en cuanto a su valor, primero hay que examinar. Los médicos modernos siempre se adhieren en su doctrina médica a una forma de posesión, solo que, según su forma de entenderlo, les resulta más adecuado enseñar una posesión materialista. Pero lo cierto es que, cuando uno padece una enfermedad, tiene en su interior una cualidad espiritual que no está presente en el curso habitual de la vida humana. Pero se trata de una cualidad espiritual.
Tengo que señalar otra paradoja. Supongamos que quieren comprender la relación, —se trata de un hecho totalmente real sobre el que me estoy refiriendo aquí—, entre lo que hay en el zodíaco: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Ahora bien, existe una diferencia colosal entre estas siete constelaciones (arriba) y estas cinco constelaciones (abajo). Si elevan ustedes su imaginación, obtendrán para estas siete constelaciones aquí en el cosmos una entidad de apariencia masculina, y para estas cinco constelaciones una entidad de apariencia femenina, de modo que, de hecho, lo masculino y lo femenino se extienden en una forma cerrada de serpiente a lo largo del zodíaco en la visión imaginativa. Sí, ningún ser humano puede alcanzar esta imaginación sin pasar por lo siguiente. Piensen en la viruela, la cual se manifiesta a través de síntomas en el cuerpo físico. Pero imaginen que uno fuera capaz de lo siguiente. Imagínense a una persona enferma de viruela. Esa persona tendría, en su cuerpo astral y en su yo, la fuerza para extraer hoy mismo toda la enfermedad de la viruela y experimentarla únicamente en el cuerpo astral y en el yo, de modo que, en ese momento, su cuerpo físico y su cuerpo etérico se curaran. Supongamos hipotéticamente que fuera así. Lo que he descrito aquí no puede ocurrir, pero si quieren tener esta imaginación, deben pasar por lo mismo que he expuesto hipotéticamente en el caso de la viruela, sin que su cuerpo físico ni su cuerpo etérico contraigan la enfermedad. Tienen que pasar por la viruela en el cuerpo astral y en la organización del «yo», libres del cuerpo físico y del cuerpo etérico. Es decir, tienen que experimentar espiritualmente un correlato espiritual de la enfermedad física. La viruela, queridos amigos, es la imagen física del estado en el que se encuentran la organización del «yo» y el cuerpo astral cuando tienen tal imaginación. Ahora comprenderán que, en el caso de la viruela, esta influencia se produce simplemente en el propio ser humano, de la cual surge, en el conocimiento espiritual, la imaginación celestial.
Pero ahí ven ustedes cuán estrechamente está relacionada la enfermedad con la vida espiritual, no con el cuerpo físico; la enfermedad está estrechamente relacionada con la vida espiritual. La enfermedad es la imaginación física de la vida espiritual. Y como la imaginación física está ahí indebidamente, ya que no debería imitar ciertos procesos espirituales, por eso lo que en el mundo espiritual puede ser, en determinadas circunstancias, lo más elevado, en la organización física puede ser, en determinadas circunstancias, una enfermedad.
Por lo tanto, hay que entender la enfermedad de tal manera que uno se diga a sí mismo: si ciertas cosas, —que veremos mañana—, no pudieran atraer a ciertas entidades espirituales a un lugar al que no pertenecen, estas tampoco existirían en el mundo espiritual. Pero esto pone de manifiesto lo estrechamente relacionado que está el verdadero conocimiento espiritual con la enfermedad. En realidad, al reconocer lo espiritual, ya se reconoce la enfermedad. No puede ser de otra manera. Cuando uno tiene una imaginación celestial de este tipo, entonces sabe lo que es la viruela, porque no es más que la proyección física de lo que se vive espiritualmente. Así es, en el fondo, todo el conocimiento sobre la enfermedad. Se podría decir que, cuando el cielo, —o también el infierno, por supuesto—, se apodera con demasiada fuerza del ser humano, este enferma; cuando solo se apoderan de su alma y de su espíritu, se vuelve sabio, inteligente o perspicaz.
Estas son cosas que ustedes, queridos amigos, deben asimilar primero en lo más profundo de su alma. Entonces verán cuál es la misión de la antroposofía frente a la profesión médica, ya que la antroposofía muestra precisamente cuáles son los arquetipos divinos auténticos de sus imágenes demoníacas: las enfermedades. Pero esto es precisamente lo que puede llevarles cada vez más y más profundamente al reconocimiento de que es en el terreno antroposófico donde hay que buscar realmente lo que hoy se necesita como reforma de los estudios de medicina.
Traducido por J.Luelmo