CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA145 La Haya 23 de marzo de 1913 El efecto del desarrollo oculto sobre el yo y las envolturas del hombre La experiencia diferenciada de lo etérico. Adquisición del sentido del tiempo en el cuerpo etérico

Rudolf Steiner


Conferencia IV
La Haya 23 de marzo de 1913


Cuanto más se altera el cuerpo etérico del estudiante bajo la influencia de su desarrollo esotérico, más obtiene lo que se puede llamar una sensación del tiempo. Por esta sensación del tiempo, se debe entender una sensación por las experiencias de hechos y eventos, ordenados consecutivamente en el tiempo. En la vida ordinaria, un hombre no suele poseer esta sensación diferenciada del tiempo. Ahora, ya he dado una pista de cómo se despierta esta sensación del tiempo, incluso a través de la alteración en el cuerpo físico, en que a través de un desarrollo esotérico o antroposófico, el estudiante se vuelve más sensible con respecto al verano y al invierno; pero a través de la alteración en el cuerpo etérico, se vuelve mucho más viva y sensible la percepción del progreso externo de los eventos. Y el estudiante que por algún tiempo haya tratado seriamente de llevar adelante su alma, percibirá una clara diferencia entre las diversas estaciones del año; de hecho, incluso entre parte de las estaciones; gradualmente aprenderá a sentir internamente una gran diferencia entre el verano y el invierno, entre la primavera, el verano y el otoño, y también sentirá otras divisiones más cortas de ellas en el transcurso del año. El tiempo en su progresión, se convierte en una sensación viviente. Poco a poco se da cuenta de que esa vida diferenciada puede percibirse en el transcurso del tiempo. Tal como los diversos órganos en el cuerpo físico, se diferencian, tal y como se vuelven más vivos interiormente y más independientes unos de otros, así también se vuelven, las diversas estaciones del transcurso del tiempo, hasta cierto punto, más independientes entre sí. Esto está relacionado con el hecho de que con el desarrollo de su propio cuerpo etérico, el estudiante experimenta la vida en el éter externo que nos rodea por todas partes. Estamos rodeados no solo por el aire, sino también por el éter; y este éter vive una vida real en el tiempo. El éter que lo rodea es, en cierto sentido, una especie de ser vivo, y vive con diferenciaciones consecutivas, así como la vida de un hombre es diversa según las diferentes edades. El alumno aprende a sentir la vida progresiva del éter externo. Adquiere cada vez más sentimiento de lo que es la vida del éter de vida cuando llega la primavera o cuando llega el verano, cuando el verano ha alcanzado su cenit, cuando el verano declina, cuando se acerca el otoño y cuando está realmente allí. Aprende a sentirse en armonía con este curso externo, nota una clara diferencia entre la vida de verano-primavera, verano-otoño y la verdadera vida de invierno.
Esta diferenciación se vuelve cada vez más claramente perceptible, por lo que a la larga puede decir: en este éter la tierra vive una vida independiente y en la medida en que un hombre vive en el tiempo, en realidad está inmerso y forma parte de la vida alternante del éter. A mediados de verano, el estudiante siente con mayor claridad que él, con su cuerpo etérico, está, hasta cierto punto, encerrado sobre sí mismo, y que él y la tierra viven vidas separadas, de modo que entonces la tierra lo afecta interiormente poco; después, como dijimos, su atención se dirige a sí mismo, por así decirlo, y gradualmente se forma una idea de lo que quiere decir el ocultista cuando dice: el verano es realmente el tiempo de dormir de la tierra. Llegamos aquí a un asunto que, a causa de la maya externa de la cual la humanidad está continuamente rodeada, se interpreta de forma bastante errónea. En la vida externa, que se ve afectada por maya, a las personas les gusta comparar la primavera con la mañana, el verano con el mediodía y el otoño con la tarde. Esta comparación es inexacta. Si realmente deseamos comparar el curso externo de la tierra con algo en nosotros mismos, debemos comparar la primavera, el verano y el otoño en su orden consecutivo con el tiempo en que la tierra duerme, y el otoño el invierno y la primavera en orden consecutivo con el período de vigilia de la tierra. Y cuando hablamos de un Espíritu de la Tierra, debemos concebir que en esa mitad del mundo donde reina el verano, el Espíritu de la Tierra está en ese momento en la misma condición, por así decirlo, tal como nosotros los seres humanos durante nuestro estado de sueño. Por supuesto, es diferente en el caso de la tierra: el hombre alterna absolutamente entre despertar y dormir; esto no es así con la tierra, donde la vigilia y el sueño pasan, por así decirlo, de una mitad del globo a la otra; fundamentalmente, el Espíritu de la Tierra nunca duerme, pero cuando la actividad de vigilia está latente en un hemisferio, se transfiere a la otra mitad. Pero no necesitamos prestarle mucha atención a esto ahora mismo. Consideraremos la experiencia que el hombre tiene en común con la tierra. Solo un hemisferio realmente entra en consideración aquí. Tenemos que concebir que durante el verano el Espíritu de la Tierra se separa de un cierto modo de su cuerpo físico, que en ese sentido es la tierra misma, y que en lo referente a su cuerpo físico terrenal, este Espíritu de la Tierra vive la misma vida en verano como un ser humano vive durante el sueño, en relación con su cuerpo físico. Durante el tiempo de sueño, el cuerpo físico y el cuerpo etérico se encuentran sobre la cama; viven una vida puramente vegetativa.
Para la mirada oculta parece que algo se despliega en el cuerpo humano dormido, algo como una vegetación delicada, comparable a un brote de vida puramente vegetal y cómo las fuerzas que durante el estado de vigilia se agotan son regadas nuevamente por esta vida vegetativa; de modo que mientras un hombre está dormido, realmente tiene su horario de verano. Y si tuviese que mirar la vida de su cuerpo físico dormido cuando con su cuerpo astral y su Ego esta fuera del cuerpo físico, vería cómo esta vida dormida del cuerpo físico va brotando y germinando, al igual que la vida vegetal en la tierra en primavera y verano. Observaría en su cuerpo físico durante el sueño una vida veraniega vegetativa brotando y germinando.
Pero como la parte de la tierra que habitamos tiene su tiempo de dormir durante el verano, el hombre mismo con su cuerpo etérico es por lo tanto, en cierto modo más dependiente de sus propios recursos y la consecuencia de esto es que en su desarrollo esotérico el estudiante - si ha adquirido la capacidad de percibir esto, puede percibir mejor y más claramente su propio cuerpo etérico durante el verano que durante el invierno. Percibe la independencia de su cuerpo etérico, por así decirlo, y, en nuestra época, sobre todo, la independencia de la parte etérica de la cabeza, esa parte etérica subyacente al cerebro. Es una sensación muy peculiar cuando, al sentir la vida del éter de la tierra en verano, el estudiante gradualmente comienza a adquirir una especie de sentimiento interior por esa parte particular del cuerpo etérico humano que subyace en su parte más importante, que es la cabeza , y sentir esta experiencia interna como diferente en primavera, diferente en verano y de nuevo diferente en otoño. Las distinciones en esta experiencia interna se sienten tan claramente que, al igual que hablamos de una diferenciación de sus partes, en el caso del cuerpo físico, asi mismo ahora podemos hablar realmente de las variadas vidas que vivimos en el curso del verano, claramente distintas las unas de las otras. La vida que se desarrolla internamente en primavera es diferente de la que se desarrolla internamente en verano y que en otoño vuelve a ser diferente. Al hablar del cuerpo etérico, debemos en realidad hacer una división, que hoy haremos; debemos, por así decirlo, dividir una parte etérica particular, que subyace en la cabeza.
Es esto lo que voy a esbozar con unos pocos trazos. Si imaginamos a un ser humano esquemáticamente (en líneas generales), podemos pensar que este cuerpo etérico del que acabo de hablar puede ser percibido de esa manera: hacia arriba, cada vez menos perceptible, perdiéndose en la indefinición, que es coincidente con el tiempo. E incluso podemos aprender gradualmente a sentir con bastante claridad que en esta parte de nuestro cuerpo etérico, ciertos seres estaban activos, creativos, reemplazándose unos a otros, por así decirlo, en el transcurso de las diversas estaciones desde la primavera hasta el otoño; se puede observar que las estaciones han trabajado sobre esta porción cerebral de nuestro cuerpo etérico, de modo que nuestro cerebro etérico es en ciertos aspectos un órgano complicado. Ha sido ajustado, por así decirlo, por diferentes seres espirituales que desarrollan sus poderes en períodos consecutivos de tiempo. Ahora obtenemos una idea de una enseñanza muy importante, y gradualmente aprendemos a percibir la verdad de esta enseñanza, una enseñanza cultivada especialmente en las escuelas zarathustrianas. Esta, sostenía que la parte etérica del cerebro humano fue gradualmente creada a partir del cosmos espiritual por seres espirituales llamados los Amshaspands. Estos Amshaspands obraron de tal manera que regulaban, por así decirlo, durante el verano: y de hecho todavía regulan hoy, sucesivamente, la primera regulación a principios de primavera, la segunda en primavera, etc., hasta la sexta y séptima. Siete - o relativamente hablando, seis - de tales seres Espirituales trabajan consecutivamente en el tiempo; y estos son los Espíritus creativos que, precisamente trabajando de forma consecutiva, de modo que cuando uno ha terminado su actividad el siguiente se pone a trabajar, construyen un principio tan complicado como el cuerpo etérico, y especialmente el cerebro humano. Así, en nuestro cerebro, están trabajando seis o siete seres espirituales consecutivamente, y el cerebro físico del hombre solo puede ser entendido cuando somos capaces de decir: "Ahi obra un Espíritu que se puede sentir especialmente en la primavera: que envía sus fuerzas que son principalmente fuerzas etéricas; luego en la primavera llega un segundo Espíritu que a su vez envía sus fuerzas ". (Ver dibujo)
Las fuerzas etéricas de este segundo Espíritu después fluyen al mismo espacio. El tercer Espíritu a su vez envía sus fuerzas etéricas, y así se desarrolla esta parte etérica del cerebro humano; los espíritus que se suceden en períodos consecutivos envían sus fuerzas etéricas al mismo espacio.
Debemos entender claramente que solo podemos sentir ciertas relaciones de lo que en nuestro cerebro se relaciona con estos Espíritus que hoy desarrollan sus fuerzas etéricas fuera de nosotros; porque el Ocultismo nos enseña que lo que acabo de describir tuvo lugar durante el antiguo período lunar; de modo que no debemos pensar que tal vez estos Espíritus que, como si dijéramos, rigen el verano, sigan trabajando hoy y quizás sean fuerzas formativas. Los rudimentos que fueron realmente irradiados por estos Espíritus durante el período de la Antigua Luna, los trajo el hombre consigo a su existencia terrenal; pero aun cuando los lleva dentro de su propio cuerpo etérico, puede, incluso hoy, cuando estos seres espirituales ya no tienen una influencia directa en el cuerpo etérico interno de nuestro cerebro, rastrear su relación con ellos, y esto lo siente en verano. A principios de la primavera, se puede sentir al primero de estos espíritus, que hoy tiene una tarea diferente afuera en el éter; pero el estudiante siente que de él procede lo que lleva dentro de si y que lo recibió en el antiguo período lunar; lo que le hace consciente de tal relación.
Este es el estupendo descubrimiento que el alumno puede hacer en el curso de su desarrollo esotérico; que a medida que pasa el tiempo, él experimenta dentro de sí mismo algo así como una imagen de Seres Espirituales activos, que hoy tienen una tarea muy diferente de la que tenían en el pasado cuando estaban entre los Espíritus trabajando juntos creativamente en nuestro propio ser. Durante el desarrollo de la tierra, el cerebro físico apareció como imagen, como la impresión de lo que se había desarrollado como una especie de arquetipo etérico incluso durante el antiguo período lunar, a través de estas influencias cósmicas espirituales. He representado esta parte de nuestro cuerpo etérico como abierta arriba, porque esto es lo que realmente se siente que es. Tanto es así, que tan pronto como el alumno lo percibe dentro de sí mismo, tiene la sensación: "Tú te abres a los mundos espirituales; estás en relación con mundos espirituales que siempre están por encima de ti ".
Hay otro sentimiento que se desarrolla gradualmente en la vida esotérica con respecto a esta parte del cuerpo etérico. Por lo general, no es nada fácil discutir estos asuntos, pero espero que si intento expresarlos claramente, podamos comprenderlos. Cuando un estudiante comienza a sentir su cuerpo etérico, realmente se siente flotando en el fluir del tiempo. Pero por lo que respecta a esta parte etérica de la cabeza, el estudiante se siente, en cierto sentido, como si estuviese tomando el tiempo consigo, como si no solo flotara en el fluir del tiempo, sino que se lo llevase consigo. De hecho, se da el caso, que llevamos mucho con nosotros, en esta parte etérea de la cabeza, perteneciente a una época anterior, por ejemplo, llevamos dentro el período de la Antigua Luna; porque la parte más esencial de ella (de nuestra cabeza) surgió durante el período de la Antigua Luna, y en el cuerpo etéreo del cerebro llevamos con nosotros la corriente del tiempo de la antigua luna. Y cuando un estudiante comienza a sentir esto, es como un recuerdo del tiempo en la antigua luna. Quien se haya formado una idea de las experiencias internas de las que se habló en la última conferencia sobre las experiencias del temperamento, también puede entender cuándo se dice que el ocultista que aprende a sentir la naturaleza interna del cuerpo etérico de la cabeza, cuando se concentra especialmente en esta parte etérica, siempre siente esta concentración como conectada con un estado de ánimo melancólico que se apodera de él; siente en su desarrollo esotérico como si un humor melancólico se derramase en su cabeza: a partir de dicho humor gradualmente se desarrolla en su fuero interno la comprensión de las cosas presentadas a nuestros amigos en la descripción oculta de la Antigua Luna .
El desarrollo esotérico debe, por supuesto, ir mucho más allá si uno realmente describe todas las diversas condiciones sobre la Luna; pero a partir de esto verán el surgimiento de lo que puede llevar a tal descripción. Ven, que en el mismo estudiante aparece algo que puede describirse como la melancolía de su cabeza, y dentro de este estado de ánimo emerge gradualmente algo así como una visión de la memoria en un pasado primitivo, en el período de la Antigua Luna. Y sería deseable que, a partir de descripciones como las que acabamos de dar, se tuviera que juzgar cómo el desarrollo esotérico realmente avanza, cómo al comenzar con una experiencia particular, el estudiante primero aprende a reconocer esta experiencia (en este caso como un recuerdo de un primigenio pasado, que ha llevado a lo largo de la corriente de tiempo consigo hasta el presente), y aprende a desplegar de nuevo, por así decirlo, aquello que una vez se ha vivido. Juzguen según esto, que el ocultista verdaderamente no está hablando de fantasías visionarias cuando establece la construcción del universo que se remonta a los períodos de la Antigua Luna, Antiguo Sol y Antiguo Saturno, pero que si el oyente esperara pacientemente, podría - a través del análisis del descubrimiento de estas cosas - obtener una idea de cómo es posible vivir gradualmente en esas grandes y poderosas imágenes cósmicas que verdaderamente pertenecen a un pasado lejano, pero que pueden ser llamadas nuevamente desde la vida del presente; solo necesitamos alcanzar el punto de desarrollo en el que podemos experimentar y luego desplegar los pasados fenómenos del tiempo que están envueltos en nosotros.
La parte del cuerpo etérico que corresponde a la parte media del ser humano se experimenta de una manera diferente. El sentimiento externo anterior cesa; interiormente es percibido aproximadamente de tal manera que se puede decir: la porción del medio, que tiene una especie de forma ovalada, se siente separada del resto. Si tuviéramos que separar esta porción media del cuerpo etérico como una experiencia particular, deberíamos decir: Quien a través de su desarrollo esotérico también experimenta en sí mismo la vida diferenciada de esta porción media del hombre, tiene la sensación de que esencialmente esta parte de su cuerpo etérico flota exactamente con la corriente del tiempo. Y en esta parte del cuerpo etérico se siente claramente viviendo en armonía con la vida etérica de la tierra que se ha diferenciado en la secuencia del tiempo.
Un estudiante cuyo desarrollo esotérico haya avanzado aún más, siente en esta parte en particular, que a comienzos de la primavera otros Espíritus trabajan sobre él además de aquellos de mediados de verano o del otoño. Es una especie de vida en armonía con estos, como si realmente flotasen en su compañía. Esta parte de su cuerpo etérico está por lo tanto separada de la otra, y, si somos capaces de entrar en tales asuntos, el sentimiento que tenemos en esta porción media del cuerpo etérico se va alternando entre los estados de ánimo flemático y sanguíneo. Asume la mayor variedad de tonos entre ambas. Por ejemplo, esta parte del cuerpo etérico se siente acompañando la corriente del tiempo en primavera, en el cuerpo físico se expresa de forma muy diferente, y hacia el otoño se siente más como si resistiera y rechazara el flujo del tiempo.


La tercera parte de nuestro cuerpo etérico siente desvanecerse en lo indefinido y aunque se expande ampliamente, desaparece en la tierra. Estas son las tres partes del cuerpo etérico que ahora pueden sentirse, como desconectadas unas de otras; esto representa la sensación interna, el sentimiento interno del cuerpo etérico; no se presentaría de esta manera al vidente si observara el cuerpo etérico de otro ser humano, porque esta es una experiencia interna del cuerpo etérico. Esta experiencia nuevamente se modifica materialmente por la existencia de una cuarta parte del cuerpo etérico, claramente delineada como una especie de óvalo, que realmente incluye al ser humano dentro de ella. De los diversos sentimientos experimentados con respecto a esta parte del cuerpo etérico, se adquiere gradualmente un sentimiento, una impresión interna del cuerpo etérico, como de una forma externa.
Y luego el cuerpo etérico aparece como si tuviera varios matices, y en esta parte surge la impresión de estar en una especie de aura azulada o azul-violeta. Esta parte, que corresponde a la cabeza, es azulada o de color azul violeta según la naturaleza de la persona, pero gradualmente se desvanece por debajo y adquiere un color verdoso. La parte del medio es claramente de color rojo amarillento, cuando uno percibe el color, y la parte inferior tiene tonos claramente rojizos a rojo oscuro, pero se extiende y a menudo se extiende mucho.
Ahora las fuerzas que trabajan en estas cuatro partes difieren de forma evidente de modo que las sensaciones internas que producen no son muy definidas; pero al mirar este aura exterior clarividentemente desde afuera, las fuerzas en él parecen comprimir la parte superior; y mirándolo desde afuera, se da la impresión de que la parte etérica de la cabeza es exactamente de la misma forma, solo que un poco más grande. Esto se aplica también a la parte media. Cuanto más bajamos, menos se da el caso. Pero a través de las fuerzas que trabajan una sobre otra, visto desde afuera, la impresión es que el cuerpo etérico es una especie de cimiento-forma del cuerpo físico, pero que se proyecta hacia un cierto espacio más allá de él. En la parte inferior, la sensación de similitud entre el cuerpo físico y el cuerpo etérico se pierde gradualmente.
Por lo tanto, deben tener en cuenta que la experiencia interna del cuerpo etérico es diferente en carácter del cuerpo etérico manifestado externamente a la observación del vidente. Esto debe tenerse en cuenta claramente. Cuando más tarde en el desarrollo esotérico aprendan a considerar el estado de ánimo, de acuerdo con los temperamentos fundamentales basados en el cuerpo etérico y descritos en la última conferencia, parecerá que, con respecto a la parte más baja del cuerpo etérico, allí la sensación se percibe como de naturaleza colérica. Por lo tanto, los diversos temperamentos deben distinguirse en las diversas partes de nuestros cuerpos etéricos. La parte superior del cuerpo etérico es de naturaleza melancólica, la parte media alterna entre flemática y sanguínea, y la inferior tiene un tono colérico. Y les ruego definitivamente que noten que esta descripción se aplica al cuerpo etérico. No considerar esto cuidadosamente, lleva fácilmente a caer en el error si estos asuntos se toman externamente. Pero el estudiante que toma esto cuidadosamente en cuenta se sorprenderá enormemente por la concordancia de lo que se ha evidenciado con ciertos fenómenos de la vida. Estudiemos por un momento a una persona colérica; es muy interesante hacerlo.
De acuerdo con lo que acabamos de decir, en el caso de la persona colérica, la parte inferior del cuerpo etérico sería sobresaliente; predominaría sobre las otras partes. De esta manera, se muestra que la persona es colérica. Las otras partes también están desarrolladas, por supuesto; pero la parte inferior sería particularmente prominente. Pues bien,cuando la parte inferior del cuerpo etérico, como cuerpo etérico, está particularmente desarrollada y tiene allí sus vigorosas fuerzas, es siempre evidente algo más, es decir, el cuerpo físico la recibe en menor medida en estas partes, manifiesta una cierta falta de desarrollo en las partes que subyacen a esta porción del cuerpo etérico. El resultado de esto en casos coléricos pronunciados, aquellos, por ejemplo, que son fieles al patron característico, es que el estado anatómico de ciertos órganos que corresponden a esta parte del cuerpo etérico se desenvuelven mal. Por favor, lean acerca de la condición anatómica de Napoleón, y les sorprenderá la prueba que presenta de lo que les estoy diciendo. Solo cuando comencemos a estudiar estos lados ocultos de la naturaleza humana, realmente aprenderemos a comprenderlo.
Ahora pueden hacerse la pregunta: ¿Cómo concuerda lo que se dijo en la última conferencia con lo que se ha dicho hoy? Concuerda perfectamente. Luego hablamos de los cuatro temperamentos; estos están predeterminados por las fuerzas del cuerpo etérico. Y, de hecho, la vida del cuerpo etérico está relacionada con el tiempo de la misma manera que la división en miembros, la diferenciación, está relacionada con el espacio. El cuerpo físico se vuelve más penetrantemente vivo en el espacio, diferenciando a sus varios miembros por así decirlo; el cuerpo etérico se vuelve más vivo, ya que sus partes se diferencian en el tiempo; es decir, dado que la vida temporal en su orden consecutivo es comprensivamente experimentada en sus partes y miembros independientes. La característica fundamental de la persona melancólica es que siempre lleva dentro de sí algo que ha experimentado en el tiempo, un pasado. Quien es capaz de comprender el cuerpo etérico del melancólico encuentra que siempre tiene dentro de sí las vibraciones posteriores de lo que experimentó en tiempos pasados. Ahora no me refiero a lo que aquí se menciona en el caso del cerebro humano, que se refiere a los tiempos primitivos, sino a lo que generalmente se llama melancolía; la vida etérica de la cabeza se remueve particularmente en un tiempo definido, en la juventud, digamos; y luego de haber sido así removida, está tan fuertemente influenciada, que en el curso posterior de la vida el melancólico todavía lleva consigo en su cuerpo etéreo las vibraciones que se imprimieron en su juventud, mientras que con el no melancólico estas vibraciones pronto cesan. En el caso de una persona flemática o sanguínea, hay una especie de flotación con el tiempo; pero en la persona flemática hay, por así decirlo, una flotación perfectamente uniforme con la corriente del tiempo, mientras que la persona sanguínea oscila entre una experiencia interior más rápida o más lenta con respecto a la corriente del tiempo que fluye externamente. Por otro lado, la persona colérica se resiste, y esa es la peculiaridad, el tiempo que se aproxima y que nos llega, por así decirlo, desde el futuro. La persona colérica en cierto sentido rechaza el tiempo y rápidamente se libera de las vibraciones que el tiempo provoca en su cuerpo etérico. En tanto, la persona melancólica lleva dentro de sí el mayor número de vibraciones posteriores de experiencias pasadas, la persona colérica es justo al revés. Si toman la ilustración algo grotesca de la pelota bien inflada, que se comparó con el cuerpo etéreo del colérico, también pueden usar esa ilustración aquí. El balón solo queda impresionado con dificultad por los eventos consecutivos; los rechaza, y por lo tanto no permite que los eventos que vienen en la corriente de tiempo dejen fuertes vibraciones dentro de él. Por lo tanto, el colérico no los lleva por mucho tiempo dentro de si. La persona melancólica que permite que los eventos trabajen muy profundamente en su cuerpo etérico, durante mucho tiempo debe soportar las vibraciones del pasado que lleva consigo hacia el futuro.
Para comprender el cuerpo etérico y el cuerpo físico, es bueno concebir que el cuerpo físico sea preeminentemente un cuerpo espacial, y el cuerpo etérico sea preeminentemente un ser temporal. No entendemos en absoluto el cuerpo etérico si lo consideramos solo como un ser en el espacio. Y un dibujo como el que está ante ustedes es realmente solo una especie de representación pictórica en el espacio de la vida del cuerpo etérico, fluyendo en el tiempo y teniendo su existencia en el tiempo. Como la vida del propio cuerpo etérico sigue su curso en el tiempo y es una vida temporal, por esta razón también sentimos el tiempo con nuestro cuerpo etérico, es decir, experimentamos la corriente externa de eventos en el tiempo.
Cuando un hombre pasa por un desarrollo oculto, también experimenta otra corriente de eventos en el tiempo. En la vida ordinaria, esta corriente de eventos apenas se percibe; pero pronto se percibe a medida que el alma se desarrolla más. Es decir, el transcurso del día. Porque de alguna manera los Espíritus del curso anual también trabajan con fuerzas menores en el transcurso del día. ¡Es el mismo sol el que condiciona el curso del año y el del día! Aquel que ha pasado por un desarrollo esotérico pronto encontrará que existe una relación entre su cuerpo etérico y lo que sucede en el éter externo que su actitud hacia los Espíritus de la mañana, los Espíritus del mediodía y los de la tarde es diferente en cada caso. Los espíritus de la mañana nos afectan tanto que nos sentimos estimulados en nuestro cuerpo etérico a una actividad que se inclina más hacia el intelecto, hacia la razón, que puede pensar sobre lo que se ha experimentado, lo que puede trabajar más con el juicio sobre lo que ha sido observado y aún permanece en la memoria. A medida que se acerca el medio día, estos poderes de juicio declinan gradualmente; entonces un hombre siente los impulsos de la voluntad más activos interiormente. Aunque hacia el mediodía el alumno comienza a ser menos capaz de trabajar en lo que respecta a sus fuerzas externas que en la mañana, las fuerzas de su voluntad, por dentro, son más activas. Y hacia la noche llegan las fuerzas productivas que están más conectadas con la imaginación. Por lo tanto, los seres espirituales que envían sus fuerzas en las condiciones del éter de vida de la tierra difieren en cuanto a los deberes que deben realizar.
Podemos estar convencidos de que cuanto más superemos los sentimientos materialistas que pertenecen a nuestra época, más nos daremos cuenta de que debemos aprender a tener en cuenta la adaptación del cuerpo etérico a la secuencia del tiempo. Llegará un tiempo en que se considerará curioso que en la escuela deba ser estudiado un tema en la mañana, que hace afirmaciones especiales sobre los poderes de la imaginación. En el futuro, esto se considerará tan extraño como lo sería hoy si alguien se pusiera un abrigo de piel en agosto y una prenda ligera a mediados de invierno. Es cierto, todavía estamos muy lejos de este día; pero llegará antes de lo que la gente realmente piensa. Llegará un día en que será la costumbre habitual (habrá una vez más una diferencia entre el verano y el invierno), llegará un momento en que las personas verán que es una tontería organizar las horas de clase que hace que se dispongan durante varias horas trabajar en la mañana, para dejar varias horas libres a la mitad del día y luego dedicar varias horas nuevamente a trabajar por la tarde. Tal vez esto no se considere práctico de acuerdo con nuestra división actual del tiempo: pero vendrá el día en que se preste atención a los requisitos de la naturaleza humana. Las horas de la mañana se dedicarán a las matemáticas, las horas de la tarde a la poesía. Ahora estamos viviendo en una época en la que, en razón de la visión materialista que ahora está en su apogeo, la comprensión de estas cosas está completamente desbordada; de modo que en la actualidad, aquello que un día, cuando se tiene en cuenta la naturaleza completa del hombre, nos parecería lo más razonable, ahora parece ser lo más necio.
Otro resultado será que durante el invierno, a través del desarrollo esotérico, sentiremos más y más que no estamos tan encerrados en nosotros mismos, en nuestro cuerpo etéreo interno, como lo estamos durante el verano, sino que estamos más conectados con el Espíritu directo de la tierra. La diferencia es tan sentida que durante el verano decimos: 'Ahora estamos viviendo con los Espíritus que han obrado en nosotros desde tiempos inmemoriales, cuyo trabajo llevamos dentro, mientras que el Espíritu directo de la Tierra está más lejos de nosotros. En invierno, las vibraciones internas, que desde la antigüedad hemos llevado con nosotros, especialmente en la cabeza, se volverán más silenciosas; nos sentiremos conectados con el Espíritu de la Tierra; aprenderemos a entender que el Espíritu de la Tierra está despierto en invierno. Así como en verano duerme, por consiguiente en invierno despierta. Durante el verano, el Espíritu de la Tierra ve brotar la vida vegetal, de la misma manera que el hombre durmiente ve las fuerzas vegetativas brotar en su propio cuerpo. Durante el invierno se retiran, justo igual que cuando el hombre está despierto, estas fuerzas vegetativas en el cuerpo humano se retiran. En invierno, el Espíritu de la Tierra está despierto; la tierra está unida, por así decirlo, con el Espíritu que despierta, así como un ser humano durante su período de vigilia se une con su Espíritu despierto. La consecuencia es que cuando a través de una vida esotérica el alumno se vuelve sensible a ella, aprende a sentir que en verano debe pensar, debe elaborar sus pensamientos, pero no sus inspiraciones. Estos provienen de lo que está dentro, del cuerpo etérico independiente. En invierno uno, sin embargo, se inspira más fácilmente en los pensamientos que en verano, de modo que el pensamiento humano en invierno funciona más como una inspiración que en verano. En un sentido particular, el pensamiento humano fluye tan fácilmente en el invierno que proviene de sí mismo, en cierto modo. Por supuesto, estas condiciones se combinan de diversas maneras. Pueden tomar una forma bastante individual en ciertas personas, de modo que si una persona está más inclinada a tener pensamientos que tienden a lo suprasensible, esto puede revertirse. A través del hecho de que durante el verano es más fácil producir estos pensamientos de lo suprasensible, puede ocurrir exactamente lo contrario. Pero en lo que respecta a la experiencia del cuerpo etérico, lo que acabo de decir es válido.
Esta vida particular en simpatía con el principio etérico externo se vuelve más perceptible cuanto más progresa el estudiante en su desarrollo esotérico. Y si desea desarrollar su cuerpo etérico de la manera correcta, debe gradualmente, de la misma manera que primero tuvo que suprimir la percepción sensible, también cerrar sus pensamientos; debe cerrar especialmente su pensar abstracto y pasar gradualmente al pensamiento concreto y pictórico; del pensar debe pasar al pensamiento, y luego debe dejar de pensar en absoluto. Pero cuando presenta una conciencia vacía, y permite que cese todo pensamiento, de la manera descrita en la segunda parte de mi libro, La ciencia oculta un bosquejo, siente que el pensamiento que vive dentro de él desaparece, y lo que ha producido previamente por su esfuerzos como su pensar se desvanece; y en su lugar se siente maravillosamente animado por pensamientos que fluyen hacia él como procedentes de mundos desconocidos para su beneficio especial. Es una transición en la vida del alma humana que puede describirse diciendo, "Ruego que no malinterpreten la expresión", que el alumno deja de ser inteligente y comienza a hacerse más sabio. Una idea muy definida puede relacionarse con esto. La astucia, que se adquiere interiormente a través del poder del criterio, la habilidad, (una posesión terrenal), desaparece. La actitud interna del alumno es tal que no la valora especialmente, ya que poco a poco siente brillar en él una sabiduría dada por Dios. "Ruego nuevamente que no malinterpreten la expresión"; porque esta experiencia le permite a uno usar la expresión sin arrogancia, usarla con toda humildad y modestia. Con respecto a la sabiduría dada por Dios, el estudiante constantemente se vuelve más y más humilde. Realmente solo podemos sentirnos orgullosos y arrogantes por la astucia propiamente adquirida, y por la llamada habilidad, pero cuando uno pasa por esta experiencia uno gradualmente siente como si esta sabiduría, esta sabiduría dada por Dios, fluyese hacia el cuerpo etérico de uno y lo llenase. Es muy importante tener esta experiencia, ya que afecta al estudiante de una manera peculiar; luego siente que la vida se va, flotando en el fluir del tiempo. Y la corriente de la sabiduría es algo que viene hacia él, algo que, se derrama en él como una corriente que avanza; y realmente siente esta afluencia -como se describe pictóricamente- como corrientes, pero corrientes que fluyen contra el curso del tiempo, que entran por la cabeza y se vierten en el cuerpo y son atrapadas por él.
Lo que acabo de describir se desarrolla gradualmente en una experiencia muy definida. El estudiante ya no se siente en el espacio; porque aprende a sentir el cuerpo etérico, que es un ser temporal; aprende a avanzar en el tiempo y a encontrarse continuamente, por así decirlo, con los Seres Espirituales que vienen hacia él desde el otro lado del cosmos, que vienen hacia él desde el futuro y le otorgan sabiduría. El sentimiento de recibir esta sabiduría solo puede alcanzarse cuando el desarrollo esotérico u oculto ha sido dirigido de tal manera que uno ha desplegado un sentimiento que el alma pone en juego de manera especial sobre todos los eventos futuros; cuando uno ha desarrollado la compostura con respecto a lo que el futuro puede traernos, es decir, lo que la experiencia constante nos trae. Si todavía nos acercamos a lo que la experiencia nos trae con fuertes dosis de simpatía y antipatía, si aún no hemos aprendido a tomar el Karma con seriedad; es decir, si no hemos aprendido a aceptar lo que el Karma trae y lo soportamos con paciencia, entonces todavía no podemos tener esa perceptividad especial para la sabiduría que fluye hacia nosotros; porque solo de la experiencia que se experimenta con calma allí es diferenciada en nuestro ser la corriente de sabiduría brillante y entrante. Esta perceptividad marca un punto muy definido en nuestra experiencia esotérica, el punto al que venimos, y que realmente solo podemos alcanzar cuando, con devota gratitud y tranquilidad, recibimos cada experiencia que nos llega. El cambio de nuestro cuerpo etérico que tiene lugar en un verdadero desarrollo esotérico nos permite hacer esto, porque, entre otros requisitos para el desarrollo, también se espera que adquiramos tranquilidad y una verdadera comprensión de nuestro Karma, de modo que no atraigamos mediante la simpatía y antipatía lo que está por venir, o nos resistamos a lo que nos concierne, sino que aprendamos a soportar nuestro Karma como una corriente constante de experiencia. Este aprendizaje de llevar nuestro Karma forma parte de nuestro desarrollo esotérico, y es esto lo que nos permite transformar nuestro cuerpo etérico de modo que gradualmente aprenda más y más a percibir la vida etérea externa que lo envuelve.
Traducido por Julio Luelmo ago, 2015

GA145 La Haya 22 de marzo de 1913 El efecto del desarrollo oculto sobre el yo y las envolturas del hombre -La evolución de los sentidos humanos La percepción del ser etérico a través de una conciencia onírica del sistema muscular,


Rudolf Steiner

Conferencia III

La Haya 22 de marzo de 1913

Los cambios que tienen lugar en el alumno con respecto a su sistema muscular, a través de su desarrollo oculto y especialmente en lo que respecta a sus sentidos, sus órganos sensoriales, conducen, por así decirlo, desde el sistema físico de envolturas del hombre hasta el sistema etérico, el cuerpo etérico. Con respecto al sistema muscular, el alumno no solo siente que este sistema muscular se está volviendo cada vez más móvil, como lo mismo se puede decir con respecto a los otros órganos físicos, sino que, además de estar más vivo, siente que este sistema muscular está impregnado de una delicada conciencia interior. Es como si la conciencia en realidad se extendiera al sistema muscular. Y sin imprecisión, hablando por así decirlo en paradoja sobre esta experiencia, podríamos decir que en el curso de su desarrollo esotérico, el estudiante gradualmente toma conciencia de sus varios músculos y su sistema muscular de una manera vaga interna; él siempre lleva consigo su sistema muscular de tal manera que entretiene pensamientos vagos, sueños de su actividad en medio de su conciencia normal de vigilia.
Siempre es muy interesante captar la razón de este cambio de la envoltura física porque en esta percepción el estudiante tiene algo que le informa que en cierta dirección ha progresado. Cuando comienza a sentir sus diversos músculos, de modo que cuando, por ejemplo, contrayéndolos y extendiéndolos, es apenas consciente de lo que está sucediendo, tiene un tenue sentimiento de simpatía que significa: algo está sucediendo en los músculos. Cuando los movimientos de sus músculos se convierten en ideas para él, es una prueba de que está comenzando a sentir gradualmente el cuerpo etérico impregnando el cuerpo físico; porque lo que realmente siente son las fuerzas del cuerpo etérico que están activas en los músculos. De modo que cuando un hombre comienza a tener una sensación sombría de sus varios músculos, una conciencia soñadora de sí mismo, por así decirlo, al igual que en los libros de texto sobre anatomía uno puede ver la imagen de un hombre cuya piel se ha eliminado de modo que solo los músculos aparecen, es el comienzo de la percepción del cuerpo etérico. De hecho, cuando uno comienza a percibir la entidad etérica, es en cierto sentido como este "sacarse la piel" y tener una conciencia oscura de los miembros de uno como si se tratara de un muñeco articulado.
Menos cómodo, pero no obstante presente, es la sensibilidad cuando el sistema óseo comienza a perfilarse sobre la conciencia. Esta es una sensación más incómoda, porque tomar conciencia de este sistema óseo es ser golpeado forzosamente por el hecho de aumentar la edad. No es precisamente agradable notar la facultad de sentir con respecto al sistema óseo, que generalmente no se siente en la vida ordinaria; pero un hombre comienza a sentir su sistema óseo como algo parecido a una sombra dentro de él, cuando se desarrolla etéricamente. Y luego se da cuenta de que la representación simbólica de la muerte como esqueleto estaba en concordancia con cierta facultad clarividente de la humanidad en los tiempos primitivos, ya que sabían que en su esqueleto, un hombre aprende gradualmente a acercarse a la muerte.
Pero mucho más significativo que todo esto es la experiencia que el alumno tiene durante su desarrollo esotérico o antroposófico con respecto a sus órganos de los sentidos. Ahora sabemos que estos órganos de los sentidos realmente deben ser despojados cuando el alumno experimenta un desarrollo esotérico; deben estar en silencio, por así decirlo. Los órganos de los sentidos físicos sienten así que durante el desarrollo esotérico son condenados, por así decirlo, a la inactividad; están desconectados. Ahora bien, cuando están desconectados como órganos de los sentidos físicos, algo más viene a su lugar. El estudiante primero se vuelve gradualmente consciente de los órganos de los sentidos como mundos distintos que lo penetran. Aprende a sentir el ojo, los oídos, incluso el sentido calórico. Pero lo que él aprende a sentir no son los órganos de los sentidos físicos, sino las fuerzas etéricas, las fuerzas del cuerpo etérico, que actúan constructivamente sobre los órganos de los sentidos. De modo que cuando interrumpe la actividad de los sentidos, ve la naturaleza de estos órganos de los sentidos apareciendo como otros tantos órganos etéricos que lo penetran. Es extremadamente interesante.
A medida que durante su desarrollo esotérico el estudiante cierra los ojos, por ejemplo, y ya no piensa en la vista física, en esa misma medida aprende a reconocer algo que penetra en su propia organización como organismos de luz, entonces realmente aprende a reconocer que los ojos se han formado gradualmente a través del trabajo de las fuerzas interiores de la luz sobre nuestro organismo. Porque durante el tiempo que se retira toda la actividad de los ojos físicos, siente que el campo de visión está impregnado por fuerzas de luz etéricas que organizan los ojos. Este es un fenómeno peculiar: cuando uno cierra los ojos, aprende a través de ellos a conocer las fuerzas de la luz. Todas las teorías físicas no son nada en comparación con el conocimiento de la naturaleza interna de la luz y su actividad que el estudiante experimenta cuando se ha acostumbrado a eliminar el poder visual de los ojos y gradualmente se vuelve capaz, en lugar del uso físico de los ojos, a percibir la naturaleza interna de las fuerzas etéricas de la luz.
El sentido del calor está en un nivel inferior, por así decirlo, y es extremadamente difícil realmente aislar la sensibilidad al calor y al frío; este fin se logra mejor durante el desarrollo esotérico, tratando de no ser perturbado durante el tiempo de meditación, por ninguna sensación de calor. Por lo tanto, es bueno realizar meditación mientras se está rodeado por una temperatura que no sea ni caliente ni fría, de modo que ninguna sensación produzca irritación. Si esto se puede hacer, la naturaleza interna del éter calórico que se irradia a través del espacio puede ser gradualmente reconocida, solo entonces un estudiante se siente en su propio cuerpo como si estuviera permeado por la verdadera actividad del éter calórico. Al no tener ya la percepción externa del calor, puede aprender la naturaleza del éter calórico a través de sí mismo.
Al interrumpir el sentido del gusto -por supuesto, se interrumpe durante los ejercicios esotéricos-, pero cuando logra la facultad de invocar la sensación del gusto como recuerdo, se convierte en el medio para reconocer el llamado éter químico, aún más fino que el éter lumínico. Esto tampoco es muy fácil, pero puede ser experimentado.
De la misma manera, al desconectar el sentido del olfato, uno puede reconocer el éter de vida.
El cierre del sentido auditivo proporciona una experiencia única. Para esto, sin embargo, debe alcanzarse tal poder de abstracción, que incluso si algo audible está sucediendo, no se escucha. Todo lo audible debe ser cerrado. Luego vienen hacia uno, como si estuvieran perforando el organismo, las fuerzas en el cuerpo etérico que organizan nuestro órgano auditivo. De este modo, se realiza un descubrimiento notable. Estas cuestiones realmente pertenecen a los secretos de regiones aun cada vez más elevadas. Por lo tanto, no hay dificultad en afirmar que no es posible comprender todo de una vez todo lo que se dice con respecto a las experiencias con un sentido como el de la audición. Hacemos el descubrimiento de que este oír, tal como el hombre lo posee en su maravillosa organización, no podría haber sido formado a través de las fuerzas etéricas que actúan alrededor de la tierra como tales. Las fuerzas de la luz, las fuerzas etéricas de la luz que actúan alrededor de la tierra están conectadas internamente con la formación de nuestros ojos; aunque los cimientos de los ojos ya existían, sin embargo, por la formación del ojo, por su posición en el organismo, está conectado internamente con las fuerzas del éter lumínico de la tierra. De la misma manera, nuestro sentido del gusto está conectado con las fuerzas del éter químico de la tierra, a partir de las cuales se desarrolla en su mayor parte. Nuestro sentido del olfato está conectado con el éter de vida de la tierra; está organizado casi exclusivamente desde el éter de vida que actúa alrededor de la tierra. Pero cuando nuestro órgano auditivo se encuentra con el ocultismo durante el desarrollo esotérico, nos muestra que debe una parte infinitesimal de su ser a las fuerzas etéricas que actúan alrededor de la tierra. Podría decirse que las fuerzas etéricas que actúan alrededor de la tierra han dado el toque final a nuestro órgano auditivo ; pero este último ha sido tan influenciado por estas fuerzas etéricas que realmente lo han hecho, no más perfecto, sino más imperfecto; porque solo pueden trabajar sobre el oído mediante sus actividades en el aire, que continuamente les ofrece resistencia. Por lo tanto, podemos decir, aunque sea una paradoja, que nuestro órgano auditivo es la manifestación degenerada en la Tierra de una organización mucho más delicada que existía previamente; y en esta etapa, a través de su propia experiencia, el estudiante en desarrollo sabrá que trajo los oídos, el órgano auditivo completo, consigo a la tierra cuando hizo su camino desde la antigua Luna a la Tierra; de hecho, encontrará que este órgano auditivo era mucho más perfecto en la Luna antigua que en la tierra. Con respecto al oído, gradualmente aprendemos a sentir - a menudo nos vemos obligados a usar expresiones paradójicas - que podemos estar tristes por este pensamiento, porque el oído pertenece a aquellos órganos que, en toda su disposición, en toda su estructura, son el testimonio de las perfecciones del pasado. Y quien se acerca gradualmente a la experiencia que hemos indicado brevemente entenderá al ocultista que realmente obtiene su conocimiento de poderes aún más profundos, el ocultista que le dice: en la Antigua Luna, el oído tenía mucho más significado para el hombre del que ahora tiene. En aquellos tiempos, el oído le permitía vivir por completo, por así decirlo, en la música de las esferas que aún resonaban, en cierto sentido, en la Antigua Luna. El oído estaba tan relacionado con los sonidos de la música de las esferas, que, aunque débil en comparación con lo que había sido antes, todavía sonaba en la Luna; estaba tan relacionado con estos sonidos que los recibía. A causa de su perfección en la Antigua Luna, el oído estaba, por así decirlo, siempre inmerso en la música. Esta música en la Antigua Luna todavía se impartía a toda la organización humana; estas olas de música aún permeaban la organización humana en la Antigua Luna y la vida interior del hombre simpatizaba con toda la música que le rodeaba, adaptado a todo el entorno musical; el oído era el órgano de comunicación, de modo que la esfera externa -la música podía ser imitada en los correspondientes movimientos internos. En la Antigua Luna, el hombre todavía se sentía como una especie de instrumento sobre el cual actuaba el cosmos con sus fuerzas, y los oídos en su perfección eran en aquel tiempo en la antigua luna, intermediarios entre los músicos del cosmos y el instrumento del organismo humano. Así, la disposición actual del órgano auditivo sirve para despertar una remembranza, relacionada con la idea de que, por una especie de deterioro del órgano auditivo, el hombre se ha vuelto incapaz de escuchar la música de las esferas; se ha emancipado de ella, y solo puede captar el reflejo de la música de las esferas en la música del presente, que, sin embargo, solo puede, en realidad, actúa en el aire que rodea la tierra.
También surgen experiencias con respecto a otros sentidos, pero se vuelven cada vez más y mas indefinidas, y sería de poca utilidad seguir las experiencias relacionadas con otros órganos sensoriales, por la simple razón de que es difícil de explicar por medio de las ideas humanas comunes estos cambios que tienen lugar en uno a través del desarrollo esotérico. Por ejemplo, ¿De qué serviría lo que el hombre puede experimentar ahora en la tierra si tuviéramos que hablar del sentido del lenguaje? (no me refiero al sentido del habla), Aquellos que escucharon la conferencia sobre Antroposofía en Berlín ya saben que hay un sentido especial para el lenguaje. Así como hay un sentido para el sonido, también existe un sentido especial, que solo tiene un órgano interiormente pero no externamente, para la percepción de la palabra hablada. Este sentido se ha deteriorado aún más, por lo que hoy queda un último eco de lo que era, por ejemplo, en la Antigua Luna. Lo que hoy se ha convertido en el sentido del lenguaje, la comprensión de las palabras de nuestros semejantes, servía en la Antigua Luna para permitir a un hombre sentirse conscientemente en todo el entorno, con conciencia imaginativa, para moverse alrededor de la Antigua Luna, por así decirlo. Allí, el sentido del lenguaje dictaba los movimientos a realizar y mostraba cómo encontrar el camino. Un conocimiento gradual de esto experimentando el sentido del lenguaje se hace cuando el estudiante adquiere una percepción del valor interno de las vocales y consonantes, como se ejemplifica en oraciones manométricas. Pero lo que el hombre terrenal generalmente logra a este respecto no es más que un débil eco de lo que el sentido del lenguaje fue en un momento dado.
Así pueden ver cómo el alumno adquiere gradualmente la percepción de su cuerpo etérico; comprobando a la vez, que aquello de lo que se aparta en su desarrollo oculto, a saber, la actividad de sus sentidos físicos, lo compensa por otro lado, porque lo conduce a la percepción de su cuerpo etérico. Pero es peculiar que cuando experimentamos las percepciones del cuerpo etérico del que acabamos de hablar, sentimos como si en realidad no nos pertenecieran a nosotros, sino como ya dijimos, como si nos penetraran desde afuera. Sentimos el cuerpo de luz como si estuviese perforado en nosotros, sentimos algo así como un movimiento musical inaudible en la tierra penetrándonos a través de nuestro oído; el éter calorico, sin embargo, no lo sentimos como penetrándonos sino impregnándonos; y aprendemos a sentir en vez del gusto eliminado, la actividad del éter químico que actúa en nosotros, etc. Por lo tanto, en comparación con lo que se conoce como la condición normal, el alumno siente que su cuerpo etérico se transforma, como si se injertaran otras condiciones en él desde fuera, por así decirlo.
Sin embargo ahora, el alumno comienza a percibir su cuerpo etérico más directamente. El cambio más sorprendente que tiene lugar en el cuerpo etérico, que muchos no aprecian en absoluto, y que no se reconoce como un cambio en el cuerpo etérico, (aunque lo es) es, que como resultado del desarrollo esotérico o antroposófico se vuelve muy claramente evidente que el poder de la memoria comienza a disminuir algo. A través del desarrollo esotérico, la memoria ordinaria casi invariablemente sufre disminución. Al principio, la memoria se vuelve más pobre. Si el estudiante no desea tener una memoria menos eficiente, no puede experimentar un desarrollo esotérico. Especialmente esa memoria deja de estar fuertemente activa, lo que puede describirse como la memoria mecánica, mejor desarrollada en los seres humanos en la infancia y la juventud y generalmente significa cuando se alude a la memoria. Muchos esoteristas tienen que quejarse de la disminución de su memoria, porque pronto se vuelve perceptible. En cualquier caso, esta disminución de la memoria se puede observar mucho antes de que uno perciba las cosas más delicadas que acabamos de explicar. Pero como el estudiante, al seguir un entrenamiento antroposófico correcto, nunca puede sufrir lesiones en su cuerpo físico, a pesar de que se está volviendo más móvil, tampoco su memoria se verá perjudicada por mucho tiempo. Pero se debe tener sumo cuidado de hacer lo correcto. Con respecto a la organización física, mientras que el cuerpo externo se está volviendo más flexible, mientras que sus órganos se vuelven cada vez más independientes, es por lo que se hace más difícil que antes ponerlos en armonía, se debe buscar la fuerza interna. Esto se hace por medio de los seis ejercicios descritos en la segunda parte de mi libro, Un bosquejo de la ciencia oculta (capítulo V.). El estudiante que se preocupa de adquirir estas cualidades de la manera correcta se dará cuenta de que gana tanta fuerza interior como pierde fuerzas mediante el desarrollo esotérico, de modo que pueda mantener bajo control su cuerpo físico más móvil.
Ahora, en lo que respecta a la memoria, también debemos hacer lo correcto. Perdemos la memoria que pertenece a la vida externa: pero no debemos sufrir ninguna lesión si nos ocupamos de desarrollar más interés, un interés más profundo en todo lo que nos afecta en la vida, más preocupación que hasta ahora. Debemos adquirir especialmente un comprensivo interés por las cosas que para nosotros son importantes. Anteriormente desarrollábamos una memoria más mecánica, y el funcionamiento de esta memoria mecánica era completamente confiable por un tiempo, aunque no hubiera un interés particular por las cosas observadas; pero esto cesa. Se notará que cuando se somete a un desarrollo antroposófico o esotérico es fácil olvidar cosas. Pero solo vuelan esas cosas para las cuales uno no tiene un interés comprensivo, que a uno no le interesa en particular, que no se vuelven parte del alma de alguien, por así decirlo. Por otra parte, lo que atrae al alma se fija más en la memoria. Por lo tanto, el estudiante debe intentar sistemáticamente llevar esto a cabo. Se puede experimentar lo siguiente. Imaginemos a un hombre en su juventud, antes de llegar a la Antroposofía cuando leía una novela, no podía olvidarla; él podría relatarla una y otra vez. Más tarde, cuando entró en la Antroposofía, si lee una novela, muy a menudo se desvanece de su mente; él no puede ya relatarla . Pero si un alumno toma un libro del cual le han dicho, o se lo dice a sí mismo, que puede ser valioso, lo lee una vez y luego intenta repetirlo mentalmente, y no solo para repetirlo, sino para repetirlo hacia atrás, lo último es lo primero que importa y lo primero, es lo último; si se toma la molestia de repasar ciertos detalles una segunda vez, si se siente tan absorto en él que incluso toma un trozo de papel y escribe breves pensamientos sobre él, y trata de plantear la pregunta: ¿Qué aspecto de este tema me interesa especialmente?. Entonces encontrará que de esta manera desarrolla un tipo diferente de memoria. No será la misma memoria. Al usarla, la diferencia se puede observar con precisión. Cuando usamos la memoria humana, las cosas vienen a nuestra alma como recuerdos; pero si, de la manera que acabamos de describir, sistemáticamente adquirimos una memoria como esoterista o antropósofo, entonces es como si las cosas así experimentadas hubieran permanecido estancadas en el tiempo. Aprendemos a mirar atrás al tiempo, por así decirlo, y parece como si estuviéramos mirando lo que estábamos recordando; de hecho, notaremos que las cosas se vuelven cada vez más parecidas a las imágenes y que la memoria es cada vez más imaginativa. Si hemos actuado de la manera que acabamos de describir -por ejemplo, con un libro-, cuando sea necesario traerlo a nuestra mente de nuevo, solo tenemos que encontrarnos con algo relacionado de alguna manera con él, y miraremos hacia atrás, por así decirlo, a aquella ocasión en que estábamos estudiando el libro, y nos vemos leyendo. El recuerdo no surge, pero aparece la imagen completa. Entonces podemos notar que, mientras que anteriormente solo leíamos el libro, ahora los contenidos realmente aparecen. Los vemos a distancia en el tiempo; la memoria se convierte en una visión de imágenes a una distancia en el tiempo. Este es el primer comienzo, elemental para estar seguro, de aprender gradualmente a leer el Registro Akáshico. La memoria se reemplaza por aprender a leer en el pasado. Y muy a menudo un hombre que ha pasado por un cierto desarrollo esotérico puede haber perdido casi por completo su memoria, pero no está peor por eso, porque ve las cosas en retrospectiva. Él ve aquellos con los que él mismo estaba relacionado, con una claridad especial. Ahora estoy diciendo algo que, si se dijera a alguien que no esté relacionado con la antroposofía, solo lo haría reír. No podría evitar reírse, porque tampoco podría formarse una idea de lo que significa cuando un esoterista le dice que ya no tiene ningún recuerdo y sin embargo, sabe muy bien lo que sucedió, porque puede verlo en el pasado. El primer hombre diría: 'Lo que tienes es en realidad un excelente recuerdo', porque no puede concebir el cambio que ha tenido lugar. Es un cambio en el cuerpo etérico quien lo ha provocado.
Después, como regla, este cambio de la memoria está relacionado con algo mas, en otras palabras, nos formamos, podríamos decir, una nueva opinión sobre nuestro hombre interior. Porque no podemos adquirir esta visión retrospectiva sin adoptar al mismo tiempo un cierto punto de vista con respecto a nuestra experiencia. Así, cuando en una fecha posterior un hombre mira hacia atrás a algo que ha hecho, como en el caso descrito anteriormente sobre el libro, por ejemplo, cuando se ve a sí mismo en esa posición, él, por supuesto, tendrá que juzgar por sí mismo si era sabio o insensato para ocuparse de sí mismo. Con esta retrospectiva, se tiene estrechamente otra experiencia, a saber, una especie de auto crítica. El alumno en esta etapa no puede hacer otra cosa que definir su actitud hacia su pasado. Se reprochará a sí mismo acerca de algunas cosas; se alegrará de haber alcanzado otras. En resumen, por lo demás no puede hacer otra cosa que juzgar el pasado que estudia así que, de hecho, se convierte en el juez más severo para sí mismo, de su vida pasada. Siente en su interior que el cuerpo etérico se está activando, el cuerpo etérico que, como puede verse en la retrospectiva después de la muerte, contiene en sí todo su pasado; siente este cuerpo etérico como incluido en sí mismo, como algo que vive en él y define su valor. De hecho, tal cambio tiene lugar en el cuerpo etérico que muy a menudo siente el impulso de hacer esta auto retrospectiva y observar una cosa u otra, a fin de aprender de manera bastante natural a juzgar su propio valor como hombre. Mientras que en la vida ordinaria se vive sin ser consciente del cuerpo etérico, en la visión retrospectiva de la propia vida se puede percibir, y esto despierta gradualmente en el estudiante un impulso a realizar mayores esfuerzos cuando experimenta un desarrollo esotérico. La vida esotérica hace necesario que uno preste más atención a los méritos y deméritos de uno y a los errores e imperfecciones.
Pero algo más profundo se vuelve perceptible, relacionado con el cuerpo etérico, algo que también podía percibirse anteriormente, aunque no tan fuertemente: ese algo es el propio temperamento de uno. Sobre el cambio del cuerpo etérico depende la mayor sensibilidad del ferviente antropósofo o esoterista hacia su propio temperamento. Tomemos nota de un caso especial en el que esto se puede observar particularmente, es decir, en una persona de temperamento melancólico, inclinado a la melancolía, una persona de un temperamento tan melancólico que no se ha vuelto esotérico, ni ha estudiado Antroposofía, y pasa por el mundo de tal manera, que muchas cosas lo hacen ser hosco y malhumorado, muchas cosas le hacen sacar su crítica demasiado desaprobadora, y se acerca a las cosas por regla general de tal manera que despiertan su simpatía y antipatía con más fuerza que lo harían quizás en el caso de una persona flemática. Cuando una persona melancólica de tal disposición, ya sea del tipo intenso que se inclina a la melancolía, a alejarse, a despreciar, a odiar al mundo entero, o el grado más leve de mera sensibilidad a la opinión general, (hay muchos grados y matices entre estos dos) cuando esa persona entra en un desarrollo esotérico o antroposófico, su temperamento se convierte esencialmente en la base desde la que percibir su cuerpo etérico. Se vuelve susceptible al sistema de fuerzas que produce su melancolía y lo percibe claramente dentro de él y mientras que antes simplemente volcaba su descontento contra las impresiones externas recibidas del mundo, ahora comienza a volver este descontento contra sí mismo. Es muy necesario que en un desarrollo esotérico el auto conocimiento se ejerza con cuidado, y que el estudiante inclinado a la melancolía debe ejercer esta introspección, que le permita tomar este cambio en silencio y con calma. Porque mientras que antes el mundo era muy a menudo odioso para él, ahora se vuelve odioso consigo mismo; comienza a criticarse a sí mismo, por lo que obviamente está insatisfecho consigo mismo. Solo podemos juzgar estas cosas correctamente, mis queridos amigos, cuando vemos lo que llamamos el temperamento de la manera correcta. Una persona melancólica es simplemente porque en él se acentúa el temperamento melancólico; porque fundamentalmente cada ser humano tiene los cuatro temperamentos en su alma. En ciertas cosas, una persona melancólica también es flemática, en otros es optimista, en otros, colérico; el temperamento melancólico solo se destaca más prominente en él que el flemático, sanguíneo y colérico. Y una persona flemática no es que no posea otro temperamento que el flemático, sino que en él el temperamento flemático es más prominente, y los otros temperamentos permanecen más en el fondo de su alma. Es lo mismo con los otros temperamentos.
Ahora bien, así como el cambio en el cuerpo etérico de la persona decididamente melancólica adopta la forma de volverla contra sí mismo, por así decirlo, también lo hacen los cambios y las nuevas sensaciones que aparecen con respecto a las otras cualidades temperamentales. Pero, a través del sabio auto conocimiento, el desarrollo esotérico puede provocar una sensación inequívoca de que las travesuras ocasionadas por el temperamento predominante pueden ser reparadas produciendo también cambios en los otros temperamentos, cambios que compensarán, por así decirlo, el principal cambio en el temperamento predominante. Solo es necesario reconocer cómo aparecen los cambios en los otros temperamentos.
Supongamos que una persona flemática se convierte en esotérica, será difícil para él, pero supongamos que pueda ser un esoterista realmente bueno. La persona flemática que recibe impresiones fuertes a veces es impotente contra ellas; de modo que a menudo el temperamento flemático, si no está demasiado corroído por el materialismo, no es en ningún sentido una condición a priori mala en absoluto para un desarrollo esotérico; solamente debe aparecer en una forma más noble que en su habitual manifestación distorsionada. Cuando tal persona flemática se convierte en esoterista, el temperamento flemático cambia de manera peculiar. La persona flemática tiene entonces una fuerte inclinación a observarse a sí mismo con mucho cuidado, y por esta razón el temperamento flemático al que este proceso causa el minimo dolor, no es una mala condición a priori para un desarrollo esotérico cuando se puede entrar en él, porque está prácticamente adaptado a una cierta auto-observación calmada. Lo que la persona flemática percibe dentro de si, no lo perturba como lo hace a la persona melancólica y por lo tanto, cuando hace auto-observaciones, por lo general lo hace incluso más en profundidad que los de la persona melancólica, que es positivamente retenida por su ira contra sí mismo. Por lo tanto, una persona flemática es, por así decirlo, la mejor alumna para el desarrollo antroposófico serio.
Como ya se dijo, cada hombre tiene dentro de sí todos los temperamentos, y en el caso de una persona melancólica predomina el temperamento melancólico. Aunque también tiene dentro de si, por ejemplo, el temperamento flemático. En la persona melancólica siempre podemos encontrar aspectos que prueban que es un individuo flemático en lo tocante a ciertas cosas. Ahora, si la persona melancólica se convierte en esotérica, mientras que por un lado, seguramente se pondrá a trabajar severamente sobre sí mismo, de modo que los auto reproches están obligados a pasar, si uno puede conducirlos de alguna manera, su atención debería dirigirse a las cosas con respecto a las cuales antes era flemático. Su interés debe despertarse en cosas para las que antes no tenía ninguna. Si esto se puede lograr, entonces los males producidos a través de su melancolía quedan paralizados en cierta medida.
La característica de la persona sanguinea (optimista) en la vida externa es que le gusta apresurarse de una impresión a otra, es reacio a limitarse a una sola impresión. Tal persona se convierte en un esotérico peculiar. Cambia de manera muy peculiar a través de la alteración de su cuerpo etérico: en el momento en que trata de adquirir esoterismo, intenta impartirlo, se vuelve flemático hacia su propio ser interior, de modo que bajo ciertas circunstancias la persona sanguínea es al principio el menos prometedor, (en lo que respecta a su temperamento), para un desarrollo esotérico. Cuando la persona sanguínea llega al esoterismo o a la vida antroposófica, (como le ocurre muy a menudo, porque le interesan todo tipo de cosas, y por lo tanto, entre otras cosas, la antroposofía o el esoterismo, aunque su interés puede no ser serio o permanente), debe adquirir una especie de auto observación; pero lo hace con gran indiferencia, no le importa mirar dentro de sí mismo. Él está interesado en esto o aquello en sí mismo, pero su interés no es muy profundo. Él descubre todo tipo de cualidades interesantes dentro de sí mismo; pero de inmediato está satisfecho con eso, y habla con entusiasmo de esta o aquella cualidad interesante, pero pronto ha olvidado todo el asunto nuevamente, incluso lo que había observado en sí mismo. Y aquellos que se acercan al esoterismo por un interés momentáneo y pronto lo abandonan de nuevo son principalmente las naturalezas sanguíneas. En la próxima conferencia trataremos de ilustrar lo que ahora estoy explicando en palabras mediante un dibujo del cuerpo etérico en la pizarra; luego describiremos, además, los cambios en el cuerpo etérico a través del desarrollo antroposófico o esotérico. Y también es diferente, en el caso del temperamento colérico. Es casi imposible o, en todo caso, muy pocas veces posible, convertir a un colérico en un esoterista; si el temperamento colérico es especialmente prominente en él como personalidad, es característico que rechace todo esoterismo y no desee tener nada que ver con él. Aún así, puede suceder que a través de las condiciones kármicas de su vida, una persona colérica pueda ser llevada al esoterismo; pero le será difícil hacer cambios en su cuerpo etérico, ya que el cuerpo etéreo del colérico resulta ser particularmente denso y solo puede verse afectado con dificultad. En el individuo melancólico, el cuerpo etérico es como una pelota de goma india (esta es una comparación trivial, pero transmitirá lo que deseo decir) de la cual se ha escapado el aire: cuando uno presiona una abolladura hecha en ella, permanece por algun tiempo; en el colérico, el cuerpo etérico es como una pelota de goma india bien inflada, llena de aire. Un intento de hacer mella en ella no solo no produce un efecto permanente, sino que es perceptiblemente resistido. El cuerpo etérico del colérico no es en absoluto elástico, sino nudoso y duro. Por lo tanto, el propio colérico tiene una tarea difícil para cambiar su cuerpo etérico. Él no puede hacer nada consigo mismo. Por lo tanto, desde el principio rechaza el desarrollo esotérico, que es cambiarlo; él no puede aferrarse a sí mismo, por así decirlo. Pero cuando el colérico se da cuenta de la seriedad de la vida, o cosas similares, o cuando hay un pequeño tono melancólico en su temperamento, entonces por medio de esta melancolía puede ser guiado a desarrollar la nota colérica en su organismo humano que ahora trabaja con toda la intensidad de su fuerza en su cuerpo etérico resistente. Y si luego logra producir cambios en su cuerpo etérico, despierta en él una cualidad muy especial; a través de su desarrollo esotérico se vuelve más capaz que otras personas de presentar los hechos externos de una manera ordenada y profunda en su conexión causal o histórica. Y aquel que es capaz de juzgar una historia bien escrita (que, por regla general, no es escrita por esoteristas), una historia que realmente retrata los hechos, siempre encontrará el principio, el comienzo inconsciente e instintivo de aquello que el esoterista colérico podría hacer como historiador, como narrador. Hombres como Tácito, por ejemplo, estaban al comienzo de un desarrollo tanto instintivo como esotérico; de ahí las maravillosas e incomparables descripciones dadas por Tácito. Como esoterista, que lee a Tácito, uno sabe que este tipo único de escritura de la historia depende del funcionamiento muy especial de un temperamento colérico en el cuerpo etérico. Esto aparece especialmente en escritores que han experimentado un desarrollo esotérico. Aunque el mundo exterior no lo acepte, este es el caso de Homero. Homero le debía su glorioso poder de delineación al temperamento colérico trabajando en su cuerpo etérico. Y muchas otras cosas podrían señalarse en este ámbito que en la vida externa probaría, o al menos verificaría el hecho, que cuando se experimenta un desarrollo esotérico, el colérico se vuelve especialmente capaz de representar claramente al mundo en su realidad, en sus relaciones de causa efecto. Cuando el colérico experimenta un desarrollo esotérico, sus obras, incluso en su estructura externa, podría decirse, llevan el carácter de la verdad y la realidad. Así vemos que en los cambios del cuerpo etérico la vida del hombre se expresa muy claramente; la forma que ha tomado hasta ahora es más perceptible de lo que es el caso en la presente encarnación. En el desarrollo esotérico los temperamentos se vuelven más fuertemente perceptibles, y es especialmente importante en el verdadero auto conocimiento tener en cuenta esta observación de los temperamentos. Hablaremos más sobre estos asuntos en la próxima conferencia.
Traducida Por julio Luelmo ago 2015

GA145 La Haya 21 de marzo de 1913 El efecto del desarrollo oculto sobre el yo y las envolturas del hombre La relación de nuestros alimentos con los planetas de nuestro sistema solar.

Rudolf Steiner

Conferencia II


La Haya 21 de marzo de 1913

Para un antropósofo, los efectos del Esoterismo o la Antroposofía en los cuerpos etérico, astral y el Yo, son naturalmente mucho más importantes que los efectos producidos en el cuerpo físico. Sin embargo, obtendremos una base para las próximas conferencias, cuando tenemos que considerar los principios más espirituales de la naturaleza del hombre desde este punto de vista, si también tenemos en cuenta lo que se puede decir acerca de los cambios en el cuerpo físico. Sin embargo, debe resaltarse expresamente que los cambios tratados aquí no se refieren a las etapas más elevadas de la iniciación, sino a las primeras etapas de la vida esotérica o antroposófica, y por lo tanto tienen una cierta importancia general.
Habrá aprendido desde la última conferencia que, bajo la influencia del esoterismo o el estudio serio de la Antroposofía, el cuerpo físico del hombre se vuelve más vivo, de cierta manera, más lleno de movimiento interiormente; y, por ese motivo, puede volverse más incómodo. Se siente más que en la vida externa, exotérica, llamada vida normal del hombre. Tendremos que hablar más adelante de la diferencia entre los alimentos vegetales y los animales en relación con las otras envolturas; pero en la construcción y organización del cuerpo físico, la diferencia entre los alimentos vegetales y los animales es mayor en un grado sorprendente. Siempre se debe enfatizar el hecho de que no puede ser nuestra misión hacer propaganda por ningún sistema particular de dieta, sino solo expresar lo que es correcto y verdadero sobre este tema; y a medida que el alma se desarrolla, los asuntos ahora considerados se convierten en asuntos de experiencia personal. Sobre todo, se vuelve una cuestión de experiencia que cuando se come carne nuestro cuerpo físico tiene que soportar más, que arrastrar más, por así decirlo, que cuando comemos alimentos vegetales.
En la última conferencia establecimos el hecho de que, en el curso del desarrollo, el cuerpo físico parece encogerse; se separa de los principios espirituales superiores. Ahora bien, cuando se toman alimentos de origen animal, esto se percibe en el organismo humano -tal como se describió en la última conferencia- como algo así como una sustancia extraña, como cuando encontramos una espina en la comida, para usar una expresión corriente. En un desarrollo esotérico o antroposófico, sentimos más el peso de la tierra en los alimentos de origen animal de lo que nos suele pasar, y sobre todo, experimentamos el hecho de que los alimentos de origen animal enardecen la vida instintiva de la voluntad. Esta máyor inconsciencia de la vida de la voluntad, que fluye más en emociones y pasiones, se ve enardecida por los alimentos de origen animal. Por lo tanto, es absolutamente correcta la observación que afirma que los pueblos belicosos son más proclives a la alimentación animal que los pueblos pacíficos. Pero esto no lleva necesariamente de ninguna manera a la creencia de que la comida vegetal deba quitar todo el valor y la energía. De hecho, veremos que todo lo que un hombre pierde en la forma de los instintos, las pasiones agresivas y los sentimientos al abstenerse de comer alimentos de origen animal,( de todo lo cual trataremos cuando hablemos del cuerpo astral), todo esto se compensa desde dentro del alma. Todas estas cosas están relacionadas con la posición completa del hombre y de los otros reinos de la naturaleza hacia el Cosmos, y gradualmente obtendremos -aunque quizás no aún a través de una mayor clarividencia- una especie de prueba, una especie de confirmación de lo que el Ocultista afirma con respecto a la relación de la vida humana con el Cosmos. Obtenemos una especie de prueba de esto cuando, al experimentar los procesos más móviles y vivientes del cuerpo físico, nosotros mismos aprendemos en cierta medida la naturaleza y las propiedades de esas sustancias de la tierra que se usan para la alimentación.
Es interesante comparar tres tipos de alimentos con respecto a su significado cósmico. Estos son: La leche y todos sus derivados; el mundo de las plantas y todo lo que está relacionado con ellas y los alimentos preparados a partir de ellas; y la comida de origen animal. Podemos aprender a comparar la leche, las plantas y la carne o pescado como alimento cuando, a través del desarrollo antroposófico o esotérico, nos volvemos más sensibles a los efectos de estos alimentos; y también será más fácil para nosotros observar la verificación que se puede obtener de una observación racional del mundo exterior.
Si investigan el cosmos como un ocultista, encontrarán sustancias lácteas en nuestra tierra, pero en ningún otro planeta de nuestro sistema solar. Lo que se produce de manera similar dentro de los seres vivos en otros planetas de nuestro sistema solar, aparecería como algo bastante diferente de la leche terrenal. La leche es específicamente terrenal; y si quieren hablar sobre la leche, deberían decir que los seres vivos en cada planeta tienen su propia leche especial.
Si el sistema vegetal perteneciente a nuestra tierra es investigado por el ocultista, y comparado con el de otros planetas, con aquello que puede comparársele, debemos admitir que las formas de la naturaleza vegetal en nuestra tierra sí se distinguen de la naturaleza vegetal en otros planetas de nuestro sistema solar, pero a pesar de todo el ser interior de las plantas en la tierra no es meramente terrestre, sino que pertenece al sistema solar; esto significa que la naturaleza de la planta en nuestra tierra está relacionada con la de los otros planetas de nuestro sistema solar. Por lo tanto, hay en nuestras plantas algo que también se puede encontrar en otros planetas de nuestro sistema.
En cuanto a lo concerniente al reino animal, de hecho, es aplicable lo que se ha dicho sobre la leche y aparte de eso, el ocultista puede demostrarlo fácilmente, que el reino animal de nuestra tierra es radicalmente diferente de cualquier reino correspondiente que pueda ser encontrado en otros planetas.
Ahora consideremos la experiencia de los alimentos lácteos. Para la visión y la experiencia del ocultista, este alimento lácteo aparece de tal manera que para el cuerpo humano -sólo lo consideraremos hombre- significa lo que lo ata, por así decirlo, a la tierra, a nuestro planeta; lo relaciona con la raza humana en la tierra como miembro de ella que pertenece a una familia común. Debido a la producción de sustento por los vivos para los vivos en la naturaleza animal, la humanidad, en cuanto al sistema físico de envolturas, forma un todo. Y podemos decir que todo lo que se incorpora al organismo humano a través de la leche prepara al hombre para ser una criatura humana terrenal, lo une con las condiciones terrenales, pero en realidad no lo encadena a la tierra. Lo convierte en un ciudadano de la tierra, pero no le impide ser un ciudadano de todo el sistema solar.
Con la comida de origen animal es diferente. Los alimentos de origen animal extraídos de un reino que es específicamente terrenal, y que no se obtienen, como la leche, directamente de procesos vitales de otro ser humano o de un animal, sino de esa parte de la sustancia animal que ya está dispuesta para el animal - este alimento de origen animal encadena al hombre especialmente a la tierra. Lo convierte en un ser de la tierra, por lo que tenemos que decir: En la medida en que un ser humano llena su propio organismo con los efectos de la comida de origen animal, se priva del poder para liberarse de la tierra totalmente. A través de la comida de origen animal, él se une en mayor grado al planeta tierra. Mientras que la leche lo hace capaz de pertenecer a la tierra como el escenario temporal de su evolución, la comida de origen animal lo condena, (a menos que sea levantado por otra cosa), a hacer permanente su estancia en la tierra, una residencia a la que se adapta exactamente. La decisión de vivir de la dieta de la leche significa: 'Aunque permaneceré en la tierra y cumpliré allí mi misión, no estaré apegado exclusivamente a la tierra'. La voluntad de comer carne significa: 'Me comprometo tanto a la existencia en la tierra que renuncio a todo el cielo y prefiero estar total y exclusivamente absorto en las condiciones de la existencia terrenal.


La dieta vegetal es de tal naturaleza que pone en acción en el organismo aquellas fuerzas que llevan al hombre a una cierta unión cósmica con todo el sistema planetario. Lo que un ser humano tiene que lograr cuando continúa la asimilación de los nutrientes de las plantas en su propio organismo es invocar las fuerzas contenidas en todo el sistema solar, de modo que en su envoltura física se haga partícipe de estas fuerzas solares; para que no se aleje de ellas, no se aparta de ellas. Esto es algo que el alma que se desarrolla antroposófica o esotéricamente puede experimentar gradualmente dentro de sí; con el alimento vegetal se asimila algo que no pertenece a la pesadez de la tierra, sino en cierto sentido a la propiedad peculiar del sol, es decir, del cuerpo central de todo el sistema planetario. La ligereza en su organismo que obtiene a través de una dieta de plantas eleva a un hombre por encima de la pesadez de la tierra, y gradualmente desarrolla una cierta percepción interna del gusto en el organismo humano, de modo que es como si este último realmente compartiera de alguna manera con la planta el disfrute de la luz del sol, que desempeña tantas funciones en la planta.
De lo dicho se deduce que en el caso del desarrollo oculto, esotérico o antroposófico, es extremadamente importante no encadenarse a la tierra, por así decirlo, para no hacer que la pesadez de la tierra sea parte de nuestra naturaleza a través del disfrute de una dieta carnivora, si, de acuerdo con las condiciones individuales y las condiciones de herencia, se puede prescindir de ella; la decisión real puede, por supuesto, solo tomarse de acuerdo con las condiciones personales del individuo.
Facilitaría la evolución total de la vida de un hombre si él pudiera abstenerse de comer carne. Por otro lado, podrían ocurrir serias consecuencias si una persona se convirtiera en un vegetariano tan fanático que evitara la leche y todos los productos lácteos. En el desarrollo del alma hacia lo espiritual, ciertos peligros pueden intervenir fácilmente, porque al evitar la leche y todos los productos lácteos, una persona puede adquirir fácilmente un gusto por esforzarse en alejarse de la tierra y perder los lazos que lo unen a sus tareas humanas sobre la tierra. Por lo tanto, debe observarse cuidadosamente que, en cierto sentido, está bien que el antropósofo esforzado no se convierta en un soñador espiritual fanático al crear tal dificultad en su envoltura física, que separará esta envoltura física de todo lo que la relaciona con lo qué es terrenal y humano Para que no nos volvamos demasiado excéntricos cuando luchamos por el desarrollo psíquico, para que no nos separemos del sentimiento humano y del esfuerzo humano en la tierra, es bueno que nos carguemos de cierta manera como viajeros sobre la tierra, mediante el uso de leche y productos lácteos. Y puede incluso ser un entrenamiento realmente sistemático para una persona que no está en la posición de estar siempre viviendo solo en el mundo espiritual, por así decirlo, y por lo tanto separándose de la tierra, sino que, además de esto, tiene que cumplir su Deberes sobre la tierra, puede ser parte de su entrenamiento no ser un vegetariano estricto, sino tomar leche y productos lácteos también. De este modo relacionará su organismo, su envoltura física, con la tierra y la humanidad, pero no lo encadenará a la tierra, y lo aprisionará con la existencia terrenal, como lo haría si disfrutara de la carne.
Por lo tanto, es interesante en todos los sentidos ver cómo estas cosas están relacionadas con los secretos cósmicos, y cómo a través del conocimiento de estos secretos cósmicos podemos rastrear el efecto real de las sustancias alimenticias en el organismo humano.
Como personas interesadas en las verdades ocultas, gradualmente deben darse cuenta cada vez más de que lo que aparece en nuestra tierra -y nuestro cuerpo físico pertenece sobre todo a nuestra existencia terrenal- no depende meramente de las fuerzas y condiciones de la tierra, sino que también es absolutamente dependiente de las fuerzas y condiciones de la vida suprasensible, de la vida cósmica. Esto se produce de varias maneras. Así, por ejemplo, si consideramos la albúmina animal contenida, digamos, en los huevos de gallina, debemos entender claramente que dicha albúmina animal no es simplemente lo que el químico encuentra mediante análisis, sino que es en su estructura el resultado de fuerzas cósmicas Cuando hablamos de albúmina, esto en su construcción es producto de las fuerzas cósmicas. Esencialmente, las fuerzas cósmicas realmente solo funcionan sobre esta albúmina después de que hayan trabajado primero sobre la tierra misma, y, además, principalmente sobre la luna que acompaña a la tierra. Por lo tanto, la influencia cósmica sobre la albúmina animal es indirecta. Las fuerzas cósmicas no funcionan directamente sobre la albúmina, sino indirectamente; trabajan primero sobre la tierra y la tierra reacciona sobre la construcción de la albúmina animal con las fuerzas que recibe del cosmos. Principalmente la luna toma parte en ella, pero solo de tal manera que primero recibe las fuerzas del cosmos, y solo entonces, con estas fuerzas que irradia desde sí misma, reacciona sobre la albúmina animal. En las células más pequeñas de los animales, y por lo tanto también en la albúmina, alguien que pueda ver estas cosas con visión oculta puede ver que no solo se encuentran allí las fuerzas físicas y químicas que pertenecen a la tierra, sino que la célula más pequeña en un huevo de gallina, digamos, se construye a partir de las fuerzas que la tierra obtiene primero del Cosmos. Por lo tanto, la sustancia que llamamos albúmina está indirectamente relacionada con el cosmos, pero esta sustancia animal albúminica tal como la conocemos en la tierra nunca llegaría a existir si la tierra no estuviera allí. No podría originarse directamente fuera del cosmos; es absolutamente un producto de lo que la tierra ha recibido primero del cosmos.
Además, es diferente, por ejemplo, con lo que conocemos como sustancia grasa de los seres vivos terrestres, que también forma parte de la alimentación de quienes comen carne. Estamos hablando de grasa animal. Lo que llamamos sustancia grasa, ya sea que una persona la coma o que forme parte de su propio organismo, se forma de acuerdo con leyes cósmicas totalmente diferentes de las que forman la albúmina. Mientras que las fuerzas cósmicas procedentes de los seres de la Jerarquía de la Forma se preocupan por lo último, otros seres que llamamos los Espíritus del Movimiento están preocupados con la acumulación de la sustancia grasa. Ahora bien, es importante relacionar estas cosas, porque solo de esta manera uno realmente puede hacerse una idea de cuán complicado es ese asunto, que la ciencia externa puede concebir como infinitamente simple. Ningún ser vivo podría tener sustancia de albúmina por un lado o sustancia grasa por el otro si los espíritus de la forma y los espíritus del movimiento no trabajasen desde el cosmos, aunque indirectamente.
Así podemos rastrear los efectos que proceden de los seres de las diversas Jerarquías incluso en la sustancia de la cual se compone nuestra envoltura física. Por lo tanto, en la experiencia que se tiene cuando el alumno experimenta un desarrollo espiritual, la experiencia que tiene con respecto a la albúmina y la grasa que lleva en su envoltura física se vuelve más diferenciada, más móvil en sí misma. Esta es una percepción. Las fuerzas que en un hombre que vive la vida ordinaria se combinan en una sola sensación, es decir, aquello que en su organismo produce la grasa y aquello que produce la sustancia albúmina, ahora se sienten por separado. A medida que todo el organismo físico se vuelve más móvil, el alma en evolución aprende a distinguir dos sensaciones diferentes en su propio cuerpo, una que lo impregna tanto interiormente que siente: 'Esto me construye y me da estatura' ... entonces está percibiendo las sustancias albúmina dentro de él. Cuando siente: 'Esto me hace insensible a mis limitaciones internas, esto me eleva en cierto sentido, por encima de mi forma, esto me hace más lento con respecto a mis sentimientos humanos internos', cuando desdeña esas percepciones de sus sentimientos esta última sensación se despierta al experimentar la sustancia grasa en su envoltura física.
Por lo tanto, su experiencia interna, incluso en lo que respecta a su cuerpo físico, se vuelve más compleja. Esto se percibe con mucha fuerza cuando entra en juego la experiencia del almidón o el azúcar. El azúcar tiene características especialmente distintas. En una clasificación de gustos, el azúcar se destaca muy fuertemente de entre otras sustancias. Esta apreciación de la diferencia puede observarse fácilmente en la vida cotidiana, no solo en los niños, sino también muy a menudo en las personas mayores, en su preferencia por las sustancias dulces; pero generalmente esto no va más allá del sabor. Cuando el alma experimenta desarrollo, entonces experimenta todo el azúcar que lleva a su cuerpo, o ya tiene dentro, como algo que le da firmeza interior, que lo sostiene internamente, impregnandolo hasta cierto punto con una especie de sentido natural de sí mismo. Y a este respecto, incluso podría pronunciarse una especie de elogio sobre el azúcar. Al pasar a traves del desarrollo del alma, una persona incluso puede darse cuenta de que necesita tomar azúcar, porque el desarrollo psíquico inevitablemente tiende a hacerlo cada vez más desinteresado. A través de un desarrollo antroposófico ordenado, el alma en sí misma se vuelve más desinteresada. Ahora bien, para que un hombre -en virtud de su envoltura física, teniendo una misión terrenal- no pierda, por así decirlo, la relación de su organismo del yo con la tierra, es bueno crear un contrapeso en lo físico, donde, de hecho, la realización del yo no tiene tanta importancia como en el ámbito de la moral. Se podría decir que, a través del consumo de azúcar, se produce una especie de sentido del yo intachable, formando un contrapeso al necesario desinterés en el ámbito espiritual de la moral. De lo contrario, muy fácilmente podría ser la tentación no solo de volverse un desinteresado, sino también un soñador y fantasioso, de perder la capacidad saludable de juzgar las condiciones terrenales. Una adición de azúcar a la comida le da el poder, a pesar del ascenso en el mundo espiritual, de situarse firmemente en la tierra con ambos pies, y de cultivar una estimación saludable de las cosas terrenales. Ustedes ven que estos asuntos son complejos; pero todo se vuelve complejo cuando uno comienza a penetrar los verdaderos secretos de la vida. Así, para el estudiante a medida que su alma progresa en la antroposofía, se hace evidente de vez en cuando que para no adquirir un falso altruismo, es decir, una pérdida de su personalidad, a veces es necesario comer azúcar; y luego, su experiencia al comer azúcar es tal que dice: "Ahora estoy añadiendo a mí algo que, sin descenderme moralmente, me da, como automáticamente, como por instinto superior, una cierta firmeza, un cierto sentido de mi yo. "En general, podemos decir que el consumo de azúcar intensifica físicamente el carácter de la personalidad humana. Podemos estar tan seguros de esto que incluso podemos decir que es más fácil para quienes toman azúcar imprimir el carácter de su personalidad sobre su cuerpo físico que para aquellos que no lo toman; pero es lógico pensar que esto debe mantenerse dentro de límites saludables.
Estas cosas pueden incluso hacer comprensible algo que se puede observar externamente. En los países donde, según las estadísticas, se come poco azúcar, las personas tienen menos personalidad que las que consumen más azúcar. Si van a países donde la gente tiene más personalidad, donde cada uno es consciente de sí mismo, por así decirlo, y luego desde alli viajan a países donde las personas tienen más el tipo racial común y tienen menos personalidad como seres físicos externos, encontrarán que en el primero se consume una gran cantidad de azúcar y en el último muy poca.
Si deseamos tener aún ideas más obvias de esta experiencia de varias sustancias, podemos hacerlo considerando los supuestos lujos, como el café y el té, cuyos efectos ya conocemos vívidamente en la vida externa. La experiencia de una persona normal se incrementa mucho en un estudiante antroposófico. Como ya dije, todo esto no es una campaña a favor o en contra del café, sino simplemente exponer las cosas tal como son, y les ruego que se lo tomen solo en tal sentido. Incluso en una vida humana completamente normal, el café y el té actúan como estimulantes, pero estas excitaciones las siente más vívidamente el alma que está experimentando un desarrollo antroposófico. Del café, por ejemplo, se puede decir que actúa de tal manera que hace que el organismo humano levante su cuerpo etérico fuera del cuerpo físico, pero de tal manera que sienta al físico como una base sólida para el etérico. Esa es la acción específica del café. Cuando se toma café, el cuerpo físico y el cuerpo etérico se sienten diferenciados, pero de tal manera que el cuerpo físico, (especialmente en sus cualidades de forma), parece estar bajo la influencia del café para irradiar al cuerpo etérico, como una espécie de base sólida para lo que luego se experimenta a través de este último. Verdaderamente, esto no debe ser considerado como una campaña para el uso del café, ya que se fundamenta en una base física; una persona que confía demasiado en el uso de esta sustancia se convertiría en un ser completamente dependiente; solo nos preocupa describir la influencia de esta comida o estimulante. Pero como es lógico, el pensar subsiguiente depende en gran medida de la estructura y la forma del cuerpo físico, por lo que a través de la acción peculiar del café, que, por así decirlo, acentúa más agudamente la estructura física, la exactitud lógica es asistida físicamente. Al tomar la exactitud lógica del café, la disposición de los hechos en una secuencia lógica se promueve por medios físicos. Y se puede decir que aunque haya dudas saludables acerca de beber mucho café, para aquellos que desean ascender a las regiones más elevadas de la vida espiritual, no está mal; puede ser muy bueno, de vez en cuando, para obtener precisión lógica por medio del café. Podríamos decir que parece bastante natural para alguien cuya profesión requiere una gran cantidad de escritura, y que no puede encontrar fácilmente la secuencia lógica de una oración a otra, y tiene que sacarlo todo de su pluma, el hacer uso del estímulo del café. Esto parece bastante comprensible para alguien que entiende cómo observar estas cosas en sus secretos fundamentos ocultos. Aunque tal bebida puede ser necesaria para nosotros por un tiempo como ciudadanos de la tierra, de acuerdo con las condiciones personales e individuales, también se debe enfatizar que el uso del café, con todas sus fallas, puede contribuir en gran medida a la adquisición de estabilidad. No es que se lo recomiende como un medio para desarrollar la estabilidad, pero se debe decir que tiene el poder de hacerlo, y que si, por ejemplo, los pensamientos de un estudiante tienden a desviarse en la dirección equivocada, no necesitamos tomárnoslo mal, si se vuelve un poco más estable bebiendo café.
Es diferente en el caso del té. El té produce un efecto similar, a saber, una especie de conciencia de la diferencia entre la naturaleza física y la naturaleza etérica; pero la estructura del cuerpo físico está desconectada en cierta manera. El cuerpo etérico aparece más en su propia naturaleza fluctuante. El pensamiento se vuelve volátil cuando se toma el té, menos ajustado para mantenerse en los hechos; de hecho estimula la fantasía muy a menudo de una manera que no simpatiza ni está en conformidad con la verdad o no guarda una proporción sana. Por lo tanto, se puede decir que es comprensible que en las reuniones donde entren en juego destellos del pensamiento y el desarrollo de una mentalidad brillante, el estímulo del té sea preferible; por otro lado, también es comprensible que cuando el consumo de té se lleva la palma, da lugar a una cierta indiferencia ante las demandas que surgen a través de la estructura saludable del cuerpo físico terrenal. De modo que al beber té se despierta esa fantasía de ensueño y cierta naturaleza descuidada y despreocupada, una naturaleza que le gusta pasar por alto las exigencias de la vida sonora externa. Y en el caso de un alma sometida a un desarrollo antroposófico, consideramos que el té es menos adecuado, como bebida, que el café, ya que conduce más fácilmente a la superficialidad. Este último tiende a la solidez, el primero más a la charlatanería, aunque esta palabra aplicada a estas cosas es demasiado severa.
Todas estas son cosas que, como hemos dicho, se experimentan a través de la movilidad adquirida por la envoltura física del estudiante que experimenta un desarrollo antroposófico. Me atrevo a añadir -pueden meditar más sobre esto después o intentar realmente experimentar tales cosas- que mientras tomar café promueve algo así como la estabilidad en la envoltura física, y tomar té favorece la superficialidad, el chocolate promueve el pensamiento prosaico. El chocolate se puede sentir por experiencia directa como la verdadera bebida del creador de fiestas común, cuando la envoltura física se vuelve más móvil en sí misma. Por lo tanto, el chocolate puede ser recomendado para fiestas comunes, y por lo tanto ahora podemos entender muy bien -disculpen ustedes- que en festivales familiares, festivales de cumpleaños, bautizos, especialmente en ciertos círculos, en ciertas ocasiones festivas, el chocolate es la bebida.
Ademas, cuando tenemos en cuenta estas cosas que son medios de disfrute, el caso nos parece aún más significativo, porque lo que generalmente se experimenta con respecto a los métodos de alimentación arroja sus rayos sobre la llamada vida normal ordinaria; más aún, no solo de manera tal que haga notar la sustancia material a partir de la cual el cuerpo se construye y se renueva continuamente, sino también -como se mencionó en la última conferencia- la desconexión interna, la separación de los órganos entre sí. Eso es importante; eso es significativo
Y aquí debemos resaltar especialmente el hecho de que la observación oculta deja en claro la experiencia de la relación entre la envoltura física y el corazón físico. El corazón físico humano es para el ocultista un órgano extremadamente interesante, extremadamente importante; porque solo se puede entender cuando tenemos en cuenta toda la relación mutua, incluida la relación espiritual, del sol y la tierra. Incluso en el momento en que, después del período de Saturno, el antiguo Sol era una especie de predecesor planetario de la tierra, incluso entonces comenzó la preparación, por así decirlo, de la relación que ahora existe entre estos dos cuerpos celestes, el Sol y la Tierra. Y debemos tener en cuenta esta relación entre el Sol y la Tierra, de modo que realmente comprendamos cómo la Tierra de hoy, habiendo sido nutrida, por así decirlo, por las actividades solares, toma estas actividades solares y las transmuta. Lo que la sustancia sólida de la tierra toma como fuerzas solares, lo que la tierra toma en sus envolturas de aire y agua, en sus condiciones cambiantes de calor, lo que toma en la luz que abarca la tierra, lo que toma en esa parte de la tierra que ahora ya no es físicamente perceptible de ninguna manera - la parte de la Tierra de la armonía de las esferas - lo que la tierra recibe como fuerzas de vida directamente del sol - todo esto está en conexión con las fuerzas internas que trabajan sobre el corazón humano a través de la circulación de la sangre. En realidad, todas ellas actúan sobre la circulación de la sangre y, por lo tanto, sobre el corazón. Toda esa teoría externa con respecto a este proceso es radicalmente errónea. La teoría externa llama al corazón una bomba que bombea la sangre a través del cuerpo, de modo que uno tiene que mirar al corazón como el órgano que regula la circulación de la sangre. El reverso es la verdad. La circulación del corazón responde al impulso dado por la circulación de la sangre, que es la fuente original de la acción. La sangre impulsa el corazón; no al revés, el corazón a la sangre. Y la totalidad de este organismo que acabamos de describir, que se concentra en la actividad del corazón, no es otra que el reflejo microcósmico humano de las actividades macrocósmicas que recibió por primera vez la Tierra del sol. El impulso del sol recibido por la tierra se refleja en lo que el corazón recibe de la sangre.
Es diferente con el cerebro. Algunos detalles de la similitudes del cerebro se dieron en la última conferencia. El cerebro humano tiene muy, muy poco que ver directamente con las actividades solares en la tierra. Digo, directamente. Porque indirectamente, como órgano de percepción, se ocupa de ellas; percibe la luz y el color externo, por ejemplo; eso, sin embargo, es solo percepción. Pero directamente, en su construcción, en su movilidad interna, en toda su vida interior, el cerebro tiene poco, casi nada, que ver con los efectos del sol sobre la tierra; está mucho más interesado con todo lo que fluye a la tierra desde fuera de nuestro sistema solar; se ocupa de la relación cósmica de todo el cielo estrellado, pero no de las relaciones más estrechas de nuestro sistema solar. Sin embargo, en un sentido más limitado, lo que tenemos que describir como sustancia cerebral está conectada con la Luna, aunque solo en la medida en que la Luna no depende del Sol, sino que ha preservado su independencia. De modo que lo que sucede en nuestro cerebro corresponde a actividades que están fuera de las fuerzas que tienen una imagen microcósmica en nuestro corazón. El sol habita en el corazón humano; todo lo demás, además del sol en el cosmos, reside en el cerebro humano.
Así pues el hombre, en lo que respecta a estos dos órganos, es un microcosmos, porque a través de su corazón se abandona a las influencias ejercidas por el sol sobre la tierra, y las refleja, por así decirlo; pero a través de su cerebro tiene una vida interior directamente unida con el cosmos mas allá del sol. Esa es una unión de extremo interés e importancia. El cerebro solo está relacionado con los efectos del sol en la tierra a través de la percepción externa. Pero justamente esto mismo se supera en el desarrollo antroposófico. El desarrollo antroposófico supera el mundo de los sentidos externos.
De ahí que el cerebro es liberado para una vida interior tan cósmica que no es adecuada para la influencia especializada del sol mismo. Cuando el estudiante se entrega a la meditación con alguna imaginación, se producen procesos en su cerebro que no tienen nada que ver con nuestro sistema solar, sino que se corresponden con los procesos que se producen fuera de él. Por lo tanto, de hecho, la relación entre el corazón y el cerebro es como la que existe entre el sol y el cielo estrellado, y esto se manifiesta, en cierto sentido, en la experiencia del alma que se desarrolla mediante la antroposofía a través del hecho de que mientras esta alma se dedica seria y profundamente al pensamiento puramente antroposófico, el corazón forma, por así decirlo, un polo opuesto, y se opone a lo que uno podría llamar el cerebro estrellado. Esta oposición se expresa en el hecho de que el alumno aprende a sentir que su corazón y su cerebro comienzan a tomar caminos diferentes; mientras que anteriormente no tenía necesidad de prestar atención a ambos por separado, porque eran indistinguibles, ahora debe comenzar a hacerlo, si se está desarrollando a través de la Antroposofía.
Nos da una idea precisa del lugar del hombre con respecto a todo el Cosmos cuando consideramos la envoltura física y tenemos en cuenta la posición del hombre aquí sobre la tierra. A través de su sistema sanguineo y de su corazón, alberga dentro de él toda la relación entre el sol y la tierra, y cuando sus poderes internos están dedicados únicamente a aquello para lo cual necesita el cerebro como su instrumento en la tierra, entonces en ese cerebro hay procesos cósmicos trabajando que se extienden más allá de nuestro sistema solar. Se hará evidente que el alumno tiene una experiencia completamente nueva con respecto a su corazón y su cerebro. Sus sensaciones realmente se clasifican a sí mismas, de modo que en el decurso sereno de las estrellas que se muestran en el cielo por la noche, aprende a sentir los procesos de su cerebro y siente los movimientos del sistema solar en su corazón. En esto, se perfila al mismo tiempo un camino que se vuelve más importante en una etapa superior de iniciación; ven las puertas, por así decirlo, que se abren desde el hombre hasta el cosmos. El estudiante que, a través del desarrollo superior, sale de sí mismo -como se ha descrito incluso en conferencias exotéricas- y mira hacia atrás a su propio cuerpo, aprende a reconocer todos los procesos en su cuerpo físico; en la circulación de la sangre y en la actividad del corazón, un reflejo de las fuerzas ocultas del sistema solar, y en los procesos de su cerebro, que luego ve espiritualmente desde el exterior, los secretos del cosmos.
Los asuntos expresados en esta última oración están relacionados con una observación que hice una vez en Copenhague, y que luego apareció en mi libro, The Spiritual Guidance of Man. De esto pueden deducir que, en cierto sentido, incluso la estructura del cerebro es una especie de reflejo de la posición de los cuerpos celestes en el momento del nacimiento de un hombre visto desde esa parte de la tierra donde nació. Es provechoso abordar tales cosas de vez en cuando desde un aspecto diferente, porque de esta manera se puede apreciar el método de la ciencia oculta y la estrechez de miras que muchos críticos muestran cuando se hace una observación desde un aspecto u otro. Por supuesto, uno puede explicar hechos importantes como este del reflejo del mundo de las estrellas en el cerebro humano desde un punto de vista definido, y puede parecer arbitrario. Pero cuando se agregan otros puntos de vista, estos se apoyan mutuamente. Posteriormente tomarán conciencia de lo que podría llamar otras corrientes de la ciencia oculta que se combinan y fluyen juntas, y su confluencia les mostrará cada vez más claramente lo que ustedes sienten como una prueba completa, incluso para la razón externa, de cosas que, si se expresaron desde un solo aspecto, a menudo pueden parecer cuestionables.
A partir de esto también se puede obtener una idea de la delicadeza de toda la estructura humana. Y si ahora reflejan a ese hombre, en la toma de alimentos, atándose completamente a la tierra, y solo mediante algunas sustancias, como por ejemplo, tales como la comida vegetariana, se liberan de nuevo, si reflejan eso precisamente en la toma de alimentos, el hombre se hace ciudadano de la tierra, entonces comprenderán la triple división del hombre con respecto a su envoltura física. A través de su cerebro, él pertenece al conjunto de los cielos estrellados, a través de su corazón y todo lo relacionado con él, al sol; a través de todo su sistema digestivo y todo lo relacionado con ello, él es, en otro sentido, un ser terrenal. Esto también se puede experimentar, y se experimenta, cuando la envoltura física externa del hombre se vuelve dentro más móvil . A través de lo que le viene solo de la tierra, un hombre puede pecar mucho contra lo que se refleja en él a través de las fuerzas puras del cosmos. Produciendo alteraciones mediante su alimento corporal, por las leyes puramente terrenales que actúan en la digestión y que funcionan más como leyes solares en la actividad del corazón, y como leyes cósmicas fuera del sistema solar en la actividad del cerebro -el hombre puede, (porque a través de la nutrición externa causa alteraciones), pecar muy profundamente contra las actividades cósmicas en su cerebro; y esto puede experimentarse por el alma en desarrollo antroposófico, particularmente en el momento de despertar.
Durante el sueño, sucede también que la actividad digestiva se extiende hasta el cerebro y destella en el cerebro. Al despertar, el poder del pensamiento trabaja sobre el cerebro; y entonces la actividad digestiva en el cerebro se retira. Cuando el pensamiento se detiene durante el sueño, la actividad digestiva entonces trabaja en la conciencia; y cuando un hombre se despierta y nota un efecto secundario de ello, su experiencia puede entonces ser un verdadero barómetro de lo idonea o inadecuada que es su comida. Siente esta extensión de su organismo, por así decirlo, en su cerebro como sensaciones livianas y punzantes, sensaciones que, si ha comido algo inadecuado, a menudo pueden parecer zonas un poco entumecidas en su cerebro. Todo esto se experimenta de la manera más delicada, particularmente por el alma en desarrollo antroposófico. Y en el momento de despertar es tremendamente importante, me refiero a la percepción de las condiciones de salud en la envoltura física que depende de la digestión. En percepciones que gradualmente se vuelven más y más finas, localizándose en la cabeza, el estudiante percibe si en su digestión se está oponiendo a las leyes cósmicas fuera de nuestro sistema solar o en armonía con ellas. Aquí puede verse la maravillosa relación de esta envoltura física con todo el cosmos, el momento de despertarse como un barómetro que le muestra al estudiante si a través de su digestión, se está colocando en contra de las condiciones cósmicas o colocándose en armonía con ellas. Estas observaciones nos conducirán gradualmente a los cambios que tienen lugar en el cuerpo etérico y el cuerpo astral a través del desarrollo esotérico o antroposófico.
Traducido por Julio Luelmo agosto 2015