CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA145 La Haya 24 de marzo de 1913 El efecto del desarrollo oculto sobre el yo y las envolturas del hombre Transformación del juicio, el sentir y la voluntad. Transformación del sano poder del juicio en sano mirar. Adquisición de un concepto interior del tiempo.

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Rudolf Steiner

Conferencia V
La Haya 24 de marzo de 1913


Este ciclo de conferencias debe ser considerado, con razón, como una explicación de ciertas experiencias por las que atraviesa el estudiante, tales como los cambios producidos en él por su desarrollo esotérico, o, podríamos decir, Antroposófico; de modo que lo que se describe realmente debe considerarse como algo que realmente se puede experimentar durante tal desarrollo. Naturalmente, solo se pueden explicar experiencias excepcionales, experiencias típicas, por así decirlo; pero de la descripción de estas experiencias características podemos obtener una idea de muchas otras cosas que debemos notar en el curso del desarrollo.
En la última conferencia hablamos principalmente del hecho de que el estudiante adquiere una gran sensibilidad con respecto a lo que sucede en el éter de vida externo, o en el éter en su conjunto. Estas experiencias están relacionadas con muchas otras cosas, y una que debemos observar especialmente es la experiencia que tenemos con respecto a nuestra capacidad de juicio. Como seres humanos, estamos tan ubicados en el mundo que, en cierta manera, juzgamos las cosas con las que nos encontramos, nos formamos ideas sobre las cosas; consideramos que una cosa es correcta y otra incorrecta. La capacidad de una persona para juzgar depende de lo que se conoce como sagacidad, astucia o discernimiento. Esta sagacidad, esta astucia, este discernimiento, a lo largo de su desarrollo, gradualmente se va situando bajo una luz diferente. Esto ya fue brevemente indicado en la última conferencia. El estudiante encuentra cada vez más que para los asuntos reales de la vida espiritual superior, esta astucia o sagacidad carece del más mínimo valor, aunque debe traer la mayor cantidad de información posible al punto de partida en el plano físico si desea entrar en el camino hacia los mundos superiores. Y así, inevitablemente, se encuentra en una posición que puede fácilmente parecer insoportable a efectos prácticos; porque si bien necesita algo al principio para su desarrollo superior, cuando adquiere la cualidad necesaria, pierde su valor. Hasta cierto punto, el estudiante debe hacer todo lo posible por desarrollar una sólida capacidad de juicio aquí en el plano físico, que pondere los hechos cuidadosamente; pero una vez hecho esto, debe comprender claramente que durante su estadía en los mundos superiores esta capacidad de juicio no tiene el mismo valor que posee aquí abajo en el plano físico. Si el estudiante desea que sus sentidos superiores sean sólidos, deben proceder de una sana capacidad de juicio; pero para la visión superior, el juicio sano debe transformarse en una visión saludable.
Pero por mucho que podamos desarrollarnos, mientras tengamos que vivir en el plano físico, todavía somos seres humanos de este plano, y en este plano físico tenemos la tarea de desarrollar nuestra capacidad de juicio de una manera saludable. Por lo tanto, debemos tener cuidado de aprender a no mezclar la vida en los mundos superiores con la del plano físico. Quien desee hacer un uso directo en el plano físico de lo que experimenta en los mundos superiores se convertirá fácilmente en una persona visionaria e incompetente. Debemos acostumbrarnos a ser capaces de vivir claramente en los mundos superiores, y después, cuando salgamos de esa condición, retener de nuevo lo más firmemente posible lo que es adecuado para el plano físico. Debemos mantener cuidadosa y concienzudamente la doble actitud que demanda la doble naturaleza de la vida espiritual y física. Adoptamos la actitud correcta hacia el mundo a este respecto, si nos acostumbramos a no trasladar lo que pertenece a los mundos superiores al curso cotidiano de la vida; traer lo menos posible a los asuntos cotidianos, aquello que fácilmente puede tentarnos a decir, por ejemplo, cuando algo en una persona nos es antipático, que no podemos soportar su aura. En la vida ordinaria, cuando se habla de esto o aquello como antipático, es mejor seguir usando los términos ordinarios; es mejor a este respecto permanecer como nuestros semejantes en el plano físico, y ser tan respetuosos como sea posible en la vida ordinaria, en el uso de expresiones que solo tienen su aplicación verdadera cuando se usan para la vida superior. Debemos evitar cuidadosamente mezclar en las palabras de la vida cotidiana, ideas y concepciones que pertenecen a la vida superior. Esto tal vez parezca una especie de requisito pedante para cualquiera que, desde un cierto entusiasmo por la vida espiritual, digamos, encuentre necesario impregnar todo su ser con ella. Y sin embargo, lo que de manera corriente en la vida ordinaria puede parecer pedante, es un principio importante de entrenamiento para los mundos superiores. Por lo tanto, incluso si pareciera más natural describir la vida ordinaria en palabras que pertenecen a la vida superior, permítannos traducirlas al lenguaje más apropiado para el plano físico. Se debe hacer hincapié una y otra vez que estas cosas no son solo frases sin consecuencias, sino que están llenas de significado y poseen poder activo. Habiendo admitido esto, también podemos hablar sin prejuicio de que, en lo que respecta a la vida en los mundos superiores, la capacidad de juicio ordinaria, deja de ser útil y aprendemos a sentir, en cierta medida, que el tipo de inteligencia que teníamos antes está ahora en su final. Y una vez más, el alumno advierte (esta es una experiencia que se hace cada vez más frecuente) que nota su dependencia sobre la vida etérica del mundo, es decir, sobre el tiempo. ¿Cuántas veces encontramos en nuestra época concretamente, que las personas, incluso las más jóvenes, se acercan a todo lo que se puede aprobar en el mundo y piensan que cuando han adquirido cierta capacidad de juicio pueden emitir opinión sobre todo lo que existe, y especular sobre todo lo posible. En el desarrollo esotérico, la creencia de que uno puede especular sobre todas las cosas es arrancada del alma de raíz; porque luego notamos que nuestras opiniones son capaces de crecer y sobre todo, que necesitan madurar.
El alumno aprende a reconocer que si desea llegar a una opinión con la que él mismo puede estar de acuerdo, debe vivir un tiempo con ciertas ideas que ha adquirido, para que su propio cuerpo etérico pueda llegar a un entendimiento con ellas. Aprende que debe esperar antes de poder llegar a una determinada opinión. Sólo entonces se da cuenta del gran significado de las palabras: "Permite aquello que está en la naturaleza del alma" . Se vuelve realmente más modesto. Pero este "volverse modesto" es un asunto muy especial, porque no siempre es posible mantener el equilibrio entre estar obligado a formarse una opinión y ser capaz de esperar la madurez para tener una opinión sobre un tema, aunque el engaño sobre estas cosas es posible en grado sumo y porque realmente no hay nada mejor que la propia vida para poder explicar estas cosas. Un filósofo puede discutir con una persona que haya alcanzado un cierto grado de desarrollo esotérico con respecto a algún misterio cósmico o ley cósmica; si el filósofo solo puede formarse una opinión filosófica, necesariamente se creerá con derecho en lo que concierne al asunto y podemos entender que deba tener esta creencia; pero la otra persona sabrá muy bien que la cuestión no puede decidirse por la capacidad de juicio que posee el filósofo. Porque él sabe que también usó en otros tiempos esos mismos conceptos sobre los cuales el filósofo basa su opinión, pero les permitió madurar dentro de si, cuyo proceso hace posible tener una opinión sobre el tema; sabe que ha vivido con ellos, por lo que se ha hecho lo suficientemente maduro como para formar la opinión que ahora pronuncia en una etapa superior de madurez. Pero un entendimiento entre estas dos personas está realmente fuera de discusión y en muchos casos no puede producirse directamente; solo puede suceder cuando en el filósofo surge la sensación de esa necesidad de permitir que ciertas cosas maduren en su alma antes de permitirse opinar sobre ellas. Las opiniones, los puntos de vista deben combatirse, deben ganarse con esfuerzo, esto el alumno reconoce cada vez más. Adquiere un sentimiento profundo e intenso de esto, porque afianza el sentimiento interno del tiempo que está esencialmente relacionado con el desarrollo del cuerpo etérico. De hecho, gradualmente nota una cierta resistencia surgida en su alma entre la forma en que juzgaba anteriormente y la forma en que ahora juzga después de haber alcanzado cierta madurez en este asunto en particular; y se da cuenta de que la opinión que se formaba en el pasado y la opinión que ahora tiene se enfrentan como dos poderes y entonces advierte en sí mismo una cierta movilidad interior de lo temporal dentro de él; nota que lo anterior debe ser superado por lo posterior. Este es el amanecer en la conciencia de una cierta sensación del tiempo, que surge de la presencia de conflictos internos, que se producen mediante una cierta oposición entre lo anterior y lo posterior. Es absolutamente necesario adquirir esta sensación interna, esta percepción interna del tiempo, ya que debemos recordar que solo podemos aprender a experimentar lo etérico cuando adquirimos una idea interna del tiempo. Esto se desarrolla, teniendo siempre la sensación de que lo anterior se origina en nosotros mismos, en nuestro juicio, en nuestro conocimiento; pero que aquello que más tarde fluye hacia nosotros, por así decirlo, aquello que se derrama en nosotros, nos es concedido. Más y más claramente nos viene el sentimiento de lo que se describió en la última conferencia, a saber, que la astucia que brota de uno mismo debe separarse de la sabiduría que se adquiere mediante la entrega a la corriente que fluye hacia uno desde el futuro. Sentirnos llenos de pensamientos, en contraposición a nuestras experiencias anteriores de formar conscientemente los pensamientos por nosotros mismos - esto muestra el progreso. Cuando el estudiante aprende más y más a sentir que ya no forma pensamientos, sino que los pensamientos se piensan en él, cuando tiene este sentimiento es una señal de que su cuerpo etérico está desarrollando gradualmente el necesario sentimiento interior del tiempo. Todo lo que fue antes tendrá el atributo de ser algo formado egoístamente; todo lo que se logra madurándolo, tendrá la característica de quemar y consumir lo que el alumno ha hecho por sí mismo. Por lo tanto, el cambio gradual en su ser interno resulta ser una experiencia muy notable; se vuelve cada vez más consciente de que su propio pensar, sus propios procesos de pensamiento deben ser suprimidos porque son de poco valor, en comparación con su devoción a los pensamientos que fluyen hacia él desde el cosmos. La vida individual pierde, por así decirlo, una de sus partes, eso es extremadamente importante, pierde la parte que normalmente llamamos pensar personal, y solo queda el sentimiento personal y la voluntad personal. Pero estos también sufren un cambio al mismo tiempo que el pensar. El estudiante ya no produce sus pensamientos, sino que se piensan dentro de su alma. Con la sensación de que los pensamientos tienen su propio poder interno a través del cual ellos mismos piensan, surge una cierta fusión de sentimientos y voluntad. El sentimiento, podríamos decir, se vuelve más y más activo, y la voluntad se vuelve más y más aliada al sentimiento. La voluntad y el Sentir se relacionan más estrechamente entre sí de lo que estaban antes en el plano físico. Ningún impulso de la voluntad se puede formar sin el acompañamiento del desarrollo del sentir. Muchas de las acciones del estudiante producen dentro de él un sentimiento amargo, otras producen un sentimiento edificante. Con respecto a su voluntad, siente al mismo tiempo que sus propios impulsos de voluntad deben ajustarse de conformidad con sus sentimientos. Poco a poco descubre que los sentimientos que existen por el simple propósito del disfrute, dan lugar a una especie de reproche; pero los sentimientos que son percibidos como diciendo: "El alma humana debe proporcionar el campo de trabajo para tales sentimientos, deben experimentarse interiormente, de lo contrario no existirían en el universo"; tales sentimientos los encuentra gradualmente más justificables que otros. Se debe dar un ejemplo de inmediato, un ejemplo característico, para que lo que se quiere decir quede suficientemente claro; no es con el propósito de condenar nada, sino solo para expresar la naturaleza esencial de esta diferencia. Alguien puede encontrar placer teniendo buenas comidas. Cuando experimenta este placer, sucede algo dentro de él, esto es indiscutible. Pero no se experimenta ninguna consecuencia en el universo, en el cosmos, cuando un individuo experimenta este placer en una buena comida; no tiene mucha importancia para la vida general del mundo. Pero si alguien toma el Evangelio de San Juan y lee tan solo tres líneas de él, eso tiene una inmensa consecuencia para todo el universo; porque si de entre todas las almas de la tierra ninguna leyera el Evangelio de San Juan, toda la misión de la tierra no podría cumplirse; de nuestra participación en dichas actividades, fluyen espiritualmente las fuerzas que constantemente agregan nueva vida a la tierra en sustitución de la que muere dentro de ella. Debemos distinguir una diferencia entre experimentar el sentimiento egoísta ordinario y aquella otra en la cual estamos al menos proporcionando un campo para experimentar un sentimiento necesario para la existencia del mundo. Bajo ciertas circunstancias, un hombre puede hacer muy poco exteriormente, pero cuando en su alma desarrollada, sin perseguir ningún placer personal, es consciente de que a través de su sentimiento se da la oportunidad para que exista un sentimiento importante para la existencia universal; entonces él está haciendo una enormidad.
Por extraño que pueda parecer, también se puede decir lo siguiente: Hubo una vez un filósofo griego llamado Platón. Escribió muchos libros. Todo el tiempo que una persona solo viva con su alma en el plano físico, leerá estos libros para su propia instrucción. Tal instrucción externa tiene su significado para el plano físico, y es muy bueno hacer uso de todos los medios de instrucción en el plano físico, porque de lo contrario seguiríamos siendo estúpidos. Los logros obtenidos en el plano físico están ahí con el propósito de instruirnos. Pero cuando un alma se ha desarrollado esotéricamente y luego toma a Platón, podríamos decir, y lo lee de nuevo por una razón diferente; es decir, porque Platón y sus obras solo tienen un significado en la existencia terrenal si lo que ha escrito también es experimentado por otras almas; y el alumno lee no solo para instruirse a sí mismo, sino porque de ese modo se cumple un propósito.
Debe agregarse algo a nuestro sentimiento, permitiéndonos reconocer una diferencia entre el sentimiento egoísta, que se inclina más hacia el disfrute y el sentimiento desinteresado, que se nos presenta como un deber espiritual interno. Esto puede extenderse incluso a la vida externa y a la concepción externa de la vida; y aquí venimos a hablar sobre un punto que brilla, podría decirse, partiendo de lo individual a la experiencia social.
Cuando una persona familiarizada con los secretos del esoterismo observa lo que sucede en el mundo (cuantas personas desperdician su tiempo libre en lugar de ennoblecer sus sentimientos con lo que entra en la existencia terrenal desde las creaciones espirituales) podría llorar por la estupidez que ignora todo que en la vida humana fluye a través del sentimiento humano. Y a este respecto, debe observarse que cuando estas experiencias comienzan, aparece un egoísmo más delicado en la naturaleza humana. En las siguientes conferencias escucharemos cómo se asume este egoísmo más sutil con el propósito de superarse a sí mismo; pero al principio simplemente aparece como un egoísmo más sutil, y durante nuestro desarrollo antroposófico, descubriremos que aparece una especie de sed de gozar más alta, una sed de gozar de las cosas espirituales. Y, por más grotesco que parezca, es cierto que una persona que está experimentando un desarrollo esotérico puede en cierta etapa declarar, aunque no permita que esta conciencia se convierta en orgullo y vanidad, que todo lo que se encuentra ante él en la tierra en el camino de las creaciones espirituales debe ser disfrutado; está allí para su disfrute, por lo tanto le pertenece. Y gradualmente desarrolla un cierto impulso hacia tales disfrutes espirituales. En este sentido, el esoterismo no causará ningún daño en el mundo, porque podemos estar bastante seguros de que cuando aparezca tal deseo por las creaciones espirituales de la humanidad, no supondrá un inconveniente.



Como resultado de esto, aparece algo más. Gradualmente, el alumno siente en cierto modo el despertar de su propio cuerpo etérico, al darse cuenta de que siente que su propio pensar tiene menos valor, y al sentir la afluencia del pensamiento desde el cosmos, que está entrelazado con lo Divino. Él siente cada vez más cómo la voluntad y el sentimiento surgen de él mismo; comienza a sentir el egoísmo solo en su voluntad y en su sentimiento, mientras percibe los dones de la sabiduría, que siente fluir a través de ellos, como si lo conectara con todo el cosmos.
Esta experiencia está relacionada con otra. Comienza a sentir una actividad interna del sentir y de la voluntad, entretejida con simpatía y antipatía interior. Un sentimiento más sutil y delicado le dice que cuando él mismo hace esto o aquello es una falta de gracia, ya que tiene dentro de sí una cierta cantidad de sabiduría. De algunas otras, puede sentir que es correcto hacerlas, de acuerdo con su sabiduría. Aparece en los sentimientos una experiencia de auto control que surge naturalmente. Nos invaden sentimientos de amargura cuando sentimos un impulso de la voluntad que surge desde adentro, impulsándonos a hacer algo que no nos parece correcto, en vista de la sabiduría con la que ahora hemos aprendido a compartir. Este sentimiento amargo se percibe más claramente con respecto a las cosas que hemos dicho; y es bueno para quien se está desarrollando antroposóficamente que no pase desapercibido darse cuenta de cómo la totalidad de la vida interna del sentimiento puede ser refinada en este aspecto. Mientras que en el caso de una persona en la vida exotérica, cuando ha pronunciado ciertas palabras, cuando ha dicho una cosa u otra, ese asunto queda zanjado ; en el caso de una persona que ha experimentado un desarrollo antroposófico, se produce una sensación posterior clara con respecto a lo que ha dicho; siente algo así como una vergüenza interior cuando ha expresado lo que no está bien en un sentido moral o intelectual; y algo así como una especie de agradecimiento, no satisfacción consigo mismo, cuando está en condiciones de expresar algo que está en conformidad con la sabiduría que ha alcanzado. Y si siente, y por esto, también, adquiere una delicada sensibilidad, que algo así como una auto satisfacción interior, una auto complacencia consigo mismo surge cuando ha dicho algo que es correcto, eso es una señal de que todavía posee demasiada vanidad, lo cual no es bueno en su desarrollo. Aprende a distinguir entre el sentimiento de satisfacción que sigue cuando ha dicho algo con lo que puede estar de acuerdo, y la auto complacencia que no tiene valor. Debe tratar de no permitir que surja este último sentimiento, sino solo desarrollar el sentimiento de vergüenza cuando ha dicho algo falso o no moral, y cuando ha logrado decir algo apropiado para la ocasión, desarrollar un sentimiento de gratitud por la sabiduría en la que ahora tiene parte y a la que no reclama como suya, sino que recibe como un regalo del universo.
Poco a poco el alumno siente de esta manera con respecto a su propio pensar. Como ya se ha dicho, debe seguir siendo un hombre en el plano físico; y aunque no atribuya demasiado valor a los pensamientos auto-formados, aún debe formarlos; pero este auto pensar ahora cambia, tanto que lo mantiene bajo el auto control que acabamos de describir. Con respecto a un pensamiento, del cual puede decir: 'Lo he pensado y está en consonancia con la Sabiduría'; con respecto a este pensamiento, desarrolla un sentimiento de gratitud hacia la Sabiduría. Un pensamiento que surge como un pensamiento incorrecto, feo y no moral conduce a un cierto sentimiento interno de vergüenza, y el estudiante siente: "¿De verdad puedo seguir siendo así? ¿Es posible que todavía tenga egoísmo suficiente para pensar esto, frente a la Sabiduría que ha entrado en mí? "Es extremadamente importante para él sentir este tipo de auto control en su ser interior. La peculiaridad de este auto control es que nunca llega a través del intelecto crítico, sino que siempre aparece en el sentimiento, en la percepción. Prestemos gran atención a esto, mis queridos amigos: un hombre que es solo inteligente, que solo posee el juicio de la vida exterior, que es crítico, nunca puede llegar a lo que ahora estamos hablando; para esto debe aparecer como sentimiento. Cuando ha adquirido este sentimiento, cuando surge como si fuera de su propio ser interior, se identifica con este sentimiento de vergüenza o agradecimiento, y siente que su propio ser está relacionado con este sentimiento. Y si tuviera que hacer un diagrama de lo que se experimenta así, es como si uno sintiera la sabiduría fluyendo desde arriba, viniendo hacia uno desde arriba, entrando en la cabeza por delante y luego llenándonos desde arriba hasta abajo. Por otro lado, un estudiante siente que, como si procediera de su propio cuerpo, fluye hacia esa sabiduría un sentimiento de vergüenza, de modo que se identifica con este sentimiento y se dirige a la sabiduría como algo dado desde el exterior; y siente dentro de sí una región en la que este sentimiento, que ahora es el ego, se encuentra con la sabiduría inherente otorgada.
El alumno puede experimentar internamente la región donde se encuentran ambos. Sentir este encuentro, evidencia una experiencia interior correcta del mundo etérico; experimenta los pensamientos que pulsan desde el mundo etérico externo, porque es la sabiduría que fluye hacia él desde el mundo etérico externo la que presiona y la que se percibe por medio de los dos sentimientos: ese es el mundo etérico percibido correctamente. Y cuando él lo percibe así, por consiguiente, asciende hasta los Seres superiores que solo descienden hasta un cuerpo etérico y no a un cuerpo físico humano. Por otra parte, puede experimentar este mundo etérico erróneamente, en cierto sentido. El mundo etérico se experimenta correctamente entre el pensar y el sentir, de la manera que acabamos de describir. La experiencia es puramente un proceso interno en el alma. El mundo elemental o etérico puede experimentarse erróneamente si se experimenta en el límite entre la respiración y nuestro propio cuerpo etérico. Si el alumno realiza ejercicios de respiración demasiado pronto, o de forma incorrecta, gradualmente se convierte en testigo de su propio proceso de respiración. Con el proceso de respiración del cual es entonces consciente (el acto de respirar normalmente pasa desapercibido), puede adquirir una respiración que se perciba a sí misma. Y este sentimiento puede estar asociado con una cierta percepción del mundo etérico. Por medio de todo tipo de ejercicios de respiración, una persona puede obtener el poder de observar ciertos procesos etéricos que realmente están en el mundo externo, pero que pertenecen a los procesos psíquicos externos más bajos y que, si se experimentan demasiado pronto, nunca pueden dar la idea correcta del verdadero mundo espiritual.
Por supuesto, hasta cierto punto en la práctica esotérica también puede iniciarse un proceso de respiración regulado; pero este debe ser dirigido adecuadamente. En ese momento tiene lugar que percibimos el mundo etérico, como se ha descrito, en el límite entre el pensar y el sentir, y lo que así aprendemos a reconocer se fortalece solo cuando también llegamos a conocer los procesos etéricos más burdos que tienen lugar en la frontera. entre el mundo etérico y nuestros procesos de respiración. Porque el asunto es el siguiente: - Hay un mundo de genuina Espiritualidad superior, este lo alcanzamos a través de la interacción que tiene lugar -como hemos descrito- entre el saber y el sentir, allí llegamos a las obras realizadas en el mundo etérico por los seres que pertenecen a las jerarquías superiores. Pero hay un gran número de todo tipo de seres elementales buenos, malos, hostiles, horribles y peligrosos los cuales, si nos familiarizamos antes de tiempo, se entrometen con nosotros como si realmente fueran un mundo espiritual valioso, mientras que ellos no son más que, en cierto sentido, los residuos más bajos de los seres del mundo espiritual. Quien desee penetrar en el mundo espiritual debe familiarizarse con estos seres, pero no es bueno familiarizarse con ellos de buen principio. Porque la peculiaridad es esta: que si una persona se familiariza con estos seres al principio, sin atravesar el difícil camino de su propia experiencia interna, se encariña con ellos, tiene un asombroso apego por ellos; y entonces puede ocurrir que un hombre que así se eleva al mundo espiritual de una manera incorrecta, especialmente a través de un, (se puede llamar) entrenamiento físico, un cambio en los procesos de respiración, describiría ciertas cosas pertenecientes a este mundo espiritual, como se le aparecen a él. Los describiría de tal manera que muchas personas podrían pensar que son extremadamente bellos, mientras que para el ocultista que los percibe en la experiencia interna, pueden ser horribles y repugnantes. Tales cosas son bastante posibles en la experiencia del mundo espiritual.
No necesitamos hablar aquí de otros procesos que una persona puede practicar como entrenamiento, y mediante los cuales puede entrar en mundos malignos, porque en el Ocultismo es costumbre no hablar de lo que uno llega a conocer como la escoria del mundo espiritual. . No es necesario que entremos espiritualmente en ese mundo; por lo tanto, no resulta práctico hablar de los métodos que van aún más abajo que los procesos de respiración. Incluso el proceso de respiración, cuando no se hace de la manera correcta, realmente conduce hacia esos seres de escoria, que de hecho debemos llegar a conocer, pero no al principio, ya que entonce nos enamoramos de ellos, lo que no debería ser. Solo obtendremos un punto de vista verdadero y objetivo con respecto a su valor cuando hayamos penetrado en el mundo espiritual desde el otro lado.
Si el estudiante ahora comienza de esta manera a sentir que fluyen de sí mismo, por así decirlo, sentimientos receptivos hacia la sabiduría, el sentimiento de vergüenza y el sentimiento de gratitud; si estos sentimientos receptivos surgen, por así decirlo, de su propio organismo, entonces se familiariza así por primera vez de la manera más elemental con algo de lo que debe aprender más en el curso de su desarrollo oculto posterior. En la última conferencia señalamos que en el curso de nuestra experiencia gradual de lo etérico tomamos conciencia de lo que está activo en la parte etérica de nuestro cerebro, los Amshaspands, a los que se hace referencia en las enseñanzas de Zaratustra. En cuanto a nuestras ideas, podemos decir también: allí aprendemos al principio a formarnos una idea de los seres arcángeles activos y lo que tienen que hacer en nosotros. A través de lo que está aquí almacenado, a través de lo que aquí surge dentro de nosotros como sentimiento de agradecimiento o vergüenza, que tiene un carácter personal porque proviene de nosotros mismos, a través de esto obtenemos la primera concepción primaria elemental de lo que se llama el Archai o Fuerzas primarias; porque experimentamos de la primera manera más elemental de la manera descrita lo que las fuerzas Primarias producen en nosotros. Mientras que el estudiante -cuando comienza a experimentar en el etérico- primero experimenta a los Arcángeles en su cabeza de manera vaga, uno podría decir que, en sus actividades, en su labor etérica, experimenta en aquello con lo que la sabiduría entra en contacto con él, y que reacciona a él, las fuerzas Primarias impregnadas con algo parecido a la voluntad, no del todo de su naturaleza, sino de las fuerzas Primarias que han entrado en él y trabajan en la personalidad humana. Cuando aprende a sentir de esta manera, gradualmente obtiene una idea de lo que los ocultistas quieren decir cuando dicen: En aquella encarnación primigenia de nuestra tierra, el Antiguo Saturno, lo habitaban las Fuerzas Primarias o los Espíritus de la Personalidad en su etapa humana, por así decirlo. En aquel tiempo, estas Fuerzas Primarias o Espíritus de la Personalidad eran humanos. Ahora se han desarrollado más y, al hacerlo, han alcanzado la capacidad de trabajar desde el mundo suprasensible. ¿Y cómo se manifiesta en el tiempo presente, en nuestro período terrestre, este poder que han adquirido a través del progreso de su evolución hasta la tierra? Han alcanzado la capacidad de poder trabajar desde lo suprasensible sobre nuestra propia naturaleza corporal, y así trabajar en nuestra envoltura, que producen fuerzas en nuestro cuerpo etérico manifestándose de la manera descrita. Han puesto estas fuerzas en nosotros, y si hoy en día sentimos, si estamos tan organizados que podemos desarrollar en nosotros mismos los sentimientos de gratitud y vergüenza antes mencionados como un proceso natural interno (y esto puede convertirse en nuestra propia experiencia), debemos admitir: que esto puede convertirse en una experiencia interna, que nuestro cuerpo etérico debería palpitar de esta manera, y responder de esta manera a la Sabiduría; con esta finalidad las fuerzas Primarias han derramado fuerzas en el cuerpo etérico. De la misma manera, el hombre mismo en encarnaciones futuras de nuestra tierra alcanzará la capacidad de imprimir capacidades como estas en las envolturas correspondientes de otros seres, que estarán por debajo de él; imprimiéndoselas en su ser interior. Lo que el hombre debe saber con respecto a los mundos superiores se obtendrá gradualmente mediante la experiencia interna, al ascender, al pasar de la experiencia física a la etérica.
Tratemos de dejar estos temas aún más claros. En el antiguo Saturno, como ustedes saben, el calor era la condición física más densa, por así decirlo, la única condición física que se había alcanzado hacia la mitad del período de Saturno. Y pueden leer en mi libro, La ciencia oculta un bosquejo, que las actividades de Saturno en lo físico eran corrientes de calor y frío. También podemos hablar de estas corrientes de calor y frío desde el aspecto psíquico del alma, y decir: el calor fluía en las corrientes, pero este calor era la gratitud fluyendo de los Espíritus de la Personalidad; o este flujo de calor que se movía en una dirección diferente era la sensación de vergüenza de los espíritus de la personalidad. Lo que gradualmente debemos adquirir es la capacidad de relacionar lo físico con la actividad moral; porque cuanto más nos adentramos en los mundos superiores, más estrechamente están relacionadas estas dos cosas: el acontecimiento físico, que luego deja de ser físico, y la moral, que luego fluye a través del mundo con el poder de las leyes de la naturaleza.
Todo lo que acaba de describirse como algo que aparece en la experiencia interna a través del cuerpo etérico alterado, produce algo más en el alma humana. Este alma humana gradualmente comienza a sentir desazón por ser este hombre absolutamente individual, este ser humano único y personal. Es importante para nosotros aprender a notar esto; y es bueno notarlo como norma. Mientras menos interés se haya desarrollado previamente en esta etapa de desarrollo esotérico en lo que concierne a la humanidad en general, en lo que es común a la humanidad, más angustiado se encuentra uno al avanzar. Una persona que no ha desarrollado ningún interés en la humanidad en general, y sin embargo desea experimentar un desarrollo esotérico, se sentiría más y más como una carga. Por ejemplo, una persona a la cual le es posible ir a través del mundo sin empatia y camaradería ante lo que otro puede sufrir y disfrutar, que no puede identificarse con los otros, ni ponerse en el lugar de las almas de otros seres humanos, una persona así cuando progresa en el desarrollo esotérico, se siente como una especie de carga. Si a pesar de permanecer impasible ante la tristeza y la alegría humanas experimenta un desarrollo antroposófico, el estudiante arrastra consigo como un fardo pesado; y podemos estar bastante seguros de que su desarrollo teosófico simplemente permanecerá externo, un tema meramente intelectual, que tal persona simplemente está tomando la antroposofía como quien aprende un libro de cocina o alguna ciencia externa, a menos que sienta que es un mero peso, si a pesar de su desarrollo, no puede desarrollar un corazón que realmente sienta como propia, toda la tristeza y toda la alegría humana. Por lo tanto, es muy bueno si, durante un desarrollo antroposófico y oculto, ampliamos nuestros intereses humanos; y realmente no hay nada peor, que durante este progreso esotérico no tratemos de obtener una comprensión de cada tipo de sentimiento humano, sensación humana y vida humana. Por supuesto, esto no postula el principio, debe recalcarse una y otra vez, de que debamos pasar por alto todo los errores que se cometen en el mundo, sin críticas, porque eso sería una injusticia para el mundo; sino que postula algo más; mientras que antes del desarrollo esotérico podíamos sentir cierto placer al encontrar errores por algunos defectos humanos, este placer de encontrar defectos en otras personas cesa por completo en el curso del desarrollo esotérico. ¿Quién no conoce en la vida a personas a quienes les gusta hacer críticas muy pertinentes sobre los defectos de otras personas? No es que lo pertinente del juicio sobre los fallos humanos deba cesar, no, bajo ninguna circunstancia, debe tolerarse un acto como el cometido, digamos, por Erasmo de Rotterdam cuando escribió su libro El elogio de la locura; puede ser bastante justificable ser severo contra los errores cometidos en el mundo; pero en el caso de alguien que experimenta un desarrollo esotérico, cada palabra de censura que pronuncia o pone en marcha, le daña y le prepara cada vez más y mas dolor. Y el dolor por estar obligado a encontrar los defectos es algo que también puede actuar como un barómetro del desarrollo esotérico. Mientras más placer podamos sentir cuando nos veamos obligados a encontrar defectos o cuando descubramos que el mundo es ridículo, menos preparados estamos para progresar; y debemos obtener gradualmente una especie de sensación de que hay, desarrollándose más y más dentro de nosotros, una vida que nos hace ver estas locuras y errores en el mundo con ambos ojos, uno de los cuales sea crítico, y el otro lleno de lágrimas, uno seco y el otro mojado Esta división interna en partes, que se vuelve más independiente, por así decirlo, de lo que previamente estaba entremezclado, también forma parte del cambio experimentado por el cuerpo etérico humano.

Traducida por Julio Luelmo ago. 2015

GA145 La Haya 23 de marzo de 1913 El efecto del desarrollo oculto sobre el yo y las envolturas del hombre La experiencia diferenciada de lo etérico. Adquisición del sentido del tiempo en el cuerpo etérico

Rudolf Steiner


Conferencia IV
La Haya 23 de marzo de 1913


Cuanto más se altera el cuerpo etérico del estudiante bajo la influencia de su desarrollo esotérico, más obtiene lo que se puede llamar una sensación del tiempo. Por esta sensación del tiempo, se debe entender una sensación por las experiencias de hechos y eventos, ordenados consecutivamente en el tiempo. En la vida ordinaria, un hombre no suele poseer esta sensación diferenciada del tiempo. Ahora, ya he dado una pista de cómo se despierta esta sensación del tiempo, incluso a través de la alteración en el cuerpo físico, en que a través de un desarrollo esotérico o antroposófico, el estudiante se vuelve más sensible con respecto al verano y al invierno; pero a través de la alteración en el cuerpo etérico, se vuelve mucho más viva y sensible la percepción del progreso externo de los eventos. Y el estudiante que por algún tiempo haya tratado seriamente de llevar adelante su alma, percibirá una clara diferencia entre las diversas estaciones del año; de hecho, incluso entre parte de las estaciones; gradualmente aprenderá a sentir internamente una gran diferencia entre el verano y el invierno, entre la primavera, el verano y el otoño, y también sentirá otras divisiones más cortas de ellas en el transcurso del año. El tiempo en su progresión, se convierte en una sensación viviente. Poco a poco se da cuenta de que esa vida diferenciada puede percibirse en el transcurso del tiempo. Tal como los diversos órganos en el cuerpo físico, se diferencian, tal y como se vuelven más vivos interiormente y más independientes unos de otros, así también se vuelven, las diversas estaciones del transcurso del tiempo, hasta cierto punto, más independientes entre sí. Esto está relacionado con el hecho de que con el desarrollo de su propio cuerpo etérico, el estudiante experimenta la vida en el éter externo que nos rodea por todas partes. Estamos rodeados no solo por el aire, sino también por el éter; y este éter vive una vida real en el tiempo. El éter que lo rodea es, en cierto sentido, una especie de ser vivo, y vive con diferenciaciones consecutivas, así como la vida de un hombre es diversa según las diferentes edades. El alumno aprende a sentir la vida progresiva del éter externo. Adquiere cada vez más sentimiento de lo que es la vida del éter de vida cuando llega la primavera o cuando llega el verano, cuando el verano ha alcanzado su cenit, cuando el verano declina, cuando se acerca el otoño y cuando está realmente allí. Aprende a sentirse en armonía con este curso externo, nota una clara diferencia entre la vida de verano-primavera, verano-otoño y la verdadera vida de invierno.
Esta diferenciación se vuelve cada vez más claramente perceptible, por lo que a la larga puede decir: en este éter la tierra vive una vida independiente y en la medida en que un hombre vive en el tiempo, en realidad está inmerso y forma parte de la vida alternante del éter. A mediados de verano, el estudiante siente con mayor claridad que él, con su cuerpo etérico, está, hasta cierto punto, encerrado sobre sí mismo, y que él y la tierra viven vidas separadas, de modo que entonces la tierra lo afecta interiormente poco; después, como dijimos, su atención se dirige a sí mismo, por así decirlo, y gradualmente se forma una idea de lo que quiere decir el ocultista cuando dice: el verano es realmente el tiempo de dormir de la tierra. Llegamos aquí a un asunto que, a causa de la maya externa de la cual la humanidad está continuamente rodeada, se interpreta de forma bastante errónea. En la vida externa, que se ve afectada por maya, a las personas les gusta comparar la primavera con la mañana, el verano con el mediodía y el otoño con la tarde. Esta comparación es inexacta. Si realmente deseamos comparar el curso externo de la tierra con algo en nosotros mismos, debemos comparar la primavera, el verano y el otoño en su orden consecutivo con el tiempo en que la tierra duerme, y el otoño el invierno y la primavera en orden consecutivo con el período de vigilia de la tierra. Y cuando hablamos de un Espíritu de la Tierra, debemos concebir que en esa mitad del mundo donde reina el verano, el Espíritu de la Tierra está en ese momento en la misma condición, por así decirlo, tal como nosotros los seres humanos durante nuestro estado de sueño. Por supuesto, es diferente en el caso de la tierra: el hombre alterna absolutamente entre despertar y dormir; esto no es así con la tierra, donde la vigilia y el sueño pasan, por así decirlo, de una mitad del globo a la otra; fundamentalmente, el Espíritu de la Tierra nunca duerme, pero cuando la actividad de vigilia está latente en un hemisferio, se transfiere a la otra mitad. Pero no necesitamos prestarle mucha atención a esto ahora mismo. Consideraremos la experiencia que el hombre tiene en común con la tierra. Solo un hemisferio realmente entra en consideración aquí. Tenemos que concebir que durante el verano el Espíritu de la Tierra se separa de un cierto modo de su cuerpo físico, que en ese sentido es la tierra misma, y que en lo referente a su cuerpo físico terrenal, este Espíritu de la Tierra vive la misma vida en verano como un ser humano vive durante el sueño, en relación con su cuerpo físico. Durante el tiempo de sueño, el cuerpo físico y el cuerpo etérico se encuentran sobre la cama; viven una vida puramente vegetativa.
Para la mirada oculta parece que algo se despliega en el cuerpo humano dormido, algo como una vegetación delicada, comparable a un brote de vida puramente vegetal y cómo las fuerzas que durante el estado de vigilia se agotan son regadas nuevamente por esta vida vegetativa; de modo que mientras un hombre está dormido, realmente tiene su horario de verano. Y si tuviese que mirar la vida de su cuerpo físico dormido cuando con su cuerpo astral y su Ego esta fuera del cuerpo físico, vería cómo esta vida dormida del cuerpo físico va brotando y germinando, al igual que la vida vegetal en la tierra en primavera y verano. Observaría en su cuerpo físico durante el sueño una vida veraniega vegetativa brotando y germinando.
Pero como la parte de la tierra que habitamos tiene su tiempo de dormir durante el verano, el hombre mismo con su cuerpo etérico es por lo tanto, en cierto modo más dependiente de sus propios recursos y la consecuencia de esto es que en su desarrollo esotérico el estudiante - si ha adquirido la capacidad de percibir esto, puede percibir mejor y más claramente su propio cuerpo etérico durante el verano que durante el invierno. Percibe la independencia de su cuerpo etérico, por así decirlo, y, en nuestra época, sobre todo, la independencia de la parte etérica de la cabeza, esa parte etérica subyacente al cerebro. Es una sensación muy peculiar cuando, al sentir la vida del éter de la tierra en verano, el estudiante gradualmente comienza a adquirir una especie de sentimiento interior por esa parte particular del cuerpo etérico humano que subyace en su parte más importante, que es la cabeza , y sentir esta experiencia interna como diferente en primavera, diferente en verano y de nuevo diferente en otoño. Las distinciones en esta experiencia interna se sienten tan claramente que, al igual que hablamos de una diferenciación de sus partes, en el caso del cuerpo físico, asi mismo ahora podemos hablar realmente de las variadas vidas que vivimos en el curso del verano, claramente distintas las unas de las otras. La vida que se desarrolla internamente en primavera es diferente de la que se desarrolla internamente en verano y que en otoño vuelve a ser diferente. Al hablar del cuerpo etérico, debemos en realidad hacer una división, que hoy haremos; debemos, por así decirlo, dividir una parte etérica particular, que subyace en la cabeza.
Es esto lo que voy a esbozar con unos pocos trazos. Si imaginamos a un ser humano esquemáticamente (en líneas generales), podemos pensar que este cuerpo etérico del que acabo de hablar puede ser percibido de esa manera: hacia arriba, cada vez menos perceptible, perdiéndose en la indefinición, que es coincidente con el tiempo. E incluso podemos aprender gradualmente a sentir con bastante claridad que en esta parte de nuestro cuerpo etérico, ciertos seres estaban activos, creativos, reemplazándose unos a otros, por así decirlo, en el transcurso de las diversas estaciones desde la primavera hasta el otoño; se puede observar que las estaciones han trabajado sobre esta porción cerebral de nuestro cuerpo etérico, de modo que nuestro cerebro etérico es en ciertos aspectos un órgano complicado. Ha sido ajustado, por así decirlo, por diferentes seres espirituales que desarrollan sus poderes en períodos consecutivos de tiempo. Ahora obtenemos una idea de una enseñanza muy importante, y gradualmente aprendemos a percibir la verdad de esta enseñanza, una enseñanza cultivada especialmente en las escuelas zarathustrianas. Esta, sostenía que la parte etérica del cerebro humano fue gradualmente creada a partir del cosmos espiritual por seres espirituales llamados los Amshaspands. Estos Amshaspands obraron de tal manera que regulaban, por así decirlo, durante el verano: y de hecho todavía regulan hoy, sucesivamente, la primera regulación a principios de primavera, la segunda en primavera, etc., hasta la sexta y séptima. Siete - o relativamente hablando, seis - de tales seres Espirituales trabajan consecutivamente en el tiempo; y estos son los Espíritus creativos que, precisamente trabajando de forma consecutiva, de modo que cuando uno ha terminado su actividad el siguiente se pone a trabajar, construyen un principio tan complicado como el cuerpo etérico, y especialmente el cerebro humano. Así, en nuestro cerebro, están trabajando seis o siete seres espirituales consecutivamente, y el cerebro físico del hombre solo puede ser entendido cuando somos capaces de decir: "Ahi obra un Espíritu que se puede sentir especialmente en la primavera: que envía sus fuerzas que son principalmente fuerzas etéricas; luego en la primavera llega un segundo Espíritu que a su vez envía sus fuerzas ". (Ver dibujo)
Las fuerzas etéricas de este segundo Espíritu después fluyen al mismo espacio. El tercer Espíritu a su vez envía sus fuerzas etéricas, y así se desarrolla esta parte etérica del cerebro humano; los espíritus que se suceden en períodos consecutivos envían sus fuerzas etéricas al mismo espacio.
Debemos entender claramente que solo podemos sentir ciertas relaciones de lo que en nuestro cerebro se relaciona con estos Espíritus que hoy desarrollan sus fuerzas etéricas fuera de nosotros; porque el Ocultismo nos enseña que lo que acabo de describir tuvo lugar durante el antiguo período lunar; de modo que no debemos pensar que tal vez estos Espíritus que, como si dijéramos, rigen el verano, sigan trabajando hoy y quizás sean fuerzas formativas. Los rudimentos que fueron realmente irradiados por estos Espíritus durante el período de la Antigua Luna, los trajo el hombre consigo a su existencia terrenal; pero aun cuando los lleva dentro de su propio cuerpo etérico, puede, incluso hoy, cuando estos seres espirituales ya no tienen una influencia directa en el cuerpo etérico interno de nuestro cerebro, rastrear su relación con ellos, y esto lo siente en verano. A principios de la primavera, se puede sentir al primero de estos espíritus, que hoy tiene una tarea diferente afuera en el éter; pero el estudiante siente que de él procede lo que lleva dentro de si y que lo recibió en el antiguo período lunar; lo que le hace consciente de tal relación.
Este es el estupendo descubrimiento que el alumno puede hacer en el curso de su desarrollo esotérico; que a medida que pasa el tiempo, él experimenta dentro de sí mismo algo así como una imagen de Seres Espirituales activos, que hoy tienen una tarea muy diferente de la que tenían en el pasado cuando estaban entre los Espíritus trabajando juntos creativamente en nuestro propio ser. Durante el desarrollo de la tierra, el cerebro físico apareció como imagen, como la impresión de lo que se había desarrollado como una especie de arquetipo etérico incluso durante el antiguo período lunar, a través de estas influencias cósmicas espirituales. He representado esta parte de nuestro cuerpo etérico como abierta arriba, porque esto es lo que realmente se siente que es. Tanto es así, que tan pronto como el alumno lo percibe dentro de sí mismo, tiene la sensación: "Tú te abres a los mundos espirituales; estás en relación con mundos espirituales que siempre están por encima de ti ".
Hay otro sentimiento que se desarrolla gradualmente en la vida esotérica con respecto a esta parte del cuerpo etérico. Por lo general, no es nada fácil discutir estos asuntos, pero espero que si intento expresarlos claramente, podamos comprenderlos. Cuando un estudiante comienza a sentir su cuerpo etérico, realmente se siente flotando en el fluir del tiempo. Pero por lo que respecta a esta parte etérica de la cabeza, el estudiante se siente, en cierto sentido, como si estuviese tomando el tiempo consigo, como si no solo flotara en el fluir del tiempo, sino que se lo llevase consigo. De hecho, se da el caso, que llevamos mucho con nosotros, en esta parte etérea de la cabeza, perteneciente a una época anterior, por ejemplo, llevamos dentro el período de la Antigua Luna; porque la parte más esencial de ella (de nuestra cabeza) surgió durante el período de la Antigua Luna, y en el cuerpo etéreo del cerebro llevamos con nosotros la corriente del tiempo de la antigua luna. Y cuando un estudiante comienza a sentir esto, es como un recuerdo del tiempo en la antigua luna. Quien se haya formado una idea de las experiencias internas de las que se habló en la última conferencia sobre las experiencias del temperamento, también puede entender cuándo se dice que el ocultista que aprende a sentir la naturaleza interna del cuerpo etérico de la cabeza, cuando se concentra especialmente en esta parte etérica, siempre siente esta concentración como conectada con un estado de ánimo melancólico que se apodera de él; siente en su desarrollo esotérico como si un humor melancólico se derramase en su cabeza: a partir de dicho humor gradualmente se desarrolla en su fuero interno la comprensión de las cosas presentadas a nuestros amigos en la descripción oculta de la Antigua Luna .
El desarrollo esotérico debe, por supuesto, ir mucho más allá si uno realmente describe todas las diversas condiciones sobre la Luna; pero a partir de esto verán el surgimiento de lo que puede llevar a tal descripción. Ven, que en el mismo estudiante aparece algo que puede describirse como la melancolía de su cabeza, y dentro de este estado de ánimo emerge gradualmente algo así como una visión de la memoria en un pasado primitivo, en el período de la Antigua Luna. Y sería deseable que, a partir de descripciones como las que acabamos de dar, se tuviera que juzgar cómo el desarrollo esotérico realmente avanza, cómo al comenzar con una experiencia particular, el estudiante primero aprende a reconocer esta experiencia (en este caso como un recuerdo de un primigenio pasado, que ha llevado a lo largo de la corriente de tiempo consigo hasta el presente), y aprende a desplegar de nuevo, por así decirlo, aquello que una vez se ha vivido. Juzguen según esto, que el ocultista verdaderamente no está hablando de fantasías visionarias cuando establece la construcción del universo que se remonta a los períodos de la Antigua Luna, Antiguo Sol y Antiguo Saturno, pero que si el oyente esperara pacientemente, podría - a través del análisis del descubrimiento de estas cosas - obtener una idea de cómo es posible vivir gradualmente en esas grandes y poderosas imágenes cósmicas que verdaderamente pertenecen a un pasado lejano, pero que pueden ser llamadas nuevamente desde la vida del presente; solo necesitamos alcanzar el punto de desarrollo en el que podemos experimentar y luego desplegar los pasados fenómenos del tiempo que están envueltos en nosotros.
La parte del cuerpo etérico que corresponde a la parte media del ser humano se experimenta de una manera diferente. El sentimiento externo anterior cesa; interiormente es percibido aproximadamente de tal manera que se puede decir: la porción del medio, que tiene una especie de forma ovalada, se siente separada del resto. Si tuviéramos que separar esta porción media del cuerpo etérico como una experiencia particular, deberíamos decir: Quien a través de su desarrollo esotérico también experimenta en sí mismo la vida diferenciada de esta porción media del hombre, tiene la sensación de que esencialmente esta parte de su cuerpo etérico flota exactamente con la corriente del tiempo. Y en esta parte del cuerpo etérico se siente claramente viviendo en armonía con la vida etérica de la tierra que se ha diferenciado en la secuencia del tiempo.
Un estudiante cuyo desarrollo esotérico haya avanzado aún más, siente en esta parte en particular, que a comienzos de la primavera otros Espíritus trabajan sobre él además de aquellos de mediados de verano o del otoño. Es una especie de vida en armonía con estos, como si realmente flotasen en su compañía. Esta parte de su cuerpo etérico está por lo tanto separada de la otra, y, si somos capaces de entrar en tales asuntos, el sentimiento que tenemos en esta porción media del cuerpo etérico se va alternando entre los estados de ánimo flemático y sanguíneo. Asume la mayor variedad de tonos entre ambas. Por ejemplo, esta parte del cuerpo etérico se siente acompañando la corriente del tiempo en primavera, en el cuerpo físico se expresa de forma muy diferente, y hacia el otoño se siente más como si resistiera y rechazara el flujo del tiempo.


La tercera parte de nuestro cuerpo etérico siente desvanecerse en lo indefinido y aunque se expande ampliamente, desaparece en la tierra. Estas son las tres partes del cuerpo etérico que ahora pueden sentirse, como desconectadas unas de otras; esto representa la sensación interna, el sentimiento interno del cuerpo etérico; no se presentaría de esta manera al vidente si observara el cuerpo etérico de otro ser humano, porque esta es una experiencia interna del cuerpo etérico. Esta experiencia nuevamente se modifica materialmente por la existencia de una cuarta parte del cuerpo etérico, claramente delineada como una especie de óvalo, que realmente incluye al ser humano dentro de ella. De los diversos sentimientos experimentados con respecto a esta parte del cuerpo etérico, se adquiere gradualmente un sentimiento, una impresión interna del cuerpo etérico, como de una forma externa.
Y luego el cuerpo etérico aparece como si tuviera varios matices, y en esta parte surge la impresión de estar en una especie de aura azulada o azul-violeta. Esta parte, que corresponde a la cabeza, es azulada o de color azul violeta según la naturaleza de la persona, pero gradualmente se desvanece por debajo y adquiere un color verdoso. La parte del medio es claramente de color rojo amarillento, cuando uno percibe el color, y la parte inferior tiene tonos claramente rojizos a rojo oscuro, pero se extiende y a menudo se extiende mucho.
Ahora las fuerzas que trabajan en estas cuatro partes difieren de forma evidente de modo que las sensaciones internas que producen no son muy definidas; pero al mirar este aura exterior clarividentemente desde afuera, las fuerzas en él parecen comprimir la parte superior; y mirándolo desde afuera, se da la impresión de que la parte etérica de la cabeza es exactamente de la misma forma, solo que un poco más grande. Esto se aplica también a la parte media. Cuanto más bajamos, menos se da el caso. Pero a través de las fuerzas que trabajan una sobre otra, visto desde afuera, la impresión es que el cuerpo etérico es una especie de cimiento-forma del cuerpo físico, pero que se proyecta hacia un cierto espacio más allá de él. En la parte inferior, la sensación de similitud entre el cuerpo físico y el cuerpo etérico se pierde gradualmente.
Por lo tanto, deben tener en cuenta que la experiencia interna del cuerpo etérico es diferente en carácter del cuerpo etérico manifestado externamente a la observación del vidente. Esto debe tenerse en cuenta claramente. Cuando más tarde en el desarrollo esotérico aprendan a considerar el estado de ánimo, de acuerdo con los temperamentos fundamentales basados en el cuerpo etérico y descritos en la última conferencia, parecerá que, con respecto a la parte más baja del cuerpo etérico, allí la sensación se percibe como de naturaleza colérica. Por lo tanto, los diversos temperamentos deben distinguirse en las diversas partes de nuestros cuerpos etéricos. La parte superior del cuerpo etérico es de naturaleza melancólica, la parte media alterna entre flemática y sanguínea, y la inferior tiene un tono colérico. Y les ruego definitivamente que noten que esta descripción se aplica al cuerpo etérico. No considerar esto cuidadosamente, lleva fácilmente a caer en el error si estos asuntos se toman externamente. Pero el estudiante que toma esto cuidadosamente en cuenta se sorprenderá enormemente por la concordancia de lo que se ha evidenciado con ciertos fenómenos de la vida. Estudiemos por un momento a una persona colérica; es muy interesante hacerlo.
De acuerdo con lo que acabamos de decir, en el caso de la persona colérica, la parte inferior del cuerpo etérico sería sobresaliente; predominaría sobre las otras partes. De esta manera, se muestra que la persona es colérica. Las otras partes también están desarrolladas, por supuesto; pero la parte inferior sería particularmente prominente. Pues bien,cuando la parte inferior del cuerpo etérico, como cuerpo etérico, está particularmente desarrollada y tiene allí sus vigorosas fuerzas, es siempre evidente algo más, es decir, el cuerpo físico la recibe en menor medida en estas partes, manifiesta una cierta falta de desarrollo en las partes que subyacen a esta porción del cuerpo etérico. El resultado de esto en casos coléricos pronunciados, aquellos, por ejemplo, que son fieles al patron característico, es que el estado anatómico de ciertos órganos que corresponden a esta parte del cuerpo etérico se desenvuelven mal. Por favor, lean acerca de la condición anatómica de Napoleón, y les sorprenderá la prueba que presenta de lo que les estoy diciendo. Solo cuando comencemos a estudiar estos lados ocultos de la naturaleza humana, realmente aprenderemos a comprenderlo.
Ahora pueden hacerse la pregunta: ¿Cómo concuerda lo que se dijo en la última conferencia con lo que se ha dicho hoy? Concuerda perfectamente. Luego hablamos de los cuatro temperamentos; estos están predeterminados por las fuerzas del cuerpo etérico. Y, de hecho, la vida del cuerpo etérico está relacionada con el tiempo de la misma manera que la división en miembros, la diferenciación, está relacionada con el espacio. El cuerpo físico se vuelve más penetrantemente vivo en el espacio, diferenciando a sus varios miembros por así decirlo; el cuerpo etérico se vuelve más vivo, ya que sus partes se diferencian en el tiempo; es decir, dado que la vida temporal en su orden consecutivo es comprensivamente experimentada en sus partes y miembros independientes. La característica fundamental de la persona melancólica es que siempre lleva dentro de sí algo que ha experimentado en el tiempo, un pasado. Quien es capaz de comprender el cuerpo etérico del melancólico encuentra que siempre tiene dentro de sí las vibraciones posteriores de lo que experimentó en tiempos pasados. Ahora no me refiero a lo que aquí se menciona en el caso del cerebro humano, que se refiere a los tiempos primitivos, sino a lo que generalmente se llama melancolía; la vida etérica de la cabeza se remueve particularmente en un tiempo definido, en la juventud, digamos; y luego de haber sido así removida, está tan fuertemente influenciada, que en el curso posterior de la vida el melancólico todavía lleva consigo en su cuerpo etéreo las vibraciones que se imprimieron en su juventud, mientras que con el no melancólico estas vibraciones pronto cesan. En el caso de una persona flemática o sanguínea, hay una especie de flotación con el tiempo; pero en la persona flemática hay, por así decirlo, una flotación perfectamente uniforme con la corriente del tiempo, mientras que la persona sanguínea oscila entre una experiencia interior más rápida o más lenta con respecto a la corriente del tiempo que fluye externamente. Por otro lado, la persona colérica se resiste, y esa es la peculiaridad, el tiempo que se aproxima y que nos llega, por así decirlo, desde el futuro. La persona colérica en cierto sentido rechaza el tiempo y rápidamente se libera de las vibraciones que el tiempo provoca en su cuerpo etérico. En tanto, la persona melancólica lleva dentro de sí el mayor número de vibraciones posteriores de experiencias pasadas, la persona colérica es justo al revés. Si toman la ilustración algo grotesca de la pelota bien inflada, que se comparó con el cuerpo etéreo del colérico, también pueden usar esa ilustración aquí. El balón solo queda impresionado con dificultad por los eventos consecutivos; los rechaza, y por lo tanto no permite que los eventos que vienen en la corriente de tiempo dejen fuertes vibraciones dentro de él. Por lo tanto, el colérico no los lleva por mucho tiempo dentro de si. La persona melancólica que permite que los eventos trabajen muy profundamente en su cuerpo etérico, durante mucho tiempo debe soportar las vibraciones del pasado que lleva consigo hacia el futuro.
Para comprender el cuerpo etérico y el cuerpo físico, es bueno concebir que el cuerpo físico sea preeminentemente un cuerpo espacial, y el cuerpo etérico sea preeminentemente un ser temporal. No entendemos en absoluto el cuerpo etérico si lo consideramos solo como un ser en el espacio. Y un dibujo como el que está ante ustedes es realmente solo una especie de representación pictórica en el espacio de la vida del cuerpo etérico, fluyendo en el tiempo y teniendo su existencia en el tiempo. Como la vida del propio cuerpo etérico sigue su curso en el tiempo y es una vida temporal, por esta razón también sentimos el tiempo con nuestro cuerpo etérico, es decir, experimentamos la corriente externa de eventos en el tiempo.
Cuando un hombre pasa por un desarrollo oculto, también experimenta otra corriente de eventos en el tiempo. En la vida ordinaria, esta corriente de eventos apenas se percibe; pero pronto se percibe a medida que el alma se desarrolla más. Es decir, el transcurso del día. Porque de alguna manera los Espíritus del curso anual también trabajan con fuerzas menores en el transcurso del día. ¡Es el mismo sol el que condiciona el curso del año y el del día! Aquel que ha pasado por un desarrollo esotérico pronto encontrará que existe una relación entre su cuerpo etérico y lo que sucede en el éter externo que su actitud hacia los Espíritus de la mañana, los Espíritus del mediodía y los de la tarde es diferente en cada caso. Los espíritus de la mañana nos afectan tanto que nos sentimos estimulados en nuestro cuerpo etérico a una actividad que se inclina más hacia el intelecto, hacia la razón, que puede pensar sobre lo que se ha experimentado, lo que puede trabajar más con el juicio sobre lo que ha sido observado y aún permanece en la memoria. A medida que se acerca el medio día, estos poderes de juicio declinan gradualmente; entonces un hombre siente los impulsos de la voluntad más activos interiormente. Aunque hacia el mediodía el alumno comienza a ser menos capaz de trabajar en lo que respecta a sus fuerzas externas que en la mañana, las fuerzas de su voluntad, por dentro, son más activas. Y hacia la noche llegan las fuerzas productivas que están más conectadas con la imaginación. Por lo tanto, los seres espirituales que envían sus fuerzas en las condiciones del éter de vida de la tierra difieren en cuanto a los deberes que deben realizar.
Podemos estar convencidos de que cuanto más superemos los sentimientos materialistas que pertenecen a nuestra época, más nos daremos cuenta de que debemos aprender a tener en cuenta la adaptación del cuerpo etérico a la secuencia del tiempo. Llegará un tiempo en que se considerará curioso que en la escuela deba ser estudiado un tema en la mañana, que hace afirmaciones especiales sobre los poderes de la imaginación. En el futuro, esto se considerará tan extraño como lo sería hoy si alguien se pusiera un abrigo de piel en agosto y una prenda ligera a mediados de invierno. Es cierto, todavía estamos muy lejos de este día; pero llegará antes de lo que la gente realmente piensa. Llegará un día en que será la costumbre habitual (habrá una vez más una diferencia entre el verano y el invierno), llegará un momento en que las personas verán que es una tontería organizar las horas de clase que hace que se dispongan durante varias horas trabajar en la mañana, para dejar varias horas libres a la mitad del día y luego dedicar varias horas nuevamente a trabajar por la tarde. Tal vez esto no se considere práctico de acuerdo con nuestra división actual del tiempo: pero vendrá el día en que se preste atención a los requisitos de la naturaleza humana. Las horas de la mañana se dedicarán a las matemáticas, las horas de la tarde a la poesía. Ahora estamos viviendo en una época en la que, en razón de la visión materialista que ahora está en su apogeo, la comprensión de estas cosas está completamente desbordada; de modo que en la actualidad, aquello que un día, cuando se tiene en cuenta la naturaleza completa del hombre, nos parecería lo más razonable, ahora parece ser lo más necio.
Otro resultado será que durante el invierno, a través del desarrollo esotérico, sentiremos más y más que no estamos tan encerrados en nosotros mismos, en nuestro cuerpo etéreo interno, como lo estamos durante el verano, sino que estamos más conectados con el Espíritu directo de la tierra. La diferencia es tan sentida que durante el verano decimos: 'Ahora estamos viviendo con los Espíritus que han obrado en nosotros desde tiempos inmemoriales, cuyo trabajo llevamos dentro, mientras que el Espíritu directo de la Tierra está más lejos de nosotros. En invierno, las vibraciones internas, que desde la antigüedad hemos llevado con nosotros, especialmente en la cabeza, se volverán más silenciosas; nos sentiremos conectados con el Espíritu de la Tierra; aprenderemos a entender que el Espíritu de la Tierra está despierto en invierno. Así como en verano duerme, por consiguiente en invierno despierta. Durante el verano, el Espíritu de la Tierra ve brotar la vida vegetal, de la misma manera que el hombre durmiente ve las fuerzas vegetativas brotar en su propio cuerpo. Durante el invierno se retiran, justo igual que cuando el hombre está despierto, estas fuerzas vegetativas en el cuerpo humano se retiran. En invierno, el Espíritu de la Tierra está despierto; la tierra está unida, por así decirlo, con el Espíritu que despierta, así como un ser humano durante su período de vigilia se une con su Espíritu despierto. La consecuencia es que cuando a través de una vida esotérica el alumno se vuelve sensible a ella, aprende a sentir que en verano debe pensar, debe elaborar sus pensamientos, pero no sus inspiraciones. Estos provienen de lo que está dentro, del cuerpo etérico independiente. En invierno uno, sin embargo, se inspira más fácilmente en los pensamientos que en verano, de modo que el pensamiento humano en invierno funciona más como una inspiración que en verano. En un sentido particular, el pensamiento humano fluye tan fácilmente en el invierno que proviene de sí mismo, en cierto modo. Por supuesto, estas condiciones se combinan de diversas maneras. Pueden tomar una forma bastante individual en ciertas personas, de modo que si una persona está más inclinada a tener pensamientos que tienden a lo suprasensible, esto puede revertirse. A través del hecho de que durante el verano es más fácil producir estos pensamientos de lo suprasensible, puede ocurrir exactamente lo contrario. Pero en lo que respecta a la experiencia del cuerpo etérico, lo que acabo de decir es válido.
Esta vida particular en simpatía con el principio etérico externo se vuelve más perceptible cuanto más progresa el estudiante en su desarrollo esotérico. Y si desea desarrollar su cuerpo etérico de la manera correcta, debe gradualmente, de la misma manera que primero tuvo que suprimir la percepción sensible, también cerrar sus pensamientos; debe cerrar especialmente su pensar abstracto y pasar gradualmente al pensamiento concreto y pictórico; del pensar debe pasar al pensamiento, y luego debe dejar de pensar en absoluto. Pero cuando presenta una conciencia vacía, y permite que cese todo pensamiento, de la manera descrita en la segunda parte de mi libro, La ciencia oculta un bosquejo, siente que el pensamiento que vive dentro de él desaparece, y lo que ha producido previamente por su esfuerzos como su pensar se desvanece; y en su lugar se siente maravillosamente animado por pensamientos que fluyen hacia él como procedentes de mundos desconocidos para su beneficio especial. Es una transición en la vida del alma humana que puede describirse diciendo, "Ruego que no malinterpreten la expresión", que el alumno deja de ser inteligente y comienza a hacerse más sabio. Una idea muy definida puede relacionarse con esto. La astucia, que se adquiere interiormente a través del poder del criterio, la habilidad, (una posesión terrenal), desaparece. La actitud interna del alumno es tal que no la valora especialmente, ya que poco a poco siente brillar en él una sabiduría dada por Dios. "Ruego nuevamente que no malinterpreten la expresión"; porque esta experiencia le permite a uno usar la expresión sin arrogancia, usarla con toda humildad y modestia. Con respecto a la sabiduría dada por Dios, el estudiante constantemente se vuelve más y más humilde. Realmente solo podemos sentirnos orgullosos y arrogantes por la astucia propiamente adquirida, y por la llamada habilidad, pero cuando uno pasa por esta experiencia uno gradualmente siente como si esta sabiduría, esta sabiduría dada por Dios, fluyese hacia el cuerpo etérico de uno y lo llenase. Es muy importante tener esta experiencia, ya que afecta al estudiante de una manera peculiar; luego siente que la vida se va, flotando en el fluir del tiempo. Y la corriente de la sabiduría es algo que viene hacia él, algo que, se derrama en él como una corriente que avanza; y realmente siente esta afluencia -como se describe pictóricamente- como corrientes, pero corrientes que fluyen contra el curso del tiempo, que entran por la cabeza y se vierten en el cuerpo y son atrapadas por él.
Lo que acabo de describir se desarrolla gradualmente en una experiencia muy definida. El estudiante ya no se siente en el espacio; porque aprende a sentir el cuerpo etérico, que es un ser temporal; aprende a avanzar en el tiempo y a encontrarse continuamente, por así decirlo, con los Seres Espirituales que vienen hacia él desde el otro lado del cosmos, que vienen hacia él desde el futuro y le otorgan sabiduría. El sentimiento de recibir esta sabiduría solo puede alcanzarse cuando el desarrollo esotérico u oculto ha sido dirigido de tal manera que uno ha desplegado un sentimiento que el alma pone en juego de manera especial sobre todos los eventos futuros; cuando uno ha desarrollado la compostura con respecto a lo que el futuro puede traernos, es decir, lo que la experiencia constante nos trae. Si todavía nos acercamos a lo que la experiencia nos trae con fuertes dosis de simpatía y antipatía, si aún no hemos aprendido a tomar el Karma con seriedad; es decir, si no hemos aprendido a aceptar lo que el Karma trae y lo soportamos con paciencia, entonces todavía no podemos tener esa perceptividad especial para la sabiduría que fluye hacia nosotros; porque solo de la experiencia que se experimenta con calma allí es diferenciada en nuestro ser la corriente de sabiduría brillante y entrante. Esta perceptividad marca un punto muy definido en nuestra experiencia esotérica, el punto al que venimos, y que realmente solo podemos alcanzar cuando, con devota gratitud y tranquilidad, recibimos cada experiencia que nos llega. El cambio de nuestro cuerpo etérico que tiene lugar en un verdadero desarrollo esotérico nos permite hacer esto, porque, entre otros requisitos para el desarrollo, también se espera que adquiramos tranquilidad y una verdadera comprensión de nuestro Karma, de modo que no atraigamos mediante la simpatía y antipatía lo que está por venir, o nos resistamos a lo que nos concierne, sino que aprendamos a soportar nuestro Karma como una corriente constante de experiencia. Este aprendizaje de llevar nuestro Karma forma parte de nuestro desarrollo esotérico, y es esto lo que nos permite transformar nuestro cuerpo etérico de modo que gradualmente aprenda más y más a percibir la vida etérea externa que lo envuelve.
Traducido por Julio Luelmo ago, 2015

GA145 La Haya 22 de marzo de 1913 El efecto del desarrollo oculto sobre el yo y las envolturas del hombre -La evolución de los sentidos humanos La percepción del ser etérico a través de una conciencia onírica del sistema muscular,


Rudolf Steiner

Conferencia III

La Haya 22 de marzo de 1913

Los cambios que tienen lugar en el alumno con respecto a su sistema muscular, a través de su desarrollo oculto y especialmente en lo que respecta a sus sentidos, sus órganos sensoriales, conducen, por así decirlo, desde el sistema físico de envolturas del hombre hasta el sistema etérico, el cuerpo etérico. Con respecto al sistema muscular, el alumno no solo siente que este sistema muscular se está volviendo cada vez más móvil, como lo mismo se puede decir con respecto a los otros órganos físicos, sino que, además de estar más vivo, siente que este sistema muscular está impregnado de una delicada conciencia interior. Es como si la conciencia en realidad se extendiera al sistema muscular. Y sin imprecisión, hablando por así decirlo en paradoja sobre esta experiencia, podríamos decir que en el curso de su desarrollo esotérico, el estudiante gradualmente toma conciencia de sus varios músculos y su sistema muscular de una manera vaga interna; él siempre lleva consigo su sistema muscular de tal manera que entretiene pensamientos vagos, sueños de su actividad en medio de su conciencia normal de vigilia.
Siempre es muy interesante captar la razón de este cambio de la envoltura física porque en esta percepción el estudiante tiene algo que le informa que en cierta dirección ha progresado. Cuando comienza a sentir sus diversos músculos, de modo que cuando, por ejemplo, contrayéndolos y extendiéndolos, es apenas consciente de lo que está sucediendo, tiene un tenue sentimiento de simpatía que significa: algo está sucediendo en los músculos. Cuando los movimientos de sus músculos se convierten en ideas para él, es una prueba de que está comenzando a sentir gradualmente el cuerpo etérico impregnando el cuerpo físico; porque lo que realmente siente son las fuerzas del cuerpo etérico que están activas en los músculos. De modo que cuando un hombre comienza a tener una sensación sombría de sus varios músculos, una conciencia soñadora de sí mismo, por así decirlo, al igual que en los libros de texto sobre anatomía uno puede ver la imagen de un hombre cuya piel se ha eliminado de modo que solo los músculos aparecen, es el comienzo de la percepción del cuerpo etérico. De hecho, cuando uno comienza a percibir la entidad etérica, es en cierto sentido como este "sacarse la piel" y tener una conciencia oscura de los miembros de uno como si se tratara de un muñeco articulado.
Menos cómodo, pero no obstante presente, es la sensibilidad cuando el sistema óseo comienza a perfilarse sobre la conciencia. Esta es una sensación más incómoda, porque tomar conciencia de este sistema óseo es ser golpeado forzosamente por el hecho de aumentar la edad. No es precisamente agradable notar la facultad de sentir con respecto al sistema óseo, que generalmente no se siente en la vida ordinaria; pero un hombre comienza a sentir su sistema óseo como algo parecido a una sombra dentro de él, cuando se desarrolla etéricamente. Y luego se da cuenta de que la representación simbólica de la muerte como esqueleto estaba en concordancia con cierta facultad clarividente de la humanidad en los tiempos primitivos, ya que sabían que en su esqueleto, un hombre aprende gradualmente a acercarse a la muerte.
Pero mucho más significativo que todo esto es la experiencia que el alumno tiene durante su desarrollo esotérico o antroposófico con respecto a sus órganos de los sentidos. Ahora sabemos que estos órganos de los sentidos realmente deben ser despojados cuando el alumno experimenta un desarrollo esotérico; deben estar en silencio, por así decirlo. Los órganos de los sentidos físicos sienten así que durante el desarrollo esotérico son condenados, por así decirlo, a la inactividad; están desconectados. Ahora bien, cuando están desconectados como órganos de los sentidos físicos, algo más viene a su lugar. El estudiante primero se vuelve gradualmente consciente de los órganos de los sentidos como mundos distintos que lo penetran. Aprende a sentir el ojo, los oídos, incluso el sentido calórico. Pero lo que él aprende a sentir no son los órganos de los sentidos físicos, sino las fuerzas etéricas, las fuerzas del cuerpo etérico, que actúan constructivamente sobre los órganos de los sentidos. De modo que cuando interrumpe la actividad de los sentidos, ve la naturaleza de estos órganos de los sentidos apareciendo como otros tantos órganos etéricos que lo penetran. Es extremadamente interesante.
A medida que durante su desarrollo esotérico el estudiante cierra los ojos, por ejemplo, y ya no piensa en la vista física, en esa misma medida aprende a reconocer algo que penetra en su propia organización como organismos de luz, entonces realmente aprende a reconocer que los ojos se han formado gradualmente a través del trabajo de las fuerzas interiores de la luz sobre nuestro organismo. Porque durante el tiempo que se retira toda la actividad de los ojos físicos, siente que el campo de visión está impregnado por fuerzas de luz etéricas que organizan los ojos. Este es un fenómeno peculiar: cuando uno cierra los ojos, aprende a través de ellos a conocer las fuerzas de la luz. Todas las teorías físicas no son nada en comparación con el conocimiento de la naturaleza interna de la luz y su actividad que el estudiante experimenta cuando se ha acostumbrado a eliminar el poder visual de los ojos y gradualmente se vuelve capaz, en lugar del uso físico de los ojos, a percibir la naturaleza interna de las fuerzas etéricas de la luz.
El sentido del calor está en un nivel inferior, por así decirlo, y es extremadamente difícil realmente aislar la sensibilidad al calor y al frío; este fin se logra mejor durante el desarrollo esotérico, tratando de no ser perturbado durante el tiempo de meditación, por ninguna sensación de calor. Por lo tanto, es bueno realizar meditación mientras se está rodeado por una temperatura que no sea ni caliente ni fría, de modo que ninguna sensación produzca irritación. Si esto se puede hacer, la naturaleza interna del éter calórico que se irradia a través del espacio puede ser gradualmente reconocida, solo entonces un estudiante se siente en su propio cuerpo como si estuviera permeado por la verdadera actividad del éter calórico. Al no tener ya la percepción externa del calor, puede aprender la naturaleza del éter calórico a través de sí mismo.
Al interrumpir el sentido del gusto -por supuesto, se interrumpe durante los ejercicios esotéricos-, pero cuando logra la facultad de invocar la sensación del gusto como recuerdo, se convierte en el medio para reconocer el llamado éter químico, aún más fino que el éter lumínico. Esto tampoco es muy fácil, pero puede ser experimentado.
De la misma manera, al desconectar el sentido del olfato, uno puede reconocer el éter de vida.
El cierre del sentido auditivo proporciona una experiencia única. Para esto, sin embargo, debe alcanzarse tal poder de abstracción, que incluso si algo audible está sucediendo, no se escucha. Todo lo audible debe ser cerrado. Luego vienen hacia uno, como si estuvieran perforando el organismo, las fuerzas en el cuerpo etérico que organizan nuestro órgano auditivo. De este modo, se realiza un descubrimiento notable. Estas cuestiones realmente pertenecen a los secretos de regiones aun cada vez más elevadas. Por lo tanto, no hay dificultad en afirmar que no es posible comprender todo de una vez todo lo que se dice con respecto a las experiencias con un sentido como el de la audición. Hacemos el descubrimiento de que este oír, tal como el hombre lo posee en su maravillosa organización, no podría haber sido formado a través de las fuerzas etéricas que actúan alrededor de la tierra como tales. Las fuerzas de la luz, las fuerzas etéricas de la luz que actúan alrededor de la tierra están conectadas internamente con la formación de nuestros ojos; aunque los cimientos de los ojos ya existían, sin embargo, por la formación del ojo, por su posición en el organismo, está conectado internamente con las fuerzas del éter lumínico de la tierra. De la misma manera, nuestro sentido del gusto está conectado con las fuerzas del éter químico de la tierra, a partir de las cuales se desarrolla en su mayor parte. Nuestro sentido del olfato está conectado con el éter de vida de la tierra; está organizado casi exclusivamente desde el éter de vida que actúa alrededor de la tierra. Pero cuando nuestro órgano auditivo se encuentra con el ocultismo durante el desarrollo esotérico, nos muestra que debe una parte infinitesimal de su ser a las fuerzas etéricas que actúan alrededor de la tierra. Podría decirse que las fuerzas etéricas que actúan alrededor de la tierra han dado el toque final a nuestro órgano auditivo ; pero este último ha sido tan influenciado por estas fuerzas etéricas que realmente lo han hecho, no más perfecto, sino más imperfecto; porque solo pueden trabajar sobre el oído mediante sus actividades en el aire, que continuamente les ofrece resistencia. Por lo tanto, podemos decir, aunque sea una paradoja, que nuestro órgano auditivo es la manifestación degenerada en la Tierra de una organización mucho más delicada que existía previamente; y en esta etapa, a través de su propia experiencia, el estudiante en desarrollo sabrá que trajo los oídos, el órgano auditivo completo, consigo a la tierra cuando hizo su camino desde la antigua Luna a la Tierra; de hecho, encontrará que este órgano auditivo era mucho más perfecto en la Luna antigua que en la tierra. Con respecto al oído, gradualmente aprendemos a sentir - a menudo nos vemos obligados a usar expresiones paradójicas - que podemos estar tristes por este pensamiento, porque el oído pertenece a aquellos órganos que, en toda su disposición, en toda su estructura, son el testimonio de las perfecciones del pasado. Y quien se acerca gradualmente a la experiencia que hemos indicado brevemente entenderá al ocultista que realmente obtiene su conocimiento de poderes aún más profundos, el ocultista que le dice: en la Antigua Luna, el oído tenía mucho más significado para el hombre del que ahora tiene. En aquellos tiempos, el oído le permitía vivir por completo, por así decirlo, en la música de las esferas que aún resonaban, en cierto sentido, en la Antigua Luna. El oído estaba tan relacionado con los sonidos de la música de las esferas, que, aunque débil en comparación con lo que había sido antes, todavía sonaba en la Luna; estaba tan relacionado con estos sonidos que los recibía. A causa de su perfección en la Antigua Luna, el oído estaba, por así decirlo, siempre inmerso en la música. Esta música en la Antigua Luna todavía se impartía a toda la organización humana; estas olas de música aún permeaban la organización humana en la Antigua Luna y la vida interior del hombre simpatizaba con toda la música que le rodeaba, adaptado a todo el entorno musical; el oído era el órgano de comunicación, de modo que la esfera externa -la música podía ser imitada en los correspondientes movimientos internos. En la Antigua Luna, el hombre todavía se sentía como una especie de instrumento sobre el cual actuaba el cosmos con sus fuerzas, y los oídos en su perfección eran en aquel tiempo en la antigua luna, intermediarios entre los músicos del cosmos y el instrumento del organismo humano. Así, la disposición actual del órgano auditivo sirve para despertar una remembranza, relacionada con la idea de que, por una especie de deterioro del órgano auditivo, el hombre se ha vuelto incapaz de escuchar la música de las esferas; se ha emancipado de ella, y solo puede captar el reflejo de la música de las esferas en la música del presente, que, sin embargo, solo puede, en realidad, actúa en el aire que rodea la tierra.
También surgen experiencias con respecto a otros sentidos, pero se vuelven cada vez más y mas indefinidas, y sería de poca utilidad seguir las experiencias relacionadas con otros órganos sensoriales, por la simple razón de que es difícil de explicar por medio de las ideas humanas comunes estos cambios que tienen lugar en uno a través del desarrollo esotérico. Por ejemplo, ¿De qué serviría lo que el hombre puede experimentar ahora en la tierra si tuviéramos que hablar del sentido del lenguaje? (no me refiero al sentido del habla), Aquellos que escucharon la conferencia sobre Antroposofía en Berlín ya saben que hay un sentido especial para el lenguaje. Así como hay un sentido para el sonido, también existe un sentido especial, que solo tiene un órgano interiormente pero no externamente, para la percepción de la palabra hablada. Este sentido se ha deteriorado aún más, por lo que hoy queda un último eco de lo que era, por ejemplo, en la Antigua Luna. Lo que hoy se ha convertido en el sentido del lenguaje, la comprensión de las palabras de nuestros semejantes, servía en la Antigua Luna para permitir a un hombre sentirse conscientemente en todo el entorno, con conciencia imaginativa, para moverse alrededor de la Antigua Luna, por así decirlo. Allí, el sentido del lenguaje dictaba los movimientos a realizar y mostraba cómo encontrar el camino. Un conocimiento gradual de esto experimentando el sentido del lenguaje se hace cuando el estudiante adquiere una percepción del valor interno de las vocales y consonantes, como se ejemplifica en oraciones manométricas. Pero lo que el hombre terrenal generalmente logra a este respecto no es más que un débil eco de lo que el sentido del lenguaje fue en un momento dado.
Así pueden ver cómo el alumno adquiere gradualmente la percepción de su cuerpo etérico; comprobando a la vez, que aquello de lo que se aparta en su desarrollo oculto, a saber, la actividad de sus sentidos físicos, lo compensa por otro lado, porque lo conduce a la percepción de su cuerpo etérico. Pero es peculiar que cuando experimentamos las percepciones del cuerpo etérico del que acabamos de hablar, sentimos como si en realidad no nos pertenecieran a nosotros, sino como ya dijimos, como si nos penetraran desde afuera. Sentimos el cuerpo de luz como si estuviese perforado en nosotros, sentimos algo así como un movimiento musical inaudible en la tierra penetrándonos a través de nuestro oído; el éter calorico, sin embargo, no lo sentimos como penetrándonos sino impregnándonos; y aprendemos a sentir en vez del gusto eliminado, la actividad del éter químico que actúa en nosotros, etc. Por lo tanto, en comparación con lo que se conoce como la condición normal, el alumno siente que su cuerpo etérico se transforma, como si se injertaran otras condiciones en él desde fuera, por así decirlo.
Sin embargo ahora, el alumno comienza a percibir su cuerpo etérico más directamente. El cambio más sorprendente que tiene lugar en el cuerpo etérico, que muchos no aprecian en absoluto, y que no se reconoce como un cambio en el cuerpo etérico, (aunque lo es) es, que como resultado del desarrollo esotérico o antroposófico se vuelve muy claramente evidente que el poder de la memoria comienza a disminuir algo. A través del desarrollo esotérico, la memoria ordinaria casi invariablemente sufre disminución. Al principio, la memoria se vuelve más pobre. Si el estudiante no desea tener una memoria menos eficiente, no puede experimentar un desarrollo esotérico. Especialmente esa memoria deja de estar fuertemente activa, lo que puede describirse como la memoria mecánica, mejor desarrollada en los seres humanos en la infancia y la juventud y generalmente significa cuando se alude a la memoria. Muchos esoteristas tienen que quejarse de la disminución de su memoria, porque pronto se vuelve perceptible. En cualquier caso, esta disminución de la memoria se puede observar mucho antes de que uno perciba las cosas más delicadas que acabamos de explicar. Pero como el estudiante, al seguir un entrenamiento antroposófico correcto, nunca puede sufrir lesiones en su cuerpo físico, a pesar de que se está volviendo más móvil, tampoco su memoria se verá perjudicada por mucho tiempo. Pero se debe tener sumo cuidado de hacer lo correcto. Con respecto a la organización física, mientras que el cuerpo externo se está volviendo más flexible, mientras que sus órganos se vuelven cada vez más independientes, es por lo que se hace más difícil que antes ponerlos en armonía, se debe buscar la fuerza interna. Esto se hace por medio de los seis ejercicios descritos en la segunda parte de mi libro, Un bosquejo de la ciencia oculta (capítulo V.). El estudiante que se preocupa de adquirir estas cualidades de la manera correcta se dará cuenta de que gana tanta fuerza interior como pierde fuerzas mediante el desarrollo esotérico, de modo que pueda mantener bajo control su cuerpo físico más móvil.
Ahora, en lo que respecta a la memoria, también debemos hacer lo correcto. Perdemos la memoria que pertenece a la vida externa: pero no debemos sufrir ninguna lesión si nos ocupamos de desarrollar más interés, un interés más profundo en todo lo que nos afecta en la vida, más preocupación que hasta ahora. Debemos adquirir especialmente un comprensivo interés por las cosas que para nosotros son importantes. Anteriormente desarrollábamos una memoria más mecánica, y el funcionamiento de esta memoria mecánica era completamente confiable por un tiempo, aunque no hubiera un interés particular por las cosas observadas; pero esto cesa. Se notará que cuando se somete a un desarrollo antroposófico o esotérico es fácil olvidar cosas. Pero solo vuelan esas cosas para las cuales uno no tiene un interés comprensivo, que a uno no le interesa en particular, que no se vuelven parte del alma de alguien, por así decirlo. Por otra parte, lo que atrae al alma se fija más en la memoria. Por lo tanto, el estudiante debe intentar sistemáticamente llevar esto a cabo. Se puede experimentar lo siguiente. Imaginemos a un hombre en su juventud, antes de llegar a la Antroposofía cuando leía una novela, no podía olvidarla; él podría relatarla una y otra vez. Más tarde, cuando entró en la Antroposofía, si lee una novela, muy a menudo se desvanece de su mente; él no puede ya relatarla . Pero si un alumno toma un libro del cual le han dicho, o se lo dice a sí mismo, que puede ser valioso, lo lee una vez y luego intenta repetirlo mentalmente, y no solo para repetirlo, sino para repetirlo hacia atrás, lo último es lo primero que importa y lo primero, es lo último; si se toma la molestia de repasar ciertos detalles una segunda vez, si se siente tan absorto en él que incluso toma un trozo de papel y escribe breves pensamientos sobre él, y trata de plantear la pregunta: ¿Qué aspecto de este tema me interesa especialmente?. Entonces encontrará que de esta manera desarrolla un tipo diferente de memoria. No será la misma memoria. Al usarla, la diferencia se puede observar con precisión. Cuando usamos la memoria humana, las cosas vienen a nuestra alma como recuerdos; pero si, de la manera que acabamos de describir, sistemáticamente adquirimos una memoria como esoterista o antropósofo, entonces es como si las cosas así experimentadas hubieran permanecido estancadas en el tiempo. Aprendemos a mirar atrás al tiempo, por así decirlo, y parece como si estuviéramos mirando lo que estábamos recordando; de hecho, notaremos que las cosas se vuelven cada vez más parecidas a las imágenes y que la memoria es cada vez más imaginativa. Si hemos actuado de la manera que acabamos de describir -por ejemplo, con un libro-, cuando sea necesario traerlo a nuestra mente de nuevo, solo tenemos que encontrarnos con algo relacionado de alguna manera con él, y miraremos hacia atrás, por así decirlo, a aquella ocasión en que estábamos estudiando el libro, y nos vemos leyendo. El recuerdo no surge, pero aparece la imagen completa. Entonces podemos notar que, mientras que anteriormente solo leíamos el libro, ahora los contenidos realmente aparecen. Los vemos a distancia en el tiempo; la memoria se convierte en una visión de imágenes a una distancia en el tiempo. Este es el primer comienzo, elemental para estar seguro, de aprender gradualmente a leer el Registro Akáshico. La memoria se reemplaza por aprender a leer en el pasado. Y muy a menudo un hombre que ha pasado por un cierto desarrollo esotérico puede haber perdido casi por completo su memoria, pero no está peor por eso, porque ve las cosas en retrospectiva. Él ve aquellos con los que él mismo estaba relacionado, con una claridad especial. Ahora estoy diciendo algo que, si se dijera a alguien que no esté relacionado con la antroposofía, solo lo haría reír. No podría evitar reírse, porque tampoco podría formarse una idea de lo que significa cuando un esoterista le dice que ya no tiene ningún recuerdo y sin embargo, sabe muy bien lo que sucedió, porque puede verlo en el pasado. El primer hombre diría: 'Lo que tienes es en realidad un excelente recuerdo', porque no puede concebir el cambio que ha tenido lugar. Es un cambio en el cuerpo etérico quien lo ha provocado.
Después, como regla, este cambio de la memoria está relacionado con algo mas, en otras palabras, nos formamos, podríamos decir, una nueva opinión sobre nuestro hombre interior. Porque no podemos adquirir esta visión retrospectiva sin adoptar al mismo tiempo un cierto punto de vista con respecto a nuestra experiencia. Así, cuando en una fecha posterior un hombre mira hacia atrás a algo que ha hecho, como en el caso descrito anteriormente sobre el libro, por ejemplo, cuando se ve a sí mismo en esa posición, él, por supuesto, tendrá que juzgar por sí mismo si era sabio o insensato para ocuparse de sí mismo. Con esta retrospectiva, se tiene estrechamente otra experiencia, a saber, una especie de auto crítica. El alumno en esta etapa no puede hacer otra cosa que definir su actitud hacia su pasado. Se reprochará a sí mismo acerca de algunas cosas; se alegrará de haber alcanzado otras. En resumen, por lo demás no puede hacer otra cosa que juzgar el pasado que estudia así que, de hecho, se convierte en el juez más severo para sí mismo, de su vida pasada. Siente en su interior que el cuerpo etérico se está activando, el cuerpo etérico que, como puede verse en la retrospectiva después de la muerte, contiene en sí todo su pasado; siente este cuerpo etérico como incluido en sí mismo, como algo que vive en él y define su valor. De hecho, tal cambio tiene lugar en el cuerpo etérico que muy a menudo siente el impulso de hacer esta auto retrospectiva y observar una cosa u otra, a fin de aprender de manera bastante natural a juzgar su propio valor como hombre. Mientras que en la vida ordinaria se vive sin ser consciente del cuerpo etérico, en la visión retrospectiva de la propia vida se puede percibir, y esto despierta gradualmente en el estudiante un impulso a realizar mayores esfuerzos cuando experimenta un desarrollo esotérico. La vida esotérica hace necesario que uno preste más atención a los méritos y deméritos de uno y a los errores e imperfecciones.
Pero algo más profundo se vuelve perceptible, relacionado con el cuerpo etérico, algo que también podía percibirse anteriormente, aunque no tan fuertemente: ese algo es el propio temperamento de uno. Sobre el cambio del cuerpo etérico depende la mayor sensibilidad del ferviente antropósofo o esoterista hacia su propio temperamento. Tomemos nota de un caso especial en el que esto se puede observar particularmente, es decir, en una persona de temperamento melancólico, inclinado a la melancolía, una persona de un temperamento tan melancólico que no se ha vuelto esotérico, ni ha estudiado Antroposofía, y pasa por el mundo de tal manera, que muchas cosas lo hacen ser hosco y malhumorado, muchas cosas le hacen sacar su crítica demasiado desaprobadora, y se acerca a las cosas por regla general de tal manera que despiertan su simpatía y antipatía con más fuerza que lo harían quizás en el caso de una persona flemática. Cuando una persona melancólica de tal disposición, ya sea del tipo intenso que se inclina a la melancolía, a alejarse, a despreciar, a odiar al mundo entero, o el grado más leve de mera sensibilidad a la opinión general, (hay muchos grados y matices entre estos dos) cuando esa persona entra en un desarrollo esotérico o antroposófico, su temperamento se convierte esencialmente en la base desde la que percibir su cuerpo etérico. Se vuelve susceptible al sistema de fuerzas que produce su melancolía y lo percibe claramente dentro de él y mientras que antes simplemente volcaba su descontento contra las impresiones externas recibidas del mundo, ahora comienza a volver este descontento contra sí mismo. Es muy necesario que en un desarrollo esotérico el auto conocimiento se ejerza con cuidado, y que el estudiante inclinado a la melancolía debe ejercer esta introspección, que le permita tomar este cambio en silencio y con calma. Porque mientras que antes el mundo era muy a menudo odioso para él, ahora se vuelve odioso consigo mismo; comienza a criticarse a sí mismo, por lo que obviamente está insatisfecho consigo mismo. Solo podemos juzgar estas cosas correctamente, mis queridos amigos, cuando vemos lo que llamamos el temperamento de la manera correcta. Una persona melancólica es simplemente porque en él se acentúa el temperamento melancólico; porque fundamentalmente cada ser humano tiene los cuatro temperamentos en su alma. En ciertas cosas, una persona melancólica también es flemática, en otros es optimista, en otros, colérico; el temperamento melancólico solo se destaca más prominente en él que el flemático, sanguíneo y colérico. Y una persona flemática no es que no posea otro temperamento que el flemático, sino que en él el temperamento flemático es más prominente, y los otros temperamentos permanecen más en el fondo de su alma. Es lo mismo con los otros temperamentos.
Ahora bien, así como el cambio en el cuerpo etérico de la persona decididamente melancólica adopta la forma de volverla contra sí mismo, por así decirlo, también lo hacen los cambios y las nuevas sensaciones que aparecen con respecto a las otras cualidades temperamentales. Pero, a través del sabio auto conocimiento, el desarrollo esotérico puede provocar una sensación inequívoca de que las travesuras ocasionadas por el temperamento predominante pueden ser reparadas produciendo también cambios en los otros temperamentos, cambios que compensarán, por así decirlo, el principal cambio en el temperamento predominante. Solo es necesario reconocer cómo aparecen los cambios en los otros temperamentos.
Supongamos que una persona flemática se convierte en esotérica, será difícil para él, pero supongamos que pueda ser un esoterista realmente bueno. La persona flemática que recibe impresiones fuertes a veces es impotente contra ellas; de modo que a menudo el temperamento flemático, si no está demasiado corroído por el materialismo, no es en ningún sentido una condición a priori mala en absoluto para un desarrollo esotérico; solamente debe aparecer en una forma más noble que en su habitual manifestación distorsionada. Cuando tal persona flemática se convierte en esoterista, el temperamento flemático cambia de manera peculiar. La persona flemática tiene entonces una fuerte inclinación a observarse a sí mismo con mucho cuidado, y por esta razón el temperamento flemático al que este proceso causa el minimo dolor, no es una mala condición a priori para un desarrollo esotérico cuando se puede entrar en él, porque está prácticamente adaptado a una cierta auto-observación calmada. Lo que la persona flemática percibe dentro de si, no lo perturba como lo hace a la persona melancólica y por lo tanto, cuando hace auto-observaciones, por lo general lo hace incluso más en profundidad que los de la persona melancólica, que es positivamente retenida por su ira contra sí mismo. Por lo tanto, una persona flemática es, por así decirlo, la mejor alumna para el desarrollo antroposófico serio.
Como ya se dijo, cada hombre tiene dentro de sí todos los temperamentos, y en el caso de una persona melancólica predomina el temperamento melancólico. Aunque también tiene dentro de si, por ejemplo, el temperamento flemático. En la persona melancólica siempre podemos encontrar aspectos que prueban que es un individuo flemático en lo tocante a ciertas cosas. Ahora, si la persona melancólica se convierte en esotérica, mientras que por un lado, seguramente se pondrá a trabajar severamente sobre sí mismo, de modo que los auto reproches están obligados a pasar, si uno puede conducirlos de alguna manera, su atención debería dirigirse a las cosas con respecto a las cuales antes era flemático. Su interés debe despertarse en cosas para las que antes no tenía ninguna. Si esto se puede lograr, entonces los males producidos a través de su melancolía quedan paralizados en cierta medida.
La característica de la persona sanguinea (optimista) en la vida externa es que le gusta apresurarse de una impresión a otra, es reacio a limitarse a una sola impresión. Tal persona se convierte en un esotérico peculiar. Cambia de manera muy peculiar a través de la alteración de su cuerpo etérico: en el momento en que trata de adquirir esoterismo, intenta impartirlo, se vuelve flemático hacia su propio ser interior, de modo que bajo ciertas circunstancias la persona sanguínea es al principio el menos prometedor, (en lo que respecta a su temperamento), para un desarrollo esotérico. Cuando la persona sanguínea llega al esoterismo o a la vida antroposófica, (como le ocurre muy a menudo, porque le interesan todo tipo de cosas, y por lo tanto, entre otras cosas, la antroposofía o el esoterismo, aunque su interés puede no ser serio o permanente), debe adquirir una especie de auto observación; pero lo hace con gran indiferencia, no le importa mirar dentro de sí mismo. Él está interesado en esto o aquello en sí mismo, pero su interés no es muy profundo. Él descubre todo tipo de cualidades interesantes dentro de sí mismo; pero de inmediato está satisfecho con eso, y habla con entusiasmo de esta o aquella cualidad interesante, pero pronto ha olvidado todo el asunto nuevamente, incluso lo que había observado en sí mismo. Y aquellos que se acercan al esoterismo por un interés momentáneo y pronto lo abandonan de nuevo son principalmente las naturalezas sanguíneas. En la próxima conferencia trataremos de ilustrar lo que ahora estoy explicando en palabras mediante un dibujo del cuerpo etérico en la pizarra; luego describiremos, además, los cambios en el cuerpo etérico a través del desarrollo antroposófico o esotérico. Y también es diferente, en el caso del temperamento colérico. Es casi imposible o, en todo caso, muy pocas veces posible, convertir a un colérico en un esoterista; si el temperamento colérico es especialmente prominente en él como personalidad, es característico que rechace todo esoterismo y no desee tener nada que ver con él. Aún así, puede suceder que a través de las condiciones kármicas de su vida, una persona colérica pueda ser llevada al esoterismo; pero le será difícil hacer cambios en su cuerpo etérico, ya que el cuerpo etéreo del colérico resulta ser particularmente denso y solo puede verse afectado con dificultad. En el individuo melancólico, el cuerpo etérico es como una pelota de goma india (esta es una comparación trivial, pero transmitirá lo que deseo decir) de la cual se ha escapado el aire: cuando uno presiona una abolladura hecha en ella, permanece por algun tiempo; en el colérico, el cuerpo etérico es como una pelota de goma india bien inflada, llena de aire. Un intento de hacer mella en ella no solo no produce un efecto permanente, sino que es perceptiblemente resistido. El cuerpo etérico del colérico no es en absoluto elástico, sino nudoso y duro. Por lo tanto, el propio colérico tiene una tarea difícil para cambiar su cuerpo etérico. Él no puede hacer nada consigo mismo. Por lo tanto, desde el principio rechaza el desarrollo esotérico, que es cambiarlo; él no puede aferrarse a sí mismo, por así decirlo. Pero cuando el colérico se da cuenta de la seriedad de la vida, o cosas similares, o cuando hay un pequeño tono melancólico en su temperamento, entonces por medio de esta melancolía puede ser guiado a desarrollar la nota colérica en su organismo humano que ahora trabaja con toda la intensidad de su fuerza en su cuerpo etérico resistente. Y si luego logra producir cambios en su cuerpo etérico, despierta en él una cualidad muy especial; a través de su desarrollo esotérico se vuelve más capaz que otras personas de presentar los hechos externos de una manera ordenada y profunda en su conexión causal o histórica. Y aquel que es capaz de juzgar una historia bien escrita (que, por regla general, no es escrita por esoteristas), una historia que realmente retrata los hechos, siempre encontrará el principio, el comienzo inconsciente e instintivo de aquello que el esoterista colérico podría hacer como historiador, como narrador. Hombres como Tácito, por ejemplo, estaban al comienzo de un desarrollo tanto instintivo como esotérico; de ahí las maravillosas e incomparables descripciones dadas por Tácito. Como esoterista, que lee a Tácito, uno sabe que este tipo único de escritura de la historia depende del funcionamiento muy especial de un temperamento colérico en el cuerpo etérico. Esto aparece especialmente en escritores que han experimentado un desarrollo esotérico. Aunque el mundo exterior no lo acepte, este es el caso de Homero. Homero le debía su glorioso poder de delineación al temperamento colérico trabajando en su cuerpo etérico. Y muchas otras cosas podrían señalarse en este ámbito que en la vida externa probaría, o al menos verificaría el hecho, que cuando se experimenta un desarrollo esotérico, el colérico se vuelve especialmente capaz de representar claramente al mundo en su realidad, en sus relaciones de causa efecto. Cuando el colérico experimenta un desarrollo esotérico, sus obras, incluso en su estructura externa, podría decirse, llevan el carácter de la verdad y la realidad. Así vemos que en los cambios del cuerpo etérico la vida del hombre se expresa muy claramente; la forma que ha tomado hasta ahora es más perceptible de lo que es el caso en la presente encarnación. En el desarrollo esotérico los temperamentos se vuelven más fuertemente perceptibles, y es especialmente importante en el verdadero auto conocimiento tener en cuenta esta observación de los temperamentos. Hablaremos más sobre estos asuntos en la próxima conferencia.
Traducida Por julio Luelmo ago 2015