CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA204 Dornach 13 de mayo de 1921 - Acontecimientos cósmico-espirituales entre la salida y el retorno de la luna

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RUDOLF STEINER

PERSPECTIVA DE DESARROLLO DE LA HUMANIDAD

EL MATERIALISMO Y LA TAREA DE LA ANTROPOSOFÍA


Dornach 13 de mayo de 1921

La ciencia materialista y la ciencia espiritual como acontecimientos espirituales-cósmicos entre la salida y el retorno de la luna. La humanidad quedaría así aislada de la vida y la espiritualidad del mundo. El fomento de la ciencia espiritual facilita la llegada desde otros planetas de los seres espirituales que se esfuerzan por venir a la tierra desde finales del siglo XIX

Tal vez las conferencias que he pronunciado aquí sobre la esencia de los colores y la conferencia que precedió a dichas conferencias sobre los colores el pasado jueves, hayan mostrado que sólo podemos llegar a la esencia del hombre cuando lo consideramos en relación con todo el universo. Pero aquí es a donde debemos llegar si nos preguntamos por la naturaleza del hombre, a mirar desde la tierra hacia lo extraterreno. Y nuestra época lo exige en particular. Hemos visto que el intelecto humano se ha vuelto cada vez más sombrío y tenebroso, que ha dejado de estar arraigado sobre la realidad, precisamente a causa del desarrollo del siglo XIX.

Todo esto es un indicador de que es imperativo que el hombre piense en recibir nuevos impulsos en su vida anímica. Esto nos resultará especialmente claro ahora que queremos traer de nuevo ante nuestras almas acontecimientos cósmicos relevantes e impactantes, que ya han sido considerados desde ciertos puntos de vista.

Si han leído ustedes mi «Ciencia Oculta», probablemente también sepan que uno de los grandes acontecimientos que intervinieron en el desarrollo de la tierra fue la salida de la luna del cuerpo terrestre. Aquello que hoy brilla hacia nosotros como la luna desde el universo, estuvo una vez unida a la tierra, se separó de ella y está orbitándola en la distancia como su satélite.

Sabemos los trascendentales cambios para todo el desarrollo de la humanidad, que están relacionados con esta separación de la luna de la tierra. Sabemos que tenemos que retroceder mucho en el tiempo, más allá del hundimiento de la Atlántida, si queremos llegar a la época en que la luna abandonó la tierra.

Ahora sólo queremos demostrarnos a nosotros mismos lo que salió a la luz en relación con el hombre y los seres naturales que lo rodean en la tierra como resultado de que la luna se separase de la tierra. Hemos visto que el colorido de los minerales, es decir, de los cuerpos minerales coloreados, deriva en realidad de esta relación de la luna con la tierra. Esto nos ha permitido relacionar estos acontecimientos cósmicos con la percepción artística de la existencia. Pero hay otras cosas importantes, muy significativas, relacionadas con esto. El ser del hombre proviene de las metamorfosis anteriores de la existencia terrestre, de los seres de Saturno, del sol y de la luna; y mientras se desarrollaba como ser de Saturno, del sol y de la luna, todavía no existía un reino mineral en su entorno. El reino mineral, todas las cosas minerales, sólo aparecieron durante el período terrestre. Y así es como lo que llamamos materia mineral entró por primera vez en el hombre durante el período terrestre. El hombre no tenía nada de mineral en los antiguos tiempos de Saturno, del Sol y de la Luna. Tampoco era todavía un ser que dependiera de pasar su existencia en la tierra, sino que el hombre era un ser que, por su constitución, ya pertenecía a todo el cosmos. Antes de que la luna surgiera fuera de la tierra, y antes de que el mineral se desarrollara en su colorido dentro de la tierra, el ser humano en realidad aún no era apto para la tierra. Si se puede expresar de esta manera: Definitivamente lo que debía ocurrir con el ser humano, fue una decisión de los seres espirituales que guían la evolución de la tierra: ¿Debía ser trasladado a la tierra o debía pasar su existencia fuera de la misma? Y se podría decir que los seres que guían el desarrollo de la humanidad decidieron que la luna fuera separada, pero con ello cambió toda la tierra y con ella el hombre. Al separar esta burda materia lunar, el hombre alcanzó un tipo de organización que hizo posible que se convirtiera en un ser terrestre. Gracias a este acontecimiento de la salida de la luna y de la incorporación del reino mineral a la tierra, el hombre se convirtió en terrestre. Esto proporcionó al hombre básicamente su peso terrenal, su gravedad. Pero nunca habría llegado a ser un ser capaz de libertad si no hubiera recibido este peso terrenal. En cierto sentido, el hombre no era aún una personalidad. Se convirtió en personalidad cuando las fuerzas que iban a formar su cuerpo se contrajeron. Y lo hicieron a raíz de la salida de la luna y de la incorporación del reino mineral. El ser humano se convirtió así en una personalidad y, por tanto, accesible a la libertad.

Este desarrollo del ser humano en la tierra a partir de la salida de la luna, tuvo lugar a lo largo de las más diversas etapas desde la separación. Y se puede decir: mientras no había ocurrido otra cosa que la salida de la luna, el hombre tenía realmente la posibilidad de tener imágenes de la antigua clarividencia desde todo su organismo, desde su ser anímico-corporal.

Esta capacidad de tener imágenes de la antigua clarividencia no le fue arrebatada al hombre por la salida de la luna. El hombre veía el mundo en imágenes, como hemos descrito a menudo. Si no hubiera ocurrido nada más, el hombre seguiría viviendo hoy en este mundo de imágenes. Pero sabemos que el desarrollo prosiguió. El hombre no ha permanecido atado a la tierra. En cierta medida, el hombre fue llevado de nuevo a una involución, que alcanzó su punto culminante en el siglo XIX. Lo he descrito repetidamente en las últimas conferencias. Pero ya en la antigüedad sucedió que el hombre, aunque ahora como hombre metabólico, se hubiera vuelto pesado sobre la tierra, en otro sentido como hombre cefálico, estaba capacitado, se podría decir para existir cósmicamente. El hombre desarrolló su intelecto. Las imágenes de la antigua clarividencia se condensaron en este intelecto hasta el siglo IV de nuestra era. Sólo entonces, y sobre todo a partir del siglo XV, el intelecto humano se volvió cada vez más sombrío y tenebroso.

Este intelecto humano, aunque es algo completamente espiritual en el hombre, ahora no tiene existencia real; sólo tiene algo que es básicamente una imagen de existencia. Cuando el hombre de hoy piensa meramente a través de su intelecto, estos pensamientos no están arraigados en la realidad. Estos pensamientos sólo se mueven en una existencia sombría. Y cada vez más, los pensamientos humanos se mueven en una existencia sombría. Y esto se hizo más pronunciado en el siglo XIX. Y hoy en día, la gente carece definitivamente de sentido de la realidad. El hombre vive en un elemento espiritual pero es un materialista. Con sus pensamientos espirituales, que son sólo pensamientos en la sombra, sólo piensa en la existencia material.

Así pues, se ha producido este segundo acontecimiento. El hombre ha vuelto a ser más espiritual; pero lo que la materia solía darle en términos de contenido espiritual ya no lo impregna. Se ha vuelto más espiritual, sólo que a través de lo espiritual piensa materialmente.

Ustedes saben que la Luna se reunirá un día con la Tierra. Este punto en el tiempo, cuando la luna se reunirá con la tierra, ha sido aplazado para dentro de miles de años por astrónomos y geólogos que viven en la abstracción; pero esto es sólo una ilusión. En realidad, no estamos tan lejos de ese momento. Saben que la humanidad como tal es cada vez más joven. Saben ustedes que cada vez más las personas sólo llegan a tener su desarrollo físico y espiritual hasta cierto punto en el tiempo. En el momento de la muerte de Cristo, cuando tuvo lugar el acontecimiento del Gólgota, las personas eran capaces, por lo general, de desarrollarse física y espiritualmente hasta los treinta y tres años. Hoy en día, sólo son capaces de desarrollarse hasta los veintisiete años. Y llegará un tiempo en el 4º milenio en que las personas sólo podrán desarrollarse hasta los veintiún años. Luego, en el 7º milenio vendrá un tiempo en que las personas sólo podrán desarrollarse a través de su físico hasta los catorce años. Entonces las mujeres dejarán de ser fértiles; habrá una forma de vida completamente diferente en la Tierra. Ese será el tiempo en que la luna se acerque de nuevo a la tierra, se integre de nuevo en la tierra.

Verán, mis queridos amigos, es a tales acontecimientos extraterrestres a los que el hombre debe empezar a mirar ahora. No sólo debe soñar en general de forma abstracta con algún ser divino, sino que debe darse cuenta de los acontecimientos relacionados con su desarrollo. Debe saber: una vez la luna salió de la tierra; nuevamente la luna entrará en la tierra. Y del mismo modo que esta salida de la luna fue un acontecimiento impactante, esta entrada de la luna también lo será. Sin embargo, nosotros, como humanos, seguiremos poblando la Tierra entonces, pero ya no naceremos de la forma habitual, estaremos conectados a la Tierra de una forma distinta al nacimiento. Pero para entonces nos habremos desarrollado de una determinada manera. Y debemos relacionar lo que está ocurriendo ahora, ese ensombrecimiento del intelecto, con lo que un día será un acontecimiento relevante en el desarrollo de la tierra: la luna internándose de nuevo en la materia terrestre.

Nuestro intelecto se vuelve cada vez más sombrío. Si esto continuara, si la humanidad no se decidiera a absorber lo que puede salir de los mundos espirituales, entonces el hombre se hundiría gradualmente cada vez más en el matiz sombrío de su intelecto.

Piensen en lo que realmente contiene este intelecto sombrío. Este intelecto sombrío no puede comprender al ser humano en sí. Comprende los minerales. Después de todo, eso es lo único que este intelecto sombrío puede entender hasta cierto punto. Incluso la vida de las plantas sigue siendo un misterio para él, la vida de los animales sigue siendo aún más un misterio para él, y su propia vida se vuelve completamente opaca. De este modo, el hombre crea imágenes del mundo que en realidad son sólo una cuestión del mundo, que en realidad sólo contienen, podría decirse, algo que no se acerca a la esencia real de las plantas, los animales y, especialmente, del hombre. Esta formación de imágenes seguirá y seguirá si el hombre no se decide a aceptar lo que se le transmite de imaginaciones, de nuevas imaginaciones, a través de las cuales se le describe la existencia del mundo. En los conceptos sombríos del intelecto y en las concepciones intelectuales sombrías debe absorberse lo que la ciencia espiritual puede dar en sabiduría viva. De este modo, las imágenes sombrías del intelecto deben ser vivificadas.

Pero esta revitalización de las imágenes sombrías de la mente no es sólo un acontecimiento humano, es un acontecimiento cósmico. Recuerden lo que describí en mi «Ciencia Oculta», que las almas humanas una vez viajaron a los planetas y bajaron de nuevo a la existencia terrenal. En mi «Ciencia Oculta» describo cómo, uno tras otro, los habitantes de Marte, Júpiter, etc., regresaron a la Tierra. Verán, a finales de los años setenta del siglo XIX tuvo lugar un acontecimiento importante, que sólo se puede describir a partir de los hechos confirmados en el mundo espiritual. Mientras que en la antigua época atlante estos hombres bajaban a la Tierra desde Saturno, Júpiter, Marte, etc., mientras que los seres con almas humanas, por consiguiente, asumían la existencia terrena, ahora comienza una época en la que otros seres, que no son hombres, pero que dependen de ella para el desarrollo ulterior de su existencia, vienen a la Tierra y entran en relación con los hombres de la Tierra, en la que tales seres también bajan de las zonas extraterrenas del mundo. Desde finales de los años ochenta del siglo XIX los seres sobrenaturales han querido entrar en la existencia terrenal. Así como los seres de vulcano fueron los últimos en descender aquí a la tierra, también los seres de vulcano están entrando actualmente en la existencia terrenal. Ya tenemos seres sobrenaturales en nuestra existencia terrenal. Y es gracias a que los seres sobrenaturales traen los mensajes a esta existencia terrenal, a ello se debe que podamos tener una ciencia espiritual coherente.

Pero en general, ¿Cómo se comporta la raza humana? La raza humana se comporta de una manera, se podría decir, cósmicamente ruin hacia estos seres del cosmos, que sólo lentamente pero sin embargo están apareciendo en la tierra. Esta raza humana no se preocupa por ellos, los ignora. Y eso es lo que llevará a la Tierra a condiciones cada vez más trágicas y dramáticas; porque en el transcurso de los próximos siglos caminarán entre nosotros cada vez más seres espirituales, cuyo lenguaje deberíamos comprender. Y sólo los entenderemos si intentamos comprender lo que proviene de ellos: el contenido de la ciencia espiritual. Eso es lo que quieren darnos, y quieren que actuemos en el espíritu de la ciencia espiritual, que traduzcamos la ciencia espiritual en el comportamiento social de la vida en la Tierra.

Desde el último tercio del siglo XIX nos enfrentamos realmente a una irrupción de seres espirituales desde el universo, en primer lugar de tales seres que viven en la esfera entre la Luna y Mercurio, pero que, me gustaría decir, ya están irrumpiendo en la existencia terrenal e intentando hacerse un hueco en la existencia terrenal llenando a la gente con el pensamiento de los seres espirituales del universo. De este modo se puede describir también lo que he descrito antes, que debemos animar nuestro intelecto sombrío con las imágenes de la ciencia espiritual. Así es como se describe abstractamente. Lo describimos concretamente cuando decimos: Los seres espirituales quieren descender a la existencia terrenal, y hay que recibirlos. Habrá convulsión tras convulsión, y al final la existencia terrestre tendría que terminar en un caos social si estos seres descienden y la existencia humana sólo opusiera resistencia al descenso de estos seres. Estos seres no quieren otra cosa que ser la avanzadilla de lo que ocurrirá con la existencia terrestre cuando la luna se reúna con la tierra.

Ya ven, a la gente hoy todavía puede parecerle relativamente inofensivo pensar sólo en esos pensamientos, pensamientos automáticos, sin vida, que surgen cuando se capta el mundo mineral y lo mineral en las plantas, lo mineral en los animales, lo mineral en el hombre. Me gustaría decir que la gente hoy en día se deleita con estos pensamientos, se sienten cómodos con ellos como materialistas, porque sólo se piensa en ellos hoy en día. Pero piénsenlo, si la gente siguiera pensando así, si la gente realmente no desarrollara otra cosa que tales pensamientos hasta el tiempo en que, en el octavo milenio, la existencia lunar se una de nuevo con la existencia terrestre, ¿Qué surgiría entonces? Sí, las entidades de las que he hablado bajarán gradualmente a la tierra, entidades de Vulcano, suprahumanos de Vulcano, superhumanos de Venus, superhumanos de Mercurio, superhumanos del sol y así sucesivamente se unirán con la existencia terrestre. Pero si la gente continúa limitándose a resistirse a ellos, entonces en el transcurso de los próximos milenios la existencia terrenal se convertirá en un caos. La gente en la tierra podrá continuar desarrollando su intelecto automáticamente; incluso dentro de la barbarie podrá desarrollarlo. Pero el ser plenamente humano no se dejará arrastrar por este intelecto, y la gente no tendrá ninguna relación con esos seres que quieren inclinarse hacia la existencia terrenal. Y todos esos seres que ahora son considerados incorrectamente por el hombre, esos seres que son considerados incorrectamente por causa de que el mero intelecto sombrío sólo piensa lo mineral, digamos, lo groseramente material en el reino mineral, en el reino vegetal, en el reino animal e incluso en el reino humano, estos pensamientos de los hombres, que no tienen realidad, se convierten en realidad de golpe cuando la luna se une con la tierra. Y de la tierra brotará una terrible ralea de seres, que en su naturaleza se sitúan entre el reino mineral y el reino vegetal como seres autómatas con un intelecto desbordante, con una mente intensa. Con este advenimiento, que se apoderará de la tierra, la tierra se cubrirá como con una telaraña, una telaraña de arañas terribles, arañas de una sabiduría enorme, pero que en su organismo ni siquiera llegan hasta la existencia vegetal, arañas terribles, que se enredarán unas en otras, que en sus movimientos exteriores imitarán todo lo que los hombres pensaron con el intelecto sombrío, que no se dejó estimular en absoluto por aquello que ha de venir a través de una nueva imaginación, que ha de venir a través de la ciencia espiritual. Todo lo que los hombres piensan de tales pensamientos, que son irreales, se convertirá en esencial. La tierra se cubrirá, igual que ahora está cubierta de una capa de aire, igual que a veces está cubierta de nubes de langostas, de terribles arañas mitad planta mitad mineral, muy inteligentes pero terriblemente malignas. Y el hombre, en la medida en que no haya revitalizado sus sombríos conceptos intelectuales, en lugar de unir su ser con los seres que han querido descender desde el último tercio del siglo XIX, tendrá que unir su ser con estas terribles arañas mineral-vegetales. Él mismo vivirá junto con estos arácnidos, y tendrá que buscar su ulterior progreso en la existencia del mundo en esa evolución que entonces asume este arácnido.

Ya ven, esto es lo que subyace en la realidad de la evolución humana en la tierra, y de lo cual, hoy en día son muy conscientes un gran número de aquellas personas que frenan a la humanidad para que no acepte el conocimiento científico-espiritual. Porque también hay quienes son los aliados conscientes del giro de la existencia humana terrena. Hoy en día ya no es necesario desanimarse por descripciones de este tipo. Pues descripciones de este tipo, están detrás de lo que todavía hoy dicen muchas personas, que poseen todavía cierta conciencia de tales cosas de las antiguas tradiciones, que poseen las antiguas tradiciones, y que quisieran rodear estas antiguas tradiciones con un cierto velo de misterio. Nuestra evolución humana en la tierra no es como para seguir cubierta con el velo del misterio; y por grande que sea la resistencia del lado hostil, hay que decir las cosas, pues, como digo una y otra vez, es un asunto serio el que se le presenta a la humanidad en la aceptación o rechazo del conocimiento científico espiritual. Aquí no se trata de algo a partir de lo cual podrían tomarse decisiones que sólo podrían estar relacionadas con una simpatía o antipatía indiferente, sino que se trata de algo que interviene definitivamente en toda la estructura del cosmos. De lo que aquí se trata es de si la humanidad quiere decidirse en el tiempo presente, a crecer gradualmente en aquello que los espíritus buenos, que quieren conectar con los seres humanos, bajan del universo, o si la humanidad quiere buscar más existencia cósmica en la tela de araña de sus propios pensamientos, meramente sombríos, enredándose en ellos. Hoy no basta con señalar la necesidad del conocimiento científico espiritual en fórmulas abstractas, sino que es necesario mostrar cómo los pensamientos se convierten en realidades. Eso es lo terrible de todos los teósofos abstractos que aparecen, que ponen ante la gente abstracciones tales como: «Los pensamientos más tarde se convierten en realidades»: Pero no se les ocurre presentar el alcance total, el alcance concreto del asunto. Y este alcance concreto del asunto es éste: que los pensamientos intelectuales, sombríos, que los hombres tejen interiormente hoy, un día cubrirán la tierra como una tela de araña, y que los hombres quedarán enredados en esta tela de araña si no quieren sobresalir de estos pensamientos sombríos.

Y el camino de la elevación, queridos amigos, ya fue trazado. Debemos tomarnos muy en serio cosas como el pensamiento con el que concluí mis conferencias sobre el color el domingo pasado, en las que dije que se trata de sacar el conocimiento del color de la física abstracta, de llevar realmente el conocimiento del color a un ámbito en el que la imaginación, el sentimiento del artista que comprende el ser del color y una visión espiritual-científica del mundo trabajen conjuntamente. Hemos visto cómo se pueden captar los seres de color y el ser de color, cómo se puede elevar lo que la física hunde en lo ahrimánico con sus terribles dibujos, cómo se puede elevar lo artístico de modo que se pueda fundar realmente una teoría del color, que, sin embargo, está muy alejada de los hábitos de pensamiento de la ciencia actual, pero que ciertamente puede ser una base para la creación artística si el hombre penetra en ella. Tales pensamientos deben tomarse en serio.

Y otra reflexión debe tomarse en serio. ¿Qué estamos viviendo hoy en todo el mundo civilizado? Nuestros jóvenes son enviados a clínicas y facultades de ciencias donde se les enseña sobre el ser humano. Aprenden sobre el sistema óseo humano y el ser humano en general en su organismo a través del cadáver. Aprenden a construir lógicamente el organismo humano en pensamientos abstractos.

Pero, queridos amigos, ésta no es la manera de conocer al hombre, ésta es la manera de conocer sólo los aspectos minerales del hombre. Sólo a través de esta ciencia se aprende del hombre lo que tiene sentido desde la salida de la luna hasta el regreso de la luna, y lo que se transforma en seres araña a partir de los pensamientos araña del presente. Hay que preparar un conocimiento que capte al hombre de otra manera, y esto sólo se puede preparar cuando la ciencia se eleva a la contemplación artística, cuando se admite: Sí, la ciencia, tal como se entiende hoy, puede llegar hasta cierto punto: hasta lo mineral en el reino mineral, en el reino vegetal, en el reino animal, en el reino humano. Pero incluso en el reino vegetal la ciencia debe transformarse en arte, y más aún en el reino animal. Querer captar una forma animal, querer comprenderla como lo hacen los anatomistas o los fisiólogos - ¡un disparate! Y hasta que no se admita a sí mismo que es un disparate, el intelecto sombrío no podrá transformarse en una captación espiritual viva del mundo. Lo que hoy se enseña a nuestros jóvenes en forma tan lúgubremente abstracta, cuando llegan a las universidades, debe salir por todas partes hacia la comprensión artística. Pues lo que nos rodea como naturaleza crea artísticamente. Y hasta que no comprendamos que lo que nos rodea en la naturaleza es creación artística y sólo puede captarse con conceptos artísticos, no podrá entrar en nuestra cosmovisión ninguna salvación. Debe arraigar la idea de que las cámaras de tortura de los castillos medievales, en las que se introducía a las personas en la «doncella de hierro» y luego se las penetraba con pinchos, son sólo la reminiscencia de un procedimiento físicamente algo más vívido, pero es el mismo procedimiento que se lleva a cabo cuando se presenta la anatomía y la fisiología a los jóvenes de nuestro tiempo y se les dice que comprenden algo de la naturaleza del hombre. No, no comprende más que algo que ha sido producido por un elemento anímico-espiritual de tortura: comprende al hombre descarnado, al hombre mineralizado, a esa parte del hombre que un día se tejerá en el revestimiento de araña de la tierra.

¡Acaso no es duro que el poder de la civilización actualmente esté contra aquellos que consideran los pensamientos más verdaderos, aquello que está más profunda e íntimamente conectado con la salvación del desarrollo humano, con toda la misión del desarrollo humano en el mundo, como si fuera una locura! Es trágico, y hay que visualizar esta tragedia. Porque sólo si uno visualiza esta tragedia ante la mirada del alma, se despertará tal vez la decisión real de entrar en este lugar tanto como se pueda, para que el intelecto, que se ha vuelto sombrío, encuentre la posibilidad de dejar entrar en el mundo espiritual desde lo sobrenatural, para que este intelecto sombrío se haga apto para aquello en lo que ha de entrar. Este intelecto sombrío no debe ser empujado de nuevo a lo subvegetal, al crecimiento de la araña que se extiende sobre la tierra, sino que el hombre debe ser elevado cuando un día las mujeres ya no sean fértiles, cuando haya llegado el octavo milenio, cuando la luna se reúna con la tierra. Entonces quedará atrás lo terrenal, aquello que el hombre sólo tiene que dirigir desde fuera como apoyo, pero que no tiene que llevar consigo a la existencia cósmica. El hombre debe prepararse para que no tenga que hacerse uno con aquello que un día debe desarrollarse de esta manera en la superficie de la tierra. Pues así como el hombre fue atraído de la existencia preterrenal a esta existencia terrenal, así como con la salida de la luna se produjo el nacimiento físico, el nacimiento del hombre a partir de la mujer, así también volverá a ocurrir lo que ya no es el nacimiento del hombre a través de la mujer, pues eso es sólo un episodio temporal en todo el desarrollo cósmico; Este es el episodio que ha de traer al hombre el sentimiento de la libertad, la conciencia de la libertad, la unidad de la individualidad y de la personalidad, un episodio que no debe ser despreciado, un episodio que era necesario en todo el progreso cósmico, pero es algo a lo que no hay que aferrarse. Y el hombre no debe permitirse la comodidad de mirar a lo divino meramente abstracto, sino que debe mirar concretamente a lo que está relacionado con su desarrollo. Sólo puede llegar a una verdadera revitalización interior de todo su ser espiritual y anímico captando este gran período de tiempo, pero en su forma concreta de desarrollo, a través del cual pasa a sus sucesivas vidas terrenas.

Eso es lo que nos dice hoy la verdadera ciencia espiritual. Las cosas están chocando. Hoy la voluntad amenaza con ser expulsada de la espiritualidad, con unirse a la tela de araña de la tierra; esta voluntad vive conscientemente en personas concretas porque creen que encontrarán su razón de ser en ello si sólo se educan espiritualmente y dejan a los demás en la ignorancia. Para la mayoría, sin embargo, la situación es tal que viven ignorantemente, que en el fondo no tienen ni idea del terrible destino terrenal al que se acercan al asociarse a lo que una antigua ciencia espiritual llamaba los dieciséis caminos de la ruina humana. Porque, mis queridos amigos, así como hay múltiples maneras de volverse con el intelecto sombrío hacia lo que puede venir como un mensaje del mundo espiritual, así también hay, por supuesto, variaciones, variantes del intelecto sombrío, a fin de conectarse con las criaturas arácnidas que en el futuro girará alrededor de la tierra a través de esta actividad intelectual. El intelecto regirá entonces objetivamente en los diversos miembros que tendrá esta criatura arácnida, que se tejerán unos con otros, que se entrelazarán, y que en este entrelazamiento, en estos entrelazamientos recíprocos similares a una vara de mercurio, producirán las formas más maravillosas, ingeniosas, espirituales, -en el sentido de la palabra espiritual de hoy-. Pero cuando el hombre vuelva a comprender lo artístico desde dentro, podrá comprender lo supra-mineral, lo que se expresa en la formación de la planta.

Véase cuán sintomático es en el desarrollo de la humanidad que Goethe encontrara la doctrina de la metamorfosis, él que tenía inclinaciones artísticas. Todos los pedantes que le rodeaban la consideraban diletantismo, y los pedantes siguen considerándola diletantismo hoy en día. En Goethe, sin embargo, la visión artística del mundo, el sentido claro en general, se combinaba con la visión que ya ve a la propia naturaleza como artística. Aún no había llegado al punto de poder ver al animal más allá de la forma de las vértebras, los huesos del cráneo. Esta maravillosa transformación de una existencia humana anterior, que forma el resto del cuerpo en la forma de la cabeza, esta maravillosa transformación artística de los huesos longitudinales en los huesos esféricos, eso es lo que, cuando se ve realmente a través, da una verdadera penetración interior de la diferencia entre el resto de la forma humana y la cabeza. Esto es lo que hay que tener si se quiere conectar plásticamente la cabeza humana con el resto del organismo humano.

Pero ésta es al mismo tiempo, al igual que el arte, la verdadera ciencia, pues toda ciencia que no se eleva a este arte es una ciencia engañosa, es una ciencia que hunde al hombre en la desgracia cósmica. De modo que vemos efectivamente cómo, por una parte, una verdadera ciencia espiritual apunta a una realización artística. Esto vivía, me gustaría decir como un himno, en el alma de Goethe cuando ya en 1780 escribió su himno en prosa «Naturaleza»: «Naturaleza, estamos rodeados y abrazados por ella... «El conjunto teje tal red de imaginación que podría decirse que es como el desarrollo de un anhelo de absorber seres espirituales de todo el universo. Sí, el desarrollo ulterior de estos pensamientos, que viven en el himno en prosa «Naturaleza» de Goethe, el desarrollo ulterior de estos pensamientos proporcionaría un lugar para aquellos seres que quisieran bajar del cosmos extraterrestre. Pero lo que se desarrolló en el transcurso del siglo XIX, estos terribles conceptos tortuosos de la fisiología humana, de la biología, de los sistemas vegetales, etc., que en el fondo no tienen nada que ver con lo que es la vida vegetal real, que pudimos señalar de nuevo en nuestra observación de los colores, todos estos conceptos carentes de arte, son lo que no puede dar conocimiento, lo que no puede llegar al ser humano. Por lo tanto, lo que hoy se considera ciencia es esencialmente un producto de Ahrimán, algo que lleva al hombre a la ruina terrenal, algo que no le permite entrar en la esfera que, me gustaría decir, le han traído los seres extraterrenos desde el último tercio del siglo XIX.

Cultivar la ciencia espiritual, queridos amigos, no es sólo algo abstracto, cultivar la ciencia espiritual significa al mismo tiempo abrir las puertas a las influencias ultraterrenas que quieren entrar en la Tierra desde el último tercio del siglo XIX. Cultivar la ciencia espiritual es un verdadero acontecimiento cósmico; sólo debemos tomar conciencia de ello.

Así que podemos decir: podemos ver el período que va desde la salida de la luna hasta el regreso de la luna. Esta luna, que refleja la luz del sol, como decimos, tiene en realidad una profunda relación con nuestra existencia. Se ha separado de la tierra para que el hombre pueda ser libre en la tierra. Pero el hombre ha de aprovechar este tiempo para no entregar a la luna el material que pueda unirse a la existencia lunar dentro de la tierra cuando la luna haya regresado de nuevo, en ese nuevo reino de la naturaleza, del que ahora os he presentado algunas cosas de forma un tanto descriptiva.

Se podría decir que a veces la gente de hoy ya tiene una premonición de lo que está por venir. No sé con qué sentido la gente ha leído lo que Nietzsche describe en su «Zaratustra» en el capítulo sobre el hombre más feo del valle de la muerte. Es una conmovedora descripción trágica. Nietzsche, por supuesto, no tenía ni idea del valle de la muerte en el que se transformará la existencia terrenal cuando este crecimiento arácnido del que he hablado cubra la tierra. Pero en la época en que surgió la fantasía de Nietzsche sobre este valle de la muerte, algo de esta imagen del futuro vivía en él subconscientemente, y entonces colocó al ser humano más feo en este valle de la muerte. Es algo así como una premonición de cómo los seres humanos, si siguen cultivando sus pensamientos sombríos, un día serán llevados como las figuras más feas por la existencia de la luna que se hunde en la tierra, para caer en este enjambre de arañas como los seres humanos más feos y unirse a él. 

¿De qué serviría mantener estas cosas en secreto hoy en día, que es lo que mucha gente quiere? Significaría arrojar arena a los ojos de la gente. Una gran parte de lo que hoy se difunde como espiritualidad no significa en el fondo más que echar arena en los ojos de la gente. A veces te encuentras con personas que se dan cuenta de lo que significa tomarle el pelo a la gente, no entender un solo acontecimiento histórico tal y como es en realidad. ¿Cuánta gente hay hoy en día que se dé cuenta de que en nuestros días se están produciendo acontecimientos de importancia fundamental? Ya he llamado la atención sobre tales cosas. ¿Cuánta gente quiere profundizar en ellas? La gente quiere cerrar los ojos ante estas cosas, quiere decir: Bueno, las cosas no tienen esta importancia. Pero los signos están ahí y deben ser comprendidos por la gente. 

Esto, queridos amigos, es lo que quería añadir a mis reflexiones sobre el mundo del color y sobre la conexión entre el hombre y el cosmos extraterrestre. Continuaremos estas reflexiones en el futuro.

Traducido por J.Luelmo jul,2022

GA190 Dornach, 6 de abril de 1919 ¿Qué es el hombre como ser humano?

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RUDOLF STEINER

Impulsos pasados y futuros en la historia humana


Dornach, 6 de abril de 1919

OCTAVA CONFERENCIA : 

La pregunta: ¿Qué es el hombre? - se tomó más en serio en el Este. Bakunin, Gorki. El Superhombre de Nietzsche, el gran narcótico. Desde la cultura del siglo XIX es imposible llegar a una visión del hombre. Tres partes de la vida humana: 1. los talentos, 2. lo que se desarrolla entre hombre y hombre, 3. las experiencias. La individualidad del ser humano se expresa a través de la experiencia, y la pregunta puede responderse hoy a través de la experiencia: ¿Qué es el ser humano como ser humano?

Cuando permitimos que tales pensamientos pasen por nuestras almas, como discutimos ayer, lo hacemos en vista de la gravedad de nuestros tiempos, que desafortunadamente, como sabemos, no es sentida de manera general, o incluso por un círculo algo más grande de nuestros contemporáneos.  Sólo será posible decir que esta gravedad de los tiempos se hará sentir cuando un mayor número de personas tenga la sensación de que es necesario un camino, y de hecho el camino apropiado para nuestro tiempo, hacia el conocimiento espiritual, y que este camino hacia el conocimiento espiritual es, por así decirlo, la única cura real para los daños y enfermedades de nuestro tiempo. Ante algo así, debe surgir en nosotros la pregunta: ¿Cuáles son los fundamentos del daño de nuestro tiempo? ¿Cuál es la verdadera causa de las enfermedades de nuestro tiempo? - Y aunque hoy en día muchas personas tienen la tendencia a buscar estos daños, estas enfermedades de nuestro tiempo en otra parte distinta a la del propio ser humano, es sin embargo infinitamente importante darse cuenta de que esto, buscar los daños en el propio ser humano, es el único camino que puede conducir de alguna manera a una meta.
Si nos fijamos en el presente, vemos cómo los signos del tiempo brillan desde el este de Europa. Incluso hoy en día no puede decirse que la humanidad europea se sienta inclinada a tener en cuenta estos signos del tiempo. Las cosas se consideran siempre de tal manera que resulta incómodo formarse realmente un juicio sobre los grandes asuntos de la humanidad.  En estos asuntos, una y otra vez, puede ser útil el pensamiento que señala lo que se ha descuidado. Porque si uno se da cuenta hasta cierto punto de lo que se ha descuidado, tal vez se evite causar un descuido similar en el futuro. Desde Oriente, del que se ha dicho a menudo que, a pesar de todo lo que pueda pasar allí, están los gérmenes de la sexta cultura post-atlante, los signos del tiempo vienen desde hace tiempo de ese Oriente. No estaban escritas con una letra tan sangrienta como la de los últimos tiempos, pero aún así habrían sido adecuadas para ser escuchadas, para ser tomadas en consideración. Muchas cosas se han señalado aquí durante años. Me gustaría mencionar algunas de las cosas que ya se han mencionado aquí de un lado y de otro, en primer lugar hoy, en la primera parte de nuestra consideración. Si se observa lo que se vive en Europa del Este desde hace mucho tiempo, se podría resumir en una pregunta extraordinariamente característica de nuestro tiempo, en la pregunta: ¿Qué es el ser humano?
Se puede decir que esta pregunta: ¿Qué es el ser humano? ¿Qué representa el ser humano en el universo? - Esta cuestión ha sido tomada muy en serio por los más diversos estratos de la población en los últimos tiempos en Europa del Este. Occidente tenía muchas otras cosas que hacer que pensar en la pregunta: ¿Qué es el hombre? - Por supuesto, ha habido muchas discusiones teóricas sobre esta cuestión, pero tales discusiones teóricas son inútiles si no están impregnadas de la vida espiritual real.
Sólo quiero mencionar algunas de las cosas que apuntan a la pregunta que se plantean con anhelo en Oriente: ¿Qué es el hombre? -Estas son palabras significativas que se escucharon desde el Este. Ya me he referido a una de esas palabras. Entre los que han contribuido en los últimos tiempos a la aparición de puntos de vista sobre la cuestión social, uno de los más dotados fue Bakunin, más tarde oponente de Marx. A diferencia de Marx, que atacó la vida social y el movimiento social desde las ideas europeas occidentales, Bakunin atacó el movimiento social desde las ideas e impulsos orientales. En Bakunin, se vislumbra por doquier algo de una filosofía de la vida, de una concepción y visión más profunda de la vida. Y así llega una palabra muy significativa de Bakunin, la palabra que quiere iluminar la pregunta: ¿Qué es el hombre? - contrastando la concepción del hombre y la concepción de Dios. Verán, esta palabra de Bakunin, de la que quiero hablar, surgió de la percepción de Bakunin de la vida moderna. Encontró: en lo más profundo de la naturaleza humana se halla el impulso de la libertad, el impulso del hombre libre. Qué más se puede desear en la vida que ser un hombre libre -así se podría expresar el impulso de anhelo de una persona que piensa de forma similar a Bakunin. Frente a este impulso de anhelo de la naturaleza humana interior, tal persona se enfrenta con el otro sentimiento que le produce la contemplación de la vida moderna, donde el hombre, si pertenece a los círculos burgueses, está enjaulado en una inmensa suma de prejuicios estatales y de otro tipo, si pertenece a los círculos proletarios, en el industrialismo y el capitalismo, el hombre es en realidad una especie de esclavo dentro de la vida moderna para quien contempla esta vida tan libre e independientemente como Bakunin. La libertad debe ser entendida fundamentalmente, como he tratado de hacer en mi "Filosofía de la Libertad". Si no se capta esta libertad de forma tan fundamental, uno siempre se verá zarandeado, por un lado por la adicción a la libertad, por otro por la percepción de la vida presente, que lo realiza todo en lugar de la libertad. Y así, Bakunin se remite formalmente a lo que los milenios han dicho, al sentido religioso de Dios de los hombres, y contrasta esto con la vida moderna. "Dios es libre, por lo tanto el hombre es libre". Bakunin imagina que si Dios es libre, el hombre no puede ser otra cosa que libre. "El hombre es un esclavo, por lo tanto no hay Dios. Estoy convencido", continúa Bakunin, "de que nadie puede salir fuera de este círculo, y ahora elijamos". 
Se trata de una palabra que debería causar una impresión más significativa en la gente que muchos acontecimientos mundiales, que por su propia externalidad son capaces de causar una impresión en las sensaciones de la gente. Si se pudiera hacer sentir a la gente esa palabra con la que un hombre moderno se confiesa: No puedo salir del dilema; por un lado debería decir: Dios es, por lo tanto el hombre es libre; pero por otro lado debo decir: ¡Pero el hombre es un esclavo, por lo tanto no hay Dios! - tenemos que elegir, escoger entre el eterno anhelo de libertad del corazón humano y la invencible experiencia de la vida moderna de que el hombre es un esclavo. Ello, la propia naturaleza humana, conduce a la prueba de Dios. La vida moderna conduce al ateísmo. Y en el medio no hay una elección -piensa Bakunin- hacia un juicio, en el medio sólo hay una elección. Puedes elegir este camino y aquel otro si eres un hombre moderno, porque básicamente nada te obliga a hacer nada más que elegir.
Ahora se puede decir que la mayoría de la gente hoy en día no elige en absoluto, sino que vegeta irreflexivamente en este dilema, en este círculo, espiritualmente, mentalmente. 
Otra palabra del Este, que Gorki deja para una de sus sagas heroicas: "Quiero escribir un pequeño libro. Quiero llamarlo -La oración por los moribundos-; existen tales oraciones, se dicen sobre los moribundos. Y esta sociedad, sobre la que pesa la maldición de la debilidad interior, antes de perecer, alcanzará mi libro como el almizcle". 
Como ven, esa es una palabra que, desde cierto punto de vista, se puede gritar a la humanidad más nueva, -pero la humanidad más nueva sólo busca todo tipo de anestesias, anestesias mentales, espirituales, para no tener que tomar esa palabra con la suficiente seriedad. Y en Oriente ha surgido esa extraña escuela de filósofos -llamémosla así- que ha sacado una especie de consecuencia vital de la existencia moderna, la secta de los filósofos descalzos, como los llaman algunos. Gorki hace que uno de esos filósofos descalzos pronuncie las siguientes palabras: "Hay algo que no funciona en mí. En consecuencia, no nací como un ser humano debe ser. Estoy en un camino especial. Y no sólo yo.  Somos muchos. Tenemos que convertirnos en personas peculiares y no encajar en ningún orden... ¿Quién es culpable ante nosotros? ¡Nosotros mismos somos culpables ante nosotros mismos y ante la vida! 
Esta no era la forma de hablar de individuos aislados en el Este, era la forma de hablar de muchos, y cuando un día se pueda escribir la historia de estos últimos años confusos de Europa desde el exterior -lo que todavía no es posible hoy-, entonces encontraremos cuánto ha contribuido tal visión del mundo a todo el destino de nuestro tiempo, pero cómo, por otra parte, tal visión del mundo se funda también en lo que caractericé ayer como la confusión la superficialidad, la irreflexión de nuestra época. 
Entonces una y otra vez hay que plantearse: Cuál es la expresión en los detalles de lo que dije ayer, que nuestra época, sobre todo desde principios del siglo XVIII, atraviesa una ola de confusión, una ola de marañas de pensamientos que se forman y confunden a la gente. Verán, algo que puede servir para aclarar esta cuestión sólo se puede encontrar en realidad sobre la base de una auténtica ciencia espiritual. ¿Qué es lo que se propaga más fácilmente entre cierto tipo de personas hoy en día?  ¡Pensamientos, supuestos pensamientos! Sin embargo, son sobre todo pensamientos que se expresan con palabras, ideas que pueden difundirse rápidamente en el papel impreso, pensamientos del tipo de los que la gente se siente más orgullosa, sobre la vida sensorial-material, como la ciencia natural, suficientemente popularizada, está haciendo en todos los círculos hoy en día. Deberíamos comparar la enorme diferencia entre la vida anímica de las personas de hoy y la vida anímica de las personas del siglo XV, o incluso del siglo XVI. En aquella época, la gente compartía sus pensamientos; no leía el papel impreso cada mañana con los pensamientos que luego les llevaban a lo largo de todo el día, la mayoría de las veces sin que fueran conscientes de ello de ninguna manera. ¿Qué impresión causa hoy en día en una persona el hecho de que escuche un sermón el domingo después de haber leído su periódico a partir de documentos de pensamiento muy diferentes? Esto difunde una cierta educación. Pero en nuestra época esta educación carece totalmente de contenido espiritual real, pues el contenido espiritual real sólo puede volver a darse a través de una cultura espiritual.
Ahora bien, los pensamientos del tipo que se han difundido en los últimos tiempos no tienen ningún valor humano real si estos pensamientos no pueden relacionarse con la vida suprasensible. Todos los pensamientos -esto es algo radical, pero es cierto- que no pueden vincularse a la vida suprasensible son realmente perjudiciales para el hombre. Y ahí radica una de las principales enfermedades de nuestro tiempo, que desde todo tipo de ámbitos, especialmente desde la divulgación de las ideas científicas, se difunden pensamientos que luego la gente no relaciona con la vida suprasensible, y que por tanto son perjudiciales. Los pensamientos deben estar siempre relacionados con la vida suprasensible. Tienen un efecto destructivo y aniquilador en la vida humana si no se relacionan con lo suprasensible. Pues sin la relación de los pensamientos que se generan en el ser humano con lo suprasensible, la pregunta cardinal: ¿Qué es el ser humano? - no se puede responder en absoluto. Puesto que el hombre ya tiene lo suprasensible en su ser, siempre queda para él algo estéril, algo profundamente insatisfactorio, si no puede relacionar los pensamientos, que sin embargo se producen en él de forma suprasensible, con lo suprasensible. Ahora nunca se extinguirá en el alma humana el anhelo de una respuesta a la pregunta: ¿Qué es realmente el hombre? - Este anhelo no puede extinguirse. Se puede anestesiar, el ser humano puede, por así decirlo, privarse de la reflexión, para que ésta no llegue hasta la pregunta: ¿Qué es realmente el ser humano? - Entonces, en todo tipo de estados nerviosos y otros, esta pregunta: ¿Qué es realmente el hombre? - se adentrará en el ser humano. Pero esta pregunta no puede borrarse de la vida del alma humana: ¿Qué es realmente el hombre? - no se puede. 
El siglo XIX, en particular, con su cultura general, no era en absoluto adecuado para responder a esta pregunta de forma satisfactoria para la gente. Los grandes impulsos de la época siempre se expresan en síntomas significativos. Un síntoma tan significativo para toda la vida intelectual reciente es la existencia de Friedrich Nietzsche. Es de lamentar que la burguesía moderna y los filisteos también se hayan hecho pasar por seguidores de Nietzsche, y que sobre todo no se haya prestado atención, o al menos sólo unos pocos, al fenómeno real de Nietzsche. 
Siempre lo he expresado de tal manera que he dicho: Nietzsche representa al ser humano moderno que más ha sufrido mentalmente y el que más ha padecido de la cultura del último tercio del siglo XIX. A menudo he dicho: los otros han traído esta cultura del siglo XIX.  Estaba Schopenhauer. Él sacó a relucir una parte de la cultura del siglo XIX. Nietzsche, como schopenhaueriano, lo sufrió. También Richard Wagner produjo una parte de la cultura del siglo XIX. Nietzsche, como wagneriano, lo sufrió. Hubo un voltairismo renovado, la espiritualidad libre del último tercio del siglo XIX; Haeckel, Büchner, Feuerbach y otros produjeron esta espiritualidad libre del último tercio del siglo XIX. Nietzsche lo sufrió. Dentro del conjunto de la cultura moderna, el último tercio del siglo XIX expresaba el hecho de que esta cultura debía conducirse a sí misma ad absurdum. El arte se topó con valores que sólo podían entenderse si se comprendían en su autodisolución. La ciencia llegó a predicar como la más alta sabiduría, cada vez más su propia nulidad frente a lo suprasensible. Nietzsche sufrió de esto. Sufrió a Schopenhauer, a Richard Wagner, al voltairismo resucitado del último tercio del siglo XIX, sufrió a toda la cultura del último tercio del siglo XIX, y de este sufrimiento acuñó dos ideas grandiosas, abrumadoras pero desesperantes, la idea del superhombre y la idea del retorno de lo mismo. La idea del superhombre - ¿por qué superhombre? Porque no había manera de responder a la pregunta: ¿Qué es el hombre? - para responder. En alguien que sufría como Nietzsche, esto le hizo huir del hombre, precipitarse hacia algo que supera al hombre. Para Nietzsche, el Übermensch es simplemente el fuerte y gran medio de la ilusión, el anestésico contra la imposibilidad de llegar a una visión del ser humano partiendo de la cultura del siglo XIX. 
La vuelta de lo mismo: Sólo hay que imaginar la gravedad de esta idea en Nietzsche. Piensen ustedes por una vez que mientras estamos sentados aquí reunidos ahora, ya nos hemos sentado aquí innumerables veces y volveremos a sentarnos innumerables veces mas; que cada uno de nosotros ha pasado innumerables veces por lo que está pasando ahora en este tiempo y volverá a pasar innumerables veces. Ninguna evolución que realmente dé lugar a pensar en un ascenso, en un progreso. - Ya que no se puede llegar a una visión del hombre, por lo tanto superhombre, y dado que no se puede pensar en ningún progreso real en la evolución ni de la humanidad ni del cosmos, La vuelta de lo mismo. Nietzsche llegó a estas consecuencias. Los demás, que quizás se rían de estas consecuencias, no llegan a ellas por desconsideración. Pues, o se llega a estas consecuencias, o hay que recurrir a la ciencia espiritual, que no habla del superhombre, sino que habla de lo que ya se ha desarrollado a través del tiempo saturniano, solar y lunar, a través de la evolución de la tierra y más allá en las metamorfosis cósmicas de nuestra tierra, y que tampoco habla de la vuelta a lo mismo, sino que puede hablar de un progreso real -sólo hay que leer mi "Ciencia Oculta en Esbozo". Pero, ¿Dónde está hoy la inclinación a considerar estas cosas en toda su seriedad? ¿Qué es infinitamente más importante para la mayoría de la gente que este gran asunto que abarca el mundo? 
De todas estas condiciones previas, hay que preguntarse: ¿Qué es lo que realmente ocurre aquí? - En toda la profundidad, no es fácil hoy en día averiguar lo que está realmente presente. Hoy me gustaría mencionar un punto de vista particular. Si tratamos de observar las experiencias de aquellas personas que acaban de atravesar las puertas de la muerte o que lo han hecho recientemente, y que, por tanto, se encuentran en el comienzo de la vida que transcurre entre la muerte y el nuevo nacimiento, observamos algo muy peculiar. Les confieso francamente, mis queridos amigos, que esta observación de la que ahora les hablo ha sido durante mucho tiempo algo bastante inexplicable para mí, que uno sólo puede llegar a aceptar gradualmente cuando ha encontrado tal hecho. Es el hecho de que un gran número de personas que atraviesan las puertas de la muerte hoy en día, es decir, en nuestra época actual, se sorprenden extraordinariamente por lo que experimentan después de la muerte, por lo desconocido que se presenta ante ellos. Les he hablado de lo que experimentan los muertos después de haber atravesado la puerta de la muerte. En todo aquello que es más fácil de entender, más fácil de sobrellevar y más fácil de hablar, se mezclan cosas que no se pueden caracterizar de otra manera sino diciendo: sorprende al muerto que tal cosa también esté ahí. Que por un lado. Allí vive en él la conciencia de que en realidad no habría pensado que experiencias de este tipo se presentaran ante su alma. 
En cambio, en el caso de las personas que han muerto mayores -no tanto en el caso de las que han muerto jóvenes- esto, que se presenta ante el alma con cierto desconocimiento, muestra al mismo tiempo claramente que tiene algo que ver con la propia persona, que de alguna manera procede de la persona que ha atravesado la puerta de la muerte. Por lo tanto, es algo desconocido con lo que el muerto se encuentra, pero al mismo tiempo algo de lo que claramente sabe que viene de sí mismo, especialmente cuando pertenece al grupo de personas que han muerto de mayor edad.
Cuando uno se da cuenta de este hecho, es realmente difícil encontrarle una explicación. Sólo se puede encontrar una explicación si se toma muy en serio en relación con otra cosa, a saber, el hecho de que el hombre de hoy, que se sitúa en el orden actual de la vida, experimenta una gran suma de cosas de las que, o bien no sabe nada en absoluto, o bien se hace toda clase de ilusiones. Se trata de toda una vasta suma de experiencias que pueden contarse entre las experiencias subconscientes que llegan al ser humano, al igual que las que experimenta conscientemente, pero a las que, o bien no presta ninguna atención, aunque estén sucediendo en él, o bien les da una interpretación completamente equivocada
Esa es la característica del ser humano de hoy, que le gusta reinterpretar lo que él mismo experimenta. No le gusta dar cuenta de sí mismo. Prefiere colorear lo que está relacionado con su actitud ante el mundo hacia un lado u otro. Uno debería examinarse a sí mismo en esta dirección una sola vez y preguntarse con qué frecuencia admite realmente que se equivoca en un asunto.  Cuando uno debe admitirse a sí mismo que se equivoca, en la mayoría de los casos imaginará otra cosa que le adormecerá sobre lo que de otro modo tendría que decirse a sí mismo: que se equivoca en algún asunto. Pero éste es sólo uno de los fenómenos que podrían indicar ya exteriormente al hombre que experimenta hoy muchas cosas subconscientes sobre las que se hace ilusiones en su conciencia. Cuando uno se hace un poco mayor y muere, tiene una gran suma de esas experiencias subconscientes dentro de sí mismo. Y son estas experiencias subconscientes a las que se enfrenta el ser humano después de la muerte. Si se descubre esta conexión entre la experiencia subconsciente y las cosas sorprendentes que experimenta la persona muerta después de atravesar las puertas de la muerte, entonces se puede llegar a comprender este fenómeno y entender por qué tantas personas de hoy en día, a las que no les gusta pensar en cómo experimentan una cosa y otra, sino que lo dejan en el subconsciente, se sorprenden cuando todo esto del subconsciente tienen que afrontarlo realmente después de haber atravesado las puertas de la muerte. Se sorprenden por ello, aunque hayan experimentado cosas, y al mismo tiempo deben sentir que ellos mismos han tenido mucho que ver con lo que experimentan. En realidad, es una parte de su propia vida, la parte de su propia experiencia que no se percibe en absoluto o sólo muy indistintamente. 
Apreciar estas cosas de forma correcta es hoy una tarea necesaria, pero aún difícil, de la cognición científico-espiritual. Pero la referencia a este hecho tiene una importancia fundamental para nuestro tiempo. Porque sólo cuando se parte de estas cosas se puede obtener una respuesta bastante razonable a la pregunta:  Por qué la respuesta a la pregunta: ¿Qué es realmente el hombre?  - ¿se ha vuelto tan extraordinariamente difícil para el hombre contemporáneo?
Si se toma la vida humana en su conjunto en su desarrollo interior, en realidad se descompone en tres partes. La primera comprende lo que sentimos como nuestros dones, nuestros talentos, nuestras habilidades. La segunda parte comprende todo lo que desarrollamos en nuestra relación con nuestros semejantes, a través de la interacción de nuestra conciencia con la conciencia de otros seres humanos. Y la tercera área comprende nuestra experiencia. Nuestra época trata estas tres partes de la naturaleza humana de forma muy, muy unilateral, y en realidad sólo tiene en cuenta la parte central. Ciertamente, hoy en día hay muchas quejas por parte de algunos sectores sobre la mala valoración de los superdotados, pero son sobre todo los propios superdotados los que se lamentan de esta manera. La forma consagrada de cultivar talentos está desapareciendo cada vez más. Sin embargo, la valoración de la experiencia humana también está disminuyendo. La gente de hoy ya no es consciente -como he dicho a menudo- de que no nos limitamos a envejecer, sino que al envejecer acumulamos experiencia, que al envejecer nos volvemos más sabios, más prudentes. Este sentimiento por el desarrollo humano se pierde cada vez más en las personas. Hoy en día, cuando se llega a cierta edad, todos quieren ser igual de sabios, tener la misma voz en todo, y según la opinión de muchos, ni el talento ni la experiencia adquirida a lo largo de la vida deben interferir con esta voz. Esta es, en el fondo, la base de toda nuestra cosmovisión democrática, que siempre tenderá a cavar su propia tumba: que el hombre, a partir de cierta edad, puede tomar decisiones en asociación con sus semejantes sobre Dios y sobre el mundo y sobre todo lo que sea posible. 
Pero lo que el hombre desarrolla en asociación con sus semejantes a través de la interacción de conciencia con conciencia, eso pertenece sólo a una esfera de la vida social, a la vida estatal. El Estado, sin embargo, se ha convertido en el ídolo, precisamente porque sólo se quiere aceptar lo que late en el pueblo de la manera que se acaba de indicar. Los otros dos campos no deben ser aceptados como organizaciones sociales independientes, porque en la organización espiritual habría un cultivo especial de las capacidades individuales. Y en la organización económica, sobre todo, lo que se llama experiencia pasaría realmente a primer plano a través de las fuerzas internas. En la economía de la vida sólo se llega a ser más inteligente, por lo que por economía de la vida naturalmente no me refiero sólo a ordeñar vacas y cocinar coles, sino a la economía de la vida en el círculo más amplio. La economía también incluye lo intelectual, en la medida en que los logros intelectuales tienen un cierto valor de mercancía, que deben tener, pues de lo contrario nunca se podría vivir de los logros intelectuales. Por supuesto, también tienen un valor en otros ámbitos, pero tienen un valor como mercancía. Es precisamente de esta actividad económica, a la que pertenece la producción de valores espirituales, en la medida en que estos valores son valores mercantiles, de donde surge la experiencia. Hoy en día, aparte del campo de la ciencia espiritual, no sabemos distinguir realmente entre estos tres campos de la naturaleza humana. Nuestros talentos ordinarios, por los que estamos dotados en una u otra rama espiritual, o por los que somos hábiles para una u otra, pues las destrezas corporales también pertenecen a los talentos individuales, todas estas cosas no pertenecen en realidad, tal como es el hombre hoy, enteramente a la naturaleza humana individual. Básicamente, por paradójico que le parezca, cuanto más ingeniosa es una persona hoy en día, menos es en realidad un ser humano individual. Pues nuestros talentos, nuestras capacidades individuales, se producen por una interacción del cosmos antes de nuestro nacimiento o antes de nuestra concepción, con las fuerzas de la herencia a través de muchas generaciones.
Una vez ilustré cómo es eso. Nuestros brillantes talentos y nuestras capacidades individuales en general dependen de la cabeza. Cualquiera que sea el talento especial de una persona, aunque esté aparentemente relacionado con un desarrollo muscular especial, estos talentos especiales siguen teniendo su origen en la cabeza, incluso aunque estos talentos se expresan en el físico humano y similares. Si uno es un gigante que puede romper árboles, árboles de troncos gruesos, o si uno es un enano, su capacidad individual depende de eso en muchos aspectos. Todo se origina en la cabeza. Lo que es, por así decirlo, innato en el ser humano en términos de capacidades individuales, Todo esto tiene su origen en la cabeza.
Lo que realiza el hombre en relación con los demás hombres tiene su origen en esa interacción, en la vida entre el nacimiento y la muerte, como el lenguaje, como todos los elementos sociales de la vida humana. Pero con las experiencias que atravesamos, entramos en un capítulo mucho, mucho más difícil de lo que la mayoría de la gente se imagina hoy en día, porque la gente de hoy rara vez se convierte en gente experimentada, porque no se deja llevar por la experiencia. En la actualidad, la mayoría de las personas tienen incluso cierta avidez por adquirir experiencia. Si confiesan, las personas, que juzgan algo de forma diferente a como lo hacían hace diez años, se avergüenzan, aunque no deberían avergonzarse de haberse vuelto más sabios durante diez años, pero siguen avergonzándose. La dedicación a la vida para ser más sabio, eso no es un ideal del hombre de hoy. El hombre de hoy dilapida su vida en gran medida para adquirir más experiencia. Pero es en este hacerse más experimentado donde el individuo se expresa. Pueden ser ustedes un genio del capital: lo que aporten a través de su genio del capital sólo tendrá una contribución muy pequeña de lo que hayan pasado en sus encarnaciones anteriores. Estas encarnaciones anteriores son, en su mayoría, más inocentes que el hecho de ser un genio, ya que eso es algo que se produce por una interacción del cosmos con las fuerzas de la herencia a través de las generaciones. Los genios vienen dados a la humanidad, no caen realmente del cielo para contentarlos. Pero eso que adquirimos al volvernos más inteligentes de año en año, incluso hasta nuestra vejez, es algo de lo que la gente de hoy se avergüenza especialmente.  
El hecho de que nos hagamos más sabios de año en año, que aceptemos las experiencias de la vida para hacernos más sabios, está relacionado con nuestras encarnaciones precedentes.
Como ven, cuando se examina una personalidad como la de Goethe, se llega a resultados muy, muy extraños, muy significativos. Se puede hablar del genio de Goethe.
Este genio goetheano se expresa ya en su juventud. Pero las habilidades que surgen en él en su juventud tienen, diría yo, el valor de algo que ha caído del cielo. Pero a medida que Goethe se convierte en un anciano y va madurando, sin dejar de madurar, lo que trajo consigo de sus encarnaciones anteriores va tomando forma, va evolucionando. Pero la gente de hoy también detesta eso.
El propio Goethe tuvo que quejarse de que lo que él no se atribuía, las producciones de su juventud, eran especialmente valiosas para la gente, mientras que lo que había adquirido a través de su experiencia vital, lo rechazaban. A menudo les he citado un dicho que hizo con referencia a la primera parte de su "Fausto", la segunda parte aún no estaba en perspectiva en aquel momento. 
Da loben sie den Faust
Und was noch sunsten
In meinen Schriften braust'
Zu ihren Gunsten.
Das alte Mick und Mack,
Das freut sie sehr,
Es meint das Lumpenpack,
Man war's nicht mehr.
Pero eso ha llegado muy lejos en nuestros días. Cómo el verdadero y muy inteligente y dotado suabo Vischer>, el llamado V-Vischer, ridiculizó la segunda parte del Fausto de Goethe, la parodió, la calificó de obra empedrada y pegada de la época de Goethe, porque en nuestro tiempo no tenemos mucho sentimiento de maduración, de adquisición de experiencia. Pero esto está relacionado con el hecho de que la vida actual no ofrece ninguna respuesta a la pregunta: ¿Qué es el ser humano como ser humano? - Porque la respuesta a esa pregunta sólo puede venir de la experiencia de la vida actual. - Pero esta experiencia de vida no debe hacerse de manera que se excluya lo espiritual. En el progreso de la vida individual, uno debe ser capaz de conseguir gradualmente el sentimiento siguiente: No sólo se aprende del curso sensorial exterior de las cosas, sino que también se aprende de lo que surge del subsuelo de las cosas. Todas estas cosas son al mismo tiempo tales que hoy, desde un cierto punto de vista superior, hacen que la cuestión sea casi inevitable: ¿Cómo separamos la vida espiritual de la vida estatal? - Si la vida espiritual permaneciera ligada a la vida estatal, no sería posible que esta vida espiritual se desarrollara de la manera que la gente necesita para tener verdaderas experiencias de vida. El estado tendría que aplanar cada vez más la vida espiritual, porque el estado no podría entrar en esas intimidades de la vida espiritual que luego conducen a experiencias reales. El Estado sólo podría entrar en esa vida espiritual totalmente democrática, pues la democracia pertenece al Estado. Pero la vida espiritual en sus propias profundidades nunca puede ser totalmente democrática. No puedes descender a las profundidades de la vida espiritual, ni a las profundidades del conocimiento humano, si te quedas con la democracia. Pero en el Estado todo debe ser democrático.  En el estado sólo se debe juzgar lo que cada hombre puede juzgar de cada hombre. Pero de esta manera nunca se puede llegar a un verdadero conocimiento del hombre. Hay que trasladarlo al campo que se deja a su aire y sigue su propio curso como vida espiritual. Las personas pasan de largo hoy y seguirán pasando de largo hasta que se vean en el espíritu. 
Esto no era necesario en épocas anteriores por la razón de que en épocas anteriores las personas no eran seres tan complicados como ahora. La complicación de la naturaleza humana en la actualidad se debe especialmente al hecho de que el ser humano sólo vive hasta los veintisiete años -como ya he explicado desde otro punto de vista-, la raza humana como tal sólo vive hasta los veintisiete años, es decir, sólo se desarrolla por sí misma hasta los veintisiete años. Lo que viene después no se desarrolla por sí mismo como en la antigüedad; hay que buscar el desarrollo para ello. Y así es como hoy el joven pasa por un desarrollo hasta los veintisiete años, cuando los elementos de la humanidad vuelan hacia él. Los espera de por vida hasta este vigésimo séptimo año. Luego llega el vigésimo séptimo año, y la vida misma no da nada más.
Pero no hace nada al respecto. Por eso, a partir de entonces, la vida comienza a ser hueca y vacía, estéril, si el hombre no se alza a vivir la vida de la que he dicho que se derrama sobre la humanidad como una oleada, hoy.
Esta crisis, que en realidad está en toda vida humana hoy en día en torno a los veintisiete años -luego dura hasta los treinta y cinco aproximadamente-, se expresa en fenómenos característicos de la actualidad. Pues todo lo que vive en la naturaleza humana general se expresa de forma particularmente radical, particularmente fuerte en los fenómenos individuales. Así, hasta hace poco, había una personalidad que se consideraba muy líder -aunque no lideraba mucho- que se enfrentaba a una decisión importante en un momento determinado. Pero al mismo tiempo que se tomaba esta decisión, se hacía patente otra cosa en esta personalidad. Esta personalidad se encarnó una vez en el siglo IX de la era cristiana y fue una especie de mago negro en una parte más meridional de Europa en este siglo IX. Esto tuvo tal efecto en la encarnación actual de esta personalidad que, cuando se produjo esta decisión, este acontecimiento decisivo, esta personalidad murió realmente, es decir, el cuerpo fue dejado por el alma que había encarnado de nuevo. Pero la personalidad vivía, externamente, seguía ahí. Piensen ustedes qué oportunidades hay para que toda clase de espíritus e individualidades ahrimánicas vivan en una persona muerta así. Este es un caso de los que la complicación de la vida actual hace surgir muchas veces. Estas cosas intervienen en lo que hoy son acciones humanas, en lo que hoy son también destinos humanos. Hoy en día no se puede juzgar lo que está sucediendo sin tener al menos la sensación de cosas tan drásticas como las que acabo de mencionar. A menudo he subrayado, y aquí también hay personalidades a las que he subrayado a menudo: No será posible juzgar la llamada prehistoria de esta catástrofe bélica mundial de la misma manera que se hizo la historia en tiempos anteriores, porque se abrieron ventanas por todas partes para que entraran las entidades ahrimánicas. Y como en los acontecimientos de julio de 1914 intervinieron causas espirituales de la más dudosa y extraña índole, no será posible hablar históricamente de lo que condujo a esta catástrofe bélica mundial sin la ayuda de los factores espirituales. Pero consideren ustedes lo necesario que es tomarse las cosas realmente en serio hoy en día. Tomemos, pues, lo que acabo de mencionar como fenómeno básico: hasta el séptimo año el hombre desarrolla su cuerpo físico, hasta el decimocuarto su cuerpo etérico, hasta el vigésimo primero el cuerpo astral, hasta el vigésimo octavo el alma sensible. Pero está el año veintisiete, que es especialmente importante hoy en día. Luego, hasta los treinta y cinco años, primero el alma racional y luego el alma consciente están activas; en el alma racional -si leen ustedes mi "Teosofía", encontrarán esto- surge el yo. Pero el hombre, según lo que ofrece la naturaleza humana, se desarrolla sólo hasta los veintisiete años. Se desarrolla de tal manera que el surgimiento del yo en el alma racional. Pero esto no viene no viene por sí solo, porque el desarrollo de los veintiocho a los treinta y cinco años ya no tiene lugar por sí solo.
Esta es la tremenda cuestión que tiene el hombre hoy en día. Vive más allá de los veintisiete años. No ha hecho nada para desarrollar lo que da el verdadero sentido de sí mismo y, por tanto, el sentido de la humanidad, el conocimiento del ser humano. ¿Qué surge? La pregunta: ¿Qué es el ser humano? - La respuesta es: alejarse del ser humano, hacia el superhombre que da un mero contenido lírico. O bien cosas como: "Hay algo malo en mí. En consecuencia, yo no vine al mundo como debería hacerlo un ser humano. Estoy en una trayectoria especial. Y no sólo yo.  Somos muchos. Debemos convertirnos en personas peculiares y no ajustarnos a ningún orden. ¿Quién es culpable ante nosotros? Nosotros mismos somos culpables ante nosotros mismos y ante la vida".
Ahí está la pregunta de la ciencia espiritual: ¿Qué es realmente el ser humano? - Esto sale de la naturaleza humana actual. Yo les pregunto:  ¿No es una tarea seria para el futuro pensar en separar realmente la vida espiritual, que nos permite tener experiencias vitales también sobre el espíritu, de la que nunca podría dar experiencias vitales íntimas, de la vida estatal democrática? ¿Creen ustedes que podría surgir algo en las facultades de teología o de derecho o de filosofía o de medicina o de ciencias políticas o de ciencias naturales -creo que todas estas facultades existen hoy en día- que pudiera, por ejemplo, llamar la atención sobre esto? En esta época peligrosa después de los veintisiete años hasta los treinta y cinco, las personas pueden llegar a estar desoladas interiormente, en un caso extremo de tal manera que el alma puede incluso auto-expulsarse, de modo que más tarde la persona realmente sólo parece estar está aparentemente viva, siendo poseída por alguna naturaleza ahrimánica. La complejidad de la vida moderna exige que la vida espiritual pueda fluir realmente hacia lo espiritual. 
En la superficialidad de la vida de hoy no se pueden tocar las cuestiones más importantes. Y de qué manera la mera democracia estatal, que está muy justificada en la esfera de la vida estatal, debe hacer posible lo que ha de venir ahora sobre la humanidad, que en el futuro aparezcan personas que serán cada vez más necesarias y más esenciales, que traerán lo que tienen que decir sobre la vida enteramente como un mensaje espiritual desde el mundo espiritual.  Si no fuera posible que los mensajes espirituales del mundo espiritual fueran llevados al futuro de la humanidad, entonces el desarrollo de la tierra no podría alcanzar su meta. Pero la posibilidad de que aparezca esa vida espiritual depende de la libertad de la vida espiritual, depende de que la vida espiritual se emancipe realmente del estado y se ponga por su cuenta. De lo contrario, se repetirá lo que ocurrió una vez en un lugar lejano: en una universidad en la que sólo enseñaban personas que no tenían nada especial que decir, se pidió en la asamblea democrática que se nombraran "capacidades". Pero los demócratas golpean el suelo con sus palos: No queremos capacidades.
Verán, mis queridos amigos, estas cosas ya tienen una base seria y profunda. Y es nuestra tarea señalar esta base seria y profunda y, sobre todo, luchar contra el mal más terrible de los tiempos modernos, la superficialidad y la irreflexión. Se suele decir que la cuestión social es también una cuestión espiritual. Pero la vida espiritual debe ser considerada entonces en sus fundamentos y realmente en su profundidad, de lo contrario la consideración espiritual, sobre todo de la cuestión social, seguirá siendo algo superficial, se quedará en la superficie.
Continuaremos estas reflexiones el próximo viernes, o si, como se ha pedido, hay otra conferencia en algún lugar de los alrededores el viernes, entonces el sábado a las siete.
Ahora, sin embargo, se me pide que os diga que el miércoles a las ocho en una de las secciones de la Unión de Estudiantes Suizos de Basilea habrá una conferencia mía sobre "Voluntad social y reivindicaciones proletarias" en el Bernoullianum, a la que todos estáis amablemente invitados por los estudiantes.  
Traducido por J. Luelmo jul.2022

GA190 Dornach, 5 de abril de 1919 - La humanidad actual se está confundiendo por causa de la superficialidad

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RUDOLF STEINER

Impulsos pasados y futuros en la historia humana


Dornach, 5 de abril de 1919

SEPTIMA CONFERENCIA : 

La humanidad actual se está confundiendo por la superficialidad. La ola de confusión del lado ahrimánico provoca. Algunas personas aprovechan esta confusión y cuentan con ella. Desde el año 1721, la conexión entre el corazón físico humano y el corazón etérico humano se ha ido aflojando. Los que sólo quieren desarrollar una relación emocional ingenua con el mundo espiritual materializan el corazón de la humanidad. Relación correcta entre el corazón etérico y el mundo espiritual cuando el hombre busca el conocimiento espiritual.

Hoy tendré que empezar de forma muy pedante, porque me veré obligado a arrojar algo de luz sobre nuestra época a partir de un detalle en el sentido de una característica general de este tiempo. Me gustaría caracterizar un rasgo de nuestro tiempo, cuya observación es extremadamente importante para aquellos que han de observar nuestro tiempo en el sentido científico-espiritual, es decir, con el ojo del alma abierto. Y aquí me gustaría partir, por así decirlo, empíricamente de un ejemplo individual, que puede parecer muy pedante, pero que es precisamente un síntoma de una característica muy, muy general de nuestro tiempo. Por el momento, sólo quiero insinuar a qué característica de nuestro tiempo me refiero. Es una cierta confusión del alma que proviene de una superficialidad muy significativa de nuestro tiempo.  Para ello, me gustaría partir de un ejemplo individual muy concreto.
Tal vez recuerden, al menos algunos de ustedes, que en las muchas, incalculables discusiones sobre los acontecimientos que precedieron a esta catástrofe de la guerra mundial, desempeña un papel importante un telegrama inglés, que también ha sido reconstruido de manera bastante específica. No volveré a entrar en la causa de la guerra hoy, no es de eso de lo que hablo hoy, hablo de esta característica formal de nuestro tiempo. Lo que voy a discutir ahora no tiene nada que ver con lo que hemos discutido sobre los acontecimientos de 1914.
Se ha hablado mucho de un telegrama que se escribió en Londres y se envió a Petersburgo, y que representó un extraño papel en él, a pesar de que se cree que este telegrama surgió realmente por acuerdo entre el ministro de Asuntos Exteriores Grey y el embajador Lichnowsky. Así se imaginaba el origen del telegrama, que causó una particular impresión en Petersburgo y sobre el que la movilización rusa tuvo lugar inmediatamente.  Y eso era a menudo una pregunta desconcertante, cómo se produce que por acuerdo entre el enviado alemán en Londres, Lichnowsky, con Edward Grey, se produce un telegrama que se envía a Petersburgo, y que inmediatamente provoca la movilización allí.
La prueba de la existencia de este telegrama, del que, curiosamente, se acaba de hablar mucho pero que no se encuentra en el "Libro Azul" inglés, una extraña prueba de ello se vio en la formulación de la propuesta que Sassonov hizo, como se ha dicho, directamente en respuesta a este telegrama -es decir, sin tener en cuenta una propuesta en cuya formulación también participó el embajador alemán- que emanaba de Inglaterra. Sin tener en cuenta la forma de este telegrama, la movilizaciónse puso inmediatamente en marcha en Rusia. 
Como ya he dicho, no hablo de las causas de la guerra, sólo quiero subrayar en primer lugar que fue un gran misterio cómo Sassonov pudo formular su propuesta relativa a Austria y Serbia sobre la base de este telegrama, cómo pudo aceptar la movilización, etc. Entre las personas que hablaron mucho de este telegrama estaba el entonces representante del Reichstag alemán David, el actual ministro socialista alemán David. No sólo pronunció un discurso en el Reichstag, es decir, ante un gran número de personas que naturalmente están al tanto de un asunto tan grave, sino que también escribió un artículo muy sensacional en el "Frankfurter Zeitung" sobre este telegrama. Así que esto se convirtió en un asunto muy misterioso. Ahora quiero escribir en la pizarra para ustedes la redacción -ya ven que hoy empiezo de forma muy pedante- que adoptó la propuesta del ministro de Asuntos Exteriores ruso Sassonov en respuesta a este telegrama: "En nombre de su gobierno" -esta es la traducción- "el embajador inglés me transmitió el deseo del gabinete de Londres de introducir algunos cambios en la fórmula que propuse ayer al embajador alemán. Respondí que aceptaba la propuesta inglesa. Por la presente le transmito la correspondiente fórmula modificada".
Esta fórmula de Sassonov también fue invocada, como he dicho, por el actual ministro alemán David, y en el artículo que escribió en el "Frankfurter Zeitung" hace especial hincapié en las palabras: "He respondido que acepto la propuesta inglesa".
Esta frase pretende expresar la aceptación de la propuesta inglesa que se habría formulado en ese telegrama entre Lichnowsky y Grey y del que se habla mucho. Este telegrama, en el que se basa David, es objeto de un largo artículo en el Frankfurter Zeitung, que ha sido ampliamente leído y ha causado un gran revuelo, y que arroja luz sobre este telegrama, empezando por el hecho de que, curiosamente, Sassonov responde: "He contestado que acepto la propuesta inglesa. (ver El karma de la falsedad, conf. 12). Pero ahora sigue la movilización. Por lo tanto, se puede concluir que el telegrama debía contener una propuesta inglesa de movilización.
Ahora me doy cuenta: este subrayado no se encuentra en la fórmula; pero este subrayado es extremadamente importante para lo que yo llamo la confusión de nuestro tiempo. Porque, por supuesto, cuando la gente hoy en día subraya algo, es decir, lo encuentra en negrita, tiene especial interés en seguirlo con atención y ver en ese subrayado el contenido principal del asunto. Pero, como he dicho, no está subrayado en la fórmula original. Pero basta con leer esta fórmula. Léanlo de verdad. Como se habla en artículos detallados, se hace referencia aquí a una propuesta que va a estar contenida en un telegrama, tal como se lo he explicado. Pero basta con leer esta fórmula: "En nombre de su gobierno, el embajador inglés me transmitió el deseo del gabinete de Londres de introducir algunos cambios en la fórmula que propuse ayer al embajador alemán". La fórmula de la que habla aquí Sassonov es la que el propio Sassonov hizo el día anterior. Sobre esta fórmula, una enmienda fue deseada por Grey. Este cambio lo hace y dice: "He contestado que acepto la propuesta inglesa", es decir, cambiar hoy la fórmula que hizo ayer. Así que esta frase se refiere al hecho de que él cambia la fórmula hecha ayer, la fórmula que fue la base de esta misma fórmula de ayer, en esta forma. Y esta frase se refiere a este cambio. La sugerencia se refiere a que debe cambiar su fórmula.
Es decir, ese telegrama no existe en absoluto. Este telegrama es el más puro fantasma y sólo se basa en el hecho de que esta fórmula se ha interpretado mal, porque la gente no se ha tomado el tiempo en la superficialidad del presente para seguir correctamente lo que está escrito en las frases. Creen ustedes que es posible en el presente en los asuntos más serios que la gente hable de algo que no existe en absoluto, porque en su superficialidad ya no entienden lo que leen. Esto es sólo un ejemplo concreto del caso que se da innumerables veces hoy en día, que los que escriben e imprimen no saben leer, que los lectores, miles y miles, no se dan cuenta de que los que escriben e imprimen no saben leer y hablan de cosas que no existen. Ya ven, este es el castigo por no reconocer un mundo espiritual, por no reconocer lo que la gente llama fantasmas, que ellos mismos crean fantasmas en su superficialidad. Quien observa el mundo actual con una mente sana encuentra, como he dicho, a cada paso las consecuencias más devastadoras de esta espantosa superficialidad, que se desarrolla precisamente en la confusión del pensamiento. Y lo más triste es que cuando se señalan y discuten estas cosas, no causan ninguna impresión particular en la gente de hoy, porque la superficialidad, la irreflexión, se ha convertido, por desgracia, en una característica general de la humanidad. Y es sencillamente terrible cómo gran parte de toda la vida de nuestro tiempo actual se basa en las consecuencias de esta superficialidad. Así es como hay que ver la vida espiritual de nuestro tiempo. Y uno no puede tomarse estos fenómenos con la suficiente seriedad, ni con la suficiente importancia. De hecho, casi todos los que en nuestra época intentan informarse de algo con los medios disponibles hoy en día, independientemente de que alguien le cuente algo -pues la misma superficialidad está presente en el discurso de hoy- o de que lea algo, ya sea aquí o allá, debería dejarse guiar constantemente por un sentido crítico interior y decirse a sí mismo: Deben tratar de ver a través de las cosas que se arremolinan en el mundo de hoy, y que, al llegar a las almas de los hombres a través de todo tipo de canales y actuar como impulsos en las almas de los hombres, confunden tremendamente la vida, la confunden tremendamente. Como he dicho, he partido de un ejemplo concreto para mostrarles cómo personalidades destacadas, de primera línea, se dejan seducir por su superficialidad no sólo para hablar de algo que no existe en absoluto, sino para escribir páginas y páginas de argumentos sobre algo que no existe en absoluto, y cómo tales personalidades, que están llamadas a opinar sobre los destinos del mundo, pueden decir tales cosas ante las asambleas sin que los cientos de diputados que están allí para representar a su pueblo noten nada.
Estas cosas deben tomarse muy en serio. Y una de las cosas más amargas del presente es que en los últimos cuatro años y medio la gente se ha acostumbrado aún más a mirar con precisión y exactitud lo que está presente en la realidad.  El positivismo no es un sentido acrítico; el positivismo es ver las cosas como son y no vivir de fantasías que crean puros fantasmas en lugar de la realidad. Lo que digo es muy actual, porque concierne a cada persona en cada situación de la vida. Y algo así puede ocurrirle a cada persona en cada situación y en cualquier momento. 
Ahora bien, no sólo podría multiplicar este ejemplo por cien, sino por mil, y esta multiplicación por mil sería el testimonio de que es una característica general de la humanidad actual meterse en la confusión a través de la superficialidad, porque hay una cierta reticencia a ir por la realidad. Pero esto proviene de los fundamentos más profundos de nuestro desarrollo humano. No sólo se puede hablar de estas cosas en el sentido ordinario en el que se pueden interpretar mis palabras, como si sólo se quisiera criticar el presente, sino que es cierto que a través de las influencias extraterrenas, a través de las influencias del lado espiritual, ahrimánico, esta confusión, esta ola de confusión ha llegado a la humanidad. Esto se desprende, por un lado, del hecho de que la confusión existe en la forma que les he mostrado en un caso grotesco, y por otro lado, del hecho de que muchas personas que saben cómo deben ser tratadas las personas hoy en día utilizan esta confusión, cuentan con esta confusión en el sentido más amplio. Las personas que no son de naturaleza benigna, sino que se proponen utilizar las fuerzas espirituales, están de hecho trayendo entre la gente lo que se refiere a la confusión, a no querer llegar a los hechos. 
"¡Cuántas cosas aparecen hoy, mis queridos amigos! Sólo hay que contar un poco con los factores de confusión, entonces es fácil hoy en día confundir a la gente, hacer creer cualquier cosa, todo lo posible. Por ejemplo, hace algún tiempo apareció un libro ruso, cuya primera parte -no hablo del resto del contenido- contiene una serie de actas, supuestas actas de reuniones de alguna sociedad secreta, a la que sus superiores le recitan las cosas más increíbles. Esta sociedad secreta es prácticamente como una especie de demonio, se podría decir, entre la humanidad. De esta sociedad secreta emanaría todo lo contrario de lo que es bueno y saludable para la humanidad. Y se supone que estos protocolos son la prueba -según los discursos pronunciados en esta sociedad secreta- de que tal sociedad existe. Incluso se dice que estos protocolos se han encontrado en las extraordinarias cercanías de aquí* y se han incorporado a un libro que, sin embargo, está escrito desde el punto de vista ruso. Como he dicho, no quiero hablar del resto del contenido del libro, pero basta con leer muy poco de estos protocolos y conocer el mundo, entonces se sabe que es una de las más torpes estafas jesuitas. Son simplemente falsificaciones jesuíticas que se han escrito para presentar dicha sociedad. Estas cosas se utilizan a su vez, para confundir a la gente. Esta confusión de la gente es tremendamente peligrosa en nuestro tiempo porque, como he dicho, no sólo se basa en los impulsos que se pueden encontrar dentro de la vida física en la tierra, sino porque las fuerzas espirituales de naturaleza ahrimánica desempeñan un papel en ella. Hay que familiarizarse con estas cosas, pues en realidad no se trata de hacer ciencia espiritual antroposófica en el sentido de que se conozca todo lo que se comunica en la ciencia espiritual antroposófica, sino que lo esencial es, como he dicho a menudo, que a través de la recepción de la ciencia espiritual antroposófica, que hace necesario un tipo de juicio que no es aplicable en el mundo físico ordinario, uno se hace más amigo de la realidad, más perspicaz, más capaz de juzgar en relación con la vida y el mundo.
He dicho que el mundo está sumido en una ola de confusión. ¿Por qué?  Recuerden ustedes que el año 1413 fue el comienzo de nuestro actual quinto período postatlante, el período del desarrollo del alma consciente. Desde entonces, la humanidad se ha esforzado por desarrollar el alma consciente de una manera especial. Cuando hablamos de este periodo nuestro de esta manera, hablamos como si estuviéramos dentro del desarrollo de la tierra. Porque en el desarrollo físico de la tierra, aquello que, expresado en palabras, dice: Desde mediados del siglo XV, la humanidad está en la era del desarrollo del alma consciente.
Pero también se podría plantear la cuestión desde otro punto de vista, desde un punto de vista que hay que considerar siempre desde el punto de vista de la ciencia espiritual. También se podría plantear la cuestión desde el punto de vista de las almas desencarnadas, las que viven entre la muerte y un nuevo nacimiento. Para muchas cosas que hay que discutir en la ciencia espiritual antroposófica, es de gran importancia considerar siempre claramente cómo están las cosas ante las almas humanas desencarnadas o incluso ante otros espíritus de las diversas jerarquías espirituales. Sólo así se puede comprobar de forma correcta si lo que se decide terrenalmente, que debe ser siempre unilateral, se expresa de forma correcta espiritualmente. Ahora bien, quien estudie este período de la quinta época postatlante a través de la investigación científico-espiritual, encontrará que a partir de un momento muy definido, así como la vida de los vivos cambia, a medida que se sitúan cada vez más en el ámbito de la conciencia, el pináculo de la personalidad, la vida de los muertos también cambia. Y aquí, en un principio, sólo podemos considerar hasta qué punto esta vida de los muertos cambia en su relación con las personas que viven en la tierra. La relación de los vivos con los muertos es tan extraordinariamente difícil de llevar a la conciencia humana, porque -como os he indicado a menudo desde varios puntos de vista- lo que se experimenta allí es extraordinariamente diferente de lo que se puede experimentar aquí dentro del círculo físico de la tierra. Sin embargo, dentro del círculo físico de la tierra, el hombre suele formar sus ideas; pero estamos viviendo una época en la que estas ideas, que se forman dentro del círculo físico de la tierra, deben ser corregidas por las experiencias con las almas desencarnadas. Al principio es muy difícil entender lo que está sucediendo. Se experimenta extraordinariamente el efecto de lo que he indicado aquí en las últimas conferencias: la relación de los muertos con el lenguaje humano. Les decía que los sustantivos apenas los entienden los muertos. He caracterizado para usted cómo las otras palabras de la lengua son entendidas por los muertos. Pero incluso en esto hay de nuevo diferencias, y uno quisiera decir: Es claramente perceptible que en realidad el lenguaje humano, tal como se habla aquí en la tierra -a pesar de que lo que dije el otro día es bastante correcto- que el lenguaje humano, tal como se habla aquí en la tierra, se vuelve cada vez más incomprensible e ininteligible para los muertos. Ciertamente, todavía entienden las palabras de tiempo, los verbos, también entienden Comprenden todas aquellas cosas en las que nosotros mismos nos vemos obligados a desarrollar ideas figurativas. Pero precisamente por lo que se puede captar en el lenguaje, el entendimiento, la comprensión de los muertos se pierde cada vez más con el paso del tiempo, y esto será cada vez más diferente en el futuro. 
Sobre todo, surge con especial claridad una cosa, aunque sólo para ciertas personas, y es que los muertos no entienden en absoluto lo que se hace aquí en la tierra como ciencia natural. Si uno habla con los muertos sobre todo tipo de cosas, entonces encuentra comprensión. Pero si lo que pretende servir al entendimiento lo reviste de ciencia natural, entonces los muertos lo sienten como un dolor. Esto es extraordinariamente importante, y atestigua lo que también se puede extraer de otros antecedentes espirituales, que todo lo que se puede plantear aquí con referencia al conocimiento de la naturaleza, que todo esto en realidad sólo lo aporta el organismo físico humano. Y en cuanto el hombre sale de este organismo físico humano, lo que desarrolla en el organismo físico sobre la naturaleza como ciencia natural ya no es válido para él. No tiene ningún significado para él. Ya no lo absorbe, ya no está ahí.
Se pueden adquirir ideas muy claras sobre estas cosas. Tomemos un libro escrito puramente en términos de ciencia natural por un verdadero científico natural, digamos sobre botánica. Tomen un capítulo y traten de llevar lo que está escrito puramente en términos de la ciencia natural actual al difunto; eso le produce dolor. Ni siquiera sabe de dónde le viene el dolor. No está en absoluto en consonancia con él, no puede asimilarlo.  En el momento en que ustedes recuerdan cómo vieron una vez un diente de león, del que tal vez habla el naturalista, y se imaginan vívidamente el color amarillo del diente de león y las hojas peculiarmente dentadas, en el momento en que realmente sienten interiormente lo que su ojo ve -deben, sin embargo, sentirlo, la imagen del ojo no está ahí para la persona muerta en absoluto-, pero si entonces lo sienten, la persona muerta comienza a captar la comprensión.
Eso, como ven, es muy extraño. Los muertos pueden experimentar la alegría de un prado verde con el ser humano terrenal. No puede experimentar las ideas científicas sobre la pradera verde. Los científicos naturales de hoy en día hablan de que no se puede formar una idea sobre lo vivo. Sólo en el futuro será necesario averiguar, a partir de todas las combinaciones posibles de átomos, mediante alguna ciencia natural especialmente lograda, cómo se componen los seres vivos. Pero no hay que formarse una idea sobre lo vivo a partir del sustrato actual. Sin embargo, si captas la idea de los vivos de tal manera, como hace Goethe, por ejemplo, en la teoría de la metamorfosis, y das vida a esta idea dentro de ti, entonces a su vez los muertos la entenderán. Son ideas que los muertos entienden.
Ahora bien, subyacente a todo lo que estoy tratando se halla un hecho histórico-espiritual muy concreto. Verán, a partir del año 1721 aproximadamente, comienza a surgir realmente lo que acabo de decir. Si uno se remonta a la época anterior a 1720 y profundiza con inteligencia en los escritos sobre la naturaleza que se hacían en aquella época -la mayoría de la gente no se da cuenta de estas cosas, pero es así-, verá que se hablaba de la naturaleza con mucha más viveza. Esta forma de hablar de la naturaleza hoy -ahora puedo decir- incomprensiblemente para los muertos, en realidad sólo comienza a principios del siglo XVIII. Fue entonces cuando esta ola se abatió sobre la humanidad. Antes, la gente siempre sentía la necesidad de escribir sobre la naturaleza de una manera mucho más viva, para que los muertos pudieran seguir entendiéndola, para que se produjera una cierta co-experiencia de los muertos con los vivos. Desde entonces, desde la transición al siglo XVIII, las ideas científicas se han convertido en ideas sólo para las personas terrestres mientras estas personas terrestres estén en el cuerpo físico, las  cuales ya no forman un vínculo hasta el mundo espiritual. 
Este es un hecho extraordinariamente importante en la historia del desarrollo espiritual. Pues es fácil imaginarse ahora cómo estamos entrando en un proceso en el que lo incorpóreo está siendo, por así decirlo, apartado de la tierra por la ciencia, que el hombre sólo quiere aceptar, precisamente de lo que el hombre encuentra más valioso científicamente. Imaginen con gran viveza lo que acabo de decir. No sirve de nada cerrar los ojos a estas cosas, es decir, los ojos espirituales. Imagínense que en las universidades, en todo el mundo, se va erradicando poco a poco todo lo que no puede ser válido frente a la llamada ciencia natural exacta. Así que las universidades son esas islas en la tierra (se dibuja) donde todo lo que no es ciencia exacta es más extensamente erradicado. Pero estas universidades son los lugares de los que huye el espíritu, es decir, todo lo que existe en la esencia espiritual. Y son esas islas en la cultura humana donde la falta de espiritualidad, la vida no espiritual, comienza más a menudo.
Las universidades son, al fin y al cabo, desde otros puntos de vista, nuestros centros espirituales. Pero piensen en cómo hablamos la gente de la tierra. Desde el siglo XVIII, llamamos centros espirituales a los lugares donde el espíritu se despide, donde el espíritu es lo de menos. Hoy ya no es el momento de cerrarse a estas cosas, de mirarlas de una manera que no es, diría yo, fríamente acorde con la verdadera realidad. Porque uno se cierra a aquello cuya comprensión es necesaria si quiere ver la verdadera realidad del tiempo, si pasa por alto tales cosas.
Esta evolución, que comenzó en el siglo XVIII, ha alcanzado su punto álgido en nuestra época. Y en nuestro tiempo, el retorno es necesario. En nuestro tiempo es necesario volver a la otra onda espiritual que caractericé para ustedes aquí hace algún tiempo, a través de la cual se comunica realmente a la humanidad, una vida espiritual.
Ahora bien, hay un tipo de espíritus que tienen una tendencia especial a llenarse, por así decirlo, de lo que se está convirtiendo en algo no espiritual en nuestra tierra. Tales espíritus son los ahrimánicos. Las almas humanas desencarnadas ordinarias en la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento sienten al menos, me gustaría decir, negativamente, en el sentido de que sienten este conocimiento de la naturaleza como un dolor, sienten algo de este conocimiento de la naturaleza, por lo que tienen una especie de experiencia negativa de la misma. Los espíritus luciféricos tienen una rabia terrible contra este conocimiento de la naturaleza, lo odian, y sólo los espíritus ahrimánicos tienen una cierta inclinación por él, buscan alcanzar su meta precisamente dejándose llevar por este conocimiento de la naturaleza, de modo que este conocimiento de la naturaleza forma un vínculo de atracción para los espíritus ahrimánicos.
Ahora bien, Ahriman es precisamente el espíritu de la decepción, del engaño, y al explicarles esto les he mostrado al mismo tiempo que desde principios del siglo XVIII las influencias ahrimánicas son cada vez mayores. Sin embargo, la ola de confusión ha barrido a la humanidad. De ahí viene. Esta ola de confusión es la que se ha apoderado de la humanidad como un torbellino, y la que se expresa en la grandiosa superficialidad de la que les hablé al principio de la charla de hoy.
Necesitamos saber tales cosas porque precisamente a través de esta ciencia espiritual de orientación antroposófica es como debemos ser capaces de protegernos de estas cosas, de preservarnos de ellas. Una forma de protegernos es precisamente el enfoque crítico que les he mencionado, esto de prestar atención a lo que hoy puede acercarse a nosotros desde cualquier rincón para confundirnos, como en el ejemplo que acabo de poner aquí, que apenas se ha notado, sólo se ha notado por unos pocos. Pero por otro lado, lo que he dicho establece otra cosa. Es cierto que algo que es un fenómeno general del mundo no se puede eludir, está ahí.  Hoy existe esta ola de confusión. Cerrar el ojo del alma a ello no nos ayuda en absoluto. Sólo sirve para llamar la atención sobre el hecho de que esta ola de confusión está aquí. Y nos volvemos atentos cuando nos decimos siempre, por encima de todas las cosas que se relacionan con el mundo espiritual: La confusión está ahí, quiere alejarnos del conocimiento correcto del mundo espiritual. Si siempre, diría yo, tenemos una especie de sospecha cuando se nos dice algo del mundo espiritual, de que también podría ser un error, si adquirimos el hábito de ser lo suficientemente cuidadosos, entonces ciertamente no seremos presa de la ola de confusión que prevalece en la actualidad. Tenemos que armarnos de valor para atravesar esta confusión y elevarnos por encima de ella ocupándonos bastante, bastante, del sentido común real. Este sentido común se convertirá en el nuestro si, sobre todo, no nos dejamos confundir por algo que es tan común en el presente. En el presente, la gente, al llegar a cierta edad sólo quiere aceptar lo que ya conoce. 
Es un fenómeno bastante generalizado que las personas difícilmente pueden volver a convencerse de algo cuando han alcanzado cierta edad. Si se encuentran con algo, sólo se preguntan: "¿Ya has pensado esto? - o bien no lo han pensado todavía, en cuyo caso es erróneo o abstracto o algo así. En resumen, hay alguna razón por la que no se involucran en el asunto.  En cambio, el ser humano de hoy tiene la grave tarea de dejarse convencer siempre por las cosas nuevas, no quiero decir convencer, pero al menos dejarse tocar por las cosas nuevas sin prejuicios, participar en las cosas nuevas que entran en el mundo. Podría parecer que estoy haciendo un comentario trivial. No es una observación trivial porque se está pecando mucho en la actualidad. Y muchas cosas mejorarían rápidamente si se desarrollara un mayor poder de convicción en el trato de las personas hoy en día, si las personas no fueran tan despectivas en el trato, si no insistieran tan obstinadamente en sus propias opiniones, que han absorbido a cierta edad. ¿Cuál es el origen de esto, mis queridos amigos?  Al mismo tiempo que se produce lo que os he indicado con referencia a la concepción orientada científicamente, al mismo tiempo se inicia un proceso de desarrollo bastante determinado con la humanidad, que consiste en lo siguiente: En general, el hombre es un cuerpo físico incrustado en un cuerpo etérico; no es necesario considerar el otro hoy. Pero la intimidad de la conexión -no me refiero a la cobertura espacial, sino a la dinámica en la conexión- cambia en el curso del desarrollo de la tierra, y las relaciones estrechas entre la cabeza etérica y la cabeza física humana, que existían, por ejemplo, en los siglos de los que se habla principalmente cuando se habla de la cultura griega, estas relaciones ya no existen desde el siglo III antes de Cristo.  
Desde el siglo III a.C. se ha perdido la antigua conexión de intimidad entre la cabeza etérica del hombre y la cabeza física. Pero siempre se ha mantenido una conexión bastante íntima entre el corazón físico humano y el corazón etérico humano. 
Desde 1721, sin embargo, la conexión entre el corazón físico humano y el corazón etérico se ha ido aflojando cada vez más.
Si se me permite decirlo: Si el corazón físico está ahí y el corazón etérico aquí (ver dibujo), solía ser más un todo, ahora el corazón etérico puede ser sacudido etéricamente, ya no está conectado interiormente tan dinámicamente como antes. Más tarde, otros órganos del ser humano se desprenderán del etérico. Pero el hecho de que el corazón se esté desprendiendo gradualmente de su parte etérica, y que se haya desprendido completamente para el tercer milenio, para el año 2100 o más o menos, es también algo muy significativo en relación con el desarrollo humano. Lo que constituye puede caracterizarse de la siguiente manera. Hay que decir que esto significa que los hombres tienen que buscar otro camino, el camino de la vida espiritual, para algo que solía venirles naturalmente a través de la conexión natural entre el corazón físico y el corazón etérico. Este corazón etérico, desvinculado del corazón físico, sólo obtendrá su correcta relación con el mundo espiritual cuando el hombre busque el conocimiento espiritual, cuando el hombre busque pensamientos espirituales de orientación antroposófica. Hay que buscarlo cada vez más. Ahora se encuentra algo muy extraño en nuestro tiempo. Cuando la ciencia espiritual antroposófica es mencionada -con respeto- por la gente del periódico, entonces se suele decir: Sí, pero eso, eso tiene una conexión sistemática, eso es complicado, hay que tener muchos pensamientos; el cristianismo lo hace todo simple, ¡tiene la fe! - Pero esta fe, que no quiere elevarse a la vida espiritual, que no quiere implicarse en los pensamientos reales sobre el mundo espiritual, esta fe es extraordinariamente peligrosa, sobre todo desde la separación del corazón etérico del corazón físico, porque esta fe, que no quiere comprender el mundo espiritual, que sólo quiere desarrollar una relación emocional ingenua con el mundo espiritual, esta fe materializa el corazón de la humanidad, es un medio para la cultura materialista en un campo en el que no se suele pensar. Por eso precisamente los religiosos, si uno se toma el asunto en serio, se vuelven tan terriblemente materialistas en nuestra época, porque se basan en la mera fe. Esta fe debe ser saturada y espiritualizada por ideas reales sobre el mundo espiritual, y es un truco de Ahriman para impresionar a las personas en la era de la confusión que no deben llegar a una comprensión del mundo espiritual, sino que deben permanecer en la simple fe.
Vuelve a ver algo en nuestro tiempo que es de tremenda importancia. Y lo que dije al principio de hoy y lo que estoy diciendo ahora al final de la charla de hoy, se juntan. Basta con mirar con imparcialidad la terrible irreflexión, la ilimitada superficialidad a partir de la cual se han desarrollado nuestras tristes condiciones, mirar con profundidad lo que sólo puede afirmarse espiritual y científicamente, la separación del corazón etérico del corazón físico, y tomar de tales disputas el impulso de seriedad que es tan necesario para el desarrollo en nuestra época. Por un lado, cada vez hay más personas en nuestro tiempo que, por confusión superficial, ya no saben de qué hablan. Por supuesto, con una persona así está bastante claro que no sabe de qué está hablando, pues habla de algo que ya no existe en absoluto, porque ya no sabe leer. Y por otro lado, cada vez hay más gente que quiere pescar en el fango, que utiliza la confusión de la mente para inculcar todo tipo de cosas que quieren, porque en las mentes confusas se pueden trasplantar todo tipo de impulsos. Porque entre los espíritus que todavía tienen relación con la confusión terrestre están los espíritus engañosos, los espíritus ahrimánicos.  Y se puede implantar lo contrario de lo sensato, de lo cuerdo, en la gente cuando se cuenta con su confusión.
Estos son asuntos serios, mis queridos amigos. Mañana hablaremos más de ellos. Mañana comenzaremos la conferencia a las siete y media.
Traducido por J.Luelmo jul.2022