CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA098 Frankfurt del Main 2 de febrero de 1908 -Sobre las almas grupo de los animales - El yo grupal vegetal y el yo grupal animal -I-

    volver al índice


RUDOLF STEINER

LOS REINOS ELEMENTALES, SU NATURALEZA Y SUS EFECTOS SOBRE EL SER HUMANO


 Frankfurt del Main 2 de febrero de 1908

Habrá que subrayar una y otra vez que la Teosofía debe convertirse en vida en el sentido de que el hombre aprenda a través de la Teosofía no sólo esto o aquello, sino que aprenda a pensar, sentir y percibir de manera diferente en relación con todo su entorno. Esto le sucede al ser humano cuando recibe los impulsos teosóficos en el sentido correcto. Debe aprender a simpatizar, a vivir con todos los seres. Pero, sobre todo, debe relacionarse con otros seres humanos. Pero aprendemos mejor a simpatizar con los seres humanos si primero aprendemos a sentir por el resto del mundo. 
El hombre aprende gradualmente a conocer todo el mundo que le rodea. Aprende gradualmente que está rodeado de seres espirituales por todas partes, que camina entre seres espirituales por todas partes. Aprende a comprender esto en términos de sentimiento, en términos de sensación. Aprende a reconocer lo que nos rodea en los tres reinos de la naturaleza. Aprende a reconocer a los seres de los reinos mineral, vegetal y animal. Camina de forma diferente por prados y bosques, por campos y praderas, a como lo hace el hombre que no ha pasado por el entrenamiento teosófico. que no ha pasado por el entrenamiento teosófico.
Si nos fijamos en los demás seres, al principio se podría creer que las entidades animales no tienen alma como el ser humano. Sin embargo, el ego humano, el alma humana, es diferente del ego animal. El ego humano vive en el plano físico. Si consideramos al animal como tal, el individuo animal tiene un cuerpo físico, etérico y astral. En el ser humano, además de los tres miembros, tenemos también el ego. Así, en el estado despierto, el hombre contiene su ego. El animal, sin embargo, no tiene el yo en el plano físico. Tenemos que adentrarnos un poco más en el llamado mundo astral. Allí, así como aquí en el plano físico encontramos una población de seres humanos, en el plano astral encontramos una población de yoes animales. Así como el ser humano encuentra seres humanos aquí, el clarividente también puede encontrar personalidades autónomas en el plano astral; éstos son los yo animales.
Hay que imaginárselo así: Imaginamos los diez dedos de un ser humano clavados en una pared. Se mueven. Vemos los diez dedos moviéndose, pero no a la persona en sí. Ella está oculta tras la pared. No podemos explicarnos que los diez dedos atraviesen la pared y se muevan por sí mismos. Tenemos que suponer que interviene alguna entidad. Lo mismo ocurre con los animales en el mundo físico. Todos los animales de la misma fisonomía tienen un yo grupal. Aquí en el mundo físico vemos a los animales caminando. Lo que vemos tiene un cuerpo físico, etérico y astral. Si vemos leones aquí en el mundo físico, por ejemplo, dichos leones son los órganos del yo león que vive en el astral. El yo león, el yo grupal de los leones físicos, es una entidad completa propia en el plano astral, así como nosotros somos entidades completas propias aquí. Así pues, cada grupo de animales tiene un yo en el plano astral; un yo león, un yo tigre, un yo buitre están en el plano astral. Los animales individuales están aquí en lo físico, al igual que los dedos que vemos atravesando la pared.
Si nos fijamos en los animales individuales, muchos nos parecen extraordinariamente inteligentes. Estos animales están regidos desde el plano astral. Existen los yo-animales, los yo-grupales. Esta población del plano astral es mucho más inteligente que los seres humanos. Los yoes-grupo animales del plano astral son seres muy sabios. Observemos el vuelo de los pájaros, cómo se desplazan por las diferentes regiones, cómo se organiza su vuelo, cómo se trasladan en otoño a regiones más cálidas y se reúnen de nuevo en primavera.  Cuando miramos en profundidad a las sabias instituciones, tenemos que preguntarnos: ¿Quién se oculta tras el muro que ordena todo esto? - Se trata del yo grupal. Cuando veamos al castor construir, observaremos que el castor construye más sabiamente que la más grande ingeniería. Se ha observado cómo funciona la inteligencia de las abejas, se ha echado azúcar en vez de miel a las abejas. Entonces las hemos observado. No pueden llevarse el azúcar con ellas. Consiguen otras abejas, vuelan primero a una fuente de agua, y cada abejita trae una gota de agua y empapa con ella el azúcar, convirtiéndolo en una especie de jarabe. Luego lo lleva a la colmena. El espíritu de la colmena está detrás de este trabajo de las abejas. Las abejas individuales pertenecen a una única personalidad, igual que nuestros miembros nos pertenecen a nosotros. Sólo que las abejas individuales están más separadas, y nuestros miembros individuales están más juntos, más compactos. Invisible para nosotros, también pasamos a través de los seres en todas partes, a través de los yoes grupales animales, que eluden la observación física. 
Así como empezamos a sentir con seres de los que el hombre no tiene ni idea, así también podemos sentir con las almas vegetales. Los yoes vegetales viven en un mundo aún más elevado que los yoes animales. Los yoes vegetales, esos yoes grupales autocontenidos, a los que a su vez pertenecen numerosas plantas, se encuentran en el llamado plano de Devacán. También podemos indicar el lugar donde se encuentran realmente todos estos yoes-vegetales. Todas los yoes-vegetales están en el centro de la Tierra. Los yoes grupales animales giran alrededor de la tierra como los vientos alisios. Así que las plantas están en el centro de la Tierra. Son seres que se compenetran unos con otros. En el mundo espiritual prevalece la ley de la omnipresencia. Un ser pasa a través del otro. Vemos al yo-grupo animal pasar sobre la tierra como los vientos alisios y vemos cómo llevan a cabo desde su sabiduría lo que oímos en los actos de los animales. Cuando observamos las plantas, vemos la cabeza de la planta, la raíz, dirigida hacia el centro de la tierra, porque en el centro de la tierra está su yo grupal. 

La propia tierra es la expresión de entidades anímico-espirituales. Desde un punto de vista espiritual, la planta se nos aparece como las uñas de nuestros dedos. Las plantas pertenecen a la tierra. Quien observa las plantas individualmente nunca las observa en su totalidad. Cada planta pertenece a la suma de seres que forman la yoes vegetales. De este modo, podemos vivir en las sensaciones y sentimientos de las propias plantas. Lo que crece de la tierra, lo que se pugna desde el interior de la tierra hacia la superficie, tiene una esencia distinta de lo que crece bajo la tierra. Si ustedes cortan la flor, el tallo y las hojas de la planta, es algo diferente que si arrancan la raíz. Cuando se cortan, se produce una especie de bienestar, como un placer para el alma de la planta. Este placer es similar, por ejemplo, al que siente la vaca cuando el ternero joven mama de la ubre. Lo que crece de la planta fuera de la tierra es en realidad algo parecido a la leche de los animales. Cuando caminamos por los campos en otoño y los tallos caen bajo la guadaña del segador, cuando la guadaña acaricia las gavillas, entonces fluyen por los campos sentimientos de bienestar, de deleite. Es algo tremendamente significativo cuando no sólo vemos las gavillas caer con nuestros ojos físicos, sino cuando vemos cómo estos sentimientos de bienestar barren la tierra cuando el segador pasa por los campos con su guadaña. Pero cuando las raíces de las plantas son arrancadas, hay un sentimiento de dolor para el alma de la planta. 

En los mundos superiores no existe la misma regularidad que en el mundo físico. Cuando penetramos en los mundos espirituales llegamos a ideas diferentes. Incluso aquí, en el mundo físico, el principio de la belleza contradice a veces el principio del dolor o del placer. Puede ser que alguien, impulsado por el sentimiento de la belleza, se arranque el pelo blanco, pero aún así le duele. Lo mismo ocurre con las plantas. Si las arrancas de raíz, puede parecer más ordenado, más bello, pero sigue causando dolor a la planta.

También las piedras ellas solo carecen de vida en el mundo físico. En los mundos superiores también tienen sus yoes grupales. En las partes superiores del plano de Devacán están presentes los yoes grupales de los minerales. Ellos también sufren placer o dolor. No podemos aprender sobre ellos a través de la especulación, sino sólo a través de la ciencia espiritual.
Si vemos en una cantera cómo el trabajador rompe piedra tras piedra, podríamos pensar que esto causa dolor al alma de piedra. Pero no es así. Justo cuando la piedra se está rompiendo, brotan de ella sentimientos de bienestar por todos lados. De la cantera, de la que se extraen las piedras, brotan fuertes sentimientos de bienestar por todos lados. Si tenemos agua en un vaso y le ponemos sal, y la sal se disuelve, el agua se inunda de dicha, de sentimientos de placer. La alegría fluye por el agua si observamos la disolución de la sal desde el punto de vista espiritual. Pero cuando dejamos que la sal disuelta vuelva a solidificarse, se produce una sensación de dolor. Del mismo modo, el alma de piedra sentiría dolor si pudiéramos volver a unir las rocas fragmentadas.

Los clarividentes siempre han dado a la gente información sobre estos secretos en sus escritos secretos, los documentos religiosos. Pero la gente ha olvidado cómo entender estos textos secretos. Pensemos en períodos lejanos y pasados del desarrollo de nuestra Tierra. Vemos las masas de piedra de las montañas, estratificadas juntas a partir de diversas masas de arcilla, rocas basálticas, etcétera. Yendo más atrás, vemos que las cosas en la tierra se vuelven cada vez más blandas. Entonces volvemos a una época en que la tierra estaba llena de poderosas masas de calor, cuando el hierro, todos los metales y minerales se disolvían en materia espiritual. En aquella época, el hombre era también un ser espiritual. Para que el hombre siguiera desarrollándose, para que recibiera sus formas actuales, aquella masa blanda tenía que solidificarse. Se formaron las montañas, las masas minerales se desprendieron de la sustancia blanda y la tierra se convirtió en la morada del hombre actual. La masa inerte de roca cristalizó de la tierra líquida como la sal de una solución salina. Todo tomó forma de tal manera que las masas sólidas se formaron a partir del estado líquido. Esto no ocurrió sin dolor. Todo el proceso de solidificación del globo estaba relacionado con el dolor del alma de piedra. 

En el futuro, la Tierra volverá a espiritualizarse. Toda la tierra se fragmentará de nuevo, como ya lo muestra hoy el radio. Se producirá el proceso de disolución de la tierra, una espiritualización, una divinización, la adopción como hijo. Oigamos ahora lo que dice el apóstol Pablo: "Toda la tierra, todos los seres gimen de dolor, esperando ser adoptados a imagen de un niño." 

Aquí tenemos una representación de lo que sucede en la tierra, donde el alma de piedra sufre dolor hasta que se produzca el estado en la tierra donde encuentra adopción en el lugar de un niño. El alma puede doler cuando los que proclaman los documentos religiosos a los hombres sueñan todo tipo de cosas en los documentos religiosos, porque no quieren esforzarse en penetrar en las profundidades de estos documentos religiosos. Para los que dirigen al pueblo, es un verdadero incumplimiento del deber que no quieran penetrar en sus documentos religiosos. 

El apóstol Pablo sabía lo que significaban los procesos en la tierra. En nuestra nueva era, la Teosofía debería conducir a la gente a las profundidades de los documentos religiosos. Es triste cuando los llamados representantes de ella no hacen ningún esfuerzo por penetrar en ellos, pero no tienen la voluntad de comprenderlos. Toda la arrogancia del presente, que dice: "¡Cómo hemos llegado tan lejos! - debe desaparecer. ¡Cuántos creen que nuestros antepasados no sabían nada! Entonces la gente viene e interpreta los escritos de Pablo, los documentos religiosos, como quiere, pero llenos de arrogancia, con la sensación de que saben más que nuestros antepasados. Pero, ¿Qué efecto tienen en nosotros las palabras: "Todos los seres gimen con dolor, esperando ser adoptados en lugar de los niños" - entonces, cuando permitimos que el conocimiento del alma sensible del mineral tenga un efecto en nosotros, cómo espera con dolor, esperando ser adoptada en lugar de los niños? Las personas con mentalidad materialista creen que simplemente pasan por el aire, por el viento y la niebla, por el oxígeno y el nitrógeno. Pero el hombre que tiene conocimiento espiritual sabe que pasa a través de seres espirituales por todas partes, que con cada respiración inhala seres espirituales y se mezcla con ellos.  

Así que hemos visto cómo los yoes de los animales rodean la tierra como los vientos alisios, cómo los yoes de las plantas se reúnen en el centro de la tierra, cómo la tierra misma siente algo cuando arrancamos las plantas, y cómo la tierra misma vive y está animada y siente algo. Todo lo que está fuera está animado y vive. Así como el cuerpo físico nace de las sustancias y fuerzas físicas, así nuestros miembros espirituales nacen del gran universo. Entonces empezamos a ver en nosotros un pequeño mundo que descansa en el gran mundo. Esto provoca en nosotros un sentimiento dichoso. Sólo cuando aprendemos a simpatizar con los minerales, las plantas y los animales, aprendemos también a sentir cómo nuestro yo reposa en el mundo entero.
Así vemos cómo la Teosofía nos conduce a las profundidades espirituales de la existencia. Es algo que transforma nuestra actitud ante la vida, nuestros impulsos en la vida, de modo que a través de ella nos convertimos en otras personas. Las ideas teosóficas son gérmenes, impulsos de voluntad para la experiencia real.
Traducido por J.Luelmo feb2023

GA098 Stuttgart 7 de diciembre de 1907 -La relación del ser humano con la naturaleza

     volver al índice


RUDOLF STEINER

LOS REINOS ELEMENTALES, SU NATURALEZA Y SUS EFECTOS SOBRE EL SER HUMANO


Stuttgart 7 de diciembre de 1907

Hoy hablaremos un poco sobre hasta qué punto el ser humano, a través de la recepción de la cosmovisión teosófica, no sólo aprende algo, no sólo es capaz de reconocer algo sobre el mundo y sus seres, sino hasta qué punto las enseñanzas teosóficas, los puntos de vista, los pensamientos y las ideas son capaces de tener un efecto sobre el sentimiento y la emoción humana. A menudo se insiste, y con razón, en que la teosofía no debe ser algo que simplemente nos familiarice teóricamente con mundos superiores, sino que debe ser algo que penetre profundamente en nuestras vidas.
Ahora bien, la opinión que se asocia a este dicho suele ser algo trivial, algo inferior, y más bien debemos formarnos hoy una opinión precisamente sobre el significado de tal opinión. Los pensamientos y las ideas que absorbemos a través de la Teosofía fluyen gradualmente, de la manera más íntima, en todo nuestro sentimiento y sensibilidad, de modo que a través de la Teosofía podemos convertirnos en otras personas en el verdadero sentido de la palabra. Por supuesto, esta opinión trivial consiste a menudo en formarse desde el principio una cierta idea de que un teósofo debe ser así o asá, y cuando no es así, se dice: Yo entiendo algo muy distinto por teósofo. - Pero creo que sólo el teósofo puede juzgar lo que debe ser un teósofo, y si otros que todavía no son teósofos dicen siempre que imaginan algo diferente de un teósofo, entonces esta opinión probablemente no será muy teosófica en la mayoría de los casos, porque no puede ser del todo experta. Hoy no queremos hablar de una opinión tan trivial, sino de la transformación íntima de nuestro sentimiento y sensación cuando realmente llevamos la Teosofía dentro de nosotros. Queremos tratar la cuestión: ¿Pueden tales pensamientos, que nos son comunicados, afluir a todas las potencias de nuestra alma y hacernos una persona nueva en relación con todo lo que experimentamos interiormente? - Pueden.
El mundo que nos rodea, el mundo ordinario por el que pasamos, puede adquirir una apariencia diferente para nosotros a cada paso, si comprendemos la teosofía. Hoy, por supuesto, debemos intentar penetrar un poco más profundamente en una comprensión teosófica del mundo.
A nuestro alrededor hay seres sin vida que llamamos minerales, y también plantas, animales y otras personas. Sabemos que detrás de estos seres hay seres espirituales, que detrás de nuestro mundo físico hay un mundo espiritual. Sabemos que sólo podemos percibir con nuestros sentidos una pequeña parte del ser humano que tenemos delante, es decir, el cuerpo físico; que este ser humano tiene, aparte de este cuerpo físico, su cuerpo etérico, su cuerpo astral, su yo. Con nuestros sentidos ordinarios no podemos percibir estos tres últimos miembros. Cuando miramos una piedra, nos decimos que se diferencia del hombre en que, como mineral, como piedra, no tiene cuerpo etérico, ni cuerpo astral, ni yo en el mundo físico, sino sólo el cuerpo físico. De la planta sabemos que tiene cuerpo físico y cuerpo etérico, del animal que aún tiene cuerpo astral. Y sólo el hombre tiene el cuarto miembro, el yo. Esto hace que el hombre sea la cumbre de nuestro mundo físico, que tenga un miembro, el yo, por encima de todos los demás seres. Sólo cuando expresamos la cosa de esta manera es correcta. Pero si lo expresamos sólo un poco diferente, entonces ya es incorrecto. Si alguien dice: Aquí, en el mundo físico, la piedra o el mineral sólo tienen cuerpo físico, entonces es correcto. Pero si alguien simplemente omite estas pocas palabras "aquí en el mundo físico", entonces eso ya es incorrecto, y fundamentalmente incorrecto -si alguien dice: La piedra sólo tiene cuerpo físico-, eso es fundamentalmente incorrecto. 
Esto, que parece tan pedante, hay que decirlo alguna vez para difundir el sentimiento de la precisión con que hay que hablar en relación con estas cosas sutiles. Incluso la piedra tiene su cuerpo etérico, su cuerpo astral y su yo, sólo que no en el mundo físico, al igual que la planta y el animal. Y es muy bueno, si consideramos esto muy cuidadosamente, que miremos la piedra desde un punto de vista más elevado: como un ser que pertenece a algo más que aquello como lo que se nos aparece. Mírense las uñas de las manos. Imagínense que algún ser muy pequeño mirara estas uñas y, como no tiene órganos de los sentidos, no pudiera ver nada de los dedos; creería que estas uñas son algo en sí mismas, y sin embargo eso no es cierto. Estas uñas sólo tienen sentido cuando están en los dedos. Lo mismo ocurre con todos nuestros minerales. La gente se fija en los minerales. Ven su cuerpo físico, pero así como las uñas pertenecen a los dedos, el cuerpo físico del mineral pertenece a un cuerpo etérico, sólo que este cuerpo etérico ya no se encuentra en el mundo físico. El cuerpo físico del mineral está en el mundo físico, el cuerpo etérico del mineral está en el mundo astral, y para un ser que mira en el mundo astral, es igual que si se rastrearan las uñas hasta los dedos. Pues este cuerpo etérico en el mundo astral pertenece al mineral. Asimismo, el mineral tiene un cuerpo astral, sólo que este cuerpo astral del mineral está junto a lo que llamamos Devacán. Y finalmente, el mineral también tiene un yo, y este yo está en el mundo devacánico superior.
Así pues, si observamos los minerales que nos rodean, son la avanzada de entidades que, como nuestras uñas, se destacan del organismo, es decir, se destacan de las entidades a las que pertenecen y que, en relación con su yo, se encuentran en mundos superiores. Así como ustedes tienen sus uñas aquí, así estas entidades tienen sus miembros que extienden, primero en el mundo devacánico inferior, luego en el mundo astral, y después les salen uñas aún más abajo: osea los minerales de la tierra. Así que cuando observan un mineral, no tienen que creer que este único mineral tiene un yo, sino que hay muchos minerales relacionados que pertenecen en conjunto a un yo común. Hay pocas personalidades minerales de este tipo en el plano devacánico. La planta se diferencia del mineral en que tiene su cuerpo físico y su cuerpo etérico, en el plano físico. En el mundo astral tiene su cuerpo astral y en el plano devacánico tiene su yo. El yo de la planta está un escalón más abajo que el del mineral, de modo que en el plano devacánico inferior nos encontramos con seres que tienen a la planta como miembro inferior. - El animal tiene su cuerpo físico, su cuerpo etérico y su cuerpo astral, todos en el plano físico, aquí en el mundo físico, y su yo en el mundo astral. Todos los animales que pertenecen a una especie, todos los leones, no poseen cada uno un Yo para sí mismos, sino un Yo colectivo. A este yo se le llama también el yo colectivo de los animales. El hombre difiere de los animales en que también tiene su yo en el plano físico.
Así que cuando ustedes miran a un animal, si observan a este animal con la mirada del teósofo, debe surgir en ustedes el sentimiento: En cada ser humano, en cada ser humano individual, se encuentra un yo; en el animal no se puede encontrar un yo en el plano físico, hay que ascender ya al plano astral, de modo que el plano astral está poblado por estos yoes del grupo animal. El yo-león en el plano astral es un ser muy diferente del león individual, así como los dedos son un ser diferente de uno mismo. Hay yos grupales animales que son mucho más inteligentes que los seres humanos más inteligentes del plano físico. Estos Yoes grupales son los guías, promotores y formadores de lo que el animal experimenta aquí en el plano físico, y nadie llega jamás a una verdadera comprensión de la vida animal ignorando que lo que los animales hacen aquí no es más que la expresión de disposiciones tomadas anteriormente por los Yoes grupales animales. Tomemos el extraño fenómeno de que en cierta época del año los pájaros del nordeste comienzan a emigrar en línea hacia el sudoeste, y que en primavera vuelven a retirarse. Cada especie migra a una determinada altura, y es fácil imaginar que estas migraciones de las aves están relacionadas con importantes impulsos en este mundo animal.  La migración primaveral es un vuelo nupcial. Si se preguntan por las sabias instituciones que subyacen a ella, no podrán comprenderlas a menos que se den cuenta de que es el yo grupal el que lo dirige y guía todo. Todo lo que ocurre en el mundo animal adquiere un cariz diferente para nosotros cuando conocemos esta presencia de los yoes grupales. Imagínense que tienen una pared con varios agujeros: Un ser humano mete las manos por ellos. Qué error cometería uno si creyera que esas manos son seres en sí mismos. Tal es el error de quien considera al animal como un ser en sí mismo.  Son seres sabios los que guían este vuelo de los pájaros. Así, el mundo animal se convierte para nosotros en la expresión de un mundo de seres sabios detrás de él. Nos familiarizamos con un maravilloso mundo de entidades y ya no pasamos tan irreflexivamente por los acontecimientos que se nos presentan inmediatamente. De hecho, estos yoes-grupo animales se encuentran siempre dentro del perímetro de nuestra Tierra. Estos yoes de grupo animal están constantemente dando vueltas espirituales alrededor de la tierra, como los vientos alisios o los pájaros migratorios o las corrientes eléctricas y magnéticas que dan vueltas alrededor de la tierra. Así pues, hay corrientes y movimientos espirituales que no representan otra cosa que los actos de los Yoes de grupo animales.
Si ahora observamos el mundo vegetal, se nos presenta algo similar. Vemos la planta exterior. Lo que tenemos ante nosotros como planta son el cuerpo físico y el cuerpo etérico. Pero si nos elevamos al plano astral, tenemos los cuerpos astrales de las plantas, y en el plano de Devacán tenemos los yoes vegetales. En nuestro mundo vegetal terrestre hay un mayor número de tales yoes vegetales. Pero todas estos yoes vegetales tienen un lugar común donde están juntos; ese es el centro de la tierra. Todas las plantas son de tal naturaleza que se dirigen con su ser hacia el centro de la tierra. Ahora veamos en qué se convierte la propia tierra cuando la miramos desde este punto de vista. No se convierte en el cuerpo que la geología presenta a la tierra, sino que la tierra misma se convierte en un ser vivo con un yo. La planta individual no tiene cuerpo astral, sino que todas las plantas están inmersas y envueltas en un cuerpo astral, de modo que podemos imaginarnos todo el mundo vegetal de la tierra en algo así: Todas las plantas pertenecen al cuerpo astral de la tierra y en el centro de la tierra está el yo de las plantas. Así la tierra se convierte para nosotros en un ser consciente. Así como el yo de ustedes está en su cuerpo y envía sus rayos a los dedos, así la tierra tiene su yo en su centro y envía los rayos a las plantas individuales. Al igual que nuestros cabellos, las plantas son órganos del organismo terrestre. Cada planta se esfuerza hacia el centro de la tierra como hacia su yo. En el mundo espiritual, innumerables seres pueden estar en un mismo lugar, en el mismo sitio. Las relaciones espaciales en el mundo espiritual son diferentes de las del mundo físico. Los yoes vegetales pueden encontrarse todos en el centro de la tierra. La mala hierba tiene un yo diferente al del trigo. Los dos yoes no están bien juntos, pero las dos tienen su yo en el centro de la tierra. Tal verdad no sólo debe ser captada con la mente, debe ser sentida en cada paso de la vida. La cubierta vegetal de la tierra se convierte en algo más para nosotros cuando caminamos con la sensación de que estas plantas son la expresión externa, física, de un contenido espiritual que está en conexión con la tierra. La tierra tiene su yo, pero todo esto vive en las plantas.
Si ahora miramos el asunto de esta manera y no nos quedamos en el mero concepto, sólo entonces cobra vida, sólo entonces lo hemos captado de la manera correcta, porque entonces sabemos que lo que le hacemos a la planta produce algo parecido a lo que le hacemos al ser humano. Si le damos un golpe a un ser humano, le duele porque tiene cuerpo astral. El cuerpo etérico no puede sentir placer ni dolor. La planta individual, debido a que no todas las plantas individuales tienen cuerpo astral, no sufre dolor cuando la presionas. Pero el cuerpo astral común de las plantas, es la propia tierra, a la que le duele lo que se le haga a la planta. Y en el centro de la tierra están los yoes de las plantas. Allí viene a la conciencia lo que se hace en la planta. Si captamos esta enseñanza como aquello que tomamos con todas las fuerzas de nuestra alma, vamos de manera diferente sobre la superficie de la tierra. De este modo, cada paso de nuestra vida se convierte en una relación con la tierra como con un ser consciente, y sabemos que esta tierra siente placer y sufrimiento y alegría y dolor como un todo. Sólo que debemos sentirlo de la manera correcta. Uno podría creer que cuando cortamos una planta, dañamos a la tierra. Pero no es así. Sólo aquellos que pueden ver el funcionamiento del cuerpo astral de la tierra pueden dar información sobre los detalles. Si ustedes se toman esto como algo vital, notarán la relación espiritual que adquieren con la tierra. Cuando la guadaña atraviesa los tallos, el clarividente ve sensaciones de bienestar que recorren la tierra, los campos. Cuando se siega un campo, una oleada de bienestar invade la tierra. Nuestra relación con el mundo se profundiza maravillosamente cuando vivimos estas verdades. Y cuando arrancamos las plantas de la tierra, sentimos cómo le duele a la tierra, lo mismo que cuando nos arrancan un pelo de la cabeza.
Se podría objetar: sí, pero a veces es muy bueno no arrancar todas las flores, sino dejarlas en la naturaleza, y a veces es bueno mover las plantas y arrancarlas de raíz. Eso no cambia el hecho de que arrancar causa dolor y recoger causa bienestar. El lado moral es distinto del hecho en sí. Un planteamiento moral que tiene su justificación en la vida humana no debe aplicarse al cosmos. Pensemos que, cuando a alguien le empiezan a salir los primeros pelos blancos, puede ser deseable desde el punto de vista estético arrancárselos. Puede que se vuelva más bello, pero le hace daño. Del mismo modo, puede ser deseable trasplantar plantas, pero perjudica a la tierra.  Ahora la pregunta es: ¿No es necesario causar ese dolor?  O bien: ¿Se puede o se debe causar ese dolor? El dolor es en muchos sentidos inseparable de la existencia. El hombre entra en el mundo a través del dolor de la madre. Lo que nace, nace con dolor. Aunque sea necesario arrancar las plantas, el dolor de la tierra siempre está presente. Así es como nuestros conceptos e ideas pasan al sentimiento y la sensación íntimos. Poco a poco nos damos cuenta de lo que no percibimos en nuestro entorno cuando no sabemos nada de todas estas cosas. En nuestro entorno siempre estamos sintiendo, percibiendo y viviendo; no es sólo un proceso mecánico cuando la guadaña atraviesa los tallos, sino que fluyen riadas de sensaciones sobre el campo en otoño. Así es como aprendemos a vivir en los seres que nos rodean. 
¿Y las piedras? De las piedras hemos dicho que tienen su yo igual que el hombre, sólo que en un mundo mucho más elevado. Este yo de las piedras y este cuerpo astral de las piedras sienten y perciben lo mismo que la tierra cuando arrancáis o recogéis plantas. Y cuando el cantero en la cantera arranca una piedra tras otra, no se trata sólo de un proceso mecánico.  El hombre, que sólo utiliza sus sentidos, ve las piedras que se desprenden como un proceso del mundo exterior. Cuando nos adentramos en la teosofía, nos damos cuenta de que en el alma sucede algo parecido. Pero no hay que juzgar por analogías, hay que proceder en lo concreto. Uno podría pensar que golpear en la cantera causa dolor. No es así. No se puede hacer mayor favor al reino mineral que cuando se rompe una piedra: ésa es su verdadero deleite. Y es una efusión de voluptuosidad cuando se golpea en una cantera y se rompen las piedras en todas direcciones. La piedra tiene un verdadero anhelo y pasión por partirse, hacerse añicos, desgarrarse.
Por el contrario, a la entidad que subyace a nuestro mundo de piedras le causa dolor y sufrimiento otra cosa. Si ustedes han disuelto sal de mesa en un vaso y esta sal de mesa comienza a disolverse, de modo que se disuelve como sal sólida, se asienta, cuando las masas disueltas se juntan para formar un cuerpo sólido, entonces el ser en cuestión sufre dolor. Cuando se vuelve a disolver lo reunido, entonces experimenta placer. Si quisieran volver a ensamblar los miembros desintegrados de la roca en la roca original, le dolería tremendamente al alma de la roca.  Hay que tener en cuenta que así es como se construyó la Tierra: era un cuerpo de fuego. Y para que pudiera tener tierra firme bajo sus pies, los cuerpos sólidos tuvieron que agruparse a partir de las más variadas soluciones y formas líquidas.
Antaño, nuestra Tierra era tal que todos los metales estaban fundidos. 
Luego se formaron las primeras islas. Esto supuso un enorme dolor. Que la tierra pudiera convertirse en nuestra morada fue doloroso, y lo que se describe en la ciencia natural, -esta solidificación gradual de la tierra-, también significa procesos espirituales. Cuando uno que ve las cosas a través de, por ejemplo, experimenta una erupción volcánica, cómo las masas disueltas fluyen hacia fuera y se solidifican, entonces ve corrientes de sufrimiento del alma de lava fluyendo montaña abajo.
Así es como toda la naturaleza se filtra para nosotros cuando conocemos estas cosas. Pero esto es también lo que los iniciados siempre han dicho a la humanidad. Los dichos de los iniciados suelen tener un significado profundo y un valor profundo, y a veces no sólo un significado. Comprendan que la tierra fue una vez un cuerpo de fuego, que este reino de roca se solidificó y cohesionó. Fue a través del sufrimiento que la tierra evolucionó hasta convertirse en nuestra morada. Sólo a través del sufrimiento del reino mineral pudimos alcanzar cierto estado de desarrollo. 
Estos sufrimientos de lo mineral sólo cesarán cuando llegue el estado final de la tierra, cuando la tierra vuelva a ser más blanda, cuando vuelva a ser espiritual. Sitúense ustedes en este episodio de la tierra: tierra ferozmente líquida, la gente todavía espiritual en ella. Las masas rocosas se solidifican. Dolor y sufrimiento continuos para el progreso de la raza humana en el reino sin vida de la roca. Qué mejor que decir esto que: "Porque toda criatura suspira de dolor, esperando la adopción filial". No se puede profundizar lo suficiente si se quiere comprender realmente los dichos de los iniciados.
Todo esto demuestra que comprender el mundo es algo muy distinto de lo abstracto. Cuando se profundiza en los conceptos, llegan a nosotros las experiencias emocionales, a través de las cuales vemos el alma que fluye por el mundo. Todo se convierte para nosotros en una expresión del alma de alguna forma. Entonces cada paso de nuestra vida se convierte en algo diferente, porque entramos en relación no sólo con las entidades que están ante nuestros sentidos, sino con los seres desconocidos en planos cada vez más elevados del mundo. Sólo debemos encontrarnos a nosotros mismos en la forma tan diferente en que esto se vive.
Así aprendemos también a encontrar el alma en la planta, en el animal, en el mineral. Así es como llegamos a conocer el alma de todo un pueblo. Un pueblo entero también tiene un alma común y lo que se llama el alma del pueblo no es un concepto muerto, es algo real. Cuando un pueblo nace, por ejemplo los godos, y vuelve a desaparecer, se trata de un proceso de nacimiento y desaparición, igual que ocurre con los seres humanos individuales. Pero en todo el pueblo vive algo anímico, y los individuos son los miembros de esta alma del pueblo, incrustados en la sustancia anímica del pueblo, que a su vez tiene sus propios destinos, sus sufrimientos y alegrías. Al principio adquirimos un indicio, luego cada vez más un conocimiento, de que a nuestro alrededor el mundo está inundado de placer y sufrimiento, en todas partes hay viejos y jóvenes en la naturaleza que nos rodea, como en nosotros mismos. Eso es lo que nos hace personas diferentes a través de las enseñanzas teosóficas. Eso es adquirir la comprensión teosófica, poner la teosofía en la vida de una manera íntima. Es como si el concepto teosófico fuera una semilla que colocamos en su suelo adecuado, entonces brota y se convierte en flor y fruto, si se convierte en sentimiento y sensación y lo vivimos nosotros mismos profundamente, profundamente en nuestro entorno a través del sentimiento y la sensación. Cuando, a través de la Teosofía, las plantas y las piedras se convierten no sólo en nuestros objetos de observación, sino en nuestros amigos y semejantes, que se vuelven cálidos para nosotros a través de la contemplación teosófica, a quienes aprendemos a amar lo mismo que aprendemos a amar a los seres humanos, entonces gradualmente la comprensión amanecerá en nosotros, la perspectiva se abrirá, qué tremendo valor educativo tendrá la Teosofía para todo el futuro. Imaginemos gente en dos, tres, cuatro, cinco siglos que no sólo pensará los conceptos de Karma y Reencarnación, sino que caminará por el mundo con tales sentimientos como los que hemos indicado. Y cómo será entonces diferente toda la vida humana, toda la educación, cuando el hombre sea capaz de oír el latido del pulso de los seres en todas partes. Cuando ponga su mano sobre el árbol y sienta el pulso de la tierra, cuando rompa la piedra y experimente el sentimiento de bienestar que atraviesa el alma de piedra, y tome conciencia de que la tierra ha tenido que soportar el dolor, entonces el hombre caminará de otra manera sobre esta tierra, entonces la vida será diferente y la recta compasión, a través del propio ser humano, prevalecerá y estará viva. 
Traducido por J.Luelmo feb.2023



GA056-11 Berlín, 12 de marzo de 1908 -Empleo y remuneración

  Índice

    RUDOLF STEINER. 


LA MISIÓN DE LA CIENCIA OCULTA EN NUESTROS DIAS

 Berlín, el 12 de marzo de 1908

undécima conferencia

Muchos de los que han oído hablar superficialmente de lo que se conoce como ciencia espiritual o teosofía, encontrarán un tanto sorprendente que, después de haber hablado desde este punto de vista de los más variados temas prácticos, se intente siquiera hablar desde este punto de vista científico-espiritual sobre el empleo y la ganancia. Pues muchos de nuestros contemporáneos han recibido de un conocimiento más o menos superficial la idea de que la ciencia espiritual es algo que se halla muy lejos de toda vida práctica, tan poco apta como sea posible para intervenir en modo alguno en esta vida práctica de todos los días. No pocas veces se encontrarán con una idea que se expresa con las palabras: Oh, esta ciencia espiritual, es algo para personas individuales que están hartas de la vida, que no tienen nada práctico que hacer y que, por lo tanto, tienen suficiente tiempo superfluo para ocuparse con toda clase de especulaciones tan confusas y fantásticas como las ideas de la ciencia espiritual.
Ahora bien, no hay que negar de entrada que, en el fondo, tal acusación está incluso justificada en el caso de muchos fenómenos que, digamos, aparecen como teosóficos, que a menudo es cierto que quienes se ocupan de cosas teosóficas, de ideas y concepciones teosóficas, son en realidad lo más ajenos posible a la vida cotidiana. Pero incluso entre aquellos que tienen que esforzarse y trabajar duramente en su vida cotidiana y que sólo consiguen salir adelante con dificultad, hay quienes se sienten impulsados a la ciencia espiritual por una simpatía interior, por un anhelo del corazón. Entre ellos habrá muchos para quienes esta dualidad, -la ocupación diaria, el trabajo cotidiano, la actividad penosa de la mañana a la noche, y luego la absorción en las grandes ideas-, tiene algo de glorioso. Para otros, estas dos cosas estarán abruptamente una al lado de la otra, la una estará lejos, muy lejos, por así decirlo, de la otra. Pero quien vea en la Teosofía o Ciencia Espiritual no una mera ocupación ociosa para unos cuantos soñadores y fantasiosos, sino algo que es capaz de intervenir muy profundamente en todo nuestro movimiento cultural, de renovarlo, de refrescarlo desde el punto de vista espiritual, tendrá también que sostener estrictamente la convicción, de que esta teosofía o ciencia espiritual es precisamente la que conduce al verdadero, genuino conocimiento de la realidad, y también tiene algo importante, esencial que decir en las grandes cuestiones de la vida cotidiana, en aquellas cosas que afectan al hombre de la mañana a la noche en su duro trabajo. 
Quien no se adentra superficialmente sino más profundamente en lo que la Teosofía o la Ciencia Espiritual puede mostrar, quien no sólo obtiene de ella unas pocas ideas abstractas sino también los impulsos más profundos de la vida, muy pronto llegará a la comprensión de que en el círculo más amplio de la vida se puede obtener un juicio verdadero, sano y correcto precisamente a través de la Ciencia Espiritual. No bastan, sin embargo, algunas frases abstractas, y menos aún el principio de una abstracta fraternidad de la humanidad. Esta fraternidad general abstracta de la humanidad es algo evidente para todo ser humano bueno y que se esfuerza rectamente. Pero la tarea de la Teosofía o Ciencia Espiritual no es meramente predicar este amor fraternal general que abarca a la humanidad, sino crear el método, las condiciones por las cuales la verdadera y genuina hermandad del hombre es posible y también puede ser realizada. Es cierto que hay muchos en nuestro tiempo que también dicen esto; pero les falta la visión de conjunto. 
Si observamos ahora el conjunto de toda la existencia humana desde la antigüedad hasta nuestros días, y si comparamos la vida cotidiana de nuestra época actual con lo que hubo en todos los tiempos, nos encontramos, según la opinión de muchas personas, con que ciertas formas de vida no han cambiado: Ricos y pobres siempre han existido; penuria y miseria por un lado, prosperidad y satisfacción por otro, siempre han estado ahí y nunca han sido eliminadas por ningún movimiento intelectual humano. Por lo tanto, no se puede creer que un movimiento espiritual "idealista" como el teosófico pueda decir algo significativo sobre lo que nuestra época tiene que hacer en materia de ocupación y trabajo remunerado.
Pero la mejor manera de abordar este tema nuestro de hoy es considerar los dos conceptos de ocupación y remuneración en un auténtico sentido científico-espiritual. Esto nos mostrará que ante todo es muy necesario cultivar un pensar más profundo para adentrarnos en lo que nuestra vida múltiple y diversa nos ofrece en relación con la ocupación y el trabajo remunerado. La frase "ricos y pobres" siempre ha existido, por supuesto. Eso por sí solo no basta si se quiere entender la vida. Pero si echamos un vistazo a nuestro entorno y lo comparamos con lo que era el entorno del hombre hace siglos o incluso en periodos de tiempo más cortos, entonces vemos que la forma de vida ha cambiado considerablemente, que lo que hoy son las causas de la penuria y la indigencia, de la miseria y la pobreza, han sido provocadas por una forma de vida completamente nueva. Es evidente que sería muy necesario que las personas del círculo más amplio reflexionaran más sobre estas cuestiones del cambio de la relación del hombre con la ocupación y el trabajo remunerado.
Cualquiera que repase esta vida, conforme se ha desarrollado gradualmente a través de los siglos, tendrá que decirse a sí mismo, con un pensamiento maduro, que una determinada clase de seres humanos, de la que nos ocupamos sobre todo hoy, si queremos decir algo significativo sobre esta cuestión, sólo se ha creado en tiempos recientes, y que precisamente en esta clase de seres humanos está cobrando cada vez más importancia, lo que nos revela con toda su fuerza e intensidad la cuestión de la ocupación y la remuneración en nuestro tiempo. Si profundizamos aún más, veremos que esta cuestión muestra lo que significa que la humanidad avance por un lado, y por otro sea incapaz de perseguir su propio progreso con el conocimiento y el interés necesarios. Lo que ahora llamamos el trabajador moderno, el trabajador industrial, en la forma en que existe hoy, es en realidad sólo un resultado del desarrollo de la humanidad en los últimos siglos. 
Esto está relacionado con el más admirable, el más glorioso, el mayor progreso dentro del desarrollo humano. Hoy vemos la tierra sembrada de logros del pensamiento humano, de inventos, descubrimientos y artes humanas. Dondequiera que se construyan fábricas y empresas, dondequiera que se excave en la tierra, dondequiera que se busquen recursos minerales y metales, en todas partes tenemos ante nosotros un resultado del pensar humano.  El progreso en el conocimiento de la naturaleza, el dominio de las leyes de la naturaleza, todo lo que el pensar humano, el trabajo intelectual humano ha creado a lo largo de los siglos, lo vemos cristalizado en nuestra industria, en las hilaturas de todo tipo que se extienden por la tierra en nuestros modernos medios de transporte. Todo ello ha dado carácter a nuestra vida. Todo lo que el poder intelectual humano ha creado de este modo ha hecho surgir en primer lugar al obrero moderno, al que se suele llamar obrero proletario. Con él, en realidad, sólo ha surgido la forma moderna de nuestra calamidad en lo que se refiere a la ocupación y al trabajo remunerado. No hay casi ningún estrato de la población, casi ninguna clase, -ya pertenezca a uno u otro campo de la vida-, que no se vea afectada de algún modo por lo que se ha creado de este modo para la humanidad. Preguntémonos ahora: ¿Ha sido capaz el pensar humano, ha sido capaz también el interés humano de crear esa estructura social que esté en cierta armonía, en cierta adecuación con lo que el poder intelectual humano ha creado en los campos de la tecnología y de la industria? Pensemos hipotéticamente qué habría sucedido si los seres humanos, o si una individualidad humana, hubiera sido capaz de utilizar su poder espiritual, que ha cristalizado de una manera tan tremenda y magnífica en las máquinas, en los bancos y en el transporte, para llevar a los que están situados en este desarrollo a una estructura social que esté en concordancia. No queremos adoptar el punto de vista de un naturalista muy nombrado que dice que todos los grandes y tremendos progresos de la mente humana, de la ciencia humana, de la industria humana, de las relaciones humanas, no han contribuido en nada al progreso del desarrollo moral de la humanidad, pero si miráramos lo que la humanidad ha producido en lo que se refiere a la moral y a la moralidad, todavía estaríamos hoy en el punto de vista más antiguo de la barbarie. - De esta opinión no se desprenden consideraciones más profundas; pero es cierto que todos los logros técnicos y científicos que hoy admiramos, en el campo externo e interno, no tienen parangón en el campo de la vida social, de la estructura social. Vemos cómo, en la discordancia entre el anhelo humano, la necesidad humana y el ideal humano, incluso la simple actitud humana natural ante la vida, y lo que la vida ofrece hoy a todos los seres humanos en su realidad, se expresa de las formas más múltiples la insuficiencia del pensamiento social en relación con la actividad industrial. Sería una obligación para los estratos más amplios de la población de todas las clases y estamentos reflexionar sobre esta misma cuestión, porque en estas cuestiones reside hoy algo que sacude al mundo. Pero los círculos más amplios, especialmente de ciertas clases y estamentos, no sienten hoy esto en absoluto. El Movimiento Teosófico en particular debe ser tal que no crea que puede hacer algo aquí con unos pocos dogmas abstractos, con unas pocas recetas de la fábrica del pensamiento, sino que debe intentar, con devoción desinteresada, con conocimiento del verdadero ser humano, difundir y desarrollar en el mundo un pensar sano, en profundidad, también en este campo. Lo esencial en este campo es que la gente se eduque interiormente para ver las cosas en este campo bajo la luz correcta.
Cuando las personas abren un libro científico-espiritual en el que se les presenta el mundo físico, el mundo astral e incluso mundos espirituales superiores, que están ocultos en el nuestro, y luego se dice además que el hombre no sólo debe consistir en lo que se ve con los ojos y se puede coger con las manos, sino que también se puede vivir en esferas superiores, dicen que esto es demasiado complicado, que todo está muy entrelazado. El mundo es sencillo, dicen, y cualquiera que no presente el mundo de forma sencilla despierta su desconfianza desde el principio. El mundo es sencillo, ¡es cómodo! - Se puede decir eso, ¡pero no es verdad! Estos conceptos son inadecuados para penetrar en la vida real, en lo que realmente nos rodea. Hay muchas personas cuyos conceptos no van más allá de los pocos pasos que dan cada día. Es comprensible que tales personas lleguen a ideas bastante extrañas sobre la vida. Estas personas se traicionan a sí mismas cuando hablan o escriben. Podría dar muchos ejemplos de ello.
Voy a elegir dos ejemplos entre la gran multitud que pueden mostrarles lo rápido que se enfrentan a la vida aquellas personas que en realidad deberían estar llamadas a juzgarla, o que se sienten llamadas a hacerlo.
Hay una persona que ha escrito un libro. Eso no es nada especial hoy en día, a veces es difícil encontrar en una sociedad a aquellos que aún no han escrito un libro. Esta persona escribió ahora un libro sobre la vida. Dice en él que ha pensado mucho sobre cuáles son las funciones del dinero y cuál es su significado en nuestra vida exterior. Pero tuvo que aprender de una experiencia particular que el dinero era sólo una especie de medio dentro de un determinado círculo social, y que no tenía ningún significado real. Lo había aprendido viajando una vez por Sudamérica. Habría llevado consigo cien dólares, pero aun así habría pasado un hambre terrible, no habría podido conseguir nada por su dinero. Y cuando una vez llegó a una choza y le dieron algo de comer, le dijeron que no se molestara con sus dólares. no se podía hacer nada con ellos.
¡Esta persona tiene los conceptos tan "claros" que primero tiene que viajar a una selva brasileña para encontrarlos! Pero además: Ustedes saben que existe un libro escrito por un tal Consejero de Gobierno Kolb. Este libro debe recibir todo el reconocimiento. Debería reconocerse que un consejero gubernamental puede obligarse a trabajar como jornalero en América, entre otras cosas en una fábrica de bicicletas, y a convivir con los obreros en todas las penurias que antes no conocía. Por eso escribió también un libro en el que dice: "Ahora aprendo a juzgar la vida de forma diferente a como lo hacía antes. Cuando veía a una persona mendigando en la calle, decía: ¿Por qué no trabaja ese granuja? Ahora lo sé". - Y añade significativamente: "Sí, los problemas más bellos y significativos de los economistas nacionales pueden tratarse bien y cómodamente en la mesa verde; pero en la vida se ven de otra manera. - Todo el mérito para quien emprende algo así desde sus círculos sociales, ¡y todo el mérito para el acto de confesarlo abierta y libremente! Pero ahora la otra cara de la moneda. Miremos más allá de la persona, miremos el hecho como tal. ¿Qué significa que alguien que vive en Europa tenga un cargo de responsabilidad, de cuyas acciones depende mucho el sufrimiento, la alegría, la felicidad y la infelicidad de muchas personas, si va por el mundo de aquí como si tuviera los ojos vendados? No habría que preguntarse: ¿Cómo ha ido realmente por el mundo? ¿Cómo estudió? ¿Cómo se educó a sí mismo? Si uno sólo mantiene los ojos abiertos y ve lo que debería haber visto, -pues cuando uno está parado en la vida debe saber tales cosas-, debe preguntarse: ¿Esta gente fue por el mundo con los ojos vendados, y tuvo que ir primero a América para aprender que no se puede pagar con dinero en la selva, y para aprender por qué el "bribón" no trabaja cuando pide limosna? ¿No debe decirse que una época en la que estos síntomas son posibles, en la que los pensamientos son tan breves, que tal época necesita pensamientos tan claros y ciertos respecto a la estructura social como los que se han producido admirablemente a través de los siglos hasta nuestra propia época respecto a la maquinaria y la industria? Si la teosofía o ciencia espiritual no se concibe como una abstracción, como una prédica de bellas frases, sino como una proclamación de aquello que subyace en todo nuestro mundo en la realidad, entonces ella proporciona precisamente este conocimiento real del hombre.
Hoy queremos hablar de ello con más detalle. Si profundizamos un poco en las transformaciones que han tenido lugar a lo largo de los siglos y que llegan hasta nuestros días, tenemos que decir que el oficio y el trabajo remunerado han cambiado mucho, muchísimo, en su relación con el ser humano. Es cierto que todavía hoy hay muchas personas que conocen las hermosas palabras pronunciadas por Goethe: "El deseo y el amor son las alas de las grandes hazañas". Verdaderamente, el deseo y el amor son las alas de las grandes obras. También deben ser las alas de la vida humana si queremos que florezcan el progreso y la felicidad humanos. ¿No diría siempre el artista, cuando expresa sus sentimientos más íntimos: "Sólo entonces puedo trabajar de verdad y producir algo fecundo, cuando la alegría del trabajo me inspira"? - Cierto, ¡demasiado cierto! Pero, ¡qué lejos está nuestra vida de esta verdad!  Llegamos a un triste capítulo en relación con la profesión y el trabajo remunerado cuando planteamos esta pregunta a nuestra alma.
Comparemos al artista creador, que crea sus obras por deseo y amor para la salvación, alegría y elevación de la humanidad, con el obrero que trabaja en minas embrutecidas, en Sicilia por ejemplo. Allí encontraran obreros, y no sólo obreros adultos, sino también niños de siete, ocho, nueve y diez años, que son terriblemente maltratados y pasan su vida, con pequeñas excepciones, allí abajo. Y si se reconocen los impulsos que llevan a estas personas a trabajar, entonces se comprenderá algo que, de otro modo, es terriblemente difícil de entender. Hay un terrible estado de ánimo de hostilidad a la vida y de oposición a la vida cuando se experimentan tales cosas en la vivencia de aquellas cosas que, por lo demás, están destinadas a evocar la alegría y el regocijo de vivir. La persona que trabaja de este modo, -no estoy contando cuentos de hadas, y he subrayado expresamente que me gusta muy poco tener que describir estas realidades-, puede expresar su estado de ánimo, como de otro modo se expresa en otras personas, en una hermosa y alegre canción, en una canción como ésta: 
Maldita sea la madre que me dio a luz,
Maldición al sacerdote que me bautizó,
... Me habría convertido en..,
Pongamos esto junto con las palabras: "El deseo y el amor son las alas de las grandes hazañas", e intentemos ver en ello la necesidad de luchar por una visión del mundo que sea capaz de profundizar en los corazones de tal manera que deba añadirse a nuestro desarrollo material humano, porque es algo que pertenece a la estructura de la vida y pertenece a la industria, al comercio y a la tecnología.
Pero hay otras formas en que somos capaces de colocar en nuestras almas la aparición de las máquinas en los últimos siglos en términos de profesión y remuneración. No hay que remontarse muy atrás para encontrar el dicho: "La artesanía tiene un suelo dorado". -¿Por qué? Había muchas personas que tenían una profunda conexión personal de su alma con su trabajo y los productos que fabricaban. Intenten ustedes imaginarse las ciudades medievales. Traten de mirar de cerca cada cerradura y cada llave, y luego traten de ver el interior de los talleres donde se trabajaba en estas cosas. Imagínense cómo la gente trabajaba con amor y placer, cómo el trabajador ponía un trozo de su alma, por así decirlo, en los productos que creaba.
Ahora, por el contrario, traten de imaginar al obrero de la industria, al obrero de las fábricas, que sólo desempeña y trabaja en una pequeña parte, cuya conexión con el todo se le escapa. Le falta la intimidad de la conexión entre lo que es el producto y su trabajo. Esta relación personal es algo extraordinariamente importante. Es algo que traerá estos dos conceptos -ocupación y remuneración- cada vez más claros ante nuestras almas. Es algo diferente, tanto con respecto a la remuneración como con respecto al trabajador, cuando una persona puede interesarse personalmente por los productos, por la forma, por el mobiliario, por lo que el producto presenta a la vista, que cuando el único interés por el producto es la remuneración, es decir, lo que uno recibe como salario por ello. Una es la profesión, que se expresa en el trabajo que se convierte en producto. La remuneración se expresa en lo que el egoísmo del hombre recibe como remuneración por el producto. Por lo tanto, debemos colocar los dos conceptos uno al lado del otro, y pronto se colocan uno al lado del otro para ustedes, si sitúan al comerciante de antaño junto con el trabajador moderno. Hoy todo es diferente, hasta el más mínimo detalle de lo que llevan consigo y tienen a su alrededor. Toda la tragedia que encierran estas máquinas en relación con la ocupación y la remuneración en la vida humana está expresada en un pequeño y hermoso poema que escribió un poeta de nuestros tiempos modernos, desgraciadamente demasiado poco conocido.
Casetas ruinosas en el terreno forestal,
en el camino de herradura,
El martillo ya no suena en la herrería,
Al canto alegre del trabajo,
No muy lejos se eleva en el aire
Un edificio alargado,
Donde en la sala de máquinas
Martilleros de hollín.
Con clavos de la fábrica de vapor
Se cierra a martillazos el ataúd
En el que el empobrecido herrero de clavos
Fue llevado a su tumba.
En estas doce líneas se refleja el vuelco de los últimos siglos en cuanto a ocupación y remuneración.
Basta con tomar una línea: "De la fragua ya no suena el martillazo a la canción del trabajo feliz". Expresa este cambio. Aquí se presenta ante nuestras almas todo lo que implica la ocupación y el trabajo remunerado. Imaginemos a un hombre que tiene por golpe de martillo el canto alegre del trabajo, e imaginemos el alma que tiene por estado de ánimo el canto alegre del trabajo, y luego tratemos de visualizar el estado de ánimo de un hombre que está en la fábrica como un obrero tiznado de hollín. No puede ser el cometido de la ciencia espiritual predicar la reacción, por ejemplo, para restaurar las antiguas condiciones o impedir cosas que se han desarrollado en el progreso de la humanidad y que necesariamente tenían que venir. No es nuestra tarea criticar lo que tenía que suceder. Pero tenemos que tener claro que está en el hombre y depende del hombre el obrar de su trabajo espiritual para la salvación del hombre y para el progreso de la humanidad.
Ahora muchos dirán: Pero nosotros vemos suficientes personas a nuestro alrededor que están bien preparadas para pensar en la cuestión social, para pensar en lo que debería suceder. - Pues bien, hay una cierta diferencia, que es muy enorme, entre lo que la ciencia espiritual tiene que decir y lo que es el estado de ánimo general de la época. Este estado de ánimo general de la época podría presentarse ante el alma en términos generales. Los que han estudiado dicen: Vosotros, los teósofos, predicáis que los hombres deben ser mejores, que deben desarrollar el amor, etcétera. Pues bien, nosotros no nos ocupamos de semejante palabrería infantil sobre el desarrollo del alma humana, sobre preparar a los hombres para una vida mejor y para la salvación del hombre, pero sabemos que lo que importa no son los hombres sino las condiciones. - Eso dicen muchos, no sólo profesores, sino también gente en las filas del socialismo. Lo que se predica allí es tan arrogante como lo que difunden las otras facciones. En todas partes se predica: mejoren las condiciones, y entonces la gente se mejorará a sí misma. Se les escucha decir por doquier.
Podría darles muchos ejemplos de mi vida inmediata. Sólo tendría que dar tres pasos desde aquí y podría señalar un lugar donde una vez estuvo alguien que decía [de la Teosofía]: "¡Son ideas tontas! Lo que importa es mejorar las condiciones. Si les das mejores condiciones de vida, entonces la gente mejorará por sí misma. -Oímos esta cantinela una y otra vez, en todas sus variantes, con respecto a las condiciones laborales y de empleo actuales. Cuando algo va mal, la gente no cree que sea por culpa de la gente, sino que dice que hay que hacer una nueva ley para que las condiciones sean diferentes. Y si algo no está bien en un determinado campo, dicen que hay que proteger a la muchedumbre inmadura, a los que no tienen un juicio correcto, contra los que quieren explotarlos en tal o cual campo. Cuando esto se dice, por ejemplo, en relación con cualquier método de curación, uno quisiera preguntar: ¿No es más natural decir que es deber de los que ven en las cosas iluminar a la gente, para que puedan volverse a partir de su propio criterio hacia aquellos a quienes deben volverse? No puede ser una cuestión de circunstancias, sino sólo del desarrollo del alma humana. 
Este tipo de materialismo, que proviene de la forma atomista de pensar y que se trasladó a las condiciones sociales, reside profundamente en nuestro pensamiento. Mucha gente discute estas cosas, sin embargo, discutir sólo conduce a debates interminables. Quien conoce el secreto de la dialéctica sabe que se puede hablar del significado del ser humano con infinitos pros y contras. No se trata sólo de que uno pueda exponer un sinfín de razones a favor y en contra, sino de que también sienta el peso de las razones. Un ser humano que estaba destinado a dictar sentencia en este campo porque era un ser humano ingenioso es el inglés Robert Owen (1771-1858). Era ingenioso porque quería hacer feliz al ser humano, pero también porque tenía un corazón cálido para la miseria social. Logró fundar una colonia casi prototípica. Con ella consiguió algo grande. Hizo el asunto tan inteligente que puso a las personas que eran adictas a la bebida o tenían otros vicios entre los seres humanos diligentes que podían trabajar con su ejemplo en ellos. Así obtuvo buenos resultados.
Esto le animó a fundar otra colonia. Una vez más, lo hizo con la intención de realizar ciertos ideales que le llenaban. Sin embargo, al cabo de un tiempo el desarrollo de la colonia fue tal que tuvo que darse cuenta de que los que no tenían diligencia y laboriosidad se convertían en parásitos de la colonia. Ahí se dijo a sí mismo, no, y -fue como una confesión-, en el caso de las instituciones generales, hay que esperar, hasta que los seres humanos hayan llegado a un cierto nivel en el aspecto teórico. Solamente mediante la transformación del alma humana puede venir el bienestar y el progreso, nunca mediante meras instituciones.

Esto lo dijo un hombre al que se le permitió decirlo porque había salido de una visión compasiva y le había enseñado la experiencia. De tales hechos se debe aprender, no de teorías abstractas. Sin embargo, ¿qué es lo que da un pensamiento interior y viable en este campo? Un pensamiento preciso y viable en este campo nos muestra que los seres humanos han hecho todas las instituciones que presionan y se convierten en horribles para los seres humanos. Las instituciones humanas se originan allí y se convierten en la causa de las dificultades y la miseria, sólo porque son hechas primero por los seres humanos. Alguien que quiera entender las cosas realmente debe tratar de estudiar el curso histórico, estudiar cómo los seres humanos viven juntos hoy, cómo uno se coloca en la vida de esta manera, el otro de esa manera. ¿Quién los ha colocado ahí? No poderes sociales inciertos, sino pensamientos humanos, sensaciones humanas e impulsos de voluntad humanos. Hay que poner la sentencia: el ser humano sólo puede sufrir por el ser humano. Cualquier otro sufrimiento no es real, considerado socialmente.

No se puede exigir que el científico espiritual critique las necesidades históricas. Es necesario comprender que los seres humanos han creado las condiciones y luego han traído la miseria en estas condiciones únicamente por pensamientos erróneos. No es difícil darse cuenta de que un pensamiento corto, un pensamiento que no tiene idea de las grandes e inmensas conexiones mundiales no puede crear instituciones que puedan traer la felicidad y el bienestar de la humanidad. El dictado de que uno debe ser altruista, de que uno debe amar a los seres humanos, es como si le dijeras a una estufa: eres una estufa, sé un amigo y calienta; es tu deber moral calentar la habitación. - No se calienta. Sin embargo, si calientas, ¡se calienta! Predicar la caridad general es algo que uno puede poner con autoconfianza en el mundo. Sin embargo, el manejo práctico, lo que nos permite intervenir en el mundo exterior para que se desarrolle el bienestar y la bendición para la humanidad, depende de la relación de ser humano a ser humano.

Una época materialista ve del ser humano sólo aquello que se puede tocar con las manos y percibir con los ojos. Sin embargo, el ser humano es más que esto. Es un ser espiritual, mental y físico. Todo lo que puede traer bienestar y bendición a los seres humanos sólo puede surgir del hecho de que se considere al ser humano en su totalidad, en particular en las condiciones cada vez más complejas del presente y del futuro. La ciencia espiritual muestra esta verdadera naturaleza del ser humano, muestra su base, y nos conduce así de manera muy diferente a una comprensión del ser humano y del mundo. Sólo en una vida deseosa de trabajar, podemos producir con nuestra ocupación en el mundo. Imagina lo que produce si los trabajadores pueden realizar su trabajo como en el poema con una alegre canción. El simple herrero fue capaz de hacerlo. Conocía el trabajo desde su comienzo hasta el producto final. El trabajo no puede surgir de las ganancias; absolutamente ningún trabajo ha surgido de las ganancias. Trata de recordar el trabajo simple: tenía lugar rítmicamente, el golpe del martillo era rítmico, y la canción acompañaba al ritmo. Los impulsos, que se pueden comparar con la alegría y el amor, le llevaban al trabajo. Cuanto más se retrocede, más se comprueba que los ingresos y la ocupación son dos cosas completamente distintas.
Lo que el ser humano realiza como trabajo lo hace desde un impulso hacia la cosa. Otra cosa es obtener ganancias. Sin embargo, esta es la razón de nuestra miseria moderna, que las ganancias y la ocupación que el salario y el trabajo se han convertido en un todo, han coincidido. Nuestra consideración debe culminar en esto. Un ser humano que trabaja en una pequeña pieza en la fábrica nunca tendrá la entrega por el producto que tenía el antiguo artesano; esto es recuperación del pasado. Nunca será posible en el futuro, con nuestras complejas condiciones, que una alegre canción penetre en el campo de trabajo. La canción se ha desvanecido, ¡la canción que se une al producto!

Preguntamos, ¿existe otro impulso, que pueda sustituirla? Fijémonos en la época en que se construían más y más fábricas y se hacinaban más y más seres humanos en los lugares de la miseria moderna. Si dejamos pasar todo eso, nos daremos cuenta, -aunque muchas cosas hayan cambiado-, de que se trata de vincular el desarrollo futuro simplemente al pasado, cuando la alegría y el amor seguían siendo los impulsos del trabajo. Sin embargo, la humanidad no ha podido crear ningún sustituto que vincule de nuevo al ser humano con el producto. Esto tampoco se puede traer de vuelta. Sin embargo, se puede hacer otra cosa. ¿Qué puede sustituirlo? ¿Cómo pueden la alegría y el amor volver a ser impulsos del trabajo diario? ¿Cómo se pueden crear?

Por supuesto, argumentarán algunos, ¡crear impulsos para un trabajo que es sucio, malo y horrible! - Existen tales impulsos. Recordad sólo lo que hacen las madres si hacen el trabajo por amor al niño. Recuerda lo que el ser humano es capaz de hacer si hace algo por amor a otros seres humanos. No hace falta amor por el producto del trabajo; hace falta un vínculo entre ser humano y ser humano. No se puede traer de vuelta el amor por el producto dentro de la humanidad, porque estaba ligado a relaciones primitivas y simples. Sin embargo, lo que el futuro debe traer de vuelta es la gran comprensión y el amor omnímodo de ser humano a ser humano. No antes de que cualquier ser humano encuentre el impulso para su actividad a partir de los impulsos más profundos que sólo un movimiento espiritual mundial puede dar, no antes de que sea capaz de hacer el trabajo por amor a sus semejantes, no es posible crear impulsos reales para un desarrollo futuro en el sentido del bienestar humano.
Así, hemos puesto como impulso lo que cualquier ciencia oculta sabe desde tiempos inmemoriales. Hay un principio espiritual; que consiste en que en la vida social sólo es provechoso para el bienestar de los seres humanos lo que los seres humanos hacen no para sí mismos, sino para todos los seres humanos. Todo trabajo que los seres humanos hacen sólo para sí mismos es perjudicial. Este es aparentemente un principio duro, pero esta dura frase básica es el resultado del verdadero conocimiento.

La teosofía o ciencia espiritual tiene que traer esto a la humanidad de hoy: aprender a comprender de nuevo tal sentencia. Algo que debería encerrar a todos los seres humanos o grupos de seres humanos se ha convertido en una completa abstracción en la visión materialista. Esto ya no puede proporcionar ningún impulso moral. Reflexiona una vez sobre cómo se habla de almas populares o almas de grupo. ¡Esto no es nada real! Los seres humanos deben volver a tener claridad sobre el hecho de que hay seres que viven en mundos espirituales, y que tales almas grupales viven y son realidad. Hemos avanzado tanto en nuestro desarrollo que hemos llegado justo en nuestro tiempo a puntos de vista que son exactamente lo contrario de la ciencia espiritual que considera sólo como formalidades, por ejemplo, todo lo que encierra un grupo, una unión en el mundo.

La ciencia espiritual, sin embargo, muestra que toda la existencia no está incluida en lo físico, en lo visible, sino que lo suprafísico, lo suprasensible subyace a todo lo visible, de modo que cosas tales como los espíritus comunes y los espíritus grupales no son abstracciones para nosotros. Así, se convierte para nosotros en un concepto preciso si decimos, no depende del trabajo, y si se valora siempre tanto. Depende del trabajo sólo en la coherencia humana si este trabajo es fructífero, productivo para los semejantes.

Compréndelo con un ejemplo sencillo: dos seres humanos viven en una isla. Uno produce cosas que satisfacen el hambre de ambos, hacen posible su existencia. El otro también trabaja mucho; se ocupa de tirar piedras de un sitio a otro. Es muy trabajador y diligente. Sin embargo, su trabajo no tiene ninguna importancia, es bastante insustancial. No se trata de que trabajemos, sino de que realicemos un trabajo que sea fructífero para los demás. El trabajo de tirar piedras sólo es fructífero si proporciona placer a la persona interesada. Sin embargo, si está obligado por alguna institución a cobrar por el trabajo, entonces el trabajo es insignificante para la coherencia. Debe ser en la coherencia donde se regulen la sabiduría y la estructura. Quien observa la coherencia sabe que los trabajos más importantes se realizan independientemente de los ingresos. Las ganancias deben valer por sí mismas. Es una cuestión aparte cómo los seres humanos se mantienen mutuamente. El impulso de trabajar no puede basarse en el egoísmo, sino que debe originarse en la consideración de la totalidad.
Otros seres humanos piden lo que un ser humano hace. Si los seres humanos piden lo que yo produzco con mi trabajo, entonces mi trabajo puede corresponder a mi capacidad, puede ser menor si tengo poca capacidad, puede ser importante si tengo mucha capacidad. Sin embargo, si los seres humanos necesitan este trabajo, es un impulso para el trabajo lo que puede inducirme a un canto alegre. Sin embargo, primero debemos tener los impulsos y las capacidades para mirar en los corazones de los seres humanos y ver que los corazones pueden convertirse en algo para nosotros. Si comprendemos sumergirnos en los corazones de los semejantes, conocemos la naturaleza de los seres humanos; entonces también trabajamos en comunidad y obtenemos pensamiento social. Diréis, nadie tira piedras de un lugar a otro. - Esto ocurre en nuestras relaciones perpetuamente, ¡sólo que la gente no lo ve! Lo ven demasiado corto.

Alguien que aprende a pensar socialmente pronto se da cuenta de ello. Imagínate, te sientas en algún sitio y encuentras una postal bonita y luego escribes veinte postales sin tener que informar de algo en particular. Alguien que mira más profundamente no sólo ve las postales con las fotos, ve muchos carteros subiendo y bajando escaleras. ¡Cuánto trabajo se ahorraría uno si no se escribieran las postales!

Sin embargo, uno bastante listo dice: como se escriben tantas postales, se consigue que un cartero ya no sea suficiente. Se contrata a otro, y este otro se gana el sustento. - Nadie tiene en cuenta que de este modo no se realiza ningún trabajo productivo. Este es el trabajo por el que no se produce nada. Porque se obliga a un ser humano a un trabajo y se paga una remuneración por él, no se crea ningún bienestar para la humanidad. Sin embargo, hay que mirar en la estructura de la existencia como la educación espiritual-científica sólo nos puede dar. Hay que darse cuenta de que no sólo unos pocos economistas deben estudiar estas cuestiones. Hay que hacer que cualquier ser humano despliegue este pensamiento social. Eso fluye de la sabiduría espiritual-científica como disposición espiritual-científica que el alma humana se vuelve abierta y libre que entonces ve las cosas, que piensa y estudia a un fin, de modo que uno ya no dice, hay que crear trabajo para los parados. No depende de dar trabajo a tal o cual persona, sino de qué trabajo se realiza, justo el trabajo que la comunidad necesita. Si miramos el asunto de tal manera, nos damos cuenta de que lo que debe convertirse en el impulso de nuestro trabajo debe ser un sentimiento de solidaridad penetrado por la sabiduría real, el sentimiento social vivo que debe tener lugar en cualquier alma humana. No el amor abstracto, no ese amor que sólo habla de amor y no puede ver más allá de sus narices, sino sólo ese amor que está iluminado por el conocimiento puede causar una mejora de las condiciones humanas.

Por lo tanto, la ciencia espiritual no puede ser una acumulación de dogmas, de ideas. Las ideas están ahí para el alma. El punto es el ser humano vivo. Cuanto más esta sabiduría capta a los seres humanos y los inspira, más existe el amor verdadero, real, más sirve al progreso, al bienestar de los seres humanos. Así, encontramos que, debido a que la ocupación se basa en el compromiso con la humanidad, y las ganancias se basan en el cuidado por el mantenimiento del ser humano, el bienestar se otorga a la humanidad pensando completamente en esta dirección. El científico espiritual no supone que se pueda cambiar esto con dogmas de la noche a la mañana. Alguien que se encuentra firmemente en el terreno de la ciencia espiritual tiene claro que el alma puede establecerse en el amor activo, y que - debido a que hay seres humanos que han encontrado las percepciones - se puede trabajar por el bienestar de la humanidad. Entonces una persona como Kolb no tiene que ir a América para descubrir que se puede juzgar fácilmente sobre cuestiones sociales sobre una base teórica, sino que una corriente en la vida pública le abrirá los ojos, para que no tenga que caminar con los ojos vendados por el mundo.
Éste será el mejor y más bello fruto de la cosmovisión científico-espiritual si no seduce a los seres humanos con prédicas sentimentales de caridad y fraternidad, sino que los induce a mirar la realidad verdadera y espiritual con sentido abierto y libre. La humanidad cumplirá así cada vez más la sentencia goetheana "de la fuerza que ata a todas las criaturas se libera el hombre que se domina a sí mismo".

Esta frase se aplica en sentido envolvente a los ámbitos nacional, profesional y comercial. Se aplica de tal manera que sólo si nuestra estructura social está completamente controlada por este principio de que nuestro trabajo no está sujeto al salario y a las ganancias, sino que se hace independiente de la adquisición, se puede crear algo fructífero.

Por supuesto, hay gente que dice, uno se ocupa en todas partes de quitar todo tipo de cosas de la adquisicion subjetiva y transferirlas sobre la comunidad. Alguien que dice esto podría considerar al funcionario como el ideal del ser humano, con el que se separan las ganancias y la ocupación. Sin embargo, depende del hecho de que cualquier ser humano tenga los impulsos de los que puede surgir el bienestar caracterizado. La comunidad no debe cernirse sobre el conjunto como un espectro abstracto, como una nube, sino que debe vivir en cualquier alma individual que apunte siempre a la altura espiritual del universo tal y como se refleja en cualquier alma humana. Sólo una cosmovisión así puede lograr realizar lo que hay de saludable en la convivencia humana.

Esto lo han sentido los grandes seres humanos, lo sintió un gran espíritu del que hoy se vuelve a hablar más, algunas personas aún más, y cuanto menos lo entienden. Este espíritu dijo que al fundirse en la unidad real, verdadera, el ser humano alcanza la dicha, y que cualquier miseria se origina en la variedad y las diferencias. La miseria viene sobre todo si los seres humanos son conducidos en estas diferencias que nadie hace nada más que para su egoísmo solamente. No antes de que uno solo sienta que debe dejar lo que puede hacer en el altar de la humanidad, si este sentimiento y este pensamiento fluyen a través del ser humano, también puede fluir a través de la humanidad más intensamente. Es cierto lo que dijo Fichte (Johann Gottlieb F., 1762-1814): toda la dicha está contenida en la fusión en el uno verdadero y toda angustia y miseria en la vida se basa en la separatividad y la diferenciación. Pues el verdadero amor sólo puede alcanzarse si el alma no se endurece en la separatividad y en la variedad, sino si encuentra descanso y paz en la verdadera comunidad y en todo el espíritu.
Traducido por J.Luelmo feb.2023