CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

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GA100 Kassel, 29 de junio de 1907 - Etapas posteriores del entrenamiento Rosacruz

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Evolución humana y conocimiento de Cristo
RUDOLF STEINER

Etapas posteriores del entrenamiento Rosacruz

Kassel, 29 de junio de 1907


14 conferencia, 

Ayer les expliqué lo que se conoce como la iniciación rosacruz hasta el tercer grado, el «conocimiento de las escrituras ocultas». Así, hemos conocido lo que en el sentido rosacruz se denomina «el estudio», luego «la obtención del conocimiento imaginativo» y, a continuación, lo que se denomina «la inmersión en la escritura oculta», en aquella escritura que se toma de las propias leyes de la naturaleza. Ahora nos corresponde avanzar hacia el cuarto grado de la iniciación rosacruz, hacia lo que se denomina la «preparación de la piedra filosofal». 

LA PIEDRA FILOSOFAL

Les ruego que se abstengan de todo lo que puedan leer en cualquier libro sobre la «preparación de la piedra filosofal» y que tengan claro que solo en nuestra época actual se puede informar sobre lo que los rosacruces realmente entienden por «preparación de la piedra filosofal».

Bajo este nombre existían ciertas normas para ascender a los mundos superiores desde que el conocido fundador de la Rosacruz creó esta corriente en 1459. Deben tener claro que esta corriente siempre se ha tratado con extrema cautela y se ha mantenido en secreto. Fue hacia finales del siglo XVIII y principios del XIX cuando, de forma indebida, a través de una especie de traición, ciertos secretos de la Rosacruz se hicieron públicos. 

En aquel entonces se publicaron diversos artículos al respecto; de ellos se desprendía que los interesados habían oído algo, pero no lo habían entendido. Sin embargo, al menos habían oído las palabras correctas, las habían captado, por así decirlo, también sobre «la piedra filosofal». En aquella época, incluso apareció en el entonces «Reichs-Anzeiger» una serie de comunicados sobre una sociedad que se había propuesto como objetivo «la preparación de la piedra filosofal»; y entre estos comunicados hay uno que solo podía entender quien sabía de qué se trataba. Dice así: «Sí, la piedra filosofal existe; en realidad, la mayoría de las personas la conocen; la mayoría incluso la ha tenido ya en sus manos, no es tan difícil de encontrar, ¡pero la mayoría no lo sabe!».

Ahora bien, a este concepto de la «piedra filosofal» se le atribuía el significado de que poco a poco nos enseña a conocer la parte inmortal del ser humano, que no está sujeta a la muerte, y que nos eleva a los mundos superiores. Cuando el ser humano toma conciencia de que esta parte inmortal no puede sucumbir a la muerte, entonces adquiere la vida eterna mediante la posesión de la «piedra filosofal»; de este modo, vence a la muerte. Esto se interpretaba como que nunca se moriría. Sin embargo, lo que se quiere decir es que es el modo en que el ser humano llega a conocer el mundo en el que vive después de la muerte. Además, se consideraba que la «piedra filosofal» era un elixir de vida. Todo ello hacía que la «piedra filosofal» fuera extraordinariamente codiciada. Quien sabe de qué se trata, tenía que encontrar estas palabras extrañamente acertadas, porque incluso son ciertas; solo que quien no conoce el secreto no puede sacar mucho provecho de ellas.

Ahora les mostraré brevemente lo que esto significa. Para comprenderlo, deben seguirme en la observación de un hecho científico muy sencillo: deben tener claro cuál es la relación que existe entre el ser humano y el mundo vegetal. El hecho es que todo lo que respira de la misma manera que lo hacen los seres humanos nunca podría existir si no hubiera plantas. Para ello, deben familiarizarse con el proceso que tiene lugar entre ustedes y las plantas.

 Ustedes inhalan el aire; necesitan el oxígeno que contiene. Si no hubiera oxígeno, nunca podrían vivir. Cuando inhalan el aire y procesan el oxígeno en su organismo, exhalan dióxido de carbono, un compuesto de carbono y oxígeno. Por lo tanto, deben decirse a sí mismos: el ser humano inhala oxígeno continuamente y, de ese modo, mantiene su cuerpo, y exhala dióxido de carbono: es decir, crea continuamente un veneno que lo mataría. De este modo, llenan continuamente su entorno con un veneno. ¿Qué hace la planta? En cierto sentido, hace exactamente lo contrario. Absorbe el dióxido de carbono, retiene el carbono y expulsa el oxígeno que no le sirve. De este modo, ustedes le proporcionan a la planta lo que esta necesita y la planta les devuelve oxígeno a cambio. Este proceso de respiración de dióxido de carbono y liberación de oxígeno supera con creces la absorción de oxígeno por parte de la planta. ¿Qué hace la planta con el carbono que retiene? Con él, la planta construye, en cierta medida, su propio cuerpo. Es decir, ustedes le dan a la planta la oportunidad de construir su cuerpo a partir del carbono, de la manera que le corresponde. Cuando, tras milenios, extraen la planta de la tierra en forma de carbón, encuentran en ella la misma sustancia, es decir el carbono. 

La planta nos da oxígeno y nosotros lo absorbemos. Nosotros le damos dióxido de carbono, ella retiene el carbono, forma su propio cuerpo con él y nos devuelve el oxígeno. Es un proceso de intercambio maravilloso el que tiene lugar. Así es hoy en día. Pero el ser humano está en proceso de evolución y, en el futuro, el cuerpo humano tendrá un órgano que transformará el dióxido de carbono en oxígeno y retendrá el carbono.

Hoy me refiero, —de manera diferente a como lo hice ayer en la formación de los Rosacruces—, a un estado futuro del ser humano. En el futuro, el ser humano tendrá un cuerpo libre de deseos de orden superior, el mismo que se halla en las plantas en un nivel inferior: podrá construir un cuerpo que, en un nivel superior, será similar al de las plantas. En el órgano que hoy es su corazón, tendrá entonces un aparato que hará lo que hoy hace la planta. Hoy en día, las plantas y los seres humanos están unidos; uno no podría vivir sin el otro. Si no existieran las plantas, todos los seres que respiran oxígeno se extinguirían en poco tiempo, porque son las plantas las que nos proporcionan el oxígeno; no podemos imaginarnos la vida sin las plantas. Y lo que hoy hace la planta fuera de nosotros, lo hará en el futuro ese órgano en el que se convertirá el corazón dentro de nosotros, cuando sea un músculo voluntario. Extendemos nuestra conciencia sobre las plantas, crecemos junto con el mundo vegetal, de modo que lo que hoy hace la planta fuera de nosotros, más tarde sucederá dentro de nosotros mismos; entonces también conservaremos en nosotros el carbono que hoy emitimos y construiremos nuestro propio cuerpo a partir de él. Nos convertiremos en plantas en un nivel superior de conciencia.

 Desde tiempos inmemoriales, el ocultismo ha revestido todo esto de una maravillosa leyenda, pues a lo largo de milenios las verdades se han conservado en imágenes y leyendas. Es la Leyenda Dorada. Y lo que les he contado hoy es lo que se enseñaba al discípulo secreto en imágenes. Decía más o menos así:

Cuando Seth, el hijo que Dios dio a Adán y Eva en lugar del asesinado Abel, entró una vez en el paraíso, encontró entrelazados los dos árboles, el árbol del conocimiento y el árbol de la vida; sus ramas se entrelazaban. Y de este árbol, Seth tomó tres semillas por orden del ángel que lo guiaba. Las guardó y, cuando Adán murió, le puso las tres semillas en la boca. Y de la tumba de Adán brotó un árbol; este árbol mostraba, para quien sabía mirar, una inscripción en letras de fuego; eran las palabras: «Ehjeh asher ehjeh: Yo soy el que era, el que es y el que será». Entonces Seth tomó madera de este árbol que creció de la tumba de Adán, y con esta madera se formaron muchas cosas: entre otras, la vara que fue el bastón mágico de Moisés. Y se siguió propagando; con ella se formó la puerta del templo de Salomón y, más tarde, después de haber experimentado otros destinos, la cruz en la que fue crucificado el Salvador.

 Así, la leyenda relaciona la madera de la cruz del Gólgota con el árbol que creció a partir de las semillas del árbol del paraíso en la tumba de Adán.

En esta leyenda se esconde el mismo misterio que les he insinuado hoy. Con ello se quería decir: en tiempos inmemoriales, la raza humana aún no había caído en la carne llena de deseos, sino que era casta y pura, como la planta que extiende su cáliz hacia el sol. Después, los seres humanos cayeron en el pecado original: su carne se llenó de deseos. Pero todo lo que el ser humano tenía en su estado de inocencia lo recuperará cuando, por medio del camino del conocimiento, haya creado un cuerpo libre de deseos, el cuerpo que tenía antes de entrar en el conocimiento; recuerden de dónde proviene el yo. El hecho de que ya no tenga ese cuerpo está relacionado con que el ser humano se ha convertido en un ser que respira con los pulmones, que ha podido formar su sangre roja. Así, la forma actual del ser humano está relacionada con la respiración y la circulación sanguínea, y con el hecho de que haya podido convertirse en un portador del conocimiento tal y como lo conocemos hoy en día.

Ahora imagínense en el cuerpo actual. Ahí pueden hacerse una idea de cómo entra el oxígeno, cómo excita la sangre roja, cómo la sangre roja recorre todo el cuerpo como un árbol ramificado, cómo la sangre azul vuelve entonces, llena de ácido carbónico.

Hay dos árboles dentro de ustedes: el árbol de la sangre roja y el árbol de la sangre azul. Sin estos dos, el ser humano no podría existir como portador del yo. Para ello es necesario absorber la sangre roja; así es como se produce nuestro conocimiento actual. Pero esto estaba ligado a la muerte, ya que ustedes transforman la sangre roja en sangre azul, llena de ácido carbónico. Por eso, el maestro secreto del Antiguo Testamento decía: Mírate, tienes en ti el árbol de sangre roja; si no hubieras recibido este árbol, nunca te habrías convertido en un ser humano consciente. Has disfrutado del árbol del conocimiento, pero al mismo tiempo se te ha quitado la posibilidad de darte vida a ti mismo.

Lo que antes era un árbol de la vida se ha convertido en un árbol mortal; por lo tanto, el árbol de sangre azul que hay en nosotros es el árbol de la muerte. Esa es la situación actual. Sin embargo, para el iniciado, se presenta ante el alma una situación futura en la que el ser humano tiene la naturaleza vegetal en sí mismo, en la que, a través del aparato cardíaco, convertirá la sangre azul en sangre roja. Entonces habrá transformado el árbol de la muerte en un árbol de la vida. El ser humano se habrá convertido entonces en un ser inmortal; lo que era en un nivel inferior, lo volverá a ser en uno superior. El aparato que hoy se encuentra en la planta, lo tendrá entonces en sí mismo. De modo que en el paraíso se alcanza un estado final de la humanidad. Y la misión de Seth se interpretó de tal manera que él ve lo que hay al final de los tiempos: el equilibrio de los dos principios en el propio ser humano. Así, el árbol de la vida y el árbol del conocimiento se entrelazan en el paraíso; en el ser humano solo pueden encontrarse si el ser humano recurre a la planta. Pero, ¿cómo adquiere el ser humano la capacidad de que los dos árboles se entrelacen en él? Desarrollando en sí mismo los tres miembros superiores de la naturaleza humana.

 Hemos conocido al ser humano, compuesto por el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo; y hemos visto que, cuando el yo trabaja en el cuerpo astral, alcanza el primer miembro superior del ser; cuando trabaja en el cuerpo etérico, alcanza el segundo, y cuando trabaja en el cuerpo físico, alcanza el tercero. De modo que el ser humano futuro será el ser de siete miembros, que aún habrá de alcanzar el yo espiritual, el espíritu vital y el hombre-espíritu. Cuando el ser humano haya transformado así su naturaleza inferior, tendrá en sí mismo el árbol del conocimiento y el árbol de la vida. Así pues, en la predisposición de su yo, se le otorgó al ser humano, en el punto de partida de su evolución, la premisa para sus tres miembros superiores del ser.

Seth toma tres semillas y el primer ser humano, Adán, hace que estas tres semillas crezcan hasta convertirse en un árbol. En este árbol se encuentra lo que atraviesa todas sus encarnaciones. Su yo se encontraba en un nivel muy bajo en la primera encarnación y, de encarnación en encarnación, alcanza niveles cada vez más altos. Lo que crece allí es el símbolo de lo eterno en el ser humano, que alcanzará su máxima perfección al final de la condición terrenal. Pero el ser humano solo puede lograrlo si se une con todo lo más elevado que se le ha presentado en el camino espiritual. Todo lo que ha guiado a la humanidad por el camino, la vara de Moisés, el templo de Salomón y, finalmente, la cruz del Gólgota, todo ello ayuda al ser humano a expresar plenamente la Trinidad superior. Y la cruz del Gólgota fue lo que indicó el camino hacia la máxima perfección humana. Al principio se le había puesto en la boca a Adán como germen del que había crecido aquel árbol, y no se podría expresar de forma más bella que como se ha hecho aquí, y había surgido de la madera que Seth había obtenido de esta manera. Así han representado el camino del ser humano a través de los tiempos, el camino del ser humano a través del tiempo. Lo que el ser humano debe lograr en el futuro: la transformación de su esencia, la capacidad de producir carbono en sí mismo por sus propios medios, es lo que la planta puede hacer hoy en día. Y el ser humano podrá dominar esta alquimia de la planta en el futuro.

 La preparación alquímica de lo que acabo de describir se logra dando al alumno rosacruz ciertas instrucciones sobre cómo regular su proceso respiratorio. Esto es algo que solo se puede entender según el siguiente principio: la gota constante horada la piedra. Pero el alumno rosacruz trabaja en ello. Así como la gota, que es pequeña, minúscula, solo después de mucho tiempo provoca la cavidad en la piedra, el progreso de los cuerpos humanos se logra mediante este proceso de regulación de la respiración. Las instrucciones que debe seguir el discípulo rosacruz son tales que le llevan a prepararse ya hoy para que su yo adquiera la capacidad de construir sus próximos cuerpos de otra manera. Sin embargo, esto implica que lo que más tarde tendrá en el entorno físico, ya lo tiene ahora en el mundo espiritual. El consejo de los Rosacruces consiste en preparar lentamente un estado futuro y adquirir la capacidad de ver ya ahora este estado en los mundos superiores. Así pues, el discípulo rosacruz hace dos cosas: en primer lugar, trabaja para el futuro de la humanidad y, en segundo lugar, adquiere la capacidad de ver en el mundo espiritual; ve lo que más tarde descenderá a la realidad física.

Ahora también se comprenden las instrucciones que el extraño hombre mandó imprimir, pero que no entendió. La «piedra filosofal» es el carbón negro común; pero hay que aprender el proceso que enseña a procesar el carbono mediante la fuerza interior: así es el progreso de la humanidad. En el carbón actual tiene un modelo de lo que algún día será la sustancia más importante para el ser humano, aunque tenga un aspecto muy diferente. Recordemos el brillante diamante: ¡también es solo carbono! A esto se le llama «la preparación de la piedra filosofal» en la cosmovisión rosacruz. Detrás de ello se esconde un proceso de transformación humana y una invitación a trabajar en los estados futuros de la humanidad. Todos los que trabajan así, trabajan por adelantado para los cuerpos humanos del futuro, para los cuerpos que las almas necesitarán más adelante.

Hay una palabra que expresa muy bien este trabajo sobre el futuro, y que comprenderemos cuando clarifiquemos la diferencia entre el desarrollo del alma y el desarrollo de la raza. Todos ustedes fueron atlantes en el pasado, y esos cuerpos atlantes tenían un aspecto muy diferente, como ya les he descrito. La misma alma que estuvo en algún lugar en un cuerpo atlante está hoy en su cuerpo. Pero no todos los cuerpos, como los suyos hoy en día, han sido preparados por unos pocos colonos, aquellos que en su día se desplazaron de oeste a este. Los que se quedaron atrás, los que, como se dice, se unieron a la raza, se degeneraron, mientras que los más avanzados fundaron nuevas culturas. Los últimos rezagados en el camino hacia el este, los mongoles, aún conservan algo de la cultura de los atlantes. Del mismo modo, los cuerpos de aquellas personas que no seguirán desarrollándose progresivamente crecerán más allá del próximo cambio de era y formarán los chinos del futuro.  Es decir, habrá de nuevo pueblos en decadencia. También viven en los cuerpos chinos almas que, debido a que han tenido una atracción demasiado grande hacia la raza, tendrán que encarnarse una vez más en tales razas. Las almas que hoy están en ustedes se encarnarán más tarde en cuerpos que provienen de aquellos que hoy trabajan de la manera indicada y que crean los cuerpos del futuro, tal como lo hicieron antes los primeros colonos de la Atlántida. Y aquellos que se aferran tanto a lo cotidiano, que no quieren conectarse con lo que se avecina en el futuro, se fusionarán con la raza. Hay personas que quieren quedarse con lo tradicional, que no quieren saber nada de lo que significa avanzar, que no quieren escuchar a aquellos que llevan a la raza hacia nuevas formas de la humanidad.

El mito ha conservado esta tendencia de manera maravillosa. No podría representarla mejor que señalando a uno de los más grandes, que pronunció las palabras: «El que no abandona a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, no puede ser mi discípulo», y, por el contrario, representa lo triste en un hombre que dice: ¡No quiero saber nada de un líder así! — y lo rechaza. ¿Cómo se podría expresar esto más claramente que con la imagen de aquel que rechaza al líder y no es capaz de ascender? Esa es la leyenda de Asuero, el judío errante, que se sentó y rechazó al mayor líder, Jesucristo, no quiso saber nada del desarrollo y, por lo tanto, debe permanecer con su raza, debe volver una y otra vez a su raza. Son mitos que se han dado a la humanidad como recuerdo eterno para que sepa de qué se trata.

Así pues, esta cuarta etapa de la formación rosacruz debe entenderse como algo tremendamente profundo, y así se integra en el desarrollo de la humanidad la «preparación de la piedra filosofal».

LA CORRESPONDENCIA ENTRE MICROCOSMOS Y MACROCOSMOS

El quinto es la «correspondencia entre el microcosmos y el macrocosmos». El complejo cuerpo humano, tal y como es hoy en día, se ha desarrollado de una manera determinada. Les he guiado a través de los estados de Saturno, el Sol, la Luna y la Tierra. De todo lo que hoy hay en sus cuerpos, en Saturno solo existían los primeros indicios de sus órganos sensoriales, incrustados en la masa de Saturno como los cristales hoy en día en la masa montañosa; sus ojos eran como cristales de cuarzo en las montañas. En el Sol, sus órganos superiores, todas las glándulas, cubrían su superficie. En la Luna, los órganos que hoy componen su sistema nervioso se extendían por la superficie de la Luna. La Luna tenía un sistema nervioso, y los distintos animales humanos que había allí participaron por primera vez en el sistema nervioso de la Luna. En la Tierra, el ser humano obtuvo su sistema óseo, ya que en la Luna aún no existía un reino mineral.

Así se puede ver lo artísticamente que está compuesto el ser humano. Lo que hoy es el ojo en nosotros, se extendía como ojo por todo Saturno; lo que estaba en el gran universo se incorporó a nosotros. La doctrina secreta puede decirle ahora cómo cada órgano individual está relacionado con el gran universo exterior: el hígado, el bazo, el corazón, etc., con lo que les corresponde en el mundo exterior y lo que tenía que suceder en el mundo exterior para que pudieran formarse. En la doctrina del conocimiento rosacruz existen medios a través de los cuales nos sumergimos en nosotros mismos bajo la referencia de nuestros órganos sensoriales, nos sumergimos interiormente en los ojos, los oídos, y así obtenemos una visión clarividente de la formación de estos órganos.

 Les he guiado hasta el período de la evolución de la Atlántida en el que el cuerpo etérico aún estaba tan alejado que no podía conectarse con el punto que se encuentra aquí, en la cabeza, sobre la raíz de la nariz. Hemos visto cómo el cuerpo etérico se introdujo entonces en el cuerpo físico, cómo el cuerpo físico adquirió su forma actual. Existe ahora un método de meditación con una fórmula muy concreta, que solo se transmite de persona a persona. Si mediante ella se sumergen en el lugar donde la cabeza se conecta con ese punto de la cabeza etérica del que hablamos, entonces comprenderán ese momento de la Tierra, cómo era la Tierra en aquel entonces, cuando esa parte de la cabeza etérica se introdujo en la cabeza física. De este modo, pueden profundizar en cada miembro de su microcosmos y, así, conocer las fuerzas del macrocosmos, lo que los arquitectos del mundo han construido en ustedes. Siguiendo las instrucciones del ocultismo, pueden conocer el macrocosmos; para todas las cosas del mundo, fuera, en el macrocosmos, hay un órgano en el microcosmos. El ser humano es el ser más complejo. Del mismo modo que en un telegrama se deduce quién es el remitente a partir del mensaje enviado, en el cuerpo humano se puede llegar a conocer a su creador mediante la contemplación del órgano.

VIVIR EN EL MACROCOSMOS

Con ello hemos llegado ya al sexto nivel, lo que se denomina «la inmersión en el macrocosmos». Quien ha conocido así en su interior la relación entre el microcosmos y el macrocosmos, ha ampliado su conocimiento a todo el universo. Esto es lo que se esconde tras el antiguo dicho: ¡Conócete a ti mismo! — Se ha causado mucho daño con la afirmación de los teósofos de que «todo Dios está ya en ti, lo más elevado ya está presente en ti. Solo tienes que mirar dentro de ti para reconocer el mundo entero».

Esta introspección es la cosa más absurda que puede haber; solo sirve para conocer el yo inferior que ya se tiene. Nadie aprende más de lo que ya sabe. El verdadero autoconocimiento solo se alcanza de la complicada manera descrita, y es al mismo tiempo conocimiento del mundo. La verdadera teosofía no está en condiciones de facilitarle las cosas al ser humano de esa manera; debe decirle: en una reflexión tranquila y seria, debes llegar a conocer incluso al ser más complejo que existe. No puedes llegar a conocer a Dios de otra manera que no sea conociéndolo poco a poco en el mundo. Para ello se necesita paciencia y perseverancia. En un avance tranquilo y lento se reconoce el mundo. La teosofía no puede darles ninguna fórmula milagrosa para alcanzar el conocimiento completo, sino que solo puede indicarles el camino por el que llegarán al autoconocimiento y, con ello, también al conocimiento del mundo. Entonces el ser humano también alcanzará el conocimiento de Dios.

Este conocimiento, que llega al ser humano en el sexto nivel, no es un conocimiento intelectual árido; es un conocimiento que nos une íntimamente con el mundo. Quien lo ha alcanzado tiene una relación íntima con todas las cosas del mundo, tal y como el hombre actual solo conoce en la misteriosa relación de amor entre hombre y mujer, que se basa en un conocimiento secreto de la esencia del otro ser humano. Una relación así, mediante la cual no solo se comprende, sino que se siente uno conectado con todos los seres, tal y como hoy se siente conectado el amante con la amada, es lo que se experimenta al contemplar el macrocosmos. Entonces se tiene una relación íntima, una especie de relación amorosa con la planta, con cada piedra, con todos los seres del mundo. Su amor por todos los seres se especializa; ellos le dicen algo que solo le dirían si aún no hubiera descendido al conocimiento.  El animal come lo que le conviene y deja lo que no le conviene; tiene una relación simpática con lo uno y una relación antipática con lo otro. Para alcanzar el conocimiento actual, el ser humano tuvo que perder la relación directa con las cosas; pero la recuperará en un nivel superior. ¿Cómo sabe hoy el ocultista que la planta con la flor tiene un efecto diferente en el ser humano que la raíz? ¿Cómo sabe que la raíz común tiene un efecto diferente al de una zanahoria? Porque las cosas le hablan de nuevo, como es el caso de los animales. Esta relación íntima existe en los niveles inferiores, excluyendo la conciencia intelectual; en los niveles más altos, el ser humano volverá a ser consciente de ella.

LA DIVINIDAD

Cuando se llega a este punto, el séptimo nivel es algo que surge por sí solo. De todo lo anterior ya se habrá deducido que se trata de un conocimiento de las impresiones y los sentimientos del alma. No hay nada aquí que no conmueva al ser humano de la manera más viva; por eso no se debe distinguir entre un conocimiento ideal, intelectual y espiritual. Conmocionarle, decirle todo tipo de cosas bonitas, no es lo que busca el ocultista. El ocultista le cuenta los hechos del mundo espiritual; consideraría vergonzoso querer conmover directamente sus sentimientos. Pero sabe que los hechos, cuando se cuentan, hablan por sí mismos; son ellos los que deben generar los sentimientos. Por eso, para los rosacruces, la persona del maestro nunca es lo importante. La enseñanza no tiene nada que ver con la persona. El maestro solo está ahí como una oportunidad para que los hechos hablen a las personas. Y hablará con mayor acierto cuanto más se convierta en un medio de expresión de la visión de los mundos superiores. Quien todavía cree, opina y tiene puntos de vista propios, no es apto para ser maestro ocultista. Porque si no fuera la objetividad, sino el sentimiento lo que decidiera, entonces tal vez diría: ¡dos por dos son cinco!

Así verán cómo el rosacruz, a través de las diferentes cosas que tiene que desarrollar en sí mismo, se eleva gradualmente hacia el conocimiento de los mundos superiores. Para ello es necesaria una guía, pero cada uno la encuentra en el momento adecuado si la busca con seriedad.

No deben decir que con una guía personal se completan estos siete niveles uno tras otro, sino que el maestro selecciona lo que es más adecuado para cada uno. También he querido mencionarles los niveles previos. De ellos solo quiero destacar dos cosas para mostrarles que hay que desarrollar otras cosas antes de pasar a los ejercicios más estrictos. Hay algo que hay que practicar desde el principio: la concentración, la concentración de la vida del pensamiento. ¡Piense por un momento en cómo los pensamientos revolotean en su mente desde la mañana hasta la noche! Los pensamientos le llegan de aquí y allá y le arrastran consigo. Ahora, como discípulo de la Rosa Cruz, debe reservar un tiempo en el que sea dueño de sus pensamientos, en el que elija un objeto lo más insustancial posible y reflexione sobre él. Esto le reportará un efecto tremendamente beneficioso. El tiempo no importa; lo que se necesita es energía, paciencia y perseverancia.

Lo otro es lo que se llama «positividad», que consiste en buscar en la vida lo que mejor se caracteriza en una leyenda persa sobre Cristo Jesús: cuando Cristo Jesús caminaba una vez con sus discípulos, encontraron al borde del camino un perro muerto que ya estaba en avanzado estado de descomposición. Los discípulos, que aún no habían alcanzado el nivel de Cristo Jesús, se apartaron de aquella horrible visión, pero Cristo Jesús se detuvo, contempló pensativo al animal y dijo: «¡Qué dientes tan bonitos tiene este animal!».

Por muy feo que sea algo en este mundo, siempre hay algo bello en lo feo, una pizca de verdad en cada falsedad, algo bueno en cada maldad. ¡No hay por qué volverse acrítico! A menudo se interpreta como que ya no se puede encontrar nada malo, etc.; pero lo que se quiere decir es que en todo lo feo siempre hay una pizca de belleza y en todo lo malo hay algo bueno. Eso eleva las fuerzas superiores del alma. Todo eso forma parte de la preparación.

 En primer lugar, quería darles una idea del espíritu en el que se desarrolla la formación cristiano-gnóstica. En la formación rosacruz encontrarán el cristianismo más profundo y auténtico, podrán ser cristianos en el sentido más verdadero de la palabra, a pesar de toda la vida moderna. Se podía ser cristiano al estilo antiguo, mientras hubiera más posibilidades de retirarse del mundo y mientras no se hubieran instalado en nosotros las formas de pensamiento que hoy nos dificultan tanto serlo. Sin embargo, estas ideas, formadas a partir del pensamiento científico, dificultan que el ser humano asimile el cristianismo en su forma original. Son precisamente los espíritus más nobles los que dicen: «Ya no puedo conciliar nada con el cristianismo actual». Es cierto que el mundo espiritual vive a nuestro alrededor, pero también vive en nosotros lo que la época materialista produce en forma de pensamientos. Estamos constantemente rodeados de los pensamientos de la vida material tan marcados por ello. De modo que quien sea concienzudo debe decirse a sí mismo: nuestra época necesita un medio que pueda demostrar su eficacia en medio de todas estas ideas que nos invaden, para mantenernos firmes frente a todo lo que nos llega del mundo. 

La ciencia espiritual nos lo proporciona. Si rechazamos este medio, si no queremos apropiarnos de él, somos egoístas. La ciencia espiritual se considera la ejecutora testamentaria de lo que ya pretendía la teosofía medieval. Pero puede ser comprendida por todos, incluso por aquellos que conocen todas las objeciones justificadas de la ciencia natural. Hoy en día, cada uno puede encontrar en la teosofía orientada hacia la Rosacruz aquello que le lleva al conocimiento del mundo y también a la paz del alma, a la seguridad en la vida. La teosofía de la Rosacruz no es un conocimiento que sea meramente teórico y sobre el que se pueda discutir con meros argumentos, sino un conocimiento que debe fluir en toda nuestra cultura.  El teósofo formado en el sentido rosacruz conoce todas las objeciones que se pueden plantear; conoce todos los contraargumentos. Si se discutiera con argumentos en contra, ocurriría lo mismo que le sucedió a Eduard von Hartmann con su «Filosofía del inconsciente». Eduard von Hartmann publicó su «Filosofía del inconsciente». En ella había dicho cosas sobre el darwinismo y otros temas que se distinguían como un punto de vista superior frente al punto de vista materialista de la investigación científica. Todos los eruditos se levantaron contra él y apareció una avalancha de críticas contra esta «Filosofía de lo inconsciente». ¡Eduard von Hartmann fue llamado el mayor diletante! Entre estos numerosos folletos apareció también uno de autor anónimo, en el que se refutaba brillantemente la «filosofía del inconsciente» con todo lo que se podía argumentar si se dominaba el conocimiento de nuestra época. Este folleto fue muy aplaudido en todas partes. Y Oscar Schmidt, el famoso zoólogo, dijo, por ejemplo: «Es una pena que no sepamos quién ha escrito esta refutación, porque se trata de una persona que está a la vanguardia de las ciencias naturales de su época». Y Ernst Haeckel dijo: «¡Que se dé a conocer y lo contaremos entre los nuestros!». De hecho, este folleto causó un gran revuelo. Y se publicó una segunda edición con el nombre del autor, Eduard von Hartmann. Los naturalistas comenzaron a guardar silencio y el asunto no se dio a conocer mucho. Pero al menos existió. 

Como pueden ver, quien domina un punto de vista superior puede aducir por sí mismo los argumentos en contra; solo tiene que rebajarse a otro punto de vista. Y nosotros también, si hubiéramos tenido tiempo, podríamos haber aducido algunos de esos argumentos en contra. Pero, debido a la brevedad del tiempo, era importante que se nos comunicara lo que la investigación espiritual ya puede anunciar hoy sobre los hechos del mundo superior. Lo importante es que las cosas puedan tener un efecto beneficioso sobre el ser humano y que la ciencia espiritual sea capaz de mostrar cómo puede integrarse cada vez más en todas las ramas de la vida humana y fecundarlas. Y si tiene un efecto fecundante y sanador, entonces habrá aportado la mejor prueba de su legitimidad. Esta debe ser también la prueba que busca la ciencia espiritual. Por eso, el teósofo permanece bastante imperturbable cuando la gente sigue diciendo hoy en día: ¡Todo eso es solo fantasía! Todo lo que hoy es una bendición para la humanidad fue considerado en su momento como una fantasía. 

Un ejemplo de ello lo encontramos en los últimos años cuarenta del siglo XIX: entonces aún no existían nuestros sellos postales habituales. El sello postal fue inventado a finales de los años cuarenta por un tal Hill, en realidad un aficionado. La persona encargada de defenderlo en el Parlamento pronunció un curioso discurso. En primer lugar, dijo, no es posible que el tráfico aumente de la forma que calcula esta persona y, si fuera así, ¡habría que ampliar el edificio! 

Lo que hoy parece totalmente natural, es decir, ampliar el edificio cuando aumenta el tráfico, se ha descartado. Otro ejemplo: cuando se iba a construir el primer ferrocarril, se consultó al Colegio Médico de Baviera. Los señores dijeron que no se debía construir ningún ferrocarril, ya que tendría consecuencias terribles para el sistema nervioso de las personas que viajaran en él. Pero si se construía un ferrocarril, ¡había que levantar altos muros de madera a su alrededor para que los demás no sufrieran conmociones cerebrales!

Cuando apareció por primera vez, todo se consideraba algo fantástico. Pero la ciencia espiritual, si quiere convertirse en un hecho de la vida, debe penetrar directamente en lo que nos rodea a diario. Solo cuando se convierta en una fuerza que impulse toda nuestra vida, que penetre en nuestras actividades y acciones cotidianas, habrá demostrado su validez como realidad. La teosofía rosacruz parte de este punto de vista, y desde este punto de vista les pido que comprendan todo lo que se ha dicho en estas conferencias. En el futuro podrá convertirse en algo que influya en las fuerzas creativas del ser humano y le dé nuevos impulsos en los campos de la medicina y la educación, el arte y el conocimiento superior, lo que fluirá de forma inspiradora y vivificante en todas las ramas de la vida.

Desde este punto de vista se imparten estas conferencias, y desde este punto de vista les pido que las acepten.

Traducido por J.Luelmo dic, 2025

GA213 Dornach 2 de julio de 1922 - Preguntas humanas Respuestas cósmicas - Las sustancias terrestres de la naturaleza y sus efectos curativos. Esquisto, Cal, oxígeno, nitrógeno, carbono.

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Preguntas humanas - Respuestas cósmicas

RUDOLF STEINER

V conferencia

Dornach 2 de julio de 1922


En los últimos días les describí la relación del hombre con su entorno, tal como surge cuando dirigimos nuestra mirada de la tierra al mundo de las estrellas, especialmente al mundo de los planetas. Hoy quisiera añadir, al menos resumidamente, algunas de esas observaciones y experiencias que surgen de la visión espiritual de la relación del hombre con su entorno terrenal inmediato. Uno suele mirar lo que nos rodea de una manera, yo diría, bastante parecida y llega así a conceptos del ser bastante irreales. Les recuerdo lo que he dicho a menudo a este respecto, que cuando miramos un cristal de roca, por ejemplo, podemos decir en cierto modo desde nuestro punto de vista terrenal: Esto es algo completado en sí mismo. - En el acabado en el que el cristal de roca se nos presenta, siempre podemos ver algo separado, en una cierta relación, por supuesto.

No es así, por ejemplo, cuando cortamos una rosa y nos la llevamos a nuestra habitación. Como tal rosa con su tallo por si sola, no es concebible en absoluto dentro de la existencia terrenal; sólo es concebible cuando crece en la rama del rosal, que tiene tallo y raíz. Así pues, cuando hablamos de conformidad con la realidad, no debemos llamar objeto a una rosa en el mismo sentido que, por ejemplo, a un cristal de roca. Pues el lenguaje realista exige que comprendamos sólo lo que puede existir al menos relativamente en sí mismo. Ciertamente, desde otro punto de vista, el cristal de roca no puede considerarse como algo existente en sí mismo, pero ése es un tema diferente. El punto de vista de la simple observación del ser terrenal nos proporciona algo muy diferente como concepto de ser para el cristal de roca que para la rosa. Por desgracia, estas cosas no se tienen demasiado en cuenta. Por eso el pensamiento de las personas es tan irreal, y por eso les resulta tan difícil conectar lo que debe decirse de la observación espiritual con conceptos claros. Uno ciertamente llegaría a conceptos claros si observase repetidamente cosas simples como las que acabo de explicar.

Ahora bien, si observamos nuestra tierra, es decir, el entorno más cercano de la humanidad, primero encontramos en la superficie los diferentes tipos de tierra. Si miran ustedes a su alrededor, en las inmediaciones, encontrarán un tipo de tierra calcárea. Si nos dirigimos hacia el sur, encontraremos un tipo de tierra esquistosa. Primero mencionaré sólo estos dos tipos principales de tierra, la calcárea, la formación calcárea, que puede verse en particular como cal jurásica en la vecindad inmediata de Her, y las formaciones pizarrosas, donde la roca, el mineral, no está dispuesto en sí mismo de una manera tan compacta como en la formación calcárea, sino donde es pizarroso. Basta pensar en la pizarra arcillosa, incluso en el gneis, la pizarra de mica, etc., tal como se encuentran en los Alpes centrales. Se trata, en efecto, de un contraste muy importante en la existencia terrestre, la formación esquistosa y la formación calcárea. Si se observan tales depósitos rocosos, como también se les llama, se ven según los puntos de vista actuales de tal manera que en realidad sólo se explican por las leyes físico-minerales. No se tiene en cuenta que la Tierra es un todo. Echemos un vistazo a lo que hoy constituye una ciencia como la geología.

Se observan los tipos de tierra. Se observan las menas, los metales, los minerales en general que están almacenados en los tipos de tierra. Pero al observar la tierra geológicamente, uno la observa como si no contuviera en absoluto el actual mundo vegetal vivo y los seres humanos. Una observación de la tierra como la que hace la geología es en realidad como mirar un esqueleto humano por sí solo. Si observáramos un esqueleto humano aislado, tendríamos que decir que, de hecho, no es un ser completo en sí mismo. En ningún lugar del mundo puede existir algo como un esqueleto humano por sí solo. Puede ser el vestigio de un ser humano completo, pero nunca podría llegar a existir sin músculos, nervios, sangre y demás elementos. Por tanto, no debemos considerar el esqueleto humano como un ser aparte y pretender explicarlo sólo por sí mismo.

Del mismo modo, para quien no piensa de forma abstracta sino realista, la tierra con sus tipos de rocas no puede captarse sin tener en cuenta que la tierra es una totalidad, que el reino vegetal, el reino animal, el reino humano pertenecen a la tierra tanto como los músculos, la sangre, etc. pertenecen al esqueleto humano. Por ello hay que tener claro que mirar la tierra "geológicamente" significa renunciar de entrada a ir a lo real. No se obtiene nada real. Se obtiene algo que sólo puede existir dentro de un ser planetario si el mundo vegetal, el mundo animal y el mundo humano se encuentran en este ser planetario.

Si observamos primero lo que, digamos, pertenece al esqueleto terrestre y recorre la tierra como formación pizarrosa, parece ser muy diferente de la formación calcárea compacta. Y si aplicamos ahora los métodos que se han aplicado a los grandes esquemas del desarrollo de la tierra en mi "Ciencia Oculta en Esquema", entonces debemos rastrear efectivamente la diferencia entre la formación pizarrosa y la formación calcárea hasta la relación que una y otra formación tienen ahora con el hombre, con la existencia animal y vegetal. Hay que ver cómo lo que pertenece a la tierra como alma-espíritu se relaciona con estos tipos de roca.

No se comprende un esqueleto humano si no se le comprende en definitiva desde la naturaleza volitiva del ser humano, y no se comprende la formación pizarrosa, la formación calcárea, si no se las comprende en definitiva desde las tareas que tienen, tales formaciones, a lo que también está presente anímico-espiritualmente dentro de la existencia de la tierra. Y ahí hay una conexión íntima entre todo lo que es formación de pizarra y la existencia vegetal, entre todo lo que es formación de cal y la existencia animal.

Ciertamente, así como hoy tenemos ante nosotros la tierra, la roca que se encuentra en la pizarra, para encontrarse naturalmente también en las plantas. La roca o el mineral, que se encuentra en el animal, hay que buscarlo en las más variadas formaciones según su origen. Pero esto no es tan importante ahora; lo importante es que para la observación espiritual, para la experiencia espiritual, la forma especial en que el ser vegetal, todo el ser vegetal, pertenece a la tierra, se presenta de tal manera que tiene una cierta relación con la formación pizarrosa.

Si tuviera que dibujar esto esquemáticamente, tendría que dibujar algo así: 
Dibujo aquí la tierra (blanco), luego de alguna manera la formación de pizarra superpuesta (violeta), bastante esquemáticamente, y luego las plantas que crecen de la tierra hacia el universo (rojo). Espacialmente, las plantas no tienen por qué coincidir con la formación de pizarra, igual que, por ejemplo, el pensamiento, que tiene su base en la herramienta cerebral, no tiene por qué coincidir con el dedo gordo del pie cuando se mueve. No se trata de esta coincidencia espacial, sino del hecho de que si se intenta penetrar en la formación esquistosa no sólo mediante la investigación química y física, sino también por los medios de la investigación espiritual, tal como los he descrito, por ejemplo, en "¿Cómo se alcanza el conocimiento de los mundos superiores? " o "La ciencia oculta", se llega a la conclusión de que si las fuerzas contenidas en la pizarra actuaran por sí solas en la Tierra, tendrían que estar en conexión con un ser vivo que se desarrollara exactamente de la misma manera que se desarrolla el mundo vegetal. El mundo vegetal se desarrolla de tal manera que sólo representa la corporeidad física, la corporeidad etérica; eso está en las plantas mismas. Pero si vamos al astral del mundo vegetal, entonces debemos pensar en este astral del mundo vegetal como una atmósfera astral que rodea la tierra (naranja).

Las plantas no tienen cuerpos astrales en su interior. Pero la tierra está rodeada por una atmósfera astral, que durante el proceso de desarrollo de flores y frutos, por ejemplo, está definitivamente implicada. Todo el mundo vegetal de la tierra tiene un cuerpo astral uniforme que no se adentra en la propia planta, -a lo sumo un poco cuando el florecimiento pasa a la fructificación-, que esencialmente se cierne como una nube sobre la vegetación y la estimula a la formación de flores y frutos. 

Si no fuera por las fuerzas irradiantes que provienen de las rocas de las formaciones de esquisto, lo que allí se desarrolla tendría que decaer por sí mismo. Por tanto, en la formación de esquisto tenemos aquello que pugna por convertir toda la tierra en un organismo. En efecto, debemos considerar las plantas en relación con la tierra de forma similar a como consideramos nuestro cabello en relación con nosotros, los seres humanos, como una unidad. Y lo que mantiene unida esta organización global de la tierra son las fuerzas de radiación que emanan de las rocas de la formación de esquisto.

Estas cosas algún día serán corroboradas por la ciencia natural. Se dirá, por ejemplo, que el hombre también tiene su cuerpo físico y su cuerpo etérico. Su organización general se basa en una existencia vegetal. En efecto, podemos considerar al ser humano como un ser vegetal, sobre el que se superpone lo que es animal y lo que es humano. Si ahora se trata al ser humano en estado sano o enfermo con los minerales que provienen de las formaciones de pizarra, entonces también se podrá observar externamente en el ser humano, -lo que acabo de decirles se experimentará a través de la percepción espiritual-, cómo actúan los minerales de las formaciones de pizarra. Y en particular será significativo reconocer qué síntomas de enfermedad en el ser humano se deben a un crecimiento excesivo del vegetal. Un crecimiento excesivo del vegetal debe combatirse siempre tratando al ser humano con sustancias minerales de la formación de esquisto. Pues todo lo que pertenece a la formación de esquisto mantiene lo vegetal en el hombre en un estado normal, -si se me permite decirlo así-, del mismo modo que normaliza continuamente la existencia vegetal en la tierra. La vida vegetal crecería demasiado y se extendería por el espacio del mundo si no se mantuviera unida por las correspondientes fuerzas minerales de la formación pizarrosa. Algún día tendremos que estudiar una geografía y una geología vivas de la tierra desde este punto de vista, cuando nos demos cuenta de que lo que es, por así decirlo, el esqueleto de la tierra, no debe ser estudiado sólo por lo geológico, sino en conexión con todo el ser de la tierra, también con lo orgánico y con lo anímico-espiritual de la tierra.

Ahora bien, toda la vida vegetal está íntimamente relacionada con el sol, con la obra del sol. La acción del sol no se limita a los efectos etérico-físicos de los rayos del sol en forma de calor y luz, sino que incorporado en el calor y la luz hay un elemento anímico-espiritual. Este elemento anímico-espiritual está ahora en correspondencia con lo que está incorporado en la formación de pizarra. El hecho de que en cierto modo toda la pizarra esté distribuida en la tierra está relacionado con el hecho de que la vida vegetal en la tierra está diversamente formada. Lo local, como he dicho, no tiene el significado inmediato. No hay que imaginar, por ejemplo, que la formación de pizarra debe estar ahí para que la materia vegetal pueda crecer a partir de ella. Desde las formaciones de pizarra fluyen las radiaciones, que son llevadas sobre la tierra por todo tipo de corrientes, especialmente corrientes magnéticas, y de estas radiaciones de la formación de pizarra llevadas sobre la tierra se nutre lo vegetal. Por el contrario, allá donde la propia formación de pizarra está desarrollada al máximo, lo vegetal no puede florecer en la actualidad, porque la fuerza real de lo vegetal está demasiado fuertemente atraída hacia la propia tierra y, por lo tanto, no puede desarrollarse. Dicha atracción de lo vegetal a lo terrenal es tan predominante que lo vegetal, al que también pertenecen las fuerzas cósmicas, no puede desarrollarse en absoluto. Y por eso sólo se podrá obtener una visión de lo que es esquistoso dentro de la tierra si se puede retroceder, tal como lo presenta mi libro "La Ciencia Oculta", a la época en que la tierra misma tenía una existencia solar. Entonces la esquistosidad estaba preparada dentro de la tierra, no ya formada en su forma actual, sino preparada. En la época en que la tierra tenía una existencia solar, la vida física de la tierra sólo había alcanzado el estadio de una proliferación de vida vegetal. Y se podría decir realmente: Si se va retrospectivamente de la formación actual de la tierra a la formación lunar y solar más remota de la tierra, -pues éstas son sus etapas planetarias más remotas-, la existencia solar era de tal naturaleza que en ella no se desarrollaba un cierto ser vegetal o incluso animal. 

En aquella época, cuando la Tierra tenía una existencia solar, la vida física de la Tierra sólo había alcanzado el estadio de una proliferante vida vegetal. Y en realidad habría que decir que si uno mira hacia atrás desde la formación actual de la tierra hasta la formación lunar y solar más temprana de la tierra, -pues éstas son sus etapas planetarias más tempranas-, en aquel entonces la existencia solar no era apta para que se desarrollara en ella un ser vegetal o animal determinado. Las plantas actuales no existían durante la existencia solar, pero la tierra misma tenía una especie de existencia vegetal, y a partir de esta existencia vegetal, por un lado, se desarrolló el mundo vegetal, y por otro lado, aquello que también es una fuerza formativa en el mundo vegetal se endureció en la formación pizarrosa. Así que la formación de pizarra es el intelecto terrenal que ha sido sacado de la naturaleza vegetal de la tierra.

Si, por el contrario, nos fijamos en la formación calcárea, muestra a la mirada suprasensible que ésta formación calcárea está íntimamente conectada con todo lo que hay en la tierra, lo cual, -si se me permite la expresión-, impregna de independencia la existencia animal. La planta está ligada a la tierra, está conectada con la tierra como nuestro pelo lo está con la base de nuestra piel. El animal se mueve. Pero las radiaciones de la formación calcárea están conectadas no tanto con esta movilidad como tal, que es una movilidad local, sino con la formación independiente del animal.

Si observan ustedes una planta, podrán verlo: Ésta crece con su raíz hacia la tierra, se hunde en la tierra, pugna por dirigirse hacia el centro de la tierra, por así decirlo, y luego se despliega hacia el exterior. En la forma de la planta se puede reconocer lo que resulta de todo el ser de la planta en la existencia de la tierra. Con una forma más complicada, la descripción también debe complicarse, por supuesto, pero sigue siendo esencialmente la misma. La planta no es independiente. Donde se inserta en la tierra, se contrae, se une a la existencia de la tierra; donde sobresale, se extiende e irradia hacia la luz que brilla en todas direcciones. La mejor manera de comprender esta forma vegetal es observarla en estrecha relación con la posición de la planta respecto a la tierra.

Si bien es verdad que en un cierto, me gustaría decir "esquema básico" de la forma animal, por ejemplo en la columna vertebral horizontal, en las extremidades que se mueven hacia abajo, también se aprecia algo que se adapta a la existencia terrenal, pero a la vez el animal se distingue en su diseño de forma totalmente independiente de lo terrenal. En cada forma animal se puede ver que no está meramente adaptada a lo terrenal como la planta, sino que tiene algo totalmente independiente, formado en sí mismo. El animal está suelto, separado de la tierra, incluso en su forma.

Ahora se presenta a la observación suprasensible lo siguiente: Todo lo que irradia de la luz de la luna en el sentido en que lo he descrito en estos días, todo lo que fluye a la tierra desde la luna a través de la luz solar retroactiva, todo lo que entonces también fluye a nuestra vida-pensante y trabaja en ella como lo formativo, esto también lleva las formas animales. Esencialmente, todo lo que es indefinido, voluntad sin forma en el animal se encuentra dentro de la luz directa del sol. Pero todo lo que da al animal su forma independiente, que no está adaptado a lo terrenal, está, -sí, hay que expresarlo en el sentido muy propio-, flotando desde el resplandor de la luz de la luna.

Desde la luna descienden a la tierra todas las formas. El hecho de que los distintos animales tengan formas diferentes depende de que la luna pase por el zodíaco. Dependiendo de si está en Aries, Tauro o Géminis, ejerce un poder formativo sobre los animales de diferentes maneras. Esto también da lugar a una interesante conexión entre el zodíaco y la propia forma animal, que fue intuida en la antigua sabiduría onírica. Ahora bien, lo que en cierto modo atrae hacia la tierra estas formaciones, porque de lo contrario se perderían en la circunferencia de la tierra como una niebla, son las fuerzas que emanan de la formación calcárea. El mineral en la tierra no sólo irradia radio, el mineral en la tierra irradia muchas cosas. Y así, por un lado, debemos buscar en la formación de pizarra aquello que sujeta lo vegetal a la tierra, y en la formación de cal aquello que extrae de lo lunar todo lo que ahora vive en las formas animales especiales. Y así, a través de la contemplación espiritual, llegamos a ver cómo la formación de pizarra en la tierra está conectada con la formación del mundo vegetal, y cómo la formación de cal está conectada con la formación del mundo animal.

Hay que tener claro que lo que encontramos de este modo, por ejemplo en la formación de la cal, se puede encontrar en todos los detalles de la vida orgánica. Uno puede observar con bastante precisión, si dispone de los medios para tales observaciones, que hay, por ejemplo, seres humanos que están, por así decirlo, fuertemente inclinados hacia la formación esquelética. Con esto no quiero decir que tengan un esqueleto fuerte, sino que también tienen muchos depósitos de calcio en el resto de su organismo. Hay, si se me permite la expresión, gente más calcárea y gente menos calcárea. Desde luego no hay que imaginarse que esto es tan terriblemente burdo; desde luego hay que pensarlo en dosis muy homeopáticas, pero tiene su gran significado. Las personas más calcáreas son por regla general las más inteligentes, las que pueden mantener unidos conceptos refinados y volver a desgranarlos. No piensen que pretendo explicar materialistamente al ser humano con algo así; por supuesto que no se me ocurre. Pues el hecho de que una persona deposita más cal que otra está conectado con su karma. Así que hacia adelante y hacia atrás las cosas ya están relacionadas con lo espiritual. Pero ahí consiste precisamente el conocimiento real y penetrante del mundo, en que no se habla borrosamente de lo espiritual y lo material, sino que se sabe cómo lo espiritual actúa creativamente dando forma a lo material a partir de sí mismo. Un ser humano que, por su vida terrenal anterior, está predispuesto a convertirse en una persona especialmente inteligente en una encarnación, por ejemplo, un matemático especialmente bueno, desarrolla entre la muerte y un nuevo nacimiento tales fuerzas anímico-espirituales, que luego depositan el calcio en él. Somos dependientes de depósitos calcáreos en nosotros si queremos llegar a ser inteligentes. En cambio, si queremos desarrollar más la voluntad, dependemos más de los depósitos de arcilla, de aquello que vive, por ejemplo, en la formación de la pizarra, la arcilla.

Lo material sólo puede comprenderse si puede captarse en constante conexión con lo espiritual. Así se puede decir que la formación calcárea contiene en sí misma aquellas radiaciones y corrientes que son adecuadas no sólo para formar el animal en sus formas en la tierra, sino también aquello que ahora trabaja en nosotros como fundamento material, para que podamos formar los pensamientos en nuestro interior. Afuera en el espacio están las muchas formas animales. Dentro de nuestro intelecto están los pensamientos-forma. Los cuales no son otra cosa que las formas animales transformadas en espirituales. Todo el reino animal es al mismo tiempo el intelecto; todo este reino animal, proyectado hacia el hombre interior, para que aparezca allí en las formas-pensamientos en movimiento, eso es el intelecto. Pero del mismo modo que el reino animal exterior necesita la formación de cal para su formación, así nosotros necesitamos, por así decirlo, una fina deposición de cal interior, por lo tanto también una formación de cal, para llegar a ser inteligentes. Por supuesto, esto no debe hacerse en un grado exagerado. Si el hombre segregara cal en un grado exagerado, a su vez separaría su inteligencia de sí mismo, no permanecería con él. Por así decirlo, daría ocasión a que la sabiduría se desarrollara objetivamente, pero no permanecería con su personalidad. Todo está ligado a una cierta medida. Y si profundizamos en estas cosas, llegamos a conclusiones interesantes sobre cómo el mineral tiene una cierta importancia en la vida del ser humano, del animal y de la planta. Si consideramos todo lo que actúa en nosotros como fuerzas parecidas a la cal, pues, acabamos de decirlo, llegamos a aquello que pugna por formarse, que nos lleva a convertirnos en seres humanos interiormente consolidados. Pero lo que está conectado en nosotros con las fuerzas de lo arcilloso, lo arcilloso-limoso, en particular, nos lleva a convertirnos en personas que pugnan contra lo sólido, que no toleran lo sólido en sí mismas, sino que lo disuelven, lo licúan, lo hacen vegetal. Y el ser humano es en realidad siempre una especie de interacción de lo calcáreo y lo arcilloso, es decir, por supuesto, de las fuerzas internas que hay en lo calcáreo y lo arcilloso. 

Ahora observemos más de cerca la pizarra. En mucho de lo que es pizarroso encontramos lo silíceo, lo semejante al silicio, lo que encontramos en particular en el cristal de roca, en el cuarzo. Las fuerzas que están en el cristal de roca y en el cuarzo están también en sus radiaciones y corrientes en el propio hombre. Y si el hombre sólo tuviera estas fuerzas, que de este modo ya absorbe en sí mismo con lo pizarroso más duro, si el hombre sólo tuviera, por así decirlo, las fuerzas semejantes al cuarzo dentro de sí mismo, entonces estaría continuamente expuesto al peligro de retroceder anímica y espiritualmente a lo que era entre la muerte y el nuevo nacimiento, antes de entrar en la tierra. El cuarzo quiere sacar al ser humano de sí mismo, devolverlo a su ser todavía incorpóreo. Esta fuerza, que quiere devolver al hombre a su ser incorpóreo, debe ser contrarrestada por otra, que es la fuerza del carbono. El hombre contiene carbono de muchas maneras. El carbono, por supuesto, sólo es considerado externamente por la ciencia natural actual, sólo por procedimientos físicos, químicos. En realidad, sin embargo, el carbono es lo que nos mantiene siempre con nosotros mismos. En realidad, es nuestra casa. Es en lo que vivimos, mientras que el silicio quiere sacarnos de nuestra casa y devolvernos a la época en la que estábamos antes de mudarnos a nuestra casa de carbono.

Y así lo que en nosotros es carbón y silicio tiene que librar una lucha perpetua. Pero en esta lucha reside nuestra vida. Si consistiéramos sólo de carbono, -por ejemplo, el mundo físico vegetal está basado en el carbono-, entonces estaríamos ligados sólo a la tierra. No podríamos hacernos una idea de nuestra existencia extraterrestre. Lo que sabemos de ella, se lo debemos al elemento silíceo dentro de nosotros. Pero cuando uno ve a través de esto, uno ve a su vez qué poderes curativos contiene en sí mismo el silicio, el cuarzo o el elemento silíceo. Si un hombre está enfermo porque tiene demasiada tendencia al carbono, como es el caso de todas las enfermedades relacionadas con ciertos depósitos de productos metabólicos, entonces se le debe dar sílice como remedio. Especialmente si los depósitos son periféricos o en la cabeza, la sílice es un remedio poderoso.

Así que ya ven ustedes que cuando uno ve a través de un conocimiento global, que es al mismo tiempo conocimiento de la naturaleza y conocimiento del espíritu, que busca lo espiritual en todo lo que es meramente material y a su vez encuentra lo material en todo lo que es espiritual, donde lo espiritual es concebido como creativo, sólo entonces surge aquello que primero explica la existencia humana, pero luego también explica cómo tiene uno que comportarse cuando esta existencia humana es perturbada en sus funciones.
Es de especial importancia considerar lo que vive en el ser humano como nitrógeno, el propio nitrógeno y sus compuestos. El hecho de que el hombre tenga nitrógeno en su interior le hace capaz de permanecer siempre abierto, por así decirlo, al universo. Sólo puedo volver a dibujar esto esquemáticamente. Supongamos que lo representado en color blanco es el organismo humano. El hecho de que el hombre contenga nitrógeno en su interior, o cuerpos que contienen nitrógeno, en cierto sentido elude sujetarse a las reglas del sistema orgánico en todas partes: a lo largo de las líneas de nitrógeno en el cuerpo, este deja de afirmar su propia regularización. Y de ese modo la regularización cósmica puede entrar en todas partes (rojo). A lo largo de la línea de nitrógeno en el cuerpo humano, lo cósmico se afirma en el cuerpo. Se puede decir que en la medida en que el nitrógeno actúa en mí, así también actúa en mí el cosmos, hasta la estrella más lejana. Lo que hay en mí de fuerzas de nitrógeno atrae hacia mí las fuerzas de todo el cosmos. Si yo no fuera un organismo nitrogenado, me excluiría de todo lo que viene del cosmos.

Y cuando las fuerzas cósmicas tienen que desplegarse de un modo especial, como sucede, por ejemplo, cuando se produce la fecundación humana, cuando el embrión humano se desarrolla en el vientre de la madre, que al fin y al cabo está modelado según el cosmos, esto sólo es posible gracias a que las sustancias nitrogenadas en particular dejan al ser humano libre para que el cosmos influya en él. Pero en el universo y en la existencia humana todo está dispuesto de tal manera que no debe irse a los extremos. De hecho, si se permitiera que prevaleciera la acción unilateral, todo llevaría a los extremos. Si el nitrógeno, que impulsa al hombre a expandirse siempre espiritualmente en el espacio cósmico, pudiera ejercer toda su fuerza sobre el organismo humano, trabajaría conjuntamente con el elemento sílice, que induce al hombre, diría yo, a perderse en el pasado espiritual. – y el efecto sería que uno caería constantemente en la inconsciencia.

Ahora bien, siempre es interesante que cuando uno observa algo en la naturaleza o en el hombre, las cosas importantes juegan un doble papel. Lo que por un lado da al hombre la impronta física para la astucia, lo calcáreo, por otro lado contrarresta a su vez este efecto del nitrógeno. De modo que podemos decir: Por un lado, el silicio y el carbono forman un polo opuesto en el hombre; por el otro lado, el nitrógeno y la cal forman otro polo opuesto.

Lo calcáreo en el ser humano influye en él de tal manera que una y otra vez antepone su propia organización a aquello que desde lo cósmico quiere obrar en él a través del nitrógeno. Mediante el nitrógeno actúa lo cósmico (rojo); mediante el efecto de la cal, lo que sale del organismo humano se opone a su vez en oscilación (azul). De modo que en el cuerpo en los lugares más diversos hay una acción hacia dentro del cosmos y un lanzamiento hacia fuera de los efectos cósmicos. Y esto es siempre una oscilación de ida y vuelta: efecto nitrógeno, efecto cal, efecto nitrógeno, efecto cal. Como ven, no sólo podemos relacionar al hombre con el mundo de las estrellas, sino también situarlo en su entorno terrenal inmediato.

En el último número del "Goetheanum" subrayé expresamente en un aforismo que el materialismo como visión del mundo no proviene en realidad de conocer demasiado bien la materia; la conocemos demasiado mal. ¿Cuánto sabemos del carbono? Sabemos que se encuentra en la naturaleza en forma de carbón, grafito y diamante. Luego describimos estos cuerpos según sus propiedades físicas. Pero no sabemos que el carbono es lo que nos mantiene unidos, para que seamos un organismo humano unificado, y que es constantemente contrarrestado por el sílice que quiere alejarnos de nosotros mismos.

Sólo se aprende a conocer la materia cuando también se la conoce en su espiritualidad. Porque dondequiera que esté la materia, el espíritu la impregna. Pero, por supuesto, no se llegará a ninguna parte estacándose en un mero panteísmo nebuloso y borroso diciendo en todas partes: donde hay materia, hay espíritu. Uno no debe únicamente saber que la cal, el sílice, el carbono, el nitrógeno contienen espíritu; eso es evidente, pero no es suficiente, ya que sólo se puede avanzar en la vida si se pueden ver las cosas desde todos los ángulos. También hay que saber cómo las sustancias individuales son, por así decirlo, encarnaciones, materializaciones de efectos espirituales. Hay que ser capaces de ver cómo lo calcáreo organiza al ser humano en sí mismo, y cómo lo nitrogenado busca constantemente interpenetrarlo con lo cósmico.

Las plantas, que deben estar siempre en relación con lo cósmico, pues crecen de la tierra al cosmos, necesitan conexiones de nitrógeno para su crecimiento; y también se podrá estudiar correctamente el crecimiento de las plantas si se tiene presente esta conexión de la que acabo de hablarles.

Estas cuestiones tienen, en primer lugar, su vertiente científica; aprendemos a conocer el mundo sólo cuando comprendemos la verdadera naturaleza de las cosas; pero también tienen su lado práctico. Y realmente nunca se va más allá de los aspectos más primitivos si no se pueden evaluar las cosas en sus conexiones más amplias. Luego habrá que entrar en detalles y descubrir cómo entran las combinaciones de nitrógeno necesarias en el crecimiento de las plantas. Como sabes, esto por sí solo es un tema de estudio muy importante; pero también en la agricultura este estudio sólo puede ser completo si se sigue los métodos de la ciencia espiritual. Sólo la ciencia espiritual es la verdadera ciencia de la realidad.

Ya ven, todo lo que les estoy presentando debe encontrarse a su vez con los métodos de la ciencia espiritual de hoy, que se están desarrollando cada vez más hacia el futuro. Pues una ciencia más antigua poseía estas cosas sólo a través de una especie de clarividencia onírica. Debemos alcanzar una clarividencia plenamente consciente. A menudo lo he descrito. Hoy en día no podemos simplemente retomar estas cosas que la humanidad conoció en su día desde un organismo humano muy diferente. Por supuesto, no tiene sentido que la gente sólo quiera estudiar la antigua ciencia, pues al hacerlo no comprende las cosas. Por el contrario, sólo se vuelven a comprender las cosas antiguas cuando se las puede iluminar espiritualmente de la manera correcta. Pero sin embargo es maravilloso cómo, en el fondo, me gustaría decir por una especie de instinto, hoy en día en todas partes lo científico ya ha tendido hacia aquello que antaño se encontraba a través de la clarividencia onírica.

Tomemos un caso particular. El caso en que los antiguos iniciados asumían plomo por todas partes en la existencia terrenal etérea. Pues atribuían a la radiación del plomo lo que actúa en la forma humana desde el extremo más exterior, de arriba hacia abajo. Ellos veían en el plomo, que está muy extendido en la tierra, algo que está relacionado con la formación interior del ser humano, especialmente con la autoconciencia humana. Ahora, por supuesto, el pensador materialista de hoy dirá:

Pero el plomo no desempeña ningún papel en el organismo humano. - El antiguo iniciado le habría dicho: No pensábamos en un plomo tan groseramente presente como tú crees, sino en un plomo muy sutil, presente sólo en el efecto de la fuerza. Y tal plomo es muy común. - Entonces el antiguo iniciado habría dicho.

¿Qué dice el estudiante moderno de ciencias naturales? Dice: Hay minerales que desprenden radiaciones, entre ellos los llamados radiactivos. Las radiaciones del uranio son, por supuesto, conocidas; se sabe que salen ciertos rayos, llamados rayos alfa; luego, la parte restante, durante la radiación ulterior, sufre ciertos cambios e incluso llega a poseer, como dicen los químicos, un peso atómico diferente. Brevemente, en la materia radiactiva se producen transmutaciones. De hecho, hoy en día hay quienes ya hablan de una especie de renacimiento de las antiguas metamorfosis místicas de la materia. Pero ahora los que han investigado estas cosas dicen: Estas radiaciones dan lugar a algo que aparece como un producto terminal, ya no radiactivo, y que tiene las propiedades del plomo. Así se puede aprender estrictamente de las investigaciones de la ciencia moderna que existen sustancias radiactivas; dentro de la fuente de estas radiaciones radiactivas hay algo que, de acuerdo con sus fuerzas inherentes, está en proceso de formación. Siempre hay un contenido de plomo en todas partes.

Como ven, la ciencia natural moderna se está acercando a la antigua ciencia iniciática de una manera muy alarmante. Y así como hoy ya está, -quiero decir con la nariz, al menos con la nariz de los instrumentos físicos-, siendo hurgada en el plomo, también lo será en los otros metales. Y entonces, poco a poco, ya llegará a saber lo que se quiso decir cuando se decía que el plomo se encuentra por todas partes en lo natural. Como ven, sólo con una visión científico-espiritual se puede ver a través del significado de aquello que hoy aparece incluso en la ciencia natural y con lo que no se sabe muy bien qué hacer en la esencia más amplia de la cognición.

Ahora bien, una cosa más importante en este campo es la siguiente:

El aire, que también forma parte de nuestro entorno terrestre inmediato, está compuesto de oxígeno y nitrógeno. Inicialmente, no podemos utilizar el nitrógeno para nuestra vida física. Respiramos el oxígeno. Éste se transforma en nosotros, o más bien se forma en nosotros ácido carbónico, que luego exhalamos. Así que al principio podría surgir la pregunta: ¿Cuál es el significado principal del nitrógeno, que no está unido químicamente al oxígeno, sino que sólo vive ahí fuera en una especie de mezcla íntima con el oxígeno? No podemos vivir en nitrógeno. Necesitamos oxígeno para vivir. Pero sin el nitrógeno, nuestro yo y nuestro cuerpo astral, cuando están fuera del cuerpo físico mientras dormimos, no tendrían posibilidad de existir. Pereceríamos si desde que nos dormimos hasta que nos despertamos no pudiéramos sumergirnos en el nitrógeno. Nuestro cuerpo físico y nuestro cuerpo etérico necesitan el oxígeno del aire; nuestro yo y nuestro cuerpo astral necesitan el nitrógeno. El nitrógeno es lo que nos lleva a una relación íntima con el mundo espiritual. Es el puente hacia el mundo espiritual en el estado en que se encuentra nuestra alma mientras dormimos. Tomemos lo que he dicho antes junto con lo que he dicho aquí sobre el nitrógeno. El nitrógeno atrae lo cósmico del entorno. Nos prepara para lo cósmico cuando está dentro de nosotros. Cuando está fuera de nosotros, hace que lo que no es apto para esta tierra viva espiritualmente en sí mismo. Así que debemos decir que el nitrógeno no está mezclado con el aire porque sí; está mezclado con él porque es el elemento mortal físicamente y vivificante espiritualmente dentro de la existencia de la tierra. Y cuando entre el dormir y el despertar escapamos de las fuerzas físicas de la muerte a otra existencia en nuestra vida anímica, nos sumergimos en el elemento nitrógeno, que forma el puente entre nuestra vida anímico-espiritual y el cosmos. Con nuestra existencia terrenal-personal estamos enraizados en el carbono; con nuestra vida anímico-espiritual, en el nitrógeno. En la existencia terrenal, el carbono y el nitrógeno se relacionan entre sí y con el hombre como acabo de describir.

Fíjense en el carbono. Está presente en el carbón común, en el grafito y en el diamante. Estas son las tres formas diferentes en las que se puede encontrar el carbono. Lo que se ve del carbono en el carbón negro y hollín, en el diamante y en el grafito, también lo llevamos en nosotros de otra forma. Puede que no seamos mucho, pero seguimos siendo un pequeño diamante. Eso nos sostiene en nuestro hogar terrenal. Ahí es donde mora nuestra alma espiritual cuando habita en el cuerpo.

El nitrógeno que está presente en los diversos compuestos nitrogenados, ácido nítrico, etc., en el salitre, es el que continuamente nos permite salir de nosotros mismos, el que forma el puente, como he dicho, hacia el alma espiritual del cosmos. También esto debe encontrarse de nuevo a través de la ciencia espiritual más nueva. Una vez estuvo presente en el conocimiento terrenal, pero sólo de un modo onírico. En la antigua clarividencia fue visto por los antiguos iniciados.

Como he dicho a menudo, sólo conseguimos el debido respeto por un antiguo iniciado cuando redescubrimos aquellas cosas que no se pueden reconocer en las tradiciones. Sólo cuando podemos encontrarlas por nosotros mismos podemos apreciarlas de nuevo en las tradiciones. De este modo, cuando redescubrimos estas cosas, también llegamos a una veneración religiosa de lo que fue la sabiduría original de la humanidad.

Ahora hablaré en una próxima ocasión de cómo todo este redescubrimiento está relacionado con el Misterio del Gólgota. Para ello necesitaba, quiero decir, requisitos previos científico-espirituales y científico-naturales, y muchas cosas de la existencia del mundo y de la humanidad se habrán vuelto transparentes para ustedes precisamente a través de estas reflexiones.

Traducido por J.Luelmo oct.2023