CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

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GA213 Dornach 2 de julio de 1922 - Preguntas humanas Respuestas cósmicas - Las sustancias terrestres de la naturaleza y sus efectos curativos. Esquisto, Cal, oxígeno, nitrógeno, carbono.

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Preguntas humanas - Respuestas cósmicas

RUDOLF STEINER

V conferencia

Dornach 2 de julio de 1922


En los últimos días les describí la relación del hombre con su entorno, tal como surge cuando dirigimos nuestra mirada de la tierra al mundo de las estrellas, especialmente al mundo de los planetas. Hoy quisiera añadir, al menos resumidamente, algunas de esas observaciones y experiencias que surgen de la visión espiritual de la relación del hombre con su entorno terrenal inmediato. Uno suele mirar lo que nos rodea de una manera, yo diría, bastante parecida y llega así a conceptos del ser bastante irreales. Les recuerdo lo que he dicho a menudo a este respecto, que cuando miramos un cristal de roca, por ejemplo, podemos decir en cierto modo desde nuestro punto de vista terrenal: Esto es algo completado en sí mismo. - En el acabado en el que el cristal de roca se nos presenta, siempre podemos ver algo separado, en una cierta relación, por supuesto.

No es así, por ejemplo, cuando cortamos una rosa y nos la llevamos a nuestra habitación. Como tal rosa con su tallo por si sola, no es concebible en absoluto dentro de la existencia terrenal; sólo es concebible cuando crece en la rama del rosal, que tiene tallo y raíz. Así pues, cuando hablamos de conformidad con la realidad, no debemos llamar objeto a una rosa en el mismo sentido que, por ejemplo, a un cristal de roca. Pues el lenguaje realista exige que comprendamos sólo lo que puede existir al menos relativamente en sí mismo. Ciertamente, desde otro punto de vista, el cristal de roca no puede considerarse como algo existente en sí mismo, pero ése es un tema diferente. El punto de vista de la simple observación del ser terrenal nos proporciona algo muy diferente como concepto de ser para el cristal de roca que para la rosa. Por desgracia, estas cosas no se tienen demasiado en cuenta. Por eso el pensamiento de las personas es tan irreal, y por eso les resulta tan difícil conectar lo que debe decirse de la observación espiritual con conceptos claros. Uno ciertamente llegaría a conceptos claros si observase repetidamente cosas simples como las que acabo de explicar.

Ahora bien, si observamos nuestra tierra, es decir, el entorno más cercano de la humanidad, primero encontramos en la superficie los diferentes tipos de tierra. Si miran ustedes a su alrededor, en las inmediaciones, encontrarán un tipo de tierra calcárea. Si nos dirigimos hacia el sur, encontraremos un tipo de tierra esquistosa. Primero mencionaré sólo estos dos tipos principales de tierra, la calcárea, la formación calcárea, que puede verse en particular como cal jurásica en la vecindad inmediata de Her, y las formaciones pizarrosas, donde la roca, el mineral, no está dispuesto en sí mismo de una manera tan compacta como en la formación calcárea, sino donde es pizarroso. Basta pensar en la pizarra arcillosa, incluso en el gneis, la pizarra de mica, etc., tal como se encuentran en los Alpes centrales. Se trata, en efecto, de un contraste muy importante en la existencia terrestre, la formación esquistosa y la formación calcárea. Si se observan tales depósitos rocosos, como también se les llama, se ven según los puntos de vista actuales de tal manera que en realidad sólo se explican por las leyes físico-minerales. No se tiene en cuenta que la Tierra es un todo. Echemos un vistazo a lo que hoy constituye una ciencia como la geología.

Se observan los tipos de tierra. Se observan las menas, los metales, los minerales en general que están almacenados en los tipos de tierra. Pero al observar la tierra geológicamente, uno la observa como si no contuviera en absoluto el actual mundo vegetal vivo y los seres humanos. Una observación de la tierra como la que hace la geología es en realidad como mirar un esqueleto humano por sí solo. Si observáramos un esqueleto humano aislado, tendríamos que decir que, de hecho, no es un ser completo en sí mismo. En ningún lugar del mundo puede existir algo como un esqueleto humano por sí solo. Puede ser el vestigio de un ser humano completo, pero nunca podría llegar a existir sin músculos, nervios, sangre y demás elementos. Por tanto, no debemos considerar el esqueleto humano como un ser aparte y pretender explicarlo sólo por sí mismo.

Del mismo modo, para quien no piensa de forma abstracta sino realista, la tierra con sus tipos de rocas no puede captarse sin tener en cuenta que la tierra es una totalidad, que el reino vegetal, el reino animal, el reino humano pertenecen a la tierra tanto como los músculos, la sangre, etc. pertenecen al esqueleto humano. Por ello hay que tener claro que mirar la tierra "geológicamente" significa renunciar de entrada a ir a lo real. No se obtiene nada real. Se obtiene algo que sólo puede existir dentro de un ser planetario si el mundo vegetal, el mundo animal y el mundo humano se encuentran en este ser planetario.

Si observamos primero lo que, digamos, pertenece al esqueleto terrestre y recorre la tierra como formación pizarrosa, parece ser muy diferente de la formación calcárea compacta. Y si aplicamos ahora los métodos que se han aplicado a los grandes esquemas del desarrollo de la tierra en mi "Ciencia Oculta en Esquema", entonces debemos rastrear efectivamente la diferencia entre la formación pizarrosa y la formación calcárea hasta la relación que una y otra formación tienen ahora con el hombre, con la existencia animal y vegetal. Hay que ver cómo lo que pertenece a la tierra como alma-espíritu se relaciona con estos tipos de roca.

No se comprende un esqueleto humano si no se le comprende en definitiva desde la naturaleza volitiva del ser humano, y no se comprende la formación pizarrosa, la formación calcárea, si no se las comprende en definitiva desde las tareas que tienen, tales formaciones, a lo que también está presente anímico-espiritualmente dentro de la existencia de la tierra. Y ahí hay una conexión íntima entre todo lo que es formación de pizarra y la existencia vegetal, entre todo lo que es formación de cal y la existencia animal.

Ciertamente, así como hoy tenemos ante nosotros la tierra, la roca que se encuentra en la pizarra, para encontrarse naturalmente también en las plantas. La roca o el mineral, que se encuentra en el animal, hay que buscarlo en las más variadas formaciones según su origen. Pero esto no es tan importante ahora; lo importante es que para la observación espiritual, para la experiencia espiritual, la forma especial en que el ser vegetal, todo el ser vegetal, pertenece a la tierra, se presenta de tal manera que tiene una cierta relación con la formación pizarrosa.

Si tuviera que dibujar esto esquemáticamente, tendría que dibujar algo así: 
Dibujo aquí la tierra (blanco), luego de alguna manera la formación de pizarra superpuesta (violeta), bastante esquemáticamente, y luego las plantas que crecen de la tierra hacia el universo (rojo). Espacialmente, las plantas no tienen por qué coincidir con la formación de pizarra, igual que, por ejemplo, el pensamiento, que tiene su base en la herramienta cerebral, no tiene por qué coincidir con el dedo gordo del pie cuando se mueve. No se trata de esta coincidencia espacial, sino del hecho de que si se intenta penetrar en la formación esquistosa no sólo mediante la investigación química y física, sino también por los medios de la investigación espiritual, tal como los he descrito, por ejemplo, en "¿Cómo se alcanza el conocimiento de los mundos superiores? " o "La ciencia oculta", se llega a la conclusión de que si las fuerzas contenidas en la pizarra actuaran por sí solas en la Tierra, tendrían que estar en conexión con un ser vivo que se desarrollara exactamente de la misma manera que se desarrolla el mundo vegetal. El mundo vegetal se desarrolla de tal manera que sólo representa la corporeidad física, la corporeidad etérica; eso está en las plantas mismas. Pero si vamos al astral del mundo vegetal, entonces debemos pensar en este astral del mundo vegetal como una atmósfera astral que rodea la tierra (naranja).

Las plantas no tienen cuerpos astrales en su interior. Pero la tierra está rodeada por una atmósfera astral, que durante el proceso de desarrollo de flores y frutos, por ejemplo, está definitivamente implicada. Todo el mundo vegetal de la tierra tiene un cuerpo astral uniforme que no se adentra en la propia planta, -a lo sumo un poco cuando el florecimiento pasa a la fructificación-, que esencialmente se cierne como una nube sobre la vegetación y la estimula a la formación de flores y frutos. 

Si no fuera por las fuerzas irradiantes que provienen de las rocas de las formaciones de esquisto, lo que allí se desarrolla tendría que decaer por sí mismo. Por tanto, en la formación de esquisto tenemos aquello que pugna por convertir toda la tierra en un organismo. En efecto, debemos considerar las plantas en relación con la tierra de forma similar a como consideramos nuestro cabello en relación con nosotros, los seres humanos, como una unidad. Y lo que mantiene unida esta organización global de la tierra son las fuerzas de radiación que emanan de las rocas de la formación de esquisto.

Estas cosas algún día serán corroboradas por la ciencia natural. Se dirá, por ejemplo, que el hombre también tiene su cuerpo físico y su cuerpo etérico. Su organización general se basa en una existencia vegetal. En efecto, podemos considerar al ser humano como un ser vegetal, sobre el que se superpone lo que es animal y lo que es humano. Si ahora se trata al ser humano en estado sano o enfermo con los minerales que provienen de las formaciones de pizarra, entonces también se podrá observar externamente en el ser humano, -lo que acabo de decirles se experimentará a través de la percepción espiritual-, cómo actúan los minerales de las formaciones de pizarra. Y en particular será significativo reconocer qué síntomas de enfermedad en el ser humano se deben a un crecimiento excesivo del vegetal. Un crecimiento excesivo del vegetal debe combatirse siempre tratando al ser humano con sustancias minerales de la formación de esquisto. Pues todo lo que pertenece a la formación de esquisto mantiene lo vegetal en el hombre en un estado normal, -si se me permite decirlo así-, del mismo modo que normaliza continuamente la existencia vegetal en la tierra. La vida vegetal crecería demasiado y se extendería por el espacio del mundo si no se mantuviera unida por las correspondientes fuerzas minerales de la formación pizarrosa. Algún día tendremos que estudiar una geografía y una geología vivas de la tierra desde este punto de vista, cuando nos demos cuenta de que lo que es, por así decirlo, el esqueleto de la tierra, no debe ser estudiado sólo por lo geológico, sino en conexión con todo el ser de la tierra, también con lo orgánico y con lo anímico-espiritual de la tierra.

Ahora bien, toda la vida vegetal está íntimamente relacionada con el sol, con la obra del sol. La acción del sol no se limita a los efectos etérico-físicos de los rayos del sol en forma de calor y luz, sino que incorporado en el calor y la luz hay un elemento anímico-espiritual. Este elemento anímico-espiritual está ahora en correspondencia con lo que está incorporado en la formación de pizarra. El hecho de que en cierto modo toda la pizarra esté distribuida en la tierra está relacionado con el hecho de que la vida vegetal en la tierra está diversamente formada. Lo local, como he dicho, no tiene el significado inmediato. No hay que imaginar, por ejemplo, que la formación de pizarra debe estar ahí para que la materia vegetal pueda crecer a partir de ella. Desde las formaciones de pizarra fluyen las radiaciones, que son llevadas sobre la tierra por todo tipo de corrientes, especialmente corrientes magnéticas, y de estas radiaciones de la formación de pizarra llevadas sobre la tierra se nutre lo vegetal. Por el contrario, allá donde la propia formación de pizarra está desarrollada al máximo, lo vegetal no puede florecer en la actualidad, porque la fuerza real de lo vegetal está demasiado fuertemente atraída hacia la propia tierra y, por lo tanto, no puede desarrollarse. Dicha atracción de lo vegetal a lo terrenal es tan predominante que lo vegetal, al que también pertenecen las fuerzas cósmicas, no puede desarrollarse en absoluto. Y por eso sólo se podrá obtener una visión de lo que es esquistoso dentro de la tierra si se puede retroceder, tal como lo presenta mi libro "La Ciencia Oculta", a la época en que la tierra misma tenía una existencia solar. Entonces la esquistosidad estaba preparada dentro de la tierra, no ya formada en su forma actual, sino preparada. En la época en que la tierra tenía una existencia solar, la vida física de la tierra sólo había alcanzado el estadio de una proliferación de vida vegetal. Y se podría decir realmente: Si se va retrospectivamente de la formación actual de la tierra a la formación lunar y solar más remota de la tierra, -pues éstas son sus etapas planetarias más remotas-, la existencia solar era de tal naturaleza que en ella no se desarrollaba un cierto ser vegetal o incluso animal. 

En aquella época, cuando la Tierra tenía una existencia solar, la vida física de la Tierra sólo había alcanzado el estadio de una proliferante vida vegetal. Y en realidad habría que decir que si uno mira hacia atrás desde la formación actual de la tierra hasta la formación lunar y solar más temprana de la tierra, -pues éstas son sus etapas planetarias más tempranas-, en aquel entonces la existencia solar no era apta para que se desarrollara en ella un ser vegetal o animal determinado. Las plantas actuales no existían durante la existencia solar, pero la tierra misma tenía una especie de existencia vegetal, y a partir de esta existencia vegetal, por un lado, se desarrolló el mundo vegetal, y por otro lado, aquello que también es una fuerza formativa en el mundo vegetal se endureció en la formación pizarrosa. Así que la formación de pizarra es el intelecto terrenal que ha sido sacado de la naturaleza vegetal de la tierra.

Si, por el contrario, nos fijamos en la formación calcárea, muestra a la mirada suprasensible que ésta formación calcárea está íntimamente conectada con todo lo que hay en la tierra, lo cual, -si se me permite la expresión-, impregna de independencia la existencia animal. La planta está ligada a la tierra, está conectada con la tierra como nuestro pelo lo está con la base de nuestra piel. El animal se mueve. Pero las radiaciones de la formación calcárea están conectadas no tanto con esta movilidad como tal, que es una movilidad local, sino con la formación independiente del animal.

Si observan ustedes una planta, podrán verlo: Ésta crece con su raíz hacia la tierra, se hunde en la tierra, pugna por dirigirse hacia el centro de la tierra, por así decirlo, y luego se despliega hacia el exterior. En la forma de la planta se puede reconocer lo que resulta de todo el ser de la planta en la existencia de la tierra. Con una forma más complicada, la descripción también debe complicarse, por supuesto, pero sigue siendo esencialmente la misma. La planta no es independiente. Donde se inserta en la tierra, se contrae, se une a la existencia de la tierra; donde sobresale, se extiende e irradia hacia la luz que brilla en todas direcciones. La mejor manera de comprender esta forma vegetal es observarla en estrecha relación con la posición de la planta respecto a la tierra.

Si bien es verdad que en un cierto, me gustaría decir "esquema básico" de la forma animal, por ejemplo en la columna vertebral horizontal, en las extremidades que se mueven hacia abajo, también se aprecia algo que se adapta a la existencia terrenal, pero a la vez el animal se distingue en su diseño de forma totalmente independiente de lo terrenal. En cada forma animal se puede ver que no está meramente adaptada a lo terrenal como la planta, sino que tiene algo totalmente independiente, formado en sí mismo. El animal está suelto, separado de la tierra, incluso en su forma.

Ahora se presenta a la observación suprasensible lo siguiente: Todo lo que irradia de la luz de la luna en el sentido en que lo he descrito en estos días, todo lo que fluye a la tierra desde la luna a través de la luz solar retroactiva, todo lo que entonces también fluye a nuestra vida-pensante y trabaja en ella como lo formativo, esto también lleva las formas animales. Esencialmente, todo lo que es indefinido, voluntad sin forma en el animal se encuentra dentro de la luz directa del sol. Pero todo lo que da al animal su forma independiente, que no está adaptado a lo terrenal, está, -sí, hay que expresarlo en el sentido muy propio-, flotando desde el resplandor de la luz de la luna.

Desde la luna descienden a la tierra todas las formas. El hecho de que los distintos animales tengan formas diferentes depende de que la luna pase por el zodíaco. Dependiendo de si está en Aries, Tauro o Géminis, ejerce un poder formativo sobre los animales de diferentes maneras. Esto también da lugar a una interesante conexión entre el zodíaco y la propia forma animal, que fue intuida en la antigua sabiduría onírica. Ahora bien, lo que en cierto modo atrae hacia la tierra estas formaciones, porque de lo contrario se perderían en la circunferencia de la tierra como una niebla, son las fuerzas que emanan de la formación calcárea. El mineral en la tierra no sólo irradia radio, el mineral en la tierra irradia muchas cosas. Y así, por un lado, debemos buscar en la formación de pizarra aquello que sujeta lo vegetal a la tierra, y en la formación de cal aquello que extrae de lo lunar todo lo que ahora vive en las formas animales especiales. Y así, a través de la contemplación espiritual, llegamos a ver cómo la formación de pizarra en la tierra está conectada con la formación del mundo vegetal, y cómo la formación de cal está conectada con la formación del mundo animal.

Hay que tener claro que lo que encontramos de este modo, por ejemplo en la formación de la cal, se puede encontrar en todos los detalles de la vida orgánica. Uno puede observar con bastante precisión, si dispone de los medios para tales observaciones, que hay, por ejemplo, seres humanos que están, por así decirlo, fuertemente inclinados hacia la formación esquelética. Con esto no quiero decir que tengan un esqueleto fuerte, sino que también tienen muchos depósitos de calcio en el resto de su organismo. Hay, si se me permite la expresión, gente más calcárea y gente menos calcárea. Desde luego no hay que imaginarse que esto es tan terriblemente burdo; desde luego hay que pensarlo en dosis muy homeopáticas, pero tiene su gran significado. Las personas más calcáreas son por regla general las más inteligentes, las que pueden mantener unidos conceptos refinados y volver a desgranarlos. No piensen que pretendo explicar materialistamente al ser humano con algo así; por supuesto que no se me ocurre. Pues el hecho de que una persona deposita más cal que otra está conectado con su karma. Así que hacia adelante y hacia atrás las cosas ya están relacionadas con lo espiritual. Pero ahí consiste precisamente el conocimiento real y penetrante del mundo, en que no se habla borrosamente de lo espiritual y lo material, sino que se sabe cómo lo espiritual actúa creativamente dando forma a lo material a partir de sí mismo. Un ser humano que, por su vida terrenal anterior, está predispuesto a convertirse en una persona especialmente inteligente en una encarnación, por ejemplo, un matemático especialmente bueno, desarrolla entre la muerte y un nuevo nacimiento tales fuerzas anímico-espirituales, que luego depositan el calcio en él. Somos dependientes de depósitos calcáreos en nosotros si queremos llegar a ser inteligentes. En cambio, si queremos desarrollar más la voluntad, dependemos más de los depósitos de arcilla, de aquello que vive, por ejemplo, en la formación de la pizarra, la arcilla.

Lo material sólo puede comprenderse si puede captarse en constante conexión con lo espiritual. Así se puede decir que la formación calcárea contiene en sí misma aquellas radiaciones y corrientes que son adecuadas no sólo para formar el animal en sus formas en la tierra, sino también aquello que ahora trabaja en nosotros como fundamento material, para que podamos formar los pensamientos en nuestro interior. Afuera en el espacio están las muchas formas animales. Dentro de nuestro intelecto están los pensamientos-forma. Los cuales no son otra cosa que las formas animales transformadas en espirituales. Todo el reino animal es al mismo tiempo el intelecto; todo este reino animal, proyectado hacia el hombre interior, para que aparezca allí en las formas-pensamientos en movimiento, eso es el intelecto. Pero del mismo modo que el reino animal exterior necesita la formación de cal para su formación, así nosotros necesitamos, por así decirlo, una fina deposición de cal interior, por lo tanto también una formación de cal, para llegar a ser inteligentes. Por supuesto, esto no debe hacerse en un grado exagerado. Si el hombre segregara cal en un grado exagerado, a su vez separaría su inteligencia de sí mismo, no permanecería con él. Por así decirlo, daría ocasión a que la sabiduría se desarrollara objetivamente, pero no permanecería con su personalidad. Todo está ligado a una cierta medida. Y si profundizamos en estas cosas, llegamos a conclusiones interesantes sobre cómo el mineral tiene una cierta importancia en la vida del ser humano, del animal y de la planta. Si consideramos todo lo que actúa en nosotros como fuerzas parecidas a la cal, pues, acabamos de decirlo, llegamos a aquello que pugna por formarse, que nos lleva a convertirnos en seres humanos interiormente consolidados. Pero lo que está conectado en nosotros con las fuerzas de lo arcilloso, lo arcilloso-limoso, en particular, nos lleva a convertirnos en personas que pugnan contra lo sólido, que no toleran lo sólido en sí mismas, sino que lo disuelven, lo licúan, lo hacen vegetal. Y el ser humano es en realidad siempre una especie de interacción de lo calcáreo y lo arcilloso, es decir, por supuesto, de las fuerzas internas que hay en lo calcáreo y lo arcilloso. 

Ahora observemos más de cerca la pizarra. En mucho de lo que es pizarroso encontramos lo silíceo, lo semejante al silicio, lo que encontramos en particular en el cristal de roca, en el cuarzo. Las fuerzas que están en el cristal de roca y en el cuarzo están también en sus radiaciones y corrientes en el propio hombre. Y si el hombre sólo tuviera estas fuerzas, que de este modo ya absorbe en sí mismo con lo pizarroso más duro, si el hombre sólo tuviera, por así decirlo, las fuerzas semejantes al cuarzo dentro de sí mismo, entonces estaría continuamente expuesto al peligro de retroceder anímica y espiritualmente a lo que era entre la muerte y el nuevo nacimiento, antes de entrar en la tierra. El cuarzo quiere sacar al ser humano de sí mismo, devolverlo a su ser todavía incorpóreo. Esta fuerza, que quiere devolver al hombre a su ser incorpóreo, debe ser contrarrestada por otra, que es la fuerza del carbono. El hombre contiene carbono de muchas maneras. El carbono, por supuesto, sólo es considerado externamente por la ciencia natural actual, sólo por procedimientos físicos, químicos. En realidad, sin embargo, el carbono es lo que nos mantiene siempre con nosotros mismos. En realidad, es nuestra casa. Es en lo que vivimos, mientras que el silicio quiere sacarnos de nuestra casa y devolvernos a la época en la que estábamos antes de mudarnos a nuestra casa de carbono.

Y así lo que en nosotros es carbón y silicio tiene que librar una lucha perpetua. Pero en esta lucha reside nuestra vida. Si consistiéramos sólo de carbono, -por ejemplo, el mundo físico vegetal está basado en el carbono-, entonces estaríamos ligados sólo a la tierra. No podríamos hacernos una idea de nuestra existencia extraterrestre. Lo que sabemos de ella, se lo debemos al elemento silíceo dentro de nosotros. Pero cuando uno ve a través de esto, uno ve a su vez qué poderes curativos contiene en sí mismo el silicio, el cuarzo o el elemento silíceo. Si un hombre está enfermo porque tiene demasiada tendencia al carbono, como es el caso de todas las enfermedades relacionadas con ciertos depósitos de productos metabólicos, entonces se le debe dar sílice como remedio. Especialmente si los depósitos son periféricos o en la cabeza, la sílice es un remedio poderoso.

Así que ya ven ustedes que cuando uno ve a través de un conocimiento global, que es al mismo tiempo conocimiento de la naturaleza y conocimiento del espíritu, que busca lo espiritual en todo lo que es meramente material y a su vez encuentra lo material en todo lo que es espiritual, donde lo espiritual es concebido como creativo, sólo entonces surge aquello que primero explica la existencia humana, pero luego también explica cómo tiene uno que comportarse cuando esta existencia humana es perturbada en sus funciones.
Es de especial importancia considerar lo que vive en el ser humano como nitrógeno, el propio nitrógeno y sus compuestos. El hecho de que el hombre tenga nitrógeno en su interior le hace capaz de permanecer siempre abierto, por así decirlo, al universo. Sólo puedo volver a dibujar esto esquemáticamente. Supongamos que lo representado en color blanco es el organismo humano. El hecho de que el hombre contenga nitrógeno en su interior, o cuerpos que contienen nitrógeno, en cierto sentido elude sujetarse a las reglas del sistema orgánico en todas partes: a lo largo de las líneas de nitrógeno en el cuerpo, este deja de afirmar su propia regularización. Y de ese modo la regularización cósmica puede entrar en todas partes (rojo). A lo largo de la línea de nitrógeno en el cuerpo humano, lo cósmico se afirma en el cuerpo. Se puede decir que en la medida en que el nitrógeno actúa en mí, así también actúa en mí el cosmos, hasta la estrella más lejana. Lo que hay en mí de fuerzas de nitrógeno atrae hacia mí las fuerzas de todo el cosmos. Si yo no fuera un organismo nitrogenado, me excluiría de todo lo que viene del cosmos.

Y cuando las fuerzas cósmicas tienen que desplegarse de un modo especial, como sucede, por ejemplo, cuando se produce la fecundación humana, cuando el embrión humano se desarrolla en el vientre de la madre, que al fin y al cabo está modelado según el cosmos, esto sólo es posible gracias a que las sustancias nitrogenadas en particular dejan al ser humano libre para que el cosmos influya en él. Pero en el universo y en la existencia humana todo está dispuesto de tal manera que no debe irse a los extremos. De hecho, si se permitiera que prevaleciera la acción unilateral, todo llevaría a los extremos. Si el nitrógeno, que impulsa al hombre a expandirse siempre espiritualmente en el espacio cósmico, pudiera ejercer toda su fuerza sobre el organismo humano, trabajaría conjuntamente con el elemento sílice, que induce al hombre, diría yo, a perderse en el pasado espiritual. – y el efecto sería que uno caería constantemente en la inconsciencia.

Ahora bien, siempre es interesante que cuando uno observa algo en la naturaleza o en el hombre, las cosas importantes juegan un doble papel. Lo que por un lado da al hombre la impronta física para la astucia, lo calcáreo, por otro lado contrarresta a su vez este efecto del nitrógeno. De modo que podemos decir: Por un lado, el silicio y el carbono forman un polo opuesto en el hombre; por el otro lado, el nitrógeno y la cal forman otro polo opuesto.

Lo calcáreo en el ser humano influye en él de tal manera que una y otra vez antepone su propia organización a aquello que desde lo cósmico quiere obrar en él a través del nitrógeno. Mediante el nitrógeno actúa lo cósmico (rojo); mediante el efecto de la cal, lo que sale del organismo humano se opone a su vez en oscilación (azul). De modo que en el cuerpo en los lugares más diversos hay una acción hacia dentro del cosmos y un lanzamiento hacia fuera de los efectos cósmicos. Y esto es siempre una oscilación de ida y vuelta: efecto nitrógeno, efecto cal, efecto nitrógeno, efecto cal. Como ven, no sólo podemos relacionar al hombre con el mundo de las estrellas, sino también situarlo en su entorno terrenal inmediato.

En el último número del "Goetheanum" subrayé expresamente en un aforismo que el materialismo como visión del mundo no proviene en realidad de conocer demasiado bien la materia; la conocemos demasiado mal. ¿Cuánto sabemos del carbono? Sabemos que se encuentra en la naturaleza en forma de carbón, grafito y diamante. Luego describimos estos cuerpos según sus propiedades físicas. Pero no sabemos que el carbono es lo que nos mantiene unidos, para que seamos un organismo humano unificado, y que es constantemente contrarrestado por el sílice que quiere alejarnos de nosotros mismos.

Sólo se aprende a conocer la materia cuando también se la conoce en su espiritualidad. Porque dondequiera que esté la materia, el espíritu la impregna. Pero, por supuesto, no se llegará a ninguna parte estacándose en un mero panteísmo nebuloso y borroso diciendo en todas partes: donde hay materia, hay espíritu. Uno no debe únicamente saber que la cal, el sílice, el carbono, el nitrógeno contienen espíritu; eso es evidente, pero no es suficiente, ya que sólo se puede avanzar en la vida si se pueden ver las cosas desde todos los ángulos. También hay que saber cómo las sustancias individuales son, por así decirlo, encarnaciones, materializaciones de efectos espirituales. Hay que ser capaces de ver cómo lo calcáreo organiza al ser humano en sí mismo, y cómo lo nitrogenado busca constantemente interpenetrarlo con lo cósmico.

Las plantas, que deben estar siempre en relación con lo cósmico, pues crecen de la tierra al cosmos, necesitan conexiones de nitrógeno para su crecimiento; y también se podrá estudiar correctamente el crecimiento de las plantas si se tiene presente esta conexión de la que acabo de hablarles.

Estas cuestiones tienen, en primer lugar, su vertiente científica; aprendemos a conocer el mundo sólo cuando comprendemos la verdadera naturaleza de las cosas; pero también tienen su lado práctico. Y realmente nunca se va más allá de los aspectos más primitivos si no se pueden evaluar las cosas en sus conexiones más amplias. Luego habrá que entrar en detalles y descubrir cómo entran las combinaciones de nitrógeno necesarias en el crecimiento de las plantas. Como sabes, esto por sí solo es un tema de estudio muy importante; pero también en la agricultura este estudio sólo puede ser completo si se sigue los métodos de la ciencia espiritual. Sólo la ciencia espiritual es la verdadera ciencia de la realidad.

Ya ven, todo lo que les estoy presentando debe encontrarse a su vez con los métodos de la ciencia espiritual de hoy, que se están desarrollando cada vez más hacia el futuro. Pues una ciencia más antigua poseía estas cosas sólo a través de una especie de clarividencia onírica. Debemos alcanzar una clarividencia plenamente consciente. A menudo lo he descrito. Hoy en día no podemos simplemente retomar estas cosas que la humanidad conoció en su día desde un organismo humano muy diferente. Por supuesto, no tiene sentido que la gente sólo quiera estudiar la antigua ciencia, pues al hacerlo no comprende las cosas. Por el contrario, sólo se vuelven a comprender las cosas antiguas cuando se las puede iluminar espiritualmente de la manera correcta. Pero sin embargo es maravilloso cómo, en el fondo, me gustaría decir por una especie de instinto, hoy en día en todas partes lo científico ya ha tendido hacia aquello que antaño se encontraba a través de la clarividencia onírica.

Tomemos un caso particular. El caso en que los antiguos iniciados asumían plomo por todas partes en la existencia terrenal etérea. Pues atribuían a la radiación del plomo lo que actúa en la forma humana desde el extremo más exterior, de arriba hacia abajo. Ellos veían en el plomo, que está muy extendido en la tierra, algo que está relacionado con la formación interior del ser humano, especialmente con la autoconciencia humana. Ahora, por supuesto, el pensador materialista de hoy dirá:

Pero el plomo no desempeña ningún papel en el organismo humano. - El antiguo iniciado le habría dicho: No pensábamos en un plomo tan groseramente presente como tú crees, sino en un plomo muy sutil, presente sólo en el efecto de la fuerza. Y tal plomo es muy común. - Entonces el antiguo iniciado habría dicho.

¿Qué dice el estudiante moderno de ciencias naturales? Dice: Hay minerales que desprenden radiaciones, entre ellos los llamados radiactivos. Las radiaciones del uranio son, por supuesto, conocidas; se sabe que salen ciertos rayos, llamados rayos alfa; luego, la parte restante, durante la radiación ulterior, sufre ciertos cambios e incluso llega a poseer, como dicen los químicos, un peso atómico diferente. Brevemente, en la materia radiactiva se producen transmutaciones. De hecho, hoy en día hay quienes ya hablan de una especie de renacimiento de las antiguas metamorfosis místicas de la materia. Pero ahora los que han investigado estas cosas dicen: Estas radiaciones dan lugar a algo que aparece como un producto terminal, ya no radiactivo, y que tiene las propiedades del plomo. Así se puede aprender estrictamente de las investigaciones de la ciencia moderna que existen sustancias radiactivas; dentro de la fuente de estas radiaciones radiactivas hay algo que, de acuerdo con sus fuerzas inherentes, está en proceso de formación. Siempre hay un contenido de plomo en todas partes.

Como ven, la ciencia natural moderna se está acercando a la antigua ciencia iniciática de una manera muy alarmante. Y así como hoy ya está, -quiero decir con la nariz, al menos con la nariz de los instrumentos físicos-, siendo hurgada en el plomo, también lo será en los otros metales. Y entonces, poco a poco, ya llegará a saber lo que se quiso decir cuando se decía que el plomo se encuentra por todas partes en lo natural. Como ven, sólo con una visión científico-espiritual se puede ver a través del significado de aquello que hoy aparece incluso en la ciencia natural y con lo que no se sabe muy bien qué hacer en la esencia más amplia de la cognición.

Ahora bien, una cosa más importante en este campo es la siguiente:

El aire, que también forma parte de nuestro entorno terrestre inmediato, está compuesto de oxígeno y nitrógeno. Inicialmente, no podemos utilizar el nitrógeno para nuestra vida física. Respiramos el oxígeno. Éste se transforma en nosotros, o más bien se forma en nosotros ácido carbónico, que luego exhalamos. Así que al principio podría surgir la pregunta: ¿Cuál es el significado principal del nitrógeno, que no está unido químicamente al oxígeno, sino que sólo vive ahí fuera en una especie de mezcla íntima con el oxígeno? No podemos vivir en nitrógeno. Necesitamos oxígeno para vivir. Pero sin el nitrógeno, nuestro yo y nuestro cuerpo astral, cuando están fuera del cuerpo físico mientras dormimos, no tendrían posibilidad de existir. Pereceríamos si desde que nos dormimos hasta que nos despertamos no pudiéramos sumergirnos en el nitrógeno. Nuestro cuerpo físico y nuestro cuerpo etérico necesitan el oxígeno del aire; nuestro yo y nuestro cuerpo astral necesitan el nitrógeno. El nitrógeno es lo que nos lleva a una relación íntima con el mundo espiritual. Es el puente hacia el mundo espiritual en el estado en que se encuentra nuestra alma mientras dormimos. Tomemos lo que he dicho antes junto con lo que he dicho aquí sobre el nitrógeno. El nitrógeno atrae lo cósmico del entorno. Nos prepara para lo cósmico cuando está dentro de nosotros. Cuando está fuera de nosotros, hace que lo que no es apto para esta tierra viva espiritualmente en sí mismo. Así que debemos decir que el nitrógeno no está mezclado con el aire porque sí; está mezclado con él porque es el elemento mortal físicamente y vivificante espiritualmente dentro de la existencia de la tierra. Y cuando entre el dormir y el despertar escapamos de las fuerzas físicas de la muerte a otra existencia en nuestra vida anímica, nos sumergimos en el elemento nitrógeno, que forma el puente entre nuestra vida anímico-espiritual y el cosmos. Con nuestra existencia terrenal-personal estamos enraizados en el carbono; con nuestra vida anímico-espiritual, en el nitrógeno. En la existencia terrenal, el carbono y el nitrógeno se relacionan entre sí y con el hombre como acabo de describir.

Fíjense en el carbono. Está presente en el carbón común, en el grafito y en el diamante. Estas son las tres formas diferentes en las que se puede encontrar el carbono. Lo que se ve del carbono en el carbón negro y hollín, en el diamante y en el grafito, también lo llevamos en nosotros de otra forma. Puede que no seamos mucho, pero seguimos siendo un pequeño diamante. Eso nos sostiene en nuestro hogar terrenal. Ahí es donde mora nuestra alma espiritual cuando habita en el cuerpo.

El nitrógeno que está presente en los diversos compuestos nitrogenados, ácido nítrico, etc., en el salitre, es el que continuamente nos permite salir de nosotros mismos, el que forma el puente, como he dicho, hacia el alma espiritual del cosmos. También esto debe encontrarse de nuevo a través de la ciencia espiritual más nueva. Una vez estuvo presente en el conocimiento terrenal, pero sólo de un modo onírico. En la antigua clarividencia fue visto por los antiguos iniciados.

Como he dicho a menudo, sólo conseguimos el debido respeto por un antiguo iniciado cuando redescubrimos aquellas cosas que no se pueden reconocer en las tradiciones. Sólo cuando podemos encontrarlas por nosotros mismos podemos apreciarlas de nuevo en las tradiciones. De este modo, cuando redescubrimos estas cosas, también llegamos a una veneración religiosa de lo que fue la sabiduría original de la humanidad.

Ahora hablaré en una próxima ocasión de cómo todo este redescubrimiento está relacionado con el Misterio del Gólgota. Para ello necesitaba, quiero decir, requisitos previos científico-espirituales y científico-naturales, y muchas cosas de la existencia del mundo y de la humanidad se habrán vuelto transparentes para ustedes precisamente a través de estas reflexiones.

Traducido por J.Luelmo oct.2023

GA060-11 Berlín, 9 de febrero de 1911 -¿Qué dice la geología sobre la formación del mundo?

 

Índice

¿QUÉ DICE LA GEOLOGÍA SOBRE 

LA FORMACIÓN DEL MUNDO?

Conferencia del Dr. Rudolf Steiner


Berlín, 9 de febrero de 1911


Podría pesar como una losa sobre la cosmovisión, -que la ciencia espiritual tiene como fundamento-, si esta cosmovisión entrara seria y verdaderamente en conflicto con los resultados justificados de la investigación científica, esa investigación que en el curso de los últimos siglos y especialmente en el curso del siglo diecinueve logró cosas tan grandes y tan beneficiosas no sólo en el campo del conocimiento sino en el campo del progreso general de la humanidad. En particular, sin embargo, parecería opresivo que esta ciencia espiritual entrara en conflicto con una rama de la investigación científica que es relativamente una de las más jóvenes, pero que, por su propia naturaleza y sus tareas especiales, no sólo es capaz de despertar el interés humano en el sentido más profundo de la palabra, sino que también abre perspectivas sobre lo que llamamos el desarrollo de nuestro planeta, así como el desarrollo y la transformación de las criaturas que pueblan este planeta.  Esta joven rama de la investigación científica natural es la geología, una ciencia que, sobre todo a partir del segundo tercio del siglo diecinueve, pero también antes, ha tomado un auge tan tremendo y, a pesar de las grandes cuestiones de las que tendremos que hablar, que se han estancado y siguen ahí hoy en día, ha logrado algo significativo. Hoy se tratará principalmente de poner ante nosotros la relación entre la ciencia espiritual y la geología, y de responder a la pregunta: ¿Qué tiene que decir la geología en el sentido de la ciencia espiritual, -esa rama del saber que siempre ha constituido la base de estas consideraciones aquí-, sobre la cuestión del origen, el desarrollo gradual y la evolución de la Tierra y de sus seres vivos?

Sin embargo, debemos recordar brevemente lo que realmente implican los métodos, la peculiaridad de la investigación geológica. Es bien sabido que la geología extrae sus conocimientos de la propia Tierra, y que extrae sus conclusiones de lo que allí encuentra con respecto a la forma en que nuestro planeta tal vez se haya desarrollado y cambiado en el transcurso del tiempo. Es bien sabido que cuando tenemos la oportunidad de estudiar las capas más profundas de nuestra tierra en lo que respecta a su roca y otros contenidos, por ejemplo, en la construcción de ferrocarriles, en las canteras, en la minería, estas capas se muestran diferentes de aquella sobre la que primero dirigimos nuestros pasos, diferentes de la superficie más externa. Pero incluso dentro de esta superficie el suelo se nos muestra diferente de las formas más variadas, si lo examinamos en cuanto a sus tipos de roca y su carácter mineral. Es bien sabido que entre las investigaciones más interesantes se encuentran las que se refieren a aquellos estratos de la superficie de nuestra Tierra que muestran claramente unas características tales que nos permiten afirmar que el material que cubre el suelo allí estuvo originalmente disuelto en el agua o estuvo de alguna otra forma bajo el poder del agua, fue una vez arrastrado por el agua, por así decirlo, en tiempos pasados. Todavía hoy podemos ver cómo los ríos arrastran los materiales rocosos que se acumulan en su contenido de agua y luego los depositan en otras zonas. Vemos cómo tales depósitos cubren el suelo. De la misma manera, en la antigüedad, tenemos que pensar en acumulaciones formadas sobre acumulaciones. Tenemos que pensar en otro depósito superpuesto al formado de tal manera que, cuando lo examinamos, muestra tener un carácter diferente al de la capa inferior. Así nuestra tierra nos muestra su material rocoso de carácter diferente capa por capa. Por supuesto, es fácil decir que los estratos que se encuentran más arriba deben ser los más jóvenes, que han sido depositados por los procesos más recientes de nuestra tierra, y que cuanto más y más profundamente tenemos ocasión de mirar en la parte inferior del suelo de la tierra, más nos encontramos con estratos que han sido depositados en épocas cada vez más antiguas y que terminan siendo cubiertos por los estratos más jóvenes. También se sabe que en estos estratos de nuestra tierra se encuentran toda clase de inclusiones que, según las opiniones de nuestra época, proceden del hecho de que los seres vivos animales y vegetales, por así decirlo, han encontrado la muerte, han sido arrastrados con el agua y con los estratos, han sido enterrados de manera natural, y luego se encuentran más o menos cambiados o inalterados dentro del material rocoso como restos de seres vivos prehistóricos. También es fácil imaginar que debemos suponer una cierta relación entre tal capa de material rocoso, tal como yace allí, y las inclusiones animales y vegetales que hay en ella.

Ahora bien, no hay que imaginar que los estratos más jóvenes se superponen tan convenientemente a los más antiguos en toda la superficie de la tierra, sino que hay que tener claro <que a veces estratos más antiguos -reconocibles por su carácter- se superponen hasta la superficie, que en el curso del desarrollo de la tierra se han producido las más variadas perturbaciones, desordenamientos, superposiciones, levantamientos, etc., de estos estratos, de modo que no es en absoluto fácil para el geólogo decir en casos individuales cómo un estrato ha llegado a superponerse a otro. Son cosas que aquí sólo pueden insinuarse. En cualquier caso, podemos hacer caso omiso de las irregularidades que acabamos de mencionar y suponer que los geólogos tienen a su disposición los estratos de la tierra con los depósitos a través de todos ellos, y que sacan sus conclusiones de ellos en cuanto a cómo se veía realmente en la tierra cuando la capa superior aún no se había depositado, o capas más profundas que se encuentran debajo de la capa superior aún no estaban allí, y así sucesivamente, - de modo que a partir de ahí se puede formar ideas en cuanto a cómo se veía en épocas pasadas en nuestra tierra.  

Ahora bien, es generalmente sabido que las capas superiores, es decir, las más jóvenes del material de nuestra Tierra, muestran inclusiones de las formas de vida animal y vegetal más perfectas, y que cuanto más profundizamos en las capas, permanecen las formas de vida más imperfectas, que ahora estamos acostumbrados a enumerar entre las especies y géneros inferiores de los reinos animal y vegetal. Llegamos entonces, por así decirlo, a los estratos más bajos de la superficie de nuestra Tierra, que han sido cubiertos una y otra vez por otros estratos, llegamos al llamado estrato Cámbrico de la evolución de nuestra Tierra, y allí vemos cómo de nuestros seres vivos animales en este estrato sólo hay inclusiones de aquellos animales que aún no poseían un esqueleto vertebral. Encontramos otros animales con esqueleto vertebral en los estratos superiores, que la geología puede considerar como estratos más jóvenes de la evolución de la Tierra.  

Así pues, la geología parece confirmar plenamente lo que la ciencia natural sabe hoy por otros presupuestos: que en el proceso de evolución de nuestra Tierra los seres vivos se han desarrollado lenta y gradualmente desde formas imperfectas a otras más perfectas. Si echamos un vistazo al estrato Cámbrico, por ejemplo, el depósito más bajo, e imaginamos que todos los demás estratos aún no se habían formado, tendríamos que pensar que en los tiempos más antiguos sólo estaban presentes las entidades animales más inferiores, que aún no poseían esqueleto y que fueron los primeros precursores de los animales imperfectos, que luego encontraron su tumba y se depositaron en el estrato más bajo del material rocoso. Tenemos que imaginar que estos seres tuvieron descendientes, tal vez cambiados bajo condiciones diferentes, que entonces se produjeron. En el estrato siguiente, que es más joven, vemos aparecer tales animales, que en cierto sentido ya tienen en ellos formaciones parecidas a esqueletos. Y a medida que nos acercamos a los estratos más jóvenes, vemos aparecer especies animales cada vez más perfectas, hasta que llegamos a los estratos terciarios, donde vemos que ya están los mamíferos, y luego, en los estratos que son aún más jóvenes que los terciarios, vemos aparecer al hombre.  

Ustedes saben que hoy (1911), existe un tipo de concepto que piensa simplemente que los animales inferiores que vivían en la época del Cámbrico tuvieron descendientes, de los cuales una parte permaneció estancada, otra parte se desarrolló más que mas tarde se convertirían en los animales fósiles y así sucesivamente; de modo que tendríamos que explicar la aparición de animales más perfectos en los estratos posteriores, más recientes, de tal manera que los seres vivos animales y vegetales más imperfectos, más simples, se hubieran perfeccionado gradualmente. Esto daría una imagen puramente gráfica del desarrollo gradual de la vida y también de los demás procesos en nuestra Tierra, aproximadamente tal y como aparecía a los ojos del observador que pudo haber observado durante los billones y billones de años que la geología ha calculado para este acontecimiento. Para recordar los métodos y tipos de investigación, se puede insinuar lo siguiente. Si se ve, por ejemplo, cómo ciertas capas se siguen depositando hoy en día por aluviones fluviales o similares en el transcurso de tantos y tantos años y se mide la altura de tal capa de modo que resulte una medida determinada y se pueda decir: en tantos y tantos años se ha depositado tal capa,- entonces se puede calcular cuánto tiempo transcurrió hasta que tales capas se depositaron tal como habíamos previsto, siempre que las condiciones fueran las actuales. Entonces salen las cifras más diversas, dependiendo de los distintos cálculos que hayan hecho los geólogos. No es necesario insistir en el hecho de que existen contradicciones, pues quienes las conocen sabrán que carecen de sentido, aunque a veces sean bastante flagrantes y las diferencias asciendan a muchos billones de años, que son registrados por cada uno de los investigadores. 

Si nos presentamos todo esto a nosotros mismos, no tendremos más que una imagen de <cómo> según los puntos de vista de la geología, -exactamente en el tono en que se ha descrito lo que ahora se ha dicho-, han tenido lugar los procesos en el desarrollo de nuestra tierra en los últimos billones de años. La geología nos obliga además a presuponer otros a todos estos procesos. Pues todos estos estratos, que contienen los restos de la vida animal, descansan, por así decirlo, sobre otros, que luego suben a la superficie rompiendo los estratos depositados sobre ellos y formando montañas, y así se hacen visibles, de modo que las ideas de la geología llevan a la conclusión de que todos los estratos de nuestra tierra que contienen los restos de los seres vivos descansan sobre otro estrato, que, por así decirlo, nos remite a una edad de nuestra tierra que precedió a toda la vida. En efecto, la composición de este estrato, el más antiguo y el más inferior de la superficie terrestre, nos muestra que, cuando éste se formó, la vida tal como es hoy no podía existir en nuestra Tierra, al menos según las ideas actuales. 

La geología se ve obligada a suponer que la capa más baja debe su formación a un proceso de fuego, dentro del cual es imposible pensar en vida alguna, de modo que la geología nos llevaría a retroceder en el curso del desarrollo de nuestra tierra hasta tiempos remotos, en los que, por así decirlo, los tipos más antiguos de roca y mineral se formaron a partir de un proceso de fuego. Sólo más tarde, sobre la base de esta capa inferior, se depositaron las capas más jóvenes, que contienen los restos de seres vivos, por procesos que tuvieron lugar cuando nuestra Tierra, a través de la radiación de su calor al espacio, ya se había enfriado hasta tal punto que la vida se hizo posible. Hay que pensar que todo esto va acompañado de procesos de naturaleza física y química que no pueden describirse en detalle. Si nos remontamos así, por así decirlo, a aquellos tiempos más antiguos de nuestra tierra, después de haberse producido ya un cierto enfriamiento -en geología se piensa en la tierra antes de la primera formación de rocas en un estado todavía ardiente-, encontramos nuestro globo terrestre, en cuanto a la superficie se refiere, afectado por una capa de base y vemos cómo sobre esta capa de base se extienden aquellas sucesivas capas que, en sus acumulaciones, proporcionan testigos vivos de que en nuestra tierra ha habido vida desde hace mucho tiempo. Cuando observamos estas capas más antiguas, sobre las que descansan las que dan vida, en relación con su material rocoso, que es esencialmente lo que se llama granito, estamos viendo una forma de nuestra tierra que todavía nos la muestra como una especie de estado sin vida en el sentido de nuestra geología actual. Aquí es donde las capas superiores están abiertas y el granito emerge y forma montañas: por así decirlo, como un testimonio de los tiempos más antiguos de nuestra tierra.  

Goethe, que no sólo era un gran poeta, sino también un gran pensador natural y un gran científico natural, sentía especialmente cuando se encontraba con esta formación rocosa más antigua de nuestra tierra, el granito, cómo este material rocoso granular es algo sobre lo que se eleva todo lo demás, por así decirlo, como sobre el esqueleto de la tierra>. Esto infundió en Goethe algo que era como el eco de una calma primordial de nuestro planeta, y contemplaba esta roca con asombro. Una persona así no podía dejar de contemplar los procesos del desarrollo de nuestra tierra no sólo con la mente, sino también con el corazón, lo que estos restos nos revelan sobre el devenir de la tierra. Las palabras que pronunció Goethe a la vista de este "hijo mayor de la naturaleza", como él mismo dijo, a la vista del granito, son profundamente conmovedoras y nos adentran aún más en los secretos que todo pensamiento abstracto: 

".. . Con estos sentimientos me acerco a vosotros, antiquísimos monumentos dignos del tiempo. Sentado en una alta cumbre desnuda y dominando una vasta región, puedo decirme a mí mismo: Aquí descansáis directamente sobre un suelo que llega hasta los lugares más profundos de la tierra, ningún estrato reciente, ningún escombro amontonado se ha interpuesto entre vosotros y el suelo sólido del mundo primigenio, no camináis sobre una tumba persistente como en esos valles fértiles y hermosos, estas cumbres no han producido nada vivo ni han engullido nada vivo, son anteriores a toda vida y están por encima de toda vida. En este momento, cuando las fuerzas interiores de atracción y movimiento de la tierra tienen un efecto directo sobre mí, por así decirlo, cuando las influencias del cielo se ciernen a mi alrededor, me pongo en sintonía con las contemplaciones más elevadas de la naturaleza, y como el espíritu humano lo anima todo, así también se agita en mí una semejanza a cuya sublimidad no puedo resistirme. Tan solo, me digo, mientras contemplo este pico bastante desnudo y apenas vislumbro a lo lejos un musgo que crece bajo a su pie, tan solo, me digo, se siente el hombre que sólo quiere abrir su alma a los primeros y más profundos sentimientos de la verdad."

Este es el estado de ánimo que se apoderó de Goethe cuando miró esta roca, que muestra por toda su constitución que no podía contener nada vivo en su interior, por lo tanto no podía haber devorado nada vivo como las capas situadas por encima de ella. 
Por muy esquemático que sea lo que he podido presentar hasta ahora, no deja de mostrar -a grandes rasgos, por así decirlo- la imagen <que uno puede formarse hoy a partir de la geología sobre el curso de la Tierra y sus seres vivos. Pero la gente no siempre ha pensado de esta manera, y esta forma de pensar sólo se ha desarrollado muy gradualmente. Por ejemplo, en la época en que Goethe se ocupaba de la geología, se libraba en cierto modo una disputa sobre el origen de nuestra tierra, que se llama la disputa de los plutonistas y los neptunistas. Uno de los principales representantes de estos últimos era el geólogo "Werner", a quien Goethe también conocía. Él era de la opinión de que esencialmente todas las estratificaciones que tenemos que observar dentro de nuestro suelo terrestre no pueden remontarse a ningún efecto del fuego, sino que todo lo que puede investigarse apunta al hecho de que la tierra básicamente sólo se ha formado a partir de un elemento acuoso, una formación acuosa de nuestro planeta. Que incluso los estratos más antiguos son depósitos de agua, que el granito tampoco se formó por fuego hirviente, sino que también se depositó a partir del agua, y que sólo mediante procesos posteriores cambió con el paso del tiempo de tal manera que hoy su origen acuático ya no parece tan claro.  Los neptunistas, y especialmente Werner, consideraban que todo procedía del agua. En contraste con esto estaba el punto de vista de los plutonistas, que suponían que nuestra tierra con todo nuestro sistema planetario se había formado a partir de una nebulosa gaseosa, de alta temperatura planetaria, que se había separado por enfriamiento y se había enfriado aún más por la radiación de calor en el espacio planetario. Que entonces se dieron las condiciones en las que, por efecto del calor, pudo formarse el granito y quizá tipos similares de roca, pero que por la radiación de calor sólo se había enfriado la superficie de la Tierra, mientras que el interior seguía siendo ardiente-líquido, y que las erupciones volcánicas y la aparición de terremotos eran testigos vivos de que el suelo de la Tierra contenía restos de un estado ardiente-líquido en su interior. Los seguidores de la escuela neptuniana, por el contrario, sólo veían en todos los fenómenos volcánicos procesos subyacentes que, por así decirlo, a través de la presión o de las condiciones químicas en el interior de la tierra, que ellos no consideraban en absoluto ardientes, hacían posible que se produjeran enormes catástrofes internas que se descargaban hacia el exterior, de modo que sólo ahora tenemos tales procesos que actúan hacia arriba de tal manera que empujan macizos montañosos enteros fuera del interior de la tierra. En resumen, en la primera mitad del siglo XIX todavía nos encontramos con una disputa muy interesante entre el punto de vista que se puede describir brevemente con la palabra que Goethe utiliza en "Fausto": "Todo surgió del agua", y el punto de vista según el cual, básicamente, los procesos de los efectos del fuego subyacen a todas las formaciones de la tierra. Por tanto, cabe pensar que algo sucedió en la parte superior de la cáscara más externa, que se relaciona con el interior como la cáscara del huevo con la yema, debido a lo cual ha quedado una capa muy fina como capa de enfriamiento, que por así decirlo rodea la tierra como capa de cobertura del poderoso volcán terrestre, que es nuestro planeta tierra sobre el que andamos.

 Ahora debemos hacernos la pregunta: ¿Qué tiene que decir esta investigación exterior, y qué tiene que proclamar la ciencia espiritual sobre el devenir de la tierra con los medios que se han descrito en las conferencias dadas hasta ahora? - Sobre las etapas de la tierra en cuyo estado se encuentra ahora y por los que ha pasado antes, también pueden informarse más detalladamente por mi "Ciencia Secreta en Esquema". -¿Hasta dónde nos lleva básicamente la geología? Resumámoslo ahora en palabras claras. 

La geología puede decirnos: <Observen los estratos que encuentran en la superficie de la tierra. La forma en que están dispuestos estos estratos, les muestran que se han producido depósitos, al menos en tiempos recientes, que los seres animales han encontrado su tumba a lo largo de ellos, cuyos descendientes están ahora todavía en la tierra, pero también aquellos que se han extinguido, y a los que sólo llegamos a conocer como habitantes de la tierra desenterrando sus restos en la tierra. Allí se nos conduce a una capa más profunda de la superficie terrestre, que aún pertenece a lo que se relaciona con todo el planeta como la cáscara del huevo con la yema, y que nos muestra que bien podría deber su origen a un efecto del fuego. Los que miran más profundamente, sin embargo, como Goethe, hablan con más cautela, incluso cuando quieren pensar en términos geológicos. Y es interesante oír a Goethe hablar de esta capa inferior. 

".. . En las entrañas más recónditas de la tierra descansa -este tipo de piedra- inamovible, elevándose sus altas crestas, cuyas cimas nunca alcanzaron el agua que lo rodea todo. Eso es todo lo que sabemos de esta roca y poco más. Pero al estar compuesta de elementos conocidos, de manera misteriosa, no permite deducir su origen ni del fuego ni del agua." 

Así pues, Goethe ya señala que posiblemente tanto el fuego como los efectos del agua no podrían ser la causa que nos indique la misteriosa formación de este hijo más antiguo de nuestra tierra, el granito. Si junto a la investigación geológica, que en el fondo no puede llevarnos más allá, colocamos simplemente lo que dice la ciencia espiritual, lo que se ha obtenido de la investigación clarividente, queda algo así. 

Si contemplamos con mirada espiritual, -que puede agudizarse para nosotros mediante los métodos que a menudo se han mencionado en el curso de estas conferencias-, los tiempos prehistóricos de nuestro planeta, entonces se nos aparece, en cierto sentido, lo que podría presentarse a la mirada sensorial aproximadamente en ese tiempo y secuencia temporal que nos presenta la investigación geológica. En cierto sentido, también estamos mirando hacia atrás, ya que la investigación geológica en realidad tuvo que construir la visión retrógrada en la imaginación. Vemos a partir de esos seres que ahora llamamos perfectos en nuestros términos humanos, retrocediendo la búsqueda, a seres vivientes cada vez más imperfectos e imperfectos sobre la tierra, y vemos mezcladas en ellos formas a veces grotescas que están contenidas, por ejemplo, en las diversas formas de dinosaurios, en el Ichthyosaurus, Plesiosaurus, Dinosaurus, Archaeopteryx. Luego encontramos seres que carecían de esqueleto vertebral, y así sucesivamente, y en efecto, por medio de la visión clarividente, llegamos a un período de nuestra Tierra en el que no podemos ver seres como los que viven actualmente en nuestra Tierra. Por tanto, debemos admitir que la investigación en las ciencias espirituales puede ver este aumento gradual de perfeccionamiento a partir de sus propias fuentes. Si ahora retrocedemos de este modo y llegamos, por así decirlo, al punto en el tiempo con la investigación clarividente, que la geología fija para el granito, que, en el sentido de la geología actual, se forma a partir del ya enfriado, pero todavía bajo los efectos de fuego, debemos preguntar: ¿Qué tiene que asumir ahora la geología? ¿Qué tiene que asumir ahora la ciencia espiritual como prerrequisitos de un tiempo anterior?

Si nos mantenemos en un terreno realmente seguro dentro de la geología -de hecho, ningún naturalista debería dudar de lo que se dice ahora-, entonces la geología sólo tiene conjeturas sobre lo que hay más allá del granito hacia la prehistoria. También puede tener tales conjeturas sobre cómo era el interior de la tierra, ya que las perforaciones que se han hecho en la tierra mediante sondeos sólo profundizan hasta tal punto que hay que calificarlas de diminutos pinchazos. Conjeturas e hipótesis, nada más, ¡a lo sumo corazonadas sobre lo que precedió al remolino y a los cambios de la formación granítica! 

La Ciencia Espiritual investiga el desarrollo de la tierra retrocediendo hasta los tiempos prehistóricos, y encuentra, en el ámbito que se puede ver con los ojos, a seres cada vez más imperfectos que los predecesores de nuestra vida terrena actual. Pero descubre que la Tierra, si la investigamos en retrospectiva, se presenta de manera muy diferente a como se presenta en la actualidad. Así como en la actualidad se presenta como la base mineral sobre la que caminamos, rodeada de aire, donde se encuentran las nieblas, las formaciones de nubes, etc., así no es como se nos presenta en absoluto cuando retrocedemos a la prehistoria. Un gran número de sustancias que ahora se encuentran en las profundidades de la Tierra estaban todavía en el entorno terrestre en épocas anteriores y sólo gradualmente se fueron asentando. La geología también debe admitirlo. Pero cuanto más retrocedemos, más descubrimos que nuestra tierra en general como planeta se convierte en una estructura muy diferente, en algo muy distinto, por así decirlo, de lo que ahora es la circunferencia de aire, y a medida que retrocedemos, muestra cada vez más el carácter de un ser vivo en sí mismo. Que no sólo encontramos tal aire mineral y tal formación de nubes minerales en la circunferencia de nuestra tierra como tenemos ahora, sino que dentro de lo que pertenece a nuestra tierra encontramos en los tiempos más antiguos algo así como miembros vivos de un gran ser viviente. 

Cuando retrocedemos así, nos sentimos  como si pudiéramos situarnos como seres muy diminutos en un organismo humano, como si estuviéramos dentro de ese organismo en el terreno sólido de un hueso y pudiéramos mirar hacia fuera y ver el sistema sanguíneo, el sistema nervioso y así sucesivamente como un entorno. Por lo que alguien en la antigüedad, de pie sobre la tierra y mirando hacia fuera, no habría visto tejido mineral y aire mineral, sino vida viva y palpitante. Cuanto más retrocedamos, más se daría este caso, de modo que podríamos remontarnos a la época que llamamos de la formación del granito. Y podríamos decir para nosotros mismos: Aquí está la tierra básicamente un poderoso ser viviente, que contiene una vida numerosa y múltiple, que todavía no está animada por los seres vivientes que hoy caminan sobre ella o habitan en el agua, etc., pero que viven en ella - como si fueran parásitos de todo el organismo viviente de la tierra, que nadan en su sangre, como hoy las masas de lluvia en el aire y similares. 

Entonces llegamos a una época de la que debemos decir: En el suelo de la tierra, sin embargo, hay una temperatura tan grande que la vida no puede desarrollarse, pero en sus inmediaciones se desarrolla la vida, una vida que quiere descender, pero no puede. ¿Por qué no puede descender? Allí abajo, mediante el proceso del fuego, el proceso del elevado calor, lo que los seres vivos de nuestra tierra segregan de sí mismos de la misma manera que nuestro organismo vivo segrega los componentes sólidos, los huesos, de las partes blandas. Y ahora observamos la formación del granito y decimos: El material que contiene el granito -cuarzo, feldespato y mica- estaba disuelto originalmente en el gran "ser" vivo: Tierra. Para desarrollarse necesita el hecho de poder deshacerse de estas sustancias, las separa, las deja caer a la tierra. Lo que está abajo recoge lo que ha sido separado, forma un macizo básico, un esqueleto en el ser vivo Tierra. Y si retrocedemos aún más, debemos buscar las causas por las que toda la tierra viviente ha segregado fuera de sí las sustancias que, como sustancias químicas, forman ahora nuestra tierra y no son al mismo tiempo las que están en el organismo animal, vegetal o humano. Estas sustancias fueron entonces segregadas gradualmente de manera similar por la acción del fuego o del agua y luego se transformaron en el esqueleto de nuestra tierra.

Si ahora volvemos a preguntar cómo es que las sustancias se han separado ahora de la vida terrestre y han formado una base a partir de la cual la vida ha surgido, y preguntamos por las causas por las que esto ha podido ocurrir, entonces nos encontramos con algo, que, si hablamos de ello como un proceso dentro del desarrollo de nuestra Tierra, sigue despertando molestias en el círculo más amplio, no entre los pensadores científicos, -ellos deberían reconocerlo-, sino especialmente entre aquellos que quieren construir una concepción del mundo sobre la base de unas pocas ideas que han adquirido. Pero debemos señalar lo que la ciencia espiritual muestra a partir de sus observaciones, que ésta es la verdad. Pues muestra que estos procesos, por así decirlo, de separación de los materiales rocosos, estuvieron precedidos en el interior del ser vivo terrestre por un proceso como el que ahora podemos llamar actual, si nos referimos a nuestro propio proceso interior, que al fin y al cabo es poco conocido por la ciencia externa, Pero ya ha sido descrito en cierta medida por la ciencia espiritual en estas conferencias -sólo puedo insinuarlo- a ese proceso que tiene lugar durante todo el día en nuestro propio cuerpo cuando ejercitamos nuestra musculatura, las herramientas de nuestro cerebro, todo nuestro cuerpo, mediante el trabajo, mediante los conceptos que crea el espíritu. Ahí es donde tiene lugar el proceso que llamamos fatiga. Se trata esencialmente de una especie de proceso de destrucción del organismo. 

Por lo tanto, podemos decir: Mientras llevamos nuestra vida cotidiana despiertos de la mañana a la noche, pensando, sintiendo y queriendo, tienen lugar en nuestro interior procesos de destrucción, que luego sentimos como fatiga. Tales procesos de naturaleza anímica espiritual, que, sin embargo, tienen un efecto sobre la materia, ciertamente no serán fácilmente admitidos como efectos externos de la naturaleza por una cosmovisión científica. Pero estaban presentes en aquel gran y poderoso organismo que una vez fue la Tierra. Y cuando la tierra se acercó al momento en que el granito y similares se separaron, fue presa de todos esos procesos de destrucción, que actuaban de tal manera que sobre la materia trabajaba un alma espiritual. En aquel organismo, en el que previamente se habían trabajado no sólo las sustancias que hoy tiene el organismo vegetal, animal y humano, sino también las sustancias que hoy componen nuestra masa terrestre, se vertió todo lo que había de tales procesos de destrucción provocados por procesos del alma espiritual.  Estos procesos de destrucción iniciaron en el gran ser viviente tierra lo que luego provocó la expulsión -por así decirlo mediante un proceso de separación- de lo que hoy tenemos en la estructura de nuestra tierra en forma de sustancias químicas que no encontramos en los cuerpos orgánicos.  

Así, a través de la ciencia espiritual, somos conducidos de nuevo a la tierra como organismo, -no a un estado primigenio de nuestra tierra, en el que era, por así decirlo, masa muerta, sino en el que la tierra era originariamente un gran organismo. Pues en el sentido de la ciencia espiritual hay que dar prácticamente la vuelta a una pregunta que hoy en día se plantea de forma bastante errónea. Ninguna ciencia, -si ésta parte de la base de que nuestra tierra fue una vez una esfera muerta en la que sólo tenían lugar procesos químicos y físicos-, podrá explicar cómo pudo surgir la vida de esta esfera muerta. Esta es una gran cuestión de controversia, pero suele plantearse de forma bastante errónea.  Porque se suele preguntar: ¿Cómo fue posible que la vida se desarrollara a partir de lo inanimado? -Pero no es así: lo inerte no precede a lo vivo, sino al revés, lo vivo precede a lo inerte. El mineral sin vida es un producto de secreción, igual que nuestros huesos son una secreción de nuestro organismo. 

Así que toda roca es un producto de secreción de nuestro organismo terrestre, y son procesos anímico-espirituales, -aunque al principio sean procesos de destrucción-, los que han hecho que nuestro organismo terrestre llegue a tales secreciones. Si retrocediéramos más, veríamos que este curso nos llevaría mucho más lejos. Nos llevaría desde lo que ocurre en nuestro mundo mineral hasta la Tierra como organismo. De hecho, ya podemos ver que retrocediendo aún más llegamos no sólo a un organismo, sino a una estructura de nuestro planeta que está impregnada de efectos espirituales. No sólo no remontamos de la vida a lo sin vida, sino que remontamos lo sin vida a procesos de separación de lo vivo, y aceptamos lo vivo como el estado resultante de lo anímico-espiritual. 

Cuanto más retrocedemos, más nos acercamos a aquello de lo que realmente surgió lo que hoy tenemos ante nosotros como minerales, formaciones vegetales, etc.: Nos acercamos a lo espiritual y dejamos que la ciencia espiritual nos diga que lo que hoy se nos presenta en la variedad de fenómenos terrestres no sólo no se formó a partir de una niebla primigenia ardiente y sin vida, sino que todo se ha formado a partir de lo espiritual, que originalmente nuestra tierra era puro espíritu. El progreso fue tal que, por un lado, de lo espiritual se separaron aquellas formaciones que tendían más hacia lo mineral, y que, por otro lado, se dio la posibilidad de que surgieran ciertas formaciones nuevas que pudieran asumir una nueva forma de efectos espirituales. Pues si ahora tomamos el camino opuesto y decimos: En los materiales rocosos antiguos tenemos algo que se ha segregado del organismo terrestre original, y luego pasamos a nuestro propio tiempo, esta segregación se produce constantemente. 

El granito no es más que la segregación más antigua. Pero los procesos que forman las segregaciones serán cada vez menos procesos vitales, y cada vez más serán meros procesos químicos, mecánicos, de modo que en nuestra época sólo tendremos finalmente los efectos del agua que pueden observarse cuando, por ejemplo, un río lleva el material rocoso de un lugar a otro. Pero lo que allí encontramos como procesos mecánico-químicos es sólo el último producto, lo que se ha convertido en el mineral legítimo, lo que se ha producido como resultado de lo que originalmente tuvo lugar como efectos vitales.

Vemos, pues, cómo, en efecto, en el curso de la evolución de nuestra tierra, en relación con aquello que forma el suelo sobre el que caminamos, tiene lugar algo que tenemos de modo similar en el organismo individual humano o animal. Allí vemos cómo este ser humano vive hasta cierto punto, cómo luego pasa por la puerta de la muerte, deposita su cuerpo como cadáver y ve cómo continúan los procesos, que son meramente minerales. Sin embargo, durante la vida del cuerpo, estos procesos químicos y físicos estaban incluidos en los procesos anímico-espirituales. Por lo tanto, también volvemos a una época de la existencia de la Tierra en la que los procesos que ahora vemos que tienen lugar como químicos y mecánicos estaban atrapados y entremezclados con procesos orgánicos, incluso anímico-espirituales. Pero lo que tiene lugar en el suelo de nuestra tierra es, por así decirlo, sólo la corriente que ha quedado de los procesos anteriores, que al principio eran más vivamente orgánicos y luego espirituales. Este suelo tuvo que nacer, tuvo que formarse, para que ahora pudiera tener lugar un tipo diferente de vida en su suelo: aquella vida que poco a poco se convirtió en nuestra vida, con el fin de que, por así decirlo, tales instrumentos cerebrales pudieran desarrollarse gradualmente en los seres vivos, por medio de los cuales ahora pueden visualizar interiormente el espíritu, pueden formar interiormente pensamientos y sensaciones que, por así decirlo, repiten los procesos exteriores de una manera reconocible y sensible. Por tanto, primero hay que "cribar" toda la masa de materia de nuestra Tierra, separar las sustancias meramente minerales de hoy y retener aquellas que hoy pueden formar los organismos que sólo están entremezclados con una parte de la antigua masa de materia. Éstas son las partes que sólo ahora pueden formar, por ejemplo, lo que hoy es el hombre. El espíritu que vive en la cabeza humana, en el corazón humano, que vive en un ser que está, por así decirlo, más finamente organizado que todo el ser del planeta Tierra, este espíritu sólo pudo surgir en tal ser que primero recibió de sí mismo la otra masa de materia que hoy no pertenece a la vida orgánica. Toda la masa de materia de nuestra tierra ha sido tamizada, y lo que se ha desprendido se ha convertido en la base que ha sido entregada a la vida puramente mineral, para que sobre ella pudiera desarrollarse una nueva vida, que ahora vemos entrar en su forma más baja en el momento en que desde el tiempo siguiente los seres más simples en la forma cámbrica nos son presentados por la geología.  

 Si consideramos la vida que existe hoy en el sentido de la ciencia espiritual, tendremos que decir: Esta vida estaba originalmente en la esfera de la tierra, luego descendió, por así decirlo, de esta esfera, pero no pudo poner el pie en el suelo de la tierra sin antes haber enviado por delante lo que necesitaba en masas de materia para poder caminar sobre ella. El proceso de descomposición, que fue provocado por procesos espirituales, es el inicio de dos corrientes que han tenido lugar desde entonces: una corriente ascendente que desarrolló una vida más refinada y superior -que sólo necesitaba una parte de las masas de materia- y otra corriente que continúa la descomposición y se ofrece como base para los organismos más refinados que luego se desarrollan hasta el hombre. Estos organismos más sutiles tienen un desarrollo ascendente. ¿Por qué? Porque al separar el material más grosero como en un poderoso proceso de excreción, a través del cual se formó la superficie de la tierra, han llegado a la posición de aislarse más o menos de la tierra y de sus efectos internos, y ahora están entregados a cualquier efecto mundial que fluya sobre la tierra desde el exterior. Ahora están expuestos a los procesos más espirituales de los efectos del universo y a ello deben su ascenso de seres vivos imperfectos a seres humanos. 

Cuando contemplamos el desarrollo de la tierra de esta manera, vemos el suelo sobre el que caminamos, sin tener en cuenta los procesos individuales, y nos decimos: Posamos nuestros pies sobre él, el cual contiene, -en el granito y en lo que se ha depositado sobre él-, aquello que los reinos de los seres vivos no pudieron utilizar, que sólo pudieron utilizarlo de tal manera que lo separaron como suelo para poder caminar sobre él. Y lo que existe como continuación de esto es un proceso de destrucción y disolución. Ahí es donde básicamente tenemos que familiarizarnos con la idea siguiente: Si hoy en día el geólogo nos presenta la tierra tal y como está formada por valles y montañas y  construyéndose capa a capa, tendría que ser algo así como un cadáver en descomposición que continúa un antiguo proceso de destrucción y descomposición. Entonces estaríamos caminando sobre tal proceso de destrucción en el sentido de la ciencia espiritual, de modo que tendríamos un fundamento y un suelo, que debemos tener cuando consideramos las fuerzas florecientes que apuntan hacia el futuro, que van por otro lado que las fuerzas que nos confrontan en el suelo de la tierra. Pues estas fuerzas que apuntan hacia el futuro son algo que penetra en las almas humanas, en los espíritus humanos, independientemente de la tierra, por así decirlo, quizá también en aquellos seres que están fuera de lo humano, que sólo se elevan sobre la base de la tierra. Pero en la tierra misma tendríamos algo en descomposición.  

Desde un punto de vista espiritual-científico-geológico, nuestra tierra se nos aparecería como un cadáver cada vez más en descomposición, y las leyes geológicas serían al mismo tiempo leyes del cadáver terrestre en desintegración. Y el ser humano en la tierra sería algo que se yergue del cadáver terrestre, del mismo modo que el alma humana, cuando atraviesa la puerta de la muerte, se yergue del cadáver y lo deja para aquellas fuerzas que lo descomponen y destruyen. Decir esto puede resultar sombrio. Pero sólo presentará un panorama sombrío si se desespera, por así decirlo, del espíritu y se considera al espíritu meramente ligado a la materia y se cree que con la apostasía del hombre de la forma terrenal viva ha llegado en absoluto el fin del hombre. Pero si miramos las cosas desde el punto de vista sano de la naturaleza, debemos decir que, en cierto modo, debe suceder que no sólo el ser humano individual, sino toda la raza humana, se desprenderá gradualmente del cuerpo terrenal para poder ascender poco a poco a otras regiones de desarrollo. Así pues, desde el punto de vista espiritual-científico-geológico, nos encontramos más allá de la mitad de la evolución terrestre desde que el "hijo mayor de la tierra" fue apartado, y los seres que forman un futuro comienzo seguirán desarrollándose sobre la base así formada.

¿Qué tiene que decir la geología moderna sobre esa visión espiritual-científico-geológica? Si se consideran palabras, teorías, hipótesis, visiones del mundo, que se forman fácil y rápidamente por corrientes partidistas y demás, entonces es muy fácil construir cómo tal ciencia espiritual entra en contradicción con el pensamiento científico natural. Pero si se considera esta ciencia espiritual, que funciona de forma tan estricta y metódica como cualquier otra ciencia, en relación con la ciencia natural, es necesario examinar lo que la ciencia natural tiene que decir realmente, es decir, plantear la cuestión en relación con lo que se ha dicho hoy: ¿Qué dice la geología sobre el devenir de la Tierra? Hoy en día, en los escritos de divulgación científica y en las cosmovisiones populares, a menudo se traen a colación cosas que tienen un carácter muy secundario, y luego se dice que "la ciencia" lo ha establecido. Si luego se compara esto con lo que dicen los investigadores espirituales "tramposos y medio locos", a algunos les resultará algo que "no hay por donde cogerlo". <Porque eso dirán muchos que tal vez sepan poco más de la ciencia espiritual que lo que les llega de todo tipo de fuentes remotas.  Pero hay que acudir a lo que la verdadera ciencia y la verdadera ciencia espiritual tienen que decir. Pues la ciencia espiritual no debe ser considerada como las cosmovisiones populares, que sólo aparentemente se derivan de la ciencia, sino con el rigor con que toda ciencia verdadera debe ser considerada por los verdaderos investigadores de las fuentes.  Esto trae a colación algo que no puedo describirles de otro modo que remitiéndoles a una obra que tuvo su origen en uno de los geólogos más importantes de nuestro tiempo y que un geólogo muy conocido de nuestra época ha denominado la epopeya geológica del siglo XIX: la "Antlitz der Erde" (Cara de la Tierra) de Eduard Sueß. Puede decirse que en esta obra, en la que Sueß trabajó no durante años, sino durante décadas, -y de la forma más meticulosa que cabe imaginarse-, confluyen las investigaciones geológicas que esta jovencísima rama de las ciencias naturales ha producido en el transcurso de unas pocas décadas. ¿Qué se revela allí? 

Eduard Sueß fue quien dijo una vez: "Prescindamos de todos los prejuicios de los neptunistas, de los plutonistas y de todas las demás teorías acumuladas por los geólogos del siglo XIX.  No construyamos, sino miremos lo que se presenta como la fisonomía, como la imagen de la superficie terrestre". - Eduard Sueß partió de esta visión sensorial pero pura, que no estaba empañada por ninguna teoría o hipótesis. Llegó a conclusiones diferentes de las que habían sido práctica común durante muchas décadas. Llegó a la conclusión de que las montañas, que se nos aparecen como macizos imponentes, parecen arrugas en la piel de una manzana y no pueden explicarse de otro modo que suponiendo que en el planeta Tierra actúan determinadas fuerzas de naturaleza puramente físico-química, a través de cuya actividad surgen nuestros desniveles, nuestros valles y montañas, las distintas capas, etc; De modo que, esencialmente, la distribución del agua y de la tierra, la formación de los continentes, etc., se explican por el hecho de que se forman pliegues, de que ciertas fuerzas empujan los macizos terrestres entre sí, de que ciertas masas de tierra se amontonan para formar montañas. Y son estas fuerzas las que hacen que las masas apiladas se desplomen, y así es como se forman los mares. Así, por derrumbes, por vuelcos y plegamientos, etc., explica, por ejemplo, el macizo montañoso de los Alpes. De un modo espiritual se muestra así que toda la faz de la tierra ha surgido a través de tales derrumbes, colapsos, plegamientos y demás. La formación de los mares y la formación de los continentes, por ejemplo, se explican por el hecho de que se producen ciertos derrumbes, de que las aguas fluyen en una dirección, y donde antes había agua, así queda expuesta la tierra, y así sucesivamente. Se trata, pues, de una superficie terrestre en la que se producen procesos basados en la agitación de las masas terrestres por fuerzas mecánicas y en hundimientos. Y al tratar de hacerse una idea general de lo que está ocurriendo en el suelo que pisamos, Sueß llega a un resultado peculiar: que lo que está teniendo lugar en la superficie de nuestra tierra es básicamente un proceso de destrucción, y que en realidad el suelo por el que hoy conducimos el arado sobre el campo, del que proceden nuestros frutos, sólo ha llegado a existir porque de algún otro lugar han surgido pliegues, hundimientos -en resumen: han actuado procesos de destrucción. Sólo necesito citar algunas palabras de esta obra importantísima de la geología contemporánea, y podrán ver a partir de ella adónde le ha llevado el enfoque geológico puramente sensorial del concienzudo naturalista Eduard Sueß.

".. . Lo que estamos presenciando es el colapso del planeta. El cual comenzó hace mucho tiempo, por supuesto, y la corta vida de la raza humana nos permite seguir siendo optimistas. Las huellas no sólo están presentes en las altas montañas. Grandes terrones se han hundido a cientos, incluso en algunos casos a muchos miles de metros de profundidad, y ni el más mínimo paso por la superficie, sino que sólo la diversidad de tipos de roca o la profunda explotación minera delatan la existencia de la cantera. El tiempo lo ha nivelado todo. En Bohemia, en el Palatinado, en Bélgica, en Pensilvania, en numerosos lugares, el arado traza tranquilamente sus surcos sobre las fracturas más formidables." 

Aquí tienen el resultado de una ciencia cuidadosa sobre el terreno que pisamos. Ahora piensen lo que la ciencia espiritual tiene que decir sobre el inicio de este proceso a través de un proceso destructivo anímico-espiritual, cuya continuación por un lado significa el proceso destructivo físico-mecánico que ocurre en la superficie de la tierra <y que la geología se ve obligada a afirmar por sí misma a través de cuidadosas investigaciones>. Es así en todos los campos. Si ustedes consultan la verdadera investigación, los hechos, lo verán por todas partes: Aquí está la ciencia espiritual con lo que tiene que decir a partir de la investigación clarividente, y allí la ciencia natural, que sólo debe ser pensada sin ser influenciada por prejuicios monistas, materialistas o de otro tipo, que se alza sobre el terreno puro y sólido de los hechos. En todas partes, verán cómo la ciencia espiritual fluye en la ciencia natural de tal manera que la ciencia natural, por lo que tiene que aportar desde el terreno puro de los hechos, aporta una prueba amplísima de lo que la ciencia espiritual tiene que decir de sí misma. Nunca hay contradicción entre la ciencia espiritual y la verdadera ciencia natural. Las contradicciones sólo existen entre la sana ciencia espiritual, que parte de la realidad, y las teorías de los fantasiosos y de los que dicen estar en el terreno firme de la ciencia, pero que pierden inmediatamente su firmeza cuando no entran en lo que dicen los hechos, sino en lo que ellos mismos quisieran decir sobre los hechos. La ciencia espiritual se deja decir por los hechos espirituales lo que éstos tienen que decir sobre los misterios del mundo. La ciencia natural mira con sus métodos lo que le ha sido revelado y lo que tiene que decir. Ambas están en plena armonía. Y si no se toman esas obras populares que dicen: "esto y aquello está científicamente establecido", sino que se va a las fuentes, entonces se puede encontrar, especialmente en el campo de la geología, cómo los geólogos de todas partes penetran hasta cierto punto y luego ponen allí signos de interrogación. Cuando ustedes hayan llegado a estos signos de interrogación, pueden partir de ellos mirando ahora la investigación científica espiritual. Esta nos dice entonces: Si lo que muestra la clarividencia es correcto, también el material fáctico externo debe configurarse de tal o cual manera. En el caso geológico se ha demostrado: Si lo que la ciencia espiritual tiene que mostrar es correcto, entonces nuestro globo debe estar ahora en colapso como la continuación del actual proceso de descomposición. ¡La geología, que va a los hechos, muestra a partir de las leyes que es así! Los resultados de la ciencia natural son en todas partes las consecuencias de la investigación científica espiritual. Si tenemos en cuenta todo el espíritu y el sentido de este argumento, no nos entristeceremos en absoluto por el hecho de que caminemos sobre un suelo que es un cadáver en descomposición. Pues nos damos cuenta de que sobre este suelo se ha desarrollado lo que a su vez contiene en sí gérmenes del futuro.

Las conferencias siguientes nos mostrarán también cada vez más que así como el hombre mira su espíritu, así también lo espiritual, que una vez preparó el suelo bajo sus pies, se acerca a épocas futuras que lo mostrarán en alturas cada vez más elevadas. Si ya el geólogo Sueß, -porque al ocuparse de la naturaleza se adentra en toda la belleza de ésta incluso en los procesos de destrucción-, sabe admirar la faz de la tierra, diciendo en su gran obra monumental las palabras dignas de tomarse a pecho: "Ante estas cuestiones abiertas nos regocijamos en el sol, en el firmamento estrellado y en toda la diversidad de la faz de nuestra tierra, que ha sido producida por estos mismos procesos, reconociendo al mismo tiempo hasta qué punto la vida está regida por el carácter y los destinos del planeta", cuando ya el geólogo. -Si el geólogo, elevándose por encima de todo pesimismo, siente esta perspectiva en su alma, entonces el científico espiritual, que sabe que la palabra de Goethe es cierta -la naturaleza inventó la muerte para tener mucha vida- y que también sabe que es cognitivamente cierto decirlo, dice tanto más: La naturaleza inventó la muerte para tener una vida cada vez más elevada y espiritual, el científico espiritual que sabe esto dice: "Aunque tengamos que mirar lo que una vida superior ha separado, como a un cadáver en proceso de destrucción, seguimos viendo en todo lo que camina sobre este suelo gérmenes brillantes de lo que puede despertar esperanza y seguridad en nuestros corazones. Pero esto nos dice: caminamos sobre el suelo que nos ha dado el mundo anterior, que en su descomposición, en su destrucción, se ha convertido en el suelo bajo nuestros pies. Caminamos sobre este suelo, previendo, -al elevarnos en nuestro espíritu a las alturas del cielo-, que en el curso del desarrollo futuro tendremos que abandonar este suelo en el momento oportuno para ser recibidos en el seno del mundo espiritual con el que, si lo comprendemos bien, nos sentimos tan íntimamente unidos.

Traducido por J.Luelmo mar.2023