CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA174 Dornach 20 de enero de 1917 El poder destructor de la deshonestidad en las relaciones entre vivos y muertos

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RUDOLF STEINER


 EL KARMA DE LA FALSEDAD

Dornach 20 de enero de 1917

XXI conferencia

Los impulsos relacionados con el mundo espiritual, cualquiera que sea su dirección, sólo pueden comprenderse desde el punto de vista de la ciencia espiritual. Como hemos visto, en los acontecimientos actuales hay impulsos que hemos rastreado hasta los seres humanos, pero sólo hasta aquellos que saben manejar los impulsos espirituales de una forma u otra.

Debemos preguntarnos: ¿Por qué ciertas personas hacen el tipo de cosas de las que hemos estado hablando? Lo que nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Por qué vivimos en una época en la que la mentira -la falsedad- funciona como una fuerza dominante en el mundo, una fuerza que impulsa a los seres humanos con una verdadera pasión que podría, si en su lugar se volviera hacia la verdad, aportar infinitamente mucho en el camino de la curación?

Estas cosas están, en efecto, relacionadas con lo que en este momento constituyen los impulsos más profundos de la humanidad. Podemos llegar a comprenderlos más de cerca, de una manera apropiada para nuestro tiempo, incluyendo en nuestras consideraciones la tarea más urgente de esa visión científico-espiritual del mundo que hemos hecho nuestra. Recordemos que nuestra ciencia espiritual antroposófica trata de comprender ciertos aspectos espirituales que existen en el mundo, ciertas fuerzas que actúan en el mundo de los seres humanos en la medida en que se desarrollan no sólo entre el nacimiento y la muerte, sino también entre la muerte y un nuevo nacimiento. Para la gente de hoy en día es difícil pensar en estas cosas de la manera correcta, porque han perdido ciertas facultades que una vez estuvieron presentes en la evolución humana; durante un tiempo estas facultades tuvieron que pasar a la clandestinidad, pero ahora deben iluminarse de nuevo a través de la ciencia espiritual.

Sabemos muy bien que en la antigüedad el alma humana estaba vinculada con el mundo espiritual de un modo más elemental, más natural; tales vínculos no tenían que ser provocados por un trabajo espiritual activo, sino que existían por sí mismos. Los llamábamos atávicos. También sabemos que en aquella época era imposible que los seres humanos dudaran de la existencia de la vida después de la muerte. La posibilidad de tal duda sólo surgió durante un período intermedio que ahora será sucedido por una era en la que todos conocerán la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento.

En aquellos tiempos, algo más, -una tercera condición-, era tan natural para el alma humana como lo son hoy la vigilia y el sueño. En el estado actual de vigilia, el ser humano está limitado por completo al mundo físico que puede percibir con sus sentidos; vive entre el nacimiento y la muerte en un mundo que puede experimentar a través de sus sentidos y de su entendimiento, circunscrito por el cerebro. Y durante el dormir están inconscientes. Las entidades del yo y del cuerpo astral en las que viven entre el dormir y el despertar aún no son lo suficientemente fuertes como para proporcionarles una conciencia comparable. Sabemos que el cuerpo astral sólo se ha estado desarrollando desde la época de la antigua Luna y el yo sólo desde el comienzo de la evolución terrestre. Ambos son jóvenes en comparación con la evolución cósmica y aún no son lo suficientemente fuertes como para alcanzar la consciencia cuando se les deja solos entre el momento de dormirse y el de despertarse.

Sin embargo, los sueños, con sus múltiples imágenes, surgen del dormir. Estos sueños pueden contener muchas cosas que pertenecen al mundo espiritual. Hay mucho en los sueños que pertenece al mundo espiritual, pero el alma humana, tal como es hoy, no es capaz de ver más allá de los sueños para descubrir qué es lo que vive en ellos. Los sueños son imágenes engañosas tejidas con un velo de maya. Cuando se interpretan correctamente, revelan experiencias de tiempos pasados o indicaciones proféticas para el futuro. También revelan la interacción que tiene lugar entre los vivos y los muertos mientras dormimos. Todo puede llegarnos a través de los sueños. Pero, en la fase actual de su evolución, los seres humanos no comprenden el extraño lenguaje de los sueños. Las imágenes de los sueños siguen siendo incomprensibles, y esto es muy natural. Al igual que los europeos no pueden interpretar los sonidos hablados por los chinos, los hombres de hoy no pueden interpretar el lenguaje de las imágenes de los sueños.

Así, durante este período intermedio, el ser humano está totalmente restringido en conciencia a todo lo que pueda descubrir a través de esos instrumentos más antiguos, el cuerpo físico y también el cuerpo etérico, que se han estado desarrollando desde la época del antiguo Sol y del antiguo Saturno y que, por lo tanto, están constituidos de tal manera que pueden ofrecerle conciencia mientras se encuentre en ellos, es decir, entre la vigilia y el momento de dormirse.

Ahora bien, la ciencia espiritual por la que estamos esforzándonos nos da conceptos del mundo suprasensible que actúa dentro y detrás del mundo perceptible por los sentidos. Los conceptos e ideas que nos da la ciencia espiritual y que hacemos nuestros no están relacionados con nada que pueda ser percibido por los sentidos. Se relacionan con lo que hay entre la muerte y un nuevo nacimiento, o con el mundo suprasensible que está más allá del mundo de los sentidos. Su comprensión no es, o no debería ser, una mera comprensión de ciertas teorías. No se trata de saber una cosa u otra, sino de alcanzar un cierto estado de ánimo interior cuando comprendemos las verdades relativas al mundo suprasensible.

Es difícil describir estas cosas con palabras porque nuestro lenguaje ha sido acuñado para el plano externo, físico, por lo que tenemos que esforzarnos al aplicarlo a las condiciones suprasensibles. Se podría decir que todo aquello a lo que aplicamos ordinariamente nuestro entendimiento vive groseramente, densamente en nuestra alma, porque nuestro cerebro está siempre a nuestra disposición y está entrenado para tratar con ideas y conceptos relativos al plano físico. Pero para explicar cosas que no se relacionan con el plano físico tenemos que esforzar nuestra alma hasta tal punto que, cuando estudiamos la ciencia espiritual, nuestro cerebro desempeña un papel cada vez menor. Cuando experimentamos dificultades para comprender lo que nos da la ciencia espiritual, es sólo porque nuestro cerebro impide nuestra comprensión. Nuestro cerebro está ajustado y adaptado a los conceptos groseros del plano físico y tenemos que esforzarnos para adquirir los conceptos más sutiles, -sutiles sólo en lo que se refiere a la comprensión humana-, del mundo espiritual. Este esfuerzo es enteramente saludable, es ciertamente bueno, porque con la ciencia espiritual vivimos entonces en nuestra alma de una manera nueva, muy diferente de la que requieren el conocimiento físico y la comprensión y las ideas. Nos transportamos a un mundo de imágenes e ideas móviles y sutiles, y eso es significativo.

Todos ustedes pueden, -utilizando el cerebro solo en débiles vibraciones-, ser conscientes del punto en el que se encuentran suficientemente dentro de la esfera en la que el cuerpo etérico vive más o menos por sí mismo. Ese es el punto en el que empiezan a sentir que ya no tienen que esforzarse para pensar los pensamientos dados por la ciencia espiritual, del modo en que tienen que esforzarse para pensar los pensamientos cotidianos. Saben muy bien que ustedes mismos elaboran los pensamientos que piensan sobre los asuntos cotidianos en el plano físico; desarrollan los conceptos de acuerdo con las exigencias y condiciones cotidianas de la vida, de acuerdo con las simpatías y antipatías y con todo lo que sus sentidos y su entendimiento cerebral condicionan. Con la ciencia espiritual, sin embargo, una vez que entren realmente en ella, comenzarán a sentir: Yo no he pensado todo esto por mí mismo; ya ha sido pensado antes de que yo lo pensase; está flotando allí como un pensamiento y simplemente entra en mí. Cuando empiecen a sentir: Esto está flotando en el pensamiento objetivo del universo y simplemente entra en mí, entonces ya habrán ganado mucho. Habrán experimentado una relación con ese delicado mundo etérico, flotante y entretejido en el que vive su alma. Después de eso, en realidad es sólo cuestión de tiempo, aunque podría ser bastante largo, antes de que gradualmente entren en esa esfera que compartimos con aquellos entre los muertos con los que estamos kármicamente vinculados.

Como les decía, en la antigüedad no se discutía si la inmortalidad existía o no. La gente tenía entonces una tercera condición aparte de estar despierto y dormido, una condición intermedia que no era meramente un estado de sueño. Era una condición elemental y natural, en la que los seres humanos veían a sus muertos espiritualmente cara a cara. Estaban allí y convivían con ellos. En aquellos tiempos, cuando las personas hacían algo, o cuando les sucedía algo fuera de lo común, -y esto, por supuesto, sucedía y sigue sucediendo todo el tiempo, pues no somos sólo criaturas de costumbres-, entonces sentían a su lado a uno u otro de los que habían pasado por la muerte antes que ellos, hacía mucho o no tanto tiempo. Sentían como si la persona muerta actuara con ellos, o se uniera a sus consejos. Así, cuando el alma de una persona que vivía en la Tierra decidía hacer algo, o cuando a esa persona le ocurría algo, esta alma sentía que había alguien que había muerto y que se unía a la acción o al sufrimiento. Los muertos estaban presentes. Así que no había discusión sobre la inmortalidad o la falta de ella. Habría sido tan inútil como cuestionar si alguien con quien estamos hablando está realmente allí o no. Lo que experimentamos es una realidad, y antiguamente la gente experimentaba que los muertos compartían todo lo que ocurría.

Conocemos las razones por las que aquellos tiempos tuvieron que pasar al olvido de la existencia. Pero volverán, aunque de forma diferente. La forma de su regreso será provocada por los seres humanos que alcancen el estado anímico que se puede lograr a través de la ciencia espiritual, a través de vivir activamente en las imágenes del mundo espiritual dadas por la ciencia espiritual. Esto permitirá al alma alcanzar una delicada sintonía, y entonces en esta delicada sintonía entrarán las almas de los llamados muertos. Por supuesto que siempre están presentes, pero lo que importa ahora es que seamos conscientes de cómo entran en nuestra esfera anímica. Por supuesto, los muertos siempre rodean a aquellos de nosotros con los que estuvieron kármicamente vinculados durante la vida. Pero para que puedan entrar en nuestra conciencia debemos ir a su encuentro con la fina sintonización que acabo de describir. Porque, como ven, siempre es posible que los muertos entren en las almas humanas si éstas llevan su vida en un estado de ánimo como el que acabo de describir, en el que los conceptos e ideas formados por estas almas viven, de alguna manera, en una esfera suprasensible. Del aspecto corporal, físico, del hombre tienen que huir los muertos, pues por el momento no pueden entrar allí. Tampoco pueden entrar en esos pensamientos que sólo surgen del cerebro a la manera del mundo físico. Y como hoy en día los seres humanos sólo tienen pensamientos que surgen del cerebro, es muy difícil que los muertos entren en contacto con los vivos.

Pero si los vivos se encuentran con los muertos desarrollando el estado de ánimo que está ahí precisamente porque uno está muy dedicado a las ideas suprasensibles, entonces los muertos pueden entrar en este flotar y tejer del alma, que se retira de lo físico, que no se ocupa de lo físico. Todo en nuestro tiempo depende hoy de que las almas humanas encuentren la oportunidad de recorrer el camino hacia los muertos, por así decirlo. Entonces los muertos vienen a su encuentro. Hay que encontrarse en una esfera común.

Y, como he subrayado a menudo, los conceptos e ideas que desarrollamos a partir de la ciencia espiritual en relación con el mundo suprasensible son naturales para los vivos y para los muertos. Por eso he recomendado leer a los muertos en el pensamiento, es decir, desarrollar con respecto a ellos pensamientos que se relacionen con el mundo suprasensible. Pues esto tiende inmediatamente un puente hacia ellos, un puente no sólo hacia los que han muerto recientemente, sino hacia los muertos en general, incluidos los que murieron hace mucho, mucho tiempo. 

De este modo, los vivos tienen la oportunidad de acercarse a los muertos. 

Pero el muerto también tiene la oportunidad de influir así en los pensamientos de los vivos. Y si han absorbido el espíritu de la ciencia espiritual, entonces podrán formarse una idea justa a partir de tales disputas de que en la era materialista en la que nosotros como seres humanos hemos vivido ahora durante tanto tiempo, los muertos han ganado cada vez menos influencia sobre el curso de los acontecimientos aquí en el mundo físico, ya que la gente se ha entregado a ideas más materialistas, es decir, ideas relacionadas con el plano físico, a las que los muertos no tienen acceso. Por lo tanto, los acontecimientos que suceden aquí en el mundo físico tienen lugar sin la influencia o con menos influencia de los que han fallecido. Pero esto debe cambiar de nuevo, debe haber una comunicación viva entre los vivos y los muertos. Los que han fallecido deben poder trabajar en el mundo físico para que lo que suceda en el mundo físico no suceda meramente bajo la influencia de las ideas que surgen en el propio mundo físico.

Así, la búsqueda de la ciencia espiritual está realmente íntimamente relacionada con dar a los muertos la oportunidad de trabajar aquí en el mundo físico. Y hay que decir que es un alto, un serio objetivo del quehacer científico espiritual crear un vínculo entre el mundo espiritual, en el que están los muertos, y el mundo físico, para que los muertos no se encuentren en la situación de tener que decir que estamos, por así decirlo, exiliados del mundo físico, porque los vivos abajo en el mundo físico no desarrollan pensamientos a través de los cuales podríamos intervenir en este mundo físico.

Ciertamente, algunos dirán: me estoy esforzando por empaparme de ideas científico-espirituales, pero todavía no he notado nada sobre la influencia de los muertos. -Sí, mis queridos amigos, estas cosas requieren cierta paciencia. Han de considerar realmente hasta qué punto la vida humana en el plano físico se ha esforzado durante siglos hacia el materialismo, es decir, se ha esforzado contra todo lo que hace posible que los muertos influyan de una manera justa. Entre todo lo que ha sucedido, lo que realmente ha estado sucediendo durante siglos, se han desarrollado ciertos sentimientos, ciertas sensaciones que la gente de hoy tiene de forma bastante inconsciente hacia el mundo espiritual.  

Y en contra de estos sentimientos y sensaciones, lo que viene de la ciencia espiritual hoy en día a menudo se queda en una teoría abstracta. Se está convencido de que lo que dice la ciencia espiritual sobre los mundos suprasensibles es cierto. Ciertamente, pero todavía no ha pasado a toda la vida del alma de tal manera que uno sea capaz de desarrollar esas sensaciones y sentimientos que no interfieren con la sutil e íntima interacción de lo que emana de los muertos. No es fácil ver estas cosas en su justa medida. El hombre de hoy es un hijo o un nieto o un bisnieto o un tataranieto de aquellas personas que han vivido en el transcurso de los últimos siglos y que, bajo la influencia del materialismo emergente, han dado ciertas direcciones a sus sentimientos y emociones. Estas direcciones de sentimientos y emociones se expresan en cada detalle. Podemos tener la mejor voluntad para encontrarnos con un muerto de la manera adecuada, para recordar a un muerto de la manera adecuada, pero toda nuestra disposición emocional y sensorial, tal como está activa, diría yo, a través de nuestra sangre, que desciende de nuestros antepasados, no es adecuada, para poner realmente ante el alma las manifestaciones y revelaciones sutiles e íntimas que emanan de los muertos, de tal manera que nuestras sensaciones no sean luces parpadeantes, luces parpadeantes excitadas.

El hecho de que esto sea así no tiene por qué desanimarles, sino que deben atenerse siempre a lo positivo. Lo positivo es que uno se esfuerza realmente por alcanzar ese estado que en determinados momentos de la vida, como fruto de los estudios científico-espirituales, da esa paz de espíritu, -pues depende de la paz de espíritu, depende de la calma de espíritu-, que hace posible que nos lleguen esas manifestaciones sutiles, íntimas, revelaciones, desde el reino de los muertos. 

También es necesaria otra cosa, y es la buena voluntad para resistir toda esa falsedad de la que hemos estado hablando en estas conferencias. Todas esas falsedades que zumban en el mundo entran en lo que podría llamarse el aura espiritual y generan allí una espesa niebla que a los muertos les resulta imposible penetrar. Esta espesa niebla contiene toda esa basura negra que proviene, por ejemplo, -por citar sólo una fuente-, del periodismo actual, en forma de falsedades que se imprimen y se repiten, creando un aura de falsedad que se extiende por toda la tierra. No es exagerado decir que es sumamente difícil para los muertos penetrar en esta niebla negra. Por lo tanto, con la ayuda de ideas como las que hemos venido desarrollando acerca de la falsedad absolutamente concreta que bulle en el mundo, es necesario esforzarse por alcanzar la claridad, hacer realmente el esfuerzo en este campo de reconocer la verdad puramente externa del plano físico en la medida en que ésta pueda llegar a sernos accesible, a fin de no cubrir nuestra alma con una densa niebla a través de la cual el mundo espiritual simplemente no puede penetrar. Ustedes comprenderán cuán necesario es esto.

En relación con los conceptos que acabamos de discutir, abordemos ahora la cuestión: ¿Cuál es el objetivo de esas sociedades secretas que envían al mundo impulsos del tipo que hemos estado describiendo, impulsos que luego viven en la vida de la falsedad y que han conducido, a partir de esta falsedad, a los dolorosos acontecimientos de hoy? ¿Qué quieren estas sociedades secretas? Entre otras, -no podemos entrar en todo-, hay una cosa en particular que quieren: Quieren materializar aún más el materialismo; quieren crear aún más materialismo en el mundo del que se produciría como parte de la evolución natural de la humanidad en el quinto período post-atlante. Quieren aún más materialismo. Este es sólo un aspecto de lo que pretenden, pero es el aspecto que queremos al menos tocar aquí. Con este aspecto en mente se fundan tales sociedades y con este aspecto en mente se persuade a las personas para que se unan a ellas, personas a las que se acude durante su vida porque se las considera adecuadas.

Existen los más variados tipos de sociedades de este tipo. Un tipo, muy extendido en Occidente y que adopta todo tipo de formas, incluye las organizaciones que practican la magia ceremonial. La magia ceremonial puede, por supuesto, ser magia buena, pero ahora estamos hablando de aquellas sociedades que no practican la magia ceremonial para el bien de la humanidad en general, sino para el bien de ciertos grupos de personas, o ciertos objetivos específicos que no son objetivos humanos generales.

Veamos primero las sociedades que practican la magia ceremonial desde este punto de vista. Como hemos dicho, puede ser buena, pero en estas sociedades no lo es. Ciertos tipos de magia ceremonial tienen efectos definidos sobre el cuerpo físico humano. Todo lo físico es, después de todo, una manifestación del espíritu. Ciertos aspectos espirituales que surgen bajo la influencia de la magia ceremonial pueden tener efectos sobre el cuerpo físico humano, concretamente sobre el sistema de ganglios, tal como lo describí el otro día, y también sobre el sistema de la médula espinal. El sistema cerebral es el más difícil de influenciar por medio de la magia ceremonial. Todo esto tiene que hacerse a través del desvío del elemento espiritual, pero puede hacerse y puede llegar a ser eficaz.

Imaginemos que ciertas sociedades secretas llevan a cabo una forma de magia ceremonial dirigida hacia sus aspectos grises o negros. Imaginemos que influyen en sus miembros de un modo que afecta incluso a su cuerpo físico, incluso a las delicadas vibraciones y tejidos de su cuerpo físico, de modo que algo espiritual fluye hacia este cuerpo físico.

¿Cuál es la consecuencia? La consecuencia es que ahora se produce algo que era adecuado en períodos anteriores de la evolución humana, pero que hoy ya no es permisible. Tales procedimientos hacen posible que el mundo espiritual influya en los seres humanos que participan, aunque no se dirijan hacia él por el camino que he descrito. Esto significa que es posible que los muertos, así como otros espíritus, influyan en los miembros de un círculo creado por magia ceremonial. De este modo, el materialismo actual puede convertirse en hipermaterialista.

Imaginemos a un ser humano, -y hay innumerables en Occidente-, que es totalmente materialista, no sólo en su visión del mundo, sino también en todos sus sentimientos y sensaciones. Y luego imaginen que esta disposición materialista aumenta hasta alcanzar un alto grado. Tal persona debe necesariamente desarrollar un impulso para ejercer una influencia sobre el mundo material, no sólo mientras vive en su cuerpo físico, sino también después de haber muerto. Se empeña en lo siguiente: Cuando muera quiero tener alguna morada a través de la cual pueda afectar a las personas que he dejado en la tierra, o que están formadas de tal manera en relación conmigo. De hecho, hay ciertas personas hoy en día cuyo impulso materialista es tan grande que se esfuerzan por encontrar medios a través de los cuales puedan cultivar conexiones con el mundo físico incluso más allá de la muerte. Y tales medios, a través de los cuales una persona se asegura la posibilidad de afectar al mundo material desde más allá de la muerte, son moradas de ciertos tipos de prácticas mágicas ceremoniales.

Esto es algo que puede tener inmensas consecuencias. Imagínense a una serie de personas reunidas para formar una determinada hermandad. Estas personas lo saben: Otros nos han precedido; su impulso de ejercer su poder era tan grande que su vida en la tierra no fue suficiente para su gratificación, por lo que quieren seguir gratificándolo incluso después de la muerte. Para ellos estamos creando una morada, y a través de los actos de magia ceremonial que practicamos, trabajan en nuestros cuerpos. Gracias a ello obtenemos un poder mayor del que tenemos; gracias a ello estamos capacitados para ejercer cierto grado de poder mágico sobre otras personas más débiles que se encuentran fuera de tales hermandades. Cuando pronunciamos palabras, cuando damos un discurso, estas almas muertas trabajan en nosotros porque hemos sido preparados compartiendo estos actos de magia ceremonial.

Una cosa es que alguien que simplemente participa honestamente en los procesos culturales de nuestro tiempo pronuncie un discurso en el parlamento o escriba un artículo en un periódico. Pero otra cosa muy distinta es que una persona que pertenece a un círculo de magia ceremonial, y que por ello se ve reforzada por los impulsos de poder de algunos que han muerto, pronuncie un discurso en el parlamento o escriba un artículo para un periódico. Este último ejerce un grado de influencia en la dirección de sus deseos inmensamente mayor que el que tendría si no contara con este respaldo. Este es un aspecto de la cuestión.

Por otro lado, quienes entran en el círculo de ciertas sociedades que practican la magia ceremonial se aseguran un poder que va más allá de la muerte, una especie de inmortalidad ahrimánica. Para estas personas esta es su principal preocupación. Para ellos, la sociedad en la que entran les proporciona una especie de garantía de que ciertas fuerzas, -que por derecho sólo deberían vivir en ellos hasta el momento de la muerte-, seguirán viviendo, incluso más allá de la muerte. Más personas de lo que se podría pensar están hoy en día llenas de esta idea de garantizarse una inmortalidad ahrimánica, que consiste en ejercer influencia no sólo como ser humano individual, sino también a través del instrumento de una sociedad de este tipo. Tales sociedades existen en las formas más variadas, y los individuos que han alcanzado ciertos grados de adelanto en estas sociedades lo saben: Como miembro de esta sociedad llegaré a ser hasta cierto punto inmortal, porque las fuerzas que de otro modo llegarían a su fin con mi muerte, continuarán actuando más allá de la muerte.

Lo que estas personas entonces experimentan a través de esta magia ceremonial los hace bastante ajenos a un pensamiento que preocuparía a alguien que toma tales cosas verdaderamente en serio y de una manera genuinamente digna. Esto es que cuanto más gana una persona por medio de la inmortalidad materialista, o más bien de la inmortalidad ahrimánica, más pierde de la conciencia de la verdadera, genuina inmortalidad. Sin embargo, el materialismo se ha apoderado tanto de muchas almas hoy en día que permanecen despreocupadas al respecto y son engañadas para que luchen por la inmortalidad ahrimánica. En efecto, ¡podría decirse que hoy existen sociedades que, desde un punto de vista espiritual u oculto, podrían llamarse "compañías de seguros para la inmortalidad ahrimánica"!

En cada caso, sólo un pequeño número de personas comprende todas estas cosas. Porque, por regla general, estas sociedades están organizadas de tal manera que la magia ceremonial que practican influye sólo en aquellos que no son conscientes de las implicaciones, simplemente desean entrar en contacto con el mundo espiritual por medio de ceremonias simbólicas. Hay muchas personas así. Y los que tienen este deseo no son necesariamente los peores. Son aceptados como miembros del círculo de la magia ceremonial, entre los cuales hay unos pocos que simplemente utilizan al resto de los miembros como instrumentos. Por lo tanto, hay que tener cuidado con todas las sociedades secretas administradas por los llamados grados superiores, cuyos objetivos se mantienen ocultos a los grados inferiores. Estos grados administrativos normalmente comprenden a aquellos que han sido iniciados en una etapa en la que sólo tienen una vaga idea de lo que acabo de explicarles. Comprenden a aquellos que deben trabajar positivamente en conexión con ciertas metas y objetivos que luego son realizados por el grupo más amplio de aquellos que han sido simplemente introducidos en el círculo de la magia ceremonial. Todo lo que hacen estas personas se hace de tal manera que conduce en la dirección requerida por los grados superiores, pero se ve reforzada por las fuerzas que provienen de la magia ceremonial.

Aquellos que conocen el enorme número de sociedades de este tipo que existen en Occidente pueden empezar a hacerse una idea de lo inmensamente eficaces que pueden ser estas sociedades de magia ceremonial para ciertos planes de largo alcance para el mundo. Como se ha visto, el objetivo principal es prolongar hasta nuestros días una forma de proceder en la que el mundo espiritual trabaja en el mundo físico perceptible por los sentidos de una manera que era correcta en épocas anteriores. Para nuestra época, sin embargo, el procedimiento correcto es que los seres humanos vayan hacia los muertos y se encuentren con ellos a mitad de camino. Sin embargo, en el estado de ánimo que acabamos de discutir, se busca un camino que era apropiado en épocas anteriores, atávicas, pero que hoy en día se lleva a cabo a través de la magia ceremonial.

Esto debería daros una idea de los extremos desproporcionados a los que el materialismo exagerado, el materialismo hipermaterialista, está dispuesto a llegar para cruzar la frontera con el mundo espiritual, una frontera que hoy en día sólo debería cruzarse mediante la sintonización del alma con ese estado de ánimo que puede lograrse mediante la contemplación de conceptos suprasensibles. Una actitud apropiada para hoy es aquella que nunca acepta cosas que son dadas por muchas sociedades secretas, y que no son entendidas, porque de hecho mucho de lo que no ha sido entendido es hoy tanto dado como aceptado. Hoy en día es apropiado tratar lo que estas sociedades dan como algo que es a lo sumo un fracaso para dar a la palabra hablada su verdadero valor, es decir, algo que utiliza las palabras como meros conceptos.

En mucho de lo que hoy bulle en el mundo por la vía de la falsedad y por la vía del egoísmo, en mucho de lo que ha llevado incluso a la canonización del egoísmo, -no por el Papa, claro-, en mucho de lo que ha llevado a acuñar la frase sacro egoísmo, que se ha convertido en un nuevo santo, aunque no canonizado por el Papa, en mucho de lo que hoy bulle en el mundo a modo de egoísmos y falsedades, actúan influencias e impulsos que cobran fuerza extra del mundo de los muertos, del modo descrito. Y al buscar estos impulsos, les llevarán a enlazar con otros impulsos sobre los que pueden encontrar información en mi libro La Guía Espiritual del Hombre. Las conferencias en las que se basa este libro fueron pronunciadas en 1911 en Copenhague, por los más diversos motivos. Allí encontrarán una descripción de cómo ciertos poderes angélicos permanecieron en el tercer período post atlante, para desplegar hoy una fuerza semejante a la desarrollada durante la antigua época egipcia. En esas conferencias dije:

"Cualquier cosa maravillosa puede convertirse en tentadora y seductora de la humanidad si la gente la sigue unilateralmente; y entonces, si esta unilateralidad empieza a arraigar, surge el gran peligro de que toda clase de buenos esfuerzos empiecen a manifestarse como fanatismo. Si bien es cierto que la humanidad progresa por medio de sus nobles impulsos, no es menos cierto que una búsqueda excesivamente entusiasta y fanática de estos nobilísimos impulsos puede conducir a todo lo que sería peor para su correcto desarrollo".

A continuación, la conferencia describe cómo ciertas fuerzas que tenían su lugar propio en el tercer período post-atlante comienzan a actuar en nuestra época. Se puede agregar ahora que, así como un individuo encuentra con toda razón una conexión con su ángel propio, también es posible que encuentre una conexión con esos espíritus retardados del período egipcio-caldeo, esos ángeles rezagados, si busca esas fuerzas e impulsos que, de hecho, son fuerzas ahrimánicas exageradas que vienen de la manera descrita del reino de los muertos. Estos ángeles rezagados desempeñan un papel importante en las sociedades secretas que les he estado describiendo. Allí son importantes ayudantes y espíritus dirigentes. Mucho de lo que sucede en tales sociedades secretas tiene por objeto traer elementos egipcio-caldeos de la manera antigua a la época actual. Cuando estos asuntos no son meras payasadas, sino que entran de lleno en la vida oculta, esto tiene lugar bajo la influencia de seres retardatarios de la jerarquía de los ángeles que se convierten allí en líderes. Estos son los seres de la jerarquía inmediatamente superior al hombre que son buscados por estas sociedades.

Esto nos indica algo sumamente importante. Cuando comprendemos cómo funcionan y se conservan los testamentos vivos de estas sociedades -no testamentos escritos que quedan para los que aún viven, sino testamentos que son fuerzas que van más allá de la muerte-, cuando comprendemos cómo funcionan y se conservan, algo que no debería ocurrir, entonces comprendemos algo del poder mágico que ejercen estas sociedades y que a menudo les permite imprimir el sello de veracidad a algo falso. Y, de hecho, una de sus importantes funciones mágicas es difundir la falsedad en el mundo de tal manera que dé el efecto de ser la verdad. Pues en este efecto de la "falsedad en lo verdadero" reside una de las poderosas fuerzas del mal. Esta fuerza del mal se utiliza de forma considerable en todo tipo de ámbitos.

Esto quería decirles hoy, para darles el trasfondo esotérico de los asuntos más exotéricos que he estado describiendo. Mañana continuaremos con ello y trataremos de profundizar aún más en ciertos aspectos.

Traducido por J.Luelmo nov.2023

GA174 Dornach, 28 de enero de 1917 - Los estudios de Goethe sobre la respiración de la tierra. La relación entre el habla y el ritmo de la respiración

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RUDOLF STEINER


 EL KARMA DE LA FALSEDAD

Dornach 28 de enero de 1917

XXIV conferencia hablaré de forma más general, tal vez aforística, para preparar el camino para el martes, cuando hablaré de nuestra ciencia espiritual antroposófica y de su importancia para la época actual y para la evolución humana. A continuación, señalaré algunas cosas que, sin duda, debemos tener muy en cuenta. Por un lado, haremos una retrospectiva de nuestro trabajo, y por otro, expondré algunas cuestiones que son importantes para toda la forma en que evaluamos nuestro movimiento científico espiritual, así como la manera en que nos relacionamos con él. Me parece apropiado en este momento, llevar en nuestro corazón una consideración de este tipo.

Permítanme comenzar hoy con algunas observaciones sobre lo que puede darnos, como seres humanos, una idea de nuestra situación en el cosmos. En realidad, los seres humanos de esta era materialista se sienten, podría decirse, abandonados y aislados en el cosmos. Si a una persona le cortas un dedo o una mano, o le amputas una pierna, siente que le has quitado algo que pertenece a su naturaleza física, corporal; siente que la parte que le falta pertenece a la totalidad de su naturaleza corporal. En épocas anteriores de la evolución humana, la gente sentía esto de forma muy diferente. No sólo sentían que su mano, su brazo o su pierna formaban parte de todo su ser, sino que sentían que, a su vez, formaban parte de una totalidad. En aquella época era posible hablar de manera muy diferente de un yo grupal. Las tribus, las familias, durante generaciones atrás, se sentían a sí mismas como una totalidad. Hemos hablado de ello con frecuencia. En cuanto a su existencia externa, física, sin embargo, la gente sentía algo muy diferente. Se sentían en cierto modo como si estuvieran dentro del cosmos como un todo, como si hubieran sido formados a partir de todo el cosmos.

Igual que hoy sentimos que nuestro dedo, nuestra mano, es un miembro de nuestro organismo total, así en la antigüedad la gente sentía: Allá arriba está el sol; sigue su propio curso pero no es ajeno a nosotros; somos una parte de la región recorrida por el sol; somos una parte del universo al que la luna da ciertos ritmos. En resumen, sentían que el universo era un gran organismo y que ellos estaban dentro de él, igual que hoy nuestro dedo puede sentir que forma parte de nuestro cuerpo. El hecho de que esta sensación, esta percepción, se haya perdido prácticamente en la actualidad tiene mucho que ver con el auge del materialismo. La ciencia actual, en particular, desdeña la idea de que el hombre pueda formar parte del cosmos. La ciencia considera al ser humano como un cuerpo individual, cuyas partes separadas se examinan y describen anatómica y fisiológicamente. Ya no es costumbre en la ciencia considerar al ser humano como un miembro del organismo total del universo en la medida en que éste es físicamente visible.

Pero la visión de las cosas, sobre todo la científica, tendrá que volver al concepto del hombre inserto en todo el cosmos. El ser humano tendrá que volver a sentir que está dentro del universo cósmico. Esto no será posible de la forma en que se hacía antiguamente. Tendrán que lograrlo ampliando su ciencia, que hoy es abstracta y dirigida al individuo, para incluir ciertas consideraciones. Tendrán que aplicar ciertos juicios, de los que hoy sólo hablaremos de uno, que mencionamos hace varias semanas. Esto nos mostrará la dirección que tendrá que tomar el pensamiento científico, -habiéndose vuelto mucho más humano que el pensamiento científico actual-, si los seres humanos han de encontrar de nuevo una conciencia de cómo se sitúan dentro del universo en su conjunto.

Ustedes saben que la posición del sol sobre la eclíptica en el equinoccio de primavera avanza en el Zodíaco. Saben que este punto siempre ha sido designado, desde que la humanidad comenzó a pensar, según su posición en el Zodíaco. Así, desde aproximadamente el siglo VIII antes del Misterio del Gólgota hasta aproximadamente el siglo XV después del Misterio del Gólgota, el sol en el equinoccio de primavera salía en el signo de Aries, aunque no siempre exactamente en el mismo punto. Durante este período, el sol atravesaba el signo de Aries. Desde entonces, el sol en el equinoccio de primavera sale en el signo de Piscis. Obsérvese que la astronomía no tiene en cuenta las constelaciones, por lo que los calendarios siguen diciendo que el Sol sale por la constelación de Aries al comienzo de la primavera, lo cual no es cierto. La astronomía se ha ceñido al ciclo anterior. Simplemente divide el Zodíaco en doce partes iguales, cada una de las cuales recibe el nombre de uno de los signos. Ustedes saben por nuestro calendario cuál es la situación.

Sin embargo, esto es irrelevante para nosotros. Lo importante para nosotros es el hecho de que la posición del Sol en el equinoccio de primavera avanza, atravesando poco a poco todo el Zodíaco. Recorre todo el Zodíaco hasta que finalmente vuelve a la posición original, lo que le lleva aproximadamente 25.920 años. Estos 25.920 años se denominan Año Platónico, Año Cósmico. La cifra exacta varía según los diversos métodos de cálculo. Sin embargo, no nos interesan las cifras exactas, sino el ritmo que conlleva esta precesión. Pueden imaginar que en este movimiento que se repite cada 25.920 años debe residir un ritmo cósmico.

Podemos decir que estos 25.920 años son muy importantes para la vida del sol, ya que durante este tiempo la vida del sol pasa por una unidad, una unidad propia. Los siguientes 25.920 años son entonces una repetición. Tenemos un ritmo en el que una unidad mide 25.920 años.

Habiendo examinado este gran Año Cósmico, dirijamos ahora nuestra atención a algo pequeño, algo íntimamente relacionado con la vida entre el nacimiento y la muerte, es decir, con nuestra vida en la medida en que somos habitantes del universo físico. Es indiscutible que una de las cosas más importantes de esta vida en el cuerpo físico es una simple respiración, una inspiración y una espiración, pues nuestra vida misma depende de esta inspiración y espiración. Si se interrumpiera, perderíamos la capacidad de vivir. Una respiración es algo muy importante. Una respiración trae el aire que nos anima de una manera particular. Dentro de nuestro organismo transformamos este aire en el aliento de la muerte, ya que nos mataría si volviéramos a inspirarlo una vez que lo hemos espirado.

Por término medio, un ser humano respira dieciocho veces por minuto. No todas las respiraciones son iguales, ya que las de la juventud difieren de las de la vejez, pero la media es de dieciocho respiraciones por minuto. Dieciocho veces por minuto renovamos rítmicamente nuestra vida. Multipliquen esto por 60 y tendrán 1.080 veces por hora. Ahora multiplícalo por 24, ¡y el número de respiraciones en veinticuatro horas asciende a 25.920!

Ya ven ustedes cómo en un día subyace un ritmo extraordinario en el curso de nuestra vida. Tomemos como unidad de vida una respiración. Esto es algo muy importante para nosotros, ya que la repetición rítmica de nuestra respiración mantiene nuestra vida. En un día tenemos exactamente tantas unidades de vida como años tarda el Sol en volver a su posición original en la eclíptica en el equinoccio de primavera. Esto significa que si imaginamos que una respiración corresponde a un año microcósmico, entonces completamos un Año Platónico microcósmico en un día, una imagen del Año Platónico macrocósmico. Esto es excepcionalmente significativo, pues nos muestra que el proceso de nuestra respiración, algo que tiene lugar en nuestro interior, se basa en el mismo ritmo, en una escala de tiempo diferente, que el gran ritmo del paso del sol.

Es importante que guardemos ese sentimiento en el fondo de nuestra alma. Porque si transformamos lo que se ha dicho en un sentimiento, entonces este sentimiento nos dirá que somos una imagen del macrocosmos. Decir que el ser humano es una imagen del macrocosmos no es una mera frase vacía, ni palabrería ociosa, pues puede demostrarse hasta el último detalle. A partir de esto, pueden hacerse una idea de la sólida base sobre la que se asientan todas las leyes que provienen de la ciencia espiritual. Todas se basan en un conocimiento íntimo similar de las conexiones internas del cosmos, aunque no siempre sea posible entrar en todos los detalles.

Ahora bien, al considerar estas cosas, ante todo debe quedarnos claro que el ser humano está, en cierto modo y hasta cierto punto, separado del cosmos. Está dentro del ritmo del cosmos y, sin embargo, es hasta cierto punto libre. Cambia las cosas sutilmente, de modo que los ritmos no coinciden exactamente, pero es precisamente este hecho de no coincidir del todo lo que le da la posibilidad de la libertad. En general, sin embargo, se mantiene dentro de los ritmos del cosmos.

He tenido que adelantar estas consideraciones para que no se malinterprete lo que ahora quiero decir. Habiendo considerado el ritmo de la respiración, pasemos ahora a otro mayor, el siguiente en importancia: la alternancia del dormir y el estar despierto. Una sola respiración es el elemento más pequeño de la vida. Veamos ahora la alternancia entre el dormir y el estar despierto, que es, de hecho, hasta cierto punto, una analogía con el ritmo de la respiración.

Como ustedes saben, a menudo he descrito la entrada del cuerpo astral y del yo al despertar, y la salida del cuerpo astral y del yo al dormir, como una inspiración y una espiración en el curso de un día y de una noche. Pero podemos verlo en un sentido aún más materialista. Cuando respiramos el aire, entra y sale. Inhalamos y exhalamos. Algo material oscila de un lado a otro como un péndulo; fuera, dentro, fuera, dentro. La alternancia del dormir y el despertar se produce con un ritmo muy similar. Por la mañana, cuando nos despertamos y tomamos nuestro yo y nuestro cuerpo astral, nuestro cuerpo etérico se desplaza, es empujado hacia abajo desde la cabeza y más hacia los otros elementos del organismo. Y cuando nos vamos a dormir de nuevo, empujando hacia fuera nuestro cuerpo astral y nuestro ego, entonces nuestro cuerpo etérico se desplaza de nuevo hacia la cabeza y está allí igual que en todo el resto de nuestro organismo. Así hay un ritmo incesante. Cuando el cuerpo etérico es presionado hacia abajo, nos despertamos, y permanece abajo mientras permanecemos despiertos. Cuando nos dormimos, es empujado de nuevo hacia arriba, hacia nuestra cabeza. Sube y baja en el transcurso de veinticuatro horas. El cuerpo etérico se mueve rítmicamente en el transcurso de veinticuatro horas. Por supuesto, hay irregularidades, y esto está en consonancia con la capacidad de libertad del ser humano, con su grado de libertad. Pero, en conjunto, ocurre lo que he descrito.

Podríamos decir que algo respira en nosotros -aunque no es un entrar y salir sino un subir y bajar- algo respira en nosotros en el transcurso de un día que se asemeja a nuestra respiración de dieciocho veces por minuto. Veamos si lo que respira en este vaivén del cuerpo etérico representa también una especie de circulación, algo que vuelve a su punto de partida. Debemos comprender el significado de 25.920 días, ya que 25.920 movimientos ascendentes y descendentes podrían verse como una réplica del año platónico. Del mismo modo que un día corresponde a 25.920 respiraciones, 25.920 días también deberían corresponder a algo en la vida humana. ¿A cuántos años equivale esto?

Un año tiene 365¼ días y si dividimos 25.920 entre 365,25 la respuesta es: casi 71. Digamos 71 años, que es la duración media de la vida del ser humano. El ser humano es libre, sin embargo, y a menudo vive mucho más, pero ustedes saben que la duración de la vida patriarcal se da en 70 años. La duración de una vida humana es de 25.920 días, 25.920 grandes respiraciones, y así tenemos otro ciclo que representa maravillosamente el macrocosmos en el microcosmos. Podríamos decir que viviendo un día, respirando 25.920 veces, representamos el Año Cósmico Platónico, y viviendo 71 años, despertando y durmiendo 25.920 veces, -que es una respiración solo que a mayor escala- representamos de nuevo el Año Platónico.

Pasemos ahora a algo que debido al poco tiempo de que disponemos hoy no podemos tratar en detalle, pero que no obstante quiero indicar, algo que puede percibirse de forma oculta. Estamos rodeados de aire. Es el aire el que nos da la posibilidad de ese elemento más próximo de la vida que tiene lugar en el ritmo de la respiración. Este ritmo nos lo da el aire, que es algo que pertenece a la tierra. ¿Y qué nos da el otro ritmo? La propia tierra. Ese ritmo surge porque la Tierra gira sobre su propio eje, -hablando de acuerdo con la astronomía moderna-, y provoca la alternancia del día y la noche. Así, el aire nos insufla al respirar. Y la tierra, al dejarnos despertar y dormir, respira, pulsa en nosotros al girar sobre su eje y darnos la alternancia del día y la noche. Nuestra vida puede considerarse, en relación con la Tierra, como un día en la vida de un organismo que, en lugar de respirar dieciocho veces por minuto, respira un día y una noche. Para un organismo así, setenta años son un día, y los días y noches ordinarios son sus respiraciones.

Podemos sentirnos dentro de una vida a mayor escala, una vida que respira cada veinticuatro horas y para la que un día dura setenta, setenta y un años. Podemos sentirnos dentro de un ser vivo que tiene ritmos mucho más largos de pulso y respiración. Vemos pues, que es totalmente correcto hablar del microcosmos como imagen del macrocosmos, ya que cada parte de la imagen puede demostrarse matemáticamente. Si sostenemos que el aire respira en nosotros, que se respira a sí mismo en nosotros, que el reino terrestre respira en nosotros porque pertenecemos a este organismo viviente mayor, entonces podríamos llegar a preguntarnos: Aparte de estar relacionados con el aire, que está sobre la tierra, y con el conjunto de la tierra con su ritmo de día y noche, ¿estamos quizá también relacionados en cierto modo con la salida del sol en su conjunto, a medida que avanza en el curso del año platónico, volviendo a la posición de la que partió?

Estas cosas son de sumo interés y, sin embargo, la ciencia actual no les presta más atención que a las sombras. En una ocasión me encontré sorprendentemente confrontado con este contraste entre la ciencia de hoy y la ciencia que ha de venir en el futuro. Tal vez les haya contado que en el otoño de 1889 fui llamado por el Archivo Goethe y Schiller de Weimar para editar las obras científico-naturales de Goethe para las obras completas ampliadas. Tuve que examinar todos los documentos legados por Goethe que contenían sus estudios sobre anatomía, fisiología, zoología, botánica, mineralogía, geología y también meteorología. Realizó un estudio enormemente minucioso del tiempo atmosférico a lo largo de un año, registrando especialmente los datos barométricos, y es asombrosa la cantidad de tablas que elaboró al respecto. Sólo se han publicado pequeñas partes de este trabajo. En mi edición se reproducen algunas de las tablas, pero por lo demás es poco lo que se conoce públicamente. Al igual que las tablas de temperatura, elaboraba gráficos que mostraban los datos barométricos de un lugar determinado en comparación con otros lugares y registraba sus lecturas cada pocas horas durante meses. De este modo pretendía mostrar las diferencias entre las curvas de los distintos lugares.

Los gráficos que muestran datos barométricos son algo para lo que la ciencia actual tiene todavía poco uso. Pero Goethe quería registrar estas curvas que para él representaban una analogía con el pulso tal como registramos sus fluctuaciones en los gráficos de temperatura. Quería registrar una especie de pulso de la Tierra, el pulso regular y cotidiano de la Tierra. ¿Por qué? Quería demostrar que las fluctuaciones de los datos barométricos a lo largo del año no son tan irregulares como supone la meteorología ordinaria, sino que están sujetas a un cierto grado de regularidad que sólo se ve modificado por las condiciones secundarias que se dan en determinadas épocas. Quería demostrar que la gravedad de la Tierra muestra una espiración y una inspiración en el transcurso de un año; quería señalar lo mismo que se expresa en la espiración y la inspiración del ser humano. Quería encontrar lo mismo en los datos barométricos. La ciencia se embarcará en proyectos semejantes en el futuro, cuando a su vez se examine el microcosmos en su relación con el macrocosmos.

Así pues, vemos cómo Goethe trabajaba en pro de una forma de ciencia que surgirá en algún momento en el futuro. También nos hacemos una idea de la inmensa diligencia que aplicó para llegar a los resultados que alcanzó. Nunca se limita a hacer una simple afirmación, como ocurre tan a menudo con otros. Cuando otros hablan del pulso de la tierra, a menudo lo hacen simplemente como una metáfora, un  inciso. Pero cuando Goethe dice, en tres o cuatro líneas, por ejemplo, que la tierra respira, puede respaldar esta afirmación con un gran montón de tablas. Detrás de todo lo que dice hay un conocimiento empírico. Sin embargo, la mayoría de la gente considera que el conocimiento empírico son cosas y tonterías. Podemos aprender de Goethe que uno debe tener material con el que respaldar sus afirmaciones. Así, ahora tenemos material para respaldar nuestra afirmación de que la Tierra respira como un gran organismo.

Veamos ahora si podemos hablar de forma similar sobre la respiración si nos situamos en el gran Año Platónico del sol, que tiene una duración de 25.920 años. Sin más preámbulos, consideremos estos 25.920 años como un solo año, y veamos a cuánto asciende un solo día. Para ello debemos dividir por 365¼, y la respuesta será un solo día. Ya hemos hecho esta suma, y la respuesta fue setenta y un años, la duración de una vida humana. Esto significa que una vida humana ocupa un día de todo el Año Platónico. Por lo tanto, podríamos considerar todo el Año Platónico con respecto a la duración de la vida humana de la siguiente manera: Como seres físicos somos respirados por todo el proceso del Año Platónico, de modo que si setenta y un años son vistos como un solo día, esto sería una respiración del ser que vive en el ritmo del Año Platónico.

En la decimoctava parte de un minuto somos un miembro de la vida del aire, y en un día somos un miembro de la vida de la tierra. En cuanto a nuestra duración de vida, es como si inhaláramos y volviéramos a exhalar en un día de ese ser que vive al ritmo de 25.920 años. Así que podríamos considerar nuestro cuerpo físico, que vive su duración patriarcal, como un solo aliento de ese gran ser que vive tanto tiempo que 25.920 años son como un año para él. Nuestra vida patriarcal es entonces un día. Así que mirando a un ser que vive con nuestra tierra y experimenta el día y la noche en veinticuatro horas, esto es una respiración para nuestro cuerpo etérico. Y una respiración para nuestro cuerpo astral es nuestra respiración real de una decimoctava parte de un minuto.

He aquí una analogía de una antigua afirmación, de algo que se llamaba "los días y las noches de Brahma". Pensemos en un ser espiritual para quien nuestros setenta y un años son como un solo aliento para nosotros. Nos damos cuenta de que para ese ser somos un solo aliento. Cuando entramos en el mundo como un bebé diminuto, ese ser para el cual el año platónico es un año nos exhala. Nos exhala al cosmos y, cuando morimos, nos vuelve a inhalar; somos exhalados y somos inhalados. Ahora aplíquenlo a la tierra: ella nos exhala y nos vuelve a inhalar en un día. Si nos fijamos en el aire, que forma parte de la tierra, éste nos exhala y nos inhala en la decimoctava parte de un minuto. Se mire como se mire, el número 25.920 representa el regreso al punto de partida. Es un ritmo regular, que nos da la sensación de estar inmersos en el cosmos, que nos enseña que la duración de una vida humana y de un día de una vida humana es, para los seres más grandes y omniabarcantes, lo mismo que una respiración para nosotros. Si podemos transformar este conocimiento en sentimiento, entonces la expresión "descansar en la totalidad del mundo" adquiere un significado inmenso.

Tales cosas pertenecen realmente a la órbita de la investigación científica, y nada más que la disposición de ánimo de la ciencia espiritual conducirá a tal investigación de estas cifras, que se encuentran, después de todo, en cualquier enciclopedia. Un día se llevará a cabo tal investigación y entonces la ciencia ordinaria podrá encontrar un vínculo con la ciencia espiritual antroposófica.

Como hemos visto, todo está ordenado según los números. Pero también está ordenado según la medida. La ciencia humana dará gran profundidad a las palabras bíblicas: Todo en el universo está ordenado de acuerdo con la medida y el número.

Prosigamos. Hay algo relacionado con nuestra respiración, una especie de dependencia de nuestra respiración, y es nuestro habla. Orgánicamente, el habla está relacionada con la respiración. No sólo emerge del mismo órgano, sino que también está relacionada con el ritmo de la respiración, el ritmo de una decimoctava parte de un minuto. Así hablamos, y así hablan los que están con nosotros en la tierra. Al igual que el aire nos rodea en la tierra, estamos rodeados de seres humanos cuyo habla guarda relación con el ritmo de la respiración. De ello se deduce que la otra respiración, la del día y la noche, también tiene un habla vinculada a ella. Se trataría de un habla de seres que pertenecen al organismo de la tierra, del mismo modo que los seres humanos pertenecen al aire.

En la antigüedad, la sabiduría que los seres superiores impartían a los seres humanos no llegaba a través del ritmo respiratorio de dieciocho veces por minuto, sino a través del ritmo respiratorio que tiene un día como unidad. En aquellos tiempos, los hombres no podían aprender tan rápidamente como nosotros hoy en día; tenían que esperar más tiempo para aprender las palabras que estaban ligadas a un ritmo respiratorio de veinticuatro horas. De este modo llegaba al hombre el conocimiento antiguo, el conocimiento que está en la base de todo y que puede descubrirse en diversas tradiciones. Lo trajeron seres superiores que están ligados a la tierra del mismo modo que el hombre está ligado al aire, y que se acercan al hombre. Aquellos que hoy en día trabajan para conseguir una iniciación todavía perciben algo de esto. Pues el conocimiento que proviene del mundo espiritual nos llega mucho, mucho más lentamente que el que se nos imparte en las alas de nuestros procesos aéreos ordinarios.

Por eso es tan importante que el aspirante a la iniciación aprenda a percibir en sí mismo el gran significado de las transiciones entre el dormir y el despertar. Al dormir y al despertar, en esta transición, es muy probable que percibamos cómo los seres espirituales hablan misteriosamente con nosotros. Más adelante podremos tener cierto control sobre ello. Si pretenden entrar en el mundo habitado por los muertos, es bueno ser conscientes de que es más probable que los muertos hablen en el momento de dormirse y en el momento de despertarse. El momento de dormirse es más difícil, porque aquí solemos quedar inmediatamente inconscientes y no percibimos lo que los muertos han dicho. Pero en el despertar, si conseguimos ser plenamente conscientes del momento en que nos despertamos, es cuando es más probable que los muertos se comuniquen con nosotros. Pero hay que tratar de tomar conciencia del momento del despertar. Esto significa que debemos esforzarnos por despertarnos sin entrar inmediatamente en la luz del día. Ya saben que existe una regla, -digamos- supersticiosa, según la cual si queremos aferrarnos a un sueño no debemos mirar a la ventana ni a la luz porque, si lo hacemos, lo olvidaremos fácilmente. Esto se aplica igualmente a las delicadas observaciones que nos llegan del mundo espiritual. Debemos esforzarnos por despertarnos en la oscuridad, en la oscuridad que creamos voluntariamente al no escuchar los ruidos, al no abrir los ojos, al despertarnos conscientemente cuando aún no hemos salido al encuentro del día. Es entonces cuando percibimos mejor la llegada de las comunicaciones del mundo espiritual.

Podría decirse que, en ese caso, ¡recibiremos muy pocas comunicaciones a lo largo de nuestra vida! Piensen en lo difícil que sería si esta situación significara que a lo largo de nuestra vida sólo pudiéramos recibir tantas comunicaciones como las que nos llegaran en el transcurso de un día. Esto sería suficiente, sin duda, pero no tendríamos ninguna posibilidad de utilizarlas, porque pensemos en el tiempo que nos llevaría nuestra infancia, etc. Sin embargo, la Tierra participa en todas estas comunicaciones. Sin embargo, la Tierra participa en todo esto, ténganlo en cuenta, la Tierra recibe estas comunicaciones en su cuerpo etérico. Y como están inscritas en el cuerpo etérico de la tierra, las comunicaciones permanecen disponibles para su estudio. También podemos estudiar, en el éter solar que llena el mundo entero, las comunicaciones más amplias que nos da el ser cuyo elemento vital es el Año Platónico. Esto se describe en El Conocimiento de los Mundos Superiores y en otros libros.

Ya ven cómo se puede tejer un hilo para vincular la ciencia ordinaria con la ciencia espiritual, aunque quienes son ajenos a la ciencia espiritual difícilmente se encontrarán en condiciones de evaluar de manera adecuada lo que la ciencia ordinaria les proporciona. Pero quienes tengan la disposición anímica de la ciencia espiritual no dudarán, cuando aborden estos asuntos, de que llegará un día en que la ciencia externa y la ciencia espiritual unirán sus fuerzas plenamente.

Como ya he dicho, sólo les he hablado de una parte de todo esto, a saber, el proceso rítmico que está incorporado en la respiración. Hay muchas otras cosas que, si se estudian en relación con los números, muestran cómo el microcosmos está en armonía con el macrocosmos, y los seres humanos pueden adquirir un sentido global de esta armonía. Tal sentido comprensivo de esta armonía fue dado a los alumnos de los antiguos Misterios, hasta el siglo XV. Antes de impartirles cualquier conocimiento, sus maestros se esforzaban por inculcarles el sentimiento de cómo el hombre se sitúa dentro del cosmos. Otro signo de estos tiempos materialistas es que hoy en día el conocimiento puede absorberse sin ninguna preparación en la vida del sentimiento. Ya lo señalé en las primeras palabras del primer capítulo de El cristianismo como hecho místico.

Será especialmente importante sentir la correspondencia entre el microcosmos y el macrocosmos cuando se intente llegar a conceptos concretos para lo que de momento sólo existe en abstracto. Por ejemplo, ¿Qué es "un pueblo, una nación" en el materialismo abstracto actual? Nada más que un número determinado de personas que hablan el mismo idioma. Porque nuestra época materialista no tiene, por supuesto, ningún concepto de un alma del pueblo como una individualidad separada, tal como la hemos descrito a menudo. Hablamos de un alma del pueblo como una individualidad separada, una verdadera individualidad única. Pero para los materialistas, un alma del pueblo no es más que un conjunto de personas que hablan la misma lengua. Se trata de una abstracción, ya que el concepto no se refiere a un ser concreto. Entonces, ¿Qué significa para ustedes cuando se habla de un pueblo o de una nación hablar, no de una abstracción, sino de un ser concreto?

Pues bien, en la Antroposofía tenemos la posibilidad de estudiar al ser humano, que también es un ser concreto, y que posee un cuerpo físico, un cuerpo etérico, un cuerpo astral y un yo. Por lo tanto, ¿podemos suponer que el ser humano es también un ser concreto con partes diferenciadas?

En efecto, sí podemos. Además del hombre, el verdadero ocultismo estudia todos los seres que existen y que son tan concretos como el hombre. Sin embargo, en el caso de un alma del pueblo tenemos que buscar elementos diferentes, porque si fueran los mismos que en el hombre, entonces un alma del pueblo sería un ser humano, pero no lo es; es un tipo diferente de ser. De hecho, en el caso de las almas de los pueblos tenemos que estudiar cada alma del pueblo individualmente para llegar a conceptos que sean reales. La generalización nos llevaría de nuevo a la abstracción, por lo que hay que considerar cada una por separado.

Hagámoslo. Tomemos el alma del pueblo que hoy rige al pueblo italiano en la medida en que los miembros individuales de un pueblo pueden ser regidos por un alma del pueblo. ¿Qué podemos decir de ella? En el caso de un ser humano, decimos que está dotado de un cuerpo físico formado por diversas sales, otros minerales, un cinco por ciento de sólidos, tanto líquido como gaseoso, etc. Ése es su cuerpo físico. Un alma del pueblo como la del pueblo italiano no posee un cuerpo humano, pero posee algo que puede considerarse análogo al cuerpo físico. El alma del pueblo italiano no tiene un cuerpo físico compuesto de sales o sólidos o líquidos, aunque esto no significa que otras almas del pueblo no tengan componentes líquidos. Sin embargo, el alma del pueblo italiano no tiene ninguno; parte de componentes que son aeriformes. No hay componentes líquidos ni de otro tipo, ya que la parte más densamente material del alma del pueblo italiano está tejida de aire. Todos sus demás componentes son aún menos densos. El ser humano tiene sustancia terrestre, mientras que el alma del pueblo italiano tiene, para empezar, sustancia aeriforme. Y donde el ser humano tiene sustancia líquida, el alma del pueblo italiano tiene calor. El ser humano tiene sustancia aeriforme que inspira y espira, y el alma del pueblo italiano tiene luz que corresponde al aire en el ser humano. El ser humano tiene calor, y el alma del pueblo italiano, en cambio, tiene sonidos, los sonidos de las esferas.

Esto es aproximadamente lo que corresponde al cuerpo físico, pero los ingredientes son diferentes. En lugar de elementos sólidos, líquidos, gaseosos y de calor, como en el ser humano, el alma del pueblo italiano tiene algo parecido, -aunque no un cuerpo físico en el mismo sentido-, que consiste en aire, calor, luz, sonido. De esto se desprende que si el alma del pueblo italiano quiere envolver a los seres humanos que le pertenecen, esto puede tener lugar a través de su respiración, ya que su componente más bajo y denso es el aire. Y, de hecho, la comunicación entre los individuos y el alma popular italiana tiene lugar a través de la respiración. En la respiración, el alma del pueblo se difunde entre los seres humanos. Se trata de un proceso real y verdadero. Por supuesto, la respiración se lleva a cabo a través de algo muy diferente, pero en el proceso de respiración real el alma del pueblo entra e influye en su población.

De manera similar podríamos considerar lo que corresponde a nuestro cuerpo etérico. Empezaríamos por el éter vital, y luego, en lugar del éter luminoso, estaría lo que en mi teosofía llamé "deseo ardiente"; luego, en correspondencia con el éter sonoro, estaría lo que allí se describe como "sensibilidad móvil", y así sucesivamente. En la Teosofía se pueden encontrar todos los ingredientes, pero hay que saber aplicarlos. Si se profundizara en este estudio de la correspondencia, de la comunicación, entre el alma del pueblo y el ser humano individual; si se continuara sobre la base de lo que hemos dicho hasta ahora, se encontraría que todas las cualidades del carácter del pueblo italiano están relacionadas con estas cosas. Esto se puede estudiar concretamente en cada detalle.

Aquí sólo podemos dar ejemplos. Supongamos que quisiéramos estudiar el alma del pueblo ruso. Encontraríamos que el componente más bajo no tiene nada material en él, nada sólido, líquido, gaseoso, aeriforme, ni siquiera calor. El componente más bajo, lo que corresponde a la sal en el ser humano, el elemento sólido, sería el éter de luz en el alma del pueblo ruso. El éter sonoro sería lo que corresponde al elemento líquido en el ser humano; el éter vital correspondería al aire en el ser humano; el "deseo ardiente" al calor en el ser humano. Entonces podríamos preguntarnos cómo se comunica el alma del pueblo ruso con el ser humano ruso individual. Esto tiene lugar en la medida en que la luz, que fluye hacia abajo, se refleja de cierta manera en la tierra. La luz ejerce ciertas influencias sobre la tierra. Se refleja no sólo físicamente, sino también en la vegetación, en lo que hay en el suelo. La luz no actúa directamente sobre el individuo ruso. Primero actúa en la tierra, no en la tierra física y tosca, sino en las plantas y en todo lo que crece y florece en la tierra. Y esta luz se refleja. En lo que se refleja se encuentra el medio a través del cual el alma del pueblo ruso se comunica con el ruso individual. Por eso, la relación de los rusos con su suelo, con todo lo que la tierra produce, es mucho más fuerte que la de otras naciones. Eso es debido a este porte extraordinario del alma del pueblo. Y la "sensibilidad móvil", -esto es inmensamente significativo-, es el primer ingrediente etérico del alma del pueblo rusa, que corresponde a la luz en el ser humano.

Así llegamos al espíritu del pueblo concreto; así podemos estudiar cómo un espíritu habla a otro, cuando uno es un ser humano y el otro un alma del pueblo. Esto tiene lugar en el ámbito subconsciente. Cuando un italiano respira, cuando mantiene su vida respirando, -cuando lo que quiere conscientemente es mantener su vida respirando-, entonces, en su inconsciente, el alma del pueblo le habla y le susurra. No lo oye, pero su cuerpo astral lo percibe y vive en el intercambio que tiene lugar bajo el umbral de la conciencia entre el alma del pueblo y el ser humano individual.

Y en lo que brota del suelo ruso, fecundado por la luz del sol, están contenidas las runas misteriosas, las runas susurrantes con las que el alma del pueblo ruso habla al ruso individual mientras camina por la faz de su tierra o siente la vida que irradia la luz. No se imaginen que estas cosas deben tomarse de manera material. Claro que un ruso puede vivir en Suiza, pero también en Suiza hay luz que se refleja en la tierra. Si uno es italiano, oirá a su alma del pueblo susurrarle en su respiración aún cuando esté en Suiza. Si se es ruso, se sentirá surgir de la tierra suiza todo lo que se puede oír como ruso. No deben tomarse estas cosas de forma material. Estas cosas no están ligadas a la ubicación, aunque, por supuesto, como el ser humano es hasta cierto punto material, la propia ubicación da más de sí. El aire de Italia, junto con todo su clima, facilita y promueve naturalmente la forma de hablar que he descrito. Y el suelo de Rusia facilita y promueve ese otro tipo de habla. Pero no hay que tomar estas cosas desde un punto de vista materialista, porque, por supuesto, un ruso puede ser ruso no sólo en Rusia, aunque es el suelo ruso el que promueve especialmente su idiosincrasia. Como ven, por un lado el materialismo recibe su merecido, pero por otro tenemos aquí algo relativo, no absoluto. Pues la luz sobre el suelo de Rusia no sólo forma parte del cuerpo del espíritu del pueblo ruso, sino que también es luz, como en todas partes. Por otra parte, el espíritu del pueblo ruso, -he descrito todo esto antes-, tiene el rango de un arcángel. Y los arcángeles no están encadenados a un lugar, son supraespaciales.

Conceptos concretos como éstos son los que deberían subyacer a cualquier conversación sobre la relación del individuo con su pueblo. Sin embargo, consideremos lo lejos que está hoy la humanidad de tener la más mínima noción de lo que encierra el nombre de un pueblo. A pesar de tales consideraciones, los programas mundiales están esparcidos por todas partes y los nombres de las naciones son lanzados en todas direcciones. Si se tiene en cuenta que el espíritu del pueblo es un ser concreto y que cada espíritu del pueblo es diferente de los demás, se comprenderá hasta qué punto todo lo que se dice hoy en el mundo no son más que frases vacías. Lo que es aire para el espíritu del pueblo italiano es luz para el espíritu del pueblo ruso, y estas cosas conducen a tipos muy diferentes de comunicación entre el espíritu del pueblo y el ser humano individual. La antropología es la visión materialista, externa; la antroposofía tendrá que revelar las verdaderas condiciones, las realidades actuales. Puesto que, en su materialismo, la gente de hoy está tan lejos de cualquier realidad, no es de extrañar que se hable de cosas que están incluidas en los programas mundiales de una manera tan arbitraria y engañosa.

El martes seguiremos hablando sobre la naturaleza de nuestra ciencia espiritual antroposófica. En relación con esto, también quiero referirme a una serie de cosas en la actualidad que, en realidad, sólo pueden comprenderse adecuadamente desde el punto de vista de la ciencia espiritual. El sufrimiento que la humanidad tiene que soportar hoy en día está relacionado en gran medida con el hecho de que las personas no quieren encontrar claridad con referencia a las cosas que discuten. En lugar de ello, envían al mundo mensajes furiosos que no guardan ninguna relación con la realidad. Una vez más nos damos cuenta de ello cuando nos encontramos con algo como el panfleto que se ha publicado en Suiza, Conditions de Paix de l'Allemagne, de alguien que se hace llamar "Hungaricus". Para aquellos de nosotros cuya actitud mental es la de la ciencia espiritual, sólo necesitamos leerlo para descubrir cada uno de los defectos del pensamiento materialista actual con todas sus torpes complicaciones. Por lo tanto, el martes diré unas palabras sobre este folleto, su método y el tipo de pensamiento que revela, porque realmente es muy característico del torpe y complicado pensamiento materialista actual.

Traducido por J.Luelmo nov.2023

GA174 Dornach 22 de enero de 1917 Conciencia de sueño y conciencia después de la muerte

    Índice

RUDOLF STEINER


 EL KARMA DE LA FALSEDAD

Dornach 22 de enero de 1917

XXIII conferencia

En el ciclo de conferencias de Viena sobre La naturaleza interior del hombre y la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento, recordarán que describí conceptos, -o mejor dicho, experiencias anímicas internas-, a través de las cuales el ser humano puede acercarse a esos mundos de los que hemos hablado y que compartimos con las almas desencarnadas de aquellos que han traspasado el portal de la muerte y se preparan para una nueva vida en la Tierra. Sobre la base de esas conferencias, podrán impregnarse de vida un concepto que es indispensable si pretendemos llegar a una verdadera comprensión del mundo espiritual, y es que muchas cosas, -digo muchas cosas, no todo-, son desde el punto de vista del mundo espiritual, totalmente opuestas a lo que se revela en el mundo físico. Sobre esta base, consideremos la forma en que el ser humano se adentra, y también mira, en la vida del mundo espiritual.

Aquí en la Tierra, atados a nuestro cuerpo físico como estamos entre el despertar y el dormir, utilizando este cuerpo físico como instrumento para nuestras experiencias en el mundo, sentimos una falta de capacidad para comprender el mundo espiritual y captar sus revelaciones. Mientras estemos encerrados en nuestro cuerpo físico, y para percibir cualquier cosa, tenemos que utilizar los toscos instrumentos de este cuerpo físico. No podemos evitar utilizarlos. Y cuando no podemos utilizarlos, como ocurre entre el momento de dormir y el de despertar, nuestro cuerpo astral y nuestro Yo, -que son adquisiciones recientes de la época de la antigua Luna y de los períodos anteriores de la Tierra-, están demasiado atenuados, demasiado íntimos, para detectar nada. Por supuesto, el mundo espiritual está siempre a nuestro alrededor, igual que el aire nos rodea constantemente. Y si nuestro cuerpo astral y nuestro Yo fueran, -digámoslo así-, suficientemente densos, deberíamos ser siempre capaces de percibir, de captar, lo que nos rodea en el mundo espiritual. No podemos hacerlo porque en nuestro cuerpo astral y en nuestro ser yoico estamos demasiado atenuados; no son todavía instrumentos plenamente formados, como los sentidos físicos o el cerebro, de los que se sirve nuestra capacidad de formación de ideas para alcanzar experiencias de vigilia en el alma.

Una vez atravesado el portal de la muerte, el ser humano se encuentra en general, como ya saben, -al menos durante las primeras décadas-, dotado de un grado de sustancia similar al de nuestro estado de dormir mientras estamos en la Tierra. Esta sustancia no puede permanecer tan atenuada como la correspondiente al tiempo de nuestra encarnación física, pues de lo contrario todas las experiencias entre la muerte y un nuevo nacimiento permanecerían totalmente inconscientes. No es así, como bien sabemos. Por el contrario, entre la muerte y el nuevo nacimiento se produce una conciencia ciertamente diferente, pero mucho más brillante y poderosa que la que prevalece mientras estamos en nuestro cuerpo físico. Entonces debemos preguntarnos cómo surge esta forma de conciencia mientras moramos en nuestro cuerpo astral y en nuestro ser yoico.

En la vida física aquí en la tierra poseemos nuestro instrumento físico que nos impregna, o podríamos decir nos envuelve, con todos los ingredientes que componen el mundo físico: es decir, los reinos mineral, vegetal y animal. El cuerpo físico así preparado para nosotros es nuestra herramienta para la vida de vigilia. Del mismo modo, se nos prepara una herramienta que nos sirve entre la muerte y un nuevo nacimiento. Puesto que somos seres humanos, lo primero que se nos prepara después de la muerte, en cuanto nos despojamos de nuestro cuerpo etérico, es algo que procede de la jerarquía de los ángeles. Estamos mezclados con la sustancia de la jerarquía de los ángeles. Un ser de esta jerarquía nos pertenece realmente, es el ser dirigente de nuestra individualidad humana. A medida que crecemos hacia el mundo espiritual, a este ser de la jerarquía de los ángeles que nos pertenece se le unen otros seres de esta jerarquía, y juntos forman en nosotros, o mejor dicho para nosotros, una especie de organismo angélico, cuya estructura difiere de la de nuestro organismo físico.

Para hacer un diagrama de esto, podríamos decir: Crecemos hacia arriba a través del portal de la muerte hacia el mundo espiritual. Esto es un esbozo de nuestra propia individualidad (malva en el diagrama 1). Unido a ella está el ser angélico concreto que, sentimos, nos es proporcionado por la jerarquía de los ángeles (rojo). Pero cuando dejamos a un lado nuestro cuerpo etérico, este ser angélico forma una relación con otros seres de la jerarquía de los ángeles, se une a ellos y sentimos todo el mundo de los ángeles dentro de nosotros. Lo sentimos dentro de nosotros, es una experiencia interior, excepto, por supuesto, por las experiencias externas que también resultan.

diagr. 1

Esta impregnación por el mundo de los ángeles nos permite relacionarnos con otros seres humanos incorpóreos que han atravesado el portal de la muerte antes que nosotros. Permítanme decirlo así: Del mismo modo que aquí nuestros sentidos nos vinculan con el mundo exterior, la condición de estar inmersos en el mundo de los ángeles nos vincula con los seres espirituales, incluidos los seres humanos, que encontramos en el mundo espiritual. Del mismo modo que aquí, en el mundo físico, según las condiciones imperantes, recibimos un organismo que está estructurado de una determinada manera, así también recibimos un organismo del espíritu que es creado por esta red de sustancias angélicas. Sin embargo, la forma en que se estructura esta red de sustancias angélicas depende en gran medida de la manera en que ascendemos al mundo espiritual. Si ascendemos de tal manera que tenemos poca sensibilidad para con el mundo espiritual porque tenemos demasiados vestigios de placeres físicos, impulsos e instintos, simpatías y antipatías físicas, entonces la formación de nuestro organismo angélico es difícil. Por eso nos quedamos un tiempo en el mundo del alma, como lo llamamos, para liberarnos de todo lo que nos impregna del mundo físico y nos impide formar correctamente nuestro organismo angélico. Este se desarrolla gradualmente mientras permanecemos en el mundo del alma. Crecemos hacia este organismo angélico. Pero al mismo tiempo surge otra necesidad: la necesidad de impregnarnos no sólo de este organismo angélico, sino también de otra sustancia, la de un organismo arcangélico. Nuestra conciencia en el mundo espiritual entre la muerte y un nuevo nacimiento permanecería sumamente embotada si no pudiéramos impregnarnos del organismo arcángel. Si sólo nos impregnáramos del organismo angélico, seríamos soñadores en el mundo espiritual. Estaríamos tejidos de toda clase de sustancias imaginativas pertenecientes al mundo espiritual, pero soñaríamos nuestro tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento. Para que no soñemos este tiempo, para que pueda surgir una conciencia fuerte y clara, tenemos que ser impregnados por el organismo arcangélico (azul en el diagrama).

Esto proporciona a nuestra conciencia la claridad adecuada. Sólo así despertamos en el mundo espiritual. Ahora bien, el grado en que despertamos en el mundo espiritual determina el grado en que podemos tener una relación libre con el mundo físico. Y una relación libre con este mundo físico es algo que debemos tener. Preguntemos cuál es la relación del mundo físico con los seres humanos encarnados que han atravesado el portal de la muerte. La respuesta a esta pregunta la encontrarán también en las conferencias pronunciadas en Viena. Aquí, en el mundo físico, es difícil para los seres humanos, por muy fuerte que sea su anhelo, elevarse en pensamientos y sentimientos hasta una percepción del mundo espiritual, celestial. El ser humano está sediento de ideas sobre el mundo celestial, pero no puede desplegar fácilmente la poderosa capacidad de formación de ideas necesaria para poner este mundo celestial a su alcance. En cierto sentido, la situación es la opuesta durante la vida en el mundo espiritual entre la muerte y un nuevo nacimiento. En este mundo nos acompaña lo que experimentamos en el mundo físico; nos acompaña lo que fue importante en el mundo físico, lo que percibimos aquí. Todo esto nos acompaña de forma extraordinaria. Los ejemplos que doy les mostrarán lo complicadas que son estas cosas. A la luz de nuestra capacidad para formar ideas en el mundo físico, estos ejemplos parecerán a veces grotescos -incluso paradójicos-, pero es imposible entrar de manera concreta en el mundo espiritual sin tener en cuenta también precisamente estas ideas.

La percepción de todo lo que existe en el reino mineral se pierde casi tan pronto como atravesamos el portal de la muerte. Aquí, en el mundo físico, como tenemos sentidos, nuestra capacidad de percepción es mayor con respecto al reino mineral. De hecho, casi podríamos decir que es prácticamente exclusiva, pues aparte del reino mineral no hay mucho que podamos percibir mientras estemos confinados a nuestros sentidos. Se podría decir que también percibimos animales y plantas. ¿Por qué? Una planta está llena de minerales, y lo que percibimos en la planta es todo lo mineral que fluye y pulsa a través de ella. Lo mismo ocurre con los animales. Así que es cierto decir que aquí en la tierra los seres humanos perciben con sus sentidos casi exclusivamente lo que pertenece al reino mineral. Cuando morimos este reino mineral, tan claramente percibido aquí, desaparece. Pongamos un ejemplo. Cada día percibes la sal en tu mesa, la percibes como un producto mineral externo. Pero alguien que ha dejado su cuerpo y atravesado el portal de la muerte no puede ver esta sal en el salero. Sin embargo, cuando espolvorea la sal en su sopa, y luego la traga, se produce un proceso en su interior, y ese proceso, que va acompañado de la sensación del sabor salado, es percibido por el que ha muerto. Desde el momento en que tu lengua empieza a saborear la sal, desde el momento en que se produce un proceso en tu interior. Así son las cosas. Así pues, los que han atravesado el portal de la muerte no pueden percibir el reino mineral a menos que influya de alguna manera en un organismo humano, animal o vegetal. Esto demuestra que lo que podría llamarse el entorno externo de los muertos es muy diferente de lo que estamos acostumbrados a llamar nuestro entorno aquí entre el nacimiento y la muerte.

Sin embargo, hay algo que siempre permanece perceptible para los muertos, y es importante prestarle atención. Es lo que ha sido llenado con pensamientos y sentimientos humanos; son los pensamientos humanos los que son percibidos. La sal en un salero, como producto de la naturaleza, no es percibida por los muertos. Tampoco perciben el salero, ya sea de cristal o de cualquier otro material. Pero en la medida en que los pensamientos humanos han llegado a reposar en el salero durante el proceso de su fabricación, estos pensamientos humanos son percibidos por los muertos. Cuando se tiene en cuenta cómo todo lo que nos rodea, excepto lo que es puramente producto de la naturaleza, lleva la firma de los pensamientos humanos, se tendrá una buena idea de lo que los muertos pueden percibir. También perciben todas las relaciones entre los seres, incluidas las relaciones entre los seres humanos. Todo esto está vivo para ellos.

Sin embargo, hay ciertas cosas en el mundo físico de las que los muertos se esfuerzan por librarse; quieren expulsarlas de sus ideas y experiencias anímicas, por así decirlo, borrarlas. Su deseo de hacerlo es comparable al anhelo de los seres humanos aquí en la Tierra de obtener ciertas percepciones sobre el mundo del más allá. Aquí anhelamos alcanzar ideas sobre el otro mundo. Después de la muerte, en lo que respecta a ciertos asuntos humanos aquí en la tierra -el mundo del más allá, desde el punto de vista de los muertos-, anhelamos extinguirlos, borrarlos. Pero para ello es necesario llenarse de las sustancias de las jerarquías superiores de ángeles y arcángeles. Una vez que los muertos están llenos de estas sustancias pueden extinguir de su conciencia lo que debe ser extinguido.

Esto, pues, les ofrece una idea de cómo los muertos crecen en el mundo espiritual llenando su individualidad hasta el fondo con las sustancias de los seres de la jerarquía superior. Es muy importante comprender que para eliminar de la conciencia todas las cosas con las que están más o menos personalmente relacionados, -y esto significa todo lo fabricado y que, por consiguiente, lleva en sí pensamientos humanos que permiten a los muertos percibirlo-, los muertos deben, ante todo, llenarse de la sustancia de los ángeles. Otras cosas también deben ser desechadas, deben ser extinguidas, para que los muertos puedan encontrar su camino hacia una estancia adecuada en el mundo espiritual.

Aunque desde nuestro punto de vista aquí en la tierra suene extraño, existe un obstáculo para crecer en lo que nos da una conciencia clara e iluminada en el mundo espiritual. Este obstáculo que se interpone en el camino de crecer fácilmente en el mundo espiritual es, por extraño que parezca, el lenguaje humano, el lenguaje que usamos aquí en la tierra con el propósito de un entendimiento físico de un ser humano a otro. Los muertos tienen que alejarse gradualmente del lenguaje, de lo contrario permanecerían atrapados en las afinidades que les atan al lenguaje y que les impedirían crecer en el reino de los arcángeles. En definitiva, la lengua sólo es adecuada para las condiciones terrenales. Y dentro de las condiciones terrenales el ser humano se ha vinculado, en su alma, muy fuertemente con el lenguaje. Para muchas personas, especialmente ahora en esta era materialista, el pensar ha llegado a estar virtualmente contenido en el lenguaje. Hoy en día, la gente apenas piensa en pensamientos, pero sí en lenguaje, en palabras. Por eso les resulta tan satisfactorio encontrar el término adecuado para algo. Pero tales términos, tales definiciones en palabras, sólo son válidas aquí en la vida física, y después de la muerte nuestra tarea es liberarnos de las definiciones en palabras.

También en estas cuestiones, la ciencia espiritual nos da una cierta posibilidad de encontrar nuestro camino en el reino de lo suprasensible. Cuántas veces les digo que para llegar a un concepto genuino sólo podemos aproximarnos; sólo podemos, por así decirlo, sentir nuestro camino alrededor de las palabras reales. Cuántas veces no les he mostrado cómo tenemos que esforzarnos por alcanzar el concepto abordándolo desde todos los lados, experimentando con el uso de diferentes expresiones a fin de liberarnos de las palabras reales. En cierto sentido, la ciencia espiritual nos emancipa del lenguaje. De hecho, lo hace muy plenamente, introduciéndonos así en la esfera que compartimos con los muertos.

La emancipación del lenguaje está íntimamente ligada a la forma en que los muertos crecen en la sustancia de los arcángeles. Al emanciparnos del lenguaje en la ciencia espiritual, al crear conceptos en la ciencia espiritual que son más o menos independientes del lenguaje, construimos un puente entre el mundo físico y el espiritual.

Observen claramente lo que acabo de decir. Entonces descubrirán que han comprendido una conexión importante entre el mundo físico y el espiritual. Y si piensan en ello de forma viva, descubrirán un medio importante para comprender todo tipo de impulsos que emanan de esas fraternidades de las que hemos hablado en numerosas ocasiones en las últimas semanas. De las diversas cosas que he dicho habrán deducido que esas fraternidades se dedican a encadenar a los seres humanos al mundo material. Hace poco hablamos de cómo estas fraternidades están deseosas de hacer que el materialismo sea supermaterialista o, en cierto modo, de crear una especie de inmortalidad ahrimánica para sus miembros. Pueden hacer esto con más fuerza representando intereses de grupo, egoísmos de grupo, y ciertamente lo hacen de manera sobresaliente.

Una forma de representar un interés de grupo es la que siguen las más influyentes de estas fraternidades, cuyo punto de partida es algo que ya les he descrito. Su objetivo es sumergir a fondo el quinto periodo cultural postatlante en todo lo relacionado con la lengua inglesa. Para estas hermandades, la definición misma del quinto período postatlante es que todo elemento anglófono pertenece al quinto período postatlante. Así, incluso en su principio primario, restringen las cosas a un interés egoísta de grupo.

Esto implica algo extremadamente importante desde el punto de vista espiritual. Significa que su intención es nada menos que el objetivo de influenciar no sólo a los individuos humanos mientras están encarnados en cuerpos físicos entre el nacimiento y la muerte, sino de hecho a todos los individuos humanos, incluyendo a aquellos que están viviendo entre la muerte y un nuevo nacimiento. Se esfuerzan por dejar que las individualidades humanas entren en el mundo espiritual y se sumerjan en la jerarquía de los ángeles, pero luego impiden que se sumerjan a su vez en la jerarquía de los arcángeles. Se podría decir que el objetivo es deponer a la jerarquía de los arcángeles de la evolución de la humanidad.

Quizás no aquellos de ustedes que se han unido a nosotros recientemente, pero ciertamente aquellos que han estado con nosotros durante un tiempo considerable descubrirán, si prestan mucha atención a muchas cosas que se les han dicho, que hay claros signos de tales cosas, incluso en la Sociedad Teosófica. Aquellos de ustedes que compartieron la vida de la Sociedad Teosófica seguramente recordarán que ciertos miembros dirigentes de esa sociedad, especialmente el notorio Sr. Leadbeater, dijeron en muchas palabras que de muchas maneras la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento era una especie de vida de ensueño. Aquellos de ustedes que hayan sido miembros de la Sociedad Teosófica durante algún tiempo sabrán que tales cosas circulaban.

No es extraordinario que se hayan dicho tales cosas, pues en el caso de algunas almas, que habían sido influenciadas con éxito de este modo y que fueron encontradas por Leadbeater en el mundo espiritual, esto había sucedido realmente. En efecto, a estas almas se les había impedido el contacto con el mundo de los arcángeles y, por tanto, carecían de una conciencia fuerte y clara. Así pues, Leadbeater observaba a su manera a las almas que habían caído presas de las maquinaciones de esas fraternidades, sólo que no llegaba a observar qué había sido de esas almas al cabo de un tiempo. Esas almas no pueden pasar todo el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento sin los ingredientes que normalmente les daría el mundo de los arcángeles, así que tienen que recibir otra cosa en su lugar. Y, efectivamente, reciben algo que es un equivalente; efectivamente, están impregnadas de algo; ¿Pero de qué? Están impregnados de algo que proviene de los arcai que se han quedado en la etapa de los arcángeles. Así que, en lugar de ser impregnados por la sustancia de los verdaderos arcángeles, -como sería normal-, son impregnados por arcai, por espíritus del tiempo, pero por aquellos que no han ascendido al nivel de los espíritus del tiempo, sino que se han quedado atrás en el nivel de los arcángeles. Se habrían convertido en arcai si hubieran evolucionado normalmente, pero se han quedado atrás en el nivel de los arcángeles. Eso significa que estas almas están impregnadas por las influencias ahrimánicas de la manera más fuerte.

Es necesario tener una idea adecuada del mundo espiritual para comprender todo el significado de un hecho como éste. Cuando se utilizan medios ocultos en un esfuerzo por asegurar a un solo espíritu del pueblo el gobierno sobre el mundo entero, esto significa que la intención es influir incluso en el mundo espiritual. Significa que en el lugar del gobierno legítimo de los muertos por los arcángeles, se pone el gobierno ilegítimo de los archai que han permanecido en la etapa de los arcángeles y que son, por lo tanto, espíritus ilegítimos del tiempo. Con ello se consigue la inmortalidad ahrimánica.

Podríamos preguntarnos por qué el ser humano puede ser tan insensato como para dejarse programar para alejarse de la evolución normal y tomar otra dirección evolutiva. Se trata de un juicio miope, pues no tiene en cuenta que, a partir de ciertos impulsos, los seres humanos pueden llegar a anhelar la inmortalidad en mundos distintos de los que serían normales. Está muy bien que no anheles participar en una especie de inmortalidad ahrimánica. Pero así como toda clase de cosas son incomprensibles, así tendrán que admitir que debe permitirse que siga siendo incomprensible, si la gente en el mundo normal, -incluyendo la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento-, quiere escapar de este mundo normal, diciendo -por así decirlo: No queremos que Cristo sea nuestro guía, Cristo, que es el guía del mundo normal; queremos un guía diferente, pues queremos oponernos a este mundo normal. A partir de los preparativos a los que se someten - ya os los he descrito -, a partir de los preparativos provocados por la magia ceremonial, adquieren la impresión de que el mundo de los poderes ahrimánicos es un mundo espiritual mucho más poderoso y que, sobre todo, les permitirá continuar lo que han conseguido en el mundo físico: hacer inmortales sus experiencias materialistas en la vida física.

Ha llegado el momento de examinar estas cosas, porque quienes no las conocen, quienes no saben que existen hoy en día, no están en condiciones de comprender lo que ocurre. Detrás de todo lo visible en el mundo físico hay algo sobrenatural, algo físicamente imperceptible. Y no son pocos los que hoy trabajan, para bien o para mal, con medios, con impulsos que se ocultan tras lo que los sentidos pueden percibir. Puede decirse que el mundo en que vivimos seguirá su evolución adecuada si los seres humanos se ponen al servicio de Cristo. Pero hay muchos y variados medios para evitarlo, y algunos de ellos están tan cerca de casa que no es fácil hablar de ellos. La gente no tiene idea de lo que puede propagarse a través de las almas humanas, y al mismo tiempo actuar como un impulso oculto inconmensurablemente fuerte.

Ustedes saben, -ahora esto está cerca de casa-, que en cierto momento se declaró la doctrina de la infalibilidad. Esta doctrina de la infalibilidad -y este es el aspecto importante-, es aceptada por mucha gente. Pero alguien que sea un verdadero cristiano podría preguntarse sobre esta doctrina de la infalibilidad. Podría preguntarse qué habrían dicho al respecto los primeros padres de la Iglesia, que estaban mucho más cerca del sentido original del cristianismo. ¡Lo habrían calificado de blasfemia! En un sentido verdaderamente cristiano, esto daría en el clavo. Y al mismo tiempo señalaría un método ocultista excepcionalmente eficaz de estimular la fe por medio de algo eminentemente anticristiano. Esta fe representa un importante impulso ocultista en una dirección particular, alejada de la evolución cristiana normal. Como ven, podemos tocar algo bastante cercano, y dondequiera que lo hagamos en el mundo encontramos impulsos ocultos.

Un impulso ocultista igualmente poderoso, que fracasó, fue pretendido por la Sra. Besant cuando lanzó el fiasco de Alcyone. Si hubiera arraigado la creencia en la encarnación de Jesús en Alcyone, esto se habría convertido en un fuerte impulso ocultista. Así que ya ven que incluso la mera difusión de ciertos conceptos, ciertas ideas, puede contener fuertes impulsos ocultistas. Y como esas fraternidades de las que he hablado se han impuesto la tarea de convertir el quinto período post-atlante, -en el interés egoísta de su grupo-, en el objetivo a largo plazo de la evolución terrestre, eliminando lo que debería venir a esta evolución terrestre en los períodos post-atlantes sexto y séptimo, comprenderán por qué esas fraternidades envían al mundo las cosas que he descrito. Para alcanzar sus objetivos tienen que crear impulsos que tengan sentido no sólo para los seres humanos encarnados, sino también para los que no lo están. Ha llegado el momento en que es necesario que al menos unos pocos individuos solitarios comprendan estas cosas para que puedan hacerse una idea de lo que realmente está sucediendo y se está llevando a cabo.

Para que esto sea posible, deben surgir conceptos sobre la vida de la humanidad en la tierra que sean cada vez más correctos. Es impensable que puedan continuar esos conceptos que tanto daño están causando en nuestro tiempo. Porque cuantos más seres humanos tengan los conceptos correctos, menos podrán ciertas tendencias ocultas crear problemas. Sin embargo, mientras en Europa se sigan diciendo las cosas que se están diciendo hoy en día, cosas que distorsionan deliberadamente la verdad sobre las relaciones de las naciones entre sí, esto es señal de que muchos impulsos ocultos están actuando con el objetivo de distraer la evolución terrestre y alejarla del sexto período postatlante. Al fin y al cabo, el sexto período postatlante traerá consigo cosas importantes. He insistido mucho en que Cristo murió por el ser humano individual. Debemos ver esto como un aspecto esencial del Misterio del Gólgota. El cual tiene una importante tarea durante el quinto período postatlante, que dejaremos de lado por el momento. Pero también tiene una tarea importante en el sexto período. Se trata de ayudar al mundo a superar los últimos vestigios del principio de nacionalidad. Que esto no suceda, que se tomen medidas a tiempo para impedir cualquier influencia de Cristo en el sexto período postatlante, éste es el propósito al que sirven los impulsos de las fraternidades que quieren preservar el quinto período postatlante de la manera que he mostrado.

La única contramedida es crear los conceptos correctos e impregnarlos gradualmente cada vez más de vida. Estos conceptos correctos deben vivir. Las naciones podrían convivir pacíficamente si se esforzaran por descubrir los conceptos e ideas correctos sobre sus relaciones. Como ya he dicho, ningún programa, ninguna idea abstracta, sino únicamente los conceptos concretos correctos, pueden conducir a lo que debe suceder. Por difícil que resulte frente a las ideas actuales, de las que, por supuesto, nuestros amigos también se han contagiado no poco, es necesario, no obstante, llamar la atención de la gente sobre diversos aspectos que pueden conducir a los conceptos correctos. Todos ustedes tienen a su disposición los materiales necesarios en los que basar estos conceptos correctos, pero estos materiales no están iluminados correctamente. En cuanto estén correctamente iluminados, llegarán a las ideas correctas y concretas.

Retomemos ahora algo que ya hemos discutido desde cierto punto de vista. Aquí en este globo, en la Europa que habitamos, se habla de las relaciones entre las naciones de un modo que inflige una tortura absoluta a los muertos, pues todas las ideas y conceptos se basan en las peculiaridades del lenguaje. Al formar conceptos sobre la nacionalidad basados en las peculiaridades del lenguaje, la gente tortura persistentemente a los muertos. Una forma de torturar a los muertos, una forma de no mostrarles amor, es participar en sesiones espiritistas. Para ello se les obliga a manifestarse en una lengua determinada. Se espera que el muerto hable una lengua determinada, ya que incluso con el table-rapping los signos tienen que referirse a una lengua determinada. Lo que se hace a los muertos obligándoles a expresarse en una lengua determinada podría compararse perfectamente con pellizcar a alguien vivo en carne y hueso con unas tenazas al rojo vivo. Así de dolorosas son para los muertos las sesiones espiritistas en las que se les obliga a expresarse en una lengua determinada. En su vida normal, los muertos se esfuerzan por liberarse de las diferencias entre idiomas.

Así pues, simplemente hablando de las relaciones entre los pueblos de Europa en conceptos basados en la lengua, estamos haciendo algo sobre lo que apenas podemos comunicarnos con los muertos. Por eso podría decir que hoy es necesario, o empieza a serlo, formar conceptos de un tipo que pueda discutirse con los muertos, o sobre los que podamos tener comunicación con ellos. Por supuesto, no es necesario inundar el mundo de volapuk o de cualquier otro lenguaje construido, pues si bien es cierto que todas las personas visten ropa, no es necesario que todas vistan la misma ropa. Pero, por otro lado, no se puede esperar que veamos nuestra ropa como parte de nosotros mismos. Del mismo modo, algo que necesitamos para el mundo físico, a saber, la diferenciación entre lenguas, -que sirven para traer el reino espiritual al mundo físico-, no puede considerarse como perteneciente a nuestro ser arquetípico más íntimo. Esto hay que tenerlo claro.

Entonces, ¿Cómo podemos llegar a conceptos que se eleven gradualmente por encima de los elementos étnicos que se basan casi exclusivamente en el lenguaje? También en esto la Antroposofía debe superar a la mera antropología, que en realidad no tiene otro medio de responder a esta pregunta que remitiéndose a las diferenciaciones del lenguaje.

Como ya he dicho, los pueblos de Europa podrían vivir fácilmente en paz si encontraran conceptos adecuados, conceptos que estén vivos. Ya dimos un paso en este sentido cuando hablamos de la ley de Grimm sobre los cambios de sonido. Allí les mostré cómo algunas lenguas se han quedado atrás en una etapa anterior. Hablamos de la secuencia de etapas: El gótico, el anglosajón -el inglés actual- y luego el alto alemán. El alto alemán ha seguido avanzando mientras que el inglés se ha quedado en una determinada etapa. No se trata de un juicio de valor, sino simplemente de un hecho que hay que observar tan objetivamente como una ley de la naturaleza. En inglés tenemos d donde en alto alemán hay t, y hemos visto que esto se ajusta a cierta ley, la ley de los cambios de sonido. Sin embargo, esta ley de los cambios de sonido es, en cierta esfera, una expresión de condiciones más profundas que prevalecen en toda la vida europea. A este respecto, cabe señalar que determinados conceptos e ideas contribuyen con fuerza, aunque inconscientemente, a provocar malentendidos. También estas cosas hay que verlas con toda objetividad.

Partiendo de lo que hemos dicho hasta ahora, podríamos afirmar que en Europa Central existía lo que podríamos llamar la "sopa primordial" de lo que más tarde fluyó hacia la periferia, en particular hacia Occidente. Veamos más de cerca esta "sopa primordial" (véase el diagrama 2). Durante mucho tiempo ha sido costumbre que la nación que representa esta "sopa primordial" se llamara a sí misma "das deutsche Volk". Los pueblos de Occidente han ejercido una especie de venganza contra esta nación negándose a llamarla por el nombre que eligió para sí misma, un nombre que significa un instinto profundo. Se les llama "teutones", "allemands", " germanos", todo tipo de cosas, pero nunca, para los que hablan una lengua occidental, "alemanes". Sin embargo, este nombre está profundamente vinculado a la naturaleza de este pueblo, que es, en cierto modo, la "sopa primordial". Una corriente de esto fue hacia el sur. Lo hemos descrito como el elemento de culto jerárquico papal.

Otra corriente se dirigía hacia Occidente. Lo hemos descrito al hablar del elemento diplomático, político. Y una tercera corriente se dirigía hacia el Noroeste. La describimos en relación con el elemento mercantil. En el centro quedaba algo que ha conservado una fluidez que permite una evolución ulterior. Sólo hay que recordar que en la periferia incluso la lengua ha dejado de desarrollarse, mientras que en la lengua alemana de Europa Central sigue existiendo, en los cambios de sonido, la posibilidad de crecer más allá de los sonidos y ascender a la siguiente etapa de la evolución sonora.

¿Cuál es la base para ello? La "sopa primigenia" todavía estaba prácticamente indiferenciada y contenía todos los elementos que luego fluyeron hacia el exterior. Realmente fluyeron hacia el exterior. Los pueblos migratorios atravesaron Italia. Los italianos actuales no descienden de los romanos, sino que son el resultado de la mezcla de las tribus germánicas que se desplazaron hacia el sur. Todo el proceso comenzó cuando los romanos utilizaron a los germanos que habían absorbido para hacer la guerra contra otros germanos, ya que éstos eran sus mejores guerreros. Las cosas continuaron de la manera que nos es familiar en la historia. Del mismo modo, los francos emigraron hacia el oeste y los anglosajones hacia el noroeste. ¿Cómo podemos hacernos una idea adecuada de lo que emigró hacia el exterior de esta manera?

diagr. 2

La "sopa primordial" indiferenciada de la humanidad no carecía totalmente de estructura, aunque fuera indiferenciada. Es correcto distinguir entre lo que al principio era indiferenciado y lo que más tarde se diferenció. La "sopa primordial" contiene lo que emigró hacia el sur; es una de las partes. Esta parte (roja en el diagrama) migró hacia el sur con toda su unilateralidad. Haciendo una analogía con lo que la gente entendía por las antiguas castas, podríamos decir que una casta emigró hacia el sur, una casta con capacidad para lo sacerdotal, una casta sacerdotal. Desde entonces, siempre ha emanado un elemento sacerdotal de esa parte de la periferia. Esto ha tomado muchas formas y, aunque de manera extraordinaria, incluso la última fase tiene una especie de carácter sacerdotal. No sólo se denomina al impulso "egoísmo santo", sacro egoísmo, sino que d'Annunzio, por ejemplo, no podría haber utilizado palabras de naturaleza más sacerdotal. Hasta las "Bienaventuranzas" reformuladas, todo lo que venía de allí estaba revestido de ropajes sacerdotales. Bueno o malo, todo era de naturaleza sacerdotal. Lo que quedó en la "sopa primordial" se convirtió en la oposición a todo esto, en la forma que he descrito. Lo que apareció en la Reforma fue el elemento que había quedado en la "sopa primordial"; vino a ser el oponente del elemento sacerdotal unilateral. El hecho de que hoy no se pueda detectar nada más de este elemento sacerdotal, o que todo lo que se pueda detectar sea lo que obviamente está ahí, es simplemente el resultado de ese vaciamiento del que he hablado.

El segundo elemento emigró hacia el oeste: la casta guerrera, la casta real, el elemento de la realeza. También hemos hablado de esto. Esta parte occidental sólo cayó en el republicanismo por una anomalía. En realidad, está estructurada interiormente de una manera guerrera y real, y siempre volverá a caer en este elemento guerrero y real. De nuevo tenemos algo que ha salido, de modo que una parte de este elemento que ha salido hacia Occidente también ha permanecido en la "sopa primordial" y a su vez tendrá que proporcionar la oposición a lo que tiene lugar en Occidente (azul).

Y hacia el noroeste se dirigió el elemento mercantil. También éste permanece como una parte (naranja) y tendrá que oponerse a lo que se ha desarrollado unilateralmente. Con esto no pretendo hacer ninguna valoración moral, pues que nadie crea que comparto en modo alguno la opinión, expresada con tanta frecuencia, de que el elemento mercantil es algo despreciable en comparación con el elemento sacerdotal. Todas estas cosas deben ser vistas en su disimilitud, pero no deben ser etiquetadas y evaluadas. De hecho, para el quinto período post-atlante, como hemos visto, el elemento mercantil es algo totalmente esencial. Pero hay que ver las realidades tal y como existen. Si la gente no puede verlas ahora, llegará a verlas en el futuro.

De un sector han emanado muchos impulsos ocultos que han utilizado el elemento sacerdotal en interés de ciertos grupos, y de otro sector han venido impulsos ocultos que han utilizado el elemento bélico. Del mismo modo, de un tercer sector emanan hoy impulsos ocultos que prefieren utilizar como vehículo el elemento mercantil. Serán más fuertes que los otros, pues los números I y II no son más que repeticiones de los períodos post-atlantes tercero y cuarto, mientras que el número III pertenece plenamente al quinto período post-atlante. Por lo tanto, todos los impulsos procedentes del tercer sector serán más fuertes que los procedentes del primero y segundo sectores, porque coinciden con el carácter fundamental del quinto período post-atlante. Serán tan fuertes como lo fueron ciertos impulsos durante la civilización egipcia en el tercer período post-atlante, y otros que emanaron del Cercano Oriente y se trasplantaron a través de las culturas de Grecia y Roma durante el cuarto período post-atlante. La hechicería de los antiguos egipcios y los sacrificios de sangre son los precursores de lo que proviene de las fraternidades secretas de las que hemos estado hablando, aunque lo que proviene de ellas será algo diferente. Debido a que hace uso del elemento mercantil, tendrá un carácter más común en el sentido humano ordinario.

Debemos tener muy claras estas cosas. Sólo cuando los seres humanos se sienten inmersos de forma viva en lo que existe de verdad, puede llegar a la evolución la cura. Sólo así es posible, dentro de lo que acontece, aprender a distinguir lo verdadero de lo falso. Hemos oído lo necesario que es aprender a distinguir entre la verdad y la falsedad, esa falsedad que es la causa de la enorme oleada de impulsos que ahora recorre el mundo. Tantas ideas, si son creídas por los seres humanos, llevan en sí una poderosa fuerza oculta.

Así como en épocas anteriores otros medios sirvieron a los impulsos que estaban en acción, en nuestro propio tiempo, en el quinto período post-atlante, el arte de imprimir libros y todo lo que existe en el elemento mercantil sirve a estos propósitos. Tenemos un anticipo de las terribles cosas que están por venir en la fuerte dependencia de la gente de todo lo que publican en la prensa los grupos mercantiles por medio de la imprenta. Los objetivos de estos grupos son cualquier cosa menos lo que dicen ser en sus periódicos. Quieren obtener beneficios, o lograr ciertas cosas haciendo negocios, y para ello poseen los medios por los que pueden difundir opiniones cuya veracidad es irrelevante pero que sirven al propósito de entrar en ciertos tipos de negocios. En el caso de gran parte del material impreso que se distribuye hoy en día por todo el mundo, la pregunta correcta que hay que hacerse no es: ¿Qué quiere decir esta persona? ¿Qué significa esta persona? sino: ¿Al servicio de quién está esta persona? ¿Quién paga por esta o aquella opinión? Esta es a menudo la pregunta crucial hoy en día. Las fraternidades ocultas de las que hemos hablado no se ocupan de suprimir estas cosas, sino de promoverlas como un importante medio oculto del que pueden hacer uso. Consiguen un objetivo importante cuando lo que se dice ya no importa, siempre que ejerza influencia sobre la gente en interés de determinados grupos.

Lo importante es ver estas cosas con la mayor claridad y sobriedad posibles. Y sólo podemos discernir suficientemente los matices si los vemos adecuadamente en sus conexiones con los mundos espirituales. Me refiero a los síntomas, a los síntomas de la historia, como ya he dicho. Por supuesto, no hay que esperar encontrar magia negra detrás de cada fenómeno. Pero hay fenómenos que se utilizan al servicio de la magia gris o negra. Tampoco es necesario emitir juicios morales sobre todo; simplemente hay que ver las cosas en su justa medida.

Para quien quiera ver las cosas como es debido, seguramente serán inolvidables y sobrecogedoras ciertas palabras pronunciadas por Sir Edward Grey, palabras que aparecen entre otras cosas menos importantes que, sin embargo, también había que decir para que el conjunto resultara creíble. Estas palabras formaban parte del gran discurso que pronunció para introducir la entrada de Inglaterra en esta guerra europea, y están saturadas de la sangre, -me refiero a la sangre del alma-, del quinto período postatlante. Estas palabras no sólo son verdaderas, sino más que verdaderas; su verdad se extrae de lo que vive de forma materialista en el quinto período postatlante. Me temo que vamos a sufrir terriblemente en esta guerra, tanto si participamos en ella como si nos mantenemos al margen. El comercio exterior se va a detener, no porque las rutas comerciales estén cerradas, sino porque no hay comercio en el otro extremo. Las naciones continentales en guerra, -todas sus poblaciones, todas sus energías, todas sus riquezas, enzarzadas en una lucha desesperada-, no pueden mantener con nosotros el comercio que mantienen en tiempos de paz, tanto si somos partes en la guerra como si no lo somos", etcétera.

Toda Europa occidental está hoy bajo el dominio de una sola cuestión de poder. Este discurso sobre el comercio, y sobre la importancia de no desvincularse de la guerra por consideraciones comerciales, es mucho más profundamente verdadero que todas las demás cosas contenidas en este discurso, cosas que sólo tenían que decirse para que este discurso fuera creíble. Ya no importa lo que se diga, siempre que se crea. Incluso puede que lo digan inconscientemente. Tampoco estoy juzgando moralmente a nadie. Lo que importa es la capacidad de reconocer, -a partir de la verdad interior de la evolución humana-, dónde se expresa la verdad. Y este fue un punto en el que se dijo la verdad en el sentido más verdadero. Se expresan con veracidad los mismos hechos, las mismas verdades que, una vez convenientemente desarrolladas por esas hermandades de las que hemos hablado, conducen a la impregnación de la tendencia mercantil con impulsos ocultistas.

Esto debe ser conocido por la humanidad; debe ser experimentado por la humanidad. Si los seres humanos no lo experimentaran, no se fortalecerían lo suficiente. Deben endurecerse oponiéndose a lo que yace en los impulsos que hemos descrito. En una época anterior existía una tiranía que obligaba a la gente a creer sólo en lo que era reconocido por Roma. Una tiranía mucho mayor se producirá cuando ni los filósofos ni los científicos decidan lo que debe creerse, sino cuando sólo los instrumentos de esas fraternidades secretas especifiquen lo que debe creerse, cuando sólo ellas se aseguren de que ningún alma humana pueda albergar otras creencias que las dictadas por ellas, cuando no se haga nada nuevo en el mundo salvo lo estipulado sólo por ellas. Este es el objetivo de estas fraternidades. Y aunque no tengo nada en contra de los idealistas, -pues el idealismo siempre es algo bueno-, ciertos idealistas son ingenuos si creen que estas cosas son sólo temporales y que volverán a desaparecer una vez que la guerra llegue a su fin. La guerra no es más que el principio de la tendencia de las cosas. Y la única posibilidad de superarlo reside en la comprensión clara y adecuada de lo que está ocurriendo. Nada más sirve. Por lo tanto, -aunque a ciertos sectores no les gustará oírlos ni verlos y tomarán medidas contra ellos-, siempre tendrá que haber personas que señalen claramente toda la intensidad de lo que está ocurriendo realmente, personas a las que no se pueda disuadir de señalar toda la intensidad de lo que está ocurriendo.

Al principio de estas consideraciones dije que los alemanes se llamaban a sí mismos "Deutsche", pero que no encontraban comprensión por parte de quienes los llaman "alemanes", o cualquier otra cosa. Visto desde su propio punto de vista, "alemán" es exactamente lo que no son, ya que los que se llaman a sí mismos "Deutsche" consideran que "germánico" se refiere a todos aquellos cuyas lenguas se encuentran en la misma etapa histórica, y esto no incluye el alto "alemán" ni nada que sea "Deutsch". Desde su punto de vista, los escandinavos, los anglosajones y los neerlandeses son "alemanes", y con ello no quieren decir otra cosa que, bajo la superficie, sus lenguas están relacionadas. Así que "alemanes" ya no significa mucho para los que se llaman a sí mismos "Deutsche" porque todo esto ya no tiene ninguna realidad hoy en día. Así, cuando fuera de Alemania se acuñan las palabras "pangermánico", éstas carecen de sentido para los que se llaman a sí mismos "alemanes", porque para ellos lo "germánico" ya no puede tener ninguna sustancia real. Se han formado diferentes estructuras nacionales, y utilizar la expresión puramente teórica "pangermánico" es simplemente retroceder a una época anterior; no expresa nada que tenga relación con el futuro o incluso con el presente. Sin embargo, la denominación "Deutsch" se basa en un instinto profundo.

De lo que denominé la "sopa primordial" surgieron las tres castas, la primera, la segunda y la tercera. Se desarrollaron y emigraron. La cuarta casta ya la he descrito como aquellos que simplemente querían ser seres humanos, y nada más. Siempre se quedaban donde estaban y, en consecuencia, experimentaban evoluciones que a los demás les parecían grotescas, -por ejemplo, en relación con el primer estadio sacramental de la aliteración, que pasó a convertirse en el cambio de sonido. Esto es muy interesante porque es un eslabón entre muchos otros.

Digámoslo así: Los que emigraron eran diversas diferenciaciones de "el pueblo"; y los que se quedaron eran "el pueblo" per se, el "volk", la "dieta". El nombre Dietrich, por ejemplo, significa "el que es rico en gente". Diet" se convirtió más tarde en "deutsch", y ser "deutsch" no significa otra cosa que ser "el pueblo". El pueblo que se quedó donde estaba es la cuarta casta. Las otras tres emigraron, "el pueblo" se quedó.

Este es el instinto profundo que se esconde tras la denominación "Deutsch"; simplemente denota el elemento humano. Por lo tanto, lo que se quedó donde estaba como "el pueblo" tiene la capacidad de sentirse, no como algo que se ha desarrollado orgánicamente, sino como algo que ha permanecido fluido en su desarrollo para poder ir más allá de todas las diferenciaciones. Ciertamente, el elemento sacerdotal está ahí, pero existe la posibilidad de ir más allá del elemento sacerdotal. El elemento bélico está ahí, pero existe la posibilidad de ir más allá del elemento bélico. El elemento mercantil también está ahí, pero existe la posibilidad de ir más allá del elemento mercantil. Lo mismo ocurre con el lenguaje; la forma antigua estaba ahí, pero existía la posibilidad de ir más allá.

En relación con esto, sin embargo, hay un fenómeno que, comprensiblemente, ha dado lugar a un sinfín de malentendidos. A un nivel más profundo, se trata de malentendidos trágicos, pero se producen porque, por supuesto, en la "sopa primordial" hay mucho que contiene los gérmenes de lo que más tarde reaparece en la periferia. Sin embargo, mientras que en la periferia se considera característico y adecuado, cuando se descubre en la "sopa primordial" se piensa que es totalmente anormal. Tomemos por ejemplo el militarismo. No pertenece en absoluto a la naturaleza del pueblo alemán, sino a la del francés. En Francia no se le encuentra ningún defecto, porque allí se ha desarrollado orgánicamente. Pero cuando se descubre en Alemania se ve como algo impropio que no debería estar allí. Se le reprocha cuando sale a la luz como resultado de una situación de emergencia, como la situación geográfica de la que ya hemos hablado largo y tendido. O tomemos al "aristócrata" alemán; todo lo que representa es lo que se desarrolló en el Imperio Británico hasta convertirse en algo absolutamente aceptable, el terrateniente aristocrático. Simplemente porque se desarrolló a su manera en Europa Central, destaca enormemente y se considera una provocación. Así surgen un sinfín de malentendidos; de hecho, el mundo está lleno de cosas que se malinterpretan, está lleno de interpretaciones subjetivas de la realidad. Dondequiera que se mire, se encuentran todo tipo de ideas que se desmoronan al examinarlas más de cerca. Aquellos que realmente entienden lo que está pasando no tienen ningún uso para estas cosas, aquellos cuyo pensar está basado en la realidad no tienen ningún uso para ellas, y sin embargo actúan como impulsos; en la opinión pública actúan como dinamita. Se abren paso a codazos en la opinión pública. Algunas serían infinitamente graciosas si no fueran tan infinitamente trágicas.

He aquí un ejemplo. Treitschke es descrito por las naciones de la Entente como un monstruo, como una persona cuyas opiniones son una abominación para Europa. Se le presenta como la tipificación de aquellas opiniones sobre Europa Central que justifican infligir a Europa Central su merecido. Pero veamos algunas de las opiniones de Treitschke. ¿Qué piensa, por ejemplo, de los turcos? Piensa que deberían marcharse de Europa, que no se les debería permitir vivir en Europa, sino que deberían dispersarse por Asia. Lo que leemos hoy en la nota a Wilson expresa exactamente la opinión de Treitschke. Se le reprocha a Treitschke, pero en este asunto, como en innumerables otros, su opinión es adoptada e incluso puesta en práctica. Sus puntos de vista sobre Turquía podrían haber sido copiados directamente en la nota a Wilson. Esto es lo que quiero decir con una idea que se desmorona; tan pronto como se aplica cualquier conocimiento o comprensión se desintegra. Otros conceptos también se desintegran en cuanto se aplica un poco de conocimiento. Pero hoy en día la mayoría de la gente hace afirmaciones sin ningún conocimiento, en beneficio de los que quieren difundir sus ideas en la oscuridad. Cuántas veces oímos hoy que es perfectamente "humano" rodear y matar de hambre a Europa Central. Entre las diversas razones que se aducen para justificar este humanísimo método de guerra está la de que en 1870 los alemanes hicieron exactamente lo mismo. Les pareció perfectamente "humano" rodear y matar de hambre a París; y el tamaño relativo de los territorios en cuestión es irrelevante. Sólo alguien que no sabe nada de historia puede hablar así, ¡por supuesto no me refiero a la historia que se puede leer en los periódicos!

¿Pero cuáles fueron los hechos? En 1870/71, Bismarck, responsable de matar de hambre a París, se opuso totalmente a tal cosa. En su libro se puede leer lo angustiado que estaba porque el impulso proveniente de Inglaterra, a través de la princesa inglesa que más tarde se convirtió en la emperatriz, de conquistar París por hambre y no por cualquier otro medio. Escribe que, lamentablemente, la inglesa los obligó a aplicar "este método humano" en París; habla del método humano inglés.

Ese es el verdadero contexto histórico. Pero, por supuesto, hay que saberlo si se quiere juzgar las cosas sin utilizar ideas que se desmoronen. Comparando las dos situaciones, parecen verdaderamente parecidas. Pero muy a menudo las cosas no se parecen en nada cuando se las compara con el contexto completo. En este caso, el método “humanitario” de matar de hambre a París es una invención inglesa de la historia reciente. De modo que la objeción que ahora se hace no debería hacerse, si la realidad ha de ser la base. Trabajar con la realidad, comprender las cosas a partir de la realidad: sólo esto puede conducir a la salvación hoy.

Para poder atender la petición de muchos de nuestros amigos de investigar los acontecimientos actuales, hemos tenido que discutir cosas que normalmente discutimos en otras conexiones, para que nuestras almas puedan experimentar la profunda seriedad con la que debe verse la realidad de los acontecimientos. Si se pudieran encontrar solo unas pocas personas que estuvieran dispuestas a ver las cosas como realmente son, entonces los tiempos sombríos que estamos a punto de enfrentar serán seguidos por tiempos mejores. Las semillas tardan en madurar. Pero si hoy siembran pensamientos de realidad en sus almas, estas son semillas reales capaces de madurar, y podemos añadir que estos son pensamientos sobre los cuales uno puede estar de acuerdo con los muertos. Es tan doloroso escuchar en todos lados estos días que 'a los muertos les debemos esto o aquello'. Este evento, que por conveniencia todavía se llama 'guerra', aunque hace tiempo que se ha convertido en algo totalmente diferente - ¿Con qué frecuencia los que quieren prolongar este evento, proclaman todas las cosas que se supone que debemos a los muertos, a los que han caído! Si la gente solo supiera cómo blasfeman contra Dios cuando sostienen que se lo debemos a los muertos para prolongar estos eventos sangrientos; si solo supieran la posición de los muertos en este asunto, ¡rápidamente se distanciarían de esta blasfemia!

Así, mis queridos amigos, de todas estas cosas que vienen a través de los seres humanos, vean lo necesario que es construir un puente entre los vivos y los muertos. La ciencia espiritual construirá este puente. La ciencia espiritual traerá consigo la posibilidad de alcanzar un entendimiento, incluso con aquellos que han pasado por el portal de la muerte. Una vida de comunidad abrazará todas las almas humanas, - aquellas encarnadas en la tierra y aquellas que viven entre la muerte y un nuevo nacimiento-, cuando se entienda la naturaleza fundamental del ser humano, cuando se entiende que la vida en el cuerpo y la vida sin el cuerpo son simplemente dos formas de una misma vida que abarca todo. Este saber que el ser humano tiene dos formas de vida, una en el cuerpo y otra sin el cuerpo, -este saber, si es fundamentalmente entendido, lleva dentro de él la salvación para el futuro, pero solo si los seres humanos se llenan de estas ideas de una manera verdaderamente viva.

Traducido por J.Luelmo sept.2023