CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA213 Dornach 1 de julio de 1922 - Preguntas humanas Respuestas cósmicas - el hombre y el mundo en la vida en la tierra y en la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento

   Índice


Preguntas humanas - Respuestas cósmicas

RUDOLF STEINER

IV conferencia

Dornach 1 de julio de 1922


Lo que presenté ayer es, por así decirlo, el lado exterior de lo que quiero tratar hoy.

Ayer intenté mostrar cómo el ser humano forma un todo con el universo y cómo lo que está presente en el ser humano está conectado de las formas más diversas con los procesos, con las propiedades del cosmos. Para que los argumentos de hoy no les parezcan completamente carentes de fundamento, deben relacionarlos con lo que se dijo aquí el domingo pasado y ayer.

Al ser humano se le puede mirar de tal manera que se le mira, por así decirlo, desde fuera, ya sea según la apariencia ordinaria a nuestros ojos o, digamos, a través de la anatomía, la fisiología, que también es mirarle desde fuera. Pero también podemos mirar al ser humano desde dentro; entonces se nos muestra en sus cualidades espirituales, en sus poderes espirituales. Si miramos el conjunto que forma el hombre junto con el mundo cósmico, podemos mirarlo desde dos aspectos, sólo que estos aspectos se comportarán de forma opuesta a los aspectos del hombre individual. Con el ser humano individual hablamos de exterior e interior. Si hablamos del universo y del ser humano únicamente como una parte de éste universo, entonces debe existir la sensación habitual de que debemos invertir el uso de la palabra. Al considerar primero la existencia puramente espacial del mundo, nos situamos dentro de esta existencia del mundo, miramos hacia fuera, por así decirlo, desde nuestro punto de vista. Así pues, cuando hablamos por primera vez del universo desde el punto de vista humano, hablamos del interior del universo. Nos situamos en un punto del interior. Desde este punto, el universo nos ofrece su aspecto sensorial.

El hombre nos ofrece su aspecto sensorial cuando lo miramos desde fuera, y cuando lo miramos desde dentro nos ofrece su aspecto anímico-espiritual. En cambio, el universo nos ofrece su aspecto anímico-espiritual cuando lo miramos desde fuera. Los términos que tenemos que emplear aquí son difíciles, pues son casi totalmente infrecuentes en el lenguaje actual. Con el lenguaje actual no es posible penetrar directamente en el ámbito espiritual. Para ello primero habría que acuñar las palabras en todas partes de la forma adecuada. Querer estudiar lo anímico-espiritual aplicando simplemente las palabras en su sentido ordinario es un absurdo.

Si queremos situar lo que acabo de intentar describir, de manera esquemática ante el alma, entonces debemos decir algo así: Cuando tenemos al ser humano, hablamos de su exterior como de aquello que se presenta a los sentidos. Cuando lo miramos por dentro, hablamos de su esencia anímico-espiritual. En el caso del universo, del cosmos, debemos pensar en lo contrario: estamos en algún punto del interior y allí se nos presenta la apariencia de los sentidos. Si ahora podemos mirar el universo desde el exterior, entonces se nos presenta lo anímico-espiritual. Por supuesto, la pregunta es: ¿Podemos mirar el universo desde fuera?

Ahora, como sabemos, el hombre alterna entre los estados en que vive dentro del nacimiento y la muerte y los que experimenta entre la muerte y un nuevo nacimiento, y es entre la muerte y un nuevo nacimiento cuando se da realmente desde fuera la visión del mundo, del universo, del cosmos. <Si buscan en mi libro "Teosofía" lo que he descrito sobre las condiciones que el hombre experimenta entre la muerte y un nuevo nacimiento, encontrarán allí descripciones en las que ya está suficientemente indicado cómo el uso de las palabras debe llegar a ser diferente.

El mundo en el que nos encontramos entre el nacimiento y la muerte ya es suficientemente múltiple. Pero si lo contemplamos en la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, se vuelve mucho más diverso, mucho más rico. Por supuesto, cuando se hace un relato de este tipo, sólo se pueden describir cosas individuales, y yo siempre me he esforzado por añadir más y más a las cosas que ya se han descrito en términos elementales. Hoy quisiera hablar del aspecto anímico-espiritual de lo que ayer describí como lo físico-sensorial, y que es, por lo tanto, la visión del cosmos desde dentro. Hoy quisiera presentarlo desde el exterior, tal como aparece cuando se lo mira desde el punto de vista anímico-espiritual, que se encuentra en el camino de la experiencia entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Ustedes saben que tal observación es necesaria por las diversas discusiones que han tenido lugar aquí, y también saben que una discusión lógica ordinaria de esto podría no corresponder en absoluto con la realidad. Así que debemos simplemente dar la visión que se presenta cuando se aplican los medios de los que se habla en la literatura antroposófica.

Sólo gradualmente conquista el hombre un punto de vista claro fuera del cosmos físico-sensorial. Una vez que haya conquistado este punto de vista, lo que sólo puede ocurrir durante algún tiempo después de la muerte, sólo entonces se resolverán para él aquellas cuestiones que no pueden resolverse dentro de la intelectualidad que practicamos en el cuerpo. Dentro de las discusiones filosóficas, preguntas como éstas siempre han jugado un papel: ¿Es el mundo espacial, el cosmos espacial limitado o ilimitado? Uno puede discutir tanto como quiera, -en este sentido la crítica de Kant a la razón es válida-, uno nunca llegará al final de tales cuestiones como el fin espacial o temporal del mundo con una discusión que se lleve a cabo sólo dentro del cuerpo físico. Allí se puede demostrar tanto lo limitado como lo ilimitado del mundo. Las cuestiones sólo se deciden cuando realmente se puede cambiar el punto de vista, cuando uno es capaz, por así decirlo, de mirar el mundo desde el otro lado, es decir, no desde un punto interior, sino desde fuera hacia dentro. De hecho, al menos en las etapas intermedias entre la muerte y el nuevo nacimiento, uno está más allá del límite del cosmos sensorial-físico. Sólo se puede decir: El límite del cosmos físico-sensorial se halla precisamente en medio de lo que se ve aquí desde el punto de vista terrenal y lo que se ve en la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Es cierto que también forma parte de la sabiduría saber qué preguntas pueden plantearse dentro de la existencia terrenal, pero no pueden responderse dentro de esta existencia terrenal, porque allí sólo se puede pensar con los fundamentos físicos de lo corpóreo. Tales preguntas sólo pueden responderse si el ser humano puede cambiar su punto de vista fuera de esta existencia física, ya sea mediante la iniciación o a través de la muerte.

Ahora bien, si uno cambia realmente estos puntos de vista, entonces se producen experiencias que en realidad uno no espera al principio. Si estando aquí, en cualquier punto de la existencia de la tierra, contemplan ustedes el cosmos, se ve que es un único cosmos. Se enfrenta a ustedes como un único cosmos. Hablamos de nuestro sistema solar como un mundo cósmico unificado. Ahora limitaré mis observaciones a nuestro sistema solar. Si se cambia el punto de vista, deja de tenerse en cuenta cualquier punto del exterior; la existencia puntual cesa por completo allí, el punto se convierte cada vez más en un círculo, no para el alma interior, sino para la espacial exterior. Cuando uno está ahí fuera, deja de tener sentido hablar de un mundo, por ejemplo, de un único sistema solar. En el momento en que realizamos esta inversión de la vida, mediante la cual somos capaces, en el estado sin cuerpo entre la muerte y un nuevo nacimiento, de mirar hacia atrás, hacia el mundo en el que estamos aquí, es decir, de mirar sus aspectos anímico-espirituales desde fuera, en ese momento deja de tener sentido hablar de un sistema solar. Hay innumerables sistemas solares, tantos sistemas solares como almas humanas pueblan la tierra. -Sólo describo la experiencia exterior, lo que se presenta a la experiencia-. Así que esto también es completamente al revés: Aquí tenemos la clara sensación de que estamos en un mundo físico-sensorial. En el momento en que observamos espiritualmente este mundo físico-sensorial, ya no tiene sentido hablar de una unidad, sino que hay tantos mundos de este tipo, por tanto también soles, como almas humanas en conexión con la tierra. Pero también hay algo más como experiencia sorprendente. Cuando miramos a la tierra desde fuera, entonces también se nos aparece la naturaleza humana, el ser humano. <Yo mismo ya me he permitido sugerir en conferencias públicas que cuando como seres humanos nos encontramos entre la muerte y un nuevo nacimiento, entonces, mientras aquí en la tierra miramos al cosmos, en realidad miramos desde fuera; en cambio allí, (entre la muerte y un nuevo nacimiento), lo que vemos es el ser interior del ser humano. Así pues, cuando nos acercamos de nuevo a la vida terrenal, entonces nuestro mundo exterior es en realidad el interior orgánico, ahora no anímico, sino el interior orgánico del hombre. Esto es lo que vemos continuamente cuando miramos hacia atrás desde el exterior al cosmos en el que nos encontramos entre el nacimiento y la muerte. Miramos hacia atrás a la naturaleza humana. En realidad nunca perdemos la naturaleza humana. Cuando morimos, la visión de la naturaleza humana permanece con nosotros, sólo que ahora no la experimentamos desde dentro; no estamos atrapados dentro de ella como lo estamos entre el nacimiento y la muerte, sino que la experimentamos desde fuera, la miramos desde fuera. Pero lo peculiar es que la diversidad de seres humanos desaparece cuando salimos de ella. Y mientras vemos muchas formas cósmicas, tantas formas cósmicas como almas humanas hay en relación con la tierra, mirando hacia atrás en la tierra, temporal y espacialmente, vemos al ser humano una sola vez. Entre la muerte y el nuevo nacimiento hay muchos mundos y un solo ser humano.

Ya ven, sin considerar meditativamente a fondo esto, que sólo puede insinuarse con palabras humanas, en todos sus aspectos, -pues es de inmensa importancia-, no se llega realmente a una comprensión completa de esta diferencia radical que existe en la imagen del mundo entre la experiencia dentro del nacimiento y la muerte y la experiencia entre la muerte y un nuevo nacimiento. Dentro del nacimiento y la muerte experimentamos un mundo y muchos seres humanos; dentro de la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento experimentamos muchos mundos, que representan nuestro mundo unificado actual, y una sola naturaleza humana. Si miramos hacia atrás desde nuestra vida entre la muerte y un nuevo nacimiento a la vida en la tierra, entonces los seres humanos no son múltiples, sino que todos los seres humanos están en una sola naturaleza humana. Por lo tanto, todo está completamente invertido, y hay que prestar atención a esta inversión radical. Pues es absolutamente necesario que se vea claramente ante el alma cuán imposible es obtener conceptos adecuados del mundo espiritual sin pasar a conceptos completamente transformados. Simplemente no es posible obtener ideas reales dentro de los métodos cómodos por los cuales uno usualmente quiere obtener ideas sobre el mundo espiritual. Uno debe sentirse cómodo metamorfoseando sus ideas, incluso hasta el punto de invertirlas por completo. Mucha gente no quiere esto, y de ahí la lucha contra una verdadera ciencia del espíritu.

Y bien, ayer les mostré cómo la relación del ser humano se ve más detalladamente por un lado con el ser solar, por otro lado con el ser lunar, pero también con los seres planetarios individuales. Les expliqué cómo se encuentra el hombre en relación con el ser de Venus, con el ser de Mercurio y así sucesivamente; les dije que a través de la ciencia espiritual más nueva volvemos de una manera totalmente independiente a cosas que fueron cultivadas en una antigua sabiduría onírica e inspirada en los antiguos Misterios. Todo lo que ayer les presenté es precisamente la presentación del asunto desde un lado. Mientras tratemos de adquirir conocimiento sólo en la forma en que el iniciado de los Misterios anteriores lo hacía dentro de la vida entre el nacimiento y la muerte, o como se hace hoy, así obtendremos, por ejemplo, tales ideas acerca de nuestro mundo planetario como las que presenté ayer. Pero en el momento en que salimos, cuando nos situamos, por así decirlo, fuera de este cosmos en el que vivimos entre el nacimiento y la muerte, y miramos lo anímico-espiritual desde fuera, en ese momento todas las cosas individuales que describimos ayer nos muestran también sus otros aspectos, su inversión.

Dijimos ayer: Si consideramos lo Mercurial en el mundo, -sea material, sea planetario-, tenemos aquello que como fuerza fluye a través del universo de tal manera que ayuda al hombre a tomar posesión de los componentes sólidos de su organismo con su ser anímico-espiritual. Lo Venusiano es tal que le permite apoderarse del fluido de su organismo, y así sucesivamente. En el momento en que ahora invertimos toda la perspectiva, todas estas características se nos presentan también de manera diferente. En primer lugar, si miramos a los seres de Saturno en el extremo de nuestro sistema planetario, a Saturno, como si fuera desde el otro lado de la existencia, dejando de lado a Neptuno y Urano, tenemos la posibilidad de ver ahora no lo que decíamos ayer: que Saturno ayuda al hombre a mantener su esencia anímico-espiritual frente a lo meramente químico, -ese es el aspecto visto desde aquí, desde la tierra-, pero si lo miramos desde el otro lado, entonces llegamos a conocer el instinto real del hombre con todas las facultades que tenemos entre la muerte y un nuevo nacimiento. La vida instintiva en el hombre, que brota de las profundidades subconscientes, en realidad no puede ser vista en su verdadera esencia con las facultades que sólo pueden alcanzarse aquí en la tierra, sino que debe ser vista o bien entre la muerte y un nuevo nacimiento o bien en el conocimiento suprasensible superior, precisamente en la ciencia iniciática.

Así pues, podemos decir que si observamos la existencia de Saturno aquí en la Tierra con mirada espiritual, nos hacemos una idea de las fuerzas que ayudan al hombre a sentirse un ser anímico-espiritual independiente frente a lo químico que actúa en su organismo. Si miramos esta existencia de Saturno desde fuera en su aspecto anímico-espiritual, entonces representa para nosotros las fuerzas del cosmos que transfieren los instintos a la naturaleza humana.

Y la existencia de Júpiter (véase el diagrama 1) representa para nosotros todo lo que ya se encuentra en el hombre de una manera más anímica de lo que representan los instintos, lo que está presente en el hombre como inclinaciones, como simpatías; pues mientras que los instintos siguen siendo completamente animales, las inclinaciones son, sin embargo, ya anímico-animales.
diagrama 1

La existencia de Marte representa todo lo que no es un mandamiento moral que uno se impone interiormente, pero que sin embargo es, diría yo, un impulso que surge de toda la constitución caracterológica del ser humano. Que un hombre sea valeroso en lo que respecta a su acción moral, que sea indolente, radica en las fuerzas que uno llega a conocer cuando mira el orden marciano desde el otro lado; es decir, no los impulsos morales plenamente conscientes que he descrito en mi "Filosofía de la libertad" como arraigados en el pensar puro, sino los impulsos aquejados todavía de un fuerte grado de inconsciencia.

Así que cuando se considera la relación del hombre con estos planetas exteriores, se tiene lo que se relaciona más con las virtudes en el hombre, que en cierto sentido están sin embargo ligadas al organismo humano. Lo que nace con uno viene del cosmos, del universo; lo que es más instintivo, lo que brota instintivamente de todo el organismo, es de Saturno. Lo que brota como inclinaciones, como afectos, es de Júpiter. Lo que brota como fuerzas de iniciativa directamente activas, pero ligadas al organismo, es de Marte. 

Ahora llegamos a las cualidades más interiorizadas del ser humano. Éstas también se nos presentan en la medida en que proceden de fuerzas que están en el cosmos. Por ejemplo, si dejamos de lado el aspecto solar, tenemos a Mercurio. No se suele creer que la sabiduría del hombre sea también algo que se fundamenta en todo el universo. Pero lo está. Y si observan ustedes los fenómenos del mundo con total imparcialidad, se dirán:

Lo que su intelecto encuentra finalmente en sí mismo de forma activa tiene su expresión en las apariencias del mundo. El intelecto está dentro de las apariencias del mundo. Ahora bien, las fuerzas que representan este intelecto en el universo, que nace después con nosotros como nuestro intelecto, como nuestra astucia, eso es lo Mercurial en el universo.

La faceta de Venus se ha desarrollado suficientemente en las tradiciones y está representada en todo lo que es amor. Lo lunar está representado en todo lo que es actividad imaginativa, incluida la memoria, pero no de forma que represente la actividad orgánica en la que se basa la memoria, sino más bien la formación de ideas. También las imaginaciones de la memoria son en realidad idénticas a las imágenes fantasmales, sólo que están formadas con total fidelidad a las experiencias reales. Si, por ejemplo, miramos al Júpiter físico-sensorial, si miramos a Júpiter desde dentro del universo, entonces representa, en el sentido que describí ayer, la concentración de aquellas fuerzas que hacen posible que el ser humano no se derrita en la luz, sino que se mantenga como una entidad anímica-espiritual en la luz. Si uno se imagina la esencia anímica-espiritual de las fuerzas de Júpiter, es decir, a Júpiter desde el exterior, en el caso del hombre habría que decir para las fuerzas anímicas-espirituales: desde el interior, entonces él representa esas fuerzas que el hombre lleva en sí mismo como inclinaciones, como afectos, etcétera. Podría decirse pues: la independencia del deseo del alma en relación con la luz es lo externo de Júpiter. El llegar a ser, el formarse, el producirse de inclinaciones, afectos, es lo interno, es lo anímico-espiritual de Júpiter.

Es comprensible que él deje de verlas; pero no deja de saber de las estrellas; él sabe de las estrellas. Primeramente él conoce lo que yo ilustré ayer. Y a partir de cierto momento aprende a saber precisamente cuál es el lado moral de un ser estelar. Después vuelve a contemplar el cosmos. Pero él realmente ve el cosmos, ya no como una entidad  física, sino como una entidad moral, y después de que el estado intermedio estuvo allí, donde él vio lo que yo describí ayer, él entonces ve desde el exterior, especialmente en mitad entre la muerte y un nuevo nacimiento, no lo que uno podría llamar Saturno en nuestro sentido, sino la vida instintiva fluyente en el cosmos, que él entonces se apropia como un ser humano cuando él otra vez se mueve a través de un cuerpo a la existencia física terrestre. Ve la vida tejida de las inclinaciones y así sucesivamente. Un modo de pensar materialista puede, naturalmente, negar todo esto, pero eso es tan inteligente como negar lo espiritual y el alma de un ser humano en relación con el mero cuerpo físico.

La contemplación de lo que ahora es, me gustaría decir, el cosmos moral, la contemplación del mundo moral planetario, es algo que llena al ser humano en el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento. Pero en cierto sentido depende en estas visiones de la forma en que atraviesa la puerta de la muerte. Contempla la vida del instinto, la vida de las inclinaciones, la vida de los impulsos morales, etc., de tal modo que las ve de acuerdo con la comprensión inconsciente que adquirió durante su estancia en la Tierra.

Una persona, por ejemplo, que ha conocido en la vida a muchas personas que se desvían en cierto modo de lo que se llama la norma de la vida, que no por ello considera a otras personas como filisteos, sino que responde a ellas de cierta manera cariñosa y comprensiva, que permite que las personas sean válidas en lugar de criticarlas, una persona así adquiere toda una riqueza de impulsos inconscientes además de la comprensión que ya adquiere para su conciencia; pues uno obtiene mucho del hecho de admitir la validez de las personas, de intentar comprenderlas, de no criticarlas. Equipado con estos impulsos, uno puede entonces observar muy bien los secretos de la existencia de Saturno desde el otro lado de la vida, desde ese lado de la vida que se presenta entre la muerte y un nuevo nacimiento. Y de esta manera estos secretos de la existencia planetaria se presentan de diversas maneras. Dependiendo de cómo sea uno capaz de comprenderlos, de combinarlos en un todo y de integrarlos en su propio ser humano cuando desciende de nuevo a lo terrenal.

Y entonces ya se siente: Con este punto de vista que se tiene, se forma una cierta experiencia, así como también se forma una experiencia aquí en la tierra según los puntos de vista que se han tenido. En la tierra uno llega a conocer a una persona tras otra. A través de ello, se adquiere conocimiento de la naturaleza humana. Según lo que uno ve desde el otro lado de la vida, también adquiere experiencias. La única diferencia es que en la segunda mitad de la vida, entre la muerte y un nuevo nacimiento, estas experiencias que uno adquiere se convierten entonces en creadoras, y uno las introduce en el organismo que hereda. Verán que esto está relacionado con la formación del karma, que aquí tiene lugar algo que puede llamarse la técnica de la formación del karma. Las experiencias que el hombre debe tener, a fin de formar su karma entre la muerte y el nuevo nacimiento, las adquiere teniendo puntos de vista como los que he descrito desde el otro lado de la vida.

Hoy he tenido que describir las cosas más sutilmente, por así decirlo, porque aquí se trata de cosas sutiles, y porque hay que llamar la atención sobre el hecho de que los conceptos deben transformarse fuertemente si queremos comprender todo el universo. Pues en todo lo que vemos aquí en la tierra, inicialmente física y sensorialmente, pero luego también a través de la profundización espiritual, en todo ello sólo se da un lado de la existencia. Sí, incluso del cosmos, cuando miramos hacia fuera, sólo se da un lado de la existencia. El otro lado de la existencia sólo se presenta cuando podemos mirar el cosmos fuera del cuerpo en una existencia puramente anímico-espiritual. Pero entonces el cosmos se presenta como una entidad anímico-espiritual, como una entidad moral.

En tiempos muy antiguos los hombres traían consigo una gran cantidad de, digamos, "memoria cósmica" cuando entraban en su existencia física terrenal. Aquellas personas de los tiempos primitivos ciertamente parecían más animales externamente que las personas de hoy en día, aunque la teoría sobre la descendencia animal del hombre no sea correcta; pero todavía sabían algo del otro lado de la vida incluso en su existencia terrenal. Lo llevaban en sus cuerpos aún imperfectamente formados. Y en esto consiste el desarrollo de la humanidad en la tierra, en que el hombre pierda cada vez más el recuerdo del otro lado de la existencia, en el que vive entre la muerte y un nuevo nacimiento, y al perder estos recuerdos para la vida terrenal, sólo depende de lo que se le presenta en experiencia dentro de la existencia terrenal. Sólo así le es posible al hombre asimilar como poder lo que no puede asimilar en ninguna otra parte del universo. La actuación de la libertad, que debe ser adquirida aquí durante la existencia terrenal, es adquirida y entonces permanece para todo el futuro terrenal y cósmico del hombre.

Hoy en día, en las conferencias públicas, debido a que la gente se escandaliza naturalmente por estas cosas, hay que hablar en términos abstractos del hecho de que cuando el hombre persiste en la existencia anímico-espiritual, el mundo se muestra virtualmente invertido, al revés. Pero ya ven, también es posible mostrar en los hechos concretos individuales de nuestra existencia planetaria, -y también se podría ir más lejos en el mundo estrellado-, cómo es la conexión del hombre con todo el cosmos. Sólo sobre la base de este conocimiento es posible hablar del cosmos, tal como aparece desde la Tierra, como siendo primero el cosmos físico, incluida la Tierra, y luego el cosmos etérico. <Ya saben lo que se entiende por ambos. En nuestro espacio físico ordinario sólo existen realmente el cosmos físico y el cosmos etérico. En el momento en que el hombre, atravesando la puerta de la muerte o de la iniciación, llega a experimentarse a sí mismo de un modo puramente anímico-espiritual, es decir, a mirar el universo desde el otro lado, las ideas de espacio dejan de tener sentido para él.

Mientras todavía tengamos que hablar con palabras humanas, podemos decir que miramos nuestro universo espacial desde fuera; entonces nos sigue pareciendo como si todavía fuera espacial, ya que lo miramos desde allí. Pero ya no es espacial, pues debo decir que cuando lo miramos desde un punto, debemos pensar que el punto está disperso. El punto ya no es un punto, está disperso. Captamos el espacio en nosotros, por así decirlo, y vemos lo no espacial; así como vemos el espacio aquí desde el punto, así, cuando estamos fuera de nuestro cuerpo, vemos el punto desde el espacio, de vuelta al punto. Y esto está relacionado con lo que la experiencia nos ha mostrado: que vemos tantos mundos como almas humanas hay conectadas con la tierra, y sólo una naturaleza humana, un ser humano. Todos somos un solo ser humano cuando nos observamos desde fuera. Por eso en la ciencia de la iniciación se habla del misterio del número, porque en realidad el número en sí sólo tiene un significado desde tal o cual punto de vista.

Lo que aquí en la tierra es una unidad, el cosmos, visto desde fuera es una multiplicidad. Lo que es una multitud aquí en la tierra, los seres humanos, es una unidad cuando se ve desde fuera. Ver algo como muchos o como una unidad también es una ilusión, Maja. Desde un punto de vista completamente diferente, una unidad puede presentarse como una multiplicidad, y desde otro punto de vista, una multiplicidad puede presentarse como una unidad. Esto es algo que en realidad también ha tenido lugar dentro de la ciencia matemática en su desarrollo en la tierra. Ya he aludido a ello. Hoy contamos de tal manera que añadimos unidad a unidad. Decimos uno, luego dos, añadimos otra unidad, entonces tenemos tres y así sucesivamente. En tiempos muy antiguos de la humanidad no se contaba así, sino que se contaba de la siguiente manera: la unidad uno, en la unidad dos, luego en la unidad tres. No se sumaba uno a otro, sino que la unidad era aquello que siempre comprendía todos los números. En la unidad estaban todos los números. Con nosotros, la unidad está siempre en todos los números; en las matemáticas antiguas, todos los números estaban siempre en la unidad. Esto provenía de los otros hábitos de pensamiento, que también estaban conectados con los recuerdos de una ciencia extra cósmica que todavía estaba presente en los tiempos primitivos de la humanidad.

Traducido por J.Luelmo oct,2023

GA213 Dornach 24 de junio de 1922 - Preguntas humanas Respuestas cósmicas - relaciones entre lo anímico-espiritual y lo físico- espacial

  Índice


Preguntas humanas - Respuestas cósmicas

RUDOLF STEINER

I conferencia

Dornach 24 de junio de 1922


Hoy tendré que hablar de algo que parece estar algo alejado de las consideraciones más concretas de nuestra Antroposofía, pero que, sin embargo, debe constituir la base de muchos puntos de vista, y sobre la que luego se pueden construir muchas cosas analizándolas más íntimamente.

Cuando hablamos de lo físico-corporal del ser humano por un lado y de lo anímico-espiritual por otro, entonces se presenta una dificultad para el conocimiento, para la comprensión del ser humano. Para el hombre es relativamente fácil adquirir ideas sobre lo físico-corporal. Lo físico y lo corporal le llegan a través de sus sentidos. Pertenece, por así decirlo, a aquello a lo que se enfrenta desde todos los lados de su entorno, sin que él mismo haga nada esencial al respecto, al menos en la medida en que entra en consideración su conciencia. La situación es diferente cuando hablamos de lo anímico-espiritual. Lo anímico-espiritual es del tipo que el hombre, si es lo suficientemente imparcial, tiene una clara conciencia de su existencia. La humanidad siempre ha incluido designaciones, palabras y frases para lo anímico espiritual en sus lenguajes, y el hecho en sí de que tales palabras, frases y designaciones se encuentren dentro del lenguaje muestra que para la conciencia imparcial hay, sin embargo, algo que señala al ser humano hacia lo anímico espiritual.

Sin embargo, de inmediato surge la dificultad cuando el hombre quiere poner en relación el mundo de lo físico-corporal y el mundo de lo anímico-espiritual. Y esta búsqueda de relación ofrece las mayores dificultades imaginables a quienes, digamos, tratan tales cuestiones de un modo filosófico. Ellos saben que lo físico-corporal se extiende en el espacio. Pueden incluso representarse esta corporeidad-física en el espacio. Y el hombre se forma ideas sobre ello con relativa facilidad, porque puede utilizar precisamente aquello que el espacio le presenta con sus tres dimensiones para formarse ideas sobre lo físico-corporal. Pero lo espiritual como tal, en definitiva, el ser humano no lo encuentra en ninguna parte del espacio.

Las personas que creen no ser materialistas, pero que lo son tanto más, prefieren imaginarse lo anímico-espiritual en el espacio y de este modo llegan a las conocidas aberraciones espiritualistas. Las aberraciones espiritualistas son aberraciones materialistas; son un intento de llevar lo anímico-espiritual al espacio. Pero aparte de esto, el hombre es consciente de su propia alma espiritual. Sabe cómo funciona lo anímico espiritual, pues se dice a sí mismo que el pensamiento que abriga, por ejemplo, cuando proyecta hacer un movimiento en el espacio, se traduce en movimiento por medio de la voluntad. El movimiento está en el espacio; pero del pensamiento el hombre desprejuiciado no puede decir que está en el espacio. Y así han surgido las mayores dificultades precisamente para el pensamiento filosófico. Uno se pregunta: ¿Cómo puede lo anímico-espiritual en el hombre, al cual también pertenece el yo, tener un efecto sobre lo físico-corporal, que está en el espacio? ¿Cómo puede lo no-espacial tener efecto sobre lo espacial?

Han surgido las más diversas teorías, que más o menos adolecen todas de la dificultad de poner en relación lo anímico-espiritual no espacial con lo físico-corporal espacial. Se dice que en la voluntad lo anímico-espiritual actúa sobre lo físico. Pero al principio nadie puede decir con conciencia ordinaria cómo fluye el pensamiento en la voluntad, y cómo la voluntad, que es en sí misma una especie de espiritual, llega a aparecer acto seguido en formas exteriores de movimiento, en la actividad exterior.

Por otra parte, los procesos que, por ejemplo, produce el mundo físico en los sentidos, es decir, en lo físico, se extienden en el espacio. Ellos se transforman, al convertirse en una cosa anímica-espiritual, en una cosa no espacial. El hombre no puede decir desde su conciencia ordinaria cómo lo físico-espacial, que acontece en la percepción de los sentidos, ejerce un efecto sobre lo no-espacial, sobre lo anímico-espiritual.

En los últimos tiempos hemos llegado a otra vía de información que ya he mencionado varias veces: se habla de "paralelismo psicofísico". Esto es en realidad la admisión que no se sabe nada sobre la relación entre lo físico-corporal y lo anímico-espiritual. Se dice, por ejemplo: El hombre camina, sus piernas se mueven, cambia de lugar en el espacio exterior. Todo esto representa lo espacial, lo físico-corporal.

Al mismo tiempo, mientras algo está sucediendo en su cuerpo, en lo anímico-espiritual tiene lugar, un pensar-sentir-voluntad. Sólo se sabe, dicen, que cuando lo corporal-físico tiene lugar espacial y temporalmente, lo anímico-espiritual también tiene lugar. Pero cómo actúa lo uno sobre lo otro, de esto no se puede tener ni idea. El paralelismo psicofísico significa: un proceso psíquico, un proceso anímico teniendo lugar mientras se produce un proceso corporal. Pero no se puede ir más allá de esto, uno quisiera decir, así expresado en secreto, que los dos procesos corren en paralelo. Uno no llega a una idea de cómo los dos interactúan. Así es cuando la gente quiere formarse una idea de la existencia de lo anímico-espiritual en general.

En el siglo XIX, cuando las opiniones de la gente estaban tan influenciadas por el materialismo, los materialistas también se hicieron la pregunta: ¿Dónde se quedan realmente las almas en el mundo del espacio cuando han abandonado el cuerpo? E incluso ha habido gente que ha intentado refutar el espiritualismo considerando la imposibilidad de que, puesto que tanta gente muere y tanta gente ya ha muerto, en realidad no hay sitio en todo el mundo del espacio para dar a todas las almas que vienen de los muertos un lugar donde quedarse. Esta forma absurda de ver las cosas se daba con frecuencia en el siglo XIX. Se decía: El hombre no puede ser inmortal, porque todos los espacios del mundo tendrían que estar llenos de almas inmortales. Todas estas cosas apuntan a las dificultades que surgen cuando se cuestiona la relación entre lo físico-material, que se extiende claramente en el espacio, y lo que no puede trasladarse inicialmente al espacio, lo anímico-espiritual.

Ahora, sin embargo, se ha llegado gradualmente al punto de que el pensar humano puramente intelectualista ha yuxtapuesto abruptamente lo físico-corporal por un lado y lo anímico-espiritual por el otro. Para la conciencia actual, ambos están uno al lado del otro sin mediación alguna. Sí, así como los hombres han llegado gradualmente a pensar en lo físico-corporal por un lado y en lo anímico-espiritual por el otro, así no hay posibilidad alguna de encontrar una relación. El hombre de hoy simplemente piensa en lo físico-espacial de tal manera que lo espiritual no puede acomodarse en ninguna parte dentro de él, y a su vez lo espiritual está tan abruptamente separado de lo físico-espacial que lo anímico-espiritual que es totalmente no-espacial, no puede entrar en contacto en ninguna parte con lo físico o similar. Pero este agudo contraste sólo se desarrolló gradualmente. Hay que partir de un modo de ver las cosas muy distinto, un modo de ver las cosas que sólo puede surgir de nuevo enlazando con lo que tiene que decir la ciencia espiritual antroposófica. La ciencia espiritual antroposófica debe mirar primero a la voluntad. En primer lugar, una mirada imparcial demuestra sin duda que la voluntad humana sigue sus movimientos por todas partes, y que los movimientos del ser humano que realiza externamente en el espacio moviéndose él mismo, pero también los movimientos que tienen lugar en su interior realizando sus funciones cotidianas, que en general toda la actividad del ser humano aquí en el mundo físico es espacialmente tridimensional. El ser humano imparcial no puede tener ninguna duda al respecto. Todos estos movimientos van acompañados de la voluntad; la voluntad debe, pues, llegar a todas partes donde se extienden las tres dimensiones. Sobre esto tampoco puede haber ninguna duda.

Por consiguiente, cuando hablamos de la voluntad como una cosa anímica-espiritual, no puede haber ninguna duda de que esta voluntad, aunque sea una cosa anímica-espiritual, es una cosa tridimensional, tiene una forma tridimensional. Simplemente debemos pensar de esta manera: cuando ejecutamos un movimiento con la mano por medio de la voluntad, digamos, la voluntad anida en todas las posiciones que se ejecutan en el espacio del brazo y de la mano. La voluntad acompaña en todas partes donde se realiza cualquier movimiento de un miembro. Por lo tanto, debemos hablar de la voluntad misma como aquello anímico que puede asumir una forma tridimensional.

Pero otra cuestión es si toda alma adopta una forma tridimensional. Y si pasamos de la voluntad al mundo del sentir, al mundo de la emoción, el hombre al principio, si simplemente piensa en estas cosas con su conciencia ordinaria, se dirá a sí mismo: Si, digamos, me pinchan aquí en el lado derecho de la cara, de la cabeza, con una aguja, lo siento; si me pinchan en el lado izquierdo, también lo siento. Así, con conciencia ordinaria, puede tener la opinión de que su sensación se extiende por todo el cuerpo. Y entonces también hablará de la sensación como si estuviera formada tridimensionalmente en el mismo sentido en que habla de la voluntad como si estuviera formada tridimensionalmente.

Pero ahí se está cayendo en un engaño. No es así. Más bien hay que tener en cuenta cómo el hombre puede hacer primero ciertas experiencias de sí mismo, y es a partir de estas experiencias que queremos proceder. Las reflexiones de hoy serán algo sutiles, pero sin tales consideraciones sutiles no se puede comprender a fondo lo espiritual-científico.

Imagínense, quiero decir con los ojos de su alma, cómo es cuando tocan su mano izquierda con su mano derecha. Esto les proporciona la percepción de sí mismos. Del mismo modo que sienten un objeto externo, se sienten a sí mismos cuando tocan su mano derecha con la izquierda, digamos que a través de la mediación de los dedos individuales.

Pero aún más claro tienen el hecho de que tienen dos ojos, y que si fijan un objeto con los dos ojos, primero deben hacer un esfuerzo de voluntad. A menudo no piensan en este esfuerzo de la voluntad. Por ejemplo, para fijar un objeto muy cercano, donde es más prominente de lo normal, deben ustedes girar el ojo izquierdo hacia la derecha, el ojo derecho hacia la izquierda, y fijan el objeto poniendo en contacto las líneas de visión de manera similar a como ponen en contacto la mano derecha con la izquierda cuando se tantean a ustedes mismos, por así decirlo.

Pueden ver de esta manera cómo simplemente tiene un cierto significado para el ser humano en relación con su amplia orientación, relacionar la izquierda con la derecha, poner la izquierda en una cierta relación con la derecha.

Ahora bien, la conciencia ordinaria no suele ir mucho más allá de traer a la conciencia el hecho bastante significativo que subyace a esto por el roce de las manos, por el cruce de la línea de visión; pero uno puede continuar esta observación.

Supongamos que nos pinchan con una aguja en el lado derecho del cuerpo: Sentimos el pinchazo. Pero no debemos decir sin más dónde sentimos el pinchazo, por ejemplo refiriéndonos a la superficie de nuestro cuerpo. Pues sin que todos los miembros individuales de nuestro organismo estén en relación entre sí, y de hecho en una relación recíproca viva, de modo que actúen unos sobre otros, sin esto nuestro ser anímico-corporal-humano no sería en absoluto lo que es. Y siempre hay, aunque no toquemos la mano izquierda a través de la derecha, para sentir la mano izquierda a través de la mano derecha, y aunque nuestro organismo, digamos, se pinche en su lado derecho, existe una conducción desde el lado derecho hasta el plano de simetría en el centro, y la mitad izquierda del cuerpo debe entrar en relación con la mitad derecha del cuerpo, para que pueda producirse la sensación, el sentimiento.

Sólo así se produce el sentimiento. El sentimiento nunca se produce en el espacio tridimensional, siempre se produce en el plano. El mundo del sentimiento en realidad no se extiende en tres dimensiones, en realidad sólo se extiende en dos dimensiones. El ser humano experimenta el mundo de los sentimientos sólo en ese plano el cual, si se ejecutara como plano de corte, dividiría al ser humano en dos mitades simétricas.

La vida emocional es en realidad como un cuadro que se pinta sobre un lienzo, pero no se pinta sólo desde un lado, sino desde ambos lados. Imagínense que yo extiendo un lienzo, lo pinto de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, y dejo que lo que he pintado por delante y por detrás, es decir, de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, interactúe en mi percepción. Y la pintura que está ahí es sólo bidimensional. Todo lo que es tridimensional está, si se me permite decirlo, proyectado en las dos dimensiones.

También pueden ustedes formarse la idea de otra manera. Imaginen que fueran capaces de proyectar imágenes de sombras de objetos a la derecha y de objetos a la izquierda sobre una superficie. Entonces tendrían sombras de objetos de la derecha, de objetos de la izquierda extendidos sobre la pared. Así es nuestro mundo emocional. No es tridimensional, es bidimensional. El ser humano es básicamente un pintor que trabaja desde dos lados, en el sentido de que no simplemente se auto impulsa en el espacio sentimentalmente, sino en el sentido de que por medio de su voluntad tridimensional esboza todo lo que encuentra en el espacio como efecto del sentimiento, en el sentido de que por medio de la voluntad, que es en verdad tridimensional, -ese es el pintor, la voluntad-, esboza todo en un plano que pasa de adelante hacia atrás en formaciones de sombras, en pinturas. El ser humano vive sensiblemente en un cuadro que se dibuja a través de su cuerpo bidimensionalmente, que apenas se pinta por ambos lados. De modo que si queremos buscar la transición de la voluntad al sentimiento en el alma para nosotros mismos, para los seres humanos, debemos pasar de lo tridimensional a lo bidimensional.

Pero esto ya les dará una relación espacial diferente de la cualidad anímica que se expresa en el sentimiento, que si se limitan a decir de la vida anímica que no es espacial. El plano tiene dos dimensiones, pero no es espacial. Pueden llamar plano al tablero, pero en realidad es un cuerpo, pues tiene espesor. Un plano está, en efecto, dentro del espacio, pero él mismo no es espacial; el espacio debe tener siempre tres dimensiones. Y sólo la voluntad entra en este espacio tridimensional. Pero el sentimiento no entra en las tres dimensiones del espacio. Es bidimensional. No obstante, tiene relaciones con el espacio, del mismo modo que la imagen de la sombra tiene relaciones con el espacio.

Pero también les estoy señalando un hecho extraordinariamente significativo que no es tan fácil de ver, debido a que el hombre con su conciencia ordinaria no está, por regla general, en absoluto inclinado a captar las peculiaridades de su mundo de sentimientos. Este mundo del sentimiento está siempre entremezclado con el mundo de la voluntad. Piensen que si realmente les dan el pinchazo del que les hablé en el lado derecho del cuerpo, no separan inmediatamente el sentimiento de la voluntad. Indudablemente, no recibirán este pinchazo con mucha paciencia, pero aparte del hecho de que tal vez lo alcanzaran externamente, es decir, llevaran mucho su voluntad al espacio tridimensional cuando les pinchen, aparte de eso tendrán un movimiento defensivo que no sale externamente y que sólo se manifiesta en toda clase de pequeñas corrientes íntimas de la sangre y de la respiración. Lo que uno hace como movimiento defensivo cuando le ha picado un mosquito extendiendo la mano, eso es sólo lo más burdo. A lo más fino, el movimiento defensivo, que en realidad sólo se hace con el movimiento de la sangre, con el movimiento de la respiración, con todo tipo de cosas en el interior, no se le suele prestar atención. Y así, uno no separa lo que hace la voluntad de lo que realmente es el contenido del sentimiento. Lo que es el contenido del sentimiento también es demasiado tímido. Sólo se puede llegar a esto con una meditación muy, muy cuidadosa. Pero una vez que puedan excluir del sentimiento todo lo que pertenece a la voluntad, entonces se alejan de derecha e izquierda, centrándose en el plano del medio. Y entonces, cuando están en el plano del medio y, por así decirlo, plasman conscientemente sus experiencias en este plano, entonces comienzan a comprender por qué el plano del sentimiento es tan extraordinariamente diferente de la experiencia ordinaria.

Podemos experimentar esta cualidad plana, esta cualidad superficial del Sentimiento. Pero hay que experimentarla meditativamente. Debemos sentir toda la apariencia de sombra de nuestros sentimientos frente a las robustas experiencias externas en el espacio tridimensional. Antes tenemos que prepararnos para esta experiencia, pero si lo hacemos, podremos tenerla realmente, y entonces nos acercaremos gradualmente a la verdad de que el Sentimiento sigue su curso en dos dimensiones.

En cuanto al pensar, éste puede caracterizarse simplemente por el hecho de que se admite con una mente imparcial, lo inverosímil que resulta decir que un pensamiento está en el espacio. En realidad, el pensamiento no está en ninguna parte del espacio. Aunque debe guardar alguna relación con éste. Porque el cerebro es sin duda, si no la herramienta, al menos la base del pensar. Sin el cerebro no se puede pensar. Sin embargo, si el pensar, que discurre en conexión con la actividad cerebral, no tuviera nada que ver con el espacio, se produciría el curioso hecho de que si uno puede pensar bien a los doce años y su cabeza ha superado entonces la posición en la que se encontraba a los doce, entonces habría superado su pensar. Pero no es así. Al crecer, uno no deja de pensar. Y eso por sí solo indica que cuando uno crece, también está dentro del espacio con su pensar.

Pues bien, del mismo modo que uno puede sentir el mundo de las sensaciones, el mundo de la experiencia de las sensaciones por uno mismo, llegando gradualmente a su nivel de simetría, uno puede volver a experimentar meditativamente el pensar como aquello que en realidad sólo tiene la extensión arriba y abajo. El pensar es bastante unidimensional, discurre en una línea en el ser humano. Por lo tanto, debemos decir que la voluntad es tridimensional, el sentir bidimensional y el pensar unidimensional.

Como ven, cuando diferenciamos en el espacio, no llegamos a una transición tan abrupta como lo hace el mero intelecto. Llegamos a una transición gradual. El mero intelecto dice: lo físico está extendido espacialmente en tres dimensiones; lo anímico-espiritual no está extendido en absoluto, por lo que no se puede encontrar ninguna relación, ya que no se puede, por supuesto, encontrar ninguna relación entre lo extendido y lo no extendido. Pero si uno se vuelve atento al hecho de que la voluntad está formada tridimensionalmente, encuentra que la voluntad se vierte por todas partes en el mundo tridimensional. Si uno sabe que el sentir es bidimensional, entonces, pasando de las tres dimensiones a las dos, debe llegar a algo que todavía representa relaciones, pero que ya no es espacial, pues el mero plano, las meras dos dimensiones, no son espaciales. Pero están dentro del espacio, no están completamente fuera del espacio.

Y viceversa, cuando pasamos de sentir a pensar, pasamos de las dos dimensiones a la dimensión única, por lo que aún no salimos completamente del espacio. Pasamos gradualmente de lo espacial a lo no espacial. A menudo he dicho que la tragedia del materialismo consiste en que no comprende lo material, lo material en su extensión tridimensional. Cree comprender, pero no comprende lo material. Y en el siglo XIX, históricamente, han surgido muchos fenómenos significativos que con la conciencia ordinaria de hoy no se pueden desentrañar adecuadamente. Basta pensar en la gran sensación que causó entre muchos pensadores el sistema filosófico de Schopenhauer: "El mundo como voluntad e imaginación". Según esto, sólo la imaginación tiene algo de irreal, sólo la voluntad es lo real. Sí, ¿Por qué Schopenhauer llegó a la idea de que el mundo es sólo voluntad? Porque a él también lo devoró el materialismo. Porque en el mundo, en el que la materia se expande tridimensionalmente, sólo se vierte la voluntad.
Quien además pretenda situar los sentimientos en este mundo, debe buscar la relación que existe entre una cosa tridimensional y un vislumbre bidimensional. Lo que experimentamos en los sentimientos son vislumbres de aquello en lo que vive nuestra voluntad como forma tridimensional. Y lo que experimentamos en el pensar son plasmaciones en una única dimensión. Y sólo cuando salimos completamente de las dimensiones, cuando pasamos al punto no dimensional, entonces hemos llegado a nuestro yo. Este realmente no tiene ninguna extensión, eso es meramente un punto. De modo que podemos decir: Pasamos de lo tridimensional (blanco) a lo bidimensional (rojo), a lo unidimensional (amarillo) y al mero punto (azul).

Pero al permanecer con lo tridimensional, tenemos nuestra voluntad dentro de las tres dimensiones. El sentir también está ahí, el pensar también está ahí, pero sin extenderse tridimensionalmente. Al dejar fuera la tercera dimensión y quedarnos sólo con las dos dimensiones, tenemos el vislumbre de la existencia exterior, en donde, sin embargo, se expande eso anímico-espiritual que vive en el sentir. Ya estamos saliendo más del espacio. Si vamos al pensar, entonces salimos aún más del espacio, y al pasar al yo, salimos todavía más del espacio.

Allí somos sacados del espacio pieza por pieza, por así decirlo. Y vemos que simplemente no tiene sentido hablar sólo de la oposición de lo anímico-espiritual y lo físico-corporal. No tiene sentido, porque uno debe preguntarse, si quiere descubrir la relación entre lo anímico-espiritual y lo físico-corporal: ¿Cómo se relacionan las cosas que se extienden en el espacio tridimensional, por ejemplo, nuestro propio cuerpo, con lo anímico como ser volitivo? ¿Cómo se relaciona lo físico-corpóreo con el alma como ser emocional? Lo físico-corporal como ser corporal se relaciona con el alma como ser volitivo de tal manera que lo físico-corporal, como una esponja, se satura de agua, de voluntad en todas las direcciones, en todas las dimensiones.

Pero lo físico-corporal se comporta al sentir como se comportan los objetos que proyectan sus sombras en una pared. Y a su vez, si queremos pasar de la sensación a lo pensante, entonces debemos convertirnos en un pintor peculiar. Debemos pintar sobre una línea lo que de otro modo está en las dos dimensiones del cuadro.

Háganse la siguiente cuestión. Se trata, por supuesto, de algo que plantea algunas exigencias a la mirada interior, pero imaginen que están ante, digamos, la "Última Cena" de Leonardo da Vinci. En primer lugar, lo tienen ante ustedes en el plano. Lo que entra en su campo de observación es bidimensional. Por supuesto, podemos prescindir del grosor de las manchas de color, ¿No es así?; pero lo que tienen ante ustedes como cuadro es bidimensional. Pero ahora me imagino una línea trazada en el centro de arriba abajo, y esta línea representa un ser unidimensional. Este ser unidimensional tendría la peculiaridad de que, digamos, aquí Judas (fig.1) no le sería indiferente; pero que Judas está ahí, este ser lo siente en cierta relación. Eso es lo que siente este ser: Donde Judas inclina la cabeza, siente más; donde Judas se aleja, siente menos; y de todas las demás formas, este ser unidimensional siente de manera diferente, según que esta forma sea azul o amarilla. Todo lo que está a la izquierda y a la derecha es sentido por este ser unidimensional. Entonces todo lo que está en esta pintura es sentido vivo por este ser unidimensional.
fig.1
Pero así es realmente nuestro pensar dentro de nosotros. Nuestro pensar es como un ser unidimensional y sólo convive con el resto de nuestro ser humano en que al principio está en relación con el cuadro que nos parte en dos como ser humano derecho e izquierdo, y que en los desvíos a lo largo de este cuadro después está en relación con el triple mundo de la voluntad.

Si queremos hacernos una idea de nuestro ser espiritual-alma, sólo en la medida en que está queriendo, sintiendo, pensando, al principio incluso sin el yo, no debemos imaginarlo realmente como una nube lateral, sino realizando algo interiormente-alma. Así que queremos imaginar el espiritual-mental esquemáticamente. Tenemos que mirarlo, por así decirlo: Al principio se nos presenta como una nube. Pero al principio es sólo un ser de voluntad. Siempre tiene la tendencia a apretujarse; entonces se convierte en un ser-sentimiento.

Al principio vemos una nube de luz, pero luego tal nube de luz que se produce a sí misma, en el centro, como un plano y de este modo se siente a sí misma. Y este plano a su vez tiene la aspiración de convertirse en una línea. Por tanto, debemos imaginar sucesivamente: Nube, plano, línea, como una entidad que vive en sí misma: algo que continuamente quiere ser nube, pero que quiere exprimirse de la nube al plano, extenderse a la línea. Si imaginan una línea que se convierte en un plano, el plano a su vez se convierte en una nube tridimensional, si imaginan: Nube, plano, línea - línea, plano, nube y así sucesivamente, entonces tienes eso que ahora puede ilustrarse esquemáticamente lo que su alma es realmente en su ser interior. No pueden conformarse con un concepto que sólo permanece en reposo en sí mismo. Ningún concepto que permanezca en reposo en sí mismo reproduce lo espiritual. Hay que tener una idea tal que ella misma realice una actividad interior, y una actividad interior tal que el alma, al imaginar, juegue con las dimensiones del espacio: haciendo desaparecer la tercera dimensión, perdiendo así la voluntad; haciendo desaparecer la segunda dimensión, perdiendo así el sentir; y sólo se pierde el pensar cuando se hace desaparecer también la primera dimensión. Entonces se llega al punto. Sólo entonces se pasa al yo.

Por eso surge esta dificultad. La gente quiere reconocer lo espiritual, pero está acostumbrada a formarse sólo ideas relacionadas espacialmente. Ahora ellos también se forman ideas espaciales del alma, aunque todavía estén tan difusas. Pero ahí sólo se tiene lo volitivo. El alma habría que imaginársela siempre de tal modo que, imaginando una nube, por ejemplo, al mismo tiempo presionara continuamente esta nube y a su vez la imaginara también unidimensionalmente. Sin hacer interiormente móvil el pensar, no se obtiene concepción alguna de lo anímico-espiritual. Quien quiere representar una cosa anímico-espiritual y representa la misma cosa en dos momentos sucesivos, sólo ha representado una cosa volitiva. Simplemente no ha hecho más que imaginarse lo anímico-espiritual de la misma forma en dos momentos sucesivos. Debe uno volverse interiormente móvil, y no sólo de tal manera que vaya uno de un punto del espacio a otro, sino que vaya uno de una dimensión a otra. Eso es lo que suele resultar difícil para la conciencia actual. Esto ha llevado incluso a que las personas más bondadosas, -bondadosas en relación con la idea de lo espiritual-, quisieran salir ya del espacio, superar las tres dimensiones. Entonces llegan a una cuarta dimensión. Eso está muy bien, pasar de la tridimensionalidad a la cuatridimensionalidad. Mientras uno permanece en el reino matemático, todos los pensamientos que tiene al respecto son bastante correctos, todo es verdad. Sólo que cuando se pasa a la realidad deja de ser válido, porque lo curioso es que cuando se piensa en la cuarta dimensión en términos reales, la tercera desaparece de uno. A través de la cuarta dimensión desaparece la tercera dimensión, y a través de la quinta dimensión desaparece la segunda, y a través de la sexta desaparece la primera; entonces se ha llegado al punto.

En realidad, cuando se pasa de la tercera a la cuarta dimensión, se entra en lo espiritual, y omitiendo dimensiones, no añadiéndolas, se entra cada vez más en lo espiritual. Pero mediante tales conceptos también se obtienen percepciones de la forma humana.

¿No es entonces por una sensibilidad artística que se mira realmente, yo diría, brutalmente al ser humano cuando se le mira tal como se sitúa en el mundo con sus tres dimensiones por todos lados? Ciertamente, así es como se hace; pero no es lo único. En general se tiene la sensación de que las mitades izquierda y derecha del cuerpo son esencialmente simétricas. Y esto le lleva a uno más allá de las tres dimensiones, en que uno resume al ser humano en su plano medio. Uno pasa a este plano medio; y sólo entonces se tiene una idea bastante clara de la única dimensión en la que crece el ser humano. Artísticamente, uno ya utiliza esta transición de tres a dos a una dimensión. Y si uno cultivara más esta visión artística del ser humano, entonces sería más fácil encontrar la transición al alma. Nunca serían ustedes capaces de sentir a un ser como un ser sintiente unificado, que no esté simétricamente formado.

Si ustedes miran una estrella de mar que no es simétrica, sino que tiene cinco rayos, por supuesto que pueden pasar a su lado sin sentir, pero si se lo plantean emocionalmente nunca podrán decirse a sí mismos que tiene un sentimiento uniforme. Es imposible que la estrella de mar relacione una derecha con una izquierda, que abrace una derecha con una izquierda, sino que debe poner continuamente el rayo único en relación con uno o con dos o con tres o con los otros cuatro. Así, lo que conocemos como sentimiento no vive en absoluto en la estrella de mar.

¿Qué hay de eso, -les pido que me sigan en este íntimo hilo de pensamiento-, que conocemos como sentimiento? Lo que conocemos como sentimiento viene de la derecha, viene de la izquierda y se mantiene en reposo en el medio. Vamos por el mundo con nuestro sentimiento en reposo. La estrella de mar no puede hacer eso. No puede relacionar simétricamente, como efecto del mundo, lo que tiene aquí (flecha roja) con otra cosa. Puede relacionarlo con (rojo) uno o dos o con el tercero o cuarto otro rayo, pero siempre tendrá aquí uno más poderoso (amarillo). Por lo tanto, la estrella de mar no tiene interiormente el sentimiento latente, pero cuando desvía, por así decirlo, la atención hacia un lado, entonces la experiencia surgirá en ella a través de su disposición: Irradia allí, envía un rayo allí (flecha amarilla). Cuando siente desde allí, siente como si saliera disparado de él. No tiene sensación de reposo. Tiene la sensación de salir disparado de sí mismo. Siente que irradia hacia el mundo. 

Si desarrollan finamente sus sentimientos, también podrán experimentar esto al mirar la estrella de mar. Si observan un punto final de un rayo y lo relacionan con toda la estrella de mar, entonces, en su imaginación, la estrella de mar comienza a moverse hacia este rayo, como si fuera luz que fluye. Lo mismo ocurre con otros animales que no están construidos simétricamente, que no tienen un eje de simetría real.

Si el hombre entrara, por una vez al menos, en este sentimiento más fino, si con el paso del tiempo, al convertirse en un ser intelectual, no se entregara meramente a lo intelectual, podría sentirse a sí mismo mucho más finamente en el mundo.

Lo mismo ocurre en cierto sentido con el mundo vegetal. Lo mismo ocurre con todo lo que nos rodea. Y el verdadero conocimiento de uno mismo nos lleva cada vez más al interior de las cosas.

Lo que he desarrollado hoy de una manera más remota, me gustaría decirlo, me gustaría construirlo mañana y en el tiempo venidero.

Traducido por J.Luelmo oct.2023

GA174 Dornach, 21 de enero de 1917 posiciones del cuerpo humano causadas por las estrellas

     Índice

RUDOLF STEINER


 EL KARMA DE LA FALSEDAD

Dornach 21 de enero de 1917

XXII conferencia

Permítanme empezar llamando su atención sobre una serie de cosas que podrían ser de su interés, empezando por un artículo aparecido en el número de ayer del Schweizerische Bauzeitung, en el que se informa sobre la Johannesbau de Dornach, cerca de Basilea. Es el resultado de una reciente visita de un grupo de ingenieros y arquitectos suizos. El artículo es de lo más gratificante y justo. De hecho, es como un oasis en medio de otras cosas que han aparecido recientemente en la prensa sobre nuestros esfuerzos y que tuvieron su origen entre nosotros. Es muy satisfactorio encontrar un debate tan justo que da al edificio lo que se merece, sobre todo porque procede de fuentes especializadas y objetivas ajenas a nuestro propio círculo. Léanlo. El Sr. Englert, que guió al grupo de ingenieros y arquitectos suizos que mostraron un interés tan genuino por nuestro edificio desde el punto de vista técnico y estético, acaba de comunicar que el artículo se publicará también en francés en la revista ginebrina Bulletin de technique.

Por otra parte, quisiera llamar su atención sobre un libro que acaba de publicar nuestro amigo Bugaev bajo el seudónimo de Andrei Belyi. El libro está escrito en ruso y ofrece un relato muy detallado y profundo de la relación entre la ciencia espiritual y la visión del mundo de Goethe. En particular, aborda las conexiones entre los puntos de vista de Goethe y lo que dije en Berlín en el ciclo de conferencias Pensamiento humano y cósmico sobre las diversas visiones del mundo, pero también analiza buena parte de lo que contiene la ciencia espiritual. Sus conexiones con los puntos de vista de Goethe se discuten en profundidad y en detalle y es muy de agradecer que nuestro amigo Bugaev haya publicado una revelación de nuestro punto de vista científico-espiritual en ruso.

Herr Meebold también acaba de publicar un libro en Munich sobre el que me gustaría llamar su atención. El título es El camino hacia el espíritu. Biografía de un alma. Lo encontrarán interesante porque Herr Meebold describe en él una serie de experiencias que tuvo en relación con la Sociedad Teosófica.

Son los oasis en el desierto de los ataques. Parece que acaba de aparecer otro, escrito por uno de nuestros antiguos miembros. Se dice que es particularmente escandaloso, pero todavía no lo he visto. Estos ataques entre nuestros miembros son especialmente inoportunos porque nos damos cuenta de que son precisamente estos antiguos miembros los que deberían saberlo mejor.

Ayer hablamos de aspectos de las conexiones del ser humano con el mundo suprasensible, en particular con respecto al hecho de que nuestros muertos, y de hecho todos los que han dejado sus cuerpos y atravesado la puerta de la muerte, deben ser considerados como si estuvieran en ese mundo. En nuestro contexto actual es particularmente importante comprender que en el mundo por el que pasa el hombre entre la muerte y un nuevo nacimiento tiene lugar una evolución, un desarrollo, tanto como ocurre aquí en el plano físico.

Aquí en el plano físico, tomando un lapso más corto para comenzar, como el tiempo post-atlante, hablamos del período indio, el persa, el egipcio-caldeo, el greco-latino, el moderno, etcétera. Y consideramos que en el transcurso de estos períodos tiene lugar un proceso evolutivo -en otras palabras, que las almas humanas y la manera en que estas almas se manifiestan en el mundo durante esta secuencia de períodos difieren de manera característica.

Del mismo modo, si se encuentran conceptos suficientemente gráficos, se puede hablar de una evolución que tiene lugar durante estos periodos de tiempo en la esfera por la que pasan los muertos. También allí tiene lugar una evolución. En todas las ocasiones en que esto ha sido posible, se ha hablado de esta evolución de diferentes maneras. Pero por relativamente fácil que sea hablar de evolución en el plano físico, -y como ustedes saben no es tan fácil en esta época materialista-, es naturalmente menos fácil hacerlo con respecto al mundo espiritual, ya que para ese mundo carecemos de conceptos suficientemente gráficos. Nuestro lenguaje fue creado para el plano físico, y nos vemos obligados a utilizar todo tipo de paráfrasis y sustitutos gráficos para describir la esfera espiritual en la que viven los muertos, especialmente en lo que se refiere a la evolución.

Naturalmente, ahora es de especial interés el hecho de que la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento en nuestro quinto periodo post-atlante es convenientemente diferente de lo que era en épocas anteriores. Mientras que el periodo cultural materialista sigue su curso aquí en la Tierra, también ocurren muchas cosas en el mundo espiritual. Puesto que los muertos experimentan mucho más intensamente todo lo relacionado con la evolución que las personas que viven en el plano físico, su destino depende más intensamente de la forma en que tenga lugar una determinada evolución en períodos definidos. Los muertos reaccionan mucho más íntimamente, mucho más sutilmente, a lo que vive en la evolución que los vivos, -si se nos permite utilizar estas expresiones-, y esto es quizá más perceptible en nuestra época materialista de lo que ha sido nunca el caso.

Ahora, para ayudarnos a comprender una serie de cosas que vamos a discutir, quiero introducir en estas conferencias algo que ha surgido en relación con esto, como resultado de una cuidadosa observación de la situación real. Para ello tendré que ampliar un poco nuestro campo de acción y hablar hoy de diversos aspectos como preparación de las afirmaciones hacia las que nos conduce nuestro hilo de pensamiento.

Ya he señalado que la forma correcta de considerar al ser humano en relación con el universo es considerar las partes individuales de su ser por separado. Desde el punto de vista espiritual, lo que existe aquí, en el plano físico, es más bien una especie de imagen, una manifestación. Así, podemos considerar cuádruple al ser humano físico que vemos ante nosotros.

Por otra parte, cómo se formará nuestra cabeza en la siguiente encarnación, eso será el resultado de nuestra vida corporal presente. He expresado esto brevemente hace algún tiempo diciendo: El cuerpo del hombre, aparte de la cabeza, se transforma en la cabeza en la siguiente encarnación, y el siguiente cuerpo va creciendo, mientras que la cabeza actual que llevamos es el cuerpo transformado de la encarnación anterior, y el resto de nuestro cuerpo ha crecido ahora en nosotros más o menos a partir de las relaciones hereditarias -todo esto varía según el grado. 

Así es como se produce la metamorfosis. Nuestra cabeza, por así decirlo, se desprende en una encarnación, habiendo sido el resultado de nuestro cuerpo en nuestra encarnación anterior. Y nuestro cuerpo se transforma, se metamorfosea, -como lo hace la hoja al transformarse en pétalo en la teoría de la metamorfosis de Goethe-, en nuestra cabeza en nuestra siguiente encarnación. Ahora bien, como nuestra cabeza se forma a partir del cuerpo terrenal de nuestra encarnación anterior, el mundo espiritual tiene mucho trabajo que hacer con esta cabeza entre la muerte y nuestro nuevo nacimiento, pues su forma arquetípica debe ser modelada por el mundo espiritual de acuerdo con el karma. Por eso, incluso en el embrión, la cabeza aparece antes que cualquier otra cosa en su forma completa, pues más que cualquier otra parte ha sido influenciada por el cosmos. El cuerpo, en cambio, está influido en su mayor parte por el organismo humano. Así, éste aparece más tarde que la cabeza en el embrión. Aparte de su sustancia física, que por supuesto se ha reunido a través de la herencia, nuestra cabeza, en su forma, su forma arquetípica, está efectivamente modelada por el cosmos, por la esfera del cosmos. No en vano nuestra cabeza tiene una forma más o menos esférica, pues es una imagen de la esfera del universo; toda la esfera del universo trabaja para formar nuestra cabeza. Así pues, podemos decir que nuestra cabeza está formada por la esfera.

Del mismo modo que aquí en la Tierra la gente trabaja afanosamente para construir máquinas y edificar el comercio, en el mundo espiritual los seres humanos están ocupados, aunque no exclusivamente, en desarrollar todos los requisitos técnicos, los requisitos técnicos espirituales para construir la cabeza de su próxima encarnación a partir de la esfera del universo, de todo el cosmos, de acuerdo con el karma de sus encarnaciones anteriores. Vislumbramos aquí un profundo misterio de la evolución.

El segundo aspecto que debemos considerar, si queremos ver al hombre como una revelación de todo el universo, comprende todos los órganos de su pecho, centrados en torno al pulmón y al corazón. Veámoslos sin la cabeza. La cabeza es una imagen de todo el cosmos esférico. No así los órganos del pecho. Estos son una revelación de todo lo que viene de Oriente. Están formados por lo que podría llamarse el hemisferio. (Ver diagrama).

Imaginen el cosmos así. Entonces pueden ver la cabeza como una imagen del cosmos. Y los órganos del pecho pueden verse como una imagen de lo que llega desde el Este: el hemisferio que estoy sombreando en verde. Sólo este hemisferio actúa sobre los órganos del pecho. O, expresado como una paradoja: los órganos del pecho son media cabeza.

Esta es la forma básica. La cabeza está basada en la esfera, los órganos del pecho en parte de un círculo, una especie de semicírculo, sólo que está doblado de diversas maneras, de modo que ya no se lo puede reconocer exactamente. Serían capaces de ver que su cabeza es realmente una esfera si las fuerzas luciféricas y ahrimánicas nunca hubieran trabajado sobre el hombre. Y verían que los órganos del pecho son realmente un hemisferio, si estas fuerzas nunca hubieran ejercido su influencia. La dirección con relación al centro, -habría que decir para la geometría terrestre ordinaria, el centro infinitamente distante-, es hacia el este. Un hemisferio orientado hacia el este.

Ahora llegamos a la tercera parte del ser humano, excluyendo los órganos de la cabeza y del pecho: los órganos abdominales y los miembros unidos al abdomen. Aunque no es un término exacto, llamaré a todo esto órganos abdominales. Todo lo que en conjunto llamo órganos abdominales también puede relacionarse, como las otras partes, con fuerzas que trabajan y se organizan desde fuera. En este ámbito trabajan, naturalmente, en el hombre desde fuera a través del desarrollo embriológico de la manera en que lo hacen porque durante el embarazo la madre depende de las fuerzas que tienen que reunirse para formar el abdomen, del mismo modo que tienen que reunirse fuerzas de la esfera para formar la cabeza y del Este, el hemisferio, para formar los órganos del pecho.

Las fuerzas que actúan sobre los órganos del abdomen deben imaginarse como procedentes del centro de la tierra, pero diferenciadas, con todo lo que ello conlleva, según la región habitada por los padres o antepasados. Todas las fuerzas proceden del centro de la tierra, pero con diferenciaciones según se haya nacido en Norteamérica, Australia, Asia o Europa. Los órganos del abdomen están determinados por fuerzas procedentes del centro de la tierra con diferenciaciones según la región.

Visto desde el punto de vista oculto, el ser humano completo también tiene un cuarto aspecto. Diréis que ya hemos tratado del ser humano completo, y así es, pero desde el punto de vista oculto hay que considerar un cuarto aspecto. Hemos examinado tres partes, así que ahora sólo queda el ser humano total. También esta totalidad es una parte. La cabeza, el tórax y el abdomen juntos forman el cuarto aspecto, la totalidad, y esta totalidad está formada a su vez por ciertas fuerzas. Esta totalidad está formada por fuerzas que provienen de toda la circunferencia de la tierra. No se diferencian según la región. El ser humano total está formado por la circunferencia total de la tierra.

Con esto les he descrito al ser humano físico como una imagen del cosmos, una imagen de las fuerzas del cosmos trabajando juntas. También podrían considerarse otros aspectos en relación con el cosmos. Para ello tendríamos que pensar en el cosmos espiritual en relación con el ser humano, no sólo en el cosmos físico. Acabamos de examinar al ser humano físico, por lo que pudimos quedarnos con el cosmos físico. Una vez que comenzamos a considerar al ser humano desencarnado entre la muerte y el nuevo nacimiento, no podemos quedarnos con los elementos del espacio, pues el espacio tridimensional que tenemos, -aunque determina la medida del ser humano físico que vive entre el nacimiento y la muerte-, no determina la medida del ser humano espiritual que vive entre la muerte y el nuevo nacimiento. Tenemos que darnos cuenta de que los que están muertos disponen de un mundo diferente del que vive en tres dimensiones.

Para pasar ahora al ser humano desencarnado, al que llamamos ser humano muerto, quizá necesitemos un tipo de consideración diferente. Nuestro método de consideración debe seguir siendo más móvil. Además, hay varios puntos de vista desde los que podríamos llevar a cabo nuestras consideraciones, ya que la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento es tan complicada como la vida entre el nacimiento y la muerte. Empecemos, pues, por la relación entre el ser humano aquí en la tierra y el ser humano que ha entrado en el mundo espiritual a través de la muerte.

De nuevo tenemos la primera parte, pero es temporal y no espacial. Podríamos llamarla la primera fase de un desarrollo. Se podría decir que el ser humano muerto sale al mundo espiritual en cierto modo; abandona el mundo físico pero, sobre todo durante los primeros días, sigue estando muy conectado con él. Es muy significativo que la persona fallecida abandone el mundo físico en estrecha relación con la constelación que surge para su vida a partir de las posiciones de los planetas. Mientras la persona fallecida siga conectada con su cuerpo etérico, la constelación de fuerzas planetarias resuena y vibra de forma maravillosa a través de este cuerpo etérico. Así como las fuerzas territoriales de la tierra vibran muy fuertemente con las aguas del vientre que contiene a un ser humano físico en crecimiento, de la misma manera, de una manera muy marcada, las fuerzas de las constelaciones estelares vibran en la persona muerta que todavía está en su cuerpo etérico en el momento, -que está, por supuesto, kármicamente determinado-, en que acaba de dejar el mundo físico.

A menudo se investiga, -desgraciadamente no siempre con el respeto y la dignidad necesarios, sino por motivos egoístas-, la constelación estelar que prevalece en el momento del nacimiento. Mucho menos egoísta y mucho más bello sería un horóscopo, un horóscopo planetario hecho para el momento de la muerte. Esto es de lo más revelador para toda el alma del ser humano, pues la entrada en la muerte en un momento determinado es de lo más revelador en relación con el karma.

Quienes se decidan a realizar tales investigaciones, -las reglas son las mismas que las aplicadas al horóscopo natal-, harán todo tipo de descubrimientos interesantes, sobre todo si han conocido bastante bien en vida a las personas por las que hacen esto. Durante varios días, el difunto lleva en sí mismo, en el cuerpo etérico que aún no ha desechado, una vibración eco de lo que proviene de la constelación planetaria. Así pues, la primera fase es la de la dirección en la constelación estelar. Tiene sentido mientras el ser humano permanezca conectado con su cuerpo etérico.

La segunda fase en la relación del ser humano con el cosmos es la dirección en la que abandona el mundo físico cuando se convierte en verdaderamente espiritual, tras desprenderse de su cuerpo etérico. Esta es la última fase a la que se pueden aplicar términos en su significado habitual, en lugar de pictórico, para describir lo que hace la persona muerta, términos que se toman del mundo físico. Después de esta fase, los términos utilizados deben considerarse más o menos como imágenes.

Así pues, en la segunda fase, el ser humano va en dirección a dondequiera que esté el Este visto desde su punto de partida, -aquí, la dirección se sigue utilizando en un sentido físico, aunque se aleje del mundo físico-. A través de lo que para él es una dirección hacia el Este, la persona muerta viaja en un momento dado al mundo puramente espiritual. La dirección es hacia el Este. Es importante ser consciente de ello. De hecho, un viejo dicho encontrado en varias fraternidades ocultas, preservado de los mejores días del conocimiento oculto de la humanidad, todavía apunta a esto. Varias fraternidades hablan de alguien que ha muerto como si hubiera "entrado en el Oriente eterno". Tales cosas, cuando no son tonterías añadidas posteriormente, corresponden a verdades antiguas. Del mismo modo que había que decir que los órganos del pecho se forman en Oriente, hay que imaginar la partida de los muertos como atravesando Oriente. Al salir del mundo físico a través de Oriente hacia el mundo espiritual, el muerto alcanza la posibilidad de participar en las fuerzas que operan, no centrífugamente como aquí en la Tierra, sino centrípetamente hacia el centro de la Tierra. Entra en la esfera desde la que es posible trabajar hacia la Tierra.

La tercera fase puede describirse como la transición al mundo espiritual; y la cuarta como trabajar o tener un efecto procedente del mundo espiritual, trabajando con las fuerzas del mundo espiritual.

Tales ideas nos acercan íntimamente a lo que aquí vincula al ser humano con los mundos espirituales. La tabla siguiente muestra que la conclusión del número 4 se encuentra con el comienzo del número 1, es decir, el trabajo en la cabeza desde el ámbito de la esfera. Este trabajo lo realiza el propio ser humano después de haber entrado en el mundo espiritual a través de Oriente.

Órgano de la cabeza

Órganos del pecho

Órganos abdominales

La totalidad

Desde la esfera

Desde el este

Desde el centro de la tierra, diferenciado de conformidad con el territorio

Por la circunferencia de la tierra

1º fase

2º fase

3º fase

4º fase

En dirección a las constelaciones estelares

Hacia el este

Transición al interior del mundo espiritual

Trabajando desde el mundo espiritual

En nuestro encuentro con los muertos podemos percibir con fuerza que los que han muerto tienen que abandonar el mundo físico en dirección Este. Se encuentran en el mundo al que llegan a través de la puerta de Oriente. Están más allá de la puerta de Oriente. Y a este respecto son muy significativas las experiencias que vivimos ahora, en el quinto período post atlante, en la esfera del desarrollo del materialismo.

Porque, en este quinto período post atlante, los muertos tienen ahora muchas carencias debido a la cultura materialista que prevalece en el mundo. Algunos aspectos de esto les quedarán claros por lo que dijimos ayer. Cuando, por medios adecuados, llegamos a conocer la vida de los muertos de hoy, descubrimos que tienen un impulso muy fuerte de intervenir en lo que hacen los seres humanos aquí en la tierra. Pero en épocas anteriores, cuando había menos materialismo en la tierra que ahora, era más fácil para los muertos intervenir en lo que ocurría en la tierra. Era más fácil para ellos influir en la esfera de la tierra a través de lo que los terrestres sentían y percibían de las secuelas de los muertos.

Hoy en día se puede experimentar con mucha frecuencia, -y esto es siempre sorprendente en el caso real-, que personas que han estado intensamente implicadas en determinados acontecimientos durante su vida, no pueden, en su vida después de la muerte, tener ningún interés por los acontecimientos que tienen lugar después de su muerte, porque carecen de cualquier tipo de vínculo. También entre nosotros hay almas que mostraron gran interés por los acontecimientos terrenales mientras estuvieron aquí, pero que ahora, tras haber pasado al mundo espiritual, encuentran que los acontecimientos que tienen lugar desde su muerte les son bastante extraños. Esto ocurre con frecuencia, incluso con almas distinguidas que aquí en la tierra estaban muy dotadas y llenas del más vivo interés.

Esto viene ocurriendo desde hace mucho tiempo, de hecho ha ido en aumento durante todo el quinto periodo post atlante, desde los siglos XV y XVI. Expresado en términos vulgares, -que desgraciadamente son los únicos que tenemos en nuestro idioma-, nuestra experiencia es que, como cada vez pueden intervenir menos en lo que hacen los seres humanos, los muertos tienen que intervenir en cambio en la forma en que las personas se manifiestan como personalidades individuales. Vemos, pues, que desde los siglos XV y XVI el interés y el trabajo de los muertos se concentran cada vez más en las personalidades individuales que en los contextos más amplios que conciernen a la humanidad. Desde que me he ocupado de cerca de este mismo aspecto, he llegado a la convicción de que está relacionado con cierto fenómeno de los tiempos modernos que resulta muy perceptible para quienes se interesan por estas cosas.

En la historia reciente, a diferencia de épocas anteriores, se da el notable fenómeno de personas que nacen con capacidades sobresalientes. En general, trabajan con enorme idealismo y distinguido empeño, pero son incapaces de adquirir una visión más amplia de la vida o de ensanchar sus horizontes. En toda la literatura esto se viene expresando desde hace tiempo. Las ideas, los conceptos y los sentimientos individuales, expresados ya sea en la literatura o en el arte, o incluso en la ciencia, a veces resultan muy prometedores. Pero no se logra una visión de conjunto. Esta es también la razón por la que a la gente le resulta tan difícil alcanzar la visión más amplia necesaria en la ciencia espiritual. Ocurre principalmente porque los muertos se acercan a los individuos y trabajan en ellos sobre capacidades para las que se sientan las bases durante la infancia y la juventud. Las facultades que permiten a los individuos obtener una visión más amplia cuando alcanzan la madurez están más o menos intactas por las actividades de los muertos en esta era materialista. Los talentos incompletos, los torsos inacabados, -no sólo a nivel general, sino también en situaciones individuales- son, por tanto, muy frecuentes porque los muertos pueden acercarse más fácilmente a las almas individuales que a lo que vive socialmente en la evolución humana actual. Los muertos tienen un fuerte impulso de alcanzar lo que vive socialmente en la evolución humana, pero en nuestro quinto periodo post atlante esto les resulta excesivamente difícil.

Hoy en día existe otro fenómeno del que es muy importante tomar conciencia. Hoy en día existen muchos conceptos e ideas que tienen que estar muy definidos para que sean útiles. La vida moderna, más mercantil, exige conceptos claramente definidos, basados en cálculos. La ciencia se ha acostumbrado a ello, pero también el arte. Pensemos en la evolución que ha experimentado el arte en este sentido. No hace tanto tiempo que el arte se ocupaba de grandes ideales a gran escala, cuando, gracias a Dios, los conceptos eran insuficientes para una fácil interpretación de grandes obras llenas de significado. Esto ya no es así en la misma medida. Hoy en día, el arte busca el naturalismo, y los conceptos pueden abarcar fácilmente las obras de arte porque ahora a menudo han surgido meramente de conceptos en lugar de un mundo elemental y omnímodo de sentimientos. Hoy en día, la humanidad está repleta de lugares comunes, conceptos naturalistas que están determinados por el hecho de que han sido concebidos totalmente en relación con el plano físico, donde la naturaleza de las cosas está claramente definida e individualizada.

Ahora bien, es significativo que los llamados muertos no aprecien tales conceptos. No aprecian los conceptos bien definidos, inmóviles y sin vida. Uno puede aprender algunas cosas extraordinarias, algunas cosas muy interesantes en esta conexión, -si se me permite usar expresiones tan comunes y banales para estas venerables circunstancias. Como ustedes saben, porque hemos pasado por todo esto juntos aquí, recientemente he estado tratando de discutir, utilizando diapositivas de linterna, todo tipo de consideraciones acerca de los períodos en la historia del arte. He tratado de encontrar conceptos para todo tipo de fenómenos artísticos. Para comunicar a través de la palabra hay que encontrar conceptos. Sin embargo, he sentido constantemente la necesidad de evitar conceptos firmes y claramente definidos para las cuestiones artísticas. Por supuesto, para las conferencias tuve que intentar definir los conceptos en la medida de lo posible, ya que hay que definirlos para poder expresarlos con palabras. Pero mientras preparaba las conferencias y formulaba los conceptos debo decir que sentía cierta aversión, si se me permite utilizar esta palabra, a expresar lo que había que decir en conceptos tan escasos como los que hay que utilizar si las cosas han de expresarse con palabras. De hecho, sólo nos entenderemos en estos ámbitos si traducimos lo que se ha expresado en conceptos de textura estrecha a conceptos cuya textura esté menos claramente definida.

Si uno se encuentra con esta experiencia en un momento en el que también está preocupado por el mundo de las almas desencarnadas, puede ocurrir lo siguiente. Uno puede estar intentando comprender un fenómeno que le da la sensación de ser demasiado poco inteligente para captarlo en conceptos. Uno mira el fenómeno, pero no tiene suficiente comprensión con la que ligarlo adecuadamente en conceptos. Esta experiencia, que es especialmente probable cuando se contempla una obra de arte, puede llevarnos a un contacto especialmente íntimo con las almas desencarnadas, con las almas de los muertos. Porque estas almas prefieren conceptos que no estén claramente definidos, conceptos que sean más móviles y puedan mezclarse con los fenómenos. Los conceptos muy definidos, similares a los que se forman aquí en el plano físico bajo la influencia de las condiciones físicas del mundo perceptible por los sentidos, dan a los muertos la sensación de estar clavados en un punto determinado, mientras que lo que necesitan para su vida en el mundo espiritual es libertad de movimiento.

Por lo tanto, es importante que nos ocupemos de la ciencia espiritual para que podamos entrar en esas esferas íntimas de experiencia donde, como se dijo ayer, los vivos pueden encontrarse con los muertos; porque los conceptos de la ciencia espiritual no pueden definirse tan estrechamente como los del plano físico. Por eso las personas malévolas o de mente estrecha pueden descubrir fácilmente contradicciones en los conceptos de la ciencia espiritual. Los conceptos están vivos, y lo que está vivo es móvil, aunque de hecho no alberga contradicciones. Podemos conseguirlo ocupándonos de asuntos espirituales, y para ello tenemos que enfocar las cosas desde varios lados. Y abordar las cosas desde varios lados realmente nos acerca al mundo espiritual. Por eso los muertos se sienten cómodos cuando entran en un reino de conceptos humanos móviles y no definidos pedantemente.

<De hecho, los muertos sienten la mayor incomodidad de todas cuando entran en el reino de los conceptos más pedantes. Éstos son los que recientemente han llegado a definirse en relación con el mundo espiritual para aquellas personas que no quieren vivir en nada espiritual, pero que quieren que los conceptos para las cosas perceptibles por los sentidos se apliquen también al mundo espiritual. Estas personas realizan experimentos espiritistas para aprisionar conceptos espirituales en el mundo perceptible por los sentidos. Son, de hecho, más materialistas que los demás. Buscan conceptos rígidos para poder comerciar con los muertos. Así torturan sobre todo a los muertos, pues si quieren acercarse a ellos les obligan a entrar en el reino que más les disgusta. Los muertos aprecian los conceptos móviles, no los rígidos.

Se trata de experiencias a las que el quinto periodo post atlante parece ser especialmente propenso, dadas las dos circunstancias de materialismo aquí en la tierra y la peculiar situación de los muertos descrita. Una misma cosa determina el materialismo aquí en la tierra y un cierto tipo de vida en el mundo espiritual. En la época grecolatina, los muertos se acercaban a los vivos de un modo muy distinto al actual. Hoy en día, en el quinto periodo postatlante, existe lo que me gustaría llamar un elemento más terrenal, -pero esto hay que imaginarlo, por supuesto, en un sentido más pictórico-, una composición más terrenal en la sustancialidad de los muertos de lo que solía haber. Los muertos aparecen en una forma que es mucho más parecida a la de las condiciones terrenales de lo que solía ser el caso. Son más parecidos a los seres humanos, si se me permite decirlo así, que antes. Por eso tienen un efecto algo paralizante sobre los vivos. Hoy en día es tan difícil acercarse a los muertos porque nos producen un adormecimiento. Aquí en la tierra reinan los pensamientos materialistas. En el mundo espiritual, como resultado kármico, reina la consecuencia materialista, porque allí la corporeidad espiritual de los muertos ha asumido cualidades terrenales. Debido a que los muertos son superfuertes, si se me permite la expresión, nos adormecen. Para superar este entumecimiento es necesario desarrollar los sentimientos más fuertes posibles hacia la ciencia espiritual. Esta es la dificultad actual, o una de las dificultades, que obstaculiza nuestra relación con el mundo espiritual.

Para el ámbito terrenal visto espiritualmente, -de hecho, el ámbito terrenal puede verse espiritualmente-, las cosas parecen diferentes de lo que podría suponerse cuando no se ven espiritualmente. Es correcto decir, como hemos hecho muchas veces, que vivimos en la era del materialismo. ¿Por qué? Porque los seres humanos de esta era materialista, -los seres humanos en general, más que los que entienden de estas cosas-, son demasiado espirituales, aunque suene paradójico. Por eso pueden ser abordados tan fácilmente por influencias puramente espirituales como las de Lucifer y Ahriman. Los seres humanos son demasiado espirituales. Sólo por esta espiritualidad se vuelven fácilmente materialistas. Lo que el ser humano cree y piensa es algo muy diferente de lo que es. Precisamente las personas más espirituales son las más abiertas a los susurros de Ahrimán, por lo que se vuelven materialistas.

Aunque hay que combatir enérgicamente las opiniones materialistas y los modos de vida materialistas, no se puede sostener que las personas menos espirituales pertenezcan a los círculos de materialistas. He conocido personalmente a muchas personas espirituales, es decir, personas que son ellas mismas espirituales, no sólo en sus puntos de vista, entre los monistas y similares, e igualmente a muchos materialistas groseros especialmente entre los espiritualistas. Aquí, aunque hablen del espíritu, se encuentran los personajes más groseramente materialistas. Haeckel, por ejemplo, es una persona muy espiritual, a pesar de lo que dice a menudo. Es de lo más espiritual, y sólo por eso se le puede acercar una visión ahrimánica del mundo. Es una persona muy espiritual, totalmente impregnada por el espíritu. Esto me quedó claro una vez en un café de Weimar. Ya he contado esta historia antes, quizás más de una vez. Haeckel estaba sentado al otro extremo de la mesa, con sus hermosos y espirituales ojos azules y su maravillosa cabeza. Más cerca de mí estaba sentado el conocido librero Herz, un hombre que ha prestado grandes servicios al comercio del libro alemán y que sabía bastante sobre Haeckel en general. Pero no sabía que era Haeckel el que estaba sentado al otro lado de la mesa. En un momento dado, Haeckel se rió a carcajadas. Herz preguntó: ¿Quién es ese hombre que se ríe tanto ahí abajo? Cuando le dije que era Haeckel dijo: ¡No puede ser, la gente mala no puede reírse así!

Así pues, los conceptos que manejan los materialistas actuales están tan desprovistos de espiritualidad que son incapaces de discernir las revelaciones del espíritu en el mundo material. Así, los mundos espiritual y material se separan y el mundo espiritual se convierte en un conjunto de conceptos. De todos modos, los mayores cabezas huecas materialistas se encuentran a menudo hoy en día en sociedades y asociaciones que se autodenominan espiritualistas. Aquí están los cabezas de bloque materialistas que en ocasiones incluso han logrado trazar la descendencia de la humanidad de los simios, incluso de un simio en particular, para mayor gloria de la raza humana. Estas personas no se conformaron con la descendencia del hombre de los simios en general, sino que incluso remontaron las líneas hasta simios concretos. Para quienes no hayan oído hablar de esto, permítanme explicarlo. Hace unos años apareció un libro en el que la Sra. Besant y el Sr. Leadbeater describían exactamente de qué simios de la antigüedad descendían. Ellos trazaron sus árboles genealógicos hasta determinados simios y usted puede leer todo sobre esto. Tales cosas son posibles, incluso en libros muy leídos hoy en día.

Necesitamos los conceptos que he elaborado hoy para penetrar más profundamente en ciertos aspectos del tema que estamos tratando. Porque nuestro mundo depende definitivamente del mundo espiritual en el que viven los muertos; está conectado con el mundo espiritual. Por eso me he esforzado en desplegar ante ustedes ciertos conceptos que se relacionan directamente con observaciones del presente inmediato. Todo lo que ocurre aquí, en el mundo físico, tiene ciertos efectos en el mundo espiritual. A la inversa, el mundo espiritual, con las obras de los muertos, se manifiesta en lo que los muertos pueden hacer por el mundo físico o en lo que no pueden hacer a causa de la actual era materialista. También describí esta época materialista actual en la medida en que ha sido excesivamente materializada por ciertas fraternidades ocultas, como mostré ayer. El tipo de materialismo que subyace hoy a todos los acontecimientos mundiales en un alto grado es lo que podríamos llamar el tipo mercantil.

Les ruego que tomen buena nota para mañana de los conceptos que hoy he puesto ante sus almas, relativos a la vida de los muertos. Pero también les ruego que tomen nota de lo poco que en la época actual se dan por sentadas ciertas cosas que en épocas anteriores se daban mucho más por sentadas. Mañana veremos cómo se relacionan todas estas cosas. Sin embargo, es característico de nuestra época que se extiendan a la vida mercantil ciertas visiones conceptuales que se le escaparían a alguien que no prestara atención a tales rasgos de nuestro tiempo. No debemos dejar que se nos escapen. El mercantilismo está muy bien siempre y cuando se le sitúe en su justa medida dentro de la vida social. Para ello es necesario que tengamos ciertos criterios para todo. Hoy, sin embargo, reina un gran caos conceptual. Sin embargo, dentro de este caos conceptual, los conceptos reciben definiciones bastante claras, como es nuestra manera en la era del materialismo en la que los conceptos se fijan en ideas basadas en lo que los sentidos pueden experimentar. Y cuando entonces resulta un caos de conceptos, como ocurre en el materialismo actual, esto realmente traza la línea más nítida posible entre el mundo físico en el que los seres humanos viven entre el nacimiento y la muerte, y el mundo suprasensible en el que viven entre la muerte y un nuevo nacimiento.

No hay más que considerar a este respecto el hecho de que en Europa Central -a diferencia de otras regiones en las que la inclinación a filosofar es menos acusada- se tiende a filosofar sobre el sistema mercantil, aunque éste no sea propio de Europa Central. En Europa Central se tiende a filosofar sobre todo. Así, la gente también filosofa sobre qué aspectos del materialismo son típicos de nuestro tiempo. Mucho antes de la guerra se publicó un interesante libro de Jaroslav: Ideal y empresa. Algunos capítulos me interesaron especialmente por su importancia en relación con la historia cultural. No era el contenido lo que me interesaba, sino su relación con la historia cultural; así, por ejemplo, el capítulo titulado "Platón y el comercio minorista". Trata de todo lo relacionado con el comercio, con el sistema mercantil. Otro capítulo interesante es "El sistema astrológico aplicado al precio de la pimienta". Tampoco carece de interés "El comercio al por mayor descrito por Cicerón". Otro capítulo se titula "Retratos de comerciantes de Holbein y Liebermann". Tampoco carece de interés el capítulo "Jakob Böhme y el problema de la calidad". Muy interesante es "La diosa Freya en la mitología germánica en relación con la libre competencia". Y, por último, especialmente interesante es "El espíritu del comercio enseñado por Jesús".

Como ven, todo se echa junto en la olla. Pero por este mismo hecho las cosas adquieren esa característica que hace al materialismo. Tomemos todo esto como una preparación para nuestras consideraciones de mañana.

Traducido por J.Luelmo nov.2023