CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA094 Berlín, 25 de febrero de 1906 La actividad del cuerpo astral sobre el físico mientras dormimos

  Índice 

RUDOLF STEINER

Actividad del cuerpo astral sobre el cuerpo físico mientras dormimos

 

 

Berlín, 25 de febrero de 1906

En la última ocasión me referí a los doce primeros capítulos del Evangelio de Juan. Allí vimos que el milagro de Lázaro representa la iniciación de un ser humano en el mundo espiritual. El Evangelio de Juan debe entenderse de tal manera que cada frase señale al mundo superior. Si hacemos que cobre vida en nosotros, aprenderemos a conocer la iniciación cristiana. Aquellos que conocen otras formas de discipulado, que saben que también hay otras maneras de iniciación, también saben que aquellos que aspiran al discipulado hoy en día son conducidos por otros métodos, como la mayoría de ustedes también están familiarizados. Los que ya se han acercado a la vida espiritual saben que todavía hay un lado esotérico en nuestros esfuerzos científico-espirituales.

La iniciación cristiana es similar a otros caminos de iniciación, pero hoy en día no es posible seguir este camino. Aquellos que quieran seguirlo deben hacerlo con la ayuda de un maestro experto, pero en vista de nuestras condiciones de vida normales hoy en día, la pregunta es si este camino sigue siendo posible en absoluto. Recordemos una vez más el milagro de Lázaro, y sólo en relación con la iniciación cristiana.

Empecemos por el estado habitual del dormir. ¿Qué le ocurre a una persona que está dormida? Ello implica que estamos tratando con el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo. ¿Qué sucede en sentido oculto al ser humano mientras duerme? Los cuerpos físico y etérico permanecen en el lecho, y el cuerpo astral se yergue con el yo y se cierne sobre el ser humano incompleto en forma de anillo, más tarde en forma de cuerpo físico sobre él. El cuerpo astral no está inactivo, tiene algo que hacer. Cuando el hombre está despierto, el cuerpo astral está entretejido con el cuerpo físico. Pero cuando ha salido, trabaja en el cuerpo físico, nutriéndolo y cuidándolo. El cuerpo astral se relaciona con el cuerpo físico como el obrero se relaciona con la máquina, pero con la diferencia de que aquí el obrero está en la máquina, está en las diversas partes que él pone en movimiento. Pero esta parábola del obrero en la máquina se aplica mejor cuando el ser humano está dormido: El cuerpo astral trabaja desde fuera. ¿Y qué hace? Al trabajar sobre el cuerpo físico, compensa los daños que éste sufre durante el día. De esto se deduce a qué desventajas están expuestas las personas que duermen mal. Las entidades pertenecientes al tercer reino elemental influyen sobre el propio cuerpo astral. Las entidades del segundo reino elemental acceden al cuerpo etérico del ser humano, y las del primer reino elemental acceden al cuerpo físico para destruirlo. Sólo cuando el cuerpo astral actúa sobre el cuerpo físico durante el sueño se igualan los procesos destructivos.

El mero conocimiento físico no influye aquí. Pero cuando el hombre comienza a trabajar en sí mismo espiritualmente, entonces también debe crear las condiciones previas necesarias para la actividad del cuerpo astral sobre el físico. La meditación afecta el trabajo del cuerpo astral sobre el cuerpo físico y etérico por la noche. Sólo pueden encontrar acceso al hombre los seres buenos. Quien busque la iniciación debe alcanzar la mayor quietud posible. Esto incluye evitar todos los estimulantes, especialmente el alcohol. Entre los prerrequisitos de todo empeño superior se encuentran el control del pensar, una vida moralmente intachable y precisamente el empeño de no entregarse a ningún impulso emocional, ni de dolor ni de alegría, sino de mantener un equilibrio anímico. Esto también conlleva la posibilidad de que los seres buenos estén activos cuando el cuerpo astral trabaja sobre el cuerpo físico y etérico mientras duermen.

En la iniciación, tal como se describe en el Evangelio de Juan, el cuerpo astral juntamente con el cuerpo etérico abandonan el cuerpo físico. Éste entonces se deja atrás como en la muerte. En este dejar atrás al cuerpo físico está basada la descripción de que Lázaro permaneció en la tumba durante tres días. El milagro de Lázaro es por tanto la imagen de una iniciación. Se trata de devolver el cuerpo astral y etérico al cuerpo físico. Esto lo realiza el Maestro. El ser humano es ahora un resucitado que puede recordar las experiencias en los mundos superiores. Esto es posible con cada ser humano. Lo que en la antigüedad era un procedimiento de tres días y medio, ahora se realiza de otra manera. El resultado es el mismo, pero se consigue con métodos diferentes.

El discípulo de la vía de iniciación cristiana tenía que pasar por siete pruebas. No se trataba sólo de experiencias físicas, sino también espirituales. Los que habían pasado por ellas sabían que las experiencias reales fuera del cuerpo son posibles. 

Primera etapa.
En la primera etapa, el discípulo aprende cómo el hombre ha llegado a ser lo que es hoy. Esto se produjo gracias a la siguiente parábola: La planta debe tener un suelo mineral. El mineral es inferior a la planta, pero la planta debe rebajarse y decir: "A ti, piedra, que eres inferior a mí, te debo mi existencia, mi vida". El animal es superior a la planta. Inhala oxígeno y exhala carbono, de lo contrario no puede vivir. La planta exhala oxígeno. El animal debe decir a la planta: Ante ti, planta, me inclino con humildad, pues sin ti no podría ser. Y así es como el ser humano de rango superior se comporta con el de rango inferior. También él debe decir a este último: Sin ti no soy. Hay que penetrarse completamente de este sentimiento e inclinarse con humildad. A partir de su experiencia más profunda, el hombre debe ser capaz de inclinarse ante los que están más abajo que él. Es el lavatorio de los pies, primera etapa de la iniciación cristiana: Cristo se inclina ante los discípulos y les lava los pies. Lo que aquí se experimenta simboliza el mundo superior. Quien puede vivir espiritualmente en este mundo superior, quien ha desarrollado el sentimiento aquí descrito como Lázaro, experimenta el lavatorio de los pies en el mundo superior. Quien experimenta la humillación en el mundo físico experimenta el lavatorio de los pies en un mundo superior. Esta experiencia le muestra que ha alcanzado la primera etapa en el camino hacia la iniciación. Esto también se expresa en el mundo físico: tiene una sensación como si todos sus músculos se fortalecieran de nuevo. El fortalecimiento de los músculos tras el sentimiento de humillación corresponde a la primera etapa.

Segunda etapa.

La segunda etapa de la iniciación cristiana es la flagelación y los azotes. El hombre debe aprender a soportar serenamente lo que antes le hería, a cargar sobre sí los dolores del mundo. Esto se expresa también en el mundo superior: esta fuerza del alma se simboliza como flagelación y como verdaderos golpes. Entonces, un día, el discípulo siente una especie de escozor por todo el cuerpo, señal de que ha pasado. Esta es una experiencia real por la que pasa una persona que recorre el camino desde su propia experiencia. Los místicos elevados lo han experimentado. Tal persona ha alcanzado la segunda etapa.

Tercera etapa.

La tercera etapa es la coronación de espinas. Está relacionada con soportar no sólo el dolor sino incluso el desprecio de los semejantes. Se necesita adquirir firmeza para soportar la extinción cuando no hay nadie más que pueda darte valor y fuerza sino tú mismo, cuando ya no se te valora en absoluto y, sin embargo, te mantienes interiormente erguido. Así es como debe experimentarse. Esto se vive en el mundo espiritual como la corona de espinas: el hombre se ve a sí mismo con la corona de espinas. En el cuerpo físico, el dolor se siente en la cabeza. El cerebro experimenta cambios, un proceso que también se hace perceptible más tarde durante el estado de vigilia.

Cuarta etapa.

El cuarto grado o etapa es la crucifixión. Ésta se experimenta cuando una persona aprende a percibir su propio cuerpo como un objeto extraño, parecido a cómo se percibiría un pedazo de madera. Ya no relaciona su yo con su cuerpo. En el mundo espiritual se ve a sí mismo con la cruz a cuestas. Así se alcanza la cuarta etapa. Físicamente, esto se expresa como estigmatización: aparecen los estigmas. En el caso de algunos santos, esto no es una leyenda, sino que indica que han alcanzado esta cuarta etapa. Estos santos son los portadores de la cruz.

Quinta etapa.

Una vez que una persona ha progresado hasta aquí, alcanza la quinta etapa. Ésta consiste en la muerte mística. Para el discípulo el mundo entero parece estar cubierto con un velo. Todo a su alrededor ha perdido su antiguo valor. Mientras se siente así en la oscuridad, se rasga de repente el velo y el hombre comienza a ver las metas espirituales primigenias. Se asoma a un mundo completamente nuevo. Simultáneamente aprende a conocer lo que yace en el fondo del alma humana. Él se convierte en un segundo espectador al lado de sí mismo y mira a su yo inferior, al cual ve como separado de sí mismo. Su cuerpo es la madre a la que ve de pie debajo de él, y el yo inferior transformado es el discípulo que da testimonio de que el Cristo vive. Ahora el yo superior puede decir al yo inferior: "¡He aquí a tu madre!".

Sexta etapa.

Cuando el hombre ha pasado por esta quinta etapa, puede proceder a la sexta, o sea, la sepultura y la resurrección. Todo lo que pertenece al planeta se convierte en el cuerpo del místico cristiano. En esta etapa siente como si toda la tierra le perteneciera. El hombre ha dejado de ser un ser especial, es uno con la totalidad de la vida en la tierra. Está conectado interiormente con ella a través de la sepultura. La tumba se convierte en la fuente de su experiencia: hombre y animal, planta y piedra a su alrededor se vuelven transparentes. Él ha perdido su carácter especifico, pero ha absorbido la vida de toda la tierra, su vida superior.

Séptima etapa.

La séptima etapa se denomina ascensión. Significa la plena integración en el mundo espiritual.

El Evangelio de Juan es una descripción de este camino cristiano de iniciación. Quien lo toma como un relato externo no lo comprende. Sólo puede ser comprendido cuando una persona lo vive interiormente. En este sentido, Angelus Silesius dice:

Si te elevas por encima de ti mismo y dejas que Dios te guíe.
Entonces la ascensión se lleva a cabo en tu espíritu.

Así como ningún ser puede ver la luz del sol exterior a menos que se le abran los ojos, nadie puede comprender el misterio del Gólgota a menos que lo experimente interiormente. Sólo cuando el hombre alcance tal experiencia interior se dará cuenta de por qué el calendario está dividido en dos partes, antes y después de Cristo.

El cristianismo sólo alcanza su verdadero significado cuando se experimenta como un viaje interior. El Evangelio de Juan es una escritura que puede experimentarse frase por frase. Y cualquiera que lo haya experimentado sabe que la crítica externa no tiene ningún sentido. En ese momento, toda crítica desaparece, toda duda se desvanece, cuando una persona sabe que desde el principio hasta el final, debe experimentar lo que está escrito. Cada línea puede vivirse interiormente. El espíritu cristiano hay que vivirlo en profundidad. Quien ha visto por sí mismo cómo sucedieron las cosas, sabe que expresa la verdad y lo dice. Al fin y al cabo, él es el Lázaro resucitado.

Traducido por J.Luelmo abr.2024

GA094 Berlín, 19 de febrero de 1906 El evangelio de S. Juan- La ascensión al mundo del Devacán

 Índice 

RUDOLF STEINER

El evangelio de S. Juan - La ascensión al mundo del Devacán

ciclo de tres conferencias impartidas en Berlín

 

Berlín, 19 de febrero de 1906

En esta ocasión y en la siguiente pretendo hablar del Evangelio de Juan. Me gustaría señalar que los argumentos que queremos escuchar sobre el Evangelio de Juan serán sin embargo, más o menos comprensibles sólo para aquellos participantes que ya estén algo familiarizados con la ciencia espiritual. Sin embargo, si quisiéramos hablar de todas las demás cosas que pueden interesar a los no teósofos, nos extenderíamos demasiado.

Posiblemente ustedes sepan que en los últimos tiempos se ha desarrollado una cierta opinión con respecto a los escritos del Nuevo Testamento, los Evangelios, que en realidad ha devaluado el Evangelio de Juan como documento histórico. En los círculos teológicos, al menos en los círculos "progresistas", se dice que sólo los tres primeros evangelios, los evangelios sinópticos, pueden considerarse un documento sobre la vida del fundador del cristianismo. Se llaman sinópticos porque resumen el contenido y pretenden formar un cuadro teológico global de la vida de Cristo Jesús. Los teólogos modernos, en cambio, tratan de entender el Evangelio de Juan como una especie de poesía, como un escrito confesional, como el escrito de alguien que describe sus impresiones mentales, su vida religiosa interior, tal como la ha recibido a través de la influencia del cristianismo. De modo que tendríamos que ver en el Evangelio de Juan un escrito devocional, una confesión ferviente, pero nada que pudiera en modo alguno entrar en consideración para los verdaderos hechos cristianos.

Sin embargo, para cualquiera que profundice en los escritos del Nuevo Testamento, se le confirmará un hecho interior absolutamente cierto. Este consiste en que del Evangelio de Juan fluye directamente la vida, una convicción y una fuente de verdad de un tipo algo diferente a la de otros escritos religiosos. De él fluye una certeza para la que en realidad no se necesitan hechos externos. Este es el tipo de sentimiento que invade a las personas cuando se acercan al Evangelio de Juan y tienen una sensación de vida espiritual interior, de profundización espiritual. Realmente no se puede llegar a una comprensión clara de lo que realmente hay aquí mediante otra cosa que no sea la inmersión espiritual-científica. A menudo les he hablado de cómo relacionarse con los documentos religiosos a través de la ciencia espiritual, a través de la profundización espiritual.

Cada uno de ustedes sabe que la primera relación que se tiene con los escritos religiosos es la del ingenuo que acepta los hechos tal como se describen, que no los critica, que recibe de estos documentos el pan de la vida religiosa y se conforma con ellos.

Numerosas personas modernas que habían adoptado este punto de vista ingenuo y luego se volvieron "inteligentes", se iluminaron, se dieron cuenta de las contradicciones de los Evangelios. Entonces renegaron de los Evangelios y de la fe. Declararon: 'No podemos conciliar con nuestra conciencia, con nuestro sentido de la verdad, hallar en estas escrituras el conocimiento y permanecer con la fe en estas escrituras. Esta es la etapa de los " inteligentes ", la segunda etapa.

Luego viene la tercera forma de relacionarse con las escrituras religiosas. Comienzan a interpretar las escrituras religiosas simbólicamente. Comienzan a ver símbolos, alegorías en ellas. Los librepensadores han elegido recientemente este camino. Bruno Wille, el editor de la revista "Der Freidenker", ha tomado este camino recientemente. Él ha pasado a someter tanto el mito de Cristo, como la Biblia en general, a una interpretación simbólica. De aquí no puede surgir un camino necesario de desarrollo que el hombre debe recorrer, un punto de inflexión interior. Quien sea menos espiritual también interpretará estas escrituras de forma menos espiritual. Los que sean más espirituales también sacarán cosas más espirituales. Se le añaden muchas cosas que corresponden enteramente a la espiritualidad humana y surgen de ella. El tercero es por lo tanto un punto de vista medio creyente pero arbitrario.

Después viene un punto de vista muy diferente, y es aquel en el que uno aprende a reconocer que existen hechos del mundo superior, que existen otras cosas además de nuestro mundo sensorial, a saber, cosas anímico-espirituales, y que los mensajes religiosos no son en absoluto mensajes del mundo sensorial, sino representaciones de hechos de un mundo superior. Quienquiera que llegue a conocer estos hechos del mundo astral que subyace directamente detrás de nuestro mundo y del mundo devacánico o mental que está aún más profundo, entonces llega de nuevo a una comprensión nueva y más elevada de los documentos religiosos. Y es imposible comprender el Evangelio de Juan sin poner en práctica tal elevación a un mundo superior. El Evangelio de Juan no es poesía, ni tampoco es un escrito que haya surgido del mero fervor religioso, sino que representa comunicaciones de mundos superiores que el escritor de este Evangelio recibió. El asunto es aproximadamente el siguiente, les describiré brevemente los hechos. No quiero entrar hoy en mostrar las pruebas de esto. Quizás la próxima vez me involucre. La persona que escribió el Evangelio de Juan aprendió de la labor y de los hechos que tuvieron lugar alrededor del fundador del cristianismo al principio de nuestra era, y lo hizo gracias a sus propias experiencias en los mundos superiores.

Ahora un ejemplo de la diferencia entre el mero conocimiento y el discernimiento. El otro día dijimos aquí que una persona puede estar a nuestro lado, que podemos verla tal como es, pero que no por ello necesitamos conocerla. A este respecto mencioné la anécdota de la cantante que durante una velada se sentó entre Mendelssohn y un hombre al que no conocía. Tuvo una conversación muy grata con Mendelssohn, pero el otro hombre, que se comportaba de modo afable, le caía mal. Después preguntó: "¿Quién era el estúpido que estaba a mi izquierda? Era el famoso filósofo Hegel! fue la respuesta. Si a la señora le hubieran dicho de antemano que el gran filósofo Hegel iba a aparecer en una velada, probablemente habría aceptado la invitación sólo por eso. Pero ahora que estaba sentado a su lado, sin que ella lo supiera, el estúpido era él. Esa es la diferencia entre ver y comprender, entre saber y discernir.

No era fácil reconocer al que fundó el cristianismo si sólo se tenía una mente ordinaria centrada en lo sensorial. Esto incluía lo que los místicos cristianos expresaban a menudo con palabras tan grandiosas y bellas. Angelus Silesius también se refería a esto cuando dijo:

'Si Cristo nace mil veces en Belén
Y no en ti: permanecerás eternamente perdido.

Existe una vivencia interior de Cristo, existe la posibilidad de discernir aquello que se nos presenta externamente en los acontecimientos que tuvieron lugar en Palestina entre los años 1 y 33. Aquel que vino a este mundo desde mundos superiores debe a su vez ser comprendido desde un mundo superior. Y para describirlo más profundamente, el escritor tuvo que elevarse a los dos mundos superiores que aquí nos ocupan, al astral y al Devacán o mental. Esta elevación de Juan, si podemos llamarla así, fue la elevación a los dos mundos superiores. El Evangelio de Juan nos lo presenta en sus mensajes.

Los doce primeros capítulos del Evangelio de Juan contienen las experiencias de Juan en el mundo astral. A partir del capítulo decimotercero, son las experiencias de Juan en el mundo devacánico o mental, de modo que el que lo escribió dice de Cristo que las palabras deben ser tomadas bastante comparativamente: Aquí en esta tierra Él vivió, aquí Él trabajó a partir de poderes que son divinos, a partir de poderes ocultos. Sanó a los enfermos, pasó por todo, desde la muerte hasta la resurrección. Es imposible comprender estas cosas sólo con la mente. Aquí en la tierra no hay ciencia, no hay sabiduría a través de la cual uno pueda entender lo que sucedió. Pero hay un camino para ascender a los mundos superiores. En los mundos superiores encontrarán la sabiduría mediante la cual podrán comprender al que caminó aquí en la tierra. Así pues, el escritor del Evangelio de Juan se elevó hacia los dos mundos superiores y se dejó iniciar. Fue una iniciación, y el escritor del Evangelio de Juan describe su iniciación, la iniciación en el mundo astral y la iniciación en el mundo devacánico o mental.

En la antigüedad, en aquellas zonas donde el cuerpo humano aún era apto, tal iniciación se realizaba de la siguiente manera. La persona en cuestión tenía que pasar por una especie de estado de sueño. Todo lo que por lo demás se logra en una iniciación europea actual, que dura años, porque todo esto no lo puede pasar un europeo, lo que ahora se cuenta, todo lo que se logra en una iniciación europea mediante largos ejercicios de meditación y concentración, antiguamente lo lograban algunos, también después de ciertos ejercicios previos de meditación y concentración, pero en poco tiempo. Hago notar expresamente que para el que realmente quiere recibir la iniciación, estas dos importantes experiencias deben llegar de una u otra forma, donde pasa por lo que ahora se va a describir, aunque de una manera ligeramente diferente. La persona debe pasar por una especie de estado de sueño. Para saber lo que es realmente el dormir en su esencia, visualicemos una vez más lo que ocurre cuando una persona duerme. Sus cuerpos superiores se separan de los inferiores. El hombre está formado, en primer lugar, por el cuerpo físico, que se puede ver con los ojos. El segundo miembro es el llamado cuerpo etérico. Este es el miembro del ser que rodea al cuerpo físico, que es mucho más fino que el cuerpo físico, y en el que actúan corrientes y órganos de maravillosa variedad y esplendor. El cuerpo etérico también contiene los mismos órganos que el cuerpo físico. El cuerpo etérico también tiene cerebro, corazón, ojos, etcétera. Representan las fuerzas que crearon los órganos físicos correspondientes en primer lugar. Es un poco como enfriar el agua en un recipiente para que se convierta en hielo. Así que hay que visualizar la creación del órgano físico a través de la condensación del etérico. El cuerpo etérico sólo sobresale ligeramente del cuerpo físico.

El tercer cuerpo es el cuerpo astral. Es el portador de deseos, anhelos, pasiones y demás. Impregna el cuerpo físico en forma de nube. Los colores están ahí, las pasiones violentas en forma de destellos espasmódicos. Las cualidades del temperamento se deslizan por el cuerpo en puntos de luz, más o menos brillantes. Todo el ser humano interior se expresa exteriormente en forma de luz. Este es el yo real del ser humano, el portador de lo superior, el núcleo real del ser. Cuando una persona duerme por la noche, es decir, durante el sueño ordinario, el cuerpo físico y el cuerpo etérico yacen en la cama. Estos están firmemente unidos entre sí. Separado de ellos está el cuerpo astral con todo lo demás que pertenece al ser humano. Mientras el hombre no emprenda algo especial, permanece inconsciente cuando su cuerpo astral está fuera del cuerpo físico. Permanece inconsciente, igual que el hombre permanecería inconsciente en el mundo sensorial si no tuviera ojos ni oídos. Podrían ustedes seguir viviendo en el mundo físico durante largo tiempo aunque no tuvieran ojos, no habría colores, aunque no tuvieran oídos, no habría mundo sonoro. Lo mismo ocurre cuando el cuerpo astral está fuera del cuerpo. Entonces él se extiende por el mundo espiritual, pero no lo ve, no lo percibe, porque todavía no tiene sentidos astrales. Estos tienen que desarrollarse poco a poco. Mientras el hombre no haga ejercicios, permanece inconsciente en el mundo superior. Pero si los practica, puede alcanzar la conciencia en este mundo superior. Cuando su cuerpo astral adquiere órganos, comienza a ver el mundo astral a su alrededor. Aquellos que han escuchado a menudo estas conferencias saben que hay siete sentidos astrales. Se llaman ruedas sagradas, chakras o flores de loto. Entre los dos ojos, entre las cejas, está la flor de loto de dos pétalos. La flor de loto de dieciséis pétalos está situada cerca de la laringe y la flor de loto de doce pétalos cerca del corazón. Cuando estos órganos se desarrollan gradualmente, la persona se vuelve capaz de ver en el mundo astral.

Esta visión astral es algo muy diferente de la visión física. Pueden hacerse una idea de cómo es la visión astral si recuerdan cómo es la vida onírica. Lo que experimentamos en sueños son imágenes sensoriales. Por tanto, las percepciones astrales también son símbolos, símbolos reales. Allí el hombre se convierte en un vidente de símbolos. En el mundo astral él pierde la conciencia de lo que ocurre directamente en el mundo físico, pero en símbolos puede experimentar tales hechos de la vida de Cristo Jesús al igual que Juan describe desde su experiencia en el mundo astral. Descripciones de este tipo forman el contenido de los primeros doce capítulos del Evangelio de Juan. ¡No me malinterpreten! Ya sé, muchos dirán: Si se trata de experiencias astrales, entonces esto no es nada real, y lo que nos cuenta el fundador del cristianismo no tiene ninguna validez. Eso no es correcto. Eso sería lo mismo que negar que una persona de carne y hueso pueda ser un genio por el hecho de que no se puede ver al genio. Aunque la verdad sobre Cristo Jesús sólo puede conocerse en el plano astral, su vida tuvo lugar realmente en el plano físico. Estamos tratando con el símbolo en el plano astral y con la realidad externa en el plano físico. No se le quita nada a la actualidad si la comprendemos en el sentido más profundo, en el sentido del Evangelio de Juan.

La iniciación en el plano astral debe ser precedida por lo que se conoce como meditación. Esto es la total inmersión del alma en sí misma, como a menudo he descrito aquí. Para lograr una experiencia meditativa, la persona debe primero hacerse ciega y sorda a todas las impresiones sensuales. Nada debe perturbarle, debe ser capaz de disparar cañonazos sin oír nada en su experiencia interior. Esto no es tan fácil de lograr, pero a través de la práctica constante uno puede adquirir la habilidad correspondiente. Una persona también debe hacerse insensible a todo cuanto haya experimentado ya; su memoria debe borrarse. El alma debe ocuparse puramente de sí misma, entonces podrán surgir de su interior las verdades eternas, verdades eternas que no sólo son capaces de despertar nuestro entendimiento, sino también de liberar las facultades que dormitan en nuestra alma como encantadas. Estas grandes verdades eternas se revelarán al hombre según la madurez que haya alcanzado a través de su karma: a uno, como dice Subba Row, en siete encarnaciones, a otro en setenta años, a otro en siete años, a otros en siete meses, siete días o en siete horas.

Juan declara ahora también cómo llegó a tal estado espiritual, qué fue lo que le permitió percibir el plano astral. La fórmula que utilizó como fórmula de meditación se encuentra al principio de su Evangelio: 
"En el principio era el Verbo, 
y el Verbo estaba con Dios, 
y el Verbo era un Dios. 

En el principio éste verbo 
estaba con Dios. 

Todo surgió por medio de él, 
y nada de lo que ha surgido 
ha surgido al margen de este Verbo. 

En él estaba la vida, 
y la vida era la luz de los hombres. 

Y la luz resplandeció en las tinieblas, 
pero las tinieblas no la comprendieron".

En estas cinco frases se encuentran las verdades eternas que suscitan las grandes visiones en el alma de Juan. Esta es la fórmula de la meditación. La persona para la que está escrito el Evangelio de Juan no debe leerlo como cualquier otro libro. Debe considerar las cinco primeras frases como una fórmula de meditación, luego vivir según Juan, luego tratar de experimentar lo que Juan experimentó. Esta es la manera de imitarle, esto es lo que se quiere decir cuando Juan dice: Haced lo que yo he hecho, dejad que las grandes frases "En el principio era el Verbo" y demás obren en vuestras almas, y comprobaréis que lo que se dice en mis doce primeros capítulos es verdad.

Es algo que sólo puede contribuir a la comprensión del Evangelio de Juan. Así es como se entiende y así es como debe utilizarse. Ahora bien, lo que significa el término "verbo" es algo que ya he mencionado varias veces. En el principio tengamos claro lo que significa. Decir "En el principio" no es una buena traducción. La traducción debería decir: El verbo brotó de las fuerzas elementales. Eso es lo que significa: el verbo brotó, de las fuerzas elementales. Por lo tanto, en el principio significa: de las fuerzas elementales.

Cuando una persona entra en este estado dormido, deja de estar en el mundo sensorial y entra en un mundo espiritual. En este mundo espiritual experimenta la verdad sobre el mundo sensorial. La verdad del mundo sensorial le es revelada. Él partiendo de las palabras derivadas del mundo sensorial, se retrotrae a las fuerzas primigenias y asciende a las palabras de la verdad. Cada verdad tiene siete significados. Para el místico inmerso, sin embargo, tiene este significado aquí: El conocimiento, la palabra que allí surge, no es algo que se aplique ayer y hoy, sino que esta palabra es eterna. Esta palabra conduce a Dios porque siempre ha estado con Dios mismo, porque es la esencia misma que Dios ha depositado en las cosas.

Pero hay otra comprensión, y ésta se adquiere cuando se repite una y otra vez cada día a la palabra relevante: "En el principio era el Verbo". Cuando se la empieza a comprender no sólo con la mente, sino con el corazón, de modo que el corazón se hace completamente uno con esta palabra, entonces surge la capacidad de comprenderla, entonces comienza ya el estado del que habla Juan. Él describe esto con gran viveza: "Todo ha llegado a existir a través de la misma cosa, y aparte de esta palabra nada de lo que ha llegado a existir, existiría."

¿Qué nos encontramos en esta palabra? Nos encontramos con la vida. ¿Qué es lo que comprendemos a través de la vida? ¿A través de la luz? Debemos comprender los documentos religiosos bastante literalmente si queremos ascender a una comprensión más elevada. ¿Dónde brilla la luz cuando el hombre llega a ella? Brilla en la oscuridad de la noche para entrar en los que duermen. Esa luz brilla en todos aquellos que duermen. Pero la oscuridad no la comprendió hasta que surgió la capacidad de percibirla en el plano astral. La quinta frase también debe entenderse literalmente. La luz astral brilla en la oscuridad de la noche, pero las personas no suelen ver la luz, primero deben aprender a verla.

Cuando todo esto se hizo realidad para el escritor del Evangelio de Juan, también se hizo la luz sobre quién era él, de quién era discípulo y de quién era apóstol. Él le había visto aquí en la tierra. Ahora lo redescubre de nuevo en el plano astral, y reconoce que aquel que caminaba sobre la tierra en la carne sólo se distingue de aquel que vive en su propio interior más profundo por algo. Ese algo es, que en cada ser humano vive un Dios-hombre. En un futuro lejano, este Dios-hombre resucitará de cada individuo. Tal como el hombre se presenta hoy ante nosotros, es en su expresión exterior más o menos una huella del hombre divino interior, y este hombre divino interior trabaja constantemente en el hombre exterior.

Ya señalé el jueves pasado, (15-2-1906 -GA054)), cómo puede darse uno cuenta de esto superficialmente. Observen a un niño. Podrán decir que en estos rasgos ingenuos se encuentra el padre, la madre, un tío o un antepasado. Pero todo lo que hay dentro se expresa en los rasgos faciales, en los gestos de la mano, en todos los movimientos del niño. Lo que yace latente en el niño emerge. Entonces emerge finalmente la propia naturaleza del niño, la fisonomía se convierte en una huella de la propia alma del niño, mientras que antes era más bien el tipo de la especie lo que se expresaba. Por lo general, en la naturaleza la propia alma aún duerme y sólo tiene una existencia escasa. En muchas encarnaciones, sin embargo, el individuo se desarrolla, el alma adquiere más poder sobre el cuerpo físico, la fisonomía se convierte en la huella o expresión del ser interior. En la falta de madurez se expresa muy poco de la fuerza del alma. El hombre se hace maduro, y lo es cuando la palabra interior se ha hecho completamente carne, cuando lo exterior se ha convertido en una huella exacta de lo interior, de modo que la carne está completamente espiritualizada. Pero sólo ahora, después de que el yo superior se ha presentado claramente ante su visión astral, ha comprendido esto. Esto se detuvo en el plano astral ante la mirada del alma de Juan, y él reconoció: Este soy yo. Sólo que lo he experimentado hoy en el plano astral, pero poco a poco irá descendiendo, como lo hizo con aquél que yo seguía. Es el profundo parentesco del Cristo Jesús con el Dios-hombre, que es inherente a todo ser humano. Esta es la profunda experiencia interior de Juan. El ser interior vive inconscientemente en el hombre, y sólo se hace consciente para el alma a través de los procesos descritos.

¿Qué significa eso de que tomamos conciencia de algo? ¿Puede llegar a ser consciente algo en nosotros que meramente vive dentro de nosotros? Mientras viva sólo dentro de nosotros, no somos conscientes de ello. Lo que es subjetivo, lo que el hombre lleva dentro de sí, no es consciente de ello. Me gustaría utilizar una comparación aproximada para ilustrar esto. Todos ustedes tienen un cerebro físico, pero no lo ven. Habría que cortarlo, entonces podrían verlo. La misma razón, sólo que de una forma ligeramente diferente, es por la que no ven su yo superior. El yo está dentro de ustedes. Pero debe salir si quieren percibirlo, y eso sólo puede ocurrir en el plano astral. Cuando sale y está ante ustedes, espiritualmente ha sucedido lo mismo que si colocaran un cerebro físico en un plato y lo hicieran objeto de vuestra percepción sensorial.

El escritor del Evangelio de Juan describe este proceso: su propio yo superior aparece ante él, su propio yo superior, que en su plenitud representa al Cristo. Sólo cuando ustedes sepan esto podrán comprender ciertas alusiones, ciertas verdades en los primeros capítulos del Evangelio de Juan. Comprenderán muy bien algunas de ellas con sólo tener en cuenta lo que ya he dicho hasta ahora. En lenguaje oculto se llama templo a aquello en lo que habita primero este yo, el cuerpo físico que ha construido para habitar. Por eso se dice: El alma mora en el templo.

Ahora bien, cuando el alma ha de abandonar por primera vez el templo del cuerpo para ser visible en el exterior, este no es un procedimiento totalmente indoloro. Esta salida del cuerpo no es indolora. Todo lo que forma esta conexión superior con el cuerpo físico son grilletes que no son tan fáciles de soltar, que se pueden imaginar así: Supongan que están atados a un objeto con grilletes y lo desatan, tendrán marcas dolorosas a causa de este desgarramiento. Cuando el cuerpo astral sale del cuerpo físico, cuando sale perceptiblemente, es un proceso similar al desgarramiento. Salir durante el sueño es algo diferente, el hombre no percibe nada en absoluto. Pero si sale conscientemente, entonces el dolor se hace perceptible.

<Cuando el hombre ahora comienza a hacerse astralmente consciente, entonces las cosas en el plano astral se le enfrentan en forma de imagen de espejo. No hay que leer 165, sino 561, es decir, como está escrito en la imagen del espejo. Todo aparece invertido en el plano astral. Incluso el tiempo está invertido. Si ustedes siguen a una persona en el plano astral, primero parten del lugar donde se encuentra. Luego pueden retroceder hasta su nacimiento. Se le puede seguir hacia atrás; hacia delante en el plano físico y hacia atrás en el plano astral. Así es como nos parece salir de la corporalidad física. Es como si saliéramos del templo del cuerpo y nos agarraran por todos lados. Este es el proceso que Juan quiere describir, que consiste en salir de sí mismo para experimentar ante sí al Cristo, su propio ser divino superior. Las personas que le rodean son tales que han atado estrictamente su cuerpo astral a su cuerpo físico, como con grilletes. Si Juan hubiera permanecido como ellos, seguiría atado al cuerpo físico.

Ahora lean ustedes cómo se describe este proceso figuradamente, simbólicamente, en el Evangelio de Juan capítulo 8, versículos 58 y 59: "Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo que antes que Abraham existiera, Yo existo. Entonces tomaron piedras para arrojárselas. Pero Jesús se escondió y salió al templo, pasando por en medio de ellos", por entre los obstáculos. Así termina el octavo capítulo. Se trata del proceso de salida del cuerpo astral del cuerpo físico. Normalmente, este proceso, acto final que conduce a esta salida para que el ser humano sea completamente vidente, dura tres días. Una vez transcurridos estos tres días, el ser humano alcanza en el plano astral el mismo nivel de conciencia que antes tenía en el plano físico. Entonces se une con el mundo superior.

En el lenguaje oculto esta unión con el mundo superior se denomina matrimonio del alma con los poderes del mundo superior. Cuando uno ha salido del cuerpo físico, entonces el cuerpo físico se sitúa frente a uno como el niño, si pudiera tener conciencia, se situaría frente a la madre de la que nació al nacer. De esta manera el cuerpo físico se coloca frente a uno, y el cuerpo astral puede muy bien decirle al cuerpo físico: Esta es mi madre. Cuando ha celebrado su boda, puede decir esto, entonces mira hacia atrás a la unión anterior. Después de tres días esto puede suceder. Este es el proceso oculto para el plano astral. Capítulo 2, versículo 1, dice: "Y al tercer día hubo una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí." Esta es la expresión figurada para lo que acabo de decir. Esto sucedió al tercer día.

Cuando el hombre ha entrado en el mundo astral desde este mundo, se encuentra en una región desde la cual un ascenso ulterior lo conduce a un mundo aún más elevado, al mundo mental o devacánico. Esta entrada en el mundo mental o devacánico debe pagarse con una completa desintegración, una matanza de la naturaleza inferior. El hombre debe pasar por la muerte de tres días y luego ser resucitado. Cuando ha llegado a ver en el plano astral, cuando las imágenes del plano astral se han enfrentado a él, entonces también ha madurado para llegar a conocer en el plano mental o devacánico. Esto es para que uno pueda entonces describir su resurrección en el plano devacánico. El hallazgo consciente, mental de sí mismo en el plano superior para su propio yo - esa es la resurrección de Lázaro.

Juan también describe esta resurrección de Lázaro. Él ha mostrado anteriormente que se puede entrar en el mundo superior a través de todo este proceso, que ésta es la puerta a los mundos superiores. En el capítulo 10, versículo 9, dice: "Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, será salvo, y entrará y saldrá, y hallará pastos." Esta es la resurrección de lo que estaba envuelto en sueño y ahora está siendo resucitado en el plano del Devacán. Juan pasa por ello. Juan es Lázaro, y Juan no pretende decir nada más que lo que se describe en sus primeros doce capítulos: Como una experiencia astral describió que fue resucitado en el plano astral. Entonces tuvo lugar la iniciación para el plano devacánico. Él yació en la tumba durante tres días, y entonces recibió la resurrección. La resurrección de Lázaro es la propia resurrección de Juan, que escribió el Evangelio.

Lean ustedes todo hasta el capítulo sobre la resurrección de Lázaro, si ya se menciona a Juan en alguna parte, si hay alguna alusión a él en alguna parte. Miren a Lázaro y a Juan. Dice sobre Juan: "Y había uno de sus discípulos que se sentaba a la mesa junto al pecho de Jesús, a quien Jesús amaba." Y precisamente con Lázaro encuentran ustedes también la frase de que el Señor le amaba. Es la misma individualidad. Ello no se menciona antes del despertar. Sólo aparece después, tras haber sido "resucitado de entre los muertos".

Estos son los secretos que yacen latentes en el Evangelio de Juan. El discípulo a quien el Señor amaba es aquel a quien él mismo inició. El escritor del Evangelio de Juan era aquel a quien el Señor amaba. ¿Y cómo pudo escribirlo? Pudo hacerlo porque fue iniciado primero en el plano astral y luego en el plano devacánico. Si ustedes profundizan su comprensión del Evangelio de Juan de esta manera, sólo entonces el Evangelio de Juan será comprendido en su verdadera profundidad, sólo entonces se convertirá en uno de los más grandes documentos jamás escritos. Es la descripción de la iniciación en las profundidades de la vida del alma. Fue escrito para que todo el mundo pueda vivir lo que dice. Y ustedes pueden. Frase a frase, palabra a palabra, el hombre puede encontrar dentro de sí mismo lo que se describe en el Evangelio de Juan a medida que se eleva al plano superior. No es una biografía de Cristo Jesús, sino una biografía del alma humana en desarrollo. Y lo que se describe es eterno, y siempre puede tener lugar en el seno de todo ser humano. Esta escritura es un modelo y un ejemplo. Por eso tiene también ese poder vivo y despertador que no sólo hace cristiano al hombre, sino que le permite comprender la resurrección a una realidad superior. El Evangelio de Juan no es un escrito confesional, sino un escrito que realmente da poder y vida superior independiente. Esto brota de este Evangelio de Juan, y quien lo reciba de tal manera que no sólo quiera comprenderlo, sino que quiera vivirlo, ha comprendido este Evangelio de Juan de la manera correcta.

En pocas palabras he podido apenas insinuar lo que contiene. La próxima vez entraremos en más detalles. Verán entonces cómo cada frase individual puede ser para ustedes una confirmación de lo que hemos dicho hoy a grandes rasgos sobre el Evangelio de Juan. Entonces verán gradualmente hasta qué punto este Evangelio de Juan se dirige no sólo al intelecto del hombre, sino a todas las potencias de su alma, y cómo el Evangelio de Juan suscita realmente contenidos anímicos.

Traducido por J.Luelmo abr,2024

GA150 Berlín, 23 de diciembre de 1913 La fuerza de la infancia y la fuerza de la eternidad

     Índice

RUDOLF STEINER


LA FUERZA DE LA INFANCIA Y LA FUERZA DE LA ETERNIDAD

Berlín, 23 de diciembre de 1913

Fácilmente podría parecer como si esa sencilla y querida alegría, que se ha expresado en cientos y cientos de corazones durante mucho tiempo, cuando tal obra del niño divino y su destino en la tierra pasó por estos corazones, fácilmente podría parecer como si esta sencilla y querida alegría se viera perjudicada por nuestra visión espiritual-científica del mundo, por el aparentemente tan complicado, tan rebuscado conocimiento de Cristo Jesús, al que debemos aspirar dentro de nuestra visión del mundo. Sin duda, todo corazón, toda mente se conmoverá gozosamente si puede darse cuenta de nuevo en una obra así de cómo, desde las ciudades hasta los páramos más solitarios a lo largo de los siglos, los corazones de las personas, tanto de las personas que han pasado por una cierta vida espiritual como de las personas que han permanecido en la sencillez de la vida rural, se han conmovido en este tiempo de Navidad. Cómo todos estos corazones se sintieron urgidos hacia el niño divino, en quien percibieron los poderes que una vez entraron en el ser humano y salvaron a este ser humano de la muerte espiritual a la que de otro modo se creía condenado a causa de las leyes eternas del mundo. Todo corazón, toda mente debe conmoverse al ver de nuevo cómo se ha honrado a este niño divino.

Y, sin embargo, sólo es aparente si se quiere creer que este calor inmediato, este sentimiento elemental podría verse afectado de algún modo por nuestro cada vez más complicado conocimiento del milagro de Belén. Sólo es aparente, digo, si se quiere creerlo. Porque hoy nos enfrentamos a un mundo distinto, y siempre nos enfrentaremos a un mundo más y más distinto que aquellos siglos que no vivieron en tal memoria como nosotros, pero que han visto pasar tales juegos en la vida directa en este tiempo de Navidad. Nuestra complicada época, que tanto se ha fijado en el pensamiento científico y en la imaginación, necesita un impulso diferente del alma para poder volver a mirar al niño divino que ha traído el mayor impulso al devenir de la humanidad. Sólo aparentemente más complicado es nuestro punto de vista, que habla de los dos niños Jesús, el niño Jesús salomónico y el niño Jesús Nathánico. Porque en el niño Jesús Nathánico vemos, por así decirlo, al hijo de toda la humanidad, aquel ser humano que, cuando el resto de la humanidad comenzó su andadura terrena, él permaneció preservado en los mundos espirituales antes de que el tentador, el principio luciférico, se acercara a la humanidad. Vemos que permaneció preservado, por así decirlo, en la etapa infantil de la humanidad y fue retenido como impulso infantil espiritual de la humanidad en la tierra espiritual hasta que "se cumplió el tiempo", el cual nació como un ser humano excepcional en el niño Jesús Nathánico y apareció como un yo humano, que no había pasado por las encarnaciones anteriores en la tierra, sino que apareció por primera vez en una encarnación terrenal y que inmediatamente después de nacer se dirigió a su madre en un lenguaje que sólo ella podía comprender, un lenguaje que sonaba como si descendiera de las alturas del cielo. Y cada vez uno se convencerá más de la necesidad de admirar al niño divino que adoramos en el niño Jesús Nathánico, que se mantuvo preservado en la etapa infantil de la humanidad en la tierra de los espíritus, que nació con esas cualidades de la humanidad, con esas cualidades primigenias que todos los seres humanos habrían tenido si no hubieran entrado en el mundo terrenal a través de la tentación luciférica. Con todas estas cualidades, que eran inherentes a la humanidad antes de la tentación luciférica, el niño Jesús Nathánico entró en la humanidad.

Debemos ser conocedores de esto hoy, debemos saber que en este niño Jesús tenemos la infancia de toda la humanidad, para poder sentir desde lo más profundo de nuestras almas lo que la gente corriente sentía, -pero sólo sentía lo que podemos saber si queremos continuar por los caminos espirituales-, cuando se enfrentaba a la glorificación del niño divino en tales interpretaciones. Lo que más habla a nuestras almas en tal interpretación, tal como se nos presenta, es precisamente la inocencia más profunda del niño, la propia inocencia infantil divina de la humanidad frente a lo que el tentador en forma de Lucifer o el posterior Ahriman, -al que tenemos que considerar como el "diablo" medieval-, ha hecho de la humanidad. Este contraste entre Herodes, seducido por el diablo y sacado de nuestra interpretación por el diablo, y el niño de la humanidad, que conserva el principio de inocencia del hombre, el principio santo del hombre y conduce a la vida eterna, es profundamente conmovedor.

Estas ideas, tal como viven en dicha interpretación, no habían surgido verdaderamente de sentimientos superficiales. Surgieron del conocimiento intuitivo de los misterios más profundos del mundo, que fueron reconocidos a lo largo de toda la Edad Media, desde las ciudades hasta los páramos de las montañas y los países, aunque sólo intuidos, pero sin embargo sabidos. Sólo que las almas de los hombres se volvieron hacia esos misterios de una manera diferente a los cuales nosotros debemos volver a adentrarnos.

Y a partir de tales interpretaciones, la mirada del alma se desvía fácilmente hacia representaciones en las que, podría decirse, con todos los medios del arte más elevado, tal como surgieron en los siglos XIII y XIV de la plenitud del sentimiento cristiano, se representaba todo el misterio del devenir de la humanidad sobre la tierra y la relación del alma humana con aquello que vive como lo divino eterno en el ser humano. Por eso hoy, en este día en el que queremos celebrar a nuestra manera la noche santa de la consagración, quisiera dirigir nuestra mirada partiendo de estas interpretaciones hacia una magnífica representación en la que podemos, por así decirlo, admirar las razones primigenias que llevan a tan sencillas interpretaciones desde el más alto sentimiento y desde lo que podríamos llamar "cognición científico-artística" para la Edad Media. Quisiera dirigir nuestra mirada a tan suprema representación artística, que contiene, por así decir, las razones primordiales de lo que hay en tan simples interpretaciones.

En Pisa, la ciudad del oeste de Italia, se encuentra la famosa catedral en la que Galileo, como hemos mencionado a menudo, observó esa lámpara de iglesia oscilante por la que, gracias a su genio, descubrió las leyes sin las cuales la física moderna sería hoy inconcebible. Adyacente a esta iglesia se encuentra el famoso patio de la iglesia, el Camposanto, cercado por altos muros en los que el arte medieval plasmó lo que se pensaba sobre los misterios divinos y la conexión del hombre con estos misterios divinos, con el principio espiritual primordial concebido en el ser humano. Algunos de estos misterios medievales están representados pictóricamente en los muros del Camposanto de Pisa. Este cementerio fue cubierto con tierra traída por los cruzados de la tumba de Jesucristo. Y cualquiera que visite hoy este cementerio y recoja un puñado de tierra puede tener la sensación de que bajo esta tierra hay algo de lo que los cruzados trajeron en su día de Palestina para esparcir en este cementerio, que debía considerarse especialmente sagrado.

Entre las pinturas de las paredes del Camposanto hay una titulada "El triunfo de la muerte". Sin embargo, sólo se llama así desde 1705. Antes, todos los que lo veían, lo conocían y hablaban de él lo llamaban "Purgatorio". Y ciertamente también había un "cielo" y un "infierno" en las paredes del Camposanto. Este purgatorio, sin embargo, contiene la expresión más profunda de la forma en que el alma medieval abordaba el misterio del alma humana y su conexión con lo primordial en el ser humano. Hoy en día, gran parte de esta imagen ya se ha degradado. Pero aún se puede ver a pesar de la degradación lo que el pintor, hoy desconocido para la historia, quiso evocar sobre el muro de los grandes misterios del devenir humano.

Primero vemos una procesión de reyes y reinas que salen de la cueva de una montaña y se desarrollan poderosamente, llenos de confianza en sí mismos y arrogancia y llenos del sentimiento: ¡Sabemos lo que somos en la tierra cuando pertenecemos a tal clase! La comitiva sale de la cavidad de una montaña y, al salir  se encuentra con tres ataúdes custodiados por un ermitaño. De repente esta partida de caza se para frente a estos tres ataúdes. Hay una diferencia característica en lo que se encuentra en estos ataúdes: En uno un esqueleto, en el segundo un cadáver que ya ha entrado tanto en descomposición que los gusanos lo están royendo, y en el tercero un difunto reciente que acaba de entrar en descomposición. La comitiva se detiene frente a estos tres ataúdes. Un ermitaño se sienta frente a estos ataúdes, como si hiciera un gesto:

¡Alto! Mirad lo que sois realmente como seres humanos en este "memento mori". Más arriba, por encima de la montaña, en una segunda colina ascendente, vemos sentados a tres ermitaños, los cuales procuran comida, pero también los hay que, inclinados sobre sus libros, reflexionan sobre los misterios de llegar a ser humanos, el conjunto dispuesto de tal manera que la montaña forma el techo, por así decirlo, en la cima. Allí arriba, donde la partida de caza se encuentra con los ataúdes, se sientan los tres ermitaños que representan la paz y que son capaces de entrar en el interior del alma humana para encontrar la conexión entre esta alma humana y los reinos de lo eterno. Y si miramos más allá, vemos a todo tipo de gente entremezclada que se une inmediatamente a la procesión de cazadores de pie frente al memento mori. Más allá vemos a gente escuchando los sonidos de un arpa, detrás del arpa se sitúa una figura que se lleva el dedo a la boca. Sobre todo ello vemos todo tipo de seres angelicales a un lado, y por el otro seres parecidos al diablo en imágenes horribles, -el pintor ha usado toda su imaginación para representar a los diablos-. De modo que los ángeles pueden verse en el extremo derecho del cuadro, inclinados hacia la gente que escucha las notas del arpa. Entre ellos y la montaña, de cuyo cráter sale fuego, vemos desarrollarse a los demonios.

Pero para los que se fijan en el asunto, todo esto está ahí en realidad para llamar la atención sobre algo que uno podría no querer notar en una observación superficial, pero que poco a poco conduce a una visión de los secretos humanos más profundos.

¿Qué se supone que se representa en realidad? Bueno, es característico de la visión de esa ciencia medieval cuando vemos cómo la partida de caza se detiene ante los tres cadáveres: primero un esqueleto, luego el segundo, un cadáver ya carcomido por los gusanos, luego el tercero, un cuerpo hinchado, alguien que acaba de morir, -un motivo que encontramos a menudo en la Edad Media. Sólo lo entendemos cuando nos preguntamos: ¿Por qué sale la gente de la montaña? ¿Quiénes son los que están allí en la cacería? y cuando descubrimos: ¡Estos no son los vivos, son los muertos que están en el Kamaloka! Esto es lo que la imagen quiere decir, ustedes tienen tales cuerpos en ustedes: El esqueleto representa al cuerpo físico, el cadáver comido por los gusanos representa al cuerpo etérico, y el perteneciente al recién fallecido representa al cuerpo astral. ¡Recordad, vivos, lo que veréis de los misterios de la existencia después de la muerte! Así es como vemos el misterio de las tres envolturas humanas expresado de forma medieval.


Original, maravilloso, podría decirse. El ermitaño, que está sentado algo elevado directamente frente a los tres ataúdes, nos indica con todo su gesto que el hombre necesita probablemente penetrar en los secretos de la existencia para reconocer hasta qué punto está ligado a las fuentes primordiales para su existencia temporal. La imagen continúa después de tal forma que la propia montaña se arquea sobre el conjunto, y los ermitaños se sientan en la cima, en tranquila contemplación y en una apacible vida natural, mostrándonos, por así decirlo, cómo se puede conectar con el ser interior de la naturaleza humana yendo hacia dentro de uno mismo.

Esto es lo que el pintor quería representar, y no un "triunfo de la muerte", como se denominó más tarde al cuadro cuando ya no se comprendía su significado. Por el propio cuadro podemos ver cuánta razón tenían los que hablaban del Purgatorio, es decir, de lo que llamamos el Kamaloka. Lo que el pintor pretendía era mostrar que nosotros, tal como somos en vida, no siempre formamos parte de aquellos que reconocen el sentido de la vida después de la muerte y se relacionan de la manera correcta con lo primordial en la naturaleza humana, tal como el pintor nos muestra en aquellos que ya no están en la vida, sino en la vida después de la muerte; pues en el caso de los que están en la partida de caza, se trata de personas que están en Kamaloka, que ya han muerto. Ellos ven en qué se convierte el cuerpo después de la muerte.

Y cuando miramos a los enfermos, a las personas enfermas, vemos por un lado lo que es el cuerpo, y por otro lado vemos cómo los demonios y los ángeles se están llevando las almas humanas. Y vemos la profundidad que se revela ante nosotros: Cada diablo tiene un alma en sus garras que se lleva, y cada ángel lleva consigo un alma bajo sus alas, pero estas almas son diferentes. Y eso es lo que me gustaría señalar en esta lección de Navidad. Las almas que se llevan los demonios, que son deformes con razón, pero con recto entendimiento, son almas que tienen forma de personas mayores. Y los que son llevados por los ángeles a las bienaventuranzas del cielo son almas que han sido moldeadas por el pintor como niños. En esto percibimos el punto de vista que recorre toda la Edad Media: que algo en el hombre debe permanecer infantil a lo largo de toda su existencia terrena, que las personas pueden conservar algo, aunque se hagan viejas y exteriormente seniles, de infantilidad, de inocencia de sentimientos a lo largo de toda la vida; que, por otra parte, hay personas que envejecen no sólo exteriormente físicamente, sino también espiritualmente, aceptando lo espiritual-terrenal. Pues sólo se envejece en la tierra. Los que envejecen sólo pueden hacerlo por culpa, por aquello que distrae de lo eterno celestial. Por eso sus almas parecen personas que han envejecido, mientras que las almas de aquellos que permanecen conectados a aquello que preserva la conexión con lo primigenio en el mundo espiritual conservan su forma infantil.

Eso es lo que transmite tan tremendamente, tan poderosamente al observador de este cuadro del Camposanto en Pisa: que hay algo en la naturaleza humana que tenemos que abordar como tal como expresión de lo eterno en el hombre en los tres primeros años de la infancia, -que intenté describir en el pequeño libro "La guía espiritual del hombre y de la humanidad" -, que el hombre en los primeros años de la infancia es realmente diferente de lo que es más tarde. En la Edad Media, la gente sentía que había crecido junto con las alturas divino-espirituales en la infancia. Se expresaba incluso en obras de arte tan grandiosas como este cuadro del Camposanto de Pisa, quizá el cuadro más interesante de la Alta Edad Media en este sentido por su composición, era un cuadro tan magnífico que se atribuyó a Giotto y a muchos otros grandes contemporáneos, lo cual es imposible, sin embargo, porque fue pintado después de Giotto. La actitud del hombre medieval hacia el niño se expresa de la manera más magnífica en este cuadro. Encontramos este sentimiento en todas partes. Lo encontramos maravillosamente en estos sencillos juegos infantiles navideños, lo encontramos en el hecho de que la leyenda del niño Jesús se naturalizara en todos los corazones con indecible calidez, y en cómo esta leyenda infantil hizo que la gente tomara conciencia de cómo está conectada con el impulso de Cristo. La gente necesitaba la certeza de que el principio que salva la eternidad del alma humana había entrado en el niño. Así como en el cuadro del pintor el ser humano, que ha conservado su naturaleza eterna, es llevado por los ángeles a los reinos de los bienaventurados como ser humano en forma de niño, así también debemos imaginar que en la forma del niño inocente entró en el mundo lo que sabemos que entonces estaba unido con el impulso cristiano de Dios, con el ser cristiano de Dios, en el trigésimo año de su vida.

Así, me gustaría decir, es la conexión entre las alturas de la vida espiritual en la Edad Media, tal como se nos presentan, conexiones que van desde dicho cuadro en el Camposanto de Pisa, a las simples representaciones, que, sin embargo, en la forma en que uno fue presentado aquí, sólo surgieron más tarde, pero que todos contienen los impulsos que expresaban lo que estamos buscando en el tono y la forma de nuestro tiempo. Así pues, no era sólo "sencillo", -como se pretende decir hoy-, el modo en que las almas de las personas de siglos anteriores se relacionaban con el Niño Jesús. Así como ahora tenemos que asimilar la enseñanza del niño Jesús Nathánico, que en su duodécimo año de vida acogió en sí mismo el yo de Zaratustra y en su trigésimo año la entidad de Cristo, pues debemos entender esto para visualizar lo que tuvo que suceder al convertirse en humano. Para que el hombre salvara lo eterno en su ser, el hombre medieval no necesitaba toda esa ciencia que se da en conceptos y teorías, sino la que se daba en visiones tan grandiosas de la esencia del alma humana como se expresaban en el cuadro que acabamos de caracterizar. Las diferentes épocas exigen diferentes maneras de representar los misterios eternos, y las diferentes épocas han tenido sus diferentes maneras de hacerlo. Una y otra vez es la manifestación de que el hombre puede tener una gran esperanza para su alma. En el tiempo anterior al Misterio del Gólgota existía la esperanza de que llegaría lo que corresponde espiritualmente en el hombre a lo que el sol es físicamente en nuestro sistema planetario. Lo que hoy podemos saber, era sentido profundamente en todos los tiempos.

Vemos la vida en primavera, las plantas brotando y germinando de la tierra y las vemos crecer hacia el verano. Miramos al sol y sabemos: "Del sol emanan, las fuerzas que fecundan la tierra, para que pueda sacar de sí la vida viva de las plantas que brotan y crecen y de los demás seres. Y además de lo que tiene lugar tan regularmente en orden sagrado de año en año, vemos mezclado en la regularidad del curso del sol, que a su hora exacta llena cada lugar con el poder de bendición con el que debe ser llenado, lo que pertenece, por así decirlo, a la propia atmósfera de la tierra: las tormentas que barren los campos, la lluvia que brota de las nubes, la niebla que se extiende sobre la tierra, vemos lo que no tiene regla ni orden. Dicha regla y orden la vemos quizás en aquello que emana del sol para la vida en la tierra. Tenemos la sensación en primavera y verano, cuando observamos la naturaleza con sensatez, de que el sol, corriendo victorioso sobre la tierra, es capaz de hacer algo con lo que la tierra, por así decirlo, deja surgir en su superficie en forma de viento y clima. Pero cuando nos acercamos al otoño y se aproxima el invierno, y el poder del sol pierde su fuerza e interviene menos en el ser sobre la tierra, entonces el carácter meteorológico de nuestros propios efectos terrenales se nos hace perceptible de otra manera. Y quien observe con un poco de sensibilidad esta alternancia de primavera y verano, por un lado, y otoño e invierno, por otro, puede decirse a sí mismo: En primavera el sol con su orden sagrado triunfa sobre lo que el egoísmo de la tierra hace surgir de la naturaleza terrestre en los efectos meteorológicos. El invierno, sin embargo, es el tiempo en que la tierra forma lo que está en la atmósfera egoísta, cuando lo que está en ella se impone a lo que tiene un efecto benefactor sobre la tierra desde el cosmos.

El ser humano que observa su interior al pensar, sentir y querer ve cómo los impulsos del sentimiento, los afectos, las fuerzas de la volición surgen en él sin regla desde que se despierta hasta que se duerme. Puede sentir en su propio ser interior cómo este vaivén sólo puede compararse con lo que ocurre en la atmósfera de la tierra. Y en efecto, la atmósfera de la tierra es la que gobierna nuestro pensar, sentir y querer. Nuestra alma tiene en su interior las mismas fuerzas, aunque sólo sean embrionarias, que las que actúan fuera en el aire y el clima y en las fuerzas elementales. Dominan nuestro pensar, sentir y querer como fuerzas en nuestro interior. Fuera, son fuerzas elementales, poderes demoníacos que viven en el aire, el agua y el fuego y en lo que tenemos a nuestro alrededor en los truenos y relámpagos, en los efectos meteorológicos de nuestra atmósfera. Básicamente, cuando pensamos, sentimos y queremos, sólo estamos relacionados con lo que la tierra desarrolla a partir de su propio egoísmo en invierno. Y esto se ha sentido en todos los tiempos. Cuando se acercaba el invierno, haciendo más efectivo el egoísmo de la tierra con las fuerzas elementales, que ahora no seguían al sol como lo hacen en primavera y verano, entonces se sentía que todo esto está relacionado con el propio ser interior del hombre. 0 Tiempo de invierno, -así lo sentía el hombre, aunque no lo expresara claramente-, ¡estás relacionado con mi propio interior! Pero cuando llegaba la profundidad de la noche invernal, cuando llegaba el tiempo del solsticio de invierno, entonces el hombre sentía que el sol ahora desarrollaba de nuevo sus poderes para poder crecer y crecer cada vez más y fortalecerse hacia la primavera y el verano, entonces el hombre sentía: El poder del sol siempre triunfa sobre el egoísmo de la tierra. Y entonces el hombre sentía coraje y esperanza en su interior y podía decirse a sí mismo: ¡Igual que en el mundo físico el sol cósmico siempre triunfa sobre las fuerzas terrestres de la tierra, igual que el vencedor del sol siempre irrumpe en la oscura noche invernal, si tan sólo lo sentimos, así también debe haber algo dentro del hombre que reina en las profundidades del alma como el sol espiritual, que vendrá y triunfará, -igual que el sol anual triunfa en el solsticio de invierno-, como el sol espiritual en el gran solsticio de invierno! Primero lo esperó, después supo que había amanecido el tiempo del gran solsticio de invierno, cuando el ser humano aprendió a entender el tiempo del Misterio del Gólgota como el amanecer del sol espiritual dentro del hombre.

Y ahora retrocedemos a aquellos antiguos tiempos en la evolución de la tierra, cuando era la primavera y el verano de la tierra, antes de que hubiera llegado el Misterio del Gólgota. En aquel entonces el hombre aún llevaba dentro de sí la reminiscencia de los antiguos tiempos, la antigua clarividencia, que le hacía posible ver en el mundo espiritual, donde aún estaba presente la conciencia de la relación con el mundo divino-espiritual. Pero nosotros ahora vivimos en el invierno terrenal, eso no se puede negar, en el tiempo en que esto ya ha tenido lugar realmente, donde no sólo estaremos cada vez más rodeados afuera por las fuerzas mecánicas que son efectivas en las máquinas, en la industria, en las condiciones comerciales del negocio terrenal, sino que también vivimos de tal manera que ya no tenemos el mundo espiritual-divino a nuestro alrededor como en el tiempo de la primavera terrenal y del verano terrenal. Pero lo que el hombre sintió como símbolo, la victoria del sol en el solsticio de invierno como victoria del sol espiritual en las profundidades del alma humana, eso es lo que la humanidad puede sentir hoy en relación con el Misterio del Gólgota y su preparación a través de ese nacimiento que celebramos de nuevo cada año en Navidad. Así como el hombre, cuando se dirige hacia el invierno, no tiene por qué desesperar del poder del sol, sino que puede esperar que las alegrías que el otoño le ha arrebatado reaparezcan tras la profundidad de la noche invernal, así el hombre puede mirar lo que ha sucedido en relación con el Misterio del Gólgota, y puede decirse a sí mismo: Aunque, al igual que las tormentas invernales en la noche invernal, el egoísmo de la noche invernal humana pueda reinar sin norma en nuestro propio interior, nunca podrá desvanecerse la esperanza de que lo que desde el Misterio del Gólgota se relaciona con todo el torbellino terrenal humano deba afirmarse frente a lo que en nuestra propia alma se manifiesta como el tiempo meteorológico: el impulso Crístico, que se trasladó al desarrollo de la humanidad en la tierra a través del cuerpo del niño Jesús Nathánico, que pudo trasladarse por el hecho de que en el niño Jesús Nathánico nació el niño de la humanidad, el niño con aquellas cualidades que pertenecían al alma humana cuando aún no había pasado por las encarnaciones terrenas, al que aún no se le había implantado lo que viene de entrar en las encarnaciones terrenas, el niño que aún tenía las cualidades de las alturas espirituales en las que puede ser eterno.

He querido exponerles estas reflexiones para que podamos ver en ellas cómo, en relación con las facultades infantiles del hombre, que son al mismo tiempo sus facultades eternas, los hombres pueden sentir una sensación suprema de lo que siempre han sentido y deben seguir sintiendo ante la visión del niño divino en Navidad. Y aunque nuestra comprensión tenga que ser otra, aunque en lugar de lo que la imaginación medieval veía en la representación que he expuesto, tengamos que adquirir otras representaciones, -la de los dos niños Jesús, la atracción de la esencia de uno en el otro, la toma de posesión del cuerpo del niño Jesús Nathánico por la entidad Crística-, queda el hecho de que podemos mirar con nuestros sentimientos más sagrados y con nuestras esperanzas más fuertes la comprensión que nos dice: Desde el Misterio del Gólgota algo vive en nuestro devenir humano que ha entrado en nuestra aura terrena, a lo que sólo tenemos que apelar en nuestra alegría de celebración, como esperanza en la indestructibilidad de nuestro ser humano.

Es tan necesario que recordemos esto igual que lo fue para la gente que disfrutaba con las sencillas interpretaciones. Sí, podemos decir algo más: disfrutamos igual de las sencillas interpretaciones. Nos sentimos conectados con aquellas personas que se deleitaban con estas interpretaciones, porque a nuestra manera apreciamos lo que supuso para la gente, cuando el hijo de la humanidad llegó al mundo. A ellos se les concedió la esperanza más fuerte, el impulso más fuerte que el hombre necesita para que en el invierno terrenal, en el tiempo posterior al Misterio del Gólgota, se siga teniendo presente que, al igual que en el cosmos físico el sol triunfa sobre el egoísmo terrenal, en las profundidades del alma humana vivirá cada vez más el impulso que ha fluido a través del Misterio del Gólgota como el impulso solar espiritual del desarrollo terrenal humano. Una vez que el acontecimiento entró en el devenir histórico, a través del cual este impulso entró en la vida terrenal, pero despertará una y otra vez en el recuerdo, como puede suceder a través de tales festividades. Porque si bien es cierto, por un lado, que el Ser Crístico entró una vez en el aura de la tierra a través del Misterio del Gólgota; por otro lado, es cierto lo que dijo Angelus Silesius en sus bellas palabras:

Si Cristo nace mil veces en Belén
y no en ti, ¡seguirás eternamente perdido!

Lo que nació en Belén ha de nacer en lo más profundo y cada vez más profundo de nuestras propias almas, para que veamos cumplido en nuestras propias almas lo que el sentimiento medieval quería ver cumplido al ver el destino de las almas imbuidas del impulso Crístico en esas figuras infantiles, que son llevadas por los ángeles a los reinos de los bienaventurados y no caen en las garras de Ahriman, al cual sólo pertenecen aquellas almas que se han unido a la vida terrenal hasta tal punto que parecen viejas, mientras que el destino del alma no es envejecer en la tierra, sino permanecer joven. Y donde el destino del cuerpo en la tierra sólo es envejecer. El destino superior del hombre es mantener la juventud espiritual en este cuerpo que envejece en relación con el Misterio del Gólgota, para sentir cada vez más la esperanza de que, por más que las tormentas invernales reinen en el alma y las tentaciones vivan en el alma, la confianza viva nunca puede morir. Que lo que ha fluido en el aura terrenal a través del Misterio del Gólgota pueda surgir de las profundidades del alma y lo que a través de tales celebraciones queremos revitalizar en nuestras almas.

Así pues, he intentado resumir lo que podemos sentir como estado de ánimo navideño precisamente a partir de una contemplación que pretende combinar en estas pocas palabras lo que sentimos hacia la Navidad desde nuestra cosmovisión antroposófica, con lo que la gente de épocas anteriores experimentaba en el mensaje del niño divino en una obra como la que hemos presentado. Las palabras pretenden expresar esto:

En las profundidades del alma del hombre
Vive el sol espiritual confiado en la victoria;
Los poderes correctos de la mente,
Son capaces de sentirlos
En la vida invernal interior,
Y el instinto de esperanza del corazón:
Contempla la victoria del espíritu solar
En la bendita luz de la Navidad,
Como el símbolo de la vida más elevada
En la noche profunda del invierno.


Traducido por J.Luelmo abr,2024