CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA127 Frankfurt, 8 de enero de 1911 -Algunas cosas sobre el funcionamiento interno del alma humana y su relación con el mundo

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RUDOLF STEINER


Algunas cosas sobre el funcionamiento interno del alma humana y su relación con el mundo

Frankfurt, 8 de enero de 1911

Con referencia a Goethe, esta tarde y mañana por la tarde tendremos que hablar, de muchas cosas que pueden interesar al estudiante de la ciencia espiritual con respecto a los asuntos internos del alma humana, su desarrollo y su relación con el mundo. Puesto que nuestra tarea en estas dos conferencias será considerar las cuestiones mencionadas sólo con referencia a Goethe, me parece conveniente que hablemos ahora, independientemente de Goethe, como estamos acostumbrados a hacerlo, de las fuentes de la ciencia espiritual, sobre los asuntos internos del alma humana, sobre su desarrollo, sobre su relación con el mundo. Tendré que partir de la base de que ustedes están familiarizados con los elementos básicos de la vida anímica humana.

Cuando consideramos el alma humana en su desarrollo, debemos hacer una distinción de hecho entre el alma sensible, el alma racional y el alma consciente. Cuando hablamos en primer lugar del alma sensible, no sólo nos referimos a aquello en nuestra alma que es capaz de conectar con el mundo exterior a través de la percepción, a través de las impresiones sensoriales, sino que también nos referimos a allá donde se asienta todo lo que podemos llamar instintos, deseos, pasiones, también la sede de todo lo que son impulsos de la voluntad en el alma humana. Aunque, si uno quiere hacerse una idea de lo que es realmente el alma sensible dentro de nuestra vida espiritual, resulta muy útil visualizar que todo lo de naturaleza volitiva, todo lo que nos da impulsos desde dentro para buscar una relación con el mundo exterior, forma parte esencial del alma sensible, y que de ella depende que sea también la mediadora más importante de la recepción de las impresiones externas de la percepción. Por eso se llama alma sensible. Cuando una persona recibe una impresión de sonido o de color, es el alma sensible la que está actuando. Incluso cuando surgen las pasiones, tales como los afectos, la ira, el miedo o la ansiedad, es el alma sensible la que actúa.

Lo que llamamos alma racional se desarrolla primero a partir del alma sensible, en cierto sentido es ya algo más perfeccionado que el alma sensible. El alma racional ya contiene la capacidad de revestir de ideas lo que se siente en el alma sensible, de clarificar lo que se experimenta como instintos, como afectos, en una forma más humana de vida anímica. Cuando, por ejemplo, los afectos que de otro modo sólo tienen que ver con la autoconservación se clarifican en benevolencia, incluso en comportamiento amoroso hacia el entorno, ya estamos tratando con el alma racional. En el alma racional es donde surge el yo, el verdadero centro de nuestra vida anímica.

En el desarrollo ulterior del yo, cuando nos sentimos realmente seres humanos interiores que se afirman en el centro, formamos nuestras concepciones y pensamientos en grandes ideas con las que comprendemos la naturaleza, o en ideas del deber o ideas morales. En todo aquello con lo que nos relacionamos de este modo, hablamos del alma consciente. No hay divisiones entre éstos miembros particulares del alma, pero es necesario que se distingan estos tres miembros, porque cada uno se relaciona con el mundo exterior de un modo diferente.

Si tomamos en primer lugar el alma consciente, es para nosotros los humanos, el miembro anímico más elevado, pero al mismo tiempo el miembro anímico que, en cierto modo, más se ha separado del resto del mundo. Es el miembro del alma más independiente.

Cuando el hombre se sumerge en el alma consciente, puede estar más en solitario en su vida anímica, aislándose del mundo exterior. Pero también es la parte del alma que, por su naturaleza, ha erigido más fronteras hacia el entorno, por lo que está más fuertemente predispuesta a caer en errores y equivocaciones. Es la más desvinculada del universo. Pero esta parte del alma sólo puede caer en el error hasta cierto punto. Esto es lo más importante de lo que llamamos alma consciente. Se expresa sobre todo como pensamiento lógico, como disección de conceptos, procede también como pensamiento aritmético, como todo aquello que el hombre tiene en cierto sentido como facultad peculiar a sí mismo, y que no se encuentra en los animales.

Las fuerzas del alma sensible y del alma racional actúan sobre el alma consciente. Los instintos, deseos y pasiones, los impulsos de la voluntad del alma sensible, los sentimientos y juicios intelectuales del alma racional penetran allí. Pero en el alma consciente todo esto se procesa mediante el pensar lógico. Por lo tanto, es principalmente en el alma consciente donde formamos nuestras opiniones. Y puesto que el alma consciente es la más aislada, las personas están muy separadas entre sí en cuanto a opiniones. Cuando hablamos de lo que tenemos en común, porque se ha formado en nuestra comunidad, en nuestro círculo familiar, porque es una práctica común en el barrio, estamos hablando de cosas que se sitúan en la mente o en el alma racional. Pero también las cosas que primero se sitúan en el alma consciente migran al alma racional, por ejemplo una opinión una vez formada por nosotros puede convertirse en una opinión habitual. O una habilidad puede transformarse en una destreza, en un hábito. Entonces han descendido al alma racional.

El alma consciente es también la más aislada porque es a través de ella como el ser humano llega directamente al entorno. Cuando pensamos en lo que queremos hacer, vivimos en el alma racional. Cuando miramos lo que nos rodea, extendemos los cuernos sensoriales del alma consciente directamente a través de los sentidos y volvemos a lo que nos convierte en el ser más aislado. Pues a través de lo que nos ofrecen los sentidos, nos convertimos en los seres más aislados. Así, el hombre se aísla precisamente porque tiene que relacionarse con el mundo exterior de forma bastante local y temporal a través del alma consciente. Pero las opiniones se aferran más intensamente al alma consciente. Una opinión se afirma primero y se instala en el alma consciente. Por eso el hombre es un ser aislado en lo que respecta a las opiniones. Con respecto a los hábitos, las personas se entienden mejor. El hombre es el más independiente, pero también el más aislado en el alma consciente, por lo que no podemos acceder realmente al contenido del alma consciente de otra persona. Ni siquiera sabemos si todo el mundo ve el color rojo o azul de la misma manera que nosotros.

Pero aparte de eso, del contenido del alma consciente, tomemos sólo lo que consiste en opiniones. Si tomamos algo que puede parecer tremendamente lógico, de lo que podemos imaginar que justificamos estas opiniones de la manera más lógica imaginable, estas razones lógicas no servirán de mucho a nuestros semejantes. Las razones lógicas no son efectivas al principio en la vida exterior, e incluso es normal que no lo sean. Por eso es fácil convertir a la gente a nuestras opiniones cuando son jóvenes, cuando son niños. Más tarde esto es cada vez menos así. Porque el niño se enfrenta a nosotros no sólo con su alma consciente, sino también con su alma racional y su alma sensible. se nos enfrenta con toda su personalidad. Y lo que nos convence depende de todo lo demás más que del alma consciente. Ahí es donde la voluntad, el sentir, actúa en sentido ascendente. Si la dirección de la voluntad, los sentimientos, son diferentes en el hombre, entonces se pueden justificar los más diversos puntos de vista de la manera más lógica. Sin embargo, en el ciclo humano actual las personas sólo son realmente independientes en relación con el alma consciente, mientras que en relación con las otras partes del alma lo son menos. Traten ustedes por una vez de sentir cómo se forman las opiniones: el hombre es bastante libre de formar tal o cual contexto conceptual como su opinión. Es menos libre cuando entra en consideración el contenido del alma racional. Aquí el hombre no se siente libre en absoluto, de lo contrario sus sentimientos y sensaciones no podrían jugarle tantas malas pasadas. Podemos estar completamente de acuerdo con nosotros mismos en nuestras opiniones de que esto o aquello debería gustarnos, pero la mente habla de otra manera y aún así nos permite encontrarle el favor al asunto. El hecho de que la mente pueda estar en desacuerdo con las opiniones puede mostrarnos que el hombre no es tan libre en relación con los sentimientos como lo es en relación con las opiniones. El hombre se siente muy poco libre en todo lo que concierne a la voluntad y así sucesivamente, en todo lo que está en el alma sensible. El conflicto es a veces muy grande entre las intenciones más maravillosas, entre la opinión de que esto o aquello no es bueno, y el impulso, el afecto hacia aquello. Un ejemplo drástico es el siguiente: 
Un profesor que tiene un niño enfadado se da cuenta de que esa ira debe ser expulsada. Como no lo consigue, le tira el tintero a la cabeza y él mismo se enfada. Aquí tenemos el dilema más hermoso.

Ahora bien, ¿Qué ocurre en la vida del alma, qué ocurre allí para que pueda producirse semejante dilema? Sucede que en realidad sólo somos independientes, aislados en el estado actual de desarrollo en relación con el alma consciente, pero que entre el alma consciente, en la frontera con el intelecto o alma racional, tiene lugar una influencia sobre el alma, una influencia de seres superiores sobrehumanos. Y a su vez tenemos tal influencia de poderes externos de entidades sobrehumanas en la frontera entre el alma racional y el alma sensible, así como entre el alma sensible y el cuerpo sensible.

Ahora estoy describiendo la situación que existe en nuestro tiempo, en nuestro siglo. Para otras épocas es diferente. El hombre también puede convencerse muy fácilmente de que otras fuerzas juegan un papel donde la voluntad entra en consideración. Cuando pensamos, estamos con nosotros mismos. Podemos sentarnos en un rincón y al pensar estamos con nosotros mismos. Cuando el hombre tiene que ejercer un impulso de voluntad, debe mover las manos y los pies, debe producir una acción física, un hecho. Si pasa de un pensamiento a otro, su conciencia sigue presente. Hoy en día una persona no tiene la menor idea de la transición que se está produciendo, por ejemplo cuando tiene el pensamiento: Quiero coger el reloj, -y cuando luego lleva a cabo este pensamiento. Aquí tenemos un contexto completamente diferente de la transición de un pensamiento a otro, donde toda la secuencia puede ser seguida por la conciencia. Este es un ejemplo de la intervención de otras fuerzas en nuestra ayuda. En la frontera entre el alma racional y el alma consciente intervienen seres a los que llamamos ángeles o Angeloi. Son ellos los que condensan lo que de otro modo sólo tiene lugar conscientemente en opiniones, en conceptos, los que lo condensan en lo que podemos llamar sensaciones y en lo que podemos llamar sentimientos. El término «sensación» fluctúa un poco. Lo que se siente interiormente, lo que se percibe, es ya una condensación del pensamiento. Hay fuerzas detrás de nosotros que nos ayudan.

Vayamos ahora a la otra frontera entre el alma racional y el alma sensible. Allí tenemos todavía seres superiores que intervienen. Son ellos los que estimulan la voluntad en nosotros, los que hacen pasar el pensamiento a la voluntad: son los arcángeles o archangeloi. Pero cuando entramos en relación con nuestro entorno, entonces son los espíritus de la personalidad; allí ya sentimos la resistencia del mundo cuando intervenimos en su estructura. Así pues, en los reinos intermedios entre las fuerzas anímicas individuales, hay seres espirituales que nos guían, que nos conducen, que tienen la tarea de transformar en actos, en fuerzas, lo que el hombre, abandonado a sí mismo, sólo puede experimentar como pensamientos en su interior.

En efecto, en cuanto nos sumergimos en estas regiones subconscientes de la vida anímica, existe la posibilidad de que las batallas que tienen y deben tener lugar en el mundo espiritual entren también en la arena de nuestra conciencia. Allá donde intervienen los seres angélicos, también están los seres luciféricos que son los adversarios de los ángeles. Si sólo intervinieran los ángeles, nuestra mente alcanzaría lo que es bello, sólo lo que correspondería a nuestra dignidad humana. Los seres luciféricos nos conducen hacia aquello con lo que nosotros mismos no estamos de acuerdo en una reflexión serena, pero que nos atrae hacia ello. Donde intervienen los arcángeles, también pueden intervenir los seres ahrimánicos, que nos llevan a transformar nuestro juicio en error, nuestra búsqueda de la verdad en mentira. El pensar lógico nos es dado libremente como seres humanos. Pero en el momento en que llegamos al sentir, a los impulsos volitivos, entran en juego otros seres, incluidos los que contrarrestan a los seres ascendentes. Este es el punto que todos los que de alguna manera están involucrados en la investigación ocultista deben tener en cuenta.

Allí donde el hombre se encuentra hoy en la vida normal, ya está dispuesto de tal manera que las fuerzas de las entidades Luciféricas y ahrimánicas, que contrarrestan a los ángeles y arcángeles, son sin embargo canalizadas para el bien a pesar de todos sus efectos. No hace falta ser más listo que la guía del mundo y preguntarse: ¿Para qué necesita el hombre a las entidades Luciféricas y ahrimánicas? - El hombre no podría ser tan libre si no se le diera un contrapeso a los ángeles y arcángeles en estas dos fuerzas.  El hombre debe tener la posibilidad de mentir para poder llegar a la verdad de forma independiente. Debe alcanzar la verdad como un ser independiente, por lo tanto Ahriman debe estar ahí. El hombre debe resistirse a Ahriman y emprender el camino hacia la verdad. De esta manera el hombre se ha convertido en un ser independiente con un sentido inherente de la verdad. Los más altos gobernantes del mundo ya han arreglado las cosas para que sus oponentes Lucifer y Ahriman no crezcan demasiado. Ciertamente están ahí para llevar al ser humano a un fuerte grado de impulsos impuros, deseos y también juicios incorrectos debido a su libertad y desarrollo de la conciencia, pero éstos pueden equilibrarse en el curso del karma y no pueden perturbar la misión terrenal. Esta es una de las más bellas y profundas percepciones a las que el hombre llega gradualmente a través de los estudios ocultos y el esoterismo, que se da cuenta: Todo lo que es falso y malo puede, en última instancia, transformarse en algo bueno.

Se trata ahora de una pregunta muy obvia que todo el mundo debe plantearse: Aparte de esta circunstancia, ¿hay alguna razón por la que el hombre tenga que pasar por todas las encarnaciones y sólo alcance la perfección a través de cada error? Sí, existe una razón. Sería ir demasiado lejos demostrar que el hombre ha llegado a ser tal como es, gracias a que ha pasado por sus vidas anteriores en la tierra, que sólo puede madurar gradualmente. Ahora sólo es independiente en relación con el alma consciente. Pero llegará un tiempo en que el hombre, a pesar de toda su tendencia al error, tendrá una dirección firme en sus acciones y en su trabajo. Si la gente no tuviera esto hoy, se encontraría en constante conflicto y lucha. Tal como está ahora la humanidad, está madura para adquirir libertad para el alma consciente, pero la gente aún no está madura para liberarse con respecto al alma racional y al alma sensible. El progreso surge debido al hecho de que el desarrollo nunca puede tener lugar en una línea completamente recta. Podemos ver en todas las culturas cómo algunas almas se precipitan, toman la delantera, se anticipan a lo que otras almas sólo podrán adquirir en épocas posteriores. Hoy en día, las almas humanas sólo están maduras para liberarse en relación con el alma consciente. Pero la sabiduría espiritual conduce gradualmente a la liberación y al aislamiento también de las almas racionales y sensibles, de modo que el hombre ya no tiene que mirar a lo tradicional y a lo familiar para encontrar el bien, sino que el impulso hacia el bien fluye de su propia alma. Esta es también una interpretación necesaria de las palabras de San Pablo: «No yo, sino Cristo en mí». Cuando el Cristo viva en las personas, también se les permitirá ser libres con respecto a sus almas racionales y sensibles. Las personas ya han alcanzado una cierta falta de pasión en relación con las cosas lógicas más triviales, en relación con las matemáticas y la aritmética. La pasión ya está tan alejada del corazón humano que la gente puede encontrar la verdad por sí misma. Pero para lo que está dentro del alma racional y sensible, la gente sigue votando, e incluso considera el voto como lo esencial, porque las fuerzas Luciféricas y ahrimánicas están implicadas en todas partes.

Comprenderán que con un movimiento así, que se construye sobre la base de la sabiduría espiritual y en el que las fuerzas más profundas del alma humana deben despertar al aislamiento, no sólo debe conectarse la curiosidad por los mundos espirituales, -no debe ser éste el impulso para la investigación espiritual-, sino también el sentimiento de responsabilidad. <Por medio de este movimiento se trae a nuestro tiempo toda capacidad futura de las personas, se apela a un germen futuro que por lo general aún no está maduro. Debemos tener esto en cuenta y darnos cuenta de lo cuidadosos que debemos ser para que, aunque el alma pueda ser bella y simpática dentro del movimiento espiritual, debemos, no obstante, estar alerta ante los peligros que lo amenazan y despertar el sentido de la responsabilidad. Cuando el alma se acerca inmaduramente a las cosas espirituales, hay peligro. No todos se dan cuenta de este peligro. El que es un poco más profundo en el movimiento sabe y debe saber, -si no quiere derrumbarse bajo lo insoportable-, ¡cómo debe estar siempre en guardia para decir sólo lo que ha pasado por su alma no una o diez veces, sino cien veces! Cuando se trata de asuntos espirituales, es difícil acuñar palabras de tal manera que sean adecuadas. En todo el círculo de los antropósofos debe formarse una cierta opinión: la opinión de que exigen a quienes representan al movimiento que se tomen en serio la verdad en este sentido. Uno no debe creer que como orador puede simplemente levantarse cada noche sin dejar que estas verdades corran por su alma una y otra vez para que se moldeen adecuadamente en la palabra. Una cosa es la dificultad de abrir la boca para las verdades espirituales. La otra es que quienes forman parte de tal movimiento deben, en cierto modo, incluso asegurarse de que este sentimiento esté presente en los representantes del movimiento. Pero incluso aquellos que aún no están profundamente implicados deben cuidar de que esto o aquello no le ocurra a su alma, y deben preguntarse una y otra vez: ¿También yo soy lo suficientemente maduro como para representar un movimiento espiritual? ¿No debo situarme en el movimiento de tal manera que las cosas del mundo espiritual tengan un efecto aún más fuerte sobre mí? Nadie debe desanimarse, sino que cada uno debe despertar dentro de sí mismo, el siguiente sentimiento: Aunque haya hecho lo que es bueno y correcto a través de la compulsión de la tradición y la educación, hay un límite donde no sólo los ángeles, arcángeles y espíritus de la personalidad están en la defensa de lo que es correcto, sino donde Lucifer y Ahriman también están. Una y otra vez se puede observar que personas que eran amantes de la verdad empiezan a mentir cuando las verdades científico-espirituales les afectan porque no se han dicho lo suficiente: Ante todo, debes hacerte madurar, debes dejar que las verdades espirituales trabajen en ti, ¡no debes permitirte hablar! Hay que ser consciente de esta responsabilidad. Pero sería cobarde decir: Entonces no me uniré al movimiento espiritual. No es evitando el deber de observar la cautela como uno se comporta de la manera correcta, sino observando este deber correctamente. Mucho, mucho de lo que siempre ha sido una característica del movimiento espiritual progresista está relacionado con lo que se ha dicho.

Hay grandes faros que se supone que hacen avanzar a la gente. Pero donde hay grandes faros, a menudo también hay grandes sombras. De ahí las acusaciones, no siempre injustificadas, contra quienes se supone que bajan al plano físico las verdades del mundo espiritual. En cada movimiento de este tipo, a los que no querían otra cosa que dejar que las verdades espirituales bajaran al mundo físico, se han unido los que no querían practicar la autocrítica, los que no querían domar el orgullo y la vanidad. Estos se han convertido en los que vemos tan abundantemente dentro de los movimientos espirituales, y a los que hay que decir: Desgraciadamente, el mundo exterior no siempre puede distinguir correctamente entre tales portadores y los que son los verdaderos portadores. -A veces ocurre también lo contrario. Es precisamente nuestro movimiento científico-espiritual el que debe llamar a la gente al libre juicio, el que debe barrer todo lo que se basa meramente en la creencia externa en la autoridad. No habremos alcanzado nuestro ideal, mientras siga prevaleciendo en la sociedad el sentimiento de que depende de la boca que habla. Sólo debemos escuchar lo que dice esta boca, porque las cosas nos resultan claras si la escuchamos con sentido de la verdad y lógica imparcial. Nuestro movimiento es muy apto para germinar y desarrollar el libre juicio del hombre; pero hay un fuerte rasgo que recorre nuestra época y que podemos llamar: Conveniencia con respecto a la fe. A través de la conveniencia de la fe, se crean grandes obstáculos para el movimiento científico-espiritual. Al creer algo porque tal o cual persona lo ha dicho, se retrasa el libre juicio, la libre vida del alma humana, la independencia también con respecto al alma racional. Es tan cómodo no tener que pensar, y aceptar alguna verdad sólo porque tal o cual persona lo ha dicho; es mucho más cómodo poder creer a la persona que examinar lo que la persona dice.

Lo he dicho a menudo: Al principio sólo es posible dar sugerencias dentro del movimiento espiritual. Pero, tomemos todo lo que podemos encontrar en la historia sobre Zaratustra, por ejemplo: nada de lo que se dice aquí sobre Zaratustra será refutado si realmente se toma todo. Se puede someter a escrutinio, y cuanto más rigurosamente se someta a escrutinio, más agradable será para quien quiera representar objetivamente el movimiento espiritual. La voluntad de probar es lo que quiere. Pero es infinitamente más cómodo creer, invocar simplemente: esto es lo que dijo tal o cual clarividente. Eso es un peligro para el verdadero o supuesto clarividente si todavía no está realmente establecido. Existe la tentación de decir lo que la gente cree. Se resbala fácilmente en eso en lo que uno puede resbalar fácilmente cuando se trata de ascender al mundo suprasensible. Se asciende a un mundo que realmente no es tan fácil de controlar como el mundo físico. Si se quiere controlar intelectualmente que ángeles y arcángeles intervienen en las zonas fronterizas, se necesita mucho para comprobarlo. En el caso de la fe, a menudo sólo depende de la impresión que uno haya recibido de la persona. Lo fácil que es influir en la gente con respecto a la fe se puede ver en la sugestión de masas.

La sugestión de masas es algo sobre lo que sólo en el futuro, podrán hacerse los descubrimientos más maravillosos. En épocas anteriores era algo muy diferente, porque el alma consciente aún no era tan libre. Hoy en día el hombre está en la liberación del alma consciente, pero todavía está completamente atascado en la esclavitud del alma racional. ¿Qué se está sugiriendo? No sólo por lo que es simpático o antipático de una personalidad; también, por ejemplo, por el hecho de que alguien haya ocupado un cargo, que tenga cinco hijos que cuidar y que ahora se sienta obligado a permanecer en él. Hoy en día, la gente suele preferir escuchar todo lo que se extrae del mundo sobrenatural de forma charlatana en lugar de lo que se basa en una investigación sólida. La primera tiene dos características. En primer lugar, es increíblemente trivial. Por ejemplo, lo que escriben los médiums suele ser tal que uno mismo podría pensarlo, sólo que se lo hacen creíble al hombre por la forma en que se lo enseñan. La persona cree entonces que se trata de algo del mundo espiritual. Es precisamente por su trivialidad que estas cosas se vuelven agradables para el hombre. O tienen la otra característica de que son tan incomprensibles que nadie puede entender nada de ellas. Las cosas que resultan especialmente incomprensibles suelen considerarse entonces especialmente místicas. En las zonas fronterizas de lo sobrenatural y lo sensorial, lo charlatán puede mezclarse con lo que se basa en una investigación seria. Hay que subrayar que sólo cumple con su deber quien vigila su propia alma, quien presta especial atención a todo lo que puede enturbiar los instintos, de modo que creamos promover los asuntos de la humanidad cuando sólo promovemos los nuestros, o que lo que hablamos se mezcle inadvertidamente con lo falso, la mentira, la tentación de Ahrimán.

Sólo aquellos que están constantemente vigilantes con respecto a todo esto, sólo aquellos que siempre se dicen a sí mismos: Si entras en un movimiento espiritual, hay un gran peligro de que te vuelvas vanidoso y arrogante - sólo ellos pueden progresar. Eso es evidente. No hay que reprochárselo a una persona, sólo si no hace nada en absoluto para suprimir estas cualidades. Existe una tremenda tentación de no atenerse a la verdad cuando tratas con personas que te creen. Puedes imponer todo tipo de cosas a la gente si creen en la autoridad. Entonces es fácil. - No debes reprochar a nadie el hecho de que, al acercarse al mundo espiritual, surja en él la falsedad, pero esto no debe excusarle de sí mismo, sino que debe hacer todo lo posible por expulsarla de su alma. Este es el significado de: Conócete a ti mismo. Hay que buscar las horas en soledad en las que uno pueda decirse a sí mismo: se avecina otro peligro, así que ponte en guardia. - Si no se dispone de ellas, de esas horas en soledad, si es desagradable poder confesar algo que no está bien, si no son el punto de partida para luchar contra tus errores con todas tus fuerzas, entonces estás en una pendiente resbaladiza, estás rodando hacia abajo en lugar de subir hacia arriba.

Estas son cosas que debemos considerar si queremos reconocer nuestra posición frente a la investigación oculta, frente a la investigación que es el más alto don de gracia que fluye al mundo físico desde los mundos espirituales, frente a la cual debemos tener el mayor sentido de responsabilidad.

El deber de entrar en el mundo espiritual con una parte de la humanidad, porque sólo a través de esto es posible el progreso, y al mismo tiempo debería despertarse en nosotros el sentimiento de responsabilidad, el sentimiento de que una vez que he aprendido sobre el asunto, es mi deber tomar parte en él. A menudo se critica a los representantes de la ciencia espiritual por no tener suficientemente en cuenta las consideraciones morales. A menudo se hace, como hoy, para que en el progreso de nuestro movimiento espiritual, a través del cual debemos ser conducidos a las fuentes espirituales, se escuchen también los impulsos que provienen de esas fuentes espirituales.

Traducido por J.Luelmo ene, 2025


GA127 Wiesbaden, 7 de enero de 1911 Las cualidades morales y su efecto sobre el Karma

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RUDOLF STEINER


Las cualidades morales y su efecto sobre el Karma

Wiesbaden, 7 de enero de 1911

En el curso de las consideraciones científico-espirituales, que a menudo nos conducen a alturas muy especiales de la existencia, quizá sea bueno a veces echar un vistazo a la vida cotidiana, a la vida que nos rodea constantemente, desde nuestro punto de vista científico-espiritual. Porque si uno lleva consigo algo de buena voluntad y el punto de vista correcto, entonces uno puede obtener las percepciones más importantes de la verdad y el valor probatorio de lo que se busca en este campo precisamente aplicando la ciencia espiritual a la vida cotidiana.

Entre las enseñanzas más significativas que nos llegan en el campo de la ciencia espiritual está, sin duda, la de la causalidad de la vida posterior en la tierra a consecuencia de la anterior, eso que llamamos karma. Ahora el teósofo piensa ciertamente en la mayoría de los casos, donde se menciona el karma, en lo correspondiente a una vida, las causas que subyacen en las vidas anteriores. La siguiente objeción puede ser fácilmente planteada por personas que todavía están muy alejadas del quehacer científico espiritual: ¿Cómo se pueden probar tales cosas? - Por supuesto, sabemos cuán imposible, cuán infantil es tal objeción. Porque si una persona se toma la molestia de penetrar más profundamente en lo que da de sí la ciencia espiritual, se da cuenta de lo bien fundado que está todo lo que se puede decir sobre el karma. Pero también es bueno señalar las experiencias y observaciones que ya son accesibles a las personas que aún están lejos de la clarividencia o de otros métodos teosóficos de observación. El karma, si lo entendemos correctamente, no sólo actúa de una vida a otra, sino también en la vida que atravesamos entre el nacimiento y la muerte. Sólo que, por supuesto, lo que la gente suele observar de la vida es en realidad un período tan corto de la vida humana que no puede haber mucha evidencia de que las causas anteriores actúen sobre los efectos posteriores. Si tomamos una visión general de cinco o seis años, no surgirá gran cosa. Pero si nos fijamos en períodos más largos entre el nacimiento y la muerte, en la medida en que esto siempre es posible, ya podemos ver gran parte de la consecución del karma. Esto también puede verse en cosas muy externas.

No deseo presentar esta introducción como algo particularmente teosófico, sino sólo mostrar que incluso las cosas más inusuales requieren un largo período de tiempo para llegar a una conexión entre causa y efecto. Para quienes se interesan por la observación de la vida, quisiera señalar que he tenido muchas oportunidades de observar a los niños. Hace mucho tiempo que no enseño a niños. Pero cuando has enseñado a cuatro niños en una familia durante muchos años, no sólo tienes la oportunidad de observar a estos cuatro niños, sino también a los hijos de conocidos y demás. Siempre tienes muchas oportunidades de registrar lo que hacen estos o aquellos niños o lo que se puede hacer con ellos. Ahora bien, en aquellos tiempos había una práctica médica muy especial que ahora, gracias a Dios, está muy en decadencia: se consideraba necesario dar a los pequeños un vaso de vino tinto para que se fortalecieran, no solo con una comida, sino con varias. Esto era considerado como algo bastante excelente. Pude observar a muchos niños que fueron criados con vino tinto y otros niños cuyos padres se habían negado a seguir su ejemplo. Hoy en día, estos niños, que entonces tenían entre dos y medio y cuatro años, son personas que tienen más de treinta años o se acercan a los cuarenta. Se puede ver que los pequeños que se vieron obligados a beber vino tinto para mantenerse activos en ese entonces se convirtieron en personas muy inquietas y nerviosas. Difieren muy claramente de aquellos que no bebían vino tinto cuando eran niños, si uno está dispuesto a observar. Se puede considerar casi un cuarto de siglo para poder observarlo.

Por lo tanto, es particularmente importante considerar períodos de tiempo más largos en lo que respecta a las cualidades morales y éticas de los seres humanos en relación con los efectos kármicos. Hoy me gustaría señalar varias cualidades que pueden seguirse, cómo afectan al alma, a la mente, y que los efectos del karma ya son bastante activos en una vida. Me gustaría enumerar algunas cualidades buenas y otras malas: Envidia, celos, inclinación a la mentira, luego benevolencia y lo que tan a menudo encontramos en la gente joven, asombro, admiración y cosas similares. Tomemos primero las malas cualidades, la envidia y la inclinación a mentir.

Supongamos que podemos observar la envidia y los celos en la infancia. Sabemos por observaciones científico-espirituales que en los miembros del ser del hombre, de los que él no suele ser consciente, en el cuerpo astral y en el cuerpo etérico, actúan poderes especiales, en el cuerpo astral los poderes luciféricos, en el cuerpo etérico los poderes ahrimánicos, que se oponen al desarrollo humano. Todo lo que tiene que ver con el cuerpo astral, como la envidia, proviene de las tentaciones de Lucifer. Todo lo que tiene que ver con el cuerpo etérico, como la mentira, son tentaciones de Ahrimán. En un niño envidioso el cuerpo astral es tomado por Lucifer de cierta manera, y es aquí donde las entidades Luciféricas tienen sus puntos de ataque. Algo muy significativo se aplica a la envidia y a la mentira:

Desde los pueblos más primitivos hasta los líderes más desarrollados de la humanidad, la envidia y la mentira se consideran cualidades altamente reprobables. En cuanto una persona se da cuenta de que es envidiosa o mentirosa, surge en su alma el sentimiento de la naturaleza reprobable de estas cualidades. Desea deshacerse de ellas con todas sus fuerzas. La envidia y la mentira, en particular, le parecerán instintivamente censurables. Goethe dice que debe reprocharse muchas faltas, pero que no encuentra envidia en el suelo de su alma. Benvenuto Cellini dice lo mismo de la falsedad. - Si alguien se da cuenta: soy una persona envidiosa, él se esfuerza instintivamente por deshacerse de esta característica. Pero puede estar muy arraigada, tan arraigada que puede esforzarse por romper el hábito de la envidia, pero no es lo bastante fuerte, moralmente no es lo bastante fuerte. Ocurre algo muy peculiar. La envidia es una cualidad luciférica. Cuando una persona se da cuenta de que tiene tendencia a la envidia y se esfuerza por deshacerse de ella, Lucifer se dice a sí mismo: Existe el peligro de que esta persona se me escape. Lucifer y Ahriman son igualmente hostiles al hombre, pero entre ellos son buenos amigos. Entonces Lucifer llama a Ahriman en su ayuda, y éste transforma la envidia en otra cualidad. La envidia sufre una metamorfosis que surge en el alma humana de tal manera que el ser humano, mientras que antes no quería criticar a otra persona, ahora se convierte en un crítico que busca todo lo posible en sus semejantes para poder criticar. Esta adicción a criticar no es otra cosa que la envidia transformada. Si este es el caso, entonces Ahriman te tiene en sus garras. Esta envidia transformada está muy extendida. Si no estuviera presente en forma de crítica y de adicción a decir todo tipo de cosas malas de la gente, muchas charlas matutinas y vespertinas y tertulias de café no tendrían nada de sustancia.

En términos kármicos, el resultado es peculiarmente el mismo si uno permite que la envidia surja originalmente o en una forma transformada como crítica. Si se sigue a una persona que fue envidiosa en su juventud o crítica hasta más tarde en la vida, se verá que las personas que fueron consumidas por la envidia en su juventud tienden a tener inseguridad en la vejez. No ganan terreno firme, no pueden relacionarse con otras personas, no pueden aconsejarse a sí mismos, son felices cuando pueden decir: Esto es lo que tal o cual persona me aconsejó hacer. Esta es una consecuencia kármica de la envidia o de la envidia transformada en la misma vida.

La mentira es una característica del cuerpo etérico y proviene de Ahriman. Si una persona tiene el hábito de mentir a cierta edad, o si miente mucho como resultado de una mala educación, entonces cierta timidez, una incapacidad para abrir los ojos a la gente, siempre se hará evidente más tarde en la vida. Ciertas reglas proverbiales en el campo moral se aplican muy bien aquí. Cuando uno dice: Esta persona no puede mirarme a los ojos: es el efecto de la falsedad. La timidez y la falta de independencia aparecen como características anímicas en la misma vida. Si se quiere observar la vida del mismo modo que un físico observa el curso externo del mundo, se pueden observar estas cosas. Como resultado, la vida se llena de luz.

¿Qué resulta de tal cualidad? Permanece anímicamente en una vida; perdura anímicamente. Supongamos que en la ciencia espiritual seguimos el rastro de una vida a la siguiente. Lo que apareció en el alma como efecto kármico en una vida, adquiere mayor fuerza en la vida siguiente. Así podemos comprobar que la falta de independencia, que aparece primero como efecto anímico de la envidia en una vida, y la timidez como efecto de la falsedad, se convierten en factores organizadores de la construcción del cuerpo en la vida siguiente. Allí llegan hasta lo físico.

Alguien que ha desarrollado una gran envidia en una vida anterior renace como una persona que ya tiene en la organización externa de su cuerpo aquello que le convierte en una persona indefensa. Alguien que ha sido un mentiroso reaparece de tal manera que no tiene una relación adecuada con su entorno. No puede ser amado por las personas que le rodean, se siente repelido por ellas, le resulta difícil encontrar el amor. La ciencia espiritual debe entenderse como la práctica de la vida. Lo que se dice ahora se convierte en práctica inmediata de la vida.

Supongamos que un niño así nace en nuestra proximidad. Si observamos que este niño no puede entrar en relación con nosotros, que se retrae tímidamente, o que es débil, pálido, entonces un teósofo se dirá a sí mismo: La palidez, la predisposición a toda clase de enfermedades deben remontarse a una predisposición envidiosa en la encarnación anterior, la timidez a la mentira. No es casualidad que este niño haya nacido en nuestro círculo, pues una individualidad sólo puede situarse donde le corresponde. No pasará mucho tiempo antes de que la gente comprenda la ley del karma como algo natural. Las personas nacen en las circunstancias a las que les corresponde pertenecer. La debilidad y la impotencia son el resultado de envidias anteriores, y nos unimos a este niño porque nos ha envidiado. Y viene a nosotros con su naturaleza tímida porque es a nosotros a quienes el ser ha mentido tantas veces en una encarnación anterior. ¿Cómo debemos comportarnos en tal caso? No hace falta pensarlo mucho, pero debemos comportarnos de la manera más moral, más ética, incluso en la vida ordinaria.

A una persona que nos envidia o nos critica en todo le tratamos mejor cuando le mostramos buena voluntad y amor. Ese es el mejor comportamiento. Por supuesto, esto no puede hacerse en todas partes en nuestros tiempos antinaturales y materialistas. Pero es el mejor comportamiento hacia un niño que nace a la vida con estas ciertas disposiciones. No nos limitamos a decirnos a nosotros mismos: El niño nos envidió, nos mintió en una encarnación anterior, sino que tomamos la firme decisión de mostrar a este niño una gran cantidad de benevolencia. Rodeémoslo de un sentimiento cálido. Traten de observarlo y verán que las mejillas de un niño así pueden enrojecer, que puede volverse fuerte y vigoroso. Sólo es necesario repetir tal comportamiento una y otra vez. Lo mismo ocurre con la mentira. La mejor manera de convertir a una persona que nos miente a cada momento es hacer todo lo posible por inculcarle el mayor sentido posible de lo que es el amor a la verdad. Si nos comportamos así con un niño tímido, comprobaremos que hacemos todo lo posible para evitar que el conflicto aumente.

Así vemos que podemos servir a la vida en un grado tremendo. Este es un ejemplo de cómo la ciencia espiritual puede convertirse en práctica vital. Nunca debemos olvidar que podemos tener la evidencia del karma en nuestras manos todo el tiempo. Pero tampoco deberíamos olvidar, especialmente cuando tenemos que educar a esas personas, que tenemos en nuestras manos la prueba: La ciencia espiritual se ha convertido en una segunda naturaleza para nosotros.

También podemos considerar otras cualidades a la luz de la ciencia espiritual, por ejemplo la admiración y el asombro. Los antiguos filósofos griegos ya decían, basándose en un bello instinto: La filosofía toma su punto de partida de la admiración, del asombro. ¿Qué es esta admiración, este asombro? Con los fenómenos que se nos presentan existe tal relación, que entramos en la admiración, en el asombro. Luego, a veces, el lugar de la admiración lo ocupa otra cosa, algo en lo que la admiración y el asombro ya no se mezclan. Así ocurre cuando empezamos a comprender los hechos en cuestión. Planteemos ahora la pregunta: ¿Qué es en realidad este asombro, esta admiración?. Nos encontramos ante un fenómeno y nos asombramos ante él. Ésta no puede deberse a que exista una relación con la comprensión, con la inteligencia, porque éstas buscan la comprensión y no viven el asombro. Es una relación mucho más directa. La comprensión debe ocuparse de las partes individuales; el asombro surge directamente, en relación con el todo. Esto se debe a que en la comprensión el yo está en relación con la cosa, mientras que en el asombro es el cuerpo astral el que está en relación con la cosa. No tiene plena conciencia, sino una especie de subconsciencia. Si el cuerpo astral tiene una relación con la cosa y esta relación aún no ha sido elevada al yo, entonces surge el asombro. Dado que una persona puede asombrarse ante algo, es posible entrar en una conexión con el objeto que se encuentra por debajo del umbral de la conciencia. Esta conexión subconsciente es muy importante en muchos casos, al igual que lo es para la filosofía, según los antiguos griegos, que el asombro esté ahí primero.

Es bueno para las personas que antes de aplicar su inteligencia a algo, extiendan primero su cuerpo astral sobre ello. Esto crea una base de sentimiento y emoción, y entonces la comprensión se sumerge en ello. Esto es muy diferente de abordar el asunto abstractamente con el intelecto. El efecto es que trabajamos sobre una base de comprensión mucho más amplia. El resultado es una comprensión más completa. Por eso es tan importante que el educador desarrolle primero un santo asombro hacia el niño, hacia la individualidad única que emerge como de la oscuridad; si mantenemos abierto aquello que no podemos ver en absoluto con nuestra inteligencia, es decir: la infinitud de una individualidad. Nos colocamos artificialmente en un estado de asombro hacia esta individualidad. Ya llegará, porque hay muchas oportunidades para maravillarse y asombrarse ante cada individualidad. Estos sentimientos no son estropeados por nuestro estrecho intelecto; a veces son mucho más ciertos, ricos y correctos que lo que reconoce el estrecho intelecto. Los fundamentos de las percepciones que pueden aplicarse a la vida práctica han de obtenerse a través del asombro, a través de la vida emocional. En ella se basa algo muy importante: la confianza que una persona tiene en los demás. Cuántas veces ocurre en la vida que una persona confía o incluso desconfía de otra, -pues lo negativo es tan válido como lo positivo-, antes de haberla conocido por primera vez en conceptos, en el entendimiento cotidiano. La confianza y la desconfianza son a veces muy inmediatas. Cuántas personas hay que a menudo estallan en una especie de queja: ¡Ojalá me hubiera fiado de mi primera impresión! He estropeado la verdadera impresión que había sospechado previamente. - Tales personas tienen a veces mucha razón. Nuestra relación social, nuestra relación con la vida, debe surgir de nuestra vida emocional. Hay personas que no tienen mucha disposición a sentir esta cualidad indefinida y premonitoria en la gente. Hay personas que pueden contemplar maravilladas el cielo estrellado durante horas sin entender mucho de astronomía, y hay otras que se quedan como un palo ante el cielo estrellado hasta que llegan a sus manos libros a través de los cuales pueden diseccionarlo todo. Estas son las personas que no pueden tener esta base mental. Tales personas también suelen pasar de largo como palos hasta que han tenido tiempo suficiente para analizarlos.

Esto también puede verse en nuestro comportamiento hacia la ciencia espiritual. En realidad, con el intelecto sólo se puede hablar en los primeros años de la juventud. Después es imposible por la razón que da Goethe: Uno no podría convencer a la gente de la falsedad de su afirmación, porque su punto de vista se basa en el hecho de que consideran lo falso como verdadero. - Si alguien siente que hay algo en la ciencia espiritual que satisface todos mis anhelos, siempre encontrará las pruebas lógicas que se pueden encontrar en todas partes. En el fondo, las cosas son extremadamente claras, sólo hay que verlas a la luz de una cosmovisión espiritual.

Supongamos que en su juventud, una persona se enfrenta a una persona mayor con una santa timidez que ni siquiera es capaz de decir por qué surge. Si observamos una disposición tan amplia en una persona, descubriremos que tales personas permanecen jóvenes durante mucho tiempo, que siguen siendo jóvenes del todo, que en ellas late un corazón joven, aunque su cabello haya encanecido hace tiempo. Conservan cierta movilidad en la vida. En particular, conservan durante toda su vida la capacidad de orientarse rápidamente en las situaciones, de ser hábiles en todas las circunstancias. Quien se abre así a la vida en su juventud, la vida se le abre cada vez más en épocas posteriores. Es cada vez más capaz de mirar dentro de las cosas, alcanza más fácilmente la posibilidad de sentir lo espiritual detrás de las cosas; se vuelve cada vez más espiritual. Una persona que ha desarrollado especialmente el lado intelectual en su juventud es diferente. Estas personas son muy propensas a la senilidad prematura. Esto no es culpa del individuo, sino del karma colectivo. Los que son intelectuales se separan cada vez más del mundo, éste les resulta cada vez más incomprensible. Por eso muchos critican todo lo que les rodea. En mi juventud -dicen- todo era bonito, ahora todo está estropeado. - Este malhumor, este no estar satisfecho con nada, este retraerse, vivir sólo en los recuerdos de la infancia, es algo que está relacionado con la intelectualidad anímica de la juventud. Por lo tanto, no podemos hacer lo suficiente para fundamentar la educación en la amplia base de la mente, especialmente en la capacidad imaginativa.

En nuestra época, la humanidad navega generalmente en dirección contraria. Por ejemplo, a los niños no se les miente por decirle que los trajo la cigüeña. Sólo se utiliza una imagen que es más verdadera que lo que hoy se quiere enseñar a los niños, a saber, que el niño sólo viene del padre y de la madre. La imagen de la cigüeña, -o cualquier otra-, indica que hay algo en el niño que desciende de las nubes. El niño mira hacia regiones que están más allá de la trivialidad y construye aquello a partir de lo cual ha de crecer la futura verdad.

Considerar la imagen de la cigüeña como una falsedad no es más que una falta de imaginación, una impotencia para encontrar una imagen adecuada para el proceso que no se puede describir a los niños como reencarnación, para revestir este proceso de una imagen adecuada. Pero, -se objeta-, los niños de hoy no creen en ello. Eso se debe a que las personas que les dicen esto a los niños no creen en ello ellas mismas. En cuanto uno no cree en lo que expresa la imagen, los niños tampoco pueden creer en ella. Pero si es una imagen de lo real y verdadero que hay detrás, si tenemos suficiente imaginación para traducir la verdad en una imagen, los niños también creerán en ella. Y es realmente hermoso decirle al niño que se le da una parte del padre y una parte de la madre, pero un tercio es bajado de las alturas del cielo por otros seres que lo llevan en sus alas, llevándolo al padre y a la madre. - Cuando decimos esto, la imagen es muy precisa y estamos hablando de una verdad. Un niño a quien enseñemos ideas ricas y pictóricas se sentirá estimulado con respecto a las condiciones de la vida astral, y le daremos la bendición de una juventud que llega hasta muy avanzada edad. Este aspecto pictórico de la actividad educativa, que es sobre todo la base del juego, es tan infinitamente importante. También aquí podemos ver en una vida cómo funciona el karma.

Así, la ciencia espiritual, cuando interviene en la cultura, mostrará su verdad en la forma en que la vida brota y florece, mientras que el materialismo muestra su falsedad en el hecho de que la vida se vuelve desolada y prematuramente senil.

Traducido por J.Luelmo ene,2025

GA127 Mannhein, 5 de enero de 1911 - Las Diferentes épocas de la Evolución Humana y su Influencia en los Miembros del Ser Humano

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RUDOLF STEINER


Las Diferentes épocas de la Evolución Humana y su Influencia en los Miembros del Ser Humano

Mannhein, 5 de enero de 1911

Ha pasado algún tiempo desde que pudimos celebrar una reunión de la rama aquí en Mannheim, y hoy estamos de nuevo en condiciones de cumplir tal tarea. Ahora bien, queridos amigos, en los últimos tiempos habéis adquirido con atención y entusiasmo los conocimientos que pueden denominarse las ideas y percepciones más importantes de nuestra cosmovisión científico-espiritual. Por lo tanto, tal vez no sea inapropiado que hablemos hoy de algo que, por un lado, dirige nuestra atención al conjunto de nuestro movimiento científico-espiritual y, por otro, también nos da la oportunidad de utilizar un poco del conocimiento espiritual que hemos adquirido, a saber, sobre el hombre y su desarrollo, para utilizarlo, por así decirlo, en el servicio al que todo ser humano debería dedicarse, y que debería adoptar una forma especial precisamente para los antropósofos a través de sus percepciones, a través de lo que pueden obtener en sensaciones de la cosmovisión científico-espiritual. 

Ustedes saben, mis queridos amigos, que el desarrollo de la humanidad está progresando, que una época sigue a otra, una edad sigue a otra, y cada edad tiene su propia tarea especial. En el desarrollo histórico de la humanidad podemos distinguir entre edades mayores y menores, y en cada edad hay a su vez puntos muy especiales en el tiempo en los que es necesario no descuidar penetrar en la tarea real, en la misión real de esa edad. Podemos notar que en los sucesivos periodos de tiempo a la gente se le dan tareas desde los mundos espirituales, tareas que son muy especiales para esta o aquella era, y para nosotros los humanos es entonces una cuestión de hacer lo correcto para saber algo sobre estas tareas, para absorber un conocimiento de estas tareas en nuestras almas.

Realmente vivimos en una época en la que es urgentemente necesario que una serie de personas adquieran de nuevo conocimientos sobre lo que hay que hacer preferentemente en el campo espiritual hoy o en nuestro presente. Deseo ante todo poner ante vuestra alma sólo dos períodos de tiempo que nos son muy próximos, nos son próximos porque uno pertenece al pasado y mucho de él alcanza todavía a nuestro presente en cuanto a bienes espirituales y productos espirituales; el segundo período, sin embargo, apenas está comenzando. Estamos al comienzo de un nuevo periodo, un ciclo o periodo menor de la humanidad, en el límite, por así decirlo. Por eso es especialmente importante analizar un poco estos dos periodos. Un período abarca aproximadamente la época que comenzó con San Agustín y terminó con la llegada del siglo XVI. En la ciencia oculta se dice que este período abarca desde Agustín hasta Calvino, y luego tenemos otro período que le sigue, que abarca desde Calvino hasta el último tercio del siglo XIX. Y de nuevo nos encontramos en el punto de partida de un periodo con nuevas tareas, cuyo cumplimiento es extremadamente importante para el futuro próximo de la humanidad. Hagámonos una pequeña idea de lo que ocurre en estos puntos de partida de nuevos periodos. Cuando un periodo de tiempo se funde con otro, algo se vuelve viejo y algo es joven. Algo se acerca a su decadencia, y otra cosa vuelve a estar presente de forma germinal, como una raíz, como un nuevo amanecer para un sol que se prepara como el sol de una nueva era. Y la peculiaridad de tal edad de transición, -ya saben, se habla de edades de transición en varios sentidos, pero hoy estamos realmente ante una edad de transición en un sentido muy significativo-, es que deben añadirse nuevas fuerzas a la cultura de la humanidad.

Para describirlo, me gustaría centrarme en una de las principales tareas de la humanidad en su conjunto: la aparición del cristianismo. Si queremos hacernos una idea de cómo surgió el cristianismo, tenemos que decir que, en realidad, fue rechazado por quienes estaban en la vanguardia de la civilización. Pero al mismo tiempo, los que estaban a la vanguardia de la cultura estaban en declive. Intenten hacerse una idea de la cultura romana en decadencia e intenten hacerse una idea de cómo eran las iglesias a las que predicaba Pablo. Eran personas, por así decirlo, ingenuas, pero que se enfrentaban a la cultura con un vigor fresco, con un sentido vivo de lo que estaba por venir, que  ellos realmente no se contaban entre la flor y nata de la cultura de aquella época. Eran las nuevas fuerzas, pero a veces nacían incluso de los estratos más bajos del pueblo. Porque la compleja vida social de los altos círculos dirigentes, una vez que se ha desarrollado durante un tiempo, debe declinar, y la ciencia en particular, con sus conceptos, ideas y demás, llega a un punto en el que no puede desarrollarse más, algo nuevo, algo popular, debe intervenir. Tenemos ante nosotros una gran conmoción. En cierto sentido, hoy nos enfrentamos de nuevo a un viraje. Lo que se ha logrado con gran dedicación como pensamientos e ideas científicas ha llegado en realidad a un punto en el que todo aquel que tenga una visión debe decirse a sí mismo: realmente no puede ir más allá, -los conceptos e ideas científicas que se están impulsando en las corrientes oficiales hoy en día están al borde de la decadencia. Y en general, toda la forma en que se enfoca la vida espiritual, doquiera que fluyan las grandes corrientes de esta vida espiritual, está en plena decadencia. Quisiera describir en pocas y crudas palabras cómo esta decadencia podría realmente ser observada con pasos relativamente rápidos por aquellos que observan tales cosas de verdad.

Si uno participaba en la vida tal como se vivía en la literatura, a través de los libros y similares, en la ciencia, entonces crecía con una seriedad, con una cierta seriedad que ahora se considera anticuada, que ya no se entiende. El tono de las revistas semanales, por ejemplo, era muy diferente en los años setenta, (del siglo XIX). Era, si se nos permite la expresión, mucho, mucho más digno. Por aquel entonces, había puntos de vista muy específicos dentro de este movimiento intelectual sobre cómo relacionarse con el teatro, la poesía, etcétera. Así se pensaba entonces. También había una cierta forma de escribir poesía en aquellos días en la que se cumplían requisitos menos estrictos, por ejemplo escribiendo dramas para pequeñas ocasiones festivas, más para divertirse, para bromear. A veces había bastante talento en ello. En particular, los estudiantes representaban obras de teatro en sus reuniones, en las que había bastante talento. Ahora te ibas haciendo un poco mayor y podías echar un vistazo a las tendencias literarias, y entre ellas encontrabas productos valiosos, pero eran exactamente lo mismo que antes sólo considerabas maduro para el día. Esto se convirtió en literario para el movimiento intelectual. Para no ofender demasiado, no quiero mencionar nombres. Hoy ya hemos llegado a un punto en el que no tenemos más que trivialidades impresas por todas partes en el más amplio vecindario, -librerías enteras están llenas de ellas. Hace treinta o cuarenta años, uno habría lamentado la tinta para escribirlas. Cuando el hombre se encuentra en tal estado de agitación, no juzga las cosas con la suficiente severidad, pero así es como la historia cultural tendrá que caracterizar algún día el final del siglo XIX. En efecto, nos encontramos ante un declive de la vida intelectual tradicional, y esto podría demostrarse fácilmente por el declive de las teorías científicas. Por lo tanto, no debemos sorprendernos si aquello que va a aparecer como un nuevo movimiento espiritual, que va a aportar algo nuevo al desarrollo humano, encuentra poco favor entre lo que hoy se llama vida espiritual oficial; si los miembros de estos círculos dicen: «Existen tales asociaciones de medio tontos que se llaman a sí mismos teósofos, en el fondo son gente bastante inculta en su mayoría, -y cosas así. -Estas son necesidades que existen en toda época de transición. Las fuerzas frescas deben venir de abajo, y lo que brota de esta manera se convertirá en lo que es necesario para la edad posterior con el fin de establecer realmente un movimiento ascendente.

Como ya he dicho: hemos visto pasar dos épocas. La época que va de Agustín a Calvino, por ejemplo, fue una época que buscaba preferentemente interiorizar todas las potencias del alma, todas las potencias del hombre. Durante este tiempo, la interiorización se manifestaba en todos los ámbitos; se perseguía menos la ciencia natural externa, la mirada del hombre se dirigía menos hacia las leyes y fenómenos externos de la naturaleza. En el punto de partida del propio Agustín, en el que vemos en cierto modo prefigurada nuestra organización espiritual-científica del hombre, encontramos la idea de la influencia de poderes suprasensibles que utilizan al hombre como instrumento. En el curso ulterior de esta época, encontramos fenómenos extraños, el misticismo de Meister Eckhart, Suso, Johannes Tauler y muchos otros. Aunque la ciencia externa retrocedió a un segundo plano en esta época, encontramos en ella otra extraña forma de abrazar la naturaleza con una ingeniosa mirada intuitiva. Vemos cómo esto se acentúa en personas como Agrippa von Nettesheim. Fenómenos como Paracelso y Jakob Böhme se nos aparecen como frutos de esta profundización del alma humana en esos siglos. Semejante corriente sólo puede durar cierto tiempo. Tiene una dirección ascendente, una culminación, un clímax y una línea descendente. Por regla general, tal dirección es sustituida por algo que en cierto modo parece una contraimagen.

De hecho, los siglos siguientes son como una contraimagen de esta corriente. La imagen interiorizada del alma humana se olvida poco a poco. Aparecen los tiempos en los que la ciencia natural alcanzó triunfos tan infinitos. Aparecen los grandes fenómenos de Copérnico, Kepler y Galileo, hasta llegar a los del siglo XIX como Julius Robert Mayer, Darwin, etc. Sale a relucir un gran número de hechos externos. Y, sin embargo, las personas del comienzo de la nueva época eran diferentes de las que vinieron después. Un hombre como Kepler, por ejemplo, que tuvo un impacto tan significativo en la ciencia física, era un hombre piadoso, un hombre que se sentía profundamente conectado con el cristianismo. Y Kepler, el descubridor de las tres leyes de Kepler, que en el fondo no son más que las leyes del tiempo y del espacio disfrazadas de fórmulas matemáticas, es decir, algo bastante mecánico, oh, este Kepler, -dedicó mucho más tiempo que a tales descubrimientos a explicar cómo sucedían las cosas en el gran universo durante la época en que tuvo lugar el Misterio de Palestina en la tierra; se dedicó a observar cómo estaban Saturno, Júpiter y Marte en relación unos con otros cuando nació el Cristo Jesús. Esto era lo que el gran Kepler tenía en mente. Fue capaz de dar a la humanidad lo que tenía que decir sobre la ciencia del espacio estelar en términos puramente matemáticos. Lo que llevaba en el corazón, en lo más profundo de su ser, lo siguió manteniendo en privado en una época que sólo servía para la vida exterior.

Por ejemplo, Newton. ¿Dónde no se habla de Newton como el descubridor de las leyes de la gravitación? Pero ¿Dónde se destacaría, -por ejemplo, cuando Haeckel habla del fenómeno de Newton que hizo época-, dónde se destacaría que Newton era tan cristiano que en sus horas más tranquilas y santas escribió un comentario sobre el Apocalipsis a su manera? Pero no pudo ofrecérselo a la humanidad. Él pudo darnos la ley puramente mecánica de la gravedad en la época dedicada a la síntesis externa de los fenómenos naturales. Y esta era expiró en el último tercio del siglo XIX.

Ahora comienza una época que debe representar necesariamente una contraimagen de la anterior. Y la tarea de preparar esta contraimagen, que es seguir trabajando de tal manera que pueda venir todo aquello de lo que hemos hablado a menudo, es la visión espiritual-científica del mundo, que a su vez debe traer una profundización del alma humana. Pero cada época debe trabajar de forma diferente a las anteriores. Sería un error limitarse a estudiar como fue el caso desde Agustín hasta Calvino. Podemos permitir que tales fenómenos tengan un efecto en nosotros, pero debemos saber que hoy, después de tal época de ciencia natural, debemos buscar el mundo espiritual de manera diferente a como lo hicimos entonces.  ¿Hay algo más, aparte de lo que el hombre puede pensar en abstracto, a partir de lo cual uno pueda reconocer que el hombre está realmente obligado y forzado a comprender el mundo de nuevo en cada época?

Si se profundiza en Paracelso hoy en día, por ejemplo, para la investigación externa tan trivial de hoy en día, realmente es un espíritu insondable un espíritu que miró particularmente profundo en los secretos de la curación, de la medicina. Y cualquiera que profundice en lo que tenía que decir sobre la curación de tal o cual forma de enfermedad podrá aprender de Paracelso algo bastante poderoso y grandioso. Supongamos que un médico que estuviera a la altura, a la verdadera altura de la vida espiritual de nuestro tiempo profundizara en sus conocimientos de tal manera que quisiera hacer práctica esta profundización, que quisiera aplicar lo que resultara de las instrucciones de Paracelso, -para ciertas cosas grandiosas seguiría habiendo cosas bastante correctas; pero algunas cosas ya no podrían ser apropiadas por el médico del presente. Porque si utilizara algunos de los medios allí indicados, no serviría de nada, puesto que desde el siglo XVI, la naturaleza humana ha cambiado porque todo en el mundo cambia y todo progresa. Las cosas de fuera no obedecen a nuestro conocimiento arbitrario y paso a paso. Avanzan y nosotros tenemos la tarea de investigar con nuestro conocimiento, nuestra sapiencia. Debemos aprender de nuevo, como aprendió Paracelso. Y si hacemos lo más fielmente posible como él, encontraremos algo completamente diferente para muchas cosas en ciertos aspectos. Así que tenemos tareas espirituales muy especiales en nuestro tiempo.

Ahora quisiera describir a grandes rasgos cómo está escrito en las estrellas que la cultura de la humanidad debe progresar en un futuro próximo. No está sólo en manos del hombre orientar esta civilización. Los antiguos puntos de vista no encajarían con el cambio de las condiciones reales. Las cosas siguen su curso, y la ciencia espiritual tiene la tarea de decirnos qué curso están tomando las cosas; nos da la guía para comprender nuestro tiempo.

Estamos en los albores de una vida humana y una forma de pensar completamente nuevas. Tres cosas son de especial significación e importancia en la vida espiritual humana, y éstas son: en primer lugar la religión, en segundo lugar la ciencia, y en tercer lugar la convivencia de las personas en general, los sentimientos y afectos que las personas desarrollan unas por otras, lo que tiene lugar en las relaciones sociales. Estas tres son las más importantes, por lo que es de particular importancia rastrear en las épocas sucesivas qué formas han de adoptar estas tres, lo que entra en consideración como religión, como ciencia o como vida social. Y hay ciertas exigencias que el hombre simplemente debe comprender, que no están en sus propias manos. 

¿Por qué la religión, la ciencia y la convivencia social tienen que cambiar de una época a otra? Sencillamente porque la naturaleza humana cambia. No en vano aprendemos que la naturaleza humana consta de diferentes partes. No aprendemos que el hombre consta de un cuerpo físico, un cuerpo vital y un cuerpo astral con un alma sensible, un alma racional y un alma consciente por el mero hecho de una enumeración teórica, para que unos pocos tengan algo que hacer y puedan adoptar estas categorizaciones. Aprendemos estas categorizaciones porque tienen un significado profundo para la vida humana. Y se puede percibir este significado omnipresente si se piensa en cómo, por ejemplo, en la cultura egipcio-caldea, lo que importaba principalmente era el alma sensible. Los seres superiores tenían un efecto particular sobre ellos. Y en el período grecolatino, la época en que surgió el cristianismo, todo lo que se abría paso en la humanidad desde las alturas divino-espirituales tenía un efecto sobre el alma racional. Y hoy afecta al alma consciente. No entendemos nada de la relación del hombre con las grandes fuerzas del mundo si no sabemos cómo está organizada esta naturaleza humana. ¿Qué estamos preparando al dedicarnos hoy a la comprensión científico-espiritual? En nuestra época se cultiva sobre todo el alma consciente. Todo pensamiento y conocimiento externo, todo pensamiento útil, este pensamiento según el principio de utilidad, se basa en cierta medida en el desarrollo del alma consciente. Pero ya se está abriendo camino en él algo así como una luz separada del yo espiritual. Lo extraño es que en nuestro tiempo hay dos corrientes que corren una al lado de la otra, una que se precipita hacia la decadencia y otra que se eleva hacia el futuro florecimiento. La que se precipita hacia la decadencia aún no ha llegado a la decadencia. Al mismo tiempo, de ella surgen los grandes descubrimientos, que aún tienen un tremendo futuro. También esto tiene sus efectos beneficiosos. Ciertamente, la humanidad seguirá siendo bendecida durante mucho tiempo por lo que, sin embargo, se acerca a la decadencia. Pero el tipo de pensamiento que inventa globos es el de la decadencia. Y el pensamiento que se ocupa de la organización de la humanidad es el pensamiento del futuro de la humanidad.

Pero estos dos muestran una transición común. Podemos verlo en todos los ámbitos. En primer lugar, me gustaría darles un ejemplo muy práctico: el ámbito de las transacciones monetarias. Esto cambió considerablemente en el siglo XIX. Hubo un cambio tremendo. Si nos fijamos en el periodo inmediatamente anterior al último tercio del siglo XIX, toda la especulación monetaria se basaba en la individualidad, en la personalidad. Fue el genio puramente financiero y especulativo de los Rothschild el que llevó el dinero a todas partes y lo condujo de nuevo hacia y desde los centros monetarios. Y si seguimos la historia de las grandes casas bancarias, encontramos por todas partes en aquella época modelos de cómo las transacciones monetarias procedían enteramente de la naturaleza humana, que se basaba en el alma consciente, en el ser humano individual. Eso ha cambiado. Pero aún no se habla mucho de ello, porque no ha hecho más que empezar. Hoy ya no es exclusivamente el alma consciente la que rige en las transacciones monetarias, hoy prevalece una especie de síntesis: el capital social, la sociedad, la asociación, lo suprapersonal. 

Traten ustedes de seguir lo que hoy apenas empieza a manifestarse y lo que vendrá cada vez más. Hoy es casi irrelevante quién está aquí o allá como personalidad. Lo que la gente ha trabajado en la circulación del dinero ya está funcionando sin personalidad, ya está funcionando por sí mismo. Aquí tienen ustedes, en una corriente descendente, la llegada del alma consciente al yo espiritual.

Lo tenemos aquí en la corriente de la decadencia; y lo tenemos en la corriente de la vida ascendente, donde buscamos aquello que la personalidad capaz individual ha logrado, donde buscamos obtener por medio de la inspiración la ayuda de aquellos poderes que nos volverán a inspirar desde el mundo espiritual. También aquí ascendemos de lo personal a lo suprapersonal. Así pues, hay características comunes a las épocas, tanto en lo que se refiere a las corrientes en decadencia como a las ascendentes. En particular, sin embargo, uno debe tener cuidado de no tener en cuenta en cualquier época lo que está surgiendo actualmente como autoridad en esa época. A menos que uno tenga perspicacia espiritual, puede equivocarse mucho.

Este es particularmente el caso en un área de la cultura humana, en el campo de la medicina materialista, donde vemos cuán decisivo es precisamente lo que la autoridad tiene en sus manos y está reclamando cada vez más, donde esto se dirige hacia algo que es mucho, mucho más terrible, más horrible que nunca cualquier regla de autoridad de la tan acusada Edad Media. Ya estamos en ello hoy, y se hará cada vez más fuerte. Cuando la gente se burla tan terriblemente de los fantasmas de la superstición medieval, uno bien podría decir: sí, ¿ha cambiado algo en particular a este respecto? ¿Ha desaparecido el miedo a los fantasmas? ¿No teme la gente a los fantasmas mucho más hoy que en el pasado? - Lo que ocurre en el alma humana cuando se lo cuentan es mucho más terrible de lo que se piensa: Hay 60000 gérmenes en la palma de tu mano. En América se ha calculado cuántos de esos gérmenes hay en un solo bigote masculino. ¿No deberíamos por tanto decidirnos a decir: estos fantasmas medievales eran al menos fantasmas decentes, pero los fantasmas de los bacilos de hoy son fantasmas demasiado crujientes, demasiado indecentes para justificar el miedo, que no ha hecho más que empezar, y que está haciendo caer a la gente en una terrible creencia en la autoridad, especialmente en el campo de la salud?

Tenemos que decir que vemos el carácter de la época de transición en todas partes. Sólo hay que mirar los fenómenos de la manera correcta, vemos este carácter en todas partes.

Ahora nos preguntamos: ¿Qué nos dicen las estrellas, las enseñanzas y las revelaciones de la Teosofía sobre el desarrollo ulterior en estos tres ámbitos más importantes de la vida? ¿Cómo debe llegar a ser en el futuro y cómo debemos trabajar para que el yo espiritual creador y fecundo en el sentido espiritual pueda ser canalizado en el alma consciente de la manera correcta? Las estrellas proféticas, es decir, las enseñanzas de la ciencia espiritual, nos dicen lo siguiente sobre esta forma futura: La religión, según toda la forma en que se ha intentado en los siglos pasados introducir la religión en las corrientes de la humanidad, es una amalgama de dos cosas, una de las cuales no puede llamarse realmente religión en el sentido estricto de la palabra; la otra es religión.

¿Qué es la religión en realidad? Es algo que debemos caracterizar como un estado de ánimo del alma humana: el estado de ánimo por lo espiritual, por lo infinito. Básicamente, podemos caracterizarla bien si partimos de lo básico de estos estados de ánimo, que luego sólo hay que elevar al nivel más alto. Si caminamos por el prado y tenemos el alma abierta a lo que allí reverdece y florece, sentiremos algo de alegría por los esplendores que se revelan a través de las flores y las hierbas, por lo que se refleja en el paisaje, lo que brilla en el rocío. Si estamos en ese estado de ánimo, si nuestro corazón está abierto, eso aún no es religión. Sólo puede convertirse en religión cuando aumenta este sentimiento por lo infinito, que está detrás de lo finito, por lo espiritual, que está detrás de lo sensorial. Cuando nuestra alma siente de tal manera que percibe la comunión con lo espiritual, entonces este estado de ánimo corresponde al que vive en la religión. Cuanto más podamos aumentar este estado de ánimo por lo eterno en nosotros, más fomentaremos la religión en nosotros mismos o en otras personas.

Ahora, sin embargo, el necesario desarrollo del tiempo lo ha llevado al punto de que lo que básicamente deberían ser impulsos que dirigen la percepción y el sentimiento humanos de lo transitorio a lo imperecedero se ha entrelazado con ciertas ideas y puntos de vista sobre cómo es el reino de lo suprasensible, cómo es allí. De este modo, sin embargo, la religión se ha vinculado en cierto sentido con lo que en realidad es ciencia espiritual, con lo que en realidad debe considerarse ciencia. Y hoy vemos cómo la religión en tal o cual forma sólo puede mantenerse en esta fe eclesiástica si al mismo tiempo se mantienen determinadas doctrinas. Esto, sin embargo, produce lo que puede llamarse una rígida adhesión dogmática a ciertas ideas sobre el mundo espiritual. Tales ideas tendrían naturalmente que progresar, porque el espíritu humano progresa. El verdadero sentimiento religioso debería regocijarse más por tal progreso, porque este progreso muestra las glorias del mundo divino-espiritual tanto más grandes y significativas.

El verdadero sentimiento religioso no habría condenado a Giordano Bruno a la hoguera, sino que habría dicho: Oh, es grande para Dios que envíe a la tierra a hombres de esta clase y revele tales cosas a través de ellos». - Esto habría reconocido necesariamente, junto a lo religioso, el campo de la investigación científica, que se extiende tanto al mundo exterior como al mundo espiritual. Ésta debe progresar, debe adaptarse de época en época al espíritu humano, que progresa. Con respecto a esta investigación científica, se produjo un gran cambio al acercarse el siglo XVI. Antes de la época de Copérnico, Kepler y Galileo, las cosas parecían muy extrañas en las escuelas y universidades. Aristóteles es ciertamente un gran sabio, pero lo que hizo fue lo más grande para su época. Lo que la Edad Media hizo con él fue juzgar muy mal su espíritu, y al final la gente ya no lo entendía en absoluto, ya no tenía ni idea de lo que quería decir. Sin embargo, la gente siempre ha enseñado según él.

Para mostrarles cómo debe cambiar el conocimiento de época en época según el progreso del espíritu humano, para que no surjan malentendidos, me gustaría profundizar en un acontecimiento relacionado con Aristóteles. Aristóteles trabajó en una época en la que la gente aún era consciente de que también había un cuerpo etérico en la naturaleza humana, no sólo sangre, fibras nerviosas y demás. Si se registrara el cuerpo etérico, por ejemplo, se obtendría un dibujo completamente distinto al que los anatomistas actuales encuentran y registran en el ser humano. En la época de la obra de Aristóteles, no se concedía gran importancia a la forma en que se registra hoy, porque el ser humano etérico seguía siendo conocido. Si se quisiera dibujar, habría que ver un centro aquí, donde está el corazón, y dibujar rayos que salen de ahí, rayos importantes, pero que luego van al cerebro y tienen que ver con toda la forma de pensar de una persona. El pensar se regula cuando miramos el cuerpo etérico, desde un punto central que está cerca del corazón físico. Y esto es lo que Aristóteles describió para ilustrar la peculiaridad del pensamiento. Más tarde, la gente ya no entendía lo que quería Aristóteles, y empezaron a confundir la palabra que corresponde a nuestra palabra «nervio» con el nervio material, que es el factor determinante en el organismo para el órgano del pensar. Se creía que Aristóteles se refería a las fibras nerviosas físicas con lo que describía como las corrientes etéricas. Con el paso a la era materialista, Aristóteles dejó de ser comprendido. Así que ustedes pueden ver que ellos aprendieron algo completamente equivocado. Se decía que los nervios principales procedían del corazón. Luego vino la investigación científica materialista, como la inauguraron Copérnico y Galileo, y la gente se dio cuenta de que los nervios procedían del cerebro, es decir, de las fibras físicas. Y entonces empezaron a decir: Aristóteles está equivocado. Los adversarios de Aristóteles fueron Copérnico, Galileo y Giordano Bruno. Los aristotélicos medievales no se atenían a las enseñanzas de Aristóteles, sino a lo que soñaban que Aristóteles les había enseñado. Así, cuando Galileo mostró a un amigo aristotélico que los nervios van al cerebro, éste prefirió confiar en Aristóteles antes que en su propio juicio. Creía en lo que imaginaba que era la enseñanza de Aristóteles. Así vemos cómo en aquella época la corriente de la ciencia espiritual de Aristóteles, la ciencia del cuerpo etérico, se trasladó a la ciencia material, cuyos méritos no deben negarse, que ha trabajado y trabaja para la bendición y la salvación de la humanidad. Ahora, sin embargo, estamos en una época en la que debemos ascender a lo espiritual.

Estamos al borde de una época en la que la ciencia tendrá que aprender de nuevo a comprender lo que es realmente espiritual, en la que la ciencia tendrá que convertirse en lo que en ocultismo se llama pneumatología, es decir, enseñanza espiritual. ¿Qué era la ciencia en el siglo XIX? La enseñanza de ideas abstractas y leyes de la naturaleza, que ya no tenían ninguna relación con la vida espiritual real. La ciencia está en el punto en que debe convertirse en pneumatología, en que debe volver al espíritu. Esto está escrito en las estrellas de la Teosofía. Y puesto que la religión siempre debe traer el estado de ánimo para lo espiritual, la ciencia y la religión en realidad sólo pueden trabajar en armonía en aquellas épocas en las que la ciencia trabaja el espíritu en pneumatología. Allí la ciencia puede ser la correcta explicadora de la vida espiritual y apoyar el estado de ánimo que a su vez debe vivir en la religión.

Así pues, lo que empieza contrasta totalmente con lo que ha terminado. Tomemos, por ejemplo, lo que ha sucedido en las diversas confesiones protestantes: Cómo se han esforzado por no permitir ningún pensamiento científico en el ámbito que se supone dedicado a la fe. Pensemos en Lutero y Kant. Kant dice que debe abolir el conocimiento para tener un camino despejado para la fe en la libertad, la inmortalidad y Dios.

En aquella época, la ciencia se centraba en lo externo, lo sensual, lo físico, y no sabía interpretar lo sobrenatural, lo espiritual. Por tanto, era necesario conservar lo menos adulterados posible los documentos sagrados que se habían transmitido. Esto estaba bien justificado. Ahora nos encontramos ante otra época, en la que la Teosofía nos conduce al mundo espiritual, y ahora veremos cómo se acerca gradualmente el momento en que lo que está surgiendo ha de lograrse apoyando e iluminando a la ciencia precisamente a través de la Teosofía. La religión y la ciencia volverán a trabajar juntas en la próxima era. La ciencia se convertirá en algo que deberá aplicarse gradualmente a todas las personas. Se volverá comprensible para todo ser humano. Por lo tanto, lo que se avecina como un curso paralelo de la religión y la ciencia producirá en el sentido más amplio lo que podríamos llamar individualismo en la religión: cada corazón individual encontrará su camino hacia el mundo espiritual de una manera religiosa individual. Esto está predeterminado para nuestra época, que de la manera más individual, más personal, lo que puede ser ciencia común en lo espiritual servirá como explicador, como guía en el campo religioso.

Una vez más, vemos de forma extraña cómo el momento personal de la decadencia apunta también a algo suprapersonal. Los signos de la decadencia también lo demuestran. ¿Y cómo se manifiesta este apuntar a algo suprapersonal en ciertas relaciones eclesiásticas? ¿En qué consistía básicamente que en una determinada iglesia se apelara a la inspiración a través de quienes son sus guardianes? Ciertamente, las cosas deben verse en relación con su carácter espiritual. Mucho de lo que es evidente hoy, especialmente en la vida religiosa de las diversas confesiones, apunta a este resplandor del yo espiritual en lo que llamamos el alma consciente, tanto en el sentido ascendente como descendente.

Esto es particularmente evidente en la tercera de las tres áreas de la vida espiritual humana. Allí se extenderá una toma de conciencia de la que, en realidad, la práctica de la vida actual no tiene la menor idea. Un principio de esta toma de conciencia será que la felicidad de un individuo nunca puede comprarse a expensas de la menor felicidad de los demás. En el futuro, el momento personal se transformará en suprapersonal, y lo egoísta en supraegoísta, en aquello que une a las personas. Poco a poco, una persona no querrá ser feliz sin saber que los demás lo son en la misma medida. Este estado de ánimo, cuyo contrario es la práctica de la vida actual, se está preparando por sí mismo. Sólo hay una manera de crear este estado de ánimo, y es reconocer el núcleo real de la naturaleza humana y su composición, tal como nos lo da la ciencia espiritual. Hay que conocer al ser humano si se quiere ser humano.

iVemos estas tres cosas en el punto de partida de su desarrollo. ¿Qué debe hacer la ciencia espiritual? Debe enseñarnos a comprender todo lo que debe venir. Ahora quiero decir radicalmente cómo puede la gente relacionarse con ella. Voy a suponer hipotéticamente por un momento que lo que es hoy la Teosofía, que todavía es una corriente muy pequeña, sería considerada por los que entran en contacto con ella como fantasía y sueño, y que sería suprimida. Los que adoptan el punto de vista de la anti-Sofía simplemente harían imposible que la teosofía floreciera, pues la ciencia se dirige hacia la anti-Sofía. Entonces no se podría comprender lo que se les ha descrito como el desarrollo necesario de la ciencia, la religión y la práctica de la vida humana escrita en las estrellas. Entonces la gente se autoexcluiría de la comprensión de estas cosas. ¿En qué situación estarían entonces la gente? La gente estaría entonces en la tierra como una manada de algún tipo de animal, que habría acabado en condiciones climáticas completamente extrañas en las cuales no puede encuadrarse. La consecuencia sería que los animales se marchitarían y perecerían gradualmente. Los humanos serían todos presa de la decadencia, el decaimiento, la desaparición prematura. No por extinción, por ejemplo. Perecerían, lo que sería mucho peor que la extinción, de modo que sólo las bajas pasiones e instintos y deseos seguirían realmente vivos; que la gente sólo desearía comer esto o aquello, y todo su pensamiento se emplearía en poder producir este mismo alimento. Construirían fábricas para producir la mejor harina, el mejor pan, barcos y aeronaves para traer los frutos de los lugares más lejanos y entregar los productos que quisieran disfrutar. Utilizarían un tremendo ingenio para el «auge de la cultura», porque así es como llamarían a la cultura. Para ello utilizarían su infinita inteligencia y fuerza espiritual, pero sólo para poner la mesa al final. Piensa desde este punto de vista lo que significa la expresión «cultura ascendente». ¿No es esa su esencia, utilizando para ello la fuerza espiritual infinita? Si sólo lo usamos para telegrafiar: Necesito tantos y tantos sacos de harina - entonces se utiliza un gran poder espiritual para producir algo que en última instancia sólo sirve a lo que puede llamarse el animal en el hombre. Espiritualidad e inteligencia son dos cosas totalmente distintas. La era materialista conduce a un apogeo de la inteligencia y de la cultura inteligente. Pero eso no tiene nada que ver con la espiritualidad. Supongamos que la gente estuviera tan desconectada. ¿Qué tendrían que hacer los dioses? Se dirían a sí mismos: Ahora hemos tenido una generación que no ha entendido lo que es la misión terrestre. Habremos de enviar otra generación, una generación de almas que lleven a cabo la misión terrestre. 

Sin embargo, reducidos círculos encontrarán ya comprensión para lo que debe ser la vida espiritual del futuro, y por lo tanto la misión terrestre será llevada a su fin por los hombres, y lo que sustituirá a nuestra quinta cultura post-atlante, dedicada al alma consciente, como la sexta, será ya logrado por un pequeño núcleo de hombres que se distribuirán entre todo el resto de la humanidad. Pero esto sólo podrá lograrse si interviene el libre albedrío de las personas. Pues una vez que el yo ha entrado en la naturaleza humana, el ser humano también debe desarrollar el libre albedrío para el despliegue del yo. Así que depende de cada individuo si quiere mostrar comprensión para la espiritualización o si quiere dirigirse hacia el descenso que la humanidad está tomando hoy en día.

La práctica de la vida debe desarrollarse con vistas a alcanzar el principio de que la felicidad del individuo no puede lograrse a expensas de la felicidad de los demás. Si el hombre no quiere comprender esto, fomentará el desarrollo descendente, marchito, de la humanidad. Hoy, en cierto sentido, nosotros, como seres humanos, nos enfrentamos a esta decisión: querer la ciencia espiritual o no quererla, y eso significa querer o el ascenso o el declive de la humanidad. Debemos sentir esto en todo lo que hacemos en detalle, debemos sentir que hemos sido colocados a través de nuestro karma como nuevo material en el desarrollo de la humanidad, como aquellos que deben dar sus poderes como fuerzas elementales que deben abrirse camino hacia arriba.

Cuando nos sentimos así, la Teosofía se convierte ya en un sentimiento práctico, en una sensibilidad práctica en nosotros, y la conciencia de lo que realmente estamos haciendo se instala en nuestros corazones cuando desarrollamos la aparentemente insignificante actividad que desarrollamos en tales ramas antroposóficas. No como un pasatiempo, un capricho de individuos, sino como una comprensión de las necesidades más profundas de una nueva era emergente.

He querido mostrarles cómo se entrelazan las cosas para que podamos comprender realmente el progreso de la humanidad. Piensen por un momento en la proposición de que el hombre es un ser autoconsciente, que por lo tanto debe saber lo que es, y que sólo autoconociéndose en su esencia puede cumplir su destino en el mundo; que por lo tanto todos aquellos que no quieren saber nada sobre la esencia del hombre no tienen la voluntad de situarse en el mundo de la manera correcta. Recuerden cómo hablaba un espíritu que presintió mucho de lo que hoy surge como Teosofía. Johann Gottlieb Fichte hablaba una vez de sus elevadas ideas en las conferencias «Sobre el Destino del Erudito». Cuando quiso escribir un prefacio a estas conferencias, se le ocurrió que ahora saldría a la gente, pero sólo dirían: Sí, ideas muy bonitas, pero poco prácticas. ¿Cómo se puede introducir en la vida lo que allí se dice? - Pero Fichte era muy consciente de que la vida está constantemente guiada por ideas.

Merece la pena mencionar aquí un ejemplo. ¿Quién construyó el túnel de Simplón? Ningún ingeniero puede trabajar hoy sin cálculo diferencial e integral. Leibniz, que inventó el cálculo diferencial e integral, construyó básicamente todos los túneles y puentes de nuestro tiempo. Lo espiritual es el principio rector en todo en la vida, y podemos aprender de lo que escribió Fichte, aprender a fortalecer nuestra conciencia teosófica cuando la gente dice: «Oh, estas son ideas tan raras, nada prácticas. con este propósito, dice Fichte: El hecho de que las ideas no puedan trasladarse tan directamente a la vida es algo que los demás también sabemos, al igual que quienes nos lo echan en cara. Tal vez incluso lo sepamos mejor. Pero el hecho de que los demás no quieran saber nada en absoluto sobre las ideas sólo prueba que el sabio gobierno del mundo, el divino gobierno del mundo, no podrá contar con ellos. Que la naturaleza benévola, en la que ellos creen, les dé lluvia y sol en el momento oportuno, una buena digestión y, si es posible, ¡algunos buenos pensamientos!

En cierto sentido podemos fortalecernos diciéndonos a nosotros mismos: sabemos que como teósofos debemos cultivar la comprensión de lo que debe venir. Que una naturaleza bondadosa dé a los demás lo que dijo Fichte, pero también lo que necesitan en espíritu, lo que creen que no necesitan. Que el espíritu les dé pensamientos cada vez más sabios, para que también ellos no consideren la ciencia espiritual como un ensueño, sino que la reconozcan como un impulso importante para la humanidad.

Traducido por J.Luelmo ene,2025