CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

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GA125 Munich, 11 de diciembre de 1910 - Efectos kármicos, la envidia y la mentira en una parte de la vida, devienen en crítica-censura y en debilidad-timidez en otra parte de esa misma vida

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RUDOLF STEINER

Efectos kármicos, la envidia y la mentira en una parte de la vida, devienen en crítica-censura y en debilidad-timidez en otra parte de esa misma vida


Munich, 11 de diciembre de 1910



Hoy quisiera hablar sobre algunas cuestiones antroposóficas de la vida y luego ascender desde estas cuestiones de la vida, desde lo cotidiano hasta lo abarcante, lo fundamental. Esa debería ser la mayor recompensa de nuestros esfuerzos, que aprendamos cada vez más a través de la ciencia espiritual, a juzgar la vida en su verdad, en su realidad, aprender a juzgarla de tal manera, que este juicio en sí mismo pueda conducirnos de la manera más eficiente, más enérgica. Cómo la vida puede colocarnos en el lugar que tenemos que ocupar según nuestro karma, que tenemos que ocupar según cuál sea nuestra mayor o menor misión en el tiempo en que estamos encarnados en el cuerpo terrenal.

Y aquí me gustaría empezar con algunas de las cualidades de la vida que encontramos cada día en nosotros mismos o en nuestro entorno, cualidades de cuyo alcance y significado sólo podemos darnos cuenta cuando podemos verlas a la luz de la ciencia espiritual. Quisiera comenzar con dos vicios de la vida y luego hablar de algunas virtudes, las virtudes de la benevolencia y el sentimiento de satisfacción, y los vicios de la falsedad y la envidia. 

Consideremos primero estos dos vicios con los que a menudo nos encontramos en la vida. No se puede negar que en los círculos más amplios, tanto entre las personas más sencillas como entre las que ya pertenecen, por así decirlo, a los líderes de la vida, existe una profunda, una profunda aversión y antipatía hacia lo que podemos llamar envidia y falsedad. Para nombrar a esas personas que han figurado entre los líderes de la vida, me remito al escultor Benvenuto Cellini y a esos pasajes de su autobiografía en los que dice que debe acusarse a sí mismo de muchos vicios en una buena autoobservación, pero puede decir, sin embargo, que nunca se ha caracterizado por una falsedad que pueda llamarse realmente grave. Este artista encuentra así una cierta satisfacción en el hecho de poder excluir la falsedad de sus rasgos de carácter en su auto-observación. Y a su vez Goethe dice, como resultado de su autoobservación, que debe acusarse a sí mismo de muchas cosas, pero que la envidia, ese feo vicio, en realidad no le había carcomido el corazón. Así vemos, por así decirlo, en las cumbres de la vida, que tanto la mentira como la envidia se perciben antipáticamente, como se dice uno a sí mismo en todas partes donde se está acostumbrado a mirar la vida algo más profundamente, incluso por así decirlo, donde grandes facultades de la vida son peculiares del alma: Debes cuidarte de estos mismos vicios. ¿Y quién negaría que esta profunda antipatía por la falsedad y la envidia atraviesa todos, todos los estratos de nuestra humanidad? Basta con que recuerden lo mucho que les corroería el corazón si tuvieran que decirse a sí mismos en un momento dado con una introspección realmente honesta y correcta: Soy una persona envidiosa. Si tuvieran que admitir esto resueltamente ante ustedes mismos, sentirían sin duda, incluso en esta admisión, que tendrían que emprender algo dentro de ustedes como una lucha contra esta envidia, una batalla contra la envidia. Es un sentimiento profundamente arraigado que la falsedad y la envidia son feas cualidades humanas. 

¿Por qué nos sentimos así? En efecto, la gente no siempre se da cuenta plenamente de por qué siente una antipatía tan profunda hacia esto o aquello. A menudo no se dan cuenta plenamente de lo que yace latente en la parte más o menos subconsciente de su vida anímica y que sin duda está ahí. Ante la envidia y la falsedad, el hombre siente que está ofendiendo algo que está relacionado con el valor más y más humano. Basta pronunciar una palabra y lo sentiremos. La ciencia espiritual debería hacernos comprender poco a poco que, aparte de las personalidades individuales encarnadas en la carne, existe algo así como una humanidad unificada, universal, que mora del mismo modo en todas las almas de la misma manera que lo hace lo divino-humano. Y precisamente es la ciencia espiritual la que nos presenta esto como un gran ideal y nos lleva gradualmente a la comprensión de lo que es universalmente humano. Y en todos los corazones humanos hay algo que, de un modo emocional, siempre se expresa de una determinada manera: Prueben ustedes de buscar un vínculo que mantiene unidas a todas las personas, que siempre serpentea de alma a alma, y lo encontrarán. Y el sentimiento correspondiente se expresa en la palabra «compasión». La compasión es una cualidad humana tan general que tenemos que decir: En esta compasión el lazo que va de un alma a otra se anuncia como oscurecido. Y ahí de nuevo se siente inconscientemente que, precisamente con la falsedad y la envidia se atenta contra la compasión, contra el reconocimiento de lo que es común en todos los seres humanos en el sentido más eminente.

Y cuando envidiamos a alguien, ya sea por sus capacidades o por otras cosas de la vida, entonces pecamos contra la compasión de tal manera que no reconocemos a la persona como lo que realmente debería ser para nosotros, como algo que nos pertenece y de cuyos méritos y dones y buena fortuna deberíamos alegrarnos realmente si nos sintiéramos realmente unidos a ella.

Así que cuando somos envidiosos y mentirosos pecamos contra lo más hermoso de la vida humana, contra la compasión. ¿Y por qué se expresa esto realmente con tanta vehemencia en nuestro desagrado hacia estas dos cualidades? ¿A qué se debe? Pues bien, ambas cualidades o mas bien defectos, pueden mostrarnos realmente cómo se propaga lo que hay en nuestra alma, cómo progresa hacia las envolturas de nuestro ser y qué significado tiene para estas envolturas.

La envidia es algo que, para la observación oculta, -si está presente en un ser humano-, se expresa claramente en una constitución muy específica del cuerpo astral. Y una persona envidiosa, por mucho que sea capaz de ocultar esta envidia al mundo exterior, esa envidia la revela en su cuerpo astral. Nuestro cuerpo astral tiene características básicas muy específicas. Aunque sea diferente en cada persona y muestre las más variadas diferencias en diferentes personas, tiene sin embargo, ciertas características básicas. Y si lo observamos con visión clarividente como un aura, tiene características de color muy específicas. En la persona envidiosa éstas se desvanecen de forma alarmante, se vuelven débiles y apagadas. Y el cuerpo astral de una persona envidiosa se vuelve hasta cierto punto pobre en fuerza, fuerza que debería suministrar a todo el organismo humano.

En el caso de la falsedad, ésta, al igual que todas las mentiras, se expresa en el cuerpo etérico. El cuerpo etérico pierde vitalidad y energía vital cuando una persona es mentirosa. Esto puede observarse incluso externamente. Aunque suene extraño para nuestra época, es cierto que en las personas que mienten mucho, por ejemplo, las heridas son más difíciles de curar que en las personas sinceras, en igualdad de condiciones. Por supuesto, no debemos sacar conclusiones absolutas; también puede haber otras razones. Pero en igualdad de condiciones, las heridas son más difíciles de curar en las personas que mienten que en las que dicen la verdad. Es bueno prestar atención a estas cosas en la vida. Y es fácil de explicar. El cuerpo etérico del hombre es el principio real de la vida, es el que debe contener las fuerzas de la vida. Pero éstas están minadas por la falsedad. De modo que el cuerpo etérico no puede liberar suficiente vitalidad como es necesaria para la curación, debido a la falsedad este cuerpo etérico ha sido privado de su vitalidad, si no tiene eso, que siempre ha estado impregnado por esos movimientos, por esos hechos, que derivan de la veracidad. Deberíamos prestar atención a esas cosas, pues comprenderemos mejor la vida en muchos aspectos si lo hacemos.

Ahora saben que debemos ver lo que se acerca al hombre a la luz de dos poderes que ejercen su influencia sobre la vida humana a medida que ésta se desarrolla de encarnación en encarnación. Debemos considerar la vida humana bajo la influencia de los poderes luciféricos y ahrimánicos. Las potencias luciféricas son aquellas que actúan sobre nuestro cuerpo astral, que irradian sus efectos de poder en nuestro cuerpo astral y nos tientan en relación con él. Los poderes ahrimánicos son los que nos tientan en relación con nuestro cuerpo etérico. Es Lucifer quien nos agarra por el cuello, por así decirlo, cuando somos personas envidiosas. La envidia es realmente un defecto luciférico, una cualidad que viene de Lucifer. Mientras que la falsedad es un defecto proveniente de Ahriman. Porque Ahrimán envía las fuerzas y los poderes que irradian en nuestro cuerpo etérico.

Ahora podemos decir: Fue absolutamente necesario que Lucifer y Ahriman fueran designados por las sabias potencias universales para que pudieran trabajar sobre nuestra independencia. Al hacernos abusar de nuestra independencia, son en cierto sentido enemigos del desarrollo superior de la humanidad. Pero aunque sean en cierto modo enemigos del hombre en su desarrollo superior, son muy amistosos y hacen entre ellos compromisos muy extraños. Podemos hablar de estos compromisos cuando consideramos cualidades, (o defectos) tales como la envidia y la falsedad.

¡Envidia! En el momento en que una persona, -salvo que sea un depravado total-, tiene que decirse a sí mismo: Soy de naturaleza envidiosa, hará realmente de todo, no hace falta ser particularmente elevado para hacer de todo para luchar contra esta envidia. Pero las cosas a veces son mucho más profundas de lo que nuestra capacidad de conciencia puede alcanzar. Y el hombre a veces se imagina demasiado fácilmente cómo es luchar contra tales cosas. Entonces sucede que lucha contra tales cosas porque las encuentra feas, solo que no desaparecen, que en realidad solo cambian de forma, que reaparecen en otro ámbito. Entonces aparecen enmascaradas, disfrazadas. Y como uno odia tanto la envidia, la combate, pero si el alma aún no es lo bastante fuerte para combatirla a fondo, desaparece como envidia, pero aparece bajo otra forma.

Todos ustedes conocen esa característica de las personas que es tan común y que se podría llamar: La crítica y la censura, la atención a los defectos de quienes nos rodean. Cuando alguien tiene que decirse a sí mismo: Soy una persona envidiosa, no quiero que mis semejantes tengan ventajas, se siente mal. Siente que tiene que luchar contra ello. Pero si puede decirse a sí mismo: Esta o aquella persona ha hecho tal o cual cosa terrible, entonces siente que el deseo de culpar está justificado en cierto modo, entonces se siente realmente en su elemento. Piensen que si no fuera por eso, cuántas fiestas de café y cervezas sociales tendrían que cancelarse, donde básicamente no se hace nada más que dejar que esta crítica y censura tomen las riendas. Y entonces la gente se justifica a sí misma. Se dice a sí mismo: Sí, ves los errores, tienes que verlos, no puedes cerrar los ojos. Sólo se trata de saber por qué vemos los defectos de nuestros semejantes, si es que los vemos con la intención de mejorar la vida o si seguimos una tendencia de nuestra alma que a menudo no es más que envidia disfrazada. La gente lucha contra la envidia porque la odia, pero no puede desarraigarla porque es demasiado débil. Así que se disfraza de censura y recorre el alma de esta manera. En ese caso no se ha combatido la envidia, sólo se la ha forzado a otra metamorfosis. 

En verdad, lo que ha sucedido es que el hombre ha luchado contra Lucifer porque él es el soberano sobre la envidia, como lo es sobre muchas cosas. Pero Lucifer dice entonces a Ahrimán, si puedo expresarme así: «Mira, querido Ahrimán, el hombre odia mi reino de la envidia, no quiere ser envidioso. ¡Bueno pues tómalo tu en relación con esta cualidad! Entonces Ahriman dice: Sí, entonces se la imprimiré en el cuerpo etérico. Y se imprime allí como censura, como crítica, como juicio equivocado del mundo que nos rodea. Porque el juicio siempre tiene algo que ver con los movimientos y las fuerzas del cuerpo etérico. Entonces la soberanía sobre nuestra alma pasa de Lucifer a Ahriman. Y muchas cualidades o vicios que odiaríamos y a los que combatiríamos si se nos mostraran en su forma original, aparecen enmascarados. A veces aparecen de tal manera que en realidad las encontramos muy justificables e incluso les atribuimos cierto mérito por el hecho de que podemos elevarnos para ver lo que es correcto en la vida. Entonces estamos realmente atrapados en los tentáculos del otro poder, el poder Ahrimánico. No debemos olvidar que una característica es mucho más peligrosa cuando aparece enmascarada que cuando aparece en su forma original. Por lo tanto, siempre es bueno preguntarse cuando vemos esto o aquello en la vida: ¿No será acaso otro vicio transformado? - Es sumamente importante que aprendamos a ver la vida en su verdad. Básicamente, sólo podemos hacerlo si utilizamos las pautas que nos da la sabiduría antroposófica para mirar la vida correctamente.

Ahora debemos decir: Aquello que aparece en la vida como tal o cual vicio, sea en forma verdadera o en una máscara, lo vemos a menudo como kármicamente efectivo en una misma encarnación. No necesitamos esperar la transición de una encarnación a otra. En una encarnación ya podemos ver el efecto kármico de una característica que aparece en una u otra época de la vida. Y quien realmente quiera observar la vida y prestar un poco de atención al hecho de que no se llega a conocer la vida olvidando siempre mañana lo que ocurrió hoy, sino observando períodos de vida más largos de las personas, encontrará que el karma ya tiene efecto en una misma encarnación, en una misma vida. Es realmente necesario prestar mucha, mucha atención a la forma en que los pecados de la vida básicamente se hacen patentes apenas décadas más tarde. Pero los seres humanos son una raza olvidadiza. De todas las razas que comienzan con la raza humana y se extienden hasta todos los mundos superiores, los seres humanos son realmente la raza más olvidadiza. Aunque conozcamos a alguien desde hace décadas, olvidamos lo que salió a la luz hace diez años, nos gusta dejar que se desvanezca de nuestra memoria.

Puede que ya haya mencionado aquí un pequeño ejemplo, pero que a su vez puede mostrarnos cómo tenemos que observar la vida en periodos de tiempo más amplios si queremos reconocerla en su verdadera forma: algo externo que sólo quiero insertar. En esta época tuve la oportunidad de observar a muchos niños en diferentes familias. Cuando se educa a los hijos, no sólo hay que observar a los niños que uno mismo tiene que educar, sino también a los vástagos más o menos pequeños de tíos, tías, sobrinos y demás. Y se pueden tomar apuntes para toda la vida. Bueno, fue hace mucho tiempo, las modas cambian. Por aquel entonces, cuando yo educaba a los niños, estaba de moda que las personas que los tenían a su cargo, dieran a los niños pequeños bastantes dosis de vino tinto a la hora de comer para fortalecerlos. Así era, se pensaba que era algo bueno. Si en aquel entonces se tomaba nota: este y aquel niño recibían vino tinto y el otro no, ahora, cuando se tiene la oportunidad de nuevo, -como yo siempre intento hacer-, de observar qué ha sido de estos niños, se pueden recabar algunas percepciones extrañas. Puedo decir que los niños de dos, tres o cuatro años de entonces, -ahora personas de veintisiete, veintiocho, veintinueve años-, a los que se les dio vino tinto de niños son personas inquietas y nerviosas a las que a veces les resulta extremadamente difícil encontrar su camino en la vida. Por supuesto, no se pueden hacer observaciones en períodos de sólo cinco años. Hoy en día es muy común probar esto o aquello, y si muestra algún éxito en los meses siguientes, se convierte rápidamente en un remedio muy extendido. La gente también es olvidadiza en este ámbito. La gente también ha olvidado cuántos remedios aplicados a la población, al cabo de cinco años ya han pasado de moda. Pero, como ya he dicho, si uno extiende su observación a lo largo de décadas, entonces ya puede sentir cómo funciona la vida. Realmente hay una gran diferencia entre los niños a los que se les dio vino tinto entonces y los que no. Pero harían falta tres décadas de observación para verlo. Y así son las cosas. He querido insertar esto para mostrar que, si se quiere ver el karma en acción, es necesario no ser olvidadizo, sino prolongar las observaciones durante períodos de tiempo más largos. Es lo mismo con lo que sale a la luz de una manera más espiritual.

Si se observa la segunda mitad de la vida de una persona en relación con la primera, se puede ver ciertamente cómo surge el efecto ya kármicamente en la segunda mitad de la vida, si la persona fue mentirosa o envidiosa en una época determinada, o tuvo envidia bajo la máscara de la censura,. Las personas mentirosas siempre muestran un efecto kármico muy específico de la mentira ya en una encarnación: una cierta timidez, una imposibilidad, podríamos decir, de mirar a las personas directamente a los ojos. Esto se materializará sin duda. Intenten observarlo. Se confirmará. Los proverbios populares a veces tienen un núcleo profundo y sabio. No en vano se dice en muchas regiones que hay que tener cuidado con una persona que no puede mirar a otra a los ojos. Porque éste es el efecto kármico de la falsedad.

La envidia, por otra parte, o la envidia disfrazada de censura y crítica, se manifiesta en una época posterior de la vida de la misma encarnación de tal manera que la persona en cuestión tiene la peculiaridad de no poder valerse por sí misma, de modo que anhela apoyarse en los demás, que necesita consejo sobre cada pequeña cosa, preferiría correr siempre hacia otra persona para que le diera consejo. La independencia en la vida se pierde por causa de la envidia, la crítica y la censura. Una persona así se vuelve emocionalmente débil.

Ahora cuando observamos una encarnación, estas cualidades con sus efectos kármicos se nos presentan anímicamente. Más adelante veremos cómo se hacen sentir los efectos kármicos cuando pasamos de una encarnación a otra.

Pero ahora, para que no seamos unilaterales, también queremos considerar las buenas cualidades: Benevolencia y satisfacción. Todo el mundo sabe lo que es una persona benevolente. Una persona benevolente es alguien que se siente satisfecho de cierta manera cuando otra persona tiene éxito, logra esto o aquello, cuando nota buenas cualidades en esta o aquella persona. La benevolencia está presente cuando uno vivencia lo que experimenta la otra persona como si fuera propio. Esta benevolencia, a su vez, tiene un efecto muy específico en nuestro cuerpo astral, que es todo lo contrario del efecto de la envidia. Cuando el ser humano expresa benevolencia, vemos cómo brillan las luces del cuerpo astral. El cuerpo astral se vuelve más brillante y radiante cuando hay impulsos de benevolencia en el alma humana. El aura se vuelve más brillante, más radiante y por lo tanto más rica, se satura más en sí misma, y entonces es capaz de derramar en la persona primero algo así como calidez anímica y luego incluso algo parecido a una sensación de salud.

Y cuando vemos ante nosotros a una persona contenta, una persona que no tiende a estar malhumorada por todo desde el principio, a estar insatisfecha por todo, entonces el cuerpo etérico nos muestra características muy específicas. Es importante que prestemos cierta atención a esto. Porque, en realidad, deberíamos darnos cuenta de hasta qué punto nuestra insatisfacción depende realmente de nosotros mismos. No puede uno hacer lo suficiente para buscar en todas partes lo que pueda producirle insatisfacción. Y sentimos que éstas naturalezas no son sólo más felices, sino también mejores naturalezas, que son capaces de prestar mucha atención al hecho de que, aunque nos enfrentemos constantemente a cosas tan malas, seguimos teniendo motivos para alegrarnos por esto o por aquello. Esas razones existen, y quienes no quieren admitir que tales razones existen, ellos mismos son los culpables. 
El sentimiento de satisfacción, sobre todo cuando es provocado por una mejor calidad de nuestra alma, fortalece el cuerpo etérico en lo que respecta a su fuerza vital. Y también ocurre, -siempre que todas las demás condiciones sean del mismo tipo-, que las heridas u otras cosas se curan más fácilmente en una persona contenta, que tiene ciertos motivos para estar fácilmente satisfecha, para no disgustarse mucho por lo que le ocurre, que en la persona gruñona e insatisfecha, que se disgusta por todo y se va insatisfecha por todo, como he dicho en circunstancias por lo demás iguales.

Ahora de nuevo podemos ver con bastante claridad en una vida, -y esto es importante que prestemos mucha atención a tales cosas cuando tenemos que educar-, que en alguien que está tan imbuido de satisfacción en una determinada época de la vida y se esfuerza por buscar las cosas que pueden satisfacerle, quizá a pesar del dolor y el sufrimiento, que se produce en él un efecto kármico en la misma vida, aunque sólo sea al cabo de decenios, que se expresa en particular por el hecho de que tal persona que se ha esforzado así por adquirir la satisfacción, en una determinada época de su vida, irradia un cierto equilibrio agradable de vida a su entorno. Ustedes saben que esto existe. Hay quienes, cuando están cerca de otros, se ponen nerviosos con mucha facilidad, y quienes, simplemente por estar allí, calman a los demás. Las personas que se han esforzado por estar contentas en una época de su vida adquieren esta posibilidad de tener un efecto armonizador en su entorno como efecto kármico para la siguiente época de la misma vida, de ser benefactores para su entorno por el mero hecho de existir, por así decirlo.

Las personas benévolas, -siempre podemos observarlo-, que se han esforzado por ser benévolas, consiguen el efecto kármico de que en una época posterior de la vida extrañamente tienen éxito en todas las cosas que dependen de ellas, que se han propuesto. A veces nos parece inexplicable que algunas personas tengan éxito en todo, que se sientan a la altura de todo lo que emprenden, y que otras no tengan éxito, que fracasen en todo lo que intentan. Esto nos lleva de nuevo a la causa kármica de la benevolencia o la desaprobación. Pueden ustedes observar estas cosas, que les estoy dando como pautas, en su vida. Si excluyen las fuentes de error que existen, verán que la vida confirma lo que he dicho.

Si ahora pasamos de una encarnación a otra, debemos decir: En una encarnación los efectos kármicos realmente sólo pueden mostrarse en el alma, sólo pueden mostrarse anímicamente. Los efectos de la envidia se manifiestan en ciertas debilidades y en la falta de independencia, los efectos de la falsedad en la timidez, los efectos de la benevolencia y de la satisfacción, como ya les he descrito. En una sola encarnación no tenemos esas influencias minuciosas y profundas en nuestro organismo corporal que nos permitan ir, -con los efectos kármicos-, más allá de una base anímica. Es en la siguiente encarnación cuando estas cosas actúan en el cuerpo, en su estructura y organización. Y mientras en una encarnación, por causa de la envidia y la censura, nos convertimos anímicamente en personas dependientes, éstas cualidades o defectos tienen un débil efecto constitutivo en el cuerpo de la encarnación actual, dejando para la siguiente encarnación sus efectos kármicos. La debilidad de un cuerpo es consecuencia de que esa persona, en una encarnación anterior vivió plagado de envidia o de envidia enmascarada, de censura y de crítica.

Pero ahora debemos decir también, si hemos estudiado un poco de lo que por otra parte nos muestra la ciencia espiritual, en lo referente a que cuando nos juntamos con tal o cual persona en una nueva encarnación, realmente no es por casualidad. Somos guiados hacia aquella familia, hacia aquel entorno con el que tenemos algo que ver. Y por eso no les parecerá muy extraño si digo: Si alguien fue una persona envidiosa en una encarnación, renacerá junto a las personas, -ya sean sus padres u otras-, a las que envidió, de las que juzgó o chismorreó, a las que criticó. Se reencontrará con ellos. Y puede que al ser traídos a este entorno entremos en el con un organismo débil. Aquí es donde las cosas se vuelven muy prácticas, donde la doctrina del karma se acerca a la práctica de la vida. Podemos decir que cuando un niño humano nace con un organismo débil: Este es el resultado de la disposición envidiosa de la encarnación anterior, y nosotros, nosotros somos aquellos que fueron envidiados, y este niño humano se ha juntado con nosotros kármicamente porque nosotros somos aquellos detrás de los cuales estaba por lo tanto con su envidia y su adicción al chisme. Esto es provechoso si nos decimos: Si el karma tiene algún significado, entonces está justificado que lo veamos así. Así que mirémoslo de esta manera.

Por supuesto, el asunto sólo se vuelve provechoso cuando nos preguntamos: ¿Qué debemos hacer con un niño humano así de débil? Sólo tenemos que preguntarnos: En la vida ordinaria cuando alguien nos persigue con su envidia y su censura ¿Qué nos parece moralmente mejor? Tal vez en la vida cotidiana ordinaria no siempre sea posible hacer lo mejor. Pero, ¿Qué nos parece lo mejor? Pues bien, el perdón nos parece ciertamente lo mejor. Se puede decir:
Puede que nuestra vida no nos permita perdonar siempre, pero lo mejor es sin duda el perdón, y lo más eficaz y también lo más fecundo en la vida es el perdón. Si de la vida ordinaria podemos decir que perdonar es lo mejor, aunque no podamos hacerlo siempre, entonces está claro que en cualquier circunstancia la verdadera aplicación del principio del perdón está en el lugar adecuado cuando tenemos que reconocer como un efecto kármico de encarnaciones anteriores, lo que les he explicado. Si en nuestro entorno ha nacido, o se ha juntado con nosotros, un niño humano débil, entonces debemos decirnos: Puesto que el karma no debe quedarse en una mera idea teórica, debemos pensar que fuimos nosotros quienes fuimos envidiados, quienes fuimos criticados. 

Bueno, podemos practicar el sentimiento del perdón en lo más profundo de nuestro corazón en cualquier circunstancia. Podemos, por así decirlo, envolver a ese niño humano en una atmósfera de sentimientos de perdón que se revitalizan constantemente. Si hiciéramos esto en la vida, si nos sintiéramos reunidos con personas débiles, y si no nos limitáramos a captar la idea del perdón en teoría, sino que despertáramos constantemente en nuestra alma el sentimiento de tengo algo que perdonarte, quiero perdonarte, y renováramos constantemente este sentimiento, entonces esto sería una introducción práctica de la actitud antroposófica en la vida. Ya se vería el efecto. Intenten ponerlo en práctica y verán que las personas que son perdonadas de esta manera y a las que siempre se les renueva el sentimiento de perdón, cuando nacen débiles en nuestro entorno, entonces florecen, que nuestro sentimiento tiene un efecto saludable y floreciente en ellas. Y podemos convertirnos en sanadores, sanadores de las personas con las que el karma nos ha reunido. Así la antroposofía, si no la consideramos sólo como una suma de ideas que nos interesan, se vuelve fecunda. En el fondo es bastante egoísta si empezamos a entusiasmarnos por la antroposofía porque las ideas de la antroposofía nos inspiran, porque nos parecen verdaderas. Porque entonces, ¿Qué estamos satisfaciendo? Satisfacemos nuestro anhelo de una visión armoniosa del mundo. Eso está muy bien. Pero lo más importante es cuando toda nuestra vida está impregnada de lo que surge de estas ideas; cuando las ideas entran en nuestras manos, en cada uno de nuestros pasos y en todo lo que experimentamos y hacemos. Sólo entonces la antroposofía se convertirá en un principio vital, y hasta que no lo haga, no tendrá ningún valor.

También podemos hablar de forma similar en relación con las otras cualidades. Por ejemplo, si hemos sido personas mentirosas en una encarnación y volvemos a nacer, entonces nos juntamos con aquellos a quienes podemos haber mentido. Muy a menudo, si se es un verdadero investigador ocultista, se puede constatar que un niño humano nace en un entorno con el que no puede establecer una relación adecuada, que no lo comprende y que no lo entiende. A veces ocurre que tenemos un efecto peculiar sobre nuestro entorno. No sé si ya habrán observado que esto, básicamente, tiene un impacto mucho más amplio que sólo en las personas. Existen ciertas personas que cuando quieren cultivar flores, éstas florecen, tienen buena mano para ello. Porque son ellos los que las cultivan, estas prosperan. Otras personas pueden hacer todo lo que quieran, que las flores mueren. Eso ocurre. Entre las entidades particulares de la existencia hay relaciones mucho más misteriosas de lo que solemos pensar. Estas relaciones misteriosas son, por supuesto, principalmente de persona a persona. Y cuando nos juntamos a través del karma con un niño humano que nos ha mentido en la encarnación anterior, es para que nos resulte difícil relacionarnos con este niño. Debemos tener esto en cuenta. No debemos juzgar esto simplemente según nuestro temperamento, sino kármicamente. Deberíamos decir: Esto viene del hecho de que quizás este niño humano nos ha mentido a menudo. Ahora podemos a su vez ayudar a este niño humano, fortalecerlo y fortificarlo.

¿Cuál es la mejor manera de perdonar algo que puede exteriorizarse en la que otra persona te diga una mentira? La mejor manera de perdonar es enseñarle la verdad. La otra manera, rectificando la mentira, con la rectificación ya está haciendo algún bien, pero no ha llevado a la persona más lejos. Se le lleva más lejos si se intenta enseñarle una verdad útil. Hay que seguir una especie de política en el trato con el hombre; eso llevará al hombre más lejos. Si nos vemos obligados a mirar el asunto kármicamente, es especialmente ventajoso que nos esforcemos por ser bastante sinceros con las personas con las que estamos kármicamente unidos y que sabemos que porque son tímidas con nosotros, no tienen ninguna relación con nosotros. Entonces veremos cómo estas personas, a su vez, florecen bajo nuestra franqueza y cómo esta franqueza es de gran beneficio para ellas. Así vemos cómo podemos adquirir principios de vida observando prácticamente la acción del Karna.

Lo que antes hemos descrito como el efecto que tiene ya en una sola vida, la benevolencia, podemos verlo de tal manera que realmente produce algo así como una armonización de la vida, pero ante todo anímicamente. Encontramos que las personas en las que esto tiene efecto de una encarnación a otra nacen realmente con un organismo más feliz, que podemos llamar «hábil». La benevolencia y la satisfacción en una encarnación traen consigo en otra encarnación, la flexibilidad y la habilidad. Es cierto que esto es así, pues siempre se puede demostrar en el campo de la investigación ocultista. Y uno puede observarse muy bien a sí mismo y aprender algo de cómo la encarnación anterior afecta a la actual. Podemos estar bastante seguros de que es el caso de las personas cuyos dedos son bastante inadecuados para coser un botón que se rompe, o de las personas que, cuando deben llevar un vaso al armario, lo tiran alegremente al suelo, -ahora estoy exagerando un poco. Pero en pequeños matices hay muchísimas personas que tienen un tipo de organismo que les imposibilita mover los dedos de la manera correcta, que siempre son torpes. Que uno puede utilizar valientemente su instrumento corporal o que éste le ofrece traicioneros obstáculos a cada momento, por así decirlo, esto tiene un profundo significado para la vida,. Esto es sumamente importante. Y cuando vemos crecer a un niño poco hábil, debemos suponer en la mayoría de los casos que le faltó satisfacción y buena voluntad en la encarnación anterior. Si vemos surgir la destreza, de modo que cuando una persona emprenda algo, pueda hacerlo literalmente de antemano, entonces se trata con toda seguridad del efecto kármico de la buena voluntad y la satisfacción.

Si lo miramos de esta manera, podemos decir que realmente podemos trabajar de una manera maravillosa de una encarnación a la siguiente. Tenemos la oportunidad de empezar a trabajar realmente en vista a nuestra próxima encarnación. Y cambiaremos muchas cosas para nuestra próxima encarnación si decidimos seriamente observar si no tenemos un poco de censura y crítica en nosotros. Si intentamos examinarnos a nosotros mismos para ver si tenemos un poco de esto en nosotros, podemos incluso descubrir que lo tenemos en un grado considerable. Es bueno que intentemos comprobar si tenemos un poco de eso en nosotros. Entonces empezamos a trabajar en nosotros mismos. Y podemos salvarnos de nacer débiles y pálidos en la próxima encarnación, salvarnos en esta vida de convertirnos, por así decirlo, en hijos humanos dependientes.

Si tenemos en cuenta estas cosas, nos diremos: Ya no es una fantasía resumir las encarnaciones individuales como eslabones de la cadena humana y considerar realmente la Tierra como una especie de entrenamiento a través del cual aprendemos a utilizar lo que se nos ofrece en las encarnaciones individuales de tal manera que llegamos cada vez más alto, progresamos cada vez más. Pues en esencia, ¿Por qué, estamos encarnados? Podemos hacernos una mejor idea de ello si nos preguntamos por las dos grandes diferencias, las grandes diferencias que existen entre nuestras encarnaciones en los antiguos tiempos precristianos y nuestras encarnaciones actuales, que pasan después de que ha llegado el impulso crístico. Pues hay una diferencia muy, muy considerable.

Esta diferencia entre nuestras encarnaciones en los antiguos tiempos precristianos y nuestras encarnaciones actuales podría describirse mejor diciendo: Si miramos hacia atrás a las encarnaciones de la gente en los tiempos precristianos, hasta cierto punto en aquel entonces las almas en estos tiempos precristianos habían conservado todas algo de lo que todas las almas tenían al comienzo de sus encarnaciones en la tierra. Había una visión curativa natural para todas las almas, una visión del mundo espiritual. Y el progreso de las encarnaciones consiste precisamente en que esta herencia del mundo espiritual, del origen espiritual, se ha ido perdiendo poco a poco, en que los hombres han ido bajando cada vez más al plano físico, en que el mundo espiritual se ha ido alejando cada vez más de ellos. El impulso crístico significa que cuando encontramos la posibilidad de recibir al Cristo en nosotros, de conectarlo con nuestro yo, empezamos de nuevo a ascender más y más a lo que éramos al principio, sólo que más enriquecidos. El hecho de que al final de las encarnaciones volvamos a estar en lo espiritual de la misma manera que estábamos al principio de nuestras encarnaciones se debe a la absorción del poder crístico, si utilizamos nuestras próximas encarnaciones de tal manera que absorbamos cada vez más del Cristo. Estas son las grandes diferencias entre las encarnaciones precristianas y postcristianas. En realidad, todavía estamos en una época de transición. Para todo lo que es conocimiento humano normal en el plano físico, estamos profundamente desplazados a la mera percepción física, y de hecho hoy es un punto álgido en cuanto a la percepción física. 

Porque el impulso crístico está apenas en sus comienzos, y en las encarnaciones subsiguientes las personas realmente absorberán al Cristo, primero llegarán a amar estas encarnaciones, porque les dan la oportunidad de experimentar lo que sólo puede experimentarse a través de la existencia terrenal: la absorción del impulso crístico en el alma. Podemos observar esto incluso en las grandes personalidades, cómo hay una tremenda diferencia, por así decirlo, entre las encarnaciones anteriores al impulso crístico en la Tierra y las posteriores. Quisiera contarles un detalle.

Hace algún tiempo fui incitado a hablar durante algunos días en nuestra rama europea más meridional, -quiero decir, en la medida en que hablamos de Teosofía Rosacruz-, en Palermo. Y cuando llegué a Sicilia en barco desde Nápoles, ya tenía la sensación muy definida de que allí había algo que aprender sobre hechos ocultos que es difícil investigar meramente en el norte. Porque hay una personalidad, una individualidad que ha aparecido, que no puedo nombrar ahora, que desempeñó un cierto papel en el cambio de la Edad Media y la nueva era, que ha hecho mucho ruido en nuestra región y en las vecinas y sobre la que al ocultista le gusta preguntarse: ¿Cuál era la situación con la encarnación anterior de esta personalidad? Esta era una importante cuestión de investigación para mí y, curiosamente, esperaba averiguar algo sobre esta cuestión a través de la investigación ocultista que allí era posible. Y ese fue el caso muy pronto. Por supuesto, es algo íntimo lo que se cuenta, pero dentro de nuestras ramas ya no hay necesidad de contenerse del todo con estas cosas íntimas. Algo se ha vertido en toda la atmósfera espiritual de Sicilia, -no me refiero a la atmósfera externa, sino a la espiritual-, algo muy, muy extraño. Y la búsqueda de esta cosa extraña realmente condujo al final a su origen, a un gran sabio que trabajó en Sicilia, quien, en la historia de la filosofía, también es mencionado apenas con unas pocas palabras, pero que en realidad se conoce muy poco exotéricamente. Se trata de Empédocles.

Si ahora queremos describir a este Empédocles como ocultista, -y se lo describiré dentro de un momento-, entonces debemos decir: en ciertos aspectos, Empédocles estaba muy adelantado a su tiempo, estaba demasiado maduro para su época. En otros aspectos, sin embargo, no podía ir más allá de su tiempo. Había una profunda dicotomía en su alma. Empédocles es realmente una gran personalidad polifacética. Trabajó en Sicilia no sólo como filósofo, no sólo como guía de los misterios, sino también como estadista, como arquitecto, como todo tipo de cosas, -era una especie de planificador, este maravilloso Empédocles. Empédocles vivió en Sicilia unos cuatro o cinco siglos antes del impulso de Cristo, y se adelantó a su tiempo en el sentido de que tenía el impulso de sumergirse en los aspectos materiales del mundo. En el pasado, la gente nunca se había limitado a sumergirse en la materia de forma tan externa como ahora. Cuando hablaban del agua, como lo hacía Tales, se referían a algo espiritual. Empédocles fue quien, en cierto sentido, anticipó un principio materialista al componer toda la existencia a partir de los cuatro elementos, que él consideraba materiales. Y mezclando y desmezclando esta materia, concibió la constitución del mundo. Lo espiritual se perdió para él porque, -precisamente como personalidad oculta, mirando hacia atrás en sus encarnaciones-, debería haber encontrado el impulso crístico; habría sido llamado a ello. Si hoy miramos hacia atrás en la Crónica Akáshica, encontramos el impulso crístico en un lugar muy concreto; pero la persona que vivió antes del impulso crístico no pudo. No podía recibirlo como un impulso terrestre, porque aún no había existido físicamente. A Empédocles le faltaba esto, no pudo verterse en su alma. No poseía el contrapeso contra ese materialismo que ya brotaba en él. Pero como era una personalidad con fuertes impulsos, pero con los impulsos del ocultista, esto le llevó a vivir esta desarmonía. Eso es lo que resultó ser la verdad. Le hizo querer ser uno con lo material de los cuatro elementos, igual que uno suele querer unirse en espíritu con lo espiritual cuando busca la verdad. Y se lanzó al Etna. Realmente se lanzó para ser uno con los elementos. Materialmente, buscaba la identificación con lo divino, que se le aparecía en la imagen material. Y me gustaría decir: Este producto de la combustión de Empédocles en las ardientes erupciones del Etna sigue presente hoy en la atmósfera de Sicilia como un agente fecundador, como el efecto de un sacrificio. Hay algo grande, algo poderoso, pero se basa en este, podríamos decir, falso, displicente, erróneamente fijado en el tiempo, -no se malinterprete el término «erróneo»- materialismo. Empédocles, que, mirando hacia atrás, no pudo encontrar al Cristo, aunque debería haberlo encontrado, tira su vida por la borda. Por eso volvió a la vida de forma tan extraña al comienzo de la nueva era y luego vivió de forma muy diferente. Todavía no es el momento de hablar de la personalidad en la que renació.

Esto proporciona una maravillosa visión de lo que es realmente el impulso crístico en el transcurso de la evolución. Entre la encarnación anterior y la posterior de Empédocles se encuentra el acontecimiento crístico. Y en la individualidad de Empédocles se puede ver, si se comparan las dos encarnaciones, cuál es el efecto, si uno puede mirar hacia atrás como espíritu perteneciente a la contemplación más reciente y encontrar el impulso crístico, o si no lo encuentra. Eso supone una gran diferencia. Así como las almas en la antigüedad tenían que retroceder de encarnación en encarnación para ver cómo se habían aliado con el ser divino-espiritual en encarnaciones anteriores, así también nosotros debemos tener la posibilidad, si retrocedemos desde nuestra propia encarnación y rastreamos el tiempo desde nuestro nacimiento hasta la muerte anterior y de nuevo desde ésta hasta el nacimiento anterior y así sucesivamente, -de encontrar el impulso crístico de esta manera. El investigador espiritual en particular debe encontrarlo. Este impulso crístico enciende una luz para él, mientras que de otro modo estaría sumido en las tinieblas en este momento y todo lo que hubiera allí estaría en la oscuridad. Necesitamos el impulso crístico como una antorcha, especialmente en el campo de la investigación espiritual, de lo contrario habrá oscuridad, de lo contrario no seremos capaces de mirar clarividentemente en las verdaderas razones de la Crónica Akáshica de los tiempos antiguos. Esto se puede observar de manera maravillosa en un ejemplo como el de Empédocles. Entonces se tiene una idea de cómo se suceden estas encarnaciones en nuestra existencia terrena, en cómo se ha movido, por así decirlo, el hombre en dirección descendente hasta el impulso crístico, en cómo se ha alejado cada vez más en el plano físico, y cómo estamos de nuevo en el proceso de ascender gradualmente al reino espiritual. El último gran espíritu de descenso es el gran Buda, el primer gran impulso de ascenso es el de Cristo Jesús, y tal vez ninguna otra cosa pueda hacer sentir tan profundamente en el interior la tremenda diferencia entre el principio búdico y el principio de Cristo Jesús como cuando se considera lo que el gran Buda dijo una vez a sus discípulos más íntimos, refiriéndose a su iluminación, que simbólicamente se llama la iluminación bajo el árbol Bodhi. El Buda dice: «Cuando miro hacia atrás a encarnaciones anteriores, veo cómo partí de la fuente divino-espiritual del mundo, cómo fui de encarnación en encarnación, morando siempre con el núcleo espiritual de mi ser en el templo corporal exterior, descendiendo al mundo físico. Pero ahora, en esta encarnación, he encontrado la posibilidad de no tener que volver más a una encarnación. He ido de templo corporal en templo corporal, en cada encarnación la deidad ha erigido el templo de mi cuerpo para mí. Pero ahora, estando encarnado en él por última vez, siento cómo se agrietan las vigas de este templo corporal, y que ya no necesito volver a tal templo. Pues proclamó que el verdadero empeño debe ser salir de esta actividad terrenal, no tener ya relación con este templo corporal, sino esforzarse por salir de él hasta la última encarnación, para vivir sólo en lo espiritual. Esta fue la última referencia a la descendencia del hombre, al recuerdo que los hombres pueden tener de la sabiduría original, de lo que está en el origen de la raza humana.

Oh, debe embargarnos cuando vemos al Buda de pie, diciendo: «De templo en templo del cuerpo he caminado; ahora siento que es por última vez». Si comparamos esto -y dejamos a un lado todos los trasfondos metafísicos, con una frase íntima que Cristo dijo a sus discípulos íntimos, con la frase: «Derribad este templo, y en tres días volveré a edificarlo», vemos que en el Buda había un gran anhelo de que las vigas del templo del cuerpo se resquebrajaran y que ya no hubiera necesidad de volver a él; pero que en el Cristo estaba la promesa: «Derribadlo, y en tres días volveré a edificarlo.» El amor por el mundo terrenal se expresa en las siguientes encarnaciones de las personas, en las que encuentran la oportunidad de construir su templo corporal una y otra vez, para poder aprender una y otra vez y elevarse más alto; para que luego, cuando la tierra haya alcanzado su meta, la tierra misma se convierta en un cadáver, por así decirlo, desprendiéndose del alma de toda la humanidad, al igual que nuestro cuerpo se desprende del alma cuando atravesamos la puerta de la muerte. Pero entonces la humanidad habrá llegado cada vez más alto. A medida que las personas se hayan eternizado, podrán vivir en nuevos niveles de existencia como humanidad global. La frase de Cristo no significa que él mismo quiera volver al cuerpo físico, sino que volverá al principio de la construcción del cuerpo, que permanecerá con la existencia terrenal hasta el fin de la tierra.

Intenté expresar esto en lo que digo a través de Teodora, la vidente en el drama misterio, donde se puede ver cómo el Cristo se hará cada vez más familiar a la vida humana, aunque no regrese a un cuerpo físico. Sino que será experimentado en los templos corporales físicos de los seres humanos. Y en este dicho suyo: «Derribad este templo y yo lo reconstruiré en tres días», está la promesa: Sí, quiero hacer realidad que puedo entrar en el alma de las personas para que vengan cada vez más personas que puedan decir en el sentido de Pablo: «¡No yo, sino el Cristo en mí!».

Vemos pues, que podemos observar la ciencia espiritual a pequeña escala como un principio de vida al obtener la posibilidad de ver ciertas cualidades de nuestro carácter, de nuestra alma, ya kármicamente efectivas entre el nacimiento y la muerte, y al ver que éstas se traspasan al organismo corporal de la siguiente encarnación.

Y también a gran escala, vemos que la ciencia espiritual nos presenta los ideales más elevados y nos dice lo que será de nosotros, -seres humanos eternizados-, cuando la tierra se convierta en un cadáver y se desprenda del alma del hombre, cuando el hombre sea llamado a progresar hacia otros estados planetarios. La ciencia espiritual puede, por tanto, darnos los más grandes ideales y puede desembocar en las más pequeñas condiciones de vida. De este modo se vuelve práctica en la vida, y esto puede y debe ser cada vez más. Cuando lleguemos a ser antropósofos en el sentido de que todo nuestro comportamiento, -aunque sea en tal o cual lugar de la vida, aparentemente tan alejado de la actividad antroposófica real-, esté impregnado en cada detalle por una actitud antroposófica, por sentidos y pensamientos antroposóficos, sólo entonces habrá llegado lo que puede llamarse la plenitud de nuestro ser con la antroposofía. La Antroposofía no debe ser considerada como una teoría, sino al mismo tiempo como una práctica vital, pero como una práctica vital que hay que aprender. Y básicamente debemos darnos cuenta de que si la Antroposofía ha de ser una práctica vital para nosotros, debemos esforzarnos por evitar decir que gracias al verdadero contenido concreto de la Antroposofía: Entiendo esto de la Antroposofía, y esto es lo correcto, -sino que primero nos familiaricemos profunda, profundamente con lo que la ciencia espiritual tiene que decirnos. Entonces debe convertirse para nosotros en la fuerza de la vida. Y sólo puede hacerlo cuando nosotros penetramos en ella. Pero entonces llega a serlo en lo más pequeño y en lo más grande, entonces se abre ante nosotros la perspectiva para las conexiones del progreso humano y para los hechos más pequeños de la vida cotidiana.
Traducido por J.Luelmo mar,2025

GA125 Bremen, 26 de noviembre de 1910 - Cuestiones vitales a la luz de la reencarnación y el Karma

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RUDOLF STEINER

Cuestiones vitales a la luz de la reencarnación y el Karma


Bremen, 26 de noviembre de 1910



Hoy, en esta reunión de la rama, queremos tomar como punto de partida algunas cuestiones vitales que afectan a la vida humana inmediata. Luego queremos ascender un poco a aspectos espirituales más elevados. Me gustaría partir de dos cualidades humanas, dos defectos o vicios humanos que se perciben como algo poco atractivo, como algo que disminuye el valor de una persona. Queremos hablar de lo que se llama envidia y falsedad.

Si miramos a nuestro alrededor en la vida, encontraremos fácilmente que existe una antipatía bastante natural hacia estas dos cualidades humanas. E incluso si observamos a personas que en la vida son  líderes para los demás, veremos que conceden gran importancia a no tener estos dos defectos . Goethe, por ejemplo, que pasaba mucho tiempo practicando el conocimiento del alma, reflexionando sobre sus defectos, menciona: «Tengo tal o cual defecto, tal o cual mérito, pero lo que me parece más importante es que no puedo contar la envidia real entre mis defectos». -Y el gran Benvenuto Cellini dice que se alegra de no tener que acusarse a sí mismo de mentir.- Así vemos que estas grandes personalidades sentían la importancia de combatir estas dos cualidades o defectos humanos. Y la persona más sencilla e ingenua coincide con los líderes de la humanidad en su juicio o antipatía hacia estos vicios.

Si nos preguntamos por qué se condenan instintivamente estos dos defectos, nos daremos cuenta de que la envidia y la mentira carecen de un mínimo que se corresponda con una de las cualidades terrenales más importantes. No se corresponden en absoluto con lo que llamamos simpatizar con los demás. Porque si envidiamos a alguien, no nos sentimos inclinados a entregarnos a esa virtud que llega a lo más profundo, a lo más íntimo del ser, a la divinidad de la otra persona. Porque la compasión sólo tiene valor cuando no sólo somos compasivos, sino que podemos apreciar el núcleo, la esencia espiritual de la otra persona. El aprecio del ser humano, sin embargo, como base de la compasión, implica que podamos reconocer los méritos de la otra persona y alegrarnos de los éxitos y etapas de desarrollo de otras personas. Y todo esto excluye la envidia. La envidia es una característica estrechamente relacionada con el egoísmo más fuerte del hombre.

Lo mismo puede decirse de la mentira. Si decimos una falsedad, transgredimos la ley de establecer un vínculo que aglutine a todos los hombres con respecto a la verdad. Lo que es verdad es verdad para todos los hombres, y en nada como en la verdad, podemos practicar tanto el desarrollo de una conciencia que abarque a todos los hombres. Si decimos una falsedad, cometemos una ofensa contra el vínculo que debe ir de corazon a corazón humano. Así son las cosas cuando las consideramos como seres humanos. Y si las consideramos espiritualmente, sabemos que nuestras encarnaciones anteriores tienen un efecto en esta vida y que estamos expuestos a muchas influencias. Una y otra vez hay que pasar por dos grandes influencias: las dos influencias que llamamos luciférica y ahrimánica. Hoy no pretendemos hablar cosmológicamente de esto, lo que queremos es quedarnos en la vida humana e imaginar que hemos pasado por muchas encarnaciones, y que al pasar por la primera encarnación, el poder luciférico hizo efecto en nuestro cuerpo astral. Desde entonces, ese poder luciférico ha sido el poder tentador sobre nuestro cuerpo astral. En nuestro cuerpo astral existen fuerzas que son ejercidas por Lucifer. Básicamente el empeño de Lucifer es el de ganar influencia sobre el cuerpo astral humano en nuestra tierra. Tenemos que descubrirlo en todo lo que lo arrastra hacia abajo. Debemos buscarlo en todas las características que viven en el cuerpo astral como pasiones egoístas, deseos, impulsos y anhelos, y así darnos cuenta de que la envidia es una de las peores influencias de Lucifer. Todo lo que puede vivir en nuestra alma y puede ser inscrito bajo la envidia pertenece a su dominio, y cada vez que tenemos un asomo de envidia, Lucifer nos agarra por los instintos en nuestro cuerpo astral.

Ahriman, por su parte, tiene una influencia sobre nuestro cuerpo etérico, y todo lo relacionado con las perturbaciones del buen discernimiento puede atribuirse a él, tanto lo involuntario, cuando hacemos un juicio erróneo, como lo arbitrario, cuando decimos una mentira. Si somos presa de la falsedad, Ahriman actúa en nuestro cuerpo etérico.

Es interesante que los seres humanos sintamos estas influencias tan intensamente, que sintamos una antipatía tan fuerte cuando se producen, y que la gente haga todo lo posible por combatir estas dos características, la mentira y la envidia. No será fácil que haya personas que confiesen conscientemente: Quiero ser envidioso. Es cierto que en la lengua se ha colado un uso lingüístico como el de: no sabes cuanto te envidio. Pero no es una mala intención. La gente no quiere decir envidia de verdad. En cuanto nos damos cuenta de que tenemos envidia, de que estamos mintiendo, hacemos todo lo posible por combatirla. Así que tomamos la lucha contra Lucifer y Ahriman en esta área.

Ahora, sin embargo, a menudo ocurre algo que debemos tener en cuenta cuando nos dedicamos a la ciencia espiritual. Podemos luchar contra los impulsos concretos de la envidia y la mentira, pero si estos defectos se asientan en nuestra alma, si los hemos adquirido en encarnaciones anteriores y ahora luchamos contra ellos, entonces aparecen como otros defectos. Cuando intentamos luchar contra una tendencia a la envidia de encarnaciones anteriores, la envidia adopta una máscara. Lucifer dice: El hombre me combate, se ha dado cuenta de su envidia. Le entrego esta persona a mi hermano Ahriman. Y se produce otro efecto, que es consecuencia de combatir la envidia. Los defectos combatidos aparecen enmascarados. Y la envidia que combatimos entonces aparece a menudo en la vida de tal manera que nos entra el deseo de buscar las faltas de otras personas y reprocharlas ácidamente. En la vida, conocemos a algunas personas que, como si tuvieran un cierto poder clarividente, siempre encuentran los defectos y los lados oscuros de otras personas, y si llegamos al fondo de este fenómeno, éste consiste en que la envidia se ha convertido en un deseo de culpar, y esto para la persona en cuestión parece ser una característica muy correcta. Es bueno, según ellos, llamar la atención sobre la presencia de estas malas cualidades. Pero detrás de esa censura no se esconde otra cosa que una envidia transformada y enmascarada. Y debemos aprender a reconocer cuando esos defectos son originales o cuando se han transformado a partir de otros. Debemos considerar si alguien fue envidioso en su juventud. Tal vez hemos expulsado de él esa envidia y ahora se ha convertido en una persona adicta a culpabilizar.

Las mentiras también cambian muy a menudo en la vida y aparecen con distintos disfraces. La mentira puede hacer que nos avergoncemos de ella. Pero no la erradicamos fácilmente, muy a menudo se convierte en una cierta superficialidad hacia la verdad. Es importante que sepamos algo así, pues así prestaremos atención a lo que encontramos en otra persona en la vida. Tales personas se dan por satisfechas con una respuesta que nosotros nos preguntamos: ¿Cómo puede quedar satisfecho con semejante respuesta? - Ellos fácilmente dicen: ¡Sí, sí, así es, así es! - muy a menudo esto es la transformación resultado de la falsedad real. Debemos examinar la ley del karma en particular en busca de tales defectos. La gente no le presta atención, pues son la raza más olvidadiza en relación con todas las demás que se afirman en los diversos planos. 

Por ejemplo, si conocemos a una persona y permanecemos cercanos a lo largo de los años, podemos observar cómo cambian algunas cosas en esta persona. Si todavía estamos cerca después de treinta años, podríamos encontrar conexiones notables dentro de la vida de esa persona cuando miremos hacia atrás a lo largo de una vida juntos, mientras que la persona en cuestión no sabe nada al respecto y lo ha olvidado todo. Sin embargo, realmente deberíamos observar tales cosas en la vida. Se hacen evidentes conexiones importantes. Por ejemplo, cierta persona siente envidia cuando era niño. Más tarde, la envidia ya no es evidente, pero a una edad más tardía aparece transformada como una falta de independencia en la persona en cuestión, de querer depender de los demás. Aparece en forma de ideas de ser incapaz de valerse por sí mismo, de necesitar siempre a otras personas a su alrededor para aconsejar y ayudar. Una debilidad moral específica aparece como consecuencia de la transformación de la envidia. Cuando alguien tiene esta debilidad moral, siempre encontraremos que esta es la consecuencia kármica de la envidia transformada.

Y en la edad madura, esa falsedad transformada produce un carácter tímido. Aquellos que fueron mentirosos en su juventud no se atreven a mirar a la gente a los ojos en la vejez. En el ambiente rural, la gente tiene un conocimiento instintivo y elemental de esto, que no se reviste en conceptos. Dicen que no hay que fiarse de la gente que no sabe mirarte a los ojos. La timidez, la reticencia, no por modestia, sino por miedo a enfrentarse a otras personas, es la consecuencia kármica de haber mentido ya en una encarnación.

Lo que aparece como debilidad moral en una encarnación tiene un efecto organizador en la encarnación siguiente. La debilidad del alma, que es el resultado de la envidia, no puede destruir particularmente este cuerpo en la encarnación actual, donde el cuerpo ya está construido. Pero cuando pasamos por la muerte y volvemos a una nueva encarnación, estas fuerzas actúan de tal manera que se vuelven orgánicamente constructoras de debilidad, y vemos aquellas personas que en una encarnación anterior han tenido la envidia transformada, ahora tienen que enfrentarse a la debilidad de su cuerpo. Cuando decimos que un hombre es débil, -pero sin prejuicios, pues los hombres deben saber lo que es débil o fuerte-, cuando un hombre es fácilmente susceptible a tal o cual influencia, no tiene poder de resistencia, entonces sabemos que su cuerpo es débil y que tiene este cuerpo débil como resultado de la envidia transformada anterior.

Ahora debemos decirnos a nosotros mismos: Si un niño nace en un determinado entorno como un niño débil, no sólo debemos pensar que este karma interno se ha hecho efectivo, sino también que nos juntamos con las personas de nuestro entorno por razones, no por casualidad. Este aspecto del karma, que estamos adaptados a nuestro entorno, es muy fácil de entender. Un edelweiss, por ejemplo, sólo puede prosperar en el entorno al que está adaptado. También el hombre sólo puede prosperar en un entorno adaptado a él. La lógica más simple tendría que decir esto, porque sólo se puede entender la vida si se tiene esto en cuenta. Todo ser está adaptado a su entorno, nada es accidental.

Por eso nacemos entre aquellas personas a las que hemos envidiado o a las que hemos criticado. Y es por eso por lo que nacemos con un cuerpo débil, conviviendo entre aquellas personas a las que, en la encarnación anterior hemos envidiado por lo que han conseguido, o cosas por el estilo. Es de infinita importancia saber esto, porque sólo considerándolo podemos comprender la vida. Cuando un niño nace en un ambiente con un cuerpo débil, debemos preguntarnos: ¿Cómo debemos comportarnos? - El comportamiento más correcto debe ser el que moralmente es más sensato: perdonar. Esto también conducirá al mejor resultado en este caso, y también es la mejor educación para la persona afectada. Tiene un efecto tremendamente educativo si podemos perdonar amorosamente a un niño débil que nace en nuestro entorno. Cualquiera que haga esto de una manera verdaderamente poderosa verá que el niño se vuelve cada vez más fuerte como resultado. Perdonar con amor debe tener efecto hasta en el pensamiento, porque esto permite al niño reunir fuerzas para cambiar su karma pasado y llevarlo en la dirección correcta. El niño también se fortalecerá físicamente. Un niño así muestra a menudo características desagradables. Si lo amamos, -hasta lo más profundo de nuestro corazón-, esto actuará como el remedio más intensivo, y pronto descubriremos lo efectivo que es este remedio.

Lo mismo ocurre si tomamos la otra característica, la falsedad. En una encarnación, una persona se vuelve tímida en la vejez. Esta es una cualidad del alma. Pero en la siguiente encarnación esta cualidad actúa como arquitecto del cuerpo. Allí el niño no sólo se muestra débil, sino de tal manera que no puede relacionarse adecuadamente con su entorno en absoluto, que es deficiente mental. Debemos pensar que somos las personas a las que esa persona solía mentir, y debemos compensar lo malo que él nos causó con lo mejor que podamos hacer por él. Debemos tratar de enseñar a tal persona gran parte de las verdades de la vida espiritual, y entonces veremos cómo florece. Debemos tener siempre presente este pensamiento: Esa persona nos engañó mucho en encarnaciones anteriores, y debemos hacer todo lo posible para establecer una verdadera relación entre ese niño y su entorno.

Aquí vemos, cuando consideramos estas cosas, que nosotros como seres humanos siempre estamos llamados a ayudar a otras personas a que lleven a cabo su karma de la manera correcta. El que crea que debe dejar a la gente a su karma no ha comprendido nada del karma. Si encontramos a una persona que nos ha mentido y creemos que tiene que llevar a cabo su karma, demostraríamos que no entendemos el karma correctamente. Porque la idea correcta sería prestar ayuda primero si es posible. Si se dice que debemos dejar al hombre a su karma, como mucho se podría decir en el campo esotérico, pero nunca en la vida.

Pensemos que nos esforzamos por ayudar a otras personas según su karma. Tomemos a una persona que tiene una naturaleza tímida. Nos esforzamos amorosamente en ayudarle. Entonces establecemos una conexión entre esta persona y nosotros. Entonces veremos que a nosotros volverá algo cuando esta persona sea vieja. Pero debemos dejar eso al karma, no debemos especular sobre ello. Ayudar a otra persona, es algo que debemos ver como nuestro deber. Y aquí llego a una ley sutil. Cualquier cosa que hagamos por la otra persona para soportar y superar su karma siempre dará como resultado no sólo ayudar a la otra persona, sino también hacer algo por nosotros mismos. Pero si lo que hacemos lo hacemos por nosotros mismos, por ejemplo para salir adelante bastante rápido, por lo general no nos ayudará mucho. Sólo lo que una persona hace por los demás puede ser de provecho para ella. No podemos hacer nada bueno por nosotros mismos. Si ayudamos a una persona a superar su karma, se producen los mejores efectos, porque lo que hacemos por los demás es una ganancia para la humanidad. No podemos hacer nada por nosotros mismos, otros tienen que hacerlo por nosotros. Por eso tenemos que pensar en el sentido más elevado: Compasión por los demás. Si desarrollamos esta compasión en el sentido más elevado, entonces también sentimos este deber de compasión hacia otras personas en relación con la envidia y la mentira. De este modo desarrollamos un sentido de solidaridad que se extiende a todas las almas humanas.

La humanidad es generalmente propensa para que cada ser humano individual siempre sienta su conexión con la humanidad entera. Y este sentimiento en sus diversas expresiones de vida debe vivir también en sus batallas contra Lucifer y Ahriman. Al tratar de ayudar a las personas débiles que tienen un cuerpo físico que se ha debilitado bajo la influencia de la envidia superada, al darnos cuenta de cómo debemos comportarnos con estas personas, puede quedarnos claro que el mundo está lleno de estos impulsos de Lucifer y Ahriman, y cómo pueden ser superados en el curso de la evolución terrenal. Cuando cada ser humano persigue tales conexiones en sus sentimientos, necesariamente llega a tener un sentimiento cada vez más profundo de la humanidad en general. Hasta cierto punto, existe la posibilidad de que cada ser humano sienta algo que pueda conectarle con todas las personas. Este sentimiento ha cambiado mucho a lo largo de la evolución humana.

Si nos remontamos tres o cuatro milenios atrás, el sentimiento de lo que la gente tenía como humanidad general era claramente pronunciado en todas las personas. Si retrocedemos más y más, a lo largo de las culturas postatlantes, hasta la antigua Atlántida, -donde también estuvimos encarnados-, y si retrocedemos aún más, llegamos a una encarnación en la que por primera vez descendimos a un cuerpo físico. Hace tres o cuatro milenios, la gente se decía a sí misma que antes de eso estábamos en un cuerpo espiritual. En todas las personas de esta época, encontramos sentimientos así de sabios. Y el alma se preguntaba: ¿Qué eres porque eres un ser humano? Y se respondía a sí misma: Antes de descender a mi cuerpo por primera vez, antes estaba en un mar de vida y tejido divino-espiritual.  Yo estaba en ella, y también todas las demás almas humanas. Ese era nuestro punto de origen común. Un sentimiento tan básico en las almas humanas hacía posible sentirse fraternal, universalmente humano, porque se sentía que el origen de todas las almas humanas era común. Y si recordamos cómo en todas las antiguas escuelas de misterios se trabajaba con las personas para hacerlas buenas personas, en todas partes se daba el caso de que para hacer a las personas buenas personas y hacerlas receptivas a los sentimientos más profundos, más íntimos, más conmovedores, se hacía referencia al origen común, al origen común de todos los seres humanos a partir de la fuente divina común. Y era fácil tocar esta fibra sensible del alma. Pero cada vez resultaba más difícil. Por ejemplo, si se hubiera tocado esta fibra sensible con un número tan grande de personas como las que están aquí sentadas, en aquel momento habría causado una impresión abrumadora.

Pero los sentimientos de la humanidad hacia este origen común se fueron enfriando cada vez más. Esto tuvo que suceder porque la humanidad tuvo que pasar por un cierto punto en su desarrollo. Si quisiera describir este punto, tendríamos que mirar al futuro humano, a la meta del desarrollo terrenal.

Al igual que el origen es común y todas las almas humanas han surgido de una fuente común, también todas las almas humanas se unirán en una meta común. ¿Y cómo podemos los humanos encontrar esta meta para poder seguir desarrollándonos cuando la tierra haya alcanzado su meta y se desintegre y hunda como esfera material bajo nosotros, los humanos? ¿Cómo podemos comprender esta meta de tal manera que podamos adentrarnos juntos en un futuro? La conciencia de este carácter común debe llegar hasta las fibras más profundas del alma. Esto sólo será posible cuando los humanos aprendamos a sentir hacia el futuro lo mismo que los antiguos sentían hacia el origen de la humanidad. Este sentimiento se ha ido enfriando cada vez más en la humanidad. Pero debe prenderse cada vez más en las almas la vivencia, el sentimiento, la certeza de que algo puede ser común a todos los seres humanos como meta humana. Independientemente de que tengamos tal o cual grado de desarrollo, independientemente de dónde nos encontremos en la vida, el hecho de que seamos seres humanos debe permitir que algo se produzca en nuestras almas para que podamos decirnos a nosotros mismos: Todos nos esforzamos por alcanzar una meta. Y mirando hacia esa meta, debemos ser capaces de decirnos a nosotros mismos: Esto es algo que puede concernir a todo ser humano. Debemos ser capaces de encontrar algo en nuestro interior más profundo en el que coincidamos todos en un mismo punto.

En el ocultismo esto se da con el nombre de Cristo. Porque así como hace miles de años se podía sentir, presentir y saber que nuestras almas nacen todas del origen y fuente común de Dios, así los hombres aprenderán cada vez más a decirse a sí mismos: Igual que nosotros, cuando pensamos, nos encontramos juntos en un terreno común, igual que podemos estar unidos en un pensamiento común, igual que esto puede vivir en todas las cabezas humanas, así hay algo que puede vivir como un terreno común en todos los corazones. Hay algo que puede confluir como una sangre vital en todos los corazones humanos. Si esto resplandece a través de nosotros cada vez más en las encarnaciones siguientes, entonces éstas procederán de tal manera que cuando la tierra haya alcanzado su meta, para que pase al futuro estado planetario, Júpiter, las almas humanas se unirán en lo común, el Cristo, todas serán una. Por eso, para que esto sucediera, tuvo que producirse el Misterio del Gólgota. Para ello el Cristo se hizo hombre en Jesús, para que esta corriente común de calor pueda fluir de un corazón humano a otro corazón humano. El sentimiento por la meta humana común emana de la cruz del Gólgota. De este modo se unen el pasado y el futuro. Esta es la meta del desarrollo futuro de la humanidad. El hecho de que los hombres conserven este nombre común de Cristo no es la cuestión, sino que todos los hombres aprendan a comprender que el mismo sentimiento que los hombres tenían originalmente sobre su origen común, se transformará en un sentimiento de un futuro común en la tierra.

El desarrollo de la Tierra se divide en estas dos mitades: Una va hasta la cruz en el Gólgota y la otra desde la cruz en el Gólgota hasta el fin de la tierra. Y la humanidad tiene mucho, mucho que hacer para comprender al Cristo y su desarrollo. Y cuando esto se comprenda, entonces la humanidad se encontrará en una meta común para la evolución de Júpiter. Y todas nuestros conocimientos individuales nos llevan a encontrar este principio del Cristianismo.

Si hoy hemos intentado reconocer el modo que tiene el karma para modelar el cuerpo de una encarnación a otra, entonces comprenderemos cómo pueden las personas volverse cada vez más perfectas a medida que pasan por las encarnaciones. Seguimos hablando del Cristo, sin llamarle Cristo. Apartamos la mirada de lo personal. Cuando tenemos delante a un niño que nos miente, nos decimos: Este niño nos ha mentido. ¿Cómo podemos ayudarle a cambiar su karma? No nos planteamos si nos está haciendo daño. Nos fijamos en el núcleo del ser del niño, y con eso sacamos el karma adelante. De este modo, la profunda empatía humana será cada vez más frecuente en el mundo.

Así pues, lo que llamamos ciencia espiritual, si por tal realmente entendemos la comprensión de los procesos de la vida en el sentido de la reencarnación y el karma, es la preparación para una verdadera comprensión del impulso crístico en el mundo. No es cuestión de cómo una persona exprese sus palabras, sino que quien realmente comprende la ley del desarrollo no puede ser otra cosa que un cristiano, sea hindú o mahometano o miembro de otro sistema religioso. Lo que importa es que uno recoja el impulso en el alma, que es el impulso hacia el objetivo común de la humanidad, igual que el impulso que una vez vivió en los antiguos de mirar hacia el origen común de la humanidad.

Por eso la ciencia espiritual siempre conduce al impulso crístico. No puede hacer otra cosa. Así pues, se podría entender sencillamente la ciencia espiritual tal como aparece hoy en día, de tal manera que se podría decir: Aunque la persona que llega a conocerla tal vez no quería saber nada del cristianismo cuando se hace antroposófica, ya está siendo conducida a Cristo en verdad. En realidad ya sería conducido allí, aunque quisiera luchar contra ello con palabras.

Así que hoy hemos acercado a nuestras almas lo que está directamente relacionado con la vida. Hemos visto cómo debemos comportarnos cuando un niño miente o siente envidia. Debemos darnos cuenta de que el hilo kármico recorre todas las encarnaciones del alma humana, que el karma se hila para ella según el destino, y que cuando miramos hacia atrás, hacia el origen en Dios, y luego miramos hacia la meta humana, estamos mirando de nuevo hacia Dios.

Nos remontamos a la cultura de los antiguos rishis. Ellos se referían al origen del hombre. Señalaban el mundo en el que estaba el hombre antes de descender a sus encarnaciones. Esta enseñanza penetró a través de los siglos y milenios. El gran Buda la enseñó diciendo: «Todo esto se ha perdido para el hombre por la tendencia a encarnarse, que creó la conexión con el mundo del origen». Nos exhortó a abandonar el mundo de las encarnaciones para que el alma pueda vivir de nuevo en los mundos espirituales del origen. Y al proclamar al Cristo, los profetas señalaron un futuro en el que las personas volverán a encontrar su destino correcto en la Tierra. Y entonces el Cristo mismo estará allí, entonces cumplirá el Misterio del Gólgota. Y entonces, a través de este Misterio del Gólgota, el hombre podrá ser conducido hacia el futuro divino-espiritual en la tierra. Quizá haya pocas cosas tan chocantes como dos dichos similares a los de Buda y Cristo, que pueden traernos a la mente el contraste entre los viejos y los nuevos tiempos. Buda, de pie entre sus discípulos, les señala el cuerpo y dice: «Miro hacia atrás, de encarnación en encarnación, cómo he entrado una y otra vez en un cuerpo humano como el que ahora llevo. Y este templo corporal siempre ha sido construido de nuevo para mí por los dioses. Y una y otra vez el alma trató de entrar en este templo corporal en nuevas encarnaciones. Pero ahora sé que ya no necesito volver a un templo del cuerpo. Sé que las vigas están rotas, los pilares podridos. A través de mi conocimiento he liberado mi alma de este cuerpo. Muerto es el anhelo y el deseo de volver a tal cuerpo. Ese fue un gran, un tremendo resultado del antiguo tiempo de mirar hacia atrás al origen del hombre. Buda y con él sus discípulos y seguidores se esforzaron por liberarse del cuerpo. Qué tremenda diferencia cuando el Cristo se presenta ante sus discípulos íntimos y habla así, -independientemente de cómo lo entendamos; lo tomamos como las palabras del Cristo tal como son. Cristo dice: «Derribad el templo de mi cuerpo, y yo lo reedificaré en tres días». - Él, el Cristo, no anhela liberarse de este templo del cuerpo. Quiere reconstruirlo.

No como si el propio Cristo volviera a estar allí en encarnaciones posteriores en tal cuerpo físico. Sino que lo que enseña a sus discípulos y a todos los seres humanos es a volver a este templo terrenal de encarnación en encarnación para que el impulso crístico sea cada vez mayor y más intenso en cada una de ellas, para que los seres humanos podamos absorber cada vez más de la existencia terrenal para finalmente estar allí de tal manera que podamos decir: Hemos trabajado en estas encarnaciones para parecernos más al Cristo. Y nos parecemos más a él absorbiendo en este templo corporal lo que el Cristo desde la cruz del Gólgota dejó fluir como su propio ser. Dejamos que fluya de un alma humana a otra, porque sólo así nos entendemos ahora. Esto es lo que tienen en común todas las almas humanas del futuro en la tierra. Y entonces llegará el tiempo en que la Tierra desaparecerá como planeta, en que se hará añicos, se atomizará, y en que la gente pasará a la siguiente encarnación en otro planeta en un estado espiritualizado.

La frase del gran Buda: Siento que los postes del templo de mi cuerpo ya no me sostienen, que las vigas se derrumban, -esto puede presentarse ante nuestra alma como un punto final del origen común del hombre. Y cuando miramos lo que Cristo dice a sus discípulos: «Construiré este templo del cuerpo en tres días», -esto puede ser como el comienzo del tiempo que indica la meta en la tierra. Y podemos ampliar esta frase, pues podemos decir: Que este templo caiga en la muerte, pero sabemos que utilizaremos los mejores poderes que hemos adquirido en esta encarnación para nuestra próxima encarnación. Hemos recibido estos poderes entregando nuestras almas al conocimiento de Cristo. Continuaremos progresando de esta manera de encarnación en encarnación. Cuando las personas construyan este templo corporal por última vez, habrán llegado a comprender el futuro, el objetivo común en la Tierra.

Sólo el Misterio del Gólgota puede ser el impulso común para el desarrollo de la humanidad y de la tierra.
Traducido por J.Luelmo mar,2025

GA127 Wiesbaden, 7 de enero de 1911 Las cualidades morales y su efecto sobre el Karma

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RUDOLF STEINER


Las cualidades morales y su efecto sobre el Karma

Wiesbaden, 7 de enero de 1911

En el curso de las consideraciones científico-espirituales, que a menudo nos conducen a alturas muy especiales de la existencia, quizá sea bueno a veces echar un vistazo a la vida cotidiana, a la vida que nos rodea constantemente, desde nuestro punto de vista científico-espiritual. Porque si uno lleva consigo algo de buena voluntad y el punto de vista correcto, entonces uno puede obtener las percepciones más importantes de la verdad y el valor probatorio de lo que se busca en este campo precisamente aplicando la ciencia espiritual a la vida cotidiana.

Entre las enseñanzas más significativas que nos llegan en el campo de la ciencia espiritual está, sin duda, la de la causalidad de la vida posterior en la tierra a consecuencia de la anterior, eso que llamamos karma. Ahora el teósofo piensa ciertamente en la mayoría de los casos, donde se menciona el karma, en lo correspondiente a una vida, las causas que subyacen en las vidas anteriores. La siguiente objeción puede ser fácilmente planteada por personas que todavía están muy alejadas del quehacer científico espiritual: ¿Cómo se pueden probar tales cosas? - Por supuesto, sabemos cuán imposible, cuán infantil es tal objeción. Porque si una persona se toma la molestia de penetrar más profundamente en lo que da de sí la ciencia espiritual, se da cuenta de lo bien fundado que está todo lo que se puede decir sobre el karma. Pero también es bueno señalar las experiencias y observaciones que ya son accesibles a las personas que aún están lejos de la clarividencia o de otros métodos teosóficos de observación. El karma, si lo entendemos correctamente, no sólo actúa de una vida a otra, sino también en la vida que atravesamos entre el nacimiento y la muerte. Sólo que, por supuesto, lo que la gente suele observar de la vida es en realidad un período tan corto de la vida humana que no puede haber mucha evidencia de que las causas anteriores actúen sobre los efectos posteriores. Si tomamos una visión general de cinco o seis años, no surgirá gran cosa. Pero si nos fijamos en períodos más largos entre el nacimiento y la muerte, en la medida en que esto siempre es posible, ya podemos ver gran parte de la consecución del karma. Esto también puede verse en cosas muy externas.

No deseo presentar esta introducción como algo particularmente teosófico, sino sólo mostrar que incluso las cosas más inusuales requieren un largo período de tiempo para llegar a una conexión entre causa y efecto. Para quienes se interesan por la observación de la vida, quisiera señalar que he tenido muchas oportunidades de observar a los niños. Hace mucho tiempo que no enseño a niños. Pero cuando has enseñado a cuatro niños en una familia durante muchos años, no sólo tienes la oportunidad de observar a estos cuatro niños, sino también a los hijos de conocidos y demás. Siempre tienes muchas oportunidades de registrar lo que hacen estos o aquellos niños o lo que se puede hacer con ellos. Ahora bien, en aquellos tiempos había una práctica médica muy especial que ahora, gracias a Dios, está muy en decadencia: se consideraba necesario dar a los pequeños un vaso de vino tinto para que se fortalecieran, no solo con una comida, sino con varias. Esto era considerado como algo bastante excelente. Pude observar a muchos niños que fueron criados con vino tinto y otros niños cuyos padres se habían negado a seguir su ejemplo. Hoy en día, estos niños, que entonces tenían entre dos y medio y cuatro años, son personas que tienen más de treinta años o se acercan a los cuarenta. Se puede ver que los pequeños que se vieron obligados a beber vino tinto para mantenerse activos en ese entonces se convirtieron en personas muy inquietas y nerviosas. Difieren muy claramente de aquellos que no bebían vino tinto cuando eran niños, si uno está dispuesto a observar. Se puede considerar casi un cuarto de siglo para poder observarlo.

Por lo tanto, es particularmente importante considerar períodos de tiempo más largos en lo que respecta a las cualidades morales y éticas de los seres humanos en relación con los efectos kármicos. Hoy me gustaría señalar varias cualidades que pueden seguirse, cómo afectan al alma, a la mente, y que los efectos del karma ya son bastante activos en una vida. Me gustaría enumerar algunas cualidades buenas y otras malas: Envidia, celos, inclinación a la mentira, luego benevolencia y lo que tan a menudo encontramos en la gente joven, asombro, admiración y cosas similares. Tomemos primero las malas cualidades, la envidia y la inclinación a mentir.

Supongamos que podemos observar la envidia y los celos en la infancia. Sabemos por observaciones científico-espirituales que en los miembros del ser del hombre, de los que él no suele ser consciente, en el cuerpo astral y en el cuerpo etérico, actúan poderes especiales, en el cuerpo astral los poderes luciféricos, en el cuerpo etérico los poderes ahrimánicos, que se oponen al desarrollo humano. Todo lo que tiene que ver con el cuerpo astral, como la envidia, proviene de las tentaciones de Lucifer. Todo lo que tiene que ver con el cuerpo etérico, como la mentira, son tentaciones de Ahrimán. En un niño envidioso el cuerpo astral es tomado por Lucifer de cierta manera, y es aquí donde las entidades Luciféricas tienen sus puntos de ataque. Algo muy significativo se aplica a la envidia y a la mentira:

Desde los pueblos más primitivos hasta los líderes más desarrollados de la humanidad, la envidia y la mentira se consideran cualidades altamente reprobables. En cuanto una persona se da cuenta de que es envidiosa o mentirosa, surge en su alma el sentimiento de la naturaleza reprobable de estas cualidades. Desea deshacerse de ellas con todas sus fuerzas. La envidia y la mentira, en particular, le parecerán instintivamente censurables. Goethe dice que debe reprocharse muchas faltas, pero que no encuentra envidia en el suelo de su alma. Benvenuto Cellini dice lo mismo de la falsedad. - Si alguien se da cuenta: soy una persona envidiosa, él se esfuerza instintivamente por deshacerse de esta característica. Pero puede estar muy arraigada, tan arraigada que puede esforzarse por romper el hábito de la envidia, pero no es lo bastante fuerte, moralmente no es lo bastante fuerte. Ocurre algo muy peculiar. La envidia es una cualidad luciférica. Cuando una persona se da cuenta de que tiene tendencia a la envidia y se esfuerza por deshacerse de ella, Lucifer se dice a sí mismo: Existe el peligro de que esta persona se me escape. Lucifer y Ahriman son igualmente hostiles al hombre, pero entre ellos son buenos amigos. Entonces Lucifer llama a Ahriman en su ayuda, y éste transforma la envidia en otra cualidad. La envidia sufre una metamorfosis que surge en el alma humana de tal manera que el ser humano, mientras que antes no quería criticar a otra persona, ahora se convierte en un crítico que busca todo lo posible en sus semejantes para poder criticar. Esta adicción a criticar no es otra cosa que la envidia transformada. Si este es el caso, entonces Ahriman te tiene en sus garras. Esta envidia transformada está muy extendida. Si no estuviera presente en forma de crítica y de adicción a decir todo tipo de cosas malas de la gente, muchas charlas matutinas y vespertinas y tertulias de café no tendrían nada de sustancia.

En términos kármicos, el resultado es peculiarmente el mismo si uno permite que la envidia surja originalmente o en una forma transformada como crítica. Si se sigue a una persona que fue envidiosa en su juventud o crítica hasta más tarde en la vida, se verá que las personas que fueron consumidas por la envidia en su juventud tienden a tener inseguridad en la vejez. No ganan terreno firme, no pueden relacionarse con otras personas, no pueden aconsejarse a sí mismos, son felices cuando pueden decir: Esto es lo que tal o cual persona me aconsejó hacer. Esta es una consecuencia kármica de la envidia o de la envidia transformada en la misma vida.

La mentira es una característica del cuerpo etérico y proviene de Ahriman. Si una persona tiene el hábito de mentir a cierta edad, o si miente mucho como resultado de una mala educación, entonces cierta timidez, una incapacidad para abrir los ojos a la gente, siempre se hará evidente más tarde en la vida. Ciertas reglas proverbiales en el campo moral se aplican muy bien aquí. Cuando uno dice: Esta persona no puede mirarme a los ojos: es el efecto de la falsedad. La timidez y la falta de independencia aparecen como características anímicas en la misma vida. Si se quiere observar la vida del mismo modo que un físico observa el curso externo del mundo, se pueden observar estas cosas. Como resultado, la vida se llena de luz.

¿Qué resulta de tal cualidad? Permanece anímicamente en una vida; perdura anímicamente. Supongamos que en la ciencia espiritual seguimos el rastro de una vida a la siguiente. Lo que apareció en el alma como efecto kármico en una vida, adquiere mayor fuerza en la vida siguiente. Así podemos comprobar que la falta de independencia, que aparece primero como efecto anímico de la envidia en una vida, y la timidez como efecto de la falsedad, se convierten en factores organizadores de la construcción del cuerpo en la vida siguiente. Allí llegan hasta lo físico.

Alguien que ha desarrollado una gran envidia en una vida anterior renace como una persona que ya tiene en la organización externa de su cuerpo aquello que le convierte en una persona indefensa. Alguien que ha sido un mentiroso reaparece de tal manera que no tiene una relación adecuada con su entorno. No puede ser amado por las personas que le rodean, se siente repelido por ellas, le resulta difícil encontrar el amor. La ciencia espiritual debe entenderse como la práctica de la vida. Lo que se dice ahora se convierte en práctica inmediata de la vida.

Supongamos que un niño así nace en nuestra proximidad. Si observamos que este niño no puede entrar en relación con nosotros, que se retrae tímidamente, o que es débil, pálido, entonces un teósofo se dirá a sí mismo: La palidez, la predisposición a toda clase de enfermedades deben remontarse a una predisposición envidiosa en la encarnación anterior, la timidez a la mentira. No es casualidad que este niño haya nacido en nuestro círculo, pues una individualidad sólo puede situarse donde le corresponde. No pasará mucho tiempo antes de que la gente comprenda la ley del karma como algo natural. Las personas nacen en las circunstancias a las que les corresponde pertenecer. La debilidad y la impotencia son el resultado de envidias anteriores, y nos unimos a este niño porque nos ha envidiado. Y viene a nosotros con su naturaleza tímida porque es a nosotros a quienes el ser ha mentido tantas veces en una encarnación anterior. ¿Cómo debemos comportarnos en tal caso? No hace falta pensarlo mucho, pero debemos comportarnos de la manera más moral, más ética, incluso en la vida ordinaria.

A una persona que nos envidia o nos critica en todo le tratamos mejor cuando le mostramos buena voluntad y amor. Ese es el mejor comportamiento. Por supuesto, esto no puede hacerse en todas partes en nuestros tiempos antinaturales y materialistas. Pero es el mejor comportamiento hacia un niño que nace a la vida con estas ciertas disposiciones. No nos limitamos a decirnos a nosotros mismos: El niño nos envidió, nos mintió en una encarnación anterior, sino que tomamos la firme decisión de mostrar a este niño una gran cantidad de benevolencia. Rodeémoslo de un sentimiento cálido. Traten de observarlo y verán que las mejillas de un niño así pueden enrojecer, que puede volverse fuerte y vigoroso. Sólo es necesario repetir tal comportamiento una y otra vez. Lo mismo ocurre con la mentira. La mejor manera de convertir a una persona que nos miente a cada momento es hacer todo lo posible por inculcarle el mayor sentido posible de lo que es el amor a la verdad. Si nos comportamos así con un niño tímido, comprobaremos que hacemos todo lo posible para evitar que el conflicto aumente.

Así vemos que podemos servir a la vida en un grado tremendo. Este es un ejemplo de cómo la ciencia espiritual puede convertirse en práctica vital. Nunca debemos olvidar que podemos tener la evidencia del karma en nuestras manos todo el tiempo. Pero tampoco deberíamos olvidar, especialmente cuando tenemos que educar a esas personas, que tenemos en nuestras manos la prueba: La ciencia espiritual se ha convertido en una segunda naturaleza para nosotros.

También podemos considerar otras cualidades a la luz de la ciencia espiritual, por ejemplo la admiración y el asombro. Los antiguos filósofos griegos ya decían, basándose en un bello instinto: La filosofía toma su punto de partida de la admiración, del asombro. ¿Qué es esta admiración, este asombro? Con los fenómenos que se nos presentan existe tal relación, que entramos en la admiración, en el asombro. Luego, a veces, el lugar de la admiración lo ocupa otra cosa, algo en lo que la admiración y el asombro ya no se mezclan. Así ocurre cuando empezamos a comprender los hechos en cuestión. Planteemos ahora la pregunta: ¿Qué es en realidad este asombro, esta admiración?. Nos encontramos ante un fenómeno y nos asombramos ante él. Ésta no puede deberse a que exista una relación con la comprensión, con la inteligencia, porque éstas buscan la comprensión y no viven el asombro. Es una relación mucho más directa. La comprensión debe ocuparse de las partes individuales; el asombro surge directamente, en relación con el todo. Esto se debe a que en la comprensión el yo está en relación con la cosa, mientras que en el asombro es el cuerpo astral el que está en relación con la cosa. No tiene plena conciencia, sino una especie de subconsciencia. Si el cuerpo astral tiene una relación con la cosa y esta relación aún no ha sido elevada al yo, entonces surge el asombro. Dado que una persona puede asombrarse ante algo, es posible entrar en una conexión con el objeto que se encuentra por debajo del umbral de la conciencia. Esta conexión subconsciente es muy importante en muchos casos, al igual que lo es para la filosofía, según los antiguos griegos, que el asombro esté ahí primero.

Es bueno para las personas que antes de aplicar su inteligencia a algo, extiendan primero su cuerpo astral sobre ello. Esto crea una base de sentimiento y emoción, y entonces la comprensión se sumerge en ello. Esto es muy diferente de abordar el asunto abstractamente con el intelecto. El efecto es que trabajamos sobre una base de comprensión mucho más amplia. El resultado es una comprensión más completa. Por eso es tan importante que el educador desarrolle primero un santo asombro hacia el niño, hacia la individualidad única que emerge como de la oscuridad; si mantenemos abierto aquello que no podemos ver en absoluto con nuestra inteligencia, es decir: la infinitud de una individualidad. Nos colocamos artificialmente en un estado de asombro hacia esta individualidad. Ya llegará, porque hay muchas oportunidades para maravillarse y asombrarse ante cada individualidad. Estos sentimientos no son estropeados por nuestro estrecho intelecto; a veces son mucho más ciertos, ricos y correctos que lo que reconoce el estrecho intelecto. Los fundamentos de las percepciones que pueden aplicarse a la vida práctica han de obtenerse a través del asombro, a través de la vida emocional. En ella se basa algo muy importante: la confianza que una persona tiene en los demás. Cuántas veces ocurre en la vida que una persona confía o incluso desconfía de otra, -pues lo negativo es tan válido como lo positivo-, antes de haberla conocido por primera vez en conceptos, en el entendimiento cotidiano. La confianza y la desconfianza son a veces muy inmediatas. Cuántas personas hay que a menudo estallan en una especie de queja: ¡Ojalá me hubiera fiado de mi primera impresión! He estropeado la verdadera impresión que había sospechado previamente. - Tales personas tienen a veces mucha razón. Nuestra relación social, nuestra relación con la vida, debe surgir de nuestra vida emocional. Hay personas que no tienen mucha disposición a sentir esta cualidad indefinida y premonitoria en la gente. Hay personas que pueden contemplar maravilladas el cielo estrellado durante horas sin entender mucho de astronomía, y hay otras que se quedan como un palo ante el cielo estrellado hasta que llegan a sus manos libros a través de los cuales pueden diseccionarlo todo. Estas son las personas que no pueden tener esta base mental. Tales personas también suelen pasar de largo como palos hasta que han tenido tiempo suficiente para analizarlos.

Esto también puede verse en nuestro comportamiento hacia la ciencia espiritual. En realidad, con el intelecto sólo se puede hablar en los primeros años de la juventud. Después es imposible por la razón que da Goethe: Uno no podría convencer a la gente de la falsedad de su afirmación, porque su punto de vista se basa en el hecho de que consideran lo falso como verdadero. - Si alguien siente que hay algo en la ciencia espiritual que satisface todos mis anhelos, siempre encontrará las pruebas lógicas que se pueden encontrar en todas partes. En el fondo, las cosas son extremadamente claras, sólo hay que verlas a la luz de una cosmovisión espiritual.

Supongamos que en su juventud, una persona se enfrenta a una persona mayor con una santa timidez que ni siquiera es capaz de decir por qué surge. Si observamos una disposición tan amplia en una persona, descubriremos que tales personas permanecen jóvenes durante mucho tiempo, que siguen siendo jóvenes del todo, que en ellas late un corazón joven, aunque su cabello haya encanecido hace tiempo. Conservan cierta movilidad en la vida. En particular, conservan durante toda su vida la capacidad de orientarse rápidamente en las situaciones, de ser hábiles en todas las circunstancias. Quien se abre así a la vida en su juventud, la vida se le abre cada vez más en épocas posteriores. Es cada vez más capaz de mirar dentro de las cosas, alcanza más fácilmente la posibilidad de sentir lo espiritual detrás de las cosas; se vuelve cada vez más espiritual. Una persona que ha desarrollado especialmente el lado intelectual en su juventud es diferente. Estas personas son muy propensas a la senilidad prematura. Esto no es culpa del individuo, sino del karma colectivo. Los que son intelectuales se separan cada vez más del mundo, éste les resulta cada vez más incomprensible. Por eso muchos critican todo lo que les rodea. En mi juventud -dicen- todo era bonito, ahora todo está estropeado. - Este malhumor, este no estar satisfecho con nada, este retraerse, vivir sólo en los recuerdos de la infancia, es algo que está relacionado con la intelectualidad anímica de la juventud. Por lo tanto, no podemos hacer lo suficiente para fundamentar la educación en la amplia base de la mente, especialmente en la capacidad imaginativa.

En nuestra época, la humanidad navega generalmente en dirección contraria. Por ejemplo, a los niños no se les miente por decirle que los trajo la cigüeña. Sólo se utiliza una imagen que es más verdadera que lo que hoy se quiere enseñar a los niños, a saber, que el niño sólo viene del padre y de la madre. La imagen de la cigüeña, -o cualquier otra-, indica que hay algo en el niño que desciende de las nubes. El niño mira hacia regiones que están más allá de la trivialidad y construye aquello a partir de lo cual ha de crecer la futura verdad.

Considerar la imagen de la cigüeña como una falsedad no es más que una falta de imaginación, una impotencia para encontrar una imagen adecuada para el proceso que no se puede describir a los niños como reencarnación, para revestir este proceso de una imagen adecuada. Pero, -se objeta-, los niños de hoy no creen en ello. Eso se debe a que las personas que les dicen esto a los niños no creen en ello ellas mismas. En cuanto uno no cree en lo que expresa la imagen, los niños tampoco pueden creer en ella. Pero si es una imagen de lo real y verdadero que hay detrás, si tenemos suficiente imaginación para traducir la verdad en una imagen, los niños también creerán en ella. Y es realmente hermoso decirle al niño que se le da una parte del padre y una parte de la madre, pero un tercio es bajado de las alturas del cielo por otros seres que lo llevan en sus alas, llevándolo al padre y a la madre. - Cuando decimos esto, la imagen es muy precisa y estamos hablando de una verdad. Un niño a quien enseñemos ideas ricas y pictóricas se sentirá estimulado con respecto a las condiciones de la vida astral, y le daremos la bendición de una juventud que llega hasta muy avanzada edad. Este aspecto pictórico de la actividad educativa, que es sobre todo la base del juego, es tan infinitamente importante. También aquí podemos ver en una vida cómo funciona el karma.

Así, la ciencia espiritual, cuando interviene en la cultura, mostrará su verdad en la forma en que la vida brota y florece, mientras que el materialismo muestra su falsedad en el hecho de que la vida se vuelve desolada y prematuramente senil.

Traducido por J.Luelmo ene,2025