Euritmia curativa
RUDOLF STEINER
El aspecto fisiológico de la euritmia, orientado en un primer momento hacia lo espiritual
Dornach, 17 de abril de 1921
6ª conferencia,
Queridos amigos, —puesto que habría infinidad de cosas que decir sobre las relaciones entre la higiene terapéutica y la euritmia—, hoy vamos a considerar, digamos, lo fisiológico orientado en primer lugar hacia lo espiritual, que se nos revela cuando nos fijamos en el ejercicio eurítmico. Por supuesto en la euritmia artística en este sentido, lo que se puede observar se nos presenta con mayor intensidad cuando pasamos de la euritmia artística a lo que hemos conocido estos días como una especie de euritmia intensificada. Pero, desde un punto de vista puramente artístico, lo esencial de lo que se trata ya puede observarse en la ejecución de una euritmia, y entonces, en cierto modo, puede buscarse la fisiología que lo explica. Ahora bien, para hacerlo, vamos a exponer lo siguiente.
Quizá la señora Baumann tenga la amabilidad de recitar, alternando vocales y consonantes, el poema que usted (la doctora Steiner) tal vez recite: «Sobre todas las cimas reina la paz».
Ahora aclaremos qué es lo que realmente está sucediendo; pero hagámoslo con toda precisión. ¿Qué está sucediendo? Se está recitando un poema. Así pues, quien ejercita la euritmia, —que es quien nos interesa fisiológicamente en este momento—, cuando ejercita la euritmia está escuchando, está prestando atención. Eso es lo primero que hay que tener en cuenta: está escuchando. Es decir, no habla él mismo, sino que escucha. Eso es lo esencial. Y escucha algo que, en esencia, es la palabra llena de sentido, el contexto de palabras lleno de sentido. Es decir, escucha algo en lo que vive la actividad del pensar y la actividad del imaginar. Así pues, lo que percibe externamente es la actividad del imaginar, revestida del contexto de los sonidos. ¿Acaso no es eso lo que el ser humano hace a menudo en su vida cotidiana despierta? ¿Qué ocurre realmente cuando el ser humano hace esto en su vida cotidiana despierta? Si ustedes reflexionan sobre el proceso desde un punto de vista psicológico-fisiológico, se darán cuenta fácilmente de que, al escuchar, se produce un ligero y parcial adormecimiento. Mi yo y mi cuerpo astral se deslizan hacia aquello que absorben; se sumergen en aquello que absorben. Así pues, el ser humano, en cierto modo, sale silenciosamente de sí mismo al escuchar. Al escuchar, cae en un estado que se asemeja al dormir y, a la vez, no se asemeja a él. Se asemeja al dormir en que su yo y su cuerpo astral salen silenciosamente de él. No se asemeja al dormir porque ese «yo» y ese cuerpo astral siguen siendo receptivos, siguen percibiendo y siguen siendo conscientes. Por lo tanto, lo que allí tiene lugar es extraordinariamente similar al acto de imaginar. Es un imaginar suave y consciente, un imaginar consciente que aún está muy profundamente reprimido en el subconsciente. Ese es el proceso.
Pues bien, ante cada proceso de este tipo se produce una reacción del propio ser humano; esta reacción del propio ser humano también ha de ser tenida en cuenta. Así pues, observemos ahora lo que ocurre en una persona que no está recitando. ¿Qué hace esa persona cuando escucha? Pone en movimiento su cuerpo etérico. El cuerpo etérico reacciona. De hecho, el cuerpo etérico adopta esos mismos movimientos que realiza, pero de forma mucho más débil cuando el ser humano duerme y deja su cuerpo etérico dentro del cuerpo físico. Cuando el ser humano duerme y deja atrás su cuerpo etérico y su cuerpo físico, este cuerpo etérico es, en esencia, mucho más activo que cuando el ser humano está despierto. Ahora bien, durante este dormir aturdido que tiene lugar al escuchar, los movimientos del cuerpo etérico se activan con mayor intensidad. Se pueden observar estos movimientos del cuerpo etérico. Así pues, en la persona que escucha tenemos a alguien que muestra de forma intensificada aquellos movimientos que, de otro modo, el ser humano muestra atenuados cuando duerme. Así pues, en una persona que está escuchando, también se pueden estudiar los movimientos etéricos del ser humano durante ese dormir y ello precisamente porque se nos muestran de forma directa. No es necesario estudiar al ser humano mientras duerme; se pueden estudiar los movimientos etéricos del ser humano cuando está escuchando, y precisamente allí se observan los movimientos etéricos del cuerpo etérico, que son más intensos que durante el dormir. Estos movimientos se estudian y luego se hacen que el cuerpo físico los ejecute; es decir, se deja que el cuerpo físico se sumerja en todos los movimientos etéricos que se han estudiado de la manera que acabamos de indicar. De modo que, en la euritmia, se lleva a cabo lo que el ser humano realiza continuamente con su cuerpo etérico en el acto de escuchar. Ya ven lo que ocurre en realidad.
Pues bien, una vez que se ha observado lo que realmente ocurre allí, también se comprenderá cuál es el efecto. El efecto es que se introduce en la conciencia, —precisamente a través del movimiento físico—, aquello que, por otra parte transcurre de forma inconsciente. De este modo, se estimulan, de nuevo a través del cuerpo físico, el cuerpo astral y el «yo», y se consigue que se fortalezcan. Pero, ¿qué ocurre con ello? Cuando el cuerpo astral y el «yo» se fortalecen de esta manera, su actividad se asemeja a la que actúa, en el contexto natural, en el niño y en el ser humano que aún está creciendo. Así pues, se sirve de las fuerzas de crecimiento del ser humano. Se trabaja directamente sobre las fuerzas de crecimiento del ser humano. Si el ser humano es aún un niño y corre el riesgo de quedarse rezagado en su crecimiento, se estimula así su crecimiento. Si el ser humano ya no es un niño, si las fuerzas de crecimiento ya han disminuido o si se encuentra incluso en la segunda mitad de su vida, entonces se recurre a las fuerzas de la juventud, a las fuerzas rejuvenecedoras que hay en él, las cuales, sin embargo, dado que el organismo humano ya ha alcanzado su pleno desarrollo, no pueden contribuir a su crecimiento. Podemos favorecer el crecimiento de un niño si le hacemos practicar euritmia, [o] mitigar su crecimiento anómalo. En una persona adulta, el organismo interno opone una resistencia demasiado grande como para que podamos hacer que siga creciendo. Sin embargo, le aportamos estas fuerzas de crecimiento. La consecuencia es que chocan contra la resistencia del organismo y, al hacerlo, se metamorfosean; es decir, en este estado metamorfoseado estimulan la fuerza plástica de los órganos internos. Actúan estimulando la fuerza plástica de los órganos internos, y estos aprenden así a respirar mejor y a digerir mejor. Así pues, se estimulan en relación con toda la actividad necesaria del organismo humano. Cuando se practica la euritmia artística, naturalmente no debe considerarse al mismo tiempo como euritmia terapéutica, aunque, en el momento en que la persona comienza a presentar alguna anomalía, también tendrá un efecto curativo. Pero ya hemos analizado los ejemplos en los que, al potenciar la euritmia habitual, hemos visto cómo, naturalmente, también debe potenciarse aquello que surge como reacción, y ahora podemos hacernos una idea de cómo actúa esta euritmia en la estructura del organismo.
Se puede comprender que la práctica habitual de la euritmia estimule, en primer lugar, la plasticidad de los órganos, la fuerza plástica de los órganos; que el ser humano se convierta en un mejor respirador en su interior; que, en lo que respecta a la digestión interna, se convierta, —si se me permite expresarlo así—, en un ser humano mejor. Se convierte en una persona capaz de integrar mejor todo su organismo en su voluntad. Se convierte en una persona más hábil interiormente. Y, en realidad, todo el arte consiste en hacer que el ser interior sea ágil, plástico y hábil. Esto ya se puede apreciar, por ejemplo, cuando se trabaja en escultura. En realidad, no se puede trabajar en escultura de forma adecuada si no se es capaz de trasladarse, en la propia experiencia interior, digamos, a la figura que se está esculpiendo; si no se pueden dar vida en uno mismo a esas fuerzas que conforman esa figura y que desean expresarse en ella. Pero si además se considera el propio organismo humano como una herramienta y se hace lo correspondiente en el interior, entonces lo que ocurre en el arte exterior se da en un grado aún mayor, pues entonces no se puede hacer otra cosa que provocar en el interior lo que corresponde al movimiento exterior.
Ahora, si es tan amable, queremos que repita el poema, pero de tal manera que realice la euritmia únicamente a nivel vocálico, es decir, acentuando solo las vocales. (La Dra. Steiner recita, la señorita Wolfram lleva a cabo la euritmia.)
Aquí se concreta lo que acabo de decir sobre la fisiología de la euritmia. Así pues, cuando se realiza la euritmia de forma puramente vocálica, no hemos expresado en el sentido pleno aquello que acabo de caracterizar. Lo que acabo de caracterizar es válido en el caso de que se hable y, al mismo tiempo, se realicen movimientos alternativos de consonantización y vocalización. Para lo que acabamos de realizar, lo que he dicho no es del todo correcto, sino que debemos concretarlo nosotros mismos.
Porque aquí se realizan movimientos muy concretos y diferenciados, que resultan ser, precisamente, aquellos movimientos del cuerpo etérico que se refieren preferentemente a todo aquello que se encuentra en el propio sistema rítmico. Así pues, nos centramos en aquel sistema que, como sistema etérico, interviene especialmente al hablar. Centrémonos en él. Cuando el ser humano escucha las vocales, —por supuesto, este aspecto tan específico solo se da en la euritmia, pero precisamente por eso debe destacarse, ya que resulta especialmente importante para la terapia—; cuando el ser humano escucha las vocales, es decir, si solo se le recitara una sucesión de vocales, o si simplemente se le hiciera realizar esos movimientos —, entonces, en cierto modo, escucha de forma eurítmica esos movimientos, que son formas de expresión de la vocalización—, entonces, por lo general, en la persona que escucha la vocalización se activan, de la manera descrita anteriormente, aquellos movimientos del cuerpo etérico que corresponden al sistema rítmico. Y ahora se hace que la persona que practica la euritmia realice a su vez esos movimientos, mediante los cuales se sumerge con su cuerpo físico en ellos, movimientos que, de otro modo, se producen a través del cuerpo etérico al escuchar los sonidos vocálicos. Esa es, pues, la especialización de la cuestión. De este modo, sin embargo, se estimulan especialmente los órganos relacionados con la respiración y la digestión interna, que son los órganos del sistema rítmico. Se fortalecen aquellos en los que se dirige el estímulo a las fuerzas de crecimiento, en el caso del niño que aún está creciendo, o en el caso del adulto, a las fuerzas plásticas, que encuentran su resistencia precisamente en el organismo.
Esto les introduce en la fisiología propia de la euritmia vocal. Por lo tanto, si aplican ustedes con fines terapéuticos aquello que proviene de la vocalización en la euritmia, ésta actuará de manera muy especial sobre los órganos rítmicos, (respiración, digestión, etc).
Ahora me gustaría pedirle a la señora Baumann, que interprete de nuevo el mismo poema utilizando solo consonantes. Con solo verlo, notarán inmediatamente la diferencia radical que existe entre la interpretación con consonantes y la vocalización. Esta diferencia es, sin duda, radical. Y si queremos estudiar lo que acabamos de ver, debemos tener claro cómo se da la situación en la escucha habitual, es decir, cuando solo escuchamos consonantes. Aunque esto no suele ser el caso entre las personas cultas, en las tribus menos civilizadas sí ocurre que tienen que escuchar muchas consonantes. Y es que, en las tribus menos civilizadas, la lengua tiene [un] conjunto de consonantes mucho más rico y existe una transición marcada de una consonante a otra, sin que la vocal intermedia la interrumpa. Esto se puede observar incluso aquí, en Europa. Fíjense en las palabras escritas en checo y verán cómo hay combinaciones de consonantes. Ahora bien, por supuesto, cuando se pronuncian, la vocal ya resuena en esas combinaciones de consonantes, pero solo las impregna como una corriente continua, apenas matizada. Y si escuchan el checo, no podrán evitar decirse: esta percepción de lo consonántico es muy diferente a la que se tiene al escuchar una lengua que se caracteriza por una vocalización extraordinariamente marcada.
Así pues, se trata de un proceso completamente diferente, y la mejor forma de caracterizarlo es la siguiente: este proceso, que es un proceso de escucha habitual, consiste en una fuerte evocación de aquellos movimientos del cuerpo etérico que, en otras circunstancias, se llevarían a cabo durante los movimientos físicos. Estos se ven refrenados. De modo que, al escuchar las consonantes, el ser humano vive en una cierta tensión. En realidad, de forma inconsciente, al escuchar las consonantes, querría imitar o reproducir físicamente esos movimientos de forma externa, pero se contiene. Esa tensión está presente. Se trata, en esencia, de un estado de calma, pero un estado de calma provocado artificialmente, generado por la propia fuerza del yo, frente a los movimientos que, en realidad, quieren llevarse a cabo. Es, por tanto, una «voluntad» fortalecida en sí misma que sale a la luz al escuchar las consonantes. Por eso también descubrirán que escuchar las consonantes fortalece extraordinariamente el interior y da fuerza. Y, si se tiene buen ojo para ello, ya se puede estudiar cómo se manifiestan en su interior pueblos como, por ejemplo, el pueblo checo, cómo se manifiesta allí el ser humano en su interior, con esas fuerzas de tensión, con esas fuerzas agresivas, si se sabe que eso se ha formado a partir de la consonancia del lenguaje, esa continua contención de aquello que, en realidad, quiere convertirse en movimiento físico.
Ahora bien, se trata de nuevo de una salida del ser humano, de un pasar al estado dormido, y esta salida del ser humano, este pasar al estado dormido, es extraordinariamente interesante. Fíjense, observen por un momento de forma esquemática al ser humano compuesto de: cabeza, sistema rítmico, extremidades y sistema metabólico.
El sistema metabólico de las extremidades es el que se implica preferentemente en la escucha de las consonantes. El ser humano quiere mover sus extremidades, quiere pasar al movimiento, solo que el movimiento se encuentra en tensión. En cierto modo, entra en un dormir que, en realidad, no se lleva a cabo, ya que tanto el «yo» como el cuerpo astral permanecen, al igual que en el dormir habitual, dentro del organismo. Ahora se busca incluso inducir una especie de adormecimiento artificial para el sistema metabólico de las extremidades en este caso. Pero entonces se nota una fuerte reacción, esa fuerte reacción que se produce cuando, por así decirlo, uno se duerme con su ser metabólico de las extremidades. Esta reacción consiste en que uno sueña. Pero, por otra parte, la conciencia no está preparada para soñar. En cierto modo, surgen en el ser humano unos sueños que lo rodean (naranja).Esto influye en la astralidad exterior y en el éter exterior. Las personas que prestan atención a lo consonántico provocan en su entorno un refuerzo del aura, y este refuerzo del aura se manifiesta a su vez de forma polar, de modo que aquello que permanece en el subconsciente rodea el organismo cerebral (violeta) como contenido polar, como factor de voluntad y sentimiento, y se introduce en él.
Por lo tanto, en aquellas personas que están acostumbradas a la consonancia, se puede observar un refuerzo de su obstinación, un refuerzo de su voluntad propia. Son sueños transformados en voluntad los que recorren el organismo cerebral, sueños transformados en voluntad.
¿Qué son, en realidad, desde un punto de vista fisiológico, los «sueños transformados en voluntad»? Si se considera el cuerpo etérico-físico—que en esencia es aquello que ahora actúa de forma plástica en la organización de la cabeza—. Así pues, lo que predomina es la acción plástica sobre el organismo cefálico, y de este modo se podrá estimular aquella parte de organismo cefálico que, en cierto sentido, se ha quedado rezagada respecto a sí misma. Si, por tanto, se trata de una persona con una sensibilidad débil, si se trata de alguien en quien, por lo demás, se puede constatar, —físicamente—, que su organismo cefálico no está en orden, que practique euritmia consonántica, con lo que se interviene en aquella fuerza que, de otro modo, actúa como una voluntad onírica en el resto del organismo metabólico de las extremidades, estimulándolo y manteniéndolo activo. Se consigue que la mente de la persona con discapacidad intelectual y de quien, por lo demás, presenta un retraso en el organismo cefálico, se vuelva más activa. De modo que se puede utilizar este tipo de euritmia para provocar fuerzas curativas en relación con el organismo cefálico. En particular, si se lleva a cabo de forma intensificada lo que hemos oído estos últimos días como «reforzo», como metamorfosis intensificada de las consonantes en la euritmia.
Cuando se quiere abordar la fisiología de la euritmia, es natural que haya que fijarse en el ser humano en movimiento, activo; es decir, que, en cierto sentido, haya que dedicarse realmente a la fisiología. Porque con la fisiología convencional no se practica realmente fisiología, sino que, en el fondo, incluso cuando se realizan los experimentos con seres vivos, se parte de lo mecánico, o bien se parte totalmente del cadáver y luego se extraen conclusiones sobre lo que es realmente fisiológico. Así pues, se tiene algo que se ha deducido. Lo que se ha deducido de otro modo hay que deducirlo de la actividad del ser humano si se quiere aplicarlo a la fisiología de estos procesos, y se podrá ver que de tal estudio puede surgir, a su vez, una revitalización de toda la fisiología. Porque piensen solo en lo siguiente: ¿Qué es, en realidad, la actividad digestiva, considerada ahora en el ser humano vivo? Es una actividad metabólica que tiende hacia lo rítmico y se desarrolla según ese ritmo. La actividad digestiva es un metabolismo que, en cierto modo, es captado por el ritmo de los órganos circulatorios. De hecho, se desarrolla continuamente un proceso que es una combinación de la actividad metabólica en el líquido tisular. Y lo que tiene lugar como actividad metabólica en el líquido tisular, al «impulsarlo» el ritmo, queda arrastrado y llevado por ese mismo ritmo de los órganos circulatorios, y la actividad más caótica, el caos que tiene lugar en las regiones del líquido tisular, se traslada al ritmo del sistema circulatorio. Y en algo así, donde el caos del líquido tisular se traslada a la actividad rítmica y regular del sistema circulatorio, es donde se manifiesta físicamente lo que constituye la actividad volitiva humana. La actividad volitiva, —que, a su vez, hay que distinguir ahora claramente de la acción exterior, aunque se derrame en esta acción exterior—, consiste en que tiene lugar una transición continua entre la actividad caótica del líquido tisular y la actividad rítmica y regular, así como armonizadora, del sistema circulatorio. Sin embargo, al producirse esto, el mundo interior del ser humano, —lo que se encuentra bajo la piel—, se armoniza con su ser exterior. El ser humano se integra, en cierto modo, en el ser del mundo exterior al separar su «ser propio» de él. Por lo tanto, al actuar eurítmicamente sobre esta actividad, tal y como hemos visto al trabajar con las consonantes, lo que hacemos es contrarrestar, de hecho, la tendencia del ser humano a volverse obstinado, a volverse egoísta, pero también, en un sentido orgánico, a volverse egoísta. Porque, ¿qué significa realmente que el ser humano se vuelva egoísta? —Verán, que el ser humano se vuelva egoísta significa, expresado en términos orgánicos: que los órganos pierdan su fuerza plástica y aumenten su fuerza de cristalización rígida. En cierto modo, ya no quieren ser plásticos, sino que quieren acercarse al estado de cristalización. A esto se contrarresta mediante la euritmia consonántica.
De este modo, se puede ver realmente en profundidad la organización humana. Los egoístas son, en realidad, siempre personas cuyo estómago, hígado y pulmones amenazan con adoptar una forma cónica. Quieren convertirse en cuñas, quieren pasar a lo cristalino, mientras que en las personas que son patológicamente altruistas, esos órganos se expanden. No tienen fuerza de cristalización, tienen fuerza plástica, se redondean. Eso también es, en realidad, un estado patológico. Siempre hay que tener en cuenta la oscilación del péndulo hacia un lado y hacia el otro.
Ahora fíjense en la actividad propiamente dicha, también espiritual, de la siguiente manera: cuando el ser humano piensa y, a partir del pensar, siente todo aquello que en la vida cotidiana se denomina actividad, y que [como] espiritual —pues, al fin y al cabo, la lleva a cabo la organización cerebral más física—, y precisamente por eso es la actividad espiritual sublimadora: lo individualizador, por un lado, y lo sentido de forma abstracta, por otro—; cuando el ser humano lleva a cabo esta actividad espiritual, ¿Qué ocurre entonces? Verán, entonces extrae de su organismo aquella fuerza que le permite proyectarse como parte del mundo exterior. También extrae de su organismo aquella fuerza que le induce de forma patológica a derramarse. Se convierte, por así decirlo, en un cristalizador cuando está en actividad espiritual. Ciertos pueblos, en particular, —creo—, los situados más al norte, han adquirido una fuerte conciencia instintiva respecto a estas cosas. Y aunque hoy por hoy aún no tienen tendencia a adaptar la euritmia a esa conciencia instintiva, recurren a lo que es más bien fisiológico desde el punto de vista externo, como la gimnasia sueca y demás, pero sí aprovechan la peculiar interacción que existe entre la actividad que los niños deben realizar cuando tienen que trabajar de forma científica en la escuela, —es decir, pensar y demás—, y la que estimula el movimiento, alternando ambas. También exigen que todo profesor sea, en realidad, un profesor de educación física; y, a su vez, exigen al profesor de educación física que esté al mismo nivel intelectual que el niño. Estas cuestiones deben tenerse muy en cuenta en una civilización avanzada y, si quisiera hacer un comentario que pudiera parecer mordaz, pero que en absoluto pretende serlo, y que solo tiene fines esclarecedores, podría decir: Para tener en cuenta estas cosas de forma instintiva, se necesita tiempo. —Esto debe llevarse a cabo, pues, entre pueblos que, por lo demás, participan menos en el proceso de civilización, que viven más para sí mismos, llevan una vida aislada, y que, por tanto, pueden desarrollar instintivamente, poco a poco, aquello que se refiere a ese ritmo de actividad intelectual y física; como, por ejemplo, los suecos y los noruegos, que llevan una especie de existencia aislada, y que, de hecho, pueden poner en práctica instintivamente esas ideas de manera especialmente buena. Otros pueblos, que dependen en mayor medida de llevar a cabo estas cosas de forma consciente, —pues, de lo contrario, se verían más inmersos en el proceso mundial general—, esos pueblos que, por ejemplo, se ven obligados a ocuparse, —como ha sido el caso últimamente—, de la guerra y demás, deben prestar aún más atención a estas cuestiones de forma consciente. Y aquellos que, en realidad, al encontrarse en medio del movimiento del mundo y tener que ponerse en el lugar de estas cosas, porque, en cierto modo, el mundo gira en torno a ellas, ya verán lo que dejan tras de sí si no se dedican conscientemente a estas cuestiones, a medida que se van volviendo decadentes poco a poco. Esto es algo que, en particular, Suiza debería tener muy presente.
Así pues, estas cuestiones también se relacionan, sin duda, con la consideración de la situación mundial en general, pues, al fin y al cabo, ¿no es cierto, queridos amigos?, la situación mundial en general surge de la acción de los seres humanos, y aún hoy en día surge mucho más de la acción inconsciente de los seres humanos que de la consciente. Pero tenemos la tarea de ir trasladando gradualmente la acción inconsciente de los seres humanos al ámbito de lo consciente.
Ahora bien, ¿cómo actúa esta actividad mental en el ser humano? Actúa despertando las fuerzas de cristalización. Por eso, en las personas con un «yo» débil, contribuye a reforzar el ego, haciéndolas más egoístas. Pero es necesario que estimulemos las fuerzas del egoísmo en aquellas personas que sufren un desgaste orgánico debido a su falta de egoísmo; estas fuerzas del egoísmo no son para el alma, sino para el organismo. También podemos estimularlas mediante medios externos, y será natural, por supuesto, que aconsejemos a esas personas, que se desvanecen orgánicamente, que consuman sustancias azucaradas. Pero a veces sienten precisamente cierta antipatía hacia ellas, lo que no hace sino poner de manifiesto aún más ese hecho.
Pero bueno, eso es precisamente lo que nos interesa mucho menos en este momento. Lo que nos interesa ahora, en este momento, es que, a través de la euritmia vocal, se llega a actuar de manera muy especial en esa dirección, y que, en cierta medida, mediante la euritmia vocal se puede llevar al ser humano hacia sí mismo, de forma orgánica. Se pueden despertar aquellas fuerzas que le llevan de forma orgánica hacia sí mismo. Y eso puede resultar extraordinariamente necesario para ciertas personas, incluso, por ejemplo, para aquellas que están adormecidas. Pero también se verá que la alternancia entre ambas, la vocalización y la consonantización, tiene un efecto beneficioso, ya que se crea un ritmo vivo en la persona, tal y como debe ser entre la entrega al mundo y el recogimiento en uno mismo.
Eso es precisamente lo que se provoca mediante la alternancia entre la euritmia consonántica y la vocal. Por supuesto, resulta especialmente necesario, cuando se quiere aplicar la euritmia con fines terapéuticos, que uno se apropie de esta —me atrevería a decir— comprensión fisiológico-psicológica de lo que realmente ocurre, de modo que sepa con certeza: Una persona que practica la euritmia consonántica tiende a generar a su alrededor una especie de aura que, a su vez, repercute sobre ella y la saca de la fusión insustancial con el mundo. En el caso de la persona a la que se le hace practicar la euritmia vocal, lo que ocurre es que, en cierto sentido, su propio aura se contrae —algo que, por otra parte, siempre ocurre también durante la actividad intelectual—, de modo que su propia aura se contrae, se condensa en su interior y, de este modo, se estimulan los órganos internos para que la persona vuelva a sí misma.
Desde el punto de vista pedagógico-didáctico, lo cierto es que, gracias a la alternancia entre las clases, —que se suelen programar por la mañana—, en las que se requiere un mayor esfuerzo intelectual, y aquellas en las que se trabaja más en movimiento, es decir, en las que también se practica mucho la euritmia, se provoca en el niño en crecimiento una actividad rítmica que tiene un efecto extraordinariamente beneficioso, ya que todos los daños que inevitablemente surgen de un esfuerzo intelectual excesivo quedan compensados, a su vez, por la práctica de la euritmia. Y por eso, la euritmia se integra en la enseñanza global de una manera extraordinariamente beneficiosa.
Lo que tengo que decir ahora específicamente a los médicos sobre la euritmia lo incluiré más adelante en las comunicaciones dirigidas a ellos. Con esto daremos por concluidas las reflexiones propiamente dichas sobre la euritmia y mañana tendremos dos sesiones consecutivas destinadas exclusivamente a los médicos, en las que los euritmistas no estarán presentes, concretamente a las ocho y media y, tras una pausa, a las nueve menos cuarto.
Palabras de agradecimiento del Dr. med. Friedrich Husemann
Hoy nos encontramos al final de este curso y, sin duda, todos sentimos la necesidad de echar la vista atrás una vez más. Creo que hemos percibido que precisamente este curso ha supuesto una especie de punto álgido de lo que hasta ahora hemos podido recibir del Dr. Steiner como inspiración para la medicina. El hecho de que haya sido posible impartir aquí un curso dirigido a médicos y artistas me parece, en cierta medida, un símbolo de lo que realmente pretendemos con nuestros esfuerzos antroposóficos en el ámbito de la medicina. Que esta síntesis haya podido llevarse a cabo es quizás también un cumplimiento de lo que Goethe expresó una vez de manera figurada en su «Wilhelm Meister»: que, en realidad, no se debería dejar que los estudiantes de medicina se dediquen tanto a la anatomía, sino más bien a la síntesis. Habría que enseñarles a recomponer el cuerpo humano a partir de los distintos músculos, huesos y órganos, y de ese sentimiento de recomposición surgiría también el sentido sano de la curación.
Creo que precisamente este curso nos plantea cómo se puede volver a despertar en nosotros esa capacidad de pensar y sentir de forma sintética, y que precisamente un curso como este, que muestra cómo la palabra, cómo lo espiritual se traslada al movimiento, al cuerpo, debería animarnos directamente a la acción y no a hablar. De hecho, eso es precisamente lo que subyace en toda la tendencia de lo que aquí se nos ofrece.
Y ahí radica, por otra parte, una pequeña dificultad. Porque precisamente cuando uno se siente impulsado a actuar, puede llegar a hacer demasiado, y resulta tan fácil que todas las sugerencias que aquí se ofrecen se apliquen en gran medida y en todos los ámbitos. Y ahí es donde nuestra asociación ha pedido precisamente que nos tomemos muy en serio, una vez más, lo que el Dr. Steiner ha subrayado repetidamente: que estas sugerencias terapéuticas se consideren, precisamente, como terapéuticas, es decir, como algo que debe aplicarse bajo el control o con la colaboración de un médico, y que no se apliquen a ciegas, pues, como es lógico, eso puede conducir a graves fracasos si ocurre, y, por otra parte, también debemos tener en cuenta que todo lo que llegue al público de forma diletante puede repercutir de manera muy perjudicial sobre nosotros y sobre nuestro movimiento.
Por eso queríamos pedirles que se tomaran muy en serio estas advertencias que el Dr. Steiner nos acaba de dirigir precisamente a nosotros en este sentido. Lo que aquí se nos ha transmitido debe ser asimilado por nosotros. Pero esto solo puede suceder de manera fructífera si colaboramos tal y como lo hemos hecho aquí y ahora. Por eso, quisiera concluir expresando nuestro agradecimiento al Dr. Steiner precisamente por ello: por el hecho de que realmente sigamos asimilando lo aprendido, pero también por el hecho de que no solo nos impliquemos activamente en nuestro movimiento, sino que lo hagamos con comprensión.
Traducido por J.Luelmo

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