CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

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GA238 Dornach, 18 de septiembre de 1924 Relaciones Kármicas vol. IV - La importancia del conocimiento del karma para comprender la evolución general de la vida espiritual.

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Relaciones kármicas:
GA238 - Volumen IV



VII conferencia 


La importancia del conocimiento del karma para comprender la evolución general de la vida espiritual. Las estrellas son colonias de Seres espirituales. Para comprender el karma debemos descubrir espiritualmente los caminos del hombre entre la muerte y un nuevo nacimiento en relación con los Seres de las estrellas. Dificultades para el hombre de los tiempos modernos en acercarse a una verdadera sabiduría de las estrellas. La Regencia de Michael abre el camino para la investigación espiritual del camino del hombre entre la muerte y un nuevo nacimiento y la formación de su karma. 

Dornach 18 de septiembre de 1924

En las conferencias de hoy y mañana deseo dar ciertas indicaciones que arrojarán luz, no sólo sobre el funcionamiento del karma, sino sobre la importancia más amplia del conocimiento kármico para nuestro conocimiento general de la historia de la evolución, especialmente en el campo de la vida espiritual. No podemos comprender el funcionamiento real del karma si nos limitamos a considerar las vidas terrenales sucesivas de una individualidad cualquiera. Es cierto que dentro de esta vida terrena, fuertemente impresionados por la carrera terrena y la historia de un hombre u otro, o tal vez incluso de nosotros mismos, estamos más deseosos de saber: ¿Cómo llegan los resultados de vidas terrenales anteriores a una vida posterior? Pero el funcionamiento del karma nunca nos resultaría claro si nos detuviéramos en las propias vidas terrenales. Porque entre una vida terrena y otra, el hombre pasa la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, y es allí donde el karma se elabora a partir de lo que ha sucedido en una vida terrena anterior. Allí se elabora en cooperación con otras almas humanas kármicamente conectadas que también están en su vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, y con los Espíritus de Jerarquías superiores e inferiores. Y esta elaboración del karma sólo puede ser comprendida si podemos mirar hacia el mundo de las estrellas más allá de la tierra. Porque sabemos que el reino de las estrellas, tal como aparece a la vista física, sólo revela su aspecto externo.

Una y otra vez debemos repetir que el investigador físico se quedaría de lo más asombrado si llegara a los lugares de las estrellas que observa a través de su telescopio, cuya constitución y sustancias analiza con su espectroscopio. El físico, si se desplazara a los lugares donde están las estrellas, se asombraría al ver algo totalmente distinto de lo que cabría esperar. Pues lo que la estrella muestra a la observación terrestre es, en realidad, sólo una apariencia externa, comparativamente poco esencial para su verdadero ser. Lo que la estrella realmente contiene es de naturaleza espiritual, o, si es físico aparece como el remanente, por así decirlo, de algo espiritual.

La mejor manera de explicarlo es la siguiente. Imaginemos que un habitante de otra estrella observara la Tierra como hacen nuestros astrónomos y astrofísicos con otras estrellas. Describiría un disco luminoso que brilla a lo lejos en el cosmos. En él encontraría quizás manchas más oscuras y más claras que interpretaría de alguna manera. Probablemente la interpretación estaría en total desacuerdo con lo que nosotros, los habitantes del globo, sabemos entre nosotros. O tal vez, si el Vesubio estuviera en erupción y tal ser pudiera observarlo, teorizaría que un cometa está colisionando con la Tierra, y así sucesivamente. En cualquier caso, lo que tal ser describiera tendría muy poco que ver con la esencia real de nuestra Tierra.

Porque, ¿Cuál es la esencia de nuestra Tierra? Deben recordar que esta Tierra procede de la existencia de Saturno, tal como la describí en mi Ciencia Oculta. En Saturno no había todavía aire, ni gas, ni líquido, ni ningún constituyente sólido de la Tierra. Sólo existían variadas diferenciaciones de calor. Pero en esas condiciones de calor estaba contenido germinalmente todo lo que más tarde se convirtió en los reinos mineral, vegetal, animal y humano. Nosotros, los seres humanos, también estábamos en el calor del antiguo Saturno.

Luego la evolución prosiguió. A partir de aquel calor, se precipitó el aire, se precipitó el agua y, finalmente, el elemento sólido. Todos estos son restos, precipitados, arrojados por la humanidad para que pudiera alcanzar su evolución ulterior. Todo el mundo mineral sólido nos pertenece. No es más que una reliquia que ha quedado atrás. Lo mismo ocurre con los elementos acuosos y aéreos. Así pues, la verdadera esencia de nuestra Tierra no es lo que tenemos en los reinos de la Naturaleza, y ni siquiera lo que llevamos en nuestros huesos y músculos (pues éstos también están compuestos de lo que hemos expulsado y después hemos vuelto a absorber). Nuestras propias almas son la verdadera esencia, y todo lo demás es en realidad más o menos una semblanza, un resto, un producto de desecho, o algo parecido.

La única descripción verdadera de la Tierra sería describirla como la colonia de las almas de los hombres en el espacio cósmico.

Así pues, todas las estrellas son colonias de Seres espirituales en el espacio cósmico, colonias que podemos aprender a conocer como tales. Y habiendo atravesado la puerta de la muerte, nuestra propia alma vive y se mueve entre estas colonias estelares. Sigue su camino, evolucionando hacia un nuevo nacimiento en comunidad con otras almas humanas que están allí, y con los Seres de Jerarquías superiores o incluso inferiores. Y cuando el karma de un hombre está elaborado y está maduro para volver a tomar un cuerpo terrestre, su alma emprende el viaje de regreso.

Para comprender el karma, por lo tanto, debemos volver una vez más a la sabiduría de las estrellas. Debemos descubrir espiritualmente los caminos del hombre entre la muerte y un nuevo nacimiento en conexión con los Seres de las estrellas.

Ahora bien, hasta el comienzo de la era de Micael han existido las mayores dificultades para que los hombres de la época moderna se acercaran a una verdadera sabiduría de las estrellas. Y la Antroposofía, a pesar de haber encontrado el camino hacia tal sabiduría, debe estar profundamente agradecida por el hecho de que la regencia de Micael haya entrado realmente en la vida de la humanidad terrestre en el último tercio del siglo XIX. Porque entre las muchas cosas que debemos a la regencia de Micael está también ésta: hemos ganado una vez más un acceso sin obstáculos para descubrir lo que debe ser investigado en los mundos de las estrellas si queremos comprender el karma y la formación del karma en la esfera de la humanidad.

Para introducirles gradualmente en las cuestiones extremadamente difíciles que surgen en la investigación del karma, les daré hoy un ejemplo. Esto les mostrará, mediante una ilustración, lo mucho que hay que lograr antes de que podamos hablar del funcionamiento del karma como lo estamos haciendo en estas conferencias.

¿No es acaso cierto, que si tuviéramos que hablar popularmente o en público del contenido de estas conferencias hoy en día, estas cosas que son verdaderamente el resultado de una investigación exacta serían tratadas como un absurdo? Sin embargo, se trata de una investigación muy exacta y deben familiarizarse con todas las responsabilidades de las que uno es consciente en el curso de la misma. Deben aprender a conocer todos los obstáculos y dificultades que uno encuentra en tal investigación, -los setos espinosos, por así decirlo, que uno debe pasar. Pues todas estas cosas son necesarias para que finalmente un número de seres humanos, unidos kármicamente en la comunidad de Micael, puedan aprender a conocer las cosas del karma. Deben saber que se trata de cuestiones de la más seria investigación espiritual, muy lejos de lo que imagina el profano que se encuentra fuera de este Movimiento Antroposófico.

La mayoría de ustedes recordarán a un personaje que aparece una y otra vez en mis dramas misterio: el personaje de Strader. Ya he hablado en cierta medida de estas cosas. El personaje de Strader está en parte sacado de la vida, en la medida en que eso es posible en una obra poética. Tenía una especie de patrón para la personalidad de Strader. Era un hombre que vivió los acontecimientos del último tercio del siglo XIX y llegó a una especie de cristianismo racionalista. Después de un período de juventud extremadamente difícil (como se sugiere en la descripción de Strader) este hombre se hizo monje capuchino, pero no pudo soportarlo en la Iglesia, y al final se hizo profesor.

Habiendo sido expulsado de la teología a la filosofía, escribió y habló con gran entusiasmo de la "religión librepensadora" de Lessing, si se puede describir así. Habiendo entrado en conflicto interior con el cristianismo oficial, quiso fundar una especie de cristianismo racionalista sobre la base de la razón y de forma bastante consciente. Los conflictos anímicos de Strader descritos en mis Dramas Misterio tuvieron lugar en la vida real de este hombre, aunque, por supuesto, con ciertas variaciones.

Ahora ya saben que en la última Drama Misterio, Strader muere. Yo mismo, si ahora miro hacia atrás y veo cómo entrelacé el personaje de Strader en la trama de los cuatro Drama-Misterio, debo ver que, aunque no había ninguna dificultad externa en dejarle vivir igual que a los demás personajes, él muere por una necesidad interior en un momento determinado. Su muerte puede parecer una sorpresa al leer las obras. Pero yo tenía la fuerte sensación interior de que ya no podía continuar con el personaje de Strader en las obras.

¿Por qué? El original, el modelo, si puedo llamarlo así, había muerto. Habiéndome basado en él para el personaje de Strader, pueden imaginarse cuánto me interesaba el original, su evolución posterior. Siguió interesándome cuando atravesó la puerta de la muerte.

Ahora bien, es algo peculiar cuando queremos hacer un seguimiento clarividente de la vida de un ser humano a lo largo del tiempo directamente después de la muerte, a lo largo del período que dura aproximadamente un tercio de la vida física en la tierra. La vida terrena, como sabemos, en cierto modo se recorre de nuevo hacia atrás, a una velocidad triple. Ahora bien, ¿Qué experimenta realmente el ser humano en estos decenios que siguen inmediatamente a su vida terrena?

Imaginemos una vida humana aquí en la Tierra. Sabemos cómo se reparte entre el día y la noche, alternando condiciones despierto y dormido. Ya en los periodos en que duerme, el hombre experimenta reminiscencias de la vida diurna y despierta de forma pictórica, pero no es consciente. Normalmente cuando miramos atrás en nuestra vida sólo recordamos los estados de la vida despierta. Tampoco somos conscientes de cómo es realmente la cadena de recuerdos, pues en realidad deberíamos decir: Recuerdo ese día desde la mañana hasta la noche, luego hay una pausa, luego otra vez desde la mañana hasta la noche, luego otra vez una pausa y así sucesivamente. Pero, como las noches son un vacío en nuestra memoria, trazamos la línea continuamente a través y así falsificamos la cadena de la memoria colocando un día, (que estamos despiertos), directamente después de otro. Después de la muerte es diferente, porque entonces debemos vivir con intensa realidad todas las experiencias que estuvieron presentes en las noches de nuestra vida, que comprenden aproximadamente un tercio de la duración de nuestra vida. Vivimos al revés. Ahora bien, esto es lo peculiar: tenemos, como saben, un cierto sentido de la realidad, un cierto sentimiento de existencia real con respecto a las cosas con las que nos encontramos aquí, en el mundo físico. Si no tuviéramos este sentido de la realidad, podríamos considerar como un sueño todas las cosas con las que nos encontramos, incluso durante el día. Así pues, no cabe duda de que tenemos un sentido de la realidad de las cosas. Sabemos que son reales; nos golpean si chocamos contra ellas; nos envían luz y sonido. En resumen, hay muchas cosas que nos proporcionan nuestro sentido de la realidad aquí, en esta vida terrenal entre el nacimiento y la muerte.

Ahora bien, todo lo que tenemos aquí en la tierra como sensación de realidad, todo lo que deberíamos describir como la realidad, -la existencia real-, de los seres humanos con los que nos encontramos aquí, es en su intensidad como la realidad de un sueño en comparación con la realidad inmensamente fuerte que experimentamos en las décadas inmediatamente posteriores a la muerte y que el observador clarividente puede experimentar con nosotros. Pues allí todo nos parece más real. La vida terrenal parece un sueño. Es como si el alma se despertara sólo entonces a la intensidad real de la vida. - Eso es lo peculiar.

Ahora bien, mientras yo seguía la imagen de Strader (o de su homólogo) tras su paso por la puerta de la muerte, la individualidad real que vive después de la muerte me interesaba naturalmente mucho más que la reminiscencia de su vida terrenal. Porque lo terrenal parece un sueño comparado con lo que surge después de la muerte. Frente a las fuertes impresiones de los muertos ya no podría haber desarrollado el suficiente interés por el hombre vivo como para describir su vida. En este caso hablo por experiencia propia. ¡Qué débil es la realidad de la vida terrenal comparada con esa vida intensísima que nos sale al encuentro cuando seguimos a un hombre después de su muerte!

Cuando nuestro interés se ha encendido en la tierra y tratamos de seguir la vida de un hombre en su curso posterior después de la muerte, empezamos a darnos cuenta de las tremendas dificultades y obstáculos. Porque si observamos correcta y penetrantemente, vemos, ya en esa retrospección que dura aproximadamente un tercio del tiempo de la vida terrena pasada, cómo el hombre muerto comienza a acercarse y a prepararse para la formación de su karma. En una vida a la inversa y hacia atrás, él ve todo lo que sufrió durante su vida en la tierra. Si ofendió a otro hombre experimenta de nuevo el suceso. Si muero a la edad de setenta y tres años, y a la edad de sesenta ofendí a alguien, lo experimento de nuevo en el viaje hacia atrás. Pero esta vez experimento, no los sentimientos que tuve al ofender, sino los sentimientos del otro hombre. Vivo dentro de él. Así, con mi propia experiencia, vivo en aquellos que fueron tocados en un sentido bueno o malo por estas experiencias mías en la vida. Y así la tendencia se prepara y crece en mí mismo, para crear el equilibrio kármico.

Ahora bien, mi interés por el arquetipo terrenal de Strader, que ahora aparecía ante mí como una individualidad en mundos superiores, mi interés por él se había encendido especialmente por su deseo de asir el cristianismo de un modo muy penetrante, muy brillante, pero racionalista. En su caso no podemos dejar de admirar al pensador, y sin embargo, en los libros que escribió, en su descripción racionalista del cristianismo, vemos una y otra vez cómo el hilo del racionalismo, el hilo de los conceptos abstractos se rompe en el momento crítico, y en última instancia las abstracciones espantosas son el resultado. No puede entrar realmente en una concepción espiritual del cristianismo. Construye para sí una religión de conceptos filosóficos abstractos. En resumen, todo el funcionamiento del intelectualismo moderno encuentra su expresión en él.

Esto volvió a aparecer de una manera peculiar a medida que era seguido el camino de la vida después de la muerte. Ordinariamente, cuando no hay dificultades especiales, encontramos al ser humano viviendo gradualmente en la esfera de la Luna, pues esa es la primera etapa de la vida después de la muerte. Cuando llegamos después de la muerte a la región de la Luna, encontramos a todos aquellos que podríamos llamar los "Registradores" de nuestro destino, que en los tiempos primitivos fueron los sabios Maestros de la humanidad. ¡Cuántas veces hemos hablado de ellos aquí! Así como la Luna se separó físicamente de la Tierra y, después de haber sido una parte de la sustancia terrestre, se convirtió en un cuerpo celeste por sí misma, así los Maestros primitivos de la humanidad siguieron después a la Luna, y nosotros hoy, cuando pasamos tras nuestra muerte, por la región de la Luna, encontramos a los grandes Maestros Primigenios de la humanidad. No estuvieron aquí en cuerpos físicos, pero fundaron la sabiduría primigenia de la que las tradiciones de la literatura sagrada no son más que un eco.

De no existir impedimentos especiales, después de la muerte encontramos el camino hacia esa región de la Luna. Ahora bien, en el caso del ser humano que era el arquetipo de Strader, ocurrió algo peculiar. Era como si simplemente no pudiera acercarse a la región de la Luna sin obstáculos y experimentar esa vida del alma que sigue directamente después de la muerte. Había obstáculos perpetuos, como si la región lunar simplemente no permitiera que esta individualidad se acercara a ella.

Por consiguiente, si uno seguía los acontecimientos y las causas reales en la Imaginación pictórica, aparecía lo siguiente.  Era como si los Espíritus, los Maestros primigenios de la humanidad que una vez trajeron a la humanidad la sabiduría original y espiritual, rechazaran una y otra vez a este ser humano, el arquetipo de Strader, clamando: "No puedes venir a nosotros, porque debido a tus cualidades especiales como hombre, es posible que aún no sepas nada sobre las estrellas. Debes esperar, y primero repetir y recapitular muchas cosas que experimentaste no sólo en tu última, sino en tus anteriores encarnaciones. No puedes saber nada en absoluto de las estrellas y de su verdadero ser, hasta que te hayas preparado así". - Era una escena extraña. Uno tenía ante sí una individualidad que simplemente no podía crecer hacia lo espiritual del mundo de las estrellas - o sólo podía hacerlo con la mayor dificultad. Y en este caso hice el extraño descubrimiento de que estas individualidades modernas de la mente racionalista, intelectualista, encuentran el gran obstáculo en la conformación de su karma, en la medida en que no pueden acercarse sin obstáculos al ser espiritual de las estrellas.

Al investigar más a fondo, resultó que esta personalidad había extraído todas las fuerzas de su racionalismo de la época que aún precedía a los albores de la Era de Miguel. Todavía no había sido realmente tocado por la influencia de Micael.

En este caso me sentí fuertemente llamado a seguir el karma individual más allá en el pasado. Fue un verdadero desafío. Porque me dije a mí mismo: hay algo aquí que, obrando a partir de los resultados de vidas anteriores en la tierra, ha preparado kármicamente a este ser humano, de modo que el karma funciona por sí mismo no sólo en esta vida terrenal, sino que se extiende incluso a la vida después de su muerte. Es realmente un fenómeno extraño.

Entonces apareció lo siguiente. La vida terrenal que he indicado a grandes rasgos, que se refleja en el carácter de Strader, esta vida terrenal de la individualidad fue precedida por una vida en los mundos espirituales que sólo puedo describir como una prueba dolorosa y penosa. Fue una prueba en los mundos espirituales: "¿Qué haré con el cristianismo?". Fue como una lenta preparación de las influencias que entonces le hicieron inseguro en la vida terrena en su concepción del cristianismo. Esto también brilla en la figura de Strader. No tiene ninguna certeza. Rechaza en cierto modo lo suprasensible; sólo intenta asirlo con el intelecto, y sin embargo, después de todo, quiere ver. Recuerden el carácter de Strader y verán que es así. Así, la vida real del arquetipo de Strader surgió de su karma anterior. En efecto, en su paso por la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, antes de su vida terrena a finales del siglo XIX y principios del XX, había pasado por el mundo de las estrellas con una conciencia muy oscurecida. Su conciencia se oscureció al pasar por esa vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Y como reacción, en su vida terrestre concibió conceptos tanto más claros y nítidos por la brusquedad de las imágenes conceptuales que había experimentado entre la muerte y el nuevo nacimiento.

Retrocedamos aún más, -más allá de estos fenómenos que parecían mostrar los mundos estrellados como en una niebla perpetua-, retrocedamos hasta su vida anterior en la tierra, y allí encontraremos lo más notable de todo. Para empezar, se nos conduce, o al menos a mí se me condujo,??? a la Batalla de los Juglares en Wartburg, 1206 d.C.. Fue la misma época de la que les hablé de cómo los viejos platónicos de la Escuela de Chartres, por ejemplo, habían ascendido a los mundos espirituales y los otros aún no habían descendido. Fue la época en que tuvo lugar una especie de conferencia celestial entre los dos grupos de almas en cuanto al progreso ulterior de las actividades de Micael. En aquel tiempo tuvo lugar la Batalla de los Juglares en el Wartburg.

Siempre es interesante observar: ¿Qué ocurre aquí en la Tierra y qué ocurre allá? Así tenemos un acontecimiento en la tierra en la Batalla de los Juglares en el Wartburg, no directamente conectado con la corriente actual de Micael.

¿Quiénes participaron en la Batalla de los Juglares? Los más grandes poetas alemanes estaban allí juntos, compitiendo unos con otros en sus canciones. La historia es bien conocida: los juglares luchaban por la fama de los príncipes y por su propia reputación: Walther von der Vogelweide, Wolfram von Eschenbach, Reinmar von Zweter, y cómo hubo uno que se enfrentó a todos los demás: Heinrich von Ofterdingen.

En este Heinrich von Ofterdingen encontré la individualidad que se escondía tras el arquetipo de Strader.

Así fue Heinrich von Ofterdingen. Ahora debemos concentrarnos en esto: ¿Por qué Heinrich von Ofterdingen se encontró con tales dificultades cuando había atravesado la puerta de la muerte? ¿Por qué tuvo que atravesar el mundo de las estrellas, por así decirlo, oscurecido y nublado?

Para responder a esto debemos volver a la historia de la Batalla de los Juglares. Heinrich von Ofterdingen emprende la lucha contra los demás. Ya han llamado al verdugo. Si pierde, será ahorcado. Consigue retirarse, pero, con la esperanza de reanudar la contienda, llama al mago Klingsor desde Hungría. En efecto, trajo al mago Klingsor desde Hungría a Eisenach. Se produce una nueva Batalla de Wartburg y Klingsor entra en las listas en favor de Heinrich von Ofterdingen. El propio Klingsor canta contra los demás, pero es evidente que no lucha solo. Hace que seres espirituales luchen con él. Para ello, por ejemplo, hace que un joven sea poseído por un ser espiritual y le obliga a cantar en su lugar. En Wartburg hace intervenir fuerzas espirituales aún más poderosas.

Contra todo lo que viene del lado de Klingsor se alza Wolfram von Eschenbach. Una de las prácticas de Klingsor consiste en hacer que uno de sus seres espirituales ponga a prueba a Wolfram para saber si es realmente un hombre culto. Klingsor se ve acorralado por Wolfram. En efecto, Wolfram von Eschenbach, observando que actúa alguna influencia espiritual, canta a la Santa Cena, a la Transubstanciación, a la Presencia de Cristo en la Eucaristía, y el espíritu se ve obligado a partir, pues no puede soportarlo. Hay, en efecto, "realidades" subyacentes a estas cosas, si se me permite la verdad de perogrullo.

Klingsor pone a Wolfram a prueba y, con la ayuda del ser espiritual, consigue demostrar que Wolfram (aunque en realidad tiene un cristianismo sin estrellas, un cristianismo que ya no cuenta con el cosmos) es bastante ignorante en toda la sabiduría cósmica. Esta es la cuestión. Klingsor ha demostrado que el Juglar del Santo Grial, incluso en su época, sólo conoce ese cristianismo que ha eliminado el cristianismo cósmico. Klingsor mismo, por otra parte, sólo es capaz de aparecer con el apoyo de seres espirituales, en la medida en que posee una sabiduría de las estrellas. Pero reconocemos, por la forma en que utiliza su sabiduría, que lo que se llama "Magia Negra" está efectivamente mezclado en sus artes.

En una palabra, vemos a Wolfram von Eschenbach, que es un extraño a las estrellas, encontrado por una sabiduría de las estrellas aplicada injustamente.

Esto fue en el siglo XIII, inmediatamente antes de la aparición de aquellos dominicos de los que les hablé. Fue en el mismo momento en que el cristianismo, justo donde era más grande, se había despojado de toda visión del mundo de las estrellas. De hecho, en aquella época la sabiduría de las estrellas sólo existía en sectores que estaban interiormente alejados del cristianismo, como era el caso de Klingsor de Hungría.

Ahora era Heinrich von Ofterdingen quien había convocado a Klingsor. Heinrich von Ofterdingen, por tanto, se había aliado con una sabiduría no cristiana de las estrellas. Y así Heinrich permaneció unido en cierto modo, no sólo con la personalidad de Klingsor (que de hecho desapareció después de la vida de Heinrich en lo suprasensible) sino con la cosmología no cristiana de la Edad Media. De este modo vivió entre la muerte y un nuevo nacimiento, y renació tal como se lo he descrito. Entró en una incertidumbre del cristianismo.

Pero lo más importante es esto. - Muere de nuevo y emprende el viaje retrospectivo de su vida. Y en el mundo de las almas, a cada paso se enfrenta a la necesidad, si alguna vez quiere acercarse de nuevo al mundo de las estrellas, de pasar por la penosa batalla que Micael tuvo que librar en el último tercio del siglo XIX, cuando reclamó su dominio especialmente contra aquellos poderes demoníacos que estaban relacionados con la cosmología anticristiana de la Edad Media.

Para completar el panorama, añadiré que es claramente posible ver entre aquellos que lucharon duramente contra el dominio de Micael, y contra los que los espíritus de Micael tuvieron que proceder, es claramente posible ver entre ellos hasta el día de hoy, a los mismos seres espirituales que Klingsor conjuró en Wartburg hace mucho tiempo contra Wolfram von Eschenbach.

Así vemos a un hombre cuyos otros resultados del karma pasado le llevaron incluso durante un tiempo a los servicios de la Orden Capuchina, incapaz de acercarse al verdadero cristianismo. No podía acercarse porque llevaba dentro de sí el antagonismo contra el cristianismo que había suscitado en su vida pasada, cuando llamó en su ayuda a Klingsor, de la tierra de Hungría, contra Wolfram von Eschenbach, el cantor de Parsifal. Oscuramente, en la vida inconsciente de este hombre aún se mostraba la cosmología no cristiana, pero en su conciencia ordinaria desarrolló un cristianismo racionalista que ni siquiera es muy interesante. El interés se centra más bien en el gran conflicto de su vida, cuando con un racionalismo cristiano intentó fundar una especie de religión racionalista.

Pero lo más significativo de todo es reconocer esta conexión del racionalismo abstracto, del pensamiento abstractamente inteligente, con lo que vive en el subconsciente como concepciones oscurecidas y veladas sobre las estrellas y las relaciones con las estrellas. Tales cosas, que viven en el subconsciente, se elevan a la conciencia como pensamientos abstractos. Podemos estudiar el karma de los hombres más inteligentes de la actualidad -más inteligentes en el sentido materialista- y descubrimos que, por regla general, en vidas terrenales anteriores tuvieron algo que ver con aberraciones cosmológicas en los reinos de la magia negra. Se trata de una relación muy significativa. Un sentimiento instintivo de ello se conserva en los campesinos y la gente del campo, que sienten cierta aversión desde el principio cuando encuentran entre ellos a alguien demasiado inteligente en un sentido racionalista. No les gusta. En su concepción instintiva de él hay algo que, si lo seguimos, conduce finalmente a tales conexiones.

Ahora quiero que consideren todas estas cosas en relación con nuestro tema principal. En el último tercio del siglo XIX y principios del XX se podían encontrar espíritus humanos así. Están entre los más interesantes. Un renacido Heinrich von Ofterdingen, que tuvo que ver con el mago más negro de su tiempo, con Klingsor, resulta de hecho de lo más interesante en su intelecto racionalista actual.

Vemos aquí cuán grandes son las dificultades cuando uno desea acercarse correcta y rectamente a la sabiduría de las estrellas. En efecto, el verdadero acercamiento a la sabiduría de las estrellas, que necesitamos para penetrar en los hechos del karma, sólo es posible a la luz de una verdadera visión de la regencia de Micael. Sólo es posible al lado de Micael.

Hoy les he mostrado un solo ejemplo: el ejemplo de aquel que fue el arquetipo de Strader. Esto les mostrará a su vez, cómo a través de toda la realidad del tiempo moderno ha surgido una cierta corriente de vida espiritual que hace muy difícil acercarse con una mente abierta a la ciencia de las estrellas, y a la ciencia, también, del karma. Pero por difícil que sea, puede hacerse. A pesar de los ataques que pueden provenir de los sectores que he descrito hoy, podemos avanzar con seguridad y acercarnos a la sabiduría de las estrellas y a la configuración real del karma. En cuanto a cómo son posibles estas cosas, mañana les contaré más.

Traducido por J.Luelmo nov.2023

GA138 Munich 30 de agosto de 1912 El camino hacia los mundos suprasensibles es diferente para cada alma

 

LA INICIACION, LA ETERNIDAD Y EL INSTANTE

Por Rudolf Steiner


Conferencia 6

El camino hacia los mundos suprasensibles es diferente para cada alma. Los aspectos de los primeros pasos hacia la iniciación se muestran en los dramas misterio. El antropósofo debe prestar atención a lo que aparece de los mundos suprasensibles en los métodos científicos para el ser sensorial. En los mundos suprasensibles Lucifer quiere crear duración y revelación para lo esencial del mundo de los sentidos. Ahriman ayuda al alma a llevar lo que ha experimentado en el mundo de los sentidos a los mundos suprasensibles, a devolver el momento de la eternidad. 

Munich 30 de agosto de 1912

Por las conferencias anteriores, tal vez os hayáis dado cuenta de lo necesario que es hacer que nuestros conceptos sean capaces de cambiar y moverse si queremos llegar a una descripción correcta de los diversos mundos de los que podemos hablar, uno de los cuales es nuestra existencia sensorial ordinaria, nuestro mundo ordinario de los sentidos. De todo lo que se ha dicho debería ser evidente para ustedes que debemos hablar de los conceptos humanos en un lenguaje diferente cuando representamos la transición de un mundo a otro. Este es un aspecto de la cuestión. Pero hay otro lado; todos estos mundos interactúan entre sí y en un mundo la interacción de los demás mundos puede percibirse siempre como una especie de reflejo. En cada mundo nos encontramos con los fenómenos y seres de ese mundo en particular y, además, con todo lo que está obrando en él desde los otros mundos. Todo esto debe ser considerado cuidadosamente si queremos comprender los secretos de la iniciación, la relación del momento fugaz con la eternidad, y la relación de la oscuridad en la vida con la luz del espíritu. Existen ciertas reglas e instrucciones, que encontraréis descritas en el Conocimiento de los Mundos Superiores, a las que el alma ha de atenerse para entrar en los mundos suprasensibles. No hace falta decir que tales reglas no sólo son útiles, sino indispensables para todo aquel que quiera realmente emprender los primeros o ulteriores pasos hacia la iniciación.

Sin embargo, en este momento particular hay una cosa sobre la que debemos llamar la atención. Nuestra época actual tiene una cierta peculiaridad relacionada con todo el carácter del ciclo mundial en el que vivimos. Tiene una tendencia académica, teorizante, y por mucho que nos esforcemos en deshacernos de ella, sigue arraigada en el alma de los hombres actuales. Por eso, cuando se trata de ascender a mundos superiores, ellos esperan ante todo que se les diga cómo debe actuar, ante tales circunstancias, cada persona cuya alma está deseosa de llegar a mundos suprasensibles. Pero en comparación con la experiencia real de la vida suprasensible, en estas descripciones que puede decirse que proporcionan una pauta normal, una "línea de marcha" normal para un rápido ascenso a los mundos superiores, siempre parece entrar algo que, en cierto sentido, podría llamarse un elemento de lo dudoso.

La vida es un asunto complicado, y cada alma, sea cual sea la posición en la que se encuentre -toda persona que desee comenzar el ascenso a los mundos superiores debe hacerlo desde alguna posición particular en la vida-, cada alma está involucrada en un karma definido y comienza desde un punto definido. No hay dos almas en la misma situación. El camino de cada alma hacia los mundos suprasensibles es, por tanto, individual, y está determinado por la condición del alma en su punto de partida. Si se quiere mantener la verdad, no se puede decir que para ascender a los mundos superiores, para la iniciación, cada alma debe seguir normalmente tal o cual camino. De ahí la necesidad de algo más que instrucciones dadas en breves panfletos (un asunto mucho más fácil) diciendo que el alma debe hacer esto o aquello y dando lugar a la creencia de que es posible, siguiendo tales reglas, ascender a los mundos superiores en cualquier circunstancia y de la misma manera que cualquier otra alma.

Por eso esas cosas son dudosas. Fue por esa misma razón por la que aquí, en "Un camino hacia el autoconocimiento" he tratado de indicar algo individual que al mismo tiempo puede ser útil para todas las almas. Por la misma razón, surgió también la necesidad de mostrar cómo las vías de iniciación son múltiples y variadas. Sin querer dar ningún tipo de explicación sobre lo que se ha hecho, sólo quiero señalar las diferentes formas en que se muestran las necesidades en las tres figuras que aparecen ante nuestras almas como Johannes Thomasius, Capesius y Strader en mis dramas misterio El Portal de la Iniciación, La Probación del Alma y El Guardián del Umbral. Aquí se os muestran, por así decirlo, tres aspectos diferentes de las primeras etapas en el camino de la iniciación. No podéis decir de ninguna de ellas que sea mejor o peor que las otras; en cada caso debéis admitir que es el resultado del karma individual. Sólo se puede decir que un alma como Johannes o Capesius debe seguir necesariamente los caminos que hemos tratado de indicar, no teóricamente ni pedantemente, sino en las figuras reales y dramáticas.

Cada vez será más necesario alejar a la gente de la creencia de que unas pocas reglas serán suficientes en estos asuntos - cada vez más necesario precisamente en estas esferas espirituales indicar el camino desde lo académico hacia las figuras vivas. Dado que las conexiones de los mundos son tan múltiples, los caminos de los individuos deben ser también múltiples. Pero cuando se empieza a observar seriamente ciertas individualidades o seres de los mundos superiores y a verificar cómo afectan en el hombre, entonces especialmente debemos sentir la necesidad, en lugar de dar meras definiciones de ellos, de mostrar estas figuras vivamente y en su multiplicidad. En nuestra época es particularmente importante para los que se esfuerzan por el conocimiento espiritual, observar, en toda su naturaleza múltiple y variable, a figuras como Lucifer y Ahriman, que siempre encontraremos en el camino de la iniciación. Entonces será evidente cuán notables son las conexiones y los vínculos entre un mundo y otro.

Hoy en día hay muchos indicios de cómo se puede ir comprendiendo poco a poco esta interrelación de un mundo con otro. Quisiera partir desde lo obvio, aunque no se aprecie suficientemente que lo es. En nuestra época, en los círculos más amplios, existe un fuerte impulso por conocer el orden de la naturaleza, las leyes de la naturaleza, que actúan a través de todo, incluidos todos los seres vivos que se encuentran junto a nosotros en el mundo sensorial. Hay una tendencia a ignorar cualquier conocimiento procedente de otros mundos sobre el hombre y la existencia del mundo y a construir simplemente todo un concepto del mundo a partir del mundo único. Esto es lo que da el sello más o menos monista o materialista a nuestra concepción actual del mundo. Ahora bien, se puede decir que frente a este empeño, otros esfuerzos se han hecho sentir hoy en día como una especie de freno al conjunto. Dentro del mundo en el que vivimos, estos esfuerzos buscan aquellos fenómenos que se rigen por leyes diferentes a las del mundo natural y que, en toda su variedad, son sentidos por la mente materialista como inconsistentes con el orden de la naturaleza. Ciertamente, debemos prestar atención a todo lo que se hace de manera seria y científica en este campo. En esta confrontación contemporánea de la investigación puramente materialista con otra investigación, que, aunque poco advertida y utilizando los mismos métodos que la investigación ordinaria, busca otras conexiones en nuestra existencia sensorial que las que ofrece esta misma existencia - en todo esto podemos, en efecto, buscar mundos muy diferentes, con diferentes leyes del ser participando en esta otra investigación. En este sentido es muy deseable, sobre todo para los antropósofos, prestar atención a todo lo que se hace en esta dirección, ampliando los métodos de la ciencia a la interacción de los mundos suprasensibles en nuestra existencia física. Ya he señalado esto para los círculos más pequeños; hoy lo haré para este más grande.

En la primera parte de su libro "El Misterio del Hombre", un libro que me gustaría recomendarles especialmente, nuestro amigo Ludwig Deinhard ha emprendido la encomiable tarea de dar una lúcida clasificación y descripción de todo lo que en nuestra época puede ser investigado por medio de los métodos científicos reconocidos hoy en día sobre la interacción de un mundo suprasensible en el mundo que es accesible a todos nosotros. En efecto, estos métodos científicos se siguen aplicando con prejuicios. Esta lúcida clasificación ha sido una tarea digna. Puede ser una lección para cualquiera que esté interesado en ver cómo, simplemente tomando los hechos y siguiéndolos, podemos encontrar que lo suprasensible brota realmente de la vida de los sentidos. Así que este libro, El Misterio del Hombre, de Ludwig Deinhard, que ha aparecido recientemente, tiene una tarea importante, y aprovecho esta oportunidad para ponerlo en su conocimiento.

Esta interacción de otros mundos en el mundo sensorial, crea algo dentro de él que realmente se repite y aparece en todos los mundos. Esto hace, sin embargo, especialmente necesario que no nos formemos dogmas u opiniones pedantes, rígidas o unilaterales de que esto o aquello es así, que Lucifer es así, Ahrimán así; que hay que rehuir lo luciférico, lo ahrimánico, etc. Nuestras consideraciones de ayer siguieron este tema.

Supongamos que alguien que ha dado los primeros pasos en el camino de la iniciación, porque su vida anímica se ha vuelto clarividente por sus propios esfuerzos para abrir los ojos de su alma, se encuentra con la figura a la que llamamos Lucifer en los mundos suprasensibles. ¿Cómo describimos ayer a este ser? Se presenta ante el alma como un ser que se esfuerza siempre por convertir lo eterno, que por lo demás está en constante movimiento y cambio, en lo estable, temporal y momentáneo, para que como algo individual pueda regocijarse en su poder de hacerse individualmente grande. Si como alma te encuentras con Lucifer en los mundos suprasensibles, entonces aparece allí como el gran portador de la Luz que conduce, realmente conduce, a bajar a la existencia sensorial todos los tesoros que pertenecen al ser real en el mundo espiritual, y a la creación de su reflejo y revelación en el mundo sensorial. Si sigues a Lucifer en este esfuerzo suyo en los mundos suprasensibles, entonces estás trabajando para el cumplimiento de la tarea primordial del universo; es decir, para revelar lo no revelado, para comprometer al momento todo lo que es eterno y para hacer posible que todo lo que fluye hacia la eternidad ilimitada se mantenga sujeto en la grandeza interior del momento individual.

Ahora bien, en todas las almas humanas existe el deseo, como un eco de los mundos espirituales, de llevar a cabo este esfuerzo por manifestar lo no revelado, por fijar lo eterno en el momento fugaz. De ahí que cuando el hombre entra en los mundos suprasensibles, ya sea por la vía de la iniciación o por la muerte, realmente es Lucifer quien actúa como su portador de luz. Los peligros a los que se expone el hombre cuando se encuentra cara a cara con Lucifer en los mundos superiores sólo se presentan realmente cuando el hombre lleva consigo a estos mundos una medida demasiado grande de lo que en la existencia sensorial constituye su relación correcta con Lucifer. Lucifer sólo es peligroso para la vida del hombre en los mundos superiores si lleva consigo demasiado de la naturaleza y del ser esencial del hombre físico. ¿Cómo son entonces las cosas con Lucifer dentro de la vida real de los sentidos, donde siempre existe la interacción de los mundos suprasensibles? En el curso histórico del hombre durante la existencia sensorial y en su evolución tenemos que ver sobre todo con la interacción de los mundos superiores, que envían impulsos activos a la vida física para que una cosa tenga lugar tras otra, en la forma en que se desarrollan las cosas durante toda la existencia terrestre en la historia de la humanidad.

Los afanes egoístas de toda alma humana que consideramos humana y egoísta participan en la vida de los sentidos, y sabemos que el desarrollo de toda alma debe partir del egoísmo. Eso es natural. También sabemos que el hombre puede salir del egoísmo. En todo lo que las almas han podido hacer en la tierra a través del egoísmo, está implícito lo que podemos llamar la manifestación de lo eterno en lo fugaz. Las fuerzas luciféricas intervienen siempre en lo que está fijado en el alma individual y también en todo lo que el hombre individual puede hacer por todo el orden mundial y la existencia mediante el egoísmo y el poder de desarrollar en él la grandeza interior que brota de su ser interior. Pues, ¿Qué es la grandeza individual en el alma individual, sino la semilla de toda la grandeza en toda la evolución mundial del hombre? ¿Qué dio a Homero, Shakespeare, Dante, Goethe, su poder para afectar a la humanidad? Fue su condición de ego, y porque dentro de ellos había mundos enteros, mundos que surgían de su ser interior solamente, de su condición de ego. De esta manera indirecta, a través del yo, se introducen los impulsos de la vida espiritual, que son, de época en época, los mediadores de los más grandes hechos espirituales de la humanidad. En esto encontramos de nuevo a Lucifer. Él es el portador de la luz, el impulso y el poder detrás de toda la grandeza que irradia en la evolución humana desde las poderosas fuerzas de la eternidad que, en ciertos momentos, surgen del alma humana individual.

El alma del hombre está situada entre dos polos que no son más que la impresión y el reflejo de todos los mundos en los que el alma se encuentra realmente. En un polo, el alma humana se endurece en sí misma, se encierra en el capullo de su yo, y sólo desea lo que le sirve, lo que es para ella gratificante. En el otro polo, el alma humana extrae fuerzas de sus propias profundidades que son capaces de irradiar en toda la vida de la humanidad. ¿Cuándo sale a la luz este egoísmo del hombre? Esto sucede en el momento en que pensamos en lo necesario que es para cada hombre sacrificar lo que es suyo, lo que es lo más individual, lo que pertenece más profundamente a su egoidad. Pero en todo lo que el hombre puede hacer por sus semejantes a partir de su egoidad vive Lucifer, el otro polo de Lucifer; en todo lo que el hombre puede lograr así para la humanidad bajo la influencia del Portador de la Luz, se encuentra un reflejo de lo que Lucifer es realmente en los mundos superiores, un reflejo de su actividad creadora, que es la revelación de lo no revelado.

¿Podemos por tanto decir que Lucifer es malo, o podemos decir que Lucifer es bueno? Sólo se puede decir que si se sostiene que Lucifer es malo, y que hay que huir de él, entonces también hay que decir que hay que evitar el fuego, porque en determinadas circunstancias destruye la vida. En el camino de la iniciación encontramos que las palabras bien y mal no pueden ser utilizadas de esta manera para la descripción de cualquier ser del orden del mundo suprasensible. El fuego es bueno cuando actúa en condiciones buenas, malo cuando actúa en condiciones malas; en sí mismo no es ni lo uno ni lo otro. Lo mismo ocurre con Lucifer. Ejerce una influencia buena en el alma del hombre cuando se convierte en el instigador del sacrificio del hombre en el altar de la evolución humana, sacrificio de todo aquello que es más individual en su alma. Lucifer se convierte en un ser malo -más bien, lo que hace se convierte en malo- cuando despierta en el alma humana impulsos que sólo conducen a la autocomplacencia. Así pues, una vez que se ha llamado nuestra atención sobre estos seres, tenemos que seguir el efecto que sus actos tienen en el mundo. Los actos de los seres suprasensibles pueden calificarse de buenos o malos; los propios seres, ¡nunca!

Imaginemos que en algún lugar, en alguna u otra isla, hubiera una raza humana que sostuviera la opinión de que, en cualquier circunstancia, hay que protegerse de Lucifer y que hay que mantenerlo a la mayor distancia posible. Eso no probaría que los hombres de esta isla tuvieran mejor conocimiento de Lucifer que cualquier otro, sino simplemente, que estos hombres, en virtud de sus cualidades particulares, sólo eran capaces de convertir en maldad lo que Lucifer podía darles. Los puntos de vista sobre Lucifer mantenidos por la gente de esta isla serían sólo una característica de esa gente, no de Lucifer. No diré si esta isla existe o no. Podéis buscarla vosotros mismos en la evolución del mundo.

Debemos buscar los atributos de Lucifer en el ser Lucifer que encontramos en el mundo suprasensible. Hay que buscar la forma de su funcionamiento en cómo sus poderes adquieren cualidades diferentes cuando, por ejemplo, actúan en tal isla y sus efectos se manifiestan activamente en ella.

¿Y lo ahrimánico? ¿Qué es eso? Cuando nos encontramos con Ahrimán en el mundo suprasensible, descubrimos que sus atributos particulares son muy diferentes de los de Lucifer. Para entrar en relación con Lucifer en el mundo suprasensible, realmente sólo necesitamos purificarnos y limpiarnos de toda la escoria del egoísmo defectuoso y del egoísmo de la existencia sensorial. Para ello, Lucifer se convertirá en un buen guía en el mundo suprasensible actual, y no nos convertiremos fácilmente en su presa. Pero con Ahriman es diferente; la suya es otra tarea en la evolución del mundo. Mientras Lucifer revela todo lo que está oculto, la tarea de Ahrimán para el mundo de los sentidos puede describirse diciendo que donde está nuestro mundo de los sentidos, donde se hace visible, allí está Ahrimán, pero él lo impregna invisiblemente, supersensiblemente. ¿Cómo nos ayuda Ahriman? Nos ayuda considerablemente en el mundo físico; ayuda a cada alma. De hecho, ayuda a todas las almas a llevar a los mundos superiores todo lo que sea posible del mundo de los sentidos, de lo que se desarrolla sólo allí, porque el mundo de los sentidos existe con algún propósito y no es simplemente maya. Existe como escenario de los acontecimientos que los seres pueden experimentar, y lo que así se representa y experimenta debe ser llevado a los mundos suprasensibles. El poder de llevar a la eternidad lo que tiene valor en la existencia sensorial es el poder que pertenece a Ahriman. Devolver lo fugaz a la eternidad, eso está en el poder de Ahrimán.

Para el alma individual en relación con Ahriman, sin embargo, entra en consideración algo muy diferente. Lo que el hombre experimenta principalmente en la existencia sensorial tiene un valor infinito para él, y no creo que encuentre mucha oposición si digo que el entusiasmo y la inclinación a conservar cuidadosamente lo que experimentamos en la existencia sensorial, y a guardarlo en la medida de lo posible para la eternidad, es generalmente mucho mayor que la otra tendencia, a saber, la de bajar al mundo de los sentidos todo lo que podamos de los mundos espirituales ocultos. El hombre ama el mundo de los sentidos de forma natural y comprensible, y quiere llevarse a la existencia espiritual todo lo que pueda de él. Ciertas creencias religiosas, para reconfortar a sus adeptos, les dicen que pueden llevarse muy bien a la vida espiritual todo lo que hay en la existencia sensorial. Sin duda lo dicen porque inconscientemente se dan cuenta de cuánto ama el hombre lo que es suyo en la existencia física. Esto es lo que el poder de Ahriman se esfuerza por lograr, que todo lo que tenemos aquí pueda ser llevado con nosotros a los mundos espirituales. Esta inclinación y deseo de llevar lo físico a lo suprafísico es fuerte y contundente en el alma. No es nada fácil deshacerse de ella cuando, a través de la muerte o la iniciación, te elevas del mundo de los sentidos a los mundos superiores. Por lo tanto, todavía lo tienes en ti cuando te conviertes en un ser del mundo superior. Si te encuentras con Ahriman allí, es justo ahí donde se vuelve peligroso, porque te ayuda voluntariamente a llevar a estos mundos suprasensibles todo lo que has ganado y experimentado en la existencia sensorial.

Para aquellos que quieren conservar cada momento fugaz para la eternidad, no puede haber un compañero más querido que Ahriman. Muchos hombres, tan pronto como han traspasado la puerta del mundo suprasensible, encuentran en Ahrimán un compañero complaciente; siempre está tratando de hacer que lo que ocurre en la tierra desempeñe su papel en los mundos superiores y de reclamarlo allí para sí mismo y para los que trabajan con él. Pero ni siquiera eso es lo peor, porque no se entra en el mundo suprasensible sin haberse desprendido antes en cierto modo de la propia yoidad. Si entrarais allí con la fuerza impulsora ordinaria y normal, pronto os apoderarías de Ahrimán y lo sentirías como un compañero de lo más fácil. Pero no puedes entrar en ese estado. Al entrar en los mundos superiores, ya tienes la facultad de reconocerlo como partícipe de lo divino, ya que con una tragedia abrumadora impregna la evolución terrestre en la existencia sensorial y se esfuerza siempre por transformarla para que se convierta en una vida espiritual. ¡Esa es la profunda tragedia de Ahriman! Él quisiera cambiar en lo espiritual todo lo que ha aparecido en lo físico, y lucha en el orden mundial por la purificación y limpieza, en fuegos purificadores, de todo lo físico. En su sentido eso es bueno, pero sería malo en el sentido de los seres divinos, espirituales, si Ahriman, que es su oponente en el orden mundial, pudiera llevar a cabo todos sus objetivos.

Muchas cosas deben hacerse allí de manera diferente a como él las quiere hacer. Quisiera describir aquí lo que quiero decir con una comparación. Aplicando esta comparación a todo el orden mundial, podrás apreciar cómo Ahriman se esfuerza por sí mismo en lo que puede llamar el bien, y sin embargo cuán imposible es encajar este "bien" en todo el orden mundial.

Tomemos ahora cualquier animal que, para su desarrollo progresivo en la existencia sensorial, debe mudar de piel. De vez en cuando, debe dejar de lado su piel como una especie de imagen de sí mismo y progresar en la vida con una nueva forma. Algo tiene que desprenderse para dar al ser en cuestión nuevas posibilidades de vida. Ahriman querría salvarlo todo y querría impedir que todas las serpientes desprendieran su piel; querría que se agotara todo lo que, en la mente del orden mundial, debe ser desechado. También el hombre quisiera hacer eso en la existencia sensorial. Hay mucho que preferiría no dejar, sino llevar consigo, aunque en la mente del orden mundial superior esté destinado a lo temporal y al momento pasajero. Debido a que el impulso es tan fuerte en él, el hombre querría, si le fuera posible entre todas sus preguntas en el mundo sensorial sobre caminos desconocidos y demás, preguntar primero: "¿Dónde se puede encontrar a Ahriman? ¿Dónde puede Ahriman ayudar a uno a llevar a la eternidad lo sostenido en el momento fugaz?"

Esto es lo único bueno. El hombre no puede encontrar a Ahriman en el mundo de los sentidos porque aquí es invisible y espiritual. Es parte de las obligaciones del Guardián del Umbral que Ahriman permanezca lo más invisible posible en el mundo físico. Así, el hombre puede desplegar lo que está en sus propias fuerzas sólo para la preservación de lo fugaz en la eternidad, y no puede dejar que Ahriman lo ayude inconscientemente. También aquí, el bien y el mal intervienen en la vida física del hombre como dos polos. El hombre como alma pasa por una evolución humana en la que una tarea es buena, genuina y verdadera; es decir, sacar del mundo sensorial todo lo que tiene valor eterno y hacerlo parte del reino eterno. Este es el deber que se nos impone: tomar los preciosos tesoros de lo momentaneo y ofrecerlos en el altar de la eternidad. Cuando dejamos que Ahriman nos ayude con los verdaderos tesoros de la vida temporal, entonces es bueno. Pero cuando en el momento de entrar en el mundo suprasensible, llegamos a conocer a Ahrimán -hasta entonces no podemos verlo- y le mostramos la tendencia que queda en nosotros a llevar del mundo sensorial al mundo suprasensible lo que no tiene valor, entonces esto tiene mucho valor para él. Sin embargo, no tiene ningún valor para sus oponentes. Entonces puede encontrarnos como instrumentos útiles para llevar a la eternidad lo que se ama aquí en la existencia sensorial. Porque al ser amado, toma su lugar a través de él en la eternidad.

Por lo tanto, una vez más vemos cómo lo que emana de Ahrimán no puede, en sí mismo, ser llamado bueno o malo, sino que se convierte en bueno o malo según la forma en que los hombres se colocan hacia él y entran en relación con él. A través de esto podemos darnos cuenta de lo fácil que es que las descripciones sean superficiales al responder a preguntas que muestran tan poco pensamiento real como: "¿Cómo es Ahrimán?" o "¿Cómo es Lucifer?". En los mundos superiores, donde sólo son posibles las descripciones de estos seres, no existen realmente tales enunciados, ni tales preguntas. Así el hombre es arrastrado al laberinto de la vida. Tanto Lucifer como Ahriman están trabajando en este laberinto, y el hombre tiene que descubrir cómo adoptar la actitud correcta hacia ellos. Esta necesidad de buscar nuestra correcta relación con los seres de los mundos suprasensibles es justamente lo que nos da el poder para el autodesarrollo. La conexión con los mundos suprasensibles no se mantiene tanto por el esfuerzo de un conocimiento basado en el de los sentidos, como por la creación de una relación con los seres espirituales de la manera que acabamos de describir. Por esta razón, los hombres deben adentrarse en la oscuridad de la vida en la que actúan seres que pueden ser tanto buenos como malos, y que pueden convertirse en buenos o malos en los efectos de lo que hacen según la forma en que nos relacionemos con ellos. Eso es lo que constituye la oscuridad de la vida. Por lo tanto, la luz de la vida, la luz espiritual, sólo puede brillar en las tinieblas de la vida si adquirimos la relación correcta y llegamos a conocer las diversas potencias del mundo suprasensible que intervienen en nuestro mundo físico. También, al querer hablar de mundos suprasensibles, cambiamos nuestras ideas y conceptos. Quisiera presentar a vuestras almas con otro ejemplo lo diferente que debemos pensar si queremos encontrar la conexión entre el mundo sensorial y el mundo suprasensible de manera correcta.

Vivimos aquí en la existencia física de tal manera que sentimos cómo juega con nosotros y a nuestro alrededor lo que llamamos nuestro destino. En nuestro destino encontramos muchas cosas simpáticas y muchas adversas. Cualquiera que pueda formarse una verdadera idea de sí mismo sabe que el sentimiento y la experiencia con los demás, y la simpatía o antipatía con que nos encontramos con las venturas de la vida, se cuentan entre nuestras sensaciones más poderosas y están más profundamente arraigadas en nuestra alma. Ahora bien, sucede -no necesito repetir aquí por qué, ya que esto se les ha dicho con frecuencia en conferencias anteriores- que en nuestro yo superior, que, en el sentido de nuestras conferencias anteriores, lleva en sí sólo un recuerdo del yo ordinario, en este yo superior, nosotros mismos preparamos el destino mismo que luego puede atormentarnos y causarnos sufrimiento durante toda una vida. ¿No hay acaso algunos que niegan la idea de la reencarnación porque, habiendo vivido ésta, no tienen el deseo de construirse una nueva existencia? La razón es que trabajan bajo la ilusión de que en los mundos que el hombre habita después de la muerte todo sigue igual que en el mundo de los sentidos. Aquí, en el mundo sensorial, una cosa puede agradar y otra desagradar. Pero durante la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento, nunca se nos ocurre que debamos sentir de esta manera. Allí sentimos de manera muy diferente, aunque aquí no lo sepamos. Cuando, después de la muerte, llegamos al mundo espiritual, nos damos cuenta, por ejemplo, de que "he vivido en la tierra una vida de los sentidos; he poseído una determinada facultad, pero esta facultad encontró en mí una expresión unilateral; es posible que incluso hiciera un mal uso de ella. Ahora debo formarme de nuevo en otra existencia y encarnación terrestre para que esta unilateralidad se equilibre y la imperfección se rectifique. En otras palabras, debo asumir en otra imperfección lo que antes he tenido en una forma imperfecta, para que trabajando en la dirección opuesta pueda equilibrar y armonizar el asunto."

Entonces comienza un tiempo entre la muerte y el nuevo nacimiento, que se prolonga hasta el nuevo nacimiento, durante el cual el hombre dice, por ejemplo: "Antes trabajaba y me hacía experto en pintura. Ahora naceré de manera que en mi nueva vida seré totalmente incapaz de pintar. Al no poder pintar, nunca podré albergar en mi alma un juicio llegado desde el punto de vista de un pintor, sino que sólo podré juzgar como quien simplemente ha visto algo. Así, adquiriré otras fuerzas que me servirán para armonizar y equilibrar lo que antes era mío". Así, podemos considerar una vida entre el nacimiento y la muerte como algo felizmente pasado y, sin embargo, decir: "Si dirigiera toda mi evolución de manera que sólo experimentara la vida así, nunca obtendría todo su sabor." De las fuerzas así desarrolladas, sigue el deseo: "Lo que una vez experimenté en la felicidad, ahora debo experimentarlo en el sufrimiento". Entonces se arregla todo de tal manera que, impulsado por este anhelo, se tiene que experimentar el sufrimiento en una determinada esfera y, al someterse a esto, se progresa más en la vida. Entonces se hace evidente el hecho de que en los mundos suprasensibles hemos anhelado el dolor y el sufrimiento, aunque en la existencia sensorial sentimos que son algo que hay que evitar.

He aquí la diferencia entre la vida en la existencia sensorial y la vida entre la muerte y el renacimiento en los mundos suprasensibles, que adquiere un significado real y práctico. En nuestra vida, entre la muerte y el nuevo nacimiento, actúan fuerzas muy diferentes de las que se encuentran entre el nacimiento y la muerte. ¿Qué hace entonces un hombre que juzga la vida en los mundos suprasensibles según sus simpatías y antipatías de la existencia sensorial? En realidad, trasplanta en perspectiva al mundo suprasensible lo que tenía en la existencia sensorial. Es como si dibujara o pintara una rosa, por ejemplo, en una hoja de vidrio. Entonces, si miras la hoja de vidrio no la verás. Miras a través del cristal, pero la pintura que tomas por realidad se proyecta en el espacio de la pared de atrás. Pero no es real en absoluto; eres tú quien lo ha trasplantado allí. Del mismo modo, un hombre, cuando quiere juzgar el mundo suprasensible por las simpatías y antipatías del mundo sensorial, puede proyectar en ese mundo algo como sombras que, sin embargo, pueden tener validez allí. Este algo tiene un cierto efecto y es en cierto modo auténtico. Aunque no se vea, se proyecta algo como una niebla sobre lo que está en ese mundo ante el observador.

Así, de nuevo y desde otro lado, se nos muestra a través del sentimiento lo que puede llamarse la oscuridad de la vida. Si preguntamos por qué vivimos en esta oscuridad entre el nacimiento y la muerte, puede decirse que es porque los juicios y valoraciones de la vida que son justificados y naturales en la vida entre el nacimiento y la muerte no deben tener ningún valor para la existencia que llevamos en los mundos suprasensibles entre la muerte y un nuevo nacimiento. En la existencia sensorial tenemos necesidad de una vida de alma que en la vida suprasensible ya no tiene validez. Por lo tanto, si queremos obtener un conocimiento completo del universo, debemos permitir que todas nuestras investigaciones y nuestro conocimiento del mundo suprasensible sean. penetrados por la luz de su espíritu. El mayor error que los hombres pueden cometer en su visión del mundo es el de imaginar que pueden extender a los mundos suprasensibles los conceptos e ideas obtenidos del mundo de los sentidos y sin tener la paciencia y la resistencia de esperar de la investigación real en lo suprasensible, descripciones de todo lo que, como luz espiritual de los mundos superiores, irradia en la oscuridad de la existencia sensorial. Aquí se nos plantea la pregunta: "¿Sólo los que tienen poder de visión en los mundos suprasensibles, los que han tenido el privilegio de la iniciación, son capaces de dejar que esta luz espiritual de los mundos suprasensibles actúe sobre ellos?" Esta creencia está ampliamente difundida en todo el mundo. A menudo se oye decir: "¿Cómo puede uno comprender algo de los mundos suprasensibles si nunca ha pasado por la iniciación?". Entonces oyes señalar que el único camino verdadero debe ser pasar por la iniciación, el único camino que conduce a los mundos suprasensibles.

Nuestro punto de partida de mañana será la conexión en esta esfera, cómo se relaciona la comprensión con la visión en los mundos suprasensibles, y cuánto consuelo y fuerza podemos tener en la vida mediante la contemplación de la luz espiritual en nuestra oscuridad. Esto nos conducirá unos pasos más allá en el problema que estamos considerando ahora.

Traducido por J.Luelmo junio2021