CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

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GA115 Berlín, 25 de octubre de 1909 - La estructura de los sentidos

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RUDOLF STEINER
ANTROPOSOFÍA-PSICOSOFÍA-PNEUMATOSOFÍA

La estructura de los sentidos


Berlín, 25 de octubre de 1909


segunda conferencia

Anteayer nos limitamos a enumerar los sentidos humanos, por así decirlo, pero de forma que reflejaran la propia naturaleza humana. No los hemos mezclado en un batiburrillo de colores, como suele hacerse en fisiología sensorial, porque no se pueden reconocer los correspondientes nexos. Los hemos enumerado y alineado de manera completa, de acuerdo con el ser humano. Y hoy nos corresponderá considerar, -ya que el área de los sentidos humanos es una de las más importantes que necesitaremos en la consideración más detallada del ser humano-, esta entidad sensorial humana con un poco más de detalle.

Hemos comenzado por el sentido que hemos llamado sentido de la vida, sentido vital. Tendremos que preguntarnos:

¿En qué se basa realmente este sentido de la vida en la verdadera acepción de la palabra? Si queremos formarnos una idea de la fuente de lo que se denomina sentido de la vida, debemos ahondar bastante en las profundidades subconscientes del organismo humano.  Por supuesto, aquí apenas podemos esbozar algo. En primer lugar, existe una cooperación peculiar entre el cuerpo físico y el cuerpo etérico. Este hecho se evidencia cuando tratamos de determinar lo que subyace al sentido de la vida. El miembro más inferior del ser humano, el cuerpo físico, y el cuerpo etérico o vital entran en una relación muy definida entre sí. Esto sucede porque en el cuerpo etérico aparece algo más introduciéndose en él, saturándolo, por así decirlo. El cuerpo etérico es impregnado y atravesado por algo más. Este algo más es algo que el hombre básicamente todavía no conoce conscientemente en sí mismo. La ciencia espiritual, sin embargo, puede decirnos qué es lo que actúa dentro del cuerpo etérico empapándolo, -hablando en sentido figurado-, lo mismo que el agua empapa una esponja. Si uno examina esto desde el punto de vista de la ciencia espiritual, encuentra que es lo mismo que lo que el hombre desarrollará un día en un futuro lejano como el hombre espiritual o Atma. Hoy todavía no tiene este Atma dentro de sí; primero debe serle otorgado, por así decirlo, desde el mundo espiritual circundante. Le es otorgado sin que él pueda participar conscientemente en ello. Más tarde, en un futuro lejano, lo habrá desarrollado en su interior. Así pues, el hombre espiritual o atma es el que impregna y penetra en el cuerpo etérico. ¿Qué hace este atma en el cuerpo etérico? Hoy en día el hombre todavía no está en condiciones de tener un hombre espiritual o Atma dentro de sí mismo, porque en la actualidad esto es todavía un ente supra-humano en el hombre. Este ente supra-humano, el Atma, se expresa contrayendo el cuerpo etérico, incluso convulsionándolo. Si queremos utilizar una imagen del mundo sensorial exterior, podríamos compararlo con el efecto enfriador del frío. Lo que un día será el miembro más elevado del hombre, para el cual hoy todavía no está maduro, lo convulsiona. La consecuencia de que se contraiga el cuerpo etérico es que se exprime el cuerpo astral del ser humano, el astral, y en la medida en que se contrae el cuerpo etérico, también se tensa el cuerpo físico. Surgen en él tensiones heladas. Es como cuando exprimimos una esponja. El cuerpo astral se desinfla, por así decirlo, es presionado, es estrujado. Los procesos en el cuerpo astral son ahora experiencias emocionales, experiencias de placer y disgusto, de alegría y dolor, etcétera. Este proceso de ser exprimido es lo que se manifiesta en nosotros como un sentimiento de vida, como un sentimiento de libertad, por ejemplo, como un sentimiento de fuerza, como un sentimiento de cansancio.

Sigamos ahora ascendiendo un poco más. El segundo sentido que hemos mencionado es el sentido del propio movimiento. Aquí también hay algo que actúa en el cuerpo etérico del ser humano que todavía no poseemos conscientemente. El cuerpo etérico está saturado e impregnado, al igual que una esponja por el agua, y lo que ahora lo impregna y permea es el espíritu vital o buddhi, que él un día desarrollará desde sí mismo. Hoy, por supuesto, esto sólo se nos concede desde el mundo espiritual por el momento, por así decirlo. El buddhi o espíritu vital actúa de forma diferente al hombre espiritual. Actúa de tal modo que en el cuerpo astral se produce un equilibrio como el del agua en reposo. El equilibrio en el cuerpo etérico y luego en el cuerpo físico da como resultado un balance, un equilibrio en el cuerpo astral. Si este equilibrio es perturbado desde el exterior, trata de restablecer su equilibrio. Si realizamos un movimiento, lo que se ha desequilibrado se reequilibra. Por ejemplo, si extendemos la mano, una corriente astral fluye en dirección opuesta a la mano extendida, y lo mismo ocurre con todos los movimientos de nuestro organismo. Siempre que se produce un cambio en una situación física, una corriente astral se mueve en el organismo en sentido contrario. Este es el caso cuando parpadeamos, cuando movemos las piernas. En este proceso de ecualización experimentado interiormente en el cuerpo astral, se revela el sentido del propio movimiento.

Llegamos ahora a un tercer elemento que puede impregnar el cuerpo etérico del ser humano. Este tercer elemento es también algo que el hombre de hoy sólo ha traído a su conciencia en una mínima parte, a saber, manas o yo espiritual. Sin embargo, ya le corresponde al hombre de hoy como su tarea de conocimiento. Por eso tiene un efecto diferente en el cuerpo etérico que, por ejemplo, el espíritu vital. Tiene un efecto expansivo sobre el cuerpo etérico, y la consecuencia de ello es que se produce lo contrario de lo que se ha descrito como la frialdad del sentido vital. El efecto de manas en el cuerpo etérico podría compararse con el flujo de calor en una habitación. Algo así como una corriente de calor se vierte en el cuerpo etérico cuando entra manas y lo expande elásticamente. La consecuencia de esto es que ahora el cuerpo astral también se diluye, pero sin ser exprimido, y puede permanecer dentro del cuerpo etérico en expansión. Mientras que la percepción sensorial del sentido vital se basa en el hecho de que el cuerpo astral es empujado, lo que se ha llamado sentido estático o sentido del equilibrio surge del hecho de que el cuerpo etérico se expande y, al mismo tiempo, el cuerpo astral recibe más espacio interior. 

El cuerpo astral se vuelve menos denso, se vuelve más delgado. Como resultado de esta dilución de los cuerpos astral y etérico, la sustancia física ahora también tiene la oportunidad de estirarse y expandirse de alguna manera. Por medio de la acción de Atma el cuerpo físico se contrajo, por medio de la acción de Buddhi se mantuvo en equilibrio, pero por medio de la acción de Manas el cuerpo físico se alivia, y al igual que el cuerpo etérico también se expande, pudiéndo expulsar sus partículas en ciertos puntos. Mediante este empuje, también se crearon esos órganos, los tres pequeños canales semicirculares en el oído, que son perpendiculares entre sí, correspondientes a las tres direcciones del espacio. Son, por así decirlo, expansiones de la materia sensorial del cuerpo físico. Tales órganos surgen de las formas más variadas como nuevas formaciones, como estructuras maravillosas, que no surgen por ser impulsadas desde dentro, sino por ser eximidas desde fuera y haber cesado la presión. Debido a que el cuerpo astral puede continuar expandiéndose, es capaz de entrar en relación con el mundo exterior. Tiene que equilibrarse con este mundo exterior. Si esto no sucede, el ser humano se tambalea o incluso se cae. Para los dos primeros sentidos, esto era imposible, pero este sentido tiene la tarea de equilibrarse. Si queremos entrar en algún sitio, tenemos que hacerlo como podamos; por ejemplo, tenemos que entrar en el espacio en sus tres direcciones. Por eso, los tres canales semicirculares del oído crecen perpendiculares entre sí en las tres direcciones del espacio. Si estos órganos se lesionan, el sentido estático deja de funcionar y la persona sufre mareos, desmayos y cosas por el estilo. Cuando se trata de animales, la situación es tal que éstos han descendido a la materia física demasiado pronto, de modo que su materia física se ha endurecido aún más. Aparecen formaciones de piedra, los otolitos. Estos se depositan de tal manera que el equilibrio puede medirse y palparse.

Ya hemos hablado de tres sentidos, de dentro a fuera, por así decirlo. El último sentido se sitúa en la frontera entre lo que el hombre experimenta interiormente y lo que debe experimentar para poder integrarse en el mundo exterior. En los últimos tiempos, la ciencia externa, que se aferra a los hechos sensoriales, se ha visto obligada, por así decirlo, a reconocer finalmente estos tres ámbitos de nuestro sistema sensorial. Debemos distinguir claramente, como siempre hacemos aquí, entre lo que es el resultado real de la investigación y las opiniones que actualmente mantiene la mente del grupo erudito con su pensamiento inadecuado. Precisamente en esta materia ella ha mostrado que si no tiene la guía que conduce a través del laberinto, debe extraviarse, porque precisamente aquí se presenta un gran problema. En consecuencia, aquí se han comparado estas formaciones, que representan un órgano sensorial humano, con ciertos órganos del reino vegetal, donde también se produce una especie de equilibrio por la reordenación de tales cuerpecillos cuando las plantas se inclinan. Pero como el pensador moderno, por regla general, siempre se abandona a la lógica cuando debería tener una visión correcta de las cosas, ha llegado a la extraña conclusión de que las plantas también tienen un sentido del equilibrio. Tal lógica, sin embargo, se basa en el punto de vista que a menudo he caracterizado e ilustrado. Porque cierta planta, cuando algún insecto se le acerca, junta sus hojas para atraparlo, se dice de esta manera superficial que en la planta hay que hablar de un sentido equivalente. Sin embargo, conozco una estructura que puede hacer esto de forma más excelente, incluso llega a atraer y atrapar a los pequeños animales, se trata de la trampa para ratones. Del mismo modo que lo que se dice de los sentidos humanos se aplica a las plantas, también podría aplicarse a la ratonera. Podríamos aplicarlo con la misma insensatez a la balanza con su equilibrio y hablar del sentido del equilibrio de la balanza. Tales concepciones erróneas proceden de un pensar inadecuado, que no se estira lo suficiente, que no puede penetrar debidamente en la esencia de la cuestión.

Así pues, tenemos tres sentidos sobre los que la ciencia extiende hoy sus tentáculos en cierto modo, pero que sólo aprenderá a dominar cuando encuentre el hilo de la ciencia espiritual y sea capaz de aplicarlo. Sólo entonces comprenderá correctamente la estructura del organismo humano tal como es en realidad, precisamente bajo la influencia de las interacciones que se han descrito. Para ello, sin embargo, es necesario poder observar y comprender desde dentro a todo el ser humano en términos de ciencia espiritual.

EL OLFATO

Llegamos ahora al sentido del olfato. Aquí puede surgir la pregunta: ¿Por qué se omite lo que la ciencia llama el sentido del tacto y que suele ser el más discutido? Debido al número limitado de conferencias sobre todo este tema, algunas cosas deben pasarse por alto con cierta rapidez, y otras sonarán un tanto paradójicas. El sentido del tacto se ha omitido porque, tal y como se describe habitualmente, es una invención, un producto de la imaginación fisiológica. No existe como tal, porque existe toda una serie de sentidos que pueden describirse como los del tacto. Pero no podemos hablar de un sentido real del tacto. ¿Qué ocurre cuando se toca algo? Supongamos que ustedes tocan un objeto. En realidad, lo que ocurre ahí se limita al sentido del equilibrio. Cuando se presiona una parte del cuerpo, en esa parte del cuerpo se altera el equilibrio y no ocurre nada más que lo que ocurre dentro del sentido del equilibrio. Lo mismo ocurre cuando se empuja una mesa, se acaricia una superficie de terciopelo o se tira de una cuerda. Sólo hay cambios en el equilibrio dentro de nosotros mismos cuando la presión, el tirón o la caricia, etc., tienen lugar como procesos táctiles. El sentido del tacto debe buscarse siempre allí donde esté activo el sentido del equilibrio.

En la ciencia existen las opiniones más fatales sobre el sentido del tacto. Se habla de presión sin profundizar en la naturaleza de este hecho. Para la persona corriente, la presión es algo sobre lo que ni siquiera se lo plantea. Sin embargo, para los que consideran el asunto desde un punto de vista científico-espiritual, la presión está relacionada con la pregunta: ¿Qué tipo de perturbación del equilibrio surge en el organismo? y como consecuencia de ello., ¿Qué tipo de compensación es necesaria en el cuerpo astral? Se puede ver cómo se malinterpreta este sentido de la presión, -la cual formaría parte del sentido del tacto-, en el hecho de que uno se pregunte: ¿Por qué las personas no son aplastadas por la enorme presión atmosférica que pesa sobre ellas? Si así fuera, la presión externa ejercería una presión tremenda sobre nuestros cuerpos. Un niño curioso pregunta sobre esto en clase de física, por ejemplo, y le dicen que la presión y la contrapresión, que actúa de dentro hacia fuera, son iguales en nuestro cuerpo y se anulan mutuamente. El ser humano, dicen, está igual de lleno de aire por dentro, y el resultado es la misma presión por fuera, de modo que los dos efectos de presión, iguales y dirigidos en sentido contrario, se anulan mutuamente. Se alcanza el equilibrio y el hombre no puede ser aplastado. Pero si el muchacho en cuestión es brillante, planteará una objeción y dirá: «A menudo me he zambullido profundamente en el agua y he estado completamente rodeado de agua y no me he aplastado, aunque no estaba lleno de agua dentro de mi cuerpo; ¡de lo contrario me habría ahogado! He aquí el absurdo al que nos conducen las cosas si las interpretamos de una manera puramente materialista externa. En verdad, cuando se ejerce presión sobre nosotros se trata de un proceso eminentemente espiritual. Esto nos lleva directamente a nuestro cuerpo astral cuando las perturbaciones del equilibrio tienen que ser compensadas. Cuando se ejerce presión sobre nosotros, el equilibrio cambia, empujamos el cuerpo astral hacia la parte comprimida y así restablecemos el equilibrio perturbado, es más, incluso permitimos que sobresalga ligeramente por encima de él. Siempre hay una pequeña abolladura astral, por así decirlo, donde se aplica la presión. Este efecto compensatorio, puramente astral, es tan fuerte que es capaz de superar desde dentro toda la presión del aire del exterior. Se puede sentir literalmente el espíritu con las manos; sólo que no se es consciente

.Pero en cambio, ¿Qué ocurre con el sentido del olfato? En tales casos, algo se apodera del organismo humano, algo que está más cerca de nuestra conciencia, a saber, la propia alma consciente. Lo que en la ciencia espiritual se denomina alma consciente entra en acción cuando olemos.

Ella produce en un determinado punto del organismo no sólo una expansión, una rarificación, sino que el cuerpo astral envía su efecto hacia el exterior y que, por lo tanto, este efecto va más allá del organismo. Mientras que al oler la sustancia aérea penetra en la mucosa de la nariz, la sustancia astral es impulsada hacia el exterior en la misma medida. Esta sustancia astral siempre abandona el organismo al oler, se sumerge en la cosa y experimenta algo no sólo en sí misma, sino en esta cosa, que nosotros denominamos y experimentamos como fragancia, olor, hedor o algo parecido. Es como un tentáculo del cuerpo astral, que surge a través del alma consciente.

EL GUSTO

El sentido del gusto funciona a su manera debido a que el organismo está trabajado desde el alma mental o racional. A través del órgano del gusto, el alma vierte las corrientes astrales hacia el exterior y las envía hacia las sustancias de la lengua. Lo que sucede en el cuerpo astral cuando olfateamos es de naturaleza muy especial. ¿Qué sale del cuerpo astral cuando olemos? No es otra cosa que algo de naturaleza volitiva. Esto que sentimos interiormente como un impulso volitivo, fluye hacia la materia entrante cuando olemos. El proceso de oler es un oponerse, un pretender hacer retroceder la sustancia entrante. La investigación espiritual puede decir que esta sustancia entrante no es sólo una sustancia parecida al aire, -eso es sólo maya, ilusión-, sino que es la voluntad que fluye desde el exterior. En el olfato tiene lugar una interacción mutua de fuerzas volitivas. La consecuencia de ello, -como alguien conjeturó una vez-, es que aquí la voluntad interior y la voluntad exterior forcejean y se inhiben mutuamente. Esa persona, -Schopenhauer-, fue quien estableció una filosofía de la voluntad basada en esta corazonada. Pero esa es una falsa metafísica. Lo que Schopenhauer dice sobre esas fuerzas de la voluntad en realidad sólo se aplica al olfato; todo lo demás simplemente son interpretaciones de ello.

Así como en el sentido del olfato lo que se derrama es volitivo, en el sentido del gusto, lo que fluye hacia el alimento, es de naturaleza emocional, y lo que fluye hacia dentro también es de naturaleza emocional. Por lo tanto, aquí, en la degustación, el sentimiento interactúa con el sentimiento. Todo lo demás es sólo maya, sólo un signo externo. Aquí se muestra como sentido, un efecto emocional a saber, la degustación se percibe como agradable, desagradable, adversa y así sucesivamente. Sin embargo, no se trata del sentimiento en sí, sino sólo de las correspondientes interacciones de sentimientos.

LA VISTA

El siguiente sentido es el de la vista. Aquí ocurre que lo que ahora está trabajando en el cuerpo etérico y vertiéndose en él es el alma sensible. Lo que ocurre aquí es de naturaleza de pensamiento. Aquí actúa un principio pensante. El alma sensible ya tiene dentro de sí lo que se hace consciente en el alma consciente; sin embargo, en ella el pensamiento sigue siendo subconsciente. En el alma sensible es un pensamiento que a través del ojo, fluye hacia fuera. Aquí la sustancia del pensamiento fluye hacia fuera. Tiene una elasticidad mucho mayor que las otras dos sustancias que fluyen hacia fuera a través de los sentidos del olfato y del gusto, y por lo tanto va mucho más allá. Así es cómo la materia astral emana realmente del ser humano y fluye hacia las cosas. No es que las ondas etéricas de luz entren en el ojo, ¡que luego proyecta la imagen recibida hacia el exterior! Tendría que haber alguien sentado dentro que hiciera este trabajo de proyección. Esta sería una idea horriblemente supersticiosa, este algo que se proyecta. La ciencia, tan orgullosa de su naturalismo, se deja ayudar grotescamente en este caso por la tan denostada fantasía. Una substancia astral parecida a la substancia pensante fluye hacia la cosa penetrándola hasta el punto en que encuentra, que es resistida y otra substancia astral se le opone. El choque entre lo astral y lo astral que tiene lugar en el exterior forma el color que sentimos en las cosas. El color surge, (ver GA291, GA291a), en el límite de las cosas, donde lo astral que emana del ser humano se encuentra con lo astral de las cosas. El color surge en el límite del astral exterior e interior.

Es muy extraño cuando se tiene en cuenta, por ejemplo, que en realidad ya existe un pensar subconsciente en el alma sensible, que sólo sale a la luz en el alma racional y sólo se nos hace consciente en el alma consciente. Lo que de hecho aparece como dos impresiones cuando miramos las cosas con los dos ojos está causado por un pensar que inicialmente no entra en la conciencia. Para que éste entre en la conciencia, ambos momentos del pensar deben cooperar; deben abrirse camino desde el alma sensible hasta el alma consciente. 

Podemos visualizar bien este camino con un signo externo: aquí están las dos manos. Cada mano puede sentir por sí misma, pero sólo cuando las dos manos se cruzan llega a la conciencia esta sensación de que una mano siente a la otra, del mismo modo que un objeto externo sólo se eleva a la conciencia real a través del tacto. Si las impresiones que se obtienen mediante el trabajo del pensar en el alma sensible han de entrar en la conciencia del hombre, entonces deben cruzarse. Este es el resultado del cruce de los dos nervios ópticos en el cerebro. Este cruce de los nervios ópticos tiene su razón de ser en el hecho de que un trabajo de pensar realizado en el subconsciente, en el alma sensible, se eleva al alma consciente a través del cruce, en el sentido de que ahora el trabajo de uno puede sentirse en el otro. De este modo, lo físico se construye a sí mismo a partir de lo espiritual, y sólo a través de la antroposofía puede comprenderse al ser humano hasta en sus más mínimos detalles anatómicos.

EL CALOR

A continuación viene el sentido del calor. De nuevo aquí también hay algo que a través de su efecto en el ser humano transmite la sensación de calor. Se trata del propio cuerpo de sensaciones, que pone en actividad su sustancia astral y la deja fluir hacia el exterior cuando ha de producirse una experiencia de calor. Esto ocurre cuando una persona es realmente capaz de enviar su sustancia astral hacia el exterior sin que se le impida hacerlo. No sentimos calor en el baño si éste está tan caliente como nosotros, es decir, si hay equilibrio entre nosotros y nuestro entorno y nada es absorbido por nosotros. Sólo sentimos calor o frío cuando el calor sale de nosotros o puede entrar en nosotros. Si el entorno exterior tiene poco calor, dejamos que el calor fluya hacia él.  Si estamos faltos de calor, permitimos que el calor fluya hacia nosotros. Aquí también podemos ver claramente que el calor fluye hacia dentro y hacia fuera. Sin embargo, cuando hay un equilibrio entre lo exterior y lo interior, el calor no se siente. La experiencia del calor siempre es el resultado del efecto del cuerpo sensorial humano. Cuando tocamos un objeto que se calienta cada vez más, sale cada vez con más fuerza. Cada vez se impone más sobre nosotros ese calor que quiere entrar, y el cuerpo sensorial debe entonces irradiar en mayor medida. Pero esto sólo es posible hasta cierto límite. Cuando ya no existe la posibilidad de dejar fluir energía desde el cuerpo sensorial, entonces ya no podemos soportar el calor y nos quemamos. También debería ocurrir que sintiéramos una sensación de quemazón, cada vez que ya no podemos dejar que fluya la sustancia desde nuestro cuerpo sensorial, cuando tocamos algo muy frío. Si tocamos un cuerpo muy frío que nos impide dejar fluir sustancia desde el cuerpo sensorial porque no éste no nos la da, el frío excesivo también nos aparece como una sensación de quemazón y nos produce ampollas. Ambos se basan en el mismo efecto.

EL OÍDO

Ahora pasamos al área que llamamos el sentido auditivo. Esto involucra el cuerpo etérico del ser humano. Sin embargo, este cuerpo etérico, tal como lo tiene hoy el hombre, es verdaderamente incapaz de emitir nada sin que ello suponga una pérdida permanente para nosotros, como todavía puede hacerlo el cuerpo sensorial. El cuerpo etérico ya desde los tiempos atlantes fue moldeado hasta tal punto, que ya no puede renunciar a nada, porque entonces el hombre tendría que prescindir de tales cosas en su fuerza vital. Por lo tanto, para que se produzca un efecto auditivo, debe producirse de una manera completamente diferente. Aquí el ser humano ya no puede emitir nada. El hombre no puede desarrollar a partir de sí mismo un sentido más elevado que el sentido del calor. Si aquí no entrara en el hombre algo que él mismo no tiene, no podría producirse el sentido auditivo. Por tanto, el ser humano debe verse impregnado por entidades que ponen a su disposición su propia sustancia. Por eso el organismo humano está impregnado de entidades que penetran en él como en una esponja.

Estas entidades son los seres que llamamos Ángeles, seres que ya en el pasado atravesaron su etapa humana. Ellos envían su sustancia astral hacia nosotros, los humanos, como una sustancia astral ajena, de la cual el ser humano se apropia y deja que actúe en su interior y fluya hacia el exterior. A través de los oídos fluye hacia lo que se nos transmite mediante el sonido. En las alas de estas entidades, por así decirlo, nos adentramos en ese ser interior que aprendemos a conocer como el alma de las cosas. Aquí estamos tratando, pues, con seres que están por encima del ser humano, que lo llenan, pero que son de la misma naturaleza que su propia sustancia astral.

EL HABLA

Pero ahora hay un sentido superior, a saber, el sentido del habla o de la palabra o sonoro. Cuando esto entra en consideración, el hombre tampoco está en disposición de dar nada por sí mismo. Por tanto, aquí deben intervenir seres cuya sustancia sea similar a aquella de la que se compone el cuerpo etérico humano. Por supuesto, ellos también poseen la correspondiente sustancia astral, pero ésta es expulsada al medio ambiente. Ellos deben entrar en el ser humano, brindándole su cuerpo etérico y entonces el ser humano puede dejar que este poder fluya de nuevo hacia el entorno. Estos seres son los Arcángeles. Desempeñan un papel completamente diferente al de los Ángeles. Se encargan de que el ser humano no sólo pueda oír el sonido, sino también experimentarlo de forma inteligible. Ellos no sólo hacen que el hombre sea capaz de oír un tono, una nota sol o un do sostenido, sino también de experimentar algo cuando oye un sonido, o sea, lo que hay dentro del sonido; que él oiga una «A», por ejemplo, según el sentido auditivo. Estas entidades no son otra cosa que lo que llamamos los espíritus de los pueblos, los espíritus de cada nación. Mientras que en el sentido del oído los ángeles expresan su labor exteriormente mediante efectos aéreos, tratando el aire del oído, los arcángeles contrarrestan lo que sucede en el aire exterior con otros efectos. A través de ellos, se evocan los efectos de los fluidos linfáticos. A través de los cuales ellos activan la circulación de los fluidos linfáticos llevada en una determinada dirección. Por ejemplo, el hecho de que una persona perciba en A el correspondiente sentido auditivo, también está causado por los fluidos linfáticos. La expresión exterior de este trabajo reside en el moldeado de las fisonomías de los pueblos, la expresión particular del organismo humano, si pertenece al pueblo en particular. Estas entidades en particular trabajan en su interior. Por lo tanto, podemos decir que los fluidos discurren de forma diferente en una persona y todo el organismo actúa de forma diferente, dependiendo de si el arcángel enseña a los pueblos a los que pertenece tal o cual sentido sonoro. Si, por ejemplo, un pueblo dice «Aham», -en sánscrito equivalente a Yo-, cualesquiera que sean las otras teorías que puedan tener sobre el Yo humano, estas teorías no importan, pero las dos A sucesivas proporcionan una organización original, y el miembro perteneciente a este pueblo debe tener una percepción del Yo tal que corresponda a estas dos A sucesivas. Si un pueblo combina I con ch, se produce un efecto muy diferente. Tal pueblo debe tener una concepción diferente del yo. En el yo hay un matiz especial, una coloración especial; es lo que el espíritu del pueblo inocula en el organismo con respecto a la concepción del yo.

También supone una gran diferencia que algo se designe por la sucesión de A y O o de I y E. De acuerdo con esto, todo el sentimiento del pueblo debe cambiar. »Por ejemplo, “Amor” tiene un matiz de sentimiento diferente que cuando se dice “Liebe”. Aquí vemos típicamente el espíritu del pueblo en acción. No es indiferente, por ejemplo, que la palabra «Adán» sea utilizada por los israelitas para la primera forma humana, mientras en la antigua Persia era utilizada para nombrar al yo. Son valores emocionales muy diferentes los que se despiertan en los distintos pueblos. Hemos insinuado aquí el misterio del lenguaje, o más bien sus primeros elementos.

Este es el efecto de los espíritus que están jerárquicamente en el nivel de los arcángeles y que impregnan al hombre con lo que es el sentido auditivo y animan su fluido linfático. Además una de las mayores experiencias para la persona que asciende a lo suprasensible, es cuando comienza a sentir qué diferencia hay en el poder formador de los sonidos. El poder sonoro muestra su efecto más exquisito en el elemento fluido, el poder tonal lo muestra en el aire.

Seguidamente también se puede sentir qué significado hay en el gesto de que alguien se sintiese impulsado a designar a algún ser con el nombre de «Eva». Si la persona en cuestión quiere expresar algo más que se relacione con ello como lo espiritual con lo sensorial, podría utilizar la imagen invertida de ello y así obtener «Ave » como secuencia de sílabas para el saludo a María. Esto produce un sentimiento opuesto en el organismo humano que cuando dice «Eva».

Otra inversión de «Eva» con la J delante sería la palabra «Yahvé», como designación de Dios en el Antiguo Testamento. Todas las relaciones entre Yahvé y Eva pueden ser reconocidas por quienes penetran en el sonido cuando progresan hacia un conocimiento superior.

El lenguaje no fue creado arbitrariamente; es un producto espiritual. Para percibirlo en su espíritu, disponemos del sentido auditivo, que tiene en todo el sistema de los sentidos la misma justificación que los demás sentidos. Y hay razones más profundas por las que los sentidos tienen que ser enumerados en este orden particular.

La próxima vez ascenderemos al sentido conceptual y a los sentidos superiores para poder explicar el microcosmos de una manera espiritual-científica.

Traducido por J.Luelmo mar,2025


x                                                       l 

Sentido somático                             2

Sentido estático                               3 

Sentido del movimiento                  4      tierra

Olor                                                 5      agua

Gusto                                               6      Aire

Cara                                                 7      Calor

Sensación                                        8

Oído                                                9   aire - luz

Sentido del habla                          10   química - Armonía

Sentido del concepto                    11

x                                                    l2 

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 atrás.                                delante. 

Voluntad.      Yo.              Sensación. 

                                         Sentidos Sensación. Alma sensible = Alma sensible Cuerpo sensible


                                                             Imaginación 

izquierda derecha   memoria hábito     inspiración

 derecha izquierda  autoconciencia      intuición 

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Al fondo.  Alma consciente 
delante.    Alma racional.                   Escritura 
                   Alma consciente 
                                                                Autoconciencia 
Imaginación 
Memoria - cuerpo de éter. Alma consciente - automovimiento
Autoconciencia opp. - cuerpo físico Sentido del automovimiento 
derecha izquierda.                                                             Memoria 
izquierda - derecha. Memoria 
derecha - izquierda. Autoconciencia Autoconciencia 

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Conciencia de la vida. - Malestar, sensación de libertad y fuerza. Fatiga, hambre, sed, saciedad, ansiedad 

Sentido del movimiento (sentido muscular) (músculo, ligamentos, tendones, articulaciones) 

Sentido estático Sentido del olfato / sentido del gusto 

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GA150 Weimar, 13 de abril de 1913 - Experiencia sensorial y experiencia del mundo de los difuntos

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RUDOLF STEINER

ADVERTENCIA!!!

De las conferencias de los años 1913/14, que se enumeran en la bibliografía con los números 150, 152 y 154, las que tratan del tema “Preliminares al Misterio del Gólgota” se publicaron en un solo volumen (Bibl. No. 152). bajo este título. Las conferencias restantes, complementadas con algunas otras de esta época, aparecen ahora en la edición completa en dos volúmenes: en el presente volumen Bibl.No. 150 y en la Bibl. núm. 154 “¿Cómo se adquiere comprensión del mundo espiritual?”. En muchos aspectos ofrecen adiciones al volumen “Estudios ocultos sobre la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento” (Bibl. No. 140), particularmente en lo que respecta a la influencia concreta de los muertos en el mundo de los vivos. Las transcripciones en general pueden describirse como buenas. Sólo en las conferencias del 13 de abril de 1913 (mañana y tarde) y en la conferencia del 5 de mayo de 1913 el texto es inadecuado en algunos lugares y no puede describirse sistemáticamente como una reproducción literal de lo que dijo Rudolf Steiner. La conferencia del 12 de enero de 1913, de la que sólo se registran notas, se colocó al final del volumen.

EXPERIENCIA SENSORIAL Y EXPERIENCIA DEL MUNDO DE LOS DIFUNTOS

Weimar, 13 de abril de 1913

Si recordamos que estamos familiarizados aquí en el mundo físico con este mundo físico, siempre llegaremos a la conclusión de que vivimos en este mundo principalmente gracias a nuestros sentidos físicos, gracias a la mente. Sin embargo, también vivimos en este mundo físico por medio de nuestra vida anímica, por medio de los pensamientos que surgen en nosotros, que permanecen en nuestra memoria, que constituyen nuestro tesoro de recuerdos, vivimos en este mundo por medio de nuestros sentimientos e impulsos volitivos. Es comprensible que para una persona que todavía no se ha ocupado más profundamente de cuestiones de la ciencia espiritual, sea bastante improbable que también se puedan tener experiencias muy distintas en su forma a las del mundo físico; pues es evidente que el hombre conoce el mundo inicialmente sólo por medio del pensar, del sentir y de la voluntad. Pero a través de lo que llamamos iniciación, existe ahora una forma completamente diferente de experiencia en el mundo que va más allá del mundo físico. Básicamente, es el mismo tipo de experiencia que cuando una persona atraviesa la puerta de la muerte para entra en el tiempo que transcurre entre la muerte y un nuevo nacimiento.

Ahora bien, hay que decir que en la mayoría de los casos, cuando se supone que una persona se forma una idea de la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento aquí en el cuerpo físico, surge en el alma un cierto temor a la nada. Tengamos en cuenta que esta aparición del miedo es muy natural. Pues basta con intentar ponerse físicamente en la situación de haber caminado bastante deprisa y haber llegado al borde de un profundo abismo. Esto no sería más que una corazonada, una sensación: No se puede saber lo que podría ocurrir en el momento siguiente si continuaran caminando. Esta sensación sólo puede afligir al alma cuando una persona ha corrido tan deprisa que ya no puede detenerse. Se dice a sí mismo: Tienes que dar el siguiente paso. La indeterminación del miedo vive en el alma y esta sensación sólo podría compararse con la sensación que siempre está presente en las profundidades del alma, pero que únicamente no se percibe porque la atención está centrada en el mundo físico, esta sensación que le dice: ¿Qué te ocurrirá si dejas todo a lo que estás acostumbrado? El hombre sólo tiene que darse cuenta de que algo así puede vivir subconscientemente en él, y también vive allí, lo que puede expresarse con las palabras: No puedes ver ni oír, porque te han quitado los instrumentos para esta actividad sensorial; tampoco puedes pensar. Uno no se da cuenta de estas sensaciones, pero están en el alma, y lo que una persona siente es una especie de adormecimiento de esta sensación. En cuanto surge, se evoca otra cosa en el alma, de modo que la sensación no puede llegar a la conciencia. Pero esta tampoco es la forma correcta de prepararse, no es posible levantar el velo que se oculta tras la muerte. Hoy queremos iluminarnos sobre cómo esta vida nuestra está conectada con la vida después de la muerte.

Hablamos correctamente del mundo físico como algo que percibimos a través de nuestros sentidos. Cuando el hombre habla de los sentidos, en realidad sólo habla de los sentidos que han de utilizarse en el mundo físico. Éstos sólo pueden utilizarse en el mundo físico porque están ligados a las herramientas que nos son arrebatadas al morir. Sólo se enumeran los cinco sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Pero ninguno de ellos se puede utilizar en el estado incorpóreo. Es necesario, si se quiere encontrar una transición, que se enumeren completamente los sentidos humanos. Lo que el hombre echa de menos en la enumeración es que se olvida de sí mismo. Pero él pertenece al mundo físico y no podría percibirse aquí si no tuviera sentidos para ello. Hay inicialmente pocos sentidos a través de los cuales se percibe a sí mismo: El sentido del equilibrio, el sentido del movimiento y el sentido de la vida, sin embargo, éstos sentidos son tan importantes como los otros, los sentidos externos. 
El sentido de la vida.
¿Cuál es el sentido de la vida? Pueden ustedes hacerse una idea de ello si consideran sentir la diferencia entre la sensación de hambre y la de saciedad. Si el hombre no se comprendiera interiormente, no sabría nada de su propia corporeidad, de su bienestar o malestar. Igual que se habla del sentido de la vista, hay que hablar del sentido de la vida. Pero también debemos hablar de otro sentido.
El sentido del movimiento.
 Qué imposible sería para el hombre sentirse a sí mismo si no percibiera la actividad de los músculos y tendones. Esta es una percepción de la movilidad interior. Sólo que está algo nublada para el hombre porque el hombre se ve a sí mismo en el mundo físico con sus ojos físicos. La sensación correcta de la percepción interior la obtienen cuando se mueven en la oscuridad; entonces, por ejemplo, la percepción del proceso respiratorio se hace más clara.
El sentido del equilibrio
Lo que llamamos el sentido del equilibrio es muy necesario. Se puede observar en los niños cuando aprenden a andar y a mantenerse de pie; poco a poco van sintiendo el sentido. Debemos acostumbrarnos a sentir que caminamos erguidos. Este sentido tiene incluso un órgano; son los tres canales semicirculares del oído, que son perpendiculares entre sí. Si se lesionan, la persona se cae, y la falta de equilibrio en algunas personas se debe a que el sentido interno de la orientación está lesionado.

Si vamos aún más allá, encontramos otros sentidos mediante los cuales podemos tener una especie de autopercepción dentro de nosotros mismos, pero esto ya es más difícil. Tenemos que partir de cierta observación que apunta a un estado de conciencia que ya no es del todo normal. Esto se produce en ciertos sueños. Esto puede darse en la conciencia como un sueño: Alguien está en terribles problemas, el timonel ha llegado. Sueña esto en detalle, y puede ser un sueño largo. Cambia y entonces se oye un traqueteo de vagones; pasan los bomberos. Se ha declarado un incendio. Exteriormente, sólo se oye el grito de "fuego = Feuer". Esta palabra se hace eco suavemente de la palabra "impuesto = Steuer", y evoca en el alma a través del sonido la transición de la llamada inmediatamente oída "fuego", y esto a su vez da origen a la suma de las ideas molestas del sueño. El sueño transcurre tremendamente rápido. Los acontecimientos individuales son imaginados en la línea del tiempo, y por eso el sueño parece tan largo. De este sueño se desprende la gran importancia que tiene el sonido en el cuerpo anímico, sobre todo cuando se mezcla con representaciones, cuando la palabra desempeña un papel. Si vamos más allá en la investigación del alma, vemos que en realidad sucede algo muy diferente. Sólo que cuando el hombre está profundamente dormido no se da cuenta de las cosas. También habría ocurrido algo aunque el grito de "feuer" no hubiera sonado en absoluto, pero ahora el grito encubre algo y evoca la palabra "steuer". Un fino velo se teje a partir del eco de la palabra. En la vida cotidiana, el velo es terriblemente espeso, pero junto a las ideas del día están las ideas sutiles del alma. Sólo que éstas no se perciben. En tal faceta onírica, captamos los acontecimientos del mundo tal como se presentan en un recoveco de nuestra alma.

Hemos elegido deliberadamente este ejemplo porque el oído, tal como está estructurado ahora en la raza humana actual, es el sentido más cercano a los sentidos suprasensibles. Nos hallamos justo en la frontera del mundo suprasensible y si pudiéramos despojarnos de las dos palabras, podríamos experimentar las verdaderas vivencias del alma.
Este ejemplo muestra claramente que el hombre se encuentra ante el mundo espiritual. Pero las dos palabras lo detienen. En realidad, la gran mayoría de nuestros sueños están hilados por causa de reminiscencias del sentido del oído, porque entre el oído y el pensar vive un sentido interior que está completamente atrofiado para la vida actual. Cuando se ha vivido en el mundo espiritual, este sentido se activa. Entre el oír y el pensar vive este sentido, que se hace consciente cuando uno puede oír lo inaudible. Cuando uno ha despertado el sentido de la armonía rítmica, melódica... (Hueco en el texto.)

Cuando uno no se interna en un sentido que sólo tiene significado para el mundo físico, entonces se está ante un sentido del mundo suprasensible. En el mundo físico este sentido se ha bifurcado en el sentido del oído y el sentido de la representación. Se hace audible cuando uno llega a una especie de autoconciencia. Suena tanto mejor, cuanto más se intente desarrollar la empatía con la música y la poesía. Sin embargo, es mejor abordarlo desde el otro lado. En la vida física exterior el sentido está atrofiado.

Desde ahí sigue y sigue hasta lo que hoy denominamos: El hombre llega al concepto del yo. Hay que ser honesto hacia este concepto del yo. Las personas expresan el yo y tienen cierta estabilidad interior al expresarlo. Ellos creen con razón que captan el yo en la expresión del yo. Eso es correcto. Esta es una especie de preparación para captar el verdadero yo superior. Esta captación tiene su gran dificultad, de lo contrario todo el esfuerzo filosófico no se dirigiría a descubrirla. En mi "Filosofía de la Libertad", me he esforzado por dejar claro cómo descubrirlo. Todo esto forma parte de la autopercepción. Hay que captarlo interiormente, a través de lo cual uno se dirige a sí mismo como yo. Por tanto, tenemos sentidos a través de los cuales captamos el mundo exterior, y sentidos a través de los cuales nos captamos a nosotros mismos cuando oímos los tonos inaudibles.

Aquí, en el mundo físico, están especialmente desarrollados los conocidos cinco sentidos. En el mundo espiritual estos no tienen significado para el iniciado. Los otros sentidos, a través de los cuales el hombre llega a la autopercepción, están atrofiados. Los cuales tienen un gran significado para el hombre cuando atraviesa la puerta de la muerte.

Lo primero que él necesita en el más allá es el sentido que sobrepasa lo musical exterior para llegar a lo musical interior. La presencia del instrumento externo del oído no es un obstáculo para este sentido. Hoy en día, sólo el oído elimina tal sentido. En el mundo físico, el poder de tal sentido puede percibirse cuando los músicos componen. Ese sentido está detrás de la creación musical. Después de la muerte, se convierte en un sentido a través del cual el hombre se hace consciente de todo su entorno. Entonces experimentamos la música interiormente. Después de la muerte el sentido se convierte en un sentido externo y durante un tiempo después de la muerte uno percibe lo que atraviesa el mundo, pues el mundo está impregnado de armonía rítmico-musical. Una persona que no percibiera esta armonía rítmico-musical sería como una persona en el mundo físico que no pudiera percibir lo inorgánico.

En mi libro "Teosofía", en la descripción del Devacán, encontrarán cómo la vida recíproca consiste en la difusión de lo armónico rítmico-musical. En efecto, lo de adelante y lo de atrás están ligados a lo de arriba y a lo de abajo, mientras que por el sentido del equilibrio sólo sabemos que caminamos erguidos. Percibimos a los seres que están arriba y abajo, a la derecha y a la izquierda. Entonces los sentidos internos, que ahora están atrofiados, se expanden y nos transmiten el mundo espiritual. Entonces el sentido del equilibrio se transforma en el sentido de la armonía y el ritmo, y luego se desarrolla el sentido del movimiento. Cuando nos liberamos de todo el trabajo de los músculos y tendones, entonces el sentido, que de otro modo se concentra a través del cuerpo físico, se extenderá y llegaremos a la posibilidad de estar en todas partes del universo como estamos en nuestro propio cuerpo a través del sentido del movimiento. El mundo exterior está en el mundo espiritual del mismo modo que un movimiento muscular tiene lugar en nosotros en el mundo físico. Cuando se estira la mano de un niño hacia él, el niño lo comprende e imita el movimiento. El sentido del movimiento se despierta en la experiencia interior del movimiento imitado.

Con el tiempo, uno se cura completamente de algunas enseñanzas que siempre adolecen del hecho de que dicen: Vivimos dentro de nosotros mismos. Pero en el mundo suprasensible no hay circulación sanguínea.

El sentido interior del movimiento será un sentido especialmente importante cuando hayamos muerto, el sentido de la vida será importante para nosotros, -si no puede ser utilizado de forma desagradable-, porque entonces ya no tendremos dolor de cabeza ni sensación de hambre.

Los sentidos que se han atrofiado aquí se estimulan especialmente cuando atravesamos la puerta de la muerte. No podemos percibir nuestra propia corporalidad a través de nuestra propia corporalidad, el ojo no puede verse a sí mismo y el cerebro no puede examinarse a sí mismo; por lo tanto, el órgano que percibe algo no puede ser el mismo órgano que se percibe a sí mismo. Así, lo que hemos llamado el sentido de la vida debe separarse del cuerpo, y de este modo se acerca al alma. Con el sentido del equilibrio no ocurre que medie la percepción, sino que sólo se expresa simbólicamente en ella.

Estos sentidos son en realidad los que son egoístas por su propia naturaleza, porque el hombre percibe su yo a través de ellos. Y no debemos ocultar el hecho de que lo que nos llevamos de la vida es la parte más egoísta. Así que al principio nos quedamos con la parte más egoísta y de ahí se comprende que inmediatamente después de la muerte el hombre pase a un estado bastante egoísta. Así como el niño trae consigo sus sentidos a la existencia física y primero debe acostumbrarse al mundo sensorial físico, así el ser humano en el estado desencarnado debe acostumbrar sus sentidos al mundo suprasensible. Esto lleva bastante tiempo después de la muerte, y mientras aprende a aclimatar sus sentidos, lo único que le queda al principio es el recuerdo de lo que le unió con el mundo exterior aquí, en el mundo físico, y ésa es la parte más desagradable del recuerdo. El primer recuerdo dura sólo unos días, aparece como un retablo de la memoria, que nos es familiar. Después empieza a ser de tal manera que lo que es su ser más íntimo se adhiere aquí de un modo interior, de modo que el ser humano se acostumbra a afirmar interiormente todo lo que ha vivido, pues cesa la posibilidad de percibir.

 Un caso concreto: hemos convivido con una persona en algún tipo de relación vital. Nosotros fallecemos, él se queda atrás en el plano físico. Nos acostumbramos cada vez más a retener algo mas que recuerdos en el ser interior. Cuando miramos a una persona muerta, vemos que sabe lo que hemos vivido con ella durante su vida en la tierra. Con la muerte se rompe el hilo y ahora se puede hacer la estremecedora percepción de que uno se encuentra con muertos que le dicen con sus medios de comunicarse: Yo viví con tal o cual persona. Sé que sigue viviendo, pero sólo sé algo de él hasta mi muerte. Es un gran dolor. Ahora el muerto le echa de menos. Por eso los muertos se lamentan sobre todo por los que amaron y no pueden acercarse a ellos. Hay que reconocer que podemos prestar un gran servicio a los muertos en este sentido si llegamos a encontrarnos con ellos. Los muertos carecen de sentidos externos, en ellos sólo permanece vivo lo que vivenciaron mientras estaban junto a nosotros. Sí, la vida ordinaria no ofrece realmente nada que pueda cambiar las cosas. Sólo puede cambiar si se forjan lazos entre los muertos y los vivos. Para los muertos suele ser lo mismo que cuando alzamos la mirada hacia ellos. (Hueco en el texto.) Ahora bien, hay un vínculo común entre los muertos y los vivos: es lo que pensamos de conceptos suprasensibles. El pensamiento espiritual es este vínculo.

Me gustaría enfatizar que se puede leer a los muertos sobre cosas que tienen que ver con mundos suprasensibles. Si tenemos tiempo, nos sentamos y analizamos mentalmente cuál es el contenido de la ciencia espiritual e imaginamos vívidamente que los muertos estaban con nosotros. Les quitamos el dolor de que piensen que no estábamos allí. Dentro del movimiento antroposófico logramos algunos resultados realmente buenos leyéndoles pensamientos sobre los muertos. Esto significa que están con nosotros y eso es lo que necesitan, lo que anhelan.

Hay dos cosas en la convivencia con los muertos. La primera es la que se acaba de describir, la privación de las personas con las que se ha vivido en la tierra. Podemos remediarlo leyendo en voz alta. Debemos estar junto a los muertos y colmar el vacío de nuestra existencia. ¿Qué significado tiene para los muertos que les leamos Antroposofía, aunque no hayan querido saber nada de ella en vida? se dice a menudo. Pero ésta es una objeción materialista, porque las condiciones no permanecen iguales. Por ejemplo, se puede observar que hay dos hermanos. Uno se inclina hacia la ciencia espiritual, mientras que el otro se enfada cada vez más al respecto. Se auto convence cada vez con más ira. Pero sólo lo hace porque quiere adormecer su anhelo interior por la ciencia espiritual. No es fácil acercarse a él en la vida, y no es bueno agitar a favor de la antroposofía. En la muerte se revela sobre todo aquello que una persona ha anhelado, y es precisamente a tales almas a las que uno puede hacer lo mejor leyéndoles. Los que aquí ya se han interesado por la Antroposofía, allí también se interesarán cada vez más.

La otra cosa a considerar, especialmente en nuestro tiempo, es que cuando entramos en el mundo suprasensible cada día mientras dormimos, estamos en el mismo reino donde están los muertos. Sólo que después de despertar no sabemos nada de ello. ¿Cómo entra la mayoría de la gente en el sueño? Puede decirse, que cuando han cruzado el umbral del sueño, se han llevado poco espiritual consigo. Los que han alcanzado la necesaria pesadez de sueño mediante el consumo de bebidas alcohólicas no llevan mucho espiritual al mundo espiritual. Pero hay muchos matices. Tan a menudo se oye: Sí, ¿de qué sirve si uno aprende ciencia espiritual y sin embargo no puede ver en los mundos espirituales? Sí, si te ocupas de ello lo suficiente, también te llevarás algo al sueño. Imaginen una ciudad dormida, personas dormidas, las almas son incorpóreas. Lo que las almas dormidas representan para el mundo espiritual es algo distinto de lo que representan para el mundo físico. Para los muertos pasa algo parecido. Lo que damos a los muertos y lo que absorben en su conciencia es lo que necesitan para su vida. Y si les llevamos pensamientos espirituales, entonces tienen alimento, si no, entonces tienen hambre, para que la sentencia pueda ser pronunciada: Podemos, cultivando pensamientos espirituales aquí en la tierra, proporcionar alimento a los muertos. Podemos dejarlos morir de hambre si no les llevamos pensamientos espirituales. Si los campos se vuelven desolados, no darán frutos para alimentar a la gente y ésta puede morir de hambre. Por supuesto, los muertos no pueden morir de hambre, sólo pueden sufrir si la vida espiritual en la tierra se vuelve yerma.

La cosa es que aquí en la tierra la ciencia sigue varias leyes sobre las vinculaciones, y un idealista cree que a través de la ciencia se puede captar científicamente la vida como tal. Aquí en el plano físico, sin embargo, no se aprende sobre la vida. Todas las leyes se refieren a lo viviente, pero con todo este conocimiento no se puede investigar la vida. Para el mundo suprasensible no se puede llegar a conocer la muerte con toda la investigación. Para los que ven a través de las cosas, no tiene sentido creer que existe la muerte en el mundo suprasensible. Hay estados de conciencia parecidos al sueño y también un anhelo de muerte, igual que nos gustaría comprender la vida, pero allí no hay muerte. No deben ustedes creer que pueden perecer en el mundo espiritual, ni que pueden morir allí. Tampoco pueden destruir su conciencia, lo que correspondería a morir aquí. Pero uno puede convertirse en un solitario en el mundo espiritual.

Se trata de la incapacidad para percibir el mundo físico-sensorial. Uno sólo sabe de sí mismo y nada de los demás seres. Esto es lo que se llama el sufrimiento y el dolor de Kamaloka. Lo que expande la conciencia humana es la vida social tras la muerte, y también socializamos con los diversos seres del mundo suprasensible.

Una objeción que todavía puede plantearse se resolverá esta tarde en Erfurt. Consiste en lo siguiente: ¿Cómo es que los muertos están en el mundo suprasensible? ¿Pueden aprender algo si les leemos sobre los mundos suprasensibles? Lo que no les demos desde la tierra, no pueden llegar a saberlo en el mundo suprasensible. Los pensamientos deben surgir de la tierra. La Antroposofía no se enseña en el cielo, sino en la tierra. Las personas no están en la tierra para conocer sólo un valle de lágrimas, sino también la Antroposofía. A menudo se cree que la Antroposofía también se puede aprender después de la muerte, pero esto es un gran error. Lo que el hombre ha experimentado en la tierra debe depositarlo en el mundo espiritual después de haber atravesado la puerta de la muerte.

Traducido por J.Luelmo mar, 2024