CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

Mostrando entradas con la etiqueta meditar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta meditar. Mostrar todas las entradas

GA069d Hannover, 5 de marzo de 1911 ¿Cómo podemos obtener conocimiento del mundo espiritual?

   Índice


MUERTE  E INMORTALIDAD

Rudolf Steiner

¿Cómo podemos obtener conocimiento del mundo espiritual?

 Hannover, 5 de marzo de 1911


En varias ocasiones he tenido la oportunidad de hablarles sobre temas relacionados con las ciencias espirituales o, como se suele decir, la teosofía. Esto nos lleva naturalmente a la pregunta: ¿qué caminos debe seguir el alma para llegar al conocimiento del mundo espiritual?

Estos caminos difieren mucho de lo que se suele llamar científico. Es muy fácil decir: sí, estos métodos no pueden llamarse científicos. Hoy en día se entiende por «científico» algo completamente diferente. Por eso es necesario examinar primero qué es «científico».

¿Qué exige hoy en día el investigador de un método para calificarlo de «científico»? En respuesta a esta pregunta, el hombre actual ha llegado a la siguiente conclusión: lo que sea científicamente demostrable debe, en primer lugar, poder ser investigado en cualquier momento por cualquier persona y, en segundo lugar, debe ser totalmente independiente de lo que se denomina «subjetivo».

El experimento cumple estos requisitos y, en gran medida, también todo lo que se hace en el laboratorio. El experimento es independiente de la simpatía y la antipatía, etc., en resumen, de todo lo que depende de lo que ocurre subjetivamente en nuestro interior.

No ocurre lo mismo con la investigación del mundo espiritual. Debemos elegir precisamente el camino que es totalmente independiente del mundo sensorial, es decir, de aquello en lo que se basa exclusivamente la ciencia actual. Precisamente lo que la ciencia actual quiere excluir es lo que necesitamos. Si hablamos primero de la ciencia espiritual en sentido figurado, utilicemos una frase de Fichte. Él dice: «Lo que tengo que decirles no se puede investigar con el entendimiento común, pues para ello se necesita un sentido especial, superior, como si a un ciego de nacimiento se le diera de repente la posibilidad de ver los colores y la luz, así sería si se alcanzara este sentido especial, el «ojo espiritual», como dice Goethe».

Si el ser humano necesita primero tener un nuevo sentido para reconocer un mundo nuevo y diferente, esto ya indica que esto no es posible en cualquier lugar, en cualquier momento, para cualquier persona, etc., como exige la ciencia externa.

Si tomamos la vida humana común, esta experiencia interior difiere mucho de una persona a otra. Sin embargo, esto debe excluirse precisamente en la ciencia externa; en lo que las personas experimentan en su interior sobre el mundo espiritual, no puede haber nada coincidente. Pero este juicio es muy superficial.

Sin embargo, todo esto se puede refutar muy fácilmente. En el apéndice a «Teosofía y cristianismo» de Seiling he indicado un método para refutar la teosofía. Pero esta fácil refutación solo es posible mientras la vida del alma no siga la estricta regularidad de la que voy a hablar ahora. Mientras la vida del alma siga fluyendo sin regularidad, mientras uno se detenga ahí, no es un investigador espiritual. Cuando esta vida del alma avanza de forma suficientemente metódica, finalmente llega a un punto interno. Si dejamos de lado todo lo que surge en nosotros como placer y dolor a través de las impresiones del mundo exterior, ¿qué queda realmente en la vida anímica normal? Un hecho nos da una pista: el dormir, en el que todos los instrumentos externos se cansan y se relajan y ya no nos aportan nada [ninguna impresión sensorial].

Nadie admitirá que el ser humano, con su esencia interior, deja de existir por la noche y vuelve a empezar por la mañana. Pero esta esencia interior queda inconsciente desde el momento en que cesa la experiencia, en que, por decirlo de forma figurada, muere.

¿No es concebible que el alma humana pueda crear algo por sí misma [para mantener la conciencia], esta alma que en las personas normales es demasiado débil cuando duermen, si se fortalece? Es concebible que el alma ya no necesite las impresiones del exterior. Tendríamos que aprender a distinguir entre la inconsciencia del ser humano cuando duerme y una retirada arbitraria de esta esencia del ser, en la que se extrae la vida de la propia alma. Las impresiones de la vida exterior están ligadas a los órganos sensoriales externos. El alma debe retirarse artificialmente de estas impresiones sensoriales externas. Sí, ¿cómo puede hacerlo? Nos quedamos vacíos cuando no tenemos las impresiones sensoriales externas, ya que toda nuestra vida anímica se nutre únicamente de estas impresiones.

Si solo queremos alimentar nuestra vida interior a través de estas impresiones externas, nunca llegaremos a experimentar nada más. Para experimentarlo, no debemos utilizar las impresiones sensoriales externas solo para obtener conocimientos del entorno, sino para aprender a verlas como símbolos.

Veamos, por ejemplo, la planta: está arraigada en el suelo, la savia verde la recorre, se mantiene casto, sin impulsos ni instintos. Y comparémosla con el ser humano: está lleno de impulsos, deseos, instintos; está lleno de sangre. La sangre roja es la portadora de la vida instintiva. Así, la savia verde puede aparecer como símbolo de la vida casta, y la sangre roja como símbolo de la vida instintiva y pulsional. El ser humano debe convertirse en un ser sin pulsiones, como lo es la planta. Veamos, por ejemplo, la rosa, que ha transformado la casta savia verde en el color de la sangre pulsional. La rosa es entonces un símbolo del ser humano que ha transformado la vida instintiva de la sangre en castidad. Esto se expresa en las palabras de Goethe:

Y mientras no tengas esto:
Morir para devenir,
no eres más que un huésped sombrío
en la oscura tierra.

«Morir y devenir»: eso es lo que importa. No debemos querer lograrlo de forma ascética, sino con toda nuestra fuerza. ¿Por qué podemos golpear con un martillo? Porque somos objetivos con él. Así, nuestro cuerpo debe convertirse en una herramienta poderosa que ponemos al servicio de los mundos superiores; debemos morir, volvernos apáticos hacia el cuerpo, hacia la vida instintiva. El «muere y deviene» debe tomarse en serio. Un símbolo del «muere y deviene» de Goethe es la rosa cruz. El «muere» lo tenemos en la cruz negra muerta de la madera, nuestra sangre, que ha muerto para los instintos y los deseos bajos, y en las rosas tenemos el «devenir». Sí, el ser humano puede «llegar a ser» algo. El símbolo de ello son las rosas rojas que brotan. Ahora se puede decir: sí, pero esas son ideas tomadas del mundo sensorial. Pero de la madera negra nunca brotan rosas. La madera negra y las rosas rojas están tomadas del mundo sensorial, pero la combinación solo se ha creado como símbolo para el alma.

[Otro símbolo propicio es el bastón con la serpiente. Podemos comparar la vida con un bastón; la vida superior conduce directamente hacia arriba, las líneas serpenteantes son las impresiones externas a través de las cuales el ser humano se eleva].

Ningún científico establecería un símbolo así. Todo lo que dicen los científicos es cierto, como si se pudiera ver en todas partes de la sala. Por el contrario, lo que el científico espiritual establece como tales símbolos es una composición arbitraria.

Pero estos símbolos tienen un efecto curioso en nuestra alma. Imaginemos que cerramos todos nuestros órganos sensoriales y sumergimos estos símbolos muy, muy profundamente en nuestra alma. Al principio, estas imágenes no nos transmitirán verdades, pero actuarán como una fuerza viva en nuestra alma. Si el ser humano se deja influir una y otra vez por estos símbolos, experimentará algo. Pero es importante dejarse influir una y otra vez. Hay que tener paciencia. Hay que hacer este ejercicio cincuenta veces y luego otras cincuenta. La gota constante horada la piedra, no basta con una ni con cincuenta gotas de lluvia sobre una piedra, sino que debemos despertar nuestra voluntad una y otra vez, no solo para dejar que las impresiones externas nos alcancen, sino para hacer que esos símbolos cobren vida en nosotros con nuestra voluntad, una y otra vez. Esto nos revitaliza interiormente, de modo que finalmente podemos hacer que cobren vida en nosotros de forma arbitraria. Cuando la persona ha practicado esto, finalmente se despierta por la mañana sintiendo que se sumerge en el cuerpo físico y que puede volver a utilizar sus órganos. Experimenta que puede vivir fuera de su cuerpo, que puede actuar fuera de su cuerpo físico. A través de este ejercicio, uno aprende a reconocer que puede, por así decirlo, abandonar su cuerpo y actuar, actuar espiritualmente. Esto es lo que diferencia este estado del dormir. Uno puede pensar, puede sentir sin su cuerpo. Se llega a esta conclusión después de haber realizado estos ejercicios. Esto resulta molesto para algunas personas hoy en día, pero es así.

 Nuestro cuerpo físico actúa como un espejo. Nuestra conciencia es el reflejo en nuestro cuerpo físico de nuestra vida espiritual. Pero los científicos actuales afirman que el cerebro debe estar completamente intacto para que nuestra conciencia sea auténtica. Sí, eso es totalmente cierto. Del mismo modo, nos vemos muy diferentes según nos miremos en un espejo liso o en un espejo cóncavo. Estos ejercicios han separado nuestra conciencia del reflejo corporal externo habitual, y solo como ser espiritual el ser humano percibe que vive junto a otros seres espirituales. 

Esta primera etapa es el «conocimiento imaginativo». Aquí solo dependemos de estos símbolos combinados, compuestos por elementos extraídos del mundo sensorial. Debemos dejarlos atrás, debemos dejar atrás la cruz y las rosas. Debemos abandonar estas impresiones externas y ahora pensamos: ¿cómo fue tu actividad al componer esto, cuando compusiste el bastón con la serpiente y la cruz? Lo que tenemos entonces es algo que ya no está estimulado por el exterior. El mundo exterior no estimula a nadie a crear símbolos; el ser humano lo hace desde lo más profundo de su alma. Se reflexiona sobre la actividad interior del alma; este proceso es puramente espiritual y anímico, sin influencias, ni siquiera estimulado por el mundo exterior. A esto se le llama meditación. Surgen fuerzas internas reales que nos conectan con los mundos espirituales. A este tipo de conocimiento espiritual lo llamamos «conocimiento inspirado». Independientemente de lo físico, existe un mundo, eso lo hemos experimentado. Ahora conocemos este mundo por nosotros mismos. Al igual que cuando se llega a una costa que aparece en el horizonte lejano y se va conociendo poco a poco, así es con el conocimiento de los mundos espirituales.

Debemos ir más allá de este inspirador descubrimiento. También debemos abandonar la actividad del alma. Se puede describir como un dormir consciente, algo que puede ocurrir, que puede ocurrir de forma totalmente consciente. Pero también puede ocurrir que conozcamos el mundo espiritual de tal manera que nos fusionemos con él, que nos fundamos en él. A esto se le llama «intuición». No debe confundirse con lo que hoy llamamos «intuición» cuando de repente se nos ocurre algo. Es algo completamente diferente. Para la intuición se necesita el mayor esfuerzo del alma. Todo lo subjetivo debe ser eliminado del alma, tal y como exigen los científicos para que sea realmente científico. El alma es un escenario en el mundo intuitivo. Todo lo subjetivo se elimina, incluso la actividad que nos ha traído hasta aquí. [El alma se convierte en el escenario donde las cosas expresan su esencia].

Tal y como se ha descrito aquí, el camino parece muy abstracto, pero en realidad no lo es en absoluto, sino que quien quiera recorrerlo tendrá que librar luchas muy, muy duras. La renuncia y las luchas forman parte de este camino. Nuestra vida interior nos atrapa como con tentáculos cuando renunciamos a los estímulos externos. Los impulsos morales e inmorales, en la medida en que están en el alma, afloran entonces. Entonces se nos presenta ante el alma lo que realmente somos. Aparece el autoconocimiento. Los místicos han escrito sobre ello, sobre las tentaciones y las pruebas morales, cuando se dan cuenta, cuando quieren descender al alma: eras una persona de tal o cual naturaleza, regida por las convenciones, las costumbres, las tradiciones, pero ahora es cuando surge la verdad del alma. Las personas juran por las cosmovisiones más opuestas, lo han examinado todo moralmente. El monista acepta su visión desde el sentimiento, al igual que el espiritualista. Solo ahora el ser humano reconoce por qué ha adoptado esta o aquella opinión; ahora vemos qué ilusiones teníamos cuando creíamos ser lógicos.

Resulta un tanto irónico cuando la gente viene y dice que los estudiosos de la ciencia espiritual son fantasiosos y cosas por el estilo, sin saber lo poco que ellos mismos han mirado detrás del telón de la fantasía y la ilusión. Solo se puede superar lo que uno ha tenido dentro de sí mismo. Y eso no se consigue sin dolor. No solo con los pensamientos, sino también con la felicidad, uno se ha aferrado a lo que ve hundirse en la ilusión, y no solo a la ilusión, sino también a la fuente de esa ilusión; hay que renunciar a ambas cosas con una fuerza heroica. Si el ser humano también quiere superar la inspiración, le sucede que se encuentra muy «ligero». La lógica no sirve de nada, con la lógica no se puede combatir la impotencia. No se puede lograr nada, ni siquiera la entrega a la felicidad sirve de nada; se llega a pensar así. Se llega a la región de la duda, de la desesperación, y todas las dudas del mundo exterior no son nada, son algo insignificante en comparación con la duda en este nivel. Solo así podemos superar esta terrible región de hielo, no llegando allí sin estar preparados, sino adquiriendo antes la fuerza necesaria.

Es difícil llegar hasta allí, muy difícil. Solo es un esbozo, pero no es imposible, y nadie debería dejarse disuadir por ello. Hay formas de superar las dificultades. Para explorar y experimentar el mundo espiritual es necesario penetrar en él, pero para comprenderlo se necesita una lógica clara.

Sin embargo, hoy es difícil permitir que prevalezca una lógica clara. Por lo tanto, lo que se demuestra no siempre se cree. Lo que importa es que se crea en la evidencia. Todo lo que dicen los investigadores espirituales se puede probar, pero la gente a menudo no acepta esta evidencia en absoluto. Cualquiera puede convertirse en un investigador espiritual, pero antes basta con un sano sentido de la verdad y una lógica clara. Nos parece que la perspectiva más hermosa es que la gente recibe cada vez más alimento espiritual y que la gente lo entrega cada vez más a la vida física. Y esa es la misión de la ciencia espiritual: hacer descender esta vida espiritual, este jugo espiritual, y dejarlo fluir en lo que los sentidos transmiten y en lo que se encuentra en el ser humano total, pleno, que podemos resumir en las palabras:

Se empuja hacia el alma humana desde las profundidades del mundo, enigmático, la riqueza de lo material. Fluye hacia lo más profundo del alma desde las alturas del mundo, lleno de contenido, clarificando el espíritu. Se encuentran con el interior de las personas para crear una realidad llena de sabiduría.

Respuesta a preguntas

Pregunta: ¿No es arrogancia querer saber acerca de los mundos espirituales en esta vida?

Rudolf Steiner: Al contrario; Es humildad cuando no quieres quedarte como estás. Es orgullo cuando uno no quiere utilizar los poderes que están dentro de nosotros. Te rodeas de la máscara del consuelo que no quiere ascender a los mundos espirituales.

Traducido por J.Luelmo feb, 2026

GA150 Paris, 5 de mayo de 1913 - La transformación de los poderes del alma en la iniciación

    Índice

RUDOLF STEINER

ADVERTENCIA!!!

De las conferencias de los años 1913/14, que se enumeran en la bibliografía con los números 150, 152 y 154, las que tratan del tema “Preliminares al Misterio del Gólgota” se publicaron en un solo volumen (Bibl. No. 152). bajo este título. Las conferencias restantes, complementadas con algunas otras de esta época, aparecen ahora en la edición completa en dos volúmenes: en el presente volumen Bibl.No. 150 y en la Biblia núm. 154 “¿Cómo se adquiere comprensión del mundo espiritual?”. En muchos aspectos ofrecen adiciones al volumen “Estudios ocultos sobre la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento” (Bibl. No. 140), particularmente en lo que respecta a la influencia concreta de los muertos en el mundo de los vivos. Las transcripciones en general pueden describirse como buenas. Sólo en las conferencias del 13 de abril de 1913 (mañana y tarde) y en la conferencia del 5 de mayo de 1913 el texto es inadecuado en algunos lugares y no puede describirse sistemáticamente como una reproducción literal de lo que dijo Rudolf Steiner. La conferencia del 12 de enero de 1913, de la que sólo se registran notas, se colocó al final del volumen.

LA TRANSFORMACIÓN DE LOS PODERES DEL ALMA EN LA INICIACIÓN

Paris, 5 de mayo de 1913

Hoy me gustaría hablar de un concepto importante de la ciencia esotérica, el de la relación entre el microcosmos y el macrocosmos. Dentro de la ciencia esotérica existen varios conceptos fundamentales que atraviesan como leitmotiv todo el movimiento esotérico. Uno de estos conceptos es el del número rítmico, otro el del microcosmos y el macrocosmos. El misterio del número se expresa en el hecho de que ciertos fenómenos se suceden de tal manera que la séptima repetición puede describirse como la conclusión de un acontecimiento, la octava como el comienzo de un nuevo acontecimiento. Este hecho se ilustra dentro del mundo físico en la relación de la octava con la fundamental. Para los que intentan penetrar en los mundos ocultos, este principio se convierte en la base de una visión global del mundo. No sólo los tonos están ordenados según la ley del número, sino también los acontecimientos en el tiempo. Los acontecimientos del mundo espiritual están dispuestos de tal manera que se encuentra una relación como en el ritmo del sonido.

Aún más importante es la relación entre microcosmos y macrocosmos. A cada paso encontramos la imagen sensorial de ello. Consideremos la relación entre la planta entera y la semilla: en la planta entera vemos un macrocosmos, en la semilla un microcosmos. En cierto modo, las fuerzas que están distribuidas por toda la planta se concentran en la semilla como en un único punto. Del mismo modo, podemos entender el desarrollo del ser humano individual desde la infancia hasta la vejez como un microcosmos, y el desarrollo de un pueblo como un macrocosmos. Todo pueblo tiene una infancia en la que absorbe importantes elementos culturales. Un ejemplo de ello son los romanos, que absorbieron la cultura griega. Un pueblo crece y extrae de sí mismo las fuerzas para su desarrollo posterior. Por eso es importante que el miembro de un pueblo pase por lo que pasa todo el pueblo. De manera que la relación con su nación es como la de una semilla con una planta. Encontramos la relación entre el microcosmos y el macrocosmos, en mucha mayor medida en el hombre, tal como se presenta ante nosotros en el mundo sensorial, y en el cosmos. Al presentarse ante nosotros en el mundo sensorial, ha aglutinado en sí las fuerzas del universo, del mismo modo que las fuerzas de toda la planta se aglutinan en la semilla.

Ahora podemos preguntarnos: ¿Estas fuerzas en el ser humano también se distribuyen de alguna manera al macrocosmos, al igual que las fuerzas de la semilla de la planta se distribuyen a toda la planta? Sólo la ciencia esotérica puede darnos una respuesta a esta pregunta, porque dentro de la vida en la tierra el hombre sólo llega a conocerse a sí mismo como microcosmos. Pero no sólo vive en el microcosmos, también tiene una vida en el universo.

Al principio, esto no parece ser más que una afirmación de que en la experiencia de los estados en que dormimos o despertamos, el hombre alterna entre una vida en el microcosmos y una vida en el macrocosmos. Cuando se hunde en el dormir, la conciencia deja de funcionar, los afectos dejan de estar ahí para él. Una ciencia externa se esforzará en vano por encontrar en el ser humano dormido aquello que en el estado de vigilia constituye su vida anímica. Lógicamente, sin embargo, ya es imposible pensar que la vida anímica del hombre se destruya cuando se duerme y que surja de la nada cuando se despierta. La ciencia externa admitirá en un futuro no muy lejano que no se puede reconocer la vida del alma a partir de hechos materiales externos como no se pueden conocer los pulmones conociendo las leyes del oxígeno. Para ello nosotros estudiamos los pulmones en sus funciones orgánicas. Del mismo modo, reconocemos que en las leyes externas no hay nada de la vida física que inspiramos cuando nos despertamos y espiramos cuando nos dormimos. Para el ocultista, dormirse y despertarse no es otra cosa que respirar. Cada mañana una persona inhala vida espiritual y la exhala de nuevo cuando se duerme. ¿Dónde está esta sustancia anímica-espiritual cuando una persona duerme, que corresponde al aire de la habitación que ha espirado? La ciencia oculta nos muestra que está envuelta por la atmósfera del mundo espiritual, igual que nosotros estamos envueltos por la atmósfera del aire, sólo que ésta se extiende unos cuantos kilómetros, que llena el universo.

Si consideramos la cantidad de aire que una persona ha inhalado en el cuerpo, en relación con toda la atmósfera: la misma cantidad que está en el cuerpo humano después de la inhalación se añade a la atmósfera después de la exhalación. Así pues, podemos decir en el sentido del ocultismo: después de la inhalación está en el microcosmos, después de la exhalación en el macrocosmos. Del mismo modo, la vida anímico-espiritual que está activa dentro de nuestro cuerpo está en el microcosmos desde que nos despertamos hasta que nos dormimos, y en el macrocosmos desde que nos dormimos hasta que nos despertamos. Así como la ciencia física externa nos enseña la existencia de la atmósfera física, la ciencia oculta habla del macrocosmos espiritual que recibe nuestra alma mientras dormimos.

La ciencia espiritual se alcanza a través de métodos espirituales: la iniciación. La experiencia cotidiana nos muestra la vida de nuestra alma dentro del microcosmos; aprendemos a conocer la vida dentro del macrocosmos anímico espiritual a través de la iniciación. Es preciso hablar primero de esta ciencia para comprender la transición del microcosmos al macrocosmos. Esta ciencia adquiere un significado especial porque después de la muerte entramos en el mundo espiritual. Entrar en el umbral de la muerte sólo significa una salida definitiva del cuerpo por parte del alma. El método de iniciación enseña ejercicios íntimos del alma. Del mismo modo que en la vida cotidiana ejercemos un efecto sobre nuestro entorno corporal, debemos permitir que nuestra alma ejerza un efecto anímico-espiritual sobre el macrocosmos y reciba impresiones de él. Debemos esforzarnos por liberar las fuerzas anímico-espirituales que están ligadas a la vida corporal. Hay tres fuerzas anímicas ligadas al cuerpo en la vida ordinaria, que se liberan mediante la iniciación. El primer poder del alma es el poder del pensar. Lo ejercemos en la vida ordinaria para formar pensamientos, para visualizar las cosas que nos rodean. Intentemos ponernos en la naturaleza de este poder de pensar. ¿Qué ocurre cuando pensamos y formamos representaciones? Incluso la ciencia física admitirá que cada vez que formamos un pensamiento que se relaciona con algo sensorial, tiene lugar un proceso de destrucción en nuestro cerebro. Tenemos que destruir finas estructuras del cerebro, la fatiga lo demuestra suficientemente. Lo que el pensar cotidiano destruye se restaura durmiendo.

Mediante el método de la iniciación, alcanzamos un estado a través del cual el poder del pensar se libera del cerebro físico: por consiguiente nada se destruye entonces. Esto lo conseguimos en la meditación, la concentración y la contemplación. Estos son ciertos procesos en nuestra alma que difieren de la vida ordinaria del alma. Aquellas representaciones y procesos mentales que nos satisfacen en la vida ordinaria no son muy adecuados para producir meditación en nuestra alma; debemos elegir otros para este fin. Para hablar concretamente, pongamos un ejemplo. Imaginemos dos vasos, uno vacío y el otro medio lleno. Luego imaginemos que vertemos agua del vaso medio lleno en el vacío, y ahora imaginemos que el medio lleno se llena cada vez más. Al materialista esto le parece una tontería.  Pero una representación adecuada para la meditación no es algo real en el sentido físico, sino algo que forma representaciones mentales. Precisamente porque tal representación no se refiere a nada real, distrae nuestra mente de lo real. Pero puede ser un símbolo, concretamente para el proceso del alma, que está vinculado al misterio del amor. El proceso del amor es como un vaso medio lleno que se vierte en otro vacío y, sin embargo, el que estaba medio lleno no se vacía sino que se acaba llenando. El alma no se vacía, sino que se llena en la medida en que da. Este símbolo puede tener ese significado.

Si tratamos dicha representación de tal manera que volcamos hacia ella todas las fuerzas del alma, entonces esto es meditar. Debemos olvidarnos de todo lo demás, incluso de nosotros mismos, durante tal representación. Toda nuestra vida anímica debe estar concentrada en ella durante mucho tiempo, alrededor de un cuarto de hora. No basta con hacer tal ejercicio una o varias veces; hay que repetirlo siempre. Dependiendo de la disposición del individuo, se verá que la vida del alma cambia en el proceso. Notamos que desarrollamos un poder de pensar que no destruye el cerebro. Cualquiera que se someta a una evolución de este tipo se dará cuenta de que la meditación no causa fatiga ni destruye el cerebro. Esto parece contradecirse por el hecho de que los principiantes se duermen durante la meditación. Pero esto se debe a que al principio todavía estamos apegados al mundo exterior y aún no hemos liberado nuestro pensar del cerebro. Una vez que hemos liberado los poderes del pensar del cerebro mediante un esfuerzo repetido, una vez que hemos logrado meditar sin fatiga, entonces se produce una transformación en toda nuestra vida humana. Así como antes éramos inconscientes fuera del cuerpo cuando dormimos, ahora somos conscientes. Y así reconocemos nuestro yo en la vida cotidiana.

Cualquiera que se someta a una evolución de este tipo se dará cuenta de que la meditación no causa fatiga ni destruye el cerebro. Esto parece contradecirse por el hecho de que los principiantes se duermen durante la meditación. Pero esto se debe a que al principio todavía estamos apegados al mundo exterior y aún no hemos liberado nuestro pensar del cerebro. Una vez que hemos liberado los poderes del pensar del cerebro mediante un esfuerzo repetido, una vez que hemos logrado meditar sin fatiga, entonces se produce una transformación en toda nuestra vida humana. Así como antes éramos inconscientes fuera del cuerpo cuando dormimos, ahora somos conscientes. Y al igual que en la vida cotidiana pensamos en nuestro yo dentro de nuestra piel, después de la meditación nos experimentamos fuera de nuestro cuerpo. El cuerpo se convierte en un objeto que miramos. Pero ahora llegamos a conocerlo de manera diferente que cuando dormimos. Llegamos a conocerlo como fuerzas magnéticas que nos encadenan a nuestro cuerpo. Es algo en lo que queremos sumergirnos. Y nos damos cuenta de que son las mismas fuerzas que nos atraen hacia nuestro cuerpo físico cada mañana, esas fuerzas que sacamos del mundo espiritual antes de nacer, y que nos hicieron buscar las corrientes hereditarias para encontrar un nuevo cuerpo. Aprendemos por qué nos sentimos atraídos por nuestros padres y antepasados.

Podemos excluir una representación, una experiencia del alma que sea diferente de la que tenemos en la transición del microcosmos al macrocosmos. Cuando miramos desde el macrocosmos al cuerpo, decimos con todas las experiencias: Esto se halla fuera de nosotros. Pero si hemos despertado la experiencia paulina dentro de nosotros, entonces hemos desarrollado un elemento del alma que ya es un elemento externo dentro de nosotros. Cuando estamos fuera del cuerpo, sentimos la experiencia Crística como interior. Esto puede llamarse el primer encuentro con el impulso Crístico en el macrocosmos. Ahora debemos discutir un segundo tipo de poder iniciático. Así como desprendemos el poder del pensar, también podemos desprender el poder que utilizamos para la expresión verbal. La ciencia materialista dice que los órganos motores del habla tienen su centro en el llamado órgano del habla de Broca. Pero no fue el órgano de Broca el que formó el lenguaje, sino que fue éste, (el habla), el que formó ese órgano.

La fuerza del pensar tiene un efecto destructivo, el lenguaje, que procede del entorno social, tiene un efecto constructivo. Ahora podemos liberar esta fuerza que construye el órgano de Broca. Lo conseguimos infundiendo valores emocionales a nuestra meditación. Cuando medito "La sabiduría brilla en la luz", esto tampoco refleja ninguna verdad externa, pero tiene un sentido profundo, un significado profundo. Cuando la impregnamos en nuestros sentimientos: Queremos vivir con toda la luz que irradia la sabiduría, -entonces sentimos cómo captamos el poder que de otro modo se expresa en palabras y que ahora vive en nuestra alma. Cuando se habla del silencio dorado, se refiere al hecho de que en nuestra alma tenemos un poder que crea la palabra. Podemos apoderarnos de él lo mismo que del poder del pensar. Entonces superamos el tiempo, igual que superamos el espacio al asir el poder del pensar. Lo que recordamos en la vida cotidiana hasta la infancia se expande luego a la vida prenatal. Esta es la manera de adquirir experiencia de la vida desde la última muerte hasta nuestro nacimiento actual, y al mismo tiempo la manera de ver a través del desarrollo de la humanidad. Vemos a través de las fuerzas que guían la evolución de la historia humana.

Y reconocemos la vida desde el nacimiento hasta la muerte. Cuando desarrollamos el poder de la palabra silenciosa, reconocemos la base espiritual de la vida en la tierra. Aquí de nuevo nos encontramos con un pasaje histórico, el Misterio del Gólgota. Porque este es el camino en el que encontramos el desarrollo ascendente y descendente de la humanidad y el punto en el que Cristo se encarna. Tal como es en su propio poder, así es reconocido. Así como a través de la liberación del pensar nos conectamos con el Cristo tal como estuvo en la tierra, así también a través de la liberación del Verbo nos conectamos con el Misterio del Gólgota. Una luz especial cae así sobre la primera línea del Evangelio de Juan.

Después, un tercer poder se independiza a través de la meditación. No sólo el cerebro y la laringe, sino también la circulación sanguínea y el corazón. Actuando de forma débil, lo sentimos cuando nos sonrojamos y nos ponemos pálidos. Allí una fuerza espiritual interviene en la pulsación de la sangre y llega al corazón. Esta fuerza anímica puede extraerse de la pulsación de la sangre y convertirse en una fuerza anímica independiente. Esto sucede a través de la meditación, donde la voluntad se conecta con la meditación. Meditamos: "La sabiduría brilla en la luz". Pero tomamos la decisión de conectar nuestra voluntad con ella de tal manera que queremos ir junto con esta sabiduría radiante en la evolución de la humanidad. Cuando llegamos a tal meditación de la voluntad, entonces logramos que las fuerzas de la voluntad fluyan hacia el alma. Estas fuerzas pueden ser captadas y extraídas de la sangre, -aunque no pueden ser extraídas completamente-, y entonces forman un poder clarividente a través del cual podemos ir más allá de nuestra tierra. Aprendemos a reconocer nuestra Tierra como un planeta reencarnado que se encarnará de nuevo y nosotros, los humanos, con él. De este modo crecemos a través del mundo anímico espiritual hacia el macrocosmos. En cierto modo experimentamos cómo la vida entre la muerte y el nacimiento debe ser lo contrario de la vida en una encarnación. Pues lo que el ser humano experimenta después de la muerte, liberado del cuerpo, es lo que experimenta el iniciado. Tomemos la característica principal de lo que se nos ha presentado en el estado incorpóreo. Es la misma experiencia que en la vida después de la muerte. Viviendo en el microcosmos, percibimos a través de los órganos físicos de los sentidos. Después de la muerte miramos el cuerpo como el iniciado. No podemos percibir lo que perciben los órganos sensoriales. El iniciado puede reconocer la vida entre la muerte y el renacimiento porque ya ha encontrado aquí la transición del microcosmos al macrocosmos.

No podemos hablar con los muertos con el lenguaje humano ordinario. Pero cuando hemos liberado el poder del lenguaje, podemos reconocer que estamos junto a los muertos. Al liberar el poder del pensar, podemos hablar con los que están entre la muerte y el renacimiento.

Les daré un ejemplo: Un vidente pudo hablar con un difunto. Había sido un hombre excelente, pero sólo se había preocupado de los suyos en un sentido material. Él carecía de ideas religiosas y antroposóficas. El vidente pudo aprender lo siguiente del hombre: "Sé que viví con mi familia, con los míos, y ellos eran mi sol. Ahora siguen vivos, lo sé, pero sólo los veo hasta el momento en que dejé la tierra". No hay conexión con ellos. Las circunstancias se complican después de la muerte. El vidente pudo ver lo siguiente: La mujer aún mostraba en su ser algo parecido a los efectos de la influencia de su marido. El hombre podía ver estos efectos, pero no como se ve a una persona, sino como en un espejo. Hay un ver, pero es como ver una imagen en un espejo. Eso tiene un efecto espeluznante porque no se puede ver realmente a las personas tal como son. Así como vemos lo físico en nuestra existencia sensorial, debemos ser capaces de ver lo espiritual después. Pero al igual que no podemos ver una vela en una habitación oscura si no está encendida, aquí también la cognición se atenúa, se oscurece. Sin embargo, todavía es posible una conexión entre los muertos y el hombre en la tierra si este último está imbuido de vida espiritual. Esta es la base del beneficio que podemos hacer por los muertos. Alguien ha atravesado la puerta de la muerte con quien tenemos intereses comunes: podemos leerle. Imaginamos que está frente a nosotros, le leemos en voz baja, también podemos enviarle pensamientos. Pero sólo recibe una impresión si le enviamos ideas y conceptos con vida espiritual. La tarea de la antroposofía se cumplirá cuando comprendamos que debemos eliminar el abismo que nos separa de los muertos.

Incluso un alma hostil a la antroposofía puede sentir el beneficio de tal lectura. Nuestra vida anímica tiene dos caras: La que se vive conscientemente y las profundidades del alma, que, como las profundidades del mar, sólo se expresan en las olas de la superficie. Así podemos experimentar que de dos hermanos, por ejemplo, uno se convierte en antroposófico y el otro en opositor a la antroposofía. Esto sólo puede ser un hecho del mundo exterior. El proceso interior es: hay un profundo anhelo de lo religioso, y uno sólo quiere anestesiarse rechazando la antroposofía.  La imaginación consciente es sólo un opiáceo para olvidar lo que ocurre en las profundidades. La muerte se lleva todo eso y entonces tenemos hambre de lo que anhelamos inconscientemente. Por eso leer en voz alta los escritos antroposóficos es una bendición. Poco a poco tomamos conciencia de nuestra conexión con los muertos. Pero incluso antes de tener esta sensación, no nos arriesgamos más que a que el muerto no nos escuche cuando le leemos. Así vemos que a través de la comprensión viva de la enseñanza antroposófica los muertos y los vivos, el microcosmos y el macrocosmos entran en conexión.

Esto también ocurre en otro ámbito. Cuando el vidente observa a las personas dormidas, ve lo siguiente: Por la puerta del sueño pasan almas que nunca tienen intereses espirituales, y otras que durante el día toman pensamientos espirituales. Hay una diferencia: Las almas dormidas son como semillas en el campo. En el mundo espiritual se produciría hambruna si no se tomaran con ellas pensamientos espirituales. El muerto se alimenta de las ideas espirituales y antroposóficas que traen los que duermen. Si no llevamos conceptos espirituales cuando nos dormimos, privamos a los muertos de alimento. Con la lectura en voz alta les damos estímulo espiritual, con las ideas espirituales que traemos cuando nos dormimos, damos alimento a los muertos.

A través de lo que el hombre crea en su alma, se convierte en un puente del microcosmos al macrocosmos. Lo que adquirimos es como una semilla. Con ello quisiera describir la misión viva, no sólo teórica, de la Antroposofía: La teoría se transforma en elixir de vida, la inmortalidad se convierte en experiencia. Igual que la semilla es la garantía para la siguiente semilla, así desarrollamos poderes anímico-espirituales que son la garantía para un retorno en la próxima vida en la tierra. No sólo nos hacemos conscientes, sino que experimentamos la inmortalidad en nuestro interior. Así, a partir del momento en que nuestro cabello encanece, experimentamos aquello que atraviesa la puerta de la muerte. En este sentido, la antroposofía se convertirá en el elixir de la vida, al igual que la sangre recorre nuestro cuerpo físico. Sólo entonces la antroposofía será lo que debe ser.

Si aprendemos a reconocer esto y queremos resumirlo en un sentimiento básico, en el sentimiento básico de que el alma humana está conectada con el mundo espiritual como nuestro cuerpo físico lo está con el mundo físico, entonces el ser humano lo experimenta:

Los seres en las extensiones del espacio,
le hablan a los sentidos humanos, 
Ellos cambian en el curso del tiempo. 
Experimentando, el alma humana, 
penetra en el reino de las eternidades, 
por la extensión del espacio sin límites 
e imperturbable por el curso del tiempo.

Traducido por J.Luelmo mar,2024

GA234 Dornach, 01 de febrero de 1924 - Introducción a la Antroposofía -Meditación e inspiración

Antroposofía, Introducción

Índice

MEDITACIÓN E INSPIRACIÓN

GA 0234 Conferencia IV Dornach 01 de febrero de 1924


Ahora continuaré, en una cierta dirección, las consideraciones más elementales recientemente comenzadas. En la primera conferencia de esta serie llamé la atención sobre la necesidad interior, real del corazón, de encontrar o al menos buscar, los caminos del alma al mundo espiritual. Hablé de esta necesidad de encontrar al hombre desde dos direcciones: desde el lado de la Naturaleza, y desde el lado de la experiencia interior.
Hoy volveremos a situar estos dos aspectos de la vida humana ante nosotros de una manera bastante elemental. Veremos entonces que los impulsos del subconsciente están realmente activos en todo los esfuerzos del hombre por la búsqueda del conocimiento en respuesta a las necesidades de la vida, en sus objetivos artísticos y aspiraciones religiosas.
Es muy fácil estudiar la oposición, a la que me refiero aquí, en ustedes mismos en cualquier momento
Fíjense en un hecho muy simple. Están mirando, digamos, en alguna parte de su cuerpo, su mano, por ejemplo. En lo concerniente al acto de cognición en sí, ustedes miran su mano exactamente como si se tratara de un cristal, planta o cualquier otro objeto natural. Pero cuando miran esa parte de su cuerpo y pasan por la vida con esta percepción, se encuentran con ese hecho seriamente perturbador que se entromete en toda la experiencia humana y del cual ya les hablé. Ustedes descubren que lo que están viendo será un día un cadáver; La Naturaleza externa, al recibirlo, no tiene el poder de hacer otra cosa que destruirlo. En el momento en que el hombre se convierte en un cadáver dentro del mundo físico y es entregado a los elementos en la forma que sea, ya no existe la posibilidad de que la forma humana, que estaba estampada en todas las sustancias visibles de su cuerpo, sea capaz de mantenerse.
Todas las fuerzas de la naturaleza que pueden ser objeto de algún estudio científico sólo son capaces de destruir al hombre, nunca de construirlo. Todo estudio desprejuiciado que no está guiado por teorías sino controlado por la propia vida, nos lleva a decir: Miramos a la Naturaleza a nuestro alrededor en lo que es comprensible. (No vamos a hablar, por el presente, de lo que la cognición externa no puede captar). Como gente civilizada de hoy sentimos que de hecho, hemos avanzado mucho, porque hemos descubierto tantas leyes de la naturaleza. Esta hablar de progreso está, de hecho, perfectamente justificado. Sin embargo, es un hecho que todas estas leyes de la naturaleza son, por su modo de operar, sólo capaces de destruir al hombre, nunca de construirlo. La visión humana no puede, en principio, descubrir nada en el mundo exterior excepto las leyes de la naturaleza que destruyen al hombre.
Miremos ahora nuestra vida interior. Experimentamos lo que llamamos nuestra vida psíquica, es decir, nuestro pensar, que puede confrontarnos con bastante claridad, nuestro sentimiento, que lo experimentamos menos claramente, y nuestra voluntad, que está completamente escondida de nosotros. Con la conciencia ordinaria, nadie puede pretender penetrar en la forma de cómo trabaja la intención, – digamos coger un objeto- en este complicado organismo de músculos y nervios para mover, al fin, los brazos y las piernas. Lo que aquí se produce en el organismo, entre la formación del pensamiento y la percepción de levantar el objeto, está oculto en completa oscuridad. Pero un impulso indefinido tiene lugar en nosotros, diciendo: Yo lo haré. Así que, nos atribuimos la voluntad a nosotros mismos y al examinar nuestra vida interior hablamos de pensar, sentir y querer.
Pero hay otro aspecto, y esto nos introduce de nuevo - en cierto sentido - a lo que es profundamente perturbador. Vemos que toda esta vida del alma humana se sumerge cada vez que duerme y surge de nuevo cuando despierta. Si queremos usar una comparación, bien podemos decir: La vida del alma es como una llama que yo enciendo y apago de nuevo. Pero vemos más. Vemos esta vida del alma destruida cuando ciertos órganos son destruidos. Además, depende del desarrollo corporal; Siendo como de ensueño en un niño pequeño y haciéndose gradualmente más y más clara, más y más despierta. Este aumento en claridad y conciencia va de la mano del desarrollo del cuerpo; Y cuando envejecemos nuestra vida del alma se vuelve más débil de nuevo. Así pues, la vida del alma sigue los pasos del crecimiento y decadencia del cuerpo. La vemos encenderse y morir.
Pero, por más seguros que podamos estar de que nuestra alma, aunque dependiente en sus manifestaciones sobre el organismo físico, tiene su propia vida, su propia existencia, no es todo lo que cabe decir al respecto. Contiene un elemento que el hombre debe valorar sobre cualquier otra cosa en la vida, porque toda su hombría -su dignidad humana- depende de esto. Me refiero al elemento moral.
No podemos deducir las leyes morales de la Naturaleza por mucho que la exploremos. Tienen que ser experimentados enteramente dentro del alma; Allí también debemos ser capaces de obedecerlas. Por lo tanto, el conflicto y el restablecimiento deben tener lugar enteramente dentro del alma. Y debemos considerarlo como una especie de ideal para que la vida moral pueda, como seres humanos, obedecer los principios morales que no nos son impuestos. Aunque, el hombre no puede convertirse en un «ser abstracto» que sólo obedece leyes. La vida moral no comienza hasta que las emociones, los impulsos, los instintos, las pasiones, los arrebatos de temperamento, etc., se subordinen al restablecimiento, alcanzado enteramente dentro del alma, entre las leyes morales captadas de una manera puramente espiritual y el alma misma.
En el momento en que nos volvemos verdaderamente conscientes de nuestra dignidad humana y sentimos que no podemos ser como seres impulsados ​​por la necesidad, nos elevamos a un mundo completamente diferente del mundo de la Naturaleza.
Ahora bien, el elemento perturbador que, mientras ha habido evolución humana, ha llevado a los hombres a esforzarse más allá de la vida inmediatamente visible, realmente surge de estas dos leyes -aunque puedan estar implicados muchos otros factores subconscientes e inconscientes. Vemos, por un lado, el ser corporal del hombre, pero pertenece a la naturaleza que sólo puede destruirlo; Y, por otro lado, interiormente somos conscientes de nosotros mismos como seres del alma que se iluminan y se desvanecen, pero están ligados con lo que es más valioso en nosotros: el elemento moral.
Sólo puede atribuirse a una fundamental falta de sinceridad de nuestra civilización, que la gente se engañe a si misma tan terriblemente, haciendo la vista gorda a esta oposición directa entre la percepción exterior y la experiencia interior. Si nos comprendemos a nosotros mismos, si nos negamos a ser confinados y restringidos por los grilletes que nuestra educación, con un propósito fin definido, nos impone, si nos liberamos un poco de estas limitaciones, decimos de inmediato: ¡Hombre! llevan dentro de ustedes su vida del alma - su pensar, su sentir y su voluntad. Todo esto está relacionado con el mundo moral que deben valorar por encima de todo lo demás-, tal vez con la fuente religiosa de toda existencia de la que depende este mundo moral. Pero, ¿dónde está esa vida interior de reglas morales cuando duermes?
Por supuesto, uno puede devanar fantasías filosóficas o filosofías fantásticas sobre estas cosas. Uno puede entonces decir: El hombre tiene una base segura en su ego (es decir, en su conciencia egoica ordinaria). El ego comienza a pensar en San Agustín, continúa a través de Descartes, y alcanza una expresión algo coqueta en el Bergsonismo de hoy. Pero cada dormir refuta esto. Porque, desde el momento en que nos dormimos al momento de despertarnos, transcurre un cierto tiempo; Y cuando, en el estado de vigilia, volvemos la vista atrás hacia este intervalo de tiempo, no encontramos la experiencia del ego. Se ha extinguido. Y sin embargo está conectado con lo que es más valioso en nuestras vidas - ¡el elemento moral!
Por lo tanto, debemos decir: Nuestro cuerpo, cuya existencia estamos crudamente obligados a admitir, ciertamente no es un producto de la Naturaleza, que sólo tiene el poder de destruirlo y desintegrarlo. Por otra parte, nuestra propia vida del alma nos esquiva cuando dormimos, y depende de cada corriente ascendente y descendente de nuestra vida corporal. Tan pronto como nos liberamos un poco de las limitaciones impuestas al hombre civilizado por su educación de hoy, vemos de inmediato que toda aspiración religiosa o artística -de hecho, cualquier esfuerzo superior -no importa cuantos elementos subconscientes e inconscientes estén implicados- depende , A lo largo de toda la evolución humana, de estas antítesis.
Por supuesto, millones y millones de personas no se dan cuenta de esto claramente. Pero ¿Es necesario que lo que se convierte en un enigma de vida para un hombre sea claramente reconocido como tal? Si la gente tuviera que vivir de lo que es claro, pronto moriría. Son realmente las contribuciones al estado de ánimo general provenientes de las profundidades inconscientes y poco claras las que constituyen la corriente principal de nuestra vida. No debemos decir que solo él siente los enigmas de la vida, que puede formularlos de una manera intelectualmente clara y ponerlos ante nosotros: primer enigma, segundo enigma, etc. De hecho, tales personas son las más superficiales.
Alguien puede venir a hablar con nosotros sobre que tiene esto o aquello. Tal vez sea algo bastante ordinario. Habla con un propósito definido, pero no está muy contento. Quiere algo y no lo quiere; No puede tomar una decisión. No está muy contento con sus propios pensamientos. ¿A qué se debe esto? Proviene del sentimiento de incertidumbre, en las profundidades subconscientes de su ser, acerca de la base real del verdadero ser y valor del hombre. Él siente los enigmas de la vida debido a la antítesis polar que he descrito.
Por tanto, no podemos encontrar apoyo ni en lo corpóreo, ni en lo espiritual tal como lo experimentamos. Porque lo espiritual siempre se revela como algo que se ilumina y muere, y el cuerpo es reconocido como proveniente de la Naturaleza, que sin embargo sólo puede destruirlo.
Por tanto el hombre está entre dos enigmas. Mira hacia afuera y percibe su cuerpo físico, pero esto es un enigma perpetuo para él. Él es consciente a su vez, de su vida psico-espiritual, pero esto, también es un enigma perpetuo. Pero el enigma más grande es este: si realmente experimento un impulso moral y tengo que poner mis piernas en movimiento para hacer algo hacia su realización, significa - por supuesto – que debo mover mi cuerpo. Digamos que el impulso es de buena voluntad. Al principio esto se experimenta realmente enteramente dentro del alma, es decir puramente psíquico. ¿Cómo, ahora, este impulso de buena voluntad incide en el cuerpo? ¿Cómo llega un impulso moral a mover los huesos mediante los músculos? La conciencia ordinaria no puede comprender esto. Se puede considerar tal discusión como teórica, y decir: Dejemos eso a los filósofos; Ya pensarán ellos en eso. Nuestra civilización suele dejar esta cuestión a sus pensadores, y luego desprecia - o, a lo mejor, los valora, pero poco - lo que dicen. Bien; esto satisface sólo la cabeza, no el corazón. El corazón humano siente una inquietud nerviosa y no encuentra alegría en la vida, ni bases sólidas, ni seguridad. Con la forma que el pensar del hombre ha ido tomando desde el primer tercio del siglo xv, se han logrado magníficos resultados en el campo de la ciencia externa, pero nada ha contribuido o puede contribuir a la solución de estos dos enigmas: el del cuerpo físico del hombre y el de su vida psíquica. Es sólo desde una visión clara de estas cosas que la Antroposofía se presenta, diciendo: Cierto; El pensar del hombre, en la forma que hasta ahora ha tomado, es impotente frente a la realidad. Por mucho que pensemos, no podemos influir en un proceso externo de la naturaleza con nuestro pensar.
Ademas, no podemos, por mero pensar, influir en nuestro propio "organismo-voluntad". Sentir profundamente la impotencia de este pensar es recibir el impulso de trascenderlo.
Pero uno no puede trascenderlo devanando fantasías. No hay punto de partida sino pensamiento; No se puede empezar a pensar en el mundo excepto por el pensar. Nuestro pensar, sin embargo, no está preparado para esto. Así que, inevitablemente, somos conducidos por la vida misma a encontrar - desde este punto de partida en el pensamiento - una manera por la cual nuestro pensar pueda penetrar más profundamente en la existencia - en la realidad. Esta manera sólo se encuentra en lo que se describe como meditación, por ejemplo, en mi libro: ¿Como se alcanza el Conocimiento de los Mundos Superiores?.
Hoy sólo describiremos este camino en escueto bosquejo, pues pretendemos dar el armazón de toda la estructura antroposófica. Comenzaremos de nuevo donde comenzamos hace veinte años.
La meditación, podemos decir, consiste en experimentar el pensar de otra manera que de costumbre. Hoy uno se permite ser estimulado desde fuera; Uno se rinde a la realidad exterior. Y al ver, oír, etc., uno nota que la recepción de las impresiones externas se continúa, hasta cierto punto, en los pensamientos. La actitud de uno es pasiva: uno se rinde al mundo y los pensamientos vienen. Nunca llegamos más lejos de esta manera. Debemos comenzar a experimentar el pensar. Uno hace esto tomando un pensamiento que es fácilmente comprendido, dejándolo permanecer en su conciencia, y concentrando toda su conciencia sobre él.
Ahora bien, no importa nada lo que el pensamiento pueda significar para el mundo exterior. La cuestión es simplemente que concentramos nuestra conciencia en este único pensamiento, ignorando cualquier otra experiencia. Digo que debe ser un pensamiento comprensible - un pensamiento simple, que se puede "ver" desde todos los lados [überschaubar].
Un hombre muy, muy erudito una vez me preguntó ¿Cómo se medita?. Le di una idea excesivamente simple. Le dije que no importaba si el pensamiento se refería a alguna realidad externa. Le dije que pensara: La sabiduría está en la luz. Debería aplicar toda la fuerza de su alma una y otra vez al pensamiento: La sabiduría está en la luz.
Si esto es verdadero o falso no es la cuestión. Importa poco si un objeto que pongo en movimiento, una y otra vez, ejercitando mi brazo, sea de gran importancia o un juego; así se fortalecen los músculos de mi brazo. Así también fortalecemos nuestro pensar cuando nos esforzamos una y otra vez en realizar la actividad anterior, independientemente de lo que el pensamiento pueda significar. Si nos esforzamos intensamente, una y otra vez, para que se presente en nuestra conciencia y concentramos toda nuestra vida del alma sobre ella, fortalecemos nuestra vida del alma al igual que fortalecemos la fuerza muscular de nuestro brazo si repetimos una y otra vez la misma acción. Pero debemos elegir un pensamiento que sea fácilmente reconocido; De lo contrario estamos expuestos a todos los engaños posibles de nuestro propio organismo. La gente no cree cuán fuerte es el poder sugestivo de los ecos inconscientes de experiencias pasadas y cosas por el estilo. En el momento en que entretenemos un pensamiento más complejo, se acercan poderes demoníacos desde todos los lados, sugiriendo esto o aquello a nuestra conciencia. Uno sólo puede estar seguro de que uno está viviendo en la meditación de uno en la plena conciencia de la vida normal, consciente, si uno realmente toma un pensamiento completamente reconocible que no puede contener más que lo que uno realmente está pensando.
Si ideamos meditar de esta manera, toda clase de gente puede decir que estamos sucumbiendo a la auto-sugestión o algo así, pero estarán diciendo un disparate. Todo gira en torno a nuestro éxito en la celebración de un pensamiento "transparente" - no uno que funciona en nosotros a través de impulsos subconscientes de una manera u otra. Con tal concentración uno fortalece e intensifica su vida del alma - en la medida en que ésta es una vida en pensamiento. Por supuesto, dependerá de la capacidad de cada hombre, como he dicho a menudo; En el caso de un hombre llevará mucho tiempo, en el caso de otro ocurrirá rápidamente. Pero, después de cierto tiempo, el resultado será que ya no experimenta su pensamiento como en la conciencia ordinaria. En la conciencia ordinaria nuestros pensamientos están allí sin poder; Son "sólo pensamientos". Pero a través de tal concentración uno realmente llega a experimentar los pensamientos como un ser interno [Sein], así como uno experimenta la tensión de un músculo - el acto de alcanzar para agarrar un objeto. Pensar se convierte en una realidad en nosotros; al desarrollarnos más y más lejos, experimentamos, un segundo hombre dentro de nosotros de quien no sabíamos nada antes.
Ahora llega El momento cuando uno se dice a sí mismo: "Cierto, soy este ser humano que, para empezar, puede mirarse a sí mismo externamente como uno mira las cosas de la naturaleza; Siento interiormente, pero muy débilmente, las tensiones de mis músculos, pero realmente no sé cómo mis pensamientos se insertan en ellos. Pero después de fortalecer su pensar de la manera descrita, ustedes sienten su pensar fortalecido derramarse, fluyendo, pulsando dentro de ustedes; sienten el segundo hombre. Se trata, en primer lugar, de una caracterización abstracta. Lo principal es que en el momento en que sientes este segundo hombre dentro de ti, las cosas supra-terrestres empiezan a preocuparte de la manera en que lo hicieron las cosas terrestres.
En ese momento, cuando sienten que su pensamiento toma vida interior - cuando lo sienten fluir como sienten el fluir de su aliento cuando se le presta atención - se vuelven conscientes de algo nuevo en todo su ser. Antes se sentían por ejemplo: estoy de pie sobre mis piernas. El suelo está abajo y me sostiene. Si no estuviera ahí, si la tierra no me ofreciera este apoyo, me hundiría en un espacio sin fondo. Estoy de pie en algo. Después de haber intensificado su pensar y llegado a sentir el segundo hombre dentro, su entorno terrenal empieza a interesarle menos que antes. Esto sólo es cierto, sin embargo, para los momentos en los que prestas especial atención al segundo hombre. Uno no se convierte en un soñador si uno avanza a estas etapas del conocimiento de una manera sincera y completamente consciente. Uno puede regresar fácilmente al mundo de la vida ordinaria, con toda sus habilidades de costumbre. Uno no se convierte en un visionario y dice: ¡Oh! He aprendido a conocer el mundo espiritual; Lo terrenal es irreal y de menor valor. De ahora en adelante sólo me ocuparé del mundo espiritual. En un camino verdadero y espiritual uno no se vuelve así, sino que aprende a valorar la vida externa más que nunca cuando uno vuelve a ella. Aparte de esto, los momentos en que uno trasciende la vida externa en la forma descrita y fija la atención en el segundo hombre que uno ha descubierto no puede mantenerse por mucho tiempo. Atender la atención de esta manera y con sinceridad interior exige un gran esfuerzo, y esto sólo puede sostenerse durante un tiempo que no suele ser muy largo.
Ahora, al dirigir nuestra atención al segundo hombre, encontramos al mismo tiempo que empezamos a valorar el entorno espacial de la tierra tanto como lo que está en la tierra misma. Sabemos que la corteza de la tierra nos sostiene, y los diversos reinos de la Naturaleza proveen las sustancias que debemos comer si nuestro cuerpo va a recibir a través de los alimentos el estímulo repetido que necesita. Sabemos que estamos conectados con la naturaleza terrestre de esta manera. Debemos ir al huerto para recoger las coles, cocinarlas y comerlas; Y sabemos que necesitamos lo que hay en el huerto y que está conectado con nuestro "primer hombre" u hombre físico. De la misma manera, aprendemos a saber qué son para nosotros los rayos del sol, la luz de la luna y el centelleo de las estrellas alrededor de la tierra. Gradualmente llegamos a una posible forma de pensar el entorno espacial de la tierra en relación con nuestro "segundo hombre", como pensábamos anteriormente de nuestro primer cuerpo (físico) en relación con su entorno físico.
Y ahora nos decimos a nosotros mismos: Lo que llevo dentro de mi como músculos, huesos, pulmones, hígado, etc., está conectado con la col, el faisán, etc., que hay en el mundo. Pero el "segundo hombre" de quien me he vuelto consciente a través del fortalecimiento de mi pensar, está conectado con el sol y la luna y todas las estrellas centelleantes - con el entorno espacial de la tierra.
Nos familiarizamos más con este ambiente de lo que usualmente estamos con nuestro ambiente terrestre - a menos que pasemos a ser especialistas en alimentos. Realmente ganamos un segundo mundo que, para empezar, es espacial.
Aprendemos a estimarnos como habitantes del mundo de las estrellas como antes nos considerábamos habitantes de la tierra. Hasta este momento no nos habíamos dado cuenta de que moramos en el mundo de las estrellas; Para una ciencia que no va tan lejos como para fortalecer el pensar del hombre, que no puede hacerle consciente de su conexión, a través de un segundo hombre, con el ambiente espacial de la tierra - una conexión similar a la que existe entre su cuerpo físico y la tierra física. Tal ciencia no lo sabe. Se dedica a los cálculos; Pero incluso los cálculos de la astrofísica, etc., sólo revelan cosas que realmente no conciernen al hombre o, a lo sumo, sólo satisfacen su curiosidad. Después de todo, ¿Qué significado puede tener para un hombre, o para su vida interior, saber cómo la nebuloso espiral en Canes venatici puede haberse originado, o si todavía está evolucionando? ¡Además, ni siquiera es cierto! Tales cosas no nos conciernen. La actitud del hombre hacia el mundo de las estrellas es como la que tendría un espíritu desencarnado hacia la tierra, si se piensa que tal espíritu procede de alguna región u otra en visita a la tierra, y que no requiere ni tierra para sostenerse, ni alimento, etc. , En realidad, de un simple ciudadano de la tierra el hombre se convierte en un ciudadano del universo cuando fortalece su pensamiento de la manera anterior.
Ahora nos devenimos conscientes de algo bastante definido, que se puede describir de la siguiente manera. Nos decimos a nosotros mismos: Es bueno que haya coles, maíz, etc., ahí afuera; ellos construyen nuestro cuerpo físico (si puedo usar esta expresión algo incorrecta de acuerdo con la visión general, pero muy superficial). Puedo descubrir una cierta conexión entre mi cuerpo físico y lo que hay fuera en los diversos reinos de la Naturaleza. Pero con el pensar fortalecido empiezo a descubrir una conexión similar entre el "segundo hombre" que vive en mí y lo que me rodea en el espacio supra-terrestre. Al final uno llega a decir: Si salgo por la noche y sólo uso mis ojos ordinarios, no veo nada; Por el día la luz del sol desde más allá de la tierra hace visibles todos los objetos. Para empezar, no sé nada. Si me limito solo a la tierra, lo sé: ahi hay una col, allá un cristal de cuarzo. Veo ambos a la luz del sol, pero en la tierra sólo me interesa la diferencia entre ellos.
Pero ahora empiezo a saber que yo mismo, como el segundo hombre, estoy hecho de lo que hace que la col y el cristal sean visibles. Es un salto más significativo en la conciencia el que uno toma aquí - una metamorfosis completa.
Si fortalecen su pensar, el mundo espacial supra-terrestre comienza a concernirles a ustedes y al segundo hombre que han descubierto, así como el mundo terrenal y físico les concernía antes. Y, así como atribuyen el origen de su cuerpo físico a la tierra física, ahora atribuyen su "segunda existencia" al éter cósmico a través de cuyas actividades las cosas terrenales se hacen visibles. Desde su propia experiencia ahora pueden hablar de que tienen un cuerpo físico y un cuerpo etérico. Pueden ver, que por el mero hecho de sistematizar y pensar en el hombre como compuesto de varios miembros no da ningún conocimiento real. Sólo alcanzamos una visión real de estas cosas al considerar la metamorfosis completa de la conciencia como resultado de descubrir realmente a un segundo hombre en su interior.
Extiendo mi brazo físico y mi mano física se apodera de un objeto. En cierto sentido, siento la fuerza que fluye en esta acción. A través del fortalecimiento de mi pensar, empiezo a sentir que es interiormente móvil y ahora induce una especie de "toque" dentro de mí - un toque que también tiene lugar en un organismo; el organismo etérico; este organismo más fino, súper sensible, no es menos real que el organismo físico, aunque esté conectado con lo supra-terrestre, no con lo terrestre.
Ahora llega el momento en que uno está obligado a descender otro paso, si puedo decirlo así. A través de un pensar tan "imaginativo" como el que he descrito llegamos, al principio, a sentir este toque interno del segundo hombre dentro de nosotros; llegamos también a ver esto en conexión con los espacios lejanos del éter universal. Con este término no entenderán nada más que lo que acabo de mencionar; No busquen en ello un significado de otro tipo. Ahora, sin embargo, debemos volver a la conciencia ordinaria si queremos ir más lejos.
Pueden ver, que si estamos pensando en el cuerpo físico del hombre de la manera descrita, enseguida nos preguntamos ¿Cómo está realmente relacionado con su entorno? Está indudablemente relacionado con nuestro medio físico, terrestre; ¿Pero cómo?
Si tomamos un cadáver, que es, de hecho, una representación fiel del hombre físico - incluso del hombre físico vivo - vemos, con toda claridad, el hígado, el bazo, el riñón, el corazón, los pulmones, los huesos, los músculos y los nervios. Pueden dibujarse; con contornos nítidos y se asemejan en todo lo que encontramos en las formas sólidas. Sin embargo, hay algo curioso en esos bosquejos tan perfilados del organismo humano. Estrictamente hablando, no hay nada más engañoso que nuestros manuales de anatomía o fisiología, pues llevan a la gente a pensar: hay un hígado, hay un corazón, etc.
Así podemos decir: En su cuerpo físico, el hombre pertenece, en verdad, a la tierra sólida, a lo que los antiguos pensadores en particular llamaron la "tierra". Luego llegamos a lo que es fluido en el hombre; e incluso en la ciencia externa uno nunca obtendrá una idea razonable del hombre hasta que uno aprende a distinguir al hombre sólido del hombre fluido este elemento interno que surge y teje que realmente se asemeja a un pequeño océano.

Pero lo que es terrestre sólo puede afectar realmente al hombre a través de su parte sólida. Pues incluso en la naturaleza externa puede verse, donde comienza el elemento fluido, una fuerza formativa interna que trabaja con gran uniformidad. Tomemos todo el elemento fluido de nuestra tierra: su agua; Es una gran gota. Dondequiera que sea, el agua es libre de tomar su propia forma, y toma la de una gota. El elemento fluido tiende a ser parecido a una gota en todas partes.
Lo que es terrenal - o sólido, como decimos hoy – se presenta en formas definidas, individuales, que podemos reconocer. Lo fluido, sin embargo, tiende siempre a tomar forma esférica.
¿Por qué es esto? Bueno, si estudian una gota, ya sea pequeña o tan grande como la tierra misma, encontrarán que es una imagen de todo el universo. Por supuesto, esto suena mal de acuerdo con los conceptos ordinarios de hoy; Sin embargo, se nos aparece así, para empezar, y pronto veremos que esta apariencia está justificada. El universo realmente se nos aparece como una esfera hueca en la que miramos.
Cada gota, pequeña o grande, aparece como un reflejo del universo mismo. Si toman una gota de lluvia, o las aguas de la tierra como un todo, la superficie les da una imagen del universo. Por consiguiente, tan pronto como llegan a lo que es fluido, no pueden explicarlo según las fuerzas terrenales. Si estudian estrechamente los enormes esfuerzos que se han hecho para explicar la forma esférica de los océanos por las fuerzas terrestres, se darán cuenta de lo vanos que son esos esfuerzos. La forma esférica de los océanos no puede explicarse por la atracción gravitatoria terrestre y similares, sino por la presión desde fuera. Aquí, incluso en la naturaleza externa, encontramos que debemos mirar más allá de lo terrestre. Y, al hacerlo, llegamos a captar cómo es con el hombre mismo.
Mientras ustedes se limiten a la parte sólida del hombre, no necesitan mirar más allá de lo terrestre para entender su forma. En el momento en que llegan a su parte fluida, necesitan que el segundo hombre sea descubierto por el pensar fortalecido. Él trabaja en lo que es fluido.
Ahora volvemos de nuevo a lo que es terrestre. Encontramos en el hombre un constituyente sólido; Esto lo podemos explicar con nuestros pensamientos ordinarios. Pero no podemos entender la forma de sus componentes fluidos a menos que pensemos en el segundo hombre como activo dentro de él -el segundo hombre al que contactamos dentro de nosotros mismos en nuestro pensar fortalecido como el cuerpo etérico humano.
Así podemos decir: El hombre físico trabaja en lo que es sólido, el hombre etérico en lo fluido. Por supuesto, el hombre etérico sigue siendo una entidad independiente, pero trabaja a través del medio fluido.
Ahora debemos avanzar más lejos. Imaginemos que en realidad hemos llegado hasta el punto de experimentar internamente este pensar fortalecido y, por lo tanto, el etérico - el segundo - hombre. Esto significa que estamos desarrollando una gran fuerza interior. Ahora bien, como ustedes saben, se puede - con un poco de esfuerzo - no sólo dejarse estimular a pensar, sino que incluso puede abstenerse de todo pensamiento.
Uno puede dejar de pensar; Y nuestra organización física hace esto por nosotros cuando estamos cansados y nos dormimos. Pero se vuelve más difícil ademas cesar de pensar, por voluntad propia, el pensar fortalecido que resulta de la meditación y que hemos adquirido con gran esfuerzo. Es comparativamente fácil extinguir un pensamiento ordinario y débil; sacar fuera - o «sugerirle alejarse» - al pensar fortalecido que uno ha desarrollado exige una fuerza más fuerte, porque uno se apega de una manera más interna a lo que uno ha adquirido así. Si tenemos éxito, sin embargo, algo especial ocurre.
Obviamente, nuestro pensar ordinario es estimulado por nuestro entorno, o recuerdos de nuestro entorno. Cuando se siguen una serie de pensamientos, el mundo sigue ahí; Cuando se duerme el mundo sigue ahí. Pero es fuera de este mismo mundo de cosas visibles del que ustedes se han elevado en su pensar fortalecido. Ustedes han contactado con el entorno espacial supra-terrestre, y ahora estudian su relación con las estrellas como antes estudiaban la relación entre los objetos naturales que les rodeaban. Ahora ustedes se han puesto en relación con todo esto, pero pueden suprimirlo de nuevo. Sin embargo, suprimiéndolo, el mundo externo tampoco está allí, pues ustedes acaban de dirigir todo su interés a esta conciencia fortalecida. El mundo exterior no está allí; Y se llega a lo que uno puede llamar "conciencia vacía". La conciencia ordinaria sólo conoce el vacío en el sueño, y ademas en forma de inconsciencia.
Lo que uno alcanza ahora es justo esto: uno permanece completamente despierto, no recibiendo impresiones sensoriales externas, pero no durmiendo simplemente "despertando". Aunque, uno no permanece simplemente despierto. Ya que ahora, al exponer la conciencia vacía de uno por todos los lados hacia lo indefinido, entra en juego el mundo espiritual. Uno dice: el mundo espiritual se acerca a mí. Mientras que antes uno sólo miraba hacia fuera en el ambiente físico supra-terrestre -que es realmente un ambiente etérico- y veia lo que es espacial, algo nuevo, el mundo espiritual actual, ahora se acerca a través de este espacio cósmico desde todos los lados como desde distancias indefinidas. Al principio, lo espiritual se nos acerca desde la parte más externa del cosmos cuando se atraviesa el sendero que he descrito.

Una tercera cosa se agrega ahora a la primera metamorfosis de la conciencia. Ahora uno dice: Yo llevo mi cuerpo físico (círculo interior), mi cuerpo etérico (azul) que aprehendí en mi pensar fortalecido, y algo más que viene de lo indefinido - desde más allá del espacio. Les pido que noten que estoy hablando del mundo de la apariencia; Veremos en el curso de los próximos días hasta qué punto se justifica hablar del etérico como procedente del mundo espacial y de lo que está más allá de nosotros (rojo) procedente de lo indefinido. Ya no somos conscientes de que este tercer componente proviene del mundo espacial. Este fluye a través del éter cósmico y nos permea como un "tercer hombre". Tenemos ahora el derecho de hablar, por nuestra propia experiencia, de un hombre primero o físico, de un hombre segundo o etérico, y de un tercero o "hombre astral". (Han de darse cuenta, por supuesto, que no deben dejarse llevar por las palabras). Llevamos dentro de nosotros un hombre astral o tercero, que viene desde el mundo espiritual, no meramente desde el etérico. Podemos hablar del cuerpo astral o del hombre astral.
Ahora podemos ir más lejos. Sólo lo indicaré en conclusión para poder elaborarlo mañana. Ahora nos decimos a nosotros mismos: Yo respiro, uso mi aliento para mi organización interna y exhalo. Pero ¿Es realmente cierto que lo que la gente piensa que entra y sale en la respiración, es una mezcla de oxígeno y nitrógeno?
Bueno, según las opiniones de la civilización actual, lo que entra y sale está compuesto de oxígeno y nitrógeno y algunas otras cosas. Pero aquel que alcanza la "conciencia vacía" y luego experimenta esta avalancha -como yo podría llamarlo- de lo espiritual a través del éter, experimenta en el aliento que extrae algo no formado sólo del éter, sino de lo espiritual más allá de él. Aprende gradualmente a conocer lo espiritual que actúa en el hombre en la respiración. Aprende a decirse a sí mismo: Tú tienes un cuerpo físico; Este opera en lo que es sólido - que es su medio. Tienes tu cuerpo etérico; Este opera en lo que es fluido. Pero, al ser el hombre - no sólo un hombre sólido o un hombre fluido, sino un hombre que lleva su "hombre aéreo" dentro de él - su tercer hombre o astral puede trabajar en lo que es aireado o gaseoso. Es a través de esta sustancia material sobre la tierra en la que opera tu hombre astral.
La organización fluida del hombre con su vida regular pero siempre cambiante nunca será captada por el pensar ordinario. Sólo puede ser captada por el pensar fortalecido. Con el pensar ordinario sólo podemos aprehender los contornos definidos del hombre físico. Y, puesto que nuestra anatomía y fisiología se limitan a tomar en cuenta el cuerpo, sólo describen el diez por ciento del hombre. Pero el «hombre fluido» está en constante movimiento y nunca presenta un contorno fijo. En un momento es así, en otro, así: ahora largo, ahora corto. Lo que está en movimiento constante no puede ser comprendido con los conceptos cerrados aptos para los cálculos; Se requieren conceptos móviles en sí mismos - "imágenes". El hombre etérico dentro del hombre fluido es aprehendido en imágenes.
El tercero hombre u hombre astral que trabaja en el hombre "aéreo", es aprehendido no sólo en meras imágenes, sino de otra manera. Si avanzan más y más en la meditación -Estoy aquí describiendo el proceso occidental- notaran, después de alcanzar una cierta etapa en sus ejercicios, que su respiración se ha convertido en algo palpablemente musical. Lo experimentan como música interior; Sentirán como si la música interior tejiera y surgiera a través de ustedes. El tercer hombre - que es físicamente el hombre aéreo, espiritualmente el hombre astral - se experimenta como un elemento musical interior. De esta manera ustedes toman posesión de su respiración.
El meditador oriental hacia esto directamente concentrándose en su respiración, haciéndola irregular para experimentar cómo vive y se teje en el hombre. Se esforzaban por apoderarse directamente de este tercer hombre.
Así descubrimos la naturaleza del tercer hombre, y ahora estamos en la etapa en que podemos decir: Al profundizar y fortalecer nuestra visión aprendemos primero a distinguir en el hombre:


  • El cuerpo físico que vive en en la tierra en las formas sólidas y también está conectado con los reinos terrestres.
  • El hombre fluido en el que vive un elemento etérico siempre en movimiento y que sólo puede aprehenderse en imágenes (Bilder) - en imágenes móviles, plásticas.
  • El hombre astral que tiene su copia física o imagen (Abbild) en todo lo que constituye la corriente del aire inspirado.

Este torrente que fluye, entra y se apodera de nuestra organización interior, se expande, trabaja, se transforma y finalmente fluye de nuevo hacia fuera. Ese es un maravilloso proceso de devenir. No podemos dibujarlo; Podríamos hacerlo simbólicamente, como mucho, pero no como realmente es. No podrían dibujar este proceso más de lo que podrían dibujar los tonos de un violín. Ustedes pueden hacer esto simbólicamente; Sin embargo, deben dirigir su sentido musical a oír internamente - es decir, deben atender con su oído interno y musical y no simplemente escuchar los tonos externos. De esta manera interior deben oír el tejer de su aliento - deben oír el cuerpo astral humano. Este es el tercer hombre. Lo aprehendemos cuando alcanzamos la "conciencia vacía" y permitimos que ésta se llene de "inspiraciones" desde fuera.
El lenguaje es realmente más inteligente que los hombres, porque nos viene de mundos primigenios. Hay una razón profunda por la cual la respiración fue una vez llamada inspiración. En general, las palabras de nuestro lenguaje dicen mucho más de lo que nosotros, en nuestra conciencia abstracta, sentimos que contienen.
Estas son las consideraciones que pueden conducirnos a los tres miembros del hombre -el cuerpo físico, el etérico y el astral- que hallan su expresión en los "hombres" sólido, fluido y aéreo y tienen sus contrapartes físicas en las formas del hombre sólido , En las formas cambiantes del hombre fluido y en aquello que impregna al hombre como una música interior, experimentada a través del sentir.
El sistema nervioso es de hecho la representación más hermosa de esta música interior. Está construido partiendo del cuerpo astral - partiendo de esta música interior; Y por esta razón tiene, en una parte definida, la maravillosa configuración de la médula espinal con sus fibras nerviosas. Todo esto junto es una maravillosa estructura musical que está continuamente trabajando hacia arriba en la cabeza del hombre.
Una sabiduría primordial que aún estaba viva en la antigua Grecia, sintió la presencia de este maravilloso instrumento en el hombre. Debido a que el aire asimilado por la respiración asciende por toda la médula espinal. El aire que respiramos “entra” en el canal cerebro-espinal y pulsa hacia arriba hacia el cerebro. Esta música está en realidad per-formed, pero permanece inconsciente; Sólo el rebote superior está en la conciencia. Esta es la lira de Apolo, el instrumento musical interior que la sabiduría instintiva y primitiva todavía reconocía en el hombre. Ya me he referido a estas cosas antes, pero es mi intención actual dar un resumen de lo que se ha desarrollado dentro de nuestra sociedad en el transcurso de veintiún años.
Mañana iremos más lejos y consideraremos el cuarto miembro del hombre, la organización del yo propiamente dicho. A continuación, mostraré la conexión entre estos diversos miembros del hombre y su vida en la tierra y más allá de ella - es decir, su llamada vida eterna.


***** fuente *****

http://www.rsarchive.org/