CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

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GA206 Dornach, 7 de agosto de 1921 - El desarrollo del niño hasta su madurez sexual

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RUDOLF STEINER
DEVENIR HUMANO, ALMA DEL MUNDO Y ESPÍRITU DEL MUNDO (II)

  El desarrollo del niño hasta su madurez sexual -

Dornach, 7 de agosto de 1921

décimo novena conferencia

Si queremos comprender el significado de la era materialista, debemos considerar el desarrollo del ser humano, en la medida en que todas las fuerzas básicas esenciales de este ser humano entran en consideración en este desarrollo. Consideremos en primer lugar este desarrollo humano desde un cierto punto de vista. Retomaré algunos de los puntos que ya he expuesto en el transcurso del último período para llegar a una determinada meta.

A menudo me he referido a la gran importancia del período en el desarrollo humano individual, que coincide con el cambio de dientes alrededor de los siete años. Este cambio de dientes significa que ciertas fuerzas que estaban presentes en el organismo humano hasta este momento y que estaban activas en este organismo se liberan de cierta manera y ya no realizan la actividad que realizaban hasta este cambio de dientes. En el momento en que comienza este cambio de dientes, y en el tiempo o a través del tiempo en que tiene lugar, el ser humano es de hecho un ser transformado, metamorfoseado. Lo que sale a la luz en la aparición de los segundos dientes, en esta expulsión de los segundos dientes, es lo que hasta ahora ha estado actuando en el organismo humano. Y después, cuando emerge, cuando se libera del organismo, por así decirlo, aparece como una fuerza más espiritual que antes. Siguiendo esto, llegamos a la conclusión de que hasta estos siete años actúa en el ser humano una fuerza espiritual, que hasta cierto punto concluye su trabajo en el organismo con el cambio de dientes. Si hemos adquirido cierta inclinación y capacidad para observar tales cosas, podemos ver cómo se transforma toda la constitución del alma del niño en esta etapa de la vida, cómo surge la capacidad de formar conceptos contorneados a partir de esta etapa de la vida, cómo aparecen otras facultades mentales. ¿Dónde estaban estas facultades mentales hasta el cambio de dientes? Estaban en el organismo, trabajaban en el organismo. Lo que más tarde se convierte en psíquico antes estaba trabajando en el organismo.

Llegamos a una visión de la interacción entre el alma y el cuerpo, completamente diferente de la que se describe en todas las descripciones psicológicas abstractas que hablan de un paralelismo psicofísico o de una interacción abstracta entre el alma y el cuerpo y similares. Llegamos a una visión real de aquello que durante los primeros siete años de la vida de una persona, actúa de manera importante en el organismo. Hasta cierto punto, vemos lo que hasta ese momento estaba oculto y luego se libera, apareciendo ahora como una fuerza anímica. Sólo tenemos que adquirir un don de observación para tales cosas, entonces veremos un cierto sistema de fuerzas trabajando en el cuerpo, por así decirlo, durante los primeros siete años de la vida de una persona, y después de este período de vida lo veremos emerger como una fuerza espiritual. Entonces sabemos lo que realmente actúa en el organismo humano, al menos en parte, para esta sustancialidad; entonces sabemos lo que actúa en el organismo humano en los primeros siete años de vida.

Ahora bien, cuando una persona se encuentra en el estado de su vida que tiene lugar entre dormirse y despertarse, entonces lo que acabo de describir desempeña un papel importante en dos estados sucesivos. También se puede observar cómo el niño duerme de cierta manera diferente a la persona en la que se convierte después del cambio de dientes. Aunque la diferencia no es tan evidente, está ahí. Hasta su séptimo año el niño no puede todavía enviar a su estado dormido, -al estado propio del alma entre el dormirse y el despertarse-, con el mismo poder lo que más tarde envía como fuerzas del alma; porque estas fuerzas tienen que ver todavía con lo físico, precisamente con el organismo corporal. Por lo tanto, el niño todavía no envía al estado dormido los conceptos claramente definidos. Lo que envía al estado dormido son conceptos todavía poco definidos, ideas todavía poco definidas; pero estas ideas menos definidas tienen la particularidad de que pueden abarcar lo real anímico-espiritual mejor que las ideas definidas.

Esto es algo importante, cuanto más definidos sean nuestros conceptos para la vida diurna de vigilia, menos enviamos al estado dormido para captar allí las realidades. Por lo tanto, desde su estado dormido en muchos casos, el niño adquiere un cierto conocimiento de la realidad espiritual. Esto cesa luego en la misma medida en que las fuerzas descritas se liberan con el cambio de dientes, aparecen conceptos nítidamente definidos y éstos influyen luego en la vida dormida. Estos conceptos nítidamente definidos amortiguan, por así decirlo, la visión de las realidades espirituales en las que vivimos entre el dormir y el despertar.

Lo que acabo de decir puede comprobarse mediante la visión suprasensible, si esta visión suprasensible desarrolla el poder que a menudo he descrito, y que también encontrarán descrito en mi «Ciencia Oculta en Esquema», en mi escrito «¿Cómo se alcanza el conocimiento de los mundos superiores?». Cuando la visión suprasensorial llega al poder de la imaginación, es decir, cuando aparecen esas imágenes de las que sabemos que subyacen realidades espirituales, entonces llegamos gradualmente a ver esas realidades espirituales en medio de las cuales estamos entre el dormir y el despertar, y entonces podemos también juzgar cómo es la diferencia entre el niño dormido antes del séptimo año y el niño dormido después del séptimo año. Entonces podemos ver cómo se amortigua, hasta cierto punto, al mirar lo que se nos vuelve bastante claro de nuevo hasta cierto punto en la imaginación, al mirar estas realidades espirituales, en el centro de las cuales nos encontramos entre quedarnos dormidos y despertarnos.

Cuando se ha producido el cambio de dientes, lo que se puede captar en cierto modo a través de la imaginación se forma en el alma hasta la madurez sexual. A través de la imaginación, es como simplemente adquirimos experiencia de lo que está desarrollándose en el alma humana. La experiencia que acabo de describir con respecto al estado entre dormirse y despertarse es sólo una de las experiencias que uno tiene a través de un conocimiento imaginativo. En esos interesantes estados que tienen lugar en el niño desde el cambio de dientes hasta la madurez sexual, vemos cómo hay en realidad una fuerte lucha en el ser humano en desarrollo. En esta etapa de la vida, el cuerpo etérico, que experimenta su organización particular hasta la madurez sexual, lucha contra el cuerpo astral. Se trata de un verdadero estado de lucha que tiene lugar en el niño. Y si consideramos el equivalente físico que corresponde a este estado de lucha, podemos decir que en esta etapa de la vida del niño hay una lucha pronunciada entre las fuerzas del crecimiento y las fuerzas que actúan en nosotros a través del acto físico de inspirar, a través de la respiración. Se trata de un proceso muy significativo dentro del ser humano, un proceso que, para conocer al ser humano, habrá que estudiar cada vez más. Porque lo que se libera en parte en el alma a través del cambio de dientes es, después de todo, las fuerzas del crecimiento. Por supuesto, una parte considerable de estas fuerzas del crecimiento permanece todavía en el cuerpo y es responsable del crecimiento allí; una parte se libera cuando cambian los dientes, y esto aparece como fuerzas del alma.

Pero aquello que sigue funcionando como fuerzas de crecimiento en el niño se opone a algo que ahora tiene lugar en el niño esencialmente a través del proceso respiratorio. Lo que ocurre en ese proceso respiratorio no podría ocurrir antes. Es verdal que el proceso respiratorio también está presente en el niño, pero mientras el niño tenga en su crecimiento corporal y en su organización corporal las fuerzas que luego surgen durante el cambio de dientes, no tiene lugar en el organismo del niño nada de lo que el proceso respiratorio producirá en realidad tan llamativamente, tan significativamente más tarde en el cuerpo humano. Pues gran parte de nuestro desarrollo depende de este proceso respiratorio. De ahí esos ejercicios orientales que se ocupan particularmente del proceso respiratorio, porque con esta vivencia del proceso respiratorio, que se da en estos ejercicios, uno entra realmente en contacto con algo que organiza al ser humano, que lleva al ser humano corporalmente a una movilidad interior que tiene algo que ver con ver a través de los secretos del mundo.

Como ya hemos dicho, antes de que se produzca el cambio de dientes, no puede activarse en el organismo humano, lo que la respiración realmente requiere de nosotros. Sin embargo, después se produce una lucha entre las fuerzas de crecimiento restantes y la introducción de lo que penetra en el ser humano mediante el proceso respiratorio. Pues el primer gran y significativo acontecimiento que ocurre físicamente, como consecuencia del proceso respiratorio, es la madurez sexual.

Esta conexión entre la respiración y la madurez sexual aún no está reconocida por la ciencia natural. Pero sin duda existe. En realidad respiramos aquello que nos hace madurar sexualmente, pero que también nos da la oportunidad de entrar en una relación de abrazo amoroso con el mundo en un sentido más amplio. Esto es lo que realmente respiramos. También hay un elemento espiritual en todo proceso natural. En el proceso de respiración hay un elemento espiritual y otro anímico-espiritual. Lo anímico-espiritual penetra en nosotros a través del proceso de respiración. Sólo puede entrar cuando las fuerzas que antes actuaban en el organismo se han vuelto espirituales y dejan de actuar en el organismo con el cambio de dientes. Entonces lo que quiere venir del proceso respiratorio fluye hacia el interior del ser humano.

Pero esto es contrarrestado, -y de ahí viene la lucha-, por lo que proviene de los procesos de crecimiento, que acaban de seguir siendo procesos de crecimiento, en otras palabras, aquello que proviene de las fuerzas etéricas. Y esta lucha existe entre las fuerzas etéricas, entre las fuerzas que surgen de nuestro cuerpo etérico y que encuentran su equivalente físico en el sistema metabólico, en la circulación sanguínea, y las fuerzas astrales. El metabolismo participa en el sistema circulatorio, en el sistema rítmico. De modo que podemos decir esquemáticamente: Tenemos nuestro sistema metabólico, pero éste interviene en nuestro ritmo sanguíneo, en el sistema rítmico circulatorio; el sistema metabólico, que he dibujado aquí esquemáticamente en blanco, interviene en el sistema circulatorio (ver dibujo, en rojo). Esto es lo que irrumpe hacia arriba desde el lado del cuerpo etérico en el ser humano en este tiempo entre el séptimo y el decimocuarto año.

                                    

El cuerpo astral trabaja en contra de esto. Entonces tenemos ese ritmo en el correlato físico que proviene de la respiración, y esta batalla tiene lugar entre el ritmo de la circulación sanguínea y el ritmo de la respiración (azul). Esto es lo que ocurre internamente en el ser humano en esta etapa de la vida.

Y se puede decir, hablando un poco en sentido figurado, en una imagen quizá aparentemente radical: Es aproximadamente entre el noveno y el décimo año de vida cuando en cada niño lo que antes, quiero decir, tenía lugar en el enfrentamiento preliminar, lo que tenía lugar en las escaramuzas previas al enfrentamiento decisivo propiamente dicho, se transfiere al enfrentamiento decisivo. El cuerpo astral y el cuerpo etérico llevan a cabo su encuentro decisivo entre el noveno y el décimo año de vida.

Por eso este periodo, este momento, es tan importante de observar para el profesor. Como profesor, educador o instructor, hay que prestar mucha atención a algo que ocurre entre el noveno y el décimo año de vida. En cada niño se puede ver algo muy especial. Ciertos rasgos temperamentales sufren una cierta metamorfosis. Surgen ciertas ideas.  Pero, sobre todo, en este momento es cuando uno debe empezar, -mientras que antes era bueno no dejar que el niño se diera cuenta de nada sobre la diferencia entre el yo y el mundo exterior-, a permitir que surja esta diferencia entre el yo y el mundo exterior. Mientras que antes era bueno contarle al niño cuentos de hadas y demás, como si los procesos de la naturaleza fueran como los procesos humanos, al personificarlos y explicarlos, después ya puede uno empezar a enseñarle al niño sobre la naturaleza de una manera más didáctica.

Sólo a partir de este momento debería presentarse al niño, la historia natural, incluso en su forma más elemental. Porque el niño acaba de sentir el yo cuando empieza a sentirlo claramente en la primera etapa de la vida. Es en este momento cuando relaciona un concepto claramente definido, un concepto más o menos naturalmente definido, con este yo. Sólo en este momento el niño aprende realmente a diferenciarse del mundo exterior. Y esto corresponde a un enfrentamiento muy definido del ritmo respiratorio y del ritmo circulatorio, del cuerpo astral y del cuerpo etérico.

En las personas estas cosas siempre tienen dos caras. Una se presenta en el estado entre despertarse y dormirse. Acabo de describir la situación en este estado. En el estado entre dormirse y despertarse, la situación es algo diferente. Si acabamos de avanzar hasta la imaginación y hemos desarrollado algo de inspiración, de modo que mediante la inspiración podamos juzgar lo que sucede allí debido al proceso respiratorio, que es el equivalente físico, encontramos que en realidad sólo en este momento tiene lugar, -para algunos niños ocurre un poco antes y para otros un poco después, pero en promedio entre el noveno y el décimo año de vida-, cuando duerme una verdadera separación del yo y del cuerpo astral, de su enlace de los cuerpos etérico y físico. El niño está muy íntimamente conectado con sus cuerpos físico y etérico, en particular con su yo, incluso cuando está dormido. Pero a partir de este momento, el yo comienza a iluminarse como un ser independiente cuando el yo y el cuerpo astral no participan en las funciones del cuerpo etérico y del cuerpo físico.

Por lo tanto también sucede que los niños que mueren antes de esta edad, tienen básicamente algo en la vida por la que atraviesan hasta el quinto, sexto, séptimo, incluso hasta el octavo, noveno año de vida, algo que todavía los separaba un poco de aquel mundo anímico-espiritual por el cual él atraviesa entre la muerte y un nuevo nacimiento; de modo que los niños son atraídos con relativa facilidad de nuevo a este mundo anímico-espiritual, que están, por así decirlo, sólo un poco apegados a la vida que han completado al ser concebidos o al nacer, que sólo se produce, si tenemos en cuenta este morir, un corte real de una nueva vida, únicamente cuando los niños mueren después de esta edad. En cierto sentido, la nueva vida no se vincula a la antigua de forma tan intensa. Sólo entonces se experimentan claramente los estados que he descrito en mi «Teosofía», mientras que en el caso de los niños que mueren antes ocurre que son, por así decirlo, lanzados de nuevo hacia atrás y conectan la vida que han experimentado en la tierra con la vida que llevaron hasta el momento de la concepción o nacimiento. Hay que decir que lo que tenemos ante nosotros en el niño hasta este momento entre el noveno y décimo año de vida es realmente tal que contiene lo físico-espiritual y lo anímico-espiritual mucho más inseparablemente de lo que el ser humano posterior los contiene. El ser humano posterior es un ser mucho más dualista que el niño. El niño tiene lo anímico-espiritual dentro de su cuerpo, y lo anímico-espiritual actúa sobre el cuerpo. Lo anímico-espiritual aparece como dualidad en relación con lo anímico-físico sólo después de este momento descrito. De modo que hay que decir: A partir de este momento, lo anímico-espiritual en el ser humano se ocupa menos de lo físico que antes. El niño como ser corporal es un ser mucho más espiritual que el ser humano posterior. El cuerpo del niño todavía está impregnado por las fuerzas anímicas en su crecimiento, porque las fuerzas anímicas todavía permanecen, aunque una gran parte acaba de cambiar con el cambio de dientes.

Por tanto, podemos decir: A partir del duodécimo año de vida, este enfrentamiento que he descrito se calma gradualmente en cierto modo, y con la madurez sexual el cuerpo astral entra en su pleno apoderamiento en la constitución humana. Pero aquello que entonces se desprende del ser humano, aquello que más tarde se preocupa menos de lo físico, por así decirlo, es entonces también aquello que lleva al ser humano de vuelta a través de la puerta de la muerte al mundo anímico-espiritual cuando muere. Como he dicho, el niño en su edad más temprana es devuelto más a su vida anterior, el ser humano después de este período de tiempo se separa de su vida anterior. Y lo que se libera allí contiene las semillas para atravesar la puerta de la muerte. A través de estas cosas puede verse con mucha precisión con un conocimiento imaginativo, y pueden señalarse los detalles con mucha precisión. Se puede señalar cómo las fuerzas que surgen allí conducen a conceptos de contornos agudos, -que, sin embargo, amortiguan las realidades espirituales en medio de las cuales vivimos cuando dormimos-, y que convierten al ser humano en un ser independiente.

Al aislarse, al amortiguar las realidades espirituales, el hombre se convierte en el espíritu entre espíritus que debe ser cuando atraviesa la puerta de la muerte. El niño, me gustaría decir, siempre se desliza en las realidades espirituales; el hombre posterior se desprende de estas realidades espirituales, se vuelve consistente en sí mismo. Sin embargo, lo que se convierte en consistente sólo puede verse a través del conocimiento imaginativo e inspirativo, pero está presente en el ser humano. El proceso al que me referí ayer tiene lugar. Si el hombre no permite que la ciencia espiritual tenga efecto en él, entonces ya es así: Lo que allí se desprende. -especialmente en una época en la que el hombre sólo recibe conceptos materialistas y conceptos intelectualistas, en la que el intelectualismo y el materialismo son llevados a la escuela, porque nuestras materias escolares individuales son materialistas-, lo que allí se desprende se organiza en la dirección ahrimánica. Como durante el día también estamos dormidos en relación con nuestra voluntad, y por lo tanto también en relación con nuestros instintos, lo que allí se desprende capta los instintos. Absorbiendo los conceptos de la ciencia espiritual es como nos educamos para superar esta vida instintiva.

Cualquiera que sea un mero intelectualista y materialista o sensorialista dice que sí de estos conceptos científico-espirituales: Sí, estos conceptos científico-espirituales son fantasías, ¡no describen nada de lo que es real! - Él sólo llama «real» lo que los sentidos pueden ver. Pero no es eso lo que estos términos pretenden describir. Todos los términos que se encuentran en mi «Ciencia Oculta» no pretenden describir el mundo sensorial externo, sino un mundo suprasensible. Si uno acepta estos conceptos, entonces acepta conceptos sobre este mundo suprasensible, aunque todavía no pueda mirar en él. Uno adopta conceptos que son adecuados para el mundo suprasensible, que no son aplicables al mundo sensible, físico, y también se desprende de aquello que en sí mismo vive del hombre en el mundo físico-sensible, es decir, de los instintos.

Pero la raza humana necesita esta educación, de lo contrario la humanidad descendería cada vez más al caos social. Porque la consecuencia real, -como dije ayer-, la consecuencia real del intelectualismo y el materialismo en la ciencia, la consecuencia real de nuestro enfoque científico actual en general, es una condición social que es caótica y que ahora está emergiendo en el este de Europa de una manera tan terrible.

Como he dicho, no se puede utilizar la lógica para deducir el bolchevismo de la filosofía de Mach, de la filosofía de Avenarius o de la filosofía de Bergson; pero la verdadera lógica lleva a ello, lo deduce. Esto es algo que la humanidad actual debe comprender, que el desarrollo de los últimos siglos ha provocado un dualismo entre la visión que el hombre tiene de la naturaleza y su mundo moral de ideas. Por un lado, tenemos una visión de la naturaleza que trabaja sólo con la necesidad natural, como he subrayado a menudo, que quiere ser estricta y exacta, que quiere atribuirlo todo a ciertas conexiones causales, causalidades, como se suele decir. Esta visión de la naturaleza construye una estructura del mundo, formula hipótesis sobre el principio y el fin de la Tierra.

Se contrasta con lo que el hombre experimenta en los ideales morales y religiosos. Pero esto está completamente desligado de lo que vive en la visión de la naturaleza. Por eso hay tanto empeño en justificar este contenido moral-religioso por una mera certeza de fe. Se ha convertido casi en un sistema dejar que este contenido moral-religioso se mantenga solo, dejarlo intocado, por así decirlo, por el contenido que se tiene cuando se describe la naturaleza externa, pues se siente cómo el uno destruye al otro, cómo no puede existir junto a él. Y nuestra visión actual de la naturaleza, tal como es en su última fase, donde ha unido la óptica y la electrodinámica, esta visión de la naturaleza, que vive allí en su última fase, conlleva necesariamente la idea de la muerte del calor. Pero entonces la tierra muere con toda su gente al final de la tierra, y entonces ningún alma humana se desarrolla a pesar de todos los ideales morales. Más allá de este fin de la tierra rige la ley de la conservación de la fuerza, de la conservación de la energía; entonces, mediante esta ley de la conservación de la energía, se da la muerte en la tierra, entonces la tierra muere con todas las almas humanas, del mismo modo que, según el punto de vista del materialista, el alma humana debe morir con el cuerpo humano. Sólo si nos damos cuenta de que lo que vive moralmente en nosotros, lo que está impregnado de ideales religiosos, vive en nosotros como un germen que contiene una realidad en sí mismo, igual que el germen en una planta que crece hasta convertirse en la siguiente forma de la planta al año siguiente; Sólo si tenemos claro que lo que vive moralmente en nosotros es el principio germinal de una futura existencia natural, y que la tierra con todo lo que contiene en su interior, visible a nuestros ojos, audible a nuestros oídos, perceptible por nuestros otros sentidos, no está sujeta a la ley de la conservación del poder, sino que muere, se desprende de todas las almas humanas, que entonces llevan los ideales morales como un nuevo acontecimiento natural, como la existencia de Júpiter, Venus, Vulcano; sólo si tenemos claro esto: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras, es decir, el Logos que se forma en las almas humanas, no pasarán, -cuando tengamos clara, literalmente clara esta palabra, sólo entonces podremos hablar con honestidad sobre el contenido moral y religioso de nuestras almas humanas. De lo contrario, es deshonesto. De lo contrario, estamos, por así decirlo, colocando la moral en el mundo y aferrándonos a una certeza distinta de la que es la certeza de la naturaleza. Pero si nos damos cuenta de que, si las palabras de Cristo son ciertas, un cosmos comienza con la moral que se liberará a sí misma de las envolturas muertas cuando este cosmos se desmorone en polvo, entonces tenemos una visión del mundo que muestra lo moral y lo natural en sus metamorfosis.

Esto es lo que la humanidad contemporánea debe penetrar. Porque es imposible llegar ni siquiera al concepto social más simple que utilizamos aplicando el pensamiento natural que se ha desarrollado en los últimos siglos. Pues en estos conceptos sociales debe vivir algo de lo que la moral reconoce al mismo tiempo en su significación cósmica. El hombre debe aprender de nuevo cómo es un ser cósmico. No entenderá cómo organizar los asuntos sociales aquí en la Tierra hasta que no haya reconocido que él, como ser humano, está conectado con intenciones cósmicas, con entidades cósmicas.

Esto es lo que sienten las personas de nuestra época que pueden sentir en sus almas toda la tragedia que ha supuesto el abismo entre la visión de la naturaleza y la visión moral que tenemos. Tal vez sólo unos pocos sientan todo el significado de este abismo, pero debe ser salvado. Debe surgir de nuevo la posibilidad de tomar al pie de la letra esta palabra: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán». Es decir: lo que germina en el alma humana se desplegará justo cuando la tierra haya perecido.

Pero no se puede ser un seguidor honesto de la ley de la conservación de la energía y creer al mismo tiempo que el mundo moral tiene un sentido eterno. Sólo en la medida en que uno encuentre el valor de ver a través de la esencia de nuestra visión de la naturaleza desde este mismo centro, encontrará una salida al caos del presente. Esta salida sólo se puede encontrar si la gente decide recuperar, y ahora conscientemente, aquella sabiduría que la humanidad tuvo antaño en aquellos antiguos misterios de forma instintiva. Si la humanidad decidiera penetrar conscientemente en el mundo espiritual, la posibilidad objetiva está ahí, queridos amigos. Desde finales del siglo XIX, una oleada del mundo espiritual intenta penetrar en nuestro mundo físico. Me gustaría decir que está entrando a toda prisa, que está ahí. La gente sólo tiene que abrir sus corazones y sus mentes y hablará a los corazones humanos y a las almas humanas. El mundo supra-sensorial tiene buenas intenciones, pero la humanidad sigue resistiéndose a él. Y lo que la segunda década del siglo XX experimentó de manera tan terrible es, en última instancia, la resistencia de la humanidad a la oleada del mundo espiritual que quiere irrumpir. Pero uno quisiera decir que es en su peor momento cuando el espíritu científico se vuelve contra esta afluencia del mundo espiritual. Al fin y al cabo, una vez que han surgido los hábitos materialistas e intelectualistas del pensamiento, no se quiere aportar de ninguna forma lo que se puede obtener del mundo espiritual.

En este sentido, la ola intelectualista-materialista alcanzó su apogeo en la segunda mitad del siglo XIX. Por supuesto, el materialismo se venía gestando desde hacía mucho tiempo. Siempre he señalado su comienzo histórico-mundial real; pues lo que se vivía en Grecia como materialismo fue sólo un preludio, por ejemplo en Demócrito y otros. El materialismo sólo ha desarrollado gradualmente su significado histórico-mundial a partir de mediados del siglo XV. Ciertamente se desarrolló lentamente, pero incluso aunque la tradición dogmática, incluso aunque la tradición real hubiera muerto, todavía existían, me gustaría decir, sensaciones de que hay un mundo espiritual al igual que un mundo físico, que este mundo espiritual puede ser captado, pero que no puede captarse por el mero comportamiento humano intelectualista.

Hoy en día, algunas personas que todavía no ven la esencia de esto miran hacia atrás con cierta nostalgia incluso a tiempos no tan lejanos, cuando incluso los pensadores positivistas y materialistas todavía se habrían avergonzado de considerar lo humano de una forma tan completamente inhumana. En el fondo, sólo en la segunda mitad del siglo XIX se intentó hacer esto, considerar al hombre de un modo completamente inhumano, extinguir lo específicamente humano. Esto se compensó con el hecho de que el hombre desarrolló gradualmente un modo de pensar relativamente abstracto, como el que ha surgido en la forma más reciente de la teoría de la relatividad. Por eso es interesante, y hay que tenerlo en cuenta, que todavía haya algunos espíritus que se remitan a los tiempos en que incluso los espíritus de orientación materialista querían saber que lo que había que hacer con respecto al hombre debía tratarse desde el espíritu.

Ciertamente, Auguste Comte era un espíritu completamente intelectualista, positivista, pero no vivía todavía en la época de finales del siglo XIX, cuando el hombre ya había sido totalmente expulsado de la visión humana, cuando, debido a que el intelectualismo y el materialismo sólo comprenden la naturaleza exterior, sólo se comprendía la naturaleza exterior, cuando ya no se consideraba la propia humanidad o sólo de tal manera que también se pensaba en la propia humanidad en las imágenes de la naturaleza meramente extrahumana. Y por eso es interesante cuando podemos leer ahora que un pensador inglés, Frederick Harrison, hizo recientemente una declaración sobre Auguste Comte. Dice: "Pienso en un comentario conciso que Auguste Comte hizo hace más de setenta años. Auguste Comte, el positivista, el intelectualista, que todavía estaba algo tocado por la espiritualidad de antaño, ya veía acercarse el momento en que el hombre sería eliminado por completo. Pero a pesar de su positivismo, a pesar de su intelectualismo, le disgustaba lo que se avecinaba y lo que aún no había visto en la forma que tomó en el último tercio del siglo XIX: Nuestros médicos modernos, decía Comte, me parecen esencialmente veterinarios. - Pensaba, -sigue diciendo Harrison-, que con demasiada frecuencia tratan a las personas, especialmente a las mujeres, como si fueran caballos o vacas.

Comte subrayó que las enfermedades deben considerarse normalmente desde más de un lado, que tienen un elemento espiritual en ellas, a veces incluso un elemento espiritual de forma destacada, de modo que un médico para los seres humanos debe ser tanto un filósofo del alma como un anatomista del cuerpo. Afirmaba que el verdadero remedio tiene dos caras. Por esta razón, dice ahora Harrison, rechazaría la unilateralidad freudiana. Y luego Harrison continúa diciendo cómo esta forma que tenía Auguste Comte de ver las cosas, se ha desarrollado más en cierto modo, pero cómo se ha caído sin embargo cada vez más en la forma de ver las cosas que trata a las personas como caballos y vacas y que ha convertido gradualmente a los médicos humanos en veterinarios. Y dice que no se ve por ninguna parte la doctrina principal de Auguste Comte: todo es relativo, -que ya contenía el núcleo justificado de la doctrina de la relatividad. Esta doctrina principal de Auguste Comte tiene un mejor fundamento y una mayor profundidad en la filosofía y en la vida que Einstein. Al fin y al cabo, es refrescante oír hoy una afirmación así, porque vivimos en una época en la que el espíritu de la ciencia se opone a todo lo que viene del lado espiritual, y en particular a todo lo que quiere trasladar el espíritu a la vida humana, a la acción humana, especialmente en ámbitos tan importantes como la acción médica.

Si ahora nos preguntamos: ¿Qué es lo que hace que el materialismo y el intelectualismo sean tan atractivos para la ciencia contemporánea? Bien, miremos cómo van las cosas. Tal como está organizado nuestro sistema escolar, queremos que el profesor se acerque lo menos posible a la configuración completa del niño. El profesor está demasiado cómodo, y él mismo ha sido educado demasiado cómodamente, para acercarse realmente a las sutilezas del desarrollo del niño, como he vuelto a describir hoy. No quiere ocuparse de tales cosas. ¿Qué exigen estas cosas? Exigen que no rehuyamos la transición de la vida ordinaria, en la que vivimos en la ilusión, a una vida completamente diferente, en la que por primera vez tomamos conciencia de la realidad. 

Esta transformación del hombre, este cambio del hombre en aras del conocimiento, eso es lo que la gente hoy en día rehúye, lo que no quiere. La gente quiere ascender lo más cómodamente posible a las verdades más elevadas, que entonces sólo pueden ser las abstracciones más elevadas, porque a las abstracciones se llega con cierta comodidad. No es necesario convertirse en otra cosa. Pero no se puede llegar a un contenido real de la vida, tal como subyace a nuestro contenido sensorial exterior, si no se asciende al menos a conceptos que no tienen significado para esta vida sensorial ordinaria, cuyo significado hay que penetrar primero desde el poder del propio ser interior. El hombre ya ha sido colocado en la vida, que también llega hasta este mundo suprasensible, y en nuestra época depende de que este mundo suprasensible le sea iluminado sanamente. Y cuando ayer dije que la cosmovisión materialista-intelectualista no sólo abarca a las pocas personas científicamente instruidas que acaban de pasar por una educación científica, sino que es popular, que vive en términos populares incluso entre las personas más sencillas que hoy creen pertenecer todavía a los viejos credos, entonces hay que decirlo: Es urgentemente necesario que lo que da conocimiento del mundo espiritual fluya en nuestra vida en su conjunto de una manera popular.

Pero los rasgos característicos de la época actual son evidentes allí donde se intenta introducir en ámbitos de la vida lo que puede aportar la ciencia espiritual antroposófica. En la medicina, en la religión, en la vida social, en todas partes debe introducirse lo que ciertamente no se quiere decir de manera sectaria: la ciencia espiritual de orientación antroposófica, la que aparece con la misma seriedad científica que se cultiva en la humanidad desde mediados del siglo XV en la ciencia natural, que está plenamente reconocida.

Y cuando el niño ha crecido, cuando tiene la suerte de pasar por algún tipo de educación superior, - bueno, ya ven cómo es hoy: estos jóvenes, los médicos, teólogos, filólogos, abogados, no se supone que se conviertan en otra cosa, no se supone que se transformen, se supone que permanezcan como son y sólo absorban en abstracciones lo que es su ciencia. Si se intenta dar algo de conocimiento al mundo, entonces es inmediatamente rechazado por aquellos que quieren seguir viviendo esta vida tan cómodamente en abstracciones, -lo que llevaría al caos-, especialmente allí. Y así nos enfrentamos a un síntoma interesante, que me gustaría mencionar como único síntoma. Con ocasión de bastantes conferencias pronunciadas por el predicador de Nuremberg Geyer en diversos lugares, se hizo evidente que la gente, especialmente los científicos, percibían que se estaba intentando introducir la ciencia espiritual de orientación antroposófica en su ámbito de vida. La gente no quiere eso. E incluso la gente bienintencionada no quiere eso. Sienten que tienen que volver a aprender todo su enfoque científico, que tienen que pensar de forma muy diferente sobre sus propios conceptos básicos. Por eso, cuando ocurre algo así, prefieren juzgar las cosas según sus propios conceptos básicos, según sus cómodas abstracciones. Y así, precisamente en relación con las conferencias de Geyer, vemos un ensayo de un alto consejero médico Kolb, director del sanatorio y residencia de ancianos de Erlangen, un psiquiatra, es decir, una persona que en realidad tendría que acoger con la más profunda satisfacción y alegría que esas áreas que sólo pueden ser iluminadas fructíferamente por la ciencia espiritual, las áreas psiquiátricas, fueran iluminadas provechosamente.

La ciencia espiritual sigue de forma sana los caminos que el psiquiatra tiene que recorrer de forma patológica, y la psiquiatría misma sólo puede volverse sana si es iluminada en todos sus ámbitos, en todos sus detalles, por lo que se encuentra de forma sana a través de la ciencia espiritual antroposófica. Por lo tanto, un psiquiatra debe, en primer lugar, permitir que su psiquiatría sea impregnada por la ciencia espiritual; porque esta psiquiatría, después de todo, se ha convertido básicamente en nada más que una psicopatografía. Es algo terrible en el presente, esta psiquiatría.  ¿Qué hace el psiquiatra? No siente cómo los rayos de luz que le pueden llegar de la ciencia espiritual antroposófica iluminan la psiquiatría, sino que presenta la ciencia espiritual tal como le parece según la psiquiatría anterior, es decir, aplica el rasero psiquiátrico a la ciencia espiritual. Y si además es bienintencionado, entonces se vuelve particularmente interesante, porque entonces vemos, igual que cuando uno ve su cara reflejada en una bola de jardín: si es una cara hermosa, seguirá viendo la belleza, pero está caricaturizada. Así que, por supuesto, las humanidades deben parecer caricaturescas cuando las retrata alguien que lucha contra ellas con todas sus fuerzas y, sin embargo, es bienintencionado. Al menos es interesante leer algunas de las palabras de este Dr. Kolb, médico psiquiatra jefe, que al fin y al cabo es de buena opinión:


«Considero que el conocido antropósofo Rudolf Steiner es», -perdónenme, tengo que leer esto-, «una personalidad brillante pero extraordinariamente desigual, con algunos rasgos sorprendentes que sólo pueden comprenderse a partir de conocimientos psiquiátricos». El Sr. Geyer, el principal predicador en Nuremberg, parece apoyarse en las enseñanzas de Steiner. He asistido en dos ocasiones a una conferencia pública de este clérigo, al que muchos tienen en gran estima. La conferencia fue una deliciosa obra de arte. Me parecería bárbaro desmenuzar la flor azul de la poesía, que tan graciosamente se nos presentó, y empañar la fragancia azul«, -el azul no parece criticar la fragancia-, »en la que nos pintó el acercamiento de la era Steiner, con colores críticos.

Sólo una cosa debo decir como psiquiatra: lo de Steiner no es otra cosa que pensamiento ordinario, que está influido por una especie de autohipnosis; si una personalidad brillante y, como quiero suponer al principio" -¡más tarde será distinto! - «personalidad moralmente íntegra con una brillante formación científica y general, informada con precisión sobre las enseñanzas religioso-filosóficas hasta la fecha, como es Steiner, mira en su cerebro, por así decirlo, y nos presenta el contenido de su cerebro, entonces, además de numerosos rasgos fantásticos, se encontrarán muchos pensamientos buenos, nobles y moralmente íntegros, ocasionalmente quizá incluso científicamente valiosos».

Ahora les pido que escuchen esto: El pensamiento ordinario, influenciado por la autohipnosis, mira en el cerebro, ¡y lo que entonces se ve en el cerebro se presenta como antroposofía! Por favor, sólo tomen esta ingeniosa frase de este psiquiatra: ¡así que todo cuando se mira en el cerebro está influenciado un poco por la autosugestión!

«Pero si su enseñanza, hasta ahora accesible sólo a los instruidos, fuera lanzada desde el púlpito al pueblo, entonces personas aún menos ingeniosas, sin educación previa, proclamarían los productos de la suya al pueblo asombrado».

 ¡Ya lo han hecho bastante, estas personas menos instruidas! En efecto, es como si este psiquiatra, que ve en la antroposofía una forma de pensar influida por la autohipnosis que ve en el cerebro, viviera en absoluto fuera del mundo real.

"Puesto que el ocultismo, como el comunismo, ejerce una atracción fatal sobre los débiles mentales, sobre la juventud aún inmadura, sobre los prematuramente ancianos, sobre los fantasiosos, sobre los histéricos, sobre todo sobre los psicópatas, los inestables, los morbosos mentirosos y estafadores, experimentaríamos que en nuestro pueblo, desmoralizado y susceptible por la guerra, la muerte y las penurias y las preocupaciones por el futuro, surgirían semejantes a aquellos cuyas hazañas leemos con horror en la historia de los anabaptistas de Münster. Es un gran mérito de la Iglesia católica que haya rechazado a Steiner con la mayor claridad y rigor« - ¡puede leer sobre esta »claridad y rigor" de gente que vive bastante cerca de nosotros aquí! - «y como protestante, quisiera pedir muy sinceramente a cada uno de los clérigos protestantes que examinen muy atentamente este peligro y el peligro de que nuestra Iglesia degenere en un sectarismo desolador y peligroso antes de recomendar la enseñanza de Steiner, que a menudo resulta peligrosamente tentadora, sobre todo para los cristianos de mentalidad ideal, pero que es difícil de aplicar con rasgos patológicos.»

 Así pues, esta lección fue impartida al predicador principal Geyer por un psiquiatra, el oficial médico superior Dr. Gustav Kolb, director del sanatorio y residencia de ancianos de Erlangen.

Pueden ver el estado mental de una persona que ha absorbido completamente los hábitos de pensamiento del espíritu científico moderno. Y, por favor, piensen por un momento, incluso me gustaría que meditaran sobre lo que ocurriría si, en lugar de dirigir su mirada hacia el mundo exterior, en lugar de agudizarla espiritualmente a través de la imaginación, la inspiración, la intuición y luego hacer surgir lo que está escrito en mi «ciencia oculta», por ejemplo, dirigieran esta mirada hacia el interior y describieran ahora el cerebro humano, algo influenciado por la autohipnosis. ¿No es cierto que lo que describe el psiquiatra es una locura? Realmente está inmersa en la psiquiatría, ¡la descripción que surge! Pero hay que decir que una persona como este Gustav Kolb es incluso bienintencionada, porque no cree que deba distinguir el aroma azul con otros colores críticos, incluso piensa que es una barbaridad enfrentarse a la flor azul que lleva el pastor Geyer. Así que por un lado es incluso bonachón; pero es un representante verdaderamente típico de la ciencia moderna.

Esto es lo que cabe esperar y desear de la ciencia moderna para la ciencia espiritual de orientación antroposófica. Por eso hay que mencionarlo siempre: Esta ciencia espiritual de orientación antroposófica necesita ya colaboradores activos que rastreen en todos los rincones lo que se plantea de este modo, y que ahora lo pongan realmente bajo la luz correcta, en la que se pone cuando se señala, en primer lugar, que no puede ser de otro modo desde el punto de vista científico actual, y en segundo lugar, tal como es: cerebro en lugar de antroposofía.

Realmente, hay que liberarse del prejuicio de que hoy es posible convencer a cualquiera aquí o allá de los que están completamente imbuidos de este hábito científico moderno. La alegría que algunos de nuestros miopes seguidores sienten repetidamente por el hecho de poder persuadir a tal o cual persona está fuera de lugar. De lo que se trata es de que la humanidad imparcial se impregne de lo que puede dar de sí la ciencia espiritual de orientación antroposófica, y que esta cientificidad moderna se caracterice entonces con implacabilidad precisamente allí donde se convierte en un sinsentido, aunque sea benigno. 

Hoy nos enfrentamos a una tremenda gravedad. Por eso hay que insistir una y otra vez en que debe levantarse el mayor número posible de personas que sientan esta gravedad, que no sólo quieran sentarse y escuchar un poco para sentir placer por las verdades antroposóficas, sino que quieran introducir activamente en toda la vida lo que la ciencia espiritual de orientación antroposófica quiere ser para la vida, y que también tengan el valor y la fuerza de levantarse allí donde sea necesario. Una y otra vez llamo la atención sobre el hecho de que la batalla que se libra contra la ciencia espiritual ha adoptado todo tipo de formas grotescas, ridículas, mendaces y bonachonas pero impotentes. La batalla que se libra contra ella sigue siendo muy exigua. Pero debe librarse para la salvación del desarrollo ulterior de la humanidad. Lo que hay que curar es lo que enferma el espíritu moderno de la ciencia -que, como sabéis, allí donde está justificado, también es plenamente apreciado por la ciencia espiritual- porque también quiere lucirse en aquellos ámbitos de los que no entiende nada.

Traducido por J.Luelmo jun, 2025

GA211 Dornach, 26 de marzo de 1922. Cambios del proceso respiratorio, a lo largo de la historia -( Sofia - Ciencia)

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RUDOLF STEINER


Cambios del proceso respiratorio, a lo largo de la historia

CONFERENCIA 4 

Dornach, 26 de marzo de 1922.

En nuestra época se habla mucho de la diferencia entre fe y conocimiento y, en particular, a menudo se afirma que la Antroposofía, según lo que dice, no debería describirse como ciencia, sino como contenido de la fe, como convicción de fe. En el fondo, sin embargo, todas las distinciones que se hacen de este estilo provienen del hecho de que la gente tiene muy poca idea de lo que ha surgido como fe en el curso del desarrollo humano, y que en realidad no tiene mucha idea de lo que es el conocimiento. Toda la fe, todo lo que está relacionado con la palabra fe, se remonta en realidad a tiempos muy antiguos en la evolución de la humanidad. Se remonta a aquellos tiempos en los que el proceso de respiración desempeñaba un papel mucho más importante en la vida del hombre que en la actualidad. Una persona con su actual condición anímica en realidad no presta atención a su proceso de respiración. Inspira y espira, pero no percibe ninguna experiencia particular. Las creencias de épocas más antiguas siempre han hecho hincapié en la importancia de la respiración. Baste recordar, -como ya he señalado estos días-, que en el Antiguo Testamento la creación del hombre está relacionada con la inhalación del aliento, y baste recordar lo que he dicho sobre el empeño que existía en la antigua India, por ejemplo, por alcanzar un conocimiento superior regulando el proceso respiratorio de una determinada manera. Este empeño tenía sentido en la época en que el hombre prestaba más atención a su respiración. Les decía que este empeño tuvo lugar en la época en que el hombre no sólo percibía a su alrededor la naturaleza muerta que hoy percibimos, sino que el hombre veía la actividad de lo anímico-espiritual en todas las cosas naturales y actos de la naturaleza, cuando percibía la actividad de lo anímico-espiritual en cada manantial, en cada nube, en el río y en el viento. Durante este tiempo, el objetivo era hacer la respiración más y mas consciente: regular la inhalación, la retención del aliento y la exhalación.
Y a través de esta regulación del proceso respiratorio se creó lo que puede llamarse autoconciencia, la experiencia del yo, del «yo soy». Pero era una época en la que la percepción, la experiencia de la respiración desempeñaba un cierto papel en la vida humana. El ser humano del presente, desde su conciencia ordinaria, no puede formarse una idea de cómo era aquello. Me gustaría ofrecerles esa idea. Es cierto que el proceso respiratorio se divide en inhalar, contener la respiración y volver a exhalar. Este proceso respiratorio está regulado inicialmente por la naturaleza humana. Los estudiosos del yoga de los que he hablado lo regulaban de otra manera. Al igual que los que estudian hoy en día desarrollan una forma de pensar que no es la de la vida cotidiana, en los tiempos en que la respiración desempeñaba un papel especial en la vida, la gente también desarrollaba una forma de respirar diferente a la de la vida ordinaria. 
Pero no nos fijemos en la respiración del yoga, en la respiración desarrollada, sino en la respiración ordinaria. Puedo ilustrarlo mejor esquemáticamente. Si suponemos que se trata del organismo torácico humano, podemos decir que distinguimos entre el proceso de inhalación, el proceso de contención de la respiración, -que no describiré en detalle-, y el proceso de exhalación. Cuando el hombre inhalaba en tiempos antiguos, lo experimentaba como si con la inhalación, es decir, con el aire inhalado del mundo exterior, entrara lo que había de espiritual en los seres y hechos del mundo exterior. Así pues, en lo que aquí he calificado de corriente de inhalación rojiza, el hombre experimentaba, digamos, gnomos, ninfas, todo lo que había de espiritual en la naturaleza circundante. 

Y al exhalar (azul), es decir, al enviar el aire que respiraba hacia el exterior, estas entidades volvían a ser invisibles al exhalarlas. En cierto sentido, se perdían en la naturaleza circundante. Uno respiraba y sabía: lo anímico-espiritual existe afuera en la naturaleza, porque en la inhalación uno sentía el efecto de lo anímico-espiritual. Se sentían conectados con los aspectos espirituales y anímicos de la naturaleza externa. En aquellos tiempos antiguos, esto tenía un efecto embriagador sobre el hombre, -pero sólo comparativamente hablando-, en cierto modo. Se embriagaba con lo anímico-espiritual del entorno. Y al exhalar de nuevo, recuperaba la sobriedad. Así que vivía en una embriaguez y una sobriedad. Y en esta embriaguez y sobriedad había una interacción con lo anímico-espiritual del mundo exterior. Pero había algo más. Al inhalar, al embriagarse, por así decirlo, con lo anímico-espiritual, el hombre sentía cómo ascendían silenciosamente los seres anímicos-espirituales desde la corriente de aliento hasta su cabeza, cómo lo llenaban interiormente, cómo se unían con su propio ser corporal. De modo que lo que el hombre sentía allí puede expresarse más o menos así: Inhalo lo anímico-espiritual del entorno. Me llena la cabeza. Lo siento, lo percibo. Luego se retiene la respiración. Y al exhalar, la persona diría: Devuelvo mi sensación de lo anímico-espiritual. Pero esto tenía una conexión íntima con la vida. Fijémonos en una cosa muy sencilla: aquí hay una tiza. Si hoy cogen esta tiza, la miran, extienden la mano y la cogen. Así no se hacía antiguamente. Nosotros tenemos la idea de mirar la tiza y luego cogerla. Ese no era el caso del hombre antiguo, sino que la miraba, inspiraba lo que emanaba espiritualmente de la tiza, espiraba, y sólo cuando espiraba agarraba la tiza, de modo que para él inspirar era lo mismo que observar, espirar era lo mismo que estar activo. 
Era una época en la que el hombre vivía en una especie de interacción rítmica con su entorno. Esta interacción rítmica se ha conservado para épocas posteriores, pero sin la conciencia viva y contemplativa de antaño. Imaginemos cómo se trillaba todavía a mano en el campo en nuestra juventud: mirar, golpear, mirar, golpear, en una actividad rítmica. Esta actividad rítmica correspondía a un determinado proceso respiratorio. Inspirar = observar, espirar = hacer. Para un desarrollo posterior de la humanidad podemos decir: esta experiencia de la inhalación cesó en la percepción humana, y el hombre percibió o percibe sólo lo que sube a su cabeza por la respiración. En la antigüedad, pues, el hombre percibía cómo lo que inhalaba, que para él era una embriaguez, continuaba hasta su cabeza y allí se conectaba con las impresiones sensoriales. Más tarde ya no fue así. Más tarde, el hombre pierde la conciencia de lo que ocurre en su organismo torácico.
Él ya no percibe este flujo ascendente de la respiración porque las impresiones sensoriales se hacen más fuertes. Extinguen lo que surge en la respiración. Cuando hoy vemos u oímos, el proceso de ver y también el de oír contienen el proceso de la respiración. En el hombre antiguo, la respiración era una parte muy importante de la visión y la audición; en el hombre actual, la visión y la audición son tan fuertes que la respiración está completamente apagada. De modo que podemos decir que lo que era percibido por el hombre antiguo en el proceso de respiración en su ser interior, embriagadoramente fluyendo a través de su cabeza, ya no está vivo, de modo que se decía: ¡Ah, las ninfas! ¡Ah, los gnomos! ¡Las ninfas, así giran en su cabeza, los gnomos, así martillean en su cabeza, las ondinas, así ondulan en su cabeza! Hoy en día, este martilleo, ondulación, torbellino es ahogado por lo que proviene de la visión, de la audición y es de lo que se llena la cabeza hoy en día. Así que hubo un tiempo en el que el hombre percibía este flujo ascendente de la respiración en su cabeza con más fuerza. Esto sucedía en la época en la que el hombre todavía percibía confusamente, en la que todavía percibía algo de las secuelas del martilleo gnómico, del ondular ondino, del girar ninfa, en la que todavía percibía algo de la conexión de estas secuelas con las percepciones del sonido, la luz y el color. Pero después todo lo que todavía percibía del proceso respiratorio desaparecía. Y las personas que aún conservaban un vestigio de la conciencia de que la respiración había introducido en el ser humano los aspectos anímico-espirituales del mundo, llamaban «Sophía» a lo que quedaba, a lo que se establecía a partir de la percepción sensorial en relación con la respiración. 
Pero la respiración ya no se percibía. Así, el contenido espiritual de la respiración quedaba aniquilado, o más bien paralizado por la percepción sensorial. Esto lo sintieron especialmente los griegos. Los griegos no tenían una idea de la ciencia como la que tenemos hoy en día. Si a los griegos se les hubiera hablado de la ciencia tal y como se enseña hoy en nuestras universidades, les habría parecido como si alguien les hubiera estado perforando constantemente el cerebro con pequeños alfileres. No se habrían dado cuenta de que esto podía proporcionar satisfacción a una persona. Si hubieran tenido que absorber el tipo de ciencia que tenemos hoy en día, habrían dicho: Hace daño al cerebro, hiere al cerebro, escuece. Pues aún querían percibir algo de esa agradable propagación del aliento embriagador en el que se vertían lo que oían y veían. Había, pues, una percepción de una vida interior en la cabeza de algunos griegos, una vida interior como la que ahora les estoy describiendo. Y llamaban a esta vida interior Sophía. Y aquéllos otros que amaban desarrollar esta Sophía dentro de sí mismos, que tenían una inclinación especial a entregarse a esta Sophía, se llamaban a sí mismos filósofos. La palabra filosofía apunta ciertamente a una experiencia interior. Esa aceptación horriblemente pedante de la filosofía, por la que uno simplemente, -como se dice en la vida estudiantil-, se familiariza con esta ciencia, eso no se conocía en Grecia. Sino que lo que se expresa en la palabra filosofía, es  la experiencia interior de «amo a Sophía» Pero al igual que el proceso respiratorio que entra en el cuerpo es absorbido por las percepciones sensoriales de la cabeza, el resto del cuerpo absorbe lo que sale como aire exhalado. Al igual que las percepciones sensoriales fluyen hacia la cabeza a través de lo que se oye, y de lo que se ve, fluyen hacia la embriaguez del aire inhalado, en el organismo metabólico de los miembros, junto con el aire exhalado también fluyen las sensaciones físicas, las experiencias. El efecto aleccionador del aire exhalado, el efecto de extinción de la percepción, fluía junto con las sensaciones físicas que se despertaban al caminar y trabajar. El estar activo, el hacer, estaba ligado al espirar. Y al estar activo, al hacer algo, el ser humano sentía, por así decirlo, cómo lo anímico-espiritual fluía fuera de él. De modo que cuando hacía algo, trabajando en algo, sentía como si dejara fluir lo anímico-espiritual en las cosas. Al asimilar lo anímico-espiritual, embriago mi cabeza, me conecto con lo que veo, con lo que oigo. Hago algo, espiro. Lo anímico-espiritual desaparece. Se va en lo que martilleo, se va en lo que agarro, se va en todo lo que trabajo. Libero de mí mismo lo anímico-espiritual. Lo transfiero, por ejemplo hirviendo leche, haciendo algo externamente, dejo que lo anímico-espiritual fluya en las cosas.
Ese era el sentimiento, esa era la sensación. Así era en la antigüedad. Pero esta percepción del proceso de exhalación, esta percepción de desencanto, simplemente cesó, y sólo quedó un rastro de ella en la época griega. En la época griega, la gente todavía sentía algo, como si todavía estuvieran entregando algo agradable a las cosas al estar activas. Pero después todo lo que había en el proceso de respiración se paralizaba por la sensación del cuerpo, por la sensación de esfuerzo, de fatiga al trabajar. Así como el proceso de inhalación estaba paralizado hacia la cabeza, el proceso de exhalación estaba paralizado hacia el resto del organismo. Este proceso espiritual de exhalación estaba paralizado por la sensación del cuerpo, es decir, por la sensación de esfuerzo, de calentarse, etc., por aquello que vivía en el hombre, de modo que éste sentía su propia fuerza, que utilizaba esforzándose, haciendo algo. Ahora no sentía el proceso de exhalación como fatiga, sentía un efecto de poder en su interior, sentía el cuerpo imbuido de energía, de poder. Este poder que vivía dentro del ser humano era pistis, la fe, el sentimiento de lo divino, el poder divino que hace que uno trabaje:  
Sophía = contenido espiritual de la respiración, paralizado por la percepción sensorial 
 Pistis (fe) =  el proceso espiritual de exhalación, paralizado por la sensación corporal           
Así, la sabiduría y la fe confluían en el hombre. La sabiduría fluía hacia la cabeza, la fe vivía en todo el ser humano. La sabiduría era sólo el contenido de las ideas. Y la fe era el poder de este contenido de ideas. Ambas cosas confluían. Por eso también este único escrito gnóstico que se ha conservado de la antigüedad, el escrito Pistis Sophía. De modo que en la Sophía se tenía una dilución de la inhalación, en la fe una condensación de la exhalación. Después, la sabiduría se diluyó aún más. Y en la dilución ulterior, la sabiduría se convirtió en ciencia. Y luego la fuerza interior se concentró más. El hombre sólo sentía su cuerpo: la conciencia de lo que es realmente la fe, la pistis, desapareció de él. Y entonces sucedió que, debido a que ya no podían sentir la conexión, los hombres separaron lo que debía surgir subjetivamente, por así decirlo, del ser interior como mero contenido de la fe, y lo que estaba conectado con la percepción sensorial exterior. Primero fue Sophía, luego Scientia, la ciencia ordinaria, que es una Sophía diluida. También se podría decir que originalmente Sophía era un ser espiritual real que el hombre sentía como habitante de su cabeza. Hoy sólo tiene el fantasma de este ser espiritual. Porque la ciencia es el fantasma de la sabiduría. Esto es algo que en realidad debería recorrer el alma del hombre de hoy como una especie de meditación, que la ciencia es el fantasma de la sabiduría. Y del mismo modo, por otra parte, la fe, -que hoy suele llamarse así; aquí no hemos captado realmente una diferencia particular en las palabras-, la fe que vive hoy no es la fe interiormente experimentada de la antigüedad, Pistis, más bien es lo subjetivo lo que está estrechamente relacionado con el egoísmo. Es la fe condensada de la antigüedad. En la fe que aún no estaba condensada, aún se sentía lo divino objetivo en el hombre. Hoy la fe se encuentra sólo subjetivamente, por así decirlo, saliendo como humo del cuerpo. De modo que podría decirse que, al igual que la ciencia es el fantasma de la sabiduría, la fe actual es el peso de la fe anterior, el lastre de la fe anterior.
Estas cosas deben mantenerse unidas de esta manera, entonces ya no se harán juicios tan superficiales como los que hacen muchas personas hoy en día, que dicen que la antroposofía es sólo un contenido de la fe. Esa gente no sabe de lo que habla porque nunca se ha dado cuenta de toda la conexión entre fe y sabiduría, de esta unidad interior de fe y sabiduría, de la historia real de la humanidad. ¿Dónde se habla hoy de la historia en la forma en que tenemos que presentarla aquí? ¿Dónde se habla hoy de lo que antaño fue para el hombre el proceso de la respiración, de cómo representaba una experiencia completamente distinta de lo que es hoy? ¿Dónde se evidencia lo abstracto, por un lado, y lo sólidamente material, por otro, en que se ha convertido lo que antaño era, por un lado, lo anímico-espiritual real y, por otro, lo anímico-corporal real? 
Cuando el desarrollo de la fe llegó a cierto punto, se hizo necesario que la humanidad incluyera algo bastante definido en este contenido de la fe. En la antigüedad, el hombre tenía lo divino dentro del contenido de su fe. Experimentaba lo divino en el proceso de exhalación. Pero el proceso de exhalación se perdió para su conciencia. Ya no tenía la conciencia de que lo divino pasa a las cosas. El hombre necesitaba una revitalización de lo divino para su conciencia, y recibió esta revitalización a través del hecho de que ahora recibió en sí mismo un concepto que no tiene realidad externa en la tierra. 
En la tierra no tiene realidad externa que los muertos se levanten de sus tumbas. Pero el misterio del Gólgota no tiene ningún contenido real para el hombre cuando describe el curso de la vida de Jesús, hasta que muere. Al fin y al cabo, eso no tiene nada de especial. Por eso Jesús tampoco es ya nada especial para la teología moderna. Porque el hecho de que una persona pase por algún tipo de experiencia y luego muera, tal como la teología moderna retrata la vida de Jesús, no es nada especial. El misterio sólo comienza con la resurrección, con la vida viva del ser de Cristo después de que el cuerpo físico haya pasado por la muerte. Y cualquiera que, -y esto también está en consonancia con las palabras de San Pablo-, no acepte esta idea de la resurrección en su conciencia, no ha aceptado nada del cristianismo, razón por la cual la teología moderna sólo es en realidad una Jesús-logía, no realmente cristianismo en absoluto. 
El cristianismo necesita una idea así, que se refiera a una realidad que no tiene lugar en esta tierra como percepción inmediata de los sentidos, sino que como idea eleva ya al hombre a lo suprasensible. Por medio de una experiencia interior, el hombre de la antigüedad era elevado a lo suprasensible. En estos días les he mostrado, cómo el estudiante de yoga era conducido a la experiencia interior de ser un bebé. Se experimentaban las primeras impresiones de ser un bebé, aquello que se forma vívidamente en el ser humano. A través de los ejercicios de yoga de los que les he hablado, uno se volvía consciente de aquello de lo que de otro modo no sabe nada, pero al mismo tiempo de todo lo prenatal, o más bien de la vida que yace antes de la concepción, donde el alma del ser humano estaba arriba en el mundo espiritual antes de descender y tomar un cuerpo físico. 
De esto sólo quedó una imagen descriptiva. Esta imagen también está contenida en los Evangelios: Si no os hacéis como niños, no podréis entrar en los reinos de los cielos. -Esta frase se refiere a eso, sólo que en ese momento ya no tenía vida inmediata. En cierto modo, esta frase era un recordatorio de que algún día se podía volver a la infancia y experimentar los reinos del cielo, de los que se descendía a través del nacimiento, a la existencia física. Difícilmente la gente de hoy, cuando oye hablar de los reinos del cielo en los Evangelios o en cualquier otra lengua antigua, se imagina algo significativo al respecto. Entonces probablemente piensa: Bueno, he visto que aquí en la tierra - Francia, Inglaterra y demás, que se dividen en reinos. Lo que hay en la tierra en términos de reinos también está arriba, también están los reinos del cielo. - De lo contrario, el hombre no puede realmente hacerse una idea concreta de los reinos del cielo si no puede visualizar lo que hay allá arriba. Creo que incluso se dice en inglés, si no me equivoco: the kingdoms of heaven. Sí, no se hace una idea de lo que hay en la expresión modernizada «los reinos del cielo». El Evangelio incluso suele decirlo de tal manera que es aún más difícil ver lo que significa en realidad, incluso dice: el reino de Dios. Y, sin embargo, el hombre apenas piensa en nada, sino que simplemente pronuncia una frase.
Pero en la antigüedad los cielos eran precisamente lo que, -si la tierra está aquí (centro)-, se extendía como una esfera del mundo (blanco, azul). Y «esfera», ¿Qué era eso? Prescindamos de toda filología y utilicemos la observación que puede dar el propio método antroposófico. "Reich" = Lo que se extiende, lo que abarca, lo rodea, es el alcanzar, el sonar, el hablar, de modo que uno debe elevarse a la imaginación: A través de estos cielos, para el que aprende a percibir, el alma espiritual suena a través de ellos. Él percibe no sólo los cielos, sino la palabra del mundo que resuena y llega a través de los cielos.
Quien no puede llegar a ser como los niños pequeños no puede percibir la palabra de los cielos, la palabra que habla en todas partes desde los cielos. Si uno llama a los reinos terrenales «reinos» y a los gobernantes terrenales «gobernantes de estos reinos», habría que tener la idea secreta de que estos gobernantes pueden hablar o cantar tan alto que su voz resuena en todo su reino. En las ideas más antiguas y legendarias existe también algo así como una resonancia del imperio. Y simbólicamente esto se expresaba por el hecho de que se daban leyes que se proclamaban con trompetas a las regiones celestiales, con lo que el reino se hacía realidad. El reino no era la zona en la que vivía la gente, sino que el reino era lo que los ángeles de las trompetas llevaban a la inmensidad como contenido de las leyes. Pero era un recuerdo. Tenía que venir otra concepción que se relacionara más con la voluntad, -la anterior se relacionaba con la idea, con el pensamiento-, con aquello que acompaña al hombre cuando atraviesa la puerta de la muerte. Queda la voluntad como su desarrollo energético. Se va con él a través de la puerta de la muerte con el contenido del pensamiento del mundo. La voluntad humana, llena de pensamientos del mundo, entra con él en los mundos espirituales cuando el hombre muere. Y es a esta voluntad a la que se dirige el nuevo concepto del Cristo resucitado, del que vive, aunque haya muerto en la tierra.

Esa era la poderosa, la formidable idea que no sólo recordaba la infancia, sino que apuntaba a la muerte, y que apelaba en el hombre a lo que él lleva consigo a través de la puerta de la muerte. Así encontramos en el desarrollo de la propia humanidad la razón misma de la irrupción del concepto de Cristo, de todo el impulso Crístico. Ahora, sin embargo, se puede decir que incluso hoy en día todavía hay muchas personas en la tierra que no saben nada de Cristo. Las personas que hoy saben de él, en su mayoría lo saben mal, pero aprenden algo del Cristo, aunque, según el sentido del materialismo actual, no tengan realmente el concepto del Cristo, el sentimiento del Cristo, que tienen dentro de sí. Pero hay muchas personas en la tierra que viven otras formas de religión más antiguas. Y aquí es donde surge la gran pregunta que ya insinué ayer. Decía que el misterio del Gólgota es un hecho. El Cristo murió por todos los hombres. El impulso crístico se ha convertido en una fuerza para toda la tierra. En este sentido objetivo, separado de la conciencia, el Cristo está ahí para judíos, gentiles, cristianos, hindúes, budistas, etcétera. Él está ahí. Desde el Misterio del Gólgota vive en las fuerzas del desarrollo de la humanidad en la tierra. Pero no es lo mismo vivir en un ámbito cristiano que en un ámbito no cristiano. 

La diferencia que existe aquí sólo puede estudiarse si se ve la conexión entre la vida que el hombre desarrolla entre la muerte y un nuevo nacimiento y la vida en la tierra. Si un hombre ha pasado por la muerte y fue, digamos, budista o hindú en vida, si por lo tanto no ha recibido ninguna concepción, ninguna sensación del Cristo, se lleva consigo para el universo más allá de la muerte lo que el hombre puede experimentar aquí en la tierra del entorno exterior, de la naturaleza. En los cielos no se sabría nada de la naturaleza, si el hombre, al entrar por la muerte en los reinos celestes, no llevara allí el conocimiento de la tierra. El hombre lleva lo que toma aquí en la tierra al reino de lo suprasensible al pasar por la muerte, pues es a través de ésta que los mundos suprasensibles tienen algún conocimiento de lo mineral, lo vegetal, lo animal en la tierra. Pero el que conoce algo de Cristo, el que puede tener la idea de que Cristo vive en él, el que experimenta la palabra paulina: «No yo, sino el Cristo en mí», ahora no sólo lleva el conocimiento de la tierra a los mundos suprasensibles, sino también el conocimiento del hombre terrenal. De este modo, ambos son llevados también por el hombre de hoy. Los cristianos llevan al mundo suprasensible las noticias del hombre terreno, de la formación corporal terrenal del hombre. Los hindúes, los budistas, etc. llevan a los cielos el mensaje de lo que rodea al hombre. Incluso hoy en día los hombres se complementan en lo que aportan a los mundos suprasensibles al pasar por la muerte. 

Por supuesto, cada vez es más necesario que todos los secretos que el hombre puede experimentar en sí mismo, a través de sí mismo, sean llevados a los cielos, que el hombre sea así canalizado cada vez más a fondo. Pero sobre todo es importante que lo que el hombre experimenta sólo como tal respecto a los demás hombres aquí en la tierra, sea llevado a través de la muerte por medio del cristianismo. Téngase en cuenta que ésta es una verdad extraordinariamente importante, una verdad muy esencial. Tomemos, por ejemplo, al hindú o al budista. Lo que experimenta al mirar el mundo, al sentir el mundo, al percibir el mundo, lo que experimenta en pensamientos sobre minerales, en sensaciones sobre plantas, en sentimientos sobre animales, todo esto lo lleva a través de la puerta de la muerte y enriquece el conocimiento de los dioses en el mundo suprasensible con lo que él experimenta. Lo que el cristiano experimenta al entrar en relación social con sus semejantes, al desarrollar vínculos sociales, es decir, lo que sólo puede experimentarse como ser humano entre seres humanos, lo que se experimenta en la fraternidad humana en la tierra, lo lleva el cristiano a través de la puerta de la muerte. 

Podría decirse: el budista lleva la belleza del mundo a través de la puerta de la muerte, el cristiano lleva la bondad a través de la puerta de la muerte. Ambos se complementan. Pero el progreso del cristianismo consiste en que precisamente las condiciones sociales terrenales adquieren un significado para los mundos celestiales. No importaba cuántas personas fueran decapitadas por los tiranos de Oriente, poco importaba para los mundos del más allá. Sólo los conmovía en la medida en que el hombre recibía impresiones externas: las impresiones externas de repugnancia, etc., eran llevadas a través de la puerta de la muerte. Lo que se despliega hoy a través de las miserables condiciones sociales de desamor entre los hombres, lo que se propaga en la tierra como falso socialismo a través de la mala apreciación de las relaciones sociales, tiene también una gran importancia para los mundos suprasensibles en los que el hombre entra a través de la puerta de la muerte. Y si hoy, bajo la bandera de la implantación del socialismo, se está desarrollando una violencia terrible y destructiva en el este de Europa, entonces lo que se está experimentando allí también se llevará a los mundos del más allá como un resultado terrible. Y cuando en la era del materialismo se desarrollan relaciones sin amor entre las personas, esto se lleva a través de la puerta de la muerte a los mundos suprasensibles como resultado del aborrecimiento de los mundos divino-espirituales. A través del cristianismo, el hombre debe llevar los resultados de su desarrollo terrenal a los mundos suprasensibles. 

Lo que el hombre mismo desarrolla en la tierra, llega a ser capaz de llevarlo a los mundos espirituales a través del pensamiento del Cristo resucitado, el pensamiento de un ser vivo que pasó por la muerte y, sin embargo, vive. Por eso las personas que hoy no quieren que sus actos sociales pasen por la muerte tienen tanto horror a reconocer al Cristo resucitado. El mundo sensual-físico está definitivamente conectado con el mundo suprasensible, y no se entiende lo uno si no se entiende en conexión con lo otro. Una vez más, debemos llegar a comprender lo que sucede en la tierra comprendiendo los acontecimientos espirituales del universo. Debemos aprender a no hablar abstractamente de espíritu y materia, sino que debemos aprender a mirar al hombre tal y como una vez sintió una conexión en el proceso de respiración con el alma divino-espiritual del mundo, y así debemos llegar a experimentar lo anímico-espiritual del mundo de la forma en que podemos experimentarlo en nuestro tiempo. De ninguna otra manera pueden curarse las condiciones sociales de la Tierra. La gente clamará por una mejora social, pero no conseguirá nada; al contrario, todo se irá arruinando cada vez más si esta tranquilidad no se apodera de la gente, pero debe centrarse en lo real, no en la mera pronunciación de frases sin sentido en las que la gente se embriaga. A los antiguos se les permitía embriagarse con el aliento. Los nuevos no deben embriagarse con las frases. Las frases no deben embriagarles, sino algo que se mantiene en el espíritu de Sophía, algo que penetra sabiamente en el ser humano. Estas son las cosas a través de las cuales la antroposofía señala también lo que es importante en las relaciones sociales de hoy. Y quiere expresar algo de esto en su propio nombre, esta antroposofía, anthroposophía, que también es sabiduría. En la época griega, el ser humano era algo evidente por sí mismo. Sophía era ya una sabiduría humana, porque el hombre estaba todavía lleno de luz y de sabiduría. Hoy, cuando se dice: Sophía, la gente sólo piensa en el fantasma de Sophía, de la ciencia. Por tanto, debemos apelar a la persona a la que apelamos, al Anthropos: Anthroposophía. Hay que llamar la atención sobre el hecho de que se trata de algo que sale del ser humano, que brilla en el ser humano, que florece a partir de las mejores facultades del ser humano. Debemos señalar esto. Pero esto también hace de la Antroposofía algo que vivifica la existencia humana en la tierra. Porque es algo que sólo es experimentado por el hombre de un modo más espiritual, pero no menos concreto, de lo que era experimentada la antigua Sophía, y que al mismo tiempo pretende contribuir a lo que había entonces en el hombre como un todo, el contenido de la fe, Pistis. La Antroposofía no es en modo alguno un contenido de la fe, sino un verdadero contenido del conocimiento, pero que otorga al hombre un poder que sólo la fe contenía en épocas más antiguas. 

Traducido por J.Luelmo nov.2024

GA208 Dornach 29 de octubre de 1921- La Antroposofía como Cosmosofía vol II-Morir y renovar la vida - Etapas de la vida como etapas planetarias

     Índice


La Antroposofía como Cosmosofía vol II 

RUDOLF STEINER

quinta conferencia

Dornach 29 de octubre de 1921

Ayer hablamos de la formación del ser humano y vimos cómo la forma interna y externa del ser humano se forja a partir del universo, y al mismo tiempo vimos cuán significativamente en épocas de reconocimiento instintivo más antiguo los hombres veían a través de esta vinculación de la forma humana con todo el universo. Sin embargo, debemos observar lo siguiente. He mostrado en uno de los diagramas cómo todo el zodíaco puede ser dibujado en la forma humana. Pero tuvimos que dibujar la forma embrionaria del ser humano como la forma humana. Y cuando dibujamos esta forma embrionaria, entonces hemos reproducido formalmente la forma zodiacal en la propia forma humana. Pero el hombre, en su vida aquí en la tierra entre el nacimiento y la muerte, por así decirlo, se desprende a sí mismo de esta forma embrionaria. Él es formado plenamente a partir del universo durante el período embrionario. Me gustaría decir: Después, durante su estancia en la tierra, se estira. Esto hace que levante la cabeza fuera del círculo que está modelado según el zodíaco. Y al levantar la cabeza, por el hecho de que durante su vida física todavía conserva la forma a la que está embrionariamente predispuesto, aunque ya no está incorporada al cielo estrellado fijo, el hombre tiene ante todo la posibilidad, en relación con la forma de su cabeza, de incorporar a esta forma de la cabeza lo que trae de su vida anterior en la tierra.

El animal conserva la posición horizontal de la columna vertebral. La cabeza sólo está unida a la columna vertebral por delante. Básicamente, el animal conserva mucho más de esta posición zodiacal. Pero debido a esto, el animal no puede absorber nada de una vida terrenal anterior, ni siquiera con la ayuda de su cabeza. Esto es así cuando miramos la forma del hombre desde un lado, cuando nos decimos: Si el hombre estuviera modelado exactamente según el zodíaco, tendría esta forma (embrión). Entonces, si conservara esta forma durante la vida, no podría retomar su esencia de la encarnación anterior a través de la forma de la cabeza. Al levantar la cabeza de esta posición, la forma se coloca en la posibilidad de ser una envoltura para lo que viene de la vida anterior en la tierra.

De la misma manera, sin embargo, el hombre levanta después el otro lado, que está orientado hacia los últimos símbolos zodiacales, osea hacia Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis, y por lo tanto, como dijimos ayer, hacia la vida exterior, hacia las condiciones exteriores más antiguas de la vida: la caza, la cría de animales, la agricultura y el comercio, la navegación. El hecho de que el hombre forme a su vez estas actividades a partir de su voluntad, es decir, a partir de su sistema de extremidades, que ha levantado de la orientación del zodíaco, significa que en todas estas actividades suyas, que son actividades humanas en general, conserva para él la posibilidad, el germen de la vida posterior en la tierra. El animal permanece absolutamente orientado dentro del zodíaco. Esto significa que el animal no tiene ninguna posibilidad de absorber nada de una vida terrena anterior o de mirar a través hacia una vida terrena posterior. Por eso lo que hemos llamado el círculo de orientación, el zodíaco, se llama zodíaco por una profunda sabiduría del conocimiento instintivo más antiguo.

De todo esto se puede ver cuán profunda era en realidad aquella antigua sabiduría instintiva, y cómo, cuando hoy volvemos a hacer ciencia espiritual, llegamos ahora a los mismos hechos no por instinto, sino por una clara conciencia, y con ello reconocemos de nuevo lo que vivía en un antiguo conocimiento instintivo de la manera que he indicado aquí en las últimas conferencias, y gracias a lo cual ganamos más y más respeto cuanto más nos adentramos en esta sabiduría primigenia de los hombres. Esto es lo que quiero deciros en primer lugar sobre la forma.

Ahora lo que fluye hacia la forma en el hombre, lo que se vierte en esta forma, es la vida. Esta vida del hombre, la encontramos localizada en el cuerpo etérico del hombre al igual que la forma la encontramos localizada en el cuerpo físico. Y cuando consideramos el cuerpo físico del hombre, es muy correcto estudiarlo según su forma, pues la forma es lo esencial del cuerpo físico. Al cuerpo físico se le añade el cuerpo etérico, y este cuerpo etérico del hombre, que representa preferentemente lo que es la vida. Así que ayer hablamos de la forma y hoy queremos hablar de la vida.

Vimos ayer cómo la forma se compone en realidad de doce formas diferentes, e intentamos estudiar estas doce formas diferentes. La forma total del hombre, interior y exteriormente, es el resultado, como hemos visto, de doce formas individuales. Del mismo modo, la vida del hombre es el resultado de una serie de etapas individuales de la vida. Y estas etapas individuales de la vida, primero pueden colocarse ante el alma de la siguiente manera.

Lo primero que el hombre, en su conciencia cotidiana, no suele considerar como una etapa de la vida es la vida sensorial. Los sentidos están integrados en todo el ser humano, pero están tan en la periferia, en el círculo del ser humano, que el ser humano realmente olvida en la vida cotidiana que esta vida sensorial es la capa más externa de su vida. No obstante, esta capa más externa de nuestra vida, la vida sensorial, se encuentra en la periferia.

Si vamos más hacia el interior, entonces, limitándonos a la contemplación de la vida, llegamos a la continuación de la vida sensorial hacia el interior, y esta vida sensorial continúa hacia el interior en la vida nerviosa. Los nervios van desde los órganos de los sentidos hacia el interior. La vida nerviosa es la continuación de la vida sensorial.

Por su parte, sin embargo, la vida nerviosa entra en contacto con otra vida, con otra etapa de la vida, que se desarrolla en el ser humano. Desde ciertos puntos de vista, ya la he descrito en ocasiones anteriores. He llamado vuestra atención sobre el modo en que el hombre inspira. Al inspirar, toma el aire que respira. Este aire que respira pone inicialmente al ser humano en una especie de ritmo interior. Esto continúa a través del canal espinal hasta el cerebro. Y he llamado la atención sobre lo que se basa en estas continuaciones. Allí la vida nerviosa entra en contacto con la vida respiratoria. Y la siguiente etapa de la vida, si vamos hacia el interior, es efectivamente la vida respiratoria.

La vida respiratoria, a su vez, se une a otra etapa de la vida. La respiración, si se puede decir así, renueva constantemente la sangre. Así, el ritmo respiratorio está conectado con el ritmo sanguíneo, y podemos pasar de la vida respiratoria a la vida circulatoria, a la vida que está contenida en el ritmo circulatorio.

La circulación, por otra parte, está conectada con todo el metabolismo. La circulación absorbe el metabolismo, de modo que llegamos a la siguiente etapa de la vida, al metabolismo.

El metabolismo, en cambio, estimula lo que realizamos en la motricidad exterior. Sólo por medio del hecho de que el hombre vive en el metabolismo puede moverse exteriormente. El metabolismo humano -y también el animal- es de tal naturaleza que el alma del hombre puede utilizar lo que ocurre en el metabolismo para hacer surgir movimientos, y entonces llegamos a la vida motriz. Allí nos situamos de nuevo en el mundo exterior. Allí participamos en el mundo exterior con nuestros actos.

Y luego hay otra etapa de la vida. Esta es la vida de la reproducción, la vida de la procreación. En efecto, en la motricidad el hombre se auto consume continuamente, y debe tener lugar una reproducción interior precisamente porque el hombre está en movimiento. De modo que en lugar de vida motriz se podría escribir también su correlativo: reproducción interior, si se confinara dentro de la piel del hombre. Y luego, cuando esta reproducción tiene lugar independientemente, tiene lugar en lo reproductivo, en la vida real de la reproducción.

1. Vida sensorial
2. Vida nerviosa
3. Vida respiratoria
4. Vida circulatoria
5. Vida metabólica
6. Vida motriz
7. Vida reproductiva

De este modo, así como ayer desarrollamos doce elementos de forma de la estructura total del hombre, hoy hemos desarrollado siete etapas de vida. Estas siete etapas de la vida son, de hecho, tales que el ser humano vive de diferentes maneras en relación con su cuerpo etérico en estas diferentes etapas de la vida. No podemos hablar de una vida única y difusa si queremos tomar las cosas en serio.

Nuestro cuerpo etérico vive primero, si puedo decirlo así, en la capa sensorial. Vive la vida de los sentidos en la capa sensorial. Esta vida en la capa sensorial, esa vida, es la que de hecho ya casi no sentimos como vida. Participamos en el mundo exterior a través de ella. Nuestro cuerpo etérico, decimos, cuando tenemos el ojo allí, por ejemplo, penetra en el ojo. Está vivo. Anima el ojo de cierta manera. Pero toca una cosa sustancial en el ojo que está a punto de morir. Sólo gracias a que el cuerpo etérico todavía penetra en este ojo, deviene un órgano vivo. Aparte del cuerpo etérico que lo penetra, es en realidad un elemento físico.

Ahora bien, los diferentes sentidos se desarrollan de diversas maneras, que son por una parte un elemento físico y luego son impregnados por el cuerpo etérico. Pero en general es muy cierto que los órganos de los sentidos son en realidad órganos muertos que simplemente están impregnados por el cuerpo etérico. De modo que ya se puede llamar a la vida de los sentidos la vida moribunda.

La vida nerviosa, por otra parte, forma a partir de lo que se experimenta en los sentidos lo que la vida sensorial puede luego conservar. Todos los sonidos posteriores, los efectos posteriores, por ejemplo, cuando miramos al ojo, se basan en la vida nerviosa, de modo que en la vida nerviosa tenemos una especie de vida latente, una, podemos decir, vida latente o preservadora.

La vida de la respiración, por otra parte, lleva esta vida sensorial fugaz y preservadora a la pictoricidad. Gracias al contacto del ritmo respiratorio con las corrientes nerviosas es como podemos formar imágenes del mundo exterior. Los pensamientos, los pensamientos abstractos, permanecen ligados a la vida nerviosa, pero lo pictórico está ligado a la vida respiratoria. De modo que uno puede decir: Aquí tenemos la vida formativa. - Por lo tanto, al respirar, tenemos vida formativa dentro de nosotros. Esta vida formativa vive naturalmente en la forma humana. Viviendo en la forma humana, participa en la forma humana.

La forma humana, como hemos visto, se forma en conformidad con el zodíaco. Puesto que esta vida formativa, se ve influenciada por la respiración y vive en la forma del ser humano, también participa en toda la forma externa formada a partir de los cielos estrellados. A través de esto, esta forma también se incorpora al ser interior del ser humano. Y es entonces sobre la base de la respiración cuando del proceso respiratorio no sólo surge lo que el ser humano tiene en su conciencia, sino que de tal proceso surgen en primer lugar las imágenes de todos los órganos internos a imitación de la forma externa. Los órganos internos se forman así primero como imágenes en las diversificaciones a través del proceso respiratorio. 

Allí aún no son sustanciales. El aliento forma primero una imagen del ser humano, una imagen del ser humano interior. Al respirar, -respiramos en el universo, nos movemos con la tierra en el zodíaco-, inspiramos constantemente las imágenes de nuestro organismo interior. De la vida exterior respiramos las imágenes de nuestro organismo interior. De modo que podemos decir: Aquí tenemos la vida en formación. Estas imágenes inspiradas se extienden ahora por todo el organismo a través de la vida circulatoria. La vida circulatoria y la vida respiratoria juntas llevan al ser humano a ser interiormente una imagen del mundo. Así que podemos decir: aquí está la vida que se forma, y luego podemos decir: las imágenes que se extienden, las imágenes de los órganos que se extienden.

Ahora bien, dado que la vida circulatoria sigue el rastro del metabolismo, la sustancia se inserta en estas imágenes, y los órganos materiales nacen en la quinta etapa de la vida. La sustancia se introduce en las imágenes. Tiñe las imágenes. Así que tenemos nuestra imagen interior a través de nuestro ser humano superior, a través de nuestra vida respiratoria, y convertimos las imágenes en realidades, por así decirlo, a través de la sustancia teñidora que se introduce en ellas.

Desde la vida motriz, la fuerza se introduce en los órganos materiales. De modo que podemos decir: Tenemos los órganos materiales, y aquí tenemos la vida vigorosa en los órganos. Y la vida reproductiva es entonces la vida renovadora.

Ahí se ve al mismo tiempo cómo se forma el hombre tripartito: el hombre nervioso-sensorial, el hombre circulatorio, el hombre rítmico, y el hombre metabólico de las extremidades o metabolismo motriz. Sólo a través de la reproducción surge el nuevo ser humano.

diagrama 1

Los atributos que figuran en la parte derecha del diagrama les darán una idea de las diferencias que existen entre las etapas de la vida. Al vivir en los sentidos, nuestro cuerpo etérico vive en una especie de vida moribunda. Al estar en la vida nerviosa, en las corrientes nerviosas, vive en una vida preservadora. En la vida de la respiración, nuestro cuerpo etérico deviene realmente en un verdadero cuerpo de fuerzas pictóricas que diseña las imágenes. Y
 lo que transmite la vida circulatoria es, que estas imágenes se conviertan realmente en toda la organización interna. La vida metabólica lo llena de sustancia. Al penetrar en el metabolismo, el cuerpo etérico tiñe el cuerpo real de fuerzas pictóricas. Y entonces la fuerza subjetiva humana entra a través de la vida de las extremidades y así sucesivamente.

Una antigua sabiduría instintiva también veía a través de estas relaciones. Sabía que el hombre absorbe la vida del exterior y continúa formándola en su interior, realmente la forma en su interior. Así es como aquellos antiguos sabios concebían aproximadamente el asunto. Se decían a sí mismos: Tomemos una capa exterior de la esfera de la tierra, de la esfera del universo, tomemos una capa siguiente, tomemos una capa más, así tenemos la capa más externa en primer lugar más cercana a los cielos estrellados fijos, es decir, a aquello en el universo al cual el hombre debe su forma. Su vida, decía esta sabiduría instintiva más antigua, no fluye del cielo estrellado fijo, sino del cielo planetario.

En primer lugar distinguía a Saturno, Júpiter, Marte y el Sol. Si observamos el Sol en su verdadera naturaleza, -he hablado a menudo de la verdadera naturaleza del Sol-, se diferencia de los demás miembros del sistema planetario que pertenecen a la Tierra en que aparece como una fuente de luz. Aparece como una fuente de luz. Se diferencia de los demás miembros en que éstos no aparecen como fuentes de luz, sino como imágenes. Por eso se dice en astronomía popular: tienen la luz prestada, reflejan la luz del sol. - El propio sol, hablando en términos populares, produce la luz; los demás cuerpos planetarios irradian la luz reflejándola.

Tengan ustedes presente la diferencia: si se trata del sol, que deja emerger de sí mismo el propio ser en la luz, o si se trata de los demás cuerpos celestes, los planetas, que sólo muestran la imagen del ser exterior, por así decirlo, sólo hacen visible lo que llevan en la superficie al reflejar la luz del sol. Esa es una diferencia esencial. Y en la medida en que el sol es, por así decirlo, la fuente de la luz, por consiguiente también es la fuente de la vida.

Y es también otra fuente. En todos los tiempos, dentro del conocimiento instintivo, se ha hablado de un triple sol, del sol como fuente de luz, fuente de vida, fuente de amor. Esta trinidad está definitivamente contenida en el sol.

Ahora bien, no es necesario descalificar hoy el sistema copernicano del mundo, sino que en verdad se lo puede retener y no obstante se puede ver en este sistema copernicano del mundo lo que los antiguos, que tenían un conocimiento cósmico instintivo, querían decir con su sistema  del mundo. Supongamos, pues, en términos copernicanos, que el sol está en el centro, o mejor dicho, en un punto focal, pero podemos dejarlo de lado por el momento y girando a su alrededor sucesivamente: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, ,Júpiter, Saturno. -podemos prescindir hoy de los planetoides que orbitan entre Marte y Júpiter-.

Pero ahora tomemos el asunto de la siguiente manera: Tomemos aquí la posición, que es muy posible, que tenemos aquí (arriba) Saturno, Júpiter, Marte, y ahora llegamos al Sol, Mercurio, Venus, Tierra - pero con la Luna, que colocamos aquí así.

Ahora, por supuesto, no es necesario prever tal posición, pero sólo la presento para mostrarles que, a pesar del sistema copernicano, el orden adoptado por los antiguos es realmente posible: Luna, Venus, Mercurio, Sol, Marte, Júpiter, Saturno. Basta con tomar las constelaciones de tal manera que la Tierra se encuentre a un lado del Sol y los planetas exteriores en algún lugar del otro. No es en absoluto necesario que se produzca tal oposición o conjunción, también puede suceder alternativamente, pero esta secuencia también es bastante concebible. Y una antigua sabiduría instintiva concibió este orden.

¿Por qué? Porque este orden le parecía importante. El antiguo hombre se decía: Supongamos que aquí en la tierra vive el hombre. El hombre está expuesto al universo. Experimenta los rayos del sol. Los rayos del sol son, en primer lugar, una fuente de luz, una fuente de vida, una fuente de amor. A través de él, la luz, la vida y el amor entran en él. El sol es la fuente de estas tres cosas. Pero el hombre no sólo está expuesto a la vida del sol, al amor del sol, a la luz del sol, sino también a la imagen de Saturno, porque si el hombre sólo estuviera expuesto a la vida del sol, desarrollándose en la tierra, no podría desarrollar la vida de sus sentidos. Tomemos los ojos - un sentido: no se separarían como aparatos físicos. Estarían dentro como cualquier otra parte del cuerpo humano. Serían órganos musculares o algo parecido, recipientes. Así que si el hombre estuviera constantemente expuesto al sol, no podría desarrollar sus ojos ni sus otros sentidos. El hecho de que pueda desarrollar los sentidos se debe a que la influencia del sol está debilitada por Saturno, que se mueve en la esfera más externa. Así que este Saturno seca el recipiente, por así decirlo, y así surge el aparato físico, a grandes rasgos. Así que de este conocimiento instintivo, al que volvemos hoy, el hombre antiguo decía: La vida de los sentidos es elaborada por Saturno.

Y una segunda cosa: El hombre no sólo está expuesto a la vida de Saturno. Si estuviera continuamente expuesto a la vida del sol, no sólo sería incapaz de desarrollar sus sentidos, sino que tampoco podría desarrollar su vida nerviosa. La vida nerviosa se seca, de lo contrario se desarrollaría en exceso. Los nervios también serían órganos como los músculos. Esta desecación de la vida nerviosa corresponde a la influencia de Júpiter. Así que el antiguo sabio decía: La vida nerviosa es estimulada por Júpiter.

Miren, Saturno orbita alrededor del sol aproximadamente en treinta años. Naturalmente, cuando el hombre vive en la Tierra, experimenta que Saturno está, por así decirlo, cubierto por el Sol. Si el hombre tiene la suerte de que Saturno esté especialmente cubierto por el Sol, entonces en su vida sensorial despunta una fuerte vida solar. Se podría decir: los ojos u otros sentidos -los ojos, sin embargo, son los menos importantes, pero podemos ejemplificarlos mejor porque son los más claros- los ojos reciben entonces un estímulo. Por tanto, si durante su vida en la Tierra, el hombre experimenta una vez la constelación en la que Saturno, por así decirlo, no tiene ningún efecto sobre sus sentidos, entonces puede ser que descubra cómo tiene lugar una influencia cósmica especial precisamente a través de sus sentidos. Recibe un estímulo. Se vuelve sensorialmente más fuerte. Tales cosas existen. La gente quiere explicarlas de cualquier manera menos como lo que son.

Hoy en día hay mucha literatura norteamericana sobre estas cosas. William James viene y habla de todo tipo de " despertares ". Habla de cómo hay personas en las que la vida experimenta un renacimiento especial. Basta con leer los libros del tal William James y los de sus discípulos, para darse cuenta de que se trata de un fenómeno especial, que el hombre experimenta un estímulo especial en algún momento. Por supuesto estas personas no saben de qué proviene esto, no saben que proviene de tal constelación que ocurre con Saturno o con Júpiter. Cuando se eclipsa la vida de Saturno, se estimula especialmente la vida de los sentidos; cuando se eclipsa la vida de Júpiter, lo que puede ser aún más fácil, por cierto, porque Júpiter da una vuelta cada doce años, es decir, más rápidamente, el hombre encuentra una estimulación de su vida nerviosa.

Todas estas cosas que se graban allí se transfieren al subconsciente. El cual, para todas las personas del tipo de William James, del tipo de los psicoanalistas, es hoy un puro estercolero. Semejante subconsciente, es un término puramente negativo, es una escupidera en la que se puede escupir todo aquello para lo que ya no se tiene ninguna explicación en la vida. Este subconsciente es una pura escupidera. Todo tiene que caber ahí dentro; ahí están las "regiones" ocultas del alma, ¿no es así?, que luego reaccionan de vez en cuando etcétera. Sería muy deseable que todas estas teorías, tanto pragmáticas como psicoanalíticas, recibieran un examen más profundo.

El tercer planeta siguiente es Marte. El cual atenúa la vida agitada cambiándola por la respiración. Por supuesto, también puede darse el caso de que el sol lo cubra. Entonces la vida respiratoria puede experimentar un estímulo especial. Pero como Marte orbita muy rápidamente, en unos dos años, casi todo ser humano experimenta esto, y por lo tanto todo ser humano recibe ciertos estímulos en su vida respiratoria, en su vida pictórica. No siempre son del más alto nivel, pero en ese caso la gente se convierte en poetas o algo así, o en compositores, que reciben estímulos en su vida respiratoria. No es algo tan profundo como para que gente como James especule sobre ello. Es algo que se puede explicar. Así que los antiguos sabios instintivos consideraban a Marte como un estímulo para la vida respiratoria.

Después es la vida propia del sol la que estimula al hombre, el propio sol, el sol como estímulo de vida, de amor, de luz, exteriormente estímulo de luz, interiormente estímulo de amor y, en relación con el mundo exterior, estímulo de vida. Esto se sitúa ahora en el medio, entre la vida de la respiración y la vida de la circulación, donde también lo situaba la antigua sabiduría. Entre la vida respiratoria y la vida circulatoria se encuentra el corazón, la expresión, no el motor, sino la expresión de lo que tiene lugar entre la circulación y la respiración.

Y entonces llegamos al metabolismo. Como ya he dicho, la ciencia antigua miraba la constelación de esa manera: no miraba a Mercurio de tal forma que pusiera el énfasis principal en la medida en que el Sol puede cubrirlo como a los demás planetas, sino en la medida en que cubre al Sol en relación con la Tierra, es decir, que cubre al Sol. En cuanto a Mercurio, la sabiduría antigua consideraba que lo esencial era la posición entre el Sol y la Tierra. Respecto a Júpiter, la sabiduría antigua consideraba la posición fuera del Sol como lo esencial. Para Mercurio, consideraba importante la posición entre el Sol y la Tierra para el desarrollo de la vida del hombre. Allí Mercurio cubre al Sol. De lo contrario, el Sol siempre cubría a los demás; aquí Mercurio cubre al Sol, es decir, debilita la vida. Así se ejerce un efecto, es decir, que la vida del sol se debilita, la vida debilitada se agita en el interior.

Si esta vida no se debilitara, el hombre, cuando ingiriera algo, perdónenme, lo escupiría inmediatamente de nuevo; no toleraría nada de sustancia externa en él, escupiría constantemente. Entonces dejaría de comer, porque sería demasiado molesto. La vida del sol es igual de fuerte en el hombre. Por lo tanto, si sólo existiera la vida del corazón, es decir, la vida del sol, el hombre no sería capaz de procesar nada de sustancia en sí mismo. Lo escupiría todo de golpe. Que el hombre pueda desarrollar un metabolismo, sólo se lo debe a la circunstancia de que aquí la vida de Mercurio debilita un poco a la vida solar. Por esta razón, la sabiduría antigua pensaba que el ser de Mercurio continuaba trabajando en el cosmos entre la vida de la circulación y la vida metabólica. El ser de Mercurio empuja así la sustancia a través del organismo humano hacia los órganos individuales. La fuerza, sin embargo, es empujada a través de la vida motriz.

La vida de la motricidad es tan dependiente de la vida de Venus como la vida del metabolismo lo es de la vida de Mercurio. Por eso, la antigua sabiduría atribuía a la vida de Venus la fuerza que fluye a través, esta auto-renovación interior, este segundo poder del hombre en su propio sentir. La vida lunar, que se encuentra cerca de la propia vida terrestre, no sólo tiene un efecto debilitador para que el hombre procese la materia y la fuerza. Una vez expliqué en qué se basa la reproducción: La materia queda fuera, es empujada hacia atrás orgánicamente, por así decirlo. Esta es la base de la formación seminal en el hombre, que la materia orgánica es empujada hacia atrás y que desde el cosmos el embrión se organiza realmente según su poder. En este sentido, la vida reproductiva se basa en la vida lunar.

Así como ayer pude mostrarles la relación de la forma humana en sus doce partes con respecto a los cielos de estrellas fijas, hoy me he esforzado por mostrarles cómo, tanto en armonía con la antigua sabiduría instintiva como en armonía con la ciencia antroposófica más reciente, la vida del hombre en sus diversas etapas está relacionada con la vida cósmico-planetaria. Y esto sucede en que, en efecto, por causa de la diferente posición de la tierra con respecto a los integrantes del sistema planetario y a su centro, el sol, la vida se modifica de las más diversas maneras. Se hace moribunda, se conserva, se impulsa a la formación en el hombre superior. Se debilita en el hombre inferior, para que el hombre pueda absorber de la tierra el material, la fuerza de la tierra. El ser humano simplemente absorbe el poder repulsivo de la tierra en su propio poder y así forma el poder de sus órganos, y así sucesivamente.

Así vemos también la vida del hombre surgir del cosmos.

Tenemos aquí la posibilidad de decirnos a nosotros mismos: Si miramos al cielo de estrellas fijas, entonces vemos en él los representantes, a saber, en las imágenes zodiacales los representantes de la formación de la forma humana. Si observamos el movimiento de los planetas, tenemos en ellos lo que nos hace explicables las diversas etapas de la vida humana a partir del cosmos. Miramos hasta Saturno, tomando la vida sensorial, hasta Júpiter, tomando la vida nerviosa, hasta Marte, tomando la vida respiratoria. Esta vida respiratoria funciona en imágenes.

Ahora vamos a destacar esta vida respiratoria en particular. Como ya dije: Las imágenes son tomadas saliendo desde el cosmos: la forma. Así pues, lo que se experimenta desde el zodíaco en movimiento fluye hacia dentro, por así decirlo, como imágenes de los órganos internos. Pero entre el nacimiento y la muerte el hombre está en la tierra. Lo inferior trabaja hacia arriba, hacia lo superior. A través de esto todo se forma siempre polarizadamente. Estas imágenes ya van hacia dentro; de lo contrario si las imágenes no fueran hacia dentro y pudieran empaparse de la sustancia no tendríamos órganos. Pero en todas partes hay una contrapartida. De modo que podemos decir: Cuando respiramos, las imágenes, -pongamos por caso, la imagen del riñón-, estas son conducidas hacia dentro.

Después lo material rellena eso (rojo); pero surge una contraparte, otra vez hacia arriba. Es decir, en cierto sentido, estas imágenes son proyectadas de nuevo en reverberación. Después las imágenes, a la vez han sido absorbidas por el hombre. No es necesario pensar en la simultaneidad, los órganos están ahí a la vez. En los primeros tiempos de su existencia terrenal, el hombre ha formado cosas naturalmente pero el retroceso puede darse continuamente. 

Mañana veremos como juega un papel el alma en esto. El contragolpe ocurre todo el tiempo. Así que imaginen cada uno por separado: Retomen las imágenes para sus órganos internos con el proceso de la vida. Esto es de nuevo repelido, es decir las reverberaciones de estas imágenes surgen de nuevo, de vuelta, también el zodíaco, a saber con la vida respiratoria en ello. Bueno, sólo tienen que pensar en sus oídos, entonces tienen este retroceso. ¡Estas imágenes se forman en el aire, estas son las vocales, las consonantes! De los planetas vienen más las vocales, de las imágenes zodiacales vienen las consonantes. Este retroceso es el lenguaje. Lo que entra forma los órganos. Lo que a su vez retrocede vive en la lengua. Las consonantes y las vocales son, por así decirlo, conducidas dentro de nosotros, formando la base de nuestros órganos. Lo que tiene más forma en nosotros proviene más de las imágenes zodiacales, lo que tiene más vida proviene más de los planetas. Cuando más vida es repelida vocalizamos, cuando más forma es repelida consonantizamos. Todo esto está relacionado en cierto modo con la vida respiratoria. Bueno, en el lenguaje se ve claramente, como está conectado con la vida respiratoria.

Como ven, no se gana nada tratando de explicar al hombre poniéndolo en la mesa de disección y examinando lo que hay dentro de su piel. Esto no es diferente de tomar una aguja magnética e ignorar el hecho de que la tierra misma es un gran imán, de modo que un extremo es impulsado hacia el norte y el otro hacia el sur desde el exterior. Si alguien quiere explicar por qué esta aguja imantada tiene tendencia a moverse en una dirección -pues si la giro, siempre vuelve a girar-, si se le atribuye esto, si se inventa una teoría de por qué la aguja imantada se mueve así por voluntad propia, si no se quiere tener en cuenta el hecho de que las fuerzas de la tierra la dirigen, entonces se hace exactamente lo mismo que se hace hoy en día dentro de la anatomía y la fisiología, cuando se pretende explicar al hombre a partir de lo que hay dentro de su piel.

El ser humano no puede ser explicado a partir de lo que hay dentro de su piel. Todas aquellas personas que, por ejemplo, quieren explicar el lenguaje a partir de lo que hay en el interior del ser humano, se sitúan en el nivel de esta explicación de la aguja magnética, mientras que la verdad es que el ser humano absorbe la vida de las estrellas fijas, se hace reverberación de ella y forma así consonantes. Absorbe los movimientos de la vida planetaria que afectan a su propia vida. Allí, en particular, la vida de la respiración se forma en imágenes. Pero se hace reverberación de ella y así se forman las vocales. El hombre en su lenguaje sólo puede explicarse si se explican las consonantes a partir de las agrupaciones de las estrellas fijas, las vocales a partir de los movimientos de los planetas o de las superposiciones de los planetas, si se explica lo que verbaliza el hombre a partir de todo el cosmos.

Aquí en el sol (ver diagrama 1, línea horizontal) tenemos el centro, por así decirlo. Si toman ustedes los tres miembros superiores, tendrán el ser humano superior. Si se toman los tres miembros inferiores, tendrán el ser humano inferior. La vida reproductiva da a luz al nuevo ser humano. Ahora tomen la vida respiratoria y la vida circulatoria. La vida circulatoria en particular es la que representa el movimiento planetario. Nuestra circulación sanguínea no es más que una representación de la vida planetaria. De modo que también podemos decir: De la vida circulatoria vienen las vocales, de la vida respiratoria vienen las consonantes. Y ahora les toca a ustedes otra extraña tarea.

Pueden asignar la vida metabólica a la vida nerviosa; pueden asignar la vida motriz a la vida sensorial. Pero la vida de los sentidos se asigna a Saturno, al movimiento de Saturno. El movimiento de Saturno, si puedo decirlo así, pasa más cerca del zodíaco, del mismo modo que en la vida motriz el ser humano se representa mejor hacia el exterior. Por lo tanto, si se desea que los misterios cósmicos sean representados por el ser humano, se tiene la vida de los sentidos en un polo y la vida motriz en el otro, y de ahí se obtiene la euritmia. En la euritmia, por tanto, se puede ver directamente un reflejo de la relación cósmica periférica del ser humano. 

Sólo quería insinuar esto anticipadamente. Pues lo que hoy quería desarrollar para ustedes es la vinculación del ser humano con el cosmos en relación con su vida. Ayer quise mostrarles la vinculación del ser humano con el cosmos en relación con su forma. Mañana pasaremos a considerar el tercer elemento del ser humano en relación con el mundo, el alma. Por lo tanto, hemos considerado: Forma, Vida y Alma. Mañana asignaremos el alma del ser humano a la vida cósmica.

Traducido por J.Luelmo oct,2023