CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA238 Dornach 5 de septiembre de 1924 Relaciones kármicas vol. IV- La vida de los sueños. Simbolizaciones caóticas de la vida exterior de los sentidos y revelaciones del mundo espiritual.

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Relaciones kármicas:
GA238 - Volumen IV



I conferencia introductoria


El movimiento antroposófico y la sociedad antroposófica. Estados de la conciencia humana en la actualidad y en la prehistoria. La vida de los sueños. Simbolizaciones caóticas de la vida exterior de los sentidos y revelaciones del mundo espiritual. La urdimbre del hilo de nuestro destino durante la vida del sueño en comunión con los Seres divino-espirituales.

Dornach 5 de septiembre de 1924

Muchos amigos han venido hoy aquí por primera vez desde el Encuentro Fundacional de Navidad y, por lo tanto, debo hablar de él, aunque sea brevemente, a modo de introducción. A través de esta Fundación de Navidad, la Sociedad Antroposófica debía recibir un nuevo impulso, el impulso que es esencial para ser un canal digno para la vida que debe encarnarse en la civilización humana a través de la Antroposofía. Desde la Fundación de Navidad ha llegado a la Sociedad Antroposófica un impulso esotérico. Hasta ahora esta sociedad era como el centro administrativo de la Antroposofía. Desde sus comienzos, la Antroposofía fue el canal de la vida espiritual que desde el último tercio del siglo XIX es accesible a la humanidad. Nuestra concepción del Movimiento Antroposófico, sin embargo, debe ser que lo que se desarrolla en la tierra es sólo la manifestación externa de algo que se realiza en el mundo espiritual para el avance de la evolución de la humanidad. Y quienes deseen estar dignamente vinculados con el Movimiento Antroposófico deben comprender también que los impulsos espirituales actúan también en el ámbito de la propia Sociedad Antroposófica.

¿Qué significa realmente que alguien tenga una creencia general y teórica en un mundo espiritual? Creer en teoría en un mundo espiritual significa recibirlo en los pensamientos. Pero aunque en su propia naturaleza original los pensamientos representan el elemento más espiritual del hombre moderno, los propios pensamientos son de tal índole que en su desarrollo como espíritu interior durante los últimos cuatro o cinco siglos, están adaptados sólo para recibir verdades relacionadas con la existencia material. Por eso, las personas de hoy tienen en los pensamientos una vida espiritual, pero como miembros de la civilización contemporánea la llenan sólo con un contenido material. El conocimiento teórico de la Antroposofía sigue siendo también un contenido material hasta que se le añade el poder interior y consciente de la convicción de que lo espiritual es la realidad concreta; que dondequiera que exista la materia para los ojos exteriores de las personas, no sólo el espíritu impregna esta materia, sino que todo lo material se desvanece finalmente ante la verdadera percepción del ser humano, cuando éste es capaz de penetrar a través de lo material hasta lo espiritual.

Pero esa percepción debe extenderse también a todo lo que nos afecta de cerca. Nuestra pertenencia a la Sociedad Antroposófica es un asunto de este tipo; es un hecho en el mundo exterior. Y tenemos que ser capaces de reconocer la realidad espiritual que le corresponde, el movimiento espiritual que en la época moderna se ha desarrollado en el mundo espiritual y que seguirá adelante en la vida terrenal si los hombres se mantienen fieles a él. De lo contrario, avanzará al margen de la vida terrenal; su vínculo con la vida terrenal se mantendrá si los hombres encuentran en sus corazones la fuerza para mantener la fe en él.

No basta con reconocer teóricamente que detrás del mineral, de la planta, del animal y del ser humano se esconde la realidad espiritual; lo que tiene que penetrar como convicción profunda en el corazón de cada antropósofo que se precie es que detrás de la Sociedad Antroposófica también -que en su aspecto exterior pertenece al mundo de maya, de la ilusión- se esconde el arquetipo espiritual del Movimiento Antroposófico. Esta convicción debe tener un efecto real en el trabajo y la actividad de la Sociedad Antroposófica. Tal concepción contribuirá en el futuro de muchas maneras a proporcionar el terreno adecuado para esa Piedra de Fundación espiritual que fue colocada para la Sociedad Antroposófica en el momento del Encuentro de Navidad.

Y esto me lleva a hablar de lo que tendré que decirles en los próximos días, para lo cual esta conferencia introductoria pretende servir de guía. Quiero mostrar cómo, en este grave momento de su existencia, el Movimiento Antroposófico vuelve en realidad a su propio impulso germinal. Cuando a principios de siglo (XX) la Sociedad Antroposófica surgió del marco de la Sociedad Teosófica, se prefiguró algo muy característico. Mientras se formaba la Sociedad Antroposófica, que entonces era la Sección Alemana de la Sociedad Teosófica, yo daba conferencias en Berlín sobre la Antroposofía. Con ello, en un principio, mi trabajo recibió el sello del impulso que más tarde se convirtió en parte integrante del Movimiento Antroposófico.

Aparte de esto, puedo recordarles hoy algo más. - Las primeras conferencias que iba a dar entonces a un círculo muy reducido iban a tener el título de "Ejercicios prácticos para la comprensión del karma". Me di cuenta de una intensa oposición a esta propuesta. Y tal vez Herr Guenther Wagner, ahora el miembro más antiguo de la Sociedad Antroposófica, que para nuestra gran alegría está aquí hoy y al que quiero dar la más cordial bienvenida como Anciano de la sociedad, recordará cuán fuerte era la oposición en aquel tiempo a mucho de lo que desde el principio iba a incorporar al Movimiento Antroposófico.

Esas conferencias no se dieron. Frente a las otras corrientes que emanan del Movimiento Teosófico no era posible proceder al cultivo del esoterismo que habla sin reservas de la realidad de lo que siempre estuvo allí en forma de teoría.

Desde la Fundación de Navidad se ha hablado sin reservas del funcionamiento concreto del karma en los acontecimientos históricos y en los seres humanos individuales en esta sala [la sala de conferencias temporal en la "Schreinerei" (taller) del Goetheanum] y en los diversos lugares que he podido visitar. Y algunos antropósofos ya han oído cómo han transcurrido las diferentes vidas terrenales de personalidades significativas, cómo ha tomado forma el karma de la propia Sociedad Antroposófica y de los individuos relacionados con ella. Desde la Fundación de Navidad se ha hablado de estas cosas en un sentido plenamente esotérico; pero también desde la Fundación de Navidad, nuestros Cursos-Conferencia impresos han sido accesibles a todos los interesados en ellos. Nos hemos convertido así en una sociedad esotérica y al mismo tiempo completamente abierta.

Así volvemos en cierto modo al punto de partida. Lo que ahora debe ser realidad era entonces la intención. Como muchos amigos están aquí por primera vez desde la Fundación de Navidad, les hablaré en las próximas conferencias sobre cuestiones de karma, dando una especie de introducción hoy al hablar de cosas que también se indican, brevemente, en la actual Hoja de Noticias para los miembros de la sociedad.

Como se desprende de nuestra literatura antroposófica, el desarrollo de la conciencia humana está ligado a la obtención de aquellos datos de conocimiento que apuntan a los hechos y seres del mundo espiritual y a la penetración en estos hechos. Escucharemos cómo este mundo espiritual, cuya penetración se ha hecho posible mediante el desarrollo de la conciencia humana, puede entonces ser inteligible para el intelecto humano sano y sin prejuicios. Hay que recordar siempre que, aunque la penetración real en el mundo espiritual requiere el desarrollo de otros estados de conciencia, la comprensión de lo que el investigador espiritual saca a la luz sólo requiere el intelecto humano sano, la razón humana sana que se esfuerza por dejar de lado los prejuicios.

Al decir esto, uno encuentra inmediatamente obstáculos obstinados en la vida moderna del pensamiento. Cuando una vez dije lo mismo en Berlín, apareció un artículo bienintencionado sobre el tema de la conferencia pública que había dado ante una gran audiencia. Este artículo decía lo siguiente Steiner sostiene que el intelecto humano sano puede comprender lo que se investiga en el mundo espiritual. Pero toda la tendencia de los tiempos modernos nos ha enseñado que el intelecto humano sano no puede saber nada del mundo suprasensible, y que si lo hace, ¡no es ciertamente sano!

Hay que admitir que, en cierto sentido, ésta es la opinión general de las personas cultas en la actualidad. Lo que quiere decir, traducido a un lenguaje descarnado, es lo siguiente: Si un hombre está en su sano juicio, no entiende nada del mundo suprasensible; si lo entiende, ¡está ciertamente loco! Es la misma forma de hablar del tema, sólo que expresada de forma más clara.

Debemos tratar de comprender, por lo tanto, hasta qué punto el intelecto humano sano puede llegar a comprender los resultados de la investigación espiritual lograda mediante el desarrollo de estados de conciencia distintos de los que conocemos en la vida ordinaria. Durante siglos hemos estado armando nuestros sentidos con aparatos de laboratorio, con telescopios, microscopios y similares. El investigador espiritual hace lo mismo pero dotando a sus sentidos externos con lo que él mismo desarrolla en su propia alma. La investigación de la naturaleza ha ido hacia afuera, ha hecho uso de instrumentos externos. La investigación espiritual va hacia adentro, hace uso de los instrumentos internos desarrollados por el alma en la firme actividad de la vida interior.

A modo de introducción hoy quiero ayudaros a comprender la evolución de otros estados de conciencia, en primer lugar simplemente comparando los que son normales en el hombre actual con los que estuvieron presentes en condiciones anteriores, primitivas -no históricas sino prehistóricas- de la evolución humana.

El hombre vive hoy en día en tres estados de conciencia, de los cuales sólo uno, realmente, reconoce como fuente de conocimiento. Son:

La conciencia ordinaria de la vigilia;

La conciencia del sueño;

La conciencia del sueño sin sueños.

 En la conciencia de vigilia ordinaria nos enfrentamos al mundo exterior de tal manera que aceptamos como realidad lo que se puede captar a través de los sentidos, y dejamos que actúe sobre nosotros; captamos este mundo exterior y material con el intelecto que está ligado al cerebro, o en todo caso al organismo humano, y nos formamos ideas, conceptos, emociones y sentimientos, también, sobre lo que se ha captado a través de los sentidos. Además, en esta conciencia despierta, captamos la realidad de nuestra propia vida interior, dentro de ciertos límites. Y a través de toda clase de reflexiones, mediante el desarrollo de ideas, llegamos a reconocer la existencia de un elemento suprasensible por encima de las cosas materiales. No necesito describir más este estado de conciencia; es conocido por todos como el estado que reconoce como propio de su vida de conocimiento y de voluntad aquí en la tierra.

Para la gente de la época actual, la conciencia del sueño es indistinta y tenue. En la conciencia onírica ve cosas del mundo exterior en transformaciones simbólicas que no siempre reconoce como tales. Una persona acostada en la cama por la mañana, todavía en proceso de despertar, no mira el sol naciente con los ojos completamente abiertos; para su mirada todavía velada, la luz del sol se revela brillando a través de la ventana. Todavía está separado, como por un fino velo, de lo que en otras ocasiones capta en experiencias y percepciones sensoriales nítidamente esbozadas. En su interior, su alma está llena de la imagen de un gran fuego; el calor del fuego en su sueño simboliza el resplandor del sol naciente sobre los ojos que aún no están completamente abiertos.

O también, alguien puede soñar que pasa por líneas de piedras blancas colocadas a cada lado de una carretera. Llega a una de las piedras y descubre que ha sido derribada por alguna fuerza de la naturaleza o por la mano del hombre. Se despierta; el dolor de muelas que siente le hace darse cuenta del estado de deterioro de un diente. Las dos filas de dientes han sido simbolizadas en su imagen onírica; el diente cariado, en la imagen de la piedra demolida.

O tomamos conciencia de estar, aparentemente, en una habitación sobrecalentada en la que sentimos malestar. Nos despertamos: el corazón late vigorosamente y el pulso late rápidamente. El movimiento febril del corazón y del pulso está simbolizado en la habitación sobrecalentada. Las condiciones internas y externas se simbolizan en el sueño; las reminiscencias de la vida diurna, transformadas y elaboradas de múltiples maneras en dramas oníricos completos, absorben la atención del durmiente. Tampoco sabe siempre hasta qué punto se elaboran las cosas en el ámbito milagroso de su vida anímica. Y en lo que respecta a esta vida onírica, que puede pasar a la vida de vigilia cuando la consciencia se oscurece de alguna manera, a menudo se hace pequeñas ilusiones.

Un científico pasa por una librería en la calle. Ve un libro sobre especies animales inferiores, un libro que, dada su profesión, siempre le ha interesado mucho. Pero ahora, a pesar de que el título indica un contenido de vital importancia para un científico, no siente el más mínimo interés: y entonces, de repente, mientras se limita a mirar lo que de otro modo habría visto con gran emoción, oye a lo lejos un organillo que toca una melodía que al principio se le escapa por completo de la memoria... y le presta toda la atención. - Pensad en ello: el hombre está mirando el título de un tratado científico; no le presta atención, sino que se deja llevar por el sonido de un organillo lejano que en otras circunstancias no habría prestado ni un momento de atención. ¿Cuál es la explicación? Hace cuarenta años, siendo todavía muy joven, había bailado por primera vez en su vida, con su primera pareja, la misma melodía; ¡se lo recuerda la melodía que no ha escuchado durante cuarenta años, tocada en el organillo! Debido a que ha permanecido imperturbable, el científico recuerda la ocasión con bastante exactitud.

El místico llega a menudo a transformar interiormente un suceso de este tipo hasta tal punto que se convierte en algo totalmente diferente. Quien con profunda y sincera conciencia se embarca en la tarea de penetrar en la vida espiritual, debe también tener estrictamente presente todo el engaño y la ilusión que pueden surgir en la vida del alma. Al profundizar en su vida anímica, un hombre puede creer muy fácilmente que se ha descubierto un camino interior hacia alguna realidad espiritual, cuando en realidad no es más que la reminiscencia transformada de una melodía de organillo. Esta vida de ensueño está llena de maravillas y esplendor, pero sólo puede ser comprendida correctamente por quien es capaz de aportar una visión espiritual a las apariencias de la vida humana.

De la vida del sueño profundo y sin sueños, la persona no guarda en su conciencia ordinaria más que el recuerdo de que el tiempo sigue fluyendo entre el momento en que se duerme y el momento en que se despierta. Todo lo demás tiene que experimentarlo de nuevo con la ayuda de su conciencia despierta. Lo único que le queda del sueño sin sueños es un sentimiento generalizado de haber estado presente entre el momento en que se duerme y el momento en que se despierta.

Así pues, tenemos hoy en día estos tres estados de conciencia: conciencia de vigilia, conciencia de sueño, conciencia de sueño sin sueños. Si nos remontamos a épocas muy tempranas de la evolución humana -no, como he dicho, a tiempos históricos, sino a épocas prehistóricas accesibles sólo a los medios de investigación espiritual de los que hablaremos aquí en los próximos días-, entonces también encontramos tres estados de conciencia, pero de carácter esencialmente diferente. Lo que experimentamos hoy en día en nuestras horas de vigilia no lo experimentaban las personas de aquellos tiempos primitivos; en lugar de objetos y seres materiales con formas claras y bordes nítidos, veían todos los límites físicos borrosos.

En aquellos tiempos, cualquiera que os hubiera mirado a todos sentados aquí no habría visto los contornos nítidos que hoy os delimitan como seres humanos; no habría visto, como sucede hoy, esos contornos delimitados por tantas líneas, sino que para su conciencia ordinaria de vigilia las formas habrían sido borrosas; habrían carecido de definición. Todo se habría visto con menos precisión, habría estado impregnado de un aura, de un resplandor espiritual, de una iridiscencia centelleante que se extendía mucho más allá de la circunferencia que se percibe hoy en día. El espectador habría visto cómo se entrelazan las auras de todos los que estáis aquí sentados. Habría contemplado estas auras resplandecientes, brillantes e iridiscentes de la vida del alma de los que están frente a él. En aquella época todavía era posible contemplar la vida del alma porque el ser humano estaba bañado en una atmósfera anímico-espiritual.

Para usar una analogía: si al atardecer de un día luminoso y seco caminamos por las calles, vemos las luces de las farolas con contornos definidos. Pero si el atardecer es brumoso, vemos esas mismas luces aureoladas por toda clase de colores, colores que la física moderna interpreta erróneamente, considerándolos como fenómenos subjetivos, mientras que en realidad nos proporcionan una experiencia mas íntima de la naturaleza de esas luces, relacionada con el hecho de que nos movemos a través del elemento acuoso de la niebla. Los hombres de la antigüedad se movían a través del elemento anímico-espiritual; cuando miraban a otros hombres veían sus auras, que no eran fenómenos subjetivos sino una parte real y objetiva del ser humano. Tal era un estado de conciencia en estos hombres de antaño.

Entonces tenían un estado de conciencia que enlazaba con éste, al igual que para nosotros el sueño invadido por los sueños enlaza con el estado de vigilia; además, no era lo mismo que nuestro actual estado de sueño, sino que todo lo que era material a su alrededor desaparecía, se desvanecía. Para nosotros en el estado de conciencia onírica las impresiones de los sentidos se convierten en símbolos: el sol se convierte en calor ardiente, las hileras de dientes se convierten en dos líneas de piedras, los recuerdos oníricos se convierten en dramas terrenales o también espirituales. El mundo de los sentidos siempre está ahí; el mundo de los recuerdos permanece. Para la conciencia de alguien que vivió en los tiempos primitivos de la evolución humana era diferente - y nos daremos cuenta de que esto se aplica a todos nosotros, porque los que están sentados aquí estuvieron presentes por aquel entonces en vidas terrenales anteriores. En aquellos tiempos, cuando la luz del sol se debilitaba de día, el hombre no veía símbolos de cosas físicas, sino que las cosas físicas se desvanecían ante sus ojos. Un árbol que estaba ante él se desvanecía; se transformaba en lo espiritual y el ser-espíritu perteneciente al árbol ocupaba su lugar. - Las leyendas de los espíritus arbóreos no eran invenciones de la fantasía popular; la interpretación de estas leyendas, sin embargo, es una invención de la fantasía de los eruditos que andan a tientas en un pantano de falacias. - Y fueron estos espíritus -el de los árboles, el de las montañas, el de las rocas- los que, a su vez, dirigieron los ojos del alma humana hacia ese mundo en el que el hombre se encuentra entre la muerte y un nuevo nacimiento, en el que está en medio de realidades espirituales como aquí en la tierra está en medio de realidades físicas, donde está en medio de seres espirituales como en la tierra está en medio de seres físicos. - Este es el segundo estado de conciencia. Veremos en este momento cómo nuestra conciencia onírica ordinaria también puede transformarse en esta otra conciencia en un hombre de la época moderna que es un buscador del conocimiento espiritual.

Y había un tercer estado de conciencia. Naturalmente, los hombres de la antigüedad también dormían; pero cuando se despertaban no tenían simplemente un tenue recuerdo de haber vivido a través del tiempo, o una tenue sensación de vida continua, sino un claro recuerdo de lo que habían experimentado en el sueño. Y fue precisamente de este sueño de donde salieron las impresiones de las vidas terrenales pasadas con sus conexiones de destino, junto con el conocimiento, la visión, del karma.

El hombre moderno tiene conciencia de vigilia, conciencia de sueño y conciencia de sueño sin sueños. La humanidad primitiva tenía también tres estados o condiciones de conciencia: el estado de conciencia en el que percibía la realidad impregnada de espíritu; el estado en el que tenía la visión del mundo espiritual; y el estado en el que tenía la visión del karma. En la humanidad primitiva, la conciencia estaba esencialmente en una condición de crepuscular.

Esta conciencia crepuscular ha pasado, se ha extinguido en el curso de la evolución de la humanidad. Debe surgir una conciencia del amanecer, en la que la investigación espiritual moderna ya ha encontrado su camino. Y mediante el fortalecimiento de sus propias fuerzas anímicas el ser humano debe aprender a mirar cada árbol o roca, cada manantial o montaña, o las estrellas, de tal manera que se le revele el hecho espiritual o el ser espiritual que hay detrás de cada cosa física.

Puede llegar a ser una ciencia exacta, una fuente de conocimiento exacto (aunque la gente se burle hoy en día de ella como si fuera una locura o un puro delirio), de modo que cuando un auténtico conocedor mira un árbol, el árbol, aunque representa una realidad física, se convierte en un vacío, como si dejara el espacio libre ante su mirada, y el ser espiritual del árbol sale a su encuentro. Al igual que la luz del sol se refleja a nuestros ojos físicos desde todos los objetos físicos exteriores, la humanidad llegará a percibir que la esencia espiritual del sol, que impregna el mundo con su vida, es también una realidad viva en todos los seres físicos. Al igual que la luz física se refleja en nuestros ojos físicos, desde cada ser terrenal puede reflejarse como una realidad a nuestros ojos del alma, la esencia divino-espiritual, que todo lo impregna, del sol. Y como el hombre dice ahora: "La rosa es roja"... la verdad subyacente es que la rosa le devuelve el don que él mismo recibe de la naturaleza físico-etérica del sol... podrá entonces decir que la rosa le devuelve lo que recibe de la esencia anímico-espiritual del sol que recorre el mundo con su vida vivificante.

El hombre volverá a encontrar su camino en una atmósfera espiritual, sabrá que su propio ser está enraizado en esta atmósfera espiritual. Se dará cuenta de que dentro de la conciencia del sueño, que al principio sólo puede producir simbolizaciones caóticas de la vida exterior de los sentidos, se encuentran las revelaciones de un mundo del espíritu por el que pasamos entre la muerte y un nuevo nacimiento; además, que en la conciencia del sueño profundo se teje y vive en nosotros como un nexo actual y real de fuerzas lo que, después de despertar, nos lleva a la conexión con la elaboración de nuestro destino, de nuestro karma. Lo que vivimos en nuestras horas de vigilia como destino, a pesar de toda la libertad, se hila durante nuestra vida de sueño, cuando con el alma y el espíritu, que han dejado lo físico y lo etérico, llevamos una vida junto a los Espíritus divinos; con esos Espíritus divinos, también, que llevan los frutos de vidas anteriores a esta vida presente. Y quien, mediante el desarrollo de las correspondientes fuerzas del alma, logra penetrar con visión en la vida del sueño sin sueños, descubre en ella las conexiones del karma. Además, sólo así adquiere sentido la vida histórica de la humanidad, pues está tejida con lo que los hombres arrastran de épocas anteriores, a través de la vida entre la muerte y el renacimiento, hacia una nueva vida, hacia nuevas épocas. Cuando observamos a una personalidad de la época actual o de otra, sólo la entendemos correctamente cuando incluimos sus vidas terrenales pasadas.

En los próximos días, pues, hablaremos de esa investigación espiritual que, ocupándose primero de personalidades de la historia, pero luego también de la vida cotidiana, conduce desde la vida actual, o una vida en otra época, a vidas terrenales anteriores.

Traducido por J.Luelmo junio2021

GA138- Munich 31 de agosto de 1912 En lo sensorial, la comprensión es el resultado de la observación; en el mundo suprasensible, la comprensión precede a la observación.

LA INICIACION, LA ETERNIDAD Y EL INSTANTE

Por Rudolf Steiner


Conferencia 7

En los sensorial, la comprensión es el resultado de la observación; en el mundo suprasensible, la comprensión precede a la observación. En todos los pasos de la iniciación, el hombre debe desprenderse de la conexión con el mundo tal como surge a través del cuerpo físico. Mientras la simpatía, la antipatía o el prejuicio tengan influencia, no hay penetración en los mundos superiores. Antes de Cristo, los pueblos se dirigían a su iniciador racial, que no pertenecía a ningún pueblo. San Juan-Thomasius del "Guardián del Umbral" muestra el pensamiento purificador que lleva del momento a la eternidad. 

Munich 31 de agosto de 1912

Ayer pudimos concluir nuestras consideraciones tocando la actitud del individuo hacia lo que podemos llamar la descripción del mundo suprasensible y todo lo que surge de las investigaciones, observaciones y experiencias de la iniciación. Se hizo hincapié en la facilidad con que puede formarse la opinión de que el valor y la significación para la vida del alma sólo pueden resultar de las experiencias de la iniciación en quien ha dado los primeros pasos en ese camino y, por lo tanto, es capaz, mediante su propia visión, de penetrar en la experiencia y la observación de los mundos superiores. Sin embargo, a menudo se ha subrayado que esto no es así. Es cierto que se puede ver, observar, descubrir y explorar lo que ocurre en los mundos superiores, pero sólo si uno ha transformado su propia alma de tal manera que sea capaz de mirar en esos mundos. Como dijimos ayer, son, en efecto, muy diferentes del mundo de la existencia sensorial, aunque están conectados con él en varios aspectos y deben ser considerados esencialmente como su fundamento.

Por otra parte, en lo que concierne a la comprensión de estos otros mundos, no juzgaríais correctamente si afirmarais que, para comprender, captar y recibir lo que pueden dar los que han dado los primeros o ulteriores pasos hacia la iniciación, debéis necesariamente experimentarlo vosotros mismos. Por el contrario, hay que insistir una y otra vez en que todo hombre que se dedique sin prejuicios a lo que avalan los investigadores espirituales reales de los mundos suprasensibles, todo hombre que acepte sus descripciones, experiencias y comunicaciones sin prejuicios, dejando que su juicio imparcial y su comprensión activa ocupen el campo, podrá realmente captar todo lo que se le ofrece. En la vida de los sentidos es muy diferente. Tenemos toda la razón al decir que no hay nadie que pueda hacerse una idea de la Madonna Sixtina, o de un paisaje desconocido y lejano, simplemente a partir de una descripción. Si uno tiene una imaginación viva, puede ser capaz de formarse algún tipo de imagen a partir de una descripción, pero sigue siendo cierto decir que sólo quien puede ver por sí mismo, puede captar las cosas en la existencia sensorial. De modo que en esta existencia el entendimiento debe venir después de ver. En los mundos superiores no ocurre lo mismo. Quienes buscan allí, pueden extraer aquello que buscan, ponerlo en las formas y conceptos de las ideas humanas, y así darlo al mundo. Por supuesto, los hombres pueden estar enredados en dogmas materialistas o de otro tipo, o pueden no tener ninguna voluntad de entregarse abiertamente a lo que se está impartiendo; en ese caso no se entenderá. O puede que no sea culpa del hombre el no poder entenderlo porque su vida y su educación no le hayan dado hasta ahora la facilidad para recibir estas cosas con la mente abierta. Pero quien esté en condiciones de dedicarse a estas cosas sin prejuicios y pueda recoger todo lo que le llegue por medio de una comprensión y un juicio sanos, dirá al final: "Por increíbles que parezcan estas cosas al principio, es justamente este pensamiento sano, comprensivo y global el que lleva a comprenderlas, aunque uno sea totalmente incapaz de ver nada de los mundos superiores."

Como he podido decirles en los últimos días, todo aquel que alcanza la visión de los mundos superiores lleva en su interior imágenes de su propia vida interior y al principio se guía por lo que hay en esas imágenes. Lo mismo ocurre con la comprensión de las cosas en el mundo suprasensible. El entendimiento precede a la visión, no está en absoluto influenciado por ella, ni ejerce ninguna influencia sobre ella. El entendimiento previo no tiene por qué afectar en lo más mínimo a lo que lleva al hombre a una visión de lo que es completamente desprejuiciada y conforme a la verdad. Por el contrario, la comprensión previa y la captación de estas cosas con una capacidad de juicio completa (a la que, hay que admitir, hay poca inclinación entre la gente hoy en día) preparan el corazón y el alma para entrar de la manera adecuada en el poder de la visión. Por lo tanto, debemos repetir continuamente que el verdadero ocultismo, la verdadera ciencia del espíritu con intención sincera y ferviente, nunca retrocederá ante la exigencia de que captemos y comprendamos desapasionadamente lo que se dice, que tratemos de penetrar en él con un sano entendimiento humano y con poderes de juicio que fluyan libremente en todas las esferas. Entonces lo encontraremos posible.

Mucho sobre estos asuntos se encontrará en mi libro, Un camino hacia el autoconocimiento, donde se contiene mucho que es complementario a estas conferencias. Pero debe hacerse una mención especial de cómo algo significativo puede contribuir a la purificación y limpieza del alma cuando aquellos que buscan el camino de la ciencia del espíritu para salir de la oscuridad de la vida hacen el esfuerzo. Sobre todo, hay que mencionar cómo entender las cosas y captarlas objetivamente con lo que todo hombre, con solo estar dispuesto, puede disponer en su sano poder de juicio. Por este camino de la sana comprensión, por este rechazo de toda autoridad y de toda creencia autorizada, ganamos una luz especial cuando llegamos a ciertos refinamientos en la observación oculta.

De todo el espíritu y el sentido de estas conferencias, se habrá desprendido que, a medida que se dan los pasos hacia la iniciación, se trata cada vez más de que cada hombre sea independiente, en cuanto a su experiencia, de todo aquello para lo que su cuerpo físico puede servirle de instrumento. Debe aprender a experimentar en sus cuerpos superiores, en su cuerpo etérico, en su cuerpo astral, y también en lo que puede llamarse su ego o cuerpo de pensamiento. Lo esencial en cada etapa de la iniciación es este hacerse capaz de percibir en los cuerpos superiores. A este respecto, sin embargo, es necesario que el hombre haga algo para liberarse de su cuerpo físico sensorial. Debe despojarse conscientemente, despojarse de todo lo que le ata al mundo en la medida en que en esta vinculación, en esta atadura, el cuerpo físico se presta como instrumento.

Esto, por supuesto, no es posible para todos, especialmente en una época tan materialista como ésta. Menos aún es posible para los que hoy opinan sobre los enigmas y fenómenos del universo, los que por los actuales y peculiares métodos de educación, son educados en la creencia de que ya en la más temprana juventud es posible alcanzar -no sólo intentarlo- un juicio ponderado sobre los fenómenos del mundo. ¿Por qué hoy en día se hace tanto daño en el mundo con juicios nacidos puramente de la pasión y la emoción? Cuando miramos lo que aparece impreso en el mundo, vemos que el comercio de libros está inundado de las producciones más inmaduras que surgen simplemente de simpatías y antipatías. ¿A qué se debe esto? También se puede preguntar: "¿No hubo también en tiempos pasados hombres que desde la oscuridad de la vida se enfrentaron a los resultados de la investigación suprasensible con odio y aversión, igual que hoy? ¿No hubo hombres de las tinieblas como los materialistas de hoy, que se valieron de todos los métodos posibles que el odio, la ignorancia y las tinieblas podían sugerir?" La respuesta es que siempre hubo tales hombres, pero nunca trabajaron de la manera en que lo hacen hoy. ¿Y por qué? A veces tenemos que detenernos y tomar nota de esas cosas en nuestra conciencia. Ha habido hombres que han odiado el mundo y toda penetración desprejuiciada en los mundos superiores porque esto puede a veces sacar a la luz hechos muy incómodos. Pero tales hombres en el pasado a menudo no sabían leer ni escribir. Su nivel de educación no llegaba a la lectura y la escritura. Los que sostienen tales opiniones hoy son capaces, por medio de la educación, de leer y escribir, y el público en general no tiene el poder de discriminar entre las diversas cosas que aparecen en la prensa ni sabe apreciarlas en su justo valor. No hay mucha voluntad de desarrollar el discernimiento para llegar a comprender que, en esta época, es necesaria la intervención tamizadora y purificadora de un movimiento que combine el ocultismo con la ciencia del espíritu.

Los hombres tienen que aprender muchas cosas difíciles. Simplemente de los hechos revelados por los mundos superiores, hay mucho que aprender. Por ejemplo, habrá que aprender que incluso cuando, por medio del entrenamiento parcial o la preparación del organismo anímico o de otros organismos, se penetra en los mundos superiores, incluso entonces es posible que permanezca una buena parte del vínculo con el mundo externo que surge por medio de los sentidos físicos. Una vez que el vidente espiritual cruza la frontera tan firmemente trazada entre la vida sensorial y la vida espiritual, todo lo que queda de ciertas debilidades justificables en la existencia sensorial cuando se experimenta en la visión espiritual superior lo envuelve en la oscuridad, en maya. Sólo asegurándonos incesantemente durante el período en que estamos viendo en el mundo espiritual, podemos, como ser allí, cerrar completamente todo lo que necesariamente debemos tener en la existencia sensorial. Sólo asegurándonos de que durante la visión espiritual no habrá ninguna interacción de lo que nos rodea en el mundo sensorial, podremos ver, sin adulterar y libre de ilusión, el mundo espiritual, suprasensible.

Sin aludir a nada en particular, tomemos un caso concreto. Digamos que alguien que desea pasar por las etapas de la iniciación, o que ya lo ha hecho, tiene una relación personal con otra persona basada en el sentimiento y la emoción personal inmediata. Supongamos que esta relación de un vidente espiritual, que está a punto de ser iniciado o que ya ha dado pasos hacia la iniciación, es una relación personal definida entre dos seres humanos basada en una atracción mutua como la que se despierta en la vida sensorial, posiblemente por un amor confiado, de modo que -y lo digo en un sentido más elevado- hay una interacción física entre ambos. Supongamos que existe algo así, y que el que era vidente espiritual deseaba hacer investigaciones sobre la persona hacia la que se sentía así atraído durante la existencia sensorial. Supongamos también que no puede deshacerse de todo este amor formado en la existencia sensorial por la persona en cuestión. Entonces le sería prácticamente imposible conocer la verdad sobre el ser suprasensible de dicha personalidad. En efecto, es necesario, por mucho que se ame, por mucho apego personal que se sienta en la existencia sensorial, tratar perseverantemente de desprenderse de todo ello cuando se trata de observar lo suprasensible. Puede ser que uno sienta una atracción personal como ésta, y no se libere del tipo de cariño por dicha personalidad que tendría en la existencia sensorial. Entonces, ante los ojos del vidente espiritual, aparecerán imágenes del pasado y del futuro de esta personalidad, por ejemplo, que deben ser inevitablemente falsas. Puede producirse una completa ilusión. Por lo tanto, cualquiera que tenga un serio sentido de la responsabilidad frente a lo que se da desde el reino de la sabiduría espiritual nunca es demasiado cuidadoso al revelar al mundo cualquier cosa que ocurra en su propio círculo inmediato, en el círculo de aquellos con los que está familiarizado. Cuando hay indicios de cualquier resultado oculto relacionado con lo que concierne al círculo personal inmediato del investigador, es siempre una regla segura considerarlo como en el más alto grado dudoso.

Esto no se dice con referencia a ningún hecho particular. Se dice simplemente porque para todo ocultista es un hecho objetivo. Con esto están conectadas, sin embargo, las cosas que intervienen en las esferas superiores, se podría decir. Con esto está conectado el hecho de que cualquiera que desee hacer investigaciones en los mundos suprasensibles está poco adaptado para obtener una concepción básica del tipo correcto en relación con las cuestiones religiosas, si con sus prejuicios y sentimientos personales está apegado a alguna comunidad religiosa en particular, si está más apegado a una comunidad religiosa que a otra, o es de hecho un divulgador de alguna comunidad religiosa. ¡Quien tiene una inclinación hacia la propaganda impulsada personalmente no puede ser también un ocultista objetivo! Esta es una afirmación que debe hacerse con toda severidad. Hay condiciones que nos permiten poner en relación con nuestro karma de la cultura occidental. En cierto sentido, éstas hacen que no sea demasiado difícil para un occidental, cuando se ha familiarizado un poco con las exigencias básicas de la vida suprasensible, formarse un juicio objetivo sobre cómo debemos situar en la evolución humana el gran acontecimiento que llamamos el Misterio del Gólgota. Porque, ¿Cómo es que tanta oscuridad de la vida, entra en la vida religiosa y en la forma en que los hombres la entienden? ¿Por qué entra en la vida religiosa todo lo que sólo quiere ocuparse de lo pasajero y no quiere elevarse a la luz del espíritu y a todo lo que es eterno? Porque todo lo que se refiere a la vida religiosa está íntimamente ligado a todo lo que es el egoísmo humano, no sólo el egoísmo individual, sino el egoísmo de la familia, de la raza y del pueblo. Desde este punto de vista, y porque es necesario que estas cosas se observen con total falta de prejuicios, permítanme llamar su atención sobre un fenómeno particular.

Pongamos el caso de un oriental. ¿Qué papel juega su vida religiosa con respecto al fundador de su religión cuando considera la conexión de su evolución racial o nacional? Fijaos en lo que es para un oriental, o para cualquier otra persona que no sea occidental, pensar históricamente en el curso de la historia en la que se encuentra sin relacionar fácilmente esta vida histórica con hombres como Krishna, Buda, Mahoma o Confucio. En todas partes vemos que, como algo natural, lo que hay en la vida religiosa está ligado a lo que ocurre en la vida externa profana, y fluye hacia el corazón y el alma de la gente. Es imposible imaginar a un budista, por ejemplo, escribiendo una historia sin hacer de Buda el punto central. Esto no se dice como una crítica, sino porque es cierto de los hombres que pertenecen a tales evoluciones culturales.

Pero ahora vayamos a Occidente y analicemos, no los dogmas, sino los hechos. Elegiré a un reconocido historiador de Occidente, Leopold von Ranke, conocido en todo el mundo por su objetividad, su sereno sentido de los valores, su manera bastante individual de afrontar las cosas con objetividad. Ranke ha escrito muchos capítulos sobre la evolución histórica, pero se ha conocido una cosa notable sobre él. Una vez, en presencia de un amigo, reveló que había representado de tal manera el curso de la historia que nunca había tenido en cuenta a Cristo, ¡ni los hechos inmediatamente asociados a Él! Se tomó muchas molestias para escribir una historia de Occidente de acuerdo con su sentido objetivo, sin hacer participar a Cristo en ella. En su vejez le causó muchos remordimientos de conciencia cuando tuvo que preguntarse: "Si los hechos desembocan en los sucesos históricos reales de los que no hay documentos ni registros, ¿puede decirse que esta historia es verdadera?" Esto no se menciona aquí para decidir si tal historia es verdadera o falsa - sostengo que está supremamente justificada - sino porque una de las mejores historias, por uno de los historiadores occidentales más reconocidos, ha sido escrita de tal manera que Cristo ha sido totalmente omitido, que Cristo no fue incluido en el curso de la historia. Este es un hecho fundamentalmente importante y significativo. ¿Adónde nos ha llevado la civilización accidental? La civilización occidental nos ha llevado a esto, a que no siempre miremos al Ser que debería destacarse como la figura central de toda la historia, si hubiera habido la conexión correcta con Él. No es la ciencia la que nos ha llevado a esto. ¿Cómo se ha llegado a esto? Arrojemos luz sobre este asunto desde otro punto de vista.

¿Dónde vivieron los grandes fundadores de religiones, aquellos que fueron los grandes iniciados y que dieron a su pueblo la esencia nacional que necesitaban? ¿Es concebible, por ejemplo, que Hermes hubiera obrado en su época mediante la esencia de cualquier otro pueblo, o es concebible que Buda hubiera obrado de otra manera que no fuera a través de las cualidades particulares de la raza en la que estaba situado, o que hubiera enviado sus fuerzas a ella? Volvamos ahora la mirada hacia Aquel a quien no llamamos iniciado, sino que conocemos como la Personalidad a través de la cual se obró la iniciación mundial, la iniciación cósmica. ¿Pertenecía Él a alguna nación en particular? Nació en un rincón desconocido del mundo, lejos de los grandes imperios, y allí se desarrollaron los acontecimientos. 

Moises, Budha, Zoroastro, Hermes, Christo

Dado que los Evangelios y otros registros del Nuevo Testamento no pueden ser considerados como registros históricos fiables, puede decirse que, de todos estos acontecimientos, ninguno puede ser probado con pruebas documentales. Los que se unieron a Él como alumnos y discípulos lo hicieron sin distinción de familia, raza o sexo. Esta es, pues, la diferencia: mientras que en tiempos anteriores el pueblo recurría a sus iniciados raciales, aquí lo hicieron a Uno que no pertenecía a ningún pueblo, y que, de hecho, llevó a cabo sus mayores hazañas culturales entre un pueblo con el que no había convivido.

Ese es el gran paso adelante para salir de la oscuridad de la vida a la luz del espíritu que no debemos malinterpretar si nos tomamos en serio la evolución de la humanidad. Esas son las cosas que realmente deben ser consideradas, las cosas que deben ser efectivamente señaladas por la ciencia que puede ser extraída de la observación real de los mundos suprasensibles. Por todo lo que he podido contarles, verán lo esencial que es tener alguna comprensión de lo que dijo el doble de Johannes Thomasius en El Guardián del Umbral: "El pensar tiene una fuerza purificadora". Esta fuerza purificadora del pensar actúa realmente de tal manera que nos conduce fuera de nuestra oscuridad hacia la luz del espíritu. Nos aleja de lo fugaz para llevarnos a la eternidad. Pero no se admite de buen grado que el pensar tenga esta fuerza purificadora. Sin embargo, hay algo extraño en la naturaleza oculta del pensar. Una ciencia materialista imagina que el hombre piensa con su cerebro; eso es simplemente un error. Si apreciáis todo el significado de lo que se dice en Un camino hacia el autoconocimiento, comprenderéis también que el proceso y la actividad del pensar, la combinación y la elaboración de las ideas, no tienen lugar en el cuerpo físico, sino en el cuerpo etérico.

En verdad, en la vida ordinaria, también, el hombre piensa con su cuerpo etérico, pero el hecho de que esté en la vida ordinaria impide que tenga conocimiento de la actividad que tiene lugar dentro de él cuando piensa con su cuerpo etérico. Fundamentalmente, el hombre está siempre pensando; su cuerpo etérico está siempre en movimiento, y es este movimiento el que constituye el pensar. Pero, de toda esta actividad en el cuerpo etérico, apenas sólo un reflejo le llega a la conciencia. Debéis concebir una cierta relación del cuerpo etérico con el cuerpo físico de la siguiente manera. Supongamos que váis caminando por este pasillo bajo esta hilera de ventanas, y que hay espejos colgados en las paredes entre cada ventana. Cuando pasáis por el primer espejo, veis vuestra cara; donde no hay espejo, no veis vuestra cara, pero, a medida que avanzáis, la volvéis a ver, porque hay otro espejo que os devuelve su imagen. Tu rostro está ahí todo el tiempo, pero sólo lo ves cuando se refleja. El cuerpo etérico está en un flujo perpetuo de pensamiento, pero sólo se convierte en percepción cuando el cerebro del cuerpo físico refleja lo que sucede en el cuerpo etérico. Este cuerpo etérico está ahí todo el tiempo, pero el hombre normalmente no sabe nada de él. Es reflejado por el cerebro, que debe ser considerado como un instrumento de reflexión, y siempre que la vida es reflejada se vuelve consciente. Por eso el cuerpo físico debe estar ahí, para que el cuerpo etérico, que es el que realmente piensa, pueda saber algo de este pensamiento. Sin embargo, el cerebro mismo no piensa, ni tampoco el cuerpo físico. Este pensamiento tiene su sede en el cuerpo etérico, y lo que un hombre percibe en su cerebro no es su pensar así como la imagen que aparece en el espejo tampoco eres tu. Cuando un hombre desea dar los primeros pasos hacia la iniciación, es en verdad como si pasaras ante todos los espejos tratando todo el tiempo de estar dentro de ti mismo, y luego fueras capaz de experimentar cómo es tu forma, para que te percibas exteriormente realmente desde tu interior.

Tal es el ascenso de la vida de los sentidos a la vida espiritual. Mientras que el hombre sólo puede percibir lo que sucede en su instrumento de reflexión -lo que ve como reflejo en su cerebro-, por medio de la iniciación llega a la experiencia y percepción directas en su cuerpo etérico. Entonces, al alcanzar esta experiencia y percepción internas, entra en contacto con otro mundo, el del ser esencial. Su propio ser, su experiencia, su percepción, se amplían más allá del mundo objetivo. Lo que experimenta entonces es un mundo del ser espiritual que también puede experimentar en la existencia sensorial, en lo que respecta a la periferia de lo experimentado. Pero sólo entonces puede llegar a captar algo de la existencia espiritual que aquí sólo está presente para nosotros como imagen física. Entonces podrá comprender que los impulsos de los iniciados no provienen simplemente de la sabiduría terrenal, sino que los grandes iniciados han llegado a sus mayores impulsos, a los impulsos morales, etc., y trabajan con un poder tan poderoso porque todo lo que tienen no lo toman simplemente de la tierra; lo reciben de lo que está mucho más allá de la tierra. Porque tan pronto como el hombre va más allá de la tierra, llega a lo que está ligado a la existencia terrenal.

Si a través de la iniciación pasa de la existencia terrenal a la existencia cósmica, entonces llega a experiencias -si está estudiando a un iniciado como Buda, por ejemplo- donde puede decir: "Ha vivido en la tierra como Bodhisattva a través de muchas encarnaciones". Quien haya aprendido a comprender el budismo en este sentido, debe necesariamente volverse tan creyente como un budista; sabrá que en la personalidad de Gautama Buda esta individualidad vivió por última vez en un cuerpo físico. En esta encarnación, sin embargo, se convirtió en Buda y ahora ha ascendido para el trabajo espiritual en los mundos espirituales, de modo que la visión espiritual puede dirigirse al paso de la individualidad de Buda de la vida terrenal a la vida espiritual, a la asociación en la existencia espiritual. Si se rastrea esta individualidad, se verá que, como Bodhisattva, pasó por muchas encarnaciones. Sin embargo, al final se llega a una época anterior en la que ya no se puede decir: "Estamos tratando con una individualidad que vive en la tierra", porque entonces hay que seguirle a una morada anterior, y el cambio en esta individualidad sobresaliente está tan representado que crece más allá de la existencia terrenal. Entonces, en un momento determinado, vemos al Buda descender de otro planeta de nuestro sistema solar, en el que trabajaba anteriormente; lo vemos trabajando allí, preparándose para su curso terrestre. Lo seguimos a través de este curso en la tierra como Bodhisattva, y finalmente como Buda, hasta el punto en que, de ser un Bodhisattva, se convierte en Buda. Descubrimos que, mientras que durante sus encarnaciones terrestres su actividad había crecido junto con la tierra, al mismo tiempo crecía en un gran conjunto cósmico. Le vemos ascender a otro planeta de nuestro sistema planetario, a Marte, para emprender allí una nueva misión estrechamente unida a su misión en la tierra. Es maravilloso seguir cómo de esta manera aparece una totalidad. Primero vemos a Buda activo en otro planeta; luego baja a la tierra, y debemos decir: "Esta individualidad del iniciado, Gautama Buda, trabajó durante un tiempo en la tierra; después, sin embargo, si queremos seguirlo más, debemos ascender a otro planeta". De este modo, obtenemos una línea ininterrumpida. Por lo tanto, es posible decir de Buda que bajó de otro planeta y, después de trabajar en la tierra, volvió a ascender a un planeta diferente, habitado por un pueblo que tiene poca comprensión de la humanidad terrestre. Allí continúa trabajando, porque este trabajo posterior es de gran importancia.

Por tanto, en el caso de muchos iniciados, debemos encontrar cómo desde el cosmos traen a la tierra aquello que en la propia tierra está relacionado con el cosmos; por medio de eso debemos tener en cuenta cómo los iniciados atraviesan el deambular cósmico. Así, cuando tratamos de llegar a la raíz de las cosas en todas partes, a la vez vemos lo que irradia nuestra oscuridad, y vemos cómo, al mirar las cosas de manera oculta, la oscuridad se llena de luz.

Es curioso cómo a veces algunas personas se preguntan: "¿No es acaso injusto que una Individualidad como el Cristo haya traído algo especial al mundo? Si eso es así, aquellos que han vivido después de Cristo han tenido alguna ventaja especial sobre sus predecesores". ¡Incluso los antropósofos se han preguntado a veces esto! Pero pasan por alto que las almas que viven después de la aparición de Cristo en la tierra son las mismas almas que estuvieron encarnadas antes, de modo que no puede haber ninguna cuestión de injusticia. Sólo podemos señalar una excepción a este respecto, y ésta parece ser Buda. Él pasó por una encarnación en tiempos precristianos, y por lo tanto no participó de ninguna manera en lo que vino a la tierra a través del evento del Gólgota. Si ahora dirigimos nuestra atención hacia donde sólo encontramos oscuridad, hacia la dificultad de comprender cómo un alma se despide de la tierra en un momento determinado (quien haya escuchado mis anteriores conferencias sabrá que esta alma tuvo experiencia en otros mundos, y que aquí se trata de una experiencia en la tierra), Si mantenemos todo esto ante el ojo de nuestra mente y lo seguimos, entonces se hace evidente que Buda fue enviado al planeta donde llevó a cabo su actividad planetaria preterrenal por la Individualidad central de todo el sistema planetario, por el Espíritu de su punto central, por Aquel a quien llamamos el Cristo Cósmico. En los tiempos primitivos Buda había sido enviado a trabajar en otro planeta, y luego, como consecuencia de este trabajo, fue enviado a trabajar en la tierra. Mientras que la tierra es el planeta que se convirtió en el escenario del Misterio del Gólgota, Marte es el planeta en el que, después de su trabajo en la tierra, Buda tuvo que realizar un evento similar.

Estas cosas adquieren tal dimensión que pueden parecer inconsistentes con la afirmación de que todo lo que se deriva de la iniciación puede ser captado con el sano entendimiento humano. Sin embargo, debemos tomar lo que nos ofrece la historia, mirarlo junto con todas sus conexiones, y se verá que el curso externo de la historia puede aquí corroborar todo. Si alguien lo niega, es porque no ha hecho suficiente uso de su sano juicio. Esto se aplica hoy a muchas personas. Con todo lo que se ha dicho en este curso de conferencias, he querido evocar en una imagen, y también mostrar a través de las Obras, cuán diferentes, poderosos y potentes son los mundos en los que entramos cuando atravesamos las puertas hacia los mundos suprasensibles. He querido evocar una imagen más completa de lo que es posible por medio de meras teorías y dogmas. He querido representar y describir muchas cosas, no sólo con palabras, sino llamando al sentimiento de lo que hay detrás del Umbral donde se encuentra el Guardián.

Cuando examinamos la vida espiritual actual, tal vez lo que cala más profundamente en el alma es todo lo que se puede decir sobre el Guardián del Umbral. Él está ahí porque el alma humana en la existencia ordinaria no está suficientemente madura para vivir y experimentar todo lo que ocurre en los mundos suprasensibles. Está ahí para protegernos. Esto es tan cierto como que el alma humana, viviendo en el futuro, tendrá que experimentar más y más sobre los mundos suprasensibles. La razón por la que el Guardián está allí es porque, si el alma humana pasara a los mundos suprasensibles antes de estar preparada, lo que nunca puede suceder en un auténtico camino oculto, esta alma sentiría que ha caído en lo que es infinitamente temible, infinitamente terrible. Esto se debe a que en su mezquindad e inmadurez, en su amor por la existencia sensorial y la dependencia de ella, los hombres nunca podrían soportar todo lo que está relacionado con la entrada en los mundos suprasensibles. ¡Por qué, no se puede ni siquiera acercarse a los que quieren ser progresistas, con todo lo que exige nuestra vida moderna! Desde el lugar desde el que, hasta ahora, se nos ha permitido revelar las verdades suprasensibles, nos hemos visto obligados a señalar cómo, en el transcurso del siglo XX, se producirá un acontecimiento suprasensible en el cuerpo humano suprasensible, cuando el hombre, como por un hecho natural, encuentre al Cristo resucitado. Esto es lo que hemos podido señalar. Pero este Cristo reaparecido no surcará el mar en barcos, ni viajará en trenes, ni en dirigibles. Entrará en el ser individual del hombre, en lo que pasa de alma humana a alma humana. Allí, según cómo estén constituidas estas almas, Él será reconocido por los medios dados en lo etérico. Lo que se nos permite contar sobre la forma en que se revelará el Cristo resucitado parece débil en comparación con lo que vendrá realmente al alma del hombre, directamente desde el mundo suprasensible, porque los hombres quisieran ver con ojos físicos al Ser Poderoso que ha de venir. Les gustaría imaginarlo yendo en avión o viajando por mar. Les gustaría poder tocar físicamente y glorificar a Aquel que ha de venir. La razón es que temen entrar en contacto real, con lo suprasensible.

Cuando estas cosas ocurren, se presentan al ocultista como un miedo y un temor disfrazados de la verdad. Esto se dice de forma bastante desapasionada, simplemente como una afirmación objetiva. El ocultista que reconoce al Guardián que se encuentra en el límite entre la existencia física y la vida espiritual, puede ver cómo los que están fuera en la vida ordinaria no pueden ni siquiera comprender la necesidad de iniciar el camino hacia los mundos suprasensibles. En verdad, tales personalidades están todas en un estado de miedo. No son conscientes de su miedo porque está disfrazado como un tipo particular de sentido de la verdad, como un sentido materialista de la verdad. Pero, para aquellos que se enfrentan al conocimiento del mundo suprasensible y de sus seres suprasensibles, aparece como un cierto odio, un estado de ira, un encendido de mezquindad hacia ese otro mundo suprasensible. Así, puede ocurrir que, por un lado, se sitúen los que quieren tener conocimiento de los mundos suprasensibles y, por otro, los que no quieren saber nada de ellos, o que digan que la ciencia objetiva no dice nada de tales mundos porque no se pueden demostrar. Son los seguidores populares de la ciencia los que disuaden a otros de acercarse al Guardián del Umbral cuando dicen que rechazan los mundos suprasensibles en razón de su propio sentido de la verdad, de su convicción científica personal. En realidad, sin embargo, es su miedo el que no les permite acercarse al Guardián del Umbral. Toda la fuerza de este miedo está enmascarada detrás de la lucha que querría estallar hoy en día en oposición a todo lo que debería venir como luz espiritual desde los mundos espirituales a la oscuridad de la vida.

Esa es la representación que puede apreciar cualquiera que conozca al Guardián en el Umbral de la existencia espiritual, cualquiera que sepa qué importancia tiene el conocimiento suprasensible para toda la vida espiritual actual. La razón por la que estáis ahora sentados aquí es que un rayo de luz espiritual ha encontrado su camino en vuestras almas, diciéndoos que el conocimiento suprasensible debe afianzarse en todas las almas humanas. Debido a que el mensaje de este rayo de luz espiritual es cada vez más vivo, los espectadores y el público de nuestras obras y conferencias son cada vez más numerosos. Si se da libre curso a la luz del espíritu para que hable naturalmente a las almas humanas, entonces podrá hacer fluir sus rayos en ellas. Pero si la victoria está de parte de los adversarios del conocimiento suprasensible, entonces, tal vez, la luz del espíritu tenga que oscurecerse por un tiempo; puede verse obligada a retirarse; es decir, debe retirarse, si he de usar una expresión tan tonta. Entonces, durante un tiempo el mundo tendrá que pasar sin ninguna conexión entre la oscuridad de la vida y la luz espiritual. Ciertamente es necesario que aquellos que deberían conocer algo de la luz espiritual vuelvan a aprender algo más, que es aprender a observar con sinceridad lo que se ofrece aquí en el mundo exterior por el mundo espiritual. Los que hoy en día todavía se dejan cegar por todo lo que se dice a favor y en contra del conocimiento suprasensible, los que no buscan en su propia alma el impulso seguro que sólo puede venir de los mundos suprasensibles, nunca podrán encontrar este impulso.

Como he dicho a menudo, lo que tenemos actualmente en forma de literatura, lo que se ha permitido dar en una serie de obras literarias por la gracia de los Maestros de Sabiduría y de la Armonía de los Sentimientos, contiene básicamente lo que podemos decir que se ha permitido impartir a los hombres por acto de gracia. Si a partir de este momento yo ya no pudiera ni hablar ni escribir, si los hombres se limitaran a seguir construyendo sobre lo que ya tienen -aunque yo mismo ya no estuviera presente-, si los hombres buscaran el sentido de todo lo que se les ha dado, encontrarían todo lo que se necesita.

Si ahora, al final de estas conferencias, se me permite hablar de la conexión del karma personal con el karma de este movimiento espiritual, tenemos aquí la posibilidad de que, en cierto sentido, todo lo que ha venido al mundo como ocultismo objetivo -no como el "modo de pensar de Steiner", pues no existe tal cosa, sino como ocultismo objetivo- nunca podrá extinguirse. Por mucha oposición que surja, no puede significar la extinción del ocultismo para el futuro; lo que está aquí permanecerá. Puedo ver una prueba de esto en la necesidad de nuestra época de un movimiento espiritual, y en el hecho de que se ha concedido un corto espacio de tiempo para que este tesoro espiritual baje al mundo físico por la gracia de nuestro Guardián espiritual. Así pues, ¡que vengan los opositores! ¡Lo que es necesario puede hacerse a través de su misma oposición! Muchas personas que hoy reciben de buen grado el tesoro espiritual de la Antroposofía y se alegran con él, frente a lo que deberían ver en la actualidad, lo ignoran por completo; de hecho, ¡prefieren hacer la vista gorda! Muchos no se sienten obligados a la verdad, a distinguir lo que debería ser la única verdad. Tal vez con un poco de persecución inofensiva, algunos de los que tienen su gorro de dormir puesto, no sólo sobre sus cabezas, sino justo sobre sus ojos y oídos, serán inducidos a quitárselo. Tal vez incluso eso sea necesario.

Sin embargo, sea como fuere, ahora que hemos llegado al final de estas conferencias de las que nos han llegado tantas cosas en verdad vejatorias y que se nos han impuesto por necesidad, recordemos ahora, como de costumbre, que una vez más hemos recibido algo de la vida espiritual.

Ahora continuaremos nuestros distintos caminos, uno aquí, otro allá, pero la luz del espíritu por la que nos esforzamos y buscamos en nuestra oscuridad, nos permitirá estar juntos sin importar dónde estemos ni cuán lejos estemos separados en el espacio. Que las almas aquí presentes sientan esta comunión cuando después mediten sobre lo que han escuchado o cuando vivan de nuevo el amor mutuo que se ha demostrado. Hemos estado juntos físicamente, pero esto no será siempre así. Estamos juntos suprasensiblemente. Aprendamos a estar juntos suprasensiblemente, para que podamos dar testimonio forzoso de la existencia de lo suprasensible, del mundo suprafísico. Si después de haber estado tanto tiempo juntos podemos llevarnos tales sentimientos, nuestras almas se llevarán entonces lo mejor que la antroposofía puede dar al hombre: el amor que procede de la verdad espiritual misma. Si de aquí a la ocasión en que esperamos volver a estar juntos, puede ocurrir algo que lo impida, sin embargo siempre es posible una cosa, que a través de esta separación en el espacio nuestro estar juntos físicamente se transforme en verdadera comunión espiritual, para que en nosotros el tesoro espiritual trabaje y viva y prospere. Hemos tenido entre nosotros hombres de los más variados matices de pensamiento, pero hombres de cuya presencia nos alegramos siempre, incluso cuando traen a nuestro entorno opiniones contrarias. No se trata de una cuestión de opinión o de opinión contraria, sino de un sentido honesto y sincero de la verdad, y de, diría, comprometernos aquí en la existencia sensorial con la veracidad y la honestidad. No consideren que lo que digo es algo que debe desprenderse necesariamente del tema de estas conferencias. Pero lo esencial es que hayamos podido experimentar en muchos ámbitos la búsqueda de la verdad en nuestro tiempo.

Sea cual sea la forma en que nos reunamos el año que viene, y sean cuales sean los resultados de las cosas, captemos el reencuentro de este año como la semilla de algo de lo que, independientemente de lo que tal vez nos aguarde, nunca podremos privarnos. En este momento me gustaría hacer un llamamiento a todos para que vuestras almas puedan sentir, a partir de una experiencia interior espontánea, como un eco, cuando recordéis estos días en Múnich. A modo de despedida, saludo de corazón al alma individual de cada amigo, esperando un nuevo encuentro en el sentido en que aquellos que han aprendido a conocerse y, por lo tanto, a amarse, se encontrarán siempre juntos a su debido tiempo, y siempre volverán a encontrarse.

Traducido por J.Luelmo junio2021



GA138 Munich 30 de agosto de 1912 El camino hacia los mundos suprasensibles es diferente para cada alma

 

LA INICIACION, LA ETERNIDAD Y EL INSTANTE

Por Rudolf Steiner


Conferencia 6

El camino hacia los mundos suprasensibles es diferente para cada alma. Los aspectos de los primeros pasos hacia la iniciación se muestran en los dramas misterio. El antropósofo debe prestar atención a lo que aparece de los mundos suprasensibles en los métodos científicos para el ser sensorial. En los mundos suprasensibles Lucifer quiere crear duración y revelación para lo esencial del mundo de los sentidos. Ahriman ayuda al alma a llevar lo que ha experimentado en el mundo de los sentidos a los mundos suprasensibles, a devolver el momento de la eternidad. 

Munich 30 de agosto de 1912

Por las conferencias anteriores, tal vez os hayáis dado cuenta de lo necesario que es hacer que nuestros conceptos sean capaces de cambiar y moverse si queremos llegar a una descripción correcta de los diversos mundos de los que podemos hablar, uno de los cuales es nuestra existencia sensorial ordinaria, nuestro mundo ordinario de los sentidos. De todo lo que se ha dicho debería ser evidente para ustedes que debemos hablar de los conceptos humanos en un lenguaje diferente cuando representamos la transición de un mundo a otro. Este es un aspecto de la cuestión. Pero hay otro lado; todos estos mundos interactúan entre sí y en un mundo la interacción de los demás mundos puede percibirse siempre como una especie de reflejo. En cada mundo nos encontramos con los fenómenos y seres de ese mundo en particular y, además, con todo lo que está obrando en él desde los otros mundos. Todo esto debe ser considerado cuidadosamente si queremos comprender los secretos de la iniciación, la relación del momento fugaz con la eternidad, y la relación de la oscuridad en la vida con la luz del espíritu. Existen ciertas reglas e instrucciones, que encontraréis descritas en el Conocimiento de los Mundos Superiores, a las que el alma ha de atenerse para entrar en los mundos suprasensibles. No hace falta decir que tales reglas no sólo son útiles, sino indispensables para todo aquel que quiera realmente emprender los primeros o ulteriores pasos hacia la iniciación.

Sin embargo, en este momento particular hay una cosa sobre la que debemos llamar la atención. Nuestra época actual tiene una cierta peculiaridad relacionada con todo el carácter del ciclo mundial en el que vivimos. Tiene una tendencia académica, teorizante, y por mucho que nos esforcemos en deshacernos de ella, sigue arraigada en el alma de los hombres actuales. Por eso, cuando se trata de ascender a mundos superiores, ellos esperan ante todo que se les diga cómo debe actuar, ante tales circunstancias, cada persona cuya alma está deseosa de llegar a mundos suprasensibles. Pero en comparación con la experiencia real de la vida suprasensible, en estas descripciones que puede decirse que proporcionan una pauta normal, una "línea de marcha" normal para un rápido ascenso a los mundos superiores, siempre parece entrar algo que, en cierto sentido, podría llamarse un elemento de lo dudoso.

La vida es un asunto complicado, y cada alma, sea cual sea la posición en la que se encuentre -toda persona que desee comenzar el ascenso a los mundos superiores debe hacerlo desde alguna posición particular en la vida-, cada alma está involucrada en un karma definido y comienza desde un punto definido. No hay dos almas en la misma situación. El camino de cada alma hacia los mundos suprasensibles es, por tanto, individual, y está determinado por la condición del alma en su punto de partida. Si se quiere mantener la verdad, no se puede decir que para ascender a los mundos superiores, para la iniciación, cada alma debe seguir normalmente tal o cual camino. De ahí la necesidad de algo más que instrucciones dadas en breves panfletos (un asunto mucho más fácil) diciendo que el alma debe hacer esto o aquello y dando lugar a la creencia de que es posible, siguiendo tales reglas, ascender a los mundos superiores en cualquier circunstancia y de la misma manera que cualquier otra alma.

Por eso esas cosas son dudosas. Fue por esa misma razón por la que aquí, en "Un camino hacia el autoconocimiento" he tratado de indicar algo individual que al mismo tiempo puede ser útil para todas las almas. Por la misma razón, surgió también la necesidad de mostrar cómo las vías de iniciación son múltiples y variadas. Sin querer dar ningún tipo de explicación sobre lo que se ha hecho, sólo quiero señalar las diferentes formas en que se muestran las necesidades en las tres figuras que aparecen ante nuestras almas como Johannes Thomasius, Capesius y Strader en mis dramas misterio El Portal de la Iniciación, La Probación del Alma y El Guardián del Umbral. Aquí se os muestran, por así decirlo, tres aspectos diferentes de las primeras etapas en el camino de la iniciación. No podéis decir de ninguna de ellas que sea mejor o peor que las otras; en cada caso debéis admitir que es el resultado del karma individual. Sólo se puede decir que un alma como Johannes o Capesius debe seguir necesariamente los caminos que hemos tratado de indicar, no teóricamente ni pedantemente, sino en las figuras reales y dramáticas.

Cada vez será más necesario alejar a la gente de la creencia de que unas pocas reglas serán suficientes en estos asuntos - cada vez más necesario precisamente en estas esferas espirituales indicar el camino desde lo académico hacia las figuras vivas. Dado que las conexiones de los mundos son tan múltiples, los caminos de los individuos deben ser también múltiples. Pero cuando se empieza a observar seriamente ciertas individualidades o seres de los mundos superiores y a verificar cómo afectan en el hombre, entonces especialmente debemos sentir la necesidad, en lugar de dar meras definiciones de ellos, de mostrar estas figuras vivamente y en su multiplicidad. En nuestra época es particularmente importante para los que se esfuerzan por el conocimiento espiritual, observar, en toda su naturaleza múltiple y variable, a figuras como Lucifer y Ahriman, que siempre encontraremos en el camino de la iniciación. Entonces será evidente cuán notables son las conexiones y los vínculos entre un mundo y otro.

Hoy en día hay muchos indicios de cómo se puede ir comprendiendo poco a poco esta interrelación de un mundo con otro. Quisiera partir desde lo obvio, aunque no se aprecie suficientemente que lo es. En nuestra época, en los círculos más amplios, existe un fuerte impulso por conocer el orden de la naturaleza, las leyes de la naturaleza, que actúan a través de todo, incluidos todos los seres vivos que se encuentran junto a nosotros en el mundo sensorial. Hay una tendencia a ignorar cualquier conocimiento procedente de otros mundos sobre el hombre y la existencia del mundo y a construir simplemente todo un concepto del mundo a partir del mundo único. Esto es lo que da el sello más o menos monista o materialista a nuestra concepción actual del mundo. Ahora bien, se puede decir que frente a este empeño, otros esfuerzos se han hecho sentir hoy en día como una especie de freno al conjunto. Dentro del mundo en el que vivimos, estos esfuerzos buscan aquellos fenómenos que se rigen por leyes diferentes a las del mundo natural y que, en toda su variedad, son sentidos por la mente materialista como inconsistentes con el orden de la naturaleza. Ciertamente, debemos prestar atención a todo lo que se hace de manera seria y científica en este campo. En esta confrontación contemporánea de la investigación puramente materialista con otra investigación, que, aunque poco advertida y utilizando los mismos métodos que la investigación ordinaria, busca otras conexiones en nuestra existencia sensorial que las que ofrece esta misma existencia - en todo esto podemos, en efecto, buscar mundos muy diferentes, con diferentes leyes del ser participando en esta otra investigación. En este sentido es muy deseable, sobre todo para los antropósofos, prestar atención a todo lo que se hace en esta dirección, ampliando los métodos de la ciencia a la interacción de los mundos suprasensibles en nuestra existencia física. Ya he señalado esto para los círculos más pequeños; hoy lo haré para este más grande.

En la primera parte de su libro "El Misterio del Hombre", un libro que me gustaría recomendarles especialmente, nuestro amigo Ludwig Deinhard ha emprendido la encomiable tarea de dar una lúcida clasificación y descripción de todo lo que en nuestra época puede ser investigado por medio de los métodos científicos reconocidos hoy en día sobre la interacción de un mundo suprasensible en el mundo que es accesible a todos nosotros. En efecto, estos métodos científicos se siguen aplicando con prejuicios. Esta lúcida clasificación ha sido una tarea digna. Puede ser una lección para cualquiera que esté interesado en ver cómo, simplemente tomando los hechos y siguiéndolos, podemos encontrar que lo suprasensible brota realmente de la vida de los sentidos. Así que este libro, El Misterio del Hombre, de Ludwig Deinhard, que ha aparecido recientemente, tiene una tarea importante, y aprovecho esta oportunidad para ponerlo en su conocimiento.

Esta interacción de otros mundos en el mundo sensorial, crea algo dentro de él que realmente se repite y aparece en todos los mundos. Esto hace, sin embargo, especialmente necesario que no nos formemos dogmas u opiniones pedantes, rígidas o unilaterales de que esto o aquello es así, que Lucifer es así, Ahrimán así; que hay que rehuir lo luciférico, lo ahrimánico, etc. Nuestras consideraciones de ayer siguieron este tema.

Supongamos que alguien que ha dado los primeros pasos en el camino de la iniciación, porque su vida anímica se ha vuelto clarividente por sus propios esfuerzos para abrir los ojos de su alma, se encuentra con la figura a la que llamamos Lucifer en los mundos suprasensibles. ¿Cómo describimos ayer a este ser? Se presenta ante el alma como un ser que se esfuerza siempre por convertir lo eterno, que por lo demás está en constante movimiento y cambio, en lo estable, temporal y momentáneo, para que como algo individual pueda regocijarse en su poder de hacerse individualmente grande. Si como alma te encuentras con Lucifer en los mundos suprasensibles, entonces aparece allí como el gran portador de la Luz que conduce, realmente conduce, a bajar a la existencia sensorial todos los tesoros que pertenecen al ser real en el mundo espiritual, y a la creación de su reflejo y revelación en el mundo sensorial. Si sigues a Lucifer en este esfuerzo suyo en los mundos suprasensibles, entonces estás trabajando para el cumplimiento de la tarea primordial del universo; es decir, para revelar lo no revelado, para comprometer al momento todo lo que es eterno y para hacer posible que todo lo que fluye hacia la eternidad ilimitada se mantenga sujeto en la grandeza interior del momento individual.

Ahora bien, en todas las almas humanas existe el deseo, como un eco de los mundos espirituales, de llevar a cabo este esfuerzo por manifestar lo no revelado, por fijar lo eterno en el momento fugaz. De ahí que cuando el hombre entra en los mundos suprasensibles, ya sea por la vía de la iniciación o por la muerte, realmente es Lucifer quien actúa como su portador de luz. Los peligros a los que se expone el hombre cuando se encuentra cara a cara con Lucifer en los mundos superiores sólo se presentan realmente cuando el hombre lleva consigo a estos mundos una medida demasiado grande de lo que en la existencia sensorial constituye su relación correcta con Lucifer. Lucifer sólo es peligroso para la vida del hombre en los mundos superiores si lleva consigo demasiado de la naturaleza y del ser esencial del hombre físico. ¿Cómo son entonces las cosas con Lucifer dentro de la vida real de los sentidos, donde siempre existe la interacción de los mundos suprasensibles? En el curso histórico del hombre durante la existencia sensorial y en su evolución tenemos que ver sobre todo con la interacción de los mundos superiores, que envían impulsos activos a la vida física para que una cosa tenga lugar tras otra, en la forma en que se desarrollan las cosas durante toda la existencia terrestre en la historia de la humanidad.

Los afanes egoístas de toda alma humana que consideramos humana y egoísta participan en la vida de los sentidos, y sabemos que el desarrollo de toda alma debe partir del egoísmo. Eso es natural. También sabemos que el hombre puede salir del egoísmo. En todo lo que las almas han podido hacer en la tierra a través del egoísmo, está implícito lo que podemos llamar la manifestación de lo eterno en lo fugaz. Las fuerzas luciféricas intervienen siempre en lo que está fijado en el alma individual y también en todo lo que el hombre individual puede hacer por todo el orden mundial y la existencia mediante el egoísmo y el poder de desarrollar en él la grandeza interior que brota de su ser interior. Pues, ¿Qué es la grandeza individual en el alma individual, sino la semilla de toda la grandeza en toda la evolución mundial del hombre? ¿Qué dio a Homero, Shakespeare, Dante, Goethe, su poder para afectar a la humanidad? Fue su condición de ego, y porque dentro de ellos había mundos enteros, mundos que surgían de su ser interior solamente, de su condición de ego. De esta manera indirecta, a través del yo, se introducen los impulsos de la vida espiritual, que son, de época en época, los mediadores de los más grandes hechos espirituales de la humanidad. En esto encontramos de nuevo a Lucifer. Él es el portador de la luz, el impulso y el poder detrás de toda la grandeza que irradia en la evolución humana desde las poderosas fuerzas de la eternidad que, en ciertos momentos, surgen del alma humana individual.

El alma del hombre está situada entre dos polos que no son más que la impresión y el reflejo de todos los mundos en los que el alma se encuentra realmente. En un polo, el alma humana se endurece en sí misma, se encierra en el capullo de su yo, y sólo desea lo que le sirve, lo que es para ella gratificante. En el otro polo, el alma humana extrae fuerzas de sus propias profundidades que son capaces de irradiar en toda la vida de la humanidad. ¿Cuándo sale a la luz este egoísmo del hombre? Esto sucede en el momento en que pensamos en lo necesario que es para cada hombre sacrificar lo que es suyo, lo que es lo más individual, lo que pertenece más profundamente a su egoidad. Pero en todo lo que el hombre puede hacer por sus semejantes a partir de su egoidad vive Lucifer, el otro polo de Lucifer; en todo lo que el hombre puede lograr así para la humanidad bajo la influencia del Portador de la Luz, se encuentra un reflejo de lo que Lucifer es realmente en los mundos superiores, un reflejo de su actividad creadora, que es la revelación de lo no revelado.

¿Podemos por tanto decir que Lucifer es malo, o podemos decir que Lucifer es bueno? Sólo se puede decir que si se sostiene que Lucifer es malo, y que hay que huir de él, entonces también hay que decir que hay que evitar el fuego, porque en determinadas circunstancias destruye la vida. En el camino de la iniciación encontramos que las palabras bien y mal no pueden ser utilizadas de esta manera para la descripción de cualquier ser del orden del mundo suprasensible. El fuego es bueno cuando actúa en condiciones buenas, malo cuando actúa en condiciones malas; en sí mismo no es ni lo uno ni lo otro. Lo mismo ocurre con Lucifer. Ejerce una influencia buena en el alma del hombre cuando se convierte en el instigador del sacrificio del hombre en el altar de la evolución humana, sacrificio de todo aquello que es más individual en su alma. Lucifer se convierte en un ser malo -más bien, lo que hace se convierte en malo- cuando despierta en el alma humana impulsos que sólo conducen a la autocomplacencia. Así pues, una vez que se ha llamado nuestra atención sobre estos seres, tenemos que seguir el efecto que sus actos tienen en el mundo. Los actos de los seres suprasensibles pueden calificarse de buenos o malos; los propios seres, ¡nunca!

Imaginemos que en algún lugar, en alguna u otra isla, hubiera una raza humana que sostuviera la opinión de que, en cualquier circunstancia, hay que protegerse de Lucifer y que hay que mantenerlo a la mayor distancia posible. Eso no probaría que los hombres de esta isla tuvieran mejor conocimiento de Lucifer que cualquier otro, sino simplemente, que estos hombres, en virtud de sus cualidades particulares, sólo eran capaces de convertir en maldad lo que Lucifer podía darles. Los puntos de vista sobre Lucifer mantenidos por la gente de esta isla serían sólo una característica de esa gente, no de Lucifer. No diré si esta isla existe o no. Podéis buscarla vosotros mismos en la evolución del mundo.

Debemos buscar los atributos de Lucifer en el ser Lucifer que encontramos en el mundo suprasensible. Hay que buscar la forma de su funcionamiento en cómo sus poderes adquieren cualidades diferentes cuando, por ejemplo, actúan en tal isla y sus efectos se manifiestan activamente en ella.

¿Y lo ahrimánico? ¿Qué es eso? Cuando nos encontramos con Ahrimán en el mundo suprasensible, descubrimos que sus atributos particulares son muy diferentes de los de Lucifer. Para entrar en relación con Lucifer en el mundo suprasensible, realmente sólo necesitamos purificarnos y limpiarnos de toda la escoria del egoísmo defectuoso y del egoísmo de la existencia sensorial. Para ello, Lucifer se convertirá en un buen guía en el mundo suprasensible actual, y no nos convertiremos fácilmente en su presa. Pero con Ahriman es diferente; la suya es otra tarea en la evolución del mundo. Mientras Lucifer revela todo lo que está oculto, la tarea de Ahrimán para el mundo de los sentidos puede describirse diciendo que donde está nuestro mundo de los sentidos, donde se hace visible, allí está Ahrimán, pero él lo impregna invisiblemente, supersensiblemente. ¿Cómo nos ayuda Ahriman? Nos ayuda considerablemente en el mundo físico; ayuda a cada alma. De hecho, ayuda a todas las almas a llevar a los mundos superiores todo lo que sea posible del mundo de los sentidos, de lo que se desarrolla sólo allí, porque el mundo de los sentidos existe con algún propósito y no es simplemente maya. Existe como escenario de los acontecimientos que los seres pueden experimentar, y lo que así se representa y experimenta debe ser llevado a los mundos suprasensibles. El poder de llevar a la eternidad lo que tiene valor en la existencia sensorial es el poder que pertenece a Ahriman. Devolver lo fugaz a la eternidad, eso está en el poder de Ahrimán.

Para el alma individual en relación con Ahriman, sin embargo, entra en consideración algo muy diferente. Lo que el hombre experimenta principalmente en la existencia sensorial tiene un valor infinito para él, y no creo que encuentre mucha oposición si digo que el entusiasmo y la inclinación a conservar cuidadosamente lo que experimentamos en la existencia sensorial, y a guardarlo en la medida de lo posible para la eternidad, es generalmente mucho mayor que la otra tendencia, a saber, la de bajar al mundo de los sentidos todo lo que podamos de los mundos espirituales ocultos. El hombre ama el mundo de los sentidos de forma natural y comprensible, y quiere llevarse a la existencia espiritual todo lo que pueda de él. Ciertas creencias religiosas, para reconfortar a sus adeptos, les dicen que pueden llevarse muy bien a la vida espiritual todo lo que hay en la existencia sensorial. Sin duda lo dicen porque inconscientemente se dan cuenta de cuánto ama el hombre lo que es suyo en la existencia física. Esto es lo que el poder de Ahriman se esfuerza por lograr, que todo lo que tenemos aquí pueda ser llevado con nosotros a los mundos espirituales. Esta inclinación y deseo de llevar lo físico a lo suprafísico es fuerte y contundente en el alma. No es nada fácil deshacerse de ella cuando, a través de la muerte o la iniciación, te elevas del mundo de los sentidos a los mundos superiores. Por lo tanto, todavía lo tienes en ti cuando te conviertes en un ser del mundo superior. Si te encuentras con Ahriman allí, es justo ahí donde se vuelve peligroso, porque te ayuda voluntariamente a llevar a estos mundos suprasensibles todo lo que has ganado y experimentado en la existencia sensorial.

Para aquellos que quieren conservar cada momento fugaz para la eternidad, no puede haber un compañero más querido que Ahriman. Muchos hombres, tan pronto como han traspasado la puerta del mundo suprasensible, encuentran en Ahrimán un compañero complaciente; siempre está tratando de hacer que lo que ocurre en la tierra desempeñe su papel en los mundos superiores y de reclamarlo allí para sí mismo y para los que trabajan con él. Pero ni siquiera eso es lo peor, porque no se entra en el mundo suprasensible sin haberse desprendido antes en cierto modo de la propia yoidad. Si entrarais allí con la fuerza impulsora ordinaria y normal, pronto os apoderarías de Ahrimán y lo sentirías como un compañero de lo más fácil. Pero no puedes entrar en ese estado. Al entrar en los mundos superiores, ya tienes la facultad de reconocerlo como partícipe de lo divino, ya que con una tragedia abrumadora impregna la evolución terrestre en la existencia sensorial y se esfuerza siempre por transformarla para que se convierta en una vida espiritual. ¡Esa es la profunda tragedia de Ahriman! Él quisiera cambiar en lo espiritual todo lo que ha aparecido en lo físico, y lucha en el orden mundial por la purificación y limpieza, en fuegos purificadores, de todo lo físico. En su sentido eso es bueno, pero sería malo en el sentido de los seres divinos, espirituales, si Ahriman, que es su oponente en el orden mundial, pudiera llevar a cabo todos sus objetivos.

Muchas cosas deben hacerse allí de manera diferente a como él las quiere hacer. Quisiera describir aquí lo que quiero decir con una comparación. Aplicando esta comparación a todo el orden mundial, podrás apreciar cómo Ahriman se esfuerza por sí mismo en lo que puede llamar el bien, y sin embargo cuán imposible es encajar este "bien" en todo el orden mundial.

Tomemos ahora cualquier animal que, para su desarrollo progresivo en la existencia sensorial, debe mudar de piel. De vez en cuando, debe dejar de lado su piel como una especie de imagen de sí mismo y progresar en la vida con una nueva forma. Algo tiene que desprenderse para dar al ser en cuestión nuevas posibilidades de vida. Ahriman querría salvarlo todo y querría impedir que todas las serpientes desprendieran su piel; querría que se agotara todo lo que, en la mente del orden mundial, debe ser desechado. También el hombre quisiera hacer eso en la existencia sensorial. Hay mucho que preferiría no dejar, sino llevar consigo, aunque en la mente del orden mundial superior esté destinado a lo temporal y al momento pasajero. Debido a que el impulso es tan fuerte en él, el hombre querría, si le fuera posible entre todas sus preguntas en el mundo sensorial sobre caminos desconocidos y demás, preguntar primero: "¿Dónde se puede encontrar a Ahriman? ¿Dónde puede Ahriman ayudar a uno a llevar a la eternidad lo sostenido en el momento fugaz?"

Esto es lo único bueno. El hombre no puede encontrar a Ahriman en el mundo de los sentidos porque aquí es invisible y espiritual. Es parte de las obligaciones del Guardián del Umbral que Ahriman permanezca lo más invisible posible en el mundo físico. Así, el hombre puede desplegar lo que está en sus propias fuerzas sólo para la preservación de lo fugaz en la eternidad, y no puede dejar que Ahriman lo ayude inconscientemente. También aquí, el bien y el mal intervienen en la vida física del hombre como dos polos. El hombre como alma pasa por una evolución humana en la que una tarea es buena, genuina y verdadera; es decir, sacar del mundo sensorial todo lo que tiene valor eterno y hacerlo parte del reino eterno. Este es el deber que se nos impone: tomar los preciosos tesoros de lo momentaneo y ofrecerlos en el altar de la eternidad. Cuando dejamos que Ahriman nos ayude con los verdaderos tesoros de la vida temporal, entonces es bueno. Pero cuando en el momento de entrar en el mundo suprasensible, llegamos a conocer a Ahrimán -hasta entonces no podemos verlo- y le mostramos la tendencia que queda en nosotros a llevar del mundo sensorial al mundo suprasensible lo que no tiene valor, entonces esto tiene mucho valor para él. Sin embargo, no tiene ningún valor para sus oponentes. Entonces puede encontrarnos como instrumentos útiles para llevar a la eternidad lo que se ama aquí en la existencia sensorial. Porque al ser amado, toma su lugar a través de él en la eternidad.

Por lo tanto, una vez más vemos cómo lo que emana de Ahrimán no puede, en sí mismo, ser llamado bueno o malo, sino que se convierte en bueno o malo según la forma en que los hombres se colocan hacia él y entran en relación con él. A través de esto podemos darnos cuenta de lo fácil que es que las descripciones sean superficiales al responder a preguntas que muestran tan poco pensamiento real como: "¿Cómo es Ahrimán?" o "¿Cómo es Lucifer?". En los mundos superiores, donde sólo son posibles las descripciones de estos seres, no existen realmente tales enunciados, ni tales preguntas. Así el hombre es arrastrado al laberinto de la vida. Tanto Lucifer como Ahriman están trabajando en este laberinto, y el hombre tiene que descubrir cómo adoptar la actitud correcta hacia ellos. Esta necesidad de buscar nuestra correcta relación con los seres de los mundos suprasensibles es justamente lo que nos da el poder para el autodesarrollo. La conexión con los mundos suprasensibles no se mantiene tanto por el esfuerzo de un conocimiento basado en el de los sentidos, como por la creación de una relación con los seres espirituales de la manera que acabamos de describir. Por esta razón, los hombres deben adentrarse en la oscuridad de la vida en la que actúan seres que pueden ser tanto buenos como malos, y que pueden convertirse en buenos o malos en los efectos de lo que hacen según la forma en que nos relacionemos con ellos. Eso es lo que constituye la oscuridad de la vida. Por lo tanto, la luz de la vida, la luz espiritual, sólo puede brillar en las tinieblas de la vida si adquirimos la relación correcta y llegamos a conocer las diversas potencias del mundo suprasensible que intervienen en nuestro mundo físico. También, al querer hablar de mundos suprasensibles, cambiamos nuestras ideas y conceptos. Quisiera presentar a vuestras almas con otro ejemplo lo diferente que debemos pensar si queremos encontrar la conexión entre el mundo sensorial y el mundo suprasensible de manera correcta.

Vivimos aquí en la existencia física de tal manera que sentimos cómo juega con nosotros y a nuestro alrededor lo que llamamos nuestro destino. En nuestro destino encontramos muchas cosas simpáticas y muchas adversas. Cualquiera que pueda formarse una verdadera idea de sí mismo sabe que el sentimiento y la experiencia con los demás, y la simpatía o antipatía con que nos encontramos con las venturas de la vida, se cuentan entre nuestras sensaciones más poderosas y están más profundamente arraigadas en nuestra alma. Ahora bien, sucede -no necesito repetir aquí por qué, ya que esto se les ha dicho con frecuencia en conferencias anteriores- que en nuestro yo superior, que, en el sentido de nuestras conferencias anteriores, lleva en sí sólo un recuerdo del yo ordinario, en este yo superior, nosotros mismos preparamos el destino mismo que luego puede atormentarnos y causarnos sufrimiento durante toda una vida. ¿No hay acaso algunos que niegan la idea de la reencarnación porque, habiendo vivido ésta, no tienen el deseo de construirse una nueva existencia? La razón es que trabajan bajo la ilusión de que en los mundos que el hombre habita después de la muerte todo sigue igual que en el mundo de los sentidos. Aquí, en el mundo sensorial, una cosa puede agradar y otra desagradar. Pero durante la vida entre la muerte y el nuevo nacimiento, nunca se nos ocurre que debamos sentir de esta manera. Allí sentimos de manera muy diferente, aunque aquí no lo sepamos. Cuando, después de la muerte, llegamos al mundo espiritual, nos damos cuenta, por ejemplo, de que "he vivido en la tierra una vida de los sentidos; he poseído una determinada facultad, pero esta facultad encontró en mí una expresión unilateral; es posible que incluso hiciera un mal uso de ella. Ahora debo formarme de nuevo en otra existencia y encarnación terrestre para que esta unilateralidad se equilibre y la imperfección se rectifique. En otras palabras, debo asumir en otra imperfección lo que antes he tenido en una forma imperfecta, para que trabajando en la dirección opuesta pueda equilibrar y armonizar el asunto."

Entonces comienza un tiempo entre la muerte y el nuevo nacimiento, que se prolonga hasta el nuevo nacimiento, durante el cual el hombre dice, por ejemplo: "Antes trabajaba y me hacía experto en pintura. Ahora naceré de manera que en mi nueva vida seré totalmente incapaz de pintar. Al no poder pintar, nunca podré albergar en mi alma un juicio llegado desde el punto de vista de un pintor, sino que sólo podré juzgar como quien simplemente ha visto algo. Así, adquiriré otras fuerzas que me servirán para armonizar y equilibrar lo que antes era mío". Así, podemos considerar una vida entre el nacimiento y la muerte como algo felizmente pasado y, sin embargo, decir: "Si dirigiera toda mi evolución de manera que sólo experimentara la vida así, nunca obtendría todo su sabor." De las fuerzas así desarrolladas, sigue el deseo: "Lo que una vez experimenté en la felicidad, ahora debo experimentarlo en el sufrimiento". Entonces se arregla todo de tal manera que, impulsado por este anhelo, se tiene que experimentar el sufrimiento en una determinada esfera y, al someterse a esto, se progresa más en la vida. Entonces se hace evidente el hecho de que en los mundos suprasensibles hemos anhelado el dolor y el sufrimiento, aunque en la existencia sensorial sentimos que son algo que hay que evitar.

He aquí la diferencia entre la vida en la existencia sensorial y la vida entre la muerte y el renacimiento en los mundos suprasensibles, que adquiere un significado real y práctico. En nuestra vida, entre la muerte y el nuevo nacimiento, actúan fuerzas muy diferentes de las que se encuentran entre el nacimiento y la muerte. ¿Qué hace entonces un hombre que juzga la vida en los mundos suprasensibles según sus simpatías y antipatías de la existencia sensorial? En realidad, trasplanta en perspectiva al mundo suprasensible lo que tenía en la existencia sensorial. Es como si dibujara o pintara una rosa, por ejemplo, en una hoja de vidrio. Entonces, si miras la hoja de vidrio no la verás. Miras a través del cristal, pero la pintura que tomas por realidad se proyecta en el espacio de la pared de atrás. Pero no es real en absoluto; eres tú quien lo ha trasplantado allí. Del mismo modo, un hombre, cuando quiere juzgar el mundo suprasensible por las simpatías y antipatías del mundo sensorial, puede proyectar en ese mundo algo como sombras que, sin embargo, pueden tener validez allí. Este algo tiene un cierto efecto y es en cierto modo auténtico. Aunque no se vea, se proyecta algo como una niebla sobre lo que está en ese mundo ante el observador.

Así, de nuevo y desde otro lado, se nos muestra a través del sentimiento lo que puede llamarse la oscuridad de la vida. Si preguntamos por qué vivimos en esta oscuridad entre el nacimiento y la muerte, puede decirse que es porque los juicios y valoraciones de la vida que son justificados y naturales en la vida entre el nacimiento y la muerte no deben tener ningún valor para la existencia que llevamos en los mundos suprasensibles entre la muerte y un nuevo nacimiento. En la existencia sensorial tenemos necesidad de una vida de alma que en la vida suprasensible ya no tiene validez. Por lo tanto, si queremos obtener un conocimiento completo del universo, debemos permitir que todas nuestras investigaciones y nuestro conocimiento del mundo suprasensible sean. penetrados por la luz de su espíritu. El mayor error que los hombres pueden cometer en su visión del mundo es el de imaginar que pueden extender a los mundos suprasensibles los conceptos e ideas obtenidos del mundo de los sentidos y sin tener la paciencia y la resistencia de esperar de la investigación real en lo suprasensible, descripciones de todo lo que, como luz espiritual de los mundos superiores, irradia en la oscuridad de la existencia sensorial. Aquí se nos plantea la pregunta: "¿Sólo los que tienen poder de visión en los mundos suprasensibles, los que han tenido el privilegio de la iniciación, son capaces de dejar que esta luz espiritual de los mundos suprasensibles actúe sobre ellos?" Esta creencia está ampliamente difundida en todo el mundo. A menudo se oye decir: "¿Cómo puede uno comprender algo de los mundos suprasensibles si nunca ha pasado por la iniciación?". Entonces oyes señalar que el único camino verdadero debe ser pasar por la iniciación, el único camino que conduce a los mundos suprasensibles.

Nuestro punto de partida de mañana será la conexión en esta esfera, cómo se relaciona la comprensión con la visión en los mundos suprasensibles, y cuánto consuelo y fuerza podemos tener en la vida mediante la contemplación de la luz espiritual en nuestra oscuridad. Esto nos conducirá unos pasos más allá en el problema que estamos considerando ahora.

Traducido por J.Luelmo junio2021