GA068d Karlsruhe, 6 de febrero de 1908 - El curso de la evolución humana desde la perspectiva de la Ciencia Espiritual

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LA NATURALEZA HUMANA A LA LUZ DE LA CIENCIA ESPIRITUAL 

Rudolf Steiner

El curso de la evolución humana desde la perspectiva de la Ciencia Espiritual

 Karlsruhe, 6 de febrero de 1908


Cuando se habla de teosofía o de cosmovisión teosófica, a menudo se piensa: «Ah, entonces estamos ante algo que nos lleva a ámbitos de pensamiento alejados del mundo, estamos ante algo que nos lleva a regiones nebulosas y fantásticas». En cualquier caso, muchas personas tienen la idea de que la teosofía o, como también podemos decir en el verdadero sentido de la palabra, la ciencia espiritual, que la teosofía o la ciencia espiritual no es para personas prácticas, para aquellas personas que están completamente inmersas en la vida, ¡que no es para ellas!

Ahora bien, mis estimados presentes, aquel que se adentra más profundamente en lo que la teosofía o la ciencia espiritual tienen que ofrecer y es capaz de ver la vida, nuestra existencia inmediata, también a la luz de esta ciencia espiritual, pronto podrá darse cuenta de que esta teosofía es algo que conduce a la práctica correcta y verdadera de la vida, que no es solo un conocimiento teórico, una simple especulación, sino algo que hace al ser humano capaz, apto para el trabajo en la vida, esperanzado, confiado, incluso sano, porque nos hace comprender y ver con claridad la vida cotidiana, si partimos de los puntos de vista correctos.

Esta vida cotidiana nos ofrece verdaderamente suficientes enigmas. Solo podemos resolverlos si somos capaces de comprender lo que hay detrás de las apariencias sensoriales, si somos capaces de elevarnos al mundo de los hechos suprasensoriales. Las pocas veces que se me ha permitido hablar aquí, en esta ciudad, ante ustedes sobre asuntos teosóficos, los oyentes de entonces ya se familiarizaron con lo que constituye la base de toda cosmovisión teosófica. Por lo tanto, aquí solo se hará una breve referencia al respecto.

Lo que se denomina cosmovisión teosófica se sustenta en dos pilares, en dos pilares del conocimiento. En primer lugar, muestra al ser humano que, por encima de nuestro mundo sensorial, de nuestro mundo físico, existe un mundo suprasensorial, un mundo suprafísico. En segundo lugar, que le permite al ser humano saber que él mismo puede penetrar, si así lo desea, en estos ámbitos suprasensibles, que él mismo puede sacar sus fuerzas, sus capacidades de su interior.

Sin embargo, esto enfrenta a la teosofía a prejuicios muy extendidos en la actualidad, pero, aunque no de la noche a la mañana, con el paso del tiempo estos prejuicios, que hoy en día afectan a amplios círculos de nuestra sociedad actual, irán desapareciendo.

Hoy en día, muchos dicen: hablar de mundos supranaturales, de un trasfondo espiritual de la existencia, no es propio de nuestra época ilustrada, de nuestra época de grandes logros científicos... En las culturas infantiles de la humanidad, donde aún reinaba la fantasía, era donde los seres humanos soñaban, —así se dice—, con hechos suprasensibles, con fenómenos suprasensibles más allá de nuestro mundo sensorial; pero ahora estamos en un período en el que la ciencia, con sus herramientas y sus métodos, nos aclara el mundo, —como se cree—, en su contexto natural y legal, y no parece necesario suponer nada más allá de lo que se ve y lo que la mente puede comprender, y muchos de nuestros contemporáneos se consideran muy ilustrados cuando niegan todo todo, lo que hay detrás de las apariencias.

Aquí tocamos la siguiente cuestión: ¿En qué sentido habla la teosofía de mundos suprasensibles? No en el sentido de que estos mundos suprasensibles del más allá se encuentren en algún lugar en una utopía, sino en un sentido totalmente natural, en un sentido completamente lógico, la teosofía habla de otros mundos superiores a los que son accesibles a nuestros sentidos, en el mismo sentido en que un filósofo alemán, Johann Gottlieb Fichte, cuando se encontraba en la cima de su pensamiento: en 1809, por ejemplo, ante su audiencia en Berlín. Entonces dijo: «Tengo algo que decirles sobre mundos que se encuentran más allá del mundo sensorial habitual y que, por lo tanto, no pueden percibirse con los sentidos físicos habituales». Por lo tanto, quien solo quiera reconocer un mundo que se da a los sentidos físicos, puede fácilmente considerar fantástico todo lo que se puede decir sobre los mundos suprasensibles. Pero, —no lo digo yo, sino Fichte en su momento—, imagínense que ustedes caminan por un mundo lleno de ciegos como únicos videntes y les hablan a esos ciegos del mundo de los colores, del mundo de la luz. Si quieren, ellos también pueden decir: todo lo que me cuentan sobre el color y la luz son meras fantasías, simples quimeras...

... y ahora podemos retomar la idea de Johann Gottlieb Fichte y decir: supongamos que traemos a nuestra sala a una persona ciega de nacimiento y que somos capaces de operarla aquí y devolverle la vista. Lo que antes le rodeaba, lo que todos ustedes pueden ver con sus ojos físicos, la luz y el color, para él no existía, para él el mundo era solo lo que le proporcionaban su sentido del tacto y los demás sentidos. Pero ahora, tras la operación, la luz, el color y el brillo emergen poco a poco de la desoladora oscuridad y las tinieblas; estaban a su alrededor, pero para él se han convertido en un mundo nuevo, ahora que tiene los órganos para percibirlo. 

No todas las personas con ceguera física pueden ser operadas, mientras que en todas las personas es posible despertar las capacidades y fuerzas latentes en ellas, —lo que Goethe denomina «ojos espirituales»—, que se les revele, que se revele por sí mismo con el comportamiento adecuado, y se den cuenta de un despertar de naturaleza superior, más brillante que aquel por el que el ciego de nacimiento se ve invadido de un nuevo mundo cuando se le opera.

¿Quién puede negar lógicamente que a nuestro alrededor hay mundos que los sentidos no pueden percibir? ¡Lógicamente, nadie puede hacerlo! Lógicamente, alguien solo puede hacer una afirmación sobre lo que ve y percibe, nunca sobre lo que no percibe. Pero siempre ha habido personas en el mundo, y también hoy en día hay personas, que han despertado estas capacidades y fuerzas que yacen dormidas en nuestro interior y que saben, por su propia experiencia, que a nuestro alrededor hay mundos espirituales, que conocen mundos que son efectivos y cuyas fuerzas actúan en nuestro mundo.

Y es de estos mundos de los que habla la ciencia espiritual, la teosofía; la llamamos ciencia secreta solo porque el ser humano debe antes despertar las fuerzas que yacen dormidas en su interior para poder acceder a ella y porque, hasta entonces, todo ello permanece oculto para él, pero cuando se convierte en ciudadano de estos mundos, cuando se le revelan las luces espirituales que nos rodean, entonces irrumpen en su vida seres que solo ahora puede reconocer y que le permiten alcanzar conocimientos que le hacen plenamente apto para el trabajo y le dotan de energía para trabajar. ... y así llega a conocimientos que lo hacen capaz de trabajar en todo sentido, lo hacen productivo.

Esto se nos revelará ahora, cuando desde el punto de vista de este conocimiento suprasensible no consideremos algo lejano, sino toda nuestra vida humana, lo más cotidiano que existe para nosotros. Entonces veremos cómo podemos aplicar esta ciencia espiritual.

Por mí, que venga alguien y diga: hay unos locos, unos cabezotas que se hacen llamar teósofos y dicen todo tipo de cosas confusas, que se lo guarden para ellos, ¡eso no le incumbe a una persona sensata! ¡Bien, que actúe en consecuencia!

Ahora bien, hay otro punto de vista que dice: Bueno, ya que las cosas no parecen tan descabelladas, probemos a vivir la vida y a trabajar en ella como si estas premisas fueran ciertas, y si se confirman en la vida, entonces podremos hablar de ellas. Este es un punto de vista muy sensato y precisamente el tema de hoy nos permitirá encontrar ese tipo de verificación, de prueba de la premisa teosófica básica, si intentamos introducir en la vida lo que se expone en la conferencia.

Sin embargo, primero debemos echar un breve vistazo a la esencia del ser humano en el sentido teosófico o esotérico.

Si consideramos al ser humano desde este punto de vista, lo que los sentidos pueden ver, lo que los ojos ven, lo que las manos pueden tocar... nos parece solo una parte, un miembro de la entidad humana completa... y a eso lo llamamos, en el sentido espiritual del ser humano, cuerpo físico.

El ser humano comparte este cuerpo físico con todos los seres aparentemente inanimados que lo rodean; las mismas sustancias y fuerzas que se encuentran en los minerales inanimados también las encontramos en el cuerpo físico humano, lo que pasa es que en este cuerpo físico humano, —y en general en el cuerpo de cualquier ser vivo—, estas sustancias y fuerzas que encontramos en el mundo mineral están tan intrincadamente entrelazadas, tan complicadamente entretejidas, que el cuerpo físico de un ser vivo, si se deja solo a las sustancias y fuerzas físicas, se desintegra.

Sea lo que sea lo que diga una sabiduría puramente materialista, —el teósofo sabe muy bien lo que puede decir—, sea lo que sea lo que ella diga: en el cuerpo físico de cada ser vivo está incrustado un principio, lógico para quien solo es capaz de contemplar estas cosas filosóficamente, perceptible para quien ha desarrollado las capacidades superiores, los ojos espirituales, —como dice Goethe—, que es el segundo eslabón del ser humano, al que denominamos cuerpo vital o cuerpo etérico. Para quien piensa de forma materialista, naturalmente, no es nada, lo cual es fácil de comprender.

Para los que ven más allá de las cosas, este cuerpo etérico o vital lucha en todo momento contra la descomposición del cuerpo físico. En todos ustedes, este cuerpo vital es un luchador que impide que las sustancias y fuerzas físicas sigan sus propias leyes. En el momento en que se produce la muerte, el cuerpo físico se separa del cuerpo etérico, entonces el cuerpo físico sigue sus propias sustancias y fuerzas, entonces es un cadáver, entonces se descompone. Así, en cada ser vivo tenemos este segundo miembro, el cuerpo etérico, que el ser humano comparte con todas las plantas y animales.

El tercer miembro es el llamado cuerpo astral... Este también es un hecho para el vidente espiritual. Pero se pueden formar ustedes una idea lógica de él si consideran lo siguiente: cuando miran a la persona que tienen delante, no solo tienen ante ustedes lo que pueden percibir con sus sentidos físicos como cuerpo físico, no solo lo que, como cuerpo etérico y vital, preserva constantemente este cuerpo físico de la descomposición... sino que en este espacio delante de ustedes hay algo más: hay algo en él que está mucho más cerca de muchas personas que el cuerpo físico y el cuerpo etérico. Muchas personas conocen los detalles del cuerpo físico... pero hay algo que está muy cerca, infinitamente cerca, incluso más cerca que el cuerpo físico, y es una suma de placer y sufrimiento, de alegría y dolor, de instintos, deseos y pasiones. Es esa suma de todas las sensaciones que fluctúan en el alma, lo que los seres humanos llamamos vida interior o vida interior humana. Y al portador de esa vida interior humana lo llamamos en la ciencia espiritual el cuerpo astral, que el ser humano ya no comparte con las plantas y los minerales, sino solo con el mundo animal. Mientras se mantenga la opinión de que este cuerpo astral, o, por decirlo de manera más coloquial, que los instintos, los deseos y las pasiones, los sentimientos y los instintos y las sensaciones que fluyen y refluyen, solo son provocados por el cuerpo físico...

Solo en ese momento se tiene derecho a hablar de ello... cuando no se ve lo original en el cuerpo físico ni en el etérico, sino precisamente en este cuerpo astral...

Hoy nos llevaría demasiado lejos mostrar de forma completa, —hoy tenemos otro objetivo—, que el cuerpo físico y el cuerpo etérico se relacionan con este cuerpo astral de la misma manera que, por ejemplo, el hielo se relaciona con el agua.

Si un niño viene y les muestra un trozo de hielo y ustedes le dicen: «Esto es agua en estado sólido», es posible que el niño no lo entienda de inmediato y tendrán que explicarle de alguna manera que el hielo es agua en otra forma.

Así como el niño quizá no sabe que el hielo es solo agua en otra forma, quien está acostumbrado a considerar estas cosas desde un punto de vista materialista aún no sabe que el cuerpo físico y el cuerpo etérico son, en esencia, digamos, densificados, cristalizados a partir de este portador espiritual de placer y dolor, alegría y sufrimiento, instintos, deseos, pasiones y sensaciones.

Todo lo que es físico se genera a partir de lo espiritual, digamos que se condensa, se cristaliza.

... Se pueden ustedes hacer una idea... si lo toman como un pequeño anticipo teórico de lo que la ciencia espiritual les irá mostrando poco a poco de forma exhaustiva. Tomemos dos fenómenos muy sencillos que el ser humano experimenta en su interior: el sentimiento de vergüenza o el sentimiento que surge cuando algo cercano a nosotros nos causa miedo y terror. El miedo y el terror lo hacen palidecer, su sangre adopta movimientos muy concretos, cambia en el cuerpo, pasa, por así decirlo, de la superficie exterior al centro. Lo contrario ocurre con el sentimiento de vergüenza...

Así tenemos un proceso físico externo bajo la influencia de excitaciones anímicas.

Esta es una pequeña muestra de cómo se pueden ver los efectos materiales a partir de lo espiritual. Imagínense esto intensificado hasta el proceso en el que se construye lo físico exterior a partir de lo espiritual... lo material en sí, lo físico, entonces tendrán aquello a lo que, aunque no en un instante, sino con un aprendizaje paciente... la ciencia espiritual podrá afianzar y guiar cada vez más.

Pero hay algo por lo que el ser humano sobresale por encima de todas las criaturas terrenales visibles que lo rodean. Llegamos a ello cuando estudiamos con detenimiento un hecho muy sencillo de la experiencia humana, que en la mayoría de los casos no se interpreta ni se tiene en cuenta correctamente; descubrirán de qué se trata si realizan conmigo una reflexión muy sencilla, aunque algo sutil.

Todo el mundo puede decir «mesa» para referirse a la mesa, «reloj» para referirse al reloj, todo el mundo puede pronunciar el nombre que se le da en el lenguaje a los objetos externos; solo hay un nombre, un pequeño nombre en el ámbito del idioma, que no todo el mundo puede pronunciar para referirse a lo que ese nombre designa.

Es el nombre que se esconde tras la palabra «yo». Solo uno puede pronunciar «yo» si ese yo significa lo que es.

Si el «yo» significa usted mismo, entonces nadie podrá decirle «yo» a usted. Para todos los demás, usted es un «tú», ¡y todos los demás son un «tú» para usted! Si la palabra «yo» significa usted mismo, entonces debe brotar desde lo más profundo del alma. Por eso todas las religiones y cosmovisiones... basadas en la ciencia espiritual... han llamado a esta pequeña palabra «yo» el nombre inefable de Dios... para que la fuerza interior que no puede acceder al alma a través de los sentidos y órganos externos pueda pronunciar ese nombre... eso se ha llamado la fuerza divina, la chispa de Dios que hay en nosotros. ...

Sí, muchos dicen que así convertís al ser humano en un dios. ...

Quien haga esta acusación puede recurrir a otro ejemplo]... He tomado una gota de agua del gran y vasto mar y ahora afirmo que esta gota es de la misma sustancia y esencia que el mar, pero no es todo el mar...

Del mismo modo, el teósofo no convierte al yo humano en un dios cuando afirma: este «yo» es una gota, una chispa de la sustancia divina. ... Este «yo» y la suma total de fuerzas y principios que permiten al ser humano expresar en sí mismo lo divino, este Dios, es lo que llamamos el cuarto miembro de la esencia humana, lo que convierte al ser humano en la corona de la creación terrenal. ... Esto lo distingue de todos los demás seres de la Tierra. ...

Así, el ser humano se presenta ante nosotros como un ser compuesto por cuatro miembros... Hoy no vamos a entrar en los miembros superiores de la naturaleza humana. ... Por hoy nos basta con esta clasificación. ... Si observamos estos miembros del ser humano y contemplamos al ser humano en su desarrollo desde el nacimiento hasta la muerte, la ciencia espiritual nos muestra que estos miembros individuales no se desarrollan de la misma manera ni en los mismos momentos. ...

Cuando tenemos ante nosotros al ser humano en cualquier edad de su vida, no lo tenemos ante nosotros de tal manera que estos cuatro miembros estén siempre ante nosotros de la misma manera. Solo comprendemos al ser humano si sabemos que en las diferentes edades de la vida, el desarrollo del ser humano transcurre de diferentes maneras... Al ser humano le precede una vida prenatal...

Ahora bien, la ciencia espiritual habla también de otros nacimientos del ser humano. ... Cuando el vidente espiritual observa al ser humano tal y como nace tras su nacimiento físico, ve cómo el cuerpo físico está sometido a los elementos físicos externos... pero el segundo miembro del ser humano aún no está sometido a las fuerzas externas que actúan sobre el cuerpo etérico.

Lo que hemos denominado cuerpo etérico sigue estando rodeado por una envoltura, aunque etérea... y hablamos de un segundo nacimiento, mediante el cual también se despoja de esta envoltura etérica. Cuando el ser humano nace físicamente, su cuerpo etérico todavía está rodeado por una madre etérica que lo protege, y lo protege hasta el cambio de dientes, hasta el momento en que el ser humano pierde los llamados dientes de leche y poco a poco obtiene sus propios dientes, alrededor del séptimo año, cuando el ser humano nace por segunda vez; se despoja de la envoltura etérica protectora, del mismo modo que en el nacimiento físico se despoja de la envoltura física materna. Enseguida conoceremos el pleno alcance de estos hechos espirituales.

Pero hay otro nacimiento más; este se produce porque, aunque el ser humano haya liberado su cuerpo etérico de las influencias externas al cambiar los dientes, sigue estando rodeado por su cuerpo astral, el tercer miembro de su ser, como por una envoltura protectora astral, hasta la madurez sexual.

Con esta madurez sexual, aproximadamente entre los 14 y los 15 años, se lleva a cabo lentamente este nuevo nacimiento espiritual, es decir, se desprende la envoltura astral materna y, con ello, el cuerpo astral del ser humano queda libre y puede exponerse directamente a las influencias astrales... que actúan a su alrededor.

Más tarde llega un momento en el que, de manera similar, nace lo que llamamos el «yo». ...

Solo se puede comprender el curso de la vida del ser humano y solo se puede educar razonablemente al ser humano si se conoce y se aplica todo esto en la mayor medida posible. ...

Veamos primero la vida ascendente. ...

Así llegamos a un campo importante de la actividad humana, el de la educación y la enseñanza. Consideremos esto y veamos cómo se nos presenta cuando observamos al ser humano en toda su naturaleza y esencia.

Sabemos que desde el momento de su nacimiento físico hasta que le cambian los dientes, el ser humano está rodeado den una envoltura etérica que luego se desprende. Si observamos esto, nos diremos: debemos mantener alejado todo lo que tenga un efecto directo sobre el cuerpo etérico o cuerpo vital hasta que se produzca este segundo nacimiento.

Porque para el vidente espiritual es tan absurdo permitir influencias directas sobre el cuerpo etérico antes del nacimiento del cuerpo etérico con su envoltura etérica materna, como lo sería para la conciencia ordinaria del ser humano permitir influencias directas sobre el cuerpo físico del niño antes del nacimiento físico.

Lo primero que ocurre es que su cuerpo físico, que antes estaba protegido por una capa protectora, queda expuesto a influencias físicas externas directas. El periodo comprendido entre el nacimiento y los siete años es especialmente importante, ya que debemos vigilar la influencia directa de los elementos físicos sobre el ser humano físico. ...

Esto, desarrollado en detalle, da lugar a muchas, muchas reglas que la ciencia espiritual puede proporcionarle para una pedagogía saludable. Se trata sobre todo de saber lo que ocurre en estos años de desarrollo hasta el cambio de dientes. La ciencia espiritual nos dice que hasta ese momento del cambio de dientes, las formas, las formas físicas del cuerpo físico, están determinadas. ...

Las formas solo siguen creciendo, pero la plasticidad de las formas, incluso la plasticidad más fina de la forma, las relaciones de fuerza en las que se desarrollarán, están determinadas hasta los siete años, y lo que se haya descuidado hasta entonces en el desarrollo del ser humano, ya no se podrá recuperar después, se habrá descuidado para toda la vida...

Porque a partir del séptimo año surge la posibilidad de influir en el cuerpo etérico. ... Entonces, el cuerpo físico se encuentra bajo la influencia del cuerpo etérico, que regula el crecimiento...

De ello se deduce que el entorno físico, la forma en que este entorno físico debe configurarse hasta el cambio de dientes, debe organizarse con el mayor cuidado. No solo las relaciones estructurales y formativas gruesas, sino también las más finas del cuerpo físico, se forman bajo la influencia de este entorno físico. ...

Una comparación aproximada: ...

Cuando se ejercita un músculo, es decir, se somete a la función a la que pertenece, se vuelve fuerte, potente y se expande... lo mismo ocurre preferentemente con todas las relaciones formales internas del cuerpo físico... Así ocurre con nuestras condiciones visuales, nuestras capacidades visuales...

Las fuerzas que hay en nuestro cuerpo físico son herramientas que sirven al alma para percibir el mundo físico...

Un ejemplo: no es indiferente, por ejemplo, qué colores hay en el entorno físico del ser humano entre el nacimiento y los siete años. Dependiendo de los colores que elijamos para el entorno del niño, las fuerzas internas de la creación se opondrán a este mundo de colores. Supongamos, por ejemplo, que tenemos un niño inquieto, un niño nervioso, y en otro caso un niño demasiado tranquilo, un niño «muerto», que está «muerto» en su comportamiento, en sus modales. ... Tanto uno como otro deben ser colocados en el entorno físico adecuado para que estas formas de temperamento puedan desarrollarse de manera adecuada. ... Quien solo vea el mundo con sus ojos físicos, probablemente pondrá a un niño inquieto en un entorno con los llamados colores tranquilizantes, como el azul o el verde, mientras que creerá que un niño tranquilo debe estar en un entorno con colores como el rojo o el amarillo...

Aquí se cometen innumerables errores. ... Porque lo correcto es justo lo contrario. Quien quiera proceder de la manera correcta debe, si es posible, colocar a un niño inquieto en un entorno rojo o rojo amarillento, y a un niño tranquilo en uno azul... o azul verdoso.

Si conoce la estructura interna de los órganos, lo comprenderá por pura lógica. Si mira fijamente una mancha roja en una superficie blanca y, después de hacerlo durante un tiempo, mira de repente a otro punto de la superficie blanca, verá el efecto contrario verde en la superficie blanca vacía...

¿Qué significa esto? Mientras usted mira el color rojo en el exterior, el interior del cuerpo tiende a desarrollar el color opuesto. Si mira el rojo, el cuerpo se adapta internamente para crear el verde, y eso es lo que importa en la formación interna de la estructura de los órganos. ...

Si ahora se tiene un niño inquieto y nervioso y se le proporciona un entorno rojo, se forma en su interior una fuerza contraria hacia el verde y el azul verdoso, que calma las fuerzas plásticas de los órganos internos...

Aquí las cosas son mucho más profundas de lo que suele mostrar una observación sensorial externa...

A veces me han dicho: «Pero eso es muy extraño, cuando trabajo con una lámpara que tiene una pantalla roja, me pone nervioso; ¿por qué entonces debería tener un efecto beneficioso en el niño?». Yo tampoco he afirmado que una luz roja tenga un efecto beneficioso en un hombre de 56 años; solo he dicho que estimula los órganos internos, la plasticidad de los órganos internos del niño, de una manera tranquilizadora. ...

Del mismo modo, surge algo extraordinariamente importante cuando consideramos los juguetes de los niños desde este punto de vista. Habrán observado a menudo que un niño con un sentido común sano rechaza las muñecas con caras pintadas y pelo natural, o al menos las deja a un lado rápidamente. Si observamos esta muñeca más de cerca, debemos admitir que, evidentemente, es horrible...

Sin embargo, si alguna vez le ha hecho a este niño una muñeca con una servilleta vieja, tendrá una experiencia completamente diferente. Durante un tiempo, el niño disfrutará de la llamada muñeca bonita. Pero pronto la tirará y volverá una y otra vez a la muñeca de servilleta que ha hecho él mismo. Se trata de un instinto muy acertado y saludable. ... Porque en el niño actúa continuamente una fuerza que da forma plástica a los órganos.

Cuando el niño tiene ante sí esta muñeca hecha por él mismo, ocurre lo siguiente: el niño debe esforzarse por convertirla en un ser humano mediante la imaginación interior, debe oponer fuerzas a la muñeca imperfecta para llegar a la imagen del ser humano. Esto le hace bien interiormente y forma los órganos internos de una manera más perfecta. Estas fuerzas plásticas internas no tienen nada que hacer si le presentas al niño una muñeca tan «bonita», estas fuerzas permanecen inactivas y lo que debería estar activo interiormente, la formación de las fuerzas de los órganos, no puede suceder. Así se forman en nuestro cuerpo físico las herramientas que deben ser fuerzas activas... cuando le damos al niño algo que hacer, a través de lo cual debe actuar a partir de su imaginación, debe imaginar algo que la cosa exterior no le da, sino que solo le estimula.

Y el ser humano no es consciente del daño que le causa al niño cuando no le da la oportunidad de poner en práctica esta fuerza interior de la manera adecuada. ...

Oh, quien profundiza en la naturaleza humana sabe algo más. Sabe que hay una gran diferencia entre entretener a un niño con figuras hechas con piedrecitas y entretenerlo con un juguete que da la impresión de estar vivo, de tener vida interior. ... Internamente ocurre algo completamente diferente ... y anima plásticamente el cuerpo ... cuando se le da al niño un juguete que crea la ilusión de estar vivo a través de la conexión con el movimiento del niño ... Ha habido antiguos libros ilustrados en los que se representaban escenas completas en imágenes en movimiento, acciones completas, que despertaban así la plasticidad interna. Eran maravillosamente adecuados para desarrollar plásticamente los órganos internos en el momento en que deben desarrollarse. Quien mira más profundamente, desea... cuando tiene que observar una y otra vez con el alma sangrando cómo, por materialismo instintivo, se echa a perder todo, absolutamente todo. ...

Quien sea capaz de contemplar nuestro tiempo con una mirada espiritual, podrá rastrear el pensamiento materialista y ver cómo se ha educado a los niños para que, en lugar de juguetes vivos, reciban juegos de construcción con los que construir cualquier cosa a partir de piezas individuales. Eso es lo que genera el espíritu materialista, mucho más que la literatura materialista... Las teorías materialistas son lo menos peligroso en relación con el materialismo, pero cuando el niño, en la época en que debe formar plásticamente sus formas, en lugar de observar la vida interior, se ocupa de ensamblar piezas individuales, llega a imaginar que el mundo se compone de montones de átomos individuales. ...

Así ven ustedes cómo actúa la ciencia espiritual en la práctica. Pero esto va más allá. ... Desde la ciencia espiritual pueden comprender la trayectoria vital del ser humano hasta en sus instintos alimenticios e influir en su configuración.

La ciencia espiritual puede llamar la atención sobre el hecho de que ciertos alimentos inhiben el desarrollo de algo que debe desarrollarse en el alma infantil...

En el alma infantil deben desarrollarse las herramientas para unos instintos y deseos saludables. No en vano tenemos ciertos deseos. ... Por eso están ahí, para que cuando el instinto se manifieste y se satisfaga, la vida se encamine por caminos saludables. ... Vean cómo los animales pastan y eligen exactamente los alimentos que les convienen, dejando de lado los demás... ¿En qué consiste el desarrollo hacia el ser humano? ... Le da al ser humano dones superiores, pero lo expone a la posibilidad de equivocarse, a la que el animal, con la seguridad de su instinto, no está expuesto. Lo importante es que el ser humano, con sus dones superiores, conserve sin embargo esta seguridad. Y podemos conservar en el niño esta seguridad del instinto sano si no lo atiborramos con un exceso de sustancias que matan ese instinto.

Muchos piensan hoy en día que sobrealimentar a los niños con comida rica en proteínas es la mejor forma de cuidar a los más pequeños. Pero eso no es cierto para nada. En el momento en que el niño recibe demasiadas proteínas, cuando se le sobrealimenta con proteínas, pierde sus instintos alimenticios seguros, mientras que otro niño a veces rechaza hasta el vaso de agua, lo que le es perjudicial, y desea lo que le sienta bien, lo que es saludable.

Esto es extremadamente importante. Es un ejemplo de la práctica de la vida que puede derivarse de la ciencia espiritual. ... Podríamos hacer mucho si solo prestáramos atención a los principios de la cuestión...

Podemos plantearnos la siguiente pregunta: ¿cuál es la ley que rige la vida humana hasta este cambio de dentición? ... Esto se describe con una palabra que, como un hechizo, nos envuelve en todo lo que está bajo la influencia de estos años. La imitación es el remedio mágico de la educación en estos años, en los que el cuerpo físico se ha vuelto accesible a la influencia directa del mundo exterior. El niño aspira a imitar lo que ve. Por lo tanto, la educación debe centrarse sobre todo en la imitación por parte del niño, sin exigir ni amonestar, ya que eso no es lo principal en estos años. Lo principal es que el niño pueda orientarse en estos años por lo que ve, que no ocurra nada que el niño no pueda imitar. ...

Sin embargo, hay muchos aspectos que hay que tener en cuenta. Imagínense a unos padres..., —siempre cuento casos que realmente han sucedido como ejemplos—, tienen un hijo que es muy educado, no hay nada que objetar, pero un día, de repente, el niño roba, como se suele decir, de la caja de dinero de sus padres. El niño es tan bueno que no ha utilizado ese dinero para sí mismo, sino que se lo ha regalado a otras personas que creía que lo necesitaban. ...

Ahora pueden imaginarse que los padres se habrían enfadado mucho si no supieran que, en esta etapa hasta el cambio de dientes, —y estas cosas no se suceden de forma abrupta—, todo está marcado por la imitación, el niño siempre ha visto que sus padres sacan dinero de allí... y lo que ve en sus padres es lo correcto para el niño; lo imita. Aplicar aquí conceptos morales como el robo o similares no tiene ningún sentido. El niño solo imita lo que los padres le enseñan. Por eso sabemos que, en relación con todo lo que queremos inculcar al niño, es necesario recurrir a una formación plástica desde dentro mediante la imitación.

Por lo tanto, durante esta primera etapa debemos basar todo en la imitación, es decir, los adultos que lo rodean no deben hacer ni decir nada que el niño no pueda hacer o decir exactamente de la misma manera. ... Esto es muy significativo. ...

Si hasta los siete años del desarrollo infantil la imitación es la palabra mágica para la educación, a partir de ese momento, cuando con el cambio de dientes el cuerpo etérico o vital queda libre para la influencia externa inmediata... la palabra, que hoy en día no tiene un significado especialmente positivo, pero que también se aplica en esta etapa del cambio de dientes, desde los siete hasta los 14, 15 16 años, la palabra «autoridad», «succesión». Lo que se entiende por estas palabras debe ser la pauta de la educación durante estos años. ...

Al igual que el niño debe imitar hasta que le cambian los dientes lo que ocurre a su alrededor... así, en la segunda etapa de la vida, además del otro, debe estar presente lo que se denomina una autoridad natural.

... En concreto, podemos decir lo siguiente El momento llega después de la madurez sexual, cuando el ser humano comprende con sus facultades intelectuales lo que es bueno o malo, inteligente o estúpido. 

Se comete una injusticia con los jóvenes cuando, antes de ese momento, se da importancia prematuramente a las ideas racionales y a la formación intelectual. En este periodo hasta la madurez sexual, es necesario que alguna personalidad esté al lado del niño y le enseñe a distinguir lo verdadero de lo falso, lo bueno de lo malo, lo bello de lo feo. A esta edad, estos conceptos no deben influir en el niño a través de juicios racionales, sino a través del poder de la personalidad. ... Y lo mejor para el niño es tener a su lado durante esos años a personas a las que pueda admirar como autoridades naturales, que realmente sean dignas de ser imitadas. El ser humano alcanza la madurez para juzgar cuando, durante esos años de su vida, ha estado bajo la influencia de una personalidad autoritaria a la que admiraba y seguía con reverencia. Es una fuerza beneficiosa que influye en el ser humano a lo largo de toda su vida. Oh, si los seres humanos pudieran saber lo que significa para toda la vida de una persona cuando le sucede algo así, como cuando oye hablar de una personalidad muy venerada en la familia a la que aún no ha visto. Una tímida reverencia se apodera ya de su alma, el corazón le late con fuerza hasta que puede ver a esa personalidad por primera vez. ... Son los sentimientos más hermosos y maravillosos de su alma para toda la vida, los momentos de celebración que encienden fuerzas tan importantes como pocas cosas en la vida de un ser humano hasta su muerte.

Todo lo que uno lleva dentro en el cuerpo etérico, en el cuerpo que alberga todo el crecimiento, pero también el temperamento, los hábitos y el carácter, se ve influido de manera decisiva durante este periodo comprendido entre el cambio de dientes y la madurez sexual.

Y es importante, por ejemplo, que este cuerpo etérico o vital sea al mismo tiempo el portador de la memoria. Por eso es fundamental que durante este periodo se preste especial atención al desarrollo de la memoria. En este sentido se ha producido una gran confusión. Precisamente en nuestra época, como consecuencia de las concepciones materialistas, muchos esfuerzos educativos tienden a hacer que el niño realice tareas intelectuales lo antes posible, de modo que calcule por sí mismo y cosas por el estilo. Esto parece muy progresista, pero sin embargo es extraordinariamente perjudicial para el desarrollo del ser humano en crecimiento. Primero hay que tener un tesoro de conocimientos memorísticos, de conocimientos adquiridos por la memoria, y solo entonces se puede juzgar. El momento de juzgar llega con la madurez sexual. Hasta entonces, es el momento del aprendizaje puramente memorístico. La memoria debe formarse en el tiempo que transcurre hasta entonces. No importa, —como se suele decir hoy en día—, que el niño sea ya capaz de juzgar, por ejemplo, lo que tiene que aprender en historia. Precisamente eso es lo que resulta tan perjudicial, querer suscitar el juicio en esta etapa. En esta etapa, los acontecimientos deben presentarse al alma de forma puramente objetiva, mediante imágenes amplias y con una autoridad natural. Estos acontecimientos deben vivir primero en el alma del niño, solo entonces habrá llegado el momento de juzgar.

Y lo que es muy importante en esta época es que, dado que el cuerpo etérico recibe ahora la influencia directa de las fuerzas que se expresan en la memoria y en otras capacidades y facultades espirituales, vamos a desarrollar especialmente estas fuerzas en esta época, las cualidades que están ancladas en el cuerpo etérico. Allí está anclado sobre todo lo que se denomina la facultad imaginativa del ser humano. ... Muchas personas de la actualidad miran el mundo con tanta falta de imaginación y sobriedad porque en esta época no se les ha mostrado el mundo a través de imágenes vivas. ... El ser humano debe conocer primero este mundo a través de imágenes. Si se quiere dar al ser humano una base sólida para las verdades superiores suprasensibles, hay que enseñarle las imágenes correspondientes a esta edad. Las verdades deben transmitirse al ser humano primero en imágenes, en símbolos, para que más tarde pueda comprenderlas realmente. Si en su vida posterior el ser humano quiere poder decirse a sí mismo: «El alma del ser humano es inmortal; cuando el ser humano atraviesa la puerta de la muerte, el alma se eleva a regiones superiores y solo el cuerpo permanece atrás y se descompone», esto se prepara de la manera adecuada a esta edad, cuando se le dice al niño, por ejemplo: Observa cómo la oruga se transforma en crisálida y cae en un estado de rigidez mortal, cómo luego la crisálida se rompe y, de la envoltura que se rompe, la mariposa se eleva hacia una existencia aireada y luminosa.

Sin embargo, eso no bastaría si los maestros quisieran utilizar estas imágenes hoy en día. Hoy en día ya no surten efecto, porque quienes las utilizan ya no creen en lo que pretenden expresar. Solo cuando la imagen es una realidad para ellos, entonces algo en ella surte efecto, algo que pasa de forma natural al alma del niño y actúa como una fuerza que más tarde despierta el conocimiento correcto. Para el científico espiritual, lo dado es una imagen de la inmortalidad en la realidad, en la verdad. Para él no es algo que elabora laboriosamente con la mente, sino que para él la vida recorre una serie de etapas... y en la etapa inferior, la eclosión de la mariposa de la crisálida es realmente lo que en la etapa superior es la salida del alma del cuerpo moribundo. Si es así para usted, entonces surge ese fluido natural que le permite, antes de inculcar en el niño los juicios racionales, provocar primero, en el soplo mágico de la imaginería, una comprensión emocional que solo más tarde permitirá una comprensión correcta por parte de la personalidad en su conjunto.

Aquí vemos la razón de algo que hoy en día se considera a menudo irracional. Sé a qué interpretaciones erróneas se está expuesto en este asunto, pero hay que decirlo, no desde un punto de vista reaccionario, sino desde el punto de vista de la verdad. ...

Muchos piensan hoy en día que nos hemos vuelto muy inteligentes y miran con recelo a nuestros antepasados, que les contaban todo tipo de cosas a los niños. ... Hoy en día ya no podemos contarles esas mentiras a los niños. Nuestros antepasados les enseñaban cosas que no eran ciertas, como la historia de la cigüeña, por ejemplo. Pero, de nuevo, sin ánimo reaccionario, hay que decir que la forma de actuar de los mayores era mucho más acertada que la educación moderna. Porque, si se analizan las cosas con detenimiento, no hay nada más infantil e ingenuo que decirle a un niño que para que un ser humano venga al mundo solo es necesario un proceso puramente físico. ... 

Y es muy diferente cuando primero tengo ante mí una imagen de un misterioso proceso natural... llevo esa imagen conmigo durante mucho tiempo y solo después me enfrento a la tarea de comprenderla intelectualmente. Entonces es cuando maduro y asimilo lo posterior de una manera completamente diferente.

Esto nos muestra una vez más cómo debemos conocer las fuerzas que se desarrollan en una determinada edad. ... Y así podemos indicar para cada edad de qué se trata en concreto. ... Así, alrededor de los 14 o 15 años, la pubertad es una etapa importante. Porque entonces el ser humano en crecimiento rechaza su envoltura astral materna y el cuerpo astral, al que se adhieren, por ejemplo, la capacidad de juicio y muchas otras cosas, queda expuesto a la influencia directa del mundo exterior. Por eso, solo en esta etapa el ser humano está maduro para ser sometido al juicio externo y para adquirir la capacidad de juzgar por sí mismo. Si adelantamos este juicio, llegamos a esas cosas que se imponen como enormes sombras en la vida actual... donde los seres humanos crecen sin tener en cuenta nada...

Solo cuando se alcanza la madurez sexual se debe formar el juicio independiente basándose en lo que se ha desarrollado en cuanto a imaginación, sentimientos nobles... bajo la influencia de la autoridad. ... De lo contrario, vemos que los más jóvenes, que aún no han nacido del todo, personas que aún deben aprender a madurar su juicio, ya actúan con juicio propio en una etapa en la que aún deben formarlo. ...

Pero también es el momento en el que el cuerpo astral sale al exterior con los instintos y los impulsos vitales que lleva en su interior. ... Estas fuerzas se manifiestan en forma de lo que denominamos «ideales juveniles», «esperanzas primaverales» o esperanzas para la vida. Una persona seca y sobria puede fácilmente pasar por alto lo que experimentó en su alma juvenil, como si se tratara de un entusiasmo pasajero. Puede que todo eso no se haga realidad, puede que sean esperanzas que nunca se materialicen en la vida, pero el hecho de que fueran esperanzas, ideales, en el momento en que el cuerpo astral sale poco a poco, es una suma de fuerza, y quien no la tiene, ¡carece de algo para toda la vida! No importa que las esperanzas se cumplan, que los ideales se realicen, sino que estén ahí. Porque son fuerzas en el alma y son fuerzas creadoras, dan a la vida interioridad, dan fuerza a la vida, aunque hayan sido esperanzas destruidas más tarde. Por eso debemos hacer todo lo posible para que estas esperanzas primaverales de la vida se formen en este tiempo, para que estén ahí. ...

Entonces llega poco a poco para el ser humano el momento en que nace su yo completo, que ahora se acerca de forma totalmente libre al entorno del mundo. ...

Y así como existe una vida ascendente, en la segunda mitad también existe una vida descendente. Solo algunas indicaciones al respecto: el nacimiento y el desarrollo gradual del yo concluyen en la vida normal alrededor de los 35 años. Entonces el ser humano se encuentra en la cima de su vida. Todo lo que estaba predispuesto en él desde el nacimiento se manifiesta en él hasta ese momento. Pero ahora comienza algo diferente; ahora comienza el tiempo en el que, al igual que antes se desarrollaron las cosas de la vida, al igual que antes se desarrollaron las predisposiciones, ahora comienza el tiempo en el que se procesan y se consumen poco a poco, a partir de los 35 años, cuando en la vida normal se consumen primero poco a poco las fuerzas del cuerpo astral. Vemos cómo todo lo astral vuelve a retroceder poco a poco. El ser humano se vuelve sobrio, adquiere más sentido de la realidad... se convierte en lo que, en nuestros tiempos, está de moda, en lo que se puede llamar un filisteo.

Mientras que hasta entonces el ser humano se ocupaba más de sí mismo, a partir de los 35 años comienza la etapa en la que adquiere valor para su entorno. Antes tenía que dedicar su tiempo a madurar su juicio, a establecer una relación firme y determinada entre su yo y el entorno, ahora lo que él es comienza a adquirir valor para sus semejantes. Ahora su juicio tiene peso, ahora se le empieza a escuchar, ahora irradia de forma valiosa lo que él mismo tiene que consumir. Ahora también muestra a un observador íntimo si el camino ascendente era el correcto, ahora se revela lo áridos y vacíos que son los juicios dispersos de aquel que no ha crecido bajo la influencia de los ideales en el periodo comprendido entre los 14 y los 21 años...

Lo que debe irradiarse, primero hay que haberlo adquirido de la manera correcta y en el momento adecuado...

Todo desarrollo científico secreto está sujeto a leyes estrictas... aquellos que se han convertido en maestros de esta ciencia espiritual cumplen estrictamente las reglas... y hoy en día, precisamente debido a nuestra cultura, las instancias competentes no dejan que nadie se lance al mundo antes de llegar a la mitad de la vida. ...

Los verdaderos maestros secretos no permiten que sus alumnos se presenten ante el mundo con lo que deben dar cuando aún no están preparados para ello. A cada uno se le desata la lengua solo cuando alcanza la madurez. Y si hay personalidades que se presentan antes de ese momento, pueden estar seguros de que lo hacen sin mandato, sin la autorización de las individualidades que están detrás de nuestro movimiento. Por lo general, nadie se lanza ante la gente antes de ese momento... Solo la locura de nuestro tiempo hace que... en estos ámbitos... la locura de que jóvenes que aún no se han completado a sí mismos se presenten también en este ámbito...

Y luego vemos cómo, a partir de los cuarenta años aproximadamente, con la vida descendente se alcanza una nueva época, aunque en ella no se observa tanta regularidad como en la ascendente. ...

Una vez que el cuerpo astral se ha consumido, llega el momento en que el ser humano comienza a consumir también su cuerpo etérico, que ha construido en el período comprendido entre el cambio de dientes y la madurez sexual. Este se consume de nuevo alrededor de los cincuenta años... Esto se puede observar en ciertos signos que aparecen a esta edad.

Traten de contemplar la vida en su verdad y verán cómo, en esta etapa, la memoria es precisamente lo que no puede recibir nuevos impactos, nuevas fuerzas. Por el contrario, precisamente lo que había dentro de este cuerpo etérico, lo que sale ahora, lo que este cuerpo etérico ha absorbido, aparece en el recuerdo más nítido y más fuerte en esta etapa de la vida. ... Observen la vida desde este punto de vista y verán una y otra vez cómo estas personas, en esta etapa de la vida, vuelven una y otra vez y tienen un buen recuerdo de lo que se les ha inculcado en aquellas etapas de la vida. Observen el bienestar que sienten las personas mayores en esta etapa, cuando pueden contar una y otra vez sus recuerdos de juventud... y presten atención a lo que pueden hacer por ellas facilitándoles que cuenten esas historias...

Y luego vean cómo, en la última etapa de la vida, el cuerpo físico se va consumiendo poco a poco... vean cómo los huesos se van calcificando cada vez más, cómo se vuelven más físicos. Los cartílagos se osifican... esta última etapa de la vida también consume el cuerpo físico...

Una vez que la vida ascendente se regule correctamente, se manifestará otra cosa que hoy en día es muy frecuente...

A partir de los 35 años, el ser humano irradia juicios que son decisivos y tienen valor para su entorno... Entonces llega a difundir juicios decisivos no solo para su entorno, sino que lo que irradia como autoridad también puede considerarse autoritario para su entorno...

Primero, los juicios se vuelven decisivos; luego, en la penúltima etapa de la vida, las emanaciones vitales mismas se vuelven decisivas y tienen valor para el entorno... y, por último... el ser humano adquiere tal juicio, tal plenitud interior, que lo que entonces emana de él tiene madurez no solo para su época, sino para todas las épocas.

Por eso, aquellos que ven más allá de las apariencias comprenden de una manera muy diferente... por qué ciertas personas hablan de esta época de una manera tan especial... En Dante, por ejemplo, se puede ver esto en las primeras líneas de su «Divina Comedia». Allí se ve cómo dice: «En la mitad de mi vida lo vi todo...».

Y así pueden observar a todas las grandes mentes... Y si se trata de una persona como Goethe... hay que tener en cuenta la diferencia entre lo que creó cuando estaba en pleno desarrollo y lo que creó después de la mitad de su vida. Lo que le convirtió en lo que es para la humanidad, lo creó después de la mitad de su vida...

Pero si observamos la segunda mitad de la vida, vemos que no se desarrolla nada externo para el ser humano temporal, para los miembros externos, el cuerpo físico, el cuerpo etérico y el cuerpo astral. Esto se consume. Pero en el momento en que comienza el desgaste de la envoltura exterior, comienza el enriquecimiento y la importancia. Lo que vive en estas envolturas, para las que lo exterior comienza el desarrollo descendente, allí las fuerzas del interior, las fuerzas del yo propiamente dicho, se vuelven cada vez más poderosas, de modo que en la segunda mitad de la vida también se desarrolla algo en el ser humano... En la segunda mitad de la vida se desarrolla lo eterno, lo permanente, lo inmortal del ser humano, y cuando llega la muerte, vemos cómo se desprende la envoltura exterior y cómo, aunque durante un tiempo haya podido parecer que la vida interior había retrocedido, vemos cómo lo que el ser humano tiene... cómo en la muerte, como nacimiento de lo espiritual, lo eterno, cómo en la muerte emerge lo que ha desarrollado de valioso en sí mismo, en su interioridad.

La muerte es muerte física, pero espiritualmente, para el mundo espiritual, es un nuevo nacimiento y... este se prepara en la segunda mitad de la vida. En este tiempo, en el que las envolturas externas mueren poco a poco, el ser humano da forma a lo que permanece, a lo que es eterno en él.


El gran poeta intuía que, cuando las envolturas externas mueren para los sentidos, en el interior se desarrolla la forma, la forma espiritual, que es lo permanente y eterno. Las grandes mentes siempre han dicho, de forma intuitiva, lo que una sabiduría que profundiza en los efectos espirituales debe confirmar en todos los detalles...

Lo que dijo Schiller no puede enfrentarse a ustedes como una fe ciega, sino como un conocimiento plenamente válido...

Hoy solo se han podido dar pequeñas y fugaces indicaciones... sobre el curso de la vida del ser humano... Si nos dejamos impregnar por completo de esta práctica de vida, que puede partir de la ciencia espiritual, entonces experimentaremos que la vida se configura de tal manera que, precisamente a través de ella, nos volvemos esperanzados, aptos para la vida y aptos para el trabajo, porque en cada momento comprendemos correctamente:

Solo el cuerpo pertenece a aquellos poderes
 que tejen el oscuro destino, 
pero, la forma, libre de cualquier fuerza del tiempo, 
la compañera de juegos de las naturalezas benditas, 
camina arriba, en los pasillos de la luz, 
divina entre los dioses.

Respuesta a la pregunta

Pregunta: ¿Cuáles son los ideales adecuados para los jóvenes?

Rudolf Steiner: En este sentido, debemos aprender a dar la máxima importancia al principio de libertad frente a las personas en formación. Es fácil creer que unos u otros ideales son los adecuados en un primer momento. Pero no debemos crear ideales estereotipados. El ser humano en desarrollo es un enigma que el educador debe resolver, y aprende tanto del ser humano que se desarrolla misteriosamente poco a poco desde su envoltura y deja que este le dicte los ideales que son correctos para él. Así aprendemos a respetar la individualidad que se desarrolla libremente, cuando sabemos que el espíritu se realiza...

La cuestión solo puede resolverse en cada caso concreto mediante la educación en la vida...

Sin embargo, también existen ciertos ideales básicos que son válidos prácticamente en todas partes... Sobre todo, hay un ideal hermoso: un ser humano lo más concreto posible, perfecto en sí mismo, al que podemos situar con razón en la historia. ... si tomamos como ejemplo a personajes de la historia mundial y dejamos que nuestras propias fuerzas se inspiren en los grandes personajes... pero cuando nos enfrentamos a la vida práctica, también podemos inspirarnos en estos ideales con la vida práctica... es importante mantener vivo el sentido de la transformación del mundo, mantener la idea de que el mundo puede cambiar. ...

Sobre el significado real de los ideales: Fichte, «Über die Bestimmung des Gelehrten» (Sobre la vocación del erudito).

Traducido por J.Luelmo dic, 2025

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