MUERTE E INMORTALIDAD
Rudolf Steiner
La esencia del alma humana y el significado de la muerte
Linz, 27 de enero de 1913
«Tagespost» de Linz, año 49, n.º 23, 29 de enero de 1913, p. 4, también en: Heinrich Teutschmann, «Rudolf Steiner in Linz», Linz 1981 (impresión privada)
(La esencia del alma). Ayer, en la sala de conferencias de la Cámara de Comercio, una personalidad muy conocida en los círculos teosóficos, el Dr. Rudolf Steiner, dio una conferencia sobre «La investigación espiritual y la esencia del alma humana». El conferenciante, un hombre de aspecto soñador, en el que sin embargo se nota que se ha convertido en un ferviente defensor de su causa gracias a un estudio tenaz y a la obstinada adhesión a las ideas que él considera correctas, se ocupó en primer lugar de los dos grandes enigmas de la vida humana: la cuestión del destino y la esencia del alma humana. Para llegar al fondo de estas dos cuestiones, y en particular de la segunda, no bastan el entendimiento teórico y nuestra razón común; sin embargo, existe un medio auxiliar para reconocer el alma. Este medio, esta fuerza, es la ciencia espiritual, que muestra al investigador que en nosotros hay capacidades que permanecen latentes en la vida cotidiana y que no están ligadas a la corporeidad exterior. A través de dos estados alternativos de la vida cotidiana se puede reconocer que el alma es separable de su organismo y puede llevar una existencia independiente; estos son los estados que denominamos «vigilia» y «sueño». Al igual que durante el sueño lo «espiritual-anímico» sale del cuerpo, mediante un entrenamiento intensivo, la concentración, la meditación y la condensación [= contemplación], el alma también puede separarse arbitrariamente del cuerpo, elevarse a la esfera puramente espiritual y así alcanzar el autoconocimiento. Partiendo de este punto de vista del dualismo, que se aferra a la existencia de sustancias materiales e inmateriales, el conferenciante desarrolló sus opiniones sobre la vida post mortem, defendiendo la idea de que con la muerte del cuerpo no cesa de existir el alma. Por el contrario, dado que la desaparición de lo más personal e individual, de lo más noble que posee el ser humano, contradiría la economía mundial, se produciría una reencarnación del alma, y ello, en general, en línea ascendente. Lo que ahora experimentamos no se presenta solo como algo heredado, sino como el efecto de lo que hemos sembrado en una vida anterior, por lo que debemos buscar las causas de nuestro destino en una vida terrenal anterior. «Nosotros mismos somos los culpables de haber nacido en la necesidad y la miseria, y nosotros mismos nos hemos ganado los dones que la suerte nos ha depositado en la cuna como regalo de padrino». Y si el núcleo espiritual actual ya no encaja con nuestra envoltura exterior, esto ya es una preparación para nuestra futura vida terrenal. El hecho de que el Dr. Steiner tuviera que oponerse repetidamente a la cosmovisión materialista en sus exposiciones queda claro a partir de este breve resumen de su conferencia. Sin embargo, el doctor Steiner está convencido de que el futuro pertenece a las ciencias espirituales. «El ser humano acabará percibiendo esta ciencia como un nuevo elixir de vida y, gracias a ella, escapará al espanto de la muerte». Tras la conferencia, se le formularon diversas preguntas, entre ellas una sobre cómo y cuándo tuvo su origen el mundo físico. A lo que él respondió que el origen fue un ser espiritual y que de él surgió lo físico, tras lo cual continuó el desarrollo; cuando el espíritu depositó materia por primera vez, comenzó la encarnación humana. El evento contó con una numerosa asistencia, en parte por interés genuino y en parte por mera curiosidad, despertada por la naturaleza etérea del conferenciante y sus seguidoras que habían acudido al evento. Fieles al principio de que cada uno debe buscar la felicidad a su manera, nos abstendremos de hacer más críticas sobre la conferencia. Sin embargo, no creemos que las explicaciones y justificaciones que el Dr. Steiner añadió a varias hipótesis fueran adecuadas para convencer a su auditorio de su veracidad; las opiniones infantiles que expresó, por ejemplo, sobre la transmigración de las almas que él mismo afirmaba y que también esgrimió contra el materialismo, probablemente fueron compartidas por muy pocos oyentes.