CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 28

GA069c Hamburg, 16 de noviembre de 1912 - Cristo en el siglo XX -

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CRISTO EN EL SIGLO XX

Rudolf Steiner

 Cristo en el siglo XX

Hamburg, 16 de noviembre de 1912


¡Estimados presentes!

El tema de esta noche, sin duda es uno de los que, en muchos aspectos, ocupa un lugar central en los intereses intelectuales de la actualidad. Por ello, fácilmente podría parecer que se ha elegido, teniendo en cuenta las diversas opiniones partidistas y corrientes de pensamiento, que hoy en día prevalecen en relación con este tema. Sin embargo, aquellos de entre el estimado público, ante el cual ya he tenido ocasión de hablar en varias ocasiones sobre temas relacionados con las ciencias espirituales, habrán podido percibir, por la actitud y el espíritu que impregnan estas reflexiones, que la cosmovisión expuesta en estas conferencias, no interviene directamente en los pros y los contras que surgen hoy en día precisamente en relación con tales cuestiones. No obstante, no deja de ser interesante escuchar también una reflexión sobre el tema «Cristo en el siglo XX» desde aquel punto de vista que se propone precisamente, desde la perspectiva de la ciencia espiritual objetiva, observar el curso del desarrollo espiritual de la humanidad y toda la vida cultural.

 Quizás se podría pensar que, desde el punto de vista de la ciencia espiritual objetiva, la propia expresión «Cristo en el siglo XX» ya es cuestionable, ya que el corazón y el alma humanos ya se imaginan, bajo el nombre de «Cristo», algo que precisamente no puede estar sujeto a las opiniones cambiantes de los siglos. Sin embargo, si dirigimos la mirada hacia el pasado del cristianismo, al recordar las diversas actividades espirituales de la humanidad podremos convencernos de que, a lo largo de los siglos, se ha producido efectivamente un cambio notable en las concepciones sobre Cristo. Y si en nuestra época podemos hablar, en cierto sentido, de una especie de revisión de todas las cuestiones espirituales, lo que está relacionado con las tareas del presente, en lo que respecta a los asuntos espirituales, tendrá que arrojar también su luz sobre la cuestión de Cristo. Y si no es en otro lugar, son sobre todo los debates actuales, —en parte bastante animados—, los que muestran que en los corazones de la humanidad de hoy, existe el deseo de abordar este problema, que no solo ocupa el centro de la actualidad espiritual, sino también de la historia de la evolución de la humanidad en su conjunto.

Cuando hoy en día se habla de evolución en todos los ámbitos del conocimiento, también hay que situar  bajo esa luz de la evolución, todo aquello que existe en forma de ideas, sensaciones y sentimientos relacionados con el problema de Cristo. La ciencia espiritual pretende ser una investigación de todo aquello que se encuentra más allá de la existencia sensorial, más allá de lo que puede comprenderse con el intelecto ligado al cerebro. Ya he insinuado en varias ocasiones, cuáles son, en este ámbito, las fuentes y cuál es el método de investigación. En la ciencia espiritual no se investiga ni se contempla el mundo como se hace en la ciencia exterior ni como se hace en la vida exterior. Esta noche apenas puedo esbozar estas cuestiones. Los detalles se pueden encontrar en mi libro «¿Cómo se alcanzan los conocimientos de los mundos superiores?». La ciencia espiritual parte de la base de que el ser humano es capaz de despertar ciertas facultades cognitivas que yacen latentes en su alma. Allí se ndican los métodos mediante los cuales se pueden despertar estas facultades. El alma que se aplica a sí misma estos métodos, llega a desarrollar, de hecho, una vida interior independiente de los sentidos y de todas las funciones corporales, así como del intelecto ligado al cerebro. Es posible llevar una vida interior a través de la cual poder asomarse a un mundo espiritual y observar lo que es suprasensible y lo que se esconde tras los acontecimientos que han tenido lugar a lo largo de la evolución de la humanidad. ¿Cómo se puede observar sin órganos físicos? Esa es la pregunta metodológica de la ciencia espiritual. Los resultados de este método son, pues, lo que se transmite como ciencia espiritual.

Esta ciencia espiritual se dirige al público de la misma manera que lo hacen las demás ciencias, que investigan los fenómenos del mundo mediante experimentos en laboratorios y observatorios y los observan con aparatos, y luego los contemporáneos examinan las cosas con el sentido común. También la ciencia espiritual recurre al experimento, —en este caso experimento espiritual—, y al aparato, —en este caso el componente anímico—. Todo cuanto el alma es capaz de hacer por sí misma, cuando se ha desprendido de la corporeidad exterior y lleva una vida interior en sí misma, aquello que entonces puede explorar en el ser espiritual, se comunica de la misma manera que se comunican los resultados de la astronomía y de la investigación biológica. El sentido común podrá juzgar sobre ello, siempre que esté dispuesto a abrirse a ello, aunque en nuestra época aún no sienta mucha inclinación a ello. Es evidente que en una sola conferencia no se pueden mostrar todos los caminos que conducen al Cristo, al alma liberada del cuerpo de esta manera, ni se pueden aportar ahora todas las pruebas de este camino. Mi única tarea esta noche será esbozar el punto de vista de la investigación espiritual sobre esta entidad de Cristo y evocar una idea de cómo poder integrar esta concepción científico-espiritual del tema de Cristo, en lo que el resto de nuestra cultura espiritual tiene que decir sobre Cristo.

Antes de que esto sea posible, debemos echar un vistazo a la evolución de la cuestión de Cristo a lo largo de los siglos, desde los orígenes del cristianismo. No se trata en absoluto de analizar todo lo que los hombres han planteado en materia de disputas teológicas y otras controversias religiosas, sino únicamente de señalar las líneas generales y las corrientes principales.

Un investigador muy liberal de la actualidad, William Benjamin Smith, ha señalado un hecho muy curioso que puede servir para rectificar algunos juicios actuales sobre la época en la que se fundó el cristianismo. Así pues, no se pueden comprender las concepciones sobre Cristo que se fueron difundiendo gradualmente en los primeros siglos, si no se echa un vistazo a lo que en aquellos tiempos se denominaba «cristianismo gnóstico». La ciencia espiritual no es una gnosis reciclada, sino que debemos ocuparnos de la gnosis porque queremos orientarnos respecto a las concepciones que el pasado ha generado sobre Cristo. Cabe destacar, en particular, el siguiente hecho señalado por Smith. Él dice: «Desde unos cincuenta años antes de la fundación del cristianismo hasta ciento cincuenta años después de la misma —¡y esto no lo dice un investigador de las ciencias espirituales ni un teólogo ortodoxo, sino un investigador liberal! —vivieron los mayores genios teosóficos, aquellas personas que más se esforzaron por desentrañar, mediante su sabiduría y su ciencia, lo que Cristo es realmente en el contexto evolutivo de toda la humanidad.

La época actual no se muestra muy dispuesta a escuchar algo así; solo le gusta oír que la entidad de Cristo es un ser al que incluso la mente más sencilla puede llegar a comprender plenamente. Entonces, ¿Para qué recurrir a una sabiduría y un conocimiento exhaustivos para acercarse a Cristo, si se supone que debe ser accesible incluso para la mente más sencilla? No se puede decir que quien plantea tal objeción esté equivocado en todas las circunstancias; la grandeza del impulso de Cristo radica precisamente en que es accesible incluso para la mente más sencilla. Pero tal objeción debe considerarse también desde otra perspectiva. Se puede afirmar sin duda: «El niño, aún totalmente inexperto, puede alegrarse con la flor y comprenderla con su alma», pero también se puede añadir: «El sabio admitirá que su sabiduría más elevada no basta para comprender realmente esa flor». - Así también, se necesita la sabiduría más elevada para penetrar verdaderamente en la esencia de Cristo. Los gnósticos teosóficos, dice Smith, eran esos genios que, a principios del cristianismo, movidos por el valor audaz de su alma, intentaron comprender verdaderamente la esencia de Cristo. Lo que hoy en día sigue siendo útil para el alma verdaderamente imparcial de esta gnosis, que se presente por una vez ante nuestra alma.

Para la gnosis, el impulso crístico fue sin duda un impulso que se inserta como necesario en toda la evolución de la humanidad terrestre y del planeta. Fueron sobre todo Basílides, Marción y Valentín quienes defendieron esta idea central de la evolución propia de la gnosis. Es cierto que lo que hoy se denomina «teoría monista de la evolución», quizá rechace con vehemencia la teoría del desarrollo espiritual de la gnosis, pero esta supuesta teoría monista del desarrollo se diferencia de la gnóstica en que, al mirar hacia estados anteriores, solo quiere admitir lo material, mientras que la doctrina gnóstica de la evolución se remonta a aquellos tiempos en los que solo existía lo espiritual como origen del ser, a raiz del cual se desarrolló no solo lo humano-anímico, sino también lo material, como dependiente de lo espiritual.

Ya he señalado en varias ocasiones la contradicción puramente lógica de la teoría materialista de la evolución. Esta sostiene que retrocediendo cada vez más en la secuencia temporal, llegamos a épocas en las que reinaban condiciones humanas primitivas, suponemos entonces que los seres humanos se desarrollaron a partir de los animales y, finalmente, llegamos a épocas en las que solo existía la vida animal en la Tierra. Y retrocediendo aún más, se llega hasta una época en la que la vida ni siquiera existía en la Tierra. Podemos decir que esta teoría materialista se remonta a estados hipotéticos en los que la Tierra, dentro del sistema solar, formaba parte de la nebulosa cósmica de la que, según esta teoría, se habría desarrollado el Sol con sus planetas. El error lógico que subyace en toda esta doctrina materialista se puede apreciar mediante una comparación que se suele hacer con frecuencia cuando se quiere explicar esta doctrina a los alumnos. Esto se ilustra tomando una gota de aceite que flota sobre el agua. A continuación, se recorta un trocito de papel, se clava en un alfiler, se introduce en la gota de aceite y se gira. Al separarse entonces gotitas más pequeñas, se puede mostrar al alumno la formación de un sistema planetario en miniatura. Se dice que lo mismo ocurrió ahí fuera con la gran nebulosa cósmica. En ello se encuentra el esquema básico de la teoría monista de la evolución. Sin embargo,  aquí se comete un gran error; el profesor se ha olvidado de algo. Se ha olvidado de que el conjunto solo gira cuando él mismo lo hace girar. Por eso, la comparación solo es válida si se supone la existencia de un gran profesor en el espacio cósmico que hace girar el conjunto. Por supuesto, no es necesario suponerlo si se adopta el punto de vista del monismo.

Las ciencias del espíritu, sin embargo, parten de que, si retrocedemos en la evolución temporal de época en época, no llegamos a lo material, sino a que el origen de la Tierra y también de un sistema planetario se deben a la acción de ciertas entidades espirituales. El espíritu es el origen del ser; esto era precisamente también un pensamiento fundamental gnóstico. Y este espíritu, que es el origen de todo ser, se puede reconocer hoy en día cuando el alma está liberada del cuerpo. Si uno quiere negar el espíritu detrás de todo ser, tal negación se podría comparar con lo que alguien podría decir al mirar un recipiente con agua, donde flotan trozos de hielo, y luego quisiera decir: esto es solo hielo. - De la misma manera, quien sólo dirige su mirada hacia el ser material, solo puede ver materia y no el espíritu. Pero la existencia material está arraigada en el espíritu; se ha desarrollado de forma natural a partir del espíritu; es una condensación de lo espiritual, y todos los seres materiales han surgido del espíritu. Quien solo quiera reconocer la materia, pasa por alto lo espiritual únicamente porque no ha abierto los ojos espirituales, como dice Goethe. En los tiempos primigenios, —según la concepción de los gnósticos—, aún no existía nada material. Esto se ha desarrollado a partir de lo espiritual mediante la condensación; es consecuencia de lo espiritual, es la condensación de lo espiritual: todos los seres materiales, desde las piedras hasta los seres humanos, son productos de lo espiritual.

Se puede seguir cómo a partir de lo espiritual, poco a poco surgieron, lo planetario y los reinos de la naturaleza, y cómo, en un momento determinado de la evolución de la Tierra, el ser humano también entró en ella procedente del espíritu. Esta era la idea de los gnósticos, que la verdadera ciencia espiritual aún hoy considera correcta: los gnósticos, que con audaz sabiduría humana intentaron desentrañar el ser de Cristo. Suponían que, en un momento determinado de la evolución de la Tierra, el ser humano surgió de tal manera que, si bien una cierta suma de lo que en el mundo espiritual estaba predeterminado para el ser humano, —una cierta suma de lo humano-espiritual que existía en el mundo espiritual y estaba destinada al ser humano físico—, hubiera encontrado cabida en el ser humano terrestre, de modo que, a partir de un momento determinado de la evolución de la Tierra, este estuviera dotado de ese elemento anímico-espiritual que se hizo humano. Pero también partían de la base de que, al destinarse hacia la evolución de la humanidad, parte de ese elemento espiritual-humano se había quedado preservado en el mundo espiritual, de modo que en las generaciones de la Tierra, solo perduró una parte de la totalidad del ser humano. Así, los seres humanos se desarrollaron aquí abajo, en la Tierra, pero no poseían la totalidad del elemento anímico-espiritual; sino que más bien, una parte se había quedado preservado en el mundo espiritual donde continuó desarrollándose, por encima del ser humano.

Así pues, si consideramos la evolución de la Tierra desde el punto de vista de la gnosis, podemos decir lo siguiente: desde el momento en que el ser humano apareció en la Tierra, se ha producido una doble corriente evolutiva. En primer lugar, las almas de los seres humanos se desarrollan en la Tierra de generación en generación, pero no se desarrolla plenamente lo [espiritual] que la humanidad debería haber recibido del mundo espiritual. Y una segunda corriente evolutiva se extiende más allá de la existencia material, se extiende por el cosmos, por el reino espiritual. Entonces, según la visión gnóstica, se produjo en la evolución de la humanidad algo que [no antes, sino] solo podía producirse en un momento posterior.

¿Por qué tuvo que seguir evolucionando la humanidad durante un tiempo sin su miembro espiritual más elevado? Esto tuvo que suceder porque los seres humanos debían completar, dentro de lo material, una especie de descenso en su evolución, debían integrarse plenamente en lo material; tenían que tomar conciencia de sí mismos en lo material, para que, cuando ese aspecto espiritual que se había quedado atrás se les acercara en un momento posterior, pudieran percibirlo y acogerlo con mayor libertad e independencia. El ser humano tuvo que enredarse en lo material para que, al distinguir lo espiritual de lo material, pudiera sentir ese aspecto espiritual en su significado más puro cuando descendiera.

¿Cuándo descendió, pues, lo espiritual? A esto, la gnosis respondía: El descenso de lo espiritual, aquello que había seguido desarrollándose en el cosmos, se insinúa a través de lo que en los Evangelios se indica simbólicamente como el bautismo de Juan en el Jordán. - Si queremos comprender esto, podemos decir lo siguiente: todo el mundo sabe que el ser humano no solo se desarrolla de forma sucesiva, sino que, para muchas almas, hay momentos en su existencia en los que sienten como si algo completamente nuevo hubiera entrado en ellas, como si algo se hubiera despertado en su interior. En el caso del desarrollo de Goethe, por ejemplo, es fácil señalar cuándo hay que establecer un punto de inflexión en los años noventa, cuando algo completamente nuevo entró en el alma de Goethe. Hay muchas almas que saben que no solo avanzan poco a poco, sino que el alma experimenta momentos de cambio y desarrollo trascendentales, en los que siente como si un mundo fluyera hacia su interior, en los que asimila algo completamente nuevo.

Esto, para las almas individuales, es a pequeña escala, lo que la Gnosis vio a gran escala en el acontecimiento del bautismo de Juan en el Jordán. Allí, lo espiritual se acercó a la personalidad humana de Jesús de Nazaret. Hasta ese momento, el desarrollo de Jesús había transcurrido de tal manera que estaba preparado para experimentar, a través de ese bautismo de Juan, el cambio más grande que se pueda imaginar. Entonces, no solo se produjo un gran cambio en esa alma, sino que entró en ella aquello que, en el origen de la evolución de la humanidad, se había quedado atrás en las regiones espirituales y cósmicas; aquello que se había separado y se había desarrollado por sí mismo en las regiones de lo suprasensible, entró en el alma de Jesús de Nazaret. Esto se apoderó de él y desde entonces, durante tres años, permaneció en su alma hasta el Misterio del Gólgota.

Quien quiera aplicar a tales cosas la secuencia habitual de causa y efecto de la historia, no lo podrá comprender, pero quien considere un poco los factores indicados en mi libro «El cristianismo como hecho místico», encontrará que dentro del devenir histórico hay factores que son de naturaleza suprasensible, y que no se puede rechazar lo que la Gnosis asume como algo exageradamente místico.

¿Qué decía entonces la gnosis? Asumía que existen dos corrientes de desarrollo que llevan al ser humano hasta el punto en que la primera lo atrapa con lo material; sobre esta corriente material se encuentra una corriente espiritual-sobrenatural. La segunda llega al momento del bautismo en el Jordán a la persona de Jesús de Nazaret, de modo que la humanidad es fecundada por este evento con aquellos aspectos de lo comúnmente humano-cósmico, que al comienzo de la evolución de la Tierra, aún no había podido recibir. Se trata de una fecundación espiritual: la fecundación de la humanidad con ese impulso que tuvo que ser preservado para desarrollarse más, hasta que la humanidad estuviera lo suficientemente madura materialmente para poderlo recibir. Así como no hay contradicción en que cualquier semilla en la naturaleza primero se desarrolle y luego sea fecundado para alcanzar su pleno desarrollo, igualmente no hay contradicción en que la humanidad primero se desarrolle materialmente y luego en un momento determinado pueda ser fecundada por el espíritu.

Esta es una [de las ideas], concretamente la idea principal del pensamiento gnóstico. Hoy en día, todo el mundo cree que puede pasar por alto a los gnósticos y seguir con la rutina diaria, desestimándolos como fantasiosos y místicos apasionados, aunque los teólogos, por ejemplo Harnack en su «Historia de los Dogmas», dicen que hay que volverse atrás, porque en la Gnosis se encuentra de hecho el punto de partida real para todas las consideraciones religiosas y teológicas posteriores; y Smith ha admitido que precisamente estos gnósticos fueron los más grandes genios teosóficos. Y si queremos caracterizar cuál es el carácter básico, la postura personal de un gnóstico frente al tema de Cristo, encontramos que los gnósticos tuvieron el audaz valor de decir: El alma humana, a través de sus propios esfuerzos, es capaz de desarrollar verdaderamente esas facultades de conocimiento formando lo que duerme en ella, de tal manera que pueda abarcar los impulsos de desarrollo espiritual de la humanidad. - Si queremos decirlo de manera más simple, podemos decir: Estos gnósticos se atrevieron a obtener, desde sus almas, conocimientos sobre el curso suprasensible de la evolución de la humanidad. Una idea de Cristo como la que tenían estos gnósticos nos aparece, por lo tanto, al inicio de la era cristiana. Si luego seguimos observando el desarrollo de la cuestión de Cristo dentro de la evolución de la humanidad, entonces entendemos el curso necesario que se puede reconocer hasta el siglo XX en relación con el tema de Cristo.

Podemos dar un pequeño salto desde los gnósticos hasta la Edad Media. ¿Se aplica allí todavía el mismo hecho? Para unos pocos, sí, pero no de manera que en la vida intelectual general existiera una confianza tan audaz, [una fe así] en las capacidades de conocimiento para lo suprasensible. La visión medieval dice: En lo que se refiere a la presencia de Cristo, aquello que en general hace referencia a lo suprasensible, eso ha sido revelado al hombre en las Escrituras. Esta revelación de las Escrituras se acepta tal cual. Lo esencial de la perspectiva medieval es que dice: El ser humano, con sus propias capacidades de conocimiento, solo puede llegar hasta cierto límite; pero después, todo conocimiento humano debe detenerse y esperar lo que aporten la tradición y la revelación, para complementar lo que el hombre puede investigar por sí mismo. El hombre solo puede conocer con sus capacidades de conocimiento la naturaleza y lo que emerge de ella, pero respecto a la profundidad de lo suprasensible, debe confiar en lo que las Escrituras le han transmitido. A lo que se le ha revelado a la humanidad, a eso no puede el hombre [con sus capacidades de conocimiento] acceder.

- Aquí la audacia y la confianza de la gnosis ya han desaparecido. Ya no se admite ni se reconoce que el hombre pueda penetrar en los mundos suprasensibles con sus fuerzas espirituales. Así prosiguió la evolución.

En tiempos recientes llega ahora la época que ha traído lo que siempre reconocerá el investigador del espíritu: es decir, los grandes logros de la ciencia natural, el conocimiento de la existencia material y sus leyes, los grandes logros de la vida industrial, comercial y social. Pero en cuanto a lo espiritual, necesariamente se ha dado una consecuencia de este progreso material. Esto solo se pudo lograr porque el ser humano se inclinó hacia lo sensorial, hacia lo material. Ahí se introdujo en sus hábitos de pensamiento algo que le hizo perder la inclinación hacia lo suprasensible: mientras en la Edad Media aún se aceptaba la revelación divina, la época más reciente solo estuvo de acuerdo en que el ser humano no alcanzase lo suprasensible. Pero luego se reformuló este juicio y se dijo: Entonces dejemos este mundo suprasensible por completo y limitémonos solo a lo exterior-material. Así fue [desde la Edad Media] hasta el siglo XIX.

También la concepción de las cosas religiosas, especialmente del tema de Cristo, estaba así marcada. ¿Cuál fue la consecuencia? Ya no se quería saber nada de un ser así, ni de que se hubiera desarrollado de manera suprasensible y luego hubiera entrado en la existencia humana,. Cristo como ser suprasensible, cósmico, que toma posesión del alma de Jesús de Nazaret, el Cristo suprasensible en el humano físico-sensible Jesús, hasta lo suprasensible la nueva época ya no quería llegar. La consecuencia de ello fue que: se perdió a Cristo y solo se aferró a Jesús. Y toda la corriente evolutiva se formó de manera que ahora la vemos, al final del siglo XIX y al comienzo del siglo XX, como la llamada «concepción de Jesús».

Verdaderamente, esta concepción ha producido muchas cosas bellas y maravillosas. Quiero llamar la atención sobre algo de los últimos días, sobre el libro del teólogo de Núremberg Rittelmeyer; se titula «Jesús». Y cuando uno lee este pequeño libro, da la impresión de que el autor ha obtenido de la concepción de Jesús, algo que corresponde a una personalidad ideal, que le conforta el alma y el espíritu, a la que se entrega, que le da seguridad de que todo lo grande y verdaderamente significativo de lo humano es real, que todos los grandes impulsos de la humanidad no son una quimera, sino la realidad. Rittelmeyer tiene en su alma lo que uno desearía para toda alma; con respecto a Jesús tiene la certeza de que en él tiene un consejero fiel. Su descripción es tan viva, como si pudiera mirar al Jesús vivo como a un hermano, que al mismo tiempo le da esperanza y salvación. Tales manifestaciones ha producido la concepción de Jesús, pero también ha dado lugar a otras cosas que han llevado a discusiones significativas.

Surgió la investigación puramente materialista, ¿Y por qué no debería esta también abordar este problema? Lo que quiero decir se puede señalar rápidamente. Los historiadores se han acostumbrado a indicar solo aquello que puede demostrarse realmente a partir de fuentes históricas, para lo cual se pueden presentar documentos históricos. Con la cultura de Occidente, esto es muy curioso. Quiero mostrarlo con un ejemplo. Del gran historiador, Ranke, se cuenta que cuando ya era mayor, le dijo a un amigo: No se puede simplemente omitir de la historia la figura de Jesús, — y sin embargo, si miramos la consideración histórica de Ranke, deja de lado el impulso de Jesús. Entonces Ranke mismo se sorprendió y dijo: Solo hay que comprobar que, al considerar los hechos históricos, el impulso de Jesús interviene en la historia en todas partes. — Esto no le surgió de las fuentes históricas, pero desde su conciencia instintiva sentía que no se podía simplemente omitir a Jesús de la historia.

Pero ahora uno se pregunta: ¿Existió realmente un Jesús de Nazaret? — Esta pregunta habría sido totalmente imposible para los gnósticos. Sabían que el ser humano puede evolucionar hasta alcanzar el conocimiento de lo suprasensible y que, al contemplar lo suprasensible en el curso de la evolución de la humanidad, se encuentra entonces con el Cristo. Se podría incluso decir que existe un parentesco primigenio entre Pablo y el gnosticismo. Pablo, aunque contemporáneo de Cristo Jesús, no se dejó convencer por lo que había sucedido en Jerusalén. Sin duda, todo le era accesible, pero eso no logró convencerlo; siguió sin creer. ¿Qué fue lo que le llevó no solo a creer, sino también a convertirse en el representante y fundador más importante del cristianismo? ¡Una experiencia sobrenatural! Desde lo suprasensible se le reveló, en el llamado «evento de Damasco», la verdad sobre Cristo. Y al ver el evento de Cristo desde el mundo suprasensible, supo que no se trataba de nada nebuloso. Entonces también supo que aquello que ahora vive de nuevo en lo suprasensible, —el Cristo—, había vivido en su día en un cuerpo humano sobre la Tierra. Desde lo suprasensible le fue concedida la convicción de la historicidad de Jesús. Así pues, para los gnósticos también era algo totalmente natural que el Cristo hubiera vivido en Jesús. Esta concepción se mantuvo hasta bien entrado el Medievo. Por eso, en aquella época, la cuestión del Jesús histórico aún no revestía importancia.

Solo cobró importancia cuando se perdió al Cristo y uno se aferró únicamente a lo material, al Jesús. Entonces intervino el historiador y exigió documentos, y ahora surge la crítica histórica radical y demuestra que, en el sentido en que hoy se entiende el término «documento» desde el punto de vista histórico, los Evangelios no son documentos. No existen otros documentos. No deben malinterpretarlo. Los Evangelios gozan de pleno reconocimiento por parte de la investigación espiritual, pero en un sentido distinto al meramente histórico. A través de la investigación espiritual se vuelve a experimentar lo que vivieron los autores de los Evangelios; no es que los Evangelios sean pruebas del Jesús histórico. Harnack dijo: «Todas las tradiciones históricas sobre Jesús caben cómodamente en una página». - Todo es cuestionable, y cuando el método de investigación puramente histórico y externo aborda los Evangelios, solo podía suceder lo que ha sucedido, a saber, que Drews haya demostrado de manera brillante que no hay pruebas históricas de la existencia de Jesús. Esa es la corriente que ha surgido últimamente. Drews no es el único que sostiene esta opinión; Smith comparte su punto de vista. Todos ellos han hecho un descubrimiento que les ha resultado sumamente sorprendente. En primer lugar, se han dado cuenta de que no es posible demostrar la existencia del Jesús histórico. Dicen: «No tenemos documentos, y por eso se puede negar la existencia de Jesús con la misma facilidad». - Pero hicieron un descubrimiento: llegaron a la conclusión de que existe un Cristo, de que Jesús era un dios. Drews, Smith y otros admiten que Jesús, en la época que nos ocupa, no era simplemente un ser humano, sino un dios, y que todas las descripciones de los Evangelios son descripciones de un ser sobrehumano y divino. ¿Qué hacen entonces? Dirigen la atención hacia la idea de Cristo; vuelven de nuevo a Cristo. Y lo que se deduce de ello lo pueden encontrar en Drews o en «Ecce Deus» de Smith, publicado por Diederichs en Jena.

Estas personas dicen lo siguiente: Lo que creían los gnósticos, lo que se creía en la Edad Media, lo que creía Orígenes, no es aplicable a un ser humano. Y eso nos demuestra que, cuando se habla de Cristo, se hace referencia a un ser sobrehumano, a un ser divino. Así pues, en esa entidad que se encuentra en el origen del cristianismo no tenemos ante nosotros a un ser humano, sino a un Dios: un ser al que solo se le pueden atribuir cualidades espirituales y suprasensibles, que tiene un significado suprasensible para la humanidad. Pero tal entidad no existe, —dicen estas personas—, y por lo tanto no se puede hablar de ella; ¡no existió en Jesús! —Así, esta corriente espiritual más reciente ha descubierto a Cristo, ha reconocido que es un Dios y, por eso, rompe con la concepción de Jesús; pues ahora que es un Dios, con mayor razón no puede haber existido. Smith dice: si Cristo es un Dios, entonces sería infantil y simplista seguir creyendo en la existencia de Jesús. - De esta manera se redescubrió a Cristo a principios del siglo XX, pero con ello se anuló al mismo tiempo toda la esencia de Cristo. ¡Así están las cosas ahora!

Fíjense, ¿Qué nos ofrece, por ejemplo, Drews, en lugar del Cristo vivo, en lugar del impulso vivo que intervino en el curso de la evolución de la humanidad, como algo espiritual y vivo? Drews no es materialista, ni monista, —es un hombre profundamente creyente—, pero parte de la base de una evolución de la humanidad en general; opina que todo el mundo puede experimentar un desarrollo interior, que todo el mundo puede alcanzar en su alma una cierta elevación interior y una experiencia religiosa, de modo que cada uno encuentre entonces en sí mismo algo, algo así como un yo superior, como un ser humano superior. Este sufre en el ser humano común y desea ser liberado de él. —Y añade: en la época en que se fundó el cristianismo, esta necesidad de dar forma al ser humano superior era especialmente intensa, y fue entonces cuando se gestó en una comunidad cristiana primitiva la idea común de un ser crístico sobrehumano. Esta idea del ser humano es el verdadero impulso crístico. Dado que Cristo es un dios, no puede haber existido como ser humano, sino solo como idea. - Drews es, en cierto modo, un idealista espiritualista. No niega la existencia de Cristo, pero para él no es más que una idea. No hubo un ser humano llamado Jesús en el que se hubiera encarnado una entidad cósmica especial, sino que, en un momento dado, una comunidad humana abrazó la idea de que en el ser humano vivía algo superior, un Dios humano, y que ese era el Dios sufriente que quería redimirse dentro de la humanidad.

Así, a partir de todo lo que el desarrollo de la vida espiritual del presente ha podido lograr hasta ahora, tenemos una idea en lugar del Cristo vivo. Del mismo modo que en los tiempos modernos se habla, quizá desde la conciencia de esta época, de «ideas de la historia», de tal forma que se da a entender que solo existen seres humanos naturales y no fuerzas espirituales que intervienen en la historia, así también el propio Cristo no sería más que una idea. Esta idea de Drews es una idea profunda, pero, si se profundiza más, se puede decir: aunque se pueda encontrar una idea como ley característica del desarrollo del mundo, una idea no crea nada, del mismo modo que un pintor pintado no creará un cuadro. En relación con lo que Cristo es realmente, lo que se ha concebido como una idea general por parte de alguna comunidad se compara con un pintor pintado frente a un pintor real que crea un cuadro. La [mera] idea de Cristo nunca habría podido generar un impulso como el que el acontecimiento de Cristo ha generado en el ser humano.

Pero esa entidad verdadera, real, que descendió en el momento del bautismo de Juan, la que Pablo experimentó en ese momento del acontecimiento de Damasco, —eso es precisamente lo que el presente necesita, ya que no puede tener relación con una idea abstracta. Y eso es justamente lo que hace que la contemplación de Jesús sea tan aceptable para muchas personas; porque ¿Cómo podría alguien, que está angustiado en su alma, que está en dolor y sufrimiento, jamás encontrar gran esperanza, consuelo y confianza, y creer en la redención de la humanidad mirando una idea fría? Eso es lo esencial que hace que la comprensión de Jesús sea tan aceptable, que se trata de un ser como cualquier persona común. Pero se está tratando con un ser suprasensible cuando se enfoca a Cristo como una entidad verdadera y viva. Y así lo contempla la ciencia espiritual. No quiere recalentar la antigua doctrina gnóstica, sino que se acerca a Cristo como a otros hechos del mundo material y espiritual. Y cuando hoy la investigación espiritual se acerca a Cristo, también encuentra la evolución de la humanidad, tal como puede entenderse desde la antigua Gnosis. Y encuentra que aquello que el ser humano puede encontrar como camino hacia Cristo, en realidad debe tener su punto de partida en el interior del ser humano. Toda investigación espiritual parte del ser humano interior; dice: El alma puede desarrollarse, puede llevar a la revelación las fuerzas dormidas que tiene, de modo que pueda mirar dentro del mundo espiritual.

Ahora bien, basándose en sus investigaciones, esta ciencia añade algo más a las concepciones actuales, algo que solo poco a poco vuelve a introducirse en nuestra educación actual, pero que antes estaba bastante extendido. Lo encontramos por primera vez en Lessing, en su obra «La educación del género humano»; en dicha obra él habla del hecho de las vidas terrenales repetidas. Al igual que vivimos ahora entre el nacimiento y la muerte, tampoco es la primera vez que vivimos aquí; nuestra alma ya se ha encarnado muchas veces en cuerpos físicos y lo seguirá haciendo muchas más veces. ¿Cuál es el sentido de toda esta reencarnación? Su sentido es que nuestra alma, al pasar de una vida a otra, desarrolla siempre otras fuerzas, siempre otros matices de su esencia, siempre otras cualidades. No es que siempre regresemos de la misma manera. Todas las almas que hoy están encarnadas, ya lo estuvieron, —por así decirlo—, en la época de los antiguos persas o de los antiguos egipcios, y a través de estas vidas terrenales repetidas tiene lugar un avance [en el desarrollo] de las almas. Si se tiene en cuenta este progreso, entonces lo que decían los gnósticos cobra sentido: a nuestra época le precedió una época en la que el ser humano primero tuvo que madurar para después poder recibir el impulso crístico. - De vida en vida, cada alma estuvo presente en la época precristiana, y de vida en vida se fue sumergiendo cada vez más en la existencia física, de tal manera que en cada nueva existencia se fue madurando. Entonces llegó el impulso crístico, y las almas continuaron su evolución.

Hoy podemos afirmar lo siguiente: solo podemos comprendernos a nosotros mismos como seres humanos si echamos la vista atrás a tiempos remotos. Nuestro estado actual de conciencia, —tal y como pensamos hoy y tenemos una visión del mundo—, se ha ido configurando a lo largo de los tiempos; en épocas anteriores de la evolución de la Tierra, la conciencia era más onírica, pero en contrapartida los seres humanos eran clarividentes. En los mitos y leyendas se encuentra el reflejo de lo que el alma clarividente había contemplado; no son inventos. El ser humano de entonces aún no poseía libertad ni claridad de conciencia, pero a cambio aún conservaba en su interior algo instintivo y divino. El ser humano de aquella época no habría podido deducir la existencia de un principio divino a partir de la finalidad del mundo mediante razonamientos lógicos, sino que el alma aún estaba en conexión con el espíritu divino. A través de la clarividencia, el ser humano aún mantenía una conexión con su Dios. En ciertos estados intermedios, el alma era, por así decirlo, extraída de su cuerpo, y entonces se le revelaba lo divino-espiritual.

Pero ese era el sentido del desarrollo ulterior: que el ser humano tenía que ir introduciéndose cada vez más en lo material. A través de esto, aprendió a conocer la naturaleza física, pero perdió su conciencia interiormente divina. El dios interior, que el ser humano experimentaba dentro de sí, se desvanecía; pero quedaba claro para el hombre lo que se puede ver con ojos humanos y comprender con la mente humana. Por eso la ciencia no comenzó en tiempos primitivos, sino solo cuando los humanos dirigieron su mirada a su entorno físico, mientras que de tiempos antiguos tenemos mitos y leyendas en los que el hombre captaba lo divino-espiritual mediante una visión onírica. Así fue el descenso del alma humana. Si consideramos esto, una frase del Bautista se nos aparece con una profundidad muy especial. Él enfocó la característica de su tiempo. Antes, el alma tenía conexión con su dios, pero ahora ya no existe esa conexión. El Bautista pudo decir: El sentido de los humanos ha cambiado, los humanos han perdido la conexión con su dios. - Pero también pudo decir: El desarrollo humano no es solo un descenso, sino también un ascenso. - En un momento determinado se recibió el impulso de Cristo; aquello que se le había preservado a la humanidad en el mundo espiritual, descendió sobre Jesús como Cristo y, a través de él, fecundó a la humanidad. El cuerpo de Jesús tuvo que pasar entonces por la muerte. Quien quiera comprender que la muerte fue necesaria para todo el impulso de Cristo, que la muerte sacrificial es algo realmente tangible, puede pensar en que la semilla también debe pudrirse primero antes de que pueda dar lugar a una nueva planta y florecer. Lo originalmente divino-espiritual, que precedía a las dos corrientes de desarrollo [de las cuales habla la gnosis, —la que permanece en lo espiritual y la que conduce a la materia—, descendió, atravesó la muerte y se convirtió en la semilla en la Tierra para fecundar el alma desde entonces, de manera que pueda volver a ascender desde lo material y encontrar el camino de regreso a lo espiritual.

Quien lo encuentre repugnante y místico, que lo haga, también debe encontrar místico que en el sol se concentren efectos químicos y físicos infinitos y se extiendan por todo el cosmos y nuestra Tierra. Así como la vida material se concentra en el sol, toda la vida espiritual de nuestra Tierra se concentra en esa entidad que entró en Jesús, como la entidad de Cristo, mediante lo que se indica en el Bautismo de Juan, vivió en él durante tres años y luego tuvo que ir a la muerte para desde allí irradiar y manifestar sus efectos en toda la evolución de la humanidad, de modo que con el impulso que llegó a la evolución de la humanidad a través del Misterio de Gólgota está vinculada la entidad de Cristo. A raiz de ello la Tierra se vió transformada. Si hoy miramos hacia atrás a las encarnaciones de los seres humanos antes del Misterio de Gólgota, debemos decir: Entonces los seres humanos no eran capaces de que en sus almas se hubiera vivido lo que entró en el desarrollo espiritual de la Tierra a través del Misterio de Gólgota.

La ciencia espiritual señala que, detrás de lo que el ser humano experimenta en su vida anímica cotidiana, se encuentran las profundidades del alma: las profundidades subconscientes del alma. En lo que el ser humano percibe conscientemente, en lo que vive en su alma superior, en muchos de ellos Cristo aún no habita de forma inmediata. Solo en casos excepcionales se ha revelado, como por ejemplo al apóstol Pablo. Este pudo percibir la verdad sobre Cristo a través de lo que vivía en las profundidades de su alma. Pero así como el alma ha descendido, también vuelve a ascender. Y quien tenga sensibilidad y perspicacia para ello, —no solo el investigador espiritual, que puede llegar a la certeza sobre estas cosas—, puede decirse a sí mismo: nos encontramos ahora en un punto de partida importante del desarrollo del alma humana. Si se es capaz de mirar en el presente, todos los indicios apuntan a que las cosas se dan de la siguiente manera.

En la actualidad, donde más se ha avanzado es en la pérdida de Cristo, es en la negación del Cristo histórico, donde se ha perdido la conexión con el misterio de Gólgota, donde vemos cómo las almas son educadas a través del pensamiento científico de la nueva era, también vemos cómo este pensamiento, cuando se aplica correctamente, hace que las almas maduren hacia un nuevo conocimiento de Cristo, que es el conocimiento de Cristo de la ciencia espiritual. En relación con el camino hacia Cristo, el investigador espiritual ha de partir del interior de su alma. Cuando el investigador espiritual hace esto, entonces llega realmente a encontrar algo, no en la conciencia superficial, sino en lo que vive en el inconsciente de su alma y que puede percibir como algo que no siempre estuvo en la Tierra, sino que entró en el desarrollo de la Tierra, en el tiempo del misterio de Gólgota. Hoy, cuando el investigador del alma es capaz de mirar dentro de sí mismo y extraer las fuerzas más profundas de su conocimiento, entonces percibe algo diferente a lo que había en tiempos precristianos.

Él contempla en el mundo espiritual a Cristo; lo que en tiempos precristianos no podía contemplar. Podemos encontrarlo en nosotros, pero las personas de los tiempos precristianos no podían encontrarlo en sí mismos. Cristo histórico es la causa del Cristo místico que podemos encontrar en nosotros, tan cierto como que el sol físico exterior es la causa de nuestros ojos. Si el sol nunca hubiera derramado su luz, los ojos no podrían haberse desarrollado. Es cierto que el alma humana de hoy, al aplicar sobre sí misma los métodos de la investigación espiritual, encuentra a Cristo en el interior, porque en los cimientos del alma, Cristo está presente. En los cimientos del alma, Cristo está ahí y se nos muestra de manera que, a través de este Cristo interior, comprendemos claramente: Él está en nosotros precisamente porque una vez estuvo históricamente y, a través del misterio de Gólgota, ingresó en el desarrollo de la Tierra.

Este Cristo no es solo una idea del yo superior, sino que él es el yo superior; es aquello con lo que estamos conectados en nuestra conciencia más profunda. Esta es la relación íntima que podemos desarrollar con la entidad que descendió a un cuerpo humano y sufrió todo lo humano; pero como lo sufrió de manera divina, pudo ser un ayudante para todos los seres humanos, de modo que al mismo tiempo se convirtió en lo más íntimo para el alma. Hoy el ser humano puede decir: lo que encuentro en mí, lo más humano en mí, vivió como Cristo en Jesús de Nazaret. Se ha convertido en mi hermano, está más cercano a mi humanidad. - Solo se entiende lo íntimo del Dios Cristo cuando uno hace claro para sí mismo su efecto en el alma humana siguiendo esta palabra de Cristo: «Si dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.» El ser humano solo se siente íntimamente cercano al Cristo cuando la entidad espiritual [como el Cristo] que participó como divina en todo lo humano facilita la comprensión entre él y otro ser humano, cuando el alma humana dice: en mí vive el Cristo y también en ti vive -; cuando en un alma la esencia de Cristo puede buscar con amor la esencia de Cristo en otra alma. Así habla la ciencia espiritual del Cristo. Y al mismo tiempo descubre que el alma humana no avanza sin sentido de encarnación en encarnación, de vida en vida, sino que se desarrolla más.

Si uno compara las almas de las personas de hoy, por ejemplo, con las del siglo VIII, se encuentra que las fuerzas del alma humana eran completamente diferentes de las de hoy. Si se analiza cómo están configuradas las almas actuales en comparación con antes, se descubre que las almas humanas están en el camino de buscar dentro de sí mismas; y cuanto más buscan, más encuentran en sí mismas a Cristo. Por eso la ciencia espiritual puede decir: Las almas humanas están en el camino hacia Cristo. - En el tiempo en que Cristo se perdió como Dios, en el tiempo en que mediante una crítica radical el Jesús histórico se va perdiendo cada vez más, el hombre, -según dice la ciencia espiritual-, se ve empujado cada vez más hacia su interior por el desarrollo de su alma humana. Hoy en día esto todavía se disfraza o se oculta, pero el desarrollo del alma tiene lugar porque una cosa se transforma en su opuesto y así surge la otra.

El materialismo, cuando las personas lo toman completamente en serio, cuando haya alcanzado su punto máximo, conducirá por sí mismo a su contrario. Cuando el ser humano se cierre a lo suprasensible, entonces surgirán fuerzas opuestas, y estamos en el siglo veinte en la época del despertar de estas fuerzas opuestas. Pero cuando estas fuerzas más profundas del alma humana despierten, entonces aparece en las almas el Cristo, y estas almas experimentarán el acontecimiento de Pablo de Damasco. Cada alma espera esto en nuestro tiempo, y así como convenció a Pablo del Jesús histórico, este acontecimiento despertará cada vez más en la humanidad la convicción viva de que en algún momento en Jesús vivió el Cristo. Esto es una fantasía audaz, dirán algunos, pero no puedo callar sobre ello, aunque suene audaz: ¡es la verdad! Estas cosas no son absorbidas inmediatamente por el tiempo; habrá muchos obstáculos antes de que alguien se decida a aceptar tal convicción, pero aún así se puede dar como una inspiración. La persona que está verdaderamente convencida es aquella que lo ha entendido todo. Quien mire sin prejuicios a las almas de nuestro tiempo, puede ciertamente decir que estas almas están en el camino hacia el conocimiento del Cristo indicado.

Las almas se volverán cada vez más maduras para ver al Cristo en el espíritu. Y esta visión en el espíritu, esa es la verdadera reaparición de Cristo, eso es lo que se podría llamar el «regreso» de Cristo. Aquello que entró en la Tierra a través del misterio de Gólgota, como entidad divino-espiritual, no se verá de ninguna manera física, sino que al avanzar la evolución de la humanidad, las almas serán cada vez más maduras, [cada vez más capaces de] ver también lo suprasensible. Lo que la humanidad tiene por delante, consistirá en una participación inmediata en la esencia de Cristo, experimentar junto a la esencia de Cristo, estar íntimamente junto a Cristo Jesús. Al expresar estas cosas la ciencia espiritual, penetra directamente en los corazones; no trae teorías grises, sino que conduce a la vida en muchos ámbitos cotidianos, y también a la vida allí donde se trata de algo importante para la humanidad.

Si uno considera a Cristo correctamente, si lo ve como un asunto de la humanidad, no solo como un asunto personal, entonces también puede encontrar a través de él el camino hacia el Jesús histórico. El reconocimiento de vidas terrenales repetidas es, sin embargo, una condición fundamental para comprender verdaderamente el principio de Cristo. Si uno pregunta: ¿No fue injusto para las personas precristianas que no pudieran tener relación con Cristo? — entonces es que no se reconocen las vidas terrenales repetidas. Pero nosotros respondemos: En los tiempos precristianos, las personas aún no estaban maduras para la experiencia de Cristo, morían y luego regresaban a la Tierra y maduraban para poder recibir a Cristo en sí mismas. — Así es como Cristo llega a toda la evolución de la humanidad — poco a poco en cada alma —, así Cristo se convierte en un impulso importante para la evolución humana, al mismo tiempo que se vuelve un impulso importante para cada persona individual. Pero quien solo admita que el alma este allí por una única vez, solo puede elevarse en el alma a una idea de Cristo. Es justo por eso, por lo que la filosofía teórica del presente solo pueda llegar a una idea de Cristo. El alma humana viviente, que pasa de vida en vida, es la que logra una relación con el Cristo viviente.

¡Y cómo se expande esta idea de Cristo, que será la experiencia del Cristo del siglo veinte, hacia algo de belleza maravillosa, que hoy aún se comprende poco! Si esta idea de Cristo será la prevista del siglo veinte, si se integra en las almas, entonces vendrá algo más. Esta idea será tan viva como un ser humano de carne y hueso. Lleva consigo la marca de que Cristo es realmente histórico, tal como lo reconoció Pablo en su tiempo. Pero hay algo más que está asociado con esta idea de Cristo.

Esta idea de Cristo no se puede concebir de otra manera, salvo que el ser humano amplíe su mirada, de modo que abarque desde el alma individual hacia todas las almas humanas. Así, por un lado, el ser humano mira hacia Cristo, a quien puede acudir en los momentos más íntimos, como a aquel que es más afín al alma humana; lo que es poder inmediato en el ser humano, eso lo experimentarán las personas, pero también experimentarán que Él es el impulso que se ha derramado sobre toda la Tierra y toda la humanidad, y esto último será algo muy bonito si realmente es comprendido por las personas. ¡Sin embargo, solo se entenderá despacio! Pero una vez entendido, la gente dirá: Cristo es una realidad, y en la medida en que es una realidad, no lo es únicamente para quienes lo reconocen, sino para toda la humanidad. - Entonces podremos presentarnos ante cualquier persona de otra fe, ya sea un hindú o un chino, tenga esta o aquella creencia, y podremos considerarlo como cristiano, porque es un ser humano. Si los cristianos llegaran a entender que en verdad todos los humanos son cristianos, si realmente se comprende el problema de Cristo, entonces no se dependería de confesiones para llamar a alguien cristiano o no. No importa si la gente lo sabe o no: ¡Cristo es lo que abarca todo, lo que cumple a toda la humanidad! Y esta comprensión correcta de Cristo reforzará las palabras que Cristo dijo: «Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»

Algunas frases atribuidas a Cristo pueden malinterpretarse fácilmente, como esta: «El que no deje a su padre y a su madre por mí, no puede ser mi discípulo». Con ello no se pretendía infringir la antigua ley, ni romper los lazos de sangre que antes constituían la base exclusiva del amor, sino que a lo íntimo y humano se sumara lo universal y humano. Y ser discípulo de Cristo significa encontrar en uno mismo aquello que concierne a toda la humanidad, aquello que, en cada ser humano, es a la vez global e íntimo en relación con la Tierra y la humanidad. Por muy sencillo que sea expresarlo, hoy en día se comprende muy poco. Pero cuando el problema de Cristo se comprenda espiritualmente, entonces Cristo resplandecerá y se derramará en las almas y los corazones de los seres humanos. Hoy en día, esto yace como una semilla en el desarrollo de la humanidad. Así, hay investigadores espirituales de la actualidad que trabajan hoy con la más profunda seriedad científica, como, por ejemplo, Smith, a quien cito como ejemplo típico. Descubrieron que lo que se narra en los Evangelios no trata de un ser humano, sino de un Dios. Ahora bien, afirman —y no se les puede reprochar por ello— que sería infantil y simplista creer en una existencia terrenal de este Dios. Por lo tanto, Cristo no sería más que una invención simbólica, y con ello ya se demostraría que Cristo no pudo haber vivido en una encarnación física.

Ahora bien, la ciencia espiritual debe aceptar hoy que los científicos más eruditos la tachen de infantil y simplista, pues ha descubierto que Cristo no era solo un dios, un ser espiritual, sino que también se encarnó realmente en una vida humana. Y para ese ser humano en concreto se convirtió en lo que siempre ha sido para innumerables personas y en lo que cada vez más será. Y la ciencia espiritual sabe perfectamente que lo que Cristo es debe encontrarse en lo más profundo del alma, del mismo modo que el sol solo puede contemplarse con los ojos. La ciencia espiritual dice, con Goethe:

Si el ojo no fuera como el sol,
la propia luz del sol nunca podría verlo;
si no tuviera en nosotros la fuerza propia de Dios,
¿cómo podría deleitarnos lo divino?

Pero ella no solo dice que tenemos que tener un ojo para ver el sol, sino que también dice: si solo hubiéramos vivido en la oscuridad, no tendríamos ojos en absoluto. De los estados primitivos del ser humano, el sol sacó los ojos; a través del sol, a través de la luz, el ser humano obtuvo ojos. Es cierto, el ser humano no puede encontrar a Cristo si no lo encuentra en su interior. Pero también es cierto que Cristo solo puede ser encontrado en nuestro interior porque una vez estuvo en la Tierra y vivió. Históricamente correcto es que Cristo es el sol del desarrollo espiritual de la Tierra y que de él emanan rayos que se han insertado en nosotros. Cuando la ciencia espiritual reafirma lo que se ha perdido, devuelve a Cristo al siglo XX como ser viviente, reconociendo tanto al Cristo histórico como al Cristo [vivo], que uno puede encontrar como el sol espiritual si se profundiza en sí mismo. Si es cierto lo que Goethe dijo sobre la relación del interior y el exterior, sobre el sol y lo divino, entonces también es cierto algo más, sobre lo que Goethe sin duda habría dado su aprobación. Así que, resumamos la frase de Goethe completamente en el sentido de nuestra reflexión actual y descarguémosla en palabras que podrían leerse como una expansión de la frase de Goethe:

Si el mundo no estuviera bendecido por el sol,
¿cómo podrían florecer los ojos de los seres?
Si la existencia no fuera una revelación de Dios,
¿cómo podrían los seres humanos alcanzar la plenitud divina?

Traducido por J.Luelmo

GA314 Dornach, 23 de abril de 1924 -2ª reunión con médicos en ejercicio

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 RUDOLF STEINER

Reuniones médicas (discursos y debates)

2ª reunión con médicos en ejercicio

Dornach, 23 de abril de 1924

En relación con la pregunta que ayer hizo el Dr. Husemann, hemos decidido leer dos casos del libro que pronto publicará la Dra. Wegman. Luego se podrá añadir a la lectura de estos casos aquello que, en el sentido de su pregunta, todavía surge como una necesidad de conocimiento.

Por supuesto, pediré que estos casos se consideren primero como totalmente discretos, porque serán partes integradoras del libro que pronto se publicará.

Se pretende mostrar mediante estos casos cómo se llega a la terapia específicamente a través del diagnóstico. Justamente esto se quiere hacer más claro, y todo ello desde la perspectiva de la antroposofía. Con este libro no habrá que avergonzarse de hablar, de hecho, completamente desde un enfoque antroposófico.

La Dra. Wegman lee el «Cuarto caso» descrito en el libro «Fundamentos para una expansión de la medicina curativa según conocimientos de la ciencia del espíritu» en la página 97 y siguientes [p. 107 y siguientes en GA 27, 1984]: «Un niño que fue llevado a nuestra clínica dos veces, primero a los cuatro años, luego a los cinco años y medio. Con él, su madre y la hermana de la madre.»


Es importante que la madre y la hermana estuvieran presentes, pronto verán por qué.

«El diagnóstico pasó de la enfermedad del niño tanto a la de la madre como a la de la hermana. Para el niño pudimos constatar lo siguiente: Es un niño gemelo, nacido seis semanas antes de tiempo. El otro niño había muerto en la última etapa embrionaria. A las seis semanas, el niño enfermó, lloraba muchísimo y fue llevado a un hospital. Allí se le diagnosticó espasmo pilórico. El niño fue alimentado parcialmente por una nodriza y parcialmente de forma artificial. A los ocho meses fue dado de alta del hospital. Al llegar a casa, tuvo un ataque convulsivo el primer día, que se repitió diariamente durante los dos primeros meses. Durante el ataque, el niño se ponía rígido y giraba los ojos. Antes del ataque aparecían ansiedad y llanto. También, el niño bizqueaba con el ojo derecho y tenía vómitos antes de que comenzara el ataque. A los dos años y medio se presentó otro ataque que duró cinco horas. El niño volvió a ponerse rígido y permaneció como muerto. A los cuatro años tuvo un ataque que duró media hora. Por primera vez nos dijeron que este venía acompañado de fiebre. Tras las convulsiones que surgieron después de regresar del hospital, los padres notaron una parálisis del brazo derecho y de la pierna derecha. A los dos años y medio el niño hizo su primer intento de caminar, que resultó en que solo la pierna izquierda podía avanzar y la derecha se arrastraba. También el brazo derecho permanecía sin control. El mismo estado persistía cuando nos trajeron al niño. Se trataba, por lo tanto, de determinar cómo estaban los órganos organizativos del niño. Esto se intentó independientemente del complejo de síntomas. Resultó una fuerte atrofia del cuerpo etérico, que en ciertas partes solo recibía una influencia muy limitada del cuerpo astral.»

Ese es básicamente el hallazgo. Se trata de un cuerpo etérico que está atrofiado en varios lugares y en las zonas atrofiadas no recibe la acción del cuerpo astral. Son como huecos en el cuerpo etérico (ver dibujo). En los lugares donde el cuerpo etérico está atrofiado, el cuerpo astral no penetra. Ha sido así en diferentes partes del organismo.

«La zona del lado derecho del pecho estaba como paralizada en el cuerpo etérico. En cambio, se mostraba algo parecido a una hipertrofia del cuerpo astral en la zona del estómago.»


Hay que usar expresiones que resulten inusuales, del mismo modo que se usa el término «hipertrofia» para áreas demasiado activas, demasiado agitadas.

«Ahora se trataba de poner en consonancia el complejo de síntomas con estos hallazgos. Sin duda, hay un fuerte consumo del estómago por parte del cuerpo astral durante la digestión, que se acumula debido a la parálisis del cuerpo etérico al pasar del intestino a los vasos linfáticos. Por ello, la sangre está desnutrida. Debemos considerar los síntomas de náusea como especialmente importantes. Los calambres siempre aparecen cuando el cuerpo etérico se vuelve atrófico y el cuerpo astral ejerce una influencia directa sobre el cuerpo físico sin la mediación del cuerpo etérico.»

Esto es algo fundamentalmente importante. Las manifestaciones de calambres se deben a que no existe la conexión regular entre el cuerpo astral, el cuerpo etérico y el cuerpo físico. Hay que imaginarlo de manera que el cuerpo astral solo actúa sobre el cuerpo físico con la ayuda del cuerpo etérico. Si existen áreas atróficas, entonces el cuerpo astral actúa sobre el cuerpo físico excluyendo al cuerpo etérico. Los calambres aparecen en todas partes donde esto sucede. Se sabe que en un lugar donde aparece un calambre, el cuerpo etérico no medía correctamente entre el cuerpo astral y el cuerpo físico.

«Eso estaba presente en el niño en el más alto grado. Si este estado se mantiene durante el período de crecimiento, como fue el caso aquí, se pierden aquellos procesos que hacen que el sistema motor esté preparado para recibir la voluntad de manera normal. Esto se manifestó en el niño en la inutilidad del lado derecho. - Ahora tuvimos que relacionar el estado del niño con el de la madre. Ella tiene 37 años cuando viene a nosotros. Indica que, con 13 años, ya era tan alta como lo es ahora. Desde pequeña tuvo dientes malos.»


Por favor, preste especial atención a esto. Desde los trece años hasta ahora no ha crecido más, de modo que todo su crecimiento hasta la madurez sexual fue completo.

«Ella tuvo dientes malos desde temprano, sufrió de reumatismo articular cuando era niña, y afirma haber sido raquítica. La menstruación apareció relativamente temprano. La paciente explica que a los 16 años tuvo una enfermedad renal y también habla de episodios convulsivos que ha tenido. A los 25 años sufrió estreñimiento debido a un espasmo del esfínter anal, que tuvo que ser dilatado. Incluso ahora tiene calambres al evacuar. El hallazgo, observado directamente sin sacar conclusiones del conjunto de síntomas, muestra una semejanza extraordinaria con el del niño. Solo que todo se presenta de manera mucho más leve. Hay que tener en cuenta que el cuerpo etérico humano experimenta un desarrollo especial entre el cambio de dientes y la pubertad. En la paciente, esto se refleja en que las fuerzas disponibles del cuerpo etérico, que son poco fuertes, solo permiten un crecimiento hasta la pubertad. Con esta, comienza el desarrollo especial del cuerpo astral, que con su hipertrofia ahora sobresale sobre el cuerpo etérico e interviene demasiado en la organización física.»

Ese ha sido el tipo presente en ambos. Madre e hijo tienen una intervención demasiado fuerte del cuerpo astral en el cuerpo físico.

«Esto se manifiesta en el crecimiento que se detiene alrededor de los 13 años. Sin embargo, la paciente no es en absoluto de baja estatura, sino muy alta, lo que se debe a que, aunque los impulsos de crecimiento son pequeños, el cuerpo etérico, sin estar limitado por el cuerpo astral, provoca una fuerte expansión volumétrica del cuerpo físico. Estas fuerzas aún no podían intervenir de manera regular en las funciones del cuerpo físico. Esto se manifestó en la aparición de la artritis en las articulaciones y más tarde en los estados de espasmo.»


La artritis de las articulaciones también está relacionada con el hecho de que el cuerpo astral interviene directamente en el cuerpo físico a través de las articulaciones. Por esta intervención, allí donde es posible, también se producen procesos inflamatorios. Por lo tanto, se trata de estados de espasmo o inflamatorios
.

«Debido a la debilidad del cuerpo etérico, se produce un efecto particularmente fuerte del cuerpo astral sobre el cuerpo físico. Este efecto es destructivo. En el desarrollo normal de la vida, se compensa por las fuerzas de construcción durante el sueño, cuando el cuerpo astral está separado del físico y del etérico. Si el cuerpo etérico es demasiado débil, como en el caso de nuestra paciente, se produce un exceso de destrucción, lo cual se manifestó en que sus dientes necesitaron la primera obturación ya a los 12 años.»


Debido a la intervención demasiado fuerte del cuerpo astral, se produce una destrucción demasiado grande. El cuerpo físico y el etérico construyen; el cuerpo astral y la organización del yo se destruyen. Si ahora hay un exceso de actividad destructiva, esto se manifiesta en un hecho como que ya a los doce años necesita empastes. Cada vez que está embarazada, sus dientes empeoran.

«Cuando el cuerpo etérico se ve especialmente exigido, como en el embarazo, cada vez se produce un empeoramiento de los dientes. La debilidad del cuerpo etérico en relación con su conexión con el cuerpo astral se manifiesta especialmente en la frecuencia de los sueños y en el sueño saludable que la paciente tiene, a pesar de todas las irregularidades.»


Si hay plena regularidad en la conexión entre el cuerpo astral, el cuerpo etérico y el cuerpo físico, no se produce un exceso de sueños. En el momento en que el cuerpo astral puede dominar porque el cuerpo etérico está debilitado, se producen sueños frecuentes y vívidos. Y además, debido a que el cuerpo astral es fuerte, puede salir fácilmente y aun así el sueño permanece saludable.

«La debilidad del cuerpo etérico también se muestra en que en el cuerpo físico ocurren procesos extraños que el cuerpo etérico no puede controlar, los cuales se reflejan en la orina como proteínas, cilindros hialinos aislados y sales.»


Esos son los productos de descomposición que se forman debido a la hipertrofia del cuerpo astral. Siempre se deben buscar cuando se trata de una hipertrofia del cuerpo astral.

«Es curioso la relación de estos procesos de enfermedad con los de la hermana de la madre. El hallazgo respecto a la composición de las partes de la esencia humana es casi exactamente el mismo. Cuerpo etérico con poca fuerza, por lo tanto predominio del cuerpo astral. Solo que el cuerpo astral en sí es más débil que el de la hermana. Por eso, al igual que en ella, ocurre la menstruación temprana, pero en su caso en lugar de inflamaciones solo aparecen dolores, que provienen de una irritación de los órganos, por ejemplo de las articulaciones.»

Esto es realmente muy interesante. Se tiene casi una constitución de enfermedad similar en madre e hijo. La hermana, que va paralela, solo llega a síntomas más leves, ella tiene todo en menor medida, todo, quiero decir, en miniatura, en indicios.

«En las articulaciones debe estar especialmente activo el cuerpo etérico para que la vitalidad funcione normalmente. Si la actividad del cuerpo etérico es débil, la actividad del cuerpo físico predomina, lo que aquí se manifiesta en hinchazones y en artritis crónica. La debilidad del cuerpo astral, que influye poco en la percepción subjetiva, se indica por la preferencia por alimentos dulces, los cuales aumentan la percepción del cuerpo astral.»

Eso es muy interesante. De hecho, para lidiar con el diagnóstico, hay que preguntar qué le gusta comer a la persona: cosas dulces o amargas, preferencia por unas u otras impresiones sensoriales. Algunos tienen una debilidad peculiar respecto a las impresiones olfativas. Todo esto muestra que el cuerpo astral debería involucrarse de alguna manera. Esta preferencia del cuerpo astral muestra que no está comprometido; se compromete de inmediato cuando hay dulces.

«Si el cuerpo astral débil también se desgasta por la vida cotidiana, los dolores se vuelven más significativos si la debilidad persiste. La paciente se queja de que los dolores aumentan por la tarde. La relación de los estados de enfermedad de los tres pacientes apunta, en la ascendencia, a la generación anterior a las dos hermanas, en particular a la abuela del niño. Hay que buscar la causa en ella. El desequilibrio entre el cuerpo astral y el cuerpo etérico en los tres pacientes solo puede explicarse por un equilibrio similar en la abuela del niño. Esta irregularidad debe deberse a la formación deficiente de los órganos de nutrición embrionaria, en particular la alantoides, a través del cuerpo astral y el cuerpo etérico de la abuela.»

Este caso es particularmente interesante porque se descubre que la causa realmente radica en la deficiente formación de la alantoides de la abuela. Todo el estado de este cuerpo astral, que naturalmente se manifiesta de manera muy intensa en una, la madre, y de manera más ligera en la otra, se remonta a la abuela. No está ligado a una parte, sino que atraviesa constitucionalmente todo el cuerpo astral y solo puede deberse a esa formación particular, a la alantoides, al tiempo embrionario.

Aquí tenemos un hallazgo oculto que hay que registrar. Pero una vez que se llega a él, los fenómenos individuales son perfectamente susceptibles de ser verificados. Hay que adquirir la costumbre de verificar las causas a partir de otras causas. La composición de los síntomas, en realidad, solo da una imagen confusa.

«Esta deficiente formación de la alantoides debe buscarse en los tres pacientes. Con nosotros se determinó primero de manera puramente humanística. La alantoides física se metamorfosea, pasando a lo espiritual, en la eficacia de las fuerzas del cuerpo astral.»


A eso se añade, como solo pudimos indicarlo como principio, en la alantoides física, que también solo puede ser embrionaria; todos los órganos que se desarrollan en el embrión están presentes en el ser humano nacido como los miembros superiores. Lo que es un órgano secundario físicamente, es espiritual en el estado adulto, de modo que en la alantoides solo tenemos que ver el correlato físico del tiempo embrionario.

«Una alantoides degenerada produce una disminución de la aptitud del cuerpo astral, que se manifiesta especialmente en todos los órganos motores. Todo esto se da en los tres pacientes. Realmente se puede reconocer la naturaleza de la alantoides a partir de la del cuerpo astral.»


Es así, que uno debe saber: el amnios es el correlato físico del cuerpo etérico, la alantoides es el correlato físico del cuerpo astral, y el corion es el correlato físico de la organización del yo del ser humano adulto.

«Se podrá ver a partir de esto que nuestra referencia a la ascendencia no proviene de una conclusión fantasiosa atrevida, sino de una observación real de la ciencia espiritual.


A quienes les irrite esta verdad, queremos decirles que nuestras explicaciones no surgen del impulso hacia lo paradójico, sino del deseo de no privar a nadie del conocimiento que existe. Los términos místicos de la herencia siempre permanecerán oscuros si se evita reconocer la metamorfosis de lo físico a lo espiritual y viceversa a lo largo de las generaciones.

Desde el punto de vista terapéutico, tal comprensión solo puede llevar a tener una perspectiva sobre en qué punto comenzar con el proceso de curación.»


Ahora se pasa a lo terapéutico.

«Si no se nos hubiera referido de esa manera a lo hereditario, sino que simplemente hubiéramos notado las irregularidades en la relación entre el cuerpo etérico y el cuerpo astral, entonces se habrían aplicado remedios que actúan sobre estas dos partes del ser humano. Pero en nuestro caso habrían resultado ineficaces, porque el daño, que se transmite a lo largo de generaciones, es demasiado profundo para ser compensado en estos miembros de la organización humana.»


Es especialmente importante que consideremos este caso. Lo que se presenta aquí se relaciona con la pregunta de ayer. Si uno tuviera un hallazgo técnico y dijera: el cuerpo astral y el cuerpo etérico no están en armonía íntima, entonces habría que tomar este o aquel remedio, pero rara vez se lograría algún efecto particular. Si se va estrictamente a la causa, entonces la terapia también se vuelve más clara. Al habernos alejado de la observación directa hacia la sucesión de generaciones, se nos ha mostrado el camino hacia una precisión estricta.

«En un caso así, uno debe influir en la organización del yo y en ella dejar que se manifieste todo lo que tenga que ver con la armonización y el fortalecimiento del cuerpo etérico y astral. Se puede lograr esto si, de alguna manera, se aplican estímulos sensoriales intensificados (los estímulos sensoriales afectan a la organización del yo) a la organización del yo. En el niño, se intentó de la siguiente manera: se aplicó un vendaje en la mano derecha con una pomada de pirita al cinco por ciento y, al mismo tiempo, se frotó la mitad izquierda de la cabeza con pomada de esponja imperial.»


Ahora tienen aquí la terapia: Actuamos directamente sobre la mano con pirita y sulfuro de hierro. Esto nos pone en la posición de influir en el cuerpo astral y, al mismo tiempo, en el cuerpo etérico, para provocar así una armonización. Debemos trabajar para acercar más el cuerpo etérico y el astral entre sí. De eso se basa la curación. Y es necesario aplicar medios que vayan más allá de lo inmediato, porque afectaba a generaciones.

El pirita, una combinación de hierro y azufre, aplicada externamente actúa estimulando la organización del yo, haciendo que el cuerpo astral sea más activo y aumentando su afinidad con el cuerpo etérico. La sustancia del hongo imperial, con su contenido especial de nitrógeno organizado, actúa de manera que se produce un efecto desde la cabeza, que a través de la organización del yo hace que el cuerpo etérico sea más activo y aumenta su afinidad con el cuerpo astral. El proceso de curación se vio apoyado por la euritmia terapéutica, que pone en actividad la organización del yo como tal. Así, lo que se aplica externamente se dirige hacia las profundidades de la organización. El proceso de curación iniciado de esta manera se reforzó aún más mediante medios que debían hacer que el cuerpo astral y el cuerpo etérico fueran particularmente sensibles al efecto de la organización del yo. En una secuencia diaria rítmica se aplicaron baños con una decocción de solidago, friegas en la espalda con decocción de stellaria media y té de corteza de sauce por vía interna (afectando especialmente la receptividad del cuerpo astral) y Stannum 0,001 (haciendo especialmente receptivo el cuerpo etérico). También dimos jugo de amapola en dosis bajas, para permitir que la organización propia afectada cediera ante los efectos curativos.

En la madre se aplicó más la última terapia porque, siendo de una generación superior, las fuerzas hereditarias habían actuado menos. Lo mismo se aplica a la hermana de la madre. - Pudimos constatar, mientras el niño estaba en la clínica, que era más fácil dirigirlo y que alcanzaba un mejor estado emocional. Por ejemplo, se volvió más obediente; y los movimientos que antes hacía de manera torpe, los hacía más hábiles. Posteriormente, la tía nos informó de que había habido un gran cambio en el niño. Se ha vuelto más tranquilo, el exceso de movimientos involuntarios ha disminuido; se ha vuelto tan hábil que puede jugar solo; y en cuanto al comportamiento psicológico, la obstinación anterior ha desaparecido.

¿Quizás le gustaría decir algo? De esta manera se lleva el diagnóstico a la terapia. Esto se logra tomando en ayuda los niveles superiores de la naturaleza humana. En el punto de partida se encuentra el cuadro clínico. En el punto de partida de este caso está esto: el organismo enfermo estaba sometido a un proceso que sigue un curso determinado. Este curso hay que retrocederlo. Al comprender el curso de manera adecuada, se llega a revertir el proceso, dándose cuenta de cómo no solo un órgano, sino todo el interior humano está relacionado con lo que ocurre fuera en el mundo.

Entonces decimos, usted quiere saber cómo tratar algún daño, digamos, en la vesícula biliar. Ahí hay que estudiarlo en el proceso opuesto que ocurre afuera; al menos tomarlo en ayuda, este proceso opuesto. Si se reconoce uno, digamos, como el proceso que va hacia adelante, se reconoce el otro como el proceso que regresa y así se tiene el ciclo cerrado. ¿Quizás hay alguna pregunta?

A veces se puede llegar al diagnóstico en adultos, a veces en personas emocionalmente sensibles. También he intentado esto con niños; pero tengo la sensación de que me pasé de la raya con este tipo de diagnóstico.


¿Que al adentrarse en lo emocional no se alcanza lo que uno pensaba? Eso es algo que puede ser cierto y también puede ser incorrecto. Todo depende de qué tan capaz uno sea de extraer del niño las cosas que quiere; también depende de si el niño es comunicativo o no. También de la memoria; también de si se logran sacar las cosas emocionales correctas. En principio, el niño puede ofrecer cosas realmente geniales, especialmente cuando hay fenómenos emocionales concentrados. Si se tiene en cuenta lo infantil, y el niño relata lo que ha visto de los fenómenos emocionales concentrados, se puede mirar muy profundo en las irregularidades; estas siempre son el correlato de lo mencionado. Hay que considerar el caso de manera completamente individual.

En los adultos, por supuesto, la penetración en lo psicológico es bastante fácil, si uno conoce el organismo psíquico como tal, si sabe, así lo cuentan las personas, que uno les puede decir cualquier cosa. Ahora se avanza. La mayoría de lo que cuentan no es verdad. Al principio, todo empieza porque el paciente no dice cómo son las cosas. Entonces hay que engancharse en algún punto. Llegas a algo que es lo más cercano a la verdad. Cuando lo captas, entonces puedes avanzar. Hay que distinguir si una cosa concuerda con la otra. No puede un animal que tiene el pico de un águila tener al mismo tiempo las patas de un avestruz. Así también las cosas en lo psicológico encajan entre sí. Hay que guiar al paciente hacia eso. Hasta que uno ha enganchado un punto, uno cree todo, es decir, en realidad no cree nada, pero le hace entender que cree todo de él. Cuando uno ha enganchado en un lugar donde la cosa debe ser verdad, entonces llama mucho la atención sobre lo que no puede ser. Ahí se logra una especie de organismo psíquico que indica fuertemente al organismo físico. Así que ya es útil basarse en un diagnóstico psicológico.

Un participante se expresa.

La dirección a la que usted se refirió ayer es esta: Yo diagnostico, tengo el diagnóstico frente a mí. Sé que si esto se confirma, se me ponen a disposición estos remedios. Entre ellos puedo elegir. Ahora quería saber: ¿Cómo se puede elegir realmente? La respuesta solo puede darse de tal manera que se diga: Si puedo elegir entre varios remedios, entonces debo asumir que aún no he terminado el diagnóstico, que debo continuar con el diagnóstico hasta llegar a un remedio claro. En principio, no existe una elección verdaderamente arbitraria. Este fue realmente un caso afortunado, que me sorprendió. Que uno pueda ir de las características del niño a la alantoides de la abuela es algo que normalmente no ocurre en el diagnóstico. Me sorprendió mucho que ese fuera el motivo; por otro lado, el resultado muestra que uno debe intentar avanzar hasta la causa última.

La Dra. Wegman lee el «Quinto caso» descrito en el libro mencionado al principio, en las páginas 114—116: «Una paciente de 26 años llegó a nuestra clínica con las graves consecuencias de una gripe que había cursado en 1918 acompañada de catarro pulmonar y que había sido precedida por una pleuritis que ocurrió en 1917. Desde la gripe, la paciente no había podido recuperarse por completo. En 1920 estaba muy delgada, débil y tenía fiebre ligera y sudores nocturnos. Poco después de la gripe comenzaron a aparecer dolores en la zona lumbar que continuaron aumentando hasta finales de 1920; y luego se observó una curvatura en la espalda a causa de intensos dolores. También apareció una hinchazón en el dedo índice derecho. Un tratamiento en cama supuestamente mejoró los dolores de espalda. - Cuando llegó como paciente a nuestra clínica, tenía un absceso por descenso en el muslo derecho, abdomen distendido con algo de ascitis y sonidos catarrales sobre los vértices pulmonares, tanto a la derecha como a la izquierda. La digestión y el apetito eran buenos. La orina estaba concentrada y mostraba rastros de proteínas. La investigación espiritual reveló: Hipersensibilidad del cuerpo astral y de la organización del yo; tal anormalidad se manifiesta inicialmente en el cuerpo etérico en que este no desarrolla las funciones etéricas propias, sino una impresión etérica de las funciones astrales.»

Esto es muy interesante, porque en este caso, como aquí, el cuerpo etérico es tan débil que no realiza sus propias funciones, sino que actúa como una matriz, como cera, en la que el cuerpo astral imprime sus propias funciones. Tenemos un cuerpo etérico que en realidad funciona como un cuerpo astral enmascarado. Eso es lo que pasa aquí.

«Las funciones astrales son degradantes. Por lo tanto, la vitalidad y el proceso normal en los órganos físicos deben mostrarse atrofiados. Esto siempre está relacionado con procesos, por así decirlo, extra-humanos que ocurren en el organismo humano.»

Tenemos que mantener esto estrictamente. Cuando algo entra en el organismo humano, ya sea en cualquier estado de agregación o aire caliente, etc., debe pasar por un cambio dentro del organismo humano —en términos generales, dentro de la piel humana—. Nada permanece igual dentro y fuera del organismo humano. La organización humana debe procesar todo lo que viene del exterior. Ningún proceso de calor ocurre en el cuerpo como ocurre en una piedra, donde simplemente una temperatura pasa y calienta la piedra. Si somos calentados desde afuera, como un cuerpo inorgánico, procesamos el calor que nos llega tan profundamente que se integra completamente a la vida. Si aparece un resfriado, incluso uno interno de los órganos internos, no proviene del interior, sino de un estado de calor impuesto desde el exterior.

Esto llega hasta los estados del metabolismo. Cuando una sustancia entra, debe ser transformada hasta sus procesos más íntimos en el organismo humano. Si hemos absorbido algo —por ejemplo, un carbohidrato—, todavía ocurre un proceso en el organismo. El proceso de carbono-hidrógeno-oxígeno que ocurre fuera de la naturaleza humana no debe estar de la misma manera dentro. Allí hay un proceso ajeno a la naturaleza humana dentro del ser humano. Sobre esto se basan esencialmente todos los estados de enfermedad que se deben a la acumulación metabólica. En todos ellos, básicamente, es porque no ocurren procesos de calor por el propio ser humano, sino procesos que surgen como procesos propios de la materia, porque la organización humana no es lo suficientemente fuerte en algún aspecto. Por ejemplo, si la organización del Yo es demasiado débil, se encontrará que la grasa absorbida no se procesa correctamente. Si la organización astral es demasiado débil, se descubrirá que los carbohidratos no se procesan correctamente. Si la organización etérica es demasiado débil, se encontrará que los estados de proteína absorbidos no se procesan correctamente. Esto es algo que se debe tener en cuenta.

«El absceso de hundimiento, los dolores de espalda, la hinchazón del cuerpo, las manifestaciones catarrales de los pulmones y también el procesamiento deficiente de las proteínas provienen de esto. La terapia consiste en reducir la sensibilidad del cuerpo astral y de la organización del Yo. Se logra administrando ácido silícico, que siempre fortalece la fuerza propia frente a la sensibilidad.»


Así que el ácido silícico siempre fortalece la fuerza propia frente a la sensibilidad.

«En este caso lo hicimos poniendo ácido silícico pulverizado en la comida y aplicándolo en forma de enemas. También derivamos la sensibilidad colocando emplastos de mostaza en la parte baja de la espalda. Su efecto se basa en que, por sí mismo, provoca sensibilidad y con ello la transfiere al cuerpo astral y a la organización del Yo.»

Vea cómo se ayuda uno a sí mismo: se ponen cataplasmas de mostaza en la parte inferior; esto provoca una sensibilidad artificial. Esta sensibilidad artificial le quita al cuerpo astral su sensibilidad interna, creando así una insinuación. Esto ocurre a menudo cuando hay algo que no está bien en los miembros humanos, se crea una insinuación; entonces aquí hay una fuerte insinuación del cuerpo astral hacia abajo. Si se vuelve lo suficientemente fuerte, entonces la sensibilidad ya no está presente. La sensibilidad del cuerpo astral disminuye hacia abajo. Si la sensibilidad se mueve hacia arriba, se incrementa.

«A través de un proceso que modera la hipersensibilidad del cuerpo astral en el tracto digestivo, logramos desviar esta actividad astral hacia el cuerpo etérico, donde normalmente debería estar. Lo logramos con pequeñas dosis de cobre y carbo animalis. A la posibilidad de que el cuerpo etérico evite la actividad digestiva normal a la que no está acostumbrado, le hacemos frente administrando jugo de páncreas.»


Esto es solo una ayuda, una última ayuda.

«El absceso de hundimiento se punturó varias veces. Se drenaron grandes cantidades de pus mediante aspiración. El absceso disminuyó y la hinchazón abdominal se redujo, a medida que la producción de pus fue disminuyendo hasta desaparecer finalmente. Mientras aún fluía pus, un día nos sorprendió un nuevo aumento de fiebre. Esto no nos pareció inexplicable, ya que, con la constitución del cuerpo astral descrita anteriormente, pequeñas excitaciones psíquicas pueden causar tal fiebre. Pero hay que distinguir entre la explicabilidad de la fiebre en estos casos y su efecto altamente dañino. Porque, dadas las condiciones mencionadas, tal fiebre es prácticamente el mediador de una profunda intervención de los procesos de descomposición en el organismo. Y hay que asegurar de inmediato un fortalecimiento del cuerpo etérico, para que este paralice el efecto dañino del cuerpo astral. Aplicamos inyecciones de plata altamente potentes y logramos la disminución de la fiebre. - La paciente dejó la clínica con un aumento de peso de 20 libras y en un estado fortalecido. No nos engañamos pensando que, en este caso, un tratamiento de seguimiento aún debe consolidar la curación.»

Pues el caso debería mostrar cómo realmente se puede llegar a aprovechar terapéuticamente aquello que de otro modo se dice de forma más teórica sobre el cuerpo astral y el cuerpo etérico. Ahora uno se puede encontrar frente a la pregunta que siempre han planteado las personas «bienintencionadas»: ¿Se deben decir los términos que se han usado aquí como la cruda verdad y realidad, o se deben suavizar? — Las personas «bienintencionadas» han dicho que no se debe decir cuerpo etérico, sino procesos funcionales o algo similar. Con eso no se llega al cuerpo astral. Ahora bien, la cosa es que la mayoría de las enfermedades no se abordan en su esencia si no se llega hasta el cuerpo astral. Los daños que ocurren por la organización del yo, es decir, los daños graves que surgen por las deposiciones del metabolismo: la cuestión es que esos daños ya son bastante evidentes. En cambio, más insidiosos son los daños de descomposición que surgen a través del cuerpo astral. Justamente de eso hay que hablar de manera totalmente real.

Ahora la cosa va a ser así: se puede decir simplemente —sí, mucha gente dirá— que no se debería hablar con la gente sobre el cuerpo astral y el cuerpo etérico. Pero si no se habla con la gente sobre eso, no hay ninguna razón para creer que aquí hay algo realmente nuevo. La gente cree que aquí sólo se ha cambiado un poquito una cosa u otra, que se hace igual que en otros lados, que es como un pequeño avance a lo sumo. ¡Pero no es así! Y eso debe presentarse a la gente con toda claridad radical. Si se muestra que no son cosas abstractas, sino que se señalan en estos muchos casos concretos cómo son los casos individuales, y luego se muestra cómo el diagnóstico se pasa a la terapia, y cómo, en cuanto se aplica la terapia, la curación avanza: entonces es algo que debe ser comprendido, de lo contrario uno tendría que desesperar sobre la capacidad de la humanidad de entender. Estoy completamente convencido de que solo este método puede ayudarnos: decir las cosas con total valentía y audacia.

Se pregunta cómo se presenta la imagen científica en el estudio íntimo del carcinoma.


En el carcinoma, uno se enfrenta al hecho de que en un lugar de la organización donde no hay motivo para provocar un órgano sensorial, se provoca un órgano sensorial. Tomen, digamos, la organización sensorial más radical —solo para entenderlo—, tomen el ojo. ¿Cómo se forma el ojo? Sabes, en realidad está formado en parte desde fuera; está integrado en el organismo. El organismo, por sí mismo, deja espacio — hablando en términos generales — para la cavidad ocular. Luego se incorpora el ojo. Esto sugiere que en la formación del ojo actúan principalmente procesos que no son humanos. El ojo solo es abarcado por el ser humano. Cuando tenemos un órgano sensorial tan evidente como el ojo, podemos decir: se integra en el organismo humano un cuerpo extraño. Esto dicho de forma radical, porque es algo totalmente inusual. Nunca surgiría del organismo humano algo como la forma del cristalino o del humor vítreo, ni la composición sustancial del cristalino o del humor vítreo. Ahora, todo lo que se deposita allí, que a veces incluso en el ojo es una incorporación etérica, no solo física, es abarcado por el cuerpo astral y la organización del yo, que en realidad están lo más emancipados posible de lo físico y lo etérico en el ojo. En el ojo hay una relación completamente distinta entre el yo, el cuerpo astral, el cuerpo etérico y el cuerpo físico que, digamos, en un trozo de músculo. En un trozo de músculo de la pantorrilla ves una integración mucho más íntima del yo, el cuerpo astral, el cuerpo etérico y el cuerpo físico. Es la constitución normal en la unión de ello. Si escribiera siguiendo el tipo de una fórmula química, en el ojo es así: el Yo y el cuerpo astral están muy unidos (ver dibujo I y A), y de igual manera los otros dos también están intensamente ligados. Hay solo una afinidad suelta entre el cuerpo etérico y el cuerpo astral. Esto solo ocurre en el caso del ojo.

Con otros órganos sensoriales, por ejemplo el oído, no es así, no se puede expresarlo de la misma manera. Allí ya existe en realidad una afinidad floja entre la organización del yo y el cuerpo astral, y nuevamente entre el cuerpo físico y el cuerpo etérico. En cada sentido es algo diferente.

Si en algún lugar del organismo humano, donde no debería haber una organización sensorial, surge la tendencia a formar una organización sensorial —y en cualquier parte del organismo humano puede aparecer esta tendencia; lo que debería suceder en otro lugar, puede surgir en cualquier otro lugar—, entonces se ve cómo el cuerpo físico y el cuerpo etérico, por un lado, y el cuerpo astral y el yo, por el otro, se separan.

Tome un caso muy concreto. En un golpe físico fuerte, digamos un golpe en la glándula mamaria, el golpe se propaga hacia adentro de manera que, dentro de la piel —dicho de manera aproximada— muestra un desarrollo de efecto que tiene su origen desde afuera, es decir, un insulto mecánico que se propaga hacia adentro. Para un carcinoma de mama, en la mayoría de los casos, este será el origen verdadero. Podría ser solo un proceso de sobrecalentamiento más prolongado o una quemadura. Siempre será, en este sentido —hablado de manera externa, como lo menciono aquí— un insulto que lo provoca. Entonces ocurre, en este caso, algo que hace que el cuerpo astral aparezca en el lugar, cuando normalmente está absorbido por el cuerpo etérico. Cuando el cuerpo astral aparece repentinamente en el lugar, se muestra en, digamos, luz de mica; aparece como si estuviera ardiendo. Si es tan notable, entonces en el lugar se genera la tendencia a formar una sensación, y ahí se desarrolla un carcinoma. No se trata de una cuestión de que se pueda empezar al menos con las siete primeras vacunaciones.

Las conexiones ahí se vuelven especialmente interesantes cuando uno ve cómo una cosa está relacionada con otra. Supongamos que tienes a alguien que ya no es tan joven. Se ve obligado a extirpar el carcinoma. Pero lo que se manifiesta es lo que está en un carcinoma bastante desarrollado, de tal manera que, en realidad, en todo el cuerpo, porque el organismo es uno, existe una tendencia a dejar que se desarrollen procesos no humanos. El carcinoma cambia en su curso de una manera muy extraña. El carcinoma local se convierte después de un tiempo en una válvula para concentrar el desarrollo carcinomatoso. Si extirpas el carcinoma, de repente la válvula desaparece. Pero si tratas con una persona mayor, este poder de crear válvulas para la inclinación existente a lo no humano en el ser humano se dirige ahora al órgano que más absorbe lo inorgánico no humano, los pulmones. Por eso, especialmente en carcinomas presentes en la vejez, verás que el proceso se manifiesta como neumonía. Si el organismo está esclerótico, el proceso en la vejez termina con neumonía. Eso tiene que ver con que el organismo viejo absorbe lo que está fuera del humano más y más fácilmente que el más joven. El órgano que más fácilmente absorbe procesos fuera del humano es el pulmón; y al hacerlo se daña. Hay un órgano que puede absorber fácilmente procesos fuera del humano sin dañarse; ese es el hígado. Este es muy resistente a los procesos fuera del humano. El pulmón los absorbe, pero se daña por ello. Lo esencial es que el pulmón absorbe fácilmente y se daña al hacerlo.

Pregunta sobre la heredabilidad de la predisposición a los carcinomas.


Esto está relacionado con las ideas que se han adquirido. Por sí mismo, el ser humano no tiene una inclinación a temer al carcinoma. Esto se deduce del hecho de que este miedo en realidad solo existe más entre las personas civilizadas de clases educadas. Los campesinos en el campo no tienen miedo. Ellos desarrollan el carcinoma, mueren por ello, y ni siquiera sabían nada del carcinoma. Esto es algo que se basa en la educación, contra lo cual se debe actuar.

¿Hasta qué punto es necesario en estos dos casos la visión suprasensorial y cómo se aplica?


Los procedimientos deben ser los siguientes: primero, para empezar en absoluto, hay que dominar completamente la visión espiritual —lo que se revela con el tiempo—, y ver cómo lo que puede constatarse desde la ciencia espiritual está conectado con los síntomas hacia el exterior. Si no se indica otra cosa, siempre es visible el hallazgo puramente espiritual.

¿Cómo se manifiesta hacia afuera?


También se puede decir ahora: Por supuesto, debería ser meditativo. Puedes meditar sobre la artritis articular, puedes meditar sobre la diabetes. Pero eso te hace retroceder de nuevo. Es un muy buen camino para llegar a la observación antroposófica si meditas un proceso de enfermedad a partir de los síntomas. Simplemente no se puede recorrer fácilmente el camino inverso. Incluso puedes hacerlo como los homeópatas, que componen el complejo de síntomas y a partir de eso hacen la terapia. Pero ahí sucede —no digo que pueda pasar, sé que sucede— que a veces los síntomas se sobrestiman o se subestiman, se combinan de manera incorrecta, de modo que, en ocasiones, un complejo de síntomas compuesto por homeópatas es simplemente una caricatura de la realidad. Si meditas eso, te estás metiendo en las caricaturas. Si tienes una verdadera causa antroposófica, esa será determinante para el complejo de síntomas, entonces no sobrestimarás ni subestimarás ninguno de los síntomas. Habrás notado que los síntomas los hemos organizado primero, no son caricaturas, sino complejos de síntomas bien desarrollados. Al meditar, te encuentras con la imposibilidad de hacer hallazgos antroposóficos. Y si alguien dice que eso no va a funcionar, tengo que decir: Prueba una vez, pero no con un complejo de síntomas armado al azar, sino con un complejo de síntomas constatado desde la ciencia espiritual.

¿En qué se basa la eurythmie?


En el organismo humano, todo se basa en que un consciente se remonta a un inconsciente. La eurythmie se basa en que, cuando la persona llega al mundo y quiere expresarse, no le falta un lenguaje como tal, sino la expresión a través del uso de los movimientos corporales. Esto es reprimido, no puede hacerlo y no se le permite. Hoy en día, esto reprimido no se nota, porque ya fue reprimido a través de la herencia. Todo eso se organiza, se metamorfosea, sale a la luz y se vive en el lenguaje. Si se sabe cómo esto se ha vivido dentro del lenguaje, se sabe que ese es el origen del lenguaje, entonces se llega a los movimientos del lenguaje de vuelta, conscientemente al revés. También aquí es así: el diagnóstico de la ciencia espiritual ilumina el complejo de síntomas. Si uno lo imagina y lo medita, se vuelve de nuevo hacia el diagnóstico de la ciencia espiritual.

Tengo que dejarlo en estas tres horas; espero que nos volvamos a ver. Pero si vienes más a menudo, el pequeño ser social se convertirá en la clave para la acción futura.

De todas formas, fue bonito que pudiéramos hablar de las cosas una vez más.

Traducido por J.Luelmo