CRISTO EN EL SIGLO XX
Rudolf Steiner
Acerca de la existencia real de Cristo
Oslo, 13 de junio de 1910
¡Estimados presentes!
Este año también quiero expresar, que lamento muchísimo no poder dar en su idioma, las explicaciones que hoy tengo
Es necesario, desde el punto de vista de las ciencias del espíritu, que se hable de este tema de la investigación espiritual. Esto ya indica que todo el modo de tratamiento, de presentación, al que se someterá la
El año pasado, tuve la oportunidad de hablar aquí sobre un tema similar, desde entonces se ha
Así como es significativo que la ciencia haya llegado a este punto en la investigación de hechos externos, también es significativo que en nuestro tiempo, poco reconocido por nuestra educación actual, se esté imponiendo una corriente espiritual que, basándose únicamente en los hechos de la investigación espiritual, deba decir: Estos hechos de la investigación espiritual muestran la realidad de Jesús con una certeza que ningún documento externo ni ninguna tradición externa puede dar. Allí donde la investigación de hechos externos pierde la posibilidad de probar al Jesús histórico, entra la investigación espiritual, que cada vez más será capaz de demostrar con absoluta seguridad la realidad de Cristo Jesús como un hecho histórico.
Nuestro tiempo ha logrado cosas grandes y poderosas en relación con la investigación de hechos físicos externos, y con razón se enorgullece de ello. Sin embargo, la investigación del espíritu tiene la obligación de señalar que es posible crear otros instrumentos, otras herramientas, que no se realizan con las manos externas ni se ven con los ojos externos, pero que pueden ser generadas por el ser humano si desarrolla más allá del nivel normal las fuerzas que ya existen en su vida interior ordinaria: las fuerzas del pensar, del sentir y de la voluntad. La ciencia espiritual debe señalar que las fuerzas del pensar, del sentir y de la voluntad, tal como las tiene el ser humano al desarrollarse normalmente, se pueden aumentar, y que incluso hoy, como ha habido desde tiempos antiguos, hay investigadores del espíritu que no solo utilizan instrumentos externos y herramientas externas para su investigación, sino que también desarrollan aquellas fuerzas internas que yacen dormidas en el alma humana.
Quien se convierte en investigador haciéndolo de esta manera, obtiene nuevos órganos de conocimiento que le permiten descubrir algo que de otra forma no habría podido ver: órganos mediante los cuales se produce, en un nivel superior, lo mismo que en un nivel inferior le ocurre a un ciego de nacimiento, cuando lo operan [y gracias a ello puede ver], pudiendo ver los colores y formas a su alrededor, de los que antes solo sabía por los relatos de otras personas. Así pasa con el mundo espiritual: es real, pero solo se convierte en un hecho que puede experimentar por sí mismo, cuando la persona es capaz de elevar las fuerzas dormidas en su interior hasta el nivel de la clarividencia —la verdadera, no la patológica—.
En la investigación espiritual se aplica lo mismo que en cualquier otra investigación: así como una persona en la vida cotidiana no puede siempre ponerse en un laboratorio y trabajar con matraces y otras herramientas para arrancarle secretos a la naturaleza, del mismo modo, por supuesto, el hombre común tampoco puede dedicarse a todo lo que realiza el investigador espiritual. Sobre esto pueden encontrar bastante en mi libro «¿Cómo se obtienen conocimientos de los mundos superiores?». Pero siempre hay que subrayar que se da la misma situación que con lo que el químico investiga en su laboratorio: uno se entera de lo que él ha investigado con sus herramientas, y lo investigado puede luego ser comprendido por la voluntad natural hacia la verdad. Lo mismo ocurre en la ciencia espiritual o teosofía: algunos pueden convertirse en investigadores y desarrollar sus capacidades de clarividencia, entonces pueden informar sobre lo que se puede observar en el mundo espiritual, y eso puede luego ser entendido mediante la razón, mediante el pensar natural [racional]. Hoy queremos que se nos presente un resultado de la investigación espiritual, de manera que ustedes, –les pido–, que lo reciban como si un químico les contara lo que ha investigado en su laboratorio.
En relación con la concepción de Cristo y nuestra postura frente al problema de Cristo, hoy nos encontramos en una época importante y destacada en el desarrollo de la humanidad. Créanme, quien se encuentra desde el punto de vista de la ciencia espiritual no es generoso con la palabra: estamos en una época de transición. — Sabe que para cada era ya se ha usado esta palabra. Solo la utiliza cuando las relaciones de los hechos espirituales lo requieren, cuando en una época determinada ocurre algo muy especial. Vivimos en un tiempo que la investigación espiritual solo puede comparar con la época aún más significativa de los últimos siglos antes de la iniciación del cristianismo, cuando las expectativas de las personas estaban al máximo nivel por un evento que debía llegar y que se expresó en las palabras de Juan el Bautista: Cambien su estado espiritual, porque los reinos de los cielos, —el mundo espiritual—, se han acercado. Hoy el investigador espiritual vive con una expectativa similar, y de manera similar podemos hablar a la humanidad actual: Estamos ante una nueva revelación de Cristo. Sin embargo, será de un tipo completamente diferente al de hace 1900 años.
¿Qué entiende ahora la ciencia espiritual por Cristo cuando habla de la nueva revelación de Cristo en el siglo XX? Para la ciencia espiritual, Cristo es el impulso más elevado que ha intervenido en el desarrollo de la humanidad. Todos aquellos que alguna vez pudieron ver con ojo clarividente la vida espiritual de la humanidad, siempre hablaron de Cristo, aunque usaran otros nombres. Incluso los grandes maestros de la India antigua, conocidos generalmente como los santos Rishis, hablaron de Cristo. Pero, ¿cómo hablaban de él? Hablaban de tal manera que todos los que los entendían podían saber: cuando hablaban de «Vishvakarman» - ese era el nombre con el que designaban a Cristo -, entonces hablaban del poder espiritual más alto al que el ser humano puede elevarse, si, -prescindiendo de todo lo que brinda la percepción externa y sensorial-, se sumerge en sus propias fuerzas del alma, y
Luego llegó el tiempo en que otro gran líder del desarrollo de la humanidad señaló hacia Cristo. Quien pueda mirar más allá de nombres y denominaciones, sabe que el gran Zoroastro o Zaratustra habló de la revelación de Cristo. ¿Qué expresaba Zaratustra con su clarividencia, que había adquirido de la misma manera como hoy se ha hablado de la clarividencia, cuando señalaba a sus oyentes hacia el sol que brilla en el espacio exterior? ¿Cómo hablaba del sol? -Hablaba así:- Si ustedes miran hacia el sol y ven su luz física, esa luz física solo es el ropaje del ser espiritual. Este cuerpo del ser espiritual se relaciona con lo que verdaderamente vive en el sol, como la corporalidad externa del ser humano se relaciona con lo que espiritualmente, como alma, recorre, atraviesa y vive el cuerpo humano. - Pero Zoroastro lo llamaba, -no importa la palabra exacta ahora-, «Aura» o «Ahura Mazdao». Para el ojo interior, es perceptible como luz interna frente a la corporalidad externa. Para el ojo clarividente, un aura es lo que atraviesa espiritualmente a la persona. Así, Zaratustra señalaba a los humanos hacia el sol: La luz externa del sol es la corporalidad para el espíritu solar, que él, en contraste con la pequeña luz interna en el humano, llamó la «gran aura». La gran aura solar era para Zaratustra lo que vive y actúa en todo el desarrollo de la humanidad. Para él, eso también era lo que la persona alcanza cuando toma la fuerza interior del alma, cuando se sumerge en sí misma. Así hablaba Zoroastro o Zaratustra del gran espíritu solar, pero lo describía de tal manera como una espiritualidad real y verdadera que impregna y atraviesa el mundo.
La ciencia natural estudia la materia que compone al ser humano y que también actúa en el espacio exterior. En lo que respecta a la corporalidad, ve al ser humano como parte del macrocosmos. Pero nunca se ha apagado en el ser humano el anhelo no solo de reconocer su pertenencia al gran universo de manera material y sensorial, sino también de encontrar la conexión entre lo espiritual que lo atraviesa y
Quiero hablar, así que vengan y escúchenme, ustedes, que vienen de cerca y de lejos y llevan el deseo. Quiero hablar de aquel que puede hacerse evidente para el espíritu. Y que el sentido engañoso ya no confunda a las personas, que se atan a la materialidad y a la naturaleza inferior. Quiero hablar de lo que en el mundo es lo primero y lo más grande, lo que me ha revelado, el gran espíritu del sol, Ahura Mazda.
Así quería Zaratustra sugerir que es posible reconocer los hechos espirituales de la misma manera que los materiales, que llenan el espacio y se desarrollan en el tiempo.
Hoy, el ser humano siente el impulso, el anhelo, de reconocer que su alma y su espíritu han nacido del espíritu del mundo. Pero no existe un puente que cruce el abismo [entre el mundo sensible y el mundo suprasensible]. Sin embargo, este puente quiere construirlo la ciencia espiritual, y lo hace desarrollando las fuerzas superiores dentro del alma humana. La ciencia espiritual nos muestra cómo se ha desarrollado la humanidad, a lo largo del tiempo. Como objetivo de este desarrollo se revela lo que el investigador espiritual, el científico espiritual, logra al liberarse de todo lo que está ligado a la naturaleza exterior, a la corporalidad externa. Esto ofrece a la humanidad en una forma completamente diferente, lentamente y gradualmente. Justamente la ciencia espiritual nos hace ver claramente que en relación con la naturaleza interna del ser humano existe un verdadero progreso, un verdadero desarrollo. Observemos lo que es capaz de hacer el investigador espiritual: él es capaz de mirar dentro del mundo espiritual, no con la percepción ordinaria y cotidiana, sino solo si, mediante un fuerte acto de voluntad interior, eleva a su ser superior por encima del ser inferior, si se libera de la percepción común y cotidiana; entonces puede ver lo que, por ejemplo, es objeto de una reflexión como la de hoy. Para el científico espiritual es necesario crear circunstancias muy especiales. Lo que se llama clarividencia, y que se produce por sí misma, es algo completamente diferente a lo que el investigador espiritual provoca mediante un acto de voluntad fuerte y con lo cual, independiente de cualquier corporalidad, puede mirar dentro del mundo espiritual. Pero lo que él alcanza en un nivel más alto de la investigación espiritual, poco a poco se convertirá en una habilidad de las fuerzas naturales de la humanidad. El ser humano se desarrolla de época en época, de era en era. Siempre se adquieren fuerzas de conocimiento más elevadas. Por eso el científico espiritual puede decir que en el progreso de la humanidad se desarrolla lentamente una nueva capacidad de conocimiento. El investigador espiritual puede, —esto hay que decirlo—, en cierto sentido, también prever algo de manera profética, si observa la naturaleza de las almas en una determinada época, las fuerzas que tienden hacia un cierto objetivo. Y hoy estas fuerzas tienden hacia un cierto objetivo.
Cuando miramos atrás a la manera en que la gente se ha referido a Cristo a través de las distintas épocas, siglos y milenios, —aunque usando otros nombres—, encontramos una diferencia enorme con la forma en que hoy hay que hablar. En todos los tiempos antes del inicio de nuestra era cristiana, los verdaderamente conocedores hablaban del Cristo como de alguien que había de venir, como alguien que en el futuro aún se revelaría a la humanidad de una manera muy diferente. Los investigadores espirituales de entonces decían: ahora solo pueden ver al Cristo aquellos que pueden elevarse a los mundos superiores; ellos ven al Cristo en la esfera suprasensible, en la esfera espiritual. — Así, los videntes de la India veían al Vishvakarman, así como Zaratustra veía al Ahura Mazda.
Pero siempre señalaban que Cristo también se mostraría alguna vez a otras capacidades de percepción humanas, no solo a las aumentadas, sino a las capacidades de percepción humanas ordinarias, a las fuerzas naturales del conocimiento humano. Así, toda investigación espiritual habla de Cristo no solo como una fuerza espiritual, un poder espiritual que vive en la humanidad, sino que habla de Cristo de manera que queda claro que Cristo, esa entidad de la que siempre se ha hablado y de la que se seguirá hablando en el campo de la ciencia espiritual en el futuro, realmente una vez tomó forma humana y que realmente vivió alguna vez como el histórico Jesús.
Para las ciencias del espíritu, Jesús de Nazaret es algo muy especial. Podemos compararlo con lo que una vez dijo el gran mecánico Arquímedes. Él dijo: Dame un punto fijo para mi palanca, y moveré la Tierra. — Él pedía un punto fijo en el que todo se pudiera basar. Solo así se entiende algo en el espacio, que tienes un punto fijo sobre el cual referirlo. De la misma manera, para las ciencias del espíritu, se vuelve comprensible lo que transcurre en el tiempo porque hay un punto fijo en el desarrollo histórico. Y todos los iniciados, todos los investigadores del espíritu antes del comienzo de nuestra era, señalaban este punto fijo como algo que vendría en el futuro. Pero nosotros señalamos este punto fijo como algo que ya se estableció en el pasado, y a este punto fijo, a este Hypomochlion, referimos todos los eventos que alguna vez ocurrirán. Por eso, dentro de las ciencias del espíritu, basándonos en los hechos y resultados de estas ciencias, hablamos del Jesús histórico como de una realidad. Las ciencias del espíritu también son capaces de comprender los evangelios de una manera nueva, iluminando sus profundidades. Si te adentras más en las ciencias del espíritu, verás que justamente ellas aportan nueva luz al entendimiento de los evangelios. Pero las ciencias del espíritu no dependen de estos documentos para su conocimiento sobre Cristo Jesús. Todo lo que dicen lo dicen de manera independiente de toda tradición histórica. Y solo comparando sus resultados con los evangelios, estos se iluminan más profundamente.
¿Qué significado tiene el hecho de que el Cristo haya caminado entre los humanos en el cuerpo físico de Jesús?, ¿Que haya cumplido lo que llamamos el misterio de Gólgota?, ¿Que nos puede enseñar que lo espiritual siempre triunfa sobre lo corporal?, ¿Que la vida siempre vence a la muerte? ¿Qué significa este impulso en la evolución de la humanidad? Desde el momento en que el Cristo habitó en el cuerpo físico de Jesús de Nazaret, ahora el ser humano, si desciende a su propia alma, puede experimentar en sí mismo lo que antes era solo cósmico, lo que solo podía alcanzar estando fuera de su cuerpo, como una fuerza espiritual. Nunca podrá entender el impulso del Cristo, aquel que, desde su forma de ver el mundo, no puede aceptar que una fuerza del cosmos haya penetrado en las almas humanas individuales, se haya introducido para ser una fuerza que actúe en estas almas,.
No antes, sino únicamente a partir del acontecimiento de Palestina, surgió en las almas humanas un nuevo impulso. Desde entonces, hay algo en las almas humanas que antes no existía. La gente comprende fácilmente que en las mezclas químicas externas, cuando se añade una nueva sustancia, surge algo nuevo. Eso lo entienden más fácilmente que el hecho de que en aquellos tiempos, cuando Jesús caminaba sobre la Tierra, sucedió algo con toda la humanidad porque desde los ámbitos suprasensibles llegó algo nuevo a las almas humanas. Así como una nueva sustancia actúa en una mezcla de sustancias, desde entonces actúa en las almas humanas una fuerza totalmente nueva, una fuerza que lleva a estas almas humanas cada vez más lejos. La ciencia espiritual nos muestra que, de hecho, desde la aparición de Cristo en la Tierra, el ser humano en relación con su esencia más profunda está destinado a algo completamente nuevo a algo para lo que antes no estaba destinado. Eso debe ser recalcado por la ciencia espiritual con toda claridad, se podría decir, con todo idealismo.
Pero ahora la investigación espiritual nos muestra que este impulso, que en aquel entonces quedó sembrado en las almas de las personas, solo puede desarrollarse lentamente, que al principio apenas se hizo perceptible y que solo poco a poco, hasta el futuro más lejano, llevará a la humanidad a niveles cada vez más altos. Para entender lo que está ocurriendo en el ser humano, debemos tener en cuenta otro hecho que la ciencia espiritual investiga. Hablar de esto, sin embargo, es algo arriesgado en nuestros días, porque en la actualidad pocas personas están dispuestas a seguir lo que aquí debe decirse desde la ciencia espiritual. Ella nos muestra, —y aquí nos apartamos por un momento de nuestro tema principal—, lo siguiente: nos muestra lo más profundo de la naturaleza humana, nos muestra algo que la humanidad en constante desarrollo comprenderá en un tiempo relativamente corto, pero que hoy en día es considerado por muchos como fantasía o como el mayor sinsentido. Lo que nos muestra la ciencia espiritual se puede comparar en un nivel superior con algo que la humanidad ha considerado verdadero en un nivel más bajo solo desde hace relativamente poco tiempo, —esto debe repetirse constantemente.
En el siglo XVII no solo los laicos, sino también los investigadores eruditos, que se mantenían firmes en el terreno de la ciencia natural, creían que del lodo de los ríos podían desarrollarse gusanos, insectos e incluso peces, sin que se hubiera depositado un germen correspondiente. Y fue entonces el gran naturalista Francesco Redi quien, en el siglo XVII, pronunció la significativa frase: Lo vivo solo puede venir de lo vivo. - En un escrito del siglo VII después de Cristo, por ejemplo, se explica cómo lo vivo se desarrolla sin germen, —con la misma seguridad con la que en aquella época se afirmaban las cosas en algunos escritos científicos. Allí se presenta lo siguiente: si se golpea hasta descomponerse un cadáver de caballo, surgen abejas, y si se golpea hasta descomponerse un cadáver de burro, surgen avispas. Todo esto se esquematizaba de manera similar a como hoy en día se hace en muchos aspectos. Y cuando en el siglo XVII Redi expresó lo que solo en el siglo XIX recibiría una prueba científica, —lo vivo solo puede venir de lo vivo—, fue considerado un hereje y solo escapó por poco al destino de Giordano Bruno. En aquel entonces se quemaba a quienes afirmaban algo así; hoy eso ya no está de moda. Pero hoy, las personas que, en un ámbito superior, es decir, en el ámbito del espíritu, difunden la misma verdad y muestran que lo anímico-espiritual solo puede venir de lo anímico-espiritual, son consideradas herejes terribles.
Hoy se afirma que lo anímico-espiritual de una individualidad humana, —eso que crece día a día como características y rasgos del alma—, proviene únicamente de las cualidades del padre y la madre, del abuelo y la abuela, etcetera. Ahora bien, la ciencia espiritual muestra que procedente de un pasado espiritual, un ser anímico-espiritual se introduce en lo que se hereda del padre y la madre, del abuelo y la abuela, y así sucesivamente, de la misma manera que una semilla debe colocarse en la materia del suelo y luego desarrollarse en ella, y que en lo que se hereda se despliega lo autónomo, lo individual, que proviene de una existencia anterior de naturaleza anímico-espiritual. Muestra que lo anímico-espiritual no puede ser reducido a lo que está en la línea de herencia física, sino a algo anímico-espiritual que no tiene nada que ver con lo físico. La moda ha cambiado: hoy se castiga a quienes enseñan algo así llamándolos tontos. Hoy en día, ya se considera una autoridad a quien dice: Lo vivo solo puede provenir de lo vivo. —De la misma manera, la otra verdad, que lo anímico-espiritual solo puede provenir de lo anímico-espiritual, se convertirá, en un futuro no muy lejano, en un bien común de la humanidad. Para ese entonces no se podrá comprender, cómo la humanidad pudo haber creído alguna vez otra cosa.
Pero ahora, esta visión, si se sigue hasta sus últimas consecuencias, no es más que lo que se llama la doctrina de la reencarnación, la doctrina de las vidas terrestres repetidas: ese ser anímico-espíritual que vive en la vida terrestre presente ya vivió en una vida terrestre anterior, y la vida terrestre actual es el punto de partida para una futura. Lo anímico-espiritual del pasado busca un terreno fértil en el que pueda establecerse, el terreno fértil de padre y madre, abuelo y abuela, y así sucesivamente. Una cosa es tan necesaria como la otra. Para quien ha adquirido clarividencia y clariaudiencia, la visión de las vidas terrestres repetidas es algo evidente.
Todos saben que la enseñanza de las vidas terrestres repetidas es una doctrina muy antigua y que fue difundida con particular fuerza en Oriente por Buda y la comunidad religiosa que él fundó, llegando a millones y millones de almas. Pero la investigación espiritual moderna no toma esta enseñanza del budismo; esto debe subrayarse. Sería un malentendido decir que la teosofía moderna o la ciencia espiritual, han tomado del budismo la enseñanza de las vidas repetidas. No se necesita una enseñanza antigua para ello. Así como no hace falta recurrir a los escritos de Euclides para demostrar que la suma de los ángulos de un triángulo es de 180 grados, tampoco hace falta acudir al budismo para demostrar la reencarnación. Incluso hoy se puede investigar la verdad sobre las vidas terrestres repetidas.
Para aquel que realmente comprende el impulso de Cristo, la verdad de las vidas terrenales repetidas se presenta de manera diferente que para el seguidor de Buda. Buda siempre enfatizó el hecho de las vidas terrenales repetidas. Él presentó a la humanidad sus llamadas «cuatro nobles verdades»: nacer es sufrimiento, enfermar es sufrimiento, morir es sufrimiento, no estar unido a lo que uno ama y estar unido a lo que uno no ama es sufrimiento. - Liberarse del karma, de tener que descender repetidamente desde lo espiritual a un cuerpo terrenal, liberarse lo antes posible del impulso de existir, liberarse del instinto de encarnarse: ese es el impulso de la enseñanza de Buda. En la enseñanza de Buda, la doctrina de la reencarnación se nos presenta de manera unilateral. La enseñanza de Buda no tiene el impulso de introducir en las almas humanas lo que actúa a través de las reencarnaciones sucesivas y que despierta continuamente nuevas fuerzas en cada persona. En cambio, la ciencia espiritual, la teosofía moderna, ve en el impulso de Cristo algo que impacta en el alma humana, que toma la voluntad, la educa y la desarrolla, que actúa en el alma de tal manera que, si en una encarnación el alma es tocada por el impulso de Cristo, en la siguiente encarnación renace de manera nueva, de modo que el impulso de Cristo actúa en la próxima encarnación. Y porque actúa, este alma puede desplegar sus fuerzas, que aumentadas por la fuerza del impulso de Cristo, pueden desarrollarse hasta alturas aún mayores.
Por consiguiente en el impulso Crístico, vemos lo que continúa actuando en el alma humana de encarnación en encarnación, lo que da a las siguientes encarnaciones un nuevo sentido y un nuevo contenido. Por eso no hablamos de que debamos liberarnos lo antes posible del ciclo de la reencarnación, sino de que queremos impregnarnos cada vez más del impulso vivo de Cristo. Gracias a que Cristo descendió al plano físico, se ha hecho posible que nos impregnemos del impulso de Cristo como de una sustancia espiritual. Con razón se llama a la religión budista una religión de salvación. La religión cristiana no es una religión de salvación, sino una religión de resurrección. Lo que Cristo nos mostró con el misterio de Gólgota, al vencer la muerte mediante el espíritu, se repite una y otra vez cuando resucitamos en una nueva encarnación, fecundados por el impulso Crístico.
¿No debemos decirnos acaso: Llegarán tiempos en los que las obras de arte, que han encantado a miles y miles de almas humanas, se desharán en polvo? De igual manera es, tanto para con lo más grande como para con lo más pequeño, así es cómo los seres humanos pueden llegar, en nuestro mundo físico, a disolverse en polvo. Pero si la cuestión de las vidas terrestres repetidas, la vemos en el sentido de la reencarnación, entonces nos decimos: El artista ha incorporado algo de su alma en la materia; pero así también su alma se ha transformado, su obra ha influido en la materia, pero también ha repercutido de vuelta en el alma. – Así sucede con cada persona, en el caso del artista se muestra más claramente. En una nueva encarnación trabajamos con las fuerzas que adquirimos en la encarnación anterior. Estas fuerzas renacen, resucitan, se despiertan a una nueva vida. Así, tampoco es absurdo decir: Toda la Tierra algún día se convertirá en polvo. Así como el cuerpo de cada persona se descompone en polvo, toda la Tierra, el cuerpo de nuestra existencia planetaria, se descompondrá. Pero las almas humanas habrán alcanzado algo que pasa a nuevos niveles de existencia. El cuerpo terrestre desaparece y la humanidad pasa a nuevas formas. Y el impulso que vive en esto es el impulso de Cristo.
La ciencia espiritual observa con la mirada clarividente del investigador del espíritu una época que se encuentra temporalmente muy cerca de nosotros, donde ciertos eventos anteriores darán frutos. Todas las almas que a lo largo de la Edad Media procesaron en sí mismas el impulso de Cristo, que experimentaron los profundos misterios cristianos de la Edad Media, entonces experimentarán el impulso de Cristo en el sentido de Pablo: No soy yo quien vive, no soy yo quien actúa, es Cristo. - Verán su interior iluminado por la luz de Cristo. Este es el hecho importante al que se debe señalar. Este hecho puede preverse por la ciencia espiritual con tanta certeza como un eclipse de sol o de luna por la astronomía. Aquellas personas que entonces recibieron el impulso de Cristo en sus almas, que impregnaron su voluntad, su sentir y su pensar en el sentido paulino, volverán. Y los frutos de su reencarnación se mostrarán, ya que lo que vivieron entonces resurgirá como fuerza en su alma. ¿De qué manera resurgirá?
Las ciencias espirituales nos muestran que, en un futuro relativamente cercano y luego cada vez más en el próximo milenio, se desarrollará en el interior de las personas una nueva fuerza espiritual, que no se puede describir de otra manera que señalando el hecho de cómo se manifestó por primera vez en Pablo como una capacidad natural. Pablo no pudo ser convencido por todo lo que había oído contar en Palestina sobre Jesús el Cristo en el plano físico. Pero se dio cuenta de que el Cristo había vivido y resucitado, cuando, a través de sus órganos de percepción extrasensorial abiertos, mediante clarividencia natural, vio lo que llamamos el evento de Damasco. Allí, el Cristo se convirtió en un hecho para él mediante la experiencia interior, el Cristo que había realizado el misterio del Gólgota.
Aquellos que afirman que la aparición de Damasco fue solo una visión, al mismo tiempo sostienen que el hecho más importante de la cultura occidental, la religión de Cristo, se basa en una visión vacía. Pablo dice que ha comprendido a Cristo internamente y, por lo tanto, puede ver algo completamente nuevo que subyace al mundo, algo que antes no podía ver. Al principio, solo unas pocas personas se desarrollarán hasta ver de la manera en que Pablo veía antes de Damasco. Estamos en el siglo XX, (N.d T.-Para el lector de hoy ya estamos en siglo XXI), ante una nueva revelación de Cristo desde el mundo espiritual. Surgirán personas, primero pocas, después cada vez más, que verán vivir y tejer lo espiritual, que también está en ellos, afuera en el espacio, del mismo modo que ven vivir y tejer la materia, que también está en su cuerpo material, afuera en el espacio. Y para ellos será verdad lo que enseñaba Zaratustra, cuando se les muestre como experiencia el evento de Damasco, cuando miren hacia el espacio y el origen del ser del que provienen nuestro ser espiritual y material, y cuando vean esto a la luz espiritual.
Así que estamos frente a la puerta de entrada de una nueva evolución histórica, una nueva revelación de Cristo. El impulso de Cristo sigue actuando de tal manera que, al final, los misterios del ser de Cristo son vividos por las almas como experiencia. Físicamente, Cristo estuvo en el mundo solo una vez, como nos muestra la ciencia espiritual, y es un malentendido de todo el ser de Cristo si se pensara que una segunda vez aparecería un ser físico que pudiera llamarse Cristo. Este es el Hypomochlion: el impulso de Cristo siempre genera nuevas capacidades en el alma humana, y a las capacidades recién despertadas Cristo se irá revelando cada vez más. Cristo no ha dado el impulso para que siempre tenga que venir en forma física y la humanidad deba quedarse exactamente donde estaba. En ella se ha despertado la capacidad de verlo espiritualmente. Ha venido para que lo comprenda espiritualmente y lo reciba de manera cada vez más elevada.
Así estamos ante una revelación espiritual de Cristo; esta enviará la luz espiritual a las personas y les dará la fuerza para entender a Cristo cada vez más. En particular, el impulso de Cristo nos revela la certeza de que nuestras encarnaciones hacia el futuro ya no despertarán en nosotros la necesidad de liberarnos del ser, sino de penetrarlo cada vez más. La confesión de Cristo es una religión de la resurrección, a diferencia del budismo, que es una religión de la salvación. Ese es el mensaje que la ciencia espiritual o teosofía puede dar a la humanidad de nuestro tiempo: que estamos ante una nueva revelación de Cristo, que poco a poco nuevas capacidades de conocimiento llegarán al ser humano y que las personas podrán mirar en lo espiritual y ver a Cristo, y sabrán: ¡Él está allí! Se desarrollarán nuevas capacidades de conocimiento, a través de las cuales el Cristo eterno y vivo se revelará primero a unos pocos, luego a más y más personas y finalmente a todos los que sigan los caminos correspondientes.
Este es el mensaje que las ciencias espirituales quieren traer a Occidente. Y, en esencia, las ciencias espirituales no son nada más que aquello que desea llamar la atención sobre este gran hecho que no debemos pasar por alto. La gente debe comprender lo que va a suceder. Preparar el terreno para esta nueva revelación, preparar el terreno en la cultura occidental para el Cristo del siglo XX es lo que quiere la moderna teosofía, las ciencias espirituales. Quiere ser servidora de la humanidad en desarrollo. Así como el precursor del Cristo tuvo que decir: Cambiad la disposición del alma, porque el reino de los cielos se ha acercado —es decir, ha entrado en la mente humana—, así las ciencias espirituales de hoy deben decir: Cambiad la actitud, prestad atención a lo que se anuncia en las almas humanas como una fuerza nueva, como la fuerza de una nueva visión. Prestad atención, cambiad la disposición del alma. - Al ser humano que se impregna del impulso del Cristo le es posible penetrar en los reinos de lo Eterno e Inmortal. Y así resumimos nuestra reflexión:
El ser sigue al ser en el transcurso del tiempo.
Si permaneces en la inmensidad del espacio, en el transcurso del tiempo,
Entonces tú, oh ser humano, estás en el reino de la transitoriedad.
Pero tu alma se eleva poderosamente por encima de ella,
Cuando, al sentir o conocer, contempla lo imperecedero
Más allá de la inmensidad del espacio, más allá del transcurso del tiempo.
Traducido por J.Luelmo




