CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 24

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GA100 Kassel, 29 de junio de 1907 - Etapas posteriores del entrenamiento Rosacruz

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Evolución humana y conocimiento de Cristo
RUDOLF STEINER

Etapas posteriores del entrenamiento Rosacruz

Kassel, 29 de junio de 1907


14 conferencia, 

Ayer les expliqué lo que se conoce como la iniciación rosacruz hasta el tercer grado, el «conocimiento de las escrituras ocultas». Así, hemos conocido lo que en el sentido rosacruz se denomina «el estudio», luego «la obtención del conocimiento imaginativo» y, a continuación, lo que se denomina «la inmersión en la escritura oculta», en aquella escritura que se toma de las propias leyes de la naturaleza. Ahora nos corresponde avanzar hacia el cuarto grado de la iniciación rosacruz, hacia lo que se denomina la «preparación de la piedra filosofal». 

LA PIEDRA FILOSOFAL

Les ruego que se abstengan de todo lo que puedan leer en cualquier libro sobre la «preparación de la piedra filosofal» y que tengan claro que solo en nuestra época actual se puede informar sobre lo que los rosacruces realmente entienden por «preparación de la piedra filosofal».

Bajo este nombre existían ciertas normas para ascender a los mundos superiores desde que el conocido fundador de la Rosacruz creó esta corriente en 1459. Deben tener claro que esta corriente siempre se ha tratado con extrema cautela y se ha mantenido en secreto. Fue hacia finales del siglo XVIII y principios del XIX cuando, de forma indebida, a través de una especie de traición, ciertos secretos de la Rosacruz se hicieron públicos. 

En aquel entonces se publicaron diversos artículos al respecto; de ellos se desprendía que los interesados habían oído algo, pero no lo habían entendido. Sin embargo, al menos habían oído las palabras correctas, las habían captado, por así decirlo, también sobre «la piedra filosofal». En aquella época, incluso apareció en el entonces «Reichs-Anzeiger» una serie de comunicados sobre una sociedad que se había propuesto como objetivo «la preparación de la piedra filosofal»; y entre estos comunicados hay uno que solo podía entender quien sabía de qué se trataba. Dice así: «Sí, la piedra filosofal existe; en realidad, la mayoría de las personas la conocen; la mayoría incluso la ha tenido ya en sus manos, no es tan difícil de encontrar, ¡pero la mayoría no lo sabe!».

Ahora bien, a este concepto de la «piedra filosofal» se le atribuía el significado de que poco a poco nos enseña a conocer la parte inmortal del ser humano, que no está sujeta a la muerte, y que nos eleva a los mundos superiores. Cuando el ser humano toma conciencia de que esta parte inmortal no puede sucumbir a la muerte, entonces adquiere la vida eterna mediante la posesión de la «piedra filosofal»; de este modo, vence a la muerte. Esto se interpretaba como que nunca se moriría. Sin embargo, lo que se quiere decir es que es el modo en que el ser humano llega a conocer el mundo en el que vive después de la muerte. Además, se consideraba que la «piedra filosofal» era un elixir de vida. Todo ello hacía que la «piedra filosofal» fuera extraordinariamente codiciada. Quien sabe de qué se trata, tenía que encontrar estas palabras extrañamente acertadas, porque incluso son ciertas; solo que quien no conoce el secreto no puede sacar mucho provecho de ellas.

Ahora les mostraré brevemente lo que esto significa. Para comprenderlo, deben seguirme en la observación de un hecho científico muy sencillo: deben tener claro cuál es la relación que existe entre el ser humano y el mundo vegetal. El hecho es que todo lo que respira de la misma manera que lo hacen los seres humanos nunca podría existir si no hubiera plantas. Para ello, deben familiarizarse con el proceso que tiene lugar entre ustedes y las plantas.

 Ustedes inhalan el aire; necesitan el oxígeno que contiene. Si no hubiera oxígeno, nunca podrían vivir. Cuando inhalan el aire y procesan el oxígeno en su organismo, exhalan dióxido de carbono, un compuesto de carbono y oxígeno. Por lo tanto, deben decirse a sí mismos: el ser humano inhala oxígeno continuamente y, de ese modo, mantiene su cuerpo, y exhala dióxido de carbono: es decir, crea continuamente un veneno que lo mataría. De este modo, llenan continuamente su entorno con un veneno. ¿Qué hace la planta? En cierto sentido, hace exactamente lo contrario. Absorbe el dióxido de carbono, retiene el carbono y expulsa el oxígeno que no le sirve. De este modo, ustedes le proporcionan a la planta lo que esta necesita y la planta les devuelve oxígeno a cambio. Este proceso de respiración de dióxido de carbono y liberación de oxígeno supera con creces la absorción de oxígeno por parte de la planta. ¿Qué hace la planta con el carbono que retiene? Con él, la planta construye, en cierta medida, su propio cuerpo. Es decir, ustedes le dan a la planta la oportunidad de construir su cuerpo a partir del carbono, de la manera que le corresponde. Cuando, tras milenios, extraen la planta de la tierra en forma de carbón, encuentran en ella la misma sustancia, es decir el carbono. 

La planta nos da oxígeno y nosotros lo absorbemos. Nosotros le damos dióxido de carbono, ella retiene el carbono, forma su propio cuerpo con él y nos devuelve el oxígeno. Es un proceso de intercambio maravilloso el que tiene lugar. Así es hoy en día. Pero el ser humano está en proceso de evolución y, en el futuro, el cuerpo humano tendrá un órgano que transformará el dióxido de carbono en oxígeno y retendrá el carbono.

Hoy me refiero, —de manera diferente a como lo hice ayer en la formación de los Rosacruces—, a un estado futuro del ser humano. En el futuro, el ser humano tendrá un cuerpo libre de deseos de orden superior, el mismo que se halla en las plantas en un nivel inferior: podrá construir un cuerpo que, en un nivel superior, será similar al de las plantas. En el órgano que hoy es su corazón, tendrá entonces un aparato que hará lo que hoy hace la planta. Hoy en día, las plantas y los seres humanos están unidos; uno no podría vivir sin el otro. Si no existieran las plantas, todos los seres que respiran oxígeno se extinguirían en poco tiempo, porque son las plantas las que nos proporcionan el oxígeno; no podemos imaginarnos la vida sin las plantas. Y lo que hoy hace la planta fuera de nosotros, lo hará en el futuro ese órgano en el que se convertirá el corazón dentro de nosotros, cuando sea un músculo voluntario. Extendemos nuestra conciencia sobre las plantas, crecemos junto con el mundo vegetal, de modo que lo que hoy hace la planta fuera de nosotros, más tarde sucederá dentro de nosotros mismos; entonces también conservaremos en nosotros el carbono que hoy emitimos y construiremos nuestro propio cuerpo a partir de él. Nos convertiremos en plantas en un nivel superior de conciencia.

 Desde tiempos inmemoriales, el ocultismo ha revestido todo esto de una maravillosa leyenda, pues a lo largo de milenios las verdades se han conservado en imágenes y leyendas. Es la Leyenda Dorada. Y lo que les he contado hoy es lo que se enseñaba al discípulo secreto en imágenes. Decía más o menos así:

Cuando Seth, el hijo que Dios dio a Adán y Eva en lugar del asesinado Abel, entró una vez en el paraíso, encontró entrelazados los dos árboles, el árbol del conocimiento y el árbol de la vida; sus ramas se entrelazaban. Y de este árbol, Seth tomó tres semillas por orden del ángel que lo guiaba. Las guardó y, cuando Adán murió, le puso las tres semillas en la boca. Y de la tumba de Adán brotó un árbol; este árbol mostraba, para quien sabía mirar, una inscripción en letras de fuego; eran las palabras: «Ehjeh asher ehjeh: Yo soy el que era, el que es y el que será». Entonces Seth tomó madera de este árbol que creció de la tumba de Adán, y con esta madera se formaron muchas cosas: entre otras, la vara que fue el bastón mágico de Moisés. Y se siguió propagando; con ella se formó la puerta del templo de Salomón y, más tarde, después de haber experimentado otros destinos, la cruz en la que fue crucificado el Salvador.

 Así, la leyenda relaciona la madera de la cruz del Gólgota con el árbol que creció a partir de las semillas del árbol del paraíso en la tumba de Adán.

En esta leyenda se esconde el mismo misterio que les he insinuado hoy. Con ello se quería decir: en tiempos inmemoriales, la raza humana aún no había caído en la carne llena de deseos, sino que era casta y pura, como la planta que extiende su cáliz hacia el sol. Después, los seres humanos cayeron en el pecado original: su carne se llenó de deseos. Pero todo lo que el ser humano tenía en su estado de inocencia lo recuperará cuando, por medio del camino del conocimiento, haya creado un cuerpo libre de deseos, el cuerpo que tenía antes de entrar en el conocimiento; recuerden de dónde proviene el yo. El hecho de que ya no tenga ese cuerpo está relacionado con que el ser humano se ha convertido en un ser que respira con los pulmones, que ha podido formar su sangre roja. Así, la forma actual del ser humano está relacionada con la respiración y la circulación sanguínea, y con el hecho de que haya podido convertirse en un portador del conocimiento tal y como lo conocemos hoy en día.

Ahora imagínense en el cuerpo actual. Ahí pueden hacerse una idea de cómo entra el oxígeno, cómo excita la sangre roja, cómo la sangre roja recorre todo el cuerpo como un árbol ramificado, cómo la sangre azul vuelve entonces, llena de ácido carbónico.

Hay dos árboles dentro de ustedes: el árbol de la sangre roja y el árbol de la sangre azul. Sin estos dos, el ser humano no podría existir como portador del yo. Para ello es necesario absorber la sangre roja; así es como se produce nuestro conocimiento actual. Pero esto estaba ligado a la muerte, ya que ustedes transforman la sangre roja en sangre azul, llena de ácido carbónico. Por eso, el maestro secreto del Antiguo Testamento decía: Mírate, tienes en ti el árbol de sangre roja; si no hubieras recibido este árbol, nunca te habrías convertido en un ser humano consciente. Has disfrutado del árbol del conocimiento, pero al mismo tiempo se te ha quitado la posibilidad de darte vida a ti mismo.

Lo que antes era un árbol de la vida se ha convertido en un árbol mortal; por lo tanto, el árbol de sangre azul que hay en nosotros es el árbol de la muerte. Esa es la situación actual. Sin embargo, para el iniciado, se presenta ante el alma una situación futura en la que el ser humano tiene la naturaleza vegetal en sí mismo, en la que, a través del aparato cardíaco, convertirá la sangre azul en sangre roja. Entonces habrá transformado el árbol de la muerte en un árbol de la vida. El ser humano se habrá convertido entonces en un ser inmortal; lo que era en un nivel inferior, lo volverá a ser en uno superior. El aparato que hoy se encuentra en la planta, lo tendrá entonces en sí mismo. De modo que en el paraíso se alcanza un estado final de la humanidad. Y la misión de Seth se interpretó de tal manera que él ve lo que hay al final de los tiempos: el equilibrio de los dos principios en el propio ser humano. Así, el árbol de la vida y el árbol del conocimiento se entrelazan en el paraíso; en el ser humano solo pueden encontrarse si el ser humano recurre a la planta. Pero, ¿cómo adquiere el ser humano la capacidad de que los dos árboles se entrelacen en él? Desarrollando en sí mismo los tres miembros superiores de la naturaleza humana.

 Hemos conocido al ser humano, compuesto por el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo; y hemos visto que, cuando el yo trabaja en el cuerpo astral, alcanza el primer miembro superior del ser; cuando trabaja en el cuerpo etérico, alcanza el segundo, y cuando trabaja en el cuerpo físico, alcanza el tercero. De modo que el ser humano futuro será el ser de siete miembros, que aún habrá de alcanzar el yo espiritual, el espíritu vital y el hombre-espíritu. Cuando el ser humano haya transformado así su naturaleza inferior, tendrá en sí mismo el árbol del conocimiento y el árbol de la vida. Así pues, en la predisposición de su yo, se le otorgó al ser humano, en el punto de partida de su evolución, la premisa para sus tres miembros superiores del ser.

Seth toma tres semillas y el primer ser humano, Adán, hace que estas tres semillas crezcan hasta convertirse en un árbol. En este árbol se encuentra lo que atraviesa todas sus encarnaciones. Su yo se encontraba en un nivel muy bajo en la primera encarnación y, de encarnación en encarnación, alcanza niveles cada vez más altos. Lo que crece allí es el símbolo de lo eterno en el ser humano, que alcanzará su máxima perfección al final de la condición terrenal. Pero el ser humano solo puede lograrlo si se une con todo lo más elevado que se le ha presentado en el camino espiritual. Todo lo que ha guiado a la humanidad por el camino, la vara de Moisés, el templo de Salomón y, finalmente, la cruz del Gólgota, todo ello ayuda al ser humano a expresar plenamente la Trinidad superior. Y la cruz del Gólgota fue lo que indicó el camino hacia la máxima perfección humana. Al principio se le había puesto en la boca a Adán como germen del que había crecido aquel árbol, y no se podría expresar de forma más bella que como se ha hecho aquí, y había surgido de la madera que Seth había obtenido de esta manera. Así han representado el camino del ser humano a través de los tiempos, el camino del ser humano a través del tiempo. Lo que el ser humano debe lograr en el futuro: la transformación de su esencia, la capacidad de producir carbono en sí mismo por sus propios medios, es lo que la planta puede hacer hoy en día. Y el ser humano podrá dominar esta alquimia de la planta en el futuro.

 La preparación alquímica de lo que acabo de describir se logra dando al alumno rosacruz ciertas instrucciones sobre cómo regular su proceso respiratorio. Esto es algo que solo se puede entender según el siguiente principio: la gota constante horada la piedra. Pero el alumno rosacruz trabaja en ello. Así como la gota, que es pequeña, minúscula, solo después de mucho tiempo provoca la cavidad en la piedra, el progreso de los cuerpos humanos se logra mediante este proceso de regulación de la respiración. Las instrucciones que debe seguir el discípulo rosacruz son tales que le llevan a prepararse ya hoy para que su yo adquiera la capacidad de construir sus próximos cuerpos de otra manera. Sin embargo, esto implica que lo que más tarde tendrá en el entorno físico, ya lo tiene ahora en el mundo espiritual. El consejo de los Rosacruces consiste en preparar lentamente un estado futuro y adquirir la capacidad de ver ya ahora este estado en los mundos superiores. Así pues, el discípulo rosacruz hace dos cosas: en primer lugar, trabaja para el futuro de la humanidad y, en segundo lugar, adquiere la capacidad de ver en el mundo espiritual; ve lo que más tarde descenderá a la realidad física.

Ahora también se comprenden las instrucciones que el extraño hombre mandó imprimir, pero que no entendió. La «piedra filosofal» es el carbón negro común; pero hay que aprender el proceso que enseña a procesar el carbono mediante la fuerza interior: así es el progreso de la humanidad. En el carbón actual tiene un modelo de lo que algún día será la sustancia más importante para el ser humano, aunque tenga un aspecto muy diferente. Recordemos el brillante diamante: ¡también es solo carbono! A esto se le llama «la preparación de la piedra filosofal» en la cosmovisión rosacruz. Detrás de ello se esconde un proceso de transformación humana y una invitación a trabajar en los estados futuros de la humanidad. Todos los que trabajan así, trabajan por adelantado para los cuerpos humanos del futuro, para los cuerpos que las almas necesitarán más adelante.

Hay una palabra que expresa muy bien este trabajo sobre el futuro, y que comprenderemos cuando clarifiquemos la diferencia entre el desarrollo del alma y el desarrollo de la raza. Todos ustedes fueron atlantes en el pasado, y esos cuerpos atlantes tenían un aspecto muy diferente, como ya les he descrito. La misma alma que estuvo en algún lugar en un cuerpo atlante está hoy en su cuerpo. Pero no todos los cuerpos, como los suyos hoy en día, han sido preparados por unos pocos colonos, aquellos que en su día se desplazaron de oeste a este. Los que se quedaron atrás, los que, como se dice, se unieron a la raza, se degeneraron, mientras que los más avanzados fundaron nuevas culturas. Los últimos rezagados en el camino hacia el este, los mongoles, aún conservan algo de la cultura de los atlantes. Del mismo modo, los cuerpos de aquellas personas que no seguirán desarrollándose progresivamente crecerán más allá del próximo cambio de era y formarán los chinos del futuro.  Es decir, habrá de nuevo pueblos en decadencia. También viven en los cuerpos chinos almas que, debido a que han tenido una atracción demasiado grande hacia la raza, tendrán que encarnarse una vez más en tales razas. Las almas que hoy están en ustedes se encarnarán más tarde en cuerpos que provienen de aquellos que hoy trabajan de la manera indicada y que crean los cuerpos del futuro, tal como lo hicieron antes los primeros colonos de la Atlántida. Y aquellos que se aferran tanto a lo cotidiano, que no quieren conectarse con lo que se avecina en el futuro, se fusionarán con la raza. Hay personas que quieren quedarse con lo tradicional, que no quieren saber nada de lo que significa avanzar, que no quieren escuchar a aquellos que llevan a la raza hacia nuevas formas de la humanidad.

El mito ha conservado esta tendencia de manera maravillosa. No podría representarla mejor que señalando a uno de los más grandes, que pronunció las palabras: «El que no abandona a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, no puede ser mi discípulo», y, por el contrario, representa lo triste en un hombre que dice: ¡No quiero saber nada de un líder así! — y lo rechaza. ¿Cómo se podría expresar esto más claramente que con la imagen de aquel que rechaza al líder y no es capaz de ascender? Esa es la leyenda de Asuero, el judío errante, que se sentó y rechazó al mayor líder, Jesucristo, no quiso saber nada del desarrollo y, por lo tanto, debe permanecer con su raza, debe volver una y otra vez a su raza. Son mitos que se han dado a la humanidad como recuerdo eterno para que sepa de qué se trata.

Así pues, esta cuarta etapa de la formación rosacruz debe entenderse como algo tremendamente profundo, y así se integra en el desarrollo de la humanidad la «preparación de la piedra filosofal».

LA CORRESPONDENCIA ENTRE MICROCOSMOS Y MACROCOSMOS

El quinto es la «correspondencia entre el microcosmos y el macrocosmos». El complejo cuerpo humano, tal y como es hoy en día, se ha desarrollado de una manera determinada. Les he guiado a través de los estados de Saturno, el Sol, la Luna y la Tierra. De todo lo que hoy hay en sus cuerpos, en Saturno solo existían los primeros indicios de sus órganos sensoriales, incrustados en la masa de Saturno como los cristales hoy en día en la masa montañosa; sus ojos eran como cristales de cuarzo en las montañas. En el Sol, sus órganos superiores, todas las glándulas, cubrían su superficie. En la Luna, los órganos que hoy componen su sistema nervioso se extendían por la superficie de la Luna. La Luna tenía un sistema nervioso, y los distintos animales humanos que había allí participaron por primera vez en el sistema nervioso de la Luna. En la Tierra, el ser humano obtuvo su sistema óseo, ya que en la Luna aún no existía un reino mineral.

Así se puede ver lo artísticamente que está compuesto el ser humano. Lo que hoy es el ojo en nosotros, se extendía como ojo por todo Saturno; lo que estaba en el gran universo se incorporó a nosotros. La doctrina secreta puede decirle ahora cómo cada órgano individual está relacionado con el gran universo exterior: el hígado, el bazo, el corazón, etc., con lo que les corresponde en el mundo exterior y lo que tenía que suceder en el mundo exterior para que pudieran formarse. En la doctrina del conocimiento rosacruz existen medios a través de los cuales nos sumergimos en nosotros mismos bajo la referencia de nuestros órganos sensoriales, nos sumergimos interiormente en los ojos, los oídos, y así obtenemos una visión clarividente de la formación de estos órganos.

 Les he guiado hasta el período de la evolución de la Atlántida en el que el cuerpo etérico aún estaba tan alejado que no podía conectarse con el punto que se encuentra aquí, en la cabeza, sobre la raíz de la nariz. Hemos visto cómo el cuerpo etérico se introdujo entonces en el cuerpo físico, cómo el cuerpo físico adquirió su forma actual. Existe ahora un método de meditación con una fórmula muy concreta, que solo se transmite de persona a persona. Si mediante ella se sumergen en el lugar donde la cabeza se conecta con ese punto de la cabeza etérica del que hablamos, entonces comprenderán ese momento de la Tierra, cómo era la Tierra en aquel entonces, cuando esa parte de la cabeza etérica se introdujo en la cabeza física. De este modo, pueden profundizar en cada miembro de su microcosmos y, así, conocer las fuerzas del macrocosmos, lo que los arquitectos del mundo han construido en ustedes. Siguiendo las instrucciones del ocultismo, pueden conocer el macrocosmos; para todas las cosas del mundo, fuera, en el macrocosmos, hay un órgano en el microcosmos. El ser humano es el ser más complejo. Del mismo modo que en un telegrama se deduce quién es el remitente a partir del mensaje enviado, en el cuerpo humano se puede llegar a conocer a su creador mediante la contemplación del órgano.

VIVIR EN EL MACROCOSMOS

Con ello hemos llegado ya al sexto nivel, lo que se denomina «la inmersión en el macrocosmos». Quien ha conocido así en su interior la relación entre el microcosmos y el macrocosmos, ha ampliado su conocimiento a todo el universo. Esto es lo que se esconde tras el antiguo dicho: ¡Conócete a ti mismo! — Se ha causado mucho daño con la afirmación de los teósofos de que «todo Dios está ya en ti, lo más elevado ya está presente en ti. Solo tienes que mirar dentro de ti para reconocer el mundo entero».

Esta introspección es la cosa más absurda que puede haber; solo sirve para conocer el yo inferior que ya se tiene. Nadie aprende más de lo que ya sabe. El verdadero autoconocimiento solo se alcanza de la complicada manera descrita, y es al mismo tiempo conocimiento del mundo. La verdadera teosofía no está en condiciones de facilitarle las cosas al ser humano de esa manera; debe decirle: en una reflexión tranquila y seria, debes llegar a conocer incluso al ser más complejo que existe. No puedes llegar a conocer a Dios de otra manera que no sea conociéndolo poco a poco en el mundo. Para ello se necesita paciencia y perseverancia. En un avance tranquilo y lento se reconoce el mundo. La teosofía no puede darles ninguna fórmula milagrosa para alcanzar el conocimiento completo, sino que solo puede indicarles el camino por el que llegarán al autoconocimiento y, con ello, también al conocimiento del mundo. Entonces el ser humano también alcanzará el conocimiento de Dios.

Este conocimiento, que llega al ser humano en el sexto nivel, no es un conocimiento intelectual árido; es un conocimiento que nos une íntimamente con el mundo. Quien lo ha alcanzado tiene una relación íntima con todas las cosas del mundo, tal y como el hombre actual solo conoce en la misteriosa relación de amor entre hombre y mujer, que se basa en un conocimiento secreto de la esencia del otro ser humano. Una relación así, mediante la cual no solo se comprende, sino que se siente uno conectado con todos los seres, tal y como hoy se siente conectado el amante con la amada, es lo que se experimenta al contemplar el macrocosmos. Entonces se tiene una relación íntima, una especie de relación amorosa con la planta, con cada piedra, con todos los seres del mundo. Su amor por todos los seres se especializa; ellos le dicen algo que solo le dirían si aún no hubiera descendido al conocimiento.  El animal come lo que le conviene y deja lo que no le conviene; tiene una relación simpática con lo uno y una relación antipática con lo otro. Para alcanzar el conocimiento actual, el ser humano tuvo que perder la relación directa con las cosas; pero la recuperará en un nivel superior. ¿Cómo sabe hoy el ocultista que la planta con la flor tiene un efecto diferente en el ser humano que la raíz? ¿Cómo sabe que la raíz común tiene un efecto diferente al de una zanahoria? Porque las cosas le hablan de nuevo, como es el caso de los animales. Esta relación íntima existe en los niveles inferiores, excluyendo la conciencia intelectual; en los niveles más altos, el ser humano volverá a ser consciente de ella.

LA DIVINIDAD

Cuando se llega a este punto, el séptimo nivel es algo que surge por sí solo. De todo lo anterior ya se habrá deducido que se trata de un conocimiento de las impresiones y los sentimientos del alma. No hay nada aquí que no conmueva al ser humano de la manera más viva; por eso no se debe distinguir entre un conocimiento ideal, intelectual y espiritual. Conmocionarle, decirle todo tipo de cosas bonitas, no es lo que busca el ocultista. El ocultista le cuenta los hechos del mundo espiritual; consideraría vergonzoso querer conmover directamente sus sentimientos. Pero sabe que los hechos, cuando se cuentan, hablan por sí mismos; son ellos los que deben generar los sentimientos. Por eso, para los rosacruces, la persona del maestro nunca es lo importante. La enseñanza no tiene nada que ver con la persona. El maestro solo está ahí como una oportunidad para que los hechos hablen a las personas. Y hablará con mayor acierto cuanto más se convierta en un medio de expresión de la visión de los mundos superiores. Quien todavía cree, opina y tiene puntos de vista propios, no es apto para ser maestro ocultista. Porque si no fuera la objetividad, sino el sentimiento lo que decidiera, entonces tal vez diría: ¡dos por dos son cinco!

Así verán cómo el rosacruz, a través de las diferentes cosas que tiene que desarrollar en sí mismo, se eleva gradualmente hacia el conocimiento de los mundos superiores. Para ello es necesaria una guía, pero cada uno la encuentra en el momento adecuado si la busca con seriedad.

No deben decir que con una guía personal se completan estos siete niveles uno tras otro, sino que el maestro selecciona lo que es más adecuado para cada uno. También he querido mencionarles los niveles previos. De ellos solo quiero destacar dos cosas para mostrarles que hay que desarrollar otras cosas antes de pasar a los ejercicios más estrictos. Hay algo que hay que practicar desde el principio: la concentración, la concentración de la vida del pensamiento. ¡Piense por un momento en cómo los pensamientos revolotean en su mente desde la mañana hasta la noche! Los pensamientos le llegan de aquí y allá y le arrastran consigo. Ahora, como discípulo de la Rosa Cruz, debe reservar un tiempo en el que sea dueño de sus pensamientos, en el que elija un objeto lo más insustancial posible y reflexione sobre él. Esto le reportará un efecto tremendamente beneficioso. El tiempo no importa; lo que se necesita es energía, paciencia y perseverancia.

Lo otro es lo que se llama «positividad», que consiste en buscar en la vida lo que mejor se caracteriza en una leyenda persa sobre Cristo Jesús: cuando Cristo Jesús caminaba una vez con sus discípulos, encontraron al borde del camino un perro muerto que ya estaba en avanzado estado de descomposición. Los discípulos, que aún no habían alcanzado el nivel de Cristo Jesús, se apartaron de aquella horrible visión, pero Cristo Jesús se detuvo, contempló pensativo al animal y dijo: «¡Qué dientes tan bonitos tiene este animal!».

Por muy feo que sea algo en este mundo, siempre hay algo bello en lo feo, una pizca de verdad en cada falsedad, algo bueno en cada maldad. ¡No hay por qué volverse acrítico! A menudo se interpreta como que ya no se puede encontrar nada malo, etc.; pero lo que se quiere decir es que en todo lo feo siempre hay una pizca de belleza y en todo lo malo hay algo bueno. Eso eleva las fuerzas superiores del alma. Todo eso forma parte de la preparación.

 En primer lugar, quería darles una idea del espíritu en el que se desarrolla la formación cristiano-gnóstica. En la formación rosacruz encontrarán el cristianismo más profundo y auténtico, podrán ser cristianos en el sentido más verdadero de la palabra, a pesar de toda la vida moderna. Se podía ser cristiano al estilo antiguo, mientras hubiera más posibilidades de retirarse del mundo y mientras no se hubieran instalado en nosotros las formas de pensamiento que hoy nos dificultan tanto serlo. Sin embargo, estas ideas, formadas a partir del pensamiento científico, dificultan que el ser humano asimile el cristianismo en su forma original. Son precisamente los espíritus más nobles los que dicen: «Ya no puedo conciliar nada con el cristianismo actual». Es cierto que el mundo espiritual vive a nuestro alrededor, pero también vive en nosotros lo que la época materialista produce en forma de pensamientos. Estamos constantemente rodeados de los pensamientos de la vida material tan marcados por ello. De modo que quien sea concienzudo debe decirse a sí mismo: nuestra época necesita un medio que pueda demostrar su eficacia en medio de todas estas ideas que nos invaden, para mantenernos firmes frente a todo lo que nos llega del mundo. 

La ciencia espiritual nos lo proporciona. Si rechazamos este medio, si no queremos apropiarnos de él, somos egoístas. La ciencia espiritual se considera la ejecutora testamentaria de lo que ya pretendía la teosofía medieval. Pero puede ser comprendida por todos, incluso por aquellos que conocen todas las objeciones justificadas de la ciencia natural. Hoy en día, cada uno puede encontrar en la teosofía orientada hacia la Rosacruz aquello que le lleva al conocimiento del mundo y también a la paz del alma, a la seguridad en la vida. La teosofía de la Rosacruz no es un conocimiento que sea meramente teórico y sobre el que se pueda discutir con meros argumentos, sino un conocimiento que debe fluir en toda nuestra cultura.  El teósofo formado en el sentido rosacruz conoce todas las objeciones que se pueden plantear; conoce todos los contraargumentos. Si se discutiera con argumentos en contra, ocurriría lo mismo que le sucedió a Eduard von Hartmann con su «Filosofía del inconsciente». Eduard von Hartmann publicó su «Filosofía del inconsciente». En ella había dicho cosas sobre el darwinismo y otros temas que se distinguían como un punto de vista superior frente al punto de vista materialista de la investigación científica. Todos los eruditos se levantaron contra él y apareció una avalancha de críticas contra esta «Filosofía de lo inconsciente». ¡Eduard von Hartmann fue llamado el mayor diletante! Entre estos numerosos folletos apareció también uno de autor anónimo, en el que se refutaba brillantemente la «filosofía del inconsciente» con todo lo que se podía argumentar si se dominaba el conocimiento de nuestra época. Este folleto fue muy aplaudido en todas partes. Y Oscar Schmidt, el famoso zoólogo, dijo, por ejemplo: «Es una pena que no sepamos quién ha escrito esta refutación, porque se trata de una persona que está a la vanguardia de las ciencias naturales de su época». Y Ernst Haeckel dijo: «¡Que se dé a conocer y lo contaremos entre los nuestros!». De hecho, este folleto causó un gran revuelo. Y se publicó una segunda edición con el nombre del autor, Eduard von Hartmann. Los naturalistas comenzaron a guardar silencio y el asunto no se dio a conocer mucho. Pero al menos existió. 

Como pueden ver, quien domina un punto de vista superior puede aducir por sí mismo los argumentos en contra; solo tiene que rebajarse a otro punto de vista. Y nosotros también, si hubiéramos tenido tiempo, podríamos haber aducido algunos de esos argumentos en contra. Pero, debido a la brevedad del tiempo, era importante que se nos comunicara lo que la investigación espiritual ya puede anunciar hoy sobre los hechos del mundo superior. Lo importante es que las cosas puedan tener un efecto beneficioso sobre el ser humano y que la ciencia espiritual sea capaz de mostrar cómo puede integrarse cada vez más en todas las ramas de la vida humana y fecundarlas. Y si tiene un efecto fecundante y sanador, entonces habrá aportado la mejor prueba de su legitimidad. Esta debe ser también la prueba que busca la ciencia espiritual. Por eso, el teósofo permanece bastante imperturbable cuando la gente sigue diciendo hoy en día: ¡Todo eso es solo fantasía! Todo lo que hoy es una bendición para la humanidad fue considerado en su momento como una fantasía. 

Un ejemplo de ello lo encontramos en los últimos años cuarenta del siglo XIX: entonces aún no existían nuestros sellos postales habituales. El sello postal fue inventado a finales de los años cuarenta por un tal Hill, en realidad un aficionado. La persona encargada de defenderlo en el Parlamento pronunció un curioso discurso. En primer lugar, dijo, no es posible que el tráfico aumente de la forma que calcula esta persona y, si fuera así, ¡habría que ampliar el edificio! 

Lo que hoy parece totalmente natural, es decir, ampliar el edificio cuando aumenta el tráfico, se ha descartado. Otro ejemplo: cuando se iba a construir el primer ferrocarril, se consultó al Colegio Médico de Baviera. Los señores dijeron que no se debía construir ningún ferrocarril, ya que tendría consecuencias terribles para el sistema nervioso de las personas que viajaran en él. Pero si se construía un ferrocarril, ¡había que levantar altos muros de madera a su alrededor para que los demás no sufrieran conmociones cerebrales!

Cuando apareció por primera vez, todo se consideraba algo fantástico. Pero la ciencia espiritual, si quiere convertirse en un hecho de la vida, debe penetrar directamente en lo que nos rodea a diario. Solo cuando se convierta en una fuerza que impulse toda nuestra vida, que penetre en nuestras actividades y acciones cotidianas, habrá demostrado su validez como realidad. La teosofía rosacruz parte de este punto de vista, y desde este punto de vista les pido que comprendan todo lo que se ha dicho en estas conferencias. En el futuro podrá convertirse en algo que influya en las fuerzas creativas del ser humano y le dé nuevos impulsos en los campos de la medicina y la educación, el arte y el conocimiento superior, lo que fluirá de forma inspiradora y vivificante en todas las ramas de la vida.

Desde este punto de vista se imparten estas conferencias, y desde este punto de vista les pido que las acepten.

Traducido por J.Luelmo dic, 2025

GA233 Dornach, 28 de diciembre de 1923 La particular importancia de los Misterios de Éfeso. Alejandro Magno

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RUDOLF STEINER

 HISTORIA DEL MUNDO A LA LUZ DE LA ANTROPOSOFÍA

Dornach, 28 de diciembre de 1923

V conferencia

Entre los misterios antiguos, el de Éfeso ocupa una posición muy especial. También he tenido que recordar este misterio de Éfeso en relación con ese elemento de desarrollo de la historia de Occidente que está ligado al nombre de Alejandro. Sólo se puede comprender el sentido de la historia más reciente y más antigua si se considera el cambio que el sistema de misterios, del que partieron todas las civilizaciones más antiguas, sufrió de Oriente a Occidente, es decir, a Grecia en primer lugar. Y este cambio consiste en lo siguiente.

Verán, si examinan ustedes todos los misterios más antiguos de Oriente, en todas partes tienen la impresión de que los sacerdotes de los misterios son capaces de revelar a sus discípulos grandes y significativas verdades a partir de sus visiones. En efecto, cuanto más se retrocede en el tiempo, más estas formas sacerdotales son capaces de evocar en los Misterios la presencia inmediata de los propios Dioses, de los seres espirituales que gobiernan los mundos planetarios y los fenómenos terrestres, de modo que los Dioses estaban realmente allí.

La conexión entre el hombre y el macrocosmos era revelada en varios misterios de una manera igualmente maravillosa, como ayer les describí para los misterios de Hibernia y también para lo que Aristóteles tenía que decir a Alejandro Magno. Pero, sobre todo, lo que estaba presente en todos los antiguos misterios orientales era que lo moral, los impulsos morales, no estaban estrictamente separados de los impulsos naturales. Al señalar a Alejandro el noroeste, donde predominaban los espíritus del elemento agua, Aristóteles no estaba enviando simplemente un impulso físico desde allí, como hoy en día el viento u otras cosas puramente físicas vienen del noroeste, sino que junto a los impulsos físicos venían también impulsos morales. Lo físico y lo moral eran uno. Esto era posible porque, a través de los conocimientos adquiridos en esos misterios, el hombre se sentía uno con toda la naturaleza, percibía el espíritu de la naturaleza. Por ejemplo, en cuanto a la relación del hombre con la naturaleza, existe un período que se sitúa aproximadamente en el tiempo transcurrido entre la vida de Gilgamesh y la vida de la individualidad en la que se convirtió en su siguiente encarnación, en las inmediaciones del Misterio de Éfeso. Precisamente en esta época encontramos todavía una visión muy viva de la conexión entre el hombre y la naturaleza espiritual. Esta conexión es la siguiente. A través de todo lo que el hombre aprendió sobre el efecto de los espíritus elementales en la naturaleza, sobre el efecto de los seres inteligentes en los procesos planetarios, el hombre llegó a la convicción de que allá fuera veo el mundo vegetal extendido por todas partes, el verdor, el brote, el retoño, el mundo vegetal fructífero. Allí veo las plantas anuales en el prado, en el campo, que crecen en primavera y vuelven a morir en otoño; allí veo árboles que crecen desde hace siglos, que tienen corteza y madera por fuera y se hunden mucho en la tierra con sus raíces. Todo lo que arraiga ahí fuera en las hierbas y flores anuales, lo que crece ahí con firmes impulsos hacia la tierra, lo llevé una vez dentro de mí como ser humano.

Como ven, hoy en día una persona, cuando hay ácido carbónico en alguna parte de una habitación que ha sido producido por la respiración de la gente, ésta siente: este ácido carbónico lo he exhalado yo. La persona siente que ha exhalado el ácido carbónico en la habitación. Hoy el hombre está, me gustaría decir, sólo en una pequeña conexión con el cosmos. En la parte aérea de su ser, en el aire que subyace a la respiración y a los demás procesos aéreos que tienen lugar en el organismo, el hombre está completamente en conexión viva con el universo, con el macrocosmos. Él puede mirar el aire exhalado, el ácido carbónico que estaba dentro de él y ahora está fuera. Pero así como el hombre de hoy, -no lo hace, pero podría hacerlo-, mira el ácido carbónico exhalado, así el hombre, que era iniciado en los Misterios Orientales o había absorbido la sabiduría que fluía hacia fuera desde los Misterios Orientales, miraba todo el mundo vegetal. Se decía a sí mismo: "Miro hacia atrás en el desarrollo del mundo hasta una antigua época solar. Entonces todavía llevaba las plantas dentro de mí. Y despues las dejé fluir hacia amplias zonas del ser de la tierra. Pero cuando todavía llevaba las plantas dentro de mí, cuando todavía era ese Adam Kadmon que abarcaba toda la tierra y el mundo vegetal con ella, todo este mundo vegetal era todavía algo acuoso y aéreo.

El hombre separó este mundo vegetal de sí mismo. Si ustedes se imaginaran que alcanzaran el tamaño de toda la tierra y luego separaran hacia adentro la vida vegetal, que acto seguido se metamorfosea en el elemento acuoso, se desarrolla, decae, crece, se vuelve diferente, adopta formas distintas, entonces evocarían mentalmente cómo era en aquel entonces. Y que una vez fuese así era lo que se decían los que se habían educado en Oriente en tiempos de Gilgamesh. Y cuando miraban el crecimiento de las plantas en los prados, se decían a sí mismos: " En una etapa anterior de nuestro desarrollo nos separamos de las plantas, pero la tierra ha absorbido a las plantas. La tierra les proporcionó primero las raíces, así como todo lo que es leñoso, que es la naturaleza arbórea de la vida vegetal. Pero lo que en general es vegetal fue separado del hombre y absorbido por la tierra. El hombre sentía un parentesco íntimo con toda la vida vegetal.

El hombre no sentía el mismo parentesco con el animal superior, pues sabía que sólo podía abrirse camino hacia la tierra superando la formación animal, dejando atrás, en su camino de desarrollo, a los animales. Él llevó consigo las plantas hasta la tierra, luego las entregó a la tierra para que ésta las acogiera en su seno, convirtiéndose en el mediador de los dioses para las plantas de la tierra, en el mediador entre los dioses y la tierra.

Por lo tanto tales personas, que ahora realmente tuvieron esa gran experiencia, que puede ser esbozada bastante simplemente (ver dibujo), sintieron: El hombre viene a la tierra desde el universo (amarillo). El número está fuera de cuestión porque, como dije ayer, el ser humano se entrelaza. Él separa todo lo vegetal, y la tierra recoge lo vegetal y le proporciona la raíz (líneas verde oscuro). Así que el hombre sintió como si hubiera envuelto la tierra con el crecimiento de las plantas (envoltura roja) y como si la tierra hubiera estado agradecida por esta envoltura y hubiera absorbido lo que el hombre podía insuflarle de elementos vegetales acuosos. Y los que sentían esto se sentían íntimamente relacionados con el dios, con el dios principal de Mercurio, con respecto a esta traída de las plantas a la tierra. A través de este sentimiento de que uno mismo había traído las plantas a la tierra, uno entraba en una relación especial con el dios Mercurio.

Por otra parte, hacia los animales se sentía que: no se les podía traer a la tierra, había que separarlos, había que liberarse de ellos, de lo contrario no se habría podido desarrollar la forma humana de la manera correcta. Por así decirlo, expulsamos a los animales de nosotros mismos, de modo que los animales fueron expulsados del ser humano (líneas rojas hacia el exterior) y entonces tuvieron que someterse a un desarrollo por sí mismos en un nivel inferior al del propio ser humano. Así que por un lado la antigua humanidad de la época de Gilgamesh y de la época siguiente se sentía situada entre el reino animal y el reino vegetal. Hacia el reino vegetal se sentía como el portador que inseminaba la tierra, por así decirlo, en nombre de los dioses. Hacia el reino animal se sentía como si él se hubiera desprendido del reino animal, para convertirse en un ser humano sin la carga de los animales, que quedaban así atrofiados. Todo el culto egipcio a los animales está relacionado con este punto de vista. Mucha de la profunda compasión que hay en Asia hacia los animales está relacionada con esto. Y era una magnífica visión de la naturaleza que sentía el parentesco del hombre con el mundo vegetal por un lado y con el mundo animal por otro. Hacia el mundo animal uno sentía liberación, hacia el mundo vegetal uno sentía un íntimo parentesco con él. Como ser humano se sentía el mundo vegetal como parte de uno mismo, y se sentía la tierra en íntimo amor, porque la tierra había absorbido en sí esta parte de humanidad, que son las plantas, lo había dejado arraigar en sí, incluso lo había cubierto con corteza de su material en los árboles. Los aspectos morales estaban presentes por doquier en el juicio del entorno físico. Uno se acercaba a las plantas de la pradera y percibía en ellas no sólo el crecimiento natural, sino también una relación moral del hombre con este crecimiento. Respecto a los animales sentíamos a su vez una relación moral: nos hemos elevado por encima de ellos.

Por lo tanto, de estos misterios emanó una gran visión de la naturaleza espiritual en Oriente. Los misterios también existían entonces en Grecia, pero con una visión de la naturaleza espiritual mucho menos real. Los Misterios Griegos son grandiosos, ciertamente, pero difieren bastante sustancialmente de los Misterios Orientales. Todo en los misterios orientales es tal que el hombre no se siente realmente en la tierra a través de ellos, sino que se siente unido al cosmos, al universo. También en Grecia la esencia de los misterios había llegado primero al estadio en que el hombre se sentía unido a la tierra. Por tanto, lo que aparecía o se sentía en los misterios en Oriente era el propio mundo esencialmente espiritual. Cuando decimos: En los antiguos misterios orientales, los propios dioses aparecían entre los sacerdotes que ofrecían sacrificios y realizaban oraciones, estamos describiendo la verdad absoluta. Al mismo tiempo, los templos de misterios eran el lugar terrenal donde se albergaban los dioses, donde los dioses daban al pueblo lo que tenían que darles en forma de bienes celestiales a través de los sacerdotes. En los misterios griegos sólo aparecían las imágenes de los dioses, las imágenes, algo así como las imágenes sombra; imágenes verdaderas, reales, pero como imágenes sombra, ya no las entidades divinas, ya no las realidades, sino las imágenes sombra. De modo que el griego tenía una percepción bastante diferente de la de aquellos que pertenecían a la antigua cultura oriental. El griego tenía la sensación: hay dioses, pero sólo es posible que la gente tenga imágenes de esos dioses, igual que uno tiene las imágenes de las experiencias en el recuerdo, ya no las propias vivencias.

Ese era el profundo sentimiento básico que surgió de los Misterios griegos, que la gente tenía la sensación de que tenían algo así como recuerdos del cosmos, no la apariencia del cosmos en sí, imágenes del cosmos, imágenes de los dioses, no los dioses mismos, imágenes de los procesos en Saturno, el sol, la luna, ya no la conexión viva con lo que era real en Saturno, el sol, la luna, como el hombre tiene la conexión real con su infancia. Y la gente de la civilización oriental tenía esta conexión real con el sol, la luna y Saturno de sus misterios. Así el misticismo de los griegos tenía algo figurativo.  De la realidad divino-espiritual aparecieron los espíritus sombra. Pero eso había traído algo significativamente diferente. Por que como verán, todavía había una diferencia entre los misterios orientales y los griegos.

Por lo que respecta a los misterios orientales, siempre ocurría que si uno quería saber algo de las grandes y gigantescas cosas que allí se podían experimentar, tenía que esperar el momento oportuno. Allí era de tal manera que sólo se podía experimentar algo si se hacía el servicio sacrificial que le correspondía, por así decir los experimentos sobrenaturales, en otoño, otros en primavera, otros en pleno verano, otros en invierno profundo. Y además, era posible que en algún momento, que se reconocía como el momento adecuado porque la constelación lunar era la adecuada, se hicieran sacrificios a algunos dioses. Entonces se aparecían en los Misterios. Se llegaba a sus revelaciones. Entonces había que esperar, digamos, otros treinta años hasta que surgiera la misma oportunidad para que algún ser divino se mostrara en los Misterios. Por ejemplo, todo lo relacionado con Saturno sólo podía entrar de alguna manera en el reino de los Misterios cada treinta años, todo lo relacionado con la Luna, aproximadamente cada dieciocho años, y así sucesivamente. De modo que los sacerdotes de los misterios orientales sólo recibían las grandiosas y gigantescas revelaciones y visiones que obtenían en función del tiempo y del espacio y de todo tipo de cosas. Por ejemplo, uno recibía revelaciones completamente diferentes en lo profundo de las cuevas de las montañas, otras revelaciones en las cumbres de las montañas. Uno recibía otras revelaciones cuando estaba de alguna manera más profundo en Asia o en la costa y cosas por el estilo. Así que una cierta dependencia del espacio y el tiempo en la tierra, tal era la característica de los misterios de Oriente.

En Grecia, las grandes realidades gigantescas habían desaparecido. Las imágenes seguían ahí. Pero ahora se podían tener las imágenes, no dependiendo de la estación o del siglo o del lugar, sino que se podían tener las imágenes si uno se preparaba como ser humano de la manera correcta, si uno hacía estos o aquellos ejercicios espirituales, hacía estos o aquellos sacrificios personales. Cuando uno había alcanzado un cierto nivel de sacrificio y madurez personal, entonces, al haber logrado esto como ser humano, podía tener las percepciones de las sombras de los grandes acontecimientos planetarios y de las entidades planetarias.

Este es el gran cambio en el sistema de misterios del antiguo Oriente a Grecia, que los antiguos misterios orientales estaban sujetos a las condiciones del lugar terrenal y del espacio terrenal, que los misterios griegos eran aquellos en los cuales el hombre entraba en consideración con lo que traía a los dioses. El dios venía, por así decirlo, en su imagen sombra, en su forma espectral, cuando el hombre, -por los preparativos que había hecho-, podía ser honrado para que el dios viniera a él en forma espectral. Así los Misterios griegos se convirtieron realmente en la preparación de la humanidad más reciente.

Pues bien, en medio de los antiguos misterios orientales y griegos se encontraba el de Éfeso. Este tenía su propia posición especial. En efecto, en Éfeso, los que se iniciaban en él todavía podían experimentar algo de las gigantescas y majestuosas verdades del antiguo Oriente. Todavía se sentían tocados por la sensación interna y el sentimiento de la relación del hombre con el macrocosmos y la esencia divino-espiritual del macrocosmos.  En Éfeso aún podía percibirse mucho de lo sobrenatural. Y la identificación con Artemisa, con la diosa de los misterios de Éfeso, seguía aportando esa conexión viva: el mundo vegetal os pertenece, la tierra sólo lo ha absorbido. Has superado el mundo animal, has tenido que dejarlo atrás. A ser posible, deberás mirar con compasión a los animales que tuvieron que quedarse atrás en el camino para que tú pudieras convertirte en humano. Este sentimiento de ser uno con el macrocosmos era transmitido al iniciado de Éfeso a partir de las realidades de sus experiencias inmediatas.

Pero en Éfeso, como primer misterio que se volvió hacia Occidente, fue donde se independizó de las estaciones o del transcurso del siglo, en definitiva, del lugar y del tiempo en la tierra. En Éfeso ya dependía de los ejercicios espirituales que hacía el hombre, de la forma en que se había hecho madurar a través del sacrificio y la devoción a los dioses. De modo que, de hecho, los misterios de Éfeso, por un lado, a través del contenido de las verdades mistéricas, siguen señalando al antiguo Oriente, y gracias al hecho de que ya se habían acercado al desarrollo humano, a la humanidad, los misterios de Éfeso, a su vez, ya se inclinaban hacia lo griego. Era, por así decirlo, el último misterio allá en Oriente, donde las antiguas verdades gigantescas todavía se acercaban a la gente, podían acercarse a ella. De lo contrario, los misterios de Oriente ya habían caído en la decadencia.

Donde más tiempo se preservaron las antiguas verdades fue en los misterios de Occidente. Siglos después de la aparición del cristianismo aún podemos hablar de Hybernia. Pero me gustaría decir: los misterios de Hybernia, son básicamente doblemente misteriosos. Porque verán, lo que les dije ayer sobre estas dos estatuas, una de las cuales es una estatua solar, la otra una estatua lunar, una estatua masculina y otra femenina, estos secretos de las estatuas son tales hoy en día que todavía son difíciles de investigar incluso desde la llamada Crónica Akáshica. Para los que están entrenados en estas cosas no es nada difícil acercarse a las imágenes de los misterios orientales y recuperar estas imágenes de la luz astral. Pero si uno se acerca o quiere acercarse a los misterios de Hybernia, si quiere acercarse a ellos en la luz astral, primero reciben algo así como un anestésico. Le hará retroceder. Incluso en las réplicas Akáshicas ya no quieren ser vistos hoy en día, a pesar de que han existido durante mucho tiempo en su autenticidad original, estos Misterios Irlandeses, estos Misterios de Hybernia.

Ahora consideremos lo siguiente: La individualidad que estaba en Alejandro Magno fue tocada por los misterios de Hybernia durante el período de Gilgamesh, durante la migración hacia el oeste hasta la zona del actual Burgenland. Esta individualidad humana, (Gilgamesh), lo experimentó y vivió de una manera muy antigua en una época en la que todavía había fuertes ecos del período atlante en este Occidente. A continuación  tales vivencias fueron llevadas a través del estado espiritual que pasa entre la muerte y un nuevo nacimiento. Después ambos amigos, Eabani y Gilgamesh, estuvieron de nuevo precisamente en Éfeso,  para experimentar allí con una gran conciencia lo que se había experimentado más o menos inconscientemente, subconscientemente en conexión con el mundo divino-espiritual antes durante la época de Gilgamesh. Pero durante el tiempo de Éfeso fue una vida relativamente tranquila, una digestión, un procesamiento de lo que había sido atraído a las almas en tiempos anteriores, más agitados.

Ahora hay que considerar: antes de que estas individualidades aparecieran de nuevo en la decadencia del período griego, en el florecimiento del período macedónico, ¡qué había acontecido con Grecia! Esta Grecia de los tiempos antiguos, que básicamente se extendía a través del mar y también abarcaba Éfeso, llegando hasta lo más profundo de Asia Menor, esta Grecia todavía tenía los ecos del antiguo tiempo de los dioses en las imágenes de sombra. En las sombras se experimentaba bien la conexión del hombre con el mundo espiritual. Pero la civilización griega poco a poco fue saliendo de las sombras, y podemos ver como la civilización griega poco a poco fue saliendo de una civilización por así decirlo divina a una civilización puramente terrenal.

¡Pero ay, las cosas más importantes del devenir histórico no se tocan en absoluto en lo que hoy es historia externa completamente materialista! Sin embargo, esto es importante para toda la concepción del helenismo, debido a que en la civilización griega sólo existía una imagen en la sombra de la antigua divinidad, en la que el hombre estaba conectado con los mundos suprasensibles, hizo posible que el hombre emergiera gradualmente del mundo de los dioses y llegase a utilizar sus propias capacidades espirituales, bastante individuales. Esto sucedió paso a paso. En los dramas de Esquilo todavía podemos ver cómo lo que aún se siente del antiguo tiempo de los dioses aparece ahora en imágenes artísticas. Pero tan pronto como llega Sófocles, el hombre se arranca, por así decirlo, de este sentimiento de estar junto a la existencia divino-espiritual. Y entonces ocurre algo que está ligado a un nombre que, desde cierto punto de vista, no debe valorarse lo suficiente; sino que en el mundo hay diferentes puntos de vista.

En la antigua Grecia no había necesidad de registrar la historia. ¿Qué sentido tenía? Había una sombra viva del pasado importante. La historia se leía en lo que se revelaba en los misterios. Existían las imágenes sombra, las imágenes sombra vivientes. ¿Qué había que escribir como historia? Después llegó el momento en que estas imágenes de sombra descendieron al mundo inferior, donde la conciencia humana ya no podía absorberlas. Fue entonces cuando surgió la necesidad de escribir la historia. Luego vino el primer prosista de la historia, Heródoto. Y se podrían citar muchos nombres a partir de entonces, siempre con el objetivo, por así decirlo, de arrancar a la humanidad de lo divino-espiritual, para situarla en lo puramente terrenal. Pero no obstante, hubo un esplendor por encima de toda esta terrenalidad durante el periodo griego, un esplendor del que oiremos hablar mañana, que no pasó a los romanos ni a la Edad Media. Había un esplendor. Las imágenes sombra, incluso las imágenes sombra que se desvanecían en el crepúsculo de la civilización griega, eran todavía perceptibles, se podía sentir que eran de origen divino.

Y en medio de todo esto, como el refugio donde uno encontraba iluminación sobre todo lo que había en Grecia, me gustaría decir, en fragmentos de cultura, en medio de todo esto estaba Éfeso. Heráclito, muchos de los más grandes filósofos, incluyendo a Platón y Pitágoras, todos ellos aprendieron de Éfeso. Efeso era realmente lo que había conservado las antiguas sabidurías orientales hasta cierto punto.  Y también esas individualidades que existían dentro de Aristóteles y Alejandro Magno pudieron experimentar en Éfeso, algo más tarde que Heráclito, lo que de antiguo había aún en los Misterios Orientales, que permanecían como herencia del Misterio de Éfeso. Intrínsecamente conectado en particular con el alma de Alejandro estaba el ser de los Misterios que vivía en Éfeso. Y ahora tuvo lugar uno de esos acontecimientos históricos que los triviales suponen una coincidencia externa, pero que están profundamente arraigados en las conexiones internas del desarrollo humano.

Para hacernos conscientes del significado de este acontecimiento histórico, recordemos lo siguiente. Recuerden ustedes que en las dos almas, en el alma del que entonces se convirtió en Aristóteles y en la del que se convirtió en Alejandro Magno, vivía primero lo que se había procesado interiormente desde la antigüedad, y luego lo que se había hecho inmensamente valioso para ellos en Éfeso. Quisiera decir que toda Asia, pero en la forma en que se había hecho griega en Éfeso, vivía en ambos, especialmente en el alma del que más tarde se convirtiría en Alejandro Magno. Ahora imaginen también al personaje, -lo he descrito desde el período de Gilgamesh-, e imaginen que ahora en el trato vivo entre Alejandro y Aristóteles se repetía el conocimiento que estaba ligado al antiguo Oriente y a Éfeso, pero repetido en la nueva forma del conocimiento. Sólo imagínenselo. ¡Imaginen lo que habría sucedido si el gigantesco documento, que en realidad vivía en estas almas con una intensidad tremenda, si este gigantesco documento, el Misterio de Éfeso, hubiera estado allí, si el Misterio de Éfeso hubiera estado todavía presente en la encarnación de Alejandro! Imaginen esto, y luego aprecien el hecho de que el día en que nació Alejandro, Eróstrato arrojó la antorcha incendiaria al santuario de Éfeso, de modo que el Templo de Diana, (Artemisa), en Éfeso fue incendiado por las manos de los malvados el día en que nació Alejandro. El lugar memorial que se adjuntaba a sus almas documentadas ya no se encontraba. Eso ya no estaba allí; ahora eso estaba depositado básicamente sólo como misión histórica en el alma de Alejandro y en su maestro Aristóteles.

Y ahora relacionen lo que vivía en ellos como alma con lo que mostré ayer, como consecuencia de la configuración de la tierra, en la misión de Alejandro Magno. Y ahora podrán comprender que con Éfeso aquello que era real, verdadera revelación de lo divino-espiritual en Oriente quedó como extinguido. Los otros misterios eran en el fondo sólo misterios decadentes en los que se conservaban tradiciones, aunque a veces tradiciones muy vivas, y tradiciones que evocaban poderes clarividentes en naturalezas particularmente predispuestas. Pero la grandeza, el gigantismo de antaño dejó de existir. Lo que había llegado de Asia se extinguió con Éfeso. Ahora rindan ustedes homenaje a la decisión en el alma de Alejandro Magno: A este Oriente, que ha perdido lo que un día tuvo, ¡hay que devolverle al menos la forma en que se ha conservado la imagen sombra de Grecia! - De ahí surgió la idea de Alejandro Magno de viajar tan lejos como pudiera hasta Asia para devolver a Oriente lo que había perdido con la imagen sombra de la cultura griega.

Y ahora vemos que, con este movimiento de Alejandro Magno, de una manera bastante maravillosa, no se hace realmente una conquista cultural, ni se intenta de alguna manera llevar el helenismo a Oriente de una manera externa, sino que Alejandro Magno no sólo adopta las costumbres del país en todas partes, sino que en todas partes es capaz de pensar desde el corazón, desde la mente de la gente. Cuando llega a Egipto, a Menfis, se le ve como un libertador de toda la esclavitud de espíritu que había imperado hasta entonces. Hace que el Imperio persa se impregne de una cultura, de una civilización de la que los persas nunca habían sido capaces. Penetra hasta la India.

Concibió el plan para lograr un equilibrio, una armonización entre la civilización helénica y la oriental. Fundó academias por todas partes. Las más significativas para la posteridad son las academias que fundó en Alejandría, en el norte de Egipto. Pero lo más importante es que fundó grandes y pequeñas academias por toda Asia, en las que se cultivaron las obras de Aristóteles y las tradiciones de Aristóteles en la época posterior. Y esto siguió surtiendo efecto en el Cercano Oriente durante siglos, un efecto tal que, me gustaría decir, lo que Alejandro inauguró se siguió repitiendo como en una débil imitación. Alejandro primero sembró el conocimiento de la naturaleza allá en Asia hasta la India en un poderoso empuje, -debido a su temprana muerte sólo fue incapaz de llegar a Arabia: Ese era su principal objetivo. Hasta la India, hasta Egipto, en todas partes trasplantó lo que había absorbido de Aristóteles como conocimiento del espíritu natural. Y lo colocó en todas partes de forma que pudiera fructificar, para que los pueblos que iban a recibirlo lo sintieran como propio, no como algo helénico ajeno que se les iba a imponer. De hecho, sólo una naturaleza tan ardiente como la de Alejandro Magno podría haber llevado a cabo lo que se consiguió. Porque siempre había nuevos impulsos. Muchos eruditos de épocas posteriores volvieron a venir de Grecia, y fue una de las academias en particular, -además de Edesa, fue la academia de Gondishapur-, la que recibió repetidas y reiteradas afluencias de Grecia a lo largo de los siglos.

Entonces se cumplió lo monstruoso, que lo que había llegado de Oriente (fue dibujado, por lo que los dos dibujos se superponían; véase la lámina 8 original. Rojo de derecha a izquierda, mancha de color claro), que había sido detenido en Éfeso por la antorcha incendiaria de Herostratus, fue retroiluminado por su imagen sombra, que estuvo en Grecia (verde claro de izquierda a derecha) hasta el último acto, cuando las escuelas griegas de filosofía fueron cerradas por la tiranía romana de Oriente en el siglo VI d.C. y el último de los filósofos griegos huyó a la Academia de Gondishapur.

En todo esto vemos dos elementos que se entrecruzan; uno que había ido, por así decirlo, por delante, y otro que se había quedado atrás. La misión de Alejandro se basó, más o menos inconscientemente, en este hecho: las oleadas de civilización habían avanzado en Grecia de forma Luciférica, mientras que en Asia se habían quedado rezagadas de forma Ahrimánica. En Éfeso estaba el equilibrio. Y Alejandro, en el día de cuyo nacimiento había caído la Éfeso física, resolvió fundar una Éfeso espiritual que enviara sus rayos solares lejos hacia Oriente y Occidente. Fue en verdad este propósito el que estaba en la raíz de todo lo que emprendió: fundar una Éfeso espiritual, que se extendiera a través de Asia Menor hacia el este, hasta la India, abarcando también el África egipcia y el este de Europa.

Verdaderamente no es posible comprender la evolución espiritual de la humanidad occidental a menos que podamos verla sobre este trasfondo. Pues poco después de que se intentara difundir por el mundo la antigua y venerada Éfeso, de modo que lo que antes había estado presente en Éfeso se conservara ahora en Alejandría, -aunque sólo fuera con letra vacilante en lugar de en grandes letras brillantes-, poco después de este segundo florecimiento de la flor de Éfeso, comenzó a imponerse un poder totalmente nuevo, el poder de Roma. Roma, y todo lo que la palabra implica, es un mundo nuevo, un mundo que no tiene nada que ver con las imágenes en sombras de Grecia, y que no permite que el hombre guarde más que recuerdos de aquellos viejos tiempos. No podemos estudiar ninguna incisión más grave o más importante en la historia que ésta. Después del incendio de Éfeso, a través de la instrumentalidad de Alejandro se traza el plan para la fundación de un Éfeso espiritual; y este Éfeso espiritual es entonces rechazado por el nuevo poder que se afirma en Occidente, primero como Roma, más tarde bajo el nombre de Cristianismo, y así sucesivamente. Y sólo entendemos correctamente la evolución de la humanidad cuando decimos: Nosotros, con nuestra forma de comprender las cosas a través del intelecto, con nuestra forma de llevar a cabo las cosas por medio de nuestra voluntad, nosotros con nuestros sentimientos y estados de ánimo podemos mirar hacia atrás hasta la antigua Roma. Hasta aquí podemos mirar atrás con plena comprensión. Pero no podemos mirar atrás a Grecia, ni tampoco a Oriente. Allí debemos mirar en Imaginaciones. Allí se necesita visión espiritual. Sí, podemos mirar al Sur, a medida que retrocedemos por la corriente de la evolución; podemos mirar al Sur con la comprensión prosaica ordinaria, pero no al Este. Cuando miramos al Este, tenemos que mirar en Imaginaciones. Tenemos que ver en el trasfondo los poderosos Templos de Misterios del Asia primitiva post-atlante, donde los Sabios, los Sacerdotes, mostraron claramente a cada uno de sus alumnos su conexión con lo Divino-Espiritual del Cosmos, y donde se encontraba una civilización que podía ser recibida de los Misterios en el tiempo de Gilgamesh, como les he descrito. Tenemos que ver estos maravillosos Templos esparcidos por Asia; y en primer plano Éfeso, conservando todavía dentro de su Misterio mucho de lo que se había desvanecido en los otros Templos de Oriente, mientras que al mismo tiempo ya había hecho él mismo la transición y se había vuelto de carácter griego. En efecto, en Éfeso el hombre ya no tenía que esperar a las constelaciones de las estrellas o a la época adecuada del año, ni esperar a alcanzar una cierta edad para recibir las revelaciones de los dioses. En Éfeso, si estaba maduro para ello, podía ofrecer sacrificios y realizar ciertos ejercicios que le permitían acercarse a los Dioses de tal modo que éstos se acercaban a él amablemente.

Fue en este mundo que se presenta ante ustedes en esta imagen donde las dos personalidades de las que hemos hablado fueron entrenadas y preparadas, en tiempos de Heráclito, (535-470 a.C.. Y ahora, en el año 356 a.C., el día del nacimiento de Alejandro Magno, contemplamos cómo estallan llamaradas de fuego en el Templo de Éfeso.

Nace Alejandro Magno y encuentra a su maestro Aristóteles. Y es como si de las llamas ascendentes de Éfeso saliera una poderosa voz para aquellos que fueran capaces de oírla: Fundad una Éfeso espiritual a lo largo y ancho de la Tierra, y dejad que la vieja Éfeso física permanezca en la memoria de los hombres como su centro, como su punto medio.

Así tenemos ante nosotros esta imagen de la antigua Asia con sus centros de Misterios, y en primer plano Éfeso y sus alumnos en los Misterios. Vemos a Éfeso en llamas, y un poco más tarde vemos las expediciones de Alejandro que llevaron a Oriente lo que Grecia tenía que dar para el progreso de la humanidad, de modo que ahora llegaba a Asia en forma de imagen lo que había perdido en su realidad.

Mirando hacia Oriente y dejando que se inflame nuestra imaginación por causa de los tremendos acontecimientos que vemos tener lugar, somos capaces de contemplar bajo una luz verdadera ese antiguo capítulo de la historia del hombre, ya que necesita ser captado con la imaginación. Y entonces vemos surgir gradualmente en primer plano el mundo romano, el mundo de la Edad Media, el mundo que continúa hasta nuestros días.

Todas las demás divisiones de la historia en períodos, -edad antigua, edad media y edad moderna, o como quiera que se les designe-, dan lugar a falsas concepciones. Pero si estudian con detenimiento y atención la descripción que aquí les presento, obtendrán una visión real de los mecanismos ocultos que atraviesan la historia europea hasta nuestros días.

Traducido por J.Luelmo ago,2024