CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 27

GA316 Dornach, 23 de abril de 1924 Naturaleza de las fuerzas cósmicas de los metales

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 RUDOLF STEINER

CONFERENCIAS PARA MÉDICOS Y ESTUDIANTES DE MEDICINA

Naturaleza de las fuerzas cósmicas de los metales

Dornach, 23 de abril de 1924

¡Queridos amigos!

Bueno, me gustaría decir unas palabras sobre esa frase que escribí ayer en la pizarra al final de la clase. Empieza con las siguientes palabras:

Observa lo que se articula cósmicamente,............................☾
y percibirás la forma humana.

Y se señala que al lado se ha colocado el signo de la Luna. Ahora bien, si queremos comprender al ser humano en profundidad, —en particular, si queremos comprenderlo con vistas a un tratamiento terapéutico—, debemos tener muy claro que no podemos limitarnos a fijarnos únicamente en lo que une al ser humano con la Tierra, pues en realidad, como han visto desde la primera sesión, eso es lo que solo entra en juego en los primerísimos años de la infancia, hasta el cambio de dientes, pero a partir de entonces ya no. Es entonces cuando entran en juego aquellas otras fuerzas que, en realidad, organizan al ser humano, alejándolo de la Tierra. Para ello cuenta con su cuerpo etérico, y el cuerpo etérico se diferencia esencialmente del cuerpo físico, en que el cuerpo físico está sometido a la fuerza de gravedad, el cuerpo etérico no lo está. El cuerpo físico tiende hacia la Tierra, mientras que el cuerpo etérico se expande en todas direcciones, hacia las inmensidades del universo. Cuando ustedes en su reflexión tienen en cuenta los cuerpos físico y etérico del ser humano, ya abarcan todo el universo. El cuerpo físico está íntimamente relacionado con la Tierra, y el cuerpo etérico, con todo lo que se encuentra en el ámbito de lo perceptible alrededor de la Tierra, de modo que pueden considerar todas las fuerzas que actúan sobre el cuerpo físico como fuerzas que atraen al ser humano hacia la Tierra, y todas aquellas fuerzas que actúan sobre el cuerpo etérico son las que alejan al ser humano de la Tierra. Estas fuerzas están presentes y actúan en el ser humano, por lo que no se puede considerar al ser humano como si absorbiera alguna sustancia que antes estuviera fuera y luego pasara a estar dentro. No es así. El hecho de que estas fuerzas centrífugas actúen en el ser humano lo integra inmediatamente en el ámbito de todo el universo, de todo el universo visible.

A continuación, cuando ustedes se adentren en el plano astral del ser humano, deben imaginar que, en realidad, este proviene de lo atemporal; solo adopta la forma de la acción espacial.

Y cuando se acerquen al «yo», ya no podrán hacer ningún dibujo. El yo, no actúa ni desde arriba ni desde abajo; no actúa en absoluto en el sentido de que se pueda hacer un dibujo de ello, sino que actúa únicamente a través del transcurrir del tiempo, a través de la continuidad temporal. Lo que emana de la organización del «yo» del ser humano, en el fondo, no se puede dibujar, sino que hay que tener claro que es real en cada punto; sin embargo, no actúa ni irradiando hacia dentro ni hacia fuera, sino que actúa de forma puramente cualitativa.

Si miramos hacia los mundos etéricos, podemos decir: es como si, con nuestro cuerpo etérico, nos perdiéramos siempre en los mundos etéricos; lo astral, que tampoco es espacial, nos irradia siempre, pero parece como si se nos acercara desde la inmensidad del universo. Bueno, fíjense, supongamos que se trata de la alimentación, por ejemplo, con proteínas vegetales. La proteína vegetal, en primer lugar, es pesada; en segundo lugar, como proteína, tiene también una tendencia hacia el cosmos. Cuando se introduce la proteína vegetal en el organismo humano, sobre ella actúan inmediatamente las otras dos fuerzas: las que inciden desde todos los lados y aquellas que, a su vez, actúan sobre esta proteína, —en realidad, sin ser espaciales—, fuerzas tales como las de la organización del yo. Ahora supongamos que todo aquello que pudiera actuar de esta manera sobre el ser humano, por grotesco que suene, solo pudiera convertirlo en un cuerpo redondo, esférico. En el huevo del pájaro en realidad encontrarán la forma que surge de la interacción de estas fuerzas, —las que irradian desde la Tierra y las que, a su vez, irradian hacia ella—; en esa forma encontrarán plasmadas dichas fuerzas. ¿De dónde proviene el hecho de que del huevo del pájaro no salga simplemente la forma del huevo, sino una forma con una configuración determinada? Vean, si solo existiera lo que les acabo de dibujar (se dibuja), entonces la formación del huevo nunca iría más allá de su finalización. El pájaro estaría completo cuando el huevo está ahí. La cuestión es que el pájaro es un ser con una configuración muy determinada, —lo que ahora expongo para el pájaro también se aplica al ser humano—, y lo es gracias a que, en primer lugar, la Luna gira alrededor de la Tierra. La Luna gira a su alrededor. Ahora bien, si solo girara la Luna, aún así no surgiría un pájaro, sino que ocurriría que, aunque la cáscara del huevo se ablandara y se desprendiera, se formaría un ser esférico, un ser esférico compuesto esencialmente de clara de huevo. Pero no es que únicamente la Luna gire alrededor de la Tierra, sino que en el espacio se encuentran constelaciones en las más diversas formas y la Luna pasa siempre junto a estas constelaciones, modificando así la fuerza que emana de ellas.

 Imagínese, pues, que la Luna pasa por aquí, junto a las Pléyades. El huevo está expuesto a las fuerzas que surgen como resultante de la radiación de las Pléyades, y la Luna, al ocultar parcialmente esa radiación, la modifica. Así pues, fluye desde las Pléyades una fuerza que es modificada por la Luna, que se interpone y ejerce su efecto; y de ahí que, si lo represento esquemáticamente, la formación del huevo se convierta, por un lado, en la formación de la cabeza del pájaro. Así pues, se puede decir que la formación de la cabeza del pájaro se debe a que se configura desde el cosmos mediante la interacción de la Luna, la estrella cambiante, con las estrellas fijas, que actúan únicamente a través de su disposición particular en las Pléyades. Ahora bien, la Luna sigue su curso y, digamos, se sitúa aquí en oposición a su anterior configuración de libra; entonces, las fuerzas de libra se ven modificadas de nuevo por la presencia de la Luna. Existe otra relación de fuerzas, y además, la Luna, que aquí estaba en fase de luna llena frente a las Pléyades, se ha convertido ahora en luna nueva aquí, en la constelación de Libra. La Luna, en relación con la constelación de Libra, actúa de forma diferente a cuando lo hace desde las Pléyades, y el efecto sobre el huevo es que se forma la cola. Los demás elementos se sitúan en medio, de modo que, si se quiere estudiar la forma del pájaro, hay que estudiar cómo pasa la Luna frente a lo que se distribuye cósmicamente por el universo. ¿Qué puede decir sobre la forma del ser humano o, en general, de un ser vivo, aquel que se limita a las circunstancias terrenales? —Solo puede decir: sí, claro, el águila tiene una forma determinada, el buitre tiene una forma determinada, el canguro tiene una forma determinada, y así sucesivamente. ¿Por qué tienen esa forma? Si uno se limita a lo terrenal, como hace la ciencia, solo encuentra una única respuesta: el animal ha heredado su forma de sus antepasados. No hay otra respuesta en el ámbito del pensar: el animal ha heredado su forma de sus antepasados. —Exactamente según el esquema: la pobreza proviene de la pauvrete. Pero eso no explica absolutamente nada. Hay que seguir subiendo cada vez más. Los antepasados lo aprendieron a su vez de sus antepasados, y al final se llega a lo mismo de lo que se partió. Hay que acercarse a las fuerzas cósmicas, a las constelaciones estelares, si se quiere comprender la estructura.

Pero bueno, eso todavía no es todo lo que les he dicho. Si solo fuera eso, sin duda surgirían seres maravillosos y muy bien formados, pero en realidad todos serían medusas, tal y como lo fue el ser humano incluso en períodos terrestres pasados. En la época atlante era una especie de medusa. Esto se debía a que solo podía absorber aquello que se encontraba en estado plástico-líquido, como materia, como sustancia, a partir de la cual podía formar su cuerpo físico. El hecho de que incorporara potasio, sodio y las demás sustancias se debe a que no solo la Luna orbita por Libra, Aries y Tauro, sino que también lo hacen los demás planetas de nuestro sistema planetario, y estos nos incorporan aquello que, por ejemplo, hace que adquiramos realmente la forma humana. Así, a la Luna, por ejemplo, —ya les he descrito el pájaro—, se le incorpora al mismo tiempo —solo les he señalado la Luna, el Sol y Saturno— para el ser humano, en la formación de la cabeza, aquello que emana también de la constelación de Mercurio hacia los planetas y de las constelaciones de Venus hacia los planetas. Si estas no interactuaran con las constelaciones lunares, todos naceríamos con hidrocefalia. De este modo, se nos incorpora la metalidad orgánica, de tal forma que la constelación de Mercurio y la de Venus interactúan con la constelación lunar. Y nos volveríamos espantosamente raquíticos, no solo tendríamos las piernas arqueadas, sino que estas se doblarían de forma elástica; nuestros brazos tendrían formas similares a las de una medusa, si por otro lado no interactuaran con la constelación lunar aquellos planetas que están más orientados hacia Saturno, y si el propio Saturno no interactuara con Júpiter y Marte. El Sol provoca el equilibrio rítmico entre estas dos partes.

Así pues, estas dos primeras líneas del dicho deben llevarle a comprender cómo se forma realmente el ser humano a partir del cosmos. Y mientras no se reintroduzca la astronomía en nuestra ciencia médica, —pero en el sentido que acabo de exponer—, no avanzaremos. En realidad, la mayoría de las cosas que allí se dicen tampoco dicen nada especial. Se va saltando de un tema a otro, ¿verdad?, al atribuir lo que ocurre en el ser humano bien a las circunstancias terrenales externas, bien a la herencia. Pero si lo analizan en detalle, no se llega a ninguna conclusión, porque se olvida que la configuración del ser humano debe derivarse necesariamente de lo que aporta el conocimiento del cielo estrellado, considerado cualitativamente, en su esencia interior. Pero lo más importante en esta configuración del ser humano es la Luna. Esta debe intervenir en todo, mientras que las demás modifican su influencia. Lo más importante en la configuración del ser humano es la Luna.

La segunda línea dice:

Observa lo que te conmueve con ligereza,...........................⊙
y experimentarás el alma humana.

Verán, todo aquello que actúa en el cuerpo etérico humano es lo que le confiere su forma al ser humano. Pero aunque el ser humano tuviera la forma que tiene hoy, se convertiría en un autómata animado, si sobre él solo actuara aquello que les he descrito hasta ahora. Sin embargo, no solo actúa eso sobre él, sino que también actúa el entorno, actúa aquello que se entreteje y vive en el elemento del aire que nos rodea. Y en el elemento del aire se entreteje también el éter, así como lo astral del universo. Y del mismo modo que somos conformados, es decir, que se nos da una forma espacial exterior bajo la influencia de la Luna en relación con el cielo, así incorporamos a esa conformación la animación interior gracias a que el Sol interactúa con el cielo de la misma manera que la Luna lo hace para la conformación, de modo que se puede decir: Cuando el Sol influye en las fuerzas cósmicas de tal manera que se sitúa frente al Leo, entonces actúa, —y aquí no hay que tener en cuenta sus propias fuerzas, fíjense bien en esto— en primer lugar, en el círculo del aire, sobre aquello que actúa sobre nosotros a través de nuestra respiración y de nuestra circulación sanguínea, lo cual cambia continuamente. A medida que el Sol avanza, el aire cambia. Esta acción en el entorno se interioriza en la forma para convertirse en alma, de modo que podemos afirmar realmente que las constelaciones solares del cosmos ejercen su efecto en el entorno de la Tierra, en el ámbito etéreo, y eso es lo que nos proporciona nuestra alma.

Esto es, pues, lo segundo. Lo tercero es lo siguiente:

Observa lo que se transforma terrenalmente,.......................れ
y comprenderás la espiritualización del ser humano.

Con esta transformación se refiere al hundimiento gradual del cuerpo físico humano en el cadáver. «Mira cómo se transforma esto, estás captando la espiritualización del ser humano». Pero hay que atribuirlo a Saturno. ¿Por qué? Verá, las fuerzas de Saturno no se encuentran únicamente allá arriba, donde está Saturno. En cuanto a sus proporciones espaciales, Saturno está lejos de la Tierra, y lo que realmente provoca desde el exterior no es gran cosa. Lo que ejerce desde fuera sobre el ser humano no es mucho; tampoco sus constelaciones con otras estrellas ejercen una influencia especialmente fuerte sobre el ser humano. Pero tiene fuerzas que se hunden con tremenda intensidad en la Tierra. Las fuerzas de Saturno se introducen con una fuerza tremenda en la Tierra, y cuando miramos hacia fuera, en realidad no encontramos gran cosa de esas fuerzas de Saturno. Pero cuando miramos a la propia Tierra, a aquello que en la superficie se dirige hacia el interior de la Tierra, descubrimos que, en realidad, es como, —me gustaría decir—, cuando se ve a un caracol arrastrándose por el suelo. En primer lugar, está el caracol, que pasa por allí, que se desplaza; hay que seguirlo con la mirada, pero deja tras de sí su rastro de baba. Ese rastro está ahí, se puede seguir a lo largo de todo el camino. Lo mismo ocurre con Saturno. Se desplaza, pero deja sus huellas en todos los lugares donde ha iluminado la Tierra. Son huellas muy, muy claras. Si estas huellas no se hubieran conservado en épocas mucho más remotas de la evolución de la Tierra como fuerzas que habitan en ella, no tendríamos plomo en toda la superficie terrestre. El plomo surge de la sustancia primigenia, de las fuerzas de Saturno que actúan en la propia Tierra y que se han absorbido. En épocas más antiguas, cuando las condiciones aún eran diferentes, surgieron en la Tierra las fuerzas del plomo. Hoy en día, las fuerzas de Saturno siguen actuando sin duda alguna en el ser humano, y tienen un efecto completamente diferente al de las otras dos fuerzas. Verán, no seríamos seres humanos con espíritu, sino seres con cuerpo y alma, si no existieran estas fuerzas de Saturno. Esto puede servirles de referencia, queridos amigos. En el universo, en realidad, nada ocurre sin motivo. Pregúntense: ¿en qué momento ha tenido Saturno la oportunidad de impregnar la Tierra por todos los lados con su esencia de fuerzas? Lo ha hecho a lo largo de los treinta años en los que orbita alrededor del Sol y, por tanto, de la Tierra. Esos treinta años son, al mismo tiempo, los treinta años que el ser humano recorre desde su nacimiento hasta el momento en que se completa una determinada etapa de su vida. Cuando el ser humano ha vivido treinta años en la Tierra, se encuentra precisamente en el punto en el que se encuentra sobre la Tierra, —lo cual, por supuesto, quizá no coincida exactamente con la línea recta que traza Saturno desde el cielo—, donde Saturno ha impregnado la Tierra; cuando el ser humano cumple treinta años, impregna ese lugar por segunda vez. Y así, toda la influencia de Saturno en la Tierra está relacionada con el ser humano, y eso es, en última instancia, lo que hace que tengamos un cuerpo que se desgasta, como siempre constatamos. En el organismo humano no solo existen fuerzas constructivas, pues entonces estaríamos indefensos; nuestra vitalidad debe disminuir de alguna manera. Las fuerzas de degradación deben estar siempre presentes. Nuestro organismo no solo se forma hacia adelante, sino que también se retrae, y en esa retracción encuentra cabida el desarrollo espiritual, que se integra en ella. El desarrollo espiritual no surge de la vitalidad, sino que, al disminuir esta en su despliegue, el desarrollo espiritual encuentra su lugar en el espacio que queda libre, por así decirlo. Esto proviene de las fuerzas que surgen en la Tierra mediante la impregnación de la Tierra con las fuerzas de Saturno. Por eso tuve que colocar el signo de Saturno en el tercer versículo.

Pero bueno, como seres humanos, a los treinta años seríamos, precisamente por esas fuerzas de Saturno, unas ancianas y unos ancianos. A los treinta años empezaríamos a andar con muletas. ¿No es cierto que a Fichte le gustaba reconocer al ser humano solo hasta los treinta años? Por eso dijo que habría que matar a todos los treintañeros, porque entonces ya no sirven para nada al mundo, se convierten en lisiados débiles. Lo que Fichte quería decir con eso es que ocurriría inevitablemente si Saturno pudiera desplegar sus fuerzas en la Tierra. Pero las fuerzas de Saturno también se ven modificadas por las de Júpiter y Marte. Estas hacen que no nos deterioremos tanto hasta los treinta años, sino que lo hagamos en una medida tal que aún quede algo más allá, y de hecho debemos agradecer a Marte y a Júpiter que no seamos ancianos a los treinta años. Si se quiere comprender que el ser humano, a los cuarenta y cinco años, sigue siendo un ser humano, hay que mirar hacia el universo cósmico. Y así son la Luna, el Sol y Saturno, los cuerpos celestes más cercanos a nosotros y los más lejanos del sistema planetario. Tal y como está estructurado hoy en día, su estructura es inorgánica, porque se ha desarrollado a partir de una unidad anterior hasta Saturno, mientras que Urano y Neptuno han llegado desde fuera y simplemente se han unido a ella. Lo cierto es que se puede decir que los antiguos no habían descubierto a Urano ni a Neptuno, por lo que consideraban a Saturno como el planeta más lejano. Sigue siendo válido llegar hasta Saturno. Los astrólogos siguen siendo conscientes de ello, ya que recurren a Urano y Neptuno propiamente dichos solo para aquellas cualidades humanas que trascienden lo personal, donde el ser humano se convierte en un genio, o que se elevan por encima de lo individual, donde se trata de cuestiones que ya no tienen que ver con su desarrollo personal. Todos los planteamientos en astrología se realizan así. Solo cuando el ser humano alcanza la genialidad o aspira a ir más allá de lo humano —digamos, cuando su organización se expande o se desintegra de forma desmesurada—, todo aquello que va más allá de lo humano entra en consideración. Son aquellos planetas que se han comportado como trotamundos y que luego fueron capturados por el sistema planetario al que pertenece nuestra Tierra. El cuerpo celeste más cercano a nosotros y el más lejano regulan lo que hay en el ser humano: la Luna, la forma; Saturno, desde la Tierra, lo espiritual sin forma, en el que desmantela la forma, disolviéndola siempre hacia el interior; y el Sol, que establece el ritmo entre ambos. Con ello ha expresado lo que realmente hay que saber. A partir de experiencias ancestrales se podía saber que las mismas fuerzas que corresponden a nuestra tercera línea: «Mira lo que cambia en lo terrenal, comprendes la espiritualización del ser humano», son el mismo complejo de fuerzas que se manifestó en su día en la formación del plomo, de modo que podemos decir: Lo que en nosotros se fractura como organismo físico, para que lo espiritual pueda tener cabida, también debe manifestarse en el plomo. Son fuerzas de fractura las que han dado origen al plomo. Si introducimos plomo en el organismo humano, se producen fracturas. Si necesitamos esa fractura porque el ser humano no elimina lo suficiente, debemos administrarle plomo de alguna forma. Si, por el contrario, ocurre lo contrario, es decir, que el ser humano no es capaz de dar forma a las cosas, que se vuelve, por así decirlo, difuso, entonces debe aplicarse la experiencia ancestral de que que actúe la fuerza que irradiaba la Luna en tiempos remotos, cuando se trataba únicamente de formaciones minerales; la sustancia de la plata, es decir, el complejo de fuerzas de la Luna, actúa allí, de modo que las fuerzas de la plata son las que introducen lo difuso en lo que da forma. La sustancia de la plata puede apoyar la fuerza lunar.

Todo el sistema planetario está relacionado con aquellos elementos que se consideran preferentemente como remedios: Saturno = plomo, Júpiter = estaño, Marte = hierro, Sol = oro, Venus = cobre, Mercurio = mercurio y la Luna = plata. Estas correspondencias se tratan de una manera increíblemente superficial, cuando en realidad se basan en los estudios más minuciosos que se llevaron a cabo en los antiguos misterios. De hecho, en aquella época se investigaba mucho mejor y de forma más concreta, pues estas conclusiones se basan en algo que se ha comprobado a fondo. Se comprobaba con gran precisión cómo era la constelación de Saturno cuando en cualquier persona se producía un estado de falta de autonomía en todo su organismo, de modo que las fuerzas de fragmentación actuaban de forma insuficiente; que la vitalidad y las fuerzas de cohesión se volvían demasiado fuertes, de modo que la persona quedaba aturdida desde el punto de vista orgánico y constitucional; no tenía por qué ser precisamente el sistema sensorial el que quedara aturdido. Se observaba entonces que esto le ocurría tras una constelación particular de Saturno, de modo que anteriormente Saturno había ejercido una fuerte influencia sobre la persona. Si se observaba que la persona caía precisamente en tal estado al declinar Saturno, cuando no había podido desplegar plenamente sus fuerzas, entonces se utilizaba el plomo como remedio. La información que aún hoy se puede encontrar al respecto en libros de aficionados es cierta precisamente porque las personas no han podido alterarla, ya que desconocen su origen; de lo contrario, especularían al respecto y entonces, sin duda, dispondríamos de datos erróneos. Se mantienen correctos porque las personas han perdido el conocimiento científico del que proceden. Se conservan gracias a la tradición. Las personas no pueden alterar esta verdad mediante el pensamiento. Incluso lo que actúa sobre el ser humano desde la Tierra es, en realidad, una influencia de Saturno, que simplemente es retenida y absorbida por la Tierra.

Piense tan solo en las magníficas consecuencias que tiene para el conocimiento humano todo esto. Con el ser humano tal y como lo contempla hoy la ciencia natural, no se puede establecer en absoluto ninguna conexión con lo moral; lo moral queda flotando en algún lugar allá arriba, en lo abstracto. De ahí que, precisamente en el protestantismo, —que es el que más ha perdido la conexión con lo espiritual, con el cosmos—, todo lo moral quede simplemente separado del contexto del mundo. Queda una mera fe. Y si nos acercamos a la realidad, el ser humano es una criatura plenamente provista y cuidada por el cosmos, y entonces, junto con su naturaleza astral, irradian también las fuerzas morales. Entonces tiene la posibilidad de concebir al ser humano realmente conectado, también en su interior, con el mundo moral. Así, si practica la verdadera medicina, vuelve a lo que convierte al ser humano en un ser moral, en un ser humano capaz de experimentar lo moral de forma verdaderamente orgánica, sin tener que limitarse ya a cumplirlo como si se tratara de mandamientos externos.

Esto es lo que quería decirles y lo que creo que pueden llevarse consigo, pues les servirá de guía en muchas cosas. Por supuesto, pueden obtener los detalles de otras fuentes. Pero cómo se comportan esos detalles en el organismo humano, eso es algo que solo pueden comprender a través de un análisis como el que acabamos de realizar. Así pues, pueden leer en algún manual médico que el plomo provoca tal o cual efecto. Por qué lo hace, eso lo sabrán si realmente asimilan aquí estas explicaciones. Todas estas explicaciones tienen la particularidad de que, al proceder del mundo espiritual, requieren mucho menos esfuerzo de la memoria que aquello que el ser humano asimila físicamente. Lo que aprende, —bueno, así es—, depende en cierta medida de su voluntad; pero lo que experimenta por otra parte y lo que se graba por sí solo en su memoria, eso es lo que asimila de esta manera. De ello notará algo peculiar: si no lo revive una y otra vez de forma meditativa, lo olvidará muy pronto. Las verdades espirituales tienen la particularidad de que no pueden convertirse en verdaderas verdades de la memoria. Así como tampoco pueden ustedes conservar en su propio organismo lo que comieron hace una semana. El rumiante sí puede conservarlo, aunque solo sea durante un breve periodo de tiempo. En el caso del rumiante se trata precisamente de una réplica orgánica, un rudimento en el cuerpo físico de lo que, por lo demás, solo existe como memoria en el cuerpo etérico. Pero lo que hay que hacer con respecto a las verdades espirituales es experimentarlas una y otra vez hasta que se conviertan en un hábito; no retenerlas como recuerdos o imágenes, sino que se conviertan en un hábito. Ese es el sentido, el sentido fundamental de la meditación: apelar a lo que, en el fondo, solo está presente en la primera infancia. En esa etapa tampoco se tiene memoria visual, por lo que el niño pequeño olvida lo que acaba de experimentar. Vive en la memoria habitual. A ella debemos volver si queremos asimilar las verdades espirituales en nuestro interior; de lo contrario, las perdemos muy rápidamente.

Por eso, dado que han sentido la necesidad de recibir aquí conocimientos esotéricos, hay que apelar a su capacidad meditativa, a su asimilación interior; de lo contrario, estas cosas no les servirán de nada. Entonces adquiriréis la sutil sensibilidad que os guiará, —ahora no de forma instintiva, sino intuitiva—, a volver a sentir algo similar a lo que aún se conserva de forma abstracta en la denominada «doctrina de las signaturas», es decir, a observar cómo la planta y la piedra pueden actuar en el organismo. También tienen esto: que no solo desarrollan su cuerpo físico, sino también su cuerpo etérico, y que la memoria habitual les proporcionará una capacidad de percepción más refinada de los contenidos del entorno físico y la capacidad de contemplar así el mundo desde la perspectiva de una persona que recibe la pregunta del propio organismo humano, —del pulmón enfermo, del corazón enfermo—, y las respuestas del entorno, de las plantas curativas, los minerales curativos, etcétera.

Pregunta: Doctor, para muchos de nosotros es importante llegar a una visión general orientativa y lo más amplia posible de toda la situación en la que, en el fondo, nos encontramos realmente. En lo más profundo de nuestro ser sentimos que las verdades antroposóficas son algo radical y que de su realización depende infinitamente mucho. En la carta circular que recibimos tras el encuentro de Navidad, me llamó la atención lo mucho que la meditación que allí se ofrecía contiene una indicación orientada hacia la pedagogía general. ¿Cómo podríamos hacer realidad aquello que sentimos como una llamada tan profunda en nuestro interior y cómo podemos llegar a un conocimiento orientador de nuestro propio destino y de nuestras tareas para el futuro? Uno siente que solo podrá actuar correctamente si aprende a reconocer su propio karma en el gran contexto y, al mismo tiempo, reúne el valor para no querer eludirlo, sino para hacerlo realidad de la manera adecuada.

Bueno, por lo que ha dicho, creo percibir un poco en qué dirección se orientan sus sentimientos. Pero tendrá que completar las preguntas si eso no da en el clavo. La pregunta que ha formulado, sin embargo, toca un tema que, en realidad, hoy en día debería ser de conocimiento general. Porque, ¿no es cierto que, sobre todo últimamente, en los círculos juveniles antroposóficos, entre los jóvenes, se ha hablado mucho, —más que entre los mayores—, del transcurso del Kali Yuga? Esto se debe a que, de hecho, con el fin del siglo XIX ya ha comenzado una nueva era para la humanidad. La vida de las personas sigue adelante, al menos por el momento. Si tienes una bola y la empujas con la mano, esta rueda; pero si retiras la mano, sigue rodando. Y así, lo que las personas han vivido hasta finales del siglo XIX sigue rodando, por el momento, aunque ya no cuente con las fuerzas que lo impulsaron, e incluso adopta formas mucho peores que las que tenía en el tiempo pasado. Pero, al mismo tiempo, junto al discurrir de la vieja época, ya se está abriendo en secreto en el mundo una era luminosa. Una era luminosa irradia su luz sobre el mundo y ya es necesario que la antroposofía capte los primeros rayos de esa era luminosa. Ahora bien, como ven, estoy hablando, naturalmente, de ciertos contextos de una manera mucho más radical de lo que lo hacía antes del Congreso de Navidad. También lo deducirán de las conferencias que suelo impartir. Aquellos que puedan quedarse esta noche verán que en las conferencias ya se abordan ciertos contextos humanos. Pero todavía no me es posible, partiendo de tales reflexiones, entrar en detalles concretos sobre aquellas cosas que, precisamente, más atraen al morbo. ¿No es cierto que en estos asuntos hay que respetar unas leyes muy estrictas? Y ya sé que cierto impulso no tiene por qué provenir únicamente de la sed de sensacionalismo que puede existir y que podría satisfacerse si se le revelara a cada uno sus vidas terrenales anteriores. La cuestión no puede llegar tan lejos. En cambio, sí que se pueden ofrecer ciertos puntos de vista que pueden resultar importantes.

Bueno, verá, la cuestión es que hoy en día, en la vida humana en general, —si se me permite expresarlo así—, tenemos dos tipos de personas. Estos dos tipos de seres humanos se deben a que, en determinados momentos, el desarrollo espiritual de la humanidad terrestre fue diferente al de otras épocas, en las que se produjo, por así decirlo, un movimiento ondulatorio. Pero las ondas no solo se sucedían una tras otra, sino que también discurrían en paralelo. Verá, por ejemplo, en una época determinada, el desarrollo occidental del cristianismo se había vuelto una vez más superficial y se había exteriorizado. Las personas no tenían la posibilidad de llegar a lo esencial a partir de lo que les ofrecía el cristianismo. Esto provocó una reacción entre los cátaros. Así, convivían personas que vivían muy centradas en lo exterior y personas que deseaban interiorizarse profundamente. Algo similar ocurrió cuando, bajo la influencia de Comenio y ya anteriormente, se fundaron las comunidades de los Hermanos Moravos hasta lo más profundo de Hungría y Polonia, de modo que en el mundo siempre convivieron personas que en su alma aspiraban intensamente a la espiritualidad y aquellas que, simplemente por el karma de la civilización, se veían obligadas a la exteriorización. El hecho de que unos se incorporen a un grupo y otros al otro está relacionado con estados kármicos anteriores. Ahora bien, para la humanidad actual es muy importante tener en cuenta en qué medida el ser humano, en su encarnación anterior, perteneció a uno u otro de estos grupos de personas. Vea, supongamos que hoy nace una persona que ha vivido en el marco de una evolución cristiana totalmente exteriorizada; esa persona presenta una configuración humana completamente diferente a la de alguien que, a mi parecer, ha pertenecido a los Hermanos de Bohemia y Moravia. ¿Y en qué consiste la diferencia? —Verá, la esencia del transcurso del Kali Yuga solo se descubre cuando se analizan las circunstancias concretas; de lo contrario, no pasa de ser una construcción histórica. La era oscura se extiende hasta el año 1899, y entonces comienza la luminosa. No se tiene mucha conciencia de ello. Hay que profundizar en lo espiritual concreto. Las personas que han nacido así, en el cambio de ciclo del Kali Yuga, aquellas que tienen en su interior un fuerte afán espiritual, —no deben por ello volverse presuntuosas, sino simplemente incorporarlo a su conocimiento vivo—, estas personas son, en gran medida, aquellas que en realidad han nacido de entre los herejes, de aquellos que querían interiorizarse. Alrededor del cambio de siglo entre los siglos XIX y XX, aparecieron personas que no vivían en la corriente general del cristianismo que se exteriorizaba, sino que vivían en sectas de este tipo que se introducían en el interior y se interiorizaban. ¿Cuál es la consecuencia de ello?

Verán, cuando se atraviesa el tiempo que media entre la muerte y el nuevo nacimiento, allí se aprende de forma espiritual con gran precisión, del mismo modo que aquí en la Tierra podemos conocer y estudiar el mundo extrahumano, el universo, así como conocer y estudiar el universo humano. Esto es igualmente amplio y detallado, pues el ser humano contiene en su interior tanto como el cosmos. Eso es lo que estudiamos con nuestras fuerzas de voluntad transformadas. Allí llegamos a conocer al ser humano con gran precisión. Ahora bien, existe una diferencia entre los dos grupos de personas de los que les acabo de hablar. Durante el período que va entre la muerte y el nuevo nacimiento, aquellos que se habían exteriorizado más no pudieron adentrarse correctamente en el mundo espiritual. Pasaron sin pensar por el mundo espiritual, sin prestar atención a la singularidad del ser humano, y renacieron; y, en particular, aquellas personas que nacieron en el segundo tercio del siglo XIX eran de ese tipo, que en su vida anterior se habían exteriorizado tanto. Por lo tanto, no trajeron consigo a la vida terrenal ningún sentido del ser humano. Se comportaban con el ser humano de tal manera que utilizaban el cuerpo para comer, beber, caminar, estar de pie, sentarse, pero no les interesaba, porque no habían desarrollado ese interés entre la muerte y el nuevo nacimiento. Esas eran las personas que se conformaban preferentemente con el materialismo, porque no sentían la necesidad de conocer al ser humano. El materialista, que solo quiere conocer la materia, es quien menos la conoce. Se puede afirmar con la conciencia tranquila que las personas que están aquí sentadas son todas almas herejes renacidas, —no tienen por qué atribuírselo como un mérito—, almas herejes que, sin duda, experimentaron entre la muerte y un nuevo nacimiento un fuerte impulso de infiltrarse en todas las personas y que, por ello, inconscientemente se convierten en un enigma inmenso para los demás. Esto se manifiesta precisamente en el impulso de querer saber más de lo que la medicina materialista puede ofrecer, y así ya existe una justificación interna del karma del que usted ha hablado. Lo que ocurre es que no debe tomarse las cosas a la ligera, porque, si lo hiciera, se desconocería a sí mismo. No alcanzaría aquello a lo que, en realidad, desea llegar, gracias a haber vivido ciertas experiencias entre la muerte y el nuevo nacimiento. Y lo que ocurre cuando, en la vida terrenal, uno no encuentra aquello a lo que ha aspirado durante siglos, no es solo que eso haga que la persona se vuelva superficial. Hemos salido de la época en la que las personas que habían asimilado verdades sobre el ser humano entre la muerte y el nuevo nacimiento podían volverse superficiales sin sufrir consecuencias. En la actualidad, la juventud no está en absoluto en condiciones de permitirse volverse superficial impunemente, porque se arruina interiormente hasta lo más profundo de su ser orgánico. Lo grave no es que las personas de hoy sean materialistas en sus pensamientos, que parloteen sobre el monismo y cosas por el estilo; eso no es lo grave, de eso se podría salir fácilmente. Lo que el ser humano dice no tiene tanta importancia, pero lo que luego se refleja en su naturaleza emocional y volitiva, lo que se entreteje en sus órganos, hace que las personas, si no profundizan espiritualmente, no puedan dormir bien en absoluto. Eso es lo esencial. Si hoy en día se deja a las personas sin ese tipo de profundización, ¿cuál será la consecuencia? La consecuencia será que, apenas lleguemos a los años 1940 a 1950, serán testigos de epidemias de insomnio cada vez más extendidas y de mayor alcance. Esas personas ya no podrán contribuir en absoluto a la civilización humana. Así pues, debido a vuestro karma, no tenéis otra opción que tener en cuenta vuestro karma, algo que aún se podía hacer antes de que terminara el Kali Yuga y [hasta] ahora. Debéis considerar con toda seriedad lo que os acabo de decir sobre la configuración de vuestro karma. Por supuesto, esto se mantiene en el ámbito de las características generales, pero pueden encontrar útil para ustedes mismos ese karma general si se proponen reflexionar con mayor frecuencia sobre las circunstancias particulares de su vida. Podrían llegar, en mayor o menor medida, a descubrir algo curioso precisamente cuando reflexionaran sobre las circunstancias particulares de su vida. El movimiento juvenil teoriza demasiado, por lo que se oyen demasiado las mismas teorías. Si se detuvieran a observar realmente por sí mismos qué es lo que vive la juventud hoy en día de especial, qué es lo que realmente se diferencia de lo que vivió la generación anterior, entonces el movimiento juvenil adquiriría de golpe una forma completamente diferente. Eso es lo que pretendemos con nuestro movimiento juvenil: que adquiera una forma concreta y no se quede estancado en abstracciones.

Dr. Bort: En la reunión que mantuvimos ayer no solo nos planteamos la pregunta de cómo es posible que nuestro destino nos haya traído a Dornach precisamente en Navidad, sino que también nos dijimos que, con nuestra conciencia humana, no sabemos en absoluto por qué hemos venido aquí y que se nos ha dado la oportunidad de asimilar algo tan grande en nuestro interior, algo que, tal y como somos, no podemos comprender ni merecemos. Precisamente a partir de este hecho, muchos de nosotros tomamos conciencia de que tenemos ante nosotros una tarea muy concreta y de que se trata, precisamente, de estar preparados para afrontar este karma y esta tarea, tal y como se nos planteaba en el tema que se nos había indicado en la circular.

Bueno, si deja que le calen en el alma, sobre todo el debate —que, en mi opinión, ha sido serio— que acabamos de mantener, seguro que podrá sacar algo en claro de este encuentro, que ha sido demasiado breve.

Traducido por J.Luelmo

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