CALENDARIO DEL ALMA -SEMANA 25

GA034 enero de 1904 - Introducción a Lucifer-Gnosis

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Revista Lucifer - Gnosis enero de1904

RUDOLF STEINER

INTRODUCCIÓN A LA LUCIFER-GNOSIS

enero de 1904

Por primera vez, «Lucifer» se presenta al público junto con «Gnosis». Era lógico que se modificara ligeramente la presentación para reflejar la unión de ambas revistas también en su aspecto exterior. En el interior, ni los lectores de «Lucifer» ni los de «Gnosis» notarán ningún cambio. Ambas revistas se esforzaban por servir a una concepción del mundo y de la vida que representara la ciencia, la religión, la moral y la filosofía en una unidad superior. Hoy en día, tal objetivo no puede esperarse que se realice si las fuerzas se fragmentan, sino solo si actúan en armonía. Y el verdadero conocimiento nunca puede conducir al fomento de esfuerzos especiales, sino solo a la unidad. La tendencia a la separación en la búsqueda de los altos objetivos de la vida del alma y la cultura espiritual solo demuestra que las inclinaciones egoístas aún superan la entrega desinteresada a los ideales de la verdadera humanidad. La ciencia actual demuestra cada vez más que ella misma se inclina hacia el mundo imaginario que se expresa en esta revista. Quien juzgue esta ciencia no según los dogmas que establecen algunos de sus representantes, sino según los hechos que ella pone de manifiesto, debe admitir que tanto la investigación natural como la espiritual de la actualidad ya no permiten una concepción materialista del mundo. Errores tras errores, conceptos estrechos de miras tras conceptos estrechos de miras deben ser acumulados por aquellos que aún quieren mantener la interpretación materialista de los fenómenos del mundo. A esto se añade que muchos, a quienes la ciencia materialista y la concepción materialista de la vida no pueden satisfacer debido a sus sentimientos naturales y sanos, han caído en una desesperación más o menos profunda ante la imposibilidad de resolver los grandes enigmas. Otros han caído en una indiferencia total hacia estas cuestiones. Muchos pierden el ánimo de buscar cuando se enfrentan a las confusas opiniones que les llegan hoy desde todas partes, sobre todo desde la investigación científica, que poco a poco aspira a ejercer una influencia autoritaria que hace palidecer la que tenían los sistemas religiosos en épocas anteriores. Y quien pierde así el ánimo, no está lejos de la indiferencia hacia el asunto más sublime de la humanidad.

Quien sabe interpretar los signos de los tiempos no puede dudar de que los objetivos de las revistas ahora unidas son una necesidad en nuestro presente. Y cuanto más se difunda el conocimiento de su importancia, más se acercaremos a estos objetivos. Por lo tanto, «Lucifer», asociado con «Gnosis», se presenta al público con las mejores esperanzas. Su programa pretende ser lo más completo posible. Siempre irá de la mano de la ciencia verdadera. Todos los campos de investigación, desde la ciencia de la religión hasta las matemáticas, desde la astronomía y la geología hasta la biología y la historia de los pueblos y las culturas, deben presentar aquí sus resultados, en la medida en que sirvan de base para una visión espiritual auténtica del mundo o puedan conducir a ella. La mística, la teosofía y la observación e investigación experimental de los fenómenos del alma, las cuestiones morales, filosóficas y artísticas superiores deben aparecer aquí unidas. Y en el sentido del gran movimiento intelectual que, como «teosófico», se ha extendido durante más de un cuarto de siglo en todos los países civilizados, el lema de «Lucifer-Gnosis» será: ninguna opinión humana individual está por encima de la investigación de la verdad.


Berlín W., Motzstraße 17

Dr. Rudolf Steiner

GA191 Dornach 19 de octubre de 1919 - El destino humano: reencarnación y karma. La percepción del yo a través de los recovecos de la conciencia durante las noches.

 


 RUDOLF STEINER

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El destino humano: reencarnación y karma. La percepción del yo a través de los recovecos de la conciencia durante las noches.

Conferencia 9
Dornach 19 de octubre de 1919

En éstas consideraciones, les he hablado desde diversos puntos de vista sobre la conexión entre la recepción del conocimiento científico espiritual, y la comprensión social que ha de difundirse cada vez más entre la humanidad. Probablemente, habrán sentido ustedes la necesidad de plantear la cuestión más a fondo: ¿Cuál es la relación interna de las relaciones de los seres humanos, que llamamos sociales, con lo que puede desarrollarse en nosotros como sentimiento por el hecho de que nos familiarizamos gradualmente con las ideas científico-espirituales? - Las ideas de la ciencia espiritual nos muestran, en primer lugar, una cierta sintonía interior del alma al hacernos comprensible aquello que experimentamos en la vida ordinaria, pero que en realidad debemos sentir como lo más incomprensible: el destino humano. Desde cierto punto de vista, este destino humano se hace comprensible familiarizándose con la ley de las vidas terrenales repetidas y su interrelación, la ley del karma. Se aprende que depende de nuestras vidas terrenales anteriores, el cómo entramos en una vida terrenal y cómo la completamos. Ya hemos hablado de las fuerzas que pasan de una vida terrenal a otra, y hemos visto cómo es, por así decirlo, la técnica cósmica de modelar el destino.

Ahora bien, todos ustedes sienten que hoy en día el hombre, si no alcanza conocimientos superiores, sólo puede adivinar vagamente que su destino está moldeado por las leyes de las sucesivas vidas terrenales. Eso que llamamos karma es algo que teóricamente se puede comprender hoy con relativa facilidad. Así se desprende de la última edición de mi «Teosofía», en la que se ha reorganizado el capítulo correspondiente sobre el karma. Pero esa visión real de la vida de la que hablaba ayer, esa visión sencilla de la vida, sin prejuicios ni ideas preconcebidas, que revelaría inmediatamente la ley del destino, es algo que muy pocas personas tienen hoy en día. Si la gente viera realmente lo que ocurre en la vida de la misma manera que hablé ayer sobre la visión simple e imparcial, entonces el sentido común hablaría de la ley del destino en el sentido de la ciencia espiritual. Pero ese no es el caso de la mayoría de la gente hoy en día. Sobre todo, debido a la falta de visión simple, para la mayoría de la gente no está claro de qué manera vive la conciencia del yo en el alma. Incluso hay filósofos hoy en día que hablan de la conciencia del yo como si esta conciencia del yo fuera lo más cierto, como si fuera lo más real. Se puede decir que esto es tan cierto por un lado como unilateral, incluso casi incorrecto, por otro. Porque, ¿cómo percibimos realmente nuestro yo humano?

Con respecto a la vida interior, ayer aprendieron que la vida del pensar no es en realidad más que el reflejo de la vida prenatal, que la vida de la voluntad es el aspecto embrionario, germinal, de la vida postmortal, que lo que se desempeña en nuestra alma en el fondo no está ligado en absoluto a lo que nos envuelve como cuerpo desde el nacimiento hasta la muerte, y que nuestro ser extracorporal, de hecho extratemporal, interviene en nuestro pensar, por una parte, y en nuestra voluntad, por otra. Pero también saben que miramos hacia atrás en nuestras vidas y tenemos la sensación de que tenemos el curso cerrado de la vida detrás de nosotros como un recuerdo. Como seres humanos podemos hacernos esa idea muy fácilmente: Hemos recorrido conscientemente el curso de nuestra vida y lo hemos almacenado en nuestra memoria desde el momento hasta el que somos capaces de recordar. Al hombre le parece que cuando aquí es el momento del presente, (ver pizarra 1), él recuerda de nuevo al momento en la infancia hasta que él sólo recuerda. Se puede ver fácilmente que esto es un gran error. Si se remonta la vida hasta el momento que recuerda en la infancia y considera esto como un flujo cerrado, esto es por supuesto completamente erróneo, porque en tal «recuerdo» en realidad sólo percibe los acontecimientos del último día en el que mira hacia atrás; luego está la noche intermedia, luego otra vez el día anterior, luego otra vez la noche en la que no percibe nada, luego otra vez el día anterior y así sucesivamente.

pizarra 1

Por tanto, es una tremenda ilusión de la vida si simplemente pasas por alto el hecho de que este recuerdo, este recuerdo consciente, no te da un flujo cerrado, sino que en realidad te da un flujo continuamente interrumpido, en el sentido de que todas las veces que uno ha dormido quedan fuera de este recuerdo. Así que no se tiene una línea continua de recuerdo, sino una línea discontinua de recuerdo, una línea de recuerdo constantemente interrumpida.

Ahora, para poder aclararles el significado de lo que realmente quiero decir aquí, me gustaría mostrarles una imagen. Supongamos que tienen la siguiente imagen: un disco blanco y, dentro de este disco, una mancha oscura. Ahora pueden preguntarse: ¿qué es lo que percibo aquí? — El disco blanco. Donde no hay blanco, ven la mancha negra. No quiero discutir ahora si la mancha negra es real o solo la ausencia de blanco. Pero ustedes ven esa mancha negra. Ven que esa mancha negra está donde no hay blanco, dentro del disco blanco. Si toman esta imagen, pueden aplicarla a la forma en que perciben su yo en la vida cotidiana. Al igual que no perciben nada aquí (en el centro), donde está la mancha negra, tampoco perciben realmente su yo.  Ustedes no perciben su yo, sino que perciben las experiencias que han vivido durante sus diferentes vigilias diurnas. Y no perciben su yo en absoluto; solo por el hecho de que, en algún lugar, cuando repasan sus experiencias, estas no están ahí, así como tampoco hay blanco en la mancha negra, tampoco perciben ustedes su yo. Al mirar atrás en su vida, perciben las experiencias y no perciben estas interrupciones. En cambio, perciben su yo. Por lo tanto, es la ausencia de las experiencias diarias lo que en realidad les da la idea de su yo, es decir, al decir «yo», perciben el tiempo de su vida que han dormido.

De hecho, lo que queda en la vida, cuando se echa la vista atrás, es lo que da lugar a la percepción del yo. Supongamos que ustedes no durmieran nunca, que estuvieran siempre despiertos, entonces no tendrían percepción del yo al echar la vista atrás. Se sentirían como un ser que flota sin yo en los acontecimientos de la existencia del mundo.

Es extremadamente importante ver estas cosas con sencillez. Porque todo el mundo cree que la percepción del yo es una experiencia. No, la percepción del yo es el vacío correspondiente en las experiencias. Por favor, de entrada ténganlo en cuenta.

Y ahora les pido que recuerden cómo les he dicho una y otra vez que el ser humano no solo duerme cuando duerme, sino que hasta cuando está despierto también duerme. En realidad, el ser humano solo está despierto en relación con su mundo sensorial y conceptual. Solo está realmente despierto en sus percepciones sensoriales y en sus ideas. En relación con su voluntad, duerme. Del mismo modo que el ser humano no ve lo que hace desde que se duerme hasta que se despierta, tampoco ve los impulsos internos de su voluntad. Ayer hablé de cómo el «chico» o la «chica» se observan a sí mismos en sus acciones, pero no ven la voluntad. En lo que respecta a la voluntad, el ser humano duerme. También duerme durante el día, en el sentido de que es un ser humano dotado con voluntad. Solo está despierto cuando es un ser humano que percibe sensorialmente y forma conceptos e ideas con la mente. Solo está medio despierto; para la otra parte, la parte volitiva de su ser, el ser humano también duerme mientras está despierto.

Y ahora comprenderán cómo es realmente el yo. Éste no entra como un ser real en sus percepciones sensoriales ni representaciones, sino que permanece en la voluntad y allí sigue durmiendo desde que ustedes se despiertan hasta que se vuelven a dormir. Por eso nunca pueden verlo como un ser real, sino solo como el círculo hueco en el centro. Se puede tener la oscura sensación de que se tiene un yo, porque desde la voluntad resuena algo de lo que se tiene como un agujero en las experiencias del alma. Pero la percepción del yo es precisamente negativa. Es extremadamente importante comprender esto. Es necesario que se reconozca la futilidad de esa idea superficial del yo, que también figura en muchas filosofías de la era moderna. Porque solo cuando se comprende todo este conjunto de hechos que les he expuesto aquí, se puede entender, entender interiormente, la relación entre las personas en la vida.

La relación entre las personas en la vida la he descrito en la nueva edición de mi obra «Filosofía de la libertad», en una de las ampliaciones que he añadido al libro en la nueva edición. Como acabo de explicar, no solo percibimos nuestro propio yo, aunque sea de forma negativa, sino que también percibimos el yo de los demás. No podríamos percibirlo si el yo estuviera en nuestra propia conciencia. Si el yo estuviera en nuestra propia conciencia, la relación entre las personas sería bastante fatal; entonces iríamos por el mundo y solo tendríamos en nuestra conciencia, dentro de nuestro mundo sensorial y conceptual, yo, yo, yo.  Pasaríamos junto a otras personas y las percibiríamos solo como sombras, y nos sorprendería que, al extender la mano, esas sombras la detuvieran. No podríamos explicarnos de dónde viene eso, por qué no podemos atravesar a una persona. Todo esto se debería al hecho de que tuviéramos el yo de forma sustancial, y no solo como una idea negativa en nuestras representaciones y en nuestra vida sensorial. No lo tenemos ahí. Solo lo tenemos en nuestra voluntad y en el sentimiento que emana de la voluntad. Ahí está realmente el yo, pero no de forma inmediata en la vida imaginativa ni en la vida sensorial.

Cuando percibimos a otras personas, en realidad las percibimos a través de nuestra voluntad. Hoy en día, no es tan infrecuente encontrar entre quienes se consideran filósofos la descabellada idea de que, cuando nos encontramos frente a otra persona, lo que vemos es una estructura formada por el cabello en la parte superior, la frente, la nariz, la boca, etc. Nos hemos visto a menudo en el espejo; nos vemos igual que la persona que tenemos delante. Y como tenemos un yo, deducimos por analogía que el otro también tiene un yo. —¡Es una idea descabellada, una auténtica tontería! Porque, en realidad, percibimos el yo del otro igual que nuestro propio yo, aunque sea como algo negativo. Y precisamente porque nuestro yo no está en nuestra conciencia, sino fuera de ella, al igual que la voluntad, podemos ponernos en el lugar del yo del otro.  Si el yo estuviera en nuestra conciencia, no podríamos ponernos en el lugar del yo del otro y solo lo percibiríamos como una existencia en las sombras. ¿Y cómo se produce esta percepción del otro? Cuando percibimos al otro, tiene lugar un proceso muy complejo. Nos encontramos frente a él: en cierto modo, reclama nuestra atención y nos adormece por un instante. Nos hipnotiza, nos adormece por un momento. Nuestro sentido de la humanidad queda realmente adormecido por un instante. Nos resistimos a ello y hacemos valer nuestra personalidad. Es como el movimiento de un péndulo: dormir en el otro, despertar en nosotros mismos, volver a dormir en el otro, despertar en nosotros mismos. Y este complicado proceso de oscilación entre dormir en el otro y despertar en nosotros mismos tiene lugar en nuestro interior cuando nos enfrentamos al otro. Es un proceso que tiene lugar en nuestra voluntad. Simplemente no lo percibimos porque no percibimos nuestra voluntad. Pero este continuo vaivén tiene lugar, tal y como se describe en mi «Filosofía de la libertad».

Verán, en esta vibración entre quedarnos dormidos en el otro y despertar en nosotros mismos tienen el elemento primigenio, por así decirlo, el átomo de la convivencia social de los seres humanos. Ese es el elemento primigenio de lo que es la vida social entre personas. Así pues, este elemento primigenio y, con él, todas las complejas estructuras de la vida social, descansan en realidad en aquella parte de nuestro ser que duerme, incluso cuando estamos despiertos. La vida social es, en esencia, como mucho, un ser soñador del ser humano despierto; no es una vida completamente despierta la que vive el ser humano en la vida social. Por eso lo social es tan difícil de comprender para la vida cotidiana, porque en realidad no es una vida completamente despierta, porque es una vida onírica y porque, en realidad, para mantenernos a nosotros mismos en nuestro interior, siempre tenemos que defendernos contra el sentimiento social, contra el sentimiento del otro.

Ahora piensen ustedes en lo complicada que nos hace la vida, el hecho de entrar en relaciones con diferentes personas que consisten en un continuo dormirse y despertarse. Una persona es así, otra es asá. Nos dormimos en ella. Este dormirse es como es la otra persona. Nos sumergimos en él al dormirnos. Recuerden lo siguiente: imaginen que ahora, durante el intermedio o en algún otro momento aquí en la sala, han hablado con tantas y tantas personas. Se han dormido en todas ellas y, después de despertar de ellas, eso sigue estando siempre en ustedes. De este modo, adquieren algo de la esencia de esas personas. Todo esto vibra de persona a persona, se propaga de persona a persona. En el fondo, es un elemento oscuro y crepuscular el que impera en esta convivencia social de los seres humanos. Y la conciencia del presente del ser humano, no tiene mucho que ver con este sentimiento social que se propaga y se entreteje de forma oscura y crepuscular de persona a persona.

En nuestra época, nuestra tarea como seres humanos del presente, —como se desprende de las diversas consideraciones que hemos expuesto—, es liberarnos gradualmente de los antiguos lazos de sangre para comprender lo que se entreteje y se agita de forma tan oscura y velada en nuestra sociedad. Una de las tareas más importantes del presente es adquirir la comprensión de este entretejido y estas ondas. Lo que yo denomino «triarticulación del organismo social» es, en el fondo, solo una estructura de convivencia humana tal que el ser humano, poco a poco, tras varias generaciones, pueda llegar a comprender realmente este entretejido y esta esencia de persona a persona, que se puede denominar el elemento social. Esta comprensión solo puede llegar cuando la vida jurídica y la vida espiritual se sitúan de forma independiente junto a la vida económica, es decir, cuando la vida espiritual se contrapone de forma totalmente libre a las otras dos esferas de la vida.

La tarea pública más importante de la humanidad actual y del futuro próximo es llevar a cabo esta triarticulación, para que la humanidad pueda seguir existiendo y llegar a una comprensión social verdadera de la vida humana. La humanidad ha emprendido el camino hacia esta comprensión en los tiempos modernos, desde mediados del siglo XV. En la actualidad, esto resulta difícil solo porque, por primera vez en toda la evolución de la humanidad en la Tierra, las fuerzas divinas y espirituales del mundo apelan a la conciencia de los seres humanos. Todo lo que se ha logrado hasta ahora en materia de progreso se ha logrado de forma más o menos inconsciente. Lo primero que hay que hacer es aspirar conscientemente a una estructura social.  Las antiguas estructuras sociales surgieron de los lazos sanguíneos, de la familia pequeña y grande, del clan, de las clases, etc. Luego se ampliaron hasta convertirse en contextos nacionales. Hoy en día, la humanidad se debate entre la falsa creencia de que puede aferrarse a tales comunidades, a las comunidades de los pueblos, cuando en realidad hace tiempo que ha superado lo que son las comunidades de los pueblos, y hace tiempo que existe la necesidad de llegar a otras formas de pertenencia social distintas de la que representa el parentesco consanguíneo a través de los pueblos.

Ya les he comentado que, en cierto modo, la primera etapa en este camino hacia una comprensión tal, necesaria para el presente y para el futuro próximo, fue que con la Reforma se desarrolló el dominio del hombre económico. Les señalé que en la antigüedad gobernaban los iniciados, luego los sacerdotes y, desde mediados del siglo XV, el hombre económico se convirtió en el gobernante. Desde la Reforma, aquellos que antes vestían mantos púrpura y representaban a los gobernantes tuvieron que convertirse en marionetas de los hombres económicos si querían gobernar. En realidad, desde mediados del siglo XV, han gobernado cada vez más los hombres económicos, aquellos que se ocupaban de la economía de los distintos territorios de la Tierra. Si otros gobernaban en nombre, era solo en nombre, y los gobiernos estaban, en el fondo, completamente impregnados de los principios económicos. Por supuesto, a nadie le gusta hablar de que todo lo que se hace desde la Reforma se hace desde un punto de vista económico. Se habla de ideales y demás. Pero para los representantes de la historia real, eso no son más que máscaras. Para no levantar demasiado el velo, desde la Reforma se siguieron nombrando ministros de Cultura, ministros de Educación, ministros de Justicia, etc. Pero todos ellos no eran más que ministros de Economía con matices algo más sutiles. Quien se fija en la realidad puede verlo, como mucho que transmitían antiguas tradiciones, pero esencialmente con consideraciones económicas.

 En este sentido, la Iglesia católica supo adaptarse a los nuevos tiempos, precisamente en la época de la Reforma. En el fondo, con el inicio de la Reforma, la Iglesia católica fue la que mejor supo aprovechar el progreso en el sentido del nuevo principio económico. Basta con destacar un «hecho de entre otros hechos». Hasta ese momento, la Iglesia había logrado acercar los asuntos espirituales más elevados y los asuntos mundanos más triviales. En la antigüedad, se podían expiar los pecados mediante todo tipo de actos. Poco a poco, se llegó a la situación de que se podían expiar los pecados pagando. Y el Papa, más rápido que los demás, que los poderes seculares, supo muy bien contar con el progreso de los nuevos tiempos. Ha anticipado sus ingresos futuros procedentes del perdón de los pecados. Si se tiene el poder de cobrar por los pecados cometidos por los hombres a cambio de su perdón, eso supone unos ingresos futuros enormes. Y si estos ingresos están tan asegurados como algo puede estarlo por la fe de las personas, entonces se trata de unos ingresos muy seguros. Por eso, la mayor entidad bancaria de Siena consideró un negocio seguro comprar al Papa tal o cual cantidad de las futuras expiaciones de los pecados de la humanidad. El Papa, mientras ya hacía buen uso de estos fondos, obtenía enormes sumas de dinero de un banco de Siena. Y el banco contrató a Tetzel para cobrar estas sumas. Este recorrió los países de Europa Central y cobró las sumas para el banco de Siena.

Como pueden ver, la Iglesia ha sabido adaptarse extraordinariamente bien a las circunstancias de los tiempos modernos. ¡Eso también es historia! Hay que tener muy en cuenta esta historia.

Surgió el hombre económico. La Iglesia estaba ahí. Pero, al fin y al cabo, la administración de los asuntos espirituales con la ayuda de la casa bancaria de Siena y su cobrador, su agente, no es más que una máscara para los verdaderos clérigos. Y si estudian la historia reciente, verán que tiene un profundo significado cuando se dice que el hombre económico se convirtió en el dominante. El Papa solo ha seguido siendo un gobernante tan poderoso porque supo, en el momento adecuado, convertirse también en un hombre económico, adaptarse al tipo económico.

Sí, el tipo económico predominó desde la Reforma. Sustituyó al antiguo tipo sacerdotal. En el siglo XIX, la humanidad en general había llegado al mismo punto en el que se encontraba la Iglesia, que comprendía mucho mejor el progreso, ya en la época de la Reforma. Pero el tipo económico de ser humano solo predominó hasta el siglo XIX. En el siglo XIX volvió a predominar otro tipo. Cuando se dice que este tipo se hizo predominante, significa que las influencias decisivas en la estructura social dependen de este tipo. En el siglo XIX, en la primera y segunda década del siglo XIX, el usurero, es decir, el banquero, se convirtió en la figura dominante. Si se busca una definición adecuada del banquero, la historia se vuelve extremadamente delicada. Si se establece una definición, —algo que se suele evitar—, del banquero, tanto grande como pequeño, basándose en motivos socioeconómicos reales, entonces no se debe buscar al mismo tiempo una definición del usurero. Porque éstas dos definiciones serán iguales; solo pueden ser iguales. Pero esto es algo que la humanidad moderna ha guardado tan cuidadosamente como un secreto, al igual que ciertas sociedades secretas han guardado sus «signos» y «palabras». No se ha difundido entre la humanidad en general. Ha permanecido como un secreto en la vida social.

 El banquero se convirtió en el gobernante. Y si se examina cómo se desarrolló la estructura social a lo largo del siglo XIX, se descubre que, en la primera y segunda década de ese siglo, el banquero, ese tipo económico especial que solo economiza con el dinero, es quien, al igual que antes el hombre económico, ejerce ahora su influencia decisiva en todo lo que constituye la estructura social, en todas las leyes de los países, etc. Es muy importante comprender estas relaciones, es muy importante comprender que el tipo económico de persona se vuelve dominante desde la Reforma, que el banquero se vuelve dominante desde principios del siglo XIX. Y no se pueden comprender los asuntos públicos del mundo civilizado en los últimos tiempos si no se ve en ellos una historia del dominio de la banca. Hacia finales del siglo XIX ocurrió lo que ya mencioné en 1908 en mi ciclo de conferencias en Núremberg: en la primera mitad del siglo XIX y hasta bien entrada la segunda mitad, el poseedor del dinero era el gobernante; pero entonces este principio de dominio se transformó, de modo que el dinero como tal pasó a ser el gobernante. Sin embargo, en la primera mitad del siglo XIX, el individuo como banquero seguía siendo el gobernante. Lo ilustré con un ejemplo, si lo recuerdan. Les conté cómo el Rothschild de París tuvo que «prestar dinero» una vez, bueno, al rey de Francia. Si el Rothschild de París tuvo que prestar dinero al rey de Francia, eso ya nos da una pista de quién es realmente el que manda. Bueno, los reyes no negocian directamente, ¿verdad? Así que, mientras el rey enviaba a su ministro, —al «ministro de Finanzas», como se denomina a este tipo de ministro de Economía—, Rothschild estaba ocupado con un comerciante de cuero. El sirviente le dijo al ministro enviado por el rey de Francia que esperara en la antesala. Por supuesto, al ministro del rey de Francia le pareció muy extraño que tuviera que esperar mientras Rothschild negociaba con un comerciante de cuero. ¿Que esperara? No esperó, sino que abrió la puerta de un tirón: «Vengo en nombre del rey de Francia». —Por favor, tome asiento, —dijo Rothschild. Por supuesto, esto le resultó totalmente incomprensible al ministro: «¡Pero si soy el enviado del rey de Francia! ¡Tome dos sillas y siéntese!».

Verán ustedes, antes era el banquero individual quien mandaba. Poco a poco, eso fue dando paso al dominio de las acciones, de los billetes como tales. Y poco a poco hemos entrado en una época en la que lo esencial ya no es el propietario individual del dinero, sino el capital abstracto acumulado. Hoy se puede ser rico y mañana pobre. El ser humano sube y baja como una bola. La sociedad anónima, lo abstracto, —lo expuse en 1908 en Núremberg—, es lo que se ha convertido en dominante.

Pero con ello, el desarrollo humano ha llegado a un extremo, a un punto límite. Porque tan pronto como el dinero como tal domina, tan pronto como el dinero es el verdadero motor impulsor, ha llegado el momento en que hay que sustituir, diría yo, la mera cifra en efectivo del dinero por realidades. Ahora bien, el dinero es lo más espiritual de la economía. Es lo único de la economía que solo puede ser comprendido espiritualmente. El dinero solo tiene un valor espiritual, solo tiene valor en el reconocimiento humano. Se puede comer pan y carne, pero no se puede comer dinero. Se pueden adquirir cosas realmente útiles para las personas con dinero, si el dinero es reconocido. Solo tiene un valor anímico, un valor espiritual, un valor conceptual, un valor imaginario. Ha llegado el momento; debe producirse el cambio del desarrollo de lo puramente económico-espiritual del dinero a lo realmente comprendido en el espíritu.  Y lo que la triarticulación exige como comprensión social es lo que debe seguir inmediatamente al dominio de lo más abstracto de la economía, el dinero. Porque por muy oscura y confusa que sea la comprensión social entre los seres humanos, tal y como he descrito, debe sanarse. Imaginen que esto, (véase pizarra 1), fuera una vida humana actual desde el nacimiento hasta la muerte. Esta vida se viviría de tal manera que el ser humano adquiriría comprensión social en su interior, de modo que la vida social, la estructura social, no se basaría realmente en el valor del dinero que tiene, sino en la comprensión social. Entonces el ser humano atravesaría la puerta de la muerte, viviría el tiempo hasta el próximo nacimiento y volvería a vivir su vida desde el nacimiento hasta la muerte. Lo que el ser humano adquiere aquí entre el nacimiento y la muerte en cuanto a comprensión social, también se encuentra en su interior. Esto entra sobre todo en la voluntad formativa de la que hablé ayer; es transportado a través de la puerta de la muerte. De modo que el ser humano lleva su comprensión social a través de la puerta de la muerte hasta la medianoche del mundo y luego la lleva de nuevo a través del nacimiento a la siguiente vida terrenal.

¿Qué será entonces de esta comprensión, que se adquiere a través de la comprensión social, en la próxima vida terrenal? Esa es la gran pregunta que debemos plantearnos hoy. Será la comprensión del karma. Es decir, en el curso de la historia mundial del desarrollo de la humanidad, hemos llegado actualmente a la época en la que la humanidad debe adquirir comprensión social, porque esta comprensión social proporciona la comprensión del karma para la próxima encarnación. Pero ningún ser humano puede adquirir comprensión social si no adquiere comprensión de lo espiritual.

Se ve cómo las cosas están relacionadas entre sí, se ve cómo la comprensión social depende de la comprensión espiritual, de una concepción espiritual del mundo y de una cosmovisión, y cómo de ello depende lo que debe surgir como un reconocimiento consciente del destino en el curso del desarrollo de la humanidad para las personas que, con comprensión social, atraviesan la puerta de la muerte, renacen y, tras el renacimiento, comprenden su destino.

Lo importante es comprender realmente cómo se relacionan las cosas en la evolución de la humanidad en el curso de la vida terrenal. Vivimos en una época en la que es necesario el entendimiento social. Volveremos a nacer en la época del entendimiento del destino de cada individuo. En realidad, no es por un mero impulso abstracto por lo que hoy se habla de la necesidad de la comprensión social, sino que esto está relacionado con los impulsos de desarrollo más íntimos de la humanidad terrenal en general.

Esto es lo que quería sugerirles hoy, queridos amigos. La próxima vez seguiremos hablando de estas cosas.

Las conferencias en Zúrich, —como saben, mañana es la conferencia pública en Basilea—, deben aplazarse dos días, ya que ha sido necesario elegir otra sala distinta a la prevista inicialmente, de modo que la primera conferencia tendrá lugar el 24 de octubre, y luego habrá conferencias los días 25, 26, 28, 29 y 30 de octubre, y el 31 de octubre habrá una representación eurítmica en Zúrich. Por lo tanto, no me será posible dar las conferencias aquí el próximo sábado y domingo, por lo que continuaré el jueves para aquellos amigos que tengan tiempo y ganas de venir aquí el próximo jueves a las siete y media.

Traducido por J.Luelmo oct, 2025

GA191 Dornach 18 de octubre de 1919 - el ser humano vive en el presente; la vida pensante es el reflejo de la vida prenatal, y el elemento de la voluntad es la semilla para la vida después de la muerte

 


 RUDOLF STEINER

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El ser humano vive en el presente; la vida pensante es el reflejo de la vida prenatal, y el elemento de la voluntad es la semilla para la vida después de la muerte

Conferencia 8
Dornach 18 de octubre de 1919

Hemos realizado toda una serie de reflexiones que, en esencia, se han centrado en mostrar que sólo es posible lograr una mejora de nuestras relaciones sociales y de otras condiciones de la convivencia humana si las personas se sienten impulsadas desde dentro por formas de pensar diferentes a las que, en cierto modo, se han desarrollado a lo largo de los últimos tres o cuatro siglos. Entre las influencias que han tenido un impacto especial en la creación de este tipo de ideas, que no deben seguir dominando a las personas, se encuentra especialmente el pensamiento científico. Hoy en día es difícil hablar con total imparcialidad sobre este modo de pensar científico, ya que es indudable que ha propiciado grandes y enormes avances para la humanidad. Sin embargo, hay que tener claro que precisamente los avances recientes en este ámbito son los que han degradado la verdadera vida espiritual del ser humano. Poco a poco, las cosas han llegado a tal punto que han progresado principalmente aquellas partes del conocimiento humano que podían ser aprovechadas en la técnica exterior. Y también el resto de la vida cultural se ha visto influida por esta tendencia a orientar siempre el pensamiento y la imaginación humanos hacia su posible aplicación en la técnica exterior.

Sería totalmente erróneo creer que esta afirmación solo se refiere a todo aquello que, en la vida intelectual moderna, depende del modo de pensar científico. No es eso lo que se quiere decir aquí, sino que todo el pensamiento de la humanidad moderna, en la medida en que no se han transmitido antiguas ideas y elementos de este pensamiento, es de la naturaleza que se ha expresado y se expresa ahora de forma extrema en el pensamiento científico. No son solo aquellas personas directamente influenciadas por la ciencia las que piensan hoy en día de forma científica. Se puede decir algo paradójico, pero muy cierto: las personas que están directamente influenciadas por las ciencias naturales son las que menos piensan en el sentido que aquí se entiende. Es solo que la forma de pensar general de las personas se ha expresado de una manera especialmente característica en las ciencias naturales, de modo que, en cierto modo, las ciencias naturales son la mejor manera de ver cómo piensa la humanidad moderna. Por lo tanto, hemos hablado repetidamente de estas influencias del tipo de pensamiento que ha encontrado su revelación característica especial en las ciencias naturales.

Ahora me gustaría señalar una peculiaridad especial que se adhiere a nuestro pensamiento, a toda nuestra imaginación, en general a nuestra vida espiritual moderna, debido a que hay tantos impulsos científicos en esta vida espiritual. Esta peculiaridad consiste en que, como seres humanos modernos, en cierto sentido hemos olvidado cómo observar las cosas con imparcialidad. Las personas creen que observan las cosas con imparcialidad, pero no es así. Nuestra educación escolar actual ya inculca en las personas una gran cantidad de ideas preconcebidas que influyen en la percepción pura de las cosas. En realidad, en la actualidad no tenemos una percepción pura de las cosas.

Se podría plantear la siguiente pregunta: ¿No debería manifestarse de manera especial, precisamente en la investigación científica, en las ciencias naturales, lo especialmente perjudicial de este hecho, es decir, que no tenemos una visión pura de las cosas? Cabría pensar que así es. Pero si se observa con más detenimiento, se aprecia algo más. La ciencia se salva de lo devastador y pernicioso de esta incapacidad de ver las cosas con claridad dirigiendo cada vez más su atención únicamente al mundo sensorial exterior, a lo que se presenta a los sentidos externos. Los sentidos externos no se rigen por las ideas preconcebidas, por lo que corrigen continuamente lo que proviene de las opiniones e ideas preconcebidas, en particular de las concepciones preconcebidas. Así, la observación corrige continuamente lo que el ser humano aporta desde sí mismo a su concepción de las cosas. Por eso, cuando se realizan observaciones científicas, no se percibe que también ahí se introducen todo tipo de ideas preconcebidas. Pero, aun así, se introducen. Y quien analiza en su contexto lo que se produce científicamente, descubre cómo las ideas preconcebidas se introducen en toda la visión científica.

 Pero lo especialmente perjudicial de esta incapacidad de ver se manifiesta sobre todo cuando el hombre actual debe reflexionar sobre las condiciones sociales. Los hechos no corrigen en absoluto las opiniones preconcebidas que el ser humano aporta a esos hechos. Y así, poco a poco, hemos llegado a un punto en el que, en relación con los hechos sociales de la vida, se puede afirmar finalmente todo lo que se quiera afirmar. Hoy en día se encuentran representadas todas las opiniones posibles. Por un lado, se defiende la opinión de que la verdadera realidad social solo consiste en los procesos económicos, que toda la vida espiritual es solo una especie de superestructura, una especie de humo que se eleva o se erige sobre los hechos económicos; ese es un extremo. El otro extremo es el siguiente: como hoy en día no se tiene mucha noción de los poderes espirituales reales que viven en el mundo, se habla de las ideas abstractas dominantes, las ideas de las cosas, etc., y se afirma que estas ideas configuran —quizás a través de los seres humanos, pero son ellas las que configuran— lo que son los hechos económicos externos y de otro tipo.

Como ven, se trata de dos opiniones opuestas. Ahora se trata de demostrar una u otra opinión. Hoy en día se pueden aducir razones totalmente válidas e irrefutables tanto a favor de una como de otra opinión, razones que son igualmente válidas para ambas opiniones. Si hoy en día alguien afirma que todo lo que sucede está realmente dominado por el espíritu, por las ideas, puede demostrarlo. Y otro puede aparecer y decir: lo que demuestras es pura fantasía; en realidad, todas las ideas son solo reflejos, solo la superestructura de lo que son los hechos económicos. — Puede refutar de la manera más hermosa lo que dice el otro; puede demostrar su tesis y la del otro. Las razones para demostrarlo son igualmente válidas en ambos casos.

Este es un fenómeno que en realidad es muy poco apreciado en la vida intelectual de nuestro tiempo. La gente hoy se separa en partidos o grupos y aboga por una máxima u otra, algún programa. Están convencidos de esta máxima, están convencidos de este programa y pueden demostrarlo. Los otros representan una máxima completamente diferente, un programa completamente diferente; también pueden probarlo, y no se puede decir que uno tenga peores o mejores razones para su condena. Este es un fenómeno de la vida pública que realmente debe notarse, porque es el fenómeno más característico de nuestro tiempo. Este fenómeno conduce en última instancia a los hechos y actitudes más antisociales. Porque si uno está convencido de alguna máxima y conoce las buenas razones de esta máxima, entonces considera que la persona que tiene una convicción diferente es un tonto o un sinvergüenza o algún tipo de persona deshonesta. Y la otra persona, que puede tener las mismas buenas razones, a su vez considera que la primera persona es un tonto o un sinvergüenza o una persona deshonesta. Que este hecho no se reconozca como tal es, en cierto sentido, la tragedia del tiempo presente. Es solo que las personas de hoy están tan en sintonía que creen que lo que es cierto para el alma humana de hoy siempre ha sido cierto. Y tan pronto como alguien llama la atención sobre este fenómeno hoy, uno puede esperar casi con certeza que vendrá y dirá: Sí, lo que estás explicando, que todas las opiniones se prueban a sí mismas una al lado de la otra, ese siempre ha sido el caso en el desarrollo de la humanidad. Si la gente tuviera el más mínimo interés en educarse sobre el desarrollo real de la humanidad, no haría tal afirmación; porque no siempre fue así en realidad; las opiniones, máximas y programas bien probados no se yuxtapusieron tan abiertamente como lo son hoy. Porque hoy en día se puede demostrar muy bien. Hoy, si uno es tan inteligente como ciertos socialistas de izquierda, puede probar el marxismo con bastante claridad, y puede probar con bastante claridad, si está dispuesto a adoptar otro punto de vista, que el marxismo es una completa tontería. Hoy en día uno puede probar muy, muy bien; Uno debería ser bastante claro al respecto.

Este entrenamiento, esta capacidad de demostrar, se inculca en los niños de hoy. Pero ahí radica algo extraordinariamente triste para nuestro tiempo presente, que uno puede probar todo tan clara y estrictamente y, por lo tanto, puede convencerse tan fácilmente de una cosa. Debido a todas las formas de estar convencido de una cosa, la más fácil, en el sentido actual, es probar esta cosa. No hay manera más fácil de adquirir una condena hoy que probarla. Es precisamente por esta capacidad de demostrar que las personas han perdido completamente un sentimiento, un sentimiento real, que las convicciones en la vida deben ser combatidas y adquiridas, que la superación es necesaria para que la convicción eche raíces en el alma.

¿De dónde viene este hecho, este hecho que está tan profundamente arraigado en toda nuestra vida, que podemos probar tan fácilmente? Proviene del hecho de que estamos acostumbrados a utilizar el pensar tan superficialmente con nuestros pensamientos. La gente de hoy piensa superficialmente sobre las cosas, sin hacer ningún esfuerzo por penetrar muy profundamente en ellas. Y cuanto más superficial sea el pensamiento de uno, mejor se puede probar. Es extremadamente importante darse cuenta de esto. Cuanto más delgados son los conceptos, y en la superficie de las cosas todos los conceptos se vuelven delgados y abstractos, mejor parecen estos conceptos proporcionar evidencia de lo que uno quiere creer y aceptar de fuentes completamente diferentes, de fuentes muy inconscientes, de sentimientos, de direcciones de voluntad y similares. Toda nuestra vida de fiesta debería ser estudiada y descrita algún día desde el punto de vista que se acaba de desarrollar ante ustedes aquí.

Lo que menos se puede lograr bajo la influencia de este enfoque superficial es un conocimiento real del ser humano. Es por eso que tantas personas exigen hoy que profundicemos finalmente nuestra concepción a este respecto, que el hombre penetre en algo de autoconocimiento, es decir, en el conocimiento de su naturaleza esencial. ¡Cuántos escritos, conferencias, instrucciones y discursos políticos hay hoy que ya hablan de este conocimiento necesario del ser humano! Pero antes que nada, ¡se debe establecer la base para tal posible conocimiento del hombre! No se puede obtener desde ningún punto de partida. Y lo que es necesario para ir más allá de la miseria de la prueba es aprender a ver imparcialmente, a ver las cosas realmente simplemente como son en la vida exterior. Para una percepción y una visión sanas, es especialmente necesario que aprendamos a ver las cosas como son; porque eso es lo que más hemos desaprendido. Probamos cómo deben ser las cosas; pero no los miramos en realidad, tal como son, porque mirar es en realidad más inconveniente que probar que las cosas son así o aquella. Sólo se puede llegar a ciertas afirmaciones, por ejemplo en la esfera social actual, si se prueba. Pero si uno asegura una visión imparcial de la realidad, no puede llegar a tales afirmaciones. Así que lo que más importa es una mirada real, una visión real de las cosas tal como son.

Si leen los escritos científicos de Goethe, así como sus escritos sobre arte, verán que trataba de señalar con todas sus fuerzas, cómo ver con una mirada imparcial incluso en su época. Él Vio que todas las ciencias funcionan a partir de conceptos que tienen que ser probados. Encontró que esto era algo que debía superarse por encima de todo, y quería, sobre todo, lograr que las personas realmente conocieran los fenómenos, las apariencias, los hechos en su significado original, para conocerlos tal como son. Fue de tan poca utilidad, que el ámbito sobre el que Goethe trató particularmente de dejar hablar los hechos, el ámbito de la teoría de los colores, sigue siendo hoy un ámbito sobre el cual el derecho de Goethe a hablar sobre el asunto es completamente discutido. Pero, en particular, es necesario que el conocimiento del ser humano llegue a una visión real de los hechos de la vida, de la vida subjetiva. Por ejemplo, la gente hoy habla mucho sobre lo que es externo y lo que es interno al ser humano. Creo que si se le pregunta a mucha gente hoy: ves un color rojo, escuchas un cierto sonido, percibes esto o aquello en el mundo exterior, ¿está eso adentro o afuera? - que la persona en cuestión te dirá: ¡Lo que perciben los sentidos es lo externo! - Luego señala su ser interior: eso está en contraste con lo externo. Ahora pregúntenle a la persona si tiene claro qué tipo de contraste hay entre lo externo y lo interno. Lese dirá con bastante certeza: Sí, lo tengo muy claro; Lo sé exactamente: lo que perciben los sentidos es el exterior, y lo que está dentro, lo que pertenece a la persona misma, eso es el interior. Pero si van más allá en su interrogatorio y le dicen: Mira, dices sobre el exterior: la hierba es verde, el cielo es azul, sale el sol, etc., dices lo que observas y lo enumeras en detalle, está bien. ¡Pero también descríbeme con el mismo detalle lo que tienes dentro, lo que llamas tu interior! — Traten de obtener una respuesta clara de la mayoría de las personas hoy en día, una respuesta en la que esté tratando con hechos concretos por los cuales una persona le describe su ser interior. Está bajo la ilusión de que conoce bastante bien a este ser interior en contraste con el ser exterior; pero si penetran un poco en él y le dices: ¡Descríbeme tu ser interior como describes tu ser exterior! Verán que este conocimiento del ser interior no es muy profundo. Y cuando una persona logra describir este yo interior, no resulta ser nada más que un reflejo del yo exterior, lo que se ha desarrollado a partir del yo exterior, almacenado en la memoria, en el mejor de los casos, desvanecido en el ojo de la mente. Pero lo que una persona describe no es muy diferente del yo externo. Por regla general, no puede decirles nada más sobre su vida interior que que la hierba es verde y el cielo es azul; a lo sumo les dirá que se siente así cuando ve el cielo azul, que se siente así cuando ve la hierba verde, y así sucesivamente. Pero un contraste real y una relación entre lo externo y lo interno no les serán fácilmente descritos por una persona moderna.

Pero esto tiene una gran consecuencia. La consecuencia es que las personas de hoy ni siquiera llegan a comprender el contraste entre lo externo y lo interno en relación con el ser humano de una manera correcta. Como ven, la ciencia natural, desde su punto de vista actual, se esfuerza por examinar los órganos que se supone que son los portadores de los procesos internos. Y si uno considera desde el punto de vista actual lo que allí se prueba, pero de ninguna manera se ve realmente, dirá: Bueno, la mesa está afuera, adentro está la vida del alma. Y aquí uno apunta a su propia vida interior y piensa, por ejemplo en las ciencias naturales, que el interior del cráneo es el interior del ser humano. Uno transfiere las imágenes poco claras obtenidas al ver al cuerpo humano y dice: "Allí, en algún lugar detrás del ojo, está el interior". Si tal vez algunas personas, cuando quieren captar conceptos más precisos, comienzan a cuestionar las cosas que se les dan como conceptos, inconscientemente el hombre todavía piensa: allí, en la punta de mi dedo, que está afuera, y allí, detrás del ojo, que está adentro. Pero el hecho de que digamos esto, y en particular que saquemos esta conclusión para los órganos corporales, surge solo de una visión inexacta. Porque, de hecho, todo lo que tienen derecho a llamar tu yo interior es lo que experimentan en el mundo exterior, en el llamado mundo exterior. Están constantemente junto con el mundo exterior, y lo que aparentemente experimentan internamente, lo experimentan con todo el amplio mundo exterior.

Pizarra 1

En una de las "Ocho Meditaciones" —pueden leerlo allí— señalé cómo, al observar el mundo exterior, una persona realmente crece junto con este mundo exterior, y que es bastante injustificado distinguir entre lo externo y lo interno con respecto a lo que experimentamos en el mundo exterior. Lo que está en nuestro entorno para nuestra conciencia, solo podríamos describirlo como nuestro ser interior si realmente expresáramos lo que vemos. Pero ese es precisamente nuestro ser interior. Sin embargo, esto es algo desagradable para algunos místicos, porque dan gran importancia a la profundización interior. Pero esta profundización interna generalmente no es más que llamar a ciertas ideas físicas del mundo exterior hacia adentro e incluso renombrarlas como divinas internas y cosas por el estilo. Estas son ideas favoritas que uno toma prestadas del mundo exterior. Lo que uno puede ver sin prejuicios y que generalmente se describe como el exterior, eso es lo que en realidad debería llamarse el interior. En cierto sentido, una persona está dentro de su propio rostro en su ser interior. Después de todo, estamos realmente mucho más en casa, digamos, en el momento en que todos están sentados aquí en este salón que en su llamado ser interior, especialmente si a lo que está dentro del cráneo, detrás del ojo, le llaman este ser interior. Porque como quiera que piensen en esta vida interior, excepto por los pocos conceptos que han absorbido de la anatomía o la fisiología, que en realidad son bastante escasos, saben terriblemente poco sobre lo que hay detrás de su ojo o su cráneo cerebral. Y si se preguntan: ¿Qué es más interno para mí, qué hay a mi alrededor en este pasillo o qué hay detrás de mi cráneo cerebral? se dirán a sí mismos: Lo que está en este pasillo a mi alrededor es indudablemente más interno para mí que lo que está detrás de mi cráneo cerebral. — En cualquier caso, en este momento su vida interior se ve mucho más afectada por lo que parece ser el mundo exterior en esta sala que por lo que está sucediendo dentro de su cráneo cerebral. Lo que sucede en su cerebro es muy externo a ustedes, es algo que realmente no está dentro de ustedes en absoluto. Y si describen objetivamente lo que ven, deben decir: lo externo es en realidad lo interno, y lo interno es en gran medida algo externo para la conciencia humana.

Ahora pueden decir: estos son conceptos hilados a partir de una tela de araña. — En primer lugar, no se trata de que sean conceptos salidos de una tela de araña, sino que son conceptos que surgen de la observación de lo que realmente se percibe en contraste con lo que teóricamente se demuestra. Es lo que realmente se percibe, lo que realmente se ve. Es lo que está inmediatamente presente en la conciencia y lo que uno consideraría correcto si uno observara solo lo que está realmente presente en la conciencia y si no construyera la materia a través de nociones preconcebidas. Eso es lo que hay que decir por el momento. Pero hay una consecuencia importante de esto. Mientras tengan la creencia de que lo que está ahí fuera es una cosa externa y lo que está ahí es una cosa interna, no pueden llegar a lo que siempre llamo: comprender los hechos científico-espirituales a través del sentido común; Porque los hechos científico-espirituales solo se pueden entender si se les echa un vistazo imparcial. Pero entonces uno puede verlos, puede verlos mucho antes de ascender de alguna manera a puntos de vista clarividentes. Pero con los complicados conceptos de la vida cotidiana de hoy, por supuesto, es muy difícil ver cuál es la verdad.

El hecho de que veamos el mundo exterior, lo que solemos llamar el mundo exterior, como lo vemos, y que también contenga nuestro interior correctamente visto y definido, proviene de nuestros sentidos y tiene que ver con la forma en que nuestros sentidos están organizados. A través de los sentidos vivimos en el presente inmediato. Y experimentamos a través de nuestros sentidos lo que está sucediendo a nuestro alrededor en el presente. Nuestros sentidos esencialmente nos hacen co-experimentadores del presente. Pero mientras estamos absortos en el mundo exterior, nuestras percepciones dan lugar a nuestras ideas, que luego llevamos adelante en nuestra memoria. Recordamos después lo que hemos experimentado como co-experimentadores del presente. Llevamos eso con nosotros. Y estos son esencialmente nuestros conceptos. Los conceptos de las personas son en su mayoría recuerdos de lo que han tomado del llamado mundo externo. Pero estas ideas, estos conceptos e ideas están moldeados, no creados, sino moldeados, por lo que de otro modo se llama el yo interior, lo que ahora hemos llegado a conocer como el yo exterior. A través de eso, lo que en realidad no saben, lo que hay detrás de sus ojos, a través de eso, las ideas y los conceptos están moldeados. Ese es ciertamente el caso. Estas ideas y conceptos se transmiten a través de él. Pero, ¿qué sucede realmente en esta cabeza humana?

Si observan ustedes lo que realmente está sucediendo en esta cabeza humana, entonces no pueden decir: en la medida en que el hombre piensa, en la medida en que el hombre imagina, es tan testigo de los acontecimientos del presente como lo es cuando percibe con sus sentidos. — Ese no es el caso como pensador, sino que en nuestra cabeza, a través de nuestro pensar, yace un efecto de lo que hicimos como actividad antes del nacimiento o antes de la concepción. Es decir, lo que sucede allí (ver dibujo), imaginando, no es una actividad en la que uno se involucra siendo un ser humano presente, sino que uno se involucra en esta actividad debido a la actividad que ustedes llevaron a cabo en el mundo suprasensible entre la muerte y el nuevo nacimiento o concepción que continúa resonando.

Uno solo es un ser humano actual gracias a que percibe a través de los sentidos; Al abrir los sentidos al mundo externo, se percibe el presente y se vive como un ser humano actual con el presente externo. Pero en el momento en que se comienza a pensar, lo que interviene en sus cerebros no es lo que son actualmente como seres humanos, sino el eco de lo que eran en el mundo espiritual, en el mundo suprasensible antes del nacimiento o antes de la concepción. Si quieren visualizarlo pictóricamente, pueden imaginarlo bastante bien pensando: toco una nota; esta nota continúa sonando incluso después de que hace mucho tiempo que dejé de tocarla. Ahora imaginen que tienen algún tipo de actividad en el mundo espiritual todo el tiempo entre su última muerte y este nacimiento, que estoy describiendo esquemáticamente (ver dibujo, rojo). Esta actividad tiene un efecto secundario; y este efecto secundario es la actividad que ustedes realizan cuando piensan como seres humanos del presente. Al pensar ahora, no están ustedes realizando una actividad del ser humano actual, sino que todavía resuena la actividad que realizaron en el mundo suprasensible entre su última muerte y su nacimiento actual.

Uno solo es un ser humano actual como ser humano sensorial. Como ser humano pensante, uno lleva a cabo una actividad que es la reverberación de lo que hizo antes de nacer en el mundo suprasensible. Simplemente no es cierto que, al pensar, estemos "involucrados en una actividad que se origina en el presente". Si examinan ustedes científicamente el presente, lo que está dentro de sus cerebros, por supuesto que solo encontrarán cosas materiales, porque lo que actúa dentro de sus cerebros fuera de lo material es algo que surgió antes del nacimiento y solo resuena. La prueba viviente para aquellos que pueden ver correctamente, es el hecho de que el hombre no solo sale del mundo suprasensible, sino que lo que ha practicado en el mundo suprasensible todavía vive en él mientras vive aquí.

Si ustedes imaginan que han experimentado un dolor intenso aquí, en este mundo físico, que aún resuena en ustedes, éste no es más que el eco de un dolor que ya no tiene su origen en hechos concretos. Por lo tanto, su pensar en el presente es el eco, el resonar de lo que experimentaron de manera mucho más intensa antes de ser concebidos aquí para el mundo sensorial.

Por lo tanto, solo al percibir con los sentidos somos personas del presente. Si fuéramos solo personas del presente, nunca pensaríamos, , porque el pensar no nos está destinado por el hecho de haber nacido aquí en el mundo físico, sino que el pensar nos está destinado porque podemos dejar resonar aquella actividad que ejercíamos antes del nacimiento o de la concepción en el mundo espiritual, y porque aplicamos esta actividad a lo que se extiende sensorialmente a nuestro alrededor.

Este hecho nunca se comprenderá partiendo de los conceptos habituales de «exterior» e «interior», y mucho menos se comprenderá la verdadera realidad que se expresa en el ser humano partiendo de esa mística estúpida que hoy domina tantas mentes y que dice: En el interior hay que buscar algo que es suprasensible en el ser humano. Lo que hay que buscar es lo prenatal: no debes señalar tu interior, más allá del mundo sensorial exterior, debes señalar el tiempo que viviste antes de tu concepción y antes de tu nacimiento, debes salir de este ser humano presente y entrar en el ser humano preexistente, entonces entrarás en lo realmente suprasensible. — Eso es lo que importa. Como no se quiere llegar a este concepto sano, se habla con palabras que en realidad no tienen contenido, de todo tipo de divinidades internas o cosas por el estilo. Lo interno que se busca así en el ser humano actual, se debería buscar en lo que había antes de que fuéramos concebidos para esta vida.

¿Y cuando actuamos, cuando la voluntad se convierte en acción? Tomemos la acción más simple: caminamos por la habitación; eso es una acción, ¿no? Primero nos vemos caminando. El ser humano no es consciente de cómo se relaciona la voluntad con nuestro caminar, del mismo modo que en la vida cotidiana no es consciente de lo que experimenta mientras duerme. El ser humano se experimenta a sí mismo durmiendo. Ve exteriormente, como ve el color azul o el árbol o las estrellas, también lo que hace ese individuo de carne y hueso que camina. Se observa a sí mismo. No sabe nada de cómo ejerce su voluntad. Solo sabe que hay alguien caminando que es él mismo. Y como se ve obligado a pensar en sí mismo en relación con el que anda por ahí, dice: «Yo ando por ahí». Pero cómo se relaciona esta voluntad con este andar, no se puede decir que el ser humano en su conciencia cotidiana sepa nada al respecto.

Ahora, esto está nuevamente muy estrechamente relacionado con lo que generalmente se llama el proceso "externo" y lo que en realidad es un proceso "interno". Cuando se camina, es decir, al mover las piernas, uno ve cómo mueve las piernas (ver dibujo pizarra 1). Ustedes ven al tipo caminando y constatan lo que es su voluntad. ¡Ven este proceso externo! Pero aquí pueden ver mucho más, que en realidad se trata de un interior humano, porque, aunque no puedan ver cómo se relaciona, ponen su voluntad en ese caminar. En realidad, ese caminar es una parte de él. Aquí pueden verlo más fácilmente que en el mundo sensorial, de modo que pueden llamar más fácilmente «interior» a ese ir y venir que al contenido del mundo sensorial. En lo que pasa de la voluntad a la acción, ven más fácilmente que se trata de algo interior.

Por supuesto, esto tampoco conviene a los místicos actuales, que explican la acción externa como una cosa externa y dicen que uno debe penetrar en el ser humano divino interior, que es el verdadero ser humano y así sucesivamente. Pero así como tenemos un lado interno en la percepción sensorial y un lado externo en el llamado interior de la cabeza humana (ver dibujo arriba), así tenemos, en relación con este interior (dibujo abajo), lo que es el ser humano con extremidades.

Y ahora llegamos a esta extraña idea, que por supuesto no concuerda con lo que se puede probar hoy, pero que, curiosamente, es correcta si se mira imparcialmente. Creo, sin embargo, que la actual condición de las almas humanas es tal, -perdón, también debo mencionar estas cosas-, que muchas de las naturalezas filisteas actuales, y hay bastantes de ellas, creen que esa región del cosmos que se extiende por debajo de su diafragma tiene mucho que ver con su interior. Así es como la gente llama a algo que tiene algo que ver con su yo interior. Ahora, en verdad, esta es la parte más externa del ser humano para la conciencia humana. Podemos decir que si llamamos a esto (dibujo de arriba) un exterior, podemos llamar a lo que está debajo del diafragma la parte más externa del ser humano (dibujo de abajo). Lo que se encuentra debajo del diafragma, lo que es el abdomen humano, es la parte muy, muy externa del ser humano. Cada árbol, cada piedra que vemos con nuestros ojos está más cerca de nosotros interiormente de lo que lo está nuestro abdomen. Eso es lo más externo. Nuestro verdadero ser interior son las percepciones sensoriales, lo que percibimos como nuestras acciones. El contenido de la cabeza ya es externo, y lo que se encuentra debajo del pecho humano es lo más externo. Esa es la verdadera observación de lo que se puede ver. Y se puede ver.

Verán, eso tiene un significado muy específico. Piénsese que desde que practicamos la antroposofía, siempre hemos dicho: Cuando una persona está despierta, su yo y su cuerpo astral están en los cuerpos físico y etérico. Eso es correcto. Pero cuando una persona está dormida, desde el momento en que se duerme hasta que se despierta, su yo y su cuerpo astral están fuera de los cuerpos físico y etérico. Pero a menudo he señalado en qué consiste principalmente este estar fuera. Estar fuera consiste en que lo que es de otro modo del yo y del cuerpo astral en la cabeza, se sumerge en lo que está debajo del diafragma. Incluso se pueden, podría decir, tener pruebas empíricas de esto: se sueña con las serpientes más hermosas porque acaban de despertar de su estadía en su propio abdomen, donde percibían los intestinos. Sueñan este recuerdo de percibir los intestinos como el sueño de serpiente más hermoso. — Entonces, cuando hablamos de condiciones humanas, lo exterior y lo interior solo tienen sentido cuando sabemos lo que es realmente exterior e interior en el hombre.

Pero solo si uno es capaz de asimilar esas ideas observadas, no las que se pueden «demostrar», sino las ideas observadas, entonces se tiene la oportunidad de comprender los logros de las ciencias espirituales mediante el sentido común. Porque lo que queremos surge, en cierto modo, de lo más externo.

Ahora piensen en el tipo de idea saludable que debe sustituir a una bastante enfermiza. El ser humano cree que, cuando pretende algo, esa 'pretensión' surge de su interior. Surge de su parte más externa, surge de aquello en lo que ya no está presente cuando se despierta por la mañana, en lo que como mucho está presente cuando duerme. Cuando pretendemos algo, no estamos en nosotros mismos. Estamos en el cosmos. Llevamos a cabo algo que es un acontecimiento cósmico, que no es en absoluto un acontecimiento subjetivo nuestro.

Me he esforzado, diría yo, a lo largo de toda mi vida literaria, por enseñar al presente conceptos que son conceptos saludables desde este punto de vista. Pueden comenzar con mis "Introducciones a los escritos científicos de Goethe", en los cuales traté de reemplazar los conceptos poco saludables del presente por otros saludables de la cosmovisión de Goethe. En estos escritos, señalaba que uno solo puede observar adecuadamente ciertas cosas que tienen lugar dentro de una persona si no dice: Eso está sucediendo allí, y la persona lo hace, sino que cuando se considera este llamado interior humano como la arena para las acciones humanas que se llevan a cabo en esta arena desde el cosmos, cuando se considera el llamado interior humano como el escenario de lo cósmico. Todo mi desarrollo de conceptos epistemológicos en mi folleto GA03 "Verdad y Ciencia" finalmente se desvanece, en la última y penúltima página, en esto: que el hombre es un teatro para lo que el cosmos realmente hace en él, y que lo hace en conexión con el cosmos, de afuera hacia adentro, no de adentro hacia afuera. Las dos últimas páginas de mi folleto 'Verdad y ciencia' son la parte más importante. Y debido a que estas dos páginas son las más importantes y significativas, porque abordan de manera más intensiva lo que debe cambiar en la forma en que presentamos el presente, solo pude diseñar este folleto, que también era mi tesis doctoral en ese momento, después de que terminó la tesis doctoral. En la forma en que se presentó como disertación, faltaban estas dos últimas páginas; Porque no se podía esperar que la ciencia sacara las conclusiones de estas cosas, que tienen un cierto significado para la transformación de toda la visión del mundo. Lo que se preparó epistemológicamente fue relativamente inofensivo en la disertación; porque ese es un desarrollo filosófico objetivo. Pero lo que equivalía solo podía agregarse en la impresión posterior. Sólo entonces, cuando uno mira las cosas de tal manera que realmente practica esta visión precisa, que ya no sucumbe a las ilusiones causadas por las nociones preconcebidas, sólo entonces es capaz de obtener las percepciones correspondientes a través de la voluntad. Porque lo que vemos afuera cuando el "chico" o la "chica" camina, cuando nos observamos a nosotros mismos haciendo las acciones más simples, cuando movemos las piernas hacia adelante, eso es solo el lado interno de nuestra voluntad. El lado más externo, el que tiene un significado para el cosmos, aparentemente está oculto dentro de nosotros. Pero escondido en nuestro ser más externo hay un elemento espiritual que subyace al ser interior, que no es fácilmente accesible para las personas. Y lo que sucede allí, lo espiritual, por supuesto no lo que sucede físicamente, sino lo que va paralelo a lo físico como espiritual, eso no es un momento presente. Lo que está presente es lo que se observa externamente en el chico o la chica. Lo que está sucediendo internamente es algo diferente, algo que apenas está comenzando a suceder en el germen, en el embrión. Mientras se camina o se realiza alguna otra acción con lass extremidades, está sucediendo algo en su ser externo que solo adquiere un significado real después de su muerte. Esto es tanto un presagio de los procesos desde la muerte hasta el próximo nacimiento como lo que está en su pensar es un eco de lo que uno fue en el mundo espiritual desde su última muerte hasta este nacimiento o concepción. Lo que resuena en su ser más externo, lo que la gente llama su ser más íntimo, es la semilla de los procesos en los que participarán entre su próxima muerte y su próximo nacimiento. Sólo ve la voluntad humana que ahora, a su vez, no mira al ser humano presente, sino que ve en lo que vive en el ser humano, aparentemente en el ser humano, pero en lo más alejado del ser humano, el correlato, la pertenencia, a la acción, y en la acción ve lo que emerge a través de la puerta de la muerte, se convierte en actividad entre la muerte y un nuevo nacimiento y se forma de tal manera que puede volver a entrar y ahora continúa vibrando aquí en lo externo.

Cuando uno examina la volición humana y quiere buscar místicamente en lo profundo del ser humano presente la fuente de esta volición, la fuente divina de esta volición, entonces generalmente la palabra místicos encuentra que no deben hacer eso en el intestino, porque eso no es lo suficientemente noble para la palabra místicos; para ellos no se trata de la verdad, sino de frases especiales y untuosas. Pero si uno va a la verdad, entonces es una cuestión del hecho de que, con respecto al hecho sensual-físico, ahora, digamos, lo más desagradable es un correlato que atraviesa la puerta de la muerte hacia el mundo posterior; allí debemos buscar al hombre futuro. Y así obtenemos la evidencia del pensamiento del hombre prenatal y de la volición del hombre después de la muerte, como he dicho a menudo aquí y como incluso he mencionado en conferencias públicas aquí y allá. Pero estas son verdades que deben ser traídas a nuestra conciencia sin falta hoy. Es imperativo que nos demos cuenta hoy de que el pensamiento humano es algo que no puede ser producido en absoluto por el ser humano que vive en el presente con su carne y sangre y huesos y nervios, sino que proviene de la vida prenatal, y que la voluntad no es algo que pueda ser producido por el ser humano presente en su totalidad. sino que la voluntad tiene un lado que permanece más allá de la muerte. Si realmente llegamos a conocer lo que en el ser humano actual no puede ser producido por el ser humano corporalmente carnal, entonces el ser humano eterno está presente en el ser humano que está frente a nosotros. Pero estas verdades no se alcanzan especulando sobre lo eterno, sino siendo realmente capaces de entrar positivamente en lo que es pensar por un lado y querer por otro. De esta manera uno alcanza tal conocimiento.

Es realmente necesario: si se quiere buscar un conocimiento superior en el sentido de la ciencia espiritual de hoy, entonces se debe, sobre todo, considerar la palabra misticismo, que se practica de muchas maneras hoy en día, como la más dañina.

Es por eso que ciertas cosas que tienen que ser escritas hoy desde el punto de vista de una ciencia espiritual honesta deben ser aceptadas. Y de hecho son ampliamente aceptados. Pero cuando se trata de lo que realmente se trata, de la intervención de los hechos concretos de la vida humana, entonces la gente ya no está de acuerdo con eso, porque entonces prefieren escuchar la charla de personas desconcertantes que quieren conjurar un mundo interior a partir de palabras. Pero el presente es demasiado serio en sus vidas para poder disfrutar de tal placer. Para la mayoría de las personas, el misticismo hoy en día es solo un placer. Lo que hay que hacer hoy es algo que moldea el alma del ser humano de tal manera que realmente solo pueda comprender lo que vive en la vida social con estos conceptos apropiados. ¿Debe una persona llegar a conceptos sociales si no puede ver, si aprende de la forma científica de pensar, acercarse a la realidad con nada más que prejuicios y preconceptos? La observación pura de la realidad, tal como la necesitamos hoy, solo puede obtenerse liberándonos de la espesura de ideas a la que nos hemos rendido a través de ideas científico-espirituales, y que encuentra su consecuencia última y extrema en algunas aberraciones místicas de nuestro tiempo. Las aberraciones místicas de nuestro tiempo no son el signo de una mejora inicial para mejor; a menudo son el último signo de decadencia, el máximo de meras palabras vacías en lugar de ideas reales.

Las ideas reales proporcionan algo como: El pensar es un eco de la vida prenatal; La volición es un preludio de la vida post-mortal. Estas son ideas concretas. Cuando hablamos de cosas tan concretas, hablamos de manera muy diferente a aquellos que dicen: el eterno vive en el hombre temporal, el yo divino vive allí; cuando uno se experimenta a sí mismo en eso, ha captado lo divino, ese es el verdadero yo; el otro es el yo falso, y así sucesivamente. Puede uno perder todo el día con términos juguetones. Puede uno crear una gran sensación de bienestar interno, pero no obtendrá ninguna información real con él.

Traducido por J.Luelmo oct 2025